I.

Aproximación metodológica a la afirmación y a la negación

1. ¿Qué es y cómo se manifiesta la afirmación? Como la negación, de la cual se trata en este trabajo, aparece en la lógica formal y en la dialéctica como algo, que no existe de por sí sólo, que no se auto-define a partir de sí mismo sino que siempre se define en relación a "otro", es decir, como la negación debe su existencia a "otro", vamos a examinar primero a este "otro" de lo cual se deriva y depende la negación. Antes de poder aclarar entonces, qué precisamente es una negación, para luego entrar en nuestro análisis de la negación en relación a la dialéctica Hegeliana y a los esfuerzos de "corrección materialista", "ampliación" y "crítica" realizados por los pensadores y filósofos Marx/Engels, Bloch y Marcuse respectivamente, no podemos menos de esclarecer también el concepto de la afirmación, a la cual se refiere y a la cual se debe la negación. El término afirmación proviene del latín, affirmatio, para "aseveración" o "aprobación" y tiene su origen en el término griego antiguo, καθάφάσις (katáphasis), "justo la afirmación". En el sentido metodológico estricto, la afirmación es una herramienta metodológica a través de la cual se identifica, determina y aprueba el postulado filosófico, el cual constituye, por un lado, la respuesta a la pregunta filosófica por "la esencia de las cosas" y el cual constituye, por otro lado, el punto de partida y eje central alrededor de lo cual gira un determinado sistema filosófico.37 En un sentido menos estricto, más bien general y simplificado, el término "afirmación" es utilizado como sinónimo para los conceptos "determinación" y "postulado". En ambos sus sentidos, no sólo tiene validez lo que el filósofo holandés Baruch de Spinoza observó con respecto a la afirmación, en cuanto que manifestó, que omnis determinatio est
El término "postulado" significa en latín "lo exigido", y señala originalmente una intrigante exigencia intelectual en la matemática griega, αϊτημα (aitéma), por medio de la cual se pretende construir en un solo acto tanto al objeto matemático-geométrico como también y al mismo tiempo a su concepto. Así ocurre en la geometría del famoso matemático griego y también discípulo de Platón, Euclides de Alejandría, donde uno de los postulados, de las exigencias intelectuales, consiste en trazar una línea entre dos puntos discrecionales, acto por medio de lo cual origina tanto el objeto real de un segmento de recta, limitado por dos puntos, como también el concepto de "línea" y su definición, que es, precisamente, la siguiente: "segmento de recta, limitado por dos puntos". Aunque, estrictamente, el postulado no es ni comprobado ni comprobable por ser algo que se auto-presupone a sí mismo, se asume, sin embargo, que es "verdad", sirviendo así como punto de referencia y base para todo un conjunto y sistema de aserciones científicas, que se derivan de él.
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negatio - cada determinación (o afirmación) es una negación, sino también su inversión: omnis negatio est determinatio: cada negación es, a su vez, una determinación o afirmación, más preciso y con miras a la dialéctica Hegeliana, una redeterminación y reafirmación de un principio o postulado dado. 38 Consta en este contexto, que la negación como tal se refiere precisamente a un punto de partida y de referencia determinado, a la afirmación o al postulado, al cual niega, pero sin el cual no logra manifestarse en primer lugar. De ahí resulta la importancia filosófico-científica de un punto de partida y de referencia, que puede aparecer como postulado, premisa, principio, axioma, teorema o máxima, que constituye la afirmación metodológica en la cual se basa cada sistema filosófico, lógico, matemático, científico y, por cierto, también ético y moral, y de la cual se deriva el contrario lógico o la negación. Una manifestación clásica de lo que es una afirmación metodológica la encontramos en el concepto de la premisa. El término premisa se deriva del latín, praemissa, lo que significa literalmente "lo adelantado". La premisa tiene su origen en el conocido silogismo o modo de conclusión de la lógica formal Aristotélica, donde dos premisas, la premisa mayor o propositio maior y la premisa menor o propositio minor, constituyen las presuposiciones de las cuales se deriva, de modo irrefutable, la conclusión. Podemos constatar, que de la premisa mayor, por medio de varias posibles figuras de deducción, resulta algo diferente de ella (la conclusión), precisamente por el mero hecho de que la premisa existe, es decir, por el simple hecho de ser postulada y afirmada. Esto es, básicamente y bien simplificado, el principio de la deducción lógica o de la derivación matemática, según un conjunto de reglas establecidas, que son las reglas de la lógica formal Aristotélica.39 ¿A qué se debe tal acto casi mágico, de deducir y derivar algo diferente a partir de un solo postulado dado, que es idéntico a sí mismo? - Las raíces de
Tal es el caso con la negación en la famosa lógica especulativa o dialéctica de Hegel, en la que se basan pensadores como Marx, Engels y Bloch, y donde la negación constituye nada más y nada menos que una simple reafirmación de un principio dado, como veremos en el transcurso de nuestro análisis. - Nótese aquí, que en la filosofía de Hegel el término "especulativo" tiene una connotación epistemológica. Proviene del latín, speculare, "observar", y expresa una manera particular de cognición con respecto al proceso objetivo-dialéctico del desenvolvimiento del "saber absoluto". 39 De sus seis escritos sobre la lógica, conocidos bajo el nombre "Organon", el tercer libro, la "Analytica Priora", trata de los silogismos. En I 1.24 b 18, Aristóteles explica: "Una conclusión es un discurso (logos) en el cual, si se postula algo, sigue algo diferente de lo postulado de manera necesaria por existir éste. Con la expresión 'por existir éste' quiero decir, que la consecuencia se debe a éste [postulado], sin que haga falta ningún término externo para que [la consecuencia] resulte con necesidad." Citado en: Johannes Hoffmeister, Wörterbuch der philosophischen Begriffe ("Diccionario de los conceptos filosóficos"), Felix Meiner Verlag, Hamburg 1955, página 590; traducción propia del idioma alemán, [los paréntesis] son nuestros.
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la deducción como expuesta por Aristóteles en sus silogismos las encontramos en la doctrina de ideas de Platón y en la allí reinante relación específica entre el mundo de esencias verdadero-real de las ideas y el mundo de apariencias engañoso-sensorial de lo material, en y a través de lo cual éstas se expresan.40 Ya en la doctrina de ideas Platónica está establecido in nuce la relación lógica característica entre un postulado y su derivación, entre la afirmación y la negación, "encarnada" la primera en el mundo primordial de lo ideal-general y la segunda en el mundo secundario de lo material-singular. En lo que se refiere a la relación estrictamente lógica establecida entre el postulado y su derivación, consta, que la misma vale de igual manera para ambas corrientes filosóficas, tanto para el idealismo como para el materialismo, lo que reduce la divergencia entre las dos grandes corrientes filosóficas "antagónicas" al ámbito epistemo-lógico, asumiendo el idealismo la primordialidad de lo espiritual (postulado) y la secundariedad de lo material (derivación), mientras que el materialismo asume lo inverso. Antes de seguir con la explicación de la relación lógica establecida entre un postulado y su derivación como Platón la expone en su doctrina de ideas, queremos dirigir la atención a un detalle, que es de particular interés aquí. En ambas corrientes filosóficas, la idealista y la materialista, se postula, determina y afirma un solo principio, un único postulado, una sola verdad, de la cual se deduce aquél, que es diferente o contrario al postulado mismo. Si se postula "espíritu", lo diferente o contrario es lo no-espiritual, la materia, que se deriva del postulado "espíritu" en cuanto que se define a través de éste. En cambio, si se postula "materia", lo diferente o contrario es lo no-material, el espíritu, que se deriva del postulado "materia" en cuanto que se define a través de ésta. Ahora bien, una cosa es enunciar aquél, lo que está afirmativamente contenido en el propio postulado, es decir, identificar el postulado. Otra cosa es enunciar aquél, lo que no está afirmativamente contenido en el postulado, identificando aquél, que no tiene nada que ver con lo que el postulado es per definitionem, es decir, identificar - sin postularlo explícitamente como tal -, el contrario a partir del postulado y no a partir de sí mismo, lo que lo convierte inevitablemente en una especie de derivación del propio postulado. Consta entonces, que la derivación equivale a la identificación y definición del
Las ideas son entendidas en el sentido de "género", denotando lo general-verdadero en las cosas. Sin embargo hay que aclarecer aquí, que Platón todavía no concibe las ideas como con-cepciones abstractas como lo hacen más tarde los Neoplatónicos, sino las entiende como algo material-concreto, como figuras materiales o arquetipos concretos.
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contrario por medio del postulado, de manera que el contrario (o la negación) es el producto de tal operación metodológica.41 Aquí, en cuanto al concepto de la negación se refiere, tenemos que hacer una distinción importante entre la lógica formal y la dialéctica.42 Si bien tanto en la lógica formal como en la dialéctica se obtiene el contrario lógico de un postulado por medio de su definición a partir del propio postulado, es decir a través de su derivación del postulado - operación lógica, que forma parte de la afirmación -, en la lógica
Esto es el problema de toda filosofía que tenga un solo válido postulado al que se le atribuya la verdad absoluta, exclusiva-unilateral. 42 No podemos abordar aquí a todas las variantes de la lógica formal desde la lógica formal Aristotélica y su desarrollo por los estoicos y los escolásticos. En un resumen extremadamente simplificado y comprimido podemos observar, que el desarrollo posterior de la lógica formal en la Edad Moderna en el período a partir del siglo 16 hasta mitades del siglo 19, conocido generalmente como la lógica "tradicional" o "clásica", básicamente no fue otra cosa que una recepción del pensamiento lógico de Aristóteles. Parte de la lógica clásica la forma todavía el matemático, científico y filósofo alemán, Gottfried Wilhelm Leibniz, aún cuando éste desarrolló los comienzos de una lógica matemática por lo que se le considera también el fundador de la lógica matemática o moderna. Otro famoso matemático y filósofo alemán, Christian Wolff, sistematizó y simplificó no sólo el pensamiento vasto y polifacético de Leibniz, sino popularizó la lógica clásica por medio de su aplicación en idioma alemán. - La lógica formal denominada moderna, matemática o también simbólica no es nada más que la versión ampliada, precisada y actualizada de la misma lógica formal Aristotélica. Lo decisivo para nosotros es el hecho, de que tanto en la lógica moderna, como en la lógica clásica permanecen vigentes todas las leyes de la lógica tradicional o clásica. Con respecto a la lógica moderna esto quiere decir, que posee el clásico carácter bivalente por operar con dos valores, "correcto" y "falso", formulado, asegurado y afirmado a través de las leyes de la lógica formal clásicas: 1., la ley de la identidad que afirma, que "A es igual a A", es decir, que una cosa es idéntica a sí misma; 2., la ley de la contradicción prohibida, que afirma, que "A es diferente a no-A", es decir, que A no puede ser igual a no-A y viceversa; 3., la ley del tercero excluido, que afirma, que "vale o bien A, o bien no-A", es decir, que nada puede ser "ni A ni no-A". Las leyes de la lógica formal constituyen, en su conjunto, la más precisa y completa afirmación y definición de lo que es "A" (y de las "modalidades" de A, si se quiere). Estrictamente y en relación a la concepción de la "verdad" en su carácter unilateral-exclusivo, como expresado por medio de las leyes de la lógica formal, ésta debería denominarse una lógica univalente, precisamente por asignarle el valor "verdad" a solo uno de los por lo menos tres componentes involucrados, respectivamente. Si A es correcto, no-A no lo puede ser, y viceversa, ni tampoco algo, que sea ni A ni no-A (que no existe según la lógica formal). Es decir, la verdad o el valor "correcto" le corresponde a un solo componente respectivamente, tratándose, desde ésta perspectiva, de una lógica univalente. Ahora bien, hay un género de lógica denominado "lógica no-clásica", que difiere de un modo u otro del carácter "bivalente" de la lógica formal tanto clásica como moderna. Se trata de las llamadas lógicas trivalentes o polivalentes, las cuales ponen en tela de juicio a la validez supuestamente universal de la tercera ley de la lógica formal, que es la del tercero excluido. Las lógicas polivalentes asumen la existencia y validez de aserciones que son calificables como "ni correcto ni falso", siendo este "tercer valor" entendido en el sentido vago de "in-determinado", "posible", etc., lo que lo distingue tajantemente de nuestra concepción, en la cual el "tercer valor" está precisamente determinado por los dos, a los que supera: Para poder trascender como "ni correcto ni falso", el tercer valor tiene que ser cuadruplemente afirmado como: 1. correcto (afirmación afirmativa), 2. falso (afirmación negativa), 3. correcto y falso (negación afirmativa), 4. [correcto o falso] y [correcto y falso] (negación negativa) para llegar a 5., ni correcto ni falso (superación). Como hasta en las llamadas lógicas polivalentes siguen teniendo validez las leyes de identidad y contradicción lógico formales clásicas, se les impone el mismo "límite clásico" de la lógica formal, que es él de equiparar la lógica con el "ser libre de contradicciones" categórico. En este sentido, la ciencia de la lógica siempre es la ciencia del "ser libre de antinomias" (contradicciones). Aquí se evidencia el contraste de la lógica formal, que es la ciencia per se del "ser libre de contradicciones", con la ciencia per se
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formal no se permite establecer la relación conjunctiva entre el postulado y su derivado, el contrario, mientras que en la dialéctica sí se permite tal relación. En la lógica formal, el contrario queda contrario, irreconciliablemente opuesto al postulado, precisamente por no relacionarse el uno con el otro, mientras que en la dialéctica, el contrario, por relacionarse con el postulado o la afirmación, se convierte en lo que es la negación en su sentido propio, en la otra cara de la misma moneda, formando así, junto a la afirmación, los dos lados del mismo postulado. En el sentido metodológico estricto, dialéctico, el propio postulado sólo se convierte en afirmación en cuanto que establezca una relación conjunctiva con el contrario, convirtiéndolo en negación. Por lo tanto, en la lógica formal, no es tan adecuado de hablar de "afirmación" y "negación", supuesto que no existe una negación "independiente" de la afirmación, y viceversa. Resumimos entonces, que si bien en ambos casos se deriva o deduce un contrario por medio del postulado, sólo en la dialéctica se establece una relación entre los dos, la cual podemos calificar de inclusivoconjunctiva, mientras que en la lógica formal no se relacionan los dos, lo que podemos calificar como "relación" exclusivo-disociativo.43 Es pertinente de volver a preguntar aquí, ¿de donde, en primer lugar, proviene el contrario, el derivado o la negación, si no es o bien una especie de postulado secundario, o bien una parte intrínseca del mismo postulado? La deducción de un contrario, una negación o un "no-postulado" desde un postulado dado, no es, en nuestro criterio, otra cosa que la copostulación oculta y paralela de un principio o postulado secundario, cuya secundariedad, en realidad, no se justifica sino por arbitrariedad. Regresando a las raíces de la relación lógica establecida entre un postulado y su derivación, profundicemos, a este respecto, la doctrina de ideas de Platón, la cual constituye la base para la lógica formal Aristotélica, que
de las contra-dicciones mismas, la lógica especulativa o dialéctica Hegeliana, que es la única lógica que constituye la ciencia par excellence de las propias contradicciones, aún cuando la ciencia de las contradicciones de Hegel tenga, en última instancia, el propósito de eliminarlas, reafirmando y reforzando de tal manera a la propia lógica formal. 43 A la "relación" exclusivo-disociativa, como expresada en la lógica formal, corresponde, en nuestro método, la unigoría reposo, mientras que a la relación inclusivo-conjunctiva, como expresada en la dialéctica, corresponde, en nuestro método, la diagoría movimiento, entendido como la relación interna (mejor "intensiva") de dos lados de la misma cosa. En ninguna de las dos lógicas, ni en la lógica formal, ni tampoco en la dialéctica, hay algo que corresponda a nuestra multifacética, intensiva-extensiva triagoría relación, que "trasciende" como ni reposo ni movimiento, presuponiendo la cuadruple afirmación de: 1. reposo (afirmación afirmativa), 2. movimiento (afirmación negativa), 3. reposo y movimiento (negación afirmativa), 4. [reposo o movimiento] y [reposo y movimiento] (negación negativa) para superar como 5., ni reposo ni movimiento (relación).

