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365
2 /Responsabilidad y ética judicial CÉSAR A. ARCE VILLAR
7 / ¿Defender al consumidor? ÓSCAR A. URIBE AMORÓS
3 / El derecho fundamental a la dignidad EDWIN FIGUEROA GUTARRA
8 / Libro de Carlos Navas Rondón y Día Nacional de Francia
6 y 7 / La prescripción adquisitiva de dominio. El justo título y los efectos de la sentencia ULISES A. YAYA ZUMAETA
4 Y 5 JAIME VÍCTOR ZELADA BARTRA
TEORÍA DEL ACATAMIENTO
CONSTITUCIONAL Y EL
VALOR NORMATIVO DE LA
CONSTITUCIÓN
OPINION 2
Suplemento de
análisis legal
MARTES 26 DE JULIO DE 2011
César Alberto
ARCE VILLAR
Juez superior de Ayacucho

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jurídica
Jurídica es una publicación de
2008 ©Todos los derechos reservados
Responsabilidad y
ética judicial
U
sualmente, la corrupción se asocia
a la entrega de dinero por parte del
usuario al funcionario judicial para
ser favorecido indebidamente en un trámite o
para obtener una decisión judicial de manera
ilegal. Sin embargo, las prácticas de corrup-
ción rebasan dicha realidad y se manifiestan
cuando el funcionario judicial opera por mo-
tivaciones o influencias de carácter político,
económico, social, cultural o familiar, con la
finalidad de obtener o intercambiar beneficio,
provecho o ventaja personal
1
. Este fenómeno
es uno de los principales problemas que ago-
bia al sistema de justicia y, a la vez, genera
altos niveles de desconfianza ciudadana. Por
ello, resulta necesario enfrentarla desde una
perspectiva de responsabilidad en el ejercicio
de la magistratura, siendo necesario imple-
mentar mecanismos de transparencia y ren-
dición de cuentas.

RESPONSABILIDAD DE LOS JUECES
a). Responsabilidad política
Eduardo Dargent
2
señala que la responsabi-
lidad política de los jueces de la Corte Supre-
ma se encuentra prevista en el artículo 99 de
la Constitución de 1993, a través del antejui-
cio. Por otro lado, el artículo 100 de la Carta
Magna regula la imposición de la sanción de
destitución contra los jueces supremos en
la hipótesis de haber incurrido en infracción
constitucional. Este tipo de responsabilidad
resulta polémica; pues, es posible que a tra-
vés de ella se vulnere la independencia judi-
cial por parte del poder político.
b). Responsabilidad civil
Yván Montoya afirma que este tipo de
responsabilidad se deriva del daño pro-
ducido por el juez contra el usuario del
servicio de impartición de justicia (partes
o terceros), resultado que debe repararse
según la previsión contenida en el Código
Procesal Civil (CPC), por haberse actuado
con dolo o culpa inexcusable. El artículo
510 de este corpus iuris estable que se
presume que el juez actúa con dolo o cul-
pa inexcusable cuando la resolución que
expide contraría su propio criterio susten-
tado anteriormente en causa similar, salvo
prevaricato, conducta ilícita cuyos sujetos
activos solamente pueden ser los jueces y
los fiscales.

d). Responsabilidad disciplinaria
Este tipo de responsabilidad es un meca-
nismo de tutela del ciudadano y del propio
Estado contra las desviaciones de la función
pública en la administración de justicia en el
plano de la probidad y la eficiencia. Un tema
polémico que plantea Dargent es si resulta
adecuado trasladar al ámbito judicial las ca-
tegorías del derecho disciplinario concebido
desde el punto de vista de la administración
pública, inclinándose porque ello no es po-
sible porque afectaría la independencia de
los jueces.
ÉTICA JUDICIAL
A la par de la existencia de distintos nive-
les de responsabilidad en el ejercicio de la
judicatura, también existe un conjunto de
capacidades y cualidades personales que se
requieren a los jueces para responder a los
valores y exigencias que plantea la sociedad
en el contexto de un modelo de Estado cons-
titucional y democrático, los cuales se cana-
lizan a través de los códigos de ética. Juliana
Ferrer sostiene que “un código de ética es la
máxima expresión de la cultura de un orga-
nización; representa una descripción de los
valores que son aceptados por esta; un com-
promiso con sus miembros, con la sociedad
civil y con el Estado”
3
. Es en este contexto
que resulta loable que se haya aprobado en
marzo de 2004 el Código de Ética del Poder
Judicial del Perú. ◆
que motive los fundamentos del cambio.
c). Responsabilidad penal
La legislación penal establece una serie de
tipos penales que reprimen conductas ilíci-
tas que cometen los jueces en el ejercicio de
sus funciones, las mismas que se agrupan en
los delitos contra la administración pública y
contra la administración de justicia. Dargent
señala la dificultad en distinguir nítidamente
entre funciones judiciales y funciones ad-
ministrativas en el desarrollo del derecho
actual. Destaca en este rubro el delito de
[1] La Comisión de Magistrados para la Reestructuración del Poder
Judicial: Grupo de Trabajo Temático de Política Anticorrupción y Ética
Judicial identificó una serie de modalidades de corrupción dentro del
Poder Judicial (Ceriajus. Los problemas de la justicia en el Perú: Hacia
un enfoque sistémico; p. 365).
