CAJv\BIOS ESTRUCTURALES E ~ ' .

l LA FAMILIA COSTARRICENSE
Y SUS INFLUENCIAS EN EL INDIVIDUO
Dra. Julieta Rodríguez Rojas (*)
Desde que ejerzo como Psiquiatra y más aún, desde que me he dedica-
do fundamentalmente cd tratamiento de niños y jóvenes, me he preocupado por
el estado de salud mental de esta población y me he sentido grandemente in-
quieta por mi percepción de que estos grupos de edad, parecen estar siendo
cada vez más, un terreno muy fértil para la instauración de depresión, neuro-
sis y otras conductas desviadas como alcoholismo, drogadicción y conductas
delictivas.
Esto me ha llevada a meditar acerca de posibles causas de este fenó-
meno, pero yo probablemente al igual que todos mis contemporáneos, influen-
ciada por las corrientes estructurales funcionales con su énfasis en el individuo
como subsistema de un sistema social permeable aún mayor, la familia, la
cual a su vez se encuentra inmersa en un suprasistema, la sociedad, no he po-
dido considerar a los individuos y su patología en forma aislada y me he sen-
tido interesada en hacer un análisis de las fases de interacción que se dan entre
los individuos, sus familias y la scciedad tratando de encontrar en estas inter-
fases una explicación válida para la creciente patología individual en nuestra
Costa Rica del siglo XX.
Así me he visto abocada a hacer una revisión de los cambios y múlti-
ples transformaciones que la estructura de nuestras familias ha sufrido a través
del tiempo desde los inicios de nuestra nacionalidad, con el fin de determinar
si estos cambios han sido coherentes con las nuevas necesidades de los miem-
bros familiares, lo que lógicamente a través del tiempo han enfrentado nuevas
demandas y tenido que maneiar y asimilar nuevas formas de stress.
En concordancia con la teoría de sistemas es hoy en día bastante acep-
tado el que la estructura familiar d.ebe ser extremadamente flexible y modifi-
carse de acuerdo con los diferentes estadios de desarrollo de sus miembros,
estadios, que imponen a estas nuevas tareas y metas por alcanzar y así, por
ejemplo, la estructura familio¡- de una familia que tiene bebés debe modificarse
cuandb estos lleguen a ser escolares y luego adolescentes. Pero yo creo que la
flexibilidad de la estructura fom:liar debería suponer aún más, el que ésta
cambie conforme cambios sociales, politicos y económicos exigen una transfor-
mación de los roles de los individuos en la sociedad y esto implica algo muy
difícil de lograr, sobre todo si estos cambios se dan muy rápidamente y no sólo
como consecuencia de un lento proceso de evolución y maduración política y
social interna, sino también como resultado de políticas extranjeras no digeridas
sino introducidas en nuestro medio debido a la penetración culj-ural de otros
países de los cuales dependemos económicamente.
(*1 Médico Asistente de Psiquiatría, Hospital Dr. Calderón Guardia.
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Así una de las hipótesis que yo he venido sustentando es que a pesar
de los enormes cambios que la estructura de la familia costarricense ha sufrido
a través del tiempo y a los cuctles diversos autores costarricenses han hecho
ya referencia como Samuel Stone en su libro "La Dinastía de los conquistado-
res", Armando Arauz en su traba¡o "La Familia en una sociedad de crecimiento
rápido" I el Dr. Víctor Pérez Vargas y colaboradores en su estudio sobre "la
Problemática Jurídica de la Familia Costarricense", pera citar sólo unos po:::os,
estos cambios no han ocurrido en ciertas familias con la rapidez con que cam-
bios sociales, políticos y económicos han exigido un enorme cambio en la con-
ducta individual de sus miembros hasta el punto de que la familia en estos
casos en lugar de ser una estructura de que favorezca el buen desen·
volvimiento social ha puesto a muchos individuos al frente del dilema de leal-
tades opuestas, funcionar de acuerdo con demandas externas que imponen cier-
tos suprasistemas como el educativo, laboral, etc., o de acuerdo con las pautas y
reglas de la familia, siendo esto en mi criterio lo que hace que el individuo em-
piece a disfuncionar pues se le plantea una tarea imposible de realizar satis-
factoria mente.
