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EL «MÁS ALLÁ» DOCTRINA CATÓLICA JOSÉ MARIA OZAETA, O.S.A.

Instituto Teológico Escurialense El Escorial El hombre no termina su existencia con la muerte: la muerte es el comienzo de una nueva vida. El mundo terreno, que ha sido el escenario de las maravillas de Dios, creador y redentor del hombre, será transformado para convertirse en espléndido escenario del Dios que consuma su obra de amor. La escatología es lo que da sentido profundo a la existencia cristiana. Las denominadas realidades escatológicas no son sólo lo último en sentido histórico-temporal, sino que también son lo último en cuanto consumación definitiva de la obra salvífica y corona que culmina la victoria del amor de Dios a los hombres. Hay, pues, una escatología del hombre, que comienza con la muerte de cada uno y con su suerte ultramundana; y una escatología del mundo, que comienza con el término de la historia humana. Según esto, podemos hablar de una doble escatología: individual y colectiva. No es ahora el momento de referirnos a la llamada «escatología intermedia» o a la duración que media entre la muerte del individuo y la resurrección final. Las dos dimensiones aludidas plantean difíciles interrogantes, pues no pocas veces parecen incompatibles. Si no se comprende correctamente esta doble dirección, resultará legitimo preguntarse qué puede significar todavía la venida de Cristo al final de los tiempos (parusía), la resurrección universal y la renovación cósmica para el individuo que ya ha entrado, a través de la muerte, en la perfecta felicidad; por el contrario, si se afirma la supremacía del último acontecimiento, del que será protagonista la comunidad, el destino de la persona, desde su muerte hasta el final de los tiempos, puede parecer carente de sentido. Sin embargo, la recta comprensión de estas dos dimensiones aunque no resuelve plenamente todas las cuestiones muestra que tal incompatibilidad es más aparente que real, ya que ambas reflejan la tensión que se da entre las notas constitutivas de lo humano: el hombre es simultánea e indisolublemente un ser individual y social. Ahora bien, puesto que estos dos aspectos afectan a la escatología cristiana, ¿cuál de los dos ha de ser expuesto en primer lugar? Actualmente se nos dice que la revelación parece dar prioridad a la dimensión social del «éschaton». Por eso los tratados modernos han abandonado el esquema tradicional, dé carácter individualista y vuelven a estudiar inicialmente su dimensión universal. Supuesto esto, conviene advertir que el magisterio de la Iglesia como con otras verdades dogmáticas, se ha limitado a defender los puntos esenciales de la fe contra los errores que han ido surgiendo en el transcurso de los tiempos. De este modo ha explicitado el germen

1. Desde el punto de vista hermenéutico. En Cristo lo que tendía a su realización plena se ha cumplido.. espacial. de la humanidad y del cosmos entero. sino hacia alguien. otra advertencia. Niceno. resurrección de los muertos.. Así: 1. 1. La parusía Es el acontecimiento y la manifestación definitiva de Cristo en gloria. Por otra parte. purgatorio. pues no estamos orientados hacia alguna cosa.» (Símbolo Niceno-constantinopolitano. Credo del Pueblo de Dios de Pablo Vi). es imprescindible destacar el aspecto cristológico de la escatología.. de modo . en el que están recogidos y plenamente revelados todos los signos de la presencia de Dios en el mundo. expresándolas en términos más personales y comunitarios. Con razón se ha dicho que nuestro éschaton es Cristo.. El anuncio de la venida de Cristo al final de los tiempos se contiene en todas las manifestaciones de la fe de la Iglesia. sino la parusía o la manifestación del poder de Cristo. elaboradas sólo para satisfacer la curiosidad. será el cumplimiento de la espera del hombre y de la humanidad entera.simplicísimo de los primitivos Símbolos de la fe: la vida eterna. renovación cósmica). resulta evidente el intento de liberarse del influjo de una cultura cosmocéntrica. Conviene notar que el juicio no ocupa el primer lugar. Comenzamos por ésta última. el giro antropológico-existencial de la teología ha servido para intentar una reformulación de las realidades escatológicas. aunque nunca fue objeto de discusión o reflexión especifica. Sin embargo. Como acontecimiento universal y cósmico. de la espera del adviento glorioso del Señor resucitado. En la actualidad.1. Finalmente. Escatología colectiva 1. por lo que posteriormente se añadió: «que ha de venir con gloria. propia del pasado: el predominio de la dimensión física. La escatología se convierte en una cristología ampliada: aquello que ya es de Cristo será del hombre. vida eterna. la resurrección del hombre. infierno) y colectiva (parusía. en la certeza de que toda la historia de la salvación concluirá y se consumará en él. La fe en la parusía queda registrada en los Símbolos desde sus primeras redacciones: «ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos» (Símbolos Apostólico.. Pasamos ahora a exponer la doctrina católica en relación a los acontecimientos comprendidos en la escatología individual (muerte.1. el juicio está íntimamente unido a la venida gloriosa del resucitado. la tendencia a la cosificación han inducido de hecho a la descripción de las «realidades últimas» como lugares colocados en partes desconocidas del mundo y sometidas a la duración del tiempo.. La escatología excluye descripciones o representaciones fantásticas y arbitrarias del «más allá».). juicio. El acontecimiento «Cristo» es la revelación escatológica por excelencia.

