Dormir al sol

Adolfo Bioy Casares

Obras Completas Novelas I Grupo Editorial

NORMA
Literatura

PRIMERA PARTE POR LUCIO BORDENAVE

Es tan corta y la escribí con tanto apuro que ni yo mismo la entiendo. la de manifestar el mayor respeto y consideración por nuestro mal entendido. que llegó en el 51 o en el 52. Llovió sobre mojado. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 5 . y que me diga a quién podría mandarlo. me vio de corbata y para arreglarme el moño casi me asfixia. no voy a insistir con más cartas inútiles. con la mayor tranquilidad festejaba las monerías que hacía en bicicleta. haga de cuenta que volteó un cerco y que abrió nuestro pasaje a la gente de afuera. No lo culpo si fue más rápido en enojarse y en insultar que en ver el automóvil que por poco la atropella. un doctor que atendía a mi señora. si quiero. por favor. que me cuidaba como una niñera y me defendía de Picardo. La segunda. Tal vez creyó ver una maniobra para romper ese acuerdo de caballeros. la hija del almacenero. A lo mejor ni se acuerda de cómo empezó el altercado. Lo perdoné porque atiné a pensar que me ofendía tan sólo para conformar a los otros y a sabiendas de que estaba calumniando.I Con ésta van tres veces que le escribo. Estoy llegando ahora al día de mi casamiento con Diana. Años después. La falta de tranquilidad es la causa de las tachaduras. Otra vez usted me llamó engreído. Voy a contarle mi historia desde el principio y trataré de ser claro. Me pregunto qué pensó usted al recibir la invitación. por el contrario. El pavimento. Usted mismo. Quizás a usted le faltó ánimo para atajarme y explicar o quizá pensó que lo más razonable para nosotros fuera resignarnos a una desavenencia tantas veces renovada que ya se confundía con el destino. Recuerdo perfectamente que usted pasó por el centro del pasaje y ni siquiera nos miró. Como usted no dio señales de vida. A lo mejor usted se pregunta: "¿Por qué Bordenave no manda su cartapacio a un abogado?". Hace tiempo. cuando yo volvía del casamiento de mi tío Miguel. porque necesito que usted me entienda y me crea. porque el reumatismo lo entumece elegí al que nunca lo fue. me perseguían. una tarde. A cada rato me levanto y arrimo la oreja a la puerta. Es notable cómo tardamos en convencernos del cambio. No me parece de fiar un abogado que para levantar quinielas y redoblonas tiene de personero al Gordo. de que usted y yo habíamos alcanzado un acuerdo para mantener lo que llamé el distanciamiento entre nosotros. Al doctor Rivaroli yo lo traté una sola vez. me explicó que usted y la barra no me perdonaban el chalet con jardín de granza colorada ni la vieja Ceferina. que oficiaba de bastonero y más de un domingo nos llevó a la tribuna de Atlanta) una tarde. el mayor del grupo (si no lo incluimos al rengo Aldini. El Gordo Picardo. O a lo mejor usted se pregunta: "¿Por qué me manda a mí el cartapacio?" Si alega que no somos amigos le doy la razón. Yo me quedé mirándolo como un sonso. Por si no me dejan concluir. cuando se acordaban. usted y toda la barra. pero también le ruego que se ponga en mi lugar. Desde chico. a la espera de una explicación. puse la primera esquelita en un sitio que yo sé. Quizá la más rara consecuencia del altercado por la hija del almacenero fue la idea que me hice por entonces y de la que muy pronto me convencí. Porque en realidad la cuestión por la hija del almacenero no fue la primera. como si estuviera en el patio de su casa. pero al gordo Picardo (¡a quién se lo digo!) lo conozco de siempre. Con eso quiero decir que todos nos conocemos. yo conversaba con Ceferina que baldeaba la vereda. Explicaciones tan complicadas no convencen. descartado Aldini. Después de repasar mentalmente a los amigos. puedo recogerla. se la mandé con una mensajera. Mi intención era. que no es mucho mejor. y se enojó conmigo porque le grité a la criatura. La vieja Ceferina pontifica: "Los que vivimos en un pasaje tenemos la casa en una casa más grande". de nombre Paula. que a lo mejor lo ponen en contra. El día de mañana. un domingo a la oración. en la puerta de casa.

Era la asesina. para no ser menos que muchos que la desprecian. En un esfuerzo para comprender ese encono. cuando mi madre faltó. entre esas dos mujeres de buen fondo. a la vez. mi señora me tiene lástima cuando me amargo por su culpa. Diana no perdona ningún olvido. Cuando le hice la reflexión. porque da en suponer que para compensarla vendrá una mala. Por la manera de hablar usted descuenta que son de fierro. se dio por aludida. En el barrio la apodan el Cacique. Doña Ceferina es una parienta. Le confieso que en más de una oportunidad. Una mañana Ceferina apareció con el diario y nos indicó un sueltito que decía más o menos: Trágico baile de disfraz en Paso del Molino. ni siquiera lo entiende. A nadie quiere tanto la gente como a sus odios. pero da ocasión a encontronazos que provocan. a esperar el colectivo. Para ella. Es enteramente cavilosa y desconfiada. un hecho público y notorio. Diana contestó: -Yo pago con la misma moneda. es cosa de locos. En este punto Ceferina se parece a los demás. como si hubiera leído algo comprometedor para mi señora o por lo menos para el gremio de las esposas. hay únicamente blandura y desprecio. ya no se apartó de nosotros. el verdadero pilar de nuestra casa. En nuestra soledad el barrio nos acompaña. niñera. Sé decirle que a nosotros las amarguras y las diferencias no lograron separarnos. la velocidad. Más vale que la gente de afuera no opine sobre asuntos reservados. que por fortuna tardó y me dio tiempo de recapacitar. -Es el pasaje -contestó y sus palabras no se han borrado de mi mente-. -Es el destino. Diana. 6 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . y si caigo a casa con un regalo extraordinario me pregunta: "¿Para hacerte perdonar qué?". II Sé que algunos dijeron que no tuve suerte en el matrimonio. leyó todos los libros del quiosco del Parque Saavedra y casi todos los de la escuelita Basilio del Parque Chas. Estábamos tan quisquillosos que bastó esa lectura para que armáramos una pelea. y la vieja. Es la vida moderna. fue ama. Un pasaje es un barrio dentro del barrio. la gente se cree de fierro pero cuando le duele. El carácter de mi señora es más bien difícil. que bajó de las provincias en tiempos de mis padres. Lo que no saben es que esta señora. asumió el aire de quien dice tomá. o reviven. Créame. No quise aclarar nada. Me admira cómo la gente aborrece la compasión. Cualquier buena noticia la entristece. -No tanto como odios -le dije-. No desconfió del dominó que tenía a su lado porque pensaba que era su esposa. Desavenencias. Menos mal que a mí me quedaba siempre el refugio del taller de relojería. con esa voz que le retumba en el paladar. Ceferina. por el lado de los Orellana. siento verdadera compasión por mi señora y. Pero explíqueles al barrio y a la familia que son de afuera. por miedo de reanimar la discusión. en la compasión.con intención de irme en serio me largué hasta los Incas. Si la veo apenada por las cosas que hace cuando no es ella. Me atreví a corregirle la plana. usted no lo creerá. porque en general se equivoca. Tardé más de catorce horas en comprender que al hombre del baile no lo había matado su cónyuge. Probablemente muchos matrimonios conocen parejas aflicciones. que le queda más cerca. odios.-¿Van a seguir con la pelea hasta el día del juicio? -preguntó Ceferina. me sentí abandonado y solitario. nunca aceptó enteramente a mi señora. Tampoco le voy a negar que en más de una oportunidad nos disgustamos con mi señora y que una noche -me temo que todo el pasaje haya oído el alboroto. yo hice causa común con ella. afloja. dentro del cuadro familiar. llegué a sospechar que Ceferina mostraría igual disposición con toda mujer que se me arrimara. que me quiere como a un hijo. Le voy a dar una prueba de que la malquerencia de Ceferina por Diana era.

con la mirada perdida en el vacío -ya no dudo. un día y una noche que me parecieron un año. con la cara apoyada en la rodilla. Me acompañó a conversar con el gerente. III Desde que perdí el empleo en el banco me defiendo con el taller de relojería. abrazada a una pierna. la más característica de sus posturas -acurrucada en un sillón. en plena avenida Lacarra. La veo a mi señora deprimida o alunada y. Como a tanta mujer sin hijos. El señor quiere que su mujer esté bien. se puso a decir que para sacar las castañas del fuego los cabecillas contaron siempre con los bobos. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 7 . -No te enojés que después te sale un herpes de labio -le digo. Si por casualidad toma. para que lo deje tranquilo. Lo que yo siento. A lo mejor usted me llama esclavo. o de mal genio. por su piel rosada. por su pelo rubio. Cuando le anuncié que me defendería con los relojes. Es. pero cuando me encerraron. Por simple gusto aprendí el oficio. hasta que la policía allanó el local de Lacarra y en los diarios aparecieron las fotografías del gerente y de los muchachos. que resultaron una famosa banda. con tal de no viajar al centro. Yo me muero por su forma y su tamaño. el hijo de mi cuñada. Tal vez la cuento contra mí. Le doy como ejemplo una situación que se ha repetido la mar de veces. aunque por momentos dude. de vecinos y extraños. la gente se arriesga con el relojero del barrio. que no soy tan ágil. viene a pasar unos días con nosotros. Diana se enojó de veras porque me negué a trabajar con esas personas. entonces. delante de la familia y. o paseandera. Diana se dejó dominar por los nervios y por su tendencia al descontento general. No puedo quejarme de falta de trabajo. agrego: -Si no querés entristecerme. usted no la reconoce. creyendo ser cariñoso. Mientras la oigo a Diana. sufre por no tener hijos. como algunos aprenden radio. Está muy interesado en lo suyo y no quiere que lo molesten. a vos te tiene sin cuidado. por su olor. quiso que trabajara en un gran salón de venta de automóviles usados. En los primeros días. mi señora se desvive. Ganas no me faltan de contestarle que a mí no. y con unos muchachitos. y sobre todo. cada cual es como es. Cuando Martincito. pero no se paran a averiguar qué le sucede. vanidoso. fotografía u otro deporte. A lo mejor. La ocasión de confirmar lo que digo se presentó hace un tiempo. porque siempre fue propensa a estas llaguitas que la molestan y la irritan. Me contesta: -¿Tenés miedo que te contagie? No le refiero la escena para hablar mal de mi señora. me embeleso y pido perdón. Me lo explicó un doctor y me lo confirmó una doctora de lo más vivaracha. en la comisaría 1ª y sobre todo cuando me echaron del banco. los animales la atraen de manera notable. -Ya se me pasó.Una cosa aprendí: es falso que uno se entienda hablando. un señor que parecía cansado. naturalmente. por sus manos finas. Le cuento las cosas como fueron. Pasó la pobre por un mal momento. En el barrio no se muestran lerdos para alegar que una señora es holgazana. Como dice don Martín. Al rato pregunta: -¿Por qué estás triste? -Porque me pareció que no estabas contenta. le doy la razón. no estés nunca triste. además. me entristezco. también. me reprochaba una supuesta falta de coraje y de solidaridad. no creo que hubiera entonces manera de calmarla. un chiquilín insoportable. Durante la huelga de los empleados del banco. a ojos vistas los que mandaban ahí. -Entonces no vengás con el cuento de que es por mí que te preocupás -me grita como si yo fuera sordo-. Diana. En casa la discusión duró una semana. Viera como se enoja. que yo no me mudo tan rápidamente de la tristeza a la alegría. está probado. por sus ojos incomparables. es una señora feliz.

-Se corrió la voz de que tengo buena mano para el reloj de péndulo. siempre con un perro distinto. ahora es tarde para escapar. rubio. me llevó aparte como si hubiera gente. En el pasaje corren sobre ese individuo los más variados rumores: que llegó como domador del Sarrasani. que aparenta ser tan reumático y viejo como él. de cara afeitada. le garantizo. No puede negar que lleva la sangre Irala. que fue héroe en la última guerra. Del propio Barrio Norte me los traen. como todo amor no correspondido. porque ese gesto inexplicablemente la irrita. como los llama Ceferina. Apuesto que lo vio más de una vez por el barrio. Haga memoria: un gigantón de gabardina. que da lecciones en la escuela de perros de la calle Estomba. En cambio vienen siempre con esos mastodontes de péndulo. Le dije. El carillón es una cosa que me da en los nervios. Sonrió. que va como pendiente de las órdenes y que ni chista de miedo a enojarlo. desde una quinta en Ramos. V 8 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . ya lo ve. yo porfié en quedarme y. medio cuadrado en razón de las espaldas anchas. porque seguramente imaginaba la casita y el pajarito. -Mudémonos al Barrio Norte. -Sí.De todos modos mi señora mantuvo su firme oposición a la relojería. para congraciarla: -Confesá que te gustan los relojes de cuco. Siento apego por la casa. ¿Por qué no escuché el ruego de mi señora? Si me hubiera alejado a tiempo. A todo esto agregue. por el barrio. Recuerdo que una tarde me dijo: -No puedo evitarlo. -¿No sabés que es el foco de los péndulos? -le dije. che. que no parpadean. e indiscutido as del espionaje que transmitió por radio. En la "familia real". La vida ahora me enseñó que el amor por las cosas. IV En agosto último conocimos a un señor Standle. instrucciones a una flota de submarinos que preparaba la invasión del país. pero en la vereda sólo estábamos nosotros y el perro y me sopló en la oreja: -Es caballero teutón. la tarde en que Aldini se levantó como pudo del banquito donde tomaba fresco junto a su perro. como si estas hileras de casas que yo conozco de memoria se hubieran convertido en las tapias de una cárcel donde mi señora y yo estamos condenados a un destino peor que la muerte. A mí la idea de mudarme. a la larga se paga. me agarró de un brazo. Hasta hace poco vivíamos felices. debe aceptarlos. Traté de desanimarla. por favor. imagino el barrio. grises. Un día voy a darme el gusto y voy a hacer el desparramo del siglo. y contestó con mejor ánimo: -Casi nunca te traen un reloj de cuco. derecho como palo de escoba. siempre me contrarió. ahora estaríamos libres. ¡Le tengo una idea a los relojes! -Decime por qué. -Porque son chicos y llenos de rueditas y de recovecos. se desviven todos por la figuración y por el roce. fabricante de jabones con grasa de no sé qué osamenta. de ojos chicos. Aunque no siempre uno los entienda. aunque el prójimo se retuerza y clame. pero es el Barrio Norte -contestó pensativa. aunque tengamos que mudarnos a la otra punta de la ciudad. por el pasaje. Vale más que yo no calce la lupa delante de ella. cada cual tiene su criterio y sus gustos. Como pontifica Ceferina. Con resentimiento y con desconfianza.

Usted pensará que un individuo que se le apropia de las pantuflas. de la mejor calidad. No se las puedo negar. Como yo. se oye alguna campanada de los relojes de pared que están en observación. mi suegro. a nadie salvo a Diana o a don Martín. es para ladrarme. mejor que mi suegro no se entere. pero cuando lo veo con las pantuflas le tomo rabia. Cuando sonó un reloj de cuco. los aflige la soberbia de la sangre. -¿Adivinan la sorpresa? -preguntó Diana. papá. la familia es la de mi señora. -No invités más que a la familia -le supliqué.Otra tarde. -A mí los relojes que más rabia me dan son los de cuco -dijo don Martín. de ojos celestes. mejor que yo me desterrara del pasaje. Usted seguramente lo tomó por uno de esos jardineros a destajo. de modo que no tolera esos olvidos. mi cuñada. su hijo Martincito y -¿a título de qué? me pregunto. pero no en lo que se come. Diana pone en su trabajo no menos amor propio que buena voluntad. del abuelo. porque se le volvieron una segunda naturaleza. En casa. Diana le comentó a Ceferina: -Apuesto que ni se acuerda. Créame que me costó convencerla. Adriana María. Don Martín es hombre morrudo. mientras mateábamos. con una calma que asombró. Si la fecha olvidada hubiera sido su propio santo o el de don Martín Irala. Hasta Ceferina. Don Martín. Debo reconocer que en la noche de mi cumpleaños (como todo el mundo. Tronó don Martín: -A comer se ha dicho. La noche del cumpleaños vinieron. si me habla. créame. desde luego. Cuando terminó el Noticiario Deportivo. aunque sea por un rato. Martincito comió del modo más repugnante. la quiere con locura. porque al principio no me acordaba que el domingo era mi cumpleaños. Me quedé mirándola con la boca abierta. Es muy amiga de las fiestas. Si es así. Es muy amigo de las flores y de toda clase de legumbres. Sus pastelitos rellenos de choclo son justamente famosos en la intimidad y aun entre la parentela. de modo que no va a admitir que los pastelitos le salgan mal o caigan pesados. días de la madre. notable por los arranques de su mal carácter. en la familia. que es tan peleadora e intransigente. frecuentes pero armoniosos. Permítame que deje el punto debidamente aclarado: siempre Diana presumió de buena mano en la cocina. No bien llegó reclamó mis pantuflas de lana. Como se trataba de mi cumpleaños por fin cedió y lo celebramos en la intimidad. el alternarse de los carillones. o el aniversario de nuestro casamiento. Amén. salvo yo) se mostró alegre. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 9 . se descalzó la pantufla derecha y le aplicó un puntapié. ya un tanto calmado por Diana. En casa. A don Martín lo habrá visto por el jardín de casa con la azada y con la regadera. Martincito chilló. A todos. que yo sepa. desde que un especialista que atendía en un quiosco en la Rural. pero el de cuco es lo que se llama simpático. pues. Diana protestó: -Ay. a cada rato. don Martín apagó la televisión. les contó que descienden en línea recta de un Irala que tuvo un problema con los indios. lo mimó: se desvive por él.el alemán Standle. que berrea como si imitara a un chico berreando. y de lo que se le ocurra al almanaque o quien disponga en la materia. más bien bajito. participó en esa pequeña representación. porque para mí no habría perdón. Martincito. don Martín. Un mérito de reconocido peso en el hogar. don Martín se encaró conmigo y gritó: -Que se calle ese pájaro porque le voy a torcer el pescuezo. Por toda la casa dejó rastros de sus manos pegajosas. nada fingida por lo demás. exigió que la encendiera de nuevo. calvo. Yo tampoco aguanto los relojes. A nadie le irrita. Diana lo protegió. Era la sidra. preparados como Dios manda. En casa habrá muchas fallas. sí. Movió la cabeza en mi dirección. Diana observa puntualmente toda suerte de santos. de los ingredientes del menú: abundantes. frescos. Don Martín no comparte el criterio y. En el acto manifestaron todos un alboroto inconfundible. lo hace en prenda de algún sentimiento de amistad. ¿No te gustaría vivir en su casita? A mí. aniversarios.

aparentemente no lo oía. Le devolvemos un compañero de alta fidelidad. Tal vez yo estaba mal preparado por un presentimiento. vendemos. me despertó de la ensoñación. La voz del señor Standle. El individuo exponía: -Educamos. Aunque no entiendo el porqué. no le detallaba nada. en definitiva.como seres humanos hechos y derechos. bañamos. Era notable cómo se interesaban los presentes. dirá que estoy muy interesado en lo mío.-Los niños del prójimo son ángeles disfrazados de diablos -comentó Ceferina. En la carta que le llevó la señorita Paula. no hay más que una diferencia de grado.se compadeció de mí y en ocasiones me preguntaba si no quería otra sidra. cortamos el pelo y hasta montamos el más lindo instituto de belleza para pichichos de lujo. mi cuñada -se parece a mi señora. Después de leerla. que por sordo encono a mi señora y a su familia se mantenía apartada y. le explico todo. para que vea cómo soy y me conozca. Con un collar y una cadena. En realidad. pero yo no estoy seguro de que siempre esa diferencia exista. pero seguramente me preocupo y estoy mal dispuesto. El profesor continuaba: -No le devolvemos al amo un simple animalito amaestrado. esa voz me desagrada. Menos mal que Adriana María. hasta mis locuras. Dios los manda para probar nuestra paciencia. las miro con desconfianza. pero no por convicción. hasta últimamente. Quiero decir verdadera alegría. Vaya a saber por qué yo me sentí abandonado y triste. con esa voz que le retumba-. porque a los cumpleaños y a las fiestas de Navidad y de Año Nuevo. menos la vieja Ceferina. que usted no me respondiera. que se puede fiar en mí. Procuro disimular. en morena . Yo soy el primero -si el profesor no miente en reconocer los resultados de la enseñanza. un zumbido de lo más parejo y serio que se puede pedir. Usted le dará la razón a mi señora. Mi suegro. a usted mismo lo convierto en perro de guardia. Justificación no me falta: las peores cosas me sucedieron en esas fechas. VI Aquella noche del cumpleaños. objetaba para mantener el principio de autoridad. -La escuela va más lejos -replicó Standle. cuando el reloj de cuco sonaba. Aclaro que. ni yo mismo quedé convencido. Algunos alumnos de la escuela se desenvuelven -si me atengo a los relatos del alemán. En esta relación. para no estropearle a mi señora celebraciones que ella aprecia tanto. Como dice el profesor. Quiero creer que usted pensará. Mientras otros hablaban de las ventajas y desventajas del collar de adiestramiento. tan hosco habitualmente. ¿Para qué negarlo? Suspendidos de la palabra del profesor estaban todos. y no le voy a negar que por el término de uno o dos minutos me embobaron esas historias de animales. -Vamos por partes -dijo don Martín-. el profesor Standle. escondía su vivo interés. hablando de perros. Para eso no es necesaria mucha ciencia. que no me canso de explicar lo que siento. Mi señora preguntó: -¿Hay quien le lleva sus perros como otros mandan los chicos a la escuela? Los pobrecitos ¿lloran la primera mañana? -Mi escuela forma guardianes -contestó gravemente Standle. entre la inteligencia nuestra y la de ellos. escuchaba embelesado y. 10 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . Confieso que en ningún instante de la noche sentí alegría. Me pareció natural. las peores cosas habían sido peleas con Diana y ataques de celos por deslices que no existieron sino en mi imaginación. bajo una risita de menosprecio. sino en la organización de la escuela. acaparó la atención del auditorio. desde que tengo memoria. en cambio. no sólo en el aprendizaje del perro. pues. me dejé llevar por la pura fantasía y en mi fuero interno me pregunté si asistía la razón a quienes niegan el alma a los perros.

A último momento hubo demoras. De todos modos hubo que salir a la puerta de calle. No asentí. VII Le aseguro que esa noche empezó la pesadilla que todavía estamos viviendo. me asegura Ceferina. se abrazó una pierna. Mucho me temo que esa moderación de mi parte alentara a mi señora. pensativa. sus manos. el olor de sus manos y de su pelo. se acurrucó. Aspectos diversos del mismo asunto (los perros. El profesor Standle sin preocuparse de lo que yo pensara. No sé por qué estas palabras provocaron en mi señora una especie de risa descompuesta. Es claro que a mí no me importaba que mi suegro durmiera o no. También. Conversamos de perros hasta que el individuo -a horas en que uno siente culpa de seguir despierto. -¡Pobrecito el del santo! -dijo cariñosamente-. Para después de la partida de la familia. como quien se contiene. que resultaba penosa y que no terminaba. Yo no podía protestar. que ya de soltera a Diana la internaron por lo menos dos veces. concebí pensamientos verdaderamente extraordinarios y me dio por preguntarme: ¿Qué es Diana para mí? ¿su alma? ¿su cuerpo? Yo quiero sus ojos. sí. hablando en voz baja. Volvía más intolerable la situación. pero con increíble calor me defendí de esa acusación de indiferencia. pasada de olor a tabaco y triste. pero tampoco negué. A su mejor perro le ponen los malandrines una perra alzada y se acabó el guardián. Don Martín. estimulado por el entusiasmo. En cambio una perra siempre es fiel. Adriana María. Concedo que al principio de la conversación abordó el tema de los perros con aparente calma. que la miraba desde lo alto. su cara. Si no me pongo firme lo acompañamos hasta la escuela. consideré inminente la partida. apoyó la cara contra la rodilla. alimentaron la conversación hasta muy altas horas. porque nos habíamos puesto de pie. Intempestivamente declaró mi suegro: -Si me voy tarde. se lleva mis pantuflas. que no podían interesar a ninguna señora: -Para guardianes. le juro. quedó con la mirada perdida en el vacío. lo que es yo. No hablo como alarmista: usted ha de saber. A ustedes qué les importa.Al oír estas pesadeces yo ni remotamente sospechaba sus terribles consecuencias. desde luego. Por el mal camino. A mí.un perro es conveniente. como si revelara una verdad profunda-. Entró en casa con nosotros. -En una casa con jardín -opinó. no concilio el sueño. Diana se dejó caer en un sillón. que pasar por el baño y después revolvió la casa porque no encontraba la chalina. atraen el castigo de Dios. si no me fijo a tiempo. emprendió no sé qué larga explicación ante Ceferina. no más. Estos pensamientos. la escuela). que se le ocurrió a Adriana María. pero me pareció mejor no explicar. Yo no creo Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 11 . Aunque la conversación continuaba. que yo no podría vivir sin ella. el profesor me reservaba una sorpresa desagradable. que había mostrado tanto apuro y que ahogándose de risa me apuntaba con el dedo y repetía "El pobre no da más". Tuvo. Cuando entramos hallé la casa destemplada. me obligó a sonreír.dijo que se iba. de miedo que ella se pusiera de su lado y me tomara entre ojos. el hecho de que el profesor recurría a explicaciones desabridas. lo más bien. -En sumo grado -sentenció el alemán. Se cae de sueño y quiere que lo dejemos tranquilo. don Martín. Yo no tenía sueño (quería. Inútil aclarar que el chiquilín no se comidió a traer los botines de su abuelo. Le aseguro que a mi señora le afectaron el juicio. que repetidamente califiqué de gratuita. Al verla así me dije. hundía a mi señora en la idea fija de los perros. La interpretación de mis protestas. la última palabra es la perra -declaró. que se fueran). porque todos en el pasaje lo saben.

cuando no a la brisca. Los rumores de la noche eran motivo suficiente para que yo. A su estirada cara de furia y menosprecio. Un alma maravillosa. como un idiota. da qué pensar. -Francamente. como los ojos. según comentó una tarde el propio Standle. Una falta de resolución que. cuando se puso a fantasear y dijo que íbamos a tener un perro que nos acompañara y nos entendiera como un prójimo. ya de lo más común. que anunció: "Los aparto por un instante. con el cuerpo a rayas de colores como de cebras o de víboras y con la cabeza de perro en cartón pintado. Días hubo que cenamos tarde. sin resolverse por ningún animalito. Pensando tristezas me desvelé y. Para peor. cuando oí el gallo que tiene Aldini en el patio del fondo. que incesantemente pasaban. me dije que al día siguiente iba a estar cansado y que la mano temblaría en los relojes. muchas veces no la desengañé. Su mujercita no vuelve. Mi señora. de lo más impávida. despierto. Me preguntó: -¿No oíste lo que dijo el profesor Standle? -Oí demasiado. Todavía la va a perder. para distraer el tiempo. Muy sonriente hacía el ademán de apartarnos y enseguida me apuntaba con un dedo. a lo mejor. para decirte un secreto sin ninguna importancia". -Ceferina dice que los animales. jugábamos a la escoba. enseñó a un perro a pronunciar tres palabras en perfecto alemán. Ceferina agregaba entonces palabras masculladas por lo bajo. creo que en la Avenida de Mayo. -El niño está con cuidado. me pregunté si mi sueño era un efecto de lo que sucedió o un anuncio de lo que iba a suceder. VIII Toda la noche me acompañó la aflicción. ese disparate se me pasó por alto. Contó que otro profesor. Hasta en su locura se muestra vivaracha y tiene contestación para todo. No sé decirte si es la raza o la ciudad donde vivían o el nombre del profesor. El carnaval desembocó entonces en la avenida y la arrastró a Diana. a cada rato. donde nos habíamos encontrado con Aldini. No me canso de admirarlos. Me figuro amaneceres como grutas de agua y me hago la ilusión de que voy a descubrir en su profundidad la verdadera alma de Diana. Muchas debilidades tuve esa noche y todavía las pago. -Cuando yo era chica quería tener un jardín zoológico -contestó Diana. Insistió sin perturbarse: -De los perros que hablan. Además. para no contrariarla. Diana hablaba a tal velocidad que si yo no me apuraba en protestar. -Estabas destapando una botella de sidra. pobre de mí. me asomara al jardín. Es muy severa cuando se enoja y le aseguro que no hace las paces hasta que uno prácticamente se arrastró como gusano y le pidió hasta el cansancio perdón. La vi perderse entre máscaras disfrazadas de animales.que otra mujer con esa belleza de ojos ande por el mundo. por aquel tiempo. Usted hacía de cuenta que escuchaba a una criatura. que se oían perfectamente. porque mi señora no regresaba y otros que Ceferina y yo. No me creerá: todavía dormido. 12 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . -Recuerdo la palabra Eberfeld. -Un perro ¿de qué raza? -pregunté. que no iba a volver. un compatriota suyo. sus afirmaciones quedaban perdidas a lo lejos y yo debía cargosearla para que desandara camino y las discutiéramos. Apenas me atreví a observar: -Ceferina dice que hay algo monstruoso y muy triste en los animales. Tampoco me creerá si le digo que. Si la hubiera contrariado. seguía en la pesadilla. Fíjese cómo es mi señora. Yo la esperaba con impaciencia y discurría despropósitos: que le había pasado algo. ya no paró en casa: el santo día lo empleaba en la escuela. La misma Diana me arrancó de estas reflexiones. son gente castigada con la maldición de no poder hacer uso de la palabra. después de cenar. estaba tan nerviosa (y me gustaba tanto) que. Por fin me dormí para soñar que perdía a Diana.

como le decía. hay mucha exageración. sin molestarse en preámbulos ni atenuantes. pedí aclaración: -¿De qué señora? -La suya. Aunque entendí. la vende a los tratantes de Centroamérica. Hay más: olía a perro. con el pretexto de pasear el perro (más bien de arrastrarlo. una tarde me llamó por teléfono para que nos reuniéramos en el Bichito. se agita y se echa). usted sabe. Como le contaba: si me entraba la desazón. sin embargo. -¿Se puede saber el motivo? -le pregunté. Ni usted ni yo vamos a creer en la fábula de esas gotitas en el café con leche. que según Ceferina está perdiendo la vista. un amigo que te voy a presentar. Ceferina. cuando quiere acordar. Lo de vivir tranquilo es una manera de hablar. traía pegados en el vestido pelos de perro. El profesor Standle empezaba a decir con la voz extrañamente aflautada: -Bueno.. ¿Le habría pasado algo a Diana? Más valía no perder tiempo. que bastan dos o tres gotas en el café con leche. ¿Que le pegue un grito? A mí no me gusta pasar la vida gritando. que está frente a Carbajal. porque yo prefiero vivir tranquilo y dar un rodeo. con la cara de rabia y con los ojos relucientes. pero me sobrepuse y contesté con odio: -¿Quién es usted para meterse? Todavía pronunciaba esas palabras. salía a la calle. IX Ese profesor. Lo interrumpí sin contemplaciones: -Allá voy. Hablaba de perros y del alemán -yo no sabía cuándo se refería a unos y cuándo al otro-. caminó hasta donde yo estaba -el lugar más oscuro. porque el pobre Malandrín. Una noche Picardo se me vino derechito. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 13 . hasta que mi señora salía a callejear y yo me dormía sobre los relojes. con el pretexto de tomar aire. Para mí esa desaprobación. ¿Qué me aconseja? ¿Que la eche a Ceferina? Guardando las distancias. A veces yo no aguantaba y con una voz que aparentaba indiferencia le decía: -Me voy a dar una vuelta. que no le envidia a judas. que Diana. No me pida que todas las veces que paso la lleve por delante. porque Diana tardaba más de lo previsible. elegía el lugar menos iluminado.La intención general y el tono eran siempre los mismos. Ahora te explican todo por las drogas. me recostaba contra el cerco y esperaba. Haceme caso. cuando el miedo me enfriaba la sangre. es una cosa real. como si una comezón la enloqueciera y. bien a las claras deja ver su desaprobación. le garanto. como si supiera dónde iba a encontrarme y. que viven para sorprenderlo a uno y repartir el comentario por el pasaje. está en su derecho. porque la noche no le alcanzaba para discutir los méritos y defectos de sabuesos. por la mañana seguíamos el debate. algo que está en mi camino. Si usted piensa que no tengo edad de pedir permiso. con el pretexto de pasear el perro.. Contestó inmediatamente: -Hablar de la señora. Esperaba con inquietud en el alma. me dijo: -Para mí que le dio algo. Admito. no sé cómo explicarme.y me pidió: -Por favor no lo escuches a Picardo. Cuando se cansa de tenerla como esclava. pero también porque siempre aparecían los vecinos. cuando finalmente volvía al hogar. Es muy fácil arreglar de palabra la conducta del prójimo. Como usted comprenderá. yo no podía creer lo que oía. yo haría de cuenta que echo a la finada mi madre. hablaba a toda velocidad. como la punta de una mesa. ovejeros y mastines. Otra noche el mismo Aldini. pero cada cual lleva la propia como puede. Me explicó el doctor Rivaroli.

