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Despellejando el alma

Ricardo Garay

Despellejando el alma © Ricardo Garay Diagramado por Ediciones de Letras Letras y Algo Más www.letrasyalgomas.com Fotografía de carátula e interiores: Ethel Saavedra García

Índice

Prólogo El dolor del alma Rarezas La última gota Ansiedad Estruendo en la noche Alma de hierro Desde el llano alto Buscándote Mujer Vida y muerte, noche y día Mi mano te busca Literalmente literal Vacaciones Partículas de polvo Sin misterio Apuros Libre Hasta mañana Amor adolescente En el cristal Razones inexplicables Sueño perdido ¿Qué te han echo ciudad? Allá en el horizonte Hijo del asfalto Camino a casa Pluma Corazones ciegos De abuelos y nietos Sin nombre Sombras de la noche Simple Ese te quiero El regreso del alma Viviendo Quédate Irracional

7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44

La noche, tu alma y la mía Vereda de mi escuela Egoísta Sin inspiración Despellejándome el alma Sinsabores El beso olvidado Despertando Cosas del otoño Final y comienzo En la intimidad Tragedia Ecos de existencia A pesar de todo Yo conozco ese barro Sin palabras Una gota de lluvia Corazón El gigante Caída libre La pérdida Ese único amor Mientras dormía Ayer te vi Agua de río de montaña Tras la luz de la vela Amándonos un día de otoño Dejaré mi huella Allá en el horizonte Lo íntimo Allí estabas Aquella tarde Aquella hora del día Corres Caminando Cada día en la ciudad Dejo una moneda El comienzo espera en el final Ese andar cansino

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Dedicatoria

Este libro está dedicado a mis hijos Pablo César y Débora Laura. Ellos son los seres con los que Dios premió mi existir. Mi eterna gratitud por su paciencia y por el amor que me brindan a diario. Es mi deseo dejar en esta obra todo mi sentir, espero que sirva para que tengan una imagen del mundo desde mi perspectiva, desde la insignificante visión que tengo de la vida y de lo que nos rodea. Orgullosamente, su Padre.

Agradecimientos

Mi eterno agradecimiento a Ethel Saavedra García mi entrañable compañera y amiga de Letras, a mi esposa Susana con su apoyo incondicional, a mis amigos de Letras y algo más y su creadora Cynthia Harte. Si ellos y su aliento, nada hubiese sido posible.

Prólogo Leer a Ricardo Garay, es ir más allá del horizonte, adentrarnos en su mundo, en sus pensamientos que de manera maravillosa y con la maestría de un veterano escritor convierte paisajes desde la cotidianidad donde recrea la lluvia, la vida y la muerte, los sueños, esos sueños que cada ser lleva en su interior y que Ricardo también los ha tenido y los sigue teniendo. Como constructor de ellos nos acerca a la reflexión, a ese querer un mundo mejor, un mundo más humano, más civilizado donde no se anide tanto dolor. Admirable el amor que el autor nos comparte: el amor a su esposa Susana, sus hijos, sus nietos, a la ciudad, al ser humano. Imposible no enternecerse con su obra, prosa poética fina que llega al alma de quien intente entrar en su universo y no congeniar con él, con sus tristezas, sus nostalgias, sus alegrías. La prosa de la cual se desprende el título de este libro, nos llena de esperanza y de amor por la vida: Viviré esta nueva etapa con el corazón en la mano... sin esconderlo, para que el miedo no tenga refugio en mi pecho y el odio no pueda anidar su engendro. Complacida los dejo con su pensamiento.
Ethel Saavedra García Colombia

El dolor del alma

Te sacude el cuerpo, te oprime el pecho, te deja sin aliento y con la esperanza echa añicos. Tiene gusto amargo, tiene aroma a nada. Atraviesa el ser con la daga del infinito y te lleva en el tiempo lejos de todo, tan lejos que jamás se regresa. El dolor del alma viaja en el Sarmiento, se retuerce en los hierros, se empacha de injusticia y de impotencia. Que sabrán algunos y… algunas del dolor del alma… si nunca les dolió… ni les dolerá, lo que no tienen.

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Rarezas

Están allí, muchas veces ocultas en historias secretas, misterios de noches sin luna y sin estrellas que se robaron los fantasmas de un pasado incierto. Están allí… al asecho de ingenuos e incautos para golpear sin piedad la conciencia pura y lógica que se mueve entre cotidianidades rutinarias. Son ellas… las rarezas con pimienta y afiladas espinas las que muestran que aun corre sangre por las venas y provocan el asombro de aquellos de pálida y gris piel de asfalto.

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La última gota

La última gota de lluvia se deslizó por el techo de chapa, se quedó colgada en el borde hasta que por fin… luego de estirarse como quien se despereza, se dejó caer en un vuelo suicida, para golpear contra un charco formado en las desparejas baldosas del patio. El impacto sonó como estruendo rompiendo el profundo silencio de la siesta, sin embargo, sólo un gorrión se percató del suceso clavando su ojo redondo y negro sobre el diminuto lago. Anillos de agua se movilizaron uno tras otro, mientras un rayo de sol se filtró entre las nubes y sorteando las hojas de parra... les regaló su brillo dorado.

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Ansiedad
Sentir que corre delante de la vida. Movediza parálisis que invita a la espera del quizá nunca. Lava de volcán que carcome cuerpo y espíritu. Manto ciego del presente, luz incierta de un futuro que no llega y no se alcanza.

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Estruendo en la noche
Allá voy después del espantoso estruendo, salgo de este túnel oscuro con un camino incierto. La velocidad me envuelve en el vértigo, se mezcla con el aroma a pólvora. La mano de aquel hombre aturdido por el alcohol que tomó la inconciencia indicó mi destino. Sigo veloz surcando el fresco aire, imágenes fugases pasan a mis lados. Y yo instrumento de horror hecho plomo, buscaré inevitable la carne para estallar en un cuerpo embebido en sangre. Soy el mensajero de la muerte, trozo de metal incandescente que en esta noche serena terminará con una vida. Mi nombre ya lo conoces. Me llamo: “Bala Perdida”

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Alma de hierro

Fría oscuridad, misterio profundo esconde el portón de hierro. Miles de golpes murieron en la espera, cientos de ruidos ensordecidos quedaron dormidos. La imponente presencia de tu cuerpo guarda el pesado negado a la libertad sin tiempo. Hijo del martillo y el fuego… sudor de infierno hecho fragua. Gigante sordo a los sueños, custodio de la eternidad vacía, hoy te vi abrir tus puertas para que la brisa fresca de esta mañana se llene de esperanza. Cuando miré mis manos… aún sostenían el martillo, y la fragua… mantenía una débil llama.