La reforma litúrgica. 150) y en San Justino (h. proclamamos tu resurrección: ¡ven. 8). No sólo testifica la fe de la Iglesia en la parusía.1. introducida en el acto central del culto cristiano. pasamos a San Agustín (354-430). como acabamos de ver. (n. 8).1. los creyentes reafirman su esperanza en la venida gloriosa de Cristo. respondiendo a su invocación. 1.4.1. en el Padre nuestro: «venga a nosotros tu Reino». La liturgia de la Iglesia es una anticipación mística del reino de Dios: lo que ahora acontece produce algo que será realidad permanente al final de los tiempos. Señor Jesús!. a la vez que confiesan la fe en su actual presencia bajo las especies sacramentales: como el Señor ha venido ahora y está realmente entre nosotros respondiendo a la petición de la Iglesia. particularmente. por poner un ejemplo cualificado. Dejando a otros muchos Padres. del mismo modo vendrá al término de la historia. hasta que se manifieste él. 1. la recitaban los primeros discípulos de Jesús. nuestro Señor Jesucristo.3. Nos conformamos con estas breves referencias: La «Didaché». llegando a un «olvido» lamentable. termina con la evocación de la venida del Señor sobre las nubes del cielo (16. los que versan sobre la interpretación de los signos precursores y sobre la fecha de la misma 4. que nos es imposible reproducir.que sólo puede entenderse en conexión con ella. y en dichas ocasiones no pasa de ser una . En la eucaristía. San Justino es el primero de los Padres. que emplea esta significativa expresión. Su autoridad en la materia. nos ha transmitido la exclamación gozosa «marana-tha». Este anhelo también está presente en la oración. venida sin gloria y venida en gloria» 2. como nos consta por la «Didaché» (¿principios del siglo ll?). «primera y segunda venida. 165) 1.2. y nosotros nos manifestaremos con él en gloria>. ha incorporado esta aclamación multisecular a la celebración eucarística: «Anunciamos tu muerte. La invocación aramea «marana-tha». reflejo del sentir de la Iglesia sobre la encarnación del Verbo y la manifestación final del resucitado. 202) habla de la doble venida del Señor 3. sino que también la purifica de algunos elementos accesorios. ha guiado nuestra elección. Los Padres de la Iglesia reflejan la conciencia de ésta sobre la parusía en no pocos testimonios. en la que expresa el anhelo vehemente de que venga gloriosa y manifiestamente su Esposo. El sentido técnico del término ya se encuentra en el Discurso a Diogneto (¿finales del siglo ll?). nuestra vida. Desde la patrística hasta nuestros días la parusía ha sufrido un progresivo declive. en particular. El Concilio Vaticano II en la Constitución Sacrosanctum Concilium (1963) nos recuerda la parusía en un contexto litúrgico: «aguardamos al salvador. Los Concilios. lo mismo que en otras. 1. que siguió al Concilio Vaticano II (19621965). También San Ireneo (+ h. Basta recordar las pocas veces que aparece en documentos magisteriales. en el Pastor de Hermas (h. que.

9). propia de los cristianos.2. aunque la prioridad corresponde al aspecto salvífico. probablemente debido a la mentalidad forense. Y su intervención tiene siempre una doble vertiente: salvífica y judicial en sentido forense. parusía como plenitud de la obra salvífica ya comenzada. en que la Iglesia. Cuando la Iglesia primitiva confesaba su fe en Cristo. tanto a nivel individual como al de la comunidad eclesial (nn. típica del pensamiento latino. está juzgando. secundariamente importa la rendición de cuentas. pero no hay que olvidar que conserva su propio peso especifico. talante de expectación gozosa y confiada. Pero el juicio también comporta un aspecto discriminatorio en función de la responsabilidad del ser humano. en cuanto que la epifanía del señorío de Cristo constituye la pública revelación del contenido real de la historia y del alcance irreversible de las opciones en ella tomadas individual y colectivamente por todos los hombres. la actitud gozosa frente al juicio fuese perdiendo terreno hasta desembocar más tarde en la angustia e inseguridad de una sentencia rigurosa e inapelable. A pesar del entusiasmo que sentían los fieles por la venida gloriosa de Jesús como salvador. Tertuliano (c. que le otorga el Nuevo Testamento. será recogida de los cuatro vientos en el reino de Dios» (n. Niceno (325). 1. 39). como la mies. La acción judicial de Dios no puede entenderse. expresa al mensaje reconfortante de la gracia vencedora. Nos remitimos al Concilio IV de Letrán (1215) y a la Profesión de fe del emperador Miguel Paleólogo. Y aunque primariamente sea un acto salvador. los miembros de las primitivas comunidades sabían asimismo cuán importante era para una vida auténticamente cristiana ser conscientes de que el Señor también vendría a juzgar a su Iglesia y a sus miembros. La Constitución dogmática Lumen Gentium (1964) recoge los elementos más importantes de la doctrina católica: índole triunfante de la venida de Cristo al final de los tiempos. La idea de juicio denota la victoria definitiva y aplastante de Cristo sobre los poderes del mal. Cuando Dios interviene en la historia. que se ajustaría a nuestra conducta vacilante y deficiente. leída en el Concilio II de Lyón (1274).. Nicenoconstantinopolitano (381). El Decreto Ad gentes (1965) nos recuerda la expresión de San Justino: «El tiempo de la actividad misionera discurre entre la primera y la segunda venida del Señor. que había de venir a juzgar. proclamaba su confianza en el triunfo del resucitado. «qui venturus est iudicare». 160-223) propone una sencilla . La Constitución pastoral Gaudium et Spes (1965) enseña que «el Reino presente en la tierra de una manera misteriosa se consumará con la venida del Señor» (n. No es extraño que desde el siglo lIl. 43-50).alusión rutinaria. prescindiendo del resto de la actuación divina en la alianza que ha establecido con el hombre. El juicio-final Es una de las dimensiones de la parusía. Es esto lo que nos trasmiten los Símbolos más antiguos: Apostólico 5. Prácticamente hemos tenido que esperar hasta el Vaticano II para que la parusía volviera a recuperar el lugar privilegiado. Veamos algunos eslabones de la Tradición..

