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El juego de pelota según
las fuentes escritas
MERCEDES DE LA GARZA
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Cancha del juego de pelota. Los objetos que se apostaban aparecen en las esquinas
superiores. Fray Diego Durán, Histori de ls l1dias •.•, cap. XXill.
En textos de la época colonial, tanto indígenas como españoles,
sobre todo los que se refieren al Altiplano Central, se revela
el rico simbolismo religioso del juego de pelota, así como
las características de su práctica en el siglo XVI.
L
as fentes escritas de la época colonial, junto con el aná­
lisis comparativo de las obras plásticas y arquitectónicas,
nos acercan sin duda al conocimiento del significado del
juego desde el periodo Clásico (De la Garza e Izquierdo, 1980).
LlMITO MEXICA
En la Crónica Mexicáyotl de Fernando de Alvarado Tezozó­
moc (1992, pp. 32-35) se afrma que cuando los aztecas, en su
peregrinación, llegaron a Coatépec, erigieron el templo de Huit­
zilopochtli y los de otros dioses, y fabricaron un cuauhxicalli;
asimismo, se dice que: "Huitzilopochtli planta de inmediato su
juego de pelota -teotlachco- y coloca su 'tzompantli' ".Los
mexicas hicieron entonces una represa y Huitzilopochtli orde­
nó que se sembraran árboles y que nacieran los animales acuá­
ticos. Entonces sus tíos, los centzonhuitznahua, le dijeron que
ahí concluía la misión, ya que Coatépec era el sitio en el que
so 1 ARQUEOLOGÍA MEXlCANA
debían fundar México. Huitziiopocbtli se enojó, se armó para
la guerra, tomó su escudo y a la media noche se enfrentó con
sus tíos en el teotlachco, los mató y se comió sus corazones.
Estaba también a su madre o "a la que había tomado por ma­
dre", Coyolxauhcíhuatl, a quien Huitzilopochtli da muerte de­
capitándola, y se come también su corazón. Enseguida horadó
la represa y de inmediato todo se secó y los animales murieron.
Luego los mexicas continuaron su peregrinación.
Los tíos y la madre del dios solar, identificada con Coatli­
cue, representan las estrellas y la Luna, lo que revela la lucha
del Sol, símbolo de la luz, la racionalidad, lo masculino, con­
tra los seres de la oscuridad, la irracionalidad, lo femenino, que
son la Luna y las estrellas. Esa pugna cotidiana, que se da en el
cielo nocturno, siempre culmina con la victoria del Sol, lo cual
permite la continuación de la vida del cosmos. El mito también
alude al origen del sacrifcio humano por extracción del cora­
zón, que es el alimento de los dioses.
EL MITO MAYA
Entre los mayas se encuentra también, asociado al juego de
plota, el símbolo de la pugna de los seres luminosos con­
ta los seres oscuros, en el mito de Hunahpú e Ixbalanqué
de la cosmogonía quiché contenida en el Popol Vuh. Según
el mito, estos personajes, después de bajar al infamundo a
juga a la pelota con los dioses de la muerte y derrotarlos,
se transforman en el Sol y la Luna de la época actual. A di­
ferencia del mito mexica, en el texto quiché la oposición no
se da entre el Sol y la Luna, sino entre los dioses celestes,
principios luminosos y vitales, y los seres del infamundo,
que simbolizan la oscuridad y la muerte. Este mito tiene ade­
más un sentido iniciático, pues implica la muerte y la trans­
fguración de los dos héroes. En los relieves del juego de pe­
Jota de Copán, Honduras, realizados en el siglo V, la acción
del juego se ubica en el cielo nocturo, en el momento en
que el Sol está en el infamundo; ahí parece haberse repre­
sentado el episodio iniciático de la aparición del Sol y la
Luna del Popol Vuh, vinculado al juego de pelota.
Por ello, podemos decir que en los mitos recogidos en
Jos textos coloniales el juego de pelota tiene un claro sen­
tido astral: representa la pugna de contrarios que hace po­
sible el movimiento del Sol en el cielo. Asimismo, por los
diversos dioses que aparecen en los códices jugando a la
plota, el juego también parece simbolizar el movimiento
de los demás astros. El juego que Jos hombres realizaban
paece haber sido un acto ritual de magia simpática para
propiciar el movimiento de los astros en el cielo y, por tan­
to, la continuación de la existencia del cosmos. El campo
de juego, entonces, representa el cielo; los anillos o mar­
cadores de piedra, los sitios de salida y puesta de los astros
en el horizonte; la pelota, el astro mismo, y el acto del jue­
go, su movimiento (Krickeberg, 1966, p. 222).