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prevalece hasta hoy día no sólo en el pensar cotidiano de la abrumadora mayoría de los seres humanos en este planeta y en la propia estructura idiomática de toda cultura occidental, sino también en el ámbito de la filosofía y de las ciencias sociales y naturales modernas occidentales44. Platón postula las ideas, que son esencia, concepto, causa, forma y telos,45 en suma, el όντως όν (óntos ón), el verdadero ser, que determina y de lo cual depende todo lo demás. Junto a este único y verdadero postulado, en el sentido anteriormente indicado, Platón "copostula" el correspondiente contrario o "no-postulado", el μή όν (mé ón), el no-ser, la materia, lo completamente indeterminado. Por cierto, junto al postulado y al no-postulado o contrario, Platón postula el propio método, que explica y demuestra la relación lógica existente entre el postulado y su contrario, en el caso de Platón entre el ser de las ideas genéricas y el no-ser de la materia. Su método consiste básicamente en que el postulado, las ideas, "se expresan" o se manifiestan en y por medio del no-postulado, de la materia, y así es, como el postulado y el no-postulado, presentados como polos radicalmente opuestos, entran en "relación" en el mundo engañoso de las apariencias sensorialmateriales.46 Expresión de la relación entre el ser y el no-ser, entre lo puramente ideal y lo puramente material, es el mundo casi "turbio" de las
Con referencia a los límites de la lógica formal Aristotélica en la física y para ilustrar, que la lógica no es, en absoluto, cosa de filósofos locos y excéntricos para entretenerse en su torre de marfil, queremos señalar un ejemplo interesante perteneciente al ámbito de la investigación científica en el campo del electromagnetismo, específicamente dentro de un sector militar de los EEUU de América, que se ocupa con el desarrollo de armamento electromagnético, donde ya en los años setenta / ochenta se hicieron sentir dichos límites. Thomas E. Bearden, coronel retirado, ingeniero nuclear, estratega militar y analista de juegos de guerra y armamento, con 30 años de experiencia en sistemas de defensa aérea, inteligencia tecnológica y armamento electromagnético Soviético, en sus Comments on the new Tesla Electromagnetics, Part I: Discrepancies in Present EM Theory del año 1982 ("Comentarios concernientes al nuevo electromagnetismo de Tesla. Primera parte: Discrepancias en la teoría electromagnética contemporánea"), observa lo siguiente: "Hasta nuestra actual lógica Aristotélica - aplicada a la interacción de fotones por medio de luz vectorial como mecanismo fundamental de observación es incapaz de describir o modelar esta realidad más fundamental." ... "... para entender la nueva realidad electromagnética, se requiere de una nueva lógica expandida, que contiene la vieja lógica Aristotélica como base. Ya he señalado la nueva lógica en mi monografía "A Conditional Criterion for Identity, Leading to a Fourth Law of Logic" 1979, [Un criterio condicional para la identidad, llevando a una cuarta ley de la lógica], que se puede obtener en el National Technical Information Center, AD-A071032." Traducción propia del idioma inglés. El énfasis y [el paréntesis] es nuestro. Fuentes: http://www.cseti.org/position/addition/bearden.htm, y http://www.cseti.org/bearden/index.html 45 En griego: ούσία (oúsía, = esencia), λόγος (lógos = concepto), αίτία (aítía = causa), είδος (eídos = forma), τέλος (télos = fin, finalidad). 46 La expresión y manifestación de las ideas en y a través de la materia aparece, radicalizada hasta sus últimas consecuencias, en la filosofía y metodología de Hegel como la enajenación y objetivación de la idea absoluta o el espíritu en y por medio de la materia, es decir de la naturaleza, de manera que ésta, dialécticamente relacionada al espíritu, resulta un producto del propio espíritu, mientras que en Platón, la materia permanece un irreconciliable polo lógico-formalmente opuesto a él de las ideas.
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cosas o apariencias sensorial-particulares, en el cual la verdad le corresponde únicamente al "componente ideal" en las cosas, aún cuando éstas estén "compuestas" tanto de un "componente ideal" como también de un "componente material".47 En otras palabras, a las cosas particulares materiales, que constituyen una especie de "mezcla" entre lo ideal y lo material, le corresponde la verdad en la medida en que "participan" en el verdadero ser por medio de lo general, del género que expresan, es decir a través de la idea que representan.48 Con tal "participación" de las cosas particulares en el mundo de las ideas por medio de la "presencia" de éstas en las apariencias materiales, entramos ya de pleno en el método Platónico, que constituye precisamente la base epistemológica para lo que posteriormente será introducido por Aristóteles, mediante el silogismo, como el propio principio de deducción y, por cierto y como expuesto en la "Analytica Posteriora", también de inducción, con alusión a una relación dialéctica entre los dos49. Estamos hablando de la relación específica existente entre el mundo de las ideas o de lo esencial y el mundo de las apariencias individual-materiales o de lo particular, relación que consiste en un doble movimiento de las ideas hacia las cosas particulares y de éstas hacia las ideas, expresado en los términos de παρουσία (parousía) y μέθεξις (méthexis) respectivamente, significando el primero la presencia de la idea en las apariencias individuales, y el segundo la participación de las apariencias individuales en las ideas. La parousía y la méthexis, en el plano metodológico, constituyen así los dos lados de una misma afirmación o verdad, que es la verdad exclusiva de la idea por constituir aquél, que tiene permanencia y
Aún cuando Platón no habla en este sentido de una "composición" de las apariencias individuales de "componentes" materiales e ideales, la epistemología de Platón en su totalidad así lo sugiere. El germen de lo que estamos denominando "composición" en este contexto, que yace en la epistemología de Platón, lo encontramos más desarrollado y a la vez transformado en la explícita concomitancia de los principios ύλη (hýle) y μορφή (morphē), materia y forma, en la filosofía de Aristóteles, resultando en la composición de las entidades corporealmateriales de los componentes hýle y morphē. Esta concepción es resumida bajo el término hilomorfismo. 48 El género de las cosas se expresa, semánticamente hablado, en las "-idades" o "-eidades", como también en la substantivación de los adjetivos. Por ejemplo: Todos los seres humanos particulares participan en la idea de la humanidad, en la idea de lo humano. Otros ejemplos: Todos los ladrones particulares participan en la idea de la "ladroneidad", en la idea de lo (característico del) ladrón. Todos los triángulos particulares participan en la idea de la "triangularidad", en la idea de lo triangular, etc. etc. 49 Aún cuando para Aristóteles la dialéctica tiene validez únicamente en el ámbito de la δόξα (dóxa), de la opinión y discusión, en la "Analytica Posteriora", primer libro, capítulo 18, Aristóteles expone la dialéctica de inducción y deducción precisamente dentro del marco de la relación existente entre lo particular y lo esencial. Véase las referencias hechas en: Aristóteles, Metzler Philosophen Lexikon, Metzlersche Verlagsbuchhandlung, Stuttgart 1989; página 46.
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continuidad en el cambiante mundo de las apariencias individual-materiales y lo que permite su cognoscibilidad en primer lugar. Es decir, en el mundo de las cosas particulares, donde las mismas "se componen" de idea y materia, el "y" en "idea y materia", en otras palabras la relación entre los dos, está compuesta precisamente de parousia y méthexis, de la presencia activa en las cosas por parte de la idea, y de la participación pasiva en la idea por parte de las cosas. Reiteramos que en esta "combinación" las ideas representan la inalterable, eterna esencia de las cosas, esencia que no cambia, que está en reposo, que es idéntica a sí misma y por ende perfecta, mientras que las cosas en su particularidad material representan la cambiante, perecedera apariencia per se, apariencia que cambia, que se mueve, que no es idéntica a si misma y por ende imperfecta. Queda entendido por consiguiente, que es la idea o el género, que constituye lo propiamente verdadero y esencial de las cosas, y no la apariencia particular, que se manifiesta a través de la cambiante e imperfecta materia, la cual está en un constante proceso de llegar-a-ser y perecer, es decir, la cual está en movimiento.50 Concordante con la concepción, de que el mundo de las apariencias individuales está compuesto de idea y materia, de ser y no-ser, y con que la idea representa la perfección en su calidad de esencia-en-reposo, mientras que la materia representa la imperfección en su calidad de apariencia-en-movimiento, Platón efectúa un "escalonamiento", una graduación del ser en el sentido, de que cuanto más participación en el ser o la idea tiene una cosa, tanto más valor, verdad y realidad le corresponde, mientras que cuanto menos participa en el ser o la idea, tanto menos valor, verdad y realidad le corresponde.51 De
Aquí ya se encuentran in nuce todas las connotaciones características que se le atribuyeron a la materia a lo largo de su carrera en la corriente idealista y también materialista de la filosofía, es decir, la materia como el principio de la divisibilidad, como lo deformado, como lo completamente indeterminado, como lo vacío, como el substrato del movimiento, como el substrato de las leyes naturales e ideales que la rigen; finalmente la materia como lo que impide la cognición, y en la filosofía de Platón mismo, como el principio obstructor - aquél, que obstaculiza la expresión exacta de las ideas. En lo que respecta al idealismo filosófico, se deja resumir el rol y la función de la materia en la famosa ecuación del propio Platón, σώμα σήμα (sóma séma): el cuerpo es la tumba del alma, lo material es la tumba de lo espiritual. De ahí el afán de lo espiritual de liberarse y hasta "limpiarse" de lo corporeal-material, de lo engañoso que es el mundo cambiante de lo material, para avanzar hacia lo verdadero, que es el mundo constante de lo ideal - motivo que ha sido recogido sobre todo por la corriente de la filosofía cristiana de la Edad Media, la Escolástica. 51 La graduación del ser en la filosofía de Platón y la equiparación de "ser" con "valor" constituye la base epistemológica para la prueba ontológica de Dios como efectuada por Anselm de Canterbury (Anselmo) y resumida en la conocida frase "Ens perfectissimum, ergo realissimum" - el ser más perfecto es, por consiguiente, el ser más real. La existencia de Dios se comprueba argumentando, que si se piensa lo más perfecto -que es el propio Dios -, se implica necesariamente su existencia, su ser, su realidad, porque si no fuese real, tampoco fuese perfecto.
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tal manera se distinguen diferentes grados del ser, que son grados de valor, ver-dad y realidad, determinados por el respectivo "porcentaje" que tienen en él los componentes del ser - es decir, de la idea o del reposo - por un lado, y del no-ser - es decir, de la materia o del movimiento - por otro lado. La graduación del ser forma así una jerarquía, en la cual aquél, que tenga un mayor grado de ser, que participe en mayor medida en la idea, también tiene un mayor grado de realidad y verdad que aquél, que le sigue y que depende de él en la jerarquía del ser. Lo que precede a algo por tener más ser y más realidad que éste, lo que es base y fundamento para otro ser "menor", es denominado ύπόθεσις (ýpóthesis), hipótesis - aquél ser, cuya existencia (o postulación) es indispen-sable para que otro ser pueda existir. En la filosofía de Platón, la hipótesis o el fundamento, de lo cual se deriva todo ser y a lo cual se deja reducir todo ser, es el mundus intelligibilis del τόπος ούράνιος (tópos oúránios), el "mundo de las ideas", dentro de lo cual también reina una jerarquía precedida de la idea suprema - el summum bonum o bien supremo -, que forma la cima de tal "pirámide". Se trata de la "idea de la idea", de la hipótesis per se, de la cual dependen todas las demás ideas, y hacia cual éstas establecen una relación teleológica. Por su parte, la idea de la idea es autosuficiente, es decir, no depende de más nada, sino de sí misma, autopresuponiéndose a sí misma y constituyendo de tal modo el άνυπόθετον (ánhypótheton), lo que no requiere de una hipótesis, lo absoluto, o, metodológicamente expresado, el postulado. Dentro de este contexto y con miras al método cognoscitivo de Platón, que es la αναμνεσις (anamnesis) - el traer a la memoria el mundo de las ideas que el alma ha divisado antes de nacer -, podemos observar, que la cognición, que no es otra cosa sino visión pasivo-receptiva52 y afirmación de lo reconocido, se dirige, necesariamente, hacia el ser estático de las ideas, que
Con recurso a la base histórica de la filosofía griega, es decir, con recurso al proceso de trabajo histórico en su etapa del modo de producción esclavista, cabe señalar, que la pasividad que caracteriza la cognición en la filosofía griega se debe al la barrera epistemológica, que constituye el trabajo (físico) en la sociedad griega. Recordamos que los esclavos, encima de cuyos hombros se edifica la Grecia Antigua, no figuran como seres humanos sino son considerados "herramientas que hablan" (Aristóteles). Dentro del mundo de la polis, a los artesanos, que trabajan con sus manos y quienes tienen que ver con lo bajo que es lo material, les corresponde el menor grado de ser, valor y realidad. El trabajo físico no está reflejado en la superestructura de la Grecia Antigua por ser considerado indigno y sucio, perteneciente al ámbito de la materia, y por ende, en la filosofía griega, cognición es equivalente a visión pasiva, como lo expresa con exactitud el término griego θεωρία (theoría), teoría, que significa precisamente "visión". El trabajo como factor cognoscitivo sólo entrará a la filosofía como parte de la superestructura con el advenimiento del modo de producción capitalista, expresado de manera más radical por Thomas Hobbes en su ecuación epistemológica: "cognoscer es producir".
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es lo único de lo cual se puede enunciar y afirmar que "es" - cosa, que no se puede enunciar con respecto al movimiento. El movimiento no es, el movimiento llega-a-ser y por ende y per definitionem no puede ser objeto de la cognición entendida como anamnesis, porque no puede reconocerse y traerse a la memoria algo que se mueve, algo que cambia y que ha cambiado desde la última vez que el alma lo divisó. Aquí, lógicamente, el cambio y el movimiento no pueden corresponder al ser, a la esencia, porque tendría que afirmarse entonces, que el propio ser no "es ser", sino "llega a ser ser", lo que significa, que tendría que afirmarse exactamente que el ser no es, lo que equivale a una aserción contradictoria, prohibida. En consecuencia, el movimiento corresponde al no-ser, a lo que no es "ser", a lo que llega a ser "ser". Expresado en otros términos: el movimiento corresponde a lo incompleto, a lo imperfecto, a lo que no se puede identificar, a lo que no se puede afirmar, a aquello, de lo que no se puede decir lo que es, por ser en movimiento. Lo que se mueve carece de algo, no es completo, no es perfecto, es precisamente incompleto e imperfecto porque carece del ser, del reposo, de la perfección. En la filosofía de Platón tenemos, por un lado, el dualismo lógico-formal de dos polos opuestos, el postulado y su derivado, idea y materia, constituyendo y expresando el uno lo que el otro no es y viceversa, no teniendo ninguna relación el uno con el otro. Por otro lado tenemos el ámbito del mundo de las apariencias individual-materiales, donde los opuestos entran en relación, en cuanto que las cosas particulares constituyen una especie de "composición" entre ser y no-ser, idea y materia, reposo y movimiento. Partiendo del mundo de estas "formas mixtas", y colocándolo en medio de los dos polos opuestos, idea y materia, se llega a comprender lo que, in nuce, es la dialéctica de Platón como expuesto en sus diálogos "Symposion", "Parmenides" y "Sophistes". En el Symposion, el semidiós Eros, hijo de Poros y Penia, de riqueza y penuria, de tener y no-tener, encarna la contradicción y el origen de la teleología, del dirigirse hacia un fin, representando de este modo el movimiento en el mundo, cuyo telos o finalidad es el reposo. La relación entre el tener y el no-tener es el anhelo o ímpetu, que se convierte en motor y razón para que algo se mueva. Aquí, el lado del "tener" tiene que ver con el mundo de las ideas, con el tópos oúránios que el alma divisó antes de nacer, mientras que el lado del "no-tener" tiene que ver con el mundo engañoso de las cosas particu-lares materiales, en el cual queda sino un reflejo del mundo real de las 51

