PONTIFICIO SEMINARIO

PALAFOXIANO ANGELOPOLITANO



LA RESURRECCIÓN DE JESÚS COMO PLATAFORMA
INTERPRETATIVA DE LA TEOLOGÍA CRISTIANA
Síntesis teológica







Ernesto Junior Martínez Avelino






13/05/2013


Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 2


Índice




Premisa: Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana.……………………………………………….3


1. La resurrección como clave de la fe……………………………………………………..………..5


2. La resurrección como presencia de Jesús en su Iglesia………………………………...…………8


Conclusión: sin justicia no es posible la vivencia de la Eucaristía……………………….…………9


Referencia bibliográfica………………………………………………………………..………….16




Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 3

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS COMO
PLATAFORMA INTERPRETATIVA DE LA TEOLOGÍA CRISTIANA


Premisa: Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana.
El acontecimiento de la resurrección de Jesús constituye no solo el momento que desencadenó la
fe de los discípulos en este hombre de Nazareth, sino la fuente misma de la teología cristiana. El
acontecimiento de la resurrección, desde esta perspectiva, se sitúa como la cuna teológica de la fe en
Jesús como Hijo de Dios y lo que impulsó de manera concienzuda y decisiva a la reflexión por parte del
creyente.
1
Así lo atestiguan numerosos pasajes en el libro de los Hechos:
A éste, pues, Dios le resucitó librándole de los dolores del Hades, pues no era
posible que quedase bajo su dominio (Hch 2, 24).
A este Jesús Dios le resucitó; de lo cual todos nosotros somos testigos (Hch 2, 32).
Y matasteis al Jefe que lleva a la Vida. Pero Dios le resucitó de entre los muertos, y
nosotros somos testigos de ello (Hch 3, 15).
(…) el Nazoreo, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los
muertos (Hch 4, 10).
El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien vosotros disteis muerte
colgándole de un madero (Hch 5, 30).
A éste, Dios le resucitó al tercer día (Hch 10, 40).
Pero Dios le resucitó de entre los muertos (Hch 13, 30).

De ahí que si nosotros tenemos fe es porque la hemos recibido por un testimonio:
(…) tal como nos las han transmitido (toµc, oooov) los que desde el principio fueron testigos
oculares y servidores de la Palabra (Lc 1, 2). Esta información de las cosas que se han verificado entre
nosotros, no es por una revelación directa, sino por la transmisión de un testimonio que se remonta al
Señor.
Porque os transmití (toµc, oeko), en primer lugar, lo que a mi vez recibí (toµc,ìo|ov) (1Cor 15,
3); Porque yo recibí del Señor (toµc,ìo|ov tou/ kuµi,ou) lo que os he transmitido (toµc,oeko u`µi/v)

1
Cfr. DÉLAS Segura, Eduardo; Dios es Jesús de Nazaret. Cristología desde dentro; Grupo Nelson y Ediciones Noufront, 3ª
edición, EUA 2011, p. 155.
Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 4

(1 Cor 11, 23). Estas expresiones de Pablo, son ya formulaciones fijas que serán empleadas tiempo
después en las futuras profesiones de fe.
A partir de la experiencia de la persona de Jesús de Nazareth y de su resurrección, es como nace el
testimonio vivo de los discípulos, quienes empezaron a desarrollar una nueva y propia comprensión de
lo sucedido. Gracias a esta nueva comprensión de los hechos, fueron haciendo relecturas de sus propios
recuerdos y vivencias en miras a entender mejor su relación e implicaciones con aquel que había sido
ejecutado en una cruz.
En adelante, todo suceso que tuviera que ver con Jesús de Nazareth -en especial su resurrección-,
tenía ya un nuevo sentido unificador, en el que se integraban no solo sus dichos y hechos en vida, sino lo
comprendido en su muerte y post-mortem, a la luz de las profecías del AT.
Este testimonio no hubiera tenido significado alguno si el ejecutado hubiese sido un simple
humano. Sin embargo, la resurrección representa no solo una irrupción de Dios en la historia, sino un
viraje novedoso en la vida de sus discípulos. Por tal, nuestra fe en la persona de Jesús como Hijo de Dios
y en su resurrección no es por el simple asentimiento a una fórmula de fe, sino por la recepción de un
testimonio vivo y experiencia decisiva que motivó a creer en el Resucitado como el Señor:
Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana.
civ oc. Xµioto. j ouv k cv¸q,¸cµtoi, µotoi,o q` ti,otij u`µe/v (1 Cor 15, 17).

