Daniel Medvedov

T S
RIO

Lo Visinvisible
Nuevos descubrimientos sobre Dios


Madrid 2009 / 2016

Antes de hablar sobre un tema como “Dios”, con mayúscula, hay que saber ciertas
cosas triviales: que es Dios, como es Dios, quien es Dios y con que se ocupa durante la
mayor parte del tiempo. Es absurdo dar por sentado el hecho de que Dios es “algo’ ya
conocido y definido, y, por ende, familiar a todo el mundo.
Dios es desconocido por la mayoría, es un poder ignoto, ignorado y manoseado
por religiosos, científicos, literatos y otros tantos arrimados a los temas místicos que la
humanidad entera ha tragado durante miles de años.
La primera experiencia que solicito al que lee estas palabras es tocar su arteria
radial de la mano izquierda y tratar de descubrir y sentir el pulso de su propio cuerpo.
¿Que supones que es eso? ¿Un movimiento tuyo? ¿Algo que puedes controlar?
¿Algo en lo cual puedes intervenir? ¿Algo que tiene que ver con tus decisiones
mas profundas? Pues no, nada puedes hacer allí, estas fuera de toda implicación en el
movimiento de ese maravilloso reloj de la vida.
Otro tema que me hace sonreír es el uso de los distintos términos que tienen que
ver con nuestra dimensión humana. La gente habla del ”alma’, del “espíritu”, de la
“consciencia” de la “razón”, de la “intuición”, del “Ser”, del “ego”, del “destino” y de
otras cosas más.
Ninguno tiene idea de lo que está diciendo. Son todos unos auténticos monos
chachareando sobre conceptos y nociones que no comprenden y, lo más curioso, todos
tratan de convencer a los demás para hacerlos compartir sus absurdas opiniones.
¿De donde sabes eso?- preguntan algunos, cuando les hablo de Dios.
¿Esta científicamente demostrado?
Una teoría es una explicación de hechos desconocidos. Ofrece postulados que
declaran y afirman categóricamente una perspectiva de los hechos que tú, no comprendes,
y desde la cual se pretende abrir la contemplación de todas las cosas.
La teoría proviene de un saber, no es un conocimiento adquirido por la lectura, o
por conversaciones con eruditos de la materia, o a través de la experiencia. Una teoría no
es un cúmulo de opiniones sobre un hecho.
La mayoría de la gente busca y se contenta con meras descripciones de los hechos
y toda descripción es un sector reducido de la lectura personal del mundo. No me
interesan las opiniones de los demás y no las respeto.
Respeto la visión del sabio y la adopto como mía, puesto que para los despiertos
existe un sólo mundo, el plano de la realidad temporal del momento, no un ángulo
reducido de los hechos. En cambio, los dormidos poseen cada uno, su mundo particular
en el cual se ahogan en las olas de sus opiniones.
Por respetar las opiniones de todos los paracaidistas, el mundo de hoy es un
florilegio de disparates que nada tienen que ver con la verdad de las cosas. Pues si, “la
verdad de las cosas”, así mismo, como se oye.
La verdad es un principio universal y como todos los principios universales, esta
inscrita en los cromosomas humanos. Por lo tanto, todos tenemos acceso a la verdad y
todos podemos intimar con el proceso de verificación de los principios universales.
Esto que acabo de afirmar no necesita, de momento, ser “demostrado
científicamente’.
Es un postulado de veracidad que tiene, y debe ser tomado en cuenta, como tal.
¿Es acaso una hipótesis? - me pregunta alguien.

