Gustavo Pinto Mosqueira

LA NACIÓN CAMBA FUNDAMENTOS Y DESAFÍOS

Santa Cruz de la Sierra - 2003 Advertencia: Este ensayo académico ha sido publicado en forma de libro. Las últimas correcciones que se hicieron en el texto diagramado no figuran aquí en este documento. El libro está en venta en las librerías El Ateneo, Planeta, Los Amigos del Libro, Lewylibros de la ciudad de Santa Cruz.

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ÍNDICE GENERAL

Pág. Introducción......................................................................................................... 1.- Las tres historias de Bolivia ........................................................................... 2.- Resumen de la historia del oriente boliviano.................................................. 3.- El Estado andinocéntrico de Bolivia............................................................... 4.- La “Nación camba”........................................................................................ 5.- La idiosincrasia y costumbres de los cambas................................................. 6.- Los desafíos de la “Nación camba”................................................................. Conclusiones......................................................................................................... Bibliografía........................................................................................................... Epílogo Bibliografía para la educación en el Oriente boliviano.........................................

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Introducción Cada vez estamos más convencidos que debemos terminar (dar fin a) con la idea falsa (política o legal) que Bolivia es un “Estado-nación”. Inclusive, pensamos, con la definición de un Estado unitario que en el fondo no ha sido unificador. Porque aquella “unidad” sólo ha servido para unificar el mundo andino o altiplánico; es decir, para crear un Estado al estilo y a la medida del pueblo o “cultura colla” o andina. Pero no para unificar o fortalecer al pueblo o cultura del oriente boliviano que encierra una heterogeneidad de situaciones y condiciones históricas y culturales; tampoco para integrarlo en sus subregiones (chaco, chiquitanía, llanos de mojos y amazonía); mucho menos, para bien o para mal, para fomentar una integración sana, con respecto y tolerancia, entre el oriente y el occidente de Bolivia. Aquello de la Bolivia plurilingüe y pluricultural es lo único bien logrado como parte de su caracterización, aunque no como parte de su esencia o definición, ya que lo más importante es reconocer no sólo el o los aspectos culturales de un país o Estado sino el deseo de autonomía política y, si acaso, administrativa y jurídica, de los pueblos, culturas o naciones que lo conforman. No descartamos y respetamos la intención o posibilidad que los Quechuas o Aymaras quieran ser naciones dentro del actual Estado boliviano, o de los criollos y mestizos de la geografía andina y valluna quieran también ser una nación. Antes bien, lo vemos también como un objetivo posible, pues históricamente, esto es, desde la fundación de Bolivia en 1825 hasta los últimos años, han buscado dicho fin política, aunque sin mucha fortuna. Pero también, vemos que el pueblo del oriente boliviano, que tiene una historia común (la gran experiencia de las misiones jesuíticas y franciscanas que no sólo influyó en la población originaria sino también en los criollos y mestizos), unos rasgos culturales homogéneos (los cambas, varones y mujeres, somos gente que confiamos en los demás [en los propios y extraños], amamos nuestra libertad individual, etc.), una geografía similar (el clima tropical ha influido en nuestras costumbres, por ejemplo, la necesidad de hacer siesta después del almuerzo, la arquitectura de nuestras viviendas con grandes ventanas...), unas características económicas parecidas ganadas a lo largo de más de 300 años (por ejemplo, la ganadería a gran escala), tiene todos los elementos para constituirse en una Nación, la llamada “Nación Camba”. ¿Qué aspectos encierra esta idea? ¿Cómo se define esta Nación? ¿Qué desafíos tiene?

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1.- Las tres historia de Bolivia Por influencia de las ideas políticas y jurídicas occidentales (europea y estadounidenses), más concretamente, de las ideologías y las experiencias de la Revolución Francesa y de los Estados Unidos de Norteamérica (USA), después de las revoluciones de independencia de las colonias de América Latina de la corona española y del nacimiento de las repúblicas latinoamericanas, en Bolivia también se pensó y trabajó políticamente para que la nueva república tenga una historia y un desafío común: ser una nación moderna. Pero sin embargo, sabemos que esa historia giró en torno a los gobiernos altiplánicos de turno y que dicha nación y modernización, los líderes y dirigentes políticos, sobre todo, los criollos del occidente boliviano, no lograron materializarla ni alcanzarla ni siquiera después de la Revolución del 52 del siglo XX. En todo ese proceso, a través de una educación a medias tintas, y con aquel afán de un Estado-nación boliviano moderno, impusieron una sola historia: la historia de las elites políticas y grupos dominantes de la economía del altiplano que gozaron del uso y abuso del poder estatal desde la fundación de Bolivia. Así se olvidaron de las tres historias que tuvo y aún tiene Bolivia. Una: ya la mencionamos, es la historia de las elites y pocos grupos enriquecidos con los minerales de la plata y el estaño, representados por caudillos y dictadores militares del altiplano como Ballivián, Belzu, Achá, Melgarejo, etc. que gobernaron a su antojo, ante todo, la sociedad andina boliviana, y poco a poco fueron imponiendo a todas las regiones de Bolivia como Tarija y el Oriente boliviano una supuesta historia nacional común a todos y para todos, desconociendo y no respetando la realidad del mundo o la sociedad y cultura camba, presente en algunos de sus aspectos desde tiempos precolombinos y también desde los comienzos de la exploración, conquista y colonización de estas tierras bajas por parte de los españoles. Dos: la otra es la historia que Xavier Albó y Josep Barnadas llaman “la cara india y campesina de Bolivia”. Una historia protagonizada por los originarios y campesinos de la geografía andina de Bolivia: principalmente por los Quechuas y Aymaras. Pueblos o culturas que bien que mal fueron absorbidos parcialmente por el mal denominado “Estado boliviano”, pero con una consecuencia fatal: aquellas culturas originarias aprendieron, por influencia del sindicalismo, del trostkismo, del marxismo radical u ortodoxo y más tarde del indianismo, a exigir sus demandas sociales y económicas a dicho Estado por medio de la movilización y protesta social: paros, huelgas, manifestaciones, bloqueos de carreteras, enfrentamiento armado, etc. Tres: la historia del Oriente boliviano. Ha sido una historia con sus protagonistas, sucesos, hechos, ideas y pensamientos que fue ignorada o desconocida por historiadores, líderes y gobernantes de aquel Estado boliviano. No se la narró ni se la incluyó en los textos oficiales de la mal llamada historia nacional o boliviana para enseñarla también en las escuelas públicas. Tuvieron que ser los propios intelectuales e investigadores del Oriente boliviano quienes describieron esta historia. Por ejemplo, algo la resume Gabriel René-Moreno en la Introducción de su obra “Archivos de Mojos y Chiquitos”; José Chávez Suárez intenta también un esbozo tratando de profundizar en la historia de Mojos o en la historia de lo que hoy es el departamento del Beni en su libro “Historia de Moxos”; Enrique Finot busca ya hacer una descripción más completa en su “Historia de la Conquista del Oriente Boliviano”; Hernando Sanabria también hace un valioso esfuerzo por relatarnos esa historia en sus libros “Ñuflo de Chávez, el caballero andante de la selva”, “Crónica sumaria de los gobernadores de Santa Cruz, 1560-1810”, “Breve historia de Santa Cruz”, y más recientemente, dos autores hacen una contribución de suma importancia en la descripción o estudio de esta historia: 4

Alcides Parejas con sus obras “Historia del Oriente Boliviano. Siglo XVI y Siglo XVII”, “Historia de Moxos y Chiquitos a fines del siglo XVIII”, y José Luis Roca con su reciente libro “Economía y Sociedad en el Oriente Boliviano (Siglos XVI y XX)”. Si esa historia existe, es porque sus protagonistas vivieron y la hicieron, y si ya está en gran parte escrita, entonces veamos algunos de sus momentos y / o sucesos más relevantes. 2.- Resumen de la historia del Oriente boliviano En la región sudeste de América del Sur Meridional, entre 1516 y 1536, algunos ibéricos como Juan Díaz de Solís y Sebastián Gaboto, exploran el río Paraná en busca de metales preciosos. Otro de los exploradores fue Alejo García quien recorre las tierras de lo que hoy es el Paraguay y el norte del Chaco en busca de riqueza y gloria. Navega el río Pilcomayo y llega hasta la desembocadura del río Bermejo. En este recorrido obtiene muestras del metal de la plata de parte de los habitantes nativos. Por esto al Pilcomayo (que en lengua indígena significa “río de las palmeras”) lo nombra “río de la plata” (Chávez 1944). En el contexto de esta expansión y dominio imperial de la Corona española, y ante la noticia de más riquezas en plata y oro, el rey de Castilla, mediante Capitulación de 21/3/1524, encomienda el gobierno y la conquista de esas tierras y provincias que hay en el río de Solís (es decir, el Paraná) al adelantado don Pedro de Mendoza, con la intención también de llegar al “Mar del Sur” (o el Pacífico). Con la llegada de don Pedro de Mendoza, gobernador y capitán general, y Juan de Ayolas como lugarteniente y después como capitán general, al sucederle a Mendoza, y otros conquistadores, se inicia el periodo de exploraciones, conquista y colonización de las tierras del Chaco y de lo que actualmente es la región de Santa Cruz de la Sierra. En efecto, Juan de Ayolas, después de sostener batallas contra los naturales de dichas regiones, de navegar el río Paraná y de vencer en batalla, por ejemplo, a los Timbúes, continúa buscando la “Sierra de la Plata” cuyas muestras de metal ya conocían en España desde hacía más de una década. La esperanza de hallar riqueza en metales preciosos lo empujó a penetrar hasta la chiquitanía.1 Ante la muerte de Ayolas en Asunción, es elegido como su sucesor Domingo Martínez de Irala hasta la llegada del nuevo adelantado: don Alvar Núñez Cabeza de Vaca (Finot 1978). La búsqueda de la “Sierra de la Plata”, llamada años después, El Dorado, continuará hacia cada vez más al norte de Asunción.2

Sobre las acciones de Ayolas, dice Finot (1978: 83): “Ayolas había venido al Río de la Plata como alguacil mayor y lugarteniente o segundo de don Pedro de Mendoza. Comisionado por éste, había sostenido guerras con los naturales y explorado el Paraná hasta echar los fundamentos de la Asunción, en el margen del río Paraguay, en 1536. Por la misma época había tratado de buscar el camino a la tierra de donde venía la plata, convencido de que los rescates obtenidos por Gaboto procedían del interior y de que la costa atlántica no poseía ricos metales. Se supone que penetró a los chiquitos por la parte noreste del Chaco [...]”. 2 Así, Cabeza de Vaca, además de tratar de abrir comunicación con el Perú, para cuyo fin envía una expedición al mando de Irala, de batallar contra los Tupi-guaraníes, tiene también el objetivo de encontrar oro y plata. Al enviar desde el puerto de los Reyes hacia los Xaraes al capitán Hernando de Rivera con 53 hombres en un bergantín, les dijo: “Nuestro destino es el oro y la plata: eso prometimos buscar y eso esperan de nuestra diligencia nuestros conciudadanos en la Asunción. Si lo hallásemos, la fortuna será común y la felicidad para todos. Si no lo encontramos tendremos el consuelo de haber trabajado para la patria, y el desconsuelo de no haber medio de mejorar fortuna” (Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en Chávez 1944: 123).

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Después de Alvar Núñez Cabeza de Vaca pasa a ser gobernador de Asunción Domingo Martínez de Irala, quien tenía entre sus soldados a Ñuflo de Chávez. Irala tenía información de los naturales de que al noreste de la laguna de El Dorado reinaba el Paititi o el Gran Mojo (reino de riqueza fabulosa). Hizo algún intento, sin éxito, por encontrarlo. Empero, fue Ñuflo de Chávez quien concibió un proyecto realista y concreto para encontrarlo: crear una provincia cuyo gobierno le fuera confiado por la corona española, alentado aún por la esperanza de hallar El Dorado o el reino del Gran Mojo.3 Fue así como Chávez (por recomendación de Irala de fundar un centro colonial en los Jarayes con el exclusivo objetivo de establecer un punto medio en que pudieran apoyarse los trabajos de la conquista del Gran Mojo), en octubre de 1541, con tres navíos y ochenta españoles arribó por el río Paraguay en busca de la provincia de El Dorado. Más de una década después, el año 1553, realizó otra expedición esta vez en compañía de Irala, pero no encuentra dicho reino. En 1558, al realizar otra expedición con los mismos objetivos, recién llega a la zona actual de Santa Cruz y funda las ciudades de la Barranca (1559), Nueva Asunción (1559) y la propia actual Santa Cruz de la Sierra en 1561 (Pifarré 1989; Sanabria 1984).4 A los Chiquitos y otros pueblos originarios de la chiquitanía, Chávez les hace saber que venía en nombre del Rey de España y de la voluntad del Dios católico. Les ofrece amistad y paz. Pero no todos los naturales estaban dispuestos a aceptar la presencia de los ibéricos. Por eso ofrecen resistencia o batalla. Muchos grupos étnicos o parcialidades son derrotados. Otros, sin embargo, aceptan la amistad de Chávez (Finot 1978). Fundada Santa Cruz de la Sierra como centro de apoyo colonial para buscar El Dorado y poner un dique militar al avance de los portugueses hacia el centro tropical de Sudamérica, los gobernadores que se sucedieron se dedicaron a realizar expediciones hacia los llanos de Mojos a objeto de encontrar el reino del Paititi. Con el tiempo, al no encontrar el codiciado metal, por instrucción del Virreinato de Lima a través de la Audiencia de Charcas que buscaba normar las actividades de los cruceños, estos tuvieron que hacerle la guerra a los Chiriguanos a fin de asegurar la explotación del cerro rico de Potosí y de mantener una vía de comunicación entre la Audiencia de Charcas y Asunción del Paraguay. También se dedicaron a buscar pobladores españoles, tal como ya Chávez había intentado hacerlo.5
“Por aquella época (el autor se refiere a los primeros años de la década de los 50 del siglo XVI – el paréntesis es nuestro) había empezado a enfriarse el entusiasmo por la “sierra de la plata”, que se sabía ya ocupada sin remedio por los conquistadores del Perú. Pero en tantos cuantos trajines realizaron los españoles del Paraguay por tierras de salvajes, los indígenas se habían encargado de despertar de nuevo su codicia y aumentar su credubilidad con la leyenda del Gran Mojo, del Paititi y del Dorado, reinos de riqueza fabuloso, que decían se hallaban situados al norte de chiquitos. Gobernador y Obispo no tardaron en ponerse de acuerdo para reanudar las expediciones y buscar la manera de alcanzar esos países maravillosos” (Finot 1978: 87). 4 “A los 17° de latitud y doscientos cincuenta leguas de la Asunción [...], en el pueblo del cacique llamado UraTeberé, fueron convocados los jefes de la comarca, quienes interpelaron a Chaves [sic.] sobre sus intenciones y propósitos. El general les contestó, mediante intérpretes, que venía hacerles saber “la palabra de Dios” y la voluntad del Rey de España, que habían mandado poblar en aquellos parajes, con el ánimo de tratar como amigos a los que quisieran serlo y de castigar a los que se mostrasen enemigos” (Finot 1978: 157-158). 5 “Es a partir de la creación de la Audiencia (dos años antes de la fundación de Santa Cruz- los paréntesis son nuestros) que Santa Cruz empieza a oscilar entre los varios destinos que estaba llamada a cumplir. Sus fundadores la concibieron como avanzada para penetrar en un riquísimo y desconocido reino llamado Moxos; después, como una posta para los empeñados en descubrir nuevas tierras, cualesquiera que fueran ellas; enseguida, como un refugio para que los primeros habitantes del estuario platense se instalasen en el hogar que allí no habían podido encontrar. “Nada de lo anterior pareció pertinente a las autoridades de Charcas, menos al virrey Francisco de Toledo quien, en persona, llegó al distrito de la nueva Audiencia. Ellos querían que los cruceños se dejaran de quimeras y aprestos descubridores. Les ordenaron dedicarse, con exclusión de toda otra actividad, a enfrentar a los chiriguanos que impedían la comunicación entre la sede audiencial y Potosí, poniendo
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Para el caso de los llanos de Mojos, a partir de 1571, se inician los intentos de explorarlo y conquistarlo a la cabeza del gobernador don Juan de Zurita. Pero será su sucesor, don Lorenzo Suárez de Figueroa –nombrado por el virrey Toledo el 17 de octubre de 1580– quien, entre dicho año y 1597, organizará y comandará expediciones de conquista a Mojos.6 En el primer cuarto del siglo XVII se siguieron organizando expediciones de conquista hacia la provincia de Mojos en busca del Gran Paititi. Así, en 1602 se realiza la expedición de don Juan Mate de Luna, hombre considerado aún entre los primeros gobernadores de Santa Cruz de la Sierra, que vino exclusivamente de España para tal cargo y para conquistar la mentada Tierra Rica de los Mojos. Entró a dicha provincia, fundó cierto tipo de población a la cual puso el nombre de Trinidad, pero no dejó españoles porque se le amotinó la gente, mientras otros se fugaron al monte (Finot 1978; véase Chávez 1944). Con la intención de sojuzgar a la población de la provincia de Mojos y de poblar la Santísima Trinidad fundada por Mate de Luna, Gonzalo Solís de Olguín recibe dicha provincia en calidad de encomienda. Con estos propósitos organiza en 1617 una expedición que llegó hasta las poblaciones o aldeas de los Mojocosi (hoy llamados los Mojos pertenecientes a la familia lingüístico cultural Arawak) (Denevan 1980). Se enfrenta y vence a los Tapacuras. Otros pueblos de la provincia optan por no dar batalla a los españoles cruceños. En 1636 hubo otro intento, esta vez del presidente de la Audiencia de Charcas (con los recursos de Pedro de Iriarte –un poblador de San Lorenzo de la Frontera), de ocupar la provincia de Mojos por razones económicas y para oponer un dique a los avances de Portugal a todo lo largo de la frontera oriental del Alto Perú (Finot 1978). Esta expedición no llegó a efectuarse. Pero entre 1631 y 1667, más concretamente después de la muerte de Solís de Olguín (1626), se organizaron otras expediciones militares desde Santa Cruz de la Sierra acompañadas por algunos eclesiásticos o misioneros, esta vez con dos intenciones: convertirlos a la fe católica y

en riesgo la pacífica explotación argentífera del cerro rico. Esa era la única tarea que complacía los deseos de los imperiales. “Pero Chávez tenía sus propios designios. En una frase muy citada por los historiadores del oriente boliviano, resolvió renunciar a la búsqueda de riquezas minerales y dedicarse más bien a “poblar y desencantar la tierra”. Al margen del aliento poético que contiene tan feliz conceptualización, ella posee un gran sentido práctico. Resume la tarea que era necesario emprender si es que el soberano español estaba de veras interesado en plantar un pica en ese Flandes suramericano donde los portugueses habían puesto su codiciosa mirada” (Roca 2001: 78). 6 “Fue principal preocupación del gobernador Suárez de Figueroa el descubrimiento del País de los Moxos que, en efecto, estaba ya reservado para los vecinos de Santa Cruz de la Sierra. Por este motivo, entre los años 1580 y 1583, organizó su primera expedición hacia esa región por la ruta de los Chiquitos, atravesó la región de los Timbúes, llegó a la nación de los indios Tapacuras, vecinos y parientes de los Baures y no habiendo podido fundar población alguna entre aquellos bárbaros, dejó establecida la de Santiago del Puerto, al norte de Chiquitos” [...] (Chávez 1944: 151; véase Finot 1978: 268). El establecimiento de una que otra población ocasional en las proximidades de los llanos de Mojos era para seguir buscando El Dorado (oro y plata), o sea, tiene un fin mercantil. Esto de una y otra forma lo expone el P. Diego Zamarriego cuando en una de sus epístolas escribe: “Por el mes de julio de 95 se dio principio a la entrada y conquista de los Mojos. Es esta una gran provincia, poblada de gente vestida y política y que tiene y se sirve de plata, de que ha muchos años se tiene noticia; los que poblaron la ciudad de Santa Cruz no tuvieron por principal objeto hacer allí asiento, sino que aquella ciudad y las demás [...] fuesen escala para el descubrimiento que pretendían” (Diego de Zamariego, en Finot 1978: 95). Los intentos por descubrir los llanos de Mojos se lo habían realizado también desde otros puntos o ciudades; pero ninguno tuvo éxito. “Entre 1539 y 1569 se organizaron por lo menos diez expediciones españolas al Oriente desde el Cuzco, Canata, Cochabamba y Opari. Ninguna de ellas llegó a las sabanas situadas al este del río Beni, debido principalmente al extenso tramo de pluvisilva a los pies de los Andes” (Denevan 1980: 60).

