UNA ADAPTACIÓN DEL ESTRUCTURALISMO A LA HISTORIA

“LA LARGA DURACIÓN HISTÓRICA”: CLAVE METODOLÓGICA DE LAS DIFERENTES TEMPORALIDADES

ALDO CASALI FUENTES
Universidad de Viña del Mar

El concepto “estructura” sigue siendo controvertido en su utilización epistemológica y metodológica, por parte de las distintas disciplinas del hombre, en particular en el campo de las ciencias sociales. Desde el concepto estructura se deriva el de estructuralismo, distinguiéndose el Estructuralismo Metodológico y el Estructuralismo Filosófico. El primero, se expresa fundamentalmente en el campo de las matemáticas, de la lingüística teórica y la antropología cultural; mientras que el segundo, a pesar de la heterogeneidad de autores (Foucault, Lacan, Althusser, Derrida, etc.), se puede entender como una reacción frente a las tradiciones culturales y filosóficas inmediatamente anteriores, de carácter hstoricista y centradas en el sujeto, como son el marxismo, el existencialismo y el psicoanálisis freudiano.1 En el presente ensayo, sin embargo, no obstante la importancia de las categorías y ámbitos de uso referidas, en el intento de explorar una aproximación a lo que representa el concepto estructura y estructuralismo para la disciplina histórica, tendremos a la vista los textos de Bastide, Lévi-Strauss y Vilar en Los sentidos y usos del término estructura en las ciencias del hombre. Además de Pomian en La Historia de las Estructuras, correspondientes a las aproximaciones etimológicas y metodológicas del concepto estructura en la Historia. Adicionalmente, dado el contexto general y “estructurante” de las lecturas, nos remitiremos a Braudel y su clásico libro La Historia y las Ciencias Sociales, en un intento de síntesis comprensiva. EL CONCEPTO ESTRUCTURA El primer problema que surge para abordar el análisis del término “Estructura” corresponde a un par de constataciones metodológicas, esto es: 1. ninguna disciplina científica ha realizado progresos importantes sin un vocabulario técnico apropiado; 2. las ciencias humanas y particularmente las ciencias socales, no cuentan con ese vocabulario técnico perfecto, que les permita un trabajo en común.2
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Quintanilla, Miguel Ángel, Breve Diccionario Filosófico. Ed. EVD, Navarra, 1991 Bastid, Lévi-Strauss, Vilar, Sentidos y usos del término Estructura en la Ciencias del Hombre, Ed. Paidós,

La palabra estructura deriva del latín structura, del verbo struere, que significa construir. Por tanto, tiene originalmente un sentido arquitectónico (la manera en que está construido un edificio); por ello, está referido en relación a una construcción humana, hacia el hombre, hacia sus obras, su lengua. Desde sus comienzos la palabra estructura designa: a. un conjunto; b. las partes de ese conjunto; y c. las relaciones de esas partes entre sí. El concepto estructura, en la trayectoria histórica del mundo moderno, ha tenido una evolución a través del uso que distintos autores han hecho de él. En efecto, el término estructura ha transitado desde la biología a la sociología, en el uso de Spencer, de organismo biológico a organismo social, extrayendo de la biología el término de estructuras sociales, en una clara referencia organicista. En este sentido, ¿cuál es el aporte del concepto estructura, al de organización, o sistema? No siempre un cambio terminológico aporta un progreso a la comprensión de los fenómenos estudiados. Otras trayectorias del término van de la geografía física a la sociología, pasando por la geografía humana; es el caso de morfología social o formas de la sociedad, siendo la estructura un concepto físico material principalmente. De este modo, el concepto llega a la sociología francesa, según George Gurtvitch, en dos niveles: el de la base morfológica y el de la organización. Los sociólogos norteamericanos de la Escuela de Chicago, en la ruta de la ecología, avanzaron en el análisis de la morfología social, al estudiar la estructura espacial de las grandes ciudades o las pequeñas comunidades.3 Con el avance del conocimiento lógico matemático, el término estructura fue también viviendo un giro de sentidos. Por su parte, los economistas sostienen que los efectos de la guerra de 1914 y la crisis de 1929 no podían explicarse sino como una crisis de la estructura del régimen capitalista. De la acepción organicista de la palabra se pasa a una matemática, donde a través de la teoría de los modelos se designa como estructura un sistema bien especificado de relaciones o de leyes que describen el funcionamiento del fenómeno representado por un modelo. Surgen, en la evolución dinámica de las aplicaciones de las ciencias sociales al término estructura, nuevos conceptos asociados: micro y macroestructuras (economistas y sociólogos); Marx aporta los términos infra y superestructura; otras palabras nuevas hacen referencia a la raíz estructural de los nuevos vocablos de desestructuración y reestruturación. Junto con lo anterior, se presenta el problema de la distinción eficiente y significativa de los términos sistema, forma, organización, modelo y estructura. Según autores como Kroeber, “la noción de estructura no es más que una concesión a la moda.”4 A partir de estas diferentes formas de uso y asociación del término estructura cabe la pregunta por su definición y alcance, así como por la convergencia en el
Madrid, 1968, p. 9 3 Ibidem, Bastid p. 10 4 Ibidem, Bastid p. 11

