ENT REVISTA IV

“Sigo

Jorge Lanata

haciendo lo de
POR

siempre”
Lucila Rolón
Dice que el periodismo se transformó en una cuestión de fe y que nunca va a estar del lado del poder. Mientras tanto, tiene 18 puntos de rating y acaba de publicar su libro

Lanata está sentado detrás y a la izquierda de un monitor blanco de treinta pulgadas. El escritorio también es blanco y enorme, lleno de revistas y de papelitos. Tiene puesto sus anteojos cuadrados de marco negro, una camisa, tiradores de colores y un pantalón de vestir. La misma ropa con la que Sabat lo retrató de manera magistral –la ropa y el gesto de sus cejas exaltadas y sus manos sobre la cabeza revuelta– en un dibujo que cuelga de las paredes del living. Ambos, Lanata en dibujo y en carne y hueso, parecen confabularse para hacer espejo. De la pared lateral cuelgan diplomas y menciones. Lanata trabaja y vive en el mismo departamento, como un búnker confortable en comunicación directa con el resto de su casa y del mundo. El living se abre a una enorme vista del Río de la Plata, sin esfuerzo se llega a ver las costas de Uruguay. La delicada colección de relojes y la de Martín Fierros (ganó once) están del otro lado, en tándem con el televisor. En este microclima Jorge Lanata escribió su último libro: 26 personas para salvar

al mundo. Un título pretencioso que, según dice, “habla de un tema muy instalado en la gente: a todo el mundo le importa salvarse”. La idea devino de la serie de televisión que hizo con el mismo nombre, como versión completa y por escrito. En ella recopila entrevistas con Eduardo Galeano, Zygmunt Bauman, Martin Amis, Nicholás Negoponte, Juanes o Mario Vargas Llosa, entre otros. El periodista cuenta que “primero buscaron gente buena, y que después se dieron cuenta de que tenían que buscar las ideas que van a ser que este mundo continúe”. Pero la pregunta ¿cómo estamos hoy? también lo inquieta. A sus 52 años y después de más de treinta de trabajo en los medios es, para muchos, el periodista de la oposición. Le dicen que se vendió, él dice que hoy por hoy no podría estar trabajando en otro lugar que no sea el grupo Clarín, que el gobierno lo persigue hace tiempo pero la gente le cree: “¿Por qué? Porque que siempre fui yo mismo y eso se nota”. –¿Qué tan difícil es tener una mirada alternativa del

mundo, proyectar de acá a veinte años? Desde acá es casi imposible. Por ejemplo, durante todo el tiempo que estuve de viaje, entraba a leer los diarios por Internet y sentía dos cosas: una, que estaba leyendo siempre el mismo diario con los mismos personajes y los mismos problemas; dos, que el tiempo no pasaba. La sensación de ver una mosca pegándose contra el vidrio una y mil veces. También noté que estamos por fuera de las discusiones que se están dando en el mundo. –¿De cuáles, por ejemplo? ¡Todas! Primero, la tecnología le pasó por encima a la filosofía. La revolución tecnológica, bah, que va más allá de Internet. Para no mezclar: Internet es para la Humanidad, como el surgimiento de la imprenta, al mismo nivel. Es un elemento súper democratizador que estamos empezando a experimentar. Estamos en la infancia de Internet, es una etapa súper experimental, que está volviendo experimentales a los medios de comunicación. Por eso creo que está bueno estar en este momento en los medios. Más allá de Internet en sí, la tecnología dejó viejas las respuestas de la filosofía política. Marx fue declarado obsoleto por cuatro chicos en un garaje de Sillicon Valley. Las ciencias humanas deben repensarse para acompañar estos cambios. –¿Qué vio del mundo? ¿De qué tenemos que salvarnos? De nosotros mismos. Tenemos una cultura muy destructiva en algunas cosas y creo que hay que salvarlo de nuestro propio afán de destrucción. –El mundo ha atravesado muchos momentos oscuros en los que se sintió que estaba todo mal. Las guerras mundiales, como ejemplos fáciles. Sin embargo, esta idea de salvar al mundo aparece muy actual y definitiva. ¿Por qué? Creo que en los últimos quince años aparecieron grandes replanteamientos de valores importantes que se hizo el hombre y que siguen estando presentes. Los tipos de treinta años se preguntan si estudiaron para esto y se dan cuenta de que no y entran en crisis. Eso está pasando en Europa, en Estados Unidos. Esto es lo que les pasó a los indignados. No son el Mayo Francés, que para el caso, tampoco ganaron. Pero formaron un pensamiento cultural. Como los hippies, que no llegaron a Wall Street pero marcaron cambios. En los sesenta y en los setenta el mundo pensó que estábamos cerca del cambio pero no. Y ahora que ya estamos hartos entramos en crisis. Si me preguntás cómo va a terminar esto, no tengo la más puta idea. –¿Está todo mal? En el libro dice que de los 26 entrevistados ninguno está resignado… Para mí, la Argentina está completamente afuera de esa discusión porque las cuestiones que existen acá no son las de afuera. Hay cosas en las que la Argentina y el mundo se parecen, que es el tema del discurso único. Esto es lo que se está rompiendo cada vez más y cada vez se valora más decir cosas. Acá, el tema es político partidario, allá es más social-cultural. Como que dicen “esto es Europa y se acabó, no discutamos más”. Estamos en un momento de crisis del que puede llegar a salir algo. –¿Cómo ve el periodismo argentino actual? Creo que es un momento de mierda del periodismo, y que lo peor que va

