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Dos modelos pedagógicos

Carla Wainsztok
“De aquí que la comunidad sea, a un mismo tiempo, objeto y sujeto de la actividad educadora” (Saúl Taborda)

1: Una ciudad para pocos, un festejo para pocos
Ellos son cuatro. Una niña y un niño de dos o tres años, la mamá y el papá también son jóvenes aunque la situación de calle no nos permite conocer en las marcas de sus cuerpos la edad. A un tercio de los “vecinos” de la Ciudad de Buenos Aires, no parece molestarles la presencia de mujeres, hombres con sus hijas/os viviendo en situación de calle, aunque debo ser más exacta si parece molestarles, lo que no los incomodaba era la UCEP. La UCEP que con su funcionamiento a oscuras y a escondidas nos recuerdan otras épocas también de “noches y nieblas”. Hubo tareas y grupos de tareas. Hubo escuelas y Escuela Mecánicas. Y también un nombre “Proceso de Reorganización Nacional” Aquello que la “élite intelectual argentina tan homogénea como lúcida y despiadada hasta la complicidad” (Viñas: 1995, 10) denominaba proceso de organización nacional no era otra cosa que un imaginario de civilización y barbarie. Ese imaginario estuvo presente en todas las acciones de la “Generación del Ochenta” y también estuvo presente en los festejos del Centenario, realizados debemos recordarlo bajo estado de sitio. Mauricio Macri quería emular dichos festejos. En mayo del 2009, realiza los primeros fastos camino al Bicentenario, además de una cápsula del tiempo, se realizaron recitales y un debate entre Jorge Lanata, Sergio Bergman y Gabriela Michetti y, finalmente en mayo del 2010 festejó en el Teatro Colón. El 2010 también es el año en que el ministro de educación Bullrich censura un manual, un manual que relata nuestra historia desde el punto de vista de los pueblos, las mujeres y, los jóvenes. En diciembre de 2010, en un parque llamado paradójicamente Indoamericano son asesinados varios hermanos de la Patria Grande, desde el mismo jefe de Gobierno hasta algunos medios de comunicación hablaban de inmigrantes ilegales, de baja calidad. El gobierno de la CABA, había descubierto que estaba más cerca que nunca de los “ideales” del Proceso de Organización Nacional. Y nosotros volvíamos a recordar con dolor que Miguel Cané no había sido sólo el autor de Juvenilia. 2: Sueños de la Patria Grande

En el año 2003, llegó un presidente “inesperado” al cual queremos recordar en dos gestos pedagógicos. Eran los primeros días de noviembre de 2005, en Mar del Plata se realizaba la IV Cumbre de las Américas, pero también se realizaba en paralelo la Cumbre de los Pueblos. Es que había llegado para América Latina, la hora de los Pueblos. Veintinueve países estaban a favor del ALCA y el presidente de México Fox era un aliado imprescindible del Imperio. Sólo cinco países estaban en contra, los integrantes del MERCOSUR y Venezuela. Néstor le dijo durante la Cumbre, en la cara a Míster Bush “No nos vengan aquí a patotear” y puso como eje central de la Cumbre el tema del empleo, del empleo digno. Del empleo no sólo como un fin económico, sino del trabajo como constructor de identidades, de formaciones culturales. Es que no se trataba simplemente de ponerle límites a la expoliación económica, el fin del ALCA partía de una concepción pedagógica y cultural propia. Un pensamiento apropiado, un contar con nuestras historias de pueblos hermanados. El fin del ALCA es el producto de la descolonización pedagógica. Proceda dijo y el general tuvo que obedecer, la foto de los dictadores era bajada y esa orden fue la que permitió que comenzáramos a creer y a querer. Esa orden habilitó que años más tarde nos conmoviéramos con la Galería de los Patriotas Latinoamericanos. Es que el modelo nacional y popular y que es parte de todos los programas emancipatorios latinoamericanos imaginó, soñó y construyó una fiesta para la Patria Grande. Una fiesta en las cuales los conceptos también danzaron en las calles. Es decir un festejo que la Academia no pudo encerrar en categorías. Pero si la Universidad no pudo comprender lo que sucedía, el periodismo no quiso hacerlo. Desde los medios hegemónicos se llamaba a no participar de los festejos. La ciudad como casi siempre era un caos. Sin embargo no todos los relatos eran tan ramplones, la pluma de Eliaschev es por demás elocuente “Lejos de la pompa acosadora, mutantes y buscas patrullan con displicencia la ‘Ciudad Bicentenarizada’. El estruendo hiriente que envuelve al Centro suscita la respuesta despreciativa de su sarcasmo sordo. Las gentes van y vienen, rodeados de un pronunciado aire de amenidad. Los fastos encarados a alto costo para celebrar los famosos doscientos años, del país no lo afectan, ni tampoco interpelan. En varios sentidos, las muchedumbres porteñas miran de reojo y con fastidio el desparramo en una ciudad colapsada por preparativos de gruesa teatralidad. Se nos informa que estamos de fiesta. Nadie entiende por qué, ni para qué tamaño desbarajuste, pero por todas partes un patrioterismo banderillero y desfachatado pretende justificar el desorden, como si esta gestualidad callejera tan desaforada fuese equivalente a la exaltación de las nobles ideas nacionales. (…) La idea es de un populismo primitivo y rutilante” (Eliaschev; 2010) Para nosotras y nosotros en cambio estos son tiempos inquietantes. Es decir tiempo para no quedarse quieto/a. Como diría el viejo Hegel, no se puede asociar al conocimiento con la duda, con la duda metódica, el saber es vital, debe conmover. Nada más conmovedor en aquellos días que los festejos del Bicentenario.