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uso que las diferentes disciplinas sociales hacen del vocablo, en términos de aproximación y profundidad descriptiva a las realidades estudiadas, en función de rasgos característicos. El término estructura comporta dos sentidos generales: a. el que hace de la estructura una definición del objeto; y b. el que hace de la estructura una construcción conformadora de objeto. En uno y otro caso, se advierte una convergencia a la síntesis de las distintas ciencias sociales.5 Siguiendo a Lévi-Strauss, la estructura no es un núcleo del objeto, sino un sistema relacional latente en el objeto; así queda de manifiesto en sus obras Las estructuras elementales del parentesco, entre los hechos etnográficos y los hechos lingüísticos; Sociología y antropología, entre los hechos etnográficos y los hechos psicológicos; y en Antropología Estructural, entre los hechos etnográficos, sociológicos, económicos, estéticos y religiosos. Se trata entonces de modelos que establecen paquetes de relaciones, donde las estructuras finalmente se remitirían a estructuras mentales, pues no serían sino “modalidades temporales de las leyes universales en que consiste la actividad inconsciente del espíritu.”6 No obstante no poder dar unidad disciplinaria a la utilización de los modelos, sí es posible la unidad epistemológica del concepto estructura, pudiendo definirse: 1. Sistema ligado, de modo tal que el cambio producido en un elemento provoca un cambio en los otros elementos. 2. Pero este sistema (es lo que lo distingue de la organización), está latente en los objetos, de allí la expresión modelo de los estructuralistas. Modelo que permite la predicción y hace inteligibles los objetos observados. 3. Se puede esperar que, a través del método comparativo, algún día se encuentren equivalencias entre los diferentes modelos. Los modelos son locales, variables y son utilizados de forma variable por las distintas disciplinas. 4. El concepto de estructura aparece como un concepto sincrónico. Sobre todo si se remiten los distintos tipos de estructura a estructuras mentales (o incluso a estructuras culturales, como la conciencia colectiva) ya que la historia interviene sólo para mostrar las constantes.7 De acuerdo con Lévi-Strauss, el aporte de los antropólogos ha sido relevante para poder establecer que los fenómenos sociales dependían de ordenaciones estructurales. Con lo cual se ve que las estructuras son observables desde fuera, donde los procesos son particulares a cada una de las realidades subyacentes. Según este autor, no habría procesos paralelos para los componentes de una misma temporalidad. En ello pone como ejemplo la Revolución Francesa, donde los procesos vividos, in situ, por las diferentes clases o estamentos sociales son diversos, sin embargo no aprehendidos. Aspectos de vivencia y manifestación que sólo son posibles de constatar en el paso del tiempo, pero no en el
Ídem, Bastide, p.11 Ibidem, Bastide, p.12 7 Ibidem, Bastide, p. 14
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momento en que el individuo o la sociedad los vive. Sin embargo, reconoce que un etnólogo puede trabajar como historiador, y viceversa, por lo cual los métodos de investigación pueden ser complementarios; pero ahora dependerá de cada disciplina vivir el objeto de estudio como estructura o como cambio.8 Bastide nos dirá que el término estructura deriva del verbo latino struere, que significa construir, fijando una acepción inicial que lo vinculaba a lo arquitectónico (de edificación humana), para luego, a partir del siglo XVII, tomar la connotación de hombre, en cuanto cuerpo y obras que ha construido, como la lengua y discurso (gramática – semántica).9 Estructura involucraría tres aspectos: un conjunto, las partes de este conjunto y las relaciones de las partes entre sí. En este sentido fue recogida, señalará Bastide, como término por diversas disciplinas, como las ciencias de la naturaleza, la biología, la matemática y las ciencias de la sociedad (sociología, economía, entre otras). Para los estructuralistas, dirá Bastide, siguiendo a Lévi-Strauss, la estructura es el sistema relacional latente en el objeto, con lo cual puede haber diversos objetos, pero con sistemas relacionantes vinculantes sea en lo etnológico, como en lo lingüístico, o bien en otros aspectos del desenvolvimiento de las sociedades: sociológicos, económicos, estéticos o bien religiosos. Estas vinculaciones pueden lograrse mediante aproximaciones teóricas lógicomatemáticas como “modelos,” en los cuales caben los mentales.10 Para Bastide, la estructura es un sistema donde cualquier modificación altera sus partes integrantes; latente mediante la construcción de un modelo; modelos que pueden ser complementarios o independientes a cada disciplina que estudia un objeto; y que es sincrónico, dado que permite observar las constantes presentes en un desenvolvimiento histórico.11 EL CONCEPTO DE ESTRUCTURA EN LA HISTORIA Según indica Krzystof Pomian, de ser factible fijar una fecha para el inicio del estructuralismo, ésta sería la del año 1916, fecha en la cual los discípulos de Ferdinand de Saussure publicaron el texto Curso de Lingüística General. A partir de este libro, indica, se generaría una corriente no sólo vinculada a la disciplina de la lingüística, representada por los trabajos de Trubetzkoy, Jakobson y Hjelmslev, sino que el estructuralismo se aproximaría a otras, como la historia, y en ésta a la historia de las religiones con el aporte de Georges Dumézil, y así también a la antropología. Este último hecho estuvo reflejado en el trabajo de Claude Lévi-Strauss Estructuras elementales del parentesco, de 1952. Años más tarde, dice Pomian, se desencadenaría la polémica respecto al estructuralismo, luego de la publicación por parte de Lévi-Strauss de Antropología Estructural. Polémica
Claude Lévi-Strauss, Los límites de la noción de estructura en etnología, p. 31 y ss. Roger Bastide, Introducción al estudio del término “Estructura,” p. 9 y ss. 10 Ibidem, p.15 11 Ibidem, p.15
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que implicaría para la historia el reconocerse como una ciencia social, lo que para Fernand Braudel es un cometido que queda explícito en la publicación de su artículo: “Historia y ciencias sociales. La larga duración.” Para este autor, la historia no debiera estar aferrada al estudio de los acontecimientos, sino que tiene la tarea de dilucidar las estructuras que se esconden tras los eventos. En este cometido, Braudel define la estructura como “…una organización, una coherencia, de las relaciones suficientemente fijas entre realidades y masas sociales.”12 Agrega Pomian, la estructura sería el armazón que sostiene imperceptiblemente los acontecimientos, siendo las estructuras una realidad que pervive silenciosamente por año y siglos, sin que se constate cómo influyen en el movimiento de los acontecimientos, siendo a veces, dirá, especies de cárceles que atan las vivencias de los individuos.13
1. UN EJEMPLO: LAS ESTRUCTURAS DEL LACIO MEDIEVAL