[2] Comisión Andina de Juristas (2003). En: Corrupción judicial.
Mecanismos de control y vigilancia ciudadana. Lima. p. 121.
[3]FERRER, Juliana. Responsabilidad y códigos de ética, conjunción
ineludible en la construcción de organizaciones humanas: un caso
de aplicación. Ponencia presentada en el VII Congreso Internacional
del CLAD sobre Reforma del Estado y de la Administración Pública.
Lisboa, p. 6.
Suplemento de
análisis legal
DOXA
MARTES 26 DE JULIO DE 2011
3
Edwin
FIGUEROA GUTARRA
Doctor en derecho. Juez superior
Lambayeque. Profesor de la USMP
(filial Chiclayo) y de la Amag.
El derecho fundamental
a la dignidad
ranza en los deseos y la voluntad creadora
hacia el futuro”.

CONTROVERSIAS JURÍDICAS
En efecto, es común que estas, con mayor
énfasis aun las constitucionales, bien pue-
dan oponer conclusiones argumentativas de
principios y la dignidad representa el valor
axiológico por excelencia angular en la filo-
sofía del Estado constitucional.
Y, sin embargo, ¿bastaría la mensura de la
dignidad, considerada un Hauptgrundrecht,
o derecho fundamental principal, para la
prevalencia de este argumento? Notoria-
mente no, en tanto corresponderá, en un
segundo plano de las controversias constitu-
cionales, racionalizar la dimensión de afecta-
ción de una vulneración de la dignidad como
principio en relación con el caso concreto. En
efecto, mientras la tarea del defensor apunta
a elementos de valoración, elección y deci-
sión, como sostiene Guastini, la tarea
del juez apunta a racionalizar la pretensión,
es decir, otorgarle una dimensión concreta
respecto a la prueba aportada. Si valora el
juez, también, más cognitivamente. A este
efecto, la labor de los jueces constitucionales
está representada por un primer margen de
acción de racionalización de las pretensiones
y, en segundo plano, es exigible, si los márge-
nes de racionalidad no son suficientes, apli-
car argumentos de razonabilidad.

DIGNIDAD DE LA PERSONA
Y a propósito de estas ideas, ¿cómo racio-
nalizamos el principio de dignidad de la
persona y cuándo aplicamos estándares de
razonabilidad? A juicio nuestro, la raciona-
lidad representa una vinculación del juez al
sentido de mandato de la norma jurídica en
su condición de elemento cuya prestación es
“del todo o nada”, esto es, las normas no se
cumplen en parte, sino en su totalidad o no
se cumplen, de cara a la solución de un
caso concreto y de allí que representen
mandatos definitivos.
En ese orden de ideas, la dignidad
como valor será elemento de reso-
lución de una controversia si existe
una norma–regla aplicable a su
defensa y, por cierto, bien puede
solucionarse el conflicto en sede
ordinaria y de allí que podamos
inferir que existe un contenido legal
en la estructura de un derecho funda-
mental. Sin embargo, si el concurso de
la norma–regla denota insuficiencia o se
configuran vacíos que hay necesidad de col-
mar, en tal caso deviene necesaria la aplicación
de una norma–principio, entendida esta como
un mandato de optimización, el cual se aplica
en la medida de lo posible y de la mejor forma
dentro de las posibilidades fácticas y jurídicas,
como sostiene Alexy, para solucionar el caso
concreto objeto de controversia.

CONFLICTOS CONSTITUCIONALES
En consecuencia, de esa forma los conflictos
constitucionales, que tienen lugar de cara al
principio de dignidad, exigirán la aplicación,
cuando una controversia lo justifique, de la
ponderación de intereses o en su caso, del
principio de proporcionalidad o bien podrá
resolverse aplicando principios de interpreta-
ción constitucional, en la lógica de Hesse
4
, a
efectos de colmar los vacíos que se presen-
ten en la interpretación constitucional, den-
tro de esa concepción que asimila la teoría
de la Constitución como una teoría de la
integración.
