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Manual básico para reforestar con plantas autóctonas

INDICE - Introducción - Descripción árboles Especies Bosques de ribera - Reproducción y propagación Reproducción por semilla Reproducción por estaquilla - Sistemas de cultivo - ¿Cuándo, cómo y dónde? - ¿Cuándo? - ¿Cómo? - ¿Dónde? - Calendario de recogida 2 5 5 11 15 15 19 22 25 25 25 30 32

Manual básico para reforestar con plantas autóctonas. Edición: ARBA Valladolid Diseño y Maquetación: Ars Dinámica Ilustraciones: Txomin Hernández Impresión: Imprenta Alfil Depósito Legal: VA-141/2011

Introducción
Los árboles son imprescindibles para la vida en la Tierra. Nos proporcionan el oxígeno que respiramos, los frutos que nos sirven de alimento, sujetan el suelo que pisamos evitando que éste se erosione, proporcionan sombra, refrescan el entorno, dan cobijo a numerosos animales, retienen el agua de lluvia evitando que se pierda en escorrentías… Sin embargo, quemamos los bosques, los talamos en masa, roturamos el suelo evitando que vuelvan a rebrotar, y sólo nos interesa el valor comercial de su madera y sus productos, sin darnos cuenta de que cuando el último de ellos desaparezca, poco después nos iremos con él. Hemos de saber que un bosque no es sólo un “conjunto de árboles”, es la organización más compleja del mundo vegetal, en la que cada especie tiene su papel, y en la que, si bien los árboles tienen el papel dominante y dan la forma al conjunto, se apoyan en arbustos, hierbas, hongos y microorganismos que descomponen la materia orgánica y contribuyen a la formación de suelo. Todo esto sirve de soporte a los demás seres vivos, incluidos nosotros. Sabiendo esto, ¿alguien puede pensar que las plantaciones de una sola especie hechas por el hombre (eucaliptos, pinos y chopos) con fines industriales son un bosque? ¿Qué podemos hacer? Reforestar, recuperar las masas vegetales autóctonas que en otros tiempos ocupaban un 80% de la Península Ibérica, y conservar y mejorar los ecosistemas que éstas generan.

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Con estas acciones evitaremos la desertización, contribuiremos al enriquecimiento de los suelos, y al mismo tiempo estaremos creando conciencia de la importancia que para todos tienen los árboles y sus ecosistemas asociados, sin los que no sería posible la vida en la Tierra. Este manual pretende ayudar a conocer los árboles más frecuentes en la provincia y a utilizar técnicas de propagación que nos permitan colaborar en su conservación. Hablaremos de la recuperación de los bosques por medio de árboles y arbustos autóctonos, que son los que están, o estaban, presentes en la región de forma natural, y que, por lo tanto, tienen menos problemas de adaptación y apenas necesitan cuidados. Los pasos que debemos dar son sencillos y tratan de imitar a la naturaleza que de manera lenta, pero sin pausa, apoyándose en un ejército de expertos (ardillas, arrendajos, urracas, tordos, mirlos, zorros, lirones caretos...), tiende a cubrir con un manto verde los espacios que lo han perdido.