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Desde el llano alto

Desde aquí, desde el llano alto donde me han llevado los años, sólo la intuición me permite vislumbrar el horizonte. Todo está por arriba de mi cabeza… ni siquiera en puntas de pie puedo ver para entender lo que me rodea y me aturde. Los amaneceres aquellos llenos de ansias… están vacíos, la fuerza se ha convertido en flaqueza y el placer del despertar desperezado, en dolor. Rodeado de ellos… y cada día más solo. Quizá sea esta la muerte, vivir en un mundo ajeno, donde nada reconozco y donde la transparencia y el silencio me van transformando en invisible.

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Buscándote

La tarde se hunde en las sombras de la noche y mi alma te busca por las calles de la ciudad. Los ruidos mueren poco a poco. Las palomas se juntan en las cornisas y un gato se despereza en un balcón. Me detengo en una esquina y enciendo el único cigarrillo del atado que estruja la impotencia. El último rayo de sol me atraviesa las pupilas y la angustia se acurruca en un rincón del corazón. No sé donde ir. Mis pasos siguen un camino sin rumbo hacia una estrella que aparece detrás de un edificio, gigante que me observa indiferente. El cielo se ha puesto negro como el futuro y la soledad me toma del hombro en el regreso a casa. Estoy próximo a llegar y en la puerta de entrada… me sorprende tu imagen.

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Mujer
Destacada abril, 2013

Que difícil es entender la belleza ante tu espontánea presencia. Los sentidos despiertan de su letargo gris, los ojos toman un brillo especial y el alma… el alma golpea con fuerzas el corazón. Como en una hermosa melodía, el pentagrama de sueños vibra de emoción y fantasía ante tu andar armonioso y suave. Todo a tu alrededor desaparece. Nada se asemeja al ondulante movimiento de tus cabellos al caminar y la suavidad de tus curvas. Tu espíritu fuerte como el roble y tu piel de seda me confunden. Siento que tengo que protegerte y al final… me siento protegido como un niño. Soy tan poquito ser ante tu capacidad de levar vida, que sólo puedo acompañarte, mimarte y agradecerte el hijo que por fin después de nueve mágicos meses, llegará para compartir con él, nada menos… que amor. Y cuando pasan los años, te pones más bella y sabia… cada vez me cuesta más entenderte. Por eso sólo quiero atenderte. Diosa, compañera, madre y abuela.

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Vida y muerte, noche y día

Nací ese atardecer cuando las luces se fueron escondiendo en las sombras y algunas estrellas tímidamente se animaron a poblar el cielo salpicado de nubes. Los árboles se tragaron los pájaros justo… que el croar en la laguna, se plegó al canto de los grillos. Me deslicé por el tallo de una rosa y me quedé mirando la luna con la fascinación de un niño hasta que por fin… me dormí en un pétalo acunado por las brisas perfumadas de jazmines, y desperté luego, atravesado por un rayo de sol sin sospechar, que el final de mi existencia había comenzado. Claro está… una gota de rocío es hija de la noche y víctima del sol en la mañana.

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Mi mano te busca

Mi mano te busca y la distancia no es obstáculo cuando el deseo despierta. Recorro mi cuerpo desnudo hasta alcanzarte y ahí… en ese punto del deseo te encuentro bella y suave cual pétalo. Tu perfume me vuela el pensamiento y entonces… te hago mía. En la oscuridad de mi cuarto te invento, te sueño, te amo. El gozo es el deleite de la carne que se estremece. Te abrazo, te beso, te acaricio. La pasión me envuelve y mi aliento desemboca en un gemido que me devuelve a la realidad poco a poco. Otra vez… te has ido.

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Literalmente literal

Vuelvo a nacer en este espacio oculto del tiempo. Descubro perplejo una dimensión distinta donde el principio comienza donde estoy. Soy el retoño de un ser nuevo, diferente, inexperto y frágil. La idea y el espíritu juegan libres y el cuerpo… El cuerpo es la materia testigo mudo de la aventura, de lo fantástico de este universo inagotable de sensaciones. Aquí lo irreal se torna tangible, lo imposible en posible, lo falso en verdadero. Puede lo inerte vivir sueños y los sueños ser piedras en el tiempo. Floto frente a esta ventana de lo incierto y de golpe me zambullo en lo efímero. Lloro, río y me emociono… Estoy vivo.

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Vacaciones

He vuelto con los ojos llenos de mar y de cielo. Aun puedo sentir la frescura del agua marina vigorizándome y su sal impregnando mi piel ahora dorada. Ha muerto la palidez insípida del cansancio aletargado en desechos de rutina cotidiana. Traigo en mi mochila un tremendo bagaje de esperanza. Nuevos proyectos iluminan mis ansias. Atrás quedaron enterrados en la arena, frustraciones y pesares. Hoy como una gaviota, atravieso las nubes en la altura donde los sueños nacen con el sol de cada día, los reinvento, los capturo y en veloz vuelo me zambullo en las olas de crespones espumosos para contagiarlos de energía. He vuelto renacido en la belleza. He escuchado el viento, aprendí de su libertad y desparpajo. Me reencontré con las estrellas en un cielo inmaculado y profundo que me mostró mi grandilocuente pequeñez. Me encontré con el libro, su mágico encanto y juntos flotamos en un tiempo sin horas. Volví a respirar, sentirme vivo, hacer el amor sin prisa con la mujer que amo y despertar cuando uno despierta, estirando la pereza hasta romperla de un suspiro. 20

Partículas de polvo

Qué mundo fantástico, minúsculo, encierra el trasluz de un rayo de sol que penetra tímido por la hendija de la pesada y roída puerta de hierro. Pequeñísimas partículas de polvo juguetean en el aire. Vivaces y libres flotan en magnífica danza. Con un suave soplido... agilizo el entusiasmo de estos insignificantes planetas que tras los muros de esta horrible prisión deleitan la mañana. ¿Dónde irán luego que el trasluz se desvanezca? ¿Qué otro ser deseoso de libertad disfrutará de este espectáculo para emocionar al alma con su belleza? Las sombras avanzan y con ellas el final de la fiesta se aproxima. Cierro los ojos y espero a mañana.

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Sin misterio

Solo…si… estoy tan solo, que hasta la soledad me ha dejado sin sombra. Los silencios se aturden con el sonido del corazón. Compás de llanto amargo que se enjuga en el alma. Una noche sin estrellas, se funde en el blanco infinito del cielo raso de una habitación vacía… y la ausencia… la ausencia agoniza colgada de recuerdos, fantasmas del pasado que mueren una y otra vez, en este presente sin misterio.

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Apuros

Es este apuro que me lleva ciego, que distrae el alma, no me deja más que angustia. La vida que pasa sin espera con el sólo objetivo del después, lleva en sus manos un tiempo vacío que se rompe en mil pedazos y desaparece en las sombras. La meta es… siempre tarde La tarde es… siempre noche

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Libre

Por fín libre. El cuerpo no pesa, sólo siento la brisa acariciando el alma. He salido del gris cautiverio para disfrutar la libertad del vuelo, este vuelo soñado, raudo, aunque maravilloso. Desde aquí, intento ser esperanza, llevar vida a la reseca angustia soy el reflejo del horizonte y el beso del cielo con la tierra. Soy la vida misma que atraviesa el aire y morirá entregándose a la tierra. Soy el llanto del cielo a quien llamas lluvia.