Lo antes arguido ubica el principio a la digni-
dad dentro de la propuesta del principialismo
como corriente interpretativa y en rigor, no
obstante las críticas de Forsthoff, Habermas
y García Amado(5), no hay forma, en nuestra
modesta opinión, de ubicar la dignidad dentro
de la corriente positivista en tanto la dignidad
representa per se un valor axiológico, y no es
previsible una identificación silogística de la
misma, en el sentido del modus ponens, esto
es, vía el uso de las premisas mayor y menor
y la conclusión. En consecuencia, reviste suma
relevancia identificar el contenido constitucio-
nalmente protegido del derecho a la dignidad,
tarea por cierto compleja si partimos de sus
características polisémicas. No obstante ello,
se trata de afianzar esta norma–principio
como un principio fuente de otros derechos
fundamentales, al cual estos otros derechos
se reconducen finalmente. Y en esencia, sin la
identificación del derecho a la dignidad como
el ethos y el pathos del Estado constitucional,
resulta una tarea inviable el reforzamiento de
los demás derechos fundamentales. ◆
L
a premisa valorativa representada
en el artículo 1° de nuestra Consti-
tución
1
, similar en contenido al ar-
tículo 1.1
2
de la Ley Fundamental de Bonn,
bien puede ser considerada genérica desde
el punto de vista argumentativo, y, sin em-
bargo, representa la piedra angular del edi-
ficio jurídico que hoy constituye el Estado
constitucional, el cual en términos de Peter
Häberle
3
, está conformado por elementos
como “la dignidad humana como premisa,
realizada a partir de la cultura de un pueblo
y de los derechos universales de la humani-
dad, vividos desde la individualidad de ese
pueblo, que encuentra su identidad y en tra-
diciones y experiencias históricas, y su espe-
[1] Constitución 1993. Artículo 1° La defensa
de la persona humana y el respeto de su
dignidad son el fin supremo de la sociedad
y del Estado. [2] Ley Fundamental de Bonn.
Artículo 1.1. La dignidad del hombre es
intangible. Respetarla y protegerla es
la obligación de todo poder público. [3]
HÄBERLE, Peter. El Estado Constitucional.
Universidad Nacional Autónoma de
México y Pontificia Universidad Católica
del Perú Fondo Editorial. Perú. 2003. p. 1.
[4] HESSE, Konrad. Escritos de Derecho
Constitucional. 2da. Ed. Madrid. Centro de
Estudios Constitucionales, 1992, pp. 45-47.
[5] GARCIA AMADO, Juan Antonio. El
juicio de ponderación y sus partes. Crítica
de su escasa relevancia. Academia de la
Magistratura, Undécimo curso PROFA.
Abril 2010. p. 47-90.
4-5
Suplemento de
análisis legal
MARTES 26 DE JULIO DE 2011
Teoría del acatamiento cons
y el valor normativo de la Const
E
n el presente artículo el autor desa-
rrolla una serie de consideraciones
en torno al valor normativo de la
Constitución, con la finalidad de funda-
mentar las teorías que sobre el particular
constituyen desarrollo y afianzamiento del
constitucionalismo contemporáneo desde el
punto de vista de la Teoría del Poder Político,
del Estado y del Derecho constitucional.
La Constitución como norma jurídica
fundamental tiene dentro de su contenido
una orientación eminentemente bilateral,
pues vincula a los detentadores del poder
estatal y a los destinatarios del mismo. Sin
embargo, dicha afirmación colisiona cuan-
do se yuxtaponen clasificaciones normati-
vas trasladadas del Derecho internacional
público (DIP) al Derecho constitucional,
haciendo que el debate no sólo se circuns-
criba a la esfera jurídico-académica, sino,
también, al plano político-social debido a
que las normas constitucionales, no obs-
tante las características de imperatividad
y coercibilidad, no son respetadas, cumpli-
das y acatadas por los detentadores del
poder político, argumentando cuestiones
de orden presupuestario y otras estulticias
académicas avaladas incluso en tratados
internacionales sobre derechos humanos.
Estando convencidos de que la gama
de normas constitucionales se clasifican: en
normas orgánicas, derechos fundamentales,
garantías institucionales, mandatos del le-
gislador, principios fundamentales de orden
jurídico-político y normas que marcan los
fines del Estado, consideramos que éstas
no se encuentran condicionadas al cumpli-
miento previo de presupuestos o supuestos
técnico normativos para ser exigibles; por
ello, partiendo de las tesis sobre la forma-
lización del derecho, el valor trascendente
de las normas jurídicas constitucionales y la
inviolabilidad de la Constitución, el debate
sobre la existencia de normas operativas y
normas programáticas dentro de su seno
debe de quedar zanjado al carecer de sus-
tento técnico-constitucional.
