Seminario de Conocimiento Simbólico, lenguajes formales y ontología »1

Enrique V. García «» 77.265/7
Seminario de Conocimiento Simbólico, lenguajes formales y ontología »2

LA LENGUA ADÁNICA EN EL LENGUAJE DE ADÁN
El auge y el ocaso de la lengua adánica original en el pensamiento del siglo XVII
Hans Aarsleff

pp. 277 - 295

La nueva filosofía del siglo XVII había celebrado su liberación de la tutela de la
tradición que la precediera. Surgió, entonces, la necesidad de encontrar un nuevo discurso.
Se consideraron dos maneras de escapar de lo que se consideró una inadecuada disertación
academicista. Uno podía escoger una lengua fresca e incorruptible como la lengua vernácula,
o bien podía soslayar la vieja terminología a través del latín. Descartes hizo ambas cosas.
Cuando en 1663 sus obras fueron incluidas en el índice de libros prohibidos, una de las
razones enumeradas consignaba que el uso terminológico del latín había inferido un daño
irreparable a la filosofía. La consideración de la propia lengua de uno, entonces, no pasó
desapercibida. El siglo cayó bajo el influjo de un estado duradero de incertidumbre, de
confusión sobre el uso de la lengua, de dificultad en la comunicación, y de insuficiencia en la
formulación de una disertación correcta. Estos problemas no habían sido reconocidos como
genuinamente epistemológicos, hasta la incursión de Locke. Locke insistió, una y otra vez, en
destacar que el sonido de una palabra no indicaba nada sobre la naturaleza de la cosa que
nombraba, y también se dedicó a mostrar que la arbitrariedad también valía para un
principiante de la lengua a quien llamó Adán. En efecto, el Adán de Locke era un ser
humano, común y corriente como cualesquiera de nosotros. Era un ser humano sin
privilegios cognitivos ni facultades especiales para asignar nombres.
¿Por qué razón el Adán de Locke deparó tanta expectativa? En el transcurso del
siglo, el Adán había aparecido como un tipo epistemológico paradigmático que comportaba
un desafío para la nueva filosofía natural. Se difundió creyendo que, la asignación de ese
nombre, de algún modo respondía al verdadero origen de nuestra propia lengua, que
contenía el elemento que hacía posible ganar el acceso a su conocimiento, buscando hacia
atrás, más allá de la maldición babélica, para entrar en comunión con nuestro antepasado
histórico.
La presencia del Adán se estaba manifestando muy fuertemente durante el siglo
XVII. Sin embargo, antes de 1700, ya se había desdibujado sin remedio. ¿Cómo podríamos
explicar el auge y el ocaso del Adán? ¿Qué fue lo que le confirió la importancia que tan perdió
tan pronto? ¿Por qué su papel estaba acabado hacia el final del siglo? ¿Qué legado hizo que
partiera de tan atrás? Es menester recordar que la interpretación del Adán depende de dos
textos del Génesis que nos resultan familiares: (a) en 1: 27 se dice que «Dios creó al hombre
a su imagen; lo creó a imagen de Dios» ; y (b) en 2: 19-20 que «cada ser viviente debía
tener el nombre que le pusiera el hombre» Estos textos podrían ser interpretados de manera
diversa, dependiendo ello de los textos que fueran tomados como fuente. Tal vez, el más

Enrique V. García «» 77.265/7
Seminario de Conocimiento Simbólico, lenguajes formales y ontología »3