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DESCRIPCIÓN DE ÁRBOLES Y ARBUSTOS
Para empezar a conocer los árboles, en lo primero que nos fijamos es en la forma de sus hojas, luego en sus flores, semillas o frutos, según la época, y luego en su tronco y su morfología general. Frecuentemente sirve de referencia su situación geográfica, y la naturaleza del suelo en el que está. Con la práctica resulta fácil conocerlos desde lejos, en el paisaje. Como en cada zona cada árbol recibe un nombre diferente, lo mejor es conocer su nombre latino o científico, para evitar confusiones con especies afines. ENCINAS Y QUEJIGOS. Sus semillas son fáciles de recoger, no necesitan tratamientos especiales (quitarles la “boina” o cúpula que envuelve uno de sus extremos) y germinan con facilidad, por lo que son muy aconsejables para empezar a experimentar con las semillas y los árboles. Sus semillas se recolectan en otoño, a mediados de octubre las de quejigo, y desde principios de noviembre, las de encina. Encina (Quercus ilex). Es el árbol emblemático de Castilla y León. Es un árbol corpulento que puede llegar a los 25 metros de altura. Su copa es amplia y redondeada, ramificada abundantemente, bajo la cual se desarrolla un pasto excelente debido al microclima que crea su copa y al bombeo de nutrientes que realizan sus raíces. Es una especie sobria y resistente a las temperaturas extremas. Sus hojas son simples, de la consistencia del cuero, de color verde intenso por el haz y blanquecinas por el envés, de forma que varía desde redondeada a lanceolada. También son pinchudas, sobre todo las inferiores, como defensa contra el ganado que se alimenta de ellas. Sus bellotas han servido desde siempre de alimento para hombres y animales.
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Tiene un poderoso y profundo sistema radical y brota vigorosamente de raíz, cepa o tronco después de cualquier tala, mutilación, sequía o fuego, por lo que tiene un valor incalculable como especie protectora del suelo. Se adapta a todo tipo de terrenos, a los que protege y mejora. Quejigo (Quercus faginea). Es un árbol de tamaño medio que puede alcanzar los 20 metros de altura. Su copa es redondeada, aovada o alargada, con follaje poco denso. El sistema radical es potente, con gran abundancia de raíces secundarias de las cuales brotan retoños. En Valladolid mucha gente lo llama roble. Sus hojas son simples, alternas, de color verde lustroso, duras y de bordes sinuosos, incluso pinchudas; se marchitan pero permanecen en el árbol durante el invierno, y caen en la primavera con los nuevos brotes.Sus bellotas maduran en otoño, antes que las de la encina. Vive en terrenos calizos, pero soporta los yesos y se adapta a los terrenos silíceos, con preferencia por las zonas frescas y sombrías. LOS PINOS. Pertenecen al grupo de las coníferas, como los abetos, cipreses, sabinas, enebros, cedros y tejos. Se caracterizan por tener hojas en forma de aguja, en parejas, y producir resina. Pino resinero o negral (Pinus pinaster). Es un árbol que no sobrepasa normalmente los 20 metros de altura, aunque puede llegar a superar los 30. Su copa tiene forma piramidal en los ejemplares jóvenes, y globosa e irregular en los de más edad.
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Su sistema radical es el más fuerte de todos los de los pinos españoles, con una raíz principal fuerte y profunda y con abundantes raíces secundarias. Sus hojas –acículas- son muy alargadas y rígidas, de color verde oscuro. Sus piñas, grandes (hasta 20cm.) y de forma cónica. La corteza es gruesa y de color negruzco en su juventud y pardo-rojizo en la madurez. Aunque ya prácticamente no se usa su resina, es fácil ver las largas heridas en su corteza para obtenerla. Pino piñonero (Pinus pinea). Su copa tiene forma esférica de joven y de parasol en los ejemplares más viejos. Suele medir entre 25 y 30 metros. Tiene el tronco recto y cilíndrico, y la corteza gruesa y de color pardo grisáceo y se desprende en placas que, en un principio, son de tonos vivos rojizos. Su sistema radical es potente, pues tanto su raíz principal, que es muy gruesa, como las secundarias, se desarrollan a mucha profundidad para poder sacar aguas de las capas más profundas del suelo. Es una especie fijadora y protectora del suelo. Sus acículas no son tan largas como las del pino resinero y de color más claro. Las piñas son grandes y globosas (de 8 a 14cm.), y sus frutos, los piñones, se emplean desde muy antiguo en la elaboración de pasteles, salsas, guisos y embutidos. SABINAS Y ENEBROS. Son coníferas, como los pinos, pero se diferencian de éstos y entre sí por la forma de las hojas, los frutos, y el hábitat. Su nombre se intercambia muchas veces, por lo que es muy útil conocer su denominación latina para evitar errores. Sabina albar (Juniperus thurifera). Es un árbol de talla mediana, entre 4 y 12 metros de altura, aunque puede alcanzar los 20 metros. El tronco es bastante grueso en los ejemplares más viejos, de color gris y retorcido en longitud.
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Es un árbol de crecimiento lento que sobrevive en terrenos calizos muy pobres de clima extremo. Sus hojas son muy cortas, escamosas, de color verde oscuro y no pinchan. Sus frutos son unas bolitas de color azulado a negruzco cuando están maduras, que sólo se dan en algunos de los árboles, los femeninos. Su madera es de color rojo, muy dura, resistente a la putrefacción y a los insectos (se usaba en la fabricación de cajones para evitar a las polillas). Enebros (Juniperus communis). Con frecuencia es más un arbusto que un árbol, de entre 3 y 5 metros de altura, aunque puede llegar a los 10 metros, de copa muy ramosa, de forma aovada cónica en los ejemplares jóvenes y aparasolada en los de más edad. También de crecimiento muy lento, crece en todo tipo de terrenos: en zonas deforestadas o en el sotobosque de pinares, encinares, sabinares…, sobreviviendo gracias a sus potentes raíces y a su frugalidad. A diferencia de las sabinas, sus hojas miden aproximadamente 1cm. y son rígidas y punzantes como un puñal, recorridas por una línea blanca en el Juniperus communis y por dos en el Juniperus oxycedrus. Su corteza es pardo-grisácea y muy fibrosa, se desprende en tiras. Los frutos se dan en los pies femeninos y son globosos de color rojizo en el J. communis, y azulados en el J. oxycedrus.

