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EL PERÍODO DE ENTREGUERRAS (1919-1939) Introducción Es la etapa de la Historia del s XX que se sitúa entre las dos guerras mundiales

, desde 1919, que fue el primer año de posguerra, hasta 1939 en que comenzó la II Guerra Mundial. Resulta llamativo que este período haya durado sólo veinte años, a pesar de que cuando terminó la I GM la idea era que no volviera a repetirse nunca más una tragedia semejante. Algo debió estar mal constituido en el orden que estableció cuando la paz se quebró tan rápidamente. Hay cuatro aspectos que nos ayudan a entender esta funesta evolución: la revolución soviética, la evolución económica, el ascenso de los fascismos y la evolución de las relaciones internacionales. La revolución soviética En 1917 en Rusia, mientras el país se encontraba inmerso en la I Guerra Mundial, se produjeron dos revoluciones. Una fue la Revolución de Febrero, que supuso la caída del zar Nicolás II, hecho ya en sí mismo de una gran importancia histórica, puesto que la dinastía Romanov llevaba doscientos años en el trono del Imperio Ruso y el zarismo unos quinientos años. Se hizo del poder un gobierno provisional, que se encargaría de convocar las elecciones a una Asamblea Constituyente, que aprobaría la Constitución del nuevo Estado ruso. Este gobierno no pudo convocar estas elecciones porque decidió mantener los compromisos

internacionales que el zar tenía, es decir, decidió que Rusia continuaba en la guerra, del lado de Francia. Si la guerra mundial había sido un factor decisivo para la caída del zar, la continuación en ella terminó provocando también la caída del gobierno provisional. Había en Rusia un partido de carácter marxista, el partido bolchevique, liderado por Lenin, que denunciaba la guerra mundial como una guerra imperialista y proponía la retirada inmediata de Rusia de la guerra. Había en Rusia un movimiento obrero muy activo en las ciudades industriales, principalmente en San Petersburgo y Moscú, que había formado unos comités llamados soviets. Aprovechando la debilidad del gobierno provisional, las ganas de la población de acabar con los rigores de la guerra, el creciente apoyo de los bolcheviques entre los soviets y la gran popularidad de Lenin, los bolcheviques tomaron el poder en la Revolución de Octubre. Un hecho histórico, tanto como la Revolución de Febrero, dado que fue la primera vez que un partido marxista con una clara voluntad de transformar la sociedad en sentido socialista se hacía firmemente con el poder. Inmediatamente los bolcheviques iniciaron las conversaciones con Alemania, que dieron lugar al Tratado de Brest-Litovsk de enero 1918. Se inició entonces una guerra civil, en la que los bolcheviques se enfrentaron a todos las demás tendencias políticas, las cuales tenían el apoyo de Francia y el Reino Unido, que fue finalmente ganada por los bolcheviques en 1921. Una vez ganaron esta guerra los bolcheviques fundaron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), de la que ellos, ahora llamados Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), eran la columna vertebral.

Lenin fue, lógicamente, el primer presidente de la URSS. Murió muy tempranamente, en 1924. Tras un período de pugna entre dos facciones del PCUS, se hizo con el poder Stalin en 1927. Stalin llevó a cabo dos enormes tareas: la colectivización de la tierra y la implantación de la economía planificada. La Unión Soviética se formó como una dictadura del PCUS, pero en la época de Stalin derivó hacia una dictadura más intensa, en la que fueron “depurados” muchos miembros del mismo PCUS. En 1939 no quedaba en la dirección del partido ningún antiguo bolchevique. La implantación del sistema de economía planificada, también llamado de planificación central, tuvo importantes repercusiones, no sólo en la URSS. Este sistema funcionaba a través de planes económicos, que en este caso eran por un período de cinco años, por tanto, eran los planes quinquenales. El primer plan fue el de 1928-1932, el segundo de 1933-1937 y el tercero, que hubiera sido de 1938 a 1942, tuvo que ser interrumpido debido al estallido de la II Guerra Mundial. Los planes quinquenales produjeron la industrialización de la URSS en un corto período de tiempo, lo que permitió la modernización del ejército y así, cuando la URSS fue invadida por el ejército alemán en 1941, resultó ser una potencia muy difícil de derrotar. Las decisiones sobre qué producir, en qué cantidad y a qué precio. Sistema De libre mercado De planificación Mercado Estado X (predomina el No interviene o interviene los menos capital privado)
posible. Está muy intervenido X (predomina por el plan. capital público)