importante fuera el de los párrafos iniciales del Evangelio según Juan: en 1: 1 se dice que «en
el principio existía la palabra»; en 1: 14 que «la palabra se hizo carne», y en Génesis 1: 3 se
mandaba «qué exista la luz», para decretar la creación del mundo. Fue a través de esa
«imposición de nombre» que Adán conocería las esencias de las criaturas, porque los
nombres de ellas las expresaban unívocamente. He aquí su destreza epistemológica. Así, con
la facultad de asignar nombres, se creyó poder constituir una lengua cognitiva perfecta, y
con ello eso se perfiló un modelo que también resultaba atractivo para la nueva filosofía. La
posición del Adán, en el siglo XVII, no puede ser vista solamente como un enfrentamiento
entre religión y nueva filosofía.
Es bien conocido que la «imposición de nombre» fue tardíamente reconocida
por los Padres de la Iglesia. Esta aserción vale como prueba de que, para el conocimiento del
prelapso [1], de Adán, sólo se dispensó un interés relativo a esa lengua. La entidad
arquetípica de Adán, alcanzó prominencia, gracias a Lutero, en los inicios del siglo XVI. En
una de las lecturas del Génesis 2: 19-20, Lutero interpretó que el acto de conceder
«imposición de nombre» a Adán, estaba revelando sus « conocimientos extraordinarios, y
su sabiduría» ya que, sin iluminación alguna, discernía, por la mera esencia, la naturaleza de
los animales y «conocía su naturaleza como para darle su nombre correcto a cada uno»
Como, merced a la caída, habíamos perdido esa facultad, deberíamos bregar para recobrar la
capacidad de Adán, quién albergaba «tal luz ... que cuando vio un animal, inmediatamente
conoció su poder y su naturaleza mucho mejor que nosotros, aunque dispusiésemos de una
vida entera para investigar esos asuntos» Además, después de la caída, Adán fue
considerado como sinónimo de conocimiento. Ello puede «ser encontrado en los libros que,
desde el principio, han escrito todos los hombres sabios» Por lo tanto, Adán, en este mundo,
había podido oficiar como un buen profesor de humanidades. Sin embargo, su enseñanza ha
«empalidecido gradualmente en sus descendientes y, actualmente, parecería haber
desaparecido», porque, hoy, «ni siquiera conocemos la naturaleza de los animales»
En síntesis: la experiencia y los conocimientos de la naturaleza, juntos,
constituyen uno de los cimientos de la fe. El acto de conocer de Adán acaece por visión
inmediata. Nuestro bienestar social terrenal y espiritual depende de nuestra emulación para
con Adán. Dentro de ciertos límites, podríamos conseguir, con esfuerzo, la restitución de lo
perdido, compartiendo la sabiduría de Adán y la rectitud de su fe. Éstos fueron los temas
fuertes de Lutero. Por otra parte, Francis Bacon estaba entre aquellos que también
indagaron al respecto.
En el inicio del Nuevo Organon (1620), Bacon expresó que «el intelecto
humano tiene sus propias dificultades», y que por esa razón no era ocioso preguntarse «si
ese comercio entre la mente del hombre y la naturaleza de las cosas ... podía ser restaurado
hasta alcanzar su perfección original» Ya lo había anticipado en una de las primeras
declaraciones de su programa, Valerius Terminus (1603), donde manifestó que debido a que
los conocimientos naturales debían concederse para «beneficio y ayuda del estado y la
sociedad humana», ahora nuestra tarea consistía en buscar «una reversión parcial del

[1] Referente a, o característica del tiempo o del estado antes de la caída.

Enrique V. García «» 77.265/7
Seminario de Conocimiento Simbólico, lenguajes formales y ontología »4

hombre, para la soberanía y el poder (porque siempre que pueda llamar a las criaturas
por sus nombres verdaderos, los volverá a comandar), como en el primer estadio de la
creación», para que, por esos medios, la escritura como constitución de grandes
conocimientos sea «puesta en la función que Dios le concedió»
Una de las citas del Antiguo Testamento contiene las famosas palabras del
Libro de Daniel (12: 4): «Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento», que
tanto se ajustan a lo de Bacon, porque articulan perfectamente con su programa. De la
misma manera que muchos de sus contemporáneos, Bacon interpretó las palabras de Daniel
como la primera parte de la profecía ya cumplida con los viajes del descubrimiento. Así que,
«el descubrimiento adicional de conocimientos», sigue ahora en el mismo «tiempo y edad»,
cual «otoño del mundo» En el mismo párrafo, Bacon también consigna que «Dios enmarcó
la mente del hombre como un espejo capaz de reflejar el mundo universal, para recibir
jubilosamente la señal de ello» En este respecto, conviene recordar la palabra de Pablo, en I
Corintios 13: 12, que expresa: «ahora vemos como en un espejo, confusamente; después
veremos cara a cara»
En estas referencias iniciales de Valerius Terminus, Bacon afirma que durante
la mayor parte del siglo, prevalecen tres conclusiones Adánicas principales: que la asignación
del nombre indica su conocimiento, que nuestro objetivo es la restauración de esa sabiduría,
y que viviremos en los últimos tiempos del mundo cuando se hayan incrementado los
conocimientos. Sin embargo, diciendo que vivimos «en el otoño del mundo», Bacon creyó
prestigiar al milenarismo [2] que prosperó en todos los países protestantes (menos en
Inglaterra), hacia 1660. El Libro de Daniel, en general, y las palabras citadas por Bacon, en
particular, eran el sustento principal de la doctrina milenarista en la que Cristo, el segundo
Adán, prometía regresar pronto para gobernar durante mil años.
Además, la velada referencia a Pablo, indica que nuestro acceso al conocimiento
y a la verdad, ahora está opacado como un espejo sin brillo, pero que, a su debido tiempo,
podría tornarse brillante ante una reflexión perfecta, cuando la creencia en el reemplazo de la
mera disertación por la idea de la visión clara y distinta, como en geometría. Esta creencia,
aparece más nítida si leemos I Conrintios 13: 12, al mismo tiempo que el versículo
precedente: «mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba
como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos
como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo
imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí» Es un detalle notable que
la «imposición de nombre» no acaezca escuchando a los animales, sino viéndolos. Así fue
como Adán intervirtió visión y disertación. La tensión entre la visión y la disertación fue un
aspecto relevante del pensamiento del siglo XVII.