Si bien, indica Pomian, han quedado atrás los debates respecto a la posibilidad de realizar el estudio de la historia estructural, es necesario que esto se demuestre con obras. Es decir, con estudios que han versado sobre historia estructural. Es por esta razón que el autor reseña el trabajo de Pierre Toubert Las estructuras del Lacio medieval. En este trabajo se da cuenta de un conjunto de estructuras en el Lacio meridional y la Sabinia, entre el siglo IX y fines del siglo XIII. A fin de dar cuenta de las estructuras presentes en la zona, el autor reseña el tipo de hábitat que predomina, donde destacan los “parajes encaramados” con parcelas dispersas de acuerdo al tipo de cultivo, existiendo una organización concéntrica del espacio cultivado, con diferentes sistemas de producción, sean intensivos o extensivos. A lo que indica cómo este tipo de aprovechamiento del suelo agrícola, con concentración de hábitat, generó una estructura agraria que traspasó niveles que fueron más allá de lo que era la producción agrícola.14 Según Pomian el historiador preocupado de la historia estructural intentará pesquisar aquellas realidades de larga duración, siendo éstas fenómenos multiseculares. El estudio de Toubert se preocupa de una zona que presentó una realidad similar por más de cuatro siglos, y que en momentos de mayor dinamismo demográfico en la zona norte de Italia, desde el siglo XIV, como lo fueron la utilización de las propiedades agrarias en la zona de la Toscana, que llevaron a nuevas formas de ocupación y utilización del suelo, el Lacio no fue capaz de transformarse y modificar los sólidos sistemas agrarios que tenían su base previo el siglo X. “Es la estabilidad de este marco la que confiere a estas actividades un carácter monótono, repetitivo: año tras año, se cultivan de la misma manera los mismos campos, dispuestos de la misma forma. Los individuos mueren, y
Pomian, Krzystof, “La Historia de las Estructuras,” en Enciclopedias del saber moderno. Diccionario de la Nueva Historia (Dirigido por Jacques Le Goff, director de la obra, Roger Chartier y Jacques Revel, director del Diccionario), Bilbao. 1988 , p.196 y ss. 13 Ibidem, Pomian, pg 196 y ss. 14 Ibidem, Pomian, p.197
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las familias, pero el conjunto, compuesto de la casa en la aldea y de la explotación dividida en parcelas dispersas, continúa dispuesta a acoger nuevos habitantes para imponerles un modo de vida idéntico al de sus predecesores.”15 Esta estructura fijaría, dice Pomian siguiendo a Toubert, límites al desarrollo de la región, influyendo en los índices demográficos y en las fluctuaciones coyunturales de la producción agrícola, llevando a la repetición constante y soterrada de los eventos. Al estudiarse una estructura, el historiador procede a describirla, donde la seminmovilidad es observable en un hecho como lo era la explotación agrícola-ganadera, pero que incidirá en un modo de vida que será particular y específico, influyendo en otros ámbitos estructurales, como las estructuras económicas y de redes sociales (que Pomian indica como de encuadramiento).16 El sistema del incastellamento que daba cuenta de la formación de la estructura agraria respecto a un tipo de poblamiento específico, que buscaba el concentrar el hábitat de los individuos en un solo lugar y de dividir el espacio de cultivo y aprovechamiento agrícola en células vinculadas a una castrum, no solo habrían dado el origen a la estructura agraria del Lacio, desde el siglo X, sino que a su vez este debía su antecedente a una expansión demográfica que había llevado a utilizar de mejor modo los terrenos. Por tanto este hecho no es una realidad que implicó un retroceder, dirá Pomian, sino un avance hacia una nueva estructuración de la propiedad y ocupación agraria. En ese sentido, este hecho debe verse como una “verdadera revolución” y no un retroceso en las formas de poblamiento y explotación agraria. Tras la división de la región en castrum, el estudio de la estructura fue mostrando una realidad diferente en lo que era la relación económica entre los señores y los campesinos, que se traducía en el ejercicio de derechos públicos y religiosos, pero también donde los campesinos por vivir en espacios delimitados de acción fueron objeto de una mayor servidumbre, restándoles libertad frente al parecer de todos los miembros de un castrum, donde primaba la opinión de vecindario, y así también de los hombres mayores y de las personas casadas. Para Pomian, el aporte de Toubert, como ejemplo, permite esbozar las implicancias que tienen el estudio de la historia estructural: 1. es la historia de una población tomada en su conjunto: son los campesinos, pero también los señores y el clero, y 2. es la historia de la familia, de sistemas de trabajos, redes de intercambios, de religión, de relaciones de dominio, entre otros. De allí que indique que “…la vida diaria de una sociedad se descompone en un conjunto de estructuras que se mantienen, todas ellas, en la larga duración, aunque cada una de ellas evoluciona a un ritmo propio.”17 Sin embargo, nos dirá que la estructura también traduce el flujo del cambio donde una estructura
Idem, Pomian, p.197 Idem, Pomian, p.197 17 Ibidem, Pomian, p. 198
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será revolucionaria en tanto consolida transformaciones que tienen su antecedente en siglos anteriores. Para él, el estudio de Toubert señala la historia de una transformación revolucionaria que en su proceso de desarrollo abarcará siglos (sistemas de dominación y apropiación agrícola) que ira de los señores a la posesión de los Estados Pontificios.
2. COYUNTURA Y ESTRUCTURA

