Número 10807 Año 35 Del 30 de junio al 6 de julio de 2013

Nuevo León, México.

Nueva Época

Periódico de la Vida
Las Historias de Aquí

Regional

¿DÓNDE ESTÁ EL AVIÓN DE GAMESA?
Esta es la historia de un Boeing que una empresa regaló para los niños de Santiago y que acabó en un lugar en el que los adultos juegan a la guerra
n 1981, el mago David Copperfield, – uno de los ilusionistas más famosos de la historia- desapareció un avión de más de siete toneladas de una pista de aterrizaje en Estados Unidos, frente a la mirada atónita de miles de espectadores que contemplaban el programa televisivo titulado La magia de David Copperfield IV: El Avión de fuga. A través de un complejo truco de espejos y luces, Copperfield realizó con una pequeña avioneta, una de las mayores proezas de la historia de la magia.

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POR MELVA FRUTOS

A finales de 2010, un Boeing 727 de aproximadamente 25 toneladas desapareció en Santiago, Nuevo León, sin que quedara mayor registro del evento o fuese captado por alguna cámara de televisión local. Tres años después, en 2013, gracias a una investigación de La Razón y El Barrio Antiguo, la aeronave reapareció en un campo de gotcha situado en la localidad de Zuazua, propiedad del ex alcalde de San Nicolás de los Garza, Zeferino » Continúa en página 2 Salgado Almaguer.

Los obreros sin rostro que cuidan La Perla
ALMA VIGIL

Elogio de la pereza
BERTRAND RUSSELL

La ciudad del caos
DIEGO LEGRAND

! EMERGENCY FICTION

NON

GRUPOLARAZON.COM /LARAZONMTY @LARAZONMTY

5_Monterrey

10_Internacional

14_Entrevista

EXIT

Del 30 de junio al 3 de julio de 2013 Nuevo León, México.

_Santiago
que ahora lo rodean sirven de alimento para una decena de cabras que habitan lo que queda del terreno baldío. El 25 de febrero del 2005, este parque temático semejante a una pequeña ciudad abrió sus puertas a los niños de Monterrey y del Área Metropolitana. Los empresarios de Gamesa, Alberto Santos de Hoyos y Alberto Santos Boesch, en compañía del entonces gobernador del estado, José Natividad González Parás, fueron quienes inauguraron el lugar localizado a la altura de la colonia Los Cristales. Por 120 pesos, los pequeños podían disfrutar, entre otras cosas, de la experiencia de ser pilotos de avión o bien pasajeros de clase turista de un brillante Boeing 727. En agosto de 2009 el parque dejó de operar y fue hasta el 26 de febrero que se dio a conocer su cierre de manera oficial. Ese día, la gerente del lugar, Mirna Ballesteros, dijo a los medios de comunicación que seguir ya no resultaba un negocio rentable, desde que el parque había sido afectado por la alarma sanitaria de la influenza y la crisis social provocada por la inseguridad en Nuevo León. En donde una vez hubo grandes jardines, limpias avenidas a escala circunvaladas por pequeños edificios y casas de colores brillantes que a diario recibían a familias enteras y grupos escolares en busca de diversión y cultura, ahora se aprecia desolación y abandono. El lugar muestra los vestigios de lo que fue. Tras el enrejado de malla ciclónica, que se encuentra cerrado con candado, se exhiben dos pequeños letreros azules, uno de cada lado, que rezan: “Bienvenido a Mundo de Adeveras”. Alcanzo a distinguir tras la maleza que las construcciones han perdido su color y lo que fuera un oficina cercana al área de entrada es usada como vivienda de quienes probablemente sean los guardianes del lugar. Una mecedora blanca, un triciclo rojo y dos vehículos estacionados en el exterior de la casita con la puerta de vidrio y ventanas abiertas indican que alguien vive ahí. Al fondo del camino de la entrada, en lo que era el área de estacionamientos, dos mujeres que platicaban se esfumaron al percatarse de mis señas para llamar su atención. Tras la quiebra de Mundo de Adeveras, el 28 de febrero del 2010, el entonces alcalde de Santiago, Edelmiro Cavazos, dio a conocer la donación del Boeing 727 con matrícula XA-MEE por parte de su propietario, Alberto Santos, al municipio. La nave sería trasladada a un parque para que los ciudadanos pudieran disfrutar de ella de forma segura. Así que durante varios días, un nutrido grupo de trabajadores desarmó el avión bajo la supervisión del alcalde. Fue la última vez que se supo del Boeing de forma oficial. III Mi primera pista para encontrar el avión era que después de ser entregado por Alberto Santos al Ayuntamiento de Santiago, el Boeing 727 fue llevado a una colonia de Santiago. Con esto en mente, me dirigí a la periferia del pueblo. A pesar de las señas contradictorias de los lugareños, transitando de un sector a otro de la ciudad, logré llegar a la colonia Pedregal de los Fierros, a la gran plaza al pie de los verdes cerros que conforman el panorama santiaguense. El lugar está situado en un terreno desigual cubierto por pasto verde y lo rodean árboles de diversos tamaños y tipos. En la parte central, tres caminos de asfalto llevan a algunas bancas de herrería, una pequeña cancha de basquetbol y algunos juegos infantiles. Luego me enteraría que fue en la parte más amplia de los jardines en donde una vez colocaron la aeronave, pero los vecinos no la quisieron y pidieron al alcalde Edelmiro Cavazos que se la llevara. Mientras prepara una orden de enchiladas en su fondita sobre la calle Juárez, Doña Elva comenta que como vecina del sector fue una de las primeras en protestar por la llegada del avión. La inseguridad y el riesgo de la integridad de sus hijos fueron los argumentos que ella y los vecinos presentaron ante las autoridades. Los vecinos del sector precisan que nadie les pidió su opinión y de buenas a primeras trasladaron la aeronave, que trajo consigo la visita de habitantes de los pueblos cercanos ansiosos de conocer el avión. Doña Elva cuenta que hace 20 años llegó a Santiago en compañía de su esposo y sus hijos, gracias a un puesto que había conseguido en la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (Sagarpa) como bióloga marina. Buscaron un lugar apacible para criar a sus tres pequeños,

» Viene de portada
a aeronave de 32.95 metros de ancho por 47.01 de largo y 10.56 metros de alto, que había sido donada por la empresa Gamesa a la alcaldía de Santiago, tuvo que ser removida de su emplazamiento original en el parque de diversiones Mundo de Adeveras debido al alto costo de su mantenimiento en una zona abandonada por el público y asolada por la violencia. En la historia de sus múltiples traslados, el armatoste reapareció esporádicamente en un terreno baldío del mismo municipio, en la colonia clasemediera Pedregal de los Fierros y en el sitio de venta por internet mercadolibre.com. Averiguar el paradero del avión me llevaría 15 días, a pesar de conocer de antemano varios de los lugares involucrados en esta historia. En el Nuevo León del siglo XXI, desaparecer un avión de 25 toneladas no precisa elaborados trucos de magia, ni de un intricado juego de luces, sombras y espejos, aunque de eso me enteraría hasta el final. Por el momento, me encuentro en camino a Santiago para entender cómo inició su viaje un avión que no puede volar. II Salí hacia la Carretera Nacional que además comunica a Monterrey con Santiago. Aunque en múltiples ocasiones había pasado por el kilómetro 282, nunca me había tomado la molestia de voltear hacia la derecha de la autopista, desde que Mundo de Adeveras cerró sus puertas en agosto de 2009 a causa de la violencia que azotó la ciudad. En un gran anuncio blanco con letras rojas y verdes todavía se puede leer completo el nombre del lugar. La hierba y maleza

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En el Nuevo León del siglo XXI, desaparecer un avión de 25 toneladas no precisa de elaborados trucos de magia, ni de un intricado juego de luces, sombras y espejos, aunque de eso me enteraría hasta el final

