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Editorial DE ACERO
De Acero representa la revista teórica de Reconstrucción Comunista. El objetivo perseguido con su elaboración es desarrollar la lucha ideológica con el resto de destacamentos comunistas, hacer públicas nuestras tesis, que se pueda acceder a nuestra línea política y dar la facilidad de conocernos y confrontar con la organización. Esta publicación, por el momento cuatrimestral, se sacará en formato digital descargable y en formato físico, pudiéndose adquirir en nuestra sede, actos y puestos políticos. Para este primer número hemos elegido dos temas como columna central de la revista: cuestión nacional y caracterización del Estado Español. Ambos son temas candentes dentro del movimiento comunista y que nos afectan en primera persona a todos aquellos que luchamos por transformar la realidad del estado español. Siguiendo con la línea marcada en los documentos aprobados en nuestro II Congreso sobre memoria histórica revolucionaria y antirrevisionismo, hemos elaborado dos artículos: uno en memoria de los marxistas-leninistas que se opusieron a la camarilla revisionista Ibarruri-Carrillo en su apuesta por destruir el PCE y convertirlo en el engendro revisionista que es actualmente, y otro dedicado a la revisionista por antonomasia, “La Pasionaria”, describiendo todas las tropelías que cometió. Por último hemos elaborado un texto sobre feminismo de clase y la resolución unitaria final del I Encuentro Comunista de carácter antirrevisionista que organizamos en Marzo, así como la resolución de presentación de la ICOR, la Coordinadora Internacional de Partidos y Organizaciones Revolucionarias de la cual somos miembros. Esperamos que esta revista sea del agrado de todos aquellos que nos siguen.

Secretaría Ideológica de Reconstrucción Comunista

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Reconstrucción Comunista nuevo miembro de la ICOR

Desde el Comité Central de Reconstrucción Comunista estamos orgullosos de hacer público que por fin somos miembros oficiales de la ICOR. Compartimos plenamente la necesidad que la lucha por el socialismo tiene de que las organizaciones revolucionarias de cada país den un paso adelante, un salto cualitativo, se organicen de manera supranacional para golpear al capitalismo de forma global, conjunta, pues es la única manera de enfrentarnos a él de forma efectiva. Teniendo esto en cuenta nos vimos en la necesidad de coordinarnos con otras organizaciones revolucionarias de forma supranacional; los tiempos que vivimos de agudización del imperialismo así lo requieren. El internacionalismo proletario es una premisa indispensable que ha de ser respetada, de ahí la necesidad de esa unión internacional que, sin duda, nos hará más fuertes frente al enemigo común. Esto es debido a que tenemos claro que no son las fronteras ni las razas las que nos separan sino la

clase social. De ahí la necesidad de agrupación de todos los revolucionarios del mundo unidos bajo la ciencia del Marxismo Leninismo contra el capitalismo. Por todo esto decidimos llamar a la puerta de la ICOR y así pasar a engrosar su lista de miembros. Para dar a conocer qué es la ICOR a continuación mostraremos la resolución sobre la fundación de esta organización en la que se detallan sus fundamentos.

Resolución de Fundación de la ICOR
Conferencia de Fundación, 6 de octubre de 2010

La Conferencia Mundial de la Iniciativa “Coordinación y Cooperación de Partidos y Organizaciones Revolucionarios” toma la decisión de constituirse como organización

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internacional. Su nombre es “International Coordination of Revolutionary Parties and Organizations” (ICOR).

son nada. Unidos lo son todo.” (Lenin, 1913, La unidad obrera). La ICOR retoma las conquistas del movimiento obrero y revolucionario organizado internacionalmente. A éstas pertenecen la gran acción revolucionaria de la Comuna de París de 1871, la victoriosa Revolución de Octubre rusa de 1917, la Revolución China de 1945 a 1949, la lucha de liberación revolucionaria para destruir el antiguo sistema colonial, y el nacimiento del campo socialista después de la Segunda Guerra Mundial. La ICOR se apoya en las ricas experiencias de los ejemplos históricos de las formas de organización internacionales como la I, II y III Internacional, toma en cuenta las condiciones actuales, necesidades y posibilidades para tal unión. Por estos medios lleva a la práctica el gran lema revolucionario de Karl Marx: “¡Proletarios de todos los países, uníos”!, así como el de Lenin: “¡Proletarios de todos los países y pueblos oprimidos, uníos!”. La traición revisionista, partiendo de la experiencia de la Unión Soviética con el XX Congreso en 1956, condujo a la derrota hasta ahora más grande del movimiento comunista y obrero internacional dejando una fragmentación de dimensiones inauditas. La restauración del capitalismo desató una gigantesca ola de anticomunismo y contrarrevolución. También el surgimiento de tendencias sectarias y anarquistas, en parte ha causado gran daño al movimiento comunista y obrero internacional. Sin embargo, la influencia del reformismo y revisionismo en el movimiento obrero

I. La fundación de la ICOR proviene del conocimiento. El tiempo está maduro para enfrentar algo nuevo al capital financiero internacional, altamente organizado y enlazado a nivel global, y a su sistema imperialista mundial – la organización del movimiento obrero y revolucionario internacional, y de las amplias masas en un nuevo nivel de cooperación y coordinación de la actividad práctica más allá de las fronteras nacionales. El imperialismo con su sistema neocolonial existe aun desplegando su propensión a la crisis que pone en peligro de manera dramática la existencia de la humanidad. Esto se manifiesta en la crisis económica y financiera mundial de 2008, en las crisis estructurales en el sistema de producción y reproducción capitalista, las crisis de endeudamiento, la crisis ecológica global, el aumento de la falta de familia del proletariado y de las amplias masas, las crisis políticas, pero también en el creciente peligro de guerra internacional, en el aumento de las agresiones imperialistas y en la tendencia general del imperialismo a la reacción y al fascismo. El capitalismo no tiene futuro que ofrecer a la clase obrera y a las masas en el mundo. Por eso la ICOR llama a todas las revolucionarias y revolucionarios del planeta a unirse según las palabras de Lenin: “Desunidos, los obreros no

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y popular fue, y sigue siendo, el peligro principal para el ascenso del movimiento revolucionario internacional. A raíz del derrumbe de la Unión Soviética, a comienzos de la década de 1990, el revisionismo moderno perdió su centro. La burguesía imperialista, pudo aprovecharse de esto para iniciar una ofensiva anticomunista mundial, siendo al mismo tiempo el debilitamiento del bastión revisionista de la Unión Soviética un factor importante para un nuevo ascenso de la lucha mundial por el socialismo. El proletariado compuesto por miles de millones de personas en todo el mundo forma finalmente, en alianza con las amplias masas, un poder superior al imperialismo si asume, organizada internacionalmente, la lucha por su liberación y desempeña su rol dirigente en la lucha de los pueblos por su libertad nacional y social.

de las masas con el saqueo de las riquezas de los países, la amenaza militar contra cualquier acción revolucionaria, la destrucción del medio ambiente, el hambre y el destierro. Incluso en los países capitalistas altamente desarrollados el inmenso aumento de la explotación va acompañado de un creciente empobrecimiento de las masas, el recorte de los derechos y libertades burgueses-democráticos hasta llegar a la fascistización de los aparatos estatales. La burguesía imperialista, cuestiona permanentemente la soberanía e integridad de los estados nacionales. Esto ha llevado a una militarización de la política exterior de los países imperialistas, la cual apenas puede esconderse bajo el pretexto de las misiones de la ONU con “pose” humanitaria. La rivalidad de los imperialistas, especialmente de las principales potencias imperialistas, alimenta permanentemente el peligro de una guerra mundial y lleva a conflictos bélicos regionales en la lucha por el nuevo reparto del mundo. Hoy día, el modo de producción capitalista enfrenta al planeta con una catástrofe ecológica global que en un tiempo previsible podría imposibilitar la vida humana. A los niños y jóvenes el imperialismo les roba el futuro y encadena a las masas de mujeres del mundo con la doble explotación y opresión. Además, las mujeres en los países oprimidos por el imperialismo a menudo son particularmente afectadas por la discriminación nacional y religiosa.

II. En el actual nivel del imperialismo, con sus fuerzas productivas altamente desarrolladas y enlazadas a escala mundial, ya han madurado ampliamente los requisitos materiales para el socialismo. Al mismo tiempo, bajo la dictadura del capital financiero mundial, actúan devastadoras fuerzas destructivas: En los países saqueados y oprimidos por el imperialismo, se profundiza la depauperación

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El anhelo y la búsqueda por una sociedad liberada de la opresión, deben convertirse en una fuerza transformadora de la sociedad que supere los males originados por el sistema imperialista mundial. La ICOR ha nacido de la necesidad práctica, de responder a la desestabilización del sistema imperialista mundial, elevando a niveles superiores la lucha de liberación revolucionaria contra el imperialismo y por el socialismo. La construcción y el fortalecimiento de partidos revolucionarios en cada uno de los países será el factor decisivo para un nuevo ascenso de la lucha por derrocar al imperialismo y construir el socialismo. Eso requiere la creación de otras formas de organización y plataformas para la lucha en común de las masas a nivel regional, nacional e internacional. Este desafío histórico, requiere más que nunca la cooperación más allá de las fronteras nacionales, la coordinación y revolucionarización de las luchas que se desencadenan por todo el mundo.

y el núcleo del proletariado industrial, que es necesario superar la división entre las diferentes naciones; - ya se han llevado una gran cantidad de formas de organización revolucionarias internacionales (conferencias, foros, plataformas); - solo a través de formas de organización internacionales los lemas “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, así como “Proletarios de todos los países y pueblos oprimidos, uníos!” pueden convertirse en realidad; - existen diferentes condiciones sociales y tradiciones de la lucha de clases en los diferentes países y en las diferentes organizaciones; - la responsabilidad para la preparación y realización de la revolución está en manos de los partidos, el movimiento obrero y de masas del país respectivo, - aún existen muchas diferencias ideológicas políticas entre los revolucionarios del mundo; - la acción conjunta revolucionaria organizada no puede esperar hasta que se hayan superado todas estas diferencias.

III. Hay que considerar que:
- muchos partidos y organizaciones han desarrollado el deseo de una cooperación constructiva y con igualdad de derechos; - en luchas que comienzan a ir más allá de las fronteras crece la comprensión entre las masas

Con todo ello, la ICOR se entiende como aporte al fomento de la unidad solidaria del movimiento obrero y revolucionario internacional. Sobre los cimientos de un claro consenso ideológico y político mínimo, persigue la unidad de acción revolucionaria en unión con un vivo proceso de discusión y esclarecimiento para profundizar y ampliar el contenido de los fundamentos.

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La Conferencia de Fundación declara que la ICOR va a proseguir consecuentemente una política de puertas abiertas con respecto a todos los partidos y organizaciones revolucionarios y otras agrupaciones internacionales. Su insistencia principal, es la coordinación y cooperación en la organización de la lucha de clases y de la solidaridad práctica. En ella se busca la estrecha unión y cooperación con otras formas de organización internacionalistas y progresistas en el mundo, y no se entiende como competidora de éstas. Funda y fortalece una nueva calidad de la unidad de los partidos y organizaciones proletarias y revolucionarios de todo el mundo.

como a cualquier forma de anticomunismo, como los ataques hostiles e instigación burguesa contra el llamado “estalinismo” o “maoísmo“ y la dictadura del proletariado.

V. La Conferencia de Fundación acuerda el principio de organización de la coordinación y cooperación en común acuerdo de partidos y organizaciones autónomos, independientes y con responsabilidad propia. Respecto al acuerdo sobre los documentos fundamentales, la Conferencia aspira a tomar las decisiones por consenso, pues no se puede decidir mediante votaciones sobre cuestiones ideológicas de principios y cuestiones políticas fundamentales. Sin embargo, sobre cuestiones de necesidad práctica, los documentos de fundación, y después de mantener una discusión exhaustiva respetando las diferencias ideológicas políticas, se puede llevar a cabo una decisión por mayoría. Esta requiere por lo menos un 80% de los votos de los delegados presentes. Todas las resoluciones de actualidad política pueden ser aprobadas por mayoría simple. Paridad de votos vale como rechazo. Cada organización, decide ella misma qué proyecto y qué actividad va a apoyar. Esto está directamente relacionado con el principio de la confiabilidad, de cumplir con las tareas aceptadas con plena responsabilidad para la realización común. El punto central reside en la cooperación y el apoyo mutuo en la lucha de clases y la construcción de partido revolucionario en los diferentes países.

IV. Unidos en la meta estratégica de superar el sistema imperialista mundial e imponer relaciones sociales socialistas, la Conferencia de Fundación, acuerda los siguientes fundamentos ideológicos políticos esenciales de la cooperación mutua: Reconocer la necesaria transformación revolucionaria de las relaciones sociales del capitalismo/imperialismo con la meta reclamada de una sociedad socialista y la necesidad de establecer la dictadura del proletariado, que significa democracia para las amplias masas y opresión para los enemigos mortales de la liberación de la humanidad de explotación y opresión. Trazar una línea clara, demarcatoria frente al revisionismo, trotskismo y anarquismo, así

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La ICOR cooperará a nivel regional, nacional e internacional en tareas centrales generales, así como también en proyectos individuales limitados. Realizará asimismo la coordinación para acordar diferentes procesos y actividades, como también la cooperación, que se refiere a proyectos comunes y tareas de lucha prácticas. De igual forma se basa en el respeto mutuo y en el respeto de la soberanía de las organizaciones afiliadas, y se obliga a la no injerencia en asuntos internos de las organizaciones. Por último

se compromete a practicar una cultura de disputa proletaria en la formación de opiniones y en la aprehensión e implementación de la práctica común. ¡Proletarios de todos los países, uníos! ¡Proletarios de todos los países y pueblos oprimidos, uníos!

Secretaría Ideológica RC

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La Cuestión Nacional
Introducción histórica
Para comenzar a desarrollar un tema tan complicado como es la cuestión nacional en el Estado español, haremos una introducción histórica de cómo se produce la formación territorial del estado en el que vivimos para así poder comprender cómo con la implantación del capitalismo en España no llegó a crearse ninguna nación española. Aunque lo desarrollaremos más tarde, adelantamos ya que para nosotros España es un estado, no una nación, y tampoco existe el pueblo español, sino la clase obrera, que es internacional y que habita en este estado. Al igual que en otros procesos de construcción estatal, lo que comúnmente se llama construcción nacional, del estado-nación, en España esta construcción se llevó a cabo mediante la conquista, mediante la fuerza. El reino más poderoso, en este caso Castilla, consiguió unificar todos los reinos en lo que se llamó ‘los reinos de las Españas’, que con el tiempo permaneció como imperio Español y luego, con la decadencia, simplemente como España. El reino de Aragón fue dominado por Castilla a la muerte de Fernando ‘El Católico’ sin descendencia de su último matrimonio y ya muerta su esposa, la reina Isabel. El reino de Navarra fue conquistado por la fuerza y asimilado también, lo que coincidió con el fin de la época conocida como ‘la reconquista’ a la caída de Granada, por lo que a nivel peninsular quedaría ya unificado el territorio que posteriormente se llamará España.