Ahora bien, tratando de rastrear nuestras familias y sus característicos
a través de\ tiempo debemos referirnos en primer lugar a la ramilia precolombi-
na y no parece ser mucho fa que se conoce de ella, sin embargo de los hechos
narrados por nuestra historia podemos concluir que era una familia extensa,
que se constituía además en una verdadera unidad de consumo y producción,
siendo autosuficiente. Su propiedad era colectiva y sus tierras, sus bienes inmue-
bles y hasta el trabajo de sus integrantes eran por), para el grupo establecién-
dose así una especie de comunismo primitivo dentro de los límites de cada fa·
milia.
Pero a pesar de que la época precolombina parece haber quedado muy
atrás en nuestra historia yo considero que aún existen en nuestros días familias
con estas característicos estructurales, como me lo ho demostrado mi práctica
clínica. Así por ejemplo, don Ramón es un hombre de cincuenta años que acude
a la consulta externa del INSA el o tratamiento y es catalogado como un alcohó-
lico crónico. Al tomar su historia social y familiar vemos que es soltero, vive
aún con su madre, sus otros cinco hermanos varones, las esposas, hi¡os y nietos
de estos, en la gran casa familiar, en un pedazo de tierro que les pertenece
en tos afueras de la ciudad de Cartago. El hermano mayor administra el patrio
monio y los ingresos familiares que provienen del cultivo de sus tierras y es
entonces éste el que le entrega a don Ramón una cantidad X de dinero por sema·
na para sus gastos. Existe una sola cocino y las comidas se preparan en común.
Pero don Ramón interactúa con otros suprasis'remos como el educativo,
sistema que no existía durante la época precolombina, donde la educación de
sus miembros era una tarea exclusiva de lo familia y por lo tanto enteramente
coherente con las necesidades de ésta y así en lugar de Cl¡Jrender a cultivar lo
tierra que aún le pertenece a su familia tiene un título de profesor de música
que nunca ha utilizado pues por otro lado la familia no lo preparó ni educó
parct separarse de ella y don Ramón no se sintió capaz de sobrevivir en los
pueblos donde habían plazos vacantes dentro del sistema educativo del MEP (""l.
Por otro lado tampoco se siente capacitado para participar de las tareas de
producción de su familia, raZón por la cual sus ingresos personales son muy es-
casos y una parte de él se siente así muy frustrado, pues no funciona bien ni
en su familia ní en el mundo exterior, siendo entonces fácil entender por qué
se instauró en él una neurosis depresiva y fue presa del alcoholismo.
Ahora bien, yo no creo que el caso de don Ramón seo un caso aislado,
sino uno más de los tantos en que la disfunción individual parece ser la con·
secuencia lógica de los conflictos surgidos de lo interacción coI) dos sistemas
distintos y en muchas formas antagónicos.
\ ':') sobre A!coholismo.
{**l Ministerio de Educoc"ón Pública.
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En cuanto a la estructura familiar durante la colonia debemos recordar
en primer lugar que Costa Rica, al igual que el resto de las colonias españolas
estaba regida por una legislación española y las Leyes de Indias y que la do-
minación no se quedaba ahí, sino que España transmitió también a sus colo-
nias, sus costumbres, su manera de vida y por ende una estructura familiar
que al menos en Costa Rica sufrió muy leves modificaciones al entíOr en contacto
con las culturas indígenas.
jI.sí la organización de nuestras familias en esa época era una organiza-
clan de corte tradicional, de vínculo agnaticio por línea masculina, en la cual
los hijos se casaban pero no abandonaban el hogar paterno, trayendo a sus
esposas a vivir en la hacienda, los hijos de los hijos nacían, se criaban, educa-
ban y trabajaban en el seno de esta familia. De nuevo la casa, la familia for-
maban una e n ~ ~ d a d productoíO, una unidad económica autosuficiente donde
sólo se repartían los excedentes.
