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Cuando alguna persona hace algo que nos hiere parece que nos quedamos en una disyuntiva en la que

tomemos la decisión que sea saldremos perdiendo. Algo que nos ofende, al hacerlo nos humilla y parece que sólo puedo vengar la afrenta o guardarme mi dolor y mi humillación fingiendo que no pasó nada. Incluso pensamos que perdonar es quedarnos bocabajeados y además olvidando la afrenta, en el sentido más literal del termino es decir borrándola de la memoria. Sin embargo el perdón es una parte muy importante en nuestro devenir humano, no sólo es imprescindible para que las relaciones con las personas cercanas funcionen adecuadamente, sino que es incluso necesario para un buen funcionamiento de la sociedad. El perdón significa renunciar a la alternativa de la venganza y la represalia, pero no significa que tengamos que asumir la humillación o que permanezcamos pasivos ante el abuso. Éste sucede cuando ya hemos sido dañados, cuando ya tenemos una herida abierta. Ahora bien, hay personas que por naturaleza les resulta fácil perdonar, aunque son muy, muy pocas, la inmensa mayoría de nosotros ha de pasar por todo un proceso para llegar a darnos cuenta de nuestros verdaderos sentimientos hacia la persona que nos dañó y de convencernos de que vamos a crecer a partir de lo aprendido en esa situación tan dolorosa. Este proceso es similar al que Elizabeth Kübler-Ross , médico suiza, descubrió como el camino que tenían que recorrer sus pacientes terminales y sus parientes a fin de aceptar lo inevitable: la muerte. El proceso consta de ciento etapas: Negación, rebelión, negociación, tristeza y aceptación. Estas etapas tienen que ver con nuestra experiencia interior, y depende de nuestra voluntad el que avancemos por el camino que nos lleve a la reconciliación, no sólo con los otros sino taimen con nosotros mismos. La primera etapa, la negación, es el momento en el que no aceptamos los sentimientos que en nosotros provoca la acción del otro. Fingimos que no nos afecta, que nos vale y que todo sigue igual. Sin embargo hay cierto síntomas que nos indican que estamos en una etapa de negación: usualmente la persona se siente torpe, no capta las cosas, no puede disfrutar lo que está haciendo en el momento, está como ido. Cuando se está negando el sentimiento se suele reincidir en la adicción favorita: comer, jugar, fumar, beber o incluso ver tele o trabajar como loco. Exageramos nuestra reacción ante el dolor de otros, y lloramos por cualquier cosa exageradamente, o por el contrario ante el dolor real permanecemos impasibles. Andamos distraídos y damos vuelta en la calle que no debemos, o se nos olvida dónde dejamos las cosas. También solemos andar de nervios y brincamos al sonar el teléfono o el timbre de la casa. Cuando estas conductas aparezcan en nuestra vida después de algún problema con alguien, o cuando no son usuales vale la pena preguntarnos a quién no querríamos ver en este momento ni de lejos o quién sería la última persona que invitaría a un viaje. El primer sentimiento que aflora ente la maleza de la negación es el coraje, cuya dimensión va a depender del tamaño de la ofensa y de lo importante que sea para nosotros la persona que nos hirió. El coraje, como todos los sentimientos, es una gran ayuda, nos permite defendernos y nos da energía para corregir lo que toca corregir en la relación, incluso terminarla o si no tengo ninguna relación con la persona implicada, realizar, si son necesarias, las acciones legales y de justicia que se requieren. Nunca podremos perdonar de verdad, si no hemos reconocido el coraje que la ofensa nos causó. El coraje es la expresión de nuestra dignidad humana ante el abuso y la injusticia. Lo que nos suele suceder es que creemos que coraje y violencia son lo mismo. No el coraje puede expresarse de forma constructiva, la manera destructiva de hacerlo es la violencia. Los mexicanos solemos negarnos la posibilidad del coraje

La etapa de la negociación es cuando nos ponemos a reflexionar acerca de qué le pedimos a la persona que nos ofendió para perdonarla. Algo que ayuda mucho en esta etapa es escribir una carta al ofensor diciéndole cómo se siente uno con él en el tono y con el vocabulario que salga espontáneamente..con mensajes como que el que se enoja pierde. si nos encontramos con que no podemos perdonar sin que el otro cambie en la dirección que nosotros deseamos lo único que hacemos es que nuestra felicidad. Cuando ya apareció el coraje. una epístola que después decidiremos si se la enviamos o no. cuándo nos damos cuenta de lo que nosotros podemos hacer para evitar situaciones semejantes. dependa de otra persona y entonces sí que somos nosotros los que nos ponemos como víctimas de los demás. en ese momento. Con frecuencia somos nosotros mismos los que nos ponemos de pechito para que nos dañen. Con mayor frecuencia de lo que pensamos. ya más calmados. no estén dispuestas. nosotros para evitar la situación en que nos vimos y de la que salimos raspados. sobre qué condiciones ponemos al otro para perdonarlo.. Esta expectativa no cumplida pone de manifiesto la necesidad que uno tiene con respecto a esa persona. sin embargo llegue o no a las manos de interfecto. el indicador del perdón es la paz interior. Sunny Montoya González asesoriaeducativa@hotmail.com . salvaguardando nuestra dignidad como personas. Te perdono si. una vez expresado el coraje aparecerán el resto de los sentimientos que esa persona nos inspira. de una buena reflexión que nos lleve a evitar los errores. o que si uno quiere a alguien no se enoja con ella o con él. culpándonos de cosas que nada tienen que ver con nosotros. nuestra paz interior. Este tipo de culpa dañina se hace evidente cuando nos atoramos en el proceso porque pensamos que somos indignos y que no podemos acercarnos al otro después de lo que hicimos. La etapa de la tristeza aparece una vez que afloraron nuestras necesidades a través de la negociación. es el momento en que nos planteamos qué podíamos haber hecho. es de suma utilidad para que echemos fuera nuestros sentimientos. lo más probable es que nos lleve a romper la relación. incluso de los momentos más dolorosos podemos sacar cosas buenas. Cuando aceptamos con madurez el dolor y el coraje que la acción del otro me causó. Cuando estamos en esta etapa nos sentimos agitados. Podemos también en esta etapa escribir una carta. Uno espera que fulano le diga las cosas de frente y resulta que se entera del chisme que armó en la oficina. y encontramos una alternativa creativa para sentirnos bien con el otro.. o que el coraje necesariamente daña al otro. sin ganas de hacer nada e incluso dormimos mal. es importante darnos cuenta de qué es lo que tanto me hizo enojar. No olvidemos que la negociación no es la etapa final. nos azotemos. Además de que habrá personas que aunque nos amen. perdonamos porque hemos aprendido que. aquí se vale pedir y escribir todo lo que se nos ocurra. por más descabellado que parezca ya que estas nos permitirán encontrar una manera creativa de perdonar de verdad. miramos hacia delante. Normalmente la molestia aparece cuando la persona implicada no cumplió con alguna expectativa que nosotros tenemos. o les sea prácticamente imposible cumplir con nuestra condición de perdón y en caso de que sean importantes para nosotros caeremos en la trampa de ponerlos en una disyuntiva que. El peligro de esta etapa es que en lugar de una culpa sana.