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encomendarlos en las estancias de los cruceños si eran vencidos en batalla en caso de que los originarios se enfrentasen a los españoles. 7 En 1667 entra otra expedición a la provincia de Mojos con dos objetivos: a) Ayudar a los Mojos (Mojocosi) en su guerra contra los Cañacures y b) ganar esclavos para traerlos a Santa Cruz de la Sierra. El jesuita Juan de Soto acompañó la expedición a fin de ver la posibilidad de fundar misiones, tras haber sido motivado a esto por sus personales contactos con los naturales mojeños en Santa Cruz de la Sierra y por informes de grandes cantidades de aldeas que habían hecho los propios jesuitas en expediciones anteriores. Al regresar el Hno. Juan de Soto recomendó a sus superiores fundar reducciones en la provincia de los llanos de Mojos (Denevan 1980). De esta manera, unos años después, en 1682 se fundó la primera misión en los llanos de Mojos, llamada Loreto, dándose inicio al periodo de la reducciones jesuíticas de Mojos, una época de mucha importancia durante la colonia pero también para la historia del oriente boliviano. Estas reducciones, junto con las de Chiquitos o las del Paraguay, tenían tres intenciones: 1) evangelizar a los originarios del oriente de la América del Sur Meridional, 2) organizarlos en pueblos mayores y 3) liberarlos de los encomenderos y de los ibéricos colonizadores que necesitaban de mano de obra esclava para sus estancias (Menacho 1987). De este modo, ya en 1750 habían 19 misiones, incluyendo la de Buena Vista y Santa Rosa, esta última en el cercado de Santa Cruz de la Sierra. Todas estaban administradas por jesuitas con un total de 45 padres y 3 hermanos, y una población de 31. 000 mojeños convertidos. En 1752 los llanos de Mojos contaban con 22 pueblos administrados por 48 religiosos en 1200 Km2 (Chávez 1944: 271). Algo característico en estas misiones es que los jesuitas buscan quitar, lo que en esos tiempos se llamaba, las "idolatrías" (Eguiluz 1696), pero no la lengua arawak. Así, cada reducción fue poblada con indígenas de varias lenguas, aunque en todo caso acabó dominando la lengua moja que era la más común. Sobre este aspecto se afirma: "El mojo fue la lengua obligatoria en todas la misiones meridionales; en las restantes se hablaba baure, canichana, movima, cayuvava, itomama, maropa y moré [...]" (Denevan 1980: 64; véase D’ Orbigny 1845: 176). El trabajo era obligatorio. Los productos eran almacenados y administrados con el fin de alimentar y vestir a la población, sostener los gastos del culto y costear las fiestas populares. No había propiedad privada ni libertad de comercio. "Nadie estaba ocioso allí, todos trabajan [...], sin peculio individual, sin conocer el uso de la moneda ni el contrato de compra-venta [...]" (Gabriel René Moreno, en Chávez 1944: 294-295). Junto a la vida comunitaria, más la producción industrial y ganadera, el mojeño desarrolla también aptitudes para las artes y diversos oficios manuales. Habían carpinteros, herreros, tejedores, sastres, zapateros, curtidores, torneros, fundidores de zinc, relojeros, escultores, pintores, fundidores de campanas y constructores de instrumentos (Chávez 1944: 239), músicos (Altamirano 1979: 221), etc. Aún en la primera mitad del s. XIX mantenían estas habilidades productivas. Así, D’ Orbigny dice: "[...] son sin contradicción, los más industriosos y más diestros de todos los indígenas del Alto Perú, tanto por sus tejidos como por su cantidad de pequeños trabajos; son buenos músicos y pintores bastante hábiles" (D’ Orbigny, en Finot 1978: 285; véase D’ Orbigny 1845: 289; Chávez 1944: 239-294).8
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“[...]; con todo, probablemente los vecinos de Santa Cruz llevaron a cabo varias expediciones de caza de esclavos, si se toma en cuenta el posterior pánico de las tribus de sabana de que los jesuitas los iban a esclavizar” (Denevan 1980: 63; véase Eguiluz 1696; Altamirano 1979). 8 D’ Orbigny (1845: 349-350) también escribió: “En general son aptos los indígenas de Moxos para toda clase de adelantos, y tienen muchísima habilidad para imitar las obras manuales, siendo por otra parte muy capaces de

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El carácter no violento y virtudes tales como la lealtad, honradez, respeto a lo ajeno, la afabilidad y amabilidad, así como la habilidad manual, constituyeron el elemento psicológico y humano sobre el cual se llevó a cabo la obra evangelizadora entre los mojeños. Estos abrazaron piadosa y fervorosamente, con alegría, la fe cristiana.9 De esa experiencia de las reducciones, destacamos el gobierno que tenían y el rol de los Cabildos. En cada misión habían dos religiosos: uno se ocupaba del gobierno espiritual, que se supone tenía bajo su dependencia al mojeño Maestro de Capilla y al Sacristán Mayor. El otro jesuita se ocupaba de la administración y de los talleres (Chávez 1944: 304-305). Se supone que de éste último dependía el Cabildo. Hasta aquí podemos ver que impera una organización vertical: el jesuita es cabeza de la reducción. Pero ¿se puede sostener que esta autoridad era absoluta? Sostenemos que ¡no! Pues el jesuita, a parte de hacer de juez, a la vez tenía que hacer de maestro, médico, ecónomo (Denevan 1980: 65; véase Altamirano 1979: 221). Estas eran funciones sociales que, en vez de distanciarlo del mojo, lo acercaban más a éste. Porque, además, el jesuita no va a implantar una dominación política como objetivo prioritario, sino a evangelizar. Por su parte, el Cabildo estaba conformado por los siguientes miembros mojos. El jefe de la comunidad moja era llamado Cacique. Este recibía instrucciones de los padres sobre los ramos de la administración de la reducción, y tenía a sus órdenes, y a la vez lo representaban y sustituían, un alférez y dos tenientes. Estos dos elementos pueden refutar aquella crítica que dice que los jesuitas no enseñaron a los originarios a gobernarse.10 Además, conformaban el Cabildo, dos Alcaldes de Familia y dos de Pueblo. También dependientes del Cacique. Para ser promovido de cargo se debía ejercer competentemente la función durante el año, elección que se realizaba el 1 de enero de cada año (véase Eder, en Marza 1992: 330). De esta manera se llegó a dar continuidad a una forma originaria de autoridad, pero con un nuevo giro: servir al pueblo mojeño (véase Chavéz 1944: 305). Sin embargo, esa experiencia y situación del mojo en las reducciones cambiará bruscamente después del "extrañamiento" (expulsión, expatriación) de los misioneros (1767-1768). Pues, los años inmediatos fueron caóticos en dichas misiones. En efecto, entre 1767 y 1789, el nuevo clero (curas neófitos y corruptos) ejercieron un control dictatorial de las reducciones y del mojeño (Denevan 1980: 66). El nuevo clero secular y regular, además de mirar con desdén al hombre mojo, no cumple una verdadera misión apostólica (Chávez 1944: 343-344). Además, el mojeño es forzado a trabajar no para su beneficio sino para el de los nuevos curas (D’ Orbigny 1845: 192-194). A partir de 1789, con la Reforma del gobierno de D. Lárrazo de
alcanzar á [sic.] la más alta perfección moral. Hoy en día son poco próvidos; pero las relaciones comerciales y el contacto de la civilización no tardarán en hacerles conocer que deben serlo, forzándolos á [sic.] dar este primer paso hacia la vida social. Todos ellos son por lo demás, activos, industriosos, de costumbres pacíficas, y sumamente dóciles cuando se les trata con bondad”.
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El P. Arlet, escribiendo al P. Tirso González, hace eco de ese fervor religioso: "Es un encanto [...] verlos venir alegres en tropas por la mañana a la explicación del catecismo y, por la tarde, a las oraciones, que les hacemos decir en comunidad: disputar los niños entre sí quiénes de ellos han aprendido antes de memoria lo que les enseñamos; corregirnos cuando se nos escapa una mala palabra en su lengua y, apuntándonos en voz baja, con disimulo, cómo se ha de decir: pedir con apretadas instancias los adultos más adelantados el santo bautismo [...]" (Arlet, en Vargas 1964: 67). 10 Este vacío o falta sería, según Finot (1978: 294), la causa que explicaría la rápida destrucción de las reducciones después de la expulsión de los jesuitas.

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Rivera, que limitó la competencia de los curas al campo religioso, pasando el comercio y el gobierno temporal a manos de administradores civiles, la situación, sobre todo económica, algo mejoró. Pero los abusos y el mal trato a los mojeños continuaron (D’ Orbigny 1845: 195). La consecuencia fue la paulatina ruina de las reducciones y la disminución de la población originaria. El mojeño tuvo que "huir" (escapar) a la selva (Vargas 1964: 146-147; véase Santamaría 1987: 210). Es decir, huye de los malos tratos, abusos y trabajos forzados. En esa condición –y participando desde ha mucho más antes en la independencia– el pueblo mojeño pasará a la vida republicana: período histórico en el que no cambiará su condición social, económica y política. Seguirá siendo dominado y explotado, esta vez, irónicamente, por el Estado republicano andinocéntrico recientemente creado (véase D’ Orbigny 1845: 197). Aunque fundadas un poco más tarde que las de Mojos (entre 1692 y 1718), la misiones de Chiquitos contaban con un colegio –la casa de los padres– que tenía dos patios: en el primero estaba la vivienda de los misioneros y en el segundo se encontraban los talleres de los chiquitanos herreros, carpinteros, tejedores, sastres, curtidores y fabricantes de instrumentos musicales. Unos cuantos trabajaban en estos talleres donde se producía todo lo que el pueblo necesitaba: tela de algodón, herramientas, como hachas, sierras, formones, cepillos de carpintería, palas y anzuelos para la pesca; sandalias, adornos de plumas, rosarios, candeleros, relojes de madera, etc.; mientras que la mayoría de la población lo hacía en el campo. La jornada laboral empezaba y terminaba en la iglesia. Por la mañana tocaban las campanas y todo el pueblo iba a misa, “decentemente vestido y sin plumas en la cabeza [...]. Cuando se acercan a la iglesia se destrenzan el cabello, que recogen para trabajar, pues llevar el cabello suelto, es una señal de profundo respeto” (Knogler, en Hoffmann 1979: 59). El producto de las tierras comunes estaba destinado a mantener a los enfermos, las viudas y los huérfanos, a proveer semillas a los usufructuarios de los campos particulares y a permitir la acumulación de reservas para épocas de emergencia. Se trabajaba tres días de la semana en los campos particulares y tres días en los de la comuna. El ganado pertenecía a la comunidad. Cada misión tenía una escuela en donde los muchachos (as) aprendían a leer y escribir, a cantar, tocar los instrumentos musicales y bailar. Sus maestros eran chiquitanos. No se enseñaba idiomas, como el castellano, ni latín, a pesar de que tenían que leer y cantar textos españoles y latinos. “Knogler elogia la caligrafía de sus indios, quienes suplían la falta de impresores, copiando libros y música [...]” (Hoffmann 1979: 57). Por otro lado, los jesuitas lograron despertar en los chiquitanos un intenso sentimiento religioso, gracias a su estilo de adoctrinamiento que se adaptaba a la sensibilidad y al temperamento artístico de sus adeptos. Les representaban en forma dramática las historias sagradas, y atribuyeron una importancia particular a las procesiones en las cuales los Chiquitos se convertían en actores del drama religioso de la fiesta. En fin, como dice Hoffman (1979: 62): “La vida en las reducciones chiquitanas, bajo la autoridad de sus funcionarios indios y la supervisión del Padre y su compañero fue, como las fuentes lo documentan, equilibrada y alegre [...]”. Pero esa situación, al igual que lo que sucedió en Mojos, cambiará en las reducciones de Chiquitos después de la expulsión de los jesuitas de los dominios de la corona española. Así, los curas seglares neófitos también cometieron abusos con los chiquitanos, se embriagaban, eran ineficientes en la administración espiritual y temporal de las reducciones (véase René10

Moreno 1973: 224-225). Por este motivo el gobernador Bartelemi Verdugo propuso una separación entre el gobierno de las almas y el de la administración temporal. Se aceptó esta propuesta. Pero ni el cura ni el administrador cumplieron bien sus roles o funciones y fracasaron en su misión de mantener las reducciones en el nivel al cual habían llegado los jesuitas. Esto tuvo como efecto la decadencia de la agricultura y la disminución del ganado vacuno. La calidad de los alimentos bajó, así como la salud de los chiquitanos empeoró fuertemente. “Así, los 23.788 habitantes de las 10 reducciones chiquitanas que acusa el último censo de los jesuitas de 1767, ya al año siguiente, disminuyeron en 4.000 a causa de dos epidemias” como, por ejemplo, la viruela (Hoffmann 1979: 67). En esta situación de franco deterioro las misiones de Chiquitos pasarán a la vida republicana, durante la cual, como veremos más adelante, no mejorarán sustancialmente. El caso de los Chiriguanos ante la presencia de los españoles es otra historia con varios matices para resaltar. Iniciemos esta reseña partiendo de tres citas: a) Finot (1978: 58) escribe un fragmento de texto que puede generar algunas contradicciones o dudas respecto a la apreciación que tuvieron en su momento los españoles de los Chiriguanos: “Habitaban los chiriguanos o chiriguanaes, como se les llamaba en tiempos de la conquista, una vasta región colindante con Chiquitos y que se extendía por el sudoeste hasta las derivaciones de la cordillera andina. Sus empresas vandálicas y sus depredaciones eran famosas en el Perú, con anterioridad a la llegada de los españoles. Cuando Nuflo de Chaves [sic.] hizo su primera entrada en 1547, enviado por Irala ante el Presidente Gasca para solicitar auxilios, dicen los documentos de la conquista que ‘halló toda la gente chiriguana de la cordillera, que [se extendía por] toda la frontera y repartimiento de D. Pedro de Portugal y de Martín de Almendras y del capitán Juan Ortiz de Zárate y los Chichas y sus fronteras; y a todos los puso en paz, y sacó a los caciques al Perú y les hizo dar a los vecinos sus hijos e hijas para que tuvieran la paz con ellos, la cual dicha paz han guardado e conservan hasta hoy’. El mismo documento agrega que Chaves, ‘mediante su bondad e cristiandad y mediante amistad que los indios chiriguanos han tomado con él, les ha quitado de muchos ritos y costumbres malas que tenían y se van enmendando cada día’.” b) Lo que informan algunos documentos respecto a los servicios de Chávez a la Corona coincide con las referencias de D’ Orbigny sobre el carácter de los Chiriguanos a quienes los historiadores oficiales de la conquista caracterizaban de diversas formas enfatizando frecuentemente la belicosidad de este pueblo originario cordillerano, pero que sin embargo, no condice con lo que el viajero francés escribió: “La verdad es que son hombres sensibles a los buenos procedimientos, que reciben a los extranjeros con una franca hospitalidad, tratando de hacerles agradables, pero no les gusta que se abuse de su complacencia, sea infringiendo en contra de ellos el derecho de gentes, sea tratando de hacerles cambiar las costumbres que hacen de su felicidad” (D’ Orbigny, en Finot 1978: 58).

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c) Después de que Chávez fuera asesinado por un cacique de los Itatines, dándole un macanazo en la cabeza mientras éste se aprestaba a descansar en una hamaca, los contactos de los españoles con los Chiriguanos en la zona de la Cordillera no fueron pacíficos, antes bien, estuvieron signados por la violencia, pues los originarios se negaban a ser conquistados e incorporados en calidad de encomendados al sistema colonial. Finot (1978: 58) vuelve a señalar: “Se sabe que a la muerte de Chaves [sic.] los chiriguanos volvieron a levantarse contra los blancos y que no llegaron a ser plenamente dominados en ninguna época del periodo colonial. Las guerras contra ellos fueron preocupación permanente de los virreyes, de los gobernadores y de la audiencia [...]”. Aquellas citas van a sintetizar de algún modo los sucesos referidos a la relación de los españoles con los Chiriguanos durante gran parte de la vida colonial. En efecto, el capitán Andrés Manso, al “mando de una compañía no escasa de españoles y con poderes del virrey del Perú Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete [...] había descendido de las sierras [el Alto Perú] por ese lado [bajando por el río Guapay hasta la altura de Gutiérrez – los corchetes son nuestros] a fundar pueblo en la llanura y a establecer reducciones que sirvieran de encomiendas a sus compañeros, soldados beneméritos de la conquista y pacificación del Perú” (René-Moreno 1973: 187). En el lugar de la Barranca, donde Chávez fundó la nueva Asunción (ciudad cabecera) para seguir explorando y buscando El Dorado, se encontraron ambos grupos de conquistadores. La disputa por la posesión de la región del Chaco llegó hasta Lima. El virrey de turno, por tener algún vínculo familiar con Chávez por el lado de la esposa de éste, decidió favorecerlo creando la provincia de los Mojos (o de Santa Cruz) cuya jurisdicción incluía los territorios de Matogroso, de Chiquitos y de Mojos. El Chaco se adjudicó a Manso. De esta forma surgió una gobernación independiente de la de Asunción del Paraguay. El virrey nombró como primer gobernador a su propio hijo, el poco más tarde virrey también del Perú, don García H. de Mendoza. Pero este último “nombró por su general teniente en este gobierno (de Santa Cruz- los paréntesis son nuestros) a Nuflo de Chávez” (Ibíd.: 189). Después de ser expulsado de la Barranca por los hombres de Chávez, Manso regresa a la región de los Chiriguanos por el lado de Tomina con gente nueva, “siempre con ánimo de poblar, reducir y encomendar a orillas del Guapay” (René-Moreno 1973: 189). Fundó un pueblo español en un valle adecuado cerca de la Cordillera de Cuzcotoro. Pero la Audiencia de Charcas envió tropas militares para aprehenderle por intruso. Manso se retiró hacia el Parapetí. En esta zona chiriguana asentó su real, edificando la población de Nueva Rioja. Este nuevo centro colonial será atacado y destruido más tarde por los Chiriguanos. Éstos antes habían atacado al pueblo de la Barranca y le habían hecho mucho daño.11
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Sobre estos sucesos, René-Moreno (1973: 193) escribe y aclara: “Junto con el desastre casi completo de la Baranca pereció totalmente el pueblo de Nueva Rioja, que Andrés Manso había formado al sudeste de Sauces hacia el Parapetí. “Noche terrible y tristísima aquélla. Los Chiriguanos pusieron cerco al pueblo cautelosamente, incendiaron después por todos lados las casas, asaltaron por grupos durante el conflicto las puertas, y de esta suerte mataban sin escape a todos los moradores hasta no dejar ni uno solo siquiera. “Desde el día siguiente no quedó más memoria de este importante establecimiento español, que el nombre de Llanos de Manso con que se conoce hasta hoy esa parte del Chaco, que entre el Parapetí y Chiquitos, no es, según la nueva geografía, sino una prolongación oriental de las provincias de Tomina y Vallegrande.