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Aún no estaba totalmente ensamblado el avión y tan sólo se había colocado el cuerpo del fuselaje, la cabina y las alas yacían separadas a un lado del transporte, cuando los niños del sector tomaron al aparato como área de juego en donde corrían y brincaban
por lo que este sector les pareció una buena opción debido a la tranquilidad que ofrecía. Dejó de ejercer su profesión para dedicarse al hogar, mientras que su esposo laboraba como gerente de un banco. Pocos años después su marido falleció y se vio en la necesidad de vender comidas para mantener su hogar. Aún no estaba totalmente ensamblado el avión y tan sólo se había colocado el cuerpo del fuselaje; la cabina y las alas yacían separadas a un lado del transporte, cuando los niños del sector tomaron al aparato como área de juego en donde corrían y brincaban con el riesgo de caer por alguno de los huecos que quedaban en el maltratado piso. La visita de parejas de novios y grupos de jóvenes a altas horas de la noche derivó en la protesta masiva de los vecinos. Ante el incumplimiento de las autoridades de brindar seguridad al área en donde fuera colocado el Boeing 727, Doña Elva junto con sus vecinos consiguió que al cabo de tres meses fuera retirado de su parque. Cuando son nuevos, estos aviones Boeing pesan 39 mil 700 kilos en un estado vacío; con carga plena, aproximadamente 73 mil. Este aparato trimotor comercial fue creado en 1962 para dar cabida de 90 a 116 pasajeros en clase única. Fue uno de los más vendidos hasta principios de la década de los 90. Se volvieron prestigiados entre las líneas aéreas en el mundo por tener la peculiaridad de poder aterrizar en pistas pequeñas. El Boeing 727 llegó ser el avión de preferencia de la empresa Mexicana de Aviación por casi 20 años. Mexicana fue una compañía de aviación creada en 1921, siendo entonces la tercera aerolínea más antigua del mundo después de KLM y Avianca. En la época de los 70 tuvo su mayor auge financiero, pero los altos costos del petróleo en la década de los 80 la llevaron a vivir problemas económicos de los que nunca se recuperó a pesar de varios intentos por estabilizar sus finanzas. En agosto del 2010 dio a conocer la suspensión indefinida de sus operaciones, quedando más de ocho mil trabajadores sin empleo. El Boeing llegó a ser una aeronave incosteable en la década de los 80 y fue cambiado por aparatos nuevos y más modernos. Después de ello, muchos de sus aviones pasaron a la Fuerza Aérea Mexicana y a la Policía Federal. Hoy en día, el costo de un avión puede variar según sus características, pero en condiciones de medio uso oscila entre tres y nueve millones de dólares, dependiendo de su estado. Doña Elva desconocía a dónde había sido llevado el avión y para ella era poco probable que estuviera en otra colonia. Los santiaguenses no lo hubieran permitido ante las pocas garantías de las autoridades para darles seguridad durante los años de la guerra en los que hasta el alcalde Edelmiro Cavazos fue asesinado. IV Acudí a buscar respuestas en la Presidencia Municipal de Santiago, en donde tendría que existir un expediente o algún antiguo funcionario que conociera del caso del Boeing 727. Me dirigí al departamento de prensa, creado supuestamente para atender las necesidades de información de los periodistas. En una oficina de paredes blancas que se localiza a una cuadra del edificio del Ayuntamiento y que denota haber sido construida recientemente, tres televisiones encendidas al mismo tiempo transmiten los noticieros del medio día. Pocos minutos después de mi llegada arribó la encargada de atender a los medios de comunicación. Una joven mujer de cabello largo y rubio que me reafirmó que en el departamento no se tenía información oficial del paradero de la aeronave. Me dijo que el actual alcalde, Homar Almaguer Salazar, procedente del Partido del Trabajo, no tenía conocimiento de lo que había sucedido con el avión. Los temas referentes a la administración pasada, emanada del PAN, son particularmente complejos teniendo en cuenta que el ex alcalde, Edelmiro Cavazos Leal, fue secuestrado el 16 de agosto del 2010 por un grupo armado que lo sacó de su casa. Su cuerpo sin vida fue hallado dos días después sobre la carretera que conduce al paraje la Cola de Caballo. Tras los hechos, el síndico primero, Bladimiro Montalvo Salas, fue designado alcalde sustituto el seis de septiembre. El secretario del Ayuntamiento, José Luis Cabáñez, quien había renunciado al cargo el dos de septiembre, fue reemplazado por Guillermo Zamora. Cuando pregunté al actual alcalde, Almaguer Almazán, lo que sabía sobre el paradero del avión propiedad del municipio, bromeó: “Se movió de ahí a otro terreno, pero ya de ahí se lo llevaron y nosotros desconocemos como administración, cuál fue su destino. Sé que suena a título de película ‘El destino final de ese avión’ ¿verdad? No sabemos qué fue lo que pasó con él”. Mientras esperaba que la encargada de comunicación social me dijera cuál sería el procedimiento para hacer una solicitud de información formal ante el Ayuntamiento, llegó a la amplia área de prensa un camarógrafo cuarentón que decía saber acerca del posible paradero del avión después de que fuera retirado de la plaza Pedregal de los Fierros. Siguiendo sus consejos, agarré de nuevo la Carretera Nacional, ahora de regreso rumbo a Monterrey y me desvié hacia un terreno en un lugar conocido como Las Cristalinas, donde se supone que en algún momento estuvo el escurridizo avión. V Al llegar a Las Cristalinas doy vuelta a la derecha por un camino de tierra circundado por amplias residencias campestres, y a menos de 500 metros me encuentro con el portón del que me habló el camarógrafo. Al lado derecho hay una barda gris con una puerta metálica también de color negro y del otro lado una malla ciclónica vecina que impide ver más adentro. Tomo algunas fotos de manera discreta, pero el silencio del lugar provoca que el vigilante advierta mi presencia. Al preguntarle por el avión explica que ya no está y que se lo llevaron hace tiempo. También precisa que desconoce a dónde se lo llevaron porque cuando llegaron los tráileres, él no se encontraba en la finca, pero asegura que ahí estuvo. Le pido permiso para captar una fotografía rápidamente y ante mi insistencia, de forma desconfiada me permite que lo haga discretamente con mi teléfono celular. Abre un poco el portón y cuando la cámara de mi teléfono móvil hace click, automáticamente la cierra de nuevo. No tengo idea de dónde puede estar el avión ahora. Esa noche probé suerte en Google y por casualidad encontré una publicación en un foro del tres de marzo del 2011 que hacía referencia a un anuncio de Mercado Libre, sobre la venta de un Boeing 727 en Nuevo León. Dice: REMATO AVION DE MEXICANA BOING (sic) 727 PARA EXHIBICION. REMATO AVION BOING 727 DE MEXICANA PARA EXHIBICION, SE ENCUENTRA A LA ALTURA DE LA PRESA DE LA BOCA EN SANTIAGO, NUEVO LEON. ESTA DESARMADO EN 3 PARTES LISTO PARA SER TRASLADADO. EL PESO APROX DEL AVION DE DE 38 TONELADAS. ASIMISMO CONTAMOS CON SERVICIO DE TRASLADO E INSTALACION DEL MISMO El peso del avión anunciado en la oferta de ese portal es un poco distinto del que regularmente tiene una aeronave en esas condiciones, de acuerdo con lo que pregona otra página de internet de la compañía Grúas Salas, encargada de transportar el Boeing desde el aeropuerto hasta Mundo de Adeveras en el 2004. En el chat de aficionados y profesionales de la aviación que compartía el anuncio de venta, el 10 de marzo del 2011, un usuario aseguró que los vendedores le dieron el precio de 250 mil pesos por el avión, más gastos de traslado. A través del viaje por los links de los salones del foro me encontré con una discusión en la que se asegura que el avión se encuentra en un campo de gotcha, en Nuevo León. Así que me dediqué a investigar los campos de gotcha de la región en búsqueda de uno que tenga un avión en su área de juego. Hay pocas probabilidades de equivocarse en cuanto a la proveniencia del avión. El gotcha en cuestión aparece en la red como Portal de Gotcha, localizado en Carretera al Autódromo kilómetro 4.7 en Zuazua, Nuevo León. VI En entrevista, el ex secretario del Ayuntamiento, Guillermo Zamora, relata que el predio en que había estado al avión en Las Cristalinas, era un espacio a cargo de la Secretaría de Recursos Hidráulicos, pero que existía un litigio por la propiedad con un particular que ganó la demanda. El delegado ofreció dar posada a la aeronave y ahí se mantuvo por un tiempo, hasta que la dependencia federal perdió el terreno y el legítimo dueño pidió al gobierno municipal retirar el aparato. A pesar de que el costo de traslado y armado, en caso de pretender colocarlo en otro lugar público, sería de alrededor de dos millones y medio de pesos, el entonces alcalde, Bladimiro Montalvo, lo ofreció a los gobiernos de los municipios de San Nicolás y de Santa Catarina, quienes lo rechazaron. Montalvo asegura que se comunicó con el empresario Alberto Santos para devolverle la aeronave. “Deshicimos el comodato, nosotros ya no quisimos saber nada de ese avión. Creo que parece ser que el señor Santos consiguió un valiente por allá por el Autódromo, en un parque de pistolitas”, recuerda el funcionario público. Zamora insistió en que habiendo deshecho el comodato, la administración municipal no interfirió en la transacción de Santos con el propietario del gotcha para la obtención del avión y afirmó que como encargado de dichas labores dejó un expediente que contiene toda la información al respecto. Hasta el momento, Gamesa sigue guardando un silencio institucional al respecto. Desde la encargada del departamento de mercadotecnia en Monterrey, Jackeline Cantú hasta los despachos de la Ciudad de México. Sin embargo, un ejecutivo de Empresas Santos, que lleva más de 20 años en el área administrativa, afirma que no tenían conocimiento de que la aeronave hubiera sido devuelta. Si bien había negociaciones que su jefe, Alberto Santos, fallecido hace unos meses, llevaba de forma personal, un movimiento de esa naturaleza hubiera arrojado alguna factura o registro, mismos que no existen en los archivos de la empresa. En los archivos de Gamesa lo que se sabe es que el Boeing se dio en comodato al municipio de Santiago y que meses después, el alcalde Bladimiro pidió a Empresas Santos una factura por el aparato, pero ésta le fue negada porque no se trataba de una compra y arrojaría un impuesto que no estaban dispuestos a pagar.

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Cuando pregunté al actual alcalde, Almaguer Almazán, lo que sabía sobre el paradero del avión propiedad del Municipio, bromeó: “Se movió de ahí a otro terreno, pero ya de ahí se lo llevaron y nosotros desconocemos como administración, cuál fue su destino. Sé que suena a título de película ‘El destino final de ese avión’ ¿verdad? No sabemos qué fue lo que pasó con él”
Personas cercanas a Zeferino Salgado Almaguer, ex alcalde de San Nicolás y ex delegado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, que pidieron el anonimato, relataron que el antiguo funcionario público es un gran aficionado a este juego y que el campo de gotcha donde supuestamente está el avión es de su propiedad. El Portal de Gotcha, en su página de internet www. elportalgotcha.com ofrece a sus visitantes “Campos de Escenario, Campos de Woodsball, Campos de Speedball y Campos de Inflables”. Da a conocer además el pago del boleto de entrada que incluye el préstamo del equipo, en caso de no contar con éste. En algunas fotos y el video promocional del sitio de internet, aparece el Boeing 727 de Mexicana con matrícula XA-MEE. Durante su periodo al frente de la delegación de la SCT, Salgado Almaguer acostumbraba invitar a su campo de gotcha a grupos de socios y de proveedores. Una vez provistos del atuendo necesario, el propio Salgado -a quien se ha señalado como admirador de los nazis- con la autoridad de un general, les ordenaba formarse en dos líneas, frente a frente. Metido en el papel miliciano, daba las instrucciones a seguir y las tácticas que se emplearían. Elegía a uno para interpretar el papel de secuestrado y recordaba a los secuestradores no bajar la guardia y a los rescatadores, no detenerse hasta lograr el objetivo. El 2 de abril del 2010, siendo delegado de la SCT, fue retenido algunas horas por elementos del ejército cuando viajaba con su familia rumbo a Piedras Negras, Coahuila, y le fue encontrada un arma tipo escuadra. Como no llevaba consigo la documentación que avalara el permiso para el porte de la pistola 9 milímetros, mandó por ella a Monterrey y unas horas después quedó libre. No fue la única vez que estuvo en medio de una situación polémica. Durante su alcaldía, el periódico El Norte dio a conocer que Salgado usaba un helicóptero que le había donado el Zar de los Casinos, Arturo Rojas Cardona. Esta revelación provocó que el funcionario panista disminuyera sus ambiciones de querer ser alcalde de Monterrey e incluso gobernador de Nuevo León. Los juegos de riesgo son una verdadera afición para Salgado. En la anterior administración de San Nicolás nadie quiso contestar a mis preguntas. La localización de El Portal de Gotcha no fue complicada; la angosta carretera del autódromo en Zuazua me llevó hasta el sitio que en su entrada tiene una avioneta color gris montada sobre barrotes de madera en la entrada del campo. Entre matorrales, un caminito de tierra lleva hasta el interior, en donde una manta de lona da la bienvenida a la vez que muestra el centro de juego en un mapa de caricatura. Una vez estando en el recinto, a lo lejos escucho el ruido constante de las balas de las pistolas de pintura. Se oyen también los gritos de jugadores emocionados, mientras me encuentro con una tienda ubicada a un costado del corredor que ofrece un variado stock de vestuarios para la práctica del gotcha, todos con diversos estilos y colores. Máscaras, visores, armas, cantimploras y demás accesorios también son ofrecidos a los visitantes. Al voltear a la izquierda tomo un corredor y justo a un lado de una obra en construcción, antes del área de juego, encuentro al Boeing 727. Se halla estacionado sobre un espacio de tierra, entre arena, grava, palas y cemento. El avión se me apareció en condiciones que parecían expresar materialmente el declive de una era de la aviación. Su color blanco original ahora muestra una tonalidad amarillosa cubierta de una capa de tierra, con raspaduras en casi todo el fuselaje y algunas abolladuras. La parte delantera está colocada sobre muros de contención a cada lado, de esos que se colocan a mitad de las avenidas para separar los carriles. A unos cuantos metros de distancia, entre pendones publicitarios de la campaña a la alcaldía de San Nicolás del panista Pedro Salgado, las alas aún portan con irrisoria dignidad la matrícula que por muchos años le dio identidad propia a la aeronave: XA-MEE. Una encima de la otra. Uno de los trenes de aterrizaje apenas se puede sostener de pie, el otro, yace en el sueño entre piedras y hierba. El Boeing no es utilizado en el campo, las áreas de juego están más adentro, pasando una malla oscura que delimita el área de comida y la zona en donde decenas de personajes vestidos en colores verde, beige y camuflaje, gritan y se esconden como si estuvieran un campo de batalla real. VII Respondiendo a la solicitud de información, el director jurídico de Santiago, Daniel Velázquez, me entrega un delgado expediente sobre el comodato del Boeing. El Ayuntamiento anterior dejó poca información en los archivos de la entrega-recepción, así que los actuales administradores se han encontrado con faltantes de archivos completos, entre otras cosas, de juicios y deudas de diversos rubros de la administración. El contrato de comodato que quedó asentado en el Acta No.13 fechada el 28 de enero del 2010, define como “el comodante” que es quien da en comodato el avión, a la persona moral o empresa denominada “PB EL PORTAL, S.R.L. DE C.V.” representada por el apoderado jurídico, Omar Eduardo Charur Giocoman con domicilio en San Juana Inés de la Cruz Número 201 en la colonia Anáhuac en San Nicolás de los Garza. “El comodatario” es el Municipio de Santiago, representado por el Presidente Municipal, Edelmiro Cavazos Leal, el Tesorero, Rodolfo Vargas Tamez y el Síndico Segundo, Manuel Francisco Martínez Alanís. El documento define que el comodante es el propietario del avión y que ambas partes están de acuerdo para su exhibición en un área pública de este municipio. Además estipula que el comodatario se hará cargo de los gastos ordinarios y extraordinarios que se generen o eroguen con motivo del desmantelamiento, transporte, armado y las grúas que se llegaran a necesitar para dicho fin, sin que exista obligación del comodante para el pago de esas erogaciones. Es decir que de acuerdo con este documento, el avión pertenecería a una compañía llamada El Portal, localizada en Zuazua. Después de analizarlo un rato, el encargado jurídico del ayuntamiento determina la posible falsedad del documento, aunado al hecho de que al no llevar la firma del alcalde en ese entonces, Bladimiro Montalvo, no tendría de todas formas ningún valor jurídico. En la documentación proporcionada hay facturas pagadas por el municipio, por el traslado, desarmado y rearmado del avión, por más de 150 mil pesos, pero éstas no definen de dónde a dónde o la fecha en que se brindaron estos servicios. VII La aeronave donada al municipio de Santiago con la finalidad de diera diversión gratuita y conocimientos a los niños, terminó en manos del ex alcalde de San Nicolás, Zeferino Salgado, de manera irregular y por medio de la falsificación de documentos. Ahora la posee como modelo de la impunidad cotidiana en que los gobernantes hacen sus acuerdos e intercambios. Mientras tanto, en Santiago, la actual administración sigue buscando pistas de más mobiliario, recursos y patrimonio municipal que también desapareció durante la anterior administración. La inaudita forma en que el avión desapareció y apareció a casi 65 kilómetros de distancia sin que nadie lo viera y la forma en que, por arte de magia, pasó de un dueño a otro, parecen fortalecer el calificativo dado a Santiago. En verdad es un “Pueblo Mágico”.