que no podían. se me desdibujó su cara. tomó asiento y le garanto que hasta beber la cerveza y limpiarse la espuma no soltó la palabra. Pesco algo y la cabeza me da vueltas. -suspiré. salvo cortos intervalos de tranquilidad. antes que me sirvieran. en el Bichito elegí una mesa que permitía la continua vigilancia de la entrada. Entonces me habló con su voz grave: -La respuesta -dijo. Recayó en la voz aflautada y comentó. -No acabo de entender -traté de sincerarme-. Atiné a protestar: -Eso no. -¿Diana? -murmuré. o nos desencontráramos. quedé como si hubiera recibido un golpe. he vivido en estado de ofuscación permanente. No era para menos. Para mí que el profesor empleó adrede la palabra internación. Dios me perdone. En todo caso. yo estaba preguntándome si no debía largarme a la escuela de perros. no es propia de gente en sus cabales. Cuando habló. dije: -¿Usted cree? -Va de suyo -contestó-. Visto por los demás. Puede haber una dificultad.es la internación. Yo le contestaba que no. Vino a la mesa. pidió un bock.. pero si yo tardaba. -Yo quiero que vuelva. a lo mejor se preguntaba si "allá" no quería decir el Bichito y quizá nos encontráramos. cuando se acordaba de sus internaciones. ¿Usted sabe? A veces lo llaman para consultas ¡desde el centro! Pero mejor que no se haga ilusiones. la colocó en el respaldo de una silla. como si me diera un vahído. y creía lo que estaba diciéndole. demostrada por la señora Diana. Si me da el visto bueno. el hombre ofuscado se comporta como un payaso. entro en contactos con el doctor Reger Samaniego. como si hubiera dicho una hipocresía. Standle siguió: -¿A usted le parece bien que la señora ande el santo día lejos del hogar? -Si no fuera más que el santo día.. para usted se acabaron los dolores de cabeza. preguntaba: "Ahora que estoy casada ¿no me pueden internar.. pedí algo para tomar y. -Usted quiere cerrar los ojos para no ver la realidad -contestó-. -¿A quién se lo cuenta? -respondió-. La internación. no la espero tranquilo. se quitó la gabardina. echaba a temblar como un animal asustado. -La señora Diana -me corrigió. Desde la noche de mi cumpleaños hasta ahora. Está muy enferma. Si no actuamos. como si estuviera satisfecho: -La incapacidad para tomar decisiones. la dobló cuidadosamente. -¿Una dificultad? -pregunté ansiosamente.Corrí por la calle. -Mientras dure la internación. no es cierto?". -Y buena parte de la noche. La pobre Diana. Por su parte. Después de una media hora interminable -porque en definitiva me quedé en el barapareció el profesor. como si reclamara toda mi atención. y me sentí mal. que no se resuelve por ningún pichicho. 14 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . -La pobre Diana está muy nerviosa -murmuré. Esto es lo primero que oí: -Usted sabe que la señora está muy enferma. por un momento. -¿Qué le ha pasado? ¿Una descompostura? Contestó con el mayor desprecio: -No se haga el que no capta. En breve plazo el doctor Samaniego la pone en forma. en el trayecto.. ¿Usted la espera muy tranquilo? -No. usted se preguntará por qué le cuento estas payasadas. -Actuemos -le dije y le pedí que me explicara cómo. puede llegar a ese punto del que nadie vuelve. toda la verdad. ¿Qué me dio por decir "Allá voy" y cortar? Quizás el profesor entendió que yo iría a la escuela. se aferraba a mis manos y. pero capta muy bien. -Actuamos en el acto o pierde prácticamente a la señora.

a primera hora. Claro que si Diana me preguntaba "¿Por qué no esperarnos a mañana por la mañana. Proponerle que esa misma noche nos fuéramos a pasar una semana en un recreo del Tigre (el tiempo no era aparente) o que nos largáramos a Mar del Plata o a Montevideo. como si nos escapáramos?" yo no tendría contestación. aunque supiera que a la mañana siguiente venían a buscarla. -Habrá algún medio. no sé si me explico. X El profesor Standle se levantó. Quién sabe si Standle no me había parecido un protector. -Muy fácil -protesté con rabia. sin apoyo. como un guarango. tampoco. Mañana. aparte de llevarse una desilusión y despreciarme sin remedio. hasta aquel entonces nunca se me había cruzado ante los ojos el doctor Reger Samaniego. por nada me hubiera seguido. de Álvarez Thomas y Donado. Después me sentí. Me entretuve dando vueltas por el barrio. -Tiene muchos pedidos. Es verdad que si me apura un poco le voy a reconocer que me comprometí a entregar a mi señora para no quedar mal en la conversación. pero no voy a pensar en el dinero cuando se trata de Diana. Cuando el profesor se retiró de mi vista. como si hubiera puesto en marcha una calamidad incalculable. ya no me importó quedar bien o mal y me admiré de la enormidad que yo había consentido. ella. Hasta que se fue me duró ese estado de ánimo. Usted la visitará cada vez que tenga ganas. que no me dejaba aparentar buena disposición o por lo menos indiferencia. porque los viernes a la noche juegan al ajedrez. Le agrego. a sus espaldas. por lo bajo. pues mide el animal. Yo no me lo perdonaría. para internarla. créame. en La Curva. En el Instituto Frenopático del doctor Reger Samaniego no entra cualquiera. mientras yo me apuraba en pagar. -No se preocupe -dijo el profesor. aunque sabía perfectamente que era compinche del doctor. con su cara de momia. De repente grité: "No puedo hacerle eso". pero si hubiera sospechado que yo le proponía la fuga. nada contento de la decisión que había tomado.. tan confiada en su Lucho: en la primera oportunidad usted ve cómo la defendió. por qué salimos en medio de la noche. No me acuerdo si le dije que mi señora es muy valiente. -El Instituto queda en la calle Baigorria. Se me ocurrieron planes descabellados. Aquí a la vuelta. Lo miré sorprendido. Nada más que por la dificultad de encontrar las palabras. para no quedar sentado. No podía entrar en arreglos. Desde ya que guardaba un mal recuerdo del sanatorio donde la encerraron de soltera y que la pobre contaba conmigo para que la defendiese de cualquier médico o practicante que asomara por casa. Aunque ella no me quiera Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 15 . Cuesta creerlo. -Eso no importa -alegué. porque aún lo veía como un amigo y como un protector. paso a buscarla. con un desconocido. pero le repetí varias veces "Gracias". No es que yo sea rico. sobre todo para no presentarme en casa con la cara de pesadumbre y con esa rigidez en las mandíbulas. Creo que tuve miedo. Lo que va de una persona a otra: hasta ese momento yo no me había parado a considerar la posibilidad de que alguien interpretara mis planes como un intento de fuga. Pobre Diana. y creo que lo ayudé con el impermeable.. dos metros. para no llegar demasiado pronto. no le dije: "No sabe el peso que me ha sacado de encima". un agravante. a la vista y paciencia del público. a probar la suerte en el casino.-Tal vez no la reciban. Es verdad que yo sabía todo esto de mentas: por una de esas grandes casualidades del destino. Mi única preocupación había sido la de salvar a mi señora. También quería recapacitar porque no sabía qué decirle a Diana. porque no me dejaba abrir la boca para plantear mis dudas. lo que me resultó de lo más trabajoso. Tampoco sé cuánto cobra. si quiere.

En casa me esperaba una sorpresa. en la escuela. Era don Martín. llevó el buen humor a notables extremos de vulgaridad y hasta canturreó el tango Victoria. La voz. entonces retumbó también en el cuarto. porque la sorprendí mirándome con un ojo enteramente despierto. Lo digo con fundamento. prefiero no encontrarla. Usted apreciará hasta qué punto se equivocan los que dicen que no tuve suerte en el matrimonio. Quizá la vieja habló con mala intención. Para mí que antes de acostarse ya había preparado las cosas. cuando sonó la campanilla del teléfono. Al verla tan engañada le tuve lástima y sentí odio por el profesor. yo con la garganta cerrada. Como si no entendiera pregunté: -¿A quién? -¿A quién va a ser? A tu señora. se hizo la dormida.el individuo me sorprendió. Me equivoqué: en contados minutos apareció. Yo creo que los de antes eran más hombres. Vaya uno a saber qué embustes le dijo. que ya estaba en cama. que siempre le retumba en el paladar. siguió a Standle. Cuando se compenetró de que la habíamos internado. Mi desempeño. Yo pensé con extrañeza en el hecho de que una persona que nos quiere pueda aumentar nuestro desconsuelo. que todavía no había cantado el gallo de Aldini. En este último punto fui injusto. La entereza y el coraje de mi señora me asombran y en momentos difíciles. mejor dicho como un perrito. porque pensé que era Diana. que me llamaba para que fuera a buscarla. Así lo hice y.. XII Acabábamos de sentarnos a la mesa. que había prometido amparo a mi señora y me compliqué en la perfidia. Está rarísima. Yo pensé que tendríamos para rato. Diana. donde Ceferina andaba limpiando. estoy seguro de que por imposición de nadie me abandonaría así. al principio entendió simplemente que su hija no estaba en casa. usted viera. le juro que tuve miedo por teléfono.tanto como yo la quiero. Cómo habrá llegado de temprano. Cómo el pobre no oye bien. como una criatura. a trabajar en los relojes. en la ocasión. me sirven de ejemplo. dejó que desear. Diana dormía o se hacía la dormida. Mire qué bochorno: le pregunté a ese Juan de afuera: -¿Qué hago? Con su invariable placidez contestó: -Dígale que estoy a buscarla. por el fastidio que le tiene. Atendí como tiro. Diana me besó y. Es verdad que a mí mismo -aunque no pegué un ojo en toda la noche. XI A la mañana. Si media un disgusto con mi señora. sin pedir explicación corrió la señora a lavarse y vestirse. radiante en su belleza y con la valijita en la mano. cuando vino el profesor. -¿Qué le pasa? -dijo. Ceferina dijo: -La casa quedó vacía como si hubieran sacado los muebles. Me fui al taller. porque en esos menesteres tardan las mujeres más de lo previsto.. Al rato empezó a molestar. Aparte de que mi suegro se enoja pronto y saca a relucir un genio que 16 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . Ahora doy en maliciar que tal vez el profesor la apalabró la víspera a la tarde. como los que estoy pasando. pero expresó lo que yo sentía. porque perdí la cabeza. En esa perplejidad me fui a recapacitar a la cocina. que no dejaba pasar ni el agua. porque el mayor culpable era yo. la vieja Ceferina muy animada y con el mejor apetito. mi suegro. Cuando prendí la luz del dormitorio. A mí no me engaña: anda en algo. y me cebó un mate. Se mostró demasiado atenta y afectuosa.

así que le prometí: -Voy a ser tu cliente si ahora te quedás acá. te vas a debilitar -protestó-. -Me voy -anuncié. Salió tempranito. Le aseguro que no. ese olor es a perro. Era una fantasía. no. pero quería sacármelo de encima. Recuerdo en sus más ínfimos detalles el encuentro con Picardo. -Me voy ahora mismo. lo recuerdo como si pasara ante mis ojos. una pesadilla como ésta. No sé por qué me allegué con desconfianza. Hoy. -Paso quinielas y redoblonas. -Hizo una pausa y agregó con inesperado aplomo-: Me gustaría contarte entre mis clientes. con la madera reseca -desde los tiempos de Galache no le habrán dado lo que se llama una mano de pintura-. en la manzana de Adán. Empiezo a trabajar la semana que viene. No había llegado a la esquina cuando se me cruzó el Gordo Picardo. para ese entonces la internación de Diana había asumido. Uno está igualmente atribulado. salí. Estas peleas con la vieja me desagradan. yo la traería a Diana de un brazo. todo lo que sucedió después de la horrible noche de mi cumpleaños. Lo comprobé: cuando uno está más afligido se topa con un fantoche como Picardo y lo que a uno le sucede ya no parece real. con algún tablón podrido y desclavado. -Tengo que hacer -dije. No por eso las cosas mejoran. donde estaba. -La vimos a tu señora esta mañana -dijo-. yo le veía. el carácter de una enormidad. ¿Por qué dejás que el viejo ese te caliente la cabeza? Me dio rabia y repliqué: -¿Y vos por qué escuchás las conversaciones que no te importan? -Entonces te calentó nomás la cabeza. incluso para mí. porque todo el paraje estaba cubierto de olor a pollo. Admira pensar que alguna vez lo consideramos una especie de matón. Usted dirá: "Miedo a los perros". -¿Vas a buscarla? -preguntó. El edificio. porque ahora no solamente es el más infeliz del barrio. disimulando apenas la curiosidad. No sé por qué recuerdo un detalle del momento: sin querer. cuando éramos chicos. -¿Adónde vas? -preguntó. -¿Cómo se te ocurre? -contesté sin pensar. espacioso pero irregular. como lo llama el alemán. En realidad. Me dijo: -Tenés que probar la suerte en el juego. me nombró su agente un doctor que a veces para en La Curva. es notable lo que Picardo mueve la manzana de Adán. XIII La escuela de perros ocupa el terreno.impone. la imaginación de que al entrar de golpe yo iba a Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 17 . Me espiaba con insistencia. -¿Qué hay con eso? -pregunté. A mí siempre me admiró que la quinta produjera esos duraznos de tan buen aroma. Me dije que antes que don Martín se presentara en casa. -¿Sin comer? -preguntó Ceferina alarmada. -Dejame tranquilo. pero menos firme en la tierra. los pelos mal afeitados. sino un sueño. Al hablar. el gallinero y quinta de Galache. -Si no comés. sólo que ahora está más vieja. Sin contestar palabra. sino también el más flaco. es la vieja casilla. Porque supo que tenemos teléfono. Estuve por decirle que ese trabajo no era para infelices. porque será ella la que te cocine. Un sueño se olvida. ¿Te ordenó que fueras a buscar a su hijita? Menos mal que a la vuelta comerás a gusto.

uno de esos muebles de tapa corrediza y ondulada. pero me pregunto por qué me mostré. pero le garanto que maliciaba que detrás de eso había algo todavía peor. Se extendió en un discurso de tono razonable. Usted la saca. -Estoy pensando en algo muy distinto. Yo no soy de los que se vanaglorian de presentir acontecimientos. de modo que le dije que sí. Pensé: "Hay que jugar limpio". desvariaba un poco. Además. Entonces fui yo el asombrado. a un manicomio. ¿Quiere azúcar? XIV Fíjese lo que son las cosas: el cereal me dio asidero para sobreponerme. El que hace un daño. por lo general espesa y grave. para plantear de una vez mi reclamo. -Es feo. más o menos por traición. El no entenderla me ayudó a enojarme. Machacó. para poner su tazón de café. Es verdad que el hecho de entregar la señora. quién sabe si le gusta el café. Al rato asomó el profesor. junto a la silla giratoria.descubrir un secreto que me traería pesadumbre. lo deshace. No pareció alegrarse de mi visita. Pensé: "Hay que jugar limpio" y me puse a golpear las manos. En el suelo. excitante. estaba abarrotado de papelería amarillenta. colorada y blanca. -Porque no es café -explicó-. -Está pensando en la señora. como hecha de persiana. en resumen. Le pregunté: -¿Cómo lo sabe? ¿De puro astuto lo adivinaba o yo estaba tan perturbado que sin darme cuenta dejaba ver mis pensamientos? No aclaró nada con la contestación: -Porque se arrepintió. Añadió una palabra que sonó como eslós o algo así. en cuya proa descifré la palabra Tirpitz. antes de saber nada. El alemán salió de la pieza. -De oírlo se creería que usted la metió en un hotel de lujo. De las paredes colgaban retratos de perros enmarcados como si fueran personas y una acuarela que representaba un barco de guerra. -A mi señora. Era una caja grande de las que usted ve en los almacenes. El café es malo. Me trajo el café en una tacita de porcelana. sobre los riesgos de la enfermedad y las comodidades del Instituto. -Usted disculpe -dijo-. pero no tiene importancia. Lo miré sorprendido. La apartó un poco. había una caja abierta de Bay Biscuits. pero que resultaba insolente y hasta ridículo cuando la voz. Le refiero el detalle porque demuestra cómo funcionaba mi mente. basta para perturbar a cualquiera. tan alterado. 18 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . pero me conozco. -No entiendo -dijo con gravedad. Aquí no tengo dos tazas iguales y no hay cuchara. usted la saca -grité-. -Aparté la tacita-. sé que nervioso no valgo nada. El escritorio del profesor. El cereal es bueno. Yo me decía: "Me asusto de lo que hice". para ganar tiempo y ver de serenarme. -No le envidia a un palace. como si presintiera las pruebas a que me someterían. una cuchara de sopa y una azucarera enlozada. Hubo un silencio muy largo. azul. -No hay motivo para estar satisfecho -le previne-. Usted hizo un daño. se le aflautaba. Ahora me figuro que yo miraba esas cosas como si estuvieran vivas. Cuando pasé al despacho me preguntó: -¿Quiere café? Iba a decirle que no. Ninguna importancia. En el cuartito faltaba aire. desde el principio. En un palace.

El profesor parecía de nuevo disgustado.-Saca. Quién sabe si con estas compadradas no demoro su libertad". duro como un fierro. Ahora. se mostró afectuosa y me felicitó por la actitud "valiente y oportuna". A diferencia de mi suegro. No sé por qué le tomé aun más rabia por la manera en que dijo presto. entreabrí la puerta. lo hago responsable. Me despertó de estas divagaciones una frasecita de Adriana María que oí con notable nitidez: -Yo me parezco a mami y Diana es el vivo retrato del viejo. con chiquilín y todo. tiene quejas. No habrá queja. Protesté como pude. -Lo que sucede -dijo Adriana María. Me dije: "Le doy la razón a la pobre Diana. volví a la casilla. Lo miré. Yo estoy miserablemente ocupado en mi amor propio. Standle me aconsejó: -Si insiste ¿por qué no habla directamente con el doctor Reger Samaniego? -No. Es enorme. -¿Un capricho de tu papá? -Sí. cuando vuelva. Di media vuelta. XV Cuando volví a casa ya estaba Adriana María. mi señora queda sin la menor protección". -Si mi señora.es que no sabés cuántas lágrimas he derramado por culpa de ese capricho de mi papá. Cuando estoy más atribulado por la señora. hable. porque usted y ese doctor la van a pasar mal. Discutimos un rato. descubro que la cuñada tiene gracia". no -balbuceó-. al decir "cuando vuelva". me asomé. Pero vos también estarás de acuerdo en que yo conozco a mi familia. cuando un pensamiento me alarmó: "A lo mejor el hombre se confunde" me dije y razoné a toda velocidad. le confié: -A mí esta vez me da la impresión de que la perdí para siempre. pues cualquier aprobación retempla a quien no las oye seguido. De un trago se bebió ese café que era cereal y que ya estaría tibio. -Si la saca -contestó. tuve miedo de hacerme ilusiones y quedé bastante desesperado. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 19 . Repliqué: -Diana no tiene la culpa de que la quieran.el responsable es usted. -Que mi señora no traiga quejas. "No sabe que me gana en las conversaciones porque es más despabilado. Quiero decir que estaba para quedarse. No me presto. Explicó: -Mi papá fue siempre el enemigo del manicomio. defendiéndome. Creo que sonreí satisfecho. Me fui como un triunfador. Cerré la puerta. No había llegado a la tranquera de alambre. juró que ya no había en el mundo un poder capaz de internar a Diana. no -dije. Me aborrecí por mostrar tanta debilidad. Si cree eso. un verdadero ropero vestido como una persona. pero la satisfacción no duró mucho. pero cambié de ánimo al entender que me felicitaban nada menos que por la internación de la pobre Diana. -De acuerdo.Únicamente saco su idea de la cabeza. pero la frase me salió conciliadora. le grité-: Si tiene algo que decir. Cuando falleció mami. -Como abrió la boca y no contestó. La miré sorprendido y pensé: "No acabo de entender. Sos muy justo. Por último. en la frente. Mi papá no sospechaba que el maridito era ese poder. Además. -No. Traté de parecer amenazador. Estoy ¿cómo te diré? familiarizada con ella.a punto de llorar. La quiere ciegamente a Diana. -Lo más atinado es que usted se vuelva a casita. A lo mejor cree que le tengo miedo. saca -por fin replicó mientras me daba unos golpecitos con la punta del dedo índice. como un chico. Salí como sonámbulo. Yo no le hago esa mala jugada a la señora Diana. como oís. en el tonito de quien da una explicación completa.

don Francisco suelta siempre. porque Ceferina iba cargada de almohadas y de mantas. sacrifican a la mujer". Cuando faltaba poco para la cena. A lo mejor comprendí. en momentos en que yo no pedía sino comprensión y calma. Creo que nuevamente le di la razón a Diana y aun sentí un rechazo por el oficio de relojero. joven. Era Adriana María. para el fin de semana estarían listas las composturas prometidas para fin de mes. Menos mal que no la sorprendió Ceferina. Disimulé como pude la contrariedad y en busca de un pecho fraterno. Viuda.mi vida fue una lucha. Le dije: -Me voy a mis relojes. XVI Me volqué en los relojes empujado por una comezón misteriosa. dispuesta a entrometerse donde no lo llamaban y que reclamaría toda suerte de atenciones. No me pregunte qué le pasaba al Systeme Roskopf: trabajé en esa máquina con la mente muy lejos. -Qué triste. frente a la pantalla ¿a quién veo? Usted acertó: a Diana. anduve por el cuarto como un animal enjaulado. Le tocó el turno al Systeme Roskopf del farmacéutico. libre. yo derramaba lágrimas y luchaba. porque hubiéramos tenido tema para rato. -¿De veras te parece triste? -preguntó con ansiedad-. la que para él resume todas las ponderaciones: "Lo heredé del finado mi padre". en el acto respondí: -En la familia se parecen todos. como si respondiera a un mecanismo de relojería. Mientras las compañeras jugaban con muñecas. En la misma puerta se produjo el encontronazo. como dice el tango. Hablemos de lo que hablemos. pregunté: -¿Qué te hace decir eso? -En esta casa me tuvieron siempre para hacer la cama a desvergonzadas. al fallecer. Debo reconocer que se parece a mi 20 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . La voz le silbaba con la rabia. yo pensaba: "Para no contrariar a Standle. Yo corrí a abrazarla. en el fondo. Entré en el comedor. Me sentí incómodo. ¿Por qué mirar de cerca detalles tan chicos? Me levanté del banco. me largué a la pieza de Ceferina. Al rato mis pensamientos y los mismos relojes se me volvieron insufribles. sin necesidad de pensar mucho. por un instante casi no aguanto la felicidad: de espaldas. que Adriana María era una persona de afuera. en el afán de quedar bien con el primer llegado. ¿Alguna vez te detuviste a pensar en lo que es mi vida? Le contesté sinceramente: -Nunca. calculé que si mantenía el ritmo de actividad. Las personas que nos quieren tienen derecho a odiarnos de vez en cuando. que estaba en la penumbra. hasta que los carillones empezaron a sonar. Siempre luché. o adivinó mi presencia. -Desde chiquita -dijo. -Mi vida es el vacío enorme que dejó Rodolfo. Mientras desarmaba el reloj. que no fue duro.Con una furia que ni un psicoanalista podrá explicarme. permití que la encerraran en el Frenopático. con el televisor encendido. porque se volvió. sentencias del tipo: "Es mi crédito" o "Ya no se fabrican máquinas como éstas" o. me comporto de un modo que más de una casada se quisiera. comentó: -No ganamos gran cosa ¿no te parece? Aunque sabía que lo prudente era callar. Créame. Al pasar frente al baño creo que vi en el espejo a Adriana María medio despechugada. pero yo quiero a Diana. Te juro por mami que nadie lo llenó hasta ahora. mi esposo. Como si llevarme por delante la hubiera alegrado. Entonces apagué la luz y me fui. a lo mejor por la esperanza de que el trabajo me tapara los pensamientos. si no. cuando debió de oírme. pero que me desconcertó. Por algo dice Diana que los maridos.

junto al resto de los sucesos que le refiero. aunque sabe perfectamente que a mí no me gusta que la gente piense disparates. Antes de salir miré para atrás. Creo. está lucida. y la forma del cuerpo y la manera de sentarse? Quisiera asegurarle que no es así. lo que me sobresaltaba con la ilusión de tenerla de regreso a Diana. Como dice Aldini. Usted dirá que Diana tiene razón. por ejemplo. pero mientras no le viera la cara. el olor a comida en la ropa ni en el pelo. en mi situación. no conviene una persona parecida en la casa. Un hecho parecía evidente: en mis tribulaciones más me valía no pedir comprensión a las mujeres que tengo cerca. me dejaba engañar por las apariencias. Me decía: "Voy a poner mi voluntad en que no me engañe otra vez".señora. Cuando volví a la casa. en aquellos días lamenté de veras que la cuñada fuera tan igual a mi señora. lo cierto es que usted hacía de cuenta que tomaba su baño turco en el vapor del ajo. porque Adriana María me preguntó con la mayor preocupación: -¿Qué le sucede al pobrecito? -apoyó las manos en mis hombros. pero da trabajo poner en palabras un pensamiento confuso. A lo mejor ya le conté que soy un poco maniático. Probablemente se reía de la vanidad de mi cuñada. sin titubear cerró la puerta de una patada e insistió con una voz muy cariñosa -¿Qué le sucede? Yo quería librarme de sus brazos y salir de la pieza. me miró fijamente. la onda de su cabello sobre los hombros. aunque tal vez me sorprendió cuando yo me pasaba la mano por los ojos. insignificante si la recuerdo por separado. Diana siempre me embroma. que propendo a mirar de cerca los pormenores. Probablemente usted pueda sacar de todo esto consecuencias bastante amargas acerca de lo que Diana es para mí. Ceferina me guiñaba un ojo. que la relojería es mi segunda naturaleza. Créame. Tranquilamente Adriana María me dio la espalda y siguió mirando la televisión. el mismo pelafustán de la Rural. me dice que tal vez no me interesen los antepasados. con un flojo como éste.me conmoví. Miré por encima del hombro de mi cuñada y al descubrir en uno de los últimos retoños el nombre Diana -figuro a su lado. porque todo el tiempo le recuerda a usted la ausencia de la verdadera. Ni uno mismo se entiende. a don Martín y a Martincito. uno supone que se casa con una mujer y se casa con una familia". pero que tengo delicadezas de niño bien. Sabía que esa mujer no era mi señora. venite a mi pieza. del tiempo de la colonia. Yo no me casé con mi cuñada. a precio de oro. A cada rato la confundía. Por cierto. sin embargo que la escena anterior. de preguntar "¿No te lo decía?" A mí me gustaría saber qué me echaba en cara la vieja. porque Adriana María me preguntó: -¿Te molesta el olorcito? ¡A mí me da un hambre! Si querés. Pobre. Le aclaro que si fuera necesario yo me casaría de nuevo con Diana. Para sorprender las ridiculeces ajenas la vieja es corno luz. unido por un guión. Ceferina tomó un aire de suficiencia. El despecho desapareció y me invadió de nuevo el bienestar. Debí de quejarme. Entonces pasó algo muy extraño. sino con mi señora. Al ver que no era Diana sentí contra la mujer tanto despecho que sin proponérmelo comenté a media voz: "No cualquiera toma su lugar". no aguanto. No podía mencionar el guiño de Ceferina sin reavivar el encono entre las dos mujeres y a lo Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 21 . ¿No es más que su cabello. o menos todavía. Se lo había preparado. XVII Por una hora larga me refugié de nuevo en los relojes. y con notables diferencias de carácter. como le dije. que les contó que descendían de un Irala. porque no sabía qué decirle. Adriana María mostraba a Ceferina el árbol genealógico de los Irala. Usted me dirá: "Es bien sabido. en morena. La contrariedad se me habrá visto en la cara. Vaya uno a saber qué guisaba esa tarde Ceferina. solamente a mí pudo tocarme una familia tan enteramente distinta de cuanto se ve en esta época. De pronto levanté la vista y vi que Ceferina se reía. adquiere sentido y sirve para entenderlos. aunque debiera llevar a babuchas a Adriana María.

la circulación de la sangre. nunca la quiso. Ahora mi cuñada parecía postrada. una sorpresa. XVIII No es por agrandar las cosas. Por motivos incomprensibles. "hasta cuándo". Rió de un modo extraño y preguntó: -¿Lo que se nos da la gana? -Una internación. Me contestó: -El lujo es el lujo. Mi suegro -el pobre no estaba menos contrariado que yo. como una falta de tino. che. podría conversar de mis penas y 22 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . Obré así en la inteligencia de asegurarme la simpatía de mi cuñada. -Ya pasará. "qué le verá". aburrida. Adriana María pasó de la animación al cansancio. Yo había concebido la esperanza de entenderme con ella. Dígame a quién podía yo recurrir para desahogarme. El chiquilín era un chiquilín. porque levantó la voz muy claramente masculló "podrida". -¿Dónde está la barbaridad? -exclamó. pero usted ve las enormidades que decía. sin ánimo para hablar ni para vivir.me echaba la culpa de la internación y me aborrecía. sino el de toda hora. todavía. te la regalo. porque se puso a fregarme como si tratara de excitar. Me reservaba. No me di por enterado y me alejé. en todo mi cuerpo. se retorció como si algo la sacara de quicio y gritó destempladamente: -No vuelvas a cargosear con esa mujer. mientras nosotros hacemos lo que se nos da la gana. -No estoy seguro -contesté-. pero le aseguro que en una situación como la mía. Otras no tienen la suerte de que les paguen un manicomio de lujo. No entiendo a las mujeres. -Un manicomio es un manicomio -protesté. sin un confidente que me escuche y me aconseje. Adriana María debía de estar furiosa. En el corredor tropecé con Ceferina. el hecho tan inocente de cerrar la puerta. Sin causa aparente. Como lo oye: a su propia hermana la llamó esa mujer. -Me pregunto si no es una barbaridad -murmuré.mejor sin dar a entender que desaprobaba. -¿Vos creés que fue indispensable? -¿Que fue indispensable qué? Pronunció por separado cada palabra. como el rengo Aldini. Un doctor que la veía a mi señora me dijo que eso ocurre cuando baja de golpe la presión de la sangre. cuando murmuró. -Encerrarla en el Frenopático -aclaré. Debí de estar pálido. para qué engañarse. De modo que no alegué el motivo del momento. tras visible esfuerzo: -Es por su bien. La pobrecita está en un manicomio. Recuerdo que reflexioné: "Si por lo menos tuviera un perro. la soledad se vuelve ingrata. de lo más contenta. replicó: -Dale con la pobrecita. Yo estaba por aconsejarle que se vigilara la presión. Sin contestar palabra salí del cuarto. mi cuñada había tomado entre ojos a Diana. de que fuera una verdadera hermana en mi desolación. Quién sabe lo que sufre la pobrecita. que inmediatamente me preguntó: -¿Así que no le hiciste el gusto? En un arranque de rabia respondí: -Esta noche no ceno en casa. En un tono que me cayó bastante mal. Cuando un reloj de cuco empezó a dar las ocho. -No hay que llamarse a engaño -insistí-. Ceferina. Parecía una boba.

porque acodado en una mesa. Alguna vez Diana me hizo notar que el hecho es bastante común. pidió una porción de guiso y con aire de gran personaje dio sus dos o tres pitadas al cigarrillo medio aplastado que Aldini había dejado en el cenicero. -Nunca pensé que te encontraría en La Curva -aseguré sinceramente. no esperó a que lo invitáramos. -Después dicen que no hay casualidades. de estatura por debajo de la normal. que me apuntaba con el dedo y que decía-: De contrabando metió en la casa a la cuñada. Hay demasiada inseguridad en este mundo para que todavía agreguemos un juego de azar. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 23 . en redoblonas. Guiñó el ojo (como Ceferina. a lo mejor. Es inteligente Aldini.¿Qué tienen que ver las casualidades? -Los dos en La Curva. Quizá porque había pensado en Aldini. así no le has mentido. -Yo también. Pedimos guiso. Lo disuadió el doctor: -No hay que aburrir a la gente. Desde los billares avanzó a nuestra mesa un señor rubio. tomó asiento. Para que no haga desarreglos le mentí. un rato antes). No bien salí a la noche lamenté el arranque de rabia y me pregunté qué haría con mi persona. cabezón. No tenés por qué invitar. No me gusta mentirle. A la legua usted notaba que era de los que se manicuran en las grandes peluquerías del centro. Los dos con la señora enferma. -Lo peor es la humedad -respondió Aldini. -Vos prometiste -insistió. Elvira. -Bien hecho -aprobó el doctor-. -Uno anda desorientado -observé. Yo seguía comiendo pan. -El tiempo se muestra variable -opinó el doctor. no entra en razón y me prepara la cena. -Tengo a la señora enferma -contestó. Si no es inoportuno los acompaño. Picardo me miró ansiosamente. en cualquier fonda. A la altura de mi nuca alguien habló: -No le hagan caso al hipocritón éste -me volví. Traté de explicarle que si no lo invitaba habría mentido a la señora. Picardito. -¿Vos aquí? -pregunté. Reconocí: -Tenés razón. Entiendo que estaba peinado con gomina y parecía muy limpio y hasta lustroso. A lo mejor si le hacía caso a Diana. vacié la panera. frente a un vaso de vino. Aldini estaba solo.consolarme. -Cenamos juntos. -¿Casualidades? -pregunté. -El doctor Jorge Rivaroli -aclaró el individuo-. si me quedo en casa. Picardo le arrimó una silla. -Le inventé que los amigos me invitaron a cenar. Como tardaban con el guiso. hubiera evitado desgracias". Repitió varias veces: -Los dos con la señora enferma. Yo le dije: -Te invito. que es el vivo retrato de la señora. lo encontré en La Curva. Con apuro el Gordo Picardo lo presentó: -El doctor. fornido en su traje ajustado. Yo no veía otra explicación. Picardo me dijo: -Prometiste que ibas a interesarte. Menos mal que en medio de tanta desventura no había perdido enteramente la disposición para comer. pero me enredé en la argumentación. Como si nos faltara el tema hubo un largo silencio. -Después dicen que no hay casualidades -contestó. cuando clamaba por comprar uno. -No digas. -No juego -contesté. era el Gordo Picardo. uno pasa el rato más entretenido que dando vueltas por la calle.