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El gobernador Chávez no dejó de castigar a los Chiriguanos por los ataques a los colonos españoles hasta el punto de ponerlos “dentro de sus lindes” (René-Moreno 1973: 193, véase también pág. 197). Por el relato de los acontecimientos de la época, parece que los Chiriguanos no atacaron más a los españoles asentados en los llanos del Grigotá y en los límites de su propio territorio hasta la muerte de Chávez –tal como dice la cita del incido “c” (Finot 1978: 58; véase RenéMoreno 1973: 202). Antes de su muerte, Chávez había llegado, como hemos visto en la cita de arriba, a acuerdos de paz con los Chiriguanos. De esta manera se reestablecía la comunicación entre Santa Cruz de la Sierra y Chuquisaca. Pero después de su muerte, los Chiriguanos reiniciaron la guerra a los españoles y colonos que pasaban por su territorio (bautizado por los españoles, como hemos visto, como los “llanos de Manso”). A efecto de esto y otros hechos, a los Chiriguanos no se los dejó de calificar de caníbales, bárbaros, fieros... Por esto, y con la intención de conquistarlos militarmente y de abrir una nueva ruta hacia el Paraguay, así como con el objetivo de defender el territorio del Alto Perú, se fundó la ciudad de Tarija. Sin embargo, no se logró tener éxito en la conquista de los Chiriguanos. A raíz de esa situación, el segundo gobernador de Santa Cruz de la Sierra, don Juan Péres de Zurita, ex conquistador de Chile, fundador y gobernador de Tucumán, fue nombrado en dicho cargo a objeto de mantener a raya a los Chiriguanos (véase René-Moreno 1973: 204-205; Finot 1978: 295-296). Pero Péres de Zurita, a consecuencia de una rebelión civil en Santa Cruz fue destituido de su cargo, quedando como gobernador, de facto, don Diego de Mendoza quien no dejó de hostigar o castigar a sus rivales políticos a fin de conservar el poder. En vista de esto, el virrey don Francisco de Toledo organizó un ejército y se encaminó hacia Santa Cruz para castigar a los rebeldes y de paso para hacerle la guerra e imponerle la paz a los Chiriguanos (véase René-Monero 1973: 206; Finot 1978: 296-300). Los Chiriguanos enfrentaron a la expedición de Toledo con esta estrategia: “Pero la táctica de los indios [Chiriguanos-los corchetes son nuestros] se limitó a eludir todo encuentro que no fuera una simple escaramuza o una amenaza con fines de hostigamiento. Conocedores del terreno, no solamente evitaban los combates, enervando la moral de las tropas españolas, sino que procuraban alejarlas de sus bases y dificultar su abastecimiento. A esto debe agregarse que el virrey no había tomado las precauciones necesarias para impedir que le faltaran las subsistencias”. En Santa Cruz de la Sierra, Perés de Zurita es restituido en su cargo de gobernador hasta 1580, año en que fue nombrado como autoridad el capitán don Lorenzo Suárez de Figueroa, “con el principal objeto de proveer a la sujeción de los Chiriguanos, lo que consiguió en gran parte” (Finot 1978: 301). Empero, cuando esta autoridad salió a Charcas con el propósito de exponer las necesidades de la provincia cruceña, los Chiriguanos volvieron a levantarse. Esto exigió la inmediata presencia en la zona de dicho gobernador, que por entonces bastó para apaciguarlos. Con ese afán de mantener a raya a los Chiriguanos y de hacer incursiones militares al interior de los “llanos de Manso” para conquistarlos y someterlos, don Lorenzo Suárez de Figueroa se ideó otras estrategias. Por ejemplo, en 1590 hizo fundar el pueblo de San Lorenzo a las orillas del río Guapay (véase Finot 1978: 302-303). En 1594 nombró a uno de los caciques
“Estos sucesos memorables acaecieron durante el breve gobierno del virrey del Perú conde de Nieve (15611564); no después, como ciertos autores creen. Confunden éstos la presente salida de Chávez contra los Chiriguanos con otra posterior, acaecida en tiempo del licenciado Don López García de Castro (1564-1569), quien, como se sabe, sucedió al virrey Nieve con el simple título de gobernador y capitán general del Perú” (véase Finot 1978: 295).

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principales de la Cordillera como capitán general de todos los Chiriguanos. Una año después, en 1595, el P. Diego de Samaniego, que hablaba la lengua chiriguana, hizo una entrada a la Cordillera con el fin de conquistar espiritualmente a los originarios del lugar. Más tarde, a fines del siglo XVI y principios del XVII entraron a dicho territorio algunos padres jesuitas, entre ellos el P. Jerónimo de Andion que también había aprendido el idioma chiriguano. Ahora bien, estas penetraciones religiosas fueron paralelas a las incursiones militares desde Santa Cruz, Tarija y Tomina. Los intentos de cristianizar a los originarios de la Cordillera le costó la vida a algunos misioneros. Pues, los Chiriguanos en más de una acción como ésta fueron influenciados por los chamanes o hechiceros.12 Posteriormente, entre 1607 hasta fines del mismo siglo, los intentos por evangelizar a los Chiriguanos fracasaron a pesar de que algunos caciques fueron a solicitar misioneros a Charcas o Potosí. ¿Por qué fracasaron? Finot (1978: 304-305) da una respuesta contundente: “Demuestra el documento precedente, así como otros que han sido transcritos precedentemente, que la tan decantada ferocidad de los Chiriguanos era en parte el resultado de malos tratamientos a que habían sido sometidos en varias ocasiones. En cuanto a su resistencia a admitir la predilección de la fe y la presencia de los misioneros en sus pueblos y folderías, era con seguridad una simple manifestación de desconfianza, por el temor de que su tolerancia fuera el principio de un sometimiento que importara luego la pérdida de la libertad y la implantación de los trabajos forzados. No debe olvidarse que entraba en el interés de los conquistadores exagerar las noticias sobre las depredaciones de los salvajes, para poder contar con la impunidad en los casos en que entraran a cazarlos como a fieras, con el objeto de someterlos a la servidumbre. El P. Chomé cuenta en una de sus cartas que, en alguna de sus andanzas entre los Chiriguanos, encontró a un capitán o cacique que había sido cautivo de los españoles y reducido en Potosí a los trabajos de la Mita, de donde consiguió evadirse [. . .] “Ya hemos citado el hecho de que Nuflo de Chaves consiguió hacerse amigo de los Chiriguanos y establecerse entre ellos en la Barranca, manteniendo expedito el camino entre Santa Cruz y Charcas. Su ausencia, y su muerte fueron causa de que esa amistad se perdiera, quizás porque otros conquistadores abandonaron el método de dar a los indígenas trato de amigos. También se sabe que Suárez de Figueroa llegó a adquirir gran ascendencia moral entre los indios de la Cordillera, tratándolos siempre con justicia, aunque castigándolos con energía cuando se hacían culpables y dignos de rigor”. Para cerrar este apartado queremos inferir esta conclusión: en nombre de su libertad e independencia los Chiriguanos fueron uno de los pocos pueblos, sino el único de la América del Sur Meridional, que resistieron con valentía, firmeza, audacia y decisión la conquista militar y la colonización de la Corona española. ¡Lo que sucedió en la Cordillera es un ejemplo de cómo un pueblo (etnia originaria) puede luchar por su libertad!

Corrado escribe: “En 1607 los P.P. Samaniego y Oliva recorrieron la tribus diseminadas por las riberas del Guapay; y los P.P. Ortega y Villarnao los pueblos que orlan las fronteras de Tarija. Admiráronse los indios de ver internarse impávidos por sus temidas tierras a aquellos soldados de Cristo y los recibieron con tales demostraciones de regocijo y docilidad, que los buenos padres concibieron alguna esperanza de su conversión. Falaz esperanza, que no tardó en marchitarse: porque seducidos los indios e instigados por sus hechiceros, maquinaron las muerte de los santos sacerdotes, que después de dos años de afanes se retiraron sin más consuelo que haber bautizado a unos párvulos moribundos” ( Corrado, en Finot 1978: 303).

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La vida republicana, bajo la conducción de gobiernos “collas” del Estado boliviano andinocéntrico, no será muy diferente para los Chiriguano-guaraníes a la de los Mojos y Chiquitos. 3. El Estado andinocéntrico de Bolivia Después de las guerras de independencia en el Alto Perú (guerras libertarias que supuestamente las iniciaron líderes revolucionarios del occidente de Bolivia –en efecto, los historiadores del altiplano y de aquel Estado han manipulado la historia en ese afán de crear una República unitaria, pero ciertamente girando en torno al mundo y la cultura andina–, cuando en realidad fue en los llanos de Mojos, concretamente en San Pedro y Trinidad (ex reducciones) de lo que hoy es el región del Beni, que se iniciaron las primeras acciones de lucha y expulsión de los españoles colonialistas, pues, ya en 1792, Juan Maraza, a pesar de que unos años después se enfrentó a Pedro Ignacio Muiba a consecuencia de la viveza y manipulación política de los criollos y chapetones, logró expulsar, en nombre de la liberación, al gobernador Miguel Zamora y Triviño de la provincia de Mojos; en 1805 también suplantó al gobernador Urquijo con la intención de emancipar a los pueblos de Mojos de España (véase Roca 2001: 136)), y de la creación de la llamada “República de Bolivar” en la Asamblea Constituyente de 1825 –fundación en la cual fue un tremendo error histórico que los dos diputados por la provincia de Santa Cruz votaran positivamente, más por equivocación o motivación personales que por la voluntad expresa de la gobernación de los cruceños de aquel entonces (recordemos que Santa Cruz ya se había declarado una Republiqueta independiente entre 1813 y 1816 a la cabeza, sobre todo, de Ignacio Warnes), este Estado andinocéntrico ya desde su aparición (la mayor cantidad de representantes que firmaron el Acta de Independencia eran de Chuquisaca, Potosí, Oruro y La Paz) y los gobiernos de tuno de los valles y el altiplano no hicieron nada por el desarrollo y el bienestar de los habitantes criollo-mestizos y originarios (Chiriguanos, Chiquitanos, Guarayos, Mojeños, Movimas, Chimanes, Sirionós, Esse Ejja, Caviñenos, Itomamas, Yuracarés, Mosetenes, Tacanas, etc.) del Oriente boliviano, es decir, por los “cambas” de Santa Cruz, Beni y Pando y lo que antes era el perdido Acre. Los líderes y gobernantes de aquel Estado, civiles y militares caudillos, dictadores, semianalfabetos, plutócratas, liberales, republicanos...dejaron a su suerte a lo que hoy conocemos como el Oriente boliviano (o tierras bajas).13 Lo único que hizo aquel Estado de y para los valles y el altiplano de Bolivia y los gobiernos collas (de criollos y mestizos) fue mantener la estructura económica y social colonial también en el Oriente boliviano. Así, se benefició del trabajo y la riqueza de los mojeños que aún llevaban una vida acorde con las misiones jesuíticas, pero jamás le retribuyó beneficios en educación, salud y bienestar material (véase Block 1997). Creando la Ley de la ex vinculación de tierras en la segunda mitad del siglo XIX, sentó la justificación legal para que poco a poco los mismos originarios de las tierras bajas vayan perdiendo sus territorios por la introducción de las ideas librecambistas inclusive en gente del Oriente boliviano. Pero lo peor es que esa ley, junto con la Ley de Reforma Agraria de 1953, sentó las bases para que los
Al respecto, es muy sugerente, cierto y verosímil lo que afirma René-Moreno (1974: 179) en el tercer párrafo de su Introducción a los catálogos de Chiquitos en su obra Catálogos de Mojos y Chiquitos a fines de la década de los 80 del siglo XIX: “Bajas, verdes, cálidas y húmedas regiones, Mojos y Chiquitos forman juntas lo que hoy se llama el Oriente de Bolivia. Son dos lejanas joyas territoriales sin adherencia topográfica con el Alto Perú (o sea, con los valles y el altiplano boliviano –los paréntesis son nuestros), cuyo suelo y cuyos naturales constituyen propia y mayormente dicha república. Siguen hoy la suerte y la ley del Alto Perú con más su olvido y su abandono (el resaltado es nuestro). Ley de desorden desastroso (la crítica de René-Moreno al llamado Alto Perú, o sea, al Estado republicano andinocéntrico, es certera) hasta no há mucho; suerte de desmembramientos territoriales en ventaja de los países limítrofes”.
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gobiernos del altiplano, junto con el Instituto Nacional de Colonización, el Banco Agrícola, el Instituto Nacional de Reforma Agraria (organismos e instrumentos económicos y políticos manejados por gente del altiplano boliviano) concibieran las tierras del Oriente boliviano (tierras de los originarios y tierras conquistadas por el empuje y tensón de los propios cruceños) como “tierras del Estado”, esto es, tierras de nadie, “baldías”, que debían ser colonizadas por Quechuas y Aymaras. Aquí está el verdadero origen histórico de la pérdida de sus tierras o territorios de los pueblos originarios del Oriente boliviano. Y ahí está la explicación también por qué muchos criollos y mestizos cambas no tienen un palmo de tierra ni de terreno ni para construir su casa. Esto que hizo y viene haciendo dicho Estado nos empobreció y empobrece aún más. Si tocamos otros elementos para el caso de los chiquitanos en tiempos de la vida republicana y contemporánea, varios elementos coinciden con lo que les ha sucedido y sucede a los mojeños y otros pueblos o etnias del Oriente boliviano. En efecto, éstos continuarán trabajando como lo hacían en tiempos de los jesuitas y conservarán algunas de las costumbres: por ejemplo, trabajaban cantando, gustaban de la música, seguían practicando el teatro cómico, celebrando las fiestas patronales, etc. Pero los criollos y sus familiares, a consecuencia de que dicho Estado no dio educación ni cambió la mentalidad colonial de los cruceños de la época, se aprovecharán de los Chiquitos, sin respetarles sus derechos republicanos. En 1845 la relación entre los chiquitanos liberados de la colonia, frente al administrador republicano que ahora dirigía la economía del pueblo, no había cambiado. Aquellos en muchas aspectos seguían siendo considerados menores de edad y el Estado republicano andinocentrista, se pensaba, tenía que cuidar de su personas y propiedades (véase Hoffmann 1979: 90-91). Más de un siglo después, esa condición social de los chiquitanos no cambiará mucho. Así, para la década de los 60 del siglo XX, Coimbra (1961: 75) nos informa, por ejemplo, que los nativos de San José de Chiquitos estaban en vías de desaparecer, siendo varias las causas: la emigración al Brasil en busca de mejores condiciones de vida, luego la falta de protección por parte de aquel Estado boliviano, la miseria en la que viven, las enfermedades que padecen, etc. “Los que quedan en su mayoría son hombres viejos aferrados a su tradición y a sus costumbres [...]”. Por eso Coimbra planteaba atención por parte de aquellas supuestas autoridades nacionales; buscar alguna salida para solucionar la situación social y económica del chiquitano, porque éste “con facilidad se asimila a la civilización sin necesidad de tutores, por tanto con sólo crearle medios de producción y terminar con la tiranía de los caudillos políticos (otro pésima influencia de la práctica política de los criollos y mestizos del occidente de Bolivia –los paréntesis son nuestros) se conseguirá fijarlos en la tierra de sus antepasados”. Y todo esto porque Coimbra reconoce muchas virtudes en los chiquitanos; por ejemplo, que ellos tienen “elevado concepto de la vida de hogar. La influencia del cristianismo es notoria y sus costumbres atávicas han pasado a un grado secundario. [...] y ninguna de sus costumbres se oponen diametralmente a la moralidad, y más bien en muchos casos podrían servirnos de ejemplo” (Ibíd.: 77). Para el caso de los Chiriguano-guaraníes la historia es similar e incluso hasta más violenta. Porque ese Estado se encargará de derrotarlos en la batalla militar de Kurujuky de 1892, con el afán de someterlos y quitarles sus tierras en nombre de las ideas liberales para repartirlas a los allegados y amigos de los gobernantes de turno. Y ahí tenemos a muchos miembros de

