1- Con la llegada de Anwar-Al-Sadat a la presidencia de Egipto se abre una nueva etapa en la historia de este país.

La política que inaugura el nuevo mandatario es bautizada con Infitah, buscando caracterizar a la misma como aperturista y superadora con respecto a la de su sucesor, Nasser. Dos hechos fundamentales permitieron a Sadat poder llevar adelante la Infitah. En primer término, la derrota en 1971 de los sectores izquierdistas al interior del partido único gobernante. Estos sucesos fueron bautizados por el nuevo líder como revolución “correctiva” que, proclamándose como continuadora del legado nasserista, permitiera acondicionar el régimen a los nuevos sucesos internos y externos, en particular la derrota de 1967 que había dejado al país envuelto en una “espesa niebla”. Derrotando a la izquierda del partido, Sadat procuró dotar de legitimidad a su posición y deshacerse de la figura de manso discípulo del difunto líder. Para ello, “supo atraerse el apoyo de los oficiales de segundo rango dentro del ejercito, el de los tecnócratas (…) y un importante sector de la Asamblea”1. Podría decirse que Sadat buscó equilibrar en su discurso la reivindicación del pasado naserista que lo legitimara como continuador del carismático líder, aunque pretendiendo mostrarse como aquel que es capaz de iniciar las reformas necesarias para solucionar las carencias que la devastadora derrota ante Israel habían puesto en evidencia. No obstante, se desprende de los textos que la proclamada revolución no fue más que un golpe palaciego al interior de la clase dirigente. Lo fundamental de esta mutación en la distribución de poder puertas adentro de los sectores gobernantes fue el desplazamiento de los militares de los principales puestos políticos marcando una diferencia radical con el gobierno anterior. De este modo, se produjo una “profunda

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Martín Muñoz, Gema (1992): “La desnaserización del presidente Sadar”, en Política y elecciones en el Egipto contemporáneo (1922-1990), Instituto de Cooperación con el Mundo Árabe, Madrid, Pág. 294.

alteración (…) en la composición social e ideológica de la élite”2 mediante la cual sectores burgueses privados, aunados a los sectores ligados al estado que habían crecido durante el naserismo acapararon mayores cuotas de poder, logrando de algún modo la reconstitución de la clase burguesa egipcia sin que ello implique un dinamismo en el desarrollo industrial de la economía nacional. Esta recomposición se logró merced a una apertura de la economía egipcia a la producción e inversión extranjera así como al nuevo rol dirigente que los sectores privados comenzaron a ocupar en las principales ramas económicas. A nivel político interno, para desmarcarse de los reclamos por derecha y por izquierda, Sadat articuló un discurso tradicionalizante que revalorizara el Islam (permitiendo la actuación de los Hermanos Musulmanes, criticando al comunismo por ateo, favoreciendo la educación religiosa, etc.) con una supuesta liberalización política que permitiera mayores libertades a las oposiciones políticas. Paradójicamente, el resultado de esta mixtura terminaría costándole la vida. La apertura política no fue mas que una fachada donde la represión a los disidentes siguió siendo moneda corriente y donde las modificaciones de forma solo fueron un pretexto para mantener su primacía en la conformación de las sucesivas Asambleas. Por su parte, el discurso religioso terminaría favoreciendo el surgimiento del Islam político, en algunos casos terrorista, que en desacuerdo con la apertura indiscriminada hacia occidente fue quizás la oposición con mayor arraigo popular del país. En segundo lugar, fue fundamental la guerra emprendida junto a Siria en contra de Israel en 1973, ya que mas allá de la derrota militar permitió a Egipto reubicarse en

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Martín Muñoz, Gema (1992): “La desnaserización del presidente Sadat”, en Política y elecciones en el Egipto contemporáneo (1922-1990), Instituto de Cooperación con el Mundo Árabe, Madrid, Pág. 341.