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plantarse el capitalismo, a lo cual les recordaremos lo que pasó en la semana trágica de Barcelona en 1909, hecho en el que puede comprobarse si negarse a luchar por el imperio español no es ya una muestra de que ese imperio es algo creado por y para las clases dirigentes, algo ajeno a los intereses de los pueblos que componen este estado. De esta forma concluimos que un reino, el de Castilla, se impuso al resto de pueblos con la implantación del capitalismo, su burguesía fue capaz de subyugar al resto, fue capaz de asimilar a las demás burguesías más débiles por recompensas fútiles, proyectó su identidad a la creación de un gran estado para dominar al resto de pueblos tomando al más puro estilo imperialista elementos culturales de cada pueblo para afianzar el embuste. El uso del castellano en todos los pueblos no es algo cultural, ha sido algo impuesto a sangre y fuego, por eso se da la coincidencia de que se hablen dos idiomas en varios territorios (no es casual, esta situación fue impuesta). Los idiomas propios fueron prohibidos y perseguidos y se implantó por la fuerza tanto el sistema burocrático como las leyes estatales. La identidad española es la identidad castellana ampliada con pequeñas cuestiones culturales de cada pueblo oprimido para así ganarse a las masas sin cultura y poder aplicar sus campañas de homogeneización social. El ejemplo más claro de esta imposición y opresión de los pueblos por parte del Estado español será lo acaecido durante y a partir del desenlace de la guerra civil española: en zonas como Cataluña se prohibió hablar el idioma

Foto de la manifestación por la República

Muchos nos dirían aquí: “¿Qué decís los de RC? Si las naciones surgen con el capitalismo, esto es una visión antimarxista.” En ese caso les recomendaremos releer este texto, en el que hablamos de construcción estatal; aunque hay que entender la historia y sus circunstancias para poder abordar el problema en su conjunto. Así, la construcción de España no fue algo natural o cultural, sino algo impuesto por parte del poder y mediante la fuerza. Prueba de ello es la I revuelta antifeudal. La de los comuneros en 1521 fue una resistencia contra la centralización. Otro ejemplo de oposición a este centralismo impuesto por la clase dominante de Castilla fue la sublevación de los segadors, durante la cual en 1640 Cataluña fue independiente durante más de 10 años. Respecto a este punto la réplica podría ser la misma: que las naciones se construyen al im-

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propio en público, se prohibió usar la lengua materna en la enseñanza y se intentó vulgarizar las lenguas maternas para homogenizar a toda la población del estado. Esperemos que en estos dos últimos ejemplos nadie tenga el valor de decirnos que estamos usando una perspectiva histórica y que no nos centramos en el surgimiento de las naciones en el capitalismo. Una vez realizada la introducción histórica, podemos volcarnos con la cuestión nacional en sí, aunque posteriormente en el apartado destinado a la nación y las nacionalidades volveremos a la cuestión principal para explicar nuestra posición sobre la cuestión nacional en el estado.

manos del estado opresor. Esta autonomía cultural, como decía Stalin, sirve más que para luchar contra las anexiones, para justificarlas. El Leninismo le da una nueva visión al derecho de los pueblos a la autodeterminación, para los leninistas este derecho llega hasta sus últimas consecuencias, es decir, hasta la completa independencia política y el derecho a existir como estado independiente. Una cita de Lenin con la que explicamos por qué es necesario que este proceso de autodeterminación, lo sea hasta sus últimas consecuencias es:
El imperialismo es la época de la opresión de las naciones del mundo entero, por un puñado de ‘grandes’ potencias, razón por la cual la lucha por la revolución socialista internacional contra el imperialismo es imposible sin el reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación. ‘Un pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre’ (Marx y Engels). Un proletariado que acepte que su nación ejerza la menor violencia sobre otras naciones no puede ser socialista. (V.I. Lenin. El socialismo y la guerra. Julio – agosto de 1915).

Planteamiento de la cuestión nacional
El leninismo ha hecho que la cuestión nacional pase de ser una cuestión meramente interna en la problemática de los distintos estados a una cuestión internacional, de la lucha de los pueblos contra el imperialismo que los oprime. Los revisionistas entienden la cuestión nacional reduciendo su importancia a una mera cuestión cultural, es decir, argumentan que las naciones tienen derecho a tener su cultura, organizándose culturalmente ellos mismos, dejando de esta manera el poder político en

Esta es una más de las razones por la que los revisionistas no son revolucionarios. Su posición ante la cuestión nacional es de opresión de otras naciones que no son la propia (dominante en ese estado). Las políticas sobre las minorías nacionales de la URSS en la época revisionista o la actual política imperialista de la RPCh son un claro ejemplo de ello. Pero el apoyo a los procesos de autodeterminación no ha de ser algo mecánico, sino que

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hay una serie de condiciones que han de darse para que se produzca ese apoyo de los Partidos y Organizaciones Obreras a los procesos de autodeterminación. Estas condiciones son, entre otras, que el proceso de autodeterminación sirva para debilitar al imperialismo y no para reforzarlo, o que el proceso represente un avance de la clase obrera y no que sirva para fortalecer a las fuerzas de la reacción. En caso de que no se cumpliesen estas condiciones, obviamente no vamos a apoyar el proceso de autodeterminación, pues iría en contra de los intereses de la clase obrera. Los movimientos de liberación nacional que luchan por liberarse del yugo de la explotación en la lucha por su derecho a la autodeterminación tienen dos opciones una vez que han conseguido su objetivo. Stalin, en Fundamentos del Leninismo habla de ellas:
1. Establecerse como un país independiente liberado de la opresión imperialista. 2. La del acercamiento y desarrollo de vínculos entre naciones, la destrucción de las barreras nacionales. Esta sería la fase de las uniones voluntarias entre los pueblos. Desarrollando esto, Stalin afirma:
Para el comunismo, por el contrario, estas tendencias no son más que dos aspectos de un mismo problema, del problema de liberar del yugo del imperialismo a los pueblos oprimidos, porque el comunismo sabe que la unificación de los pueblos en una sola economía mundial sólo es posible sobre la base de la confianza mutua y del libre consentimiento y que para llegar a la unión voluntaria de los pueblos hay que pasar por la separación de las colonias del “todo único” imperialista y por su transformación en Estados independientes. Fundamentos del Leninismo. Stalin.

La unión voluntaria de los pueblos en una sola economía mundial pertenece a otra fase histórica posterior al capitalismo y al socialismo: pertenece a la época histórica del desarrollo de la sociedad comunista. Otro aspecto importante en la postura de los marxistas sobre la cuestión nacional, es la lucha contra el chovinismo y el nacionalismo pequeño-burgués. Hay que anteponer siempre la cuestión de clase al sentimiento nacional. El nacionalismo y el chovinismo solo llevan a fortalecer a las burguesías nacionales de los propios países, por lo que aleja al proletariado de esa nación de su emancipación como clase. El movimiento de liberación nacional de un país oprimido, sea cual sea, está íntimamente ligado al movimiento proletario del país opresor. Ambos movimientos tienen algo en común que viene intrínsecamente relacionado con su carácter de clase, la necesidad de derrocar al imperialismo, su enemigo común. El internacionalismo de clase y proletario se enfrenta a la demagogia, mentiras e imposiciones del imperialismo. Los “comunistas” que en el estado español apuestan por defender la identidad española, pisoteando los derechos de todos los pueblos que componen el estado, no pueden considerarse comunistas pues están legitimando la opresión, y hacen una labor efectiva de fomentación del chovinismo y nacionalismo español; fortalecen la lucha nacional frente a la lucha de clases y el derecho a la autoderminación de los pueblos.

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Nación y Nacionalidad (o pueblo)
Para poder abordar bien la cuestión de si España es o no una nación, primero debemos ir a “los clásicos” para explicar primero qué es una nación. La definición marxista-leninista es la siguiente:
Nación es una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura. Marxismo y Cuestión Nacional. Stalin

nación. En Colombia por ejemplo no se habla la lengua originaria de ese territorio, hablan todos la lengua del imperio que los oprimió, sin embargo no dejan de ser una nación y tienen una lengua con la que poder comunicarse y transmitir su cultura.

La comunidad de territorio es otro rasgo fundamental de la nación, como dice Stalin: “La nación solo se forma como resultado de relaciones duraderas y regulares, como resultado de la convivencia de los hombres, de generación en generación. Y esta convivencia prolongada no es posible sin un territorio común.” Stalin pone el ejemplo de Inglaterra y EEUU, nosotros ponemos el de Inglaterra y Canadá: antes poblaban un solo territorio (la islas británicas) pero al emigrar parte de la población hacia Canadá formaron una nueva nación al establecerse en este nuevo territorio. La diversidad de territorios acabó en la formación de dos naciones distintas. La ligazón económica, la comunidad de vida económica es otro de los rasgos de una nación. La ligazón económica aúna en un todo las diversas partes de la nación, generando un sentimiento de unidad. Por ejemplo entre Canadá e Inglaterra no existen estos vínculos económicos, lo que es uno de los motivos por los que no son la misma nación. El último rasgo de la nación es la comunidad de psicología reflejada en la comunidad de cultura.

Desarrollémoslo por partes: - Una nación es una comunidad de hombres, no es algo racial sino una comunidad históricamente formada. Normalmente una nación moderna está formada por etnias diferentes, y lo referente a la raza no es una característica significativa. - Una nación es una comunidad estable de hombres, no un conglomerado accidental producto de una conquista fortuita. Por ejemplo los grandes “estados” de la antigüedad no eran naciones, ya que se su unidad era dependiente de acciones militares, es decir, muy precaria. - Otro rasgo característico de la nación es el uso de una lengua común, es decir, que en una nación tiene que existir un idioma en el que se puedan comunicar y transmitir su cultura pero el idioma no tiene por qué ser el original de esa

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El carácter o sentimiento nacional no es un sentimiento propiamente dicho, abstraído de la realidad de una manera metafísica en un sentido filosófico, es un reflejo de las condiciones materiales de vida. Es, como dice Stalin, la condensación de las impresiones recibidas del medio físico, y por lo tanto cambia cuando cambia este. El carácter nacional se expresa en las particularidades de la cultura general a toda la nación. Es algo que se puede explicar a través del materialismo dialéctico. La nación como fenómeno histórico ha de ser analizada de forma dialéctica. Hay naciones que nacen, otras que se mantienen y otras que desaparecen; están sujetas a las leyes de la dialéctica. Una nación para ser considerada como tal debe cumplir todos los rasgos anteriormente expuestos; con que se deje de cumplir uno solo de ellos dejará de existir como nación. Por último, en este apartado definiremos lo que es una nacionalidad o pueblo: Una nacionalidad es aquella comunidad humana estable e históricamente formada que no cumple alguno de los requisitos para ser nación; normalmente suele ser el rasgo de la ligazón económica, por imposición o falta de desarrollo. La nacionalidad favorece las circunstancias para que pueda gestarse una nación a partir de ella si se dan las condiciones que permitan desarrollar los rasgos que le falten para ello. Como demuestra la historia mu-

chas nacionalidades no consiguen que se den las circunstancias y no se convierten en nación.

El movimiento Nacional
Podemos sacar en claro con todo lo anterior que la época principal de la constitución de las naciones es la época de marcha triunfal del capitalismo, que se erige en vencedor en su lucha contra el feudalismo. En muchos casos, por ejemplo España, se formaron estados multinacionales, los cuales como bien dice su nombre son estados en los que se encuentran más de una nación y pueblos. Estos estados solo podían darse en determinadas condiciones, como son ser un país con un feudalismo aun persistente, un capitalismo débil y con poco recorrido lo que facilita que la nación dominante pueda imponerse a aquellos pueblos y naciones que no han tenido tiempo de desarrollarse como tal. La lucha entre naciones no es algo concerniente a toda la nación, sino solo a las clases dominantes de la nación opresora y la clase oprimida, por el interés económico de mantener un mercado de una determinada magnitud en el caso de la nación opresora y de tener un mercado propio en el caso de la nación dominada. Podemos decir entonces que la burguesía es el agente principal.

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La lucha económica da lugar a la lucha política, y aquí empieza la represión por parte de la nación opresora, es cuando se produce la prohibición del idioma propio de la nación oprimida, limitaciones de movimiento, prohibición de cultura, reducción de escuelas, prohibición de enseñanza en el idioma propio, trabas a la religión autóctona…todo esto, única y exclusivamente, para homogenizar a la población y asimilarla en la nación dominante. Ahora es cuando la burguesía de la nación oprimida intenta ampliar sus apoyos, extendiendo la lucha a las capas populares, hablan de la patria que está por encima de todo, de la patria de todo el pueblo, y en muchos casos la clase obrera se deja llevar por estas consignas y pasan a formar parte de ese nuevo movimiento nacional. El proletariado debe luchar contra la opresión de las nacionalidades, ya que la clase obrera es la primera que sufre todas las medidas reaccionarias de la nación dominante de las que hablábamos anteriormente. Otro peligro al que se enfrenta el proletariado es el peligro de “la armonización entre clases” que propugna la burguesía, esta, para afianzar el movimiento nacional intenta armonizar las contradicciones antagónicas entre clases para mantener su estatus de poder, desviando la atención de la lucha de clases y la unificación de la clase obrera de todas las nacionalidades, verdadero objetivo de la clase obrera.

El derecho de autodeterminación significa que sólo la propia nación tiene derecho a determinar sus destinos, que nadie tiene derecho a inmiscuirse por la fuerza en la vida de una nación, a destruir sus escuelas y demás instituciones, a atentar contra sus hábitos y costumbres, a poner trabas a su idioma, a restringir sus derechos. Esto no quiere decir, naturalmente, que la socialdemocracia vaya a apoyar todas y cada una de las costumbres e instituciones de una nación. Luchando contra la violencia ejercida sobre las naciones, sólo defenderá el derecho de la nación a determinar por sí misma sus destinos, emprendiendo al mismo tiempo campañas de agitación contra las costumbres y las instituciones nocivas de esta nación, para dar a las capas trabajadoras de dicha nación la posibilidad de liberarse de ellas. Marxismo y Cuestión Nacional. J. Stalin.

Como muy bien afirma Stalin, el derecho a la autodeterminación ha de ser llevado hasta sus últimas consecuencias, es decir, hasta la independencia y formación de un estado propio si así lo desea. Pero esto implica que los comunistas no solo apoyaran aquellos movimientos de liberación nacional que representen un avance para la clase obrera, ya que si fuera en detrimento de la misma nos opondríamos frontalmente a ese proceso de separación y conformación de un nuevo estado.

Por qué España no es una nación
La mayoría de las organizaciones “comunistas” del estado afirman que España es una nación, y hablan del pueblo español. Por nues-

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tra parte queremos refutar esta tesis con todo lo mostrado anteriormente y exponer la nuestra propia: España es un estado conformado por varias naciones y nacionalidades (o pueblos). Cierta gente argumenta que las tesis (muy variadas) que afirman que España no es una nación son fruto de los 40 años de dictadura franquista y del odio que esta generó hacia todo “lo español”. Este es el principal argumento para negar que España sea simplemente un estado. Partiendo de esto suelen argumentar que se habla el mismo idioma en todo el estado y que dentro de un estado-nación pueden existir nacionalidades, que no llegan al estatus de nación por invenciones y desvaríos propios. Ya hemos comentado antes cuál fue el proceso de formación de España: un reino, el más potente, se impuso a todos los demás, imponiendo lengua y cultura, intentando eliminar todas las que no fuesen las oficiales; así se configuró lo que en un principio se llamó ‘los reinos de las Españas’ (nótese el plural), para luego ser el Imperio Español, y en la última época de decadencia, España. Nos dirán aquí que las naciones se forman con el capitalismo, les recordamos una vez más la semana trágica de Barcelona en 1909 como ejemplo de resistencia de una nación al centralismo, por no hablar de sucesos de la guerra civil y posteriores, que tampoco son un “invento” de nacionalistas reciente. Lo del idioma nos parece un ejemplo absurdo, también se habla castellano en Colombia, Venezuela, Bolivia, etc. son naciones y no

hablan la lengua original. ¿Por qué?Debido a que les impusieron hablar castellano, igual que pasó con las naciones y pueblos originalmente de habla no castellana, fue una criminal imposición, y a pesar de todo no han conseguido erradicar las lenguas maternas en la mayoría de lugares. España no es más que un intento como tantos otros de estado-nación infructuoso, ya que no han conseguido homogeneizar a la población, y la cuestión nacional y la solución a la misma sigue siendo uno de los más grandes problemas a los que se enfrenta el Estado. Muchos partidos “comunistas” hablan de Euskadi, Cataluña y Galicia como regiones, y para desprestigiar los movimientos nacionales de cada nación hablan de lo “malas” que son sus burguesías vendidas a los intereses extranjeros, pero ¿acaso no todas las burguesías y sus intereses como clase son antagónicos a los de la clase obrera, clase internacional y que no tiene frontera?,¿acaso no es igual de nociva para los intereses de la clase obrera la burguesía “española” que la de Galicia, Euskadi o Cataluña?, ¿acaso es un argumento válido? Nosotros lo negamos categóricamente, pues caen en el absurdo y en el simplismo. Otros Partidos afirman que existen Galicia, Euskal Herria y Cataluña como naciones y que a la vez forman parte de España. Es decir, España sería a la vez una de las naciones del estado y a la vez el estado en sí. ¡El colmo del absurdo! Triste intento de congraciarse con la izquierda soberanista e independentista intentando ocultar su españolismo rancio y caduco.