-¿Y para beber, señores? -preguntó el patrón, don Pepino en persona, que se largó a nuestra mesa en cuanto vio a Rivaroli. -Para todo el mundo Semillón -ordenó el doctor-. Tinto, se comprende. Prefiero el vino blanco, pero no dije nada. -Medio sifón de soda -agregó Aldini. Aunque infeliz a más no poder, Picardo no deja de ser avieso. -El señor tiene a la señora enferma -explicó, señalándome- pero que no se queje, porque metió en casa a la cuñada que es igualita. -No es lo mismo -protesté. Todos se rieron. Con la respuesta yo daba entrada a la discusión de mis intimidades, lo que me desagradaba profundamente. Picardo comentó: -Apuesto que en la oscuridad la confundís con tu señora. Por algo dicen que en boca de los locos se oye la verdad. -A mí -observó pensativamente Aldini, y yo le agradecí que distrajera la atención hacia él- en la luz de la tarde me pasa una cosa bastante rara. Si la cuento se van a reír. Por lealtad le aconsejé: -No la cuentes. -¿Por qué no la va a contar? -preguntó el doctor y sirvió una vuelta de Semillón-. Entiendo que estamos entre amigos. Aldini confesó: -Tal vez porque la vista se me nubla, cuando hay poca luz, veo a mi señora más linda, no sé cómo decirles, como si fuera joven. Una cosa bastante rara: en esos momentos creo que es como la veo, la muchacha que fue cuando joven y la quiero más. -¿Y si te calzás los anteojos? -preguntó Picardo. -Qué querés, aparecen detalles que más vale pasar por alto. -No te reconozco -dije-. Generalmente no pecás de indiscreto. -Bueno, che -protestó-, un día puedo estar medio alegre. Hablando engoladamente apuntó el doctor: -El señor es un enamorado de la belleza. Picardo me señaló con el dedo. -Ése también. Si no me cree, doctor, pregunte por el señor y la cuñada que tiene. Mandan fuerza. -No molestes, Picardito -amonestó el doctor. -Yo no hincho -protestó Picardo-. ¿A que no sabe, doctor, qué le pasa al pobre sujeto? En contubernio con un alemán que enseña a los perros metió a la señora en el loquero y ahora está arrepentido. El doctor me pidió sinceramente: -Tómelo como de quien viene. Usted sabe, además, que Picardito no es malintencionado. -Mire -le contesté-, no hago caso, porque lo conozco a Picardo; pero de que es malintencionado no le quepa duda. -La mala entraña le sale del alma -me apoyó el mozo, mientras ofrecía otra vuelta de guiso. Picardo insistió: -Ahora anda como alma en pena, porque se arrepintió y quiere sacarla del loquero. ¿Cómo se habrá enterado? Mi eterna prédica: en el pasaje toda noticia de algún modo se filtra. -Perdone que me inmiscuya -dijo Rivaroli- ¿Puedo preguntar algo? Francamente, yo no quería que el individuo se mezclara en mis asuntos. Por no encontrar la manera de decir que no, dije que sí. -Nadie mejor para darte una mano, si realmente querés sacar a la señora -observó Picardo. Yo debía de estar bastante nervioso, porque fue una enormidad lo que esa noche comí de guiso y de pan, sin contar que me pasé con el Semillón. -Motivaciones de ética profesional me inducen a someterle una pregunta -aclaró el doctor-. ¿Usted recuerda si ha extendido la autorización pertinente?
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-¿Pertinente? -Para la internación de su cónyuge. -Yo no firmé nada -contesté. -Se portó -me dijo-. Nunca se firma nada. ¿Sabe si la señora dio su autorización por escrito? -No, eso no sé. -Si no la dio, tenemos el punto de apoyo y actuamos. Trajeron la cuenta. -Yo pago -dijo el doctor. -No, yo pago -repliqué- lo de Aldini y lo mío. Con entusiasmo comentó Picardo: -Ya verás cómo el doctor los hace bailar en la cuerda floja. No aclaró a quiénes. -Estoy a su entera disposición -me aseguró el doctor mientras salíamos-. En el momento competente me lo despacha a Picardito, para que me avise. Le garanto que le salgo más barato que la internación con la ventaja de tener a la señora en casa. Como había empezado a lloviznar, el doctor se ofreció para llevarnos en el coche. Aldini y yo no le permitimos que se moleste porque después de tanta sociabilidad estar a solas entre amigos es verdadero descanso. Nos encaminamos al pasaje. La llovizna se convertía en aguacero, la renguera de Aldini demoraba la marcha, la ropa se empapaba y llegué a preguntarme si más no hubiera valido aceptar la invitación de Rivaroli. Debajo de una cornisa esperamos que pasara el chubasco. Aldini, de pronto, me dijo: -No te metas con abogados. Te van a sacar hasta las plumas. -Hay que ser justo -contesté-. En un punto le doy la razón a Picardo. Si quiero que me la devuelvan a Diana, no debo poner dificultades. -Me pregunto si la conversación de esta noche no te compromete. Es una pregunta. -No le dije que sí. -Ni que no. A un bicho como ése, mejor no tenerlo como enemigo. Tampoco a los del loquero. -Bueno, che, hay que elegir. Si quiero sacarla, con alguien voy a quedar mal. -¿Vos creés que tu señora le habrá dado la autorización al alemán? -¿Por qué iba a dársela? -No sé. Pregunto. -Preguntás por algo. La lluvia paró un poco, así que seguimos la marcha, Aldini resuelto a caminar despacio, yo tirándolo de un brazo, lo que era increíblemente cansador. Cuando cruzamos la calle, el rengo se negó a saltar el agua, o no pudo, y se mojó hasta las pantorrillas. Observó reflexivo: -Si después resulta que la firmó, quién sabe las complicaciones en que te mete el abogado. -¿Vos creés? -Calumnia o lo que sea -tras un silencio, agregó-: No me gustaría tener de enemigos a los del loquero. Habíamos llegado al pasaje. Las cavilaciones de Aldini me habían aburrido. -Y, che, con alguien voy a quedar mal -comenté-. Ahora me voy a la cucha, porque me caigo de sueño. -Feliz de vos. Yo todavía tengo que pasear a Malandrín, amén del tecito que habrá que prepararle a Elvira. En casa todo el mundo estaba con la luz apagada. Por culpa del guiso pasé la noche soñando pesadillas y disparates.

XIX
Si le cuento que a la otra mañana Ceferina me trató con notable consideración a lo mejor no me cree. Sin embargo le digo la pura verdad. Por algo repite don Martín que el humor de la mujer es tan variable como el clima de Buenos Aires. Estábamos mateando cuando le dije a Ceferina:
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-Si viene algún cliente, hasta la tarde no estoy en el taller. Ceferina comentó con mi cuñada: -Como lo oíste: ahora se pasa la mañana afuera. Hacía de cuenta que yo no estaba ahí, pero usted no vaya a suponer que habló con desprecio. A la legua se le notaba el tonito de admiración y desconcierto. Juraría, además, que las dos mujeres no estaban tan enemistadas como de costumbre. ¿Quién las entiende? -¿Dónde vas? -preguntó Adriana María. -Vuelvo a almorzar -contesté. Se miraron. Casi les tuve lástima. Como el tiempo había cambiado, caminé con ganas, de modo que llegué bastante pronto a las inmediaciones del Instituto Frenopático. Le confieso que me recosté contra la verja de la Clínica de Animales Pequeños, porque a la vista del Instituto el coraje empezó a flaquear; yo no temía por mí. Desconfiaba de mi habilidad para argumentar y para convencer y me preguntaba si con la visita al director no empeoraría la situación de Diana; si todavía la pobre no pagaría mis torpezas y desplantes. Es claro que al temer por Diana, temía por mí, porque no puedo vivir sin ella. Creo que la misma Diana me dijo una vez que todo amor, y sobre todo el mío, es egoísta. Por otra parte, si yo no le hablaba a Samaniego, me exponía a que el día de mañana Diana me reprochara: "No sacaste la cara por mí". Como pude, templé el ánimo, crucé la Baigorria y llamé a la puerta del Instituto. Un enfermero me hizo pasar al despacho del doctor Reger Samaniego, donde, después de esperar un rato, me recibió personalmente su ayudante, el doctor Campolongo. Se trata de un individuo de cara afeitada, muy pálida y redonda, tan peinado que usted supone que echó mano a compás y regla para distribuir los pelos. Primer detalle que no me gustó: en cuanto me tuvo ahí, cerró la puerta con llave. Había otra puerta que daba adentro. Le podría inventariar ese despacho que mientras viva no olvidaré. A la derecha descubrí uno de esos relojes de pie, de madera oscura, marca T Dereme, que si usted les brinda la atención que merece toda máquina son, por lo general, puntuales. El del Instituto estaba parado a la una y trece, desde quién sabe cuándo. A la izquierda había un fichero metálico y una pileta de lavar, con su repisa, donde divisé varias jeringas para inyecciones. En el centro estaba el escritorio, con un recetario, algunos libros, un teléfono, un timbre en forma de tortuga con el caparazón de bronce. El escritorio era un mueble de madera negra, muy labrada, con una guarda de cabecitas con expresión y todo, un trabajo de mérito, pero que me repelía un poco, porque debía de traer mala suerte. Había también sillones, con el respaldo y el asiento en cuero repujado, muy oscuro y con las mismas cabecitas de la mala suerte. En la pared del fondo, entre diplomas, había un cuadro con personajes trajeados con túnica y casco. Me dijo Campolongo: -Va a tener que perdonar al doctor Regel Samaniego. No puede atenderlo. Está en el quinto. -¿En el quinto? -Sí, en el quinto piso. En cirugía. -No sabía -le contesté, para ocultar mi contrariedad- que ustedes hicieran operaciones. -La cirugía -me explicó satisfecho- hoy por hoy enriquece el arsenal de la terapéutica psiquiátrica de avanzada. ¿En qué puedo serle útil, señor Bordenave? -Venía por noticias de mi señora. Campolongo abrió un cajón y se puso a revisar fichas, lo que le llevó un tiempo que me pareció interminable. Por fin, dijo: -Las noticias, grosso modo, son buenas. Yo diría que su señora responde favorablemente al tratamiento. Para no precipitarme, porque el próximo paso era decisivo, le hice una pregunta de relleno: -¿Qué significa ese cuadro?
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-Un motivo romano. El doctor Reger Samaniego se lo explicará. Creo que es un rey con su mujer. Armándome de coraje, aproveché la coincidencia y pregunté: -¿Usted cree, doctor, que yo podría ver a la mía? Sin apresurarse, Campolongo guardó las fichas, cerró el cajón y me dijo: -En este caso particular, la visita de cualquier persona allegada a la enferma me parece poco recomendable. Desde luego, no excluyo la posibilidad de que el doctor Reger Samaniego opine de otro modo y acceda, estimado señor Bordenave, a su amable pedido. -Si le parece lo espero al doctor. -Mucho me temo que no pueda verlo. En resumen, con su aire amistoso, había dicho que no primero y enseguida, para engañarme, que tal vez y por último que no. Cuando uno se ha hecho la ilusión de ver a una persona que extraña, si le dicen que no la verá, la congoja es muy grande. Sobreponiéndome a medias, le pregunté: -¿Se halla usted en condiciones de adelantarme una fecha aproximada de la vuelta a casa de mi señora? . Campolongo me aseguró: -Al respecto no puedo contestar, ya que todo dependerá, y usted lo entiende perfectamente, de cómo la enferma responde al tratamiento. -¿Debo resignarme -le pregunté- a volver a casa con las manos vacías? Con un aire de cortesía extrema, Campolongo sonrió y se inclinó. -Correcto -dijo. A lo mejor pensaba que yo estaba muy conforme. -Lo que sucede -le previne- es que no me voy a resignar. Me miró sorprendido. -Tendrá que hablar con el doctor Reger Samaniego. -¿Cuándo? -pregunté. -Cuando el doctor lo reciba. -Mientras tanto queda mi señora encerrada y yo no la veo. -No se ponga nervioso. -¿Cómo no me voy a poner nervioso? Yo creí que mi señora no estaba presa. -Está enferma. -Yo no sabía que el sanatorio fuera una cárcel. -No se ponga nervioso. -Si me pongo nervioso ¿me mete adentro? Pensé: "Por lo menos la tendré más cerca a Diana". Campolongo se levantó del sillón, rodeó el escritorio suavemente, como si yo durmiera y él no quisiera despertarme y se arrimó a la pileta de lavar. Mientras tanto repetía de manera mecánica: -No se ponga nervioso. Hablaba como quien trata de serenar y entretener a un chico enfermo o a un perro. -Si me pongo nervioso, ¿me aplica una inyección? ¿Un calmante? Pobre de usted. Le clausuro el local. Campolongo se detuvo a mirarme. Sospecho que mis palabras lo enojaron, por el modo en que dijo: -No amenace. -¿Y usted qué se ha creído? ¿Que me va a decir lo que tengo que hacer y lo que no tengo que hacer? Vaya sabiendo que mi abogado está perfectamente al tanto sobre esta visita. Si no llamo al mediodía, actúa. -¿Un abogado? ¿Quién es? -A su debido tiempo sabrá quién es. -No se ponga así. -¿Cómo quiere que me ponga? -Le sugiero que fije una entrevista, para hoy o mañana, con el doctor Reger Samaniego. A lo mejor lo deja ver a la enferma.
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eso ya lo veremos. -Mi buen señor -dijo. porque ahora estaba de entre casa. Al rato. ¿Sabés una cosa? Yo también tengo sangre torera. Campolongo recuperó el tono de superioridad. cuando me preguntó: -¿Lo que ahora menos deseás en el mundo es una mujer? -¿Por qué lo decís? -Fijate que no te culpo. se dejó caer en una silla. Me sentía mal. -Nada -le dije. -Qué va a estar caliente -repliqué-. entre la cama y la ventana. despechugada. La que está con aire decaído. Dereme-. estaba tristísimo. con las piernas abiertas. su buen señor. Adriana María resopló. XX Cuando llegué. me envolví en el poncho azul y negro que Ceferina me regaló para el casamiento y me tiré en la cama. -La casa está caliente y ¿qué querés? todavía tengo la sangre joven. si se quiere. pensaba en mi señora. -¿No te vas a resfriar. descompuesta. Le aseguré: -No tengo sangre torera. estaba tan rara que me asombró su voz. Era inútil protestar. pero ya se había dado el gusto de negármela a Diana y de llamarme. Para estar seguro pregunté: -¿Me habla sinceramente? -¿Cómo no voy a hablar sinceramente? -¿Usted cree que Samaniego me dará permiso? A mí mismo la pregunta me pareció bastante servil. sin golpear la puerta. Entré en mi cuarto. ¡El doctor sabe lo que hace! -Por mi parte le aconsejo que arreglen el reloj -señalé el T. con esa facha. La temperatura estaba en franco descenso o tal vez el disgusto en el Frenopático me había destemplado. tomé esas palabras conciliadoras. realmente en paños menores. Adriana María andaba ocupada en la limpieza. La miré para que me creyera y me encontré con un cuadro de sofocación: tirada sobre la silla. che? -le pregunté. Si el doctor Reger Samaniego resuelve otra cosa. perfectamente normal. quizá furioso. lo que en una mañana como esa resultaba incomprensible. Yo le expuse mi opinión de profesional probo. ¿Te pasa algo? -Estoy con cuidado porque el chico todavía no volvió de la escuela -dijo. encima. ¿Qué gano con decir impertinencias que la gente no entiende? Campolongo me escuchó impávido. Uno piensa: Aquí todo marcha igual. -¿Qué te pasa? -preguntó. Me sorprendió. que no vería hasta quién sabe cuándo y esta mujer. Andar ventilándote no tiene sentido. -¿Te cansaste? -Un poco. me decía disparates que no tenían la menor ilación. Adriana María me preguntó: 28 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . triste. entró Adriana María. Un reloj que no camina causa mala impresión. no soy yo quien va a oponerse. Sonrió y me preguntó en un tono distinto-: ¿Soy una pesada? ¿Te aburro? -Te aseguro que no.Porque ya no esperaba nada. como la rendición incondicional. y me miraba con expresión de curiosidad. Martincito no había vuelto de la escuela ni Ceferina del mercado. sos vos -le dije-. -¿Estás enfermo? -¿Cómo se te ocurre? Estoy perfectamente. Retomé el camino de casa con el ánimo por el suelo.

pero lo encontré al rengo Aldini. parecés una estatua. somos de la misma altura. El chiquilín se plantó en medio de la pieza. casi amenazador y desde arriba. Por último atiné a consultar el Cronómetro Escasany. -El médico me dijo que mi visita podía hacerle mal a Diana. Toda esa alharaca del cuidado porque no venía resultaba. como si quisiera atacarme. Creo que producía una especie de zumbido. injustificada. nada más que para mortificarme. estacionado con el perro. más bien hundido de hombros. -Dame un pedazo de pan -dijo Aldini. ¿Vos creés en ese disparate? -He oído que la visita de los allegados hace mal a estos enfermos. Abría la boca y me miraba con desconcierto. con aire severo. él parado y yo en la cama. En realidad parecía un monito rabioso. Yo me acurruqué instintivamente. Con la respiración entrecortada. Salté de la cama. agitándose de un lado para otro. Al rato no pude contenerme recorrí con lujo de detalles la conversación con el doctor Campolongo. cuando abrí los ojos. -Che. Cuando por fin saqué la cabeza. Mascamos en perfecto silencio.-¿No será mejor lo que tenés en casa? Iba a decirle francamente que no entendía. cuando se arrimó a la cama. para estar solo. -Y a Reger ¿lo llamo por teléfono? Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 29 . con su delantal. Martincito me miraba a mí. me recordaba no sé qué lámina de un general en el destierro. de modo que le dije: -Che. El espectáculo no era tranquilizador. Yo estaba despierto. Salí a la vereda. segundos antes de emprender el ataque. pero Adriana María ya estaba fuera del cuarto y me gritaba por lo bajo: -¡Martincito! ¡Martincito! Usted se reirá si le cuento que en el silencio de la pieza oí el golpeteo de mi corazón. porque recordaba pesadillas en que uno se cree vestido y de pronto se encuentra desnudo. lo encontré a Martincito completamente cambiado. se volvió para mirarme con la boca abierta. Era el chiquilín. Todos los Irala se parecen. lo que le costaba trabajo. nada amenazador. Por si acaso yo también me miré. Como su madre. El chico había regresado de la escuela con una puntualidad encomiable. me parece que yo no soy un allegado -respondí con legítima suficiencia. las que tienen cansado son las dos mujeres. antes de entrar. mirando el mar. daba un pasito de vez en cuando y trastabillaba en el apuro de retomar la rigidez. No sabe lo que luché para desenredarme. porque la madre prevé un tirón de crecimiento que no se produce. XXI Como tenía hambre. pues. furibundo. -Yo que vos no le daría pie a Rivaroli para que se meta. fui a la cocina. debió de sorprender algo a través de la ventana. tenso. lo tomé de un brazo y lo puse afuera. No tuve tiempo de acomodar la mente a mis preocupaciones. como si le faltara el resuello. por curiosidad o por miedo. y de un rápido manotón me arrancó el poncho. de brazos cruzados. porque se paró a toda velocidad. Al revolver la cabeza. No bien lo solté. que aleteó en el aire como un pajarraco azul y al caer me envolvió de oscuridad. Como si no se contuviera. pero Diana es la reina de la familia. No vaya a creer que me disgusté. -Ya me tiene cansado tu pantomima -le dije. Empecé a cansarme de tenerlo a mi vista y paciencia. porque si no me equivoco. mi cuñada me trajo a la memoria al Gaucho Asadurián. porque otra visita apareció en el cuarto. Parado así. con el traje arrugado pero decente. en el cuadrilátero del Luna Park. no pidió permiso. extraordinariamente quieto. que le queda largo. a buscar un pedazo de pan. El sol reconfortaba.

aguantarte. 30 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . que a mí francamente me sobraba el trabajo (lo que una vez dicho me pareció una soberbia de las que pueden traer mala suerte). Yo me aguantaría. te ves en la triste necesidad de recurrir al abogado. Por eso. mientras distraídamente paseaba las manos alrededor de los relojes de la otra mesa. en una especie de camilla hecha de palos. -¿Cómo? -Ahí está lo que no sabemos. -Tengo que desarmar este reloj. -Regalo de abuelo. para una fiesta que daban el domingo. porque en esos días me trajeron una enormidad de relojes. Si no llamás. en perfecto funcionamiento. Era Martincito. XXII A la tarde me refugié en el taller. -Muy fácil. para ponerse a cubierto. Insistí: -¿Lo llamo? -No -dijo-. Martincito lo miraba deslumbrado. el juego está sobre la mesa y a lo mejor tenés que actuar. Aldini siempre descolló por la inteligencia. -Cuidado con los relojes de los clientes -le previne. No es Elvira la que está encerrada. -Te doy la razón -concedió. -Trato hecho -contestó. no saben qué estás preparando y se apuran a devolverla. -¡Qué pedazo de reloj! -El que está en la Torre de los Ingleses. que el reloj no andaba desde hacía años y que ahora lo quería. mejor no llamarlo. -¿Vos creés que si no hago nada la protejo a Diana? -Claro. pero el miserable dinero entraba cuando mi señora no podía aprovecharlo. escoltado por dos peones que traían. Pensé que no tardaría en tocarlos. Lo de siempre: bastó que me dispusiera a calentar el agua del mate. Comió pensativamente.pero no te conviene llamar a Reger. donde me sobraba el trabajo. porque saqué buenas notas. para darle a entender que lo rechazaba de plano. Ya había puesto el agua a calentar. Le dije que lo llevara a otro relojero. En una amarga corazonada me pregunté si todo el dinero que porfiaba en llegar con esa abundancia no sería por último inútil. Una ansiedad prolongada lo aflige al hombre con supersticiones y cábulas. Antes que yo protestara. El capataz no cedió un punto y me preguntó de un modo que me resultó desagradable: -¿Cuánto me pide por el reloj para el sábado? -No se lo tomo por cincuenta mil pesos -le dije. Me explicó el señor que él era el capataz. el reloj de la fábrica Lorenzutti. Quiero que lo leas. A gritos las mujeres me dijeron que se enfriaba el almuerzo. se había ido con los peones. cuando llamaron de nuevo a la puerta. Recuerdo que me pregunté si ahora me traerían el Reloj de los Ingleses. Apareció un señor de edad. que venía con un libro. -¿Por qué? -Porque si lo llamás. -Tengo ganas de llamarlo. para que no te lleven por delante los médicos. Con la plata ganada yo le hubiera brindado a Diana la vida de lujo que ella no se cansaba de reclamar. para que llamaran a la puerta. -Si no conseguís que te atienda o si te dice redondamente que no.-Más pan -dijo Aldini y extendió la mano. No me quedó otro remedio que pasar a la mesa de al lado el trabajo que tenía sobre la mesa de compostura y desarmar él reloj de la fábrica.

Confieso que el libro me interesó bastante. -No le hagás caso a mamá. para indicarle que no hiciera ruido. -Decilo. -¿Por qué mentís? -preguntó. Mirándola de tan cerca podía imaginar que era mi señora. a lo mejor ya se lo regaló a mamá y a tía Diana cuando eran chicas. Me dijo: -Mamá es mala. -A mí me parece que no es un libro para varones. Te juro que yo también era una bestia hasta que la conocí a tu tía Diana. -Más que a nadie. -Tenemos que ser amigos -le dije. Por poco se me cae de las manos medio reloj de Lorenzutti. pero si me ponía a pensar. Insistió: -Empezá ahora. Me levanté y la llamé. contaba con su regreso. -¿La querés a Diana? -le pregunté. para que jugara. Vino en el acto. porque todo el tiempo quiere separarte de tía Diana. Yo la quiero. sinceramente. me dio la seguridad de que nos entendíamos. vuelve a ser príncipe. Me dijo que si no creía lo leyera. -Tengo que decirte algo. Si consigue que una chica lo quiera. Abuelo. con un dedo sobre los labios. Diana. para indicarme que no hiciera ruido.Si le doy su merecido. volvió y me miró de un modo que. Decía la verdad Martincito. -Nadie me va a separar de tu tía Diana. -Me gusta. -No digas -le dije. Cuando yo estaba por hablar. porque el animal por último consigue que una señorita lo quiera y vuelva a ser príncipe. -¿No le vas a contar a nadie en el mundo lo que te diga? -A nadie en el mundo. -¿No le vas a hacer caso a mamá? Jurame. Por eso vos y yo tenemos que ser amigos. cuando vuelve. puso un dedo sobre los labios. -¿Por qué decís que no es un libro para varones? -Hay un príncipe transformado en animal. fue en puntas de pie a cerrar la puerta. Me tenía irritado. Miró para todos lados y me preguntó: -¿Te animás a firmar un pacto con tu sangre? -Es claro que sí. Le dije: -¿Te pregunto una cosa? Me dijo que sí. -Ya sé. me tomó del brazo. -No miento. no estaba seguro. porque lo quiere como si fuera su hijo. Yo sabía que pensaba en otra cosa pero. -¿Tampoco a mamá? -Tampoco. No la quiere a tía Diana. me llevó hasta el centro del cuarto. aunque el chico se haya portado mal. no me perdona. ¿Volvería Diana? Si estaba distraído. Yo juré. que es el gran tacaño. al descubrir cuál era. porque volvía a pasear los dedos entre los relojes. XXIII A la noche varias veces pasó frente a mi puerta Adriana María en paños menores. En aquel momento yo le hubiera ofrecido el Systeme Roskopf del boticario. De pronto no me contuve. -La vieja -explicó. quedé sorprendido. Anímate. Decime lo que quieras. Tuve que obedecer.tiene oído de tísico. Me animé y le dije: Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 31 . ¿Quién no la va a querer? -Yo también la quiero. Le prometí hacerlo.

revolviéndome en la cama. se va a mover" pensé. Casi la única diferencia. "¿O no está encerrada? ¿Qué sugirió Adriana María?". Cuando ya me dormía. está en el color del cabello. aunque Diana no hubiera pisado el Instituto. Es lo que me dijo un médico del Frenopático. como Diana. Me dijo que no me decía nada más. Desde luego pasé la noche cavilando. Habló con una vocecita despreocupada: -¿Esta mañana fuiste al Frenopático? -Antes que yo abriera la boca. Debió de cansarse el de afuera. Considera creíble todo lo que es amenaza y espanto. Así yo encontré. como si estuviera de lo más divertida. con el apuro. Como el de afuera tampoco se movió. Hubiera jurado que era el peón de la escuela de perros. -Estás ojeroso -dijo Ceferina-. "El que se canse primero. de lo más natural que los médicos. "Se mostró contrario a que yo la viera" me dije "por la simple razón de que Diana no estaba en la clínica. De repente grité: ¿Qué puede importarme ese arranque de furia contra mí. lo que me desagradaba. pero descarta sin dificultad los pensamientos que pueden calmarlo. que me dejó el finado mi padre. de modo que sin pensar en lo que estaba haciendo -sin peinarme siquiera y sin afeitarmeentré en la cocina a tomar el mate. Para alejarme definitivamente inventó el disparate de que mis visitas le harían mal". le hago mal a Diana? Como si hubiera perdido el oído. oí pasos en la granza del jardín. De noche el hombre piensa de manera extraña. pero de hombre no tenés nada. En cuanto me vio. no se convierte en asaltante. La furia por momentos la hacía aparecer descompuesta y hasta indecente. dijeran que la tenían internada. Me quedé quieto. porque de nuevo oí los pasos. No debería decirlo. pero a veces la comparo a una zorra de gran tamaño que se relame de antemano por las picardías que prepara. Recuerdo que reflexioné: "Es increíble que sea tan mala y que se parezca tanto a mi señora". durante horas. para oír mejor. El juramento hipocrático exige otra responsabilidad. XXIV A la otra mañana. por un momento me alegré. pero me dije que un hombre de trabajo. Los ojos le brillan. seguí en mis cavilaciones. Contestó: -Sos terco. Ceferina vino a mi encuentro y. la abrí y apenas tuve tiempo de alumbrar a un hombre que pasó por encima de la verja y desapareció. si Diana está encerrada en el Frenopático? No había terminado la frase. ya se sabe. mi cuñada disimulaba la risa.-¿Vos creés que si yo la visito. Pálido. buscándome los ojos. preguntó: -¿A quién? -A Diana. hubo un silencio perfecto. cuando me sobresaltó una duda. Es un revólver de mango nacarado. mientras me levantaba y me vestía. ¿Para qué? Para encubrir a un profesor de perros. pero te juro que ahora la comprendo a mi hermana y hasta la compadezco y de todo corazón la felicito si lo ha seguido al profesor de perros. abrí un cajón y. Ahora mismo vas a explicarte. me preguntó: -¿Qué te pasa? Mateando en la mecedora. 32 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . no encontré el Eibar. En cambio encontré la linterna. Corrí a la cómoda. con la misma piel rosada. estaba gritándome sin inquietarse mayormente de que Ceferina la oyera-: ¿A mí qué me importa que le haga bien o mal? Yo siempre te creí más hombre. -¿Qué estás diciendo? -le pregunté-. Soy tan loco y miserable que al llegar a la conclusión de que Diana estaba en el Instituto. La nueva sospecha aclaraba tal vez mi conversación de la mañana con el doctor Campolongo. por la noche. para que yo no me pasara la noche llorando en las polleras de la vieja. porque era tan igual a Diana. es de físico amplio. Corrí a la ventana.

¿Qué puede importarme que salga o no salga? Cuando nos dejó solos. -¿Ni en mí confiás? Fíjese cómo es de cariñosa cuando quiere. -A tu cuñada no la escuches. Estoy ganando tanta plata que me da qué pensar. no te preocupes -me dijo-. -Ayer aparecieron unos con un reloj tan grande que. Lo he comprobado mil veces. se pasaba el día en La Curva y desde el fondo le gritaba al patrón: "Pepino ¿vos creés que volverá?". La cantidad es lo que asombra. ¿O acá solamente el hombre sale sin dar explicaciones? Me pareció que hablaba para mí. ella no entendía y yo no sabía explicar. llega tarde -explicó la vieja. Tenés que arreglar la ventana de la cocina. noche que me quedo dormido. Aunque se lleven mal. Una noche vamos a encontramos con un tipo adentro. Pregunté: -¿Se fue Martincito? -Si no se va. Quisiera saber de qué hablan cuando están entre ellas. Noche que no pego el ojo. -Si me salís con eso. -No va a esperar a que te despertés -dijo Adriana María. -No te rías -le dijo la vieja. A lo mejor son locuras mías. -Anoche había un tipo en el jardín. Lucho? -Nada -le dije. Te vas a reír: como si tuviera miedo de contagiarme. Nadie me saca de la cabeza que hay algo malo en todo esto. Cuando la zaparrastrosa de Mari lo dejó. te lo digo. -Yo también tengo mis cosas. para mí. No sé qué me pasa. -Yo también oí pasos -dijo la vieja-. todo lo que ganes no te alcanza para mantenerla. después me preguntó muy suavemente: Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 33 . Le dije "Muy gracioso". -¿Vos creés que me han quedado ganas de reír? -Qué manera de gritarle anoche. -¿No te sentís enfermo? Adriana María dijo: -Seguramente se pasó la noche suspirando por su mujercita.-Paliducho -corrigió Adriana María. Adriana María anunció: -Salgo. -Estás como Picardo. Yo no podía creer lo que oía. -¿Qué tiene la ventana? -preguntó Adriana María. -¿Dónde vas? -preguntó la vieja. Tal vez tuviera razón. pero el hecho no importaba. -Hay otro motivo. Protesté en el acto: -No me gritó. no le hablés de otra. trae mala suerte. -Si es por eso. Me pagan una enormidad. pero me pregunto si algún día Diana volverá. Por un ratito me miró como si estuviera aturdida. -Dios te oiga -dijo Adriana María. Le juro que en ocasiones me sorprende la libertad de las mujeres. trabajo en el reloj con apuro y verdadera aprensión. forman una especie de gremio. Si la dejan para siempre a Diana en el manicomio. -No cierra. la vieja apoyó las manos en mis hombros y me preguntó: -¿Qué pasa. -¿Vos creés que estoy sorda? -comentó Ceferina y me pasó el mate. -Me lo dicen por indirectas. Me pregunto si adrede no llega así la plata porque no voy a tener en qué gastarla. Me preguntó por qué no habría de volver Diana. A él. -¿Aprensión de qué? -De que no vuelva Diana. Quién supiera los rebusques de la Diana.

Mientras yo decía "No juego. En cuanto asomé al pasaje. Si el doctor se noticia. Secreteaban por costumbre pero el odio no lo disimulaban. ¿Vas a dejar caer a un compañero de infancia? Te pregunto para el caso 34 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . te digo que yo tampoco me voy a quejar si la Diana se pudre allá adentro. porque me faltó el ánimo para aguantar las caras y las indirectas de las mujeres. Tenía ganas de charlar con Martincito (tal vez me sentía bastante solo) pero finalmente resolví largarme a La Curva. -La novedad -dije. -Te los fío. para convencerme de que su mayor anhelo era que yo jugara una boleteada franca. recogí el saco. XXV El resto de la mañana lo pasé con el Ausonia de la fábrica. Pasé por el cuarto. -No juego -repetí. para adecentarme un poco. porque no vuelva. de corazón. fui a la cocina. De un tiempo a esta parte se irrita fácilmente. como si hablara con la cuñada: "Volviste pronto" y que no pude menos que preguntarme dónde habría ido. la novedad -repitió con esa maldita soberbia que le da la inteligencia-.-¿Sabés por qué este mundo no tiene arreglo? Le aseguré que no sabía. -¿Qué tiene que ver la política? Traté de explicar la diferencia entre la política y mi apego por Diana. -¿Vos creés? -le pregunté. no traje plata". a lo largo de todo el almuerzo. porque bastaba recapacitar un minuto para entender que toda esa amistad no reconocía otra razón que la malquerencia por Diana. Me interrumpió: -Sin ir más lejos. -¿Cómo no voy a creer? Si me apurás un poco. porque entristece el alma. -Comprá ochenta boletos. El hecho de que se mostraran tan compañeras me dejó indiferente. Aldini me explicó infinidad de veces que no debo permitir que la superstición me domine. con bastante alivio. Me dijo: -Porque los sueños de uno son las pesadillas de otro. Trabajé con verdadero apuro de terminar. pensá en la política. "Menos mal" -pensé. me abordó Picardo. -No traje plata."que me queda la amistad de Martincito". por lo menos veinticuatro horas. desesperada. que era extranjero. porque es un fanático del contado rabioso. atendían las hornallas y los cacharros y de tanto en tanto juntaban las cabezas para secretear. -La novedad. se explayaba en pormenores y formulaba con dificultad de lengua (y hasta de postizos) el nombre de la yegua. En procura de alguna información directa sobre el almuerzo. -Sin ir más lejos. A las once y media. De espaldas a la puerta. pensá en las elecciones y en las revoluciones. La mitad de la población está satisfecha y la otra. Es claro que tendría el reloj en observación. metí la máquina en la caja. Bajo un mismo techo vos estás rezando porque vuelva Diana y Adriana María. a una yegua que el sábado iba a dar el batacazo del siglo en Palermo. Hasta lo de Aldini habló sin parar. a ver a las mujeres. él aseguraba "No podés fallarme". -No entiendo -admití. desde la puerta de la cocina grité: -Almuerzo afuera. Recuerdo que me dije. como si estuviera convencido de que mientras me entretuviera con el armatoste. antes de entregarlo. en el Instituto Frenopático podría sucederle cualquier cosa a mi señora. pierdo el empleo.

al despertar. indumentados de levita y galerones que. y si me veía algún amigo. Antes de ir a casa me largué en el 113 hasta Pampa y Estomba. XXVI Para despabilarme chupé unos mates. Hasta las cuatro estuve soñando disparates con mi señora. cruzó la calle y se vino derechito hacia mí. temeroso de que las mujeres me oyeran. En la casilla refulgía apenas una luz amarillenta. Siempre he creído que si un día estoy bajo tierra y Diana pisa mi tumba la reconozco. que se ponía particularmente desagradable cuando aparecía mi señora con el emplasto. acepte una negativa? Repitió hasta lo increíble "una ponchada de pesos" y declaró: -Pagás el importe sobre la ganancia. que si no me equivoco pasa en la ciudad de Edimburgo. Doña Elvira. para proceder al trasplante. vas a ganar una ponchada de pesos. apostado detrás de los árboles. Bajé en el puente. "Qué importa". No le niego que me llevé un susto cuando el propio doctor Campolongo salió del edificio. "Van a decir que estoy loco" pensé. una enfermera bastante gorda. en la cabeza volvía a pasar. o autopsia y vivisección. en los Incas. de vez en cuando echaba una mirada. pensaba que la internación de mi señora me había vuelto loco. tomé el 113. pero ¿quién logra que un débil como Picardo. Aunque le hice ver que me quitaba el hambre con sus detalles no logré mudarlo de tema. No hay Reger ni Campolongo en el mundo que me atajen". hacia la lucecita. Después volví a casa. me observaban con desconfianza. yendo y viniendo por la vereda. Allí estuve merodeando. a ver si Pepino no contrató una brigada de coperas. se me cerraban los ojos y me tiré en la cama por unos minutos. Quedé un poco alelado. y a mi señora con emplastos blancos en la cara. Otro momento culminante se produjo cuando divisé a una mujer en una ventana del quinto piso del Instituto. La ventana se abrió: lo que yo había tomado por Diana era. para ver cómo el doctor llegaba al quiosco y compraba un atado de cigarrillos. Le dije: -No te voy a pagar nada. roban cadáveres en el cementerio local. Pero estáte tranquilo. de un salto me levanté y dije en voz alta: "Tengo que verla. pero a este paso no he de estar lejos. Soñé tan claramente que. Le garanto que si aparecía un patrullero. Sin la menor vacilación me dije: "Es Diana". Me revolví en el ponchito. doblé hacia la derecha. me encaminé a la avenida San Martín y Baigorria. Como no había dormido en toda la noche. como una película. comentó: -Quiero creer que ustedes dos no andan en algo. esa pesadilla de los médicos. Me quedé media hora de facción. me despreocupé de los transeúntes que. con actores que se aplican en la cara emplastos blancos y representan el papel del muerto que camina. que sufría por culpa del alemán en el Frenopático. Entré en lo de Aldini y sin dificultad lo recluté para el almuerzo en La Curva. Durante el almuerzo.de que la yegua resulte perdedora. en tiempos de la reina de Inglaterra. de soslayo. Una historia de miedo. muy débil. porque si me descuidaba. Me prometió que iba a comprar los boletos. Después. El doctor y yo queremos darte satisfacción. Terminantemente le dije que no jugaba. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 35 . según imagino. que está mejorcita. Le prevengo que hablaba en broma. Aldini no se manifestó como en sus mejores días. no he llegado a tanto. me pedía los documentos. porque resolví pasar por la escuela de perros. no pude librarme de la preocupación. Precipitadamente me parapeté detrás de un viejo camión abandonado. me doy una vuelta por La Curva. sobre los albores de la ciencia. de unos médicos. de galerón y levita. Con la señora siguen religiosamente en la televisión la novela Borrasca al amanecer. En el afán por avistar a Diana. al extremo de que seguía viendo al alemán. Ni bien me reponga. para qué negarlo. con la mejor intención de trabajar en el taller.

