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La prosa/cultura no ficticia según Leonardo Valencia y Jorge Volpi

Wilfrido H. Corral

Casi subrepticiamente, o debido a la cacofonía de los numerosos medios que emplean, los nuevos narradores hispanoamericanos, por ahora los nacidos en los sesenta, están produciendo un corpus significante de prosa no ficticia. Obviamente, ésta todavía no llega a tener la influencia de la ensayística de los autores del boom, pero ya muestra con creces que su ambición es comparable a la de los mejores momentos de aquellos maestros. Paralelamente, sus exiguos críticos no pueden decidir de quiénes o de qué obras o formas ensayísticas se compone el corpus que va representando a aquellos narradores. El esmero de su producción supera cualquier interés estrictamente estético, porque también es una fuente habitual de entradas, tal vez mayor de lo que fue para los “boomistas,” cuando éstos estaban en una etapa análoga de sus carreras. La progresión es difícil de precisar: Carlos Fuentes y el novelista colombiano Juan Gabriel Vásquez (1973) escriben para revistas de líneas aéreas, y éste ha comenzado a escribir para El País, donde el mexicano colabora desde siempre. En épocas de reivindicaciones, no pasa desapercibido que pocas narradoras contribuyen a ese estado del arte, como precisaré. Si no se descubre una Rosario Castellanos o Ferré, la responsabilidad también yace en la crítica que supedita el análisis de la complejidad del ensayismo femenino a cierto revanchismo. Esos lectores hiperespecializados tampoco advierten, más allá de teorías efímeras, cómo las variaciones de discursos ficticios y “reales” superan las estratagemas de las recientes generaciones de narradores. De hecho, estas están redefiniendo la prosa y cultura no ficticias, y la brillantez conceptual y valentía de una colección como
MLN 126 (2011): 366–389 © 2011 by The Johns Hopkins University Press

Crónicas y ensayos sobre literatura (2010) del chileno Alejandro Zambra (1975) es la señal más importante de hacia dónde van los nacidos en los setenta. y. el Crack. y por esto me refiero a la “prosa/cultura no ficticia” de ellos. Muchos de ellos publican artículos. Líneas aéreas. crítica literaria (no esos dominios teóricos que . y una crisis de modernidades que requiere nuevas ideas sobre el pasado y su relación con el presente. recordando que sus parangones nacieron a mediados de los sesenta y después. o a los críticos que los estudian? Más que señalar lo obvio. Se podría proponer entonces que una manera de establecer valores es limitarse a la ascendencia de las publicaciones impresas. En lugar de distinciones hay el culto de la interdisciplinaridad indisciplinada. Aparte de Roberto Bolaño (1953–2003) y su recepción en curso.” a la editorial en que publican.M L N 367 No leer. ¿Cómo jerarquizar entonces una producción habitualmente dispersa. todavía no se establece un contraste válido y convincente entre los narradores recientes verdaderamente originales y los que son parte del montón. Vale aprovechar el relativismo reinante y re-postular un axioma: que factores como la diferencia en edad o el momento en que se publica o “descubre” a un autor no tienen nada que ver culturalmente con la pertenencia generacional y el talento. y los cruces entre ambas prácticas son evidentes. ¿Por qué no pensar en que la producción real es lo que cuenta. y determinar su público? ¿Qué hacer si las obras no están “consolidadas” o canonizadas? ¿Cómo establecer ciertos parámetros de recepción cuando varios narradores publican continuamente en periódicos y revistas que además tienen sitios en la red? ¿Qué hacer cuando tienen sus propios blogs (pienso particularmente en los de las mexicanas Cristina Rivera Garza [1964] y Carmen Boullosa [1954] y el peruano Iván Thays [1968])? Las posibilidades estéticas o narrativas de los medios nacientes no son inmediatamente evidentes o están definidas. y la defunción de los medios convencionales es prematura. El modo de producción sólo da un mensaje. en menor grado para el ámbito hispanohablante. no una distinción decantada respecto al narrador que lo produce. en vez del presunto prestigio atribuido a narradores de carácter o visión “especial. vale matizar que de los narradores recientes casi canonizados se salvan. pero hacerlo sería concentrarse en algunos narradores agenciados inicialmente por McOndo. Bolaño y César Aira (1949). biografías o textos biográficos. hasta tener mayores y mejores noticias. Los narradores responden a esa situación. Se habla español. más en su prosa/cultura no ficticia que en sus novelas. estar al tanto. una feroz mercadotecnia de la mitología del autor más que de sus ideas.

sin aromas anglosajones. y al mexicano Jorge Volpi (1968) y sus “libros de ensayo”. Consecuentemente. periodismo por supuesto.” incluyendo la novela histórica y testimonios que se vienen renovando desde los setenta. que no siempre son generacionales. prólogos y reseñas de cierta chispa e importe. no sorprende que entre sus escasos intérpretes se perciba que autores como Valencia y Volpi escriben novelas ensayísticas y altamente alusivas. y enfatizando las diferencias en el pensamiento que producen. Corral todavía no se ha bautizado). siguen sin encontrar causa común 1 En otra ocasión examiné la prosa no ficticia de dos autores igualmente importantes. sin perder de vista el nomadismo vital que define su representatividad demográfica. se circunscriben sólo en este caso al ecuatoriano residente en Barcelona.1 El espíritu ensayístico de “los demasiados libros” Establecido ese trasfondo. Leonardo Valencia (1969). ensayos formales. Este es el estado del arte que examino. se puede argüir que su cohorte son decididamente apolíticos. notas críticas. se convierte en el género preferido de las Américas. observaciones. y que a diferencia de sus antecesores. apuntes autistas (2007) y Missing (una investigación) (2009). excepto donde se indique lo contrario. crónicas. aun admitiendo que desde 1993 la “no ficción. Oriente empieza en El Cairo (2008) y Traiciones de la memoria (2009). introducciones. . Abad Faciolince y Fuguet. una forma de confirmar las coyunturas escriturales que señalaré es examinar a otros narradores que cumplen de manera consistente con varias de las condiciones mencionadas.” Del primero véase Las formas de la pereza (2007). autores de compilaciones recientes: “Abad Faciolince y Fuguet en su prosa/cultura no ficticia. otra característica que une y reivindica a los seleccionados—y señalaré algunas salvedades en torno a ellos—es su dedicación a lo que se sigue conociendo como “literatura de calidad” en América Latina. talón de Aquiles según algunas críticas extraterritoriales. cotejarlos entre sí someramente. De Fuguet. Primera parte (2000). Al respecto pienso en lo poco que se conoce o cita textos dispersos del hondureño Horacio Castellanos Moya (1957). Toda traducción es mía. Por estas articulaciones. norte y sur. y en el valor mantenido de los del mexicano Enrique Serna (1959). con referencias a todavía otros narradores. Mis prototipos. presentaciones. Paralelamente. cuadernillos. no fuera de ella. y es arduo precisarlo para autores que todavía tienen mucho que escribir.368 Wilfrido H. que todavía no quiere o puede ocuparse de los nuevos. consciente de las interminables revisiones de la peculiaridad de las definiciones de aquella calificación genérica por la crítica.

