You are on page 1of 10

SEIS DOCUMENTOS DEL ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE HUÉSCAR (GRANADA) DEL SIGLO XVI.

Jesús Daniel Laguna Reche. Ldo. en Historia. La zona más septentrional del antiguo Reino de Granada, que se corresponde con la actual comarca de Huéscar, ha sido hasta hace poco una absoluta desconocida para la población del resto de la provincia de Granada -no digamos de otras- en general y para los historiadores en particular. Así, todavía hay a quien dicha comarca le suena a una especie de lugar lejanísimo y desconocido situado en un incierto lugar de los confines granadinos, antes de llegar al cabo Finisterre, y que tiene la fama de provocar el llanto a quien es destinado allí para trabajar. Craso error, como comprueba todo el que por dichos confines pasa. En cuanto a su historia, ha sido hasta hace no mucho tiempo poco o nada estudiada, salvo contados trabajos de ámbito más general en los cuales se han hecho pequeñas referencias al hilo del argumento. Hasta ahora las mejores aportaciones han sido hechas por estudiosos locales. La celebración de un congreso internacional en octubre de 2004 fue un hito inolvidable para quienes allí estuvimos. Además de contar con la presencia del profesor Bernard Vincent, participaron multitud de investigadores entre profesores, archiveros, doctorandos, etc., procedentes de Almería, Granada, Málaga, Madrid, París, Cuenca, etc., que nos demostraron cómo aquella tierra está siendo tema de estudios profundos e importantes en diversos equipos de investigación, lo que me hace pensar que en el futuro el pasado de Huéscar y comarca será mucho mejor conocido. Con este pequeño trabajo pretendo hacer llegar al lector un retazo suelto de nuestro pasado, mediante la edición de varios documentos conservados en el Archivo Histórico Municipal de Huéscar, y que en su día transcribí con otros fines, junto a unas generalidades que puede el lector encontrar adecuadamente desarrolladas en los diversos trabajos que sobre el tema se han realizado, aunque algunos están inéditos o su existencia es desconocida, que de todo hay. Sepa el lector interesado que los autores de dichos trabajos son, entre otros, Vicente González Barberán, Gonzalo Pulido Castillo, Rafael Carayol Gor (in memoriam), Julián Pablo Díaz López y Enrique Pérez Boyero. Documento 1. Sobre las santas patronas de Huéscar. Este documento es la más antigua referencia conocida sobre la devoción en Huéscar a sus patronas, las santas Alodía y Nunilón. El origen de la devoción a estas hermanas mozárabes martirizadas en el siglo IX en Aragón es, como ya han dicho otros autores hasta la saciedad, de origen navarro. Es sobradamente sabido que el Rey Católico concedió el señorío de Huéscar, Castilléjar -entonces Castilleja-, Vélez Blanco, Vélez Rubio, Zújar, Freila y Cuevas de Almanzora, con cabeza en Huéscar, a su cuñado don Luis de Beaumont, Condestable de Navarra y Conde de Lerín, el año 1495, con título de Marqués de Huéscar; concesión que rompía las capitulaciones acordadas con los moros en 1488, y que por tal motivo sólo sería mientras viviese don Luis o Castilla se anexionase el Reino de Navarra, pero que don Fernando hubo de hacer ante la forzosa salida de Navarra del conde, en virtud del Tratado de Madrid (1495), que además dejaba sus bienes y rentas en manos del rey Fernando.