el

Stalin murió en 1954 y la URSS siguió existiendo hasta 1991, en que se disolvió. Unos años antes había dejado de existir la economía planificada en la propia URSS. La evolución económica de entreguerras Terminada la I Guerra Mundial hubo unos años, hasta 1923, de dificultades económicas y de crisis. No fue fácil para algunos países pasar de una economía de guerra, fuertemente dirigida y orientada a la producción de armamento y otros productos relacionados con la guerra, a una economía normalizada. También fue costosa la reconstrucción de lo destruido y, sobre todo, fue una gran dificultad el fuerte endeudamiento contraído durante la guerra. El tema de las reparaciones de guerra no hizo sino complicar la situación económica. Algunos países, que tenían imperios coloniales y mercados en economías extraeuropeas, perdieron estos mercados durante la guerra, ya que no pudieron atenderlos. De ello se beneficiaron algunos países no beligerantes y, sobre todo, los EEUU. Para algunas economías europeas fue casi imposible recuperar estos mercados y eso constituyó una gran dificultad económica. En medio de este período de 1919 a 1923 se produjo una crisis económica en 1921, en la que aumentó notablemente el paro en los países europeos que habían sido beligerantes. En este período se fijó la cantidad que Alemania debía pagar en concepto de reparaciones de guerra, la cual fue una cantidad muy alta fijada en marcos-oro, a pagar en anualidades. Muy pronto tuvo Alemania dificultades para pagar. En 1923 no pudo hacerlo y la respuesta francesa y belga fue ocupar la cuenca del Ruhr (río afluente del Rhin situado en Renania del Norte). Era la zona más

industrializada de Alemania, y Francia y Bélgica pretendían cobrar en especie (in situ) la cantidad correspondiente a las reparaciones de guerra. Los trabajadores alemanes se declararon en huelga, el gobierno alemán les pagaba emitiendo papel moneda, lo cual generó un proceso inflacionista muy intenso, una hiperinflación en la que el papel de los billetes llegó a valer más que su valor nominal. Fue una situación muy tensa entre Francia y Alemania y, además, económicamente insostenible. La ocupación del Ruhr fue ruinosa, no sólo para Alemania, sino también para Francia y Bélgica, que invirtieron más de lo que pudieron cobrar en especie. Fue entonces cuando desde los EEUU se propuso el plan Dawes. A los EEUU no les interesaba una Europa arruinada, que no pudiera comprarles ni pagarles las deudas. El plan Dawes era un plan para hacer posible el pago de las reparaciones de guerra por Alemania. Establecía una cantidad total un poco menor y alargaba el plazo de pago, con lo cual la cantidad anual a pagar resultaba asequible. Estas medidas se completaban con una línea de créditos blandos (a bajo interés) desde EEUU a Alemania. Los resultados del plan fueron muy positivos. Alemania comenzó a crecer, pagó las cantidades requeridas, los otros países pagaban sus deudas y las economías europeas crecieron sólidamente. Los EEUU conocieron también un período de crecimiento económico. Fueron “los felices veinte”, que son conocidos así entre otras cosas porque se produjo por primera vez en la historia del capitalismo un primer ensayo de una sociedad de consumo. Lo que había habido a lo largo del siglo XIX y las dos primeras décadas del XX era una capacidad de consumo

restringida a una minoría (los grandes propietarios de tierras, los propietarios de capital industrial y financiero…) y una mayoría de la población, los trabajadores y los campesinos, que sobrevivían en el mejor de los casos. La importancia de los felices veinte estriba en que por primera vez los trabajadores accedían a cierta capacidad de consumo. Y esto fue posible por una mejora de los salarios, de las condiciones de trabajo y por la expansión del crédito y la venta a plazos. Debido entre otras cosas a estas magníficas condiciones, la bolsa de Wall Street estuvo años subiendo, sobre todo durante 1928 y 1929 hasta octubre, cuando se desplomó en el famoso Crack de Wall Street el 24 de octubre, que marcó el inicio de una profunda depresión económica, la Gran Depresión. El crack tuvo una gran repercusión en la prensa mundial, porque fue muy brusco, porque muchos se arruinaron de pronto, porque nadie se lo esperaba. Pronto vinieron las dificultades para los bancos estadounidenses, de los cuales algunos quebraron. Inmediatamente se produjo una crisis de confianza entre los consumidores, que dejaron de consumir, y los inversores, que dejaron de invertir. El paro comenzó a crecer rápidamente en los EEUU, llegó a tener en 1932 un 25% de la población activa en paro en una época en la que aún no existía el subsidio por desempleo. La crisis llegó rápidamente a Europa, puesto que el crédito norteamericano asociado al Plan Dawes se interrumpió desde el mismo crack. Las economías alemana y austriaca entraron en crisis y ésta se contagió a los demás países europeos. Alemania llegó a los 6 millones de parados en