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ARBUSTOS Y MATORRALES. Los arbustos son vegetales leñosos cuyos troncos están ramificados desde la base y no suelen alcanzar alturas superiores a los 5 metros. Son tan importantes como los árboles; conviven con ellos, les sustituyen en etapas de degradación y preparan el terreno para la regeneración del bosque. Proporcionan refugio y alimento a la fauna, y evitan la erosión. Y además, los frutos de algunos de ellos proporcionan excelentes mermeladas y licores. ¿Se puede pedir más? Rosal silvestre, Escaramujo (Rosa sp). También llamado tapaculos, es el origen de los rosales de jardín. Es espinoso, de hojas compuestas, de haz verde intenso o verde oscuro, mate, de borde aserrado. Sus Flores son blancas o rosadas y sus frutos, de color rojo intenso cuando están maduros. Se le encuentra aislado y formando setos en bosques y linderos. Sus frutos son muy ricos en vitamina C y se han usado para combatir los catarros y las diarreas. Majuelo, Espino albar (Crataegus monogyna). También es un arbusto espinoso, de hojas lobuladas muy características. Sus flores son blancas o blanco-rosadas. Sus frutos, también rojos, son comestibles. Se adapta a todo tipo de terrenos, aunque prefiere los sueltos y frescos, tanto silíceos como calizos. Se encuentra en sotos, ribazos, setos y linderos, estrechamente mezclado con frecuencia con rosales silvestres y zarzamoras.

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Zarzamora (Rubus ulmifolius). Es un arbusto silvestre de hoja caduca muy vigoroso. Las hojas son compuestas, con foliolos elípticos terminados en punta, de color verde oscuro y con borde dentado tosco e irregular. Tiene flores blancas o rosa-claro. Sus frutos, las moras, son muy jugosos y de excelente sabor. Se extiende por todas partes, en forma de setos, en bordes de montes y carreteras, terrenos baldíos y escombreras, o refugiándose en vegas y sotos en las comarcas más secas. Endrino (Prunus spinosa). Es un arbusto de hoja caduca de ramaje espeso y hojas de color verde oscuro mate, elípticas, puntiagudas o romas, aserradas. Sus flores blancas aparecen poco antes que las hojas y son muy numerosas. Con sus frutos, que son drupas esféricas de color verde azulado al principio y luego negro azulado con una especie de “cera” (pruína) más clara, se elabora el pacharán. Se adapta a todo tipo de terrenos, tanto silíceos como calizos, y vive incluso en las llanuras desarboladas de Tierra de Campos. Jara (Cistus laurifolius). Arbusto de hojas lanceoladas, ramas erguidas, peludas y pegajosas, con corteza pardo rojiza, que se desprende en largas tiras. Flores de 3 a 7 cm con pétalos blancos con una mancha amarilla en la base. Fruto en forma de cápsula globosa y peluda de color pardo, con varios compartimentos donde están las semillas. Habita en claros de montes degradados, adaptándose a terrenos silíceos y calizos. Jazmín (Jasminum fruticans). Arbusto de tallos verdes y estriados, hojas con tres foliolos. Flores de corola amarilla de tubo largo y fruto, pequeño oval y de color negro. Planta típica en situaciones soleadas. Forma parte del sotobosque en encinares y quejigares.
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Madreselva (Lonicera etrusca). Arbusto de 1 a 3 metros de altura. Ramas sarmentosas, que a menudo toman color rojizo, algo pelosas de jóvenes y posteriormente lampiñas. Distinguible del resto de las madreselvas por tener al menos el primer par de hojas bajo la inflorescencia soldadas entre sí y atravesadas por el tallo. Frecuente en encinares y quejigares. LOS BOSQUES DE RIBERA Son bosques formados por árboles y arbustos de hoja caduca, próximos a los ríos y cauces de agua. Tienen una función importantísima de protección contra las riadas y la erosión, depuración de aguas, alimento y protección de peces y fauna piscícola, desecación y saneamiento de zonas pantanosas, y además dan heterogeneidad a los paisajes monótonos de las grandes extensiones cultivadas o de los bosques colindantes. También actúan como excelentes cortafuegos. Dependiendo de la proximidad al agua se pueden diferenciar varias zonas, ocupadas por diferentes especies:

Cerca del cauce, y frecuentemente en contacto directo con el agua, encontraremos sauces con porte arbustivo, y quizá alisos. Ambas especies soportan bien las crecidas y los encharcamientos.