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esta familia guaraní, sometidos a condición casi de semiesclavitud en la provincia Calvo de Chuquisaca.14 Por su parte, los criollos y mestizos del Oriente boliviano tuvieron que salir por sí mismos en su subsistencia y paulatino desarrollo económico y social. Frente al centralismo cultural y educativo del altiplano, los benianos con el propio esfuerzo económico local o municipal tuvieron que esforzarse por la educación de sus hijos,15 lo mismo los cruceños; además, estos últimos tuvieron que ver y exigir la creación de la Universidad Gabriel René Moreno a fines del siglo XIX. También el último cuarto de este siglo y las primeras dos décadas del XX, los cruceños (entre los cuales estaba mi bisabuelo Rómulo Pinto Velarde y mi abuelo paterno Donasiano Pinto Melgar) tuvieron que conquistar y poblar, por buscar la riqueza de la hevea brasiliensis (la goma o caucho), el noroeste del Beni y el norte de Pando, empresa que aquel
“Tres fueron los caminos por los que ya en época republicana la penetración karai llevó a la total invasión y conquista completa del territorio chiriguano-guaraní: • Las misiones franciscanas, que tras la Independencia habían cortado bruscamente su lento y pacífico proceso de penetración y subsiguiente transformación dentro de la sociedad chiriguana, se reiniciaron a partir de 1842. Esta vez quienes asumieron la tarea fueron los misioneros franciscanos, en su mayoría italianos. En vez de retomar las antiguas misiones de Pie de Cordillera al Norte del Parapetí, ahora fundaron nuevas misiones dispersas por un área más extensa, desde el Parapetí hacia el Sur y hacia el Oeste. • Los ganaderos siguieron avanzando de una manera sutil pero ahora mucho más agresiva que en la época colonial. El nuevo auge de la plata desde la segunda mitad del siglo XIX daba una excelente oportunidad económica para el establecimiento de nuevos puestos ganaderos cada vez más adentro. Fueron consiguiendo nuevas tierras por tres medios sucesivos: primero por la ya conocida conquista “con vacas”; más adelante, cuando los Chiriguanos ya se rebelaban contra esta penetración, por concesión estatal, en premio a su participación contra la represión de los indios; y finalmente, tras la derrota chiriguana, por simple asentamiento o compra de tierras consideradas ya como “baldías” y “fiscales”, aunque siguieran habitadas por indios. • El Estado Boliviano fue también avanzado y consolidando su dominio dentro de este territorio, primero con sus expediciones de apoyo a misioneros y ganaderos; posteriormente con sus propios proyectos de asentamiento en torno a los fortines militares; y finalmente con todo su aparato de funcionarios [...]. “Esta nueva penetración, especialmente la ganadera, no fue tan pacífica, ya que provocó resistencias y levantamientos que fueron duramente reprimidos. Hubo ya conflictos importantes en 1849 y tras las masacres de 1874-75 en Juky y de 1877 en Murukujati, parecía que este pueblo indómito [valiente] ya había quedado totalmente aplastado” (Albó 1990: 19-20; véase también págs. 21-30). 15 La educación de los benianos, aun a fines del siglo XIX, no le interesaba a aquel Estado altiplánico, siendo que la población colla (sobre todo criolla y mestiza), con la visión de los conservadores y liberales después de la derrota de la Guerra del Pacífico, comenzó a recibir más y mejor educación. Para el caso de la educación de la gente del Beni, que era un esfuerzo de los propios cambas benianos y no preocupación de dicho Estado, Coimbra (1995: 79-80) escribe: “Un capítulo de cultura que es necesario exaltar a despecho de las miserias actuales, es el que se refiere a la instrucción pública. No había sitio en que no hubiera una buena escuela de ambos sexos pagada por las municipalidades, y bajo la regencia de maestros consagrados como los sacerdotes a sus deberes. Anualmente centenares de niños salían alfabetizados y –lo que es mejor– educados. Estos establecimientos que nada costaban al erario de la Nación (léase Estado del altiplano –los paréntesis son nuestros), reunían fraternalmente alumnos de raza blanca con indios natos, sentándose a veces en el mismo banco el hijo del patrón con el del mayordomo y vaquerizo. Y en más de una oportunidad, hemos visto, complacidos, el vivo aprecio que se manifestaban personas de edad y de distinta condición social, que se decían ‘de la misma lechigada’. “Por regla general, la gente de Mojos es hábil de manos e inteligente para superarse en la enseñanza que recibe. Su contacto con la naturaleza, la complacencia de sentirse confundido en el grandioso acorde cósmico –embriagados de todas las esencias de la pampa y la llanura– antes que empequeñecerla como postulan los más, despiertan en ella una suerte de coraje, de fe en el trabajo; sentimientos de los que nacen sus más altas concepciones del presente y el porvenir. “Los cunumis o niños indígenas –hijos de sirvientes– siempre se han distinguido por su interés en aprender, llegando muchos a sobresalir en los planteles de educación. “Por eso el Beni, Mojos, en que hay un 65 por ciento de alfabetos, en comparación con los escasos 42 por ciento de las estadísticas del Altiplano, es un país de honda tragedia: padece un desequilibrio entre su espíritu y la realidad social, porque ha avanzado por dentro, mucho más que por fuera”.
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Estado, por su incapacidad y desorden político y militar, nunca lo hizo. Por las vías fluviales y los caminos carreteros y de herradura los cruceños, y después los benianos, tuvieron que comunicar el sur con el norte del Oriente boliviano. Iban al norte a amasar fortuna en base a la explotación de la goma y las estancias ganaderas.16 Iban al sur, sobre todo al norte argentino, a comprar caballos y mulas a fin de tener este valioso recurso para las estancias que con el tiempo cobraron una verdadera importancia económica sostenida para nuestra región oriental. Pero comunicación con el occidente o el altiplano por medio de una vía caminara o ferroviaria no la hubo desde 1825 hasta los primeros años de la década de los 50 del siglo XX. Porque el centralismo de aquel Estado así lo quiso y decidió. Sólo comunicó el altiplano y los valles entre sí por medio de ferrocarriles primero y de carreteras después. Esto con el afán de explotar sus riquezas en minerales y de enriquecer a una elite minera de la plata y del estaño que, dicho sea de paso, sólo le interesó sacar esa riqueza al exterior y dejar un poco para el incipiente desarrollo urbano de La Paz, Cochabamba, Sucre, Oruro y Potosí. Mientras tanto, el Oriente boliviano y sus capitales (Santa Cruz de la Sierra, Trinidad y después Cobija) nunca recibieron parte de esos recursos y beneficios en procura del mejoramiento de la calidad de la vida urbana de sus habitantes. La luz eléctrica, el alcantarillado, el telégrafo... primero les benefició a los del altiplano. Basta ver lo que hicieron los conservadores y liberales en beneficio del altiplano y lo que dejaron de hacer por el Oriente boliviano. Santa Cruz y el Beni recién cobraron importancia demográfica durante la Guerra del Chaco, la cual la perdimos por la incompetencia de sargentos y oficiales del altiplano de aquellos años (la derrota se repetía como cuando la Guerra del Pacífico), e importancia económica después de la explotación del petróleo encontrado en el subsuelo cruceño. Y si no hubiese sido por la lucha de los cívicos cruceños a la cabeza de Melchor Pinto Parada por las regalías petroleras del 11% para la región de Santa Cruz, el centralismo estatal del altiplano hubiese seguido sangrando al Oriente boliviano como lo hizo en los primeros años de la República explotando a los originarios mojeños y chiquitanos de las ex reducciones, como lo hizo cobrando impuestos en Villa Bella por la explotación del caucho,17 por la explotación del cuero del
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Refiriéndose a la emigración de los cruceños al Beni desde la época de la expulsión de los jesuitas hasta mediados del siglo XIX, Sanabria (1988: 18-19) escribe: “Huelga decir que no pocos de aquellos negociantes concluyeron por fijar residencia allí, a la expectativa de mejores lucros. Los tales, grandes catadores del deleite amoroso, como sus antepasados españoles, no habían de tardar en procurarse los favores de las aguerridas mozas aborígenes, con frecuencia dotada de singulares atractivos, como en el caso de las movimas de Santa Ana. De esas resultas la tierra moxa empezó a poblarse de gente nueva, la cual había de perdurar en aquella sangre, apellidos y tradición del poblado cruceño. “Así las cosas vino la república, y con ella un ciclo de mayores libertades para las antiguas misiones jesuíticas (...). “Los productos de la tierra moxa, principalmente cacao y algodón en rama o hilado, obtenidos a bajo precio o en trueque ventajoso, determinan desde entonces una mayor afluencia de gentes desde Santa Cruz. La crianza de ganado en los extensos campos que riega el Mamoré revela al mismo tiempo posibilidades de ganancia. Y en pos de ambas expectativas se dirigen allá familias enteras de pobladores de Grigotá. No son las aldeas misionales su meta final. Por insatisfacción los unos y por espíritu de aventura los otros, continúan la marcha por el Mamoré abajo o a campo traviesa se alejan de los centros urbanos para introducirse en la selva misteriosa y ubérrima. “A tanto ha llegado el movimiento migratorio de tal procedencia que, hacia la mitad del siglo XIX, en las antiguas misiones de Mojos por lo menos un tercio de la población está compuesta de blancos y mestizos de origen cruceño”. 17 “Los espléndidos negocios de la producción y venta de goma no podían menos de atraer la atención del gobierno nacional. Era justo que así fuera, pues no se trataba ya de vérselas con gente osada y montaraz, sino de que el fisco se aprovechara con el pingüe rendimiento de su faena. Había que cobrar derechos de exportación, y para ello era menester que se fijara el punto más conveniente en donde ubicar a los funcionarios encargados del cobro. “En la residencia del gobierno alguien seguramente puso el dedo en el mapa de Bolivia, que sólo de este modo podía entonces hacerse algo por aquellas agrestes lejanías. El del mapa tuvo el acierto de señalar las juntas del Beni y el Mamoré, y en dicho punto quedó convenido que se crease la oficina preceptora de derechos fiscales. “Justamente en la legua de tierra que perfilan ambas corrientes yérguese una pequeña llanada no por cierto ventajosa, pues la afligen inundaciones. Allí el fisco sentó sus reales, por el mes de junio del año 82, para exigir de los gomeros participación en las ganancias. “Dióse al lugar aquel el nombre de Villa Bella, sin que al

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ganado vacuno del Beni durante el siglo XIX, como lo hace hoy día cobrando impuestos por la explotación de la madera preciosa y de la castaña del Oriente boliviano sin dejar apenas beneficios económicos y sociales para los cambas (criollos, mestizos, originarios cruceños, benianos y pandinos), o como lo hace en estos últimos años cobrando impuestos a los agricultores, agroindustriales y manufactureros cruceños, llevándose el 75% de ese dinero y devolviéndole para la región cruceña apenas un 25%. Es por esta injusticia histórica y económica que la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, la capital del Oriente boliviano y cuna de la “Nación camba”, extiende su desarrollo urbanístico y ornato público sólo hasta el tercer anillo (apenas casi nada) en pleno inicio del siglo XXI. A partir de ahí, falta casi todo: pavimento de calles y aceras; jardines, plazas o plazuelas, parques de recreación infantil, iluminación, desagües, etc. En nombre de un criterio de mayor concentración demográfica, la Ley de Participación Popular distribuye los recursos del TGN; pero cuando el último Censo del 2001 demuestra que la ciudad de Santa Cruz tiene más habitantes que la de La Paz, el centralismo del gobierno paceño (hoy con la complicidad, es de lamentar, de algunos “crucos” maleados por la política partidaria y mareados por el afán de poder político) le niega a Santa Cruz los recursos financieros y económicos. Ahí tenemos a la ciudad de Trinidad, capital del Beni, sin alcantarillado en pleno comienzo del siglo XXI. ( Y claro... ¡como la población camba no está sindicalizada ni politizada con ideologías cerradas y autoritarias como para hacer paros, huelgas, bloqueos de carreteras, etc. para exigir sus demandas de desarrollo social y humano!, ahí nos tienen los gobiernos de turno del altiplano: esperando con paciencia la buena voluntad de sus políticos y burócratas, muchos de ellos ineptos, con mentalidad y sicología desconfiada, recelosa, huraña, leguleya, tímida, ineficiente, individualista o colectivista (ayllista) al extremo18 cuando sus intereses están en juego frente al desarrollo del Oriente boliviano. Es por todas estas razones, en nombre de la verdad y de lo que sucede en los hechos, que la “Nación camba”, en lo que hoy llamamos la región del Oriente boliviano, debe buscar su autonomía administrativa, económica y política de aquel Estado andinocentrista, sin necesidad de desmembrarlo, pero con la condición de convertirlo en un verdadero Estado moderno que trabaje por el desarrollo equitativo y transparente del occidente y el Oriente boliviano. Ahora bien: ¿qué queremos decir con “Nación camba”? ¿Qué entendemos por autonomía? 4.- La “Nación camba”19 Hasta ahora he escuchado y leído sobre el tema frases o textos breves, pero con pocos estudios, análisis y comentarios serios.

observador de hogaño le quepa saber si nombre tal se debió a una muestra de ironía o a un arranque de optimismo” (Sanabria 1988: 57-58). 18 Este tipo de sicología lamentablemente la han difundido por el oriente boliviano en estos últimos 40 ó 50 años a consecuencia de expandir la administración pública y una burocracia poco profesional, o de fomentar de forma planificada o espontánea la emigración de “población colla” (sobre todo Quechuas, Aymaras y cholos) a nuestras tierras, población con poca o ninguna escuela, pobres, pero ansiosos de hacer fortuna rápidamente. Por esto han inundado nuestros pueblos y ciudades principales con comercio informal para vender algunos bienes como si estuvieran en tierra de nadie, sin ley, ni orden ni autoridad. Eso de decir que ellos han traído progreso, no es más que un mito sin fundamento real. 19 El contenido de este apartado, casi en su totalidad, está basado en un artículo de mi autoría que fue publicado en la Revista Foro, No. 70 del periódico Opinión, Año 18, No. 6.144, Cochabamba, domingo 24 de marzo de 2002.

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En nombre de la claridad (algo que no siempre logramos completamente), empiezo refiriéndome al sentido del término “camba”. Así, de entre los textos más antiguos donde aparece dicha palabra he leído el del Hno. Joseph del Castillo: “Relación de la Provincia de Mojos” de 1676. Aquí Castillo usa el vocablo “camba” para referirse a un originario (léase indígena) el cual posiblemente pertenecía a una de las etnias asentadas entre el norte de Chiquitos (Santa Cruz) y el centro y sur de los llanos de Mojos (Beni), o bien, simplemente era el nombre con el que se auto identificaba aquel “nativo” ante los ibéricos o misioneros. Ahora bien, del texto se infiere que dicho “natural” hacía las veces de guía y ayudante en las faenas y labores de viaje que cumplía el Hno. Castillo a los llanos de Mojos. Con el pasar de las décadas, el término permaneció tanto en el habla de la sociedad regional criolla del Oriente boliviano como en el de los propios originarios. Aunque habrá que reconocer que no sabemos con qué otros sentidos aquel término sobrevivió. Seguramente (y esto lo decimos de manera hipotética), con el tiempo fue adquiriendo la denotación de “peón” o “mozo” en las estancias ganaderas y en la relación campo-cuidad. Lo cierto es que hoy el término “camba” tiene algunos significados que varían según el contexto y según quién lo pronuncie o emita. Por ejemplo, cuando un criollo del oriente boliviano profiere esa palabra para referirse a un indígena o mestizo, en una situación de bronca o de relación patrón-mozo, puede significar “flojo”, “borracho”, “bruto” (opa), o en el peor de los casos, “indio” (léase además de eso, “inferior”, “bueno para nada”, etc.). Si la usa para diferenciarse del boliviano de los valles y del altiplano, significa “no-colla”, o sea, boliviano de las tierras bajas distinto por su carácter, idiosincrasia, tradiciones, forma de vestir, de hablar, de relacionarse con los demás... O simplemente, la mayoría de los cruceños, benianos y pandinos adoptan el calificativo de “camba” para identificarse con la geografía o la tierra del Oriente boliviano. En síntesis, al interior de las tierras bajas de Bolivia (principalmente Santa Cruz, Beni y Pando) se usa hoy aquel término, en unos casos, para discriminar al originario; en otros, para identificarse con una geografía de clima tropical y, en otros, para diferenciarse de los bolivianos de las tierras altas (valles y altiplano).20 Por lo dicho hasta aquí, no apreciamos por qué toda Santa Cruz o todo el Oriente boliviano pueda considerarse como una “Nación camba”. Si el asunto lo vemos desde el proyecto de la construcción de la nación-Estado boliviano (algo que nunca se logró por la falta de visión de los líderes y gobernantes del occidente boliviano), la expresión puede causar risa, burla o en la mejor de las reacciones, dudas. Exactamente igual a las que puede provocar el que los Aymaras o Quechuas se consideren una “nación” dentro del Estado boliviano. A su vez, si lo vemos desde el altiplanocentrismo, también puede causar similares reacciones. En cambio, no se generan iguales posturas si vemos el asunto desde las regiones orientales periféricas, la cuales históricamente (como hemos visto), desde la creación de la República de Bolivia (acto durante el cual, ya lo resaltamos) no había más que dos delegados por la provincia de Santa Cruz de la Sierra), se sintieron alejadas e indiferentes a la Bolivia andina que se fue construyendo en torno a la plata y después al estaño hasta muy después de la Revolución Nacional del 52. Por eso, creo que hay que alargar la vista y reconocer sobre el tema algunos elementos fundamentales que justifican la idea, el proyecto y la realidad de la “Nación camba”.
Actualmente, según algunos miembros fundadores del Movimiento Autonomista Nación Camba, el término “camba”, en lengua originaria del oriente boliviano, significa “amigo”. Nos parece fundamental también este significado ya que es más inclusivo, abierto y no cerrado en las acciones a las que puede motivar, sobre todo cuando percibimos que la palabra “amigo” se refiere a toda persona que nos toma en cuenta, apoya, colabora, aconseja, critica, comparte, comprende y anima a seguir adelante con nuestros ideales y proyectos.
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Primero: Hay que superar el paradigma de la única historia nacional de Bolivia. Aquella historia que nos la enseñaron en torno a los presidentes y gestiones de gobierno. Y reconocer que, así como existe una “cara india y campesina de nuestro historia” protagonizada por los originarios de los valles y del altiplano boliviano (particularmente por los Quechuas y Aymaras), existe también una historia de la conquista, la colonia y la república en el Oriente boliviano; historia, eso sí, poco estudiada y leída. En consecuencia, sólo será posible reconocerla, aceptarla y respetarla si la comenzamos a enseñar también en nuestras escuelas, colegios y universidades. Esta historia del Oriente boliviano que hemos resumido anteriormente, es uno de los fundamentos (el pilar histórico) de la “Nación camba”. Segundo: Hay que reconocer que la población predominante en el Oriente boliviano es criolla y mestiza en relación a la indígena. En las tierras bajas de nuestro país hay una población de cerca de 2 millones de habitantes, de los cuales, aproximadamente unos 170 mil son originarios. Ahora bien, les guste o no a muchos criollos y mestizos, éstos últimos tienen o tenemos una cultura híbrida, es decir, se da una mezcla de actitudes, valores y comportamientos más ibéricos con maneras de ser, actuar y pensar de los originarios (llámese chiquitano, mojeño, chimane, baure, sirionó, etc.). Pero hay algo más de fondo en ese fundamento étnico de la “Nación camba”: la población mestiza del Oriente boliviano tiene esta particularidad o peculiaridad que René-Moreno (1973: 191-192) resalta así cuando describe el tipo de gente blanca dispersa aún (en chacos y estancias) en tiempos de la colonia que habitaba la ciudad de la Barranca fundada en 1559 por Ñuflo de Chávez en la chiquitania: “Esta gente provenía de la mezcla progresiva del español con la india guaraní. Sabido es que esta progenie blanquean por completo a la segunda o tercera generación, y que, si entonces sobreviene de nuevo el concurso caucáseo, el atavismo guaraní se retira para siempre de la piel, y persiste tardíamente situado tan sólo en las facciones o en otras partes físicas o morales del mestizo. Un historiador que vivió en el Paraguay estudiando la naturaleza más de veinte años entre hombres amarillos y hombres blancos, se muestra admirado de dicha mezcla por la excelencia de la variedad resultante. [....] “Los conquistadores, dice Azara, llevaron pocas o ninguna mujer al Paraguay, y uniéndose con indias resultaron un multitud de mestizos, a quienes la corte declaró entonces españoles. Hasta estos últimos años puede con verdad decirse que no han ido mujeres de fuera, ni aun casi hombres europeos al Paraguay, y los citados mestizos se fueron necesariamente uniendo unos con otros, de modo que casi todos los españoles, allí, son descendientes directos de aquellos mestizos. [...] “Observándolos yo (continúa diciendo Azara) encuentro en lo general, que son astutos, sagaces, activos, de luces claras, de mayor estatura, de formas más elegantes, y aun más blancos, no sólo que los criollos o hijos de español y española en América, sino también que los españoles de Europa, sin que se les note indicio alguno de que desciendan de india tanto como de español”. Fue este mismo tipo de mestizaje el que se dio o asentó también en la chiquitanía y con el tiempo en el Chaco. ¿Qué paraguayo o cruceño no podría estar orgulloso de esta mezcla? Para fines del siglo XIX, Coimbra (1995: 71) resalta también el mestizaje beniano de esta forma cuando describe el tipo de población asentada en Baure (ex reducción jesuítica): “Entre los nativos que ostentaban el blasón de su alcurnia y sus riquezas, estaban los señores Rómulo, Pedro y Nemesio Ojopi, hijos del gran cacique don Hipólito y de doña María Manuela Vaca, cruceña, “americana-española”, como dice un documento público que a ella se refiere. Eran especímenes espléndidos de la raza mestiza, los tres primeros; raza que dio más tarde a muchos notables pioneros de la goma, grandes benefactores de su pueblo, artistas e intelectuales”.

