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Advertencia

La distribución de esta traducción queda prohibida sin la previa aprobación de la Administradora de “El Mundo de la Luna Roja”, y de sus traductores y correctoras.

Esta obra posee CONTENIDO HOMOERÓTICO, es decir tiene escenas sexuales explicitas de M/M.

Apoyemos a los autores que nos brindan entretenimiento y fomentan nuestra imaginación comprando sus libros.

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Doby Rathom quiere expandir su vida sexual. Infiernos, sólo quiere un vida sexual, y cree que teniendo un Amo podrá hacer precisamente eso. Así que decide colocar un anuncio en un periódico local y encontrar uno. Sólo, que la suerte quiso que accidentalmente o no, le diera al botón equivocado y su dirección de e-mail se lo enviara al jefe de su departamento, Taylor McKinley, quien también es el hombre más sexi que Doby ha conocido en su vida. Doby se siente avergonzado, y también asustado de perder su trabajo. Cuando Taylor le hace una oferta para entrenarlo como sub, a cambio de que no coloque el anuncio, Doby está totalmente en ello. Sobre todo si eso significa que experimentará su formación en las manos de ese hermoso Señor. O sí, y si puede mantener su trabajo. Es una situación de ganar-ganar. Hasta que Doby empieza a recibir amenazas de chantaje. Alguien de fuera quiere obtener a Doby y no tiene ni idea de quién podría ser. ¿Su mejor amigo? ¿Uno de sus compañeros de trabajo? ¿Taylor? Antes de que Doby pueda descubrir quien está tratando de chantajearlo, lo primero que tiene que aprender es a ser un sub. Pero cuando el chantajista ataca de nuevo, correr hacia Taylor en busca de ayuda parece ser la decisión correcta. Pero, ¿lo es? ¿Taylor será su salvador o su caída?

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―¡No! ―Doby Rathom golpeó el monitor de su ordenador, horrorizado por lo que acababa de hacer. Iba a ser despedido. No había otra alternativa. Y Doby se lo merecía por atender sus asuntos personales durante su jornada de trabajo―. Jessica, ven aquí. A Doby se le contrajo el estómago y se sintió enfermo. ―¿Qué pasa? ―Jessica, rápidamente, entró en el cubículo de Doby, mientras él rebotaba sobre sus pies y se mordía las uñas. Tan pronto como entró en el estrecho lugar, Doby la agarró del brazo y señaló hacia su ordenador. ―¡Recupéralo! ―Oh dios, estaba tan jodido. Si alguien recibía ese correo, iba a ser el hazmerreír de la oficina. Ya era suficientemente malo no ser, precisamente, el tipo más popular de la empresa, pero esto sellaría su destino como el más grande perdedor de la historia de ‘Michelson Inc.’ ―¿Te refieres al correo electrónico? ―preguntó Jessica, mientras se dejaba caer sobre la silla de Doby y comenzaba a teclear. ―Sí. Recupéralo, deprisa. ―Doby comenzó a caminar por los confines de su pequeño espacio de trabajo, golpeándose,

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continuamente la frente con la mano y deteniéndose cada pocos segundos, para mirar por encima del hombro de Jessica―. ¿Lo conseguiste? ¿Cómo pudo hacer algo tan estúpido? ―Espera, dulzura. ―Jessica hizo clic en el ratón, unas pocas veces más, y suspirando lo miró, vacilantemente, con sus grandes ojos color café. ―He hecho lo posible para recuperarlo. Ahora tenemos que esperar y ver si funciona. ¿Qué es lo que enviaste esta vez? Doby puso sus ojos en blanco. Jessica le había enseñado cómo recuperar los correos electrónicos, pero nunca podía recordar los pasos correctos. Tenían que recuperarlo. Su peor pesadilla era que un director general recibiera el maldito correo. No solo se convertiría en el hazmerreír de la oficina, sino que sería despedido e incluso podrían presentar cargos contra él. Este no era su día. ―Un anuncio personal, tenía la intención de cortarlo y pegarlo en mi bloc de notas, pero en su lugar, se pegó en el correó electrónico, y le di a enviar sin querer. ―Doby gimió al decirla última parte. Podía no ser el tipo más popular allí, pero le gustaba su trabajo. Si lo despedían por algo como esto, si no se mataba el mismo, lo haría su madre.

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―¿A quién se lo envié? ―‘Por favor que no haya sido al presidente o a cualquier otro pez gordo de la compañía’. Cruzó sus dedos mientras esperaba a que Jessica le contestara. Jessica se dio la vuelta e hizo clic otra vez, mientras movía su cabeza negando siniestramente. Al ver esa reacción en ella, Doby pudo sentir como su corazón quería salir del pecho. ―La recuperación fue ineficaz, dulzura ―dijo mientras se volvía para mirarlo. Ella se rio disimuladamente mientras golpeaba ligeramente la pantalla―. Se lo enviaste a Taylor McKinley. ¿Qué decías en él? Doby ignoró la pregunta de Jessica, sobre el contenido del mensaje, trataba sobre algo que despertaba su curiosidad y ocupaba sus pensamientos, por lo que había decidido hacer algo al respecto. ¿Pero Taylor McKinley? ¡Dios no, su supervisor no! Esto simplemente no podía estar ocurriendo. No podía ser. Repentinamente, Doby sintió sus pulmones arder e inspiró una gran bocanada de aire, no había suficiente oxígeno en el lugar. ―Siempre puedo abrirlo y leerlo, si no estás dispuesto a contarme ni un poco. ―Jessica levantó una mano mientras arqueaba la frente en signo de amenaza. Doby agitó su mano señalando hacia el ordenador. Tenía cosas más importantes por las que preocuparse que el que Jessica conociera su pequeña fantasía, como por ejemplo que Taylor lo supiera. Tal vez podría mandar otro correo electrónico, diciendo que se trataba de una broma o algo por el estilo. ¿Funcionaría? ¿Se lo creería Taylor?

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Tenía que pensar en algo. ‘¡Piensa maldita sea!’ ―Oh, Doby. Esto no es bueno. ¿Y se lo enviaste a Taylor McKinley? ―Jessica chasqueaba su lengua contra el paladar mientras negaba―. Creo que esta vez, realmente, la has jodido, dulzura. ―De acuerdo, pero no hace falta que restriegues la herida. Simplemente ayúdame a solucionarlo. ―Andando nuevamente por su cubículo, Doby cruzó sus brazos sobre su estómago, preguntándose cuánto tiempo tardaría en caer la guillotina sobre su cuello. Taylor McKinley no era alguien con quien jugar. Irradiaba autoridad y poder por todos sus poros, y querría la cabeza de Dobyen una bandeja. De toda la gente que podría haber recibido su correo electrónico, ¿por qué tuvo que ser precisamente él, su jefe? Doby quería golpear su cabeza contra su escritorio. ―Soy buena inventando excusas, pero esto… ―Jessica agitó sus brazos hacia la pantalla, mientras retorcía sus labios y carraspeaba con desaprobación―, no es bueno ―No estás ayudando. ―Doby sacó su cabeza fuera del cubículo, suspirando profundamente, cuando vio que la puerta del despacho de Taylor, todavía, estaba cerrada. Tal vez su supervisor lo suprimió sin antes leerlo. Tal vez había ido directamente a la bandeja de correo no deseado y Taylor lo desechó antes de abrirlo. Un atisbo de esperanza embargó a Doby, al imaginar a Taylor desechando su correo. Podría estar

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camuflado entre otros correos y haberlo eliminado sin ni siquiera leer la línea del asunto del mensaje. Estaba jodido. Doby dejó de caminar de arriba abajo, por el pequeño cubículo cuando notó, la curiosa e indagadora mirada, en el rostro de Jessica. Lo que aumento el estado de nervios en el que ya se encontraba. Ella iba a preguntar. Podía verlo en sus ojos. Jessica se sentó más adelante en la silla, tamborileando, con sus finamente arregladas uñas, en el escritorio. Abrió la boca para decir: ―No puedo aguantar más. Tengo que preguntarte. ¿Por qué? Antes de que pudiera contestarle, Taylor entró en el cubículo de Doby y se aclaró la garganta. Su rostro impasible, no reflejaba ninguna emoción que le permitiera saber cómo se sentía. ―Señorita Cornwell, ¿nos excusa? Doby dejó caer su cabeza. Eso era todo. Iba a ser despedido. No se le ocurría ninguna excusa que pudiera sacarlo de este lio. Taylor ni siquiera lo iba a hacer pasar a su oficina para despedirlo privadamente. No, el hombre lo iba a hacer allí fuera donde todo el mundo lo pudiera oír. Doby simplemente lo sabía. Metiendo sus manos en sus bolsillos delanteros, agachó su cabeza y rehusó mirar hacia Taylor. ―Buena suerte ―le susurró Jessica cuando pasó a su lado.

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Doby sintió que perdía el aliento, cuando Taylor torció su dedo señalándole que lo siguiera. Bueno, al menos, no iba a dejar que toda la oficina supiera que era un pervertido. Eso era bueno. Le quedaba el consuelo de saber que podría salir de allí con su cabeza en alto, considerando que estaba a punto de ser despedido. Una vez dentro de su oficina, Taylor señaló una silla, sin decir una palabra sola. Doby se sentó rápidamente, colocando sus manos bajo sus muslos, en un gesto nervioso, para impedirles que agarraran a Taylor mientras le imploraba que no lo despidiera. Todavía le quedaba una pizca de dignidad. Tal vez. Eso dependería de como fuera esta reunión. Se le formaron varios nudos en su estómago mientras esperaba a que Taylor comenzara a hablar, que dijera cualquier cosa, que rompiera el incomodo silencio en la oficina. Si iba a ser despedido, deseaba que Taylor simplemente lo hiciera cuanto antes. Doby se quedó desconcertado cuando el hombre tomó asiento y se quedó mirando su ordenador mientras ignoraba a Doby. La necesidad de explicárselo estaba volviendo loco, pero, ¿qué podría decir? ¿Cómo podía dar una explicación a esto? El anuncio era muy específico, en detalle, así que solo cabía decir la verdad. Taylor sabría que le estaba mintiendo si le dijera cualquier otra cosa.

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Taylor restregó su mano por su barbilla, mientras sus ojos escudriñaban el correo electrónico. Doby simplemente permaneció allí sentado en espera de que el martillo cayera sobre él. Podía ser despedido por esto. Probablemente, sería despedido por esto. ―Estoy haciendo mi mejor esfuerzo por descifrar este correo electrónico, Doby. A pesar de que me lo enviaste, parece ser una especie de anuncio. ―Finalmente, los ojos de Taylor McKinley dejaron la pantalla y se reacomodaron en Doby. Tanto su mirada como su fuerte y dominante voz, le dejaban claro a Doby, que el hombre no quería nada menos que la verdad y no aceptaría en lo más mínimo una mentira. Doby tragó, sintiendo que su garganta se secaba mientras que su corazón latía tan fuerte que tronaba en sus oídos. Sus mejillas comenzaron a calentarse mientras bajaba sus ojos, no atreviéndose a mirar a Taylor directamente. ―Sí, señor ―dijo en respuesta, acompañado por un graznido ahogado. Taylor se recostó, entrelazando sus dedos y colocándolos en contra de lo que parecía ser un firme abdomen. ―¿Entonces, esto es real? Doby asintió mientras se mordía el labio inferior, deseando que Taylor terminara con esto. Si iba a ser despedido, necesitaba dejar atrás todo este suceso y seguir adelante. ―Era un anuncio personal para… ―¿En horario de trabajo? ¿En un ordenador de la empresa ―Taylor lo cortó, sin dejarlo terminar su frase.

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Doby dejó caer su mirada otra vez mientras se frotaba la parte de atrás del cuello, la humillación había calentado su cuello y sus mejillas. Incluso sus orejas estaban ardiendo, como si un fuego se hubiera iniciado en ellas. ―Sí, señor. Taylor se recostó en su silla, estudiándolo con una intensidad que hizo, a Doby, retorcerse en su asiento. ―Eres consciente de que ésta es una falta por la que podrías ser despedido. Doby levantó la cabeza, implorando con sus ojos. ―Juro, que no se volverá a repetir, señor McKinley. Una sacudida atravesó su cuerpo al escuchar la siguiente pregunta de Taylor. ―¿Es cierto lo que pone en él? Clavando los ojos en sus manos, Doby trató de decidir sí debía ser honesto o debería mentir. Podía sentir a Taylor observándolo, esperando una respuesta. Su voz lo había abandonado, así que todo lo que Doby pudo hacer fue encogerse de hombros. ―Eso no me vale. Quiero un sí o un no por respuesta, Doby. ―El oír la nueva orden de Taylor, con esa voz fuerte y dominante, hizo que toda la sangre de su cuerpo se fuera directamente a su polla, a pesar de la delicada situación en la que se encontraba. Sin atreverse a mirarlo directamente, Doby lo miró de reojo. El supervisor se había inclinado hacia adelante, con sus manos entrelazadas sobre su escritorio y su mirada fija en él. Si

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decía sí, Taylor tendría la munición necesaria para despedirlo. Si decía que no estaría mintiendo. Y tenía la percepción de que Taylor McKinley lo sabría y no se lo tomaría bien. Estaba jodido. ―Sí, señor. ―Doby se sobresaltó mientras contestaba honestamente. Taylor asintió, su rostro todavía indescifrable, pero Doby podía ver aprobación, en los ojos verdes del hombre, por su honesta respuesta. Su madre lo mataría, si averiguaba la razón de su despido. Pasando sus manos por su pelo, Doby suspiró, no había nada más que pudiera hacer, excepto admitir que había metido la pata hasta el mismísimo fondo. Todo por un deseo albergado en su interior durante años. En un momento de valentía, o cuanto más pensaba en ello, en un momento demente, había reunido el coraje para colocar el anuncio. Doby saltó cuando Taylor habló. Estaba a varios kilómetros de distancia con el pensamiento cuando lo sorprendió la profunda y melódica voz. ―Haré desaparecer el correo electrónico con una condición. ‘¡Cualquier cosa!’ Doby aceptaría lavar el coche de Taylor semanalmente, sacar a pasear a un perro sarnoso, o limpiar su apartamento, cualquier cosa con tal de mantener su trabajo y la

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poca dignidad que le quedaba. Doby respiró lentamente, deteniéndose a sí mismo de gritar frente a Taylor. ―Hecho, señor. Taylor inclinó su cabeza como sí estudiase a Doby. ―¿No quieres conocer la condición antes de ‘aceptar’? A Doby no le importaba si el hombre quería que se pasease, por la calle, desnudo bajo un cartel que pusiera queso gratis en la panadería. Bueno, tal vez eso no le gustaría. Pero por conservar su trabajo, haría lo que Taylor quisiese. Movió la cabeza repetidamente en señal de negación mientras se levantaba, extendiendo su mano para sellar el trato y así poder salir de allí más rápido que del infierno. ―Siéntate y escucha. Eso no era una petición. Doby se agachó tan rápido que casi no atina a hacerlo sobre la silla. Taylor se abalanzó hacia adelante como si pudiera detener la caída de Doby desde detrás de su escritorio. El culo de Doby golpeó sobre el borde de la silla. Seguramente eso le dejaría magulladura, pero ignoró el dolor que lo atravesó de nalga a nalga cuando se sentó correctamente. Taylor se enderezó en su silla, mirando a Doby como si fuera a preguntarle si estaba bien, pero no lo hizo. ―Me deshago del correo si no publicas el anuncio. ―¿Por qué? ―dijo antes de que pudiera refrenarse. ¿Por qué tendría que importarle a Taylor lo que hiciera en su tiempo personal? No entendía la petición. Podía entender que el anuncio pudiera parecer extraño para alguien que no entendiera

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la necesidad detrás de eso, pero ¿pedirle que renuncie? Aun no entendiéndolo sabía que no tenía opción y que aceptaría. No podía negarse si quería conservar su trabajo y su dignidad intacta. ―El ‘por qué’ no está en discusión, Doby. Todo lo que quiero es saber si estás o no de acuerdo con mis términos. Por supuesto que estaba de acuerdo, para bien o para mal, no estaba lo suficientemente demente como para decirle a Taylor que se podía ir a la mierda. ―Estoy de acuerdo, señor. ―Después de años de ansiar explorar ese sentimiento alojado en su interior, de quererlo tanto que podía saborearlo, Doby iba a renunciar a ello aceptando el trato de Taylor para mantener su trabajo. La cólera comenzó a fermentarse dentro de Doby, pero pudo controlar su lengua. ¿Por qué Taylor tendría que dirigir como vivía su vida fuera de la oficina? ¡Colocaría el anuncio cuando llegara a casa! Taylor nunca lo sabría. ¿Cómo podría saberlo? ―Sabré si incumples el trato y publicas el anuncio, Doby, créeme lo sabré. Puedes irte ahora. ―Taylor fijó su atención en algunos papeles sobre su escritorio. ¡Descarado! Doby salió de la oficina como un niño en plena rabieta. No era justo. Como podía tener el descaro de controlar a Doby. Agarrando el pomo de la puerta, Doby tenía la intención de dar un portazo, pero en el último momento se contuvo. No tenía ningún sentido cabrear aTaylor y que cambiara de opinión.