terminado el curso único de nuestra vida terrestre (cfr. es preciso. para que. Inocencio lIl (1208). 41). Mt 25. también se deja ver en la doctrina del Magisterio. dijo con toda propiedad el profeta: «Aquel día será día de ira. Entre los testimonios de los Padres recordamos a Hipólito de Roma (+ 235). Mención especial merece San Gregorio Magno (540-604).. para dar cuenta cada cual de lo que hizo mientras estaba en el cuerpo. En efecto. Mt 25. pero los que obraron el mal. de donde ha de venir de nuevo para juzgar a los vivos y a los muertos. IV). recoge la enseñanza de la Iglesia al respecto: «No sabiendo el día ni la hora. ni aplacado por la penitencia y la satisfacción» 8. que «no será aventajado por la benevolencia.. ¡Qué terror en aquel día. Ya en nuestros días. día de nubes y borrasca. 27). Profesión tridentina de fe (1564). ni ablandado por la misericordia. a quien la mente humana ni siquiera puede ver cuando se encuentra pacífico! Contemplando este día. 48). Por el contrario. a cada uno según los propios méritos: los que hayan respondido al amor y a la piedad de Dios. merezcamos entrar con El a las bodas y ser contados entre los benditos de Dios (cfr. ante el cual. presentándonos una imagen terrible del Juez. Concilio XI de Toledo (675). que merecerán gozar de la visión de Aquél. La mayoría de los testimonios se encuentran en las Profesiones de fe. «en virtud del buen sentido eclesial» 9. 26). 29. 13 y 25. 31-46) y no se nos mande como a siervos malos y perezosos (cfr. día de tribulación y angustia. 46). hermanos carísimos. día de trompetas y griterío» (Sof 1. Por último. Derecho pro Jacobitis del Concilio de Florencia (1442). pero los que los hayan rechazado hasta el final serán . «Pensad. y para condenar con el fuego inextinguible a los impíos. y al final del mundo «irán los que obraron el bien a la resurrección de la vida. San Gregorio Nacianceno (h. cuán grande será la alegría de los elegidos. Mt 25. Afraates (s. ni corrompido por el dinero. donde «habrá llanto y rechinar de dientes» (Mt 22. San León IX (1053). Mt 25. en la que dice que Cristo «ha de venir con gloria para llevar a los santos al disfrute de la vida eterna y de las promesas celestiales. 15). el Concilio Vaticano II. por advertencia del Señor. Por ejemplo. apartarnos al fuego eterno (cfr. día de tinieblas y oscuridad. día de calamidad y miseria. 329-389). 10). y entrar con El en las bodas» 7.regla de fe. a las tinieblas exteriores. todos los elementos tiemblan. tanto lo bueno como lo malo» (2Cor 5. de San Pelagio I (557). cfr. irán a la vida eterna. en el que ya no habrá remedio para la pena! ¡Qué confusión y qué vergüenza cuando se tenga que dar cuenta de los pecados delante de todos los ángeles y de todos los hombres! ¡Qué pavor producirá ver irritado a Aquel. nos parece de interés recordar la doctrina expuesta en el Credo del Pueblo de Dios (1968): «Subió al cielo.. San Agustín ya se había adelantado. Este cambio de acento.» 6. en su constitución Lumen Gentium (n. 30). todos nosotros compareceremos «ante el tribunal de Cristo. que os encontráis en la presencia de aquel Juez. San Cipriano (+ 258). a la resurrección de la condenación» (Jn 5. como ellos mismos lo comprobarán. antes de que reinemos con Cristo glorioso. que vigilemos constantemente. Heb 9.

IV) y Afraates rechazaron la retribución y el juicio inmediatamente después de la muerte. primero se realizará para cada uno en el día de la muerte> 11. si a cada hombre se le manifiesta el valor o inutilidad de su vida terrestre inmediatamente después de su muerte. El testimonio elocuente de San Jerónimo (342-419) nos es más que suficiente: «Entiende por el día del Señor el día del juicio o el día de la muerte de cada uno. En efecto. Por el contrario. anterior a dicha sanción. El destino eterno del hombre será revelado. cuando precisamente la revelación pone el acento en él. inmediatamente después de su muerte. la sanción inmediata después de la muerte supone la existencia de un juicio individual. Respecto a las decisiones doctrinales. afirman implícitamente esta verdad cuando aseveran que los elegidos en particular los mártires. ya que parece hacer superfluo el juicio universal. La doctrina del juicio particular no ha sido declarada por la Iglesia como dogma de fe. interesan las declaraciones de los Concilios II de Lyón y de Florencia. Sin embargo es del todo seguro que el juicio universal no puede ser rebajado en favor del juicio particular. si el juicio universal es tomado en serio como debe ser. Hay diversas opiniones sobre el grado de certeza de esta afirmación. 1. Algunos. pues en ellas se dice que los hombres libres de toda mancha son recibidos inmediatamente en el cielo y los que mueren en pecado mortal bajan inmediatamente al infierno 10. consecuencia de la resurrección de Cristo y conformación con . anteriores al siglo IV. entran de inmediato en comunión directa con Dios. Pero el juicio particular plantea un problema de difícil solución. Pero está contenida o supuesta en varias decisiones doctrinales. La Constitución dogmática Benedictus Deus de Benedicto Xll (1336) es especialmente instructiva en este sentido. Además. Esta opinión produjo un escándalo mayúsculo entre los fieles y el mismo Juan XXll trató de repararlo pero le sobrevino la muerte y fue su sucesor Benedicto Xll quien resolvió el caso de modo solemne: los justos inmediatamente después de la muerte van al cielo y los condenados al infierno. En la época de los Padres hubo mucha inseguridad sobre esta cuestión.3. Tal parece ser el contenido esencial y suficiente del dogma sobre el juicio. Este proceso recibe el nombre de juicio particular. los Padres. pues «el hombre como individuo y como raza (las acciones de todos se hallan enlazadas entre sí) tiene que pasar por un juicio» 12. ya que pretende zanjar la polémica en torno a la opinión privada de Juan XXII. Aquello que sucederá para todos en el día del juicio (final). parece que el juicio universal carece de objeto. Ahora bien. 12). El juicio-particular. por una sentencia divina.destinados al fuego que nunca cesará» (n. ¿Serán dos instancias contrapuestas? De ningún modo. La resurrección de los muertos El Nuevo Testamento proclama como esperanza específica cristiana la resurrección de los muertos. Generalmente. como Lactancio (principios del s. ha sido y es objeto de la predicación universal. según la cual tanto los justos como los condenados no alcanzaban su destino eterno hasta después de la resurrección final. parece que no queda espacio para el particular. expresada en varios sermones (1331-1332).

por ejemplo. la fe en la resurrección de los muertos ha sido propuesta de modo constante en los documentos del magisterio eclesiástico desde la antigüedad hasta nuestros días. Niceno-constantinopolitano. En la actualidad este punto es muy discutido. como vigorosamente lo afirma San Pablo (cfr. Se trata de una identidad numérica o personal y no meramente especifica. Escribe San Agustín: «Es propio de los cristianos creer en la resurrección de los muertos. de San Epifanio (374). desde el momento en que la concepción del cuerpo varía según los distintos modelos antropológicos. no se precisa lo que se requiere para que se dé esta identidad numérica del cuerpo resucitado con el cuerpo terrestre. 28).. y concreta este aserto en estos dos puntos: 1) La Iglesia cree en la resurrección de los muertos. La fe de la Iglesia exige la identidad corporal numérica o personal y no específica: «creemos de corazón y confesamos oralmente la resurrección de esta carne que llevamos y no de otra» (Inocencio lll). en su constitución Lumen Gentium (n. d) Parece presuponer una antropología dualista.. De los restantes documentos eclesiásticos citaremos al Concilio Vaticano II. Sin embargo. que. Quicumque (s. tanto los justos como los pecadores. del Concilio IV de Letrán. y al final del mundo irán los que obraron el bien a la resurrección de la vida. Profesión de fe de León IX. Cristo. que apunta a un estado intermedio. Niceno. dice: «. «asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial»es. del emperador Miguel Paleólogo (en el Concilio II de Lyón). nuestra cabeza. Doctrina de la Iglesia Este articulo de fe se contiene en los Símbolos: Apostólico. el problema de la identidad corporal se complica. Mt 25. pues los muertos resucitarán con sus propios cuerpos. pues resucitarán todos los muertos. V). La Iglesia ha dejado un amplio campo a la investigación de los teólogos. la mostró en si mismo y la ha dejado como ejemplo para nuestra fe» 13.Cristo resucitado. La Carta de la Congregación para la doctrina de la fe sobre algunas cuestiones relativas a la escatología (1979) recuerda que «si no hay resurrección todo el edificio de la fe se derrumba. Virgen María. c) Es un evento que incluye la identidad somática. sino que también ofrecen determinadas precisiones del mismo: a) La resurrección es un evento escatológico. . 29. el caso de la Sma. del Concilio XI de Toledo. es decir. Esto no obsta para que podamos admitir excepciones.1. Credo del Pueblo de Dios de Pablo VI (n. los cuales proponen diversas soluciones. de Inocencio lIl. 48). Los pronunciamientos del Magisterio abordan no sólo el hecho de la resurrección. 2) La resurrección se refiere a todo el hombre.3. cfr. «en su propia carne y no en otra». 1 Co 15)». 1. para los elegidos no es sino la extensión de la resurrección del mismo Cristo a los hombres» 14. y los que obraron el mal. Sin embargo. b) Es un evento universal. 46)». a la resurrección de la condenación (Jn 5. que tendrá lugar en el último día o al final del mundo. Por eso mismo.

