MENSAJE DEL PRESIDENTE DEL CONSEJO GENERAL DE ESTUDIANTES, ÁLVARO L.

MORENO ÁVILA, EN LA CENTÉSIMA OCTAVA COLACIÓN DE

GRADOS DEL RECINTO DE RÍO PIEDRAS DE LA UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO 5 de junio de 2013

Antes que todo, reciban de parte mía, y del Consejo General de Estudiantes, las más cordiales, sinceras y efusivas felicitaciones en este, su día de graduación. Hoy se gradúan de la mejor universidad en Puerto Rico, la Universidad de Puerto Rico. El hito que esta ceremonia marca en sus vidas no es poca cosa, es el resultado del esfuerzo y empeño que por años dedicaron en su quehacer universitario. Las experiencias

académicas, profesionales, sociales y culturales que aquí obtuvieron seguramente los marcaron de forma permanente y contribuyeron a su formación como mejores seres humanos. Hoy es un día histórico para ustedes, que abre un sinfín de posibilidades para continuar creciendo y avanzando en su formación académica, profesional y personal. De la misma forma que hoy es un día histórico, lleno de posibilidades para ustedes, también es un periodo de posibilidades para la Universidad de Puerto Rico como institución. El año pasado, el hoy graduando, Ex Presidente del Consejo General de Estudiantes, René Vargas Martínez, les advertía a los graduandos sobre la existencia de dos visiones de universidad; la universidad de Miguel Muñoz, Luis Berríos y Ana Guadalupe, universidad donde imperaba una visión mercantilista de la educación,

donde reinaba la imposición y donde prevalecía el menosprecio al sentir de la comunidad universitaria. Por otro lado, existía la otra visión de universidad, la de la inmensa mayoría de ustedes, la de los universitarios que la amamos y que aspiramos a una mayor democratización y participación, la universidad de los universitarios que nos negábamos a ver la universidad como el sitio a donde uno viene exclusivamente a tomar clases y a obtener un título académico. La universidad de los que estuvimos dispuestos a tirar nos a la calle a defenderla hasta las últimas consecuencias. Hoy aquellos, y me refiero a Miguel Muñoz, Luis Berríos y Ana Guadalupe, ya no están, al menos en los altos puestos administrativos. Hoy la universidad se encuentra en un periodo de transición, periodo con un sabor agridulce. Por un lado se han

empezado a tomar algunas decisiones administrativas en la dirección correcta: decisiones para frenar el atornillamiento político-partidista, decisiones para restaurar el buen nombre de la UPR ante las agencias federales, decisiones para respetar la injerencia de los diferentes foros de gobernanza dentro del esquema de la toma de decisiones. Pero lamentablemente, el costo que pagamos fue un golpe directo y

contundente a la ya muy maltratada y lacerada Autonomía Universitaria. Hoy la Universidad de Puerto Rico se encuentra más vulnerable que nunca ante los vaivenes político-partidistas del País. La sustitución de la Junta de Síndicos,

aunque todos estábamos de acuerdo que tenía que desaparecer, por la Junta de Gobierno, no es mas que una desafiante invitación de parte del Gobernador Alejandro García Padilla, el Senado y la Cámara de Representantes para que futuras administraciones gubernamentales trastoquen como les venga en gana las estructuras de gobernanza de la UPR.

Ante un reclamo por parte de la comunidad universitaria de aumentar la participación de los diferentes sectores universitarios en los foros de gobernanza de la UPR y de comenzar un proceso integral y amplio de consulta para que surgiera una propuesta de reforma universitaria del propio seno de la Universidad,, los poderes políticos, entiéndase el Gobernador y la Asamblea Legislativa, los mismos que prometieron respetar la Autonomía Universitaria, optaron por un mero cambio de los integrantes que componen el máximo cuerpo rector de la UPR, cual si fueran puestos de confianza. Sin embargo, resulta justo hacer el siguiente caveat: a diferencia de los miembros de la extinta Junta de Síndicos, hasta el momento, los nuevos integrantes de la recién impuesta Junta de Gobierno han actuado a la altura de lo que son los estándares verdaderamente universitarios. No obstante, tenemos que recordar que el despotismo, aunque sea despotismo ilustrado, no deja de ser despotismo. Se preguntarán por que razón, si ya ustedes se gradúan, estoy utilizando este solemne acto de graduación para criticar a Miguel Muñoz, a Ana Guadalupe y a la extinta Junta de Síndicos, y de igual forma, por qué les estoy advirtiendo sobre el peligro y las consecuencias que podrían resultar ante la imposición de la recién configurada Junta de Gobierno. Podrán contestarse: “bueno, este es el trabajo del Presidente del Consejo”…. Y se podría argumentar que tienen razón, en parte. Pero mi intención va mucho más allá… Mi intención con todo esto es que nunca olviden el peligro que puede representar el permitir que nuestra Universidad sea secuestrada por un grupo de personas que no respondan a los valores que son estrictamente universitarios y que su

