DIES IRAE Apenas existen en la literatura latina cristiana piezas más famosas, significativas y logradas que este breve

poema atribuido con toda probabilidad al fraile menor de la primera mitad del siglo XIII Tomás de Celano, que fue también uno de los primeros biografos de san Francisco. Lo que sí puedo decir, ya a nivel personal, es que es un poema impresionante _en una sola palabra, claro_ por lo que representó en su momento y durante muchos siglos para el hombre medieval: ese vivir aterrorizado por el miedo a los novísimos, ese constante martilleo "has de morir", "te van a juzgar con total rigidez", "te espera el infierno eterno", "tienes muy pocas posibilidaes de salvarte". Así entendido el Dies irae fue el martillo pilón de la Iglesia y el Poder, pero, al margen de esta circunstancia, oirlo en la simplicidad de su versión gregoriana cantado por un buen coro de monjes en la semipenumbra de una antigua iglesia es uno de los mayores placeres espirituales que un amante de la música puede sentir. Mozart hizo una gran versión para orquesta en su Requiem en re menor (KV 636), pero eso es otro cantar. Eso, aun siendo magnífico, es música para ricos. En su versión original es un poema monorítmico que comprende diecisiete estrofas monorrimas de tres versos de ocho sílabas cada una. El ritmo es trocaico, con los acentos principales en las penúltimas sílabas de cada dímetro entre las que casi siempre hay separación de palabras, con la sola excepción de los segundos versos de las estrofas undecima y decimasexta. Acentos secundarios son frecuentemente perceptibles en las primeras sílabas de cada metro. Su destino a una cuidada pronunciación en la recitación o en el canto se manifiesta en la ausencia de elisión de "m" ante vocal (Vv 2 y 3) unida a la observancia de la métrica verbal antes mencionada en la unión de los metros. El asunto del que trata el poema tenía una larga historia literaria e iconográfica en la tradición cultural cristiana . La Sibila, testigo del juicio final, se halla ya en San Agustín, mientras que David es el símbolo histórico de la legitimidad de la realeza y del poder de juzgar del Mesías, cuyo imperio universal y visible seguiría a su segunda venida. Desde las manifestaciones plásticas del arte románico, y con más brillantez en los bajorrelieves y vidrieras góticas, el Juicio Final, estaba presente en la mente de los cristianos y había encontrado innumerables expresiones literarias y poéticas. La frase "dies irae, dies illa" se encuentra ya en un poema, también en dímetros rítmicos de mucho más tosca factura, del siglo IX, del que existe más de una versión. En textos de la liturgia de difuntos, tanto de la Misa, como del Oficio y de otros ritos, aparecen, desde varios siglos antes de Tomás de Celano, los diversos motivos tan bellamente desarrollados en este poema. Ni métricamente, ni por su estructura más profética y de plegaria que narrativa, el Dies irae habría sido nunca una "secuencia" en la primera época de este género literario. En algún momento se ha considerado que quizá fuera concebida como "tropo" antes de ser empleada por la liturgia en la función y el lugar de la "secuencia". Pero tampoco parece haberse logrado un general consenso en este punto. Más bien habría que pensar que fue creada como un poema piadoso y autónomo.

Quantus tremor est futurus. Mors stupebit et natura. Culpa rubet vultus meus. Cuncta stricte discussurus! Tuba mirum spargens sonum Per sepulchra regionum Coget omnes ante thronurn. Unde mundus iudicetur. Donum fac remissionis Ante diem rationis. Liber scriptus proferetur. Quod sum causa tue vie. dies illa. Ingemisco tamquam reus. . Deus. Iuste iudex ultionis. Quem patronum rogaturus. Quidquid latet apparebit: Nil inultum remanebit. Cum vix iustus sit securus? Rex tremendae maiestatis. In quo totum continetur. Quid sum miser tunc dicturus.Dies ire. Ne me perdas illa die. Supplicanti parce. fons pietatis. Tantus labor non sit cassus. Salva me. Iudex ergo cum censebit. Quando iudex est venturus. Solvet saeclum in favilla Teste David cum Sibylla. Recordare. Jesu pie. Redemisti crucem passus. Quaerens me sedisti lassus. Qui salvandos salvas gratis. Cum resurget creatura Iudicanti responsura.

desdichado. Inter oves locum praesta Et ab haedis me sequestra Statuens in parte dextra. Mihi quoque spem dedisti. Ne perenni cremer igne. Oro supplex et acclinis. Cor contritum quasi cinis. reunirá a todos ante el trono. Flammis acribus addictis. decir entoces? ¿A qué protector invocaré. ¡Cuánto terror sobrevendrá cuando venga el Juez a pormenorizar todas las cosas con estricto rigor! La trompeta. por el que el mundo será juzgado. fac benigne. nada quedará impune. Sed tu. Preces meae non sunt dignae. reducirá este mundo a cenizas. La muerte y la naturaleza quedarán estupefactas cuando resuciten las criaturas para responder a su juez. todo lo oculto saldrá a la luz. Gere curam mei finis. Pie Iesu Domine. bonus.Qui Mariam absolvisti Et latronem exaudisti. Qua resurget ex favilla. cuando apenas los justos están seguros? . día de ira. Lacrimosa dies illa. Saldrá a la luz el libro escrito que todo lo contiene. Iudicandus homo reus. Voca me cum benedictis. Dona eis requiem <<Volver Aquel día. Cuando al Juez le parezca oportuno. ¿Qué podré yo. esparciendo un maravilloso sonido por todos los sepulcros del mundo. huic ergo parce. Deus. como profetizaron David y la Sibila. Confutatis maledictis.

llámame con los bienaventurados. Piadoso Señor Jesús¡Dales el descanso! . pero tu que eres bueno haz misericordioso que no me queme en el fuego eterno. piadoso Jesús. Día de lágrimas será aquel en que resurja del polvo el hombre culpable para ser juzgado. Juez que castigas justamente. a quien te implora. fuente de piedad. Buscándome. sálvame. también a mí me diste esperanza. que soy la causa de tu camino. se enrojece mi rostro por el pecado. Dios. con el corazón casi hecho ceniza: toma a tu cuidado mi destino. perdona. ¡Perdónale pues. que salvas gratis a quienes van a ser salvados. Dame un lugar entre las ovejas y separándome de los cabritos colócame a tu diestra. y entregados a las duras llamas. Tú. Suplicante y humilde te ruego. oh Dios. me redimiste padeciendo muerte de cruz. Mis ruegos de nada valen. te sentaste cansado. no me pierdas aquel día. Recuerda. hazme el regalo del perdón antes del Día del Juicio. que absolviste a María y escuchaste al ladrón. no sea vano tanto esfuerzo.Rey de tremenda majestad. Gimo como un reo. Rechazados ya los condenados.