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Estos lím ites son fronteras originadas por razones prácticas, costos y tiempo.

Algunos son simples extrapolaciones de n u e stra experiencia diaria. Todos podrían hacerse retroceder constante­ m ente en el futuro lejano. Pero hemos encontrado que hay lím ites inesperados que definen niveles de im posibilidad m ás fundam en­ tales. C uanto m ás nos alejam os del terreno diario de la experiencia h u m an a en n u e stra búsqueda p ara entender la n atu ra leza del Universo, m ás sorprendentes son los lím ites que encontram os. El deseo de los astrónom os por entender la estru ctu ra del U niverso está condenado a a ra ñ a r m eram ente la superficie del problem a cosmológico. Todas las grandes cuestiones acerca de la n atu ra leza del Universo (desde su comienzo h a s ta su fin) resu ltan imposibles de contestar. H ay u n a fundam ental línea divisoria entre la p arte del U niverso que podemos observar y la completa, posiblem ente infinita, totalidad. H ay u n horizonte visual m ás allá del cual no podemos ver ni saber. N uevam ente hay u n lado positivo p a ra esta limitación. Si no existiera, tampoco nosotros existiría­ mos: todo movimiento de todas las estrellas y galaxias se sen tiría in stan tán eam en te, aquí y ahora. H asta hace m uy poco los científicos creían que es razonable suponer u n a teoría del Universo de “lo que se ve es lo que se tien e”: que lo que hay del Universo m ás allá de nuestro horizonte es lo mismo, en promedio, que la p arte que podemos ver. In fo rtu n ad a­ m ente, n u estras m ás convincentes teorías de la evolución y estru c­ tu ra del Universo b arren con esas simples expectativas: espera­ mos que el U niverso sea interm inablem ente diverso, ta n to geográ­ fica como históricam ente. Es extrem adam ente im probable que sea, au n aproxim adam ente, el mismo en todas partes. Es m ás probable que habitem os u n a pequeña isla de tem plada tra n q u i­ lidad en medio de u n vasto océano de complejidad cósmica, p ara siem pre m ás allá de n u e stra capacidad de observación. La velocidad a la que se desplaza la luz es lim itada y tam bién, por lo tanto, nuestro conocimiento de la estru ctu ra del Universo. No podemos saber si es finito o infinito, si tuvo un comienzo y h ab rá de te n er u n fin, o si el U niverso es finalm ente u n lu g ar pulcro o impulcro. Al volcarnos a explorar im posibilidades que yacen incorpora­ das m ás profundam ente en la n atu ra leza de las cosas, encontra­ mos que la lógica y la m atem ática están incestuosam ente heridas por lím ites en su poder p a ra predecir y explicar. Así como u n juego sencillo, como el ta-te-ti, es com pletam ente predecible p ara ju g a ­

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