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Número· 4 / Año · 4

N° 4
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lo largo de este año hemos enfrentado una serie de
desafíos que surgen al intentar producir no sólo una
revista que nos atraiga, sino un proyecto que aporte
al debate desde lo que somos: estudiantes de ciencias
sociales. Con una publicación al año (que esperamos
aumenten pronto) se quiere generar un espacio que ex-
ponga no sólo el mejor trabajo que se realizó como parte de un curso,
sino nuevas ideas/opiniones/divagaciones que critiquen, innoven y
dialoguen sobre los supuestos convencionales. Se busca que personas
que no son parte de nuestro, a menudo cerrado círculo universitario,
puedan compartir lo que queremos decir. Esto implica dejar de lado
los clichés de especialista y las usuales invocaciones a conceptos “que
todo lo abarcan” y que en ocasiones no dan cuenta de lo que realmente
estamos observando, para hacer un uso creativo de nuestro lenguaje,
buscando aterrizar esas ideas que parecen inexpresables de otro modo.
Este año sostuvimos un debate interno respecto al posible retorno de
“nosotros matamos menos” (llámense fujimoris); los miembros de
la revista –en su totalidad- estábamos no sólo en contra, sino indig-
nados con la posibilidad de que esto pase. Sin embargo, la pregunta
era ¿hacemos algo al respecto como La Colmena? Luego de una larga
discusión entendimos que nuestro intento por deslindarnos de la “po-
lítica” (concebida más bien como politiquería) terminó por llevarnos
a una encrucijada: ¿De qué se trata eso de ser “neutral”? ¿Qué somos?
Defnitivamente no un partido político, pero somos conscientes que al
producir una revista/al construir un proyecto, de alguna u otra ma-
nera, hacemos política. Para que suene fanzi: política alternativa. No,
nada de neutralidad, quizás desafamos la bien amada “imparciali-
dad”, pero al fn y al cabo consideramos que más “objetivo” (sí, eso que
todo sociólogo ansía) es señalar de forma clara y argumentada nuestra
posición, que esconder bajo el velo de la “neutralidad” un punto de
vista de antemano establecido. Esto enriquece y conecta el debate, con-
frontar nuestro entorno es lo interesante, pero sobre todo lo divertido
de ser científco social.
Luciana Reátegui.
Directora
PIENSO, LUEGO INSISTO
(o)zzzera del panal s asdjkask dadslkasjdkajsdlk lksajdlaksjd aslkajsd alksjd alksjdlkas-
jd laksdja sdlkjsad alskdj aklsdjalksj alksjdlkasj dalaksjd asldkjasd alskdja klsdj alskdj
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LUcIaNa REáTEGUI
La abeja reina
DIaNa BONILLa
Elaboración de la rica miel
TaNIa RamIREz
B(o)zzzera del panal
aNDREa GaRcía
B(o)zzzera del panal
FIORELLa FaRjE
B(o)zzzera del panal
maRIa c. ESTEFaNía
Administración de la miel
maRU DEza
Construcción de panales y
paneles
SERGIO SaRavIa
Administración de la miel
DIaNa SaFRa
Construcción de panales y
paneles
aLEjaNDRa cUETO
Elaboración de la rica miel
aLExaNDRa DIaz
B(o)zzzera del panal
maRía GRaDOS
Elaboración de la rica miel
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8 · Una crítica a la sociología desde
Borges: el espejo, la máscara y las palabras
20· Política del espacio y los
recicladores de Bogotá
31· Era sólo mía: El feminicidio
uxoricida como el mecanismo último de control
sobre el cuerpo y la sexualidad de la mujer
40· Todos somos iguales: ¿Todo es
igual? Buenas causas y malos argumentos
52· Sin dudas ni murmuraciones. El
Proceso de construcción de la Autoridad en
la Escuela Militar de Chorrillos
64· La comprensión vivencial como
legado arguediano a las Ciencias Sociales
70· El cuerpo revela
78· Liuba Kogan Entrevista
DavID LEBRETON
Sociólogo
Facultad de Ciencias
Sociales
LIUBa KOGaN
Socióloga
Colmeneros part time:
Julio Villa, Christian Maura, y
Ana María D’Azevedo

Diseño del panal:
Dominique Millán
Imagen paea eventos:
María Laura Caballero, Daniela
Juárez y José Carlos Juarez
Especial gracias a:
Liuba Kogan, David Sulmont,
Fanni Muñoz, Alan Fairlie,
Manolo Bonilla, y Centro
Federado de Ciencias Sociales.

Infaltables:
Carla Rodríguez, Lucio Herrera,
Teodosio Sivipaucar, Miguel Vela,
José Machaja, José Saldarriaga,
Gabriel Sánchez, Ángel Uribe y
Augusto Zapata
Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del
Perú Nº 2011-11536
Editorial Interproducts S.A.C
Av. Gonzales Prada 488, Magdalena. Teléfono (00511)
624-1410
Impreso en Forma e Imagen, RUC 10082705355
Av. Arequipa 4558, Mirafores, Lima - Perú
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N° 4 La Colmena
¿Qué tanto podemos refexionar a partir de un cuento de Borges acerca de
la (in)utilidad de las palabras y los conceptos? ¿Qué tanto se puede decir de
los límites de la sociología dentro de los límites de este trabajo? Un (auto)
cuestionamiento a la sociología y a la teorización como acercamiento
insufciente a una construcción de la realidad.
Una crítica a
la sociología
desde
Borges:
el espejo, la
máscara y las
palabras
Escribe: Daniel Wong
Foto: Ilustra Dominique
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ste trabajo no es
una investigación
y menos un escrito
teórico. Se trata
más bien de una
refexión, a modo de
crítica, sobre la sociología. No
a sus conceptos y categorías,
tampoco a las diferentes meto-
dologías que podamos utilizar
para tratar los distintos objetos
de estudio a su alcance. Se trata
de una refexión sobre cómo se
ha ido entendiendo la sociología,
sus alcances y sus límites como
ciencia y, tácitamente, dejo abier-
ta la pregunta de qué esperar de
los sociólogos en un futuro. Así,
la principal preocupación que
aborda este modesto artículo es
qué utilidades tienen la teoría
sociológica y la sociología en ge-
neral para nuestras sociedades
de estudio.
Actualmente los avances tec-
nológicos están revolucionando
el mundo en el que vivimos, la
manera en que nos acercamos
a este y cómo nos desenvol-
vemos en él. Parece que todo
pasara frente a nosotros de una
manera casi imperceptible, tanto
así que las posibilidades de
darnos cuenta de los cambios
que surgen en nuestras socie-
dades se reducen a una simple
contemplación de los hechos,
sin que podamos hacer algo por
controlarlos o siquiera advertirlos.
En un mundo en el que los des-
cubrimientos en ciencias como
la biología, la física y las teleco-
municaciones parecen dar tantas
comodidades y esperanzas a los
individuos, ¿qué podría brindar la
sociología, dado un contexto en
el que lo importante no es dar crí-
ticas sino soluciones? En pocas
palabras, ¿podría la sociología
brindarnos algo más que sólo
diagnósticos?
Ataco estas interrogantes no
para encontrar respuestas, ya
que al ser esta una propuesta
que induce desde un principio a
la acción, la única manera de ver
estas interrogantes resueltas es
poniendo en práctica el cono-
cimiento. Las palabras pueden
incentivar la acción, pero de
ninguna manera pueden hacerla
por sí mismas, ya que se necesi-
tan manos para llevarla a cabo.
Así, me aventuro a desarrollar un
esbozo, a lo mucho un germen
de respuesta, que permita a
aquellos que lean este escrito
preguntarse y cuestionarse sobre
lo que esperan lograr con la
sociología, ya no como una mera
herramienta de saber por el sim-
ple saber, sino más bien como
una herramienta de la acción.
Por ello, comienzo por poner en
duda los logros de aquello que
nos hace a nosotros los académi-
cos ser académicos: la palabra.
No encontré mejor manera para
esto que tomar a la palabra como
materia prima del lenguaje en
su representación más estética:
desde la literatura. Un poco para
reivindicar al arte no solo como
una forma de expresión e inter-
pretación de la realidad, sino
también como un tipo de verdad
que nos puede decir mucho so-
bre nosotros mismos, tanto a los
científcos como a los no cientí-
fcos; y es que el arte es una de
esas creaciones humanas que no
discrimina, es aquello que todos
podemos contemplar e interpre-
tar sin necesidad de usar el bien
o el mal como componentes de
juicio. Me baso en la creencia de
que en el arte, y en este caso en
la literatura, cada quien se puede
ver representado sin necesidad
de verse juzgado de ignorante.
Es por ese valor democrático de
la palabra en el arte, que empie-
zo esta refexión desde ella.
Comenzaremos por resumir bre-
vemente el cuento “El espejo y la
máscara” de Jorge Luis Borges.
Seguidamente, daremos una
interpretación personal a cada
uno de los sucesos descritos en
el cuento. Luego, veremos cómo
el cuento se nos presenta como
una crítica a las palabras y cómo
esta crítica nos puede servir de
base para una refexión fnal, una
refexión sobre los conceptos so-
ciológicos y sus posibles límites y
alcances como ciencia social.
“¿qué esperan
lograr con la
sociología,
ya no como
una mera
herramienta
de saber por el
simple saber,
sino más bien
como una
herramienta de
la acción...?”
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N° 4 La Colmena
HacIa UNa
SOcIOLOGía DE La
accIóN
“Especialistas despro-
vistos de espíritu, sen-
sualistas desprovistos
de corazón; estos inep-
tos imaginan que han
alcanzado un grado de
civilización nunca antes
obtenido”
Max Weber
El cuento “El espejo y la másca-
ra” de Jorge Luis Borges em-
pieza con el fn de la batalla de
Clontarf, después de la cual el
rey de Irlanda pidió a uno de sus
poetas que escribiera una ala-
banza acerca de la victoria sobre
el rey noruego, para lo cual le da
un año de plazo. Pasado el año,
el poeta le recita de memoria el
escrito, que se presenta como
una copia exacta de la realidad,
de lo empíricamente comproba-
ble mediante los sentidos, por lo
que el rey manda a que treinta
escribanos lo transcriban dos
veces cada uno, pese a esto, no
queda satisfecho. Sin embargo,
le regala a cambió del primer
poema un espejo y le manda
mejorar el trabajo para el siguien-
te año.
Cumplido el año, el poeta llega
con un segundo manuscrito en
sus manos, que no recita de
memoria; el poema tiene poca
concordancia entre adjetivos,
sustantivos y género y lo que
se describe tiene un carácter
caótico y poco comprensible.
Después de escucharlo el rey
le agradece diciendo que esta
era una obra aún mejor que la
anterior, ordena que se mantenga
en un cofre el único ejemplar del
poema y le regala una máscara
de oro. Sin embargo, el rey no
queda del todo satisfecho y man-
da a que se escriba una alaban-
za aún mejor.
Al año siguiente, el poeta llega
con las manos vacías y el rey
pide que lo dejen a solas con
el poeta, quien le recita en un
susurro el poema que constaba
de una sola línea. Esta vez el
monarca queda más que satis-
fecho, le dice al poeta que ha
logrado aprehender la belleza en
palabras y le regala una daga. El
cuento termina cuando el poeta
se quita la vida al salir del pala-
cio y el rey se convierte en un va-
gabundo de las calles de Irlanda
sin decir jamás las palabras que
el poeta le recitó.
A continuación, veremos cómo
es que este cuento podría llevar-
nos a una crítica de la teoría so-
ciológica. Todo inicia cuando el
rey le pide un trabajo al poeta en
el cual se alabe la victoria frente
al rey noruego y el poeta se basa
en lo real, en lo empíricamente
comprobable, para escribirlo.
Encontramos un problema socio-
lógico en la manera en que se
ha llevado a cabo la realización
del poema. Tomemos la crítica
de Belaúnde sobre lo real, que
sostiene que la esencia de la rea-
lidad no estaría exactamente en
lo comprobable directamente a
través de los sentidos. En efecto,
existen muchos fenómenos que
la sociedad puede experimen-
tar que no necesariamente son
representativos de la sociedad
misma. Por ejemplo, que una
sociedad sea la sede para un
mundial de futbol (por ejemplo, el
mundial de Estados Unidos 94)
no quiere decir que el deporte
por excelencia en dicha socie-
dad sea el futbol (en Estados
Unidos hay otros como el béisbol
o el básquet que tienen mayor
predominancia), no podríamos
decir que se trate de un país que
tenga como esencia (deportiva-
mente hablando) al fútbol.
Algo parecido encontramos en el
cuento de Borges, el rey pedía
la inmortalización de la victoria
sobre el rey noruego, la exalta-
ción de sus virtudes como rey.
Pero de manera tan solo descrip-
Los intentos
de Durkheim
de eliminar las
prenociones
son tan irreales
como la verdad
misma. Sería
como tratar
de eliminar
nuestra propia
historia.
tiva se estaría tomando aquello
que podemos apreciar de un
solo vistazo como lo “real”. La
guerra tiene signifcados que van
mucho más allá de las matanzas,
las luchas, las armas. Se trata de
algo que las palabras difícilmente
pueden representar. Nos encon-
tramos, entonces, frente a un di-
lema de conceptos sobre cómo,
al conceptualizar la realidad por
medio de las palabras, podemos
realizar una generalización de
lo vivido, de lo experimentado,
de lo sentido. Es por eso que el
primer poema pudo ser recitado
de memoria por el poeta, tan sólo
se trataba de una descripción.
Era un poema accesible a todo
público, de ahí que el rey pida a
treinta escribanos que lo transcri-
ban dos veces cada uno. No se
necesitaba de una capacitación
mayor para poder apreciar lo que
el poeta había hecho, dado que,
en cierta medida, era representa-
tivo del sentido común del vulgo,
tenía mucho de prenoción. Sin
embargo, al ser prenoción, lo
descrito por el poeta no podía
ser una alabanza de lo que
realmente había sucedido en
el campo de batalla pues cual-
quiera hubiera podido describir,
si bien no con el talento de un
poeta, lo que había ocurrido en el
campo de batalla. De ahí el por-
qué de que el regalo haya sido
un espejo. Marx nos decía cómo
una mercancía podía ser como
el espejo de otra mercancía en el
sentido de que representaba un
mismo valor, pero no era de nin-
guna manera la misma mercan-
cía. De esa misma forma, lo que
el poeta había representado era
tan sólo la imagen de lo sucedi-
do, pero no lo sucedido en sí.
Con la entrega del segundo ma-
nuscrito pasó algo distinto: “No
lo repitió de memoria [el poeta];
lo leyó con visible inseguridad,
omitiendo ciertos pasajes, como
si él mismo no los entendiera del
todo o no quisiera profanarlos. La
página era extraña. No era una
descripción de la batalla, era la
batalla misma” (Borges, 2002:
83). Tomemos por un momento
como cierto que el poeta haya
realmente logrado representar
la batalla “misma” en su poema,
¿no debería ser, entonces, más
claro que confuso? Partamos
del hecho de que este segundo
poema no fue transcrito sino que
su único ejemplar fue guardado
en un cofre de marfl; los térmi-
nos son confusos y complejos,
difíciles de entender y, como se
rescata del cuento, las incohe-
rencias entre diferentes términos
son varias. De la misma manera
que un teórico, el poeta intenta
abarcar la realidad a través de
conceptos. Para la mayoría de
personas, los conceptos acadé-
micos no tienen mucho sentido
si es que no son explicados con
anterioridad, el solo enunciarlos
puede llevar a múltiples inter-
pretaciones. Sin embargo, un
concepto puede abarcar algo
mucho más específco que una
simple descripción, se puede
volver algo mucho más confuso,
pero en el cuento se encuentra
representada la necesidad de
abarcar en palabras (y en las
menos posibles) la realidad. El
regalo que le dio el rey al poeta
por este segundo poema fue una
máscara dorada. La máscara
representaría aquello que está
oculto, la realidad representada
en palabras, como si los con-
ceptos fueran la máscara de la
realidad.
El tercer y último poema consta-
ba de tan solo una oración, que
fue escuchada únicamente por
el rey y en voz muy baja. Frente
a este poema el rey diría que al
haber conocido la Belleza, un
don vetado a los hombres, ahora
les tocaba expiarlo; después de
escuchado el poema, el rey le
regala una daga al poeta con la
cual este se suicida y el rey se
convierte en un vagabundo.
El cuento se nos presenta como
una crítica al lenguaje y especial-
mente, a las palabras; y muestra
cómo estas son incapaces de
representar la realidad. Así, nos
encontramos ante un dilema
¿cuáles son
las esperanzas
que le queda
a una teoría
sociológica que
intente describir
en conceptos
la realidad? A
mi parecer la
respuesta es
muy simple, y
es que no tiene
ninguna.
El cuerpo revela
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N° 4 La Colmena
que compete a todo teórico.
Durkheim hablaba de la nece-
sidad de deshacernos de toda
prenoción con el fn de poder
dar conceptos más acordes a la
realidad; sin embargo, ¿qué tan
posible es dejar de lado nuestras
prenociones?, más aún, ¿tene-
mos la capacidad de representar
la realidad en palabras? Las
palabras pueden tener muchos
signifcados dependiendo del
contexto en el cual las utilicemos,
por lo que no podríamos decir
que el término cultura está mejor
utilizado por un sociólogo que
por un vendedor de autos. Sin
duda, en un trabajo de investi-
gación el término cultura debería
signifcar algo en particular, algo
específco y detallado por el
sociólogo (u otro estudioso), pero
en boca de alguien que no tiene
formación de científco social,
pedirle una especifcación del
término sería bastante ridículo
y más que innecesario. Aún
así, ¿cómo decir que la manera
en que explica el sociólogo la
cultura es más real que la del
vendedor de autos? Algo sobre
esto podemos sacar del cuento,
y es que mientras más inten-
temos representar la realidad
en conceptos, más nos damos
cuenta de que es casi imposible
y al mismo tiempo confuso el
realizar tal empresa. Alguien que
lograse contener en conceptos la
propia realidad, como se rescata
del cuento, ya no sería humano,
sería un Dios. En ese sentido,
la muerte del poeta sería una
metáfora de que alguien con tal
capacidad no tiene existencia en
el mundo, por el mismo hecho
de que ésta está vetada a los
hombres. La “verdad absoluta”
es algo a lo que el ser humano
no puede acceder, puesto que
no existe.
Los intentos de Durkheim de
eliminar las prenociones son tan
irreales como la verdad misma.
Sería como tratar de eliminar
nuestra propia historia. Podemos
dar un esbozo de lo que es la
realidad, podemos en todo caso
formular un concepto de tal ma-
nera que alguien pueda hacerse
una idea de lo que tal experien-
cia que esbozamos sería. En-
tonces ¿cuáles son los límites y
alcances de la teoría? Si de por
sí, el lenguaje ya tiene muchas
trabas, ¿cuáles son las esperan-
zas que le queda a una teoría
sociológica que intente describir
en conceptos la realidad? A mi
parecer la respuesta es muy
simple, y es que no tiene ningu-
na. Falsamente se nos ha hecho
creer que el sociólogo debería
poder librarse de hacer juicios
de valor cuando el simple hecho
de teorizar, ya es aceptar que el
lenguaje nos puede ayudar a re-
presentar la realidad y eso ya es
un juicio. Decir que el capitalismo
es una forma de producción, de-
cir que el objeto de la sociología
es un hecho social, no cae fuera
de los juicios valorativos. Valorar
no es sólo decir si es que algo es
malo o bueno, feo o bonito, rico o
insípido, es también decir cómo
algo debe ser tomado, cómo un
concepto debe de ser utilizado
o como no. Qué entender por tal
cosa y qué no es lo mismo que
decir “algo no se está hacien-
do bien acá”. Es precisamente
porque sentimos la necesidad de
darle un valor a algo, por lo que
muchos se toman la molestia de
escribir sobre la economía y la
sociedad, sobre el capitalismo,
sobre las religiones, sobre la
división del trabajo, etc.
Al sociólogo las palabras le que-
dan cortas, y tratar de encontrar
palabras para formular un con-
cepto claro y específco lo podría
llevar a escribir un libro entero
sobre la verdadera defnición de
un término o su “real” signifcado
(un libro, además, incompleto).
En la sociología existen varios
términos de discusión como la
“cultura”, la “informalidad”, las
“clases sociales”, etc., y no es
que estemos debatiendo sobre
las palabras en sí, sino sobre lo
que representan. Nada nos dice
que la palabra “libro” no pueda
reemplazar a la palabra “vaso”
pues si alguien decide llamar al
vaso “libro” y se dirige al vaso
llamándolo “libro”, no existiría
una incoherencia… sin embargo
la hay. La lucha de los sociólo-
gos con el sentido común es al
mismo tiempo una lucha contra
la misma sociedad. No es que
se les diga a las personas cómo
es que tienen que decirle a tal o
cual término, la discusión está
más bien en cómo estudiarlos,
si tomar como real aquello que
todos toman como real o tomar
como real aquello que el sociólo-
go ve como real. En ese sentido,
todos seríamos sociólogos, por
lo que nos damos cuenta rápi-
damente de que el sociólogo no
tiene una aureola sobre la cabe-
za, sino que tiene una formación
algo distinta a la que tienen otras
personas, como si se le hubiera
criado para ver las cosas de
otra manera y, por ende, para
dar una interpretación diferente.
Lo que tiene el sociólogo es tan
sólo un título (¿alguien podría
diferenciar a un sociólogo de un
flósofo, antropólogo, economista,
con tan sólo leer sus escritos?)
que le da cierto prestigio a sus
palabras, prestigio que se lo da
la misma sociedad que estudia.
¿Qué es lo que nos hace creer,
como sociólogos, que lo que
decimos es mucho más creíble
que lo que otros podrían decir
sobre la misma cosa?, ¿qué hace
que nuestros conceptos se vean
ilusoriamente mejores frente a las
prenociones o el sentido común
del “vulgo”? Si las palabras que
todos utilizamos son las mismas,
¿qué hace que una mejor distri-
bución de ellas sea preferible a
otras?
En la práctica, la sociología no es
más que la aplicación de ciertas
herramientas sobre las que se
basan muchas otras ciencias
más, y, en la teoría, el sociólogo
deja de ser sociólogo para ser,
justamente, teórico. Leyendo a
diferentes sociólogos, podemos
apreciar que las defniciones de
la sociología son varias, al igual
que sus objetos de estudio, las
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N° 4 La Colmena
metodologías, las teorías. Se
ha dicho que hay que partir del
individuo, otros dicen que hay
que partir de lo social, otros
hablan de la subjetividad y otros
de la objetividad, están también,
los que hablan de romper con las
dicotomías… Al fnal, hay tantas
defniciones de sociología, mu-
chas hasta contradictorias entre
sí, que pareciera que el que es
sociólogo es sociólogo solo por-
que su título lo dice.
El cuento de Borges hace su
parte al dejarnos de refexión
la duda de si las palabras son
sufcientes para representar la
realidad y si es que no es inútil
tratar de discutir tan sólo en
base a ellas. Como Marx decía,
los ideólogos alemanes tan solo
se habían dedicado a combatir
ideas contra ideas; de la misma
manera, los sociólogos parecié-
ramos combatir palabras contra
palabras. Sería interesante ver en
algún momento qué soluciones
puede dar un sociólogo a ciertos
problemas. No sólo describir
los problemas de una sociedad,
sino también tratar de ver cómo
abordarlos, cómo solucionarlos,
tratar de crear algo así como una
solución sociológica a los proble-
mas si es posible (¿algo como
esto signifcaría dejar de ser
sociólogos? ¿El sociólogo al dar
respuestas ya no es sociólogo?).
Muchos, por no decir todos, se
pelean hasta el cansancio con
las palabras, se pelean con los
conceptos, creen haber logrado
algo por el simple hecho de ha-
ber metido una gran cantidad de
información en una sola palabra
(como un agujero negro en el
cual hay una cantidad enorme
de materia en un espacio tan
pequeño como el agujero de una
aguja). Otros se contentan con
transportar estructuras teóricas
basadas en una realidad para
explicar otra.
La sociología tomada de esta
manera podría, muy bien, ser
parecida a un deporte competi-
tivo (que genera satisfacción al
lograr una victoria), o si no, a una
rama más de la flosofía, su ex-
pansión o su especifcación. La
sociología debería poder no solo
dar un diagnóstico, sino también
una respuesta a los problemas y,
si es posible, dar una solución.
Ninguna ciencia se sostiene
con diagnósticos, habría que
tratar de expandir el campo de
la sociología a algo más que lo
académico y no solo a discusio-
nes sobre el papel y las fórmulas.
Pero como van las cosas, un
poeta hoy en día podría decirnos
mucho más de la sociedad, que
un sociólogo.
“Lo que tiene
el sociólogo
es tan sólo un
título (¿alguien
podría
diferenciar a
un sociólogo
de un flósofo,
antropólogo,
economista, con
tan sólo leer
sus escritos?)
que le da cierto
prestigio a
sus palabras,
prestigio que se
lo da la misma
sociedad que
estudia.”
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N° 4 La Colmena
Política
del espacio y los
recicladores
de Bogotá
Versión adaptada de un trabajo de investigación realizado
durante un ciclo de intercambio en la Universidad Javeriana
(Colombia) sobre los recicladores de Bogotá y su lucha por
el derecho a trabajar en las calles. Tras presentar el contexto
global en el que se hace posible la industria del reciclaje que
conecta circuitos formales e informales y se vale de poblaciones
marginales trabajando en el último eslabón de la cadena, se
utilizarán los postulados de Henri Lefebvre (1974) sobre la
producción del espacio para entender el lugar que asumen los
distintos elementos en juego.
Escribe y Foto:Ignacio Pezo
20 21
N° 4 La Colmena
La URBaNIzacIóN
DE La POBLacIóN
mUNDIaL y LOS
aNTaGONISmOS DE La
cIUDaD caPITaLISTa