empleando ese medio contra algunas pretensiones de su práctica establecida. redujo exhaustivamente al término “los demasiados libros” y sus implicaciones sociales. sexualidad. Jaime Durán Barba y Santiago Nieto concluyeron que los nuevos jóvenes electores hispanoamericanos no se interesan en lo absoluto por la antigua política. no una verdadera liberación. 1996) se incluye en Obras de Gabriel Zaid 3: 11–124 (volumen intitulado Crítica del mundo cultural). y en revistas académicas de sus países y el exterior (los dos tienen doctorados en literatura de universidades españolas). y es necesariamente una especie de creencia rival. Sus diferencias y similitudes les permiten devaluar cierta autoridad. . actitud que define su periodismo cultural. hoy más acrítica o imprecisa respecto de regímenes totalitarios identificados con esos polos. Se establecen entonces varias dinámicas mediante las cuales habría que discernir la logística de las publicaciones de Valencia y Volpi. En Mujer. establecer una graduación definitiva. En el caso de este dúo sin conductor. Internet y política (2006). Sin embargo. también quieren ser partícipes de la impersonalidad y objetividad que se supone son parte de la ética de la identidad periodística. así como se supone que la libertad de información e imparcialidad son parte de la ética del profesor universitario. que modelos literarios como los presentados—que podrían terminar siendo típicos de este principio de siglo—no se caracterizan por suponer que tiene pertinencia o sentido la taxonomía Izquierda/Derecha. para criticar el autoritarismo de los anti-autoritarios y el dogmatismo de los nuevos dogmas. si se piensa en la madurez intelectual a la que llegaron ágilmente autores como el Nobel 2010 Mario Vargas Llosa y la mayoría de los discutidos aquí.M L N 369 con compromisos del pasado.2 2 Los demasiados libros (1972. Es más exacto proponer. Pero ser apolítico está relacionado estructuralmente a la creencia que niega. Esta dualidad produce lo que Gabriel Zaid. no se puede sostener que un tipo de “juventud” justifica o permite ser benévolo con la falta de definición. preocupación que dejan a los intelectuales y a los viejos. .”). Valencia y Volpi publican en Letras Libres y en revistas y periódicos de sus países de origen. o precisar sus avatares y devenir. les importan un bledo las ideologías. El secreto de la fama. . complementado por otros libros de ese volumen y por Zaid. de izquierda o de derecha. la amplitud de fuentes y recursos que emplea complica atribuirles categorías. Cuando son académicos y periodistas. y cuál es la resonancia que tiene cada uno. como se ha hecho (Corral “¿Qué queda . Ambos publican en El País español.

para parafrasear una idea que Giorgio Agamben desarrolla en su panfleto Che cos’è un dispositivo (2006). que de una manera u otra tienen la capacidad de asegurar. convirtiendo a sus practicantes en dispositivos (ante tanta proliferación y acumulación de conexiones humanas). Serna publicó Las caricaturas me hacen llorar. las patologías neuróticas del hombre contemporáneo. su centro ilustrativo es sin duda la cultura mexicana. Serna extiende el alcance de su ensayística más reciente a temas que en un momento se llamaron “universales” (sin exponerse a acusaciones de dependentismo o imperialismo. más Fuentes para Volpi. y ésta es un complicado impedimento para el progreso de la prosa no ficticia de casi cualquier escritor de ese país. o importarle). En 2008 Serna publicó Giros negros. . . En 1996. título prestado a los reporteros de la fuente policial para referirse al submundo vil. pero sería una justificación incompleta atribuir el desconocimiento a esa condición. señalo otro destiempo o desencuentro pertinente. En su preámbulo Serna dice que su compilación reúne un mosaico de crónicas. y otros pocos. las transgresiones mediocres. La razón principal por la subestimación de esa obra de Serna y otras pocas que serían sus pares sigue siendo la falta de atención crítica y general a la prosa multigenérica. aunque en base a su nacionalidad sí se puede señalar grandes ensayistas antecesores para Valencia.370 Wilfrido H. Su colección. paradójicamente cuando se sobrevalora la hibridez interdisciplinaria. como en Las caricaturas me hacen llorar. Si esta situación cambia la definición del género según los ensayistas “estrella. que practica genialmente el arte combinatorio que la diferencia de la prosa no ficticia de entonces (que tenía la política como sacramento). y los latinoamericanistas no la citan o conocen. ¿Por qué no lo conocemos más entonces? Es significativo que no se puede atribuir un contexto de producción similar para otros narradores hispanoamericanos. A pesar de alguna tirada estimable las publicaciones nacionales rara vez se distribuyen debidamente. énfasis mío). los bajos mundos de la farándula y la academia. . Corral Para analizar la ensayística de los narradores del milenio. interceptar o modelar los discursos de narradores vivos y muertos. selección de artículos y ensayos escritos entre 1987 y 1996. controlar. las claudicaciones del orgullo patrio . año reconocido como el estreno temporal promedio de la obra de los narradores bisoños más representativos. Carlos Monsiváis y Zaid. Serna tiene varios ensayos y notas valiosos no recogidos. dada la sombra de los canónicos y prolíficos Paz. política y erótica.” (13.” también podría alterar el prestigio de la forma. determinar. sigue desapercibida. capturar. Aparte de que. ensayos y piezas de varia invención para escudriñar “los giros negros de la vida cultural. como Benjamín Carrión.

encontrar. la prosa/cultura no ficticia del nuevo narrador sigue siendo espinosa de publicar. por no decir nada de su narrativa y su actividad literaria. También se observa en él una gran apertura para confrontar las ideas recibidas.” o las pontificaciones del tipo “en esto creo. en una delatora comunión de intereses. y Occidente. en su columna de El Universo guayaquileño. y punto. De hecho. como comprueba Claire de Obaldia. laboriosidad casi decimonónica.” con Valencia se está ante una especie de sesudo atleta literario en una época de distracciones electrónicas y especializaciones voluntariosas. y es dable comenzar a rescatarla y elucidarla con dos de sus mejores patrones. factor que en su caso tiende a complicar positivamente cualquier lectura de su prosa no ficticia. En Valencia es notable un proceso de depuración y perfeccionamiento de las ideas que les sirven como plantilla. Insisto en que esa visión dice mucho sobre la nueva “nueva” narrativa del continente. y tal vez demasiado sobre sus autores. Valencia tiene un blog. a decir verdad. porque el ecuatoriano piensa y escribe con mayor ambición y sin la inseguridad del neófito. Porque también evita exabruptos del tipo “uno de mis autores favoritos. porque esa opinión también parece ser un estribillo para otros nuevos narradores. últimamente las políticas. aquellos cuya . aún cuando las expresa en un medio relativamente transitorio como un blog. los literatos de cenáculo y los mercaderes de la edición” (“Vejamen” 295). a quien volveré. A mediados de los noventa Serna vaticinaba que “lo peor que puede pasarle a la literatura en el próximo milenio es que se acentúe la falsa polarización entre narrativa light y narrativa para entendidos. les apesta a todos los miembros de mi muestra particular. Es decir. que lo ubica como uno de los prosistas más dinámicos de su generación. cumple su propósito sin ser acomodaticio o basarse en el presunto eclecticismo que es tan apreciado por cierto posmodernismo que.M L N 371 Si me detuve en Serna es por su desobediencia a los maestros y por la necesidad de tener en cuenta los tipos de subterfugios que señalo al hablar de los autores de este tipo de prosa. Someramente. Valencia y la autorreferencialidad crítica Con Valencia no hay que ir página por página para demostrar conexiones conceptuales. que no es siempre de ocasión o se exhibe como la de los selectos. parecida a la de un blogger en su aparente determinación por convertir cualquier trozo de conocimiento y experiencia en palabras. y tenía razón. con pensamientos nuevos y provocadores. como lo desean. jerarquizar y sobre todo conceptualizar.

