[Christian PLANTIN, ed., Lieux Communs, topoi, stéréotypes, clichés, Ed.

Kimé, Paris]

Capítulo 40

Lugares comunes en la interacción argumentativa
Christian PLANTIN

A partir de Toulmin, las teorías clásicas de la argumentación acordaron en considerar que los lugares comunes revisten interés para el estudio de la argumentación en la medida en que proporcionan “leyes de paso”. Nos proponemos discutir los dos términos de esa posición, basándonos en estudios de casos: por una parte, cuestionando la generalidad de la noción de ley de paso, y por otra parte, remitiendo la intuición de “lo común” a las operaciones y a los esquemas discursivos específicamente activos en la interacción argumentativa. En primer lugar vamos a precisar a qué tipo de interacción nos referimos mediante esta expresión. 1. La interacción argumentativa Definiremos a la interacción argumentativa como una situación de confrontación discursiva en la que se construyen respuestas antagónicas a una pregunta común, y la representaremos mediante el siguiente esquema:

...D1 Pregunta ...D2

Arg1 =› Concl = R1 = D1ÑÑlL_+= Arg2 =› Concl = R2 = D2ÑÑlL_+=

Este esquema cuyo fondo es clásico (Patillon, 1988), corresponde al siguiente desarrollo: - Primera etapa: coexistencia de dos conjuntos de elementos discursivos potencialmente incompatibles, D1 y D2.

- Segunda etapa: estos discursos se ponen en contacto y de ese contacto nace una pregunta, sostenida por un tercero, que construye como contradictorias dos proposiciones A1 y A2, elaboradas en base a los datos discursivos D1 y D2. - Tercera etapa: se plantean argumentaciones para sostener conclusiones que a su vez son propuestas como respuesta a la pregunta. Por lo tanto, globalmente, la argumentación será tratada aquí como un modo de construcción de respuestas antagónicas a cierto tipo de preguntas. Se trata de un proceso contextualizado, que involucra a protagonistas en un debate público; la figura del tercero es la que materializa ese carácter público de las posturas (ver Plantin 1993, y 1994 en prensa). No nos ocuparemos aquí de los problemas relacionados con los desarrollos posteriores de la interacción, que conducen a las múltiples formas de resolución del intercambio argumentativo. La argumentación se construye, así, bajo una doble determinación: está orientada por una pregunta y se hace bajo la “presión” de un contra-discurso. Algunas de sus características están vinculadas a esta configuración: - atracción de los locutores terceros interesados, que se identifican con los argumentadores estrella, normalizan su lenguaje y lo alinean con uno u otro de los discursos presentes; simétricamente, exclusión de los que sostienen el discurso opuesto (nosotros vs ellos); - semantización argumentativa de los discursos confrontados, producción de antinomias (de "pares antagónicos"), tendencia a la estereotipia, fijación de los argumentos en argumentaciones armadas, listas para ser enunciadas; - preeminencia de la refutación, redefinida en el marco de la interacción: la refutación argumentativa se refiere al decir y no a lo dicho; un discurso es refutado cuando desaparece de la interacción, sea cual fuere la razón que lo haya vuelto imposible de sostener; - correlativamente, aparición de mecanismos de resistencia a la refutación: tendencia a presentar las argumentaciones bajo forma de enunciados autoargumentados, remedando el carácter analítico, etc. Desde nuestro punto de vista, el objeto simple de los estudios de la argumentación debe buscarse en ese tipo de confrontación discurso / contradiscurso, orientados por una misma cuestión públicamente planteada. En este marco, no se trata de trabajar con ejemplos inventados o equivalencias a priori entre enunciados – cuyo interés evidentemente no es discutible en otros marcos teóricos. Nuestros objetos son argumentaciones reales, cuya densidad lingüística no se considera como un envoltorio, eventualmente decorativo, sino