[2] El milenarismo es una creencia escatológica que sustenta la creencia en una renovación radical de la
humanidad, que conducirá a una verdadera edad de oro antes del juicio universal. Entonces, la humanidad se
instalará en la perfección presidida por el reino milenario en el que el Mesías reinará de nuevo.

Enrique V. García «» 77.265/7
Seminario de Conocimiento Simbólico, lenguajes formales y ontología »5

Para la nueva filosofía (y también para el enfoque de la ciencia), la visión, como
fuente de prueba y de verdad, revestía más prestigio que la disertación. Lo confirma la
confianza que Descartes depositó en la intuición, en las pruebas aquilatadas mirando
fijamente donde la luz de la naturaleza parecía trabajar sin intermediarios. No obstante, la
sola visión no fue suficiente. No se pudo prescindir de la comunicación. De ahí que, la
disertación, tal como Locke lo había advertido, resultara obligatoria para nosotros. Así, por
contraste, la defensa del saber del lenguaje adánico relacional, puede entenderse como el
esfuerzo por afirmar y mantener la prioridad de la palabra y la disertación en las intuiciones
de las mentes de las personas individuales. Sin embargo, en el siglo XVII, el místico alemán
Jacob Boehme, iba a ser quien acuciara al Adán.
La obra de Boehme fue publicada hacia la mitad del siglo. Boehme era un
místico. Cuando la luz de la naturaleza le confirió dotes de perspicacia trascendente, se
manifestaba en momentos de una completa inspiración que le infundía un conocimiento
acabado de lo que él llamó «Natursprache» o lengua natural. Boehme creó esa palabra clave
para difundir su nueva concepción, tanto para difundir su idea como para reforzar el impacto
de su mensaje. El conocimiento del Natursprache, posibilitó que Adán nombrara a los
animales «después de conocer su esencia, su forma, y su calidad» Boehme creía que «el
Natursprache [le] había sido dado con el propósito de que pudiera comprender los secretos
más profundos en [su] lengua materna» Por lo tanto, en su momento de inspiración,
Boehme compartía la sabiduría y los conocimientos de Adán.
Más aún, para Boehme, el Natursprache era también la palabra creativa que
había decretado la creación esencial, en el principio, cuando fue pronunciado el fiat lux.
Sobre la página inicial de su interpretación del Génesis, Boehme escribió esto: «Las cosas
visibles y percibibles tienen su ser en lo invisible; lo que es no-visual e incomprensible lo
tienen en lo que es visible y comprensible: del estar fuera de la oratoria de lo invisible tiene
que venir el poder ser del mundo visible; la palabra invisible y religiosa del poder divino
trabaja en y a través de la esencia visible, como el alma en y a través del cuerpo» Boehme
está exponiendo la doctrina de las familias de logos, pero está diciendo que esta «palabra
franca» que Adán conocía, era el Natursprache, y que, simplemente, «la pronuncia de
nuevo» cuando nombra, además, a los animales. Por lo tanto, dado su propio conocimiento
de la Lengua de Adán, Boehme también podía alegar, por sí mismo, conocimientos
inspirados de la creación, sin haber recibido instrucción alguna proveniente de simples seres
humanos. Obviamente, si sus presunciones fueran ciertas, entonces toda otra fuente de
conocimiento y verdad en filosofía, perdería entidad. Todo conocimiento general del
Natursprache se perdió en Babel, pero Boehme era un milenarista, y por esa razón era
perentorio que provocase el «otoño de Babel», que marcaría tanto el principio del milenio
como el otoño de Roma. Con su perspicacia inspirada, ahora Boehme podía remontarse al
pasado, hacia antes de Babel, y hablar de los significados perdidos. En su primer trabajo,
denominado Las auroras, o el ascenso del amanecer, dio un ejemplo de lo que su
perspicacia le permitía decir: «estas palabras deben ser consideradas cuidadosamente en
su esencia: la palabra es concebida en el corazón, luego se reproduce en los labios, es
atrapada allí y regresa sonando hasta volver al lugar de donde procedió. Esto significa que