ideas brillantes. Para que origine el germen del movimiento, que es la "inquietud", y para que ésta se convierta en impulso y movimiento, ansiando a su finalidad que es el reposo y la perfección, se necesita un poco de ambos polos, de tener y no-tener, de reposo y movimiento, de ser y no-ser, de perfección e imperfección, de idea y materia. Se necesita, en otras palabras, Eros, la contradicción.53 La filosofía de Platón constituye el fondo de los problemas epistemológicos y metodológicos centrales de la filosofía occidental en ambas sus corrientes, tanto idealista como materialista, comprendiendo, primero, la problemática del propio postulado o del ánhypótheton, que se autopresupone a sí mismo y de lo cual se deriva todo lo demás; segundo, la problemática del dualismo entre dos mundos o principios54, relacionada a la verdad exclusivoLa dialéctica en la filosofía de Platón tiene que ver exclusivamente con el ámbito del mundo de las apariencias material-particulares, es decir, con el ámbito del llegar a ser y del movimiento de las "composiciones" individuales, y es entendida como el arte metodológico de relacionar lo uniforme con lo heterogéneo, el conjunto con las partes, lo uno con lo múltiple, lo idéntico con lo diferente, en fin, lo ideal con lo material. La particular dialéctica de Platón no es, todavía, la ciencia de la contradicción y del movimiento per se, sino más bien al revés, la ciencia de lo constante dentro del movimiento. No obstante, en lo que se refiere al ámbito de la postulación y derivación, ahí permanece el dualismo rígido de la exclusividad mutua o norelación lógico-formal entre el postulado (las ideas) y su contrario o negación (la materia). Nótese en este contexto, que en la epistemología de Aristóteles reina la misma exclusividad entre el postulado y su derivación o contrario, esto es, entre νόησις νοήσεως (nóesis noéseos), la forma suprema o la suprema determinación, el ser-en-realidad, y πρώτη ύλη (próte ýle), la prima materia, primera materia o lo completamente indeterminado, también denominada δυνάμει όν (dynámei ón), el ser-en-posibilidad. Igual que en la epistemología Platónica, es sólo a nivel del mundo sensorial, donde entran en relación la forma y la materia, la cual, en el mundo sensorial, según Aristóteles, es κατά τό δυνατόν (katá tó dynatón), materia signata, materia formada o "segunda materia". Es aquí donde entra, a diferencia de Platón, una especie de relación de desarrollo evolutivo entre la materia signata y la forma Aristotélica, la cual no es otra cosa sino la idea Platónica convertida en un "factor inmanente", es decir en una entelequía inherente a la materia, en una esencia insertada a la materia, gracias a la cual esta última evoluciona desde lo indeterminado hacia lo determinado. Aún cuando la forma Aristotélica es "insertada" "dentro" de la materia, hecho, que la vuelve materia signata, es la forma, la cual permanece el principio decisivo, determinante y activo, mientras que la materia queda pasiva, un mero substrato determinado por la forma. De este modo, el "desarrollo evolutivo" no es otra cosa que eductio formarum ex materia, la forma, que se lleva afuera de la materia. Así es, como en ambas filosofías es la idea o forma, que es lo decisivo-determinante. Metodológica-mente, en cuanto a la dialéctica se refiere, Aristóteles la ubica exclusivamente en el ámbito de la δόξα (dóxa), de la opinión y retórica, y no en él de la metodología, como lo hace Platón. Sin embargo, algo de la relación dialéctica entre el tener y el no-tener como expuesto por Platón en su Symposion, se encuentra también en la epistemología Aristotélica, en cuanto que la materia, en su calidad de ser-en-posibilidad, constituye algo "intermedio" entre el ser y el no ser, y encarna, en su calidad de ser materia-entelequía, la contradicción, anhelando a la forma y tendiendo hacia la forma, pasando desde lo indeterminado hacia lo determinado, aún cuando se trate, como asevera Aristóteles, de un movimiento sin dialéctica, teleológico-evolutivo. 54 El dualismo occidental origina precisamente en lo que Aristóteles denominó Χόρισμός (chórismós), la "hendidura" o el "abismo" en la filosofía de Platón, con referencia a su doctrina de los dos mundos rígidamente separados, el mundus intelligibilis o mundo de ideas, y el mundus sensibilis o mundo de lo sensorial-material. El término dualismo se refiere a cualquier filosofía o doctrina, que señala la existencia de dos principios "absolutamente diferentes", es decir dos opuestos o contrarios, que son mutuamente independientes el uno del otro y no
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unilateral del postulado en relación a su derivado o contrario, como sostenido en la lógica formal; tercero, la problemática de deducción e inducción a partir de la doble relación de parousía y méthexis existente entre el mundo de las ideas y el de las apariencias material-individuales; cuarto, la problemática del método cognoscitivo, que es él de la anamnesis, método de cognición que se refiere a un ser estático-cerrado en reposo, y que contiene en germen lo que más tarde sería la noción del apriori; y, quinto, la problemática relacionada a la contradicción y al movimiento, que tiende de lo imperfecto-material hacia lo perfecto-ideal o espiritual, y que da origen a la dialéctica en su peculiaridad Platónica como ciencia de lo constante dentro del movimiento. En cuanto al ánhypótheton, éste contiene la hasta hoy día válida y polémica problemática del axioma auto-evidente, no deducible o derivable, que es el origen y fundamento de todo un sistema deductivo que se basa en él, trátese de un sistema filosófico, matemático, físico, ético-moral, religioso, social o hasta económico. En lo que se refiere a la dialéctica Platónica, ésta será tanto retomada como modificada por Hegel como la ciencia del movimiento mismo, la cual, sin embargo y en el sentido propiamente Platónico, está implementada en el servicio del reposo, en el servicio de la eliminación de las contradicciones y del movimiento, y del "volver a casa" hacia el reposo y la perfección, hacia el espíritu absoluto. En torno a lo que es la contradicción y el movimiento en Platón, como expuesto en su Symposion, el principio de Eros con su dialéctica inherente se convertirá en una característica central de la filosofía de Bloch, jugando un papel eminente como origen de la carencia, del ímpetu y del consiguiente movimiento dentro de una especie de "teleología abierta", donde el "ser" Blochiano, con recurso a Aristóteles en lo que concierne a la noción de la materia, es comprendido como ser-en-posibilidad, todavía-no-ser o como experimentum mundi. Finalmente, la dialéctica Platónica como ciencia de lo constante dentro del movimiento encuentra su radicalización sorprendente en Friedrich Engels'