Por ejemplo.. Los Padres de la Iglesia En la época patrística. Antes habla dicho Tertuliano: «Negar la resurrección de la carne es común a todos los filósofos» 16. ante el rechazo tenaz y cáustico de este articulo de fe. Il) describe a Dios como un alfarero que vuelve a modelar el mismo vaso para que resulte perfecto 17. Los escritores cristianos. El primero propone otro argumento de carácter cristológico: «Si la carne no tuviera que ser salvada. Atenágoras (s. entre los que destacamos a San Justino. «Ninguna otra verdad de la fe cristiana se rechaza como se rechaza la resurrección de la carne». y ya ahora salvaguarda la posesión del mismo y propio cuerpo a través de las incesantes mutaciones de la materia 19. la identidad se funda en la permanencia del eîdos (figura) que es una cierta virtud incorruptible. b) defender el cuerpo como parte integrante de la constitución del hombre. puesto que ni siquiera en la actual existencia se da tal identidad: nuestra sustancia carnal de hoy no es la de hace años. la defensa de la corporeidad se hace más urgente. La negación o deformación de la resurrección no sólo provenía del paganismo. escribió San Agustín 15. ya que respecto al hecho de la misma repite el argumento de sus predecesores.3. Tanto San Ireneo como Tertuliano fundamentan la posibilidad de la resurrección recurriendo a la omnipotencia creadora de Dios. Con el gnosticismo. aunque su doctrina sea la más compleja y difícil de toda la patrística. Nos limitaremos a aludir al modo de la resurrección. de ningún modo se hubiera hecho carne el Verbo de Dios» 18. tuvieron que salir en su defensa. la resurrección puede parecer imposible. . Los Apologistas.1. Así. aunque su interpretación resulte demasiado simplista y poco satisfactoria: a) dejar bien claro que la resurrección nada tiene que ver con la reencarnación de las almas (metempsicosis). En cuanto a la identidad del cuerpo resucitado. que Dios puede llamar de nuevo para reconstruir el mismo cuerpo. también se dio en ambientes intraeclesiales. pero su aparente imposibilidad puede quedar desmentida por la intervención omnipotente de Dios. Il). En relación al modo. defienden contra los paganos el hecho de la resurrección con el siguiente argumento: No se puede negar lo posible en nombre de lo real pues lo que hoy es real no lo era ayer. de la que resucita el cuerpo. rechaza como ridícula y falsa la explicación de la identidad material del cuerpo resucitado con el cuerpo terreno. En el fondo de la exagerada salvaguardia de la identidad material laten dos preocupaciones legitimas. que versa fundamentalmente en torno a estos dos puntos: el hecho mismo de la resurrección y la identidad del cuerpo resucitado. La identidad entre el cuerpo presente y el resucitado no se basa en la continuidad de la misma materia.. Para Orígenes. también llamado a resucitar. contra el desprecio de lo somático en aquella época. Il). la resurrección de los muertos provocó una oposición radical y persistente.2. los Apologistas la entienden como identidad de la materia corporal actual. Teófilo de Antioquía (s. Orígenes (185-253) merece especial mención. Taciano (s. responden apelando a la omnipotencia divina.. A las objeciones de que la misma materia pudiera haberse aniquilado o pertenecer a otro sujeto.

abandonó el término alma: de una visión dualista del hombre.Prescindimos de su exagerado espiritualismo. al reconocer en sí mismo (el hombre) un alma espiritual e inmortal no es victima de un falaz espejismo. El Concilio V de Letrán (1512-1517) afirma explícitamente la inmortalidad del alma. El Credo del Pueblo de Dios resume a la perfección la doctrina tradicional. La ya citada Constitución Benedictus Deus no puede entenderse. condenadas por la Iglesia en la Concilio II de Constantinopla (553). Pero no podemos negar que muchas de sus intuiciones fueron de un valor inapreciable para la reflexión teológica posterior. 3). Hoy se vuelve a hablar sin timidez del alma. que le llevó a posturas inaceptables. al contrario. La Iglesia emplea la palabra alma. La renovación cósmica MUNDO/FIN: La resurrección de los muertos plantea la cuestión de la estructura del mundo ajustada a la nueva corporalidad de los resultados. la palabra alma se consideró fundamental para expresar la fe cristiana. 1. dotado de conciencia y voluntad. Ya en tiempo de los Padres. la propuso de la siguiente manera: «Así pues. 14). en su Constitución Gaudium et Spes. La ilustración (s. que sobrevive a la muerte. en la que la inmortalidad del alma y la resurrección de los muertos no son vistas como contradictorias. único que en la vida de éste justifica que se dé algo definitivo. 1. Congregación para la doctrina de la fe (1979) aborda este tema en los siguientes términos: «La Iglesia afirma la continuidad y la existencia autónoma. Pero el cambio no resulta plenamente convincente. que rechazará algunos elementos tradicionales.4. la cual sostenía la continuidad indestructible del yo humano. Surge así una imagen del hombre. toca la verdad profunda de la realidad» (n. La exégesis histórico-critica. aunque de momento carezca del complemento de su cuerpo. El Vaticano II. La inmortalidad del alma La Carta de la S. La conexión del hombre con el . después de la muerte. se pasa a una concepción unitaria. El primer ataque procede de Lutero (1483-1546).3. sino que representan afirmaciones complementarias de la esperanza cristiana. sino que. propia del helenismo. Este principio espiritual es inmortal. de forma que subsista el mismo yo humano. considerada como elemento esencial y principio espiritual del hombre.3. Aunque ella no ignora que este término tiene diversos significados en la Sagrada Escritura. XVIII) lo propagará. si prescindimos de la inmortalidad del alma. procedente sólo de condiciones físicas y sociales. para designar a este elemento. consagrada por el uso de la Sagrada Escritura y de la Tradición. de un elemento espiritual. característica del pensamiento hebreo. sin embargo estima que no se da razón válida para rechazarlo y juzga al mismo tiempo que un instrumento verbal es absolutamente indispensable para sostener la fe de los cristianos» (n.