Enrique V. García «» 77.265/7
Seminario de Conocimiento Simbólico, lenguajes formales y ontología »6

el sonido se fuera del corazón de Dios, y abarcara la extensión del mundo completamente;
pero cuando lo encontraba malvado, entonces el sonido regresaba a su propio lugar» Este
viaje informa cómo recurre a la Cábala [3], en qué sílabas y letras el método de Boehme
contiene significados especiales o valores semánticos, qué había sobrevivido a la confusión
babilónica para la recuperación y la iluminación del tipo que Boehme conoció y practicó.
Para Boehme, el Sagrado Espíritu nos habla tan evidentemente en nuestra propia lengua,
como en las lenguas sagradas tradicionalmente santificadas como el hebreo, el griego y el
latín. Simplemente conociendo su lengua materna, cualquier profano falto de instrucción,
podía hacerse más sabio que los eruditos más eruditos. Con su acción dentro del Ursprache,
nuestra lengua vernácula era también mejor que la disertación académica, y, para los
dotados de una fe correcta y de un conocimiento necesario, constituía un conocimiento más
genuino que el resultante del estudio de la cosa por el camino de la experiencia y del juicio. El
entusiasmo religioso y la nueva filosofía natural, estaban ya preparados para el conflicto.
En Inglaterra, la lucha epistemológica comenzó cuando el ministro John
Webster, disconforme, publicó, en 1654, un folleto titulado Academiarum examen, que era
una crítica del «tema, del método, y de las costumbres del aprendizaje académico y
escolástico» Webster creía que «todos estudiábamos, y leíamos demasiado, narraciones
sobre ídolos de papel, sobre criaturas ficticias, o sobre muertos, pero que no podíamos leer
los caracteres legibles escritos e impresos por el dedo del Todopoderoso» A su vez, defendió
el estudio de «esa señal y de ese secreto estupendo ... de la lengua de la naturaleza ... que fue
infundida, innatamente e implantada en él [Adán], en su creación ... y fue inspirada en la
palabra franca, acogedora y sobrentendida, para que Adán comprendiera y hablara la
lengua del Padre» Webster, por lo tanto, instó a emprender un esfuerzo serio «para la
recuperación y la restauración del Católico [i. e., Universal], la lengua en la que las
mentiras escondieron todos los abundantes tesoros de los admirables y excelentes secretos
de la naturaleza» La insinuación estriba en que podríamos, usando modos apropiados de
estudio, enterarnos acerca del estudio de las palabras, acerca del principio que proclama que
la relación entre las palabras y las cosas no es arbitraria, y acerca de que lo que la «criatura
inventó» es natural: «si Adán no viera ni comprendiera su naturaleza intrínseca, entonces
tendría en su intelecto nociones falsas de ellas y, por lo tanto, les habría impuesto nombres
también falsos y, consiguientemente, el texto resultaría también falso, lo que asegura que,
aquello con lo que las llamó, eran sus nombres» No puede caber ninguna duda de que la
insistencia de Locke sobre la arbitrariedad de los sonidos de las palabras en relación con sus
significados, apuntó a la clase de doctrina que Webster articuló. Para Locke el atractivo de la
Natursprache fue una amenaza para una filosofía natural como la doctrina del innatismo en
contra de la cual argumentó en el Libro I de su Ensayo.
A Webster le respondieron dos personalidades ilustres: Seth Ward y John
Wilkins, quienes le objetaron su visión respecto del habla de la lengua natural. Wilkins
afirmó que «el hombre, en lo que concierne a la disertación sobre la lengua de la
naturaleza, representa el posible respecto libre de profundidad y cerebro» Ward negó eso.

[3] Tradición oral de los hebreos que explicaba el sentido de la Sagrada Escritura.