aun considerando que esa obra sigue dispersa. Valencia es el narrador más literario. Valencia ha dejado atrás a su cohorte en términos ensayísticos. y obras periodísticas. Juan Falcón Sandoval cargó sobre sus hombres por doce años al escritor socialista ecuatoriano Joaquín Gallegos Lara. participa del escepticismo y a veces de la ironía. aun cuando aquélla no tiene la atractiva seña de identidad del exilio político. mucha de la cual cruza las líneas genéricas establecidas para producir crítica incendiaria. y por ende . como estilista y por acercarse a la literatura como un deber que en otra época era el privilegio y monopolio de algunos grandes filólogos europeos y políglotas tradicionalistas de Nuestra América. Reitero que se discute muy poco la prosa no ficticia de ellos y las condiciones del exilio voluntario. ni tampoco hacia híbridos estéticos. porque sabe que el mundo cultural nunca ha podido o debe ser estático. Esas son las coordenadas que hacen un placer y desafío leer El síndrome de Falcón. que en el caso del ecuatoriano proveen matices que en otros se convierten en estereotipos para intérpretes. Las razones. notas académicas o artículos. Y lo hace con claridad de pensamiento y expresión. es incierto que las editoriales que les publican su ficción quieran arriesgarse con otro género. José Emilio Pacheco y posteriormente por Hector Libertella.372 Wilfrido H. Identificado inicialmente con la antología McOndo y muchas otras colecciones que presentaron al grueso de estos narradores a un público mayor. Corral ficción comenzó a llegar a las librerías a mediados de los noventa. por lo general hay un talento innegable en esa prosa. ¡Vaya versión de la carga del pasado! Gallegos Lara despreciaba toda literatura que no fuera comprometida. no son difíciles de aceptar: poco de la prosa de narradores que comparten una especie de exilio similar al de Valencia vale la pena. Por eso no hay tecnicismos o pesadumbre en su prosa abierta. iremos viendo.” que depura y actualiza nociones similares intentadas por autores de la generación de José Balza. que la crítica efímera y reticente sigue llamando “posmoderno. El síndrome de Falcón de Valencia es un libro singular para esa práctica. por razones que superan cierto tono de ajuste de cuentas cuando ese trío habla del mundo literario. Bolaño y Volpi. Paralelamente. como varios de sus coetáneos más sensatos.” Sin embargo. y sus pares serían las colecciones ya mencionadas de Aira. Su noción de una “ficción progresiva. El título de su colección alude a un hecho verídico: por falta de una silla de ruedas. según su definición. nuevas formas narrativas. ensayos. Valencia no muestra ningún desprecio hacia el canon occidental o hacia algunas ideas de la Ilustración. No obstante. culturas u otras artes.

modestia y economía de expresión admirables. y es obvio que sigue siendo una bête noire principal de Valencia. Tal vez no deba extrañar que la fortuna literaria de Palacio y Salvador haya sido muy superior a la de Gallegos Lara. Valencia se manifiesta desde ese contexto acerca de autores hispanos. En esta larga sección. el ensayo “El tiempo de los inasibles. sobre todo fuera del Ecuador. Cortázar.” es prueba fehaciente del lugar que el ecuatoriano debe ocupar en lo que se ha dado por llamar “Nueva literatura mundial. Es de notar que Valencia. lleva a cabo su empresa con una claridad.” Valencia arguye brillante y valientemente contra la fijación politizada de ver al escritor como portavoz del “pueblo. La tercera y última sección de El síndrome de Falcón es tal vez la que más lo acerca a los grupos con los cuales ha sido identificado. El peso de ese pasado ha sido y ha vuelto a ser en este siglo uno de los mayores problemas de la literatura de ese país. En el ensayo que le da el título a su libro y otros cuatro de la sección “Sobre literatura ecuatoriana. “Sobre escritores. sus compatriotas Pablo Palacio y Humberto Salvador. entre ellos Borges. Estos fueron condenados al ostracismo cultural por no adherir al realismo social. el griego Adonis. y del academicismo universitario. La primera sección. especialista en literatura comparada y conocedor y profesor de teorías narrativas. Vila-Matas y Aira.” defínaselo como se quiera. Este solo ensayo lo separa de los otros narradores. Valencia ve complicaciones mayores. y en estos textos se notan diálogos y querellas positivas con los maestros. Conjuntamente. Peter Greenaway. y por ende conceptualizadas bajo diferentes e infinitamente ricas categorías.M L N 373 criticó severamente a dos de los mejores escritores hispanoamericanos de su momento. empleando una frase cuyos avatares se encuentra en el resto del libro: “Nuestra realidad. pero ya en el siglo veintiuno. contextualiza mundialmente al novelista inglés Ishaguro y al cineasta de ese mismo país. característica que comparte con los mejores críticos literarios de tiempos anteriores al suyo. lo cual es un problema que los otros ensayistas no han confrontado con más que ironías. o a la política hoy llamada “progresista” que ha vuelto a ser una norma que parece muy de derecha en su país. no sólo puede ser una hipótesis narrativa sino que siempre lo es” (157). parece decir Greenaway. Vargas Llosa. a . aunque bien definida por el alcance mundial de sus autores cuando escriben sobre sus pares. analiza de manera deslumbrante y enterada el desarrollo desde 1950 de novelas hispanoamericanas indefinibles.” al que volveré. escribe con autoridad e igual admiración sobre los italianos Lampedusa y Buzzati (Valencia ha traducido a Pirandello).” etiqueta que todavía define a cierta narrativa escrita principalmente en inglés.

y los cinco ensayos que incluye ilustran otra de sus coordenadas estéticas. a la pérdida de una estatura intelectual y de escritura” (25). nos encuentra hogares en cualquier lado. Más concentrado en la práctica personal y nacional. se atan otros cabos conceptuales con la noción del escritor como nómada. La noción del nómada fue ensayada previamente en la nota “Esa tribu errante” de la primera sección. actitud que resume con “Me refiero a la trasgresión de autores que exploran otros escenarios del mundo” (21). en la . la realidad es que. la mejor expresión de su revisionismo es: “Toda especialización o segmentación en el territorio literario de Latinoamérica significa una resta que termina por llevar al desaliento de lo banal. el de las nuevas tecnologías” (223). lo cual de alguna manera socava el optimismo de Valencia en el resto del ensayo. Corral pesar de sí. Valencia se explaya acerca de la resistencia a las cartografías existentes de la narrativa hispanoamericana. Esta afirmación sociológica se puede aplicar mutatis mutandis a otros países similares al Ecuador. Como decía Jean Rhys. Esta sección también sirve para separarlo del montón. Por último. la lectura nos hace inmigrantes a todos. y aparte de proveer un registro de autores y obras que cubre los años 1950–2008 (27–29). El libro flotante de Caytran Dölphin (2006) y Kazbek (2008). En “El tiempo de los inasibles. sobre todo. su punto de partida como narrador. y cualquier falla podría ser vista como una amenaza existencial. porque a pesar de que diga “Lo cierto es que siempre he escrito teniendo en mente que nunca me fui con el nombre del país por la tierra” (222). en “Nunca me fui con tu nombre por la tierra” (222–231).374 Wilfrido H.” que también es un elogio al cosmopolitismo. lo cual hace que su autor sea siempre cuidadoso. que contiene ecos y complementa al ensayo que le da título a la colección (167–190). sobre todo porque esta sección es la más autocrítica de sí mismo como escritor. y con el concepto del “libro flotante.” tal cual pone en práctica en sus novelas más recientes. la concisión. ahora. nos aleja de nuestro hogar. e implícitamente de la escritura de sus contemporáneos. asevera “Y ya no es fácil escribir una novela sobre cualquier individuo de mi país porque también hay que integrar todo el fenómeno de la emigración y. La presunta imperfección de estas coordenadas las hace más vulnerables. para perfilar la “orilla internacionalizada” (26). como sigue haciendo Valencia con su “ciclo de cuentos” La luna nómada. y al purgar posteriormente el acto de narrar de toda ostentación y sentimentalismo nos deja con un entendimiento renovado que emigrar es convertirse en extranjero en dos lugares a la vez. Estos ejes además se forman con una noción renovada del libro infinito. a la cortedad de miras y. pero más importante.