Para Pomian la tarea que acometen los historiadores ha llevado a modificar el cuestionario que guía su labor, donde se va más allá de preguntar qué suceso relevante ha ocurrido en tal o cual período histórico. El historiador en la actualidad, señala, va más allá, o deberá ver más allá, de un hecho que suele ser calificado de extraordinario o transformador.18 La discusión de los teóricos de la historia habría radicado en el siglo XIX en establecer cuál era el objeto de la historia: lo extraordinario, lo único, lo no repetido. Por tanto, si era esta opción debía reconocer su no cientificidad, como si la tenían otras disciplinas de las ciencias sociales, que desde la segunda mitad del siglo XIX estaban en avance, como la sociología, la economía, y la geografía. De allí que se indicaran dos opciones para la disciplina. Por una parte que la historia era una ciencia ideográfica, atenta a los objetos que no tienen posibilidad de repetición; y por otra, que era una ciencia nomotética, que buscaba descubrir leyes a partir de hechos que se repiten. A fin de dar cuenta del avance de la atención diferente al cuestionario del historiador, respecto al objeto de estudio, Pomian indicará como hitos de quiebre al trabajo que acometían los historiadores hasta esas fechas, los trabajos de Francois Simiand, del año 1903, Método histórico y ciencia social; y la creación de los Anales de historia económica y social, en el año 1929, por Marc Bloch y Lucien Febvre. Pero Pomian, nos dirá que existe otro antecedente un tanto desconocido pero que señala aspectos que luego serán sistematizados y formalizados en lo teórico por historiadores posteriores, como Braudel. Este antecedente de la historia estructural sería la tesis de grado de Lucien Febvre del año 1911, Felipe II y el Franco Condado. Esta sería el primer trabajo desarrollado por la nueva historia, donde se constata que los malestares de la nobleza no son sólo de carácter personal o político, sino que obedecen a razones económicosociales. Es por ello, que dirá que los acontecimientos le serán relevantes en cuanto series que muestran las variaciones coyunturales de las relaciones entre dos clases sociales. Pomian, indicará que Febvre, si bien no introduce los términos de ESTRUCTURA y COYUNTURA, tales conceptos están presente en el desarrollo del estudio. Febvre acometería el análisis del medio geográfico, las instituciones políticas y el conflicto entre la nobleza y la burguesía. Contrastando en su indagación fenómenos de larga y corta duración.19 Pomian indicará que el nuevo cuestionario de la historia irá hacia los aconte18 19

