PRESENTED TO

THE LIBRARY
BY

PROFESSOR MILTON
OF THE

A.

BUCHANAN

DEPARTMENT OF ITALIAX AND SPANISH
1906-1946

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2011 with funding from
University of Toronto

http://www.archive.org/details/losltimosromnticOObaro

Baroja
EL PASADO

Los Últimos Románticos

MADRID
LIBRERÍA DE LOS SUCESORES DE HERNANDO Calle del Arenal, núm. 11.

1906

ITALIA-ESPAÑA

EX-LIBRIS M. A. BUCHANAN

.EL PASADO OS últimos Románticos.

OBRAS DEL AUTOR
Vidas Sombrías.

—2

pesetas.

La Casa de Aizgorri.

— 3 pesetas.

Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox. 3 pesetas.

Camino de

perfección.

3 pesetas.

El Mayorazgo de Labraz.
Idilios vascos.

— 3 pesetas.

— 0,75 pesetas.

La Busca.
Mala

— 3,50 pesetas. Hierba. — 3,50 pesetas.

Aurora Roja.

— 3,50 pesetas.

— 1 peseta. La Feria de los Discretos. — 3,50 pesetas. Paradox, Rey. — 3 pesetas.
Bl Tablado de Arlequín.

EN PRENSA
EL PASADO:
Las Tragedias Grotescas.

EL PASADO

OS Glíímos

Romántico
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POR

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B.2- 49

MADRID
LIBRERÍA DE LOS SUCESORES DE HERNANDO Calle del Arenal, núm. 11.

1906

Es propiedad.

Imprenta de

los

Sucesores de Hernando, Quintana,

3l{.

LOS ÚLTIMOS ROiMÁNTlCOS

En donde

el

autor presenta á su héroe.

El día era nublado, gris; un día de prima-

vera parisiense, con las calles constantemente

húmedas y

el aire

empañado por

la niebla.

A

cada rato alternaban el sol y la lluvia. El cielo bajo, plomizo, se abría rara vez para mostrar entre las nubes un trozo de espacio azul, bella mirada suave como una esperanza. En aquel momento una hora antes de anochecer, diluviaba. El agua caía de una manera torrencial, en grandes gotas; sonaba en las aceras con un chasquido metálico y mojaba las hojas nacientes de los árboles del Luxemburgo, en cuyas enramadas verdes piaban los
,

pájaros con algarabía estrepitosa.

Un

gran tropel de gente guarecida en

los

PÍO BAROJA

arcos del Odeón, esperaba

el

escampo;

los

nibus pasaban lentos, con los cristales

ómempa-

ñados;

el

conductor en
el

lo alto del

pescante

aguantaba

chapari-ón impertérrito; los co-

ches volaban, los señores de sombrero de copa,
gente de aire universitario, se metían en los
portales cerrando sus paraguas, y alguna

mu-

con una gran caja de cartón al brazo, esperaba, mirando al cielo con impaciencia, el momento de seguir su camino, corriendo, saltando los charcos, con las faldas recogidas, enseñando las pantorrillas. En el instante álgido del chubasco, cuando más fuerte, densa y sonora era la lluvia, un coclie que venía del bulevard Saint-Michel entró por la calle de Médicis en la de Vaugirard, pasó por delante del Senado y siguió costeando la verja del jardín del Luxemburgo hasta detenerse frente á una casa blanca de dos pisos, tejado agudo de pizarra, gran puerta en arco de medio punto y espacioso zaguán. Del coche bajó un caballero de cierta edad vestido de negi'o, con una maleta en la mano y un gabán en el brazo; entregó, después de registrarse los bolsillos, una moneda de cinco
chacha, aprendiza de
taller

francos al cochero,
ta, le

el

cual

le

devolvió la vuel-

dio la propina y entró en el portal de la

casa rápidamente, no sin haberse mojado en
el

poco tiempo que estuvo fuera del coche. Un viejo conserje, vestido con una librea

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

7

obscura, se acercó al recién llegado á ver lo

que deseaba.

— ¿La
éste.

señorita de

Montville?

— preguntó

— En

el

primer

piso.

Le

advierto á usted,

que la señorita no recibe. Sí, sé que está enferma y el recién llegado añadió balbuceando en un francés lamentable: vengo de España únicamente para
caballero,

vería.

— ¡Ah! eso
llero,

es otra cosa.

Suba

usted, caba-

suba usted. Creo que le están esperando. El señor cruzó el zaguán, en cuyo fondo se columbraba un jardincillo sombrío de paredes negras invadidas por yedras, subió por una escalera ancha, alfombrada, hasta el primer piso, se detuvo aquí y tiró del cordón de la
campanilla.

Una
tida

vieja flacucha, de cara angulosa, ves-

de negro, con una cofia blanca, se presentó, después de largo rato, en la puerta. Era una mujer de aire monjil, de expresión entre
arisca, zafia

y suspicaz.

El caballero volvió á preguntar por la seño-

de Montville, y explicó como mejor pudo que acababa de llegar de España. La vieja, luego de examinar al recién venido con una mirada recelosa le permitió pasar
rita
,

al recibimiento,

para

lo

cual abrió la puerta,

dejando sólo

el

espacio indispensable para que

PÍO DAROJA pasara. y pasaron á una alcoba tapizada de blanco. Blanca? el caballero estrechando la mano de ¿Y en anciana señorita entre las suyas. En una cama grande. se arregló la corbata mirándose á un espejo. descansaba una anciana de pelo blanco. tomando la tarjeta que el señor le enti-egaba. — Mal. Después. luego un gabinete. Atravesaron una sala-biblioteca grande y obscura. ¡Fausto! ¡Fausto! —exclamó la señorita — abriendo sus brazos. tu casa? qué le ha paesta- sado? Cuente usted. la do el nariz corva y la boca bondadosa. . apoyacuerpo en varias almohadas. El caballero dejó en un rincón la maleta y encima el abrigo. hijo. monumental. Tenía la piel transparente y algo rosada. Era la señorita de Montville. — He do dos días entre la vida y la muerte. le rogó que esperase. envuelta en un mantón de seda. en donde entraba la luz de la calle cernida al pasar por cortinones de muselina. se alisó el pelo y esperó. y se fué rápidamente. muy mal. ¿Y á usted. — Todos iDuenos. He tenido un ataque al corazón. venido! — ¡Gracias á Dios que has — preguntó la — ¿Y cómo está usted. Al poco rato volvió á aparecer la criada por otra puerta y le indicó al señor que le siguiese.

cual hizo un gesto de impaciencia al adver- tir la — bajo. No. Si no fuera por ciertas consideraciones. en el centro del de raso blanco. Se hallaba — . Sí no creo que usted es de las que se dejan dominar. cama. Enfrente del balcón.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS \) — ¿De veras? — Ahora parece que ha pasado Sí. Ésta dijo la anciana señorita por — lo mostrando la lido la criada — es una mujer que vive conmi- puerta por donde había sa- go hace muchos años y quiere mandar en mi casa. se levantaba la . ¡Siéntate! Tenemos que hablar. como si quisiera demostrar su domi- nio en la casa. el peUgro inmediato. Plácida. tardanza significativa de la Plácida. Te llamaré : — si te necesito. Don Fausto miró la á la señorita de Montville. las paredes cubierel techo pintado y con molduras. abre un poco las cortinas. me fastidian las gentes dominadoras y absorbentes. una canoa de estilo Imcuarto. Mira. Se sentó don Fausto. verdaderamente inmensa. Hizo lo dicho don Fausto y entró la última claridad de la tarde en la alcoba. monumental. — ésta alhajada tas á la antigua. Salió la criada sin darse prisa en obedecer la orden. la habría despachado ya. y la señorita de Montville dijo á la vieja criada en francés Puedes marcharte.

¿Son bonitas? — También. de madera. Es la que se parece . — Ah! No creía.. la criada. ¿vives bien? ¿Has sido feliz en el matrimonio? — Sí.. — Ai menos á mi así me lo parecen. con incrustaciones de cobre y pinturas de pavos reales y pájaros del Paraíso con las colas espléndidas extendidas sobre un fondo de oro. otra va á cumplir diez y — ¿Cuál de las dos es más cariñosa? la siete. ¿de qué murió tu madre? Estaba muy delicada con los catarros. — — Ya — No. — Así. y la vieja señorita guió preguntando Dime. — ¿Y tus hijas? ¿Cómo son? Tengo Sí. ¿setenta y tres? — Setenta y cinco. Y j lo tú. Ahora siéntate. No me gustan los espionajes. muy feliz. — ¿Qué edad tienen? — La mayor diez v ocho años. dijo la señorita de Abre esa puerta Montville indicando la que acababa de cerrar — — . Asunción.: 10 PÍO B A HOJA peno. si- Se sentó don Fausto. — ¿Y amables? la — La menor. muchas ganas de conocerlas. tenía también bastante edad. En un almohadón colocado encima de una silla dormía un gato de Angora con un lazo azul en el cuello.

¡Si está usted hecha una niña! Yo parece que tengo muchos más años que usted. Fausto. pero. muy bien. ¿Qué te extraña? Yo no voy á sujetarla ni á convertirla en enfermera.. es iúgo dominadora. no hable usted de morirse. no me encuentro fuerte. La mayor ha tu salido á su madre. quiero que sea sición. Ya sabes lo que le he dicho siempre á tu pobre madre. algo fuerte. ni mucho menos. Blanca. — Pero — ~iBahí — No lo creas. pero es verdad. si le gusta esto y si quiere vivir conmigo hasta que se case... me gusta mucho la juventud. yo le dejaré lo que tengo. — Sí. .LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 11 más á mí. Oye. y me — — gusta es. cuando muera.. — ¿De fuerte? manera que mujer tiene el genio — Oye. ¿Por qué no me traes á tu hija para que me haga compañía? ¿Aquí? Sí. Eso no.. Todo lo que yo tengo. Pues no creas. no estoy para vivir mucho tiempo.. más cuanto más alegre y más sonriente Pero si tú le das permiso á tu hija para que venga. ¿qué te parece? — A mí. Aunque soy vieja.. Te voy á hacer una propoPara eso te he escrito.. para vosotros. Eh.

Además.12 PÍO BAROJA — ¿Qué? — Que habrá que consultar á su madre. y quizás encuentre aquí algún buen novio. Dile á tu mujer lo que te propongo. ella le tomará cariño á usted y usted la querrá también porque es como una niña. — Si fuera un chico — dijo don Fausto — ¡ bastaba con que yo lo pernnitiera. es encantadora — dijo ella. aprenderá bien el francés. Si viene Asunción. pequeña. — Es preciosa. Tengo una renta de diez mil francos y una finca en Normandía. Blanca la única dificultad por el dijo don Fausto momento es que consienta su madre. — ¿No üenes algún retrato de — aquí en cartera debo tener uno chisiete ella? Sí. ¿Qué edad me has dicho que tiene? — — . Yo conozco bastante gente distinguida en París. hay que contar con distinto. Aunque le deje mil quinientos ó dos mil francos de renta á la Plácida. — Ah. la quito. claro! De eso no se puede prescindir. le quedan ocho mil á tu chica. — . . — ¿Es graciosa? — Mucho. lo cual es una bonita dote. pero tratánel asenti- dose de una muchacha es — Es natural. pero que produce algo. — — Diez y años. Mire usted —y don Fausto enseñó á Blanca una fotografía. miento de su madre. No tiene usted que insistir más.

— No olvides. porque aquí no estarías bien. — Entonces puedes ahí. — Yo tendría — — — Me han recomendado una casa española.. — Descuide usted. Tiró la señorita de Montville del cordón de la campanilla. ferma. — Hasta mañana entonces. Estaba el hombre un . cribir á tu mujer? — ¿Cuándo vas á es- — Esta misma noche. No me olvidaré. Sí. — Adiós.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 13 contemplando el retrato. Blanca. pero creo que por unos días más te vale ir á algún hotel. carta.. — ¿Sin detenerte? en casa con mucho gusto. — ¿Has ido á parar á algún hotel? — No. Aquí no tendrías libertad y estarías importunado á cada instante. y la vieja criada de la cofia acompañó á don Fausto hasta el recibimiento. ¿Eh? te Vete á descansar y escribe esa ^ ^ — No tenga usted cuidado. — Claro. me iré á un hotel. estando usted en- — Bueno. Es natural. He venido directamente de la estación. Yo digo franir te lo camente. ¿Conoces alguno? te — Nada. Allí el buen señor cargó con su maleta y el gabán y bajó á la calle.

muy y viendo que no pasaba ningüí] coche. — Yo quisiera venir á hospedarme aquí. sin saber apenas francés. le dieron las señas de una casa de huéspedes española y una carta para uno que vivía en ella. se decidió á ir á pie con la Había cesado de llover. avisó . Llamó. lo cual le facilitaba su estancia en París. goi'da y ventruda. Bajó del coche y subió hasta el segundo piso. en la gran ciudad? A la salida de Madrid. y poco después se detenía en una callejuela larga y tortuosa ante una casa grande. si es posible. pero no está en casa. el señor Bulero'^ — le pregun- — ¡Bulero! aquí vive. La casa indicada estaba en la calle de l'Arbalete. tal calle lo consultó. sórdida y negruzca. allí tomó un coche. . Buscó don Fausto entre los papeles de su cartera y dio con las señas. como á quien se le desba- ratan los planes. y le no se encontraba. maleta al brazo. Rendido. al no entender lo que decía don Fausto. sacó un plano. y la criada. Tenía la idea de hospedarse en casa de Blanca. se detuvo cerca del Odeón.i su ama. una catala- na tó — ¿Vive aquí don Fausto. ¿Adonde iba con poco dinei-o. Don Fausto pareció que la lejos. Sí.14 PÍO BAROJA tanto cariacontecido.

len louer — unas chambres.. profesión. un armario de espejo. rejilla y abrieron poco después. en donde había que indicar el nombre. — ¿No Llamó se sabe ustet la el transes? ¿Á su Pues yo preguntaré. ¿Cuánto cuesta esta habitación*? pregunel oyó ruido de la — — tó don Fausto. pero ahí enfrente sueustet.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 15 dijo la Ah! ¿quiere ustet una chambre? catalana. etc. Salió una jamona casi de tanto volumen como la catalana. Sí. al mes. un lavabo y varias sillas. pero más joven. Pues ahora no tengo ninguna Ilibre. hablando en un extraño galinnatias. Pregunte El caso es dijo don Fausto — — que no sé edat? hablar francés. Don Fausto se caló los lentes y escribió con . catalana en la puerta de enfrente. vestida con una bata azul y llevando un quinqué en la mano. la Sacó don Fausto un billete de la cartera. Le enseñó un cuarto bastante grande. — Cincuenta francos — ¿Por adelantado? — es costumbre. ¿Sap? ¡ — — — Toda la casa está plena. Á las explicaciones dadas por su vecina contestó invitando á pasar á don Fausto. salió del cuarto y volvió al poco rato con un boletín de identificación. la jamona lo guardó en el corsé. del huésped. con una cama de matrimonio.

La vela se consumía y don Fausto dio por terminadas sus notas y se metió en la cama. luego sacó la ropa de maleta y la extendió cuidadosamente sobre la cama para quitarle las arrugas. Tras de esto una carta. de cuarenta y ocho años. residente habitualmente en Madrid». y cuando la concluyó sacó sonriendo un cuaderno. le dejaron solo. propietario. En- la bujía. letra clara : Cumplido cendió la el requisito. lo abrió y comenzó así «¡París! ¡París! ¡Ya estoy en el cerebro del mundo!» Llenó don Fausto varias hojas del cuaderno escribir comenzó á con frases igualmente felices y originales. '^y^-i' . se lavó.: 16 PÍO BAROJA «Fausto Bengoa.

en condiciones de ser traba desgraciada. sin ningún orgullo. imperiosa. Pilar. se sentía feliz. Blanca de Montville y Pilar Poiice de León se conocieron en un colegio de Angulema en donde ambas se educaron y pasaron los primeros años de su juventud. Blanca era altiva. en igual ó parecida. humilde. el regalo más pobre. inteligente y de buen corazón. Cualquier cosa le parecia suficiente para ella. — Pero sé orguUosa — decía Blanca. se encon- una situación 2 . esta amistad se hallaba cimentada en una absoluta divergencia de ideas v de incUnaciones. afable. Entre las dos muchachas se estableció una amistad estrecha y celosa. feliz. servicial. y Pilar. . — ¿Para qué? — contestaba Pilar sonriendo. todo le contentaba . Como sucede casi siempre. el úl- timo premio del colegio. le Blanca.II Historia de dos amigas.

con placer se hubiera mortificado. en su cuar- después de un día de irritación rabiosa. En los días de comunión durante la Semana Santa. . Blanca de Montville. tampoco de las ideas nes esqueléticas de las rior de los que son imágecosas. con su buen sentido.18 PÍO BAROJA En tial lo hondo de nuestro . . y al día siguiente se despertaba buena y to. se manifestaba^ . mimada en el colegio. pero las madres directoras del convento no lo permitían. luego. . una hostilidad contra todo. exaltada. sombras sin realidad . envidiada por las amigas de una soberbia belleza. humilde. con un porvenir halagüeño en perspectiva pues su padre pasaba por rico se consi. Blanca sentía un misticismo agudo. pasados esos accesos. Muy á menudo experimentaba una tristeza punzante. Pilar. no de los aconni ó de la desgracia proviene de del último resultado enviado tecimientos adversos ó felices. Ese rodaje intetono alegre ó triste órganos da el á nuestra conciencia. todo el manan- de la felicidad la vida á la orgánica conciencia por los sentidos. era la calma. ser. Muchas noches. Al lado de Blanca. mística y extravagante. deraba desgraciada. un deseo de perder de vista lo ya conocido y de huir á cualquier parte. lloraba durante horas enteras penas imaginarias. su conformidad y su alegría.

por muy alta que fuera su posición. y comenzó á llevar una vida modesta la más apropiada para sus . Se enviaron recuerdos. en el Prado. Cuando frecuencia. recomendaciones para no ser olvidadas. llamada por sus padres. Ya no se acordaba apenas de su amiga más que en algunos ratos melancólicos en que pensaba en la infancia y en los años de su vida de colegiala embellecidos por la luz mágica del recuerdo. Fernando Bengoa. Pilar esperó á su amiga. Pilar tuvo que contener las lágrimas. entre lágrimas se juraron no olvidarse nunca y escribirse con Pilar. Pilar se casó con un militar. se despidió de Blanca para marcharse á Madrid. como ambas tenían el convencimiento de que no volverían á verse más. sino incrédula. ayudante de su padre el general Ponce de León. paseando en coche. Se reconocieron inmediatamente y se saludaron. hubiera desdeñado así á una amiga de la infancia. pero el coche no paró y siguió adelante. . cuando un día se encontró á Blanca en Madrid.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS (10 19 sólo indiferente en materias de religión. luego cesó la correspondencia. Durante un par de años así lo hicieron. . Blanca de una manera romántica Pilar más vulgarmente y con menos literatura. se contaron sus impresiones. gustos. Nunca. .

sin dejar traslucir su estado económico. Blanca prefirió esto último. pero Blanca no quería hablar de hospitalidad ni de favor. sin notarlo las tendencias del tiempo. No quería depender. Al morir el señor de Montville. sino de trabajo. Algunos negocios ruinosos obligaron al buen señor á pasar los últimos anos de su vida defendiéndose de los acreedores. El padre de Blanca había muerto dejándola La explicación en la miseria. Aquella época estaba saturada de gérmenes purificadores lanzados en el seno de la sociedad por la Revolución francesa.de nadie. el castillo de naipes levantado por él se vino abajo. . no había palabras para denigrar al holgazán de todas las castas. al obrero. Seguía. Los usureros se lanzaron como perros de presa á devorar los restos de la fortuna y dejaron á Blanca en la alternativa de implorar protección entre sus parientes ó de buscar trabajo. . los dramaturgos. cantaban de una manera un tanto enfática y superficial á la institutriz. los novelistas. La mayoría de sus allegados sonrieron al oir hablar á la muchacha de trabajo unos le ofrecieron hospitalidad. fermentaba en el ambiente una mezcla de socia. otros buenos consejos.so PÍO baRoJa de este aparente desdén la dio Blanca pocos días después en casa de Pilar. Los poetas. empalmando pagarés y atrasando el pago de las cuentas. al artista.

la plenitud de Su situación de dependencia le había dado cierto retraimiento y en sus palabras se notaba sarcástico. las heridas de su amor propio tan susceptible. enseñaba. despreció la hospitalidad -que le ofrecieron sus tíos los vizcondes deBaucemont y entró de institutriz en casa de un diplomático. Seguía siendo una romántica impenitente. Se hallaba en toda su belleza. y al trasladar al diplomático de Roma á Madrid. á los pocos días de verla en el Prado á Pilar le pareció Blanca de Montville más hermosa la institutriz fué . Pasó un año en Roma. tenía una verdadera imposibilidad para ver las cosas tal como eran ó las concedía una importancia exagerada. Cuando que nunca. Blanca siguió á la familia con la cual vivía. ó las despreciaba sin causa ni motivo le : La vida nada . á visitar á su amiga. Blanca obró como no podía menos de hacerlo una mujer orguUosa y romántica saturada del jarabe venenoso de Lamartine y demás compadres. sus íntimos dolores. un producto mixto de cosas heterogéneas. un dejo amargo y nuevas visitas de Blanca á casa de su amiga fué expansionándose. leyendo las En Jocelyn. la misma que en el colegio pasaba noches enteras llorando.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 21 lismo sentimental v de ideas caballerescas . mostrando sus penas.

quizás se permitiesen alguna alusión acerca de las muchachas correntonas que quieren ganarse la vida dando lecciones. Que sus luchas. Entre éstos. y á las cartas de sus tíos contestaba con acritud y con testaba. unas veces por culpa suya.22 PÍO BAROJA fondo de su alma fermentaba una mescolanza de ideas revolucionarias. Se consideraba una mujer desgraciada y lo era. Con la manera de ser de Blanca y en su po- . desdén. ellos la acogerían sonriendo. benévolos por ligereza. una confusión en el sentir y el En pensar que no le permitía el sosiego. Eran marido y mujer viejos. sus tíos. amable. de sentimiento igualitario. los vizcondes de Baucemont. dia ante sus parientes. eran las personas á quienes más de- y las detestaba por su carácter. Le escribían á Blanca que fuera á hacerles compañía. Había entrado de institutriz por orgullo por no depender de nadie y á pesar de las humillaciones de su posición. profundos en muchas cosas á fuerza de ser superficiales. volteriana. gente del antiguo régimen. cuando pueden vivir en su casa tranquilamente. de orgullo violento. otras por culpa en el de los demás. no podía permitir el orgullo de Blanca. de prejuicios aristocráticos. no quería abandonarla por no tener que cantar la palino. sus preocupaciones por libertarse se tomaran por chifladuras ridiculas. .

y pretendido seducirla. trataba de consolarla. Ella abdicaría entonces de su orgullo. Pilar. que todos sus pensamientos los necesitan para adornar su persona. y algunos pocos porque se han formado una idea tal de la importancia y de la transcendentalidad de su vida. más de uno había Ella rechazaba cartas. la conside- raban como una presa. siempre que se hallase dispuesto á consagrarle su vida entera. á pesar de su aparente impasibilidad. y éstos son los más felices. los millonarios de la sociedad frecuentada por ella. los aristócratas. pero. humilde y buena. de inducirla á nes. unos porque no lo tienen. regalos. como si hasta su altura no pudiesen llegar los apetitos del vulgar tropel humano. proposicio- de diosa. su pensamiento íntegro. Blanca no contaba con que en la vida es bastante difícil encontrar personas que consagren á otros su pensamiento.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 23 sición le era muy difícil orientarse en la vida. las heridas de su amor propio sangraban. al comprender el estado anímico de Blanca. no tenía esperanzas de casarse. ningún hombre modesto se atrevía á dirigirse á una belleza tan arrogante. Hubiese aceptado al hombre pobre y trabajador siempre que le agradara. con una altivez . para ser mujer. otros porque no tienen tiempo de tenerlo. y mujer afectuosa. con un olímpico desprecio.

remendando están bien en princesa. Se la figuraba siempre en un salón hablando espiritualmente. — Á los hombres les gustan las mujeres más tontas. Pilar y su marido hablaban de Blanca con vivir mucha frecuencia. y Blanca aceptaba los consuelos sensatos de su amiga benévolamente. claro que no! Pues si se casa con algún hombre de modesta posición. cantando ó tocando el piano. de hermana de la Caj idad. Blanca se creía de una pasta especial.24 PÍO B A ROJA con sencillez. en un campo de batalla. como quien oye las palabras de un niño. — esa be- lleza. pero no en una — — — medias. pero esto no era fácil. Ella no sirve para eso. riñendo á la criada.. con vistas aun patio. pero nunca podía imaginar- . ¿verdad? — preguntaba Pilar ingele nuamente á Bengoa. A Pilar no le cabía en la cabeza que Blanca pudiese vivir en un cuarto estrecho. no tendrá más remedio que guisar y que barrer. de esa pasta refinada y artificiosa en que se fabrican los héroes y las heroínas de los poemas. ¡Ah. todas esas habilidades una muchacha pobre. esa arrogancia. Estoy seguro de que tu amiga no sabe guisar unas patatas. con el alma tranquila y humilde.. de abadesa de un convento. atendiendo á la cocina. contestaba Es natural — — éste .

ca el En esta épo- dandysmo consistía en aparentar un aire sombrío y desesperado. guapo. continente altivo y orgulloso.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 25 sela rodeada de chicos. mismo una Viterbo era un tipo byroniano. un muchacho joven. era la verdad que parecían hechos el uno Si para el el otro. se iban á reunir el hambre y la necesidad. idéntica elegancia en el vestir. desdeñoso é impasible. de la Guardia de Corps. — ¿Y quién es? ¿Quién es? El novio era un militar joven. si se casaban Blanca y Luis. de una familia aristocrática arruinada. la misma presencia aristocrática. un día comunicó á su amiga que tenia novio. ninguno de los dos contaba con una fortuna. era un verdadero dandy. de continente altivo. ¡Ah picara! ¡Cómo lo tenías guardado! No. Para su amiga Blanca era de las lla- madas á representar un papel importante en vida trágica. sastrada y vulgar. hijo único de la marquesa de Yelves. Según Bengoa. y Viterbo. elegante. distinguido. Manifestaba la actitud cortés. el hospital y la misericordia. fría y glacial . llevando una vida dePilar. Se llamaba Luis Viterbo. es que no se habían formalizado nues- — — tras relaciones. la Al año de estar Blanca en Madrid.

creía también que era indispensable de cuándo en cuándo ir á un cementerio. Este dandy escéptico creía que nadie se podía volver loco sin poner los ojos en blanco y lanzar una carcajada lo histérica tres ó cuatro menos. Al conocer Luis Viterbo á Blanca se figur-ó ver en ella la candida paloma. no para hacer la digestión. Creía joven guardia de Corps en todos los siniestros. que dio á Santos Alvarez motivo para escribir una novela encantadora y absurda al mismo tiempo. menos vulgarizados que ahora. toda la balumba romántica creada por Byron y los novelistas franceses. de santos criminales. era para él articulo de fe. de vírgenes perversas. que entonces. pasaban como axiomas entre los iniciados la influencia social del traje. luego la vida al tratarla. de asesinos piadosos. la venta de las conciencias. de prostitutas candidas. al irla conociendo vio que la palo- . á pasear. con su acompañalugares : comunes miento de carcajadas sardónicas. la inocente presa sobre la cual él caería como un gavilán. la perfidia de las mujeres y de los amigos. aunque no había llegado hasta el punto de rasparse los pantalones como el célebre dandy el inglés. sino para pensar en los hondos problemas de veces por y de la mueríe.26 PÍO BAROJA que hizo de Jorge Brummel el rey de la moda en Inglaterra.

soberbios. El romanticismo no se cuidaba de la dispepsia ni de la gota... no casarse pretextaba obstáculos puestos por su matrimonio.\ LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 27 mita tenía im collar de acero. una coraza de orgullo invulnerable y un alma tan templada que hacía muy posible la suposición de que en vez de ser Viterbo el cazador. ^No había dicho Byron que del el matrimonio procede amor como el vinagre del vino? Sólo se matrimonio. Él pensando en seducir. tenía un fondo altivo y podía pasar por el duro. ella en casarse. Blanca se sentía enamorada de Viterbo. pero tenía la firme decisión de no casarse. Él se enamoraba. formada por más amor propio y terquedad que cariño. Su pasión. Blanca esperaba orgullosamente sin quejas ni reclamaal madre ciones. Viterbo para. Consideraba en principio el matrimonio por amor como una cosa ridicula. la escasez de sus recursos. pero era demasiado orgullosa para dejarse seducir. altivos. . ninguno de los dos llegó á quedar vencido. con un fin utilitario para adquirir rentas y luego derrocharlas gallardamente en tempestuosas noches de orgía. los dos orgullosos. según Viterbo. fuera él el cazado. En la lucha de estos dos caracteres fuertes y egoístas. fueron en sus amores perfectamente desgraciados.

Blanca recibió una carta de Luis. salpicada de byronianas. desde una En casa de juego ó desde una logia masónica. ella le contestaba sentada en un banco del Retiro ó después de un baile. frases una carta literaria. Le aseguraba que la seella guía queriendo. por era capaz de todo menos de afrontar la miseria. Cuando Pilar leyó la carta dirigida á su ami- . Una semana después. efectivamente. pero á los pocos días se la vio languidecer. Al cabo de los dos años de amor y de correspondencia murió la madre de Viterbo y Luis heredó el título de marqués. sus mejillas palidecieron y sus labios perdieron su color. Entonces Blanca y su amiga supusieron que la boda se celebraría en seguida. luego los dos casados y con dinero podrían reunirse en Viena ó en París y vivir libres y amarse libertados del yugo de la miseria. unos meses después Viterbo se casaba con una señorita millonaria de Sevilla. sus ojos fueron tomando una expresión de fijeza siniestra y rodeándose de un círculo violáceo. y. Él la dirigía frases de amor desde una taberna. Le aconsejaba la boda con alguna persona rica.28 PÍO BAROJA dos años de noviazgo se cambiaron entre ellos montones de cartas escritas á horas intempestivas y en sitios extraños. al parecer se sobrepuso á su dolor. Blanca recibió el golpe con entereza.

Blanca destruvó las cartas v de su INIelancólica y abatida. Le parecía horrible ver malograrse su belleza. todo su consuelo era ir contar á casa de Pilar v hablar v llorar v v í. ofensa satánica á el retrato todo lo divino y novio. Fausto. llegó á explicarse comenzó al no casarse con él. era un niño y le tomó un gran afecto. oculto bajo su continente alti//o y orgulloso. . al pasear por el Retiro. t- sus penas. Á ella le parecía el matrimonio lo más sagrado de la vida las proposiciones de Viterbo ga. le disgustaba todo lo que le rodeaba. y al ver á los niños jugando. El hijo de su amiga. su caudal de bondad y de gracia. Muchas veces . pero nadie lo adivinara. Poco á poco Blanca comprendió claramente carácter de su antiguo novio y á creer que casi había tenido suerte el su equivocación con respecto á Viterbo. le entraba una pena desgarradora y lloraba en la soledad pero . se confesaba en el fondo de su espíritu brotaba la esperanza como una pálida aurora detrás de una noche de tempestad. le horrorizaron como una humano.Los ÚLTIMOS RÜMÁNTICÜS ^0 no tuvo palabras bastantes para insultar á aquel hombre. sin que sin aliento. Blanca sentía un malestar profundo.

de religión. Pilar se encontró sorprendida al encontrarla más bonita que nunca. pero no se decidió y prefirió quedar soltera. ya de muchacho. su tristeza se había evaporado por completo y manifestaba una jovialidad y un buen humor que á Pilar le sorprendieron y hasta le escandalizaron. ella. Tan pronto esperanzada como abatida. al verla des- pués. Fausto. Estuvo para casarse con un general. luego con un diplomático. pasó Blanca en Madrid varios años. pero no tanta.ROJA otras la ilusión cantaba en su alma como una amanecer.30 PÍO BA. pensaá Blanca reir á ba la madre de Fausto al oir carcajadas y decir frases maliciosas. de política. y preguntándole por Fausto. que de niño había mirando á la francesa como á una segunda madre. Blanca marchó á París. Ya de cuarenta años volvió Blanca á Madrid á visitar á su amiga. Bien estaba la alegría. participándole la muerte de su marido y pidiéndole por favor que fuera á hacerle compañía por el resto de su alondra al vida. quedó entusiasmado con . con gran frecuencia escribía á su amiga Pilar largas cartas hablándole de negocios. Contaba veintiséis cuando recibió una carta de su tía la vizcondesa de Baucemont.

le ¿Por qué no te quedas más tiempo? preguntaba Pilar. para conspirar. quédate. tengo que marcharme. Blanca indicó que se marchaba. para mis negocios. luego — y Blanca se echó á reir — hay otra cosa. -¿Qué? decir Pilar. — comenzó á le . me esperan impacientes allá. — ¿Pero por qué? — Es que tengo mis ocupaciones.. — — — — ¿Qué tienes que hacer? — Muchas cosas. no. No. no le digas nada. además. no. — No. personas que — ¿Para qué? — Para hablar. — Ya diré yo á ese tonto. — Que tu hijo se ha enamorado de mí. y también — No. Hay.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 3 Las mil cosas que Blanca contaba de (le la la vida le sociedad y de los tenían á Fausto vuelto líos políticos el juicio. de París Al mes de estancia en Madrid. ¿para qué? . hija. — Anda.

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poco entusiasta de los juegos violentos. Muchacho de carácter tímido. Fausto Bengoa y Ponce de León era muy niño cuando murió su padre. De pequeño y luego ya de mayor. fué muy mimado. pero para obviar este inconveniente. no estudiaba las lecciones y se encontraba muy atrasado con relación á los de su . Siempre se mostró formal. cuando llegaba la época de los exámenes. apocado. poco revoltoso. Cierto que la falta de aplicación del chico le preocupaba. juicioso y discreto. edad.III Jóvenes románticos. Pilar estaba contenta con su hijo. Como hijo único. nunca dio grandes disgustos á su madre. dejaba de ir á la escuela cuando le parecia. la buena señora ponía á contribución todas sus amistades é iba desde su casa un carro de cartas de re3 . de calaveradas y diabluras.

se reveló de pronto como velas. En la juventud. enfrente de la iglesia del mismo nombre y cerca de la calle del Candil. asis- que al cumplir el servicio se había quedado en la casa por apego á ella.34 PÍO BAROJA comendación sidad. y más que amo y criado parecían dos buenos camaradas. el cuerpo flaco y anguloso y la cara de zorro inteligente y maliciosa. regentada por un viejecillo que le atrapó á Fausto. acudir á la Universidad. Tenía el viejecillo las . Tenia la familia una criada y un mozo. vivía con su madre en la calle del Carmen. aficionado á los libros y lector de no- Tal afición no se despertó en él espontáneamente. Mudarra fué el acompañante de Fausto. Era un muchacho huérfano. Este viejo hbrero era un hombrecito encani- jado. jugó con él de niño. á un lado de las covachuelas del Carmen. al Instituto y luego á la Univer- Cuando Fausto Bengoa comenzó á estudiar Derecho. sino por influencia extraña. tienda. cuando Fausto comenzó á tente del padre de Fausto. andaluz. apellidado Mudarra. con la cabeza metida entre los hombros. le brindó con la lectura de sus tomos empolvados y le convirtió en comprador de su Enfrente de su casa . había una librería de lance.

adornada con unas barbuchas amarillentas. delgados. Fausto Bengoa no encontraba bien tan grande irrespetuosidad. Cuando Fausto se encontró con algunos li- .LOS ÚLTIMOS ROMxlNTICOS 35 cejas como dos acentos circunflejos. los ojos encarnados como los de un albino y los labios pálidos. y cuando se le veía metido en su covacha. sobre todo. 'Este librero fué indicando á Fausto las novelas más picantes de Paul de Kock y de Pigault sas. envuelto en un gabán rojizo. para la religión antirreligioél los miste- más sublimes de entraban en la categoría de las mojigangas. á los santos respetables los consideraba más como unos egoístas ó como unos farsantes. la nariz picuda y larga. rios un gnomo malévolo cuentos que son un Lebrun é imbuyéndole ideas Era el tal un volteriano. Su cara. Éste era el ídolo de la época. la frente ancha. con una pellica en el cuello. el monstruo. Á los libros de Voltaire que el librero le recomendaba. de Eugenio Sué. que al sonreír enseñaban unos dientes irregulares y unos colmillos blancos y puntiagudos de alimaña. parecía ó un zorro de esos de los pozo de ciencia y de malicia. prefería las novelas de Ayguals de Izco. el que había lanzado la sonda en todos los abismos de la vida. era de una expresión de astucia vivísima. de Hurtado y.

Sus aficiones literarias hicieron á Fausto intimar en la Universidad con dos muchachos. sintió la necesidad de formar teca. se sentaban en el balcón gana algunas páginas del hbro de texto y entre lectura y lectura se enzarzaban en discusiones la librería . en la época anterior á los exámenes. Á los tres amigos. les intrigaba la iglesia del Carmen. Los libros en rústica y los desencuadernados los encuadernaba él mismo. se reunían con el pretexto de estuleían de mala diar. también de la cofradía romántica y también entusiastas por la lectura. y al verlos colocados en los estantes simétricamente sentía una gran satisfacción. Sacó de y sentimentales. una biblio- de su padre todas las obras de Táctica y de Castrametación y fué substituyéndolas por novelas. . de Víctor Hugo y de Dumas. de Lamartine. Estaban convencidos de que allí dentro había algún secreto tenebroso la figura de Rodín de El Judio errante les bailaba á todos en la cabeza.36 PÍO BAROJA bros. ansiosos de misterio. En los balcones de la fachada de la iglesia literarias . Quizás detrás de aquella pared amarilla se preparaban una porción de cosas siniestras. Por las tardes solían reunirse los tres en el cuarto de Fausto á charlar y á discutir los méritos de Sué. En la primavera.

Al mismo tiempo se dedicó á cuidar de una planta á la que regaba y dirigía tiernas pa. Ése era el pretexto. Alguna que otra vez se veía apearse de un coche una dama que entraba en las covachuelas. del amor. labras.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 37 se veían macetas con flores. con el techo de piedra abovedado y con cuatro ó cinco escalones para terraza de piedra que bajar. de la mujer. ¿quién sabía la verdad? ¡Qué grandes. ¿Á qué iba? Á comprar un rosario. ó una sortija. Con el cuidado de 1? planta alternó la ocu- pación de llenar las paredes de su cuarto de sentencias profundísimas acerca de Dios. pero. qué tenebrosos misterios debían ocultarse allí! Cuando se estaban olvidando Rodín y las covachuelas del Carmen. estaban las covachuelas. abandonó sus ideas antirreligiosas y se hizo deísta con el mismo entusiasmo con que se hubiera hecho miliciano nacional. unas tiendecillas puestas en los sótanos. ¿Tenían comunicación con la iglesia? Se ignoraba. ^4uién vivía en estas covachuelas? Otro misterio. etcétera. . de Saintine. ¿de quién eran aquellas flores? ¡Ah! ¡Misterio! ¡Misterio imposible de averiguar! la parte baja En de la iglesia . Fausto leyó Picciola. debajo de la daba acceso al templo. de la ley del inquihnato. etc.

de que su amor iría con él al silencio de la tumba. olvidó en un momento á Rodín. Fausto pensaba — Lo dice por mí. á las covachuelas. de alardes de cinismo. hubiera intentado acercarse recta ó tor- tuosamente al objeto amado. Cualquiera otra persona menos poética hu. pero no enamorado vulgarmente no sino enamorado hasta los huesos. Una noche biera tratado de manifestar los estragos de su pasión. pero Fausto no. se contaba que había estado enredada con el criado de un cómico. no de amores sino de procacidades. . Estaba convencido de que ella le reconocía entre el tropel de gente del gallinero.: 33 PÍO BAROJA en que Fausto fué al teatro del Príncipe á ver una comedia de Bretón. v fué el ir todas las noches al paraíso del teatro y desde allí admirar á su amada. era demasiado idealista para seguir una conducta de una vulgaridad tan chabacana. Fausto encontró un medio mejor para influir en su adorado tormento. Cuando la cómica pronunciaba con fuego alguna frase de amor de una comedia. pero para Fausto todas estas hablillas eran calumnias de los desse hablaba . á la planta y á todo. convencido de que ya no podría \\\\t sin ella. . . á Pi celóla. un tipo bajo y grotesco. Se había enamorado de la segunda dama. La cómica no gozaba de muy buena fama.

y ella tiene que disimular la nobleza de su alma y fingir corrupción y dejar pasar lo que digan para que no se rían de ella. en las inflexiones de su voz. chico. sostenía que quizás fuera cierto. Las apariencias engañan. ante una confianza tan grande.. más hon- rada y más pura de todo el mundo. que ni siquiera le indigna- hacían sonreir. la certeza de que es la mujer más noble. tengo la certeza.. ¿Es que tú la conoces? ¿Para qué? Si yo comprendo su honestidad en su andar. — — No hay prueba ninguna. los vicio demás hallaban .. él replicaba aconsejaba que no se pusiera en ridículo por una perdida semeabsoluta — Mira.: LOS ÚLtlMQS ROMÁNTICOS 39 preciados por ella ban. y corrupción. ¿Sabes lo que le pasa? ¿Qué? Que vive en un mundo de canallas de gentuza.. Era posible lo que aseguraba Fausto y alguno de sus amigos. allí donde — — — — . sólo le . Fausto lo explicaba todo con razones contrarias á las admitidas generalmente. encontraba intenciones malévolas donde nadie las sospechaba y picardías en la mayor candidez. le Cuando algún amigo jante. él veía virtud y pureza. Pero hay pruebas en" contrario. en la manera de recitar los versos.

que llegaban á lo grotesco. tenía la fe. y por encima . Paseó la calle arriba y abajo durante más de dos horas y. Afortunadamente para él. Vio Fausto una luz en un balcón. rendido de tanto andar. fuese porque quería aferrarse á ideas agradables para él . Al año de comenzar los amores paradisíacos de Fausto.40 PÍO BAROJA Fuese porque no pudiera creer que la mayoría de las cosas son porque son. pariente — se dijo Fausto. y los vio entrar en una casucha de una callejuela de no muy buena fama. Acompañaba á la cómica á todas partes y ella le trataba con grandes extremos de amistad. Fausto. dos sombras en los cristales iluminados y luego que se cerraban las maderas. la cómica se enredó con un militar. sin misterios ni obscuridades. esa fe salvadora de nuestros mayores. — Será algún. se retiró á su casa asombrado candorosamente de que los hechos se barajasen de tal modo que á otro cualquiera menos convencido que él le hubiesen obligado á creer en un amancebamiento entre el militar y la dama. á la salida del teatro. y durante algún tiempo este militar fué la pesadilla de Fausto. se decidió á seguir al militar y á la cómica. Una noche. el caso era que su norma de juicio con relación á hombres y á cosas tenía unos cambios tan absurdos. venciendo su natural timidez.

supuso luego si trataría notando el aire candido y atento de Fausto. ioiento de la pureza después de ser testigo de la despedida cariñosa del militar y la cómica á la puerta del teatro. le saludó cortesmente. Tan fuerte era su confianza. tan poco enturbiada por nubes de sospecha.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS i\e 41 todos los hechos estaba su íntimo convenci- inmaculada de aquella nujer. y le dijo : — ¿Me quiere usted decir. que un día. pero — — — — Soy estudiante. ¿Qué es usted? ¿Estudiante? ¿Empleado? provocarle. ¿Pero usted de dónde sale? preguntó con verdadera curiosidad. Fausto quedó parado. ¡Qué vanidoso! murmuró. Fausto se acercó al militar. sin añadir nada más. — ¿Y me ve usted todos los días con esa señorita y me pregunta por qué . El militar creyó sin duda que Fausto era loco ó un de un borracho. pensó si insultaría gravemente á aquel hombre. le volvió la espalda. por qué usted á esa señorita diariamente? acompaña — ¿Cómo dice usted? — Le pregunto por qué acompaña usted á esa señorita á diario. quiere ha- — la acompaño? — — — . caballero. comprendió que estaba en presencia de un tipo raro. pero no se atrevió y se marchó á su casa. Entonces usted es tonto y el militar.

pero no de un republicanismo tranquilo. sino de una manera exaltada y morbosa. Su republicanismo le hizo amigo de algunos jóvenes de la Universidad. No había medio de que Fausto se convenella. Fausto entonces se juró á si mismo olvidar á la pérfida. Era Werther dedicado á imitar á Saint-Just. pero fué tan benévolo que ni siquiera le lanzó una imprecación en verso ni dejó de creerla pura como la azucena. casando á la dama en Valencia con un traspunte. de esos abismos que exigen imperiosamente el calificativo de insondables. violentamente. lítico. Con este abismo en su interior se dedicó á la el Con melancolía y á la lectura. que estaban todos heroicamente dispuestos á abandonar sus ideas revolucionarias al primer destino que se les presentase. y de que dejase de pensar en El único modo lo dio la casualidad. ciera de la conducta escandalosa de la cómica. matrimonio de la cómica se abrió en el corazón de Fausto un abismo. el sentimentalismo amoroso de Fausto se transformó en sentimentalismo po- Fausto comprendió que se debía al ideal y se hizo republicano. sin transición apenas. aprendices de oradores. Rene haciendo de descamisado.42 PÍO BAROJA cerme creer que es y el amante de esa mujer — la idea casi le hizo gracia. la casualidad en forma de amor. .