como la condición misma de los funcionamientos de los que se trata de dar cuenta. Los puntos siguientes (§ 2 y 3) presentan dos casos en los que el discurso busca construir una proposición sustancial, tomando como base de apoyo una fórmula estereotipada – un lugar común cuyo papel no podría reducirse al de una "ley de paso". 2. El rasgo argumentativo como alusión a un lugar común de fórmula El problema fundamental para la teoría de la argumentación es hacer que un enunciado sea aceptable – término al que nosotros le damos el sentido de decible, repetible. El caso prototípico del enunciado repetible es el enunciado analítico que se ha vuelto irrefutable por su organización lingüística; es en sí mismo su propia prueba, no se lo puede enunciar sin su prueba. El otro polo argumentativo es, sin dudas, el de la argumentación sintética, donde el enunciado (E’) es aceptado dado el enunciado (E), y el vínculo (E) - (E’) queda establecido en virtud de los mecanismos referenciales y de las leyes que rigen las denotaciones de (E) y de (E’). Las infinitas capacidades de implicitación (estrictamente lingüísticas o en función del contexto, cf. Kerbrat-Orecchioni, 1986) autorizan la inmersión del enunciado-argumento (E) en el enunciado-argumentado (E’) dando una apariencia analítica a los enunciados sintéticamente más cuestionables. Podemos considerar que se trata de un modo de estructuración intermedio entre los polos mencionados. A este último tipo pertenecen los enunciados que contienen un elemento de prueba, por ejemplo bajo la forma de una alusión a un principio comúnmente admitido: el enunciado contiene, entonces, un rasgo argumentativo (Plantin, 1990, p. 151-152). Así, en un discurso frágil, se pueden infiltrar lugares comunes de tipo fórmula, para volverlo irrefutable. El problema esencial resulta, entonces, el de la alusión y la identificación de los lugares comunes a partir de marcas a veces tenues. Consideremos el siguiente ejemplo:
(A1) [A propósito de la situación en Argelia]: La lucha contra la corrupción – flagelo que también alimentó la propaganda del FIS – es la muestra de una doble y loable preocupación: volver a lustrar el blasón del régimen e iniciar un contraataque político en uno de los terrenos favoritos de los islamistas. Sin embargo, el pueblo humilde está tan decepcionado, que se corre el riesgo de que vea en ello solo un vil ajuste de cuentas entre barones – nuevos y viejos - de la nomenclatura. Le Monde, 17-18 de mayo de 1992

Podemos leer este enunciado solo como la cita de un discurso-opinión, sostenido potencialmente por los más desprotegidos, que hace de contrapunto al discurso oficial sobre la corrupción. La siguiente lectura permite advertir allí,

además, un “rasgo de autoridad”, que puede describirse como sigue. En primer lugar, hay una introducción del esquema argumentativo de autoridad X dice, piensa, ve (solo)..., a través de la construcción consecutiva tan...que. Luego, este esquema es saturado por la sustitución de X por un sintagma que designa a un ser verídico, el pueblo humilde decepcionado. Aquí el adjetivo humilde puede considerarse como intensificador argumentativo de pueblo, que resulta más verídico en la medida en que es más bajo; el pueblo humilde es el pueblo por excelencia. Así, en este sintagma se hacen oír las voces de dos grandes lugares comunes, por una parte la del pueblo cuya voz es divina, vox populi vox dei, pero también la del pueblo humilde decepcionado, variante del pobre pueblo (ver supra, J.-L. Roch, cap. 20). Desde un punto de vista lingüístico, el apuntalamiento argumentativo del contra-discurso se obtiene mediante un cambio de voz que le permite al locutor evadir el compromiso de su decir, para hacer recaer la responsabilidad en dos grandes lugares comunes indiscutibles.

3. La ley de paso: alcance y límites El modelo propuesto por Toulmin (1958) volvió a introducir sistemáticamente la problemática de los topoi en el análisis argumentativo. En efecto, en su célebre “esquema”, el encadenamiento “Argumento —> Conclusión” descansa en una “ley de paso”, sostenida a su vez por “garantías”. Bird (1961) identificó este dispositivo argumentativo con los topoi, en la variedad puesta a punto por los lógicos de la Edad Media. En esta función, el enunciado genérico llamado ley de paso funda la coherencia discursiva de una secuencia {Argumento, Conclusión}. Garantiza la pertinencia de la aserción de un enunciado en la perspectiva de la aserción de otro enunciado; en ese marco, el primer enunciado adquiere el estatus de argumento y el segundo el de conclusión. Desde esa perspectiva, la ley de paso juega un papel fundamental en la mecánica argumentativa. Quisiéramos discutir esta posición a partir de un caso, al que vamos a aplicar dos análisis, de los cuales sólo el primero apela a la noción de ley de paso. La argumentación (A2) fue planteada en defensa de Paul Touvier, jefe de la Milicia de Lyon durante la Ocupación, condenado cuando la Liberación. Se trata del extracto de una carta enviada por el R. P. Blaise Arminjon, S. J., al Presidente de la República, Georges Pompidou, con fecha 5 de diciembre de 1970, con la finalidad de apoyar el pedido de indulto de Paul Touvier:

(A2) ¿Cómo comprender que pueda ser un “criminal”, un “mal francés”, alguien cuya conducta en los últimos veinticinco años y la educación que ha dado a sus hijos son a tal punto admirables? Se reconoce al árbol por sus frutos.

La argumentación está citada de este modo en p. 164 in R. Rémond et al., Paul Touvier et l'église, Paris: Fayard, 1992. El texto completo de la carta aparece en anexo en el mismo libro, en la p. 372. En primer lugar le aplicaremos un análisis al estilo de Toulmin, que parece ser perfectamente adecuado.