10. 48). 21). 20. 1Cor 13. celebrado en Constantinopla (543) y aprobado por el papa Virgilio (540-555). conseguimos la salvacióon. Aún añade más: «. Adversus haereses. vencida la muerte. no su naturaleza» 20. 2Pe 3.. se verá libre de la esclavitud de la vanidad (cfr. La Constitución Gaudium et Spes dedica un número (39) a la tierra nueva y al cielo nuevo: «No conocemos ni el tiempo de la consumación de la tierra y de la humanidad (cfr. Por eso dice el apóstol: "La figura de este mundo pasa. deformado por el pecado (cfr. 31-32). 14). 36. Hch 1. A partir del siglo IV nos hablan con mayor cautela de la destrucción final y eliminan toda idea de aniquilación. pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra. 31. Por ende. Con el Concilio Vaticano II el panorama cambia radicalmente. Así. La Iglesia prácticamente nada dice sobre el tema hasta el Vaticano II. y permaneciendo la caridad y sus frutos (cfr. pasa la figura del mundo. la renovación del mundo está irrevocablemente decretada y empieza a realizarse en cierto modo en el siglo presente. los hijos de Dios resucitarán en Cristo. lo expresa San Agustín: «.10. y en la cual. Ef 1. que el mundo tenga que consumirse por el fuego. una nueva humanidad entraña un nuevo universo. Hch 3. Otro punto del número citado afirma que la esperanza cristiana no es alienante. 3. yo deseo que viváis sin inquietudes" (1Cor 7. Col 1. La Constitución Lumen Gentium enseña: «La Iglesia. 2Pe 3. 7). que está íntimamente unido con el hombre y por él alcanza su fin. 2. 13) y cuya felicidad colmará y superará todos los deseos de paz que surgen en el corazón del hombre (cfr. No continuamos copiando. De ningún modo este mundo pasará por aniquilación. a la que todos hemos sido llamados en Cristo Jesús.13)». 39 se desprende la certeza del hecho de la nueva creación y la incertidumbre del cuándo y el cómo de la misma. y cuando. 1Cor 2. 42 y 53). será perfectamente renovado en Cristo (cfr. 1). ni el modo de la transformación del universo.. es más. Podemos citar el denominado Sínodo endemousa. con el género humano. también el universo entero. dejan de existir este cielo y esta tierra y entonces comenzarán a existir un cielo nuevo y una tierra nueva.. 4-5). En un principio. Son dos los textos que tratan ex profeso de la cuestión. los Padres y escritores eclesiásticos están de acuerdo en admitir. no será llevada a su plena perfección sino en la gloria celestial. Pasa desde luego la figura de este mundo.» (n. por la gracia de Dios. Por eso. 1Cor 7. el papa. y una intervención de Pío 11 (1459): el primero condena que todo lo material desaparezca al final de los tiempos. una vez efectuado el juicio. V. cuando llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas (cfr. San Ireneo.. 8. un incendio definitivo y universal del cual surgirá un mundo renovado. Rom 8. y lo que se había sembrado débil y corruptible se vestirá de incorrupción (cfr. . 1 Cor 15. Ap 21. 19-21)». 2Cor 5. en donde habita la justicia (cfr. En consecuencia. De lo transcrito en este n. 9. conforme a la 2ª Carta de Pedro. sino por mutación. toda la creación. que Dios hizo por el hombre.cosmos es más estrecha de lo que imaginamos: el estar en el mundo es uno de los elementos de toda auténtica humanidad. Esta interdependencia nativa liga a ambos inseparablemente en cualquiera de las etapas del ser humano. por ejemplo.. Entonces.

la fe. más allá de la muerte no se pueden tomar resoluciones que cambien la forma de vida alcanzada en la muerte. 6. sino también el fin irrevocable de la vida de peregrinación y el principio de una vida cualitativamente distinta de la vida terrena. apoyada en sólidos argumentos. Sab 1. pues ésta no llegará hasta el momento del juicio final 23. que entró en la historia a consecuencia del pecado (cfr. 23.volveremos a encontrar los buenos frutos de la naturaleza y de nuestros esfuerzos. Entre los siglos Il-IV. a excepción de Orígenes. afirman que el martirio supone el ingreso inmediato en la perfecta comunión con Cristo. sobre la muerte como término de la condición peregrinante del hombre con su capacidad decisoria en orden al fin último. San Policarpo ( + h. San Clemente Romano ( + h. 100). el que ha ganado esta victoria para el hombre. La muerte se presenta al hombre en su actual condición de pecador. Llamamos status viae a la fase de vida anterior a la muerte y status termini a la fase que sigue a la muerte. Los Padres Apostólicos. No cabe duda que las aportaciones de la teología actual influyeron en la doctrina propuesta por el Concilio.. Sant 1. resucitado a la vida. Pues Dios ha llamado y llama al hombre a adherirse a El con todo su ser en la comunión perpetua de la incorruptible vida divina. más bien son un estimulo para ulteriores reflexiones sobre el tema. «limpios de toda mancha. La muerte constituye la fijación definitiva y permanente del destino humano.» 21. Podemos decir que la muerte no sólo es la disolución de la unidad animico-corporal. La vida que transcurre en este mundo no puede ser recorrida dos o más veces. después de la muerte no hay posibilidad de adquirir méritos o deméritos. Rom 5.1. Por otro lado. 2. pero nada dicen de los que no derramaron su sangre por el Señor. La muerte No es fácil precisar lo que es o significa la muerte. 15). iluminados y transfigurados. es decir. será vencida cuando el omnipotente y misericordioso Salvador restituya al hombre en la salvación perdida por su culpa. Para todo hombre que reflexione. liberándolo de la muerte con su muerte (cfr. 165). Escatología individual 2. 23-24. como San Ignacio de Antioquía ( + 107). Pero hay que significar que los textos conciliares no constituyen una meta insuperable. Ha sido Cristo. . Pero el Vaticano II afirma que la Iglesia puede descifrar el enigma de la muerte: «La fe cristiana enseña que la muerte corporal. 13. 1Cor 15. en la vida eterna 22. libremente elegido con anterioridad al status termini. responde satisfactoriamente al angustioso interrogante sobre su destino futuro. 21. cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal». 56-57). 2. La tradición de la Iglesia jamás ha ofrecido dudas. como algo incomprensible. la tendencia predominante sostiene que la muerte inaugura una discriminación transitoria: se da una retribución todavía no definitiva. es única e irrepetible..

