El camino de Santiago ANTECEDENTES DEL CAMINO “SANTO” “Santiago fue uno de los doce Apóstoles de Jesucristo que, según

la tradición cristiana, predicó en Hispania antes de morir decapitado en Jerusalén en el año 44 d.C. La leyenda nos cuenta que su cuerpo fue trasladado en barca hasta el fin del mundo occidental (finisterra, Galiza), donde seria enterrado por sus discípulos…” mando construir en el lugar una pequeña iglesia en el paraje que se denominara a partir de ahora como Campus Stellae o más adelante y con el devenir de los modos lingüísticos, Compostela. El escenario se encontraba ya presto para movilizar a la sociedad cristiana europea en la lucha contra el infiel, culminando la llamada que el gran Carlomagno comenzara a propagar, cuando se dio cuenta de la precaria situación en la que se podía encontrar con el tiempo si los reinos cristianos peninsulares caían ante el impulso musulmán. La llamada a la fe llega a impresionar a los viajeros musulmanes de la época, y así, Ali Ben Yusuf escribe: “es tan grande la multitud de los que van y vienen, que apenas se puede transitar por la calzada”. Los reinos cristianos peninsulares quedaban provisionalmente a salvo del empuje inicial cordobés y los monjes del monasterio benedictino del Cluny (Francia) aprovechan, en estrecha colaboración con el Papa Calixto II, toda aquella marea humana (principalmente francesa) para unificar los diferentes ritos cristianos y sustituir el hispano-visigótico o mozárabe por el llamado “romano”, que se había generado al abrigo de los monasterios cluniacenses y de la reforma gregoriana que se extendieron, junto al románico, por toda la vertiente cantábrica siguiendo la estela de los esforzados peregrinos. Esfuerzos y penurias que a partir del año 1179 tendrán a la Regis Aeterni como principal recompensa, un privilegio confirmado por Alejandro III que medio siglo antes bajo el auspicio de Calixto II establecía que en los años en que la festividad del Santo coincidiese en domingo se podrían ganar en la iglesia de Santiago de Compostela las mismas gracias que en Roma. 42

Finales del S.VIII. Con el emirato cordobés afianzado en la península y la precaria posición de los reinos cristianos respecto al Islam, el rumor de que los huesos del Apóstol Santiago se hayan en Hispania (no confundir con España, como suele suceder las mas de las veces) atraviesa de parte a parte toda Europa descubriéndose el osario unos años mas tarde (813) en el último confín del mundo romano, en el llamado finis terrae. La leyenda habla de un ermitaño que habitaba esta pagana región del noroeste ibero, el cual vislumbro cierta noche una estrella posada sobre el bosque Libredón. Opto por comunicar del hecho al obispo de la diócesis de Iria Flavia (actual Padrón), un tal Teodomiro, junto al que descubrió un diáfano altar en una pequeña necrópolis de origen romano. Teodomiro ratifico el descubrimiento y la noticia llego hasta la corte de Oviedo de donde partió inmediatamente su casto rey, quien

El camino de Santiago

Pero no podemos obviar que la difusa senda que recorre el norte de Iberia hacia las rugientes costas que acarician los confines de la Gallaecia celta forman parte de una ruta mística que no fue más que sincretizada, como de costumbre, por un fino sustrato cristiano cuando las razones de estado convinieron en utilizar la ruta como revulsivo para pasar a la ofensiva en la cruzada peninsular. Así, aunque la mayoría de peregrinos viajen acuciados por las vaporosas palabras de los monjes cluniacenses, entregados por completo a la fe y a los dictados papales, no serán pocos los que busquen en “el camino” respuestas a muchos aspectos de la vida. Ya en tiempos del Imperio Romano la ruta era utilizada para unir las ciudades de Astorga y Burdingala (Burdeos) y cruzaba los pirineos exactamente por el mismo sitio en que lo hace el camino jacobeo, allá desde donde el tropheum del monte Urkulu saludaba a los cansados viajeros que emprendían tan agotador camino y desde donde la secta mercuria de magos romanos había comprendido que, en aquellos acantilados que se abalanzaban sobre el infinito del océano, se asentaba también uno de los más grandes misterios que los mismos druidas celtas antes que ellos habían intentado comprender en su errabundo viaje por media Europa. Aun así, no fue hasta el asentamiento de la Orden de Hermes después de la guerra fraticida que sostuvo la Orden con los Diedne, cuando algunos magos Criamon comenzaron a utilizar aquel viaje al fin de la tierra, al fin de la existencia, a la frontera misma de su poder, como viaje iniciativo a los misterios.