RITOS Y CEREMONIAS
Fray Bernardino de Sahagún describe una ceremonia que
Jos mexicas realizaban el último día del mes panquetzaliz­
r|ien el teotlachco de Tenochtitlan, dedicada a Paynal, dios
de las batallas, que fue una advocación de Huitzilopochtli.
La ceremonia se iniciaba con una procesión que tocaba va­
rios sitios de la ciudad, en la cual se transportaba la imagen
del dios y se le depositaba después en el templo de Huitzi­
Jopochtli, en donde el tlatoani hacía una ofrenda. Al ama­
necer del día siguiente, se llevaba la imagen al teotlachco,
con cuatro cautivos de guerra para ser sacrificados, dos a
Amapan y dos a Oappatzan, deidades del juego y de la pe­
lota; luego los arrastraban por el campo, que quedaba en­
sangrentado, y los guerreros hacían una solemne represen­
tación bélica (Sahagún, 1969, vol. 1, pp. 128-210; Códice
Florentino, 1950-1969, vol. m, pp. 133-134). Esta cere­
monia refleja la íntima relación entre el juego y la guerra,
ambos una lucha de contrarios, relación que se muestra en
los relieves de la cancha del juego de pelota de Chichén
ltzá, Yucatán, en donde los jugadores, que practican un sa­
crificio por decapitación, llevan atavíos guerreros. Todo
"


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Los aros de este juego de pelota fueron adornados
con chalchihuites. C6dice Maglibechiono, C. SOr.
El nombre de Tlaxiaco, pueblo mixteco, se representaba con
una cancha para el juego de pelota. C6dice Vaticano A, C. SOr.
Dignatarios sentados en una cancha de juego de pelota.
C6dice Nuttall, p. 3.
fuENTES ESCRITAS / 51
ello, así como la ubicación de los campos de juego en los espa­
cios ceremoniales de las ciudades, expresa que la práctica del
juego tuvo un sentido ritual fundamental, asociado al sacrifi­
cio por decapitación, tal como se representa en El Tajín, Vera­
cruz. La decapitación de Coyolxaubqui y los centzonhuiznahua
por parte de Huitzilopocbtli imboliza claramente este tipo de
sacrificio; la cabeza cortada representa tanto al astro como a la
pelota, vinculados los tres por su forma esférica. Asimismo, el
sacrificio por decapitación tenía un sentido de fertilidad, ya que
la cabeza se asociaba con la mazorca de maíz cortada, como se
expresa en la lápida del Templo de la Cruz
Foliada en Palenque, Chiapas, en donde las
mazorcas se representan como cabezas bu­
manas, y en los relieves de Chicbén Itzá, en
donde del cuello de la víctima surgen seis ser- ¡¡
pientes y una planta, que simbolizan la san- �
O
gre y la fertilidad de la tierra.

tados con símbolos asociados a la guerra y a los astros, y esta­
ban colocados exactamente a los lados de la línea transversal.
Fray Diego Durán (1967, vol. I, p. 207) describe un tlachco de
la capital mexica, cuyos anillos se enlazaban con una imagen
del dios del juego, que tenía cara de mono animal asociado por
lo general a los seres astrales. Además de las canchas situadas
en los recintos ceremoniales, las había también en los mercados
y en los distintos barrios. El juego debió ser muy frecuente en
Tenocbtitlan, ya que en el Códice Mendocino (1964-1967, lám.
XL VIII) se registra que cada seis meses se recibía como tributo
"diez y seis mil pellas de ule", aunque este
material se adquiría también para otros usos.
Los .JUGADORES
Estos relieves, cuyo significado obvia- �
mente se relaciona con el simbolismo men- �
cionado, se han utilizado para afirinar que la �
víctima de dicho acrificio era un jugador, e �
incluso se ha discutido i se sacrificaba al que �
ganaba o al que perdía. Sin embargo, en las �

Entre los nabuas el juego parece haber sido
exclusivamente masculino, aunque fray Bar­
tolomé de las Casas vio partidos entre muje­
res, tal vez en La Española (De las Casas,
1967, vol. II, p. 350). En el siglo XVI, según
las fuentes, el juego ya tenía un carácter pro­
fano y popular, pues no hay mención de que
los sacerdotes realizaran encuentros con ca­
rácter ritual. En los juegos participaban tan­
to pipiltin como macehualtin, ya sea jugan­
do o mirando. Quienes jugaban aprendían la
práctica en el calmécac, ya fueran pipiltin o
fuentes escritas, que describen claramente la
práctica del juego, nunca se dice que se sa­
crificara a un jugador; más bien se refiere que
en algunos de los campos ubicados en las
La cancha del juego de pelota con
las divisiones y colores rituales.