Ibidem, Pomian, p. 202 Ibidem, Pomian, p. 202

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cimientos que se repiten, a lo regular, a lo cotidiano, en general, “…a los hechos que se presentan en masa.”20 Esto llevará a que se deje un tanto de lado la historia política, en beneficio de la historia económica y social. Como ejemplo, señalará que entreguerra se dio un auge de la historia de los precios, donde la problemática apuntaba a las fuentes de base. Si se optaba por atender a los libros de cuentas, el historiador, como Henri Hause, propendían a la particularidad. En cambio, si el historiador seleccionaba como fuente de sus estudios, las tarifas, este hecho le proyectaba al estudio de las generalidades, de las representaciones anuales o promedios de los flujos.21 La historia económica facilitaría que la mirada del historiador se desviase hacia aspectos de la cotidianidad, a los hechos repetidos o posibles de promediar estadísticamente. Hauser sería el historiador que se opone a estudiar promedios o representatividades genéricas, defendiendo los libros de cuentas y rechazando los estudios estadísticos. Por su parte, Labrousse reflejó la postura contraria, donde el estudio de la historia económica rompe con el tiempo lineal del acontecer, señalando, atendiendo al trayecto de las tarifas, evoluciones en ritmos diferentes. En su trabajo, él diferencia tres tiempos: movimiento de la larga duración; oscilaciones cíclicas; y variaciones temporeras. Aspectos que ve presente al abordar el precio de los cereales, en Francia, entre 1732 y 1817.22 El primer libro de Labrousse, indicará Pomian, es de 1932. Es a través de este que inaugurará el estudio de situaciones subyacentes a las fluctuaciones coyunturales y tratar de desentrañar las causas que lo producen. En su segundo libro, La crisis de la economía francesa a fines del Antiguo Régimen y principios de la Revolución, de 1943, establece un modelo de la crisis económica, no abarcando tal modelo a lo que era el ámbito secular. Hecho que acontece por la etapa de desarrollo que vivía la disciplina, a la cual le faltaba abordar otros aspectos fluctuantes de la larga duración que solo serían constatables mediante la amplitud del cuestionario a resolver, que iba de lo cíclico al movimiento imperceptible.23 La obra de Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, de 1949, reflejaría, según Pomian, una continuación del esfuerzo de Febvre de establecer una historia económico y social, pero también demográfica, cultural, política, religiosa, y militar, entre otras. Braudel atendió a las repeticiones, cruzando más allá de lo que se había visto como historia de los acontecimientos, de lo único e irrepetible. “Con Braudel, el estudio de las repeticiones sale del campo en que parecía confinado. Deja de ser un dominio particular que coexiste con la historia tradicional, orientada hacia acontecimientos únicos.”24 El objetivo de su estudio serían, entonces, “las vastas extensiones y largos
Ibidem, Pomian, p. 203 Ídem, Pomian, p.203 22 Ibidem, Pomian, p. 206 23 Ibidem, Pomian, p. 206 24 Ídem, Pomian, p. 206
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períodos,” donde es factible percibir las oscilaciones y los ciclos. La historia que desarrolla es de oposiciones, entre otros de la montaña – del llano, de la coexistencia, lo que lleva a la historia cíclica, donde es posible constatar lo reiterado.25 Otro ejemplo, presente en el trabajo de Braudel y que habla de estas vastas extensiones, radicó en atender al mar, donde se puede ver la oposición o dos tendencias contrarias, las cuencas y el interior, entre el Oriente y Occidente, en el avance del dominio marítimo y búsqueda de comercios, generando conflictos y a su vez corrientes de intercambio. La oposiciones de este mundo son una realidad al contrastar oposiciones existente en la tierra firme y en el mar, pero también entre ambos espacios geográficos, que se tangibilizaría en lo que fueron las luchas las rutas comerciales, sea terrestres o marítimas. O bien, entre ciudades con vínculos en otras zonas de interés económico, como el Mar caspio o el Mar Báltico. Oposiciones que ve entre el Mediterráneo y Europa, entre el desierto y la estepa. Oposiciones que señalarán, “…civilizaciones, sociedades y estilos de vida que se enfrentan…”26 Pero que en lo genérico reflejan una unidad física y geográfica que está dada por el mismo Mediterráneo. Braudel, en la primera parte de su libro, señalará, dice Pomian, las oposiciones y contrastes, jerarquizando y yendo de lo local a lo global, construyendo una estructura, donde no pueden darse límites ni fronteras, tanto en el espacio, como en el tiempo. Constando repeticiones, ciclos y vínculos mayores que hablan de lo estructural. Braudel, a la historia estructural opondrá la historia de la coyuntura, que es la temática que abordará la segunda parte del libro. Coyuntura que pueden ser económicas, culturales, sociales, políticas, militares, entre otras. Para ello da el ejemplo de la oposición entre Mediterráneo y Atlántico, por las rutas de las riquezas y especies. Realidad que muestra que desde el siglo XV triunfe el Atlántico. Otro ejemplo, lo era la oposición de los imperios turco y español por dominar el Mediterráneo. Cuyas orientaciones, a pesar de los encuentros y luchas, les llevan a espacios divergentes, como el Índico, para los turcos, y el Atlántico y norte de Europa, para los españoles.27 Los acontecimientos, que corresponden, en palabras de Pomian, al “tercer panel del tríptico braudeliano,” son hechos que nacen de las estructuras y de las coyunturas. Serían las rupturas o restablecimientos de equilibrios. Son un dato referencial, sin mayor preocupación que la constatación. Para ello da el ejemplo de Braudel, de la Batalla de Lepanto, entre turcos y españoles, en 1571. Es una constatación, pero que no altera el énfasis del nuevo cuestionario del historiador, el cual desde los años cuarenta estaría abocado a indagar sobre las oposiciones entre estructuras y las coyunturas.28
Ibidem, Pomian, p. 207 Ídem, Pomian, p. 207 27 Ibidem, Pomian, p. 208 y ss. 28 Ibidem, Pomian, p. 208 y ss.
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Para Pomian, Braudel habría efectuado una acción revolucionaria para los estudios históricos, al fijar la atención en las oposiciones de estructura y coyuntura, pero especialmente en reconocer la existencia de un tiempo que avanza y sostiene de manera casi inmóvil los hechos que ocurren. Braudel habría sistematizado y formalizado una teoría, inaugurando nuevos espacios de atención para los historiadores. ESTRUCTURA Y ESTRUCTURALISMO: APLICACIÓN A LA HISTORIA Fernand Braudel expresaba, en su conocido libro La historia y las ciencias sociales, que había una crisis general de las ciencias del hombre, abrumadas por la acumulación de nuevos conocimientos, y carentes de trabajos colectivos; le preocupaba también el lugar que ocuparía este “progreso” de las ciencias sociales “en el conjunto monstruoso de las antiguas y crecientes investigaciones.”29 Pese a todo, en su momento, el historiador era optimista y vislumbraba una oportuna convergencia de este progreso cuantitativo. A partir del artículo de Braudel hasta la actualidad han sido pronunciados numerosos discursos y desarrollado importantes escuelas de pensamiento en la historiografía y en las ciencias sociales, así como una prolífica etapa de institucionalización de este campo de saber en Europa y América Latina, pero: ¿por qué después de haber transcurrido ya varias décadas de la manifiesta preocupación de Braudel se sigue hablando, con igual preocupación, de la crisis de la historia y de las ciencias sociales?30 Braudel construyó un modelo de explicación cuya originalidad estriba en que descompone el tiempo, generalmente considerado como algo lineal, plano y unitario dentro de la historiografía tradicional, en múltiples tiempos, claramente diferenciados entre sí y explícitamente vinculados a esas diversas realidades históricas consideradas. Tal y como lo hará explícito en su célebre artículo publicado en 1958 titulado “Historia y Ciencias Sociales. La larga duración,” Braudel ha construido una tipología estructurada de los diferentes tiempos históricosociales, de las diversas duraciones registrables y clasificables de los hechos, fenómenos y procesos históricos, que constituye precisamente su propuesta metodológica de las temporalidades diferenciales en general y de la larga duración en particular.31 Para Braudel, en la historia existen decenas y hasta centenas de tiempos diversos, una tentativa de clasificación de esa enorme masa de temporalidades, podrá reagruparlas bajo la triple esquematización del tiempo de los acontecimientos o tiempo de la corta duración, el tiempo de las coyunturas o tiempo
29 Braudel, Fernand, La historia y las ciencias sociales, Madrid, Alianza, 1986, p. 60. El texto fue retomado del original en francés, “Historie et sciences sociales: la longue durée,” Annales. E.S.C. n°4. (oct.-dic., 1958). Débats et Combats, pp. 725-753 30 Aróstegui, Julio, La investigación histórica: teoría y método, Ed. Crítica, Barcelona, 1995 31 Braudel, Fernand, La Historia y las Ciencias Sociales, Editorial Alianza, Madrid, 1986 (7a edición), pp. 60-106