La población del mundo se ha urba-
nizando exponencialmente durante
los últimos doscientos años. Desde el
2006, por primera vez en nuestra his-
toria, más de la mitad de la población
mundial habita en ciudades y se estima
que cada semana durante los próximos
cuarenta años se sume un millón de
personas más a las ciudades (West,
2011). Este proceso de urbanización ha
formado ciudades que albergan con-
tingentes de población impresionantes:
el primer lugar lo lleva Tokio, con más
de 34 millones de habitantes, mientras
que en Latinoamérica las ciudades más
pobladas son México D.F. y Sao Paulo
con 22 y 20 millones de habitantes res-
pectivamente (www.citypopulation.de).
De hecho, las proyecciones de creci-
miento urbano son mayores para los
llamados “países en vías de desarrollo”.
Por ejemplo, estima que para el 2025,
Asia podría tener, ella sola, diez u once
ciudades con más de 20 millones de
habitantes, entre ellas Bombay que
llegaría a tener ella sola 33 millones de
habitantes (Davis 2006).
El proceso de urbanización de AL ha
sido caracterizado por una radical
reproducción de la desigualdad que
ha producido ciudades fragmentadas,
donde las poblaciones de barrios mar-
ginales son confnadas, estigmatizadas,
invisibilizadas y hasta desplazadas
sistemáticamente. Davis (2006) sostie-
ne que esta “catástrofe mundial sobre
la pobreza urbana” debe ser entendida
en su relación directa con el desarrollo
del capitalismo mundial y particular-
mente con las políticas neoliberales
de los últimos treinta o cuarenta años.
Así, Davis señala que “el capitalismo
neoliberal multiplicó exponencialmente
los tugurios que constituyen la pasmosa
proporción del 78,2% de la población
urbana en los países menos desarrolla-
dos” (2006:5).
Henri Lefebvre (1974), sostenía que la
“ciudad es el lugar privilegiado del ca-
pitalismo”, en tanto “lo urbano encarna
y refeja las relaciones sociales capita-
listas que han producido la vida moder-
na”. La antinomia como característica
de la ciudad latinoamericana parece
ser una realidad generalizada. En nues-
tro caso, la ciudad de Bogotá, con 9
millones de habitantes es la ciudad más
poblada de Colombia y la más impor-
tante económicamente. Sin embargo,
Bogotá no deja de expresar un carácter
antinómico: el 40% de toda la riqueza
de la ciudad queda en manos de ape-
nas el 7% de su población mientras que
el 10% más rico recibe ingresos per
cápita 49 veces más altos que el 10 por
ciento más pobre (El Tiempo, 2011). En
el tema laboral, Bogotá cuenta con una
tasa de desempleo del 12% y un 45,3
% de la PEA trabaja de manera informal
(El Tiempo, 2011). Además, se estima
la existencia de más de 8 mil habitantes
en situación de indigencia (El Especta-
dor 27 agosto 2008). Es solamente en
este contexto antinómico de desigual-
dad y marginación que se hace posible
la existencia del reciclaje informal como
el único sustento de una población,
dedicada a trabajar con lo que el resto
de la sociedad considera despreciable
e inservible, dígase, la basura.
La INDUSTRIa DEL
REcIcLajE EN BOGOTá
Una ciudad como Bogotá produce al-
rededor de 6 mil toneladas de residuos
diarias, de las cuales más de 3 mil son
potencialmente reciclables. Sin em-
bargo, actualmente sólo se recuperan
aproximadamente 900 toneladas al día,
es decir, menos del 30% y no existe un
sistema integrado que maneje el fujo
de residuos sólidos para la capital. De
manera que el trabajo de reciclaje es
llevado a cabo en un 60% por la labor
de recicladores independientes y las
pocas cooperativas que han podido
consolidarse. Este trabajo es el susten-
to directo de más de 18 mil trabajado-
res en la ciudad de Bogotá y si se toma
en cuenta los negocios de bodegas y
centros de acopio, la cifra llega a más
de 25 mil familias (Parra 2007).
La población recicladora es sumamen-
te heterogénea. Tanto empresas de
grandes capitales como poblaciones
marginadas de recicladores inde-
pendientes están involucrados en el
reciclaje y, como veremos, forman parte
de una misma cadena económica. Así,
el reciclaje puede ser realizado con un
alto nivel de sofsticación pero también
con nada más que un bolsón donde al-
macenar el material recolectado. El uso
de un vehículo por parte de los recicla-
dores es una modalidad que permite un
mayor desplazamiento y capacidad de
carga. Existen dos tipos de transporte
comúnmente utilizados: el zorrillo que
se refere a una caretilla común; y la zo-
rra que se refere al uso de una carroza
triada por un caballo
1
. Como es eviden-
te, aquellos recicladores que andan en
zorra tienen una ventaja comparativa al
resto de recicladores, pero también es
cierto que el uso de este vehículo exige
una inversión signifcativa y un manteni-
miento más elevado, por lo que muchos
recicladores pueden llegar a endeudar-
se con propietarios de establos para
poder capitalizar las ventajas de este
vehículo.
Con esta distinción en mente y, toman-
do en cuenta las limitaciones inherentes
en toda generalización, se pueden
proponer tres tipologías de los recicla-
dores itinerantes: (1) Los recicladores
de ofcio agremiados, quienes utilizan
la zorra o el zorrillo como medio de
transporte y se encuentran inscritos
en alguna cooperativa que, a cambio
de ciertas obligaciones, les brinda
benefcios de representación y lazos
de solidaridad; (2) Los recicladores de
ofcio no agremiados, quienes manejan
un tiempo fexible, utilizan cualquier tipo
de medio de transporte y no deben dar
cuentas a nadie, y; (3) los recicladores
indigentes que, a diferencia de los re-
cicladores de ofcio y como su nombre
lo dice, son habitantes de la calle que
trabajan de manera solitaria y esporá-
dica en el reciclaje. Estos últimos son
también la población más vulnerable
por su precaria condición de vida y su
cercanía con los vicios, la delincuencia,
pero también con el abuso y la discrimi-
nación.
El reciclaje informal tiene por lo menos
60 años en Bogotá y para muchos reci-
cladores es un ofcio heredado genera-
cionalmente. Así como ellos, sus hijos
e hijas empiezan a reciclar desde muy
temprana edad, desarrollando desde
entonces las estrategias para encontrar
la mejor basura o la pericia necesaria
para identifcar con el tacto los objetos
de valor dentro de las bolsas. La activi-
dad básica de un reciclador itinerante
se resume en la búsqueda ambulatoria
de basura para recuperar de ella todo
material potencialmente reciclable. Los
recicladores experimentados general-
mente tienen un mejor conocimiento de
dónde conseguir la mejor basura, pero
por lo general toda es bienvenida; ya
sea aquella producida por los hogares
y que es colocada sobre la calle para
su recolección; la que se encuentra en
mayores cantidades proveniente de su-
permercados y complejos residenciales
o; aquella concentrada en los grandes
botadores o rellenos sanitarios de la
ciudad.
Una vez recolectado, los recicladores
se encargan de transportar y segre-
gar todo el material recuperable para
venderlo en las bodegas o centros de
acopio, quienes a su vez realizan un
procesamiento adicional a la basura an-
tes de venderla a las grandes industrias
del reciclaje. El subempleo en el último
eslabón de la cadena es lo que permite
que el negocio de la basura se haga
rentable para las grandes empresas.
De hecho, la estructura y dinámica del
mercado del reciclaje evidencia la ínti-
ma relación de explotación que se da
en la integración de circuitos informales
(recicladores y algunos bodegueros)
con corporaciones de grandes capita-
les (a veces transnacionales como el
caso de Kimberly y Clark en Bogotá).
Si bien no hay cifras actuales, ya para
1990 la industria del reciclaje en Co-
lombia produjo más de 22 millones de
dólares y desde entonces el negocio se
hecho cada vez más rentable gracias al
incremento en la demanda por el reci-
claje, pero también como consecuencia
de la radicalización de las antinomias
sociales, como el aumento de la po-
breza en la ciudad, el desempleo o la
precarización del trabajo que obliga a
las poblaciones marginales encontrar
1.- La abundancia de
agua y especialmen-
te de áreas verdes
naturales en Bogotá
(que sirve como un
primer alimento para
los caballos) puede ser
una explicación para el
uso de animales en este
trabajo, a comparación
de Lima.
22 23
N° 4 La Colmena
El proceso de
urbanización
de AL ha sido
caracterizado
por una radical
reproducción de
la desigualdad
que ha producido
ciudades
fragmentadas,
donde las
poblaciones de
barrios marginales
son confnadas,
estigmatizadas,
invisibilizadas y
hasta desplazadas
sistemáticamente.
24 25
N° 4 La Colmena
gías de la información y comu-
nicación (TICs) o los medios de
transporte modernos, que han
permitido superar los límites que
antes dominaban al espacio,
son un ejemplo del cambio en
las prácticas espaciales cotidia-
nas. (2) Las representaciones
del espacio, que se refere a los
modelos abstractos que repre-
sentan el espacio y que están
fundamentados en sistemas de
conocimiento, como sería el caso
de los mapas o los sistemas
información georeferenciada
(GIS). Son abstracciones de
gran utilidad pero que reducen el
espacio a una dimensión técnica,
ignorando luchas, ambigüeda-
des, y otras formas de ver el
mundo. Así mismo, las represen-
taciones dominantes extienden y
reproducen relaciones de poder-
saber imbuidas en los sistemas
de conocimiento hegemónicos.
Por último, (3) los espacios de
representación, se referen a
espacios de potencial simbólico,
saturados de signifcados cons-
truidos y constantemente recons-
truidos por los hombres a través
del tiempo. Estas construcciones
están arraigadas en la experien-
cia, en la historia de un grupo y
en la de cada individuo.
Esta distinción analítica entre la
forma en que vivimos (prácticas
espaciales), organizamos (repre-
sentaciones del espacio) y pen-
samos (espacios de representa-
ción) el espacio, permite hacer
inteligible las luchas entre las
relaciones de de dominación y
resistencia que atraviesan el es-
pacio como un objeto constituido
socialmente. Si bien las represen-
taciones dominantes intervienen,
penetran y tienden a colonizar
los espacios de representación,
estos últimos también pueden
tomar un carácter subversivo:
el espacio de representación es
a la vez sujeto de dominación
y fuente de resistencia (Sharp,
2000). Así, hablar de una política
del espacio es entender cómo
éste se convierte en objeto de
disputa entre representaciones
del espacio dominantes y contra-
representaciones que buscan
instaurarse sobre el mismo.
Dicho esto, podemos preguntar
¿cómo se dan estos momentos
en la producción y apropiación
del espacio de los recicladores?
y ¿cuál es la representación do-
minante del espacio antagónica
contra la que se lucha?
El crecimiento antinómico de la
ciudad ha confgurado un orden
social fuertemente territorializa-
do, que fragmenta el espacio y
confna determinados habitantes
a zonas específcas. Lo que Lefe-
bvre llamó el derecho a la ciudad
pierde su condición universal
y se convierte en un privile-
gio determinado por el capital
económico, social y cultural de
la población. ¿Quiénes tienen de-
recho a las plazas, áreas verdes
y quienes no? ¿Quiénes gozan
de seguridad o para quiénes
se piensa esta? o ¿quién tiene
y quien no, libertad para des-
plazarse en la ciudad? En tanto
las prácticas espaciales de los
recicladores se caracterizan por
la necesidad de desplazamiento,
ellos están obligados a trasgredir
este orden social territorializado
y aventurarse día a día a barrios
pudientes y “lejanos”, donde son
tratados ya sea como persona-
jes invisibles o amenazantes.
Como víctimas de discriminación
y marginación, los recicladores
son una población como los
recicladores “corresponde”, en
los imaginarios urbanos, al peor
rostro de la ciudad; aquel donde
predomina tanto la pobreza como
la delincuencia y suele ser aso-
ciado a una identidad clandesti-
na, indeseada e invisibilizada. La
calle, termina siendo para ellos
un espacio contradictorio donde,
por un lado, es parte de su esce-
nario cotidiano; pero, por otro, es
también el motivo de alienación,
el lugar donde ellos se pueden
encontrar “fuera de lugar”; un
espacio clandestino.
en la basura un medio de su-
pervivencia (Rodríguez, 2004).
Las antinomias se vuelven en un
elemento constitutivo y necesario
de la viabilidad del circuito.
En los últimos años, gracias a
este potencial de lucro, la indus-
tria del reciclaje ha sido objeto
de una lucha política entre los
capitales privados, apoyados
por el gobierno, con intenciones
de monopolizar el negocio y las
organizaciones de recicladores
(cooperativas y agremiaciones)
que han movilizado sus recursos
(a escala local y transnacional) y
que, con ayuda de organizacio-
nes civiles han logrado hacerle
frente a estas iniciativas. A conti-
nuación presentaré los lineamien-
tos teóricos sobre la producción
del espacio para poder tomar
esta entrada al análisis de este
caso.
POLíTIca DEL
ESPacIO: La
RESISTENcIa DE
LOS REcIcLaDORES
EN BOGOTá
El espacio no es solamente una
experiencia concreta en la cual
vivimos día a día, sino también
una construcción social. La for-
ma en que vivimos, pensamos y
organizamos un espacio a través
de nuestra vida cotidiana y las
instituciones que la constituyen
son parte de la dialéctica en la
que el espacio se transforma
social e históricamente. Henri
Lefebvre (1974) llamó a este
proceso producción del espacio
y lo dividió analíticamente en tres
momentos interdependientes y
complementarios entre sí. A gro-
so modo ellos son: (1) Las prácti-
cas espaciales, que se referen a
la forma en que utilizamos y nos
apropiamos del espacio cotidia-
namente y la percepción de éste
que se desprende. Las tecnolo-
Durante su trabajo en la calle
muchos recicladores son acom-
pañados por sus hijos o nietos
(muchas veces niños e inclusive
pequeños bebés), ya sea debido
a la ausencia de un lugar alterna-
tivo donde dejarlos o en el caso
de niños y adolescentes, por la
ventaja contar con su ayuda.
Pasando casi todo el día en el
trabajo de reciclaje, la infancia
de estos niños ha sido desplaza-
da del hogar a la calle, privándo-
les de la socialización con otros
niños, la escuela y el juego. Este
desplazamiento del espacio de
reproducción social introduce a
los niños en el ofcio del reciclaje
desde muy temprana edad y les
priva de alternativas a futuro por
la falta de una educación formal
o el desarrollo de otras capacida-
des, reproduciendo generación
tras generación su condición de
marginalidad y explotación (Katz,
2001).
Sumándose a estas problemáti-
cas, durante los últimos 10 años
los recicladores se han enfrenta-
do a una continua persecución
y oposición por parte de las
autoridades municipales quie-
nes han promovido una serie de
legislaciones con la intención
de “ordenar” y “modernizar” el
servicio de reciclaje pero que
han impuesto restricciones y
colocado exigencias tan altas,
que prácticamente obligan a los
recicladores a infringir la ley o
abandonar el ofcio del reciclaje.
Si retomamos los planteamientos
de de Lefebvre, estas leyes son
representaciones del espacio
dominantes que buscan recon-
fgurar la calle como espacio de
representación y restringir las
prácticas espaciales posibles.
Las leyes han sido muchas, pero
aquí hablaré de una emblemá-
tica: la polémica Ley 1259 del
Comparendo ambiental, plantea-
do al congreso el 19 de diciem-
bre del 2008. Este proyecto de
ley buscaba establecer un “uso
correcto e higiénico de la calle y
la basura” y planteaba en su Artí-
culo nº6: “será prohibido desta-
par y extraer parcial o totalmente
sin autorización alguna el conte-
nido de las bolsas o recipientes
para la basura, una vez coloca-
dos para la recolección (…) con
la aplicación de una multa por
hasta dos salarios mínimos por
cada infracción” (Congreso de
Colombia, 2008).
Así, esta ley coloca exigencias
imposibles de cumplir para los
recicladores argumentando que
busca una cultura sanitaria más
“civilizada” para el benefcio
de los propios recicladores y la
“modernización” del servicio de
reciclaje, pero que, en la prácti-
ca, está forzando la “aniquilación
por ley” de una población reci-
cladora (Don Mitchell, 1997) o la
criminalización del ofcio. Esta ley
como representación del espacio
reconfgura el espacio público de
tal manera que limita directamen-
te el trabajo de los recicladores,
violentando sus prácticas espa-
ciales y denegando el derecho
al trabajo y criminalizando el
mismo. Esta representación del
espacio impulsada desde la le-
galidad buscaba reacomodar el
espacio de sustento de los reci-
cladores, violentando sus repre-
sentaciones y prácticas espacia-
les al convertir su trabajo en algo
ilegal; así como poner en riesgo
la integridad de los reciclado-
res al enajenarlos de su única
fuente de sustento. Mediante una
reconfguración del espacio, los
recicladores han sido enajenados
del único espacio donde podían
encontrar un sustento económico
y, por lo tanto, se les ha negado
la posibilidad de sobrevivir, se les
ha aniquilado.
¿Cuáles son las razones de la
persecución de los recicladores
por parte de las autoridades?
Por un lado existen intereses
económicos claros, en tanto las
autoridades municipales habían
manifestado el interés de dar el
monopolio del privilegio de la
basura a unas cuantas empresas
privadas que tenían el capital
para tecnifcar el servicio (entre
las cuales estaba la empresa de
los hijos del entonces presiden-
te Álvaro Uribe). Visto de este
modo, se habla de un conficto
por el espacio entre dos gru-
pos; por un lado la población de
recicladores quienes encuentran
su sustento de vida en las calles
y, por otro los grandes capitales
con intenciones de monopolizar
el negocio de la basura que han
encontrado resonancia y afnidad
en el gobierno. Este intento de
desplazamiento del trabajo es
análogo a los estudios de gentri-
fcación (Smith 1996) de barrios
empobrecidos. En ambos casos,
se está favoreciendo la apro-
piación de un espacio donde el
capital encuentra un nicho sin
competencia donde puede reva-
lorizarse a sí mismo mediante su
inversión. Así, el espacio de la
calle y el espacio de los barrios
empobrecidos son muchas ve-
ces violentados y prácticamente
expropiados de sus primeros
dueños, para favorecer el ingre-
so del capital. Los procesos de
espacios y contra-espacios están
estrechamente entrelazados con
discursos ideologizados que
enmascaran el interés económico
y legitiman el proceso.
La indigencia es comúnmente
asociada a la locura, la suciedad,
los vicios y la delincuencia. El
imaginario del indigente como
algo satanizado, repulsivo y
amenazante se ve claramente
en la mediatización del caso
del Cartucho. El Cartucho es un
barrio en el centro de Bogotá que
había sido tomada por indigentes
(muchos de ellos también reci-
cladores). En el marco de las po-
líticas de recuperación y puesta
en valor de los centros históricos,
en marzo de 1993, el Cartucho
fue “recuperado” en un opera-
tivo que desalojó a más de 14
mil personas (El Espectador, 10
abril 2009), algunas de las cuales
simplemente fueron expulsadas y
olvidadas. La justifcación de tal
desalojo se valió de un proceso
26 27
N° 4 La Colmena
28 29
N° 4 La Colmena
de deshumanización del Otro,
fundamentado en un discurso
del miedo, como una forma de
legitimar el maltrato de las po-
blaciones indigentes. Veamos el
siguiente extracto de una nota de
prensa titulada El Bronx o la calle
miseria en la que se describe El
Cartucho:
“En dos cuadras al sur
de Bogotá está expre-
sada toda la degrada-
ción social. En la quinta
paila del inferno el peor
tormento es el olor. Una
hediondez insoporta-
ble mezcla de cloaca,
sudor rancio, ropa
muy mugrienta, comi-
da descompuesta y
droga — ¿marihuana?,
¿basuco?, ¿ladrillo? —.
Principalmente droga.
Vaharadas imposibles
que emanan de bocas
sucias, sin dientes, ase-
diando los ojos, la cara,
todos los sentidos, y
dejándolo a uno con
nada más que ganas
de salir corriendo de
ahí. Frente a ese hedor
ni siquiera resultan tan
espantosos los rostros
amenazantes, las ma-
nos que empuñan cu-
chillos o las voces que
lanzan intimidaciones
en este lugar de miedo.
La fetidez es la madre
de todas las pesadi-
llas.” (El Espectador, 7
noviembre 2009).
En estas líneas se hace evidente
la deshumanizados y criminali-
zando de la población indigente,
la cual es representada como en
una película de terror. Apelando
a la satanización de la población
indigente y la consecuente movi-
lización del miedo por parte de la
población, el operativo del Car-
tucho puedo ser más fácilmente
legitimado. En tanto aproximada-
mente el 58% de los 8 mil indi-
gentes que viven en las calles de
Bogotá se dedican al reciclaje, el
estigma de la población indigen-
te es también generalizado a la
población recicladora, quienes
sufren también al suscitar sen-
timientos de repulsión y miedo
en la población. Por ejemplo, en
una entrevista con el Coordina-
dor gremial de la Asociación de
Recicladores de Bogotá (ARB)
él señaló que se ven forzados a
distanciarse de los recicladores
indigentes, para transformar la
imagen que se tiene de los reci-
cladores agremiados.
A pesar de los estigmas socia-
les y el acoso por parte de las
autoridades, los recicladores han
tenido la admirable iniciativa de
organizarse y buscar el apoyo de
organizaciones internacionales
para tomar acción política, movili-
zar recursos e impedir la efectivi-
dad de las leyes con las que se
les ha violentado. A través de la
Asociación Nacional de Recicla-
dores (ANR) y la Asociación de
Recicladores de Bogotá (ARB), la
población recicladora ha logrado
derogar la famosa ley 1259 del
Comparendo Ambiental, y reali-
zar numerosas manifestaciones
para sensibilizar a la población
y dar a conocer la forma en que
ellos entienden su situación de
marginación y explotación. En
una entrevista, el coordinador
gremial de la Asociación de
Recicladores de Bogotá (ARB)
comentó que como representante
de la asociación había viajado a
casi todos los países de Latino-
américa, los Emiratos Árabes y
varias ciudades europeas, con la
intención de afanzar relaciones y
compartir conocimiento con otras
cooperativas de recicladores.
Además, mencionó con orgullo
que existe una red de reciclado-
res de Latinoamérica que cuenta
con más de 15 países y que es-
tán en constante diálogo. Desde
el año pasado han sido invitados
a las convenciones mundiales
sobre el cambio climático y, si
bien su número de afliados es
de un porcentaje reducido (6 mil
trabajadores del total de 18mil en
Bogotá), la ARB busca fortale-
cerse, afanzando las redes de
solidaridad a nivel global y con-
siguiendo la agremiación de la
mayor cantidad de recicladores
posibles.
Las pocas victorias jurídicas que
han ganado (por ejemplo eliminar
la famosa ley 1259 del Compa-
rendo ambiental) son una espe-
ranza en que mediante la coor-
dinación y movilización se logre
hacer frente a las representacio-
nes dominantes del espacio que,
motivadas principalmente por un
afán de lucro, ponen en riesgo
la existencia de esta población.
Está claro que la precariedad del
trabajo de reciclaje merece ser
resuelta, pero es inconcebible
que las autoridades propongan
legislaciones que desconocen
la dimensión estructural de la
problemática y que, favoreciendo
ciegamente al capital, atrope-
llen el derecho al trabajo de una
población y la rindan en a una
condición de aniquilación por ley.
Si bien encontrar una solución
a los problemas que afrontan
los recicladores y el sistema de
reciclaje en general es una tarea
sumamente difícil por la comple-
jidad del fenómeno, es necesario
encontrar la manera de fomentar
la organización y generar políti-
cas que fomenten el desarrollo
de un capital humano y la tecnif-
cación de la población reciclado-
ra actual para lograr una “moder-
nización” del ofcio que venga
desde y por ellos mismos.
El feminicidio uxoricida o asesinato de mujeres por sus parejas o ex-parejas
sentimentales no es un fenómeno reciente. Sin embargo, hoy en día aparecen
frecuentemente como noticias en los diferentes medios de comunicación y han
tomado la atención de diversas instituciones de defensa de los derechos de
las mujeres en nuestro país. Hay que recordar que no se trata de una muerte
aislada, sino que son decenas de mujeres que mueren cada año en manos
de sus parejas o ex parejas sentimentales. Celos, infdelidad, abandono o
negativa para (re)iniciar la relación amorosa por parte de la mujer aparecen
como sus principales causas.
El feminicidio uxoricida como el
mecanismo último de control sobre el
cuerpo y la sexualidad de la mujer
Era sólo mía:
Escribe: Jimena Sánchez · Foto: Ilustra Dominique
30 31
N° 4 La Colmena
L
os medios de comunica-
ción se referen a ellos
como “crímenes pasio-
nales” realizados por
hombres con diversos
problemas psicológicos;
dejándose de lado la infuencia que
tiene nuestra sociedad en la constitu-
ción de hombres con masculinidades
machistas, quienes considerarían a
las mujeres como su “posesión”. Estas
mujeres terminarían siendo el fn último
sobre el que descansa la reafrmación
de la masculinidad de los feminicidas.
Este artículo parte justamente de esta
hipótesis; es decir, el feminicidio uxori-
cida es desencadenado por la autoesti-
ma herida del hombre por la infdelidad
real o supuesta de su pareja, o por el
intento de abandono de la misma, ya
que este hecho pone en cuestionamien-
to radical la masculinidad patriarcal.
I.“ERa SóLO
mía”: aLGUNaS
cONSIDERacIONES
SOBRE EL FEmINIcIDIO
UxORIcIDa

