Relatos de Luís Rodríguez Carpio, arriero y compañero de carpa de Hiram Bingham en las Expediciones hacia Machu Picchu

Luís Barreda Murillo
In Memoriam

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DIARIO DE UN ARRIERO
Relatos de Luís Rodríguez Carpio, arriero y compañero de carpa de Hiram Bingham en las Expediciones hacia Machu Picchu

Por el Dr. Luis Barreda Murillo (In Memoriam) Producción: TOURISM RESEARCH ESSENTIALS Copyright ©2013 Compilación y Edición: Lic. Giancarlo Gallegos Peralta ©2013 giancarlo.gallegos@gmail.com Powered by www.cictur.com

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In Memoriam

Relatos de Luís Rodríguez Carpio, arriero y compañero de carpa de Hiram Bingham en las Expediciones hacia Machu Picchu Por Luís Barreda Murillo, catedrático de la UNSAAC

Don Luís nació en Paucarpata (Arequipa) y desde muy joven se dedicó al arrieraje. A l momento de esta entrevista, efectuada el 15 de marzo de 1973 en su domicilio de la Av. Progreso s/n en el distrito de Wanchaq, Cusco, aparentaba una edad de más de 80 años. Trabajábamos junto con mis compañeros: Benigno Pantigoso (jardinero de la UNSAAC) Marcos Arenas, Julio Victorio. Nuestro trabajo era en la especialidad del arrieraje. Nuestros servicios estaban vinculados con la Casa Lomellini de Cusco, cuya casa comercial estaba en la esquina de Márquez y Mesón de la Estrella. Prestábamos servicio transportando mercadería de Cusco a Cosñipata. Yo conocí al señor Bingham era un gringo alto y flaco de buen carácter, trabajamos para él durante tres años.

En Cusco exploramos con el Dr. Isaías [Isaiah Bowman] en el sector de Huancaro donde encontramos un hueso muy grande, era una canilla de más o menos 90 cm de largo y el gringo nos dijo que eran de un animal antediluviano. La Casa Lomellini era un almacén comercial muy grande que vendía productos de toda la región y algunos de Europa y Estadas Unidos que llegaban por los puertos de Arequipa al Cusco en mulas. También realizamos un viaje con el Dr. Bingham, el Dr. Isaías, el Dr. Erdis [Ellwood C. Erdis] a Yaurisque y Paqareqtambu en Paruro. También nos acompañó el médico Dr. Ford [David E. Ford]. Llevamos las cosas en mulas junto con Benigno Pantigoso, yo y algunos peones, que eran proporcionados por las gobernaturas de los pueblos por donde pasábamos.

Permanecimos 5 días en Yaurisque. Llegamos al pueblito a caballo y los grupos empezaron a explorar la Zona. Viajamos otro día de vuelta de Yaurisqui y Tambo, al sitio de Limatambo done visitamos las ruinas de Tarahuasi y nos desviamos hasta Mollepata. Cuando estuvimos en Mollepata, el Dr. Bingham ordenó que siguiéramos viaje a Choq'ekirau. El viaje duró más de un mes. Pasamos por el abra del nevado Soray. Las mulas resistieron muy bien, los caballos tenían dificultades, también los gringos.

En otro viaje llegamos a Huadquiña. Luego al puente San Miguel y de ahí a Machu Picchu. En Choq'ekirau estuvieron una semana, explorando y regresamos después del largo viaje que duró casi dos meses y esto sucedía en el año 1911.