el suyo sigue siendo un desiderátum que todavía espera reacción y acción de parte de los aludidos o de los jóvenes autores mencionados directamente. no “en obras. También es claro que no escoge temas que no disfruta o en los cuales no encuentra diversión intelectual. es decir.” es sobre todo una explicación sensata de una condición: “La teoría literaria contemporánea. Es claro que el valor de Valencia como escritor de prosa no ficticia surge de un estilo refinado que emerge con facilidad dialógica desde los temas librescos más cercanos a él: los del siglo veinte tardío. Valencia arguye de manera más directa que otros narradores que mientras más se van acumulando las teorías. los críticos y académicos.” que por su título parecería tener una mayor relación con “El tiempo de los inasibles.” y una madurez y sentido de certeza raros en estos momentos relativistas. ya hecho. Como se ha dicho respecto a él y su obra en otras ocasiones o polémicas. como el no esforzarse por subrayar lo obvio y tener conciencia de la incompatibilidad de las memorias históricas. Estos y el resto de los ensayos (nunca han sido relleno de periódicos) comprueban el trabajo de un gran prosista. lo distancia de Volpi. y lo acerca a autores de crónicas de viaje como Bruce Chatwin y otros contemporáneos. siguen fascinados por los procedimientos narrativos que hibridizan los géneros y multiplican las nociones que sostienen lo específico de cada narración. “Esa tribu errante. Parezco decir que. lo más que parecen agotarse. interés sobre el que Valencia sigue publicando. Hemos llegado quizá a una exaltación de lo híbrido y a la banalización de lo híbrido” (17). una de sus ventajas es haber surgido de un país en que no encontraba maestros inmediatos. precisamente por las dificultades logísticas que bien señala (229). y él no puede evitar depender de ella. como los otros. Este factor. En gran medida. o cuestionar en los ensayos sobre Vila-Matas (94–100) y la gran mayoría de los incluidos en “Sobre la escritura” (la última sección) el ensimismamiento que sigue depurando en su propia práctica. ese tipo de prosa tampoco ha sido examinado debido a cierta “neutralidad” crítica. Valencia se va moviendo con convicción y paulatinamente hacia una negociación entre crítica . o hacer que importen. lo cual le obligó a profundizar en su Occidente. la que no quiere alabar o desafiar las ideas de estos autores. Uno no tiene que estar de acuerdo con su perspectiva para darse cuenta de que los excesos y estrategias teóricas de las últimas tres décadas han dificultado entenderlas. o convertirse en bosquejos aburridos.M L N 375 práctica. Para todo el cohorte de Valencia la novela nunca suelta su protagonismo. evitando así a un análisis más profundo de las razones de sus éxitos o fallas.

De la misma manera. la chispa dialéctica del colombiano Héctor Abad Faciolince (1958) y la reserva desafiante de Valencia se remplaza con una búsqueda de autoridad que quiere depender de varios formalismos. aunque no mucho de su compatriota Ignacio Padilla. visiones más completas de las patologías que también definen al mundo literario. articulista descuidado en sus intentos por chocar a los burgueses. porque muestra la capacidad de imaginar que la experiencia y necesidades del otro— que casi todos los seres humanos poseen en alguna forma—tiene que ser enaltecida y refinada. En Valencia lo personal se funde en lo profesional. lo que se tiene ante uno es un intelectual e intérprete que valoriza lo que la escuela de Frankfurt llamaba la “cultura política de la contradicción. y cuya finalidad es confrontar la opinión homogénea. para estimular más debates y discusiones. y. que compone la narración de una vida. entre los narradores neófitos de su país y pocos otros del continente. Lo que causa mi cautela positiva sobre ese desarrollo específico es que en El síndrome de Falcón ya da indicios de ese gesto. bien sabe. Volpi y la seriedad que no quiere ser circunspecta Con Volpi. cuando posible. Así. desplegadas públicamente. no le interesa a muchos. se desmoronan los edificios que quiere presentar como intelectualismo renovado o vivaz. Pero cuando añade sus intentos de ironía para tratar de satisfacer a un público tal vez más amplio. Diferente de la prudencia de Valencia. Su gesto es democrático. pero nunca se puede decir. y si se intuye algo en sus textos periodísticos no coleccionados hasta hoy. por lo menos hasta este libro.” presenta el afecto a la patria como un acto de la imaginación. sino en que los acepten. En asuntos de interpretación literaria o . el mexicano sigue siendo una figura potencialmente transformativa y la más importante. sin ningún desnudo que. Pero obsérvese que en su corrección estilística y perspectiva intelectual formal Volpi se diferencia bastante de sus coetáneos. Se podría decir que su prosa no ficticia contribuye a una autobiografía de la mente. en Mentiras contagiosas Volpi quiere basar su prolijidad no en que sus lectores confirmen sus dictados. la falta de calma del chileno-americano Alberto Fuguet (1964). e insiste que demostrarlo no lo convierte en irreal. en los textos “ecuatorianos. y tal vez sea así. es que en cualquier momento va a dar otro giro. Sin embargo. Corral cultural y crítica literaria que no se concentra en detalles o lo previsiblemente formal.” aquella que se caracteriza por sus tensiones y divergencias culturales.376 Wilfrido H.

por otro parece decir que primero hay que ser ciudadano del país donde una ha nacido. no importa cuántos matices se le haya añadido. porque si es verdad que ha tomado el riesgo de ubicar su narrativa más conocida fuera de su país. Paralelamente. el pensamiento que ofrece en su ficción. no es así en su prosa no ficticia. Así. un texto representativo de Mentiras contagiosas. Pero a veces quiere separarse del terruño. catedrático de Hispanic and Chicana Literature de la Universidad Estatal de Dakota del Norte. Si hasta cierto punto Volpi. Paradójicamente. su ficción lleva una doble vida en la cual su maquinaria estilística y narrativa tradicional constantemente agobia la pretensión de presentar ideas sofisticadas. Esta impresión se desprende de su invariable elección de autores mexicanos. De Obaldia aclara las similitudes y diferencias que hacen que los ensayistas y novelistas sean tal para cual (184). no pasa del respetable E. advirtiendo que hay material ensayístico que no se ha disuelto en la tela de la novela (194). donde alterna hermetismo semi-filosófico con luminosidad narrativa.” No deja de ser . porque puede significar que se cree sinceramente en una idea. de “Lucius J. y su constante mención de ellos como ejemplos a seguir. porque no todos tenemos que pertenecer a algún lado. lo cual es cierto. aunque en principio no hay nada malo con el reciclaje. hasta la fecha se equipara fácilmente con el de los posmodernistas que su prosa no ficticia parece reprobar. esa demasiado selecta (y por ende poco representativa) muestra testimonial de los novicios. aun cambiándole el nombre al texto. y sobre todo que desde las clásicas interpretaciones de Lukács sobre el ensayo.M L N 377 su “teoría. aunque certero en su tono apocalíptico. parece argüir que todos podemos ser ciudadanos en la república de la letras. como los otros. Forster y sus problemas con la modernidad). El recurso del abanderado Volpi en las versiones de ese ensayo es citar in extenso un texto apócrifo. M. éste y la novela han sido “formas problemáticas de la escritura” (224). lo cual lo ubica en medio de la inmensa brecha que existe hoy entre un intelectual y el casi inexistente “profesional” del comentario cultural periodístico. Berry.” Volpi también sigue siendo bastante convencional (para la novela.” Pero su proto-texto salió primero como contribución a Palabra de América. esta postura pierde su valor cuando se emplea el terruño como base. examinada en otro momento (Corral “Y tus padres también”). pretendiendo protegerse con un escudo que se mofa de teorías. ¿Hacia dónde va Volpi entonces? La pregunta no es baladí. el ensayo “La obsesión latinoamericana” (143–54) también se publicó en la Revista de la Universidad de México en el dossier “A diez años del crack. Así.