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Tercero: Debemos admitir y aceptar también que la geografía influye en ciertas costumbres y en la idiosincrasia de la gente del Oriente boliviano. Sólo a título ilustrativo: servirse un “locro carretero” (sopa elaborada con charque de ganado vacuno, arroz, plátano verde, cebolla en hojas y sal) junto con los viajeros, debajo de un árbol que sirve de pascana en plena llanura o pampas es una costumbre culinaria que no sólo tiene sabor sino también saber, relaciones simbólicas y sociales de camaradería. Y como este hay muchos otros fundamentos culturas de nuestra “Nación camba”. Basta mencionar su música expresada en el taquirari (por ejemplo, “Sombrero de Sao” de Pedro Shimose) , la chovena, etc.; o su literatura expresada en muchas poesías costumbristas de Gustavo Adolfo Baca o en la novela, escrita en versos, de Marceliano Montero “Paquito de las Salves”, etc. Cuarto: Tenemos que reconocer, además, otros elementos que particularizan al hombre y mujer de nuestras tierras bajas. En efecto, la vida reduccional no sólo dejó huellas, marcas, en los originarios sino también en los criollos y mestizos; la forma de practicar la agricultura en medio de llanuras y selva baja, quizás con poco esfuerzo o trabajo, a pesar de lo ardiente del sol, no deja de tener su especificidad productiva y distributiva. Todo ello ha configurado una forma de ser, de vivir, de sentir, de comportarse y hasta de acentuar las palabras al hablar en el hombre del Oriente boliviano. Algunos de aquellos elementos, y quizás otros que no hemos mencionado aquí, justifican la necesidad de aceptar o construir una “Nación camba”. Ya que para ser nación no se necesita tener un territorio, es decir, llegar a ser Estado. Tampoco se requiere tener una lengua propia o una religión propia. Basta, tal vez (y esto lo tienen que ver los propios interesados en la Bolivia pluricultural y plurinacional, es decir, los mismos cambas –criollos, mestizos y originarios), tener un proyecto político común, unido, eso sí, ineludiblemente a un denominador cultural común que puede ser, como hemos venido señalando, la idiosincrasia y ciertas costumbres genuinas, la propia historia regional, es decir, la del Oriente boliviano, o algún otro factor cultural que sea parte de la manera de ser del pueblo o “Comunidad camba” de las tierras bajas de Bolivia. De esos elementos, a parte de ver ya de manera resumida la historia del Oriente boliviano, queremos referirnos a la idiosincrasia y algunas costumbres de los cambas, sobre todo, de los cruceños, ya que fueron principalmente ellos quienes expandieron dichos aspectos por todo el Oriente boliviano (incluyendo el Chaco cruceño). 5.- Idiosincrasia y costumbres de los cambas La idiosincrasia es la personalidad social básica de un pueblo, una sociedad o una cultura determinada que encierra aspectos psicológicos, sociales y culturales. Las costumbres son prácticas que se repiten y transmiten de generación en generación porque el pueblo o la comunidad considera (conscientemente o no) que forman parte de su manera de ser o comportarse. Los “cambas”, como ya dijimos, son los bolivianos de las tierras bajas del país que se identifican y asumen la geografía tropical, las costumbres y tradiciones de Santa Cruz, Beni y Pando. Como el pasado nos permite comprender mejor lo que somos en el presente, en primer lugar voy a referirme a algunos rasgos psicológicos y sociales, así como a algunas costumbres de los “cambas” (criollos, mestizos y originarios) de fines del siglo XVIII hasta fines del siglo XIX (I). Primera advertencia: este primer punto será un esbozo histórico en base a cinco fuentes principales: Breve descripción de las reducciones de Mojos de Francisco Eder (ca. 1772); Provincia de Santa Cruz de la Sierra de D. Francisco Viedma (edición de 1969); 22

Descripción geográfica, histórica y estadística de Bolivia, T. I, de Alcides de Orbigny (1845); Catálogo de Mojos y Chiquitos de Gabriel René Moreno (1888), y el Diario de viaje de Antonio Vaca Díez (escrito a fines del siglo XIX –inédito). Segunda advertencia: el acercamiento a la idiosincrasia del pasado de los “cambas” se logra mejor haciendo referencia a algunos elementos que sí “dicen” algo o mucho de aquella personalidad social, como ser el tipo o modelo de las casas que tenían y el comportamiento que originaba, la tenencia y producción de bienes y la actitud ante los mismos, etc. Con estos factores materiales que tienen que ver con la cultura, es posible comprender mejor los rasgos personales y sociales de los “cambas” del periodo que hemos delimitado. En segundo lugar, teniendo en cuenta otros elementos de tipo general, haré una radiografía de la idiosincrasia de hoy en día de los “cambas” del oriente boliviano (II). Para este apartado me basaré en lo descrito en el punto I y en mi propia experiencia ya que nací y me eduqué hasta mis 16 años en los llanos de Mojos del Beni. (I) Aún a fines del s. XVIII Santa Cruz de la Sierra, después de cerca de 3 siglos de su fundación, no había prosperado como las otras poblaciones o ciudades de lo que en aquel entonces se llamaba el Perú. Por algunas razones: por ejemplo, a pesar de que los cruceños poseían estancias de 6 a 7 y más leguas de extensión, con abundante agua y excelente pasto, donde mantenían sus ganados y sembraban sus cañaverales, y otros productos agrícolas, esta economía se mantenía a nivel de subsistencia. Es más, ninguno de ellos tenía la propiedad legal de las tierras que labraban. Sólo la poseían bajo un dominio precario que duraba mientras que mantenían ganado y labraban, o hacían labrar con manos indígenas, sus chacos. Esta situación, según Viedma (1969), no les hacía esmerarse en el adelanto y cultivo de las tierras, y sólo se contentaban con lo necesario para el día. A su vez, en las últimas dos décadas de aquel siglo, Santa Cruz de la Sierra tenía 11 calles principales, sin forma ni orden. Las casas principales de los cruceños se ubicaban en el centro de la ciudad. Sus paredes eran de abobe, algunas estaban cubiertas con tejas, otras con una especie de caña de 3 varas de largo y una cuarta de ancho, que labraban de una palmera y duraban hasta doce o más años. Pero todas las casas eran reducidas, sin comodidad, ni tenían los resguardos necesarios para resistir las inclemencias del tiempo. Las casas de los ranchos estaban hechas de palizada y barro, cubierta de la hoja de la palmera llamada motacú. En cambio, la plaza era de mucha extensión y cuadrada; en uno de sus frente estaba la iglesia catedral que tenía una regular capacidad, “permanecía aseada y decente” (relata Viedma 1969). Más aún, la casa del gobernador, de los capitulares, de la que hacía de cárcel, estaban hechas del mismo material y con la misma disposición. Las mujeres cruceñas vestían enaguas (llamadas frustán), largas hasta los pies, bordadas de colores o listas de encajes. Las camisas tenían mangas, puños y vueltas disformes de largo y ancho, cerradas por el cuello, y los pechos estaban bordados con sobrepuestos de oro, plata o seda de colores, muy guarnecidas de encajes; los puños eran de brocato o cinta de tisú, de holán o clarín muy fino. De modo que el costo de algunos vestidos pasaba de 80 a 100 pesos. El cabello lo llevaban en dos trenzas partidas por el medio, y empleaban cinco varas de cinta ancha de seda de tisú para liarlas de arriba abajo, quedando unidas ambas trenzas a la cinta, que dejaban pendiente, del largo de una vara: “éste es el traje más común” (Viedma 1969). “En días de gala, o si tienen que recibir alguna visita de mucho cumplimiento, usan de unos guardas-pies como los de España, de terciopelo encarnado azul o verde, tisú, brocato u otras telas de seda, a las que ponen guarnición de galón de oro o plata alrededor de 3 partes con adornos de rosarios o cadenas de oro, gargantillas de perlas o corales. El zapato es de 23

cordobán negro y poco lo usan dentro de la casa. El traje de iglesia nada se diferencia del de España. La gente común gasta [usa] polleras de zepiterna azul y verde, mantilla blanca: y por lo regular andan descalzas” (Viedma 1969). El traje de los criollos cruceños era igual a los de las demás provincias del Perú; eran hombres de buena estatura y robustos, “muy sufridos de trabajo, inclinados al manejo del arma, fieles y leales vasallos del Rey, obedientes a cuanto se les manda por sus superiores; en todo el Perú no he encontrado mejores soldados...” (Viedma 1969). “La mujeres regularmente son bien parecidas, afables, obsequiosas e idólatras de su tierra, y lo mismo los hombres” (Viedma 1969). En la Santa Cruz de aquel entonces, las indígenas usaban tipoy (camisa larga hasta los pies, de lienzo de algodón, sin mangas) que se ajustaba por la cintura con una faja de cuatro dedos de ancho de lana de colores, y una mantilla negra de algodón. Algunas indígenas llevaban la bayeta de Castilla, encarnada o de otro color. Mujeres y varones indígenas hablaban el castellano y no su lengua materna. Esto hizo que su aculturación fuese más rápido en la ciudad. La población de todo el curato (de Santa Cruz de la Sierra y de los otros pueblos y comunidades que caían bajo su jurisdicción) sumaba a fines del s. XVIII las 10.672 almas; distribuidas de esta manera: 4.303 españoles, 4.014 mestizos, 2.111 indios y 150 negros, entre esclavos y libres, de los que desertaron de los dominios de Portugal. Casi medio siglo más tarde, a los siete años de la creación de Bolivia como República, Orbigny (1845) estuvo en Santa Cruz de la Sierra y la describe así: “Al igual que todas las ciudades españolas del nuevo mundo, se divide en cuadras o manzanas iguales entre sí; pero como no se mantuvo la alineación con escrupulosidad y los cuadrados no se edificaron por completo, se ha formado una ciudad muy extendida y de escasa regularidad. Con excepción de la casa del jefe de policía, las viviendas sólo tienen una planta baja; todas cuentan con galerías exteriores, destinadas a protegerlas de la lluvia, y las paredes son de tierra y carpintería. Están mal alineadas y su altura varía mucho; el acceso a algunas se facilita con gradas. (...) [Suelen] estar cubiertas de troncos o de palmeras carondai, aunque ya se empiezan a construir techos de tejas cocidas. A medida que se alejan de la plaza, se reducen a cabañitas cubiertas de paja o palmas. En el centro de la ciudad, las manzanas no se edificaron del todo, contando a menudo de viviendas esparcidas en el pasto, y la irregularidad aumenta en las afueras, donde ya no se observa algún orden de construcción. Los solares, siempre más numerosos se convierten en campos cultivados. En general se tomaría a Santa Cruz por una ciudad provisional y de cualquier modo se trata de la más campestre que haya conocido en América.” La calles –continúa describiendo Orbigny (1845)- no estaban bien trazadas; las cubría una arena movediza, donde las piernas se hundían hasta la mitad, tanto cuando llovía como en época de sequía. La gran plaza, semejante a un prado natural, ostentaba a un lado la catedral, edificio provisorio hecho de barro. El cabildo, donde vivía el prefecto, era una gran casa, provista de una galería de madera, edificada a dos metros sobre el nivel de la plaza. Enfrente tenía el colegio, que servía también de seminario. Cada casa contaba con una o dos puertas y otras tantas ventanas a la calle; estaban casi siempre abiertas y provistas de un enrejado de madera, sin vidrios. Durante la siesta y por la 24

noche se cerraban por la parte interior unos postigos provistos de mirillas. Casi todas las casas tenían una sala amoblada con grandes sillones o sofás de madera, a la moda del siglo XV, rara vez tapizados de cuero. A veces, también se colgaba la hamaca en la sala. Esta sala era el lugar de la recepciones; la pieza donde se instalaban las damas para platicar con sus visitas o por las ventanas con los transeúntes, como si todos fueran miembros de una misma familia. No contaban con muebles rebuscados ni pinturas. En sus interiores resaltaba la mayor sencillez. Al respecto, y como viendo el futuro de esta ciudad y de los cruceños, Orbigny (1845) comenta: “Lejos de sentirme incómodo por el simple moblaje de las habitaciones cruceñas, casi me regocijaba encontrar esa sencillez, pensando en las transformaciones que sufrirían las virtudes hospitalarias de la población cuando conozca las mil y una necesidades que el lujo y la molicie introdujeron en nuestras ciudades [europeas]. Entonces con innumerables necesidades que ignoran hasta el presente, su existencia será menos fácil, sus gastos habrán de centuplicarse, las diferencias de fortuna se harán sentir y acarrearán rivalidades tendientes a endurecer sus corazones e inspirarles el frío egoísmo que envenena nuestros centros civilizados. ¿Serán entonces más felices los cruceños? Lo dudo; quizás añoren esta sencillez que los nivela y aumenta sus recursos en la medida de todas las necesidades que no tienen.” De las costumbres cruceñas, el sabio y viajero francés sostiene que éstas eran completamente distintas a las de las provincias andinas de Bolivia. Así, en la fiesta de una de las mujeres de la sociedad cruceña, sus amigas enviaban cada una su pequeño regalo en prueba de amistad. Estos regalos (como ser paquetes de cigarrillos de paja de maíz, artísticamente confeccionados, adornados de flores y cintas; bombones de diversas especies, vinos y licores), se los dejaban encima de una mesa. “La habitación estaba llena de hombres y mujeres. La señora de casa, apenas llegué, tomó un cigarro, se lo puso en la boca para encenderlo y me lo ofreció (...). Luego una señorita se acercó a mi con un vasito de licor en la mano y llevándolo a los labios, me dijo: tomo con Ud., Señor. Le agradecí su cumplido, pero me advirtieron que no bastaba el agradecimiento, y que debía devolver su amabilidad, lo que hice de inmediato. Sin embargo, cometí una falta. Debía necesariamente al beber a mi vez, convidar a una mujer; y para castigarme, me obligaron a comenzar de nuevo. Se concibe fácilmente que mi condición de extranjero me puso de moda. Cada dama se creyó obligada a invitarme a beber; no podía negarme y de esta manera me hallé pronto, como los otros invitados, animado de una viva alegría, que gustó mucho. El tañido de una guitarra hizo pensar pronto en otra diversión. Se cantó una mariquita. Todos bailaron, hasta el cura. No pude tampoco dejar de hacerlo. De lo más torpe, por la manera de agitar el pañuelo durante el baile, hice reír a mis expensas (...). A las dos se sirvió de comer, cada uno se colocó alrededor de una larga mesa. Se trincharon muchos volátiles, y entonces comenzó un nuevo asalto de cortesía. Una dama cortó un trocito de pollo, y lo colocó en el extremo de una tenedor; pasó de mano en mano, hasta mí, que debía aceptarlo; me llegaron así trozos elegidos de todos lados. Me fue absolutamente necesario, para devolver esta atención, reenviar un bocado a cada uno de los convidados. Durante la comida, los tenedores no cesaron de pasar de mano en mano y de boca en boca, lo que me pareció algo... original (...). Se bebió mucho, comiendo siempre e invitándose mutuamente; luego se volvió a bailar hasta la noche. Me retiré temprano, satisfecho de esa primera lección y dejando a los invitados divertirse una parte de la noche” (Orbigny 1845). En aquellos años los indígenas, por ejemplo, de Chiquitos, con piel color pardo oliváceo muy pálido, con una talla de 1,63 cms. de promedio, con una físico robusto y de buena planta, tenían un andar suelto. Y aunque las mujeres presentaban rara vez las formas esbeltas del bello ideal griego, empero ostentaban el tipo más perfecto de la fuerza física. “Algunas son lindas, y su cara redonda, graciosa, está llena de dulzura, de alegría. El carácter de esas 25

naciones estriba en un fondo de bondad a toda prueba y en una sumisión sin límites a sus jefes. Su trato inspira confianza y entre ellos la hospitalidad está llevada al extremo. Son audaces. Son ardientes en el placer, aunque poco trabajadores; por eso se entregan sucesivamente a la danza y a los juegos de destreza. Su indumentaria es la misma que llevaban en tiempos de los jesuitas; sólo en ocasión de las grandes fiestas los jueces se adornan con un chaleco de paño o indiana de color y las mujeres atavían sus tipois con muchas cintas de vivos colores; se trenzan sus cabellos cuando son madres y los llevan cortos hasta ese momento. En la iglesia, hombres y mujeres los dejan sueltos sobre sus hombros [...]” (Orbigny 1845). En el caso de los criollos y mestizos que después de la expulsión de los jesuitas (1767) se fueron asentando poco a poco en las principales reducciones de los llanos de Mojos del Beni, como prácticamente todos provenían de Santa Cruz de la Sierra, habría que suponer que tenían el mismo carácter y costumbres semejantes. No cabe duda que eran de buena estatura y robustez; trabajadores; inclinados al manejo del arma, fieles vasallos del Rey, buenos soldados, afables, obsequiosos e idólatras de su tierra -en este caso de las de Mojos. Las casas de las reducciones de Mojos medían diez varas de altura, veinticuatro de largo y trece de ancho, de manera que el espacio destinado a la vivienda era de ocho varas, siendo el corredor que rodea a la casa de dos varas y media de anchura. Estos corredores eran muy necesarios y a propósitos, tanto para resguardar de las lluvias las paredes de la casa como para ofrecer sombra y brisa a los que huyen del calor en el interior de la vivienda. Los mencionados corredores no se cerraban con ninguna pared, quedando libre el paso a la calle. La casa y los corredores se levantaban un palmo sobre el resto del terreno de la reducción, llevando tierra de otras partes para que las corrientes de agua no la inundaran ni sus habitantes enfermaran con la excesiva cercanía del agua. Las columnas que sustentaban el techo que cubría los corredores eran cuadradas y bien trabajadas. Las paredes (bastante anchas por todos lados) estaban hechas de arcilla mezclada con paja: resultaba tan fuerte, que una vez secada era difícil hendirla con reiterados golpes de azadón. Las casas de los misioneros se inspiraban en el mismo patrón; aunque algunas con el tiempo se construyeron con adobes hasta la altura de un piso, pensando que así lograrían liberase de los animales ponzoñosos, pero la experiencia demostró que esto no siempre era evitable. Todas las casas se blanqueaban por dentro y por fuera; no con cal, porque no había, sino con una tierra blanquísima igual o mejor que aquella. La base de las paredes, los dinteles de las puertas y ventanas se pintaban con tierras de diferentes colores jaspeados, con bastante gusto. Las hojas de todas las puertas y ventanas eran de tabla de cedro; las rejas de las ventanas eran torneadas. Toda la casa estaba cubierta con paja. Las reducciones más antiguas cubrían con tejas, no sólo el templo (que tenía muros de adobe, altares, púlpitos y confesionarios de considerable prestancia, pues habían sido tallados con toda elegancia y dorados; contaban con varias imágenes del Señor, la virgen y los santos; con platerías que adornaban los altares) y la casa del misionero, sino también la mayor parte (algunas, la totalidad) de las casas de los indígenas (Eder ca. 1772, 1985). Como vemos, el patrón de las casas de los reducciones de Mojos no difería sustancialmente del de Santa Cruz de la Sierra. Por ello es de suponerse que las casas que construyeron los criollos y mestizos eran similares a las de esta última ciudad. Es decir, fueron hechas con el mismo método y material: con barro y palmeras de motacú principalmente, así como con una o dos puertas y otras tantas ventanas que daban a la calle. Algunas, es de suponerse, con las comodidades descritas por Orbigny (1845), otras como meras chozas. (De lo contrario, las casas del Beni y, por extensión, las de Pando hubiesen sido radicalmente diferentes a las de 26