Cuando llegamos a Mollepata el gobernador, cuyo nombre no recuerdo, nos proporcionó peones campesinos que al llegar a Choq'ekirau empezaron a limpiar de lo malezas y hierbas que cubrían todas las ruinas. De Choq`ekirau recogimos de 20 a 30 cajones de piedras, huesos y cerámica. Champis amarrados a unos manguitos de madera dura, que parecía chonta. Estos Champis (bronce) tenían forma de hachillas. Estuvieron cubiertas de óxidos y moho de color verde café. Volvimos después a Choq'ekirau y los obreros campesinos se quedaron limpiando las ruinas por más de 3 meses. Luego para este trabajo se instaló 5 campamentos. En la dirección de estos trabajos de Choq’ekirau estuvieron las doctores: Bingham, Erais, Ford, Little Joseph Little] y Bestor [Paúl Bestor]. Ya pasaba días íntegros acompañando a Bingham para visitar los campamentos. Tenía un secretario que se llamaba Carlos Duque, hijo de don Pedro Duque, de la .Zona de Santa Ana (hacienda). Este secretario hablaba inglés y había estado en Estados Unidos, hablaba castellano, pero, no hablaba quechua. El señor Hardy [Osgood Hardy] hablaba quechua, era un gringo bueno y era el más joven de todos. También nos acompañaba un joven q 'olla de Puno, Ricardo Charaja (Distrito de Santa Rosa, Prov. Melgar, Puno), que le enseñaba quechua al gringo Hardy. Todas las cosas que encontraron en Choq'ekirau los gringos se las llevaron a Estados Unidos también había «marfil», tiestos, chamis, piedras pulidas, huesos. Todos estos hallazgos los empaquetamos cuidadosamente en cajones que había que llevar en mulas hasta Arequipa y de ahí se embarcaba en unos barcos grandes. Llevamos cerca de 300. Don Luís Rodríguez continúa narrando y nos dice: Después era difícil la situación, cuando el mundo estaba en la 1ra. Guerra Mundial cuando estábamos en Huancarama, los grupos estuvieron muy preocupados y tenían su radio y escuchaban noticias. En Andahuaylas, Santa Ana, Puqyura, comentaban a cerca de la Guerra Mundial. Era curioso, con un aparatito pequeño se comunicaban can las Estados Unidos. Cuando nuestro gobierno declaró la Guerra, nos llamaron a todos para volver al Cusco Estuvimos mucho tiempo en Cusco buscando «antigüedades luego de encajonarlas en cajas de 0.60 x 1.00 x 9.00 m. las llevamos a despachar a la estación de ferrocarril de Sicuani para despachar a Arequipa y de allí a Estados Unidos. Continúa Don Luís Rodríguez: El puente de San Miguel lo conocí un año antes o sea en 1910y sabía que era un puente para llegar también a la hacienda Machu Picchu.

Mi trabajo en 1910 era traer cosecha de cacao de don Braulio Borda, dueño de la hacienda Echaraty me acuerdo que en el puente vendían rocotos en bateas sin contar, solo en montoncitos. Cerca del puente me encontré con uno de mis amigos que vivía en ese sector. El que vivía ahí era mi amigo y me dijo descansa aquí y vamos a visitar algo que no conoces. Empezamos a subir una ladera muy parada con un amigo que apellidaba Monroy y vivía cerca al puente y tenía sus chacras arriba en los andenes de Machu Picchu. Era un camino muy difícil, lleno de matorrales de una legua de subida y pasamos por una serie de escalinatas, la mayor parte de piedra y algunas de madera de troncos cortados y puestos sobre la tierra, amarrados con bejuco (fibra vegetal de la zona).

Allí arriba mi amiga Monroy cultivaba en los andenes antiguos, rocotos rellenos, yuca, calabazas, virracas y en los alrededores todo estaba enmontado, árboles grandes y pequeños arbustos cubrían los demás andenes no cultivadas. Más arriba estaban unos galpones de piedra muy fina y blanquecina, tenían mojinetes y se veía bien claro junto con los arbustos. No se podía entrar. No se sabía cuántas víboras había por los matorrales. Era peligroso. Al año siguiente, 1912, llegaron varios doctores de EE. UU. a la Casa Lomellini y como los dueños nos conocían, nos contrataron para ayudar a trasladar sus equipajes en una expedición. A don Luís Rodríguez, hombre fuerte y alto, de más o menos 1.78 mts., de barba blanca y con sus ochenta años y acento characato (campesino arequipeño), le gustaba hacer estos recuerdos de antaño: Visitamos varios sitios con ruinas y andenes, siempre acompañando a los gringos junto con mi amigo Benigno Pantigoso y Julio Victorio. Exploramos Llaqtapata y los sitios con ruinas del frente de Machu Picchu. Al llegar a Machu Picchu, 20 trabajaron seis meses cortando árboles, limpiando la maleza. Cada semana se cambiaban los peones que venían de Chinchero, Maras, Ollanta y Huarocondo. Cada gobernador se encargaba de traer a los peones de su tierra y los gringos les pagaban dos soles peruanos por día. Además, les daban premios si encontraban tupus, un chumpi, (hacha de bronce). El premio consistía en un Sol peruano.

En el Cusco también llegue a saber que había una hacienda llamada Piqchu de igual nombre que en las cercanías de Machu Picchu, donde había otra hacienda llamada Piqchu y donde están las ruinas, le llamaban los campesinos del sector, como Machu Picchu (Machu=antiguo y Picchu=cerro elevado y pedregoso <hoy Pico o pirámide>).