El de Lerín falleció el año 1508, con lo cual desapareció el señorío y marquesado de Huéscar y el territorio revertió a sus antiguos poseedores, que en el caso de Huéscar era la Corona de Castilla. Sólo fueron trece años de señorío, pero bastaron para dejar en aquellas tierras del altiplano una imborrable huella que hoy se mantiene con todo su vigor. Como indica nuestro paisano y amigo don Vicente González Barberán, los navarros que vinieron a vivir a Huéscar, muchos de los cuales se quedaron, nos dejaron la Sierra de la Encantada, varios apellidos -Huarte, Cocostegui, Iriarte, Irigaray, Navarro, etc.-, y, además de otras cosas, uno de nuestros legados culturales más preciados: la devoción a nuestras patronas. Con el tiempo los habitantes de Huéscar fueron creando la leyenda local que hace a dichas patronas naturales de Huéscar, en clara confusión con la aragonesa Huesca -la única Osca romana-, en uno de cuyos pueblos, Adahuesca, nacieron realmente. Según esta peculiar hagiografía, las dos hermanas fueron bautizadas por un tal Lelio Cristiano en el Río Santo, que aún hoy se llama así, y en Huéscar fueron martirizadas y sepultadas. Sus restos reposan en el navarro monasterio de Leire. El documento que a continuación transcribo narra cómo en fecha tan temprana como 1515 ya había un hecho sobrenatural relacionado con las santas Alodía y Nunilón. En las inmediaciones de su casa -ermita- había un olivo del cual manaba un aceite milagroso, hecho que atraía cierto número de peregrinos, pero que también era aprovechado por personas que no se creían el milagro y acudían a burlarse de los demás, con el consiguiente enfado de peregrinos y autoridades, las cuales hubieron de tomar cartas en el asunto. Quiero y debo señalar que este documento fue transcrito en 1782 para ser incluido en el Responsorio de los curas de Huéscar, cuestionario que el arzobispado de Toledo -al que perteneció Huéscar hasta 1954- mandó responder a los curas del pueblo. Dicho Responsorio se halla en el Archivo General Diocesano de Toledo y fue publicado íntegro por Gonzalo Pulido Castillo en su libro Al aire de la Sagra (Huéscar, 1995). Recojo aquí mi transcripción para corregir el único error que en la lectura del texto se cometió en 1782. Dice así: (Cruz) «Yo el licenciado Gonzalo de Peñalosa, alcalde mayor en esta villa de Huesca e en la villa / de Castilleja e términos e juridiçión, por el Ilustrísimo <Señor> Duque dalva, / Marqués de Coria, Conde de Salvatierra e Señor de Valdecorneja e de las / dichas villas de Huesca e Castilleja, mi Señor, digo que por quanto entre las muchas gentes / devotas que con devoçión vienen a ver el santo mistirio (tachado: que) del olio que de la santa / oliva sale e mana, que es en la casa de las bienaventuradas santas márti / res Nunilo e Alodia, vienen algunas personas syn devoçión entera para / ver el tan gran mistirio, las quales hazen cosas yndevidas y exçesos, de los / quales deven ser castigados, e por que a mí como al tal juez compete la gover / naçión de allí e castigar a los que los tales exçesos fazen, e que a la otra gente / no pongan en escándalos, tengo por bien e doy liçençia e facultad / a vos el honrado Marthín Galán, vezino que soys desta dicha villa, que vays a la dicha oliva / santa e traygáys vara de justiçia, para lo qual y para prendar a las personas / que los dichos exçesos hizieren e en paçífica paz no quisyeren estar, los pren / dáys los cuerpos, e asy presos e a buen recabdo me los enbiéys a la / cárçel pública desta dicha villa (tachado: p) con la ynformaçión que sobre

ello o / viéredes, para que sobre ello yo haga lo que sea justiçia. Fecho en esta / dicha villa a honze días del mes de agosto de mil e quinientos e quinze / años». El licenciado Peñalosa (rúbrica). Por mandado del señor licenciado alcalde mayor. Derechos nichi (nada). (Signo). Lucas Mexía de Santander, escrivano público. Documento 2. Violencia religiosa. Este es uno de los textos más curiosos que he podido leer de entre los más de mil fechados en el siglo XVI que se hallan en el Archivo Histórico Municipal de Huéscar. Se trata de un expediente incompleto del año 1508 incoado tras la denuncia realizada ante la justicia municipal por un beneficiado de la iglesia de