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Autor: Monet, Claude Fecha de creación: 1871-1874 Técnica: Óleo sobre lienzo Tamaño: 55 x 65 cm

Claude Monet
(Claude Oscar Monet; París, 1840 - Giverny, 1926) Pintor francés, figura clave del movimiento impresionista. Sus inclinaciones artísticas nacieron del contacto con Boudin en Le Havre, y las excursiones al campo y la playa durante su adolescencia orientaron el posterior desarrollo de su pintura. Después del servicio militar en Argelia, regresó a París, donde en el estudio de Gleyre conoció a jóvenes artistas como Renoir, Sisley y Bazille, y en el popular café Guerbois contactó con un grupo de intelectuales, literatos y pintores como Zola, Nadar,Cézanne y Degas, que junto con Manet comenzaban a oponerse al arte establecido. La pintura rápida como las pochades o études era, en aquella época, del agrado de la sociedad siempre que ésta se circunscribiera al tema del paisaje en pequeño formato. La temprana obra de Monet, La costa de Sainte-Adresse (1864, Institute of Arts, Minneapolis), recuerda a su iniciador Boudin, pero adquiere mayor alcance al aplicar la pintura directa a temas y formatos de mayor complejidad y tamaño.

Mujeres en el jardín (1866), de Claude Monet

Similar innovación puede apreciarse en Mujeres en el jardín (1866, Museo de Orsay, París), obra rechazada en el Salón de 1867, en la que tres mujeres se divierten en el campo bajo un sol tan intenso que sus vestidos alcanzan el blanco en estado de gran pureza, con escasas modulaciones intermedias y marcadas escisiones entre las zonas de luz y sombra. La instantaneidad de la escena se pone de manifiesto tanto por la precisión luminosa del momento como por el dinamismo de las figuras, correteando y girando caprichosamente alrededor de un árbol. Con esta ambiciosa obra, Monet se aleja del tratamiento tradicional que hasta entonces se dio al retrato -el retrato de su primera mujer, Camile, había sido ensalzado por Zola en el Salón de 1866- y se inclina por la integración de las figuras en la naturaleza. Los serios problemas económicos y el nacimiento de su hijo ilegítimo, Jean, en 1867, condujeron a Monet a vivir una época de hambre y pobreza extremas, así como a un intento frustrado de suicidio. Durante la contienda franco-prusiana, el artista se refugió en Inglaterra, donde conoció a Pissarro y obtuvo el apoyo económico y la amistad de Paul Durand-Ruel. Allí se interesó mucho por la obra de Turner, que tanto influiría en su percepción de la luz y el color. Según Monet, el pintor que se coloca ante la realidad no debe hacer distinciones entre sentido e intelecto. A partir de 1872, Monet se interesó por el estanque de Argenteuil como lugar idóneo para adaptar su técnica a la representación rápida del agua y la luz. La obra titulada Monet trabajando en su barco en Argenteuil (1874, Neue Pinakothek, Munich) representa esa especie de laboratorio náutico desde el que el artista podía navegar sobre el agua del estanque apreciando los cambiantes efectos luminosos de su superficie, que reproducía mediante diversas variaciones sobre un mismo tema. El barco-taller de Monet se oponía radicalmente a la idea de estudio que veinte años antes exaltaba Courbet en su obra El estudio del pintor, y suponía un pintoresco testimonio de las principales aspiraciones impresionistas.

Impresión, sol naciente (1872)

La incipiente luz del amanecer y sus aleatorios reflejos sobre el agua pueden apreciarse también en la mítica obra Impresión, sol naciente (1872, Museo Marmottan, París), pintada en Le Havre. En poco más de medio metro cuadrado numerosas pinceladas se superponen en un solo color general neutro, captando el instante luminoso del amanecer y los destellantes reflejos del sol rojizo sobre el agua; la rapidez que la fugacidad del tema exigía, condicionó el formato, la técnica e incluso el título, condensado manifiesto de intenciones que dio nombre al grupo, cuando, en 1874, al mostrarse la obra en la primera exposición impresionista, el crítico Louis Leroy empleó el término para referirse despectivamente, en Le Charivari, a quienes hasta ese momento eran conocidos como el grupo de Manet. El primero de los ismos modernos tenía ya denominación y Monet era considerado jefe del grupo. De 1878 a 1881 el artista permaneció en Vétheuil, trabajando en la línea iniciada en

Argenteuil, sin participar en la quinta y sexta exposiciones impresionistas de los años 1880 y 1881. Después de una estancia en Poissy, que se prolongó hasta 1883, Monet, en compañía de su segunda esposa, Alice Hoschedé, se trasladó a Giverny, donde vivió hasta su muerte. A partir de 1890 la pintura de Monet se vuelve más compleja y la inmediatez y la euforia iniciales se transforman en insatisfacción y melancolía, en un difícil intento por conciliar la técnica fresca y expresiva de sus primeros años con búsquedas más profundas y ambiciosas que podían prolongarse durante varios días, meses e incluso años, con la intención de crear obras que encerraran una mayor complejidad: variaciones que en su reiteración temática permitieran enfatizar la investigación de las resoluciones formales. Efecto de nieve (1891, National Gallery of Scotland, Edimburgo), Almiares (1891, Museo de Orsay, París), Almiares, puesta de sol (18901891, The Art Institute, Chicago), son obras que forman parte de algunas de sus primeras series. Sin embargo, la más conocida es la que dedicó en 1892-1893 a la catedral de Ruán, en la que se evidencia, de un modo poético y didáctico, cómo las variaciones de la luz alteran la percepción del medio que modula esa energía, cómo la luz y color constituyen fenómenos indisociables de la percepción humana. Monet pintó cincuenta cuadros de la catedral, dieciocho de ellos del pórtico, y afirmó que: "Podía haber realizado cincuenta, cien, mil, tantos como segundos hubiera en su vida..." Durante los últimos treinta años de su existencia, el artista trabajó en torno a su jardín de agua de Giverny. En un prado vacío por el que pasaba un pequeño arroyo construyó un exuberante jardín en el que un gran estanque, colmado de nenúfares de todos los colores y rodeado por sauces y árboles exóticos, se cruzaba por un pequeño puente, de forma ovalada, que aparecía en numerosas pinturas de la época, como en El estanque de las ninfeas(1900, Museo de Orsay, París) o la lírica composición titulada El puente japonés (1918-1924, Museo de Orsay, París).

El puente japonés

Todo el tiempo y el dinero que Monet invirtió en la construcción de este jardín se vio compensado por las pinturas que de él surgieron; el agua era nuevamente un espejo cuya apariencia se modificaba con los efímeros e imprevisibles cambios del cielo que en él se reflejaban. Allí nacieron también las conocidas series de Ninfeas o nenúfares que, más tarde, se asociaron a las aportaciones de Kandinsky, Klee, Picasso y Braque, como símbolos del nacimiento de la abstracción en la pintura occidental, tras largos siglos de predominio de la representación figurativa. Las Ninfeas: paisaje acuático (1903, Bridgestone Museum of Art, Tokio),Nenúfares al atardecer (1916-1922, Kunsthaus, Zurich) o Ninfeas (1919-1920, Museo Marmottan, París) son

obras de gran formato que, en cierto modo, pueden ser contempladas por el espectador contemporáneo como pinturas abstractas.

Menúfares (Las nubes), de 1903

Cézanne aludió a la capacidad del artista para captar objetiva e inmediatamente la realidad. Sin embargo, su proceso creativo iba más allá de la observación directa de la naturaleza y empleaba la memoria visual como recurso imprescindible para el acabado de sus composiciones. Las imágenes que se forman en la memoria son percepciones, igual que las determinadas por la visualización de las cosas, y entre ambas puede surgir, como ocurrió en la pintura de Monet, una nueva concepción de la imagen pictórica de la realidad. En sus últimas composiciones de lirios de agua, la forma está prácticamente disuelta en manchas de color lo que, de algún modo, resulta una anticipación de lo que sería más tarde el arte abstracto.

Pintor impresionista francés que llevó a su máxima expresión el estudio de los estados transitorios de la luz natural. Monet nació en París el 14 de noviembre de 1840, aunque pasó la mayor parte de su niñez en Le Havre, donde estudió dibujo en su adolescencia y pintó marinas al aire libre con Eugène Louis Boudin. Hacia 1859 Monet había decidido firmemente comenzar su carrera de artista para lo que pasaba largas temporadas en París. En la década de 1860 se le asoció con el pintor pre-impresionista Édouard Manet y con otros pintores franceses que más tarde formarían la escuela impresionista—Camille Pissarro, Pierre Auguste Renoir y Alfred Sisley. Monet pintaba, trabajando al aire libre, paisajes y escenas de la sociedad burguesa contemporánea, y así comenzó a tener cierto éxito en las exposiciones oficiales. Sin embargo, a medida que su estilo evolucionaba, Monet transgredía con frecuencia los convencionalismos artísticos tradicionales en beneficio de una expresión artística más directa. Sus experimentos al aire libre se hacían cada vez más audaces, buscando la reproducción de la luz del día por medio de una aplicación libre de colores brillantes. De este modo, deliberadamente le dio la espalda a la posibilidad de una carrera exitosa como pintor convencional en la línea del arte oficial. En 1874 Monet y sus colegas decidieron apelar directamente al público mediante la organización de sus propias exposiciones. Se denominaron a sí mismos independientes, aunque la prensa pronto les aplicó burlonamente la etiqueta de impresionistas a causa

del aspecto inacabado de sus obras (como una primera impresión) y porque una de las pinturas de Monet llevaba el título Impresión, sol naciente (1872, Museo Marmottan, París). Las composiciones de Monet de este periodo poseen una estructura bastante libre, aplicando el color con cortas y vigorosas pinceladas. Esta técnica viene determinada por la espontaneidad e inmediatez que exige la pintura al aire libre a la hora de captar una impresión de la naturaleza. Durante las décadas de 1870 y 1880 Monet refinó su técnica poco a poco, realizando viajes a otros escenarios franceses, especialmente a las costas mediterráneas y atlánticas, con el fin de estudiar los efectos de la luz sobre formas y colores. El deshielo de Vétheuil de 1881 (Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid) es un buen ejemplo de la obra de Monet de esta época. A mediados de la década de 1880 Monet, considerado el dirigente de la escuela impresionista, había alcanzado un reconocimiento importante y una buena posición económica. A pesar de la audacia de su colorido y de la extrema simplicidad de sus composiciones, se le valoró como un maestro de la observación meticulosa, un artista que no sacrificó ni las complejidades reales de la naturaleza ni la intensidad de sus propios sentimientos. En 1890 tuvo la posibilidad de adquirir una propiedad en el pueblo de Giverny, cerca de París, y allí comenzó a construir un nuevo jardín (hoy abierto al público) —un estanque con nenúfares atravesado por un puente japonés colgante con sauces y matas de bambú—. En 1906 comienza a pintar las series del estanque con nenúfares que están expuestas en la Orangerie de París, en el Instituto de Arte de Chicago y en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Durante estos años también trabajó en otras series de pinturas, grupos de obras que representan el mismo tema —álamos, la catedral de Ruán, la estación de Saint-Lazare, el Sena— representando las diferentes luces de las horas del día o en las distintas estaciones del año. Monet continuó pintando, a pesar de que la vista le fallaba, casi hasta el momento de su muerte, ocurrida el 5 de diciembre de 1926 en Giverny. © M.E.

