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De la felicidad en la Verdad

El hombre está hecho para buscar la verdad hasta encontrarla, confiar en ella y servirla (vivir y actuar según esta). Tal es su vocación primera, y sólo comprometido con esta empresa alcanza su felicidad. Habiéndose elegido este amplio pero fundamental tema para toda reflexión sobre la vida del hombre, se plantea como objetivo de este ensayo, apoyarse en una adecuada investigación sobre San Agustín para expresar de forma sencilla pero consistente este deber del hombre para consigo mismo que es buscar en qué consiste su más plena felicidad inscripta en su naturaleza y cuál es el camino para llevarla a su concreción. Para lograrlo se hará uso de un hilo argumentativo basado principalmente en citas y argumentos tomados sobre el conjunto de las obras de San Agustín. Estos argumentos se encuentran recopilados y organizados por temas en el “Diccionario de San Agustín” de Allan D. Fitzgerald. También este ensayo se basará en la autobiografía agustiniana “Confesiones” y en el artículo “El Ser Personal en San Agustín” realizado por María del Carmen Dolby Mújica. Si la felicidad del hombre es verdaderamente posible, es porque la misma reside en la verdad, es acorde a la verdad. Pero, ¿qué es la Verdad? La Verdad es aquello que le da existencia y coherencia a todo lo que participa de la realidad. O sea, aquello que le da sentido y sostiene a lo existente en cuanto al hecho de existir. Es por ello que la verdad está presente en todas las cosas sosteniendo su ser, tal como lo expresa San Agustín es sus confesiones dirigiéndose a Dios Creador: “Después dirigí mis ojos hacia las cosas y comprendí que te deben el ser que tienen. Vi que todas las cosas finitas están en tí, pero no como en un lugar, sino de manera diferente. Están en tí porque tú las sostienes con la mano de la verdad, ya que todas las cosas son verdaderas en cuanto que existen. Y la falsedad no es otra cosa que suponer la existencia de algo que en realidad es inexistente” (San Agustín, 2006, p.142). Aquí, además, podemos apreciar cómo el Santo, en
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incluyendo al hombre. el 2 . si hay algo superior a la mente humana-por lo menos si es inmutable y eternaentonces ese algo es Dios. Luego. Agustín llega a Dios. Concebidas como las inferiores. San Agustín afirma que. o sea. para respetarlas y cumplir de forma consciente su deber con aquellas verdades desde su posición. como lo son los animales y los vegetales. Ahora. Dios es definido como el autor inmaterial. el hombre es el único capaz de entender las razones que sostienen la realidad. por ejemplo un pedazo de roca. hay superiores e inferiores. el conjunto de los seres reales sostenidos por la verdad están jerárquicamente ordenados. están dotados de vida y además poseen entendimiento. éstos son los seres humanos. de los seres finitos. a captar las verdades que sostienen a la realidad. De acuerdo a lo planteado. es claro cómo el hombre está llamado por su capacidad intelectiva. inmutable y eterno que. y por medio de la inteligencia develar las verdades incorpóreas que explican la realidad material.contraposición a la Verdad. o sea de ir más allá de lo que se ve. Como se observa. en cuanto ser perteneciente y participante de dicha realidad. están aquellas cosas que simplemente existen. superiores en escala jerárquica. Y es por eso que cuando Agustín se dirige a Dios diciéndole que todas las cosas finitas están en El. están aquellas cosas que además de existir están dotadas de vida. es decir. la Verdad autora que está por encima de nuestra mente. le da sentido y existencia a todo lo que forma parte de la realidad. y muestra que las verdades de la matemática y de las sabidurías son superiores a la mente que no juzga esas verdades sino con arreglo a ellas. como señala San Agustín en el libro segundo de “De Libero Arbitrio” interpretado por el “Diccionario De San Agustín”. está hablando de Dios como sostén de aquellas verdades que dan existencia a todas las cosas que conforman la realidad. Ahora cabe preguntarse dónde se ubica Dios en este orden jerárquico. Y por encima se encuentran aquellos seres que existen. Trasladándose de tales verdades a la Verdad por la que aquellas son verdaderas. como Creador. define a la falsedad como una suposición de la existencia de algo que no es real. En cuanto al modo en que son sostenidas. De allí que.