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LOS OBREROS SIN ROSTRO QUE CUIDAN LA PERLA
¿Por qué una sociedad que se jacta de su cultura de trabajo se olvida de sus trabajadores?
POR ALMA VIGIL FOTOS: VÍCTOR HUGO VALDIVIA

l rugir motorizado de camiones urbanos y automóviles es la música de fondo que acompaña a Jaime, Marcelino y Juan Ángel, afuera de una fábrica abandonada en la colonia Moderna de Monterrey. Cuando aún está fresca la mañana, los tres conversan sentados en la escalera del edificio de fachada blanca con celeste. Aunque en uno de sus muros hay un señalamiento en rojo que ordena: “No manchar la pared”, el viejo edificio de la Lechería La Perla está grafiteado con marcas de las pandillas locales. A medida que pasa el tiempo y el sol de Monterrey pega más fuerte, los tres hombres se arrejuntan hacia la única sombra que brinda el lugar, a un lado de lo que solía ser el cuarto frío de la pequeña industria.

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Foto: Victor Hugo Valdivia

30 de junio al 3 de julio de 2013 6 Del Nuevo León, México.
n una banca de madera pandeada y un bote de pintura vacío, se sientan a descansar. Es mediodía y ya se desprende el olor a carbón en el aire: el vecino acaba de abrir su puesto de hamburguesas en la esquina. Los tres hombres que llevan más de cinco horas frente al viejo edificio son obreros. Y están en huelga. La imagen de David y Goliath aplica en este caso. Son tan sólo tres obreros cansados, afuera de una fábrica gigante. En sus rostros hay calor y aburrimiento. El termómetro advierte 37 grados centígrados aunque la sensación es de un baño sauna con el termostato al máximo. Traen los periódicos del día para leer en los lapsos en que se agotan los temas de conversación personales. Se enjugan el sudor, caminan en vaivén, miran a la gente pasar y observan el cielo. Todo se resume a una espera que parece eterna. Jaime, de 52 años, es un hombre de un metro 60 de estatura que lava su Atos rojo y conversa con Marcelino, quien lo escucha recargado en la pared. En la banqueta, sobre el bote de pintura, descansa Juan Ángel, que observa el entorno en silencio. Algunos vecinos y trabajadores de negocios aledaños a la calle Magnolia los saludan. De lejos parecen tres hombres sin oficio en un edificio abandonado. Sin embargo, la causa de Jaime, Marcelino y Juan Ángel va mucho más allá de lo que aparenta. Son los centinelas de la lechería La Perla desde que ésta cerró sus puertas en diciembre del 2011. Al igual que un perro cancerbero, protegen las puertas del lugar y resguardan los alrededores. En varias ocasiones han evitado que otras personas se metan a la vieja productora de leche a saquear la maquinaria más ligera o a embargar los muebles del lugar. Los tres obreros vigilan pero también se sienten vigilados. El 30 de mayo de 2013, desde la acera de enfrente de La Perla, donde está un taller mecánico, un fotógrafo desconocido capturó con su cámara la lechería y a los tres guardianes. “Quieren que desistamos”, dice Jaime. Pero ellos no están dispuestos a renunciar: desde que cerró, todos los días acuden a su antiguo lugar de trabajo.

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A partir de las ocho de la mañana se quedan ahí hasta las cuatro de la tarde. Antes iban también en las noches, pero la guerra en Monterrey los obligó a desistir. Por el momento, los tres obreros ingenian formas para subsistir. Vienen hasta acá desde sus barrios: Jaime de la colonia Valles del Pedregal en el municipio de Apodaca; Marcelino de la colonia Azteca; y Juan Ángel de Tres Caminos, en Guadalupe. No es fácil hacer una huelga en una ciudad que obsesivamente se niega a reconocerlas. Proteger La Perla es un homenaje al tedio cotidiano. *** La Perla fue una de las lecherías más importantes de Monterrey. En su época dorada abastecía a miles de familias de la zona noreste de México. Ahora sólo es un edificio inerme. Cuando La Perla cerró, sin declararse en bancarrota, dejó a 15 de sus trabajadores sin liquidación, entre ellos Jaime, Marcelino y Juan Ángel. Los tres cuidan el lugar, mientras el resto de los trabajadores que pudieron conseguir otro empleo se mantienen al tanto de las noticias en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, dependencia de gobierno encargada de solucionar conflictos laborales. Para poder liquidar los derechos de los trabajadores de La Perla, la institución debe embargar los bienes de la empresa. “Lo que nosotros queremos es trabajar. Pero nos dicen que no nos movamos”, explica Jaime. Sus 52 años de vida han girado en torno a La Perla. Su papá Humberto y los cinco varones de sus ocho hermanos también laboraron ahí. José Ángel, el primer varón de la familia, perdió la vida dentro de las instalaciones cuando tenía 19 años. En su hora de descanso tomaba una siesta en el piso de la bodega y fue atropellado por una maquinaria pesada. Jaime tenía 15 años cuando murió su hermano, pero todavía recuerda con nitidez el desconsuelo de sus padres. En ese entonces, Jaime ya trabajaba en la lechería. Lo hacía desde los ocho años de edad. Venía de una familia humilde y tenía la necesidad de ayudar en su casa, en aquel entonces ubicada a unos cuantos metros de La Perla. Apoyaba a su papá con lo que ocupara y realizaba tareas sencillas, propias de un niño obrero. Cuando cumplió la mayoría de edad, Simón Garza, uno de los fundadores de La Perla, contrató oficialmente a Jaime quien, al igual que su padre, fue el encargado de la pasteurización y otros procesos de la leche hasta que cerraron la empresa. Ahora, aún en el 2013, Jaime no puede desprenderse del lugar. Hoy Jaime viste con tenis, pantalón negro y una playera blanca con mangas azules. Aun y cuando toda su vida trabajó solo y silenciosamente en el cuarto de las máquinas, se trata de un hombre muy extrovertido. A Norma, su esposa, la conoció en una clínica que está frente a La Perla, donde laboraba como enfermera. Tuvieron dos hijos: Yoselin de 19 años, quien es estudiante de enfermería y Jaime Humberto de 12, quien cursa segundo de secundaria. Jaime busca trabajo, pero se enfrenta a la realidad de que en las empresas sólo contratan a personas hasta los 40 años de edad. Juan Ángel viste con tenis, pantalón de mezclilla, una playera blanca regalada en una campaña política del PRI y una gorra azul rey con la leyenda: “Leche La Perla”. Lo suyo era estar detrás del volante. Juan Ángel recorría kilómetros de asfalto. Transportaba la leche bronca en la pipa desde los ranchos ubicados en diferentes municipios de Nuevo León hasta Monterrey. Trabajó 20 años en La Perla. Tiene una esposa, dos hijas y dos nietos de 18 años. Tanto su esposa, que es jefa de recamareras en un hotel, como sus dos hijas que tienen un matrimonio solvente, lo apoyan económicamente. Pero Juan Ángel también pinta casas o lava carros para conseguir algo de dinero extra. Marcelino viste con una playera de Tigres, pantalón de mezclilla y tenis. Es un hombre alto, de tez morena, circunspecto y modesto. Él era el lechero. Durante 18 años recorrió las colonias de la ciudad en su camión y distribuía la leche en las casas y los comercios de su ruta. Tiene una esposa y dos hijos casados. Marcelino, cuando no está en La Perla, le ayuda a su esposa con la venta de quesos caseros. Ese día está Gabino, uno de los hermanos de Jaime que también forma parte de la huelga. Gabino sigue viviendo en la casa donde creció junto con sus ocho hermanos, por lo que es relativamente fácil vigilar desde ahí la lechería en las tardes y en las noches, cuando los tres guardianes se van a sus casas. También acaba de llegar Mario, otro huelguista que los visita en ocasiones. Él es ahora repartidor de La Grange, una de las 109 productoras independientes de leche de vaca que subsisten en Nuevo León, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA). Nuevo León no se distingue por ser una entidad lechera, a diferencia de otros sitios como Coahuila, Jalisco y Durango que producen más de un millón de litros de leche al año. En Nuevo León son sólo alrededor de 40 mil litros. Actualmente, la producción de leche en México alcanza los 11 millones de litros por año. Antes de la huelga, los tres guardianes de La Perla sólo eran compañeros de trabajo, pocas veces convivieron dentro o fuera de la lechería. Ahora los une la misma causa: una indemnización justa.

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Son los centinelas de la lechería La Perla desde que esta cerró sus puertas en diciembre del 2011. Al igual que un perro cancerbero, protegen las puertas del lugar y resguardan los alrededores

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En un año y medio ningún medio de comunicación local ha informado sobre la situación de La Perla. Además, los ex empleados de la lechería nunca se acercaron a ellos por temor de decir algo que fuera a entorpecer el proceso. Esa es la razón por la que en esta crónica se han omitido sus apellidos y en las fotografías de los obreros no se muestran sus rostros

*** En la oficina de Conciliación y Arbitraje de Nuevo León se siente tensión. Tanto en los cuellos de los servidores públicos, apretujados por gruesas corbatas, como en las decenas de trabajadores dentro y fuera de la dependencia, que esperan horas para que les digan algo sobre sus demandas. Entre estos muros burocráticos parece no haber descanso. Una funcionaria que salió a comer volverá dentro de 20 minutos para ocupar su puesto de nuevo. Montones de papeles apilados atavían los escritorios desde donde rostros sin sonrisas atienden a otras caras similares. El bullicio no cesa: pisadas de dedos en teclados de computadoras, celulares sonando, el golpe de los tacones en el piso caminando de un lado a otro y trabajadores charlando mientras sostienen legajos en sus manos. En la entrada está sentada una mujer policía de tez morena: vigila la situación con un ojo abierto. Muere de sueño. Afuera, los abogados coyotes ofrecen sus servicios de manera discreta a los obreros. Tan discretamente que parecería que están proponiendo vender alguna sustancia ilegal. Además abundan los taxistas y puestos de comida de tacos, tortas y gorditas para cuando llegue el hambre de los funcionarios y los trabajadores. Algunas personas, mientras siguen esperando, pasean en La Pulga Río, situada a solo una cuadra. La tercera semana de mayo de 2013, Jaime acudió a Conciliación y Arbitraje y le dijeron que ya habían ganado el caso, ya que nunca hubo respuesta por parte de los propietarios de La Perla. Sin embargo, la conclusión del procedimiento legal es lenta. “El caso de los trabajadores de La Perla ya está muy avanzado –dice en entrevista Jaime Leal, Director de Asuntos Colectivos de la Junta de Conciliación y Arbitraje Nuevo León- Lo que falta es agilizar el procedimiento de embargo de los bienes para que los trabajadores acudan a la audiencia de remate [donde se evaluarán los bienes y se les pagará sus derechos]”. Esa es la mayor esperanza de recuperar cierta ganancia por parte de los trabajadores, a través de lentos trámites que realizará el abogado del sindicato. “No hay huelgas en Monterrey”, es una de las muletillas oficiales que repiten orgullosos los burócratas. Sin embargo, en términos legales, la situación de La Perla es una huelga no estallada –señala Leal-. Una huelga no estallada, aunque suena a un eufemismo, es el nombre que se le da a una demanda tanto colectiva como de cada uno de los trabajadores para llegar