Claude Monet was a key figure in the Impressionist movement that transformed French painting in the second half of the nineteenth century. Throughout his long career, Monet consistently depicted the landscape and leisure activities of Paris and its environs as well as the Normandy coast. He led the way to twentieth-century modernism by developing a unique style that strove to capture on canvas the very act of perceiving nature. Raised in Normandy, Monet was introduced to plein-air painting by Eugène Boudin (2003.20.2), known for paintings of the resorts that dotted the region's Channel coast, and subsequently studied informally with the Dutch landscapist Johan Jongkind (1819 –1891). When he was twenty-two, Monet joined the Paris studio of the academic history painter Charles Gleyre. His classmates included Auguste Renoir, Frédéric Bazille, and other future Impressionists. Monet enjoyed limited success in these early years, with a handful of landscapes, seascapes, and portraits accepted for exhibition at the annual Salons of the 1860s. Yet many of the rejection of his more ambitious works, notably the large-scale Women in the Garden (1866; Musée d'Orsay, Paris), inspired Monet to join with Edgar Degas, Édouard Manet, Camille Pissarro, Renoir, and others in establishing an independent exhibition in 1874. Impression: Sunrise(1873;

Musée Marmottan Monet, Paris), one of Monet's contributions to this exhibition, drew particular scorn for the unfinished appearance of its loose handling and indistinct forms. Yet the artists saw the criticism as a badge of honor, and subsequently called themselves "Impressionists" after the painting's title, even though the name was first used derisively.

Monet found subjects in his immediate surroundings, as he painted the people and places he knew best.
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Monet found subjects in his immediate surroundings, as he painted the people and places he knew best. His first wife, Camille (2002.62.1), and his second wife, Alice, frequently served as models. His landscapes chart journeys around the north of France (31.67.11) and to London, where he escaped the Franco-Prussian War of 1870–71. Returning to France, Monet moved first to Argenteuil, just fifteen minutes from Paris by train, then west to Vétheuil, Poissy, and finally to the more rural Giverny in 1883. His homes and gardens became gathering places for friends, including Manet and Renoir, who often painted alongside their host (1976.201.14). Yet Monet's paintings cast a surprisingly objective eye on these scenes, which include few signs of domestic relations. Following in the path of the Barbizon painters, who had set up their easels in the Fontainebleau Forest (64.210) earlier in the century, Monet adopted and extended their commitment to close observation and naturalistic representation. Whereas the Barbizon artists painted only preliminary sketches en plein air, Monet often worked directly on large-scale canvases out of doors, then reworked and completed them in his studio. His quest to capture nature more accurately also prompted him to reject European conventions governing composition, color, and perspective. Influenced by Japanese woodblock prints, Monet's asymmetrical arrangements of forms emphasized their two-dimensional surfaces by eliminating linear perspective and abandoning three-dimensional modeling. He brought a vibrant brightness to his works by using unmediated colors, adding a range of tones to his shadows, and preparing canvases with lightcolored primers instead of the dark grounds used in traditional landscape paintings. Monet's interest in recording perceptual processes reached its apogee in his series paintings (e.g., Haystacks [1891],Poplars [1892], Rouen Cathedral [1894]) that dominate his output in the 1890s. In each series, Monet painted the same site again and again, recording how its appearance changed with the time of day. Light and shadow seem as substantial as stone in his Rouen Cathedral (30.95.250) series. Monet reports that he rented a room across from the

cathedral's western facade in 1892 and 1893, where he kept multiple canvases in process and moved from one to the next as the light shifted. In 1894, he reworked the canvases to their finished states. In the 1910s and '20s, Monet focused almost exclusively on the picturesque water-lily pond (1983.532) that he created on his property at Giverny. His final series depicts the pond in a set of mural-sized canvases where abstract renderings of plant and water emerge from broad strokes of color and intricately built-up textures. Shortly after Monet died (a wealthy and wellrespected man at the age of eighty-six), the French government installed his last water-lily series in specially constructed galleries at the Orangerie in Paris, where they remain today.
Laura Auricchio Department of Art & Design Studies, Parsons The New School for Design

Leo Matiz, fotógrafo universal
Por Miguel Ángel Flórez Góngora Leo Matiz es uno de los fotógrafos más versátiles y singulares de la legendaria y memorable generación de reporteros gráficos que renovaron la escena del fotoperiodismo durante las primeras seis décadas del siglo XX en América Latina, Estados Unidos y Europa. Matiz nació en rincón Guapo en 1917, una aldea de Aracataca, Magdalena, en donde proliferaba la exhuberancia del paisaje tropical junta con la modesta supervivencia de sus habitantes cultivadores de banano. En su adolescencia viajó a Bogotá para laborar en el periódico El Tiempo y frecuentó la vida bohemia de los cafés con los pintores y caricaturistas famosos a finales de la década de 1930. Por exigencia de Enrique Santos Molano “Calibán”, abuelo de Juan Manuel Santos, actual Presidente de Colombia, Matiz adoptó la fotografía y consolidó en Colombia una reputación de reportero gráfico alerta con las situaciones y en un cazador penetrante del azar y las almas de los personajes captados con su cámara Rolleiflex. Vital e incansable, igualmente obsesivo con la perfección en su trabajo de reportero, Matiz viajó de manera infatigable por los cinco continentes y volcó su talento igualmente como fotofija en el cine, la fotografía publicitaria, creador de periódicos y fundador de galerías de arte, exhibiendo por primera vez en 1951 al pintor Fernando Botero en la Galería de Arte Leo Matiz. México, Centroamérica, Estados Unidos, los andes latinoamericanos, el Caribe, Palestina, Beirut, Tel Aviv y Venezuela, son algunos de los escenarios en los que revoloteó el alma indoblegable y apasionada del fotógrafo Leo Matiz, orientando su mirada hacia lo que Henri Cartier Bresson denominó “el momento decisivo”, ese instante irrepetible en el que convergen lo inesperado de la vida humana, una retina capaz de ir más allá de los visible y una

sensibilidad extraordinaria para comprender el vértigo de la historia y el drama humano más allá del implacable ritmo de las rotativas de prensa. La vuelta al mundo en imágenes también llevó a Leo Matiz a realizar travesías inesperadas como aquella que lo situó en el corazón de los acontecimientos del París que celebraba la liberación del régimen de ocupación nazi el 24 de agosto de 1944 y que través de su mirada lúcida, penetrante y compasiva convirtió el paisaje urbano de libertad y de embriaguez colectiva en estampas geométricas y caprichosas. Matiz, sin duda, se sumergió en la atmósfera nocturna y vibrante de la Paris liberada, perseguido por el fantasma vanguardista de los cronistas gráficos como Robert Doisneau y Brassai que lograron sus mejores obras en la Europa de entreguerras, inspirados en retratar la perturbadora magia nocturna de la ciudad luz con los detalles urbanos de plazas, calles, esquinas y fachadas que la han convertido en el sueño deseable y eterno de nuestra memoria visual, cumpliendo el ritual de lo que alguna vez predijo la ensayista norteamericana Susan Sontag: “fotografiamos lo que está a punto de desaparecer”. Y así, saltando de un país a otro, de un continente a otro, la vida creativa y tumultuosa de Leo Matiz, obtuvo reconocimientos meritorios como el premio Chevalier des Arts et des Lettres, concedido por el gobierno francés en 1995 y en 1997 el Filo d` Argento en Florencia, Italia. En 1998 el gobierno colombiano le rinde homenaje y lo reconoce como uno de los grandes protagonistas de la fotografía del siglo XX. Leo Matiz fue un autentico colombiano y su muerte, ocurrida el 24 de octubre de 1998, lo vinculó de modo definitivo y perdurable, a la memoria visual del siglo XX. ver Colecciones | ver Exposiciones

Vital e incansable, igualmente obsesivo con la perfección en su trabajo de reportero, Matiz viajó de manera infatigable por los cinco continentes

Caricaturas de los años 30

Matiz adoptó la fotografía y consolidó en Colombia una reputación de reportero gráfico alerta con las situaciones y en un cazador penetrante del azar y las almas de los personajes captados con su cámara Rolleiflex.

Venezuela, años 50.