El viernes 21 de enero de 2005, el
diario La República publicó que Marco
Godínez había asesinado a su pareja
Teresa Áybar Ramos, porque pensó
que ella lo engañaba. El autor del cri-
men alegó: “No podía permitir que me
abandonara, por eso cuando llegó con
el policía sentí que me había traiciona-
do. (…) Era un asunto privado, Teresa
era sólo mía, nadie tenía derecho a
interponerse entre nosotros. Si tuviera la
oportunidad volvería a hacer lo mismo”.
Desde hace relativamente poco tiem-
po, los medios de comunicación han
comenzado a hacer visible una realidad
que va más allá de la violencia domés-
tica cotidiana contra la mujer; una rea-
lidad que se presenta como una forma
de violencia extrema que llega a tomar
su vida: el feminicidio.
El concepto de feminicidio fue tradu-
cido al español por Marcela Largarde
a partir del término femicide que fue
popularizado en 1992 en el libro de Dia-
na Russell co-editado con Jill Radford
“Femicide: The politics of women
killing”, basándose en el concepto utili-
zado en 1974 por Carol Orlock (Russell
2010). Más adelante se usó el término
de feminicidio para nombrar los más
de trescientos asesinatos sistemáticos
de las trabajadoras de las maquilas de
Ciudad Juárez en México y los cientos
de casos que ocurren cada año a nivel
mundial.
El feminicidio puede ser defnido en
palabras de Marcela Lagarde como “el
asesinato misógino de mujeres” “(…)
por no serlo de la manera adecuada”
según Russell y Radford (Monarrez
Fragoso 2002), y representa la sexta
causa de muerte de mujeres entre 15
y 49 años (DEMUS), rango de edad
reproductiva de la mujer y por ende
de mayor control masculino sobre el
cuerpo femenino (Foro Internacional de
Feminicidio 2008).
El informe Mundial sobre Violencia y
Salud de la Organización Mundial de
la Salud que se dio en Bruselas en el
2002 (DEMUS), sostiene que la mitad
de las muertes violentas de mujeres en
el mundo fueron causadas por sus ma-
ridos, ex-cónyuges, novios y convivien-
tes, lo que pondría en cuestionamiento
la creencia común que considera al
feminicida como un extraño o descono-
cido de la mujer.
El Perú no es una excepción a estos
casos de feminicidios. Así lo demostró
DEMUS, quien realizó un estudio entre
los meses de enero del 2004 y julio del
2007 (Foro Internacional de Feminicidio
2008) en diarios de circulación regional
en 10 departamentos del Perú, donde
encontraron que un promedio de 16
mujeres en nuestro país son víctimas
de la violencia feminicida cada mes
(incluyendo asesinatos y tentativas),
siendo aproximadamente la mitad de
los casos, realizados por sus parejas o
ex parejas sentimentales; alegándose
celos, infdelidad, negación sexual,
negación a ser pareja y negación a
reiniciar una relación, como los princi-
pales motivos.
1.- En el caso de los
hombres, solamente 8
casos (1,3%) fueron per-
petrados por la pareja o
ex-pareja del hombre.
32 33
N° 4 La Colmena
continuidad o simplemente deci-
dir acabar con la misma.
II. mETODOLOGía
Este artículo forma parte de una
investigación mayor (Sánchez
Barrenechea 2011) donde se
realizó un estudio de análisis
cualitativo a partir de cuatro ca-
sos de feminicidios uxoricidas (o
tentativas) acontecidos en Lima
metropolitana entre 1999 y 2005
en los distritos de La Victoria,
Surco, Villa María del Triunfo y
San Isidro. Para hacer este pri-
mer acercamiento al feminicidio
uxoricida se realizó una investi-
gación desde la Sociología que
dialoga interdisciplinariamente
con elementos de la Antropolo-
gía, el Psicoanálisis y el Derecho.
Para este artículo se esco-
gió parte de uno de los casos
trabajados, que fue recopilado
y desarrollado a partir del expe-
diente judicial correspondiente
(caso ordinario con reo en cár-
cel), complementado con algu-
nas entrevistas a profundidad a
las redes sociales de las partes
involucradas.
El procedimiento que se siguió
para el análisis de la informa-
ción obtenida consistió en varios
momentos y supuso principal-
mente el uso de las entrevistas a
profundidad, el análisis de expe-
dientes, el análisis de discurso y
la creación de líneas de tiempo
e historias de vida como herra-
mientas metodológicas.
III. EL caSO DE
FRaNcIScO y
LEONaRDa
Leonarda soportó con Francis-
co una relación de 15 años de
manifestaciones constantes de
violencia psicológica, física y se-
xual. Los problemas entre ambos
eran cada vez peores pero hasta
cierta medida se podría decir
que eran estables. Sin embargo,
el 03 de julio de 1999, la historia
dio un vuelco que generó un fatal
desenlace.
A lo largo de esos tormentosos
años, Leonarda fue adquiriendo
más fuerza y determinación,
hasta que llegó al punto de estar
decidida a ponerle fn a esta rela-
ción confictiva. Francisco había
tenido una amante los últimos
4 años, con quien acababa de
terminar la relación. Al sentirse
abandonado, decidió someter
aún más a Leonarda. En vista de
la situación, esta mujer comenzó
a interponer diversas denuncias
en la comisaría de Villa María del
Triunfo, pidió garantías persona-
les y solicitó al alcalde con apoyo
de la organización del AAHH
“Mariano Melgar” la separación
defnitiva de su conviviente; es
decir, terminar el vínculo afectivo
que mantenía con Francisco.
Mientras tanto, los días pa-
saban y la situación se volvía
cada vez más insoportable
para Leonarda, quien inventó
tener un amante policía y que
se encontraba embarazada.
Dicha historia habría sido utili-
zada como último recurso para
mantener a Francisco lejos de
ella. Ella pudo haber pensado,
ingenua y desesperadamente,
que la presencia de otro hombre
haría que su conviviente la deje
en paz. Se puede pensar tam-
bién que Leonarda mencionó a
este supuesto amante como una
forma de vengarse, de sacarle
celos a Francisco cuando éste la
celaba “(…) me atacó con pa-
labras soeces ¿quién crees que
eres tú para que me controles? Y
decía que ella podía prostituirse,
que yo le daba asco, que me
iba a meter preso para que ella
viviera con su marido en la casa
(…)” (Expediente Penal Número
54060-1999: 162).
De igual manera el informe sobre
“Homicidio y feminicidio en el
Perú” (Villanueva 2009: 25-29)
presentó entre el 01 de setiem-
bre de 2008 y el 30 de junio de
2009, un total de 181 asesinatos
de mujeres de un total de 793
homicidios, de los cuales 65 ca-
sos (35,9%) fueron perpetrados
por un hombre como pareja o ex
–pareja de la víctima
1
. En otras
estadísticas, el MIMDES contabi-
lizó en todo el año 2009 un total
de 203 casos de feminicidios,
siendo aproximadamente 7 de
cada 10 de ellos, vinculados a la
relación de pareja.
Tal como se presenta líneas
arriba, el feminicidio en sentido
amplio es el asesinato de muje-
res relacionado a cuestiones de
género. Sin embargo, cuando el
perpetrador ha sido una pareja
sentimental de la mujer, lláme-
se esposo, novio, conviviente o
enamorado se suele denominar
feminicidio íntimo. Esta terminolo-
gía incluye también los casos de
asesinatos realizados por miem-
bros de la familia como son el
padre, el padrastro, el hermano,
el primo u otros (Villanueva 2009:
10). En otras palabras, los femini-
cidios íntimos supondrían una re-
lación de consanguineidad, legal
o afectiva entre las partes. Por
otro lado, en el Derecho existe la
fgura penal del uxoricidio, que ti-
pifca los casos de asesinatos de
mujeres por sus esposos, siendo
diversas las causas del mismo:
celos, adulterio, dinero, vengan-
za, entre otros (Peco 1929).
Considero que la defnición de
feminicidios es amplia por lo que
he decidido utilizar el término
feminicidio uxoricida. El femini-
cidio uxoricida sería el asesinato
de una mujer por parte de su
pareja o ex–pareja sentimental
masculina, específcamente por
celos, infdelidad, abandono; es
decir, por las causas en las que
la mujer hiere la masculinidad del
hombre al cuestionar la relación
sentimental, poner en peligro su
A pesar de ser mentira, Fran-
cisco creía que la existencia del
amante de Leonarda y de su
embarazo era cierta. “(…) desde
hacía un año mantenía una rela-
ción sentimental con un policía
de la Comisaría de Villa María del
Triunfo (…)” (Expediente Penal
Número 54060-1999: 8). Cuando
Francisco decidió volver con ella
manifestó que ésta le confesó
que “(…) se encontraba embara-
zada por un período de 3 meses
(…)” (Expediente Penal Número
54060-1999: 191). Francisco
sostuvo que efectivamente la
vio un par de veces con dicho
hombre “(…) una vez la ampayé
despidiéndose con un beso en
el paradero del hombre, le llamé
la atención. Otro día regresó a
la una de madrugada, le llamé
la atención, la seguí, me escon-
dí y vi que el mismo hombre la
acompañaba hasta cerca de la
casa” (Expediente Penal Número
54060-1999: 162).
Sin embargo, no se obtuvo nin-
guna prueba real de la supuesta
infdelidad de Leonarda. “(…) ella
no andaba con ningún policía
(…) Eso pensaban ellos porque
la policía venía de vez en cuan-
do a la casa como resguardo,
porque Leonarda pidió garan-
tías. Entonces de repente venía
Francisco y veía el patrullero”
(Entrevista familia Torres el 21 de
agosto de 2008 – Villa María del
Triunfo).
No obstante, a Francisco no
se le podían quitar de la mente
las palabras de Leonarda “(…)
seguíamos manteniendo relacio-
nes sexuales, en esos momentos
ella era agresiva, no quería que
le tocara los senos ni que la
besara decía que solo lo podía
hacer su actual pareja, eso me
indignaba tanto, pero yo seguía
con ella porque la quería cada
vez más (…)” (Expediente Penal
Número 54060-1999: 204). Esta
indignación que sentía la mani-
festó en diferentes momentos. El
hecho de pensar que existía un
“otro” que “poseía a su mujer” lo
atormentaba. “(…) sentía muchos
celos cuando mi conviviente me
decía (…) que el hombre que te-
nía había descubierto sus partes
sensuales y que lo había llevado
a un hotel con espejos en donde
hacía el amor desnuda (…)” (Ex-
pediente Penal Número 54060-
1999: 10). Ese hombre, amante
de Leonarda, “(…) sabía hacerle
el amor y que sus senos y su
cuerpo entero le pertenecían a él
(…).todo esto me llenaba de ira,
me llenaba de amargura, paraba
“(…) me atacó con palabras soeces ¿quién crees
que eres tú para que me controles? Y decía que ella
podía prostituirse, que yo le daba asco, que me iba
a meter preso para que ella viviera con su marido
en la casa (…)”
pensando e imaginando como lo
hacían, me sentía muy mal, inclu-
so me masturbaba pensando en
eso ya que ella se negaba a te-
ner relaciones sexuales conmigo
(…)” (Expediente Penal Número
54060-1999: 94).
Amaneció el 02 de julio de 1999,
y como todos los días Leonar-
da se levantó temprano para ir
a lavar ropa en el vecindario o
quizás ir a limpiar alguna casa.
Después de un largo día de tra-
bajo Leonarda regresó a su casa
a las 19:40 para preparar la cena
de sus hijas. Unos minutos des-
pués, cuando ella se encontraba
cocinando, llegó Francisco quien
le comenzó a incriminar una vez
más de los chismes y comen-
tarios de los vecinos quienes
señalaban haberla visto saliendo
con otro hombre. Leonarda al
escuchar esto, se sintió ofuscada
y le respondió a Francisco “(…)
me dijo con palabras soeces
que quién era yo para controlarle
y que la vecina le había dicho
muchas cosas acerca de su vida,
lo cual no debía interesarme ya
que ella puede hacer lo que le da
la gana con su cuerpo y que yo
le daba asco y así una serie de
insultos (…)” (Expediente Penal
Número 54060-1999: 7-8).
Mientras discutían, las niñas
fueron a la habitación donde dor-
mían con su madre desde hacía
unos años, cuando Francisco
y Leonarda dejaron de hacer
vida de pareja. A pesar de vivir
en la misma casa, Leonarda se
negaba a llevar una vida conyu-
gal con su conviviente. Las niñas
estaban acostumbradas a los
gritos y discusiones ya que esa
no era la primera vez que dichos
hechos acontecían. Cuando se
acabó la vela que las alumbraba,
se quedaron dormidas sin saber
lo que unas horas más tarde ocu-
rriría. Después de la acalorada
discusión, cada uno se fue a su
dormitorio. Cansada del trabajo
del día, Leonarda cerró los ojos
por última vez.
En su dormitorio, Francisco se
sentía ofuscado, confundido y lle-
no de ira. Se le venían a la mente
los recuerdos del desprecio y los
rechazos sexuales de su convi-
34 35
N° 4 La Colmena
viente; la idea que tal vez ella se
iba con otro, otro que era mejor
que él, que podía complacerla y
darle una mejor vida. Ella era una
mala mujer, que no le corres-
pondía, que por su culpa tuvo
que irse a buscar amor en otros
brazos; que era una desgraciada
pero la amaba o al menos sentía
una obsesión por ella producto
tal vez del desprecio de ella.
Desesperado, disminuido emo-
cionalmente y sobre todo con su
orgullo de hombre profundamen-
te herido al pensar que su amada
prefería a otro, decidió que lo
único que quedaba por hacer era
terminar con la vida de Leonarda.
.
Ya era la madrugada del 03 de
julio de 1999 y todos dormían.
Él tenía guardado dentro de las
herramientas que utilizaba para
hacer sus planchados de carro
un fragmento de riel-yunque, que
por el peso y la forma resultaba
ser el arma perfecta para cumplir
con su cometido. Ingresó al dor-
mitorio donde descansaban sus
tres hijas y su conviviente, y no lo
dudó, no lo meditó, fue directo al
objetivo. Le dio un golpe certero,
preciso y mortal en la cabeza de
Leonarda. Leonarda, con 31 años
de edad, dejaba en ese momen-
to a 3 hijas huérfanas de madre.
Luego de cumplir su cometido,
Francisco dejó un manuscrito
donde manifestaba el motivo de
su actuar. Dentro de su razo-
namiento consideraba que sus
motivos eran válidos. Francisco
relató entonces en un lenguaje
incipiente y con gran difcultad
de expresar sus sentimientos:
“Madre de mis hijos cuando
quería hacia el sexo, por eso lo
amaba y no quería tocara otro
hombre y ahora que me saco la
vuelta me choco bastante si no
me hubiera caro la vuelta no me
cometera me delito (…) por celos
maldita lo mate cuando me hizo
llevar un día sábado noche 2 de
la mañana. El domingo noche me
hora 11 de noche me digo que
tenia marido un guardia y que
está encinta 3 meses ya conocía
un año, todo los días salía 6 de la
mañana sin atender a los hijos y
regresaba 12 de la noche cuan-
do llamaba atención me manda-
ba rorar salgo con mi marido que
me besa hacer me conto todo
lo que hacía con su marido (…)
(sic)” (Expediente Penal Número
54060-1999: 105-112).
Iv. EL FEmINIcIDIO
UxORIcIDa cOmO
EL mEcaNISmO
úLTImO DE
cONTROL SOBRE
EL cUERPO y La
SExUaLIDaD DE La
mUjER:
La parte de la defensa de Fran-
cisco se basó en dos factores
como desencadenantes de su
actuación: los celos “(…) todos
sus comentarios me llenaban
de celos, hasta que llegué al
extremo de matarla” (Expediente
Penal Número 54060-1999: 8);
y la infdelidad “Después de 15
años me hace eso y me saca la
vuelta, es el primer delito que co-
meto” (Expediente Penal Número
54060-1999: 163).
Los celos son una manifestación
de la eminente pérdida de algo
que tiene un valor importante
para una persona, o de lo contra-
rio no generaría esa sensación.
Los celos aparecen comúnmente
en los discursos del feminicidio
uxoricida tratando de explicar y
justifcar el actuar de los hom-
bres para quienes “su” mujer se
volvió una “posesión” invaluable,
ya que su masculinidad tenía
como último elemento de poder
y afrmación ese dominio y sin
otros medios de canalización.
Así, la infdelidad, el abandono,
o el intento de romper la relación
por parte de la mujer, se presen-
tan como situaciones donde la
posesión de la mujer se pone
en cuestionamiento y posibilitan
el feminicidio uxoricida como
el mecanismo último de control
sobre el cuerpo y sexualidad de
la mujer, sobre todo cuando la
autoestima del hombre ha sido
dañada y su masculinidad pues-
ta en cuestionamiento.
Si bien, no todo hombre que ha
sufrido infdelidad o abandono
por parte de su pareja femenina
termina asesinándola, al parecer
los que han cometido el feminici-
dio uxoricida en la mayoría de los
casos que se presentan en nues-
tro país han sufrido infdelidad
(real o supuesta) o abandono (o
intento) por parte de su pareja,
tal como se presentan en el caso
que se muestra en este artículo y
en diversas noticias de la prensa.
En el caso de Leonarda y Fran-
cisco, ella tenía un gran valor
para dicho hombre, sobre todo
al haber perdido él a su amante
y encontrarse desposesionado
de otros elementos sobre los que
se asentaba su masculinidad.
Así, el feminicidio uxoricida de
Leonarda se volvió el síntoma del
desbalance en la relación entre
ella y su conviviente, estallando
la tensión cuando Francisco se
dio cuenta de la inminencia de
la separación y la pérdida de
su “posesión” sobre la que se
podría pensar que recaían los
rezagos de la masculinidad de
este hombre.
Este accionar de Francisco
ocasionó que el 03 de diciembre
de 1999, la Primera Sala Corpo-
rativa para Procesos Ordinarios
con Reos en Cárcel, condene a
Francisco a 20 años de prisión
por homicidio califcado al dejar
huérfanas de madre a sus tres
hijas.
38 39
N° 4 La Colmena
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40 41
N° 4 La Colmena
V
ivimos en una “era de la
igualdad”, o más exac-
tamente, en un clima de
igualación. Yo, integran-
te de un grupo igno-
rado, o sub-valorado,
declaro mi derecho a ser considerado
de igual a igual con las -supuestas o
reales- “mayorías”. Se trata de exhibir
la diferencia, y de enorgullecerse de
ella. Ejemplos los tenemos a diario
en la etnicidad, la raza, el género, la
sexualidad, la cultura, la edad, las
peculiaridades físicas, la religión, el
idioma. El resultado es la aparición de
infnidad de fragmentos móviles, que
emergen, vuelven a fundirse, y vuelven
a aparecer con contornos más o menos
cambiados. Emergen de conjuntos más
estables, pero que vienen perdiendo
vigencia y visibilidad frente a esta multi-
plicidad de instancias móviles.
Quiero en este breve espacio examinar
muy someramente ese talante gene-
ral, en los campos de las culturas, la
sexualidad y la religión, para evaluar
criterios que nos permitan establecer
hasta qué punto este caleidoscopio
social es sostenible. Como ocurre con
los ítems que son considerados “políti-
camente correctos”, estos rara vez son
examinados críticamente, con lo cual
se obvian sus vacíos y puntos débiles.
Este artículo busca contribuir a revertir
esa situación jugando –como es casi
una vocación de mi parte- el papel de
“abogado del diablo”.
¿PaíS mULTIcULTURaL?
En una época en que valores asociados
a la democracia y los derechos huma-
nos, el reconocimiento, etcétera, han
alcanzado un nivel de legitimación an-
tes inédito, estas manifestaciones por lo
general convocan el apoyo de quienes
suscriben los valores mencionados. La
premisa pareciera ser a más diversi-
dad, tanto mejor. Diera la impresión que
este planteamiento se apoyase en un
supuesto traído (no sé si correctamen-
te) de la Biología: a mayor diversidad
biológica, tanto mejor; por eso hay que
preservar todas las especies que aún
existen, y proteger a las que corran pe-
ligro de extinción. Ahora bien, si el Perú
es un país bendecido por una mega-
biodiversidad, ergo, al considerar “las
culturas” habría que utilizar el mismo
principio. No es casual que se escuche
decir a menudo “nuestra diversidad
cultural es una de nuestras mayores
riquezas”.
Pero… ¿es todo ello tan fácil? En la
naturaleza las especies son inheren-
temente (inter)dependientes, lo cual
abarca fenómenos tan simpáticos como
la polinización de las fores mediante
las abejas, pero también otros, eminen-
temente trágicos, como las cadenas
alimenticias, donde “el pez grande se
come al chico”. ¿Hay algo similar a esto
último entre las “especies sociales”
en este país –las llamadas “todas las
sangres”? Sí: y precisamente ese es el
problema -no la solución.
Para que un conglomerado de identida-
des étnicas pueda formar una unidad
mayor que se reconozca como armó-
nica se requiere un conjunto articulado
de puntos en común, que por lo demás
deberían ser de un carácter fundante.
De no ser así, ¿qué impediría tener
como desenlace una “guerra de todos
contra todos”? La prédica o la deman-
da, sea por la tolerancia o el reconoci-
miento, requieren un centro previo, a)
o interiorizado por todos –un “núcleo
cultural”-, o b) ajeno a todos por igual,
como es el Estado en la concepción
liberal: es decir, una instancia en prin-
cipio equidistante a todas las partes en
juego.
Por otra parte, ¿qué tan consistentes,
qué tan reales, son las entidades así
auto-defnidas? ¿Para qué efectos exis-
ten?, ¿en qué circunstancias, o momen-
tos? ¿Ante (o contra) quiénes aparecen
-y ante quiénes no se manifestan? ¿Son
capaces de alguna acción colectiva?
¿Y en qué consiste dicha diversidad?:
¿en cosmovisiones peculiares? ¿O
solamente en estilos que se manifestan
en muchos campos, como la estética o
la culinaria?
Apelando por mi parte no a “la autori-
dad”, sino a razonamientos muy bien
fundamentados, creo que ni Mariátegui
ni Arguedas hubieran suscrito esta te-
sis. Ambos pensaron el país claramente
en términos dicotómicos, y a partir de
una relación de dominación de carácter
colonial. Para Mariátegui los múltiples y
azarosos cruces se sitúan al interior de
un campo de fuerzas formado por dos
polos: el hispánico y el indígena. Los
sujetos, “mezclados” de mil distintas
formas, se orientan hacia el uno o hacia
el otro, pero no crean un tercer polo.
Así, “el indio alfabeto se transforma en
un explotador de su propia raza por-
que se pone al servicio del gamonalis-
mo.” “El mestizaje es un fenómeno que
ha producido una variedad compleja,
en vez de resolver una dualidad, la del
español y el indio” (Mariategui 1969: 32,
269).
Por su parte Arguedas distingue entre
procesos de mestizaje, individuales y
colectivos; cada uno de ellos puede
tener o carecer de una brújula, de un
punto de referencia. Carece de ella el
mestizaje de “fuga”. Éste puede ser
individual, como en el caso referido
por Mariátegui; y también puede ser co-
lectivo: como capas mistis de la ciudad
de Ayacucho que, observaba Argue-
das, empezaban a imitar la arquitectura
“moderna” de Huancayo. Pero hay otro
mestizaje, que Arguedas encuentra
positivo, como el de las comunidades
indígenas del valle del Mantaro, que
llevan a cabo un proceso autónomo
de transculturación. A este mestizaje
lo denomina de “fusión”. En él, desde
una matriz andina los sujetos adoptan
selectivamente elementos culturales
occidentales, y los hacen suyos, sin
abandonar su propia matriz.
Obviamente estas consideraciones
concuerdan con políticas de trato igua-
litario, no discriminación, reconocimien-
to, etc., a las más diversas expresiones
culturales. Pero ello no signifca con-
fundir expresiones locales que operan
en ámbitos circunscritos, con matrices
culturales, las cuales tienen un alcance
mucho más vasto.
El caso es que no estamos ante una
constelación de n culturas, que se
relacionarían horizontalmente entre
sí con n-1 culturas. Estamos más
bien ante una matriz dominante que
defne e impone tanto la discrimina-
ción como la horizontalidad. A fn de
cuentas, democracia, tolerancia, son
más inherentemente afnes al mundo
occidental moderno que a cualesquier
otro. Mariátegui encontraba que era en
contacto con estos valores modernos
que antiguas culturas orientales (Japón,
India, China, Turquía) se revitalizaban.
En tal sentido hace suya la frase del
escritor anti-colonialista francés Félicien
Challaye, cuando dice que el Japón
“se ha europeizado para resistir mejor
a Europa y para seguir siendo japonés”
(Mariategui 1970: 139). En 7 Ensayos…
dirá en forma categórica “creo que no
hay salvación para Indo-América sin la
ciencia y el pensamiento europeos u
occidentales.” (Mariategui 1968: 12)
De una manera prácticamente idénti-
ca, Arguedas era consciente de que la
única manera de lograr estar en pie de
igualdad con el mundo de los domina-
Estamos más
bien ante
una matriz
dominante
que defne e
impone tanto la
discriminación
como la
horizontalidad.
42 43
N° 4 La Colmena
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N° 4 La Colmena
dores era dominando sus medios de
dominación, en particular sus medios
de expresión. De ellos el primero era
el idioma castellano, pero al cual había
que subvertir, como él lo haría en su
obra literaria. No se trataba pues, de
una integración entre “múltiples cultu-
ras”, como en una feria gastronómica.
Tampoco podía tratarse de “mestiza-
jes” al interior de los dominados, ni del
“monstruoso contrasentido” que consis-
tía en alabar las creaciones culturales
indígenas, y seguir denigrando a sus
creadores (Arguedas 1976: 215-219).
En defnitiva, es necesario que haya
alguna manera de reconocerse como
unidad. Y no veo que haya otra que a
través de la cultura dominante, aunque
apropiada por quienes han sido margi-
nados por el.
¿TODaS LaS LIBIDOS?
Además de la cultura o identidad étni-
ca, la prédica igualitaria también se ha
extendido a la orientación sexual de las
personas. Desde una heterosexualidad
estricta como norma –al parecer aquí
hay una historia compleja, y no lineal-
llegamos a la demanda por el reconoci-
miento de que al menos en este terreno
“lo normal no existe”, y que todas las
formas de vivir y expresar la sexualidad
son igualmente normales.
Mientras que las demandas por la “mul-
ticulturalidad” son hoy, al menos en teo-
ría, mucho más fáciles de aceptar que
antes, la “unisexualidad” en sus distin-
tas formas sacude de manera mucho
más signifcativa el orden cultural, legal
y social “vigentes”
1
, encuentra muy
fuertes resistencias, desde el sentido
común hasta el Derecho, desde los me-
dios masivos hasta las esferas políticas
e intelectuales -el “matrimonio gay” es
uno de tantos temas al respecto.
La defensa de la homosexualidad en
lo que podría denominarse la “versión
queer” cuestiona que la heterosexua-
lidad tenga el privilegio de la normali-
dad. Así como cuando el feminismo al
constituir la problemática del género
dejó de centrarse en “la igualdad de las
mujeres con los hombres”, empezando
a cuestionar el carácter androcéntrico
del orden social –oculto incluso para
el feminismo anterior-, de modo que lo
masculino fue dejando de ser “la medi-
da de todas las cosas”, el planteamien-
to queer hace estallar la heterosexuali-
dad como “normalidad”. Y mientras que
de por sí la problemática de género no
cuestionó la normalidad de la hetero-
sexualidad, ello es el punto de partida
del planteamiento queer, por lo que su
carácter subversivo –o disruptivo- es
mucho mayor
2
.
Ahora bien, ¿es un punto de vista soste-
nible, como teoría y como práctica? Al
igual que mucho de la problemática
de género y diversas corrientes post-
modernas se apoya en: a) la radical
desmaterialización de la vida social; y
b) un individualismo (¿liberal?) extremo.
Examinaremos ambos supuestos, que
si bien son autónomos al mismo tiempo
están entrelazados.
La teoría queer [TQ] elimina todo ves-
tigio de condición biológica en el ser
humano y en la vida social, amparán-
dose en que “todo es cultural”, todo es
“discurso”, todo es “construcción”
3
. De
esta manera los seres humanos que-
dan concebidos como una condensa-
ción –inestable, variable, dinámica- de
signifcados; de contenidos puramente
“mentales”, o simbólicos. El cuerpo, por
ejemplo, es visto sólo en su dimensión
simbólico-cultural, eliminando todo de-
terminante biológico de la cultura y de
la subjetividad.
¿Pero cómo entender a un ser que es
material y vive en un mundo material,
al tiempo que la materialidad le sería
ajena? Más aún, no se sabe por qué
vive en un mundo material, ni la pregun-
ta es siquiera formulada. Frente a ello
me propongo explorar al ser humano
desde una posición (¿metafísica?) que
reivindica la materialidad biológica del
cuerpo como una dimensión irrenuncia-
ble.
Como especie biológica los seres
humanos compartimos con la gran ma-
yoría de las especies animales infnidad
de rasgos, cuya expresión genética se
muestra en la similitud de los respecti-
1.-Digamos que la ex-
presión “todas las libi-
dos” gozaría de mucha
menos aceptación que
“todas las sangres”.