LA RAZÓN DEL VALOR NORMATIVO
DE LA CONSTITUCIÓN: TEORÍA DE LA
SUPREMACÍA CONSTITUCIONAL
Para un sector académico de la doctri-
na constitucional, la razón del valor norma-
tivo de la Constitución descansa sobre la
“Teoría de la Supremacía Constitucional”
cuyos pilares se centran en cuatro cuestio-
nes fundamentales: su origen, su contenido,
su rol y su aplicabilidad.
Como es sabido, –desde su origen–, la
lex legum ostenta el más alto rango dentro
de un sistema jurídico de una nación ya que
nace de la voluntad del Poder constituyente
(la más genuina soberanía popular: el pue-
blo), quien le otorga legitimidad suprema,
diferente a la que emana de la producción
normativa ordinaria (Poder constituido o
legislativo, que se sustenta en la norma dic-
tada por el Poder constituyente). Mientras
que, a nivel de su contenido, la Carta consti-
tucional regula directamente el ejercicio del
Poder, uno de los elementos fundamentales
del Estado, organizando su estructura orgá-
nica y sectorial a través de su configuración
funcional, reconociendo los derechos fun-
damentales (cláusulas pétreas) y justifican-
do la consecución de sus objetivos trazados
de acuerdo con el rol asumido.
Sobre el papel o función que ella de-
sempeña dentro del sistema de fuentes
del ordenamiento jurídico, cabe precisar
que ésta adopta una postura dual, es decir,
como fuente formal y como fuente mate-
rial. La primera se refiere al modus operandi
de la creación del derecho y, la segunda, al
parámetro de validez al que se sujetan el
resto de normas infraconstitucionales. Fi-
nalmente, su aplicabilidad, es la que pone
de manifiesto el carácter normativo de la
Constitución.
LA TEORÍA CONTEMPORÁNEA
SOBRE EL VALOR NORMATIVO DE
LA CONSTITUCIÓN: TEORÍA DEL
ACATAMIENTO DE LA CONSTITUCIÓN
Por nuestra parte, consideramos que el
valor normativo de la Constitución descansa
sobre las siguientes consideraciones: i) El ca-
rácter bilateral de las normas constituciona-
Jaime Víctor
ZELADA BARTRA
Abogado y economista.
Doctor en derecho.
Fiscal superior titular de Lima.
Profesor de derecho
en UNMSM y UIGV
les que establece una relación jurídica entre
gobernantes y gobernados; ii) La obligatorie-
dad de su acatamiento como correlato del
principio de aplicación de las normas cons-
titucionales; iii) las finalidades del contenido
del texto constitucional tendientes a regular
el poder estatal a través de la organización
OPINIÓN
stitucional
titución
(salvaguarda la esencia de una determinada
institución jurídica), principios fundamenta-
les de orden jurídico-político (interpretan la
Constitución), normas que marcan los fines
del Estado (establecen una obligación a los
poderes públicos), derechos fundamenta-
les (de vinculación inmediata) y normas de
mandatos del legislador (completan normas
constitucionales).
· La introducción de la clasificación divi-
soria de las normas en operativas y progra-
máticas, propias del Derecho internacional
público (DIP), en la esfera constitucional no
ha producido un resultado pacífico prag-
máticamente hablando; por el contrario, ha
puesto en entre dicho la aplicación inmediata
de los derechos económicos, políticos, civi-
les y sociales, propiciando, incluso, el uso de
normas de desarrollo constitucional (Bloque
de constitucionalidad) y de naturaleza pre-
supuestaria, para fomentar no solamente la
demora en su cumplimiento, sino su incum-
plimiento total y, finalmente, su trasgresión.
Igualmente ocurre con las llamadas “normas
autoaplicativas” y de “principios” y las deno-
minadas “normas constitucionales abiertas
y cerradas”; pues las constituciones jamás
pueden ser abiertas o cerradas debido a que
la interpretación constitucional y judicial des-
de la Filosofía del Derecho carece de límites;
como ilimitados son los conceptos constitu-
cionales y los juicios jurídicos constituciona-
les en la estructura de las normas jurídicas
en general; así como en la mente humana,
como analizaremos próximanente tomando
como base la reflexión jusfilosófica.
· El valor normativo de la constitución
tiene como fundamento ontológico, teleoló-
gico, gnoseológico y axiológico en el princi-
pio de la obligatoriedad del acatamiento de
todas y cada una de las normas contenidas
en la Constitución sea de manera expresa o
implícita sin hacer distingos entre normas de
aplicación inmediata y aquellas que requie-
ren interpositio legislatoris; pues, únicamente,
a través de su obligatoriedad, se puede ha-
blar de su vinculación con los detentadores
del poder y los gobernados.