Aunque el fenómeno de la resurrección ya era conocido en el ambiente veterotestamentario, sin
embargo, para los discípulos significó un hecho sin precedentes, con infinitos alcances y nuevas
implicaciones:
Al llegar a su último suspiro dijo: « Tú, criminal, nos privas de la vida presente,
pero el Rey del mundo a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida
eterna. » (2 M 7, 9).
Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y
necio rogar por los muertos (2 M 12, 44).
Revivirán tus muertos, tus cadáveres resurgirán, despertarán y darán gritos de
júbilo los moradores del polvo (Is 26, 19).
Yo profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron y se
incorporaron sobre sus pies: era un enorme, inmenso ejército (Ez 37, 10).
Pues no has de abandonar mi alma al seol, ni dejarás a tu amigo ver la fosa (Sal 16,
10).
Pero Dios rescatará mi alma, de las garras del seol me cobrará (Sal 49, 16).
Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 5

Aunque, a juicio de los hombres, hayan sufrido castigos, su esperanza estaba llena
de inmortalidad (Sab 3, 4).
Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la
vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno (Dn 12, 2).


1. La resurrección como clave de la fe
Vio y creyó
koi. ci/`ocv koi. cv ti,otcuocv (Jn 20, 8)

En la narración de la tumba vacía podemos presuponer que en ella han influido las diferentes
preocupaciones teológicas de los autores sagrados y de la comunidad, entre ellas, apologéticas. Pero esto
no permite considerarla como una leyenda, puesto que la predicación de la Resurrección presupone
necesariamente el hecho de la tumba vacía. Si tenemos presente que para los judíos de aquel tiempo
resucitar de entre los muertos significaba necesariamente la resurrección corpórea, tenemos que
concluir que la comunidad primitiva no podía predicar que Jesús había resucitado si en verdad no
hubiese sabido que la tumba objetivamente estaba vacía.
2

Aun así, ¿era necesaria la ausencia del cuerpo en la tumba para decir que Jesús había resucitado?
Aunque por el momento tenemos que decir que el hecho del sepulcro vacío no demuestra por sí la
Resurrección, lo cierto es que al hablar de la Resurrección de Jesús, hablamos del despertar de una
persona, de un todo, de un soma pneumatikón (ooµo tvcuµotiko,v), y por lo tanto, es un presupuesto,
que en conjunto, es necesario para la fe en la Resurrección.
3

Por ejemplo, en Hch 2, 29 encontramos que Pedro constata que, por ahora, en David no se ha
cumplido la esperanza de la vida: David murió y lo enterraron y conservamos su sepulcro hasta el día
de hoy. El sepulcro con el cadáver es la prueba de que no ha habido resurrección. Con esto podemos
decir que en la Resurrección de Jesús se cumple la promesa de Dios de salvar al fiel de la corrupción, y
No conocer la corrupción es precisamente la definición de resurrección. Solo la corrupción era tenida
como la muerte definitiva.
4


2
Cfr. KÜNG, Hans; Credo; Editorial Trotta, 7ª edición, Madrid 2007, p. 106; cfr. LOHFINK, Gerhard; La Resurrección de
Jesús y la crítica-histórica; versión digital, p. 3.
3
Cfr. RATZINGER, Joseph; Jesús de Nazaret. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección; Ediciones
Encuentro/Planeta, Madrid 2011, p. 297.
4
Cfr. Ibídem., pp. 298-299.
Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 6

Los relatos sobre la tumba vacía no deben ser entendidos como reconocimiento de un hecho, sino
como la reconstrucción narrativa, surgida ya bastante después.
5
Con ello, podemos confirmar que el
argumento del sepulcro vacío no es relevante para la fe, pero sí necesario para su comprensión, en el
sentido de que el acontecimiento pascual está ilustrado o explicado por el sepulcro vacío.
6
Este
argumento tomado aisladamente no posibilita conclusión alguna en la Resurrección de Jesús, es decir, en
un principio se dijo que los seguidores de Jesús habían robado el cadáver, que un jardinero lo había
cambiado de sitio, incluso se recurrió a terremotos que habrían provocado la desaparición del cuerpo en
una grieta. Con todo, debe entenderse bien que el hecho de la tumba vacía no es todavía la Resurrección.
En Lucas los discípulos no llegan a la fe por la noticia de la tumba vacía y en los Evangeli os el
significado de la tumba vacía debe ser explicado por los ángeles: No está aquí, ha resucitado. Esto nos
indica que en sí, el fenómeno de la tumba vacía es ambivalente y abierto a distintas interpretaciones.
7