Santa Cruz. Así, como mi abuelo paterno era cruceño, recuerdo que la casa de mi padre que fue construida en vida de mi abuelo, donde éste vivió hasta sus últimos días y donde yo me crié hasta mis 15 años, tenía las características de las casas de Santa Cruz descritas por el sabio francés). Para los primeros años de la República de Bolivia, Orbigny ya nos dice algo más concreto de los criollos y mestizos cruceños y benianos que vivían en los llanos de Mojos. Curas con deficiente formación y administradores civiles, dejándose llevar por la ambición de riqueza, despertaron en sí mismos la práctica de los abusos, rivalidades y enriquecimiento ilícito en las ex reducciones de Mojos. Es como si la presencia primero del Estado colonial y después del Estado republicano andinocéntrico hayan llevado los males políticos y morales a los llanos de Mojos. En esos primeros años de la vida republicana, se viven dos actitudes y psicologías. Una, la de los mojeños e indígenas en general. Estos no habían perdido su capacidad de sociabilidad, alegría y paciencia imponderable. “Mucho se aman entre ellos mismos, siendo susceptible de un apego extremado para con los extranjeros. Son enemigos de la indolencia, defecto [es decir virtud] inherente a los moradores de los países cálidos; así es que pasan la vida siempre en continua actividad [...]” (Orbigny 1845).21 Otra, la de los criollos cruceños, benianos y mestizos: amparados por el Estado republicano, es decir, por el poder político y deseosos de acumular rápidamente fortuna, cometían abusos, entraban en rivalidades políticas y personales, así como en prácticas mercantiles y liberales que se saltaban las leyes del nuevo Estado. Esto, como veremos, dejará huellas por mucho tiempo en la idiosincrasia de los criollos y mestizos benianos.
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De los Itomamas, para fines del siglo XIX, por ejemplo, Coimbra (1995: 60) resalta sus virtudes así: “El itomama es sobrio y de costumbres regularmente honestas. Fuerte para el trabajo. Limpio, obediente y laborioso. El alma recelosa que trae de la selva, se aquieta en la comprensión de la lealtad y el honor en el sentido castizo. Incorporado a la familia cruceña, se tornó expansivo y obsequioso. [. . .] “Ya definitivamente de espaldas al monte y rescatados por la civilización, los hombres visten camisas, pantalón y una chaqueta corta (cuanto más corta, más elegante) aunque existe la minoría conservadora que se aferra a la camiseta, túnica de algodón blanca y larga, con pequeñas guardas de vivo color por los costados, camiseta que para el trabajo amarran a la cintura con faja recamada de dibujos. [. . .] “Las mujeres, tradicionalistas por esencia, sólo han aceptado embellecer el tipoy con flecos y adornos [...] Se adornan el pelo con cintas de colores simples y el cuello con varios hilos de cuentas vistosas [...]. [. . .] “Aficionados a la música. Tocan las flautas acompañados de tambores y a su compás, surgen en las fiestas los cánticos y las danzas seculares, por veces diabólicas, (?), a veces amorosas y abstraídas”. De los Baures (pueblo originario beniano del cual podemos admirar más virtudes que defectos, cuyas mujeres, producto del mestizaje biológico entre ibéricos o criollos cruceños y nativas, han aportado la belleza física de cuerpo escultural tan característico hoy en muchas de las mujeres cambas benianas), escribe Coimbra (1995: 6869): “Es la de los Baures una tribu antigua dedicada al labrantío de sus campos en la extensa zona que se amplía a la derecha del río Blanco, hasta dar con el San Matín y el Iténez [...] [. . .] “Famosa es la belleza de su tipo: las mujeres trigueñas, fuertes, esbeltas, poseen una triangulación perfecta en su arquitectura física; los hombres erguidos y robustos, tienen la corpulencia de los hachadores. “Meticulosos en el aseo de su persona y en la limpieza de sus casas; amables y obsequiosos con los forasteros, a los que brindan buena chicha, en la clásica tutuma. En sus fiestas bailan con donaire al compás de su música propia, compuesta y ejecutada por artistas intuitivos. Los aficionados a la música además de tambores y flautas, tocan el violín, el acordeón y otros instrumentos de procedencia europea. [. . .] “Visten las mujeres el tipoy, confeccionadas de telas brillantes, realzando el escote con varias cintas seguidas de collares, en que se alternan con productos de la tierra y trofeos de caza (colmillos de puma), perlas, chaquiras, cuentas de vidrio y, las más lujosas cadenas de plata con pendientes de libras esterlinas. Ajorcas y abalorios en las orejas. Anillo de chonta o de hueso encasquillado –o de oro puro– en las manos. En las trenzas de su abundante pelo negro y lustroso, cintas coloridas que tornasolan el aire. “Sus casas están siempre bien barridas y arregladas. Hasta decoradas con siluetas de tajibos, palmeras y toros, en altos frisos pintados por hombres de indudable habilidad, sobre la pared de barro blanqueada. Rozados y limpios los canchones. Religiosos todos. Y todos consagrados al trabajo y muy cumplidos en sus obras. [Son labriegos, es decir, agricultores, y obreros manuales]. [. . .] “El idioma baure es armonioso y dúctil, tanto que ha dado paso al genio poético, que es el brote mayormente señalado de su riquísimo folklore”.

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Sin embargo, ambas idiosincrasias no permanecerán en su estado puro. Irán cambiando y mezclándose, hasta el punto de dar como resultado una personalidad social beniana “mestiza” (híbrida) con predominio, eso sí, de algunos rasgos ibéricos (u occidentales). Esto se dará así porque durante la segunda mitad del siglo XIX la población originaria en la mayoría de las ex reducciones aún era predominante. Y esto necesariamente determinó que criollos y mestizos sean influidos de una u otra manera por los pueblos nativos, es decir, por sus costumbres, tradiciones y modos de comportarse. Por ejemplo, en el campo culinario, la gran mayoría de los criollos y mestizos benianos asimilaron con el tiempo la cultura de la yuca de los pueblos de Mojos. Ahora bien, todavía en las últimas dos décadas del siglo XIX, los criollos y los mestizos benianos, tenían entre los rasgos de su psicología social e idiosincrasia esto que Vaca Díez apuntó allá por 1887: “Las diversiones en el Beni pocas veces tienen resultado feliz. Es gente de poca mansedumbre y tolerancia. Por una paja se forma un alegato furioso. De aquí, la bulla pasa a mayores resultados. Siempre las mujeres toman parte o son la causa de esas contiendas. En poco se estima una buena amistad mediando entre las personas una palabra inconveniente o un chisme. Las odiosidades se llevan a pecho y arrastran bandos o partidos en los pueblos que causan sensible desunión de familiares e individuos”. Y este viajero continúa diciendo: “La verdad es que en los pueblos pequeños esto sucede siempre; pero en Mojos más que en cualquier otra parte, se nota a primera vista mucha susceptibilidad y aun envidia. Cada vecino es un potentado; un Quijote en la extensión de la palabra. Pocas son las excepciones que se pueden sustraer a esta regla general. Hay personas capaces que sirven de moderadores en la sociedad. La intolerancia, sobre todo, es la peor falta de un pueblo, en un vecindario reducido; y en Mojos ese pecado existe sin medida. Es prohibido tener amistad o cruzar alguna palabra en conversación con el enemigo del amigo. No hay término medio posible: o pertenece uno a la ‘derecha’ o a la ‘izquierda’, así sea el individuo transeúnte. Es por esto que tan luego llega una persona a la casa de un vecino, tiene, por descontado, por enemigos gratuitos a los malquerientes de la casa donde se ha alojado [...] Lo que queda dicho en nada toca a los naturales [indígenas]” (Vaca Díez ca.1887). Sin desconocer ese comportamiento de los benianos, lo cierto es que a fines del siglo XIX los pueblos de los llanos de Mojos tenían similares rasgos urbanísticos, culturales y etnográficos a los de Santa Cruz por la presencia de cruceños que ya se habían ido asentando durante ese siglo, sobre todo, atraídos por la riqueza de la goma.22 (II) Como resultado de aquel modelo de vivienda tradicional, de la tradiciones, de la combinación de estilos de las formas de vestir, de la geografía tropical, de la mezcla o
Es muy ilustrativo lo que dice Coimbra (1995) al respecto cuando se refiere al pueblo (ex reducción jesuítica) de “Santa María Magdalena” del Beni a fines del siglo XIX: “Es un pueblo como todos los del Oriente de Bolivia, por su aspecto urbano y por las costumbres de sus habitantes. De modo que nosotros verdaderamente nos creíamos “en nuestra casa” [...] Y es lógica tal semejanza: desde los días coloniales y con mayor intensidad en los tiempos de la República, cruceños fueron los gobernantes, los párrocos, los maestros de escuela, los administradores de los bienes del Fisco y de la Iglesia; los comerciantes, industriales y artesanos que figuraron en las primeras planas de la fundación de todos estos pueblos. Influencia cruceña, con todas las virtudes y defectos de la raza, fue la que se esparció por todo el ámbito de la llanura beniana, desde Matto Grosso hasta los andes. [. . .] “Bastaría citar algunos nombres de los jefes de familia que encontramos a nuestra llegada, para saber de lo cruceña que era la sociedad de Magdalena: don Angel María Dorado, don Gabriel Ortiz, don Hipólito Fernando Durán, don José y Andrés Arza, don Alexis Suárez, don José R. Muñoz, el notable don Pedro Manuel Hurtado, don Simón Dorado, don Nicomedes Ortiz, los jueces Dr. Manuel María Durán y Soleto, Angel Salvatierra y Elizardo Pedraza Bravo, el cura José Lorenzo de Velasco, etc., todos apellidos solariegos, que dan la idea de un padrón de los tercios castellanos destacados a las campañas de Flandes”.
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influencia mutua de rasgos psicológicos y sociales, de la más bien poca presencia del Estado boliviano en muchas subregiones del Oriente boliviano, del asilamiento de esta región respecto de la Bolivia andina, de la experiencia de la explotación del caucho en el noreste boliviano, de la penetración de las ideas mercantilistas primero y liberales después, así como de las ideologías políticas, de los rasgos de los pueblos originarios de aquellas tierras bajas, de la paulatina escolarización, hoy la idiosincrasia de los “cambas” (cruceños, benianos y pandinos) del Oriente boliviano la podemos delinear (esbozar) y caracterizar así: a) son sociables, alegres y simples (en el vestir, las comidas y la relaciones sociales); b) son francos, sinceros y directos (por esto detestan la hipocresía, la falta de transparencia, la diplomacia colonial y pueril); c) les gusta confiar en la palabra del otro (por esto no son leguleyos); d) han asimilado la importancia social de la hospitalidad y la acogida del extraño, del extranjero, del viajero; e) son pragmáticos y van “al grano” en los negocios y contratos laborales, no les gusta el rodeo, el dar vueltas, el marear la perdiz, el “¡vuélvase mañana... a ver qué pasa...!”; f) son querendones de su tierra, región, lugares y paisajes; g) son orgullosos de sus raíces culturales y étnicas (quizás por esto, sin querer, a veces caen en actitudes etnocéntricas e intolerantes); h) les gusta ostentar que tienen bienes materiales o dinero (prefieren, por ejemplo, vestir bien para una fiesta antes que gastar el dinero en la reparación de sus casas; actitud que, sin embargo, está cambiando considerablemente); i) tienen una inteligencia e imaginación práctica, acorde a lo que requieren las necesidades materiales y espirituales en relación con el medio ambiente o la naturaleza; j) tienen sentido del humor y les gusta hacer bromas y chistes; k) son propensos a la reacción colérica en momentos de disputas interpersonales o grupales; l) son bastantes informales (por eso detestan el papeleo, la burocracia administrativa); ll) son apegados a sus cuentos y leyendas contadas con mucha imaginación y exageración; m) son desprendidos o generosos con sus cosas personales; n) son pocos ahorrativos, pero arriesgados en los juegos de azar, las inversiones y los negocios, (aunque el primer rasgo ha cambiado sustancialmente hoy en día); ñ) aman a sus comidas o costumbres culinarias; o) les gusta el ocio, la siesta o el descanso porque el clima cálido tropical y las bondades de la naturaleza así lo exigen o así invitan a ello. Se sobreentiende que existen excepciones o gente del Oriente boliviano que escapa a muchos de aquellos rasgos. O sea, no dudamos que hay “cambas” más occidentalizados porque tienen como modelo de vida el paradigma Miami. En todo caso, algunos de aquellos rasgos están presentes también en ellos. En fin, para concluir este apartado, quiero dejarlos con dos creaciones literarias de mi autoría que rescatan algunas de las tradiciones de los “cambas”: La primera es un cuento breve que dice: “La gatee anoche...¡me aceptó!”23
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Dentro del género literario del cuento, es posible distinguir y aceptar el llamado cuento breve que puede ser expresado en una sola frase, como el que escribimos aquí. Esta sola frase, si la desplegamos en su riqueza de contenido, puede constituirse en un cuento largo que, en este caso, resumido quedaría así: “Como parte de la cultura del oriente boliviano está la forma de conquistar del hombre hacia la mujer. En la generación de mis abuelos y padres en el siglo XX, la experiencia de los largos viajes por los llanos, ríos, selva amazónica..., muchas veces llevando mercadería, ganado, etc. de una lugar a otro, los hombres cambas (criollos y mestizos)

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La segunda es una poesía costumbrista que lleva por título “Las manos. El tacú. La Manetacú”
El tronco del árbol es tacú La rama del árbol es manetacú Tacú y manetacú: Testigo de nuestras tradiciones Símbolo de nuestro trabajo Signo de nuestra historia Testigo de nuestra miseria y grandeza Expresión de nuestro rostro Canto a nuestro trabajo Melodía de nuestro ambiente Reloj de nuestras horas Tacú y manetacú: Mis manos aprendieron de ti Soñaron Esperaron Envejecieron Amaron Vivieron y Murieron junto a ti
(Escrita en Santa Rosa-Beni, 1990)

6.- Los desafíos de la “Nación camba” En el apartado 4 y 5, hemos presentado los fundamentos históricos, culturales y étnicos de la “Nación camba”. Por sí mismos forman, configuran y dan existencia real e irrefutable a esta Nación del Oriente boliviano. Sin embargo, la “Nación camba” tiene aún un conjunto y una serie de desafíos para seguir consolidando su existencia y fortaleza en lo que hoy se llama la Bolivia pluricultural, plurilingüe y en lo que será, más temprano que nunca, plurinacional. Esos desafíos, por de pronto, los vemos en los siguientes campos: a) El autonómico: Es una necesidad ineludible e irrenunciable exigir, luchar y trabajar por la autonomía administrativa-política de la región del Oriente boliviano donde está asentada la “Nación camba”. Nosotros requerimos tener nuestras propias autoridades, elegidas por el pueblo de esta nación. Hasta ahora el centralismo estatal y gubernamental paceño o andino nos ha impuesto autoridades que por lo general responden a los intereses partidarios o a la falsa ideología e idea (nunca realizada) de un Estado-nación boliviano. Abogamos por tener un gobierno regional, con sede en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, para el Oriente boliviano (Santa Cruz, Beni y
usaron, previamente a la cita o la insinuación con la muchacha, la práctica de visitarla de noche en su cama; acción, ésta, que los benianos o cruceños la nombraban como “gatear a la pelada”. Un vecino de mi pueblo, que hizo varios viajes al Acre llevando ganado desde Alto Beni o San Borja, me contó que más de una vez tuvo que gatear muchachas de los ranchos, comunidades, cantones o poblados donde los largos viajes obligaban al descanso.

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Pando), elegido a través de elecciones libres en esta autonomía regional. Obviamente, necesitamos un parlamento regional o local con diputados que representen los intereses de las provincias del Oriente boliviano, y otro porcentaje de ellos que defienda los intereses de la “Nación camba” en un parlamento que podría ser llamado simplemente parlamento boliviano (ya que entendemos que el altiplano y los valles se unirían en algo así como en otra autonomía). El gobernador del Oriente boliviano autónomo debe elegir a las autoridades políticas de los tres departamentos. Asimismo, el oriente boliviano autónomo debe tener su propia guardia o policía regional, independiente de lo que se llama policía nacional. b) El económico: Es una prioridad y necesidad defender ante el centralismo del Estado andinocentrista el destino de los recursos económicos (dinero en divisas y en moneda boliviana) que genera todo el Oriente boliviano. Santa Cruz, Beni y Pando deben quedarse con el 75% de la riqueza en dinero que generan y el 25% deben ir a algo así como un Tesoro General de Bolivia para gastos de unas fuerzas armadas que deben existir fundamentalmente para defender ante el exterior y los países vecinos la soberanía de la nueva Bolivia que queremos para nuestros hijos y nietos. Es una prioridad contar con ese porcentaje de recursos económicos, pues hay un alto índice de pobreza en el Oriente boliviano. Basta por ejemplo mencionar que en el Beni hoy casi el 80% de los cambas benianos sufren algún tipo de pobreza y seguirá así si no cambiamos las cosas o tal como van éstas por culpa del centralismo político y económico estatal andino. Es un insulto y una injusticia humana y social que a la provincia Marbán del Beni, donde más del 90% de su población vive en la pobreza, no se le de más dinero para mejorar el nivel de vida de sus habitantes por el simple criterio de que es una provincia con poca población. En nombre de un criterio demográfico y técnico no se puede mantener en la ignorancia, el analfabetismo, la pobreza material...a muchos cambas del Oriente boliviano. c) El educativo: Es un desafío principal, en el marco de la Ley de Reforma Educativa (por cierto lo permite), a través de la escuela y la enseñanza media y superior, impartir contenidos que tengan que ver también con la historia, la literatura, el arte (pintura, escultura...), las culturas originarias y la cultura camba del Oriente boliviano. Hasta ahora aquel Estado andinocéntrico, a través de la escuela y la educación, difundió la cultura y la ciencia europea y contenidos que tienen que ver con la cultura andina (Quechua y Aymara), sin respetar al pueblo camba su derecho a mantener, integrar, conocer y vivir la cultura del Oriente boliviano (cultura mestiza deudora de las culturas originarias). El hecho de regionalizar la escuela y la educación, no significa que debemos cerrarnos a la ciencia y la cultura europea (occidental), o desconocer la cultura andina. Pues, se trata de que las futuras generaciones de la “Nación camba” sean seres humanos que combinen con inteligencia y sabiduría el universalismo y el particularismo. Sólo esto les hará también más tolerantes, respetuosos y abiertos a las diferencias. A inicios del siglo XXI, la regionalización de la escuela y educación en el Oriente boliviano cuenta ya con suficiente literatura en el campo de la historia, la literatura, la música, el teatro, el medio ambiente, la geografía, etc. para incluirla como textos oficiales en el currículum de las escuelas del Oriente boliviano.24 d) El urbanístico: Es importante que los gobiernos municipales de las ciudades y las provincias trabajen e inviertan recursos económicos en el pavimento de calles, alcantarillado, agua potable, plazas, parques de recreación y expansión, aspectos éstos que en la mayoría de las ciudades grandes e intermedias y en los pueblos del Oriente boliviano falta mucho ya que los gobiernos andinos, como hemos visto, poco se
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Recomendamos leer el epílogo de esta libro: “Bibliografía para la educación en el Oriente boliviano”.