2.- Sobre el signif-
cado del término puede
consultarse http://
es.wikipedia.org/wiki/
Queer. Respecto a la
“teoría queer” http://
es.wikipedia.org/wiki/
Teor%C3%ADa_queer.
3.- En general estos
términos, o quedan
indefnidos, o hay
defniciones múltiples y
no utilizadas en forma
consistente.
46 47
N° 4 La Colmena
vos genomas. Para mencionar solamen-
te unos pocos, están la alimentación, el
metabolismo, algunos de los sentidos
de la percepción, y la heterosexuali-
dad. Menciono los primeros para que
el argumento no se agote en lo último.
Por supuesto que la especie huma-
na –como cualquier otra- es singular,
pero esa singularidad quedará todo lo
delimitada que se pueda, sólo recién
después de luchar hasta las últimas
consecuencias con la puesta en cues-
tión de su excepcionalidad.
La existencia de dos sexos no es
universal en las especies, ni ha sido la
forma originaria de reproducción de los
seres vivos -es decir, aquellos que son
aquejados por la muerte. La materia
viviente, materia que se autoorgani-
za, requiere de su reproducción para
perpetuarse. En sus orígenes -y sigue
siéndolo para los organismos más sim-
ples- fue “unisexual”
4
. En organismos
más complejos algunas veces tiene
lugar la partenogénesis
5
; en cambio
la reproducción bi-sexual es general
en las especies a partir de cierto nivel
de complejidad. Dicho sea de paso
explicar la bi-sexualidad es uno de los
problemas mayores de la biología evo-
lutiva: ¿por qué se ha convertido en la
forma más generalizada de reproduc-
ción, siendo tan costosa en términos
de consumo energético?: normalmente
los machos consumen más energía que
las hembras, pero esta diferencia se
amplía enormemente si se considera lo
que aportan a la reproducción.
Una teoría reciente la explica como un
mecanismo de defensa de organismos
complejos que son atacados por orga-
nismos simples, como resultado de lo
cual los primeros “enferman”, y even-
tualmente mueren de esas patologías.
La reproducción bi-sexual produce una
variabilidad genética que difculta la
acción de estos agentes patógenos. De
ahí que las especies bisexuales eviten
la endogamia, incesto incluido. Como
corolario, habría también un “sexo” bá-
sico, originario, que sería el “femenino”
(el que procrea), mientras que el sexo
masculino sería derivado, secundario
-en rigor sería un “segundo sexo”. La
exigencia de la heterosexualidad por
tanto, no es una construcción social
-aunque en el caso humano se revista
siempre de ropajes sociales y cultura-
les- porque ni siquiera es específca-
mente humana.
¿Pero por qué los individuos de las
especies bisexuadas accederían a un
acto tan complejo y amenazante como
el coito? La naturaleza ha colocado,
a modo de incentivo, el placer sexual.
Se podría inferir de aquí que este acto
y este placer serían propios de tales
especies, pero ello quedaría sujeto a
verifcar empíricamente si hay placer
(unisexual) en algún momento de la
partenogénesis.
Frente a todo ello la TQ se limita a dar
por sentado que el placer sexual existe,
y lo disocia del sexo y del género. Pero
no se pregunta qué es ese placer (¿no
será una construcción?) y por qué
existe. Más aún, ¿por qué existirían
sentimientos asociados a la sexualidad,
sentimientos que tienen lugar entre
parejas excluyentes de individuos?
6
Por otro lado el individualismo, que es
consustancial a toda la cultura contem-
poránea, pasa por alto la dimensión
colectiva –o gregaria-, que habita en
nuestros cromosomas, al erigir al indivi-
duo –el cual está sujeto a todo tipo de
circunstancias- como parámetro inape-
lable de decisión y acción. Lamenta-
blemente si las decisiones individuales
concurren masivamente en direcciones
determinadas traen consigo conse-
cuencias públicas y estructurales. Un
aumento o reducción de la natalidad,
o en la mortalidad (de cualquier edad),
a partir de decisiones individuales que
muchas veces pueden ser tomadas
en las parejas, tiene consecuencias
para el conjunto social, y también para
los mismos individuos. Por eso habrá
gobiernos que intentan disminuir la
natalidad de sus sociedades, mientras
que otros intentan aumentarla, porque
en uno y otro caso enfrentan proble-
mas para la reproducción de la socie-
dad misma en términos defnidos por
instancias de poder que pueden ser
sumamente diversas. El individualismo
extremo de la post-modernidad, idea
queer incluida, obvia este espacio cru-
cial, y constituye a la sexualidad como
un espacio absolutamente privado.
4.- Hasta cierto punto
sería un “anatopismo”
llamar “sexo” a las
formas “unisexuales”,
porque la palabra tiene
sentido a partir de la
bi-sexualidad –enten-
dida además como
forma “normal”-; pero
este es un problema
con las palabras cada
vez que estamos ante
fenómenos-límite.