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No, no, no es una “hipótesis de trabajo”, es una declaración de certezas y de
motivos y por tanto, no tiene que ser considerado como un hecho hipotético que se debe
demostrar en laboratorio. Otros se encargarán de “demostrar” la visión del sabio, otros
lucharán para catalogar y hacer valer la verdad del visionario.
Algunos dirán que el pulso es la “naturaleza”. ¡Bello eufemismo! No necesitamos
de eufemismos. Si es la ‘naturaleza”, pues vamos a llamar a lo “sublime” -“naturaleza”,
¿Que más da?
Pero es que el término “naturaleza’ es igual de desconocido y malentendido.
Llegaremos al mismo impasse. Necesitamos claridad, más claridad, madurez, más
madurez. Debemos despertar de este sueño algún día y sentirnos realizados, imbuidos de
la realidad de los hechos.
La “realidad” es otro de los términos claves para
comprender la existencia de Dios. Lo podemos entender al contemplar un dado. Las seis
caras del dado son posibilidades de manifestación de la “realidad”. Cada una de las seis
puede ‘salir”, es decir tomar veracidad para ser considerada y actualizada. Sólo la cara
superior es la que ‘gana”, ninguna de las demás cinco.
Pero cada una de las demás puede, a su vez, “salir” y “ganar”. Las caras opuestas
en un dado suman siete. Este simple hecho es ignorado por muchos. ¿Por qué siete? Es
simplemente un modo de presentar las cosas.
Ésta suma, un número como cualquier otro, demuestra la existencia virtual de
“algo” que no se encuentra en ninguna de las caras del dado, en ninguna de esas “seis’
realidades. Esta “dentro”, o “fuera”, como lo quieras ver, es irrelevante, “dónde” se
encuentra el siete.
Pero allí está, para decirte que hay algo que no se ve pero existe,
prístino, completo, intocable, eterno.
¿Te habrás preguntado alguna vez por qué se ofrecen veintiuna salvas para recordar a los
muertos?
Ese numero, veintiuno, es la suma de todas las “realidades” posibles, las seis caras
del dado que, una vez ido, pues, ya no puedes tocar: uno, más dos, más tres, más cuatro,
más cinco, más seis. Otro dado será arrojado en las mesas del mundo. ¡Otro dado
cantará!
El “alma” no es una entidad particular, como lo es el Ser. El alma es una cantidad,
un combustible que se consume, la energía misma de la vida, la vida misma.
Cada Ser posee una “cierta” cantidad de “alma’ y cuando ello se consume, el Ser
queda libre para recibir una nueva “alma”, una nueva cantidad de “vida”, para ir adelante
en su incansable y eterno existir.
Nosotros somos el Ser y como tal, vivimos, soñamos, nacemos, morimos,
sufrimos, gozamos y todo lo demás.
Imagínate un coche:
tiene su chofer – El Ser
tiene su combustible – el Alma
tiene su modelo (VW, BMW, Mercedes Venís, Ford, etc.) – el Ego, o, digamos la
Persona misma, con su nombre y su cuerpo visible.
Cuando el combustible de la persona se consume, el coche ya no puede andar y,
eso es seguro, el chofer debe bajar del coche y buscar otro coche.


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Pues, la Naturaleza, eso que tú llamas “naturaleza”, con minúscula, se encarga de
ofrecerte un nuevo “coche” en el mismo instante de bajar, del que ya no sirve.
No hay ni un solo instante en el cual nosotros, como seres, dejemos de estar vivos.
La vida es continua, eterna, perpetua y no intermitente. No me importa lo que dicen los
tibetanos, cada cual mira estas cosas a través de su niebla y el emitir opiniones sobre lo
desconocido, es una actitud digna, pero infantil. Como he madurado, dejo los juguetes
para los que todavía son niños.
El empeño de algunos científicos contemporáneos de denigrar la existencia de
Dios, una palabra que ellos consideran como prototipo de superstición, e imbecilidad
moderna, es equivalente a negar la existencia del Sol en el cielo.
“El Sol es un concepto que no existe’- afirman, o “ El Sol no es más que una
superstición”. Para un niño, estas polémicas son risibles: lo que se ve y se siente es algo,
no solo real, sino tangible, presente, bello y único.
¿Pero quién es Dios? Me voy a embargar en esta explicación y trataré de hacer las
cosas más sencillas, con el cuidado de no entrar en meras descripciones.
Sabes, para los físicos contemporáneos, lo único que hay detrás de todo lo visible
ye d lo invisible, es una onda electromagnética cuyos diferentes longitudes generan
mundos distintos, planos distintos, visiones y acciones distintas.
Ellos llaman a esos planos, ‘espectros”, porciones de realidad. Tienen razón. Hay
porciones visibles, otras sólo audibles, otras sensibles, como el calor, que a su vez puede
ser también visible, en la zona del infra-rojo, o en la zona del ultra-violeta.
Esta única y continua onda electromagnética no es otra cosa que el Alma del
Mundo, la Energía de la Vida, la famosa Ánima Mundi de los alquimistas.
Tal onda puede manifestarse como sustancia, latiendo con pulsos que pueden, o
no, ser percibidos.
Hay una gran diferencia entre la “materia” y la “substancia”. La “materia” no
tiene vida, en cambio, la “sustancia”- los griegos la llamaros “ousia”-(esencia), la
“substancia” está viva.
Nuestro cuerpo físico es sustancia viva y no materia inerte, todos lo sabemos. Por
otra parte, lo que infunde vida a nuestro cuerpo es ésta misma energía vital que desde
siempre se ha llamado “alma”.
No obstante, la cualidad de este combustible requiere de un octanaje mayor,
digamos máximo: no es posible volar un avión con un combustible de bajo octanaje. Por
lo tanto, digamos que el “octanaje” de nuestra “alma” – energía humana, lo que se ha
llamado en términos místicos “espíritu”, es máximo en la humanidad.
El “espíritu” no es más que el “alcohol” (así se traduce en árabe el concepto de
“espíritu”, presente hasta en las bebidas “espirituosas”) de las cosas vivas, con sus
valores y sus potencias.
¡Qué bella palabra es la “transustanciación”!
En griego se le llama “Metoúsiosis” – ¡Un “proceso” (-sis) que trasciende y
catapulta a las “cosas” en un plano que se encuentra “más allá de la esencia” (ousia) !
Pero, ¿Qué es el “espíritu’ humano? Es Luz, luz brillante y perpetua, como la luz
del Sol mismo, si desean una analogía! Ya sé que algunos dirán que el Sol puede perder
su luz en algún momento del tiempo cósmico.

