Entre Ángeles y Demonios La Daga De Los Mundos Belén Padula

A mis hijos y mi marido. A la memoria de mis padres. ¡Gracias!

1- EL PRÍNCIPE OSCURO -No puedes tener este hijo -le dijo él mirandola de frente -No puedes decirme eso - le contestó ella en tono de súplica. Él bajó la mirada y cerró los puños con fuerza. Sus ojos eran fríos y vacíos de expresión. Desde que la había visto por primera vez sabia que algo iba mal, pero igual no pudo resistirse a poseerla y haciendo caso omiso de su linaje y la situación, había continuado con los encuentros sin pensar en las consecuencias que esto podía traer entre sus mundos. Pasaron por su mente todas las batallas que había comandado y las que vendrían. Eran tan diferentes. Tan distantes. Había un abismo entre ellos pero de todas formas no le había importado desobedecer las reglas. -Tienes que entenderlo - le dijo con una voz profunda y fría - soy un demonio y tú una simple mortal... sabes lo que eso significa... Ella trató de buscar su mirada pero no la encontró. Lo amaba de todas formas y no le importaba que sucediera. Sabía cuan cruel podía ser, pero también sabía que si había sido capaz de amarla durante tanto tiempo era por que ella era importante para él. Debajo del demonio estaba el ángel y ella podía sentirlo cada vez que estaban juntos. -Gêldar por favor - le dijo con dulzura - Sé que me amas -Eso no importa ahora -dijo él dandole la espalda. Por un momento parecía mas alto que lo habitual, sus hombros parecían más anchos y fuertes y sus piernas parecían más musculosas que de costumbre. Estiró una mano y tocó suavemente su

hombro para llamar su atención. Al contacto de sus dedos Gêldar se dio vuelta lentamente con la cabeza gacha. Un mechón de pelo negro como las mismas tinieblas caía sobre sus ojos y no alcanzaba a ver su expresión. Se quedó en silencio un momento para luego acercarse más a él. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, pudo sentir su respiración tan caliente como el mismo infierno y por primera vez desde que supo lo que él era sintió miedo y se apartó unos pasos hacia atrás. Antes de que pudiera poner una distancia entre ellos, la mano de él la tomó con fuerza del brazo y un frío helado le recorrió el cuerpo. Al mismo tiempo Gêldar levantó la mirada y ella pudo ver sus ojos coronados de un aro de fuego. Tan profundos y oscuros como el infierno. Por un instante se quedó sin aliento, trató de soltarse pero no tenia fuerzas para hacerlo, solo se sometió a su mirada de fuego esperando que él dijera algo. - ¿Ves lo que soy? - le dijo con una voz gutural y tan grave que no parecía la de él - No se puede cambiar. ¿Qué piensas que saldrá de tu vientre? ¿Acaso piensas que estaré contigo haciendo mi función de padre como todos los mundanos acostumbran? - Me estás lastimando - dijo casi sin aliento Gêldar la tomó de los hombros tratando de disminuir la fuerza pero apenas si podía controlarse. En otro momento y si ella fuera otra cualquiera del montón de mundanos que no representaban nada para él, la habría convertido en cenizas y se hubiera tragado su alma, pero por alguna razón no podía hacerlocon ella. Nunca había tenido sentimientos de ninguna clase para con otra persona que no fuera de su especie y sin embargo desde que la había visto algo en su interior había cambiado. No sabía nada del amor, ni de la compasión, ni de otro sentimiento mundano y ahora, ante una simple humana, se sentía flaquear. Ella le había enseñado a amar, le había enseñado a sonreír y a extrañar a alguien por primera vez desde que había sido creado, porque los de su estirpe no tenían sentimientos, ni corazón y no sabían lo que era el amor. - Esto soy - le dijo más tranquilo - Soy el príncipe de Argozz y comando legiones de demonios que libran batallas para el reino de mi padre. - Pero me amas ... sé que me amas... - ¡Eres una mundana... que además tiene sangre de ángeles en sus venas! - Nunca te importó eso, como a mi no me importó que fueras... que fueras - ¡Dilo! - le gritó - ¡Un demonio! ¡Es lo que soy y no puedo cambiarlo! Estaban en un campo lindero a una finca abandonada en las afueras de la ciudad. El sol acababa de ponerse, aunque todavía quedaban jirones de violeta, naranja y rosa que le daban un color extraño y bello. Nada hacía pensar que podría desatarse una tormenta, pero el cielo se puso gris de pronto y todo se quedó calmo como si estuvieran suspendidos en el tiempo y éste hubiera dejado de correr, como la calma que antecede a la tempestad. Gêldar miro a su alrededor, los ojos todavía llameantes como el mismo infierno.

- No puedes tener ese hijo - le dijo determinado. - No me importa lo que pase - dijo ella con miedo en su voz - Quiero tenerlo... sé que me amas y es producto del amor que sentimos, no importa si me muero en el intento, pero por favor no me quietes esta felicidad - le suplicó. Él la miró un instante y de pronto sus ojos cambiaron al celeste de hielo de siempre, disminuyendo también la presión que sus dedos ejercían en sus hombros. El aire se puso helado de golpe, al punto de que el aliento de sus bocas se transformaba en vapor. Por alguna razón, que no alcanzaba a comprender, Gêldar no pudo sentir furia y su boca hizo una mueca que intento ser una sonrisa. - Aline - le dijo quedamente - la razón por la que no puedes tener ese hijo es por que morirás cuando des a luz y no sabes que puede salir de esta unión. Ni siquiera sé como pudo pasar esto. Simplemente no debería haber pasado. Soy un Demonio y tu una Nefhilim, serás xastigada por esto y yo también. - Tal vez así debe ser... - No, tú eres una Nefhilim y yo un príncipe demoníaco. No esta bien. Si esa criatura llega a nacer no sabemos que consecuencias puede traer. - No soy Nefhilim. - dijo ella de pronto. - Sí lo eres - dijo él con exasperación - No me crié como tal. Ni siquiera tengo.. No terminó la frase, porque antes de que lo hiciera él colocó un dedo sobre su boca para hacerla callar. - Escuchame bien - le dijo en tono grave - Sabes que te amo... si es que quebrar las leyes de mi mundo y el no desear destruirte es amor - dijo en tono helado - Y por esto que siento contigo debo advertirte: mi padre sabrá de esto aunque no se lo cuente, y cuando eso ocurra puede desatarse una guerra entre mi raza y la tuya. Mi padre no permitirá que ese niño ande por ahí para que sea usado de alguna manera en su contra por los ángeles o alguna de esas criaturas que se refriegan como gatos zalameros a los pies de Dios. Mientras sea un niño, ningún demonio podrá tocarlo, pero cuando sea mayor vendrán por él y yo no podré evitarlo y tu no estarás para protegerlo. ¿Que pasará entonces? Una lágrima rodó por la mejilla helada de Aline sin que pudiera evitarlo. Sabía que él tenia razón, pero estaba segura de que hallaría la forma de proteger a ese niño que venia en camino. Que era una locura ya lo sabía, pero ya estaba hecho y no daría un paso atrás. Pensó en lo difícil que sería enfrentar a su familia. ¿Cómo haría para explicarle a su madre que estaba esperando un hijo de un demonio cuado su padre había muerto en manos de uno? La cabeza comenzó a darle