O MATIZ, mirando el infinito
Del 4 de abril al 19 de mayo de 2013 Sala de Exposiciones Temporales Gas Natural Fenosa
La muestra incluye 128 fotografías en blanco y negro que revelan las diversas facetas y búsquedas estéticas del legendario fotógrafo colombiano, reconocido como el creador de memorables imágenes realistas, abstractas y vanguardistas. Un homenaje a 81 años de vida errante y fecunda, que convirtieron a Leo Matiz en una de las personalidades más originales e innovadoras de la fotografía universal en el siglo XX. En el marco del programa Homenajes Nacionales, el Museo Nacional - Ministerio de Cultura presenta la exposición temporal Leo Matiz, mirando el infinito. La muestra se compone de 128 imágenes que revelan la estética humanista y de vanguardia del reportero gráfico nacido en Aracataca (Magdalena), considerado uno de los fotógrafos más versátiles y singulares de la reconocida generación de fotorreporteros que renovaron la escena del arte fotográfico durante las primeras seis décadas del siglo pasado en Colombia, América Latina, Estados Unidos y Europa. En la exposición, que permanecerá en el Museo entre el 4 de abril y el 19 de mayo, se desarrollan varios aspectos temáticos que abarcan fotografías de la cultura urbana, el agua, la tierra y el mundo rural, el arte y el entretenimiento, los retratos de celebridades del siglo XX, al igual que imágenes experimentales, vanguardistas y surrealistas que revelan las diversas búsquedas expresivas de Leo Matiz y su esfuerzo por transformar los códigos visuales establecidos, logrando inolvidables composiciones realistas y geométricas que escapan a nuestra mirada habitual sobre los seres y las cosas. Leo Matiz colaboró con varias publicaciones en Colombia como reportero gráfico. En 1940 partió hacia México, con el interés de vislumbrar un escenario más amplio para su vocación de fotógrafo, pintor y actor de cine; además, en la segunda mitad del siglo XX estuvo en el Medio Oriente y el

continente americano haciendo profundos y sorprendentes trabajos para las revistas Así, Nosotros, Life, Reader’s Digest, Harper Magazine, Estampa, Momento, Look y Norte, que lo convirtieron en uno de los reporteros gráficos más innovadores de su tiempo, “cuando no era común que los fotógrafos de la región se interesaran por realizar su obra fuera de sus propias fronteras”, expresó Ernesto Peñaloza Méndez, curador de la muestra y profesor del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Adicionalmente, se publicará un catálogo y el Ministerio de Cultura hará el lanzamiento del documental Leo Matiz, dirigido por Diego Samper y realizado con el apoyo de la Fundación Leo Matiz. La exposición Leo Matiz, mirando el infinito es una realidad gracias a la alianza con Ecopetrol, al patrocinio de Banco Itaú BBA, así como al apoyo de la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Colombia, el Instituto Distrital de las Artes - Idartes- y la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México. 1917 Leo Matiz Espinosa nace el 1º de abril en Aracataca Colombia-El “Macondo” de Gabriel García Márquez. 1933 Publica en la revista Civilización sus primeras caricaturas y realiza su primera exposición de ellas en la confitería Excélsior de Santa Marta, Colombia. 1935 Funda en Santa Marta la revista Lauros e ingresa en la Escuela Nacional de Bellas Artes en Bogotá. 1937 Enrique Santos “Calibán”, director del periódico El Tiempo, estimula a Matiz para trabajar en la fotografía para esa publicación y le regala una cámara fotográfica. Estudia en el taller del pintor y fotógrafo Luis B. Ramos. 1939 Realiza su primera gira por Colombia como reportero gráfico para colaboraciones especiales en la revista Estampa y los periódicos El Tiempo y El Espectador. 1940 Sale desde Barranquilla con rumbo a México, vía Panamá. En San José de Costa Rica expone fotografías y caricaturas. En El Salvador expone junto con el grabador Amighetti. 1941 Arriba a la República Mexicana por Tapachula en Chiapas. Exhibe dibujos y fotografías en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, junto con Julio Abril, Luis Alberto Acuña, Juan Sánz de Santamaría y Rómulo Rozo. Esta exposición de pinturas, esculturas y grabados de artistas colombianos residentes en México se realizó con motivo de la conmemoración del 131 aniversario de la Independencia de Colombia. 1942 Leo Matiz trabaja como reportero gráfico en las revistas ilustradas mexicanas Hoy, Nosotros y Así, a la que se vinculó por recomendación del poeta colombiano Porfirio Barba Jacob. En esta revista colaboró en 87 números, entre el 17 de mayo de 1941 y el 7 de noviembre de 1945; en la revista Hoy participó en 7 números que van del 23 de agosto de 1941 al 25 de septiembre de 1943; y en la revista Nosotros trabajó en 23 números, entre el 22 de abril de 1944 y el 17 de marzo de 1945.

Crea el estudio-galería de arte Decoración de Ciudad de México y se vincula al Sindicato de la Unión Cinematográfica de México como fotógrafo de rodaje con el apoyo de Gabriel Figueroa y Manuel Álvarez Bravo. Durante su permanencia en México, trabajó como stillman para varias películas. En 1942, para El circo (Dir. Miguel M. Delgado) y La virgen que forjó una patria (Dir. Julio Bracho); en 1945 en Lo que va de ayer a hoy (Dir. Juan Bustillo Oro), El puente del castigo (Dir. Miguel M. Delgado), Nuestros maridos (Dir. Víctor Urruchúa) y Las cinco advertencias de Satanás (Dir. Julián Soler) y en 1946 en La devoradora (Dir. Fernando de Fuentes). En 1947 para Estados Unidos labora en la foto fija de la película Fiesta brava (Dir. Richard Thorpe / Prod. Metro Goldwyn Meyer). Entre las actrices y actores que participaron en las películas para las que Leo Matiz realizó foto fija se destaca Dolores del Río, Esther Fernández, Esther Williams, María Félix, Gloria Marín, Mario Moreno “Cantinflas”, Fernando Soler, Domingo So ler, Julio Villarreal, Rosario Granados, Abel Salazar, Rafael Baledón, Emili Guiu, Beatriz Aguirre, entre otros. 1943 Realiza la exposición Tipos y costumbres de México en su propio estudio de la capital mexicana con el apoyo del escritor Jorge Zalamea, embajador de Colombia en esa nación. 1945 Conoce al director de cine español Luis Buñuel y le muestra su trabajo fotográfico sobre los marginados de la Ciudad de México, material que también inspiró a Buñuel para su película Losolvidados (1952). La prensa mexicana le concede el premio como el Mejor reportero gráfico de México. 1947 Se vincula a la revista Selecciones del Reader‟s Digest y viaja por varios países del Centroamérica y Suramérica, registrando fotos a color para las portadas de esa ublicación, en su edición en español. Entre 1947 y 1951 sus fotografías aparecieron en 25 números. En Nueva York realiza reportajes para la revista Life y Norte como enviado especial a Sudamérica. En Norte participó en 23 números que van del 5 de marzo de 1945 al 6 de abril de 1948. Expone en una muestra colectiva en el Museo de Arte Moderno (Moma) de esa ciudad. Labora con el pintor muralista David Alfaro Siqueiros en el proyecto del mural Cuauhtémoc contra el mito. Denuncia en la prensa internacional a David Alfaro Siqueiros por el plagio de sus fotografías en una serie de pinturas exhibidas en el Palacio de Bellas Artes de México. Su estudio del D.F. es incendiado y sale de México bajo la atmósfera de persecución y enfrentamiento realizada por Siqueiros contra Matiz. 1948 Viaja a Bogotá a cubrir la IX Conferencia Panamericana para la revista Life y es herido en la insurrección popular que provocó el crimen del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. En ese mismo día Matiz tenía prevista una cita con Gaitán, quien le presentaría al joven Fidel Castro. Como observador especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en el Medio Oriente es testigo presencial del atentado contra el Conde Bernardotte y las imágenes del mediador asesinado son divulgadas por todas las agencias de prensa internacional. 1949 Es reconocido por la prensa internacional como uno de los 10 mejores fotógrafos del mundo. 1950 Realiza en Colombia, junto al poeta Álvaro Mutis, una serie de reportajes sobre el petróleo y el río Magdalena.

1951 Funda la Galería de Arte Leo Matiz y expone por primera vez las pinturas de Fernando Botero (1952). La galería de Matiz se convierte en epicentro de la vida cultural de Bogotá junto con el Café Automático, centro de la bohemia intelectual del país que frecuentaban escritores y artistas como León de Greiff, Jorge Zalamea, Gabriel García Márquez y Fernando Botero. 1958 Se vincula como reportero gráfico a la revista venezolana Momento y junto con Gabriel García Márquez, quien labora en la misma publicación, cubre en Caracas la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez. Las fotografías de la insurrección popular contra la dictadura realizadas por Matiz son publicadas en Paris Match, entre otros. 1976 Trabaja como fotógrafo para Cinefilm en la película El pez que fuma del realizador venezolano Román Chalbaud. 1978 Regresa a Colombia y víctima de un atraco en la capital colombiana pierde su ojo izquierdo. Impactado por este hecho se refugia en una finca al sur de Bogotá y renuncia a la fotografía por un tiempo. 1988 El Museo de Arte Moderno de Bogotá realiza una retrospectiva itinerante por Colombia en homenaje a sus 50 años de trabajo como artista y fotógrafo. 1992 La Galería Il Diafragma organiza una retrospectiva junto con la Provincia de Milán, y la publicación de Leo Matiz, Fotografie, su primer libro editado en Europa por Art-Studio Edizioni. 1994 La galería Carla Sozzani de Milán lleva a cabo una muestra colectiva e itinerante en Europa y Estados Unidos en torno a la figura de Frida Kahlo, con 45 retratos realizados por los fotógrafos Leo Matiz, Manuel Álvarez Bravo, Lola Álvarez Bravo, Fritz Henle, Guillermo Kahlo, Luciene Bloch, Eisele Freund, Bernard Silberstein y Emmy Lou Packard. El Queens College Art Center, Nueva York, realiza la muestra Visión de un continente. Participa en la exposición itinerante por las regiones italianas de la Toscana y Umbria denominada América Latina 1900-1993, Raconti fotografici d’autore que incluye fotografías de Leo Matiz, Víctor Agustín Casasola, Fernando Paillet y Alicia D‟Amico y con la curaduría de Giuliana Scimé. 1995 Regresa a Europa a recibir el premio Horus Sicof en Milán. Es nombrado por el gobierno francés Chevalier des Arts et des Lettres. Exhibe en L‟Espace Photográphique de París, actual Maison Europeenne de la Photographie. Leo Matiz, Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis y Manuel Zapata Olivella fueron algunos de los artistas colombianos invitados a la edición 17 del Festival de Cine y Cultura de América Latina. Edición del libro El tercer ojo, Ediciones Gamma, Santafé de Bogotá. El Istituto Europeo di Design de Milán exhibe la muestra Los personajes de Leo Matiz.