Algunas frases de la novela le daban escalofríos. le bastaba á Fausto para conmoverse.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 43 Ninguno de estos jóvenes era capaz de nada arriesgado ni grande. un tipo que á pesar de los esfuerzos del autor en hacerle grande resulta un mamarracho. hubiera parecido á Fausto una frase vulgar. taberna. Mario. perorar. el estudiante llega á decir Caballero. . una . Fausto leyó este libro y le produjo tal impresión. pero diciendo Ciudadano y República. que Se aprendió de memoria el discurso de Enjolras en la barricada y lo recitaba á todos sus amigos. una de ellas era la contestación que daba uno de los estudiantes al joven Mario. y entonces — Ciudadano. discutir. Todo su romanticismo era literario. entonces ya se frase le antojaría completamente despreciable. un estudiante le dice : le si amigo mío. va á una reunión de estudiantes en donde alguien lee unos versos en los que recuerda á su madre. en una andaba idiotizado. ó señor mío. mi madre es la República. Hablar. Mario piensa en la suya. Cuando apareció Los Miserables. Si hubiese dicho. mi : padre es la frase el Estado. Estos jóvenes republicanos estaban de lleno dentro de ese liberalismo español puramente retórico que no pudo hacer revoluciones más que adulando y comprando al ejército.

hijas de amigas suyas. Su furor republicano se lo comunicó á Mu- darra. monárquico y reaccionario inaguantable para Fausto. el antiguo asistente. La madre de Fausto. les preocupaba la sociedad. el mundo. Mudarra. viendo á su hijo cada día más apartado de la escondida senda por la cual se llega á ocupar una alta posición social. tenían entre ellos el pugilato del republicanismo. intentó casarle con algunas señoritas. Tanto pugilato había entre amo y criado. pero Fausto rechazó la coyunda. Ninguna de aquellas muchachas tenía opinión acerca de las novelas de Sué ni siquiera habían leído Picciola ni los folletines de Las Novedades. que durante algún tiempo se llamaban uno á otro ciudadecía Como muy bien dano. gustaba hablar de los bailes de Palacio y de las joyas lucidas por las señoras. manifestaban un sentimiento . Además. porque abrigaba la sospecha de no ser comprendido. casi todas bastante feas. ¿Qué iba á hacer él con cualquiera de aquellas mujeres. y luchaban ambos para demostrarse cuál de los dos era más republicano. señora muy hábil y muy diplomática á pesar de su bondad. tan poco letradas.44 PÍO BAROJA Á Fausto le entusiasmaba sólo lo grande. capaces de dormirse sobre les un tomo de Los Miserables? Nada. Estaba ex- .

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 45 á vivir en este valle de lágrimas sin ser comprendido. Llevaba Fausto camino de la soltería y sin probabilidad de alcanzar una mayor posición social. y éste le indicó Luego añadió . que con las mujeres las decisiones prontas son las mejores. pero el condenado del librero decía que no. conviene á usted. cuando conoció en el puesto de libros . muy rico. — ¡Ya lectura.' — ¿Por qué Es guapa y no se dedica usted á esa chica? tiene dinero. Yo le arreglo á usted la Le presento á usted á ella. — ¿Cómo se llama? — Clementina. Fausto no se atrevía. Es hija de un sombrerero de le Le conviene á usted. puesto á ser un alma solitaria una muchacha rubia que pasaba por allí con frecuencia acompañada de su criada y compraba al librero folletines y nodel viejecillo zorro velas por entregas. aquí cerca cosa. Fausto preguntó ella al viejecillo volteriano por que era hija de un fabricante de sombreros de paja de la misma calle. Fausto iba con más frecuencia al puesto de . -4SÍ? lo creo! Además. Conocer á la muchacha y á los pocos días hablarla se le figuraba demasiado audaz. es aficionada á la — ¡Qué sé yo! — No sea usted tonto. .

no dijo. pero ninguno le satisfizo. Lleno de vacilaciones se decidió á consultar al librero. Los encontraba poco espirituales. — car — ¿Tan pronto? Sí. No. En una de las veces la fuga de Fausto fué se imposible y se efectuó el conocimiento. en seguida. marchó dejando al viejo cómicamente desolado. No Fausto escribió una porción de borradores para la primera carta. . Eso ya verá ella cuando se case con usted. Pues no sé qué decirle. en donde colaboraron desde lord Byron hasta Alfonso Karr. ¿Qué le va us- — — — ted á contar que usted no tiene dinero ni volo luntad? No sea usted primo. hombre. y ésta se marchó en seguida á su casa. el hierro en caliente. — Á ver. hombre. Éste leyó uno de los borradores é hizo una mueca de desdén. PÍO E ARO JA pero en las tres ó cuatro ocasiones propicias que hubo para hacer una presentación. Cruzaron unas cuantas palabras Fausto y la hija del sombrerero. Al día siguiente el librero le aconsejó á Fausto que le escribiera una carta á la muchacha. Sí. ¿Quiere usted que escriba yo — — — la carta? — Lo hago con una condición. Hay que machasea usted tonto.46 libros.

del temor de no ser correspondido. ¿Qué iba á decir la muchacha? A los pocos días la hija del sombrerero contestó á Fausto y comenzaron sus amores. El librero escribió rápidamente una carta en donde hablaba del fuego de su pasión. — Bueno. Fausto copió el borrador y el mismo librero echó la carta en el buzón de un estanco de la calle. Había hecho un disparate. . Aquella carta era digna de un hortera.LOS ÚLTIMOS ROxMÁNTICOS 47 — Que la copie usted en seguida y la mande al correo. Cuando Fausto sintió le vio volver sonriendo se avergonzado.

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y traía por todo medio de vida el muchacho una gran codicia y despreocupación. á la sazón muy rico. había lle- gado á años á Madrid desde Ñapóles. Jenaro Menotti en el momento de llegar de la tierra de los macarrones. egoísta. servil y ambicioso como pocos. frecuentada por cantantes modestos. la novia de Fausto. era hija de un fabricante de sombreros de paja. de nacio- nalidad italiana. atrezzistas y demás gente relacionada con el Teatro Eeal. y. le perjudicaba. Para él no había ideas ó hechos morales ó inmorales. lo malo lo que los catorce . Clementina. Este hombre. Venía recomendado á un paisano. al contrario. . lo bueno era lo que le convenía. dueño de una casa de huéspedes de la calle de la Biblioteca. era un muchacho sin escrúpulo alguno.IV Un fabricante de sombreros de paja. llamado Jenaro Menotti. en compañía de un tío suyo corista.

el taller fué agrandándose y quedó de posesión única de Menotti.50 PÍO BAROJA Con una lejos. era vicioso hasta la medula de los huesos. Una te. y aun no cedía así. además de egoísta y avaro. y en vez de quejarse y . lógica tan sencilla se va siempre Jenaro estuvo de criado en la casa de huéspedes. de las seducidas. puso un taller de sombreros de paja en un piso alto de una callejuela. luego se enredó con una peinadora vieja á quien le sacó los cuartos. la si amenazaba con quitarle el jornal. Como en su taller tenia muchas modistas hacía de sulMenotti. una oficiala arrogantuvo una hija con el sombrerero. Andando el tiempo. Acarició desde el princi- una idea ambiciosa. tán. liquidó con su socio. día y pio el tipo de mora. y con y la ayuda de un obrero italiano inteligente en el oficio. la despachaba. era una murciana que tenía el empaque altivo de la gente del Mediojer. se zafó de mala manera de la peinadora y se trasladó á una tienda de ellos la calle del Carmen. Esta mu- decidida y tenaz. fregando platos y sirviendo la mesa durante dos años. La y el industria naciente prosperó cada vez más sombrerero se vio en la precisión de alquilar toda la planta baja de la casa y parte del piso principal. la que no se le rendía por los halagos. .

y su madre pasaron á instalarse á casa de Menotti la murciana hizo que el napolitano reconociese á la niña. Menotti. sintió la muerte de su compañera. Como todo hombre . llegado á meterle en un puño á no haberse ocho años de entrar en la casa del sombrerero. se mezclaba con las oficialas y modistas y manifestaba una mahcia y un descaro impropios de su edad. intentó apoderarse de su voluntad y lo consiguió. y fué la señora Tomasa la que instó á Menotti para que metiese á la niña en un colegio. la hija del sombrerero. vicioso se hace moral á medida que envejece Menotti no quiso volver á llevar una mujer joven á su casa y enco- mendó de sus asuntos domésticos á la madre de su querida. la llevaron al Sagrado Cora- zón y estuvo Cuando hasta los diez y seis años. la señora Tomasa. correteaba por los almacenes y el taller. hinchada por una hidropesía. vivió hasta los doce años sin saber apenas leer ni escribir. Clementina. El italiano no hacía ningún caso de ella. distraído con sus placeres. la dirección Efectivamente. en su egoísmo. y á consecuencia de sus costumbres relajadas se enlos muerto á contraba un tanto reblandecido. y probablemente se hubiera casado con él y hubiera Del taller. salió del colegio era Clementina una allí .LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 51 de importunar al patrón. ella . porque se veía viejo.

se conocen unos á pios. contra viento y marea. comprendió que no sería ella el consuelo de su vejez. se al com- momento.52 PÍO BAROJA muchacha sutil. Menotti . Al encontrarse padre é prendieron y se juzgaron hija juntos. signo. con una clarividencia completa. pero en el fondo era fuerte y enérgica. Clementina advirtió. capaz de forjar un proyecto cualquiera y de mantenerlo sin desmayo durante mucho tiempo. los egoístas. los defectos de la clase se repelen del misma como las corrientes eléctricas mismo . de inteligencia muy viva y esbelta. el menor detalle . los envidiosos. Ningún tan bien vicio . que su buen padre era un redomado egoísta sin más preocupaciones que su interés. de inteligencia viva y de carácter amable. de facciones pronunciadas. su conveniencia y sus placeres. la gente otros en seguida . imperfección ó deformidad los moral se averigua en demás tan pronto y el vicio como la imperfección ó pro- de sentimientos mezquinos. pero graciosas. á los pocos días de volver Clementina del colegio. En Clementina se revelaban la tenacidad de su madre y la astucia y la marrullería del padre. mañosa. la más in- significante manifestación les basta para esta- blecer el diagnóstico. Parecía á primera vista insinuante. .

Los tuvo á veces á pares y en una ocasión . novios de entretiempo. En la calle casi siempre iba escoltada por uno ó dos muchachos que la seguían hasta su casa y luego se plantaban en la acera de enfrente y quedaban allí paseándose de arriba á abajo. que ante el hombre que la miraba. De cartas había escrito más que Madame Sevigné en los diez Á toda su vida. Su instinto femenino y su coquetería le turbaban de tal modo. Las criadas andaban á cada paso con recados v cartas v solían discutir y hacer cabalas y apuestas sobre el tiempo que durarían estos ó los otros amores. sombrerero era conocido por todos el furor epistolar de la niña y su trasiego de novios. ante la carta fogosa de amor. cuando salía á paseo.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 53 Sólo en un punto su inteligencia se obscure- y su comprensión fracasaba tratándose de amoríos. novios de verano. Tenía Clementina. Menotti llamaba á estos jóvenes los tripulantes. Había novios formales. novios de todas clases y la casa del En matices. cía : se olvidaba de todo y perdía los estribos. y ocho años Clementina podía contar el número de sus novios con los dedos y tardar algún tiempo en la cuenta. verdadero entusiasmo por llevar á alguno detrás para cambiar con él miradas. novios ligeros.

viendo á su novio tímido. . Preguntó por la señorita. Hablaron de noche. él en la calle. y si él se manifestó leal y sumiso como una candida paloma. Detrás del chulo polizonte se presentó Fausto Bengoa. le dio las gra. Este iba siendo el más favorecido. peinado para adelante. vivía con ella en su salón de peinados. y en su presencia dijo que aquel chulo con quien hablaba todas las noches Clementina desde el balcón era un canalla. ella. y no sólo no tenía un cuarto aquel chulapo. ya un capitán de Caballería y un señorito la vez: chulo. quiso Clementina enterarse antes de la vida y familia de su nuevo pretendiente. un señor currutaco. ella . cuando un día se presentó en casa del sombrerero una mujer de mantón. de aire bravio y decidido.54 PÍO BAROJA tres á viejo. viudo. lo que no le fué nada difícil. Para no exponerse á otro chasco. le animó y allanó el camino de sus relaciones. además. ella era peinadora. su cuarto á llorar y á desahogar su ira. Después de bien enterada. y cuando se fué marchó á cias. de sombrero cordobés y aire flamenco. sino que estaba empleado en la policía secreta y á ella le había robado y vendido todas sus alhajas y su ropa. ella desde el balcón. Clementina á pesar de su aplomo no supo qué contestar á aquella mujer. soportó ofendida y rabiosa el tono protector de la peinadora.

actos de caridad realiza- dos por su padre y por ella con sus mismos enemigos una serie de patrañas ridiculas que contó Clementina. pronto clase de hombre que era su galán. fueron para Fausto artículos de fe. si fueran versículos de Los Mise' La Daba niña. Llevaban los amores de Fausto y Clementina la traza de ser uno de tantos conatos de . Historias de nobleza de su familia. preparó una sonrisa amable y su traje nuevo.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS le 55 endilgó una porción de mentiras que Fausto fué depositando en su corazón con tanto entu- siasmo como rabies. por no entenderle bien. además. ala del sombrero de copa y se presentó ante el padre de Clementina. invocó varias veces á San Gennaro con un tono muy lánguido y le despidió sin contestarle nada. yo voy á la montaña. le rogó que repitiera un par de veces. El italiano le recibió en su despacho. frotó con bencina el . la conoció y corrida como pocas. se acorazó con las máximas de los hombres fuertes y dijo: Puesto que la montaña no viene á mí.sus palabras. le habló en chapurrado. Fausto se armó de todo su valor. Tan grandes candor y confianza entusiasmaron á la niña é instó varias veces al novio para que hablase á su padre. ella le de nada de cuanto no dudaba decía. lista crédito á todos sus embustes.

lo encontraron en suelo desmayado.56 PÍO BAROJA matrimonio de otra la hija del sombrerero. con los trajes claros. y á los tres días. . Vino después para él un largo período de enfermedad. se le buscó por todos los cuartos y rincones. y el italiano se hizo pesado. Se preguntó por él en su casa y Clementina dijo que no estaba allí. machacón y jaquecoso. efectivamente. varios H comisionistas de la fábrica de sombreros esta- ban esperando órdenes del patrón para salir á viajar. distas entraban en el taller. Allí encima esperaban desde la las muchachas á que se abriera el obrador. Mela quedó con medio lado paralizado y con boca torcida. y en verano. tenía una reja en el techo que daba al portal por donde las mocubierto que esta cueva. y. Se notti le subió al sombrerero á su casa sin sen- tido. El viejo sátiro había des- donde se guardaban cajones y cosas inservibles. se llamó al médico. oscuridad de la cueva. el portero aseguró que no le había visto salir á la calle. se les veía las pantorrillas y los muslos. al anochecer. el Bajaron. Se acercaba la hora de tomar el tren y el italiano no parecía. y alguien sospechó si estaría en la cueva. de Una tarde de verano. cuando las cosas un accidente imprevisto arregló manera.

escribir cartas ó visitar á sus amigas. Al poco tiempo de entrar el novio en casa se hizo la boda con gran suntuosidad y lujo. para que ella y el yerno pudieran estar frecuentemente á su lado. Viéndose solo y en manos ajenas. la señora Tomasa. el paralítico se apoderó de su yerno y lo tomó á su servicio. por si alguno de estos influyentes personajes quería curarle.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 57 Clementina le atendía lo menos posible. dirigiendo ruegos y promesas á la Madonna ó á San Gennaro. para ir á charlar con Fausto. luego le llamó y le dio permiso para entrar en casa. Menotti se enteró por la señora Tomasa de las condiciones. sin notarlo él mismo quizás. luna de miel. su egoísmo le sugirió la idea de casar pronto á Clementina. y el italiano quedaba encomendado á los cuidados de la abuela. Entonces el napolitano se pasaba los días enteros lamentándose. fué un verdadero mártir. y Fausto. Al sombrerero le convenía que el marido de su hija no tuviese mucha independencia ni fuera hombre de empuje. familia y carácter de Fausto. y Fausto manifestaba estas cualidades negativas en un grado superlativo. encontraba siempre pretexto para ausentarse. Le la Pasada . Era un novio ideal.

leta. daba órdenes á los viajantes y llevaba la marcha del almacén y del taller. leerle Llegó á tenerle un gran cariño. cobraba letras y facturas. servirle de muperiódicos. No sólo tenía que aguantar las chinchorrerías del sombrerero. ir hacía y venir á su capricho. rojizo.58 PÍO BAROJA. Era mareante. En cambio Clementina. sino las explicaciones del médico de la casa. el doctor de Diego. no se contentaba sólo con charlar. se hizo pronto independiente. uno de los hombres más pesados y más insoportables de la cofradía galénica. además del de marido. con una calva reluciente y puntiaguda. daba dinero para la compra. estupefaciente. Parecía el amo y era en el fondo un señor que ejercía los cargos de mayordomo y de enfermero. Se instaló en el despacho de su padre y desde allí lo manejaba todo. Este doctor era un vejete casi enano. Don Fausto se constituyó en administrador de las cosas pequeñas. un cariño semejante al que se siente por un buen cocinero ó por una robusta ama de cría. sino que agarraba de las solapas al . pagaba á los oficiales y á los obreros. x\ndaluz de nacimiento. podía ponerse á hablar con el más charlatán del globo. á quien el oficio de enfermera agradaba poco. el bigote blanco. y los anteojos de oro. corto. despedía á los criados.

. el doctor poseía conocimientos aca- bados y profundos del arte culinario é indicaba el verdadero modo de hacer el puré.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 59 miraba de cerca á los ojos. sino igual. ayer. lo que no es mejor ni peor que ir al día. . Conocía el doctor de Diego todas las martingalas de la práctica para contentar á la gente. y otros extremos igualmente interesantes. Desconfiaba de lo nuevo lo cual para la mayoría es signo de gran ciencia. Un médico cuya escala de conocimientos abarcaba desde las alturas de la psicología hasta las vulgaridades del fogón. ganaba mucho dinero recetando agua de malvas y aceite de ricino. lo que era más importante para él. obtenía grandes éxi- y sobre todo. y cuando el ama de la casa no le comprendía. Practicón en su oficio tos. Además. darle. Iba treinta ó cuarenta años atrasado en sus ideas. Su mayor habilidad consistía en satisfacer los caprichos del enfermo y resolver sus incompatibilidades: que á éste no le gustaba el chocolate la leche ó el caldo pues en seguida el doctor de Diego buscaba otra cosa para . la so pita de ajo ó el ponche. necesaria- . como la moda de boyuno es tampoco mejor que la de interlocutor y le . llamaba á la cocinera y le explicaba con todo detalle el tiempo que debía estar la cazuela ó la cafetera en el fuego.

hubo momentos en que don Fausto casi se sintió celoso había un de. en una pobre y miserable condición de domesticidad. Durante una época. le y dijo digas nada á Clementina . Don Fausto no dijo nada. .: 60 PÍO BAROJA mente debía ser un sabio. alguna que otra vez quiso dar un consejo referente á la marcha de la industria pero le demostraron que no tenía idea de lo que era el negocio y que debía callarse. un hortera satisfecho de sí mismo que estaba siempre al lado de Clementina. pendiente joven. mui4ó la madre de don Fausto y ei sombrerero llegó á agravarse hasta morir también. . la carta y Clementina tuvo dos hijas. rubio. Soportando al enfermo y al médico. Un día don Fausto recibió un anónimo diciendo que su mujer le engañaba con el dependiente. vivió don Fausto más de diez años. este tiempo. sonrió con una sonrisa verdadera- mente — No En cínica. El italiano miró á su yerno con curiosidad. con lo cual dejó tranquilos á todos los que le rodeaban. rompió se olvidó de lo que decía. ei doctor de Diego pasaba por tal. Asunción y Pilar. le vas á dar un disgusto. v lo fuera ó no. No estaba enterado de nada de cuanto pasaba en la casa. Don Fausto consultó el caso con el suegro y dijo que le iba á enseñar el papel á su mujer.

le pareció bastante duro tener que cerrar la cuenta del sombrerero de una vez para go.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 61 El más apesadumbrado fué el doctor de Die- mensuales. hecho á aquellas crecidas cuentas siempre. —^>* 't jK^--»^ .

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Cuando don Fausta se encontró libre de su suegro el hombre no supo en qué emplear su . de construcciones. fiestas callejeras. energía. . ya fuesen civi- religiosas ó entreveradas. de Para distraerse un poco de estos beneficios. libertad le pesaba á don Fausto de un horrible. Cuando don Fausto se aburrió de derribos.V La libertad inútil. militares. lo cual no era obstáculo para los beneficios que hablase á todas horas de la libertad. se dedicó á pasar horas y horas en el café leyendo periódicos. que no le hubiera bastado ni siquiera La modo para ser ministro en España. parte porque no encontraba ocupación adecuada y parte porque su energía era tan insignificante. de militares y de curas. el hombre iba á ver cómo marchaban las cons- trucciones en Madrid. á la parada de Palacio y á todas las les.

empleado desde hacia algunos años de portero en un ministerio. insulto. germen de un orador. naturalmente alegre y comunicativo. adonde llevó á don Fausto para presentarle á sus amigos. el café. pero le molestaba como un Mudarra. frecuentaba iba saturándose de elo- . se figuraba á sí mismo un terrible revolucionario. incapaz de llevar la contra á su mujer. En don había el como en todo buen español. INIudarra seguía siendo republicano y asistía á una tertulia del café Universal.64 PÍO BAROJA Buscó luego á su amigo Mudarra. A medida que Fausto. y trabó nuevas amistades con él y lo llevó á su casa con frecuencia. Se disfrazaba de león. se decía enemigo de las cosas hechas á medias. y el buen señor. se hizo querer por las hijas de don Fausto y al último ganó también la amistad de Clementina. El tiempo que calló hizo que se le considerase por los correligionarios como hombre reservado y fuerte. nadie protestaba. Clementina al principio manifestó pocas simpatías por aquel hombre. Don Fausto comenzó por escuchar religiosamente y terminó por perorar. La adhesión que el antiguo asistente había guardado á su suegra durante toda su vida. v como todos los de la tertulia llevaban algún disfraz parecido sobre sus pieles de conejo. el antiguo asistente de su padre.

y entre españoles esto siempre es algo. sin comprender que ese conglomerado de palabras que forma una frase es á la substancia con que se constituyen las ideas lo que un pedrusco es á la tierra gió de tal laborable. En el fondo. En ton. un chasco parecido al del hombre que después de mucho empeño consigue una entrada para una fiesta 5 . había algunos que. Dan- Mirabeau. que el hombre. los buenos republicanos no estaban contentos. Era ciertamente desagradable. sonreían burlonamente. La Internacional y la aparición del Socialismo les amargaba la dicha. Ellos habían creído dar en el fondo de las — — ideas radicales. habían saludado la República y la Democracia como la aurora de una vida nueva. Krausse.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 65 cuencia y comenzaba á hablar escuchándose. y se encontraban con que á sus pies germinaba una idea más radical que la suya. estaban siempre sobre el tapete. antes tan sencillo en medio de sus chifladuras. Este vicio español de la oratoria se le conta- modo. poseedores del secreto en la política y en la vida siempre hay para los románticos un secreto. la tertulia del Universal se hacían derro- ches de oratoria. pero se hablaba. La Revolución francesa. Proudhon. Ciertamente que nadie sabía nada de todo esto. Se figuraba que toda frase era una idea. se hizo de palabra engolada y altisonante.

como quien no da importancia á la cosa. En casa leía sus noticias y sus sueltos. don Fausto sentía una íntima satisfacción. don Fausto no era de éstos. santo y el periodista un ser superior. Es una de las fórmulas más imbéciles del fetichismo en la civilización actual. . del yugo de la odiosa reacción. les decía Á los amigos. un suelto político. iba á la redacción. La época felices del perióla dico fué una de las más de vida de don Fausto. como á un santuario. establecida en un piso principal obscuro y sucio de la calle de Silva.66 PÍO B ARO JA de invitación. En la tertulia del Universal nació la idea de fundar un periódico y don Fausto aportó para la realización del proyecto algunas pesetas que tenía sisadas á su mujer. sólo los suyos y casi se asombraba al ver que aquellas líneas en donde se hablaba del condigno castigo. y se encuentra después que todo el mundo pasa sin billete. al y al entregar su trabajo la al direc- tor y ver que pasaba la mirada distraída por la cuartilla y la enviaba á imprenta. El burgués. para él el papel impreso era . desprecia al que escribe y respeta lo escrito con tinta de imprenta. del trabajo realizado de consuno. en general. Allí se discutía la orientación del periódico. del espectro de la anarquía. pudiesen salir de sus manos. á los indiferentes. Algunas veces don Fausto escribía una noticia.

batiéndose con tal bravura y arrojo. La redacción del periódico era por extremo formada por unos cuantos chanchulleros y por algunos desdichados muertos de hambre. Esto ocurría por la mañana.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 67 don Fausto si : Ahora salgo de que le : la redacción. Se lla- maba le De él se contaba. Dantín vendía el caballo y jugaba las pesetas que le habían dado por él en una chirlata. mipintoresca. Por la noche. que el coronel. litares ambos y ambos expulsados del ejército. al frente Dantín se lanzaba . Dantín. una cosa que. lleno de entusiasmo. sublevado el 22 de Junio. y lustre esto se le figuraba daba más que hubiera dicho Ahora salgo de mi palacio ó de conferenciar con el Santo Padre. temeridad. Entre los que asistían frecuentemente á ella se distinguían dos compadres. la llero.con ellos forzosamente por no encontrar medio de evadirse. estaba . y todos los que conocían aseguraban la autenticidad del hecho. Al asaltarla el ejército. si no demostraba su probipolítica. le regaló su caballo. se había batido contra la tropa como una ñera en una barricada. prisionero de los sublevados. El uno era un andaluz charlatán y chanchupero valiente hasta Dantín. dad denunciaba su valor temerario. Dantín se presentó al coronel de la fuerza diciéndole que. por la tarde de las tropas contra los sublevados.

con un gorro. que le salió mal. serio. Hacia escritos que luego llevaba á que los firmasen abogados muertos de hambre. Le llamaban don Román. pero desde allí siguió la marcha de sus asuntos y envió á sus amigos como recuerdo una fotografía en la que. Era un hombre muy intehgente. ciudadanos. Este hombre llevaba grandes bigotes y perilla á lo Napoleón III.<58 PÍO BAROJA Dantín. El otro militar era el reverso de Dantín. vivía traba- jando de procurador. expulsado del ejército. honrado. ¡Que me den el hacha del verdugo de As: — trakán! No se .con el sabe lo que hubiese hecho don Román cuando defi - hacha del citado verdugo. de los negocios. Él era el que había dicho en una reunión revolucionaria esta frase dantoniana Aquí lo que hace falta. era una especialidad en chanchullos. de probidad. pero uno tiene la sue/ te de crear una frase tan nitiva. afeitado. aquí lo que hace falla es energía. estaba tocando la guitarra Uno en medio de un grupo de tipos patibularios. Tenía don Román el semblante duro v el . enredado con una mujer echadora de cartas. todo se enredaba ó se desenredaba en sus manos á su capricho. es vigor juvenil. le obligó á pasar una temporadita en presidio. pero cobarde como un conejo. su nombre queda consolidado. vestido de presidiario.

sin pensar si el peligro era tan grande como su imaginación lo pintaba. Don Román y Dantín sableaban á don Fausto. Don Román . se afeitó el bigote y la perilla y se escondió donde nadie pudiese verle. perder su empleo por vergüenza y estar durante largo tiempo escondido hasta que sus bigotes y su perilla crecieron lo bastante para presentarse de nuevo ante sus correligionarios como un héroe y como una víctima. é impulsado por ella. comenzó á pasar la vida temblando. Á creer á los murmuradores. se metió en una peluquería. como una voz amiga que hablaba en el fondo del alma. Don Fausto habló á su mujer de esta propotrató . y el pobre don Román. Se susurraba que su salida del ejército no había sido ni tan terrible ni tan digna como él aseguraba. con el corazón palpitante. asustado de su miedo y de su facha de cura. don Román sintió la prudencia como una voz suave. en el momento en que don Román se vio seriamente comprometido en un movimiento revolucionario. La revolución se aproximaba con el triunfo era seguro que pudiesen alcanzar los dos altos cargos. afeitado. se echó á la calle. tuvo que escapar de Madrid. Un día. El movimiento revolucionario abortó. de convencerle varias veces que debían ir los dos á París. ese día clásico en que hay que echarse á la calle.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 69 corazón blando.

ensanchando estupefacto. Clementina no estaba contenta. medio en broma. . no comprendía el motivo de una transigencia asi. Después de trabajar con verdadera ansia para aumentar su fortuna. si la fortuna es pequeña. este ascenso en el escalafón social es más difícil. como no hay clase media que tenga prestigio. Es lo que le sucedió á Clementina. La causa era sencilla. ver el pro y el contra y estudiar detenidamente. intenta en seguida sumarse á la aristocracia. no se hallaba en el fondo de las interioridades de su familia y su mujer era para él un enigma. al llegar al término de sus aspirair ciones se encontraba sin poder más lejos. Si el advenedizo posee una gran fortuna. el Don Fausto quedó negocio. sentía las miradas impertinentes y burlonas de las señoras de la aristocracia. rechazada con desdén por la sociedad elegante. no le es difícil la incorporación de su nombre al mundo brillante.70 PÍO BAROJA sición medio en serio. En la Castellana. al presentarse en coche con sus hijas. sino que lo consideraba como una cosa que había que aclarar. y notó con gran asombro que Clementina no rechazaba el proyecto. ahora. no se le aceptó ni siquiera en esa clase subaristocrática de aspirantes en donde gimen las familias con instintos trepadores. cuando la gente se enriquece. para ver por qué registro salía ella. En las ciudades españolas.

que Clementina. la belleza. todo lo verdadero valor natural. constancia ó suerte para conseguir una fortuna. En uno de esos momentos de ira pensó en . la gracia. otras la la examinaban con curiosidad y volvían al pasar. . de una raza de tiene desierto. que no es en el fondo más que la vida de una raza berberisca. energía. de aquí la envidia y el desprecio. las únicas enérgicas de la vida de relación española. y una de ellas es el haber tenido talento. la más ansia tenía de acercarse á los que desdeñaban. que es de las más incultas formalistas y metafísicas. desprecio del de arriba. Algunas llegaban á saludarla. envidia del de abajo. las únicas pasiones fuertes son las pasiones de vanidad la envidia y el desprecio. cabeza En las sociedades aristocráticas hay cosas que no se pueden perdonar. los desdenes de la gente aristocrática eran trallazos que le cruzaban el rostro. es insignificante en nuestra sociedad ante las categorías artificiosas del rango. La bondad. sentía el desprecio hasta el fondo del alma. la distin- ción. y cuanto más notaba el desvío. y en la española sobre todo. Son estas dos tristes pasiones las únicas fuertes. .LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS las cuales 71 conocían á Clementina del despacho de sombreros. la delicadeza. aunque lo disimulaba. En estas sociedades.

Clementina y sus hijas rido no entraba en sus cálculos más que como una parte alícuota abandonarían Madrid durante algún tiempo y gozarían de la vida. Suplicaba á don Fausto que fuera á visitarla á París quería ha. blarle. se puso en camino. le seducía. — — Esta idea á ratos gustaba. y las tres fueron de parecer que debía ir á París. Libres el may con dinero. transcurridos algunos días. luego. En tal de Blanca de Montville.72 PÍO el baroja abandonar almacén de sombreros de paja y traspasarlo á su dependiente principal. llegó la carta nunca. Don Fausto Don Fausto anunció á varios amigos que se marchaba. tomó una carta de don para un correligionario. á ratos le dis- como el aunque el perder un ingreso seguro que daba la industria no le agradaba situación de la familia. . consultó con su mujer y sus hijas. más que por nada por miedo al ridículo de decir que se Román marchaba y no mar- charse.

podría vivir ses. me- años quizás. que fuese un obstáculo para ponerse en camino. tardó don Fausto en dormirse y oyó sobresaltado durante toda la noche pasos de gente en la escalera. ¿Qué iba á hacer en París? No lo sabia. El aspecto de Blanca no se realizaría su viaje. Se despertó muy de mañana al oir un tu- . anduvo dando vueltas y vueltas en la cama. Pensando alternativamente en estas y otras muchas cosas.VI El despertar en la calle de TArbalete. allá estaba. era tan malo. La verdad era que nunca había supuesto que siempre contaba con algún accidente imprevisto. Sin embargo. mucho tiempo. pensando en las mil peripecias que le reservaba París. Tardó don Fausto mucho tiempo en dormirse. tan temido como deseado.

á medio vestir. se acercó al furioso que golpeaba á la mujer y le agredir al separó de su víctima. En esto . á empujones de un hombre que la golpeaba de un modo brutal. fuerte . y el público. la golpeaba con un bastón nudoso. la mujer salió del portal y se esdio tal empellón .74 PÍO B ARO JA multo en cortinas. y éste. el hombre. Hacía un hermoso Abrió el bal- cón V se asomó á él. de barba do- rada. formado por los dueños de las tiendas de la calle. Un grupo de curiosos miraba al interior de De pronto todos abrieron paso y salió á la calle una mujer gruesa. la calle. un joven alto . pinches con sus cestas y chiquillos de blusa. tiznado como un carbonero. con la cara un portal. El otro intentó joven. encorvado. porteros con mandiles. zambo. presenciaban la escena con un regocijo encanallado. llena de arañazos y de sangre. andaba dando traspiés. sin esfuerzo alguno. viejas y chiquillos se alejó un poco esperando la continuación de la escena. por viejas de cofia. mandó marchar á cada cual á su rincón. Todo el grupo de porteros. aturdida ó borracha. de bruto. un tipo. Luego el joven hizo que la mujer se metiera en un portal. desgreñada. y encarándose con el público. La mujer. le que le hizo dar violentamente contra la muestra de una tienda. se levantó v descorrió las día.

que le permitió echar como una pelota al agresor. sí! — Pase usted — y la criada le hizo . valiente y rudo. ¿El señor Bulero? preguntó á la criada. medio derrengado con golpe. defraudando con la mar- cha de los protagonistas blico. Respecto á la intervención del joven alto de la barba dorada.Ah. el joven alto de calle arriba. pero aquel abuso de su fuerza. la curiosidad del pú- El espectáculo ocasionó á don Fausto una sexo débil. salió á la escalera y llamó en la puerta de enfrente. le había parecido oportuna. Don Fausto era bastante romántico para su- poner que el triunfo en la lucha física entre dos hombres era un fenómeno más de convicción que de dinámica.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 75 capó. se fué también. no le gustaba. y la el hombre zambo. — . si su mujer ó él. se vistió don Fausto. El creía en el ción del hombre fuerte. en casa de la catalana. se figuraba que la mujer era siempre un ser delicado que vivía amparado por la protecimpresión desagradable. No se había tomado el trabajo de comprobar cuál de los dos era el fuerte en su matrimonio. No sé quién es. Recordando la escena un tanto molesta. el como si barba rubia siguió nada hubiese sucedido. — — — Un español.

. Ah! De modo que es usted el señor Bengoa y milita en el campo republicano? — ¡ — Sí. Hágame ¿Y qué tal en algo puedo serle usted el favor. — Espere usted un momento. de nariz aguileña. magro y cetrino. parece que eso tarda.. tro. se colocó los quevedos y leyó con aire grave..76 PÍO BAROJA le entrar por un corredor y se indicó una puerta en el fondo. y útil. con unos cuantos sillones raídos y unos periódicos atrasados encima de la mesa. ¿Quién es? — Un español que trae una carta para usted. tengo esa honra. Acompañó á don Fausto hasta un cuarto con pretensiones de sala de lectura. — Pues cuénteme usted entre sus amigos. la abrió. si — ¡Oh!. oyeron pisadas denpuerta y un hombre en : calzoncillos apareció y dijo — Entre usted. y al poco rato se presentó un hombre bajito. le invitó á sentar. de bigote afilado.. el con el tono y el aire pensativo de un hombre . tomó la carta. se entreabrió la Llamó don Fausto. — Cierto ciertísimo — dijo señor B ulero . Esperó don Fausto. — Siéntese usted. muchas gracias. se sentó luego él. la por Madrid? ¿Cuándo viene Re- volución? — Desgraciadamente. Salgo en seguida.

Pi y Margall un sectario intratable. preguntó des¿Pero usted cree que vendrá? — — pués. nadie la abnegación de sacrificarse por cauper- sa y cualquier majadero aspiraba á ser sonaje. se dedicó á injuriarlos individualmente. pló Don Fausto hombre le contem- un tanto azorado. La gente de segunda fila valía menos aún. Castelar un charlatán. El señor Bulero se sumergió en las honduras de su pensamiento. Prim era bicioso sin ideales. — — de estas palabras. y de afirmar con energía la honradez del partido revolucionario y de sus hombres. replicó pausadamente Usted cree que sí Bulero para formarse una idea justa del alcance — Hombre. el que no un pillo era un tacaño. todo el tenía la un amSagasta un mundo quería figurar. Serrano otro. intrigante. — Es mi parecer. cuello de la camisa bas- — Conque usted cree que vendrá — repitió df nuevo. un Don Fausto escuchaba con disgusto á este . yo creo que sí. con su voz reposada y cavernosa.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 77 que tiene que resolver un problema difícil. El señor Bulero. después de hacer algunas salvedades. El el tenía un aire grave y solemne y tante sucio. f — Yo al menos así lo espero.

vamos. — Muchas gracias. en la esquina de la calle de Feuillantines. Si quiere usted. hay uno.. espéreme usted un momento. pero si necesita alguna cosa. Desapareció Bulero.78 PÍO BAROJA hombre sucio que parecía impregnado de vaniasí que en el primer alto de la conversación se levantó con el objeto de desdad y de grasa. y don Fausto y él salieron de casa.. á unos pasos. por aquí cerca. — Entonces.. el — ¿Vive usted cerca de aquí? — preguntó señor Bulero. sí. pedirse. le digo á usted nada. — ¿Conoce usted París? — No.. volvió al poco rato con un sombrero de copa alta y con unos puños postizos que se fué poniendo. la Bulero hizo un gesto impertinencia. como quien oye una — Entonces no — Hombre . Desearía que me indicara un restaurant barato. Pues mire usted. El restaurant se encontraba en la misma ca- . podemos ir á almorzar allá. usted — — Bueno. — Pues yo acompañaré á le ver los monu- mentos. tengo verdad. muy poco tiempo libre. — En esta misma casa. en cuarto de enle el frente.

Entraron don Fausto y Bulero. él. y la regla se cumplía sin excepción. No parecía sino que las habían puesto allí para que á la vista de los platos sucios y de las fuentes con salsa se le quitara la gana de comer al más fuerte de estómago. Durante el almuerzo. había enviado unos asesinos corsos para despacharle. El Emperador él le conocía. . sin manteles. estaba en la que se veían dos mujeres gordas lavando platos. Según dijo la cocina. Á la entrada. pero sabía guardarse las espaldas ni y ni el Emperador nadie podía nada con- tra. permanecía de pie^ con los brazos al aire. se sentaban los parro- quianos antiguos. un Hércules de unos cincuenta años. sin que valieran para quebrantarla ni las amistades ni las recomendaciones. en el mostrador. En la mesa última. Era un local estrecho como un corredor. cerca del mostrador.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS lie 79 de l'Arbalete. En el fondo. sonriente. en los que se marcaban sus bíceps de atleta de circo. En el restaurant había columnas de madera y tres filas de mesas. éste . á un lado. la más grande. Bulero se dedicó á darse tono y á soltar baladronadas. era regla establecida por los abonados al el ir comedor avanzando desde la puerta hasta el fondo á medida de su antigüedad. Badinguet y la Española le tenían á él más miedo que á una vez le Mazzini. de pino.

impulsado por su fogosidad. si le parece á usted. Es muy temprano aún. á Hu- veía claramente que todas sus historias eran un tejido de mentiras. Tiene usted tiempo de sobra. Lo que podemos hacer. Yo tengo que estar — en la calle de Vaugirard á eso de las dos. Don Fausto escuchaba de mala gana lero .: 80 PÍO BAROJA El era uno de los directores del movimiento revolucionario. Salieron del restaura nt. aconsejaba betta al joven Gam- y dictaba los artículos á le Enrique Ro- chefort. Le viene á usted de paso. desde el destierro « Entre usted Garibaldi y yo. haríamos algo en el mundo». donde se reúnen algunos correligionarios. contenía á Blanqui para que no se lanzase á hacer algún disparate. Víctor Hugo : había escrito una vez . puestos de acuerdo. le daba envidia la frescura y la audacia de aquel hombre al fingirse amigo y consejero de tanta personalidad ilustre. Bajaron . es ir al café de Voltaire. Al terminar el almuerzo pagó don Fausto y le preguntó Bulero — ¿Tomamos café aquí? — No. pero aun sabiendo el engaño. La idea de conocer á alguna persona notable encandiló á don Fausto y se plegó á los deseos dé su antipático compañero. Hacía un día de Mayo espléndido.