a las grandes corrientes de la literatura universal” (Mentiras 152). Volpi sabe a quién se dirige. y que haya sido publicada como artículo académico. No es casual la conjunción y confusión. porque un género “estético” tiene tantas convenciones como los géneros más comerciales.” y cómo en el 2055 se perderá el interés en la “narrativa” por componerse de caprichos personales “sin ningún valor definitivo. y esta condición afectará la evaluación de estos narradores como innovadores.” símbolo de las ideas derivativas y débiles que la crítica reitera infinitamente. por la revista peruano-estadounidense Revista de crítica literaria latinoamericana.” Señalando los errores de “Berry. y piénsese en que en una colección académica de hace sólo dos décadas. En la cultura de la prosa no ficticia actual va a ser frecuentemente más difícil cuantificar el éxito artístico o entender sus ciclos de creatividad. Por ejemplo. lo que quiere señalar Volpi es la miopía de la crítica especializada en “esta región del mundo. cargando con sus profundas divergencias y matices. como dicen los comentaristas posteriores. . Volpi propone que el boom fue exitoso porque sus novelas “desde el principio renegaron del cerrado nacionalismo de sus medios locales y a que se integraron. evaluación ante la cual “La obsesión latinoamericana” despliega una actitud defensiva.” como si hacerlo convirtiera la escritura del a veces académico Volpi más meritoria. porque la prensa inicial manifestó que el mencionado El insomnio de Bolívar “escapa al tono académico. Teoría de la crítica y el ensayo en Hispanoamérica. La dependencia en una crítica hispanoamericana sesgada hacia cierta tradición no quiere decir que uno o que otro de aquellos ensayos no tenga vigencia.378 Wilfrido H. noción que reciclará en El insomnio de Bolívar. o del aspecto apócrifo de las notas. aparentemente sin que el consejo de la revista se diera cuenta del tono irónico de los comentarios de Volpi. El verdadero crítico habla desde su experiencia. Corral revelador que esa misma prosa fue recogida casi al mismo tiempo. sin ningún cambio o aviso. y se refiere a una “verdad eterna”: “De esto se sigue que el crítico está aprendiendo siempre. o le diera un género que el libro no tiene. en 1973 Antonio Alatorre arguye en la colección mencionada que el crítico tiene que tener en mente el aspecto coyuntural de su quehacer. los nueve ensayos dedicados a la crítica son de los setenta. como si entre esos años y los noventa no hubiera habido cambios generacionales o conceptuales importantes. No se hace de una vez por todas. Si las primeras ocho páginas del apócrifo aunque verosímil “Berry” mezclan con gran ironía autores reales y presuntamente ficticios para distinguir tres corrientes principales de la nueva narrativa.

“Traditional vs. aseveraba: “Dentro de los caracteres comunes. Zum Felde. de cada época de la cultura occidental. particularmente Santiago Castro-Gómez. y vale recordar. que en un libro publicado antes de que nacieran los narradores de entresiglo. Para un contexto más amplio. cuando en El insomnio de Bolívar empotra un recuadro (uno de varios) llamado “Adiós a los críticos” (2009. desde El ensayo y la crítica literaria en Iberoamérica (1970). no sólo porque su metodología hermenéutica y los resultados de la aplicación de ésta resultan en alguna medida aportados a la nueva crítica.3 Volpi se aproxima a una contradicción generacional (y no sólo por su apoyo y dependencia en Fuentes) o autocrítica (por sus caprichos.” Esto tampoco es nuevo. que traducido al inglés agudiza lo impenetrable. como hizo Cortázar. la experiencia de las obras literarias (a semejanza de la experiencia de la vida) no tiene límite” (26.” en que la literatura brilla por su ausencia. la histórico-crítica destaca perfectamente las diferencias de estilo nacionales” (21). ed. eds. actas de un congreso de 1969. América Latina: los desafíos del pensamiento crítico. Critical Cultural Theory. ella hace necesario y permite un nuevo estado de crítica” (73). y entre éstas las europeas celebraron el primer boom sólo cuando se dieron cuenta de que sus autores vendieron bien sus primeras ediciones y se comenzaba a interesar el público anglosajón.” y Hugo Zemelman et al. Desde ese contexto. Leopoldo Zea. Muestras de este proceder son el volumen especial sobre “Critical Theory in Latin America” de Cultural Critique (Fall 2001).. su énfasis). vale ponderar por qué. el gran crítico uruguayo hoy olvidado. el semiótico peruano Raúl Bueno Chávez enfatiza en ese tomo la obvia necesidad de considerar con respeto “toda labor realizada por una crítica anterior. la historia de las ideas. que no necesita pontificaciones sino una ponderación 3 Tal vez porque para algunos nuevos críticos coetáneos de los narradores no hay manera de desenredar su discurso de lo incomprensible y su reduccionista “compromiso” sociopolítico con cierta teoría o pensamiento. o al pensamiento definido ampliamente como “crítico. véase el recorrido que va de América Latina en sus ideas. universales. sino también por el hecho de que. Miguel Ángel Centeno y Fernando López-Alves. en determinado momento. así que Volpi habría tenido que pensar en los denominadores comunes que dan unidad literaria nacional y universal. A su vez. y escribieron lejos de las editoriales. Vale recordar también. . hasta The Other Mirror: Grand Theory through the Lens of Latin America.M L N 379 y como es natural. Paralelamente. 191–192) revela más un pesimismo personalizado que una situación demasiado conocida. como todo autor) al criticar el boom y sugerir asesinarlo “de modo natural y sin escándalos. el tema no ha merecido una atención sostenida de la academia más allá de estudios individuales o compilaciones dedicadas estrictamente al ensayo. que el argentino y sus coetáneos hicieron sus obras iniciales solos.

380 Wilfrido H. La complicación yace en la imprecisa división de labores discursiva. Cuando identifica. sobre todo respecto a la política. una pausa que no ayuda al desarrollo del resto del ensayo. tremendas o desdentadas según la sensibilidad de quien las lea. porque no importa qué discuta en El insomnio de Bolívar. y que “pierde la oportunidad de superar el estándar establecido por . el dictador. El problema son las incoherencias: querer rescatar a América Latina del realismo mágico y. no son las provocaciones. Por evitar “ofender. acto seguido. proclamar que la literatura latinoamericana ha dejado de existir” (Bravo Regidor 77). observando que “rehúsa participar del pensamiento utópico que ha seducido y corrompido a tantas mentes latinoamericanas” (Mejía Vergnaud 116). que se siente obligado a comparar a la mexicana. porque estemos de acuerdo o no con la extensa “Tercera consideración” de su libro. de todos los países americanos (148).” 15–26). el caudillo. ilusoria según él. dedicada a la nueva literatura latinoamericana que lo define a él. No es así en el recuadro “Los olvidados” (El insomnio 106–08). Ese recuadro es parte de la Segunda consideración. lo hace por medio de un cuadro con categorías frívolas sobre la “Evolución del escritor latinoamericano (del Boom a nuestros días)” (163–64). tiene valor documental de primera mano.” Al principio decía que estos narradores privilegian una “literatura de calidad. Faltaría matizar con el farsante y el fraude. “La democracia en América (Latina)” (El insomnio 87–148). en política se halla indisolublemente ligada a su contraparte real: el libertador. porque estos terrenos no son el monopolio o privilegio de los políticos. Si Volpi correctamente aboga por la necesidad de cierto radicalismo en las ideas. Otro reseñador implícitamente defiende el “neoliberalismo” que presunta o convenientemente ataca Volpi.” como cuando arguye que los latinoamericanos somos “normales” por ya no ser el otro para el mundo exterior. Así la débil analogía “Si en la ficción literaria América Latina se identifica de modo unívoco con el realismo mágico. al postular que el nacionalismo será vencido con una unión.” y no hay duda de que Volpi apoya ese deseo. no “ensaya. siempre se refugia en lo literario. su ensayo también necesita lo que el poeta Allen Ginsberg llamó “un sándwich de realidad. Hay algo del proverbio “Zapatero a tu zapato” en esta prosa. casi sobra decirlo. sobre Evo Morales y la condición indígena boliviana. autobiográficamente (véase el prólogo “Confesión y difusión. Para un reseñador de El insomnio de Bolívar: “El problema.” el ensayo total se diluye de manera negativa. el déspota” (El insomnio 48–49). si no deja de tener comentarios gratuitos o vagos. Corral con nombres y apellidos. hay una exhaustividad que.