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―¿Cómo te fue? ―Tras comprobar que la puerta de Taylor estaba cerrada, Jessica entró de nuevo al cubículo Doby. ―No estoy despedido. ―Doby apoyó la barbilla sobre su mano mientras hacía pucheros. Esto era una jodida mierda. Se giró hacia el ordenador, y releyó el correo una vez más antes de golpear su cabeza contra su escritorio. ‘¡Ay!’ ―Deja de lastimarte. ¿Qué va a pasar con lo del correo electrónico? ¿Una reprimenda oficial en tu expediente? ―Jessica deslizó una cadera sobre su escritorio, tomando asiento mientras lo miraba. La idea de que ese anuncio pudiera estar en su expediente personal, provocó escalofríos sobre la columna vertebral de Doby. Se restregó su frente mientras cerraba sus ojos. Era una pena no poder volver a la cama y empezar el día de nuevo. Eso estaría muy bien. Ahora Taylor, y Jessica, lo mirarían como si fuera alguna clase de pervertido. Ya era lo suficientemente malo que el resto de sus compañeros de trabajo lo trataran con menos respeto del que pensaba que se merecía. Ahora su jefe y su amiga lo tratarían de la misma forma. ―¿Podemos dejarlo estar? ―preguntó, aun sabiendo que no iba a ocurrir, eso sería demasiado bueno. ―Aguafiestas. ¿Vas a publicar el anuncio? ―preguntó ella con un brillo de travesura en los ojos. Dios mío, simplemente no sabía cuando debía dejar pasar algo. Doby quería estrangularla. ―No ―le contestó mientras

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sacaba el recipiente con su almuerzo―. Déjalo ya, vamos a comer. Jessica hizo pucheros pero se olvidó del tema. Eligió una mesa en la parte de atrás de la cafetería y se sentó a almorzar. Por suerte el lugar estaba algo vacío. No se sentía bien como para estar rodeado de gente ahora mismo. Solo quería volver a su pequeño cubículo y lamer sus heridas. ―El viernes tengo una sesión de manicura y pedicura. ¿Quieres venir? ―preguntó Jessica cuando regresó del microondas y se sentó junto a él. ¿Hablaba en serio? ―Puedo ser gay, pero no ‘tan gay’. No cuentes conmigo. ―No le des más vueltas, enviaste un correo electrónico a la persona equivocada, lo has hecho cientos de veces. Doby abrió la boca, mirando incrédulamente a Jessica. ―¿Te estás escuchando? No es que se lo enviase a la persona adecuada, es lo que dice, lo que está mal. ―No estás despedido ―Jessica se encogió de hombros. Algunas veces se preguntaba por qué eran amigos. Ella tenía la sensibilidad de un nabo. Oh, siempre estaba allí cuando la necesita, pero sabía que no debía buscar compasión en Jessica porque no tenía ninguna para dar. Así era ella. Y así era él.

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Había pasado una semana desde, ‘el incidente’, como Jessica había comenzado a referirse a él. Taylor lo ignoró, como de costumbre le encantaba darle a Doby la patada hasta el final. El hombre había cumplido su palabra, y el maldito correo electrónico había desaparecido. Poco a poco, dejó de golpear las cosas cada vez que Taylor pasaba cerca de él, o por su cubículo, o cuando escuchaba su profunda voz. La tensión disminuyó con el tiempo, y todo volvió a la normalidad. Doby todavía no había enviado el anuncio, de alguna manera creyó a Taylor, cuando le había dicho que lo sabría. Las cejas de Doby se juntaron al entrar en su oficina después de la reunión de la mañana, cuando vio una nota de color amarillo pegado a su ordenador. Era una nota de oficina estándar, la típica nota, por lo que no pensó nada raro y la cogió mientras se sentaba. Pero cuando comenzó a leerla, su corazón comenzó a golpear con furia. ‘Conozco tu pequeño secreto, y te costará mantenerme en silencio.’ ¿Quién demonios había dejado esto, y cuál era el secreto? Sólo había un secreto en el que pudiera pensar, y le molestaba que Taylor jugara con él después de que había aceptado sus condiciones. ¿Qué iba a ganar el hombre chantajeándolo?

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Doby sabía a ciencia cierta que Taylor ganaba mucho dinero por trabajar para Michelson Inc. ¿Por qué iba a querer el mínimo salario de un empleado que estaba por debajo de él? Simplemente no encajaba. Algo estaba fuera de contexto. Doby lo sentía. Sabía que su mensaje de correo solo se lo había enviado a Taylor. ¿Quién más podría saberlo? ¿Jessica? A ella no podría importarle menos. Rechazó la idea. No era el estilo de Jessica. Si quería algo, iba y lo cogía, como darte un puñetazo sólo por el placer de hacerlo. La conocía desde hacia demasiados años. Si lo iba a chantajear, tenía mejor munición que eso. Doby necesitaba averiguar quién lo había enviado, y solo podía pensar en otra persona que lo supiera. Doby arrugó la nota en su mano y se dirigió a la oficina de Taylor. Tomó una profunda respiración y llamó a la puerta de Taylor McKinley. ―Adelante ―una voz profunda gritó desde el otro lado de la gruesa puerta de madera. Doby se sorprendió cuando su cuerpo respondió con un temblor a la riqueza tímbrica de esa voz. ‘Contrólate joder’. Empujando la puerta abierta, Doby caminó por la alfombra y se puso delante de la mesa. Por como Taylor estaba vestido parecía que estaba en una pasarela en lugar de detrás de un escritorio. Su pelo negro cortado profesionalmente colgaba sobre sus amplios hombros, su cuadrada y fuerte mandíbula bien afeitada, y maldita sea si no olía como un sueño húmedo andante. Doby quería comprar

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acciones de cualquiera que fuera la empresa de la colonia que Taylor llevaba porque al instante se empalmó. Por miedo a que Taylor viera el bulto que ahora lucía en sus pantalones, Doby tomó asiento. Sus ojos centrados en el anillo en el dedo pulgar que Taylor llevaba, junto con el Rolex de plata. Ese reloj podía pagar el alquiler de Doby durante todo un año y algo más. No tenía ninguna pista sobre el anillo. ¿Y desde cuándo los hombres usaban anillos de pulgar? ―¿Hay algo que necesites? ―Taylor levantó la vista de lo que estaba haciendo. Había algo que necesitaba directamente. Era una lástima que Taylor fuera hetero y estuviera en una posición superior a la suya como para conseguirlo. Sería como un pez persiguiendo a un tiburón. Recordando la nota en su mano, Doby la deslizó a través de la mesa de Taylor. Su jefe la cogió y la abrió, escaneándola con los ojos, su ceño fruncido por la confusión. ―¿Qué es esto? ―Le echó un vistazo a Doby, mientras sostenía la nota arrugada. ―No lo sé. Cuando regresé a mi oficina, estaba pegada a mi pantalla. Doby pudo ver como una expresión ofendida cruzó la cara de Taylor al instante.

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―¿Y crees que escribí esto? ―Taylor arrugó la nota y la arrojó sobre su escritorio, una mirada de disgusto desfiguraba su hermoso rostro. ―No, señor. Me preguntaba si tal vez, no lo sé ―Doby se encogió de hombros―, podría averiguar quién lo hizo. ―A medida que retorcía los dedos en su regazo, Doby comenzó a preocuparse de que se diera cuenta de su mentira. Había sospechado de su jefe, sólo por un segundo, pero la reacción de Taylor le dijo que no era culpable. Cuando todo lo que Doby oyó fue silencio, alzó la vista para ver a Taylor estudiar la nota de nuevo. ―No te puedo decir quien lo escribió sólo por esto, pero si te dejan más, tráemelas. No voy a permitir este tipo de comportamiento en mi departamento. Doby asintió. ―Gracias, señor. Yo... eh... no quiero que nadie lo sepa, ya sabe. La tensión en sus hombros se relajó un poco cuando vio la esquina de la boca de Taylor elevándose en una sonrisa de complicidad. ―Lo sé. Voy a llegar al fondo de esto. Doby, aliviado de que su erección se hubiera suavizado, se levantó. ―Gracias, señor. Si me dejan más, se las traeré directamente. Taylor asintió mientras alejaba su atención de Doby. ―Hazlo.

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Doby sabía cuando estaba siendo despedido. Apresurándose fuera de la oficina, cerró la puerta sin hacer ruido detrás de él. Odiaba la forma en la que se convertía en un cabeza de chorlito siempre que estaba alrededor de Taylor. El hombre demandaba la atención y el respeto de todos con sólo entrar en una habitación. Era un líder nato. Lo que arrasaba a Doby como una llama. Alejando la nota de su mente, Doby regresó a terminar su trabajo. El resto del día se arrastró a paso de tortuga. Cualquiera que pasara por su cubículo, Doby no podía dejar de preguntarse si era el que conocía su pervertido secreto. Sus nervios estaban de punta para el final de la jornada de trabajo. Se sentía nervioso y tenso. No podía dejar el trabajo lo suficientemente rápido.

Acostado en la cama esa noche, Doby se preguntaba cuanto le costaría callar a su chantajista. No tenía mucho, unos pequeños ahorros y su 401K1. ¿Qué cantidad exorbitante le pediría? Agitado y quebrado, no consiguió dormir mucho después de la medianoche, preocupado de que toda la oficina averiguara lo de su maldito correo. Por la falta de sueño y la amenaza de un rescate pendiendo sobre su cabeza, Doby le gruñó a todo el mundo al día siguiente. No fue una sorpresa en lo más mínimo cuando Taylor lo llamó a
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Coche de la marca Suzuki.

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su oficina. En este punto no le importaba. Necesitaba que el que estuviera haciendo esto expusiera sus demandas para poder volver a su patética vida. ―Toma asiento, Doby. ―Taylor cerró la puerta cuando Doby entró. Obediente, se sentó. ―¿Hay algo más en juego que deba saber? ―No, misma mierda. ―Doby hizo un mohín mientras cruzaba los brazos sobre su pecho. No quería escuchar una conferencia en este momento. Su vida se había vuelto patas arriba ya que... que... ¡Maldita sea! ―¿A quién crees que le estás hablando con ese tono? Doby parpadeó ante el ruido áspero que provenía de Taylor. Oh mierda, había ido demasiado lejos, y lo sabía. Doby bajó los brazos y empezó a torcer los dedos en su regazo. Bajó la cabeza. ―No a usted, señor. Taylor se paró frente a Doby frunciendo el ceño hacia él, con las manos enterradas profundamente en sus bolsillos. Doby se dio cuenta que las manos del hombre estaban cerradas en puños por la forma abultada en sus pantalones. Cuando su jefe se echó hacia atrás contra su escritorio, liberó sus manos y cruzó sus brazos sobre el pecho, Doby empezó a temblar. ―Recuérdalo, Doby. Ahora ¿Por qué estás tan gruñón hoy con todo el mundo? ¿Tienes algún problema, además de con el que estoy tratando de ayudarte, que deba saber?

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Doby se sentía como un canalla. Normalmente era un buen tipo, ayudando a todo el mundo que lo necesitara en la oficina, ¿pero no se le permitía tener un mal día como todos los demás? Ninguno de los otros chicos era llamado a la oficina del director cuando eran menos amables. Esto no era justo. ¿Por qué era él, el seleccionado? Reprimiendo la jodida respuesta que quería dar, Doby sacudió la cabeza. ―No es bastante. Respóndeme. Doby tenía ganas de gritar. Quería golpear con su pie ante la injusticia. ¿Por qué estaba Taylor metiéndose con él? ―No, señor. No hay ningún otro problema aparte de en el que me está ayudando. ―Sabía en el momento en el que el sarcasmo salió de sus labios que se había equivocado. ―Castigo a los pequeños hombres a los que les gusta comportarse como unos malcriados. ¿Es eso lo que quieres? Doby tragó saliva. ―¿Castigar, señor?

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Taylor se maldijo por lo que se le había escapado por su boca. Desde que le había llegado el correo electrónico a su bandeja de entrada, Doby había sido un gran peso en su mente. El neófito no tenía ni idea del tipo de problemas en los que se podía haber metido colocando un anuncio así con ese pedido. ¿No era consciente de los peligros? Taylor se sacudió recordando el anuncio que había memorizado. Joven, alegre, veintiún años, en busca de un Amo. Nunca he jugado, pero estoy dispuesto a someterme. Llámame A continuación, Doby dejó su nombre y número de teléfono. Todos los psicópatas caerían sobre él en una fracción de segundo. No quería ni imaginar en las manos en las podría haber caído el lindo sumiso. Por eso Taylor le había hecho prometer que no publicaría el anuncio. Habría sido desastroso. Taylor se estremeció al pensar en las muchas posibilidades de lo que le podía haber ocurrido al muchacho. ―¿Uh, señor? ―Los ojos de Doby abiertos como platos. Comenzó a retorcerse en su asiento mientras miraba confundido a Taylor. Taylor sabía que no podía retirar sus palabras, ahora que colgaban en el aire, ¿pero realmente lo quería? ―Ya me has oído. Responde a mí pregunta.

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―Yo... no sé cómo responder a eso. Señor ―agregó Doby rápidamente. El pequeño no tenía idea de lo que esa sola palabra le hacía a Taylor cada vez que la decía. La necesidad de poner a Doby sobre su regazo y nalguear su trasero desnudo, hasta que se pusiera de un atractivo rojo, lo sacudía hasta la médula. Doby iba a jugar con un experimentado Dom y ni siquiera lo sabía. La palabra era música para los oídos de Taylor. ―Es una pregunta simple que requiere una respuesta simple, Doby. ―Taylor tuvo que luchar contra la erección que amenazaba con florecer directamente al nivel de los ojos de Doby, pero rechazó retirarse detrás de su escritorio. Si Doby la veía, que la viera. Taylor dejaría que las fichas cayeran en su lugar. ―N-No, señor. ―Eso era mentira, y Taylor lo sabía. Los labios de Doby podían estar diciendo, no, pero el brote de lujuria en los labios del pequeño sub decía lo contrario. ―Tienes dos opciones, Doby. ―Taylor levantó su mano y agitó un solo dedo―. Una, puedes retractarte de esa mentira y decirme la verdad. ―¿Y la segunda? ―Doby cortó con demasiada emoción―. Señor. ―La última palabra lo clavó con un pensamiento de último momento. Taylor apretó sus manos debajo de sus brazos, suprimiendo la necesidad de llegar y tocar la suave piel de Doby. ―La segunda opción es aceptar el castigo ―señaló Taylor con la mayor naturalidad.

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Reproduciendo la escena, Taylor había estado a la búsqueda del perfecto sumiso, que se ajustara a lo que estaba buscando. Siempre encontraba, en aquellos con los que jugaba en los clubes, que algo les faltaba. ¿Quién habría pensado que lo veía todos los días en el trabajo? Taylor tuvo que admitir que Doby encajaba a la perfección, en su gusto. Tenía un pequeño y delgado cuerpo, rasgos suaves, con una mirada impresionante. Su suave pelo castaño con reflejos dorados halagaba su piel pálida y cremosa. En una palabra, precioso. Taylor pensaba en lo que le haría si Doby fuera su sub, e iba entre darle nalgadas a su atractivo culo hasta que estuviera rojo y atar al hombre a su cama y follarlo hasta que le pidiera clemencia. Taylor esperó pacientemente a que Doby ordenara sus pensamientos y tomara su decisión, una pequeña parte de él tenía la esperanza de que Doby optara por la elección número dos. Había tantas cosas que le podría enseñar, muchas formas en las que ellos dos podrían disfrutar mucho uno del otro. Taylor se puso de pie, cuando Doby comenzó a agitarse. El hombre gimió mientras sus manos arrugaban su camiseta sacándola de su pantalón, maltratando el pobre tejido. Taylor rescató la maltratada ropa agarrando las muñecas de Doby con suavidad en sus manos. ―¿Por qué te molesta, Doby?