Entraron en de la el café de Voltaire. sin estar raídos. los divanes. abría y cortaba las hojas con una dobladera de hueso febrilmente. Por la otra ventana del café se veía la calle Voltaire. ¿De veras? ¡Ya lo creo! Don Fausto contempló la sala con respeto. Se oía de cuando en cuando el ruido de algún coche. Enfrente. íntimo. hallábanse adornadas con grandes espejos de luna.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS el 81 boulevard Saint-Germaiii hasta tomar por una calle transversal á la plaza del Odeón. Bulero le dijo confidencialmente á don Fausto que este café había sido el verdadero cenáculo de la Bohemia. el grito de algún comprador de ropa vieja ó las notas de un organillo. se veía la plaza del Odeón. Estaba vacía. de familia. con un montón de revistas sobre la mesa. el café tenía carácter. en aquella hora no pasaba un alma. en la sala derecha. Se sentaron Bulero y don Fausto en un ánguio de la sala. por la cual — — Ciertamente. á través de los visillos de muselina de un ventanal. algo pálida y borrosa. no tenían ese rojo bri6 . Las paredes. sólo un señor me- lenudo. por la cual pasaba de tarde en tarde algún estudiante del brazo de una mujer ó algún poeta melenudo. un carácter tapiza- antiguo. das de blanco.

. viejo. flaco. otro. afeitado. otros pedían al mozo una caja para jugar á los dados ó un tapetito para echar una partida de cartas. Era un elegante. cuando se presentaron dos señores que. ostentaba una completa facha de dómine. — ¿Suele venir por aquí Bardó n — Sí. de bigoel y perilla. como si fueran de un oratorio ó de café de aire arcaico y una sacristía. el otro se llamaba don Segundo Paz y su nombre era conocido y casi célebre en el barrio Latino. tenía tipo militar. . El más joven era Bardón.82 PÍO BAROJA nuevo. no tardará. Efectivamente no acababa de decir esto. El humo del tabaco llenaba la sala. sin el brillo y la chabacanería de las cosas nuevas. fuerte. te Uno de ellos. el español? — preguntó Bulero á un mozo. lectura. un rincón propio de poetas ó de académicos. Bulero se levantó para saludarlos y les presentó á don Fausto. Mientras tomaban café Bulero y don Fausto comenzaron á entrar parroquianos unos cogían algún periódico y se enfrascaban en la . un militar revolucionario amigo de Prim. conoció don Fausto que eran españoles. las cortinillas blancas de las ventanas ocultaban el interior del café á los transeúntes de una manera velada v liante del terciopelo discreta. por su empaque. grueso.

. seguido de un perro — — — — — — de lanas de color de chocolate.. haciendo un gesto desdeñoso.. interrumpiéndole á cada instante con observaciones acerca del tiempo.. y á través de las cortinillas estuvo los Ninguno de mirando el interior largo rato.. — ¿Ya se chambergo ? desdeñoso. — ha quitado usted le la pluma del preguntó Bulero con aire . estrechó la mano de don Segundo Paz y dio dos palmadas amistosas en el hombro de Bardón. — Ven. del. En esto.. una cara apareció en el cristal de la ventana de la calle Voltaire. go. con una capa española doblada y echada sobre el hombro. desgarbado'. como si su charla les enfadase más que otra cosa. la — ¿Pero de dónde sale usted? — dijo éste. Ya vendrá si es él agregó Bulero.. cam. al poco rato se abrió la puerta y apareció en el café un hombre flaco. Efectivamente.. Ese es Pipot Parece que sí añadió Bardón. dijo don Segundo. ven. porque se les vio molestados por el encuentro y le oyeron sin hacerle apenas caso. El hombre se acercó con los brazos abiertos á mesa donde estaba don Fausto..— LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 83 dos debía sentir gran simpatía por Bulero. cuando ya don Fausto se preparaba á levantarse y á salir del café.. campo le contestó el recién venido tartamudeando.

replicó el tartamudo. la feliz. pero rusa tartamudo. jEste hombre siempre tan fantástico — exclamó Bardó — Yo no sé es — contestó I — sí n. á pesar de su torpeza en pronunciar. llamó Era un tipo notable. Morny era perro. Pues mire usted repitiendo una porción de veces cada sílaba. si es princesa ó no. — — gracias á eso estoy dando lecciones de español á una princesa rusa. — ¿Pero — sigue usted con las polainas y la dijo don Segundo Paz capa en este tiempo? con una voz de característica irritada. — ¿Y dónde se ha marchado Mornyf — preel devanadera. el el guntó Bardón. dijo el militar. como una el — Usted es único hombre á quien yo envidio — de pronto cortándole palabra. al le mozo y pidió una silla.— 84 PÍO BAROJA El tartamudo no se dignó contestar. polainas amarillas y un sombrero de paja de grandes alas inclinado hacia la oreja lo que daba á su fisonomía un aire entre cómico y audaz. adornada de manchas. . — ¿Y por qué? — Porque es usted un hombre — Morny y yo no tenemos grandes necesidades — contestó tartamudo. Llevaba una levita abrochada hasta el cuello. y siguió hablando. .

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

85
si le

— Habrá ido á la

cocina del café á ver

dan algo. Cada uno busca la vida como puede. Yo, con unos cuartos, la pipa y un poco de
imaginación, estoy contento.

— ¿Un poco nada más? — exclamó don Segundo riendo. — Para mi es poco que para otro quizás
,

lo

fuera demasiado.

Llegó Morny con el hocico lleno de grasa y se arrimó á su amo. El tartamudo le dirigió un
severo discurso.

Don

Fausto, á pesar de que

le

hubiera gus-

tado quedarse, vio que se hacia tarde y era ya hora de ir á casa de Blanca. Se levantó, saludó

á todos con

modesto, propio del que no está iniciado en las interioridades de la vida
el aire

parisiense, salió del café Voltaire, dio la vuelta
al

Odeón y entró en

la calle

de Vaugirard.

VII

Los amigos de Blanca de Montvilie.

Al llegar al hotel donde vivía Blanca, el portero, que reconoció á don Fausto, se le acercó

y

le dijo

:

— La señorita está mejor. — Vamos. Me alegro mucho.

Subió don Fausto, y la criada vieja, la Plácida, le hizo pasar á la sala. Espere usted un momento. Estamos vis-

tiendo á la señorita.

Don Fausto
contraba era

esperó. El salón donde se en-

un gran salón -biblioteca
el

estilo

Luis

XV. Tenía

techo

muy alto,

con moldu-

ras de guirnaldas y amorcillos, ya resquebrajadas por la acción del tiempo. Se hallaba la
estancia en aquel
testero,

momento á media

luz.

En un

fuego de leña.

en una gran chimenea ardía un alegre Un -olor vago de rosas se sentía

en

el

cuarto.

88

Pío BAROJA

Don Fausto anduvo de

puntillas de

un lado

á otro observándolo todo con curiosidad. Había en la sala unos cuantos sillones de pies rectos, con incrustaciones de cobre, que brillaban con el fulgor de las llamas del hogar; las paredes estaban ocultas por dos armarios bajos llenos de libros, y encima se destacaba

una

de retratos obscuros. Entre los dos balcones se veía un secretatre de laca y sobre él un espejo claro y transpaserie

en donde se reflejaban los objetos y los cuadros á la luz mezclada de la claridad que venia por los intersticios de las cortinas y del
rente,

resplandor del fuego.

chimenea, sobre un mantel de terciopelo blanco brillaba un reloj Imperio entre dos figuritas de Saxe; en un rincón un antiguo piano mostraba sus teclas desgasel

En

mármol de

la

tadas y amarillentas.

Estaba ya don Fausto cansado de esperar cuando entró Blanca, apoyada en la Plácida,
se acercó á la

chimenea y se sentó en un sillón. ¡Pero qué valiente! le dijo don Fausto, que tenía un gran repertorio de estas frases que se emplean con los enfermos.

— Ya
:

ves

— dijo

la

vieja señorita,

dió

— Plácida, descorre un poco las cortinas.
la

y aña-

Hizo
la sala

criada lo

mandado y

la luz

entró en

amortiguando

los reflejos

de

las

llamas

del hogar.

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

89

— Ahora tráeme uno de esos biombos y ponporque hay corriente de aire. Blanca se sentó en un sillón con la cabeza reclinada en una almohada. Á pesar de su enfermedad y de sus años, no dejaba de estar ataviada con coquetería. ¿Has escrito? le preguntó á Fausto en
ió aquí,

seguida.

-Sí.

— ¿Por qué no has venido esta mañana? — Es que no me he levantado temprano;
además he ido á vivir un poco lejos de aquí. Pues por este lado tenías buenos hoteles.

— — Sí

,

pero
las

como no conozco ninguno y
señas de
allá.

guardaba

la

casa donde vive un

conocido, he ido

— ¿No hablas francés? — No. Es decir, hablo algo, pero muy poco.

— Pues tu madre
último?
Sí, casi

lo

hablaba

muy bien. Mu-

cho mejor que yo
al

el

castellano. ¿Se le olvidó

— Yo

por completo. todavía hablo regularmente
lo

el

caste-

tellano, ¿verdad?

— No, hace usted muy bien. — Y cuidado que ha pasado tiempo. ¿Tú
acuerdas de
la

te

— ¿No me he de acordar? ¡Ya creo! — Es verdad hasta se me figura que
lo
;

última vez que estuve en Madrid?

que-

daste

un poco enamorado de mí.

:

90

PÍO B A ROJA

poco nada más! Se echó á reir alegremente Blanca y luego, señalando un cuadro, dijo Ahí hay un retrato que me hicieron poco después de volver la primera vez de Madrid. Don Fausto se levantó para verlo y exclamó ¡Oh, qué cosa más bonita! Lo hizo Delaroche, Paul Delaroche.
; :

Un

— Es

— —

una

preciosidad. ¡Pero qué

hermosa

ha sido

usted, Blanca!

— Entonces tenía treinta años. Ahora puedo
decir

Ella se echó á reir.

como en

la

leyenda de una caricatura de
la belleza del diablo

Gavarni, que de

ya no

me
tie-

quedan más que las uñas. Eso no es verdad, Blanca... usted no

ne uñas. Era curioso lo que le pasaba á don Fausto; con ninguna mujer sabía ser galante, excepción hecha de Blanca; su antigua amistad, mezcla de cariño, de confianza y respeto, le daba en su compañía un gran aplomo. Ella consideraba á su amigo como un hombre de mundo, y el ser estimado por tal hacía á don Fausto tener soltura en su conversación. Don Fausto, después de contemplar el retrato y de pasar revista á las miniaturas, grabados y daguerreotipos del salón, echó una ojeada á los armarios en donde se veían las obras encuadernadas en tafilete de Walter

todos los recuerdos de la señorita de Montville. Lamartine. seria ciada. Si no muy desgra- Ya ves. siendo eslo pañol y amigo mío. si estorbo.. no rán que es una broma. no se cansa usted de hablar? preguntó don Fausto. aunles digas que eres republicano.. Además. eso sí. Te presentaré á legitimistas. me que como antes? — marcharé. es decir. al revés. Jorge Sand y otros muchos escritores de la misma época. que todos son legitimistas.. Alfredo de Vigny. todos — ¿Pero platónicos? — No lo creas. 91 Chateaubriand. somos á veces conspiramos. Si son intransigentes sus amigos. creerán.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS Scott... hoy van á venir á verme mis amigos. tuviera con quien hablar. A las preguntas de don Fausto. Blanca contestaba con largas explicaciones. enlazadas unas con otras. — Pues — No. ellos. No. Te advierto.. — ¿Pero — le — ¡Ca!. dígamelo usted. no son intransigentes. — ¿Ahora? -Sí. me encuentro mejor. Dentro de aquel salón se compendiaba toda la vida. contando historias. ¿Y tú sigues tan republicano — Igual. se figura- .

católico y legitimista. Estuvo con los carlistas en la legión extranjera. Entró el m. te lo advierto para que no le digas nada ofensivo por- — — — — — — ^Por . después tendió la mano á don Fausto con cierta tristeza. el vizconde de Haracourt hizo un gesto tan exagerado de dolor como si le hubiesen arrancado una muela.92 PÍO BAROJA qué? Porque para ellos un español no puede ser nnás que hidalgo.atrimonio. como si con: — siderase el mal irremediable. El vizconde besó la mano de Blanca y la vizcondesa dio á su amiga dos ósculos sonoros en las mejillas. cuando un criado viejo.. Don Fausto nada replicó. chimenea Hecho esto se sentó delante de la . Gastón Baucemont d'Havray. Es que hay uno que habla el español muy bien. aunque no dejó de murmurar con cierto disgusto Pues señor. Por lo menos no se lo digas á mis amigos. entró en el salón y dijo inclinándose El señor vizconde de Haracourt y señora. Luego Blanca les presentó á don Fausto. Pues yo no soy legitimista. pero al advertir que éste no sabía francés. Será difícil con el poco francés que sé. que es una buena persona.. : — Siguieron charlando la señorita de Montville y don Fausto. vestido con librea azul. esto es un antro de clericales. Don Fausto se levantó.

Entraron estos señores. muy amablemente. La vizcondesa comenzó á hablar por los codos con una voz de flauta. con unas patillitas rizadas — hasta las orejas. el señor de . á veces se dirigía á don Fausto sonriéndole amablemente. Don Fausto estaba algo violento. el criado volvió á presentarse en la sala. Iba afeitado. Eran tío y sobrino y parecían de la misma edad. dijo con un acento solemne lleno de sonoridades nasales: Los señores de Baucemont v de Baucemont d'Havray. gorda. La vizcondesa. mofletuda. Poco después. El señor de Baucemont. calvo y con el pelo abierto en raya en la nuca y pegado y llevado con artificio hasta encima de las orejas.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 93 y colocó sus pies en la barra dorada. pariente de la señorita Montville. el vizconde contemplaba el fuego y alguna que otra vez hacía alguna observación á su mujer. En el acto de las presentaciones. era un hombre de cabeza blanca como la nieve. y tras de la consabida reverencia. vestida de negro y con el pelo blanco como la nieve. ostentaba una roseta roja en la levita y otra en el gabán. sonriente. parecía una dama del tiempo de Luis XV. Charlaban las dos señoras. El vizconde de Haracourt era un señor de bigote blanco. tez transparente y manos de mujer. llamándola querida mía.

luego sonreía y seguía hablando. de barba blanca y ojos azules. Le dijo á don Fausto que sentía un gran placer en hablar castellano cuando se le presentaba la ocasión. sin ser mucho más joven que su tío. De vez en cuando. grueso. escuchaba siempre sonriendo. como de un país de hé- . un paraguas. como si le intrigase mucho lo que contemplaba. Llevaba algodones en los oídos y polvos de arroz en la cara. la frase al castellano. un cuadro. Parecía una buena persona. El sobrino Baucemont d'Havray.94 PÍO baroJa Baucemont dijo algo á don Fausto pero éste no lo entendió y tuvo el sobrino que traducir . no gustaba leer ni pensar. Le quedaba una idea muy romántica de España. Era un hombre alto. en medio de la conversación miraba con su lente cualquier cosa. su charla era un mosaico de frases hechas y de giros populares ya olvidados. un tanto inclinado á la sátira. El señor de Baucemont era especialista en el empleo de locuciones parasitarias. de unos sesenta años. Había estado ocho años en España. era un hombre á la moderna. y hablaba bien el castellano. El señor de Baucemont era un hombre del antiguo régimen. con la sonrisa del que está en el secreto de todo y probablele mente no se enteraba de nada. frunciendo el ceño. durante la guerra carlista. un sombrero.

datos. . — Será gente rica. Contó algunos episodios cómicos de la guerra y luego se dedicó á satirizar á sus conocidos. — Está ¿eh? Sí. descuidaba demasiado. faubourg Saint-Germain á la antigua. Ella — Tengo su marido — ¿Cree usted? ha sido muy brava y la — ¿Y tienen hijos? —No. los americanos y los negros. — No. Mire usted ahora. Tienen los Haracourt una casa de campo á la que llaman castillo y unas rentas exiel . Viven en . los advenedizos. la vizcondesa en sus buenos tiempos adornaba la cabeza de su marido con algo semejante á esos dos mechones de su pei- nado á águila imperial. viz- peinado á lo águila imperial.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 95 roes. Visitan á sus amistades y sienten un profundo desdén por el París bulevardier. ¿No le recuerda á usted el escudo de Toledo? Es una obra maestra de peluquería. Ahora que el bulevar se venga de todos nosotros no haciéndonos caso. — Es — Se dice que lo cierto. — íPse! No crea usted. — ^Se ha fijado usted conde? — le en el peinado del dijo de pronto á don Fausto. al que sólo consideran bueno para los extranjeros.

tenía todo un galgo. era rubia. muy fresca y bonita. pues sin embargo. era una mujercita redonda y sonrosada. una señora gorda con su hija acompañada de un pollo. con los ojos claros. Matías Surennes. á sus dos ó tres criados les llaman la servidumbre y á un cura que de vez en cuando les dice misa en su casa le dan el título de capellán. Baucemont explicó á don Fausto que Blanca protegía las pretensiones amorosas de Matías con respecto á Susana Demange.96 PÍO BAROJA guas para vivir. Mad. le el aire pa- . va tienen bastante. con unos ojos azules muy Cándidos. La señora gruesa. pero á la el aspecto de chica no entusiasmaba gran cosa rado del joven Matías. sin pelo de barba. una naricilla respingona y un pecho que no le cabía en el corsé. flaco. sonriente. Con eso y con leer todos los días la Gaceta de Francia. Su hija Susana se parecía á su madre. Demange. ^lientras estuvo hablando Baucemont d'Ha- vray fueron entrando más personas en la sala. Si se fija usted en él verá usted que es afectado y que todo en su persona suena á falso. cuando se llega á acostumbrar á su afectación se nota que es un hombre excelente. alto. mujer de un profesor de la Sorbona. un cura y un joven elegante. El joven que las acompañaba.

y apartándose del sitio en donde peroraba. — ahora. que tenía un tipo de gitano. se marchó á un extremo del salón. en donde estaba madama Demange con su hija y el pretenla brutal. . — No. que parecía agradar á los contertulios. pero son tres hermanos y les ha de tocar á poco. sin ambición. — ^Y tiene fortuna? — preguntó don Fausto. era guerra carlista. Según dijo Baucemont d'Havray. de ademanes bruscos. con los dientes sucios y un aspecto El cura. sin iniciativa de ninguna clase. Si le el blar. necesita el precedente. ninguno de los dos se sakidó con simpatía. había estado en diente. un cura aragonés pequeño.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 97 — Y es un buen chico — siguió diciendo Baucemont d'Havray. Como los españoles. A don Fausto le era soberanamente antipática la charla y eK accionado de este cura. Su madre posee unas propiedades. Presentado á don Fausto. de si oye usted haya verá usted que no se preocupa nunca una cosa es buena ó mala. Después de saludar á todos se sentó el cura y habló de política en un tono brusco. negro. sino si la hi- cieron antes. el cura estaba muy bien relacionado en París. ¡Raza cansada! Los únicos dogmas para este muchacho son apellido y la costumbre.

— — — se conspira también. Baucemont d'Havray se acercó de nuevo á don Fausto y le contó las pequeñas intrigas y rivalidades del salón. Baucemont cogió el álbum de un velador y levó con cierta sorna las frases que habían : — — — . Rió Baucemont alegremente y preguntó después á don Fausto ¿Ha visto usted el álbum de Blanca? No. Le obligarán á usted á poner algo. — ¡Conspirar! ¡Ca! Si se conspira será labor de gente de faldas. Todos los amigos de la casa hemos escrito en esas páginas nuestra pequeña vaciedad. ella sonrió sin saber qué decir. Seguramente era la primera vez que oía ese nombre. se juega cuarenta años como cosas recientes. ¿Y cree usted que no se hace más? preCualquiera diría que aquí guntó don Fausto. — ¿De mujeres? — Y de curas.98 Pío BAROJA Matías. Se comentan los libros publicados hace al — Aquí se habla. de Surennes preguntó en voz baja á Susana Demange si había leído á Alfredo de Musset. whist y al bezigue. Hay tomo de Lamartine en esta biblioteca que está regado por las lágrimas de tres generaciones de mujeres románticas.

de su tipo. que está satisfecho de sí mismo. Mire usted este mío «¡Qué entusiasmo produce ver tantos nom. de llevar . miraba un tanto azorado. un míichacho excelente. del tipo de los demás. si pletamente chic á la vizcondesa de Haracourt. acercó á él Mientras Baucemont se dedicaba á su charla satírica. de ser francés. sin esfuerzo alguno á re- conocer la justicia de tales afirmaciones. y después de saludarle le preguntó si no encontraba más joven que antes de su enfermedad á no creía que Susana Demange estaba más bonita que nunca y si no hallaba comBlanca. de su vida. de haber . — — — nacido en París. — ^Eh? 4N0 es shakespiriano? Don Fausto no comprendía bien cuándo hablaba este hombre en serio y cuándo en broma y le — Muy bien. allá desde eii madama Staél hasta Luis cuando hay pensamientos luminosos. Baucemont accedió ./. de ir bien peinado. siguiendo en su papel de cicerone es Ernesto de Erolles. Bancemont d'Habres ilustres reunidos!» : — De cuando — vray. se un muchacho elegante. y el joven poniéndose su lente le dio un apretón de manos efusivo y se acercó al grupo en donde peroraba el cura.LOvS ILTIMOS ROMÁNTICOS 99 estampado Veuillot. Este joven dijo Baucemont d'Havray.

cjue al de más allá le engaña la mujer. dijo don Fausto.. — Y además completamente — No. Entonces es un hombre feliz. parece admirable. Lo . feliz un punto negro. Su felicidad tiene feliz. Que uno se : — — — Es un muchacho amigo de hacer un favor á cualquiera y amable y servicial como Erolles. notable.100 PÍO L ARO JA le monóculo. Al saber una noticia pregunta cariacontecido ¿Pero es de veras? ¿Es cierto? Y cuando escucha la confirmación de lo que le han dicho. en un continuo asombro y una continua ale- — — ha casado. suponiendo. Es usted muy severo No.. Todo extraordinario . pocos. Le tengo afecto á gría. Este chico está empleado en un ministerio y trabaja en su oficina con entusiasmo. para todo tiene exclamaciones de entusiasmo. se ríe como un loco á carcajadas y aun necesita que le cuenten la historia dos ó tres veces más para saborearla á su gusto. Todo le coge de sorpresa. Se figura que todos son tan torpes como él. no lo crea usted. que los que le oyen no se enteran á la primera vez. que el otro se ha ido de viaje. porque cuando cuenta algo lo repite. El tiempo que le dejan libre sus ocu- paciones lo dedica á visitar á sus amigos. se ilumina su cara. del todo no es. sin duda. ¡Ya lo creo! Vive de una manera ideal.

Blanca indicó que estaba fatigada. después de despedirse. y don Fausto se encaminó hacia su casa. LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 101 que estar á las órdenes de funcionarios boiiapartistas que son antiguos republicanos. Así llevan su causa. los amigos. á un burgués muchas veces sin formas. porque él acepta que estos funcionarios del Imperio tengan talento. á un Dubois. Al anochecer. La Plácida le acompañó á su cuarto. se fueron. — esta tertulia tiene algo de política. Y á él se le figura que lo principal en el mundo es tener formas y luego antepasados. á un Martín. Pero eso es natural en un legitimista dijo don Fausto. ¿eh? — ¡Ca! — Pues parece que se intriga — Lo que le decía á usted. que le amarga la existencia es tener — — — Pero — En éstos sí.. no las tienen. Eso de tener que obedecer á un cualquiera. ¡pero formasl No. ofende su dignidad. bueno — dijo don Fausto al ver la confianza de Baucemont d'Havrav. Cosas intrigas de de faldas. mujeres y de curas. '^H^K-)K- .

.

el explicarse con la patrona. el deseo de dejar París cuanto antes. dos sentimientos contrarios luchaban en el alma de don Fausto: uno.VIII El comedor del Padre Mauplt. sus amigos. si le veían en Madrid sin haber hecho ni resuelto nada? ¿Qué diría Blanca? Comenzaba don Fausto á comprender con tristeza que no era bástante fuerte para vivir con independencia. no encontraba pretexto ni motivo para marcharse. por falta de aliento. necesitaba el superior. el salir y buscar otro alojamiento. Si se hubiera decidido á mudarse de casa se hubiera encontrado mejor. El miedo al ridículo le retuvo. Le asustaba el hablar francés. y. tenía miedo de que le engañasen. ^Qué dirían su familia. el amo. Eli los días sucesivos. . . el miedo al ridículo. una voluntad directora. pero no se atrevía á intentarlo siquiera por timidez. el otro.

parecía la callejuela de un barrio judío de cualquier pueblo oriental. casas negras. á cuyo alrededor revoloteaban nubes de moscas. v en las carnicerías hipofágicas. sobre todo. sas. libreas y uniformes que destilaban pringue. engalanadas con intestinos blancos inflados. entonces era una calle infecta. Aquella calle de Mouítetard era para don Fausto un motivo de intranquilidad. los interiores negros de las tiendas le daban horror. Las verdulerías exhalaban hedores de berzas podridas y mostraban sus géneros averiados sobre estantes de madera. comenla Aquella calle de Mouffetard próxima á suya daba horror. una. como adorno. . le Hoy cia la calle Mouffetard es una calle mala. Las triperías. sucias. el barrio donde vivía zaba á inquietar. Ciertamente no era nada tranquilizadora. vejigas y pieles de gato. á las puertas. colgaban grandes muías despellejadas de color sonrosado. La constituían dos filas de casas que desde plaza de la Contrescarpe bajaban hasta la calle Lourcine. próxima á un cuartel.104 PÍO BAROJA le por otra parte. en las cuales se amontonaban una porción de ropas usadas. pringo- con tabernuchas v tiendas miserables. su la y pobre. Las bocacalles que desembocaban en ella eran aún peores y más estrechas. alternaban con las tiendas de los ropavejeros.

á veces suponía que su barrio era pobre. v este detalle. En algunas ocasiones se alarmaba sin motivo y se preparaba á tomar el tren inmediatamente. el el Hércules del Padre Mauentrar pit. Según el estado de su ánimo. hasta sentarse en las mesas del interior. adquiría confianza. con . de tan poca importancia. mendigos y traperos que entraban en las tabernas. I el A En restaurant de la calle de l'Arbalete era . y sólo aquellas cosas aprendidas de viva voz y que estaba seguro de pronunciarlas bien las decía. al anochecer. vagabundos. pero nada peligroso. Los chicos se perseguían á pedradas por las callejuelas obscuras y desiertas. llamado ó apodado .LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 105 Por esta calle de Mouffetard veía don Fausto con inquietud. donde más se soltaba el amo mostrador. á veces temblaba al sentirse solo en París en un sitio ds mala gente. y don Fausto. en otras se sentía tranquilo y todos sus temores quiméri- cos desaparecían por encanto. Al fondo del comedor solían acudir parro- . así veía don Fausto el carácter de su barrio. Según la costumbre de la casa don Fausto fué avanzando poco á poco. interiormente le halagaba. este tratamiento. le saludaba afectuosamente al verle y le estrechaba la mano. medida que pasaba el tiempo tenía más vergüenza de decidirse á hablar francés.

hermosa. Abundaba entre ellas un tipo En yá la mesa estas muchachas se mostraban golosas. glotonas. quizás algo basta.BAROJA quianos antiguos. una conmiseración profunda. aficionadas al dulce. muchas mujeres y algunos hombres. boca fresca y bermeja y tez de una finura de nácar. Vestían casi todas tal un delanllevaban muy largo. brazos musculosos y manos huesudas. azul ó negro. le saludaban amablemente y sentían por él. A don Fausto le cedían el sitio muchas veces. accionando mucho. al ver que no hablaba francés. de ojos azules ó verdes. eran estas niñotas tan buenas y tan afables como al principio parecían. otras iban envueltas en él como en un camisón y parecían al andar niñas grandes y abultadas. muchachas altas. unas lo y el contorno del pecho. fuertes. entallado. de cara cuadrada. Hablaban y reían guiñando los ojos. al vino los licores. Se comprendía en ellas una na- turaleza sensual. Estas mujeres eran trabajadoras de distintas fábricas cercanas. y al reír se apoyaban unas en otras con abandono. risueños. ros. haciendo que se dibujase el talle Eran. Era la raza popular parisiense. clade mujer rubia y pómulos abultados.106 PIÜ. de pie grande. en su mayoría estas obreras. bien hecha. alguna vez se No .

lanzándose injurias violentas haciéndose cortes de mangas. cuando no dándose á sí mismas manotadas furibundas en el trasero. A la mayoría no les duraba el amante más que meses ó días otras. Muchas de aquellas obreras vivían en pleno amor libre. el gesto encanallado y despreciativo en hablando con la garganta. y mientras el entusiasmo amoroso iba en creciente comía con su elegido. menos ingeniosas. por el contrario. alguna de las muchachas más despreocupadas se presentaba en el comedor de la calle de l'Arbalete con algún obrero joven ó con algún golfiUo de la barrera de Italia. en el restaurant se hacía un derroche de frases más ó el labio. al notar la aten- . Á veces. . cambiaban de hombre como quien se muda de ropa. la aludida. Las riñas solían ser frecuentes los días posteriores á las ñestas. yendo á la alcaMía y casándose. en los cuales solían ir al campo varias amigas con sus novios ó sus amantes. . y con el recuerdo del jolgorio quedaban casi siempre agravios que vengar. y en la pizarra del Padre Maupit se acumulaban los gastos del galán y de la dama.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 107 trababan de palabras y había que oirías insultarse. Mientras duraba la luna de miel. daban ejemplo de fidelidad viviendo siempre con el mismo hombre. y terminaba la pareja un día cualquiera. que no sabían lo que hacer.

una era rubia. Había dos amigas. con los ojos azu- . No eran todas tan libres. y allí resultaba un tipo arcaico y fósil. aunque no se escandalizaban de las costumbres de sus compañeras. que producían en los concurrentes una gran curiosidad. blanca. el hombre quedó asombrado. ni mucho menos. asiduas parroquianas del establecimiento. se decían unas á otras Mrginia ó Luisa ha hecho ya buin. compañeras de taller. Don Fausto se creía un hombre sin preocupaciones. sin duda. Don Fausto no las entendía bien. Las dos eran.: 108 Pío B A ROJA ción coQ que la miraban. en aquel comedor obscuro y triste la moral se iiael En restaurant del bía substituido por la estética. como un viejo español del tiempo — del Cid. tenían otra conducta. porque era como el estallido de la personalidad. no chocaba más que lo feo. libertándose de prejuicios y de consideraciones ridiculas. Y estaba bien la frase. Había muchachas muy serias que. Padre Maupit nada escandalizaba. Cuando alguna de las notadas por su sensatez y su recato se lanzaba á seguir el ejemplo de las demás. pero las veces que Bulero comió con él y le explicó lo que hablaban y decían. se reía alegremente ó pasaba el brazo por el cuello de su amigo mientras él la oprimía por la cintura.

cuando no le daba besos sonoros que levantaban protestas irónicas de los parroquianos. por la originalidad del tocado y porque algunas de ellas fumaban. Tenían las dos amigas una amistad estrechísima. en donde les esperaba una vida más . comían juntas. le daba con el codo y le agarraotra ba de la mano. . agarrándose estrechamente del brazo de su amiga. la morena pasaba el brazo por la cintura de la rubia. enseñándoles la lengua. fastuosa. Muchas veces. y luego. y mientras estaban sentadas. de aspecto muy decidido. También acudían á pit la casa del Padre Mau- algunas modelos. Se notaba que ha- una amistad exigente y celosa. la morena arreel vestido glaba llo á la rubia ó le alisaba el cabe- llamándola mi corderito.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS les. con cara de Madonna y pronto desfilaban hacia la otra orilla del Sena. los 109 labios gruesos y rojos como cerezas. Se señalaban por la belleza de sus facciones. le La la rubia miraba á su amiga con cierto aire melancólico y la morena bía entre las dos daba palmaditas en mejilla como á un niño. al levantarse. salían las dos del restaurant. Eran la mayoría italianas. la morena. bravia. La morena entonces dirigía á los hombres un gesto de desprecio.

.

no tenía más remedio que quedarse. y esperó. estuvo don Fausto pensando en marcharse á otra casa. una familia amiga iba á Biarritz en Junio . sus libros y algunos otros efectos. Ya no le quedaba al buen señor pretexto alguno para la fuga. Pidió á su casa que le enviaran su ropa. Don Fausto marcharía hasta la frontera á reunirse con su hija V los dos volverían á París. Al cumplir el mes en la calle de l'Arbalete. expresada en ese necio refrán «más vale malo conocido que bueno por conocer». recibió carta de su mujer. Don Fausto Aceptaba to. la proposición de Blanca con gus- y con ella enviaría á Asunción. pero no se decidió. se armonizaba demasiado con su timidez y le teuía sujeto. sucediera lo que sucediera. la tonta prudencia.IX Las tribulaciones de don Fausto. Mal que bien iba pasando aUí los días.

y de noche. abriéndose paso entre el De tumulto. oyó dos tiros en la calle Lourcine. entre ellos* Bulero v el tartamudo de las botas de montar y de la capa española. entraron con precipitación en la casa ante la cual se agolpaba la gente. Entre alto la la multitud vio don Fausto al hombre al de barba rubia que había separado . Corrió á ver lo que sucedía y se encontró con un grupo de curiosos reunidos frente á un portal. llamado García Pipot. y esto ya le parecía bastante adelanto para estar satisfecho. al cual había conocido don Fausto en el café Voltaire. Una mañana. al salir don Fausto á dar su cotidiano paseo.112 el PÍO BAROJA le Padre Maupit conocía. se iba decidiendo á decir algo en francés. dos guardias y un hombre de sombrero de copa. le como desagradable resultaba Bulero con su petulancia y su vanidad. pronto. viviendo los dos en la misma casa. acudía á un café próximo al Museo de Cluny. Si transigía con éste era porque. Por las mañanas. donde solían reunirse algunos españoles. tenía don Fausto quien le acompañase de noche por aquellas calles desiertas que había que pasar para llegar á la de TArbalete. en donde pasaba la tarde. Pipot tanto le era muy simpático á don Fausto. después de comer. luego iba á almorzar á casa de Blanca. don Fausto paseaba.

de barba larga y blanca. hombre hablaba enérgicamente contra que nadie se atreviese á discutir la policía sin lo que decía.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS ll3 agresor zambo y de la cara tiznada que pegaba á una mujer en la calle de l'Arbalete al día Este siguiente de su llegada á París. uno viejo. Poco después salieron de la casa de la calle Lourcine los guardias y el señor del sombrero de copa agarrando á dos hombres. ¿Á qué ha ido usted por allá? le pregun- — — tó éste. Al día siguiente contó don Fausto lo sucedido á Blanca y á Baucemont d'Havray. pero por la noche leyó un periódico y vio que se trataba de una sorpresa llevada á cabo por la policía en un antro de conspiradores instalado en un hotel de muy mala fama de la calle Lourcine. pero el joven desapareció. Estaban los guardias separando á los curiosos. cuando el jovencito se desasió con rapidez y corrió con tal velocidad. con aire delicado y aristocrático. — Ese es un barrio malo — siguió diciendo 8 . El hombre de la barba rubia y otros varios fueron tras él por la calle de Lyonnais. el otro un jovencito rubio. No se pudo enterar don Fausto de lo sucedido por las conversaciones de la gente. — De paseo. de unos veinte años. que desapareció en un momento.

por ahí todos son hoteles sospechosos. los subterráneos. ahí está el hospital de Lourcine. ya de noche. le hasta que se un y se periódico Las puertas secretas. las el trampas practicadas en suelo. madrigueras donde se albergan tahúres. apenas comió y se fué á su casa. moneda co- . Se metió en su cuarto y se entretuvo en leer los folletines de acabó la bujía decidió á acostarse. ¿Ha pasado usted por la calle Mouffetard? — — — — — También es Sí. buena. bandidos y mala gente. quiso estudiar su cuarto.114 PÍO baroJa. ¿De veras? Sí. ¿No sería su casa una madriguera de las que hablaba Baucemont? Preocupado con este temor. todo eso tiene muv mala fama. ¿sabe usted — ¿Cómo? cómo les llaman? — La tribu de los Beni-Mouffetard. Se habló luego de otras cosas y don Fausto casi olvidó el suceso de la calle Lourcine. Además. antes de meterse en la cama. se acordó de lo hablado en casa de Blanca y se echó á temblar. pero al volver al restaurant del Padre Maupit. que es en París lo que el de San Juan de Dios en Madrid. pero recordando en aquel momento las palabras de Baucemont. al pasar por delante de la tapia negra del Val-de-Gráce. Baucemont. ¿eh? Á los que viven por ahí.

vino á sacar en consecuencia que aquel cuarto debía ser una ratonera en la Luego se cual él hacía el triste papel de ratón. y azorado. tanteó la pared del fondo y notó con espanto que no era tal pared. Cogió la bujía examinó . Pensó en lo dicho por Baucemont y. condenada de este modo. vinieron á su imaginación y le hicieron estremecerse y al mismo tiempo sonreir. Ea vela se consumía entre sus dedos. cio En el cerradura de la suelo no se veía indila de trampa ni de agujero. Don Fausto dio puñetazos en las paredes y quedó satisfecho de su solidez. No le quedaba por registrar más que un colgador oculto por una cortina roja que se hallaba en un ángulo cerca del balcón. desnudó y se metió en la cama é intentó calmar su espíritu con algunas hábiles reflexiones. sino un biombo que cerraba seguramente alguna puerta. deduciendo. el bandido misterioso. era sólida. Estaba visto el juego. porque tenia la seguridad de que no habría las novelas mente en en su cuarto nada de esto. Allí la patrona alber- gaba á sus huéspedes. sin duda. Si olfateaban que el huésped tenía dinero. con intenciones aviesas. re- . puerta.lNTICOís 115 de Eugenio Suó y Ponson clu Terrail. quedó un momento inmóvil de espanto en la obscuridad. El descubrimiento le sobrecogió.LOS ÚLTIMOS ftOM. sin saber qué hacer. descorrió la cortina. el cómplice.

luego rechinó la puerta de la casa. No se veía un alma en la calle. Se oyeron pasos de dos jDersonas. una noche rasgaba el biombo con una navaja ó con unas el tijeras. pero distinguió en la conversación tenida en voz baja la palabra español. la patrona entraba con alguien. Oir esto y sentir todo el cuerpo inundado en sudor. no pudo entender lo que decían. fué uno. Se tranquilizó de nuevo don Fausto y volvió á acostarse. quizás el encargado de rasgar el biombo y despacliar para el otro barrio á los huéspedes. Con el alma en un hilo estuvo don Fausto incorporado en la cama esperando el momento de saltar. abrió el balcón y se asomó á él. No pudo dormir. entraba en cuarto con su puñal y su linterna sorda y despachaba el negocio en un momento. brillaban ba. Esta explicación que don Fausto se dio á sí mismo le amilanó por completo. seguramente con su amante. la Á eso de las dos de la noche oyó que abrían puerta de la calle y después sintió pasos en la escalera. Escuchó don Fausto con el oído atento y oyó á la par de la voz de la patrona otra de hombre. ronca. Se levantó en camisa.116 PÍO BAROJA lacionado con la patrona. ¿Gritaría ¡Socorro! ¡Socorro! ó diría en fran- . de lanzarse al balcón v empezar á pedir socorro. humedecida por la á largos trechos los faroles de gas. el menor ruido le alarmalluvia.

Durante la conversación bostezó varias veces. se tendió de nuevo. el ruido de pasos en un cuarto de arriba. Al salir de su cuarto. En che . pudo dormir. Ella le dijo que fuera á la estación y que le diera el talón á un mozo y la llave del baúl para que pudiesen hacer el reconocimiento en la aduana. se encontró con la patrona y le preguntó cómo se arreglaría para recoger el equipaje. le Viendo que pasaba intranquilizaba. que tenía sus pretensiones de psicólogo. vio que tenía carta de su mujer. de unos cuarenta años. ¡Au secours!? No estaba deTemía que si lo decía en francés no le el iba á dar á la frase bastante energía. le enviaba el talón del equipaje. Era una mujer gorda. en el vestíbulo. apretada en un corsé azul que aparecía debajo del peinador blanco. • Al levantarse. el crujido de un mueble. Ya estaba viendo al bandido misterioso con la linterna sorda en una mano puñal en la otra acercarse á él y murmurar como en los melodramas ¿Duerme? Ahoy el : ra es el momento. Tenía trazas de cortesana á medio jubilar. este estado la no- sólo á la mañana cuando la luz del día entró en su alcoba. Mientras hablaba la patrona. Cualquier cosa. tiempo y no ocurría nada. don Fausto. de sobresalto pasó toda .LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS • 117 cés ¡Ausecours! cidido. se dedicó á estudiarla. pero no pudo dormir. lúe- .

iban á tomar . símbolo de pureza. Salió luego don Fausto de la estación. que la llevaba sujeta en lo más alto del muslo. . Don Fausto se inmutó. Aquí un empleado. En la entrada de la estación le dijeron que aquella parte era sólo para los viajeros. No quería decir dónle de vivía. luego por la por la calle de Poliveau hasta bulevar del Hospital. Don Fausto hizo como que no había visto nada y quedó convencido por este ligero detalle de que su patrona merecía el tradicional ramo de azahar.118 PÍO BAROJA n go distraídamente apoyó el pie en una silla y se remangó la liga. Los mozos pasaban corriendo de un lado á otro don Fausto se decidió á parar á uno de ellos y le enseñó el talón. — Dígame usted las señas de su casa. le dijo que el baúl probablemente estaría detenido en la frontera. El mozo le dirigió á las oficinas. con su pla- no en busca de salir al Tomó Fer-á-]\Ioulin. pero no lo encontró. casa. después de tomar el papel y de confrontarlo en varios libros. llegó al muelle indicado. la destinada á las mercancías estaba en Austerlitz. anduvo por allá sin saber qué hacer entre montones de cajas y baúles con la esperanza de encontrar el suyo por casualidad. el muelle de Preguntando varias veces. se le figuraba que por un bandolero.