el contexto internacional y retomar la iniciativa en la política árabe, “Sadat no pensaba que había librado la guerra de 1973 para alcanzar una victoria militar, sino con el propósito de conmover a las superpotencias, de modo que adoptasen la iniciativa de negociar un arreglo de los problemas entre Israel y los árabes, y de ese modo impidiesen una nueva crisis y una peligrosa confrontación”3. A su vez, la guerra le permitió a Egipto entablar negociaciones directas con Israel y con EEUU, por encima del mundo árabe, con diversos objetivos como la recuperación del Sinaí y el acceso a préstamos e inversiones norteamericanas. De hecho con la firma del acuerdo de Camp David en 1979, previo viaje a Jerusalén, Egipto recupero el Sinaí. Mediante su ruptura con la URSS y la promoción de diversas modificaciones legales promovió la entrada de capitales extranjeros, no solo árabes sino también de los países centrales. No obstante, si bien mejoró su relación con EEUU, no cumplió su objetivo de desplazar a Israel como principal aliado en la zona. A nivel regional, la audaz política exterior de Sadat le valió al país la expulsión de la Liga Árabe. Sadat, en primera instancia, reclamó el apoyo regional para la guerra de 1973 y una vez conseguido su objetivo negoció directamente con el enemigo sin consultar a sus pares árabes. A este hecho hay que sumar el viaje a Jerusalén y el establecimiento formal de relaciones diplomáticas con Israel. Así, si bien Egipto fue el único país árabe que recupero los territorios perdidos en 1967, quedo políticamente aislado de sus vecinos árabes. Resumiendo, la Infitah fue el producto de diversos factores. Por un lado, fue la búsqueda de desmantelar el estado económico naserista. Desde lo interno las presiones habrían venido de los sectores burgueses y terratenientes eclipsados
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Hourani, Albert (1991): La historia de los árabes, Fondo de Cultura Económica, México, Pág. 500-501.

durante el gobierno anterior. Esto explicaría la reconfiguración de la élite referida mas arriba. Por otro lado, las razones de que la Infitah haya podido ser aplicada pueden hallarse en el callejón sin salida que las sucesivas guerras árabe israelíes habían planteado, sumado a la hegemónica posición que EEUU toma en la zona a partir de 1973, con sus pedidos de apertura política y, a la progresiva dependencia de los prestamos de los organismos multilaterales de crédito que supieron presionar por profundas reformas en el sistema económico egipcio durante la década sadatista. De este modo, la Infitah fue una política que fue desarrollándose como un plan pero también como respuesta a las diferentes circunstancias, lo cual explica porque “el significado real de esta liberalización no contó nunca con una definición explicita por parte gubernamental”4. Los objetivos de fortalecer la posición diplomática del país, dotar de dinamismo a la economía logrando industrializar sectores estratégicos con la ayuda de la inversión extranjera y la modernización del sistema político mediante un mayor pluralismo quedaron presos de las necesidades del presidente por mantener su iniciativa política en las diferentes coyunturas y de conservar el apoyo de los sectores de la élite que lo sostenían. Haciendo un balance, fueron más los fracasos que los objetivos cumplidos. 2- La revolución iraní de 1979, el asesinato de Sadat en 1981, la primer Intifada palestina de 1988 son algunos de los sucesos que ejemplifican la tensión entre autenticidad y asimilación que recorre las relaciones entre el mundo árabemusulmán y occidente. Esta tensión se ilustra dramáticamente en el rol significativo que a partir de la década del setenta cumplen los movimientos políticos islámicos.

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Martín Muñoz, Gema (1992): “La desnaserización del presidente Sadar”, en Política y elecciones en el Egipto contemporáneo (1922-1990), Instituto de Cooperación con el Mundo Árabe, Madrid, Pág. 302.