28). El Vaticano II afirma que la salvación o condenación del hombre se da una vez terminado «el único curso de nuestra vida terrena» 25.. se da la relación de intimidad con los hermanos (la asamblea de . La doctrina de la tradición puede quedar resumida en estos tres puntos: 1) Los Padres enseñan que la vida eterna consiste en la visión de Dios. La primera puede exigir una purificación previa. 3) El cielo es presentado como una sociedad perfecta y dichosa: junto a la relación de intimidad con Dios. Resumiendo. A modo de ejemplo. San Ireneo. que proclama la inmediatez (mox) de la retribución después de la muerte. sirve para declarar la cuestión anteriormente propuesta. herida en sus mismas fuerzas naturales y sometida al imperio de la muerte. los sermones de Juan XXII causaron un auténtico escándalo entre los fieles. La universalidad de la muerte. enseña que la retribución es inmediata (statim) después de la muerte y que ésta será destruida totalmente en el día de la resurrección final (n.. San Gregorio Nacianceno.. La vida eterna ¿En qué consiste la relación de Dios con el hombre en el Reino definitivamente reedificado? Esta pregunta responde a la cuestión denominada tradicionalmente la gloria o el cielo. el tema de la muerte no interesa de modo directo al magisterio eclesiástico. Carta de Bernabé (¿principios del siglo ll?). El Concilio de Florencia repetirá esta enseñanza en el Decreto pro Graecis (1439). 16). Esta sentencia se irá imponiendo poco a poco en la Iglesia. es dada a todos los hombres. También la visión de Dios. si exceptuamos a San Bernardo (1091-1153). ya San Cipriano y Clemente de Alejandría ( + h. Pablo VI. ni constante ni del todo clara. La doctrina tradicional. caída de esta manera.Sin embargo. 2) El carácter cristológico de la vida eterna (ser o estar con Cristo) aparece muy pronto: en San Ignacio de Antioquía. Benedicto Xll. son introducidos en la bienaventuranza eterna 24. destituida del don de la gracia del que antes estaba adornada. es propuesta de modo indirecto por el Concilio de Trento (1545-1563) y repetida con claridad en el Credo del Pueblo de Dios: «Así pues. citamos a San Ireneo. 2. en el Credo del Pueblo de Dios. con la Constitución Benedictus Deus rechaza definitivamente la opinión privada e indecisa de su predecesor: la retribución final comienza inmediatamente después de la muerte (mox). Después se repetirá con suma frecuencia: San Cipriano. esta naturaleza humana. Por eso. San Cipriano.» (n. que constituye el fin señalado por Dios a la historia de la salvación del género humano.. 213) enseñaron que todos los justos. Sólo en cuanto que es término de la vida terrena y comienzo de un estado definitivo del hombre: salvación o condenación.2. San Agustín. como consecuencia del pecado original. El Magisterio eclesiástico. San Agustín. inmediatamente después de su muerte. será recogida por el Concilio II de Lyón. que expresa básicamente la intimidad del encuentro directo con El. La Escolástica la recibirá de modo unánime.

en cuanto que las almas de los bienaventurados «ven claramente al mismo Dios trino y uno. aunque en proporción a los méritos conseguidos durante su estado de peregrinaje.. El Credo del Pueblo de Dios (nn. una vez que ha iniciado o se inicie la visión intuitiva y facial y el gozo. «según la diversidad de sus méritos» 26. tal como es». sin interrupción alguna o supresión de la visión y gozo. El Concilio de Florencia explícita la visión intuitiva de Dios. Magisterio eclesiástico. la misma visión y gozo son continuos. El Vaticano II recalca con firmeza el carácter cristológico y social de la vida eterna 27. Lo demás pertenece al ámbito de la reflexión teológica. sino que la esencia divina se les manifiesta de un modo inmediato. Mientras que el triunfo de Cristo y de los suyos es una certeza plena.los santos). la historia del hombre no tiene dos fines. . 29-30) y la Carta de la Congregación para la doctrina de la fe (n. y continuarán hasta el juicio final y. por toda la eternidad». Quicumque. de San Epifanio. El infierno Según la fe cristiana. Ya los primeros Símbolos confiesan la fe en la vida eterna (Apostólico. Y también las almas de los que mueran después verán la esencia divina y gozarán de ella antes del juicio universal». en el reino de los cielos y paraíso celestial con Cristo. además. en virtud de la cual las almas de los justos gozan plenamente de Dios. Además. Además. las consecuencias y la duración: las almas de los justos que no tienen necesidad de una purificación previa. pues la fe y la esperanza son virtudes propiamente teológicas. San Isidoro de Sevilla (560-636).. su salvación. la doctrina de la Iglesia propone la visión de Dios. que corresponden a dicha visión: unas le verán más perfectamente que otras. La imagen escriturística de la ciudad fue comentada ampliamente por San Cipriano. En definitiva. San Agustín. desde entonces. sin posible interrupción ni término. y después de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo vieron y ven la esencia divina con una visión intuitiva y facial. estuvieron. Jesucristo nuestro Señor. Hay otros muchos documentos. San Gregorio Magno. están y estarán en el cielo. 2. Sólo nos resta destacar el carácter cristológico y social de esa vida. Niceno-constantinopolitano. por esta visión y este gozo las almas de los que ya salieron de este mundo son verdaderamente bienaventuradas y tienen vida y descanso eterno. sin velos. pero el de mayor relieve es la tantas veces citada Constitución Benedictus Deus de Benedicto Xll. y por esta visión gozan de la divina esencia. el modo. sin la mediación de ninguna criatura como objeto que tuviera que ser visto. sino uno solo. la condenación es una posibilidad real.). que es intuitiva e inmediata. son bienaventuradas. salvación y condenación. Hasta aquí el documento de Benedicto Xll. después de la ascensión al cielo del Salvador.3. 7) no aportan nada de especial relevancia. en la que se enseña el hecho de la bienaventuranza. «Y esta visión y gozo de la divina esencia suprime en dichas almas los actos de fe y de esperanza. admitidas en la compañía de los santos ángeles. Los documentos posteriores tendrán siempre presente esta Constitución dogmática. clara y abiertamente. enseña la existencia de distintos grados.