Enrique V. García «» 77.265/7
Seminario de Conocimiento Simbólico, lenguajes formales y ontología »7

Dijo que «no hay ninguna tal lengua de la naturaleza» Pero había una sugerencia en la
crítica de Ward y de Wilkins. Webster había sugerido que «sería enormemente beneficioso
para la humanidad, si el descubrimiento de la característica universal pudiera ser sabia y
laboriosamente seguida y llevada a la perfección ... porque así las ciencias y la destreza de
una nación, podrían haber sido comunicadas con mayor facilidad ... Esto, habría sido, -
concluye Webster- un medio apto para reparar las ruinas de Babel, y para administrar
casi una cura católica de la confusión de lenguas»
En su respuesta, Ward ridiculizó la sugerencia de Webster tendiente a reparar
las ruinas de Babel. Aún en ese mismo contexto, Ward, que era un matemático eminente,
comenzó a considerar tal sistema de señales como un sistema de números arábigos y del
álgebra por entonces recientemente aparecida, llegando, de tal suerte, a una idea general
bastante clara de los principios de una lengua filosófica en la que los símbolos serían
asignados a una cantidad limitada de «nociones simples» que, rápidamente, entró en el
quehacer de las nociones compuestas. Por eso, una lengua simbólica pudo ser creada para un
sinnúmero de nociones «incrementadas» ... con la finalidad de enfocar muy bien todos los
elementos que la componen, para así repartir la naturaleza de las cosas: que los discursos
exactos puedan ser hechos demostrativamente, y sin cualesquiera otros requisitos que los
usados en las operaciones analíticas (i. e., Álgebra). Tal lengua -dijo Ward- «concierne al
progreso del aprendizaje» y no «podría ser un lenguaje humano injusto, y proporcionar
aquello que los Cabalistas y los Rosacruces buscaron en vano en el hebreo, y en el nombre
de las cosas asignado por Adán» Es conocido que la sugerencia de Ward no careció de
efecto, porque en 1668, cuando John Wilkins publicó el Ensayo hacia una carácter real y un
lenguaje filosófico, su obra constituyó el más grande esfuerzo entre las de su clase. El Ensayo
de Wilkins podría parecer una variante ampliada del Ursprache de Adán. Del mismo que los
otros derivados del Adánico, el Ensayo de Wilkins resultó fallido, pero conservó un poco del
interés teórico disfrutado con Leibniz.
La defensa de Webster, el esfuerzo por reparar «Las ruinas de Babel» para la
creación de un idioma universal perfecto, asumía características preocupantes, porque apoyó
la inminente condena apocalíptica del milenio, a la luz de ese inmenso aumento de
conocimientos que ya había asomado. En uno de los textos de rosacruceano básico, los Fama
Fraternitatis, uno podía leer eso como un signo del próximo milenio. Dios había dispuesto
una reparación de la humanidad a través de la «verdad, de la luz, de la vida, y del orgullo
que el primer hombre, Adán, había malogrado en el Paraíso» Fue a esta reparación que
Comenius, fiel a su incesante trabajo por mejorar la enseñanza y por reformar el aprendizaje
para alcanzar el estado de preparación necesario para la entrada en el milenio, llamó
«Pansophia», porque representaba una combinación de sabiduría cristiana, de
conocimientos, y de filosofía que lo haría abrir los secretos de la creación a toda humanidad
y, por lo tanto, producir lo que Boehme sabía del conocimiento místico del Natursprache.
Comenius invirtió nueve meses en Londres, durante principios de 1640 y finales
de 1642, en el manuscrito de una obra cuyo título fue Vía Lucis, que constituía una de sus
exposiciones sobre la Pansophía. Cerca del final de este trabajo, le dedica un capítulo al

Enrique V. García «» 77.265/7
Seminario de Conocimiento Simbólico, lenguajes formales y ontología »8