meta sea poner la institución a merced de la ideología del partido político que se encuentre en el poder, sea cual sea. Mi intención es que ahora cuando salgan de la Universidad de Puerto Rico tengan siempre en mente cual es la visión de Universidad de Puerto Rico que hay que combatir; por si llega el momento en que la Universidad de Puerto Rico se vea nuevamente amenazada por actores politiqueros en sus instancias de gobernanza, estén todos y todas ustedes listos para defenderla. ¡No menos le exige el diploma que hoy, simbólicamente, recibirán! Ustedes han recibido durante sus años en la Universidad de Puerto Rico la mejor educación universitaria que el País tiene para ofrecer y la han obtenido por un costo que es tres veces menor que lo que le costaría en una institución privada. Es por esto que insisto, ustedes saldrán hoy de aquí con un deber vitalicio de velar por el buen rumbo de lo que muchos llaman el proyecto social mas importante de Puerto Rico, el deber de luchar por una mayor accesibilidad y por la existencia misma de la educación pública que tan amenazada ha estado durante los pasados años. Estimo prudente citar al Dr. Efrén Rivera Ramos, catedrático de la Escuela de Derecho, cuando en el año 2008, en su Lección Inaugural La Universidad y lo posible, nos dijo: “Los universitarios – si queremos universidad – nos veremos cada vez más en la necesidad de defender esas posibilidades de las intervenciones que llegan de todas direcciones: de los gobiernos, los partidos políticos, los consorcios económicos, los donantes, los periódicos, los analistas noticiosos, y si, también, los propios funcionarios de la institución y otros elementos internos que no entiendan a cabalidad lo que significa la libertad de los universitarios”.

Aunque estas palabras iban dirigidas, en aquella ocasión, a estudiantes de nuevo ingreso, me parecen muy pertinentes para ustedes, estudiantes recién egresados del Recinto de Río Piedras, pues ustedes como egresados siempre podrán llamarse universitarios y siempre – si quieren universidad – se verán en la necesidad de defenderla. Antes de despedirme, con mucha alevosía y de forma muy adrede, aprovechando la presencia de los miembros de la recién creada Junta de Gobierno, me permito un espacio para recordar a los compañeros Rafael Ojeda, Ibrahim García y Waldemiro Vélez, líderes estudiantiles, víctimas del pasado régimen totalitario que fueron expulsados de por vida de la Universidad de Puerto Rico por luchar en contra de las medidas nefastas como la cuota de los $800.00 que nos fue impuesta arbitrariamente. A estos tres estudiantes le aplicaron la más anti-universitaria y

draconiana de las sanciones y les privaron del derecho a la educación por el mero hecho de luchar para que esa educación estuviera disponible y accesible para ustedes. Esto, aunque los oficiales examinadores o la Junta de Disciplina recomendaron sanciones menores a la expulsión definitiva. Irónica y lamentablemente, algunos de estos estudiantes, si se les hubiese impuesto la sanción originalmente recomendada estarían hoy aquí, recibiendo su grado académico. Aunque se que la Junta de Gobierno acordó revisar caso a caso las sanciones a estos estudiantes, al día de hoy, ellos se encuentran en la incertidumbre de si podrán continuar sus estudios en la Universidad de Puerto Rico el próximo semestre. Señoras y señores miembros de la Junta de Gobierno, no se comporten como la pasada administración universitaria, no hagan caso omiso al reclamo de sendas

Asambleas de Estudiantes y al reclamo del Senado Académico del Recinto de Río Piedras. La comunidad universitaria del Recinto ya se ha expresado y reclama la inmediata aprobación de una amnistía para estos tres estudiantes. Comencemos un proceso de reconciliación universitaria con el pie derecho. Restituyan a estos tres estudiantes ya. Es lo justo. Con esto me despido, no sin antes volver a felicitarlos por el logro que hoy celebran. Si han llegado hasta aquí, ciertamente, son merecedores del reconocimiento y el aplauso de todos los aquí presentes. ¡A ustedes, señoras y señores, mis respetos!

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