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Hasta mañana

Esta tarde la tristeza golpetea con la lluvia mi ventana. Quiere meterse en el alma, busca refugio, huye del tiempo gris que la acompaña. El invierno endurece el gesto en las veredas, salpica el charco la miseria encartonada. Presencia de limosna avergonzada, sangre del asfalto coagulada. Aroma a marihuana, paco, muerte que se acoda en una esquina tras la ochava. Y yo aquí detrás de la ventana… cierro las puertas del alma hasta mañana.

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Amor adolescente

Y tras las dulces miradas nació un beso, anhelo que se prendió de una nube para beberse el cielo. Y sonaron campanitas en el pecho. Corazones palpitantes, adolescencia que se empapa de sudores pudorosos. Tintineantes estrellas acudieron a una fiesta de dulzuras y de sueños, trayendo a la luna aquella noche, testigo de juguetes que murieron.

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En el cristal

Ante mi, la fría transparencia del cristal te muestra casi invisible. Si no fuera por el silencioso deslizarse de tu redondez, la transparencia cómplice te hubiera ocultado sin remedio. Te observo… y no puedo dejar de admirar la simpleza que encierra tu belleza. Reflejas el mundo cual diminuto espejo. Viajera del espacio color cielo, naces en las alturas de un inmaculado capullo de algodón suspendido desafiando gravedades. Un paraíso, que ante la urgencia que demanda la vida te libera y entonces… caes hacia la tierra sedienta. Sin embargo, estás deslizándote ante mi por el cristal, quizá… para que mi alma y esta tristeza que me agobia puedan por un momento olvidar, hipnotizado por la huella que deja tu presencia.

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Razones inexplicables
Destacada agosto, 2013

Un día, el día menos pensado y desde la cotidianidad, nace vaya a saber por que en lo más profundo del ser. Como cualquier recién nacido, sólo intenta mantenerse vivo y crecer impulsado por el natural proceso del existir. Al principio parece débil, dubitativo, hasta podría decirse… temeroso, sin embargo, no se paraliza y a pesar de ello, comienza a movilizarse. Con el tiempo va creciendo, haciéndose más fuerte que el acero y más persistente que los amaneceres. Paso tras paso va enfrentando tempestades, atravesando espinosas malezas y trepando encumbradas montañas. No hay como desviarlo de su ruta, el objetivo está lejos, tan lejos como lo inalcanzable de una estrella, sin embargo, allí va… Es él. Hablo del sueño de los hombres.

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Sueño perdido

Sueño perdido que escapó a esconderse de la realidad. Musa oculta, temerosa y muda pero… viva. Curiosa observa el mundo asomada en la noche espiando tras una luna cómplice de sus miedos. Latido del corazón, segundero del tiempo golpea el pecho, sacudiendo el espíritu, uno tras otro en empecinado deseo. Miles de ideas se desangran en letras y entonces… el grito de esa sangre despierta el poeta dormido que va en busca de su sueño perdido.

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¿Qué te han hecho ciudad?

¿Que te han hecho ciudad?, estás enferma… asfixiada. Ya no respiras verdes paraísos, sino moribundos gigantes secos, que intentan ocultarse tras carteles de oscuras luminarias. ¿Dónde esta tu luna indiscreta?, amores de zaguanes, suspiros y piropos que se iban detrás del vaivén de una pollera. Sonrojos y sonrisas que daban vuelta en la esquina de un barrio cualquiera. Estás enferma… dejas charcos de orín en las veredas, vómitos de madrugada alcoholizada, insulto, empujón, fétido abismo de droga, sangre y muerte. ¿Qué te han hecho ciudad?... tiritás miedo. Frío, que no es frío de invierno, sino… hielo del alma empobrecida. Te han enjaulado la risa de los niños en las plazas y no percibo el perfume a malvón en tus ventanas. Mudo ha quedado el saludo y sorda la ayuda al desamparo. ¿Qué te han hecho cuidad que no te reconozco mía? ¿Qué te he hecho ciudad… que no me reconoces tuyo?

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Allá en el horizonte

Caminaré hasta el horizonte y escurriré mi cuerpo por la delgada línea entre el cielo y la tierra. Dice mi alma, que allí encontraré la puerta a un mundo donde los sueños son más reales que la misma realidad. Mañana, apenas amanezca comenzaré mi viaje. Me mueve el deseo de encontrar paz, de ser yo mismo sin tener que ver en el espejo… el temor de no ser lo que debo ser. Quizás allí pueda encontrar la sonrisa que se perdió con la inocencia el día que conocí la injusticia. Quizás reciba una caricia carente de hipocresía y un beso que tenga el perfume del desinterés. Caminaré confiado, seguro que el mundo no tenga la redondez que oculte el horizonte. Caminaré llevando el único tesoro que me impulsa. Caminaré sosteniendo en mi pecho la esperanza.

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Hijo del asfalto
Destacada diciembre, 2011

En el callejón, la inocencia juega a la pelota con un sol de hollín y mariposas de papel forman remolinos con el viento helado. En la cornisa, un gato trata de subir a una estrella. La cena… un trozo de cielo hecho pan. Una luna gris, acuna tu sueño de trapo y cartón, mientras te atraviesa un tiempo sin mañana.

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Camino a casa

El andar se acomoda lento sobre el camino lindado por sauces. La luz del sol, hiere la penumbrosa sombra con brillantes hilos dorados a través del follaje. Los recuerdos, aparecen en la mente traídos por imágenes que como fantasmas curiosos se asoman a mi paso. El tiempo se desacelera mientras que el corazón… danza ansioso, desbocado por la necesidad del encuentro. Bajo mis pies, el crujir de hojas secas alertan la llegada. Un ladrido atrae la atención de tu impaciente espera. Entonces… Un beso llega como un bálsamo para la fatiga que el destino impuso al deseo de estar juntos.

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Pluma

Me desprendo del ave y en una suave caída, flota mi cuerpo acariciado por la brisa. Desde aquí, puedo ver el verdor de los árboles en la plaza. Risas de niños dibujan pentagramas, sinfonía de aventuras, cuentos de hadas y piratas. Es mi viaje un morir de inevitable destino hacia la tierra. De pronto, una brisa cálida me impulsa hacia arriba, ahora estoy sobre la calle, vertiginoso ritmo de motores y ansiedades. Mariposas me acompañan en mi vuelo salpicando de color el aire. Una paloma me mira desde la cornisa de un hotel y las sábanas tendidas en la terraza se agitan en efusivo saludo. Nuevas brisas me elevan entibiadas por el sol de la tarde. Una humeante chimenea fabril me entizna marcando territorio y liderazgo. Luego de un rato recorriendo la ciudad, caigo en un jardín a morir sobre el suave pétalo de una rosa.