Hoy en día no son pocos los magos que comparten suelo con peregrinos y mendicantes en los atestados hospicios y hospitales que jalonan el camino. Amparado cada uno por sus razones, estas son tan variables como las casas a las que pertenecen. Mientras unos encuentran gusto en el herrar atravesando bosques y montañas o conociendo nuevos burgos y aldeas, otros viajan persiguiendo el románico maravillándose con cada nueva creación que contemplan sus ojos. La mayoría hablan, beben y disfrutan de los placeres de la vida; mientras que los menos acechan en el camino, ocultos bajo el manto oscuro de las sombras, esperando oler un poco del perfume infernal que les es tan ansiado. La importancia del viaje físico y espiritual que supone esta aparente peregrinación nos la resume Nicolás Flamel, consagrado erudito que no conseguía descifrar un críptico texto y que viajo a la ciudad compostelana para pedirle al Santo que lo ayudara. Ya de regreso a la altura del burgo leones se encontró con un judío converso que descifro el tratado para él gracias al cual consiguió descubrir la formula de la piedra filosofal, hollando al fin la cima de su carrera como alquimista. Siguiendo los pasos de Nicolás son muchos los magos herméticos y ajenos a la Orden que comparten opiniones libremente, muchas veces cierto es, sin saber realmente a quien tienen delante.

LAS RUTAS CONCURRIDAS

MAS

Ya hemos remarcado en el capitulo precedente que la mayoría de los peregrinos eran de origen Francés, dado que los mayores impulsores del devoto

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El camino de Santiago peregrinaje fueron los monjes de la abadía francesa de Cluny, tanto fue así que aun hoy en día conocemos a la vía mas utilizada como “camino francés”. Pero en realidad los caminos franceses eran 4 y convergían en diferentes puntos de Navarra para continuar unidos asta Compostela. Esta disposición era fruto del trabajo que realizo como Rex Navarrorum Sancho “el Mayor” a favor de la ruta compostelana durante su dominio sobre todos los reinos cristianos peninsulares y que permitió la penetración de la regla cluniacense así como de sus primeros cenobios, a la par que mandaba construir nuevos puentes y ciudades en el camino para dotar de las infraestructuras necesarias a la llamada “calle mayor de Europa”. La poderosa orden cluniacense ya se había extendido anteriormente a lo largo y ancho de las arterias que recorrían Francia desde diferentes lugares. La primera partía desde Paris y viajaba hacia el sur por la antigua Turonem (via Turonensis o vie de Tours), la vie de Vezelay partía de la villa homónima y atravesaba Lemovicum (Limoges) por lo que también se le llamaba en latín via Lemovicensis y la última que se unía a sus hermanas en Ostabat era la via Podiensis que era la continuación de la Genebensis (por provenir de Geneve) y que se unían en Puy en Velay. Estas tres confluían en Gares (Puente la Reina) con la vie D´Arles (también llamado camino tolosano) que recogía a los peregrinos occitanos y que atravesaba los Pirineos por el paso de Somport, camino de Jaca y unos kilómetros antes, una vía secundaria sumaba en Iruñea al cauce principal de peregrinos a los que atravesaban en valle de Baztan provenientes de Baiona. Los habitantes de la rivera Navarra en cambio, utilizaban el camino del Ebro para unírseles en Logroño (también eran naturales a las peregrinaciones locales el camino de la Barranca que partía hacia Vitoria-Gazteiz, la ruta Maule-RoncalLumbier por Urdaix o las que atravesaban Valdaibar y la Valdorba).