3.1 Un análisis tópico En efecto, se puede aplicar a esta argumentación la estructuración tópica siguiente. El pasaje contiene dos argumentos que convergen hacia la misma conclusión implícita C+ [Touvier es una buena persona; Touvier es (+) ] :
(1) [la] conducta [de Touvier] en los últimos 25 años [es admirable] (2) la educación que ha dado a sus hijos [es admirable]

Se llega a esta conclusión aplicando a estos enunciados una ley de paso particular, la máxima argumentativa del acto (Perelman 1952; Plantin 1990, p. 254), que autoriza la transformación de un juicio referido a los actos de una persona en un juicio referido a esa persona:
(M) si el acto de P es (+), entonces (P) es (+)

Puede transcribirse en forma de máxima práctica:
la calidad de una persona se reconoce en su conducta

El enunciado lugar común se reconoce al árbol por sus frutos expresa metafóricamente la ley de paso; esta ley da el sentido argumentativo de la metáfora. Dentro de este marco es posible hilar más fino. Podemos sostener que la máxima del acto deriva de un postulado de tipo causal:
la persona es la causa de sus actos.

Se combina con un segundo postulado sobre el modus operandi de la causalidad:
la perfección (el grado de perfección) de la causa se transmite a sus consecuencias

para producir la máxima fundamental de la persona:
si la persona es (+), sus actos son (+).

Los diversos momentos de la articulación causal que intentamos despejar pueden recibir un estatus de tipo “garantía”, en un esquema al estilo Toulmin. Nuestra argumentación utiliza el lugar del acto, correspondiente a la recíproca del lugar de la persona:
la perfección de la causa es visible en sus consecuencias;

dicho de otro modo:
si los actos son (+), la persona es (+).

Reconocemos aquí el esquema de las argumentaciones que prueban la excelencia divina por los esplendores del mundo. Nótese, además, que para acercar los enunciados (1) y (2) a la máxima (M) se hacen necesarias dos hipótesis de lectura suplementarias:
(H1) su conducta = el conjunto de sus actos (H2) la educación que ha dado a sus hijos = un subconjunto de sus actos

En otras palabras, hay que categorizar como “actos” a los sintagmas su conducta y la educación que ha dado a sus hijos. Si somos rigurosos, la máxima no basta, sino que hay que conectarla a los datos literales. La manera en que el argumentador dispone sus conexiones cumple un papel esencial en la argumentación. Aquí, su proceder sigue las líneas de estructuración del léxico en (cuasi-) sinónimos y en hipónimos / hiperónimos. Al hacer esto, no estamos saliendo del modelo tópico, que es capaz de tener en cuenta la materia del argumento, así como también el soporte de la ley de paso (Bird, 1962). Este modelo ve la progresión argumentativa como esencialmente entimemática, apelando, según la necesidad, a la noción de premisas faltantes. Pero tal vez todo esto sea solo la consecuencia de una decisión fundamental, la de tomar un episodio argumentativo monológico relativamente breve y destacado como objeto simple de los estudios de argumentación. Examinemos ahora los efectos que produce un cambio de perspectiva que consiste en poner en primer plano el debate en el que se encuentra inmersa la argumentación. 3.2 Problemas ¿Ley de paso o pregunta? Volvamos a nuestra argumentación, apoyándonos en las informaciones brindadas por R. Rémond et al (op. cit.) El episodio argumentativo que ha concitado nuestro interés se plantea en una carta que forma parte de una “campaña de firmas para solicitar al presidente de la República el indulto de Paul Touvier” (p. 255). Esta acción, realizada durante el verano y el otoño de

1970, representa la “tercera fase” de la “campaña en favor de Paul Touvier” (p. 217), cuyas dos primeras fases habían sido las siguientes (p. 217-221): – la presentación del pedido de indulto (16 de julio de 1969); – “la conmoción del informe Delarue” (primavera de 1970), cuyas conclusiones inquietaron al campo de Touvier. La cuarta fase fue la del rechazo del pedido de indulto (principios de 1971); la quinta, la del “cambio”, que terminó en la firma del decreto de indulto; y durante la sexta, estalló el escándalo. Evidentemente estamos ante un caso de manual. El discurso de Arminjon defiende conclusiones de tipo (+), como: Touvier es “un inocente perseguido” (op. cit., p. 141), una víctima, etc. Se trata de un contra-discurso que se opone al discurso que sostiene la conclusión inversa, (-): Touvier es un culpable que intenta escaparse de su castigo, es un canalla, etc. El informe Delarue es evidentemente el que corresponde a ese contra-discurso que debe destruir a Arminjon. Hay que insistir en el hecho de que este debate preexiste a la intervención de Arminjon. La pregunta creada por el debate en el que se sitúa esa intervención puede esquematizarse como sigue:
(Q) ¿Cómo hay que evaluar a Touvier? ¿Touvier es (+) o (-) ?