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Un poco mas alejados encontraremos tarays, más sauces, álamos y chopos. No precisan contacto directo con el agua y les basta su humedad. Y todavía un poco más alejados, encontraremos fresnos y olmos. Pero además de estos árboles “principales”, el soto, bosque de ribera o bosque de galería, que todos estos nombres recibe, alberga una multitud de árboles menores, arbustos, lianas y herbáceas, que hacen que estos espacios sean habitados no sólo por la fauna acuática, sino por todo tipo de animales: anfibios, aves, insectos, mamíferos… Alamos y Chopos (Populus spp). Son muy comunes en todos nuestros ríos. El álamo blanco (Populus alba) es un árbol robusto de hasta 30 metros. Tiene la corteza de tronco y ramas blanca, casi lisa, y copa amplia e irregular. Sus hojas son alternas, caducas, más o menos lobuladas, de haz verde oscuro y envés aterciopelado y níveo. El álamo negro (Populus nigra), o chopo, es un árbol elevado que suele medir entre 20 y 30 metros, de copa grande y amplia, de forma aovado-cónica. Tiene la corteza resquebrajada, negruzca con la edad, hojas romboidales de color verde intenso, bordes dentados, ramillas pegajosas y yemas largas y puntiagudas, muy viscosas. Tiene un sistema radical con una raíz principal potente y ramificada que alcanza gran profundidad. El álamo negro autóctono empieza a estar seriamente amenazado por su hibridación con los clones de uso industrial, sobre todo el chopo canadiense, muy similar, con hojas triangulares, cuyas semillas están cubiertas de material algodonoso que en primavera llega a cubrir el suelo de los cultivos.

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Sauces (Salix spp). Hay una amplia variedad, desde pequeños arbustos hasta árboles que superan los 20 metros. Las hojas suelen ser alargadas y estrechas, con el borde aserrado. Se usan en cestería (mimbreras), en carpintería, para estabilizar laderas, para proteger repoblaciones de pinos y robles, medicina… Por la abundancia de sus raíces son especies interesantes para la fijación de terrenos. Taray o Tamariz (Tamarix gallica y Tamarix africana). Son arbolillos muy ramosos, con hojas escamosas muy pequeñas, de estructura herbácea y flores diminutas blancas o rosadas. Aparecen en bordes de saladares y en riberas, barrancos y zonas húmedas. Una variedad llamada támara rosa o tamarindo (Tamarix parviflora) se usa mucho en jardinería y en las medianas de las autovías por su abundante floración primaveral de color rosa vivo. Olmos y Fresnos. No son propiamente árboles de ribera, sino que prefieren un nivel de agua freática oscilante al cabo del año, y suelos frescos y profundos. Fresno de Castilla (Fraxinus angustifolia). Tiene la corteza grisácea, agrietada en forma de retícula, con hojas compuestas de 5 a 13 folíolos, lanceoladas, de borde aserrado. Sus hojas se han aprovechado como alimento del ganado, y la protección que hacen del suelo y del pasto que crece bajo sus copas hacen del fresno uno de los mejores recursos para la protección y mejora del terreno.

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Olmo o Negrillo (Ulmus minor). Llega a alcanzar los 30 metros de altura. Su tronco tiene la corteza fisurada y pardo oscura. Hojas simples, alternas, de limbo asimétrico, con 7 a 12 pares de nervios paralelos. Se plantaba a la puerta de ermitas, iglesias y conventos como árbol de fronda muy apreciado, y ha dado su nombre a varios pueblos de la provincia.