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Se habla de la cultura española, pero, ¿cuál es esa cultura española?, al igual que todos los estados, España intenta homogenizar a la población, adoptando aspectos culturales de los demás pueblos para crear esa “cultura común”, en esencia la cultura española las compone el idioma, que es el castellano, las tradiciones castellanas y lo que cogen de otros pueblos, como por ejemplo las sevillanas y el flamenco de Andalucía, las fallas de Valencia y podríamos poner multitud de ejemplos más. Otro gran argumento para defender la nación española es la “indiscutible” unidad territorial y económica. También podríamos defender y reivindicar esa “inquebrantable” unidad exigiendo que devuelvan al Estado Español el Sahara, ya que cuando lo ocupaban de forma militar y manejaban y explotaban a su antojo económicamente la zona existía una unidad territorial y económica garantizada mediante el ejército. De igual forma, el imperio AustroHúngaro también fue una nación, ya que la unidad territorial y económica existía, garantizada por el ejército imperial. Vemos pues con claridad que estos dos factores de forma independiente no garantizan que un determinado estado sea una nación. Se deben cumplir todos los rasgos de la nación anteriormente explicados, en cuanto uno no se cumpla no existe tal nación. España, aunque con el desarrollo y control del aparato estatal se terminara imponiendo, no surgió en base a la comunidad de idioma, pues este fue introducido por la fuerza en un intento por erradicar los idiomas autóctonos de los otros pueblos.

Tampoco existe el requisito de la psicología, manifestada esta en la comunidad de cultura. El sentimiento nacional mayoritario, requisito fundamental de una nación, en Cataluña o Euskadi no es el español (que es el que desde hace décadas se viene fomentando) sino el propio de cada región, y como ya se ha destacado con anterioridad, la “comunidad de cultura” de España es inexistente. España por lo tanto no existe como nación, es un estado multinacional, el cual está compuesto por varias naciones y pueblos.

Solución al problema nacional en el Estado Español
Con todo lo anteriormente expuesto vemos que incluso dentro del movimiento revolucionario el problema nacional en el estado es uno de los temas más candentes, y que la mayoría de las organizaciones desgraciadamente lo relegan como si de un asunto secundario se tratase. Nosotros entendemos que desde luego no lo es. Estamos de acuerdo en que el problema principal es la lucha de clases, pero como hemos dicho antes la propia clase obrera es la primera que sufre la opresión nacional, y es nuestro deber luchar por solucionarlo.

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Estamos de acuerdo en que el marco de lucha es estatal, hoy por hoy, con las circunstancias que vivimos actualmente, el problema nacional hay que verlo de forma dialéctica. Si las circunstancias cambiaran, nuestra táctica debería cambiar también con ellas para ser efectiva. Con las circunstancias que vivimos y con la gente que capitanea a día de hoy los movimientos nacionales, una separación política y territorial del estado actual constituiría un atraso para los intereses de la clase obrera, que son el derrocamiento del estado capitalista y la instauración del socialismo. Pero si por ejemplo Galicia en un futuro contara con un movimiento de liberación nacional revolucionario que se alejara de la Unión Europea y que avanzase hacia el socialismo, mientras que en el resto del estado la fascistización siguiera agudizándose, apoyaríamos sin ninguna duda esa separación e independencia ya que se consideraría un avance para la clase obrera, tanto de Galicia como del resto del estado, ya que podrían ofrecer ayuda desde el exterior y al separarse debilitarían el régimen favoreciéndonos a todos. En definitiva, lo que determina el apoyo de los comunistas a un movimiento independentista no es que esté o no de moda, como hacen los revisionistas de forma oportunista, es si constituye un avance o no para la clase obrera. Ese es el factor principal. La unión de varios pueblos en un estado no puede ser por la fuerza, aunque sea la fuerza de la costumbre, deben ser los mismos pueblos,

los que libremente decidan cómo organizarse, siempre teniendo en cuenta el principio leninista antes mencionado. Lo primero que tienen que hacer las organizaciones revolucionarias dignas de ser llamadas así es respetar la identidad de los pueblos y naciones que conforman el Estado español; intentar homogenizar a la población y destruirles como pueblo negando su identidad no es el camino a seguir. Nosotros reconocemos los siguientes pueblos dentro del estado español: Castilla, Paisos Catalans, Euskal Herria, Galicia, Asturias, Andalucía y Canarias. Apostamos por la unión de todos los pueblos del Estado porque creemos que permaneciendo unidos se dan mejores condiciones para el desarrollo de la lucha de clases y la defensa de los intereses de la clase obrera. La desmembración del estado con las circunstancias actuales solo conduciría a un deterioro mayor de las fuerzas más activas de la clase obrera y a un fortalecimiento de las burguesías nacionales. En el caso de que se consiguiera este modelo por el que apostamos, la mutilación del estado supondría una victoria para las fuerzas reaccionarias, bien dominando los procesos de independencia, o bien atacando a la clase obrera al verse divididas sus fuerzas. Solo se podrá realizar una construcción estatal viable bajo los principios del respeto a la identidad de los pueblos y del derecho a la autodeterminación de los mismos. Bajo estas premisas afirmamos que nuestro objetivo estratégico es la implantación de una república de estados federados, uno por pueblo

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o nación, es decir federal, y socialista, ya que el socialismo es el único sistema que emancipará a nuestra clase y que viabilizará una alternativa al sistema genocida que es el capitalismo. Defendemos el derecho de las naciones a la autodeterminación, pero únicamente si sirve para combatir al imperialismo, y solo si sirve a los intereses de la clase obrera. En caso contrario, si tan solo valen para fortalecer el imperialismo y van en detrimento de los intereses de la clase obrera no podrá apoyarse a esos procesos de autodeterminación.

Pensamos que el problema nacional es uno de las principales trabas por resolver en el Estado español, y esto solo se solucionará cuando se deje de reprimir a sangre y fuego a los movimientos nacionales por el simple hecho de existir. Hay que admitir y concienciar a la gente de que España es un estado plurinacional, que se debe convertir en una república federal fruto de la voluntaria unión de los pueblos, en una unión de naciones en un estado o patria común, y no una cárcel de pueblos oprimidos a través del sistema judicial y las fuerzas represivas de seguridad.
Juan Mesana García

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La cuestión femenina y los intereses de clase
Como comunistas, entendemos la emancipación femenina como un tema básico en nuestra formación y en la práctica militante. La cuestión de la mujer ha sido siempre objeto de debate y causa de grandes fracturas difícilmente reparables en el movimiento obrero, por cuanto se ha tratado el movimiento femenino como un movimiento interclasista organizado en pos de intereses muy difusos y al que la clase obrera debe unirse ciegamente imprimiendo su fuerza a esos intereses indeterminados, sin siquiera plantearse el rédito que como clase obrera, en su camino a la emancipación, saca de todo ello. Esto, por supuesto, tiene que ver con la parte que toca a la incidencia del Partido en este frente. Por otro lado se encuentra la cuestión más propiamente ideológica sin la cual es imposible sentar las bases para la acción. Como comunistas, debemos de hecho entender la íntima relación existente entre capitalismo y patriarcado –capitalismo como modo de organizar la producción material y patriarcado como modo de regir las relaciones sociales que se derivan de dicho modo de producción-. Una de las fracturas más grandes en el terreno teórico –y que afectan al verdadero y casi inexistente feminismo de clase- re-

Cartel de propaganda Bolchevique

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side en la determinación del origen histórico del patriarcado y su funcionamiento dentro del capitalismo. Separar patriarcado y capitalismo como unidades analíticas es perfectamente lícito, pero no lo es tanto cuando ciertos sectores progresistas del feminismo hacen ver que libran una supuesta lucha doble, contra el capitalismo patriarcal, y dicha separación de conceptos es forzada para anteponer la lucha contra el patriarcado a la lucha de clases.

F. Engels. Esta cuestión, la dicotomía capitalismo-patriarcado, está en realidad resuelta –y es, sin duda, ampliable desde dicha base- en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Como no podía ser de otra manera, el feminismo revolucionario se divide en quienes rechazan la tesis sobre el origen del patriarcado de Engels, entre quienes se presentan como marxistas pero llevan a cabo prácticas que contradicen la tesis de Engels al poner el patriar-

Cuarto grabado del ciclo Clara Zetkin (Grabado al humo). Robert Diedrichs, 1960

Es muy frecuente el argumento de que el patriarcado existe desde mucho antes que el capitalismo y, por tanto, necesita una lucha exclusiva y separada porque acabar con el capitalismo no garantizaría absolutamente nada en lo que a liberación de la mujer respecta. En este sentido, nuestra línea argumental parte de

cado como sistema principal a batir, y entre quienes pretenden elaborar una práctica feminista de clase estudiadamente encuadrada en la teoría marxista. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado es una pieza teórica básica para analizar su vigencia hoy en día y, al tiempo, para

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demostrar que el origen de la opresión a la mujer está íntimamente ligado al origen de la propiedad privada, es decir, a la apropiación del trabajo de una parte de la sociedad por la otra. Asimismo, los ligaría a la aparición del Estado como estructura rígida y permanente que institucionaliza esa explotación. El patriarcado, cuyas relaciones se organizan por medio de la familia patriarcal, es “la derrota histórica del sexo femenino”, en palabras de Engels. Lo que este artículo pretende explicar en primer lugar es que, si no podemos desligar el origen de la propiedad al del patriarcado, es del todo absurda cualquier corriente del feminismo que pretenda minar el potencial revolucionario de todo el proletariado, con su mitad femenina incluida, en base a razones como las que anteriormente apuntábamos: que el patriarcado requiere una lucha específica para ser dinamitado, y que esa lucha puede ir a veces ligada a la lucha contra el capitalismo pero es, en todo caso, una lucha diferente que se une voluntariamente. Nada más lejos de la realidad: esto sería entender el capitalismo como un sistema económico y no como un modo de producción. El capitalismo no deja de ser un modo de producción con un determinado desarrollo de sus fuerzas productivas, un determinado estadio de desarrollo de las mismas. Pero si el origen de la propiedad privada es lo que está unido a la opresión de la mujer, la conclusión precipitada resulta evidente: es necesaria la abolición de la propiedad privada. A partir de este punto, planteémonos todo lo que atañe a la cuestión femenina. A raíz del surgimiento de la propiedad, se fuerza la familia patriarcal como forma de organización social que no permita un acceso igual a los medios de pro-

ducción y, al mismo tiempo, asegure a la mujer en su papel de “obrera”, explotada en las tareas -no retribuidas- de reproducción de la fuerza de trabajo. Cuando se da en la sociedad el modo de producción capitalista, el patriarcado es su mejor columna vertebral. El capitalista es, sin duda, el modo de producción que más salvajemente ha aprovechado el patriarcado, que le ha garantizado, con la explotación doble de las mujeres, la reproducción gratuita de fuerza de trabajo y un buen ejército de reserva. El capitalismo es, pues, patriarcal. La opresión de las mujeres obreras desaparecerá cuando el capitalismo desaparezca, si bien es cierto que serán necesarias herramientas de diversa índole -en una futura sociedad con modo de producción socialista- que garanticen el efectivo desmantelamiento de todo resquicio de patriarcalismo. El primer argumento contra todas las corrientes del feminismo radical que beben del feminismo burgués genuino es, sin duda, la respuesta que la citada obra de Engels da a su reiterativo cuento de que la mujer es esclava desde el inicio de los tiempos de la Humanidad. Engels aborda el origen de la opresión de la mujer desde el punto de vista del materialismo histórico, demostrando que el patriarcado no es eterno. Explica, previa documentación con innumerables investigaciones antropológicas, que para explicar el origen del patriarcado, de esa esclavitud de la mujer, cabe situarse en el momento de las sociedades acéfalas y descentralizadas. Una etapa de la Historia de la Humanidad donde las familias eran grupos, las formas de relación eran de tipo polígamo y el universal “tabú del incesto” estaba totalmente

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arraigado, lo cual originaría la gens: la poligamia daba plena relevancia a la figura femenina al ser ella la única progenitora reconocible, de modo que estas sociedades eran matrilineales. En las relaciones Clara Zetkin sociales y de parentesco, era la mujer la que tenía en todo caso un estatus más elevado. La división del trabajo en esta etapa –comunismo primitivo- podría ser considerada “natural” en tanto que la tarea reproductiva de la mujer es biológicamente imposible de realizar por un hombre. Esta división natural no implicaba explotación ni adscripción a un estatus inferior o superior. Pero aquella familia pasaría a ser sindiásmica: el hombre tendría una mujer principal de entre todas sus mujeres, y él sería para ella también su esposo principal. En la etapa de la familia sindiásmica, el hombre vive con la mujer, la poligamia sigue aceptándose pero por motivos económicos se convertiría en casi anecdótica. Se exigiría fidelidad estricta a las mujeres y sería penado el adulterio, pero el vínculo conyugal era fácil de disolver libremente por ambas partes. Tras la separación, los hijos seguirían perteneciendo a la madre, aunque ahora ambos progenitores serían reconocibles y reconocidos. Por tanto, la familia sindiásmica introduce leves cambios pero seguiría siendo matrilineal, teniendo la mujer un rol relevante: el marido debía aportar económicamente y

podía ser expulsado de la casa o la comunidad si no cumplía debidamente con su trabajo. No es en esta etapa cuando la mujer comenzaría a sufrir opresión por razón de su género, sino un poco más adelante, cuando la ganadería y la agricultura, así como el resto de las fuerzas productivas, experimentan un fuerte desarrollo. La fuerza de trabajo del hombre, con el aumento de la productividad, comenzó a generar excedente, que junto con el ganado, dejaría de ser colectivo para pasar a ser propiedad de las familias. Aquí situamos el origen de la propiedad privada de los medios de producción, y aquí mismo situaremos también el origen de la opresión a la mujer. La división “natural” del trabajo que ya existía con anterioridad hacía del hombre, que empleó su fuerza de trabajo en la generación del excedente de producción, el propietario del mismo. La propiedad masculina de ese excedente chocaba frontalmente con la gens y aquel “derecho materno”. Los hijos, que ya tenían progenitor masculino reconocido, no podían heredar la propiedad del padre porque pertenecían a la gens materna. La perpetuación de la propiedad privada del hombre fue la única razón por la cual el derecho materno se abolió en favor del derecho paterno. El padre devino patriarca de la familia y figura principal de la misma, y su estatus vivió un ascenso sin precedentes. Nace la familia patriarcal, con el hombre ejerciendo la autoridad dentro y fuera de la casa, y la mujer habiendo perdido todo su poder. Así lo manifiesta Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado:
Con arreglo a la división del trabajo en la familia de entonces, correspon-

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día al hombre procurar la alimentación y los instrumentos de trabajo necesarios para ello; consiguientemente, era, por derecho, el propietario de dichos instrumentos y en caso de separación se los llevaba consigo, de igual manera que la mujer conservaba sus enseres domésticos. Por tanto, según las costumbres de aquella sociedad, el hombre era igualmente propietario del nuevo manantial de alimentación, el ganado, y más adelante, del nuevo instrumento de trabajo, el esclavo. [...] Así, pues, las riquezas, a medida que iban en aumento, daban, por una parte, al hombre una posición más importante que a la mujer en la familia y, por otra parte, hacían que naciera en él la idea de valerse de esta ventaja para modificar en provecho de sus hijos el orden de herencia establecido. Pero esto no podía hacerse mientras permaneciera vigente la filiación según el derecho materno. Este tenía que ser abolido, y lo fue. Ello no resultó tan difícil como hoy nos parece. Aquella revolución -una de las más profundas que la humanidad ha conocido- no tuvo necesidad de tocar ni a uno solo de los miembros vivos de la gens. Todos los miembros de ésta pudieron seguir siendo lo que hasta entonces habían sido. Bastó decidir sencillamente que en lo venidero los descendientes de un miembro masculino permanecerían en la gens, pero los de un miem-

bro femenino saldrían de ella, pasando a la gens de su padre. Así quedaron abolidos la filiación femenina y el derecho hereditario materno, sustituyéndolos la filiación masculina y el derecho hereditario paterno. “Casuística innata en los hombres la de cambiar las cosas cambiando sus nombres y hallar salidas para romper con la tradición, sin salirse de ella, en todas partes donde un interés directo da el impulso suficiente para ello” (Marx). Resultó de ahí una espantosa confusión, la cual sólo podía remediarse y fue en parte remediada con el paso al patriarcado. [...] El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada y, en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos, abolida.