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Corazones ciegos

Corazones ciegos, viajeros del sentimiento, luciérnagas del alma que siembran destellos de amor en el gris más oscuro de la soledad. Allí están… hilvanando poemas, inventando historias, cuentos de la vida, carne y sangre de personajes inmortales que esperan tras las páginas de un libro jamás publicado. Son ellos los que escaparon dejando miles de pechos abiertos, expuestos a la fantasía… a otra realidad que late fuera del mundo, en un espacio único donde palpita el artista la creación fantástica de un universo propio y paralelo al que dejó su cuerpo. Hoy son sólo eso… corazones ciegos que vagan por la estela cibernética, dejando una semilla de amor en cada pantalla de un computador encendido.

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De abuelos y nietos

Una tarde, un mate, una idea y un cuento que acuna el patio. El gato asoma detrás de los malvones y un nervioso vuelo de gorrión sacude el aire interrumpiendo el bostezo de la siesta. La parra pone la espalda al sol y se disfraza de nube. Su sobra verde, tiñe el rostro del abuelo convertido en Peter Pan. La tarde avanza hacia el final de la historia y la fantasía junto a la inocencia, reclaman a la imaginación... un nuevo cuento.

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Sin nombre

Todavía no tienes nombre, que importa, si eres como una estrella lejana, tan inalcanzable que ni siquiera te llega uno. Estás en tu pequeño universo, latiendo rápido y creciendo lento como un retoño de jazmín perfumado de mañanas y atardeceres de espera, de sueños y cuentos de hadas que acunan tu tiempo sin noches ni días, libre de horarios rigurosos, de urgencias y miedos. Eres mi niña nieta, sangre de ancestros viajeros con voraces anhelos pasados de dejar sus huellas. Llegas a transfundirme vida, a renovar atardeceres, a sostener la luna para que no la trague el horizonte. Llegas para continuar el viaje que una vez, hace mucho emprendí... en un universo tan pequeño como el tuyo. Tu abuelo Ricardo.
04/12/2011

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Sombras de la noche

Sombras de la noche, fantasmas errantes de la luna indiscreta vagan por caminos solitarios transformándolo todo, juntando miedos ocultos de callejones y cornisas con vértigo de abismos inventados; sueños que se han hecho añicos en una copa de alcohol… antes de empezar a ser soñados. Sombras de la noche, fantasmas errantes que morirán al alba atravesados por espadas doradas. Volverán, si… volverán cada atardecer cuando el sol cierre los ojos y la luna les transfunda su pálida sangre.

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Simple

Simple, tan simple que se me hace complicado el entender porque, entre tanta miseria modernosa se me olvidó, cuanto dice una mirada. Simple como el nacer del nuevo día y no descubrir, que lo está pariendo una ventana Como mirar los verdes enramados y escuchar mil latidos de corazones emplumados. Como provocar la risa de un niño haciéndole cosquillas y cerrar los ojos con la cara al sol. Simple como el abrazo de un amigo y llorar emocionado ante el encuentro inesperado. Tan simple como vivir, se me ha olvidado y entre tanta miseria presurosa estoy muerto antes de morir… por olvidado.

39

Ese te quiero

Ese te quiero que se muere por tenerte en brazos, que tirita de miedo y se esconde en este cuerpo castigado por los años… me sentencia, me aleja y me convierte en un extraño. Siento que no tengo espacio, que un abismo se interpone a una caricia. Busco al niño que guardo en el alma y no consigo hallarlo para jugar contigo. ¿Como unir las puntas de este lazo? ¿Como desandar tanto camino cuesta abajo? El tiempo surca veloz los años llevándose consigo los abrazos. Sueño con mil cuentos, paseos en la plaza, descubrir un mundo para nosotros, donde podamos ser nieta y abuelo.

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El regreso del alma

Y el alma escapó del infinito, atravesó la eternidad hilvanando cielos, recogiendo ramilletes de estrellas y sueños regados con sangre de poetas En su viaje mágico se baño de lunas y soles rojos. Ha su regreso, tocó tierra y lloró allí… donde el mar besa el horizonte. Su inmortalidad, frustró el anhelo de unirse nuevamente al polvo. Luego vagó persiguiendo cometas y desangrando amaneceres con el filo de sus lágrimas... como puñales.

41

Viviendo

Cansado… tengo los ojos cansados sin embargo, aquí estoy; esperando amaneceres nuevos, brisas brescas que acaricien las sienes blancas, fruto del tiempo implacable, huellas que marchita cuerpos e ilumina almas. Hilos de luna atraviesan párpados, hilvanando sombras, descubriendo secretos en la noche sabia y moribunda. El silencio es mi maestro, la paciencia mi compañera en esta atrevida aventura de vivir. El dolor ha hecho un callo en el espíritu bohemio; ya no duele, ahora es el lugar donde descansa la prudencia y la comprensión. Los ojos se internan en el horizonte. Ha llegado el momento de los sueños.

42

Quédate

Quédate ahí no digas nada, yo sé que estás cansada de luchar. Quédate y acuna la esperanza, que te traeré el sol sobre mi espalda y un puñado de estrellas de papel. Sólo quédate en silencio y espérame, yo iré a buscar la risa que perdiste tras la luna la noche de tu desilusión. Quédate que tengo la fuerza de cien mares, que soy capaz de convertir piedras en flores y los grises en mil colores, sólo con este corazón. Quédate allí no digas nada, que yo puedo todo eso… con mi amor.

43

Irracional

Mira como este tiempo lleva indiferencia en las miradas. Hasta el sol se ocultó esta mañana, frustrado por el frío de las almas. El rosal del jardín perdió sus hojas y las rosas sus pétalos marchitados, solo le quedan espinas a sus tallos, negándose al aroma de otros años. Hay un corazón que se desangra en la vanidad encumbrada de la montaña. Hay un perdón escondido en la cobardía de un te quiero y una sin razón que lo acompaña. Hay una vida que reclama, un futuro que se desvanece y dos amantes que fallecen mirándose las entrañas.

44

La noche, tu alma y la mia
Un grillo toca el arpa con rayos de luna, un sapo hace ritmo con ella cual si fuera tambor y mientras las gotas de la cascada imitan un xilofón, luciérnagas encienden y apagan sus luces al compás. Aullidos de lobos forman un coro junto a chistidos de lechuzas. ¡La noche está de fiesta! Hadas y duendes danzan sobre pétalos de rosas emperlados con rocío. La araña pata larga teje un pentagrama con sonidos. Cuatro ángeles la espían cómplices detrás de una nube y las ranas, suman su croar al zumbido que produce el viento en el jazmín, entonces… tu alma y la mía vuelan a jugar con las estrellas.