Se puede analizar al Islam político como producto del impacto que la modernización y la secularización han tenido en medio oriente. En los ejemplos que su actuación política nos proporcionan podemos encontrar la mixtura entre elementos tradicionales y elementos modernos en la búsqueda de una identidad propia en oposición a lo que ven como una importación acrítica cuando no una imposición de los valores identitarios occidentales. La revolución iraní sea quizás el ejemplo paradigmático de estos procesos, “En sus postulados e ideales el movimiento de Jomeini niega aquello que las grandes revoluciones-seculares y ateas- que la precedieron habían proclamado como valores universales”5. No obstante, en ella se instrumentalizan ciertos valores y formas de organización política occidentales, como el nacionalismo y la organización en partidos, para llegar al fin de unificar las esferas secular y religiosa del estado nación iraní, llegando a proclamar la república islámica. Desde lo tradicional, la revolución iraní cuenta con un fuerte componente integrista, éste “idealiza ese Islam primitivo y lo toma como modelo de un estado en que la esfera de lo político, lo religioso, lo económico y lo social estaba unificada bajo la ley divina”6 . El movimiento que toma el poder en 1979 derroca a la monarquía Pahlavi que desde 1963 venía impulsando un proceso de modernización y occidentalización en el que la influencia estadounidense estaba muy presente. Esto produjo la rebeldía de buena parte del clero shiíta, el cual veía en la adopción de los patrones de consumo y de conducta occidentales una seria amenaza a los valores tradicionales islámicos. Este grupo pequeño pero fuertemente organizado y con tradición en la

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Rodríguez Zahar, León (1991): La revolución islámica-clerical de Irán, El Colegio de México, Pág. 9. Rodríguez Zahar, León (1991): La revolución islámica-clerical de Irán, El Colegio de México, Pág. 15.

actuación política pudo erigirse en vanguardia de un proceso revolucionario en cuyo discurso y accionar político se articulan particularidades religiosas del shiismo iraní con apelaciones al nacionalismo, “en la revolución iraní el nacionalismo será la expresión en términos del Islam y el Islam se expresará en términos del nacionalismo”7. Así, puede observarse cómo la autenticidad que se buscaría defender del “Gran Satán” norteamericano y sus representantes locales (enemigo a partir del cual el nuevo gobierno buscará legitimarse, no solo a nivel interno sino también en el escenario internacional), ejemplos de la corrupción occidental y su amenaza sobre la pureza islámica, es articulada con la asimilación a valores occidentales como el nacionalismo en las apelaciones que los líderes del movimiento hacen a determinadas particularidades nacionales del pueblo iraní para aglutinarlo y legitimar la nueva república islámica.

En términos generales es posible que la combinación de valores que describo para la revolución iraní sea la tónica común a los movimientos islámicos. Por lo general, la asimilación de lo occidental se refleja en las formas de organización política. La aceptación de las fronteras como manifestación de los fenómenos nacionales y la organización partidaria se vuelven indispensables desde el momento que varios de ellos tienen como objetivo el control del estado, al que se aspirarían para homogeneizarlo con las tradiciones coránicas. Sin embargo, esto los lleva a tener que considerar y proponer respuestas a problemas específicamente nacionales y estatales. Como ejemplo pienso en el viraje que ha tenido Hamas en los últimos años a comparación de los objetivos planteados en su carta de fundación en 1988. Khaled Hroub señala este cambio al analizar documentos de la organizaciòn al
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Rodríguez Zahar, León (1991): La revolución islámica-clerical de Irán, El Colegio de México, Pág. 96.