Salió cio don Fausto de la orilla del la estación y fué despalos por Sena. se veían gabarras cargadas hasta el tope. toneladas de carbón. con .. La animación muelles le del río v el movimiento de distrajeron de sus desagradables preocupaciones. pues venga usted á menudo por — aquí. Las grandes grúas negras de la orilla iban sacando el cok ó los sacos de yeso del vientre de estas embarcaciones casi sumergidas. y la elevación de una piedra en una casa en construcción ó el funcionamiento de una grúa le interesaba lo bastante para estar mirando cómo se llevaba á cabo la maniobra durante más de una hora. Pasado un puente atracadas á los muelles del Jardín de Plantas y del Mercado de Vinos. Tenía don Fausto el gusto algo infantil por los espectáculos de la calle. En los muelles se levantaban montones de sacos cubiertos de telas blancas y verdes.. Bueno. . deteniéndose á cada instante. rechinaban las poleas y las cadenas con los enormes pesos que sostenían luego la grúa giraba como un brazo rígido y dejaba suavemente en el suelo grandes piedras. . panzudas barricas. Don Fausto se dirigió al centro de París.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 119 — El caso es — dijo — que estoy en un hotel por unos días y pienso mudarme.

y al lado se veían pirámides de pedr úseos y de grava. Adelantó don Fausto hasta la entrada del . sus chimeneas y su barandado de madera. El remolcador arrojaba nubes de humo espeso lleno de partículas carbonosas. Salían por la cubierta de estas habitaciones acuáticas mujeres descalzas con algún balde de agua. barricadas de toneles y de fardos. Cerca de los malecones y sujetas á ellos se veían gabarras anchas. Una draga echaba bocanadas de agua sucia por una de sus bordas. pasaban los barcos de viajeros rasando la superficie del río y un remolcador negro y rojo arrastraba con esfuerzo tres gabarras casi hundidas por el peso del carbón de piedra. tan pura. como casas flotantes. con su tejado. Siguió la tapia del Mercado de Vinos.120 Pío BAROJA campaña. pilas larguísitiendas de un aspecto de mas de leña. silbaba y aullaba fatigado por las tres pesadas barcas. cargadas hasta el tope. que don Fausto estaba encantado. dejando una estela en la obscura y verdosa superficie del río. La mañana era tan fresca. siempre mirando al río. una muchachita sacaba una jaula y la colgaba de un clavo y dos ó tres chiquillos rubios como el Uno corrían y jugaban con algún perro. que corrían suavemente amarradas una á otra.

Desde aquí se veían de Nuestra Señora y la flecha de la Santa Capilla. •f-^-í» . la iluminaba los botareles de catedral y brillaba en la alta vidriera de una sol amarillo Un casa lejana. en el cielo azul pálido algo nulas torres blado.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 121 bulevar Sairit-Germain.

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otras. Durante una semana don Fausto fué invariablemente á la estación de Orleáns á preguntar por su equipaje. Estaban silenciosas.X El excéntrico de la calle Galande. Pensaba mudarse de casa inmediatamente que recogiera su equipaje. mañana. en donde almorzaba. ya había escogido el sitio donde vivir. Todas estas callejuelas tristes que Por la ocupan teón y el el PanJardín de Plantas. en algunas crecía la hierba en el empedrado. y por la noche al café del Museo de Cluny. inundadas de sol. presentaban en las espacio comprendido entre el primeras horas del día un aspecto de calles provincianas. Al mediodia iba á casa de Blanca. un hotel de la calle de Vaugirard. daba un paseo por el barrio de San Marcelo. antes ó después de ir á la estación. .

pero los que más le intrigaban eran los viejos. De la estación de Orleáns solía entrar don Fausto en el Jardín de Plantas. le seducían. retirada. sus casitas bajas con emparrados. Hacia la plaza de la Contrescarpe. eran tristísimas y desiertas. por las calles próximas á la plaza se comenzaban á ver tabernuchos y casas de comidas á cuyas puertas charlaban obreros desarrapados y mujeres la calle como astrosas. Era una calle humilde como él. una calle de esas para un escritor no comprendido ó para un sabio. pencasi siempre Don Fausto . pensaba don Fausto. sin pretensiones. y allí se sentaba en un banco y pasaba el tiempo mirando á los niños que jugaban en la arena. los pájaros que piaban en los árboles del Jardín de Plantas.124 PÍO BAROJA de Ulm. á los obreros sin trabajo y á alguno que otro vagabundo de mirada huraña y amenazadora. que pasaba entre los jardines de un convento y los de un seminario. el silencio de esta calle. una calle de esas en las cuales se suele ver una casita baja con una lápida de mármol en donde se lee que allí vivió y murió el célebre historiógrafo. aljí hubiera ido él á vivir. el ilustre naturalista ó el gran filólogo. sin gradación apenas. la tristeza del barrio se transformaba en fealdad y miseria. esos viejos de París de cara surcada y marchita. pasaba por la calle Buffon.

¡Cuántas conjeturas acerca de sus ideas y de sus costumbres no hizo don Fausto al ver aquellos viejos inválidos de la vida parisiense! Luego. lero. sin aguardará Buy sin pagarle como de costumbre el café. valientemente. Como hombre aprensivo y de poca energía. sintiéndose otro hombre. la menor cosa le animaba ó le devieja ciudad primía. y solo. cuando se cansaba de estar sentado y de filosofar. inmóviles. que salían encorvados de algún portal de la calle de Lacepede é iban á sentarse sionistas al sol. llegó á la de l'Arbalete.LÜS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS l25 de las casas de huéspedes miserables del barrio. el se marchó á Subió por bulevar Saint-Michel y por una calle que partía desde cerca del Panteón. sacó la llave del bolsillo é intentó abrir la puerta. don Fausto experimentaba cambios bruscos en sus ideas. Llamó al conserje. y alegre. subió á su casa. Entenía cendió una observó la llave por si . salía al muelle y seguía á lo largo del Sena. casa. cerilla. contemplando las orillas de la y el reflejo de sus casas y de sus torres en las aguas obscuras del río. Una do. Imposible. le abrie- ron. encontrándose en le el el café del Museo de Cluny de charla con Pipot tartamu- ocurrió pensar que sus miedos eran de una ridiculez indigna de una persona sensata. sin recelos. se noche.

llamó y una toquilla y con un candelero en subió hasta la la mano habitación é intentó también abrir la puerta y no lo consiguió. habiendo perdido la en un momento toda serenidad traída de una lucerna que daba al cuarto del conserje llamó con los nudillos. y para deeran éstos sus deseos. Don Fausto le explicó como pudo lo que le pasaba. kiego miró cerradura. el dinero en le el armario de su cuarto robado. Se encendió una luz y apareció la portera en camisa. y nada. bajó al portal y en vecino quería salir. á las tres ó á cuatro de la mañana. Don Fausto quedó perplejo ante esta invita- ción silenciosa á tomar mostrar que no con más fuerza en el cristal.126 t>ío Baroja la algún impedimento. Es que no duerme aquí. dejaba todos los días . — — — las . forcejeó. apuradísimo. ¿Y á qué hora vendrá la patrona? Ésa viene muy tarde. por qué no contesta? — pre- guntó don Fausto. El conserje supuso sin duda que algún fuera. y abrió el la puerta. se puso una falda portante. — ¿Y la criada. volvió á intentar abrir. nadie con- Apurado. habían Tiró de la campanilla de testó. Inmediatamente la idea del robo se le vino á la cabeza. La mujer comprendió. seguramente la casa. las explicaciones de don Fausto.

en donde se leía : portal. cuando se encontró sorprendido y despistado en una plaza anchísima y desierta. aun sin casas seguidas á los lados. Eran bulevares recientemente abiertos. la mujer se metió en su cuarto y don Fausto salió á la calle. almacenes. yo? ¿Dónde le espero? Busque usted un hotel para pasar la noche. tomó por una de . — ¿Con qué polaco? — ¿Pues á dónde va? — El amante que tiene. como un pasillo lar- espantó á don Fausto. Don Fausto. con tapias negras. y siguió adelante desorientado. fábricas y algún edificio de seis pisos que parecía una torre por su altura en medio de estas construcciones bajas. go. cru- zada por dos grandes avenidas. Por aquí cerca hay algunos. atemorizado. La noche estaba negra. un tanto turbado y medroso. Echó á andar de prisa. será lo mejor. Sí. le Creía que iba acercándose al bulevar SaintMichel. vallas de solares. angosto. siniestro. alguna luz roja iluminaba la puerta de cristales de un tabernucho.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS l27 — Habrá ido á Mabille con su polaco. — — — ¿Y qué hago Bajaron los dos las escaleras hasta el portal. brillaba intermitente y mortecino un farol blanco Hotel de Cahors. sin saber por dónde marchaba. cerca. El roto. en la calle Lourcine.

ésta le preguntó su nombre y de dónde procedía. la vieja se levantó. tomó á la derecha. cumplida esta formalidad. tomó de un clavero una llave con un número. atraído por un gran farol que brillaba en el primer piso de una casa. Siguió don Fausto estremecido. aquellas avenidas.128 PÍO baroJa. acarició al gato. Un gato negro. luego. grande. El mozo se levantó é invitó á don Fausto á seguirle. de un estante una palmatoria y llamó á gritos á un mozo que dormía á la larga tendido en un banco. colocado sobre unos papeles. de ojos de oro. Subieron una escalera que terminalo Don Fausto dejó encima de la . mesa. entró don Fausto y se encontró en un vestíbulo en donde una vieja con anteojos sentada á una mesa escribía alumbrada por un quinqué de petróleo. con al- guna que otra barraca de madera á los lados. miraba la luz con un aire misterioso y grave. lo apuntó en un libro y. Don Fausto se acercó á la vieja. Se oían á lo lejos ladridos de los perros. por la que le pareció me- nos triste. esperanzado. Era un hotel. pensando que en lugares semejantes ocurrían los crímenes. le dijo : — Es un franco. creyendo acercarse á sitio más poblado. pero pronto se arrepintió. Era una carretera abandonada llena de polvo.

y por la calle de Mouffetard arriba llegó á su casa. Al despertarse saltó de la cama y salió del hotel. Á un trapero que revolvía en un montón de basura. decidieron definiti- vamente á mudarse. el En un co- rredor del tercer piso estaba cuarto que aca- baba de alquilar. y al final comenzaron á subir otra escalera. Allí estaba la cartera intacta. Estaban limpias. la ridiculez de haber pasado la nole che asustado por nada. recorrieron éste. La calle de día presentaba peor aspecto que de noche. Llamó y le abrieron en seguida. el de la Esta- ción. luego inspeccionó las sábanas. El miedo. pero completamente húmedas. le preguntó ^^Cómo se llama esta calle? contestó el Calle de los Dos Molinos : — — — trapero. Entró le en su cuarto é inmediatamente fué á ver si habían robado. y como la enferma aquel día se encontraba sin ganas de hablar. Salió don Fausto á un bulevar. Con esta intención salió de casa. Preguntó en varios hoteles de la calle de Vaugirard y le enseñaron cuartos interiores 9 . don Fausto se marchó en seguida. entró un momento á ver á Blanca. Se acostó vestido y las impresiones recibidas le hicieron dormir profundamente.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 129 ba en un pasillo. Don Fausto al quedarse solo cerró la puerta.

véngase usted á mi casa. — Don Fausto la y Pipot se encaminaron hacia calle de l'Arbalete. Vestía traje negro. la boca sumida y la nariz larga y arqueada. — — — . Ese Bulero es un bandido le dijo Pipot. Nada tenía que ver Bulero en su casa pero el tartamudo le odiaba y le achacaba todos los daños imaginables. detrás del tartamudo iba su perro. flaco y raro. desgastado y lustroso. no me chocaría nada que se haya puesto de acuerdo con su patrona para robarle. ¿Usted quiere vivir en un sitio pobre. sil ¡Ya lo creo! Entonces. melenas encrespa- das . Pipot se explicó con la patrona de don Faus- . pero tranquilo? terminó diciendo Pipot.130 PÍO BAROJA que no le gustaron. ¿Vamos? — El caso es que tendría que á mi casa á ir — recoger algunas cosas. — — — — ¿Dónde vive usted? — Bastante cerca de aquí. catalán y argot de París. y hablaba en su media lengua una mescolanza extraordinaria de castellano. Tenía la mirada viva y penetrante. el bigote ralo . ¡Hombre. Pipot era un hombre de unos cuarenta y cinco á cincuenta años. Las recogeremos. é iba por la Avenida del el Observatorio cuando se encontró con Pipot tartamudo y le contó lo que le pasaba.

con las ventanas abiertas hacia afuera y los cristales rotos. con gran estupefacción de don Fausto la escena concluyó devolviendo la patrona veinte francos á Pipot y sacando una botella de vino. En el hervor de la disputa se presentó el polaco. ponía Entrada al hotel. Bordearon el Panteón. sin duda para : : . Ella contestó de mala manera. leprosa. bajaron por la calle de Santa Genoveva hasta la plaza Maubert. — Calle Galande — dijo Pipot. Un farol blanco y torcido se destacaba de la pared y en uno de sus cristales se leía con letras negras Hotel de la Lorena. que bebieron todos. seguidos del perro. La casa era alta. . en un bastidor pintado. el amante de la señora.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS to 131 y aduciendo que éste del segundo mes no había pasado en la casa más que unos días. A un lado de la puerta. y una vez uno y otra otro. entraron por una callejuela y se detuvieron enfrente del angosto portal de una casucha. de la alternándose para llevar la maleta. Esperaron un rato. Salieron don Fausto y Pipot á la calle. con una porción de huecos. Estaban en la calle Galande. llegaron á la calle de Ulm. él la insultó y se trabaron de palabras. chillaron todos y. pidió á la patrona que devolviera el importe de los días restantes. Allí vivía Pipot. un tipo de judío con unas barbuchas negras. negra. montaron en un coche y el perro subió con ellos.

Al final de la escalera había un corredor con puertas negruzcas y en una de ellas. una vieja encorvada. en un tarjetón clavado con cuatro tachuelas. en el cual -había una fuente.ci3asi. Del primer patio comenzaba una escalera obscurísima. — preguntó don Fausto á —Y el suyo. Un segundo corredor partía de este patio á otro más hondo y estrecho como un tubo. se asomó á una ventana con rejas. estaba substituido por una cuerda. donde faltaba el pasamanos.cL S. — ¿Este es el cuarto de usted? Pipot. El portal le hizo retroceder á don Fausto. ensanchada luego formando un patio cubierto por losas. con una taima raída en los hombros.e 2t^edi. . y al ver á Pipot.c-CLlta. Era un agujero continuado por una hendidura larga y tortuosa. en algunos sitios. pero daba la impresión al recorrerlo que se debía de andar sobre charcos é inmundicias. salió con un manojo de llaves. Único representante del digestivo ^¡ondel. IF'a. se leía : Fermín García Pipot ^e la. con los escalones resbaladizos. húmeda.132 PÍO BAROJA demostrar que aquello era un hotel y una entrada. No se veía el suelo en el pasillo. La portera.

pero el que le destinan á Don Fausto temía que le mostraran un esconenseñaron una habitación grande. Por todo mueblaje había una cama hecha con tablas. En las paredes colgaban litografías iluminadas. Bueno.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 133 — Muchas gracias. retratos. un kepis. y las quimeras de Nuestra Señora. — Ahora vamos á ver usted. Está bien. dos sillas. Era la habita- La portera se fué á traer el ción donde vivía bitable. con un aguamanil. blanqueada. un sofá viejo y un hornillo de barro. ¡Demonio! Va usted á acostumbrar mal á mi gente dijo Pipot. enfilando se veían las rígidas estatuas la calle Fouarre. le rias perchas. se lo dejarán á usted por menos. ¿Y cuánto cuesta este cuarto? preguntó don Fausto. — — — — — — — — — — recibo y don Fausto pasó al cuarto de Pipot. Don Fausto no quería porfiar y entregó un luis á la portera. No. una guitarra y en el sitio . una mesa. Por una ventana. Veinte francos contestó la portera. señor replicó Pipot. drijo infecto. el tartamudo un desván inha- con el techo aguardillado y un tragaluz en él. un espejo y va- no fué así. una cama de madera. varias pipas.

y otros muchos á cual más finos. y si ve que yo he puesto á un hombre en esa pared.. según dijo Pipot.134 PÍO BAROJA más formado por un sable. El tartamu- don Fausto. do invitó á sentarse á Explicó con grandes detalles la historia del fusil.. Raspail. Si alguna vez el pueblo quiere saber quiénes son los puros dijo Pipot. que el mejor día le iban á dar un disgusto á Badinguet. puede estar tranquilo. que no tendría más remedio que largarse con la Española á otra parte. consistente en un par de docenas de libros metidos en un cajón. casi con tanta pompa y majestad como Ruy Gómez de Silva cuando muestra sus antepasados á Carlos V en el drama de Víctor Hugo. Todas estas cosas. no tiene más que venir aquí. sin sombra de moderantismo Rochefort. la mayoría de ellos desencuadernados y con la cubierta mancha: — — — . don Fermín García Pipot mostró su biblioteca. luego indicó de quiénes eran los retratos que aparecían en su museo. eran visible un trofeo recuerdos de la Revolución del 48. Se veía que estaba satisfecho de su casa y de lo que él llamaba su pequeño museo. Después de las celebridades de su galería de retratos. de la bayoneta y de la bandera roja. Delescluze. Todos los que aparecían allí eran revolucionarios de la pura cepa. una bayoneta y una bandera roja. Blanqui.

sin duda Pipot tenía la costumbre de matar la vela poniendo el libro encima. Debe ser listo este perro. que te conste. pero yo creo que prefiere que . aquí no encuentras nada. ¿Habrás comido ya? Pues mira. No le haga usted caso. ya sabe nuestro contrato. digo senél? le — ¿Y cuál de los nombres entiende — Los dos. puede hacer amistades con usted dijo Pipot. que entró despacio y con cierta gravedad en el cuarto. Se pierde de vista. Luego explicó que vendía en tando las excelencias del especifico las farmacias y concluyó con. no lo sabe usted bien. el perro de aguas.<i»^ya estás aquí? — le dijo Pipot. lanzó una mirada inteligentísima por entre las lanas amarillentas de su cara. que se las arregle como pueda. si — Viene á ver — — — — — ¿Y cómo se llama? — En la calle llamo Morny por molestar le le á los bonapartistas. Durante la explicación se abrió la puerta y apareció en ella Morny. y puso su hocico húmedo en la mano de don Fausto. yo le doy casa y luz. ahora la comida es cosa suya. El perro avanzó en el cuarto. Yo no me cuido de él.— Los ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 135 da de sebo. la historia de sus pipas historia larga y complicadísima. — Ah. ahora en casa cillamente Capitán. si no has comido.

. hubiera ido Conmigo no ha aprendido más que á reir. Creo que sin autonomía no es posible la vida. colocó el plato en un cestillo y por medio de una cuerda lo bajó rápidamente. Bueno. charlando de mil — — — cosas. se les hizo de noche. Aquí donde usted tan feo. Yo. — ¿Y esto quién lo va á traer? — preguntó don Fausto. por vanidad. dijo Pipot. pero respeto su independencia. qué quiere usted tengo cierta debilidad por los perros. salió al corredor. este perro si ve hubiese tenido edulejos. — ¿Quiere usted que cenemos aquí? ~ pre- guntó Pipot. Á don Fausto y á Pipot. — — ¿Á reir? Sí.136 PÍO BAROJA le llame Morny. luego. un papel. mirando á su amo. Aporte usted un franco. lo puso en un plato y encima las dos monedas. cación artística. Capitán! El perro frunció la nariz y movió la cabeza como si efectivamente se estuviera riendo. Él hace lo que quiere y yo también. jRíete. — — ¿Con un franco vamos á cenar? — Con un franco de usted y otro mío Pipot escribió unas letras en — hay de sobra. se acercó á una estera que había cerca de la cama y se tendió en ella. Somos buenos amigos.

Pipot echó carbón en hornillo metió lue- go entre los carbones un trapo untado con petróleo que llenó el cuarto de mal olor. que carne como inteligente. examinó la Es fresca dijo. y sacó el plato con cuatro hueal vos. Hecha la comida. : hierva. fuego. — — encargo de la carne. Don Fausto se marchó á su cuarto pensando que su amigo era un hombre admirable. si Pipot no pretextara el tener que acostarse temprano para por la mañana siguiente correr la plaza con su específico. y después estuvo soplando hasta encender el fuego. Fué don Fausto subió el cestito extremo del corredor. dos panecillos y un trozo de manteca. el Ahora hay que .LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 137 — La hacer el chica de la portera. Hubieran estado charlando hasta tarde. dos trozos de carne. Suba usted la cesta le dijo á don Fausto al cabo de algún rato á ver si han traído ya — — — la cena. ahora llene usted ese bote de agua y cuide usted de él hasta que — Lo llevó todo á Pipot. yo me . La verdad es que Pipot parecía seguir al pie de la letra el consejo de un gran filósofo alemán que dice así «Limitarse es hacerse feliz». arreglaron la mesa y comieron alegremente.

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renta años. lóbregos. la . estaba la Morgue. era la que se remonta á unos cuaplaza Maubert más pequeña que ahora. Al lado del hospital. En Subsistía viejo del aún el Hotel-Dieu. época en que don Fausto fué a vivir con Pipot á la calle Galande no era el barrio de Saint-Séverin lo que es ahora. y dentro de su perímetro actual había una manzana de casas viejas que forma- . Tenía este hospital dos cuerpos á ambos lados del Sena. En este tiempo.XI El barrio de Saint-Séverín y la plaza Maubert. eran dos edificios paralelos. que ocupaban el espacio comprendido entre el Petit Pont y el Pont-au-Double. largos y estrechos. el hospital mundo y uno de los edificios más más sombríos de París. con galerías subterráneas y bocas de vertederos negros que arrojaban sus inmundicias en el río de aguas verdosas inmóviles y siniestras. y cerca del puente de San Miguel.

en la isla.140 PÍO BAROJA ba la calle de Lavandiéres. la Catedral. La prolongación del bulevar Saint-Germain había abierto una gran brecha en este antiguo barrio de los escribas. punto en donde acaban ahora las manifestaciones radicales casi siempre á garrotazos. De estas calles. la Justicia y la Muerte. de rincones sos- pechosos. á pesar de las demoliciones consecutivas al bulevar. Grands-Degres y Haut-Pavé. quedaba aún un ovillo de callejuelas típicas los estrechas. era siniestro. Tampoco existía entonces la estatua de Étienne Dolet. ruinosas. la de la Bucherie. Á ella afluían las calles de Maítre Albert. llenas de tabernas. El barrio. de los iluminadores v de la gente de la Universidad de la vieja ciudad de París. cio además de pobre. tenía enfrente. entre la nueva vía v muelles de Saint-Michel y de Montebello. tres venerables harpías sedientas de sangre. próximas á Saint-Séverin y á San Julián el Pobre. La plaza Maubert era el centro de esta ba- rriada miserable. de asilos de bandidos y malhechores de todas clases. bohemia y maleante. la más importante y animada era la de Saint-Jacques. constituida por callejuelas estrechas. . pobladas por gente pobre. pero. que conducían al muelle de Montebello. Trois-Portes v la de Lavandiéres. el Pala- de Justicia y la Morgue: la Iglesia.

tenían su historia: la corta calle de Boutebrie había sido de la de los iluminadores. amor de la dama de Enrique IV se había transformado en una guarida de criminales y de borrachos. que era la capilla del viejo Hotel. el barrio ilustre por demás. La calle de Saint-Séverin tenía la iglesia gótica. habitó el autor de lande. abundaban las tabernas y los cha- mizos constantemente llenos de vagabundos. procedente de una enseña. en el la calle la Ga- Cháteau-Rouge. conocida modernamente por las orgías revolucionarias celebradas en ella. y á la cabeza de él estaba la plaza Maubert. . el duquesa Gabriela d'Estrees. y con nido de transcurso del tiempo. en la calle Fouarre. de una vieja ciudad flamenca de los escribas. negra. la calle Parcheminerie.Dieu. En esta antigua plaza. vivió la bella el de Baufort. húmeda. que destilaba alcohol y clientes para la guillotina. ostentaba la extravagancia de su título. hoy de Dante. la calle de San Julián el Pobre tenía la iglesia románica del mismo nombre. como en las demás callejuelas Era todo adyacentes. en La Divina Comedia. la calle del Chat-qui-Perche. á falta de otra nombradía.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 141 Todas las callejuelas del obscuro y lóbrego barrio que formaba como un pólipo dentro de París. como la . notable por sus vidrieras y por los ex votos del altar de Nuestra Señora de los Siete Dolores.

Había casas en el barrio donde vivían más de doscientas familias. En casi todas aquellas el casas antiguas se un corredor larguísimo. y tiendas en donde se alquilaban carritos de mano. de los hoteles baratos y de los refugios de noche. y colgaban en las ventanas harapos Allí los cristales sucios puestos á secar. .142 PÍO BAROJA unos vagabundos más desastrados y miserables que los de parte alguna. tiendas de hierro viejo y de ropas usadas. estrechísimo. derrengadas. col- menas de tugurios estrechos sin luz ni aire. los tejados puntiagudos y los balcones atestados de enseñas mugrientas. mal oliente. y polvorientos tenían tiras de papel. Las casas que formaban estas callejuelas eran viejísimas. torcidos. de faroles viejos. con Jas losas del suelo siempre mojadas y cubiertas por una baba brillante parecida al rasveía desde portal tro de algunos moluscos. en los cuales se ahogaban los hombres en una atmósfera nauseabunda. negro. reforzadas con grapas de hierro con las paredes de piedra corroídas por el aire y la lluvia. una entrada de caverna y al final un patizuelo sombrío. prenderías á cuya puerta se amontonaban enseres de menaje. negras. Había por todas partes una porción de patios . sostenidas por pies derechos. las persianas estaban rotas y torcidas.

y en estas casas un arroyo de jabón ó de agua de colores corría por el pasillo á desaguarse en el sumidero del patio cuando no salía á la calle por encima de la acera. El futuro rival de Dupuytren se codeaba con el futuro émulo de Lacenaire. La rrio poesía tenía también su lugar en el ba- de Saint-Séverin nas se recitaban los poetas. y al lado de la muchacha bonita de aire todavía virginal no era raro ver una mujer hombruna que fumaba como un hombre y hablaba como un presidiario.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 143 En muchos de ber los angostos patios solía ha- una fuente donde se lavaban los vecinos. tabernuchas y casas de comidas del barrio veíanse mendigos con gabanes rotos y remendados. cargadores fornidos con las tenebrosas En fuertes barbazas. algunos ladrones y algunos diletantis del asesinato. la conversación científica con el proyecto del crimen. pordioseros de cara inyectada y rojiza. Había hoteles y garitos en donde los obreros y los estudiantones de grandes melenas se mezclaban con los perdidos más abyectos. en algunos. . Además se protegía á . resoplaba la máquina de un lavadero ó de una tintorería. había en la calle de la Parcheminerie un hotel de la Literatura en donde por poco dinero dormían los bohemios que en vez En casi todas las taberversos. en el fondo.

pescados pasados. El comercio del barrio lo constituía el sin fin de tabernas. en algunas otras callejuelas solían establecerse los traperos. Á casi todos estos restaurants y casas de comidas del barrio de Saint. El comercio ambulante del bai-rio se establecía en algunos puntos fijos. fábricas de microscopios y de planchas de cobre. casi todos los debajo de cuerda funcionarios del Imperio. de hoteles y de restaurants baratos que había por todas partes.Séverin llevaban clandestinamente de los mercados centrales por la madrugada carnes que comenzaban á corromperse. pero en donde la actividad comercial se desarrollaba con mavor . La policía contaba en este barrio chos espías.144 PÍO BAROJA de trabajar aguardaban en compañía de una copa de ajenjo que sonase para ellos la hora de la gloria. caza podrida y otra porción de desechos que allí los adobaban para utilizarlos de nuevo. En las tiendas desalquiladas y en los solares se organizaban bailes en donde las pequeñas Maub lucían la gallardía de su cuerpo y la agilidad de sus piernas en los más desenfrena- con mutaberneros eran por dos can-cans. en medio de la plaza Maubert solía venderse hierro viejo y colillas. Había también algunas industrias sabias: talleres de iluminación.

iz- En en el brazo del Sena del lado quierdo de la Cité. hasta los cuales se prolongaba esa línea de cajones de baratillero colocados sobre los el pretil del Sena. sentados en los bordes de los malecones. los retratos de reyes con las canciones de café -concierto. numismáticos y filate- En estos dos muelles del barrio de Saint-Sé- verin. las es- más complicado padas y los devocionarios. el viejo microscopio no se ruborizaba al verse al lado del insulso tomo de poesías ó del rameado chaleco de el río. filos listas. se agrupa- ban las gabarras. Allí la ciencia se codeaba familiarmente con la literatura y hasta con la sastrería. que constituye uno de París. y cerca de un vendedor de pájaros un óptico. que corría negro entre paredes lisas. los cajones ofrecían al comprador más el sorpresas que en los otros era . algunos vagabundos lavaban su ropa desde las escaleras. un numismático ó un mineralogista. andaban allí revueltos los libros con los uniformes. en el muelle del Arzobispado se veían pescadores de caña. inmóviles. Al lado de un trapero se establecía un negociante en colecciones entomológicas. aquí comercio y pintoresco. algunos chicos se zambullían en el 10 . otra época. para los biblió- mayores encantos de y anticuarios.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 145 fuerza era en los muelles de Montebello y de Saint-Michel. estrecho y encajonado.

ni un canto. De noche.. se adivinaban corredores obscuros y Desde los portales. á la luz estrechos.146 PÍO BAROJA ventanas del Hótel-Dieu aparecían enfermos con el gorro de dormir en la cabeza.. galerías laberínticas. abandonados. obscuro. los faroles rojos y blancos de los hoteles y de los refugios brillaban en la obscuridad. siniestras. no se oía una risa. entrecruzadas. en cuvo marco se veía la silueta de un zapatero. teniendo el vaso de vino delante. á través de las vi- drieras empañadas de los tabernuchos se veían hombres de mal aspecto sentados á una mesa. En el fondo del río encajonado. de cuando en cuando voces broncas. de un quinqué de petróleo. . alguna luz de un farol temblaba en la obscuridad á impulsos del viento. irritadas. comiendo algo que llevaban envuelto en un papel. las callejuelas negras del barrio otros lavaban perros. las agua y En estaban más animadas que de día. En los muelles . iluminando una fachada negra.. ni una carcajada. En el fondo de algún patio brillaba el rectángulo de luz de una ventana iluminada. con el suelo húmedo y resbaladizo. Gentes encorvadas de aire miserable andaban por el interior de este pólipo de callejuelas sin hacer ruido. en el puerto de la Tournelle una porción de mujeres hacían colchones y vareaban la lana. ni una voz amiga..

Se adivinaba en el aire opaco Nuestra Señora de París. un aire húmedo y malsano subía del Sena y sus aguas negras cargadas de impurezas pasaban lentas reflejando las luces del sombrío hospital y gemían por debajo de la arcada única de un puente con toda la pesadumbre de sus horrores. brillaba alguna luz en la Morgue ó en el Palacio de Justicia. . y á intervalos las campanas de un reloj sonaban y se esparcían por el aire silencioso. brillaba el ventanillo de una gabarra como el ojo inyectado de un buitre.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 147 que parecía espeso.

.

Pasó la chiquilla. — — ¿No quiere usted café con leche? — eso. sí. El azúcar lo traía en un papel. Morny para el público y sencillamente Capitán en y al casa. una boteha de leche y un panecillo. Abrió la puerta y se encontró con una muchachita que venía con una jarra de agua y una toalla. La muchacha salió corriendo poco rato volvió con una cafetera. Escoltándola venía el perro de Pipot. .XII Conspiradores. no. Llenó la muchacha una taza. la cerca del lavabo. Le dio las gracias si don Fausto y ella le pre- guntó sonriendo No. dejó la jarra y encima toalla. por la mañana. quería alguna cosa más. Al día siguiente. Sí. estaba vistiéndose don Fausto cuando llannaron repetidas veces en su habitación.

y. Su padre estaba imposibilitado y solía ir á pescar al muelle de los Orfebres. un señorito rico le había propuesto va- que fuera á vivir con él. porque le iba á pasar lo mismo que á rias veces una amiga suya. Don Fausto. y unos labios muy gruesos y rojos. Hablaba con gran desparpajo y con un candido cinismo. á quien y luego la la hicieron dejaron en la calle. enjuagó la taza. que los cogía al aire. La muchacha no se hizo rogar y se sentó á la mesa á tomar café. y lo que sobre para — No. eso no. y los trozos de pan sobrantes fué echándoselos al perro. no podía permitir tal cosa. un chico Cuando Nanette tomó el café. soñadores. pero ella no quería. se marchó del cuarto. usted no quiere? — la preguntó don — Tomaré lo que quede.150 PÍO BAROJA — ¿Y Fausto. la llenó de nuevo para que tomara don Fausto. Era una niña aún. . con ojos azules. Dijo que tenía quince años. haciéndose el distraído. — ¿Cómo se llama usted? — la preguntó don Fausto? — Nanette. á fuer de hombre galante. delgadita. Capitán comprendió el momento en que ya no había nada que comer allí. Era hija de la portera de la casa. Capitán.

porque nunca tiene dinero. y se fué corriendo y cantando. queza. — No. — Pues es español — pero todos los españoles no le Sí. es usted?— dijo levantado. Yo le suelo hacer los recados al marqués. hay alegría. ¡Cos- tumbres españolas! paseo por Yo ya he dado mi primer He vendido tres digestivos. -¿No? — Claro que no. ¿Á qué marqués? Al marqués viejo que también es es- — ¿Usted — — — pañol. al corredor. la botella y la taza. — Tarde se ha la plaza. — La verdad es que esta casa es original — — Al menos si pensó don Fausto. se cono- cen. — Yo creía que sí. no conozco. la muchacha recogió la cafetera. ¿Y — Muv bien. LOS ÚLTIMOS ROxMÁNTICOS 151 conoce al marqués? preguntó Nanette á don Fausto antes de marcharse. aunque dice mi madre que no vaya á su cuarto á preguntarle si quiere algo. don Fausto — Que pase quien sea. Nanette. Salió no hay ri- y al pasar por delante del cuarto de Pipot llamó en la puerta con los nudillos.. ¿Ah. usted ha dormido bien? . el tartamudo. Dicho esto.

¿Dónde nos veremos por la tarde? Donde usted quiera. ¿En el café del Museo de Cluny? No sabemos dónde estát ¿No? Entonces aquí mismo. Allí iré yo también.. pero no es quiere usted malo esto. — Bueno. — ¿Qué hacen ustedes aquí? — les — Te estábamos esperando — contestó darra. Yo ahora tengo que hacer. Al principio le llevaré el as- pecto asusta. Mu- — Hemos venido con una misión revolucionaria — añadió Dantín misteriosamente. En este — jar- es. dentro de — — — — dín. dijo. que se le acercaban con los brazos — abiertos. el otro Dantín. ¿Dónde quieren ustedes que nos veamos. 152 PÍO BAROJA — La — — casa es tranquila. Bueno. Marchó don Fausto á casa de Blanca y al ir á entrar en el portal vio á dos hombres que estaban de pie arrimados á la verja del Luxemburgo. Yo estaré en el café del Museo de Cluny de siete á ocho. — Está bien . ¡Ah! Si á un restaurant barato de aquí cerca. ¿Á qué hora? seis. — Eso — Á las un momento? Donde tú digas dijo Mudarra. Uno de ellos era Mudarra.

Á pesar : — : — — de sus afirmaciones legitimistas y clericales. Por rrat se la conversación del amable señor Te- deducía que éste. Blanca oía encantada al señor Terrat. Intentó retirarse. todo menos cristiano. que á Blanca le interesaban muchísimo. Luis Terrat. que no da importancia á nada. Contó éste con aire burlón mil detalles cómicos de las luchas y rivalidades entre las señoras de las Juntas. como Blanca y casi todos sus amigos. y el señor Terrat siguió hablando con Blanca. Tenia este señor un aire fino é inteligente y hablaba con un tono irónico como hombre. . Según dijo él mismo en el curso de la conversación. se veía que era un escéptico. don Fausto Bengoa. pero Blanca no se lo permitió y le presentó al señor diciendo luego añaMr. de visita con un señor. ocupaba una porción de cargos en Asociaciones y Juventudes Católicas. pero indicó que los desempeñaba por entretenimiento.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 153 Se despidieron y entró don Fausto en casa de Blanca y la encontró. y del cual podía asegurarse sin duda alguna que era especial militante. cambiaron pocas palabras. á pesar de lo temprano de la hora. senador. dió Se saludaron los dos. profesaban un catolicismo que tenía más de sacristía que de iglesia y más de iglesia que de fe.

Ó frase de monseñor Richer. Al salir de casa don Fausto se reunió con . parecía que en pues no creía gran cosa en partido católico. Don Fausto conversa- ción amablemente. el padre de Susana. había que sacar tuvo que escuchar la el oro del crisol sin aleaciones ni mezclas. estaba gestionando del obispo el permiso para poner una capilla en la sala. Don Fausto le dijo que no había inconveniente por su parte. Ellos y sus amigos querían la tradición pura. Según la esto. el niño el mimado de los legiümis- fondo se inclinaba á una aproximación hacia los elementos de Thiers. El profesor Demange. la eficacia de un Terral v Blanca se exaltaron hablando de todo ó nada. Por la tarde iba á venir uñ maestro de obras y quería que don Fausto se entendiera con él para ponerse de acuerdo sobre la manera de hacer los trabajos. Cuando se marchó el señor Terrat.154 PÍO BAROJA Luego hablaron de la marcha del partido. mientras almorzaban. era su divisa. Blanca le comunicó á don Fausto que como no podía salir de casa por orden del médico. y poco después estuvo con el maestro de obras tomando medidas en la sala y dando instrucciones para poner el altar. á pesar de ser tas. á pesar de lo que ofendían aquellas palabras sus sentimientos demócratas y progi'esistas.

taurant? un res- . en la cual se veían á la luz de un farol los arbotantes negros de la iglesia. Aquello era hermoso de veras. Al pasar por la calle de Saint-Séverin. señalando una puerta de cristales iluminados por una luz roja. y lo demás le parecía odioso é infecto. Teresa. y que habían correteado ya por medio París y fueron á reunirse con Pipot al café del Museo Dantíii y de Cluny. pero Pipot no encontraba en París un barrio como el suyo. — Ni yo tampoco — añadió don Fausto. que le estaban esperando. dijo Pipot — Aquí es — donde suelo yo comer. y Pipot y don Fausto se fueron á su casa. Comieron allá todos juntos y pagó Dantín. Dantín propuso los ir al café -concierto de Embajadores á oír á — Yo no voy — dijo Pipot. Esta palabra no salía de sus labios. ¿Quiere usted que entremos? Como usted quiera. Al terminar la célebre la cena. sin duda los conspiradores tenían dinero fresco. Mudarra y Dantín hablaron de que habían visto los grandes bulevares y la Avenida de los Campos Elíseos. ¿Qué es esto. Se marcharon Mudarra y Dantín á correrla.: LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 155 Mudarra.

156 PÍO B ARO JA restaura nt y cervecería. el señor v señaló á don Fausto es español republicano. Una muchacha con una cofia blanca la le pre- guntó á Pipot lo que quería tomar. Dos quinqués de petróleo colgaban del techo. con melenas y lente en un ojo. Raúl! — gritaron los jugadores. Bajaron diez ó doce escalones y se encontraron en una sala grande. ¿Vamos? — Bueno. negra. muchacho joven. le estrechó la mano y le presentó Es Raúl Rigault. Aquí suelen venir algunos revolucionarios. Estaba distraído cuando uno de los billaristas. con una mesa de billar con troneras. acercó á mesa y siguió jugando. Se llama la Taberna Alsaciana y en el barrio la conoceSí. — mos también por el nombre de la Marmita. ¡Hola. Se sentaron don Fausto y Pipot y éste se puso á leer un periódico. Pipot. — ¡Raúl! — exclamó — — — — — — ¡Eh. — Voy — dijo — Ahora vuelvo — y se le él. elegante. En el fondo había un mostrador como una tribuna y á un lado la parte destinada á restaurant ya á obscuras. Había en la sala hasta un par de docenas de personas. estuluego á don Fausto. se le acercó y le dio una palmada en el hombro. diante de Medicina. y se levantó al ver al joven. señor Pipot! le dijo. .

Es la amiga de ese joven con quien hemos liablado. qu. un. Está el Marquesito le dijo en voz baja. facha de templado — dijo don — Es uno de los hombres más valientes del mundo. ¿Y él. muchacha. Toda la brigada Berandará ya tras la él. — — -¿Sí? — — Que tenga cuidado. y sacando una hoja impresa. nont. se la dio á Pipot. Rigault tenía aire de dandy. es el lugarteniente de Cuando se marchó la — — — Blanqui. toglio — ¡Bah! No importa. Sí. quién es? ¿Cómo me ha dicho usted que se llama? Raúl Rigault. Nuestra policía es mejor que de Badinguet — dijo Rigault. Las primeras letras de estas siete palabras formaban el nom: . instant. loi. después de hacer un chapean. dijo Pipol: Esta chica es de Estrasburgo. Rigault. se acercó á Pipot y se sentó á su mesa. amour. Era una alocución vulgar que tenía marcadas imperceptiblemente estas palabras Bonheur. — Tiene Fausto. hablaba bur- lonamente y decía una porción de frases que eran celebradas con grandes risas por los espectadores. Este será nuestro Saint-Just.LOS L'LTIMOS ROMÁNTICOS 157 — Tráenos dos bocks de cerveza.

Se acercó Era el á Rigault y se puso á hablar con él. de unos cincuenta años. — tiene su . ¿Tienen ustedes confianza en — el — Completa. padre Israel? agentes provocadores del Gobierno. llevaba un macferland seboso. padre Israel.158 PÍO BAROJA el bre Blanqui é indicaban á los iniciados lugar donde se escondía el aviso. preguntó ¿Y quién es ese padre Israel? — — — don Fausto. — Hay muchos por las narices. otro jugador substituyó al estudiante y Raúl y el judío se sentaron en un rincón. de bigote negro. un sombrero blando y melenas que le tapaban el cuello. Tengan ustedes cuidado. Pipot guardó — ¿Y qué hace usted aquí ahora? — preguntó á Rigault. — Estoy Israel. Ya sabe usted que vamos á organizar la gente de Belleville y de Montmartre por centurias. el judío? ha prometido dinero. tenemos al judío cogido Acababa de decir esto cuando entró en la taberna un hombre bajito. — No hay cuidado. esperando á Enrique y al padre — — ¿Se han entendido ustedes con Sí. mirada brillante y pelo ensortijado. el Marquesito. No lo sabía. Es un prendero — dijo Pipot.

El hombre alto de barba rubia bajó á la sala de billar y dirigió la mirada á todas partes hasta dar con el padre Israel y Rigault. pieles de gato y de conejo. ¿eh? — — Preciosa. Tiene una hija. y la palabra suave. — ¿Y qué vende? — Vende botellas. — ¿Y es rico? — Riquísimo. esquina á la de Fouarre. comenzó á bajar las escaleras acompañado de otros dos. Ni mismo quizás sepa él el dinero que tiene. Era el mismo que don Fausto conocía.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 159 tienda en la calle de la Bucherie. entre el murmullo de la conversación de los jugadores se oía voz dura. del estudiante revolucionario. sables. cerca de ese edificio largo y negro con un puente sobre la calle. de todo. por haberle visto al día siguiente de llegar á París resolver la contienda entre una mujer y un carbonero que la golpeaba en la calle de l'Arbalete. del padre Israel. la quejumbrosa. muebles. El judío y Rigault charlaban animadamente. esto se abrió la puerta En . cuadros. medallas. de barba rubia. y el que estaba en la calle Lourcine cuando prendió la policía á dos hombres en un hotel. de la taberna y un hombre alto. El que se case con su hija hará un buen negocio. con el sombrero torcido. metálica.