5.- Consultar http://
es.wikipedia.org/wiki/
Partenog%C3%A9nesis

6.-Claro está, todo esto
puede ser cuestionado,
¿pero cuáles serían los
límites a los cuestion-
amientos? ¿Sería un
absurdo el rechazo al
incesto, ya fuese hetero-
sexual o monosexual?
¿Y el “bestialismo”?
Zygmunt Bauman
refexiona sobre las
relaciones incestuosas
en “Sobre los usos
posmodernos del sexo”
en su libro La Sociedad
Individualizada. 2da.
Ed. Cátedra, Madrid
2007.
48 49
N° 4 La Colmena
¿Pero es esto factible?
Mi conclusión es que para la vida social
no es lo mismo la heterosexualidad que
la homosexualidad. Los individuos uni-
sexuales requieren de los heterosexua-
les para existir, mientras que lo inverso
no es así. Por supuesto, sostener que
no todo es igualmente “normal”, afrmar
que la normalidad de cada individuo no
necesariamente coincide con los már-
genes de normalidad que una sociedad
admite, no signifca proscribir a aquélla,
ni rebajar a las personas que se apar-
ten de la versión standard. Aunque los
colectivos LGBT rechazarán esta com-
paración –meramente aproximativa-,
la normalidad de una persona minus-
válida –es decir, lo que para ella es su
normalidad- no la hace ser “normal” a
secas. Pero en modo alguno cabe su
denigración. ¿Qué podría justifcar la
suerte que Judith Butler narra de un
pariente suyo?:
“Crecí entendiendo algo
sobre la violencia de las
normas del género: un tío
encarcelado por tener un
cuerpo anatómicamente
anómalo, privado de la fa-
milia y de los amigos, que
pasó el resto de sus días en
un ‘instituto’ en Kansas…
…¿Cómo tendría que ser
el mundo para que mi tío
pudiera vivir con su fami-
lia, sus amigos o algún otro
tipo de parentesco? ¿Cómo
debemos reformular las
limitaciones morfológicas
idóneas que recaen sobre
los seres humanos para que
quienes se alejan de la nor-
ma no estén condenados a
una muerte en vida?” (Butler
2007: 23-24).
¿UN ESTaDO
TOTaLmENTE LaIcO?
Con todas las peculiaridades históricas
del caso, también en el Perú a lo largo
del siglo XX se ha dado un retroceso
del poder civil de la Iglesia católica, en
campos tales como el control sobre los
registros civiles, la pérdida del monopo-
lio del culto religioso en público, y se ha
incrementado la “desobediencia civil”:
es decir, la conducta de los ciudada-
nos en temas tales como el divorcio, la
convivencia extra matrimonial, o el uso
de diversos métodos anti-conceptivos.
Finalmente, el Estado ha asumido
constitucionalmente una posición de
independencia frente a dicha iglesia.
¿Cuál es pues, la queja de quienes
demandan por un Estado que debiera
ser efectivamente laico?
La Iglesia católica mantiene un lugar
privilegiado como “guía moral” de la
sociedad, una sociedad que, dicho
sea de paso, se ve a sí misma como
moralmente débil
7
. Esta debilidad no
es responsabilidad de ninguna Iglesia
sino de los mismos actores sociales y
políticos. De modo que no viene al caso
intentar reducir la presencia moralizante
de la Iglesia católica, sino fortalecer la
moralidad autónoma del mundo civil.
Lo primero no daría como resultado lo
segundo, que es el problema de fondo.
Esto en cuanto a lo eclesial. ¿Pero qué
ocurre en cuanto a la religión?, ¿cuál es
la relación entre ésta y la vida social?
Para un clásico de la Sociología como
Durkheim la religión se defne por la
existencia de un campo sagrado: de
objetos, actos, lugares, que son reve-
renciados en grado sumo; no pueden
ser profanados porque comprenden
un orden supremo del cual depende
todo lo demás. Por su parte Weber
considera que las grandes religiones
universales son la primera forma en la
que el mundo ha sido racionalizado; es
decir, hecho inteligible en forma siste-
mática, incluyendo principios morales,
que estarían ausentes en la magia.
Es de esa gran matriz que se han ido
diferenciando y desprendiendo la
flosofía, la moral, la ciencia, las artes,
la técnica. En la medida en que estos
campos generan sus propios criterios
7.- Ambos temas
deberían ser objeto de
refexión e investigación
sistemática. Un notable
aporte en tal sentido es
el libro de Guillermo
Nugent. El Orden Tute-
lar. Sobre las Formas de
Autoridad en Amé-
rica Latina. CLACSO
y DESCO. Lima, 2010.
SHILLING, Chris. The
Body and social theory.
London : Sage Publica-
tions, 2003, Pp. 26-27.
y se van haciendo autónomos se van
secularizando; es decir, van perdiendo
su carácter sagrado. La pregunta es si
para estos campos es posible cortar
defnitivamente el cordón umbilical, y
partir desde bases totalmente propias.
Por ejemplo, la dignidad atribuida en
el mundo moderno convierte al indivi-
duo humano, según Durkheim, en una
instancia sagrada. Y -agrego por mi
parte- esta idea es impensable sin la
concepción del hombre como hijo de
un dios creador, hecho “a su imagen
y semejanza”. Para bien o para mal la
separación entre hombre y naturaleza
-que va a contracorriente de la fusión
del hombre en ella, central por ejemplo
a cosmovisiones como la andina- en-
cuentra ahí sus orígenes.
Claro está, una vez que cierto campo
de la práctica humana se ha diferencia-
do, en principio puede independizarse
de las iglesias. Que llegue o no a ser
efectivamente así depende del proceso
histórico mismo. Por ejemplo, ¿debe
experimentarse con seres humanos?
Una respuesta negativa puede estar
basada, sea en la participación de los
hombres del carácter “divino” del dios
cristiano, como también en la “dignidad
humana”. No obstante que cada argu-
mento esté en su propio campo, ambos
tendrán una igualdad sustancial.
En un caso diferente, pero que tiene la
misma lógica, la controversia sobre la
píldora de contraconcepción oral de
emergencia entre la Iglesia católica y
diversos colectivos seculares ha sido
sobre el carácter abortivo que podría
tener. En la polémica ambos lados
han utilizado argumentos científcos,
y han estado “de acuerdo” en que no
cabía autorizar sustancias que fueran
abortivas. Sobre ese “acuerdo” tácito la
Iglesia estaba interesada en argumen-
tar que esa píldora sería abortiva, dada
su vocación tutelar sobre la sexualidad
de sus feligreses y su rechazo a toda
forma de control de natalidad que no
sea fsiológica. Sus opositores con-
centraban sus esfuerzos en demostrar
que no tenía ese carácter, como parte
de una campaña orientada hacia la
ampliación de espacios de libertad –a
saber, libertad sexual. Pero la polémica
se desarrollaba –en este caso- sobre un
consenso implícito: no al aborto
8
.
Polémicas sobre dilemas éticos como
el aborto terapéutico se plantean como
dilemas sobre un solo principio: la dig-
nidad de la vida humana. En este caso,
¿es preferible sacrifcar a un ser (huma-
no?) no nacido, frente al que ya nació?
Es decir, es posible desde fuera de las
iglesias sostener los mismos criterios
que ellas, y no obstante llegar a conclu-
siones opuestas, porque en su “apli-
cación” los principios tienen márgenes
muy amplios de indeterminación. En
defnitiva, ¿qué tan “laico” se puede
ser? Pudiera ser que el poder secular
de las iglesias decreciera sustanti-
vamente, pero aún así, como decía
Durkheim, seguirá existiendo un espa-
cio sagrado. La pregunta entonces será
sobre la cuáles serían sus contenidos,
quiénes sus administradores, y sobre la
calidad moral de los mismos.
Aunque quizá este escrito no se entien-
da así, estoy a favor de la más amplia y
libre expresión cultural, a favor de la no
discriminación a la expresión de (casi)
todas las diversas formas de sexuali-
dad, y a un espacio público-estatal libre
de cortapisas eclesiales. Pero las bue-
nas causas se debilitan si sus argumen-
tos son inconsistentes. Estas breves
líneas quieren contribuir a una crítica
que fortalezca sus fundamentos.

8.- Tan es así que sólo
sé de un artículo del
recientemente desa-
parecido escritor José
Adolph, donde decía
con bastante claridad
sobre la “píldora del
día siguiente” que no
había problema con que
fuera abortiva. Cito de
memoria por no tener la
fuente a la mano.
Los individuos
unisexuales
requieren de los
heterosexuales
para existir,
mientras que lo
inverso no es así.
50 51
N° 4 La Colmena
Los trabajos sobre el ejército peruano se han centrado en ver
las relaciones del ejército con otros grupos sociales, pero no
las relaciones interpersonales que se dan dentro de este. Este
artículo nos da luces sobre este tema, para conocer de qué
manera se construye la autoridad en la escuela militar
de Chorrillos.
Escribe: José Andrés Cuadros
Foto: internet
Sin
dudas ni
murmuraciones
,. ,.... . ........ . ..
......... . .. ,.... ......
. ,.........
52 53
N° 4 La Colmena
ESTUDIOS
SOcIOLóGIcOS y EL
mUNDO mILITaR
A lo largo de la historia del Perú, el
Ejército ha sido un actor signifcativo en
su desarrollo, contando con una parti-
cipación activa en los asuntos políticos-
sociales del país. Pese a este protago-
nismo obtenido, poco se sabe sobre el
Ejército como grupo social. La mayoría
de los estudios que se han realizado en
la bibliografía nacional sobre la parti-
cipación del Ejército en la sociedad se
han encauzado por el camino de su
interrelación con otros colectivos del
país (las elites, el gobierno, la sociedad
civil, entre otros). Sin embargo, poco se
sabe sobre las relaciones interpersona-
les que se dan dentro del ambiente mi-
litar; llevando a un desconocimiento de
lo “militar”, su idiosincrasia institucional,
ni la forma de enseñanza o de transmitir
las tradiciones que existe dentro del
Ejército; la cual difere del mundo civil.

Al ser el Ejército una organización
jerárquica y normativa, el principio
de autoridad viene a ser un elemento
fundamental para la formación de su
identidad militar. La importancia de
la autoridad radica en su posición e
imagen que representa dentro de la
enseñanza castrense, asociada con
los valores y cualidades que se buscan
inculcar y moldear en los cadetes, sien-
do parte de la vida diaria del personal
militar. Un conocimiento de la coyuntura
militar permite alcanzar un mejor en-
tendimiento de ciertas nociones (como
la autoridad) y representaciones, así
como de las relaciones sociales, dentro
del proceso de (re)socialización por el
cual pasan sus miembros.
El propósito del estudio es identifcar
como y de qué manera, se construye la
autoridad dentro de la Escuela Mili-
tar de Chorrillos (EMCH), tanto en las
interacciones entre los propios cadetes
de los diferentes años, como entre los
cadetes y los ofciales. Para ello, se
buscará develar ciertas interrogantes
sobre: ¿Cómo se crea y desarrolla
la noción de autoridad entre los pro-
pios cadetes de diferentes años de la
EMCH? o ¿Cuál es la percepción de los
cadetes sobre el proceso de adapta-
ción a la vida militar? Lo que se quiere
conocer es cómo se (re)crea, transmite
y perpetúa la noción de autoridad en
los cadetes (así como sus reaccio-
nes), lo cual lleva al desarrollo de una
identidad institucional. Ello permitirá
comprender la actuación a nivel indivi-
dual y grupal que realizan los efectivos
de esta Institución, como también un
acercamiento sobre cómo funcionan
las instituciones castrenses en nuestra
sociedad, teniendo en cuenta su idio-
sincrasia.
Para tratar el tema de la autoridad,
primero abordaré el concepto de “domi-
nación” de Weber. La dominación es “la
probabilidad de encontrar obediencia
dentro de un grupo determinado para
mandatos específcos (o para toda cla-
se de mandatos)” (Weber 1969: 170).
Para que esta dominación sea factible,
debe haber una mínima voluntad de
obediencia por parte del individuo
respecto a la autoridad
1
. Sin embargo,
la obediencia no siempre está sujeta a
una creencia en la legitimidad, sino que
esta puede ser fngida por el individuo
(o grupo) y estar más orientada hacia
un oportunismo. Weber considera que
la legitimidad puede estar basada en
un carácter racional (obediencia al
puesto) o un carácter carismático (obe-
diencia a la persona).
Por otro lado, el papel que desempeña
la EMCH sobre los cadetes durante
su proceso formación, se encuentra
relacionada al concepto de “institu-
ción total” de Goffman. Según él, una
institución total vendría ser aquellas
instituciones de “tendencia absorben-
te o totalizadora (…) simbolizada por
los obstáculos que se oponen a la
interacción social con el exterior y al
éxodo de miembros…” (Goffman 1970:
18). Los individuos que son parte (y a
su vez están sujetos a él) de este tipo
de institución, son denominados por
Goffman como “internos”. La caracterís-
tica principal de las instituciones totales
tiende a marcar una separación del
individuo respecto a la sociedad, así
como un condicionamiento de su modo
de vida, realizando diferentes activida-
des en un mismo lugar, bajo el mando
de una única autoridad. Para lograr ello,
se desarrollaran dos procesos para
1.- Según el mismo
Weber, la obediencia
vendría a ser “la acción
que tiene como máxima
de su conducta el man-
dato impuesto”.
cambiar el “yo” del interno, como una
forma de control: la mortifcación del
individuo y la infuencia reorganizadora
de sus hábitos.
Desde un enfoque más individual, la
del interno, se tiene en cuenta el con-
cepto de Giddens sobre la “agencia del
individuo”. Ello permite analizar la forma
de reacción del cadete frente al sistema
de instrucción (militar); y que medidas
toma para poder afrontarlas, infuyendo
en las relaciones entre subordinados-
superiores. Según Giddens, “Los acto-
res no sólo registran de continuo el fuir
de sus actividades y esperan que otros,
por su parte, hagan lo mismo; también
registran por rutina aspectos sociales
y físicos de los contextos en los que
se mueven” (Giddens 1986: 43). Es
decir, que hay una cierta refexión por
parte de los individuos en las accio-
nes cotidianas que realiza, tanto de su
propia conducta, como la de los otros.
Ello permite descubrir las motivaciones
y reacciones que poseen los propios
cadetes para seguir participando en las
actividades castrenses.
Partiendo de estas concepciones
teóricas es que se elaboran tres hipó-
tesis. Primero, el reconocimiento de la
autoridad dentro de la Escuela Militar
de Chorrillos, por parte de los cadetes,
se ve infuenciado tanto desde un nivel
racional (cargo impersonal), como des-
de un nivel carismático (persona en sí).
Segundo, la EMCH busca modifcar el
“yo civil” del interno mediante la reali-
zación de dos procesos: mortifcación
del individuo y reorganización de sus
hábitos), para poder lograr su adapta-
ción al medio castrense. Tercero, los
cadetes son conscientes del proceso
que atraviesan, produciendo en ellos
mismos un autocontrol en su capaci-
dad de reacción, decidiendo aceptar
las normas de la Escuela Militar para
continuar sus estudios.
LOS caDETES y SU
RELacIóN cON EL
mUNDO mILITaR
La Escuela Militar de Chorrillos (EMCH)
comenzó a funcionar en el año de
1898, durante el gobierno de Piérola.
Su ubicación se encontraba en lo que
actualmente es hoy el CAEN (Centro de
Altos Estudios Nacionales), en el distrito
de Chorrillos. En 1945, se mudo a su
ubicación actual dentro de las instala-
ciones del Comando de Educación y
Doctrina del Ejército. Desde su funda-
ción, la EMCH es el centro de estudios
encargado de formar a los futuros
ofciales del Ejército. Dentro de sus
instalaciones cuenta con diversos am-
bientes y servicios como comedores,
cuadras (dormitorios), gimnasio, audi-
torio, casinos (sala de esparcimiento),
aéreas deportivas, bazares, un museo,
e incluso un Coliseo (EMCH: 1998).
Los cadetes de la EMCH se dividen
en cinco “años académicos”: un año
de aspirante y cuatro años de cadete,
ubicados en pabellones diferenciados.
La cantidad de cadetes por año varía
según las vacantes establecidas por
el centro de estudios en su momento.
Mayormente el promedio por año oscila
en los 300 cadetes. La edad de los ca-
detes suele oscilar por lo general entre
los 17 y 22 años, siendo en su mayoría
hombres, aunque también se encuentra
una determinada cantidad de mujeres,
La autoridad
termina siendo
fortalecida
en base a una
obediencia
voluntaria,
construida en
base al ejemplo
y la lealtad
mutua.
54 55
N° 4 La Colmena
56 57
N° 4 La Colmena
las cuales también fueron consideradas
en el trabajo de campo (5 entrevistas).
Para poder realizar un estudio repre-
sentativo a fondo, se decidió aplicar
entrevistas a los cadetes. En total, se
aplicaron entrevistas a 20 cadetes
recién ingresados (aspirantes) y a 20
cadetes del último año de estudios (4º
año).
2
La decisión de entrevistar solo a
cadetes de estos dos grupos, se debió
a que el primer grupo representa a los
novatos de la Escuela, aquellos que
no poseen aún ningún conocimiento
sobre la vida dentro de este centro de
estudios, mientras que por otro lado
se encuentran los cadetes de 4º año,
quienes son lo más experimentados de
entre todos los cadetes.
Los cadetes pasan los días de semana
(lunes a viernes) recibiendo su instruc-
ción académica y militar, mientras que
el fn de semana (sábado y domingo)
tienen permiso para salir. No obstante,
los aspirantes suelen pasar los prime-
ros meses de su instrucción dentro de
la EMCH, sin goce de salida. El hecho
que los cadetes pasan la mayor parte
de su tiempo dentro de la EMCH, lleva
a considerar a este lugar como una
“institución total”, ya que el individuo se
ve apartado del resto de la sociedad,
sin tener casi ningún contacto con el
exterior, principalmente los primeros
meses. Es durante este tiempo que se
da lo que Goffman denomina la “morti-
fcación del individuo”, donde el cadete
es aislado del mundo exterior, y es
reeducado conforme a los lineamien-
tos del Ejército, con el objetivo de que
pueda adaptarse y desenvolverse en el
ambiente militar.
La gran mayoría de los cadetes entre-
vistados manifestaron haber tenido un
contacto previo con el ambiente militar
antes de su ingreso a la escuela militar,
ya sea a través de familiares (padres,
tíos o primos) pertenecientes a algún
instituto armado o policial, o porque
habían estudiado en un colegio militar
y/o hecho el servicio militar voluntario.
Entre las razones que poseían para
seguir una vocación militar estaban la
estabilidad laboral y económica que re-
presenta la Institución. Otros se sentían
atraídos por una serie de valores, que
consideraban características del mun-
do militar, como el amor y servicio a la
patria, la obediencia, la disciplina, entre
otras. Otro motivo fue la atracción del
ambiente castrense, como los desfles
y/o los uniformes.
Para los cadetes, la enseñanza y el
trato recibido en la EMCH produjo
cambios en su personalidad, los cuales
le permitieron obtener cierta madurez.
Afrmaban que luego de los primeros
meses en la EMCH, se habían vuelto
más ordenados, responsables y res-
petuosos. Ello debido principalmente
a que tenían que obedecer y cumplir
órdenes, como también tener que dirigir
grupos de personas: “… Yo era un
poco desordenada. Y acá en la escuela
te enseñan a tener responsabilidades.
A levantarte temprano, la puntualidad, a
hacer mantenimiento, a hacer tu cama,
el baño. A ser ordenada y puntual. Y
más responsable también.”
3
Estos
cambios eran incluso reproducidos
cuando se encontraban fuera de la
EMCH.
cONSTRUccIóN DE La
aUTORIDaD
En la EMCH, la autoridad nace del
rango que posee la persona dentro del
escalafón militar, conforme está esta-
blecido por la Constitución (MINDEF/
EP 1992: 26.). No obstante, no solo es
el rango que uno posee lo que legiti-
ma su autoridad. Dentro de la Escuela
Militar, los cadetes asocian la noción de
autoridad con la noción de liderazgo,
ya que comprenden que la autoridad
es, primero que todo, un líder. Según
el manual de Liderazgo del Ejercito del
Perú, el liderazgo es “El arte de infuir
en el comportamiento de los hombres
en forma tal que se gane su obedien-
cia, respeto y leal cooperación para
alcanzar un objetivo común.” (MINDEF/
EP 1992: 43). Por lo tanto, el líder debe
buscarse ganar la obediencia de sus
subordinados; tal como lo dijo Weber,
debe haber un mínimo de voluntad por
parte de estos últimos. La autoridad del
ofcial debe nacer de los propios subor-
dinados de manera voluntaria, basada
en el respeto, y no en el miedo.
Esta forma de buscar el apoyo en los
2.- Las entrevistas
fueron aplicadas en
dos rondas durante el
segundo semestre del
año 2010. Una primera
ronda fue aplicada
durante el periodo de
internamiento (tiem-
po durante el cual los
cadetes de 1º año viven
en la escuela, sin salir
a la calle), y la segunda
ronda después de este
periodo de interna-
miento. Durante el año
2010 hubo un proceso
de admisión especial a
mediados de año (julio
- agosto), aparte del
proceso de marzo, por
lo que los cadetes aspi-
rantes recién salieron de
su internado a fnes de
noviembre.