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REPRODUCCIÓN Y PROPAGACIÓN
REPRODUCCIÓN POR SEMILLA Las semillas son unos embriones perfectamente programados y preparados para ser transportados y germinar cuando las condiciones ambientales sean las adecuadas. La reproducción por semillas tiene varias fases; recolección y limpieza, almacenamiento, tratamiento y siembra. Recolección; se suele hacer en otoño, aunque hay algunas excepciones. Hay que tomar ciertas precauciones para asegurarnos el éxito en las operaciones posteriores. Elige árboles que estén sanos, de buen porte, recolecta semillas de varios de ellos, y en buena cantidad, pues frecuentemente, muchas serán vanas. Muchas veces las vanas se eliminan por flotación. Las que contienen inquilinos (gusanos) se deben retirar antes de almacenarlas. Se debe limpiar el fruto carnoso de las que lo tienen antes de guardarlas. Algunas deben secarse a la sombra para que cedan humedad y se puedan conservar mejor. A las que tienen una cubierta dura como nueces, almendras, bellotas…, no es necesario romperles dicha cubierta. Ya lo hará el embrión cuando llegue el momento. Almacenamiento; es recomendable conservarlas siempre en sitios secos y frescos (frigorífico), en recipientes herméticos si es posible, y nunca sometidas a la calefacción, pues se secarán. Tratamiento; ya hemos dicho que cuando el fruto es carnoso, se debe limpiar cuidadosamente y dejar la semilla limpia. A veces la limpieza se debe hacer casi inmediatamente después de la recolección, pues cuanto más se tarde en limpiar, más tiempo durará el letargo antes de germinar.
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En muchas semillas como las sabinas, los escaramujos y otras, los embriones tienen un reloj biológico que los despertará después de pasar los fríos del invierno. Podemos despertarlos y ayudarlos a germinar mediante el proceso de estratificación, que consiste en disponer en un recipiente capas de semillas limpias y capas de arena de río húmeda, y mantenerlas en el frigorífico a una temperatura de entre 0º y 4º centígrados durante un par de meses, y luego ponerlas en un semillero. Siembra; una vez seleccionadas y preparadas las semillas, debemos ponerlas en un medio adecuado para que germinen. Dependiendo del tipo de semillas, nuestras posibilidades y el plan de propagación, podemos elegir entre la siembra directa, hacer semilleros o preparar un vivero. Siembra directa. Es útil para semillas que germinan fácilmente (bellotas, fresnos). Se entierran sobre el terreno en el que se desarrollará el árbol, procurando que éste no sea un apetitoso brote para el ganado. Se busca un terreno apropiado (mirar el apartado cuándo, cómo y dónde plantar), y cavar un hoyo de 15 a 20 cm. de profundidad y rellenarlo parcialmente con la tierra extraída. Se ponen dos o tres semillas tumbadas a una profundidad acorde al tamaño de las semillas (cuatro o cinco veces el ancho de la semilla; una bellota a 5-8 cm., un fresno a 1 cm.) Se cubren con el resto de la tierra extraída y ésta se aprieta un poco. Si es posible, conviene señalar los puntos de siembra para comprobar después el éxito de la misma y analizar los errores. Semillero. Es el método más recomendable para semillas escasas o pequeñas, o que germinan mal o en baja proporción. Con éste método nos aseguramos de que las semillas están en las mejores condiciones de germinación para trasplantarlas, una vez que han germinado, al campo o al vivero.
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Para hacer un semillero, cogemos una caja no muy profunda de madera o de plástico con agujeros de drenaje en el fondo, y la llenamos casi hasta el borde con una mezcla de turba y arena de río. Se ponen las semillas tumbadas a intervalos regulares, y se cubren con más mezcla de turba y arena. Debe mantenerse húmedo y protegido tanto de las heladas fuertes como del sol intenso. Dependiendo del tipo de planta tardará más o menos en germinar; las más fáciles empiezan a hacerlo a finales de febrero y marzo, algunas no lo hacen hasta la primavera del año siguiente. Las semillas grandes (bellotas, hayucos) pueden trasplantarse en cuanto ha nacido la raíz; en las semillas pequeñas, el plantón debe trasplantarse cuando tiene un tamaño de varios centímetros. Vivero. Es una experiencia muy interesante con la que se obtienen árboles de corta edad que se trasplantarán al campo en otoños e inviernos venideros. Se usan cajas de leche y otros envases duros y opacos a los que se les practican agujeros en el fondo para que hagan de drenaje. Todos los envases deben estar perfectamente limpios para evitar malos olores y fermentaciones. Se rellenan con una mezcla de arena de río, turba y tierra de huerto o simplemente tierra de huerto, pero conviene que tenga siempre algún puñado de tierra del campo, y si es del sitio donde tenemos planeado poner las plantas al final, mejor. Cuando el envase está lleno, se golpea contra el suelo para que se compacte la mezcla, y se ponen las semillas cubriéndolas con un poco más de tierra. Si las semillas son grandes, se tapan con 2-3 cm., si son pequeñas, se cubren apenas con una fina capa. Si las semillas están ya germinadas, se pone una por envase. Si no lo están, se pueden poner dos o tres y cuando germinen, trasplantarlas.

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Finalmente se sacan los envases a la intemperie. Dependiendo del tipo de planta y de dónde se tengan, se deben regar más o menos; si reciben agua de lluvia y están en un sitio sombreado, bastaría con regarlos en verano y sólo cada 8 o 10 días. Si son árboles de zonas húmedas, habrá que empezar a regarlos ya en primavera y con más frecuencia en el verano. Depende mucho de la especie de planta que queremos reproducir el tipo de contenedor o envase que debemos usar. En el apartado de sistemas de cultivo lo trataremos con más detalle.

