Adrián Carbonetti - Raquel Irene Drovetta - María Laura Rodríguez (2010) CIENCIA Y POLÍTICA.

CONFLICTOS EN TORNO A LA DIRECCIÓN DEL INSTITUTO DE TISIOLOGÍA DE CÓRDOBA, 1943-1946
INTRODUCCIÓN La provincia de Córdoba fue uno de los espacios pioneros en el desarrollo de la tisiología. Sus aires benéficos para la cura de enfermedades respiratorias como la tuberculosis motivaron un flujo importante de enfermos no sólo a sus sierras sino también a su ciudad capital. Es en este centro urbano donde se emplazaron dos instituciones que estaban dirigidas por sendas sociedades de beneficencia: la Sociedad Tránsito Cáceres de Allende, que dirigía el Sanatorio del mismo nombre y la Sociedad de Beneficencia que conducía el Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia. En ese contexto nació la tisiología, una disciplina encargada de estudiar la enfermedad de la tuberculosis. Este surgimiento se desarrolla enmarcado en un clima de conflictos, generados especialmente por la pugna que las instituciones llevaron a cabo, en su objetivo por alojar uno de los factores fundamentales para el desarrollo de ésta: EL Instituto de Tisiología de Córdoba. Dicha institución fue creada por la Facultad de Ciencias Médicas para complementar, mediante la investigación, la cátedra que dentro de la facultad llevaría el mismo nombre. El Instituto de Tisiología se instaló en terrenos que poseía el Sanatorio Tránsito Cáceres de Allende, cercanos al hospital mismo. La institucionalización de este campo se completó con la aparición de la revista “Temas de tisiología”, que sería editada desde el mismo Instituto de Tisiología. Luego de su creación estuvo al frente del Instituto el Dr. Gumersindo Sayago, un referente en el conocimiento del tratamiento de esta patología en el interior del país. Sin embargo, hacia principios de 1943 y a raíz del segundo golpe de Estado de la Argentina, Sayago fue despedido de la Universidad, como consecuencia de haber firmado una solicitada junto a otros científicos y su despido motivó que una importante cantidad de colegas y discípulos renunciara a sus cargos, tanto en el Instituto de Tisiología como en la cátedra correspondiente. En el marco de las transformaciones internas que atravesaba el gobierno de facto en la etapa final del régimen, se permitió el regreso de muchos médicos que habían sido despedidos. Entre ellos regresaba Sayago, junto a todo el grupo de profesionales que se había ido con él. El regreso de estos médicos a las instituciones encargadas de enseñar e investigar la tisiología generó un fuerte conflicto entre la universidad, los médicos y la sociedad Tránsito Cáceres de Allende. El objetivo del artículo es analizar el conflicto descripto, partiendo de la idea de campo planteada por Bourdieu, entendiendo a este último como un espacio relativamente autónomo, provisto de sus propias leyes que en este contexto emerge como un espacio caracterizado por la lucha política y por la dominación del espacio de producción de conocimiento científico. La hipótesis es que el conflicto se definió en distintas dimensiones paralelamente: en un plano político partidario y en un plano institucional, donde dos instituciones se enfrentaron por la apropiación de dos formas de capital. LOS COMIENZOS DEL CONFLICTO La década de 1930 fue el momento en que el grupo afín a Sayago ocupó la dirección de la mayoría de las instituciones dedicadas a la lucha contra la tuberculosis. Esta hegemonía era también resultado de la inserción de los profesionales en ámbitos académicos. No obstante el prestigio que poseían, los acontecimientos políticos en Argentina generaron una ruptura en este sector que hegemonizaba la tisiología en sus fases académicas, científicas y prácticas. En 1943 Sayago suscribe una solicitada en contra del golpe militar, a favor de la normalización constitucional. A raíz de esto fue separado de la dirección de la cátedra de Tisiología y del Instituto de Tisiología, al mismo tiempo que sus colaboradores renunciaban a sus cargos en solidaridad con el Director del Instituto. Los médicos cesantes fueron reemplazados, tanto en la cátedra universitaria como en la dirección del Instituto, por médicos más proclives a una negociación con el poder o cercanos a la ideología de turno en el Estado Nacional y Provincial. EL CONFLICTO Paulatinamente los científicos que fueron cesanteados pudieron volver a sus lugares de trabajo y las universidades se normalizaron. En ese contexto, Sayago fue repuesto en su cargo. A partir de allí, comenzó su prédica para que todos aquellos que habían renunciado en solidaridad con su persona, fueran restablecidos en los diferentes cargos. Dicha solicitud fue canalizada por la Universidad de Córdoba que envió una nota a la Comisión Directiva de la Asociación Tránsito Cáceres de Allende, planteando las causas por las cuáles Sayago había sido cesanteado. Pretendían además explicar la renuncia de sus colaboradores presentadas al Instituto, la cátedra y el Hospital y solicitar el inmediato reintegro de todos los colaboradores. Estos cambios de personal no fueron bien recibidos por la Sociedad Tránsito Cáceres de Allende Pro-tuberculosos que administraba el hospital del mismo nombre. A fin de no permitir que Sayago