vueltas y se sintió descompuesta. Desde que su padre muriera, en su casa no se hablaba ni de Dios ni del Diablo, ni siquiera de los Ángeles, el tema de la religión había sido sepultado junto conél y de hecho no había en la casa un solo elemento religioso en ningún rincón. Cuando empezó a interesarse por las cosas sobrenaturales, compró a escondidas una tabla Ouija y empezó a experimentar hasta que un día Gêldar apareció ante ella sin saber como. A partir de ese momento su vida cambió por completo y ya no pudo volver para atrás. Hasta el momento había mantenido oculto todo lo que pasaba, pero ahora era diferente y no sabia como enfrentar lo que sabia que venia. -No lo sé - dijo casi en un susurro - supongo que pensare en algo - Aline... cuando te conocí algo en mi cambio, y desobedecí a mi padre... aunque por mucho que te ame siempre seré leal a él ¿comprendes eso? - Sí... lo sé - Mi naturaleza es... es -No tienes que decirlo - le atajo - Sé quien eres -Entonces no podrás decir que no estas advertida. Lo miró a los ojos como tratando de descubrir algo del fuego que había visto antes, pero solo vio las frías pupilas celestes, como el cielo, de siempre. Ni un atisbo de furia en ellos, nada que hiciera suponer que estaba molesto. Su pálido rostro estaba medio oculto bajo su negro cabello. Sin saber por que, no podía imaginarlo comandando sus legiones, despiadado y cruel, como sabia que debería ser en su reino y de alguna manera supo que este hijo que esperaba, no podía ser un monstruo. Ya estaba hecho ese niño era suyo y de él y nadie podría cambiar lo que pasaba, ni el amor que se tenían. Era verano, sin embargo al rededor de ellos la temperatura era helada, pero no le importó, solo se abrazó fuertemente a él y lo besó tiernamente. Sabía que nada sería igual a partir de ese momento y quiso perderse entre sus brazos para siempre. -Llévame contigo - le dijo -No puedo hacer eso.- le dijo apartándola con frialdad - No esta dentro de las posibilidades. Seré castigado por esto Aline y no me importa, pero llevarte es imposible. Ningún mortal puede ir a Argozz sin morir. La única forma es con una protección y yo no puedo dártela ahora. - Pero tu puedes darme protección... debe haber alguna cosa que se pueda hacer. Se pasó la mano por el cabello al borde de la exasperación. Desde el principio supo que todo era un error y aun así siguió adelante. Sabía que sería castigado por ello. Todo tenía un orden y nada justificaba que hubiese desobedecido una orden de su padre y mucho menos enamorarse de una Nefhilim. Una vez, un ángel se había enamorado de una humana y fue expulsado del reino de Dios; como consecuencia de ello, había nacido una nueva raza mitad ángel y mitad humanos: los

Nefhilim, humanos con sangre celestial. Primero fueron maldecidos y luego, al ver que eran inocentes y que no tenían la culpa de su procedencia, fueron perdonados y se las asignó la tarea de custodiar los portales y capturar todo tipo de demonio que intentara cruzar y devolverlo a su lugar de origen; y así era desde hacía siglos y pasaba de generación en generación. Gêldar sabía que había quebrado todas las leyes de su mundo, y también sabía que nada escapaba a los oídos de su padre, hasta el momento nada se sabía, pero el nacimiento de un ser humano con sangre de demonio de alto linaje mezclada con sangre de ángel no pasaría desapercibido. El mundo mortal estaba lleno de brujos y brujas, hechiceros y chamanes, que siempre estaban metiendo sus narices para averiguar cosas que luego pudieran intercambiar con algún demonio, a cambio de que éste le revelara el secreto de alguna pócima o algún hechizo de magia negra. Sabía que se sabría quizás antes de que el niño naciera. Amaba a Aline visceralmente, casi salvajemente, de manera bestial, no podía resistir su olor, su mirada lo perdía al punto de olvidarse a dónde pertenecía; pero eso solo duraba un instante fugaz, apenas notorio. Pensó en todo los que pasaría y un extraño sentimiento creció dentro de él, algo que no sabía definir, que nunca había sentido ¿era tristeza? tal vez si, no lo sabía. Dejó a un lado lo que sentía y tomó la cara de ella entre sus manos, miró dentro de sus ojos y pudo ver como a través de un cristal. La vio embarazada, luego dando a luz en un lugar limpio y sin ninguna clase de lujos, dos monjas la asistían; la vio sonreír al ver la cara de su hijo y luego cerrar sus ojos; vio a las monjas correr en busca de ayuda y llevarse al niño de allí. Todo pasó en una fracción de segundo, tan rápido y tan claro como el agua, podría haber visto mas si hubiese querido, pero prefirió no hacerlo; prefirió no saber nada del hijo que ella tendría sola y que también era su hijo. - ¿Que sucede? Su voz lo trajo de nuevo al presente como si lo hubieran arrancado con violencia de un mal sueño. - Nada - mintió - Estabas leyendo mi alma, pude sentirlo... ¿qué viste? - Lo que no tendría que haber pasado nunca - le dijo. Sin decir mas la besó casi salvajemente, era una despedida y ambos lo sabían. Cayeron al suelo cubierto de hierba, él sobre sus codos por encima de ella. Hizo a un lado su espada para no lastimarla y levantando la barbilla la observó con los ojos entrecerrados. Todo el fuego del infierno corría por su cuerpo ahora y ella podía sentirlo a través de su piel. Acarició sus hombros y sus fuertes brazos surcados por pequeñas cicatrices. Por encima de su espalda, el cielo se cernía gris y amenazador sobre ellos; de alguna forma se imaginó que así sería siempre el cielo en su mundo. Todo era salvaje en él, su cabello negro semi largo que siempre caía sobre sus ojos; sus ojos celestes tan claros que casi eran blancos, coronados por una espesa linea de pestañas que los hacían resaltar mas aún; su boca fina de expresión dura que casi nunca sonreía; sus manos grandes pero a la vez refinadas con dedos largos y ágiles surcados por pequeñas marcas de cicatrices; su piel pálida casi grisácea con símbolos tatuados que según su estado de ánimo resaltaban individualmente; podía ser dulce si quería, pero la mayoría de las veces le