Si hay que reconocer que Volpi en verdad introdujo y ofrece otra manera de hacer narrativa. no la identidad de los últimos cincuenta años (67–77). no matiza. porque se encuentra los mejores momentos de El insomnio de Bolívar cuando su autor discute la narrativa. también hay que admitir que su prosa no ficticia no ha tenido similar impacto. afirmando que “su desparpajo envejece rápidamente” (28) y que este tipo de interpretación “se convierte en literatura aburrida” (28). pero allí me limitaba al campo hispanoamericano. . le recrimina su desilusión con los movimientos utópicos. Todavía otro reseñador. se explaya sobre por qué la novela no es sorprendente. léase “utopía. aunque una primera 4 Ben Ehrenreich 25–28.172). Para ser justo con él.4 Pero el insomnio. o leer que sólo en 2010 el reseñador de la novela se entera de que Volpi dijo en 2009 [sic] que la literatura latinoamericana no existe. y preferir los males del capitalismo a los del socialismo.” que Volpi pretende criticar termina socavado por su indecisión respecto al tono ya irónico ya desesperanzado que le quiere dar a su libro. última entrega de la trilogía compuesta con En busca de Klingsor (1999) y El fin de la locura (2003). falta de rebeldía. no necesariamente para corregirse sino para constatar opiniones anteriores. he comentado las posibles causas de la fascinación que Bolaño ejerce entre los escritores y lectores más jóvenes. y sobre todo cuando se lee a sí mismo. en este caso de la versión en inglés (2009) de No será la tierra (2006). larga y exhaustiva de tendencias literarias actuales [sic] en América Latina” (116). reseñador de la misma traducción para The New York Times Book Review. aunque ambos reconocen que es un narrador hábil que cuando se manifiesta sobre política o economía es simplista. ” (2009. tampoco se puede hablar más de literatura que de política al reseñar una novela. Si para un lector hispanoamericano enterado no es necesario que le expliquen qué es el crack mexicano. opción ante el paradigma Bolaño. . . convencionalismo narrativo. mientras que la aparición de la edición inglesa [sic] de 2666 marca un nuevo hito en esta canonización . Mejía Vergnaud exagera al expresar que Volpi ofrece una “descripción aburrida. como cuando asevera “En Mentiras contagiosas (2008). seductora y nada interesante (BR18). Tom Bissell. El reseñador de la novela como el último del ensayo se expresan desde preferencias políticas obvias. Paralelamente.M L N 381 la mayoría de los intelectuales literarios latinoamericanos aficionados a las generalidades y poco dispuestos a indagar más” (117). casi no se puede esperar otra cosa de las reseñas en las revistas progresistas o neoliberales en Estados Unidos.

que desarman la idea de que con su trilogía ficticia había dicho todo sobre el medio siglo anterior. porque qué nivel de confianza puede tener uno en su propia práctica si uno siente la necesidad de explicarla. se ha visto.382 Wilfrido H. La complicación se puede aplicar a los otros narradores. como cualquier humano. ¿Qué otros ejemplos de una amplitud de criterios y maneras de leer se tiene en la obra ensayística de narradores como Valencia y Volpi? Para poner esta pregunta en una perspectiva debida vale tener conciencia de algunos desarrollos recientes en torno a la interpretación del género.” las cinco secciones y subdivisiones asimétricas de Mentiras contagiosas lo presentan como testigo estrictamente literario. Hay en la ensayística de Volpi la sensación de que se compone de infundios sectarios que descalifican. y vuelvo a la relación entre el título de una colección de prosa no ficticia y su contenido actual. “el último escritor latinoamericano” es patente. Si en las cuatro partes de El insomnio de Bolívar Volpi se ubica como testigo del pasado histórico inmediato que conduce a los bicentenarios actuales y la relevancia del concepto “América Latina. su fascinación con los maestros. es manifiesta. Si en “América Latina.” “literatura” y “crítica moderna. suprimir un instinto malicioso no es una tarea de la fabricación sino de los buenos modales. y esa capacidad no quiere decir que deben decirlas. sobre todo en la sección dedicada a Cervantes (59–117). como hace en los ensayos narrativos de El jardín devastado (2008) y la ficción histórica Oscuro bosque oscuro (2009). tercera parte de El insomnio de Bolívar su obsesión con Bolaño. sabe que los narradores. en la quinta sección de Mentiras contagiosas. como ocurre en los textos dedicados a sus compatriotas. la relación más radical entre los textos no es la que se da entre los estrictamente “literarios” sino entre las nociones que Occidente considera “ensayo. holograma” (149–207). Corral lectura de Mentiras contagiosas puede ser positiva. incluido Bolaño. o sobre la muerte de la novela (Mentiras 11–16. son y deben ser tan libres como los géneros que discute. no como el novelista como oráculo.” Al notar la ruptura . después de todo. Mentiras contagiosas tiene denuncias que son más anécdotas cuando resultan probadas. Resumida. “Nuestros antepasados” (155– 251). me pregunto cuál es la “mentira contagiosa” de Volpi. Sin embargo. Según el magistral The Essayistic Spirit de Claire De Obaldia. o invenciones en la mayoría de los casos. Esto se complica. de lecturas que. Después de todo. y reveladora de una toma de posición a medias. cuando se entrelazan las pulsiones de la ficción y la realidad. 21–37). pueden decir verdades. Pero Valencia por ejemplo.

Pero ésta se ha circunscrito a autores varones. Para estructuralistas y semióticos tardíos como Lotman y Bajtín. Idea della prosa. con el fin de comprobar que el problema del pensamiento es un problema poético que quiere hacer viva una experiencia. pero no hay evidencia de que sus postulados hayan pasado al manual de los usuarios. o superado las luchas seculares sobre la prosa. Los teóricos y críticos del siglo veinte han tratado de definirla. de la filosofía del arte al arte o crítica literaria. y finalmente al arte o crítica literaria como arte y literatura (55). Finalmente. y sólo la novela puede presentar cabalmente la complejidad de imágenes dialógicas. la prosa tiende a combinar. una ‘estética’). pero agravadas por cierto sexismo editorial y. Formalistas rusos como Víktor Shklovski y Boris Tomashevski. por razones similares a las que nos impiden tener noticia de algunos varones. ¿De dónde surge la redefinición? La redefinición proviene primero de la idea que los autores tienen de la prosa. y el ritmo que proviene de la estructura formal. Angeles Mastretta (1949).M L N 383 de esos límites y concebir la potencialidad como la mejor definición de la modernidad De Obaldia trastorna el principio mediante el cual cualquier texto puede funcionar como un objeto cuyo significado es coherente e independiente. Es decir. siguiendo distinciones que veían en la prosa un empleo no artístico. y se puede comprobar empíricamente que es así. las interpretaciones inamovibles exponen el poder del ensayo para agobiar las emociones e influenciar varias perspectivas. Agamben postula que una “prosa” nueva es un pensamiento que busca una forma nueva. se explayaron respectivamente sobre la correlación entre composición y estilo. Mencionaba que las nuevas narradoras brillan por su ausencia en la prosa no ficticia de la que disponemos. un recorrido somero muestra ciertas conexiones. Aun así. Isabel Allende (1942). Laura Esquivel (1950). Laura Restrepo (1950) en sus crónicas no recogidas. esta ayuda memoria estructura su libro: El tratamiento estético que el ensayo le da a su objeto como alternativa al enfoque totalizante de la filosofía como ciencia motiva el desplazamiento implícito en la noción de ‘ensayismo filosófico’ de la filosofía a la filosofía del arte (una filosofía que se ocupa de la representación. y para establecer sus bases recurre a “formas simples” como el aforismo y la fábula. en otro panfleto idílico. por la calidad que se supone las define. polémicamente. Zoé Valdés (1959) y pocas otras tienen acceso a los medios masivos. Si es indiscutible que Una novelista en el Museo del Louvre (2009) de Valdés .

