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Al revés de la B y la M

(Sólo para españoles)
La B, a la Mala, y la M, a la Buena, son las iniciales de dos personajes que ahora mismo brillan con luz propia, dos hombres públicos en la cresta de los informativos, dos políticos en boca de todos, pero en las antípodas ambos. Al primero lo insultan, lo rechazan sin piedad, y al segundo lo alaban, lo admiran con respeto las personas que ahora mismo apuran los primeros calores veraniegos en la Península Ibérica. Con la B mayúscula nos vemos obligados a nombrar a Bárcenas, ex secretario general del Partido Popular (PP) en España; mientras la M mayúscula nos refiere a Mandela, primer presidente, y ahora ex presidente, de la nueva Sudáfrica. Dos EX con estelas y paradigmas diferentes, diametralmente diferentes; por eso sus iniciales nos llaman a engaño y para hacer justicia debiéramos invertir sus posiciones. Pero… ¿por qué? El primero ha manchado su B inicial de “bueno” hasta dejarla irreconocible; todo lo que de él traigamos a cuento tiene cara de Malo: pícaro, abusador, egoísta, tramposo, taimado, mentiroso, creído, autosuficiente, antisocial… en fin. Bárcenas se ha desenvuelto por muchos años como un ejecutivo sagaz e inteligente: a la sombra de la alta política española no ha hecho sino medrar y progresar, crecer y acumular poder, riqueza e influencia social hasta límites todavía desconocidos. Al día de hoy tiene a sus pies a los principales líderes del partido en el gobierno español; con tantos secretos de estado al alcance de sus manos es capaz de crear una crisis política, económica y social de consecuencias imprevisibles; eso se llama extorsión, y en eso está el malaventurado. Nunca la B mayúscula de un personaje público se ha ensuciado tanto como en ese individuo de altas alcantarillas. A la inversa sucede con nuestro segundo protagonista: Mandela ha convertido su M inicial en una fuente inagotable de frutos de Bondad: valentía, sacrificio, constancia, generosidad, desprendimiento, capacidad de diálogo, concordia, perdón, olvido, democracia, puertas abiertas a un futuro nuevo y promisorio en medio de una inacabable tormenta sobre un país llamado Sudáfrica. Ni una sola M mancha los sustantivos que han ido jalonando su penosa y sacrificada existencia; sólo su nombre empieza con M revertida a hombre Bueno, hecho de paciencia, bondad, reconciliación y esperanza para todos los pueblos del continente africano; ejemplo también, y superlativo, para los pueblos blancos del Norte Hemisférico.

Si miramos a un lado… … Ahora mismo, el señor Bárcenas se encuentra amarrado en la cárcel por no sé cuántos despropósitos contables; eso nadie lo duda, pero sus arcas se encuentran repletas en diferentes cuentas bancarias y en inversiones sumamente rentables repartidas por todo el mundo; preso entre rejas, sin embargo tiene cogidos por las partes blandas a muchos políticos, empresarios y ejecutivos de la Derecha española. Todo un ingenio para los negocios sucios a costa de los ingenuos electores que han confiado en ese proyecto político. Y si miramos al otro lado… … Con noventa y cuatro años sobre sus espaldas y todos los sufrimientos del mundo entre sus huesos, Mandela ahora mismo yace en un hospital de Johannesburgo esperando con resignación a la última voluntad de su cuerpo: ¡basta ya, no sigo más! Son las palabras agazapadas a la sombra de su cama de hospital. Cuando eso acontezca, su legado final no será dinero acumulado, o mansiones lujosas frente al mar, o argucias y triquiñuelas de poder, o.... Nada de eso. Su herencia personal quedará expresada en la admiración y el respeto contenido desde todo ese universo colorista al sur del mar Mediterráneo, y de casi todo el mundo desarrollado a los dos lados del océano Atlántico. Nada lo hizo para sí, todo por una causa y una razón de ser, todo por un pueblo y un continente, todo y más por un nuevo estilo de convivencia… La B de Bárcenas está preñada de la M de maldad; ¡qué bien se lo ha montado ese tío para el resto de sus días, aunque tenga que sufrir cuatro semanas entre rejas! Es un triunfador de los clásicos. La M de Mandela, sin embargo, está preñada de Bondad, aunque su corazón palpite más lento cada vez. Su figura nunca habrá sido rica ni siquiera poderosa, pero siempre vivirá en las líneas, en las imágenes, en los ejemplos y en las influencias de la historia de la Buena Política, de las buenas personas que han sabido hacer bien el oficio de la res pública: la democracia. Es el triunfador de los eternos idealistas con los pies en el suelo. En definitiva, hemos escrito acerca de dos letras mayúsculas proyectadas sobre unos personajes que han intercambiado sus simbologías; hoy la B se ha convertido en M de Bárcenas, ¡mal rayo le parta su fea sonrisa!, y la M se ha transformado en B de Mandela o Madiba, padre de una nueva nación, de un continente entre el verde y el negro… . . .

. . . … ¡Larga vida a su Memoria Buena antes y después de la M irremediable que irremisiblemente se aproxima!... - ¿Con cuál de los dos personajes se quedan ustedes? Sólo tienen que elegir… y ya.

8 – utzaila - 2013-07-10 Almirante Astelehena

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