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Una lágrima comenzó a correr por la cara de Doby. Fue rápidamente seguida por otra y otra. ―Porque no sé cómo contestar, señor. Taylor sonrió y se puso en cuclillas frente a Doby. ―¿De verdad eres nuevo en esto, no? ―El calor inundó a Taylor cuando el pequeño asintió. ¿Era él, el que iba entrenar al pequeño? Acercándose, Taylor le enjugó las saladas lágrimas―. Solamente contéstame con sinceridad. ―¿C-Cómo me castigaría, señor? ―De una forma que lo disfrutarás, Doby. ―Se rio entre dientes ante la confusa mirada en la cara del pequeño hombre. ―¿Cómo disfruta usted de un castigo? ―¿De verdad quieres averiguarlo? No me tomo este tipo de cosas a la ligera, por lo que si no vas en serio, tengo que saberlo ahora. Una vez que aceptes, me obedecerás. ―Taylor miró muy de cerca a Doby para detectar cualquier signo de que se echaría atrás. Algo acerca de este pequeño hombre le decía que valía la pena. Doby asintió, parecía que había tomado una decisión. ―¿Qué…? ¿Qué tengo que hacer, señor? Taylor cerró los ojos por un momento, rezando para controlarse. Una vez que se compuso a sí mismo, abrió los ojos y se levantó. No lanzaría a Doby encima de su escritorio y lo follaría hasta la inconsciencia. No aquí.

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―Tu formación comienza este viernes. Te daré mi dirección. ―Taylor lentamente fue dando vueltas alrededor de la silla de Doby―. Hasta entonces, existen algunas reglas que debes obedecer. ―Sí, señor. ―El pecho de Doby comenzó a subir y bajar rápidamente. Taylor podría decir que seguía allí sentado luchando por contener su emoción. Infiernos, Taylor luchaba contra la misma cosa. ―Uno. No follarás con nadie. Tu cuerpo me pertenece ahora. ―Sí, señor ―estuvo de acuerdo Doby y se movió en su asiento. ―No más interrupciones. ¿Entendido? Taylor tuvo que morderse de nuevo una sonrisa ante la cara de seriedad que puso Doby, quedándose sentado completamente inmóvil. ―Sí, señor. Entendido, señor. Taylor se rio entre dientes. Doby tenía un largo camino por recorrer, pero tenía la confianza de que lo lograría. Doby gritaba sumisión desde la parte superior de su morena cabeza hasta la parte inferior de sus pies, y cada centímetro que había entre ellos. Gritaba ser dominado. Y Taylor era el Amo para hacerlo. ―Dos. No vas a hacer nada que te ponga en peligro. Eso incluye publicar anuncios personales.

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Sonrió cuando Doby se ruborizó. Afortunadamente, la cabeza de Doby estaba baja y no veía su sonrisa. No serviría de nada que Doby pensara que Taylor estaba encantado, no en este momento. Necesitaba mucho más entrenamiento antes de llegar a ese punto. ―Y en tercer lugar, me vas a obedecer sin cuestionarme. ―Taylor siguió alrededor de la silla, hasta que hubo dado un círculo completo. Quería inspeccionar a su nuevo sub sin la dificultad de la ropa, pero eso tendría que esperar hasta que tuviera a Doby, solo, fuera de la oficina. Por suerte, era miércoles. Sólo dos días más hasta que Taylor pudiera comprobar lo bien que Doby podría seguir sus reglas. ―¿Entendido? ―preguntó Taylor. ―Sí, señor. ―Y no me he olvidado de tu castigo por ser malcriado. Pero nos ocuparemos de eso antes de continuar con tu formación. Tráete una bolsa de viaje al trabajo el viernes, pero la dejarás en tu coche. Te quedarás conmigo el fin de semana. Taylor pudo ver la sonrisa que Doby estaba luchando por esconder. El hermoso hombre iba a hacerlo pasar por un infierno hasta que estuviera completamente entrenado. Taylor esperaba con interés el desafío. Se sintió vigorizado. La vida había sido una mierda. Ahora sin embargo, tenía un propósito. Pasando sus manos por el pelo de Doby, Taylor sintió el estremecimiento de su sub. ‘Receptivo’. Genial. Los hilos de seda

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se deslizaban entre los dedos de Taylor hasta que llegó a la parte de atrás de la cabeza de Doby. Cogió un puñado de pelo y tiró de su cabeza hacia su espalda, mirando fijamente hacia abajo a sus ojos. Esos ojos verde musgo brillaban bajo su tacto. ―Tendrás una palabra de seguridad, Doby. La usarás cuando desees que me detenga. Si utilizas esa palabra, todo se detiene. Todo. ¿Lo entiendes? ―Sí, señor ―le susurró Doby en un tono reverente cuando parpadeó hacia Taylor. ―Correo. La palabra parece adecuada. ―Sonrió Taylor en cuando el sonrojo cubrió la cara de Doby―. ¿No te parece? La respiración de Taylor se congeló ante la sonrisa deslumbrante que su sub le dio. ¡Oh, sí! Iba a ser un problema. ―Correo ―respondió Doby―. Lo tengo. Es adecuado, señor. ―Vándalo. ―Taylor soltó, sentándose detrás de su escritorio. Si se quedaba más tiempo cerca de su sub, iba a mandar a la mierda la política de la oficina, inclinaría a Doby sobre la mesa y se lo follaría estúpidamente―. Vuelve a trabajar. Ni una palabra de esto a nadie, Doby. Ni siquiera a Jessica. ―No, señor. No le diré ni una sola palabra a nadie. Taylor observó como Doby se metía la camisa de nuevo en los pantalones, enderezó sus pantalones para darle cabida a su erección, y luego le sonrió una vez más antes de salir de su oficina. Taylor negó, riéndose entre dientes suavemente, y luego

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miró hacia abajo a la nota que sobresalía de debajo de su teclado. Ahora, sólo tenía que averiguar quién estaba tratando de chantajear a Doby. Había eliminado el correo electrónico incriminatorio, incluso lo había eliminado de la carpeta de recuperación. Ya no existía ni en su equipo, ¿Quien podría haber logrado recuperarlo? ¿Lo tendría Doby todavía en el suyo? Tenía que preguntárselo. Taylor se echó hacia atrás, preguntándose por qué estaba cogiendo un sub, a un sub novato en esto. Él no era así. Pero Doby parecía llamar algo muy dentro de él. Dios sabe que el chico necesitaba protección. ¿Viviría Doby siempre tan descuidadamente? Pensó en los profundos ojos verde musgo llenos de inocencia. Un fin de semana. Taylor le daría al hombre un fin de semana para ver si esto es lo que realmente quería. Si Doby podría someterse a él con la promesa de mejorar, Taylor se lo llevaría a tiempo completo. Si no era así, se lo tomaría como un divertido fin de semana y se alejaría. Tres horas más tarde, Taylor autorizó a entrar a la persona que llamaba a la puerta de su oficina. Se mordió el interior de la boca para evitar dejar salir la risa que amenazaba con romperse libremente, cuando Doby entró y cerró la puerta tras él. El hombre no podía mantenerse alejado.

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Taylor observó como Doby empujaba un rizo rebelde de su rostro, sus grandes ojos mirando al suelo. Lo estudió, Taylor encontró al hombre impresionante, sólo le enfurecía la idea de lo que podría haberle pasado si accidentalmente no le hubiera enviado el correo electrónico, y lo hubiera enviando a la sección de anuncios en su lugar. ―Yo... eh... sólo quería preguntar... ―Doby se acercó a su escritorio, empujando su cabello lejos de nuevo cuando puso una carpeta sobre el escritorio de Taylor. Era el informe que necesitaba, el único que se suponía que Doby le entregaba en mano, Taylor tenía curiosidad en cuanto a lo que Doby quería preguntarle. Esperó a que lo soltara, sin decir una palabra. La frente de Doby se arrugó cuando frunció el ceño y miró a sus manos, torciendo los dedos. Estaba nervioso. Taylor podía verlo. ―Sólo di lo que quieres decir, Doby. ―Taylor utilizó su fuerte voz de mando y vio la reacción de Doby cuando el hombre se estremeció y luego se puso de pie derecho, levantó la cabeza y dejó caer sus manos a los costados. No era una postura suficiente para un sub, pero se acercaba. ―Es el final de la jornada, señor ―dijo Doby―. Sólo quería preguntarle si necesitaba algo antes de que me fuera. Taylor podía pensar en mil y una cosas que quería de Doby, tal vez incluso que necesitaba, pero no en el trabajo. No había

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tiempo suficiente o la privacidad que quería. Sin embargo, era difícil negarse, cuando Taylor veía el deseo en los ojos de Doby. Lamentablemente, negó. ―No, Doby, esto es todo por hoy. La frente de Doby cayó por un momento, la decepción claramente en sus sensuales labios, pero luego pareció animarse. Enderezó los hombros y asintió educadamente. ―Muy bien, señor. Nos vemos mañana. Taylor casi llama a Doby y lo hace volver cuando el hombre se giró y salió de su oficina. El anhelo y la necesidad que brillaban en los ojos del hombre estaban a la espera de ser aprovechados. Taylor suspiró mientras se sentaba de nuevo, sabiendo que Doby podría ser su caída.

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Taylor miró el reloj el viernes, esperando oír a Doby tocar por última vez. El hombre había entrado en su despacho los últimos dos días más veces que en todo el tiempo que llevaba trabajando para Michelson Inc. Las interrupciones de Doby no lo habían molestado, sólo el hecho de que Doby buscaba sus órdenes, y Taylor ya estaba en apuros para encontrar alguna para el hombre. No es como si estuvieran en casa de Taylor donde podrían jugar libremente. Estaban en el trabajo. Taylor le había dado a Doby todo el trabajo que se le había ocurrido, además de algunas cosas añadidas, pero Doby había terminado esos trabajos tan rápidamente que Taylor se había quedado sin ideas. Por lo que solo enviaba a Doby a por café cada vez que el hombre entraba en su oficina. Y Taylor no bebía café. El familiar toque sonó en la puerta de la oficina de Taylor. ―Adelante. La puerta se abrió lentamente, Doby agachó la cabeza mientras se apresuraba al interior y cerraba la puerta detrás de él. ―Es hora de salir, señor. ¿Debería seguirlo desde el estacionamiento? Taylor se levantó, cerrando su computadora mientras estudiaba a Doby. ―No, te di la dirección. Espera unos minutos

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antes de salir. No quiero que nadie sospeche que me estás siguiendo. Taylor aún tenía que pensar en la política de la oficina. Doby le dio una rápida inclinación de cabeza antes de salir de su oficina. Taylor sonrió y cerró los cajones de su escritorio, agarró su chaqueta del respaldo de su silla, y se dirigió hacia el exterior del despacho. Se abrió camino a través del laberinto de cubículos, resistiendo la urgencia de mirar por encima hacia el área de Doby. Taylor sabía que cada uno de sus empleados lo miraban como halcones. No le haría ningún bien que todo el mundo lo viera mirando con anhelo a Doby. Haciendo su camino hacia el ascensor, Taylor se quedó allí y esperó a que el ascensor se abriera camino a su piso. Entró en la pequeña caja, mentalmente gimió cuando vio al director general caminado hacia él ―Hola, señor Creekside. ―McKinley. ―Asintió el Sr. Creekside―. ¿Esperaba con impaciencia el fin de semana? Si sólo el Director General supiera. ―Mucho, señor. ―Taylor le dio una sonrisa cortés, pero quería poner una sonrisa de oreja a oreja. No podía ni siquiera empezar a describir lo mucho que esperaba este fin de semana. ―Muy bien ―dijo Creekside, cuando salía del ascensor.

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Taylor abandonó el edificio, yendo hacia su coche. Oró porque Doby no fuera demasiado entusiasta y saliera corriendo detrás de él. El Sr Creekside estaba aparcado a sólo unos cuantos coches por debajo. El jefe no era un hombre malo, pero le había dejado más que claro que no iba a aceptar cualquier confraternización entre los empleados, especialmente los empleados del mismo sexo. Taylor ni siquiera estaba seguro que el Sr. Creekside supiera que prefería a los hombres. No es que Taylor tratara de ocultarlo, pero no mezclaba su trabajo y vida personal si podía evitarlo. Sólo había algunas cosas en la vida que no debían ser compartidas. Su necesidad de dominar se encontraba en la parte superior de esa lista. Taylor esperó un momento, viendo como el señor Creekside sacaba su coche de su plaza de aparcamiento, y luego hizo lo mismo con su propio coche. Vio a Doby salir cuando él salía del edificio y sacaba su coche de su plaza dirigiéndose hacia la salida. Doby se detuvo junto a las puertas del edificio y vio a Taylor salir conduciendo. Taylor solo pilló un vislumbre del hombre en su coche por el espejo retrovisor mientras se metía entre el trafico. Bueno, al menos no corría. Taylor vivía en una parcela de ricos a las afueras de la ciudad. Lo suficientemente lejos de la vida urbana para que sus vecinos no respiraran en su cuello, pero lo suficientemente cerca de la ciudad para poder llegar a trabajar en menos de media hora si el tráfico era bueno.

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Un poco más de treinta minutos después, porque el tráfico era un poco caótico ya que era viernes, Taylor metió su coche en el garaje adjunto a su casa. Apagó el motor y salió, agarrando su chaqueta y su maletín antes de cerrar y bloquear la puerta. Taylor no sabía hasta qué punto Doby estaba detrás de él, por lo que se apresuró al interior. Tenía un par de cosas para configurar antes de que su nuevo sub llegara. Taylor dejó su maletín en su oficina y luego se dirigió a su dormitorio. Se desnudó, lanzando su ropa sucia al cesto de la ropa, y a continuación, se puso un simple pantalón de pijama negro de seda. No necesitaría una camisa si la noche iba como esperaba. Después cogió unos cuantos juguetes que Doby necesitaría, Taylor se dirigió de nuevo a la parte principal de la casa. Dejó los artículos en la mesita situada cerca de la puerta principal y luego se dirigió a la cocina. Sabía que tenía hambre después de un largo día de trabajo, y sospechaba que Doby también. Algo para picar valdría por ahora, sobre todo porque tenía toda la intención de alimentarlo con sus manos. Ya que le sería difícil al chico alimentarse con las manos esposadas, preferentemente detrás de la espalda. Taylor gimió mientras la imagen de Doby de rodillas con las manos aseguradas juntas llenó su mente, y luego la imagen llenó su pene. Realmente esperaba que a Doby le gustara ser inmovilizado, ya que era una de las manías particulares de

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Taylor. Si tenía algo que decidir en el asunto, Doby iba a pasar mucho tiempo esposado. Taylor estaba poniendo en un plato fruta picada, queso, y galletas cuando oyó el timbre de la puerta. Estuvo a punto de dejar caer el plato de porcelana sobre la mesa antes de atraparlo de nuevo. Taylor respiró profundamente y luego dejó la fuente en la encimera. Se dirigió hacia la puerta de entrada, girando sus ojos cuando oyó un rápido golpeteo. Doby realmente no tenía ningún control. Eso era algo que Taylor sabía que tendría que resolver. La paciencia era una virtud, pero sólo para el sub. El rostro ansioso de Doby esperaba a Taylor cuando abrió la puerta. Esa mirada entusiasta rápidamente se convirtió en asombro cuando Doby miró el cuerpo de Taylor de arriba abajo. ―Maldita sea. Taylor simplemente arqueó una ceja y miró fijamente a Doby hasta que la cara del hombre comenzó a llenarse de un color suave. Bueno, al menos la pregunta de si Doby lo encontraba atractivo había sido contestada. ―Lo siento, señor. Taylor dio un paso atrás y movió su mano para que Doby entrara. Una vez que el hombre entró, Taylor cerró y bloqueó la puerta. Tenía planes, y no quería ningún tipo de interrupciones. Doby estaba casi rebotando en el lugar en el momento en el que Taylor se dio la vuelta.

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Taylor le dio crédito al hombre por estar controlándose tan duro como podía, pero sabía que estaba cerca de tener una crisis nerviosa. La aprensión guerreaba con la anticipación en los ojos verde musgo de Doby. Taylor sabía que necesita dirección, órdenes, y era el hombre para dárselas. ―¿Has traído tu bolsa? ―Sí, señor ―dijo mientras sostenía la bolsa negra en la mano. ―Ponla en el armario por el momento. Más tarde las colocaremos. Rápidamente puso su bolsa en el armario y luego rebotó frente a Taylor. Taylor tomó un trozo de cinta roja que había puesto sobre la mesa auxiliar anteriormente y se acercó a Doby. ―¿Sabes lo que es un collar, Doby? Doby frunció el ceño. ―¿Quieres decir como un collar de perro? Oh, era tan ingenuo. ―No, Doby. Un collar es algo que un Amo le da a su sub como signo de propiedad, devoción, y del compromiso entre ambos. Ya que, no tienes la formación adecuada para ser un subDoby gimió, mordiéndose el labio inferior.