a un acuerdo con su patrón, sin que se suspendan las actividades laborales en la empresa. Si no hay arreglo, estalla. En el caso de La Perla, la fábrica está cerrada y como nunca se presentaron los directivos ante Conciliación y Arbitraje, no alcanzó a estallar la huelga.  Para proceder una huelga debe haber dos demandas –colectiva e individual- en contra del patrón ante la Junta de Conciliación y Arbitraje. Luego se fija un plazo para la respuesta de la empresa. Se pactan audiencias para llegar a un acuerdo y si no hay arreglo estalla la huelga, se colocan las banderas rojinegras en el recinto y se suspenden las actividades laborales. Después se realiza el trámite de embargo y concluyen en la audiencia de remate con la presencia de los trabajadores, donde se evalúan los bienes embargados y se paga los derechos de los demandantes. Hacer guardia, como lo hacen Jaime, Juan Ángel y Marcelino, es parte del proceso. Es común que los patrones intenten llevarse los bienes de la propiedad a través de puertas escondidas o por salidas ocultas del edificio. Por eso los obreros tienen que quedarse todos los días a asegurar que no suceda nada. La huelga, explica Ernesto Villarreal Landeros, ex dirigente del sindicato de la Universidad Autónoma de Nuevo León, es un instrumento creado a raíz de la expedición de La Ley Federal del Trabajo, que está al alcance de los trabajadores a través de los sindicatos, organizaciones que defienden los intereses de los empleados. Muchos sindicatos son como una mafia, afirma Villarreal Landeros. “Históricamente han existido sindicatos rojos y blancos. Los rojos servían al gobierno y los blancos a las empresas, aunque en realidad, ninguno defendía plenamente los derechos de los trabajadores”. Conseguir trabajo en Monterrey era difícil cuando pertenecías a un sindicato rojo, en muchas empresas no los contrataban. “Actualmente, ya no hay colores pero sigue siendo lo mismo –advierte el experto- son sindicatos corruptos que extorsionan y abusan de los trabajadores para su propio beneficio”. Aunque también existen sindicatos independientes y democráticos que se esfuerzan y luchan por los trabajadores. Villarreal Landeros pone como ejemplo del de la Universidad Autónoma de Nuevo León, el de la Escuela Normal Superior, la Sección 67 y la Liga de Soldadores. Los empleados de La Perla pertenecen al sindicato de la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM), el sindicato respaldado por el régimen del PRI junto con la

Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) y la Confederación General del Trabajo (CGT). “En Nuevo León, autoridades y empresarios presumen constantemente el hecho de que en 15 años no ha habido huelgas, pero no es porque los trabajadores estén más contentos y tengan mejores condiciones laborales -señala el abogado Villarreal Landeros-. Los sindicatos han acordado tanto con el gobierno como con los patrones no promover ninguna huelga, a cambio de utilidades políticas y económicas para ellos mismos”. La mafia no se detiene ahí. Los trabajadores también tienen que lidiar con los abogados. Según Villarreal Landeros hay tres tipos: los defensores de los trabajadores, los del sindicato y los de la empresa. Además, están los “coyotes”, supuestos representantes de la ley que acuerdan con los sindicatos para extorsionar a los obreros. En la Secretaría de Trabajo de Nuevo León afirman que no hay una sola huelga en Monterrey, aunque demandas de huelga hay muchas...  *** En la Corporación para el Desarrollo Agropecuario de Nuevo León, en la sección Pecuaria, no hay ningún registro de La Perla. Tampoco en la Cámara de Comercio de Nuevo León. Representantes del Instituto Mexicano del Seguro Social declararon que tenían una dirección fiscal de un lugar llamado La Perla, pero que estaba en el municipio de Apodaca, no en la colonia Moderna. A excepción de los trabajadores de La Perla y de unas cuantas personas que recuerdan haber bebido esa leche, pareciera que nadie la conoce. Ni siquiera su último dueño, Miguel Ángel Garza Vela, nieto del fallecido fundador Simón Garza, que nunca se ha presentó a las audiencias en Conciliación. La huelga de La Perla es aún más desconocida. De no ser por los vecinos o por los trabajadores de los negocios alrededor que observan a los tres guardianes todos los días, pasa completamente desapercibida en Nuevo León. En un año y medio ningún medio de comunicación local ha informado sobre la situación de La Perla. Además, los ex empleados de la lechería nunca se acercaron a ellos por temor de decir algo que fuera a entorpecer el proceso. Esa es la razón por la que en esta crónica se han omitido sus apellidos y en las fotografías de los obreros no se muestran sus rostros.

La historia de La Perla es similar a la de otras empresas en Nuevo León: se asociaron dos familias para crearla. Una era la familia de Simón Garza y la otra era de Ruperto Garza. En sus inicios, La Perla era la segunda lechería más importante de la ciudad, luego de la leche Las Mitras, comprada por el monopolio de LALA en el 2007. Comenzaron procesando más de 300 mil litros de leche bronca pero fue disminuyendo hasta producir solamente ocho mil litros con menos calidad. Al final ya no procesaban leche bronca, sino costales de un polvo blanco que pudiera ser leche de vaca pulverizada o la llamada fórmula, composición química que tiene todas las proteínas de la leche. Fueron tres los factores que llevaron a La Perla a su quiebra. El primero fue la mala administración. Personas allegadas a Simón cuentan que era amable, caritativo pero demasiado dadivoso con sus hijos y sus nietos. Además de que los integrantes de la familia de Ruperto recibían gran parte de esa jugosa ganancia. El segundo fue la competencia. LALA contaba con recursos que nunca tuvo La Perla, como las promociones y los millones de pesos invertidos en publicidad y distribución. El tercero, y el definitivo, fue la inseguridad. Gerardo, un empresario amigo de la familia de Garza Vela, afirma que los propietarios huyeron del país y al igual que muchos otros regiomontanos encontraron un nuevo hogar en alguna ciudad de Texas, Estados Unidos. ***  Jaime tuvo un infarto en julio del 2012. Además, en el mismo lapso de tiempo, su cuñado murió, su suegra se enfermó y a uno de sus hermanos le cortaron un dedo del pie, por el alto porcentaje de azúcar en su sangre. “Dicen que dios aprieta pero no ahorca. Lo malo es que nosotros ya estamos casi ahogados”, cuenta Jaime con tristeza. Lo que le causa más dolor es no tener para las copias que le piden en la escuela a su hijo o para el camión de su hija, también estudiante. Durante este tiempo han sobrevivido con la liquidación que le dieron a su esposa en el último trabajo, pero el dinero ya comienza a escasear. -En la casa te aceptan por un tiempo pero luego comienzan las presiones por el dinero. Este tipo de situaciones separan a las familias, se pierde el respeto, el amor. Se pierde todo, no nada más el trabajo- relata.

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En 2013, pelear por tus derechos laborales en la capital de Nuevo León significa correr el riesgo de ser vetado de cualquier empleo o de ser incluido en una ilegal lista negra de algunas empresas de Nuevo León

Si Jaime hubiera sabido lo que le depararía el futuro, no se habría quedado horas extras, ni los fines de semana en La Perla, como lo hizo siempre, pensando en que su trabajo sería mejor valorado. Si hubiera sabido que a final de cuentas sus patrones lo dejarían a la intemperie, habría procurado pasar más tiempo con su familia, descansar y divertirse con ellos. Ahora su pensión no será como él pensaba, tendrá que comenzar de nuevo. Pero es difícil. En Monterrey, el hecho de haber participado en una huelga disminuye las posibilidades de encontrar un empleo bien pagado y con todas las prestaciones de ley. Aún en 2013, luchar por tus derechos laborales en la capital de Nuevo León significa correr el riesgo de ser vetado de cualquier empleo o de ser incluido en una ilegal lista negra de las empresas de Nuevo León, a pesar de lo que prescriben las normas de trabajo internacionales respecto al derecho de los trabajadores. En este estado sigue mandando el empresario, en convivencia con el gobierno. Luego de salir de su trabajo, Norma, la esposa de Jaime acudió a una entrevista en una clínica. Le advirtieron que no la podían contratar si había laborado en diferentes empresas, entre ellas La Perla. Les comentó sobre la situación de su esposo, y quedaron en hablarle para analizar la situación. Tiene muchos obstáculos en frente, pero Jaime no quiere desistir. Con el dinero que reciba, que tal vez sea muy inferior a lo que merecería por sus 34 años de ardua labor, quiere poner un negocio de comida. Entretanto, cada mañana, junto a los otros dos centinelas asiste a la lechería. Escuchan el ruido de los autos y perciben el aroma de las hamburguesas que no pueden comprar. Se enjugan el sudor, caminan en vaivén, miran a la gente pasar y observan el cielo. Esperan. Mientras Marcelino atiende un mandado de su esposa, en la vieja fábrica Jaime y Juan Ángel se comen unos fritos y toman CocaCola. Cuentan muy serios que la verdad, ya no les gusta la leche. Aunque allí esté toda su vida.

Foto: Victor Hugo Valdivia

El tipógrafo comunista de El Porvenir
POR EDGARDO GARCÍA
osé Reta fue removido de su puesto como tipógrafo en el periódico El Porvenir el 25 de junio, por razones oscuras, como le sucedía a muchos regiomontanos en esa época turbulenta. 1929 fue un año particularmente agitado y peligroso para vivir en Monterrey. Nuevo León fue golpeado primero por una sequía tan fuerte que parecía interminable y después brotó la mortal epidemia de gripe española que dio muerte a miles de pobladores del estado. Además de haberse desatado un bandolerismo que no le pedía nada al de los años recientes. Aún con las inclemencias de la naturaleza y la malicia del hombre, en la joven ciudad industrial se gestaba una transformación positiva. En esos mismos años se empezaron a organizar los obreros de las ramas laborales de las grandes y florecientes empresas regiomontanas; exigían que se respetasen sus derechos fundamentales, enarbolando siempre el artículo 123 del derecho al trabajo digno y útil, plasmado en la constitución que el gobierno de Venustiano Carranza legó al país. Desde los altos hornos de Fundidora hasta los talleres de El Porvenir, las luchas y los conflictos laborales despertaron la conciencia de los obreros, incluyendo a José Reta, que consideraba su despido injustificado. A los dos días, mandó una carta a la Junta de Conciliación y Arbitraje para informarles de su situación. Según Reta, la historia inició con el escaseo general de trabajo que trajeron consigo los conflictos militares que florecieron tanto en Nuevo León como en el resto del país. Rumores del fin de la guerra contra los cristeros y la toma de la ciudad por José Gonzalo Escobar afectaron económicamente a las industrias y talleres de Monterrey, incluidos los periódicos locales. Como medida de supervivencia, el fundador y dueño de la empresa, Jesús Cantú Leal, tuvo que reducir a tres días de trabajo a un alto número de obreros. José Reta, el más decidido de los afectados, fue secundado por su compañero Andrés Kaufmann, en las protestas por la medi-