idioma universal: «Fundando nuestro cartel sobre los cimientos de Pansophia, [nosotros]
nos hemos atrevido a esperar una lengua diez veces más fácil de aprender que el latín ... y
que es mil veces mejor para expresar armoniosamente todas las cualidades de las cosas,
desde sus personas individuales los nombres se combinarán con los números, las medidas
y pesas de las cosas»
Este capítulo sobre el idioma universal fue inmediatamente seguido por un
capítulo sobre la lengua basada en la Pansophia, que abriría las vías de luz para la entrada en
el milenio. Via Lucis fue impreso en Ámsterdam, en 1668. Una copia fue enviada a la Royal
Society de Londres para la promoción de conocimientos naturales. El obsequio del libro, sin
duda, significa un recuerdo y un estímulo para que la sociedad no descuidara el proyecto
Pansophia, que perseguía la filosofía natural. Comenius podría haber encontrado ese plan
carente de descripción en el trabajo de la sociedad que Thomas Sprat había formulado un
año antes en su Historia de la Royal Society. Pero los tiempos estaban cambiando. En sus
sermones, Sprat alabó a la monarquía y a la razón con mucho fervor, tanto como denunció
«la demencia anabaptista [4] y el frenesí entusiasta de estos últimos años» En historia
declaró que «el temperamento universal de este tiempo estaba apoyado sobre una religión
sensata» Lo utópico, la oratoria, y el milenarismo que Adán estaba dando a la manera de
Adán, era la imagen de la razón, del orden, de la obediencia, y de la humildad.
En noviembre de 1662, el joven intelectual Robert South, ofreció un sermón en
la Ciudad de Londres. Dijo en la ocasión que fue su «empresa, describir qué hombre estaba
en el primer estado, para confrontarlo con la situación actual» El texto característico de
South, era el del Génesis 1: 27 sobre Dios que «creó al hombre a su imagen; lo creó a
imagen de Dios», y de Adán a quien lo describió como poseedor de todas las virtudes que
tradicionalmente se le atribuyeron en el prelapso, «en su estado de inocencia» Tuvo
conocimiento perfecto guiado por la razón, la libertad de la voluntad, y las pasiones
gobernadas por el amor. Cuando ejerció su facultad de nombrar, Adán «entró en el mundo
como un filósofo que veía esencias en sí ... [y] veía las consecuencias en sus principios, en
sus efectos aún nonatos, y en la matriz de sus causas» Era casi como un ángel. Para su
«discurso era, entonces, casi tan rápido como para la intuición», una disposición que
Descartes habría envidiado. South no comparó a Adán ni siquiera con la filosofía clásica.
Para él, «Aristóteles era solamente un vestigio de Adán, y Atenas era apenas un rudimento
del Paraíso» South presentó a Adán con un estilo simple, totalmente diferente al de las
exuberantes proclamaciones apocalípticas de los entusiastas a los que se estaba oponiendo.
Para South, Adán era el racionalista modelo, sin indicios de un Ursprache podía ser
invocado para reparar las ruinas de Babel. South era un monárquico cuya escritura, en el
espíritu de Hobbes, no encontró ningún lugar: «asevera, que cuando los príncipes empiezan
a ser perversos, cesa el derecho Gobernar» El Adán de South era la antítesis del «Adán
prototípico» de Webster. Su objetivo consistió en querer «colocar al hombre de Webster
erguido sobre sus piernas otra vez, aclarar su razón, rectificar su voluntad, y componer y

[4] Segundo bautismo, por considerar inválido el bautismo infantil. Bautismo de los adultos creyentes como acto
de fe.

Enrique V. García «» 77.265/7
Seminario de Conocimiento Simbólico, lenguajes formales y ontología »9