¿Qué sabemos del prójimo? Nada. -¿Qué líos voy a buscar? Con la mayor displicencia me contestó: -Vos me entendés. -¿Qué haces por acá? -me dijo. -Ochenta boletos que te jugué. Porque uno siempre tropieza con los mismos vagos. Parece increíble: a cierta hora no pude contenerme y me largué a mi habitual recorrida por el Frenopático y por la escuela. un gordo pálido. el chico se había ido a la escuela y tuve que aguantar las pullas de Adriana María.que su mujercita no le quita el sueño.pagame lo que me debés -No te debo nada. cuando llegué a tomar el mate. Me trajeron en compostura el reloj de la fábrica Lorenzutti.pero se me ocurrió esperar a mi señora con una sorpresa. que debió intimidarlo. Le pregunté: -¿Qué decís? -¿De dónde sacás la plata? -De acá. explicó: -Si te quedás. como quien se da importancia-. Como vacilé.En casa encontré a Martincito agazapado detrás de la carretilla que mi suegro. dije: -Quiero que vuelva a casa por la puerta grande. -No me creerás -dije. ¿Qué sorpresa? -Un perro. Para desconcertarlo pregunté: -¿Cambiaste de parada? -Yo que vos -aconsejó Picardo. Mi señora siempre deseó un perro. Es un mal tipo. pero lo vi tan irritado que me retiré en buen orden. arrastrándose como una lombriz. pero reaccionó. Es una cosa bien sabida. Si me pagás con la ganancia ¿a vos qué te importa? Últimamente Picardo se ha vuelto muy tesonero. Extrañado le pregunté: -¿Qué estás haciendo? Pareció molesto y por señas me pidió que me alejara. porque uno deja ver lo que piensa. me sorprende el enemigo. es claro -dije-. si te reforzás con un perro. El doctor está muy bien impresionado porque te vendí la boleteada. Me hice el que no oía. Hablando en un tono solemne. -En vez de invertir en perros -me dijo. pagó lo convenido y retiró el reloj.no buscaría líos con el alemán. -Me palpé la cartera. como si no me creyera-. a la madrugada oí el gallo de Aldini y a la mañana. malicié que jugaban a la guerra. Preguntale a cualquiera que la conozca. con la manía de grandezas. -Menos mal -dijo. Masculló: -No has de tenerte mucha fe. Después agregué. 36 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . compró para trabajar en el jardín. Picardo sonreía y me miraba. -No digas -comentó. A la tarde vino el capataz de la fábrica. Yo iba a sonreírle a Martincito. Cuando descubrí al chico de la vecina. XXVII A la noche me desvelé de nuevo. en la calle Estomba lo encontré al Gordo Picardo. Por un momento lo confundí. -No me hagás eso y no lo digás a gritos. -Te dije hasta el cansancio que no juego. Ahora le voy a dar el gusto. A toda velocidad inventé una historia para explicar mi aparición en la calle Estomba.

A una perra usted no la distrae del deber. Tanto ladrido. Por cierto no los encontré. -Lo que usted necesita es una perra. Me dio rabia y le pregunté: -¿A quién va a ser? Con vivo interés comercial pasó a tratar el negocio. En el hombre celoso dura poco la bondad. La primera consecuencia en el mercado es la suba de precios. -Acompáñeme. Era una lindísima perra de policía.XXVIII A la media cuadra. Cuando entendí el alcance de lo que había pensado. desde luego. me deprimieron y entristecieron. Tal vez para estudiar sus reacciones le largué la frase: -Busco un perro para regalárselo a Diana. El muchacho entreabrió una puerta y avisó: -Quieren verlo. cuando vuelva a casa. no he de quererla mucho. Le enseño lo que necesita. -Hablar con Standle -dije. Le juro que pensé: "Me la llevo". No es que yo sea pretencioso. Por la manera de hablar usted lo coloca a mitad de camino entre la gente y los animales. miré para atrás y lo vi a Picardo que me vigilaba desde la esquina. sin el menor disimulo. El alemán mostró un disgusto que después disimuló con cara de sonso. cuesta mucho resistir a la belleza. Usted dirá que si tan fácilmente desconfío. que me dio por compadecer a Diana. tengo que entrar". -A un perro lo distrae con una perra. -¿Qué quiere? -preguntó. ni se fue. -¿A la señora Diana? Le juro que yo le sorprendí en los ojos y en la boca una expresión de burla. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 37 . dorados. -Cuándo no -contesté. hasta que vino Standle. tanto olor a perro mezclado a desinfectante. Parecía divertida. Cuando llegamos estaba echada con la cabeza aplastada contra el suelo y desde allá abajo nos miró con ojos atentos. Como repite Ceferina. Le previne: -Ya le oí el cuento. No me quitó los ojos. -¿Cuánto pide? -Cincuenta mil pesos -contestó. -O un perro. me puse a buscar rastros de mi señora con un encono que admiraba. porque Ceferina se refiere a mi señora. Una mala comparación. como si estuviera seguro de que vivía ahí. Abrió una puerta y avanzamos entre dos filas de perreras. Había tanto olor a perro en el escritorio. -En este momento nótase una verdadera contracción de la oferta -dijo-. Ganas me entraron de renunciar a la operación. Apareció el dentudo que trabaja de peón en la escuela. -¿Qué busca? -preguntó. aunque por mi parte a lo mejor no sepa dar razones para convencer. -Mire qué linda la joven -dijo el alemán. Me acuerdo como si fuera ahora que en ese momento no pude menos que preguntarme si el hombre escondía algo o si me había hecho una mala jugada. como si compartiera una broma con nosotros y en un instante pasó de la quietud al salto y a las fiestas. En ese punto se equivoca. "Por culpa de ese cargoso" me dije "aunque no quiera entrar. -Qué barbaridad. pero le garanto que el lugar no resultaba hospitalario.

El rengo tuvo una de esas finezas que aun hoy lo distinguen como el caballero que es. ¿Qué otra cosa ofrece? Me mostró media docena de perros. Con dos mágicas palabras me levantó el ánimo: -Te felicito. -¿Porqué? -Porque es tocaya de la señora. Lo miré con respeto. La comparación era imposible. Ni qué decirle que mientras yo pensaba todo esto. cuando convidaba a la barra de chiquilines (entre los que figurábamos usted y yo) a ver los partidos de fútbol. -¿De dónde la sacaste? -volvió a preguntar. un punto capital. Aldini repitió: -¿Cómo se llama? Un rato antes el alemán pareció incómodo por la pregunta. -Me la llevo -dije. 38 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . De nuevo pareció molesto. Diana me atrajo. XXIX No bien desembocamos en el pasaje lo vi al rengo Aldini estacionado con Malandrín. Recuperando el aplomo sonrió. -No me digas que se llama Diana. Me estrechó la mano hasta hacerme doler. el turno de la incomodidad me llegaba. -¿Qué es esto? -preguntó. En ese primer momento razoné con sinceridad. -No me sirve. buena y. Desde que internaron a mi señora estoy un poco alterado. Creo que ponderaba la inteligencia del animal y su carácter caprichoso. pero también era (y esto me pareció más importante) la misma cantidad que yo había recibido por el Ausonia de Lorenzutti. no era prudente. Aparecer en casa con una perra que se llamaba Diana. -Pichichos lindos. porque me decía la verdad. Animosamente aseguró: -Malicio que el nombre gustará. -¿De dónde la sacaste? -Acabo de comprarla. -Fatalismo puro -aseguré. me contrarié. -Sos rápido -le dije. muy adelantada en el curso de enseñanza. Amor a primera vista. Con voz aflautada exclamó: -¡Mujer al fin! Pero dócil. Comprendo perfectamente que me porté como un chico. conversamos con Aldini. Cuando comprendí. porque no habría medio de salvarla de la malquerencia y del mal trato de las mujeres. aunque ya no use la impecable corbatita blanca de los años mozos.Era una barbaridad. El señor eligió de entrada. a lo mejor convertiría la mala suerte en buena suerte. -Es como si creyeran que me olvido de la señora. -Una perra -contesté. sinceramente. -Felicitaciones -dijo Standle. -¿Cómo se llama? -pregunté. Aunque parezca mentira. Diana se interesó vivamente en ese animal achacoso y poco menos que a la rastra me llevó a su encuentro. -¿Cómo? -preguntó abriendo los ojos. Entendí que si gastaba ese dinero en una perra para mi señora. Mientras los perros se estudiaban y conocían. Me quedé mirándolo con gratitud y tardé en descifrar lo que ahora decía. el alemán hablaba sin parar. Desde que la vi. pero trabajo inútil -declaró-.

murmuró: -Entre vos y yo. -¿Qué perros son esos? -Los que entregan a laboratorios. Si la perra me desobedecía. la perra no ensuciaba adentro y la irritación de Ceferina aumentaba. cuando no los roban en las propias casas. Te agrego una opinión alentadora: según el dueño de un galgo. -No puede ser -dije. -Estás en tu derecho. Ceferina fingía no entender para qué yo había traído a la perra. Un día estás paseando lo más campante con tu nueva Diana y el primer peatón te sale al paso con el reclamo de que la perra es de su propiedad y que se la robaste. -¿No te dije que el gavilán andaba detrás de una reemplazante de mi hermana? preguntó Adriana María-. a las horas de clase. Standle no ama sinceramente a los perros. como si ella fuera inglesa. Martincito saltaba. los de la escuela recogen perros vagabundos. Sujetándome de los hombros.-Se la compré a Standle. -Es tu ventaja -dijo. Cuando nos miraba. se trajo una tocaya. Tal vez no me oyó. las otras noches. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 39 . el rengo concluía sus preguntas con la frase alarmante: -Espero que no te traiga disgustos. Recuerdo que me dije: "Es un chico extraordinario". hacía fiestas a la perra. que es amigo mío. -¿No puede ser? -repitió con acaloramiento-. -Yo no la devuelvo aunque me lleven a la comisaría. aplicada a los perros". hasta que la oí en sueños. por respeto. no roban los perros que venden a particulares. usted vaya a saber por qué. A veces me pregunto si en realidad la quiere a mi señora. Reaccioné en el acto: -¿Por qué va a traérmelos? -Con tal de que no les falte unidades para la venta. créame. Aldini emprendió un interrogatorio sobre los orígenes del animal. -La he comprado de buena fe. para ver si le sacaba una opinión esclarecedora. Menos mal que no se le ocurrió echarme en cara (lo que pudo hacer con fundamento) que yo robaba tiempo a los relojes para adiestrar a la perra. XXX En casa me recibieron mejor de lo que yo había previsto. Confieso que por un momento me sentí desilusionado. Que yo la sacara a pasear varias veces por día desataba. Eso sí. En cuanto a las mujeres. -Yo sospecho que el dinero trae mala suerte -dije. -¿Con qué propósito? -pregunté. -¿Para qué? -¿Cómo para qué? ¿No sabés? ¡Para la vivisección! De nuevo apareció la palabra vivisección que yo no recordaba. que no contesté. desde el primer momento se pusieron en contra. El ansia de riquezas. Yo me pregunto si algunas mujeres no necesitan disgustos y peleas para vivir en paz. -Yo soy un particular. mientras yo pensaba "La manía de los antepasados. porque pensaba algo que lo preocupaba. -Para eso buscate alguna chinita de las provincias -dijo. -Tendrás que probarlo. Ceferina me previno que ella no iba a limpiar la suciedad del animal. se mostraba feliz. la mayor indignación. y bajó la voz para añadir-: Roban los perros que ningún ser humano volverá a ver. Pasaban los días. El dinero es horrible. -El de siempre. con cualquier pretexto la acariciaba y hasta le daba un terrón de azúcar. su cara era el retrato del menosprecio. por falta de preparación.

Por la manera de mirarme yo debí entender que esa perra me quería. un engranaje con algún diente gastado. al extremo de que a veces me pregunté si no me robaba su afecto. Le respondí: -Es claro que me gusta. mi señora. Pedroso. Sin ir más lejos. con las mujeres de la casa. Mi cuñada asegura que si una mujer está de espera. le garanto. Cuando le veo el hocico tan negro y tan fino. los reconozco. che? -Vos. esos ojos tan profundos y maravillosos. en materia de olfato supera al ser humano. ¿Qué hay? -¿No serás medio degenerado. No creo que nadie tenga ojos así. con los ojos cerrados?" La presencia de un animal cambia nuestra vida. Hay en esto un punto que me preocupa: la belleza que a mí me gusta es la belleza física. Diana la puso en fuga. no encuentra más que barrigonas. que si la enojan me defiende. si los veo dos veces. ¿No adoraré en ella. Después encontramos al dentudo de la escuela. tan expresivos de inteligencia y devoción. Debemos recordar siempre que el perro. de las manos y ese olor en que me perdería para siempre. el que me ofrecía esta perra. desde que la tengo a Diana. con su devoción. sobre todo. es el jubilado de las pompas de Mariano Acha. tomé la primer pieza con la pinza. usted se va a reír. una cuerda o un eje roto. Si pienso en la atracción que siento por esta perra. no puedo sino quererla. Somos lo que se llama una familia numerosa. se me atrasó el trabajo en e taller.podrías. no me quedó otro remedio que volver de noche a los relojes. Para empezar a armar. Por mi parte. o con miedo de estarlo. En su momento no damos a todos los hechos la debida importancia. fácilmente entablamos amistad. me pasa lo mismo. según me explicó Ceferina. debía de ser bastante ridículo mi temor de que el chico me robara un cariño tan seguro. A mi señora la extrañaba con la misma ansiedad de siempre. que llegué a preguntarme si no la extrañaba menos a mi señora. de vez en cuando. Si Martincito no hubiera sido tan amigo de la perra. Para cumplir en fecha con la clientela. no sé cómo decirlo.. Diana prefería los juegos de Martincito a pasar las horas echada a mis pies en el taller. habría que decir. los ojos dorados. A lo mejor acertó Ceferina cuando me dijo que soy un enamorado de la belleza. usted lo recuerda perfectamente. esa cara única. Podía contar con el chico. Con un coraje que me llenó de orgullo. En lugar de la televisión. pero la perra. en la calle miro a los perros y. porque no oí el más mínimo ruido 40 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . Probablemente el olor del calentador de kerosene la molestaba. me entretenía hasta la madrugada. con grandes orejas y mirada triste -atormentada. en el Parque Chas. limpiarte esa mentalidad. Entre los que salimos a pasear perros.me saltó encima.desde que la tuve en casa me sentí en ocasiones tan acompañado. cuando me pareció -usted va a creer que son imaginaciones de un hombre alterado. Como si yo hubiera padecido hambre y sed de un amor total -así era. el color de la piel y del pelo. Sospecho que estas dudas no eran sino otra prueba de la tendencia a la cavilación que había desarrollado. la otra tarde. no encuentro más que gente con perros. mi hijita -terció la vieja Ceferina. A mí me une a la perra una simpatía muy fuerte. yo no me hubiera animado a salir y a dejarla sola.. O perros que se me acercan. la cuidaba y jugaba con ella. Una noche yo estaba con el Longines del señor Pedroso desparramado ante mí. una perra de caza.-¿Has conseguido una amiguita en el barrio o de veras te gusta pasearte con la perra? -me preguntó la cuñada. Desde que tengo perra. En realidad. como si me conociera. devolvía la estabilidad a mi ánimo. la forma del cuerpo. XXXI Con tanto paseo y adiestramiento. me pregunto qué se cree ese pobre diablo: se hizo el que no nos veía. me digo: "Con Diana.

me dejaron sin ganas de trabajar. Qué me dice de las frases que se le ocurren. a matear. y dejé la pinza y cuando me encaminaba a abrir. la retenía. que no es menos inteligente que las mujeres. buscaba la perra por todo el barrio y por el Parque Chas. le decía: -¿Cómo te va. Diana? -El dentudo me alargaba un collar de adiestramiento y explicó-: Se lo manda Standle. Sin dejar la pinza. Dios me perdone. Elvira. que ladra por cualquier cosa. Enseguida empezó la animación. pero no voy a permitir que se lleven a la otra. La aparición de la cara en la ventana y la conversación con el dentudo. En el pasaje lo encontré a Aldini. Su respuesta me convenció de que podríamos entendernos. mayormente no me preocupé de tener tino y le presenté una segunda pregunta: -En Elvira ¿qué es lo que más querés? Hasta la papada se le puso al rojo vivo. En la esperanza de comprender mi afecto por Diana a través de su afecto por Elvira. para trabajar de noche. Al ver la perra echada en la alfombrita. En la pesadilla. Era el dentudo: la abrazaba. Yo dejé los mates para más tarde y saqué la perra a dar una vuelta. de empuñadura nacarada. la entendió y estuvo de acuerdo. me vestí y cuando iba a la cocina. Al rato dijo algo que me llenó de asombro: -Tal vez uno quiere la idea que uno se hace. El hecho de tener cada cual un perro ha reforzado nuestra vieja amistad. lejos. debía trae al taller un arma y que el revólver marca Eibar. Estaba tan paquete y tan orgulloso que no me saludó. Me di una ducha. durante un segundo o dos. que heredé de mi padre.que alguien estaba espiándome. porque soñé que el hombre pálido me había robado la perra. le dije: -Voy a hacerte una pregunta idiota. encuadrada en la ventanita que da al jardín. La llamaba mentalmente y creo. muy lentamente giré la cabeza y. Arrebatado por una auténtica indignación dije: -Permití que se llevaran a una Diana. Pensé: ganó mi caballo y él se guardó la plata. La perra ladró. En la penumbra había un hombre que la perra trató de sortear. le oí a la vieja que le decía a mi cuñada: -Lucho es el hijo de las circunstancias. Cuando iba a acostarme pensé que no conciliaría el sueño fácilmente. un relojero como yo. Me dijo: -Esta mañana lo vi a Picardo. la dejó pasar. que fue de lo más común. Pasé la noche en continua agitación. que en mi angustia confundía y hasta identificaba una Diana con otra. Le aseguro que desperté a la miseria. rodeado de cosas de valor que no le pertenecen. En el afán de alcanzar esa meta. estaba en la cómoda del dormitorio lejos de mi mano. Comprendí en el acto que si hubiera formulado la frase ante Adriana María o ante Ceferina me hubiera expuesto a toda clase de bromas. Después di en pensar que a lo mejor afuera había quedado el compinche de la cara pálida y que el dentudo adrede sujetó a Diana para que no lo persiguiera. con las piernas cansadas de caminar tanto y con ansiedad en el alma. estoy mal de los nervios. -Standle te vendió la perra -me dijo. Vas a tener que andar con cuatro ojos. Aldini. le acaricié la cabeza. golpearon a la puerta. Adriana María.y ahora quiere robártela para el laboratorio.Diana. Increíble. che. por lo visto. vi una cara afeitada y blanquísima. ¿Vos podrías decir cuál es la persona que más querés? Me contestó: -Y. ¿A que no sabe qué pensé toda velocidad? Que en esta época. Luego nos internamos en temas de otra elevación. en verdad no despertó. Le voy a confesar algo que me avergüenza: desde que se fue mi señora. Le conté la aparición de la cara pálida y del muchacho dentudo. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 41 . Para cambiar de tema no se me ocurrió nada mejor que decir: -Increíble lo que vi anoche en la ventanita del taller.

-Lo tiene merecido por reaccionario y por avaro -dijo Adriana María. le dije. Unos gritos me despertaron. -Yo tengo la suerte de que Elvira no desmiente nunca esa idea. va a llevarle un mueble en compostura a un viejo anquilosado. lo que se llama un cuentazo. notable por lo clara. Si yo quiero al físico de Diana. Usted comprende. Pensé un ratito y dije como si hablara solo: -Bueno. Tuve entonces la prueba de que debo coserme la boca y no hablar de asuntos que me importan delante de personas dispuestas a interpretar con mala voluntad lo que digo. Aldini respondió con naturalidad: -Sos demasiado inteligente para mí. Pensé que había sido injusto con la cuñada. en la alfombrita. Yo diría que me miró sugestivamente. Quizá no sea menos Diana su físico. sobre todo insensible. Cuando me dijeron por qué peleaban ajustaron el lazo que me retenía. me hubiera retirado. pero que muy pronto se me borraron de la mente. En diversas oportunidades comenté en casa los últimos episodios y las reflexiones que éstos me sugirieron. Usted se va a reír: soñaba que estaba en mi cama. Digan después que hay transmisión del pensamiento. quizá no estoy tan equivocado. abajo. que Elvira la idea que te formás de ella. Adriana María incubaba una irritación contra mí. Ceferina explicó: -Los médicos le presentaron al pobre rengo. volví a soñar disparates. -¿Cómo qué tiene que ver? ¡No aporta a las Cajas! La propia Ceferina admitió: 42 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . la situé en cocina y me pregunté si también había oído la voz de la vieja. pero he pensado mucho sobre algunos temas.-No te sigo -confesé. Apenas diez o doce años más que yo -protesté. eran mi familia y que si no puedo comentar con nadie la preocupación que llevo adentro. estoy muy solo. -No es tan viejo. Porque lo que es yo. por la atención de Elvira. Vagamente habré pensado que esas mujeres. desperté acongojado. sentí la estúpida obligación de amigarlas. yo nunca iba a conocer el alma que estaba mirándome desde esos ojos tan profundos. Le pedí a la perra que me hablara. ni nadie en sus cabales. a la hora de la siesta. que no tardó en reventar. XXXII Una tarde. cómo era su alma y le dije: "Seguro que es más generosa que la de muchas mujeres". Exactamente lo que pasaba en la realidad. me llevé el disgusto de encontrarme con las dos mujeres trabadas en una discusión. en mi cuarto. No hay que hurgar tan adentro. Si yo hubiera razonado con mayor rapidez. Cuando fui allá. -¿Qué tiene que ver? -pregunté. porque es raro que pase un día sin que griten o insulten. -El rengo no gana un peso partido por la mitad -interrumpió Adriana María-. Le pregunté. al fin y al cabo. Yo no creo que sea más inteligente que los demás. con verdadera necesidad de estar con la señora. porque si no. Mientras me abandonaba a consideraciones tan favorables para ella. sin nombrarlas abiertamente. Si la miraba de repente. yo me refería a la cuñada y a Ceferina. impulsado por el deseo de matear. recuerdo. sólo que en el sueño yo le hablaba. El hecho no me asombró. Por motivos que sabía en el sueño. No me preocupé de las mujeres hasta que levantaron la voz y prácticamente gritaron. Ceferina dijo: -La enfermedad de Elvira le comió los ahorros. ¿Sabés para qué sirve? Para pasear el perro. podía confundirla con mi señora. pero como soy lerdo. Oí la voz de Adriana María. antes de comprender nada. salvo por el color del pelo. y que Diana dormía al lado.

-En cambio la perra se llama Diana y él se babea por ella. -No te permito -protesté. Argumenté: -Es hijo de italianos. A veces me pregunto si lo que le gusta en mi hermana es el nombre.-No hay peor crimen. empezó la enumeración de cargos: -Si usted lo escucha. Creí necesario dejar ese punto bien aclarado: -Vos te llamás Adriana María. -Estás triste porque estás loco. estoy en pleno derecho de creer que ese hombre no es normal. Como un estúpido aclaré: -A mí no se me ocurrió la posibilidad ¡ni remotamente! Aldini me puso en guardia. pero él nunca me cargoseó con dificultades y quejas. para no ser menos. -Si digo media palabra en Defensa Social lo meten entre rejas. esconda un alma tan diferente. -El señor me niega el permiso. a lo mejor para recitarla ante una junta de médicos. A toda velocidad giró como un resorte. Juro que voy a presentar la denuncia. -Entonces que no proteste -sentenció la cuñada. -¿Qué tiene que opinar el viejo? Dios los cría y ellos se juntan. No aporta a las Cajas de jubilación ni tuvo nunca la precaución elemental de adherir al Centro Gallego. Con la mayor naturalidad lo usé de paño de lágrimas. No me van a decir que no es raro un marido para quien no existe otra mujer que la legítima. Las mujeres volvieron a vociferar y yo pensé en la lección que me había dado el Rengo. -Si le da placer llamarme Diana dijo como si algún pensamiento la divirtiera. O quizá la bautizó él mismo.yo no me opongo. Como si tuviera la lección aprendida. reconocí: -No tiene nada de feo. trae a casa una perra que se llama como la propia mujercita. Creo que dijo "al perro inmundo". Protesté con una mesura que fui el primero en celebrar. -En ese aspecto no me parecés ni justa ni razonable. Adriana María continuó: -Eligió la perra porque se llamaba así. pero al que verdaderamente quiere es al perro. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 43 . Usted la oyera. No sé qué hacen los del Instituto que no lo encierran. Adriana María comentó: -Aldini se habrá endeudado para que le curen a la mujer. Por primera vez Adriana María sonrió. porque ya no quedaban muchos en el barrio que no hubieran oído mis confidencias. Sin apabullarme le dije: -No confundás tristeza con locura. De algún modo me perturba y hasta me desagrada la idea de que un cuerpo humano atractivo y familiar en grado sumo. En el afán de mantenerme dentro de la más estricta verdad. Cuando oí lo de "la propia mujercita" me pareció imposible que minutos antes la mirara con afecto. Cuando la legítima es mi hermana. porque es idéntico al de mi señora. Sinceramente confesé: -No te sigo. me clavó sus ojos fulminantes y me preguntó: -¿Cómo te atrevés a pronunciar la palabra razonable? -Por un rato masculló furiosa-: Véanlo al atrevido. la misma gente que le vendió la perra se la va a robar. ¿Desde cuándo voy a pedir permiso a un loco que de noche ve caras pálidas en las ventanas? -Te juro que la vi. Ahora a éste le da por imitarlo y. No haberlo dicho. Lamentablemente se había hecho tarde para que yo siguiera ese gran ejemplo de conducta.

y salí con la perra. pero tampoco es cuestión de contar todo. Sos un loco de mala entraña. metí en el bolsillo todo el dinero cobrado últimamente -de puro dejado no lo deposité. Si la miraba en silencio. -En ese caso te la pido. -Ahora amenaza -dijo entre sollozos-. me decía que no aguantaba a los hipócritas. -Te prevengo: lo voy a poner al tanto. Elvira estaba en la cocina. che? Oime bien: el chico me cuenta todo. Rengueando trabajosamente me condujo hasta la pieza. por pura casualidad. para que le tomen el peso a tu ignorancia y a tu locura. -¿No estarás cometiendo un error? -preguntó-. mi cuñada me decía que me burlaba de su dolor. Cuando metí la mano en el bolsillo me atajó: -En la calle no se muestra el dinero. encierran a personas en sus cabales. sin decirme palabra. Da miedo decirlo: la plata me llueve. No te voy a denunciar por el simple despecho. Me fui al cuarto. Le di el fajo. que trata de robarme el cariño de mi propio hijo.-¿A quién le importa lo que vio un ignorante? Yo voy a contar todo a esos médicos. Nos vamos con Martincito. puedo ayudarte. -Y yo ¿cómo la devuelvo? Hoy por hoy el hombre que no trabaja es un balde sin fondo. puedo ayudarte. -Pobre de él -dije y la acaricié a Diana. XXXIII Tal vez yo no sepa tratar a las mujeres. por casualidad. -¿Le parece bien pagar. Entramos. sino para defenderme. Por tu situación. Después hubo que aceptar los mates de Elvira y departir como lo exige la sociabilidad. Azorado le pregunté: -¿Para defenderte? -Sí. Me pareció que hablaba como jactancioso. Por la espalda le ponderás a mi hermana y me atacás. Repetí: -En este momento. y si le pedía que se calmara. a mi viejo. vaya uno a saber con qué fin horroroso. la cuenta de los médicos? -¿Por qué iba a publicarla? -Porque en este momento. -Me calumniás. Contó el dinero e insistió en extenderme el recibo. para que te rompa la crisma. Echó a llorar. Tratás de dividirnos. como las mujeres y los modernos maricas. -¿Me tomás por sonsa. al detalle. -No des vuelta las cosas. 44 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . Aldini estaba en el pasaje. -A lo mejor mañana la necesitás -dijo sencillamente Aldini. Por suerte. Le pregunté: -¿A vos te parece bien que entre amigos haya secretos? -Secretos no. pero nunca traté de robarte su afecto. Yo creí que en esta casa me quedaba para siempre. Solamente un loco imagina que los médicos del Frenopático. para defenderme -contestó-. -¿Quién sos vos para hablarme de esa manera? -Con Martincito somos grandes amigos. no sé si me entendés.

Lo miré sin comprender. sin preocuparse de que la oyera el conductor. el 5 de diciembre a la tarde. si no fuera por Martincito. al principio todo ocurrió como la otra vez. no creyó necesario pedir aclaraciones. Creo que dijo: -¡Al fin solos! XXXIV Aunque el alejamiento de la cuñada representó. Hay mujeres así. De todos modos le hubiera acomodado las cosas en el coche. culpan al prójimo. le confieso que la actitud de Martincito me afectó profundamente. Antes de hacer lo que tienen ganas. Como usted ve. sobre todo la burla del chiquilín. en definitiva. pero debí contenerme para no agregar que por favor el minutito no se alargara demasiado porque yo estaba muy nervioso. que abría y cerraba los ojos. mi vida siguió su curso de angustia y contrariedades. -No colgué el tubo y ya lo tengo aquí. me largó con odio: -Desalmado. de casa de don Martín. me dijo Ceferina: -No te hagás mala sangre. porque soy un desagradecido) con ferocidad. Noté que su cara -afeitada. me entendiera. Aunque usted piense que soy un hombre débil. una mano pálida. siempre estoy interrogándome y examinándome y hasta me olvido de los otros. Sudaba tanto que daba vergüenza. Ceferina. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 45 . cor ternura y (añadiré. Con pesadumbre me dije que debía perder las esperanzas de que Ceferina. pero que registraba una temperatura notablemente inferior. me recibió personalmente el doctor Campolongo. Para distraerme comparé la cara de Campolongo con la que sorprendí la otra noche en la ventanita del taller. ¿Espera un minutito? Contesté afirmativamente. En el despacho de Reger Samaniego. de modo que salí a la disparada y llegué en seguida. Era un taxímetro que Adriana María cargaba de valijas y de perchas con vestidos. Como no sé atender dos cosas a un tiempo. A mí me disgustaba el escándalo y la partida de la cuñada. que tomó el mensaje. -Habrá encontrado un macho. La de Campolongo era igualmente pálida pero más redonda. que cerró la puerta con llave y me extendió. hasta que se apartó para mirarme con júbilo.Me retiré satisfecho. padre e hija se pasaban el teléfono para gritarme. O peor aún: si no se lo había prestado porque pensaba que el dinero me traía mala suerte. Consistían éstas principalmente en llamados telefónicos. Cuando se fueron. Recordé algunas amenazas de Adriana María y me pregunté si yo no habría caído en una trampa. llamó Reger Samaniego y dejó dicho que por favor yo compareciera en el Frenopático. movía las manos como si fueran orejas de perro. Al rato me pregunté si no le había prestado el dinero al rengo por el simple afán de quedar como un gran amigo y como un hombre generoso. por turno. -Muy fácil. -¿Tiene alas? -preguntó. más muerto que vivo. La cuñada me rechazó. Imaginé las peores calamidades. -No entiendo dije. En mi confusión mental desconfié que me tomara por loco. -El doctor Reger Samaniego quiere hablarle -dijo-. mi señora tiene razón: interesado en mí mismo. cuando hice el ademán de ayudarla y. más bien redonda. Como si volviera a soñar una pesadilla. tan mojada como la mía. Finalmente. hacía morisquetas y me sacaba la lengua. con la mayor deferencia. o que nadie.era extraordinariamente pálida. amenazas y palabrotas. un alivio. Me abrazó por un rato la vieja. tardé en percatarme de que había un automóvil frente a casa. El médico se fue por la puerta que daba adentro. ¿Le digo la verdad? Tuve miedo de que todo esto me trajera mala suerte.