Códice Vaticano B, p. 31.
áreas ceremoniales se efectuaban ritos asociados con la guerra.
LAS CANCHAS
Entre los nabuas la cancha de juego era llamada tlachco, en tan­
to que el acto de jugar se denominaba tlachtli o ullamaliztli
(Sabagún, 1969, vol. II, p. 229). Las fuentes nos dan a conocer
la forma de los campos de juego y el hecho de que todas las
ciudades tenían sus canchas, por lo general en forma de 1, es
decir, cerradas por los cuatro lados. Las estructuras estaban
encaladas y pintadas, y sobre el piso había una línea transversal
de color negro o verde llamada tlécotl, pintada con una hier­
ba de carácter mágico, que dividía la cancha en dos partes. Los
anillos o tlachtemlácatl estaban decorados con relieves o pin-
algunos macehualtin que por sus virtudes eran admitidos en ese
centro de enseñanza (Pomar, 1964-1968, p. 179). Al igual que
en el Clásico maya, los gobemantes nabuas jugaban a la pelota
para hacer alarde de su poder. Es famoso el juego entre Xihuilté­
moc, señor de Xochimilco, y el huey tlatoani Axayácatl, quien al
perder el juego lomandómatar (Ixtlilxócbitl, 1975, voi.I, p.14).
Muchos de los soberanos eran tan aficionados al juego que, ade­
más de entrenar fecuentemente y controlar el uso de las canchas,
tenían sus propios jugadores profesionales, los que eran solicita­
dos por otros señores para organizar grandes espectáculos, que
terminaban con música y danza (Códice Florentino, 1950-1969,
vol. IX, p. 299; Durán, vol. I, p. 206). Sin embargo, la mayoría
de los jugadores profesionales, que jugaban en los mercados, eran
mal vistos, pues se consideraba un vicio el dedicarse al tlachtli.
Hunahpú e Ixbalanqué, héroes míticos mayas, aparecen a la izquierda antes de empezar el juego de pelota contra los señores del Xibalbá.
52/ ARQUEOLO(A MEXICANA
El señor 10 Lagartija y la señora 11 Serpiente se encuentran en un pueblo en donde hay dos canchas para el juego de pelota. C6dice Selde11, p. 3.
TÉCNICAS
En las fuentes escritas también se describen los elementos uti­
lizados en el juego y las técnicas, así como los ritos propiciato­
rios que los jugadores realizaban antes del partido y que esta­
ban dedicados a los dioses del juego. Al comienzo de éste se
acordaba el número de jugadores, cuál sería la pelota con la que
se iniciaría la competencia, a cuántos tantos finalizaría el juego
y cómo se le pegaría a la pelota. Por eso hay diversas versiones
acerca de la práctica del juego. Lo esencial era que la pelota cru­
zara la raya central, y en las muchas variantes en la forma de pe­
garle a la pelota, siempre estaba prohibido hacerlo con los pies
o las manos, salvo en el servicio, que se hacía con la mano. Ha­
bía distintos modos de anotar tantos; como era excepcional pa­
sar la pelota por el aro, cuando esto se lograba se ganaba el jue­
go, y los espectadores debían dar sus capas al ganador, pero ellos
lo evitaban huyendo del campo de juego con gran algarabía.
Además, se apostaban joyas, esclavos, piedras preciosas, man­
tas, aderezos de guerra, mujeres y hasta las esposas y los hijos
(Durán, vol. I, pp. 208-209). No había fechas determinadas para
la realización de los juegos; a veces se llevaban a cabo en las
festividades religiosas.
Todo ello nos muestra un espectáculo profano, lleno de ale­
gría y emoción, lo cual contrasta notablemente con el Iico sim­
bolismo religioso del juego de pelota expresado en los mitos y
en los códices. Hay, así, un "juego de los dioses" y un "juego
de los hombres": el primero, una recreación terrenal de la di­
námica cósmica, y el segundo, una actividad profana. �
Mercedes de la Garza. Dotora en historia por la UNAM. Miembro del Sistema
Nacional de [nvestigadores. Recibió el Premio Universidad Nacional en 1995
y actualmente es directora del Museo Nacional de Antropología.
FUENTES ESCRITAS/ 53

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