sabor y ritmo de la prosa no ficticia de las dos últimas se asemejan a su narrativa. olvidados. Santos-Febres. que en sus cursos universitarios enseña la narrativa de varios de los narradores flamantes que he mencionado.” y como otros narradores de su generación. como Mario Bellatin (1960) y Volpi. El desdén o desconocimiento de la prosa no ficticia femenina se reafirma en Ana Luisa Serra. Ana María Barrenechea matizó de manera fundacional en el argentino: escribir ensayos que “se leen” como cuentos. sobre mujeres ensayistas anteriores. específicamente en la colección de artículos de prensa y conferencias de la puertorriqueña Mayra Santos-Febres (1966) Sobre piel y papel (2005) y en Boullosa y los textos predominantemente ensayísticos que reúne en El fantasma y el poeta (2007). Sin duda. o con la cubana Ena Lucía Portela (1972).” como su anterior La ficción Fidel (2008). Corral es un ensayo “novelizado.” “Piel” y “Papel. Así. Haciendo hincapié en los problemas de su distribución. también es innegable que estas autoras no parecen interesarse en acceder a medios impresos de menor exposición pero de mayor importancia para un público culto. Rivera Garza se “borra” después de su Introducción. examínese dos autoras que combinan ambas preferencias. con otras narradoras de factura más reciente. como se nota o ha señalado en años recientes. “Apostillas a ‘el otro boom’ de la narrativa hispanoamericana: los relatos escritos por mujeres desde la década de los ochenta. después de Zum Felde y en varios ensayos. y hoy sirve de poco compilar en inglés ensayos revanchistas. además de su propia obra y la de Restrepo y Boullosa. y que su El ángel azul (2008) es más un elogio cinematográfico que un análisis de un artista. divide su compilación en “Labia. al juego con cierta sensualidad. El boom de la narrativa hispanoamericana escrita por mujeres en los años ochenta. las resumidas son prácticas diferentes. en narraciones que se autoanalizan. y sólo un estudio contundente de ellas y sus pares comprobará las diferencias más importantes. sin el propósito o perspicacia que.384 Wilfrido H. sin embargo.” . pero “reaparece” al haber escogido coetáneos suyos de práctica similar. el concepto. Santos-Febres y Boullosa frecuentemente tienen tanto que decir como varios de los narradores mencionados. y cuentos que se leen como ensayos.5 Este es 5 Daniel Centeno Maldonado no menciona ninguna narradora. Me gustas cuando callas y María Ángeles Cantero Rosales. se mantiene fiel al desplazamiento temático y genérico. como Rivera Garza y la columna que mantiene en el semanario mexicano Milenio. y se constata a medias en Álvaro Salvador. La crítica en español casi siempre ha sido cómplice en este olvido. en su compilación La novela según los novelistas (2007). No es así. Pero como en las de sus colegas varones. Ella y Boullosa “juegan” casi sentimentalmente con los géneros. y cómo su prosa es también una cultura.

Pero estos narradores saben que debajo de esa capa las realidades son turbias.M L N 385 el espíritu con que los nuevos narradores confrontan su prosa y la de otros. No se necesita un título. porque al presentar sólo hechos se está construyendo un argumento que no se ha afirmado explícitamente. sólo talento y cierta experiencia. revistas y sondeos respecto a qué seguirá pasando con ellos. la prosa no ficticia de todos ellos es algo generalmente superior en su alcance. Este proceder persiste. como se observa en el número “La novela de los novelistas” de la revista española Anales de literatura hispanoamericana 37 (2008). No me olvido de los ensayos menos “puros” de los cubanos Rafael Rojas (1965) y Antonio José Ponte (1964). licencia o credencial para escribir este tipo de prosa. aun cuando a veces revelen la naturaleza del ser humano o propongan una tabla de salvación. del mexicano Christopher Domínguez Michael (1962). La misma inexactitud se da cuando escriben acerca de sus “maestros” o los de otros. no exenta de reciclaje de parte de algunos de ellos. armada con aportaciones vergonzosamente elementales y reiterativas. Ese auto-concepto está coadyuvado por un oximorónico “entusiasmo cauteloso” de sus escasos críticos especializados. libros. en entrevistas. condiciones exacerbadas por notables prejuicios y una considerable falta de información o perspectiva al evaluarlos. o del venezolano Ibsen Martínez (1951). no es un eje o compás en el caso de estos narradores-ensayistas. Más bien. Si la necesidad de definir y mantener una identidad profesional es fuerte en el caso de los profesores universitarios. sin argumentos filosóficos o personales sobre los cuales explayarse. y proceden de manera contraria a un aviso de De Obaldia basado en sus antecesores: que el defecto del estudio del ensayo (en España e Hispanoamérica) como género tiene que ver con el hecho de que se preocupan más con las maneras en que el contenido de los ensayos refleja la historia de las ideas y la identidad cultural de sus países (61). Al presentar los “hechos” sin ningún adorno o comentario un ensayo se arropa con un aura de pureza límpida y virtuosa. junto a una falta casi natural de auto-especulación modesta. no una profesión que se convirtió en profesión enteramente por lo que decía de sí misma. Esa aclamación es secundada a veces por espaldarazos de los mismos autores. ni producen el ensayo “puro” a lo Montaigne. Estos narradores no practican una forma latina del new journalism estadounidense surgido en los sesenta. Tampoco cabe duda de que las opiniones que se tiene de ellos revelan la persistencia de ciertos paradigmas coyunturales asociados a su época. y se nota también en un apurado y poco informado dossier sobre “la nueva guardia” armado por ADNCultura .