regular su cariño» El Adán de South no era un rebelde utópico solamente, sino un modelo
de buen ciudadano.
En Francia, Adán apareció conectado con Descartes. En su Elogio de
Malebranche, Fontenelle nos presenta a ese Malebranche que encontró su vocación
filosófica verdadera cerca del final de sus estudios formales, cuando, en los inicios de 1660,
encontró, en un quiosco de libros, una copia del Tratado del hombre, de Descartes. Hojeaba
permanentemente el pequeño volumen que tenía para, de vez en cuando, descansar y entrar
en un estado de éxtasis a causa de lo muy impresionado que quedaba cuando leía algo en lo
que percibía «una ciencia» (i. e., La sabiduría) de conocimientos de la que no tenía
concepción previa porque había sido educado bajo la filosofía académica. Compró el libro, e
inmediatamente empezó a dedicarse al estudio de Descartes. A su turno, Malebranche
preguntaría «si Adán no tuvo conocimientos perfectos [la ciencia perfecta]», y cuando
estaban de acuerdo en que tal era la opinión común de los teólogos, Malebranche respondió
que «la ciencia perfecta no era, por lo tanto, la crítica, o la historia, y que él no quería saber
aquello que Adán conocía» Diez años después había acabado La Recherche de la vérité. La
lección de esta historia es doble: por una parte, ese Descartes era como Adán en su
indiferencia por la tradición y la autoridad del escolasticismo; y por otra parte, el crítico no
podía adquirir esa «ciencia perfecta» leyendo los textos aprendidos, ni leyendo lo que
requiere de la simple memoria y sus detalles. El ejemplo de Descartes enseñó a Malebranche
la libertad de la pregunta pura, es decir, enseñó a hacer filosofía como si nadie, alguna vez, la
hubiera hecho antes, como Adán, que fue creado adulto y racional. Con respecto al
conocimiento y a la verdad, la luz de la naturaleza era como la Gracia, no adquirida de
«segunda mano» mediante autoridad discursiva, sino que cristalizaba con el trabajo propio
de cada mente. El tenor de la idea del siglo XVII, le debe mucho al subjetivismo confidente
con el que, tanto Lutero como Descartes, trataron de librarse de las consecuencias
repudiando la autoridad de la educación que habían recibido. Este subjetivismo implicaba
tanto como asignar un escaso valor a la comunicación. No podemos adquirir el conocimiento
verdadero venido de otra persona: Cristo es el profesor, según Augustín había discutido en
De Magistro.
Pero los eventos probaron que paz y armonía no podían conseguirse sin el
respeto de la legitimidad y la necesidad de la comunicación. La agitación y la violencia de las
guerras civiles durante la guerra de Inglaterra, entre 1640 y 1650, cayeron sobre los
entusiastas que reclamaron verdad y perspicacia por revelación privada. En 1634, sin
embargo, Marin Mersenne había preguntado por una duda que podía haber sido adjudicada
a Descartes: «¿Un hombre puede aprender filosofía razonando con personas eruditas a
solas, sin leer libros o sin el beneficio del intercambio?» Su respuesta fue: NO!, y Sprat,
veinte años después, usó a Descartes como un ejemplo ilustrativo: «quién voluntariamente
solamente transcribe sus propias ideas ... comete muchos errores groseros ... haciendo
deliberadamente ignorar lo que debe ser conocido y ocultar lo que no debe serlo» Es un
hecho claro importante que el siglo no enfrentó directamente el problema de la
comunicación y sus implicancias epistemológicas hasta su década final, cuando Locke puso
fin, en todas sus formas, al Adanicismo.

Enrique V. García «» 77.265/7
Seminario de Conocimiento Simbólico, lenguajes formales y ontología » 10

Sabemos que el tercer Libro del Ensayo sobre el entendimiento humano está
dedicado a «las palabras y a la lengua en general» Locke concibió que las palabras son
señales de las ideas «Eso que hay entre sonidos elocuentes especiales y ciertas ideas, no
constituye una conexión natural, porque entonces habría una sola lengua entre todos
hombres. Fue por una imposición voluntaria que la palabra como señal de la idea se
manifestó arbitrariamente» En todo el libro, Locke no evitó repiquetear sobre este punto. Al
contrario, con una asombrosa perseverancia, muestra cuan importante era para él convencer
al lector de que, debido a que los sonidos de las palabras nada pueden indicarnos sobre las
cosas que nombran, toda apelación a la Natursprache carece de sentido.
Antes de 1700, Adán había perdido una importancia que perduró por casi
doscientos años. Ya era posible considerarlo un antepasado ilustre con cuyo concurso cabía
esperar una recuperación fundada en su legado lingüístico. A pesar de todo, podría decirse
que del reflejo proyectado sobre la asignación de nombres de Adán, y sobre la perfección de
su lengua, derivaron consecuencias favorables para la especulación acerca del posibilismo de
una lengua universal y filosófica. Además, el conocimiento convencional de la asignación de
nombres de Adán, se compadecía con el ideario del siglo XVII por el simple hecho de
constituir tradición libre, no académica.
Descartes repudiaba el discurso académico. Ni siquiera puso en duda la
comunicación, porque pensaba que la lengua no era un tipo de enfermedad infantil que las
personas dejaban atrás al ingresar en la esfera de la ideación adulta y racional. Consideró que
el pensar de los Niños permanecía absorto ante la satisfacción de sus necesidades, a merced
de sus pasiones, y listo para creer en la realidad de cualquier aparición como cualidad
secundaria, y que un palo consigue ser doblado simplemente poniéndolo en el agua. Adán se
había librado de todos estos errores, porque fue creado, se originó, ya siendo adulto y
racional. Descartes confió en la intuición. Sostuvo que las ideas se anteponen a palabras, y
que la visión antecede a la disertación. Quería que la lengua estuviera libre de toda emoción,
de la elocuencia, de la retórica, y de la persuasión, porque no podía tener más que las
cualidades simplemente cognitivas y descriptivas que la epistemología del sonido requería.
Fue la libertad de la emoción, así pensada, la que dio prioridad a la visión sobre el discurso.
En el Ensayo, Locke compartió el compromiso por la disertación normal, y por
la lógica natural de Descartes. La consecuencia de estos principios reveló que la prosa
desnuda y sin adornos ni emoción libre y sensata, llegó a ser considerada como la forma
original de la lengua en la persona con talento innato, mientras que la poesía, la retórica, y la
elocuencia llegaron a ser miradas como versiones menores y degradadas de aquella forma
original. La filosofía había legitimado a su propio Ursprache, y también había aceptado una
concepción de la naturaleza de la lengua que armonizaba con la noción teológicamente
autorizada de la mente imparcial de Adán, por así decirlo. Pero, a pesar de la enérgica fuerza
que lo respaldaba, era poco probable que ese Ursprache cognitivo y descriptivo pudiera
durar. Ya, la Lógica de Port-Royal (1662) señala que las palabras simplemente no son
cognitivas, pero que lo son si van acompañadas con «ideas accesorias» de emociones y
afectos. Locke nunca admitió que la lengua expresara sentimientos espontáneos de júbilo, de