· La teoría contemporánea del valor
normativo de la Constitución que plantea-
mos, reconoce que el nacimiento del derecho
se encuentra en la interacción social del ser
humano que el Poder Constituyente sólo
cumple un rol formalizador e identificador de
sus normas y que su vinculación a ellas por
parte de todos los miembros de la sociedad
es resultado de las relaciones interindividua-
les y las condiciones de vida material de los
individuos y los pueblos en el seno de las
sociedades. ◆
de su estructura funcional; iv) La limitación
del ejercicio del poder político; y, v) La justi-
ficación de los objetivos perseguidos por los
gobernantes. Asimismo, consideramos a la
teoría del Poder constituyente, la teoría de
la “Formalización del Derecho; la teoría del
Valor Trascendente de las Normas Jurídicas
Constitucionales y la teoría de la Inviolabili-
dad de la Constitución.”
1. Teoría de la Formalización del De-
recho. Sobre ella establecemos que la aplica-
ción de las normas constitucionales tienen un
enfoque integrado del sistema de fuentes del
derecho (formal y material).
2. Teoría del Valor Trascendente de
las Normas Jurídicas Constitucionales. Por el
contrario, ella tiene como premisa la obliga-
toriedad de su acatamiento la cual derrumba
la posición clasificatoria de las normas en
operativas (aplicables e inmediatas) y pro-
gramáticas (sujetas a presupuestos de apli-
cación).
3. Teoría de la Inviolabilidad de la
Constitución. Ella reconoce que cualquier
documento constitucional resulta inviolable
salvo que el Poder constituyente o el pueblo,
a través del ejercicio de sus derechos, decida
objetar su valor jurídico en la realidad; por lo
que, mientras su vigencia no sea puesta en
entre dicho, ésta es únicamente susceptible
de ser salvaguardada a través de los diferen-
tes sistemas de control.
DIFERENCIAS ENTRE LA TEORÍA DE
LA SUPREMACÍA CONSTITUCIONAL
Y LA TEORÍA CONTEMPORÁNEA
DE LA OBLIGATORIEDAD DE SU
ACATAMIENTO
La teoría clásica sobre el valor normativo
de la Constitución sostenida en las ideas del
maestro de Viena, Hans Kelsen, establece que
ésta detenta el más alto rango dentro de la
jerarquía normativa de un Estado desde la
cual irradia sus efectos vinculando bilateral-
mente a los detentadores del poder y a los
gobernados a través de la aplicación de sus
normas emanadas del Poder constituyente
en la realidad jurídico-social.
La teoría contemporánea parte de que
el valor normativo de la Constitución se sus-
tenta en la obligatoriedad del acatamiento
de sus normas por parte del colectivo social
sin que importe el rango o posición que ésta
ocupe dentro de la escala normativa interna
de un país. Ello, debido a que la función pri-
mordial del Poder constituyente es la de for-
malizar el derecho preexistente en una comu-
nidad, al que se vinculan sus autoridades y
sus ciudadanos de manera voluntaria, y que,
a su vez, limita el ejercicio del poder basado
en la esfera del derecho material sobre el que
se cimienta su organización jurídico-social
(Poder constituido).
CONCLUSIONES
· Las normas constitucionales se clasi-
fican en: normas orgánicas (regulan la acti-
vidad del Estado), garantías institucionales
El valor normativo de la
Constitución descansa
sobre la teoría suprema
de la supremacía
constitucional.
6
Suplemento de
análisis legal
PRAXIS
MARTES 26 DE JULIO DE 2011
Ulises A.
YAYA ZUMAETA
Juez superior de la Corte
Superior de Justicia de Lima.
L
a usucapión es un medio de adqui-
sición de la propiedad a través de
la posesión de un bien determina-
do, bajo ciertas condiciones y por el tiempo
que precise la ley, regulando ésta posesio-
nes “cortas” y “largas” para cualquier cla-
se de bien a usucapir, pero efectuando una
diferencia para el período “corto”, siempre
que se pretenda adquirir bienes inmuebles,
constituida por la necesidad de contar con
un “justo título”. Para los bienes muebles,
el período corto exige buena fe (y no “justo
título”), la que como regla general en actos
de materia civil se presume existente.
De igual modo, la ley sustantiva parece
indicarnos (en el Artículo 952° del Código Civil)
que tal modo de adquisición de la propiedad
no requiere la preexistencia de una declaración
judicial expresa, cuando regula que quien ad-
quiere un bien por prescripción (sin duda como
consecuencia de una posesión continua, pacífica
y pública) puede (y no debe) entablar un juicio
para que se le declare propietario.