Las hijas al igual que las reinas de las cortes europeas eran educadas
en la idea de que irían a abandonar el hogar paterno y de que deberían estar
listas a integrarse a la familia de su marido respetando sus costumbres y la
autoridad del suegro y la suegra.
Pero también muchas de nuestras familias conservan hoy en día estas
características estructurales y los hijos que se casan llevan a sus esposas si van,
ya no a vivir en la casa patmno, si en viviendas cor.síTuidas contiguo a ésta,
situación muy común de encontrar en poblaciones incluso muy cercanas a nues-
tra capital, como Desamparados, Tres Ríos y San Antonio de' Belén.
Ahora bien, ¿qué )'ipo de conFlictos he visto yo que algunos miembros
de estas familias tienen con qué manejar entonces la aparición de muy impor-
tante stress individual y disfunción?
En primer lugar la conflictiva mental que nace de que muchos de estos
jóvenes eligieron por espesas a mui3res no educadas para asumir su rol dentro
de tal estructura familiar, sino a mujeres que habían interClctuado con otros su-
prosistemas como el edu:otivo y a traVGS de éste "¡"enido acceso a otras culturas
y a otros valores, por lo cual desean vivir dentro de una familia nuclear dife-
renciada y totalmente autónoma ejerciendo gran presión sobre el joven esposo
que se encontrará atrapado entre lealtades opuestas, la lealtad a su familia ex-
tendida o la lealtad a su cónyuge.
Esle es el caso de Jorge, un joven que no pedía entender el enojo gi-
gantesco de su joven esposa, ingeniera industr ial, cuando su suegro quería re-
gular incluso la -forma en que debió vestir y en este caso, como el de don Ramón,
después de su matrimonio Jorge empezó a dep¡-imirse y a ingerir licor Gn can-
tidades cada vez mayores hasta requerir igualmente Jos servicios del INSA.
También estos jóvenes pertenecientes a famiiias de origen con estruc-
tura similar a la familia de la colonia parecen tener también dificultades como
resultado del masivo incremento en el costo de la vida que ha hecho que el
trabajo de la tierra de la familia no produzca lo suficiente como para satisfa-
cer las demandas de todos sus miembros, por lo que se han visto obligados a
desplazarse un poco lejos de sus poblados, cuando dentro de su familia de
origen la presencia clara del liderazgo paterno, imponiendo reglas y estable-
ciendo límites aún después de que se hubiese alcanzado la edad adulta, no los
preparó para la autonomía y eiercicio del autocontrol y yo considero que esto
unido a la confusión causada por el impacto que produce el enfrentarse a es-
calas de valores totalmente diferentes es una de las razones por la que estos
jóvenes disfuncionan fácilmente en los nuevos suprasistemas como en el labo-
ral en el que se ven obligados a desenvolverse.
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Siguiendo nuestro vIole a través de la historia llegamos así el la época
republicana con la aparición del cultivo masivo del café con sus profundas re-
percusiones en la vida económica del país, produciendo el que fincas pequeñas
fueran siendo absorvidas por las más grandes, lo que también produio cam·
bias en la estructura familim costarricense, ya que muchas familias se vieron
así desarraigadas de la tierra, se quedaron sin las pClrcelas que el"O la fuente
de sustento y de empleo de todos sus miembros. Y de ahí en adelante muchas
familias pasaron a vivir en las casas que el dueño de las fincas les facilitaba
pues él necesitaba de la mano de obra, pero otras en forma completa y en
otros casos solo alguno de sus miembros, comienzan a emigrar en busca de me-
jores oportunidades, iniciándose así los grandes despiazamien'tos de población
de las fincas a las ciudades y esto viene a producir el fenómeno de la margi-
nalidad que yo considero que en gran parte puede ser analizado como el re-
sultado del conflicto o choque de dos suprasistcma5, el sistema social rural y el
sistema social urbano. Aquí la disfunción individual podría considerarse como
una consecuencia de que el sistema familiar quedo anclado entre estos dos su·
prasistemas no pudiendo desligarse totalmente del primero ni integrarse defi-
nitivamente ar segundo, con la consiguiente confusión paro sus miembros, pues
las reglas y valores de estos dos suprasistemas son claramente distintos.