-Le pedí. como yo lo había previsto. Reger Samaniego retomó la explicación. A usted. Reger Samaniego se había puesto a hablar antes que yo fijara la atención. Reger Samaniego continuó: -Si el máximo de enfermedad fuera cien ¿en qué porcentaje computaría usted el mal de la señora? -No entiendo una palabra -dije. -¿Está sana? Iba a preguntarle también si me la devolvería pronto. trate ahora de seguir mi razonamiento. entiéndame bien. Quedé callado. Se apoyó en el brazo de mi sillón y. sombreada por una barba de tres o cuatro días. en cierto grado. -El doctor no va a tardar -aseguró. Tuve ganas de escapar.la manzana podrida de su matrimonio. Está cambiada para mejor. con el mentón muy en punta y los ojos brillosos. -Completamente sana. la señora lo enfermó. 46 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . entró una enfermera. Pero estoy perfectamente. Ella era -no quiero ofender. Tomando un tono despreocupado. pero está mejor. Imaginé de pronto que el doctor me había llamado con el propósito de alejarme de casa. que le contaron infundios y lo sorprendieron en su buena fe. Perfectamente. que tratara de seguirme. -Digamos en un veinte. Con la más imperturbable lentitud. cuando la señora vuelve sana. -¿Usted fijaría la enfermedad de la señora en un veinte. que ahora. Para mostrar cordura y buen ánimo le pregunté: -¿En qué porcentaje? -No lo entiendo -me dijo. Ahora lo hemos rebajado a cero. tomaba un rumbo peligroso. por fin le dije: -Yo casi prefiero que sea la misma. contestó a mi primera pregunta. Me parecía que tenía hormigas en las venas. le dije: -Para mí. me dijo que me sentara. "Mientras cumplo este plantón acá. Cuando por fin lo escuché. Por favor. lo comparé a un lobo. O. llevamos la salud psíquica de la señora al ciento por ciento. Yo estoy perfectamente. me incorporé. decía: -Está cambiada. en un treinta o en un cuarenta por ciento? -Digamos en un veinte. Me pregunté si por el hecho de pensar esos disparates y no en Diana. para no ser cobarde. para decirlo al revés. Contesté: -Entiendo. sino esperanza. porque no sabía qué contestar. -La manzana podrida enferma el resto de la frutera. Ya no me contenía los nervios cuando apareció Reger Samaniego. atraería la mala suerte. lo enfermó a usted. pero en verdad era el doble. -¿Qué debo hacer? -pregunté en un hilo de voz. Digamos. Era morena. -Es la misma.Al rato se abrió esa misma puerta. doctor. -¿En un cinco por ciento? -No entremos en porcentajes -contestó con visible irritación que de cualquier manera son puramente fantasiosos. Sonrió como si me diera a entender que mi negativa la apenaba y se fue. No espere que sea la misma. ¿Me sigue? -Lo sigo. Le aseguro. de nariz afilada. -Cuando la señora no estaba sana. La explicación. mirándome de cerca. Era alto. se aparecen en casa el alemán y el cejudo y me roban la perra". preguntó: -¿No quiere un café? ¿Una revista para entretenerse mientras está solito? Le dije que no. No conteste si no entiende. señor Bordenave. En situaciones desconocidas. A lo mejor a causa de su cara. a usted le tocará el papel de la manzana podrida. tal vez haya que ser muy valiente. flaco. En realidad mi respuesta no expresaba incredulidad. pero antes de que me resolviera a hablar. como si tuviese fiebre. en cambio.

Reprimir su propensión a enfermarla de nuevo. que la señora haya olvidado? Le aseguré: -No entiendo. pero aliviado. dio una palmada a la tortuga de bronce que había sobre el escritorio. -Es claro. Cuando las apartó. Si un cónyuge se enferma. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 47 . Enojándome por si acaso. protestó porque el caballo no paraba en ninguna parte. pero la oscurecía la barba sin afeitar. protesté: -¿Cómo se le ocurre que voy a tener propensión a enfermar a Diana? -Acuérdese de lo que le digo. -Vuelvo a las manzanas -contestó-. Por fin el director ordenó: -Tráigala. entendí que Reger daba una aclaración inútil. porque era un timbre de lo más estridente. -A pesar de mi confusión. parecía muy cansado. con la expresión de quien está contemplando algo maravilloso-. Usted puede. el matrimonio se enferma. Hablé en voz tan baja que no debió de oírme. El director le preguntó: -¿Está lista la señora de Bordenave? El otro tomó su tiempo para contestar: -Está lista. Continuó: -¡Internarlo a usted también! En ese momento su cara me pareció más angosta y más puntiaguda. para ver de ayudarlo. sin proponérselo. pero no pretendo meterlo en nuevos gastos. no le discuto. de pronto. contesté: -No entiendo la comparación. Le repito: la señora está cambiada y espero que usted no proteste. Volvió a taparse la cara y. -¿Vigilarme? -pregunté desorientado. Una verdadera cara de lobo. Escondió la cara entre las manos. Tal vez convendría un viaje. cuando se lo devolvieron. -Tengo el mayor respeto por la señora -me aseguró-. Era pálida. desencadenar nuevamente la enfermedad. para que le sacara la mala costumbre y. Eché mano a la comparación en la esperanza. Oí: -Vigilarse. Tal vez porque ya me creía a salvo o tal vez porque estaba realmente ofendido. -Le prometo -dije. o maneras de ser. en la ilusión a lo mejor absurda. -Voy a hacer una mala comparación.Vienen a buscarla. Lo llevó a otro señor. Apareció Campolongo. -¿Por qué voy a protestar? -Uno extraña lo bueno y lo malo. porque estaba seguro de oír la temida palabra "internarse". Usted solamente va a probarme que está sano si no empuja a la señora a sus viejas manías. de que usted me entendiera. protestaba porque el animal paraba en todas las puertas. -Sería malgastar el dinero -protesté como si no diera mayor importancia a lo que estaba diciéndome. La solución ideal ¿quiere que le diga cuál hubiera sido la solución ideal? Le juro que respondí: -No. -¿Qué puedo hacer? Dijo una frasecita que no olvidaré: -No me la retrotraiga a las formas de vida de cuando estuvo enferma -Volvió a taparse la cara con las manos y después miró hacia arriba. Un señor que había comprado el caballo del lechero.Cerré los ojos. ¿Usted quiere que la señora recaiga? Atiné a repetir: -¿Cómo se le ocurre? -Entonces ¿me promete que usted no va a extrañar costumbres. un cambio de domicilio. Me sobresalté.

volvíamos a casa. -No se me ocurrió traer dinero. o si me largaba. -No se preocupe -contestó Reger Samaniego. rosada. le aseguro que tuve un fuerte impulso de abrazarla. cuando vi que Reger sacaba del bolsillo del guardapolvo una papeleta inconfundible. -¡Te tiene unas ganas! No cabe duda: las mujeres son más avispadas que nosotros. yo tardé en comprender que ya no me hablaba de la cuenta-.. dorada. desde luego. -Trataremos de hacerlo entrar en razón.. todavía no me la van a devolver" pensé. nuevamente no pude creer y di vuelta la hoja para ver si seguía del otro lado. No seguía.Yo no podía creer lo que estaba oyendo. -Es todo -contestó. -Te preparé una gran sorpresa -le anuncié. Nunca olvidaré esta prueba de amor". esté tranquilo. ni siquiera le pago la manutención. que sucedieron después. una exorbitancia en materia de gasto. pero las palabras que dijo Reger Samaniego fueron todavía más increíbles: -Me paga cuando puede. salíamos del Instituto. no faltará. hasta que al rato Diana me preguntó cómo estaba su padre y si me había tomado rabia porque la había internado. La examiné. como Adriana María dio a entender en conversaciones con la gente del pasaje y aun del barrio. -Pero. Diana corrió hacia mí. lindísima. se restregó las manos y con aire de comerciante hipócrita agregó: "Mi cuentita". Yo se lo describiría como la simple felicidad de un hombre que vuelve a estar con su mujer después de una larga separación. quién me avise -en ese punto se golpeó el pecho. XXXV Con la mano derecha empuñaba el brazo de Diana. Tuve presencia de ánimo para pensar: "Está feliz porque me ve. A mí mismo me pareció una excusa nada convincente. -No es cuestión tampoco de que se preocupe demasiado -contestó. usted propende a reproducir las situaciones anteriores. "Por no tener el dinero. Créame que no le cuento estas intimidades por el gusto de ventilarlas. es conveniente que sepa en qué estado de ánimo volví a casa. -¿Es todo? -pregunté. -Se echó a reír y me peguntó-: Adriana María ¿te anduvo buscando? -No entiendo. En ese momento extraordinario hablamos de cosas triviales. involuntariamente. sin que ello signifique. A lo mejor si llamaba por teléfono al rengo Aldini. -No es cuestión tampoco de que usted haga caridad. Si. tan misteriosos y extraordinarios. para usted. Íbamos por esas calles de Dios tan distraídos con nuestra charla y con el placer de estar juntos que no advertimos que habíamos llegado a casa. Mientras caminaba levantándola del brazo. sino porque pienso que pueden resultar significativas para comprender los hechos. "Con lo que tengo en el banco me basta y sobra". -Bastante -le dije. Me entregó el papel. Usted se preguntará si perdí el sentido de la decencia. doctor. para indicar tal vez que yo podía confiar en él -y lo internaré inmediatamente. -murmuré. Yo estaba sumido en las más deprimentes cavilaciones cuando oí el grito: -¡Lucho! Con los brazos abiertos. podría recuperar el dinero prestado. Para que usted no vaya a suponer que yo estaba un poco loco o siquiera alterado. sin demora. Para mis adentros yo me decía. con la izquierda su valija. yo me sabía el hombre más feliz del mundo. 48 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . a su casa. pero la alegría se me acabó de golpe.

pero nunca le había oído una tan clara expresión de amor. Está cambiada. con mi marido -dijo-. le di las gracias. como una niña y empezó a desnudarse. viera qué pronto se hicieron amigas. -Son los celos -explicó Diana. "Me va a contestar" -pensé. Sólo quiero ser feliz con vos. se detenía a cada paso. Después de un rato preguntó: -¿No me digas que se llama Diana? -¿Será por eso que la quiero tanto? -¿Así que a vos también te pusieron Diana? -le preguntó a la perra. pobrecita. Todo la maravillaba. No tengo la menor idea. Como insistió en sus culpas acabé por decirle que yo siempre la había querido. Vaya uno a saber por qué en ese momento me dije: "Qué raro. -El más familiar de todos. Me miró con esos ojos incomparables y me preguntó: -¿Estás seguro de que no vas a extrañar mis defectos? No pude menos que maliciar que Reger Samaniego la había prevenido sobre la tendencia que él me atribuía a empujarla de nuevo a la locura. ahora estaría torturándome con reproches y recriminaciones. Estaba tan ciego que no me di cuenta de que Diana lloraba. riendo-. Es una vergüenza lo que voy a decir: lloré de gratitud.que estoy muy sonsa. Soy yo la que debo pedirte que me perdones. De algún modo estaba viviendo el momento que había esperado desde siempre. Un nombre que te es muy familiar. La abracé. créame. La tomé de la mano. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 49 . Le pregunté: -¿Te pasa algo? ¿Te hice mal? -No. Si me la hubieran devuelto como antes. Otras veces había estado con Diana y aun había sido muy feliz con ella. no se me ocurrió pensar que a lo mejor Diana iba a estar furiosa conmigo porque yo no había impedido su internación. -No me hagas pensar -dijo. porque sufriste por mi culpa. le pregunté: -¿Lo pasaste muy mal? -No quiero acordarme. Me abrazó. La tomé de la mano y la conduje a través del portoncito del jardín. Aunque la perra es desconfiada con forasteros. la conduje hasta la pieza. -¿Me vas a querer si soy del todo para vos? Le besé las manos. No hagas caso. Quiero olvidarme de todo lo demás y ser feliz con vos. La abracé y empecé a besarla. Está curada". -La comida va a estar dentro de media hora -dijo Ceferina-. No me arrodillé delante de ella porque Ceferina abrió la puerta y dijo con su voz destemplada: -Si no acaban pronto se achata el suflé. -¿Cómo se llama? -preguntó. la besé. mientras la acariciaba-. -Pensá un poco. -No tengo idea. -Te compré una perra. cuando apareció Ceferina. Entró en la casa mirando todo y. lo que me conmovió bastante. Tiene razón Reger. ¿Por qué no vas a tu cuarto a sacar las cosas de la valija? Diana me dijo: -No te separes de mí. -Adiviná -le dije-. Quiero estar contenta. no -dijo-. Algo que siempre quisiste.-Decime qué es -contestó. creo que temblaba un poco. -Te voy a querer más -le dije. parecía vacilar. la apreté contra mí. hasta la mordí. Diana salió a recibirnos. Comenté con Diana: -Qué mujer desagradable. -Estoy en mi casa. Pobrecita."que ya empiezo con los reproches". Ahora voy a ser buena. Se sentó en el borde de la cama. Hoy. la abrazó. Sin querer. mientras hablaba con Reger Samaniego. Su corazón golpeaba con fuerza contra mi pecho.

No le exagero: Diana dejaba a mi cargo las decisiones. soy. con el tiempo. -¿Cómo está la señora? -No hay quejas. La comedia pasaba en un manicomio y el médico apaleaba a un loco. le dije que nos arrimáramos al teatro de títeres. para ir al mercado o para pasear a la perra. un poco supersticioso. la miré sin disimular la sorpresa. lo que me traía era la confirmación de que las cosas andaban bien. que es tan afecto a prolongar las visitas. Yo me acostumbré tanto que un día. por la blancura. Yo me felicitaba de haber comprado la perra. recapacité que mi señora siempre fue propensa a los antojos y que el de ir a la Plaza Irlanda era de los más inocentes. como una niña embelesada. porque Diana me pidió que la llevara a la Plaza Irlanda. Diana no me daba motivos de queja. de que en nuestra casa el amo era yo. A veces llegué a preguntarme si el hecho de llevar e mismo nombre no las disponía favorablemente. Cuando nos retirábamos. de modo que debí convencerme. no pude menos que preguntarme: "¿Por qué insistió en venir?". evidentemente. -¿Y la hija pródiga? -preguntó. moviendo la cabeza comentó: -Qué divertido. Accedí por último. parecía preocupada. -Qué apuro en pagar -me dijo. Como usted recordará. a mí. en Carbajal y Tronador. -A mí no me gustan las deudas -contesté. además. Era notable cómo se entendían las dos Dianas. Me equivoqué notablemente. lo recuerdo muy bien. -No entiendo -contesté. aplaudió. la de un muerto. Yo iba tan distraído que al verlo me sobresalté. No necesitaban de la palabra. Es verdad que sin la sombra negra de la barba mal afeitada su cara parecía. me sorprendía. ahora despertaba todas las mañanas con aprensión de lo que el día pudiera traerme. Quizá porque nunca me faltaron ansiedades. -Sigo sin entender -le aseguré. Temí que Diana recordara sus internaciones y que se hundiera. Una tarde cayó el profesor Standle.XXXVI A los pocos días me encontré. se miraban a los ojos y usted juraba que una sabía qué pensaba la otra. Ahí me esperaba un verdadero disgusto. Cuando iba a increparla. el doctor dijo que uno extraña todo. Mi señora lo trató con una indiferencia que me dejó pasmado y lo atajó cuando se disponía a someternos a un examen completo sobre la técnica de enseñar perros. 50 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . En realidad nadie hubiera calificado de extraña la conducta de Diana. Se rió. Con la esperanza de entretenerla. Creo que la misma tarde que me la devolvieron a Diana. a los pocos minutos nos dijo adiós y con la desorientación pintada en la cara salió al trote. -Usted no cambia -dijo en un tonito desagradable. Me pareció que yo le debía mucho al doctor y que sólo por un recelo y por un empaque francamente gratuitos le contestaba así. porque me sentí mezquino. Me iba tan bien con ella que a veces y me preguntaba si todo acabaría en algún desastre. Mientras recorríamos la plaza. en la melancolía. me permitiré agregar que uno se acostumbra demasiado pronto a lo bueno. con el doctor Reger Samaniego. me pedía que la acompañara. aun más. porque hasta los vecinos más ignorantes me repetían que su presencia había contribuido a la readaptación de m señora a la vida de hogar. Raramente Diana salía a la calle. Era un sábado. a pagar la cuenta. La vida me ha enseñado que las cosas demasiado buenas por lo general no vaticinan nada bueno. No hablaba casi. El cargoso. Desde luego. Esas palabras me avergonzaron. me había largado al Frenopático. porque no estaba acostumbrado a que se mostrara tan apegada y juiciosa. lo bueno y lo malo.

en la calle José Evaristo Uriburu. Estoy segura que tenés el trabajo atrasado. Papá. por lo menos para mí. echó a reír y dijo en un tono irresistiblemente cariñoso: -Parecen dos perros que no se deciden por jugar o pelear. Al rato llegó Ceferina y me dijo: -Vos fuiste siempre trabajador. Aunque la tentación no partía de mí. -Todo el mundo se toma sus vacaciones. -Una pregunta: si te gustaba tanto la Diana ¿por qué te gusta ahora? Está cambiada. reclamó mis pantuflas y respiramos aliviados. Acto continuo. -Decime francamente -le pregunté a Ceferina-¿vos no creés que se te va la mano con mi señora? Te ensañás demasiado. -No me ensaño con tu señora. -¿A un relojero? Bueno fuera ¿para qué estoy yo? Desde que volvió a casa. un Cóncer que le compré el año pasado. Pasamos al comedor. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 51 . No vaya a creer que me hablaba en broma. ni siquiera le ha salido un herpes en el labio. La comida le deparó una desilusión considerable. que aparecía de vez en cuando y nos miraba con desprecio. No lo va a creer: Adriana María le contestó que no tenía ninguna obligación de aguantarme. con el aire más natural del mundo. Don Martín no cedía. A cada rato se para. me la derramó en la mano.XXXVII Una mañana estaba mateando con Ceferina. -Que me recordás a esos mocitos que son un modelo hasta que se les cruza la primera pollera. para las fiestas. Ceferina se encerró en una de esas lunas que le son tan propias. lo prometo. En este punto debo reconocer que mi señora. Me fui al taller con el relojito. lejos de manifestar ansiedad. o por la mano quemada. que grabé en la memoria. Ceferina. pero finalmente dijo: -Lo perdono si promete que nunca más volverá a encerrarte. ¿Cómo iba a sospechar el pobre. Por el amor propio herido. parte Diana empezó un verdadero trabajo de paciencia para que la familia volviera a visitarnos. Pensé que el doctor Reger Samaniego tuvo razón de prevenirme contra la tentación de empujar de nuevo a Diana a sus manías. una máquina muy sólida. estropeó un poco. nadie le iba a cerrar la puerta en la casa de su padre. don Martín no pudo menos que notar mi sinceridad. repetí: -Lo prometo. cocinaba Ceferina? Vino al otro día. atraído seguramente por la promesa de un almuerzo preparado por Diana. que ahora. Según Diana. me enojé. La vieja Ceferina. Lo que hay que oír. porque lo hizo por mi bien. Por su. en el Frenopático. esos momentos de expansión familiar. yo debía estar alerta para no ceder a los comentarios intencionados de la gente que me rodeaba. Abrazando efusivamente a don Martín. -¿Qué me decís con eso? -le pregunté. Fijate: desde que ha vuelto. el viejo y yo nos miramos con tanta desconfianza y hosquedad que ella se preguntó si por impaciencia no había arruinado toda posibilidad de reconciliación. en lugar de echar el agua en el mate. cuando apareció Diana. Concluimos la noche brindando con sidra. estas palabras: -No sé qué tiene el reloj. La recomendación del médico. A pesar de su carácter desconfiado y frío. porque no estaba casada conmigo. Vas a tener que llevarlo a un relojero. debió de aprender a disimular el estado de ánimo -lo que puede ser útilporque. y que si Diana quería verla. por primera vez le hablaba destempladamente. Don Martín se dejó convencer. pero cuando temíamos lo peor. -No va a ser necesario -afirmó Diana con la mayor convicción. tenés que perdonarlo. en casa. Qué pensarán los clientes. que soltó. en ese momento se me presentó como un verdadero apoyo.

ahora me parecía por demás injusto. No era para menos. el ensañamiento de la vieja me molestaba. contesté: -Y por tu lado llamá a la familia y deciles que el convite quedó en nada. Me avine. recibe su recompensa. En otros tiempos. -No me vas a negar que del Frenopático ha vuelto cambiada. que oí con un sentimiento bastante cercano a la tristeza. La vieja llamaba a Adriana María y de mi parte la invitaba para que viniera a almorzar el domingo. -Es probable -dijo. todos los días son iguales. después de comer. -No seas mala. Empuñó el teléfono y marcó un número. Ese mismo sábado la enfrenté sin miramientos y le dije lo que pensaba. Sin dejarme arredrar. Yo la miraba sin entender. hizo el pedido. 52 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . -Vale decir que por un capricho tuyo vamos a cargar con la familia dos días seguidos. en silencio. a su voluntad y al atardecer llegamos a la plaza. La miré a Ceferina: estaba con la boca abierta. hasta que la indignación me llevó a protestar airadamente. -Igualmente importantes -dije. desde luego. que recorrimos durante unos cuarenta minutos. -¿Cómo voy a invitar a una mujer que me ha insultado y calumniado sin ningún motivo? No hizo caso. apretando los labios. vocalizando con lentitud y satisfacción. XXXIX El sábado me pregunté con algún resquemor si Diana de repente me pediría que la llevara a la plaza Irlanda. Yo le pregunté a la vieja: -¿Qué te parece? -Que habla como una maestrita. A mí siempre me quedará el consuelo de pensar que a través de las alternativas de estos últimos tiempos me sentí invariablemente unido a Diana. ¿A que no sabe qué me contestó Diana? -Yo también lo olvidé. -Vamos a hacer una prueba -contestó. cuando menos lo esperaba. A la hora de la siesta. cuando mi señora tenía mal genio y era algo paseandera. Si uno se quiere. que es el aniversario del casamiento. Como si el que protestara fuera un chico o un loco en tono severo agregó una recomendación: -Ni por descuido le hables a tu mujercita del almuerzo de mañana. El coraje. Como sugiriendo algo tremendo y con cualquier motivo. -Tenés razón -dijo-. Ceferina sabía decirme: "¿Vos creés que hicieron un buen trabajo en el Frenopático? No estoy segura de que la prefiera cambiada". Yo creo que antes me hubiera hecho una escena. en la felicidad de encontramos juntos. Indudablemente Reger sabía de qué hablaba cuando me indicó la necesidad de resistirme contra la tentación de empujar a Diana a su antigua manera de ser. no sé cómo recordé la fecha y ahí mismo junté valor y confesé el olvido. Al rato Diana se fue a la cama.XXXVIII Tan ocupados estábamos en las simples ocurrencias de la vida diaria -mejor dicho. Mañana es 23 y pasado Navidad. con Martincito y con el chiquilín de los vecinos. La vieja sonrió de su manera más desagradable y se fue.que le juro que se me pasó por alto el 17. Una noche. de vez en cuando. Fui terminante porque me sentía seguro de mis razones. Preguntó: -¿Se puede saber por qué? -¿Cómo por qué? Vos ya ni te acordás de la fecha en que vivís.

¿Por qué no te hacés ver y prepararás para el almuerzo tus famosos pastelitos de choclo? Notablemente deprimida. La vieja insistió: -Hay que celebrar la reconciliación. No me va a negar que la ocurrencia tenía gracia. hasta que la vieja se ladeó y dijo intencionadamente: -Acordate que para vos todos los días son de aniversario. Con una vocecita dulzona. Diana parecía una pobre colegiala a quien la maestra llamaba al frente para tomarle una lección que no sabía. "Ceferina siempre inventa motivos de inquietud" me dije. Ya no podemos da marcha atrás. La miré. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 53 . la vieja ordenó a mi señora: -Armate de papel y lápiz. Diana preguntó: -¿Te pasa algo? -Nada -contesté. También Ceferina fue terminante. que me puso en guardia. Me acuerdo que pensé: una prueba irrefutable de cómo Ceferina la perturba. Ceferina le habló a mi señora: -Como es domingo invité a tu padre y a tu hermana. -Vas a dormir esta noche -aseguró. ¿Qué pasaba? El ama de casa que siempre exigió del verdulero los choclos más frescos ¿ahora se avenía a comprarlos en lata? Todavía algo más increíble: una cocinera. Siguieron el debate. -No hay que darle demasiada importancia. -¿Venís. Más dormida que despierta. No podía explicarle que en ese momento había descubierto que la cara pálida que me espiaba la otra noche desde la ventanita del taller era la de Reger Samaniego. Diana protestó: -Hoy no tengo ganas de cocinar. tuvo una ocurrencia que nos hizo reír. empanadas y demás repostería ¿iba a comprar la masa en la fábrica de pastas? XLI Muy segura de sí. Van a traer al chico. Vamos a comprar la masa y una latita de choclo. Al rato nos levantamos y fuimos a matear. particularmente en boca de una cocinera que pone tanto escrúpulo y amor propio en los platos que prepara. pensé que era más linda y ahora más buena que nadie y decidí no hacer caso a la gente de afuera. a la mañana. Lucho? -me dijo-. en tono amistoso. Créame. Diana y yo seríamos felices". Para mis adentros convine que no podíamos dar marcha atrás. pero el programa de pasar el domingo y la noche del lunes con la familia me pareció igualmente imposible. XL Al otro día.-Habrá que aguantar el chubasco -dijo-. mientras buscaba el sueño. Me dije que mi desconfianza por los médicos era injusta. Diana me preguntó cómo había dormido. Le dije que había pasado la noche en vela. No había concluido e pensamiento cuando me retorcí como quien siente una puntada. En medio de su confusión. que las recomendaciones de Reger resultaron atinadas y que yo no volvería a dudar de su buena intención. "Si viviéramos solos. tan orgullosa de la liviandad y del sello inconfundible que según es fama lograba en pasteles. hice un descubrimiento que me sobresaltó. A la noche.

lo que nunca. Yo no entendía nada. Desembocamos en el pasaje y en la otra punta. le preguntaría a Diana cómo se las ingeniaron en el Frenopático para doblegarle el carácter. XLII Aldini estaba en el patio. con una docilidad que usted se hacía cruces. Yo seguía tan perturbado que no pronunciaba palabra. en el jardín. Fuimos después al mercadito. Con los ojos entrecerrados. divisé a la vieja frente a la puerta. El desorden y la mugre se acumulan. Medité mientras chupaba y después me atreví a preguntar: -¿No se habrán cebado con nuestras señoras? 54 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . ¿0 qué te creés? Cada cual defiende lo que quiere -agregó mirándome en los ojos. Sentate. No quiero estar sola con esta bruja. o asustada. con el mate en la mano. Me senté en la otra punta del banquito. -¿Qué querés? -contestó-. que estaba paquetísimo. levantó los brazos en alto y anunció: -Vino a verte Aldini para decir que a Elvira la encerraron en el Frenopático. esa mañana se mostraba notablemente disminuido. la pava al lado y Malandrín a los pies. Cuando llegamos al almacén de la esquina de Acha. No sea que la roben. Dije por fin: -Me voy a lo de Aldini. No me saludó. Ceferina miró a Diana y comentó: -Ya veremos cómo se la devuelven. Verdaderamente triste. me pidió: -No tardés. Yo me dije que a su debido tiempo. -¿A quién? -A Picardo. el hombre vive como un verdadero chancho. -No puedo. -Te pregunto qué pasó con Elvira. Atiné a exclamar: -No puede ser. cuando el recuerdo de la internación no la afectara. -Mientras esté conmigo.Diana acató la orden y. Cuando nos arrimamos. apareció Picardo. Sin la señora en casa. que la tristeza apoca el cerebro. pasó de largo sin saludar. Antes de salir. Este patio es la pantomima acuática. Será lo que dice don Martín. ensucia adentro. El Rengo. tomó al dictado la lista de lo que traeríamos. -Llevame. -¿Qué le dio a ése? -pregunté. le recomendé a la vieja: -Ojo con la perra. -Voy y vuelvo -expliqué. sentado en la punta de un largo banquito de pinotea. Pregunté: -¿Qué pasó? -¿Qué querés que pase? -contestó-. Trabajosamente me alargó el mate. Comentamos con mi señora que la perra había conquistado el cariño de todo el mundo. Al verla a Diana tildando escrupulosamente la lista que le dictaron. no la van a robar -contestó-. como si yo fuera a entenderla. no pude menos que preguntarme si la vieja le había echado el mal de ojo. lentamente lo movió en derredor y dijo: -Perdoná el desorden. Diana se me abrazó y murmuró en mi oído: -No te vayas. Cuando me vio levantó como pudo un brazo. El pobre infeliz. que por lo general despliega una inteligencia muy superior a la mía. Levanté la voz para que entendiera. Con decirte que Malandrín. Recordé entonces las recomendaciones del médico y nuevamente reconocí que fue previsor. Hubo que encerrarla.

como si mi partida lo sorprendiera. llámame. -No sé qué tenía. Ahora me tocaba a mí el turno de esforzarme por entender. Si por fin has encontrado lo que se llama la felicidad. Antes. Le dije: -No me vas a creer. la cuenta del Frenopático y recaía en mi vieja tirria contra el doctor. Para no empezar una nueva pelea. entre irónica y satisfecha. porque era víspera de Navidad. Mientras tanto yo chupaba un amargo y recapacitaba. Por último me levanté: -Cuando me necesités -le dije-. en su momento. que yo mismo reputé desagradable. -¿Muy cambiada? -repetí. en el pasaje. -Ojalá que yo tenga la misma suerte.. es mucho. Te lo pido en serio. -Yo también conocí una espera interminable. Tal vez con injusticia olvidaba la grata sorpresa que me deparó. porque era innegable que en las últimas semanas lo había olvidado por completo. Después dice que Diana habla como una maestrita. Hay gente que siempre tiene a mano su reserva de irritación. pero le aseguro que más que festividad esto parece la guerra mundial. -¿Cambiada? -preguntó en un hilo de voz-. -El amor y la amistad no congenian -sentenció la vieja-. Aclaré con una vocecita. Me miró con ansiedad. Me aguanté por segunda vez. la otra decae. Ceferina me dijo: -No embocaba una. no se oían ni los pájaros. -A vestirme -contesté. Yo no sé qué les ha dado a los chicos del barrio.. pero cuando viene le presume. -Vas a tenerla. como no sabía qué decirle. -Ya te la devolverán a Elvira -le dije. nos tienen de clientes. quedaba sordo por un cohete. prolongué desmesuradamente la visita. ¿A que no sabe cuál fue el comentario de Ceferina? -El señor se enoja porque le invito a la cuñada. -No te vi. ¿Cambiada para bien? En tono firme repuse: -Cambiada. Cuando uno está en auge. Antes que preguntara por ella. para agregar con tristeza-: últimamente la pobre Elvira estaba muy cambiada. por atinadas que fueran. -A lo mejor. así que la mandé a vestirse. -¿Te vas? -preguntó. no -protestó Aldini. pero un día me la devolvieron. XLIII Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 55 . -Va para largo. cuando no esquivaba un buscapié. Si en la última semana me acordé una vez del Rengo. Mi señora no estaba en la cocina. Cómo cambiaron los tiempos. che. Volví a pensar en Aldini. enderecé a la puerta. Aunque me afligía el remordimiento. -¿Por qué no me llamaste? -pregunté. me fui a casa. Se veía que el pobre Aldini estaba demasiado triste para que lo animaran con palabras. la vieja murmuró bien alto: -Los hombres son como perros.-¿Cebado. Mateamos en silencio. Desorientado me pregunté si bastaba mi amor por Diana para que Ceferina me aborreciera. A mis espaldas. que de miedo no quiere salir de abajo de la cama.? -repitió mirando fijamente la espuma. Salís poco desde que volvió Diana y siempre con ella. y. no soy yo el que va a arruinártela con tristezas. -No. Ese domingo. La primera víctima es la perra. No era la misma -dijo. usted hacía de cuenta que vivía en el campo.

sin dar respiro para preguntarse cuál era cuál. me reclamó el árbol genealógico.Con verdadera aprensión rememoro esos últimos días. despanzurrar gatos y pelearse a puñetazos. para decirme en voz baja: -Me voy a tomar una aspirina. que por un error muy disculpable llamó ginecológico. sordo a las penurias de la tripulación. No le pido crédito para mis apreciaciones. de Martincito y de su amigo. Como suele ocurrir. La expansión propia de un varón normal es tirar cohetes. usted sabe. Si mañana la vecina me viene con problemas. los chicos y las personas que llevo más adentro en el corazón. en particular a Diana. Estas palabras quizá no fueran las más atinadas. incluso don Martín. Porque seguía una serie que le interesaba notablemente. Por fortuna a mi suegro le cayó mal la frasecita y resoplando de rabia preguntó: -Vamos por partes. pero le garanto que en la narración de los hechos pongo el mayor escrúpulo de exactitud. para que nos viéramos libres. le daba la razón a Adriana María. pero me arrancaron lágrimas. créame. qué manera de tratar a un convidado -protestó la cuñada-. Quizá no le faltara razón. de pronto persiguen algún increíble propósito de maldad. como predica mi suegro. Discutieron largo y tendido. pasamos la típica tarde de familia. la besé. sino que resultaron lo que se dice movidos. Le di las gracias por su bondad. -Te olvidás que son chicos y no señoritas -protestó don Martín-. La causa de esa jarana era por demás desagradable. Yo. la miré largamente en los ojos. como si fueran vistas o cuadros de una pesadilla en progreso. Ante el asombro universal. pero deseaba el triunfo de don Martín. Se produjo la primera disputa -en ella los de casa nos mantuvimos como simples espectadores-cuando Adriana María les prohibió a los chiquilines que salieran a la calle. lo que me disgustó. nos volvieron locos a todos. que no volvía. Reaparecen en la mente rodeados de una luz extraña. Agravaban el ambiente de sobresalto general. la vieja comentó: -Ahora no reconoce al sobrino que tanto quiere. En algún momento. yo tuve miedo de que largara el llanto ahí mismo. le garanto que si no fuera por ella. Recuerde por favor que le escribe un relojero. Aunque esté mal que yo lo diga. a tomar la leche. Adriana María. Por mi parte lo defendí al suegro. Diana se presentó con el gordo. toda almibarada. no quitó los ojos de la pantalla para descalzarse de una de mis pantuflas. porque los chiquilines jugaban al escondite detrás de la cortina o debajo de la mesa y continuamente lo sorprendían a uno. soltamos la risa. que podrían resultar la divagación de un cerebro ofuscado. la pobre perra. Pero vayamos por partes. le digo que hable con vos. por un rato al menos. Estrechamente unidos. que recién ha salido del manicomio. porque no doy más. Primero usted me dice qué se propone al hablarle así a mi Diana. por su bondad y por su don de gentes. Todos. El almuerzo y la hora de la siesta no sólo se prolongaron considerablemente. porque lo mostraban a don Martín como partidario acérrimo de mi señora. Debo reconocer que don Martín permaneció imperturbable. La pobre Diana se puso colorada y se tapó la cara con las manos. La encontré tirada en la cama. un gordo paliducho. ya no sé cuándo. -Únicamente un rencoroso no perdona a un niño -me espetó. como dos cristianos al pabellón de los leones. en mi fuero interno. Cuánto me has de querer para aguantar a esta familia. mi cuñada. empuñar al gordo por el cogote y azotarlo con más rabia que si fuera la alfombra. a la hora de la leche. Diana la escuchó sin 56 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . que se mantuvo el santo día con la cola entre las patas. con un pañuelo mojado en la frente. los continuos pero siempre intempestivos estallidos de cohetes en el pasaje y en todo el barrio a la redonda. pero le aseguro que Martincito y su amigo. Fui a la pieza a ver qué pasaba con mi señora. -Pobre Lucho -me dijo-. de conventillo y de sainete. Recuerdo que Diana se arrimó. y a su tocaya. donde todo el mundo. -Ave María. Era el gran capitán en el puente de mando. volvimos a la reunión. Para empeorar las cosas. La confusión alcanzó el punto álgido cuando Adriana María pidió a su hermana que llevara a Martincito a la cocina. se aflojó la tirantez y hasta hubo risas.