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―Sin embargo ―continuó Taylor―. Vamos a usar un pedazo de cinta roja. Cada vez que estés usando esta cinta, tienes que obedecerme en todo, incluso si te sientes incómodo. Puedo pedirte que hagas cosas que nunca has hecho antes, y tienes que confiar en que no voy a hacerte daño. El pobre Doby parecía confundido como el infierno. ―¿Eso significa que no puedo utilizar mi palabra de seguridad mientras lo estoy usando? ―¡Por supuesto que no! ―Taylor se dio cuenta que había hablado en voz muy alta cuando Doby saltó y sus ojos se pusieron redondos como platos―. No lo entiendes, Doby. Siempre debes usar tu palabra de seguridad si quieres que las cosas se detengan. No importa que, la voy a respetar y no me enojaré contigo. Quizá me gustará discutir por qué la has utilizado, pero no me enfadaré. ―¿Incluso cuando esté usando el collar? ―preguntó vacilantemente Doby. ―Especialmente cuando estés usando el collar. ―Wow, esto era más difícil de lo que Taylor pensó que iba a ser. Nunca había entrenado a nadie que era como un campo sin arar. A más pensaba en el estado de novato de Doby, más se daba cuenta que le gustaba la idea de darle sus primeras lecciones en este tipo de vida. Taylor solo se preguntaba si Doby lo pararía―. Quiero que te acostumbres a tener algo alrededor de tu garganta, Doby. ―Taylor sostuvo la cinta―. Eso es lo que es esto.

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―Está bien. ―Dio un paso hacia adelante y Doby inclinó la cabeza hacia atrás, dejando al descubierto su garganta. ―Todavía no, Doby. ―Pero ha dicho―Quítate la ropa primero. Los ojos de Doby abiertos como platos. ―¿Mi ropa, señor? ―Sí, Doby. ―Taylor trató de no mostrar en su cara su creciente lujuria. La tienda de campaña que su dura polla formaba en sus pantalones era una causa perdida. No había manera que pudiera deshacerse de ella con Doby de pie delante de él, mirándolo con tantas ganas de complacerlo―. Vas a pasar el fin de semana desnudo. Taylor señaló al armario donde Doby había puesto su bolsa. ―Ahora, quítate la ropa, dóblala, y ponla en el armario. Quiero verte.

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Doby no había recibido la orden de quitarse la ropa antes. Claro, había tenido sexo antes, pero nunca se había puesto delante de nadie mientras lo observaba quitarse su ropa. Podía sentir sus dedos temblorosos, mientras trataba de desabrocharse los pantalones, pero las malditas cosas no cooperaban. Mirando a Taylor, Doby sabía que no iba a conseguir ninguna ayuda de esa dirección. Tomó una respiración profunda para calmar sus nervios, y luego con éxito se desabrochó los pantalones. Bien por mí. Una vez que se había quitado toda su ropa, Doby la dobló cuidadosamente, sintiéndose un poco fuera de lugar siendo el único desnudo, y luego metió su ropa en el armario. Realmente se sentía extraño ver a Taylor con la ropa puesta, bueno, semidesnudo, de todos modos, mientras que Doby tenía el culo al aire. Deslizó sus manos delante de la ingle, haciendo todo lo posible para no retorcerse o ruborizarse. El rubor fue una lucha inútil, pero se las arregló para quedarse quieto. ―Aparta las manos, Doby ―dijo Taylor, mientras señalaba a un espacio en el suelo delante de él―. Ven aquí. Doby obediente, se acercó a Taylor, parándose donde el hombre le había indicado. Era incapaz de encontrarse con los

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ojos de Taylor, allí de pie, desnudo, así que se quedó mirando el pecho del hombre. Y era un buen pecho el que tenía. Era suculento, con un bronceado que cualquier hombre envidiaría. Amplio, pero no lo suficientemente amplio como para considerarlo voluminoso. Taylor tenía unos músculos definidos, esas pendientes y curvas abogaban por ser lamidas. Doby seguro como el infierno esperaba poder lamerlas. Quería chupar un pezón y rodarlo en su boca hasta que oyera gemir a Taylor. Su polla comenzó a llenarse, y Doby sintió como su cuerpo entero se ruborizaba. ¿Se le permitía tener una erección? ―Muy impresionante, Doby. ¿Entrenas? ―preguntó Taylor cuando las puntas de sus dedos rozaron la espalda desnuda de Doby. Este se estremeció con el sensual toque, que lo recorrió hasta los dedos de los pies. ―Dos veces por semana, señor ―respondió Doby con la respiración entrecortada. Tener los dedos de Taylor en su piel estaba haciendo estragos en sus nervios. Se sorprendió de tener el suficiente cerebro para poder responderle al hombre. ―Esto lo demuestra ―comentó Taylor mientras caminaba alrededor del cuerpo de Doby. Sus manos tocaron sus hombros, y Doby saltó ligeramente. Taylor no dijo ni una palabra. Simplemente se fue. Doby no estaba seguro si debía seguirlo o no, así que lo hizo. ―No te muevas a menos que te diga que lo hagas.

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Doby rápidamente corrió hasta donde estaba parado. ‘Maldita sea’. Iba a arruinar esto magníficamente, y luego Taylor le daría una patada. Lo sabía. Doby se maldijo a sí mismo en voz baja, perdiéndose lo que Taylor le había dicho. ―Doby, ¿me escuchas? ―preguntó Taylor. Doby aventuró una mirada en dirección a Taylor, con la esperanza de no recibir una mirada de desaprobación a cambio. No estaba seguro de cuáles eran las reglas. Taylor estaba junto a la silla en la sala de su casa, pero sus emociones eran ilegibles. El hombre podría haber sido una estatua. Doby se tragó el nudo en su garganta. Dios, estaba tan nervioso. Realmente no quería arruinar esto. Ya se veía como un idiota completo por el anuncio personal que había intentado publicar y que, a continuación le había enviado a Taylor por error. No escucharlo sólo se añadiría a su estelar actuación hasta ahora. ―Lo siento, señor. ¿Podría repetir lo que acaba de decir? ―Ven aquí y asume la posición de reposo. Doby se apresuró hacia el lugar que Taylor señalaba, pero luego se detuvo y se quedó mirando al hombre más alto. ―Uh... ¿Posición de reposo? ¿Había una posición de descanso?

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―De rodillas con las manos descansando sobre los muslos, las piernas separadas. Doby se alegró de que Taylor pareciera dispuesto a darle directrices, pero desconcertado por la idea de que estaría totalmente expuesto con las piernas muy abiertas. Su polla ya estaba mostrando señales de vida, y no tenía ninguna duda de que Taylor lo vería todo en el segundo que Doby cayera al suelo. Sin embargo... había sido una orden. Doby se colocó sobre sus rodillas en el suelo y apoyó las palmas de la mano hacia abajo, sobre sus muslos. Tomado una rápida respiración para armarse de valor, separó las piernas, tragándosela saliva cuando su polla dura rebotó contra su abdomen. ‘Oh, hombre’. Doby podía sentir su rostro en llamas, y sabía que Taylor podía verlo. Estaba muy avergonzado. Se estaba convirtiendo en el sub perfecto. ‘No’. Doby estaba tan profundamente concentrado en sus depresivos pensamientos que saltó cuando sintió las manos de Taylor en su garganta. Taylor estaba envolviendo la cinta roja alrededor de su cuello. ―¿Estás listo para esto, mi mascota? ―preguntó Taylor. ―S-Sí ―tartamudeó Doby. Maldita sea. Sonaba como un idiota. Se aclaró la garganta y lo intentó de nuevo―. Sí, señor. Doby casi lloró cuando sintió que Taylor ataba la cinta roja alrededor de su garganta. Tal vez sólo fuera una simple tira de

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tejido para la mayoría de la gente, pero significaba algo para él. Cuando el nudo finalmente estuvo hecho, Doby sintió como una sensación de calma entraba en su cuerpo. Su mente descansó, quedándose lánguida como su cuerpo. ―Muy bien, Doby. ―Acarició, Taylor pasó sus dedos a través del pelo de Doby. Su respiración se suavizó sobre la oreja de Doby cuando se inclinó para susurrarle―. Lo estás haciendo muy bien, mascota. Doby sentía que acababa de recibir las llaves de las joyas de la corona. Parpadeó varias veces para librarse de las lágrimas que picaban en la esquina de sus pestañas. ―Gracias, señor. ―Acuérdate de tu palabra de seguridad, Doby ―dijo Taylor a medida que giraba en torno a Doby y se sentaba en el sillón de grandes orejas al lado de la chimenea. ―Si en algún momento sientes que necesitas parar las cosas, utiliza tu palabra de seguridad. Es muy importante que lo recuerdes. ―¿Correo, cierto señor? ―Sí. Doby por casualidad le dio una mirada rápida a través de sus pestañas. Todavía no sabía si se le permitía mirarlo directamente. Por lo que había leído en internet, a muchos Amos no les gustaba. Deseaba que Taylor le explicara las reglas de lo que estaba bien y lo que no, para poder tener unas pautas que seguir.

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―Cierra tus ojos y abre tu boca, mascota. Es hora de cenar. Doby parpadeó por un momento y luego cerró los ojos y abrió su boca. No se había dado cuenta de que Taylor tenía la intención de darle de comer. Pensaba que como el sub de Taylor, era su deber velar por las necesidades de su amo, no a la inversa. Esto hizo que Doby se sintiera aún más confundido que antes. ¿Qué estaba bien y qué mal? Doby sintió que algo cepillaba sus labios. Fue a abrir los ojos cuando oyó a Taylor aclararse la garganta. Ah, cierto. Se suponía que debía mantener los ojos cerrados. Lo que estaba en los dedos de Taylor pasó por sus labios y se estableció en su lengua. Doby lentamente cerró los labios alrededor de los dedos de Taylor al mismo tiempo que este sacaba sus dígitos de su boca. Cuando empezó a masticar y los jugos empaparon su lengua, se dio cuenta que se estaba comiendo un pedazo de sandía. En realidad, la sandía estaba bastante buena, y no tenía semillas. ―Gracias, señor ―dijo Doby, una vez que se la hubo comido. Doby se puso nervioso cuando Taylor no respondió. ¿No se suponía que le hablaría? No sabía qué hacer hasta que sintió otra pieza de fruta presionando contra sus labios. Doby obediente, abrió su la boca y empezó a masticar una vez que Taylor liberó sus dedos. Esto sucedió una y otra vez durante lo que pareció una eternidad, Taylor lentamente empujaba pieza tras pieza de fruta,

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galletas saladas y queso. Ser alimentado por la mano de Taylor era un proceso lento y que a Doby le resultaba muy erótico. En el momento en el que abrió la boca para otra pieza y ninguna llegó, Doby sentía que su polla iba a explotar. ―¿Está lleno, mi mascota? ―Sí, señor. ―Bien. ―Taylor le dio unas palmaditas en un lado de la mejilla―. Abre los ojos y lleva la bandeja a la cocina y luego regresa y asume la posición de reposo. Doby estaba muy ansioso por abrir los ojos. Quería ver a Taylor. Se puso de pie y cogió el plato de comida, frunció el ceño cuando vio lo vacío que estaba. ―¿Ha comido, señor? ―Lo hice, gracias por preguntar, mascota. ―Una de las esquinas de los labios de Taylor se curvó hacia arriba mientras sonreía―. Ahora, date prisa y lleva ese plato a la cocina. Tus lecciones están a punto de comenzar. Doby se sentía un poco sorprendido mientras llevaba el plato de porcelana a la cocina. ¿Sus lecciones estaban a punto de comenzar? Si no lo estaba enseñando ya, entonces ¿qué fue ese pequeño show en la sala de estar? ¿Qué había estado haciendo todo este tiempo? ‘¿Jugar?’ Se apresuró a la cocina. Puso la bandeja en el fregadero, y luego se quedó mirando la porcelana blanca. ¿Se suponía que debía lavarlo? ¿Taylor se enojaría si dejaba un plato sucio en su

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fregadero? Echando un vistazo alrededor de la cocina, se dio cuenta que la habitación estaba impecable. Estaba confundido, en un momento no sabía si debía lavar bien el plato y en otro simplemente dejarlo en el fregadero. Empezó a entrar en pánico, se pregunto si Taylor se molestaría si su inmaculada cocina se quedaba sucia por dejarlo en el fregadero. Doby agarró la esponja, de forma rápida lo limpió y luego lo colocó en el escurridor de platos. Bien. Estaba limpio como una patena. Limpió el fregadero y luego se apresuró a regresar a la sala donde se sentó en la gran almohada a los pies de Taylor. ―¿Ha tenido dificultades para encontrar la cocina, Doby? ―preguntó Taylor. ―No, señor ―respondió Doby cuando se sentó y colocó sus manos, las palmas abajo, sobre sus muslos, una vez más. Estaba contento, se quería palmearse a sí mismo. Había logrado hacer algo sin esperar a que Taylor le diera las instrucciones. ―¿Entonces por qué, si se puede saber, te tomó tanto tiempo volver? Doby abrió la boca y luego la cerró. Por la mirada en la hermosa cara de Taylor, el hombre no estaba contento. ¿No debería haber limpiado el plato? Doby comenzó a inquietarse, preguntándose cuál era la respuesta correcta. Tenía miedo de decir la verdad, porque Taylor parecía tan malditamente molesto, pero sabía que debía. ¿No? ―Lavé el plato, señor.

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―¿Te he pedido que lavaras el plato o que lo dejaras en la cocina? Doby pensó en las instrucciones de Taylor, y luego frunció el ceño. ―Lo segundo, señor. ―Entonces ¿por qué lavaste el plato, Doby? ―preguntó Taylor mientras se recostaba en el cómodo sofá que tenía grandes almohadas colocadas en su espalda. Doby estudió las almohadas, preguntándose por qué le disgustaba tanto a Taylor que hubiera lavado el maldito plato. No tenía ningún sentido para él. ―Debido a que tu cocina estaba impecable, y el plato estaba sucio, señor. ―Sonaba lógico para él, pero Taylor no parecía muy convencido. Doby comenzó a preguntarme si no debería haber dejado el plato sucio en el fregadero. ―Seguir mis órdenes no implica que adivines lo que piensas que quiero. Hasta que no me conozcas mejor, no debes suponer que sabes lo que quiero. Si hubiera querido que lavases el plato, te habría dado la orden. Doby se mordió la lengua en el último segundo, aliviado de que su inteligente observación se mantuviera detrás de sus labios. Era un plato sucio, así que ¿qué coño? Taylor estaba actuando como si Doby se hubiera ido y hubiera limpiado la cocina de arriba a abajo.

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―Dilo ―dijo Taylor poniéndose de pie. ―¿Decir qué? ―preguntó Doby mientras miraba hacia la puerta, juzgando lo lejos que estaba. ―Di lo que sea que acabas de parar para que no saliera de tus labios. ‘Oh, jodidamente no’. Doby no le iba a decir a Taylor lo que pensaba. No era tan estúpido. No estaba preparado para que sus sueños se estrellaran y ardieran. ―No estaba pensando en nada ―mintió Doby. ―Ese es el segundo castigo que te ganas, Doby. ¿Quieres ir a por el tercero? ―preguntó Taylor mientras se acercaba, sus ojos grises oscurecidos mientras circulaba alrededor de Doby. Si Doby no lo supiera mejor, pensaría que Taylor estaba disfrutando de sí mismo. El hombre tenía una muy notable y dura erección que abultaba la parte delantera de los pantalones de su pijama negro. Pero el hombre mantenía la expresión de su rostro en jaque. Doby no estaba seguro de lo que Taylor estaba pensando, pero el hermoso cuerpo del hombre hablaba a gran volumen. Un destello brilló en los ojos de Taylor antes de que caminara alrededor hasta la parte trasera de Doby, y sabía por aquella mirada robada que estaba en serios problemas... otra vez. ―¿Um... no, señor? ―¿Es una pregunta o una declaración, Doby?

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‘Infiernos si lo sabía’. Doby estaba tan confundido que alguien podría haberle dicho que el cielo estaba morado y no tendría un buen argumento contra eso. ―No sé, señor. ―Ya tiene dos castigos, Doby. Uno por ese pequeño truco tuyo en el trabajo y otro por no seguir mis órdenes. Si sigues mintiéndome, me veré obligado a añadirte otro castigo, Doby. ¿Quieres eso? Doby hundió sus dedos en la piel de sus muslos. Porque no sabía cómo responder a esa pregunta. ¿De verdad quería ser castigado? Más importante aún, ¿qué era exactamente lo que Taylor consideraba un castigo? No sabiendo qué más hacer, Doby levantó los ojos y miró hacia arriba a Taylor, una mueca de dolor en la mirada severa del hombre. ―No sé, señor. No estoy seguro de lo que quiero.

