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Introducción del Documento final de Aparecida

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La fe en Dios amor y la tradición católica en la vida y cultura de nuestros pueblos son sus mayores riquezas. Se manifiesta en la fe madura de muchos bautizados y en la piedad popular que expresa “el amor a Cristo sufriente, el Dios de la compasión, del perdón y la reconciliación (…), - el amor al Señor presente en la Eucaristía (…), - el Dios cercano a los pobres y a los que sufren, - la profunda devoción a la Santísima Virgen de Guadalupe, de Aparecida o de las diversas advocaciones nacionales y locales”1. Se expresa también en la caridad que anima por doquier gestos, obras y caminos de solidaridad con los más necesitados y desamparados. Está vigente también en la conciencia de la dignidad de la persona, la sabiduría ante la vida, la pasión por la justicia, la esperanza contra toda esperanza y la alegría de vivir aún en condiciones muy difíciles que mueven el corazón de nuestras gentes. Las raíces católicas permanecen en su arte, lenguaje, tradiciones y estilo de vida, a la vez dramático y festivo, en el afrontamiento de la realidad. Por eso, el Santo Padre nos responsabilizó más aún, como Iglesia, en “la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios”2. El don de la tradición católica es un cimiento fundamental de identidad, originalidad y unidad de América Latina y El Caribe: una realidad histórico-cultural, marcada por el Evangelio de Cristo, realidad en la que abunda el pecado – descuido de Dios, conductas viciosas, opresión, violencia, ingratitudes y miserias – pero donde sobreabunda la gracia de la victoria pascual. Nuestra Iglesia goza, no obstante las debilidades y miserias humanas, de un alto índice de confianza y de credibilidad por parte del pueblo. Es morada de pueblos hermanos y casa de los pobres. La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño es un nuevo paso en el camino de la Iglesia, especialmente desde el Concilio Ecuménico Vaticano II. Ella da continuidad y, a la vez, recapitula el camino de fidelidad, renovación y evangelización de la Iglesia latinoamericana al servicio de sus pueblos, que se expresó oportunamente en las anteriores Conferencias Generales del Episcopado (Río, 1955; Medellín, 1968; Puebla, 1979; Santo Domingo, 1992). En todo ello reconocemos la acción del Espíritu. También tenemos presente la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para América (1997). Esta V Conferencia se propone “la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios, y recordar también a los fieles de este continente que, en virtud de su bautismo, están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo” 3. Se abre paso un nuevo período de la historia con desafíos y exigencias, caracterizado por el desconcierto generalizado que se propaga por nuevas turbulencias sociales y políticas, por la difusión de una cultura lejana y hostil a la tradición cristiana, por la emergencia de variadas ofertas religiosas que tratan de responder, a su manera, a la sed de Dios que manifiestan nuestros pueblos. La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales. No puede replegarse
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DI 1 Ibid. 3 3 Ibid.