El hombre alto saludó á Pipot. ¿Quién es este que acaba de saludarnos? preguntó á Pipot. Adiós. — ¿No ha tenido ninguna recaída? se acercó á la el el mesa en donde estaban Rigault y ellos. le preguntó : — No. — — — — — . Es un amigo de Rigault que se llama Enrique. Don Fausto estaba muy intrigado pensando de dónde podría conocer aquel joven á Blanca y saber que él era su amigo. — Me alegro mucho. mirando atentamente á don Fausto. muy bien. padre Israel y se sentó Salieron Pipot y don Fausto de la taberna.160 PÍO baroJa — Aquí estamos — — Ya voy. dieron una vuelta por la orilla del río y volvieron á casa. Salieron Pipot y don Fausto al bulevar SaintMichel. señores — y hombre con alto — ¿Cómo está la señorita de Montville? — Bien. ¿Y de apellido? Creo que se llama Saint-Preux. le dijo este último. y luego.

Allí Raúl Rigault peroraba y Enrique Saint-Preux. De las intrigas de casa de Blanca no había comprendido nada y no estaba mucho más adelantado con relación á las maniobras revolucionarias de Pipot y de sus amigos. ¿Qué pasaba á su alrededor? Don Fausto no lo sabía. hombre de una elocuencia fogosa. también solía aparecer en la taberna Gustavo Courbet.^.A/í^6^. alto hombre La Taberna to solía Alsaciana. discutía. De vez en cuando se presentaba un joven exaltado. hijo de un fisiólogo notable llamado Flourens.^/^S-•. No podía comprender qué relación habría entre uno y otra.^í^^J^5^¿|l^^S^^^ XIII Lo que germinaba. Lo que le chocaba extraordinariamente era que el de la barba rubia le hubiese preguntado por Blanca. el pintor que venía del Co11 . donde don Faus- cenar con Pipot. era un verdadero club. el conocido de don Fausto.

En el café Soufflet peroraba Flourens en un grupo de revolucionarios turcos que formaban y era el . Estos revolucionarios v bohemios se relacionaban con otros de distintos países. Se tratara de Filosofía. ó dedicarse á beber. de la calle Saint. cerca de la Sorbona. Bouton d'Or era un pozo de ciencia.Jacques. hablaba de política y de literatura y decía muy en serio que para salvar la Francia se necesitaban cincuenta mil cabezas. andaban siempre juntos. había algunos indiferentes que preferían char- de literatura ó de mujeres.162 PÍO BAROJA chon Fidéle de la calle de Cordiers. examinarse por otro. No todos los parroquianos de la Taberna Alsaciana eran de tan tremendas intenciones. Uno de estos partidarios de Baco era un viejo estudiante de Medicina á quien llamaban Paragot. Bouton d'Or lar había encontrado una manera extraña de vivir. donde tenía su cenáculo artístico. estaba dispuesto siempre á examinarse y á salir bien. Julio Valles iba alguna que otra vez por la taberna. célebre por una composición poética dedicada al Cólera Morbo Asiático. que se titulaba pomposamente la Academia. que tenían su punto de reunión en cafés y cervecerías. Paragot se pasaba la vida en una taberna á la antigua con su alambique y su mostrador de cinc. de Ciencias ó de Derecho. Este bohemio y otro á quien llamaban Bouton d'Or.

allí. Raúl Rigault inventaba historias escandalosas en donde figuraban el Emperador y la Emperatriz.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS la 163 Joven Turquía. aparecían tipos chiflados que querían resolver todos los problemas humanos con una fórmula sencilla. En el Cochon Fidéle ponía clase de socialismo político y artístico el pintor Courbet. . de arte. cionar contra estos movimiento progresivo. se proponían las ideas más extravagantes al mismo tiempo que las más cuerdas. cómico. bailarín ó aprendiz de político que no tuviera su centro de conspiración. pero el el café revolucionario por excelencia era café de Madrid : allí. así bohemios querían de un solo golpe hacer el . de de ciencias. Eran estas reuniones algo proteico informe. un deseo de avanzar aún no concreto. no había escritor. se discutía de todo. y se hablaba entre ellos de cortar la cabeza al Sultán como de una medida de precaución en el café del Museo de Cluny un jefe feniano predicaba la guerra santa contra Inglaterra. Así como en casa de Blanca tenían la aspiración de reacliteratura. y algunos jóvenes valacos y rumanos preparaban la revolución en su país. Gambetta preparaba la República y Delescluze y Julio Valles la Commune. Al lado de los hombres prácticos con ideas definidas. Paul y Ángulo defendía los procedimientos radicales sumarísimos entre los revolucionarios españoles. en la Taberna Alsaciana. periodista. allí.

la repartición de la propiedad. Sus proyectos le parecían locuras peligrosas. Arlequín se vestía de conspirador. el amor hbre. sino de enseñar los colmillos y de enriquecerse á toda costa. la la Bohemia ria. aquellas damas elegantes aspiraban á detener con intrigas. se preparaba á hacerse revoluciona- no sino la Valles. con asociaciones anodinas. de los escenarios de los teatros. Bohemia cínica. todas estas cosas chocaban con las ideas de don Fausto y le molestaban como una impertila miseria. de los cenáculos literarios del barrio Latino. éste aseguraba que había que atacar la organización social la En . la revolución socialista que comenzaba á iniciarse á consecuencia de las predicaciones de la Internacional. ¿Qué quería esta gente? Don Fausto no -Ib podía comprender. Taberna Alsaciana el más radical de todos era Enrique Saint-Preux. y al mismo tiempo que de los salones y de los palacios salía esta tendencia al orden.164 PÍO BAROJA avanzar la Humanidad unos cuantos siglos. la federación de todos los pueblos europeos. llena de ansias de Julio una Bohemia pesimista obligada por que no trataba de reir y de mostrar los agujeros de la levita. Aquellos aristócratas y clericales. de los estudios de los pintores. Bohemia falsa y ridicula de Murger. la supresión de la herencia. brotaba la protesta contra el régimen social. nencia.

->— í-:4f^' i . preguntó : — — uno de los partidarios de Enrique ¿Qué política defiende SaintrPreux? La de Bakunin un ruso le dijeron. el puñal. escandalizado. con ba. — — al que ha conocido en Suiza. con el veneno.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 165 con todas las armas. con la bomuna Don vez á Fausto.

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oculto. Di á la Plácida que ponga la mesa en mi gabinete. monia pareció interesante y divertida. en el —Y si tú quieres quedarte gabinete ó salir. haz lo que te parezca. el comedor. — á la ceremonia. Así. advirtió á Don Fausto asistir Blanca que prefería no la — Bueno. — no quiero obligarte.XIV El secreto de Blanca. toda la cohorte legitimista se reunió en el salón-biblioteca transformado en capilla. Vio entrar al vizconde de Haracourt y á su le . la cere. porque tendrán que tomar algo los invitados en Se lo diré. El día en que se bendijo el altar en casa de Blanca. Aburrido te pronto de la lectura se dedicó á mirar á la sala por la rendija de la puerta. bueno — dijo anciana. Don Fausto optó por quedarse en el gabinellevó un libro y se puso á leer.

rubia. ¡Una mujer tan bonita y desdeñada Mientras el — — . comprendía quiénes eran por las explicaciones y señas dadas con anterioridad por Blanca. algo entornados. elegantísima. azules Cándidos. al profesor Demange con su mujer y su á Matías de Surennes con su madre y sus tres hermanas. Era un matrimonio que daba la impresión de estar hartos el uno del otro. Sin saber por qué se le figuraba que no. El marqués de Quinson y su señora tuvieron una acogida afectuosísima. La mujer. marido saludaba á las señoras. una torcida y escrofulosa. miraba con los ojos hija. las tres altas y desgarbadas. á un viejo carlista vascongado y al antipático cura aragonés con dos jóvenes abates. De cuando en cuando se oía parar un coche á la puerta y poco después entraba algún nuevo invitado en la sala. Además. Don Fausto los conocía á casi todos. pen¿Será fiel á su marido esta mujer? só don Fausto. encantadora.168 PÍO BAROJA señora. Algunos cuyo nombre ignoraba. á Ernesto de Brolles. de pelo cano y trazas de un joven decrépito. á Baucemont y á Baucemont d'Havray. Ernesto de Erolles se acercó á la marquesa á cumplimentarla. Durante la conversación que tuvieron en voz baja. Él era un gentil-hombre de aire irónico. ella sonreía coquetamente con una sonrisa burlona llena de malicia. don Fausto había oído decir á Blanca que no se llevaban bien.

y éste pasó repartiendo bendiciones á un lado y á otro. frente despe- jada y la mirada orgullosa y brillante. no hubiera sido de la opinión de don Fausto. el amante era un hombre feliz. No había necesidad de decir -su ironía. y dando la mano á besar. acompañado de dos familiares y del Duque. si éste existía. Don Fausto se dijo que si aquella mujer tenía un amante. enti*ó el señor obispo. ma? Había demasiada Decir el Duque era designarle á él. Ella le dejó sitio á su lado y del sillón. uno de esos saludos á lo antiguo régimen. que van bien con los trajes de cola. el uno era un tipo de viejo abate francés.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 169 vícti- por SU marido! ¿Se resignaría á ser una demasiada inteligencia en la expresión de aquella mujer para que se sometiese á la moral corriente. de labios abultados. Se levantaron todos al entrar el obispo. Al acercarse este familiar á la marquesa de Quinson. De los dos familiares del prelado. la hizo un saludo ceremonioso. Es posible que si se hubiera consultado al amante. El Duque era un aristócrata legitimista de gran prestigio. el otro un hombre grueso. lo mismo en las mujeres que en él los eclesiásticos. Cuando ya estaba el salón lleno. título. . se sentó con el brazo en el respaldo en una actitud de conquistador. con la cara sonrosada y las melenas blancas.

. — Este es el secreto — se dijo. y dio vuelta á la llave y abrió el pupitre. mucho más complicado que el que tenía su madre. con una porción de cajoncitos. No faltaba ninguno de los invitados y co- menzó la misa. los cabellos cuidadosamente peinados. é iba vestido con una severidad inglesa. ¿Si se abrirá lo mismo? . Había delante del balcón un secretatre de laca. en el sccretaire suyo las cartas de mi padre. dando á entender que iba á dignarse escuchar por un mo- — — mento á su interlocutor. Iba á cerrarlo de nuevo. que nada les puede inmutar. durante mucho tiempo. Estaba la llave puesta. Era un mueble precioso. Llevaba patillas grises. ¿Dice usted? preguntaba de cuando en cuando. Daba la impresión de uno de esos hombres que poseen una confianza en sus fuerzas y en su aplomo tan enorme. Don Fausto dejó de mirar por de la el resquicio puerta y paseó de un lado á otro del gabinete de Blanca. Don Fausto lo estuvo con- templando.170 PÍO BAROJA Tras del obispo pasó el Duque saludando á todos con una cortesía exagerada llena de desdén. penAquí no habrá nada de particular — — só. Era igual á uno que tenía su madre. cuando se fijó en una moldura ancha que había debajo de uno de los cajoncitos del centro. — recuerdo que mi madre guardó.

y ce- rró el secreto y luego el mueble. Entonces. con lo cual el secreto se abría. dejó la carta y encima el retrato.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 171 el En el de su madre había que sacar cajón de arriba. como le producía una estupefacción extraordinaria. y poi* el hueco que quedaba levantar una espiga de madera y después apretar un botón. decidido á enterarse de todo. Era inaudito. don Fausto echó un vistazo al fondo del cajón. Tenía intencio- nes de volver á abrir el secretaire para contemvisto plar el retrato. Su asombro no le dejaba comprender bien. ¡Blanca tenía un hijo! No había duda. en cuyo margen se leía «Á mi madre. Don Fausto quedó perplejo y espantado. la Don Fausto tuvo la curiosidad de hacer prueba y el cajoncito inmediatamente se abrió con violencia. Debajo del retrato había varias cartas formando un paquete. sacó la carta y no leyó más que la fecha y las primeras palabras «Mi querida madre». Enrique». Don Fausto. La ceremonia seguía. Estaba seguro que había . Miró por la rendija de la puerta. espantado del descubri: : : miento. cada vez más intrigado. Estaba lleno de papeles. En el sobre ponía «Señorita Blanca de Montville». Una de ellas debía ser reciente. Tan pronto el descubrimiento le daba ganas de reir. Don Fausto. Lo primero que vio fué un retrato de un muchacho joven.

— Lo era. sombrero de . lo — — ¿De Yelves? — — Pero debe ser muy Sí. ¿En dónde? lo No recordaba.172 PÍO BAROJ^ á aquel joven en alguna parte. se abrió una de las puertas del corredor y apareció en él crépito. duró más de dos horas. y á media tarde volvió á la calle Galande. La Plácida trajo el almuerzo. Blanca estaba muy cansada y se acostó después de comer. Por fin. otra vez sale. rico. Nuestro vecino el marqués que ha venido borracho dijo Pipot. apareció Blanca. si — No. Mire usted. Efectivamente. Don Fausto tuvo tiempo de aburrirse encerrado en el gabinete. ¿No se había dicho á usted? Sí. de un hombre deel barba corta blanca. La ceremonia en la sala fué larguísima. preocupadísimo con su descubrimiento. paseó de un lado á otro lleno de impaciencia. Al subir á su cuarto se encontró á Pipot y á Mudarra que hablaban en la escalera al comienzo del pasillo. pero se arruinó. ¿quién es? — El marqués de Yelves. Don Fausto salió de casa. dio unas vueltas por el Luxemburgo. — — — — jAh! ¿Tenemos un vecino marqués? — hombre. ¿Qué ocurre? preguntó don Fausto.

Dantín se fué ya contestó Mudarra. volvió á su cuarto. El marqués se acercó al grupo y preguntó en francés : — ¿Estcá Nanette? — Ya llamaré — dijo Pipot. yo no me voy. ¿Que te quedas aquí? — — — — — — ¿Y qué vas á hacer? Sí. don Fausto y Mudarra se marcharon á la calle. tambaleándose. Yo he oído hablar mucho de este marqués de Yelves dijo don Fausto. — Veremos. Me quedo aquí. Fueron á la calle Saint-Séverin y entraron en la Taberna Alsaciana á comer. Le molestaba que el antiguo asistente quisiera quedarse en París. preguntó don Fausto? ¿Qué le pasará? Que no puede tenerse en pie con la debi- — — — lidad. Don Fausto hizo una mueca de disgusto. guantes amarillos con agujeros. Llamó Pipot á la chica de la portera. una levita ajada llena de arrugas y manchas. — ¡Gracias! ¡Muchas gracias! — y le el viejo. Y vosotros ¿cuándo os vais? preguntó — — don Fausto á Mudarra. Parecía un desenterrado. luego el tartamudo. las botas abiertas con los tacones torcidos y una cinta roja en el ojal.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 173 copa raído. — — .

— ¿Pero eso es verdad? — preguntó don Fausto. luego estuvo al servicio de la Española. contaron que cayó en desgracia por una trastada que quiso hacer con Griselli. que era una especialidad. Después de arruinarse por completo. ¿Y quién es ese Griselli? Ese era un agente de Badinguet que le servía para prepararle sus citas. ha Pipot. Había que ver su casa cuando vivía cerca del Arco de la Estrella. ¿Y cómo llegaría á caer así? La edad y luego el vicio. rece que se — — No lo sé á punto una pensión de la abandonó y se dedicó ¿Y de qué vive? fijo. haciendo pagarés y le — Sí. pidiendo dinero sobre fincas que no — — En fin. — No. vivió durante muchos años gastando miles de francos. — ¿Qué? . — Yo sido un lion de París — afirmó embrollándolos.174 PÍO BAROJA he conocido. me — ¿Y ahora no? para sacar dinero á un embajador español. ¡Qué coches! ¡Qué troncos de caballos! Dicen que ha sido un genio este hombre. Antes creo que tenía Emperatriz. y todo el que estorbaba á la buena seño- — — ra desaparecía. pero cuando ya estaba arruinado. al ajenjo. Parece que el tal Griselli manejaba el puñal que era una maravilla. El hombre patenía.

se acercó . ó tres años. dijo don Fausto Pero eso no es posible Es verdad. Los dos han sido carbonarios. descubría la conjuración. — preguntó Mudarra. La Revolución viene dentro de dos Pipot intrigado. Mudarra.. solía enviar gente para matar á Napoleón. y cuando llegaban los enviados. Mazzini le ha perseguido á Badinguet hasta en la misma Francia. Don Fausto escuchaba á Volvieron á casa. LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 175 al — Eso estorbaba. eran corsos. Cuando el italiano estaba en tiene todavía Londres. — Y entonces. entre Napoleón y Mazzini. con ayuda del gabinete negro. los iban asesinando uno á uno. sobre todo los de la policía secreta. pero la policía del Imperio. ha habido la guerra del Sí. de que hayan asesinado que los repuso Pipot. gente escogida que asesinaba por orden del Emperador ó de la — — ¡ ! — Emperatriz. Sobre todo. — — — puñal. Lo que usted oye. ¿cómo no se hace lo mismo ahora? — Porque ahora hay la seguridad de la Revolución. Aquí. Hubo una época en que casi todos los de la policía. Era una lucha á muerte. duhombre rante muchos años. y Mazzini le un odio profundo a Napoleón y Napoleón un miedo bárbaro á Mazzini. que era muy curioso.

el marqués hablaba. Está hablando Efectivamente. Yo bien. — Sueña despierto — dijo Pipot. mi querido príncipe decía el viejo. Pase usted. se veía al cuarto del al viejo aristócrata incorporado en la cama hecha en el suelo.. envuelto en una manta raída y con un pañuelo sucio atado á la cabeza.. Aguzaron el oído..176 PÍO BAROJA marqués y miró por el agujero de la llave. muy bien. el sombrero de copa y un cuello postizo. es rico — añadió Mudarra. — Y sueña que Fausto. les dijo. Mudarra llamó á don Fausto y á Pipot.. ¿y cómo se encuentra su esposa. ¿se ha fijado usted? Es encantadora. Está espléndida la duquesa. ¿Y qué tal le va usted en el Círculo? Yo he per- — — — — — dido mil luises la otra noche.. Á la luz de una botella que servía de candelero colocada sobre una silla. Colgaban de unos clavos la levita. — ¡Qué miseria! — murmuró tristemente don ..

tienda situada en un rincón. encima una terraza pequeña adornada con media docena de tiestos. y no comprendió qué clase de establecimiento era aquél.XV El Buen Membrillo y el Padre Lunette. \% . y en la puerta de una tiendecilla vio á Pipot y á Un Mudar ra. sábado por la tarde volvía don Fausto de casa de Blanca. y en la muestra se leía : ^xj BON o y luego una cosa pintada que quería representar una naranja ó una manzana ó una fruta por el estilo. Se volvió. Tenia un tejado de cinc. — Entre usted. cuando al pasar por la calle de la Huchette oyó que le llamaban. . don Fausto — Don Fausto contempló la le dijo Pipot. en una casita baja.

El local en donde se encontraban tenía una ventana ancha á de la Huchette. tra ¿Qué es lo que dice en la mues- — de esta tienda? Es un calembour.178 PÍO 13 ARO Ja Pasaron á una rojo. ta tiendecilla tapizada de papel En el mostrador. — Fausto en voz baja á Tengo que hacerle á usted dos pre- guntas. que es cura. Eso que está pintado. don la muestra. Don Fausto saludó al individuo y se sentó. cetrino. . y luego. — ¿Hay mucha gente en el bazar? — pre- guntó de pronto Pipot á la del mostrador. Fausto — añadió Pi. Ella saludó y don Fausto siguió pensando en la clase de establecimiento que podría ser aquél. unas banquetas. pot. Tenia esta mujer unas miradas llenas de mali- cia y era — Es la Abadesa — dijo Pipot mostrándola. de nariz aguileña. — Primera. un mostrador y á los lados de éste dos la calle puertas. había dos mesas. con una cortina blanca. — No hay nadie. — Vengan. dijo Mi amigo — Quintana. y en la clase de fruta que había pintada en — Siéntese usted. muy simpática. una mujer de unos trein- á cuarenta años remendaba unas medias. indicando á un individuo afeitado. — Bueno — dijo don Pipot.

traspasamos el establecimiento á esta señora. Desde entonces somos buenos amigos la señora y yo. — ¿No estoy yo? — preguntó cura con indiferencia.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 179 un membrillo. aquí tuvimos un médico francés y yo y ¿qué clase de tienda es ésta? una clínica. — Señora estar cualquier otro giéndose á ted la Teresa del mostrador. que en francés se dice eoing y se pronuncia como eom. — Pues ¿qué es? — Verá usted. . rincón. utilizando el farol. — Tiene razón páter — repuso Pipot. — añadió diri— tráiganos us— que yo no — una Te baraja. — el el donde está un cura puede ciudadano. — ¡Ah!. De manera que el título de la tienda es «Al buen membrillo». para lo cual mandó pintar en él un número muy grande. como ve usted. — Entonces me marcho — dijo don Fausto. advierto — dijo el cura entiendo las cartas francesas. que lo convirtió en una casa de trato. — Es un misterio — contestó riendo Pipot. bolsillo — ¿De manera que esto es un burdelP — Un burdel discreto. La verdad es que poseía- mos de por todo arsenal quirúrgico un estuche y de muebles unas cuatro sillas y un farol. y al mismo tiempo «Al buen quiere ser : rincón». Como no venía nadie.

nos traerán de Baltasar — añadió Pipot. — Dove siete? — les preguntó severamente» . En esto. el uno con un arpa y el otro con un violín se pusieron á . tana y le pero él no la hizo caso. sacando las cartas que primero mostraba entre sus dedos del interior de la americana. no importa. como estaba con las habilidades de Pipot. Pipot salió á verlos. . — Á seis reales por barba. festín — Ni yo — agregó Mudarra. comenzó á hacer juegos de manos. luego cogió los naipes. alias Capitán. Comieron y la Abadesa y la muchacha les acompañaron. que las traiga. — ¡Excelente idea! — exclamó Pipot. — Excelentísima — dijo Mudarra. distraído en la corona de Quinpreguntó respetuosamente si era cura. y retirándose hacia el mostrador. del pantalón y de la frente. dos chiquillos italianos. Morny. — Bueno. anduvo royendo huesos por debajo de la mesa. — Lo que podíamos hacer — indicó el cura el Cada uno depositó su parte sobre la mesa y Pipot se entendió con la del mostrador para la comida. tocar á la puerta de la tienda.180 PÍO baroja — es comer aquí. — ¡Qué hombre! La muchacha se jQué talento fijó tiene! — decía Mudarra. La Abadesa y una muchacha del bazar estaban encantadas.

¿eh? Los chicos tocaron el Himno de Garibaldi y Pipot. ¿Quieren ustedes que vayamos al Pére Lunette.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 181 — De Napolí. se levantó del asiento. y que después de algunos años de secularización y de pensamiento estaba buscando dinero para hacer un viaje á Roma á implorar el perdón del Papa. Repitieron la canción varias veces. Mudarra. ¿Y qué gente va á esa ta berna? dijo don Fausto. Ahora debíamos ir á otra parte dijo el cura después de cenar. policía llevan allá á algún extranjero ó algún . Hoy es sábado y estará animada. Don Fausto estaba avergonzado. el cura. vamos y Mudarra. Don Fausto sacó unas monedas de cobre y se las dio. — Esto me hace llorar — decía don Fausto que el cura. decidido. una taberna de por aquí? preguntó Pipot. Pero bien. — Ahora Himno de hay que tocar — dijo Pipot — el Garibaldi. — — — — — — — — — — Buena pecie aunque pobre. Pipot explicó á el Luego cura Quin- tana había ahorcado los hábitos. Es una esde taberna literaria. Sí. Alguna vez los de la gente. libre . la Abadesa y la otra muchacha cantaron entusiasmados: ¡Zíto! ¡Silencio! hasta cansarse.

colgaba de un alambre un farol de luz roja y vacilante. y allá piden una pro- pina. — tú que tie- nes mejores piernas que yo. vamoz. Salieron del establecimiento. entre balcón y balcón. callejuela es- trecha que comunicaba la calle Galande con el bulevar Saint-Germain. Esperaron hasta que se presentó Nanette con la guitarra. El Pcre Lunette era una taberna pintada de rojo de la calle de los Ingleses. — Anda. Tenía la tasca como enseña unos quevedos grandes y sin cristales. zeñore — dijo. Encima de una barra de hierro.182 PÍO CAROJA gomoso. Había obscurecido. hermosa — la dijo. cura y Mudarra. Abrió la puerta Pipot y pasaron todos. el — Vamos — dijeron Pipot entró en el portal de su casa y llamó á Nanette. ha- blaba ya en andaluz. Pipot la tomó y echó á andar con aire torero. por la influencia del instrumento que llevaba en la mano. local le dicen que todos los que están en le el son unos bandidos. á los que debía su nombre. después de despedirse de la Abadesa y de la muchacha. Al entrar se veía un local largo y estrecho con . vete á mi cuarto y tráeme la guitarra. — Bueno. y don Fausto notó que el ikistre Pipot. Al pasar por la calle Galande.

— Uno de los nuestros — siguió diciendo Pipot señalando al tabernero. y encima de ellos. sitio para revolverse. tender el — — . añadió: Estos son de los buenos. estaba el padre Lunette. entre los que se distinguían Rochefort. con su aire mefistofélico. Á que ocupaba toda la taberna. y enfrente. retratos dibujados al carbón con sus cobarriles empotrados en la un lado. — ¿De veras? — preguntó don Fausto. el En mostrador. Aquí tienen ustedes al padre Lunette Estos señores son españoles. Adelante.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 183 pared. señores. Era un hombre de unos cincuenta años. sin — XI — — gos míos. á quien saludó Pipot. — de los del 48. — aunque no tanto como da á enel amigo. el padre Lunette mostró los retratos de la taberna. había un mostrador de cinc. entró. Raspail. En el fondo de la taberna había una puertecilla de cristales. Después. y paralelamente á él. don Garcías le dijo á Pipot. é hizo pasar á sus amigos á otro departamento con dos grandes mesas y cuatro bancos. El padre Lunette se inclinó con finura. amidijo Pipot. Pipot la abrió. Blanqui. un banco rrespondientes marcos. á lo largo del establecimiento. y guiñando los ojos. de barba entrecana v cara de sabio. Pasen ustedes. — Algo hicimos — contestó hombre modestamente.

— ¿Cuatro. Éste llevaba un gabán atado con cuerdas. 184 PÍO BAROJA Este cuarto estaba iluminado por un mechero de gas. ojos hundidos y antiparras. mientras examinaba las cuerdas de la guitarra. de esos vagabundos filósofos. que aquel padre Lunette no podía considerársele como el verdadero. don Garcías? — Cuatro Salió el chico y Pipot explicó á sus amigos. dejó la guitarra encima de la mesa y llamó dando con el puño del bastón. Leía atentamente un periódico. el otro un tipo de viejo vagabundo. Mark — le dijo Pipot con una con- cisión telegráfica. Uno aire tranquilo y apostólico. al lápiz de una mujer. listo como una ardilla y con una cara de granuja completa. de mesa. de largas barbas. El auténtico había sido su antecesor. debidos según aseguró Pipot. Al ruido se presentó un muchacho de unos diez y seis años. dos hombres de aspecto miserable estaban sentados. Dentro.. y se le llamaba así porque llevaba siempre puestos unos anteojos de cobre. Pipot no se cuidó de ellos. — Café. tenía el pelo y la barba blancos. y en las paredes había dibujos. . Mientras hablaba Pipot. don Fausto contemplaba á los dos hombres sentados en la otra de ellos era un mendigo que limpiaba las tapas de un reloj de oro con una gamuza.

la nariz corta y cínica. — aquí los esperamos. Sí. eh? — Hay que entretenerse. Mientras los cuatro españoles tomaban el .LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 185 Vino el mozo con el café en unas copas de vidrio con cubierta de cinc. — Buenas noches. una de esas miradas de vieja viciosa que parecen adivinar en los demás todos los bajos instintos que duermen en el légamo de las almas. la boca sin dientes. — ¡Hola. tenía la cara ancha. — ¿La mujer del tabernero? — preguntó Mula mujer cerrando la puerta. las mandíbulas fuertes en ángulo recto. con los pómulos salientes y rojos. — Ahora vendrán los amigos. — Es una dijo Pipot. el cura. ¿Ha traído le usted su guitarra. don Garcías. - antigua querida del tabernero — La madre Lunette era ya vieja. Salió la . — La mujer no será — replicó mucha se casa. y luego una vieja entró con una botella y cuatro vasitos que llenó de aguardiente. pero no De ese modo no tienen que pagar ala clerigalla. los ojos con arrugas en los párpados y éstos entornados que dejaban pasar una mirada burlona. — Esta es madre Lunette — dijo Pipot. dar ra. señora! — dijo Pipot. — aquí gente del pueblo se amontona.

dijo Salvar con Todo eso estaría bien si hubieran puesto alguna tienda endesdén frente de la mía. Salvar el herbolario y Pipot hablaban de calle Medicina cuando se presentó un tuerto muy jovial que llevaba una gorrita con galón dorado. un herbolario de la calle de Saint-Sé verin. Vieux-Paris. apellidado Salvar. si vo hubiera colocado el letrero y si ese cuento no fuese más viejo que la — — — — — — sarna. y un suizo empleado en una fábrica de microscopios de la de la Parcheminerie. Estos cuatro se pusieron á jugar á los dados. á quien saludaron afectuosamente llamándole don Garcías. Muchos conocían á Pipot. que tenía una carnicería hipofágica. Blondelle. dijo: Don Garcías. . Eran pequeños comerciantes del barrio el señor Renard dueño del lavadero café. fué : . Pipot los presentó á sus compatriotas. no sé. Pues puso un cartel que decía: «No confundir esta tienda con la del otro charlatán de enfrente».186 PÍO BAROJ\ entrando gente. ¿Sabe usted el letrero que puso en su tienda cuando se le estableció otro del oficio en la vecindad? No. no haga usted caso de este herbolario. es un farsante. Saludó á todos. y al oir la conversación entre Pipot y Salvar.

viejo buitre? ¿Has acabado tu ungüento de manteca de chicos? ¿Has vendido los dientes y el pelo de tus macabeos? ¿Has hecho algún emplasto con sesos de persona? El tuerto al oir esto se reía. — ¡Ca. Allá duerme en la sala de disección vigilando á sus macabeos. acercándose á Salvar y señalando al viejo con aire de apóstol que don Fausto había visto al entrar leyendo un periódico. que marcharon á fundar . llamado Lapersonne. hombre! ¿Y tú qué has hecho.: LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 187 — El herbolario se incomoda — advirtió el tuerto riéndose. es verdad! — ¿Y quién es Rinaldi? — preguntó Pipot. Estaban jugando á los dados cuando un joven obrero que trabajaba alisando planchas para grabado en un establecimiento de la calle de la Huchette. le dijo al herbolario ¿Sabes quién es ése? ¿Quién? — — Rinaldi. creo que es un nombre muy á propósito. Yo le llamo el doctor Tibia. — ¡Toma. — Aquí tiene usted este hombre — dijo Pipot á don Fausto señalando al tuerto. — Un italiano de los viejos partidarios de Fué de los — Cabet. — Es el en- cargado del depósito de cadáveres del HótelDieu. Él dice que lo mismo le podía llamar el doctor Peroné.

grupo de que jugaban y Pipot y sus amigos se levan- taron y le estrecharon la mano. Imperatori y Scaglioni. donde tiene una tiendecilla.: : 188 PÍO B A ROJA Icaria y estuvo preso cuando el atentado de Trabucco. Es de los amigos fieles de Mazzini. le dijo el her- — estos señores quieren invitarle á usted á tomar una copa. el Habían quedado los concurrentes un poco conmovidos. Greco. el viejo de las barbas blancas contestó ciudadanos! — ¡Por la Social. pero pronto se distrajeron con la conversación y tor Tibia. ciudadano Rinaldi! — bolario . — ¡Eh. Ahora es trapero. — Llene us- ted las copas. le conoce? — preguntó Pipot. de aguardiente y llenó las copas. vive en la calle de IMouffetard. dijo juego. ciudadano Rinaldi! exla botella mujer con — Y — clamó Pipot. el El tuerto del depósito de cadáveres. gritó Pipot gol¡Eh. ¡Por la de usted. madre Lunette! — — peando en Entró la el cristal de la puerta. — ¿Usted -Si. — ¡Gracias! ¡Muchas gracias! El viejo se acercó á la los mesa y el. Brindaron todos levantando los vasos y haciéndolos chocar. — Convídele usted á una copa. doc- .

— rrónico. luego al salir á la parte anterior de la taberna. una canción macabra. Cuando la se cansó Pipot aflojó las cuerdas de — ¿Pero qué. Se despidieron Pipot y sus amigos.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS - 189 Vamos. ñola un poco. Con una habilidad consumada cantó malagueñas. se va usted. luego cogió la guitarra y comenzó á tañerla. que comenzaba diciendo: Pipot se hizo rogar Tengo una china en Matanzas de mi gusto y afición. tartamudo dijo á sus paisanos con el interés pedagógico que le caracterizaba: Si quieren ustedes tomar alguna cosa aquí. en latín macaSí. riendo. que el tuerto cantó con mucha gracia. Sí. que es- — taba llena. pueden sentarse en el banco teniendo el el — . peteneras y una canción cubana que fué la que más gustó. le preguntaron todos. — Ahora tú — -¿Yo? le dijo á éste el herbolario. Era ésta una canción inventada en el Padre Lunette. — La vertidos — decía verdad es que los españoles son el di- doctor Tibia. ya es mi hora. don Garcías? — guitarra y se levantó. una canción espa. don Garcías. Gradus ad guillotinam.

con altos y bajos. Luego le acompañaron al cura á la calle Jean de Bouvais donde vivía. si dejan el vaso en el niostrador. Después Pipot. ahora. don Fausto y Mudarra volvieron á su casa v cada uno se marchó á su respectivo cuarto. en cuesta. . una calle próxima.190 PÍO BAROJA mano. Es el reglamento del Padre Luneíte. El padre Lunette salió de detrás del mostra- dor para dar la mano á los españoles y éstos se fueron á la calle. Hay que saber las costumbres de la casa añadió guiñando un vaso en la — ojo y llevándose el índice á él. Dieron una vuelta por la orilla del río para despejar un poco la cabeza. hay que estar de pie.

á poca distancia del hotel de la calle de Vaugirard. cuenta. le — ¿Qué sucede? — — Chico. Blanca al saberlo había encargado á la Plácida que buscara una habitación próxima á su casa para padre é hija y la vieja criada la halló en la calle de Garandé re. Llegó Junio y á don Fausto le escribieron de Madrid diciéndole que le indicarían el día fijo en que saldría Asunción para la frontera. pero prefería quedarse mientras pudiera en la calle Galande. Nanette y los demás tipos raros que aUí vivían. antes de levantarse. Una mañana don Fausto.XVI Historia da un músico saboyano. una cosa ~ Bueno. encariñado como estaba con Pipot. vio á Mudarra que entraba en su cuarto con un aire espantado. ¿qué pasa? terrible. . Podía don Fausto haberse trasladado inmediatamente. preguntó don Fausto.

192

PÍO

BAROJA

— ¿Eh? ¿En dónde? Explícate. — Tú ya sabes — dijo INÍudarra — que desde
que estuve á punto de ser achicharrado en Madrid, cuando hubo fuego en la casa donde vivía, les tengo un miedo atroz á los incendios. Muchas noches me despierto con la preocupación de que huele á quemado y ya no puedo dormir. Pues bien esta noche me he desper:

— Urí

descubrimiento.

Hay

asesinos aquí.

^(

tado...

— ¿Y no ha habido nada?
Sí, sí

— ha habido. — Pues yo no sé que se haya quemado nincosa.

guna

— Espera.

Al despertarme

me

sorprendió

un olor á trapo quemado que había en mi
cuarto.

Me levanté, encendí
nada.

la luz, registré
el

por
olor

todas partes...

Sin embargo,

aumentaba; abrí la puerta, saU al pasillo, olfateé por allí... nada tampoco. El olor estaba en mi habitación, allí no se quemaba nada, de al-

gún

lado venía.

— ¿Y de dónde venía? — De una rendija de la pared. Estaba con

la

cama, cuando me fijé que de una rajadura que había cerca del techo salía humo, ^le subí á la cama y comprobé que, efectivamente, venía de allá. Apagué la bujía y vi que de la rendija entraba algo de luz, y acercando el oído á la pared notó
luz encendida, tendido en la

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

193

soy curioso, no lo puedo remediar, y quise enterarme. Cogí la mesa, puse encima una silla y rne subí encima. Aun asi no llegaba; coloqué una caja sobre la mesa y luego la silla, y subí á riesgo de romperme la cabeza, y apliqué el ojo á la hendidura. Se veía una guardilla y tres hom.bres que andaban de un lado á otro. Al principio no disvoces.
tinguía bien.

como murmullo de

Yo

Luego vi claramente. Los tres hombres estaban quemando unas blusas llenas de barro y manchadas de sangre. ¿De veras? ¿No seria una ilusión tuya?

— — No, no; lo vi bien. Estaban quem.ando las
De
ahí venía
el

quemado. No hablaban y andaban en puntillas. La impresión y el cansancio de estar en una postura violenta hizo que estuviera á punto de caerme; pero, en fin, pude bajar y acostarme. Se contó el caso á Pipot, y se discutió si seblusas.

olor á trapo

ría

— No — dijo Pipot; — yo tengo un amigo de
confianza, em.pleado en la Prefectura, y con-

conveniente avisar á la policía.

sultaremos con

él.

Efectivamente, por la noche, á la hora de

comer, Pipot se presentó en la Taberna Alsaciana con un viejeciiio de aspecto insignificante. Era un señor de unos cincuenta años, bajito, grueso, con abdomen pronunciado. Tenía la nariz aguileña, el bigote gris, unas barbas recortadas á punta de tijera y anteojos
13


194
PÍO BAROJA

una chaqueta de alpaca, unos pantalones amarillos y un sombrero de paja
azules. \^estía

ennegrecido por el uso. Este tipo era el señor Gadobert, empleado en la Prefectura, según
Pipot

una verdadera eminencia. Mudarra comenzó á contar

lo

que habia
:

y Pipot á traducir al francés sus explicaciones, pero el señor Gadobert dijo No, que hable en castellano; lo entiendo
visto

bien.

Mudarra contó
detalles,

lo

sucedido con todos sus

y el empleado de la Prefectura le hizo algunas preguntas. Me figuro quiénes son dijo al último;

¿Y el cuarto ése corresy luego preguntó ponde á la misma casa de la calle Galande?
:

— No
— —

sabemos—-contestó Pipot. — ¿Es una pared gruesa ó un tabique
lo

el

que

separa el cuarto de usted del otro cuarto? dijo Gadobert. Parece más bien pared gruesa. ¿Le dio á usted la impresión de que el piso de la guardilla estaba al mismo nivel que el de
la habitación

— No; me pareció que estaba más

de usted?

alto.

— Bueno, vamos á verlo. Me parece que ese

cuarto no debe pertenecer á la calle Galande,
sino á alguna casa de la calle del Yeso. Después de cenar fueron al cuarto de Muda-

rra y comprobaron lo dicho por éste.

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

195

Gadobert miró por la rendija y no vio nada. Lo que parece es que se oye como una voz, ¿no? Hubo distintos pareceres. Gadobert y Mudarra decían que se oía algo; Pipot y don Fausto que no sentían nada. La casa debía dar á la calle del Yeso, pero quizás no sería fácil encontrarla en seguida, por el amontonamiento de tejadillos y cober-

tizos

que había. Alguno tendrá que quedarse aquí

— dijo

Gadobert.

— ¿Para qué? —preguntó Pipot. — Vamos á por la calle del
ir

Yeso, y no
parece.

será tan fácil dar con ese cuarto

como

que es uno de la policía. Convendría que aquí estuviera alguno y de cuando en cuando hiciera una seña, como, por
es cuestión de decir

No

ejemplo, sacar la luz á la ventana.

— Es verdad — dijo Pipot; — ¿y
saliente

si

hay alguesta

na pared ó
ventana?

que nos impida ver

que vamos á hacer además, es que el que se quede aquí encienda fuego en la chimenea. Raro será que no veamos ó la ventana iluminada ó el humo. ¿Se verá el humo? preguntó Pipot. Sí, hay luna. Y á estas horas no habrá ninguna chimenea encendida. Se dispuso que Mudarra quedase en el cuarlo

— Entonces

— —

196
to,

PÍO BAROJA

que encendiese fuego y que de rato en rato sacase la luz y la pusiera en la ventana. Dispuesto esto, Gadobert, don Fausto y Pipot salieron y por el callejón del Yeso entraron en la calle del mismo nombre. La casa debía estar entre el callejón del Yeso y la calle Fouarre. Había dos portales de unas casuchas sórdidas, y en uno de ellos entraron; recorrieron un pasillo del último piso, y Gadobert se convenció de que en la otra vivienda debía de estar el cuarto que buscaban. Esta segunda casa en donde entraron era mucho peor que la anterior. La escalera no tenía más que de dos en dos tramos un quinqué de petróleo. Subieron hasta el último piso, en donde había un corredor, bajo de teqho, sin luz, con unos cuantos ventanillos cuadrados en lo alto. Á ver, usted que es más flaco, Pipot dijo Suba usted; Gadobert. y le ofreció, como un gimnasta, sus dos manos para que apoyara en ellas el pie. Pipot se encaramó sobre

las espaldas del policía hasta agarrarse

á las

dos rejas en cruz del ventanillo. ¿No se ve nada? No, todavía no. Esperaron un momento.

— —

— Ahora sí— dijo Pipot; — allá está la luz y
humo
de
la

el

chimenea.

Bajó Pipot.

:

:

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

197
le

— ¿Hacia dónde está la guardilla? —
guntó Gadobert.

pre-

— Este corredor debe torcerse en recto — dijo Pipot — ó hay que tomar
otra escalera.

ángulo alguna

Avanzaron. El pasillo se torcía efectivamente en ángulo, y tenía guardillas á los lados, de donde salían voces y lloros. Por las indicaciones de Pipot, el cuarto debía estar al final del segundo pasillo. En la última
puerta llamó Gadobert, y salió

— ¿Vive aquí un mecánico que ha venido á esta casa hace unos días? — preguntó. — No.

una

vieja.

— Se ha mudado hace

— No, pues no es aquí — y

tres

ó cuatro días.
la vieja cerró la

puerta.

Llamó Gadobert en la puerta siguiente, y salió á abrir una niña con un cabo de vela en la mano.
Miró á Gadobert asustada, y exclamó No, no es él y luego apagó la luz. Gadobert encendió una cerilla y pasó adentro; tras él pasaron don Fausto y Pipot. Notaron al entrar un olor y un tufo irrespirables; luego, en el fondo de un chiscón, vieron á un hombre tendido en un camastro.