1996 En Italia retoma la fotografía de estudio después de 16 años de no realizarla e inspirado por el trabajo con la modelo Angela Pintaldi, quien motivó su regreso a esta actividad. Exhibe en el Hotel Hilton de Atenas, Grecia. 1997 Después de 50 años de ausencia regresa a México y realiza el libro Los hombres del campo, editado en el Japón. Recibe en Florencia el premio Filo d‟Argento en el Palacio Vecchio. Exhibe en el café Giubbe Rosse de Florencia la exposición Matiz-Siqueiros, cincuenta años después, el arte por el arte. 1998 El gobierno colombiano le rinde un homenaje y lo reconoce como el más importante fotógrafo de Colombia en el siglo XX y edita para el evento el libro La metáfora del ojo, escrito por su biógrafo Miguel Ángel Flórez Góngora con la curaduría de Alejandra Matiz, la realización de un CDRom y un documental de televisión. La Biblioteca Nacional de Colombia y la Galería Diners se unen a este tributo realizando muestras de la obra fotográfica de Leo Matiz. Crea y establece legalmente con su hija Alejandra Matiz la Fundación Leo Matiz, proyecto en el que participa como socio fundador el periodista colombiano Miguel Ángel Flórez Góngora. Fallece en Santafé de Bogotá el 24 de octubre a consecuencia de una cirrosis hepática. La Galería Fenalco realiza la primera exposición póstuma de Matiz en Colombia. Matiz nació el 1 de abril de 1917 en Aracataca, Colombia. En 1933 publica sus primeras caricaturas en la revista Civilización y hace su primera exposición en Santa Marta. Su trabajo comienza a hacer parte de importantes publicaciones nacionales como El tiempo y El espectador, en e siguiente año amplia su horizonte y es así como como atraviesa Centroamérica mostrando su trabajo. Al llegar a Mexico Matiz hace una serie de exposiciones logrando así reconocimiento en este país y a nivel internacional. En 1945 conoce al director de cine español Luis Buñuel y en este mismo año se le otorga el premio al mejor reportero gráfico en México. Luego de hacer parte de películas internacionales Leo Matiz hace una muestra de su trabajo en el Museo de arte moderna (MOMA) en Nueva York este mismo año (1947) Matiz sale de Mexico por la atmósfera de persecución que tenia lugar gracias a la denuncia que hace el artista a Siqueiros por plagio. En 1948 viaja de vuelta a Colombia y es herido en el atentado al líder liberal Jorge Eliecer Gaitan. Leo matiz comienza a trabajar te mas de Colombia y en 1951 abre una galería de arte que se convierte en el centro cultural de Bogota, es en esta donde se exponen por primera vez las obras de Fernando Botero. Matiz cubre importantes noticias internacionales como la caída del dictador Marcos Peres en Caracas, Venezuela en 1958. En 1978 pierde su ojo izquierdo en un atraco en la ciudad de Bogota y es por esto que renuncia a la fotografía por un tiempo y se refugia por en una finca en el norte de la ciudad. "Leo Matiz, Fotografie" fue el primer libro del artista editado en Europa, este es publicado en 1992. En 1995 recibe un reconocimiento en Italia y se hace una muestra de su trabajo en Milan, este recibe el nombre de "los personajes de Leo Mariz". Inspirado por la modelo Angela Carruba en 1996 Matiz retoma su trabajo como fotógrafo luego de 16 años de no hacerlo y hace una exposición en Atenas, Grecia. Finalmente luego de varios reconocimiento a nivel mundial, el gobierno colombiano reconoce a Leo matiz como el mas importante fotógrafo colombiano del siglo XX.En 1998 se crea la fundación Leo Matiz con la que el artista quiere seguir transmitiendo el mensaje de sus obras a futuro, este mismo año muere el 24 de octubre de una enfermedad hepática.

La vida excepcional de Leo Matiz empieza en 1917 en Colombia.

Se dedicó a las artes, siendo caricaturista, pintor, editor, actor y fotógrafo. Durante los años 40 y 50, junto con G. Figueiroa y M. Álvarez Bravo, colaboró en el desarrollo creativo del cine y de la fotografía mexicana. De su amistad con la pareja Khalo / Rivera, resulta una serie de fotos de Frida, que sigue viajando en varias muestras por el mundo entero. Reportero especial para las revistas las más famosas - Life, Harper's, Reader's digest ganó el premio de la prensa mexicana. Hoy en día, es conocido como una leyenda de la fotografia del siglo XX. También, por su épica vida, puesto que se casó 14 veces. Huyó de México, después de un violento encuentro con el muralista David Alfaro Siqueiros. Perdió su ojo izquierdo, algo con lo que había soñado ya 50 años antes. Muere en Bogotá, en 1998, de una cirrosis hepática.

Extracto de un artículo escrito por Leo Matiz: Catorce esposas, un violento encontronazo con el muralista Siqueiros que le obligó a huir de México o la pérdida de su ojo izquierdo son algunos de los episodios de la extraordinaria vida de Leo Matiz. Tienen, además, el valor testimonial de una época, un oficio y un aventurero. No es sorprendente que alguien que ha pasado por semejantes experiencias naciera en Aracataca, el Macondo de García Márquez. "Llegué a México en abril de 1941. El día en que fue asesinado el líder revolucionario ruso Leon Trotski. La política, el arte, el orgullo nacional, las conspiraciones, el cine, el exilio europeo de la guerra, el muralismo, las exploraciones arqueológicas, el bolero y los sueños aplazados de la Revolución mexicana, habían creado una atmósfera colectiva de fervor y caos en ese país. México se ancló en mi imaginación de adolescente a través del cine. La belleza visual y épica de la película Allá en el Rancho Grande, de Fernando de Fuentes y fotografía de Gabriel Figueroa, me reveló un vasto y desconocido territorio que algún día yo conquistaría.

En 1940 zarpé de Barranquilla rumbo a Panamá. Logré mantenerme en Ciudad de Panamá de las caricaturas que vendía en los hospitales, las universidades, las oficinas públicas y los bares. Trataba de reunir un dinero para llegar a México y convertirme en actor o pintor. No estaba aún muy convencido de la fotografía, a pesar de que había comenzado a vivir de ese oficio en Colombia con el periódico El Tiempo y la revista Estampa. Había realizado la imagen de La Red durante mis viajes de reportero a la Ciénaga Grande, Magdalena, y esos pequeños logros no me hacían sentir todavía fotógrafo. Caminé desde Panamá a Costa Rica. Con la ayuda del pintor centroamericano Amighetti realizamos una exposición conjunta de dibujos y caricaturas y decidimos llevar la misma muestra a San Salvador. Un tornado destruyó nuestras pinturas que se exhibían en un casino de El Salvador y la Sociedad de Amigos del Arte de ese país acudió en nuestra ayuda, brindándonos hospedaje y dinero para proseguir mi viaje a México. Como paradoja, en la capital se estaba exhibiendo la película Lo que el viento se llevó. Ese huracán trajo a Celia a mi vida. Hija de un cónsul inglés, millonaria y culta, trabajaba como presidente de la Sociedad de Artistas. Me enamoré de ella de golpe, le hice chistes torpes en nuestro primer encuentro y desapareció con su turbante rojo. La busqué enloquecido. Me emborrachaba en su nombre y estaba dispuesto a no abandonar El Salvador hasta encontrarla. Su amiga más cercana, la poetisa María Laucel, me dijo dónde podía ubicarla y me lancé a su búsqueda. Tomé un tren hacia las afueras de la capital y la encontré en una hacienda enorme, lujosa y rodeada de aguas termales, tirada en una hamaca leyendo y escuchando tangos. Me reprochó haber ido a buscarla y con furia me dijo que yo no debía estar allí y que debía respetar su soledad. - Quiero encontrarme a mí misma y usted es inoportuno al buscarme - dijo Celia. Yo le respondí que deseaba casarme con ella. Celia fue la mayor fantasía y el idilio más tormentoso de mi errancia por Centroamérica. Ella tenía cuarenta años y a mí empezaban a salirme las primeras cordales. Siempre he creído que si no hay fantasía la vida es estéril y monótona. Ella despertó esa dimensión en mi mundo con su risa y delicadeza. Era bella y tierna. Se había educado en Londres y abandonado su vida de monja en un convento de El Salvador para dedicarse a la meditación y el arte. Mi propuesta de matrimonio la sorprendió y me dijo que era una locura casarse con una mujer que me doblaba en edad. - Yo no veo tu edad.

Tú me interesas tanto como yo a ti - dije. Mi determinación la venció. Asumió el compromiso de casarse conmigo cuando de golpe apareció otro hombre que estaba igualmente enamorado de ella. La amenazó con una tragedia si ella se iba conmigo. - Él tendrá que matarme a mí o yo a ti. O moriremos los tres - dijo con frialdad. Él estaba borracho y me retó a un duelo. Pensó que yo no sabía manejar armas. Yo no había tomado alcohol y estaba armado. En mi tránsito de un país a otro yo cambiaba de pistolas. Siempre las conseguía y me deshacía de ellas revendiéndolas para conseguir nuevas. Acepté el duelo y nos situamos en puntos opuestos. Eran las tres de la tarde y teníamos de testigos a la poetisa y a Celia. Él disparó primero y erró. Yo lo herí en una pierna y lo vi caer al suelo con su rostro contraído. Celia corrió hacia él y le reprochó su insensatez. Lo abandonó y huimos en su carro hacia Guatemala para refugiarnos en una finca de su madre. Me sentía orgulloso de mí mismo y lleno de valor. Fue un trance. ¿Soy un hombre o un cobarde? ¿La amo o no la amo? Las armas y el coraje resolvieron de forma peligrosa ese dilema. Había terminado por conquistar el corazón de Celia en un juego con la muerte. Yo era su primer hombre y su primer amante en cuarenta años. La amaba y había vislumbrado furtivamente su desnudez, cuando las criadas de su casa la bañaban en petálos y aceites en la piscina de su mansión. Celia me protegió y me liberó del camino del opio y el alcohol. Llevaba una vida disipada y el delirium tremens se repetía cada mañana, cuando enormes pavos reales al mando de una papayera me paseaban en camillas sobre sus lomos por calles atiborradas de gente. Ella se tomaba mi alcohol para que yo no bebiera. Fui poco a poco abandonando la bebida para no alcoholizarla. Nos casamos en Tapachula, una población cercana a Chiapas, en la frontera entre Guatemala y México. Nos enrutamos hacia Veracruz. Éramos felices y todo lo que poseíamos era un viejo Ford Eiffel, un perro y una vieja cámara fotográfica, maltratada por mis recorridos a pie. Empeñé el equipo fotográfico para comprar gasolina y desplazarnos al Distrito Federal. El perro comía hígado y nosotros nos alimentábamos con queso de cabra y pan. Llegamos en un momento de convulsión social para México y las primeras páginas de los diarios destacaban en grandes titulares la captura de Ramón Mercader, el asesino de Leon Trotski.