acercarse su llegada al gobierno, “Despite the oft-repeated rhetoric of Hama´s leaders that their movement will remain faithful to its know principles, the three documents reveal beyond question that the demands of the national arena have driven Hamas in dramatically new directions, confirming and going beyond profound changes that had been in the making for almost a decade”8. Si bien ambos ejemplos tienen en común que los dos movimientos tienen responsabilidades de gobierno que los obligan a sufrir estas mutaciones, creo que ya en teóricos fundadores como Sayyid Qutb o Alí Shariati se puede encontrar esta asimilación de valores de organización política occidentales puestos al servicio de la valorización y defensa de las tradiciones islámicas. En el caso de Shariati la asimilación parece ser más profunda ya que en sus textos se utilizan conceptos asociados a formas de organización económica y a la utilización de diversos conceptos sociológicos extraídos de la tradición occidental, “Oriente no puede alcanzar la independencia económica sin obtener la espiritual. Tampoco puede obtener la independencia espiritual sin obtener la económica. (…) La adquisición de una identidad intelectual y espiritual, con un verdadero sentido de autoconocimiento conduce a producir una identidad independiente en la vida social y económica”9. Así, en Shariati la asimilación de lo occidental no parece ser instrumental sino que buscaría un equilibrio entre la puesta en acción de la autenticidad de los valores islámicos y los beneficios de ciertos avances occidentales. En el caso de Qutb el objetivo parece ser distinto y, si bien anterior, se asemeja al ideario de la revolución iraní, donde la
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Hroub, Khaled; A “New Hamas” through its New Documents. En Journal of Palestine Studies, Vol. 35, Nro. 1 (summer 2006). Traducción: “Mas allá de la repetida retórica de los lideres de Hamas de que el movimiento se mantendrá leal a sus principios conocidos, los tres documentos revelan sin duda que las exigencias en el campo nacional han llevado a Hamas a nuevas direcciones, confirmando profundos cambios que han estado en proceso de realizarse durante casi una década” 9 Shariati, Alí (1989): Sociología del Islam, Al Hoda, Londres, Pág.210.

acción política sería una herramienta para lograr el concierto entre las escrituras y la vida terrenal, “La innovación es que los tiempos actuales nos obliguen a defender la comunidad musulmana mediante esa técnica importada que llamamos política, no que como musulmanes nos sintamos obligados a actuar en los asuntos sociales”10. En este autor, parte de los Hermanos Musulmanes, tal vez se note la distancia respecto a la posibilidad concreta de tomar el poder. Con esto en mente y pensando en un fenómeno más actual se puede notar la paradoja que plantea el post islamismo en Irán, el cual es parte del establishment gobernante y reivindica la defensa de la autenticidad de los valores tradicionales islámicos. Sin embargo, propone una ruptura con el Islam político en un “intento de llegar a una secularización de lo religioso que contribuya a la democratización de la sociedad”11proponiendo una asimilación profunda de varios valores occidentales como la autonomía de lo político-económico, las libertades individuales y de prensa y “contraída” o minimalista de la religión. 3-La firma de los acuerdos de paz entre palestinos e israelíes durante la década del noventa es el resultado de una combinación de procesos y sucesos que tuvieron lugar tanto en medio oriente como en el resto del mundo en los años anteriores. Desde un punto de vista internacional el fin de la década del ochenta marca la caída de la URSS como competidora de los EEUU. Este hecho tiene una doble influencia en el conflicto palestino israelí. Por un lado, la OLP pierde el apoyo histórico que la URSS le había proporcionado en forma económica, política y diplomática. Por el otro, el derrumbe de unos de los contendientes de la guerra fría consecuentemente fortalece la posición
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una versión

Roy, Olivier (1996): Genealogía del islamismo, Bellaterra, Barcelona, Pág. 113. Khosrokhavar, Farhad-Roy, Olivier (2000): Irán de la revolución a la reforma, Bellaterra, Barcelona, Pág. 68.