Santa María, que al parecer era de origen judío, tras ser agredido por un morisco. Sólo se ha conservado la declaración de uno de los testigos, también morisco, pero que por sí sola es buena muestra de la dureza de los hechos, además de la gracia que tiene su lectura, por la claridad con la que el testigo habla y el escribano toma nota. También es muy curioso el hecho de que el cura advierta a la autoridad para que, aunque se haga justicia con el agresor, no se le corte la mano por haberle dado una estocada. Puede el lector comprobar cómo es este texto una pequeña muestra del ambiente de difícil e incómoda convivencia entre moros, judaizantes y cristianos en el seno de una sociedad en la que una minoría cristiana de origen luchaba por imponer el criterio religioso del Estado a una población mayoritariamente árabe -estamos en 1508- que, junto a los judíos, se había visto obligada a renegar de sus costumbres y fe. Los recelos entre la gente y el hecho de que todo el mundo se conozca en los pueblos pequeños hacían que todo el mundo arremetiese contra el enemigo o el incómodo vecino con argumentos de tipo religioso, provocando el pavor propio de quien tenía la Inquisición vigilante en busca de herejes y apóstatas. Si no fuese así resultaría difícil entender la violencia física con la que el cura y el morisco se arremeten mutuamente tras las palabras del otro. Véase y júzguese:

(Cruz) «En la villa de Huesca XVI días del mes de jullio de mil e quinientos / e ocho años, antel señor corregidor pareçió Antonio Velázquez, bene / fiçiado en esta villa (tachado: e se quexó de) <e denunció cómo> Bernaldino Amar, diziendo que oy dicho día / le llamó de puto judío e le quiso matar con una espada sacada e le / tiró una estocada, pidió a Su Merçed lo mande remediar, no proçedien / do contra él al fusyón de sangre ni motulaçión del mienbro. Testigo. –El dicho Luis Cachopo, testigo jurado e preguntado en la dicha razón, dixo que lo que sabe es que yen / do oy dicho día en la syesta por la calle cabe la casa de Algeziri el çintero, halló / allí al beneficiado Antonio Velázquez e a Bernaldino Amar, e que de / zía el dicho (tachado: Bernaldino vos) benefiçiado “vos no me avéis de / sacar de allí, syno quien tiene mayor poder que vos”, e que el dicho Ber / naldino le dezía “vos avéis de ser abad e no rofián”, e que el / dicho benefyçiado le dixo que fuese para perro moro, e que alçó vn / palo que traya para dalle, e que el dicho Bernaldino le dixo

“fi de puta / judío rufián”, e echó mano a vna espada e le tiró vna esto / cada, e que esto es lo que sabe so cargo del juramento que fizo». Documentos 3 y 4. Un cura hereje. Si atrevidos fueron el cura de origen judío y el morisco para pelearse en plena calle por motivos claramente religiosos, con el peligro que el pasado judío y moro conllevaba, difícil nombre tiene la actitud del clérigo que se atrevió a tratar con señoritas de vida alegre -vestido de lego-, robar en la iglesia y decir misa estando oficialmente excomulgado y expulsado de la villa. Don Sancho de Navarra se llamaba este personaje, cuyo expediente tampoco nos ha llegado completo, pero no es difícil suponer que no debió tener un final demasiado feliz. Cometió sus delitos entre fines del año 1507 y comienzos de 1508, siendo clérigo de misa en la iglesia de Santiago, que era la única existente por aquellas fechas en Huéscar y que, por cierto, fue la primera iglesia construida con cantería en el Reino después de la catedral de Granada; la iglesia de Santa María todavía estaba en sus inicios, cuando aún se trabajaba en levantar una bóveda gótica que no se realizó pero que nos ha dejado unas ventanas de magnífica factura. Dejemos que el promotor fiscal y el vicario nos cuenten la curiosa y valiente -todo sea dicho- historia del hereje don Sancho:

(Cruz) «Don Sancho <de Navarra>, clérigo estante en esta villa de Huesca, sabed / que yo he visto çierta ynformaçión por la qual me consta vos / andar en ábito desonesto e con armas de noche e en partes ylíçitas / para vuestro ábito e Horden, e sy asy oviese de pasar Dios nuestro / señor sería deservido, por ende vos mando en virtud desta / obidiençia e so pena de escomunión late sentencia (tachado: q) la qual desde / agora vos promulgo rebelde, syendo que dentro de tres / días primeros syguientes salgades desta dicha villa e / su juridiçión, e no entredes en ella so la dicha pena e más dos / mil maravedís para la Cámara del señor obispo, so la qual mando / al sacristán de Santiago e al mayordomo de la dicha yglesia que / no vos acudan con ningud salario ni pie de altar, asy / de lo pagado como de aquí adelante syn ver mandamiento de / el señor obispo o mío en contrario, (tachado: fecho) e sy con temeraria / osadía no cumpliéredes lo en este mandamiento contenido / de partes desta madre Iglesia, esorto e requiero al señor / corregidor, e de la mía afernosamente ruego que vos prenda el / cuerpo e vos tenga preso e a buen recabdo fasta ver man / damiento del dicho señor obispo o mío en contrario. Fecho en Huesca / a XXVIII de diciembre de I U DVII años». Francisco F. Vico (rúbrica). (Signo). Francisco Muñoz, apostólico notario (rúbrica). «En la villa de Huesca XXVIII de diciembre de I U DVII años, yo el dicho / escrivano ley e notifiqué este dicho mandamiento al dicho Don Sancho en su pre / sençia. Testigos Mingo Péres e Alonso Ferrándes». (Cruz)

«Reverendo señor Francisco Hernández, vycario desta villa de Huesca y su vicaría, / por el muy reverendo yn Cristo padre e señor Don Fray Garçía / Quixada, primer obispo de la yglesia y obispado de Guadix, / yo Francisco de Mata, promutor fiscal de la yglesia desta villa, / por Su Señoría del dicho señor obispo, ante Vuestra Merçed parez / co y pongo acusaçión contra Don Sancho, clérigo estante en / esta villa, e contando el caso de la dicha acusaçión digo / y asy es que en veynte y ocho días del mes de diciembre pró / ximo pasado por Vuestra Merçed fue vista çierta ynformaçión / contra el dicho Don Sancho avyda, por la qual le constó / aver andado y andar de noche e de día por la mançebía / y putería pública con armas e en ábyto de lego e por otras / partes ylícitas a él desonestas e en manera disuluta syendo / como era clérigo de misa, todo lo qual era en deservicio/ de Dios y a menosprecio de la santa madre Yglesia, por virtud / de la qual dicha ynformaçión ovo mandado dar y dio vn su / mandamiento para el dicho Don Sancho para que dentro de tres días / como le fuese notificado saliese desta villa e de su juridi / çión y en ella no entrase so pena de escomunión late sen / teçia e más en pena de dos mil maravedís para la Cámara del / señor obispo sygund que más largamente en el dicho mandamiento / se contiene, el qual fue notificado por el notario de vuestra Av / diençia al dicho Don Sancho, el qual pospuesto el temor / de Dios y en menospreçio de la justiçia, en gran cargo / y peligro de su ánima y conçiençia, no cunplió el dicho man / damiento, antes se dexó yncurrir en sentençia de descomunión / y en la pena contenida en el dicho mandamiento e lo que peor / e más grave, el qual dicho Don Sancho con temeraria osadía / y diabólico atrevimiento syendo y estando asy descomulgado, çele / bró y dixo misa, por lo qual a sydo y es yrregular e cayó / en grandes y graves penas en derecho estableçidas. Otrosy digo / que estando el dicho Don Sancho en la yglesia de Santiago de / esta villa, ovo hurtado y hurtó vn paño de naval de dos / varas poco más o menos que estava en el altar con que davan paz, e porque pido a Vuestra Merçed que avyendo esta my relaçión por / verdadera o tanta parte della que baste para fundamento / de my yntuiçión, mande condenar y condene al dicho / Don Sancho en las mayores y más graves penas que fallare / por derecho y çidenter de vuestro oficio condenéis al dicho Don / Sancho en la pena de los dichos dos mil maravedís que por Vuestra / Merçed le fue puesta, lo qual todo pydo en la mejor forma / que puedo y de derecho devo, e sobre todo pydo serme fecho entero / cumplimiento de justicia y las costas pido y protesto, e juro / a Dios e a Santa María y a las palabras de los santos Evangelios / y a esta señal de cruz (cruz) que esta acusaçión no la pongo / maliciosamente salvo por que el hecho de la verdad es y pa / sa asy y por que los semejantes delitos sean punydos / y castigados». «En la villa de Huesca syete días del mes de febrero año del / nasçimiento de nuestro señor Ieshu Christo de I U DVII años, antel señor