Mercader, de origen catalán, había enamorado a la secretaria de Trotski y ganado la amistad del líder simulando tener sus mismas ideas socialistas y haciéndose pasar por poeta y escritor. Cuando tuvo el momento oportuno para matarlo, sorprendió al político ruso en la soledad de su casa y le quitó la vida clavando una pica de alpinista sobre su cuello. Un crimen cruel y perfectamente planificado desde Moscú en complicidad con el Partido Comunista Mexicano, fue la conjetura que la prensa de la época ofreció sobre ese episodio. Las noticias involucraban al pintor muralista David Alfaro Siqueiros como responsable en el asalto de la casa de Trotski antes del homicidio. Por primera vez vi el rostro vigoroso y duro de Siqueiros. No imaginé que ocho años más tarde, durante mi estadía en el país azteca, yo denunciaría el plagio que él hizo de mis fotografías para el mural Cuauhtémoc contra el mito. Por ese escándalo abandoné México y descubrí el lado oscuro y violento de uno de los hombres más influyentes en la vida cultural de ese país. Él respondió acusándome de ser un agente de la CIA, saqueando e incendiando mi estudio. La vida tiene sus paradojas. México me rendiría ese año un homenaje con una muestra retrospectiva de mi obra en el Museo Postal, justo al frente del Palacio de las Bellas Artes, en donde Siqueiros exhibió cuarenta cuadros al óleo en caballete, inspirados en las quinientas fotografías que yo le entregué para su proyecto artístico sin darme ningún crédito. Ya instalados en Ciudad de México en un apartamento modesto, busqué trabajo en diferentes revistas. Nuestra vida al comienzo fue difícil y pasábamos hambre. Celia había sacrificado su riqueza por seguirme. La situación económica se tornó asfixiante. Ella deseaba regresar a El Salvador para vender sus boutiques, sus casas y regresar a México. Yo era orgulloso y no acepté esa oferta. Le dije que la parte digna de mi vida era que no aceptaba venderme ni siquiera por ese amor loco. Ella hubiera podido regalarme su vida, sus riquezas y yo las rechazaría. Estaba enamorada y me necesitaba. Al mismo tiempo entendía que yo iba a triunfar y debía dejarla. Llegué tarde a su corazón. Yo deseaba ser libre y enfrentarme al mundo sin ataduras. Era salvaje y embestía la vida como los toros que buscan una salida en el ruedo. Y, como ellos, tenía que embestir y hacer daño. El amor no iba a detenerme y yo estaba dispuesto a triunfar en México. Ella me dio sexo, enloquecida por retenerme y retenerla. "Hay una cosa magnifíca en ti. Tú me retienes y yo quiero retenerte", era la frase que pronunciaba con insistencia, como presintiendo el ocaso del amor. De su generosidad sólo acepté recibirle una cámara Rolleiflex.

La encargó a Europa durante la guerra y la consiguió con dificultad. Fue la primera máquina fotográfica que me regalaron en la vida y estuve toda una noche oliéndola, embriagado por su olor metálico. Enferma y emocionalmente deshecha, me dijo un día : "Yo he cumplido una misión. Vete y déjame sola. Tú mereces una mujer joven. Me agotas y me destruyes." Celia se fue de mi vida en el momento justo. Se fue a África en una misión humanitaria para dejarme libre. Hoy la amo y la venero más que antes. Con ella aprendí la verdad de la vida, la bondad y el amor."

1917, Aracataca DISTINCIONES 1999 - Reconocimiento de los gobiernos de Mexico e Italia Homenaje Nacional en reconocimiento por su obra en el mundo de la fotografía En años recientes recibió condecoraciones de Italia y Francia Titulo deCaballero de La Orden de Las Artes y Las Letras en grado de Comendador
Tomado del folleto: Gran Feria de Arte, 1999 Banco Santander

El fotógrafo colombiano Leo Matiz es una leyenda viva de la fotografía del siglo XX. Caricaturista, pintor, fotógrafo de cine , actor, publicista, fundador de galerías y medios de comunicación, sintetizan los múltiples oficios a los que Matiz dedicó su vertiginosa vida en el periodismo y las artes. Este trotamundos nacido en Aracataca en 1917, recibirá durante el transcurso del año 1998 sendos reconocimientos de

los gobiernos de México e Italia, países entrañables a la vida errante de Matiz. En su país, Colombia, el Ministerio de Cultura le rindió el mes pasado un homenaje nacional por su singular y exceptional aporte al desarrollo de la fotografía en el mundo. Lo que confirma una vez más el valor estético y documental de sus intensas y memorables imágenes, que registraron momentos decisivos de la historia contemporánea. En años recientes Italia y Francia lo condecoraron con premios como el Horus Sicof y el Filo D Argento, y el título de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras en el Grado de Comendador. La crítica europea y norteamericana ha reconocido a Matiz como el "guardian de la sombra" de la fotografía latinoamericana, en alusión al acentuado y profundo contraste de luz y sombra en sus estampas, que recogen instantes dramáticos de sus personajes sumergidos en la cúspide del poder o en los laberintos de la marginalidad social. En 1940 parte hacia México y se vincula a la prensa de ese país como reportero gráfico. Trabajó también para el cine mexicano en los estudios Churubusco al lado de los legendarios fotógrafos Manuel Alvarez Bravo y Gabriel Figueroa. Realizó el primer casting cinematográfico de la actriz María Félix y se convierte en un destacado protagonista de la vida cultural al lado de los pintores Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Frida Kahlo. Igualmente cultivó en el país azteca una intensa amistad con el bolerista Agustín Lara, los poetas Pablo Neruda y Porfirio Barba Jacob y el escritor colombiano Alberto

Zalamea. En esa misma década las revistas Life y Selecciones del Riders Digest, Look, Harpers Magazine, Norte , Así y las Naciones Unidas lo incluyen dentro de su equipo selecto de enviados especiales para realizar reportajes en Estados Unidos América Latina y el Medio Oriente. Leo Matiz con su cámara en bandolera ha construido un poderoso mural de su época a través de una mirada crítica y de una sensibilidad abierta al impacto de las cosas nuevas. En su indoblegable curiosidad de fotógrafo su lente fijó para nuestra memoria gestos a instantes de múltiples personajes de la política y la cultura. En el album íntimo de su arte los retratos de Frida Kahlo, Luis Buñuel, las actrices María Félix, Dolores de Río, Janice Logan, Esther Williams, el trompetista Louis Armstrong, el torero español Manolete, el poeta chileno Pablo Neruda y el pintor ruso Marc Chagall, conforman una sugestiva galería de rostros que hoy se imponen a pesar del implacable paso del tiempo como poderosos destellos que iluminan el frágil veto de nuestra memoria . La Galería Diners ha deseado con esta exposición rendirle también un cálido homenaje a la vida y a la visión generosa del mundo que Leo Matiz nos ha ofrecido a través de su obra artística memorable.
Miguel Angel Florez Fundación Leo Matiz Tomado de la hoja exposición en la Galería Diners, 1998

Fundación Matiz en Bogotá

La Fundación Leo Matiz, reúne la memoria fotográfica del reconocido pionero de la reportería gráfica colombiana, tiene sede en Bogotá. Su directora es Alejandra Matiz, hija del artista, y Doris Alvarado, Tel. 5713459334, 571-2490446 leomatiz@cable.net.co

LA NOVIA OSCURA
Al igual que muchos fotógrafos de su generación, Matiz esperaba morir con la imagen perfecta de un rostro registrada en los rollos de su cámara. Tenía una predilección especial por el retrato y pensaba que ese género era una forma de penetrar el alma y eternizar las múltiples metamorfosis de un semblante.

En esa búsqueda disfrutaba de amores intensos y fugaces que luego abandonaba con su premisa vital de "Leo Matiz va. No espera" y que le sirvieron para inventar su epopeya personal de trotamundos que saltaba del desierto mexicano a las guerras del Oriente Medio, para cazar imágenes para las revistas Readers Digest, Look, Norte, Harper Magazine, Life y Así. En sus travesías por Colombia conoció a Clara, una mesera de Melgar a quien retrató hacia 1973 durante una impetuosa y efímera relación amorosa. Una de esas imágenes en las que la atractiva morena posó para la cámara Rolleiflex del fotógrafo de Aracataca inspiró la portada de la novela de Laura Restrepo La Novia Oscura,que relata la historia de una prostituta llamada Sayonara, descrita en el libro como"una muchacha mestiza de una oscura belleza bíblica". Si bien en la vida real el mundo de `Clarita, como la llamaba Matiz, nada tuvo que ver con el ambiente lascivo del `Dancing Miramar, el prostíbulo de Tora en el poblado ficticio de Laura Restrepo, el destino le deparó un final adverso a la mujer, quien desarrolló un cáncer que si bien no la mató, sí la alejó de su plácida rutina en Melgar. Leo Matiz y Laura Restrepo revisaron cientos de retratos femeninos durante días enteros, hasta cuando apareció la imagen que la novelista consideraba que se ajustaba a cómo imaginaba a la protagonista de su novela. A pesar del entusiasmo de la escritora por el hallazgo, Matiz se mostró renuente a entregarle la imagen de su novia para ser publicada en la portada de un libro. "Mi papá no quería dársela para

publicarla, pues era una ex novia de él que se había suicidado. Ella y yo le insistimos para que aceptara; él tenía miedo de que se publicara y que la familia de ella se pusiera brava. Luego Laura nos dijo que peso esa foto al lado de su computador para inspirarse al escribir la novela", cuenta Alejandra Matiz, hija del maestro
Tomado de Revista Semana Edición 1367, 14 de julio de 2008, Curaduría de Eduardo Serrano