Sin embargo, los temas descritos no son pa-
cíficos en la doctrina y jurisprudencia, encontrán-
donos no pocas veces frente a posiciones que,
vinculadas con esos mismos temas, requieren en
cada caso un examen razonado que apunte a la
solución en justicia de los conflictos suscitados.
EL JUSTO TÍTULO
Sobre el “justo título” advertimos posicio-
nes doctrinales que apuntan a presentarlo como
aquel que se encuentra revestido de las formali-
dades de ley, pero que tiene algunos defectos o
vicios, de modo tal que no puede ser confundido
con un título perfecto. Además y como parece
obvio, si el título fuera perfecto, sin ningún defec-
to de forma o de fondo, no sería necesario recu-
rrir a la prescripción para consolidar el derecho
del adquirente.
Los defectos del “justo título” se plantean,
cuando menos, en tres sentidos:
i) Que el título emane de una persona que
no es el propietario del bien; lo que cada vez
puede resultar menos frecuente, dado el incre-
mento de la formalización y publicidad registral;
ii) Que el título haya sido otorgado por una
persona incapaz; lo que haría nulo al documento
de su propósito, sin que ello perjudique o desvir-
túe la buena fe del poseedor, salvo prueba en
contrario; y,
iii) Que el título no revista las solemnidades
exigidas por la ley, bajo sanción de nulidad.
Como vemos, el justo título es, en esencia,
un título imperfecto, en virtud del cual el pose-
sionario no adquiere la propiedad (aunque crea
que ello sí ha sucedido), y que le permite, en su
momento, presentarlo para una pretensión de
usucapión, con adición de la probanza de los
otros elementos ya mencionados, que deben
concurrir para la declaración de propiedad pre-
tendida.
Sobre lo mismo, en el Pleno Jurisdiccional
Regional Civil realizado en Arequipa el 29 de
marzo de 2008 se concluyó por mayoría en la
posibilidad de considerar a un contrato de com-
praventa como justo título para usucapir. Esto, se
entiende, bajo la apreciación de que el acto jurí-
dico respectivo lleve ínsita una deficiencia, que
no permite materializar la voluntad traslativa de
dominio que de él pueda desprenderse.
EL EFECTO DE LA SENTENCIA
Son dos las alternativas que la jurispruden-
cia plantea sobre este tema: que la sentencia
La prescripción adquisitiva
de dominio. El justo título y los
efectos de la sentencia
de prescripción adquisitiva sea constitutiva o
que sea declarativa. En el primer caso (posición
asumida por la Corte Suprema de Justicia en
las Casaciones 3109-99-Lima, 1450-99-Tacna
y 1166-06-Lima, entre otras), es a partir de la
sentencia firme que se genera una nueva situa-
ción jurídica respecto de la propiedad del bien y
su titular, más aún si en tanto no exista senten-
cia firme que declare la prescripción adquisiti-
va, la acción reivindicatoria, además de otras,
se encuentra expedita a favor del propietario,
conforme al Artículo 927° del Código Civil.
En el segundo caso (posición asumida por la
instancia máxima de la justicia nacional en las
Casaciones 754-01-Arequipa, 2792-02-Lima y
750-08-Cajamarca entre otras): a) la usucapión
7
Suplemento de
análisis legal
OPINIÓN
MARTES 26 DE JULIO DE 2011
Óscar Alberto
URIBE AMORÓS
Abogado. Profesor de Derecho
en la USMP.
S
i quisiéramos hablar del Código de Protección
y Defensa del Consumidor partiríamos por
desmitificar a nuestro estudiado, es decir, al
consumidor. Y es que habría que preguntarnos si es
que el consumidor necesita a alguien que lo defien-
da. ¿Acaso no es el consumidor una persona sensata
como para defenderse sola? ¿Requerirá de todo una
maquinaría estatal y de un conjunto de normas, pro-
fusas y confusas, para ello? ¿Acaso no habremos in-
currido, empleando la ley del péndulo, en irnos –nue-
vamente– a un extremo de excesiva regulación? Y
me pregunto: ¿defender al consumidor de quién?
La norma en mención, lejos de ser un mecanismo de
pacificación, como deberían ser las normas en nuestro
país, se han convertido en instrumentos de amedrenta-
miento de los consumidores contra los empleados de los
empresarios, en los lugares donde se cumple con lo dis-
puesto por la ley y se cuenta con Libro de Reclamaciones.
Tanto el Código de Protección y Defensa del Consumidor,
junto a uno de sus hijos, el Libro de Reclamaciones, tienen
dentro de sí la constante de la buena voluntad de nuestro
legisladores, pero con eso no se construye un país.