El mismo tipo de anólisis podría realizarse en aquellos casos donde la
migración ocurrió hacia zonas consideradas promisorias como la zona atlántica,
las cuales al igual que las ciudades constituian un distinto sistema social.
Este tipo de migración produjo también un nuevo fenómeno, el que en
muchos casos al desp!azOíse el cabeza de familia verón hacia una zona dis-
tante para nunca más volver, hicieron su aparición por vez primera, numerosas
familias en las que la cabeza, el liderazgo, debió ser asumido por la mujer,
para lo cual desde luego ella nunca había sido preparada, puesto que hasta
este momento la madre soltera, por ejemplo, permanecía en el hogar paterno
y sus hijos crecían a la sombra del liderazgo del abuelo, de tal manera de que
ni siquiera en estos casos la mujer tenía que asumir un liderazgo instrumental.
Estas mujeres se ven así sometidas a un enorme sí-ress y empiezan a disfuncio-
nar, disfunción que se extiende fácilmente a sus hijos, puesto que al no poder
llevar la madre a cabo las tareas propias del liderazgo familiar, muchas de
ellas recaen tempranamente sobre niños y jóvenes, los que sobrecargados con
obligaciones parentelles se sienten agobiados, haciendo entonces muchos de
silos abandono del hogar materno, pasando a constituir una población flo-
tante, desarraigada y con mucha patología, por cuanto de nuevo estos jóvenes
tampoco habían sido preparados para el ejercicio de la autonomía.
En cuanto al proceso de industrialización este se inició verdaderamente'
en Costa Rica muy tardíamente, hasta mediados del presente siglo, cuando dio
inicio una política pro desarrollo industrial y este fenómeno relativamente nue-
vo en el país no solo afectó favorablemente la economía nacional, sino que
elevó el nivel de vida der costarricense afectando la vida familiar, porque con-
trariamente a lo que podría creerse la holgura económica no llevó al costarri-
cense a aumentar el número de hijos sino a disminuirlos y es así cuando la fa-
milia nuclear se hace una realidad en Costa Rica. Lo que ocurre es que al esta-
blecerse en nuestro siglo la educación obligatoria y retardarse la edad de ad,-
misión al trabajo se aumentó el tiempo en que los menores permanecían como
dependientes, período que se ha alargado aún más en nuestros días con la edu-
cación universitaria y esto sumado al hecho de que la familia no depende ya
más del trabajo de la tierra para sobrevivir hace que se pierda totalmente la
vigencia de la máxima de que una prole numerosa significaba más brazos
para trabajar y por ende mayor riqueza. Se inicia entonces así una acelerada
contractura del tamaño familiar,
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Por otro lado, es en esta época cuando la mujer empieza a tomar con-
ciencia de su situación y a luchar por una serie de derechos que poco a poco
van conquistando, como la equiparación civil y jurídica al hombre, el acceso a
la educación superior y el trabajar fuera de casa, siendo este otro de los facto-
res que favorece la instauración de la familia nuclear, puesto que la mujer que
trabaja no quiere ni puede tener tantos hijos.
Igualmente la mentalidad del costarricense cambia al entrar el1 contacto
sobre todo el través de la masificación de los medios de comunicación con otras
corrientes de pensamiento y otras costumbres, disminuyendo las preocupaciones
religiosas y así si bien no se hace abandono de la fe católico, no se le concede
mucha importancia a la doctrina de la iglesia con respecto a qUe se "debe te-
ner el número de hijos que Dios mande" y se inicia así entonces el consumo
masivo de los diversos medios de planificación familiar, lo que también favo-
rece la disminución del tamaño de la familia.
Otra de las razones que facilita la instauración de la familia nuclear es
que confOíme van desapareciendo las empresas familiares y al no ser ya más la
familia fuente de trabajo, los individuos se ven obligados a buscar trabajo por
sí mismos, viéndose lanzados a un mundo donde la competencia es cada vez
mayor. A esto se une el sentimiento de inseguridad no solo económico sino
político, psicoógico y emocional. Parece ser que la visión de una hecatombe
nuclear y la amenaza de una destrucción de la raza humana sobre lo cual el
individuo no tiene control alguno, disminuye la urgencia a perpetuarse. Este
sentimiento de inseguridad eS favorecido por los medios de comunicación que
nos enteran no ya solo de las desgracias ocurridas en unas cuantas millas, sino
tm":lbién en el otro extremo del globo.
