Anna Estany (1993) INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

1. CUESTIONES PRELIMINARES
1. FILOSOFÍA Y FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

El objetivo no es dar a continuación la definición de filosofía sino señalar la peculiaridad del conocimiento científico y, sobre todo, marcar las diferencias respecto al resto de los saberes. Es difícil encontrar otra disciplina en que la pregunta sobre su propia identidad se plantee desde el inicio con tanta insistencia, apremio y necesidad. Si los alumnos esperan una respuesta concisa y clara sólo lograrán frustraciones. El profesor tampoco tiene este tipo de respuesta. Con todo, tiene varias alternativas para contestar la pregunta. Una puede ser recurrir a la historia y ofrecer a los alumnos productos filosóficos (autores) y esperar que la audiencia saque las consecuencias sobre el contenido de la filosofía. Otra posibilidad consiste en plantear una serie de problemas típicamente filosóficos. Una aproximación más sistematizada a esta segunda alternativa consistiría en abordar la filosofía desde distintas ramas, a saber: filosofía moral o ética, antropología filosófica, filosofía política, filosofía de la ciencia, etc. Esta alternativa nos lleva, si no a una definición, sí al establecimiento del estatus de la filosofía. La filosofía sería un saber adjetivo, no sustantivo. La filosofía sería “filosofía de”. La filosofía se genera como consecuencia de la capacidad recursiva del Homo sapiens. Cualquier parcela de la realidad puede ser objeto de una reflexión construyendo unas categorías para aprehenderlas y comprenderla mejor. Esta categorización es una conceptualización de primer orden. Si tomamos ésta como objeto de estudio y construimos unas categorías para analizar esta primera conceptualización, obtenemos una conceptualización de segundo orden y así sucesivamente. Por tanto, podemos entender la filosofía “como reflexión de segundo orden en la que se trata de obtener ideas claras y distintas acerca de las reflexiones de primer orden de todo género inventadas por la Humanidad en el trascurso del tiempo” (Moulines). El filósofo de la ciencia no tiene por qué ejercer de científico: toma los productos científicos para analizarlos. Siguiendo con la analogía, el filósofo de la ciencia no necesita para ser tal hacer investigación científica, aunque sí debe tener conocimiento sobre la ciencia que está analizando. El filósofo de la ciencia toma como objeto de análisis los productos teóricos que ofrecen los científicos.
2. LA CIENCIA COMO OBJETO DE ESTUDIO DE LA FILOSOFÍA

La ciencia puede ser objeto de estudio de otras disciplinas, analizándola desde distintas perspectivas. Esta diversidad de enfoques en el análisis de la ciencia ha sido y sigue siendo motivo de debates entre los filósofos de la ciencia. La perspectiva del externalismo vs. internalismo ha sido el planteamiento de la mayoría de los casos. Se suele atribuir a los internalistas el no tener en cuenta las influencias políticas, sociales, etc. (externas a la ciencia) sobre la ciencia, mientras que a los externalistas, el considerar que la ciencia es producto del contexto cultural, político y sociológico. Se trata de posturas extremas (versiones ingenuas) aunque se pueden encontrar otras menos radicales en uno u otro sentido (versiones sotisficadas). Como ejemplo de estas dos tendencias tenemos a dos autores que han sido considerados como representantes de una y otra postura. C. Hempel como internalista y P. Feyerabend como externalista. Sin embargo, la dicotomía internalista/externalista, en función de tener o no en cuenta la influencia de los factores externos en la ciencia es un planteamiento confuso. Un binomio que quizás se adecuaría mejor a la diferencia entre los dos enfoques sería holismo vs. fragmentacionismo. Los externalistas se considerarían holistas, pero si tenemos en cuenta algunas de las manifestaciones externalistas actuales, como el llamado sociologismo, vemos que está tan lejos del holismo como podría estarlo el positivismo lógico de los años cuarenta.

[Anna Estany, Introducción a la filosofía de la ciencia, Barcelona, Crítica, 1993, pp. 17-25.]

1