ganaba su instinto salvaje. De alguna manera Aline sabía que esa era la ultima vez que estarían juntos y quiso gravar en sus retinas su rostro, así que apartó con un dedo los cabellos que cubrían en parte su rostro y lo observó detenidamente. Estaba perdida en su mirada cuando él metió los dedos entre sus cabellos dorados y alborotados para luego llevarselos al rostro y olerlos como un animal huele a su presa para grabarse su olor. Se pegó más a él y justo en ese momento dejó de existir la tierra, el cielo y el mismo infierno para ambos, un remolino de emociones los enredó y ya no supo de nada. Solo que él era suyo y ella era de él. La noche los sorprendió, la oscuridad los rodeó de pronto y ya no importó nada más, solo su cuerpo enlazado al de él. 2- Despertar Estaba parado en la cima de una colina baja y desde allí podía ver una extensión de terreno árido y tan desolado que era imposible pensar que allí podía existir alguna clase de vida. Hasta donde alcanzaban sus ojos todo era igual, sin vegetación, salvo por algún árbol seco que parecía que en cualquier momento se convertiría en cenizas. Al final podía distinguir un barranco profundo, y del otro lado un camino tortuoso que conducía a una ciudad oscura apenas iluminada por antorchas que parecían suspendidas en el aire. Un puente angosto de piedra, sin protecciones, que apenas si mantenía el equilibrio sobre unos pilares que emergían de lo profundo del barranco, unía los dos lados. Estaba ataviado con un pantalón angosto de color negro, de una especie de cuero opaco y resistente pero tan elástico que le daba una libertad de movimiento increíble. Tenía una remera del mismo color y material pero la tela era mas dura, las fibras con la que estaba hecha eran resistentes a cualquier impacto y a la vez eran elásticas. Un cinturón de cuero, que portaba una daga afilada de hoja serpenteante con la empuñadura de oro y obsidiana tallada se ajustaba a su cintura y unas correas con vainas se acomodaban a sus piernas con siete dagas más pequeñas igual de afiladas. De su espalda colgaba una aljaba llena de flechas sostenida por una correa que cruzaba su pecho en diagonal como un morral. Un arco estilo medieval era sostenido por su mano izquierda como si fuera una prolongación de su brazo.El viento era helado y traía una fetidez como de basura podrida que le revolvía el estómago y una extraña y espesa niebla se desparramaba por el suelo. Un chillido como de ave de rapiña, pero más fuerte y estridente, surcó el cielo negro acercándose a él. Apenas tuvo tiempo de sacar una flecha de la aljaba cuando una clase de serpiente con dos cabezas y enormes alas emergió del barranco entre la niebla. Dos enormes patas terminadas en garras como la de las águilas apuntaban directo a él. Cuatro ojos redondos y rojos brillaban en la oscuridad y se hacían más grandes al acercarse a toda velocidad. Todo el cuerpo del animal era negro verdoso y las plumas de sus enormes alas eran de un negro azabache y parecían como si estuvieran desgarradas aunque eso parecía no afectar su vuelo. Rápidamente acomodó la flecha en el arco y apuntó a donde pensó que podía estar el corazón del extraño animal; contuvo la respiración un momento y disparó. La flecha cruzó el fétido aire con una velocidad abrumadora y dio en el blanco arrancando un alarido ensordecedor al bicho, que comenzó a caer sin control. Lo siguió con la mirada pero no tuvo tiempo de ver donde caía aunque estaba cerca, una bandada de esas pestes ya comenzaba a asomar desde el barranco chillando enfurecidas hacia él. Eran demasiadas y no había dondeguarecerse, así que sacó una flecha y disparó al montón derribando a una de ellas, otra flecha salió disparada y luego otra más, y otra. En un instante se vio rodeado de los bichos alados y pestilentes, estaban por todas partes rodeándolo por encima de su cabeza, volaban en círculo como los buitres en vuelo rasante. Tuvo que agacharse varias veces para evitar que lo

derribaran o que lo alcanzaran con una mordida de sus bocas abiertas y llenas de afilados dientes, mientras que trataba de disparar sus flechas. Algo lo golpeó fuertemente por detrás, dejándolo medio aturdido y cayó de rodillas. De inmediato un latido punzante comenzó en la nuca y se extendió por su espina dorsal bañando su cuello de algo caliente y viscoso; estaba sangrando. Trató de incorporarse ayudandose con su arco como si fuera un bastón pero sus piernas no le respondían; el golpe había sido demasiado fuerte, los oídos le zumbaban y no lograba aclarar la vista. Sacó la daga de su cinturón justo cuando uno de esos malditos animales se posaba frente a él, amenazador y furioso. - ¡Mierda! - exclamó Lanzó la daga que se clavó en el pecho del animal y lo vio caer entre la bruma espesa que cubría sus ojos. Sintió otro fuerte golpe esta vez en su espalda, que lo dejó sin aliento y un mareo se apoderó de él; los brazos perdieron su fuerza y el arco cayó al suelo. Intentó levantarse pero su cuerpo se desplomó sin remedio a pesar de que intentaba por todos los medios de ponerse en pié. Sintió que unas garras lo tomaban de las piernas con fuerza y lo levantaban por el aire, pero estaba demasiado débil para oponer resistencia, apenas si podía abrir los ojos. Lo último que vio fue el barranco aproximarse a toda velocidad desde una gran altura. Luego todo se fue a negro. Lo despertó un terrible ardor en la nuca y una oleada de dolor le atravesó de lado a lado la cabeza. Entreabrió los ojos con mucho esfuerzo y trató de mantenerse quieto para que el dolor se suavizara. De pronto una alarma se extendió desde su cerebro a todo su cuerpo, se llevó las manos a la cintura y se palpó las piernas donde deberían estar el cinturón y las correas que portaban las dagas, para comprobar casi con horror que no las tenía. Estaba desarmado. Miro a su alrededor y descubrió que estaba en una especie de celda cuadrada muy pequeña con solo una angosta puerta de gruesos barrotes. Lentamente se incorporó. Primero sobre el costado izquierdo apoyándose en el codo y luego se sentó; estaba sobre el suelo, mareado y aturdido. Miró a su alrededor buscando otra salida y solo vio muros de piedra negra, la celda estaba débilmente iluminada por una antorcha que dejaba filtrar su luz por entre los barrotes de la puerta.Se puso de rodillas y gateando se acercó a la pared del costado, todo le daba vueltas y una oleada de náuseas se amontonaba en su garganta; los muros eran de piedra muy irregulares, por lo que pudo encontrar donde asirse con facilidadpara pararse. Cuando logró ponerse en pié quedó apoyado sobre la pared con el hombro izquierdo y allí se dio cuenta de que le ardía el brazo terriblemente. De inmediato su reflejo fue examinar su brazo para descubrir, con asombro, que tenía una especie de símbolos marcados en la piel como si se los hubiera hecho con un hierro candente. Allí donde tenía la piel enrojecida por lo que parecía una quemadura el ardor era tremendo. Tambaleante se acercó a la puerta y trató de ver algo a través de los gruesos barrotes; de afuera provenía una voz que no podía distinguir con claridad, pero era como un llamado aunque no veía a nadie cerca. El embote de su cabeza era cada vez más grande y la vista se le empezó a nublar, apenas si podía mantenerse en pie, pero la voz era cada vez mas fuerte y más clara. ¿Acaso no decían su nombre? Y esa voz le era familiar. Trató de aclarar su cabeza pero se sumió en una pesadez y se quedo sin fuerza. - Eldar... Eldar...

Unas manos lo sacudían delicadamente. - Eldar... Se incorporó de un salto y miró a su alrededor con ojos desencajados, la luz del día hiriéndole las retinas. Estaba en su habitación y la voz que lo llamaba era la de su tía Alma que trataba de despertarlo. Todo era una pesadilla. ¿Lo era? Había sido tan real. El lugar, su vestimenta, las armas, esos animales espantosos, incluso el fétido aire... - Eldar... ¿estas bien? - le dijo su tía en tono preocupado La miró un momento como si no comprendiera que hacía allí y luego respondió. - Sssii - Estabas gritando... tuviste una pesadilla - le dijo pasandole la mano por la frente llena de sudor – ¿Te encuentras bien? estas un poco afiebrado - Sí tía Alma. Estoy bien... solo que me duele un poco la cabeza... eso es todo. - ¿Estas seguro? - Sí Alma era una mujer de unos cincuenta años de mirada bondadosa y pelo entrecano. Siempre estaba atenta a cada cosa que él necesitara y a veces eso provocaba un fastidio por que se sentía asfixiado, pero sabía que lo hacía por que lo quería, lo había criado y era la única madre que conocía. Siempre estaba preocupada por dónde estaba y con quien, si comía, si se sentía bien; a veces le daba la sensación de que tenia miedo de que le pasara algo. -- Tía... - dijo suavemente - necesito asearme... y vestirme. – Lo siento -dijo ella levantandose del borde de la cama donde se había sentado para despertarlo -- Te prepararé algo de desayunar. – No tengo hambre ahora... solo quiero ducharme. – Debes comer algo. Uno siempre debe desayunar para poder comenzar el díacon... – ¡Tía Alma! - exclamó. – De acuerdo... esta bien... te dejaré para que te duches... pero te prepararé algo... solo una taza de café y unas tostadas. – ¡Tíaaa! - exclamó con toda la ternura que su exasperación le permitió.