Parece evidente que la dominación masculina sobre la mujer comienza exactamente cuando se quiere conservar la propiedad privada. Con el patriarcado vertebrando en la ac-

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tualidad las relaciones sociales derivadas del modo de producción capitalista, podemos observar perfectamente los paralelismos. La división del trabajo en función del sexo comporta una organización social -basada en la hegemonía del hombre y en la opresión de la mujer, consistente en su segregación del proceso productivo y en su confinamiento a la esfera privada/doméstica, logrando una dependencia a todos los niveles a partir de la dependencia material- que se ha mantenido a lo largo de los distintos modos de producción con algunos cambios y adaptaciones. A partir de aquí, se sobreentiende que la desigualdad social por motivo de sexo es, según los fundamentos del materialismo histórico, de tipo social (económico), que el rol de género se adscribe a cada sexo por ese motivo y no por razones biológicas que consideran la reproducción biológica como un lastre o el femenino como “el sexo débil”. Se entiende también una cuestión estratégica tan obvia como crucial: si esta desigualdad se da por la propiedad privada y por la separación de las mujeres del trabajo productivo, se hace necesario abolir la propiedad privada de los medios de producción e incorporar a todas las mujeres al proceso productivo. Esto acabará, al menos, con el origen de la desigualdad. Sin esta base no podemos entender la lucha feminista, y en toda lucha la prioridad siempre ha de ser aquello que origina la opresión contra la que se lucha por cuanto supone arrancar el mal de raíz. El feminismo de clase ha de evitar, pues, dejarse llevar por corrientes revisionistas, tanto del marxismo como del feminismo, que constantemente tratan de ocultar esta sencilla ecuación.

También Marx analizó la cuestión femenina, sobretodo ya en la época de desarrollo del capitalismo, donde la tendencia era la acumulación del capital, entre otras cosas, mediante la explotación de mujeres y niños. Marx escribió, en el primer volumen –tomo II- de El Capital:
Por eso, el trabajo de las mujeres y los niños fue la primera palabra de la aplicación capitalista de la maquinaria. Este poderoso sustituto de trabajo y de obreros se transformó inmediatamente en un medio para aumentar el número de asalariados, colocando a todos los miembros de la familia obrera, sin distinción de sexo ni edad, bajo el dominio inmediato del capital. El trabajo forzado al servicio del capitalista usurpó no sólo el lugar de los juegos infantiles, sino también el trabajo libre dentro de la esfera doméstica, dentro de los límites morales, para la propia familia.

El patriarcado fue completamente aprovechado por el modo de producción capitalista, a su base económica y también a la superestructura, adecuando la estructura de la familia patriarcal a sus propias necesidades a fin de poder mantener su explotación aumentando el beneficio. La mujer realiza en la esfera privada/doméstica el trabajo necesario para el mantenimiento y la reproducción de la fuerza de trabajo, ahorrando a los propietarios de los medios de producción y al Estado la creación de los servicios correspondientes a la suplencia del trabajo que las mujeres desempeñan sin remuneración. El capitalismo emplea, además,

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la fuerza de trabajo de la mujer a modo de “ejército de reserva” al que recurrir cuando es necesario suplir la fuerza de trabajo habitual masculina por V.I. Lenin motivos de guerra, y del que prescindir en épocas de excedente de fuerza de trabajo, como ocurre en cada crisis cíclica del capitalismo, donde las mujeres son las primeras en perder su trabajo debido a que cubre los peores puestos del proceso de producción y a que, desde la ideología dominante, es relativamente fácil justificar este acto con el mantenimiento de la idea de que la “laboral natural” de la mujer era la de madre y esposa. No en vano, en la crisis del 29, rezaban carteles por las calles de Nueva York con eslóganes como ‘Ninguna mujer ocupando el trabajo de un hombre en paro’. De esta forma el sistema capitalista ha adaptado a sus necesidades el viejo patriarcado, manteniendo así la opresión de las mujeres y apoyándose para ello en el interés -o la inercia inconsciente- del conjunto de los hombres. Sea como fuera, queda patente que la situación de la mujer no puede ser explicada más que en base a los intereses del capitalismo y el interés de mantener la propiedad privada. Lenin recogió el legado de Marx y Engels, pues desde que comenzó su actividad por la revolución, siempre dedicó una prioridad espe-

cial a la situación de las mujeres obreras y campesinas, y encontró en su incorporación al movimiento obrero uno de los pilares en su estrategia revolucionaria. Para Lenin, la situación de la mujer trabajadora y la emancipación de la clase obrera eran partes de una misma causa. Lenin fue un acérrimo defensor de la igualdad real que proclamaba la causa socialista frente a la igualdad formal de la burguesía. A este respecto, afirmaba Lenin lo siguiente:
El capitalismo combina la igualdad formal con la desigualdad económica de la que deriva naturalmente la desigualdad social. [...] Una de las manifestaciones más flagrantes de la injusticia es la desigualdad de derechos de la mujer frente al hombre. [...] Contrariamente, las medidas bolcheviques para erradicar la desigualdad no son medidas adormecedoras, de tutela, sino que, como revolucionarias, nuestras medidas llaman a la mujer a trabajar en pie de igualdad con el hombre por la transformación de la economía y la superestructura ideológica.

Sin duda, las medidas propuestas por Lenin eran, en plena dictadura del proletariado, los cimientos de una futura sociedad completamente igualitaria. Lenin defendía que no podía considerarse que había habido una revolución socialista sin la integración plena de las mujeres trabajadoras, que eran la inmensa mayoría de las mujeres. Impulsó, así, su inclusión en la gestión de empresas públicas o en el entramado admi-

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nistrativo del Estado, así como, a un nivel inferior, a que participaran en los Soviets para expresar allí sus inquietudes. En el ámbito económico, Lenin describió la situación de la mujer en el capitalismo, condenada a la doble explotación: la del sistema y la de la esfera doméstica. Entendió que la desigualdad en el salario para la mujer obrera implicaba más plusvalía, ya que ella recibía, como hoy en día sucede también, menos salario que un hombre por el mismo trabajo. A causa de esta diferencia de salario, los ingresos de una mujer obrera no eran en sí mismos un pilar para mentener a su familia, de modo que se desvalorizaban al considerarse como aporte complementario. La URSS priorizó desde sus inicios la igualdad salarial y la incoporación de la mujer al trabajo colectivo. Respecto a la esfera doméstica, Lenin ya subrayó que había que librar al máximo a la mujer de la esclavitud del trabajo del hogar. De esta esclavitud, además, Lenin señaló como colaboracionistas directos a los comunistas y, en general, a todo trabajador:
Escarbad en un comunista y encontraréis un filisteo: ¿existe prueba más evidente con que los hombres ven cómo se desgasta la mujer en el trabajo doméstico?

es porque consideran que esto está reñido con el derecho y la dignidad del marido”. Por eso propuso el trabajo educativo entre los hombres, tanto del Partido como entre las masas. La igualdad de la mujer en la construcción del socialismo no podía admitir diferencias por género que perpetuaran los peores vestigios de la vieja sociedad y pusieran trabas, además, al proceso revolucionario. Jamás vaciló a este respecto: “Nada de organizaciones especiales de mujeres comunistas. La comunista es tan militante del Partido como lo es el comunista, con las mismas obligaciones y derechos. En esto no puede haber ninguna divergencia.” Muy interesante resulta también –y en especial por los erróneos posicionamientos de los feminismos revisionistas– destacar la posición que Lenin tenía de una de las peores lacras del patriarcado que, en el ámbito de lo social, afectaba a las mujeres: la prostitución. Para Lenin, esta forma de explotación era resultado de “la tremenda miseria y de las humillaciones que sufre [la mujer] bajo el régimen burgués”. Lenin sentía verdadera vergüenza e indignación ante la doble moral burguesa, que hacía ver que luchaba contra la prostitución al tiempo que la alentaba y permitía como factor económico para su lucro. Lenin propuso la reinserción de las prostitutas en el mundo productivo y defendió la integración de no pocos grupos de mujeres de esta condición en los sindicatos, pues solo la organización y la conciencia de clase podía liberarlas de su miseria y hacerles recuperar su maltrecha dignidad. Fueron muchas las conquistas logradas por la Revolución en pos de la completa transfor-

Entre otras medidas, la posibilidad legal del divorcio fue sin duda una de las mayores garantías para su emancipación. Si bien todas estas vías ofrecían más libertad a la mujer, a Lenin jamás se le pasó por la cabeza que la emancipación femenina fuese responsabilidad única de las mujeres: “Si no colaboran con ellas

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mación de la situación de la mujer y por el avance en su verdadera liberación. La dimensión que alcanzaron sacudió a nivel internacional el atraso de los Estados burgueses al respecto, pues en pocos años se legisló sobre el matrimonio civil, el divorcio –y, si bien tras el divorcio quizá se diese por hecho que la monoparentalidad iba a recaer en la mujer, ésta tenía derecho a demandar del padre alimentos para el sostenimiento de los hijos en caso de divorcio–, el aborto libre y gratuito, los programas de maternidad, la abolición de la exclusión de los “hijos bastardos” o de la ilegitimidad de los hijos de madres solteras, la igualdad salarial y un largo etcétera de medidas que, de buenas a primeras, impulsó Lenin en apenas unos años. En 1919, en el marco de la IV Conferencia a las Mujeres de Moscú, clamaba Lenin:
La cuestión relativa a la situación de la mujer ha sido planteada por el Poder Soviético desde el primer momento […] Ahora podemos decir con orgullo que, exceptuando la Unión Soviética, no existe ningún país en el mundo donde la mujer goce de plena igualdad de derechos y no esté colocada en una situación humillante, particularmente sensible en la vida cotidiana y familiar. Ésta fue una de nuestras primeras y más importantes tareas. [...] Sin ellas no habríamos vencido. O difícilmente habríamos vencido.

Clara Zetkin

en la organización de las mujeres en sus centros de trabajo o a nivel internacional. De Zetkin no podríamos afirmar que hiciera grandísimas aportaciones teóricas, pues su labor fue más oratoria y de agitación de las masas. A pesar de ello, es necesario separar y seleccionar las tesis más interesantes sobre las que trabajó, a menudo con Lenin, la cuestión de la mujer. Y nos centramos en una tesis central porque podría entonces comenzar a hablarse con propiedad de feminismo socialista: la afirmación de que los intereses de las mujeres no son homogéneos ni equiparables por su condición sexual o de género, pues dependen completamente de su extracción social. Zetkin, que coincidía plenamente en las posiciones sobre la familia burguesa que tanto Marx como Engels explicaban, sostenía que ésta no era más que un acuerdo económico revestido de la moral burguesa. La mujer de esa familia está totalmente despersonalizada y no cumple con ninguna función: no es esposa – pues el marido generalmente tendría amantes o pagaría prostitutas–, ni madre –pues tendría a

Una de las mujeres de confianza de Lenin fue Clara Zetkin, militante comunista alemana muy activa y que mostró una fuerte implicación

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otras mujeres obreras supliendo esa función–. Las mujeres burguesas que quisieran autorrealizarse solo tendrían que movilizarse y luchar por la libre disposición de la propiedad. Su interés específico es, pues, luchar por el derecho civil al patrimonio contra los hombres de su propia clase, que se negarían a ceder en tal reivindicación. Este interés es ligeramente distinto en el caso de las mujeres pequeñoburguesas, entre las que, debido a su progresiva proletarización, existe un deseo creciente por el derecho al trabajo. Es por este motivo que su máximo interés, su lucha, será el la consecución del sufragio, interés que entra en conflicto con los hombres de su mismo estrato dado que, de conseguir el sufragio, facilitarían la modificación de la legislación laboral que les permitiría entrar al mercado de trabajo y convertirse, así, en una amenazante competencia para ellos. Pero en el caso de las obreras, sostenía Zetkin que los parámetros con los que medir el conflicto de género eran completamente diferentes. No se podía entender el núcleo familiar como la burguesía lo entendiera, puesto que este núcleo se dinamitaba antes incluso de llegar a conformarse: las mujeres obreras siempre supieron lo que era el trabajo, y también así sus hijos a muy temprana edad. En este sentido, la subordinación a los hombres de su condición de clase era quizás menor, al compartir ambos la explotación de su fuerza de trabajo. La explotación de la mujer es, en la obrera, el capitalismo, pues ni tan siquiera tiene la opción de desarrollar su individualidad como madre o esposa, aunque cumple con tales funciones. Aquí Zetkin se precipitó al no entender la opresión en la esfera doméstica que, de forma residual,

sufría la mujer, como ya apuntaron Marx, Engels y Lenin. No fueron análisis de este tipo los únicos en los que Zetkin, aunque de buen seguro movida por el más noble amor a la causa socialista, erró en el planteamiento. Ella misma, en su recopilatorio de textos en una entrevista a Lenin –La cuestión femenina, 1920-, dio buena cuenta de las impresiones del mismo acerca del tipo de tareas que llevaba a cabo en los centros de trabajo con las obreras, promoviendo más interés por luchas concretas y secundarias que las separaban de la causa proletaria y las acercaban a posiciones aburguesadas e interclasistas, tal como hoy día ocurre también entre los diversos feminismos revisionistas:
Me han dicho que en las veladas de lecturas y discusión con las obreras se examinan preferentemente los problemas sexuales y del matrimonio. Como si este fuera el objetivo de la atención principal en la educación política y en el trabajo educativo. No pude dar crédito a esto cuando llegó a mis oídos. El primer Estado de la dictadura proletaria lucha contra los revolucionarios de todo el mundo... Y mientras tanto, comunistas activas examinan ¡los problemas sexuales y la cuestión de las formas de matrimonio en el presente, en el pasado y en el porvenir!