1932. La crisis europea no hizo sino agravar la de los EEUU. Las medidas clásicas de la economía liberal no dieron ningún resultado, más bien profundizaron la crisis. Fueron las llamadas políticas deflacionistas, que básicamente se centraron en corregir el déficit público y en esperar que el mercado corrigiese la crisis por sí mismo. Algunos economistas, entre los que destaca J.M. Keynes, comenzaron a hacer una crítica de la escuela clásica, la escuela del liberalismo económico, proponiendo una mayor intervención del Estado en el mercado. Keynes ha sido tan importante que dio lugar a toda una escuela económica, la keynesiana, que fue la más importante desde los años treinta hasta los años ochenta. Las políticas económicas inspiradas en las ideas keynesianas son las llamadas políticas de demanda, porque inciden precisamente en la demanda. Para romper la espiral depresiva en una crisis económica toman medidas para aumentar la demanda pública aumentando el gasto público. El primero en aplicar este tipo de políticas fue el Presidente de los EEUU a partir de 1932, F.D. Roosevelt. Ganó las elecciones de 1932 por una amplia mayoría, ya que su contrincante Hoover fue prácticamente “arrasado” por la depresión económica. La política de Roosevelt fue llamada el New Deal e incluía un conjunto de medidas de intervención del Estado en el mercado: creación de empresas públicas en sectores clave, implantación del subsidio de desempleo… Todas estas medidas suponían un aumento del gasto público, de manera que iban acompañadas de subidas de impuestos, que incidían sobre todo en las rentas más altas.

Las clases más altas aceptaron a regañadientes la subida de impuestos, porque la crisis económica era tan grave que temían un hundimiento del sistema capitalista y la posibilidad de una revolución social. Las medidas del New Deal dieron resultado, la economía norteamericana comenzó a crecer, el paro fue disminuyendo y Roosevelt fue reelegido en las elecciones de 1936. En Europa se siguieron políticas económicas intervencionistas también y asimismo se produjo una recuperación económica. Esta gran depresión supuso el fin del liberalismo clásico y la implantación del sistema económico mixto, donde predomina la propiedad privada pero la propiedad pública también es importante y donde el Estado interviene en el mercado en múltiples ámbitos. Es un sistema económico de mercado donde el Estado interviene corrigiendo los desequilibrios que el mercado genera: que los parados tengan un subsidio, que todos puedan tener atención sanitaria, que puedan acceder a la educación… Un conjunto de actuaciones del Estado que generan demanda y por tanto actividad económica y que configuraron un sistema llamado Estado del Bienestar. En resumen la evolución económica de entreguerras fue como sigue: 1) 1919-1923: período de dificultades económicas de posguerra. 2) 1924-1929: “los felices veinte”, crecimiento económico, aparición a escala modesta de la sociedad de consumo. 3) 1929-1932: crisis económica profunda. 4) 1932-1939: recuperación económica y nuevas políticas económicas.