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medio, y el tiempo largo de las estructuras, el tiempo de la larga duración histórica.32 La caracterización estructural de la temporalidad histórica, según Braudel, se expresa en tres tiempos que hacen referencia, a tres órdenes de duraciones histórico-sociales de las realidades analizadas por las ciencias sociales y por la historia, que permiten distinguir al mismo tiempo la vigencia y también en parte la relevancia de estas mismas realidades. En una primera dimensión temporal, sostiene Braudel, están los acontecimientos o sucesos de corta duración, que definen su temporalidad precisamente “événementielle,” a la medida y al ritmo del acontecer cotidiano, del que se ocupan los periodistas y los cronistas del día a día y que cambia con la velocidad y el nerviosismo de las horas y de la sucesión acompasada de las noches y los días. Se trata, como dice Braudel, del tiempo cortado a la medida del individuo y de sus experiencias más inmediatas. Así, un terremoto que destruye una ciudad, un golpe de estado que derroca un régimen democrático, la firma de un tratado económico de libre comercio, o la publicación de un nuevo libro, serán diversos acontecimientos de la historia, de orden geográfico, político, económico o cultural, entre otros.33 En una segunda dimensión temporal, propone el autor, el tiempo de la mediana duración, que constituye a las distintas “coyunturas” económicas, políticas, sociales, culturales, etc., en referencia a las realidades reiteradas durante varios años, lustros e incluso décadas. Es este el tiempo de los fenómenos característicos de las distintas “generaciones” humanas, el tiempo de los ciclos económicos de ascenso y descenso del Kondratiev, el tiempo de vida entre el nacimiento y el reemplazo de una generación literaria, política o cultural, o la duración propia en la memoria de los protagonistas, de una experiencia traumática como la de la segunda guerra mundial. Tiempo de los fenómenos repetidos o que perduran durante varios años, que enmarca y envuelve al tiempo “événementielle,” al trascenderlo y servirle de punto de apoyo y de marco de referencia más general. En una tercera dimensión temporal, finalmente nos expresa Braudel, los procesos y estructuras del tiempo largo o de la larga duración histórica, que recorriendo siempre curvas superiores a un siglo, corresponden a esas realidades persistentes dentro de la historia que hacen sentir efectivamente su presencia en el decurso de los procesos humanos, y que al establecer los límites de lo posible y lo imposible se constituyen como verdaderos protagonistas determinantes del devenir específico de las sociedades. Por ejemplo, como en el caso de un proyecto civilizatorio centrado en torno a la alimentación a base de maíz, fríjol y sus complementos, que provoca una actitud multisecular hacia el trabajo y hacia el tiempo libre. O también, las influencias de una alternancia climática en los
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Ídem, Braudel, p. 64 Ídem, Braudel, p. 76