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ocuparon por mejorar la calidad de vida de los cambas. Y en esto es fundamental que, por ejemplo, en la construcción de viviendas y edificios existan leyes municipales que exijan la conservación de la arquitectura colonial, combinada con arquitectura moderna y postmoderna. En la construcción tradicional de viviendas en el oriente boliviano, por el clima tropical, ha sido una característica, por ejemplo, hacerlas con cuartos grandes, espaciosos; varias ventanas grandes que aseguren una buena ventilación, aceras para evitar la humedad en las paredes, etc. Pensamos que algunos de estos rasgos no deberían desaparecer de las casas, por más moderna que sea la arquitectura con las que se diseñen. La estructura cuadrada o rectangular de las manzanas de los pueblos o ciudades intermedias es otro aspecto urbanístico que se debe cuidar y proteger. No queremos pueblos o ciudades sin orden y caóticas, sin pie ni cabeza. e) En lo social: Debe primar la justicia y equidad social y económica. Esta hay que fomentarla a través de políticas educativas, de salud y culturales que vayan en beneficio de todos los cambas y los amigos (extranjeros) que quieren sumarse a esta realidad y desafíos. Debemos trabajar por una educación de calidad a nivel inicial, escolar, media y superior. Con profesores que tengan nivel de licenciatura y más grados en lo posible. Las universidades consolidadas en el Oriente boliviano deben mejorar su calidad en la formación y profesionalización de los recursos humanos. Estos deben estar altamente capacitados para dirigir empresas, trabajar en la administración pública regional, administrar la justicia ordinaria y judicial, negociar en el exterior... Si es necesario, deben incentivar e implementar más programas de postgrado. Y si requerimos recursos mejor capacitados para enseñar en estos programas, el gobierno regional y las alcaldías, con la ayuda de algunos países amigos, deben crear un fondo para enviar a profesionales a que saquen títulos de maestrías y doctorados para que volviendo al Oriente boliviano trabajen dentro de la formación y capacitación de profesionales a nivel de postgrados. Se debe velar no sólo por la salud física sino también mental pública y privada de la población del Oriente boliviano. Hay que dar igualdad de oportunidades a mujeres y varones en las escuelas, las universidades, la empresa, el comercio, el negocio, el deporte, la música, el arte, la ciencia, etc. La formación y estabilidad de la familia debe ser una prioridad pero bajo el principio de la responsabilidad y la libertad. Hay que aceptar, en el marco del respeto y la tolerancia religiosa, matrimonios religiosos (católicos, cristianos), pero también civiles y parejas por libre decisión de convivencia mutua (concubinatos). No se puede discriminar ni marginar a los homosexuales. Estos deben tener los mismos derechos al trabajo, la educación, la salud, la familia que todos los demás. f) En lo cultural: Necesitamos defender, difundir y consolidar la cultura camba, es decir, las tradiciones, costumbres sociales y culinarias, la música, la literatura, las danzas, las fiestas, etc. del Oriente boliviano, sin fanatismos ni etnocentrismos. Porque no se trata de caer en las actitudes de la cultura andina, pues hasta ahora han pensado que Bolivia, a nivel cultural, era sólo la cultura de los Quechuas, Aymaras, Urus... Nosotros debemos ser portadores de nuestra cultura camba, pero en el marco del respeto, la tolerancia, la crítica y autocrítica. g) En lo individual: El hecho de que la “Nación camba” o sus miembros tengan una conciencia colectiva, o forme una comunidad de seres humanos y personas, no significa que cada uno de los cambas pierda su libertad, individualidad, su propia sicología, su capacidad de diálogo, su vocación democrática, su autonomía moral, sus propias aspiraciones y convicciones en un marco de respeto a las ideas de los demás y de la misma Nación.

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Conclusiones i) Debe y tiene que quedar claro que los “cambas” son la gente y personas (criollos, mestizos y originarios) que han nacido y habitan el Oriente boliviano (es decir, la geografía de las regiones de Santa Cruz, Beni y Pando), pero, sobre todo, que son portadores de algún rasgo o aspecto de la cultura camba. Esta cultura ha sido desarrollada y mantenida por el pueblo camba a través de su historia, constituyéndose en el pilar fundamental de la identidad y modo de ser de los cambas cruceños, benianos y pandinos de ayer y de hoy. ii) También debe quedar fuera de duda que la palabra “camba” ha cambiado en su significado desde fines del siglo XVII hasta el presente. Si primero se refería al nombre de un originario o al de una parcialidad étnica, y después, durante el siglo XIX y gran parte del XX, a todo originario que particularmente vivía en las ex reducciones y pueblos fundados por los cruceños y benianos, o a los que trabajaban como mozos en las haciendas de los criollos y mestizos, ya durante la segunda mitad del siglo XX denota a la gente del Oriente boliviano portadora de una historia, una cultura y un modo de ser propio y distinto a la gente del mundo andino boliviano (sean criollos, cholos u originarios quechuas, aymaras, urus...), o sea, contemporáneamente, significa no-colla, pero también, quiere decir “amigo”. iii) Los cambas tienen su propia historia y cultura. Pero no fueron tomados en cuenta ni reconocidos muchos menos respetados por el Estado republicano andinocéntrico durante más de 135 años desde su fundación como Estado de Bolivia. En nombre de la idea política de convertirlo en un Estado-nación unitario, por medio de la administración pública, la educación, las instituciones políticas y otros sistemas ha difundido la imagen (por supuesto sesgada) de un país andino, con gente de ponchos, chulos y polleras. Pero algo peor: ese Estado desde 1825 se fue beneficiando de la riqueza del Oriente boliviano, sin embargo no le retribuyó dicho aporte en educación, salud, vivienda, es decir, en desarrollo económico y social. A consecuencia de esta injusticia histórica es que muchos cambas actualmente viven en la pobreza material, pues nuestros pueblos del Oriente boliviano no cuentan con calles pavimentadas, alcantarillados, electricidad, vías de comunicación terrestre, agua potable... Aquel Estado andinocentrista, en nombre de una siempre cuestionada legitimidad, sobre todo en estos últimos cuarenta años, ha sostenido que las tierras y territorios de los originarios, así como las tierras conquistadas y pobladas por los cruceños, benianos y pandinos son de su propiedad, para de esta forma, repartirlas, sobre todo, a los quechuas, aymaras, cholos y mestizos del altiplano y los valles, dejando a los propios cambas sin tierras ni territorio, es decir, ha provocado en estos años más pobreza socioeconómica y, por tanto, espiritual (educativa) en el oriente boliviano. iv) Pero en estos últimas dos décadas, a consecuencia de un proceso de concientización y desarrollo económico regional (sobre todo de Santa Cruz), los cambas nos hemos dado cuenta que formamos una Nación, llamada la “Nación camba”. Esta nación, como hemos visto, tiene sus fundamentos históricos (tenemos una historia propia), culturales (tenemos unas costumbres, tradiciones, nuestra música, danzas, comidas, etc.) y étnicos (somos más mestizos-criollos, pero orgullosos de contar con pueblos originarios que han aportado biológica y culturalmente para que se forme el pueblo o la “Comunidad camba”. v) Ojo: esta “Nación camba” no pretende constituirse en otra república o Estado-nación libre y soberana. No se trata nada de eso. Sí se plantea ser no sólo una cultura más dentro de la 33

Bolivia de hoy sino también una Nación con autonomía administrativa, económica, educativa y política para trabajar directamente por el desarrollo y progreso material, tecnológico, social, cultural y humano de la gente y personas cambas, ya que hasta ahora aquel Estado no lo hizo en serio ni con honestidad ni equidad. Para esto, la “Nación camba” debe contar con su propio gobierno local o regional cuya sede o capital debe ser la ciudad de Santa Cruz de la Sierra; gobierno elegido a través de elecciones libres a nivel del Oriente boliviano. Esto exige la creación de un parlamento regional que represente a todas las provincias de Santa Cruz, Beni y Pando. Exige también tener una propia policía regional que vele por el orden público. vi) Sólo cuando consigamos este tipo de autonomía, que debe ser nuestro primer desafío ineludible e irrenunciable, podremos enfrentar por nosotros mismos y con la ayuda de países amigos y gentes de buena voluntad, los desafíos de desarrollo económico, de una mejor calidad y excelencia en la educación pública y privada que tome en cuenta también contenidos de la cultura camba, desarrollo urbanístico, etc. vii) Finalmente, el hecho de que el término “camba” signifique hoy “amigo” implica que es inclusivo y abierto. Porque hoy son también cambas los hijos de emigrantes que se han integrado y asumido conscientemente o no rasgos o elementos esenciales de la cultura camba.

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Bibliografía Coimbra, Juan B. 1995: Siringa. Memorias de un colonizador del Beni. La Paz-Bolivia, Ed. “Juventud”. Albó, Xavier / Joseph M. Barnadas 1995: La cara india y campesina de nuestra historia. La Paz-Bolivia, Reforma Educativa – Secretaría Nacional de Educación, 4ª. ed. René-Moreno, Gabriel 1973: Catálogo del Archivo de Mojos y Chiquitos. La Paz-Bolivia, Ed. “Juventud”. Roca, José Luis 2001: Economía y Sociedad en el Oriente Boliviano (siglos XVI – XX). Santa Cruz, Cotas Ltda. / Ed. Oriente S.A. Sanabria Fernández, Hernando 1984: Ñuflo de Chávez, el caballero andante de la selva. La Paz, “Juventud”. Sanabria Fernández, Hernando 1975: Crónica sumaria de los gobernadores de Santa Cruz, 1560-1810. La Paz, “Juventud”. Sanabria Fernández, Hernando 1988: Breve historia de Santa Cruz. La Paz,”Juventud”, 3ª. ed. Sanabria Fernández, Hernando 1988. En Busca de ElDorado. La Paz, “Juventud”, 4ª. ed. Parejas, Alcides 1976: Historia de Moxos y Chiquitos a fines del siglo XVIII. La Paz, Instituto Boliviano de Cultura. Parejas, Alcides 1979: Historia del oriente boliviano. Siglos XVI y XVII. Santa Cruz, Universidad Gabriel René Monero. Marzal, Manuel M. 1992: La utopía posible. Indios y jesuitas en la América Colonial (15491767). T. I. Brasil, Paraguay y Nuevo Reino. Lima – Perú, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica Boliviana del Perú. Chávez Suárez, José 1944: Historia de Moxos. La Paz-Bolivia, s/e. Finot, Enrique 1978: Historia de la conquista del oriente boliviano. La Paz-Bolivia, Ed. “Juventud” Eder, Francisco. Ca. 1772 1985: Breve descripción de las reducciones de Mojos. Cochabamba, trad. y ed. de Joseph M. Barnadas. Altamirano, Diego F. 1979: Historia de la Misión de los Mojos. La Paz-Bolivia, Instituto Boliviano de Cultura. Block, David 1997: La cultura reduccional de los llanos de Mojos. Sucre-Bolivia, Historia Boliviana. Trad. Josep M. Barnadas.

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EPÍLOGO

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BIBLIOGRAFÍA PARA LA EDUCACIÓN EN EL ORIENTE BOLIVIANO Previamente vamos a presentar un esquema general de la historia de la educación en el Oriente boliviano. [1825-1900] i) Desde la creación de Bolivia como república en 1825 hasta fines del siglo XIX (1900) En este periodo la educación o escuela era una tarea más propia de los originarios en cuanto herencia de las reducciones jesuíticas de Mojos y Chiquitos y una preocupación de las autoridades e instituciones regionales o locales como, por ejemplo, de las alcaldías que obtenían los recursos económicos de las donaciones particulares de gente que había amasado fortuna. Casi todos los profesores eran de origen cruceño, aunque en las ex reducciones trabajaban como maestros algunos originarios que habían conservado la habilidad para hacer ciertas labores como el tallado de la madera y la interpretación de algunos instrumentos musicales como el violín. En consecuencia, hasta fines del siglo XIX las escuelas del Oriente boliviano funcionaban prácticamente sin el aporte del erario del mal llamado Estado boliviano, ya que en realidad era un Estado de y para el altiplano. En esa escuela los hijos de criollos, mestizos e indígenas chiquitanos, mojeños...aprendían a leer y escribir y se educaban sin discriminación social o étnica. Los contenidos que se enseñaban y aprendían correspondían, sobre todo, a la sociedad y cultura occidental europea. Se enseñaba en lengua castellana. Los niños / as aprendían y los profesores cambas eran consagrados en sus labores. De esto deducimos que ni la administración escolar ni los profesores fueron influidos por la política de grupos o amigos como la que se practicaba en esos años en los andes bolivianos. Así, para fines del siglo XIX, Coimbra (1995: 79), que recorrió gran parte del Beni, observaba: “Un capítulo de cultura que es necesario exaltar a despecho de las miserias actuales, es el que se refiere a la instrucción pública. No había sitio en que no hubiera una buena escuela de ambos sexos pagada por las municipalidades, y bajo la regencia de maestros consagrados como los sacerdotes a sus deberes. Anualmente centenares de niños salían alfabetizados y –lo que es mejor– educados. Estos establecimientos que nada costaban al erario de la Nación (léase al Estado andinocéntrico –los paréntesis son nuestros), reunían fraternalmente alumnos de raza blanca con indios natos, sentándose a veces en el mismo banco el hijo del patrón con el del mayordomo y vaquerizo. Y en más de una oportunidad, hemos visto, complacidos, el vivo aprecio que se manifestaban personas de edad y de distinta condición social, que se decían ‘de la misma lechigada’ [sic.]...” Un dato importante más, sólo a título de ejemplo, en la década de los 90 del siglo XIX en la comarca o poblado llamado San Pablo, fundado en el bajo río Beni por el ya acaudalado cauchero cruceño Nicanor Gonzalo Salvatierra, el escritor Ciro Bayo, además de desempeñar las funciones de secretario, hizo las veces de maestro de la escuela local a petición de Salvatierra (Sanabria 1988: 62-63). [1900-1956] ii) Desde comienzo del siglo XX hasta la Reforma Educativa de 1956

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La finalización de la explotación de la quina (chinchona officinnalis) o cascarilla hacia 1872 y del auge de la explotación de la goma (caucho) en el noreste del actual departamento del Beni hacia 1920 que significó la desaparición de las actividades económicas que daban grandes beneficios, junto con el interés del Estado boliviano de educar a la población después del descalabro de la Guerra del Pacífico, llevó y obligó a que la escuela en el oriente boliviano sea paulatinamente administrada y financiada por el Estado. Empero no fue para mejorarla sino para empeorarla en su calidad. Se seguía enseñando y aprendiendo contenidos de la sociedad o cultura occidental europea. La mayoría de los profesores seguían siendo de la región, pero insuficientemente remunerados. Las alcaldías y personas caritativas y autoridades nativas de la región fueron perdiendo interés por la vigencia de la escuela. Pero sin embargo, a pesar de todos los problemas, la sociedad camba no descuidó la educación escolar. Es por esto que, por ejemplo, a fines de siglo XX Santa Cruz y el Beni tienen menos analfabetos que La Paz o Cochabamba. Para las décadas del 20 y 30 del siglo pasado, el mismo Coimbra (1995: 79) al momento de escribir sus memorias (esto es, la novela histórica Siringa) se lamenta de “las miserias” de la educación pública en el Oriente boliviano ya en manos de aquel Estado andino. [1956-1995] iii) Desde la Reforma Educativa de 1956 hasta la Reforma Educativa de 1995 En 1956, después del descalabro de la Guerra del Chaco y de la Revolución Nacional del 52, bajo el lema político de modernizar el Estado boliviano y de crear un Estado-nación unitario y una burguesía nacional bajo la ideología del Nacionalismo Revolucionario a la cabeza del partido MNR y otros que le secundaron entonces, se hace la primera reforma educativa contemporáneo, pero con la andinización de los textos escolares incluida la formación de los profesores. Los programas y textos del currículum, con predominio de contenidos europeizados y andinos se impusieron a todas las regiones del país, como en el caso del Oriente boliviano, sin importar ni respetar la cultura y la sociedad camba. Es por eso que incluso profesores cruceños, benianos y pandinos desconocen el contexto histórico, social y cultural del oriente boliviano, por un lado, y casi todos los profesores de cívica, ciencias sociales, historia, literatura...que provienen del interior (Chuquisaca, Cochabamba, Oruro, La Paz), desconocen casi completamente la realidad del Oriente boliviano, es decir, su historia, tradiciones, idiosincrasia, geografía, etc. y les cuesta salir del paradigma andino, o sea, no son muy propensos a respetar, tolerar, fomentar y preservar la cultura camba a través de la escuela introduciendo, adaptando y contextualizando los contenidos de los planes y programas aun cuando se venga trabajando bajo el marco de la Reforma Educativa promulgada en 1995. [1995 - ... ] iv) Desde 1995 hasta el presente Si aceptamos que la Ley No. 1565 de la Reforma Educativa tiene como fin básico buscar el desarrollo sostenido y la modernización de Bolivia a través de la escuela y educación en el marco del respeto, tolerancia y fomento a las culturas de las regiones y subregiones, entonces tendrían que tomar carta en el asunto las autoridades ediles, políticas, educativas y maestros /as, en este caso del Oriente boliviano, para exigir que se trabaje con mucha honestidad, conciencia y respeto a la cultura camba, ya que aquel desarrollo depende de la contribución 39

dinámica, positiva, acertada y adecuada de cada una de las culturas y regiones de Bolivia: la zona andina, la chaqueña y la del Oriente boliviano. En este sentido, con el afán de facilitar la importancia de ubicarnos mejor dónde estamos enseñando y de mejorar la educación en el oriente boliviano a través de la regionalización o contextualización de los contenidos es que hemos preparado también esta compilación bibliográfica de libros y textos que tienen que ver con la historia y cultura camba de la Bolivia pluricultural y plurilingüe. Pensamos que la literatura que a continuación presentamos recoge, expresa, habla y dice de la historia, las costumbres, tradiciones, idiosincrasia, ideas y pensamientos de los cambas cruceños, benianos y pandinos. Esta bibliografía la hemos clasificado según los temas y/o materias, es decir, según los contenidos que deberían estar presentes en las escuelas del Oriente boliviano. a) En relación a la “historia” del Oriente boliviano Un pueblo sin historia no sabe cómo corregir y orientar sus acciones del presente y, por ende, no sabrá a dónde dirigirse con firmeza, coraje y esperanza. Como ya vimos en el ensayo, el pueblo camba tiene su propia historia. Pero no ha tenido la oportunidad de conocerla y estudiarla para reflexionarla y criticarla a consecuencia de la implementación e imposición de un currículum andinizado. Ahora los hijos de la comunidad camba desde la educación en las escuelas y colegios, e inclusive en las universidades de la región, tienen que estudiar estos textos que mencionamos a continuación: Hernando Sanabria F. Ñuflo de Chávez. El caballero andante de la selva (La Paz, “Juventud”, 1984) Hernando Sanabria F. Crónica sumaria de los gobernadores de Santa Cruz, 1560-1810 (La Paz, “Juventud”, 1975) Hernando Sanabria F. En busca de Eldorado (La Paz, “Juventud”, 4ª. ed., 1988) Hernando Sanabria F. Cañoto (La Paz, “Juventud”, 4ª. ed., 1981) Hernando Sanabria F. Breve Historia de Santa Cruz (La Paz, “Juventud”, 3ra. ed., 1979) Gabriel René-Moreno. Catálogo del Archivo de Mojos y Chiquitos (La Paz, “Juventud”, 1973) [Leer principalmente las dos introducción] Enrique Finot. Historia de la conquista del oriente boliviano (La Paz, “Juventud”, 1978) Manuel Limpias Saucedo. Los gobernadores de Mojos Salesiana 1942). (La Paz, Escuela Tipográfica

