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El molino del Floss George Eliot

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Nota al texto

El molino de Floss

George Eliot

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El molino del Floss se publicó por primera vez en abril de 1860 en tres volúmenes y durante la vida de George Eliot se editó en otras tres ocasiones. Aunque por lo general se ha considerado como texto definitivo el de la edición de 1861, el último revisado por Eliot, para esta edición se ha optado por la de A. S. Byatt, publicada en The Penguin English Library en 1979, basada en la primera edición original y en el manuscrito que se conserva en el British Museum. Byatt llevó a cabo una labor de reconstrucción a partir del manuscrito que Eliot entregó por primera vez al editor, el cual presionó para que la autora adaptara a las normas habituales su peculiar puntuación y el habla no estándar y dialectal de sus personajes, reflejo del modo de expresión de las gentes de las Midlands. Este mismo deseo de fidelidad ha guiado la traducción, la primera en castellano que reproduce íntegramente el original (las anteriores censuraban algunas alusiones a la religión católica) e intenta reflejar en la medida de lo posible la diversidad de voces y grados de corrección de los hablantes, cuya cultura muchas veces queda por detrás de sus ambiciones sociales.

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El molino de Floss

George Eliot

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Volumen I

Libro primero
El niño y la niña

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Capítulo I Los alrededores del molino de Dorlcote
El Floss se ensancha en una amplia llanura y entre riberas verdes se apresura hacia el mar, donde la amorosa marea corre a su encuentro y lo frena con un impetuoso abrazo. Esta poderosa corriente arrastra los barcos negros -cargados de aromáticas tablas de abeto, redondos sacos de semillas oleaginosas o del oscuro brillo del carbón- hacia la población de Saint Ogg's, que muestra sus viejos tejados rojos y acanalados y los amplios frontones de sus muelles, extendidos entre la baja colina boscosa y la orilla del río, y tiñe el agua con un suave matiz púrpura bajo los efímeros rayos del sol de febrero. A lo lejos, en ambas riberas se despliegan ricos pastos y franjas de tierra oscura, preparadas para la siembra de plantas latifoliadas o teñidas ya con las briznas del trigo sembrado en otoño. Del año anterior, quedan algunos vestigios de los dorados panales, amontonados aquí y allá tras los setos tachonados de árboles: los lejanos barcos parecen alzar los mástiles y tender las velas de color pardo hasta las ramas frondosas de los fresnos. junto al pueblo de rojos tejados afluye en el Floss la viva corriente del Ripple. ¡Qué precioso es este riachuelo, con sus ondas oscuras y cambiantes! Mientras paseo por la orilla y escucho su voz queda y plácida, me parece un compañero vivo, como si fuera la voz de una persona sorda y querida. Recuerdo los grandes sauces sumergidos en el agua... y el puente de piedra... Y ahí está el molino de Dorlcote. Debo detenerme un par de minutos en el puente para contemplarlo, aunque las nubes amenazan lluvia y cae la tarde. Incluso en esta estación desnuda de finales de febrero, ofrece un aspecto agradable: tal vez la estación fría y húmeda añada encanto a esta casa cuidada y cómoda, tan vieja como los olmos y castaños que la protegen de los vientos del norte. Ahora el río baja lleno, cubre gran parte de la pequeña plantación de sauces y casi anega la franja herbosa del terreno situado ante la casa. Mientras contemplo el río crecido, la hierba de color intenso, el delicado y brillante polvo verdoso que suaviza el contorno de los grandes troncos que brillan bajo las ramas purpúreas y desnudas, soy consciente de que amo esta humedad y envidio a los patos blancos que sumergen profundamente la cabeza entre los sauces, indiferentes al extraño aspecto que ofrecen al mundo seco que se alza por encima de ellos. El bullicio del agua y el bramido del molino producen una sutil sordera que parece acentuar la paz de la escena. Son como una gran cortina sonora que aísla del mundo. Y, de repente, se oye el retumbar del enorme carromato que vuelve a casa cargado con sacos de grano. El honrado carretero piensa en la cena, que a estas horas tardías estará resecándose en el horno; pero no la tocará hasta después de haber alimentado a los caballos, animales fuertes y sumisos de ojos mansos que, imagino, lo miran con suave reproche desde detrás de las anteojeras por haber restallado el látigo de un modo tan terrible, ¡como si les hiciera falta! Observa, lector, cómo tensan los lomos al subir la cuesta hacia el puente con redoblado esfuerzo porque están ya cerca de casa. Mira las hirsutas e imponentes patas que parecen asir la tierra firme, la fuerza paciente de las cervices, dobladas bajo las pesadas colleras, y los poderosos músculos de las combativas grupas. Me gustaría oírlos relinchar ante el alimento ganado con esfuerzo y verlos, con las cervices liberadas de los arreos, hundir los ansiosos ollares en el estanque embarrado. Ahora están en el puente, lo bajan con paso más rápido y el arco del toldo del carromato desaparece en un recodo tras los árboles. Vuelvo de nuevo los ojos al molino y contemplo la rueda incesante que lanza diamantinos chorros de agua. Una niña también la está mirando: desde que yo me detuve en el puente, ha permanecido inmóvil junto al agua. Y aquel raro can blanco con una oreja castaña parece saltar y ladrar en una inútil protesta contra la rueda del molino; tal vez sienta celos de ésta porque su compañera de juegos, ataviada con una capotita de castor, está tan absorta en su movimiento. Me parece que ya es hora de que la niña entre en la casa, dentro de la cual arde un fuego brillante que puede tentarla: desde el exterior se percibe un resplandor rojo bajo 4