Ahora bien, ¿es la instauración de la familia nuclear algo que hace
disminuir el stress impuesto sobre los individuos o más bien lo aumenta?
Según lo señalamos con anterioridad el cJesarrollo de la familia nuclear
pareCe ser una maniobra adaptativa que ocurre como respuesta a cambios so-
ciales, políticos y económicos como el pasaje de lo población de las zonas ru-
rales a urbanas, el deseo de mejorar la propia condición sociel y económica,
así como la de los hijos, la modificación del papel de la mujer en la sociedad,
el aumento de los gastos en la educación eJe los hiios, ete., pero por otro lado
creo que debemos analizar la magnitud del cambio y la brevedad del tiempo
en que este ha ocurrido, solo la segunda mitad de nuestro siglo, así como que
elementos se pierden con la desaparición de la familia extensa o la familia

Yo creo que en primer lugar se pierde proiección, protección económica_
En la familia tradicional se hereda el status de los padres. El grupo familiar
tiene la obligación de mantener al individuo. de darle su misma posición y de
tratar al menos que eSi-o no disminuya y si bien el hijo, por ejemplo, de padres
agricultores o zapateros no tenía la opción de sustraerse a estas actividades,
tenía que lidiar con el stress individual de encontrar un lugar en el
aula universitaria y posteriormente en el campo laboral, gigantesco im-
puesto, por ejemplo, sobre muchos de nuestros jóvenes colegas.
Se pierde igualmente protección asistencial que no se refiere al aspecto
alimentario únicamente sino y por sobre todo a lo protección conrra el aisla-
miento y la sociedad misma. La familia extensa ofrece protección y apoyo al
niño, al adolescente, al enfermo y al viejo.
Al desaparecer la familia exténsa desaparocen múltiples recursos CUCIIl-
do debido a la rapidez del cambio no existen aún en nUGstro medio, como en
sociedades más avanzadas, es1"ructuíOS que brinden en otros sistemas estos ser-
vicios, no habiendo así suficientes gLJmderías, ni alternativas para que el ¡oven
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adolescente estructure su tiempo libre en tanto tiene aun cierta supervisión, ni
residencias que ofrezcan vivienda digna, barata y con compañia a los jóvenes
adultos aún sin pareja, ni suficientes programas que ofrezcan atlernativas para
una vejez plena cuando los hijos están lejos empeñados en sus propias luchas.
Existe así un stress exagerado impuesto sobre los más frágiles, lo que
expliCCiría la creciente problemática de salud mental en los más jóvenes así
como en los más viejos, siendo en ambos grupos muy importante entonces la
incidencia de depresión.
Se pierden así mismo oportunidades de recreoción colectiva: en la fa-
milia extensa la familia entera compartía no solo los labores cotidianas, sino
los ratos de expensión y alegría. En Costa Rica fueron típicas las tertulias que
se llevaban a cabo en el pón'ico o alrededor del -Fogón y que reunía a gentes
:le muy diversas edades.
El espíritu social del hombre es muy imporj'ante y el ver televisión, oir
muslca o jugar a solas con una computadora no pal"8Cen ser un sustituto ade-
cuado, por lo cual el individuo parece tratar eJe encontrar otras y
yo me pregunto si no será por eso que parecen proliferar los lugares donde
después del trabajo se reúne la gente y conde la famiiiaridad, la simpatía y
comprensión que no pueden existir entre apenC1s cono:::idos o completos descono-
cidos se hace surgir artificiosamente recurriendo al licor y a otras drogas, lo
que favorece el agravamiento de ortos problemáticas c:)::,\o la promiscuidad o
la prostitución.
Se pierde también el sentimiento de solidaridad familiar al no existir
el trabajo desempeñado en conjunto para la de fines comunes.