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REPRODUCCIÓN VEGETATIVA O ESTAQUILLADO Existen muchas especies forestales que no germinan bien por semilla o en las que ésta es muy difícil de obtener o almacenar. Por ello, un sistema alternativo de reproducción es la vegetativa, a través de estaquillas. Una estaquilla es una porción de planta a la que mediante diversas técnicas se le incita a emitir raíces. Es una forma natural de reproducirse que responde a la necesidad de sobrevivir a catástrofes naturales como son las riadas. Se obtienen clones de las plantas a partir de un fragmento leñoso con características genéticas totalmente iguales, por lo que conviene recogerlas de muchos individuos manteniendo así la riqueza genética de una población. Este método de propagación es especialmente apto para especies de ribera (álamos, chopos, sauces, alisos, fresnos…). Las estaquillas se recogen durante el período de reposo del árbol, de noviembre a febrero, tomando ramas vivas de al menos 1 o 2 cm. de diámetro, con al menos dos yemas y de una longitud mínima de 30 cm. Buscaremos árboles sanos, vigorosos, con ramas próximas a las raíces y con una tijera de podar o un cuchillo bien afilado, cortaremos en bisel hacia abajo una rama del grosor adecuado. De una misma rama pueden salir varias estaquillas. Las estaquillas se plantan en zonas húmedas a finales de invierno; si es un suelo muy suelto se pueden clavar directamente, pero es mejor cavar el terreno y plantar luego la estaquilla enterrando al menos ¾ de su longitud, haciendo que al menos una yema quede enterrada y otra al aire, apretando bien la tierra para favorecer el enraizamiento. Aunque se pueden hacer estaquillas de muchas partes de la planta, sólo mencionaremos las obtenidas a partir de ramas, concretamente de dos tipos:

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Estaquillas de madera dura (chopo) 1. 2. 3. 4. 5. Elegir plantas sanas. Elegir plantas con mucho desarrollo (20-30 cm. de largo y 2-3 cm. de diámetro) de 1-2 años y 4-6 yemas. Clavar la estaquilla en suelo mullido dejando 1-2 yemas al aire (febrero-marzo). En pocos meses emitirá raíces y hojas. Se arranca la planta con cuidado para trasladarla al monte en invierno.

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Estaquillas de madera blanda (romero) 1. Elegir plantas sanas. 2. Elegir ramas con mucho desarrollo. 3. Limpiar las hojas excepto las terminales y eliminar la madera dura. 4. Colocarlas en una caja con sustrato. 5. Es conveniente mantenerlas muy húmedas bajo plástico. 6. Finalmente, se arranca en invierno para trasladarla y plantarla.

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SISTEMAS DE CULTIVO
Si decidimos realizar un vivero para nuestras plantas, debemos seleccionar el sistema de cultivo para cada especie en función de su sistema radicular, su vigorosidad de crecimiento y el uso de la planta en la restauración. Ante todo debemos decidir si el cultivo será a raíz desnuda (directamente en el suelo), o en contenedor o envase, y en este último caso, en qué tipo de envase.

Se cultivan a raíz desnuda las especies que se reproducen por estaquilla, pues regeneran bien su sistema radicular, tienen crecimiento rápido como las de ribera, y se van a plantar en suelos o climas húmedos. La plantación se hace en el suelo, en caballones, de manera que una vez preparada la planta pueda extraerse y replantarse con la máxima cantidad de raíces y sin demasiado esfuerzo. A raíz desnuda suelen cultivarse álamos, fresnos, sauces, tarays, abedules….

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Hay plantas que poseen una fuerte raíz principal (pivotante) como encinas, quejigos y robles, otras que no admiten reviramientos de la raíz, como los pinos, y otras que por su talla arbórea necesitan un sistema radicular que soporte toda su estructura y que deben ser cultivadas en envases especiales llamados contenedores o alvéolos forestales. Son envases abiertos en su parte inferior, tienen estrías en su interior para dirigir las raíces hacia abajo impidiendo reviramientos y estrangulamientos de la raíz. Al estar abiertos por abajo se efectúa el auto repicado, que es el cese de crecimiento de la raíz principal hasta que vuelva a encontrar las condiciones adecuadas, favoreciendo la aparición y desarrollo de raíces
secundarias.

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Además de los Quercus y Pinus ya indicados, se suelen cultivar en contenedor forestal las hayas, tilos, olmos y serbales. El resto de plantas, y sobre todo las arbustivas y matorrales, suelen cultivarse en envases reciclables como cajas de leche y macetas, pues sus sistemas radiculares no se ven tan afectados por las posibles malformaciones, y suelen desarrollarse bien tras la plantación. Los alvéolos forestales deben ser reutilizables y de capacidad de 300 cc. o superior. Las macetas pueden ser reutilizadas, aunque muchos viveros y empresas de jardinería los tiran sin darles un segundo uso. Los tetra briks son una solución muy práctica, accesible e incluso muy pedagógica para ara la sensibilización sobre el reciclaje.