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da. El patrón Cantú propuso un trato de trabajo al tipógrafo: podía aceptar laborar en los talleres con la reducción estipulada o mantener su trabajo diario pero sólo por un plazo de tres meses. Sin embargo, en los días siguientes se resolvió la situación económica en el Estado, y por ende en el periódico, gracias a la enorme capacidad productiva de las industrias fundadas en los comienzos del siglo XX. Todo volvió a la normalidad y debido a esto, Reta siguió operando su linotipo como de costumbre, sin avisar al patrón qué había decidido, confiado de contribuir a la impresión del diario insignia del periodismo regiomontano. Pero para su sorpresa fue despedido al terminar los tres meses de plazo. José Reta aseguró a la Junta de Conciliación que su despido se debió a su participación sindical activa en la Unión de Obreros de Artes Gráficas y que Cantú buscaba desde tiempo atrás un pretexto para deshacerse de él. Unos años antes, los obreros del corazón de hierro que fue la Fundidora Monterrey también habían sufrido una serie de atropellos que generaron huelgas, movilizaciones y los primeros intentos de formar sindicatos por departamentos y talleres. Para cada una de estas manifestaciones, los empresarios buscaron maneras de contrarrestarlas. La forma más grave era despedir a los grupos con conciencia laboral con el fin de eliminar la existencia de sindicatos independientes, para después crear ellos mismos sindicatos blancos, los cuales eran simples organizaciones sin espíritu de lucha atadas a la voluntad del patrón. Como muestra del poder del empresario, los obreros integrantes del Partido Comunista fueron desocupados de su labor en la fundición del acero local en 1928. José Reta, bajo quien caía la sospecha comunista, inició por su lado una batalla legal en la cual ninguna parte implicada cedió la victoria a su contrincante. Jesús Cantú Leal, por medio de su abogado Virgilio Garza, informó a la Junta de Conciliación que José Reta había sido despe-

dido dos veces. La primera porque el trabajador había organizado una huelga en el periódico que la misma Junta calificó como injustificada; la segunda, porque según Cantú, cuando Reta supo que sólo laboraría tres meses, descuidó su trabajo para dedicarse a sus actividades con el sindicato. El gobierno carrancista de Nicéforo Zambrano aprovechaba este tipo de situaciones para demostrar su legitimidad ante Monterrey y su gente. Debido a la organización general en la comunidad de trabajadores, se hizo evidente la planeación y solidaridad que se daba en las calles e industrias de la ciudad. Una década antes del evento, en el año de 1918, después de la fallida huelga de los tranvías, se creó la Junta de Conciliación y Arbitraje del Estado, que hasta hoy en día es convocada siempre que hay un malentendido entre patrón y trabajador. A diferencia de los tranviarios, José Reta no desistió y contraatacó enviando una carta de Secundino Recio, un antiguo compañero del taller. En dicho documento Recio relataba que Jesús Cantú estaba en búsqueda de la identidad de los militantes pertenecientes al sindicato presente en el periódico, la Unión de obreros de Artes Gráficas. Al saber que Reta era integrante y cofundador del sindicato, declaró frente a Recio que tendría que desocupar a su compañero tipógrafo. Además de esta decisiva carta, Reta detalló al presidente de la Junta que la falta de trabajo en el periódico fue exagerada por el señor Cantú, pues después de empezar a reducir los días de trabajo a los obreros, se comenzaron a imprimir cinco revistas y periódicos más. Con ello lanzó un duro golpe más al declarar seriamente que en El Porvenir violó el correo de cinco empleados pertenecientes también al mismo sindicato que Reta; estos trabajadores fueron contratados después de que él fuese despedido. Abusos como este eran pan de cada día para el trabajador metropolitano. Uno de los casos más conocidos fue el conflicto con la compañía norteamerica-

na ASARCO, la cual explotaba a sus trabajadores de forma cruel; hacía laborar a los hombres en condiciones de higiene casi inexistente. Tampoco tenían servicio médico aunque trabajasen en lugares donde peligraba su vida y recibían un sueldo de dos o tres pesos diarios mientras que los norteamericanos ganaban ocho pesos realizando la misma labor que sus homólogos hispanos. En las posteriores citas individuales con la Junta de Conciliación, Jesús Cantú Leal, en la comodidad de su hogar, pudo negar rotundamente lo que escribió Secundino Recio. A la Junta llegó una carta del empresario insistiendo que la razón del despido de Reta se debió solamente a que éste nunca le informó su decisión sobre el trato de trabajo y de misma forma nunca fue a mostrarle alguna inconformidad sobre la situación. Para acabar con procesos burocráticos y demás incomodidades, el tipógrafo demandó la reposición de su puesto en el taller y el pago de los salarios de los días en que fue desocupado. Pedro Ramírez intentó negociar con el señor Cantú, pero el empresario y hombre de letras respondió de forma concluyente a la Junta de Conciliación que no deseaba tratar ningún arreglo conciliatorio con Reta o su abogado. El resultado de esta batalla legal no fue accesible para los regiomontanos de la época. Si hubo algún convenio o arreglo entre José Reta Rodríguez y Jesús Cantú Leal se encontraba archivado en la institución correspondiente a la federación en la ciudad de México, y para los habitantes del Monterrey de 1929 era costoso y poco práctico viajar tantos kilómetros para un asunto entre sindicales y empresarios. Hoy en día, en Nuevo León, donde no existen las huelgas, -por lo menos no oficialmente- encontrar la historia y el desenlace de estos casos de la lucha obrera es una tarea que se presenta con muchos impedimentos para quien intente rescatar la memoria histórica de la ciudad de Monterrey.

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ELOGIO DE LA PEREZA
¿Por qué la jornada laboral diaria es de ocho horas?
POR BERTRAND RUSSELL

omo casi toda mi generación, fui educado en el espíritu del refrán “La ociosidad es la madre de todos los vicios”. Niño profundamente virtuoso, creí todo cuanto me dijeron, y adquirí una conciencia que me ha hecho trabajar intensamente hasta el momento actual. Pero, aunque mi conciencia haya controlado mis actos, mis opiniones han experimentado una revolución. Creo que se ha trabajado demasiado en el mundo, que la creencia

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de que el trabajo es una virtud ha causado enormes daños y que lo que hay que predicar en los países industriales modernos es algo completamente distinto de lo que siempre se ha predicado. Todo el mundo conoce la historia del viajero que vio en Nápoles 12 mendigos tumbados al sol (era antes de la época de Mussolini) y ofreció una lira al más perezoso de todos. Once de ellos se levantaron de un salto para reclamarla, así que se la dio al duodécimo. Aquel viajero hacía lo correcto.

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ero en los países que no disfrutan del sol mediterráneo, la ociosidad es más difícil y para promoverla se requeriría una gran propaganda. Espero que, después de leer las páginas que siguen, los dirigentes de la Asociación Cristiana de jóvenes emprendan una campaña para inducir a los jóvenes a no hacer nada. Si es así, no habré vivido en vano. Antes de presentar mis propios argumentos en favor de la pereza, tengo que refutar uno que no puedo aceptar. Cada vez que alguien que ya dispone de lo suficiente para vivir se propone ocuparse en alguna clase de trabajo diario, como la enseñanza o la mecanografía, se le dice, a él o a ella, que tal conducta lleva a quitar el pan de la boca a otras personas, y que, por tanto, es inicua. Si este argumento fuese válido, bastaría con que todos nos mantuviésemos inactivos para tener la boca llena de pan. Lo que olvida la gente que dice tales cosas es que un hombre suele gastar lo que gana, y al gastar genera empleo. Al gastar sus ingresos, un hombre pone tanto pan en las bocas de los demás como les quita al ganar. El verdadero malvado, desde este punto de vista, es el hombre que ahorra. Si se limita a meter sus ahorros en un calcetín, como el proverbial campesino francés, es obvio que no genera empleo. Si invierte sus ahorros, la cuestión es menos obvia, y se plantean diferentes casos. Una de las cosas que con más frecuencia se hacen con los ahorros es prestarlos a algún gobierno. En vista del hecho de que el grueso del gasto público de la mayor parte de los gobiernos civilizados consiste en el pago de deudas de guerras pasadas o en la preparación de guerras futuras, el hombre que presta su dinero a un gobierno se halla en la misma situación que el malvado de Shakespeare que alquila asesinos. El resultado estricto de los hábitos de ahorro del hombre es el incremento de las fuerzas armadas

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del estado al que presta sus economías. Resulta evidente que sería mejor que gastara el dinero, aun cuando lo gastara en bebida o en juego. Pero -se me dirá- el caso es absolutamente distinto cuando los ahorros se invierten en empresas industriales. Cuando tales empresas tienen éxito y producen algo útil, se puede admitir. En nuestros días, sin embargo, nadie negará que la mayoría de las empresas fracasan. Esto significa que una gran cantidad de trabajo humano, que hubiera podido dedicarse a producir algo susceptible de ser disfrutado, se consumió en la fabricación de máquinas que, una vez construidas, permanecen paradas y no benefician a nadie. Por ende, el hombre que invierte sus ahorros en un negocio que quiebra, perjudica a los demás tanto como a sí mismo. Si gasta su dinero -digamos- en dar fiestas a sus amigos, estos se divertirán -cabe esperarlo-, al tiempo en que se beneficien todos aquellos con quienes gastó su dinero, como el carnicero, el panadero y el contrabandista de alcohol. Pero si lo gasta -digamos- en tender rieles para tranvías en un lugar donde los tranvías resultan innecesarios, habrá desviado un considerable volumen de trabajo por caminos en los que no dará placer a nadie. Sin embargo, cuando se empobrezca por el fracaso de su inversión, se le considerará víctima de una desgracia inmerecida, en tanto que al alegre derrochador, que gastó su dinero filantrópicamente, se le despreciará como persona alocada y frívola. Nada de esto pasa de lo preliminar. Quiero decir, con toda seriedad, que la fe en las virtudes del trabajo está haciendo mucho daño en el mundo moderno y que el camino hacia la felicidad y la prosperidad pasa por una reducción organizada de aquél. Ante todo, ¿qué es el trabajo? Hay dos clases de trabajo; la primera: modificar la disposición de la materia en,

o cerca de, la superficie de la tierra, en relación con otra materia dada; la segunda: mandar a otros que lo hagan. La primera clase de trabajo es desagradable y está mal pagada; la segunda es agradable y muy bien pagada. La segunda clase es susceptible de extenderse indefinidamente: no solamente están los que dan órdenes, sino también los que dan consejos acerca de qué órdenes deben darse. Por lo general, dos grupos organizados de hombres dan simultáneamente dos clases opuestas de consejos; esto se llama política. Para esta clase de trabajo no se requiere el conocimiento de los temas acerca de los cuales ha de darse consejo, sino el conocimiento del arte de hablar y escribir persuasivamente, es decir, del arte de la propaganda. En Europa, aunque no en Norteamérica, hay una tercera clase de hombres, más respetada que cualquiera de las clases de trabajadores. Hay hombres que, merced a la propiedad de la tierra, están en condiciones de hacer que otros paguen por el privilegio de que les consienta existir y trabajar. Estos terratenientes son gentes ociosas, y por ello cabría esperar que yo los elogiara. Desgraciadamente, su ociosidad solamente resulta posible gracias a la laboriosidad de otros; en efecto, su deseo de cómoda ociosidad es la fuente histórica de todo el evangelio del trabajo. Lo último que podrían desear es que otros siguieran su ejemplo. Desde el comienzo de la civilización hasta la revolución industrial, un hombre podía, por lo general, producir, trabajando duramente, poco más de lo imprescindible para su propia subsistencia y la de su familia, aun cuando su mujer trabajara al menos tan duramente como él, y sus hijos agregaran su trabajo tan pronto como tenían la edad necesaria para ello. El pequeño excedente sobre lo estrictamente necesario no se dejaba en manos de los que lo producían, sino que se lo apropiaban

los guerreros y los sacerdotes. En tiempos de hambruna no había excedente; los guerreros y los sacerdotes, sin embargo, seguían reservándose tanto como en otros tiempos, con el resultado de que muchos de los trabajadores morían de hambre.

Al gastar sus ingresos, un hombre pone tanto pan en las bocas de los demás como les quita al ganar. El verdadero malvado, desde este punto de vista, es el hombre que ahorra
Este sistema perduró en Rusia hasta 1917 y todavía perdura en Oriente; en Inglaterra, a pesar de la revolución industrial, se mantuvo en plenitud durante las guerras napoleónicas y hasta hace 100 años, cuando la nueva clase de los industriales ganó poder. En Norteamérica, el sistema terminó con la revolución, excepto en el Sur, donde sobrevivió hasta la guerra civil. Un sistema que duró tanto y que terminó tan recientemente ha dejado, como es natural, una huella profunda en los pensamientos y las opiniones de los hombres.