Camino Francés: Los peregrinos se juntaban en torno a las localidades cercanas a Donazarre (el Imus Pirenaicus de los romanos) para comenzar en grupos la ascensión del que no estaba exenta de peligros en forma de bandoleros, tormentas o lobos durante los meses de invierno, trepando por las alturas del Vallis Karoli (actual Valcarlos y donde cuenta la leyenda acampo “el Magno” a la espera de Roldan) hasta que llegaban a la capilla y hospital del Sancti Spiritus de Orreaga, donde se rumorea, están enterrados los huesos de aquellos francos que perecieron en la batalla de Roncesvalles. De allí comenzaban el descenso sobre la naba de Iruñea atravesando para ello Zubiri, que como el nombre indica (zubi-iri=puentepueblo) constituía paso obligado si se quería atravesar el Arga sin mojarse los pies. Ligado al pilar central de este paso (que ya existía para 1097) nos encontramos una de las muchas leyendas del camino jacobeo que cuenta que si se dan tres vueltas al ganado alrededor de dicha columna estas sanaran de la rabia puesto que enterradas bajo las aguas se encontrarían las reliquias de Santa

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El camino de Santiago Quiteria. Los peregrinos toman justo descanso en Larrasoaña (comunidad de agustinos dependiente de Leyre) que llego a tener hasta 3 hospitales dado que era habitual pararse a descansar antes de llegar a Iruñea atravesando el río Ultzama en Trinidad de Arre por su puente de 6 arcos. Codex Calixtinus de Aymeric Picaud) el río Salado y en Villatuerta el Irantzu, para acabar finalmente en Estella al resguardo de sus muchas iglesias y hospitales. El camino continua hacia Los Arcos dejando a un lado al fortaleza de Villamayor de Monjardin y el poderoso monasterio de Iratche y atraviesa la comendatoria de la Orden del Santo Sepulcro en Torres del Río para llegar como último punto de la ruta Navarra del camino a Viana, autentico bastión fronterizo siempre amenazado por las tropas castellanas que a menudo, acompañaran el ir y venir de los peregrinos hasta Logroño. Valcarlos-9km-Orreaga-21km-Zubiri6km-Larrasoaña-8km-Trinidad de Arre7km-Iruñea-4km-Zizur-20kmGares/Puente la Reina-13km-Lorca5km-Villatuerta-4km-Lizarra/Estella21km-Los Arcos-8km-Torres del Río11km-Viana (136km, 3-4 días). Dejando atrás la vieja Iruñea, los peregrinos tendrán oportunidad de ser atendidos por los sanjuanistas que construirán a principios del S.XIII una de sus principales encomiendas en Zizur para a continuación comenzar la ascensión a la sierra del Perdón (donde se cuenta que el maligno quiso tentar a un sediento peregrino mostrándole la ubicación de una fuente a lo que el fatigado viajero se negó apareciendo a continuación el Santo compostelano y recompensándole con la ubicación del agua él mismo) que los separa de la comarca del Valdizarbe y de su núcleo urbano de Gares donde en el S.XI, la reina Mayor (la esposa de Sancho III) mando construir un hermoso puente que daría nombre a la villa y que muestra una hornacina con la efigie de la Virgen que un pajarito se encarga de limpiar cada cierto tiempo con el agua que lleva en el pico. Siguiendo el camino atravesaran en Lorca (mencionado en el Camino Tolosano: El camino que venia de Jaca, se adentraba en el Reyno bajo la atenta mirada de la sierra de Leyre siguiendo el cauce del río Aragón hasta Sangüesa, de donde partía al encuentro del camino principal por Monreal pasando por la capilla templaría de Santa Maria de Eunate y la localidad de Obanos. Cuentan los lugareños que San Guillermo, duque de Aquitania, fue a buscar a su hermana Felicia que volvía de Santiago. Apremiada a volver a casa esta se negó porque decía querer quedarse para cuidar de los peregrinos. En un acceso de furia el Duque mato a su hermana arrepintiéndose de inmediato yendo en penitencia a visitar al Santo y quedándose a vivir en una ermita cercana a Obanos, orando en soledad y socorriendo a los peregrinos y pobres hasta el día que falleció.