45

Vereda de mi escuela

Vereda de mi escuela, papel de caramelo, sonrisa de chocolate que el tiempo amontonó. Parloteo de madres y boletines con rojos. Pasitos de rayuela, goma de mascar, baldosas de cartulina. Bullicio de hora libre, nostalgia de recreo sin campana y figurita difícil. Inocencia en delantal blanco sumergida en un vaso de leche con vainillas. Vereda de mi escuela, camino al sabiondo pizarrón… tiza, borrador y misterio. Hoy después de tantos años te transito a paso lento aunque… el niño que tengo adentro, lleva el corazón al galope.

46

Egoísta

¿Egoísta?... Claro que soy egoísta, la vida misma es egoísta ¿o acaso tu corazón le sirve a otro que no seas tu? los pulmones respiran para ti y para nadie más y si te quedaras ciego la oscuridad sería solo tuya y si fueras sordo el silencio no tendría otro dueño. ¿Egoísta?... Claro que soy egoísta, porque prefiero morir antes de sufrir tu ausencia. Porque en definitiva elijo lo que me haga sufrir menos, por eso doy… porque ante la necesidad del prójimo no tolero mi indiferencia. ¿Egoísta?... Claro que soy egoísta, porque para disfrutar la vida primero debo vivir.

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Sin inspiración

La vista clavada en el blanco infinito, intenta penetrar en el misterio que encierra la mente. Sin embargo, la nada se interpone en el camino devorando cada idea, palabra y letra que surge del pujo creativo. Un inmenso y desolador vacío abre sus fauces y la imaginación vuela tratando de alejarse del abismo. Y allí va… colgada de la cola de un cometa surcando un cielo de estrellas moribundas. La noche se hace eterna en el alma del poeta alimentado de insomnio y luna. Una brisa fresca acaricia sus párpados invitándolos a caer lentamente rendidos, mientras su espíritu rebelde sangra sobre la hoja de papel en blanco.

48

Despellejándome el alma

Despellejándome el alma, dejo esta etapa vivida. Ya no queda savia en ella con que nutrirme y entonces… correré tras la vida para tomarla de la cintura y besarla en la boca. Ella me ofrecerá su cuerpo para que la fecunde zambulléndome en sus entrañas y continuaré esta aventura hasta que la noche y su eternidad enfríe mi cuerpo sediento de mañana. Viviré esta nueva etapa con el corazón en la mano... sin esconderlo, para que el miedo no tenga refugio en mi pecho y el odio no pueda anidar su engendro.

49

Sinsabores

Aquí estoy, con el corazón enroscado entre las tripas y los ojos clavados en el tiempo, tratando de tragar la angustia alojada en la garganta como un tumor maligno que tira sus raíces para adentro. No dejo de mirar el reloj de pared, es lo único que me conecta con el presente a pesar que las horas que parten de él, atraviesan mi cuerpo y laceran el alma. Muerdo la impotencia y sostengo la ira entre mis puños hechos piedra. Esta noche de invierno otro niño se hará escarcha entre cartones sin que se inmute el champaña en los salones.

50

El beso olvidado

Allí va el beso olvidado, aquel que la pasión impuso rompiendo barreras prejuiciosas. Allí va, perdiéndose en las nieblas del tiempo. Su huella quedó en un corazón palpitante, cofre de sueños inalcanzados. Queda en el recuerdo su aroma, el sabor de la piel sonrojada y el vértigo de la sangre en torrente. Los labios resecos, añoran el néctar dejado en cada encuentro. El cuerpo impávido, espera el alma que fue tras él. Quizás nunca regrese… que importa… si logró hallarlo.

51

Despertando
Destacada en el mes de abril, 2011

Es la mañana y un bostezo estalla sentado en la cama. El sol apuñala las pupilas y un estirar de músculos resuena en las entumecidas articulaciones. Aroma a pan tostado golpea las narices mientras que la humedad del vidrio en la ventana se desvanece dejando ver el verdor del ligustro. Suaves pantuflas se acomodan en los pies y en un tambaleante movimiento nacen los primeros pasos del día. El domingo se relaja entre mantequilla y dulce de Fresas. Sorbos de caliente café se degustan placenteros y el crujir del periódico ronronea la curiosidad de la noticia. De repente… Tus manos se posan en mis hombros y me sorprende un beso en la mejilla.

52

Cosas del otoño

Es este otoño el que me envuelve y me desgrana el alma. El sentimiento cae con sus hojas a mi lado. Siento el frío de tu corazón en la piel y hasta el sol se niega a salir detrás de los grises nubarrones para ofrecerme algo de tibieza. Mi dolor es invisible al mundo que en manos de un barrendero, pasa barriendo el sentimiento junto con las hojas secas. ¿Donde se fue el verdor y mi alegría? Quizás a transformarse en ocres y tristeza.

53

Final y comienzo

La noche se bebió tu llanto y la pena viajó al infinito a refugiarse en una estrella. Tan juntos y sin embargo… tan solos, como si un inmenso abismo separara nuestras almas… a pesar del beso, a pesar de todo. Resucitar el corazón no puedo. Está frío, endurecido como un trozo de hielo. El fondo de tus ojos ha quedado vacío, mientras que el amor se marchita en una caricia Amanece, la vida me reclama, me lleva a empujones, me abofetea y con el primer rayo de sol… vuelve a besarme en la boca.

54

En la intimidad

Sólo en la intimidad encuentro la verdad. Reconozco mis miedos y busco en lo profundo de las ansias el valor para continuar. Me asaltan los fantasmas que traen las dudas envueltas en culpas de una consecuencia indeseable. Me detengo y reviso los principios que gritan mandatos irrenunciables. Por mi y nadie más, late este corazón egoísta que sin razón y sin pausa sigue en el impostergable torrente de la vida. Se diluyen los disfraces, las máscaras caen hechas añicos y mi desnudez descubre la hipocresía oculta en las sombras de la miseria. Mi alma respira libertad y la dignidad eleva el espíritu donde el barro no puede salpicarlo.

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Tragedia

Una lágrima recorre el filo de la navaja, se refleja en el profundo celeste de los ojos, mientras que la noche se sumerge silenciosa en el misterio de la mente. En la negrura del cielo, una diminuta estrella se esconde temerosa tras la luna. Baja la brisa entre el follaje despertando fantasmas, testigos invisibles del sentir hecho furia. Y entonces… la carne se desgarra, un grito estremece la Tierra que asombrada se bebe la sangre a borbotones. Se derrumba la esperanza en cada gota de vida que se escapa y el amor… se viste de odio sentado a comer en la mesa de los celos.