– Si, si - dijo la mujer saliendo de la habitación. Exhaló el aire de sus pulmones con fuerza en algo que no supo si era un suspiro o un resoplo de enojo. Se levantó de la cama de un salto y se estiró. Le dolía el cuerpo como si hubiera hecho mucho ejercicio, era como si su pesadilla lo hubiera agotado. Se metió al baño y se despojó del pantalón del pijama y la remera que a veces usaba para dormir y fue directo a la ducha. Ya debajo del agua se enjabonó rápidamente, se sentía cansado y el agua lo reanimaba. Cuando pasó las manos por el pelo para escurrirse el exceso de agua sintió un ligero pinchazo en la nuca, enseguida sus dedos palparon una leve hinchazón. ¿Era posible que se hubiera golpeado sin darse cuenta mientras dormía? Cerró los grifos y salió de la ducha envolviéndose una toalla a la cintura. Se paró frente al espejo y examinó su rostro. Su cabello negro y alborotado por el agua enmarcaba su rostro pálido y cansado,unos círculos oscuros rodeaban sus ojos celestes como el cielo. Instintivamente se llevó una mano a la nuca, recordó su pesadilla mientras palpaba el pequeño chichón y un reflejo inconsciente le hizo mirar su brazo izquierdo. Con horror, sus ojos se posaron sobre unas finas marcas blancas como de quemadura ya cicatrizadas que formaban un extraño símbolo, no había dolor pero allí estaba, tan real como su reflejo en el espejo. Se sintió descompuesto, mareado, tuvo que apoyar una mano en el borde del lavatorio para sostenerse. Volvió a mirar su brazo con detenimiento; las marcas eran finas y perfectas como si se las hubieran trazado con un elemento cortante y candente. Pasó la yema de los dedos suavemente y notó un relieve suave al tacto y un frío cosquilleo le recorrió la espina dorsal. Nunca había visto esas marcas en su vida pero de alguna manera le resultaban familiares, todavía no podía comprender como era posible que parte de su pesadilla se plasmara en el mundo real, pero aparentemente eso estaba pasando aunque no alcanzaba a comprender muy bien como ni porqué. Se apoyó con ambas manos en el lavatorio, tenía el corazón acelerado y necesitaba tranquilizarse. Algo se movió entre los pliegues de la cortina de la ducha. Corrió la tela de un manotazo pero nada salió ni apareció, aunque estaba seguro de haber escuchado algo. Se volvió al espejo y trató de acomodarse un poco el cabello húmedo y de nuevo esa sensación de que algo se movía. Decidido tomó la cortina y la sacudió, una forma pequeña y oscura cayó al suelo. Una cucaracha negra y gorda intentó escapar por detrás del lavatorio, maldijo estar descalzo aún, pero odiaba lascon... – ¡Tía Alma! - exclamó. – De acuerdo... esta bien... te dejaré para que te duches... pero te prepararé algo... solo una taza de café y unas tostadas. – ¡Tíaaa! - exclamó con toda la ternura que su exasperación le permitió. – Si, si - dijo la mujer saliendo de la habitación. Exhaló el aire de sus pulmones con fuerza en algo que no supo si era un suspiro o un resoplo de enojo. Se levantó de la cama de un salto y se estiró. Le dolía el cuerpo como si hubiera hecho mucho ejercicio, era como si su pesadilla lo hubiera agotado. Se metió al baño y se despojó del pantalón del pijama y la remera que a veces usaba para dormir y fue directo a la ducha. Ya debajo del agua se enjabonó rápidamente, se sentía cansado y el agua lo reanimaba. Cuando

pasó las manos por el pelo para escurrirse el exceso de agua sintió un ligero pinchazo en la nuca, enseguida sus dedos palparon una leve hinchazón. ¿Era posible que se hubiera golpeado sin darse cuenta mientras dormía? Cerró los grifos y salió de la ducha envolviéndose una toalla a la cintura. Se paró frente al espejo y examinó su rostro. Su cabello negro y alborotado por el agua enmarcaba su rostro pálido y cansado, unos círculos oscuros rodeaban sus ojos celestes como el cielo. Instintivamente se llevó una mano a la nuca, recordó su pesadilla mientras palpaba el pequeño chichón y un reflejo inconsciente le hizo mirar su brazo izquierdo. Con horror, sus ojos se posaron sobre unas finas marcas blancas como de quemadura ya cicatrizadas que formaban un extraño símbolo, no había dolor pero allí estaba, tan real como su reflejo en el espejo. Se sintió descompuesto, mareado, tuvo que apoyar una mano en el borde del lavatorio para sostenerse. Volvió a mirar su brazo con detenimiento; las marcas eran finas y perfectas como si se las hubieran trazado con un elemento cortante y candente. Pasó la yema de los dedos suavemente y notó un relieve suave al tacto y un frío cosquilleo le recorrió la espina dorsal. Nunca había visto esas marcas en su vida pero de alguna manera le resultaban familiares, todavía no podía comprender como era posible que parte de su pesadilla se plasmara en el mundo real, pero aparentemente eso estaba pasando aunque no alcanzaba a comprender muy bien como ni porqué. Se apoyó con ambas manos en el lavatorio, tenía el corazón acelerado y necesitaba tranquilizarse. Algo se movió entre los pliegues de la cortina de la ducha. Corrió la tela de un manotazo pero nada salió ni apareció, aunque estaba seguro de haber escuchado algo. Se volvió al espejo y trató de acomodarse un poco el cabello húmedo y de nuevo esa sensación de que algo se movía. Decidido tomó la cortina y la sacudió, una forma pequeña y oscura cayó al suelo. Una cucaracha negra y gorda intentó escapar por detrás del lavatorio, maldijo estar descalzo aún, pero odiaba las- No... nunca lo haces. - Como no sabía que regalarte se me ocurrió que lo mejor era darte dinero - dijo Alma extendiendo un rollito de billetes atados con una cinta de raso rojo. Eldar tomó el rollito y sonrió. - Gracias Tía - dijo guardando el rollo de dinero en el bolsillo del pantalón Espero que no sean tus ahorros. - ¡Claro que no!- exclamó Alma a manera de reto suave - ¿qué harás hoy? Seguro vendrá Lyra a saludarte... es tu novia ¿no? - ¡Lyra no es mi novia! Solo somos amigos y.. No sé que haré hoy - dijo casi con enfado. Alma se sentó haciéndole un gesto con la mano que lo invitaba a hacer lo mismo. De mala gana se sentó a la mesa y tomó la taza de café humeante entre las manos, después de todo un poco de café le haría bien. - Te ves cansado. ¿Pasaste mala noche?