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El camino de Santiago Sangüesa-29km-Monreal-30km-Eunate4km-Gares/Puente la Reina (63km, 2 jornadas). Camino Baztanes: Esta ruta secundaria se utilizara casi exclusivamente para los peregrinos de la zona de Lapurdi que opten por utilizar la vía francesa descartando el camino de la costa, menos concurrido y en cierta manera, mas misterioso y menos beato (muchos de los magos con don estridente utilizan esta ruta para profundizar en los misterios del camino). Los peregrinos salen de Baiona camino de Ainhoa, por donde atraviesan las suaves y redondeadas montañas pirenaicas que los separan del monasterio de Urdazubi, adscrito a Santa Maria de Orreaga. A partir de aquí atravesaran el valle atlántico de Baztan para a continuación superar las alturas de Belate (donde podrán cobijarse en el pequeño monasterio, que por el S.XIII construyeron al lado de una ermita aledaña) que les separa del valle de Arre, donde podrán unirse en Trinidad al resto de la marea humana tras haber recorrido cerca de los 100 kilómetros. Camino del Ebro: La vía tarraconense es la utilizada por los habitantes de la rivera para, junto a los maños, unirse al camino francés en Logroño. Penetra en territorio leal navarro por la localidad de Cortes para alcanzar cuanto antes la capital tudelana por Ribaforada y continua hasta Castejón para adentrarse en tierras recientemente arrebatas por Castilla como son las de Alfaro, Calahorra y Alcanadre. LAS ÓRDENES MILITARES El origen: La creación de la primera Orden de caballería y la del interés por Tierra Santa se remontan al S.IV cuando la madre del emperador Constantino, a la postre Santa Elena, mando construir un templo en honor de Jesús en el lugar mismo de su padecimiento dando comienzo a las primeras peregrinaciones. No hemos de olvidar que fue Constantino quien oficializo el cristianismo después de que en una decisiva batalla se le apareciera una cruz en el cielo sobre la que rezaba “In Hoc Signo Vinces” (con este signo vencerás) y que a la postre supuso la creación de la caballería Aurata Constantiniana. La creación en Tierra Santa: Con la invasión de Palestina por los turcos Selyúcidas se crea en el seno de la iglesia romana una profunda preocupación por la integridad de los lugares santos y de los peregrinos que tenían prohibido la entrada en Tierra Santa. Así, será el Papa Urbano II quien al grito de “Dios lo quiere!” de comienzo a la I Cruzada cuando los caballeros cruzados toman al asalto Jerusalén el año 1099.

Pero la convulsa situación interna de la Ciudad Santa, cuyos ejércitos y caballeros se mataban entre ellos muchas veces, obliga que la defensa y protección de los lugares santos recaiga sobre las ordenes monásticas que los concurrían y que no tendrán otra opción que defender con sus propias manos lo que el ejército, siempre ausente de la 46

El camino de Santiago ciudad combatiendo aquí y allá, no podrá proteger. Esta obligación de estado acarreara diferentes privilegios otorgados por los papas encaminadas a favorecer la obtención de recursos por parte de los monjes que ocuparan los puestos más peligrosos en batalla, gozaran de la independencia ante cualquier autoridad terrenal (salvo la del enviado de dios en la tierra), exención de toda clase de diezmos además de derecho a capillas, clero y cementerios propios. Gracias a estos privilegios papales las diferentes órdenes que pueblan Tierra Santa construirán en suelo europeo una importante red de heredades cuya única misión consistía en sufragar las actividades de sus hermanos en Palestina. Será a partir de la caída de la Jerusalén en manos del gran Saladino cuando muchos de aquellos aguerridos veteranos de Tierra Santa paseen sus monturas por los campos de Hispania siguiendo con su doble cometido, proteger los lugares santos y a los que los frecuentan. En Nafarroa se distinguieron por su influencia, hospitalarios y templarios, aunque también hubo encomiendas del Santo Sepulcro y de Santiago.

Hospitalarios de San Juan de Jerusalén: Creada entre los años 11041136/45 (según nos atengamos a la fecha en la que lograron el reconocimiento de su hospicio o el año de su institucionalización como caballeros armados) la Orden funcionaba en un principio dando asilo a los peregrinos que llegaban a visitar Jerusalén en un hospicio que regentaba un tal Gerardo (“Gerardo institutori ac pareposito Hirosolimitani Xenodochii”) consagrado a San Juan por lo que también se los denomino como Orden de San Juan o sanjuanistas.