Fotógrafo de la vida
por Walter Engel, 1995 Leo Matiz Fotógrafo de fama internacional, era en Colombia durante varios años una figura casi legendaria. Las grandes agencias de noticias relataron sus aventuras peligrosas y pintorescas en lejanas comarcas, e informaron también de los honrosos encargos que hicieran al célebre fotógrafo colombiano publicaciones de tan vasta circulación como Reader digest, Life y Look, y aún las mismas Naciones Unidas. Matiz se enfrenta con su cámara a la vida, la vida real, dura, cruel, sin maquillaje. Muchos lentes y filtros usa el artista para tomar sus fotografías, pero su arsenal carece de lentes rosados a través de los cuales se ve la vida fácil, dulce y sonriente. El ambiente predilecto de Matiz es la calle. El ambiente intencionalmente ignorado son los salones de lujo. Eso no quiere decir que no sea capaz de captar los encantos en el rostro de una mujer, inclusive en escorzos y enfoques originales y audaces. También le interesan el paisaje y la máquina, pero más que todo le cautivan la calle y el

hombre de la calle. Y éste en toda la amplitud de la palabra. Leo Matiz es. pues, ante todo un cazador de la vida cotidiana. Sin embargo, sus mejores hojas están muy por encima de meros reportajes gráficos, porque lo que más atrae no es lo sensacional sino lo directa y elementalmente humano. Una mujer humilde amamantando a su niño no tene nada nuevo ni sensacional como terna. Pero lo que Leo Matiz realiza con su cámara está. artísticamente, más cerca de las pinturas de los grandes maestros sobre el mismo eterno motivo que muchas Maternidades de reciente producción, al óleo ya la acuarela. Ampliaciones de cabezas humanas en tamaño muy superior al natural pueden verse en muchas vitrinas y exhibiciones de fotógrafos. Otro motivo, pues, que se presta a la comparación. En general, hay dos tendencias en este género: o el rostro femenino, fuertemente maquillado y retocado, o la minuciosa demostración de los poros y los desperfectos del cutis. en orgulloso alarde técnico. Matiz no se entusiasma con ninguna de estas tendencias, y busca y logra en sus mejores trabajos de esta clase algo mucho más valioso: la intensa expresión humana dentro de un concepto monumental. Un sitio especial en la obra de Matiz ocupa el niño, y nuevamente no se trata de fotografías en el estilo de los especialistas en retratos de niños, sino de escenas arrancadas a la vida misma: grupos de niños en múltiples situaciones, niños aislados comiendo. mirando, llorando, niños alegres y en la miseria; niños dentro del ambiente y de

la realidad de la vida. Obreros rurales e industriales, mendigos, borrachos, figuras del circo, todos están incluidos en el panorama de la vida presentado por Leo Matiz. De acuerdo con el tema, acentúa unas veces el lado pintoresco y otras veces el lado pictórico del cuadro: pero siempre está presente el lado humano.

Carta abierta a un padre
por Alejandra Matiz El pasado mes de marzo de 1995, llegaste a Europa, después de cuarenta años o más de ausencia. Viniste pisando tus ochenta años; no en vano naciste un primero de abril en el mitico Macondo, donde la abuela de García Márquez conversaba con los muertos; y a esta edad crepuscular trajiste tu libro El tercer ojo de Leo Matiz bajo el brazo y un viejo baúl lleno de negativos y recuerdos. Llegaste con paso lento y seguro, con la madurez y sabiduría que otorga la vida a través de los años, aún conservando el vigor físico y mental de tu naturaleza, de tu temperamento del signo aries (que tanto nos marca y une), ¡obligándonos a luchar sin conceder reposo! Tú eres uno de los pocos sobrevivientes de aquella generación de intelectuales, artistas y políticos latinoamericanos, que han pasado a nuestra historia; en Bogotá, te reunías con ellos en el mítico café El automático, en plena avenida Jiménez, cerca de El Tiempo, de El Espectador, y al frente de tu famosa galería de arte Leo Matiz, donde expusiste por primera vez en 1951 los trabajos de un joven

tímido antioqueño, Fernando Botero, el poeta de las mujeres gordas. Era una época de oro también para tu amado México, ese país de contrastes y cultura donde te formaste yconociste la fama. (Nadie es profeta en su tierra). ¡Recuerdo siempre!: a la una o dos de la mañana, permanecías despierto escuchando la radio, leyendo o revisando mares de negativos, inmerso en la bruma de la melancolía; recordando viajes, matrimonios, amigos, revoluciones, atentados, en esa Danza de las horas de Enrique Santos Calibán - (a quién debes tu profesión de fotógrafo). ¡Qué generaciones aquellas! Sé que recuerdas con especial afecto a tu compañero de bohemia León de Greiff y su relato Stepansky: Juego mi vida, cambio mi vida. De todos modos la llevo perdida... También evocas las tertulias y conversaciones con el pintor Ignacio Gómez Jaramillo y la ocasión en que hizo tu retrato. (Una de sus mejores telas). Recuerdas... A Jorge Zalamea amigo de García Lorca, compañero de vivencias en Colombia y México, con el Gran Burundún Burundá y sus escalinatas. Llegas al país Azteca, en un momento álgido: han asesinado al rebelde de Moscú, Trotski; comienzas a vivir ese ambiente convulso, inquieto de transformaciones: que marcan definitivamente el ámbito cultural y político mexicano. Conoces a aquel joven simpático, de humor agudo y vivaz, Pablo Neruda, que por esos años era el cónsul chileno: él inauguró una de tus exposiciones; rememoró un trozo de su escrito Farewell, en que tu alma se

reconoce: Amo el amor de los marineros que besan y se van. Dejan una promesa. No vuelven más. En cada puerto una mujer espera, los marineros besan y se van. Una noche se acuestan con la muerte en el lecho del mar. Unos meses después de tu llegada a México, el poeta maldito Porfirio Barba Jacob, tu amigo y consejero, muere: haces la última fotografía de su rostro reflejado en una mascarilla que luego fue destruida y queda tu foto. De él recitábamos juntos la Canción de la vida profunda: Más hay también tierra, un día...un día...un día...en que levamos anclas para jamás volver. 1945, Luis Buñuel en México, él estaba un poco desorientado, lo llevaste por los desiertos y le mostraste tus fotos de Los olvidados. Hacia 1946 recorriste casi toda América, por cuenta del Reader s Digest fotografiando las carátulas de Selecciones (tus primeras fotografías a color). Fue una experiencia interesante en tu vida. Clemente Orozco, uno de los grandes muralistas a quien quisiste como a un padre; Siqueiros, pintor estalinista quien plagió tus fotografías para convertirlas en murales, testimoniando la revolución; ¡Y por esta razón tuviste que escapar de México!

Tu amigo Agustín Lara, con su inolvidable canción: «María bonita, María del Alma. Gabriel Figueroa, el gran cineasta registrado por ti con su cámara al hombro, en el rodaje de El circo, con tu amigo Cantinflas. Luego... viajas a Palestina con el pasaporte azul de las Naciones Unidas, haciendo parte de la misión del mediador Conde Bemardote; caes en una explosión; de nuevo circulan noticias de tu muerte por el mundo, pero como un león de siete vidas, sigues tan campante... También están en tus nostalgias, otros políticos y compañeros de juventud, como Jorge Eliécer Gaitán, con su famosa frase: «A la carga...» Asististe a su primera manifestación política en Fusagasugá, también viviste los momentos dolorosos y difíciles de su muerte el nueve de abril de 1948... Tú, herido, llegase hasta el quirófano para hacerle su última fotografía. Fuimos a visitar a tu amigo y admirador (también aries) Carlos Lleras Restrepo para entregarle unas fotos suyas y tu libro. Sin presentirlo, sería la última vez en que pudimos compartir su presencia, tomando como siempre un buen café. En mi memoria, está el Presidente Guillermo León Valencia y su huésped Charles de Gaulle con quien cantamos La Marsellesa. Aquella entrañable amistad con el periodista AndrésSamper Genecco; sin saberlo, llevabas en brazos a su hijo afectuosamente llamado «Ernestingoli», lo montabas en tu famoso caballo de paso castellano, llamado Ney, en esa bella finca de Fusagasugá, Jalisco; allí teníamos una pequeña zona cafetera.

Alguna vez de sobremesa comentaste que el Presidente Ospina Pérez, vecino nuestro, decía: «el mejor café de Colombia, se produce en esta tierra, este fenómeno se debe a la humedad permanente del terreno. (él hizo estudios de reforestación y suelo). En los amaneceres luego de tomarte un buen tinto. cantabas Ay, mama Iné, todos tomamos café... Y aquel joven bogotano que trabajaba en una empresa petrolera en relaciones públicas y con quien viajaste a los largo del río Magdalena, Álvaro Mutis. en cuyos brazos me bautizaron, creador de Magroll el gaviero, personaje que tanto se te parece. Vamos más allá a otros tiempos, y espacios poblados por otros amigos y personajes que desfilan en la memoria de tus negativos fotográficos. Caracas, 23 de enero de 1958: es la caída del dictador Pérez Jiménez, trabajabas en equipo con los periodistas García Márquez y Apuleyo Mendoza; tus fotos son publicadas por Paris Match. Testimonias otros acontecimientos históricos, como los atentados a Rómulo Betancourt y a Richard Nixon. ¡Regresamos a Venezuela una y otra vez! Hasta tienes una nieta venezolana: Natalia. Un sortilegio Caribe presagia a través de un sueño. casi poético, la pérdida de tu ojo izquierdo. Tu miedo comenzó hace cincuenta años en New York; un ángel sacaba tu ojo y huía hacia las nubes (no lo hacía por maldad sino por amor); días antes, habías fotografiado a Chagall. Este sueño premonitorio se cumplió

fatalmente en 1978 en Bogotá. En un atraco para robarte tus cámaras, perdiste el ojo izquierdo. Fueron años duros de oscuridad y tristeza, pero recuerda: «los artistas no mueren, se restauran...» Tantos son los recuerdos que miras. casi siempre, del otro lado del lente; en un eterno recomenzar... Ahora es París, la ciudad amada, la ciudad del arte. la ciudad de la luz, de los sueños, de la fotografía y estás tú presente con tu fiel compañera, la Rolleiflex.
Tomado de la Revista Mundo No.19,