recordaba unos tiempos. le grité: -¡Es un atropello! ¡No lo voy a permitir! ¡Se da vuelta Diana y ya nadie la respeta! -¿Le tenés mucha fe? -preguntó. -Mejor -exclamó Diana-. Sabés perfectamente que adentro de la casa no hace nada. Después de este encierro obligado. Cuando por fin la familia se retiraba. -Tenemos el jardín para sacarla -repliqué. o no pude creer. nos obligó a tragarnos otra serie en la televisión. de pantomima acuática. aspecto que para mí los vuelve más tristes. más que paseo va a ser una tortura. en que no salía mi señora sin que yo me hundiera en la angustia y el recelo. los pulmones piden aire puro. Perdone si la impropiedad de ese dicho le molesta. Cómo se habrá portado de bien mi señora. Para lograr lo que se propone es muy zorra. -Tratá de encontrar para la próxima el árbol ese -me pidió Adriana María-. -Qué parada ni parada. Ceferina lanzó pullas y don Martín. casi afectuosamente. -En el jardín tampoco hace nada. la califiqué de verdadera pesadilla y. Saqué fuerzas de mi lealtad y no cedí en lo más mínimo. XLIV Cuando la familia se alejaba. me la ponderó (en un tonito suficiente. dando a entender que ella y yo nos comprendíamos como si fuéramos cómplices. eso sí. Mientras nos demorábamos en el debate. porque tiene miedo y quiere entrar -contestó mi señora. A veces parecería que le molesta a una mujer que un hombre le asegure que es leal a otra. -Si no encuentro nada.pestañear. Vamos a la placita Zapiola. después. Pensé. che. -Tiene que salir -me dijo con impaciencia la vieja-. mi señora anunció: -Los acompaño hasta la parada del colectivo. Con el miedo que le tiene a los cohetes. le juro. Yo lo empleo porque señala sin atenuantes el aspecto confuso y a lo mejor cómico de los hechos que sucedieron. Se lo dije claramente: -Yo. en un aparte. con esa grosería en que se maneja tan cómodamente-. "Que me cansés y atolondrés con indirectas ¿o no recuerdo lo porfiada que puede ser?". avanzábamos a la pieza y antes que yo comprendiera el significado de sus actos. recordando un dicho muy del gusto de Aldini. Lo metí no sé dónde. -Pobre perra -dije-. seré la primera en reconocerlo. Como ve. para preguntar en el tonito más dulzón: -Dejándome con la duda ¿qué ganás? "Nada" me dije. empezó a registrar el ropero. tardé en comprender que me hablaba del árbol genealógico. luego formalmente me opuse. Se enojó como si viera en mis palabras algo censurable y hasta ridículo. que no debía quejarme de la suerte. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 57 . lo que siempre me enoja). Cuando me recuperé del asombro. Ceferina disimuló como pudo la furia. Un buen paseo para la perra. yo entraba en casa con un sentimiento de alivio. recapitulé mentalmente la tarde. que actuó de supremo pacificador. en el dormitorio de ustedes. Ceferina entonces declaró: -Este paseo me va a dar un tiempo precioso para que le revise las pertenencias. ¡Tengo una cabeza! Porque pensaba en cuestiones que me tocaban de cerca. ahora inimaginables. -¿Cómo te imaginás que voy a permitir esa barbaridad? Preguntó: -¿Qué hay de malo? -¿Cómo qué hay de malo? -repetí. Como se habían ido las visitas. En un principio no comprendí. (protestó) don Martín. soy leal a mi señora. que la misma Adriana María. no siempre está en contra de lo que dice la vieja.

repetí: -Acabá de una vez. Le mostré el paquetito y le dije: -Mientras yo consentía tus desmanes. -¿Entonces por qué no dejás que siga? La que va a quedar mal soy yo. con aire triunfal. que yo mismo no atinaba a explicarme.inobjetable. Acabá de una vez. pero flaca y.dijo. por el término de un minuto -el minuto decisivo. Me contestó por lo bajo: -No sabemos quién es. Se fue a dar agua a la perra. La metió entre las prendas de vestir y con la mayor tranquilidad se puso a arreglar el ropero. Miedo tal vez de que una inconcebible revelación destruyera todo para siempre. sin perder la compostura ni interrumpir la busca. Se recuperó demasiado pronto. ¿Por qué no te das una corridita hasta el portón? Sería molesto que apareciera de golpe. -¿No comprendés que no hay nada? -le pregunté-. Era una chica. Salí a recibir a Diana -me avergüenza decirlo-para que la otra tuviera tiempo. Ceferina agitaba en alto. Corrí hasta el portón. por desgracia. apareció entonces la inscripción impresa: Recuerdo de la Plaza Irlanda.nunca más digo una palabra contra Diana. Debí de golpearla en un centro muy sensible. No sentí curiosidad. 58 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . Estaba tan perturbado que si no me contengo le digo: "No hay moros en la costa". Cuidadosamente lo desenrollé. Sin dejar ver mi inquietud. bastante linda. porque decía que iba a poner las cosas en orden. lo que dijo a continuación me pareció. Ceferina aflojó la mano y yo le saqué la fotografía. O simplemente no quiere acordarse de esos días. Le grité: -No sigas. pero seguía revolviendo. en ocasiones la vieja me confunde. Vi que el papel estaba despegado y enrollado en el ángulo que la vieja tuvo entre los dedos. triste. -La dejo donde estaba declaró. me asomé. -Falta poco -aseguró. hasta me halagó. Ceferina tomó la fotografía. yo diría. La vieja tenía la foto agarrada por una esquina. sino más bien cansancio y miedo. no la soltaba ni me dejaba verla. Me desconcerté un poco. Por ejemplo. Creo que me anoté un punto. Le confieso que por mi parte pensé: "Sería desagradable que Diana apareciera de golpe". -¿Por qué va a hablar de todo el mundo? A lo mejor es una compañera del Frenopático y no la menciona por una delicadeza y por un respeto que vos no podés entender. porque no se me ocurría otra cosa. -No lo voy a permitir -repetí. Oímos los ladridos de la perra y -usted no lo va a creer. una chica de unos veinte años. -Quiero dejar todo en orden -dijo. lo estiré sobre el cartón. volví a la disparada. Después me pregunté qué estaría buscando con ese ahínco la vieja. Si fuera un tipo estarías feliz. -Si fracaso -declaró con la mayor solemnidad. Aunque nadie lo crea. Rumbo a la cocina. Corrí de nuevo hasta el portón. Cuando volví al dormitorio. apareció la vieja con un aire satisfecho. una fotografía.nos miramos como dos cómplices. -Si no encuentro nada ¿quién te va a aguantar? La salida me hizo gracia. A mí no. como una persona juiciosa ¿Por qué no te das otra corridita a ver si viene? Me enojé. Me quedé mirándola con una especie de fascinación. de lo más ofensivo. Diana me compraba un regalo. -Para vos.-Una fe absoluta -respondí. Diana me entregó un paquetito. Por fin reaccioné y pregunté: -¿Qué hay con eso? -¿Cómo qué hay con eso? -Claro -dije-. -¿A vos te habló de la chica? -preguntó-. Por último la mostró. porque abrió la boca y volvió a cerrarla sin articular palabra. en un parque.

como quien concibe una sospecha absurda. Repetí la pregunta: -¿Cómo te imaginás que voy a tomar esto? Te garanto que no van a encontrar rastros de droga el día que me hagan la autopsia. Recuerdo que mientras miraba esa cara tan apenada y tan linda me pregunté. de individuos que echaban dos o tres gotas de alguna droga en el café con leche de señoritas. contestó en el acto: -Voy a buscar un vaso de agua. ¿Vas a vivir del amor de tu señora? -Yo creo -le respondí. Dio media vuelta y masculló una frase que interpreté como: "La otra por lo menos cocinaba". hubiera hecho lo imposible por contentarla. para exportarlas dormidas a Centroamérica. Insistió: -Anoche no pegaste los ojos. Por no saber cómo reanimarla. Me avergoncé y yo también me entristecí. Voy a tomar las gotas. ni de día ni de noche te acordás que existen. Su regalito quizá fuera desatinado y su insistencia inoportuna. por lo menos en este último tiempo. Diana recayó en la tristeza. yo hacía la parodia de leer el diario y luchaba contra la modorra que sin necesidad del menor somnífero me voltea si la noche antes no he dormido. A pesar de mi honda preocupación. Yo pensé que para salvar las apariencias me contestaría que si no quería no las tomara. me dije que yo continuamente recibía pruebas de amor de Diana y que ella. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 59 . la atormentaba. aunque la quería más que a nada en el mundo.que hasta el último esclavo tiene derecho a vacaciones. Le pedí perdón. Desde que volvió del Instituto. Me avergoncé de este pensamiento. que reputé mezquino. yo nunca le había hablado de ese modo y antes no me hubiera animado. descubrí con disgusto que el regalo de Diana era un somnífero. A la vieja no se le escapa nada. pero evidentemente no alivié su tristeza. reconocí mi grosería. todavía trabajabas con los relojes. porque seguí con la peroración en un tono. que si no era deliberadamente hostil. porque usted viera qué pronto se olvidó de la tristeza. lo que es ahora. Buena voluntad inútil: concluimos la comida en silencio. Ceferina abrió la puerta bruscamente y anunció: -La cena está lista. Hasta que volvió Diana eras un modelo: cuando yo me iba a dormir. por qué estaría más triste Diana: por la aspereza de mis palabras o simplemente por el hecho de que yo no iba a tomar las gotas. Tenés que descansar. Destempladamente le pregunté: -¿Cómo te imaginás que voy a tomar esto? La verdad es que yo no necesito somníferos y que el hecho me enorgullece. finalmente le dije: -No te preocupés. Con la mayor solicitud ayudó a servir e insistentemente procuró reanimar la conversación. No bien volvimos al dormitorio. XLVI Me acordé entonces de historias contadas tiempo atrás por Picardo. así que no es milagro que dijera: -Vos también estás hecho un haragán. Como si temiera que me arrepintiese. resultaba violento por lo apasionado.XLV Cuando abrí el paquetito. pero mi culpa era mayor: ciego de amor propio. Creo que entonces me enojé. empecé a mimarla. Yo creo que Diana le tiene miedo. Mientras las mujeres lavaban los platos. en chanza me pregunté dónde me exportarían. De pronto noté que Diana estaba tristísima. nunca se mostraba empecinada ni caprichosa. El tema debía de interesarme.

Yo me salvé de hundirme del todo en ese bochorno. al extremo que me dormí. con severidad. Me contuve.Usted no se hace una idea de lo difícil que es convencer a otra persona de que uno va a tomar un remedio y no tomarlo. después guardó el papel en el segundo cajón de mi cómoda. parecen posibles cosas de todo punto estrafalarias. En arreglar las cosas no puso más cuidado que Ceferina: una mala comparación. se acostó. con otra angustia. vigila. Después reflexioné que la vieja no podía importarle mayormente y que sin duda buscaba el revólver para matarme y quedarse con mis cosas. porque Diana interrumpió su trabajo. me hizo mirar hacia la cómoda. mirándome con atención. El primer síntoma fue un desvelo muy corto. Desde luego que yo no he de sobresalir por los dones de mago y de fumista. De este sentimiento de seguridad pasé a sospechas y miedos increíbles. que le conozco de memoria. porque bastaba mirarla para entender que en serio buscaba algo. Me incorporé un poco más y vi que estudiaba una hoja de papel. Ese jueguito se repitió y al entreabrir los ojos yo encontraba invariablemente los de Diana. sobre todo cuando esa otra persona. Prudentemente moví la cabeza y hasta me incorporé un poco. Al golpeteo de mi corazón lo acallaron los pasos que se arrimaban. porque perdí la cuenta. XLVII Después mi señora rodeó la cama. recuerdo que me creí solo -no con alivio. La situación. revisando mis cajones. No sé cómo ni por qué me dio por preguntarme quién estaba mirándome desde los ojos de Diana. Dicen algunos que es una vergüenza asustarse de una mujer. la verdad es que yo tenía entonces por seguro que Diana. Con los párpados entrecerrados la miré en los ojos y me dije que Diana me protegía de todos los peligros del mundo. como horas antes había revisado su ropero Ceferina. con un sobresalto que disimulé sin demora. Soñaba disparates. sino con angustia. duraba más de la cuenta. "Salvo el Eibar" pensé. Por más que reflexioné y pasé revista a los objetos de mi pertenencia. para despertar al rato. así que me largué al baño con el vaso -caminando apurado. aunque lo disimule. Entiendo que mi señora me observaba con desconfianza. a lo mejor porque se confunden el pensamiento y los sueños. casi diría. porque me recordó a mi madre. que ahora describo al pasar. eso sí. Esa palabra obró como un bálsamo. como siempre ensayó primero un lado y después 60 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . apartó las mantas y con movimientos muy suyos. Para convencerla mejor me fregaba los ojos y bostezaba. porque el sueño volvió a vencerme. El estudio ese le llevó un tiempo extraordinario. Le juro que al principio me creí el espectador de una pantomima sin más propósito que el de avergonzarme. que no sólo era maligna sino también falsaria. no recordé ninguno que justificara tanto empeño. El miedo lo lleva al hombre a concebir pensamientos que son una vergüenza. porque Diana me seguía. como de un ratón entre papeles. que Diana iba a sacar ventajas de mi sueño. en un simulacro que aumentaba mi estado de somnolencia.no me encontré con los maravillosos ojos de mi señora. mojé con agua la boca y dije: -No es feo. Ya sé que en altas horas de la noche. Lo que en definitiva me ayudó a tranquilizarla fue el sueño que realmente me dominaba. porque mi cómoda fue siempre un revoltijo y Diana tiene su ropero en orden. como quien halla lo que busca. le juro que me dio un beso en la frente y que dos veces pronunció la palabra "pobrecito". Diana se inclinó sobre mí. Ahí la vi. que me recordaba tiempos pasados. En uno de esos despertares -no me pregunte si fue en el tercero o en el cuarto. quería que yo me durmiera. Casi le grito que la vieja obró contra mi voluntad y que no encontró nada.hasta que un rumor. en un esfuerzo por descubrir dónde estaba. yo le confieso que tuve miedo. De repente me pareció que Diana se volvía y me eché en la cama. Dígame ¿para qué Diana iba a necesitar un revólver? "Para matar a Ceferina" me dije.tiré el contenido en el lavatorio. Por momentos el miedo fue tan vivo que me despertó. con un designio que me ocultaba. porque estaba dispuesto a encontrar atadero a cualquier disparate.

se encerró en el baño y abrió la ducha. no quería despertarme". En cuanto levanté los párpados encontré los ojos de mi señora. la gente toma la mala costumbre de consumir. en mi fuero interno reconocí que últimamente mi sentido de la responsabilidad se volvió menos riguroso. ante la pila de relojes en compostura. como si quisiera desentrañar un secreto que hubiera en mí. contarle mis malos pensamientos y pedirle que me perdonara. Sentí un impulso de abrazarla. para que me aplicaran cualquier inyección o a lo mejor me internaran. convencido de que así no podía seguir y llegué a preguntarme si de pronto no me largaría al Instituto. porque me compró un somnífero. Ya en cama seguí cavilando hasta que en algún momento pregunté si no desvariaba. pidió que la disculpáramos porque era tarde. iba a decirle que yo no tenía secretos. Con ese propósito enderecé a la cama. por cualquier motivo. Ya en el taller. al abrir nomás el segundo cajón descubrí que el papel tan ansiosamente buscado por Diana era el árbol genealógico. cuando reflexioné que mucho antes de emprender la busca porfió para que tomara las gotas. después me la pasé por la frente y la nuca. Al rato. como si ya tuviera por seguro que esa interpretación era la exacta. En parte lograba ese intento. cómo se llamaba su madre. Miró el reloj. Con la sorpresa que es de imaginar. "Quiso estudiarlo" -pensé. En las clínicas y en otros puntos donde se codea con el cuerpo médico. No lo dije. Por mi parte quizás exagerara mi aversión a las gotas. menos por curiosidad que por el afán de matar el tiempo. Mi reacción. despertarla. A lo mejor había insistido en las gotas por entender que esa noche yo tenía que dormir bien. según leí en el Mundo Argentino.el otro (una vez me dijo que somos todos perritos que no se deciden por la postura para echarse) y finalmente se durmió. Por mínima atención que pongamos. Yo diría que la redondez de la calabaza infunde en la mano satisfacción: no me pregunte el motivo. en el primer momento del hallazgo. En realidad. uno pensaba que Diana no tenía nada que ver con Adriana María y don Martín. A lo largo de ese día interminable. mirándome fijamente. "Tanto más natural de mi parte sería pensar que se acordó del árbol genealógico. que tuvo ganas de preguntarme dónde buscarlo y que me miraba porque si yo estaba realmente dormido. Le conviene conocer los antecedentes de familia. empecé a imaginar cosas y a desconfiar. junto a mi señora encontré el único refugio y después. XLVIII Como no aguantaba mis nervios me levanté y fui al lavatorio. nuevamente esa noche. me tranquilizó. remedios. Diana estuvo de lo más diplomática. De oírla. a los Irala. La cordialidad se prolongó hasta que la vieja no pudo con el genio y empezó a mortificar a Diana con sugerencias para el menú. cuando sin querer propuse otra interpretación de su empeño por encontrar el árbol genealógico. Seguramente yo discurría sobre todo esto para no pensar en lo que me atormentaba. desde luego. Así no podía seguir. El mate que. Alguna vez me dijo Ceferina que el amor y el Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 61 . Diana y Ceferina comentaron la pereza de aguantar. A eso de las ocho. Hasta aburrirme hundí las muñecas en el agua fría. fue de ternura. agita los nervios. Era un gusto cómo estaban de acuerdo. Repasando las mismas cuestiones acabé por dormirme. pero de pronto me pareció que el secreto estaba en ella y me asusté. La idea me hizo gracia. saber. no sé qué sobresalto de un sueño me despertó. me levanté y me dirigí a la cómoda. contra Diana. Todo está ahí" Al rato. algo nos entretenemos en tomarlo y pasarlo después para que lo ceben y lo tome otro. la provocaba. "Al fin y al cabo" -me dije"es una Irala y por algún lado tenía que reventar su parecido con el resto de la familia". Ya me abandonaba a una sensación de alivio. Me encontraba desorientado. tomando toda suerte de precauciones para no despertarla. agregué: "Para peor le tocó a la pobre una familia que siempre encuentra pretextos para sacar a relucir los choznos"."porque es otra. Por mi parte me fui a los relojes: con la mente en libertad no me aguantaba. por ejemplo.

Al rato llegó Diana y tuve ganas de escapar. la causa de nuestro famoso distanciamiento. Me contestó: -Un bebé las ingiere sin problemas. suponía que me bastaba mirarla para salir de mi aflicción y que mis cavilaciones eran la pura malacrianza de un hombre mimado por la suerte. Comí sin hambre. La extrañé de un modo rarísimo. porque lo decía contra Diana. para disimular. porque al hombre que le gusta una mujer enteramente. digo como quien sueña. de pedirle perdón. Después quise dormir. cuando llevó las compras a la cocina. yo sentía la contrición del que ha engañado a su mujer. de haber recuperado la vocación. se le puede llamar afortunado.sentido de la responsabilidad para el trabajo no congenian. pero no tiene tu alma. "Esa por lo menos" -me dije. pero al público lo atiende como si le hiciera un favor. lo llevé aparte. O tal vez como un hombre que se despide. Se lo dije a ella. porque le garanto que hablaba solo y. Después del almuerzo prolongué a más no poder la conversación. le mostré el frasquito y le pregunté si esas gotas eran muy fuertes. Por fuera de lugar que le parezca. con la esperanza de ser el relojero de siempre. por la enorme esperanza de haberme equivocado. En el almacén no estaba el patrón. estuve un rato lavándome y con gran apuro me vestí. sino también porque la siento muy apegada. para hacer las compras. un poco en broma y un poco por hablar. Me pareció más linda que nunca y se mostró notablemente cariñosa. al extremo de pedir que llegara pronto la noche. No pude aguantar. aunque Ceferina y Diana. No me pregunte qué me dijo. Como quien sueña. si me acordaba. Le juro que yo miraba las cosas como quien las recuerda. por un escrúpulo de observarla mejor. -No sé -le dije. quiero decir. Dije que iba a pasarme el peine. salté de la cama. la otra Diana salió a pasear conmigo. pero Diana retomó el diálogo. A ojos vista me entristecí. me tenían en ascuas. De golpe me encontré pensando en el largo día por delante."es la hermana". ha de ser la única persona en que me fío plenamente. mientras yo sentía tristeza porque no sabían interpretarme. como Adriana María. lo sabíamos. para estar con Adriana María. ¿Qué me dice cómo se ha puesto? Está grande. porque no la escuché. Echó a llorar. Mi estado de ánimo cambia continuamente de un tiempo a esta parte. de olvidar todo. pero al tenerla a mi lado me parecía ver. entré en la pieza y me eché al bolsillo el frasquito de las gotas. En el fondo. me cuesta decirlo: tuve miedo de todas esas horas para estar con Diana. que esa mañana estaba en Ballivián. Lo sabía. Por último Ceferina se puso a baldear y comprendí que llegaba la hora de la siesta. Con el pretexto de preguntarle a don Francisco si el Systeme Roskopf marchaba como la gente. lindísima. más allá de su expresión y de su piel. De ahí pasé a extrañar a mi señora. yo no la escuché. empujado por la curiosidad. porque la imaginación trabajó sola y me la mostró a Adriana María apretándome de manera francamente desvergonzada. Ahora mismo. Me pidió que la acompañara hasta el almacén y a la feria. -Habrá otras mujeres que no son feas -le aclaré-. 62 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . después de lo que ha pasado. Nos atendió la hija. como siempre cuando están juntas. Si alguien me vio. Fuimos a la feria y por último pasamos por la farmacia. de acuerdo a una lista preparada por Ceferina. que es igualita. Tal vez pueda explicarme: sin ella. Ni yo mismo me entiendo. -¿A dónde vas? -preguntó. con la perra. Tomé del brazo a Diana y volvimos a casa. habrá pensado que yo estaba loco. al extremo que yo acabé por olvidar mis aprensiones. Me dije que no tenía derecho de estar descontento. Ceferina se asomó al jardín y me llamó a gritos. Trabajé lo mejor que pude. de llorar entre sus brazos. a una forastera. No sólo para disimular. Salimos. me figuré abrazándola con ternura.

-¿Se puede saber por qué el doctor Rivaroli está disgustado conmigo? -No te hagás el inocente. por mi Diana. Sacaste a la señora del loquero sin pedirle ayuda. Me dijo: -No estoy seguro de entenderlo. no sé cómo decirle. -Le previne también que muy difícilmente usted tendría la salud necesaria para enfrentar. como para defenderse de un castigo. Cuando levantó la cara. que son enormes y pálidas. no sólo parecía cansado. Hablo con ella. Desde luego hubo que esperarlo. En el Frenopático me atendió Campolongo. doctor? El doctor Samaniego escondió su cara de lobo en sus manos. En su tono machacón respondió: -Pregunte. ¿Qué le ha hecho. para mí es otra. Esta vez me reservaba una sorpresa. insistí: -No. con unos pocos monigotes que siempre repiten el mismo número. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 63 . a una persona normal. Ahí le recordé el ejemplo de la fruta podrida. la vida parece una representación. Yo lo puse en guardia contra dos peligros ¿recuerda? En realidad esos dos peligros están relacionados.de preguntarle algo de la mayor importancia para mí. la necesidad -traté de serenarme. usted me habla por cuentitos y figuras. -No me pida que enferme a la señora porque el marido está enfermo. -Vengo a preguntarle. me hizo pasar al despacho y fue a llamar a Reger Samaniego. Creo que marqué un punto a mi favor. Cuando llegó el doctor. procuraré contar ordenadamente esa entrevista que fue bastante agitada y confusa. sino aburridísimo de tenerme ahí. yo pienso algo rarísimo. sabría cómo hablarle para que no me negara una explicación completa y sincera. -¿Qué doctor? -¿Qué doctor va a ser? El doctor Rivaroli. Agitó los brazos en alto. -Hago memoria -dijo-. Le di mi clásico ejemplo del caballo del lechero. a diario. pero francamente no la hallo. Después me enredé en las explicaciones y Samaniego me atajó. Como soy terco. doctor. -¿Qué lo trae por aquí? -El deseo. Es otra. Cuando Diana me mira en los ojos. doctor. Yo también caminé rápidamente. Yo pensaba que si Reger venía pronto.está disgustado con vos. Escúcheme: hay algo raro en Diana. -El doctor -dijo severamente. ya me sentía nervioso y no recordaba el discursito que había preparado. Está dolido. Ante mi insistencia. -Y vos ¿por qué estás de traje nuevo? Explicate. El de Picardo consiste en salir al paso y detenerlo a uno cuando está más apurado. no le pido eso. En los momentos peores. retrocedió unos metros y se fue corriendo. -Eso lo recuerdo perfectamente -contesté. doctor. Le confesé que no entendía. porque me parecía que era indispensable llegar cuanto antes. Para que usted me entienda. -Mire. -Será muy buena la que me ha devuelto -aclaré-pero.XLIX En la esquina de Acha lo encontré a Picardo. Siempre estoy a la entera disposición de mis enfermos. la veo trabajar. pero yo le digo lo que siento. no tengo quejas. traté de mantener la calma y de argumentar-: Pero Diana y el caballo del lechero no es lo mismo. con su traje nuevo. -Yo le previne que iba a extrañar a la mujer neurótica que durante años vivió a su lado.

aparenté mejor ánimo y le dije: -No lo necesito. porque supuse que no las habían llamado. Pensé: "Tengo que reclamarla". las sirenas. L Desperté en un cuarto blanco. cuándo no.¿de qué tiene ganas? Yo no tenía ganas de nada. Como el hombre manipulaba un tubo. Después me dirá si es o no es la misma. Enfrente había una puerta y a mi derecha una ventana. Me levanté y quise abrir primero una. levantó los brazos y me gritó: -Para que salga de dudas. Iba a apretar de nuevo el timbre. De pronto se incorporó. Caminando como sonámbulo. Por un lado yo me sentía 64 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . No es fácil pensar. Bueno fuera. -Usted no me entiende. Vi que por detrás del enfermero. Apreté un timbre. en una cama de hierro blanca. cuando uno se encuentra en una situación alarmante. Reger quedó sumido en un silencio tan largo que me pregunté si no era la clara indicación de que daba por terminada la entrevista. los silbatos. Se fueron a buscar la comida. Con la mayor tranquilidad. -¿Qué le parece una sopita de cabello de ángel y un churrasco? -preguntó la enfermera. -Como primera providencia -explicó el enfermero-usted va a tomar este comprimido. no estoy preso" reflexioné. salvo de salir y volver a casa. -Me voy inmediatamente -anuncié. el doctor Rivaroli. Muy atribulado recordé que era Navidad. la cédula. Abrí el cajón de la mesa de luz. Cuando empezaron las campanadas. a esta hora estarán medio locas por culpa de este médico". porque todos los que tengo son rayados. como si explicara un hecho conocido. vi que el reloj marcaba las doce en punto. no pude. después la otra. el lápiz y el peine. junto a una mesita blanca. le voy a sugerir un expediente muy simple. A lo mejor la inyección que me aplicó Samaniego todavía me embotaba el cerebro. -Entonces comerá algo -dijo el hombre en tono amistoso. Quería averiguar si las habían llamado por teléfono para avisarles y de antemano. la perra. Empecé a preocuparme de que Diana y Ceferina estuvieran preocupadas por mí. Al principio me asombré de verme con un pijama azul. ¿Cómo se imagina que voy a ponerle los dedos a la miseria a la pobrecita? -Entonces ¿está convencido? -Le digo la verdad: estoy casi convencido de que es inútil hablar con usted. dije entonces las palabras reveladoras de mi infortunio. Había dormido todo el día. No tengo más remedio que hablar con ella. Se oían explosiones en la calle y pensé en el susto que tendría la pobre Diana. Me faltaba. "No estoy en casa".El doctor volvió a ocultar la cara entre las manos. "Pobres mujeres. Yo traté de aprovechar los minutos para hacer mi composición de lugar y planear una estrategia. para ponerlo al tanto de este atropello. rodeó el escritorio y llegó a la pileta. Tómele todas las impresiones digitales que quiera. Voy a encontrar el modo de arrancarle la verdad. sobre la que había un velador encendido. Pensé: Con otro somnífero como el de hoy. Creo que pensé que de golpe me daría el gusto de despertarlo en ese estado de ensoñación con alguna palabra irónica sobre el tratamiento que ellos aplicaban.pero antes van a tener la gentileza de prestarme el teléfono. Por la manera en que me sujetó comprendí que por ahora más valía deponer las pretensiones. cuando apareció un enfermero y después la enfermera que me ofreció el cafecito el día que vine a buscar a Diana. la enfermera me miraba con aire de súplica y movía negativamente la cabeza. en la que nunca se vio. Me siento perfectamente bien. mañana no valgo nada. "Menos mal que no me sacaron el reloj. Me parece que en ese momento me clavó la aguja y quedé dormido. me indigné. ahí encontré la billetera con todo mi dinero adentro. Me pregunté qué pasaría en casa. Voy a hablar a casa y a mi abogado.

¿Cuándo volveré? No tengo la menor idea. tuve que echarme otro vaso de agua. la enfermera me miraba ansiosa y dijo: -Esfuércese por comer un poquitito. Desde atrás. -El orgullo me dominó y expliqué-: No van a creer. Desde luego si hubiera entonces medido correctamente mis dificultades. -Mucha hambre no tengo -confesé. La mujer movía afirmativamente la cabeza. a ver si está la cédula. para observarme de cerca y me dio un beso. Para ganar tiempo comí unos pedazos de pan. Venga. Ll Yo estaba completamente despierto cuando entró la enfermera. cuando se acuerde. a la otra mañana. Tuve la corazonada de que la enfermera me ayudaría y que lo mejor era buscar su aprobación. Como se me atascaron en la garganta. lo acompañamos al baño. con algunas consecuencias que prefiero no imaginar. pero les garanto que hasta hoy no había entrado en este cuerpo lo que se llama una inyección. que en partes se derramó. -No -contesté con firmeza-. por otro. Si piensa que le miento. Tuve que ir. Como usted imaginará. Le damos una pastillita. Esta gente no tiene arreglo. Me di por vencido. Ya es hora que le diga que la enfermera dejó la bandeja en la mesita. con la sopa que tenía más ojos de grasa que fideos. Pensé: Aunque sea por esto. con el café con leche. Cualquiera de ustedes. fíjese en mi saco. de nada me valdría rebelarme. alcancé a comprender que en manos de enfermeras acostumbradas a lidiar con locos. quedé menos bien que asombrado y molesto. Quiero pedirles un favor. El enfermero me miró fríamente y en un tono que me desagradó dijo: -Ya cambiaremos todo eso. habría dado rienda suelta a los nervios. Me trajeron la bandeja. me parece. Si no puede. les daré confianza. La obedecí. Sentí que volver al mío era lo esencial. -Duerma. que se extendió a los movimientos propios de quien despierta de un sueño profundo. -No hay que debilitarse -contestó el enfermero. quizá dentro de pocos días estaré en casa. que digo la verdad sin preocuparme de quedar bien. Duerma bien -me aconsejó con dulzura la mujer-. No nos entienden porque sus costumbres no son las nuestras. Sucedió entonces un hecho inexplicable. estar y volver en su compañía. Las pastillas eran grandes y de feo olor. soy muy delicado y prefiero la soledad. por si tiene sed -anunció la mujer. sin recordar que los ojos cerrados no ven. No me gusta perder los documentos. -Gracias -dije-. me costaba resignarme a la idea de que estaba en ese otro mundo. Creo que obré así con el vago propósito de espiarla. además. Con mayor razón perseveré en mi simulacro. -Va a tomar sus vitaminas -declaró el hombre. un churrasco y papas hervidas. -Ahora no debe pensar en eso -ordenó severamente el hombre. En la circunstancia. mi relato prueba. haga de cuenta que son marcianos. para que no estén mirándome noche y día. usted no lo creerá. vive en otro mundo. Para esas cosas. se inclinó sobre mí. Si usted quiere ayudarme. llame. no ha leído con atención lo que llevo escrito. Es la falta de práctica en tomar remedios. Yo sentía que me subía la indignación y que no podría contener un desplante. -Todavía está nervioso -observó el enfermero. sólo que al principio el destinatario iba a ser Aldini. -Le dejamos un poco de agua. Creo que ya entonces entreví mi plan de escribirle. pero no me engañé con la ilusión de que salir del Frenopático fuera un asunto fácil. pero simulé que dormía.sinceramente indignado. Me preguntó: -¿Cómo está? ¿Durmió bien? Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 65 .