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Ecos de existencia

Floto en el tiempo, la vida me atraviesa, y como si fuera un tamiz, en mi alma quedan recuerdos y experiencias vividas. Luces y sombras, risas y llantos me rodean, emociones dispares me sacuden. Amor y odio luchan por ganar el corazón que se desangra en cada latido y sueña con ser libre, escapar de un cuerpo marchito. Como agua fresca que intento conservar entre las manos, la experiencia se pierde sin hallar un cántaro dispuesto a aceptarla. Los hijos flotan en el tiempo, la vida los atraviesa, y como si fueran un tamiz en sus almas quedaran recuerdos y experiencias vividas.

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A pesar de todo

La noche se partió en dos. Tú quedaste de un lado y en el otro… tras un negro abismo, mi alma sostenía en las manos, una luna hecha añicos. La razón se fue a apagar el sol y el sentimiento se acurrucó en una estrella lejana, tan lejana que su tenue luz apenas podía divisarse entre otras. Un ángel, me tomó del hombro y me invitó a sacar los ojos del abismo. El amanecer me regaló una sonrisa y la brisa una caricia. Agobiado por el dolor, reposé en un colchón de nubes que encontré en el cielo. Luego… la vida me puso de pie y seguí buscando en el destino, el por qué del existir.

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Yo conozco ese barro

Yo conozco ese barro… donde la miseria hunde el pie descalzo y el manto blanco del invierno hecho escarcha, corta los labios y se mete en el surco que el hambre y la tristeza deja en el alma. Yo conozco ese barro… que maquilla de delincuente a aquel que tiene sucio cuerpo y limpia el alma. Al que el destino sentencia para que el poderoso navegue en un insensible mar de ambiciones y promesas. Yo conozco ese barro… donde desaparece la esperanza y el puño aprieta la impotencia hasta que revientan las venas en un grito ahogado por la angustia. Yo conozco ese barro… que no ve la vergüenza al mirar para otro lado, para evitar la culpa de abandonar a un hermano.

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Sin palabras

Me veo en el reflejo de tus ojos que tienen la claridad del cielo y la profundidad de un abismo. El misterio se hace presente y me pregunto: ¿Que seré para ti? Quizás sea un mendigo que clama un poco de amor. Tragó la angustia de mil noches, tu ausencia y sonrío. No quiero que la culpa traiga amarrada al corazón, la lástima. No es momento de palabras, ¿Para qué? El silencio es más elocuente que un millón de ellas. Además correría el riesgo que una lágrima estallara por dentro y anudara mi garganta ahogando un te quiero. Ya me voy. Giro sobre mí y el mundo se derrumba sin remedio, mi alma huye a esconderse en las profundidades del océano y mi espalda se ha convertido en hielo. Me he quedado vacío, sólo el dolor reina en mi corazón enamorado.

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Una gota de lluvia

El cielo gris oscuro, casi deja la tarde en penumbras. Una gota traviesa y ansiosa, se desprende temprana de la densa nube amenazante y en un salto convertido en vuelo, perfumó su cuerpo con brisas marinas. Envidia de gaviotas bulliciosas que la vieron pasar rauda hacia la tierra. Su redonda belleza cristalina refleja diminuto el horizonte, sorprendiendo al mar y al cielo en un beso apasionado. En el rumor de las olas, reclamaban las gotas saladas ansias de cielo, flotar en las nubes como gota de lluvia. Por fin.... su salto, vuelo, viaje, termina frente a mi para confundirse con la muerta transparencia del cristal de la ventana. Estas allí... deslizándote en silencio, majestuosa perla del infinito. Otras gotas, llegan ahora tras de ti y ruge el cielo fastidiado por tu ausencia.

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Corazón

Este corazón que no ve, que sólo siente, que late por mí sin importarle el hasta cuando. Este corazón, gladiador de batallas perdidas, de sueños fracasados, lleva el dolor de un amor como una espina. Este corazón, que entrega su sangre a borbotones, que se estremece ante el horror y brinca de alegría con la risa. A este corazón yo le agradezco, su nobleza, su pasión, y su hidalguía.

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El gigante
Destacado noviembre de 2010

El Gigante lloró en silencio, una lágrima recorrió su mejilla y rodó hasta la punta de su nariz, allí se ovaló atraída por el vacío y luego… se desprendió en un salto a la tierra. La enorme gota golpeó el piso con tal violencia que despertó los duendes del otro lado del mundo que no pudieron explicarse la angustia que sintieron ese día. La lágrima se transformó en un mar habitado por peces grises bajo un cielo plomizo. Hadas volaron buscando al gigante que intentó suicidarse colgándose de la luna con una soga hecha con nubes negras. Sin embargo, los duendes trajeron al sol envuelto en un manto azul cielo, la luna se esfumó y la soga de nubes se desvaneció en el aire. Las hadas cantaron rodeándolo y cuando él sonrió… los peces grises saltaron del agua para que el sol les diera su color dorado. No olvidemos a África.

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Caída libre

Caía atravesando nubes, las hilvanaba con la turbulencia que provocaba su cuerpo en un vertiginoso viaje. No podía sentir temor por el final, el presente ocupaba todo el sentimiento. Cielo, mar y una libertad plena, donde el cuerpo se confunde con el aire y el alma… el alma es parte del paisaje. Abajo, la inmensa paleta del artista, mezcla colores pastel y a los lados, bandadas de gaviotas miran asombradas el fantástico acto circense. Un sol radiante, engalana con sus brillos las crestas de las olas y el aire se humedece con la emoción hecha lágrimas en sus ojos.

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La pérdida

Alguien habló de la pérdida. No te perdí, sólo te caíste de mi roto corazón y te atajó mi alma. Juntos subimos hasta la nube más alta. Allí estuvimos largo tiempo. La muerte vino a buscarte y lloró de tristeza. Un ángel se detuvo para observarnos, luego tomó una lágrima de la oscura mujer y la convirtió en estrella. Ese día el sol y la luna salieron juntos para despedirte y formaron un corazón para que te cobijaras y cuidaras nuestro amor hasta que mi alma llegue.

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Ese único amor

Siempre te recuerdo tan pequeña, acurrucada en mi pecho, en el banco de la plaza donde nacieran nuestros sueños. Eran aquellas noches y su penumbra cómplice de nuestros besos la que nos procuraba reparo de la luna curiosa y su blanca indiscreción. Allí conociste el despertar del deseo, la tormenta de sangre en las venas y el palpitar alocado del corazón cuando contagiado por el mío… explotó de gozo. Ese era nuestro paraíso de faroles rotos y árboles añosos que albergó un día tu risa de niña y luego una noche tu pudoroso orgasmo de mujer enamorada. Y pasó el tiempo… y allí quedó nuestra plaza, la del comienzo de esta historia de amor que aun no termina y se alimenta de caricias, de sueños cumplidos en hijos y nietos. Aun te ves pequeña cuando te observo sin que te des cuenta, recorriendo nuestra casa, ordenando mi desorden incorregible. Aun te ves pequeña mi amor, como cuando te acurrucabas en mi pecho.