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―Muy bien, mascota. ―Taylor sonrió mientras acariciaba con su mano el suave pelo de Doby. Esa era exactamente la respuesta que quería. Él era el que controlaba esta situación, y Doby necesitaba saberlo. Solo con que lo comprendiera podría empezar a entrenarlo. Taylor se acercó a la mesa situada junto a la puerta principal y tomó los artículos que había dejado antes ella. Era hora de seguir con las lecciones de Doby. Taylor volvió a pararse frente a Doby. Le temblaban las manos un poco debido a la anticipación que rodaba a través de él por lo que estaba a punto de hacer. ―Dame tus manos, Doby. Sorprendentemente, Doby de inmediato levantó las manos frente de él. Taylor envolvió cuidadosamente los gruesos puños forrados de fieltro alrededor de sus muñecas y luego los cerró uniéndolos. Sabía que los puños eran suaves por dentro, pero tenían algo de peso. Taylor quería que Doby se acostumbrasea ser esposado, a que sintiera la pesadez de los puños. Así sería mucho mejor. Una vez que lo estuvo esposado, Taylor se sentó en su silla. Agarró su siguiente artículo y le hizo un gesto para que se pusiera pie. Doby tuvo un pequeño problema poniéndose de pie con las manos atadas, pero lo hizo. Taylor tenía que conceder crédito al magnífico sub. No tenía miedo de intentarlo.

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―Ahora, separa las piernas, Doby. Este parpadeó hacia abajo a Taylor durante un momento y luego, lentamente, separó las piernas. Realmente era una hermosa vista. Parecía que cuanto más órdenes le daba Taylor, su polla más se llenaba. Por lo que la gruesa y larga polla golpeaba contra el estómago de Doby como si tratara de alcanzar el techo. Taylor sentía a Doby temblar cuando se estiró y acarició con sus manos el interior de las piernas del hombre. Un pequeño gemido salió de sus labios, cuando Taylor se detuvo justo antes de tocar su pene. Los nudillos de Taylor rozaron sus calientes bolas. Doby gimió de nuevo, su cuerpo temblaba. ―¿Te gusta que te toquen, no, mascota? ―Si ―tragó tan duro que el sonido llenó la tranquila habitación―. Sí, señor. Taylor sonrió y pasó las manos sobre los muslos y alrededor de las caderas de Doby, y luego hacia arriba al plano y musculoso estómago. ―Creo que el toque está desvalorado. Mucha gente sólo quiere que los follen. Nunca se detienen a considerar la importancia de una simple caricia. Taylor recorrió acariciando con su mano la caliente piel de Doby hasta uno de sus arrugados pezones, pasando el dedo sobre la punta, pero realmente si llegar a tocarlo. ―¿No lo crees así, mascota? ―¡Señor!

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―Está bien, hora de tu castigo, Doby. Tenemos que hacerlo antes de que podamos continuar. ―Taylor señaló a su regazo―. A lo largo mi regazo, mascota, culo hacia arriba. ―¿Su regazo, señor? Taylor podía ver la curiosidad brillando en los ojos verde musgo de Doby cuando el hombre miró a su regazo. Sabía que estaba nervioso, pero también sabía que quería esto, aunque si Doby no lo hacía... La necesidad que sacudió todo el cuerpo del hombre no le pasó desapercibida. ―¿Tengo que repetirme, Doby? ―preguntó Taylor con una voz severa, pero controlada. La cara de Doby palideció cuando sus ojos se abrieron de golpe. ―No, señor. ―Entonces colócate encima de mi regazo. Taylor abrió sus manos para que Doby se acercara y se estableciera encima de sus muslos. No era elegante, pero siguió la orden. Taylor no tenía ninguna duda de que Doby con el tiempo sería capaz de hacerlo sin ser torpe. ―Quiero que cuentes, Doby. Creo diez nalgadas serán suficiente castigo por ese truco del trabajo. ―Sí, señor. Taylor colocó una de sus manos en el centro de la espalda de Doby y pasó la otra mano sobre los gemelos y pálidos globos situados justo frente a él. Era como una fiesta para un

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moribundo. El culo de Doby era perfectamente redondeado, perfectamente perfecto, y perfectamente curvado. El culo de Doby simplemente era perfecto. Y después de un golpe, cuando la huella de su mano dejó en él un buen tinte rosado, Taylor sabía que el culo de Doby era perfecto para ser azotado. Y joder si a Doby no le gustaba ser azotado. Saltó ante el primer azote, pero Taylor sintió el tirón de la dura polla del hombre contra su muslo, y luego sintió una pequeña mancha húmeda que atravesaba el tejido de seda que cubría su muslo. ―Uno, señor. Taylor variaba, donde aterrizaba su mano, no quería que Doby se acostumbrase a un solo lugar. Después de unos pocos azotes el culo estaba iluminado de color rojo. Cuando comenzó a retorcerse, Taylor sabía que no era porque el culo del hombre estuviera dañado. ―Doby, si te corres sin permiso, voy a ponerte un anillo para el pene y jugaré contigo toda la noche. Sentirás cada cosa que te haga, pero no serás capaz de correrte. Doby se calmó al instante. ―Sí, señor ―dijo con voz ronca. Taylor bajó su mano de nuevo, un poco más duro esta vez. ―¿Por cuánto vamos, mascota? ―Seis, señor. ―La voz de Doby sonó tensa y aguda―. Vamos por el seis, señor.

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―Sigue contando, Doby. Te quedan cuatro más. Taylor llevó su mano sobre el culo rojo de Doby en una rápida sucesión después de eso. Estaba tan excitado como Doby, y sabía que, al menos, iba a conseguir alivio inmediatamente después de que hubiera terminado este castigo. Doby podría tener que esperar un poco más. ―Diez ―gritó Doby cuando el último azote cayó. ―Buen chico ―dijo Taylor, mientras le frotaba las mejillas del culo. Era reacio a renunciar a esta perfección, pero realmente quería algo más en este momento en particular―. Está bien, mascota, asume la posición de reposo a mi pies. Doby se movió con cautela mientras se deslizaba de las rodillas de Taylor y se arrodillaba en el suelo entre sus muslos, haciendo una mueca. Taylor no tenía ninguna duda de que le dolía un poco. No se podría llamar a los azotes castigo si no le dejaban un recordatorio, una vez que hubieran terminado. Taylor se agachó y desató el cordón que sostenía sus pantalones. Echó un vistazo hacia a Doby mientras lentamente empujaba el material hacia abajo, dejando al descubierto su dolorida polla. Estaba eufórico cuando Doby se humedeció los labios. ―Ahora, siguiente castigo, Doby ―dijo Taylor mientras agitaba su mano frotando su polla―. Quiero que me chupes la polla, pero no te puedes correr. Si te corres, no te permitiré chuparme la polla de nuevo durante todo el fin de semana.

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Los ojos de Doby redondos como platos, parpadearon antes de fijar su mirada con la de Taylor. Supo en ese instante que había tocado uno de los puntos débiles de Doby. Ya sospechaba que era muy oral, mientras le daba de comer durante la cena. El hombre aprovechaba cualquier oportunidad para lamerle los dedos mientras lo alimentaba. Y ahora sabía que Doby amaba chupar pollas. Taylor se preguntaba si sería bueno en eso. ―Sí, señor ―dijo Doby cuando se inclinó hacia adelante. Pero se detuvo justo cuando su aliento soplaba sobre la polla de Taylor―. ¿Señor? ―¿Sí, mascota? ―¿Cómo voy a chuparlo con mis manos esposadas? Taylor hizo una mueca. ―Con la boca. Taylor separó las piernas un poco más cuando Doby se inclinó hacia delante. En realidad no había mucho espacio entre sus piernas como para que Doby estuviera cómodo estando esposado, pero Taylor sabía que su sub lo manejaría. Doby hizo un intento de inclinarse hacia adelante, y casi se cae directamente sobre la polla de Taylor, pero se contuvo a tiempo. Miró a Taylor durante un breve instante, y luego sus ojos se dispararon de nuevo hacia la dureza, como si estuviera tratando de solucionar el problema de chuparle la polla, mientras estaba esposado, en su mente.

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―Tómate tú tiempo, Doby ―dijo Taylor, cuando vio a Doby fruncir las cejas―. Esto no es una prueba. ―Lo sé, señor. Es sólo que… ―Doby intentó inclinarse hacia delante de nuevo, en esta ocasión capturó la punta de la polla de Taylor con tus labios. ―Usa tus manos. Doby llevó las manos atadas hacia arriba, colocando el frío metal de los puños en los muslos interiores de Taylor. Taylor susurró en voz baja, su polla dio un tirón, solo por ver los puños en las muñecas de Doby. Oh sí, eso lo ponía a toda máquina. Decirle que podía usar sus manos pareció relajar a su sub. Doby abrió la boca mucho más, tomando un poco más de su longitud entre su labios. El brazo de Taylor se deslizó desde el brazo de la silla, sus dedos casualmente jugando en el pelo castaño y sedoso de Doby. Taylor sintió la lengua de Doby lamer un lado de su polla, los puños tintineaban suavemente juntos. Taylor se iba a correr solo con el sonido. La boca húmeda y caliente era la guinda del pastel. ―Abre más, Doby. Doby obedeció, su lengua lamiendo ansiosamente alrededor de la corona de la polla cuando Taylor se deslizó unos centímetros más adentro. Cuando Doby extendió la mano para agarrar la erección de Taylor, el metal de los puños cepilló el borde de la polla de Taylor.

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Tomó un largo suspiro, aplazando el orgasmo durante tanto tiempo como fuera posible. Había pasado mucho tiempo desde que había jugado con un sub, incluso más tiempo desde que había tenido a uno esposado. No iba a dejar que este momento finalizara antes de tiempo. Taylor dobló los dedos alrededor de la base de su erección, apretando firmemente mientras Doby lamía el líquido preeyaculatorio que goteaba, parecía que trabajaba completamente por instinto. Su polla llenó la boca de Doby cuando Taylor se deslizó hacia delante en la silla. Su otra mano se apoderó de la parte posterior del pelo de Doby, sosteniendo al hombre en su lugar cuando comenzó un movimiento lento y pausado de empujes. La boca era tan jodidamente perfecta que Taylor podría haber mantenido su polla dentro de esa caliente cavidad toda la noche. Pequeños ruidos escapaban de la parte posterior de la garganta de Doby, y por un momento, Taylor pensó que se estaba asfixiando. Pero cuando miró abajo, los ojos estaban maravillosamente vidriosos, y había una ligera curva a cada lado de su boca. ¡El hombre de hecho estaba sonriendo! Maldita sea, Taylor sólo sabía que sería el sub perfecto. Doby comenzó a inclinar su cabeza, tomando a Taylor dentro y fuera de su boca en serio. Tanto como Taylor quería que esto durase, el hombre era demasiado muy bueno mamando. Taylor se puso tenso, sintiendo que sus bolas se pegaban a su cuerpo cuando sus dedos se cerraron en el pelo de Doby.

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―Prepárate ―dijo Taylor cuando su orgasmo explotó, y su descendencia salpicó la garganta de Doby. Los puños se frotaban sobre su polla, y podría haber jurado que vio estrellas cuando apretó los dientes y soltó el pelo de Doby. Taylor se había dado cuenta rápidamente que le había dado un apretón de muerte en el pelo y lo dejo ir. Doby se echó hacia atrás, con una amplia sonrisa en su rostro. ―No seas malcriado, mascota ―dijo Taylor mientras se subía los pantalones de su pijama por su cadera y ataba los cordones. Podía ver su sonrisa vacilante, pero la mirada sabedora en los ojos de Doby nunca vaciló. ―¿Te has corrido? ―preguntó a Taylor cuando se relajó en la silla. ―No, señor ―respondió Doby, controlando los lados de su boca en una lucha para que no se curvaran en una enorme sonrisa. Taylor se inclinó hacia delante, mirando hacia abajo a la polla de Doby. La cabeza estaba de un violeta furioso, eso le dijo a Taylor, que no sólo se contuvo, sino que usó toda su voluntad. Tenía un largo rastro de líquido preseminal chorreando por su muslo, pero la polla de su sub seguía estando dura. ―Muy bien, mascota. ―Taylor se volvió hacia la mesa y agarró el mando a distancia―. Puedes asumir tu posición de reposo, mientras vemos una película. ―¿Una película, señor?

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Taylor sonrió. Doby parecía que quería llorar. ―Sí, Doby. Taylor necesitaba quitarse de la cabeza a Doby y su dura polla. Ya que estaba a punto de perder el control y tirar al pequeño hombre sobre la alfombra y follárselo. No importaba lo mucho que esa idea hacía que su polla volviera a la vida. La vista de los puños sólo se sumaba a la tensión, y Taylor quería que su juego durara unas cuantas horas más. Doby se dio la vuelta y colocó las manos esposadas entre las piernas. Taylor puso la película, pero su mente estaba fantaseando acerca de cuan profundamente podría hundir su polla en el culo de Doby, y qué tan pronto lo podría hacer.

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Doby estaba perdiendo la cabeza. No importa lo mucho que deseara distanciarse, su polla no podía bajar. Pensó en todo lo que pudo para conseguir que su mente se olvidara de su dolorida carne, pero nada funcionaba, y menos con la pierna de Taylor presionando un costado de su cuerpo y el aroma del hombre llenando sus sentidos. Ni siquiera le importaba lo que había en la televisión. Nada parecía distraerlo de la desesperada necesidad de correrse. Taylor lo estaba torturando. No podía ser otra cosa. A los treinta minutos de película estaba listo para gritar. Pero también quería demostrarle a Taylor que podía ser un buen sub. Puede que no supiera mucho acerca de la vida de D/S, pero estaba ansioso por aprender. Por supuesto, no se había dado cuenta de lo difícil que sería el entrenamiento. La necesidad se arrastraba a través de él como si fuera un millón de hormigas. Su piel se sentía acalorada y le picaba. Hacía todo lo que podía para estarse quieto y no moverse alrededor de la almohada en la que estaba arrodillado. Probablemente haría algo, si pensara que podría salirse con la suya. No lo hizo. Aunque Taylor no lo estaba mirando, Doby tenía la fuerte sospecha que el hombre era consciente de cada movimiento que hacía.

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―Aquí encima, mascota. Doby miró a Taylor, confundido acerca de lo que el hombre quería hasta que lo vio haciendo un gesto con las manos. Se levantó y fue a sentarse en el sofá junto a Taylor. Un grito pequeño salió de sus labios cuando Taylor lo agarró y lo arrastró más cerca. Doby se encontró siendo levantado y siendo girado, y luego acostado sobre el regazo de Taylor. Se mantuvo tieso durante un buen rato, las manos de Taylor poco a poco acariciaron sus costados, como si quisiera calmarlo. Y extrañamente se calmó. Poco a poco, Doby sintió que sus músculos se relajaban y la tensión se retiraba de su cuerpo y se recostó contra el amplio pecho de Taylor. Seguía sin importarle lo que había en la televisión. No la estaba mirando de todos modos. Estaba capturado en la sensación de cálido pecho de Taylor presionado contra su espalda, los muslos fuertes debajo de él, y la polla cada vez más dura entre sus desnudas nalgas. Y fue entonces cuando Doby supo lo que realmente era una verdadera tortura. Sentado en el regazo de Taylor, la polla del hombre cada vez más dura hasta que sintió como si estuviera sentado sobre un tubo de acero. Incluso a través de la suave seda de los pantalones de Taylor, podía sentir cada centímetro de la caliente polla. Doby se mordió los labios para no gemir en voz alta cuando Taylor se movió y el pene del hombre se empujó más

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profundamente entre las mejillas de su culo, cepillando sobre su doloroso agujero. Si Taylor hubiera estado desnudo, Doby no tenía duda de que hubiera sido empalado en ese mismo segundo. Dioses, deseaba que Taylor estuviera desnudo. Ansiaba estar lleno, sentir cada centímetro de la deliciosa polla hundirse en su culo. Y estaba tan desesperado, que consideró rogar. Aunque abrió la boca para pedírselo, pero la sensación de las manos del hombre agarrando sus caderas y empujándolo fuera de la comodidad en la que estaba sentado lo detuvo. Doby comenzó a caer de vuelta a la almohada. ―¿Te he dicho que te sientes en tu almohada, Doby? ―No, señor. ―¿Prefieres sentarte en la almohada o en mi regazo? Doby miró a la tienda de campaña en el regazo del hombre, sabiendo lo que estaba bajo el negro y sedoso material. Pensó en lo bien que se había sentido en las mejillas de su culo y lo mucho que la quería, y tragó saliva. ―Su regazo, señor. ―Entonces recuerdas lo que dije acerca de no anticipar mis necesidades antes de que nos conozcamos mejor. Doby bajó la cabeza. ―Sí, señor.