Con respecto a las apariciones nos servirá de punto de partida el testimonio más antiguo de la
Resurrección en 1 Cor 15, 3-8. La primera carta a los Corintios fue escrita por Pablo en el año 55 ó 56
en Éfeso, pero las fórmulas de fe citadas son mucho más antiguas y el mismo Pablo lo advierte: Yo os he
transmitido lo que yo mismo he recibido. Con este testimonio nos acercamos mucho a los
acontecimientos.
Pero el punto valioso de este testimonio, que podemos llamar valor de la Tradición en la
Revelación, es la afirmación, en conexión directa con la fórmula de fe citada, de que a él mismo se le
apareció el Resucitado de la misma manera que se apareció a los otros apóstoles.
8
Nos encontramos ante
un testigo de primera mano.
Se ha dicho que los discípulos creyeron ver a Jesús, pues así introducimos la razón histórica más
difícil ¿Cómo interpretar esta cuestión? ¿No se tratará de una simple proyección del subconsciente? Los
discípulos apenas podían creer que su Maestro muriera de manera atroz y entonces surgió de su interior
una imagen de su maestro que no estaba muerto, sino que seguía con vida
9
. Se podría argüir que el deseo
y su dependencia hacia Jesús sería la causa de las apariciones.
Tal tesis carecería de valor, pues la diversidad de personas y grupos de personas que ven al
Resucitado es un argumento mucho más serio en contra de unas visiones meramente subjetivas.
Recordemos la aparición a 500 hermanos a la vez según 1 Cor 15, 5-6. Y ¿cabría la posibilidad de una
psicosis colectiva?
No nos es posible, por más que queramos, hallar la causa de estas apariciones bajo una perspectiva
meramente psicológica. Pareciera que se nos han acabado los pretextos. Es prácticamente imposible

5
Cfr. KÜNG, Hans, op. cit., p. 108.
6
Cfr. BOFF, Leonardo; La Resurrección de Cristo. Nuestra Resurrección en la muerte; Editorial Sal Terrae, Santander 1994,
p. 72.
7
Cfr. KÜNG, Hans, op. cit., pp. 106-107; LOHFINK, Gerhard, op. cit., pp. 1-2.
8
Cfr. RATZINGER, Joseph, op. cit., p. 302.
9
Cfr. KÜNG, Hans, op. cit., pp. 110-111.
Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 7

considerar como meras visiones subjetivas las apariciones a personas tan distintas como Pedro, Santiago
y Pablo, considerando también la multitud de 500. Además de que es imposible interpretar la
Resurrección de Cristo fuera del orden físico, y no reconocerlo como un hecho histórico (CCE 643). Nos
encontramos pues, con personas de diferentes intereses, metas, orígenes y posiciones personales ante el
acontecimiento de Jesús de Nazaret.
La verdadera confesión original, y siguiendo el hilo de la Tradición, está en 1 Cor 15, 5-8 cuando
dice: Se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce, y siguiendo con el recuento a más de 500… a
Santiago, después a todos los apóstoles… por último, a mí (Pablo). Este pasaje denota el carácter
vinculante de esta confesión sobre las apariciones del Resucitado a muchos. Esta revelación del
Resucitado entra a formar parte de la fe de la Iglesia, como elemento esencial, destinada a todos (CCE
641, 642).
10

Partamos de la idea que tenía el pensamiento judío de entonces sobre la resurrección de los
muertos. La resurrección pertenecía a la doctrina de los últimos acontecimientos. La mayoría de los
judíos del tiempo de Jesús estaban convencidos de que Dios resucitaría a los muertos al final de la
historia. La resurrección pertenecía pues al fin del mundo.
11
¿Cómo era posible que este hombre, ya
resucitado, fuera visible y palpable en nuestras coordenadas? ¿Había adelantado el futuro al presente?
Esto significa que cuando los discípulos predican que Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos,
predican el fin del mundo, y empieza el mundo nuevo. Por ello, Cristo es la nueva creación.
Si los últimos acontecimientos, según la mentalidad judía, pertenecen al fin de los tiempos,
podemos concluir que lo que sabían los discípulos con respecto al tema, no podía crear una proyección
psicológica, por más inconsciente que fuera, de una resurrección como la que ellos predicaban y que era
profesada por la Iglesia primitiva. Por consiguiente, surge la fe en la experiencia real, metahistórica y
escatológica en Cristo resucitado.
Se podrían aducir muchas otras objeciones de carácter histórico e incluso clínico, pero todas ellas
caerían por tierra, debido a que el acontecimiento de la Resurrección está más allá de la frontera
infranqueable que toda ciencia nunca podrá superar (CCE 647). Tal vez se escudarán en la falta de
material necesario y en que las investigaciones están en vías de desarrollo, que algunas de ellas
dependen del avance tecnológico.
Sin embargo, la Iglesia, desde el tiempo de los sucesos que ahora nos ocupan y a lo largo de los
siglos confirma su fe en que Jesús no está en el sepulcro, pues ha resucitado, pues, por más que el
hombre participe del avance científico y se alegre de los alentadores pasos, alcanzables solo por su
medio inestable y falible, jamás se igualará con lo que Dios nos prometió con la Resurrección de Jesús,
el Nuevo Hombre (CCE 651-655).