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Buena parte de lo que damos por sentado acerca de la conveniencia del trabajo procede de este sistema, y, al ser preindustrial, no está adaptado al mundo moderno. La técnica moderna ha hecho posible que el ocio, dentro de ciertos límites, no sea la prerrogativa de clases privilegiadas poco numerosas, sino un derecho equitativamente repartido en toda la comunidad. La moral del trabajo es la moral de los esclavos, y el mundo moderno no tiene necesidad de esclavitud. Es evidente que, en las comunidades primitivas, los campesinos, de haber podido decidir, no hubieran entregado el escaso excedente con que subsistían los guerreros y los sacerdotes, sino que hubiesen producido menos o consumido más. Al principio, era la fuerza lo que los obligaba a producir y entregar el excedente. Gradualmente, sin embargo, resultó posible inducir a muchos de ellos a aceptar una ética según la cual era su deber trabajar intensamente, aunque parte de su trabajo fuera a sostener a otros, que permanecían ociosos. Por este medio, la compulsión requerida se fue reduciendo y los gastos de gobierno disminuyeron. En nuestros días, el 99 por ciento de los asalariados británicos se sentirían realmente impresionados si se les dijera que el rey no debe tener ingresos mayores que los de un trabajador. El deber, en términos históricos, ha sido un medio, ideado por los poseedores del poder, para inducir a los demás a vivir para el interés de sus amos más que para su propio interés. Por supuesto, los poseedores del poder también han hecho lo propio aun ante sí mismos, y se las arreglan para creer que sus intereses son idénticos a los más grandes intereses de la humanidad. A veces esto es cierto; los atenienses propietarios de esclavos, por ejemplo, empleaban parte de su tiempo libre en hacer una contribución permanente a la civilización, que hubiera sido imposible bajo un sistema económico justo. El tiempo libre es esencial para la civilización, y, en épocas pasadas, sólo el trabajo de los más hacía posible el tiempo libre de los menos. Pero el trabajo era valioso, no porque el trabajo en sí fuera bueno, sino porque el ocio es bueno. Y con la técnica moderna sería posible distribuir justamente el ocio, sin menoscabo para la civilización.

La técnica moderna ha hecho posible reducir enormemente la cantidad de trabajo requerida para asegurar lo imprescindible para la vida de todos. Esto se hizo evidente durante la guerra. En aquel tiempo, todos los hombres de las fuerzas armadas, todos los hombres y todas las mujeres ocupados en la fabricación de municiones, todos los hombres y todas las mujeres ocupados en espiar, en hacer propaganda bélica o en las oficinas del gobierno relacionadas con la guerra, fueron apartados de las ocupaciones productivas. A pesar de ello, el nivel general de bienestar físico entre los asalariados no especializados de las naciones aliadas fue más alto que antes y que después. La significación de este hecho fue encubierta por las finanzas: los préstamos hacían aparecer las cosas como si el futuro estuviera alimentando al presente. Pero esto, desde luego, hubiese sido imposible; un hombre no puede comerse una rebanada de pan que todavía no existe. La guerra demostró de modo concluyente que la organización científica de la producción permite mantener las poblaciones modernas en un considerable bienestar con sólo una pequeña parte de la capacidad de trabajo del mundo entero. Si la organización científica, que se había concebido para liberar hombres que lucharan y fabricaran municiones, se hubiera mantenido al finalizar la guerra, y se hubiesen reducido a cuatro las horas de trabajo, todo hubiera ido bien. En lugar de ello, fue restaurado el antiguo caos: aquellos cuyo trabajo se necesitaba se vieron obligados a trabajar largas horas, y al resto se le dejó morir de hambre por falta de empleo. ¿Por qué? Porque el trabajo es un deber, y un hombre no debe recibir salarios proporcionados a lo que ha producido, sino proporcionados a su virtud, demostrada por su laboriosidad. Esta es la moral del estado esclavista, aplicada en circunstancias completamente distintas de aquellas en las que surgió. No es de extrañar que el resultado haya sido desastroso. Tomemos un ejemplo. Supongamos que, en un momento determinado, cierto número de personas trabaja en la manufactura de alfileres. Trabajando -digamos- ocho horas por día, hacen tantos alfileres como el mundo necesita. Alguien inventa un ingenio con el cual el mismo número de personas puede hacer dos veces el número de alfileres que hacía

antes. Pero el mundo no necesita duplicar ese número de alfileres: los alfileres son ya tan baratos que difícilmente pudiera venderse alguno más a un precio inferior. En un mundo sensato, todos los implicados en la fabricación de alfileres pasarían a trabajar cuatro horas en lugar de ocho, y todo lo demás continuaría como antes. Pero en el mundo real esto se juzgaría desmoralizador. Los hombres aún trabajan ocho horas; hay demasiados alfileres; algunos patronos quiebran, y la mitad de los hombres anteriormente empleados en la fabricación de alfileres son despedidos y quedan sin trabajo. Al final, hay tanto tiempo libre como en el otro plan, pero la mitad de los hombres están absolutamente ociosos, mientras la otra mitad sigue trabajando demasiado. De este modo, queda asegurado que el inevitable tiempo libre produzca miseria por todas partes, en lugar de ser una fuente de felicidad universal. ¿Puede imaginarse algo más insensato? La idea de que el pobre deba disponer de tiempo libre siempre ha sido escandalosa para los ricos. En Inglaterra, a principios del siglo XIX, la jornada normal de trabajo de un hombre era de 15 horas; los niños hacían la misma jornada algunas veces, y, por lo general, trabajaban 12 horas al día. Cuando los entrometidos apuntaron que quizá tal cantidad de horas fuese excesiva, les dijeron que el trabajo aleja a los adultos de la bebida y a los niños del mal. Cuando yo era niño, poco después de que los trabajadores urbanos hubieran adquirido el voto, fueron establecidas por ley ciertas fiestas públicas, con gran indignación de las clases altas. Recuerdo haber oído a una anciana duquesa decir: «¿Para qué quieren las fiestas los pobres? Deberían trabajar». Hoy, las gentes son menos francas, pero el sentimiento persiste, y es la fuente de gran parte de nuestra confusión económica. Consideremos por un momento francamente, sin superstición, la ética del trabajo. Todo ser humano, necesariamente, consume en el curso de su vida cierto volumen del producto del trabajo humano. Aceptando, cosa que podemos hacer, que el trabajo es, en conjunto, desagradable, resulta injusto que un hombre consuma más de lo que produce. Por supuesto, puede prestar algún servicio en lugar de producir artículos de consumo, como en el caso de un médico, por ejemplo; pero

algo ha de aportar a cambio de su manutención y alojamiento. En esta medida, el deber de trabajar ha de ser admitido; pero solamente en esta medida. No insistiré en el hecho de que, en todas las sociedades modernas, aparte de la URSS, mucha gente elude aun esta mínima cantidad de trabajo; por ejemplo, todos aquellos que heredan dinero y todos aquellos que se casan por dinero. No creo que el hecho de que se consienta a estos permanecer ociosos sea casi tan perjudicial como el hecho de que se espere de los asalariados que trabajen en exceso o que mueran de hambre. Si el asalariado ordinario trabajase cuatro horas al día, alcanzaría para todos y no habría paro -dando por supuesta cierta muy moderada cantidad de organización sensata-. Esta idea escandaliza a los ricos porque están convencidos de que el pobre no sabría cómo emplear tanto tiempo libre. En Norteamérica, los hombres suelen trabajar largas horas, aun cuando ya estén bien situados; estos hombres, naturalmente, se indignan ante la idea del tiempo libre de los asalariados, excepto bajo la forma del inflexible castigo del paro; en realidad, les disgusta el ocio aun para sus hijos. Y, lo que es bastante extraño, mientras desean que sus hijos trabajen tanto que no les quede tiempo para civilizarse, no les importa que sus mujeres y sus hijas no tengan ningún trabajo en absoluto. La esnob atracción por la inutilidad, que en una sociedad aristocrática abarca a los dos sexos, queda, en una plutocracia, limitada a las mujeres; ello, sin embargo, no la pone en situación más acorde con el sentido común. El sabio empleo del tiempo libre -hemos de admitirlo- es un producto de la civilización y de la educación. Un hombre que ha trabajado largas horas durante toda su vida se aburrirá si queda súbitamente ocioso. Pero, sin una cantidad considerable de tiempo libre, un hombre se verá privado de muchas de las mejores cosas. Y ya no hay razón alguna para que el grueso de la gente haya de sufrir tal privación; solamente un necio ascetismo, generalmente vicario, nos lleva a seguir insistiendo en trabajar en cantidades excesivas, ahora que ya no es necesario.
(Escrito en 1932)

_Opinión

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«Monterrey, «Botellas Mon amour» al Mar»
CORDELIA RIZZO Escritora.Cómplice de nuestraaparenterencicion.com. @cordeliarizzo RAYMUNDO PÉREZ ARELLANO Reportero de Punto de Partida. Papá de Mateo. @perezarellano

DEL SUEÑO DE UNA ARISTOCRACIA OBRERA
l esqueleto del dinosaurio que alguna vez fue la Fundidora de Fierro y Acero Monterrey, S.C. ha quedado como ruina arqueológica de un pasado que muchos no vivimos, pero cual estrella que muere, aún nos cobija mucha de su luz. Las estrellas brillan después de que han desaparecido porque la luz que se aglutina tras su muerte tarda años en llegarnos. Luego de que se cerrara a mediados de los 80, la Fundidora, tras un aletargamiento lleno de accidentes laborales, pérdidas económicas y un rescate fallido de NAFINSA, dejó un vacío que se ha querido tapar con historias, mitos y ceremonias. El manto de calor de esa narrativa, sin embargo, emana de un organismo muerto. En la novela del escritor regiomontano Felipe Montes, El enrabiado, un trabajador de la Fundidora se comienza a convertir en una especie de perro rabioso desde que es avisado del cierre de la fábrica. La imagen de la enfermedad del personaje es una de tantas metáforas aplicables al ocaso de los gigantes industriales, del cual la Fundidora nos deja un enorme armazón parlante. Mis tías Marcia y Élida fueron químicas que hicieron sus patrimonios económicos trabajando para la empresa. Mi abuela Jovita las ayudaba porque decía que no se daban abasto. Mis dos tías mayores siempre han sido mujeres a las que casi hay que tenerles miedo, de lo bellas, trabajadoras y entronas que son, y Jovita a sus 97 sigue siendo una matrona generosa. El cierre de la empresa implicó para a mi tía Marcia impulsar su propio laboratorio, un cáncer de mama, la ruptura de una relación; a la otra, reorientar su vida hacia los hijos. La nostalgia no se la permiten ellas, así que poco hablan de sus años de servicio a la industria, pero Jovita ha sido la que ha hecho las veces de transmisora de la melancolía del cierre. Los 90 trajeron pronto el boom ​ de los laboratorios como negocio, y las máquinas modernas volvieron obsoleto el negocio de mi tía, en el que también estaba afiliada Élida. Marcia agarró como pasatiempo decorar canastas. Se dio cuenta pronto de que realmente nunca quiso ser química, y que en sus épocas de espartaquista siempre añoró tener el tiempo de profundizar sobre los textos que habían formado su pensamiento de izquierda.