El festejo popular como una nueva descolonización pedagógica y parafraseando a Don Arturo ya no son tiempos de balbuceos o ensayos. Jauretche quien fuera homenajeado durante las festividades del Bicentenario había fallecido un 25 de mayo. Tres ideas en torno a la presencia de Jauretche en los festejos. 1) La cita constante durante los recitales nada grande se puede hacer con la tristeza (…) los pueblos deprimidos no vencen 2) Las imágenes en el Cabildo. Jauretche está acompañado por Rodolfo Walsh y Carlos Múgica. 3) la presencia de una lectura nuestroamericana en la galería de los patriotas. Ya en su momento, Ricardo Rojas había propuesto una pedagogía de las estatuas, bajo esa idea se hacía referencia a los nombres de las calles, de los ferrocarriles, de los colegios, y por supuesto de los monumentos. Estamos en presencia de un nuevo tiempo donde nos proponemos “desmonumentalizar” las ciudades, las regiones, las plazas, pero no se trata simplemente de cambiar de nombre, ni como diría Cooke de repetir nombres hasta el hartazgo, no se trata de cambiar figuritas, sino de recuperar nuestros relatos. Y en ese sentido creemos que la galería de los patriotas es un gesto pedagógico fundante. Una niña en bicicleta va a preguntarle a su maestra frente a un mapa de Nuestra América Latina ¿porqué hay límites geográficos? De esa manera vamos conociendo a nuestros patriotas, están los que deben estar ( José Martí, Túpac Amaru, Juan Manuel de Rosas, Getulio Vargas, Manuelita Sáenz, Eva Perón, Juan Perón. Benito Juárez, el Che Guevara, Salvador Allende, Bartolina Sisa entre tantos otros) y no están los que imaginaron una patria chiquitita, chiquitita. Hay que recordar que cada presidente eligió quiénes debían integrar la Galería. La misma Galería que meses después nos encontró conmovidos por el dolor de la muerte de aquél presidente “inesperado”. Esa mañana al principio hubo desconcierto y orfandad; y si bien es cierto que en términos de política educativa podemos decir Ley de Financiamiento Educativo, Ley de Educación Nacional, Programa Conectar Igualdad; esa tarde en la plaza las/los jóvenes nos daban una clase de Pedagogía junto al nuevo Eternauta habían recuperado la política, lo público, y el ágora, era la paideia en su máxima expresión. Alguien dirá con razón qué falta mucho, ¿qué duda cabe? pero creemos que este es el camino para la construcción de un eros pedagógico latinoamericano. Las maestras y los maestros de Nuestra América con sus alegrías y esperanzas nos marcan el rumbo. Bibliografía Eliaschev, José (2010) Patriotismo, Diario Pefil. Viñas, David (1995) Literatura argentina y política, Sudamericana, Buenos Aires