reducibles el uno al otro, ni a un tercer principio. Al respecto tenemos que observar, que por mucho que se sostenga la "independencia" de los dos principios en el dualismo y su noreductibilidad del uno al otro, en realidad se trata de una independencia y no-reductibilidad a posteriori, después de que, per definitionem, uno de los dos principios haya sido identificado y determinado a través del otro, es decir, derivado del otro. Esto se evidencia ya en el hecho, de que siempre se trata de un par de contrarios - siendo uno de los principios exactamente lo que el otro no es, y revelando así su carácter básicamente derivativo, muy a pesar del hecho, de que los dos principios sean declarados independientes y que sean tratados como tales a posteriori.

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"Dialéctica de la Naturaleza", donde lo constante dentro del movimiento lo constituye el movimiento mismo, el círculo eterno de la materia. Consta por consiguiente, que ya en Platón se concentran los problemas epistemológicos y metodológicos de la relación entre un postulado y su copostulado, contrario o derivación, entre identidad y diferencia, reposo y movimiento, afirmación y negación, tocando fondo tanto en lo que concierne a la lógica formal como también a la dialéctica. En este contexto volvemos a señalar, que la postulación y afirmación de un solo principio filosófico o postulado incluye necesariamente la copostulación implícita de un contrario carente de explicación, que, en el caso de Platón, es la materia como me ón, no-ser, o τό κενόν (tó kenón), lo maligno, contrario que no se copostula de manera explícita, sino que se define y por lo tanto deriva a partir del propio postulado. Es decir, en ningún caso se postulan dos o más principios simultáneamente válidos, equiparados y equivalentes, independientes el uno del otro y no derivables el uno del otro.55 Reiteramos también, que a la postulación de un solo principio le corresponde la asignación de una sola verdad unilateral, que excluye el contrario - que se ha derivado del propio postulado -, y que con-siste en que el postulado "es", mientras que la "verdad" o más preciso la no-verdad del contrario consiste precisamente en que "no es". En las palabras de Aristóteles: "Decir, que el ser es y el no-ser no es, en esto consiste la verdad".56 No se permite, que el contrario derivado posea el mismo valor y la misma validez, en otras palabras la misma verdad que el propio postulado, porque esto equivaldría a una segunda postulación o copostulación explícita, y cambiaría, por no decir "revolucionaría" el panorama filosófico, epistemológico-metodológico de manera dramática. Después de haber podido apreciar la importancia y el alcance de la afirmación o el postulado en el sentido filosófico-metodológico como punto de partida, referencia y eje central alrededor de lo cual gira toda filosofía y ciencia, y recordando una vez más, que aquí no se trata de juegos metodológicos reservados únicamente para los filósofos, vamos a proceder a examinar a los demás conceptos, que tienen que ver con la afirmación.
Independiente y no derivable en el sentido de que sean: 1., independiente, 2. derivable, 3. independiente y derivable, 4. (independiente o derivable) y (independiente y derivable), 5., ni independiente ni derivable. 56 Met. Γ, 7; 1011 b 27, citado en: Johannes Hirschberger, Geschichte der Philosophie, ("Historia de la Filosofía") Band 1: Altertum und Mittelalter, Herder Verlag, Freiburg 1976, página 167.
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Uno de los términos, que hace referencia a la afirmación y del cual ya hemos hecho uso, es el término "principio". Este se deriva del latín, principium, y expresa, en griego, el famoso αρχή (arché), la esencia y el origen de lo cual parte todo ser y toda cognición, y a lo cual se deja reducir y atribuir todo ser y toda cognición. El principio constituye "lo primero", "lo dado", de lo cual depende todo lo demás y de lo cual se deriva todo lo demás. El principio es, per definitionem, la presuposición o conditio sine qua non de que algo sea, exista, y sea cognoscible en primer lugar. De tal manera, el principio constituye el a priori ontológico en cuanto se refiere al ser, y el a priori epistemológico en cuanto se refiere a la propia cognición. Quiere decir, que el principio es la base, lo que precede tanto el ser como la cognición; es aquél, que posibilita el ser y la cognición. Aquí es palpable la analogía de la definición de "principio" con la de la premisa Aristotélica, reductible, a su vez, al postulado o ánhypótheton de Platón, con todas las implicaciones en el sentido anteriormente explicado. Se distinguen principios de diferente índole, como por ejemplo los principios formales, que se refieren al a priori en la lógica, es decir, a las leyes del pensar en la lógica, y los principios materiales, que se refieren al a priori del mundo empírico, es decir, a los leyes naturales o al contenido de la cognición.57 Los principios reales o principia essendi conciernen al a priori
Una vez más recurrimos a un ejemplo de una ciencia tan "concreta" como lo es la física, para volver a ilustrar y enfatizar la validez que tienen estas reflexiones metodológicas no sólo para la filosofía, sino también para todas las ciencias. Un ejemplo clásico para los principios materiales es la ley de la conservación energética en la física, formulada por primera vez en 1842 por el médico alemán, Julius Robert Mayer, quien detectó lo principal, el principio, lo constante dentro de las diferentes apariencias que adopta la transformación de energía de una forma en otra. - Diferentes formas de energía se transforman la una en la otra, por ejemplo, energía de posición (o energía potencial) en energía cinética, y energía cinética en energía térmica - transformación y conservación conocida bajo el término "equivalente mecánicotérmico". La ley de la conservación energética aserta, que dentro de un sistema inercial, es decir dentro de un sistema en reposo, "cerrado", no en proceso en su totalidad, existen determinadas fuerzas o unidades que no sufren cambios en su totalidad, como lo son los casos de la energía, la masa, el impulso, el impulso de rotación, la carga eléctrica. Si bien es cierto, que las energías, masas, impulsos y cargas "individuales" pueden sufrir cambios de transformación y cambios en sus cuantías, la suma de las cuantías energéticas, equivalentes en su totalidad, queda constante, es decir, la energía total, el impulso total, la carga total del sistema en su totalidad no cambia, sino queda constante. - Más que evidente en este caso es la analogía que se puede establecer aquí con la filosofía de Platón y sobre todo con su dialéctica peculiar, que constituye la ciencia de lo constante dentro del movimiento. Las "leyes naturales" de las cuales se trata en la física, cuya base epistemológica es precisamente el idealismo objetivista de corte Platónico - base filosófica de la física oficial hasta hoy día -, constituyen el equivalente a las ideas Platónicas o a lo constante dentro del cambiante mundo de las apariencias materiales. Cabe señalar, sin embargo, que las leyes naturales consideradas como constantes dentro de un sistema inercial han estado sujetadas gradualmente a una revisión en todos los ámbitos, en la medida en que el avance tecnológico ha permitido una más minuciosa manera de medición y comprobación. No obstante, todavía no se ha puesto, con todas las implicaciones del caso, en tela de juicio a la supuesta veracidad universal del único punto de partida, del propio "sistema inercial" (¡el postulado!), con pocas excepciones intra-sistémicas como lo es la teoría general de la relatividad Einsteiniana.
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del ser y de la existencia misma, es decir, a las presuposiciones del ser y de la existencia, mientras que los principios cognoscitivos se refieren al a priori de la propia cognición. Los principios de causa o principia fiendi, se refieren a las causas de todo acontecimiento, y los principios de la voluntad o principia agendi, que son probablemente los más conocidos, conciernen a las presuposiciones indispensables de todo acto moral, como aparecen en los sistemas éticos, siendo el más famoso principio en este ámbito el "imperativo categórico" de Immanuel Kant, la máxima que precede a la voluntad y que tiene (o de que se exige que deba tener) carácter de ley general. El principio en su sentido original, es decir en su sentido del "arché" de lo cual hablaban los primeros filósofos griegos, denota la esencia y el origen de las cosas y todavía no está diferenciado, de manera que contiene todas las diferenciaciones que acabamos de distinguir, dentro de una sola concepción universal. Los άρχάί (árchái, plural de "arché") como origen y esencia de las cosas son expresados por los hilozoistas58, tienen varias apariencias y son concebidos de manera material-animado. Para Thales de Mileto por ejemplo, el origen y la esencia de las cosas es el ΰδωρ (hýdor), el agua, mientras que para Anaximander, el arché es el άπέιρον (ápéiron), lo que no tiene límite, y para Anaximenes es el πνεύμα (pneúma), el aire. En el hilozoismo griego y en sus expresiones posteriores como lo es el panvitalismo y, de cierto modo, también el panteísmo59, un solo principio universal contiene, de manera no
- En lo que se refiere a la revisión de las leyes naturales en la física, específicamente la ley de conservación energética, cuyo precursor fue la ley de la conservación de masa, hoy día y todavía dentro de los parámetros Platónicos, objetivo-idealistas, experimenta una reformula-ción y profundización en el sentido, de que no es la energía que es lo constante y conservable, por poder ser reducida a componentes aún más fundamentales que la constituyen, denomi-nados componentes de "anenergía" (véase Bearden 1982, Comments on the new Tesla Electromagnetics op.cit., Parte I, puntos número 1 y 13.) La revisada versión de la ley de conservación de energía es, por lo tanto, la ley de conservación de anenergía, de los compo-nentes fundamentales de la energía, los que preceden a la propia energía y que no son, por su parte, reductibles a otro componente o principio aún más fundamental (por ahora). Por eso es aplicable el carácter de constancia o conservación a los componentes denominados "anener-gía". Lo que precede a algo, y no es, a su vez, precedido por otra cosa, es "origen", "principio", o, en este caso y por ahora, la "componente fundamental", el ánhypótheton, a partir de lo cual se deriva y compone todo lo que le sigue. Es decir, aquí tenemos el equivalente físico de la concepción del postulado y también del principio filosófico. 58 Hilozoismo es el término griego para "materia animada", compuesto de ΰλη (hýle), materia, y ζωή (zoé), vida. Los primeros filósofos griegos materialista-naturalistas, que postularon como origen y esencia de las cosas la materia animada, expresada por medio de diferentes principios materiales entendidos como animados, son denominados "hilozoistas". 59 Panvitalismo, un término compuesto del concepto griego πάν (pán), "todo", y latín "vita", vida. Se trata de una cosmovisión, que asume, que todo el universo vive, que todo dentro del universo vive y que, por ende, no hay absolutamente nada inanimado en él. El término panteísmo también se compone de griego y latín, y asume, que dios vive en todas las cosas, que dios es equivalente a la propia vida del universo y que, por ende, dios y la natura naturans, la propia naturaleza creadora, coinciden.