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Mientras dormías

Mientras te contemplaba dormida, me preguntaba. ¿Dónde se fue aquella pasión?, ese deseo incontenible de hacerte mía cada noche, ríos de sangre caliente en las venas, fuego en los labios, besos y caricias cubriendo tu cuerpo deseoso del mío. La rasante luz del velador resaltaba las huellas del tiempo en tu rostro, la suavidad de tus curvas ahora menos firmes, pero igual de bellas se dibujaban al tras luz de la seda de tus ropas. Una inmensa dulzura envolvió el ambiente, tu respiración tranquila y una tenue sonrisa se reflejó en tu cara para propiciar la ternura… que un día fue pasión.

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Ayer te vi

Estabas durmiendo, me senté a tu lado a mirarte, cómo has cambiado, estás más linda, los años te sientan bien, tu respiración tranquila, tus cabellos revueltos casi no se notan desprolijos por tus rulos, esos rulos hermosos y suaves donde enredo mis dedos cada vez que te beso. Sigo mirándote recorro tu cuerpo trajinado por los años, me enternezco, acaricio tus mejillas con el torso de mi mano que también tiene marcas que dejó el tiempo. Te cuido cuando duermes, me gusta cuidarte y recordar cuando el amor era joven, torrentoso y con pasión incontenible nos llevaba al placer más sublime. Te amo mi amor, como nunca en la vida pensé que se podía amar. Te siento parte de mi, la parte más linda, la que me llena de ternura, la que me acompañó y me acompaña desde hace más de cuarenta años soportando mis flaquezas, mis errores, mis broncas, mi mal humor. ¿Como podré vivir sin ti? soy egoísta, cobarde, porque quisiera morir primero para no sentir tu ausencia. El vacío de mi alma, el desangrar de mi corazón. Le pido a Dios que nos guarde un lugar donde nuestro amor siga construyendo esta historia maravillosa que me ha regalado la vida junto a ti. Un lugar donde nuestras almas sean una sola embriagada por el perfume de tu piel. Duerme mi amor, que yo te seguiré cuidando y soñando un futuro eterno para los dos. Al amor de mi vida. Mi esposa Susana. 68

Agua de río de montaña

Nacida de hielos encumbrados, te desvaneces ante los besos del sol. Te desprendes suelta y fresca. Desciendes, con la insolencia grávida de tu esencia. El susurro cristalino de tu cuerpo, se acoda por momentos en remansos profundos de enmusgecidas piedras, para continuar luego bajando zigzaguearte, acariciando las orillas y alborotando el centro saltarín de tu espíritu. Es el mismo espíritu indomable, el que un día desata su furia avasallante y se abre paso atropellando al mundo con la prepotencia que nace de tu natural existir. Me deleita verte danzante ante la quietud del paisaje que… impávido contempla conmigo tu belleza.

69

Tras la luz de la vela

Tras la luz de la vela descubro un rostro trasnochado. Inmerso en una noche eterna, sujeta el libro entre las manos. Se deshoja la historia y se hace carne en el espíritu bohemio. Un cenicero apila cadáveres de ansiedad mientras los enrojecidos ojos recorren inquietos cada párrafo. Los leños del hogar se extinguen, moribundos, grises, cenicientos. Los pies se han enfriado y un bostezo desembaraza la quietud del cuerpo. La pesadumbre se acomodas en el sillón. El café se terminó hace horas y la cucharita dentro de la taza refleja un tímido rayo de sol que se filtró por la ventana hiriendo de muerte a la penumbra de la solitaria cabaña. El libro se apoya en el regazo, los párpados caen lentamente guardando celosos la última imagen que le regalaron las letras.

70

Amándonos un día de otoño

El otoño nos espía a través de la ventana, su viento frío juega con las hojas que salpican el aire de variados ocres. Te observo… y mientras el calor de los leños abriga nuestros cuerpos desnudos, una tenue luz del exterior resalta tus bellísimas curvas. Mi corazón se acelera, acaricio tus cabellos y poso mis labios sobre tu cuello. Un estremecido placer recorre tu piel. No puedo contener el deseo de tocar tu cuerpo con mis dedos y besar el camino que ellos van marcando. Tus pezones se han puesto rígidos y mi lengua los recorre en círculos. Gimes… y tus gemidos incentivan mis instintos, la sangre bulle en las venas. La urgencia del deseo se frena en las ansias de hacer duradero el gozo entonces… sigo con mi lengua hasta tu centro. Tus dedos se enredan en mis cabellos… me detengo un minuto y… te veo a los ojos mientras abres lentamente las piernas. Sin darme cuenta, estoy dentro de ti y el otoño deja de espiarnos por la ventana.

71

Dejaré mi huella

Dejaré mi huella Mi andar, sin rumbo como el tiempo que se va, que se pierde con el viento mezclado en tempestades y silencios, lleva un bagaje de conciencias, protestas de hechos sin justicia. Dejaré mi huella Si… Dejaré mi huella aunque mañana… no sea más que lisa arena.

72

Allá en el horizonte

Caminaré hasta el horizonte y escurriré mi cuerpo por la delgada línea entre el cielo y la tierra. Dice mi alma, que allí encontraré la puerta a un mundo donde los sueños son más reales que la misma realidad. Mañana, apenas amanezca comenzaré mi viaje. Me mueve el deseo de encontrar paz, de ser yo mismo sin tener que ver en el espejo… el temor de no ser lo que debo ser. Quizás allí pueda encontrar la sonrisa que se perdió con la inocencia el día que conocí la injusticia. Quizás reciba una caricia carente de hipocresía y un beso que tenga el perfume del desinterés. Caminaré confiado, seguro de que el mundo no tenga la redondez que oculte el horizonte. Caminaré llevando el único tesoro que me impulsa. Caminaré sosteniendo en mi pecho la esperanza.

73

Lo íntimo

Está allí, en el silencio de lo interno. Una verdad, que se morirá con el ser en el más absoluto grito mudo ahogado por la conciencia. Lo íntimo, discriminado y sufriente pero, puro… inmaculadamente puro. Absoluto y auténtico sentir, que como un diamante en bruto brilla oculto detrás de lo conocido. Fantasma del reverso de la luna que bebe un sol que no ilumina. Existencia sin rostro, sin nombre y sin marca.

74

Allí estabas

El amarillo invadió tu cuerpo y la sangre envenenada circula prepotente por tus venas. Muerto el rozagante fulgor de tus mejillas, los ojos se entrecierran vencidos. Ya sé, tanta luz y tanta vida alrededor te embriaga la mente y los sentidos se ocultan en la sobra profunda de los fármacos. Sé que estás ahí, que tu alma me escucha y tu corazón golpea queriendo hablar, sé que quieres aferrarte a esta vida que se apaga y se apaga antes que podamos disfrutar juntos estos años. Seré abuelo, ya te lo había dicho, pero quiero que sepas, que este nieto que la vida me regala lo compartiré contigo cada tarde que le lea un cuento y en cada paseo que tengamos a la plaza. Ya me voy… te dejo descansar, sin embargo no te abandono, mi alma estará contigo.