se da en el alma constitutiva del ser humano ya que el hombre es unión de cuerpo y alma. Tal como se plantea. es porque reside en 3 . Como consecuencia. p. a diferencia de los demás seres de naturaleza corpórea. como dice San Agustín.” (Fitzgerald. el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios. San Agustín plantea que al llevar la mente en su memoria la impronta de Dios. pero a diferencia de estas. el Santo invita al hombre a considerar estas tres facultades en su interior. Y de aquí surge que si la felicidad del hombre es verdaderamente posible. Esta semejanza. 2006. Y de la misma manera. En cuanto al cuerpo. como indica San Agustín. el conocer y el querer (San Agustín. es de la misma naturaleza material de las bestias de la realidad finita. 2001. anhelará la vuelta a Dios. en consecuencia en trascender la experiencia presente y albergar el pasado. aunque llena de profundas diferencias e imperfecciones. por lo que no posee semejanza con Dios. el hombre mantiene una imagen y semejanza con Dios trino. Esta imagen y semejanza planteada por San Agustín entre Dios Trino y el hombre es profundizada en “De trinitate”. el ser humano está constituido también por el alma. 27). El hombre es creatura como todos los demás seres de la realidad finita. que en las facultades de la mente como parte más importante del alma. el hombre desea la verdad. 2006). Estas facultades son la memoria. pues la reconoce en su memoria siempre que oye las palabras vida feliz” (Dolby Mújica. a causa de la cual. Por ello. igual que la naturaleza del deseo es trascender el presente y extenderse hacia el futuro. es necesario considerar al hombre en cuanto a su ser por lo que es importante definir su naturaleza. p. es que encontraremos la huella de Dios en nosotros. Pero. es decir. la inteligencia y la voluntad. Y es así. la inteligencia lleva también la impronta de Dios. Y ubica este anhelo en la memoria partiendo de que: “la naturaleza de la memoria consiste. En relación a la facultad de la memoria. Pero todos los hombres aspiran a la felicidad y ninguno puede pretender no tener experiencia de ella. incluyendo al hombre mismo. refiriéndose a ellas como el ser. 1114) En segundo lugar.Santo responde con la siguiente consideración: “Las ideas y Razones que dan forma y orden a las criaturas están contenidas en la Inteligencia Divina. la Verdad está presente en todos los rincones de la creación sosteniendo su existencia. deseará la felicidad.

porque ¿Cómo es posible que la busquemos si fuéramos su origen? Éste es el merito de San Agustín y su gran aportación al pensamiento filosófico” (Dolby Mújica. las intenciones o finalidades. las elecciones y los anhelos. plenamente feliz. El hecho de que en San Agustín venga enraizado en la imagen divina de la que es portador el hombre. ya que el ser humano pertenece y participa de la realidad (de naturaleza verdadera). Por eso el hombre sólo será saciado. buscando como objetivo de su inteligencia conocer la realidad objetivamente verdadera. De otro modo. Pero el Santo concibe principalmente a la voluntad como libre movimiento de un alma racional sin que nadie la fuerce ni a no perder ni a adquirir algo. Luego. en ser acorde a la verdad. Partiendo de estas definiciones. garantiza que siempre y en todo tipo de circunstancias históricas haga su aparición. donde el propio hombre pretendiera ser autor de su realidad.la verdad. o sea sin importar lo que él mismo concluya o piense acerca de lo que es real. 29). p. incluso en un mundo intelectual en el que la razón humana se erija como completamente independiente de Dios y como fuente única de verdad. Lo planteado se expresa en “El Ser personal”: “El anhelo de Verdad es uno de los deseos más intensos de toda persona. a lo largo de su vida Agustín atribuye a la definición de voluntad aspectos tan diversos del alma como son los deseos. generaría algunos momentos de bienestar pero. como consentimiento. si el hombre buscara la propia felicidad en un mundo de fantasías. Esto sucede. Ahora. al chocar con aspectos del propio hombre y de la realidad externa con los que dichas fantasías no son compatibles. como permanente e invariable. 2006. ya que todo ser humano lo busca como intención y finalidad suya. ignorando la verdadera naturaleza de la misma. siendo ésta independiente de la consideración del hombre. el bienestar se derrumbaría dejando un mal sabor. y como amor. Acerca de la tercera facultad del alma humana. el deseo y amor hacia el propio y verdadero Bien es universal. entre otros. es decir. a partir de plantear que esta felicidad se encuentra en la unión con la Verdad Buena 4 . se puede establecer que desde su interior el hombre es llamado a la felicidad en cuanto a que efectivamente desea y ama su verdadero y máximo bien. es necesario indicar la relación que la misma tiene con el Querer y la voluntad. En otras palabras. viviendo y amoldándose por medio de su inteligencia. Como se expresa en “El Diccionario de San Agustín”.