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diferenciada, los diferentes modos de ser y de existencia como lo son lo material y lo espiritual, el objeto epistemológico "pasivo" o aquello, que está siendo conocido, y el sujeto epistemológico "activo" o aquél, que conoce, lo "inanimado" y lo "animado", etc. También contenidos en un solo principio, pero de manera diferenciada, son los diferentes modos de ser y de existencia en el monismo, cosmovisión que concibe los momentos diferentes de lo material y lo espiritual, del objeto y del sujeto epistemológico, como igualmente contenidos dentro de la misma totalidad, reductibles a un mismo principio. Con referencia a nuestra problemática de la afirmación y del postulado, esto quiere decir, que en el caso del hilozoismo y del panvitalismo no existe un contrario, un derivado o una negación, sino sólo existe el postulado, mientras que en el caso del monismo sí existe un contrario, una derivación o negación, pero ésta es comprendida como parte de la totalidad, como parte del propio postulado. Ya para concluir nuestro análisis de la afirmación o del postulado y de su función y alcance (no sólo) en la filosofía, centrémonos ahora en el concepto del άξίωμα (áxíoma), axioma, que se conoce sobre todo del ámbito de la matemática60 y que origina, una vez más, en la premisa de la lógica formal Aristotélica y por ende en el ánypótheton de Platón. El axioma expresa una verdad tan "inmediatamente evidente" y "concluyente", que no hace falta aducir prueba de razón ninguna, ni tampoco existe la posibilidad de que sea "comprobado". Es ésta su naturaleza evidente, que sirve como base de comprobación para cualquier θεώρημα (theórema), teorema que se derive de
Como ya indicado en la nota de pie 37 con referencia al postulado o "aitéma" - la exigencia intelectual en la matemática griega -, el axioma, en su sentido matemático, origina en la famosa obra de Euclides de Alejandría, en los στοιχεία (stoicheía), los "Elementos", donde Euclides expone su geometría a base de una serie de postulados y axiomas, siendo el más conocido el axioma de paralelas Euclidiano. Entre los postulados o "aitéma" figuran el punto, la línea, el plano y el sólido, siendo, dentro de nuestro contexto, de particular interés para nosotros el "punto de partida" en su sentido más literal de la palabra, es decir, lo que nosotros consideramos el verdadero axioma de la geometría Euclidiana, que es el punto, entendido como una "entidad de cero dimensiones", que no tenga extensión en el espacio, y desde el cual se deriva cualquier figura geométrica-espacial desde la línea hasta el sólido, culminando en los cinco poliedros regulares denominados "sólidos Platónicos" - el pirámide, el cubo, el octaedro, el dodecaedro y el icosaedro - y a lo cual se deja reducir toda figura geométricaespacial. Es palpable la comparación del "punto axiomático" en la geometría Euclidiana con έστια (éstia), el "punto central" que constituye el "Uno" en la filosofía de Pitágoras, en la cual los números constituyen el origen y el orden natural de las cosas, comprendiendo su "Uno axiomático" tanto lo par como lo impar, dando así origen a todo el orden de números y sus relaciones. Además se puede establecer una semejanza con el axioma de Parmenides, con el έν καί πάν (hén kaí pán), el "uno y todo" "macrocósmico", y también con él de Demócrito, el axioma del άτομος (átomos), el "uno y todo" "microcósmico". Llámese "punto", "uno", "hén kaí pán" o "átomos", todos éstos postulados constituyen axiomas autosuficientes, independientes y no reductibles, formando un género de "causa sui" - causa de sí mismo.
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un axioma dado. Es decir - y nos suena conocida la definición -, que el axioma es el punto de partida y el origen de todo un sistema deductivo, origen, que por su parte no es deducible y que, por consiguiente, puede considerarse, en términos Platónicos, como el ánhypótheton, y en términos teológicos, valga la analogía, como una especie de "dios" en la matemática.61 Los criterios principales para que un axioma sea tal, son los siguientes: Primero y como ya contenido en la propia definicón del axioma, tiene que ser evidente por sí mismo; segundo, no debe contener ninguna contradicción, ni en sí mismo ni tampoco en relación a otros axiomas dentro de un conjunto y sistema de axiomas, es decir, los diferentes axiomas dentro de un sistema no deben contradecirse entre sí; tercero, debe ser independiente, es decir, no debe ser reductible a ningún otro axioma, y cuarto, tiene que cumplir con la exigencia de integridad y totalidad, de manera que cada adición que se le agregue al axioma y que no esté deducible de él en primer lugar, resulte en una contradicción. Como ejemplo y en lo que concierne a la lógica Aristotélica, el axioma pertenece a la categoría de los antes mencionados principios formales, que se refieren a las leyes del pensar en la lógica. En tal sentido, el axioma de la lógica formal Aristotélica es, por supuesto, el axioma de identidad, expresado en la fórmula A = A, aserción evidente de por sí misma y libre de contradicciones, desde la cual se dejan derivar los demás teoremas de la lógica formal, a saber la ley de la contradicción, expresada en la fórmula A ≠ no- A , y la ley del tercero excluido, expresada en la fórmula A v no-A.62