En Cusco, encima de la casa hacienda de Piqchu encontramos muchos tupus de champi, en un sitio donde había una planicie que servía para la era. Tejidos y momias Don Luís Rodríguez, nos contó que descubrieron pedazos de tejidos en pésimo estado de conservación, dentro de las cuevas, habían momias enteras de paja (tejidos y trenzados de paja).En ese momento pensé en mi desgracia de no haber estudiado en la universidad para saber todo lo que hacían los doctores gringos con Bingham a la cabeza, pero, la Universidad era para gente con mucho dinero acota. Los tejidos mal conservados y podridos los dejamos en las cuevas solo sacamos los huesos de las momias.

Las momias estaban atadas con redecillas de paja. Encontramos momias en las cuevas de rocas y en cada cueva había 10 ó 15 momias. El mismo Dr. Erdis se descolgaba por sogas para ingresar a las cuevas y sacar las momias. Se trabajaba desde las 7 a.m. hasta las 4 p.m. y había un descanso solo para el almuerzo. Había oportunidades en que trabajaban hasta 40 hombres. Eran tantos los árboles y las

malezas cortadas, pero, como estaban húmedas no se podía quemar y fue preferible tirar los troncos y la maleza barranco abajo. En todo este sitio que limpiamos no hemos encontrado ningún edificio ni pared hecho de adobes, pero si encontramos muros interiores de casas y edificios grandes con revoque de barro. Todos estos muros que presentan revoques los hemos respetado. Este revoque era de barro con mucha paja y pintado de rojo y bien pegado a los muros de piedra. A la sombra de árboles y arbustos se había conservado y la lluvia no lo destrozó ni lo remojó; pero, en parte si lo había remojado y se había caído, dice don Luís Rodríguez. Los muros de los edificios son de piedra blanquecina con jaspes negros y la llaman granito. Es bastante dura para partir y pulir. Los muros tenían finos acabados y los bloques de piedra bien pulidas estaba unidos a otros bloques unos con otros sin barro. Pero algunos si tenían barro. Estos muros eran de piedra toscas sin mucho pulimento. Las Tres Ventanas. Al limpiar encontramos un edificio con sus tres ventanas y los doctores se emocionaron al ver tan lindas ventanas y la piedra tan bien pulida. Tenía mojinetes a cada lado. Algunas piedras se habían caído y nos dieron orden de no reconstruir sino amontonar cerca al muro lateral las piedras que cayeron. En frente a las tres ventanas, encontramos excavando restos de huesos humanos o sea dos o tres tumbas y fragmentos de cerámicas.

Víboras Había muchos remedios, pastillas e inyecciones en el campamento. Cada vez que las víboras picaban a los peones inmediatamente el médico de los gringos curaba las heridas. Había muchas víboras y por escapar de ellas yo y mis compañeros Anselmo Celis y Justo Montañez, dormíamos en la plataforma del Templo Mayor. Pantigoso tenía su carpa con el gringo Erdis, dormían juntos. Después cuando llegaron las carpas grandes yo dormía con el Dr. Bingham y con el Dr. Ford.

Telegrafía sin hilos El Sr. Bumstead, era especialista también en telegrafía. Tenía unos aparatos de radio telegrafía para comunicarse con Estados Unidos. Muchas veces tuvimos que colocar unos alambres de cerro a cerro para que se comunique el Dr. Bumstead (posiblemente eran cables de antes de la radio comunicación). Las comidas El gringo Hardy andaba siempre con el Dr. Bingham y hasta le cocinaba. Hardy había servido en el ejército en 1910 y tenía su grado de sargento. Los víveres llegaban cada quince días desde Cusco. Mapas Los doctores Bumstead y Ford sabían hacer mapas y se dedicaron a hacer mapas de todos los sectores de Machu Picchu y al final juntaron todos los mapas de sectores y armaron el mapa grande de todas las ruinas del sitio.

Mi sueldo Yo ganaba S/. 80.0o al mes sin mesa (sin comida) y semanalmente se me daba un cajón de víveres para cocinarme y estos tenían que traerlos del Cusco.