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―No te preocupes, mi pequeña y sexi mascota ―dijo Taylor―. Si la formación va bien, estoy seguro de que llegarás a conocer mis deseos y necesidades lo suficiente como para anticiparlas. ―Taylor señaló con el dedo a Doby―. Y aunque no lo hicieras. Se trata del placer que podemos darnos uno al otro, no sólo tú o yo. Doby sintió la comisura de sus labios curvarse, mientras levantaba la cabeza para sonreírle a Taylor. ―Sí, señor. ―Bien. La sonrisa ofrecida por Taylor fue como un bálsamo para su ansiedad y sus emociones. Soltó el aliento que había estado sosteniendo en su pecho y fue hacia el regazo de Taylor, pero luego de repente se paró. Taylor le había preguntado donde prefería sentarse. El hombre no le había dicho que pudiera hacerlo. ―Muy bien, mascota. ―La sonrisa de Taylor se hizo más amplia―. Estás aprendiendo. Doby sentía que quería bailar una giga2 por la alabanza de Taylor. ―Ahora, ve a buscar la pequeña cesta que está en la estantería y tráemela. Doby se volvió para ver a donde Taylor estaba señalando y vio a una pequeña cesta violácea y azul, colocada en la estantería
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Baile. Además de está muy arraigada en la tradición irlandesa, las gigas fueron muy populares en Escocia e Inglaterra desde 1500 hasta 1600.

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al lado de una pila de los libros. Se moría de curiosidad por saber lo que había dentro, pero no se atrevió a abrirla sin permiso. En su lugar, se acercó, la cogió, y luego se la llevó a Taylor y se la tendió. Taylor la tomó y la puso en mesa de al lado. Ni siquiera la abrió. Después lo agarró de los puños. Doby gimió cuando Taylor los desenganchó, pero rápidamente apretó los labios cuando Taylor arqueó una ceja. Después de un momento, Taylor le dio la vuelta y enganchó los puños juntos a la espalda de Doby. Bien, no le había quitado los puños. Doby no se dio cuenta de lo mucho que le gustaba sentir su gran peso en las muñecas hasta que Taylor los desenganchó y pensó que se los estaba quitando. Los usaría constantemente si pudiera. Eran un recordatorio constante de que por fin se estaban cumpliendo las fantasías que había estado construyendo en su cabeza a lo largo de los años, y las estaba cumpliendo con Taylor, lo que era incluso mejor. Doby estaba un poco desconcertado cuando sintió que algo suave pensionaba sobre sus ojos. En un segundo había luz, y al siguiente, no había nada más que oscuridad. Si no hubiera sentido los nudillos de la mano de Taylor cepillar un costado de su cara, se habría asustado. ―Está bien, mascota, Te quiero de regreso en mi regazo ―Taylor giró a Doby―, pero esta vez te quiero de frente a mí. ‘Muy bien’. Doby una vez más estaba confuso como el infierno, pero no se iba a negar a seguir una orden y estaba

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empezando a darse cuenta de que Taylor le explicaría las cosas cuando sintiera que era el momento adecuado y no un segundo antes. Doby no sabía cómo iba a ver la película, si había planeado que la vieran, en primer lugar, pero hizo lo que Taylor le ordenó y se subió al regazo del hombre lo mejor que pudo, teniendo en cuenta que no podía ver nada. Taylor lo ayudó. Cuando sintió que la mano de Taylor presionaba la parte posterior de su cabeza, se inclinó hacia delante hasta que su rostro fue presionado contra el cuello de Taylor. Gimió cuando el embriagador aroma de Taylor se expandió a su alrededor. Era absorbente, en parte por la colonia y en parte por su viril almizcle. Era perfecto. Si Taylor quería su cabeza sobre su hombro, Doby lo haría. Podía meter la nariz en el cuello del hombre y olerlo hasta desmayarse. Doby estaba tan consumido inhalando a Taylor que no había prestado atención a lo que Taylor estaba haciendo hasta que sintió los dedos lubricado escarbando entre las mejillas de su culo, y luego su atención se redujo directamente al grueso dígito. ―S-Señor ―gimió Doby. ―No se te permite, Doby ―respondió Taylor presionando el dedo más profundamente dentro de su culo. Doby sabía que no le había dado permiso, pero la sensación de invasión era un poco abrumadora. No podía tocar a Taylor o ver lo que estaba pasando. Doby se sintió ligeramente desconectado, pero confiaba en que Taylor no lo abandonaría. En MichelsonInc, Taylor McKinley era una fuerza a tener en cuenta. Era

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intimidante y poderoso, no sólo ante los ojos de Doby, sino ante todos los que trabajaban en el sexto piso. Los empleados se dispersaban y se escondían de Taylor cuando salía de su oficina. El hombre no era un tirano, pero no permitía la holgazanería o los errores perezosos. Doby había oído el rumor de que Taylor una vez había despedido a un hombre por no llamar antes de entrar en su oficina. Doby no estaba muy seguro de lo fiable que era ese rumor, pero seguramente el punto del rumor era el jodido miedo de sus compañeros de trabajo y del mismo hacia Taylor. Pero aquí, en la intimidad del hogar de Taylor, Doby se encontraba seguro con el hombre, como un anclaje para atracar su barco en una tormenta que se venía desarrollando dentro de él desde hacía años. Doby no tenía miedo de Taylor cuando estaban así, de esta manera. Lo único que temía era perder esto y que Taylor pusiera fin a su tiempo juntos. Doby ya estaba a caballo en el regazo de Taylor, pero se empujó ligeramente hacia delante cuando Taylor metió otro dedo bien lubricado en su culo. La sensación era simplemente sensacional. Aunque Taylor solo utilizara sus dedos toda la noche, estaría en el cielo. Pero, por supuesto, quería sentir una polla gruesa en su culo, y tener el permiso para correrse. Nunca supo que contenerse era una mezcla entre el placer y la tortura pura y simplemente. Doby casi ronroneó cuando Taylor deslizó su mano libre hacia abajo por su espalda. La sensación lo hizo estremecerse, una respuesta que no hubiera podido detener si su vida hubiera

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dependido de ello. La sensación de calor de esa mano fuerte corriendo sobre su piel era demasiado. ―No tienes permiso para correrte, Doby ―le recordó Taylor cuando insertó un tercer dedo en la estrecha entrada. ¿Cómo demonios sabía que estaba tan jodidamente cerca? El hombre tenía que ser un lector de mentes o algo así. ―Lo sé, señor. Oyó la envoltura de un condón abriéndose, y luego se mordió su labio inferior cuando sintió que Taylor tirara de su parte trasera hacia delante. Doby sintió la punta de la polla de Taylor sondear su agujero. Contuvo el aliento, a la espera de sentir la quemadura cuando fuera bajado sobre la gloriosamente gruesa y larga polla. La expectación lo estaba matando. Cuando Taylor no hizo más que dejar la cabeza de su polla descansando contra el agujero a la espera de Doby, este tuvo que morderse su frustración. Sabía que Taylor no apresuraría las cosas solo porque no pudiera soportar el suspenso. Finalmente, Taylor separó las mejillas de su culo y luego se hundió profundamente en el culo. ‘¡Sí!’ Doby quería gritar hasta el techo cuando sintió la longitud de Taylor llenarlo. Simplemente no estaba seguro de si se le permitía moverse. ¿Taylor lo follaría hasta la inconsciencia, o esperaría a que Dobyse moviera? ―¿Señor? ―Una vez más, estás tratando de anticipar, Doby. ―Sintió un azote solitario en una de las mejillas de su culo. Si eso se

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supone que era un castigo, entonces Taylor no tenía ni idea de cómo la picadura hizo que su polla diera un tirón. Quería otro. ―Lo siento, señor.―Doby tuvo la sensación de que esas dos palabras iban a ser una constante en sus labios hasta que supiera lo qué demonios estaba haciendo. Taylor le clavó los dedos en las caderas, y luego presionó a Doby abajo, su polla se hundió más en el culo. Doby gimió enterrando la nariz en el cuello de Taylor. Su hombro le dolía un poco de tener las manos esposadas detrás de él, pero Doby acogió con beneplácito el dolor. Significaba que Taylor todavía lo tenía y lo controlaba. Las caderas de Taylor aceleraron su ritmo cuando comenzó a follarlo. Doby estaba malditamente cerca, por lo que se mordió el labio inferior luchando para no correrse. Era difícil, muy duro, maldita sea casi imposible. Su pene se sacudió y filtró líquido, pero Doby se las arregló para no estallar su carga por todo el estómago de Taylor con voluntad y por el temor de que Taylor se decepcionara con él. Doby contuvo el aliento cuando los movimientos de Taylor empezaron a ser descoordinados, su respiración acelerada, y luego sintió, más que oyó, la liberación de Taylor. La semilla caliente llenando su culo como Taylor gimió, aflojando los dedos en las caderas de Doby. Se quedó allí contra Taylor, su polla dolorida hasta el punto que era casi doloroso, pero Doby no iba a correrse sin permiso.

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―Así es como me imaginaba nuestra primera vez juntos ―dijo mientras levantaba a Doby lo suficiente para que su pene se deslizara de su culo. Y Doby seguía duro. ‘Maldita sea’.

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Taylor no pudo evitar la pequeña sonrisa que vino a sus labios cuando Doby gimió, pero se acomodó en la almohada en posición de reposo. El labio inferior lo tenía atrapado entre los dientes, y jadeaba duramente. Taylor sabía que Doby desesperadamente quería correrse. Taylor lo quería también. Pero quería que aprendiera a ser paciente y a obedecer. Ahora, como estaba demostrando ser un estudiante brillante. Taylor decidió que esa diligencia merecía ser recompensada. Se inclinó hacia delante y tiró de la venda, quitándosela. Quería ver a los ojos del hombre cuando se corriera. Cogió un puñado del pelo Doby y ladeó su cabeza hacia atrás. ―Abre tus ojos y mírame, Doby. Doby parpadeó rápidamente, fijó sus ojos en los de Taylor. El deseo y la necesidad ardían en esos hermosos ojos verdes. Se hundían en el alma de Taylor, lo que lo hacía que se sintiera fuerte y poderoso, pero no tan fuerte y poderoso como para negarle su orgasmo. El que creyera que un sub era más débil que un Dom era un idiota. La voluntad que tenía Doby para negarse su orgasmo ante tal necesidad era sorprendente. Taylor sintió un momento de asombro por el control de Doby. Tal vez había algo más en su pequeño sub de lo que había pensado previamente. ―Córrete.

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Una simple palabra parecía tener el poder de mover la tierra, o por lo menos mover a Doby. Los deliciosos labios del hombre se abrieron cuando un suave grito llenó la habitación. Su espalda se arqueó. Su piel adquirió un impresionante tono color rosa, como si el placer lo hubiera pintado de pies a cabeza. Cuerdas de blanco esperma perlado se dispararon al aire, aterrizando en el pecho de Doby, su muslos, y hasta su barbilla. Cuando Doby comenzó a bajar de su nube, Taylor aumentó la presión sobre su pelo. Estuvo encantado cuando otro brote corto de esperma salió de la polla del jovenantes de que el hombre se desplomara contra la pierna de Taylor. ―Buen chico ―dijo en voz baja mientras soltaba su cabello y comenzaba a pasar sus dedos a través de las hebras de seda. Doby había sido perfecto. Justo como sabía que lo sería. Taylor había sospechado durante mucho tiempo que los ojos de Doby eran el espejo de sus emociones. Ahora, sabía que había tenido razón. Cada gramo de placer que tenía brillaba en sus ojos verdes musgo, convirtiéndolos en un esmeralda oscuro. Su satisfacción por correrse, su alivio por al fin poder hacerlo, e incluso su orgullo por haberse aguantado durante tanto tiempo, todo pasó por sus ojos mientras se corría. ―Arriba, mascota ―ordenó Taylor mientras tiraba de su pelo. Una vez que Doby estuvo de pie, Taylor se tomó un momento para mirar a su nuevo sub. Con salpicaduras de su semen decorando su cuerpo, parecía un ángel libertino. Era totalmente delicioso.

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Taylor cogió la cesta púrpura y azul y sacó algunas toallitas húmedas para bebé que tenía para tales ocasiones. Con mucho cuidado lo limpió, y luego a sí mismo, antes de tirar las toallitas usadas al bote de basura que estaba a un lado de la mesa de café. Taylor soltó las manos de Doby, sonriendo, cuando el hombre ni protestó, dejando los puños a un lado. Doby estaba tan eufórico que ni notaría un huracán. Taylor se puso de pie y luego lanzó a Doby a sus brazos. Sabía que el pequeño y hermoso sub ya había tenido suficiente por esta noche. Ahora, Doby necesitaba descansar. Una cosa que enorgullecía a Taylor era como un Dom cuidaba a su sub, y eso significa saber cuándo frenar las cosas y cuándo parar. Doby necesitaba descansar un poco y tener tiempo para digerir lo que había ocurrido entre los dos antes de decidir si quería seguir. Taylor llevó a Doby al dormitorio. Tiró de las mantas hacia atrás y luego lo acostó. Una vez que Doby estaba cómodo, Taylor se metió en la cama detrás de él y los cubrió con las mantas. ―Duerme, mascota ―dijo en voz baja mientras se colocaba detrás de Doby y pasaba un brazo alrededor de su cintura. Sonrió cuando Doby se movió durante un momento, correteando con su culo hacia atrás hasta que lo tuvo ajustado contra la ingle de Taylor. Eso pareció satisfacer a Doby. Inmediatamente se durmió. Taylor se rio entre dientes, ligeramente, por los suaves ronquidos de Doby que llenaban la habitación un momento después.

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El sub era realmente bueno siguiendo órdenes. Taylor no podía esperar para ver si Doby podía seguir las órdenes del mismo modo cuando llegara la mañana. Esta noche había sido fácil, los dos se iban a salir de su piel, por así decirlo. Mañana, la formación real comenzaría. Taylor esperaba que Doby estuviera preparado para las cosas que había planeado para los dos. Infiernos, esperaba estar listo para Doby.

Taylor se estiró cuando se desveló. Parpadeó. Sus ojos se abrieron, cuando su mano tropezó con una carne caliente que no era la suya. Oh, espera, lo era. Taylor sonrió mientras sus ojos se posaban en el pequeño y hermoso hombre acurrucado en la cama junto a él. Bueno, Doby no estaba exactamente acurrucado, más bien repartido por toda la cama. Taylor miró a su alrededor y se dio cuenta que estaba en el mismo borde de la cama. Doby ocupaba cada centímetro de espacio de su cama tamaño extra grande. Hmmm... Eso no debería ser así. Taylor miró hacia el gancho de metal soldado en el centro de su cabecera de hierro forjado. Parecía que necesitaba frenar a Doby cuando dormían si quería tener un solo centímetro de espacio en la cama para sí mismo. Pero eso estaba bien. Le daría

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un acceso sin restricciones al sexi y pequeño cuerpo. Y estaba bastante seguro de que Doby lo disfrutaría. El hombre era verdaderamente el gluten de la tortura sexual. Parecía comerse todo lo que Taylor le daba como un hombre hambriento. Y Taylor no podía estar más feliz por eso. Levantó las sábanas y luego rodó de la cama con tanto cuidado como pudo. Tenía planes para Doby, y necesitaba ponerlos en marcha. Era sábado, así que solo tenía hasta mañana para convencerlo de que eran el uno para el otro. No podía desperdiciar el tiempo. Taylor hizo un viaje rápido al baño, se limpió con un poco de jabón y agua, y se lavó los dientes. Puso un cepillo de dientes y pasta sobre el mostrador para Doby. Sólo para burlarse de Doby un poco, se puso algo colonia antes salir del baño. No se había perdido que Doby parecía disfrutar de su aroma. Y nunca le hacía daño a un Dom mantener las cosas equilibradas a su favor. Una vez que terminó en el cuarto de baño, Taylor fue a la cocina. Puso la cafetera y colocó sobre el mostrador las cosas para el desayuno. Sólo podía esperar que a Doby le gustara la cocina. Tenía el deber de preparar el desayuno. Pero primero lo primero. Taylor regresó a la habitación. Se detuvo junto a la cama, sonriendo con diversión. Doby se había movido de su lado de la cama y se había extendido, ahora estaba de un lado del colchón

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al otro, excepto por sus manos, que estaban caídas con descuido sobre su cabeza. Perfecto. Taylor tomó las manos de Doby y las levantó un poco más alto, conectando los puños en el gancho soldado a la cabecera. Doby se movió por un momento, gruñendo en su sueño, antes de establecerse una vez más. Taylor sacó un par de artículos de la mesita de noche y los dejó en la cama junto a Doby, y luego se subió a la cama. Se deslizó por la cama y levantó una pierna sobre Doby, hasta que estaba a caballo en el pecho del hombre. ―Doby. Dios, el hombre era simplemente adorable. Este se movió y gruñó, sus cejas oscuras dibujadas sobre sus ojos. Taylor se acercó y ligeramente tocó un lado de su cara, hasta que el hombre comenzó a parpadear rápidamente. Los ojos del pequeño por fin se abrieron y entonces se ampliaron como platos cuando vio la dura polla asentada frente a su cara. Parpadeó para un momento, como si no pudiera creer que lo que estaba viendo fuera real. Sus ojos lentamente se elevaron para unirse a los de Taylor. ―Buenos días mascota. ―Señor. Perfecto.