Pensamos la pregunta con el número de elementos fundamentales de la interacción argumentativa. De su determinación depende la interpretación de los argumentos planteados en la interacción, y en función de la misma se podrá eventualmente criticarlos y evaluarlos. Cuando se plantea una argumentación, su conclusión ya está ahí, en la pregunta que la gobierna. De hecho, en el análisis precedente, si hemos podido transformar los juicios realizados sobre los actos en juicios sobre la persona es solo porque sabíamos que era la persona la que estaba en juego. En otros términos, es la pregunta la que provee la proposición que el análisis llamado tópico encuentra en el consecuente de la ley de paso. ¿Ley de paso o metonimia? Pero ¿hay que hablar de ley de paso? La intervención positiva de Arminjon se sitúa en el marco preexistente planteado por la pregunta (Q). De ahí en más, la orientación a favor / en contra de todo discurso es impuesta por la pregunta: todo discurso que hace un elogio de Touvier, todo rasgo asociado positivamente a su persona, vale por una intervención a favor de Touvier; e inversamente, toda crítica o asociación negativa planteada a propósito de Touvier, vale en su contra. Lo que queremos sugerir es que, en cuanto se abre

una pregunta argumentativa, ningún discurso sobre su tema puede ya pretender la inocencia de la aserción fáctica; queda preso en un campo “imantado” por la pregunta, y en muchos casos basta con observar la distribución de los valores positivos y negativos que opera. Se supone que la ley de paso da razón del “salto” del argumento a la conclusión. Se podría sostener igualmente que la transferencia de los valores obedece a mecanismos de figuras. En el contexto de la pregunta (Q), hablar de “la conducta de Touvier en los últimos 25 años” es designar metonímicamente a Touvier; decir que esa conducta es “admirable”, es decir metonímicamente que Touvier es admirable. Del mismo modo, no se puede juzgar “la educación que Touvier ha dado a sus hijos” sin juzgar a Touvier, y admirar esa educación, es admirar a Touvier. Lo que hay de general en la llamada ley de paso que manipula la causalidad se expresa igualmente bien, o igualmente mal, mediante los mecanismos de asociación conocidos con el nombre de metonimia de la causa. Para qué sirve el lugar común Si admitimos que los mecanismos metonímicos tienen un papel en la argumentación, ¿qué función vamos a reconocerle al lugar común se reconoce al árbol por sus frutos, que inicialmente interpretamos como una formulación metafórica de la ley de paso? La expresión fue extraída de un pasaje del evangelio que ofrece un magnífico ejemplo de amplificación trabajada mediante el juego de los contrarios:
Por cierto, no es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto; pues todo árbol se conoce por su fruto: ya que no se cosechan higos de los espinos ni de las zarzas se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo, porque de la abundancia del corazón habla la boca. (Luc, 6, 43; véase también Mt 16, 20 ; 12,33. Trad. E. Osty et J. Trinquet. Rencontre, 1973) (el subrayado es nuestro) 1

Ubicado junto a un elogio metonímico del ser de Touvier, el lugar común evangélico marca la intervención de Arminjon. Funciona como signo de reconocimiento y de identificación de una comunidad de “Palabra”, la comunidad católica, a la que pertenece el R. P. Arminjon, S. J., y en la cual el destinatario de la argumentación, el presidente de la República, que por entonces era Georges Pompidou, podía reconocerse. El discurso está basado en la Autoridad de la Escritura, lo cual determina su modo de recepción. Si vemos en esta máxima una ley de paso, se deberá al menos admitir que es polifuncional: la formulación elegida es argumentativa; dicho de otro modo, aquí la elocución es invención argumentativa.
1

N. de la T.: la versión en español corresponde a la traducción Reina-Valera 1995.

3.3 Argumentación sobre la estructura de la interacción Debemos reconocer un nivel más de argumentatividad en este discurso. Su estructura argumentativa global es la siguiente:
¿Cómo comprender que P ? P = [X que (Arg. para (C+)) es (C-)]

Los predicados (C-) “ser un criminal, ser un mal francés” formulan argumentativamente, en forma de citas, las conclusiones del discurso de acusación contra Touvier. Los dos argumentos están contenidos en la relativa que designa a Touvier por medio de una descripción definida:
X que (Arg. para (C+)) Alguien cuya conducta en los últimos veinticinco años y la educación que ha dado a sus hijos son a tal punto admirables