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Es cierto, el Sol, lo que llamamos nosotros “Sol” puede dejar de ser ‘Sol”, como
objeto cósmico, pero la Luz del sol ¡Jamás desaparecerá ¡.El Sol no es más que la Luz
cósmica enfocada en ese preciso punto de nuestro universo, y no la esfera misma del Sol.
Ese ‘foco’ puede formarse y concentrarse en otro punto del universo y entonces,
¡Llamaremos “Sol” a ese preciso punto, y no al antiguo “Sol” que ya no brilla!
Parte de esa luz solar, una partícula (en griego “-ema”) un phosphema, es nuestro
Ser, nuestro verdadero Ser.
La persona no es más que la máscara que cubre la luz del Ser, el modelo del
coche conducido por el chofer (el Ser) y movido por el combustible (el alma).
Esas tres “cosas”, la Luz (Espíritu del Ser), la Energía del Ser (El Alma) y la
sustancia Viva – llamada Almateria, o “Materia Viva”, o “Substancia”, son las
“porciones” – para llamarlas de alguna manera, que constituyen lo que nosotros
llamamos “Dios”.
Dios es Luz, Sonido y Substancia. Tanto la Luz, como la Substancia, son
hipóstasis del Alma-Sonido-Energía.
La Energía puede “substancializarse’ a través del proceso llamado
”transustanciación” y, a la vez, puede “sutilizarse” y aparecer en forma de Luz. Tal
proceso solo se realiza en los seres humanos, jamás en los animales.
Todos los animales son perfectos, criaturas extraordinarias que no necesitan
“evolucionar” hacia una forma distinta, ya que la perfección no tiene grados, es suprema.
No existe un organismo “más” perfecto que otro.
El Ser Humano es la criatura que posee Luz, Alma y Sustancia, mientras que todo
lo demás en el cosmos sólo posee “parte” de la totalidad de las tres dimensiones, la
Lumínica, la Anímica y la Substancial.
Los antiguos, como Heráclito, llamaban a la Energía “Logos”, y estaban en lo
cierto. Lo único que existe es el Logos, la Energía. Esa Energía puede transfigurarse en
Substancia y, a la vez, “sutilizarse” en Luz.
Por tanto, tu Ser es Luz, tu Vida es Energía, y tu Cuerpo es substancia Viva. Osar
decir todo eso es crucial.
Para que exista ‘ciencia” es necesaria una ontología, un
conocimiento del Ser. Se ha propuesto algo increíble: algunos biólogos franceses
sugieren que el mono proviene del hombre, como producto de una escisión de uno de los
cromosomas. Por ello, el mono posee cuarenta y ocho cromosomas en vez de cuarenta y
seis, el número de los cromosomas humanos.
Esta visión no esta lejos de la aseveración del Popol Vuh de los Maya-Quiches,
que consideran a los monos una degeneración de los humanos, por “haberse rebajado la
condición de su sangre”.
La Luz Cósmica posee la misma cualidad de la Luz de los humanos, y la Energía
que infunde vida en el cosmos entero, posee la misma cualidad de la Energía Vital de los
humanos. Por último, la Sustancia Viva del Cosmos entero posee las mismas cualidades
que nuestro cuerpo físico.
¿Es acaso necesario hablar de esa manera? Afirmativo, diré, emulando a las
comunicaciones por radio de los policías, en el mundo entero.