Según “El Diccionario de San Agustín”. y por lo tanto las personas buenas. Sólo conociendo y confiando en la Verdad se comienza a descansar en ella. (Fitzgerald. nadie puede hacer este recorrido sin perderse en falsedades más de una vez.Esta idea es fortalecida por San Agustín cuando describe la vida de la beatitud y del reposo para el hombre como aquella que se alcanza teniendo fundamento racional (acorde a la verdad) de toda su actividad (Fitzgerald. 563). San Agustín llama al amor. la voluntad es una de las facultades que diferencia a los seres humanos de los animales brutos (San Agustín. superiores e inmateriales. en el Diccionario de San Agustín se sostiene lo siguiente: “Puesto que la voluntad de felicidad es inherente a la naturaleza humana.e Inmutable. como las personas malas desean la felicidad (Fitzgerald. la razón parte y finaliza su recorrido tanto en el conocimiento de sí mismo como en el conocimiento de Dios. Como expresa San Agustín en sus Confesiones. fundando el accionar de la persona en razones intelectuales acorde a la Verdad. 2001) Ahora. Pero como da a entender el Santo sólo la Verdad ofrece el alimento inmutable que el hombre necesita. 2001. deseo y finalidad) de rectitud que apunte a la verdadera felicidad del hombre. ahora se procede a describir el camino que debe emprender el hombre en respuesta a su ser. “Nos has creado para tí y nuestro corazón vive preocupado hasta que se calma y descansa en tí” (San Agustín. p. Es decir. Al respecto. 2001). que a su vez están 5 . siendo imprescindible determinar como objeto de nuestro amor a los bienes reales. Por lo que es muy importante forjar una voluntad (en cuanto amor.15). 2006). es que el hombre es llamado a volver a Dios. 2006. emprender este camino de búsqueda de la verdadera felicidad del hombre no es nada fácil y como muestra el testimonio de la propia vida de San Agustín. y ésta se conoce y se comprende por medio de la fe y de la razón. fuerza motivadora o energía que permite a quien busca tender a y finalmente abrazar un objeto de disfrute. Descripta ya de forma simple la naturaleza del hombre en cuanto a su alma (y sus tres facultades) hecha a imagen y semejanza de Dios. p.

Es por ello que la visión intelectual de las ideas eternas. como se dijo anteriormente. eternas e increadas están en la mente del creador y éstas pertenecen al verbo(o palabra) eterno. el hombre puede intelectualmente unirse con lo divino. Y es que por medio de la razón el hombre participa en la Sabiduría Divina con arreglo a su propia interioridad. Es decir.entremezclados con el conocimiento de todo lo demás. forman el conjunto por medio del cual se llega a la misma Verdad. cuando son contempladas y amadas a la luz del principio de ellas. en cuanto a confianza. hasta el punto de que el Hijo es la perfecta expresión del Padre. es movida por el amor para llegar a ser el entendimiento que es el modo del eterno cumplimiento y felicidad de hombre. y es así que el conocer real es acorde a amar lo que es conocido. concedida en la medida en que el alma purificada se adhiere a las ideas divinas increadas. la razón es necesaria para la fe y para el amor. que son las razones de todas las cosas. para Agustín también es esencial la iluminación de la mente humana por la luz intelectual divina procedente de lo alto. debido a que nuestra imagen y semejanza con Dios Trino. verdaderas. Pero queda claro que Agustín habla del amor como llave necesaria para llegar a conocer por medio de la mente las ideas divinas de manera real. únicamente siendo iluminado por la luz divina. ya que junto con la fe y el entendimiento (como objetivo). para lo cual es siempre necesaria la intercesión de Dios. que llamamos gracia. este verbo eterno es hablado intelectualmente por el Padre. o alma racional. Y además. de modo que entre Dios y el alma racional no se interpone nada. mediante la infusión de una luz inteligible. Y sólo de esta manera la mente puede discernir su propia estructura y las ideas. En esta misteriosa unión con lo divino. aunque no niega que en algún sentido limitado podemos conocer lo que no es amado. Así es que las ideas son lo que el Verbo habla. trae bienaventuranza al alma humana. el hombre 6 . Ahora. Asimismo la fe. Pero la razón no actúa sola. en cuanto que la autorelación trinitaria divina es análoga a las operaciones mentales humanas. Para Agustín las ideas reales. Para Agustín el momento perfeccionador de la mente se da por medio del amor. Es decir. lo cual hace que lo humano se acerque tanto de Dios. ya que es por medio de la razón que se aprehenden los objetos de ambas otras. y el ser humano tiene acceso a la contemplación de dichas ideas (limitada por su propia naturaleza humana).