Enrique V. García «» 77.265/7
Seminario de Conocimiento Simbólico, lenguajes formales y ontología » 11

miedo, de cólera, de pesar, de amor, de sorpresa, ni que tales estados de ánimo estuvieran
tan profundamente arraigados en la naturaleza humana como la razón. Urgía, entonces,
encontrar una nueva concepción de la naturaleza y del origen de la lengua. La importancia de
la estatura de Adán, reposa aquí sobre la idea del siglo XVII. De la misma manera que su
entidad, su lengua era por lo menos semi-divina y parte de la naturaleza. Pero demostrar esta
concepción, era prácticamente imposible ¿Pero si las palabras pueden tener significado
solamente por «una imposición completamente arbitraria», de dónde provienen? No
pueden provenir de lo divino, sino que deben provenir de lo humano. Locke nunca formuló
la pregunta acerca del origen de la lengua, pero varias veces mencionó a «los principiantes
de la lengua, si es que podemos imaginar alguno» Esa historia es una hermosa declaración
del estado de la naturaleza, de un ser humano puesto en un ambiente social con las mismas
facultades «que uno de su misma edad tiene ahora» En el siglo XVIII, el Libro III fue
considerado como el más provocativo del Ensayo. Fue el Libro que Locke pensó no haber
planeado escribir. Fue la importancia misma del Ensayo, la que hizo posible pensar en la
naturaleza de la lengua de una nueva manera productiva radical.
El argumento acerca del origen humano del discurso sobrevino, en 1746, con un
éxito resonante a raíz del Ensayo sobre el origen de los conocimientos humanos de
Condillac, probablemente la obra filosófica más extensamente influyente divulgada en el
siglo XVIII. Condillac derivó el origen de la expresión natural de los estados de ánimo
emotivos de lo que llamó «la lengua de la acción» Por lo tanto, para Condillac, discurso y
lengua no comenzaron con la razón, sino con la emoción y el instinto, que dieron ocasión a la
reflexión en el largo proceso de la creación humana del discurso, una creación que puede
ocurrir solamente en el contexto de la interacción social. Ésta es una teoría expresivista
radical, en la que la lengua es constitutiva de la idea, y no una simple clave designativa para
la comunicación de las ideas ya constituidas. La concepción de la naturaleza de la lengua de
Condillac desestima la noción cartesiana de un discurso de la mente que es acuñado después
en la prosa racional y cognitiva pura del tipo epistemológico heroico.
La línea del argumento de Condillac se hace eco de una conocida concepción de
Wittgenstein: «quiero mirar al hombre como un animal aquí; como un primitivo ser al que
uno le concede instinto pero no raciocinio. Como una criatura en un estado primitivo.
Cualquier suficientemente buena lógica para unos medios primitivos de comunicación, no
necesita ninguna apología de nuestra parte. La lengua no salió de alguna clase de
raciocinio» Adán había bajado a la tierra siendo un ser semejante al resto de nosotros, y con
esa emigración había sido posible formular una concepción unificada de la naturaleza del
discurso y de la lengua, una concepción que aceptó tanto la poesía como la prosa, el arte y la
filosofía, la estética y la epistemología. En la Disertación preliminar (1751) la Enciclopedia
Francesa, y a menudo otros textos del siglo dieciocho, Homero y Arquímedes son
consignados como ejemplos comparables del gran genio creativo. El siglo XVII nunca lo
habría hecho, y esta diferencia es una medida de la revolución conceptual que estaba
ocurriendo antes de mediados del siglo dieciocho.

Enrique V. García «» 77.265/7

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful