Mitología griega

1. Noción de mito

El

término mito proviene de la palabra "µυθος que significa discurso, µυθος", µυθος

palabra. Por lo que podríamos definir mito como relato. Pero este relato tiene ciertos rasgos propios.

Primero, se trata de un relato que no está situado dentro de lo que llamamos historia, sino en un contexto propio y siempre anterior al tiempo en que se cuenta este relato ( no tienen lugar en ningún momento de la historia).

Segundo, estos relatos proporcionan una explicación a una realidad natural que existe (origen del universo, estaciones, etc.).

Tercero, los protagonizan seres semejantes a nosotros pero que poseen características sobrehumanas (dioses, monstruos).

Así

pues, los mitos son relatos imaginados, protagonizados por seres

sobrenaturales, que dan explicación a fenómenos naturales y sitúan su acción siempre en un momento anterior al nuestro. Están situados en un tiempo primordial y prestigioso.

2. Transmisión del mito:
El mito lo transmiten los poetas, y pertenece al acervo común de la cultura de los griegos. Es un patrimonio común, que forma la conciencia de todo el pueblo griego. Nadie es dueño del mito, que se transmite de forma oral y de padres a hijos.

3. Mitología

Conjunto de mitos de un pueblo.
4. Clases de seres mitológicos

Dioses mayores

Los dioses griegos fueron en sus inicios personificaciones de las fuerzas de la
naturaleza (Poseidón, personifica el liquido elemento; Deméter, la tierra fértil), posteriormente fueron evolucionando hasta adquirir cualidades humanas (Apolo representa la belleza, Artemisa la castidad).

Tras esta humanización, los dioses experimentaron sentimientos (amor, odio) y
experiencias humanas (matrimonios, guerras). Lo que los diferencia de los hombres son su inmortalidad, su invisibilidad, su facultad de metamorfosearse y su dominio sobre el medio que representan. Los principales dioses mayores son los doce olímpicos. • Características: Tienen forma humana, pero son de mucho mayor tamaño que los hombres Son inmortales Son invisibles Tiene capacidad para la metamorfosis, es decir, el cambio de apariencia. Es un recurso que emplea frecuentemente Zeus, por ejemplo, para lograr sus conquistas amorosas. Tienen los mismos comportamientos que los humanos: virtudes y vicios. Intervienen en guerras (como la de Troya), tienen sus favoritos y protegidos, sus enemigos y odiados, son envidiosos, tramposos, ambiciosos,

lujuriosos, adúlteros (como Zeus). Pero son siempre monógamos. Se alimentan de néctar y ambrosía. Se ungen el cuerpo con ambrosía, de donde proviene su olor aromático. Por sus venas no corre sangre roja, sino un líquido translúcido llamado “icor” Habitan casi todos (excepto Hades y Poseidón) en la cima del monte Olimpo (“dioses, que poseéis olímpicos palacios…” dice Homero). Dioses menores Participan de la naturaleza divina, pero su área de influencia es mucho más limitada. Están ligados a alguna realidad concreta: bosques, aguas, ríos, arte, etc. Destacan: las nueve Musas (arte), las ninfas (aguas y fuentes), los sátiros (bosques y arbolados), las Moiras (el destino), las Gracias (forman el cortejo de Afrodita), las Graias (o viejas) etc…

Semidioses o héroes

Son aquellos seres en los que se aúna una parte divina y una parte humana,
pero que carecen de soberanía. Proceden de la unión entre un dios y una mortal (Teseo, Helena, Perseo…) o de una diosa y un mortal (Aquiles, Eneas…).

En un principio se llamaba héroes, a los engendrados entre un dios y un
mortal, de manera que los héroes serían semidioses. Posteriormente también se denominó héroe a un caudillo militar o a cualquier persona que destaque por su coraje o talento (por ejemplo Ulises).

Hay ciertos rasgos que caracterizan a los héroes:

Las vidas de los héroes suelen estar estrechamente relacionadas con el combate, la fundación de juegos o la realización de empresas imposibles (Hércules realiza doce pruebas imposibles, Belerofontes mató a la Quimera, Teseo fue un gran caudillo, Perseo mató a Medusa…)

Frecuentemente son héroes epónimos (dan nombre a una ciudad) y civilizadores, que fundan ciudades participando en la elaboración de leyes, técnicas y artes (Cadmo fundó Tebas, levantó las murallas de la ciudad, enseñó a los hombres a arar, a explotar los minerales, etc.; Helén es el héroe epónimo de los helenos y da nombre a toda la raza de los griegos)

Destacan por la desmesura de sus atributos físicos, ya sean belleza, fuerza o alguna característica monstruosa (Paris, príncipe troyano que raptó a la hermosa Helena, estaba considerado uno de los hombres más bellos de tiempo; Cécrope, primer rey de Atenas, tenia la parte superior de hombre y la parte inferior de serpiente).

En su vida predominan los hechos violentos más deleznables (Aquiles mata a Troilo, el hijo pequeño del rey Príamo de Troya, en un templo de Apolo; Heracles, mató a los hijos engendrados junto a su esposa Mégara en un acceso de locura; Odiseo mata a Palamedes, como venganza por obligarle a participar en al guerra de Troya; Tiestes viola a su propia hija, para engendrar un descendiente que le venge de su hermano Atreo).

Frecuentemente sus vidas son condicionadas por profecías a las que no pueden escapar (Edipo es abandonado por sus padres: para eludir la profecía de que mataría a su padre y se casaría con su madre obra cuanto está en su mano, pero no logra sustraerse a ella; Perseo es

encerrado junto a su madre en un cofre y lanzado al mar, pero aún así, tal y como había predicho el oráculo, mató a su abuelo).

Sus muertes suelen ser violentas y sus restos pueden estar dotados de poderes mágicos (Orfeo murió despedazado por las mujeres tracias; una vez muerto, el ofrendar ritos fúnebres a su cabeza, hizo que cesara una peste; el omóplato del fallecido Pélope, fue llevado a Troya como una de las condiciones que debían darse, para que los aqueos lograsen tomar la ciudad).

Hombre El ser humano es creación divina. En realidad existen hasta siete distintas explicaciones mitológicas sobre el origen del hombre: proceden del barro, de los árboles, de las hormigas (los famosos mirmidones o soldados de Aquiles

(µυρµηξ en griego significa hormiga), de las piedras (las que arrojan µυρµηξ
Deucalión y Pirra tras el diluvio: las arrojadas por Deucalión originan hombres, las de Pirra mujeres), y otros varios orígenes. A tener en cuenta que la primera mujer, Pandora, es concebida como un castigo que Zeus envía al hombre ante los desacatos de Prometeo, defensor del género humano.

Monstruos

Son seres antinaturales que causan espanto. En la mitología griega podemos encontrar monstruos de varias clases:

Los híbridos, son engendros compuestos por varios animales (la Quimera tiene cabeza de león, cuerpo de cabra y parte trasera de serpiente; las Sirenas son mitad mujeres, mitad aves).

Los que tienen características físicas anormales (Cerbero es un perro con tres cabezas, los Cíclopes tienen un solo ojo en mitad de la frente).

Y por último las metamorfosis (Escila y Medusa, fueron hermosas doncellas transformadas en monstruos por los dioses).

Mitología

Es la ciencia que se encarga del estudio de los mitos y de su interpretación. La definición de mito es muy difícil de establecer, ya que existen tantos, tan diferentes, y de tan variadas culturas y sociedades, que se hace prácticamente imposible aunarlos. Los mitos no se entienden sino en la agrupación de éstos; un mito solo puede no decir nada si no se tienen en cuenta otros. Se trata de narraciones del origen del mundo y de los hombres, de la naturaleza y las fuerzas que la componen, al fin y al cabo de lo que siempre ha interesado al hombre por el misterio que hay detrás de estos temas. La definición habitual de mito dice que éste es 'una fábula o ficción alegórica' pero aún no se tiene una definición que satisfaga a todos

Según Carlos García Gual, uno de los máximos estudiosos de la mitología griega, los mitos serían relatos tradicionales que se conservan en la memoria colectiva. Explican los grandes temas de la vida y del mundo, mediante el recuerdo de las acciones de los dioses y los héroes, seres extraordinarios situados en un tiempo distinto, prestigioso y primordial Se transmiten de generación en generación gracias a la labor de los poetas, y son conocidos por todos los griegos, ya que forman un patrimonio cultural común.

Mitología griega Los comienzos

• •

Orígenes: Se piensa que los orígenes pueden estar en los primeros poblados en el Neolítico, cuando empezaron nuevas creencias, y estas se transmitían a las nuevas generaciones. Uno de los precedentes se da el 2000 a.C., cuando el Rey Nino de Babilonia hace rendir culto a la estatua de su padre. A partir de esta fecha se divinizaron numerosos personajes.

• La mitología griega se estima que empieza hacia el 3000 a.C. con las creencias de las gentes de Creta Los cretenses pensaban que en todos los elementos de la

naturaleza habitaban espíritus, y que algunos objetos poseían cualidades mágicas. • Desde esa fecha hasta aproximadamente el s. VIII a.C. la mitología era confusa, hasta que Hesiodo compone la "Teogonía" donde recopila las antiguas tradiciones, relatando la creación del mundo mediante el uso de mitos y deidades. Importante fue también la aportación de Homero con "La Ilíada" y "La Odisea". Los romanos importaron dioses y mitos directamente desde Grecia, así como también incorporaron otros de la península itálica, y de otras civilizaciones, interpretándolos hasta que acababan siendo similares a los griegos.

Creación del mundo El principio

Según Hesiodo, al comienzo no había nada, sólo espacio, nada orgánico, simplemente el vacío, a lo que llama el Caos. De Eros el impulso amoroso, motor del universo, y el Tártaro, una región espectral, nace Gea, la Tierra. Base segura y morada para los seres vivientes donde poder vivir eternamente. Bajo ésta sigue existiendo el Caos, el cual engendra al Erebo, que está en las profundidades de Gea, luego dará lugar a los infiernos. También surgirá Nix, la noche, que junto a Erebo engendrará a Eter, la luz celestial, y a Hemera, la luz del día. Gea, al recibir la luz engendra a Urano, el cielo, el cuál tiene su misma extensión, y con el que podrá tener todos los hijos que desee.

El mundo de Hades

APOLO.
Es hijo de Zeus y de Leto, y hermano de Artemisa. Hera, la esposa de Zeus, estando furiosa por la infidelidad de éste, persiguió a Leto por toda la tierra. Ésta buscaba un lugar donde pudieran nacer sus hijos, y solamente una isla aceptó albergarla. Leto no podía dar a luz porque Hera retenía en el Olimpo a Ilitía, diosa que decidía sobre los nacimientos. Las otras diosas decidieron entonces darle a Hera un gran collar de oro y ámbar, a cambio de que permitiera que Ilitía ayudara a Leto. Hera aceptó. En la isla errante nació primero Artemisa, quien de inmediato ayudó a su madre para que pudiera dar a luz a Apolo. El dios fijó la isla errante en el centro del mundo griego, y la llamó Delos, "la brillante". Varios cisnes sagrados dieron siete vueltas alrededor de la isla, pues era el séptimo día del mes. Zeus le envió a su hijo una mitra de oro, una lira y un carro tirado por cisnes. Apolo era el protector de la música y la poesía, y su sitio predilecto era el monte Parnaso, donde presidía los concursos de las Musas. Sus oráculos se expresaban en versos, y se creía que inspiraba tanto a adivinos como a poetas. Se representaba a Apolo como un hermoso joven, alto y con largos bucles negros. Dios de la música y las artes, también era un dios guerrero. Era conocido por sus acertados oráculos. En la ciudad de Delfos mató con sus flechas a un dragón, que estaba a cargo de la protección del oráculo de Temis, pero que causaba estragos en la región. Apolo se apoderó del oráculo de Temis, en el que consagró un trípode, sobre el que la pitonisa pronunciaba los oráculos otorgados por el dios. Participó también en la matanza de los hijos de Níobe, pues ella había afirmado que eran más hermosos que los hijos de Leto.

Apolo tuvo numerosos amoríos con ninfas y mortales. Con la ninfa Cirene engendró al semidios Aristeo, y con las Musas tuvo varios hijos. La ninfa Dafne, hija del dios río Peneo, huyó del joven dios, y como éste la perseguía le rogó a su padre que la salvara; de inmediato quedó convertida en laurel, que fue en adelante consagrado a Apolo. Casandra fue también amada de Apolo, y para seducirla le prometió el don de la adivinación. Casandra aceptó, pero cuando el don le fue otorgado, rechazó a Apolo. En venganza, el dios la condenó a que sus predicciones nunca fueran creídas. Apolo también amó a Jacinto, pero accidentalmente le dio muerte con una flecha durante una cacería. Al no poder salvarlo, lo convirtió en una flor. En una ocasión, formó parte de una conspiración con Atenea, Hera y Poseidón para atar a Zeus con cadenas y colgarlo del cielo. El intento fracasó, y en castigo Apolo y Poseidón fueron obligados a trabajar para Lameodonte, rey de Troya, como castigo. Construyeron los muros de la ciudad, pero Lameodonte se negó a pagar el precio establecido. Apolo envió entonces una plaga que asoló el país. En la filosofía del alemán Nietzsche este dios representa una faceta de la vida, lo apolíneo. Se trata de dar más importancia a la faceta ordenada, luminosa y racional en detrimento de lo instintivo y natural representado por Dionisio. Según la interpretación tradicional, toda la cultura griega era apolínea. En cambio, Nietzsche cree que durante la época arcaica se asimilaban y se armonizaban ambas visiones, pero que con la llegada de Sócrates y la "rebelión de los esclavos" la cultura griega comenzó a ser exclusivamente apolínea.

APOLO Y DAFNE
Dafne, nombre que en griego significa laurel, era una ninfa hija del dios-río Peneo que transcurre por la región de Tesalia. El dios Apolo amaba a Dafne con una gran pasión pero la ninfa no le correspondía y le esquivaba. En una ocasión Apolo perseguía a Dafne y ésta huía hacia las montañas para evitarlo. Cuando el dios estaba a punto de alcanzarla, la joven dirigió una plegaria a su padre o bien a Zeus , suplicándole que la metamorfoseara para poder escapar al asedio del dios. Su petición fue escuchada y concedida, y al momento la joven comenzó a transformarse en un laurel. De sus pies iban saliendo raíces y sus extremidades se

convertían en frondosas ramas del árbol que desde ese momento fue el consagrado al dios Apolo y pasó a representarlo.

ARES.
Es el dios de la guerra. Es hijo de Zeus y Hera, por lo que forma parte del grupo de los doce dioses principales. Para los griegos, Ares era la representación de la fuerza bruta, en contraposición a Atenea, también diosa de la guerra, pero igualmente de la sabiduría. Esto se refleja en muchos mitos donde ambos dioses se enfrentan. Durante la Guerra de Troya, en la que los dioses combatieron junto a los hombres, Ares intentó matar al héroe griego Diomedes. Atenea estaba presente, invisible gracias al casco de Hades, y desvía la lanza del dios. Diomedes hirió entonces a Ares, quien se refugió de inmediato en el Olimpo, donde Zeus dispone su curación. En otra de las batallas de esta guerra Ares se enfrentó directamente con Atenea, pero ella lo dejó inconsciente de una pedrada. No sólo se enfrentaron en la Guerra de Troya. Un hijo de Ares, Cicno, era un bandido sanguinario. Detenía a los viajeros, los mataba y con sus cuerpos ofrecía sacrificios a su padre. Atacaba sobre todo a los que viajaban al templo de Apolo en Delfos. Apolo se encolerizó y envió en su contra a Heracles. El héroe pronto dio muerte a Cigno. Ares se presentó y pretendió matar a Heracles para vengar a su hijo. Atenea trató de razonar con él, indicándole que el Destino había decretado la muerte de Cicno, pero Ares no la escuchó. Lanzó su jabalina contra Heracles, pero Atenea la desvió. Heracles aprovechó el momento para herir a Ares en el muslo, y el dios de la guerra huyó para refugiarse en el Olimpo. Ares tuvo numerosas amantes, y sus hijos eran generalmente violentos.

Otros, sin embargo, son también héroes menores que juegan un papel secundario en varias leyendas. Ares representa el espíritu de la batalla. Es violento y disfruta de las matanzas y la sangre. No le importa la justicia, y se deleita solo en combatir. Combate a veces a pie, y a veces en un carro tirado por cuatro terribles caballos. Su tamaño es sobrehumano, y en combate lleva casco, escudo y coraza, y sus armas son la lanza y la espada. Junto a él está también Éride, la discordia, y Enio, la diosa que representaba las batallas. A Ares están consagrados los perros y los buitres. Fue identificado por los romanos con el dios Marte.

LA FRAGUA DE VULCANO: ARES Y AFRODITA

Afrodita-Venus, la más bella de las diosas, había recibido como esposo por disposición de Zeus-Júpiter al menos agraciado de los dioses, a Hefesto-Vulcano, el dios de la fragua, que era cojo y siempre andaba tiznado y sudoroso debido a su trabajo. Era previsible que la bella diosa del amor engañara a su esposo con jóvenes divinidades de mayor atractivo. Uno de los elegidos fue AresMarte, dios de la guerra, apuesto y vigoroso. Los encuentros de los dos amantes tienen lugar de noche, a escondidas del esposo, pero en una de ellas se demoraron más de lo previsto y dieron lugar a que Helios, el dios Sol, identificado posteriormente con Apolo, les sorprendiera. Helios acudió a la fragua para enterar a Hefesto del adulterio de su esposa con Ares. El engañado dios tramó una afrentosa venganza. Valiéndose de su gran habilidad como orfebre les tendió una trampa que consistió en fabricar una finísima red que sólo él podía manejar y que instaló en el lecho donde los amantes se encontraban. Después anunció a Afrodita que partía para un viaje. La diosa, confiada más que nunca, se citó con Ares. Cuando ambos amantes estaban en el lecho, Hefesto, que acechaba, cerró la red aprisionándolos e inmovilizándolos en él. A continuación avisó a los demás dioses del Olimpo para que presenciaran el regocijante y bochornoso espectáculo. Cuando Hefesto consintió en retirar la red, la diosa Afrodita escapó avergonzada hacia sus posesiones de Chipre mientras que Ares se dirigió a su tierra de Tracia.

ATENEA.
Atenea es la diosa de la sabiduría y se le conoce en la mitología latina como Minerva. Es también la protectora de la polis de Atenas. Sus padres son Zeus y Metis. Ésta estaba embarazada, cuando Zeus se la tragó aconsejado por Gea y Urano, ya que le habían indicado que su segundo hijo sería varón y que le iba a destronar. Pero, Zeus quería tener a su hija, por eso, pide a Hefesto (dios del fuego) que le abriera la cabeza, de donde nació la joven Atenea totalmente armada. Así, esta diosa se caracteriza por su belicosidad. Mató a gigantes como Palante y Encélado. Siempre apoyó a los aqueos, en oposición a los troyanos, ya que uno de ellos, Paris, se había negado a considerarla la diosa más hermosa, y había elegido a Afrodita. Este juicio ocurrió cuando La Discordia, enfadada por no haber sido invitada a una boda, ofreció una manzana para la diosa más bella. Entre sus protegidos se cuentan héroes como Heracles (Hércules), Ulises y Aquiles. Además, por ser también diosa de la actividad inteligente protege a las tejedoras, hilanderas, y bordadoras. Y es también identificada como diosa de las artes, de la literatura y de la filosofía. Sus atributos más conocidos son la lanza, el casco y la égida. Su escudo llevaba empotrada la cabeza de Medusa, la Gorgona, que tornaba en piedra todo lo que mirara. Su animal favorito era la lechuza, debido a que es un símbolo de sabiduría y razón, y la planta favorita era el olivo. Atenea no se relacionó con ningún hombre, y se mantuvo virgen. Sin embargo, tuvo un hijo, esto ocurrió cuando la diosa visitó a Hefesto, para obtener armas. Hefesto estaba despechado porque Afrodita lo había abandonado por Ares, y cuando vio a Atenea se enamoró de ella

y quiso hacerla suya. La diosa huyó, sin embargo Hefesto le dio alcance y la tomó en sus brazos. Atenea se resistid y no permitió que él la poseyera, pero el dios con un deseo y una pasión incontrolables, mojó la pierna de Atenea con su semen. Ella asqueada se limpió y tiró la toalla al suelo. La tierra fecundada dio a luz a Erictonio, a quien Atenea crió y educó como su propio y único hijo.

HERMES.
Hermes es hijo de Zeus y de la pléyade Maya. Es considerado el mensajero de los dioses. Nació en una cueva en el monte Cileno en el cuarto día del mes, y este día le fue consagrado. (Los romanos llamaron a este dios Mercurio, y de él proviene el nombre del día miércoles). Desde el día de su nacimiento dio muestras de una extraordinaria precocidad. Maya, su madre, lo había envuelto con bandas de tela para evitar que se lastimara al moverse. Hermes descubrió la forma de liberarse y escapó de la cueva durante la noche, mientras todos dormían, y salió a explorar el mundo. Llegó a Tesalia, donde su hermano Apolo estaba pastoreando los rebaños del rey Admeto. Durante un momento de distracción de Apolo, Hermes robó parte del ganado: doce vacas, cien terneras y un toro. Los ató con ramas largas en la cola y se los llevó caminando hacia atrás, para que no pudieran localizarlo por sus huellas. El único testigo del robo fue un anciano llamado Bato. Hermes llevó los animales hasta Pilos, donde sacrificó dos de ellos dividiéndolos y dedicando una parte para cada uno de los dioses. Ocultó el resto del ganado, y regresó a la cueva en el monte Cileno. En la entrada de la

cueva halló una tortuga. Hermes la mató, la vació y en su caparazón ató y tensó cuerdas hechas con los intestinos de los animales que había sacrificado. De esta manera inventó la lira. Apolo se había percatado del robo, y estaba buscando los animales perdidos. Encontró a Bato, quien le reveló la identidad del ladrón. (Según otra versión, Apolo supo quién era el culpable por medio de sus artes adivinatorias, observando el vuelo de las aves). Fue hasta el monte Cileno, y reclamó a Maya el robo efectuado por su hijo y exigió la devolución de su ganado. Pero Maya le mostró a Hermes dormido en su cuna, y le preguntó cómo un recién nacido podría ser un ladrón de ganado. Apolo acudió a Zeus, quien ordenó a Hermes que restituyera las reses robadas. Sin embargo, Apolo había oído la música que Hermes producía con su lira, y maravillado, le dejó sus animales a cambio del instrumento. No fue la única vez que se realizó una transacción semejante. Años después, cuidando de su ganado, Hermes aprovechó un momento de reposo para inventar la flauta. Apolo también quiso tener este instrumento, y Hermes accedió a entregársela a cambio de su cayado de oro y de que le enseñara el arte de la adivinación. Es por esto que la vara dorada, el caduceo, es uno de los atributos de Hermes. Además de las enseñanzas de Apolo, Hermes aprendió también a adivinar el futuro por medio de pequeños guijarros. Zeus estaba complacido por la habilidad de su hijo, y lo nombró su heraldo, para que estuviera a su servicio y al de los dioses del Infierno, Hades y Perséfone. Además protege a muchos héroes, como Ulises, Heracles y Perseo. Cuando Io, amante de Zeus, fue transformada en vaca y puesta por la diosa Hera bajo la custodia del monstruo de múltiples ojos Argos, fue Hermes quien lo durmió con su música y le dio muerte, liberando a Io. Hermes es representado a menudo con casco y sandalias aladas, con el caduceo en la mano. A veces se le muestra también llevando un cordero en los hombros, y se le llama entonces Hermes Crióforo. Guiaba y protegía a los viajeros, y en las encrucijadas de los caminos se levantaban imágenes suyas, pilares en cuya parte superior estaba esculpido el torso de su figura. También es el dios tutelar del comercio.

ZEUS
Zeus es el más grande de los dioses griegos. Es el dios del rayo, de la luz y del cielo, envía la lluvia y mantiene el orden y la justicia en el mundo, entre dioses y hombres. Pertenece a la segunda generación divina. Es hijo de Cronos y de Rea. Cronos dominaba el universo, y había sido advertido por un oráculo que uno de sus hijos lo destronaría. Para evitarlo, devoraba a sus hijos e hijas, conforme iban naciendo. Rea salvó al más joven, Zeus, dando a luz durante la noche, y llevando al día siguiente a Cronos una piedra envuelta en pañales, que él devoró inmediatamente. Zeus fue criado en secreto, protegido por las ninfas. La cabra Amaltea le dio leche, y las abejas del monte Ida produjeron miel exclusivamente para él. Cuando lloraba, los curetes golpeaban sus escudos con sus lanzas, para que Cronos no pudiera descubrirlo. Al llegar a la edad adulta, Zeus quiso conquistar el poder de Cronos. Por consejo de Metis, la Prudencia, suministró a su padre un vomitorio que le hizo expulsar a los hijos que había devorado. Con su ayuda, atacó a Cronos y a los titanes en una batalla de diez años. Los titanes fueron vencidos y arrojados del cielo. Para esta batalla, Zeus liberó a los cíclopes del abismo de Tártaro, y ellos forjaron el trueno y el rayo para él, el tridente para su hermano Poseidón, y a Hades le dieron un casco mágico que hacía invisible a quien lo usara. Los dioses victoriosos se repartieron el dominio del mundo. Zeus obtuvo el cielo, Poseidón el mar, y Hades el mundo subterráneo. Además, Zeus quedó como gobernante universal. Zeus tuvo numerosos amores. De Hera, su hermana y esposa, nacieron Ares, Hebe e Ilitía. Con Démeter procreó a Perséfone, de Mnemosina, personificación de la Memoria, tuvo a las Musas. De la titánida Temis tuvo a las Estaciones, las Horas y las Moiras. Con Leto tuvo a Apolo y Artemisa. Muchas fueron también sus amantes mortales. De su unión con Alcmena nació Heracles, Hércules para los romanos. Hijo suyo y de Sémele fue Dionisos, y con Dánae tuvo a Perseo. También se unió a Antíope, Calisto, Egina, Electra, Europa, Ío, Laodamía, Maya, Leda, Níobe, Pluto, etc. También mantuvo relaciones con otro hombre, Ganímedes.

Estas aventuras provocaban la ira de su esposa Hera, por lo que en muchas ocasiones se unía a sus amantes bajo diversas formas, como un toro, un cisne o como lluvia de oro. Los romanos lo identificaron con Júpiter. Para conseguir sus conquistas amorosas, Zeus no dudaba pues en adoptar formas diversas, es decir, en recurrir a las metamorfosis: Con Europa, en forma de toro Con Dánae, en forma de lluvia de oro Con Ío, en forma de nube Con Alcmena, en forma de su propio marido Anfitrión Con Leda, en forma de cisne

EL RAPTO DE EUROPA
Zeus es un incansable conquistador y sus amores con diosas, ninfas y mortales llenan una amplia página de la mitología. En el mito que nos ocupa Zeus ha puesto sus ojos en una bella joven asiática, hija de Agenor, rey de Tiro, en Fenicia, en la cuenca oriental del Mediterráneo. Pide ayuda a su hijo Hermes para la preparación del encuentro y posterior rapto que va a ser de los más historiados porque el dios ha decidido metamorfosearse en un bello toro. Hermes va a ser el encargado de conducir al rebaño de bueyes del rey desde los altos prados hasta la playa cercana donde Zeus sabía que Europa y otras doncellas de Tiro acudían a pasar la jornada de diversión y asueto. Zeus toma la forma de un toro blanquísimo, de facciones nobles, que no infunde miedo y se aproxima saliendo del rebaño hasta el grupo de las jóvenes. Éstas se asustan al principio pero poco a poco van cogiendo confianza con el manso toro que acepta sus caricias y las guirnaldas de flores que las muchachas trenzan para colocarlas entre los cuernos. Europa llega a sentarse encima del animal, tan confiada y ajena a lo que le espera. El toro besa los pies de la joven, mientras sus amigas la adornan, y se dispone a continuar su plan. El animal se incorpora y sin demora se lanza al mar con la ansiada carga en su grupa. Las amigas se quedan en la costa, sorprendidas, levantando las manos en gesto de sorpresa y el grupo se introduce en mar abierto donde los Vientos ayudan a avanzar y donde grupos de divinidades marinas surgirán como cortejo. Llegan a las costas de la isla europea de Creta. Allí Europa dará a luz a tres hijos, Minos, Sarpedón y Radamantis dejando así la estirpe divina en la isla.

HADES.
Dios de los Muertos, hijo de Cronos, quien lo había devorado junto con sus hermanos para evitar que, como le habían augurado, un descendiente suyo le arrebatara el dominio del Universo. Cuando Zeus obligó a Cronos a vomitar a sus hijos, Hades ayudó a vencer a los Titanes. El universo fue repartido entre Zeus, quien gobernaba el cielo, Poseidón, que dominaba los mares, y Hades, a quien correspondió el mundo subterráneo. En su lucha contra los Titanes, los Cíclopes le dieron un yelmo que volvía invisible a quien lo usara. Hades significa el Invisible, y su nombre era pocas veces mencionado, pues hacerlo podía provocar la cólera del dios. Hades reina sobre los muertos bajo la tierra, en el Tártaro profundo. Es un amo despiadado, que no permite que sus súbditos regresen entre los vivos. Bajo su mando están los genios de la tierra y los demonios. Su esposa es Perséfone, hija de la diosa de la fertilidad de la tierra, Demeter. Hades había raptado a Perséfone, y aunque se vio obligado a devolverla más tarde, ya que Demeter se negaba a hacer crecer el trigo mientras su hija estuviera lejos de ella, se valió de una estratagema para asegurarse de que regresara periódicamente a su lado. Le dio a comer tres semillas de granada, y al comer alimento de los infiernos Perséfone debía regresar tres meses al año al Tártaro. En esta relación con Perséfone, Hades forma parte del ciclo de fertilidad de la tierra. Para evitar mencionar su nombre, se utilizaban eufemismos, y uno de ellos era Plutón, "el rico", haciendo referencia a las riquezas del subsuelo, tanto en minerales y piedras preciosas, como en el de las tierras cultivadas. El regreso periódico de Perséfone a la superficie representa el surgimiento de esas riquezas, pues con ella viene la primavera. Los romanos lo llamaban Plutón.

EL RAPTO DE PERSÉFONE

Deméter-Ceres, hermana de Zeus, diosa de la agricultura tenía una hija con la que estaba estrechamente unida: Perséfone-Prosérpina. Esta diosa crecía feliz entre las ninfas y otras doncellas haciendo la vida propia de la juventud que no se preocupa del matrimonio. Un día en que estaba cogiendo flores en la pradera de Nisa, en las llanuras de Sicilia, en el momento en que se disponía a arrancar un narciso, súbitamente la tierra se abrió a su alrededor y apareció en su carro el dios de los Infiernos, Hades-Plutón , que se había enamorado de la joven. El dios descendió, salió al encuentro de la diosa y la raptó, llevándosela con él a las profundidades. Esta acción la cometió con la complicidad de Zeus. La desolada madre de la joven la buscó en vano por toda la tierra durante nueve días y nueve noches en las que se ayudaba de una antorcha. Mientras tanto descuida sus tareas de diosa de la agricultura y la tierra en Grecia se vuelve estéril ocasionando un período de hambre. Zeus ordena a Hades, por medio de la diosa mensajera Iris, que devuelva la hija a su madre. No va a ser ya posible porque Perséfone ha comido un grano de una granada cultivado en el Infierno y por tanto queda ya ligada a este lugar definitivamente. La solución es el acuerdo que toman los tres dioses olímpicos: Perséfone dividirá el año entre su estancia en los Infiernos con Hades –lo que simboliza el invierno, ausencia de vegetación- y su regreso a la tierra con su madre –que simboliza la primavera.

DEMÉTER
Deméter, la Diosa Maternal de la Tierra, pertenece a la segunda generación de dioses. Fue la segunda hija de Cronos y Rea. La personalidad de Deméter es a la vez religiosa y mística, y se le considera principalmente la diosa del trigo y la fertilidad de la Tierra. Era de especial veneración en las zonas del mundo griego donde era de gran importancia el cultivo del trigo. Sus atributos son la espiga, el narciso y la adormidera, y su ave favorita es la grulla. La leyenda más importante sobre Deméter se relaciona con su hija Perséfone. Hades, hermano de Deméter y señor del mundo subterráneo, se había enamorado de Perséfone, su sobrina. Cuando la joven diosa estaba en el campo, en compañía de Atenea y Artemisa, se alejó por un momento de su compañía, y en un paraje solitario se agachó para recoger un narciso. En ese momento la Tierra se abrió, apareció Hades, cubierto en sombras, y se llevó a Perséfone a la fuerza, hasta el mundo de los infiernos. Antes de desaparecer, Perséfone lanzó un grito, que fue escuchado por su madre. Deméter recorrió todo el mundo en busca de su hija durante nueve días, si comer ni beber, con una antorcha en cada mano. Al no encontrarla pidió la ayuda de los otros dioses. Helios, el Sol, puede ver todo desde lo alto del cielo, y le informó que el raptor de su hija fue Hades. Enfurecida, la diosa resolvió no regresar al Olimpo, tomó la forma de una anciana y se trasladó a Eleusis, y se dirigió al palacio del rey Céleo, y entró a su servicio como nodriza de su hijo. La diosa, encariñada con el niño, trató de hacerlo inmortal, pero fue interrumpida por la madre, la reina Metanira. La diosa se dio a conocer, y le encomendó al joven la misión de difundir por el mundo el cultivo del trigo. El destierro voluntario de la diosa volvió a la tierra estéril, pero ella se

negó a regresar la fertilidad de los campos hasta que su hija le hubiera sido devuelta. Zeus, el señor de los dioses, le ordenó entonces a Hades que restituyera a Perséfone. Sin embargo, la joven diosa había comido tres semillas de granada de los árboles del Tártaro, por lo que estaba condenada a permanecer ahí. Sin embargo, se hizo un pacto: Perséfone saldría del reino de Hades, pero volvería durante tres meses al año. Durante esos meses, el trigo deja de crecer; es la estación del invierno. Los romanos veneraban a Deméter con el nombre de Ceres.

POSEIDÓN.
Poseidón, dios del mar, es uno de los Olímpicos, hijo de Cronos y de Rea. Al igual que sus hermanos, fue devorado por su padre, a quien le habían vaticinado que un hijo suyo habría de arrebatarle el dominio del universo. Cuando Zeus obligó a Cronos a vomitar a sus hermanos, éstos vencieron a Cronos y a los titanes, y se repartieron el dominio del Mundo. En este reparto, Poseidón quedó como señor de los Mares. No sólo tiene poder sobre las olas, sino que también tienen la potestad de desatar tempestades, romper las rocas de las costas con su tridente, y hacer surgir manantiales. Su dominio se extiende hasta los lagos y las aguas corrientes. Se le representa armado con un tridente, símbolo de su poder sobre las aguas, y monta en un carro tirado por seres monstruosos, mitad caballos y mitad serpientes. Su cortejo lo forman las nereidas, los peces y los delfines, y espíritus del mar, como Proteo y Glauco. Según una tradición, Poseidón trabajó durante un año, junto con Apolo y Éaco, en la construcción de las murallas de Troya. Se le negó el salario

convenido, por lo que el dios, en venganza, hizo salir un monstruo del fondo del mar que atacó a los pueblos troyanos. Éste es el origen del rencor que sentía este dios hacia esta ciudad, contra la que combatió en la famosa Guerra de Troya. Sin embargo, ayuda a salvar a un troyano, Éneas, pues el Destino no había dictaminado su muerte en la destrucción de la ciudad. Los descendientes de Eneas son, posteriormente, los fundadores de Roma. Disputó también con otros dioses sobre algunas ciudades donde debían recibir especial veneración, y perdió con frecuencia. Perdió con Helios la ciudad de Corinto, con Zeus la ciudad de Egina, Apolo lo derrotó en Delfos y Dionisos lo venció en Naxos. Perdió también con Hera el dominio de Argos. Tomó posesión de Atenas, golpeando la cima de la Acrópolis con su tridente y haciendo surgir un pozo de agua salada. Sin embargo, pronto llegó Palas Atenea, quien hizo brotar con su lanza un árbol de olivo, y reclamó la soberanía de la ciudad. A pesar de esto, Poseidón era el señor de una isla maravillosa, la Atlántida. La esposa de Poseidón era Anfitrite, con la que no tuvo hijos. Además tuvo numerosos amores. Con Toosa engendró al cíclope Polifemo, con Medusa tuvo al guerrero gigante Crisaor y al caballo alado, Pegaso. Orión el cazador fue también hijo suyo, y con la diosa Démeter se cuenta que tuvo una hija, cuyo nombre era prohibido pronunciar. En Roma se le rendía culto con el nombre de Neptuno, y su fiesta se celebraba en medio del verano

POSEIDON Y ANFITRITE
Anfítrite era una nereida, hija del dios Nereo, y dirigía el coro de sus hermanas. Poseidón-Neptuno, el dios del mar y del océano, la amaba desde siempre e intentaba hacerla su esposa pero la joven le temía y le rechazaba. Para evitar al dios, Anfitrite se dirigió hasta las profundidades del Océano, lejos del palacio del dios del mar, más allá de las Columnas de Hércules. Unos delfines que nadaban por la zona la descubrieron y fueron a contárselo a Poseidón, el cual les encargó que transportaran a la joven a su presencia. Así lo hicieron y, en medio de un solemne cortejo de animales y divinidades marinas, condujeron a la joven hasta el dios que la tomó solemnemente por esposa y desde ese momento fue su compañera.

AFRODITA.
Afrodita es la diosa del amor y la belleza, y se identifica en Roma con la antigua divinidad itálica Venus. Según una tradición es hija de Urano y según otra de Zeus y Dione. En el caso de la primera historia, el nacimiento ocurre en el momento que Cronos (dios del tiempo) corta los genitales de su padre Urano y los lanza al mar, de donde surge Afrodita. Según la versión de Homero, nació de la unión de Zeus con Hera. Una vez que salió del mar, Afrodita fue llevada por los vientos Céfiros, primero a Citera y luego a Chipre, donde las Horas la vistieron y la guiaron a la morada de los Inmortales. Afrodita es partícipe de un sinnúmero de leyendas. Primero, se casó con Hefesto (el divino cojo y dios del Fuego), pero estaba enamorada de Ares (dios de la Guerra). Cuenta Homero que mientras los enamorados se entregaban a la pasión en una madrugada, en el lecho de Afrodita, Hefesto celoso les había puesto una trampa, pues el Sol le había contado que su amada le estaba siendo infiel. Cuando los amantes se dieron cuenta ya estaban atrapados en una red mágica que tenía el esposo de la bella diosa, y éste fue a llamar a todos los dioses para que fueran testigos del engaño. Todos se burlaron del asunto, pero Poseidón pidió clemencia y por eso Afrodita y Ares fueron liberados. La diosa avergonzada huyó a Chipre, mientras que Ares se fue a Tracia. Sin embargo, sus amores tuvieron fruto y de tal unión nacieron Eros (dios del amor) y Anteros, Deimo y Fobos (el Terror y el Temor) y Harmonía. A veces también se agrega a Príapo.

Además de Ares, Afrodita estuvo involucrada amorosomente con Adonis y con Anquises, con quien tuvo a Eneas (héroe troyano y personaje de La Eneida de Virgilio) y a Lirno. Pero la diosa fue especialmente conocida por sus maldiciones e iras, pues cuando alguien caía en la desgracia de ofender a la diosa, se condenaba a tormentos terribles. Por ejemplo, castigó a la Aurora con un amor irrefrenable por Orión, ya que había cedido a las seducciones de Ares. También castigó a todas las mujeres de Lemnos, ya que éstas no la honraban, y las impregnó con un olor insoportable que provocó que sus hombres las abandonaran. De igual manera castigó a las hijas de Cíniras y las obligó a prostituirse con extranjeros. Por otra parte, caer en su gracia era igual o más peligroso. Cuando la Discordia lanzó una manzana a la más hermosa de las diosas, e hizo que compitieran Afrodita, Palas Atenea y Hera, y Zeus decidió que fuera Paris, héroe troyano, el que definiera quién era la más hermosa, cada una le ofreció un regalo a cambio de que la escogiera. Palas Atenea le ofreció hacerlo invencible en la guerra, Hera le prometió el reino del universo, y Afrodita la mano de Helena (hija de Zeus y hermana de los Dioscuros), quien era la mujer más hermosa del mundo. Paris eligió a Afrodita y fue por esta promesa que se inició la famosa Guerra de Troya. Afrodita agradecida con Paris, lo protegió durante toda la campaña así como a los demás aqueos, incluyendo a su hijo Eneas, a quien logró salvar de la muerte. Aunque Troya iba a perder la guerra definitivamente, Afrodita logró rescatar la raza de los aqueos con su hijo Eneas, quien luego viajara a una tierra desconocida donde sus descendientes Rómulo y Remo fundarían Roma. Así es como para lo romanos Afrodita, Venus para ellos, fuera su protectora particular y por eso César le levantó un templo bajo la invocación de Venus Madre. Los animales favoritos de esta diosa eran las palomas, y estas aves arrastraban su carro. Sus plantas eran la rosa y el mirto.

BACO.

Baco, en la mitología romana, dios del vino, identificado con Dioniso, el dios griego del vino, y con Liber, el dios romano del vino. Hijo de Zeus (Júpiter), se le suele caracterizar de dos maneras: una como dios de la vegetación, específicamente de los frutos de los árboles, que aparece representado a menudo en los vasos áticos con un cuerno con bebida y racimos de uvas. Como llegó a ser el dios popular griego del vino y el regocijo, se dice que en algunos de sus festivales se producían milagros en los que el vino era el ingrediente predominante. La segunda caracterización del dios apunta a los misterios de una divinidad que inspiraba cultos orgiásticos, de los que son ejemplo las ménades o bacantes. Este grupo de mujeres abandonaba el hogar y vagaba por el desierto entrando en un estado de éxtasis en su devoción al dios. Vestían pieles de cervatillo y se creía que poseían poderes ocultos El nombre Baco llegó a usarse en la antigua Grecia durante el siglo V a.C. Se refiere a los fuertes gritos con los que se adoraba al dios en las bacanales, frenéticas celebraciones en su honor. Estos hechos, supuestamente originados en las fiestas de la naturaleza primaveral, llegaron a ser ocasión de embriaguez y de actos licenciosos y disolutos, en los que los celebrantes danzaban y bebían. Las bacanales se hicieron cada vez más desenfrenadas. Por esa razón, el Senado romano las prohibió en el año 186 a.C. En el siglo I d.C., sin embargo, los misterios dionisíacos eran aún populares, como lo demuestran las representaciones alusivas encontradas en sarcófagos griegos. En la filosofía de Nietzsche representa una visión de la vida que ha quedado relegada en la civilización occidental. Se trata de lo dionisiaco, es decir, la vida en sus aspectos oscuros, instintivos e irracionales.

BACO Y ARIADNA
Ariadna era hija del rey de Creta Minos y de Pasífae. Cuando el héroe ateniense Teseo llegó a Creta dispuesto a matar al Minotauro, Ariadna lo vio y se enamoró de él. Gracias a su ayuda Teseo logró salir del laberinto donde estaba encerrado el monstruo.La joven le había dado un ovillo que el héroe fue soltando al entrar. Después de cumplido su objetivo el hilo le indicó el camino de regreso. Ariadna se escapó con Teseo en su nave con dirección a Atenas. Hicieron una escala en la isla de Naxos y, mientras la joven dormía en la playa, el héroe partió rumbo a su destino abandonándola, posiblemente impelido por una orden del Destino ya que la joven no le estaba destinada. No tuvo Ariadna ocasión de lamentar por mucho tiempo el abandono de su amado porque muy pronto el dios Dioniso-Baco apareció por el aire conduciendo un carro tirado por panteras y rodeado de su cortejo de sátiros, ménades y Sileno. El dios quedó fascinado por la belleza de Ariadna y la tomó por esposa conduciéndola al Olimpo. Como regalo de boda le dio una diadema de oro, obra del dios HefestoVulcano, que más tarde fue convertida en constelación y conocemos como Corona Boreal.

HEFESTO
Es hijo de la diosa Hera, al igual que Atenea lo era de Zeus. Nació deforme, con cojera por lo que su madre lo rechazó y arrojó desde el Olimpo. Cayó al mar donde lo acoge la diosa marina Tetis y posteriormente vive en la isla de Lemnos donde practica la actividad de la que es protector. En efecto es el dios de la fragua, el herrero y orfebre divino, encargado de hacer las armas y joyas de dioses y héroes. Es aceptado en el Olimpo y se reconcilia con su madre. Obtiene la mano de la más bella de las diosas, Afrodita.

Hefesto ha sido siempre una deidad inherente al fuego, debido a que, desde tiempos inmemoriales, este elemento esencial se ha relacionado con lo divino. El propio Homero denominaba Hefesto al fuego e identificaba a ambos: "Ardió tu cadáver adornado con vestidura de dios, con gran cantidad de ungüento y de dulce miel; agitáronse con sus armas multitud de héroes aqueos, unos a pie y otros en carros, en torno de la pira en que te quemaste; y prodújose un gran tumulto. Después que la llama de Hefesto acabó de consumirte, ¡oh, Aquiles!, al apuntar el día, recogimos tus blancos huesos y los echamos en vino puro y ungüento." También en otros pasajes se le relaciona, a menudo, con actividades que el propio dios hacía para los demás compañeros del Olimpo. Fue Hefesto quien construyó el hermoso palacio del todopoderoso Zeus y quien realizó el ánfora en la que se depositaron los restos del héroe Aquiles y las armas de éste guerrero. Acerca del origen, personalidad y atributos de Hefesto, hay versiones distintas. La más aceptada es aquella que afirma que es hijo de Zeus y de su legítima esposa Hera. Sin embargo, y según cuentan las más ancestrales leyendas, el fruto de la unión de tan egregios esposos no contribuyó al mejor entendimiento de ambos. Se dice que la cojera de Hefesto le sobrevino, precisamente, por tomar partido a favor de su madre Hera en una de estas violentas discusiones. Zeus, ciego de ira por lo que pensaba era una confabulación familiar contra él, habría arrojado del Olimpo a su propio hijo, haciéndole caer en la lejana isla de Lemnos. A consecuencia de tamaña violencia física, Hefesto se romperá las piernas y desde entonces será conocido como el "ilustre cojo de

ambos pies". En ocasiones, los dioses del Olimpo se burlaban de Hefesto a causa de su cojera y su desagradable aspecto. Tullido y feo, era objeto de continua mofa. Más lo curioso es que se hallaba casado con la bella Afrodita, diosa del amor; lo cual indica que Hefesto debía tener cualidades de las que carecían los demás dioses que lo ridiculizaban. Pues, de lo contrario, la mejor conocedora de los lances amorosos no habría accedido a ser su esposa. Respecto al trabajo de Hefesto, o Vulcano para los romanos, en su legendaria fragua, será el gran poeta Virgilio quien más líricamente lo describa: "A un lado de Sicilia, entre ella y Lípara, está una isla célebre, encumbrada sobre altísimas peñas que humean; debajo de la cual una gran cueva y muchas otras, como aquellas de Etna, con los ciclópeos fuegos carcomidas, retumban de continuo. Allí mil yunques, con valientes golpes heridos, suenan con terribles truenos que en torno se oyen claros de muy lejos. Rechinan por las cóncavas cavernas barras y masas de encendido hierro; salen de mil hornazas vivas llamas: ésta es la casa y fragua de Vulcano y de él dicen "Vulcania" aquesta isla". La tradición popular, no obstante, asocia la mítica Fragua de Vulcano con el volcán Stromboli, muy activo y en continua erupción siempre. De su cráter se decía que salían tales llamas que un pedazo de hierro que se dejara por la noche en sus aledaños, aparecería por la mañana ya forjado. Sería en este lugar donde Hefesto, después de ser expulsado del Olimpo, decide establecer su hogar y su fragua dentro de una ígnea caverna. Pero además cuentan las más antiguas narraciones clásicas que Prometeo robaría allí el fuego de los dioses. En este mítico taller de Hefesto no sólo se forjaba el hierro, sino que también, el nutrido grupo de operarios a su mando, mantenía febril actividad en torno a la construcción de diversos objetos con materiales nobles. Y, así, pronto cumplimentarán encargos que quedaron grabados en la mitología como verdaderas obras de arte. Entre ellos se encuentra el más hermoso de los escudos que imaginarse pueda. Fue fabricado, por encargo de Afrodita, para defensa y orgullo del héroe Eneas. Era todo él de oro y sus relieves hacían alusión a un idílico tiempo futuro que no pudo cumplirse nunca. Contra él nada podían, ni flechas ni dardos enemigos: "(...) y lánzale un dardo agudo y luego, tras de aquél, otro y otro y otro aprisa, y ándase en torno de él en ancho cerco; más el escudo de oro los para." Otra de las obras que salieron de la mítica fragua de Hefesto fue el radiante y ostentoso carro que conducía el hijo del titán Hiperión, es

decir, Helios. Esta deidad personificaba al Sol y tenía por hermanas a la Aurora y a la Luna, llamada Selene. El hermoso carro de Helios iba acompañado por cuatro hermosos caballos que tiraban de él con inusitado brío y cuyos nombres hacían alusión al fuego, a la radiante luz, al calor y a la claridad: "Ardiente", "Resplandeciente", "Brillante" y "Amanecer". Pero además no sólo será la elaboración de objetos lo que los relatos más legendarios atribuyan a Hefesto. También se dice de él que confeccionó una especie de muñecos de oro, tan semejantes a los propios mortales que no pocos, de entre los autores clásicos, los han identificado con los verdaderos seres humanos y su creación.

ARTEMISA
Hija de Zeus y Leto y hermana gemela de Apolo. Pidió a su padre el don de la virginidad y no quiere saber nada del contacto con varones. Es la diosa de la caza y amante de los bosques y prados que recorre con su séquito de ninfas practicando su actividad favorita. Se la representa con un arco y carcaj lleno de flechas acompañada de un ciervo y a veces los perros de caza, vestida con ropa ligera. Por paralelismo con su hermano Apolo, es identificada con la diosa Selene, que representa la Luna y con esta personalidad sí se le conoce un idilio amoroso con el bello pastor Endimión.

DIANA Y ACTEÓN
La diosa Ártemis-Diana es la protectora de la caza, su actividad habitual. En este cometido recorría bosques y montes acompañada de su séquito de ninfas. Cuando estaban cansadas y sudorosas tras el ejercicio solían descansar en las orillas de remansos de los ríos o fuentes rumorosas y aprovechaban para tomar un baño. Las

diosas eran muy celosas de su intimidad y no podían ser vistas en su desnudez por ningún mortal so pena de arrostrar el castigo correspondiente. Esto le ocurrió a Acteón, un joven de la familia real de Tebas, educado por el centauro Quirón, que practicando un día en el monte Citerón su actividad favorita, la caza, encaminó involuntariamente sus pasos hasta el lugar donde la diosa y sus ninfas tomaban un baño. El joven no se retiró sino que se quedó contemplando la escena con sus mortales ojos, extasiado ante la visión de la belleza de la diosa. Ártemis, irritada al sentirse observada, lo castiga duramente: lo convierte en un ciervo y excita contra él a los perros que integraban su jauría. Acteón conserva su consciencia humana e intenta hablar con los perros que no lo reconocen y se abalanzan sobre él, desoyendo los sonidos lastimeros que el ciervo emitía en su deseo de que lo reconocieran. Luego buscan desesperados a su amo por todo el bosque hasta llegar a la cueva donde habitaba Quirón quien, para consolarlos, modeló una estatua a imagen de Acteón y se la mostró.

HERA
Hija de Cronos y Rea. Hermana y a la vez esposa legítima de Zeus. Es la diosa del matrimonio. Se la representa con diadema y a veces cetro, como soberana del Olimpo. Siempre malhumorada, pendiente de las aventuras amorosas de su regio esposo y maquinando venganza contra las amantes y los hijos de éste. El animal que la representa es el pavo real.

Homero es la fuente más completa para conocer las relaciones de la diosa Hera con todas las demás divinidades del Olimpo. Escribe que la diosa Hera, "la de los grandes ojos", es una deidad que tiene el mismo linaje que el poderoso Zeus, fue engendrada como la más venerable de las diosas y, además, se convirtió en esposa del rey del Olimpo.

A la diosa Hera se la consideraba como la reina del Olimpo y, según cuenta el gran narrador Hesíodo, sus padres fueron el titán Cronos y Rea, diosa de la tierra. Pero además sus peculiaridades y características abarcan aspectos de todo tipo. Muy especialmente se suele criticar a esta diosa su excesiva terquedad, su crónico malhumor y su actitud celosa e intransigente ante los amoríos de su esposo Zeus. Claro que, si sucediera lo contrario, si ésta pagara al rey de los dioses y de los hombres con la misma moneda, habría que ver la furia que tal acción desencadenaría en aquél. Lo cierto es que los amores e idilios de Zeus son continuos. Sus correrías llegan a tales extremos que hasta podríamos hablar de sofisticación. Uno de los múltiples ejemplos podría ser la artimaña utilizada por el poderoso dios para adentrarse en los dormitorios ajenos, como en el caso de su transformación en lluvia de oro para, así, introducirse en la torre donde se hallaba recluida Dánae, la bella hija del rey de Argos y Eurídice, porque un oráculo consultado por su padre había predicho que moriría a manos de un descendiente suyo. Efectivamente, su nieto Perseo, nacido de la subrepticia unión de Zeus y Dánae, mataría, bien que de manera accidental, a su propio abuelo, demostrando que las afirmaciones de los oráculos son inexorables. En otra ocasión, la hermosísima Alcmena, hija del rey de Micenas, fue engañada por Zeus, quien, con ocasión de una larga ausencia del marido de Alcmena, tomó su apariencia y logró así seducir a la bella muchacha. De esta unión nacería el gran héroe Hércules. Se dice que Alcmena murió siendo ya muy anciana y que su cuerpo yace en los Campos Elíseos, pues así lo quiso Zeus en agradecimiento a los favores que de ella recibió.

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El rapto de Europa La fundación de Tebas Sémele y Zeus El regreso de Dionisos a Tebas

El rapto de Europa
Una joven juega en la playa. Se llama Europa. Y una belleza así no escapa al ojo clínico de Zeus. El dios se transforma en un toro blanco que juega con Europa. La joven lo acaricia e incluso se monta sobre él. Entonces el toro inicia una loca carrera. Es el rapto de Europa. Su padre, desesperado, obliga a su mujer y a sus hijos a buscar a su hermana. Y les prohíbe regresar sin ella. Uno de ellos es Cadmo. Cadmo recorre el mundo. Finalmente le pregunta a un oráculo. "Jamás encontrarás a tu hermana. Detén tu vagabundeo. Sal de la ciudad y encontrarás una vaca. Síguela y donde pare has de fundar una ciudad" Cadmo obedece al oráculo y cuando la vaca se detiene, decide hacer un sacrificio a los dioses y fundar una ciudad

La fundación de Tebas
Para hacer los sacrificios es necesario tener agua. Cadmo envía a varios de sus compañeros a una fuente que los lugareños llaman la Fuente de Ares. Pero la fuente está guardada por un dragón. Cadmo va y acaba con él de una pedrada. Luego, aconsejado por Atenea, siembra los dientes del dragón.

De los dientes surgió un ejército de hombres armados: los Espartoi. Cadmo temía que se volvieran contra él, así que les arrojó una piedra. Los Espartoi se acusaron los unos a los otros y lucharon entre sí. Sólo sobreviven cinco que serán la nobleza de Tebas. Cadmo recibe como premio la mano de una diosa: Harmonía. Harmonía es hija de Ares y Afrodita.

Sémele y Zeus
Una de las hijas de Cadmo es Sémele. Es una beldad y, como siempre, Zeus se enamora de ella. Sémele se queda embarazada. Hera, que tiene la mosca detrás de la oreja, obliga a Sémele a que llame a su amante. Sémele lo hace y Zeus aparece en forma de rayo que la fulmina. Seguramente para que no se vaya de la lengua. Hermes saca al niño antes de que muera y lo implanta en el muslo de Zeus. Otra variante del mito afirma que Hera engaña a Sémele aconsejándole que pida a su amante que se muestre en todo su esplendor divino en la próxima ocasión en que se unan, tal como hace con ella. Sémele ruega a Zeus que le prometa por adelantado y jurándolo por las aguas de la Laguna Estigia (esos juramentos obligaban indefectiblemente a los dioses) algo, sin decir lo que es. Zeus accede, y cuando conoce el contenido del ruego, se espanta, pero no puede negarse: así pues se muestra como dios del rayo y abrasa a Sémele, de cuyo vientre arranca a Dionisos, injertándolo en su propio muslo. Por ello de este dios se afirmaba que tenía dos madres: Sémele y Zeus. Meses más tarde nace la criatura. Ese niño es el dios Dionisos, el inventor del vino. Por eso se le llama el dos veces nacido.

El regreso de Dionisos a Tebas
El culto de Dionisos se extiende rápidamente por Asia, pero en Tebas se le desprecia. Las hermanas de Sémele creen que era una histérica que tenía amores con un desconocido y que llegó incluso al extremo de prenderse fuego. Dionisos no puede consentirlo. En Tebas reina Penteo, el hijo de Ágave (hermana de Sémele). Cuando llega Dionisos con su corte de alborotadores hace lo imposible por echarlos de Tebas. Entonces Dionisos enloquece a todas las mujeres de Tebas y las convierte en bacantes alocadas. Las bacantes se niegan a regresar a sus hogares y vencen a todos los ejércitos que mandan contra ellas.

Dionisos, que se ha disfrazado de sacerdote, se presenta ante Penteo y le convence para que él mismo vea lo que hacen las bacantes. Dionisos le disfraza. Penteo y Dionisos son primos, tienen la misma edad y ahora parecen hermanos gemelos. Los dos se dirigen a los campos. Allí el dios le convence para que se suba a un árbol y las observe. Dionisos ha preparado un castigo ejemplar. Penteo se sube al árbol y es descubierto por las bacantes. Dionisos las enloquece hasta hacerlas creer que Penteo es una fiera que quiere atacarles. Las mujeres, con Ágave a la cabeza, derriban el árbol. Penteo intenta hacerles ver quien es sin conseguirlo. Las mujeres lo despedazan. Cadmo y Tiresias asisten al macabro espectáculo. Han acudido a unirse a las bacantes pues son los únicos que creen en la historia de Sémele. Ágave ha cogido la cabeza de Penteo y la ha colocado en lo alto de su tirso. Se la muestra a su padre con orgullo. "Mira. He cazado una fiera salvaje" "No es una fiera, hija. Es Penteo. ¿No lo ves?" Ágave gira la cabeza lentamente y poco a poco su mente se aclara. Un gemido se escapa de su boca.

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La maldición de Layo El regreso a Tebas Edipo rey "Matarás a tu padre y te acostarás con tu madre" Los Siete contra Tebas

La maldición de Layo
Layo es el heredero legítimo del trono de Tebas, pero es desterrado. No tiene más remedio que huir. Así es como llega al reino de Pélope, que le acoge gustoso. Pélope tiene un hijo, Crisipo del que Layo se enamora perdidamente. Layo intenta conquistarle por todos los medios, pero Crisipo no cede a sus demandas. Entonces Layo, digno descendiente de los violentos Espartoi, le viola. Crisipo, lleno de desesperación, se quita la vida. Layo escapa pero antes recibe la maldición de Pélope: su estirpe se exterminará a si misma. Layo regresa a Tebas, donde es proclamado rey. Toma como esposa a otra descendiente del linaje de Cadmo y Harmonía: Yocasta. Durante años intentan tener hijos, sin conseguirlo. Layo acude a un oráculo pidiendo una solución. El oráculo no le responde lo que quiere oír. "Tu hijo matará a su padre y se acostará con su madre" Layo y Yocasta hacen lo posible para evitar que un monstruo así nazca, pero todo es inútil y Yocasta queda embarazada. Cuando nace el niño, se lo dan a un emisario con la misión de acabar con su vida, (¿para qué vamos a ser originales?). El emisario se lo cuelga al hombro mediante una cuerda que le agujerea el talón. Cuando va a matarle le da pena y se lo entrega a unos pastores que están de paso. Edipo llega a manos de los reyes Pólibo y Peribea, que lo crían como si fuera su hijo. La herida de los pies le provoca una hinchazón. De ahí viene su nombre: Edipo, Pies Hinchados.

El regreso a Tebas
Pronto, Edipo, crea envidias en la corte de los reyes. Un día un compañero, lleno de rabia le dice que no es más que un hijo adoptado. Aunque sus padres se lo niegan, la duda ya está plantada en Edipo. Edipo acude a un oráculo y le pregunta si realmente es hijo de Pólibo y Peribea. El oráculo, como es su costumbre, no contesta a la pregunta de Edipo, sino que le dice sin más:

"Matarás a tu padre y te acostarás con tu madre" Edipo huye. Por nada del mundo quiere hacer algo tan horroroso. Sin saberlo, se precipita a hacer precisamente eso. Comienza para él una etapa de vagabundeo que le lleva hasta una encrucijada de caminos cerca de Tebas. Frente a él se presenta un carro elegante. Allí dentro debe ir una persona importante. El cochero, de muy malos modos, le exige que se aparte del camino para dejarles pasar. Edipo es hijo de reyes y no está dispuesto a dejarse pisotear por un siervo. Así comienza una riña durante la cual Edipo recibe un golpe con la fusta del cochero. Edipo lo mata al instante. Del carro se baja un hombre que le increpa. Edipo lo mata también. Sólo escapa con vida uno de los guardias. Edipo continúa su camino. Llega hasta Tebas. La ciudad no gana para disgustos. Una esfinge (monstruo con rostro de mujer, cuerpo de león, garras y alas) se ha trasladado allí y se pasa el día encima de una columna. La esfinge exige que cada día se le ofrezca la flor y nata de la juventud tebana. Plantea un enigma a los jóvenes y luego los devora. A veces incluso les obliga a hacer el amor con ella, aunque no está confirmado. Creonte, hermano de Yocasta, es quien reina en la ciudad tras la muerte de Layo. Al ver a Edipo, tan bien plantado, le propone que se enfrente a la esfinge. Si sale vencedor, se le otorgará la mano de Yocasta y el trono de Tebas. La esfinge se relame al verle. "¿Qué animal camina primero sobre cuatro piernas, luego sobre dos y antes de morir sobre tres?" "El hombre" contesta seguro Edipo. La esfinge, roja de rabia se tira por la montaña abajo y muere. Edipo es el rey de Tebas. Yocasta no tiene más remedio que casarse con el jovencito que tiene edad para ser su hijo. Y lo peor es que lo es.

Edipo rey
Los años transcurren. Edipo y Yocasta tiene cuatro hijos, dos varones, Eteocles y Polinices, y dos mujeres, Ísmene y Antígona. Es un rey astuto, digno del trono. Sin embargo, aparece una enfermedad, una peste que no respeta ni a hombres ni a animales. Creonte manda una delegación para

que consulten un oráculo. La respuesta es que la peste no cesará hasta que no sea encontrado el asesino de Layo. En realidad el mal de la tierra no es sino el síntoma que produce el matrimonio antinatural de Yocasta y Edipo. Edipo promete desenmascarar al asesino. Para ello entrevista al guardia que sobrevivió al ataque, que ha permanecido retirado de Tebas. Éste le dice que Layo fue asesinado por un grupo de bandidos en una encrucijada. Edipo, que no tiene un pelo de tonto, reconoce la encrucijada pero se dice que él solo era uno y que a Layo le asesinaron varios. Al no conseguir ni una prueba manda llamar a Tiresias, el adivino. Tiresias se niega a hablar, afirma no saber nada. Edipo sabe que eso es imposible, porque si algo caracteriza a Tiresias es que lo sabe todo. Simplemente el adivino se niega a decir lo que conoce porque sabe quién es Edipo y todo lo que ha hecho y hará. Pero Edipo cree que el adivino es cómplice de Creonte y que entre los dos conspiran para volverle loco. Abandona la investigación. La peste continúa.

"Matarás a tu padre y te acostarás con tu madre"
Entonces aparece un mensajero del reino de los que cree que son sus padres. Le dice que sus padres han muerto y que se le solicita para el trono. Edipo siente dolor, pero también alivio. Si sus padres han muerto, la profecía ya no se cumplirá. "Pero esos no eran tus verdaderos padres" dice el mensajero "Yo mismo te recogí aquí, de brazos de ese sirviente". Y señala a uno de los sirvientes de la casa. Yocasta se deja caer sobre el trono. Edipo, frenético, se acerca al sirviente. "¿Quién te entregó ese niño?" "Me lo entregó la reina Yocasta" La verdad se ha descubierto. Edipo se vuelve hacía la reina, pero ella ya no está. La busca. La encuentra colgada del techo de sus aposentos. Él se saca los ojos.

Los Siete contra Tebas
A partir de ese momento, Eteocles y Polinices desprecian a su

padre, hasta que él determina marcharse de Tebas. Pero antes maldice a sus hijos: no encontrarán reposo ni en la vida ni en la muerte y morirán el uno a manos del otro. Los dos hermanos deciden repartirse el trono. Un año reinará uno y el siguiente, el otro hermano. El primer turno corresponde a Eteocles. Transcurrido el año se niega a entregar el trono a su hermano. Polinices se marcha a Argos. Su rey apoya su causa y organiza una expedición que llevará el nombre de los Siete contra Tebas. Los hermanos luchan y se dan muerte mutua. Creonte vuelve a quedar como soberano. Rinde honores de rey a Eteocles, y se niega a enterrar a Polinices al que considera un traidor. Su hermana Antígona, que hasta ahora había acompañado a su padre y le había hecho de Lazarillo, no acepta la decisión de Creonte y esparce un poco de tierra sobre el cuerpo de Polinices, para cumplir de esta forma con los ritos de sepultura. Cuando Creonte se entera, la condena a morir emparedada. Antes de que se cumpla la sentencia, la mujer se suicida. El hijo de Creonte, que la ama, hace lo mismo. Por fin se cumple la maldición de Pélope y la estirpe de Layo se aniquila a si misma.

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Egeo y Etra Las aventuras de Teseo Teseo en Atenas El minotauro Hipólito La muerte de Teseo

Egeo y Etra
Egeo, el rey de Atenas, no logra tener hijos. Buscando una solución, se encuentra con Medea que le pide asilo. A cambio le

dará un hijo. Tiene un hijo, pero no de la forma en que él había pensado. Piteo le emborracha mientras Egeo está en su palacio y mete a su hija Etra en su cama. Esa misma noche Poseidón yace con Etra y la deja embarazada. Cuando Egeo se levanta le dice a Etra que si nacía un niño y éste era capaz de levantar una roca debajo de la cual había escondido sus sandalias y una espada, debía enviarle con él. Teseo nace y cuando tiene 16 años consigue levantar la piedra y recupera las sandalias y la espada. Teseo emprende el viaje, deseando emular a su héroe Heracles.(sí, por aquel entonces ya existían los fans)

Las aventuras de Teseo
A lo largo de su viaje, Teseo tiene tiempo de enfrentarse a muchos peligros, pero siempre sale vencedor. Perifetes tenía la curiosa costumbre de golpear con un garrote a todo aquel se cruzara en su camino. Pero Teseo no es cualquiera. Le arrebata el garrote y acaba con él. Desde entonces lleva ese garrote a todas partes. Sinis era un gigante que tenía la manía de atrapar incautos, los ataba a las copas de dos árboles que él ponía a ras de suelo y ¡zas!, los soltaba. El pobre viajero no quedaba muy bien después de eso. Teseo le engaña y consigue que caiga en su propia trampa. Después se casa con su hija. Es la primera de la larga lista de conquistas de Teseo. Escirón no tenía nada mejor que hacer que obligar a los viajeros a lavarse los pies en el mar. Luego de una patada los arroja al mar donde su tortuga los devoraba. Teseo se negó y de una patada le tiró al mar. El pobre Escirón no sabía nadar y ... Cerción retaba a los viajeros a luchar con él y nadie le vencía. Sólo Teseo lo hizo mientras los dioses se burlaban de Cerción. Procustes tenía el hábito de tomar a los pobres transeúntes y cambiarles el tamaño. A los altos les metía en una cama pequeña y los cortaba hasta que cabían. A los pequeños les metía en una cama grande y los estiraba. Teseo le metió en su propia trampa y lo aplastó.

Teseo en Atenas
Teseo llega a Atenas y causa sensación. Egeo, que no sabe quién

es, teme que los atenienses prefieran al joven antes que a él. Trama junto a su esposa Medea el modo de acabar con él. Medea sí sabe quien es Teseo y cree que si Egeo descubre la verdad la abandonará. Le ofrecen una bebida envenenada. Antes de beberla Teseo descubre su identidad y se salva. Medea huye de Atenas.

El Minotauro
Atenas está sometida a Creta. En Creta, el Minotauro solicita siete jóvenes y siete doncellas a las que mata. Creta exige este pago a Atenas. Teseo decide librar de este castigo a Atenas y se dirige a Creta para acabar con el Minotauro. Antes de partir, su padre le dice que si vence debe poner una vela blanca en el barco en el que regrese. Si no, la vela será negra. Teseo llega a Creta. Ariadna, hija de Minos, el rey de Creta, se enamora locamente de Teseo y le promete ayudarle si la hace su esposa. Consigue que Dédalo le de un ovillo de lana. Con él entra en el laberinto mientras Ariadna sujeta el otro lado desde fuera. Teseo encuentra al Minotauro y lo mata. Luego recoge el hilo y sale del laberinto. Ariadna y Teseo huyen juntos, pero el héroe la abandona. Así es Teseo. No abandona a Ariadna a sabiendas, simplemente la doncella deja de interesarle y se olvida de ella. Esa es su vida amorosa, no bien ha conseguido a la chica ya está pensando en la siguiente. También se le olvida poner la vela blanca. Así que Egeo cree que ha muerto y se arroja al mar.

Hipólito
Teseo se casa con una amazona, Antíope. Ella le dará a su hijo Hipólito. Se cansa de ella, como es común en él. Las amazonas defienden a su compañera y Teseo las vence. Años más tarde se casa con Fedra, la hermana pequeña de Ariadna. Fedra va a vivir a Atenas junto a Teseo e Hipólito.

Hipólito está consagrado a Ártemis y a la caza. Desprecia el trato con las mujeres. Afrodita no está muy contenta con Hipólito, que no la venera, y decide vengarse. Hace que Fedra se enamore de Hipólito. Fedra trata de ocultar sus sentimientos, pero su matrona la descubre y decide hacer de alcahueta a pesar de las negativas de Fedra. Intenta convencer a Hipólito de que ame a su señora, éste monta en cólera y huye del palacio. Fedra, llena de vergüenza por el desprecio que muestra Hipólito por sus sentimientos, se cuelga en sus aposentos. Antes le deja una carta a Teseo en la que le explica, calumniosamente, cómo su hijo ha tratado de abusar de ella. Teseo cree en la carta de Fedra y le pide a su padre Poseidón que maldiga a Hipólito. Por esta maldición, Hipólito es atropellado por su propio carro. Antes de morir se descubre la verdad. Teseo acude a su lado y se reconcilian. Después decide que lo mejor es conseguir a Helena, que por aquel entonces solo tiene 10 años. Helena aún es sólo una niña, pero su belleza no tiene igual. Teseo la rapta y la lleva a su palacio. Allí él y su amigo Pirítoo se la juegan. Gana Teseo. Como tiene que esperar para casarse con ella, se aburre y le propone a su amigo Pirítoo que le ayude a conseguir una novia de mayor alcurnia. No tiene otra mejor que Perséfone, la esposa de Hades. Descienden a los infiernos con la idea de raptarla. Hades les recibe amablemente, pero sabe perfectamente a lo que van. Les invita a compartir su mesa y les hace sentarse cómodamente. Pero las sillas son mágicas y atrapan al que se sienta en ellas. Allí permanece hasta que lo rescata Heracles. El héroe lo saca de la silla de un tirón, pero deja pegadas parte de sus nalgas. Por eso se dice que los atenienses son parcos en sus nalgas. Por desgracia no puede hacer lo mismo con Pirítoo, que todavía está allí.

La muerte de Teseo
Cuando vuelve a Atenas se encuentra que sus enemigos luchan por el trono. Decide exiliarse a Creta, pero una tormenta le desvía de su camino. Llega hasta Esciros donde el rey Licomedes le acoge. Sin embargo teme que Teseo tenga la intención de arrebatarle el poder, así que mientras ambos pasean por la isla, lo despeña.

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Jasón en Yolcos El viaje hacia la Cólquide El vellocino de oro El regreso a Yolcos La venganza de Medea

Jasón en Yolcos
En Yolcos reina Pelias, que ha conseguido destronar a su hermano Esón mediante engaños. Esón tiene un hijo, Jasón, que acude a Yolcos para ejercer su derecho legítimo al trono. Al llegar, Jasón se encuentra con que debe atravesar un río. Una anciana le pide ayuda. Él la coge en brazos y pasan el río. Esta anciana no es otra que Hera que a partir de entonces es su protectora. La corriente se ha llevado una de sus sandalias, pero aún así se presenta ante Pelias. Pelias se horroriza al verlo. No teme el hecho de que sea el legítimo heredero sino que un augurio había vaticinado que un hombre con una sola sandalia acabaría con su vida y le arrebataría el trono. Decide deshacerse de él y le engaña y le envía a una misión en la que seguramente encontrará la muerte. Le dice que si realmente es merecedor del trono debe probarlo trayendo el vellocino de oro que se encuentra en el lejano país de la Cólquide. Jasón no tiene más remedio que aceptar, aunque sabe que la misión le sobrepasa. Jasón es un héroe atípico. En muchas ocasiones se contrapone su figura a la de Ulises. Ulises es el de los mil recursos, las mil artimañas. Jasón no posee más recursos que aquellos que los demás le conceden. Es un héroe indeciso, jefe de una tripulación que le supera y a la que muchas veces no sabe cómo manejar. Al enfrentarse a los peligros se muere de miedo y casi siempre se refugia tras sus compañeros o tras las mujeres. Tiene la protección de tres diosas: Hera, Atenea y Afrodita y es gracias a ellas como logra su objetivo. Cuando éstas no le protegen lo hace Medea, su esposa. Atenea se encarga de convocar a los héroes griegos para que le acompañen en su misión. Todos se embarcan en una nave muy especial: Argo. A partir

de ahí se les llama los argonautas.

El viaje hacia la Cólquide
Antes de llegar a su destino, los argonautas deben salvar una serie de obstáculos.

Primero llegan a la isla de Lemnos. La isla está habitada sólo por mujeres. Los argonautas se quedan allí un tiempo. Llegan a Cícico. Allí les recibe un jovencísimo rey con el que traban amistad. Parten, pero los vientos les hacen regresar al mismo sitio. El rey cree que están invadiendo Cícico y los argonautas se defienden. En la oscuridad de la noche ninguno de los amigos se reconoce. Por la mañana se descubre la verdad. Los dos bandos se unen en su dolor mutuo y entierran a los muertos, incluido el joven rey y su esposa que se ha suicidado por la muerte de éste. En otra isla pierden a tres compañeros. Hilas es raptado por la ninfa de una fuente que se enamora de él. Hilas es el mejor a migo de Heracles y éste y Polifemo le buscan. Los argonautas parten sin ellos y cuando se dan cuenta de su falta, deciden no regresar. Ya se encargará Heracles de vengar el abandono. En el país de los bébrices, su rey, Amico, se dedicaba a retar a los extranjeros a un combate pugilístico en el que siempre vencía. Uno de los argonautas, Pólux, le reta y vence. Encuentran al rey Fineo que sufre un castigo ejemplar por hacer predicciones demasiado ajustadas a la realidad (los videntes tiene prohibido que sus profecías muestren el futuro con claridad para que los hombres no sean como los dioses). Todos los días le atormentan unos monstruos: las harpías. Éstas no le dejan comer los magníficos manjares dispuestos, pues los ensucian con sus excrementos. Zetes y Calais acaban con ellas. En agradecimiento Fineo les revela cómo atravesar las rocas Cianeas (las Rocas Azules), llamadas también Simplégadas, que chocan la una contra la otra. Deberán enviar una paloma. Si el ave pasa sin peligro, ellos harán lo mismo. Siguiendo este consejo las atraviesan sin peligro.

El vellocino de oro
Llegan a la Cólquide. Allí, Jasón se entrevista con el rey Eetes. Eetes no está dispuesto a dejarle marchar con su tesoro, pero no da muestras de ello.

"Claro. Te lo daré. Pero antes has de superar unas pruebas" Eetes pretende que muera en esas pruebas. Pero Jasón tiene poderosas aliadas. En el Olimpo, Atenea y Hera llegan a la conclusión de que lo mejor para Jasón es que Medea, hija de Eetes y hechicera consumada, ayude al héroe. Van a visitar a Afrodita y la convencen para que su hijo Eros dispare una de sus flechas contra Medea y la enamore de Jasón. Afrodita soborna a su hijo y éste cumple la misión. Medea muere de amor por Jasón y le ayuda en sus pruebas a pesar de traicionar a su padre. La primera prueba es uncir dos bueyes que escupen fuego, arar el campo con ellos y sembrar en él unos dientes de dragón. Medea le aconseja. Prepara un ungüento que le protegerá contra el fuego de los bueyes. Cuando siembre los dientes ha de estar preparado porque de ellos van a nacer unos guerreros terribles que le matarán. Para librarse de ellos debe tirarles una piedra y así se matarán los unos a los otros. Jasón supera las pruebas. Pero Eetes se niega a darle el vellocino e intenta matarles. Los griegos huyen con Medea. Medea ayuda a Jasón a dormir al dragón que guarda el vellocino y así lo roban. Eetes les persigue y Medea no tiene pudor al matar a su propio hermano y despedazarlo. Luego arroja los trozos por la borda y Eetes se retrasa para recogerlos. De todo es capaz Medea por el amor que siente por Jasón. Su pasión vital siempre supera a Jasón. A su lado el héroe es un niño.

El regreso a Yolcos
El viaje de regreso es igual de complicado que el de ida. Parten hacia la isla de Eea, donde vive la tía de Medea: Circe. Ella les purifica por las violencias tan terribles que han cometido. Pasan por la isla de las sirenas. Orfeo toca y sus tonadas impiden que los argonautas enloquezcan con el canto de las sirenas. También en su camino Medea acaba con el gigante Talos, que guarda la ciudad de Creta. En Corcira, el rey Alcínoo y la reina Arete casan a Jasón y Medea. Incluso los argonautas deberán portar sobre sus hombros a la Argo hasta encontrar una salida la mar.

Regresan a Yolcos. Pelias no da crédito a sus ojos. Aún así se niega a cederle el trono. Medea planea la venganza. Se introduce en palacio y convence a las hijas de Pelias para que bañen a su padre en una poción con la que volverá a ser joven. Todas menos Alcestis creen en el engaño. Pelias se introduce en el baño y así muere.

La venganza de Medea
Tras la muerte de Pelias, Medea y Jasón parten hacia Corinto. El rey Creonte acoge con entusiasmo a Jasón, que es un héroe, pero no pasa lo mismo con Medea y los dos hijos de ambos. Jasón ve la oportunidad de conseguir el reino de Corinto y no duda en repudiar a Medea y pedir en matrimonio a la hija de Creonte, Glauce. Creonte está loco de contento. Va a casar a su hija con un héroe y por fin se librará de Medea y los niños. Pero Medea no acepta fácilmente lo que han preparado para ella. Es capaz de cualquier cosa, ya lo ha hecho antes, y eso la hace muy peligrosa. Convence a Creonte para que acoja a sus hijos aunque la destierre. Para que también Glauce se apiade de ellos les envía con unos regalos: un peplo (típico vestido femenino griego) y una corona. A Glauce se le ilumina el rostro ante la belleza de los regalos. Lo que no sabe es que Medea no espera su piedad, ni ella ni sus hijos van a necesitarla. Glauce se prueba el peplo y la corona, y cae presa de un terrible dolor que le quema el cuerpo. Los regalos estaban envenenados. Su padre se corre a abrazarla y toca el veneno. Ambos mueren en medio de una terrible agonía. La venganza de Medea aún llega más lejos. Va a matar a sus hijos. Sabe que el dolor que le producirá hacerlo le va a quitar parte de su humanidad, pero también sabe que le va a provocar el mismo tormento a Jasón. Tras cometer aquel acto terrible, deja a Jasón llorando a sus hijos y huye en un carro de fuego, prestado por su abuelo Helios. Antes maldice a Jasón: morirá por su amado barco. La profecía se cumple. Mientras duerme a la sombra de Argo, un tablón se desprende y cae sobre él matándole.

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Heracles, hijo de Zeus La locura Los Doce Trabajos Deyanira y Neso La muerte del héroe

Heracles, hijo de Zeus
El enamoradizo Zeus se fija en Alcmena y yace con ella bajo la forma de su marido, cuyo aspecto ha adoptado (en una más de sus múltiples metamorfosis). Hace que la noche de amores dure tres veces más de lo ordinario. De esta unión nace Heracles uno de los mayores benefactores de la humanidad. Zeus está orgulloso de su hazaña y no lo oculta. Así que Hera no tarda mucho en enterarse. Zeus intenta calmar la ira de su esposa llamando al niño Heracles que significa "Gloria de Hera". La diosa no queda muy convencida. Un día Hermes la engaña y la diosa termina dando el pecho a Heracles. Éste que ya tiene mucha fuerza, le muerde el pecho y derrama la leche por el cielo. Es el principio de la Vía Láctea. Cuando Heracles tiene un año, Hera le manda de regalo dos serpientes. Las serpientes despiertan a los hermanos de Heracles que gritan asustados. Su padre acude corriendo, daga en mano. Y encuentra a Heracles jugando tranquilamente con los cadáveres de las serpientes. Las ha cogido con sus manitas y las ha estrangulado.

La locura
Heracles realiza grandes acciones luchando contra el mal. Como

recompensa recibe la mano de Megara. Tiene tres hijos. Hera está que se tira de los pelos. Ha jurado que Heracles jamás tendrá una vida tranquila, que no conocerá la felicidad. Así que decide volverle loco. Ante sus ojos transforma a sus hijos y a su mujer en enemigos que buscan su muerte. Heracles los atrapa y los arroja al fuego. La locura le impide escuchar sus súplicas.

Los Doce Trabajos
Heracles se refugia en las montañas lleno de arrepentimiento. Allí lo encuentra Hermes. El dios le dice que para redimir sus culpas se ha dispuesto que sirva como esclavo a su primo Euristeo, el malvado rey de Argos. Heracles, finalmente, acepta. Euristeo le propone Doce Trabajos, casi imposibles de realizar. 1. Luchar contra el león de Nemea. Consiguió matarlo y se quedó con su piel, que rasgó usando las garras del propio león, pues era invulnerable de otra manera. Esta piel- le servirá como vestido en lo sucesivo, y las garras las usará para cubrir sus hombros. 2. Acabar con la Hidra de Lerna. El monstruo tenía cincuenta cabezas que volvían a crecer si se las cortaba. Con ayuda de su sobrino las cortó de raíz, con lo que no volvieron a crecer. 3. Cazar a la cierva de Cirene. La cierva tenía patas de bronce y astas de oro. Heracles la persiguió durante un año entero hasta que la cierva se detuvo a beber. 4. Atrapar vivo al jabalí de Eurimanto. Este jabalí asolaba los campos de Arcadia. Le puso una trampa, lo encadenó y se lo llevó a su primo. 5. Limpiar los establos de Augias. Los establos del rey Augías llevaban 30 años sin limpiarse, por lo que despedían un hedor insoportable. Heracles desvió el cauce de un río para que pasara por allí y los limpiara. 6. Destruir a las aves de Estinfalia. En el lago Estinfalo existían unas aves consagradas a Ares. Tenían el pico, las garras y las alas de bronce. Mataban a todo el que se acercaba y emponzoñaban los campos con sus heces. Heracles las distrajo con un cascabel y unas castañuelas. Las aves se agrupan para huir y Heracles las va matando así. 7. Domar al toro de Creta. Expulsaba fuego por las fosas nasales. Ese toro iba a ser consagrado a Poseidón, pero Minos entregó a otro en su lugar. Por eso el dios de los mares enloqueció al toro que se dedicó a destruir la isla de

Creta. Heracles lo captura y se lo da a Euristeo que lo consagra a Hera. 8. Amansar a las yeguas de Diómedes. Eran unas peligrosas yeguas antropófagas. 9. Conseguir el cinturón de Hipólita. Hipólita era una princesa amazona. Heracles se presenta ante ella y le explica su trabajo. La amazona dice que se lo pensará. Mientras, Hera les dice al resto de las amazonas que lo que realmente quiere Heracles es secuestrar a Hipólita. Todas luchan para defenderla y Heracles mata a Hipólita y le roba su cinturón. 10. Obtener el ganado de Gerión. Heracles mata al gigante Gerión, que tenía tres cuerpos unidos por la cintura, y le lleva su ganado a Euristeo. 11. Robar las manzanas del jardín de las Hespérides. Heracles no sabe donde está el jardín, así que va a preguntar a Prometeo. El titán accede siempre que Heracles le libere del castigo al que Zeus le ha sometido (está encadenado en el monte Cáucaso, a donde acude cada tarde un buitre a devorarle el hígado, que se regenera a continuación, y todo ello por haber desobedecido varias veces a Zeus en su empeño por favorecer a lo hombres, la última vez entregándoles el fuego). Luego le dice que su hermano Atlas, que es el padre de las Hespérides, sabe donde se encuentra. Es el mismo Atlas el que roba las manzanas de oro mientras Heracles sostiene la bóveda celeste. 12. Encadenar al Can Cerbero, el perro de tres cabezas que guardaba la puerta del Hades. Heracles consiguió atraparlo y se lo llevó a su primo. Euristeo se asustó tanto que huyó a esconderse y se negó a salir hasta que el perro fuese devuelto al Hades. Además Heracles, ya que estaba de paso, liberó a Teseo de la silla en que estaba atrapado. Tiró de él con tal fuerza que restos de sus nalgas quedaron pegadas en la silla.

Deyanira y Neso
Tras varios años de vagabundeo, conoce a Deyanira y se enamora profundamente de ella. Ayuda a la muchacha a librarse de un compromiso anterior y se casan. Heracles vive una etapa de felicidad. Un día, al tratar de cruzar un río aparece un centauro. Se llama Neso. Se ofrece a llevar a Deyanira sobre su grupa a través del río.

La pareja acepta. Neso lleva su preciada carga sobre el lomo. A mitad de camino piensa que lo mejor será raptarla, ya que Deyanira es joven y hermosa. Escapa al galope con Deyanira. Heracles le persigue y lo asetea. El centauro agoniza junto a Deyanira. pero antes de morir masca su venganza. Le dice a Deyanira que recoja su sangre pues es un potente filtro de amor que le devolverá el cariño de Heracles si éste la abandona. Deyanira le cree.

La muerte del héroe
Una de las aventuras de Heracles le lleva a los brazos de una joven llamada Iole, por la que abandona a Deyanira. Deyanira le envía entonces una túnica empapada con la sangre de Naso, convencida de que así conservaría para siempre el amor de su esposo. Cuando Heracles se la puso, ésta se pegó a su cuerpo produciéndole atroces quemaduras, comenzando a agonizar. La sangre es realidad un poderoso veneno. Lleno de dolores se arroja a una pira. De allí lo recoge Atenea, que lo lleva al Olimpo, donde vivirá para siempre como inmortal y se casa con Hebe, la diosa de la juventud.

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Las bodas de Tetis y Peleo Alejandro El juicio de Paris Helena Los héroes El sacrificio de Ifigenia La ira de Aquiles El caballo de Troya Los desastres de la guerra

Las bodas de Tetis y Peleo
Tetis es una de las hijas de Nereo. Es una divinidad marina hermosa, deseada por todos los dioses. Sin embargo, un oráculo ha profetizado que su hijo será muy superior a su padre. Ningún dios se atreve a acercarse a ella. Así que, como siempre, los dioses deciden que el asunto recaiga en los mortales. El elegido es Peleo. Pero no le va a ser nada fácil conseguir a la novia. Antes tiene que atraparla. Peleo espera sentado en la playa hasta que Tetis aparece, entonces la agarra entre sus brazos. Tetis forcejea para soltarse. Para ello se transforma una y otra vez, con la esperanza de que su captor se asuste y suelte su presa. Pero Peleo ya está prevenido y la aprieta con fuerza contra sí. Cuando Tetis termina su ciclo de metamorfosis, pues no puede transformarse eternamente, se rinde y acepta a Peleo. La boda se realiza en lo alto de una montaña, lugares donde los mortales y dioses están más cercanos. Todos los dioses son invitados. Bueno, todos no. La diosa de la Discordia no ha recibido invitación y es que siempre estropea los acontecimientos. Pero la cosa no se iba a quedar así. Se presenta sin ser invitada y les trae un regalito a los novios. Es una manzana de oro que tiene una inscripción: "Para la más bella". Tres diosas creen merecer la manzana: Atenea, Hera y Afrodita. Las tres miran hacia Zeus, esperando que él decida. Zeus piensa. "Si elijo a Hera me dirán que lo hago porque es mi esposa. Si elijo a Atenea dirán que lo hago porque es mi hija. Si decido por Afrodita dirán que quiero ligar con ella" Así que de nuevo, nos pasan la pelota a los mortales. Zeus elige como juez al príncipe Paris.

Alejandro
Príamo y Hécuba son los reyes de Troya. La reina está embarazada. Una noche sueña que el hijo que espera se convierte en un incendio. Consultan un oráculo y éste les contesta que el hijo que tengan será la perdición de Troya. Así, cuando nace es entregado a un sirviente para que lo abandone en el campo. El abandono de niños es muy común entre los reyes. Es mucho mejor que mancharse las manos de sangre. Se abandona el niño y si es voluntad de los dioses que sobreviva, ellos se encargarán. Lo malo es que cuando uno de estos niños sobrevive, es mucho más fuerte porque ha vencido a la muerte.

El criado siente pena por el niño y se lo entrega a unos pastores. Los pastores lo crían como si fuera su hijo y lo llaman Alejandro. Pronto Paris (que no es otro que Alejandro) se descubre como un joven fuerte y hermoso. Para las fiestas de Troya se solicita un toro que el mismo Alejandro ha criado. Le tiene mucho cariño y decide ir con él a Troya para impedir su muerte. Allí participa en todos los juegos y sale vencedor. Un hijo de Príamo, Deífobos (su hermano), está loco de rabia. Su hermano siente envidia e intenta matarle. Alejandro se refugia en el templo donde su hermana Casandra le descubre. Inmediatamente sabe quién es, pero nadie la cree. En realidad nadie cree nunca a Casandra, que ve con claridad el futuro, pero pena el castigo de la incredulidad ajena impuesto por Apolo, que, enamorado en cierta ocasión de ella, le prometió concederle el arte adivinatorio, si se entregaba a su amor. Casandra aceptó hasta que fue instruida por Apolo, pero después se negó a entregarse a él, de manera que Apolo la escupió en la boca y determinó que nunca nadie creería sus predicciones. Alejandro muestra los pañales con los que le envolvieron de niño. Sus padres le reconocen por fin y le acogen en su casa locos de contento. Así lo encuentran las diosas. Cuidando el ganado de su padre.

El juicio de Paris
Paris ve cómo se acercan volando un grupo de dioses. Hermes y las tres diosas que disputan, se plantan frente al sorprendido Paris. Paris las mira con la boca abierta. No sabe si no será mejor echar a correr y no parar hasta llegar a Troya. Los dioses pocas veces se muestran a los mortales y casi siempre es el mortal el que termina mal parado. Las tres diosas le dirigen la mejor de las sonrisas mientras Hermes le explica que debe decidirse por una de ellas. Paris no tiene escapatoria. Hera le ofrece el poder, Atenea la victoria en la guerra y una especial inteligencia, Afrodita le ofrece el amor de la mujer más bella del mundo. Paris, deslumbrado por Afrodita, la elige a ella. Ya está formados los cimientos de la guerra.

Helena
La mujer más bella del mundo es Helena. Zeus, enamorado de Leda se une a ella tomando la forma de su esposo Tindareo. Son padres de cuatro hijos: los Dióscuros (Cástor hijo de Tindareo, y Pólux hijo de Zeus), Clitemnestra (hija de Tindareo) y Helena (hija de Zeus). Crecen y Helena es una beldad. Todos los príncipes griegos suspiran por ella. Su padre no sabe por cuál decidirse sin provocar una matanza. Ulises es quien le saca del apuro. Le propone que Helena elija a quien quiera, pero que antes les haga jurar a los griegos que respetarán la decisión y acudirán en caso que el elegido necesite ayuda. Helena elige a Menelao y se casa con él. Pero un día aparece Paris, un joven exótico, de la misma edad que Helena, lleno de encanto oriental. Menelao no sospecha que algo raro pasa entre su esposa y su huésped, así que se marcha tranquilo y le dice a Helena que se ocupe del invitado. Cumple su tarea demasiado bien. Paris y Helena huyen hacia Troya. Eneas que forma parte de la expedición

les advierte que esto les traerá problemas. Le ignoran. Menelao está hecho una furia. Pide al rey Príamo que se devuelva a su esposa. Los troyanos se niegan. Estalla la guerra.

Los héroes
Todos los príncipes troyanos deben acudir a la llamada de Menelao. Su hermano Agamenón es el jefe de la expedición. Ulises escucha las noticias, pero su esposa Penélope acaba de dar a luz y no cree que sea el mejor momento para que su esposo la abandone. Cuando la embajada griega va a buscarle se hace pasar por loco. Néstor, el enviado, famoso por su astucia y prudencia, le encuentra sembrando un campo caminando hacia atrás. Pero Néstor conoce las estratagemas de las que es capaz Ulises, así que coge al pequeño Telémaco, el hijo recién nacido, y lo arroja bajo los pies de los bueyes. Ulises deja de sembrar y lo coge en brazos para que no sufra daño. Se ha descubierto y no tiene más remedio que partir hacia Troya. Aquiles también se camufla por orden de su madre Tetis, que sabe que su hijo va a morir en Troya. Le esconde en el gineceo del palacio del rey Licomedes en Esciros, disfrazado de jovencita. Ulises llega al gineceo como un vendedor de telas. Enseña a las muchachas su mercancía y todas le rodean entusiasmadas. Todas menos una que sólo se interesa por su espada. Fuera toca una trompeta llamando al combate, la muchacha agarra la espada de Ulises y sale para combatir. Todos los griegos acuden uno a uno. Lo mismo ocurre con los troyanos.

El sacrificio de Ifigenia
Las naves griegas se encuentran detenidas. El viento no les es favorable. Un oráculo profetiza que es indispensable hacer un sacrificio. La elegida es Ifigenia, hija de Agamenón. La joven acude al campamento acompañada por su madre Clitemnestra. Las dos creen que han sido llamadas para que Ifigenia se despose con Aquiles. Agamenón tiembla al verlas. Se siente incapaz de asesinar a su hija. Menelao no está dispuesto a rendirse. Le importa poco que en el camino se lleve por delante a su sobrina. Finalmente convence a Agamenón. "¿Cómo vamos a pedir a todos estos príncipes que dejen sus hogares y vayan a perder la vida lejos, si nosotros no les demostramos que somos capaces del mismo sacrificio?. No, les demostraremos que somos capaces de

un sacrificio mayor." Ifigenia se entera de la verdad. Pide la ayuda de Aquiles y el héroe hace todo lo posible por salvarla. Finalmente, Ifigenia se llena de valor y acude hacia la muerte. Clitemnestra jamás se lo perdonará a Agamenón.

La ira de Aquiles
Las tropas griegas tienen en Aquiles a uno de sus mayores guerreros. Llevan años luchando y por él es por quien ganan las batallas. Pero Aquiles se niega a seguir combatiendo. Se siente ultrajado porque le han robado a la esclava Briseida. Los griegos sufren terribles derrotas ya que a los troyanos ya no les acobarda la figura de Aquiles. Su amigo Patroclo decide vestirse como él y batallar en su lugar. Va vestido de Aquiles, pero no es Aquiles. Con el disfraz logra hacer huir a muchos troyanos pero no a Héctor, hijo de Príamo. Los dos héroes luchan y Héctor le mata. Aquiles al enterarse arde de furia y regresa al combate. Encuentra a Héctor y lo mata. Lo ata a su carro y lo arrastra por todo el campamento griego. Sólo accede a que se le entierre cuando Príamo acude y le pide piedad para su hijo. Más tarde Aquiles cae en la batalla por una flecha de Paris. La flecha le da en el talón, su punto débil, y muere.

El caballo de Troya
La guerra no se decide por ninguno de los dos bandos. Entonces Ulises tiene una idea de las suyas. Hace construir un caballo gigantesco y lo hace pasar por un presente de los griegos hacia la ciudad de Troya. Los troyanos creen que en el engaño del caballo y celebran su victoria. Meten el caballo en la ciudad y festejan sin mesura. Pero el caballo no es un regalo. El caballo lleva en su interior a toda la tropa griega esperando el momento adecuado. Cuando los ecos de la celebración se extinguen, los griegos salen de su escondite y atacan a los desprevenidos troyanos. Los troyanos caen derrotados.

Los desastres de la guerra
Los griegos se comportan como cualquier otro vencedor. No se conforman con ganar la batalla a los guerreros sino que ultrajan a las mujeres y asesinan a los niños. Pero el destino no está dispuesto a perdonar la violencia de los griegos y se encarga de castigarlos por los actos cometidos. Pocos griegos regresan sanos

y salvos y de los que lo consiguen no todos sortean la muerte o el destierro. Casandra escapa de la batalla y se refugia en el templo de Atenea, pero Áyax, uno de los griegos, la encuentra y la viola allí mismo. Más tarde pagará el haber cometido aquel acto violento en el templo de Atenea. Luego Casandra es entregada a Agamenón como botín de guerra. Agamenón la hace su amante. Ambos regresan a Grecia y Agamenón es asesinado por su mujer y por el amante de ésta, Egisto. Casandra corre la misma suerte. Ulises tarda veinte años en llegar a Ítaca y por el camino pierde a todos sus compañeros. Diomedes regresa al hogar para descubrir que su esposa planea matarle y quedarse con el poder. Desesperado, él mismo se autodestierra. El regreso de Menelao tampoco es sencillo. Entra en Troya dispuesto a matar a Helena, pero cuando la encuentra, ella se le muestra desnuda y sugerente. Menelao deja caer la espada y la perdona. Pero antes de regresar él también ha de purificar su culpa. En ello emplea varios años. Hécuba, la esposa de Príamo, tiene que contemplar cómo los griegos arrasan Troya y a sus hijos con ella. Luego es reducida a la esclavitud. En venganza saca los ojos al rey de Tracia y mata sus hijos. Andrómaca, la esposa de Héctor, tiene que ser testigo del asesinato de su hijo, que es arrojado por las murallas. Luego es entregada al hijo de Aquiles, un chiquillo violento que busca en ella no sólo una amante, sino también una madre. El héroe Eneas huye con su anciano padre Anquises y con su hijo Ascanio. Tras mucho vagabundear, crea un reino en Italia. Es el único de los héroes troyanos que sale bien parado. La guerra de Troya admite varias interpretaciones. Hay quien dice que Helena jamás estuvo en Troya y que la guerra escondía oscuras intenciones (robar una estatua de Atenea: el Paladio, que se encontraba en Troya). Otros dicen que fue idea de los dioses. Hartos del ruido que hacían los humanos, decidieron que lo mejor era acabar con unos cuantos.

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La partida de Ulises El cíclope Polifemo Circe, la hechicera Tiresias en el Hades El canto de las sirenas Las vacas del sol Calipso, la que oculta Los feacios Penélope y Telémaco El regreso a Ítaca El fin de los pretendientes Ulises, rey de Ítaca

La partida de Ulises
Ulises decide marcharse cuanto antes de Troya. Está ansioso por llegar a Ítaca tras diez años. Parte con Menelao pero discute con él y regresa junto a Agamenón, que está organizando un sacrificio a los dioses. Tras esto se hace a la mar. En ese instante se desata una tormenta terrible. Ulises pierde el rumbo, en cierta forma sale del mundo conocido y entra en otro más allá. Llega hasta el país de los lotófagos. Los lotófagos se alimentan de flores de loto. Quien las come olvida quién es y no desea otra cosa que comer loto. Algunos de sus hombres caen en esta trampa. No es más que el principio. Es una metáfora de lo que le espera: el reino del olvido.

El cíclope Polifemo
Sus vagabundeos le llevan a una isla. Sus hombres están hambrientos y Ulises decide buscar por la isla. Llega hasta una cueva de dimensiones gigantescas. Está llena de quesos. Ulises decide coger algunos y marcharse, pero la curiosidad puede con él. En esto llega el dueño de la cueva, un cíclope llamado Polifemo. Un cíclope es una criatura gigantesca con un solo ojo en medio de la frente. Polifemo es un pastor, de ahí que haya tantos quesos. Al entrar, tapa la entrada de la cueva con una roca que solo él puede mover. Ulises le pide hospitalidad, el cíclope sonríe y ante la mirada impávida de todos, devora a dos de los navegantes y se echa a dormir. Se repite la misma escena todas las noches. Ulises decide entrar en acción. Una noche se le presenta. Le dice que se llama Nadie y le hace beber

hasta que el cíclope queda totalmente borracho. Luego afila una estaca, endurece su punta al fuego y se la clava a Polifemo en su único ojo. El cíclope despierta y grita dolorido. Acuden otros cíclopes hasta su puerta y le preguntan qué le pasa. "¡Ah! Me atacan. Me han cegado" "¿Quién ha hecho eso?" "¡Nadie! Nadie me ha hecho esto" Los cíclopes resoplan. Ese loco de Polifemo les despierta en medio de la noche para decir que nadie le ataca. Menudo fastidio de vecino. A la mañana siguiente nuestros héroes se atan a la barriga de los corderos que cuida Polifemo. El cíclope está en la entrada de la cueva y toca a todos los corderos que salen para que los griegos no escapen, mientras se lamenta. Ulises y los suyos llegan hasta su barco y desde allí Ulises se burla de Polifemo. "¡Puedes decirles a todos que Ulises te ha cegado! ¡Ulises de Ítaca!" Ese orgullo va a ser la perdición de Ulises. El padre de Polifemo es Poseidón y el dios no le va a perdonar. Le maldice y jura que jamás regresará a casa.

Circe, la hechicera
La siguiente parada es una isla salvaje, llena de leones y lobos, que sin embargo se muestran extrañamente dóciles. Ulises envía una expedición para ver si encuentran comida. Ninguno regresa. Ulises debe ir a buscarlos. Durante su labor, llega hasta él Hermes que le cuenta donde está. Se encuentra en la isla de la hechicera Circe, hija de Helio. Circe tiene la manía de convertir a todo el que se le acerca en animal. La pobre se siente sola y los animalitos le hacen compañía. Hermes le ofrece a Ulises una planta con la que vencer el sortilegio de la maga. Ulises llega al palacio, Circe le mira de arriba a abajo y sonríe. Le ofrece una copa de vino. Ulises bebe. No pasa nada. Circe se asusta. Ulises la amenaza con su espada y la obliga a liberar a sus compañeros. Ulises permanece allí mucho tiempo, hasta que decide que ya es hora de partir. Circe se resigna, aunque ama al héroe. Le aconseja que baje al Hades y consulte a Tiresias, el adivino.

Tiresias en el Hades

Ulises desciende al Hades siguiendo las indicaciones de Circe. Allí ve a su madre, Anticlea, que se ha suicidado por la tardanza de su hijo. También habla con Aquiles. El héroe está poco contento con su condición actual y le cuenta sus penas a Ulises. Tiresias acude también y a cambio de un poco de sangre de cordero profetiza para él. Le dice que ha de atravesar una serie de obstáculos como la isla de las sirenas. También profetiza que regresará a casa sin ninguno de sus compañeros y en una nave extraña. Regresa con Circe, que le cuenta cómo puede salvar los obstáculos. Los dos se despiden, pero algo de él queda en Circe: sus hijos. Y será uno de ellos precisamente, el que en el futuro acabará con la vida de Ulises.

El canto de las sirenas
Las sirenas tienen cuerpo de pájaro y cabeza de mujer. Viven en una isla rodeada de cadáveres y esqueletos de barcos. ¿Por qué? Fácil, su canto es tan extraordinario que el que lo escucha sólo desea alcanzarlas y claro, se estrella con barco y todo contra las rocas de la isla. Y si alguno sobrevive ya se encargan ellas de matarlo. Ulises ya está prevenido. Hace que sus compañeros se tapen los oídos con cera. Él les pide que le aten al palo mayor y que no le suelten por más que suplique. Ulises es demasiado curioso. Necesita saberlo todo, conocerlo todo y no le importa poner en peligro su vida. Ulises escucha el canto de las sirenas. Le hablan de sus alabanzas, de sus aventuras y él hubiese querido arrojarse al mar para llegar hasta ellas. El barco se aleja de la isla.

Las vacas del sol
Se detienen en la isla de Helios. Allí pacen un gran número de vacas, una por cada día del año y su número debe permanecer siempre constante. Ni aumenta ni disminuye. Ulises prohíbe a sus compañeros que coman esas vacas porque son

sagradas. Pero el tiempo pasa y las condiciones marítimas les impiden salir de la isla. Están hambrientos. Ulises se retira a meditar y se duerme. Mientras sus compañeros matan varias vacas y se las comen. No son vacas corrientes, así incluso troceadas no paran de mugir. Cuando Ulises se entera monta en cólera. Pero ya es demasiado tarde. Sus compañeros están perdidos. Zeus les castiga y hunde su barco en medio de una tempestad provocada por el monstruo Caribdis. Sólo Ulises se salva.

Calipso, la que oculta
Agotado y sucio, el naufrago llega a una isla. Una mujer preciosa acude a socorrerlo. Es la ninfa Calipso. El propio nombre de la ninfa explica lo que hace Calipso. Viene del verbo kalýptein, ocultar. La isla está tan lejos del mundo que parece que está fuera de él. Sus habitantes están ocultos a todos. Calipso le recoge, le lava y cura sus heridas dulcemente. Ulises se deja hacer. Calipso lo retiene en aquella isla alejada del mundo durante muchos años. Le ama y aspira a conservarle eternamente. Desde el Olimpo, Atenea la protectora de Ulises, observa a la pareja. Acude a su padre y le dice que ya va siendo hora de que Ulises regrese a su casa. Zeus mira hacia abajo, hacia el mar, pues no desea enfrentarse con su malhumorado hermano. Espera hasta que éste sale de viaje y envía a Hermes. El dios se planta en la isla de Calipso y se entrevista con ella. Le comunica la decisión de los dioses: debe dejar marchar a Ulises. Calipso asiente dulcemente. Ulises mientras tanto, llora desconsolado pensando en su hogar. Cuando llega Calipso esconde sus lágrimas. A pesar de todo, la diosa se da cuenta. "Si te quedas conmigo te ofrezco la inmortalidad" "Deseo volver a mi hogar, a Ítaca" "¿Es Penélope mejor que yo?" "Claro que no. Tú eres una diosa. Eres mucho mejor que ella. Pero Penélope es mi hogar, es mi vida" Calipso se rinde. Entre los dos construyen una barca para que Ulises

emprenda su viaje de vuelta. Calipso le ve alejarse, desde la playa.

Los feacios
Poseidón, siempre vigilante, ve una pequeña barca en sus dominios y se acerca a curiosear. Es ese engreído de Ulises. Ya debería haber muerto. Desata sobre él una furiosa tormenta. Sólo le salva a Ulises una diosa: Ino, que protege a los marinos en peligro. Ino se atreve a regalarle su cinturón con el que nunca podrá hundirse. Ulises nada durante horas hasta llegar a la costa, arroja el cinturón al mar para que la diosa lo recoja y se queda dormido. Horas más tarde aparece un cortejo de doncellas. Entre ellas se encuentra la princesa Nausicaa, hija de Alcínoo el rey de los feacios. Los feacios se encuentran a medio camino entre la humanidad y los dioses. Son mágicos y se dedican al transporte en unos extraños barcos que se mueven solos. Atenea ha preparado un poco las cosas. Ha hecho que Nausicaa sueñe que un extranjero la desposará. Así que cuando Ulises despierta y se da a conocer, todas las muchachas huyen menos ella. Ulises le pide algo de ropa y hospitalidad, pues está desnudo y hambriento. Nausicaa asiente y espera mientras Ulises se lava en el río. Atenea vuelve a actuar. Hace que el Ulises que surge del río sea mucho más fuerte, más guapo, más alto, más apuesto. Así que aquí tenemos a Ulises hecho todo un conquistador. Las doncellas se quedan con la boca abierta y Nausicaa ya se ve casada. La princesa le aconseja sobre cómo llegar al palacio de su padres. Luego se marcha. No es correcto que se vea a la hija de los reyes con un extranjero. Ulises le obedece, pero por si acaso Atenea le rodea por una nube que le hace invisible. Sólo le prohíbe mirar a los ojos de quien se encuentre. Las criaturas invisibles no pueden mirar a los ojos de quien no lo es. Una vez en el palacio, Atenea le hace otra vez visible y Ulises se arroja a las rodillas de la reina, suplicando hospitalidad. La reina, Arete, se compadece y le acoge. Durante la cena, un poeta canta las alabanzas de los héroes de Troya. Así es como Ulises conoce las desventuras de muchos de sus compañeros. Oculta su rostro y llora quedamente. La reina le

descubre y le pregunta por qué llora, aunque ya lo sospecha. "Soy Ulises" dice y les cuenta sus aventuras. Luego les pide que le lleven a casa. Los feacios acceden, aunque antes de partir Alcínoo le pide que se quede y se case con su hija. Ulises no se lo piensa. Quiere regresar a Ítaca. Hasta allí le llevan los feacios. Poseidón no siente más que ira, así que convierte el barco en piedra y tapona el estrecho que comunica a los feacios con el mundo mortal.

Penélope y Telémaco
¿Qué ha ocurrido en Ítaca durante estos veinte años? Penélope esperó el regreso de su marido mientras duraba la guerra. Comienza a preocuparse cuando ve que todos han regresado y Ulises no. Corre el rumor de que ha muerto. Ahí comienzan los problemas. Son muchos los que quieren asentarse en el trono de Ítaca, y la mejor forma es casarse con Penélope. Uno tras otro se presentan en la hacienda de Ulises y allí se quedan, esperando a que Penélope se decida por uno de ellos. Penélope no puede echarlos y Telémaco es un niño. Ha de soportar que se coman sus cosechas y sus animales y que se acuesten en el patio con sus criadas. Les pone todo tipo de excusas para no elegir. Al final les dice que elegirá al candidato cuando termine de tejer un sudario para Laertes, el padre de Ulises, que es ya un anciano. Por el día teje y por la noche deshace el trabajo. Los ha mantenido engañados dos años. Pero una criada la traiciona y es descubierta. Mientras, Telémaco crece y tiene que forjarse un nombre. Atenea le aconseja que no se quede quieto en Ítaca sino que busque información sobre su padre. Telémaco viaja y visita a Menelao y a Néstor, pero nada saben de Ulises. Regresa y con la ayuda de Atenea, burla la trampa que los pretendientes le habían preparado para matarle.

El regreso a Ítaca
Ulises decide ser prudente y no mostrarse tal y como es hasta asegurarse de quiénes la van a recibir bien y quién no. Atenea le disfraza de mendigo. Y así llega a su hogar. Allí los pretendientes campan a sus anchas y nadie se siente capaz de detenerlos. Una vez ha visto lo que hay, se prepara para resolverlo. Se refugia en la cabaña del porquerizo del palacio, que le sigue siendo fiel. Allí es donde se encuentra con Telémaco. Ambos se

sientan y conversan. Llegado el momento, Ulises le dice quién es. Telémaco mira al mendigo con escepticismo. Atenea le devuelve su figura habitual, pero Telémaco sigue desconfiando. Ulises se levanta enfadado y comienza a regañarle como sólo los padres saben hacerlo. "¿Cómo te atreves a contradecir a tu padre? ¿Cómo que no me reconoces? ¡Te digo que yo soy Ulises!" Entonces es cuando Telémaco le cree y entre los dos urden un plan contra los pretendientes.

El fin de los pretendientes
Ulises, disfrazado de mendigo, y Telémaco regresan al palacio. Ulises observa, ayudado por Telémaco, quiénes le siguen siendo fieles y quienes no. Penélope los ve y se acerca. Pregunta al mendigo por Ulises, como hace a todos los viajeros. Ulises le miente. Le cuenta que vio a Ulises al principio de la guerra. Inmediatamente, Penélope le toma simpatía y manda a una sirvienta que le lave los pies. La sirvienta es Euriclea, la antigua nodriza de Ulises. Ulises sabe que le reconocerá cuando vea en su pantorrilla una cicatriz que tiene desde pequeño, como efectivamente ocurre. Euriclea calla por orden de Ulises y se marcha de allí, incapaz de ocultar lo que siente. Los pretendientes siguen acosando a Penélope. Harta, les propone lo siguiente: el que sea capaz de tensar el arco de Ulises y acertara a lanzar una flecha por entre los aros de doce hachas puestas en fila (estos aros se usaban para colgar las hachas en las paredes), ese será su marido. Todos fanfarronean. Pero tensar el arco de Ulises no es tan fácil. Todos los pretendientes lo intentan sin conseguirlo. Penélope sonríe. Mientras, Telémaco y Ulises han ido cerrando las puertas de la sala. Telémaco también lo intenta y por poco lo consigue. Los pretendientes se burlan. "Yo también voy a intentarlo" dice el mendigo que es Ulises. Los pretendientes le arrojan cosas. Es Penélope quien le defiende. "Si este hombre lo consigue, le colmaré de riquezas y regalos" dice. Luego se retira a descansar. Ulises va tensando el arco y Telémaco termina de cerrar las puertas. Con una facilidad asombrosa, Ulises consigue tensar el arco, pone una flecha y traspasa los aros. Inmediatamente apunta a un pretendiente. Atenea le devuelve su aspecto. Caen uno tras otro.

Ulises, rey de Ítaca

Penélope descansa en su habitación. Pero le despiertan los gritos de las sirvientas. Euriclea entra en la habitación como una tromba. "¿Qué haces aquí dormida? Levántate, mujer. ¡Ulises ha vuelto!" Penélope baja para encontrar a su hijo charlando animadamente con un desconocido que se parece mucho a Ulises. Pero ella es prudente. Todos le reprochan su corazón de piedra sin saber que ese corazón es el que le ha permitido sobrevivir a las injurias de los pretendientes. Decide probar al desconocido, tenderle una trampa. Se vuelve y le dice a un criado que bajen la cama de Ulises hasta allí porque no piensa dormir con él. Ulises pone los brazos en jarras y la mira con fuego en los ojos. “¿Te has vuelto loca Penélope? Mi cama no se puede mover. Uno de sus pilares es un olivo que yo mismo sembré" Ulises ha probado su identidad. No necesita nada más. Ulises va a ver a su padre Laertes. Al principio el viejo no le reconoce y una vez más Ulises tiene que probar quién es. Luego los dos regresan a Palacio. Tumbados en la cama, Penélope y Ulises se cuentan sus aventuras. Atenea hace que esa noche sea más larga de lo habitual. Lo que hicieron cuando terminaron de hablar no lo recoge la mitología.

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Dánae y Zeus Perseo y la Gorgona Medusa Andrómeda El cumplimiento de la profecía

Dánae y Zeus
Acrisio es el rey de Argos. Sólo tiene una hija, Dánae y es la niña de sus ojos hasta que un día... Un día un oráculo predice que si su hija llega a ser madre, el retoño acabará con su abuelo. Acrisio coge a su hija y la encierra en una torre dentro de una jaula de bronce para que jamás tenga contacto con hombre alguno. Pero una jaula nunca ha sido suficiente para detener a Zeus. El enamoradizo de Zeus ha visto desde lo alto del Olimpo a Dánae y quiere acostarse con ella. Zeus, que para esto tiene mucho ingenio, se convierte en una lluvia dorada que se cuela por las rendijas de la jaula. Así es como nace Perseo. Es un niño vigoroso y muy guapo. Arma tanto escándalo que Dánae no puede esconderle por mucho tiempo. Cuando Acrisio lo descubre decide que lo mejor es librarse de ambos, pero no tiene el valor de matarlos. Hace construir para ellos una caja donde los encierra. Luego los encomienda a los dioses y los arroja al mar. Si mueren no será culpa suya, sino voluntad de los dioses. Y por supuesto, Zeus no va a dejar que un hijo suyo muera así como así.