ciertamente restringido.. . 150). Todos los cuales resucitarán con sus propios cuerpos que ahora tienen. La negativa obstinada de amar a Dios es. Así. si exceptuamos a San Máximo Confesor (h. Doctrina eclesiástica. y en la repercusión de dicha pena en todo el "ser" del mismo pecador>' (n. De la Edad Media citaremos el Concilio IV de Letrán. La Congregación para la doctrina de la fe refleja la misma orientación: «También cree (la Iglesia) que será castigado con una pena eterna el pecador. entre los que recordamos a San Justino.. se limitó a citar la frase evangélica: «y al final del mundo irán los que obraron el bien a la resurrección de la vida. El Concilio Vaticano II. pero los que obraron el mal a la resurrección de la condenación (Lc 5. terminó en la práctica con la condena del origenismo en el Sínodo endemousa (543) y en el Concilio II de Constantinopla. No se puede otorgar el mismo peso específico a los enunciados sobre la vida eterna y a los que versan sobre la muerte eterna. para recibir según sus obras. que será privado de la visión de Dios. Las penas del infierno. que se encuentra en los textos evangélicos 29. y los que obraron el bien. en último término. simplemente justifican la existencia del infierno. 155). Su existencia ya aparece en los documentos más antiguos de la época patrística. Atenágoras. que pedía se afirmase la existencia de hecho de condenados. 48). tanto a los réprobos como a los elegidos. para salvaguardar la existencia real del infierno: la Comisión se remite a la forma gramatical en futuro (irán). los otros. La afirmación dogmática sobre el infierno aparece relativamente tarde en los documentos de la Iglesia. en la Constitución Lumen Gentium (n. La doctrina del infierno se halla entre los más difíciles problemas de la fe cristiana. El Concilio IV de Letrán se expresa de este modo contra los albigenses: «. los que obraron el mal al fuego eterno». El Credo del Pueblo de Dios (n. El Símbolo Quicumque enseña: «. La condena del origenismo en el siglo VI asentó esta doctrina. 29. buenas o malas. cfr. Orígenes rompe la unanimidad de los Padres. irán a la vida eterna. La fe de la Iglesia no propone un solo caso de condenación. 46)». según sus obras. según él. Epístola segunda a los Corintios. la gloria eterna con Cristo».. Tertuliano. De donde se infiere que la Iglesia no ha pretendido pronunciar un veredicto de condena definitivamente en relación a determinadas personas. atribuida a San Clemente Romano (h. por lo tanto.aplicable tan sólo en casos particulares. Desde entonces el consentimiento vuelve a ser unánime en oriente y en occidente. temporales 28. el misterio más sombrío del infierno. a su venida han de resucitar todos los hombres con sus cuerpos y han de dar cuenta de sus propios actos.. Los Padres Apostólicos repiten las fórmulas del Nuevo Testamento. Resulta clarificadora la respuesta de la Comisión teológica a un padre conciliar. Ireneo. 7). 12) repite la redacción del Vaticano II. Epístola a Diogneto. En virtud de esta postura. Martirio de San Policarpo (h. pero su influjo. ha de venir al final de los tiempos para juzgar a los vivos y a los muertos y para dar a cada uno.. el II de Lyón y la Constitución Benedictus Deus de Benedicto Xll. San Ignacio de Antioquía. Influyó en algunos escritores.. los unos la pena eterna con el diablo. 580-663). Mt 25. son medicinales y. Los Apologistas.

En el siglo Xl. sin embargo. San Agustín nos ofrece un conmovedor testimonio de la misma. tanto en oriente como en occidente. la liturgia. asimismo se lee: «La Iglesia excluye toda forma de pensamiento o expresión que haga absurda o ininteligible su oración. empleado por el obispo de Hipona. Por eso. El Magisterio eclesiástico. al narrarnos la muerte de su madre 31. Los primeros testimonios escritos que nos han llegado son de la primera mitad del siglo lIl y provienen de África (Tertuliano y San Cipriano). este tema no constituyó un motivo de discordia. su culto a los muertos. sobre todo. este uso devoto quedó del todo arraigado en la Iglesia y justificado por ella. Ya desde el siglo II. 2. sus ritos fúnebres. llamado el Doctor del purgatorio. con la escatología? Dejando de lado esta cuestión. se convirtió en sustantivo: purgatorium 33. pues si todos los difuntos. El purgatorio La teología actual no ha llegado a un consenso sobre el lugar que corresponde a la doctrina del purgatorio: ¿está en relación con la justificación.mantenida escrupulosamente en el Vaticano II. por influencia del protestantismo. pero la doctrina del Magisterio no nos lleva tan lejos. la existencia del purgatorio. la plegaria en favor de ellos sería superflua. el adjetivo purgatorius. cuando se produjo el cisma entre oriente y occidente (1054). «Por lo que se refiere a los elegidos. en carta al obispo de Frascati .4. desde el siglo IV. cree también (la Iglesia) que se puede dar una purificación previa a la visión de Dios. En consecuencia. Únicamente. pues en él reina el amor y no el odio. creemos imprescindible señalar que el purgatorio no es un «infierno temporal». por el eficaz impulso de San Gregorio Magno. algunos necesitan purificarse para llegar a esa comunión y nuestras oraciones pueden ayudarles. 4). Los Padres. algunos teólogos negaron su existencia 34. se encuentra en el polo opuesto. Inocencio IV (1243-1254). Esta práctica multisecular demuestra. la práctica de rezar en la misa por ellos es cada vez más frecuente. con el sacramento de la penitencia. nos proporciona testimonios de la oración en favor de los difuntos. Con posterioridad. en el siglo XVIl. de modo que paulatinamente se fue imponiendo esta piadosa costumbre. muertos en gracia. sencillamente no se ha pronunciado. hubieran alcanzado la plena e inmediata comunión con el Señor. esta purificación es completamente distinta de la pena de los condenados» 30. ¿podemos confiar que ningún hombre llegue a condenarse? Hay teólogos que lo afirman. que acabamos de citar. Precisamente. Sobre los Padres Orientales no es necesario insistir mucho. Su doctrina se propagará en occidente. En el siglo lIl. aunque de modo indirecto. todos están de acuerdo sobre la existencia del purgatorio. En la Carta. San Agustín habla con frecuencia del fuego enmendetorio y del fuego purgatorio 32. todo ello constituye sustancialmente lugares teológicos» (n. Bajo el influjo innegable de Orígenes.