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La crisis de la democracia y el ascenso de los fascismos El período de entreguerras fue crítico para la democracia, sobre todo en Europa, donde en los años 30 quedaron unos pocos sistemas democráticos, Francia y el Reino Unido prácticamente. Todos los Estados europeos se fueron convirtiendo en dictaduras. En España, por ejemplo, la II República, que era un sistema democrático, sucumbió y dio paso a la dictadura franquista. Esto se debió en buena parte al ascenso del fascismo. Este nombre, fascismo, se utilizó por primera vez en Italia después de la I Guerra Mundial para designar a unos grupos llamados “fascios”, que darían lugar al PNF, dirigido por Benito Mussolini y fundado en 1921. En Alemania apareció al mismo tiempo que en Italia un movimiento político similar, cuyo dirigente sería Hitler, que lideró el partido nazi (NSDAP). Fue fundado en 1919. En otros países europeos también aparecieron en el período de entreguerras partidos y movimientos políticos de carácter fascista. En España fue la Falange Española, fundada en 1933, el partido de ideología fascista. Características del fascismo

El fascismo es una corriente política que surgió y se desarrolló en el período de entreguerras, pero que tiene sus raíces en las corrientes ideológicas nacionalistas, imperialistas y racistas del siglo XIX. El darwinismo social es un fundamento ideológico del fascismo, puesto que defiende el derecho de los más fuertes a dominar. Por otra parte, el fascismo rinde culto a la violencia, es decir, considera justificada la dominación violenta. Dominación de los grupos más fuertes sobre los considerados más débiles, de las naciones más fuertes sobre las más débiles, de las razas más fuertes sobre las más débiles. La idea de superioridad racial está muy presente en los fascismos. Hay un culto al militarismo en el fascismo, pone al soldado como ideal de ciudadano, convierte a éste en un soldado. Es un movimiento totalitario, en el sentido de que el Estado lo es todo y el individuo no es nada sin el Estado. Es, por tanto, un movimiento anti-liberal. Es, asimismo, antimarxista porque rechaza que en la nación haya clases sociales. También es anti-racionalista. Hay un exagerado culto al líder, que es considerado la encarnación de la nación. Recibe nombres que indican que “conduce” a la nación: el Duce en Italia, el “Führer” en Alemania… El fascismo no renuncia a la idea de soberanía nacional, considera al líder expresión de esa soberanía. El líder tiene que tener carisma, mucha capacidad oratoria, tiene que ser muy bueno dando discursos en los que exalta el espíritu patriótico o racial entre los asistentes a los grandes actos de masas, en los que era frecuente que hicieran desfiles paramilitares.

El antisemitismo, el odio a los judíos, fue una característica muy destacada en el caso alemán, aunque se dio en Italia y otros países. A lo largo de la Historia ha habido numerosas ocasiones en las que los judíos han sido perseguidos y en la 2ª mitad del siglo XIX hubo brotes antisemitas en Rusia, Francia y otros países europeos. Es probable que en parte de la población exista un antisemitismo latente, que en ciertos momentos puede expresarse en forma aguda. Los nazis eran totalitarios, ultranacionalistas y creían en la superioridad racial germana (la raza aria). El papel que le daban a Alemania era el de la gran potencia europea y, dada la situación, estaban dispuestos a hacer la guerra con media Europa. El Tratado de Versalles (1919) sometía a Alemania al papel de potencia perdedora de la I Guerra Mundial y le impedía ser una potencia militar. Los nazis necesitaban un chivo expiatorio de esa situación, un pueblo en el que depositar la culpa de todos los males de Alemania. Ese pueblo fueron los judíos. Otros pueblos, como los eslavos, eran considerados por los nazis como mano de obra barata, como servidores de los alemanes. Factores que influyeron en su ascenso Por qué el fascismo creció tanto precisamente en el período de entreguerras. Tiene mucho que ver con tres factores: - La I Guerra Mundial tuvo mucho que ver y, sobre todo, el orden de entreguerras, que hacía sentir a una parte de la población de algunas naciones, sobre todo a excombatientes, que su nación había quedado perjudicada,

que no había sido recompensada por su esfuerzo en la guerra. En el caso de Alemania esto resulta muy claro, puesto que el Tratado de Versalles la reducía a la mínima expresión. En el caso de Italia, aunque participó en la guerra del lado de los vencedores, el fascismo italiano se basó mucho en la idea de que Italia no había sido recompensada suficientemente, sobre todo desde el punto de vista territorial. - El ascenso de los bolcheviques en Rusia es también un factor, ya que el fascismo es una reacción anticomunista, contra la revolución proletaria y es contrario a la idea marxista de la lucha de clases. El fascismo explotó el miedo a la revolución. - El tercer factor que explica el ascenso del fascismo en el período de entreguerras fue las crisis económicas, la de posguerra (1919-1923) y la Gran Depresión (19291932). La primera de estas crisis es la que llevó a Mussolini al poder (entre 1922 y 1925) y la segunda llevó Hitler al poder en 1933. Así, al partido nazi, a pesar de la dureza del Tratado de Versalles con Alemania los alemanes apenas le hicieron caso, salvo en dos momentos muy concretos: Uno fue en las elecciones de 1924, en la que aparecieron como grupo parlamentario con 24 diputados. La ocupación de la cuenca del Ruhr el año anterior estaba influyendo en este primer auge del nazismo. En los años siguientes, en los “felices veinte”, nadie pareció hacer caso de los nazis en Alemania, los cuales apenas tuvieron representación parlamentaria.