Homenaje al otro genio de Aracataca
Leo Matiz (1917-1998), uno de los fotógrafos latinoamericanos más importantes del siglo XX, estaba casi ciego cuando tomó sus últimas fotos. Eso cuenta su hija Alejandra: "Él le decía a un asistente que ubicara la cámara en un lugar específico y que la enfocara. Alguna vez le pregunté cómo tomaba las fotos, si casi no veía, y él me respondió que ya no necesitaba verlas, porque luego de tantos años, las sentía". Muchas de las imágenes que tomó en México, a donde llegó en 1941 después de dejar su trabajo de reportero gráfico en EL TIEMPO, se pueden ver ahora en el libro El México de Matiz, lanzado el viernes en el Instituto Mexicano de Cultura, de San Antonio, Texas (Estados Unidos). Impreso en Verona (Italia) y editado por la fundación que lleva el nombre del artista, en asocio con Invercap

(compañía administradora de fondos, en México) y la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, el libro entrega un verdadero festín en imágenes tan bellamente logradas que, a veces, parecen pinturas. Allí está el México del cine y el de las artes plásticas de los años cuarenta, con sus artistas venidos del exterior y los más representativos del país: María Félix, Mario Moreno Cantinflas, Luis Buñuel, Frida Kahlo, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros. También en sus fotos, está ese país de la revolución, el de los campesinos que descansan de su jornada en parajes surreales, bajo cielos que, aún en blanco y negro, parecen producir un calor inmisericorde; y hombres, mujeres y niños, mientras se ganan el pan. Nombrado Caballero de las Artes y las Letras por Francia, fotógrafo de revistas como Life y reportero para la ONU en el conflicto palestino-israelí, Matiz fue uno de los mejores de su tiempo. Su apasionante trabajo sobre México podrá verse durante dos meses en el Instituto Mexicano de Cultura, informó Alejandra Matiz, de la Fundación Leo Matiz. El libro, de 200 páginas, fue editado en un papel de alto gramaje y de color marfil. Las fotos tienen una suave tendencia al sepia y fueron impresas con tintes naturales. Habrá una edición en inglés que será lanzada en noviembre, en Nueva York.
Tomado del periódico El Tiempo, 6 de septiembre de 2009

Leo Matiz, su mirada abstracta
La obra de este fotógrafo colombiano, amado en México, tiene muchos matices. por Sara Araújo Castro En una ecuaci ón improb able, una poblaci ón pequeñ ay perdida del Caribe colombiano, a la orilla del río Aracataca, con casas protegidas del sol por plantaciones de banano, le regaló al país dos genios. Aracataca dio a luz a nuestro único Nobel, el que narró Macondo; pero diez años antes, en 1917, había parido en el lomo de un caballo a quien la inmortalizó en fotos: Leonet Matiz. Ahora, setenta años después de que el fotógrafo del Magdalena hiciera las primeras imágenes que se acercan al abstraccionismo, la galería La Cometa exhibe la muestra Geometría en Colombia, la obra de Leo Matiz. Su hija Alejandra, guardiana del legado gráfico y de su memoria, resalta el hecho de que en 1939, en una investigación sobre la zona bananera, Matiz, sin saberlo, estaba haciendo arte

geométrico, pues las imágenes de las hojas de plátano y de los racimos bajo su lente se ven de otra manera. Esto fue poco antes de que se subiera en un carguero rumbo a México, país que le dio la gloria y la cruz. Tras dos años de recorrido, el joven Matiz llegó con sus fotografías como única referencia al D. E, la promesa de América Latina. Al poco tiempo ya estaba recorriendo el país de arriba abajo, y en siete años había entablado amistad con uno de los artistas más influyentes de la época: David Alfaro Siqueiros. Este le habló de su gran proyecto de kilómetros de murales para rendir homenaje a la revolución Mexicana. Con esto en mente, cuenta su hija Alejandra, Matiz se fue por todo México a hacer fotos, las dejó en poder de Alfaro Siqueiros mientras hacía un trabajo especial para Naciones Unidas. A su regreso, Matiz se encontró con una muestra de Siqueiros en Bellas Artes que, para su sorpresa, consistía en cuadros inspirados en sus fotos, sin un solo reconocimiento. "Por ingenuo y por joven, mi papá decidió pelear con ese gigante que era Siqueiros. Su denuncia le costó dejar su querido México". A Matiz lo acusaron de desprestigiar la pintura mexicana financiado por la CÍA; tras encontrar su estudio quemado, pidió ayuda al entonces Embajador Jorge Zalamea, quien lo sacó a escondidas.

Pas aron más de 45 años para que el fotógrafo se atreviera a pisar de nuevo suelo mexicano. Acompañado de su hija, con cataratas y un ojo menos (pues lo había perdido en una riña en Bogotá en el año 79) pero "con un ojo divino de reemplazo", como dice Alejandra, Matiz regresó a trabajar a México. Lo recibió una ciudad que no era la que había dejado, pues su población era cinco veces mayor; sus temores no habían desaparecido con la muerte de Siqueiros, pero su profundo amor por esta tierra quedó plasmado en un libro Los hombres del campo, en el 97. Matiz no pudo llegar al homenaje que le rendiría Conaculta al año siguiente: murió con el pasaje que le enviaron en una mano y con el pasaporte en otra. Pero además de un archivo de casi un millón de negativos, dejó a su hija Alejandra, la guardiana de su memoria, quien viaja por el mundo difundiendo una obra que todavía tiene mucho por descubrir.
Tomado del periódico El Espectador, 1 de junio de 2010

La Venezuela de Leo Matiz Llega a la galería Nueveochenta de Bogotá una selección de fotografías con

lo mejor del trabajo del fotògrafo colombiano en el país vecino. México y Venezuela fueron los dos países adoptivos del fotógrafo colombiano Leo Matiz. En México retrató a la élite artística de los cuarenta, entre ellos, Frida Kahlo, Diego Rivera, Agustín Lara y María Félix. Luego, tras la disputa que tuvo con el muralista David Alfaro Siqueiros por unas fotos de su mural Cuauhtemoc contra el mito que no fueron de su agrado, lo que terminó con la quema de su estudio, decidió radicarse en Venezuela. Allí permaneció, con algunas interrupciones, durante cuarenta años. A este periodo de su vida y obra está dedicada la exposición Leo Matiz en Venezuela 1950-1990, que estará en la galería Nueveochenta de Bogotá desde el 28 de julio hasta el

próximo 24de septiembre. Consiguió su primer trabajo en el país vecino en la revista El Mes Financiero y Económico, gracias a la intermediación del periodista colombiano Plinio Mendoza Neira. A cargo de la sección Así es Caracas, Matiz registró la

cotidianidad de la capital. Luego pasó a la revista Momento, junto a Gabriel García Márquez. En compañía de su paisano de Aracataca, cubrió la insurrección popular que en 1958 puso fin a los seis años de dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Las imágenes del día del levantamiento son uno de los temas de la exposición. Matiz, en general, logró registrar el cambio profundo que experimentó esta nación tras la llegada de los dólares del petróleo. Se preocupó por retratar las transformaciones que esa bonanza, junto con la democracia, trajeron a campos como la arquitectura, la cultura, la publicidad y la vida cotidiana. Sus fotos son la bitácora visual de la apertura de ese país al mundo. En la muestra figura también el testimonio gráfico del viaje de Fidel Castro a Venezuela en 1959 -el primero que hizo al exterior tras el triunfo de la revolución-con motivo del primer año de la caída de Pérez Jiménez. En ellas se puede ver a Castro mientras es aclamado en varios lugares de Caracas, entre ellos el aula máxima de la Universidad Central de Venezuela. En la exposición también estará el registro que hizo de la obra del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, retratos y episodios de la historia del país vecino que registró primero como fotógrafo oficial del presidente Rómulo Betancourt y luego, en los ochenta y noventa, desde la Oficina Central de Información de Venezuela. Habrá también una selección de fotos abstractas que corresponden a su faceta más cercana a la plástica. La curaduría está a cargo del español de origen cubano Osbel Suárez Breijo, quien se acaba de desempeñar como

curador de la exposición América fría. La abstracción geométrica en Latinoamérica (1934-1973) para la Fundación Juan March en Madrid, en la que incluyó a Matiz como único representante colombiano en esta corriente artística del siglo XX. La muestra tiene lugar al tiempo que la hija del maestro, Alejandra Matiz, adelanta gestiones para repatriar el archivo de su padre, cuya digitalización terminará el año entrante en México.
Tomado de la Revista Semana No. 756, 17 de julio de 2011

Tras las huellas de un genio detrás del lente
La obra fotográfica de Leo Matiz, objeto de siete exposiciones en España, México y Estados Unidos por Melissa Serrato Ramírez "Leo Matiz en las fotos no quiere decir más ni menos de lo que su cámara ha registrado. Hay en ellas esa honestidad básica, ese rechazo a toda retórica efectista, a todo barroquismo de simular, que las hace tan evidentemente valiosas y perdurables. Leo Matiz sabe muy bien lo que quiere que la cámara vea; es lo mismo que él ha visto y nada más".