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el cielo cada vez más gris. También ha llegado el momento de que me marche y alce los brazos de la fría piedra de este puente... Ah, tengo los brazos entumecidos. He apoyado los codos en los brazos del sillón mientras soñaba que me encontraba en el puente, ante el molino de Dorlcote, y éste tenía el mismo aspecto que otra tarde de febrero, muchos años atrás. Antes de adormilarme, tenía intención de contarte, lector, la conversación que mantenían el señor y la señora Tulliver ante el brillante fuego del salón de la izquierda aquella tarde en que he estado soñando.

Capítulo II El señor Tulliver del molino de Dorlcote manifiesta su decisión con respecto a Tom
-Mira, lo que yo quiero -declaró el señor Tulliver-, lo que yo quiero es dar a Tom una buena educación: una educación que le permita ganarse el pan. En eso pensaba cuando avisé el día de la Virgen que dejaría la ‘cademia. El próximo trimestre quiero ponerlo en una buena escuela. Los dos años en la ‘cademia ya le bastarían si yo quisiera que fuera granjero o molinero, pues mayormente ya ha estudiado más de lo que yo estudié: mi padre no me pagó más enseñanza que la que se da con la vara por un lado y el alfabeto por otro. Pero me gustaría que Tom estudiara más para que no se le escapara ni uno solo de los trucos de esos individuos que hablan bien y escriben con florituras. Me ayudaría con los pleitos, arbitrajes y esas cosas. No quiero que sea abogado, pues sentiría que se convirtiera en un bribón, sino algo así como un ingeniero, un inspetor, un subastador o un tasador, como Riley o uno de esos hombres de negocios que no obtienen más que beneficios sin otro gasto que una gruesa cadena en el reloj y un taburete alto. Están todos muy cerca, los unos de los otros, e incluso se entienden bien con la ley, digo yo, porque Riley mira al abogado Wakem a la cara, de tú a tú, como un gato mira a otro. No le da ningún miedo. El señor Tulliver hablaba con su esposa, una linda mujer rubia tocada con una cofia en forma de abanico. (Me asusta pensar en el tiempo transcurrido desde que se llevaron esas cofias: no tardarán mucho en volver. En aquel momento, cuando la señora Tulliver frisaba los cuarenta, eran novedad en Saint Ogg's y se consideraban bonitas.) -Bien, Tulliver, tú sabes más que yo. No tengo nada que ojetar. A lo mejor podría matar un par de pollos e invitar a los tíos y tías a comer la semana que viene, para que oigas lo que mi hermana Glegg y mi hermana Pullet tienen que decir sobre esto. ¡Hay un par de pollos muy a punto! -Puedes matar todas las gallinas del gallinero si quieres, Bessy; pero no preguntaré a ningún tío ni a ninguna tía lo que debo hacer con mi propio chico -contestó el señor Tulliver con aire de desafío. -!Por Dios! ¿Cómo puedes decir eso, Tulliver? -exclamó la señora Tulliver, sobresaltada ante aquella belicosa retórica-. Pero ya sé que hablas sin respeto de mi familia, y mi hermana Glegg m'echa a mí toda la culpa, aunque yo soy más inocente que una criatura recién nacida. Nadie me ha oído decir nunca que no fuera una suerte para mis hijos tener tíos y tías que no dependen de nadie para vivir. De todos modos, si Tom va a ir a un nuevo colegio, me gustaría poder ocuparme de lavarle la ropa y remendarla; si no, podría tener la ropa blanca de calicó, ya que antes de media docena de lavados estaría tan amarilla como la otra. Y así cuando vayan y vengan los paquetes, podré enviar al muchacho un pastel, o una empanada de cerdo o alguna manzana, porque no le vendrá mal algo, bendito sea, le den mucho o poco de comer. Mis hijos tienen para comer como el que más, gracias a Dios. -Bueno, bueno, no lo enviaremos tan lejos que no llegue la carreta del recadero, si es posible -contestó el señor Tulliver-. Pero no pongas palos en la rueda por culpa del lavado si no encontramos un colegio cerca. Ese es el defecto que yo te veo, Bessy: encuentras una 5