75

Aquella tarde

El sonido de la lluvia abrazaba el placer del encuentro. La tenue luz de las llamas, danzaban con la sombra de tu desnudes sobre la alfombra. Quería tocarte, acariciarte, sin embargo temía que el encanto del momento se esfumara como un sueño, al despertar. Entonces decidí mirarte, recorrer cada curva de cuerpo, memorizar cada pliegue de la piel, cada cuenca, cada comisura, cada lunar. Me dejé llevar por el embrujo que provoca tu presencia y en el silencio me perfumé con tu aliento, respiré con tus pulmones y mi corazón se acompasó con el tuyo en una sinfonía del alma hecha carne y sangre. Me quedé dormido y cuando desperté ya te habías ido. Quizás regreses desde el cielo otra tarde de lluvia, cuando mi soledad le grite al destino la pena de tu ausencia.

76

Aquella hora del día

Era en el atardecer; cuando la luz se apagaba lentamente, que crecía en mí esa sensación de vacío. El día se moría en mis brazos y yo… impotente e inmóvil sentía como mis anhelos se perdían en las sombras detrás de un horizonte sin futuro. Ciego de esperanza me ganaba el letargo y la angustia se alojaba gris y sórdida oprimiendo el pecho. Un día… decidí cargarme el sol al hombro. Lo llevo conmigo todo el tiempo. Ya no existen sombras y vacíos. Me voy con él… y nazco cada día.

77

Caminando

Son los pasos que me llevan sobre el asfalto gris de mi barrio… recuerdo de picados y escondidas me acompañan. La sombra de mi cuerpo se alarga cuando la tarde se cuelga de terrazas y balcones florecidos de malvones. Avanza la noche… mis pupilas se oscurecen para que el alma se pueble de estrellas. Una luna roja se asoma detrás de una nube que se esfuma… y se va con del viento a buscar otros soles. Las viejas casonas parecen decirme… cuanto has envejecido. Canas, paso lento y arrugas son testigos del tiempo transcurrido. De pronto… un ladrido alerta mi presencia y un coro de perros se suma al paseo. Sobre mi alargada sombra, hace cuadras que llevo un callejero que mueve la cola cada vez que giro para ver si todavía me sigue, y… ahí está, metiéndose de a poquito en el corazón. De regreso no puedo resistirme a su mirada. Está bien -por hoy te quedas pienso- sin embargo, sé que ya hay un nuevo integrante en la familia.

78

Corres

Corres y a través del cristal te veo hermosa, radiante, vital. Corres y la armonía de tu cuerpo lleva un ritmo sereno. La respiración se nota profunda. Tus cabellos suaves como seda, acarician los hombros una y otra vez. Tienes la gracia de una gacela y en cada paso, la firmeza de tus muslos muestra la vida joven, presurosa, inalcanzable. Te alejas. Mis sueños desvanecen junto a mis años, tantos años que sólo queda esperar hasta mañana tu fugaz paso frente a mi ventana.

79

Cada día en la ciudad

El despertar lo devuelve al desafío, lo sube a empujones a la máquina transportadora de gente y allí va… en un revoltijo de almas apretadas y miradas perdidas, que se encuentran y se esquivan. El pensamiento es un sentir pesado y recurrente, un transitar obligado a sepultar sueños inalcanzables. Como sombra gris, es uno más, transpirado e invisible. El sol brilla, sin embargo el día es opaco. La esperanza está dormida en un umbral, tapada con cartones y los anhelos esquivan manotones de ansiedad. La tarde se muere sin remedio y el regreso lleva las manos vacías de sueños, esos que quejó en su pueblo, en las calles lindadas por sauces y perfumes de jazmín en las veredas.

80

Dejo una moneda

Dejo una moneda en la mano del mendigo para lavar mis culpas. Saco mis vergüenzas y las dejo en sus sucias manos esquivando su mirada. Mañana haré lo mismo. No miraré sus ojos tristes que como puñales se clavan en mi alma. Hoy cenaré sin pensar en su flaco estómago, en las noches de frío, en su incesante drenaje de angustias. Dejo una moneda para cubrir el espejo que devuelve mis miserias.

81

El comienzo espera en el final

Estoy donde comienzan los recuerdos, cuando la infancia chapotea en la risa y los caprichos zapatean las razones. Me siento sobre los años, los pantalones cortos muestran mis piernas con rodillas sucias y arañones. Aquí soy súper héroe, espadachín y astronauta. Luego, un cosquilleo camina por mi sangre adolescente, pregona el amor con guardapolvo, ternura que se impregna de inocencia en un beso fantástico que vuela con mi alma. Por allá, luego de la primera desilusión veo venir la angustia tapizada de tristeza. Mi espíritu ha hecho una coraza a lo sensible y soporta dolor que transforma en experiencia, cofre en donde guardo mis sueños. Soy un hombre. La adultez procura la semilla que riego con mi sangre y un retoño ilumina la cumbre del amor. Sol, sudor, empeño y sacrificio son ahora el diario trajín de mi existencia, perfumada de risas y caricias. Llega la hora del descanso, del disfrute en el jardín lleno de nuevas flores nacidas del árbol que he sembrado y del dolor de mi cansado cuerpo. Aquí estoy... Donde comienzan los recuerdos.

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Este andar cansino

Aquí voy con mi andar cansino, atravesando un tiempo enloquecido donde reina el llegar a ningún lado y los ruidos enmudecen los sonidos. Mi corazón de poeta no entiende de premuras, de finanzas, de dinero. Sólo quiero alimentar mi espíritu, luchador infatigable de batallas repetidas. Hoy en mi andar cansino inventaré un mar rosado, una estrella amarilla y una lágrima que me cuente de tus ojos. Hoy detendré el tiempo con un beso y reinventaré el amor en un suspiro.

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Nació en la Ciudad de San Luís el 24 de Enero de 1948 y terminó sus estudios en Buenos Aires. Escritor, Fotógrafo de la Presidencia de la República Argentina desde 1973 hasta 1994, reportero gráfico de la Editorial Julio Korn, audiovisualita, fotógrafo Publicitario y Laboratorista. Profesor de Tenis. Trabajó como independiente en múltiples y disímiles actividades. Hoy trabaja colaborando en el estudio contable de su esposa Susana y se dedica a escribir, que es su pasión. Autor de los libros: “El hijo de la luna” edición de Letras y algo más. “Cuentos, relatos y chamuyos de oficina”. Editorial Sade - San Luis.

Editorial: Ediciones De Letras Registro Legal de la edición digital: Código: 0908294287933 Todos los derechos reservados Argentina, julio, 2013 Código: 1307155431796 Fecha 15-jul-2013 2:08 UTC

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