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Montreal, 18 de julio 2012

Sra. Lucy Camacho Bueno Cónsul General Adscrita del Consulado General del Perú en Montreal. Objeto: Sobre la cuestión de la minería en general y los últimos sucesos sociopolíticos en Cajamarca en particular Los firmantes, trabajadores, estudiantes y ciudadanos peruanos residentes en Montreal, Quebec, así como ciudadanos canadienses y de origen latinoamericano, preocupados por las problemáticas ambientales y sus consecuencias políticas en el Perú, nos dirigimos a las autoridades peruanas de esta ciudad afín de hacer llegar nuestras preocupaciones e inquietudes frente al accionar del actual gobierno en lo que concierne la cuestión de la minería en el país. Desde la época colonial, la minería ha estado presente en la historia del Perú. Sin embargo, a partir de la década de los 90, asistimos a una nueva fase del modelo de desarrollo extractivo primario-exportador en el Perú, impulsado por empresas mineras transnacionales. Como correlato, los conflictos socio-ambientales (contaminación del agua, violación de los derechos ambientales, persecución a militantes, dirigentes y autoridades así como muertes de decenas de compatriotas (Ver anexo) se han incrementado de manera importante. Tras la elección del Presidente de la República, Ollanta Humala Tasso, muchos de sus votantes pensaron que prevalecería el derecho de las comunidades por sobre el derecho de las empresas mineras transnacionales. Tal como lo anunció en su campaña electoral, el compromiso del gobierno era garantizar el “agua para los peruanos” y el desarrollo de actividades agrícolas y ganaderas. Pero, la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental del Proyecto Conga por el gobierno, el cual pretende “mejorar” y “ampliar”, genera dudas y es ampliamente resistido por la población: desde su concepción, los reales impactos en los diversos ecosistemas, y en razón del accionar de la empresa minera Yanacocha-Newmont Mining Corporation durante casi dos décadas en la región. El gobierno de Humala, lejos de respetar sus compromisos electorales, profundizará el modelo de saqueo económico y de violación de derechos socio-ambientales en las comunidades, haciendo así caso omiso de los diversos pasivos que ha dejado esta nefasta industria en el Perú. A pesar de un cambio de forma en el discurso del gobierno que se refleja en su supuesto compromiso con un desarrollo sostenible y con una minería responsable, este tipo de desarrollo y de explotación no son suficientes para remediar los impactos ecológicos del proyecto Conga. La posibilidad que cuatro lagunas - además de cinco ríos - desaparezcan y sean reemplazadas por reservorios no augura mejoras en la batalla contra el calentamiento global y la preservación del agua. No es ocioso subrayar que dicho proyecto encierra la destrucción cierta de los diversos ecosistemas y sus respectivos microclimas. Estas son problemáticas ineludibles en el contexto mundial, puesto que vivimos una crisis ecológica en donde la escasez del agua nos afecta cada