Francisco / Ferrándes, vicario desta villa e su vicaría, en presençia de mí Francisco / Martínes, escrivano, pareçió Francisco de Mata, fiscal de la iglesia desta villa / por virtud del poder que del señor obispo tiene, e preguntó / esta acusaçión e la juró en forma devida de derecho, su tenor / de la qual es este que se sygue: E asy preguntada la dicha acusaçión el dicho señor vicario / dixo que dándole ynformaçión de lo susodicho es presto / de faser lo que sea justicia. E luego el dicho fiscal dixo que para ynformaçión de su / acusaçión fazía e fizo presentaçión del mandamiento e de la / ynformaçión que el corregidor reçibió cómo andava en la man / çebía, e asy mismo presentava por testigos a Estevan / Loçano e a Juan Rodrígues, sacristanes, e al moço del vicario / e a otros que protesta presentar, el qual mandamiento e yn / formaçión es este que se sigue:»

Documento 5. Pleito con el duque de Alba. Como es bien conocido, don Fernando el Católico concedió de nuevo las tierras de Huéscar en calidad de señorío, junto a las de Castilleja, al II duque de Alba, don Fadrique Álvarez de Toledo, el año 1513, como agradecimiento por su ayuda en la anexión de Navarra, el año anterior. Desde ese 1513 la casa ducal de los Alba sería la señora jurisdiccional de Huéscar y Castilléjar hasta que las Cortes de Cádiz aboliesen los señoríos, en el tardío año de 1811. Fueron tres siglos de respeto a los duques pero de pesar por el incumplimiento de las capitulaciones de 1488; además, los abusos de los duques hicieron que las relaciones con la población no fuesen buenas. El pueblo acabó aceptando el señorío, pero los inicios no fueron fáciles, llegándose a una revuelta grave contra el duque en 1516, en la cual habían tenido participación activa ciertos navarros de confianza del fallecido cuñado del rey, el conde de Lerín, y que debieron huir de la ciudad -que lo era desde 1509-. Los duques no dudaron en buscar la máxima rentabilidad a las tierras que gobernaban -pero eran de la Corona-, aún a base de saltarse a la torera las reglas del juego, y el documento que presento a continuación es una buena muestra de ello. El duque obligaba a la población a pagar el impuesto de la alcabala aún a pesar de ser franca de pagarlo; las muchas reclamaciones no consiguieron recuperar la franqueza del pago, pero sí hicieron a los duques ceder terreno y conceder la franqueza por periodos. La disputa llegó a los tribunales, y aquí traigo un ejemplo. Se trata de una Real Provisión del año 1558 emitida por la Real Chancillería de Granada, y que obliga al concejo a no inmiscuirse en el pleito que los ganaderos mantienen con el duque. Aunque procede del archivo municipal, pertenece a un grupo de documentos sustraídos de dicho archivo no sabemos para qué; creemos que el autor del expolio, que también sustrajo documentación parroquial, fue quien por entonces era organista y maestro de capilla de Santa María y secretario del Ayuntamiento, Juan María Guerrero de la Plaza (1829-1912). Posteriormente, y por circunstancias que no vienen al caso, este y otros documentos fueron a parar a manos del particular que actualmente los tiene. (Cruz) «Don Felipe por la gracia de Dios Rey de Castilla, de León, de Aragón, de Ynglaterra, de Francia, / de las Dos Seçilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galizia, de Mallorca, / de Sevilla, de Çerdenia, de Córdoba, de Córçega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algezira, de Gibraltar, / de las Yndias, yslas e Tierra Firme del mar oçéano, Conde de Flandes y de Tirol, etcétera, a vos el alcalde / mayor o alcaldes hordinarios de la çibdad de Huéscar e a otras qualesquier justiçias / della y a cada uno de vos, salud y graçia. Sepades que por esta pendiente en la nuestra Corte / e Chançillería, antel presidente e oidores de la nuestra Audiencia que reside en la çibdad / de Granada, entre el conçejo justiçia e regimiento de la çibdad de Huéscar y otros sus consortes, / vezinos de la dicha çibdad y su procurador en su nonbre de la una parte, y Don Hernand Álvarez de Toledo, / Duque dalva, y su procurador en su nonbre de la otra, sobre razón de çiertas alcavalas y sobre / las demás causas y razones en el proçeso del dicho pleito contenidas, en el qual por parte del dicho Duque dalva / nos fue hecha relaçión por una petiçión en que dixo que las partes contrarias pretendían / ser libres del alcavala de labrança e criança, y vsavan de la dicha cavtela que pidiendo / la dicha alcavala, algún vezino, siendo de seys mil maravedís abaxo, apelavan para el conçejo / pretendiendo que no la devían, y el dicho conçejo como parte