E

CADA QUIEN SU SANTO
n 2006, Monterrey era una ciudad en donde un reportero todavía podía aplicar ciertas técnicas en el oficio, sin que esto representara un riesgo para su integridad física. En ese tiempo me asignaron, junto con otros compañeros, investigar la creciente devoción a la Santa Muerte en Monterrey. Lo que sigue es lo de siempre: recorrimos las calles de la sureña colonia San Ángel tratando de encontrar la pista que nos llevara a encontrar una historia sobre el tema. Alguien había visto estacionada una pick up cuya caja tenía un grafiti artístico de la Santa Muerte. Subimos y bajamos por las empinadas calles, preguntamos en las tiendas de las esquinas y con los vecinos de la zona hasta que alguno dijo: “la camioneta es de Jesús, pero todavía no llega, regresa hasta después de las dos”. Al llegar, Jesús nos miró con desconfianza luego de que le dijimos que queríamos una entrevista para la televisión. Quería mantenerse en el anonimato, pero su devoción por la Santa Muerte pudo más. Nos dejó pasar a su casa. En el pórtico tenía columnas con la imagen de una calavera y en su sala una estatua de dos metros de altura con manto rojo llenaba el lugar. Nos explicó por qué cada día ponía manzanas rojas alrededor de la Santa Muerte: en su creencia, la calavera se alimentaba de ese fruto y al consumirlo lo iba magullando poco a poco. Jesús las retiraba hasta que estaban completamente churidas. También le convidaba cigarros y licor y siempre estaba encendida una veladora de distinto color: amarilla para el dinero, roja para el amor y negra para lidiar con los enemigos. A diario le rezaba y cuando quería pedirle un favor especial le quitaba las manos a la calaca y no las regresaba hasta que el encargo se hubiera cumplido. Conforme avanzaba el año 2006, vi crecer la devoción a la Santa Muerte en Monterrey. También desde ese entonces se hizo más evidente la presencia del crimen organizado en la ciudad. Se comenzó a hablar más abiertamente del control de los Zetas. Pasó el tiempo y comencé a visitar algunas otras ciudades de país. Me volví a encontrar con la Santa Muerte a la entrada de Nuevo Laredo y Reynosa en Tamaulipas. Nichos de dos metros de altura se multiplicaban como letreros de bienvenida sobre las carreteras que conectan a estas ciudades. En Reynosa existe un santuario construido en lo que era una cueva en honor a la Santa Muerte. Entre los recuerdos que le dejan los devotos me llamó la atención un cuadro hecho de madera con tres letras en su parte baja: CDG, Cártel del Golfo. En la capital de Zacatecas, donde los Zetas tienen el control, también he visto estas capillas. El noreste de México no es exclusivo de este fenómeno que relaciona religiosidad con delincuencia.

Luego de que se cerrara a mediados de los 80, la Fundidora, tras un aletargamiento lleno de accidentes laborales, pérdidas económicas y un rescate fallido, dejó un vacío que se ha querido tapar con historias, mitos y ceremonias
*** El logotipo de la Fundidora es un elefante blanco. “El elefante, enorme y antiguo animal / se aparea lentamente” dice el poema de D. H. Lawrence “Los elefantes se aparean lentamente”. Yesenia Peña está a punto de publicar un libro editado por el INAH sobre las condiciones de vida y salud de los trabajadores de la Fundidora. En una conversación antigua me contó que hacía trabajo en archivo para el libro. La conmemoración del primer aniversario de la muerte de su padre –obrero de la Fundidora- hace una semana suscitó un poema a propósito del espíritu de las conclusiones de su investigación: “Ahí, donde sólo queda el recuerdo / y el silencio del trabajador migrante / que no tiene nada que perder…/ del sueño de una aristocracia obrera. / Acá donde los hijos y nietos desmemoriados / “disfrutamos” del primer parque de Arqueología Industrial”. Como bien dice Yesenia, vivimos entre las ruinas de la estrella y aún nos elude el sentido de sus historias. Cada vez que se concesiona otra parte del parque nos desposeen a más del derecho de ir a convivir con los muertos de la ciudad. Los dueños de las concesiones han ido dictando una política de hostigamiento a toda persona cuyo comportamiento “ofenda” a quienes asisten. Activistas y grupos que aprovechan el parque para convivir o realizar performances, algunos de denuncia, ven cada vez más difícil acceder a este espacio público. “Son los animales más viejos y más sabios / así que al fin saben / esperar la fiesta más solitaria/ el banquete completo” dice también el poema de Lawrence. Engloba la esperanza de un día comprender al dinosaurio, al elefante, a la estrella muerta que yace en un parque, que cada vez es menos nuestro.

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Conforme avanzaba el año 2006 vi crecer la devoción a la Santa Muerte en Monterrey. También desde ese entonces se hizo más evidente la presencia del crimen organizado en la ciudad
En Culiacán, la capital de Sinaloa, posee una capilla a unos pasos del palacio de gobierno. Es el santuario de Jesús Malverde, imagen a la que los narcos locales le tienen devoción. Placas de metal, fotografías, flores y recados de agradecimiento por cientos se distribuyen en este pequeño espacio donde el calor la es infernal la mayoría del tiempo. En sus muros se pueden leer apellidos como Quintero, Payán, Beltrán, Torres o Guzmán, dando gracias al “santito” por los favores recibidos. No es raro ver a los sinaloenses que siembran o trafican con droga portar en el cuello la imagen de Malverde enmarcada en tiras de vaqueta. Hace poco recorrí Chihuahua. Viajé por los municipios de Bachíniva y Gómez Farías, territorio controlado por el grupo de La Línea, brazo armado del Cártel de Juárez. A lo largo de unos 160 kilómetros recorridos encontré por lo menos diez nichos de dos metros de altura, donde se prendían veladoras para dos imágenes: el Santo Niño de Atocha y San Judas Tadeo, a quien se considera patrono de las causas perdidas. En el Distrito Federal, San Judas es muy popular, sobre todo para los habitantes del barrio de Tepito que cada día 28 del mes abarrotan la esquina de Reforma e Hidalgo, donde se encuentra el templo dedicado a este santo. San Judas también es muy popular entre los policías. En Chihuahua muchos ministeriales cargan con una imagen de este santo, ya sea en escapularios, medallas o pulseras. También en Chihuahua se cuenta que el grupo de La Línea se creó con los entonces llamados agentes judiciales y que ahora adoptaron el nombre de ministeriales. En los bajos mundos cada quien tiene su santo. En los de Monterrey, a la fecha, la que manda todavía es la Santa Muerte.

30 de junio al 6 de julio de 2013 14 Del Nuevo León, México.

_Entrevista

LA CIUDAD DEL CAOS
POR DIEGO LEGRAND
arco Estrada es arquitecto. Trabaja en un amplio cubículo en la Universidad Autónoma de Nuevo León, al que se accede por una puerta pequeña y un pasillo estrecho, como en una película de espías. A su lado, decenas de jóvenes investigan, analizan y diseñan propuestas para los problemas de urbanismo, arquitectura, vialidad y otros rompecabezas topográficos que aquejan a la tercera ciudad de México. Entre mentadas de madre, repartidores de comida y exclamaciones arquimédicas, siempre hay ruido en este espacio de trabajo donde se resuelve el mundo, en teoría. Porque Marco, -arquetipo del diseñador moderno, joven de lentes negros, piercing en la ceja, tez morena y cabello ligeramente plateado peinado hacia arriba- cree que la arquitectura es una fuerza política mayor que no ha sido aprovechada hasta el momento. Dice que hay una gran falta de implicación de las políticas públicas en materia de arquitectura en México en general, y en esta ciudad en particular. Para él, Monterrey, más que una ciudad es un paisaje. P.- ¿Qué diferencia a Monterrey de las otras ciudades modernas de Latinoamérica? R.-Monterrey es una montaña de pruebas sin manifiesto, nunca ha habido una persecución clara arquitectónica en el crecimiento de la ciudad, por lo que es un elemento bastante caótico. No ha evolucionado realmente en comparación con la mayoría de las ciudades modernas que tienen una trenza clara en el crecimiento de la ciudad. Aquí, el primer cuadro es de 1596 y el segundo se hace hasta 1909, que es cuando llega la Fundidora, y así sucesivamente en 1936, en 1950 cuando llega el Tec de Monterrey y recientemente. Para 1950, ya se está fundiendo casi todo el acero del país en este lugar dentro de compañías que se financian en parte con fondos norteamericanos, en empresas que hacen de Monterrey un punto de partida inicial para el resto del país. En tren pueden llegar las mercancías de casi cualquier parte del país y atravesar la frontera que está cerca. Aunque es pequeña, esta frontera es un punto de comercio importantísimo, casi no hay gente que pasa por allí, pero sí muchos trenes. La estación de autobuses tanto como la de trenes se convierten en un punto neurálgico de la ciudad, porque muchísimos migrantes que van de paso para Estados Unidos se reúnen allí a esperar a los coyotes o a buscar empleo en una de las grandes fábricas de la ciudad. Además, estamos hablando de una urbe que se ubica entre cuatro montañas y un valle, así que crece como estrella, como puede, en los pasos que se encuentran entre las montañas. Tenemos una serie de cinco cuadros más o menos anárquicos con los que fue creciendo la ciudad, una ciudad industrial. P.- ¿Qué tan marcada está la vida regia por estas fábricas, justamente? R.-Está marcada en todos los aspectos. La ciudad se va desarrollando a la par de las grandes compañías que se asientan en la urbe, ya sea Fundidora, Cemex u otras. Cuando llegan, crean pequeños asentamientos familiares, según sus respectivas categorías socioeconómicas. Vemos por ejemplo que enfrente de Fundidora se mudaron los primeros empresarios importantes de la ciudad, que crearon casas nuevas allí, hasta que cerró la empresa y se fueron mudando a lo largo de la avenida Constitución, por el Obispado, Cumbres y así hasta llegar a San Pedro, donde habitan hoy. Pero no venden esas casas de diferentes estilos arquitectónicos, las van rentando a otras clases emergentes, por lo que se vuelven dueños de toda la zona centro- poniente de la ciudad, aunque sólo vivan en una. Aparte de tener enormes parcelas fuera de la ciudad, claro. Por otro lado, cada vez que llega una nueva compañía como Coca-Cola, crea colonias cerradas para sus empleados, con sus propias escuelas, sus supermercados, su mundo personal. Aun después de que se vayan o cierren algunas de estas empresas gigantescas, siguen marcando la vida de la ciudad; por ejemplo, está el caso de Fundidora que terminó siendo uno de los pulmones verdes más grandes de la urbe, mayor aún que la Macroplaza, que se supone debía cumplir esta función. Del otro lado de la ciudad podemos ver que pasa la exacta inversa: son grupos de obreros que se asientan en la colonia Obrera, la Acero, la Buenos Aires, alrededor de sus fábricas, pero separados de los dueños, y que van colonizando el oriente de la ciudad. Sin embargo, cuando tú vas a esas colonias puedes entender muy bien dos cosas: que la población de estas zonas es gente de entre 60 y 80 años cuyos hijos han decidido no vivir más allí, por lo que la zona está en decrecimiento con pura gente anciana de muy poco ingreso que, sin embargo, -gracias a los convenios hechos con el gobierno y Fundidora- sí son dueños de sus casas; y que las colonias no puede recuperar valor con el tiempo porque han sido construidas sin reglamento preciso, con una arquitectura modernista contemporánea que hace casas blancas cuadradas y sin chiste, a las que la gente no tiene nada de apego. Hay otro asunto importante que es esta mentalidad muy norteamericana de los regios -que son en realidad casi la misma población que los tejanos-: no quieren que sus hijos continúen con su mismo estilo de vida o con el mismo empleo, es un motivación aspiracional, así que buscan mandarlos a la escuela de paga aunque sufran carencias y en cuanto pueden, sus hijos se mueven de colonia, compran un coche nuevo aunque casi no coman para poder parecer de otra categoría socioeconómica y seguir aspirando a más. Como ves todo, hasta la mentalidad esta permeado por este espíritu industrial norteamericano. P.- ¿Pero hoy en día ya no hay tanta industria en la ciudad? R.-No y es un fenómeno interesante. La mentalidad sigue siendo la misma a pesar de que es se ha vuelto claramente una ciudad de servicios. La mayoría de las empresas son compañías de teléfonos o electrónicas que maquilan sus productos en Asia. Sí hay todavía algunas armadoras industriales pero en su mayoría ya se encuentran fuera de la ciudad, en total, adentro de Monterrey han de quedar tres o cuatro empresas de manufactura de actividades básicas. De eso hablaba cuando mencionaba a la mentalidad gringa, hay un consumismo terrible, pero no se puede negar que en general, el nivel de vida es mayor que el del resto de la república. Sin embargo, vemos problemas como el del transporte urbano. Esta es una ciudad de coches básicamente, por lo que servicios como el metro no funcionan demasiado o sirven en muy pocos puntos de la ciudad. A diferencia de lo que sucede en otros países, aquí los transportes públicos ni son manejados por empresas de gobierno, son concesiones a empresas privadas que chocan con otras empresas más ancianas, como las de los camiones que les hacen competencia y no dejan que se establezcan más líneas de metro. Bloquean el desarrollo de la ciudad en este sentido. Es una ciudad particularmente gris porque sigue un modelo americano de desarrollo, en una ciudad de carros como te digo, donde lo que importa son los islotes en los que vives y a los que vas a trabajar o a divertirte. El camino es lo de menos, pueden ser puros puentes de concreto. Pero fíjate, esta idea tan americana de juntar los puntos de diversión y recreación cultural en un solo lugar es justamente lo que mató al Barrio Antiguo. En una sola calle concentraron todos los antros y en otra todos los cafecitos culturales, por lo que cuando cerraron con la ola de violencia, se quedó sin vida un lugar dedicado al ocio. El corazón de cualquier colonia es la vivienda; pero estos espacios se dedicaron principalmente a la recreación, -hasta deshicieron media colonia con métodos dudosos para construir la famosa Macroplaza. Así que cuando se fueron los comercios y cerraron, ya no quedaba nada a lo que ir allí, ni alumbrado público, ni vecinos casi, ni comercios; la gente ya no tenía interés en ir al Barrio Antiguo, además del miedo. Ese método gringo de ir a buscar la diversión fuera y de hacer de sus espacios de viviendo un islote dentro de una ciudad gigantesca ha fracasado acá. Ya se vio que era una mentira eso de construir avenidas más grandes para que fluyan mejor los coches, nos hemos dado cuenta de que lo único que logran es hacer que la gente compre más coches y se sigan haciendo más embotellamientos, lo que falta hoy son políticas publicas adecuadas para construir redes de ciudadanía. Por el momento, es una ciudad muy dividida geográficamente en categorías sociales muy claras. Si quieres ver estudiantes, vas al a zona Tec, si quieres ver esposas o madres jóvenes, vas a Cumbres, si quieres ver señoras de abolengo, a San Pedro… P.- ¿Y el gobierno en todo eso? R.-Pues el gobierno ha implementado un sistema que conviene a los empresarios y terratenientes, que se llama modelo Fonatur, cuyo mecanismo es el siguiente: tú tienes un terreo gigantesco de ocho hectáreas con ciertas características como cercanía a la ciudad y facilidades de construcción entre otras, así que viene otra persona que trabaja de la mano con el gobierno y te dice: “mira, hagamos un negocio, yo no te voy a comprar tus parcelas sino que te las voy a urbanizar, les voy a traer toda la infraestructura básica, agua luz, drenaje etc. y necesito que me concesiones siete. Pero la ventaja de este intercambio es que de ese terreno inútil, yo te dejo una hectárea completamente urbanizada con la que puedes hacer lo que quieras”. Así se han ido rellenando los huecos de la ciudad en los últimos 40 años, es por eso que crece como crece. Ahora ya no hay espacio en la ciudad, por lo que se ha ido desarrollando el área metropolitana, con grandes manchas en San Nicolás, Escobedo y Santa Catarina entre otros, pero es un modelo que está a punto de ser replanteado. Con la llegada de este priismo pretendidamente renovado que quiere mostrar una nueva cara al público, dicen que va a clausurar el modelo Fonatour y que ahora se va a buscar “beneficiar a la ciudadanía” –aunque sabemos que nunca es el verdadero interés de los políticos- con un modelo de crecimiento ciudadano que aún no se ha definido. Lo más evidente sería que agarremos el modelo de Manhattan de crecimiento vertical, aunque la gente en Monterrey es aún muy reticente a comprar “aire” como dicen, prefieren suelo fijo. Pero no es el único modelo, también se puede usar el modelo chino y muchos otros más. Falta por definirlo. P.- ¿Y qué hay de Cadereyta y Santiago? R.-Cadereyta es un pueblo bastante rural aún, su crecimiento se dio en gran parte gracias a la llegada de Pemex, que ha aportado muchos fondos, nuevos obreros, algunas obras públicas al municipio. Pero aunque se está extendiendo hacia Monterrey para conformar una gran mancha urbana, es aún muy rupestre en su forma de ser como ciudad. Santiago tiene una importancia histórica porque fue el segundo feudo de varias de las grandes familias francesas y españolas que acompañaron a Diego de Montemayor en la fundación de la ciudad. Así que sí hay algo de dinero allí, sólo que vive bastante aislado de la gran urbe también. Es una pequeña ciudad aparte que en algún momento se tendrá que incorporar a Monterrey si sigue el crecimiento demográfico del área metropolitana de acuerdo con su movimiento actual. Si no se comienza a pensar e influir seriamente en las políticas públicas de crecimiento urbano, en acuerdo con arquitectos, topógrafos y urbanistas, se tiene el riesgo de tener una ciudad aún más caótica, en lugar del espacio de calidad que se podría conseguir sin problemas en una ciudad con tanto recurso.
Con información de Elisa Badillo