En este sentido, tienen un estatus de tipo presuposición que tiende a sustraerlos al cuestionamiento; la retórica del testimonio utilizada por Arminjon garantiza su veracidad. La estructura P es contradictoria entre el predicado planteado y el predicado presupuesto; la descripción definida que se da de X (= alguien que) hace inaplicable a X los predicados “ser un criminal, ser un mal francés”, (ser (-)). Evidentemente, esta situación de contradicción entre diversos tipos de predicaciones realizadas sobre una misma persona en un mismo enunciado no tiene nada de excepcional; a priori, se puede rechazar uno u otro término de la contradicción, o incluso evitar la conclusión favorable, indecible, y mantener esa contradicción, como en el ejemplo siguiente:
(A3) Joseph Baumeister, maestro en Guinzbourg, ciudad natal de Mengele, escribe acerca de este último: «Era famoso en la escuela por sus buenas acciones. ¿Un ser humano puede degenerar así convirtiéndose en un monstruo?” No, el maestro Baumeister que estudió la juventud de Mengele llegó a esta conclusión: «Beppo Mengele es un personaje trágico.” Libération, 24-6-85 (cf. Plantin 1990, p. 259)

El caso que nos ocupa explota en forma diferente la oposición, que se recupera como una instancia del esquema argumentativo (S) que sostiene (C+) :
(S) ¿Cómo admitir (C-) en presencia de un argumento para (C+)?

La técnica argumentativa utilizada en esta pregunta llamada retórica recuerda las argumentaciones basadas en la ignorancia y la falta de prueba (Woods y Walton, 1992). Esas argumentaciones obedecen a un principio que se puede formular así:
(R) : mantener C, en ausencia de prueba de no C.

Este principio regula la atribución de la carga de la prueba y, por lo tanto, está vinculado a la estructura misma de la interacción argumentativa: si C es una afirmación aceptada, se mantendrá hasta que sea refutada. Es una forma de argumentación “por defecto”. Entonces, junto a las reglas sobre la estructura discursiva de la argumentación, intervienen reglas sobre el buen desarrollo del juego argumentativo mismo, de un nivel distinto a las primeras. No se trata de leyes de paso sino de reglas que definen un modo de cierre posible de la interacción en sí. De este modo, es inherente al juego argumentativo, por ejemplo, que hay que (van Eemeren & Grootendorst, 1992):
(R) : admitir P cuando se argumentó P (R) : rechazar no-P, en presencia de una prueba de P.

Como la argumentación por la ignorancia, que plantea un handicap en la carrera hacia la conclusión, esta regla, que determina quién gana y quién pierde, se refiere a los comportamientos de los jugadores, en cuanto a una forma de llevar el juego mismo. Esta regla es la que proporciona el esquema argumentativo del cual el enunciado (S) es una instancia. Su elocución en forma de pregunta retórica remite al adversario la carga de tener que sostener la contradicción: es imposible satisfacer la obligación de respuesta. El adversario se encuentra ipso facto reducido al silencio, lo cual constituye una modalidad de la refutación argumentativa referida al decir y no a lo dicho (Plantin 1993). En los puntos 4 y 5 se abordará un modo de refutación propiamente argumentativa, que podríamos denominar “ad litteram”, en la medida en que la refutación no se refiere a los contenidos “dichos”, sino que se aplica a un segmento lingüístico tomado del discurso del adversario, a ese discurso en su aspecto literal. En el caso anterior, la conclusión debía imponerse por la fuerza positiva del argumento; ahora, las técnicas utilizadas estarán emparentadas con un “judo de palabras”, que vuelve en contra del adversario la punta de lanza de su argumento.

4. Manipulaciones sobre los contrarios En un episodio reciente de la novela Touvier encontramos un buen ejemplo de ese tipo de contragolpe. El siguiente intercambio argumentativo-refutativo muestra cómo el contra-discurso “le aplica una toma” al discurso al que intenta dar vuelta:
(A4) En la parte político-histórica de su fallo, los magistrados utilizan un argumento que deja pasmado: reconocen que la Milicia tenía "un propósito hegemónico”, pero agregan: “Si el movimiento tenía tal propósito, es porque el

estado no era totalitario y no practicaba una política de hegemonía ideológica.” Dicho de otro modo, si hoy existiera una milicia y declarara que tiene un propósito democrático, esto significaría ¡que la Vª República no es democrática! Le Monde, 15-04-92

La argumentación citada está seguida de una refutación introducida por el conector de reformulación dicho de otro modo. Una y otra deben ponerse en relación con la pregunta que orienta el debate, fijando las intenciones argumentativas y dando el sentido de las intervenciones: ……… ¿El estado era totalitario? => SI, el estado era totalitario La milicia era hegemónica => NO, el estado no era totalitario Como en el caso anterior, la conclusión a la que se apunta está determinada por la pregunta; el argumento que viene a soportarla es libre y depende de la creatividad del argumentador. El discurso D1 citado es de la forma “Si A, es que B”:
Si [la Milicia] tenía ese propósito [hegemónico], es porque el estado no era totalitario y no practicaba una política de hegemonía ideológica.