En este contexto es interesante señalar, que la Escolástica, que ha recogido y desarrollado la lógica formal Aristotélica, recurre precisamente a Aristóteles en su esfuerzo para darle al sistema dogmático eclesiástico una fundación basada en el intelectus (intelecto), fundación, que culmina en las famosas "pruebas de la existencia de Dios", donde destaca, sobre todo, la prueba cosmológica, según la cual - en analogía al νόησις νοήσεως (nóesis noéseos), la forma suprema de Aristóteles, y al ánhypótheton de Platón, la "idea de la idea" -, Dios es el primer principio, lo que no tiene causa, lo que se auto-presupone a sí mismo, de manera que Dios es causa sui, el equivalente teológico al axioma lógico-matemático. 62 1. Axioma: A = A: A es idéntico a A. => 2., Teorema: A ≠ no-A: A no es idéntico a no-A, es decir, A y no-A no pueden ser correctos ambos a la vez. 3., Teorema: A v no-A: Vale o bien A, o bien no-A, es decir, no pueden ser falsos ambos a la vez, por consiguiente, no existe nada que sea "ni A ni no-A". Hay que anotar aquí, que una cuarta ley, la ley de la "razón suficiente", figura en la lógica clásica como uno de los teoremas fundamentales de la lógica formal, el cual aserta, que ningún acontecimiento ni tampoco una aserción puede ser verdad o real, si no existiera una razón suficiente para ello, es decir, si no existiera una razón suficiente para que una cosa sea precisamente "tal como es". Esta ley tiene que ver con los principios mencionados denominados principia essendi y principia fiendi, por lo que no se deja formalizar, es decir, no se deja expresar por medio de una fórmula simbólica, razón por la cual, estrictamente, a esta ley no se le puede considerar perteneciente a la lógica formal.
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Cerrando nuestra explicación de las diferentes manifestaciones de la afirmación como postulado, premisa, principio y axioma, y regresando a su carácter de herramienta metodológica, no podemos menos que hacer alusión a la relación íntima que existe entre los dos lados de la misma cosa, que son el propio postulado por un lado, y, por otro lado, su afirmación metodológica por medio de la derivación de toda una serie de teoremas o "postulados secundarios" sobre los cuales preside el postulado, inclusive su propio contrario o negación. Semejante derivación no es otra cosa que la comprobación o conclusión, que reduce un teorema o postulado secundario al axioma o postulado primario que lo preside, afirmando y reafirmando de tal manera la verdad y veracidad del propio postulado primario. 63 Es así como la derivación, comprobación o conclusión forma parte integral de la Lógica Formal, en cuanto constituye precisamente la piedra de toque con referencia a la verdad absoluta, univalente, unilateral y libre de contradicciones, es decir en cuanto constituye la afirmación de su postulado "A". Resumiendo nuestras reflexiones sobre la afirmación en sus apariencias como las hemos examinado, podemos dejar constancia de que, primero, la afirmación o el postulado constituye el punto de partida y de referencia y por ende el pilar fundamental encima de lo cual se edifica cada sistema filosófico, lógico, matemático, ético, etc., es decir, de lo cual se derivan todos los "componentes" que constituyen un sistema dado en su totalidad, inclusive los componentes como lo son el contrario o la negación. Segundo y por consiguiente, lo que se entiende como negación se alumbra precisamente a partir de la propia afirmación, mediante la explicación de la cual se cubre una parte intrínseca e importante con referencia a la determinación de la negación, con lo que volvemos al ya citado filósofo holandés, Baruch de Spinoza, con su
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La comprobación o conclusión es denominada "demonstratio" en latín y άπόδειξις, ápódeixis en griego. El ápódeixis o método comprobatorio en la matemática y geometría de Euclides como expuesto en sus "Elementos" no sólo constituye la base de los "Principia Mathematicae" del gran físico inglés, Sir Isaac Newton, sino también de la estética trascendental del filósofo alemán, Immanuel Kant, el cual la fundamenta precisamente en la asumida validez universal de la geometría Euclidiana. En lo que se refiere a la filosofía y lógica, el ápódeixis origina en Aristóteles, quien señala como los dos modos principales de conclusión la deducción y la inducción, con recurso in res a la parousía y méthexis de la doctrina de ideas Platónica. - El límite del ápódeixis o argumentación comprobatoria lo constituye el propio axioma, que, en su carácter de auto-evidencia no es "comprobable". Si lo fuese, resultaría perteneciente a un género de errores de comprobación denominado "círculo vicioso", el cual declara aquélla comprobación nula, en la cual el probandum (latín para lo que hay que comprobar) se autopresupone a sí mismo y por lo tanto se deja reducir a sí mismo - que, justamente, es el caso del axioma.

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aclaratoria, de que cada determinación es una negación, o cada determinación afirmativa es, a la vez, una determinación negativa. De ahí entonces se explica la necesidad inexorable de explicar con precisión lo que es la afirmación para poder llegar a una determinación completa de lo que se entiende bajo la negación. Esto es, en términos metodológicos, el mínimo "procedimiento estándar" con respecto a cualquier análisis que se haga en cualquier ámbito científico, trátese de la filosofía, de la lógica, de la matemática, de la física, de la ética, de la política, del ámbito de lo social o del ámbito de lo económico. Volvemos a señalar, que hay una particular razón - ya indicada a lo largo de nuestra exposición - porqué la negación se define a través y por lo tanto se deriva de la afirmación: Esto se debe a que jamás se postulan dos o más principios diferentes y equivalentes a la vez, sino uno solo, al cual le corresponde, necesariamente, la verdad absoluta, exclusivo-unilateral, y de lo cual tiene que derivarse y explicarse todo lo demás, inclusive su propio opuesto o contrario. Reiteramos, que todo se deriva, todo se define y todo se determina a partir del principio filosófico que se haya postulado - derivación, definición y determinación negativa, que siempre constituye, metodológicamente hablado, la otra cara de la afirmación, es decir, la reafirmación del único postulado. Esto ha sido el caso en toda la historia de la filosofía occidental sin excepción, con las tres siguientes variantes: Primero, de la afirmación o del único postulado no se deriva un contrario, es decir, que no existe un contrario o una negación sino pura afirmación, puro postulado, lo cual es el caso en el hilozoismo, el panvitalismo, el materialismo mecánico u objetivista y en el idealismo subjetivista; segundo, de la afirmación o del único postulado se deriva su contrario, en contra de lo cual se establece una rígida delimitación de índole exclusivo-unilateral, lo cual es el caso en las cosmovisiones tanto materialistas como idealistas que operan dentro de los parámetros del dualismo o de la lógica formal Aristotélica; tercero, de la afirmación o del único postulado se deriva su contrario, hacia el cual se establece una relación inclusivo-bilateral, relación la cual convierte al contrario en una negación, en el sentido de que ésta, junto a la afirmación, forma uno de los dos lados de la misma afirmación, lo cual es el caso en las cosmovisiones tanto materialistas como idealistas que operan dentro de los parámetros de la dialéctica. 60

Esto es, resumido de manera comprimida, el marco de parámetros "metodológico-universal" en cuanto a la problemática de la afirmación y negación se refiere, que tiene vigencia hasta hoy día, que origina en la filosofía, y que es válida para todas las ciencias tanto naturales como sociales; hecho no tan sorprendente al considerar, que la filosofía es la "madre" de las ciencias naturales y sociales, conteniendo a todas las ciencias en su seno y caracterizándose los sistemas filosóficos "clásicos", desde Platón y Aristóteles, por la secuencia de lógica-física-ética, es decir, explicando primero su método y epistemología (lógica) para luego aplicarla a las ciencias naturales (física) 64 y a las ciencias sociales (ética).

2. ¿Qué es y cómo existe la Negación? El término negación proviene del latín, negatio, y origina en el término griego antiguo, απόφάσις (apóphásis), lo que significa literalmente "lejos de la afirmación" o "separado de la afirmación". La apóphásis, el "encontrarse separado de la afirmación" o del postulado es una noción, que radica en la filosofía de Platón, donde éste se refiere a la materia como lo que no tiene valor ni realidad por no figurar como "ser", por estar lejos o por ser separado del único verdadero ser, que es él de las ideas (postulado, afirmación). La materia, según Platón, no es "ser", la materia es no-ser - en otras palabras, a la materia "le falta algo" en comparación con el verdadero ser de las ideas. La materia carece del propio ser, carece de "idea" o, en términos Aristotélicos, carece de "forma" - es decir, carece del "verdadero ser" que se expresa en el género de las cosas y no en su apariencia material. En consecuencia se puede decir, que a la materia se le es privado el "ser", la idea o la forma, privación y hasta pérdida la cual es denominada στέρησις (stéresis) en griego antiguo.65

"Física" en el sentido original en griego antiguo de φύσις (phýsis), significa naturaleza. Para Aristóteles, la stéresis o privatio tiene que ver con el movimiento, con los cambios de la materia que son cambios en su determinación formal. Para que se efectúe un cambio en la determinación formal de algo, se necesitan, según Aristóteles, tres factores: Primero, la materia, que es el "portador" de la forma y la cual sufre pasivamente el cambio efectuado en ella; segundo, la forma, que determina activamente su propia expresión y formación en y por medio de la materia, y, tercero, la stéresis, que es el propio "acontecimiento de privación" que sufre la materia, cuando se le es privado su respectiva forma actual, para que adopte otra forma. La stéresis, aún cuando Aristóteles la distingue, al lado de la materia y de la forma, como uno de los factores del movimiento, coincide, in res y en concordancia con la concepción del no-ser de Platón, con la propia materia.
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Aquí, en la noción de stéresis, latín privatio, privación o pérdida, radica precisamente el origen de la negación como negación simple o carencia, siendo privado de aquél, de lo cual se deriva, y constituyendo de tal manera la carencia o ausencia per definitionem. Por cierto, la negación como negación simple-cuantitativa o como ausencia, que es la noción lógico-formal, no es la única clase de negación existente; se puede distinguir entre la negación lógico-formal cuantitativa, entendida como ausencia o carencia, y la negación dialéctica cualitativa, entendida como contraposición real de dos posiciones contrarias afirmadas, diferenciación realizada por Kant en uno de sus escritos.66 La negación como negación simple o carencia se origina en base de
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Kant, en su Versuch, den Begriff der negativen Größen in die Weltweisheit einzuführen ("Intento de introducir la noción le las entidades negativas a la sabiduría del mundo"), 1763, diferencia entre dos géneros de negación: Uno, la negación como simple ausencia de algo, que Kant denomina "defectio" o "absentia", y segundo, la negación como consecuencia de una contraposición real, que Kant denomina "privatio". En este sentido, e ilustrando tal diferenciación con los conceptos de reposo y movimiento, Kant explica, que la absentia o negación como consecuencia de la "ausencia" de algo, radica en que una fuerza sea ausente. De tal modo, el reposo, como absentia, es la falta de movimiento, la ausencia de movimiento. Mientras que la privatio o negación como consecuencia de una contraposición real, radica en la posición y contraposición real de dos fuerzas opuestas que se neutralizan. En tal sentido, el reposo, como privatio, es la fuerza del movimiento neutralizada por una fuerza real contraria. Podemos agregar aquí, que la negación entendida como absentia es semánticamente expresada por medio del prefijo "no-", de manera que por ejemplo "no-ser" es la negación de "ser" como ausencia del "ser" (- ¡lo que no es equivalente a la nada! -), lo que expresa, metodológicamente hablado, el contrario del postulado "ser", hacia el cual no se establece ninguna relación, que es precisamente "la ausencia", mientras que la negación entendida como contraposición real (o privatio según Kant), es semánticamente expresada a través de un término propio, de manera que, en el caso del mismo ejemplo, "existencia" es la negación de "ser" como contraposición real al "ser", lo que expresa, metodológicamente hablado, la negación del postulado "ser", hacia la cual se establece una relación inclusivo-conjunctiva, que es precisamente la contraposición. Queremos resaltar y recordar en este contexto, que ya se ha perfilado como obvio, que hay una marcada diferencia entre un opuesto o contrario y una negación. Kant, en éste su escrito, no sólo distingue entre dos diferentes géneros de negación, sino, consecuentemente, entre dos diferentes géneros de contradicción, que son la contradicción lógica y la contradicción in res. La contradicción lógica opera con la negación simple, cuantitativa, entendida como absentia, mientras que la contradicción in res se da a partir de la negación cualitativa, la cual presupone una afirmación doble de los contrarios, es decir, se afirma tanto el postulado o la posición ("realitas" según Kant), como el contrapostulado o la contraposición ("negatio", según Kant). Sólo a través de la afirmación de los dos contrarios, de posición y contraposición, se llega a la "contraposición real". Por lo tanto, Kant sugiere, que, en vez de partir de la ley de la contradicción formal, la filosofía debería siempre partir de la contraposición real como lo es la atracción (positio -posición- o realitas) y repulsión (contraposición o negatio). Dicho sea de paso, que es exactamente la contraposición real, de la cual parte Kant en su escrito científico trascendental, Allgemeine Naturgeschichte und Theorie des Himmels ("Historia General de la Naturaleza y Teoría del Cielo"), 1755, donde Kant explica algo, que el propio Newton no logró explicar, esto es, la formación de los planetas y su movimiento rotativo-lateral alrededor del sol, partiendo de su hipótesis nebular y de las dos fuerzas materiales básicas de atracción y repulsión. Mientras Newton le atribuía tanto la génesis de los planetas como la fuerza, que impidiera su caída hacia el sol, a la actuación de Dios, Kant, igual que Laplace, no necesitaba de esta hipótesis. (Kant, con su explicación de la formación de los planetas en base de una nebulosa de gas rotativa, anticipa la teoría nebular del matemático y astrónomo francés, Pierre Simon Marquis de Laplace, por lo que se habla de la hipótesis Kant-Laplace.) Aquí tenemos un ejemplo más, de cómo las reflexiones filosóficometodológicas constituyen el propio corazón de las ciencias, en este caso de la astronomía.