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retomara sus funciones en el Instituto, la Comisión rechazaba la renuncia de la mayoría de los médicos que hasta ese momento venía trabajando en dicha institución y que habían presentado su dimisión a fin de solucionar el conflicto. El 20 de setiembre de ese año, la presidenta de la Sociedad Tránsito Cáceres de Allende insistía con los impedimentos para el reintegro de Sayago poniendo como excusa la imposibilidad de sustituir a los médicos que habían trabajado hasta ese momento en el Instituto y sanatorio. La política llevada a cabo por la Sociedad se explica por su relación orgánica con la Iglesia Católica de Córdoba y los sectores más conservadores de la elite dirigente local, y su alineación en una relación complaciente con el poder político provincial y nacional, los que además proveían los fondos necesarios para el funcionamiento del sanatorio. El problema, que comenzó a mediados de setiembre de 1945, atraviesa una fase de calma, para finalmente reanudarse a principios del año 1946. El 2 de enero de ese año, la Comisión de Vigilancia del Consejo Superior de la Universidad trataba el conflicto que había acontecido en setiembre del año anterior, poniendo el acento en los impedimentos señalados por la asociación Tránsito Cáceres de Allende respecto de la reasunción de Sayago en la dirección del Instituto de Tisiología, es decir, la delimitación de funciones del Director del Hospital y el Director del Instituto. En la contestación formulada por las señoras de la beneficencia, el día 22 de enero se insistía en la necesidad de delimitar las funciones del Director del Instituto y sus colaboradores, de la de los médicos del Hospital. Nuevamente se recriminaba, tanto a Sayago como a los médicos que lo acompañaron, haber abandonado a sus enfermos, con el agravante de los hechos que se suscitaron en momento de ser sustituido por el Dr. Verna en 1943. De esta forma se buscaba de varias maneras aplazar hasta el último momento el reintegro de Sayago e incluso si fuera posible, tratar de impedirlo. El campo de la disciplina era atravesado por intereses políticos y económicos que generaban fuertes contradicciones. En esa fecha la prensa comenzaba a hacer pública la gravedad del conflicto. El diario Córdoba el 28 de enero, daba cuenta de la crisis que había venido desarrollándose y suministraba información acerca de la negativa del Dr. Morra de acceder a los cambios que proponía la Sociedad de Beneficencia. En estos momentos se desarrollaba la campaña electoral que derivaría en las elecciones por las cuales el laborismo, luego el peronismo, llegarían al gobierno provincial. Dicho proceso estuvo enmarcado en una fuerte antinomia entre el partido conformado por Perón y la Unión Democrática y Sayago era un militante ferviente de esta coalición. En tanto la iglesia, así como los sectores conservadores católicos, dentro de los cuales se ubicaban las señoras de la beneficencia, apoyaba al Partido Laborista. Los análisis de la documentación disponible permiten corroborar la interpretación de que el conflicto estaba cruzado por la campaña política y con un fuerte cuño ideológico. Cuando el Vicerrector de la Universidad emitió una resolución por la cual reincorporaba a Sayago y a todos sus colaboradores en el Instituto de Tisiología, la Sociedad de Beneficencia clausuraba el dispensario donde cumplía sus funciones el Instituto de Tisiología y disponía la custodia de ese edificio por parte de la policía provincial. La prohibición del ingreso de Sayago desencadenó el final del conflicto