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SALMOS
Lamento y alabanza

El libro de los Salmos se trata acerca de relaciones. Se supone que sus lectores están en una relación íntima con Dios. De hecho, el salmo primero sirve como una advertencia para aquellos que inician el libro que sólo aquellos que se deleitan en las palabras de Dios deben seguir leyéndola. Por supuesto, cualquier buena relación requiere comunicación, y el libro de los Salmos es una colección de esas comunicaciones. Una relación tiene altos y bajos, y por eso es que hay salmos de alabanza y salmos de lamentación. El nombre hebreo del libro significa "alabanzas", uno no puede esperar que el libro contenga más lamentos que alabanzas. Pero el movimiento del lamento en algunos salmos individuales, y el movimiento de la obra en su conjunto, va de lamentar a alabar. Cuando volvamos a lo básico y dirigir nuestros pensamientos hacia lo que Dios es y lo que ha hecho por nosotros, siempre vamos a terminar, con el tiempo, en la alabanza. Tema del libro Dios, el Gran Rey provee las palabras de lamento y alabanza que sean respuestas apropiadas para él.

Los Salmos no solamente contienen profundas verdades teológicas, sino que también verdades en su realización más vital y vibrante en una relación viva con Dios, fuente de la verdad. Es interesante observar que a través de los salmos, Dios se comunica con nosotros, no sólo en el plano cognitivo, sino también a nivel emocional. El nos ha creado como seres multifacéticos, y habla a todas las facetas de sus creaciones humanas, incluidas las partes emocionales. Es tranquilizador asomarse furtivamente en las emociones del pueblo de Dios del pasado y encontrar nuestras propias emociones reflejadas en ellas. Nos encontramos con la frustración (43:2), la depresión (6:3), la ira (101:3), sentimientos de angustia y tristeza (13:1-2), así como los sentimientos de gozo (33:3) y la confianza (25:1). Y estamos seguros de que en el contexto de nuestra relación con el Dios y gran Rey, es bueno tener esos sentimientos. No importa cómo y ni lo que estamos sintiendo, podemos decirle a Dios sobre nuestros sentimientos, de hecho, él quiere que le digamos todo al respecto. El ya lo sabe, pero nos invita a pasar un momento agradable con él.

Pasaje para memorizar: Salmos 1:6
Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.

Todos tenemos momentos difíciles en algún momento de nuestras vidas, o incluso en muchos puntos para algunos de nosotros. Para los incrédulos no hay absolutamente nada sólido en que apoyarse para obtener fuerzas. ¿Con qué frecuencia somos recordados de que tan temporal e insustancial son las cosas en que confiamos en realidad? La gente nos falla, los recuerdos, el deterioro de la salud, las cosas se ponen viejas y se rompen, las acciones en la bolsa de valores caen. Pero si encontramos nuestra fortaleza en el Señor, nunca nos decepcionará. Él nunca falla, disminuye, envejece, o pierde valor. Y ha dado mucho para tener una relación con nosotros. Pero él quiere que sea una relación honesta, sin nada oculto o representado falsamente, sin perfiles en línea creativas. Él quiere saber cuando somos infelices y cuando estamos felices, cuando estamos en un estado de ánimo amoroso y cuando estamos francamente enojados. En resumen, lo que él quiere con nosotros es el tipo de relación que tiene con su hijo. El lente de Jesús Los deseos íntimos y personales de Dios para nosotros en las relaciones se muestra claramente en la vida de Jesús. Jesús no sólo disfrutaba de la intimidad con el Padre de la que él quiere nosotros disfrutemos, sino que también demostró la relación que el Padre quiere con nosotros, Jesús, en efecto encarna los salmos. Los mismos aspectos de la relación de Dios con su pueblo, que también vemos en los salmos, la vemos aún más consistente en Jesús. En Jesús tenemos la presencia de Dios, el reino de Dios, las bendiciones de la obediencia y las consecuencias trágicas por nuestra desobediencia, el perdón de Dios y la compasión y el amor de Dios, todos viviendo antes de nosotros. Dios había determinado no sólo relacionarse con nosotros con palabras, sino con una presencia humana también. Él ha hecho todo lo posible para alentar nuestra relación con él, para que podamos conocer el compañerismo más cercano posible. El apóstol Pablo describe nuestra relación con Dios a través de Cristo como una relación orgánica: “El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” Colosenses 1:15-18 Jesús vive la respuesta apropiada requerida por el gran rey. Él está en perfecta relación con el Padre y quiere que su pueblo tenga esa relación también. Y proporciona los medios para tener esta relación al reconciliarnos con el Padre por medio del sacrificio de sí mismo al pagar por el pecado que nos ha alienado.

Implicaciones contemporáneas Dios quiere que estemos en una relación continua y estrecha con él. Y él no pone los calificadores emocionales en esta relación. No especifica que sólo se puede orar a él cuando estamos felices y contentos con el mundo. Él no requiere que sólo cantemos canciones de alabanza, aunque es raro ver a un equipo de lamento en nuestras iglesias. No pide que escondamos nuestras emociones bajo un manto de proposiciones doctrinales. Lo que sí pide es que hablemos con él sobre todo. Dentro de nuestra relación segura, podemos abrirle nuestro corazón a Dios y estar seguros de que va a envolver nuestras preocupaciones más profundas de su paz protectora. Él no promete librarnos de todos los problemas que nos están apretando ahora. Pero si hace promesa de abstenerse de cualquier amenaza inquietante en la relación que puede plantearse. Y en última instancia, nuestra relación con Dios es lo único que importa. “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” Filipenses 4:6-7 Podemos hablar con Dios sobre todo los que nos acontece a medida que crecemos en la relación indisoluble con el padre, la cual Jesús ha asegurado para nosotros. Y tenemos la confianza de saber que el Creador del cielo y de la tierra no sólo tiene tiempo para escucharnos, sino que ha movido cielo y tierra para poder hacerlo. Dios desea escuchar de nosotros desesperadamente. El nos anhela! Preguntas de enganche ¿Es su fe lo suficientemente fuerte como para que seas honesto con Dios? ¿Estás tratando de ocultarle las cosas? ¿Compartes sólo las partes alegres y felices de tu vida con Dios, o también las partes más oscuras de la duda, el miedo y la tristeza? ¿Hay lugar en tu comunidad de fe para que expreses estos sentimientos? ¿Cómo calificarías la comunicación en tu relación en comunidad con Dios? ¿Cuál es tu motivación para la oración? ¿Primariamente deseas que Dios te de cosas o hagas cosas para ti, como si él fuera un conserje cósmico? ¿O quieres abrir tu vida a Dios a medida que lo conoces mejor? ¿Has pasado algún tiempo últimamente, dándole gracias a Dios por tu relación con él, por lo que le costó tanto lograr? Puede tomar un poco de práctica abrirnos a Dios. Probablemente hemos asumido que sólo las oraciones muy sofisticadas pueden ser aceptables para él. Pero al echar un vistazo más de cerca a los salmos nos damos cuenta de que no es así necesariamente. Algunas cosas sinceras, se dicen allí, es un lenguaje fuerte. Los escritores de los salmos, cuando hablan de lo que les molesta no lo hacen con rodeos. No, ellos ni siquiera sienten miedo de decirle a Dios cuando están teniendo problemas para entender lo que él está haciendo. Y hablan tan abiertamente y con tanta fuerza cuando tienen algo bueno que decir. Eso es lo que hace una relación fuerte y honesta. Y eso es lo que Dios quiere de nosotros.