- No dormí muy bien... tuve pesadillas... muy... reales - dijo sorbiendo un poco de café - ¿Quieres contarme? - No lo entenderías. - Inténtalo - dijo expectante. Él clavó sus ojos en el café humeante y flashes de su sueño vinieron a su cabeza como si fuera una película antigua - No importa - dijo lentamente. - Está bien. Si no deseas contármelo ahora, no importa. Cuando eras niño solías despertarte agitado en la noche y te quedabas horas despierto mirando el techo... - ¿Sí? No lo recuerdo... - Eras muy pequeño entonces. - Tía... - dijo vacilante - ¿Las pesadillas pueden hacerse realidad? Alma lo miró un instante pensativa. Desde que era niño había cuidado de él de una manera excesiva, ocultando un temor que aumentaba a medida que él iba creciendo y haciéndose más independiente. Ella sabía cosas que él ignoraba y siempre tubo el temor de que llegara el momento en que tuviera que contarle la verdad sobre esas pesadillas que ella conocía bien, y no sabía como se lo diría. Por eso no le sorprendió demasiado su pregunta justo después de uno de esos sueños y en el día en que cumplía dieciocho años. Trató de buscar la manera de darle una respuesta lógica pero no sabía cómo, así que intentó que él llevara la conversación. - ¿A que te refieres? - preguntó como haciéndose la desentendida. A él no le gustaba darle vueltas a las cosas, siempre iba directo al grano por muy poco diplomático que pareciera y por muy duras que sonaran sus palabras. Demanera que tomó aire y levantándose la manga de la remera exhibió las marcas de su brazo directamente ante los ojos de su tía, como si no fueran necesarias las palabras para explicarle el porqué de su pregunta. Alma palideció bruscamente y se levantó casi dando un salto, teniendo que sostener la silla para que ésta no cayera al suelo. Eldar la miraba imperturbable pero inquisidor, como si no le hubiera sorprendido la reacción de ella, aunque por dentro algo se agitó en él al punto de acelerar su corazón. - ¿Desde cuando tienes eso? - dijo casi sin aliento la mujer. - Desde que lo soñé... anoche. Pero no es todo. Tengo un golpe en la nuca que me hace perder el

eje por momentos. - dijo llevandose la mano a la parte trasera de su cabeza como para mostrarle dónde le dolía. Alma se quedó mirando las marcas un momento, buscando la manera de darle alguna explicación, algo que no fuera demasiado difícil de entender. Pero ¿cómo? Desde hacía tiempo guardaba celosamente el secreto de Aline, quien le había hecho jurar por los Ángeles que siempre cuidaría de él. Y por otro lado tenía que cumplir con lo pactado años atrás con el Consejo de las Sombras. Durante todos estos años había temido que llegara el momento de tener que explicarle algo al chico y esperaba que nunca llegara ese día, que solo pasara y nunca tuviera que verse en esta situación. Miles de veces se había preguntado como sería el niño al crecer, casi con miedo lo observaba en silencio mientra él hablaba tratando de descubrir algún cambio en sus ojos, o en su comportamiento. Recordó que cuando era un niño pequeño revisaba con detenimiento su pequeño cuerpo buscando alguna marca o un cambio en la piel que le diera un indicio de que algo estaba mal, pero nunca encontró nada alarmante. A medida que fue creciendo ya no pudo tener un acercamiento de ese tipo, pero de todas maneras siempre estaba alerta a cualquier cambio y en las noches solía mirarlo dormir tratando de descubrir que soñaba. Todo había ido bien; nada hasta ahora que le hiciera suponer un cambio hasta hacía un instante, cuando tuvo ante sus ojos aquellas marcas. Eldar pudo leer en su rostro la alteración y supo que ella sabía cosas que él ignoraba por alguna razón, y aunque todo le parecía una locura, no podía imaginar cómo su tía podía saber que eran esas marcas. Siempre había sentido que Alma le ocultaba cosas, cada vez que preguntaba por sus padres se mantenía esquiva e intentaba cambiar de conversación, como si intentara retrasar el momento de dar alguna explicación mas concreta. Todo lo que sabía de ellos era que su madre había muerto dando a luz y que su padre nunca apareció. - Tú sabes... -dijo de pronto casi de manera acusadora. Alma palideció aún más. El chico tenía esa forma de leer en las personas que la asustaba a veces. - Creo - dijo tomando aire - que debo mostrarte algunas cosas. Bajo la mirada inquisidora de Eldar fue hacia un armario que había en el saloncito de entrada, y sacó de su interior una pequeña caja de madera cerrada con un candado diminuto. Con la caja en la mano vaciló un momento y luego se acercó a la mesa donde Eldar todavía estaba sentado y la depositó frente a él. Revolvió en uno de los cajones del bajo mesada de la cocina y volvió con una llave pequeña que colocó encima de la caja, ante la mirada fría de Eldar. Por un instante, Eldar se quedó examinando la caja de madera, tan negra como el ébano; era del tamaño de una hoja de impresora y unas iniciales estaban grabadas en la tapa: A. L., Aline Loughty. Pasó los dedos por encima de las iniciales, como si quisiera leer algo mas allí. - Ábrela - le dijo Alma con cariño y un poco de temor en la voz - Creo que hallarás algunas respuestas allí, estaré en mi habitación para cuando termines y responderé a todas las preguntas que quieras. Ha llegado un momento importante en tu vida Eldar.