Se acrecienta así el individualismo que si bien puede positivo en el sentido
de que puede incremente¡' el deseo de superación personal, también puede ser
muy negativo en tanto que cada miembro de la familia se va a preocupar solo
por su propia suerte. Por ejemplo, hoy los padres están conscientes de que no
pueden confiar su subsistencia futura a la buena fe de sus h¡¡os y que si bien
tienen que gastar en educarlos, también deben cuidar de economizar lo necesa-
rio para su vejez_
También el hecho de que la familia pierda funciones que quedan ahora
en manos de otros suprasistemas como dejamos entrever en un principio, crea
confl ictos.
La familia ha perdido así ejemplo, su función educativa. Antes esta ta-
rea se llevaba a cabo simplemente y en forma completa dentro del hogar. Las
familias acomodadas solían tener insi ituciones o maesi'ros para enseñar a sus
hijos, en las familias de más bajos recursos se cumplía una función educativa
de índole práctica, pero ahora esta función ha sido absorvida por el suprasis-
tema estado y si bien la familia inicia la tarea formativa del niño, cada vez
más tempranamente se ve suplantada por instituciones educativas y si todos
sabemos lo importante y lo difícil que es el que los padres den siempre al niño
mensajes coherentes, qué fácil y grave es entonces caer en la situación en que
la familia y la escuela se contrarrestan y anulan mutuamente, poniendo al niño
y al joven en una situación confusa y a veces intolerable de debatirse como lo
señalamos ya en otros casos entre lealtades opuesias. El número de jóvenes
confusos ante información y demandas contradictorias recibidas de adultos sig-
nificativos en su vida entre los que se incluyen padres, maesi ros, orientadores
y cada vez más psicólogos y/o psiquiatras a los cuales pueden tener acceso
directo o indirecto a través de literatura muy fácilmente disponible es cada vez
mayor.
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Igualmente si bien la familia conserva aún la obligación de inculcar al
niño una serie de principios básicos (morales, religiosos, etc.) esta tarea se hace
cada vez más difícil por la creciente influencia de factores externos que tien-
den a contrarrestar las enseñanzas familiares como la televisión, el cine, los
diarios, la literatura en general y Jo interacción con otras culturas.
Vemos así entonces como en nuestros días tenemos un difícil y confuso
panorama cOíacterizado en primer lugar por la coexistencia en nuestra sociedad
de varios tipos de estructura familiar desde la precolombina, o la novedosa
familia nuclear y cómo estos diferentes modelos familiares pueden entrar fácil-
mente en conflicto cuando miembros de familias de estructuras diferentes in-
teractúan intentando crear una nueva familia.
Cómo en segundo lugar el sistema familiar se ve obligado a interactuar
con un número de suprasistemas cada vez mayor: educativo, laboral, de salud,
político, etc., pudiendo entrar en conflicto con estos suprasistemas, conflictos
que incidirán directamente en un aumento del stress individual y finalmente
cómo si bien la familia costarricense ha intentado modificar su estructura como
una maniobra adaptativa, la magnitud del cambio no parece ser en muchos
casos suficiente, en tanto que en otros, la rapidez con que estos ocurrieron la
obligó a sacrificar muchos de los beneficios que ofrecía a sus miembros, los
cuales no han podido encontrar en otros sistemas compensación a tajes pérdi
das quedando así en muchos sentidos más desprotegidos y vulnerables.
Esto lógicamente planreo un enorme reto a todos los que trabajamos
en el campo de Jo salud mental, reto gigantesco del que es difícil salir airoso,
soja espero haber contribuido con mis reflexiones a arrojar un mayor entendi-
miento acerca del 'frágil equilibrio en lo que la mayor parte de nuestros com-
patriotas se ven obligados a subsistir hoy en día, como una consecuencia ine-
vitable de este particular momento histórico, de tal manera que nosotros no
nos convirtamos en un nuevo factor de confusión y sepamos evaluar hasta
dónde respetar y hasta dónde impulsar cambios en estructuras que han existi-
do desde Jos orígenes de nuestra nacionalidad.
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