a dejar este gobierno va ser la grieta cultural. No se trata de lo económico, la Argentina se recupera muy rápido siempre. Lo que no pasaba desde el año cincuenta acá es la división que hace que se pierdan amigos, compañeros, periodistas. Nunca creí en el periodismo militante, es más, me parece que ningún periodista tiene que estar afiliado a ningún partido. –Sin embargo, los periodistas que cubren política se transforman en personas de poder porque son formadores de opinión y cenan en la casa de importantes empresarios o funcionarios… El problema es que ahora el periodismo se transformó en una cuestión de fe y eso es una cagada. Los hechos existen con la independencia de quien los diga. Lo que es, es. Si yo te digo “Boudou quiso quedarse con la máquina de hacer billetes”, eso no es un invento de Clarín si no un hecho de la realidad: por algo renunció el fiscal, amenazaron de muerte a la mujer de Vanderbroele, están investigando una empresa fantasma. Después, yo puedo opinar que Boudou es un chorro, pero eso es otra cosa. La respuesta del gobierno ante estos hechos es “es una mentira de Clarín”. Ellos tienen una visión de los medios que no tiene que ver con la realidad, o sea, los ven como quienes no conocen los medios de adentro. Por ejemplo: yo manejé redacciones con trescientas personas. Nadie puede pensar que leía todo lo que salía. ¿Vos te pensás que yo como director leía lo que salía en Espectáculos? ¡Yo qué sé qué carajo salía! Y tampoco me importaba, para eso estaban los jefes de sección. No tenía tiempo físico. Bueno, el gobierno cree que Magnetto le dicta las preguntas a todos los periodistas. Ellos quieren que sus medios se manejen así pero no es real. Nadie tiene más medios que el gobierno y nadie los lee. ¿Por qué? Porque la gente no quiere leer periodismo oficial y no tiene que ver que los hayan votado o no. A su vez, esto no quiere decir que no haya corrupción en el periodismo: hay. Ahora está todo muy podrido: lo dijo tal, le creo; lo dijo tal otro, no le creo. Para mí es una cagada porque nos aleja de lo profesional. –El periodismo responde a este juego... Obvio que sí. Pero porque no puede evitar ser funcional. Por ejemplo: yo no creo en el rating pero trabajo en televisión y todo el mundo, todo el tiempo, habla de rating. Entonces no puedo estar ajeno. En este sentido, creo que en un momento, cuando saltó ser anti K, Clarín jugó el juego pero exageró. Sobreactuó una reacción (a partir de la ley 125) porque al patotero del barrio le habían tocado el culo, entonces reaccionó mal. Para mí fue un error. No tuvieron equilibrio porque, como son poder en sí mismo, no están acostumbrados a bancarse una crisis. Me refiero a Clarín, al grupo en general, donde en este momento están todos nerviosos por la implementación de la ley de medios el 7 de diciembre. ¡Yo estoy súper divertido con este quilombo! Pero porque es la historia de mi vida. Estoy acostumbrado a que esto pase, me pasé la vida peleando con todo el mundo. Entonces para mí, una situación así ¡está buenísima! Pero ellos se quieren matar. No están acostumbrados a que les toquen el culo y no saben cómo reaccionar porque son como un superministerio que tarda en moverse, que tiene muchas contradicciones, que no