que terminó con la ruptura por parte de la Universidad, del contrato por el cual el Instituto funcionaba en el Sanatorio Tránsito Cáceres de Allende. POLÍTICA Y CONFLICTO ENTE LOS TISIÓLOGOS En ese conflicto que tomaba un cariz ideológico iban a chocar el Dr. Brandán y un grupo de médicos que habían trabajado en el Instituto de Tisiología, quienes publicaban documentos en el diario La Voz del Interior, acusando tanto a la Comisión Directiva de la Sociedad de Beneficencia como al Dr. Brandán de reaccionarios y retrógrados y de mentalidad sectaria. Sin embargo, cargaban las tintas sobre este último cuando hacían referencia a sus renuncias en 1943 como consecuencia de su solidaridad con Sayago. Las acusaciones continuaban en términos de endilgar a Brandán el haber reclutado médicos entre los sectores antidemocráticos con el objetivo de suplir a los renunciantes. De esa forma el conflicto era delimitado ideológicamente como una disputa que implicaba por un lado a los agentes del totalitarismo, representados por Brandán y las señoras de la beneficencia, y por otro lado a los sectores democráticos, representados por aquellos que habían renunciado en 1943 y que defendían la posición de la Universidad en el conflicto entre las instituciones. En una extensa nota enviada a varios periódicos cordobeses Brandán se defendía de las acusaciones con argumentos predominantemente retóricos. En términos generales culpabilizaba al rectorado y a Sayago, generando un discurso donde hacía hincapié en la escasa ética de los médicos que habían renunciado en 1943. La nota de Brandán suscitó una avalancha de contestaciones por parte de la mayoría de los médicos que se sintieron agravados por sus dichos. El primero en contestar fue el Dr. José Pérez, uno de los colaboradores más cercanos de Sayago. La lucha ideológica que se había planteado en el mabito político partidario de la nación y de la provincia, había derivado en una crisis de dos instituciones representativas de ambas corrientes ideológicas, y a su vez había repercutido en la formación de grupos totalmente contrapuestos. A MODO DE CONCLUSIÓN

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El prestigio y las posiciones de poder ganadas, estaban en juego en esta lucha. Sin embargo, también se debe considerar que este conflicto se daba en el marco de un debate ideológico y político partidario que inundaba a toda la sociedad argentina. De esta forma, el conflicto que se suscitó alrededor del Instituto de Tisiología constituyó un doble entramado de luchas de poder: por un lado en relación a las pujas internas que definían a la ciencia médica y específicamente a la tisiología como especialidad, por otro lado, se evidenciaba la movilización de esa misma comunidad científica que era parte de una sociedad nacional y local altamente ideologizada. Estos clivajes, trascendieron las meras competencias por prestigio profesional y las rencillas personales. En cambio, constituyeron parte de una disputa mayor, definida por las crisis propias de un sistema y un régimen político en mutación, en un escenario previo al ascenso de un peronismo altamente conservador, como el que vio a la luz en la mayoría de las provincias del interior argentino.

[Adrián Carbonetti, Raquel Drovetta – María Laura Rodríguez, “Conflictos en torno a la dirección del Instituto de Tisiología de Córdoba, 1943-1946”, en Estudios Sociales, Revista Universitaria Semestral, año XX, Nº 38, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, primer semestre 2010, pp. 107-126.]

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