los daba por libre, de lo / qual reçebía el dicho su parte gran daño, y las partes contrarias hazían lo que no devían, por que siendo / el pleito de mucha mayor contía y tratándose del previlegio que pretendía, apelavan para el / conçejo, el qual se hazía juez de su causa propia, suplicónos le mandásemos dar nuestra carta / e provisión para que los pleitos de alcavalas donde los vezinos pretendiesen ser libres por ser / de labrança e criança, las apelaçiones del juez hordinario no fuese al dicho conçejo / ni él pudiese conocer dellas si no ante notarios o ante quien de derecho deven ir, lo qual / por parte de la dicha çibdad de Huéscar e consortes fue contradicho, y por los dichos nuestros / (al margen: auto) presidente e oydores visto, dieron e pronunçiaron en el auto siguiente: En la çibdad de Granada / a primero día del mes de setienbre de mil e quinientos e çinquenta e seys años, visto por los / señores oydores del Avdiencia de Su Majestad el proçeso de pleito que es entre el conçejo justiçia e / regimiento de la çibdad de Huéscar y otros sus consortes vezinos de la dicha çibdad y Juan Pérez de Trarte, / su procurador en su nombre de la una parte, y Don Hernand Álvarez de Toledo, Duque dalva, y Alonso Moyano, / su procurador en su nombre de la otra, y la petición antellos presentada por parte del dicho Duque dalva, en que / dize que las partes contrarias pretenden ser libres del alcavala de labrança e criança y usan / de la dicha cautela que pidiendo la dicha alcavala, algún vezino, siendo de seys mil maravedís abaxo, / apelan para el conçejo pretendiendo que no la deven, y el conçejo como parte los da / por libres, de lo qual reçibe el dicho Duque gran daño, y las partes contrarias hazen lo que no deven / por que siendo el pleito de mucha mayor contía y tratándose de ser previlegio que pretenden, a / pelan para el conçejo, el qual se haze juez de su causa propia, pide se le dé provisión para / que los pleitos de alcavalas donde los vezinos pretendieren ser libres por ser de labrança e criança, / las apelaciones del juez hordinario no vayan al dicho conçejo ni él pueda conoçer dellas / sy no ante notarios o ante quien de derecho deven yr, y la contradición hecha por parte de la / dicha çibdad de Huéscar, dixeron que mandaban e mandaron se dé carta e provisión de Su Majestad / para que las apelaciones que se ynterpusieren en la dicha çibdad de Huéscar, de qualquier can / tidad que sean sobre lo tocante a las dichas alcavalas, vengan a esta Avdiencia y no / al conçejo e regimiento de la dicha çibdad de Huéscar, y ansí lo proveyeron e mandaron asentar / por auto, el qual fue notificado a los procuradores de las dichas partes, y del por parte de la dicha çibdad de Huéscar / fue suplicado y dicho y alegado contra él çiertos agravios según más largamente se con / tiene en la petiçión de suplicación por su parte presentada, e fue el dicho procurador con el uso e / por los nuestro presidente e oydores visto, dieron e pronunçiaron en el otro auto fichado / (al margen: auto) de revista del tenor siguiente: En la çibdad de Granada a nueve días del mes de setienbre de mil / e quinientos e çinquenta e seys años, vista por los señores oydores del Avdiencia de Su Majestad la petiçión / de suplicación ante ellos presentada por parte de la çibdad de Huesca en el pleito que trata con Don Her / nand Álvarez de Toledo, Duque dalva, sobre las alcavalas, en que suplica del auto / por los dichos señores pronunciado a primero día del dicho mes e año, dixeron que sin embargo de la / dicha suplicación, confirmavan e confirmaron el dicho auto en grado de revista, el qual / mandaron que se guarde, cunpla y execute como en él se contiene, y ansí lo proveyeron e mandaron / asentar por auto, y agora la parte de la dicha çibdad de Huéscar nos suplicó de los dichos autos le / mandásemos nuestra carta e provisión para que lo en ellos contenido fuese guardado o como la nuestra merced / fuese, lo qual por los dichos nuestro presidente e oydores visto, fue acordado que devíamos mandar dar esta nuestra carta para vos e cada uno de vos en la dicha razón, y Nos tovímoslo por bien, / por la qual vos mandamos luego como con ella fuéredes requerido o requeridos por parte / de la dicha çibdad de Huéscar, veádes los dichos autos en el dicho pleito por los dichos nuestro presidente e oydores,