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es tan coherente como se cree de afuera. Así y todo, eran más los prejuicios que yo tenía con ellos que los que ellos tenían conmigo; esto lo tengo que reconocer. –¿Y cómo se ve a usted en este contexto? Es loco lo que está pasando conmigo ahora. Hice mi carrera periodística con los diarios en contra, y hoy eructo y salgo en Clarín, La Nación... Y sigo haciendo el mismo programa que hacía hace diez años. Esto es DDT con plata, la diferencia es que ahora tengo plata para producir. Lo que pasó es que cambiaron los intereses políticos para con el gobierno de los que tienen plata. ¿Esto va a durar? probablemente no, lo sé. Si Clarín arregla con el gobierno que viene seguro que a mí me sacan… y todo bien. No va a ser nuevo que me saquen de algún lugar. Yo sigo haciendo lo mismo de siempre, es así. –¿Cómo le cae que le digan que se vendió? Yo no me puedo hacer cargo de la gente que me cita, así sea un hijo de puta. Con la gente común está todo más que bien, hago un programa de 18 puntos, nos ven tres millones de personas por domingo ¡eso es gente común! ¿Qué piensan, que son todos de derecha? ¿Me tengo que preocupar por 678? ¡La mitad de ellos laburó en Clarín y la otra mitad, conmigo! Los conozco a todos y están ahí por plata. Galende se disfrazaba de payaso en lo de Guinzburg porque competía con Mala Onda ¿Vos querés que yo me tome en serio una crítica de Galende? Nora Veiras escribía de educación, yo la llevé a Página 12, sé quién es. Barragán trabajaba en Radio Mitre. Barone, en La Nación y en Clarín. No me los puedo tomar en serio porque si no me pego un tiro. ¿Vos pensás que en diez años estos tipos van a seguir diciendo lo que hoy están diciendo? Entonces claramente mi problema no es con la gente. Estoy en mi momento más popular ¿es porque la gente no me cree? Es loco que yo esté diciendo esto… pero ¿quién soy yo? ¿Neustadt? ¿Hice Ámbito Financiero o Página 12? Es muy raro que yo tenga que hablar de esto. –¿Y qué fue lo que pasó? Pasó que hago periodismo. Me peleé con Alfonsín, De La Rúa, Duhalde, Kirchner, porque es lo que tengo que hacer. No tengo que estar del lado del poder, nunca. Cuando veo que el gobierno tiene doble discurso pienso en dejarlo en evidencia. Es obvio que yo, como periodista, piense eso. Es mi trabajo, es totalmente animal lo que te

digo: huelo eso y voy ahí. La gente lo sabe, por eso me cree. Y los que me critican porque escribo en Clarín ¿adónde quieren que esté? No podría estar en otro lugar hoy. A su vez, yo puse un diario, cerró: a la semana que estábamos en Crítica vino Artemio López, bastante amigo de Néstor, y me dijo “vengo de ver a Kirchner en Puerto Madero y me dijo que los va a fundir”. De ahí en más, nos empezaron a levantar todos los avisos oficiales y privados. A mí me llamó por teléfono Coto para decirme “levanto el aviso y te pongo la plata” y yo le dije “métase la plata en el orto”, porque eso es extorsión. Me fui un año antes de que cierre pero me culpan a mí. Es muy difícil hacer tu propio medio acá. –¿Qué debería hacer el periodismo para redefinirse? Ser más serios. Cuidar lo que decimos. Lo que pasa es que es muy difícil pedirle eso a un pibe que de otro modo no tendría laburo. Hay chicos que en sus vidas van a ganar treinta lucas o cuarenta en un canal de televisión, pibes que, cuando termine todo esto, van a ganar cinco. Ojo, también hay muchos tipos que escriben lo que creen ciertamente. –¿En qué se diferencia usted? Yo tengo una antena con la gente y sintonizo con ellos. Primero, trato de sintonizar conmigo. A mí, Página 12 me enseñó una cosa: que cuanto más sea yo, mejor me va a ir. Cuando nacés, te obligan a ser otro todo el tiempo: Belgrano, San Martín, tu papá, Perón, cualquier otro. Nadie te dice “sé vos”. Entonces pasa que la gente no tiene éxito porque no se anima a fracasar: cuando perdés ese miedo te va bien porque ya no te importa. Sabés que vas a tener éxito y sabés que también vas a fracasar, eso es la vida. Y yo soy yo. Y la gente se da cuenta. Se puede hablar con la gente porque entiende. No hay tanto que explicar, no subestimemos. Por ejemplo, si me preguntan ¿tomaste drogas? Digo sí, y lo puedo explicar. No está ni mal ni bien, somos todos humanos, me puedo sentar y contarlo: tomé drogas porque el mundo duele, hermano, y una manera de que duela menos es acolcharlo. ¿Con qué? Con drogas, con alcohol, con la tele. ¡Y ya está! La gente entiende. Así hago periodismo yo. Por eso puedo pararme y decirte “Yo laburo en Clarín por esto y esto”. ¿A vos te parece mal? Bueno, como quieras, pero yo te estoy diciendo que es por esto y esto. No invento un verso. Creo que por eso funciono.

Jorge Lanata recorrió Londres, Katmandú, Boston, Medellín, Los Ángeles, Oslo y París para entrevistar personas con ideas para “salvar al mundo”. Entrevistó referentes de distintas áreas y edades que cuentan cómo ven lo que va a pasar de acá a veinte años.

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