En octubre de 1929 comienza la gran depresión en Wall Street y se traslada inmediatamente a Alemania, en virtud de la dependencia financiera que este país tenía con los EEUU desde el plan Dawes (1924). En septiembre de 1930 se celebraron elecciones en Alemania y el partido nazi pasó de pronto a convertirse en la segunda fuerza parlamentaria con 107 diputados. En las elecciones de 1932, cuando en Alemania había ya 6 millones de parados, el partido nazi ganó las elecciones con 233 diputados y Hitler fue nombrado primer ministro. Al año siguiente convocó las que serían las últimas elecciones, que se celebraron bajo un clima de terror. Aun así el partido nazi ganó pero no por mayoría absoluta, sino mayoría simple. En 1933, además, murió el presidente de la república alemana y Hitler aprovechó para convertirse en jefe del Estado alemán, dándose el título de führer (conductor) e instaurando un Estado totalitario. Antes de la persecución de los judíos, Hitler comenzó eliminando a la oposición política y también a una parte del partido nazi. Los campos de concentración se hicieron en un primer momento para la oposición política, especialmente los socialdemócratas y los comunistas.

LAS RELACIONES INTERNACIONALES (1919-1939)

Las relaciones internacionales en entreguerras pasaron por tres etapas.

el

período

de

Hay una primera etapa, que va de 1919 a 1923, que se caracterizó por la tensión en las relaciones entre los Estados, hasta el punto de que parecía que la guerra no había terminado del todo. El Tratado de Versalles contribuyó a esa tensión, puesto que fue impuesto a Alemania y contenía cláusulas muy duras con Alemania. Entre ellas, las reparaciones que ésta debía pagar a los vencedores complicaron la situación y llevaron a Francia y Bélgica a ocupar la cuenca del Ruhr en 1923 al objeto de cobrar en especie la cuantía que Alemania no había podido pagar. Fue una situación sin salida, puesto que la ocupación del Ruhr resultó ruinosa tanto para Alemania como para Francia. En 1924 cambió sustancialmente la situación. El Plan Dawes contribuyó notablemente a relajar la situación al

posibilitar que Alemania pagase las reparaciones de guerra. Pero, al mismo tiempo, llegaron a los gobiernos francés y alemán políticos que representaban una corriente de opinión favorable a la reconciliación franco-alemana, asignatura pendiente desde la guerra franco-prusiana (1870). Por el lado francés estaba Aristide Briand y por el alemán Gustav Stresemann. El acercamiento que iniciaron se materializó en el Pacto de Locarno en 1925. Éste establecía una ratificación del status establecido por el Tratado de Versalles respecto a las fronteras occidentales de Alemania. Este pacto era muy significativo: se eligió un país neutral, Suiza, y dentro de él una ciudad de la zona italiana; Alemania lo firmó sin presión, a diferencia del Tratado de Versalles; por último, el silencio del Pacto de Locarno con respecto a las fronteras orientales de Alemania, sugería que éstas eran revisables. Al año siguiente, en 1926, en este clima distensión, Alemania, que había sido excluida de la SDN, ingresaba en ella, nada menos que por invitación de Francia. En 1928 se firmaba el Pacto Briand-Kellog, en el que se renunciaba a la guerra como instrumento político con el objeto de perpetuar el clima de distensión que imperaba en ese momento. Este ambiente de distensión, en el que la guerra parecía una amenaza muy lejana, comenzó a deteriorarse cuando estalló el crack de Wall Street, en octubre de 1929, que dio comienzo a la Gran Depresión. El primer Estado que comenzó a llevar una política agresiva fue Japón y en ello tuvo mucho que ver la crisis