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Taylor sonrió. Movió sus caderas y golpeó la cabeza de su polla contra los labios de Doby. ―Abre, mascota. Doby parpadeó de nuevo y luego, lentamente, abrió la boca. Taylor se agarró de la cabecera y se inclinó hacia arriba, mirando con expectación como su dura polla se hundía en la dulce boca. Casi al instante, Taylor sintió la lengua pasar por encima de su sensible carne. Era como si Doby no pudiera dejar de lamer la polla de Taylor. Y estaba muy agradecido por ello. Puede que Doby no tuviera mucha experiencia chupando pollas, pero sin duda lo compensaba con entusiasmo. ―Chúpame, mascota, y hazlo bien. Los ojos de Doby parpadearon hacia los de Taylor. ―Usa esa lengua tuya. Lame mi polla. Los ojos de Taylor casi se le salen de las cuencas cuando Doby hizo exactamente lo que le había ordenado. Taylor se paró a pensar por un momento, preguntándose quién estaba a cargo aquí. Si Doby tuviera la menor idea lo que su boca le hacía, estaría acabado. Cuando los labios y la lengua de Doby comenzaron a trabajar arriba y abajo de su polla, Taylor comenzó a moverse, lentamente follándolo con sus caderas, metiendo y sacando su polla de la perfecta y pequeña boca. Su respiración se aceleró, y sus manos se apretaron alrededor de la cabecera.

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Maldita sea. Doby era jodidamente bueno en esto. Taylor preveía una gran cantidad de mamadas en su futuro. Era la manera perfecta de empezar el día. E hizo que empezara a pensar en cómo podía hacer arreglos para que esto ocurriera todas las mañanas. Era demasiado pronto para saber si lo que se estaba construyendo entre ellos sería permanente, pero estaba seguro de inclinarse por ese camino. Taylor trató de aferrarse a su control, pero se deslizaba con rapidez lejos de él con cada golpe de la lengua de Doby. Cuando contrajo sus mejillas, Taylor abandonó la lucha. Cogió un puñado de pelo de Doby y permitió que su orgasmo lo barriera, gimiendo fuerte cuando su polla estalló y llenó la dulce boca con chorro tras chorro de semilla caliente. Doby tragó saliva, y ese simple gesto lanzó aún más el placer a través de Taylor cuando los músculos de la garganta de Doby masajearon la muy sensible cabeza de su pene. Taylor se estremeció, meciendo su polla dentro y fuera de la boca, mientras su placer comenzaba a decaer y una cálida sensación de satisfacción lo llenaba. Taylor soltó el pelo Doby, mientras lamentablemente sacaba la polla de la boca del hombre y se deslizaba hacia abajo en la cama. Tomó un lado de la cara Doby y se inclinó para besarlo. Doby al instante volvió la cabeza. Taylor frunció el ceño cuando se sentó. ―¿Doby? Los ojos de Doby estaban llenos de dudas, cuando se dio la vuelta para hacer frente a Taylor. ―Yo sólo... ―Doby se

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humedeció los labios―. Señor, no quería decir... ¿No me puedo lavar los dientes primero? De repente Taylor cayó en la cuenta de por qué Doby estaba tan reticente a un beso mañanero. Sonrió y se inclinó hacia abajo. ―Quiero mi beso, mascota. ―Sí, señor, pero- ―El resto de las palabras de Doby fueron sofocadas por los labios de Taylor. Fiel a lo que Doby pensaba, Taylor probó un indicio de sí mismo en esos labios. Lo había estado esperando cuando besó al hombre, por lo que no fue una sorpresa para él. El hombre le acababa de dar una mamada después de todo. No lo molestaba. Taylor acarició suavemente con su pulgar los labios hinchados de Doby mientras se hacía hacia atrás para mirar al pequeño y hermoso hombre. No pudo evitar preguntarse si Doby siempre despertaba con esa apariencia tan malditamente buena o si había sido suerte esa mañana. Tenía el pelo ligeramente enredado en torno a su cara, casi como un halo de oro-marrón. Sus ojos verdes parecían más brillantes, pero aun así, tenían el suave color musgo verde que estaba empezando a amar tanto. Y sus labios... buen dios, sus labios. Eran de color rojo, hinchados, y tan jodidamente carnosos que Taylor deseaba deslizar su polla entre ellos otra vez, pocos minutos después de recibir una completa mamada. ―Es hora de comenzar nuestro día, mascota. ―Taylor pasó su pierna por encima de Doby y rodó a un lado de la cama. Alzó la mano y le desató las manos esposadas a la cabecera y luego se

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sentó. Palmeó el lado de la cama junto a él―. Ven y siéntate, mascota, te daré tus órdenes. Doby pareció confundido por un momento, pero se dio la vuelta y deslizó hacia ese lado de la cama, sentándose junto a Taylor. ―Tienes cinco minutos para ir al baño y ocuparte de tus necesidades, y entonces te quiero de vuelta aquí, se inclinó sobre el lado de la cama. Doby frunció el ceño. ―¿Estoy siendo castigado, señor? ―Estás siendo recompensado, Doby. Los ojos de Doby se ensancharon. ―¿De verdad, señor? ―Cuatro minutos, cincuenta y nueve segundos, Doby. Taylor se rio entre dientes mientras miraba a Doby saltar de la cama y correr hacia el cuarto de baño. Doby ni siquiera se detuvo a cerrar la puerta. Taylor escuchó el inodoro después de un momento y luego el grifo del baño, y así sucesivamente. Así, cuando habían pasado cuatro minutos, Doby regresó de nuevo al dormitorio y corrió hacia la cama. Ni siquiera se detuvo antes de lanzarse sobre su lado de la cama, al aterrizar sobre el colchón, rebotó un par de veces antes de colocarse sobre los codos y mirarlo sobre sus hombros. ―Estoy listo, señor.

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‘Sí, lo estaba’. Taylor se rio entre dientes cuando cogió los artículos que había dejado sobre la cama antes. El culo de Doby no estaba tan rosa como lo había estado la noche anterior, pero tan problemático como el pequeño hombre era, no tenía duda de que estaría de color rosa-rojo de nuevo, y probablemente antes que tarde. Taylor destapó la parte superior de la botella de lubricante y vertió un poco sobre el tapón de goma rojo que había comprado después de que Doby pusiera su pequeño anuncio y que hubieran llegado a un acuerdo. Sí, siguiera así, y si pudiera, Doby se pasaría cada fin de semana atado y con el tapón anal puesto para el placer de Taylor. Taylor lubricó el tapón y luego se inclinó para presionarlo contra el apretado y fruncido agujero de Doby poco a poco. Oyó gimotear a Doby cuando un estremecimiento recorrió su cuerpo mientras se abría camino a través del pequeño hombre. ―¿Te gusta esto mascota? ―preguntó Taylor mientras trabajaba la punta del tapón de goma dentro y fuera del culo de Doby. Cuando el apretado anillo de músculos comenzó a aflojarse, Taylor lo empujó más y más hasta que estuvo totalmente dentro. ―¡Sí, señor! Taylor arqueó una ceja por el alto tono de las palabras de Doby. Movió el tapón, retirándolo y luego empujándolo en varias ocasiones. Doby empujaba su culo hacia arriba al aire cada vez que movía el tapón. Hasta que finalmente Doby estaba en sus

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manos y rodillas, su culo alzado al aire y su cara empujando contra la cama. Taylor se levantó de la cama y se movió hasta que estuvo directamente detrás de Doby. Dejó el tapón y agarró las caderas del hombre, tirando del cuerpo del hombre hacia atrás, al mismo tiempo que se empujaba hacia delante con sus caderas. Sabía, por la forma en que se estaba estrellando contra Doby que estaba empujando el tapón anal aún más en el culo del hombre. Doby gimió. Sus manos escarbando las sábanas. Taylor empujó sus caderas hacia delante de nuevo y su polla creció, gruesa, llena y dura como una roca. ¡Joder! El deseo se estrelló contra Taylor. No podía soportarlo. Se había corrido hacía unos minutos, pero de repente sintió la necesidad de volver a correrse. Tan duramente que sus dientes le dolían. Taylor se echó hacia atrás y sacó el tapón del culo de Doby. Lo tiró en la cama y rápidamente tomó un condón y lo rodó por su dura polla. Remplazó el tapón con su propia polla, empujándose con tal fuerza que el hombre habría salido despedido a través de la cama si Taylor no lo hubiera tenido sujeto por sus caderas. ―Maldita sea, Doby ―gruñó Taylor entre empujes ―tu culo es tan perfecto. ―Me alegro... Me alegro que le guste, señor.

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Taylor golpeó a Doby en el culo. ―Amo. ―La palabra estaba fuera de la boca de Taylor antes de que pudiera detenerla. No tenía todavía la intención de compartir esa necesidad en particular con Doby, quizás nunca. No a todos los sub les gustaba llamar a su Dom, Amo. Oró para no haberlo echado todo a perder entre ellos con su desliz. ―Duro, Amo, por favor. La cabeza de Taylor cayó sobre sus hombros cuando una sensación de alivio lo inundó. Las palabras de Doby eran música para sus oídos. Tocaron una fibra sensible muy dentro de él que pensaba que tenía oculta a todo el mundo, incluyendo a su nuevo sub. Una vez que Doby la había dicho, de repente, Taylor sabía lo mucho que ardía de deseos de escucharla otra vez. Doby iba a ser su caída. El pequeño sub tenía el poder para acabar con él. Taylor solo tendría que darle una razón a Doby para que se quedara. Primero lo follaría hasta la inconsciencia, y luego, tal vez podrían trabajar en el resto de su relación. Pero primero lo primero. Taylor aumentó la presión sobre las caderas Doby y comenzó a empujarse con un ritmo rápido. Cada vez que se movía, Taylor podía sentir los músculos interiores apretándose alrededor de su polla, exprimiéndolo con ese sedoso calor que lo llenaba de placer. ―Tu culo se hizo para mi polla, mascota.

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―Sí, Amo. ‘¡Dios, sí!’ Taylor iba a perder la cabeza. El cuerpo de Doby lo acunaba como si hubieran sido fabricados con el mismo molde y después hubieran sido separados. Cada vez que Taylor se hundía en Doby, se sentía como si finalmente, después de todo, estuviera volviendo a casa. Era una agonía, y un placer al mismo tiempo. Cuando Taylor sintió que sus bolas se acercaban a su cuerpo, un signo seguro de su inminente orgasmo, metió su mano entre el cuerpo del pequeño hombre y agarró su pene con un férreo control. El rápido gemido de Doby llenó la habitación cuando Taylor empezó a acariciarlo desde la raíz hasta la punta y luego hacia abajo de nuevo. Las caderas de Doby comenzaron a moverse, el hombre empujaba su cuerpo contra Taylor como si necesitara ser empalado por la polla de su Amo. ―Eso es, bebé ―gruñó―. Folla mi polla. ―Amo, por favor, yo... ―Doby gimió y enterró su rostro en las sábanas. ―¿Qué, Doby, qué necesitas? Doby levantó la cara y miró por encima de su hombro para ver a Taylor. Sus ojos le rogaban que le permitiera correrse. Taylor no tenía elección. Tenía que darle lo que necesitaba, porque también lo necesitaba. ―Córrete, mascota.

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Los músculos internos de Doby drásticamente se apretaron alrededor de la polla de Taylor cuando el grito lleno de placer del hombre sonó en la habitación. Taylor sintió el caliente líquido cubrirle la mano, cuando su propio orgasmo se apoderó de él. ―Doby ―rugió Taylor metiéndose profundamente en el culo del joven, y luego se fue calmando, mientras su liberación lo arrasaba. Sus ojos cerrados cuando su mundo se puso patas arriba, un caleidoscopio de colores explotando detrás de sus párpados. Una vez que pudo volver a respirar, Taylor se dejó caer sobre la parte superior de Doby, apoyándose en sus manos para no aplastar a su sub. Plantó besos a lo largo de la piel del cuello y hombros sudorosos de Doby. ―Mi pequeño y buen sub ―le susurró, impresionado por el placer que le había dado. No podía recordar a ningún sub que alguna vez hubiera agitado la base de su mundo como el pequeño y sexi hombre debajo de él. Era una maravilla. Doby tenía una sonrisa pequeña y dulce en sus labios mientras giraba su cara hacia Taylor para poder verlo. Parecía extasiado de nuevo, feliz. Lo era una buena mirada en un sub. ―Mi Amo. ‘Oh, maldita sea’.

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Doby no podía creer que ya fuera lunes. Había querido hacer pucheros y hacer un jodido berrinche cuando había agarrado su bolsa del armario para volver a casa. Casi cierra la puerta de un portazo cuando salía de la casa de su amo ayer noche. Dejarlo había sido lo más jodidamente difícil que había tenido que hacer. Taylor le había hecho cosas, cosas salvajes y calientes que Doby nunca olvidaría mientras viviera. Y le había ordenado que hiciera cosas que ni siquiera había soñado que fueran posibles. A pesar de todo, las lecciones como sub del hombre habían continuado. La noche del domingo, las alabanzas que Taylor le había dado se habían hundido en él. Taylor le había dicho, que sabía que volvería al lado de su amo. Eso lo dejó perplejo ya que Taylor no le había dado una respuesta concreta cuando Doby le había preguntado si ahora sería su sub a tiempo completo o no. Quería que Taylor McKinley lo mantuviera. Doby nunca pensó que encontraría un Amo, y menos uno como Taylor. Y ahora que lo había encontrado, no quería dejarlo. Ya estaba sintiendo la separación de Taylor, y sólo habían pasado doce horas desde que había estado a merced del hombre. Sus doce horas más largas y angustiosas.

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Si pasaba demasiado tiempo, tenía miedo de no ser capaz de abstenerse de correr hacia la oficina de Taylor y suplicarle de rodillas, por supuesto, que azotara su culo, jugara con su tapón o lo follara. Cualquiera de los tres funcionaría. Mantener su mente en el trabajo y fuera de Taylor le era casi imposible. Por suerte, el humor perverso de Jessica ayudó a mantenerlo bajo control. Jessica y él se dirigían a sus puestos de trabajo después de su reunión de la mañana. Doby se echó a reír cuando Jessica le contó acerca de su fiesta de manicura y pedicura. La mujer definitivamente sabía cómo divertirse. Pero Doby estaba dispuesto a apostar que no se había divertido tanto como él con Taylor. Su interior brillaba y las imágenes jugaban una y otra vez en su mente. No pasaron más que unos cuantos minutos sin que pensara en Taylor o en el fin de semana que habían pasado juntos. Maldita sea, estaba duro como una roca y todavía tenía que pasar el resto del día. Pero sabía que no iba a encontrar alivio hasta este fin de semana. Y eso asumiendo que Taylor le permitiera correrse. El hombre parecía disfrutar torturándolo. Doby no podía esperar para averiguarlo. ―No te olvides que tenemos una cita esta noche en mi casa para cenar ―dijo Jessica, mientras se acercaba al cubículo de Doby―. Voy a estar esclavizada en la cocina pidiendo comida china. Doby se rio entre dientes. Esa era Jessica.

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Se detuvo en seco cuando vio la nota amarilla pegada a su pantalla de nuevo. Doby sintió como si todo su día hubiese sido tirado por el váter en un instante en el segundo que vio el pequeño papel gritándole que lo leyera. Irrumpió en su cubículo, arrancando la nota de su monitor. Era el mismo jodido mensaje que la primera vez. Doby vio rojo. Estaba enfermo y cansado de preocuparse por el chantajista y lo qué quisiera de él. Deseaba que manifestara sus demandas y terminara con esto. Doby finalmente tuvo un pequeño rayo de sol en su vida. No iba a dejar que un jodido cobarde, le pusiera la zancadilla. A medida que echaba un vistazo alrededor de la oficina, se dio cuenta que unos cuantos empleados lo miraban de refilón. Cuando hacían contacto visual con Doby, rápidamente miraban hacia otro lado. Algo dentro de Doby se rompió. Sintió que se desmoronaba. Catastróficamente. Doby se subió encima de su pequeño escritorio, agitando violentamente la nota sobre su cabeza. ―¿Quién hizo esto? ―Gritó―. ¿Quién es el jodido cobarde que quiere burlarse de mí, eh? ―Doby ―susurró Jessica mientras luchaba para que se bajara de su escritorio.