Se lee “A es un argumento para B”, con encadenamiento de una reformulación de la conclusión B. Se hace un argumento del hecho de que la Milicia haya tenido un propósito hegemónico, para concluir que el estado no era totalitario. Si se expresa esta construcción Argumento-Conclusión en forma predicativa, se obtiene el enunciado siguiente:
La existencia de movimientos que tenían un propósito hegemónico prueba que el estado no era totalitario

Se le opone el contra-discurso refutativo:
si hoy existiera una milicia y declarara que tiene un propósito democrático, esto significaría ¡que la Vª República no es democrática!

Como pasa con frecuencia, la exclamación que se le aplica al enunciado marca el rechazo de ese enunciado por parte de su locutor. Se “reconoce” entre estos dos enunciados un paralelismo del tipo que caracteriza el lugar de los contrarios:
Un lugar de los entimemas demostrativos se extrae de los contrarios: hay que examinar si el contrario de un sujeto tiene un predicado contrario al del primero;

refutar en la negativa, confirmar en la afirmativa. (Aristóteles, Retórica, II, 23, 1397a 7; topos ≠ 1)

El problema está en precisar las condiciones de ese “reconocimiento”. En el marco de la interacción, se puede dar la siguiente esquematización de este topos (Ryan, 1984, p. 51-2; 97) :
Tomar un segmento E del discurso del adversario, segmento que se pueda llevar a la forma Sujeto + Predicado. Inversión: construcción de un enunciado E’ = (Contrario de Sujeto) + (Contrario de Predicado)] Rechazo de E’ Rechazo de E.

Apliquemos esta técnica a nuestro ejemplo.
E = (Sujeto + Predicado) (E) la existencia de movimientos que tenían un propósito hegemónico supone que el estado era no-totalitario

Los contrarios se construyen como sigue: – [movimiento que tiene] un propósito democrático se plantea como contrario del sujeto [movimiento que tiene] un propósito hegemónico; – ser un estado totalitario se plantea como contrario del predicado ser un estado democrático. Como en el punto anterior, esta construcción de la palabra recibe un apoyo mitigado por datos de la lengua; estamos en el terreno de la evidencia polémica, seudo-analítica. Estos contrarios forman el enunciado E’1, que se trata de examinar desde el punto de vista de su verdad:
E' = [(Contrario de Sujeto) + (Contrario de Predicado)] La existencia de movimientos que tienen un propósito democrático supone un estado no-democrático E’ es rechazado por lo tanto E debe ser rechazado

A priori, si hablamos de “lugar común” para designar a este método puramente lingüístico de prueba de los enunciados, es en un sentido ad hoc completamente diferente del que habíamos dado a esta expresión en el punto § 1, desde el momento mismo de la ausencia de un enunciado “aceptable” en una comunidad; aquí la aceptabilidad se refiere a una equivalencia esquemática, más o menos anclada en el lenguaje, que varía con las

construcciones de la palabra. Se trata de una aceptabilidad formal, no sustancial.

Desarrollos evaluativos La reconstrucción precedente solo es evidente para quien hace descansar la eficacia del argumento en la oposición hegemónico / democrático y totalitario / democrático, y relega a un segundo plano la expresión “tener un propósito ”. Poniendo el acento en esta expresión, se podría construir una argumentación que confirmara el argumento de la corte. Propósito tiene como sinónimos objetivo, meta, intención; no puedo tener como propósito sino lo lejano, lo que no existe aún, lo que no tengo en mi poder. El deseo de tal objeto supone la ausencia de ese objeto: hay que ser pobre para desear ser rico, etc. La dependencia de estas argumentaciones respecto de su soporte lingüístico se ve en los siguientes enunciados, el primero de los cuales parece más verdadero que el segundo:
si deseo ser rico, es porque no lo soy si deseo tener mucho dinero, es porque no soy rico

El pasaje no tiene otra plausibilidad que la que resulta del desarrollo del contenido lingüístico de las palabras tener un propósito, desear. Estas argumentaciones no hacen más que apoyarse de manera seudo evidente en contenidos lingüísticos perfectamente indeterminados; sacan su fuerza del hecho de estar atrapados en ese esquema. Si avanzamos en el sentido de la refutación, se verá que la existencia actual de un Rassemblement pour la République2 no parece incompatible con la existencia actual de un estado republicano. Lógica o poética de los contrarios Se ha intentado formalizar esta manipulación argumentativa sobre los contrarios con la ayuda, exclusivamente, de los recursos de la lógica elemental (Schepers, 1972, col. 530). Esta operación, por cierto, no es lógicamente válida; la noción de contrario no puede aplicarse a un sujeto sustantivo. Sea el siguiente enunciado (E): (E) los cuervos son negros Para confirmarlo o refutarlo, construyamos y probemos el enunciado E’: (E’) los no-cuervos son no-negros
pero E’ es falso; por lo tanto E queda refutado
2

N. de la Trad.: Reagrupamiento por la República (R.P.R.), partido político francés de ideología conservadora, de la línea de De Gaulle.