De Machu Picchu llevábamos cajones de tiestos de cerámico (fragmentos) que guardábamos en habitaciones de la Casa de Lomellini y de regreso llevábamos víveres en las mismas mulas. Tres años en Machu Picchu Los doctores gringos vivieron tres años en Machu Picchu desde 1911 hasta 1913 y el único que volvía a los Estados Unidos era el Dr. Bingham. Los gringos se acostumbraron a vivir en Machu Picchu. Había un boliviano, Justo Montañez, que hablaba castellano e inglés era el traductor y luego el gringo Bestor aprendió castellano y parte del quechua y también era traductor. Los gringos no sabían montar mulas. Algunos gringos vivían en Cusco por temporadas en el Hotel Colón, ubicado en el sitio donde ahora está el Hotel de Turistas del Cusco (El Cuadro), allí tenían que llevar las mulas ensilladas para que viajen al Cusco a Machu Picchu y a los alrededores del Cusco a explorar ruinas. Me acuerdo mucho que era un problema conseguir mulas altas para Bingham y Bestor que eran los más altos. Un día compraron una mula grande para Bestor. Cuando la montó se espantó tanto con las carretas que había en Cusco y la mula apretó la carrera y desapareció junto con el gringo. Se lo había llevado hasta el río Watanay. Allí encontraron al gringo Bestor muy asustado. Mapas, fotos y metales Bumstead [Albert C. Bumstead] y sus ayudantes topógrafos levantaron planos, hacían mapas y todos los doctores sacaban fotos, para ello habían traído máquinas fotográficas de todo tamaño. Mientras que el Dr. Erdis junto con sus ayudantes viajaba todas las semanas a buscar metales y los acompañaba Evert Gil, un mejicano que era minero. Paúl Bestor también los acompañaba en busca de metales y me contaron que estaban alegres por que encontraron en el nevado Salkantay una veta cerca de la cumbre, dijeron que era una veta grande como la de Cochasaywas de buen oro.

El doctor Bingham no quiso que se exploraran las minas, decía: no queremos riqueza si no antigüedades. Sin embargo, los gringos se llevaron muestras de molibdeno, tungsteno, cobre y oro. Me contaron que para subir al Salkantay fueron hasta Limatambo, por Tarawasi empezaron a subir o sea por la parte de atrás del nevado y lo hicieron en dos días. Hardy el secretario de Bingham aprendió castellano y también quechua de un señor apellidado Charaja de Puno, del distrito de Santa Rosa, provincia de Melgar. Este Ricardo Charaja era el encargado del teodolito y tanto que andaba junto con Bingham y los otros gringos que se lo llevaron a EE.UU. por que quería aprender bien inglés. Este Charaja regresó a los dos años y medio y en su pueblo no quería comer chuño, ya no quería hablar quechua y finalmente volvió a EE.UU. El gringo Little, ayudante del mejicano Gil, junto conmigo y mis compañeros arrieros viajamos hasta Caraveli, en Arequipa para entregar las carpas a la empresa Dupont de C hile que se dedicaba a exportar el salitre de los chilenos. Allí vendieron los gringos todas las cosas del campamento que las llevamos en 80 mulas que las conducimos con los arrieros Enrique Santos, Marcos Arenas, Benigno Pantigoso, julio Victorio y yo. Llegamos a Caraveli el 1 de enero de 1913 llevando la carga de carpas y equipos importados a los chilenos que administraban la Compañía exportadora del salitre y que habían comprado todo el equipo a la expedición Bingham. Paredes con revoque Muchas paredes de muros estaban recubiertas por una gruesa capa de revoque de tierra arcillosa con paja y luego pitada con rojo. Generalmente esto se observaba por dentro, por donde se había conservado este revoque y la lluvia, ni la maleza había destruido. Posiblemente algunos muros exteriores también tuvieron acabado con revoque pero al verse los edificios sin techo la lluvia destrozó con facilidad este revoque.

El Dr. Bingham ordenó que se conserve dicho revoque y no se limpie. Había sectores grandes del muro interior que conservaba este revoque y sacaron muchas fotografías. Nuestra atención se concentró en documentar fotográficamente las puertas y ventanas