p. la creencia en alguien que está en situación de garantizarnos los contenidos de lo que se ha dicho. el realizar una consideración racional acerca de una creencia. por tanto. en “El Diccionario de San Agustín” expresa que “Incluso la Fe es un camino adoptado por la mente y. un mero buscar. “El Pensar (cogitare) es en sí mismo altamente indeterminado. 563). p. Tal es la necesidad mutua entre fe y razón. o sea posicionándose a sí mismo en el lugar que le corresponde como creatura. Tal es así que fe y razón van de la mano hacia la verdad. Así es que cuando San Agustín habla de la resurrección y del fin eterno del hombre. cuando hay una decisión de creer” (Fitzgerald. la cual es sumisa a Dios.podrá contemplar las ideas que sostienen a la creación incluyéndose a sí mismo en ella. que el pensar sin la fe que le marque un objetivo. Como quedó expresado anteriormente. 563-564). y dice que “razonablemente “se nos pide que creamos a fin de entender (Fitzgerald. es decir. Y de la misma manera. y puede conducir a la invención de imágenes que descaminen”. plantea que se darán en conjunto con un estado feliz de contemplación intelectual de la verdad. Respecto a ello. Tal es el caso de la mente humana con respecto a Dios. puede llevar al entendimiento a perderse. ya que forma parte como etapa en este camino del conocimiento. la fe posee una gran incumbencia en dicho proceso propio del hombre. y este acto de confianza es la primera ofrenda hacia el Creador. Como se establece en “El Diccionario de San Agustín”. cabe aclarar que este proceso de conocimiento que recorre el hombre hacia las ideas divinas lo llevarán a la bienaventuranza. el cual le es positivamente atractivo al hombre. Por último. la cual requiere la transformación de la fe y la razón en contemplación intelectual. Pero cogitare puede ser también la consideración de lo “que debiera creerse. 7 . y dicho llamado le da razones para creer. San Agustín también describe a la fe como creencia en una autoridad. y conduce a la fe. 2001. Así es que la fe es una respuesta a un llamado. 2001. un camino “de razón”. puede llevar a fortalecer la fe en ésta o falsearla.

es llamado a reconocer la incógnita que se le plantea desde su propio existir. el hombre alcanza su más profunda y verdadera felicidad. la fe y el amor. para así alcanzar una auto-consideración certera en cuanto a la creación y la propia ubicación del hombre en ella como partícipe desde su prestigiosa condición de imagen y semejanza con su Dios Creador. y cómo la respuesta es encontrada por medio de su capacidad intelectual de la que fue dotado para llegar al conocimiento de su verdad en cuanto participe y perteneciente al orden creacional fundado por Dios. tan sólo observar intelectualmente cómo desde la propia creación del hombre y de toda la realidad finita. La concreción de la misma involucra todos los aspectos que le son propios al alma humana como son la razón. Es así que sólamente dando esta respuesta. 8 .Conclusión Resulta realmente extraordinario. el ser humano en cuanto ser autoconsciente.

C. Buenos Aires: Gradifco SRL.Fuentes Bibliográficas  Fitzgerald. Revista Española de Filosofía Medieval. 9 . 21-30. D.  San Agustín. A. El ser personal en San Agustín. (2001). Burgos: Monte Carmelo. Diccionario de San Agustín. Confesiones. M. (2006).  Dolby Mújica. (2006). 13. San Agustín a través del tiempo.