la novela ensayística no sólo reproduce sino que contribuye y enaltece el espíritu ensayístico” (236).” en que rastrea el paso de las letras a las armas de toda una generación en El Salvador.386 Wilfrido H.75 (17 de enero de 2009)]. y en base a un artículo de una investigadora estadounidense. Con todo. multi-estilística y frecuentemente multilingüe’). Como arguye él en otro artículo publicado en el mismo suplemento. las percepciones tendrían que ver con cómo los nuevos narradores presentan su obra temáticamente y al mundo exterior. hacen mezcolanzas. Véase su “La guerra: un largo paréntesis. o comparten sólo los más populares. Los dos han heredado no tanto la actitud de ser anti-. la novela se convierte en fragmentaria. No obstante. Corral [2. impulso que debe contentar. se puede sospechar que quieren dirigirse a lectores como ellos. y es así porque ninguna cultura ha sido o puede ser vista como pura. “bajo la influencia ensayística. no hay un progreso exactamente similar. y que poco les importa convencerlos con su conocimiento o deslumbrarlos con su inteligencia. viajeros intrépidos y auto-conscientes. los asemeja el hecho de que buscan el lado oscuro de la Neverland que puede ser la cultura actual. vaya ironía. A la vez. El hecho es que como ensayistas son incurablemente curiosos. equipados con una alusión para cualquier ocasión. abierta e intensamente auto-reflexiva. Desde hace años sabemos otra consideración puntualizada por De Obaldia. restan y sobre todo suman con todas estas posibilidades para mostrarnos los riesgos que toman y. . autodidactas obsesivos. y la posterior decepción a la que condujo su altruismo e ingenuidad. heterogénea (‘polifónica. valga el pleonasmo. tal vez. algunos lectores por lo general no tienen. De aquella selección sobresale sólo Castellanos Moya. y yo añadiría cómo perciben la política. Conclusiones Por supuesto. 6 La capacidad para descifrar sabiamente el compromiso político de su generación pasa de la narrativa al ensayo en Castellanos Moya. Los nuevos narradores travesean. que deben tomarlos todos los escritores.o seudo. sino una preferencia por una gran gama de lecturas e intereses culturales que.algún maestro. Castellanos Moya está de acuerdo con la visión de que “era muy difícil vender al lector estadounidense el mundo de los iPods y de las novelas de espías nazis como la nueva imagen de Latinoamérica y su literatura” (8).6 Limitándose a la ficción de Bolaño. sugieren. sub. suplemento de La Nación bonaerense. una recepción parecida (lo más importante) o un pensamiento compartido entre Valencia y Volpi.

puede tener un efecto corrosivo en la dignidad individual y la moralidad colectiva. lo cual no es necesariamente negativo para un público más amplio. Para lograrlo Valencia y Volpi naturalmente recurren a palabras e imágenes preexistentes. 2009): BR18. Se podría decir entonces que su prosa no ficticia transmite que sólo se puede mitigar los males literarios desarrollando mecanismos de contención. un asunto social. Tom. Cuando en ellos las fuentes reales son redefinidas se convierten en parte del fluir de una nueva narración cultural.M L N 387 Con las salvedades discutidas. The New York Times Book Review (December 13. Sacramento Obras citadas Alatorre. Buenos Aires: Ediciones del Cifrado. la ciencia falsa y la seudo-historia. la oscuridad y el silencio discreto con menos rodeos. el fallo. “¿Qué es la crítica literaria?” Colectivo de autores. Es una práctica. 2000. 285–301. no siempre sobre sí mismos. que nunca se reduce al entretejer de ficción y realidad. la inteligencia. está muy. . un descubrimiento. También introducen detalles. Esta condición hace que sus metas finales sean tan imposibles de medir como de criticar. Sus lectores dirán. Por esto la bisagra prosa/cultura les sirve para elogiar la dificultad. la simpleza y el éxito instantáneo. Como nómadas en su literatura y experiencia vital comparten un incesante conflicto interno entre su manera de vivir y sus sistemas de valores. 15–27. En su nomadismo temático. si se les puede pedir más. especulan y sobresaltan. informan y divierten. la prosa que he examinado es un antídoto contra ese estado cultural aparentemente definitorio. “Borges y la narración que se autoanaliza. La Habana: Editorial Academia. Sus metas también se basan en una inversión no siempre examinada en la cultura de la celebridad y la publicidad que. la fama y el ruido. Bissell. Teoría de la crítica y el ensayo en Hispanoamérica. 1990. mientras tal vez es menos destructiva que otras. por ahora. en una época relativista en que se celebra la conveniencia. sino que alienta a los nuevos narradores a emplear más arte. Antonio. La esperanza de esta prosa no ficticia es conectar a sus lectores con algo que esté fuera de los libros. Barrenechea. calidades que han convertido al nómada en figura emblemática de nuestra cultura. pero muy infrateorizada.” La expresión de la irrealidad en la obra de Jorge Luis Borges y otros ensayos. California State University. Ana María. para redefinirlas. y vuelven sobre sus pasos para enriquecerlos y envolverlos en una narración cada vez mayor. y como toda práctica. sea el pasado. como compañeros de viaje ideales.

803–19.388 Wilfrido H.: Joaquín Mortiz. “Apostillas a ‘el otro boom’ de la narrativa hispanoamericana: los relatos escritos por mujeres desde la década de los ochenta. Miguel Ángel y Fernando López-Alves. Serra. —. —. Mejía Vergnaud. “Traditional vs. Cultural Critique 49 (Fall 2001). Princeton: Princeton UP. 2004.36 (septiembre 2004): 24–27. Jorge. “Sobre el mito Bolaño. Serna. Me gustas cuando callas . Madrid: Iberoamericana/Vervuert.” The Nation 290. Andrés. Periodismo a ras del boom.” Ehrenreich. “Vejamen de la narrativa difícil. Special Issue “Critical Theory in Latin America. México. Cantero Rosales. La narrativa latinoamericana en el cambio de siglo (1990–2006). ed.” El escritor y el intelectual entre dos mundos. Rpt. D. 2008. —. Raúl. Enrique. “La guerra: un largo paréntesis.” Mentiras contagiosas 143–54. The Essayistic Spirit: Literature. Leonardo. Mérida.30 (Verano 2009): 39–54. Corral. Madrid: Páginas de Espuma. Daniel.132 (diciembre de 2009): 77. San Juan: Editorial de la Universidad de Puerto Rico. 133–49. Ben. Castellanos Moya. Horacio. Kurt L. 288–96. El síndrome de Falcón. Toronto: Universidad de Toronto. “Sobre la tradición en la crítica literaria.F. “Y tus padres también: testamento de los nuevos narradores hispanoamericanos. Ed. Revista de la Universidad de México (Nueva Época) 31 (septiembre 2006): 90–92. “El insomnio de Bolívar. Carlos. Corral Bravo Regidor. México D. Volpi. —. Levy. 2009.” ADNCultura II. . eds. “¿Qué queda del sesentayochismo en los nuevos narradores hispanoamericanos?” Guaraguao 13. Ed. Álvaro. 1990. 2002. Santiago.” Letras Libres (España) III. Mentiras contagiosas: ensayos. Cuatro consideraciones intempestivas sobre América Latina en el siglo XXI. María Ángeles. Oxford: Clarendon Press. Jesús Montoya Juárez y Ángel Esteban. 110 (19 de Septiembre 2007). Venezuela: Universidad de los Andes. eds. 8–9. Centeno Maldonado. Quito: Paradiso Editores. y Keith Ellis. 1996. Centeno.: Debate. —. “¿América Latina ya no es lo que era?” Letras Libres (México) 11. Claire.” Cultural Critique 49 (Fall 2001): 139–54. 2010.: Cal y Arena. 2008.” Las caricaturas me hacen llorar. Wilfrido H. 68–73.” Cuadernos Hispanoamericanos 663 (septiembre 2005): 89–97. Castro-Gómez. Teoría de la crítica y el ensayo en Hispanoamérica. Cécile Chantraine-Braillon et al. Valencia. Ana Luisa. . 2007.14 (April 12. 2010): 25–28.” Entre lo local y lo global.2 (Spring 2010): 116–117 . : los escritores del ‘Boom’ y el género sexual. Granada: Universidad de Granada. Salvador. De Obaldia. Critical Cultural Theory. Giros negros. “The Crack-Up. Modern Criticism and the Essay. The Other Mirror: Grand Theory through the Lens of Latin America. . 2008. Bueno Chávez. La Habana: Editorial Academia. 2001.” Americas Quarterly 4. 1970.F.F. El insomnio de Bolívar. 2008. México D. —. “La obsesión latinoamericana. “Abad Faciolince y Fuguet en su prosa/cultura no ficticia. Madrid: Iberoamericana/ Vervuert.” Colectivo de autores. El boom de la narrativa hispanoamericana escrita por mujeres en los años ochenta. El ensayo y la crítica literaria en Iberoamérica. 1995.

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