trapezoidales que les llamaron mucho la atención a los doctores. Este estilo de forma trapezoidal de edificios, puertas, ventanas y nichos se encontraron en Machu Picchu, Vilcabamba, Ollanta, Pisaq, Ñusta, Ispana, Rosaspata. El Dr. Bingham ordenaba que se mida, que se fotografíe, sigue informando don Luís Rodríguez Carpio. El Templo de la Luna Aquí no había nada más que unas piedras de río que las dejamos en un rincón, prosigue don Luís Rodríguez Carpio. El Dr. Erdis tomó fotografías y ordenó que se limpie sin dañar las paredes interiores. En esta cueva habían muchas serpientes y quemando la maleza las espantamos. Mula especial y alta Tuvimos que bajar hasta Tiabaya en Arequipa para comprar mulas altas para los gringos porque eran muy altos. En Tiabaya pagamos S/. 500.00 por cada mula de «estimación» cruzadas con mulas de Tucumán, Argentina. Las mulas argentinas eran muy cotizadas por los hacendados cuzqueños por ser altas y de buena estampa. Estas mulas llegaban también arriadas en recuas al Cusco cargando vino desde Tucumán. Bingham no gustaba alojarse en las casas hacienda Siempre gustaba que lo acompañe para cuidar de las mulas y el equipaje y conjuntamente con Charaja viajamos a varios sitios en mulas y a pie y nuestro jefe Bingham siempre esperaba que armemos la carpa para dormir, no le gustaba alojarse en casa de los hacendados. Era buena gente, regalaba propinas a los campesinos en todas partes donde los encontraba.

Cazador nocturno El Dr. Ellwood era un experto cazador, salía en las noches a cazar con una lámpara especial cazaba toda clase de aves y animales silvestres para disecarlos y llevarlos a EE.UU. para su estudio informó don Luís Rodríguez. El Dr. Ellwood decía que muchos animales, gusanos y aves así como plantas no se conocían en la Universidad de Yale en EE.UU. y tenía que estudiarlos.

Pikillaqta y Choquepujio Viajamos con el Dr. Bingham y el Dr. Erdis al valle de Lucre, recorrimos las orillas de la Laguna y subimos a las ruinas de Pikillaqta, donde encontramos muchas paredes más altas que en Machu Picchu y estaban totalmente cubiertas con vegetación y árboles de resinas alisas, chachacomos y árboles pequeños con frutos rojos y maleza. Allí ordenó el Dr. Bingham que se excave, lo mismo en Choquepujio lugar con ruinas al otro lado del río Watanay, viendo desde Pikillaqta. En los dos sitios se excavó y encontramos huesos humanos y pedazos de tiestos, así como también encontramos tupus sacaron fotos y dejamos el sitio, acota don Luís Rodríguez Carpio. No vivía nadie en Machu Picchu Eran las 10:30 a.m. del día 28 de setiembre de 1973 cuando prosigue nuestra entrevista al Sr. Rodríguez, quién nos relata que nadie vivía en la parte alta de Machu Picchu, o sea en el sitio donde estaban las ruinas. Este sector lo llamaban Intiwatana y pertenecía al Sr. Monroy y él le llamaba Hacienda Intiwatana, Melchor Arteaga no vivía en las mismas ruinas si no en la ladera del cerro donde hacía chacras de yuca, virracas y rocotos.

Yo, Luís Rodríguez vine de Arequipa, Mi Padre vino al Cusco en 1901, se llamaba Manuel Rodríguez Castelo y vino a trabajar, pero recién en 1906 entró a trabajar en la empresa que tendía los rieles del Ferrocarril y ese año el tren llegó a Sicuani. Me acuerdo que de Sicuani a Cusco bajamos con mi amigo Velarde, hijo de la familia Velarde que hoy tiene su ferretería, en la calle ... Luego de que mis padres se vinieron a vivir en el Cusco, me pusieron en el Colegio Salesianos, de allí pasé al Colegio de la Merced donde conocí como profesores al Dr. Aquiles Chacón, al Dr. Pareja, al Dr. Luís Paredes, al Dr. Valer de Cotabambas, al padre Soto, al padre Tróncoso y otros profesores del Colegio. Estudié solo hasta el 4to de primaria y me puse a trabajar.