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El camino de Santiago Con Raymond de Provenza (1120-1160) el hospicio se convierte en hospital y se establece la regla benedictina por la cual se los considera como religiosos y enfermeros. Mas tarde, comenzaran a pagar escoltas armadas para proteger los hospitales, generalmente consistente en caballería pesada y turcopolos (caballería ligera de origen mestizo) que instituirán los grados mas antiguos, mariscal y copler, en función de a cual de las dos caballerias dirigiesen. Ya en el S.XIII y con Alfonso de Portugal como maestre la Orden se dividirá en caballeros seculares y declarados, siendo estos últimos, propiamente dicho, hermanos de la Orden (se dividían entre militares, enfermeros y capellanes encargados de los oficios). El distintivo de estos hermanos era la túnica negra benedictina con una cruz blanca que los guerreros solían cubrir con un sobretodo rojo (cruz blanca) cuando acudían al combate. gran complejo amurallado en el que vivian permanentemente de 7 a 13 miembros), el señorío de Leache (donado por Sancho el Fuerte y residencia del comendador de la orden) con su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción ademas de otras 14 villas y 21 iglesias. En el continente nos encontramos la encomienda de Donazarre (Saint Jacques le Vieux) y el hospital de Irisarri. Caballeros Templarios: Creada tras la primera Cruzada (1118) con una vocación claramente militar, los “pauperes conmilitones Christi” o pobres caballeros de Cristo como se los conocía en un principio, comenzaron siendo 9 caballeros con Hugo de Payns a la cabeza, que consiguieron acceder al favor real de Balduino II gracias a que a ambos los unían lazos de parentesco.

El último gran maestre de la Orden en Tierra Santa será Hugo Ravel (entre el y Alfonso de sucedieron otros 7 maestres) 17º en su cargo. A partir de aquí la Orden se tendrá que concentrar en sus posesiones europeas repartidas en los prioratos que formaban las diferentes encomiendas y donde un comandante se encargaba de supervisar las pechas de las diferentes heredades a su cargo. En Nafarroa*11 poseerán los hospitales de Bargota y Zizur (este último era un

El rey acogió en su propia residencia a los caballeros (la mezquita de Al-Aqsa), que cuando este la abandono para instalarse en la torre de David paso a pertenecer a la Orden que, dado que la mezquita se hallaba dentro del complejo del templo de Salomón, se conocerá como “del templo de Salomón” (Milites Templi Salomonis) de donde deriva la palabra templario.

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El camino de Santiago Se dice de su capa blanca rematada por una cruz roja, que la obtuvieron cuando el rey de Jerusalén expulso del Santo Sepulcro a la Orden instaurada por Godofredo de Boullion, adoptando sus hábitos y la regla la escribieron el año 1128 durante el concilio de Troyes junto con las máximas autoridades eclesiásticas donde destaco San Bernardo Claraval (impulsor de la reforma cisterciense) como máximo valedor de las mismas (su lema “Non nobis, Domine, non nobis, sed nomine tuo da Gloriam”, da una idea de lo estricta que era esta). La jerarquía templaría incluía en este orden a los caballeros, los capellanes y los sargentos cuyos ropajes eran de color negro o pardo con el omnipresente beaussant (buen signo) o cruz patada. La Orden prospero rápidamente gracias a las exenciones fiscales y al interés que suscitaban las empresas en Tierra Santa entre la devota nobleza europea, pero lo que mas marco el florecimiento de las relaciones comerciales de los templarios fue su capacidad gestora y fiabilidad en las transacciones. El imperio económico de la Orden hacia el 1220 incluía más de 9000 encomiendas por toda Europa (lo que permitía que los dineros viajasen con mayor seguridad, ya que la extensa red de comunicaciones propia evitaba que los convoyes tuvieran que permanecer aislados en sitios extraños), 30.000 caballeros y sargentos (sin incluir todos los siervos y escuderos al servicio de estos), mas de 50 castillos en Europa y Oriente Próximo y una flota propia que incluso rivalizaba con la genovesa y la veneciana (amarrada en la Rochelle y en Marsella).