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¿CUÁNDO, CóMO Y DóNDE?
¿CUÁNDO? Estableceremos una época para realizar nuestra restauración que, generalmente, será durante el otoño o el invierno. ¿CÓMO? Debemos decidir si vamos a plantar o a sembrar, o ambas cosas, en función de las características del lugar, y haremos una lista de las especies propias de la zona. Es conveniente que la planta proceda de una zona de similares características para no contaminar genéticamente las poblaciones autóctonas y poder tener también mayor éxito en la supervivencia de los plantones. Y no nos olvidemos de que un monte es un conjunto de especies, de todos los tamaños, por lo que la elección de las especies tiene que intentar abarcar una pequeña porción de esa diversidad desde sus inicios. Evita las plantaciones monoespecíficas. Una vez preparados los plantones podemos llevarlos al campo, pero eso sí, contando con el calendario para hacerlo en la época más propicia para las plantas, y suele ser entre noviembre y febrero, que es la época de reposo de las plantas y cuando menos sufren éstas con el trasplante. Si se hace en otras fechas disminuyen las posibilidades de supervivencia, a menos que se les prodigue unos cuidados que, una vez en el campo, es difícil que se puedan llevar a cabo. Es interesante hacer los hoyos unos días antes de la plantación para que la tierra se oxigene, y los días posteriores a la lluvia el terreno está más blando y es más fácil cavar.

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Bosques Frondosos Para plantar nuestros brinzales, hay de darles un riego a fondo antes de plantarlos para que el cepellón esté húmedo y no se desmenuce al manejarlo. Se hace un hoyo más grande y profundo que el cepellón que vamos a plantar cuidando de poner la tierra más superficial aparte para ponerla luego en el fondo del hoyo.

Colocamos la planta y vamos rellenando el hoyo con la tierra extraída, apretándola un poco de vez en cuando para que no queden bolsas de aire en las raíces, de forma que el cuello de la planta quede un poco por debajo del terreno para aprovechar mejor el agua de lluvia. Antes de comprimir la tierra con un pisoteo a su alrededor, es recomendable dar un leve tirón a la planta hacia afuera para que las raices no queden dobladas.

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Hacemos un alcorque (un montículo de tierra alrededor de la planta) para facilitar el riego, y colocamos junto a la planta algunas piedras pequeñas o musgo para que ayude a mantener la humedad. El alcorque no ha de ser muy grande, más bien pequeño, así evitaremos una excesiva evaporación, más fuerte en este caso al estar la tierra removida y sin cubierta vegetal protectora. Si el terreno está inclinado haremos el alcorque en forma de media luna; así recogerá mayor cantidad de agua de lluvia.

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Si es posible se pone algún tipo de protector (mallas, tubos…) que sirva de defensa, y que nos ayude a localizar la planta para que la revisión sea más fácil. Los alcorques se pueden rellenar con piedras, evitando así una ráida evaporacion del agua y recogiendo a su vez la de lluvia y rocío Otro método consiste en poner alrededor de la planta y muy pegada a ella piedras grandes, que además de cumplir la misma función las protegen más.

Si en la zona que se va a repoblar hay grandes piedras o arbustos, podemos plantar al lado de éstos, mirando al norte para que esté sombreada en los primeros años de vida. Es importante que, al plantar, el cuello de la planta no quede por encima del nivel del suelo para que las raíces no se
sequen.

Sembrar El hoyo donde pondremos las semillas o la planta tendrá de 10 a 20 cms. de profundidad, lo rellenaremos con tierra removida y pondremos las semillas a dos dedos de profundidad. Colocaremos 3 o 4 semillas en el mismo hoyo, aumentando así la posibilidad de no perderlo, aunque se malogre alguna.
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Las semillas se pueden sembrar en el interior de matorrales espinosos, con la ayuda de un plantador, para protegerlas de los posibles consumidores.

