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SALEME, María: Decires –Navaja Editor– Córdoba, 1997

LA UNIVERSIDAD. UNA MANERA DE VIVIRLA
Colación de grados, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba, 1989.

Este acto inaugural de entrega de diplomas, par el cual la Universidad atestigua la identidad profesional de aquellos que formó, lógico es que adquiera el tono de una despedida. En cierta medida es así, estamos despidiéndonos; aprovechamos entonces este momento, como en la vida misma, en el que el tiempo urge y se atropellan las palabras. Este breve decir puede ser, es, una reflexión entre colegas, señores licenciados y profesores. Tenemos que poner a punto algunas verdades hoy que se van, que tal vez y ojalá vuelvan. Creo que podemos decir algo sobre la Universidad que vivimos; sentimos que estamos obligados a puntualizar sus fallas -justamente porque nos estamos despidiendo y proponer renuevosjustamente parque somos la Universidad en cualquier lugar que estemos. Risieri Frondizi, estimaba que la Universidad tiene cuatro funciones específicas a cumplir, relacionadas entre sí: la investigación científica, sensibilidad social, preservación del patrimonio cultural y formación de profesionales. Este orden no es casual, ni tampoco significa prioridades: uno supone al otro. La propuesta se abre con investigación y se cierra con docencia, pues, en la concreta conexión de estos quehaceres, reside la posibilidad de que la Universidad esté atenta no sólo para registrar hechos y sucesos, sino para buscar vías para las dos funciones intermedias ineludibles: atención comprometida a los problemas que afligen a nuestro pueblo; a nuestras instituciones, a nosotros profesionales salidos de sus claustros y responsabilidad sin atenuantes de resguardar, resaltar, no distorsionar. Me estoy refiriendo a los objetivos de formación universitaria que sustenta. Ajustar estas cuatro funciones, decir -no callar- lo que es necesario que desde la Universidad sea cumplido, es simplemente reformular nuestra historia como país; es romper los silencios cómplices, aunque porten vestiduras académicas; es rescatar la memoria y tal vez nadie como nosotros, que nos consideramos portadores de un saber de excelencia, esté tan obligado a tenerla. Ni la Universidad puede saber a ciencia cierta cuál es su rol hoy y mañana, ni nosotros tener certeza sobre la validez de nuestro desempeño, si juntos, no decidimos con claridad dónde estamos parados, si juntos no emprendemos la búsqueda de un conocimiento verdadero que no está, por cierto, reñido con el ejercicio de la imaginación, sí con la fabulación, si con la falsificación. El hecho de la distancia, no aminora el lazo construido, aún con sinsabores en el tiempo transcurrido aquí. De ustedes es la palabra, ahora la esperamos. También estaremos esperando el regreso.