Lenin repitió una y otra vez el grave error en que incurrían, ya entonces, muchas obreras organizadas al mezclarse peligrosamente con las

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mujeres burguesas al tiempo que se alejaban de sus compañeros de clase:
Este respeto enmascarado para con la moral burguesa me repugna tanto como esta pasión por las cuestiones sexuales. Le gusta revestirse de formas subversivas y revolucionarias mientras que esta ocupación es, a fin de cuentas, puramente burguesa. Entregándose preferentemente a los intelectuales y otras capas de la sociedad que están próximas a ellos. No hay sitio para este género de ocupación en el Partido, entre el proletariado en lucha y consciente de su espíritu de clase.

más que darle la razón a Lenin, que muy inteligentemente le formuló una pregunta retórica para luego contestarla implacable:
El sabio Salomón decía ya que cada cosa a su momento. Dígame, se lo ruego, ¿es éste el momento de ocupar a las obreras durante meses enteros para hablarles de la forma en la cual se ama y se es amado, o cómo se engatusa y se deja engatusar en los distintos pueblos, evidentemente, en el pasado, en el presente y en el futuro? ¡Y es a eso a lo que se llama orgullosamente materialismo histórico! [...] Este respeto enmascarado para con la moral burguesa me repugna. Le gusta revestirse de formas subversivas y revolucionarias mientras es, a fin de cuentas, puramente burguesa. Entregándose preferentemente a los intelectuales y otras capas de la sociedad que están próximas a ellos. No hay sitio para este género de ocupación en el Partido, entre el proletariado en lucha y consciente de su espíritu de clase.

Lenin supo adelantarse a los problemas que el feminismo socialista habría de afrontar a lo largo del siguiente siglo. Problemas que, en el mejor de los casos, intentan resolverse en el ámbito de lo teórico a través del debate y la formación y que, con grandes dificultades a nivel del Estado español, está logrando ejercitarse. El interés de clase brilla por su ausencia en el feminismo “socialista” actual, y el enfoque no marxista de la cuestión femenina conduce, como apuntaba Lenin, a “que las cuestiones sexuales no sean comprendidas como parte de la principal cuestión social; que, por el contrario, la gran cuestión social misma aparezca solo como parte, como un apéndice del problema sexual. Lo más importante es relegado a un último plano, como algo secundario. Eso no sólo perjudica a la clarificación de la cuestión, sino que oscurece el pensamiento en general, la conciencia de clase de las obreras”. Zetkin no pudo

Es deber urgente de todo comunista y de todo el feminismo socialista, trabajar por la emancipación de la mujer desde las bases que el marxismo dejó preparadas para su análisis y sin distracciones pequeñoburguesas que no hacen más que partir por la mitad a la clase obrera. La emancipación de la mujer requiere un trabajo conjunto que integre y conciencie también a los hombres de nuestra clase, que luche por la construcción de una sociedad donde las relaciones sociales sean completamente libres. Esta meta se concreta, en el socialismo, en una serie de metas imprescindibles, como la desaparición de la organización familiar patriarcal, basada en relaciones autoritarias, abusivas y violentas por definición, que establecen ligazones económicas entre sus miembros. También se entienden como prioritarias las luchas por extender la idea de socializar el trabajo doméstico o por el igual

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acceso a todos los rincones del proceso de producción. Una vez liberados del yugo del capital, toda la clase trabajadora tendrá la base para la libertad de sus relaciones fuera de todo tipo de dominación. No pretendemos afirmar que los vestigios patriarcalistas desaparecerían al instante, pero sí que la base de su desaparición estaría arrancada. Por aquello de que, no lo olvidemos, el problema debe arrancarse de raíz. Entretenerse en podar la mala hierba en lugar

de arrancarla no lleva a ninguna parte. Es necesario que las mujeres y los hombres de la clase obrera establezcamos prioridades también en lo que a emancipación de género respecta. Ya lo dijo el Maestro Lenin, y sigue totalmente aplicable a día de hoy: “Ahora, todos los pensamientos de las obreras deben estar dirigidos hacia la revolución proletaria”.

Marina Roig

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La Pasionaria y la destrucción del PCE
En la mayoría de casos, al oír el nombre de Dolores Ibárruri, “la Pasionaria”, se evocan sus humildes y difíciles inicios, sus discursos en el Parlamento de la República o de Dolores Ibárruri, “La Pasionaria” despedida a las brigadas internacionales, su oratoria incendiaria…, pero pocos son conscientes de su papel posterior en el debilitamiento y destrucción del Partido Comunista, actividad que comienza al final de nuestra guerra nacional-revolucionaria, tras la caída de Cataluña en manos de los fascistas. El Buró Político del PCE¹ decidió que en 1938, cuando cayera Cataluña, ambos miembros del organismo, La Pasionaria y Delicado, debían ir a Madrid a continuar la resistencia contra el fascismo. En vez de hacer lo acordado, se recluyeron en Elda (Alicante) y ordenaron a los camaradas trasladados a Francia que permanecieran allí, en lugar de regresar a combatir a Madrid. Cuando ya se gestaba el golpe de estado Casadista admitieron la derrota prematura y prepararon rápidamente su exilio. Este comportamiento les sería más tarde recriminado en las discusiones de Moscú de los cuadros máximos del partido, presididas por el Secretario General José Díaz. Estos encuentros fueron ocultados posteriormente por el aparato de Carrillo. Otro punto oscuro a tener en cuenta es el papel de La Pasionaria y de Carrillo en la disolución de la guerrilla española. Esta acción suele ser atribuida al mismo Stalin². Nada más lejos de la realidad. Stalin necesitaba una figura que actuase de puente en España para las negociaciones post-guerra mundial, y dicha figura debía estar respaldada por una fuerte guerrilla. El problema es que en la retirada del partido y durante la guerra no se prepararon las condiciones para la lucha guerrillera. Muchos revolucionarios españoles se quedaron combatiendo el fascismo, pero careciendo de comunicación interna, de infraestructuras, armamento y logística de cualquier tipo. Con el tiempo se vería que el apoyo desde el partido nunca llegaría. Ante esto, Stalin (de acuerdo con los más grandes militares españoles, como por ejemplo Enrique Líster), aún partidario de la lucha guerrillera, propone que se disuelvan las guerrillas. La actuación de la pasionaria a partir de este momento no puede ser peor: disuelve la guerrilla de la noche a la mañana, sin ser esta un factor político, dejando a los camaradas a merced de la amplia capacidad represiva del régimen. Estos heroicos camaradas resistieron durante años, viviendo de lo que podían, incluyendo la incautación de ga-

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nado y alimentos para poder sobrevivir, por lo que se les acusaba con frecuencia de vandalismo. Su más famosa consigna deriva de estas acusaciones (la cual todavía algunos de ellos claman a los cuatro vientos): “SIEMPRE GUERRILLEROS, NUNCA BANDOLEROS”. Estos revolucionarios ejemplares fueron abandonados a su suerte por la camarilla IbárruriCarrillo. Otra conducta lamentable de la Pasionaria fue la tenida durante su estancia en Francia, donde se alojó en residencias de lujo, con chóferes, criadas…; a diferencia de la gran mayoría de la organización que vivía en los campos de concentración franceses bajo la represión fascista. Un dirigente ejemplar en este aspecto fue Enrique Líster³, que vivió con su familia en un modesto piso, dejando los hoteles de lujo para el compañero de viaje de La Pasionaria, Santiago Carrillo.

Ibárruri usaba su cargo para que le concedieran ventajas y favores con respecto al resto de camaradas4. Un ejemplo de ello fue su relación con el miembro del Comité Central, Antón, que adoptó una conducta tiránica y déspota con el resto de camaradas. Fue uno de los encargados de crear comités de ejecución junto con Carrillo, para eliminar a los camaradas honrados que se oponían a sus tropelías. Las campañas que se desataron contra camaradas ejemplares como Comorera, Monzón, Quiñones, Trilla, Luis Montero, Modesto o Líster podrían considerarse como verdaderos asesinatos (o intentos de ello). Se podría continuar, ya que es una lista muy larga pero en su lugar profundizaremos en el intento del asesinato de Líster y Modesto5. Líster y Modesto se fueron acusados por sus pasadas relaciones con Yugoslavia, tras la ruptura de esta con la URSS. Cabe mencionar que

Dolotres Ibárruri, “La Pasionaria”, con Santiago Carrillo, causantes de la liquidación interna del PCE.

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fueron generales del Ejército yugoslavo, y en el caso de Líster además de los ejércitos soviético y polaco. El camarada Mije le informó que se estaba planeando su propia eliminación, así como la de Modesto. Líster pretendía plantear todo el asunto en el Buró Político, por ello Carrillo le pidió tener una reunión previa en la que coaccionó al general para que no presentara estos hechos ante el Buró, alegando que la situación de Dolores no era buena y que, de hacerlo, todo derivaría en un grave y complicado problema orgánico. Anteponiendo el bien de la organización y teniendo en cuenta que en la reunión Carrillo no negó la posibilidad de que las ejecuciones se llevaran a cabo, Líster finalmente cedió. En 1961 se reunió en La Habana con el camarada Vicente Uribe, donde este le contó cómo se había planeado su asesinato, que sería encubierto bajo un supuesto ataque anarquista o bien, como un accidente manejando un arma. Pero entonces Antón, Ibárruri y Carrillo viajaron a entrevistarse con Stalin, donde fue este, según Uribe, el que le salvó la vida al enterarse de su excelente contribución al Partido tanto suya como de Modesto. Tras expresar Stalin su conformidad la camarilla revisionista dio marcha atrás en su liquidación. Esto demuestra la cobardía de la camarilla Ibárruri-Carrillo, que al mismo tiempo que llenaba el partido de oportunistas y derechistas, represaliaba y asesinaba a tantos buenos camaradas. Volvamos a Antón, ahora que sabemos quién es y cómo la pasionaria se aprovechaba de su cargo para disfrutar de ventajas y favores. Fue

expulsado del Buró Político y del Comité Central por su conducta indeseable. Más tarde, y por una resolución impulsada por Carrillo y La Pasionaria, se le dejaba la puerta abierta para volver, reincorporándose posteriormente al mismo Comité Central. A raíz de la detención en Francia de Antón, Ibárruri decide presionar a Stalin para que intervenga en su liberación. Ante esto Stalin pronuncio la famosa frase: “Bueno, si Julieta no puede vivir sin su Romeo se lo traeremos, pues siempre tendremos por aquí un espía alemán para canjearlo por Antón”. Así es como salió el cobarde Antón de las cárceles francesas en 1940, y así es como La Pasionaria, cuando le interesaba, hacía uso de su cargo para recibir un trato preferente en contraste con los cientos de miles de camaradas que intentaban sobrevivir en los campos de concentración, los cuales, por supuesto, no recibieron favor alguno. Otro hecho a tener en cuenta, es la actitud de Dolores en la lectura del informe político de José Díaz en el Secretariado de la Internacional Comunista y su posterior ascenso a Secretaría General6. José Díaz estaba gravemente enfermo, el cáncer le estaba destrozando el estómago, le habían operado varias veces, pero no conseguían solucionar nada. Líster afirmaba que nadie empujó materialmente a José Díaz por la ventana, pero sí moralmente. En estas condiciones se produjo la lectura del informe político sobre todo lo acaecido en nuestra guerra nacional-revolucionaria. Tomaron la palabra los miembros del Secretariado de la Internacional Comunista y uno por uno fueron ata-

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cando el informe de José Díaz. Hernández, Castro y Togliatti callaron, pero Ibárruri en un alarde de oportunismo dio la razón a los miembros del Secretariado, acusando a José Díaz de individualista en el trabajo, de no tener en cuenta las opiniones de los demás. Cuando acabó la reunión hubo que sacar a un José Díaz abatido entre dos personas. Antes de morir dejó unos escritos a los que solo pudo acceder La Pasionaria. Cuando Líster le preguntó sobre los mismos, ésta le dijo que eran unas cuartillas ilegibles, por lo que nunca salieron a la luz. Según Líster, José Díaz dejó un verdadero testamento en el que plasmaba sus opiniones sobre todos los miembros del Buró Político, incluida Dolores. Lamentablemente nunca se volvió a saber de esos documentos. Posteriormente, Dimitrov7 llamó a Líster y a Modesto para saber a quién consideraban mejor capacitado para ocupar el puesto de Secretario General. Su elección fue Dolores Ibárruri, pero sólo si no se contaba con la presencia de Antón a su alrededor, ya que este acabaría ejerciendo de Secretario consorte. En este contexto y con la Pasionaria como tapadera, Antón y Carrillo llevaron a fin una operación de caza y captura contra todo aquel que pudiera hacer frente a La Pasionaria en la elección de Secretario General. Así tras eliminar políticamente a Vicente Uribe, la camarilla revisionista Ibárruri-Carrillo consiguió una vez más la Secretaría General. A partir de lo acordado en 1945 en Toulouse, Carrillo comenzaría entonces a someter

poco a poco a Dolores, haciéndole ver sus crímenes, separándola de los militantes honrados y rodeándola de sus incondicionales. Ante esto, La Pasionaria terminaría por temer a Carrillo, sin dejar nunca de seguirle en todas sus correrías, incluyendo el eurocomunismo y la destrucción del partido. La Pasionaria afirmaba que prefería morir a enfrentarse a Carrillo, en vez de ser valiente y luchar por el partido, o en su lugar, romper con él y unirse al resto de camaradas expulsados que formaban, por aquel entonces, un nuevo Partido Comunista. Llegamos al culmen de la situación cuando Dolores permite la sustitución de todo el Buró Político por un Comité Ejecutivo y la creación del cargo de Presidente del Partido (especie de presidente honorífico). La Pasionaria asumió el cargo de Presidenta de Honor y dejó en manos de Carrillo el Partido, dando comienzo, así, al principio del fin. Durante esta etapa, el partido de la clase obrera, el partido de vanguardia, se acabó convirtiendo en un partido de corte socialdemócrata, renunciando, de esta forma, al marxismo-leninismo y al centralismo democrático, y pasó a estructurarse en agrupaciones, al más puro estilo de los partidos socialdemócratas basados en la “cohesión democrática”. Convirtió al Partido en algo inoperante, en algo que hoy está a punto de desaparecer. Lo peor de todo es que, cuando esto por fin suceda y el PCE se disuelva, la clase obrera ni se enterará, ya que hace más de 30 años que el Partido Comunista en España no existe.

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Esperamos que los destacamentos comunistas que hay por todo el estado caminen pronto hacia la unidad comunista porque digan lo que digan hoy los medios de comunicación de la burguesía, la clase obrera necesita dotarse del Partido Comunista más que nunca. Juan Mesana García

Notas: (1) Así destruyo Carrillo el PCE. Enrique Líster. Capítulo 1. (2) Así destruyo Carrillo el PCE. Enrique Líster. Capítulo 3. (3) Así destruyo Carrillo el PCE. Enrique Líster. Capítulo 4. (4) Así destruyo Carrillo el PCE. Enrique Líster. Capítulo 4. (5) Así destruyo Carrillo el PCE. Enrique Líster. Capítulo 4. (6) Así destruyo Carrillo el PCE. Enrique Líster. Capítulo 4. (7) Así destruyo Carrillo el PCE. Enrique Líster. Capítulo 4.