10
Cfr. RATZINGER, Joseph, op. cit., pp. 302-303.
11
Cfr. LOHFINK, Gerhard, op. cit., p. 5.
Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 8

2. La resurrección como presencia de Jesús en su Iglesia
Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a
los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó J esús
en medio de ellos y les dijo: « La paz con vosotros » (Jn 20, 19).
Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo:
« La paz con vosotros » (Lc 24, 36).

La resurrección de Jesús se mueve en horizontes totalmente distintos, pero no por ello tan distantes
de las coordenadas espacio-temporales que imposibiliten no solo la percepción del Nuevo Hombre, sino
la interacción con una nueva realidad y su desvelamiento solo por su medio, pues a pesar de que las
puertas están cerradas, Él llega y de improviso se aparece, se hace presente en medio de ellos. Eso
quiere decir que, es plenamente corpóreo y sin embargo no está sujeto a las leyes de la corporeidad.
12
En
los relatos sobre las apariciones a los discípulos, hay elementos que no hay que pasar por alto, pues nos
indican que el estado con quien interactúan los discípulos es el de una persona real, tan real que su
comunicación es dialéctica: se aparece en medio de ellos, siempre en torno a los Once y no de manera
individual; cuando se les aparece les comunica un mensaje de manera oral, que está en sintonía con la
misión que va a emprender junto con ellos. Además de los verbos aparecerse, hacerse presente y
hablar, decir en el siguiente pasaje está otro verbo que puede ayudar a entender el significado e
implicaciones de que la Eucaristía sea no un rito, sino la comida del Señor.
… se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante
cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios. Mientras estaba
comiendo con ellos (ouvoìi,o,µcvoj), les mandó que no se ausentasen de Jerusalén…
(Hch 1, 3s).

En este pasaje Lucas habla de tres elementos que caracterizan el nuevo estado del resucitado:
apareció, habló y comió con ellos; estos tres verbos están íntimamente relacionados y revelan la nueva
identidad de Jesús.
13
Lucas utiliza la palabra ouvoìi,o,µcvoj que traducida literalmente significa comer
con ellos sal. En el AT, el comer en común pan y sal o sólo la sal, sirve para sellar sólidas alianzas (Nm
18, 19; 2 Cr 13,5) La sal es considerada como garantía de durabilidad, remedio contra la corrupción que
forma parte de la naturaleza de la muerte, de tal modo que cada vez que se toma este alimento es un
modo de combatir la muerte y conservar la vida. Al comer sal, Jesús se muestra como signo de la vida
nueva, y hace referencia al banquete nuevo del resucitado con sus invitados, es decir, que es un
acontecimiento de alianza en íntima conexión con la última cena, que es el cuerpo y la sangre de la

12
Cfr. RATZINGER, Joseph, op. cit., p. 309.
13
Cfr. Ibídem., p. 314.
Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 9

nueva alianza. Así pues, comer sal expresa un vínculo interior entre la comida anterior a la pasión y la
nueva comunión de mesa del resucitado.
14

Jesús atrae de nuevo a sí a los discípulos en la comunión de una alianza consigo y con el Dios
vivo. Los hace partícipes de la vida verdadera, y mediante una comida (la Eucaristía) sazona su vida con
la participación en su Pasión.
15

Las palabras Haced esto en memoria mía, no solo son un mandato de repetir este gesto, sino que
también son interpretadas como una institución, es decir, aquello que Jesús dijo e hizo, debía ser
continuado por los que estaban ahí, conservando no solo el carácter festivo de la Pascua judía, sino la
vinculación determinante con su persona que, con sus palabras y gestos, inaugura un nuevo culto, a la
manera de una comida.
16


Conclusión: sin justicia no es posible la vivencia de la Eucaristía.
17
Y al dar estas disposiciones, no os alabo, porque vuestras reuniones son más para
mal que para bien.
18
Pues, ante todo, oigo que, al reuniros en la asamblea, hay entre
vosotros divisiones, y lo creo en parte.
19
Desde luego, tiene que haber entre vosotros
también disensiones, para que se ponga de manifiesto quiénes son de probada virtud
entre vosotros.
20
Cuando os reunís, pues, en común, eso ya no es (ouvk c; otiv) comer la
Cena del Señor;
21
porque cada uno come primero su propia cena, y mientras uno pasa
hambre, otro se embriaga.
22
¿No tenéis casas para comer y beber? ¿O es que despreciáis
a la Iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué voy a deciros? ¿Alabaros?
¡En eso no los alabo! (1 Cor 11, 17-22).