Todo este poder económico les permitió acometer prestamos que tuvieron entre sus beneficiarios incluso a reyes y que se caracterizaron por obtener menor beneficio de usura que los prestamistas judíos. Al mando de la encomienda se hallaba el Preceptor*8, que en Nafarroa dirigía las encomiendas de Aberin (con su iglesia de San Juan Bautista), Ribaforada y Gares y que disponía de heredades en Desojo, además de la iglesia de Eunate en plena ruta jacobea. En el año 1312 con la quema del último Gran maestre Jacques de Molay, la orden queda proscrita y todas sus pertenencias pasaran a manos de los hospitalarios cuando no se las queden los propios monarcas.

Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén: U Ordo Canonicus Custodum Sancti Sepulcri fue instaurada en la defensa del Santo Sepulcro (aquel templo que mandara construir Santa Elena en el 313 d.C) por Guido de Boullion durante la primera

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El camino de Santiago cruzada (1098), expulsando a los anteriores canónicos (llamados así por el “canon” que les entrego la Santa) que tras la separación de la iglesia habían sido nombrados cismáticos para la curia romana. El propio Godofredo se erigió como primer Gran Maestre, a la vez que el maestrazgo de la Orden recaería en los reyes de Jerusalén quienes delegaban en el Gran Prior Sepulcrista el peso específico de dirigirla. El habito blanco de la regla agustiniana que seguían (los estatutos de la Orden se llamaban Assises) y las 5 cruces en recuerdo de las 5 llagas del señor fueron, junto con su lema “Deus lo vult” (dios lo quiere), sus máximas credenciales. A partir del 1103 adoptan el nombre de Militia Sancti Sepulchri a raíz de comenzar pagando guardias armadas para la protección tanto del Sepulcro como de los peregrinos que acuden a él, llegando a constituir con el tiempo, una orden mixta al igual que los hospitalarios. Así, los primeros frates y milites darán paso a los Miles (caballeros) y Presbyteri (canónicos) de la orden hasta que esta fuera disuelta en el 1311. Al contrario que los templarios y hospitalarios, los sepulcristas no establecieron una estructura unitaria en Europa (se los podía encontrar en sitios tan alejados como Italia o Polonia), pero si que disponían de varios prioratos alejados entre si como el de Calatayud, que seguramente fuera la casa matriz de la iglesia del Santo Sepulcro de Torres del Río. Orden de Santiago Apóstol: Orden originaria de León cuya historia se remonta a la fundación por Fernando II y el obispo de Salamanca de los freires de Caceres, 13 caballeros que tenían como misión proteger dicha ciudad del avance moro. Expulsados de la ciudad extremeña con el tiempo acabaran uniéndose a los canónigos regulares de San Agustín del monasterio de San Loyo (cerca de Compostela) donde pasaran a denominarse freires de Santiago al dedicarse a la protección de los peregrinos que acudían hacia Santiago. Así, la Orden es fundada el año1170 ante el legado papal comenzando su expansión por tierras castellanas 2 años mas tarde, reino en el que encontraran el favor real de AlfonsoVIII que los destacara en el castillo de Uclés (perteneciente a una comendatoria de sanjuanistas con los que el rey no estaba nada contento) concediéndoles además la villa y todas sus tierras donde con el tiempo establezcan definitivamente su sede central (caput ordinis) y en cuyo monasterio se aposentara el Gran Maestre de la misma. Serán los santiaguistas los que a la postre, y dado que estaban directamente vinculados con la reconquista, favorecerán la imagen guerrera de Santiago “matamoros” atribuyéndole la victoria del Clavijo (victoria cristiana del S.VIII) a la que también se le ira uniendo la fundación de la propia Orden.

Castillo del Clavijo donde la leyenda cuenta como Santiago se le apareció a Ramiro I venciendo a los moros en el año 844.

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El camino de Santiago La Orden mantuvo muy buenas relaciones con el rey castellano lo que no favoreció su implantación en suelo navarro. Esto y que las tierras donde se batallaba al infiel estuvieran tan lejos de los dominios navarros, repercutió en una presencia cuasi testimonial, enmarcada dentro de la ruta jacobea con dos pequeñas parroquias de hermanos “donados” (laicos que estaban al servicio de alguna orden eclesiastica) en Eihelarre. NOTAS

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