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Doby empujó los brazos de Jessica, enojado más allá del sentido común. No iba a dejarse intimidar por más tiempo. Quien quiera que fuera que dejara las notas iba a ponerse de pie y asumir la responsabilidad. ―No ―le espetó a Jessica―. Quiero saber quién es el cabrón hijo de puta. Quiero saber por qué no puede venir y pedirme a la cara lo que quiere en lugar de esconderse detrás de las cripticas notas. ―¡Doby! ‘¡Oh, Dios!’ Esta vez Doby se calmó. Conocía esa voz. Anhelaba esa voz. Taylor McKinley. ‘Maldita sea’. Doby tragó saliva, miró a su alrededor a sus compañeros de trabajo. Sus ojos muy abiertos llenos de terror, y de alivio a la vez porque no estaban en el punto de mira de Taylor. Oh, infiernos, Taylor estaba de pie detrás de él. Lo sabía. Podía sentirlo. Los pelos de su nuca estaban de punta. ―¡Bájate, Doby! ‘Doblemente maldita sea’.

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La voz de Taylor estaba llena de ira. Doby nunca le había oído usar ese tono en su dirección antes, ni siquiera cuando la había jodido. Estaba demasiado asustado para moverse. ―McKinley, ¿Qué significa esto? ―preguntó el Sr. Creekside cuando doblaba la esquina―. ¿Por qué uno de tus empleados está sobre su escritorio, gritando con toda la capacidad de sus pulmones? Incluso la recepcionista en el vestíbulo lo ha oído. Doby sabía que el señor Creekside estaba exagerando, ¿pero iba discutir ese punto con el Director General? ‘Diablos, no’. Iba a rezar para aún tener un trabajo al final del día. Infiernos, al final de los próximos diez minutos. O en menos, si no era arrestado. Había política de tolerancia cero para la hostilidad en el lugar de trabajo en Michelson Inc. Doby se mantuvo de espaldas a Taylor mientras lentamente bajaba de su escritorio. Estaba jodidamente asustado de que Taylor se lavara sus manos por lo que Doby se negó a darse la vuelta. No sólo estaba su jefe de pie junto a él, sino el jefe de Taylor también. Maldita sea, cuando metía la pata, realmente la metía. ―A mi oficina, Doby ―dijo Taylor con los dientes apretados―. ¡Ahora!

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Doby casualmente le dio una mirada rápida a Jessica para verla mirar fijamente a Taylor y, a continuación al Sr. Creekside. Sabía lo que estaba a punto de suceder. Todo el mundo lo sabía. Doby bajó la cabeza mientras se dirigía a la oficina de Taylor como si estuviera caminando hacia su propia sentencia de muerte. Eso era lo que sentía. No sólo había decepcionado a Taylor, sino que lo había avergonzado delante de su jefe. Dios, ¿dónde estaba ese botón para darle y dejar de existir? Seguro como la mierda que lo necesitaba ahora. Doby se sentó frente al escritorio de Taylor cuando entró junto con Taylor y el Sr. Creekside en la oficina. Doby vio que Taylor tomaba asiento detrás de su escritorio, y el Director General sentado junto a Doby. Hubiera preferido que Taylor se sentara a su lado. El Sr. Creekside le ponía los pelos de punta. Cuando Doby miró hacia arriba y vio la rabia en los ojos de Taylor, reconsideró a quién quería sentado a su lado. Por lo menos sentado detrás de la mesa, Taylor no podía estirar la mano y estrangularlo. ―Ahora ―comenzó Taylor mientras se hacía hacia delante, colocando sus dedos entrelazados sobre la mesa pulida delante de él― ¿Me cuentas por qué estabas actuando como si hubieras perdido tu mente?

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Doby se retorció en su asiento, sintiendo las acaloradas miradas de Taylor y el Sr. Creekside. ―Encontré esto, más… Señor. McKinley. ―Doby se controló como el infierno para que el título de amo no cayera de sus labios frente al Director General. Su culo ya estaba frito. Doby dejó la nota en el escritorio de Taylor y luego se acomodó en su silla, poniendo las manos sobre sus muslos, las palmas hacia abajo. No era lo mismo que tomar la posición de reposo mientras se encontraba en casa de Taylor, pero le daba una pequeña cantidad de comodidad. Taylor tomó el trozo de papel y lo leyó, suspirando profundamente. ―¿Qué es?―preguntó el Sr. Creekside mientras miraba entre Doby y Taylor―. Explique sus acciones, joven. ―Doby ha estado teniendo algunos problemas con un chantajista. ―Dijo Taylor mientras colocaba la hoja de papel sobre su escritorio. ―Eso no se tolera en Michelson Inc. ―bramó el señor Creekside―. ¿Por qué iba alguien a querer chantajearlo? Doby miró a Taylor, rogándole con los ojos que mantuviera su secreto. Si el señor Creekside descubría por qué estaba siendo chantajeado, estaba jodido. Doby giró los ojos interiormente. ‘Como si no lo estuviera ya’.

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Taylor se aclaró la garganta, la rabia en sus ojos deslizándose lejos cuando miró al Director General. ―Todavía estamos tratando de averiguar por qué lo están chantajeando. Doby quería saltar y besar jodidamente a Taylor. Podía estar cabreado hasta al punto de que terminara lo que tenían juntos, pero el hombre no iba a traicionarlo. Eso sólo hacía que se sintiera diez veces peor por poner a Taylor en esta situación en primer lugar. Vaya sub que estaba resultando ser. El Sr. Creekside señaló el papel sobre el escritorio de Taylor. ―¿Estás recibiendo notas de chantaje y ni siquiera sabes por qué? ―Carraspeó, como si no nos creyera. ―Estoy trabajando con diligencia para encontrar al culpable ―dijo Taylor. Doby deseaba que Taylor lo mirara. Necesitaba el conocimiento, la afirmación de que no lo odiaba. Estuvo a punto de pasar del Director general y arrojarse a los pies de Taylor, pero se contuvo. Aunque eso le llevara todo su auto-control. Taylor ya estaba lo suficientemente cabreado. ―Bueno, necesitas averiguar quién dejó esas notas en tu pantalla y hacerle frente a la persona. Como ya he dicho, no voy a permitir este tipo de comportamiento en Michelson Inc. ―El Sr. Creekside puso de pie, dirigiéndose hacia la puerta. Se volvió antes de abrirla―. Y creo que el Sr. Rathom necesita encontrar empleo en otro lugar. Doby se quedó totalmente sorprendido.

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¡Acababa de ser despedido! ―¿Señor Creekside? ―Taylor dijo que antes de que el Director General tuviera la oportunidad de salir. El hombre se volvió, su agitación clara y por escrito en toda su cara. ―¿Sí, señor McKinley? Taylor se aclaró la garganta, cuando se puso de pie, caminando alrededor de su escritorio. Se paró frente a Doby, se apoyó contra el frente de su escritorio mientras cruzaba los brazos sobre su pecho. ―Tengo una pregunta para usted, señor. Sonaba raro como el infierno escuchar a Taylor llamarle a alguien señor. ¿No era eso privilegio de Doby? No le gustaba oír que Taylor le llamara señor al señor Creekside. Quería expresar su protesta, pero apretó sus labios en su lugar. Ya estaba de mierda hasta el cuello. No quería añadir eso a sus problemas. El despido era el mayor problema de todos. Su mamá lo iba a matar. ―Que sea rápido ―dijo Creekside. ―¿Me preguntaba cómo sabía dónde dejaban las notas? Doby se volvió en su silla, con la boca abierta. Sí, ¿cómo sabía donde dejaba el chantajista sus pequeñas y crípticas notas? Doby no recordaba haber dicho nada al respecto, y estaba casi

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seguro que el Sr. Creekside no había estado en la habitación cuando tuvo su crisis. ―Y también me estaba preguntando ¿cómo sabía que había más de una nota? Doby quería saltar sobre Taylor y que chocaran sus manos. Sin embargo, resistió a la tentación. Apenas. El Sr. Creekside parecía nervioso. Sus mejillas se volvieron de un rojo color rosa, sus ojos entrecerrados. ―Debido a que usted me lo dijo, por supuesto. Taylor negó. ―No, no lo hice. ―No tengo porque responder a sus preguntas irracionales, señor McKinley. Acusar a un miembro de la junta de chantaje es suficiente para que te despidan. Doby miró con los ojos muy abiertos como Taylor se irguió, caminando a través de la alfombra de felpa y parándose justo en frente del señor Creekside. Doby se mordió la uña del pulgar, preguntándose lo malas que estaban a punto de ponerse las cosas en la oficina de Taylor. Esperaba que Taylor le diera al hombre una patada en su culo.

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―¿Se me olvidó mencionar que tengo cámaras de seguridad instaladas en la oficina exterior para poder ver el rendimiento de mis empleados? ¿En serio? Doby tragó saliva y se devanó los sesos tratando de pensar si había hecho algo malo en los últimos tiempos. Pero vio al señor Creekside pálido, y eso no podía ser bueno. ―¿En serio? ―preguntó el Sr. Creekside, su voz tambaleante. Taylor asintió. ―¿Qué cree que voy a ver cuando reproduzca el de vídeo, Sr. Creekside? El Director General parecía muy nervioso. Esta era la primera vez que Doby lo había visto realmente asustado. Habría sentido lástima por el hombre si no hubiera sido el que lo estaba chantajeando. ―Sólo quiero saber por qué ―preguntó Taylor. La tez pálida del Sr. Creekside enrojeció cuando le frunció el ceño a Taylor. ―Porque sé lo de ese perverso e-mail ―le espetó―. ¡Deberías haberlo despedido! ―¿Así que recurrió al chantaje? ―preguntó Taylor, sus ojos abiertos ligeramente. ―El hombre está despedido, por lo que ya no importa. Oh, sí. Doby se había olvidado de ese pequeño detalle.

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―No, no lo está ―respondió Taylor―. Usted también ha violado política de la compañía en lo que se refiere a chantajes. Además de que es un motivo para ser detenido. Y Doby podría presentar una seria demanda. ―Taylor se volvió hacia Doby, pero la expresión de su rostro no era una sonrisa feliz. De hecho, francamente asustaba a Doby―. Pero le voy a decir qué. ―¿Qué? ―El señor Creekside preguntó su postura pomposa desapareciendo. ―Ya que ambos han roto la política de la empresa, olvidaremos el asunto y no hablaremos más de él. ―Trato ―dijo el Sr. Creekside rápidamente. ―Pero ―continuó Taylor―. Doby no será despedido. Y usted nos sacará fuera de su radar tanto a él como a mí. ―¡Qué! ―El señor Creekside chirrió. Taylor sonrió, y parecía diabólico como el infierno. Así que ¿por qué no darle otra oportunidad? ―Porque sé que no chantajeaba a Doby, porque pensara que era perverso. ¿No lo hacía? ―¿No lo hago? ―No, lo chantajeaba porque está interesado. ―¡Mentira! ―Gritó el señor de Creekside. Taylor se encogió de hombros. ―Di lo que quieras. Sé la verdad, y así lo pensaran todos los demás, si Doby tiene algún

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problema más con usted, si una palabra de esto se filtra. Ahora, ¿sería usted tan amable de salir de mi oficina? Tengo un sub al que castigar. Doby se volvió en su silla y se sentó, confuso y eufórico al mismo tiempo. Taylor seguía considerándolo su sub. Eso era bueno, pero no estaba seguro de que el castigo lo fuera. Había ido demasiado lejos esta vez. ―Puedes ―el Director General se lamió los labios, los ojos acariciando a Doby―. ¿Puedes compartir? ―¡Por supuesto que no! ―Gritó Doby antes de poder contenerse. Taylor hizo una mueca. ―Tiene su respuesta. El Sr. Creekside asintió y salió de la oficina de Taylor. Doby quería danzar alrededor de la oficina de Taylor, era tan feliz. Su chantajista había desaparecido. Doby miró a Taylor, asombrado por el hombre. ―¿Usted tiene cámaras colocadas en la oficina? ¿Por qué no pilló al Sr. Creekside la primera vez? ¿Por qué esperar tanto? Taylor hizo una mueca. ―Mentí. La mandíbula de Doby cayó. ―¿Mintió? Los hombros de Doby se movieron debajo de la blanca e inmaculada camisa cuando se encogió de hombros. ―Tenía que decir algo, Doby. Podía ver la forma en la que te miraba, y sabía que te quería, pero-

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―Pero le pertenezco ―dijo Doby esperanzadoramente. Taylor sonrió. ―Sí, lo sabes. Tú eres mi sub, y nadie puede meterse contigo, excepto yo. Doby sintió que sus rodillas flaqueaban cuando Taylor se acercó. Cuando se agachó y cogió un puñado de su pelo, Doby gimió. Lo necesitaba tan malamente, y no era sólo por el sexo, a pesar de que era fantásticamente follado. Necesitaba la fuerza inherente de Taylor, su control. Necesitaba sentir que Taylor lo quería a pesar de sus cagadas, porque eran un montón de ellas. ―Amo ―le susurró Doby, rogando, suplicándole con la mirada. ―Te voy a mantener, Doby. ―Taylor apretó su agarre en el pelo de Doby, tirando de su cabeza hacia atrás aún más lejos―. ¿Lo entiendes, mascota? Doby rápidamente cayó de rodillas, asumiendo la posición de reposo. ―Sí, Amo. ―Estaría de acuerdo en todo si Taylor realmente quería decir que nunca iba a dejarlo ir―. Gracias, Amo. Taylor liberó de repente el pelo de Doby y se puso en cuclillas frente a de él. Agarró Doby por la barbilla y levantó su cara. ―¿Es esto lo que deseas, Doby? ¿Ser mío para siempre? ―Sí, Amo ―le susurró Doby. Podía sentir las lágrimas picando en las comisuras de sus ojos cuando las manos de Taylor se deslizaron más allá de su barbilla hasta la suave curva de su desnudo cuello.

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―Vas a tener que usar mi collar, Doby. ―Taylor acarició con su pulgar la garganta de Doby―. Eso significará que eres mío. Tienes que entender lo que eso significa. Doby sonrió a través de las lágrimas que obstruían su garganta. ―Eso significa que va a tenerme como su mascota, ya que se está enamorando de mí. Soy su perfecto sub. Los ojos de Taylor recorrieron la cara Doby por un momento, y luego el hombre se rio entre dientes, sus labios extendiéndose en una amplia sonrisa. ―Vándalo ―dijo Taylor, levantó a Doby, y lo colocó sobre la mesa bien pulida―. Vas a ser castigado por eso, mascota. ―Sí, Amo. ¡Oh dioses, sí, por favor! Doby gimió cuando sintió las manos de Taylor pasando por su culo, apretando en todos los lugares correctos. Doby jadeaba, su pierna atrapada cuando trataba de abrirse para su amo. Taylor le dio un manotazo en el culo, luego molió su polla cubierta de tela sobre el culo Doby. ―Vas a hacer las maletas y venirte a vivir conmigo, Doby. Necesitas más formación, como originalmente sospeché. Eres demasiado malcriado. Tienes de plazo hasta este fin de semana para recoger todas sus cosas y mudarte. Sin embargo, pasarás las noches conmigo hasta entonces. Doby se derritió contra el escritorio cuando Taylor le concedió su sueño más salvaje. ―¡Sí, señor! Taylor se rio entre dientes mientras le bajaba los pantalones y sacaba el tapón anal del culo. Doby escuchó la

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pequeña rotura de un papel. Con una rápida mirada por encima del hombro vio que Taylor estaba poniéndose un condón en su duro pene. ―¿Lo tomo como un sí? ―Diablos, sí ―exclamó Doby ―. Señor. Arañó el escritorio cuando Taylor colocó su polla en su ansioso orificio. Oh, sí, esto es lo que se había estado perdiendo todas las mañana. Un hombre podría acostumbrarme a esto muy rápidamente. Taylor agarró las caderas Doby, empujándose con más fuerza en Doby, después se acercó, y le susurró al oído. ―Pero no puedes gritar o correrte hasta este fin de semana. ‘¡Mierda!’ Taylor se rio entre dientes y luego gimió cuando su polla latía apretadamente en ese culo. Doby no iba a hacer pucheros porque sabía que iba a pasar el resto de sus días con Taylor, aprendería a ser el mejor sub que su amo deseara y, sería bien follado a lo largo del camino.

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Stormy cree que la única cosa más sexi que un hombre con botas de vaquero es dos o tres hombres en botas de vaquero. También cree en el amor a primera la vista, en los compañeros del alma, el amor verdadero, y los finales felices. Generalmente, la puedes encontrar acurrucada en la cama con un libro en la mano y un perrito en su regazo, o en su portátil, creando al siguiente sexi hombre de una de sus historias. Stormy le da la bienvenida a los comentarios de los lectores. Puedes encontrarla en su web www.stormyglenn.com. Para todos los títulos de Stormy Glenn, por favor visite www.bookstrand.com / tormentoso-glenn

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