Recuerdo algo del Cusco de 1900 Por 1907 vi trabajar la Plaza de Armas de Cusco. La empedraron y se instalaron los toldos de lona para el mercado. Cada señora que vendía carne, papas, maíz, tenía toldo en la Plaza del Cusco. Estos trabajos los mandó a hacer el prefecto del Cusco que era arequipeño, el Sr. J.P Núñez. Después en 1908, el prefecto Eduardo Arenas mandó rellenar y empedrar la Plaza de las Nazarenas con faenas y los campesinos llegaba para trabajar gratis. No se les pagaba porque decían que era faena para el Cusco. En 1908 se fundó la Empresa Arequipeña de Cerveza. En 1909 ingresé al Ejército en el Cusco cuando trabajaba en la cervecería y estaba de gerente el Sr. Frailer y me despacharon a Lima y después de 10 meses regresé a Cusco y me reincorporé a mi trabajo en la Cervecería. No me gustó. Me fui a Puno, a Tambopata, donde iba a continuar el trazo del ferrocarril de Tirapata a Puerto Leguía. No le pagaron a la Peruvian y se dejó solamente las estacas. Mi señora trabajaba en la Casa Lomellini y mi suegro, don Mariano Arenas, me garantizó ante el Dr. Bingham y cuando llegó a Cusco en octubre de 1910. El primer campamento ya estaba en la finca de Santa Bárbara, frente a Zurite, en la hacienda de Núñez de la Torre. En noviembre se instaló otro campamento en Anta y el mismo Dr. Bingham empezó a hacer mapas de la Pampa de Anta y se subía a los cerros con su teodolito. Desde Anta caminábamos hasta el cerro Mama Simona cerca de Qorqa, buscando fragmentos de cerámica y llegamos a Huancahuanca de donde bajamos al pueblo de Huallpachaca. Encontramos muchos fragmentos de cerámica y llegamos hasta las orillas del Río Apurímac y habían también morteritos de piedra y continuamos hasta Paqariqtambu por la quebrada de Qorqa y seguían apareciendo tiestos.

De esta zona pasamos a Ollanta y se alquiló una casa del Sr. Zamora y él Dr. Bingham empezó a estudiar las ruinas que le gustaron mucho y se quedó un mes. El gobernador de Ollanta, era el Sr. Luís Valle que ordenó se limpiara todas las ruinas de los matorrales que cubrían los muros. Luego de estudiar Torontoy de donde sacaron 8 momias, tiestos y champis (tupus), se dirigieron a Huadquiña. Después de explorar las laderas de los cerros no encontraron nada y decidieron regresar al Cusco. Fabricamos cajones de madera especiales para colocar cada momia en su cajón respectivo, para no destrozarlas. Volvimos con los 40 cajones hasta Torontoy y empaquetamos las momias y como el camino es estrecho cada mula cargaba un sólo cajón con su momia. Avanzábamos muy lento y lo que se hacía en dos días lo hicimos en 5 días, por que en el camino recogimos las demás momias que dejamos guardadas. Los campesinos ayudantes no querían cargar las momias en las mulas, tenían miedo, decían que lo que hacíamos con los gringos era malo y les traería desgracias y perderían sus cosechas y ellos mismos los campesinos enfermarían hasta morir. Unas vez que llegamos al Cusco, las momias en sus cajones, las dejamos en la Casa Lomellini en cuyo interior se alquilaron cuatro habitaciones para guardar las cosas de la expedición. Hiram Bingham alude a don Luís Rodríguez Carpio como «su fiel arriero Luís» y expresa en los siguientes términos su reconocimiento: A los señores César Lomellini y C. del quienes durante dos años han actuado como nuestros agentes y han puesto a nuestra disposición sus excelentes instalaciones paras el manejo de las situaciones difíciles que surgían en conexión can la organización administración de una expedición de exploración, y todo sin cobrarnos ninguna comisión ni alquiler, aun cuando ocupamos un cuarto grande en sus almacenes como nuestra centro de operaciones durante muchos meses. (Bingham H. 1913: 530, 537, 573)

Benigno Pantigoso, ayudante de cocina de la Expedición Peruana de la Universidad de Yale fue entrevistado por El Comercio del Cusco el 22 de julio de 1961 con motivo de los 50 años de la llegada de Hiram Bingham a Machu Picchu. Pantigoso por entonces portero de las dependencias de la Facultad de Agronomía de la UNSAAC, dice al respecto: ... contrataron 44 peones para que limpiaran la hierba de las ruinas. Recuerdo que al escarbarla tierra encontraban muchas barretas, hachillas, y objetos de champi. Nunca dijeron que hubiera

oro y si lo hubiera sido no podría haberme dado cuenta por que el champi es metal amarillo. Lo que si sé es que por cada objeto que encontraban los trabajadores eran gratificados con dos o tres soles que yo mismo les entregaba por encargo del Sr. Bingham. ...

Las relaciones económicas y financieras de la Yale Peruvian Expedition y sus contactos locales no son punto especialmente relevante aquí, aun cuando si es pertinente destacar su importancia para alcanzar una plena comprensión de la historia de Machu Picchu en el siglo XX. En ese sentido, hay que tener presente que Hiram Bingham llevó un minucioso registro de los gastos para rendir cuentas a sus auspiciadores y patrocinadores. Esta documentación se encuentra en los Papeles de Hiram Bingham (Grupo 664; Serie VII).

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