Estuvo un momento mirando la caja hasta que tomó coraje para abrirla. Al levantar la tapa su contenido se mostro ante el azul hielo de sus ojos. Sacó del interior algo alargado envuelto en un pedazo de terciopelo rojo atado con una cinta del mismo color y lo depositó con cuidado sobre la mesa. Con el mismo cuidado desató el nudo de la cinta y el terciopelo se abrió como los pétalos de una flor; una nausea le brotó en el estómago al ver lo que ocultaba el envoltorio y tuvo que cerrar los ojos un instante y respirar profundo. Una daga con empuñadura de oro y obsidiana, de hoja serpenteante, brilló a la luz del sol que entraba por la ventana de la cocina. La empuñadura era de oro labrado con incrustaciones de obsidiana con unos símbolos finamente tallados, tenía un aspecto antiguo de siglos; la doble hoja afilada era mitad plateada y mitad negra como si estuviera compuesta de dos aceros diferentes aunque no parecía haber una unión. Con determinación la tomó por la empuñadura y no hubo sorpresa al descubrir que se adaptaba perfectamente a su mano, era como si hubiese sido hecha para él, era la daga que tenia en su sueño, la que lanzó a aquel bicho inmundo. La cabeza le daba vueltas, unos pinchazos le picoteaban el brazo donde tenía las marcas y sentía una nausea inexplicable. Dejó la daga sobre el terciopelo como si le quemara en la mano y posó su vista sobre un papel algo amarillento doblado por la mitad que estaba en el fondo de la caja. Con una mano temblorosa tomó lo que parecía ser una carta y desdoblándola comenzó a leer con ansiedad. La letra era fina y pareja y se parecida a la de él, por lo que supo, antes de ver la firma, que era una carta de su madre. " No sé cómo comenzar, sé que si estas leyendo estas líneas es porque has llegado a un momento difícil de tu vida y te juro por el Ángel que me guía, que hubiese deseado estar contigo en este momento. Primero debes saber quien fue tu abuelo. Su nombre era Joseph Loughty y era un Nefhilim, su vida estaba enteramente dedicada a proteger las entradas a este mundo, nuestro mundo, del ataque de seres oscuros que vienen del mundo de las sombras, del infra mundo. La gente normal conoce a estas criaturas como demonios o diablos, según sus creencias. Sé que te sonará extraño y difícil de comprender, pero espero que con el tiempo puedas asimilarlo y aprendas a protegerte. Tu abuelo guardaba esta daga que fue pasando de generación en generación desde tiempos inmemoriales ahora debes tenerla tú y guardarla bien. Es la "Daga De Los Mundos" y su hoja fue forjada con una mezcla de aceros que hacen su hoja muy filosa y resistente; la mitad de su hoja esta mezclada con sangre de Demonio y la otra mitad con sangre de Ángel, lo que le da el poder de abrir portales entre ambos mundos, de allí su nombre. Pero también puede abrir los portales del Astral a donde van los demonios y están los grandes espíritus oscuros y con la daga se puede traer a toda clase de demonios a nuestro plano. Tiene sobre su filosa hoja un hechizo muy poderoso que la hace más especial aún. A través de los siglos la daga fue buscada por legiones enteras de Demonios por su importancia. Mi padre murió a manos de un demonio por salvar la Daga. A partir de allí mi madre quitó de la casa todos los elementos que tuvieran algo que ver con el Consejo de las Sombras, así como también todo lo que representara una conexión con los Ángeles y escondió la Daga. Yo era pequeña y crecí entre el rencor de mi madre hacia todo lo sagrado y las creencias religiosas. Cuando cumplí dieciocho años conocí a Alma, tu tía. Ella era una hechicera que a veces hacía algunos encargos secretos para el Consejo de las Sombras. Generalmente consultaba las Runas Sagradas y podía predecir algunas cosas que para el Consejo eran importantes. A escondidas de mi madre empecé a interesarme por ese mundo y quise experimentar con algunos conjuros. Al principio no ocurría nada, pero un día algo se presento ante mí, primero fue fugaz y casi imperceptible, pero con el tiempo se hizo mas fuerte. Yo no sabía que tipo de fuerzas estaba invocando y resultó ser un

demonio de alto linaje en su forma humana. De alguna manera él lograba pasar los portales y acudía a mí cada vez que lo llamaba. Alma me advirtió que era posible que el Demonio viniera por la Daga De Los Mundos y que me alejara de él. No se como pasó, y esto es lo más difícil de explicarte, pero nos enamoramos y como resultado de ese amor quede embarazada” En este punto, Eldar contuvo la respiración y se levantó de la silla con las manos temblorosas. ¿Estaba entendiendo bien lo que leía? ¿Su padre era un demonio? Era una locura absurda que no tenía sentido, nada tenía sentido. ¿Qué era eso del Consejo, mundos paralelos de Demonios y de ángeles y una daga con poderes?Que a estas alturas del mundo y de la tecnología sucedieran cosas tan medievales como aquellas era ridículo e increíble. Necesitaba que todo aquello fuera otra de sus pesadillas y despertar en su habitación como tantas otras veces. Comenzó a caminar en círculos alrededor de la mesa tratando de aclarar su mente o se volvería loco; le faltaba el aire y le dolía mucho la cabeza; la luz que entraba por la ventana le hería las retinas como agujas clavándose en ellas. No podía creer lo que le estaba pasando. En la escuela siempre lo miraban como vicho raro pero nunca le había importado, y ahora se sentía como un bicho raro de verdad. Sus peores pesadillas se mezclaban con la realidad y todo lo que creía que era de una manera ahora eran de otra. A pesar de la locura que todo ello le parecía, igual sentía la necesidad de saber más, por lo que trató de serenarse y se apoyó en la mesada de la cocina de espaldas a la ventana y otra vez comenzó a leer. Al principio las letras se confundían borrosas y parecían cobrar vida en el papel; tuvo que refregarse los ojos y tratar de aclarar la visión para poder seguir leyendo. "Al principio me asuste mucho y cuando se lo dije a Gêldar, así se llama tu padre, me dijo que no podría tenerte y que la mezcla de sangre me mataría si daba a luz. Trató de convencerme de que era una locura y me advirtió que no sería bien visto en su mundo y mucho menos en el mío. Siempre sentí que si estabas adentro de mi vientre era por algo y me hacía feliz y entonces decidí seguir adelante. Una noche nos encontramos y presentí que esa era una despedida y así fue. Nunca supe que pasó con él, ni tampoco supe si había acudido a mí por la Daga como me advirtió Alma. A partir de allí estaba sola y la única persona que podía ayudarme era mi querida Alma. Mi madre se enteró de mi embarazo paro nunca supo la verdad y ante la vergüenza de que todo el mundo supiera que era madre soltera me llevó a un convento y le dijo a todo el mundo que me había ido de viaje. No sé que pasará ahora mi querido niño, algo en mi me dice que eres un varón y que te parecerás mucho a tu padre... no lo odies porque yo la amo aún y siempre lo amaré. Conmigo siempre fue bueno y amable a pesar de su naturaleza. Estoy por dar a luz en estos días, puedo sentirte con muchas ganas de salir a pesar de que las monjas dicen que no es tiempo, voy por el séptimo mes pero sé que falta poco. Antes de despedirme debo decirte que mientras seas un niño nada te podrá dañar, pero me temo que cuando alcances los dieciocho, despertará tu conciencia y tu sexto sentido y estarás expuesto a los peligros de estar entre dos mundos. Por esto debes estar preparado y aprender todo sobre el Consejo y los Nefhilim, también sobre el mundo de las tinieblas. Temo que quieran buscarte y llevarte a su mundo y eso no sería bueno para ti. Te pido perdón por haberte puesto en este lugar, ya que debido a tu mezcla de sangre estarás siempre entre los dos mundos, entre el bien y el mal, entre luz y sombra, entre Ángeles y Demonios. Te pido quecuando llegue el momento elijas bien y tengas cuidado, no confíes en nadie excepto en mi querida Alma, ella te cuidará y te protegerá. Busca ayuda del Consejo, ellos son una fuerza poderosa. Siempre te amaré y velaré por ti desde donde esté. Por tu naturaleza sé que serás fuerte, pero igual cuídate mucho. Hasta siempre... Te amo.