No debemos nunca arrancar plantas vivas para proteger las que hemos puesto. Para evitar que las semillas y raíces de las plantas se hielen durante el invierno, puedes hacer un acolchado cubriéndolas con paja, hojas o hierba seca. Bosques de galería La propagación de especies arbóreas por estaquilla es un método fácil y sencillo de llevar a la práctica; la única herramienta que necesitamos es una tijera de podar. Entre las especies que mejor se reproducen por este método destacan las de ribera: chopos, sauces, tarajes... Las estaquillas las recogeremos de vástagos o chupones de uno o dos años de edad, con un grosor de un dedo. Las estaquillas tendrán una longitud de 25 a 30 cm. si son de madera dura o leñosa, algo menor si son de madera blanda o semileñosa (zarzas, rosales...). El corte superior lo daremos en bisel, hacia el lado opuesto de la última yema y a 1 cm. de ésta.
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El inferior puede ser igual o recto. Si lo hacemos en bisel será más fácil clavarla en tierra, teniendo cuidado de no confundirnos de posición. Si golpeamos o rajamos el extremo inferior facilitamos la aparición de numerosas raicillas. El lugar idóneo para clavar las estaquillas son los márgenes de los ríos y arroyos, donde la humedad es constante todo el año. ¿DÓNDE? Generalmente no podremos cubrir mucha superficie, por lo que elegiremos zonas de nuestro monte cuyas características sean las más adecuadas para invertir nuestro esfuerzo. La elaboración de unos planos en los que se representen las características del monte y la zona que hemos determinado para nuestras actuaciones facilitará mucho nuestro trabajo. ¿Dónde haremos las siembras o las plantaciones de árboles? En terrenos comunales o de Ayuntamientos. Aunque el terreno sea público, es conveniente solicitar permiso y averiguar qué uso tiene (pastoreo, cortas, siembras...) En taludes o bordes de carreteras y en carreteras cortadas y abandonadas. El objetivo de estas repoblaciones es tratar de suavizar el impacto de contaminación visual que estas grandes obras ocasionan, así como el evitar que con las primeras lluvias fuertes estos cortados y terraplenes se vengan abajo, con el consiguiente peligro que conlleva para los usuarios de esas vías. Es necesario respetar las zanjas de desagües, por lo que la siembra se debe hacer en los márgenes. Si la pendiente es muy acusada es preferible usar semillas de herbáceas o pequeños arbustos. En los bordes de caminos o entre parcelas y fincas. Nunca se ha de invadir terreno de labranza y si es necesario pedir permiso a los dueños de las fincas colindantes para que respeten los árboles y arbustos que vayan creciendo. Muchas veces antes de realizar esta labor es necesaria una pequeña campaña para explicar la importancia que ésta va a tener.

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En los márgenes de los ríos, arroyos, canales y acequias desarbolados. Éstos, por desgracia, son numerosos en nuestra geografía. La mejor “canalización” no es el cemento, sino la vegetación, que, aparte de sujetar la tierra de las orillas, amortigua la velocidad del agua en las crecidas. Estéticamente es muy triste y penoso no distinguir en el paisaje la línea de árboles que nos indica desde lejos la presencia de un curso de agua. En los parques públicos periféricos de las grandes ciudades. En su mayoría estos parques se encuentran dejados por la desidia de los responsables municipales. En ellos la fauna, sobre todo durante el invierno, busca refugio, por lo que la plantación de algunas especies autóctonas que den frutos potencia la llegada de más especies, teniendo, de esta forma, la naturaleza cerca de casa. Ello nos ofrece la posibilidad de disfrutar con la contemplación de especies que, para verlas, exigen que nos desplacemos largas distancias, lo que no siempre es posible. En los “sembrados” o monocultivos de pinos y otras especies de alóctonas, con el objetivo de crear lo que se ha dado en llamar bosques “mixtos”. Contribuyendo de este modo a enriquecer la biodiversidad de esas masas. En laderas con cárcavas o incipiente erosión. Muchas de estas laderas se hallan cercanas a núcleos de población, ocasionando, cuando se producen fuertes aguaceros, inundaciones y arrastres de piedras y lodos, en algunos casos con desgracias personales, por lo que con nuestra acción estaremos contribuyendo a evitarlas. En jardines de casas o patios de colegios. Es interesante que nuestro esfuerzo quede registrado en algún documento que nos permita conocer en el presente y en el futuro todas las características de la plantación (especies plantadas, cantidad de plantas y de semillas y su procedencia), a fin de conocer el nivel de éxito obtenido y poder estudiar y corregir errores para sucesivas ocasiones.
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CALENDARIO DE RECOGIDA
E F M A M J J A S O N D

Almendro (Prunus amygdalus) Aligustre (Ligustrum vulgaris) Chopos y álamos (Populus spp.) Cornejo (Cornus) Encina (Quercus ilex) Endrino (Prunus spinosa) Enebros (Juniperus spp.) Espantalobos (Colutea) Fresno (Fraxinus angustifolius) Jaras (Cistus) Jazmín silvestre (Jasminum) Madreselva (Lonicera) Majuelo (Crataegus monogyna) Moral y morera (Morus spp.) Nogal (Juglans regia) Olmo (Ulmus) Pinos (Pinus spp.) Quejigo (Quercus faginea) Sabina (Juniperus thurifera) Sauces y mimbreras (Salix ssp.) Retamas (Retama) Rosales silvestres (Rosa spp.) Saúco (Sambucus nigra) Taray, tamariz (Tamarix) Zarzamora (Rubus) e e,t
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3 2 e t 1 2 3 3 4 3 4 3 2 e t 3 4 1 3 1 4 3 4 e 4 4 2
1 2

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Los frutos 1. Se abren o se caen poco después de madurar. 2. Son consumidos rápidamente por los animales. 3. Permanecen algún tiempo sin abrirse o caerse. 4. Permanecen largo tiempo sin abrirse o caerse. t. Recogida temprana y limpieza rápida. e. Se reproducen bien por esquejes.

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ANOTACIONES