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la ausencia, en cuanto que la negación se define y deriva por medio del postulado o de la afirmación, siendo ésta última "presente" en la negación como ausencia, como carencia, como privatio, expresado por el prefijo "no-", por ejemplo "no-A". Quiere decir, que la negación como negación simple o carencia "consiste" en algo, que no tiene, que le falta por definición. La negación simple, por ser derivado de la afirmación, consiste entonces en la ausencia de algo, que le es propio ("no-A"), mientras que la afirmación simple consiste en sí mismo ("A"), aún cuando estrictamente y en consecuencia de lo anteriormente formulado, la afirmación simple consiste en algo más, esto es, la presencia de algo que le es ajeno, y que es derivable y deducible de ella ("no-A"). En lo que se refiere a la negación dialéctica, entendida como contraposición, ésta tiene sus raíces en la negación simple, en cuanto que igualmente se trata de una derivación del postulado. Sin embargo y a diferencia de la negación simple, que es y permanece la ausencia per se, producto de la derivación, la negación dialéctica no permanece en tal estado simple-negativo, sino es afirmada y elevada "a posteriori" al mismo rango del propio postulado, convirtiéndose de tal manera en una segunda afirmación o "afirmación negativa".67 La contraposición consiste entonces en la existencia de dos afirmaciones contrarias, la afirmación afirmativa o el propio postulado ("A"), y la afirmación negativa o su derivación ("no-A"), que forman los dos lados de la misma afirmación, del mismo postulado ("A"), que no es otra cosa que una doble afirmación, o, desde el punto de vista lógico-formal, una contradicción (A y no-A). En este contexto cabe abordar la problemática de lo que es la doble negación o "negación de la negación", que encontramos tanto en la lógica formal en relación a la afirmación simple, como en la dialéctica en relación a la afirmación doble. En lo que se refiere a la negación de la negación con respecto a la afirmación simple lógico-formal, la doble negación de ésta equivale a la misma afirmación simple, es decir, la doble negación da el mismo valor de veracidad como lo tiene la afirmación simple, es "idéntica" a la afirmación simple. Si la afirmación simple es "A", la negación simple, entendida como ausencia o carencia, es "no-A". Si se realiza la negación de la propia
Esto es precisamente y como veremos en el capítulo siguiente, lo que ocurre en la dialéctica de Hegel, donde la determinación como negación es, al mismo tiempo que negación, también afirmación o positio.
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negación simple, de "no-A", es decir, si se realiza la negación de la negación, "no no-A", se vuelve a llegar a la misma afirmación simple, "A", sin que ésta haya sufrido cambio alguno. En otras palabras, la negación de la negación en la lógica formal es equivalente a la misma afirmación simple, "A", de la cual parte toda esta "operación negativa". En lo que concierne a la negación de la negación con respecto a la afirmación doble, dialéctica, la doble negación de ésta resulta en una "nueva" afirmación, en "otra" afirmación que no es exactamente la misma que aquélla de la cual parte la "operación negativa". Si la afirmación doble, dialéctica contiene a su propia negación - razón por la cual es afirmación doble, si la afirmación dialéctica es entonces "A", entendido como "A y no-A", como afirmación afirmativa y afirmación negativa, la negación de la negación necesariamente cambiará la cualidad de la afirmación en su totalidad. En otras palabras, la negación de la negación en la dialéctica es equivalente a una especie de "reproducción ampliada" de la afirmación, la cual sufre un cambio "cualitativo" con respecto a su estado anterior o condición de "inmediatez"68, pasando a un estado cualitativamente diferente, "mediato", aún cuando todavía (y siempre) permanece afirmación.69 Aquí se perfila claramente, como la dialéctica no es sino un aspecto profundizado de la propia lógica formal. En ambos casos se trata de la postulación y verificación de una sola verdad absoluta, de un solo principio "A", señalando la lógica formal el aspecto de la identidad y del reposo de "A", identificando a "A" precisamente por medio de su identificación, es decir, a través de la derivación y exclusión de su contrario, mientras que la dialéctica señala el aspecto de la diferencia y del movimiento dentro de la identidad y el reposo de "A", identificando a "A" por medio de su diferenciación, es decir a través de la derivación e inclusión de su contrario, inclusión que lo convierte propiamente en negación, en el otro lado de la misma cosa. La dialéctica constituye de tal manera una precisión y ampliación de la lógica formal, en cuanto que expone los dos lados de la verdad absoluta "A", su identidad o afirmación afirmativa por un lado, y su diferencia o afirmación negativa por otro
El adjetivo "inmediato" substantivado. La problemática de "inmediatez" y "mediatez" en la filosofía de Hegel está vinculada con la noción de conciencia o auto-conciencia del espíritu, el cual, a través de su enajenación en el espacio como naturaleza y el "regreso a sí mismo" de ésta su enajenación "se experimenta" a sí mismo, obtiene un contenido y pasa de su condición inmediata (espíritu en-sí, lógica) a través de la experiencia de su enajenación o negación (espíritu ajeno-a-sí, naturaleza) y del regreso a sí mismo o de la negación de la negación a la condición de la mediatez, del conocimiento mediato de sí mismo (espíritu en-y-para-sí, espíritu absoluto).
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lado, constituyendo la relación entre los dos el movimiento interno o intensivo de "A", al mismo tiempo que "A" permanece en reposo en su totalidad.70 Aquí también se demuestra una vez más, que el movimiento constituye una especie de aprieto hasta en la misma ciencia del movimiento o la dialéctica, por cuanto el propósito de la dialéctica es la "anulación" del propio movimiento, de la contradicción, por medio de su conducción y reducción al reposo. Es decir, el movimiento en la dialéctica es movimiento en el servicio del reposo, la diferencia es diferencia en el servicio de la identidad, la negación es negación en el servicio de la afirmación, y la propia dialéctica es dialéctica en el servicio de la lógica formal. En otras palabras, todo movimiento comienza en el reposo y termina en él, toda diferenciación comienza en la identidad y termina en ella, toda negación comienza en la afirmación y termina en ella, toda dialéctica comienza en la lógica formal y termina en ella, - en fin, la verdad absoluta del postulado "A" es el "alpha y omega" de toda relación que difiere de ella. La razón metodológica por la cual ninguna de las dos lógicas llega más allá de su verdad absoluta, "A", es, repetimos, la de no postular dos o más principios igualmente válidos y del mismo valor epistemológico, es decir, donde no prevalezca, a nivel del postulado, ninguno sobre el otro en cuanto a verdad y valor se refiere. La razón por tal permanencia filosófico-metodológica dentro del margen de la verdad absoluta tiene que ver con que el pensar y el filosofar en la superestructura del proceso de trabajo histórico reflejan su relación central, que es la relación unilateral-destructiva de la sociedad (análogamente el postulado, la afirmación, "A") hacia la naturaleza (análogamente el contrario, la negación, "no-A"), donde la primera prevalece unilateralmente sobre la segunda, lo que justamente se expresa en la superestructura de manera correspondiente.