Se concluye, entonces, que el enunciado “los cuervos son negros” es falso. Pero el color de los cuervos no puede decidirse por fuera de una investigación empírica sobre el plumaje de esas aves; no basta con mostrar un sombrero negro (que es negro aunque sea un no-cuervo) para probar que no todos los cuervos son negros. Así como antes hemos hablado de funcionamiento de tipo metonímico, aquí podemos ver que los procedimientos argumentativos no son diferentes de los mecanismos poéticos que permiten construir antítesis eminentemente aceptables, antropológicamente tan “justas” que nos dejan sin palabras, es decir que son irrefutables:
La marea les trajo, la marea se los lleva El negro carbón los enferma, la leche blanca los curará

Placer de amor no dura más que un instante pena de amor dura toda una vida.

Los modelos lógicos o cuasi-lógicos, que utilizan “permisos de inferencia” debilitados bajo la forma de leyes de paso, no permiten llegar muy lejos en la descomposición y el análisis de los haces complejos de fenómenos que interactúan en las argumentaciones y las refutaciones retóricas. La argumentación se refiere a los temas más serios, pero no por eso se vuelve más lógica; procede mediante ligeros desprendimientos, forzando relaciones lingüísticas. En el caso de los contrarios, el análisis debe aplicarse al tratamiento discursivo de los ítems construidos como equivalentes / opuestos para ser puestos en equivalencia o en oposición – las dos operaciones se llevan, evidentemente, a la par. 5. Marcadores de argumentaciones y construcciones semi-saturadas Los casos reunidos en este último punto evidencian una táctica de esquematización de las posiciones adversas conocida con el nombre de argumentación de la “pendiente fatal”. Orientan la búsqueda del aspecto “común” argumentativo hacia los marcadores discursivos y construcciones semi-saturadas cuyas formas de base son perfectamente recuperables (Grunig, 1990). Sea el siguiente ejemplo:
(A5) Usted dice que cuarenta alumnos por clase es demasiado, que treinta no está nada bien, que con veinticinco se comienza a poder funcionar, entonces ¿para usted la clase ideal es la de un solo alumno?

La argumentación (A5) es un ejemplo del movimiento de exageración hacia el absurdo, cuyo análisis entra en el marco de la teoría de las escalas

argumentativas propuesta por Ducrot (1973): cuanto más se diminuye el número de alumnos, más aumenta la calidad de la enseñanza. Este caso permite ejemplificar una técnica argumentativa que es una variante de la argumentación por las consecuencias. Se la conoce con diferentes denominaciones, como argumentación “de la pendiente fatal”, “del dedito (en el engranaje)”, o también como “¡no se puede poner límite!”. Sabemos que da lugar a paradojas.

Categorización argumentativa La argumentación (A6) plantea al menos un problema más, el de la construcción discursiva de una serie orientada:
(A6) Usted legaliza el cannabis, bien. Luego, la cocaína, después el opio, luego la heroína… Y con el crack, ¿qué va a hacer? Tendrá que legalizarlo también. Y después la metanfetamina cristal, y luego nuevos productos, todas las basuras que el hombre es capaz de crear. (Le Nouvel Observateur, 12 de octubre de 1989)

Encontramos aquí la operación esencial de categorización, que podía pasar desapercibida en el primer ejemplo, por el hecho de que se refería a una serie numérica objetiva. Consiste en una puesta en serie homogénea de las diferentes drogas: cannabis / cocaína / opio / heroína / crack / metanfetamina cristal / todas las basuras que el hombre es capaz de crear. Es una operación argumentativa, abierta al contraataque que representa la acusación de amalgama: la distinción droga blanda / droga dura sirve precisamente para oponerse a esa categorización. Este modo de argumentación está lingüísticamente marcado. El desarrollo está construido sobre una progresión temporal (Presente —> Futuro próximo —> Futuro simple), así como también sobre los conectores llamados enumerativos: y, también, y después, y luego. En los ejemplos siguientes, la argumentación está marcada por sintagmas completos ad hoc.