3.- CUADROS, José
Andrés -2010 Entrevista
16. Diciembre. Cadete
de 4º año.
subordinados, es confrmada por los
cadetes de 4º año. Para ellos, la “au-
toridad” es aquel individuo que debe
guiar al grupo que tiene a su mando,
instruirles y adaptarlos a la vida militar.
Pese a poseer un rango superior, y por
ende, de mando frente a los demás ca-
detes, ellos buscan ganarse el respeto
de ellos (sus subordinados). El cadete
de año superior es consciente que no
puede exigirle algo a un subordinado,
si el primero no lo demuestra. Por lo
tanto, antes de exigirse a los demás, los
cadetes de años superiores se exigen
así mismo, ya que consideran que su
propio esfuerzo y ejemplo servirá de
motivación para sus subordinados. Es
por ello, que consideran muy importan-
te que una autoridad para ganar cierto
reconocimiento frente a sus subordina-
dos, deben dar primero el ejemplo, ya
sea en el porte, la apariencia, forma de
hablar, valores, etc. Como dijo un cade-
te de 4º año: “la autoridad no se gana
por ser el más malo, o el más abusivo,
sino se gana por tus propios medios.
Siendo un líder y enseñando.”
4

Esta importancia de ganarse la confan-
za de sus subordinados permite darle
cierta legitimidad, y con ello autoridad,
al cadete que comanda el grupo. Tal
como lo afrma Weber, el carisma del
líder se vuelve un medio para obtener
la obediencia de los subordinados. Ello
es reconocido por los propios cadetes,
quienes ven a sus superiores como
personas ejemplares, con experiencia,
que han soportado varias actividades y
acciones durante el tiempo que llevan
en la Escuela Militar, considerándolos
modelos a seguir. La obediencia no
está orientada a alguna “fuerza so-
brenatural” que tenga el superior, sino
una retribución al trato recibido. Los
cadetes al comando (de 4º año) son
considerados por los aspirantes como
personas que se interesan por ellos,
que buscan su bienestar y les ense-
ñan cómo deben adaptarse a la vida
militar. Ello produce un fuerte sentido
de respeto y reconocimiento hacia sus
superiores: “yo los veo como un ejem-
plo a ellos, porque fueron los primeros
hombres que me han instruido, mis
cadetes de 4º año”
5
.
El dar el ejemplo favorece el desarrollo
de esta legitimidad, ya que los su-
bordinados se dan cuenta de que su
superior les pide algo que él también
es capaz de hacer. Asimismo, al verlo
como un ejemplo, los cadetes de meno-
res años buscan imitarlos para lograr
ser como ellos, como también corres-
ponder de buena manera el interés que
les tienen: “Los cadetes ya conocen
a su cadete (al comando). Tratan de
ser como su superior.”
6
Se empieza a
desarrollar una cierta lealtad por ambos
lados, tanto del subordinado hacia su
líder, como del líder hacia sus subor-
dinados. La autoridad termina siendo
fortalecida en base a una obediencia
voluntaria, construida en base al ejem-
plo y la lealtad mutua.
Pero también, los aspirantes al obe-
decer buscan obtener cierto recono-
cimiento por parte de sus superiores.
Si sus superiores ven que un cadete
obedece, cumple con sus deberes,
4.- CUADROS, José
Andrés - 2010 Entrevis-
ta 19. Diciembre. Cadete
de 4º año.
5.- CUADROS, José
Andrés - 2010 Entre-
vista 15. Diciembre.
Aspirante.

6.- CUADROS, José
Andrés - 2010 Entrevis-
ta 17. Diciembre. Cadete
de 4º año.
7.- CUADROS, José
Andrés - 2010 Entre-
vista 18. Diciembre.
Aspirante.
La obediencia
voluntaria
termina siendo
considerada
base para
fortalecer la
lealtad en el
grupo.
58 59
N° 4 La Colmena
es impecable y ejemplar, se le tomará
en cuenta al cadete su desempeño,
lo cual infuirá en su nota académica y
apreciación de sus superiores. A ello
se refere Goffman como una reacción
del cadete al ambiente en el que se
encuentra, el cual llama “conversión”,
donde el interno asume “plenamente
la visión que el persona tiene de él, y
se empeña en desempeñar el rol del
perfecto pupilo.” (Goffman 1970: 72),
pasando a cumplir perfectamente todo
lo que se le ordena. Como decía un
cadete entrevistado: “si cumples lo que
se te ordena, puedes ser consciente de
que vas a vivir tranquilo (en la EMCH)”
7

. Ello se ve reforzado por la disposición
de los cadetes a salir entre los primeros
puestos, ya que ello les da antigüedad
en su promoción, y con ello jerarquía.
De esta manera, el cadete de 4º año
ve reforzada su legitimidad frente a los
demás. Una legitimidad basada no solo
en la antigüedad, el conocimiento y
la jerarquía que poseen, sino también
en el interés de los cadetes novatos a
obtener esos valores.
mETODOLOGía DE
INSTRUccIóN
Como se mencionó anteriormente, la
instrucción que reciben los cadetes es
rígida y fuerte. Se buscan formar cade-
tes que sirvan de ejemplo para los fu-
turos cadetes y representen de manera
ejemplar a la institución, transmitiendo
a su vez, los valores y tradiciones del
mundo militar. Para ello, los primeros
meses de instrucción los cadetes son
sometidos a una fuerte presión para po-
der amoldarlos y prepararlos a la vida
militar. Mayormente para poder mante-
ner la disciplina entre los cadetes, se
hace uso de las sanciones.