Aquí se evidencia lo que podríamos denominar el "alcance general" de la negación, con referencia a su límite metodológico-dialéctico: la negación no es sino otra clase de afirmación, una afirmación negativa. Esto es la definición exacta de la negación en su carácter de ser la derivación de un sólo postulado válido - no puede haber otro género de negación dentro de estos mismos parámetros. La cosa se ve bien distinta, por supuesto, bajo un cambio de parámetros, el cual permita la postulación, contrapostulación y encontrapostulación de dos y más "principios", independientes y equivalentes entre sí, a lo que corresponde otro concepto de negación, el cual depende enteramente del marco de parámetros epistemológico y métodológico dentro de lo cual opera este concepto.
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En este sentido, todo pensamiento filosófico a lo largo de la historia de la filosofía occidental no es sino una manifestación de cierto aspecto de ésta verdad absoluta, "A", de tal manera, que las diferencias que se pueden observar con respecto a los múltiples sistemas filosóficos, en lo que concierne a su epistemología y metodología, tienen que ver con los diferentes momentos de la misma verdad absoluta, "A". Tal y como ya hemos indicado en el marco de nuestra explicación de la afirmación - que forma parte tanto complementaria como intrínseca de la negación -, cuando constamos, que el hilozoismo, el panvitalismo, el monismo, el idealismo subjetivista y objetivista, el materialismo mecánico y histórico etc., no son sino diferentes variantes, desde el punto de vista metodológico, de la misma postulación y afirmación de un solo principio filosófico, al que le corresponde la única verdad y de lo cual se deriva todo lo demás, consta, que igualmente los respectivos esfuerzos de modificación del método-sistema dialéctico Hegeliano - el cual es la suma expresión de la verdad absoluta, "A" -, como emprendidos por Marx/Engels, Bloch y Marcuse, constituyen nada más y nada menos que diferentes aspectos del mismo método-sistema dialéctico Hegeliano. Después de haber señalado reiteradamente, en qué coinciden todas estas cosmovisiones filosóficas desde el punto de vista metodológico, por cuanto todas postulan nada más que un solo principio (absoluto), procedamos ahora en destacar, en qué difieren, es decir, cómo se diferencian entre sí las diferentes variantes de la misma verdad absoluta, "A". Ahora bien, para poder ilustrar el criterio, el cual permite una diferenciación a nivel máximo, tenemos que recurrir a un concepto Aristotélico, que es él de la έντελέχεια (éntelécheia), griego antiguo para entelequía. 71 La entelequía denota, en la filosofía de Aristóteles, tanto la esencia activa de algo (la forma, actus) como al mismo tiempo su fin, su finalidad inmanente, hacia la realización de la cual tiende este algo o este proceso, permaneciendo en movimiento hasta tanto no se haya realizado ésta su entelequía, su finalidad. De tal modo, nuestro criterio principal para poder establecer las diferencias
La entelequía en la filosofía de Aristóteles es comprendida dentro del marco de la relación evolutiva entre materia y forma como la propia forma, que representa la plena posesión de la perfectibilidad del ser, a diferencia de la materia, que representa precisamente la carencia de la perfectibilidad del ser. Tal como la carencia clama por la perfección, la posibilidad indetermi-nada de la materia pasiva clama por su determinación y realización en y por medio de la forma teleológico-activa, forma, que constituye la propia entelequía de la materia. El movimiento de la materia no es otra cosa que el movimiento desde su posibilidad indeterminada hacia su realidad determinada, es decir hacia la realización de su entelequía, hacia la perfección de la forma.
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entre las variantes de la verdad absoluta, "A", a nivel lo más general posible, tiene que ver con la noción de la totalidad de un proceso con miras a su realización, y lo llamamos "criterio entelegético". Este criterio entelegético no es otra cosa que el criterio de la relación entre el reposo como la conclusión y perfección de un proceso concluido, y el movimiento como un proceso en plena marcha, inacabado, incompleto e "imperfecto", a lo cual el "reposo" y el "movimiento" respectivamente son expresables por medio de criterios "fenomenológicos", es decir, manifestándose en el espacio y el tiempo. Partiendo de este criterio, Hegel es el primer y único filósofo, quien, en y por medio de su filosofía entera, expresa la totalidad de la verdad absoluta, "A", en éste caso del espíritu absoluto, como movimiento interno ("A y no-A") del propio reposo absoluto ("A"), constituyendo la negación el factor central, tanto para que se efectúe el movimiento o proceso interno, como para que llegue a su fin a través de la negación de la negación. Es decir, la verdad absoluta "A" de Hegel incluye explícitamente a todos sus diferentes aspectos, que son, en términos metodológicos, identidad y diferencia o afirmación y negación, y en términos "fenomenológicos" espacio y tiempo o naturaleza y historia.72 De esta manera, para Hegel la verdad absoluta consiste en su totalidad y la totalidad consiste en la verdad absoluta, entendida como proceso, que ya se ha realizado y donde no queda más nada sino la contemplación de la verdad concluida y la inmersión a posteriori en su proceso, para llegar a entenderla, en retrospectiva, precisamente como tal, como verdad y totalidad completada. En otras palabras, el sistema filosófico de Hegel representa en su totalidad el reposo y la perfección de una entelequía realizada, la cual es, en el caso de Hegel, la razón, manifestándose en y a través de la historia humana como proceso y progreso en conciencia de la libertad, que culmina, concluye y se realiza en y por medio del Estado Prusiano. El punto de partida de Marx/Engels, Bloch y Marcuse lo constituye, ante todo, la inversión de las premisas epistemológicas, partiendo de la materia y no del espíritu y concibiendo a este último como una modalidad de la materia. 73 No obstante, en lo que respecta al método dialéctico de Hegel y a la postulación de nada más que un solo principio filosófico, el cual, en última
La naturaleza en el sentido Hegeliano es precisamente la manifestación del espíritu en el espacio, mientras que la historia es la manifestación del espíritu en el tiempo. 73 En la filosofía Hegeliana, al revés, la materia, más preciso la naturaleza constituye sino un "modo de ser" del propio espíritu.
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instancia y como veremos en nuestro análisis más adelante, corresponde a la sociedad o al ser humano en la historia, dejando la naturaleza al margen y reflejando una vez más la relación unilateral-destructiva de la sociedad hacia la naturaleza, el proceso de trabajo histórico, los pensadores mencionados no llegan a trascender lo mismo. Como es bien conocido y como acabamos de señalar, la filosofía y cosmovisión entera de Marx y Engels está basada en el mismo método dialéctico de Hegel, aun cuando, reiteramos, éste opere bajo la inversión de las premisas epistemológicas Hegelianas, lo que no afecta para nada al método de por sí. Como observado anteriormente, la filosofía de Marx y Engels no repre-senta sino un aspecto del sistema Hegeliano en su calidad de expresar la totali-dad de la verdad concluida, absoluta, "A". El materialismo histórico-dialéctico de Marx y Engels se centra en el proceso histórico abierto, no-concluido, que es el mismo progreso de la razón en conciencia de la libertad, expresándose la razón, para Marx y Engels y a diferencia de Hegel, en la sociedad sin clases o el comunismo - entelequía todavía no realizada. Si Hegel comprende la razón en términos de libertad subjetivos, espirituales, como aquel Estado (razonable), donde todos los seres humanos son políticamente libres, Marx y Engels la comprenden en términos de libertad objetivos, materiales, como aquel modo de producción (razonable), donde no haya propiedad privada de los medios de producción, es decir, donde todos los seres humanos son económicamente libres. Si para Hegel la razón se ha realizado en y por medio del Estado Prusiano, para Marx y Engels esto no es el caso, y la realización de su entelequía, precisamente por no ser realizada aún, puede fracasar. La filosofía de Marx y Engels expresa así el movimiento, por cuanto el proceso histórico no ha concluido todavía y está en pleno proceso de llegar a ser, constituyendo así una "totalidad abierta-procesual" con miras a su posible realización. No obstante, si el proceso de Marx y Engels terminara y llegara a su fin, alcanzaría precisamente la perfección de la conclusión, de la totalidad y del reposo como ya la posee la verdad absoluta Hegeliana, y es por esto, que la filosofía de Marx y Engels permanece "encerrada" en la filosofía Hegeliana y constituye una especie de "introspección"74 con respecto a esta última. Igual como en el caso de Hegel, la negación es el factor central del movimiento en la filosofía y cosmovisión de
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"Introspección" proviene del latín y significa literalmente "mirar hacia adentro".

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Marx y Engels, pero a diferencia de la de Hegel, todavía no ha cumplido su tarea, no ha logrado que el proceso se realice y por ende termine. En otras palabras, la filosofía de Marx y Engels representa el movimiento y la imperfección de una entelequía todavía no realizada: la sociedad sin clases o el comunismo. Igual sucede en el materialismo utópico de Bloch, en el cual la entelequía la constituye el proceso del ser humano, un experimento de la propia materia, proceso y experimento abierto, en pleno desenvolvimiento, no concluido todavía, con un fin anticipado según las tendencias del proceso, que, para Bloch, apuntan hacia un final feliz equivalente a la realización de la entelequía en y por medio de un mundo verdaderamente humano, de la "tierra natal humana". Una vez concluido, una vez en reposo, se habrá realizado el experimento y se habrá revelado su verdad absoluta, ya formulada por Hegel. También la teoría crítica, normativo-negativa de Herbert Marcuse permanece, en última instancia, dentro de los parámetros dados por el método-sistema dialéctico Hegeliano, aún cuando señale precisamente el problema relacionado al concepto de la negación como reafirmación del postulado, que equivale, en palabras de Marcuse, a la tan criticada "afirmación de lo positivo". Resumiendo nuestras reflexiones sobre la negación como las hemos expuesto no sólo en esta segunda parte, sino a lo largo del capítulo entero, podemos dejar constancia, que la negación en la lógica formal existe como negación simple o carencia per se, es decir, como contrario, el cual carece de la verdad y realidad del propio postulado de lo cual se deriva, siendo el contrario o la negación simple, por consiguiente, excluido de la verdad del postulado. En cambio en la dialéctica, la negación existe como contraposición o contradicción del postulado y su contrario, es decir, de afirmación afirmativa y afirmación negativa, constituyendo, como contradicción, el movimiento interno del propio postulado, de la propia afirmación.75 La dialéctica misma resulta ser así una parte integral de la propia lógica formal, en cuanto no demuestra sino otra perspectiva de la misma verdad absoluta, del mismo
En el método dialéctico se trata precisamente de la anulación de la contradicción, y por eso la contradicción siempre es contradicción que tiende hacia la identidad, es decir, contradicción en el servicio de la identidad; igual como la negación siempre es negación que tiende hacia la síntesis, hacia la afirmación reforzada, es decir, es negación en el servicio de la afirmación, como también el movimiento siempre es movimiento que tiende hacia el reposo, es decir, es movimiento en el servicio del reposo.
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postulado, "A".76 Aquí es, donde no sólo radica la crítica de Herbert Marcuse con respecto a los límites de la negación, sino nuestra propia crítica. La lógica formal y la dialéctica no son los únicos métodos de pensar y de relacionar válidos y posibles. No hay duda alguna, que la lógica formal y la dialéctica son los dos métodos e instrumentos más precisos para definir y delimitar la verdad absoluta en ambos sus aspectos - la afirmación y su contrario o negación - dentro de aquel marco de parámetros que establece y reconoce un solo principio, una única verdad. Dentro de éste marco - y sólo éste -, las dos lógicas tienen su plena vigencia e importancia, expresando la verdad absoluta de su único postulado de manera complementaria. No es nuestro objetivo de refutar la verdad de la lógica formal o de la dialéctica o de cualquier método de pensar - esto es tarea de la propia lógica formal y de la dialéctica. Tal como la dialéctica señala los límites de la lógica formal, aquí se trata de señalar los límites del contrario respectivamente de la negación tanto en la lógica formal como en la dialéctica en el marco de su única verdad, realidad y totalidad, de su único punto de partida y de referencia, que es y permanece la verdad absoluta, "A". En este sentido y por todas las razones expuestas, no debe esperarse en primer lugar, de que la negación trascienda más allá de la afirmación, de la cual forma parte intrínseca como nada más y nada menos que afirmación negativa, producto lógico del ser derivado de la propia afirmación. Por esta misma razón, ni siquiera la "negación de la negación" trasciende a la afirmación, sino más bien la "reafirma" a través de la síntesis, cambiando su calidad y transformándola en otra afirmación. Conforme a ello resultan las relaciones lógicas que se permiten establecer en la lógica formal y en la dialéctica, las cuales se limitan a las relaciones que se pueden establecer entre un postulado y su derivado, permaneciendo de tal manera la propia noción de relación ligada al movimiento interno del postulado. Todo esto, como reiteradamente señalado, es consecuencia lógica y necesaria de postular nada más que un solo principio.

No es ningún secreto, que la "cuna" de la dialéctica es la lógica formal, como se evidencia tanto en la "Fenomenología del Espíritu" como en la propia "Ciencia de la Lógica" de Hegel.
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Aceptamos la lógica formal como instrumento metodológico plenamente válido e indispensable en el ámbito de la identificación de la verdad absoluta, "A", y de igual manera aceptamos la dialéctica como instrumento metodológico plenamente válido e indispensable en el ámbito de la identificación y diferenciación de la verdad absoluta, "A". Nuestro propio método, sin embargo y como ya indicado a lo largo de nuestras explicaciones, va mucho más allá de la postulación de un solo principio, postulando, "contrapostulando" y "encontrapostulando" como mínimo tres "principios" igualmente válidos e "independientes" el uno del otro, con todas las consecuencias epistemológicas y metodológicas del caso. Una presentación explícita de nuestra filosofía y nuestro método excedería el marco de este trabajo, por lo que nos limitamos a indicar, que nuestro método ya está en plena operación y aplicación en y por medio del análisis que estamos efectuando con respecto a la negación.

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