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_Obituario

Del 30 de junio al 6 de julio de 2013 Nuevo León, México.

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EL EJECUTADO 150
LUIS ALFREDO ALEMÁN ORTEGA
e llamaba Luis Alfredo Alemán Ortega. Nació en Monterrey el 30 de diciembre de 1992. Vivía en la colonia Independencia, era albañil. Tenía 20 años y era sobrino del coordinador de la Policía Ministerial, Alfredo Ortega Trujillo. Todo lo que se sabe de él son variaciones de la violencia: tenía antecedentes de robo y en 2009 mató accidentalmente a otra persona, mientras perseguía enfurecido a un sujeto que lo había asaltado. El 25 de junio de 20013 lo encontraron muerto a unos metros de la entrada de Protección Civil. Junto a él estaba otro muchacho que dijo llamarse Hugo Ruiz y vivir en Guadalupe. Ambos fueron heridos con fusiles AK-47. En los sitios de noticias en linea, Luis Alfredo no parece merecer más que comentarios de desprecio: “un cholillo menos”, “una rata menos”, “Polizziaz ratas y asesinos=sobrino rata y asesino!...pal infierno sin tocar baranda!”. Luis Alfredo Alemán Ortega fue, según el diario Milenio, el ejecutado 150 en Monterrey, en lo que va del año: “Según el recuento que hace este medio informativo, en el mes de enero se cubrieron 45 muertes por ejecución en Monterrey, para febrero la cifra bajó a 41, para llegar al mes de marzo y contabilizar 20. Para el segundo trimestre del año, abril superó ligeramente a su mes anterior y cerró con 23, para bajar a 15 víctimas mortales de este tipo en mayo y sumar, en lo que va de junio (25 de junio a las 11:00 horas) sólo 6 ejecuciones; un total de 150”. Y eso es todo. *** Se llama fosa común al lugar donde, por diversas razones, se entierra a personas que no han tenido sepultura propia. La imagen de una fosa común es, casi siempre, negativa. Los gobiernos las usan cuando alguna epidemia azota, cuando los desastres naturales superan la capacidad de organización de las personas y cuando hay una guerra. Las guerras llenan de fosas comunes el territorio y las fosas comunes se llenan con las guerras. Por lo general, en las fosas comunes terminan personas que no han sido identificadas, pero también las que han sido ejecutadas en castigo por un crimen, las enfermas, las locas, las olvidadas por sus familiares. Cualquiera puede terminar en una fosa común. Las fosas comunes también pueden ser clandestinas, como las usadas por los grupos criminales, las guerrillas y los mismos gobiernos. Un “mapa de fosas clandestinas” en México proporcionado por El Universal en 2011 refiere la existencia de fosas clandestinas en Sinaloa, Sonora, Durango, Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila y Chihuahua. El caso más conocido e infame es el de San Fernando, Tamaulipas, sitio donde fueron encontrados los cadáveres de más de 183 personas. Existe, además, otra clase de fosa común, una que se construye día a día con las palabras, los medios, las noticias, los comentarios y el olvido. La fosa común de las cifras. El país está metido hasta las cachas en sangre, pero la sangre no es roja, ni se distingue. De esta forma, Luis Alfredo no es alguien censurable o aceptado, un regio de 20 años o “un cholillo menos”. Es el ejecutado 150. La sangre es un número. *** -El “oficio” de contar muertos se ha vuelto algo necesario -Sí, vaya oficio de una ternura macabra: pretende cierto orden mínimo donde la brutalidad es uso y costumbre Conversación entre dos muchachos. Si el oficio de investigar en México se ha vuelto de alta peligrosidad, el de investigar a los muertos de la violencia es peor.
Nueva Época
_Editor Adjunto Diego Legrand @legranddiego _Arte y Diseño Oscar Hernández @Ouscher _Web Denise Alamillo @denisealamillo _Corrección y Verificación Caracol López @GasteropodoRoto

30/12/92 - 25/06/13
POR CARACOL LÓPEZ

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El problema de contar a los muertos en México radica tanto en un problema filosófico como en otros de orden práctico. John Berger, en sus 12 Tesis sobre la economía de los muertos dice que: “Hasta que el capitalismo deshumanizó a la sociedad, todos los vivos esperaban la experiencia de la muerte. Era su futuro final. Los vivos eran en sí mismos incompletos. De esa forma, vivos y muertos eran interdependientes. Siempre. Sólo una forma de egotismo extraordinariamente moderna rompió esa interdependencia. Con consecuencias desastrosas para los vivos, ahora pensamos en los muertos en términos de los ‘eliminados’”. Y los eliminados no se distinguen unos de otros. Los problemas de orden práctico son muchos. Hay el miedo a sufrir más violencia por parte de quienes no quieren que se sepa quién muere, cómo y por qué. Hay la clásica prisa por informar. Hay la reticencia de los familiares a hablar, pues temen un juicio hacia ellos y hacia quien ya falleció. Hay, finalmente, una apatía enorme por contar y recordar una etapa tan oscura para el país. A pesar de todo, el conteo que lleva Milenio, y donde Luis Alfredo tiene el 150, no es el único. Muchas personas han querido dejar registro (en la medida de sus posibilidades), de las personas que mueren por violencia en el país. Tal es el caso del proyecto Nuestra Aparente Rendición, que mantiene un blog donde voluntarios tratan de llevar un conteo, sí, pero también una descripción de las personas que mueren. “Me dijeron que sería difícil pero no imagine que tanto. Lloré mucho de rabia, de impotencia, de tener que defender mi postura porque no faltó quien me dijera que por mi culpa la gente no venía a México y el turismo había bajado”, cuenta Esther Espínola, voluntaria en la tarea de Nuestra Aparente Rendición. *** En la misma página donde se informa la muerte de Luis Alfredo, hay el siguiente comentario: “Lo mejor de todo es que el gobierno ahora tiene la percepción de que ya está bajando el nivel de inseguridad, dónde podemos ver cuántos decesos ha habido este año, por supuesto la mayoría es de muerte natural, gracias Sr Presidente Peña Nieto, creen que somos tontos”. Un comentarista anónimo señala otro de los problemas que enfrenta la memoria en estos tiempos de violencia: el discurso. No la violencia que implica la adopción de la jerga policíaca o de los narcotraficantes, que de por sí ya está cambiando la forma en que pensamos: no es que Luis Alfredo fuera ejecutado y no asesinado. Es la violencia oficial, es el silencio planeado. En mayo de 2013, el gobierno federal presentó un documento titulado Nueva Narrativa en Materia de Seguridad, donde establece maneras de “dar la información”. Entre las directivas está evitar imágenes de los homicidios, nombres o sobrenombres de delincuentes y la utilización de términos como “capo”, todo con tal de no hace apología del delito. También se sugiere poner foco en “los beneficios de la estrategia [contra el crimen organizado] y no en los operativos”. Lo que no dice el documento es la estrategia que busca “minimizar” los actos de violencia que siguen ocurriendo en México. No habla de la censura o autocensura de los medios. El mismo día en que murió Luis Alfredo Alemán Ortega, un hombre de aproximadamente 35 años, alrededor de 1.75 metros de estatura y cabello corto, fue atacado y asesinado en pleno centro de Monterrey, en la calle Zuazua. Todavía no se sabe su nombre, ni las razones de su muerte. Quizá le toque el número 151. Quizá se pierda en este descuido lingüístico que invade todo. Quizá quede en esta gran fosa común que el gobierno quiere blanquear por fuera.
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Del 30 de junio al 6 de julio de 2013 Nuevo León, México.

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