Así describió el poeta y novelista colombiano Alvaro Mutis una de las mirada más certeras y que marcaron la fotografía del siglo XX. Por ello, no deja de resultar curioso, según cuenta Alejandra, la hija de Matiz, que este artista haya creído con pesimismo, resignación y humildad que la irrupción del color en las instantáneas iba a relegar al olvido el trabajo de toda su vida. La historia falló en favor de su blanco y negro, de ese deseo de no dejar escapar en el tiempo a la vida misma, de las intensas y sencillas escenas de la vida cotidiana, de la conmovedora y asombrosa Colombia que recorrió y retrató de palmo a palmo y de los originales retratos de personajes, eventos y situaciones de todo el mundo que definieron su época. Así lo atestiguan siete instituciones artísticas que dedican sus espacios a exhibir la obra de este fotógrafo, natural de Aracataca. La muestra colectiva „Caribbean Crossroads of the World‟ (Cruces de caminos caribeños del mundo), dividida en tres museos, muestra qué era los que vela

su ojo escrutador en el Caribe, y las cuatro restantes, otras aristas de su particular trabajo, del que llegó a reunir más de 150.000 negativos, que hoy sedigitalizan para preservar el legado Matiz.
Tomado del periódico El Tiempo, 25 de junio de 2012

A 14 años del fallecimiento del fotógrafo colombiano Leo Matiz, su arte sigue tan vivo como si su mágico tercer ojo continuara obturando para capturar imágenes de los personajes y paisajes

que lo cautivaban. La semana pasada Alejandra Matiz, hija del maestro y presidenta de la fundación que promueve e investiga el legado visual del reportero nacido en Aracataca (Magdalena), en 1917, sorprendió con un anuncio al otro lado de la línea: “Quiero compartir con los periodistas colombianos un hallazgo importante: 55 fotografías inéditas del maestro, halladas en México. Estoy muy feliz”. Una felicidad que no necesitaba mención porque con su sola voz la

transmitía, mientras que a su lado vociferaba Miguel Ángel Flórez Góngora, biógrafo del legendario fotógrafo, quien prefirió no hablar, quizá ocupado intentando meter su humanidad en cada imagen rescatada para escudriñar lo esencial de cada una, el instante decisivo del que nos hablara Henri Cartier-Bresson. Pues bien, se trata de 55 imágenes, la mayoría de ellas referentes a la legendaria pareja de artistas mexicanos Diego Rivera y Frida Kahlo en los años 40. De acuerdo con Alejandra Matiz, las imágenes fueron captadas en la casa de Dolores Olmedo, la Casa Azul, en Xochimilco, Ciudad de México. “El hallazgo ha sido muy importante, es un tesoro, y a partir de 2013 este material comenzará a exponerse en Japón, Emiratos Árabes y Estados Unidos”, comenta la hija del maestro en un comunicado oficial de la Fundación Leo Matiz. La obra fotográfica de Leo Matiz en México se equipara a la de otros grandes fotorreporteros como Edward Weston, Manuel Álvarez Bravo y Tina Modotti.
Tomado del periódico El Espectador, 14 de noviembre de 2012

Leo Matiz - documental
Diego Samper: dirección general y guión [Colombia, 2013]

Producida con el apoyo del Ministerio de Cultura de Colombia y la Fundación Leo Matiz. Marlene Escobar: edición de fotografía y animación Jamie Griffiths: producción, dirección de fotografía, cámara, edición y masterización de imagen Antonio Arnedo: composición de música original Miguel Ángel Flórez: investigación biográfica sobre Leo Matiz Duración: 50 minutos Sino psis En el docu ment al se explo ra la obra del fotóg rafo colo mbia no Leo Matiz a partir de un relato en primera persona: son sus imágenes y su voz las que nos relatan la historia de sesenta años de práctica de este arte. Un fotógrafo y su equipo de investigación viajan a México, donde está el archivo de la Fundación Leo Matiz, y estudiando en detalle la colección, van revelando los aspectos más trascendentes de su vida y las imágenes más significativas de su obra.

Surge la imagen de Matiz, viajero y apasionado de la vida, reportero de guerra y explorador de la esencia de lo latinoamericano, cronista de la gestión de la modernidad y pionero de la reportería gráfica y la fotografía abstracta en Colombia. Una tras otra, sus imágenes nos permiten descubrir un ser profundamente humano que supo registrar con su cámara la luz y la sombra de la naturaleza humana.
Tomado de http://www.museonacional.gov.co/htm/ev_ calendar_det.php?id=1926&lan=s , 2013

Mirando el infinito

A través de dos exposiciones simultáneas y diversas denominadas Leo Matiz, mirando el infinito e Instantáneas del sonido -La mirada de Leo Matiz a la música en América Latina, realizadas en Bogotá, Colombia y la Ciudad de México, las memorables imágenes del legendario fotógrafo colombiano Leo Matiz, estarán exhibidas en el Museo Nacional de Colombia y en el Museo Mural de Diego Rivera, durante los meses de abril y junio de 2013, respectivamente, y como parte de sendos Homenajes Nacionales ofrecidos por Colombia y México para destacar el legado visual moderno e innovador captado por el reportero gráfico nacido en 1917 en Aratacaca, Magdalena, y reconocido como uno de los grandes foto-reporteros del siglo XX.

La muestra Leo Matiz, mirando el Infinito estará exhibida en la sala de exposiciones temporales del Museo Nacional de Colombia del 4 de abril al 19 de mayo de 2013 en Bogotá e incluye 128 fotografías en blanco y negro que reúne las imágenes realistas, abstractas y vanguardistas de Leo Matiz.

La exposición Leo Matiz, Mirando el Infinito, realizada con el apoyo delMuseo Nacional de Colombia- Ministerio de Cultura y la Fundación Leo Matiz, y con la curaduría del académico e investigador mexicano Ernesto Peñalosa, incluye una selección de la fotografía documental humanista realizada por Leo Matiz y al mismo tiempo ofrece una visión de la búsqueda modernista del fotógrafo colombiano, en una línea experimental o abstracta, que lo aproximó con las vanguardias artísticas del siglo XX. Igualmente, dentro de los Homenajes Nacionales a Leo Matiz que se llevarán a cabo durante el primer semestre del año en curso, del 16 de abril al 16 de junio de 2013 se exhibirá en el Museo Mural de Diego Rivera en Ciudad de México la exposición Instantáneas del sonido -La mirada de Leo Matiz a la música en América Latina, que abarca un conjunto de 72 fotografías vintages sobre músicos populares de Colombia, América Latina, Europa y Estados Unidos y que fueron captados por el lente de Leo Matiz entre los años 40s y 60s del siglo XX. La muestra reúne una selección de fotografías antiguas y modernas de Leo Matiz que presentan retratos de músicos, hasta ahora nunca exhibidos, tanto de autores anónimos como de prestigio internacional entre los que se destacan Pablo Casals, Louis Amstrong, Agustín Lara, Frank Preuss y Lucho Bermúdez, entre otros.
Texto gentilmente suministrado por ArtNexus, 2013

Exposición temporal Leo Matiz, mirando el infinito

Museo Nacional de Colombia
Sala de Exposiciones Temporales Gas Natural Fenosa, 4 de abril al 19 de mayo de 2013 La muestra incluye 128 fotografías en blanco y negro que revelan las diversas facetas y búsquedas estéticas del legendario fotógrafo colombiano, reconocido como el creador de memorables imágenes realistas, abstractas y vanguardistas. Un homenaje a 81 años de vida errante y fecunda, que convirtieron a Leo Matiz en una de las personalidades más originales e innovadoras de la fotografía universal en el siglo XX. En el marco del programa Homenajes

Nacionales, el Museo Nacional - Ministerio de Cultura presenta la exposición temporal Leo Matiz, mirando el infinito. La muestra se compone de imágenes que revelan la estética humanista y de posvanguardia del reportero gráfico nacido en Aracataca (Magdalena), considerado uno de los fotógrafos más versátiles y singulares de la reconocida generación de fotorreporteros que renovaron la escena del arte fotográfico durante las primeras seis décadas del siglo pasado en Colombia, América Latina, Estados Unidos y Europa. En la exposición, que permanecerá en el Museo entre el 4 de abril y el 19 de mayo, se desarrollan varios aspectos temáticos que abarcan fotografías de la cultura urbana, el agua, la tierra y el mundo rural, el arte y el entretenimiento, los retratos de celebridades del siglo XX, al igual que imágenes experimentales, vanguardistas y surrealistas que revelan las diversas búsquedas expresivas de Leo Matiz y su esfuerzo por transformar los códigos visuales establecidos, logrando inolvidables composiciones realistas y geométricas que escapan a nuestra mirada habitual sobre los seres y las cosas. Leo Matiz colaboró con varias publicaciones en Colombia como reportero gráfico. En 1940 partió hacia México, con el interés de vislumbrar un escenario más amplio para su vocación de fotógrafo, pintor y actor de cine; además, en la segunda mitad del siglo XX

estuvo en el Medio Oriente y el continente americano haciendo profundos y sorprendentes trabajos para las revistas Así, Nosotros, Life, Reader’s Digest, Harper Magazine, Estampa, Momento, Look y Norte, que lo convirtieron en uno de los reporteros gráficos más innovadores de su tiempo, “cuando no era común que los fotógrafos de la región se interesaran por realizar su obra fuera de sus propias fronteras”, expresó Ernesto Peñaloza Méndez, curador de la muestra y profesor del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). La versatilidad de Leo Matiz La exposición, concebida por el Museo Nacional y la Fundación Leo Matiz como un amplio y versátil caleidoscopio sobre la obra fotográfica de Matiz, está conformada en su gran mayoría por ampliaciones originales hechas por el artista. Su hilo conductor busca mostrar la consolidación de los estilos y concepciones estéticas que dominaron el trabajo visual de Matiz, “a caballo entre la renovación del fotoperiodismo internacional y la tradición moderna, vinculada a las vanguardias artísticas”, según lo definió Ernesto Peñaloza. La exhibición se tituló Leo Matiz, mirando el infinito, en alusión a una reflexión del fotógrafo, que se consideraba destinado a las tragedias. “Me he salvado de los huracanes,

de los volcanes nacientes, de los ríos que se salen de su curso, de los atentados. Pero yo no puedo dormir. He venido a ver el infinito”, confesó alguna vez. En el marco de la muestra se publicará un catálogo y el Ministerio de Cultura hará el lanzamiento del documental Leo Matiz, dirigido por Diego Samper y realizado con el apoyo de la Fundación Leo Matiz. La exposición Leo Matiz, mirando el infinito es una realidad gracias al patrocinio de Ecopetrol y Banco Itaú BBA, así como al apoyo de la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Colombia y la Universidad Nacional Autónoma de México
Texto gentilmente suministrado por el Museo Nacional de Colombia, 2013

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