Era el doctor Campolongo. Esa enfermera no me dejará mentirle. No le pregunté cómo podría cansarme. De pronto reflexioné: "Con su apariencia afable. Quiero ayudarlo. hasta ese momento. -¿Cuánto le debo? -pregunté.La mujer escuchaba con sincero interés mis contestaciones. -Si no le interpreto mal -observé. -Aunque viva en el fin del mundo. Creo que me dijo: -No sabe lo contenta que me pongo al verlo comer. Eso sí. -No sabe el favor que me hace. entraban sin golpear). porque todos. Le dije: -El sarampión. Papel de carta. ¿Se la podrá llevar? No vive lejos. no se canse. Me serené un poco y le dije: -Le voy a pedir un favor. enfermo y justifica al doctor. Golpearon a la puerta (lo que me asombró. y la viruela boba. Como ve. o que estoy. Me conozco. LII Cuando volví al cuarto me habían hecho la cama. -Si quiere yo le digo. -Malo. me dieron comodidades y ya me olvidaba de mi señora y de que estaba preso. En el fuero interno peco de malicioso. de chico. da a entender que estuve. Me dije que tanto escrúpulo profesional no condecía con el besito anterior. Por cualquier pavada levanto presión y ya salgo con esos desplantes que después me traen sinsabores. Vi que daba a un patio interior.¿mi situación aquí sería delicada? -Todos tratan de escapar -contestó. entró la enfermera y me previno. -No sé cómo agradecerle -dije. Se fue. Despaché el desayuno con un hambre que daba gusto. Me arrimé a la ventana y una vez más comprobé que no había forma de abrirla: "Para que los locos" -me expliqué a mí mismo "no se tiren abajo". la enfermera dijo: -Estoy de parte suya. Contestó: -Más urgente sería que usted se escapara. Usted debe escaparse. 66 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . Me miró de muy cerca. pero hablé lo menos posible. triangular. -Es una carta para un amigo -expliqué-. Con tal que sigan en este tren". bastante angosto. Después fui siempre lo que se llama un hombre sano. Arriba había otra hilera de ventanas. Apareció la enfermera con el papel de carta.pero ninguno lo consigue. -Más tarde me corro al quiosco y se lo traigo. que había tomado un suculento desayuno. Entró el enfermero y me dijo: -Vamos al baño. con un cantero en el centro. No podía creer lo que oía. -Va a guardarme el secreto ¿no es verdad? -Ya se lo dije: confíe en mí. Yo estaba en el quinto piso. oscuro y triste. pero no veo el modo. Me pidió que le contara qué enfermedades había tenido. Contestó: -Haga lo que le pida el cuerpo. Es muy urgente." Como si leyera mis pensamientos. No pude menos que pensar: "Del trato no me quejo. Desconfiado -dijo con un mohín. debe escaparse. que formaban un triángulo más chico. con yuyos. Le aseguré que dormí de un tirón. que estaba perfectamente. Le pregunté al hombre si debía meterme en cama. Cuando se fue. En ese momento me convencí de la urgencia de escribirle. Confíe en mí. Machaqué: -Con tal de que me guarde el secreto.

-Sí -le dije-. Porque ese día mi inteligencia funcionaba con prodigiosa velocidad. Al rato vino Paula. Le voy a pedir que se la lleve a este amigo. Si le doy la señal -los golpecitos en la puerta. y la enfermera. llamame Negra. para que no lo sorprendan. quizá para que yo comprendiera mejor. Me llevé un susto. Al rato descubrí un hecho que reputé de lo más extraño. a mi entera satisfacción. Tras alguna vacilación articulé la palabra: -Bueno. del tercero. Me dejó en la habitación y se alejó como si estuviera apurado. Estoy para servirlo. "La tiro a la basura y pienso en otra cosa". le di las gracias. porque la enfermera entró y apareció a mi lado sin hacer ruido. pero no más convincente que la primera. cometí la imprudencia de releerla. Porque Paula no venía. -Mejor que la deje para después. -Yo no complicaría gente de afuera -dijo-. veía gente en ventanas del primero. no. Aunque hubiera jurado que esa mujer trataba de convencerme de que estaba preso. Vi que tenía el mentón en punta. Le contesté: -Una tía mía se llama Paula.Usted. En media hora la tengo. porque a mí no me gusta que me estén mirando cuando como. Traigo el almuerzo. del segundo. -¿A vos te llaman Lucho? Si no hay nadie. Preguntó: -¿Ya está la carta? -Sí -contesté-. pero sospeché en seguida que era el asunto demasiado complicado para explicarlo en cuatro o cinco páginas. Si usted miraba con detención. Después no retiraba la bandeja y seguía mirando. Era más clara. está perdido. no me sacaba los ojos de encima. Recogió las cosas y dijo. a nadie en las del quinto. reclinada contra la puerta.-Escriba mientras yo rondo.usted me esconde el papel debajo del colchón.. pero voy a hacer lo que mande. Perdido en mis cavilaciones me atranqué a la ventana. -Agregó enseguida. -Es para que ese amigo me saque de aquí -dije antes de pensar que tal vez cometí una imprudencia. del cuarto y hasta del sexto piso. "Si me piden socorro con una carta así ¿qué hago?" me pregunté. en el trayecto no vi un alma. vinculé una observación con otra y poniendo la voz del que habla por hablar pregunté: -¿No hay nadie en el quinto piso? Porque lo tomé de sorpresa.. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 67 . LIII En media hora de trabajo despaché la carta. Para terminar con ese cuadro. balbuceó: -No. dije lo primero que me vino a la mente: -¿Me jura que los médicos no van a leer mi carta? -Le juro. Almorcé con apetito: hecho bastante inexplicable. en todo ¿me entiende? Me llamo Paula. Usted se va a reír. Como en ocasiones anteriores. Me contraje a la tarea aplicadamente. pero me salió tan embarullada que estoy escribiendo otra.. con un lunar del lado izquierdo y me pareció que los ojos le brillaban mucho. Cuando el enfermero me preguntó si quería ir al baño le dije que sí. en mi situación. Entre una frase y otra hacía un alto. A fuerza de voluntad perseveré. -¿Ya está la carta? -preguntó. como pensando en voz alta: -Si no tiene confianza en mí. para matar el tiempo.

-Almita -me dijo-. sin estar enfermo. a lo que entiendo. Yo estaba en calidad de enfermo. yo que vos me rompía la cabeza buscando la manera de escapar. A la noche. me darían 68 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . de nada valen los reclamos. con las visitas de la enfermera. desgraciadamente. que la enfermera. Por la cuestión de la cédula me puse tan nervioso que no podía conciliar el sueño. LIV Con el trabajo de escribir. con tenerme encerrado? Ante todo. -Sí voy esta noche ¿lo encuentro? -Siempre está -le dije. Era extraño. por hoy ¿quién va a creer esa fábula? Si yo le hablaba con tranquilidad a Samaniego. del doctor Campolongo. pero en lugar de escribir. y los médicos me soltarían cuando advirtieran su error. ¿Me empujaba a la fuga. no vivimos en la época de los médicos de levitón y galera. Bastaría pensar un poquito más en la misma dirección. Paula leyó el nombre y la dirección. que roban infelices en la película de Aldini.. para desconfiar de la enfermera y preguntarme si no era un instrumento de los médicos. Es tan rara que se la voy a contar a otro para entenderla yo. porque no lo salvan a uno del temido vía crucis en la calle Moreno. De miedo. la segunda casa. o al mismo Campolongo. porque mañana quiero más papel. Si lo pierden. -¿Viene a quedar? -preguntó. Si piensan que estás loco. No estoy contento con la carta y mañana empiezo de nuevo. Es claro que tal vez me castigaran. ¿O el negocio consistía en meter adentro gente sana? Menos peligroso era internar a los enfermos. debí de tutearla. -Te van a interpretar mal -me dijo con tristeza-. y le pedí otro favor-: Acepte el dinero. Por aquí pasan muchos locos y no es la primera vez que alguien me asegura que su historia es muy rara. -Entrando por Acha.. que no es bueno para la salud. que al fin y al cabo trabajaba en el Instituto y que debía de estar interiorizada de lo que allí ocurría. que no pendía sobre mí una condena y que un intento de fuga no era un crimen. empecé a meditar. mucho más. me abrirían de par en par la puerta para que volviera a casa. -Muchas ¿eh? -Sí. muchas. me aplicaran inyecciones y hasta el shock eléctrico. Porque me hablaba de corazón. Soy del todo contrario a dejar en manos ajenas un documento personal. que nunca faltan. ¿Qué ganaban los médicos.Moviendo los labios como si mascara un caramelo pegajoso. -No es cuestión de bombardear al prójimo. a la izquierda. yo no soy un hombre pudiente. no más. con las comidas a cada rato. A ella le gustó. vamos a ver. insistiera tanto en la necesidad de favorecer mi fuga. Tomé la firme resolución de pedirle a Paula que me explicara por qué era indispensable que huyera si no estaba loco. no te hacen caso. Hoy. me tenés para todo. del enfermero. le expliqué: -Es una historia tan rara que si la escribo en cuatro o cinco páginas resulta increíble. Para todo ¿Entendés? Mañana te traigo las hojas. Pensé que sin demora debía pedirle a Paula que se ingeniara para recuperar mi cédula. en cama. se me pasó la tarde. para que me sorprendieran in fraganti? Con algún trabajo recapacité que yo no estaba detenido ni preso. después. sin embargo. Francamente increíble. para hacer experimentos. coordinando como corresponde. Protesté: -Si vos me creés loco. que lo notarían los médicos. Me dije que al otro día iba a estar cansado.

Colegí que lo había ofendido. porque había clareado. Yo estaba contrariado. Estás de mala cara. una dificultad para el raciocinio? Quedé alelado.calmantes. buen defensor le ha tocado. Me tomó la presión. Creo que es un mastín. y vi en el patio un perrazo con rayas como de tigre. -¿Cómo a Diana. Dije simplemente: -Qué manía con las gotas. pero a la mañana siguiente empezaron el gran ataque. Me interrumpió sin contemplaciones: -Para la pereza mental -explicó. y no creo que ustedes vayan a cambiar la índole de una persona. pero sobre todo por la conversación. mi señora? -Exactamente. Me pareció que estaba más preso que antes. No puede ser bueno para la salud. Me hallaba ante un ojo clínico. hoy tomás unas gotitas y te dormís como un ángel. -No sabía que hubiera tantas -contesté. cómo le diré.. descubría un síntoma que yo creía oculto en los repliegues más profundos del cerebro. el primer día no me molestaron. Para darme confianza. -Muy interesante -dije. Miré por la ventana. señor Bordenave ¿usted no siente. porque le mandé una carta que ni yo la entiendo. Por fin se fue. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 69 . Pobrecita. después de verme cuatro o cinco veces. Probablemente nada. de vez en cuando. como si adrede me hubiera sometido. tenía la convicción de que me habían encerrado para no dejarme salir así nomás. Dígame. me dejé tratar como enfermo. Ahora me pongo a escribir de nuevo. -Tenés que descansar -porfió-.también tenemos pastillitas. pensaba con una velocidad que yo me quedé con la boca abierta. me dormirían y yo no podría seguir con el trabajo. A mí estos médicos no me engañan. me auscultó y dijo que yo tenía un corazón de primera. Le entregué tu carta a ese amigo tuyo en propias manos. -Veremos qué hace -comenté-. -Usted me las toma todas las mañanas y ya vera cómo lo ponemos. todo el día. Le previne: -Ayer. Campolongo explicó: -Son vitaminas. Esa conformidad me infundió tristeza y rabia. para que no desconfiara. -Es peligroso -dijo. De modo que no se encuentre en inferioridad de condiciones. porque replicó fríamente: -Haremos con usted lo que hicimos con su esposa. -A veces me gustaría explicarme con mayor facilidad -le dije-. lo admito. almita? -preguntó-. -No te enojés. Paula me trajo una resma de papel. En el fondo. que si lo meten preso en el manicomio ya no piensa más que en él. me hicieron tragar infinidad de pastillas. doctor -le dije como un hipócrita-. En lugar de escribir tanto. Por táctica. tal vez por los pinchazos y por las pastillas. LV Empezaba a dormir cuando me despertaron unos ladridos. -¿Qué pasa. -¿Se quiere curar en salud? ¿Miedo al tratamiento? -Al contrario. los otros días quería alegar con el doctor Samaniego. Antes del café con leche ya me habían sacado sangre hasta de atrás de la oreja y con el desayuno que no fue escaso en materia de pan y mermelada. Por ejemplo. Siempre escribe que te escribe. Caí de golpe en la cuenta de que haría por lo menos veinticuatro horas que no me acordaba en serio de Diana. Este doctor Campolongo. Soy lerdo. Con legítimo orgullo le obligué a repetir la frase..

Si creo que estoy por irme. pero muchos gratos. LVI Antes de ponerme a escribir repasé mentalmente la última conversación con el médico. Lo juro.yo debía huir del Frenopático. porque desde que volvió a casa. A lo mejor lo convenzo y me ayuda. escribo febrilmente. De todos modos le pedí: -Júreme que después me va a devolver las hojas. pero de puro razonable empezaba a ceder. que es lo más caviloso que se puede pedir? Reconozcamos que el cambio. para que no quieran separarnos. ni una noche mi señora me obligó a esperarla. que voy a salir de un momento a otro. Me dije que sin esperar que empezara el tratamiento propiamente dicho -por ahora me sacaban sangre para análisis y me reforzaban con minerales y vitaminas. me duerma y deje que hagan conmigo lo que quieran? -No seas malo -dijo. Paula pensó por mí: -Para escribir. A la noche. algunos angustiosos. Por lo que más quiero. yo me llevo las hojas escritas. pero quería pensar que Diana era la de siempre y que al volver a sus brazos yo iba a encontrar la felicidad. "¿Será tan grande el cambio?" me pregunté. a ratos. que al fin y al cabo no es el único en un gran amor. como si hablara otro: "No es cuestión de ser tan cerrado. -No soy malo -expliqué-.. Si no puedo entregarlas a ese amigo tuyo. sigo escribiendo. A ratos me parece que nunca voy a salir de aquí. LVII Yo no entiendo nada. Mientras tanto le escribo un informe al señor Ramos. hasta quién sabe qué horas. 70 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . con ansiedad. no lo niego. te las devuelvo a vos. A lo mejor si ahora me arreglan. Opino que el balance final es favorable. salvo en el renglón cocina. ¿No me habrá calentado la cabeza la vieja. De pronto dije sin pensar. -¿En cualquier caso? -En cualquier caso. Una frase me inquietaba: "Haremos con usted lo que hicimos con su esposa". de modo que veo confirmada mi invariable convicción de que tengo suerte. Vamos a ver si encontramos la manera. Las otras las guardás permanentemente bajo el colchón. salvamos por lo menos las que yo guardo. cuando vuelva a casa no veré cambios en Diana".-Entonces ¿qué me propone? ¿Que tome sus pastillas. Dicen que soy terco. Sabía que no. -¿Por qué lo jurás? -Por vos mismo. sacás una sola hoja. pesadilla por la que he pasado antes de que la internaran". por costumbre. Ese punto me preocupaba más que la misma posibilidad de que me cambiaran como a Diana. "Aparentemente ella no lo nota. Un poquito más y me preguntaba si no me habrían vuelto loco Adriana María y la vieja. si lo hubo. de modo que si te descubren. fue totalmente para bien. para que usted me saque. Es notable: cuando dijo eso último. Sobre todo. Estoy por agregar que yo he sido el principal beneficiado. -Lo juro. Si creo que no voy a salir. para evitar que me llenaran de remedios. creí en la sinceridad de su afecto. Cuántos recuerdos revivo al correr de la pluma. Usted misma dijo que tengo que escapar.. A mí no me nombrés.

habló rápidamente. Para mí. Hay locuras que se ven a la legua. hila muy fino y es un empecinado. luego se animó. Por su parte me dijo: -Yo que vos no me haría demasiadas ilusiones. donde me sacaron radiografías de la cabeza. no. hoy en día. casi con alegría-: Escapate. No sabés cuánta gente que estuvo aquí pasó por eso. como en un delirio de la fiebre. Le repliqué en el acto: -Yo no puedo estar juntito con vos. porque Paula es una señorita y porque siempre me ayudó. No entendió y le aclaré la pregunta. Nadie viene.Tampoco le negaré que a la otra mañana desperté con la esperanza de que usted viniera a sacarme. Paula se fue. otras. porque no están locos. Ni siquiera para el almuerzo volvió la enfermera. que secó nerviosamente con el revés de la mano. Quizá cometí un error al añadir: -Entonces no entiendo la actitud de los médicos. El especialista. Sabía que mi carta era demasiado confusa para convencerlo. Para estos médicos todo el mundo está loco. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 71 . Me pregunté si no había estado demasiado brusco. porque lo ocuparon en cirugía. -¿Se puede saber por qué? -Soy un hombre casado. aun en las esperanzas más desatinadas. Se incorporó con extraordinaria prontitud. acabé por preguntarle si no había novedades. De pronto me dije: "Si no había nadie en el piso debí escapar". muy congestionada. Encontrá el modo: sos más inteligente que yo. así que le dije: -Quiero a mi señora. acordate. Todos nos piden a los enfermeros que llevemos una carta a un conocido que vendrá a sacarlos. con los brazos abiertos. se tiró al suelo. Lo cierto es que el episodio me afectó de un modo tan profundo que se mezcló a pesadillas por las que iba a pasar. -Eso. Le pregunté: -¿Encierran aquí a gente que no está loca? -Qué sabe uno. De toda la congestión y desorden anteriores no quedaba más rastro que alguna lágrima. Tal vez hago mal en contarlo. es claro que tampoco iba a dejar que la pobre mujer pensara disparates. del pecho y de la espalda. Todavía la veo. se excusó porque se le hizo tarde. -Porque no estás loco -respondió. gimiendo por lo bajo. se abrochó el delantal y se pasó una mano por las crenchas. Me llevó al baño y a la sala de rayos. Lo que sucedió entonces fue el acabóse. cuando se desprendió el delantal. Paula juntó las manos y me suplicó: -No me preguntés más -hizo una pausa. -Ya me lo explicó el enfermero -contesté por fin. Consideré que ella iba a agradecer que le hablara con absoluta honestidad. Cuando estemos juntitos. no importa. el punto quedaba aclarado perfectamente. La miré en los ojos para plantearle una pregunta que rumiaba desde hacía tiempo: -Ahora dígame por qué debo escapar. pero al que está encerrado le sobra tiempo para pensar en todo. Como no dijo nada. Cuando entró la enfermera con el desayuno tuve por un instante la certeza de que iba a decirme: "Están a buscarlo". Al rato llegó el enfermero. murmurando las más notables obscenidades y repitiendo como si me llamara: -No hay nadie en el piso. -¿Me prestás el peine? -dijo. se revolcó en vaivén. Una vez afuera te contaré todo.

"Su desempeño" -pensé. y sólo después comprendí que Paula había puesto mi mano debajo de su corpiño. Generalmente estaban. Alguien nos descubre. Pobre Paula: supo interpretar mi balbuceo de modo que no la hiriera. que era bastante linda pero debía de estar muy enferma. nos aparta y mejor morirse. que no debía perder más tiempo en espiar a los vecinos. Al rato apareció la enfermera. olvidando quizá que yo lo comprobaba en el manicomio. corto y frisado. del sexto. después de un tiempo. pálida. Me pregunté si pasaría eso en las cárceles. Por eso le tomé el gusto al trabajo y avancé a razón de treinta a cuarenta páginas diarias. no eran repulsivas. sin duda una mosca de su invención. como si dijera ¿Qué importa? Había una mujer narigona -la única un poco desagradable. Le contesté: -No te rechazo. de lo más sonriente. vaya uno a saber. justo en la ventana de enfrente.. en una ventana del tercer piso. aunque de locos. con el perro. No me hagás sufrir."le sirvió de remedio heroico y si no guarda rencor seremos buenos amigos". Paula guardó silencio. y en las de otros pisos. que aplastaba entre las manos con verdadera furia. de pelo castaño. esperando". como si pensara "¿Le digo o no le digo?". No quería herirla. las ventanas vacías del quinto piso. primero en las palmas y por último del otro lado. las caras que solía ver en las ventanas. y volví al informe. de vez en cuando. -No me rechacés -dijo seriamente-. abajo. Finalmente me dijo: 72 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . Al redactarlo me olvidaba de la situación presente y ponía las cosas en su lugar: quiero decir que en el centro de mi preocupación estaba Diana. En realidad. Uno se queda corto ante la fantasía de la gente. pero que sobre todo parecía emanar una calma extraordinaria. porque perseguía algo en el aire. Lo malo es que engolfado en mi historia. No seguí en el acto la frase. -No he de ser el único. que debía enumerar las consabidas razones (estoy casado. Después me pidió que cerrara los ojos y yo discurrí las cosas más descabelladas. Había un señor de sonrisa irónica y de buenos colores. para después buscarla desorientada. Me dije que era larga la tarea. No podía inducir en error a la enfermera y debía recuperar su buena voluntad (lo que desde luego no me parecía fácil). pero sobre todo no quería malquistarla. me arrimaba a la ventana.que parecía desconsolada. una muchacha flaca. porque. con ganas de irse -repliqué. Usted no va a creer: me acostumbré a mis vecinos y. La confirmación vino enseguida. quiero a mi señora) porque recordé la conversación anterior y creí conveniente encontrar una manera menos terminante de decir las cosas. a varios personajes que ya eran para mí habituales.LVIII Mi situación era delicada. lo que me importaba era salir y recuperar a Diana. Dijo: -Te parece que debemos cuidarnos. sin dejarla hablar-. Para cambiar de conversación comenté: -¿Qué me contás del perro que hay en el patio? -Es para vos -contestó. Mientras meditaba sobre todo esto miraba el patio. Es curioso cómo cualquier lugar. se convierte en nuestra casa. el perro ladra o se abalanza. que me saludaba y se encogía de hombros. para ver si estaban en su puesto. en el cuarto piso había un anciano de pelo largo. Paula me dijo: -Dame la mano. su tarjeta de visita y que yo oiría "Está abajo. que tal vez meditara. no pienso en la fuga. Se lo digo en orden: primero sentí la suavidad y el calor. Al primer intento. Si la he tuteado fue por descuido. siempre inmóvil.. que tal vez me iba a dar un papelito con el nombre Félix Ramos o. Yo confiaba que todo llegaría a su hora y a decir verdad no sabía cómo pensar en la fuga porque no había reunido los elementos necesarios para planearla. en esta casa. que es peor. Me miró como esperanzada.

Fuera de las horas dedicadas al trabajo vivía en la ansiedad. si te animás. No le hablo de Paula y de sus avances. yo no me aguantaba a mí mismo. El bastión. verás a la derecha e izquierda dos cuartitos hechos con biombos metálicos. Conté. A esa hora. era la redacción de este informe. a las once y media. -Con el ruido ladra el perro. La reclamás después. irán a buscarlo. porque está asustado. Le parecerá extraño. -El te encierra. me espera con la boca abierta. Creo que todavía yo no había entendido. me cayó pésimamente. el posible extravío de mi cédula. porque todos están brindando con sidra en el despacho de Samaniego. fuera del alcance. Pregunté: -¿Cuándo será la intentona? -La noche del 31. lo que me permitía aguantar un poco y seguir esperando. Disponemos de una sola noche. -Olvidala. o no ladra el perro. un saco y unos zapatos de mi hermano. Tenía que llegar en buen estado físico a la noche del 31 e ignoraba totalmente qué tratamiento me habían preparado los médicos. Tampoco voy a restar importancia al disgusto de tener que renovar un documento en la calle Moreno. de izquierda a derecha. emprendés el viaje por la cornisa. A las dos en punto salís al corredor y por la puerta de la derecha te metés en la escalera de caracol. Vos te llevás tu reloj. -¿Eso te parece menos peligroso? -Sí. -No hagas ruido. -No importa. si por desgracia alguno olvidó algo. pero a esa altura de los hechos. Más de una vez oí de gente a la que sometieron a curas Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 73 . -Siento vértigo y el perro. -La voy a dejar arrimada.pero también soy querendona. no. ya llevaba dos o tres días de manicomio y después de una tarde en la comisaría 1ª me creí el más desdichado de los hombres. Seguime con atención: en el de la izquierda no te metas. -Soy gorda y pesada -contestó. seis ventanas. Ahí vas a encontrar un pantalón. Ya te diré. pero menos peligroso. Te vestís enseguida. -¿Esta? -No. cuando estés libre. Desde que Paula me explicó el plan de fuga. En el de la derecha hay aparatos de cirugía que ya no se usan. de estar nervioso. o se piensa que ladra por los cohetes y los pitos. -Gracias -le dije. de que me dieran algunas gotas que me dejaran dormido o por lo menos aflojaran mi voluntad. Una de estas noches traigo una herramienta para que abras la ventana. porque no te agarran. con las explosiones. Tu cédula está en el cofre de Samaniego. La noticia de que debía resignarme a dejar la cédula quién sabe dónde. Ahí se visten los médicos y. de que el enfermero o el médico lo notaran. sin pasador. Si tenés suerte no encontrarás a nadie. -Si fuera posible -le dije. Cuando entres por la ventana.. La señaló. Es claro que siempre el primer día es el más duro. Sacados esos tres ¿quién va a ser? Lo cierto es que me dijo la verdad. Dije: -Acordate de dejarla abierta. Un peligro más grave era el de no dormir de noche. abajo.poné mi cédula en un bolsillo. le doy un empujón al enfermero y lo encierro.. -¿Por cuál ventana debo entrar? -Por ésa. No: se me ocurrió un plan más difícil. No hay que desperdiciarla. Sin embargo. Lo esencial es que te escapes. me preocupaba tanto como encontrarme privado de libertad. No me pregunte si fue Ceferina. Por la cornisa vas a la sala de operaciones. Aldini o don Martín.-¿Has preparado el plan de fuga? -Cuando voy al baño. LIX Yo sé que alguien dijo que no hay nada peor que la esperanza.

Qué dos registros ni dos registros: dos perros. el temor de salir a la cornisa y caminar por ella hasta la ventana de enfrente. con el manicomio en una punta y la señora en la otra. en esos momentos. que de verdad asusta. Me asomé. A medida que se acercaba la hora. porque su nuevo compañero. y debí pensar en las dos puntas de mi camino. siempre que no se ponga rígido. los ladridos del patio disminuyeron hasta convertirse en aullidos quejosos. "Qué extraño" -me dije. que reprimí como pude cuando me visitaron Campolongo y el enfermero. Después de un rato de forcejear. El que se quejaba era el mastín. porque ahora bastaba que me acercara a la ventana para sentir vértigo. el manicomio y la señora. con desagrado. las manos me sudaban y tenía granitos de revoque debajo de las uñas. No le pondero bastante lo que sudé. mantenerse apretado contra la pared. según calculo. Aquí retomo el Informe para Félix Ramos A las ocho llegó Paula con una toalla. A las doce menos cuarto cerré los ojos y me paré en el marco de la ventana. hay que poner la mayor fuerza de voluntad. Supongamos que decidieran aplicarme ese método. Al rato pude ver que. trastabilla. También aumentaba en el barrio. cuando tropieza contra una saliente. en alguna medida. por lo orejudo. porque estaba en casa."ese perro ladra en dos registros". En la quinta y última salida. cuando promediaba el trayecto."que no se me asuste. Retomé el camino. Las tapó y se las llevó. En cambio. La novedad era que uno debía de ser de caza. Voy a presentar una queja. me detuve. Delante de la misma Paula traté de parecer tranquilo. porque abre ante los ojos el cuadro completo. que era agotador. También aumentó la cohetería. el estrépito de cohetes y otras pirotecnias a que se recurre para festejar la terminación y el comienzo de los años. Por más que miré no descubrí más que un perro. porque ahí no se mueve uno sin exponerse a la caída. hasta más allá del horizonte urbano. con mi señora. En un alto de esos. Daba unos pasos manoteando las molduras de la pared. porque entonces. pero que en definitiva resulta el modo más aceptable. nuestra pobre perra. para que no fuera a preocuparse y dejar todo para mejor oportunidad. Recuerdo que formulé una observación que me satisfizo por lo apropiada. impide el equilibrio. que resultaba peligroso. Cuando volvía al cuarto. Como lo oye. porque usted no ve nada. o siquiera lo vuelve más inestable. yo contaba con otro espectador: el perro mastín. Por fortuna se mantuvo dentro de su imperturbable serenidad y. que son de poco relieve. "Con tal" -pensé. Aumentaron también los ladridos. Parecía que todas las explosiones reventaran juntas. Yo le di las páginas que había escrito. pero me dije que tenía más suerte que yo. para no irse de espaldas. ¿Sabe cómo lo dominé? Por un esfuerzo de la imaginación: bastó que me figurara la fuga como una calle. Para descansar y serenarme un poco. grite y dé la alarma". advertí que el señor de pelo largo y de aspecto pensativo no dejaba por un instante de observarme. brillaba por la ausencia. me entró un temblor difícil de reprimir. El momento más ingrato llegó cuando debí rodear un caño de desagüe. en el afán de asirlas. el orejudo. Créame: con apuro contaba los días para que pasaran rápidamente. Es verdad que en el patio había poca luz. Me asomé. me la comunicó. Más que el Instituto Frenopático esto es una perrera". Cuando me pareció que las baldosas del patio y el cantero empezaban a moverse en 74 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . Le juro que no menos de cuatro veces el vértigo y el miedo me devolvieron a mi cuartito. Desde abajo me observaba con la mayor atención. pero que por motivos que no me detuve a comprender. y de vez en cuando me detenía a descansar. hasta que me entró de nuevo el temblequeo. Me dije: "Un abuso. amén del señor de pelo largo. a la redonda y. Pensé en el susto que pasaría.de sueño. En la tarde del 31 aumentó mi agitación. y todo el tiempo se le escapan. desclavé la ventana. que para el vértigo parece lo mejor. Eso sí. porque le permite a usted afirmarse. alcanzaba proporciones portentosas. Usted las araña inútilmente. y de frente al vacío. con las baldosas y el cantero abajo. Debajo de la toalla traía una pinza y una tenaza. Probé las dos maneras de avanzar por la cornisa: de espaldas al vacío.

que es durísimo. que al apartarse revelaron un cuadro de sueño: la pobre muchacha. por encima de la cabeza. que por lo corto me pareció de un chico. que fue regular. de por sí bastante inseguro. tirante y quizá peligrosa para el equilibrio. Extraordinario fue el susto que me llevé al pasarme la mano por la cara. Encendieron la luz. un poco más y me caigo. así que me agaché un poco. "Estoy en la morgue". esa mano quedaría atrás en una posición forzada. Primero intenté empuñar. Porque la postura contraída resultaba insostenible. Quedé mareado. mejoraba al pasar yo -claro que esto no tenía nada de fácil. no debía demorarme. con un cuerpo. Aunque le parezca extraño. en la cara del señor impasible. rememoré las instrucciones de Paula y entré en el cuartito de la derecha. "Otro muerto. bastante linda. Por fin me acercaba a la sexta ventana cuando un pensamiento me hizo temblar de nuevo: me había olvidado de recordarle a Paula que la dejara abierta. como el agua en la playa. Pensé: "Tan luego a mí que me traigan un cadáver de acompañante.al lado derecho. vi. Con el firme propósito de no equivocarme. y oí el rodar de las llantas de goma y los pasos. que daba órdenes. Me disponía a salir. para que no me vieran. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 75 . con mucha cautela. esa aprobación me reconfortó y desde entonces continué mi travesía con mejor ánimo. recuerdo que reflexioné. Ante todo vi manchas coloradas en el blanco de las vestiduras de los doctores. El otro. recordé -porque en esos momentos uno piensa las cosas más inesperadas. levanté los ojos y volví a sudar en cantidad notable. me molestaba y no me dejaba ver. me puse a palpar el caño. Aunque llevaba poco retraso. Cuando se alejaron los pasos. felizmente comprendí que al deslizarme al otro lado. en el piso de la sala. pero lo que francamente me contrariaba era salirme del horario. Me alegré como si hubiera ocurrido un milagro y le juro que perdí el equilibrio. Le juro que tuve la sorpresa más grande de mi vida: al conseguir el cruce del caño. Tenía que pasarlo de izquierda a derecha. por un instante no más. sin ninguna sábana que la cubriera. con un agujero redondo en la nuca -si no me equivoco. me estiré en puntas de pie y por encima del biombo vi una camilla. no sé qué pasa. Quedé inmóvil. Campolongo. Autopsias en cadena". pero eso era en tiempo de los zares.ondas. incómodo. que en realidad no eran sino rinconeras formadas por biombos niquelados. Tuve tiempo de alargar la mano hacia la ropa. LX Usted se va a reír. aunque me alejara de la ventana. Aunque me agarren. era Samaniego. al extremo de que si no me tiro para atrás. Quería estar cerca del piso. como nada interrumpía el silencio. en una forma que si no era del todo cómoda al principio. Calculo que habré perdido cinco minutos en salidas inútiles. casi no hablaba. una sonrisa de aprobación. Examiné la sala con la mayor atención: en la penumbra distinguí los dos cuartitos laterales. me enderecé. medio escudado por un armario metálico. parado sentía vértigo. Estaba torcido. Llegué. Me senté en el suelo y quedé no sé cuánto tiempo con la cara entre las manos. Uno. Suceda lo que suceda no voy a olvidar ese momento. cuando tuve que agacharme porque oí nuevamente las llantas de goma y los pasos. de modo que el interminable viaje entre ventana y ventana no duró más de diez. con el mayor cuidado. la empujé y abrí. Oí las voces de los hombres. que en la ventana del piso de arriba perseguía moscas imaginarias. con un estruendo considerable. Noté que yo era más alto que el biombo. pálida como una muerta. como por el susto que pasé en la cornisa. boca abajo. antes que abrieran la puerta. Caí de espaldas. Miré el reloj: eran las doce y tres minutos. como si de nuevo estuviera en la cornisa. "Si está cerrada con pasador" -pensé" para acabar de una vez me tiro abajo". El sudor que me caía de la frente. tapado enteramente por una sábana.que un doctor me dijo una vez que en fundiciones de acero rusas los extranjeros sudaban hasta ocho litros por día. no tanto por el dolor del golpe. con la mano estirada. el caño con la mano derecha. Después. yacía en una camilla. no me quedo". agarré pues el caño con la mano izquierda.