Aline” Cuando concluyó de leer sus ojos estaban empañados y veía con dificultad a causa de las lágrimas que no pudo contener. Desde hacia unos años quería saber cosas de sus padres; saber su origen, su identidad, y ahora que lo sabía una tristeza enorme llenaba su alma como nunca antes. Se quedó parado allí, totalmente inmóvil, sin saber que hacer ni que pensar. ¿Que venía ahora? ¿Salir a matar bichos extraños y deformes como en sus pesadillas? Era todo una locura que no terminaba de comprender, no sabía que hacer. Cómo podía seguir su vida con tremendo secreto, porque si de algo estaba seguro es que no podía contarselo a nadie por una razón muy sencilla: se reirían de él y lo meterían en uno de esos loqueros que hay por ahí en la parte baja de la ciudad. Además solo tenía una amiga que por mucho que lo quisiera no le iba a creer, y si todo era cierto y él estaba en peligro, no podía arriesgarla a ella a que algo malo le pasara. Una parte de su cerebro le decía que todo era una locura, una broma del día de su cumpleaños, pero por dentro algo le decía lo contrario, era un sentimiento distinto, algo visceral. Se sentía cansado y le dolía el cuerpo, las manos le temblaban por la emoción y una punzada de dolor le venia a la nuca de vez en cuando y la situación no lo llevaba a relajarse. Se estaba preguntando mil cosas a la vez y la cabeza iba a estallarle en cualquier momento. - Te traje una aspirina La voz de su tía Alma lo trajo de nuevo a la tierra. ¿Debía llamarla tía? A pesar de que lo había criado como si fuera su propia madre, ahora sentía que estaba frente a una desconocida. - Gracias - le dijo en su tono más normal pero sin sacarle los ojos de encima. En ese momento su mirada era glacial y llena de dureza. Alma pensó que por los ojos se ve el alma de las personas y ahora veía, a través de esos ojos de hielo, su lado oscuro, la parte de su ser interior que había heredado de su padre; esa calma fría y absoluta que solo tiene aquel que tiene el control de sí mismo. - ¿Qué es un Nefhilim? ¿Y qué es eso del "Consejo"? - dijo como entre dientes dejando ver que estaba molesto, mientras que se tragaba la aspirina que Alma leofrecía. - Bueno - dijo alma suspirando. - Sin vueltas por favor. - Los Nefhilim son una raza de seres humanos que tienen su sangre mitad humana y mitad celestial. - Explícate mejor. - Hace mucho tiempo, siglos antes de Cristo... los Ángeles cuidaban de unas personas en la tierra y poco a poco se fueron acercando cada vez más hasta que se enamoraron unos de otros y la cruza de sangres dio origen a una nueva raza.

- Nefhilim... - Sí - Y.. Que hay del consejo. ¿Ellos son Ángeles? ¿Qué carajo son? - Son Nefhilim, como tu abuelo, solo que están organizados en rangos y ellos son quienes deciden sobre las cosas que deben hacer los Nefhilim de rangos inferiores. Es una cadena de mando, de esa forma se mantiene el orden. Ningún Nefhilim puede pasar por encima del Consejo de las Sombras ni tomar decisiones que tengan que ver con otros mundos sin permiso y menos aún abrir un portal. El Consejo de las Sobras se divide en dos grandes ramas: Los Intelectuales, que llevan a cabo la organización y se encargan de lo científico, las investigaciones y la enseñanza; y Los Cazadores, que son los que controlan las entradas y mantienen alejados a los demonios de este plano. El Consejo depende en gran parte de la iglesia, que es la que financia el movimiento y cada tanto hay que rendir cuentas. Eldar la miro en silencio, un silencio que puso nerviosa a Alma y que a pesar de no haber durado mucho a ella le pareció un siglo. – ¿Por qué todo esto? Todo este tiempo viví engañado sin encontrar respuestas a un montón de pesadillas que parecían tan reales que me acompañaban días enteros. ¿Por qué no me lo dijiste antes tía Alma - se detuvo - Si creo en toda esta locura es por estas marcas con las que desperté... solo por eso. ¿Debo llamarte tía? - Cuando naciste me hice cargo de ti por pedido expreso de tu madre a sabiendas del Consejo y te crié como si llevaras mi sangre... no veo por que no puedes llamarme como siempre lo has hecho. Había un dejo de tristeza en sus palabras y él lo advirtió. - Estoy confundido... tía Alma - Lo sé, pero debes ir despacio en esto o sera demasiado - ¿Que hay de mi padre...? Eso de que es un demonio. Su nombre es parecido al mío supongo que así quiso mi madre que me llamaran - Él es un príncipe de las tierras de la oscuridad. En cierta forma también es unángel. Los demonios son angeles caídos que Dios expulsó del cielo. - Pero es un... demonio. - le costaba decirlo - y eso es malo. - Me temo que si... aunque con tu madre fue benévolo, nunca se mostró salvaje, la protegió hasta dónde pudo...

- ¿Qué se supone que son estas marcas? Alma miro mas de cerca las marcas que Eldar tenía en el brazo. - El semicírculo con terminaciones como flechas, que se asemejan a un tridente pero de dos puntas representa el clan de tu padre, es la cuna de donde vienes y las flechas sus defensas - dijo lo mas claro que pudo, pues la voz le temblaba - las formas del centro son runas; Teiwaz, la runa de la guerra; y Kenaz, la runa de la protección. De alguna manera fuiste marcado por el clan de tu padre. Supongo que es una especie de identificación, una protección para que los demás demonios sepan quién eres, pero no estoy muy segura... Teiwas es la que está mas marcada, por lo tanto es la que marca tu destino... Eres un guerrero. No pudo seguir porque en ese momento sonó el timbre en la puerta. Eldar se quedó mirándola, esperaba saber mas, pero por otro lado sentía la necesidad de salir huyendo de allí. - Hablaremos mas tarde de eso. Quiso pararlo pero ya era tarde. Eldar ya había tomado su chaqueta de cuero y salía a paso largo de la cocina. Se quedó allí parada mientras él salia sin decir una palabra más. Solo le quedaba rezar para que estuviera bien como lo hacía cada vez que él salia.

3 - El Consejo

- Convoqué esta reunión para hablar de algo que nos interesa a todos - dijo Wolfgann. Wolfgann era el presidente del Consejo de las Sombras desde que era joven y se había ganado su lugar a fuerza de inteligencia y de ser un líder nato, había sabido hilar su tela de manera que siempre le habían permitido tomar las decisiones más importantes, hasta que finalmente fue votado por unanimidad para ocupar la presidencia. Había sido uno de los mejores cazadores de demonios y vampiros cuando era joven. Todas las decisiones que tomaba el Consejo pasaban por él y nunca se hacía nada sin su conocimiento. A la hora de castigar a los que se salían del protocolo y de las reglas del Consejo era ejemplar, por lo cual era temido y respetado. El Consejo de las Sombras tenía reglas muy estrictas y éstas necesitaban de un brazo ejecutor. Era un hombre que siempre estaba serio y caminaba lento debido a que le faltaba una pierna, que había perdido a manos de un demonio cuando era joven, motivo por el cual había tenido que dejar de ser Cazador. A pesar de que tenia una edad avanzada, tenía una energía excepcional y nunca había faltado al Consejo. Tenía una voz pastosa y grave por lo que cuando hablaba imponía mas respeto aún, generando un silencio total de parte de sus subordinados. El Consejo estaba organizado como un ejército y cada cosa tenía su lugar y ese lugar se respetaba. La cuna de esta organización estaba debajo del museo de ciencias de la ciudad y solo se accedía a él por un intricado laberinto de túneles subterráneos al cual se llegaba por diferentes entradas que solo los integrantes más asiduos del Consejo conocían.