Marcadores La siguiente argumentación (A7) combina la utilización de una escala que jerarquiza las lenguas según “la apertura” que procuran, y una operación de puesta en relación analógica:
(A7) [A propósito de una argumentación tendiente a concluir que “enseñar el corso a los niños equivale a encerrarlos en un ghetto cultural”] :

Pero ¿por qué detenerse en tan buen camino en este análisis objetivo y racional?, […] cuando se comienza un análisis hay que seguirlo hasta el final. Vayamos entonces más lejos… […] volvámonos angloparlantes, y entonces consideraré como sinceras a las personas que despliegan su argumentación. Le Monde, 25 de sept. de 1983 (Cf. Plantin, 1989, ficha 23)

Esta argumentación contiene las expresiones
Vayamos entonces más lejos Pero ¿por qué detenerse en tan buen camino en este análisis objetivo y racional? cuando se comienza un análisis hay que seguirlo hasta el final.

Tenemos aquí una familia de expresiones que pueden ser consideradas como marcadores explícitos de las refutaciones del tipo pendiente resbaladiza. Constituyen un paradigma cuyas variaciones por cierto no son infinitas. Encontramos una expresión de esta forma en la argumentación emparentada (A8), con la forma “llevemos su razonamiento hasta el final”:
(A8) Usted dice que [la legalización de la droga] acabará con la mafia y la delincuencia. En efecto, tal vez eso acabe con una parte del tráfico. Admitámoslo… pero llevemos su razonamiento hasta el final: ¿por qué no distribuir dinero una vez por mes a los ladrones de bancos para evitar los asaltos? Ese razonamiento nos lleva a caer en la utopía.

Esquemas semi-saturados En este último caso (A8), la analogía se apoya en una expresión estabilizada:
¿por qué no distribuir dinero una vez por mes a los ladrones de bancos para evitar los asaltos?

Sea M la medida propuesta por el adversario. La táctica argumentativa se basa en el esquema:
hacer M es como pagarle al ladrón para que no robe

por lo que este esquema funciona como un lugar común particular, subordinado al macro-lugar de la analogía; se lo ve funcionar en otros contextos:
(A9) Pero justamente, el principio mismo de ese negocio parece tan absurdo como inmoral, ya que se trata de categorías suficientemente acomodadas como para pagar las cargas sociales correspondientes al empleo doméstico. Persuadir a algunos defraudadores de que no hagan fraude dándoles — del bolsillo de la colectividad… - más que lo que ganan con el fraude, es ¡pagarle al ladrón para que no robe!

Le Monde, 20-12-91.

Conclusiones Los modelos de análisis que dejan en manos de la “ley de paso” el problema de garantizar el “salto” argumentativo “Argumento – Conclusión” son de una claridad, en primera instancia, satisfactoria y son de gran utilidad pedagógica. Por otra parte, confieren una forma de legitimidad cognitiva a la actividad de argumentación, al anclar el proceso en una “capacidad de invención” prelingüística. Hacemos cuatro observaciones sobre ese modelo: – Las leyes de paso definen, en resumidas cuentas, tipos de argumentos (véase Ehninger y Brockriede, 1960/1983). Este método centra el análisis argumentativo en la identificación de episodios discursivamente destacados, pero no dice nada sobre su contexto discursivo que parece no ser más que un soporte inerte. Subestima la importancia de la articulación discurso / contradiscurso, y, correlativamente, el modo de réfutation propio de los discursos habituales. – Así como el botánico no podría interesarse sólo en las flores que embellecen el prado, desdeñando el pasto que forma su textura, hay que encontrar una forma de tratar como un todo al entorno discursivo del argumento y al argumento mismo; en última instancia, esa distinción debe ser desdeñada. El hecho de tomar en cuenta la interacción puede permitir algunos avances en ese sentido (véase Plantin, 1994). – La transición argumentativa puede variar de la reformulación analítica (petición de principio) hasta la deducción causal, que se basa en mecanismos referenciales y que utiliza una ley física como principio transicional. Hay que destacar que además puede basarse en cualquier mecanismo de figura. Si un vendedor de muebles quiere que se les extienda a sus comercios una autorización para abrir los días domingo que ya fue concedida a los comerciantes de bienes culturales, puede argumentar como se indica a continuación:
Entonces, ahora los domingos se podrá comprar libros ¡pero no una biblioteca!

Vincula el argumento (los domingos se podrá comprar libros) a la conclusión (los domingos se podrá comprar bibliotecas), por la misma ley que asocia metonímicamente contenido y continente; lo que es verdadero para lo uno debería serlo para lo otro.

– Los resortes de la dinámica argumentativa deben situarse al nivel de las operaciones lingüísticas practicadas por los locutores y de los esquemas discursivos que circulan en su comunidad.

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