Las sanciones vienen a ser medidas
“correctivas y ejemplarizadoras”. Estas
son mayormente aplicadas cuando el
cadete comete una infracción discipli-
naria, siendo de tres tipos: verbal, física
o escrita. El propósito que ve un supe-
rior al momento de aplicar una sanción
es que el sancionado refexione sobre
su error, y no vuelva a cometerlo. Ello
es apreciado por el propio castigado,
quienes reconocen a la sanción como
una acción educadora antes de moles-
tosa. Además, saben que las sancio-
nes tienen tanto una implicancia en su
salida, ya que los puede dejar sin ella,
como en su puntaje fnal de conducta,
lo cual infuye en su nota académica.
Incluso en aquellas ocasiones que inco-
moden al cadete (ante alguna orden
dada o trato recibido), estos anulan
cualquier malestar o disconformidad.
El encontrarse en fase de formación, y
no poseer la misma experiencia que los
cadetes más antiguos, refuerzan el ca-
rácter educativo de cualquier orden. In-
cluso si un cadete llegara reclamar o no
quisiera hacer algo que se le mande,
esto no sería bien visto por los demás,
ya que se consideraría una cobardía o
faqueza del cadete.
Sin embargo, no siempre se considera
la rigidez y la frialdad como la forma de
instruir y de relacionarse con los cade-
tes subordinados. Se reconoce que es
mejor que los subordinados obedezcan
en base al comportamiento que el su-
perior posee (carisma). Por ello, tam-
bién se busca fortalecer la obediencia y
la disciplina en los subordinados, dan-
do momentos de fexibilidad, represen-
tada en un tiempo de descanso y de
camaradería, aquello que denominan
“soltar y afojar”. Es durante este tiempo
que las relaciones entre el cadete al
comando y los aspirantes se “relajan”.
El cadete al comando pasa de ser
rígido a ser un poco carismático. La
importancia del carisma es reconocida
por los cadetes, tanto por los “técnicos”
de 4º año, como por los aspirantes, ya
que el ser muy rígido puede debilitar la
posición de autoridad: “Siempre hay un
“soltar y afojar”. Porque si a cada rato
estas en atención, descanso, descan-
so, atención, ya no ya. Vas perdiendo
un poco de autoridad… ellos van a
decir: este es un espeso.”
8
.
Además, el carisma puede permitir
complementar mejor la relación entre
el cadete que comanda, y los cade-
tes bajo su mando. El ser carismático
ayuda a darles confanza a sus subor-
dinados, para demostrar que su líder
es alguien cercano a ellos con quien
pueden relacionarse: “El ser carismáti-
co con tu personal que tu estas lideran-
do, infuye. Porque al personal tu le das
8.- CUADROS, José An-
drés - 2010 Entrevista
12. Diciembre. Cadetes
de 4º año.
9.- CUADROS, José
Andrés - 2010 Entre-
vista 14. Diciembre.
Aspirante.
60 61
N° 4 La Colmena
cierta confanza. No lo ve como
una especie de un ídolo que
no lo puede tocar, sino pueden
relacionarse.”
9
.
Sin embargo, también se reco-
noce que el carisma no debe ser
excesivo, porque luego los su-
bordinados pueden tomar mucha
confanza, llegando, como dijo
un cadete, a “conchudear”. Por
ello, la autoridad debe considerar
que hay un tiempo para todo,
enseñándole a los cadetes que
si bien puede haber un momen-
to de estrecha relación basado
en un dialogo “horizontal” y de
confanza, este no deja de ser
su autoridad, a quien le deben el
respeto que se merece.
cONcLUSIONES
De acuerdo con lo explicado,
se puede apreciar que la autori-
dad es construida desde ambas
parte: los superiores, quienes
imparten las órdenes, y los
subordinados, quienes obede-
cen las órdenes. Por un lado,
tenemos a los ofciales y cade-
tes más antiguos (4º año), que
buscan que los cadetes que han
ingresado se adapten a la vida
en la EMCH. Para ello, conside-
ran necesario tener una posición
fuerte y exigente frente a ellos,
para que se vayan acostumbran-
do a esta nueva vida. Es por ello,
que mediante el uso de métodos
y/o acciones de control, como las
sanciones, la instrucción se vuel-
ve férrea y abarca los distintos
campos de la vida del cadete.
Ello es correspondido por los
cadetes aspirantes, quienes se
someten de manera voluntaria a
las disposiciones de sus superio-
res, sin manifestar ninguna queja,
buscando mantener una buena
imagen del cadete. Esta sumisión
voluntaria se debe a que es la
forma en cómo pueden mante-
nerse en la Escuela Militar, así
como gozar de los benefcios de
ella: buenas notas, tranquilidad,
respeto de los demás, salidas
semanales.
La autoridad termina apoyándose
en la forma en cómo se consigue
la obediencia de los subordi-
nados. Esta es desarrollada en
base al modelo de ejemplo que
debe ser un líder, lo cual infuirá
en las personas de su alrededor.
Esta obediencia debe ser propia,
y no impuesta u obligada. Los
propios cadetes de más antigüe-
dad reconocen que una obedien-
cia por convicción ayuda no solo
a mejorar el desempeño de las
tareas que se mandan a hacer,
sino también a estrechar las
relaciones de confanza entre sí
mismo. Por lo tanto, pese a que
debido a la estructura que existe
en la EMCH, donde la posición
que uno ocupa (grado que tiene)
en el escalafón militar le otor-
ga cierta capacidad de mando
sobre otros, los cadetes preferen
ganarse el apoyo de sus subor-
dinados a través de su persona
(apariencia y comportamiento).
Pero a su vez, esta obediencia
es reconocida por los propios
cadetes subordinados (aspiran-
tes), ya que ven en la aceptación
de las “reglas” de la Institución
el camino para poder desenvol-
verse mejor dentro del mundo
militar. Incluso estas relaciones
de autoridad son reproducidas
fuera de los ambientes de la
Escuela Militar.
La obediencia voluntaria termina
siendo considerada base para
fortalecer la lealtad en el grupo.
Ello produce que se busque
el bienestar para todos, y no
solamente de uno, reforzando
lazos de solidaridad entre sus
miembros. Con ello se refuerza
la unidad de grupo cohesionado
que trabaja en conjunto y se apo-
ya mutuamente, también conoci-
do como “espíritu de cuerpo”, lo
cual se vuelve fundamental para
el desempeño grupal (y el éxito
de sus misiones). De esta ma-
nera, el Ejército termina siendo
aquella institución solida, pero
apartada de la sociedad.
También se
busca fortalecer
la obediencia
y la disciplina
en los
subordinados,
dando
momentos de
fexibilidad,
representada en
un tiempo de
descanso y de
camaradería,
aquello que
denominan
“soltar y
afojar”.
62 63
N° 4 La Colmena
La comprensión
vivencial
como legado
arguediano a
las Ciencias
Sociales
La pretensión de comprender el mundo social que nos rodea es tanto una
tarea como una preocupación constante de las ciencias sociales. A partir de
la herencia de Jose María Arguedas como antropólogo y literato que acuñó
la “comprensión vivencial” como metodología, se plantea esta refexión
-al alimón- acerca de las aproximaciones científco-literarias (o literario-
científcas) al sujeto heterogéneo de la realidad peruana. Arguedas pertenecía
tanto al mundo andino como al occidental, tanto a la antropología como a
la literatura. Este texto, por otra parte, pertenece tanto a Sebastián Muñoz
como a Carla Sagástegui.
“intenté convertir en lenguaje escrito lo
que era como individuo: un vínculo vivo,
fuerte, capaz de universalizarse, de la
gran nación cercada y la parte generosa,
humana, de los opresores. El vínculo
podía universalizarse, extenderse; se
mostraba un ejemplo concreto,
actuante.”
José María Arguedas
“Yo no soy un aculturado”
Escribe: Sebastián Muñoz-Najar
y Carla Sagástegui
Foto: internet
64 65
N° 4 La Colmena
U
na de las he-
rencias de José
María Arguedas
es el íntimo refe-
jo de la realidad
del Perú en sus
relatos. Una compresión viven-
cial que para el investigador de
las Ciencias Sociales, hoy en
día, debería ser un recurso que
defna su relación con el elenco
heterogéneo de su investigación.
José María Arguedas, aquel de-
monio feliz que habitara ambas
naciones con extranjería, autenti-
cidad y esperanza, nos legó una
forma de imaginar al Perú donde
la intimidad de una sensibilidad
afectada se intersecta con la
vida entera de un pueblo. Fue
de su experiencia vital, a la vez
emblemática y aleccionadora,
que emergió la posibilidad de oír
con irrefrenable ternura a un país
atravesado por el conficto social.
Y es a dicha imaginación, atenta
escucha de las voces peruanas,
a la que en la presente nota me
avoco a fn de explorar en qué
medida esta disposición creativa
puede y debe ingresar a nuestra
disciplina.
Ahora bien, la forma excepcional
en que Arguedas recibió en su
fuero interno la experiencia de un
Perú heterogéneo, preñado de
odios y esperanzas tan antiguos
como sus mitos, es denomina-
da “comprensión vivencial”. Lo
particular de este tipo de com-
prensión en Arguedas fue que
“lograse que, efectivamente, el
mundo del Perú serrano y luego
el mundo del Perú costeño, y
por último todo el Perú, viviese
en él ‘con la sufciente pasión
y verdad’; que al expresarse a
sí mismo las demás personas
se reconocieran en sus relatos”
(Pinilla 2011: 54).
Las imágenes que del Perú
surgieran, tras el ejercicio de
una comprensión vivencial, en la
etnología y literatura de Argue-
das recibirían una crítica diversa
en distintas épocas. Es bien
conocido el episodio de la mesa
“La
comprensión
vivencial
puede y debe
instaurarse en
tanto recurso
creativo para
imaginar
una relación
fuida entre el
investigador
y las naciones
que este
busca surcar
como vínculo
actuante.”
redonda sobre “Todas Las San-
gres” en el IEP, donde la crítica
de literatos y científcos sociales
llevarían al autor a una profunda
depresión, y eventualmente al
encendido reclamo a algunos
doctores
“Ninguna máquina
difícil hizo lo que sé, lo
que sufro, lo que del
gozar del mundo gozo.
Sobre la tierra, desde
la nieve que rompe los
huesos hasta el fuego
de lveconóceme. ¿Has-
ta cuándo de he espe-
rarte?” (Arguedas 2004:
538)
Pues la espera se prolongaría
hasta la muerte del autor. Es en-
tonces que, como anunciara Ar-
guedas en el ¿Último diario? De
“El Zorro…”, se abriría un nuevo
periodo en la comprensión de la
realidad peruana. En las Cien-
cias Sociales de la década de
1980, la apertura de este nuevo
episodio vería a la obra y fgura
del autor constituirse en lenguaje
e imaginería para la investigación
social. Así, el nudo vinculante
entre el testimonio de Arguedas,
y la épica de una nación cerca-
da, se convertiría en fuente de un
nuevo orden de metáforas con
el cual abrir vetas de indagación
insospechadas tal como atesti-
guan los trabajos de Manrique,
Portocarrero y Flores Galindo
durante este periodo (Portugal
2011: 29).
¿Pero qué sucede con este lega-
do en la actualidad? Vivimos en
una época en que la mostración
de las vivencias más ínfmas es
celebrada; pero donde, simul-
táneamente, la originalidad del
acervo testimonial es amordaza-
da por su virulenta mercantiliza-
ción (Sibilia 2008: 4). Mientras
que, en las Ciencias Sociales,
la crítica posmoderna llevó a
cabo hace ya tres décadas una
mordaz crítica a la vivencia del
investigador en tanto fuente de
conocimiento (Degregori 2001:
54). Debido a ambas situaciones,
el científco social se ve obligado
a llevar a cabo una evaluación
refexiva sobre el diálogo íntimo
que sostiene con el elenco he-
terogéneo de una investigación.
Y es en este punto que quisiera
sugerir, a manera de conclusión,
que la actualización del legado
arguediano es imprescindible. La
comprensión vivencial puede y
debe instaurarse en tanto recurso
creativo para imaginar una rela-
ción fuida entre el investigador
y las naciones que este busca
surcar como vínculo actuante.
“[…] el
científco social
se ve obligado
a llevar a cabo
una evaluación
refexiva sobre
el diálogo
íntimo que
sostiene con
el elenco
heterogéneo
de una
investigación.”
Sebastián Muñoz-Najar
66 67
N° 4 La Colmena
G
racias al mismo
José María Ar-
guedas sabemos
que tenía con-
ciencia de que
su propia historia
vital se encontraba en medio de
dos culturas que incluso hoy en
día no se reconocen como equi-
valentes. Desde una perspectiva
arquetípica, nos parece que él
encuentra en el discurso mítico y
religioso la confuencia necesaria
para expresar desde la condición
humana un conjunto de catego-
rías que sí son equivalentes, pero
que se manifestan y representan
de manera distinta en ambas
culturas, tal como lo desarrolla
en el poema “Llamado a algunos
doctores” (1966).
La civilización andina, conside-
rada inferior por ser distinta de la
occidental, es la que Arguedas
quiere dar a conocer al mundo.
En una sociedad disciplinar,
como la occidental, ha surgido
la antropología como ciencia
que permite realizar esta labor,
pero en la andina, es el mito el
que trasmite ese conocimiento.
La reunión desde una literatura
arquetípica que une escritura y
mito, permite representar tam-
bién la oralidad y el conocimiento
equivalentes a un trabajo etno-
gráfco.
Esta religación mítica conduce a
que José María Arguedas utilice
fórmulas orales quechuas o mes-
tizas en su obra, tanto literaria
como antropológica. Entre ellas
podemos destacar la sincronici-
dad con la naturaleza. En Argue-
das la presencia de esta sincro-
nicidad es la fuerza motora de la
construcción de sus representa-
ciones. Quizá el momento más
recordado por todos es cuando
el niño Ernesto, alter ego de JMA
en Los ríos profundos (1958), se
identifca con el río Pachachaca,
pero nos interesa resaltar que
este fenómeno de sincronicidad
también se presenta en la obra
antropológica de Arguedas.
Específcamente en su tesis Las
comunidades de España y Perú
(1968). En ella, se puede obser-
var que no puede reprimir esta
asociación inmediata consigo
mismo y con la naturaleza.
Por otro lado, en ambos textos,
cabe resaltar una fórmula que ya
podríamos llamar “arguediana”,
en la que se unen oralidad y
escritura, poesía y etnología, que
no es otra cosa que el célebre
recurso de la recopilación de
canciones, el cual está presente
en todas sus novelas y también
en su tesis, cuando nos relata las
prácticas sociales de los comu-
neros de Bermillo asociadas al
trabajo agrícola. En general, la
tesis de Arguedas está dedicada
a la reconstrucción de la oralidad
en la comunidad, a través de
canciones, pero sobre todo de
refranes asociados a los piojos,
al trigo y a Dios. Es un trabajo
casi literario de etnología.
Pero de todos los casos en los
que se trasmite una confuen-
cia de disciplinas occidentales,
debido a la representación oral,
quizá el caso más interesante
sea el de El zorro de arriba y el
zorro de abajo (1971/2011) la
obra literaria más audaz de José
María Arguedas. Audaz, en tanto
Arguedas es consciente de estar
realizando un experimento litera-
rio, a la par que se ve a sí mismo
como extraño a la corriente de
escritores que, como Cortázar
y Vargas Llosa, los considera
“profesionales”. Y es justamente
la relación con el cosmos la base
sobre la que sustenta su condi-
ción a la vez que provinciana,
supranacional:
“y cuando desde San
Miguel de Obrajillo con-
templamos los mundos
celestes, entre los cua-
les giran y brillan, como
yo lo vi, las estrellas fa-
bricadas por el hombre,
hasta podemos hablar,
poéticamente, de ser
provincianos de este
mundo”. (30)
Es quizá en esta obra donde se
puede comprender mejor que no
existe una vocación propiamente
antropológica o literaria en un
sentido profesional occidental.
Si no más bien un rapto epifáni-
co, en el sentido de Joyce, que
revela la intención de una repre-
sentación que lo rebasa:
“Total que se abrieron
perspectivas insospe-
chables para un infor-
me etnológico general
sobre Chimbote y ma-
teriales para mi novela.
Se llamará Pez grande.
Si alcanzo a mejorar
(quiere decir de salud)
podré escribir una na-
rración sobre Chimbote
y Supe que será como
sorber un licor bien
fuerte, la sustancia del
Perú hirviente de estos
días, su ebullición y los
materiales quemantes
con que el licor está
formado”.
(Carta a John Murra, 1967)
Hoy, esta novela y sus persona-
jes forman parte de los mitos a
través de los cuales Arguedas
nos ha enseñado a comprender
el Perú.
“...la tesis de
Arguedas está
dedicada a la
reconstrucción
de la
oralidad en la
comunidad,
a través de
canciones, pero
sobre todo
de refranes
asociados a los
piojos, al trigo
y a Dios.
Carla Sagástegui
68 69
N° 4 La Colmena
1.- Es profesor de socio-
logía en la Universidad
de Estrasburgo y miem-
bro del Instituto Uni-
versitario de Francia.
Autor de numerosas
obras sobre antropolo-
gía del cuerpo entre las
cuales se encuentran
traducidas al español:
Sociología del cuer-
po, Antropología del
cuerpo y modernidad,
Antropología del dolor,
El sabor del mundo.
Una antropología de los
sentidos, entre otras.
2.- SHILLING, Chris.
The Body and social
theory. London : Sage
Publications, 2003, Pp.
26-27.
Escribe: Julio Villa y David LeBreton
1
Foto: internet
Es imposible llegar a un lugar y decir “Vine y traje
mi cuerpo”. Somos nuestro cuerpo. Sin embargo, la
sociología parece haberse guiado por la distinción
cartesiana mente/cuerpo privilegiando más a la
primera. Después de todo ¿es posible la acción social
sin el cuerpo? En la sociología clásica, el cuerpo es
una “ausencia presente”, está y no está. Tal vez,
como señala Shilling
2
, “clásicos” como Marx, Weber
y Durkheim hubiesen meditado más sobre el cuerpo
si hubiesen sido mujeres. Y es que ellas fueron las
primeras en poner en agenda el tema en los sesentas
y a la vez utilizarlo como instrumentos de acción
política y de protesta. Para repensar la manera en
la que hacemos sociología y sobre la manera como
se analiza al objeto de estudio de esta ciencia social
es necesario traer los cuerpos de vuelta.
El
cuerpo
revela
El cuerpo revela
70 71
N° 4 La Colmena
M
ateria de identidad
en el plano indivi-
dual y colectivo, el
cuerpo es el espa-
cio que se entrega
para ser vistos y
“leídos” por los demás. Es a través de
él que somos nombrados, reconoci-
dos e identifcados a una pertenencia
social. La piel encierra el cuerpo, los
límites de sí mismo, ésta establece la
frontera entre el adentro y el afuera de
manera viva, porosa, pues ella es tam-
bién apertura al mundo, memoria viva.
Ella envuelve y encarna a la persona
distinguiéndola de otros, o enlazándola
a ellos, según los signos utilizados. El
cuerpo es la materia identitaria del ser
humano, el lugar y el tiempo donde el
mundo toma carne. Hay una corporei-
dad del pensamiento como hay una
inteligencia del cuerpo ya que éste es
modelado por distintas pedagogías
que le enseñan a estar en el mundo y a
civilizarse.
De las técnicas del cuerpo a las expre-
siones de afectividad, de las percepcio-
nes sensoriales a las inscripciones te-
gumentarias, de las prácticas higiene a
las de alimentación, de las maneras en
la mesa a las de la cama, de los modos
de presentación de sí a la gestión de la
salud o de la enfermedad, del racismo
al eugenismo, del tatuaje al piercing, el
cuerpo es una materia inagotable de
prácticas sociales, de representacio-
nes, de imaginarios. Es imposible ha-
blar del ser humano sin presuponer, de
una manera u otra, que se trata de un
ser de carne y hueso, cargado de una
sensibilidad propia. El cuerpo es “el
instrumento general de la comprensión
del mundo”, decía Merleau-Ponty.
La existencia del ser humano implica
una formulación sensorial, gestual,
de postura, mímica, etc., socialmente
codifcada y virtualmente inteligible
para los actores dentro de todas las
circunstancias de la vida colectiva en el
seno del mismo grupo. La comprensión
del mundo es ella misma un producto
del cuerpo a través de la mediación de
signos sociales interiorizados, decodif-
cados y puestos en uso por el actor. El
cuerpo es un vector de comprensión de
la relación con el mundo del ser huma-
no. A través de él, el sujeto se apropia
de la substancia de su existencia según
su condición social y cultural, edad,
sexo y las representaciones que provie-
nen de otros.
El ser humano participa de la vida
social no solamente por su sagacidad
y sus palabras, sus proyectos, sino
también por una serie de gestos, de
mímicas que contribuyen a la comu-
nicación, por la inmersión en el seno
de numerosos rituales que forman
parte del caudal de prácticas de la
vida cotidiana. Todas las acciones que
conforman la trama de la existencia,
aun las más imperceptibles, involucran
la interfaz del cuerpo. Éste no es un
artefacto o un habitáculo que aloja a
la persona y que está dispuesto a ser
manejado. A la inversa, siempre en
relación de adhesión con el mundo, él
marca el camino y vuelve hospitalaria
su recepción. El mundo de signifcados
no cesa de abrirse ante la marcha del
ser humano.
Este mundo se da a través de la pro-
fusión de sentidos. No existe nada en
el ser humano que no haya pasado
previamente por los sentidos. Cada
percepción está en resonancia con mil
otras y el mundo que la rodea no deja
de ofrecerse como fuente inagotable de
estímulos, de placer y de curiosidades
a aplacar. Una continuidad se ata en
permanencia entre el cuerpo y la carne
del mundo; la geografía exterior es sen-
sual, viva, con ella respira, ella sangra,
ella resopla o se duerme.
La SOcIOLOGía EN EL
cUERPO
La sociología del cuerpo está confor-
mada por una inmensa extensión de
investigaciones. Ella sigue siendo un
capítulo de la sociología, subordinada
a las tradiciones de pensamiento y de
métodos, pero sus desarrollos son nu-
merosos y abarcan, de cierta manera,
el conjunto de relaciones con el mundo
del individuo en la medida que ninguna
de sus acciones podrían estar disocia-
das de su cuerpo ni de sus sentidos. Es
imposible para el ser humano existir en
otro lugar que en su carne. La socio-
72 73
N° 4 La Colmena
logía desplaza la mirada para
centrarse sobre el resultado de
la acción y sobre la ejecución del
cuerpo en su realización.
Las sociologías nacen en zonas
de turbulencia social y cultural,
allí donde las antiguas eviden-
cias se derrumban, o las lógicas
de pensamiento se desvanecen
frente a la emergencia de lo
nuevo. El trabajo, las técnicas, la
juventud, la vejez, el turismo, la
muerte, etc. han comenzado a
interesar a los sociólogos des-
de que la trama social que los
envolvía comenzó a deshacerse.
A fnal de los años sesenta, cuan-
do la sexualidad estaba en plena
mutación, y el feminismo inicia
una crítica de fondo del vínculo
social y de sus representaciones,
el cuerpo hace su entrada en el
cuestionamiento de las ciencias
sociales gracias a investigado-
res como, por ejemplo, Norbert
Elias, Michel Foucault, Jean
Baudrillard, Gilles Deleuze, Mary
Douglas y Bryan Turner, Mike
Featherstone, Susan Bordo,
Judith Butler entre otros, en los
últimos años.
El cuerpo es un objeto problemá-
tico, transversal, frecuentemente
tomado como catalizador de
las prácticas sociales y de las
representaciones, que renueva
profundamente el pensamien-
to sociológico y antropológico.
Pero no se trata aquí de una
sociología sectorial como las
otras (como aquella que trata
de la muerte, la juventud, o del
trabajo, por ejemplo), ella posee
un status epistemológico propio,
ella atraviesa constantemente
distintos saberes disciplinarios,
ella cruza otros campos (historia,
etnología, psicología, psicoaná-
lisis, biología, medicina, ciencia
del deporte, por nombrar algu-
nos.) y debe así acostumbrarse
al dialogo con las otras discipli-
nas sin perder la especifcidad
ni renunciar a las exigencias del
rigor. El cuerpo está en la interfaz
de lo social y de lo individual, de
El ser humano
participa de la
vida social no
solamente por
su sagacidad y
sus palabras,
sus proyectos,
sino también
por una serie
de gestos, de
mímicas que
contribuyen
a la
comunicación...
74 75
N° 4 La Colmena
la naturaleza y de la cultura, de lo
biológico y de lo simbólico.
El cuerpo comunica, habla por
nosotros, da información sobre
nosotros, nuestra historia, nues-
tro pasado, nuestras diferentes
disposiciones. A su vez, cumple
triple función: como memoria
activa, de aprendizaje de ha-
bitus de clase y de marcador
de posición social. Siguiendo a
Bourdieu, la historia se encarna
en el cuerpo dando así lugar a
distintas gramáticas corporales
de las que no nos damos cuen-
ta, simplemente se expresan y
actúan en nuestras prácticas co-
tidianas: la forma de sentarse, el
porte, la manera como se agarra
el cigarrillo, es decir, en todas las
representaciones del cuerpo de
acuerdo al contexto.
Así, el cuerpo forma parte impor-
tante en la producción del habi-
tus de la persona y viene a ser el
lienzo de distintas disposiciones
estéticas, del gusto, de los estilos
de vida. Estamos hablando del
cuerpo como una manifestación
del habitus.
Consideramos que el capital
corporal al que Bourdieu hace
alusión en sus escritos es muy
importante como para reducirlo
a una dimensión más del capital
cultural. La preocupación cre-
ciente que tiene hoy el cuerpo
como lugar de individuación
hace de éste un eje central en el