Perseo y la Gorgona Medusa
Madre e hijo llegan a las playas de la isla de Sefiros, donde reina Polidectes. Perseo y su madre son acogidos por un hermano del rey, Dictis, que es para Perseo como un padre. Pero la belleza de Dánae, que no ha pasado desapercibida ni para Zeus, causa estragos. Polidectes se enamora de ella e intenta conquistarla. Pero Perseo ya no es un niño y protege constantemente a su madre. Es un obstáculo. El rey idea un plan. Les hace creer a todos que quiere conquistar a la princesa Hipodamia. Hipodamia es una entusiasta de los caballos así que todos sus nobles prometen regalarle uno para que la conquiste. "¿Y tú que me darías para conquistarla, Perseo?" le dice. "Yo te traería la cabeza de la Gorgona Medusa" dice orgulloso. La trampa le ha servido a Polidectes mejor de lo que esperaba. Al día siguiente todos se presentan con sus mejores caballos. Perseo avergonzado, no tiene nada que dar pero promete traer uno él también.

"No, Perseo, tú me traerás la cabeza de Medusa" le dice Polidectes. Perseo no puede negarse o quedará como un cobarde. Pero hay algo con lo que no cuenta Polidectes: los dioses están del lado de Perseo. Las Gorgonas son tres hermanas: Euríale, Esteno y Medusa. Sólo ésta última es mortal. Son unos seres horribles con la cabeza poblada por serpientes. Pero lo que las hace realmente peligrosas es que su mirada convierte en piedra. Atenea se le aparece a Perseo y le dice lo que tiene que hacer. Debe ir en busca de las Grayas. Las Grayas son hermanas de las Gorgonas, pero al contrario que éstas no viven al otro lado del mundo sino en los confines de éste. Está lejos, pero no es imposible llegar. Las Grayas no son jóvenes ni viejas, simplemente han nacido con aspecto de ancianas. Están tan unidas que tienen un solo ojo y un solo diente para las tres. Pero eso no las hace menos terribles. El ojo nunca descansa pues se lo pasan entre las tres por turnos y el diente lo usan para devorar a los incautos que caen en sus manos. Perseo ha de ser muy hábil. Debe esperar el momento exacto en el que el ojo pasa de una mano a otra, porque entonces son vulnerables. Perseo se sale con la suya. Les arrebata el ojo y el diente. Las Grayas lanzan unos alaridos horribles y suplican que les devuelva el ojo y el diente. Perseo accede, pero antes deben decirle dónde se encuentran sus hermanas. Las Grayas no tiene más remedio que ceder a sus deseos. Ya sabe dónde están las Gorgonas, ahora sólo le hace falta prepararse para enfrentarse a ellas. Para eso cuenta con la ayuda de los dioses y de las ninfas. Hades le da su casco que tiene el poder de la invisibilidad, Hermes le presta sus sandalias voladoras, Atenea le da la hoz con la que Cronos cortó los testículos de su padre Urano (el cielo). Por último le entregan unas alforjas en las que guardar la cabeza de Medusa. Perseo acude junto a las Gorgonas y las encuentra dormidas, rodeadas de todos aquellos cuya mirada ha convertido en piedra. Atenea acude en su ayuda. Como es imposible mirar cara a cara a las Gorgonas sin convertirse en piedra, Atenea hace que la Medusa se refleje en su escudo, de manera que su poder desaparezca. Perseo guiado por la imagen reflejada corta la cabeza de Medusa y huye con las sandalias aladas.

Andrómeda
Perseo recorre el mundo a toda prisa para rescatar a su madre de Polidectes, pero eso no le impide fijarse en una bella joven. La mujer en cuestión está encadenada a una roca junto al mar. Intrigado

pregunta el porqué de este comportamiento. El rey Cefeo le cuenta que la joven es su hija Andrómeda. La madre de ésta, Casiopea, se jactó de ser más bella que las propias Nereidas y en castigo Poseidón les envió un monstruo marino que se dedica a asolar el país. Sólo hay una solución: que Andrómeda sea sacrificada. Perseo promete salvarla si consigue su mano a cambio. Perseo lucha contra el monstruo y lo mata. En un descuido deja caer las alforjas con la cabeza de Medusa y una gran extensión de mar queda petrificada. Se casa con Andrómeda. Pero la chica ya tenía otro pretendiente al que no hace ni pizca de gracia que su novia se empareje con otro. Perseo no tiene más remedio que convertirle, a él y a los que le acompañan, en piedra. Luego regresa a Serifos. Allí, Dictis y Dánae se han refugiado en un templo huyendo del acoso de Polidectes. El rey está tan ufano en su palacio pensando que se ha librado de Perseo. Perseo se presenta ante toda su corte, que se burla de él. Así pues, mira hacia otro lado y saca la cabeza de Medusa. Todos quedan petrificados con una expresión de incredulidad en sus rostros, en especial Polidectes.

El cumplimiento de la profecía
Perseo devuelve todos los objetos mágicos y le regala a Atenea la cabeza de Medusa, que desde ese momento ella incorpora a su escudo (llamado égida). Después decide regresar a Argos. Acrisio se entera de que su nieto viaja para encontrarse con él y pone tierra por medio. Cuando Perseo llega, no le encuentra. Está en un reino vecino, presenciando unos juegos. Perseo le sigue. Una vez allí, los organizadores le proponen participar en los juegos. Perseo acepta partcipar en la prueba de disco. Cuando tira el disco, lo hace con tan mala fortuna que mata a Acrisio. Heredero del trono de Argos, decide intercambiar los reinos con su tío y reina en Micenas.

Orfeo, teólogo, poeta y célebre músico, era hijo de Eagro, rey de Tracia. Desde su juventud se aplicó a estudiar la religión y recorrió Egipto para consultar a los sacerdotes de este país y ser iniciado por ellos en los misterios de Isis y Osiris. Después visitó Fenicia, el Asia Menor y Samotracia, y de vuelta a su país natal dio a conocer a sus compatriotas el origen del mundo y de los dioses, la interpretación de los sueños y la expiación de los crímenes, e instituyó las fiestas de Baco y de Ceres. Enseñó a los griegos sabios conocimientos de astronomía, cantó la guerra de los Titanes, el rapto de Perséfone a manos de Hades y los trabajos de Hércules, y fue considerado como el padre de la teología pagana.

La música le servía de solaz y descanso en sus ocupaciones. Antes en Grecia solamente se conocía la flauta; él inventó la lira, o más correctamente, perfeccionó el instrumento ideado por el dios Apolo, añadiéndole dos cuerdas. Su voz, unida al sonido de este instrumento embelesaba a hombres y dioses y la naturaleza al completo se conmovía a sus acordes. Osos y leones se acercaban a lamerle los pies, los ríos retrocedían a su nacimiento para escucharle, las rocas se animaban y corrían a su encuentro.

Todas las ninfas admiraban su talento, seguían sus pasos y deseaban tenerle por esposo. Pero solamente Eurídice, cuya modestia igualaba a sus encantos, le pareció digna de su amor y la tomó por esposa siendo por ella correspondido. Pero su felicidad no fue duradera. Un día que Eurídice huía de la persecución de que era objeto por parte de Aristeo, hijo de Cirene, fue mordida en el talón por una serpiente y esta herida le causó la muerte. Orfeo quedó inconsolable, y después de haber intentado sin éxito ablandar a las divinidades celestiales, no dudó en descender a los infiernos para implorarle al dios de los muertos que le devolviera a su querida compañera.

Sobre las riberas de la laguna Estigia clamó con acentos tan dulces y enternecedores que los habitantes del Ténaro no pudieron contener sus

lágrimas ante tal desgracia y el mismo Hades se sintió conmovido. El dios llamó a Eurídice, que se encontraba entre las sombras llegadas recientemente; la ninfa se acercó y le fue concedido partir con Orfeo, pero bajo la condición de que él no volvería la cabeza para mirarla hasta que hubieran rebasado los límites del reino de los muertos. Orfeo había alcanzado ya la salida cuando, incapaz de resistirse a la impaciencia de contemplar a su mujer, se vuelve hacia ella. Pero Eurídice se hallaba aún a unos pasos por detrás de él y en ese mismo instante le es arrebatada. Ella le tiende los brazos y Orfeo trata de abrazarla, pero solamente alcanza a estrechar una huidiza neblina y únicamente escucha un largo suspiro y un adiós eterno.

Destrozado por esta nueva desgracia, intentó en vano penetrar por segunda vez en la mansión de los muertos; pero Caronte, el inflexible barquero, se negó a transportarle y Orfeo estuvo siete días a orillas del Aqueronte sin probar alimento alguno, inundados sus ojos en lágrimas y consumiéndose de dolor. Finalmente, y después de haber censurado mil veces la barbarie del dios de los infiernos, se retiró al monte Rodope, en Tracia, sin otra compañía que los animales que amansaba con su canto.

Las mujeres que habitaban en aquella región salvaje intentaron en vano endulzar sus añoranzas y llevarle a un segundo matrimonio, pero él desoyó siempre sus ruegos y se mostró sordo a su amor. Irritadas por este rechazo, esperaron el día en que se celebraban las fiestas de Baco para tener ocasión de vengarse. Entonces, armadas con tirsos, corrieron al monte Rodope y lo asaltaron por todos los flancos. Su griterío y el ruido de los tambores apagaron la voz de Orfeo, lo único que habría sido capaz de aplacar sus iras; después le atacaron furiosas, y a pesar de los esfuerzos que Orfeo hizo para calmarlas, ellas destrozaron su cuerpo en pedazos.

Los monstruos representan el espanto por lo desconocido y abundan en la mitología griega. Se pueden dividir en varios tipos: los híbridos, que se componen de partes de otros animales o seres humanos; aquellos que tienen su origen en metamorfosis, casi siempre provocadas por un castigo divino; y los que simplemente tienen cualidades corporales fuera de lo normal.

Ave Fénix
Ave legendaria que renacía de sus cenizas. Vivía quinientos setenta años.

Caribdis
En un principio era una hermosa muchacha, aunque era demasiado glotona. En una ocasión devora parte del ganado de Heracles y Zeus (que para algo es el padre de Heracles) la arroja al mar, de donde surge convertida en monstruo. Tres veces al día absorbe agua con todo lo que esta contiene, peces, barcos... para luego vomitarlo. Vive en el estrecho de Mesina, al otro lado de Escila por lo que los marineros deben elegir entre un peligro u otro. Odiseo se enfrenta a Escila y pierde seis marineros, por lo que luego opta por Caribdis. Allí pierde a todos sus marineros como castigo porque éstos han comido las vacas de Helio. Sólo Odiseo, que se negó al banquete, se salva.

Caronte
Es el barquero de los Infiernos. Es el encargado de llevar las almas de los muertos hasta el Hades y para ello atraviesa con su barca la laguna Estige o Estigia. Es muy celoso respecto al pago por sus servicios, tanto que los griegos tomaron por costumbre el enterrar a sus muertos con una moneda bajo la lengua.

Centauros
Tenían el cuerpo de caballo y el busto de hombre. El más famoso es el sabio y médico Quirón que se encarga de la educación de muchos de los héroes de la mitología. Era inmortal pero Heracles le hiere con una flecha envenenada con la sangre de la Hidra de Lerna y pide la muerte a Zeus. Entonces la inmortalidad de Quirón es cedida a Prometeo. Quirón se convierte en la constelación de Sagitario. El centauro Eurito quiso abusar de Hipodamia durante sus esponsales con Pirítoo, lo que originó la lucha entre centauros y lapitas. Neso raptó a Deyanira la esposa de Heracles. Éste le deja moribundo y el centauro acude en busca de la ayuda de Deyanira. Neso le dice que su sangre es un filtro de amor que le servirá para retener a Heracles. Cuando un tiempo más tarde Heracles abandona a Deyanira, ésta le envía una túnica empapada de las sangre de Neso. Cuando Heracles se la pone muere. La sangre es en realidad un veneno.

Cerbero
También se le llamaba Cancerbero. Era el encargado de guardar las puertas del Hades. Tenía tres cabezas, aunque algunas tradiciones sostienen que eran más de cincuenta. No permitía la salida de ninguna de las almas que Caronte traía hasta el infierno. Solo dos veces fue vencido. Una por Orfeo que lo cautivó con su lira. Otra por Hércules que tuvo que encadenarlo como uno de sus Trabajos.

Escila
Este engendro tenía medio cuerpo de mujer que se sostenía sobre seis medios perros, con una cabeza y dos patas cada uno. Hay varias tradiciones. En una, Escila es una bella muchacha que se enamora de Glauco y que provoca que éste desprecie a la maga Circe, por lo que es convertida en ese monstruo. En otra el enamorado es Poseidón y su esposa, celosa, le pide a Circe que la metamorfosee. En otra Glauco y Poseidón la pretenden y como Escila escoge a Glauco, Poseidón la castiga de esta forma.

Vivía en una cueva en el estrecho de Mesina, donde devoraba a aquel que se le acercara, como ocurrió con seis compañeros de Odiseo. Heracles la mata.

Esfinge
Tiene cabeza de mujer, cuerpo de león y alas. Hera la envía a Tebas para castigar a su rey, Layo, por violar a Crisipo, hijo de Pélope. La esfinge propone al que pasa por su lado un enigma y si no es resuelto, devora al infeliz .Hasta que Edipo lo adivina y la esfinge, rabiosa, se suicida.

Gorgonas
Son monstruos con la cabeza llena de serpientes, garras de bronce, colmillos y alas de oro. Su mirada convertía en piedra a los incautos que se atrevían a entrar en sus dominios. Sus hermanas las Grayas vigilaban la entrada a su territorio. Son tres: Esteno, Euríale y Medusa. Sólo Medusa era mortal y muere asesinada por Perseo.

Grayas
Son hermanas de las Gorgonas. Son tres: Enío, Pefredo y Dino. Nacieron ya viejas y tienen un solo ojo y un solo diente que comparten entre las tres. Con ese ojo vigilan el camino que lleva hasta sus hermanas las Gorgonas. A pesar de tener un solo ojo, son muy eficaces en su cometido. Mientras dos duermen una vigila y el ojo nunca se cierra. Sólo las vence Perseo que con la ayuda de Hermes y Atenea, les roba el ojo y el diente y así las obliga a desvelar el secreto para matar a la única mortal de las Gorgonas: Medusa.

Grifos
Tienen la mitad del cuerpo con forma de águila y la mitad inferior es de león. Acompañan siempre a Apolo. Se supone que guardan un increíble tesoro.

Harpías
Tienen cabeza de mujer, cuerpo de ave y garras afiladas. Raptan almas y niños. Ensucian con sus excrementos los

alimentos del adivino Fineo. Al ser de la generación preolímpica, como las Moiras, no respetan los dictados de los dioses.

Hidra de Lerna
Monstruo venenoso de cincuenta cabezas. Cuando las Danaides asesinaron a los cincuenta hijos de Egipto, les cortaron la cabeza y las arrojaron a un lago. De ahí surgió la Hidra. Heracles la mata cumpliendo otro de sus trabajos.

Minotauro
Afrodita castiga a la reina de Creta, Pasífae, por no rendirle los honores que merece. La hace concebir una pasión antinatural con un toro regalo de Poseidón. Para unirse con su amor se mete dentro de un toro de madera. Así nace el Minotauro, un monstruo con cabeza de toro y cuerpo humano. Minos, el esposo de Pasífae, horrorizado, le encarga a Dédalo construir un laberinto donde esconder tal engendro. Todos los años había que sacrificarle siete mancebos y siete doncellas. Hasta que llega Teseo y lo vence con la ayuda de Ariadna, la hija de Minos.

Serpiente Pitón de Delfos
Es hija de Gea. Devora hombres y contamina allá por donde pasa. Un oráculo le había vaticinado que moriría a manos de un hijo de Leto, así que Hera aprovecha la ocasión y la envía a dar muerte a ésta, que ya está embarazada de Apolo y Ártemis (el padre era Zeus). Por eso Apolo a los pocos días de nacer la mata e instaura en Delfos su oráculo.

Sirenas
Tienen cabeza de mujer y cuerpo de ave. Atraen a los hombres con su canto y luego los matan. Tan sólo dos expediciones han sobrevivido a sus encantos maléficos. Los Argonautas se libran de ellas por la música de Orfeo que contrarresta su canto. La tripulación de Odiseo se tapa los oídos con cera y sólo Odiseo, atado al palo mayor,

escucha su canto.

Tifón
Ser monstruoso hijo de Gea y Tártaro o de Hera sin intervención masculina. En vez de dedos tenía cabezas de dragón, de cintura para abajo estaba compuesto por serpientes, tenía alas y sus ojos despedían fuego y víboras. Era tan alto como una montaña. Ambicionaba ser el rey del mundo, por eso ataca al Olimpo. Los dioses huyen despavoridos y se esconden bajo la forma de animales. Sólo Zeus y Atenea se enfrentan a él. Tifón consigue vencer a Zeus y le corta los tendones. Hermes y Pan, o según otras versiones el héroe Cadmo, se los devuelven. Finalmente Zeus derrota a Tifón enterrándolo bajo el monte Etna, donde aún se escuchan sus lamentos.

Tomado de: http://perso.wanadoo.es/magenia1/hazanas/mitosyhazanas.htm

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