(1254).» 35. Los protestantes rechazan el purgatorio. es decir.. según las instituciones de la Iglesia». los sacrificios de las misas. mientras otros son glorificados. 2) Tiene un carácter penal o expiatorio. el punto segundo marca la diferencia entre católicos y ortodoxos. en el cosmos. 28). El Vaticano II enseña que los discípulos de Cristo. conociendo muy bien esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo. impuso a los griegos de Chipre el uso del nombre purgatorio. con penas purgatorias o catárticas.» (n. no del todo purificados son purgados o madurados. La Profesión de fe del emperador Miguel Paleólogo prescinde del sustantivo purgatorio y también del fuego: «Y si verdaderamente arrepentidos murieron en caridad antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia. ya desde los primeros tiempos de la religión cristiana. podemos concluir que la noción dogmática de purgatorio se define por estas tres notas: 1) Es un estado en el que los difuntos. Lo vuelve a recalcar en otro lugar: «La Iglesia de los peregrinos. por lo que han cometido u omitido. y porque es santo y saludable el pensamiento de orar por los difuntos para que queden libres de sus pecados (2Mac 12. Por eso. cultivó con gran piedad el recuerdo de los difuntos. como nos lo ha explicado el hermano Juan. ya difuntos. Llama poderosamente la atención que el Credo del Pueblo de Dios vuelva a emplear el término purgatorio y hable de nuevo del fuego: «Creemos que las almas de todos aquellos que mueren en la gracia de Cristo—tanto las que todavía deben ser purificadas con el fuego del purgatorio. El Concilio de Trento tiene varias referencias al purgatorio. que hasta ahora hemos presentado como si fueran independientes. en . Conclusión Resumiendo la doctrina de la Iglesia. pues lo realizado de modo pleno en Cristo se realizará también en el hombre. puesto que coincidían con los latinos en confesar la misma doctrina. Y para ser libradas de estas penas. Al principio de este trabajo hemos afirmado que la escatología es una cristología ampliada. esas realidades escatológicas. Cristo es nuestro éschaton.. en la humanidad. ofreció también sufragios por ellos» 36. las oraciones y limosnas y otras obras de piedad. El Concilio de Florencia repite casi literalmente lo que acabamos de copiar. como el Buen Ladrón—constituyen el Pueblo de Dios después de la muerte. aunque no se nos precise en qué consisten sus penas. pero su aportación principal fue el Decreto disciplinar sobre el mismo (1563). después de la muerte.. 3) Los sufragios de los vivos ayudan a esos difuntos. Fundamentalmente.5. como las que son recibidas por Jesús en el paraíso inmediatamente que se separan del cuerpo. 46). «unos peregrinan en la tierra. que los fieles tienen costumbre hacer por otros fieles. se purifican. les aprovechan los sufragios de los fieles vivos.. 2. sus almas son purificadas. otros.

pero su prehistoria se remonta hasta finales del siglo II. por la teología actual: subir y bajar significan sencillamente dos estados del todo diferentes y antagónicos. vol. 7 In evangelio homiliae. San Justino.. Epístola ad Corintios. 14 Ocho documentos doctrinales de la Sagrada Congregación para la doctrina de la fe pp. 2 Diálogo con Trifón. Barcelona 1987... 2. p. 23.. Il. 13. 3. De . 2-7.. 22 San Ignacio de Antioquía. 1 Las citas precisas son: Discurso a Diogneto. 130. 13 Sermo 241. comparación V. 19 Contra Celsum 5. Escatología. Epístola ad Romanos.. Diálogo con Trifón. 1. 14. 52-54.realidad están orientadas al resucitado y de él reciben su auténtico sentido y su relación unitaria. 11. Cfr. Tertuliano. 4. sermo ad catechumenos. Historia de la teología cristiana. 1. 23 San Justino. tomadas de W. 7. 31. 3. 7. 8. vol.. 2. San Ireneo. 6. 117. 8 De Symbolo. U.. 25-26. San Clemente Romano. Adversus haereses. en Mysterium Salutis. 3 Adversus haereses. TORNOS. p.... 31. 14.. 88. 20 De civitate Dei. IV. 5. 374).. San Policarpo. 2. VILANOVA. 1. IV. «EIaboración sistemática de la escatología». 18. 9. VON BALTHASAR. 1. 6. 2. Epístola ad Philippenses. 18 Adversus haereses. 5. 5 Se conoce en el siglo IV. 3. 2. Madrid 1991. 22... Pastor de Hermas. 2. 4 Epístola 199. 55 Págs. 818-819 Madrid 1984.. 2. 1. V pp.. 11 In loel.. Diálogo con Trifón. 13. 26... 1. según el testimonio de Marcelo de Ancira (+ h. 9 A. 15 Enarrationes in psalmos. 49. 134-139 Madrid 1981. 91-113 . 1-2. 6 De praescriptione haereticorum. vol. E. 8. 17 Ad Autolycum.. 20. V. 2. BREUN~NG. 14. V. Epístola 197. José María OZAETA BIBLIA Y FE 1993.. 12 Palabras de H. 10 Al principio advertimos que la concepción cosmológica antigua era rechazada y con razón. 21 Constitución pastoral Gaudium et Spes. 5.. 33. 16 De praescriptione haereticorum.

33 H. 50. 32 De civitate Dei. Enarrationes in psalmos. 5. cfr. IX 13. 48. 35 Constitución dogmática Lumen gentium. V p. Ad Fortunatum. 34 Prescindimos de las divergencias que se mantienen entre católicos y ortodoxos sobre la naturaleza del purgatorio o maduración del alma para lograr la visión beatifica. 7. VIl. 11. 29 C.carnis resurrectione 43. 6.. vol. 24 San Cipriano. 28 De pnncipiis. Contra Celsum. XXI. 3. 198. 10. De exhortatione martyrii. nº. 49. 6. 25 Constitución dogmática Lumen Gentium. 6. Pozo. 31 Confesiones. 26 Decreto pro Graecis. 36 Ibid. 16. 30 Carta de la Sagrada Congregación para la doctrina de la fe sobre algunas cuestiones referentes a la escatología. 27 Constitución Lumen Gentium. Madrid 1984. 13. 27. Teología del más allá. VORGRIMLER. . 48-51. 26. «La lucha del cristiano con el pecado» en Mysterium salutis. 430. Madrid 1968. 15. IX. Clemente de Alejandría. p. Stromata. 35-37. 37 3.