En este pasaje, Pablo relata la institución de la Eucaristía, pero antes de citar las palabras del
Señor, recuerda a la comunidad que donde hay divisiones es imposible comer la Cena del Señor:
Cuando os reunís, pues, en común, eso ya no es comer la Cena del Señor (v. 20). Donde no hay una
comunidad unida en la solidaridad, que supera las diferencias sociales, económicas y culturales, es
imposible la Eucaristía: porque cada uno come primero su propia cena, y mientras uno pasa hambre,
otro se embriaga (v. 21). La expresión ouvk c; otiv del v. 20, en el contexto de la frase, muestra que no se
trata simplemente de un hecho, sino de una imposibilidad que viene determinada por las divisiones
sociales, económicas y culturales que existían en la comunidad.
17

Tal expresión no es tan desatinada, pues para muchos -en la opinión de Gustavo Gutiérrez-, la
participación en la celebración eucarística es vista como un acto que al carecer de respaldo en una

14
Cfr. Ibídem., pp. 314-315.
15
Cfr. Ibídem., p. 316.
16
Cfr. Ibídem., pp. 165-166.
17
Cfr. CASTILLO, José María; Donde no hay justicia no hay eucaristía; versión digital, p. 21.
Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 10

comunidad auténtica, adquiere visos ficticios.
18
Cualquier celebración eucarística debería despertar en
los cristianos anhelos morales y sociales que los impulsen a tomar parte activa, a través de un estilo de
vida arraigado en la solidaridad con los que menos poseen, en los esfuerzos por remediar el hambre, la
sed, la soledad, la marginación, que no tienen otra raíz, sino en la violación de la justicia y la paz,
atentando gravemente a la caridad que se supone, inspira e impera en la comunidad cristiana y que la
manifiestan celebrativamente en el culto divino. Ahora bien, cabe preguntarse: ¿qué relación existe entre
la Eucaristía y la justicia? Si es que llegase a haber una posible relación, ¿de qué manera interactúan una
con otra? Dicho de otra manera, ¿es la justicia una condición necesaria para poder celebrar la Eucaristía?
¿o se trata más bien de una consecuencia de la celebración eucarística? O mejor, ¿se puede decir que la
justicia es un constitutivo esencial de la Eucaristía? La experiencia nos enseña que la justicia no se ha
exigido, de hecho, ni como condición, ni como consecuencia, ni menos aún como constitutivo de la
celebración eucarística.
19
Veamos por qué.
La moral cristiana siempre nos ha insistido que para comulgar es necesario estar en gracia, lo que
supone, entre otras cosas, tener la conciencia limpia en todo lo que afecta a la justicia. Desde este punto
de vista se puede decir que la justicia ha sido exigida, al menos en ciertos casos, como condición
necesaria para poder participar en la eucaristía. Por otra parte, estamos al tanto de que la caridad y la
unidad son frutos muy propios de este sacramento. Lo que quiere decir que las relaciones correctas entre
los hombres son una consecuencia enteramente natural de la celebración eucarística. También es sabido
que, por todas partes se celebran misas en las que participan individuos que cometen sistemáticamente
atropellos a los derechos fundamentales de la persona y son recibidos con toda solemnidad a la puerta de
los templos y colocados en sitios de preferencia para participar en la celebración de la Eucaristía, estos
individuos van a seguir cometiendo injusticias y, desde luego, ni se les pasa por la cabeza que la justicia
sea un constitutivo de la celebración en la que participan, como lo son el pan y el vino o las palabras de
consagración. Mediante este ejemplo de la vida práctica cristiana, se evidencía que no se ha tomado muy
en serio la relación necesariamente existente entre justicia y Eucaristía.
20
¿A quién corresponde tal
tarea? Sea como fuere, y por encima de cualquier argumentación lógica, válida y lícita, el hecho es que
la justicia no se requiere -en la práctica y en la generalidad de los casos- ni como condición, ni como
consecuencia, ni como constitutivo de la celebración eucarística.
Sin embargo, la Iglesia está convencida de que la Eucaristía es el signo eficaz que expresa y
realiza la unidad entre los creyentes. El Concilio Vaticano II destaca este aspecto de la Eucaristía como
signo de la unidad entre los fieles:
(…) Así se manifiesta toda la Iglesia como “una muchedumbre reunida por la
unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (LG 4).
La vida de Cristo en este cuerpo se comunica a los creyentes, que se unen misteriosa
y realmente a Cristo, paciente y glorificado, por medio de los sacramentos (…) En la

18
Cfr. GUTIERREZ, Gustavo; Teología de la Liberación. Perspectivas; Ed. Sígueme, Verdad e Imagen, Salamanca 1990, p.
180.
19
Cfr. CASTILLO, José María, op. cit., pp. 1-2.
20
Cfr. Ibídem., p. 2.
Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 11

fracción del pan eucarístico, participando realmente del cuerpo del Señor, nos
elevamos a una comunión con El y entre nosotros mismos. “Porque el pan es uno,
somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan” (1 Cor 10,
17) (LG 7).
Una vez saciados con el cuerpo de Cristo en la asamblea sagrada, manifiestan
concretamente la unidad del pueblo de Dios aptamente significada y maravillosamente
producida por este augustísimo sacramento (LG 11).