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Crónica Unitaria I Encuentro Comunista en Madrid
El pasado 30 de Marzo fuimos los anfitriones del I Encuentro comunista con carácter antirrevisionista del estado, al cual acudieron 4 organizaciones como convocantes y varias como observadoras. La función de este encuentro ante la ausencia de Partido Comunista en España era acercar a destacamentos marxistas-leninistas que hay en el estado, para una primera toma de contacto, con vistas a seguir desarrollando la lucha ideológica y poder desarrollar trabajo conjunto en un tiempo. Reconstrucción Comunista nació para luchar por la unidad de los comunistas y la reconstitución del Partido Comunista en el estado español. La lucha contra el revisionismo, la lucha ideológica, es algo vital para conseguir este fin, y para muestra la resolución unitaria del encuentro. Entre el sábado 30 y domingo 31 del pasado mes de marzo, tuvo lugar en Madrid el I Encuentro Comunista contra el revisionismo, organizado por los camaradas de Reconstrucción Comunista y en el que también participaron otras organizaciones como Kimetz, la Juventud Comunista de Almería y la Juventud Comunista de Zamora, contando este Encuentro además con la presencia de varios camaradas del movimiento obrero madrileño así como de nivel internacional. Este Encuentro partía de una consideración previa fundamental por parte de todos y cada uno de los participantes: la clase obrera se encuentra hoy desprovista de los instrumentos que le permitan desencadenar la Revolución Socialista. Precisamente en torno a estos elementos y sobre el terreno social sobre los que han de erigirse, versaron las distintas temáticas que en forma de ponencia tratamos las distintas organizaciones: el Partido Comunista, revisionismo histórico y moderno, cuestión nacional y caracterización del Estado español. La primera de las ponencias, que daba inicio al debate, trató la cuestión del Partido Comunista, concepción clave para comprender las tareas que ha de acometer la vanguardia comunista en la actualidad, en un momento en que no existe el partido leninista, y de cuyo desarrollo dependerá el despliegue revolucionario del proletariado en el Estado español. Quizás fue el debate en torno a la organización de nuevo tipo, tanto por el número de intervenciones como por la amplitud de los temas que se trataron, el más enriquecedor de todos los elementos de discusión del Encuentro. Donde más se enconó el debate fue en la cuestión de cuál es el grado de relación que ha de mantener la vanguardia revolucionaria para con el movimiento sindical dadas las tareas del momento; un punto que siguió con un amplio y rico debate sobre la lucha ideológica y el concepto de

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“lucha de dos líneas”, sobre la que hubo posiciones contrapuestas. Cabe destacar que todas las organizaciones cerramos este apartado, más allá de las diferencias, señalando que la reconstitución del Partido del Proletariado no puede realizarse mediante el pacto ni la unidad formal entre los distintos destacamentos, sino a través de la clarificación de posturas y la lucha, desde la honestidad y el respeto, entre las organizaciones. La jornada del sábado continuó con la caracterización que cada organización realizó en torno al revisionismo. Si bien todos los presentes hicimos referencia al estado actual del movimiento comunista a nivel estatal e internacional, las ponencias y el posterior debate se centraron en los pormenores históricos del revisionismo, ya que éste aunque siempre se presente como “novedad” no es más que la supuración de la ideología burguesa en el seno del movimiento revolucionario. Se indicó que uno de los puntos comunes del revisionismo, en todas sus formas, es la denuncia de la violencia revolucionaria, la observación del Estado como ente neutro en la lucha de clases y la subsiguiente negación de la dictadura revolucionaria del proletariado como forma histórica conquistada por la clase obrera para ejercer su poder. Asimismo, la conformación del bolchevismo y la Internacional Comunista en lucha contra el revisionismo socialdemócrata, o la toma del poder por parte del revisionismo en la URSS, lo que supuso la ruptura del campo socialista a nivel internacional, sustanciaron las

intervenciones de los camaradas. Posteriormente los debates giraron en torno a multitud de cuestiones concretas que giraron sobre el XX Congreso del PCUS, la Guerra Civil y el VII Congreso de la IC, la desaparición de la misma y que tuvieron como elemento transversal la figura del camarada Stalin y el período en que este fue la cabeza visible de la Revolución Proletaria Mundial. Siguiendo el programa establecido, en la tarde del día 30 las intervenciones se fijaron en un problema siempre candente en la lucha de clases en el Estado español y, por ende, en el seno del movimiento comunista, la cuestión nacional. Se concluyó en este apartado que las tesis de los bolcheviques sobre la caracterización del problema nacional siguen siendo válidas, si bien luego se expusieron diversas formas de interpretación de la mismas (en cuanto al concepto de nación) al aplicarlas a la realidad del Estado español. Se hizo especial hincapié en que los comunistas hemos de ser valedores del derecho a la autodeterminación de las naciones, derecho democrático que tienen estas para determinar su futuro. En cuanto a las tareas constitutivas de la vanguardia revolucionaria, partiendo de la complejidad que acompaña a la cuestión nacional en el Estado español, los camaradas de Euskal Herria señalaron que ellos trabajan por la construcción del partido para toda su nación (partida en dos por los Estados español y francés). El resto de camaradas señalaron que si bien la proyección del Partido revolucionario y la Revolución Socialista se extiende a todo el territorio estatal, la posición de los revolucionarios de las distintas

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realidades nacionales ha de ser tenida muy en cuenta a la hora de llevar a cabo la lucha contra el Estado reaccionario que oprime al proletariado. Ya el domingo tuvo lugar el último de los debates, centrado en la caracterización del Estado español. Tras realizar un análisis general de qué es el Estado, se habló de este como armazón represivo que se ordenaba sobre la defensa de unos intereses de clase. Se planteó, asimismo, uno de los debates en boga en nuestro movimiento, a saber, si el Estado español es o no un Estado fascista. Llegados a este punto, y tras un interesante análisis complementado por numerosas intervenciones acerca de lo que es y representa el fascismo como forma particular de dictadura del capital, afloraron ciertas diferencias que nos llevaron a caracterizar al

Estado español como tal, como democracia burguesa, existiendo divergencias en si se encuentra o no en proceso de fascistización.” El Encuentro Comunista contra el revisionismo finalizó con el agradecimiento por parte de los organizadores del esfuerzo realizado por todos para que tuviese lugar esta actividad, indicando que este sólo era el primero de los que están por llegar. Tras ello todos los presentes se pusieron en pie y puño en alto se cantó el himno de los proletarios y pueblos oprimidos del Mundo, la Internacional.
Reconstrucción Comunista, Kimetz, Juventud Comunista de Almería, Juventud Comunista de Zamora Secretaría Iedeológica RC

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Memoria histórica revolucionaria
Sobre los comunistas “dogmáticos” del PCE
Dedicamos este artículo a todos aquellos marxistas que plantaron batalla al revisionismo del movimiento comunista en España y se mantuvieron firmes en los postulados marxistas leninistas llegando incluso a perder la vida en esa lucha. Nos vamos a centrar en el periodo en el que se encumbra a la revisionista de “La Pasionaria”, Dolores Ibárruri, a partir del 20 de marzo de 1942 a la Secretaría General del PCE, periodo en el que el revisionismo toma el control del comité central. Cuando La Pasionaria llega a la cabeza del PCE se inicia un periodo que permitirá el desarrollo de las corrientes burguesas antimarxistas hasta el punto de dejar en bandeja de plata la secretaría general a Carrillo, destructor oficial del Partido para todas las organizaciones “comunistas”. La llegada de Carrillo a la Secretaría General del PCE no fue fortuita, fue el fruto de todo un proceso de destrucción del partido que comenzó con el ámbito ideológico para posteriormente centrarse en lo orgánico. Consiguió convertir al Partido del proletariado, de la revolución en un Partido socialdemócrata, antimarxista y al servicio del poder establecido. Y todo esto fue posible gracias a las acciones y purgas orquestadas por la propia Dolores, la cual, tras dejar la Secretaría General a Carrillo fue nombrada Presidenta del PCE hasta su muerte en 1989. Después de la muerte del camarada Stalin en 1953 y con el golpe de estado que la camarilla de Kruchov dio con el XX Congreso del PCUS se produjo un proceso de “desestalinización” en todos los partidos comunistas, exceptuando el PCCh y el PTA (como detallaremos más adelante). Este proceso en el caso concreto del PCE fue dirigido por La Pasionaria, convirtiéndose en el perro de presa del revisionismo internacional. Durante la Conferencia de los 81 Partidos Comunistas en Moscú en 1961 fue la que intentara rebatir a Enver Hoxha su denuncia al revisionismo con argumentos que defendían la coexistencia pacífica de las clases y la toma de poder por la vía parlamentaria. Todos los camaradas que mencionaremos en este texto fueron acusados de culto a la personalidad y dogmatismo, pero su único crimen fue ser marxistas-leninistas consecuentes y enfrentarse a la camarilla revisionista IbárruriCarrillo. Vamos a centrarnos en los cuatro casos más conocidos de camaradas caídos en desgracia por su lucha contra la entronización del revisionismo en el PCE: los de los camaradas Vicente Uribe Galdeano, Joan Camorera, Jesús Monzón y Heriberto Quiñones.

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El PCE ha intentado relegarles al olvido, pero jamás lo permitiremos, vosotros camaradas fuisteis honestos y coherentes, consecuentes y firmes, sois un ejemplo y nosotros recogemos vuestro legado revolucionario.

causa de la revolución en España, basándose en sentimientos en vez de en la realidad física de ese momento histórico. Carrillo era una persona que solo defendía los aspectos del Partido que le convenían y concordaban con sus propios intereses personales. Uribe define así como debe ser el funcionamiento de un militante del Partido en este aspecto: Toda la política del Partido es patrimonio de todos los comunistas; los miembros del Partido están obligados a defender toda la política del Partido, y no éste o el otro aspecto particular de ella. Para poderla defender hay que conocerla bien y asimilarla permanentemente. Informe sobre el Programa del Partido. Vicente Uribe Tras el XX Congreso los ataques a Uribe por parte de los revisionistas se agudizaron, escudándose en el XX Congreso y en el proceso de “desestalinización” que se produjo en todos los partidos comunistas del mundo exceptuando al Partido Comunista Chino y al Partido del Trabajo de Albania. Decidieron aislar y depurar a Uribe, uniéndose La Pasionaria y Carrillo en esta labor, sin tener en cuenta su lealtad al marxismo-leninismo y su brillante actuación durante la enfermedad de Dolores en 1948, momento en el que se convirtió provisionalmente en el “hombre impor-

Vicente Uribe Galdeano
(1897-1961), nacido en Bilbao, militante comunista desde 1923 y dirigente comunista desde 1927, era obrero de la metalurgia. Fue ministro de agricultura en la II República durante los gobiernos de Largo Caballero y de Juan Negrín y fue el principal impulsor de la reforma agraria que impulsó el PCE en plena guerra civil. Fue uno de los motores del partido desde su IV Congreso en 1932. Sus principales textos tratan sobre la cuestión nacional y la lucha contra el voluntarismo dentro del Partido, apostando por la organización frente a este. Vicente Uribe fue el primero en confrontar con lo que en la época se llamó el grupo de los jóvenes, para entendernos a los revisionistas de Santiago Carrillo y Fernando Claudín. El camarada Uribe defendió la organización, la planificación y el análisis dialéctico de las circunstancias específicas en las que vivían frente al voluntarismo “Carrillista”, que terminó sumiendo en la ruina al PCE. La situación después de la guerra era caótica: Uribe fue acusado de derrotista y de no creer en nada ni en nadie pero en realidad solo era realista y observaba la situación que se vivía en ese momento como marxista que era, mientras el reformista Carrillo se dejaba llevar por su idealismo basado en los grandes avances por la

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tante” del Partido. Esta campaña de difamación y engaños con respecto al posicionamiento de Uribe para/con la figura de Stalin fue enfermiza y a continuación se podrá comprobar por qué: [En el Pleno del Buró Político, celebrado en Bucarest, del 12 de abril al 12 de mayo de 1956]. Lo que esperaban de él no era precisamente que lo estudiara y que mantuviera esa actitud de quien ha perdido esta vez y espera otra oportunidad, que no pensaban darle. Santiago irá directamente a rematar la operación, aunque salvando siempre con una reiteración obsesiva, la figura de Dolores: “¿Ha existido entre nosotros el culto a la personalidad?” La figura más importante y representativa entre nosotros es la camarada Dolores Ibárruri. En el partido hay ciertas formas externas del culto a la personalidad de la camarada Dolores... Hay que decir porque es de justicia, que la camarada Dolores ha mostrado siempre su desagrado... ante esas exageraciones... Yo afirmé mi convicción de que jamás Dolores ha hecho nada por estimular el culto a su personalidad y que en todo cuanto ha dependido de ella lo ha combatido. Si de algo ha pecado, en ocasiones, ha sido de exceso de

modestia. Para él, Pasionaria ha sido el motor permanente de la renovación del partido. No hoy, ni ayer, sino siempre, porque de no ser por su enfermedad en 1948 ya todo se hubiera resuelto mucho antes de este Buró, pero las iniciativas chocaban con Uribe con su concepción caciquil, sectaria, principal traba a la dirección colectiva, apegado a los viejos métodos de dirección y poseedor de una egolatría desenfrenada. Se dirige ya a él como el Stalin del PC español, cuyo culto a su propia personalidad, el envanecimiento, el alejamiento del partido y de la realidad habían llegado ya a extremos increíbles... es preciso liquidar entre nosotros los elementos del culto a la personalidad, de vanidad, de enfatuamiento.» (Gregorio Morán, Miseria y grandeza del PCE, 1986, Pág. 269270.) Se puede ver a la perfección como Carrillo endiosa por conveniencia a la revisionista de la pasionaria para a continuación denunciar lo que solo él se dedica a hacer: el culto a la personalidad por parte de Vicente Uribe hacia Stalin. Carrillo y La Pasionaria legitimaron el golpe de estado del XX Congreso del PCUS y fueron parte activa de la campaña anticomunista internacional de demonización de la figura revo-

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lucionaria del camarada Stalin. Como muy bien diría Enver Hoxha en la Conferencia Internacional de los 81 Partidos Comunistas y Obreros, en la época actual un comunista que no defiende la figura de Stalin es un cobarde, lo cual fue curiosamente dicho el mismo año en que moriría en el olvido el camarada Uribe. Este no cometió culto a la personalidad de Stalin, sino que solo fue un marxista-leninista, humillado, apartado y vejado por los revisionistas para escarnio de todos los marxistas-leninistas, por osarse a enfrentarse a los que posteriormente destruyeron al PCE. Uribe era el principal escollo para los revisionistas para hacerse con el poder pleno en el PCE, era un símbolo viviente del PCE de José Díaz, ese al que critican tanto los revisionistas del grupo Carrillo-Ibárruri, alineándose con el revisionismo internacional que llevaría a la restauración capitalista en la URSS. La depuración de Uribe significó vía libre para los tejemanejes que auparon a la Secretaría General a Carrillo acorde con la oportuna conveniencia de La Pasionaria en 1960.

en la toma de la Diputación de marzo efectuada en señal de protesta por la permanencia de las Comisiones Gestoras provinciales. Tras el alzamiento militar consiguió huir a Francia, y se trasladó luego a Bilbao convirtiéndose en fiscal del Tribunal Popular del Gobierno Vasco. Debido a la caída de Bilbao, fue gobernador civil de Alicante, Albacete (1937) y Cuenca (1938). El 5 de marzo de 1939 acompañaría a La Pasionaria al salir ésta de Madrid rumbo a Orán tras la sublevación de Casado. En Francia, Monzón reorganizó al PCE dirigiendo la evacuación de refugiados hacia Sudamérica y la URSS. Junto con Manuel Azcárate y Gabriel León Trilla organizó la resistencia española contra la ocupación nazi mientras el Buró Político y el Comité Central se hallaban ausentes en América o Rusia. Hombre de gran arrojo y generosidad, al estallar la II Guerra Mundial se interna de manera clandestina en el estado con la misión de organizar la Unión Nacional, plataforma fantasma que se autodefinía como concentración antifascista, verdaderamente controlada, sustentada y nutrida por el PCE en la dirección conveniente a los intereses estratégicos de la URSS. En 1944, en el Valle de Arán, Monzón reunió y lideró al ejército del maquis, pese a no formar parte del Comité Central. Al principio el avance fue exitoso y se llegó a las puertas de la capital Viellas, llegando a caer hasta 19 pueblos. Pero, repentinamente, todo empezó a fallar. No se produjo el alzamiento interno por la debilidad del PCE en el interior y la desmovilización de la población, ya que Santiago Carrillo frenó la misión pues sus intenciones eran otras, inten-