— — No — respondió Pipot.

El hombre se incorporó y dijo ¿Son ustedes de la policía?

Muy malo. ¿Hace mucho tiempo que y añadió está usted enfermo? Sí. — hombre. tenía los labios sin color y los ojos sin ninguna íijeza. replicó Pipot. hace tiempo. — Somos vecinos que esté usted tranquilo le — hemos oído á usted quejarse y hemos venido á ver qué le pasaba. Gadobert le agarró de — Este — hombre : tiene mano. flaco de un modo inverosímil. Gadobert sacó una bujía del bolsillo. en una cama de paja. lleno de barro. Creo que tengo vida para la poco tiempo. El cuarto era una guardilla de techo bajo. El enfermo le preguntó le : . en el suelo. Era un hombre extenuado.— 198 PÍO BAROJA — Á mí me es igual — y volvió á tenderse en el camastro. Pipot — tomó el pulso. cerca de ól se había colocado la niña que había abierto la puerta. El enfermo contempló la maniobra con cierto asombro. ¿Está usted malo? Sí. la encendió. — No. una fiebre terrible dijo. no. estaba un hombre vestido. echó sebo derretido sobre el alféizar de la ventana y fijó allí la vela. ¿De veras no son ustedes de la policía? — dijo.

Si lo siento por alguien es por esta niña. le — No. En este cuarto. Pipot registró su bolsillo. tomar una Sí. Pues hemos oído todo contestó Gadobert. — — — — — Hmonada traeremos á usted la limonada. Estoy ya harto de vivir. — dijo el las ropas. los lamentos de usted y la conversación que tuvieron ustedes el otro día mientras que- — — — — maban nal — Entonces. cualquier cosa puede ser grave. no. le pidió a don Fausto un franco. Por mí no. ¿Y qué es lo que han oído ustedes?— preguntó con ansiedad el enfermo. — vamos á asfixiar todos. — No se levante usted así — Ga- . aquí nos Se abrió la puerta del corredor y la ventana que daba al tejado. y como no encontró gran cosa.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 199 — ¿Qué ¿verdad? pasa? Eso debe estar muy mal. he visto á usted mover la cabeza como si fuera una cosa desesperada. le — Pues fresca y morirme pronto. v salió á la calle. para ustedes soy un crimienfermo incorporándose en la le advirtió cama. ¿Sabe usted lo que quisiera? Beber. obscuro y sin ventilación. ^ Y en otra parte sería igual argüyó el hombre. si — Hay que ventilar esto — dijo Gadobert.

Usted no puede criminal.enzó su historia así: Yo. hable usted. luego apoyó el brazo en la almohada. y después com. el cual traje la limonada y además unas pildoras de quinina. Mi padre procedía de la Yo . y dijo: Les voy a contar á ustedes mi historia. lo ser — ¿Por qué? — Porque dice su cara de usted á — ¡Gracias! ¡Muchas gracias! — y enfergritos. El enfermo contempló á sus tres visitantes. de las cuales administró una al enfermo. Esperaron don Fausto y Gadobert á que viniera Pipot. soy saboyano.200 PÍO BAROJA dobert. La niña se tendió en una estera. ¿No ve usted que llevo años de estar ca- — — — — — llado? — Entonces. : Y esto me consuela. — se va usted á enfriar. señores. no tiene usted necesidad de hablar. soy hijo del relojero del pueblo y mi apellido es Klein. de Lucey. Si alguno de ustedes conoce el país. Éste bebió con ansia hasta calmar su sed. luego miró á la niña y le dijo — Jenny. un pueblecillo que está entre el Ródano y el lago — Bourget. el un mo la lanzó un suspiro y se tendió de nuevo en cama. sabrá que es delicioso. Para mi es el más her- moso del mundo. no se lo exigimos. ¿Para qué? advirtió Gadobert. acuéstate. el enfermo suspiró.

Es la vieja canción Hay que ser buenos. echarme entre las hierbas. me me volvía al pueblo. me divertía y nunca pensaba en el mañana. más pequeño de mis hermanos. nos dicen. y cuando se ve que la sociedad es un nido de víboras y que todo se pudre de maldad. asiduo no servía. perezoso. Éramos tres. fancia y en como mi madre. he hablado el alemán. y en mi in- mi juventud también. He sido y soy todavía como el personaje de esa canción de Goethe que se titula: «En nada coloqué mi deseo». vuelve á decirse otra vez como quien da : . y los hombres no piensan más que en allegar y en apoderarse de todo lo que pueden y en subir unos sobre otros. alegre y brillante. y allí solía estar horas y horas mirando el cielo y las nubes hasta que obscurecía y encantaba.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 201 Suiza alemana. chico me dedicaron á lo De que me mandaban Solía á guardar vacas. Basilea á ponerse al la familia segundo fué cerca de frente de una hacienda de él la de mi madre y á mi música. Era atrevido. El mayor se quedó en la relojería sido el He de nuestro pueblo. Me parecía que con ser bueno bastaba. Nunca me ha preocupado el porvenir. Así ha marchado mi vida. luego en todas las fiestas estaba yo. trabajo La verdad que para los negocios y el de joven.

Como decía. el violonchelo y el violín. Aquélla fué mi buena época. Hubiera podido quedarme pueblo y adquirir una posición cuando un amigo me calentó la cabeza y me conven- en el . han tre fijado ustedes en que cuando se habla en- aldeanos de la fábula de la cigarra y la hormiga.. Á los diez y ocho años me marché de Lucey á Chambery y entré en la orquesta de la iglesia. ¿Se Yo. Pero no había plaza para mí y tenía que tocar el violín en las romerías y en las fiestas. un viejo muy bueno y muy cariñoso. Tuve ahí algunos éxitos.. todos hablan de la cigarra con odio? Y ¿Por qué? ¿No üene la pobre cigarra bastante desgracia con no saber más que yo pregunto : cantar? Son injusticias.. que no se aviene con mi manera de ser. y he tenido que ganarme la vida con el violín. di lecciones de música á señoritas de la mejor sociedad. Mi maestro de música fué el organista de Lucey. ¡Es admirable ese instrumento! ¿verdad? Pues nunca he encontrado sitio donde tocarlo... Este es un instrumento que no me gusta..202 PÍO BAROJÁ un remedio nuevo y buenos. la verdad. ja. Ja. he tenido mala suerte. Me enseñó el órgano.. todo mi entusiasmo ha sido ser violonchelista. he tenido mala suerte. La imprevisión les parece á todos un crimen. definitivo : Hay que ser ¡qué farsal La gente de orden dirá que ha sido merecida.

un domingo que fui á tocar á un pueblo que se llama Nyon. Eso hice. El director de la compañía. donde tenía. no me apuraba. un gran porvenir. no encontré trabajo en ningún sitio y tuve que dedicarme á tocar el vioiín en los cafés y á veces en las calles. Esta muchacha era hija de un equilibrista. la verdad.: LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS ció 203 de que debía ir á Ginebra. Yo comprendía que marchaba mal. que era un perdido. me marché con ellos en una de las dos carretas que tenían. y por él tenía que deslizarse la muchacha. Fui. — . al ver mi enamoramiento. La muchacha correspondió á mi amor y fuimos durante algún tiempo los seres más felices de la tierra. un jugador y un borracho. mirando el monte de la Saléve y recordando versos de Goethe y de Heine! En esto. pero. ¡Cuántos días me he pasado sin comer. no me pagó los días que toqué y me dijo Venga usted con nosotros. me invitó á entrar de violinista en la compañía. agarrándose con los dientes al trozo de cuero adherido á una polea. El alambre bajaba de un balcón á una argolla clavada en la calle. según él. que daba funciones en la plaza. Había en la compañía una volatinera que además se deslizaba por un alambre. Yo la vi y me enamoré de ella. vi una compañía de acróbatas. sentado en un banco de la Treille.

Tocaba el violín maquinalmente. pero se empeñó en que viviéramos juntos y — — — ésta fué la mayor torpeza de mi vida. No lo consiguieron. Mis companeros se burlaban de mí. como un autómata. Mi mujer había caído del alambre y estaba en tierra con las piernas destrozadas. se habían terminado varios números y venía el momento en que mi mujer tenía que descolgarse desde el balcón de una casa por el alambre. Yo caí en una melancolía profunda. Murió la pobre siguió diciendo el músico y desde entonces para mí no hubo cosa buena. . Aquel día cerré los ojos y los abrí anhelante al oir el alarido de todo el público. estábamos en un pueblo del norte de Italia. Hay que creer que los hombres son muy malos cuando así les molesta la felicidad ajena. Gadobert y Pipot le contemplaron emocionados. Yo no la tenía ningún cariño. Al llegar aquí el enfermo comenzó á llorar amargamente. don Fausto. pero mi alma siempre estaba pensando en ella. pero no cesaron en su hostilidad contra nosotros. el más terrible de mi vida. En este instante siempre se me encogía el corazón. y trataron de desunirnos provocando celos en ella ó en mi. aquella armonía nuestra era como una provocación para los demás.204 PÍO BAROJA Esto no podía durar. y cerraba los ojos. Una de las mujeres de la compañía se apoderó de mi voluntad. Un día.

ella no me dejó. un bruto y le . el otro era llamaban el Dab. La un infierno. Hace cinco años. mi vida ha sido una desdicha continua y he andado por el mundo como un sonámbulo. la barraca. el bello Hipólito. me brindó protección y yo tuve la debilidad de y de en teatro. Uno de no. por desgracia mía. Estaba á la puerta de una barraca de figuras de cera. ellos ganaban dinero descargando barcos. yo no la quería. Era una mujer que necesitaba á alguien para hacerle sufrir y me tomó á mí. yo tocaba el violín y pedía en las casas y en las gabarras. Era hacia la parte de Bélgica. era bueno. Al verme. Cuando no ganábamos. Un día. Me pusieron á tocar el vioUn á la puerta. Yo me fui con ellos. aceptarla.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 205 Yo pensaba en retirarme á mi pueblo. cada día más desilusionado y más triste. por un desfalco que hubo en la caja. Solíamos ir por los caminos. dejamos la compañía y anduvimos los dos de feria en feria vida con ella fué teatro Afortunadamente. Me separaba de esa mujer y la encontraba luego. nos despidieron á los dos voceadores y á mí. nos acostábamos debajo de los puentes ó en el campo. Ella me engañaba y todo lo que yo tenía de artista lo perdí por completo. volví á encontrarla. Había dos voceadores en ellos. á lo largo de los canales. Desde los treinta años hasta los cuarenta y cinco que tengo ahora.

Claro que las ganancias del robo eran mayores que las del trabajo.206 PÍO BAROJA Cuando teníamos dinero nos metíamos en guna cantina. Los dos amigos. Muchas veces pensé en escaparme con la niña. Me enviaban á mí á las casas y á las iglesias de los pueblos. Cada día iban haciéndose mas atrevidos en sus robos y llegaron á extremos de audacia inconcebibles. la mujer del patrón dio á luz y le enviaron ' . Generalmente se emborrachaban los tres y nos trataban muv mal á la niña v á mí. Según dijo. estando empleado en un barco. el Dab y el bello Hipólito. pero estaba ya hecho á aquello y no me animaba. se dejaron dominar por el Rouquin. niña y la al- En esta época fué cuando encontramos á esta recogimos. De cuando en cuando compraban los periódicos y los leían en medio del campo para ver si habían sido descubiertas sus fechorías. Yo siempre he creído que la propiedad es cosa respetable y no he tomado nada de lo que no fuera mío. Hará un mes ó mes y medio. podíamos dormir en las posadas y comer bien. el Rouquin propuso á los amigos un robo. y según los informes que yo les daba iban ó no á robar. Desde que éste se asoció con el Dab y con Hipólito comenzaron los tres á robar. el Un día Dab vino con otro hombre que se llamaba el Rouquin.

Yo el dos aldabonazos fuertes que sonaron en interior de mi cabeza. El mismo Rouquin fué el que llamó. pues. Yo al saber los propósitos del Rouquin debí protestar. La vieja abrió la venoí tana. Era ésta una vieja de cerca de setenta años que había ganado en su profesión una buena cantidad de miles de francos. al saber que iban á dar el golpe. y arrastrándome. como he dicho siempre. . la curiosidad pudo más que mis achaques. en donde el Rouquin encontró la casa. A mi me quisieron enviar á avisar á la comadrona. pero yo no quise. cerca del río. me acerqué á la casa. hasta que llegamos á Colombes. pero estaba enfermo y no tenía fuerza ni para darme cuenta de las cosas. El Rouquin no sabía á punto fijo cuál era el pueblo de la comadrona. La comadrona y el Rouquin estuvieron hablando durante largo rato. he considerado la propiedad como sagrada. Esta niña me acompañaba. pero marchando por la orilla del Sena estaba seguro de encontrarlo. una casita con persianas verdes y enredaderas en á él la pared. con la cabeza que parecía que se me iba á partir. La vieja comadrona vivía en una casita baja del camino de Argenteuil. que se iluminó.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 207 á buscar una comadrona. A pesar del mal estado en que me encontraba. pretextando que no podía tenerme en pie con la fiebre. Fuimos desde Poissy remontando el río.

pensaron en nosotros. Yo no me explicaba estas andanzas. Entonces el Rouquin sacó una cuerda y haciendo un nudo corredizo y pasándolo por el cuello de la vieja. Al ver encendido y un paraguas. Cometido el crimen. nos buscaron y nos encontraron. tiró brutalmente y la mató. la vieja pri- mero negó á salir y luego con las explicaciones que le dieron asintió. El Dab é Hipólito fueron detrás de la vieja y el Dab le dio un golpe en la espalda. porque sospechaba que aquella vez intentaban algo más que robar. luego me contaron que habían registrado la casa y lo habían encontrado todo cerrado. El Routomó el farol é iban los dos por el ca- que se alejaban el Rouquin y la vieja me tranquilicé. Yo estaba temblando y la niña lo mismo. el Dab guardaba en el corsé y se las entregó á Hipólito. que echó á correr en dirección de la casa. Hipólito y el Dab volvieron á salir. Registraron el cadáver de la comadrona.208 PÍO BAROJA le dijo El Rouquin que la conocía. Al poco rato. cuando vimos se farol abrirse la puerta de la casita y salir á la vieja con un quin le mino. le quitó las llaves que la vieja . Estábamos la niña y yo detrás de un bosquecillo. cuando el Dab y el bello Hipólito entraron en la casa por una de las ventanas. Después echaron el farol y el paraguas. Luego entre el Dab y el Rouquin cogieron el cuerpo y lo tiraron al río.

había visto una mañana en la calle Lourcine. zambo.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 209 río — A esta vieja momia sería mejor echarle al á hacer compañía á la comadrona — dijo el Rouquin por mí. señores. — ¿De veras? — preguntó Gadobert. sé se repartieron el dinero y la noche pasada se fueron. el tipo y luego morirme cuanto antes. ¿Ahora. Yo no En este cuarto cómo he podido quemaron las blusas. Gadobert quedó pensativo. — ¿Y bello Hipólito? — Es un chico que parece muy un niño de coro. y volvió á decir: — ¿Qué quieren ustedes hacer de mí? Yo deme searía que dejaran morir en este rincón y que se encargaran de la niña. El Dab é Hipólito se opusieron y me traje- ron á empujones. 14 . tiene el pelo rubio y los ojos negros. El enfermo esperó impaciente á que acabara de hablar don Fausto. qué van ustedes á hacer de mí? saciar esta sed Yo no quiero más que — ¿Qué bert. La policía debe conocerle. de mucha espalda. es el Dab? preguntó Gado- — — Fuerte. Hace pocos meses es- tuvo á punto de ser cogido con un monedero falso — Lo conozco — dijo don Fausto. Esta es mi historia. — Sí — y don Fausto contó que lo en un hotel de la calle Lourcine. venir.

se encuentre con fuerzas. ¿No debo temer nada de — No. mos el — ¿De veras harían ustedes eso? — preguntó músico. allá con — pero sería necesario que usted tuviese ánimos. Á para la él semana.. incorporándose en la cama. don Fausto le dio algún el dinero y hombre se marchó llorando de emoción. se marcha La to. ¿Nos vere- la calle . puede usted estar tranquilo — dijo sí. eh? iré que ir en busca de mi chica é Garanciére. 210 PÍO BAROJA . Cuando usted. lo la le Gadobert. ya creo que los policía? tendré. — Cuídese usted. — Me tengo á vivir á mos. Sí. vendremos á verle. cara del músico cambió como por encan- besó á la niña y hasta quiso levantarse de la cama para acompañar á los visitantes.. Al día siguiente tenía don Fausto que ir á la frontera á reunirse con su hija. le proporcionaríamos billete un en el tren para su pueblo y le enviaríala Hiña. — Si usted tuviera alguna energía aún. — No tengo — enfermo. tuviera energía aún. — Espere usted que voy á Si usted la dijo el lo decir. Gadobert le trajo un billete y para la niña. — Pues los tendré. Se despidió de Pipot. .

Si usted no quiere ir allá.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 211 por allá alguna vez. Pipot. Usted tiene que entrar en el gran mundo. — gente. ¡Pse! No me seduce. yo me quedo entre mi — creo que — Venga usted Sí. yo vendré por — — aquí. — ¿Y por eso no quiere usted ser ya mi amigo? No. sí. eso no importa para ser amigos. Se despidieron. Mudarra quedó encargado de arreglar los últimos detalles en la casa de la calle de Garanciére y de esperar en la estación á don Fausto y á su hija. . — Bueno.

.

Saerebleu! Sacredieu! Al momento unos gendarmes comenzaron á lanzar mochilas y fusiles al interior del tren. . Asuncíoncita estaba asustada al ver los fusiles. vagón y se pusieron cerca Charlando. Se habían acomodado ya en un vagón vacío. Se acomodaron los gendarmes. llegaron á Burdeos.XVII Asuncíoncita. — ¿Quieres que vayamos en tercera? — preguntó don Fausto á su hija. y no lo hicieron sin sus dificultades y confusiones. Tenían aquí que cambiar de tren. cuando se abrió la portezuela y se oyeron voces que gritaban : — Eh. — Lo que te parezca. el Entraron en de rís la ventanilla. con la perspectiva de llegar solos á París. don Fausto de Palas últimas cosas ocurridas y Asunción de en casa. El tren salía de Biarritz á las seis. y uno de ellos.

caballero.. Entonces. ¿Usted ser española. Don Fausto sonrió con la galantería del gen- darme. — Adiós. muqueras valientes. y los gendarmes se enfrascaron en una animada conversación acerca de la política y el Gobierno. el que hablaba castellano tendió la mano — — . tengo sed dijo la muchacha. Á media noche al llegar á Limoges. oyeron sus sacres! en che. Don Fausto miraba á Asuncioncita dormida en el banco. No había agua.214 PÍO BAROJA grueso. sin saber dónde podría encontrarla. bajaron todos. señorita? Si. y á taca. y don Fausto miró á un lado y á otro.. de gran bigote rubio. á don Fausto y bonita. lo llenó y se lo ofreció á Asunción. él y á los demás les ofreció la pe- Fumaron las amontonó que sabía castellano mochilas en el banco é hizo sitio todos. Luego la muchacha quedó dormida. señor contestó ella algo temerosa. Papá. le dijo ¡Ah!.. que bebió y le dio las gracias. usted no tener miedo á fusiles. El para que Asuncioncita pudiera reclinarse. : — — — — Españolas.. el silencio y se de la no- Quedaron solos el padre y la hija. y bellas. al oir á Asunción hablando castellano. y cuide usted de Luego saltó le dijo : la niña con los demás del tren. El gendarme rubio sacó una botella y un vasito de hoja de lata. .

Una ó dos estaciones antes de llegar á París. mientras el tren iba en marcha. Iba á asomarse á la ventanilla. Creo que nos conocemos dijo de pronto el hombre. Nos hemos visto en la Taberna Alsaciana.. Al volverse don Fausto y al verle experimentó gran asombro. — — — — — jAh! Es verdad. cuando por la otra puerta entró. tan pura. Era Saint-Preux. . de barba rubia. al ver que don Fausto colocaba la maleta en el banco. es verdad. al ver que don Fausto le contemplaba atentamente. el que tanto preocupaba á don Fausto. El hombre.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS Í15 tenía una respiración tan le dulce. don Fausto se preparó para bajar. hombre mientras fumaba la pipa. Me parece que sí contestó don Fausto. el que había visto en la calle de l'Arbalete y en la Taberna Alsaciana. fuerte. Asuncioncita durmió toda noche. que apenas se levantaba su pecho. — ¿Qué reservará destino á esta niña en París? — se preguntó don Fausto. Tenía conel fianza en que la suerte de la muchacha había la de ser próspera. con la mirada viva.. aun faltan tres estaprisa el — No hay — dijo — ciones. un hombre alto. le examinó también con su — mirada penetrante y viva.

y saludó. — Es La al salir él. indudablemente era el hijo de la señorita de Montville. luego abrió la portezuela. murmuró : sin duda es él. — Ese mismo. papá? Ya cer- — Sí. Saint-Preux preguntó — jEs hija de usted? — señor. con ella en la palma de la mano. dijo. déle usted exalto se levantó presiones de Enrique. . — Perdón. — Me alegro. y cuando aun estaba el tren en marcha bajó y fué andando por el campo. — — Pasaron rápidamente dos estaciones. fotografía encontrada en el secrctaire de Blanca era de aquel hombre. ca de París. ¿Cómo sigue la señorita de Montville? preguntó luego á don Fausto. la niña se despertó. . la vació. Luego. falta poco. hombre Todo ocurrió de un modo bastante rápido para que don Fausto quedara en suspenso. . echó el tabaco al suelo y lo apagó con el pie. Le molestará la pipa — y dando Sí.: — 216 PÍO BAROJA — ¿No se llama usted Saiiit-Preux? — señor. Si Dicho esto. el la ve usted. es un español amigo de la señorita Montville. de su asombro. — — Está mejor. Ahora recuerdo usted Sí. ¿Estamos cerca.

Había en la casa un cuarto grande que daba á la calle. una fuente en una especie de hornacina excavada en la pared. una calle de antigua ciudad abandonada. andenes con grúas y filas de vagones. con una mesa de escribir. y el paso del agua había ido desgastando y corroyendo uno de los labios. Había en esta calle. Mudarra les esperaba. no estaba cansada y no quiso acostarse. Llegaron don Fausto y la muchacha. Luego sacó su ropa de arreglándola. sin tránsito.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 217 El tren comenzaba á pasar por entre almacenes negros. de Garanciére pasaba por detrás de la iglesia de San Sulpicio. Era una calle triste. una en- cuademación y dos zapateros de portal. El comercio de la calle lo constituía una casa de grabados y de estampas. en la fachada de una casa grande. Entraron en un coche. los baúles y estuvo . grabada en una lápida de mármol. Llegaron. Encima de la hornacina podía leerse una inscripción en latín. y allí se lavó y peinó Asunción. y como Asuncioncita había dormido. y al poco rato estaban en la calle de Garanciére. El caño calle La de esta fuente salla de la boca de una cabeza de Medusa de bronce. una calle de esas de capital de provincia próximas á las iglesias y los cuarteles.

Estás muy bien así— le dijo don Fausto. Asunción tenía una gran curiosidad por ver algo de París y se asomó á la ventana. — ver si te le dijo pones sencillita. que la abrazó y la besó en la mejilla. ¡Y pensar que yo he sido amiga de tu abuelita cuando ella y yo éramos como tú! ¡Qué vieja debo ser! ¿Verdad? Asunción se calló y miró á su padre como dándole á entender que no contestaba por la prudencia que había prometido. La muchacha tomó su mano y se acercó á la anciana. La vieja señorita estaba en su gabinete sentada en un sillón. Desde — — — — . — Bueno. Salieron á la calle de Vaugirard y entraron en casa de Blanca. ¿Estás cansada? No. Ten cuidado con lo que dices. Al entrar padre é hija.— 218 PÍO BAROJA —Á guapa iremos á ver á Blanca y almorzaremos con ella. Blanca miró con sus ojos penetrantes á la niña y extendió la mano á Asunción. que se aproximaba tímidamente. ¿eh?. Sé muy bien venida— dijo Blanca. Asunción se puso un traje blanco. — — ¿Vamos? Cuando tú quieras. pero don Fausto al levantarse. no me asustes. — Á las doce — Pero papá.

crucecitas. se puso un chai y le enseñó á Asunción una porción de cosas guardadas: cadenas antiguas. otros con madera de olor. y luego contaba la historia de todas estas cosas. — — El Luxemburgo — llevaremos á él. se veía á lo lejos una hilera de tejados. En los árboles piaban los gorriones. 219 por encima de los árboles del Luxemburgo. ¿Qué es ese jardín tan bonito? Asunción. y ésta sentía por la vieja señorita un gran entusiasmo. alhajas barrocas. unos con in- crustaciones de oro. La anciana le enseñaba francés á la niña.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS allí. — Ya te Almorzaron y después de almorzar la anciana estuvo tendida en una butaca. medallones de oro. algunos con paisajes al estilo de Watteau. de altas chimeneas. En los días siguientes la amistad de Blanca y de Asunción se hizo mayor. de torrecillas. Luego se levantó. Ella lo abría y la anciana sacaba de un rincón abanicos en cajas estrechas. — Á ver. — preguntó le dijo Blanca. . ábreme este armario — le decía á la niña. y algunas palomas cru- zaban el gran horizonte azul.

.

sino las co- sas medias.XVIII Don Segundo Paz. entre Mudarra y don Fausto llevaron á Asuncioncita por entre la gente. Un día de feria en un barrio extremo. verlos entre la multitud. un borracho quiso besar á la muchacha y ella volvió á casa medio llorando y furiosa contra su padre. Le encantaban los festejos populares y. recorrieron calles y calles. Don Fausto tenía la afición por lo mediocre. todas las noches. pero don Fausto daba pretextos para conservar durante algún tiempo su libertad y la de la niña. No le gustaba lo pobre. con su hija y Mudarra iba á cenar . sobre todo. y se figuraba que su hija los había de compartir. Don Fausto tenía gustos un poco chabacanos. ni lo rico. Blanca hubiera querido que Asunción fuera inmediatamente á vivir con ella. Siguiendo sus gustos.

ese aire de mezquindad.222 al restaurant del PÍO BAROJA Odeón. comprendida entre la crujía y las ventanas. gastado. Se entraba al comedor por una puertecilla de al . la anterior que daba á la calle y la del fondo á un patio. lado. Un papel amarillo. solía estar habitualmente el dueño del restaurant. cortando trozos de queso y racimos de uva para colocarlos en los platos. con una estatua de bronce que representaba un caballero de casaca y tricornio con una escopeta en la mano derecha y la iz- . El local tenía un aire viejo y desteñido. de cosa ruin. con un zócalo de madera de color de chocolate. En el departamento de adentro. El techo pintado. y en la otra cuatro ó cinco. había hasta nueve mesas. tan frecuente que á don Fausto le seducía. estaba ennegrecido por el humo de dos lámparas de gas. Enfrente de la puertecilla de entrada había una chimenea de mármol blanco y encima un reloj parado. todas cubiertas de manteen los hoteles baratos les blancos. En la parte de adelante. con sus cortinillas correspondientes. tenía una puerta de cristales á la calle Voltaire cerrada y convertida en ventanal. en el mostrador. cubría las paredes y las cuatro columnas de la crujía. Era este restaurant pequeño. Estaba dividido por una crujía de columnas en dos partes.

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

223

quierda sobre los ojos

como

sirviéndole de

pantalla para mirar á distancia.

Había en
ras,

las paredes hasta cuatro espejos,

de

esos antiguos, de
las

marco estrecho y

sin

moldu-

con la luna moscas.
allí

muy

pálida y ennegrecida por

desteñido y viejo, las cortinas amarillentas, los colgadores de cobre, las lámparas, los manteles.

Todo era

comenzaron á ir don Fausto, Asunción y Mudarra. Acudían allí algunos españoles y muchos americanos de todas castas, de hablar meloso y cierto aire de negro. Uno de los mozos era un marsellés el otro un chico asturiano que había recorrido medio
este restaurant
;

Á

mundo y había

estado de limpiabotas en

Nueva

York, de minero en Cardiff y de pinche en una compañía de barcos del Báltico. Este muchacho se llamaba Miguel y atendía muy obsequiosamente á don Fausto y á Asuncioncita.

Una noche

había en

el

restaurant del

Odeón

dos señores que discutían. Uno de ellos, el que estaba de cara á don Fausto, era un viejo bajito,

grueso, de bigote blanco, con los quevedos

en

el

extremo de

la nariz, el vientre abultado,

chaleco de terciopelo con dibujos, pantalones
estrechos, calcetines de lana azul, zapatos

con
el

un
llo.

lazo y sombrero de alas planas y sin bri-

Llevaba

el tal

señor un perro á quien


224
PÍO B ARO JA

mozo

comida en una cajita de madera. El otro, el que estaba de espaldas, era un viejo, largo y estrecho como un espadín. Vestía un levitón á la Berrver, cuello alto v cortrajo la

bata de

muchas

vueltas.

El señor del perro y el de la levita discutían sobre cuestiones de religión. Miguel, el mozo, dijo á don Fausto
:

— Ese señor bajito del perro es un poeta; el
otro viejo

y flaco es un español que ha sido fraile y que sabe mucho. Mudarra ardía en deseos de ir á ver al español, cuando el ex fraile se volvió. Era don Segundo Paz; don Fausto se levantó para saludarle y le invitó á sentarse á su mesa. El ex fraile se despidió del poeta y se sentó con don Fausto. Hablaba el exclaustrado casi en andaluz. Dijo que estaba queriendo convencer de la verdad de las ideas positivistas al que estaba con el perro; el cual era un señor que se dedicaba á cosas tan inútiles, según don Segundo, como hacer versos y que tenía además una enormidad de absurdas preocupaciones. dijo de pronto ¿Se murió Mendizábal? el ex fraile. contestó don Fausto. Sí, ya hace tiempo murmuró don Segundo. ¡Pobrecillo! Era un reaccionario. ¿Y qué hacen ahora en España? Preparándose para la Revolución.

— —

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

225

Fausto habló de Olózaga, de Orense, de Ruiz Zorrilla, de Salmerón y de Castelar. afirmó rotundaSon unos mentecatos

Y don

El único hombre de Esmente el ex fraile. paña es Prim. Don Fausto no se atrevió á contradecirle y el exclaustrado continuó preguntando ¿Y Fernández y González?
:

— Aquí estuvo hace algún tiempo y no logró
aprender francés. Entraba en una tienda y pedia las cosas á gritos en español. Al último le entendían. ¡Y qué discusiones armaba! Según él, Víctor Hugo, Dumas, todos los grandes escritores de aquí eran unos mamarrachos. Entre los modernos no había más que Schiller. ¿Y sabe usted por qué tenía esa predilección? No. Pues porque no lo había leído. Una vez decía en el café Voltaire En España no

— — Escribiendo novelas.

:

hay más que un
nuel?

poeta, yo.

— ¿Y Zorrilla, Ma-

le

preguntó alguno.
él

¡

Zorrilla
el

I

Sí,

también es poeta;

cho. — Es pintoresco ese Manuel y mentiroso

es la

hembra y yo

ma-

como

pocos.

Una

vez vino contándome que se

habían reunido Víctor Hugo,

Dumas y él,

for-

mando un tribunal, y explicaba la colocación de este modo á la derecha se ha puesto el
:

poeta, á la izquierda el novelista y en el genio. El genio era él.
15

medio

:

:

226

PÍO BAROJA

Don Segundo
rias
alto

reía al contar estas anécdotas.

Asuncioncita estaba impaciente oyendo histo-

que nada

le

interesaban, y en
el

el

de la conversación manifestó

primer deseo de

marcharse á casa. Don Fausto se despidió de don Segundo, y Mudarra, que sentía entusiasmo por todas las
superioridades, quiso

acompañar

al

exclaus-

trado

.

Tomaron
la

los dos por la calle Racine,
la

y en

de Monsieur-le-Prince, don Segundo Paz mostró una casita de dos
pisos,

esquina de ésta con

los

— Augusto Comte.
servación, y esto do un esfuerzo de

— más grande de tiempos presentes, pasados y futuros. — ¿Quién? — preguntó Mudarra. ~ ¡Quién ha de — exclamó ex
el filósofo

y dijo Ahí ha vivido

ser!

el

fraile;

Mudarra no recordaba haber oído tal nombre, miró la casa, no se le ocurrió ninguna oble

pareció depresivo. Hacien-

memoria encontró algo como
filósofo

una

— Oiga usted, este

idea y preguntó

Comt

¿es el

que

Kant? El viejo ex fraile lanzó á Mudarra una mirada de desprecio y, sin saludarle, se alejó de su lado; luego le dio tal risa la pregunta, que se tuvo que apoyar en la pared de una casa
se escribe

para

reir

á su gusto y toser y sonarse y hasta

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

227

quitarse los dientes postizos y guardarlos en el

pañuelo.

Mudarra miraba corrido al viejo, que con la mano en el costado no paraba de reir; al ver las muecas que hacía se le contagió la risa y comenzó á reir también a carcajadas. Al notarlo el ex fraile se indignó. ¡Imbécill dijo,

luego se arregló la corbata, se puso la dentadura postiza y se alejó de allí con aire sarcástico y desdeñoso.

Por las mañanas y al anochecer. algún abate grueso. de cofia blanca unas. meditaba con su breviario en la mano. é inyectado. otras de cofia la tarde Al caer de . señores tranquilos leían un periódico ó miraban el espacio vagamente. chitas en el estanque octogonal del centro del jardín. Miraban las estatuas. padre é hija daban grandes paseos por el Luxemburgo y la Avenida del Observatorio. Sentadas en las sillas charlaban viejas arrugadas. de melenas blancas. algunos muchachos y muchachas jugaban al cricket. en los bancos. los macizos de heliotropos.XIX Rincones de París. algún poeta melenudo pasaba lanzando miradas orguUosas á su alrededor. de geranios y de rhododendros veían á las niñas jugar á la comba y á los chicos que botaban lan. en las avenidas.

230 PÍO BAROJA negra. Estos gorriones y el letrero del Panteón «Á los grandes hombres la patria reconocida». casi pobre. letreros como Luxemburgol muchos gale En estos paseos se presentaban lanteadores de Asunción. mientras hacían media. la fuente de Médicis. las mamas jó- yenes cuidaban de los chiquillos mientras ellos correteaban ó tirados por el suelo jugaban con algunas muchachas solitarias leían la arena . La domesticidad de aquellos pájaros entu- siasmaba á don Fausto. cuando la muchacha estaba . á los cuales la niña no miraba. nunca. eran para don Fausto las pruebas verdaderas de la civilización de un : pueblo. que muchas veces volvía Asuncioncita la cabeza y no le veía. mujeres y niños se entretenían en echar migas de pan á los atrevidos gorriones que andaban entre la gente. un libro. tenía esa timidez que tanto agrada á las mujeres al principio de sus amores y que tanto les molesta al final. ellos hubo uno que Era un muchacho de aire modesto. viejos. sin miedo alguno de los hom- Cerca de bres. ¡Cuándo habría en Madrid aquél y gorriones como los del Probablemente. Algunas veces. Iba tras ella desde tan lejos. pero entre fué interesando.

hubiera tenido una verdadera decepción si su galanteador hubiera sido francés. el joven paseaba por los balcones. con el cielo azul. sino de una ciudad plácida. los días luminosos y las puestas de sol espléndidas. pensando en que se iba á abrir para ella un balcón hacia el firmamento de las eternas felicidades. Una mañana. No le daba París la impresión de un pueblo activo y comercial. Los dos hablaban en castellano. al ir á San Sulpicio con Susana Demange.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 231 el en casa de Blanca. Lu- xemburgo mirando á ¿Sería francés? ¿Sería español? Esto le pre- ocupaba á Asuncioncita. don Fausto y Mudarra se dedicaron á investigar los rincones del barrio Latino y á dar grandes paseos por la orilla del río. algo pálido. Esto le tranquilizó á Asunción. Tenía para don Fausto un gran atractivo este París solitario de Septiembre. Ya entonces los románticos del pasado ase- guraban que París no era París. que Latino había desaparecido. de vida tranquila y agradable. Mientras Asuncioncita vivía soñando. el barrio aún prolongado el bulevar SaintGermain y había en lo que luego fué calle ancha y recta una porción de callejuelas estreestaba No chas formadas por casas viejísimas y destar- . vio á su pretendiente hablando con un jorobadito.

Eran también muy características las callejuelas estrechas próximas á . asignaba su especialidad como quien hace un descubrimiento. De algunas plazas y callejuelas parecía que .Saint-Germaindes-Pres. en su diario. de librerías de obras de Derecho. la de Childebert con sus prenderías y sus tenduchos obscuros y negros. Ya no se paseaba por la calle Dauphine como en la buena época. refugios y madrigueras de bohemios de todas castas. estaban desanimadas. la de Santa Margarita. la calle de Buci. de éstas eran la calle del Horno. daban la impresión del París del año treinta. La calle de Bonaparte y la de Saints-Péres eran calles de tiendas de grabados y antigüedades. el barrio comenzaba á verse desanimado y las galerías del Odeón. Los últimos románticos de París se lamentaban amargamente de la transformación de los tiempos. Aun había calles de mucho carácter á las cuales don Fausto. la del la Sena y de Mazarine. de ca- sullerías y de imágenes sagradas. la del Dragón. antes paseo y punto de cita de estudiantes y de grisetas.232 PÍO BAROJA taladas. la de San Sulpicio y la calle Madame. sus casas de comidas. Había otras calles sin especialidad manifiesta. de Soufflot. la calle Taranne. pero que caracterizaban admirablemente una época. sus puestos de verdura. que con sus tiendecillas. de prenderías.

conduciendo lechuguinos y damiselas. Mudarra era el gran descubridor de curiosi- ban las líneas . con las ventanas abiertas hacia afuera. En el piso entresuelo del café había grabados en mármol trozos de las Odas Funambulescas de Banville y de las Escenas de la Vida de Bohemia de Murger. soldados y criadas llegadas de la aldea con sus papalinas blancas. grande |y empedra- de estas plazas típicas era la de SaintAndré-des-Arts. que conservaba caliente aún el recuerdo de la Bohemia.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 233 se iba á ver salir alguna diligencia pesada y pasar traqueteando por el do. el café tenía otras glorias modernas: en este diván se habían sentado durante muchos años Gustavo Planche y Julio Valles. Allá estaba cerca el café Voltaire. En la vecindad de don Fausto había admirables rincones'para pasar el rato. bajas. en todos los pisos aparecían enseñas comerciales y sobre el tejado se levantaban guardillas enor- Una mes llenas de chimeneas como casas negruzcas construidas encima de otras. derribos paredes altísimas Quedaban de los en donde se marca- negras de las chimeneas y el papel de color de las habitaciones. aquí charlaba de arte Barbey d'Aurevilly y de política Clemenceau. sin balcones. Además de las glorias antiguas de los tiempos casi heroicos. Las casas que la circundaban eran blancas. sin adornos.

Muchas veces decía á don Fausto. de bigote y pe: rilla — ¿Sabes quién es ése? — ¿Quién? — Rochefort. que á la calle de Monsieur-le-Prince. casi todas servidas por damas de distinta nacionalidad. sino calle del Alias Citoyen. También averiguó Mudarra. no le llamaban así. los verdaderos revolucionarios como Raúl Rigault. Él fué el que averiguó que la dueña de la cervecería de Apolo de la calle Monsieurle-Prince se llamaba Georgina Gambetta y que era pariente del célebre abogado León. la taberna del Cisne y otras muchas. Generalmente eran gratuitas suposiciones de Mudarra. argelinas. y este detalle pareció á don Fausto un hallazgo importantísimo para su diario. el secretario de Blanqui y sus amigos. . flaco. Entonces en esta calle del Alias Citoyen había una porción de tabernas. Lo curioso era que siempre el tuerto era distinto. españolas. y en donde de cuando en cuando había algún escándalo. en donde se cantaban canciones italianas. decía Casi todos los días le indicaba algún tuerto y le — Ese que ha pasado es Gambetta. señalando á un joven alto.: 234 PÍO BAROJA dades. de las cuales las más celebradas eran la Clínica.

Sobre todo el pensar que con el tiempo las notas de su diario serían un rayo de jeringa : luz para el historiador del porvenir. speculorum.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 235 Todas tadas. En una Modelo especial para música di camera. una tienda en donde se vendía de todo y que tenía este letrero ambiguo «Instituto filantrópico de : la orilla izquierda del Sena». Don Fausto y Mudarra no iban casi nunca á la orilla derecha. El límite de sus paseos era por una parte el río y por las otras el bulevar de los Inválidos y el de Montparnasse. . pero á don Fausto le pareció completamente ático. En un espéculo. Monaco ponía rótulos humorísticos á los géneros que vendía. le alentaba á seguir escribiendo. El ingenio del trapero no era cosa mayor. Era la tienda de un trapero y anticuario á quien llamaban el Padre Monaco. ponía: Speculum. una calle que don Fausto quería conocer porque aparece en Los Miserables. eran anotadas y comen- Había cerca del Odeón un establecimiento cuyos caracteres se fijaron en el diario de don Fausto. sirviendo como de decoración á un idilio. Una vez los dos amigos llegaron hasta Petit Montrouge en busca de la calle Plumet. las observaciones recogidas por don Fausto y Mudarra. amen. Don Fausto se pasó muchas horas copiándolos uno á uno.

huertecillos deshechos. se veían solares llenos de montones de cascote. y además se per- dieron.236 PÍO BAROJA No encontraron la calle. . hoteles nuevos. casas altas con estudios de pintor. En los solares trabajaban los canteros y por encima de las vallas aparecían altas chi- meneas de ladrillo. fábricas que brotaban de un erial pedregoso y casas viejas medio campestres que iban abajo para formar avenidas. Entonces por allí. por todas partes.

hace años. bastante sórdida. Esta calle era.XX Una visita á un convento. y alguna vieja muy vieja.de los . salía á la ventana de su casa a mirar el carruaje que se paraba siempre delante de un hotel antiguo y medio arruinado. Los balcones estaban rotos. bastante negra. debajo. ennegrecido por la humedad y cillo los años. Hay que se llama de la Barouillére. £1 hotel era de piedra. muy poco transitada. algunas piedras de la cornisa habían caído al jardín y quedaban medio ocul- tas entre las hierbas parásitas. De cuando en cuando pasaba por ella un coche. en donde nacían hiedras obscuras que iban escalando la pared de la casa hasta el piso segundo. entre la calle de Sévres y la de Cherche-Midi una callejuela bastante estrecha. tenía delante un jardin- enverjado y sombrío. de cara apergaminada y de nariz puntiaguda.