El problema más profundo que aquí se plantea consiste en determinar qué es lo esencial de la
Eucaristía: ¿la conversión del pan y del vino en el cuerpo y en la sangre de Cristo conocida como
transubstanciación?, ¿o lo esencial de la Eucaristía está en que ese pan y ese vino, convertidos en el
cuerpo y en la sangre de Cristo y comidos por los miembros de la comunidad, son el signo eficaz que
realiza y expresa la unidad entre los hombres?, ¿o ambas?
21
Cuando se trata la teología eucarística, aún
se siguen abordando los argumentos que corresponden a la teología medieval y tridentina,
concretamente en el problema de la presencia de Cristo en la eucaristía y en el problema de cómo
explicar esa presencia, que fue la cuestión fundamental que se plantearon los teólogos de los ss. IX-XI.
22

En efecto, el problema central de la teología antigua de la Eucaristía no fue el problema de la presencia
de Cristo en los elementos del pan y del vino, sino lo que interesó vivamente a la Iglesia de aquellos
primeros siglos fue el problema de la comunidad, en cuanto comunidad eucarística sana, y en cuanto
comunidad eucarística participativa, que consideraba incompatible la eucaristía con la división entre los
hombres y con la injusticia que atropella o abandona a los pobres, a los perseguidos y a los
marginados.
23

A pesar de ello, tal vez por caer en una práctica monótona de nuestro cristianismo, actualmente se
ha constatado poco a poco que el interés de muchos cristianos en la Iglesia ha cambiado, centrando el
valor de la Eucaristía en la presencia de Cristo en las especies eucarísticas, su naturaleza sacrificial y los
efectos disciplinares que derivan de ella, y se ha ido perdiendo de vista la dimensión comunitaria,
eclesial y ético-moral de la eucaristía, sus consecuencia sociales de paz, justicia y amor entre los
miembros de la comunidad. Podría tomarse como ejemplo el hecho de que suele celebrarse la Eucaristía
por todas partes entre masas de gente que ni se conocen, ni se quieren; entre personas que se desprecian
y se oprimen; se celebran eucaristías en las que participan e incluso comulgan los perseguidos y los
perseguidores, los que causan el sufrimiento y los que son víctimas de ese sufrimiento. La Eucaristía es
un misterio que hay que explicar, pero no es ya una experiencia comunitaria que hay que vivir.
24

Evidentemente, la búsqueda de una sociedad más justa y de unas relaciones más fraternales entre
los hombres sería no sólo una condición y una consecuencia de la celebración, sino sobre todo un

21
Cfr. Ídem.
22
Cfr. Ibídem., p. 3.
23
Cfr. Ibídem., p. 19.
24
Cfr. Ídem.
Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 12

constitutivo esencial de la Eucaristía. Si es todo un problema el que se celebrase la Eucaristía sin pan y
sin vino, no sería para menos si una Eucaristía se celebrase a personas que nada tienen que ver entre sí,
si no son una comunidad verdaderamente sana y una comunidad participativa que pone en común lo
que cada uno es y lo que cada uno tiene.
25
Pareciera que, actualmente, los cristianos hemos perdido el
sentido más profundo que tiene la Eucaristía, adoptando así, una visión parcial, espiritualizante y
desencarnada de lo más valioso que tiene la Iglesia. A este respecto, el Papa Benedicto XVI considera
que al participar en el sacrificio de la Cruz, el cristiano comulga con el amor de donación de Cristo y lo
capacita para poder vivir la caridad en cualquier ámbito de la vida. Es más, si la Eucaristía no nos lleva
al ejercicio práctico del amor, entonces, es fragmentaria en sí misma, pues ella no tiene impacto en
nuestras relaciones sociales, ni mucho menos en el testimonio público de la fe (SCa 82-83).
En este sentido, y para profundizar más lo que en realidad implica participar en una Eucaristía,
teniendo como ejes la justicia y la caridad, en la opinión de Philip J. Rosato, los sociólogos y etnólogos
de la religión subrayan el papel central y funcional del alimento sagrado en el sistema cultual de muchos
pueblos. La participación en un banquete sagrado -como lo es la Eucaristía- tiene diferentes
características que favorecen tanto la unidad moral y la cohesión social de la comunidad creyente. Las
comidas sagradas son actos religiosos porque relacionan a la comunidad con Dios. Son actos
comunitarios porque se ofrecen de manera ritual los bienes de la tierra cultivados, cosechados por la
comunidad y en favor de ella. Son actos éticos por la repartición justa de los bienes terrestres entre los
miembros de la comunidad. Son actos pedagógicos porque para la consecución de dichos bienes entran
en juego habilidades, creencias, valores y tradiciones religiosas. La experiencia de participar en una
comida sagrada es un acto de interrelación con el otro, en el que se aprende el respeto, la solidaridad, la
generosidad y gratitud para con la tierra, los semejantes y con Dios, creándose así, lazos de cooperación,
solidaridad, autodonación y paz.
26