en vista / y en grado de revista pronunciados, que de suso van yncorporados, y los guardad, cunplid y e / xecutar en todo e por todo según e como en ellos y en cada uno dellos se contiene, e contra el tenor /F1v / e forma dellos e de lo en ellos contenido no váys ni paséys ni consintáys yr ni pasar por / alguna manera so pena de la nuestra merced e de diez mil maravedís para la nuestra Cámara, so la qual / mandamos a qualquier escrivano público que para esto fuere llamado que de cómo os la noti / ficare deal que se la mostrare testimonio sinado con su sino, por que Nos sepamos como se / cumple nuestro mandado. Dada en Granada a veintiçinco días del mes de mayo / de mil e quinientos e çinquenta e ocho años. Yo Francisco de Gumiel, escrivano de Cámara del / Avdiencia de Su Majestad Real, la fize screvir por su mandado con / acuerdo de los oidores de su Real Audiencia». Chanciller, licenciado T. Álvarez (rúbrica). Registrada, el licenciado Villanueva (rúbrica). Documento 6. Petición de licencia para corta de madera. La sierra de Huéscar posee buenos y grandes pinares, pero esto es sólo una pequeña parte del terreno forestal que poseía a comienzos del siglo XVI. Durante las primeras décadas de dicho siglo la población no tuvo demasiados problemas para cortar madera, pero pasado cierto tiempo las autoridades empezaron a llamar la atención acerca del peligro de la corta indiscriminada de árboles, que estaba produciendo calveros en la sierra. La madera de nuestra sierra gozaba de buena fama, y por ello de aquí salieron los troncos con los que se construirían el Palacio de Carlos V, la Real Chancillería de Granada, la iglesia parroquial de Albolote -publicado por el profesor Gómez-Moreno Calera-, y otros muchos edificios del reino. Proliferaron los aserraderos de troncos, que trabajaban a destajo para cubrir la demanda de multitud de vecinos de esta y otras jurisdicciones, además de las fábricas de edificios religiosos en Huéscar, Baza, etc. La sobreexplotación obligó a la redacción de ordenanzas sobre la corta, pero no se consiguió mantener la extensión que los pinares habían tenido antaño. La Sagra no estaba por entonces tan pelada como ahora. Y los duques de Alba, que no eran tontos, quisieron disponer de la madera como de cosa propia, en la busca de controlar una actividad económica que generaba muy pingüe renta. Las disputas entre concejo y señor hicieron que el rey Felipe II, que ya había concedido en 1563 el ducado de Huéscar a la esposa del heredero del ducado de Alba, interviniese para solucionar el conflicto concediendo en propiedad un buen pinar situado en el camino a Santiago de la Espada (Jaén) y junto al límite con la provincia de Albacete. Fue a partir de entonces conocido como Pinar del Duque, y nosotros lo llamamos Pinar de la Vidriera, por la industria que allí hubo. Este que presento aquí es el expediente de una licencia concedida en 1551 a un vecino de Castilléjar, que necesitaba madera para hacerse una casa. La licencia se concedió, además de por no ser demasiada la madera pedida, porque el hombre era honrado y buen pagador, según se puede leer en la portada de la escritura, que en su día no transcribí. «En la villa de Castilleja a quinze días / del mes de hebrero del nasçimiento / de nuestro salvador Ieshu Christo de mil / e quinientos e çinquenta e un años, an / tel noble señor Francisco de Santa Cruz, alcalde hor / dinario en la dicha villa de Castilla, e por an / te mí Juan Martínez, escrivano público en ella, e de / los testigos de yuso escriptos,