á un lado. y los tubos maredas azules. ya no giraban.. el pretendiente de Asunción aparecía en el extremo de la calle. Al mismo tiempo que llamaban. Esta casa tenía tejado puntiagudo. y tirando de lo lejos una campana. sonaba á domingo.. siéntense ustedes — dijo la criada. había ella una cadena negra. y las tres señoras. entraron en el hotel. Se sentaron en un vestíbulo que tenía varios cuadros negruzcos. antes del medio día. Poco después. Era una mujer de unos cincuenta años. por un camino cubierto de grava. vestida de negro. ¿La madre San Juan? preguntó la seño- Un — — ra — Demange. no lanzaban al aire más que débiles hu- de las veletas tomadas herrumbre. Ahora saldrá. cruzando el jardincillo del hotel. sobre él las flechas por la de chimeneas obstruidos.238 PÍO BAROJA aleros se veía como un el rosario formado por nidos de golondrina. La señora Demange le presentó á Asuncioncita. y al poco rato apareció la madre San Juan. de aire determinado y cara enérgica. apareció una criada que abiió la puerta. En la puerta de la verja. de piza- rra. Asunción Bengoa y Susana Demange con su madre llamaron en esta casa misteriosa. agrupados como pólipos. y la madre San Juan .

El auxilio de estas más la muchacha. era una viuda conocida en las altas esferas de la vida parisiense. es. Cuando concluyó la entrevista salieron las tres señoras á la calle. Asunción aparecía ya en ca- tálogo de las novias sin que ella supiera nada. Asunción cambió una mirada con él. es. la Al cuarto de hora llamaron á la madre San Juan.. Asunción no creyó oportuno hablar de fábrica de sombreros. y ésta se despidió. que Asunción contestó con bastante dificultad. No preguntó que estas madre San Juan. — Diez y años. El pretendiente de Asunción se paseaba por delante del convento como un desocupado.? Sí. Le dijeron Damas solían dar reuniones y que la Damas Auxiliadoras era el arreglar bodas. — — — Son las Damas Auxiliadoras. el mismo día . no es nada.. — ¿Y su padre de usted — ¿Mi padre?. Y estas señoras... — Vamos. mientras pensaba en su enamorado. ¿qué son? preguntó Asunción á Susana. la directora. Por una extraña coincidencia.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 239 hizo á la muchacha una porción de preguntas acerca de su familia y de su vida. vive de sus rentas. — eso siete — ¿Qué edad tiene usted? — le dijo la monja.

Éste. Demange. un necio dame Demange fogosamente. los jesuítas y dominicos estaban minando el terreno de la religión. porque tiene un miedo terrible á las Asociaciones religiosas. tan pronto parecía inclinarse á los oportunistas. mi marido en — da la razón á — decía ma- porque quiere ser académico. Mad. arbitro de los dos bandos. la llevaba doblada dentro del guante. y no se atreve á ponerse en contra de Terrat.240 PÍO BAROJA de la visita á aquella monástica agencia matrimonial recibía una carta de su galanteador. como todo el clero francés. y los dominicos desde el pulpito con su . la madre de Susana habló de las luchas que tenían en la sociedad frecuentada por ella. Demange hablaba de sia la gente de igle- con verdadero desdén. Demange tenía que dejar á Asunción. no se decidía. como á —Y amigos de Terrat. El obispo. y habiéndole contestado y no pudiéndole entregar su respuesta. como si la conociera á fondo. los jesuítas en el confesionario con su tolerancia casuística y sus procedimientos serviles. el tal obispo es todo. partidarios de los intransigentes. y expuso en pocas palabras la situación del obispo. en donde Mad. En el trayecto de la calle de la Barouillére á casa de Blanca. temía la rivalidad de las órdenes religiosas.

Demange. estos frailes del hábito blanco. 16 j^ . lo dejó caer al suelo y echó á correr escalera arriba. se ruborizó al verle.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 241 palabra fogosa y elocuente. Sobre todo. Los mismos jesuítas más adocenados y mediocres tenían que dejar el campo libre á los dominicos y recluirse con su oratoria meliflua y azucarada en los rincones de provincias. luego salió de nuevo á la calle y se encontró con su seguidor. sacó el papel del guante. ésta entró en el portal. Al Vaugirard á casa de Blanca. con sus anatemas y sus pinturas del infierno. arrastraban los corazo- nes de las damas. De cuanto dijo Mad. Susana y su madre se despidieron de Asunción. herederos de los inquisidores de España. Asunción no se enteró. preocupada con llegar á la calle de el modo de en- tregar la contestación á su pretendiente.

.

Una cosa sencilla. Fué allí y se encontró con el empleado de la Prefectura que charlaba con Pipot.— XXI El Cháteau-Rouge. ¿Y del músico? preguntó don Fausto ¿qué se sabe? Pues parece que ha llegado muy bien á su pueblo con la niña. ¿Pero no hay peligro? preguntó don — — — — — — — — Fausto. A una taberna de la calle Galande. quisiera que viniera usted esta noche conmigo al Cháteau-Rouge. ¿Y qué era lo que me quería usted? preguntó don Fausto. —"'•*'* I É II -TI -«> • ' '- -^'- - -> -" -^^ . Como usted conoce al bello Hipólito. va un joven que tiene todas las señas del bello Hipólito dadas por el violonchelista. Un día don Fausto recibió una tarjeta de Gadobert citándole á la noche en el café del Museo de Cluny. el Cháteau-Rouge.

hacia Montrouge. En la pared de esta casa.244 PÍO BAROJA — Ninguno — dijo Pipot. El Cháteau-Rouge era una casa pequeña. —Yo creo que el Cháteau-Rouge es literatura. torcida y cuarteada. — [Ca. Salieron del café. — cualquier el in- rincón del barrio donde antes vivió usted era mucho peor. pintada de rojo. atravesaron el bulevar y entraron en la calle Galande. cuando dos mozos fornidos abrieron la puerta y saca- . que no se opuso á ir á la taberna. Yo tengo datos para creer que va replisi sistió — — có Gadobert. del color de la guillotina. Tenía la casa tres ventanas en cada piso y un balconcillo encima de la tienda. ahí. — Lo malo es es peligroso lugar — don Fausto. é iban á entrar en ella. viejísima. con el tejado puntiagudo. se destacaban : las vigas negruzcas. — Por — ¿Dónde vivió? — preguntó Gadobert. entre la pintura de color de sangre de toro. El gobierno da un jornal á unos cuantos desdichados para que vayan á esa taberna á hacer de bandidos. Por eso creo que ese joven asesino no estará ahí. pero tantas seguridades le dieron. Estuvieron contemplando la casa durante algún tiempo. hombre! — exclamó Pipot. Don Fausto no las tenía todas consigo. de donde colgaba un farol con el letrero «Refugio de noche».

Estaba el do por luces de gas. Gadobert y Pipot en el establecimiento. El borracho se puso en cuatro patas y comenzó á dar alaridos que querían ser notas de una canción. y lo llevaron ala calle y lo dejaron en un rincón en donde había unos toneles vacíos. — ¿Por qué la no le llevan á ese ciudadano á Sala de los Muertos? — preguntó Pipot á uno — de los mozos.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS Ü$ ron del interior á un borracho. agarrándole el uno de los hombros y el otro de los pies. Son de los míos contestó el policía. Don Fausto. montantes por local ilumina- A uno y otro lado había dos mozos encar- gados de echar á la calle á los alborotadores y de calmar á puñetazos las disputas. sacamos porque está fastidiando á los demás contestó el mozo. con tres puertas á la allí le — De — — — — — calle cerradas. . Entraron don Fausto. hasta cerca del mostrador. en donde una joven con lentes llevaba las cuentas á la luz de un mechero de gas. y lleno de un público abigarrado y extraño. ¿Se ha fijado usted? dijo don Fausto á Gadobert. las cuales tenían donde entraba el aire. Era una especie de sótano con pilares de madera. con una indiferencia admirable. hay dos que nos vienen siguiendo. Gadobert y Pipot llegaron al fondo.

otros bebían. la bella Gabriela d'Estrees! — dijo Ga- Don Fausto no pero se creyó en sabía quién era esta señora. Desde el sitio en donde se colocaron don Fausto y sus amigos se dominaba toda la ta: — — — berna. Se sentaron los tres á una mesa.246 PÍO BAROJA — ¿Qué es eso de la Sala de los ^luertos? — preguntó don Fausto á Pipot. El ambiente era ii*respirable. Aquella concurrencia. á las luces vacilantes del gas. — — — durmió dobert. unos fumaban recostados en la pared. — Me el caso de decir : dijo el anterior de aquí que. en esta misma casa. Es ingenioso dijo Pipot. la gente. el — ¡Mucho han variado los tiempos! — Ya ve usted — añadió policía. que consistía en una S atravesada por un rasgo Es-trait. tenía un aire siniestro. se apiñaba en las mesas. mujeres y niños. voy á ver si hago yo con mi apellido una cosa semejante. y cada una de ellas era una confluencia de andrajos. De los parroquianos. Es un sitio á donde llevan á dormir á los borrachos contestó el tartamudo. una mezcla pe- . viejos. algunos roncaban con la cabeza apoyada entre los platos llenos de salsa y los mendrugos de pan. rascando las paredes. había encontrado en varias partes la cifra amo de Gabriela. ¡Y pensar que aquí.

vendedores de caballos de la barrera del Trono y de Montparnasse. . la ciudad. Estos vagabundos hablaban fuerte. negrura de aquel antro. y se explicaban sus jugarretas y sus engaños. Contrastaban con los mendigos ciudadanos. el sombrero seboso y la pipa en los labios.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 247 sada de humo. Mirando la traza de los allí reunidos uno á uno. algunos vagabundos de carreteras. por sus caras atezadas. hombres torcidos para adelante. sin expresión en la mirada. Miraban con desdén á los mendigos de á los obreros sin trabajo. de alcohol y de miseria. colilleros. . las malas pasadas hechas en los pueblos á los aldeanos y á los gendarmes. agotadas por la fatiga. á los viejos alcohólicos de barba gris sentados á su lado. la melena crecida y la mirada brillante. la impresión desagradable se acentuaba. la tela arrugada como si la hubieran pisoteado con rabia. se contaban sus viajes. La repugnancia desaparecía ante la sensación del peligro. Aquello no era literatura. Había unos tipos de una miseria horrorosa: mujeres de aire vago. se convertía en un temor bien definido. con unos gabanes con las mangas muy cortas ó muy largas. astrosos. Casi todos eran mendigos. páhdos. de emanaciones acidas de los cuerpos. como decía el horror vago por la Pipot. y no se dignaban hablarles.

con ias mejillas de color violáceo y las vetas rojas del alcohol en la piel.248 PÍO BAROJA Las mujeres tenían un aspecto menos triste y más grotesco que los hombres. Las mujeres de vida alegre se distinguían por sus ademanes provocativos y descarados. hablaban con el extremo de los labios. con un kepis en la cabeza. grasientas. otras esmirriadas. bebían aguardiente. andaba de un lado á otro tambaleándose. Su costumbre de fingir daba cierto aire insinuante á estas harpías humildes. las mendigas vergonzantes de que iban á los barrios ricos á pedir limosna por la noche. Una chata completamente borracha. Unas eran gordas. — — dijo Pipot. Eran muy niñas ó muy viejas. por los vivices alcohólicos. había algunas de más de con cincuenta años. grasien- tas. de aire compungido. y en sus miradas oblicuas se leía la suspicacia y el cinismo. — le Si ve usted al muchacho ése. vestidas con taimas grasientas y harapos recubiertos de un barniz aceitoso. cayéndose sobre las mejillas jaspeadas unos y otros. Aquí seguramente no está ese Hipólito . saca usted el peleer. tomaban algunas rapé. Iban ataviadas con cofias. riódico y se pone usted á . y fumando una pipa corta. pesadotas. — Estará arriba — repuso Gadobert — Tome usted este periódico — dijo á don Fausto.

Después salió otro artista. lante del mostrador. se levantó. Era una canción brutal en la que se decían horrores. Llegó de. — ¿Y cómo se permite esto? — preguntó don Fausto. pintada. con aire del vaudeville Le Sire de Franc-Boisy. — Ahora mos que nadie se — á la Guillotina Bonito nombre — — exclamó Pipot. se colocó delante del mostrador y cantó una canción de una golondrina que se moría. después silbó imitando á varios pájaros. y se dispuso á hacer retratos de personajes conocidos. El mismo que había un bastidor y varios papeles. En esto un tipo de golfo. Era un tipo de mirada huraña una gorra alta inclinada hacia la oreja y la colilla en los labios. mientras una muchacha. se metió las manos en pantalón y cantó con un tono de indiferencia rencorosa una canción contra el Badinguet y la Española. Esperaron un rato. de color de cera. . con un platillo en la mano.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 249 — Bueno. — Es que estos años del Imperio han podriel do país. pálido. — ahí se en nosotros. con una barba rubia ensortijada y la melena hasta la espalda. vadijo Gadobert. vino con prestigio. y el Gobierno no tiene fuerza ni cantado. fija . tiró la colilla. fué pidiendo por las mesas.

— Comenzaron á subir unas escaleras. los trajes de los parroquianos menos raídos. ¿A qué llaman ustedes Guillotina? — pre- guntó don Fausto en la escalera. — ¡Cal No pasa á usted nada — aseguró sitio el le Gadobert. Había chulos de sombrero de paja y melenas. chiquillos abandonados que dejaban su oficio de marmitones ó de conductores de caballos y se lanzael .250 PÍO BAROJA debía llevar á todos los amigos de Badinguet. — ¡Pues entonces es una imprudencia en— exclamó don Fausto deteniéndose. ¿Quién es Monsieur de París? preguntó — Y que — — — don Fausto. que . bigote retorcido y barba afeitada de tono azul otros eran niños. El público del piso primero era más selecto de abajo. — ¿Y Vitry? — El en donde está cementerio de los ajusticiados. trar! — El verdugo. golfillos de diez y seis á diez y ocho años. ¿Y por qué la llaman ustedes asi? Porque ha habido muchos parroquianos que de esa sala contestó Gadobert riendo han hecho conocimiento con Monsieur de — — — — — París. Á la sala á donde vamos. ahora están durmiendo en Vitry en sábanas de tierra añadió Pipot.

todos no —repuso Gadobert en el mis- mo idioma. tos. ja!. de Pipot atrajo las miradas de la gente de las mesas próximas. En un grupo vio don Fausto al padre Israel. Los franceses son muy económicos.. Se sentaron don Fausto y sus dos acompañantes.. ¿Es un judío. cio ja. Como Pipot comenzase á hablar á griy los ojos pintados.— LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 251 ban aprendizaje de la chulapería y el crimen. la mial rada encanallada y el gesto burlón... verdad? risa La — . Le conozco á ése. ¡ja. retirados del ofi- que tienen su capital en la Caja de ahorros. Unos y otros tenían el aire equívoco. asesinos ya con- vertidos en buenas personas. replicó Pipot en castellano. los cafés y las tabernas.. que hablaba con unos cuantos. Gadobert le dijo por lo bajo : — ¡Bah! Todos éstos son chulos cobardes — No.. — Sí. Llevaban los labios fumaban cigarrillos y tenían un aire entre candido y depravado. hay algunos asesinos.. ayudaban muchas veces á sus amantes á desbalijar al burgués y daban su corazón á un chulo gallardo que las hacía sufrir. Ellas eran muchachitas que rondaban por los bailes.. que aquí una puñalada viene sin saber de dónde. — Tenga usted cuidado.

Este es un chansonnier que dice que con derecha — — — viene aquí á estudiar tipos. de aire siniestro. hablaba con el padre Israel una jerga incomprensible entre he- brea y germánica. — Bandidos que llevan cosas para vender picado á su tienda — dijo Gadobert. afeitado. y un sombrero de copa como un tubo. No. corbata grande flotante que caía por encima de la pechera. su mandíbula era las cejas le sa- de proporciones monstruosas. Es conocido por el mote de Pas-jolie. ¿Y éste también es algún bandido? preguntó don Fausto.— Ese le — Y esos que hablan con ¿quiénes serán? flaco. los ojos medio cerriidos. De los les. pero la verdad es -nrr. en una mesa aparte. Separado de estos grupos. de nariz larga.252 PÍO B ARO JA él. Era un hombre de unos cincuenta años. como Llevaba Pas-jolie un chaleco rameado. Gastaba melenas largas. había un hombre grueso. es también judio. de gato. un sombrero de paja y paraguas. negras y grasientas. de alas planas. . lían pinceles grises y los ojillos claros. eran penetrantes como dos estiletes. de viruelas. bolsillos le salían pape- Fumaba el hombre en una pipa corta. y en la mano sostenía una copa de ajenjo. y los dos parecían lamentarse á cada paso. afeitado. to No tenia frente. con cara de cerdo. tan- huia la cabeza para atrás. levita entallada sucia.

el pelo hombre guapo y tera. Al poco rato apareció un joven con rizado. el el Don Fausto como que lo una sonrisa de traje llamativo de un horreconoció al momento. que todas las noches tienen que llevarle á la Sala de los Muertos. Éste añadió Pipot puede decir como aquel caballero que al pie del cadalso dijo á sus amigos «Ayudadme á subir. Pipot sonrió. periódico disi- é hizo Gadobert se asomó . Su mano gruesa y fuerte jugaba con la cadena del reloj. saludó á las mano á mujeres y á una mu- chachita rubia la besó en los labios. Era el se- ñor Prichard muy barrigudo. pesado. tal de erudición hisrojo. Era el joven de la calle Lourcine. Después de una prueba tórica. y de tal modo lo hace. el sombrerito torcido. dio la los amigos. sacó leía. y tenia que estar sentado con las piernas separadas. ' de bigote y pelo blanco.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 253 que viene á beber. con los pulgares en las aberturas del chaleco. pero creo que no. que luego no tendré necesidad de pediros que me ayudéis á — — — : bajar». Es el padre Prichard Otro punto. Si. El dice que ha sido cochero. El aludido entró taconeando. Se presentó un hombre grueso. ¿eh? — — — —dijo Gadobert.

estaba discutiendo con un truhán alto. porque desapareció como una dobert. de un verdadero matamoros. á quien llamaban también Bec-Salé. el joven debió entrar en sospechas. Era el tipo de un espadachín. sin saber cómo ni cuándo. Juan Malou. el matón decía que el célebre periodista estaba vendido á los ingleses. los bigotes afilados y en la mano un bastón nudoso. — ¡Bah! Sí. que todo el que asegurase tal cosa no podía ser más que un miserable ó un imbécil. y afirmando entre exclamaciones y gritos. Llevaba un poco de melena y un sombrero garibaldino. La discusión versaba sobre Rochefort. el color oliváceo. de bigote negro. No se sabe en qué hubiese acabado la discu- ««•MM . flaco. los ojos negros y brillantes. exhalación. Nadie se había dado cuenta de lo sucedido. Era. Vestía este hombre un levitón largo y unos pantalones bombachos. Ya se iban á marchar cuando vieron que Pipot. y Pipot le contestaba insultándole. tenía la nariz arqueada. Al sentarse de nuevo Gadobert.254 PÍO B ARO JA muladamente al balconcillo de la sala y estuvo un rato. según dijo Gadobert. — ahora mismo. Al salir caerás — murmuró Ga- — ¿Nos vamos?— preguntó don Fausto. luego volvió á su sitio.

Nada tenemos la calle. contrincante de Pipot. dispuesto á herir á cualquiera. Gadobert había sacado un revólver con disimulo y lo tenía en la mano. La batida había producido cierta intranquili- . Gadobert y Pipot salieron á la — ¿Ha pasado algo? — preguntó Gadobert á uno que estaba á taberna. El matón dio un salto hacia atrás. Efectivamente. extendió el brazo y del interior de la manga le corrió á!la mano un puñal que agarró. — No te muevas — le dijo fríamente te bert desde su silla. que hacer aquí. otros permanecieron sitios. porque en el momento en que más exci- tados se hallaban los contricantes se oyó vocerío en la calle. puerta de — Nada. Vamos entonces. En el Algunos taba el se levantaron. Don Fausto. quietos en sus grupo en donde es- padre Israel nadie se alarmó. — ¿Lo han trincado? — — Bueno. — que Gadoestoy apuntando hace un momento. Entraron dos agentes de policía y pidieron documentos á los que estaban allí. Bec-Salé. la Sí. al oir hablar de policía pasó el bastón de la derecha á la izquierda. un — ¡La el policía! — exclamó una voz.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 255 sión .

Pipot estaba algo mareado. Las ventanas estaban iluminadas y de las tabernas salía gente. del tufo de la taberna. y se lamentaba de no haber abierto la cabeza de dad en la calle un botellazo á Bec-Salé. Entre Gadobert y le don Fausto tranquilizaron y le dejaron en casa. -«-^^ . más que de lo que había bebido.256 PÍO B ARO JA Galande.

la — ¿Y cómo — Sí. El fina! Salieron don Fausto y Gadobert al bulevar Saint-Michel. tiene en su casa una tertulia legitimista. señor Bengoa. si! ¿Y cómo se le ocurrió á usted — meterse en esa calle? — Pues una amiga me recomendó una casa en ese rita. — En la calle Garanciére. — ¿Dónde está eso? — Una calle pequeña que hay detrás de San Sülpicio y que sale á la calle de Vaugirard. jAh.XXÍI de una mujer romántica. -¿Sí? 17 . Usted quizás conozca á esa señose llama? vive en la calle de ^^augirard. — Blanca de Montville. sitio. Está usted bien relacionado. — ¿En dónde vive usted? — dijo Gadobert. conozco.

la policía. — Puesto que está usted en todos los detalles. . te- — ¡Bah! Eso datos. Un día. que usted ya comprenderá quién es. ¿Qué sabe usted de esa señorita? — Que tiene un hijo. estaba vistiéndome para ir á la oficina. Usted quizás lo sepa también. ó por lo puede uno figurar sin menos sin sospechas. Tiene mucha influencia esa — Y yo que apostaría cualquier cosa á que mi amiga — Que me parece que es de las que han nido algún lío.258 PÍO BAROJA — ¡Ya lo creo! señorita. — ¡Claro! — ¿Conoce usted á su hijo? — ¿Á Saint-Preux? Es amigo nos da mío. — ¿Qué quiere usted decir con eso? no se lo tiene su historia. aunque mucho que hacer á — ¿Y al padre? — Lo conocí también. señor Gadobert. Este señor duque. hará de esto ocho ó diez años. no tengo inconveniente. cuando el criado de un duque amigo mío me entregó una carta de su amo. avisé á la oficina que no podía ir y me fui á casa del aristócrata. — Cuénteme usted eso. Le contaré lo que yo sé. Yo le debía al duque algunos favores. porque tengo gran curiosidad por saberlo. me rogaba que pasara por su casa.

— Una señorita amiga -^ siguió diciendo — le con un hombre casado. sabrá usted que es un museo de muebles viejos y desquiciados que algunos valen un dineral. La señorita tiene su hijo en un colegio. Gadobert — me dijo. colegio Stanislas. Enrique Saint-Preux. Está bien. — Necesito que me haga usted un servicio. — Estoy á su disposición — contesté yo. Su conocimiento con la señorita de Montville había . Se trata de inutilizar á ese hombre. Se dedicaba á la decoración y no era ciertamente ningún genio. complicándolo en un asunto político ha tenido un hijo cualquiera y deportarlo. el padre del niño es un pintor de apellido Capissou. y el niño. ¿El nombre de esos señores? — — La señorita se llama Blanca Montville. siempre con la decisión de arreglar la cosa de una manera algo menos Le dije violenta de la preconizada por el aristócrata.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 259 ha estado usted alguna vez en el hotel del duque. Me enteré del asunto. está en el que me bastaban estos datos y me despedí del duque. que es un hombre de clase baja. Capissou era conocido mío. Lo encontré al hombre en su despacho rodeado de trastos antiguos y como siemSi pre frío é impasible. intenta apoderarse del niño. un pintor bohemio del barrio Latino. y el padre.

— ¡Pse! — contestó Gadobert — las cosas tie- nen importancia según el punto de donde se las mira. Pues. La pareja Capissou-Blanca debió ser rarísise de él. á los aristócratas. Le hizo gracia el hombre á la señorita. tan aris- tocrática. La seño- . ma. diciendo una porción de dis- parates y jurando á cada paso. holgazán y republica- y él no maratista. porque Capissou era fanfarrón. tan bárbaro y tan tosco.260 PÍO BAROJA sido muy vulgar. y se acostumbró á sus modales y á su conversación y hasta llegó á enamorar- y lo que no había conseguido el conde ó el marqués. Blanca se hubiera casado con el pintor. si Capissou no estuviera ya casado con la hija de un mesonero de la calle de Buci. tan espiritual. y viniera ó no á cuento. Á mí ya todo me parece igual. según decía. como se afirma en los folletines y en los meloel dramas. Á mí me parece esto muy bien dijo don — — Fausto. lo consiguió Capissou. ella tan elegante. Odiaba. pero. decía que era hijo de una planchadora y de un mayoral de ómnibus y que estaba tan satisfecho de su ascendencia como si fuera nieto de Montmorency. para amor no hay clases. Un día Blanca quiso res- taurar las pinturas del techo del gabinete y llamó á Capissou y éste le habló como hablaba á todo el mundo. era una pareja muy rara. como decía. qui- zás por lo raro.

que para verle tenía que ir siempre de tapadillo. Un día que pudo lo sacó del colegio y se lo llevó al restaurant de la calle de Buci. y su mujer. Enrique estuvo en esta aldea hasta los seis años.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS rila 261 Blanca de Montville tenía. sin duda. y la de aquella mujer. Á Capissou. . y se decidió mujer del pueblo. y á Capissou. Los dos amantes recorrieron todos esos merenderos sonrientes de los alrededores. á cuya edad Blanca lo trajo á París al colegio Stanislas. Blanca tuvo un hijo que nació en una aldea próxima á Ginebra. si no le gustaba el campo. le gustaban los merenderos de las orillas del Sena y del Marne y los guisos á la marinera que figuran con tanto éxito en las novelas de Paul de Kock. contemplaron París desde las alturas de Meudon y á consecuencia de estos viajes y contemplaciones. á orillas del lago Leman que se llama Saint-Preux. Al niño se le dio el nombre de Enrique. que cuando le llevaba de la mano se sentía por la orguUosa como una reina. y como apellido el nombre del pueblo Saint-Preux. El muchacho comparó seguramente la ma- nera de ser de su madre. que no tenía hijos de su mujer. que : es excelente. se le desarrolló con la edad el instinto paternal y buscó á su hijo y lo encontró. recibió al chico alborozada. un gran fondo de sentimentalismo y el culto por la naturaleza.

y éste. me ascendieron. Transcurrieron después de este servicio sin esto que digo doce ó catorce años. lo conseguí por importancia y sin peligro. yo no podía luchar con un personaje tan influyente como el duque.262 PÍO BAROJA Blanca y fué cuando me llamó el duque. En esta época. pero cuando le advertí yo que no se trataba de ninguna broma. se le enviaría á Cayena para toda su vida. Se trataba de complicar á Capissou en un proceso político cualquiera y después amenazarle con que si no dejaba de ver á su hijo. Capissou chilló y echó una porción de bravatas. — Está bien. influiré para me dijo: que le asciendan á usted. fui á verle y le advertí que no intentara ver á su hijo. intrigas por el estilo eran más frecuentes todavía que ahora. Su mujer lloraba á lágrima viva y me dio verdaderamente pena. con la frialdad que En esto se enteró le caracteriza. si no quería hacer un viaje del cual probablemente no volvería. Los dos me prometieron que no volverían á buscar al chico. pero en vez de tramar nada contra Capissou. y un día . Así son las cosas. sino de una cosa seria. Lo que no había podido conseguir aguzando la inteligencia y exponiendo la vida. Comuniqué yo el resultado de mi gestión al duque. Y. el hombre se inmutó. efectivamente.

Enrique tenía un taller de grabado en donde ganaba bastante. — ¡Es extraña — ¡Pse! ¡Hay tantas por la historia! el estilo!. Ahora está mezclado en todos los manejos de los revolucionarios.. Hablé con él. Considera como madre á la mujer del pintor.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS recibí la esquela 263 de Capissou. Era un internacionalista furibundo de los más radicales. que no me con ella. . Gadobert y don Fausto se separaron. fui por la calle Buci á dar el pésame á la mujer del pintor y me encontré con el restaurant cerrado. y don Fausto se marchó á su casa. y no quiere ni oír hablar de vivía — — Blanca. conoció al principio y luego me presentó á un muchacho. Pregunté dónde vivía madama Capissou y me dieron sus señas en Montmartre. era Enrique Saint-Preux. La encontré.. ¿Y Saint-Preux se trata con su madre? Creo que no.

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se dieron la mano. — — — — — . y. Á la noche siguiente estaba también el galanteador. el joven se inclinó. el res- taurant de la calle Voltaire. No sé contestó ella con ingenuidad. al separarse don Fausto. Don Fausto no fraile le conoció á primera pero Asunción dijo á su papá señalando al ex — Ese — i señor fué el que estuvo hablando contigo el otro día. vio Asunción á su galanteador en una mesa de con don Segundo Paz. pero solo. ¿Quién será este muchacho? dijo don Fausto á su hija. al entrar padre é hija en al lado. Ah! Pues es verdad y don Fausto fué á saludar al exclaustrado.: XXIII El colaborador de don Fausto. Charlaron los dos un rato. hablando vista. Una noche. y don Fausto al entrar le saludó.

A don Fausto le pareció el muchacho un tanto tímido y se sintió dispuesto aire de un á concederle su protección. — ¿Por qué no? — A una persona desconocida! — Esas son tonterías y preocupaciones. . don Fausto preguntaba y el joven Yarza respondía. en nuestra misma calle! — Yo vivo enfrente de San Sulpicio— repuso le Yarza. — ¡Hombre. Lo hizo así.266 PÍO BAROÍA — Le voy á preguntar al mozo. papá — replicó Asunción. Le voy á convidar á tomar café dijo don — — Fausto. — En la calle Garanciére. muy pálido. que tendremos mucho gusto. La conversación entre ellos tuvo examen. que se llamaba Carlos Yarza y que era escritor. — No I hagas eso. se acercó á saludar á don Fausto y á su hija. y el chico asturiano contestó que conocía á aquel joven hacía tiempo. — ¿Pero qué va á pensar de nosotros? — Nada. Dijo que vivía en París hacía ya cuatro años y que trabajaba para una casa editorial. vivamente. ¿Qué tiene eso de particular?— y dirigiéndose al mozo añadió — Dígale usted al : señor Yarza si quiere tomar café con nosotros. — ¿Dónde vive usted? — dijo. El mozo dio el encargo y el galanteador.

sin duda perfectamente dónde vivían torial? joven sabía la ellos. Aquí Asunción se despidió de su padre presentándole la mejilla. á pesar de las protestas de Asuncioncita. ¡claro! la orilla la por allá. Al día siguiente por la mañana.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 267 — Pues nosotros al lado de una casa granel de que tiene una fuente. sonriendo algo ruborizada. encontraron á Carlos en el jardín del Luxemburgo. les saludó y don Fausto. Don Fausto estaba madurando su proyecto. — ¿Conocerá usted bien París? — derecha no Aunque Sí. tendió la los. antes de ir á casa de Blanca. Asuncioncita sonrió. conozco bien. Fueron los tres paseando y acercándose á casa de Blanca. — ¿Y qué trabajo tiene usted en casa edi— siguió preguntando don Fausto^ — Escribo y traduzco. Salieron del restaurant y Carlos Yarza acompañó al padre y á la hija hasta su casa. en donde se despidió. Sí. Después muchacha echó á correr por el portal. llamó á Yarza y se puso á hablar con él. la estrechó que muy . voy muy poco mano á Car- la — — — — ¿Quiere usted que vayamos á un café? — Bueno. y luego. que había ideado un proyecto la noche anterior. conmovido. ¿Ha almorzado usted ya? dijo á Carlos.

de tratar y usted ¿Le parece á . — ¿Pero quiere usted que sea político.. don Fausto se aventuró á seguir. tamaño.. señor. Lo he proSi metido al director. ¿Usted podría encargarse?. pero con la enfermedad de esta señora amiga mía no tengo tiempo. Yo quisiera— dijo después de charlar de — — asuntos indiferentes poner en orden unas notas que tengo escritas. económico? político no.. — Sí... Al ver la espontaneidad con que Carlos se brindaba á trabajar. le mente...268 PÍO BAROJA Bajaron á la calle Taranne y entraron en un café que había en una esquina. — ¿Cómo qué clase? el que haga. Sí. usted pudiera. sin com- prender la causa de la entrevista. — señor. Carlos Yarza estaba intranquilo. Don Fausto buscaba la forma más adecuada para explicar su proyecto. ¡Ya lo creo! Dígame usted qué clase de información quiere — La índole. con mucho gusto. literario. — El tamaño de un artículo corriente. tífico. cien- — No. — También me gustaría hacer una información para un periódico de Madrid.. usted? Yo y literario principaldiré á usted el asunto que se lia lo desarrolla.

Citando á César. si le pero también quisiera firmar esos artículos. Pues los haré. — No. — ¡Ah. no.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 269 — Sí. Es fácil imitar á Castelar. — Entonces pega muy bien el estilo altiso- nante. . — Es natural. sabe usted artículos escritos estilo castelarino... á enviar por . á Miguel Ángel. á Napoleón. — ¿Con muchas imágenes y comparaciones hablando del Imperio Romano y de la Revolución Francesa? Eso es. claro! — No sé parecerá á usted una vanidad. —Á muy bien. Dígame usted. señor. — — — — — Republicano. Eso mismo. — Lo que usted quiera. cuánto cree usted que debo dar por eso? — ¿Cuántos artículos va usted semana? — Dos me parecen bastantes. á Espartaco. mí me en gustaría. — Yo quisiera que esto no saliera de entre nosotros. — ¿Y Usted se ha comprometido á le enviarlos. ¿Qué color político tiene el periódico donde va usted á escribir? históricas.

cuando se la Revolución. entonces. el usted cuarenta francos por los dos. hombre. Ahora. Es muy poco.270 PÍO BAROJA — Veinte usted bien? francos por los dos. donde ocurrieron aquellas terribles matanzas del tiem- po de — Estos franceses. Mañana ó pasado. la Abadía. perdóneme usted. — Mañana es mejor. de — Le acompañaré á usted. Le daré á — ¡Muchas gracias! — ¿Cuándo me traerá usted primero? — Cuando usted quiera. los pueblos son brutales — mur- muró Yarza. tengo que marcharme á trabajar. á una Jacob. mañana. deben ser brutales— dijo — Todos don Fausto. — ¿Va usted lejos? — No. — Lo decia porque es domingo. Aquí tiene usted motivo para un artículo — — — Pues ¿qué es esto? — Son restos de antigua dijo. — No importa. Yarza enseñó á don Fausto el jardín en donde se conservan los restos de la antigua Abadía. — sólo los individuos pueden ser . — Bueno. buenos. ¿Le parece á — No. librería la calle Salieron del café y bajaron por la calla Bonaparte. ponen.

Allí iré yo también. luego baja- — á dar una vuelta á preparar otro dijo. don Fausto volvió á contemplar las ruinas de la Abadía. Entre este muchacho y yo vamos á hacer cosas magníficas se dijo frotándose las — manos. Yarza entró en la casa editorial. á la misma Se separaron. — Pero que quede esto entre nosotros. — 4 Vamos artículo? — Vamos. — — — Sí. Don Fausto estaba entusias- mado. ¿Trae usted el artículo? preguntó don Fausto inmediatamente al ver á Yarza. Al día siguiente. Asunción había ido á misa á San Sulpicio con madama Demange y Susana. Estaba contentísimo. estaré en el — Mañana. La campana de San Sulpicio tocaba á misa mayor cuando fueron don Fausto y Carlos á dar un paseo. — dijo don Fausto. Luxemburgo — Descuide usted.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 271 Llegaron á la calle Jacob. ron por la calle de Santa Genoveva al muelle . hora. — — Bueno. Yarza y don Fausto se vieron en el Luxemburgo. Salieron á la altura del Panteón. Se sentaron en un banco y leyó Yarza lo que había escrito.

estaba nublado. . no. vago. aquella flecha tan airosa debía ser lo más anti- guo de famosa catedral. y resultaba construida el año 1859. hiciera mal Temía que — ¿Sabe usted — dijo don Fausto — cuando la la visita lé arbotantes del ábside.272 PÍO BAROJA de Montebello. Las explicaciones que dio Carlos Yarza acerca de la restauración de la iglesia. desilusionaron á don Fausto un poco. el cielo era ligero. Cruzaron el puente del Arzobispado y contemplaron Nuestra Señora de París. — — don Fausto riendo. al reflejarlo. — Está aquí cerca. Yarza no pudo contener una sonrisa. y el río. hecha conforme á los planos de Viollet-le-Duc. parecía de plomo. . ¿Qué. efecto. Precisamente él creía que día. El de mediados de Septiembre. la Torre de Nesle y las Catacumbas. cuáles eran las cuatro cosas que — ¿Cuáles? tenía curiosidad de ver en París? de la Greve. quiere usted que va vamos? — No. de color gris. ¡Qué horrible desencanto' Admiraron la ligereza y la elegancia de los la — ¿Y Morgue? — preguntó de pronto don Fausto. preguntó ¿Le parece á usted ridículo? la plaza — La Morgue.yo era estudiante.

Había una calle que se llamaba de la Mujer sin Cabeza. miraban el río.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 273 — No. tranquilas. — ¿Y por qué tenía usted curiosidad por esa calle? — ¡Ah! policía. — Porque figura en todas los novelas. la calle de la — Eso — Pues ya no Siguieron el existe. Cité En la orilla izquierda. ¿por qué? — Es que yo era bién había otro ver. con las piernas hacia afuera. Pasearon por las calles de la isla. y pasearon por uno de sus muelles silenciosos. Tamque me hubiese gustado — ¿Cuál? — La calle de Jerusalén. sitio muy romántico. que era es. sombrías. ¡Qué drama ocurriría aquí! exclamó don — — 18 . Estaba ahí cerca del el puente de Saint-Michel. Algunos pescadores de caña inmóviles sentados en los bordes del malecón. Cruzaron puente de la y entraron en la isla de San Luis. enfilando una calleja. Es verdad. paseo. Panteón y las torres de San Esteban del Monte. por encima se veía la cúpula plomiza del de los tejados torcidos y negros. unas callejuelas abandonadas. como las de alguna pequeña ciudad flamenca.

quedó ahogado. dispuesto á conmoverse con el relato de alguna horripilante tragedia. isla era el antiguo París. He oido decir que La Mujer sin Cabeza era la muestra de una — — — tienda Volvieron á — ¿Esta — Sí. al romanizarse. ¿Y usted cree que ese París que pinta Víctor Hugo sería más hermoso que el de ahora. estos galos debían ser gente basta y poco artista. no pro- dujo más que malas imitaciones de Roma. Aquí el elemento fino era el sajón. 274 PÍO BAROJA Fausto. La raza franca al mezclarse. La antigua Lutecia . Edgard Quinet es que ha hecho una descripción poética de Lutecia en el uno de sus libros. es el Paris del siglo xv. pesadas y sin gracia.. Se ve claramente que el genio sajón que levantó Nuestra Señora de París y la Santa Capilla. la Cité. — como él dice? lo creo. — ¡El París gótico! Ya Mucho más hermoso que ahora. y otras muchas cosas que han desaparecido. No replicó Yarza. verdad? — preguntó don Fausto. . el — ¿Y París que describe Víctor Hugo en Nuestra Señora? — Ese es va relativamente moderno. que no tenía más la orilla izquierda que un barrio pequeño en del Sena.

Yo no creo que estos franceses sean artistas.cnos genio. Voltaire. usted? — dijo don Fausto asomque hubiesen Médicis. Mire usted. que esta raza francesa bien alimentada. Figúrese usted los florentinos. que ha producido una pléyade de hombres de gran talento. jQué talento! ¡qué ingenio! ¡qué claridad! ¡qué gracia!. yo no que digo es dicen. fuera de los góticos. con las condiciones admirables de clima y de suelo que tiene París. ó como estos señores que se ven en los restauran!. niego la importancia de París.Los ÓLTIMOS ROMÁNTICOS t75 — ¿Cree brado. Brunellesco. — Yo. ¿No? ^ No. es igual. y su filosofía.a el genio. nacida en una de las regiones más ricas de Europa. Yo creo que tiene usted prevención contra — — — los franceses — dijo don Fausto. Á mí me dan la impresión de una raza plana. Y la misma impresión da Mo- . Sus edificios. Todo lo hacen en extensión y nada en intensidad. y su arte y todo. los Miguel Ángel. Hay todo en él m. — París es lo el cerebro del — Eso mundo. equilibrado y poco airoso. yo lo dudo. son como esos caballos grandes de patas gordas. no ha dado ese producto algo anómalo que se llam. con la cabeza cuadrada y el cuerpo pesado. Además. hecho tello. por ejemplo. si hubiesen vivido aquí. con Donalo sí.

pero temía que la pregunta fuera de un pésimo efecto. Luego.276 liére. Este es el pueblo que precepto y á la ley. Por ahora es un enigma. y los pintores y los escultores y hasta los mismos políticos de la Revolución francesa. Todo es equilibrado en Francia. ¡cómo hubiera enriquecido su diario Pero no I era posible. Don Fausto como Romeo v Julieta ó Pablo También le hubiera preguntado . una franceses especie de simulador del genio. Porque y Virginia. pero se los figuraba como dos amantes fantásticos. Dentro de cincuenta ó sesenta años le podrán juzgar. PÍO BAROJA y Montaigne. cuando se presenta tiene al más amor Y el tipo del desequilibrado de genio es Bonaitaliano. — ¿Y Víctor Hugo? — dijo don Fausto. don Fausto y Yarza pasearon por estas calles tristes que hay entre Nuestra Señora y el muelle de las Flores. Don Fausto movió la cabeza como hombre no convencido. un desarreglado con reglas. filósofo ¡Cómo preguntarle quién era el I Abelardo. Para mí es un gran retórico. qué eran arbotantes y otros nombres técnicos que Yarza empleaba. Si don Fausto hubiese podido apuntar lo que le decía Yarza. — Víctor Hugo es de todos los escritores el un que tiene más aspecto genial. que había vivido en él la Cité había oído hablar de Abelardo y de Eloísa. y Racine... parte.