Lo que Jesús instituyó fue la Eucaristía en el contexto de una comida. Es más, la instituyó como
comida. Dos verbos denotan la índole de tal acción. El verbo comer (cvoui,e)
27
aparece más de treinta
veces y el verbo beber (ti,ve)
28
más de veinte veces. También abunda la utilización de los sustantivos
pan (o;µtoj)
29
y copa (totq, µiov)
30
. Siendo así, la Eucaristía es esencialmente una comida, pero se trata
de una comida compartida en la que los comensales comen del mismo pan que se parte y se reparte entre

25
Cfr. Ídem.
26
Cfr. ROSATO, Philip J.; Introducción a la teología de los sacramentos; Verbo Divino, Navarra 1994, p. 94.
27
Mt 26, 17. 21. 26; Mc 14, 12. 14. 18. 22; Lc 22, 8. 11. 15. 16; Jn 6, 5. 23. 26. 31. 49. 50. 51. 52. 53. 58; Hch 27, 35; 1 Cor
11, 20. 21. 22. 26. 27. 28. 29. 33. 34.
28
Mt 26, 27. 29; Mc 23, 25; Lc 22, 18. 30; Jn 6, 53. 54. 55. 56; 1 Cor 10, 16. 21; 11, 25. 26. 27. 28. 29.
29
Mt 26, 26; Mc 14, 22; Lc 22, 19; 24, 30; Jn 6, 5. 7. 9. 11. 13. 23. 26. 31. 32. 33. 34. 35. 41. 48. 50. 51. 58; Hch 2, 46; 20, 7.
11; 27, 35; 1 Cor 10, 16. 17; 11, 23. 26. 27. 28.
30
Mt 26, 27; Mc 14, 23; Lc 22, 17. 20; 1 Cor 10, 16. 21; 11, 25. 27. 29.
Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 13

todos,
31
y beben todos de la misma copa
32
que pasa de boca en boca desde el primero hasta el último de
los invitados.
33

A la luz de estas reflexiones, es posible afirmar que el gesto eucarístico de Jesús, además de que
comporta una dimensión sacrificial, de justificación y redención, manifiesta también la consolidación de
la comunidad en la con-vivencia a la que Jesús llamó en su vida temporal mediante sus dichos y hechos
que culminan con la autodonación del cenáculo y luego en la Cruz.
De ahí que Jesús considerara la cena con sus discípulos como el comienzo de una Nueva Alianza
de la humanidad con el Padre: porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos
para perdón de los pecados (Mt 26, 28). Jesús se alía con el Padre en favor de los marginados y pobres,
representados por los discípulos, quienes habían sido llamados en razón de alguna forma de pobreza
moral o social que los hacía diferentes de los demás. En esa cena Jesús entra en comunión con la
realidad de injusticia personal y comunitaria.
34

A este respecto, es significativo que en el libro de los Hechos de los Apóstoles, la Eucaristía se
llame simplemente fracción del pan o partir el pan:
42
Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la
fracción del pan y a las oraciones (…)
46
Acudían al Templo todos los días con
perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el
alimento con alegría y sencillez de corazón (2, 42. 46).
7
El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del pan,
Pablo, que debía marchar al día siguiente, conversaba con ellos y alargó la charla
hasta la medianoche (…)
11
Subió luego; partió el pan y comió; después platicó largo
tiempo, hasta el amanecer. Entonces se marchó (20, 7. 11).

Es decir, se trata de una comida en común, celebrada en las casas en un ambiente de alegría y
estrechamente asociada a la comunicación de bienes. De esta manera, el autor del libro de los Hechos
quiere destacar que el ideal comunitario, era posible en la comunidad primitiva cristiana
35
:
44
Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común (…)
46
Acudían al
Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las
casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.
47
Alababan a Dios y
gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad
a los que se habían de salvar (2, 44.46-47).