Con el desconcierto que es de imaginar. la Cruz del Sur y me dije que si no fuera por Paula y por mi buena suerte. Preguntó: -¿Te largaron o te largaste? Si te meten de nuevo. "Como está muerto. Yo debía estar medio vencido. -¿Se puede saber por qué? -Porque no hay nadie. En el acto recibí el mordisco. Mi confusión era grande. ahora menos frecuentes. Se disgustó y me dijo que no le importa que te pudras adentro. me quejé: -Lindo saludo de Año Nuevo. la libertad no estaría menos lejos. La sangre que manaba por la nuca significaba que la muchacha estaba viva ¿Para qué habían traído la otra camilla? ¿Iban a trasplantar a la muchacha algún órgano del muerto? No pude creer lo que oía. si eso no le basta. las Tres Marías. Traté de comprender la situación. para mirar hacia atrás. En la esquina de Lugones y el pasaje. De parranda. Atiné a pensar: "Mi señora estuvo en manos de esta gente". hasta alcanzar la calle. -Viejo -le dije. Había que tomar una decisión: intentar la fuga. Tardé un rato en asomarme. que ya era mucho más de la una. Un poco más lo descuelgo. para no hacer ruido. No me seguían. porque en lugar de contestarle como corresponde. "Dejaron la camilla con el chico muerto" me dije. que se debatía para librarse de sus ataduras. Me volví. o emprender el camino de vuelta por la cornisa.a la altura del cerebelo que manaba sangre. busqué las estrellas que mi madre y Ceferina me mostraban cuando era chico. porque la frase me alarmó. Agregue. de herejías cometidas por practicantes en los hospitales. Con toda naturalidad. que circulaban en los años del bachillerato. No retribuyó mi cordialidad. de noche. Recordé historias. la simple curiosidad me llevó a levantar la sábana. a ocultarme algún ruido peligroso. porque temí descomponerme y me apoyé en el armarito. quise abrazarlo y por poco lo derribo. LXI Después de un cautiverio como el que pasé. llevaría los zapatos en la mano. Proseguí mi camino. A lo mejor usted piensa que soy un flojo: cerré los ojos. Samaniego dijo a Campolongo: -No le toques la cola. Me contuve porque a tiempo comprendí que si en plena operación los interpelaba. lo dejan en cualquier parte" pensé. usted no sabe lo que es andar suelto. no esperes que te saque el doctor. no de personas. por temor de que alguien viniera. Cuando ladró. Cuando pasé junto a la camilla. Me paré a mirar el cielo. por las calles del barrio. Cuando vi que era Picardo. vi en la camilla un perro de caza. intenté la salida. las Siete Cabritas. aunque a medianoche los médicos habían estado operando ante mis propios ojos. -Tampoco te lo van a dar en tu casa. Pasaban los minutos y no volvían los médicos. salí precipitadamente. ¿Comprendés o no comprendés? 76 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . "Van a venir a buscarlo". Me hundí en una perturbación tan profunda que el rumor de las ruedas y los pasos que se alejaban me sobresaltó. Usted hacía de cuenta que esos dos hablaban de cosas. me volví por última vez y alguien me sujetó. Me jugué el todo por el todo. Todo el mundo salió. Avanzaba un paso y me detenía a escuchar: no fueran los cohetes. Seguí aferrado a la idea de aprovechar para la fuga el brindis de medianoche. Me puse el pantalón y el saco del hermano de Paula. Me bastó recordar la cornisa para decidirme por la fuga. aunque las cosas no hubieran salido como las previó Paula. la única víctima de mi desplante sería esa pobrecita. Paré en seco.

Con la perra nos abrazamos como dos cristianos. Era Samaniego. porque la incautaron en el Frenopático. No iba a cargosear a los amigos. porque tuve un día interminable. me dije: "Son ellas". Cuando estaba por abandonar el intento. -¿Cómo estás? -Bien. Hubo un silencio. Como si hablara con un tercero. Me acordé. Le juro que no podía creer que fuera yo. a darle un empujón o a pedir socorro. para después traerla de vuelta. junto con la cédula. Me pregunté seriamente si no habría vuelto a su vieja costumbre de salir de noche y comenté con amargura: "Entonces no podrás quejarte. Samaniego muy tranquilo. Para qué le voy a negar. Por ahí entré sin dificultad. que no cierra bien. Pregunté: -¿Voy allá? -Todos duermen -contestó-. no la tendría esperando. -En casa -contesté. No contestaban. por si venían a buscarme los del Frenopático. Por un tiempo que me pareció largo estuvimos uno frente a otro. Por cierto que no: yo tenía que mantener la mente despejada. Encontraría cerrada la puerta de casa y no tenía llave. -¿Sola? Ni loca.Comprendí. yo decidido a cualquier cosa. porque era evidente. al rato. No quise que se quedara sola en casa. La perra le mostraba los dientes. Miraba la cama. Sabés cómo son: hacen un mundo por cualquier cosa. Después dijo: -Qué suerte. vislumbré el pensamiento salvador. Si no fuera por la confusión en que me dejó Picardo -para mí que la palabra parranda me cayó malse me ocurre enseguida. ¿Dónde está Ceferina? -En la pieza de Martincito. de la ventana de la cocina. Me visto y voy. pero ese poco encerraba la enorme congoja de no saber dónde estaba mi señora. Pensé que era un malcriado y que no había justificación para mi desencanto. Una inquietud legítima que más vale no ventilar. el pasaje no es el Frenopático y yo me siento seguro. -¿Dónde estás? -preguntó. -¿Te escapaste? -Sí. a la que tanto quise volver y me asusté de las cavilaciones que empezarían no bien me acostara. El otro día llegó pronto. La tendrás de nuevo como fue siempre". Antes de las doce estaba dormida. el doctor dijo: -Le recuperé a su Diana. ¿Te cuento? Desde que te fuiste nos hemos hecho de lo más compañeras. a esas horas. -No falta mucho para mañana -le dije-. corrí hacia el teléfono y temblando de esperanzas marqué el número. LXII De puro atropellado abrí la puerta y me encontré con el doctor en el jardín. No sabía si presentarme en lo de Aldini y a usted no quería molestarlo. No sé cómo explicarme: faltaba poco para que me sintiera feliz. Me levanté. En cuanto me acosté y cerré los ojos. tardó en hablar. Si estaba cansada. Pensé: "Ha de estar en casa de don Martín". atendió Diana. Algo cansada. Llegué a preguntarme si lo mejor no sería emborracharse. para preguntarles el paradero de mi mujer. Me faltó coraje para decirle que iba a buscarla. con repetidos timbrazos que me despertaron. Sin pensar que Diana y Ceferina tienen llave. Ya estaremos juntos. Era muy tarde. Como si la emoción la estorbara. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 77 .

era un personaje siniestro . pero yo no hice caso y busqué en la guía. Le juro que era ella. en esa época de oscurantismo. desde afuera me dijo un número. -¿Cómo se las arregló para meter en la conspiración a la pobre Diana? -Señor Bordenave. alegría. el señor Aldini. casi lo atropello a Samaniego. en realidad eran profesionales honestos. Una pregunta: ¿Por qué ese afán de llevarme al Frenopático? -Para exhibirle una documentación completa. que roban cadáveres? -Borrasca al amanecer. -No. no piense que soy un malvado. Vení a buscarme.. -¿Estuvo viendo en la televisión la serie sobre esos médicos de levita. -Está en su casa -le solté irónicamente-. -No entiendo -le dije. -Casualmente el doctor está aquí. Estaba fumando. 78 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . ni a mí ni al doctor Campolongo. En el Instituto lo está esperando la señora. a efectos de que usted resuelva. -¿Quién dijo que estaba encerrado? -Quién no importa. -Estaba. lo más cómodo. y ya no tendrá quejas. como todo el mundo. Convencido del peso de mi argumento. El hecho es que estaba. pedí por Diana. que robaban cadáveres para conocer mejor el cuerpo humano y salvar a los enfermos. Llamé. no estaba encerrado. Si le hago una pregunta ¿se enoja? -Depende. ¿Me sigue? -Lo sigo. usted manifestó el menor deseo de retirarse. Un amigo mío. le contesté: -No. Cuando oí su voz me pareció que la cabeza me daba vueltas. Con esas palabras modestas me desarmó. usted nunca entiende -contestó de buen humor-. Su voz expresaba ansiedad y. -No me interpreta -dijo-. amigo. Entré. Quiere que pongamos en claro la situación. Por lo demás. Ahora está en el Instituto. en el sillón. pero eso ¿qué tiene que ver? Samaniego explicó: -Para el común de la gente. Entonces ¿por qué ese miedo? No sabía si enfurecerme. no me trataron mal. señor. Me defendí: -¿Por qué no te venís a casa? Sentí el impulso de agregar: No soy tan cobarde como parezco. señor Bordenave ¿por qué supone que tratamos de hacerle mal? Dígame ¿qué gano con encerrarlo? Por favor..-No entiendo -le dije. que yo sepa. ¿Me sigue? -¿Con ese cuento me lleva al matadero? Le hago ver que soy menos idiota de lo que supone. -Lo sometimos a una cura de reposo y fortalecimiento. para acabar con los malentendidos que nos apartan. -Yo también. para los chicos todavía somos torturadores. al mismo tiempo. A mí me convenció. ¿Por qué no la llama? -Está en casa de mi suegro. si las cosas no me salen bien. de pierna cruzada. pero hago lo que ustedes quieran. sino un chambón. sobre todo el investigador. -Los diabólicos galerudos de la película. el médico. Cuando me di vuelta. dígame con franqueza: ¿Tiene miedo de ir al Instituto? ¿Lo tratamos tan mal? Un poco por sinceridad y otro poco porque no me gustan las quejas. Bueno. por favor. Diana contestó: -El doctor quiere hablar con nosotros. y descubrí un hecho interesante: el temor a los médicos va siempre acompañado de incomprensión. la sigue. -Que suerte que llamaste -dijo-. -Hablá con él. me contuve y dije: -A nadie le gusta que lo encierren. Pero usted. -Pero. Llámela.

Me avine: -Hablemos con el doctor. la señora y yo. -Nos vamos a casa. -Apostaría cualquier cosa que mi señora no está acá. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 79 . señor Bordenave. -Gracias -me dijo. -Quiero darle una última oportunidad -dijo. Hablaba por teléfono. Samaniego ocultó su cara pálida en sus manos también pálidas y muy grandes. al que daba órdenes. -La encontrará -aseguró. Diana repuso: -Ahora mismo. Francamente su contestación me asombró: -Tal vez no sean locuras. -Si no le gusta. Nos vamos ahora mismo. Para no mostrarme terco. -¿Por qué? -atiné a preguntar. Te quiero. -Si hay una trampa. Temo que esos desplantes impidan la comprensión. Te prometo que no voy a molestar más. créame. observó: -Usted siempre se enoja. no cierro -dijo. yo era la manzana podrida de nuestro matrimonio. le dije: -¿Ve? Eso no me gusta. pero no me aguantaba de impaciencia. Entré a maliciar que había caído en una trampa. -Porque sé muy bien que hay cosas en mí que te gustan y cosas que no te gustan. En perjuicio de todo el mundo. de ahora en adelante. -Parece cuento -le dije-. Cuando se fue el enfermero. -No será para tanto. Samaniego se entretuvo con un enfermero. de todo el mundo. por favor? -dijo secamente. ¿Qué tiene que ver usted con nosotros? -le repliqué-: Nada.pero antes aclaremos las cosas. aceptaría la felicidad que Diana me ofrecía a manos llenas. Apostaría cualquier cosa que usted usó a Diana como señuelo. -Pero usted mismo habló con ella. ¿Le digo francamente lo que pienso? -Desde luego. De eso tendrás que estar seguro. Te pido que hablés con el doctor Samaniego. No sabés lo que me duele sentir que hay algo en mí que rechazás. Sin acobardarme. no me pida que se la explique -le contesté-. Samaniego cerró la puerta y dio una vuelta a la llave. Yo miraba la guarda de cabecitas del escritorio. Le dije que yo también la quería.estaba Diana. cuando me dijo: -Te quiero. La abrió Samaniego y entramos en una salita redonda. pero a disgusto. -¿Me sigue. Entonces me convencí de que las cavilaciones de esta última época no habían sido más que locuras -le di toda la razón al doctor. Cuando las apartó por fin. Sin desconfianza. cortó la comunicación y se echó en mis brazos. Al final del corredor había una puerta. -Yo vine en la inteligencia de encontrar a mi señora. no. lo seguí. Te juro que es horrible. Se apretó contra mí y empezó a llorar. Yo iba a preguntarle con quién hablaba. Volvió la llave para el otro lado. Tuve que pasar por esto para entender que no hay nadie con tanta suerte como yo. -Hágame el favor. para entendernos usted. sino el doctor que habla al enfermo. no bien me vio. donde -me pareció increíble. He llegado a sospechar que a veces me mirás con recelo. Ya no era el amigo ansioso de ayudar. ¡Yo te quiero tanto! Insistí de buena fe: -Te prometo que no voy a recaer en mis locuras.LXIII No bien me tuvo en su despacho cambió de actitud.y tomé la resolución de corregirme.Es una costumbre.

-¿Existen? -Cómo no. exactamente como lo afirmaban los viejos libros. Ahora bien. Una simple perturbación. no sé por qué. de francotiradores que acechan desde las casas. cierre los ojos e imagine que avanza por una alameda. Al estado actual de la señora. y dijo: -Yo he buscado nuevos caminos para la curación. convendría que no abunden los detalles y que la ciudad esté vacía". ya lo sé). el que se duerme. La receta dio resultado hasta que una noche los álamos se me convirtieron en cipreses y desemboqué en un cementerio. una ciudad vacía trae recuerdos de películas de guerra. -¿Adónde va a llegar con todo esto? -A la señora. y recordé procedimientos para conciliar el sueño. durmiendo al sol. señor Bordenave. que un médico de mi especialidad tiene algo de funcionario policial y hasta de juez. de ciudades conquistadas. en cuanto a las enfermedades del alma. -Tengo entendido que la ciencia niega el alma. me llamás. porque teme un ataque. -¿El cementerio lo desveló? -Claro. prácticamente los curan a palos. Me fui con Samaniego. Pasa por tantas calles y tantas casas que al fin se cansa y se duerme. si todavía me querés. Yo estaré esperando. en una balsa que navega lentamente aguas abajo. Imagino un perro. hable claro. como si dudara. tome la postura que le convenga. Cuanto más rápido avance. -No entiendo. Hoy por hoy lo hemos comprobado. Movió la cabeza. busqué nuevos métodos de curación.. porque de su respuesta dependerá lo que yo decida. Me pareció que amenazaba. lo que sería contraproducente. Contesté: -Si quiere que lo entienda. -Está bien. a quienes el vulgo llama locos. -¿De los locos? ¿Pretende que mi señora está loca? -De ninguna manera. si quiere. -¿Y por último dio con el procedimiento adecuado? -pregunté. Para no fijar la atención. LXIV -Recapitulemos -murmuró el doctor y abrió los brazos como si dijera misa-. Recuerde. -Trate de entender. Pensé. La medicina encontró el remedio para algunas enfermedades del cuerpo (poquísimas. En ese punto usted se desvela. Después de poner las cosas en claro. Sonrió amistosamente. -Desde luego. se calma. más rápido pasarán en sentido contrario los árboles. la miré en los ojos y le dije: -Siempre te voy a querer. Mire lo que son las cosas. yo tenía dificultades para dormirme. Un señor me aconsejó "En cama. Como le decía. eso sí. casi le diré por instinto.. me aconsejó: "Imagine que entra en una ciudad. Existe el alma y existe el cuerpo. por un río ancho y tranquilo. El doctor me preguntó: -¿Volvemos a mi despacho? Tomé las manos de Diana. Con el movimiento se desdibujarán y usted se dormirá". El alma de la señora estaba muy enferma. Si no me cree ¿por qué no se corre hasta Vieytes y echa una ojeada? Contesté: -Ahora mismo. -¿Y entonces? 80 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . Sin preguntar a nadie. Otro señor. -La ciencia progresa un paso adelante y un paso atrás. Permítame que retome el hilo de la explicación: a los pobres enfermos. el padre de un amigo.-Los dos solos van a hablar con más libertad. difícil de curar.

Mientras el doctor hablaba. A veces me pregunté si yo no quería sobre todo su físico. o empleado. de día buscaba procedimientos para curar el alma. De nuevo se tapó la cara con las manos y guardó un silencio tan largo que me impacienté. Pregunté: -¿Por qué. Yo no sabía si hablar o esperar. replicó: -Tiene que elegir. no lo cambiaría aunque yo me hiciera el bueno. para interrogarlo sobre mi señora. para finalmente apartarlas y preguntarme con una sonrisa: -Dígame francamente. La coincidencia. y de algún modo intuí que para el hombre no había mejor cura de reposo que una inmersión en la animalidad. Era notable: si usted nos veía. En mi aflicción me figuré que si no le daba pretextos. -¿Que usted es el perro? -Claro. -Ya verá -dijo-. Le prevengo que un perrito ladrador no sirve. Me sentí muy inteligente. El enfermero se fue. -Ahora sí que no entiendo -le dije.. Mientras buscaba a la noche procedimientos para conciliar el sueño. Buscaba una cura de reposo. Irreversible". nos tomaba por grandes amigos. el doctor no iba a encerrarme. doctor. dominé un poco los recelos y dije con sinceridad: -La contestación no es fácil. Diana estaba en contra de mí. Dijo un nombre que sonó como pineral o mineral. Tiene que ser un perro grande. señor Bordenave: ¿qué es lo que usted más quiere en la señora? Al oírle esa pregunta recordé que a veces me la había planteado yo mismo. pero eso era cuando no la habíamos internado. Entró un enfermero. Yo creo que el tema de esa conversación me tranquilizó.-Entonces -contestó. cuando observé: -Se le ocurrió vincular una cosa y otra. Pregunté: Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 81 . llamaron a la puerta. Samaniego colgó el tubo. Me iba tan bien que temí que esa conversación desembocara en algo horrible. -Claro -contestó-. El doctor le decía que para favorecerme no iba a perjudicarla. Le dije: -Usted iba a hablarme de sus métodos para curar a ciertos enfermos. De ninguna manera la perjudicaré". Repitió después: "Irreversible. Tratando de reaccionar. pero con firmeza. doctor? -¿Recuerda lo que decía Descartes? ¿No? Cómo se va a acordar si nunca lo ha leído. Como en una pesadilla. -Por una vez lo justifico -respondió amablemente. para qué le voy a negar.imagino que soy ese perro y me duermo. De pronto comprendí que si tenía un plan. o lo que fuera. me dispuso favorablemente. Descartes pensaba que el alma estaba en una glándula del cerebro. que estuvo hablándole de muy cerca. señora. Sonó la campanilla del teléfono y debí aguantarme. preferiblemente de cabeza ancha. Ahora que usted me la devolvió tan cambiada. Me sobresaltó notablemente cuando dijo: "No tema. No se enojó. hundió la cara entre las manos. Empecé a inquietarme y cuando ya iba a interpelarlo. Sin impaciencia. Tuve una corazonada por demás ingrata: la señora que hablaba con Samaniego era mi señora. hasta que Samaniego contestó: -Pásemela por el interno. traté de ordenar los pensamientos. no tema. -No entiendo -le aseguré. LXV A lo mejor el miedo me llevó a mostrarme tan razonable y amistoso. no bien colgara el tubo.. pensé: "No es cuestión de que me envuelva y me adormezca". extraño el alma de antes.

el menor riesgo. El alma está en el cerebro y podemos aislarla. hasta que algo me resultó sospechoso.alojada en una perra de raza pointer y de temperamento tranquilo. pero ¿qué pasó? -No previmos. Le pregunté: -¿Por qué no me dice de una vez qué pasó con el alma de mi señora? -El alma de la señora -contestó. -Lo que nos movió a intentar el experimento fue la absoluta falta de esperanzas de curarla por la terapéutica habitual. la mía. -¿Qué hicieron con su alma? -Yo creo que usted adivinó. con el cuerpo ¿qué pasa? -Desprovisto de alma. en el Instituto procedemos de acuerdo a estrictas normas de prudencia. Como usted comprenderá. curarla fuera del cuerpo. que seguramente usted ha visto por el barrio) vino con la noticia de que la perra en cuestión se había escapado. -¿Cómo se llama la glándula? -Olvídela. no podían prever. -¿Cómo lo sabe? Contestó simplemente: -Porque la hemos aislado. Como si me interesara la explicación. que era muy tranquila. como si quisiera probarle que entendía perfectamente. que tanto la molestaron. no pudimos prever. Lo miré detenidamente. -La perra en cuestión es mi señora -dije con despecho. manifestó cierta nerviosidad. Pregunté: -No me diga que le sacaron el alma a mi señora. porque no importa y ni siquiera tiene la función que le atribuyeron. Metió la cara entre las manos y la dejó ahí por los instantes más largos de mi vida. señor Bordenave. "No puede ser". -El alma de cualquiera. Apostaría que su señora no volverá a tener esos herpes de labios. dentro de lo que es lógico suponer. Pregunté: -No corría el menor riesgo. su cara parecía la de un muerto. Insistí: -Bueno ¿y después? -La nerviosidad aumentó. cuando supimos que se había internado en el Parque Chas. "No" pensé.-¿El alma de mi señora? Puso tanto fastidio en su respuesta. no sufre desgaste. La traspasamos a una perra de caza. Le aseguro que para extraer la verdad tuve que reprimir los nervios e insistir mucho. Ponderó tanto sus normas de prudencia que me puse nervioso. mi buen señor. Le garanto que no ahorramos esfuerzo para recuperarla. sacarla si está enferma. porque sospeché que se burlaba de mí. no corría. -Entonces ¿para qué la menciona? -Descartes no se equivocó en lo principal. -En cuanto al alma. No se burlaba. que el carácter de la señora fuera tan inquieto. -¿Quiénes? -Eso tampoco importa. señor Bordenave. y mantuvimos el cuerpo a baja temperatura. de pelaje picazo azulado. La suya. Por fin las apartó. -Llevaba el alma de la señora -corrigió-. Hágase cargo de mi sorpresa cuando un muchacho que trabajaba en la escuela de perros y nos da una mano en el cuidado y alimentación de los que tenemos aquí (un muchacho de cejas pobladas. sí. pero ¿qué pasó? -La perra. que elegimos por ser de índole tranquila. -En cuanto al cuerpo. Creí que me daba una buena noticia. -Está bien. Aunque no me había compenetrado todavía del terrible sentido de su revelación. que me desorientó. que es 82 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . Es claro. me apresuré a decir. ocurrió un hecho francamente imprevisible. Lo esencial es que logramos aislar el alma. se repone. Articulé como pude la pregunta. -¿Y en cuánto al alma? Volvió a reanimarse. -No me hará creer que me devolvieron a Diana. pregunté: -Mientras tanto.

amigo Bordenave? ¿Las recriminaciones. ofreciendo una gratificación al que me devuelva la perra pointer. usted. Esto es una calamidad. en el Parque Chas. que nunca oyó hablar de estas cosas. Usted se la llevó a su casa. donde también trabaja.. ¿Qué echa de menos. como si no tuviera más que decir. La quiero. Es una chica inteligente. "¿Por qué no le habla?" Le habló. muriera.. se complicó la situación. Me contuve. Calló. Dije como un autómata: -Parece increíble. los caprichos. ¿A que no adivina dónde se presentaron dificultades? En el hospital. un caso del Tornú. Le pregunté: -Esa persona que está dentro de mi señora ¿cómo sabe tantos pormenores de nuestra vida? -La aleccionamos con los elementos que pudimos reunir. a ella. de ningún modo nuestro empeño.un verdadero laberinto. condenado por la enfermedad. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 83 . una verdadera calamidad. en el ínterin. -Usted sale ganando en todo. Como usted no ignora. La recuperamos. "Nuestra oportunidad" le dijo a Campolongo. exclamé: -¡Qué bueno! ¡Así que la recuperamos a Diana! -A su alma. -Interprete debidamente mis palabras. Tampoco me gusta la enfermedad. El cejudo. sale con las preguntas más raras. muy buena. Tan desesperado me vio un día el doctor Campolongo que me refirió. -¿Cómo sabe? -preguntó. Yo sí lo tuve cuando la perra desapareció. LXVI -Su idea de poner un aviso no era mala -declaró el doctor-. Increíble. y le dije: -No echo de menos las recriminaciones ni los engaños. -No es necesario -contestó-. -¿Por qué no la sujetó? -¿Por qué iba a sujetarla? ¿Qué sabía yo? Esto es una calamidad. no sé por qué. No había pasado un minuto cuando apareció el cejudo. Trate de serenarse y de escuchar hasta que yo le diga todo. que no se resignaba a morir y suplicaba a todos los médicos que la salvaran. Una perra pointer. -No se ponga así. Por no encontrar mejor manera de preguntarle por qué no me la devolvía ahí mismo. -Porque si le explico el proceso precipitadamente. Murmuré: -¿Por qué tardó tanto en decirlo? Se me quebró la voz. a lo mejor para sugerirme la idea salvadora. Lo que importa es que me la cambiaron a Diana. Casi me levanto a darle un abrazo. -Que vivía por la Plaza Irlanda -dije sin pensar. Tengo buenas noticias. -Me cuesta creerle -dije-. Hay infinidad de gente dispuesta a mover cielo y tierra para ayudar a los que sufren porque se les escapó un perrito. Muy buenas. Yo estoy desesperado. simplemente. despierta. Admítame que el alma de la señora estaba enferma y que raramente la enfermedad es linda. no creo que tenga motivo. La pasamos al cuerpo de su señora y dejamos que el otro cuerpo. los engaños? Las manos me ardieron de ganas de abofetearlo. Le juro que la vi. Cuando uno está desesperado. -Eso tampoco importa -le aseguré-... Una enferma joven. que tiene buena mano. le garanto. Le admito que la belleza física de la señora es incomparable. redactó el aviso y a los pocos días nos trajeron la perra. no entiende nada.. flaqueó nuestra esperanza. le garanto. medio azulada. Voy a poner un aviso en los diarios. En menos de cinco minutos la pobre muchacha había aceptado. para sacarla.. pero de ningún modo nuestro empeño. Desde luego eso a usted no le interesa. Bordenave -me dijo-.

con el alma de la señora. -¿Cómo quiere que me ponga? Me dijo que me la devolvía a Diana y trató de pasarme una máscara. -Yo no. Dijo: -En la variación está el gusto. pero sé de quien habla: la cazadora de moscas. 84 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . Un descuartizador. -No. una chica maravillosa. le prevengo que es tan linda como la señora Diana. Ni siquiera sabe que si la rompe en pedazos la pierde. -Estamos en eso -me dijo-. ¿-¿Cómo está ahora? Le aseguro que esa pregunta me causó el efecto de un mazazo.-No entiendo -dije-. En verdad yo sólo quería que me devolvieran a la señora y estaba desesperado.pero veo que va entendiendo. Sáquela inmediatamente. Ahora. -Entonces no tiene más que devolverme a Diana. Yo no quiero otra cosa. -La vio cuando la pobrecita estaba muy mal. Otra cosa. -Primero la ve y después hablamos. es otra cosa. doctor? -De ningún modo. Mi obra pierde todo el sentido si aumento la desdicha de una sola persona. Discutía con ese doctor como si quisiera convencerlo. Sáquela. -O me equivoco o usted se considera un gran benefactor. -Verdad. Quiero a Diana. -Le quedo agradecido por todo lo que hizo. pero lindísima. es por su culpa -grité-. Lo incluyo a usted. Ahora que la tenemos ¿me la va a negar. pero se repuso demasiado pronto. Ahora sabe. -En cambio usted no sabe lo que es una persona. aquí no más. ¿No pensó que es horrible mirar a su mujer y sospechar que desde ahí adentro lo está espiando una desconocida? -Eso era cuando no estaba informado. -Usted no me interpreta. -No va a comparar. Usted me cree idiota. Logré apenas balbucear: -No me diga que va a traerme la perra. debe compenetrarse de las dificultades que enfrentamos. doctor. Me dijo: -No me pida que haga mal a nadie..¿Me permite una explicación? -La considero inútil. -Sin embargo. pero ¿por qué no la trae? Me muero de ganas de verla. -Ya la he visto. -No se ponga así -me dijo. Se cree un gran hombre y es un vulgar traficante de almas y de cuerpos. Yo le debo una explicación. Más joven aún ¡y de una delicadeza en los rasgos! A esa altura de la discusión adiviné a quién se refería. -¿Qué pensó? -Mire. Muy asustado contesté: -Le aseguro que no. Le dije que no quiero aumentar la desdicha de nadie. Eso sí. Me dijo: -Con ese criterio no curaríamos las enfermedades ni corregiríamos los defectos. Abrió la boca y le tocó el turno de parecer idiota. teníamos una enferma incurable. Yo no podía creer lo que oía. Pensé. -Por lo menos oiga antes de juzgar. También es verdad que esta chica es muy linda. sabe que el cuerpo de su señora está ocupado por la chica de la Plaza Irlanda. Bastante indignado le dije: -Hay pocas mujeres lindas como Diana.. Ya veremos qué piensa la gente cuando se entere. ¿Nunca le dijeron que no hay que manosear a la gente? Yo se lo digo. aunque usted quizá no la merezca. no -respondió con una sonrisa tranquilizadora. -Usted perdió el sentido de la decencia. -Si está. En el Instituto.

Paula me dijo que me apurara con el informe. Cuando Samaniego le repitió "No tema. a mí los desplantes me pierden. Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 85 . si yo no me hubiera enojado. a lo mejor lo persuadía de pasarla al cuerpo de la otra. es la chica de la Plaza Irlanda. Como Ceferina me ha dicho más de una vez. Estoy seguro de que la persona que habló por el teléfono interno con Samaniego. No la culpo. mientras yo estaba en el despacho. De cualquier modo. Es irreversible". contestó con vaguedades. ¡Usted es el enfermo! ¡Usted es el enfermo! Me parece que en ese momento me dio el pinchazo. La pobre sabe lo que le espera al que se opone a estos médicos. y a mi señora al que le corresponde.-¿Nunca se le ocurrió pensar que uno quiere a la gente por sus defectos? -le grité como un desaforado. porque mañana la cambian de piso. evidentemente le prometía que no la iba a sacar del cuerpo de Diana. LXVII Al despertar me encontré de nuevo en el cuartito blanco. A lo mejor todavía no es tarde. Cuando le pregunté si podía contar con ella para una nueva tentativa de fuga.

SEGUNDA PARTE POR FELIX RAMOS .

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sino un montón de papeles en la boca de un perro. intentó velozmente el contraataque y la fuga. Cuando el perro lo vio. una carta desaforada y confusa. Cuando le dije mi nombre. Ante todo. cuando por el centro del pasaje apareció Ceferina. a diferencia de los habituales carteros que. Me los trajo un perro. ahora creo. al fin y al cabo nos conocemos desde la infancia. anciana. el perro aulló. Un día en la misma puerta de casa. Lo cierto es que después de la lectura sentí la contrariedad de quien recibe un anónimo. Nada más desolado que los ojos de un perro triste. También me parece raro que Bordenave me trate de usted. un mastín atigrado. pedí por la señorita Paula. En los del pobre animal que se debatía. preguntó: -¿Le llevaron los papeles? -Sí. Corrió hasta la puerta. Lo redujeron sin dificultad. Me hamacaba en el silloncito de mimbre. Corrió hasta quedar frente a mí. pero en la versión que me deparó la suerte. El reproche. famélico y desesperado. alta. Nuestros deseos por fin se cumplen de manera de persuadirnos de que más vale no desear nada. Después de recurrir a un perro ¿de qué se valdrá mi corresponsal para llamar la atención? Por motivos aparentemente contradictorios. agitando los brazos y gritando con voz alterada: -¡El que volvió no es Lucho! ¡El que volvió no es Lucho! De pronto se aflojó como un trapo. O peor aún: de quien recibe la carta de un impostor. huesuda. ojalá que me equivoque. sin duda falsa. Después de entregar el sobre me miró con determinación y. por intermedio de una señorita. mes a mes. abandonan en el zaguán contiguo las revistas que aguardo con ansiedad. En un instante se agolparon los curiosos. Esta imaginación procede quizá de la historia. que legaba sus millones a quien lo recogiera. con esperanza. El perro. según me pareció.Muchas veces a lo largo de la vida he soñado con la idea de recibir una noticia que altere mi destino. días atrás. apoyó las manos en el picaporte. Los aullidos guiaron los precipitados pasos de un pelafustán de cejas muy pobladas que trabaja en la escuela de perros de la calle Estomba. había desolación. No lo consiguió. 88 Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol . Supongo que se produjo entonces un conflicto entre su inteligencia. llamé. que leí en algún almanaque popular. El pelafustán no me reclamó los papeles. me parece raro que Bordenave se dirija a mí. -Se había escapado -aclaró el hombre con una sonrisa que lo volvía humano. al fin y al cabo estamos distanciados. que al llegar a la playa para suicidarse encontró una botella con el testamento del norteamericano Singer. La mujer exclamó "¡Pobre perrito! Mi perrito amoroso". de aquel joven inglés. pero también reproche. Trae la firma del mismo Lucio Bordenave que me habría enviado. Busqué en la guía el número de teléfono del Instituto Frenopático de la calle Baigorria. una parienta de los Bordenave -aindiada. a la puerta de casa. Estaba muerta. y los reflejos propios de la especie. casi asfixiado. venía dirigido a mí. Entré en casa y examiné el cartapacio. increíblemente el sueño se volvió realidad. extraordinaria para un animal. trató de abrir. sabía lo que estaba haciendo. desaparecen los elementos románticos: no hay botella. desconfío de la autenticidad del documento. Me acerqué a mirar. ni mar. Veinte días después ocurrió en mi presencia un desagradable episodio callejero.con las chuzas desmadejadas y con ojos que le brillaban como si la consumiera la fiebre. Vencieron los reflejos. ni testamento. se paró en las patas traseras. prorrumpió en gemidos desconsolados y débiles y cortó la comunicación.

entre los que estaban el Gordo Picardo. que busqué refugio en un grupo de amigos. ¿Quiere que se la enviemos. la tomaron de los brazos y la pusieron en la calle. en la nuca de la muchacha. amenazador. Más linda que nunca. -Ya no trabaja con nosotros. Para visitar a Bordenave esa misma noche. amén de confuso. aproveché lo que no parece muy delicado. intervenir y quedar como tonto. don Martín Irala -un anciano en mangas de camisa y en pantuflas. Cuando la arrastraban me acerqué y creí ver.Entré en casa. Una muchacha delgada. El suegro de Bordenave. se levantó un clamoreo. medité. el velorio de Ceferina. porque ya me cansaban las cartas de Bordenave y porque me habían reconocido. pálida. Me preguntaron: -¿De parte? -Un amigo.consolaba a su hija. una cicatriz. que es un curioso. -¿Podría darme su dirección? -No la tenemos. olvidarlo por un tiempo. Diana me ofreció una tacita de café y me saludó como si no me conociera. Todo el asunto me pareció. señor Ramos? Me contrarié. En la habitación que ocupaba el señor Bordenave hemos hallado una carta para usted. y otros que apenas identificaba. no intervenir y quedar como egoísta. traté de olvidar. (1973) Adolfo Bioy Casares Dormir al Sol 89 . Lucho me miró con tan imperturbable indiferencia. Me parece que Bordenave tenía una igual. en la cocina. Resolví. a gritos le decía a Diana: -¡He venido esta noche para que todo el barrio me oiga! ¡Váyase de mi casa! ¡Usted es una intrusa y lo sabe perfectamente! Lucho Bordenave y el señor Standle. me tiré en la cama. porque se habían mudado y desde largos años no vivían en el pasaje. que parecía muy afectada por el entredicho. el Payaso Aldini. Al otro día llamé al Instituto y pedí por la señorita Paula. Hacia la madrugada. Alguien dijo que el alemán se encargó de llevar a la alborotadora al Instituto Frenopático. le insinué: "¿Por qué no averiguamos qué ocurre?". pues. un alemán. No encontraba sino dos alternativas: creer lo que me refería el informe. o no creer. de cabello muy corto. A Picardo. y como eso era imposible.

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