hegemónica de su rival, EEUU, quien en el año 1991 buscará legitimar su representación como única potencia al atacar a Irak, luego que este invadiera Kuwait unos meses antes. Las consecuencias de esta guerra serán relevantes para llegar a los acuerdo de paz. La victoria confirma a EEUU como la única superpotencia mundial y jerarquiza aun mas su rol clave en medio oriente apareciendo como el único capaz de impulsar y garantizar acuerdos. Esto beneficia a su principal aliado en la zona, Israel, cuyo merito en el conflicto consistió en no responder a los ataques iraquíes, evitando la posibilidad de que el conflicto derivara en una nueva guerra árabe israelí. La guerra también resitúa a Egipto como actor principal en la zona, al ser readmitido nuevamente en la Liga Árabe (poco tiempo antes de la guerra) y al encabezar la alianza de fuerzas regionales que apoyó la intervención de EEUU. Así, Egipto volverá a ser un actor relevante en las negociaciones, siendo además el único país árabe que negoció una paz directa con Israel. A su vez, la guerra y el desplome de la URSS llevaran a un giro en la posición diplomática de Siria quien establecerá una alianza con EEUU. Esto también debilitará la posición de la OLP, ya que Siria pretenderá aprovechar su nueva sociedad para negociar la recuperación de las alturas del Golán perdidas en 1967, relegando la vinculación de dicho reclamo con los intereses nacionales palestinos. La debilidad de la OLP se profundiza también porque su actuación durante el conflicto es interpretada como un apoyo a los planes de Saddam Hussein, cuya derrota la dejará mal parada diplomáticamente. Así, vemos que en el contexto internacional Israel llega fortalecida a este momento histórico ya que su principal aliado es la potencia mundial indiscutida y la única con legitimidad suficiente para llevar adelante y garantizar negociaciones. A su vez, la auto restricción militar deja al estado hebreo bien parado diplomáticamente como actor confiable y racional. Por su parte la OLP llega debilitada ya que su principal sostén

económico y político, la URSS, entra en franca decadencia y varios de sus aliados regionales (Egipto, Siria, etc.) si bien no lo abandonan, parecen privilegiar la relación con EEUU para alcanzar sus intereses particulares. A su vez, pierde el apoyo financiero de las petromonarquías atacadas por Hussein. La única ventaja que la OLP obtuvo fue que “El conflicto del Golfo Pérsico demostró que sin resolver el problema de los territorios ocupados, no se podía alcanzar la tan deseada estabilidad y paz regional”12 Desde un punto de vista que incumbe principalmente a los intereses específicos de israelíes y palestinos, la Intifada de 1988 produce un cambio importante en las visiones de cada uno al llegar el tiempo de los acuerdos. Por el lado palestino ésta marca la aparición de Hamas como organización política que cuestiona el rol de la OLP como única representante de los intereses nacionales. A su vez, el sostén de la rebelión influye críticamente en las finanzas de la organización. Por el lado israelí, la Intifada demostró la necesidad de una solución política al conflicto de los territorios ocupados como paso clave para poder alcanzar una paz regional. A esta constatación se sumaban las preocupaciones económicas por la capacidad del estado para absorber a los migrantes provenientes de las ex repúblicas soviéticas. Teniendo todos estos factores en cuenta creo que Arafat firma estos acuerdos para fortalecer su posición al interior del pueblo palestino, ya que el nuevo tipo de relación que pretende establecer con Israel y con EEUU le permitirá presentarse como el único dirigente con capacidad real para a llegar a acuerdos que finalmente deriven en la creación de un estado palestino. A su vez, la firma de estos acuerdos le valió el reconocimiento de estos dos estados a la OLP como única y legítima representante de

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Hernández, Domingo (1991): “Israel y Palestina en el nuevo orden regional”, en Revista de África y Medio Oriente, Vol. 8, Nro. 2, La Habana, pág. 58.