José Chávez Suárez. Historia de Moxos (La Paz, s/e, 2ª. ed., 1944) 40

Alcides Parejas. Historia del oriente boliviano. Siglos XVI y XVII (Santa Cruz, Universidad Gabriel René-Moreno, 1979) Alcides Parejas. Historia de Mojos y Chiquitos a fines del siglo XVIII (La Paz, Instituto Boliviano de Cultura, 1976) Humberto Vásquez Machicado / José Vásquez Machicado. Obras completas. Tomo I-VII (La Paz, Talleres de Artes Gráficas “Don Bosco”) Antonio Carvalho Urey. Del ignorado Mojos (Trinidad-Bolivia, Ed. Serrano, 1978) José Luis Roca. Economía y Sociedad en el oriente boliviano. Siglo XVI-XX (Santa Cruz, Cotas Ltda. / Ed. Oriente S. A., 2001) Tony Nazario G. Por la ruta de los pioneros de la llanura (Santa Cruz, 2000) Orlando Arauz Aguilera. Colonización del territorio de Ñuflo de Chávez (Santa Cruz, Ed. Santa Cruz, 2001) Carlos Valverde Barbery. La Nación de la llanura (Santa Cruz, Imprenta Landívar, 1996) Emilio Durán Ribera y Guillermo Pinkert J. La revolución igualitaria de Andrés Ibáñez (Santa Cruz, Imprenta U.A.G.R.M., 1988) Guillermo Pinkert Justiniano. Historia de Santa Cruz. Tomo I, II, III, IV y V (Santa Cruz, Ed. Universitaria, 1991, 1993, 1995, 1997 y 1999) Avelino Peredo C. Historia de la instrucción pública y privada de Santa Cruz (Santa Cruz, Ed. Oriente, 1985) Jorge Bendek Telchi. Desarrollo demográfico de Santa Cruz (Santa Cruz, UPSA, 2001) Loreto Correa Vera (comp.). Santa Cruz en el siglo XIX (Santa Cruz, Ed. Universitaria, 1997) Freddy Oviedo Quiroz (editor). Santa Cruz de la Sierra. Ciudad íntima (Santa Cruz, Fondo Editorial del Gobierno Municipal, 2002) [Véase “Historia”, p. 13-40] Nota: Prácticamente todos estos libros u obras de historia han sido escritos por historiadores y académicos del Oriente boliviano. Varios de ellos requieren ser adaptados para introducirlos como textos en la malla curricular de la escuela en Santa Cruz, Beni y Pando. * Es más, para que los maestros y estudiantes de secundaria, y también de los Institutos Normales Superiores y las universidades del Oriente boliviano, profundicen en algunas épocas o periodos históricos, así como en diversos aspectos histórico-culturales de nuestra región, podemos recomendar las obras siguientes: Francisco Eder. Breve descripción de las reducciones de Mojos (Cochabamba, trad. y ed. de Joseph M. Barnadas, 1985)

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Diego Altamirano. Historia de la misión de los Mojos (La Paz, Instituto Boliviano de Cultura, 2ª. ed., 1979) Hernando Sanabria Fernández. “Los Chané. Apuntes para el estudio de una incipiente cultura aborigen prehispánica en el oriente boliviano” (en Boletín de la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz, Año XXI, No. 29 y 30, Noviembre, 1948, 56-96). Bärbel Freyer. Los Chiquitanos (Santa Cruz de la Sierra, APCOB, 2000) David Block. La cultura reduccional de los llanos de Mojos (Sucre, Historia de Bolivia, 1997) William M. Denevan. La geografía cultural aborígen de los llanos de Mojos (La Paz, “Juventud”, 1980) Wener Hoffmann. Las misiones jesuíticas entre los chiquitanos (Buenos Aires, s/e., 1979) Francisco Pifarré. Historia de un pueblo. Los guaraní-chiriguano. Vol. 1 y 2 (La Paz, CIPCA, 1989) Gustavo Pinto Mosqueira, La cultura de los Mojo del Beni-Bolivia (fines del siglo XVII y primera mitad del siglo XVIII) (Cochabamba, ICALA-UCB, 2002) Mariano Baptista Gumucio. Una utopía cristiana en el oriente boliviano. Historia de las misiones jesuíticas de Moxos y Chiquitos (La Paz, Ed. “Garza Azul”, 2003) b) En relación a lo étnico en el Oriente boliviano Aquí, más con fines analíticos, debemos distinguir dos tipos de bibliografía u obras: una, la que trata de los pueblos originarios y dos, aquella que estudia la composición etnográfica criollo-mestiza que, por otro lado, ha sido influida por aquellos pueblos a pesar de ser más portadora de rasgos biológicos y culturales de tipo ibérico. Por lo demás, este segundo tipo de fuentes bibliográficas aún es muy escasa y no muy específica. Muchas de ellas hablan de lo étnico criollo-mestizo de manera indirecta o en forma breve. Sin embargo, a pesar de esta limitación, estos libros aportan algunos datos valiosos para entender este tema en el Oriente boliviano. * En relación a los pueblos originarios cambas, a parte de aquellos que hemos mencionado arriba en el campo histórico-cultural, podemos mencionar estos otros libros: Alvaro Díez Astete / David Murillo. Pueblos indígenas de las tierras bajas. Características principales (La Paz, M.D.D.P – Viceministerio de Asuntos Indígenas y Pueblos Originarios / Programa Indígena PNUD, 1998) Jürgen Riester. En busca de la Loma Santa (Cochabamba, Los Amigos del Libro, 1976) Xavier Albó. Para comprender las culturas rurales de Bolivia (La Paz, CIPCA/UNICEF, 1989) [Véase las págs. 159-232] Xavier Albó. Los guaraní-chiriguano. La comunidad hoy (La Paz, CIPCA, 1990) 42

Ángel García Pérez. Pueblo indígena cavineño (La Paz, M.D.S. y P – Viceministerio de Asuntos Indígenas y Pueblos originarios / Programa Indígena PNUD, 1998) R. Ellis / Gonzalo Aráuz. Pueblo indígena Tsimane [Chiman] (La Paz, M.D.S.P – Viceministerio de Asuntos Indígenas y Pueblos Originarios / Programa Indígena PNUD, 1989) J. Shomarker / N. Shomaker / D. Arnold. Migraciones de los Esse Ejja (Riberalta, Instituto Lingüístico de Verano, 1975) Nota: Existen otros estudios monográficos sobre los Baures, los Reyesanos o Maropas, los Guarayos, etc. que se han publicado en esta última década. Los centros donde podemos ubicarlos en el Oriente boliviano son: APCOB y CIDOB en Santa Cruz de la Sierra y CIDDBENI en Trinidad. * En relación a los criollo-mestizos cambas podemos citar estas obras: Alcides D’ Orbigny. Descripción geográfica, histórica y estadística de Bolivia. T. I. (París, Librería de los Señores Gide y Compañía, 1945) Alcides D’ Orbigny. Viaje por tierras cruceñas (Santa Cruz, Centro de Publicaciones UPSA, 1999) Gabriel René-Moreno. Catálogo del archivo de Mojos y Chiquitos (La Paz, “juventud”, 1974) [Leer principalmente la Introducción al archivo de Chiquitos] Fidel G. Castillo. Chimanes, cambas y collas. Relaciones interétnicas en las tierras bajas del Beni (La Paz, Ed. Don Bosco, 1988) Carlos Soria. Esperanzas y realidades. Colonización en Santa Cruz (La Paz, CIPCA, 1996) Juan B. Coimbra. Siringa. Memorias de un colonizador del Beni (La Paz, “Juventud”, 1995) Francis de Castelnau. En el corazón de América del Sur (1843-1847) (La Paz, Amigos del Libro, 2001) Javier Mendez V. “El mestizaje en Santa Cruz empezó con los conquistadores” (en Suplemento Aniversario. Fundación de Santa Cruz de la Sierra. El Deber, Santa Cruz, miércoles 26 de febrero de 2003) Nota: En relación con estas obras y textos que citamos aquí debemos hacer la aclaración siguiente: Excepto el último texto mencionado, que es un artículo académico escrito para el periódico El Deber, los otros no tratan específicamente el tema de lo étnico en el Oriente boliviano, sólo lo mencionan a veces de pasada y otras le dedican algunos párrafos más. Pero lo que dicen dan pautas para entender y comprender ayer y hoy la composición étnica o lo etnicocultural en Santa Cruz y en general en el Oriente boliviano. En efecto, el libro de Castillo, aunque trata el tema de las relaciones interétnicas en la provincia Ballivián del Beni, concretamente en San Borja y jurisdicción municipal, la información que proporciona permite entender a los cambas, es decir, su ascendencia étnica, sean criollos, mestizos u originarios, 43

así como su comportamiento social y cultural. Por esto es recomendable leer estas obras con el criterio de comprender también lo étnico y lo cultural en el Oriente boliviano.

* En relación a la identidad etnocultural del camba (cruceño) Ldwight B. Heabt. “Los cambas: Un pueblo emergente” (en Ángel Sandoval R. (ed.), Marcador de rumbo en la vida cruceña, Santa Cruz, Boletín de la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos, No. 52, Santa Cruz, 2000) Allyn Maclean Stearman. Camba y Colla. Migración y desarrollo en Santa Cruz, Bolivia (La Paz, “Juventud”, 1987) Anders Bergholdt. Cambas y Collas. Un estudio sobre la identidad cultural en Santa Cruz de la Sierra. Bolivia (Copenhague-Dinamarca, Centro de Estudios Latinoamericanos, 1999) Carlos Dabdoub A. “La Nación camba”, p. 163-190, en La sociedad civil y el Estado boliviano: crisis y posibles soluciones (La Paz, AIPE, 2001) Paula Peña Hasbún (coord.). La permanente construcción de lo cruceño. Un estudio sobre la identidad en Santa Cruz de la Sierra (La Paz, Fundación PIEB / Santa Cruz-CEDURE / FACULTAD de HUMANIDADES de la UAGRM, 2003) Nota: En esta última obra se mencionan varias fuentes relativas a la historia de Santa Cruz y del Oriente boliviano, así como referidas a otros aspectos como, por ejemplo, el cultural. Recomendamos revisar su bibliografía , págs. 145-155. c) En relación a la cultura camba Por cultura entendemos aquí todo lo que los cambas (crueceños, benianos y pandinos, sean estos más criollos, mestizos u originarios) han cultivado o creado en el campo particularmente literario o artístico (poesías, cuentos, leyendas, música y danzas). Sin duda es mucho lo que hasta ahora se tiene producido, aunque nunca es suficiente. Por otro lado, acá tampoco podríamos realizar una recopilación completa, porque no estamos en condiciones de hacerlo. Además, el hecho de que no aparezcan algunas obras no quiere decir que carezcan de valor, o el que no mencionemos otros campos como la escultura o la pintura no significa que los excluyamos. Por ejemplo, las obras de Lorgio Vaca son de mucha importancia para el acervo cultural de Santa Cruz. Por ahora, sólo indicaremos las obras que hemos tenido la ocasión de leerlas o identificarlas porque están más a manos. i) En el aspecto de la cultura camba en general, destacamos estas obras: Fernando Prado (direc. y coord..). Los cruceños y la cultura (Santa Cruz, Casa de la Cultura, 1990)

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Hernando Sanabria Fernández. Panorama cultural del oriente boliviano (Santa Cruz, Publicaciones Selectas de El Mundo, 1986, 3-46) ii) En el género de la poesía estas obras: Fabián Vaca Chávez. Para Ellas (La Paz, 1912) Pedro Rivero (comp.). Las 100 mejores poesías de Gustavo Adolfo Vaca. (Santa Cruz, Nuevo Mundo / Diario El Deber, 1984) Hernando Sanabria Fernández. Pebetero. Poemas en prosa de Gabriel Burgos (Santa Cruz, Imp. y Encuadernación Emilia, 1948) [Gabriel Burgos es el seudónimo de Hernando Sanabria en esta obra] Pedro Shimose. Riberalta y otros poemas (Madrid, El País, 2003) Germán Coimbra Sanz. Mientras tanto... (Santa Cruz-Bolivia, Impr. Jiménez, 2002) Sociedad de Escritores de Bolivia. Antología de la poesía viva en Bolivia (Oruro-Bolivia, Latinas Editores, 2001) [Véase las poesías, con sus respectivos autores, referidas a la realidad del Beni, p. 17-72, de Pando, p. 238-239 y de Santa Cruz, p. 268-301] Freddy Oviedo Quiroz (editor). Santa Cruz de la Sierra. Ciudad íntima (Santa Cruz, Fondo Editorial del Gobierno Municipal, 2002) [Véase “poesía”, p. 43-59] iii) En el de cuentos y leyendas estas: Camarlinhi. Leyendas y cuentos del trópico boliviano (La Paz, Reforma Educativa / SNE, 1996) Wilson Yabeta Melgar. Cuentos. Tajibo y Jarajorechi (Trinidad-Beni, Zavala (editor), 2000) Tony Nazario. Portachuelo. Cuentos y leyendas (Santa Cruz, Industrias Gráficas Sirena Color, 1999) Hernando Sanabria F. “Cap. XIV. Leyendario.- El guajojó. El jichi de Torno Largo. El San Miguel de la inundación. El batelón de la otra vida. La sicurí del río Ivon. El dragón del lago Rogaguado. El siringuero fantasma” (en En busca de El Dorado. La Paz, “Juventud”, 1988) Hernando Sanabria Fernández. Tradiciones, leyendas y casos de Santa Cruz de la Sierra (La Paz, “Juventud”, 2ª. ed., 1994) Germán Coimbra Sanz. Bajo la luna menguante. Cuentos. (Santa Cruz de la Sierra-Bolivia, 2001) Germán Coimbra Sanz. Relatos mitológicos (Santa Cruz, UPSA, 1985) Becerra Casanova Rogers. Lecciones para estudiantes (Santa Cruz, Ed. Oriente, 2002) Susana Hurtado de Barrero. Cuentos y leyendas de Santa Cruz de Antaño (Santa Cruz, 2003) 45

Hogiers Parejas Añez. De mi tierra camba. Ocurrencias cruceñas. Notas anecdóticas (Santa Cruz, Ap. Industrias Gráficas, 2002) Freddy Oviedo Quiroz (editor). Santa Cruz de la Sierra. Ciudad íntima (Santa Cruz, Fondo Editorial del Gobierno Municipal, 2002) [Véase “Cuento”, p. 131-156] Aure Terán Bazán 2003. “Geografía, historia, tradiciones y leyendas cruceñas”, p. 140-182, en La Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos en su Centenario. Libro – Homenaje. 12 de juilio de 1903 – 12 de julio de 2003 (Santa Cruz, Impreso en Industrias Gráficas SIRENA color, 2003) iv) En el de la novela literaria destacamos estas: Marceliano Montero. Paquito de las salves (Santa Cruz de la Sierra, Biblioteca Cruceña de El Deber / Cotas Ltada, octubre, 2001) Juan B. Coimbra. Siringa. Memorias de un colonizador del Beni (La Paz, “Juventud”, 1995) Víctor Hugo Libera Cortez. Tierra Mojada (Trinidad-Santa Cruz, 2002) Ruber Carvalho. La mitad de la sangre (Santa Cruz de la Sierra, Eds. Mavarú, 3ra. ed., 2000) Raul Botelho Gosalvez. Borrachera verde (La Paz, Eds. ISLA, 4ª. ed., 1974) Alberto Descarpontiez Treu. Amboró. El Misterio del Gran Rostro. Novela (Santa Cruz, Ed. El País, 2002) * Al respecto, existen otras novelas que podríamos considerar para seguir regionalizando la educación en el Oriente boliviano, tales como por ejemplo de Rodolfo Pinto Parada, Arreando desde Mojos; de Víctor Hugo Libera Cortez, Pasto amargo; de Manfredo Kempff, Luna de Locos; de Tony Nazario, La fiesta del Chivo (obra en su fase de corrección y revisión), etc. v) En el de la música estas canciones o composiciones: “Lunita camba” de Percy Avila (interpreta Gladys Moreno) “Vos sos mi dulzor” de Percy Avila (interpreta Arturo Sobenes) “Jumechi” de Godolfredo Núñez (interpretan Hermanas Saldaña) “Viva Santa Cruz” de Gilberto Rojas (interpreta Banda Pan de Arroz) “Mi viejo Santa Cruz” de A. Pinckert / J. René Moreno (interpreta Arminda Alba) “Carnaval Grande” de Alberto Ruiz (interpreta Buri Camba) “El aguilillo” de J. R. Moreno / A. Pinckert (interpreta Enriqueta Ulloa)

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“El pauro” de S. Azogue / H. Sanabria (interpreta Pedro Flores) “Los tauras” de Gilberto Rojas (interpreta Orquesta Aguilera) “Flor de Santa Cruz” de Gilberto Rojas (interpreta el Trío Oriental) “Guajojó” de Percy Avila (interpreta Gladys Moreno) “Ojos negros” de A. Pinckert / J. René Moreno (interpretan Los Panchitos) “Chirapas” de F. Kleeblatt (interpreta Banda Perucho) “En las playas del Beni” de Lola Sierra de M. / J. Aguirre A. (interpretan los Taitas) “Capricho fatal” de Flores / Sanabria (interpreta Hugo Barrancos) “El negocito (Yo tenía mi cafetal)” de Alvaro S. (interpretan Los Cambitas) “Piama” Recop. de Roger Becerra (interpreta el Trío Oriental) “Beni Toro Cerril” de J. E. Villar (interpretan Los Taitas) “Nación Camba” de Aldo Peña / Julio Kempff (interpreta Aldo Peña)

Nota: Hemos seleccionado estas canciones ya clásicas del Oriente boliviano porque de una u otra forma expresan o dicen algún aspecto de la cultura camba en sus tradiciones, costumbres, formas de pensar y de ser. Obviamente, no se trata de enseñar a los niños y jóvenes a escuchar y apreciar solamente los ritmos y la letra, sino también el mensaje de cada canción en cuanto texto que dice algo. Por supuesto, la enseñanza de estas canciones y muchas otras que hemos dejando de lado porque no estamos en condiciones de recopilarlas todas por ahora, mejor si va acompañada también del aprendizaje de danzas del Oriente boliviano en sus diferentes tipos y modalidades. Estas danzas pueden ser ya clásicas y / o contemporáneas. En este acervo de la música del Oriente boliviano, habría que considerar, además, la música de las misiones de Moxos y Chiquitos que, sin ser propiamente o necesariamente creación de los originarios de esas regiones, ya forman parte de la historia de la música en nuestra región oriental. También se podría recopilar las canciones que se han creado en honor a los pueblos y ciudades intermedias orientales. Por ejemplo, en Portachuelo no hace más de dos años que Ronald Vargas (Daidano) compuso la canción “Mi tierra Portachuelo”, que la interpreta en ritmo de chovena María Jesús Paz Suárez. También se puede ver el libro de Hernando Sanabria Fernández “Música Popular de Santa Cruz” (Santa Cruz, UAGRM / Imp. Musical del Inst. José Mercado Aguado, 1964 [Álbum]).

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