- Tomen asiento - dijo sentandose a la cabecera de la gran mesa. Además de él, había en el recinto unas doce personas más que tomaron asiento sin hacer ruido alguno y esperaron a que el presidente tomara la palabra. Wolfgann ocupaba la cabecera de la gran mesa y a su derecha se sentaba su concejero personal al que llamaban Bruce. Bruce usaba unos ante ojillos de lectura que le daban un aspecto intelectual y era bastante mal humorado, su carácter y su forma altanera de ser, provocaba el rechazo de muchos de los miembros activos del Consejo de las Sombras, pero como Wolfgann lo apañaba nadie decía nada. A su izquierda se sentaba una mujer rubia de aspecto desalineado llamada Brenda que se ocupaba de llevar todos los informes que llegaban de los Nefhilim que intervenían en asuntos del Consejo. Los demás eran representantes de las distintas agrupaciones que estaban distribuidas por toda la ciudad.- Los reuní para tratar un tema muy importante para todos nosotros - dijo con seriedad Hace unos años, un portal fue abierto y por él se hizo presente en nuestro mundo un demonio de alto linaje al que ninguno de nosotros pudo capturar, debido a que su presencia en reiteradas oportunidades, fue demasiado breve. Así como desapareció ante nuestras narices sin dejar rastro, pudimos saber que no ha vuelto a aparecer desde que el portal fuera sellado. - hizo una pausa para mirarlos a todos y luego continuó - Supimos luego que tuvo un acercamiento con Aline Loughty, pero no intentó llevarse la Daga De Los Mundos. Alma Vismark guardó bien el secreto de la chica Loughty pero... - ¿Alma Vismark? - dijo Brenda interrumpiendo- ¿No es esa la psíquica que colaboraba antiguamente con el consejo? - ¡Exacto! - exclamo Bruce - Una bruja impura que debería haberse mantenido lejos de este Consejo. Todos se miraron entre si y hubo algunos murmullos en el recinto. -¿ Y eso que tiene que ver ahora? - dijo uno de los hombres que estaba en la otra punta del salón Wolfgann lo fulminó con la mirada y el silencio volvió a reinar. El hombre que había hecho la pregunta era un conocido brujo de la ciudad que a veces participaba de las reuniones del Consejo por sus conexiones con los mundos bajos y hacía de informante de cuando en cuando. Se hacía llamar Súmmum Magus, que en latín significa Mago Supremo, por pura adulación personal pero en realidad se llamaba Miguel. Súmmum era bastante especial, tenía un desenfado que ponía de mal humor a Bruce, por lo cual cada vez que se cruzaban había chispas en el recinto. Lo cierto es que muy pocos lo aceptaban por no ser un Nefhilim, pero él conocía muy bien los mundos oscuros y era un experto en materia de portales, por lo cual cada vez que el Consejo necesitaba de hechizos para cerrar o abrir un portal lo convocaban. Súmmum era delgado y espigado y siempre iba vestido de negro con el pelo engominado, dándole un aspecto

de seriedad a su persona, pero en realidad era bastante atrevido y algunos lo tachaban de mal educado. Solo Wolfgann lo apoyaba y nadie entendía el por qué. De manera que todos lo miraron con un gesto de desaprobación. - Esta bien - dijo Súmmum casi divertido - Lo siento, pero la época en que quemaban a las brujas en la hoguera ya pasó. - Voy a responder a tu pregunta "amigo" Súmmum - dijo Wolfgann con evidente malestar - Hago referencia a esto porque me ha llegado a oídos de que un portal que estaba sellado se abrió y por él pasaron algunos demonios espías. - Oh si, si - afirmo Súmmum frunciendo el seño - Esas pestilentes criaturas que parecen cucarachas y que les gusta meter las narices en todas partes. - Criaturas que tú conoces muy bien... - le lanzó Bruce con desdén- Señores no es momento de riñas personales - dijo Wolfgann Bruce y Súmmum se odiaban desde tiempos inmemoriales. Bruce era un Nefhilim arrogante que no soportaba la presencia de ningún brujo, hechicero, psíquico a como quisiera que se llame, porque decía que no eran de fiar y eran los culpables de abrir siempre la puerta a los demonios. Súmmum lo sabía y su odio era recíproco y no se privaba de molestarlo cada vez que podía. - ¡De acuerdo! -exclamo Súmmum sonriéndole a Bruce para luego dirigirse a Wolfgann - ¿Y, qué relación hay con los hechos de años anteriores?... si es que se puede saber. - Que al parecer algunas de ellas han sido atrapadas antes de que cambien de forma y otras se han escapado. Logramos dar con la zona en donde fueron vistas las que huyeron y allí esta la coincidencia... - Wolfgann hizo una pausa y luego de tomar un sorbo de agua continuó Mandamos rastreadores y fueron seguidas hasta las inmediaciones de la casa de Alma Vismark. Todos se miraron y los murmullos comenzaron a desparramarse como el zumbido de las moscas. - ¿En su casa? - Preguntó Súmmum - No exactamente, pero fueron vistas a un par de calles y eso es lo que quiero que se trate hoy aquí, ya que es mucha coincidencia. - Tenemos que mandar una patrulla a que averigüe que esta pasando - dijo Bruce mirando de reojo a Súmmum- Se sabía que con el tiempo nos daría problemas. - No creo que eso sea lo más conveniente - Y dime... Súmmum ¿por qué dices que no? - dijo Wolfgann tamborileando en la mesa con los dedos

- Sencillo. Porque esos demonios son espías y aunque son un poco tontos no lo son lo suficiente para no darse cuenta de que una patrulla de Cazadores los están buscando. - ¿Y qué sugieres entonces? - Tú eres el consejero Bruce. Bruce enrojeció de ira pero se contuvo ante la mirada de todos los que estaban en el recinto y dirigió su mirada altiva y arrogante a Wolfgann esperando que éste interviniera, pero en lugar de eso el presidente del consejo ignorándolo por completo se dirigió a Súmmum. - Tu reflexión es interesante - le dijo ante la mirada perpleja de todos - Creo que lo mejor es ir directamente al grano y hacerle una visita a Alma Vismark y ver que sabe ella de todo esto. Ya es tiempo de hacer contacto. - No creo que sepa demasiado, los espías son difíciles de detectar una vez que cambian de forma. - De todas formas hay que averiguar - dijo Wolfgann - díganle que venga a verme. Además, se han cumplido ya dieciocho años desde el nacimiento del niño que la chica Loughty tuvo con ese Demonio y debemos saber si el chico ya despertó a su lado oscuro. Si ya está listo para su misión, puede que los demonios quieran tener la Daga De Los Mundos y llevarse al chico. Recuerden que ese chico es demasiado importante para nosotros, cuando descubra sus habilidades lo usaremos para entrar en los clanes demoníacos y desmembrarlos. Por algo es que han mandado a espiar la casa de Alma, esto no es coincidencia. - Ese chico es un demonio mas que no debería existir - dijo Bruce con un gesto de repudio. -¡Pero existe! - exclamo Súmmum a modo de reto - Y no tiene la culpa de ser quien es... - A ti te encanta eso - dijo Bruce con sarcasmo - ¡Apuesto a que le envidias! ¡Ja ja! - No quisiera estar en sus zapatos, además..no sabes de qué estás hablando. - ¡Basta ya caballeros! La voz de Wolfgann sonó atronadora en el recinto y se hizo un silencio abrumador. - Dejen sus rencillas de lado. Ahora hay que ir a casa de Alma y ver que pasa. también está el tema de que La Daga De Los Mundos está en casa de Alma y es muy importante saber qué pasa con ella. . Si le parece puedo ir yo mismo a casa de esa mujer . Si Bruce. Tú irás pero no lo harás solo, Súmmum ira contigo ya que la conoce mejor que tú y

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