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ritmos de los tiempos de paz y de guerra de la actividad militar, lo mismo que la persistencia de una concepción religiosa, que penetra e inunda a todo el conjunto de una sociedad del lejano oriente determinando una cierta actitud hacia la naturaleza, hacia la muerte o hacia el propio grupo social. Casos que son claramente distintas arquitecturas de larga duración, que al ser las coordenadas más generales y profundas de la historia, resultan también las más difícilmente registrables en su real operatividad histórica, por parte de los historiadores y científicos sociales.34 Se trata, efectivamente, de un “modelo” de descomposición del tiempo en estas tres temporalidades diferenciales, que más allá de su aparente sencillez, y de la facilidad de su enunciación, encierra sin embargo, una enorme y radical transformación respecto del modo anterior tradicional de percepción del fenómeno mismo de la temporalidad. Dicho en otros términos: la asunción radical y profunda de la propuesta metodológica braudeliana de las distintas temporalidades históricas, sólo es posible a partir del desmontaje total y de la superación radical del modelo vigente del tiempo moderno burgués, al que dicha propuesta niega y supera simultáneamente.35 Si analizamos con más detención, cuál es el modelo de percepción del tiempo que ha sido dominante en la larga curva de vida de la modernidad, veremos que es el modelo de un tiempo newtoniano, derivado de la física, que es concebido como “marco temporal,” vacío y homogéneo, y compuesto de manera lineal e idéntica por la regular sucesión y suma de segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años. Es decir, un tiempo abstracto y lineal, constituido como dimensión autónoma y separada de los hombres, que regula sus actividades sociales e individuales, y que parece exigir a los hombres el ser “llenado” constantemente con los diversos hechos, sucesos y acontecimientos históricos diversos. Un tiempo de vigencia social general, y de progresión regular y uniforme, que se presenta como unitario y constituido de una sola dimensión, y cuya única descomposición-recomposición posible es la de su fragmentación o adición en las unidades menores de la referencia cronológica de años, días, horas, minutos, etc. que ya hemos mencionado antes.36 En oposición a este marco temporal, propio de la modernidad, que las ciencias sociales y también la historia asimilaron como propio, en virtud de su carácter como modalidad dominante de percepción de la temporalidad, se despertó una intensa reproblematización, que iniciada desde la segunda mitad del siglo diecinueve e impulsada fuertemente por los propios postulados de la teoría de la relatividad de Einstein –que desmontaba en sus propios cimientos a esta visión newtoniana del tiempo absoluto, demostrando también su carácter relativo, alcanzó su punto de máximo desarrollo durante los años veintes y treintas de este siglo, justamente en vísperas de la segunda guerra mundial. Y es preciÍdem, Braudel, p. 76 y ss. Ídem, Braudel, p. 76 y ss. 36 Ibidem, Braudel, p. 60 y ss.
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samente en esta atmósfera, de intensa reflexión sobre las estructuras, componentes y dimensiones de la temporalidad, en la cual Braudel elabora su modelo de los distintos tiempos en general y de la larga duración en particular. Se trata de una visión que des-estructura esa perspectiva moderna dominante del tiempo, para superarla con la nueva teoría braudeliana de la descomposición y diferenciación temporal. Porque frente al tiempo de matriz física, único y unitario, típico de la historiografía tradicional, Braudel va a oponer los muchos tiempos sociales e históricos, múltiples tiempos que frente a la homogeneidad idéntica a sí misma de los segundos, minutos, horas, etc. del tiempo moderno va a reivindicar en cambio, tiempos y duraciones de densidad e intensidad diferenciadas --esos famosos días que “equivalen a veinte años” o los muchos años que son iguales a un día--, que al mismo tiempo se encuentran jerarquizados y entre los cuales el más importante es justamente el de la larga duración.37 El autor sostiene la existencia de varios tiempos, que han dejado de ser abstractos, vacíos y aparentemente autónomos e independientes de los hombres, como en el caso del marco temporal de la modernidad, para transformarse en las duraciones concretas y multicolores que corresponden directamente y son dependientes de los hechos, fenómenos y procesos vividos y protagonizados por los propios hombres. Es un tiempo múltiple que ya no aparece como dominante y regulador de las actividades humanas, sino solamente como simple instrumento de registro y medición de esas múltiples duraciones sociales e históricas. Es una nueva visión de la temporalidad, que frente al tiempo lineal y cronológico que se fragmenta en días, meses, semanas, etc., como en sus puntos constitutivos sucesivos, y que se piensa aún dentro de las arcaicas divisiones del pasado, el presente y el futuro, va a oponer una idea más compleja de las muchas duraciones, que son más bien como espacios fluidos y densos, como películas siempre en movimiento que en su complicada interrelación construyen esa “dialéctica de las duraciones” que era para Braudel el corazón del devenir histórico mismo.38 Estructura, por tanto, de tiempos y duraciones diversas, que niega todos y cada uno de los supuestos y perfiles del tiempo moderno dominante, y que constituye la nueva clave de método para el estudio de todo el conjunto de los acontecimientos, coyunturas y estructuras de la historia. Teoría que encierra otra noción y otra percepción radicalmente nuevas de la dimensión del tiempo y que es susceptible de recuperación no sólo por parte de la historia sino también, por parte de todas las ciencias sociales en general, y en consecuencia, una clave metodológica que implica como posibilidad virtual, aún no concretada, un nuevo modo de acercarse al estudio de todo lo social-humano desplegado dentro de esos mismos tiempos o duraciones históricas.
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Ibidem, Braudel, p. 76 y ss. Ibidem, Braudel, p. 60 y ss.