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Sí, es imprescindible usar todos estos términos y declaraciones. Sin ello, una
cantidad de palabras, que, por cierto, son usadas por amigos de tales conceptos, como
también por los enemigos mismos de la visión de la existencia de Dios, se transformarían
en armas afiladas elevadas en contra de nuestras propias afirmaciones.
Como consecuencia de estos postulados, el Cosmos, para no llamarlo
‘Naturaleza”, es el propio y el mismo Dios, sin hablar de la inevitable aseveración acerca
del ser humano: parte del Cosmos, la humanidad es parte, “cuerpo”, “alma” y “Ser”, de
Dios, una idea antigua, nada original.
Debido a que los humanos son Dios mismo, no necesitaron ser “creados” ya que
algo ya existente, existe implícitamente.
Por otra parte, tampoco se trata aquí de una instancia parecida a la célebre frase
de una conocida serie televisiva: “esta grabación se destruirá a si misma en los próximos
cinco segundos”.
El ser humano y éste cosmos visible no ha sido creado jamás por ningún dios, o
dioses, es eterno e infinito, y su vida late con medidas, expandiéndose y contrayéndose
según las necesidades del cambio, el único proceso que mueve los universos, las galaxias,
y los seres humanos.
Hasta aquí, no hemos intervenido en la ontología del ser, para no introducir
conceptos éticos de crucial significación. No existe la categoría de “lo malo”.
Este término es tan solo un virus en el lenguaje, cuya presencia no hace más que
denigrar y atacar a la existencia del principio universal llamado “Bondad” y “Lo Bueno”,
o “El Bien”. Este principio universal se manifiesta a través de dos variantes, “Lo
Positivo” y “Lo negativo”.
La diferencia de potencial que produce el juego entre lo “positivo“ y lo
“negativo” , marca las acciones humanas y sus consecuencias, tanto positivas , como
negativas.
Por lo pronto, lo que se ve con claridad es que, tanto lo “positivo” como lo
“negativo”, son “buenos”. Es lo mismo que ocurre con el principio universal de la
“Justicia”: sus dos variantes complementarias, “Lo Cierto” y “Lo Falso” son, igualmente,
“justas” y no sólo “verdaderas”.
Tan “justo” es lo “falso”, como lo es “lo cierto” y, a pesar de los lógicos, diremos
que el principio de la “Verdad” posee otros operadores complementarios.
La “Verdad” está operando con “La Realidad”, y no con certezas, o falsedades.
Para traer algo nuevo en este mercado de banalidades, sugiero llamar a Dios con
otro nombre. Esta táctica parece producir tranquilidad en el ánimo de los buscadores,
aunque tenga un efecto placebo.
En el tercer milenio, el nuevo nombre de Dios es TRIOS, el “ternario” (Luz,
Sonido, Substancia). Quienes no están conformes con ese nuevo nombre, que lo llamen
“Lo Inefable”, “Lo Innombrable”,“Lo Sublime”, “Lo Inaccesible”, “Lo Insondable”.
En cuanto a la teoría del Bing-Bang, digamos que debería llamarse “Teoría del
Bing-Bang-Bing-Bang-Bing-Bang . . . ”, para designar un pulso cósmico de sístoles y
diástoles. Ello no estaría fuera de la realidad perpetua del cambio.
Para mas información, ver mi texto ARQUETIPO LOGIA, publicado en Libro de Notas
y un otro texto EL CÓDIGO GENERAL DE LAS LENGUAS, en el mismo lugar.

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