paresçió presente Diego El / jenín, vezino desta dicha villa, e presentó esta petizión / e pidió lo en ella contenido: Nobles señores: Diego Eljenín, vezino desta villa de / Castilleja, parezco ante Vuestra Merçed e digo que / yo hago una casa en esta villa de Castilleja / como Vuestras Merçedes saben e tengo nesçesidad / de çierto madera para ella, e para pedilla / al señor governador e señores regidores / de la çibdad de Huesca de merçed me la hagan / en mandar me dar liçençia para que la / corte en el término de la dicha çibdad, e para / que conste a los dichos señores justizia e re / gidores de la dicha çibdad, tengo nescesi / dad de llevar un testimonio con su pro / vança de la madera ques menester / para la dicha casa que hago, que Vuestra Merçed man / de tomar sus dichos de Melchor Martínez / e Juan Alaxí, ofiçiales e albañir que son / en esta dicha villa, para que por mandado / de Vuestra Merçed bayan e vean la dicha casa, e vista, un / juramento declaren la madera ques me / nester, y en lo ansí mandar Vuestra Merçed hará / justizia, la qual pido e testifico. El dicho señor alcalde dixo que mandava e mandó / parezer ante sí a los dichos Melchor Martínez e /f1v Juan Alaxí, vezinos de la dicha villa, e que pare / zidos Su Merçed reçibirá dellos juramento en forma / de derecho segúnd que en tal caso se requiere, para / que vean la dicha casa e vista declaren lo que / vieren ques menester en ella. Testigos dichos a / Pedro Blas e Pedro Arvizo e Juan Marqués, vezinos de la / dicha villa. E luego ynconteniente este dicho día e mes / e año susodichos parezió antel dicho señor / alcalde el dicho Diego Eljenín e presentó / a los dichos Melchor Martínez e Juan Alaxí, vezinos / de la dicha villa, albanires, de los quales / el dicho señor alcalde tomó e rezibió juramento en forma / devida de derecho, su cargo del qual cada vno / dellos por sí e apartadamente des / pués de aber visto la dicha casa, declararon / lo siguiente, testigos dichos: Dicho de Melchor Martínez, albanir. Testigo. El sobredicho, aviendo primero jurado e / syendo preguntado cerca de lo susodicho, / dixo quél, como maestro de albanir en esta / villa, a ydo a ver vna casa que Diego Elje / nín, vezino desta dicha villa, haze en ella e que a visto / que en ella es menester çiento e qua / renta dos cabríos en que aya de dos dellos / vna carga y ocho quartones de gordor / de palmo e medio para la dicha casa, e questo declara para el juramento que fecho / tiene, e no firmó por que no sabe; firmó / lo el dicho señor alcalde de su firma. Testigo. El dicho Juan Alaxí, vezino desta dicha villa, después / de aver jurado en forma de derecho e siendo preguntado / cerca de lo susodicho, dixo quél a ydo a ver / la dicha casa quel dicho Diego Eljenín haze / en esta dicha villa, e que a visto como es //f2r menester la dicha casa çiento e quarenta / e dos cabríos de gordor que aya de dos de / llos vna carga y ocho quartones que / se dicen jazinas, de manera que tengan / cada vno más de quartón para cargar / sobrellos los dichos cabríos, e questo de / clara para el juramento que fecho tiene, e lo / firmó. Juan Alaxí. El dicho señor alcalde dixo que visto su pe / dimiento e ynformaçión del dicho Diego El / jenín, que mandava e mandó a mí el / presente escrivano se lo de sacado en limpio / e signado en pública forma para quél / lo lleve donde le convenga, que a ello / y a cada vna cosa e parte dello ponía / e ynterponía su abtoridad e decre / to judiçial en tanto quanto puede e de / derecho debe. Lo firmó de su firma, testigos dichos. / E yo Juan Martínez, escrivano público de la dicha villa de Castilleja por / el muy Yllustrísimo Señor Duque de Alva, Marqués, mi señor, pre / sente fui a todo lo que dicho es en vno con los dichos testigos, y de / pedimiento del dicho Diego Elgenín y

mandamiento del señor alcalde / la fize escrevir sygún que ante mí pasó, en fe de lo qual / fize aquí mio sig (signo) no a tal en testimonio de verdad». Juan Martínez, escrivano público (rúbrica).

RESUMEN. Este trabajo pretende dar a conocer, a modo de anécdota, seis documentos fechados en el siglo XVI y referentes a Huéscar (Granada), procedentes de su archivo municipal. Se intenta que el lector vea en ellos una pequeña muestra de algunos aspectos políticos, sociales y culturales de la época, extrapolables al resto del Reino de Granada. Este trabajo fue publicado en “alonsocano.tk”, en febrero de 2005. el número 5 de la revista electrónica