económica que padecía. Siguiendo su política imperialista de expansión hacia Manchuria, invadió ésta en 1931, donde estableció un Estado títere, llamado Manchukuo. Se trataba de un acto unilateral que contravenía la idea de seguridad colectiva, en la que se basaba la SDN y, por tanto, ésta condenó esa acción japonesa. Japón respondió saliendo de la SDN, lo cual claramente mostraba que no iba a rectificar y, además, que en sucesivas acciones no pensaba contar con nadie. Así, comenzó a invadir la costa oriental china en 1937. Podría decirse que en Asia la guerra comenzó en 1937. En 1935 Mussolini decidía invadir Etiopía, donde a finales del s XIX las tropas italianas habían sido derrotadas. La invasión iba en la línea de formar un imperio italiano en África. Etiopía era un Estado independiente y la invasión era una agresión, que la SDN condenó, ante lo cual Mussolini respondió retirando a Italia de la SDN. En 1936 Hitler procedía a la remilitarización de Renania. Era un acto legal, puesto que el Tratado de Versalles establecía la desmilitarización de Renania por un período de 15 años, cumplidos en 1935. Al mismo tiempo, empezó una política de intenso rearme, una carrera armamentista. Entre 1936 y 1939 se produjo la Guerra Civil Española, en la que se enfrentaron el sistema político constituido legalmente, la II República, y una parte del ejército sublevada contra ese sistema político, dirigida por el general Franco. Éste recibió ayuda militar decisiva de parte Mussolini y Hitler. Especialmente importantes fueron la aviación italiana y la aviación alemana. Destaca el bombardeo de Guernika, una ciudad vasca, ocurrido en abril de 1937 y provocado por la Legión Cóndor (alemana) y la Aviazione Legionaria (italiana). La ciudad

quedó casi completamente destruida y sirvió para probar y mostrar la eficacia de la aviación hitleriana. El objetivo a destruir era, por otra parte, civil. Ambos, la aviación y la población civil como objetivo, eran novedades respecto a la I Guerra Mundial. A pesar de que la república española era de los pocos regímenes democráticos en Europa y de que la población francesa y británica miraba con horror los efectos mortíferos de la aviación alemana, Francia y Gran Bretaña siguieron frente a Hitler y Mussolini una política de apaciguamiento, de no responder a sus agresiones. Por este motivo no ayudaron a la república española. El siguiente paso de Hitler fue la anexión de Austria, en marzo de 1938. El Tratado de Versalles prohibía expresamente en una de sus cláusulas la unión de Alemania con Austria. A pesar de ello, Hitler procedió a la invasión y anexión, en la que no encontró ninguna resistencia militar, los austriacos eran en su mayoría favorables a su pertenencia al III Reich. El siguiente paso de Hitler lo dio contra Checoslovaquia. Reclamó una región fronteriza con Alemania, los Sudetes, donde supuestamente había una mayoría alemana que reclamaba su incorporación al Reich. Checoslovaquia era el único sistema democrático que había en toda Europa oriental en ese momento y si cedía los Sudetes, que era su única región montañosa, se quedaba indefensa. Gran Bretaña y Francia, que eran las potencias democráticas, estaban obligadas a defender a Checoslovaquia frente al expansionismo hitleriano. Pero, siguiendo su política de apaciguamiento, hicieron un pacto con Hitler, el pacto de Munich, del que excluyeron a la parte más afectada, Checoslovaquia, y que permitía a Hitler

anexarse los Sudetes. Hitler inmediatamente ocupó toda Chequia y colocó un gobierno pro-nazi en Eslovaquia. El siguiente golpe de fuerza de Hitler iría dirigido contra Polonia, y efectivamente así fue, pero pactando previamente con Stalin el reparto de Polonia. El pacto germano-soviético se firmó el 23 de agosto de 1939 y provocó la reacción inmediata de las potencias democráticas, sabedoras de que después de Polonia las agresiones irían contra ellas. El 1 de septiembre de 1939 se produjo la invasión de Polonia por el ejército alemán. El Reino Unido y Francia dieron un ultimátum a Hitler exigiendo su retirada de Polonia y, como éste no contestó, le declararon la guerra. La invasión de Polonia, pues, fue el desencadenante de la II Guerra Mundial.