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Esquema conceptual de aproximación, a ese “tema compartido” por las ciencias sociales contemporáneas que es la temporalidad, que como habíamos mencionado antes, ha sido ya muy difundido pero al mismo tiempo también ampliamente vulgarizado. Pues una cosa es postular la exigencia de acercarse de una manera nueva e inédita a los fenómenos del tiempo, y otra muy distinta, el ser capaz de desplazarse realmente desde la concepción anterior hacia esta nueva postulación. Y por ello, es bastante frecuente encontrar autores o textos que equiparan a la larga duración con el largo plazo de los economistas, o que creen que basta que una realidad cualquiera dure más de cien años para calificarla como estructura de larga duración. O también, quienes siguen equiparando a la corta duración exclusivamente con los hechos políticos, al tiempo medio con los fenómenos económicos y sociales, y a la larga duración con las realidades esencialmente geográficas.39 Prácticamente, toda la producción historiográfica braudeliana puede ser considerada como un vasto conjunto de sucesivas y diversas aplicaciones de esta perspectiva de las temporalidades diferenciales y de la larga duración, a los muy diversos temas que dicha producción abarca. Larga duración que Braudel consideraba como la parte más original, pero también más difícil y menos comprendida, de toda su propuesta sobre los diferentes tiempos sociales. Puesto que si esta larga duración no se reduce a ser un simple “ritmo de movimiento lento” de las realidades históricas, ni tampoco sólo un período de tiempo físico de amplias dimensiones, sino que alude más bien a ese conjunto de arquetipos, estructuras o realidades, que dentro de la historia humana han sido decisivamente operantes y efectivamente determinantes de los procesos históricos más generales, entonces la verdadera dificultad estriba en ser capaz de detectar, y luego hacer explícitas, a esas coordenadas de la historia profunda, a esas arquitecturas o ensamblajes lentos en constituirse y en modificarse, demostrando a la vez de manera fehaciente esa real y concreta operatividad histórica ejercida dentro de las distintas curvas evolutivas de la historia. Porque ésta es para Braudel la verdadera larga duración. Es decir, este conjunto de ensambladuras o andamiajes de larga permanencia en la historia, que al ser los niveles más elementales de la historia profunda, determinan desde este “plano cero” de las sociedades al restante conjunto de los fenómenos y hechos históricos. Braudel postula un nuevo y original determinismo histórico, que es justamente el determinismo de las estructuras de la larga duración dentro de la historia. Determinismo que insiste en el rol eficaz y hasta fundamental de esas arquitecturas de largo aliento, sobre los fenómenos coyunturales y sobre los acontecimientos históricos. Un determinismo nuevo de los hechos de larga duración, que trasciende además a todos los determinismos anteriormente postulados, al afirmar un flujo de determinación horizontal e interior a cada orden de fenómenos, frente a los determinismos precedentes, que postulaban siempre flujos
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Ibidem, Braudel, p. 76 y ss.

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verticales y entre los distintos órdenes de fenómenos. Es decir, que frente a las posiciones anteriores, que afirmaban por ejemplo la primacía de lo económico, y su rol determinante hacia lo político jurídico y hacia las formas de conciencia social, o aquellas que postulaban el rol primordial y determinante de los hechos geográficos sobre los restantes hechos sociales, o los que han defendido el papel central de lo psicológico dentro de lo social, Braudel va a defender en cambio, el rol determinante de las estructuras de larga duración, estructuras que son al mismo tiempo, económicas, políticas, geográficas, sociales, culturales, psicológicas, antropológicas, etc., sobre las realidades coyunturales y los acontecimientos igualmente económicos, jurídicos, familiares, culturales, etc.40 Entonces, Braudel nos propone: una clave metodológica todavía abierta y en desarrollo, clave que ha encontrado en el texto de 1958 “Historia y Ciencias Sociales. La larga duración,” sólo una primera sistematización explícita y coherente, pero que es una clave que el mismo Braudel continuará repensando y elaborando a lo largo de toda su obra. Clave de los múltiples tiempos y de la larga duración, que resulta imprescindible para la adecuada interpretación de los distintos textos y resultados braudelianos. Clave que constituye, después de la partida de nuestro autor, una herencia fundamental para la comprensión de la aplicación de la noción de Estructura a la Historia.

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Ibidem, Braudel p. 76 y ss.

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RESUMEN CONCEPTUAL: VISIÓN ESTRUCTURAL DE LA HISTORIA

TEMPORALIDAD HISTÓRICA

PERCEPCIONES TEMPORALES

DIMENSIONES TEMPORALES

CONCEPCIONES TEMPORALES

INDIVIDUAL

PASADO

PRESENTE

FUTURO

CÍCLICA

COLECTIVA

LINEAL ELASTICIDAD DEL PRESENTE ESPIRAL

PRESENCIA HISTÓRICA

VIGENCIA HISTÓRICA

CAMBIO HISTÓRICO

CONTINUIDAD HISTÓRICA

COYUNTURA HISTÓRICA

ESTRUCTURA HISTÓRICA

DIALÉCTICA ESTRUCTURAL DE LAS DURACIONES TEMPORALES

CORTA DURACIÓN

MEDIANA DURACIÓN

LARGA DURACIÓN

ACONTECIMIENTO

PROCESOS

ESTRUCTURAS

NUEVA VISIÓN ESTRUCTURAL DE LA HISTORIA

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