los intereses palestinos. Este último punto es importante porque hasta poco tiempo atrás ésta era definida como una organización terrorista. Todos estos factores llevan a que la negociación, aun en términos de profunda desigualdad, sea el único camino que se avizora como posible para alcanzar los objetivos palestinos. Los principales obstáculos al proceso de paz provinieron del hecho de que la desigualdad en todos los ámbitos entre las partes firmantes hiciera que los documentos no presentaran soluciones concretas para los principales problemas palestinos, “Asentamientos, refugiados, fronteras, estatuto político de la `entidad` palestina y Jerusalén: cada una de estas cuestiones es suficiente para dinamitar el proceso”13. Esto reavivó los conflictos al interior de ambas sociedades. En el caso israelí, los sectores conservadores y religiosos opuestos a los acuerdos llegaron al extremo de asesinar al presidente Rabin, quien había sido el principal impulsor de los mismos, en 1995. A su vez, la coalición gobernante que le sucedió se caracterizó por defender posturas intransigentes, y los gobiernos subsiguientes continuaron la extensión de los asentamientos, el asedio y la represión a los palestinos de los territorios, sin dar respuesta a los principales conflictos que los acuerdos dejaban sin resolver. Por el lado palestino, el fracaso de la OLP para concretar la creación del Estado y el mal funcionamiento del gobierno de la Autoridad Palestina, sumados a las pésimas condiciones de vida y el acoso del ejército ocupante, proporcionaron la oportunidad al Hamas de fortalecerse y cuestionar la hegemonía de la OLP, “Hamas fue capaz de explotar todos esos periodos de `agudización de la crisis` para acumular poder político, militar y popular durante y gracias a la Intifada (año 2000)”14. De este modo, los sectores

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Ben Ami, Shlomo (1999): Israel, entre la guerra y la paz, Editora B, Barcelona, pág. 163. Hroub, Khaled (2003): “Hamas y la intifada: la supervivencia gracias a la agudización de la crisis”, en AAVV, Informe sobre el conflicto de Palestina. De los acuerdos de Oslo a la hoja de ruta , Editorial del oriente, Madrid, pág. 131.

negociadores de cada una de las sociedades sufrieron el hecho de que cada dilatación en los tiempos de la solución del conflicto abrieran la posibilidad para que los sectores opuestos a los tratados perjudiquen a los mismos impulsando acciones maximalistas como los atentados suicidas, la creación del muro en los territorios ocupados, la invasión a Gaza, etc. Lo que hace aun más dramática la situación es la inconmensurable diferencia de poder, en todo sentido, entre unos y otros. Esto no solo dificulta que las negociaciones se den en pie de igualdad, sino que las represalias que se toman en cada lado son sumamente desproporcionadas profundizando así los argumentos de los sectores opuestos a la negociación y los problemas humanitarios.

BIBLIOGRAFIA:

Ben Ami, Shlomo (1999): Israel, entre la guerra y la paz, Editora B, Barcelona Hernández, Domingo (1991): “Israel y Palestina en el nuevo orden regional”, en Revista de África y Medio Oriente, Vol. 8, Nro. 2, La Habana Hourani, Albert (1991): La historia de los árabes, Fondo de Cultura Económica, México Hroub, Khaled (2003): “Hamas y la intifada: la supervivencia gracias a la agudización de la crisis”, en AAVV, Informe sobre el conflicto de Palestina. De los acuerdos de Oslo a la hoja de ruta, Editorial del oriente, Madrid Hroub, Khaled; A “New Hamas” through its New Documents. En Journal of Palestine Studies, Vol. 35, Nro. 1 (summer 2006). Khosrokhavar, Farhad-Roy, Olivier (2000): Irán de la revolución a la reforma, Bellaterra, Barcelona. Martín Muñoz, Gema (1992): “La desnaserización del presidente Sadar”, en Política y elecciones en el Egipto contemporáneo (1922-1990), Instituto de Cooperación con el Mundo Árabe, Madrid. Rodríguez Zahar, León (1991): La revolución islámica-clerical de Irán, El Colegio de México. Roy, Olivier (1996): Genealogía del islamismo, Bellaterra, Barcelona. Shariati, Alí (1989): Sociología del Islam, Al Hoda, Londres.

SOCIOLOGIA DE MEDIO ORIENTE

Cátedra: Brieger. Primer cuatrimestre 2009. Carrera de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales Segundo parcial domiciliario. Alumno: Alejandro Swieczewski. elanillodelcapitanbeto@hotmail.com