Para él. Y era verdad. con tejados en punta y chimeneas medio caídas. ó se contemplaba mérito. eran casas eclesiásticas. y negrasl le decía Yarza mostrándole la calle de la Canonesa y de los Ursinos. de canónigos gordos y de amas de cura. á — ¡Qué románticas estas casas viejas — lo lejos la Renommée de la plaza del Chátelet . con patios grandes. con paredes llenas de hiedra obscura. También eran típicas estas calles próximas al Palacio de Justicia. el mérito era algo como un perfume. mismo se encontraba en un paredón que en un trapo sucio. con ventanas sin corünas como ojazos apagados. Salieron al muelle de las Flores. esto tiene mérito. imposible de analizar. Se ponía uno deun edificio lante de cualquiera sin saber si se habia construido en tiempo de César ó de Na- un cuadro ó una estatua. pero estaba convencido de que el espíritu de las cosas lo comprendía como nadie. los detalles de lo no entendía una cosa que viejo lo inexplicable.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 277 que explicaba el joven. Por la superficie del río pasaban rápidos los barcos y los remolcadores con un estremecimiento ligero. Entonces decía uno: Esto es artístico. la calle de la Calandre y de Marmousets. y de repente sentía uno en la inteligencia como quien siente un tufillo en la nariz. casas antiguas. Era el poleón. de piedra. por donde salía una humareda azul.

muelle próximo al Louvre. en donde nadaban algunas nubes claras.: 278 PÍO BAROJA brillaba como la oro pálido. Ahora. más lejos el Puente Nuevo. por debajo del puente del Carrousel. en la otra orilla. y volvieron á la cual. pero don Fausto no quería alejarse. En el cielo alto de plomo. fueron hasta el muelle del Louvre. Entraron en la plaza Dauphine. por el Puente Nuevo. vuelta á la Cité y contemplaron la torre del Reloj y las paredes negras de la Luego dieron Conserjería. por encima de la punta del Vert-Galant. herida por un rayo de sol entre arboleda amarilla. y de aquí. había habido un molino para fabricar moneda.Jacques. ¿verdad? Don Fausto se detuvo á contemplar la ciudad. En el cielo gris se destacaba la silueta atrevida de la torre Saint. surcadas por rayos de — . cuyo extremo se hundía en el agua como la proa de un barco y cuvos árboles se elevaban rojizos v desnudos de hojas. un vapor estaba desembarcando objetos de porcelana. en tiempos antiquísimos. según explicó Yarza. en este ambiente opaco. parece una estampa antigua. el En Al llegar al centro del puente dijo Yarza á don Fausto Mire usted desde aquí la vista clásica de París. Sobre el río gris se tendía el puente de las Artes.

lo cual le pareció bastante depresivo. más atrás las dos torres negruzcas de Nuestra Señora de París.LCS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS sol. pesado. azulado. de color de plomo. Hubiera querido encontrar en aquel momento una frase escultural. Don Fausto estuvo contemplando largo tiempo la vista de París. que le indicaba En la orilla derecha del río se levantaba el Louvre. á un lado. la flecha alta y finísima de la catedral. el teatro del Chátelet Ville. 279 se perfilaba la aguja dorada de la Santa Capilla. y más lejos aún. entre la niebla. al otro las casas del muelle de los Orfebres y las paredes negras del Hótel-Dieu. Volvieron. de Don Fausto contempló Yarza. con sus encajes de piedra. luego la torre blanquísima de Saint-Jacques. en parte escondida tras una de las dos torres. la cúpula gris recién construida del Tribunal de de la Conserjería. Comercio y las torrecillas cónicas — 4 Ve usted — dijo Yarza — ese espacio en la lo tre las torres Conserjería y la aguja de la Santa Capilla? Pues ésa es la cuna de París. pero no se le ocurrió nada. la chimenea de una fábrica arrojaba en el aire gris. y los tejados del Hótel-de- Más lejos. largo. una columna de humo negro. En la isla de la Cité se veían. porque don Fausto tenía que irá . una frase victorhuguesca como un relámpago para manifestar su admiración.

y des- pués de despedirse de su amigo subió entusiasmado con su artículo en el bolsillo y con otro en preparación á casa de Blanca. . En esta misma casa vivió madaMontespán dijo Carlos señalando la de la la calle — señorita de jNIontville. Yarza hasta — ma de Vaugirard.280 PÍO BAROJA comer á casa de Blanca Le acompañó Carlos . Hombre. — ¿De veras?— preguntó don Fausto.

indudable- mente. ¡qué profunda emoción! Ya se figuraba don Fausto que era un personaje de Balzac. en el centro del mundo.XXIV Inconvenientes de los éxitos literarios. ya se veía joven. saludando afectuo- samente al momentos Don Fausto comenzaba á doctor Bianchon y yendo en los de apuro á pedir dinero á Gobseck. Aquellos días don Fausto paciencias. de veinte años. sintió Cuando llegó el grandes imperiódico con su artículo. . ¡qué inmensa alegría! Meterse en su cuarto. intrigando. él era alguien. como Rubempré ó como Rastignac. paseando en el Bosque con Marsay ó con Máximo de Trailles. encender la bujía y allí leer y leer el artículo hasta aprendérselo de memoria. haciendo el amor á la duquesa de Maufrigneuse. creer que hasta entonces no había vivido. Ser escritor y vivir en París.

en donde había encontrado una gran estampa en colores que se titulaba jaro. A llas. y la del Carrousel. pero antes se paraba en una prendería de la calle del Sena. de coches y de personas. ó un árbol. Muchos días iba á contemplar la vista clásica de París que le había mostrado Carlos Yarza. ó el río. lo que le entretenía muchísimo. Se veía delante la plaza del Louvre. se entusiasmaba y se admiraba á sí mismo. y algunas veces que le gustaba espontáneamente un cuadro y luego veía que era de un autor célebre.282 río BAROJA Don Fausío se perfeccionaba. hasta que se aburría lo bastante para rito hacerle creer que lo había comprendido en su verdadera esencia. llena de ómnibus. dividida por la verja. ¡Había adivinado el méde una cosa sin ayuda de nadie! En las calles contemplaba una casa. cerca del Pasaje del Pont-Neuf. la isla de la Cité parecía un ori- barco amarrado por los puentes á ambas con la proa en la punta del Vert-Galant . : París á vista de pánatural con la es- Don Fausto comparaba el tampa. iba al Museo del Louvre. Debía estar la vista lomada desde el tejado de las TuUerías. con los dos jardincillos con sus estatuas en medio. la derecha. se esforzaba en comprender las cosas mejor que las había comprendido hasta entonces.

un azul suave de un tono de perla. por las chimeneas de las casas sahan humaredas tenues blanquecinas. El aire envolvía los objetos como en una gasa. Los árboles. el asfalto humedecido de las calles parecía un metal en fusión.. esfumaba los contornos. Había crepúsculos de ópalo. y ya de noche el cielo compacto adquiría un tono de sangre. notando y señalando las variaciones experimentadas por el pueblo.. un hombre concienzudo que no había olvidado un detalle en su obra. Por la tarde el río tomaba un color azul verdoso. don Fausto iba á contemplar el natural. Uno fué el conocimiento de un bohemio llamado César Andion. se alejaba al anochecer. y grandes nubes plomizas volaban por el aire. á veces todo París tomaba un color de malva. sin duda. borraba las aristas. A los quince días de aparecer su primer arliteratura le dio La . Sentía don Fausto una gran satisfacción con- templando esta vista. En estos días grises todo era azul y negro. de París. pare- cían brumas flotando sobre el suelo.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 283 Y las velas en las torres de Nuestra Señora. ya desnudos de hojas por el otoño. algunos disgustos á don Fausto. Luego de estudiar á su gusto la estampa. alto. El grabador había sido. anaranjados. el cielo ligero.

César comenzó adulando á don Fausto de una manera escandalosa. seis — Bueno. endiabladamente vanidoso. le INíe tienes que convidar á una verde tículo se presentó — — dijo tuteándole. — Entonces á dos verdes. estrechó con todas sus fuerzas la mano de don Fausto v se marchó inmediatamente. Pocos días después don Fausto se encontró al bohemio en la calle. no podrías escribir esos artículos que . A ti no te convie- ne beber. Tenía una seriedad de embaucador interrumpida á ratos por una sonrisa de pillo de playa.284 PÍO BAROJA . incapaz de trabajar. Andion era un andaluz que vivía hacía tiempo en París y que había tomado el aire de los bohemios del barrio Latino. César venía a feUcitar á don Fausto. á darle un abrazo fraternal y á pedirle diez francos. con la barba con hilos de plata y los ojos tristes de borracho. en casa de don Fausto un hombre que le hizo pasar una tarjeta que decía así: César Andion. Era ya viejo. — ¿Cuánto dinero llevas? — Cinco ó francos. y cuando tomó el dinero. recitó luego con una solemnidad sacerdotal versos de Baudelaire. poeta. se pasaba la vida en un continuo ajetreo más duro que cualquier trabajo. Perezoso como un turco.

— ¡Pse! — ¿Y por qué no entiendes bien francés? — Porque hace poco tiempo que estoy aquí. de Baudelaire. no crea usted que puede compararse conmigo. el Del único. Aho- — ¿De qué maestro? — preguntó don Fausto — ¿De qué maestro ha de ser?. Porque haya usted escrito unos cuantos artículos despreciables. como con las Yo sé que aquí hay algo y César se palmada en la frente y lo que hay aquí algún día saldrá para hacer la admiración del universo... No. porque soy Dios.. ja!. — . si quisieran tapar — — Es manos... usted no es nadie á mi lado. la verdad. ó quizás los escribirías mejores. hacen como si me ignorasen..LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 285 escribes.. el francés? A usted le sucedería lo mismo. Andion pidió ajenjo y comenzó á echar agua poco á poco en la copa. tu prosa es bastante vulgar. se sintió hondamente mortificado. — Luego. ¿tú entiendes — No muy bien. ¡ja. Ya el cielo to- lo sé. Don Fausto — La musa verde. añadió: — Todos mi camino.. intentan desviarme de mando un acento sarcástico... señor don Fausto Bengoa.. • todos los grandes hombres beben ajenjo. ra te recitaré algo del maestro. no me mire usted con esos ojos espantados. — Á mí no. por- que. ¿eh?. — Entonces eres un pobre diablo. — murmuró. dio una . Entraron en un café...

¿Usted quiere? ¿Cree usted que soy bueno? Don Fausto por el sintió una profunda repulsión bohemio. — dijo Andion alar- gándole mano con acento sentimental.: ~0O I'IO uaruJa — No. Algunos amigos suyos dicen ¡El día que ése se ponga á trabajar! lo : — Vive del prestigio de — ¿Pero vale ó no? — ¿Y de qué vive? . Sí. — No haga usted caso la irrita- do. necesito olvidar. que han gloria y no han lle- — ¿Ha escrito algo? — creo que — ¿Y tiene talento? — Eso dicen. ¿Quién es? los — Un bohemio de tantos. que pudo hacer. sí. — ¿Es que cree usted que porque me haya prestado diez miserables francos ya somos iguales? — No. — Soy me un desgraciado. no creo nada — y don Fausto. y sin contestarle se levantó y se fué del café. Á le — — — pocos días don Fausto vio á Yarza y preguntó ¿Quién es ese César iVndion? ¿Ha ido á pedirle á usted dinero? Sí. de esos dejado pasar la hora de la gado á tiempo más que para la del ajenjo. no trato de compararme con nadie. se levantó de la mesa.

íya lo creo! — Figúrese usted que vino á París hace cua— Es notable. días. pero luego. Tiene un repertorio de frases é ingeniosidades y salidas que son pa- común de todas las tabernas del ba- primer dia ese repertorio sorprende un poco. — Es comisionista de una casa de América. le trató con despego.Los ÚLTIMOS romAxticos 287 — Yo trimonio creo que no. pero á lo último. no puede soportar que se hable sin admiración de ese filósofo. — Sí. Don Segundo le recibió de mala manera. y luego ya no se separ¿iba de él. . le dijo: Ya que me da rrio Latino. — ¿Y Paz de qué vive? — Y tipo raro. Sin duda gustó París. — Pero ése es buena persona. Hoy mismo. se hizo amigo de algunos escritores de le renta años con la idea de pasar tres ó cuatro y no ha vuelto á su tierra. según parece. El — usted el dinero. sobre todo de Augusto Comte. le dio cinco francos. Se cuenta que un día César Andion fué á pedir dinero á don Segundo Paz. encontró una frase igual en Labruyére. Entonces César. al alargar la mano. aquella época. y desde entonces el ex fraile no le puede ver á César. luego cansa. aunque muy enfurruñado y con cara de vinagre. ¿por qué no acompañarlo con una sonrisa? La ocurrencia le hizo mucha gracia á don Segundo. — Sí. que nadie se ocupa de Comte.

y cuando Comte Clotilde de inventó en recuerdo de su amada Vaux una ceremonia ridicula. Don Fausto no se olvidó de la casa. Lo que guarda es una gran correspondencia con Garibaldi.: .. si no hubiera sido por esto. Solo no se aventuraba á hacer el ensayo y Yarza había dicho que él no iba á casa de ningún personaje porque era gente orguUosa que apenas si se dignaba hablar con un desconocido. Don Fausto virtud. libros para chi- cos. pero cosas sin interés. le dijo Un día al pasar por la calle de Rennes Yarza. de encargo. v todos . ¿Pues qué hay en esa casa? Que ahí vive Javier de Montepin — — — — — ¿De veras? Sí. Mazzini. religiosa completamente — — don Segundo era de ¿Y ha escrito algo Paz? Sí. pero hubiera querido tener la misma no se atrevía á relacionarse con los grandes hombres. Sin embargo. hacia ya tiempo que hubiese ido á saludar á los literatos ilustres. don Fausto no perdía sus ilusiones. que tanta curiosidad tenia usted por ver. Félix Pyat. 288 PÍO líAROJA Le siguió como á un profeta. Don Segundo tiene la virtud de atraer á los hombres célebres.. los oficiantes. señalando una casa Ahí se han urdido más crímenes que en la misma torre de Nesle.

— Es que — — No. Un día vio á un señor condecorado. no. [Condecorado y con aire de militar! se Indudablemente es él. En el cielo resplandecía un crepúsculo espléndido. sus éxitos literarios le embriagaban. con cierto aire de militar. y los días iba á distintas — — — creía que lo único serio en la vida era el arte. Es dijo don Fausto. — balbuceó don si Fausto. tarde marchaba. que se consideraba un profesor de estética.. en un barco. le dijo : — Caballero. notó con cierta indignación que nadie miraba el cielo. en mal francés táculo. por el como una cosa en dirección á Auteuil.. 19 es una broma no . ¡El arte! ¡Solo el arte! política Ya hasta despreciaba la Una río. otros hablaban. mire usted qué hermoso espec— ¿Eh? ¿Qué quiere usted decir con eso? — preguntó el viejecillo levantándose incomoda¿Es una broma? do. y dirigiéndose á un viejecillo enclenque de traje raído que le pareció el más asequible. Don Fausto echó una ojeada á los que ocupaban el banco en donde iba. Don Fausto.. lo consiento.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 289 horas á ver salir al ilustre folletinista. Javier de Montepin. Don Fausto comenzaba á ponerse cargante.. baja y vulgar. Iba adquiriendo aplomo y confianza en sí mismo. unos leían el Petit Journal 6 el Charivari.

290 PÍO BAROJA que levantar del banco y marcharse avergonzado. la mayoría sin saber fijamente lo que había pase tuvo Don Fausto sado. ^*---HJt-^*^»^ . todo el mundo se le había quedado mirando como á un malhechor.

Asunción y Carlos Yarza aumentaba.XXV Un paseo y una aventura de Sainte-Beuve. Yarza. Siempre que podía llevaba á Yarza y á Asunción por los sitios que él había descubierto Espera. era la primera vez que se enamoraba. Vivían los dos en plena ilusión. don Fausto con su hija y Carlos fueron á pasear antes de comer. Asunción no habia tenido novio hasta entonces. cuya vida había sido azarosa y llena de trabajos. amigas de Asunción no se presentaron en casa de Blanca. por donde se pasaba sin esfuerzo. estaba también satisfecho. La vida se les presentaba como algo luminoso y claro. y en donde los momentos más monótonos eran felicidades. que no tenía los mismos motiinteligencia entre La vos de dicha. Don Fausto. ba que Yarza le diera datos y explicaciones. Don Fausto les llevó hasta la calle Un domingo en que las de .

los faroles rojos de de tabaco. papá. las bolas doradas con sus plumeros la calle del I — ¡Qué bien hace — — — colgantes de las peluquerías. ¡Qué perspectiva hay desde aquí! ¿eh? Esa línea de los tejados. allí pero Carlos no recordaba que sado nada. el bac era una especie de barca que servía para pasar de un lado á otro del río. que la calle del Bac es la calle de Baco. el Bac desde aquí ¿eh? ¿Tú creerás. Miró don Fausto á Yarza esperando histórico el dato referente á estas casas negruzcas. calle más intere- — Ya veo. hubiera pa- — Mira Asunción qué sante — decía don Fausto. las guardillas empinadas. donde había unas casas negruzcas con guardillas de pizarra y chimeneas altas. las tiendas Abandonaron la calle del Bac y tomaron la . nada de eso. que ¡Y pensar se decía á sí mismo nunca me había fijado en eso! Y miraba con entusiasmo la calle llena de enseñas. Asunción. era lo que á don Fausto le encantaba y le hacía creer que era un arqueólogo. Don Fausto quería comunicar á su hija amor que él sentía por lo arqueológico.292 PÍO BAROJA Grenelle. . cerca de la del Bac. . los salientes de los aleros y las herrumbrosas veletas. rota á cada instante. no.

en donde también don Fausto había hecho grandes descubrimientos. — ¿Y por qué no? si le — Con que yo no quiera. fué éste!— exclamó don Fausto moviendo afirmativamente la cabeza v mirando . Asunción? preguntó de pronto Carlos Yarza á la hija de — — don Fausto. que Yarza dijo que estaba dedicada á un estudiante muerto en la revolución del año 30. — ¿Y serio. que fué nombrando Yarza á instancias de don Fausto.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 293 de Babilonia. — — Que ese convento de — Quizás lo la calle de la Barouil- á donde usted va. Este abate dijo Yarza es el que dijo que la historia de los reyes es el martirologio — — — de los pueblos. y entraron en la del abate Gregoire. ¿Qué dicen? lére. es una verdadera agencia matrimonial. ¿Sabe usted lo que dicen. — ¡Ah. pues. y por la calle de Sévres subieron hasta la de la Barouillére. se ríe usted? — preguntó Carlos muy — ¿Y la niña. Luego fueron por la calle Vaneau. sea — repuso la muchacha riendo. una calle con muchos hospitales y conventos. basta — dijo quieren casar á usted? Pasaron por la calle de Sévres.

¿Y por qué? me desespero cuando va usted — ¿Teme usted que me enamore de cualquiera? Eso es una tontería. historia de los reyes martirologio de los pueblos le pareció una frase chusca llena de gracia. No me conteste usted en — — Carlos á Asunción. sí — y la muchacha y el se echó á reír. Luego anécdota curiosa. se acercó á examinar y quedaron solos Asun- ción y Carlos.294 PÍO B ARO JA con respeto Asunción. más á ese convento. Tomaron por una callejuela y subieron á la calle de Montparnasse. Fíjese usted en esa casa dijo Carlos — Yarza á don Fausto. y miró á Carlos sonriendo. pisos. — Sí me La fijo. lo enamorado. usted — Yo quisiera que no fuera broma — dijo — Porque allá. — Es le — gran escritor contaré á usted una la del Era una casa pequeña de dos ventanas. con Don Fausto cruzó la casa. Es que estoy estúpidamente Sí. Asunción le contestaba en broma. Sainte-Beuve. la acera. la calle. Éste seguía preocupado con los negocios matrimoniales del convento de la calle de la Barouillére. — será. . — Pero tú no te fijas.

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 295 — ¿De veras? — Ya sabe lo usted. que él coronó. de Vaugirard. Dígame usted.. Asunción? — ¿Por qué quiere usted ser tan categórico? Espere usted. muy amigo de — No. De manera que Víctor Hugo. — ¿Lo siente usted? — y Yarza intentó coger la le de Asunción entre las suyas. iAh. donde dejaron á la niña. ¿Cómo? ¿Qué me dice usted? Lo que usted oye. pero la muchacha cruzó la acera y se acercó á su la mano padre. y don Fausto preguntó á Yarza ¿Y qué anécdota me tenía usted que contar? ¡Ah.. se reía de Carlos. á Víctor Hugo. Llegaron a casa de Blanca. Está contemplando casa — Es usted un traidor. engaña usted para que nos deje solos. y es las mujeres. ya viene papá! — No. sí.. ¿puedo esperar? — ¿Por qué no? — ¿Pero por qué no me contesta usted cate- góricamente. no viene todavía. y no de laureles. no — Pues — — — lo sabía. tanto . aún de viejo. sil Ya sabe usted que Sainte-Beuve los tres hasta la calle : Fueron Asunción — — era de joven.

la gloria atrae mucho. la dama no parecía muy severa. Sainte-Beuve.— — A las ¡Á un genio así! mujeres no les preocupa gran cosa eso del genio. Pero siga usted con su anécdota. Eso es — — — — — — una cosa sabida. Sainte-Beuve encontró un día en el Palais-Eoyal una desconocida. morena.. ¿Cómo una andaluza de Barcelona? preguntó don Fausto. Es que Barcelona está en Cataluña para dijo Yarza. una española de pura raza que le recordó la marquesa de Amaegui. sin embargo. él la preguntó cómo se llamaba y ella le dijo que dona Vasquez. esa andaluza de Barcelona que cantó Alfredo de Musset en sus versos. . de Francia. y añadió que era hija de un hidalgo andaluz nacido en Mondoñedo.296 PÍO BAROJA — Es uno de los más ilustres. Pues bien. — ¿Cree usted? — Yo así lo supongo. Sainte-Beuve se entusiasmó con aquella descendiente del Cid y le ofreció su corazón y su casa. — No. al ver á la es- pañola del Palais Royal. con los ojos negros. — ¡Qué barbaridad!— murmuró don Fausto lleno de santo horror. se dedicó á conquistarla. nombre muy común en España.. los españoles pero para los franceses está en el corazón de Andalucía.

ai volver á su casa. el gran crítico que dona Vasquez hablaba desde la ventana con un carretero. le presentaban á su imaginación una á una todas las botellas que faltaban en su despensa. preguntó á todos sus nombres. ¿Sería y mientras cincelaba su prosa para los Lunes. por orden de dona Vasquez. Sabido es lo sobrios que son los españoles. acudió al puesto de Policía próximo. que con una aceituna. Esto era imposible. enfurecido. faltaba el vino. y dona Vasquez dijo con modestia que se llamaba Nicolasa Michu ó Duval. y sabia los pares de calcetines que tenia. El carretero. y cogiendo sus ropas las tiró por el balcón. llegó un agente. luego fué al cuarto de la hija del hidalgo que tan plebeyas inclinaciones tenía á pesar de su noble origen. El gran crítico se encontraba preocupado. un azucarillo y un vaso de agua tienen para todo el día. vio que el hombre entraba en su casa. notó que le que dona Vasquez se dedicaba á empinar el codo? No. se. que era agarrado como una y llevaba una contabilidad minuciosa. Un vio día. El gran crítico. Á los quince días lapa Sainte-Beuve. insultó grosera- mente á dona Vasquez.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 297 Dona Vasquez aceptó. le siguió y se encontró con que dona Vasquez y el carretero estaban vaciando una botella de vino. y que era de un pueblo . Esperó.

el periodista clerical. pensador. le solía — ¡Ah.Fausto se fijó bien en los detalles de estas pequeneces para fijarlos en su diario. .298 PÍO B ARO JA cerca de Angulema. hasta que supo que en una comida de Viernes Santo Sainte-Beuve dio á sus amigos una comida con carne y pescado. Veuillot. y desde entonces el periodista clerical le llamó siempre al crítico el libre collamar siempre el libre medor. — No he leído nada de gusta la literatura española. Desde entonces á Sainte- Beuve no le Sainte-Beuve dijo don Fausto. Don. — pues es un escritor muy notable! Al último se ha manifestado completamente anticatólico. que quería algunos datos del gran crítico para escribir la anécdota de dona Vasquez en su diario. unida á algunas ligeras consideraciones acerca de los escritos del protagonista.

Lea usted. — ¿Don Fausto? — Sí. Don Fausto abrió el sobre y sacó una tarjeta y una carta de Pipot. El hombre alargó un el sobre. El cubierto costaba tres francos. ¿El señor Bengoa? un hombre barbudo. lo tomó don miraba. preguntó dónde estaba el Sí. — Soy yo. se puerta con de esos que tienen guntaba por él. que pre- — — dijo. en donde le invitaba á un banquete á las ocho de la noche. por cara una zalea. al salir de casa. señor.s\ XXVI ¿Quién era el Revelador? Una mañana don encontró á la Fausto. Los dio don Fausto con gusto. le Fausto y viendo que preguntó : hombre le son tres francos. — — ¿Hay contestación? .

esperó y fueron llegando una porción de melenudos. esperaba encontrar á Yarza para que le iluminara. sombreros de ala ancha.)00 PÍO el BAROJA que se celebraba la cena. Todo el día estuvo pensando en este banquete. la pipa en los labios. Todos llevaban levitones antiguos. y luego que se fué el hombre de las barbas leyó la tarjeta. No pudo comprender quién era el Revelador. pero no lo encontró. don Fausto se acercó á . que era un restaurant del bulevar SaintMichel. Cuando llegó don Fausto todavía no había nadie. con grandes barbas. Al aparecer Pipot. que decía así: restaurant en Lutccia Social. Á las siete se encaminó al sitio en donde se celebraba la cena. y tenían cierto aire de pasla tarjeta Don Fausto leyó tores protestantes. La cita era á las ocho en el café. £anquete de Solidaridad e/j Rumana memoria del T^evelador de las Xei/es de la j7rmonía Universal por la j7sociaciórj JnfeffraL y quedó perplejo.

presidente ó lo que fuera de la Lutecia Social. Celebro mucho que haya usted venido dijo este hombre á don Fausto alargándole la — — mano. Pipot y un hombre de anteojos pasaron revista — : . extendiendo los brazos con verdadera solemnidad. Estuvieron los allí citados charlando un rato. Pipot.: LOS ÚLTLMOS ROMÁNTICOS él 301 y quiso llevarle aparte para preguntarle en honor de quién se daba el banquete. por miedo al ridículo. andando de un lado á otro. pero Pipot no paraba un momento. Pipot advirtió al presidente que don Fausto apenas hablaba francés. hago muy mal. la frase le pareció tan admirable. Lo que le seguía preocupando era no saber en honor de quién se daba el banquete. Pipot presentó á don Fausto al jefe. exclamó ¿Y qué. de bigote y perilla negros. se la estrechó con gravedad. un hombre alto. ciudadano Pipot. calvo. y el presidente. un tipo de don Quijote de levita. que disimuladamente sacó su cuaderno y la apuntó. Don Fausto lo — Contéstele usted en francés — dijo — No. las manos no hablan por nosotros? Don Fausto sonrió. Hubiera podido preguntar á alguno y decirle ¿Quién es el Revelador de las Leyes de la Armonía Universal? Pero no se atrevía.

302 PÍO BAROJA á los congregados. contándolos y señalándolos con un lápiz. en donde había tres mesas cubiertas de manteles blancos for- mando como una U. Este señor era un sabio. esperaron á alguien. Fueron sentándose todos. emprendieron el asalto de la escalera del fondo. y ya reunidos todos con el hombre flaco de aire quijotesco á la cabeza. la presidencia se acomodó en Don Fausto se colocó entre mesa central. Llevaba anteojos de oro. al ver á aquella proce- sión de gente hirsuta. Don Fausto buscaba la ocasión de preguntar á. vestía un gabán gris. pero Pipot no le oía. á cuya memoria se banquete. de cara redonda y cuidadosamente afeitada. Pipot y un señor la de barba larga. Durante algún tiempo estuvo discutiendo con un señor viejo. entrete- daba el nido en hablar á gritos. Pipot reservadamente quién era el Revelador de las Leyes de la Armonía Universal por la Asociación Integral. anteojos y melenas. raído y •-^<^if^- . Una muchachuela. Don Fausto oyó tuosas. observación y dirigió una mirada apostólica á estas muchachas irrespeSubieron todos las escaleras y entraron en un salón del piso entresuelo. según dijo Pipot. preguntó á una amiga: — Es — ¿Qué será esta colonia? la colonia de los barbudos la — contestó la otra riendo.

¡Que hable! ¡Que hable! una salva de aplausos. tagrel! — comenzó á gritar Pipot. Al llegar á los postres se levantó á hablar el hombre de figura quijotesca y con un tono entre evangélico y dolorido pronunció una arenga incomprensible acerca de la frialdad de la vida colectiva en la sociedad moderna y de la necesidad que se iba experimentando. le salía un libro En un momento de del brazo calma. le dijo. ¡Cantagrel! ¡Que hable Can- Hubo . hubo c?'o Cuando concluyó — ¡Cantagrel! — ¡Sí! rítmicamente intercalados. Don Fausto se turbó y no dijo nada. y del bolsillo del gabán viejo empastado. — yo casi no le entiendo. y Pipot siguió moviendo los brazos como aspas de molino. — Es verdad — repuso un comensal ingeel nuo. de la Asociación Integral.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 303 seboso. el una triple salva de aplausos con sus momentos de silenorador. cada día con mavor fuerza. don Fausto agarró — Pero bueno — á Pipot. — ¡Qué talento tiene este hombre! — decía á cada paso Pipot en colmo del entusiasmo. — ¿quién es el el Re- velador? — ¿Qué Revelador? — preguntó tartamu- do asombrado.

y cuando la — El ciudadano Saint-Preux tiene pa- labra. Nueva salva de aplausos. El presidente. todos decían I Bien! ¡Muy bien! Cuando concluyó de hablar el blanquista. el hijo de Blanca. Marquesito muchas entendió don Fausto apenas. Comenzó á hablar con una voz confusa. un periodista intentó rebatir lo dicho por el viejo y no se le oyó. Comenzó á hablar con voz al viejo tranquila. pañuelo rojo. Se levantó Enrique. Se levantó en un extremo de la mesa un viejo con barbas de color de lino. dando con la cuchara en la lo mesa. — Es No le un blanquista — dijo Pipot. se produjo un gran alboroto. en el cuello y una pipa corta en la boca. Llevaba un traje azul. saludó con entusiasmo y dedicó una frase á . y paseó la mirada por el comedor. dijo: silencio. hasta que se restableció el silencio. una voz parda y sin huesos. intentó imponer consiguió. : porque de cuando en cuando. dos ó tres quisieron hablar al mismo tiempo. pero de- bía proponer algo y decir cosas muy acertadas.304 PÍO BAROJA - — Cantagrel hablará á su tiempo — el replicó presidente con energía. — ha el es- tado en la cárcel con veces. á cuadros.

tan radicales. á quien llamó pariente espiritual de Cellini y de Maquiavelo. en el terreno político. porque en su discurso las veces. Pipot explicó á don Fausto que este señor era socio de una especie de falansterio establecido en Guisa por un discípulo de Fourier. citó varias Después comenzó la explicación de sus ideas que los mismos allí congregados no estaban conformes con ellas. en el económico. de bigote gris. El discurso de Enrique no convenció. que ya no se veía. todos encontraban sus ideas extremadamente radicia — — — — cales. Ese es el programa de Baboeuf dijo uno. la posesión en común de todo y la supresión de la herenpolíticas. Entre los gritos y el murmullo de las conversaciones. amigo de Pipot. El pedía en el terreno religioso la substitución de la religión por la moral. es el de Bakunín de los anteojos de oro. se levantó un hombre grueso. advirtió el sabio No. el libre acuerdo. de las pipas había enturbiado la atmósfera de tal modo. Se llamaba esta fundación cooperativa. y del capital. Estas dos figuras históricas debían producir gran entusiasmo á Saint- Preux. y tenía una tienda en París. Don Fausto comprendió en aquel momento que el Revelador de las Leyes de la Armonía El 20 humo .Los ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 305 Blanqui. el Familisterio de Guisa.

gritando: — ¡Cantagrell tagrel! ¡Cantagrel! ¡Que hable Can- comenzaron á levantarse. y aunque no había leído nada de ese escritor. ¿Qué hay? ¿qué ocurre? Vaya usted en seguida á casa de doña esto algunos En — — — — Blanca le dijo Yarza. le dijo: — — Caballero. sintió cierta tranquili- dad al despejar la incógnita. La está enferma. — Iría á verla. ¿Pues qué sucede? Que se ha puesto muy mala. . — Vamos — murmuró don Fausto. El orador del Familisterio era poco interesante y nadie le escuchaba. Pero una madre perdona siempre — — dijo don Fausto. Asunción me lo ha dicho desde el balcón.^06 PÍO baroja Universal era Fourier. y don Fausto vio en la puerta á Yarza que le hacía señas para que se acercase. Pipot le interrumpía á cada paso. entrar en su casa señorita Blanca Montville si no me hubiese prohibido aunque se encuentre mori- bunda. viendo á Enrique Saint-Preux en la puerta. Don Fausto cogió el sombrero y antes de salir. Saint-Preux movió la cabeza con un ade- mán sombrío.

Yo le he querido indicar el estado grave en que se encuentra.: LOS Últimos aOMÁNticóá 307 — Está bien. Dice que no le conoce á usted murmuró — — en voz baja. Yarza y Saint-Preux se acerla de Vaugirard. y volvió al poco rato y dijo Pase usted al cuarto. Don caron á casa. usted un momento — dijo Entró en la habitación de Blanca. Llamó don Fausto y entraron todos en La puerta de la habitación estaba entornada los tres. y pasaron dijo: La criada Plácida. Don Fausto entró en el cuarto de la enferma y al poco rato volvió con el rostro alterado. ahora le llama á usted. Fausto. pero no me he atrevido. señor! para esta gente su posición y sus prestigios sociales valen más que los sentimientos humaIba á salir Saint-Preux cuando sonó panillazo. — hay razas que hay que exterminar. — . Saint-Preux. la calle Intentaré verla. nos. ¡Adiós. un camdon — Espere Fausto. — — ¿Ve usted? — dijo amargamente SaintPreux. al ver á le Saint-Preux se alborotó. que no sabe quién es usted. y con voz irritada — ¿Á qué viene usted aqui? Saint-Preux no contestó.

y poco después vino un cura de San Sulpicio con los sacramentos. Á la media hora salió Saint-Preux. Á la mañana siguiente. .308 PÍO BAROJA La entrevista no la presenció nadie. Blanca de Montville había muerto.

porque él. en donde quedaba como heredera Asunción. marchó comenzó á se muy claro y muy ale- . y se hacer el inventario. El dueño del hotel manifestó á don Fausto que si quería seguir viviendo allí pagaría el doble.XXVII La familia de don Fausto. y don Fausto. por consideración á la señorita de Montville. Los días posteriores á la muerte de Blanca. le cobraba el mismo alquiler que cuando entró á habitar la casa. Buscaron entre los tres una habitación y encontraron un tercer piso gre en la calle del Bac. los parientes como Baucemont y Baucemont las visitas d'Havray recibieron de pésame. se abrió el testamento de la señorita de Montville. la criada Plácida tomó su manda y inmediatamente de la casa. decidió mudarse. por consejo de Asunción y de Yarza.

nubes plomizas. empañado por nebUnas azuladas. vestida con un traje vaporoso y con un aire virginal. que adornaron con plantas. la casa alhajada con verda- Don Fausto crito estaba en sus glorias. con los cuales había hecho grandes amistades en el camino.310 PÍO B ARO JA casa tenía un balcón corrido con tres huecos. y su hija Rita. sol pálido. Carlos y Asunción se dedicaban á esa dulce monotonía de las conversaciones sobre el mismo tema que aburre á todos menos á los enamorados. Era una mañana de otoño. una rubia preciosa. acariciaba los contornos indecisos de las cosas. y á principios de Noviembre escribió que llegaría á París. de ojos azules. Eran el doctor Gálvez. Se hizo el traslado de los muebles que habían pertenecido La á Blanca. mujer de don Fausto y la hija mayor. después de abrazarse. había es- á su mujer y á su hija que traspasasen cuanto antes el almacén de sombreros y fuesen á vivir á París. Clementina activó las gestiones para vender su almacén. ex ministro de una república sudamericana. Clementina presentó su marido y Asuncioncita á sus compañeros de viaje. y quedó dero gusto. esbelta. Era Cuando llegaron . Un sin fuerza. alta. el ambiente. Fueron á esperarle don Fausto y Asunción. brillaba entre El viento era húmedo y la fresco.

muy mal Se despidieron de los americanos ofreciéndoles su casa. la Prefectura.Ville y de Nuestra Señora. con sus pabellones azulados. Asunción con su madre en uno y don Fausto con la hija mayor en otro.Jacques. la torre de Saint. se veían unas casas altas. No quisieron descansar las viajeras. Don Fausto encargó á un mozo que llevara los baúles.. cruzó la de SaintDominique y se detuvo en la calle del Bac. Don Fausto estaba contentísimo. enfrente. Despacio Pilar se asomó á la ventanilla del coche. en la otra orilla. El coche pasó por delante del Instituto. de humor. luego comenzó á verse el perfil del Hotelde. dijo don Fausto al cochero. muy bonita. y á lo lejos la columna de Julio con una figura dorada que brillaba al sol y parecía volar por el aire.. Don Fausto mostró á su hija la Santa Capilla. Por el río pasaban los vapores del Sena dejando una estela blanca en el agua. oculto en parte por la fila de árboles ya amarillentos de la orilla del río. subió por la calle de Saint-Péres. como un escenógrafo que tiene éxito con sus decora- — — ciones. y te- una niña pálida. Luego entraron en dos coches. y Cíe- . á quien todo disgustaba. viuda del banquero Aguado.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 31t muy nía joven. Avanzó el coche hasta el Puente Nuevo y apareció el Louvre.

Asunción apenas veía á Yarza. : ción de cosas. el Panteón. Don Fausto llevó á su familia á almorzar á un restaurant del bulevar Saint-Germain luego les fué enseñando el Luxemburgo. Le molestaba que á su mujer y á su hija mayor no les entusiasmase lo que él les enseñaba. el sol calentaba aún. — — — — — don Fausto. Los días siguientes anduvieron constantemente en coche. ¿Y los grandes bulevares? preguntó varias veces Clementina. estaba cansada de ir y venir. Después de charlar de una porhija. Sin duda no experimentaban ninguna efusión por lo arqueológico. Un nífico día fueron á visitar á la familia el señor Gálvez y su Venían los dos en un maglando. El tiempo de Octubre era espléndido. las calles eran un hervidero de gente.. ^dónde están? Ya los veremos contestó de mala gana .. coche . y recordaba con gusto los días tranquilos y los paseos por el Luxem- burgo. Rita dijo á Clementina — ¿Quieren ustedes venir á dar una el vuelta por los Campos Elíseos? Tenemos abajo. Nuestra Señora de París.312 PÍO B ARO JA mentina y su hija mayor se prepararon al poco rato para salir.

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 313 Asunción no quería ir. en medio de una multitud de coches elegantes y de troncos de caballos soberbios. Bajaron del coche. Subieron unas obscuras escaleras de piedra. Don Fausto experimentaba un sentimiento . entraron en la plazoleta limitada por cadenas que rodea al arco. cruzaron un pasillo interior iluminado por un farol. Al llegar cerca del Arco del Triunfo. la satisfacción orgullosa que sentían. sí Pilar. quedaron cegados. Al salir de aquellas obscuridades á la luz del sol. mientras iban en el coche. y como el señor Gályez tenía que hacer una visita en el barrio. Luego. y entraron. hasta aparecer en la plataforma. pasaron por delante de las Tullerías y entraron en la Avenida de los Campos Elíseos. Don Fausto notaba en el aspecto de su mujer y de su hija. ya hechos á la claridad. Desde allí se comprendía la extraordinaria magnificencia de París. se dispuso que fueran en el coche con Rita. comenzaron á mirar el extenso panorama que se ensanchaba ante sus miradas. don Fausto. Rita : dijo — ¿Quieren ustedes que subamos arco? — contestaron Clementina y — al Sí. Atravesaron el Puente Real. Clementina y Pilar.

conocedora de París. absorta. que irradiaban desde la plaza de la Estrella. altura de Montmartre cubierta de tejados Don Fausto anduvo buscando las torres de San Sulpicio. Á pesar de la claridad de la tarde. Dieron la vuelta entera á la plataforma. Clementina. murmuraba ¡Qué hermoso ¡Cuánto coche! Rita. La Avenida de los Campos Elíseos estaba negra de coches. Por todas partes se veía la grandeza y la esplendidez del pueblo. algunas no terminadas aún. Cortando los grupos de casas se veían en forma de varillas de abanico. cuyo tejado aparecía como verde. Bajo el cielo azul pálido. : — I gas la la Magdalena. los Inválidos. Avenida de Neuilly los coches brillaban al sol. hacia la plaza de la Concordia había ya bruma y el obelisco se destacaba vagamente. el un rectángulo grises. París se extendia inmenso. Su amor por lo mediocre quedaba herido ante un lujo y una fastuesidad tan grandes. Panteón. mostró á sus amilas avenidas rectas. y no las llegó á encontrar. como por entre una nube.. Los macizos verdes del Bosque de Bolonia mostraban su infinita variedad de tola En . como quien busca un amigo entre la multitud. 314 PÍO BAROJA confuso de humillación. .

como un encaje de plata. — Dios mío. ¡qué hermoso! — murmuró Cleella Aquél era el París rico. á lo lejos se perfilaba entre la niebla la silueta del Monte Valeriano. todavía no . Luego.contestó Clementina en un tono de súplica. las altas chisi meneas de las fábricas iban destilando un humo negro que quedaba inmóvil en el horizonte.: LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 315 nos. mentina varias veces. el París inasequible para las modestas fortunas. y alrededor del pueblo. qué hermoso sueño! — ¿Vamos? — preguntó — don Fausto á su mujer varias veces. desvió la vista de París y murmuró miento interior como contestando á un pensa- . aquél era el gran París de los príncipes. Miraba la ciudad sin querer separar de la vista... algún lucero de cristales deslumhraba reflejando el sol. y una cometa roja destacaba su figura geométrica en el cielo. decidiéndose. ¡Vivir ahí! ¡Dominar allí! ¡Oh. entre la bruma lejana. No. húmedos. de los aristócratas. tenue. algún remate dorado de un edificio brilla- Por encima de los tejados ba como fuera de metal fundido. de los millonarios. de los artistas de universal fama. Subía de las chimeneas de las casas el humo blanco.

al trote largo de los caballos. el Madrid. —"^^K^'í' .316 PÍO BAROJA — ¡Quizás! ¡Quién sabe! Y bajaron entraron en los cuatro del Arco de la Estrella. Julio 1906. de la coche y volvieron hacia la plaza Concordia.

49 63 73 87 — El despertar en la calle de l'Arbalete. — Los amigos de Blanca de Montville. 191 213 221 — Don Segundo Paz . — Historia de dos amigas — Jóvenes románticos 5 17 33 IV.. INDICB Páginas. — El barrio de Saint-Séverin y la plaza VI. VIH. XVIII. III. 139 — Conspiradores 149 161 — Lo que germinaba XIV. 103 111 123 Maubert XII.. — El Buen Membrillo nette 167 y el Padre Lu177 — Historia de un músico saboyano XVII. — El excéntrico de la calle Galande XI. XIII. — La libertad inútil . — Asuncioncita XVI. VII. — El secreto de Blanca XV. — En donde el autor presenta á su héroe. — Un fabricante de sombreros de paja. — El comedor del Padre Maupit IX. I. II. V. — Las tribulaciones de don Fausto X.

— Inconvenientes de los éxitos literarios 281 XXV. XXIII. — Una visita á un convento XXI. — El Cháteau-Rouge XIX.318 ÍNDICE Páginas.57 — El final de una mujer romántica — El colaborador de don Fausto 265 XXIV. — Rincones de París XX. — La familia de don Fausto 299 309 O . XXII. —¿Quién era el Revelador? XXVII. 229 237 243 2. —Un paseo y una aventura de Sainte291 Beuve XXVI.

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