Jesús Monzón Reparaz
Nacido en Pamplona el 22 de enero de 1910, fue combatiente antifascista, profesor, abogado y líder comunista navarro perteneciente a una acomodada familia pamplonesa. Procedente del republicanismo, ingresó en 1931 en el Partido Comunista ocupando el cargo de secretario general del Comité Provincial de Navarra durante el período republicano. Formó asimismo parte de la candidatura del Frente Popular en febrero de 1936 y participó

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Graffiti en un muro de Sallent de Llobregat, rememorando a los maquis españoles

ciones que hoy podemos señalar, sin lugar a dudas, como contrarrevolucionarias. Sin embargo el recuerdo del valor de aquellos guerrilleros sin ningún tipo de apoyo y condenados desde dentro a la derrota quedó grabado en la historia. Al producirse la entrada masiva del maquis organizada por Santiago Carrillo y fallar la Unión Nacional como soporte de la misma, este da comienzo de un proceso de acusaciones contra Monzón y lo que convino en denominar como “monzonismo”. Detenido en Barcelona en junio de 1945, en circunstancias nada claras, y sospechosamente parecida su detención a la de Quiñones y otros luchadores comunistas delatados por la camarilla revisionista encabezada por Carrillo, solo en diciembre de 1947 daría Mundo Obrero la noticia de su expulsión del partido “por labor de provocación” mientras Monzón se declararía culpable de ser cuadro comunista, imponiéndole la judicatura

fascista una condena de 30 años en el juicio celebrado en Ocaña en 1948. Carrillo ideó, como podemos ver, una elaborada trama anticomunista. Sobre todo esto existen, desde el XX Congreso del PCUS, desde la “primavera de Praga”, suficientes documentos y análisis exhaustivos, que desmontan certeramente el mecanismo de este sistema de mentiras creado por los traidores infiltrados en el Comité Central del PCE. Ahora bien, sobre el fondo de esa trama general, el grupo dirigente del PCE ha adaptado dichos temas a la situación concreta del partido español, inventándose, con la participación personal y decisiva de Santiago Carrillo, el “monzonismo” y el “comorerismo”. ¡Aquí, en este siniestro menester, sí que demostró el actual secretario general del PCE autonomía, iniciativa creadora e imaginación política! Como el mismo Enri-

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que Líster reconoció, el delito de Monzón fue regresar a España a cumplir con su deber de comunista; el delito de valentía es el que más han odiado Carrillo y compañía. Monzón durante sus muchos años encarcelado, y a pesar de las infames acusaciones de Carrillo, continuó siendo el mismo militante honesto, disciplinado y fiel al proletariado que había sido siempre. Existe una clara responsabilidad por parte de la dirección del PCE: durante más de cuatro años, el equipo que encabezaba Monzón dirige el PCE en Francia y España en condiciones durísimas, y contando con el apoyo de aquellos que se encontraban en la URSS y México, al menos en el aspecto táctico. Durante su estancia en Francia, se llevaron a cabo dentro del PCE acciones lamentables. Mientras La Pasionaria acompañada de Carrillo se rodeaba de caprichos: hospedaje en hoteles de lujo, chóferes… había auténticos camaradas que se dedicaban a luchar contra el fascismo sufrían lo indecible. En el libro Memorias de un luchador, Líster lo cuenta con detalle y cómo, asqueado ante la situación, decidió trasladarse a un piso modesto apartado de los lujos. Hoy sabemos del heroico y ejemplar papel que desempeñó Jesús Monzón, por mucho que hayan querido tergiversar y enmarañar la verdad; Salió de la cárcel de Ocaña en 1956 marchó a México donde residió durante varios años hasta que en 1968 volvió al Estado español, estableciéndose en Mallorca durante un tiempo y regresando a Pamplona en 1970, donde tres años más tarde falleció.

Joan Comorera i Soler
(Cervera, Lleida, 1894 – Burgos, 1958), emprende su actividad política en 1917 haciendo agitación a favor de la Asamblea de Parlamentarios, actividad duramente reprimida y por la cual se traslada de Barcelona a Tortosa, donde por la publicación de un artículo vuelve a sufrir la represión y decide exiliarse en París. A su regreso a Barcelona se afilia a la Federación Catalana del PSOE, pero de nuevo se exilia a Argentina e ingresa en las filas del PSA, mudándose en pocos años a Uruguay por miedo a la represión en Argentina. Una vez se proclama la República en el Estado español en 1931, Comorera regresa a Barcelona, afiliándose inmediatamente a la Unión Socialista de Cataluña y siendo elegido Secretario General en el congreso del año siguiente. Con ese cargo y el de diputado por Barcelona, ocupa la Consejería de Agricultura y Economía en el gobierno de Companys. Conoció de primera mano las contradicciones de la Generalitat con el Gobierno de la República, por lo que se posicionó a favor de la insurrección del 6 de Octubre, lo cual le supondría la detención y posterior juicio en el Consejo de Guerra por tales hechos. Fue condenado finalmente a cadena perpetua y trasladado al penal de Puerto de Santa María (Cádiz), donde estableció relaciones con militantes comunistas encarcelados también allí. En las elecciones de 1936 fue elegido diputado y, al mes siguiente, sería liberado por la amnistía concedida por el Gobierno del Frente Popular. Comorera se centró su labor en la preparación del Congreso de unificación, formando un Comité de Enlace con representantes de la

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USC, el Partit Català Proletari, el PSOE y el PCC, redactando una declaración de principios que proponía la unificación de los partidos sobre la base del marxismo-leninismo, la adhesión a la Internacional Comunista, la organización según el centralismo democrático y la exclusión de trotskistas. Comorera fue elegido Secretario General del PSUC que, ya fundado, se dirigiría al PCE y al PSOE para que aceptasen la invitación de ser incluídos como miembros en el CC del PSUC y animándolos a formar el Partido único de la clase obrera del Estado español. Cuando las tropas fascistas entraron en Barcelona en 1939, Comorera se trasladó a París, donde se reunió con el CC del PSUC y acuerda continuar la lucha desde la clandestinidad, para luego unirse en Moscú con dirigentes de la Internacional Comunista a las discusiones sobre las causas del fracaso bélico. La declaración que se publicaría más tarde señala el mérito del PSUC durante la guerra y se le concede el nominativo de Sección Catalana de la Internacional Comunista. Dimitrov halagó el papel del PSUC, también, como ejemplo de aplicación de la línea adoptada por el VII Congreso de la Internacional Comunista sobre la constitución de partidos únicos en el marco de la política de Frente Popular Antifascista y de Frente Único del proletariado. Al inicio de la II Guerra Mundial, Comorera se trasladaría a Méjico. Cuando el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista publicó su disolución se replantearon las relaciones con el PCE. Comorera insistió en mantener la unidad política con vistas a una posterior unificación en un gran partido de la clase obrera. A su

vuelta a Europa el PCE iniciaba (muerto ya José Díaz) un proceso en el que Uribe proponía modificar la línea política: disolver las guerrillas, aprovechar el marco legal de la CNS, no construir sindicatos clandestinos y formar una alianza antifranquista con todos los sectores del país para el restablecimiento de la democracia burguesa. Comorera discrepaba, sobretodo, por dos cuestiones: la política de alianzas en la revolución democrática y la cuestión nacional bajo el capitalismo. Un mes después presentó su contrapropuesta con un programa basado en la democracia popular antimonopolista. Comorera se quedó aislado (en lo que a apoyos nos referimos) tanto en la Secretaría del PSUC como en el Buró Político del PCE, al que se había incorporado. Rápidamente fue tildado de titoísta y de nacionalista pequeñoburgués. No obstante, Comorera había dejado siempre clara su línea política en diversas ocasiones, y de ello no puede caber duda alguna. Podemos comprobarlo en su discurso pronunciado ante la comunidad catalana de la ciudad de Méjico en 1940 y publicado poco después por el PSUC: Ante estas dos cínicas mentiras, la mentira del grupo imperialista inglés y la mentira del grupo imperialista alemán, brilla poderosa, radiante, una gran luz: la URSS, la patria de todos los trabajadores, patria de libertad y de democracia auténtica, unión fraternal de pueblos libres e iguales, la patria del socialismo victorioso en marcha hacia el comunismo, la

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patria ennoblecida por la liberación revolucionaria de besárabes, moldavos, ucranios, rusos blancos, lituanos, letones, estonios y carelianos, la patria proletaria sabiamente dirigida por Stalin, torcha altísima e inagotable que ilumina el camino de la paz, del pan y de la libertad a todos los pueblos y los hombres oprimidos del mundo! Respecto a las acusaciones y difamaciones vertidas sobre él por los revisionistas del PCE encabezados por Carrillo, su posición era muy clara: ¿Podria nadie concebir que el Partido hubiera devenido, con una rapidez casi única en la historia de Catalunya, la fuerza dirigente de la clase obrera y del pueblo en lucha mortal contra el franco-falangismo en el curso de la guerra y ahora, si fuera verdad todo lo que se dice del Secretario General? Porque, ¿cómo habría sido posible eso si los miembros del Comité Central, si la primera Conferencia Nacional, los diversos Comités Ejecutivos y Secretariados, si los cuadros y militantes del Partido hubiesen sido movilizados permanentemente, no de cara al enemigo, sino de cara al Secretario General con tal de “corregir” sus errores, de “neutrali-

zar” sus torpezas, de “descubrir” sus “simulaciones nacionalistas”, “burguesas”, o su “titismo” antes de que apareciese el traidor Tito, de “convencer” a los obreros cenetistas y militantes de Esquerra Republicana de que los planes de “exterminio” eran personales y no del Partido, de cara a un Secretario General presentado com un hombre fuerte, “megalómano”, “tozudo en la defensa inflexible de sus posiciones y opiniones políticas”? [...] Porque, ¿cómo habríamos podido hacer avances tan sustanciales en el proceso de bolchevización de nuestro Partido si el Secretario General fuese lo que se dice y hubiese hecho lo que se afirma? [...] ¿Quién, si no el Secretario General, con más o menos errores, ha alimentado el Partido con materiales que, como complemento de los libros y trabajos de nuestros maestros, han ayudado a nuestros militantes a mantenerse firme en la lucha, a coger las variantes y alternativas de la lucha, a darles las perspectivas de la lucha, a no ceder en la voluntad de devenir cada día más comunistas, más bolcheviques, más eficaces en la tarea de construir un partido homogéneo, un partido marxista-leninista-stalinista?

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Desde este momento, Comorera se esforzaría por alejar al PSUC de las posiciones revisionistas del PCE, pero de poco le sirvió esto porque también en el PSUC se había quedado solo en la defensa de sus tesis. Comorera, como Secretario General y único miembro del Comité Central elegido por la Conferencia del PSUC, excluye de la dirección a todos los partidarios de las tesis revisionistas del PCE y cesa en la militancia a tres de sus miembros. Estos constituían a su vez la propia dirección del Parido, por lo que pudieron expulsar a Comorera del mismo. Finalmente, Comorera se traslada a Catalunya para centrar esfuerzos en la reconstrucción del Partido. Con la publicación Treball combate las ideas revisionistas del PCE y de los miembros expulsados del PSUC. Es detenido en 1954 gracias al colaboracionismo de los revisionistas. Líster fue testigo de las difamaciones y calumnias vertidas por Carrillo hacia la figura de Comorera. Carrillo y Antón propusieron al Secretariado la liquidación física de Comorera. La propuesta fue aceptada y Carrillo se encargó de organizar la liquidación. Carrillo designó a dos camaradas para llevarla a cabo, pero Comorera decidió irse del país. A través del informador que tenia entre su gente, Carrillo supo de la decisión de aquel, y más tarde el lugar de su paso por la frontera así como la fecha. Carrillo envió a sus hombres de esta forma para liquidar a Comorera al cruzar la frontera. Sin embargo, y al sentirse en peligro y vivir con una gran desconfianza, a última hora cambió el empla-

zamiento y se supo que había cruzado la frontera cuando ya llevaba quince días en Barcelona. Ante la imposibilidad de eliminarle, Carrillo, como buen especialista en las acusaciones y denuncias al más puro estilo policíaco, se dedicó a su destrucción moral por medio de infames calumnias. Dirigida por él se abrió en nuestras publicaciones y en nuestra radio una ofensiva de denunciando la presencia de Comorera en Barcelona. En 1954, Comorera es detenido y trasladado al penal de Burgos. En 1957 es condenado a pena de muerte, pero la sentencia definitiva lo condena a 30 años de prisión. Fallece, finalmente, el 7 de mayo de 1958 aún encarcelado.

Heriberto Quiñones González
Nacido en 1907 en Besarabia (la Rumanía rusa), siempre ha estado envuelto de un halo de misterio desde su nacimiento hasta su muerte. Desconociéndose su nombre y procedencia reales, Heriberto Quiñones llegó al Estado español en 1932 como delegado de la III Internacional Comunista con la misión de formar a los cuadros medios del PCE, en el contexto de la preparación para la guerra antifascista y desarrolladas las teorías leninistas, que aciertan a definir a la democracia burguesa como la herramienta de la burguesía para dominar a la clase trabajadora mediante la alienación y concibiendo el fascismo como el as en la manga de la burguesía, sin duda en gestación para cuando la democracia burguesa fallase. A la historia pasaron determinados rasgos innegables de su abnegada militancia como su

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sorprendente capacidad para pasar desapercibido pese a ser un importante cuadro comunista, o su férrea disciplina que ni las más brutales torturas de los fascistas, una vez terminada la guerra, consiguieron doblegar. Heriberto llegó como delegado de la Komintern, y no por ello gozó de una vida de elitismo, todo lo contrario; se valió de su esfuerzo para ganarse la vida de forma humilde sin ayudas ni sueldos desorbitados procedentes del PCE. Desarrolló su labor revolucionaria en Asturias, Valencia, Mallorca, Menorca, Cataluña y Madrid. Políglota y revolucionario de oficio, fue un “sin patria” experto y se valió de decenas de identidades y acentos distintos para eludir la represión burguesa. En 1936, al estallido de la guerra en la que se confirmó que el fascismo no es más que un cambio en la táctica de la burguesía para mantener su poder, Heriberto se encontraba en Mallorca, a diferencia de otros supuestos cuadros “comunistas” (hecho que sin duda jamás le perdonaron), decidió no huir de la guerra y luchar contra la burguesía española hasta sus últimas consecuencias. Desde Mallorca viajó rápidamente a Menorca para la organización de labores revolucionarias ante la guerra antifascista. Desde Menorca, se trasladó nuevamente a Valencia para continuar desempeñando su trabajo, donde fue capturado por el Bando Nacional (conglomerado de la Iglesia Católica, la Falange y el Ejército, en defensa de los intereses de la burguesía estatal), sin que estos llegasen nunca a conocer la verdadera identidad e importancia de Heriberto.

Encarcelado en el campo de concentración de Albatera, consigue escapar en una muestra más de determinación y sacrificio, y en lugar de huir lejos de la guerra decide dirigirse a Madrid para la reconstrucción del Partido Comunista desde las bases, en un contexto en el que la represión, el terror y la cobardía diezmaron al PCE dentro del Estado español, encontrándose a sus mayores cargos como Carrillo o La Pasionaria lejos del fuego enemigo y de la organización del partido de vanguardia. Heriberto consigue, en un marco completamente adverso, reorganizar al partido en la clandestinidad dentro del Estado español ¡en apenas un año!, y por ello, la cobarde y revisionista dirección del PCE en el exterior, encabezada por la ya mencionada camarilla Carrero-Ibárruri, puesta en evidencia por un heroico militante que a diferencia de ellos, rehuyó la fama, decide vender a Quiñones a los fascistas, delatándole un compañero a la policía franquista en Madrid. Esta vez, Quiñones fue sometido a innumerables y brutales torturas, durante las cuales trataron de obligar a Quiñones a darles información sobre sus compañeros, sobre el PCE en el interior y el exterior, sobre su verdadera identidad y actividades revolucionarias, llegando incluso a partirle la espalda por diversos puntos sin obtener de él la menor información dejándole, con esto, inmovilizado de cintura para abajo. La frustración de los fascistas se hizo evidente, pues no encontraron en Quiñones a un

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cobarde ni un traidor, tras no conseguir de ningún tipo de información en las sesiones de tortura, fue sometido a un juicio sumarísimo, en el que a ciencia cierta los fascistas esperaban que Quiñones se derrumbase y les proporcionase información sobre aquellos que le traicionaron en busca de venganza y piedad, o bien tratase de negar todo en un intento desesperado por salvar su pellejo. Quiñones decidió no darles la más mínima satisfacción a los fascistas y en el juicio declaró orgullosamente, y sin haber proporcionado la menor información hasta el momento, que él era el responsable de la organización del Partido Comunista en el interior, admitiendo así su culpa y condenándose sin remedio ante la rabia de los fascistas a la ejecución. Antes de ser fusilado gritó, orgulloso hasta el final, “¡Viva la Internacional Comunista!”.