vez más. Por ende, toda resistencia local en defensa del agua y del medio ambiente es de capital importancia para las poblaciones rurales o urbanas implicadas. Por esas razones, el conflicto sobre el proyecto minero Conga nos preocupa y, por ello, insistimos fervientemente en usar la fuerza del dialogo más que la de las armas. Creemos más, en consecuencia, en la fuerza de la razón que en la de la represión. Así expresamos nuestro deseo que la muerte no enlute más hogares peruanos. El diálogo se construye a través de la institucionalización de la democracia y retejiendo los vínculos de confianza. Por ello, resulta imperativo frenar el divorcio entre Estado y sociedad, que ha prevalecido secularmente en el país, así como acortar distancias en el actual abismo entre ética y política. En un contexto polarizado, las negociaciones se hacen difíciles, más no imposibles. El diálogo implica escuchar y atender. No se puede renunciar a él, escondiéndose detrás de compromisos anteriores y en nombre del Estado de derecho. Si de por medio existen muertos, el argumento deviene falaz. La acción de los facilitadores de la Iglesia Católica ha demostrado que el acto de escuchar es un firme paso hacia el entendimiento. Es responsabilidad del gobierno explicar su posición y mediar el conflicto por vías institucionales. La imposición no es definitivamente el camino. Hay otros. Es más, son necesarios otros caminos porque “el desarrollo del país [no debe depender] de la desdicha de los cajamarquinos y cajamarquinas.” Así ante la disyuntiva entre la viabilidad o no del proyecto tenemos, por ejemplo, la cuestión del referéndum sobre la viabilidad del mismo en las provincias del departamento de Cajamarca situadas en la zona de influencia del proyecto minero Conga. Esta es una vía que se debe tener en cuenta porque es pacífica y democrática, además de haber sido ya utilizada bajo la figura de “consulta vecinal” en Tambogrande y en las provincias de Ayabaca, Carmen de la Frontera y Pacaipampa (ambos casos en la Región Piura) en los años 2002 y 2007 respectivamente. Para concluir, expresamos nuestro deseo que el marco del aniversario 191 de la independencia del Perú sea un momento propicio a la reflexión sobre el rumbo del país, es decir sobre las bases económicas y sociales sobre las cuales se quiere construir al país en democracia, y al debate sobre las verdaderas políticas de Estado de tipo universal que debe realizar el gobierno nacional. Al mismo tiempo, exigimos a las autoridades peruanas el cese inmediato del estado de emergencia en Cajamarca; igualmente el cese del uso indiscriminado de este recurso jurídico (la declaratoria del Estado de emergencia) que genera represión y violencia; respetar a las comunidades, creando un clima propicio y equitativo al diálogo; que se realice una investigación independiente sobre las circunstancias de las muertes de los cinco compatriotas cajamarquinos; el respeto de las autoridades cajamarquinas democráticamente elegidas; la implementación inmediata del derecho de consulta tal como lo estipula el Convenio 169 de la OIT; además de crear un contexto justo de diálogo democrático sobre el futuro del Perú. Atentamente, Siguen firmas…

ANEXO Durante el segundo gobierno del Presidente Alan García Pérez, 124 personas murieron, entre civiles y policías, en el marco de conflictos sociales, la mayoría de ellos ligados a problemáticas socio ambientales. Esta situación no es ajena a una serie de decretos legislativos, entre los que destacan el D.L. 1094 y el D.L. 1095 promulgados en el año 2010. Estos decretos buscan grosso modo insertar dispositivos de impunidad así como deslegitimar y criminalizar las protestas sociales. Lamentablemente, la tendencia se mantiene en el actual gobierno del Presidente Ollanta Humala. Al día de hoy, quince compatriotas fueron asesinados a manos de los aparatos represivos del Estado. La lista (en lo absoluto exhaustiva) que presentamos a continuación tiene como objetivo de recordarlos por su nombre y apellido y no sólo come mera estadística, además de exigir una investigación imparcial sobre las circunstancias donde se produjeron dichas muertes. Recalcamos que se trata de compatriotas hermanos que como nosotros desearían que los conflictos no arrojen más pérdidas de vidas humanas que lamentar. 1 Pierre Eduardo Gonzáles Arias (24 años), muere en Cañete el 2011; 2 Carlos Lanci Yumbato (45), 3 Julio Ticona Medina (41) y 4 Francisco Areque Jipa (35) mueren en Madre de Dios en marzo del presente año; 5 asimismo en el mismo mes, Christian Alvarado Frías (24) y 6 Luis Felipe García Guerrero (18) mueren en Sechura (Piura). 7 Robert Erickson Páucar Castillo (26) y 8 Carlos Alberto Ramos Carmen (15) mueren en Paita (Piura); 9 Rudecindo Manuelo Puma (28) y 10 Walter Sencía Ancca (25) mueren en Espinar (Cusco) 11 En Celendin, Cajamarca, fallecen César Medina Aguilar (16), 12 Faustino Silva Sánchez (30), 13 Paulino Leonterio García Rojas (43), 14 Antonio Joselito Sánchez Huamán (29), 15 Y finalmente, en Bambamarca, Cajamarca, Joselito Vásquez Jambo (27).