análisis de los fenómenos con-
temporáneos. Pero este capital
corporal también contribuye a
las desigualdades de clase y de
género, sobre todo. Veamos sino
la importancia de la producción
de la belleza tanto en mujeres
como en hombres, el uso que se
tiene del cuerpo de acuerdo a la
clase social, los regímenes dieté-
ticos, los trastornos alimenticios,
el gimnasio, bodybuilding y hasta
las clases de educación física.
Actualmente la sociología y la
antropología del cuerpo se fusio-
nan en el mundo entero dando
lugar a innumerables trabajos.
Pero la tarea es infnita y apa-
sionante. Queda todavía mucho
por hacer, como por ejemplo un
estudio de los gestos (ese len-
guaje silencioso), las posturas,
las percepciones sensoriales, las
culturas afectivas y la expresión
de las emociones, las técnicas
del cuerpo, la sexualidad, las
puestas en juego del cuerpo en
sus múltiples interacciones, las
inscripciones tegumentarias, las
representaciones de la belleza,
las representaciones del cuerpo,
del rostro, del cabello, de la piel,
de las materias corporales, del
cadáver, etc.
Numerosas prácticas sociales
ponen el cuerpo en el centro de
sus dispositivos: las prácticas de
salud, de higiene, las actividades
físicas y deportivas, el body art,
el teatro, la danza, la relación
estética para sí (maquillaje, pier-
cing, tatuajes, cosméticos, peina-
do), la música, el uso de drogas,
de alcohol, etc. Todas estas ac-
tividades establecen relaciones
con el cuerpo, con los cuerpos
de los otros y las representacio-
nes, los valores, los imaginarios
frecuentemente contradictorios
y socialmente confictivos. Todas
estas dimensiones se ofrecen a
la curiosidad de los sociólogos.
En otro plano, el cuerpo está
en la línea de fractura de los
fenómenos contemporáneos. En
materia de asistencia médica
a la procreación, por ejemplo,
se confronta a una procreación
fuera del cuerpo, sin sexualidad,
y a las tecnologías médicas que
ponen en cuestión el tejido de
signifcados y de valores que
por mucho tiempo han regido la
relación a la fliación y al niño en
nuestras sociedades. Se debe
igualmente evocar el poderío del
discurso genético y sus deriva-
dos ideológicos (sociobiología,
eugenismo, etc.) Existe igual-
mente la inmensa esfera de la
cibercultura con lo que se ha
trastocado la relación con el otro,
con el cuerpo, la sexualidad, la
imagen, la comunicación, con lo
“real”.
En breve, y para concluir esta
refexión, el mundo contempo-
ráneo aparece como una fuente
inagotable de cuestiones que
la sociología del cuerpo debe
afrontar. La cantera es inmensa,
los escritos son ya numerosos
sobre todos los temas, pero un
gran número de interrogantes
permanecen.
...estas
actividades
establecen
relaciones con
el cuerpo, con
los cuerpos de
los otros y las
representaciones,
los valores, los
imaginarios
frecuentemente
contradictorios
y socialmente
confictivos.
76 77
N° 4 La Colmena
Visitamos a Liuba Kogan en la Universidad del Pacífco para conversar
sobre su último libro El deseo del cuerpo. Mujeres y hombre en la Lima
contemporánea. en el que ahonda su refexión acerca de las vinculaciones entre
cuerpo e identidad a partir de los testimonios de hombres y mujeres de Lima
sobre sus propios cuerpos.
Escribe: Andrea García
Foto: Maruxa Deza
78 79
N° 4 La Colmena
E
n esta entrevista,
Liuba Kogan nos da
luces para entender
la compleja relación
de las personas con
su cuerpo y sugiere
nuevas formas de acercarnos al
estudio del cuerpo para com-
prender la cultura urbana.
En el libro mencionas que en-
contraste difcultad por parte de
la mayoría de los entrevistados
y las entrevistadas para hablar
sobre sus cuerpos ¿Por qué
crees que ocurre esto si es que
el cuerpo es, de cierta manera,
nuestra base de operaciones en
el mundo?
Creo que esta difcultad se
encuentra mucho más presente
en las personas mayores, en
aquellas poco acostumbradas a
prestar atención a su cuerpo y
también en algunos profesionales
más que en otros. Para la gente
mayor el cuerpo se encuentra
muy ligado al pecado mientras
que los jóvenes suelen hablar
mucho más sobre su cuerpo y
estar atentos a éste debido a los
medios de comunicación. En el
caso de las personas que viven
en las áreas rurales también
les cuesta mucho hablar del
cuerpo en tanto no se encuen-
tran acostumbradas a tener un
discurso sobre lo corporal, ni a
verse en el espejo. Por último, yo
diría que los científcos socia-
les y los comunicadores están
más atentos al tema corporal
que, de repente, los abogados
o los ingenieros. En general hay
ciertas difcultades pero, en el
mundo posmoderno, los medios
de comunicación están haciendo
que las personas, principalmen-
te los jóvenes, le presten mayor
atención a su cuerpo y puedan
ir generando ciertos discursos
sobre éste.
También mencionas que si bien
los jóvenes se encuentran muy
preocupados por la gestión de
su apariencia la mayoría de ellos
demostró desdén al hablar de la
materialidad del cuerpo. ¿A qué
te referes con esto?
Esta cuestión viene de la duali-
dad cuerpo-alma; el alma es lo
importante mientras que el cuer-
po es solo visto como un envase.
Esto también se encuentra ligado
a una tradición judeocristiana
que ve la materialidad como
algo de segundo orden, algo
pecaminoso. De esta manera,
para muchos, hablar del cuerpo
resulta un tema no muy elevado
como sí lo es hablar del alma, del
espíritu, etc.
Dices que lo que inspiró la me-
todología que utilizaste en este
estudio fue cierto “anarquismo
epistemológico”. ¿Podrías expli-
car un poco más este punto?
Existen muchas pautas sobre la
forma en que uno debe realizar
una investigación: se hacen
entrevistas, se transcriben, se
analizan, se buscan las frases
que ejemplifquen lo que quieres
mencionar, etc. Cuando hablo
de un “anarquismo” me refero
básicamente a la manera en que
abordé a las personas para que
quisieran hablar sobre su cuerpo
y la manera en que escuché sus
discursos.
Una primera cuestión fue que
tuve que encontrar un lugar en
este diálogo que no fuera ni tan
cercano que se convirtiera en
un tema de mucha intimidad, ni
muy lejano que la persona no se
animara a hablar. De esta mane-
ra, opté por trabajar con gente
que yo conocía pero con quienes
no mantenía una relación tan
cercana.
Otra cuestión importante fue
hasta dónde iba yo a repregun-
tar, hasta dónde iba a pedir yo
explicaciones. Hubo un caso en
que una persona me dijo que
tuvo que salir de circulación por
mucho tiempo debido a una
“...los medios de
comunicación
están haciendo
que las
personas,
principalmente
los jóvenes, le
presten mayor
atención a su
cuerpo y puedan
ir generando
ciertos
discursos sobre
éste.”
enfermedad y luego se puso a
llorar. En ese momento, me pro-
vocó no preguntarle más acerca
de ese tema porque sentí que
si yo le preguntaba la persona
se quebraría aún más y tal vez
la entrevista hubiera terminado.
Existe toda una sensibilidad
para jugar en este entramado
de la entrevista que resulta muy
complejo. Como dice Arfuch, la
entrevista es una invención que
se construye en el diálogo, una
invención dialógica.
Entonces, el anarquismo metodo-
lógico pasó por tener esta actitud
de respeto, por no ceñirme
tanto a las pautas metodológicas
sobre cómo hacer una entrevista
o sobre cómo tomar la distancia
y no tomar en el análisis de los
textos este apego tan importante
a la palabra sino hacer también
caso al sentimiento que había
surgido en el momento de la
entrevista.
Sugieres en el libro que debería
haber un diálogo más estrecho
entre las perspectivas estruc-
turalista y fenomenológica para
entender mejor la forma en que
los sujetos se relacionan con su
cuerpo. ¿Podrías profundizar un
poco de qué manera estas dos
perspectivas pueden comple-
mentarse?
En término generales, en nuestro
país se han hecho más investi-
gaciones desde una perspectiva
estructuralista, es decir, bási-
camente estudios acerca de la
manera en que las instituciones
afectan y moldean el cuerpo
de las personas. Por otro lado,
existen muy pocas investigacio-
nes sobre el cuerpo que trabajen
la perspectiva del cuerpo vivido,
es decir, acerca de la experien-
cia de vida que tiene la persona
sobre tener y ser un cuerpo. En
ese sentido, lo que yo planteo es
que habría que acortar espacios
de investigación donde podamos
estudiar a las instituciones pero
también la manera en que las
personas viven estos procesos
que implican no solo el poder
de la institución sino también la
capacidad del sujeto de resigni-
fcar lo que la institución plantea.
Considero que en este diálogo
entre estructura y acción pueden
surgir temas muy interesantes de
estudio.
¿De qué manera crees que
investigaciones en torno a la
percepción del cuerpo pueden
ayudar a los científcos sociales a
entender más la cultura urbana,
por ejemplo, la limeña?
Por lo general, los científcos
sociales nos hemos imaginado
como investigadores sin cuerpo
y a nuestros sujetos de estudio
como personas sin cuerpo. Pero
cuando uno asume la perspec-
tiva del cuerpo el investigador
puede repreguntarse y repensar
sus objetos de estudio de una
manera más integral. El cuerpo
es, como se dice en inglés un
hub, un lugar donde confuyen
muchos temas y muchas pregun-
tas de investigación. Por ejemplo,
si se quisiera trabajar el racismo,
el cuerpo tiene que ser funda-
mental. Es decir, se debe inves-
tigar no solo acerca de cómo la
persona se representa corpo-
ralmente, sino también cómo ha
vivido el cuerpo desde la infancia
y cómo las instituciones -como
la escuela o la familia- instauran
formas de vivir la discriminación
o no.
Todas las relaciones de poder
ocurren en el cuerpo y están en
el cuerpo es por eso que cuando
queremos estudiar las estruc-
turas y la acción necesitamos
entender el cuerpo. Creo que
tenemos que repensar nuestros
productos y darnos cuenta que
tenemos que trabajar de manera
más compleja los fenómenos que
atendemos como sociólogos.
Tus estudios se han basado prin-
cipalmente en el ámbito urbano,
pero me gustaría conocer tu
80 81
N° 4 La Colmena
Todas las
relaciones de
poder ocurren
en el cuerpo
y están en el
cuerpo es por
eso que cuando
queremos
estudiar las
estructuras
y la acción
necesitamos
entender el
cuerpo.
opinión sobre las culturas rurales,
ahí donde existe un mayor peso
de la tradición y un mayor senti-
miento de colectividad que en la
cultura urbana. Siendo esto así,
¿cuál consideras que es el papel
del cuerpo en las zonas rurales?
¿Juega éste un rol importante en
el proceso de individuación y de
búsqueda de autenticidad como
ocurre en el caso de los jóvenes
en las ciudades?
Habría que hacer etnografías
pero yo creo que en las zonas
rurales el cuerpo también es
importante. Por ejemplo, pienso
en todo el imaginario que hay
alrededor del cuerpo de la mujer
como madre, del fenómeno del
alumbramiento, del tema de la
violencia, de las representa-
ciones mítico-mágicas donde
interviene el cuerpo y también de
forma diversa en las festividades,
en las festas y en los bailes.
Digamos que el cuerpo individual
y el cuerpo social están ligados
de otras maneras, sin embargo,
los cuerpos en la cultura rural no
dejan de estar presentes en las
relaciones de las personas.
Evidentemente, no se podría
estudiar al cuerpo en las zonas
rurales desde una perspectiva
urbana -como la de la individua-
ción- sino más bien desde una
perspectiva de la observación,
de ver un poco la performance
de la gente y de la cultura mate-
rial que la gente desarrolla. Creo
que los cuerpos no son pensa-
dos de forma similar al mundo
urbano y juvenil pero sí creo que
es importante entender, desde
una perspectiva de la perfor-
mance, cómo los cuerpos actúan
y se resignifcan a partir de los
rituales.
Es importante notar que es des-
de la antropología que las pre-
guntas sobre el cuerpo aparecen
en primera instancia en las Cien-
cias Sociales porque justamente
los antropólogos se preguntaron
cuál era el papel del cuerpo en
el ritual. En ese sentido, tenemos
que seguir preguntándonos qué
está pasando con los cuerpos en
estos rituales, cómo se performa
la corporeidad y también cómo
estas personas al empezar a
dialogar con las culturas urbanas
“cara a cara” o de manera virtual
a través de la Internet pueden
estar cambiando su refexividad y
la visión sobre su propio cuerpo.
Este libro se centra en los
jóvenes y en la importancia del
cuerpo y de la gestión del mismo
en tanto representa un “locus de
identidad” para ellos. A pesar de
esto, mencionas que los jóve-
nes son los que se sienten más
insatisfechos con su cuerpo. ¿Por
qué crees que esto ocurre?
Por un lado, cuando uno es joven
está en proceso de construir un
proyecto de vida, es una época
de sembrar y no tanto de co-
sechar. Entonces, el cuerpo se
convierte en algo muy importante
en tanto es una vía para conse-
guir pareja, conseguir trabajos,
para ser aceptado en ciertos
grupos, etc. Es así que los y las
jóvenes se vuelven cada vez más
concientes de que el cuerpo es
un capital social y, por lo tanto,
sienten que con el cuerpo se
están jugando lo que puede ser
un proyecto vital. De cierta forma,
la sociedad plantea que como
joven no tienes nada que mos-
trar o que tienes una moratoria
social para demostrar, entonces,
el joven siente que su tarjeta de
presentación es su cuerpo.
Los medios de comunicación
juegan un papel importante para
estos jóvenes que se encuentran
construyendo su identidad en
tanto muestran constantemen-
te modelos de cuerpo ideal y
“recetas” para conseguirlo. En
cambio, cuando una persona ya
es mayor, el cuerpo se vuelve
menos importante como capital
social y más bien se empieza
a valorar como un capital más
ligado a la salud y se vive más li-
gado a la materialidad. A diferen-
cia de los jóvenes, ya se tienen
otros anclajes para la construc-
ción de la identidad y digamos
82 83
N° 4 La Colmena
En el presente, nos vemos urgidos a ges-
tionar los cuerpos de cara a las modas, sus
inscripciones y mandatos culturales, a fn
de elegir e interiorizar un estilo de vida que
otorgue signifcado a nuestra existencia.
Para las generaciones más jóvenes, el cuer-
po constituye una materialidad que admi-
nistrar con esmero: dime cómo es tu cuerpo
y te diré quién eres. Vivimos en un régimen
somático en virtud de que los cuerpos se
han convertido para muchos individuos en
espacios para los procesos de individuación
y búsqueda de autenticidad. Ni las tradicio-
nes ni las ideologías parecen poder ofrecer
a los habitantes de la ciudad un repertorio
sufcientemente convincente para el mol-
deamiento de las identidades.
(p6)
84 85
N° 4 La Colmena
que el signifcado de la vida y de
los proyectos pasa más por las
realizaciones laborales o por las
relaciones sociales y afectivas,
que de alguna manera ya están
consolidadas. Entonces, cuando
uno es mayor un cuerpo salu-
dable deja de ser visto como un
capital social que te va a permitir
tener un privilegio de relaciones
sociales particulares, como ocu-
rre cuando uno es joven.
¿Crees que ahora existen menos
diferencias entre hombres y mu-
jeres con respecto a la manera
en que se relacionan con sus
cuerpos? Como lo representa la
construcción masculina del “me-
trosexual”, por ejemplo.
Creo que están apareciendo
muchas masculinidades y femi-
neidades juveniles. En la actuali-
dad, hay muchas maneras de ser
mujer joven y hombre joven que
pueden ir desde el joven súper
metrosexual hasta el hombre
Marlboro, solitario, con su caba-
llo; desde una mujer lesbiana con
un cuerpo masculinizado hasta
una mujer tipo Barbie; desde una
deportista con el cuerpo mus-
culoso hasta otra con el cuerpo
ftness. Hay una gran variedad
de cuerpos y posibilidades.
Sin embargo, lo que he encontra-
do en el estudio es que todavía
hay una brecha entre femineidad
y masculinidad. Las mujeres
todavía sienten su cuerpo como
un cuerpo-fachada mientras que
los hombres todavía construyen
su cuerpo en términos de una
materialidad más densa, de una
musculatura y de un cuerpo que
imaginan interno.
Durante el proceso de socia-
lización al hombre se le dice
“eres fuerte, pégale a la pelota”
mientras que todavía existe una
idea de la mujer como muñequi-
ta, delicada. De esta manera,
la mujer sigue construyendo
su cuerpo como una superfcie
que no puede controlar, que se
ancha, se desancha y que, por
lo tanto, debe mantener para ser
femenina.
Por ejemplo, en algunos
estudios se muestra que lo
que la gente quiere ver más
en las Olimpiadas, respecto a
las mujeres, son los deportes
“de cuerpos femeninos” como
las mujeres patinadoras, la
gimnasia rítmica, el nado sin-
cronizado. Lo que menos se
quiere ver son mujeres mus-
culosas y esto es porque son
cuerpos que no se aceptan
como femeninos. Entonces,
a la mujer se le exige que
trabaje su cuerpo pero que no
construya mucha musculatura
como para perder la aparien-
cia femenina.
A partir del estudio que
realicé he encontrado que
mientras el hombre siente su
cuerpo como suyo, como un
cuerpo que le permite correr,
saltar, explorar el mundo y
además descubrir su sexua-
lidad y sensualidad tempra-
namente, las mujeres no tiene
esta sensación de autonomía
muscular, ni de fuerza.
¿Y qué impacto tiene esta
diferencia en la vejez?
Con las personas mayores
que he estudiado se eviden-
cia que para los hombres el
envejecimiento es dramático.
Los hombres construyen su
identidad masculina a partir
de un cuerpo musculoso y
fuerte que evidentemente se
va perdiendo con el paso del
tiempo; entonces tienen una
competencia dramática con
los otros hombres.. En cam-
bio, con el envejecimiento la
mujer gana autonomía, indivi-
duación y además tiene redes
sociales y emocionales que
ha podido tejer a lo largo de
su vida. Se podría decir que
el envejecimiento en el caso
de la mujer tiene un signo
más positivo en ese sentido.
Por otro lado, dices que existe
una difcultad de las perso-
nas para re-conocer su propio
cuerpo, de tener una conciencia
de éste. ¿Cómo es posible esto
cuando se vive en una sociedad
en la que abundan las repre-
sentaciones del cuerpo en los
medios de comunicación y éste
tiene tanta importancia para las
personas? ¿Es acaso esto una
contradicción?
Por un lado, tenemos todas
estas imágenes de los medios
que ponen el cuerpo en agenda
y que también nos dicen cómo
preocuparnos por éste: nos
dicen si debemos comer, si le
debemos de prestar atención al
acné, cómo debemos tratarlo,
etc. Es decir, nos brindan mu-
chas recetas sobre cómo rela-
cionarnos con nuestro cuerpo
y, como consecuencia, muchos
jóvenes empiezan a tener un
discurso sobre su cuerpo. Ahora,
esto no necesariamente lleva
a una refexión más profunda
sobre la corporeidad, sobre el
signifcado profundo del cuerpo.
Es difícil para la gente hablar
sobre el cuerpo porque, como
es tu base de operaciones, no le
prestas mucha atención. A pesar
de tener cada vez más recetas
superfciales sobre cómo debe
ser el cuerpo, el qué signifca el
cuerpo para uno mismo no es
necesariamente algo sobre lo
que se ha refexionado.
Estas formas distintas de ver
el cuerpo pueden ser pensa-
das a partir del ejemplo de los
cirqueros que describes en tu
libro y de aquellas personas que
pertenecen a la “cultura ftness”
que mencionas en otra de tus
investigaciones
1
. Aunque am-
bos grupos trabajan mucho su
cuerpo, los primeros serían más
concientes de su cuerpo mien-
tras que los segundos no…
Así es, un cirquero o un teatrero,
tienen que trabajar su cuerpo
con mayor profundidad, podría-
mos decir que “de la piel para
El cuerpo
te permite
hacerte nuevas
preguntas,
ampliar
aquellas que
antes nos
hacíamos sobre
fenómenos
que ya habían
quedado
aparentemente
agotados en la
investigación.
dentro”. La cultura ftness te brinda un
paquete completo de qué sentir, cómo
sentir, cómo trabajar tu cuerpo, cómo
debe ser, etc. En términos generales,
brinda recetas más superfciales y
“listas para llevar” sobre lo que implica
trabajar el cuerpo.
Para un cirquero, el cuerpo se convierte
en un intermediario entre el mundo y
él o ella, es un lugar de emociones y
de revelaciones. En la cultura ftness
encontramos más bien un mundo de
recetarios, de manuales de autoayu-
da y de soluciones superfciales que
implican una visión del cuerpo pero no
de emociones profundas sino más bien
construidas.
Para terminar, quería preguntarte por
la relevancia del estudio del cuerpo en
la actualidad, donde cada vez existen
tantas formas de comunicarnos que no
son cara a cara –como los chats y los
correos- donde existe la fecundación
artifcial, etc. Es decir, donde de cierta
manera el cuerpo se “pierde” entre
tanta tecnología.
Yo te diría que la tecnología o el con-
trato virtual no están reemplazando el
contrato cara a cara, es decir, se suman
vías de comunicación pero no se exclu-
yen. Por ejemplo, hoy te pareció impor-
tante venir a entrevistarme cara a cara
y no tener solo una entrevista virtual.
Asimismo, las personas quieren una
relación de pareja cara a cara, cuerpo
a cuerpo y no una relación solo virtual.
Incluso las recetas que dan las páginas
que buscan encontrar parejas es “no te
quedes enganchado en este encuentro
virtual por mucho tiempo. Luego de dos
semanas trata de conocer a la persona
para poder salir”. En este tipo de casos
lo que la gente quiere es conocerse,
hacer el amor, abrazarse. Asimismo, a
las personas les ajusta el pantalón, les
duele el pie, tienen que comer. Es decir,
el cuerpo no deja de existir solo que se
ha sumado una forma de comunicación
virtual.
Creo que justamente el estudio de los
cuerpos es importante porque se ha
ampliado el espectro de estudios que
se pueden hacer sobre las transiciones
entre lo presencial y lo virtual. El cuerpo
te permite hacerte nuevas preguntas,
ampliar aquellas que antes nos hacía-
mos sobre fenómenos que ya habían
quedado aparentemente agotados en
1.- Kogan, Liuba.
Performar para seguir
performando: la cultura
ftness. En: Anthropo-
logica Año XXIII N°23,
2005.
la investigación. Si yo me pregunto
sobre la violencia, sobre los víncu-
los amorosos o sobre la pobreza, el
estudio del cuerpo es fundamental.
Por ejemplo, qué pasa con una mu-
jer pobre, qué pasa con su cuerpo,
cómo lo imagina, cómo siente que
tiene que trabajarlo para poder en-
trar a un banco a pedir un préstamo,
qué implica sentirse pobre, cómo es
el cuerpo del pobre, cómo es visto
el pobre, etc. En algunos estudios
con niños les preguntábamos quién
es pobre y te decían “es alguien que
tiene un cuerpo sucio” y cuando
les preguntábamos a niños pobres
nos decían “yo veo a los niños que
pasan por los autos que tienen el
cuerpo limpio”. El cuerpo no ha
desaparecido solo que a éste se ha
sumado el tema virtual.
86 87
N° 4 La Colmena
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Una crítica a la sociología
desde Borges: el espejo, la
máscara y las palabras
Era sólo mía: El feminicidio
uxoricida como el
mecanismo último de
control sobre el cuerpo y la
sexualidad de la mujer
Política del Espacio y los
Recicladores de Bogotá
TODOS SOMOS IGUALES:
¿TODO ES IGUAL?
Buenas causas y malos
argumentos
Sin dudas, ni
murmuraciones:
El Proceso de construcción
de la Autoridad en
la Escuela Militar de
Chorrillos
La comprensión vivencial
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88 89
N° 4 La Colmena
A
m
e
n
o
:
HaBLaNDO DE SOcIOLOGía cON
maFaLDa (POR QUINO):
“Los olvidados” Dir. Luis Buñuel.
México. [s.n.], 1950. (85 min.)
Los personajes de esta película
pudieron ser pirañitas. O proto
gallinazos (sin plumas). Esos
hijos del arrabal que mastican
sus días, entre bolsas de terocal
y hurtos al paso, en unas madri-
gueras en la ribera del Rímac. El
desarraigo es universal y cuando
los protagonistas son adolescen-
tes o niños, la tragedia aumenta.
Estos “olvidados” huyen de un
reformatorio a buscárselas en las
calles de un pueblo alejado. Es
el mismo drama de la pobreza
que azota todas las ciudades de
Latinoamérica. Su pesimismo es
más real y retrata el encierro de
Jaibo y su pandilla en su propia
condición de marginados.
“Feos, sucios y malos” Dir. Ettore
Scola. Italia. [s.n.], 1976. (110
min.)
Gracias al humor negro, las con-
diciones en las que vive la familia
de Giacinto son tragicómicas y
hasta causan asco. Sus perso-
nalidades son de caricatura, el
fracaso y la miseria al que han
llegado son histriónicos. Aun-
que transurre en las afueras de
Roma, donde viven en completo
hacinamiento, esta fcción pudo
ser protagonizada por muchas
familias anónimas de zonas
paupérrimas y esquivas de Lima.
La pobreza no solo deviene en
incesto, infdelidad, concupiscen-
cia, desamor y asesinato (como
se muestra
en la película y en algunos titula-
res de nuestros diarios locales),
sino que el alpinchismo también
aporta mucho a la permanencia
en esta condición.
¿Y tú qué dirías de esto? // Para ver, pensar, oír, hablar:
Películas:
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