31
Mt 26, 26; Mc 14, 22; Lc 22, 19; 1 Cor 11, 24.
32
Mt 26, 27; Mc 14, 23; cfr. Lc 22, 20; 1 Cor 11, 25.
33
Cfr. CASTILLO, José María, op. cit., pp. 19-20.
34
Cfr. ROSATO, Philip J., op. cit., p. 95.
35
Cfr. CASTILLO, José María, op. cit., p. 20.
Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 14

32
La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie
llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos (…)
34
No había
entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los
vendían, traían el importe de la venta,
35
y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se
repartía a cada uno según su necesidad (4, 32.34-35).

Ahora bien, la clave para entender el significado último de estas comidas está en que, en la
mentalidad judía, compartir la mesa no solo representaba solidarizarse con los comensales, sino
concretamente con los pobres y miserables de este mundo:
Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos;
y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la
resurrección de los justos (Lc 14, 13-14).
Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo
a su siervo: "Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los
pobres y lisiados, y ciegos y cojos" (Lc 14, 21).

La comensalidad abierta a la que Jesús invita, sentándose a la mesa con gente estigmatizada e
impura en términos sociales, era un signo profético claro, provocativo a los judíos, pero de carácter
inclusivo y de apertura del Reino. La razón por la que actúa así, está en que quiere hacer presente a un
Dios cercano a todos sin importar su condición humana y espiritual, dejando abolida la legitimación
religiosa de la marginación de unos y la superioridad de otros.
36

Esta praxis de Jesús tiene una relación muy directa con la interpretación fundamental de la
Eucaristía. En este sentido, la última cena llevada a cabo en el cenáculo, es para Jesús un punto final
largamente deseado. La Eucaristía proyecta anticipadamente los acontecimientos estrechamente
relacionados de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, pues la hora de su acción de gracias al
Padre, la hora de su autodonación en el amor, es la hora que ha llegado, en la que Jesús aún puede,
libre y decisivamente disponer sobre sí: Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había
llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo,
los amó hasta el extremo (Jn 13, 1). Este gesto de apertura y entrega de Jesús al Otro en el otro, es
entendida como una hora insuperable, puesto que va hacia el final definitivo de su autodonación en el
amor (civj tc,ìoj). Su entrega por muchos (u` tc. µ toììw/v, semitismo de Mc 14, 24 que equivale a todos,
yendo más allá de las barreras veterotestamentarias sobre la exclusión de los gentiles de la salvación), no
es únicamente en espíritu, sino realización plenamente humana e histórica, en virtud de la Encarnación,
revelando con mayor profundidad la identidad de la persona de Jesús.
37
En resumidas cuentas, la

36
Cfr. DÉLAS Segura, Eduardo, op. cit., p. 84.
37
Cfr. BALTHASAR, Hans Urs von; Teología de los tres días. El Misterio Pascual; Ediciones Encuentro, Madrid 2000, pp.
83-84.
Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 15

posibilidad que tiene la Iglesia de hacer Eucaristía tiene su raíz en la donación que Cristo le ha hecho de
sí mismo (SCa 14).
Puesto ya todo el contexto, las implicaciones y consecuencias prácticas de la resurrección de
Jesús, es claro entenderla como el acontecimiento histórico y de fe que no pretende imponerse de una
manera apabullante que somete, domina y controla, sino que quiere suscitar la fe sencilla, bajo la más
absoluta libertad que es capaz de acoger la palabra de Dios como verdad.
38
De esta manera, la
resurrección se convierte en el signo de la transformación del hombre, naciendo así el nuevo modelo
antropológico, que es el Jesús resucitado, eje de toda humanidad. Quizás la resurrección pueda
traducirse hoy en la Iglesia como fuerza para vivir, para amar, para entregar la vida en el servicio a
Dios y a los hombres, y para que el mundo crea que Jesús es el Señor.
39








38
Cfr. DÉLAS Segura, Eduardo, op. cit., p. 164.
39
Cfr. Ibídem., p. 165.
Ernesto Junior Martínez Avelino La resurrección de Jesús como plataforma interpretativa de la teología cristiana 16

Referencia bibliográfica


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 CASTILLO, José María; Donde no hay justicia no hay eucaristía; versión digital.


 Catecismo de la Iglesia Católica, Coeditores Católicos de México, México D. F. 2001.

 DÉLAS Segura, Eduardo; Dios es Jesús de Nazaret. Cristología desde dentro; Grupo Nelson y
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 KÜNG, Hans; Credo; Editorial Trotta, 7ª edición, Madrid 2007.

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 Nuevo Testamento Trilingüe, edición crítica de José María Bover y José O´Callaghan, BAC,
Madrid 2005.

 RATZINGER, Joseph; Jesús de Nazaret. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección;
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 ROSATO, Philip J.; Introducción a la teología de los sacramentos; Verbo Divino, Navarra 1994.