Quiñones, que como bien le dijeron los fascistas fue delatado por un compañero a las órdenes de la directiva del PCE, fue expulsado del partido días antes de ser capturado en Madrid, según la dirección por ser “agente británico” y tratar de reorganizar el partido en el estado desde las bases, demostrando así que continuaría la lucha con la dirección del PCE o sin ella. Fue restituido a título póstumo como miembro del PCE en 1986, arraigado ya el carácter revisionista y oportunista del PCE, en un intento por reclamar para sí una heroica figura de la lucha revolucionaria a la que ellos mismos condenaron a ser brutalmente torturado y finalmente asesinado.

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Estado Español y Caracterización del mismo
En el Estado español la cuestión de la caracterización de este puede resultar complicada dado que en 1939 la burguesía encarnada en el fascismo y liderada por la iglesia, el ejército y la Falange (una organización fascista posteriormente reprimida por las élites del nuevo régimen), toma el poder tras tres años de guerra civil contra el Estado republicano, encabezado por una coalición de comunistas, anarquistas y diferentes fuerzas progresistas. Esta dictadura fascista, a diferencia de otros símiles en Europa, no desaparece tras la Segunda Guerra Mundial, si no que consigue, amparándose en el anticomunismo, una válvula de escape durante la guerra fría facilitada por potencias capitalistas como Estados Unidos. En 1975, el Estado fascista español, encabezado hasta el momento y desde 1939 por Francisco Franco, y propiciado por su próxima muerte, inicia un proceso de más de 10 años por el cual por el cual la burguesía y los colaboradores hasta el momento con el Estado fascista (cargos judiciales, policiales, políticos, militares, clericales, etc.) continuarían en una situación de privilegio económico y legal, pero integrados en un nuevo Estado democrático burgués, donde la nueva herramienta de dominación no sería el terror, sino la alienación de las masas. Con la salvedad de que este nuevo gobierno “democrático” estaría empapado de los elementos y folclore fascistas, además de una imperturbable política de olvido hacia los crímenes cometidos por los fascistas, algunos de ellos cargos públicos aún hoy en activo. Esta transición, rara vez analizada por los partidos revisionistas del Estado español, supone históricamente una elección estratégica de las mismas fuerzas reaccionarias de la burguesía para perpetuarse en el poder, esta vez, y a diferencia de 1939, mediante la implantación de una teórica monarquía democrático-burguesa elaborada por los propios fascistas, con la seguridad de cerrar la puerta a los procesos judiciales en torno a los fascistas, y asegurando la participación y monopolio de las instituciones políticas por parte de estos mismos. Para poder abordar una cuestión tan complicada y en la vorágine del movimiento comunista en el Estado español necesitamos analizar qué es un estado, su composición y su método de dominación.
El Estado — dice Engels, resumiendo su análisis histórico — no es, en modo alguno, un Poder impuesto desde fuera a la sociedad; ni es tampoco ‘la realidad de la idea moral’, ‘la imagen y la realidad de la razón’, como afirma Hegel. El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado con sigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso se hizo necesario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del ‘orden’. Y este Poder, que brota de la sociedad, pero

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que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado El estado y la revolución (Págs. 177 y 178 de la sexta edición alemana). Lenin

nizadas, mediante el uso de la violencia revolucionaria de las masas comandadas por el Estado Mayor de la clase obrera: el Partido Comunista. No llegará, así pues, mediante reformas, como pretendiera vendernos el “eurocomunismo”, sino destruyendo el aparato burgués y construyendo un nuevo poder proletario, la Dictadura del Proletariado. El Estado socialista en el cual la clase obrera necesitará reprimir a la clase burguesa si pretende sobrevivir al imperialismo y sus innumerables estrategias para perpetuarse en su hegemonía. Para esclarecer más todo esto citamos a Lenin:
Si el Estado es un producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase, si es una fuerza que está por encima de la sociedad y que “se divorcia cada vez más de la sociedad”, es evidente que la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del Poder estatal que ha sido creado por la clase dominante y en el que toma cuerpo aquel “divorcio”. El Estado y la Revolución. Lenin

El estado es entonces la opresión de una clase, la dominante, sobre otra, la dominada. Es el fruto del carácter antagónico e irreconciliable de los intereses de ambas clases sociales, y surge como método de dominación de una clase sobre otra con la intención de mantener y beneficiarse de esa dominación. Así pues, el estado no es algo por encima de las clases, algo de todo el pueblo, es fruto del desarrollo humano y surge ante la necesidad de mantener una dominación de una clase sobre otra. En este artículo nos centraremos en el Estado burgués, es decir, en la dictadura del capital en la que vivimos actualmente, en la dominación de la burguesía a la clase obrera, en la cual el Estado burgués español intenta mantener la paz social, lo que provoca que se mantenga el orden establecido y la dominación burguesa sobre la clase obrera. Como la historia ha sabido demostrar a aquellos con las herramientas para analizarla la toma de poder por parte del proletariado no vendrá de forma pacífica; nadie regala la superestructura del Estado de forma gratuita, nadie ha renunciado ni renunciará a sus privilegios e intereses sin ofrecer una feroz resistencia, no vendrá como un proceso democrático de masas en el que los burgueses nos entregarán las llaves de sus palacios y de sus fábricas, sino que se alcanzará como fruto de luchas encar-

Centrémonos ahora en las fuerzas represivas del Estado:
“En comparación con las antiguas organizaciones gentilicias (de tribu o de clan) — prosigue Engels -, el Estado se caracteriza, en primer lugar, por la agrupación de sus súbditos según las divisiones territoriales”. . . A nosotros, esta agrupación nos parece ‘natural’, pero ella exigió una larga lucha

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contra la antigua organización en ‘gens’ o en tribus. “La segunda característica es la instauración de un Poder público, que ya no coincide directamente con la población

vían a los intereses de la burguesía. Desde una perspectiva marxista existen por ahora, dos tipos de dominación de la burguesía, la democrática y la autoritaria. La dominación “democrática” es la mejor envoltura que puede existir dentro del capitalismo para la burguesía, mantiene su poder por medio de la alienación que puede ejercer sobre el proletariado, controlando el Estado y todos sus recursos, como son el control de la educación o la posesión de todos los medios de comunicación relevantes. En la democracia burguesa también existe por supuesto la represión, pero nos centraremos en esto con posterioridad. En dicha dominación “democrática”, el Estado burgués organiza cada cierto número de años “elecciones libres”, lo que en hechos se traduce en dos partidos que se reparten el poder simulando que son opciones distintas cada uno con su propia línea política, cuando en realidad son idénticas; perpetúan y dan legitimidad al sistema “democrático” capitalista. Ningún Partido de fuera del sistema tiene posibilidad de llegar al poder, ya que pese a las constantes incoherencias y contradicciones del sistema, la brutal campaña electoral que este bipartidismo realiza, sustenta la reelección basada en un concepto metafísico como es el del “mal menor”. Y en el caso de que llegase otro partido ajeno a esta “órbita” se le intentará comprar, con la certeza de que si no se suma a la “reacción” se recurrirá a una dominación no democrática para mantener a la burguesía en el poder. Como afirmaba Engels, el sufragio universal no es más que un termómetro para medir el índice de

organizada espontáneamente como fuerza armada. Este Poder público especial se hace necesario porque desde la división de la sociedad en clases es ya imposible una organización armada espontánea de la población… Este Poder público existe en todo Estado; no está formado solamente por hombres armados, sino también por aditamentos materiales, las cárceles y las instituciones coercitivas de todo género, que la sociedad gentilicia no conocía[…]” El Estado y la Revolución. Lenin

El modelo de la población organizada espontáneamente como fuerza armada no es posible ya desde la instauración de las clases sociales, las contradicciones entre las clases sociales concluirían siempre en confrontaciones armadas. Por ello, se hizo necesaria la creación de fuerzas especiales que protegieran los intereses de la clase dominante, pero como afirma Engels, no solo hombres armados y dispuestos a reprimir a la clase obrera, sino todo tipo de aditamentos, cárceles, organizaciones alegales, etc., que antes no se conocían. Cuando el proletariado derroque a la burguesía deberá crear nuevas fuerzas represivas al servicio de la clase obrera y depurar las anteriores que ser-

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conciencia de la clase obrera, y que en la fase actual no va a ir a más:
El fascismo en el poder, camaradas, es, como acertadamente lo ha caracterizado el XIII Pleno del Comité Ejecutivo de la InLa omnipotencia de la “riqueza” es más segura en las repúblicas democráticas, porque no depende de la mala envoltura política del capitalismo. La república ternacional Comunista, la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero. La ofensiva del fascismo y las tareas de la internacional en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo. Dimitrov

democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo, y por lo tanto el capital, al dominar (a través de los Pakhinski, los Chernov, los Tsereteli y Cía.) esta envoltura, que es la mejor de todas, cimenta su Poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa, hace vacilar este Poder. Hay que advertir, además, que Engels, con la mayor precisión, llama al sufragio universal arma de dominación de la burguesía. El sufragio universal, dice Engels, sacando evidentemente las enseñanzas de la larga experiencia de la socialdemocracia alemana, es “el índice que sirve para medir la madurez de la clase obrera. No puede ser más ni será nunca más, en el Estado actual.” El Estado y la Revolución. Lenin El desarrollo del fascismo y la propia dictadura fascista revisten en los distintos

El método de dominación no está solo basado en la alienación, la cual se sigue produciendo, sino que su elemento principal para mantener a la burguesía en el poder es el uso del terror contra la clase obrera y especialmente contra su vanguardia; el Partido comunista. Con el fascismo la burguesía intenta adelantarse a las fuerzas de la revolución. No es un poder por encima de las clases, es el poder del propio capital financiero envuelto en un discurso supuestamente obrerista y patriota.

El método de dominación autoritaria, en este caso el fascismo, citando a Dimitrov, es más que un simple cambio de gobierno: es la sustitución de un método de dominación de la burguesía, el democrático, por otro, el autoritario, la dictadura terrorista abierta.

países formas diferentes, según las condiciones históricas, sociales y económicas, las particularidades nacionales y la posición internacional de cada país. En unos países, principalmente allí, donde el fascismo no cuenta con una amplia base de masas y

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donde la lucha entre los distintos grupos en el campo de la propia burguesía fascista es bastante dura, el fascismo no se decide inmediatamente a acabar con el parlamento y permite a los demás partidos burgueses, así como a la socialdemocracia, cierta legalidad. En otros países, donde la burguesía dominante teme el próximo estallido de la revolución, el fascismo establece el monopolio político ilimitado, bien de golpe y porrazo, bien intensificando cada vez más el terror y el ajuste de cuentas con todos los partidos y agrupaciones rivales, lo cual no excluye que el fascismo, en el momento en que se agudiza de un modo especial su situación, intente extender su base para combinar -sin alterar su carácter de clase- la dictadura terrorista abierta con una burda falsificación del parlamentarismo. La ofensiva del fascismo y las tareas de la internacional en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo. Dimitrov

Todo esto, sin embargo, no disminuye la significación del hecho de que, antes de la instauración de la dictadura fascista, los gobiernos burgueses pasen habitualmente por una serie de etapas preparatorias y realicen una serie de medidas reaccionarias, que facilitan directamente el acceso del fascismo al poder. Todo el que no luche en estas etapas preparatorias contra las medidas reaccionarias de la burguesía y contra el creciente fascismo, no está en condiciones de impedir la victoria del fascismo, sino que, por el contrario, la facilitará. La ofensiva del fascismo y las tareas de la internacional en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo. Dimitrov

La lucha contra la “fascistización”, es decir, contra la implantación gradual del fascismo y sus medidas reaccionarias que facilitan su implantación y auge entre las masas, es algo obligatorio. El fascismo no es algo que se instaure de la noche a la mañana: es un proceso en el cual hay una serie de etapas previas frente a las que hay que luchar. Así pues, disponemos de las herramientas para caracterizar al Estado español; estamos frente a un Estado imperialista situado dentro del bloque imperialista europeo, un Estado homólogo a cualquier otro país imperialista europeo, como pueda ser Alemania, Italia o Francia. Nos encontramos entonces ante un Estado capitalista con dominación burguesa, cuya principal herramienta para mantenerse en el poder es la alienación, por lo que podemos hablar de una do-

Como podemos ver, el fascismo no tiene una sola forma, es un método de dominación burguesa y puede adaptarse si no tiene el suficiente apoyo de las masas, para intentar jugar a la pantomima democrática con la única intención de reunir fuerzas para intensificar el “ajuste de cuentas” con la clase obrera y su vanguardia revolucionaria. Por último antes de abordar el análisis de nuestra situación estatal debemos explicar el fenómeno de la “fascistización”. Dimitrov lo define como las etapas previas a la implantación del fascismo.

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minación democrática de la burguesía, es decir, vivimos en una “democracia” burguesa. Sin embargo, y para no caer en el simplismo del que pecan otras organizaciones revisionistas del Estado español que se aventuran a catalogarlo como “democracia burguesa” o “dictadura fascista” de forma excluyente, hay que tener en cuenta que las fuerzas represivas que nos oprimen, el endurecimiento de las leyes y condenas, el estado de excepción en Euskal Herria, la represión en las últimas huelgas y movilizaciones, etc., marcan una tendencia hacia el futuro de una posible implantación del fascismo si la crisis se agudizara y aumentaran las posibilidades de un estallido revolucionario. Todo ello significa que nos encontramos ante un proceso de “fascistización” del Estado ante el cual debemos, no solo prepararnos para combatirlo, sino analizarlo adecuadamente para evitar así el riesgo de propiciarlo. Dentro del Movimiento Comunista en el Estado español, se tiende por parte de cierta gente a generalizar, afirmando que prácticamente todo es fascismo, posición ya corregida por la Internacional Comunista hace muchos años, cuando se cayó en el error de cataloga a todo lo que se relacionase con la “reacción” como ‘fascismo‘, incluyendo a la so-

cialdemocracia. Este es un error izquierdista, que demuestra la incapacidad a la hora de interpretar la realidad actual del Estado español y el contexto histórico internacional. Otra forma de justificar la supuesta continuación del fascismo en el Estado español es la afirmación de que no hubo ruptura democrática y que vivimos un franquismo sin Franco, que la transición fue un invento. Efectivamente, no hubo una ruptura como tal, pero sí hubo una reforma, que a pesar de la resistencia que por parte de ciertos destacamentos se presentó, terminó siendo un éxito para la burguesía que ya no podía mantener su dominación autoritaria debido a la agudización de la lucha de clases. Por ello comenzó, ante la posibilidad de que se produjera un auge revolucionario, a estructurar una reforma que homologara España con el resto de países imperialistas que experimentaron el fascismo en Europa, los cuales sí depuraron a los responsables fascistas en un intento por desligarse de estos ante las masas. La transición fue una estafa, pero es indiscutible que fue un éxito estratégico para la actual clase dominante, la burguesía.

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