a una participación ocasional en algunos sacramentos.. porque “es el amor que da la 4 7. cuando muchos de nuestros pueblos se preparan para celebrar el bicentenario de su independencia. renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia. mayo 13 de 2007. que da un nuevo horizonte a la vida y. caminos de vida eterna. Caminos de vida verdadera y plena para todos. “el rico tesoro del Continente Americano… su patrimonio más valioso: la fe en Dios amor…” 7 corre el riesgo de seguir erosionándose y diluyéndose de manera creciente en diversos sectores de la población. desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo. pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”4. nos encontramos ante el desafío de revitalizar nuestro modo de ser católico y nuestras opciones personales por el Señor. Caminos de muerte son los que llevan a dilapidar los bienes recibidos de Dios a través de quienes nos precedieron en la fe. México. con una Persona. Aparecida. sino por el encuentro con un acontecimiento. Dt 30. Brasil. a prácticas de devoción fragmentadas. Él se manifiesta como novedad de vida y de misión en todas las dimensiones de la existencia personal y social. Esto requiere desde nuestra identidad católica. una orientación decisiva”6. con ello. protagonistas de vida nueva para una América Latina que quiere reconocerse con la luz y la fuerza del Espíritu. reconociendo que “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea. familiar. RATZINGER. 5 Cf. En América Latina y El Caribe. para que la fe cristiana arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante con Cristo. 15). No resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje. el 1 de noviembre de 1996. la cual termina siendo una cultura contra el ser humano y contra el bien de los pueblos latinoamericanos. son aquellos abiertos por la fe que conducen a “la plenitud de vida que Cristo nos ha traído: con esta vida divina se desarrolla también en plenitud la existencia humana. Nuestra mayor amenaza “es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad. en diálogo con todos los cristianos y al servicio de todos los hombres. Son caminos que trazan una cultura sin Dios y sin sus mandamientos o incluso contra Dios. Homilía en la Eucaristía de inauguración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Hoy se plantea elegir entre caminos que conducen a la vida o caminos que conducen a la muerte (cf.frente a quienes sólo ven confusión. Se trata de confirmar. NMI 28-29 6 DCE 1 7 BENEDICTO XVI. a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe. en su dimensión personal. a elenco de algunas normas y prohibiciones. De lo contrario. una evangelización mucho más misionera. Conferencia pronunciada en el Encuentro de Presidentes de Comisiones Episcopales de América Latina para la doctrina de la fe. Situación actual de la fe y la teología . o de quienes pretenden cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables. J. como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino. Publicado en L'Osservatore Romano. 1996. que suscite discípulos y misioneros. 6. a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados. a la repetición de principios doctrinales. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras. peligros y amenazas. social y cultural”8 Esa es la vida que Dios nos participa por su amor gratuito. sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad. celebrado en Guadalajara. la riqueza y el placer efímero. 8 DI 4 . A todos nos toca recomenzar desde Cristo 5. animada por los ídolos del poder.

8. Esta prioridad fundamental es la que ha presidido todos nuestros trabajos. para que América Latina y El Caribe sean efectivamente un continente en el cual la fe. No tenemos otro tesoro que éste. amado. 5). No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios.que la Iglesia tiene que ofrecer a las personas y naciones10. Homilía en la Eucaristía de inauguración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. ofreciéndolos a Dios. adorado. abran de par en par las puertas a Cristo!… 9 BENEDICTO XVI. Como a las mujeres en la mañana de la Resurrección nos repite: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?” (Lc 24. Brasil. a nuestro pueblo. en Iglesia. Nos alientan los signos de la victoria de Cristo resucitado mientras suplicamos la gracia de la conversión y mantenemos viva la esperanza que no defrauda. por desborde de gratitud y alegría. la esperanza y el amor renueven la vida de las personas y transformen las culturas de los pueblos. Aquí está el reto fundamental que afrontamos: mostrar la capacidad de la Iglesia para promover y formar discípulos y misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen por doquier. a nuestra Iglesia. Este es el mejor servicio -¡su servicio!. más todavía. el Siervo de Dios.vida”9. a cada uno de los latinoamericanos. anunciado y comunicado a todos. mientras elevamos al Espíritu Santo nuestra súplica confiada para que redescubramos la belleza y la alegría de ser cristianos. Benedicto XVI al inicio de su Pontificado. En esta hora en que renovamos la esperanza queremos hacer nuestras las palabras de SS. y proclamarlas para toda América Latina: ¡No teman! ¡Abran. Aparecida. EN 1 . 5). 10 Cf. no obstante todas las dificultades y resistencias. sino ante todo el amor recibido del Padre gracias a Jesucristo por la unción del Espíritu Santo. Juan Pablo II. El Señor nos dice: “no tengan miedo” (Mt 28. haciendo eco de su predecesor. Estos caminos de vida fructifican en los dones de verdad y de amor que nos han sido dados en Cristo en la comunión de los discípulos y misioneros del Señor. Lo que nos define no son las circunstancias dramáticas de la vida. 13 de mayo de 2007. ni las tareas que debemos emprender. ni los desafíos de la sociedad. para que Jesucristo sea encontrado. el don del encuentro con Jesucristo. seguido.