TIPOS DE CLIENTES
Existe todo tipo de clientes, donde algunos son in-
sensatos y altaneros los que causan un problema para la
sociedad y los negocios puesto que generan controversias
como ésta: no subí la escalera del establecimiento pau-
sadamente, como me lo recomienda la sensatez, sino
corriendo y me tropecé conmigo mismo y me golpeé. La
empresa es la responsable y debe asumir los gastos médi-
cos, es decir, la empresa es responsable de cómo caminan
las personas.
Veamos otro. Compro un producto y lo uso varios
días. Al cabo de unas semanas, seguramente por mal ma-
nejo personal del mismo, ya no funciona. Lo regreso, de
manera altanera, señalando que denunciaré ante el Inde-
copi. Un prestigioso profesional del Derecho comentaba,
semanas atrás, el caso, emblemáticamente penoso para
nuestra jurisprudencia administrativa, de aquella mujer
que, entre gritos y sollozos, declaraba que en una tienda
¿Defender al
consumidor?
opera de pleno derecho; b) la ley no obliga que
para adquirir ese derecho tenga previamente
que obtenerse sentencia favorable que así lo
declare, dentro de un proceso de prescripción
adquisitiva de dominio; y, c) como consecuen-
cia de la probanza de la posesión cualificada y
por el término respectivo, se configura una fic-
ción legal, en virtud de la cual los efectos de la
usucapión deben retrotraerse al momento en
que se inició la posesión, pues tomando como
base la realidad de dicha posesión es que se
adquirió el derecho de propiedad.
No obstante, aquí surge una problemáti-
ca vinculada con los actos jurídicos que pueda
haber generado el propietario registral con ter-
ceros, durante el lapso de tiempo invocado por
el usucapiente para adquirir la propiedad, y por
los que incluso aquel pueda haber manifestado
voluntad de trasladar la propiedad, total o par-
cialmente. En efecto, es posible que durante el
aludido lapso de tiempo se hayan suscrito con-
tratos de diversa clase con personas ajenas a
aquellas que forman la relación del proceso de
prescripción adquisitiva de dominio, con afec-
tación del bien. ¿Si la sentencia de usucapión
se retrotrae al momento en que se inició la po-
sesión, esos actos son nulos por no haber sido
efectuados por el propietario?. La respuesta, en
principio, parece positiva, a la luz de la mencio-
nada Casación 750-08-Cajamarca, en la que, sin
embargo, se agrega la apariencia de mala fe por
parte de los que intervinieron en el acto jurídico
que finalmente se declaró nulo, al haber conoci-
do éstos del inicio del proceso de usucapión. ¿Y
si los contratantes hubiesen actuado de buena
fe, la aludida retroactividad de la sentencia al
inicio de la posesión tendría efectos reales sobre
el acto jurídico celebrado?
Esto último para ser la motivación de la
mencionada Casación 2792-2002-LIMA, cuan-
do indica que si bien la prescripción adquisitiva
opera de pleno derecho “(…) el pleno efecto
erga omnes sólo derivará de la usucapión re-
conocida por sentencia judicial e inscrita en los
Registros Públicos (…)”.
A MANERA DE CONCLUSIÓN
Siendo la propiedad un derecho inviolable
(Artículo 70° de la Constitución Política del Es-
tado), del cual nadie puede ser privado sino por
razones estrictamente señaladas en la propia
Constitución y en la ley, creemos necesario que
la aplicación de las disposiciones vinculadas con
la prescripción adquisitiva de dominio, se efec-
túe de un modo predictible. En ese sentido, los
órganos de la justicia nacional son los llamados
a tomar una posición unívoca, en resguardo de
la propiedad, la seguridad jurídica y/o el derecho
de terceros. ◆
de departamentos le había picado una araña. Se le
indemnizó y hasta la fecha buscamos a la araña para
repetir el pago contra ella. Creo que en un estado de
derecho, en un país donde el Estado legisla para que
los agentes económicos actúen dentro del mercado,
se requiere, por sobre todo, no incentivar una volun-
tad litigiosa ni amedrentadora respecto de una de
las partes sobre otra, sino el equilibro que la justicia
necesita. ◆
8
Suplemento de
análisis legal
MARTES 26 DE JULIO DE 2011
MISCELÁNEA
El destacado jurista Carlos Navas Rondón,
vocal del Tribunal de Contrataciones del Es-
tado, acaba de publicar una oportuna y muy
interesante obra que trata, con amplitud
y detalle de especialista, sobre todo lo que
debe saber, tanto el funcionario público como
el empresario que contrata con el Estado.
De ahí el título del libro: Responsabilidades
y sanciones en las contrataciones públicas
(Lima. 2011. 550 pp.)

EL LIBRO
Lo presenta el presidente del Organismo
Supervisor de las Contrataciones del Esta-
do, Carlos Augusto Salazar Romero, quien
apunta: “El doctor Carlos Navas nos vuelve
a sorprender nuevamente con otra publica-
ción sobre las Responsabilidades y Sanciones
que se dan en las contrataciones públicas;
tema que ha ido desarrollando en mérito a
su experiencia como vocal del Tribunal de
Contrataciones del Estado y como docente
universitario preocupado de que exista una
base teórica y práctica que pueda uniformar
criterios para quienes, de alguna u otra ma-
nera, tienen vinculación con las causales de
sanción y obligaciones que se encuentran
establecidas en el Decreto Legislativo N°
1017, su reglamento y demás normas espe-
cializadas”.
Mas adelante, agrega: “Este libro tam-
Responsabilidades y sanciones en las
contrataciones públicas de Carlos Navas Rondón
bién nos permite conocer las funciones y atri-
buciones que tiene el Tribunal del OSCE en
esta difícil y poca agradable misión de aplicar
sanciones a las empresas o personas natura-
les que incurren en conductas descritas como
infracciones a la normativa de contratacio-
nes del Estado y los criterios que permiten
graduar para que estas sanciones sean justas
y no afecten los intereses de las entidades,
ya que resulta necesario enviar mensajes a
todos los postores o contratistas de que si no
cumplen las normas preestablecidas o reglas
a las que se someten voluntariamente tienen
que ser ineludiblemente sacionados”.
El preámbulo de la obra corre a cargo
del mismo autor explicando los alcances
de la misma, la cual se encuentra dividida
en dieciocho acápites, correspondiéndole
al último un nutrido glosario conceptual de
términos que hace totalmente entendible el
contenido de cada uno de los capítulos desa-
rrollados. Sobre estos, son dignos de resaltar
la responsabilidad funcional, el poder san-
cionador en las contrataciones públicas, ca-
racterísticas de l procedimiento sancionador,
procedimiento administrativo sancionador,
clases de sanciones en las contrataciones pú-
blicas, determinación gradual de la sanción,
prescripción, recurso de consideración, el
Tribunal de Contrataciones, el Sistema Elec-
trónico de Adquisiciones y Contrataciones
del Estado (SEACE), notificaciones, nulidades
en las contrataciones con el Estado, proceso
contencioso administrativo, el arbitraje en las
contrataciones, etcétera.
Para terminar, como toda obra científi-
ca, presenta las referencias bibliográficas y,
adicionalmente, un compendio de 25 anexos
que facilitan la plena y absoluta comprensión
de este valioso como útil libro, por su enfo-
que pragmático y realista de este importante
tema en el desarrollo administrativo del Es-
tado.
EL AUTOR
Es abogado por la Universidad Nacio-
nal San Agustín de Arequipa. Magíster en
Ciencias Penales y doctor en derecho por la
UNMSM. Profesor principal de la UNFV. Ar-
bitro acreditado por OSCE y actual vocal del
Tribunal de Contrataciones del Estado.
Sin duda alguna, la experiencia del autor
no podría ser resumida en el comentario de
su valiosa obra, la cual constituye la mejor
prueba de uno de los currículos más profi-
cuos en su especialización, pero que, por
encima de todo, ella es y será un referente de
consulta obligatoria para abogados, empre-
sarios, comerciantes y funcionarios públicos
y privados que, de una u otra manera, tienen
que ver con las adquisiciones y contratacio-
nes del Estado. Para mayor información ver:
carlosnavasrr@hotmail.com ◆
Día Nacional de Francia
E
n la celebración del día
de la Fiesta Nacional de
Francia –14 de julio–, la
embajadora Cécile Mouton–Brady
de Pozzo di Borgo recibió, entre sus
invitados, a funcionarios del Estado,
industriales, empresarios e intelec-
tuales peruanos.
En la fotografía observamos al
secretario nacional de adopciones del
Ministerio de la Mujer y Desarrollo
Social, Manuel Campana Valderrama,
con la anfitriona, quien le manifestó
su complacencia por la estrecha coordi-
nación y el trabajo realizado con la Agen-
cia Francesa para la Adopción –AFA–,
autoridad competente en Francia para el
tema de adopciones.
Dicho sea de paso, la excelentísima
embajadora Mounton–Brady, fue recono-
cida por el gobierno peruano al cumplir
su período como representante diplo-
mática en el Perú, habiéndole impuesto
la Condecoración de la Orden del Sol, el
canciller de la República, José Antonio
García Belaunde.
Cécile
Mouton-Brady
de Pozzo di
Borgo y Manuel
Campana
Valderrama en
el Día Nacional
de Francia.