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ya que viene mañana para arbitrar en la cuestión de la presa. además. -Bueno -dijo la señora Tulliver-. ya he sacado las sábanas para la mejor cama y Kezia las ha colgado delante del fuego. como están bien planchadas y preparadas. nunca tomará huevos frescos para desayunar. y huelen a lavanda. no quedó defraudado. podría haber supuesto que extraía la llave para ayudarse a imaginar el momento en que él se encontrara en estado tal que hiciera necesario ir a buscar las mejores sábanas de holanda. en la parte d’atrás: nunca me pasaría por la cabeza dejar que las tocara nadie más que yo. sea quien sea. si no el cuarto. que tenía tantos lunares en la cara como tú y yo. Aquí estuvo John Gibbs. ¿Cuándo he puesto yo peros a nadie porque tuviera un lunar en la cara? t'aseguro que me gustan los lunares. la señora Tulliver sacó un brillante manojo de llaves del bolsillo. como con la 'cademia. El señor Tulliver permaneció en silencio un par de minutos y hundió las manos en los bolsillos del pantalón. valorando y todo eso. parecía ocupado en el examen manual de sus medias de lana. no hablaba de lunares: era sólo un ejemplo que representaba cualquier cosa. Y mañana por la noche. como Riley. Las guardo en el rincón de la izquierda del gran arcón de roble. Tanto da. No son las mejores sábanas. como si esperara encontrar allí alguna sugerencia. daría gusto usarlas. Tulliver. sé que Riley lo hace. pero son lo bastante buenas para que duerma cualquiera. Mira. Es un problema nuevo y enredoso. tendrá una casa con una cocina tan pequeña que ni podrá darse la vuelta. porque añadió: -Ya sé lo que haré: hablaré de esto con Riley. Por fortuna. y así lo hiciste. sin dejar de contemplar las brasas ardientes de la chimenea. porque me podrían engañar otra vez. dormirá en el tercer piso. si Tom se va a vivir a Mudport. además. Seguro que Riley es quien mejor sabrá d’algún colegio: él fue a uno y va a todas partes arbitrando. Y conoce bien los negocios. si se trata de hablar corretamente. saberlo todo. éste de escoger un colegio. Al parecer. 6 Librodot . e insistí en que lo contrataras. -¡Válgame el cielo! -exclamó la señora Tulliver. Pero casi todos esos hombres de las ciudades que tan bien hablan llevan postiza la parte dalante de la camisa. Si el señor Tulliver hubiera sido un hombre susceptible en sus relaciones conyugales. caminar con la espalda encorvada y el cabello para arriba. Quizá tenía algún lunar donde no se viera. seguro que seguía llevando el carromato. ése no era el caso: sólo era susceptible en lo relacionado con su derecho a utilizar la fuerza motriz del agua. después del trabajo. No quiero saber nada de una 'cademia como ésa: la escuela a la que lo enviemos no será una 'cademia Será un sitio donde los chicos dediquen el tiempo a algo distinto que limpiar los zapatos de la familia y arrancar las patatas. tenía la marital costumbre de no escuchar con demasiada atención y. y si hay un incendio. -Me parece que he dado en el blanco. Y. Mientras pronunciaba esta última frase. pues mi difunto hermano tenía uno en la frente. se quemará ahí arriba antes de poder bajar. escogió una y la frotó entre el pulgar y el índice con una sonrisa plácida. ligeramente sorprendida-. no me importa que se lo enseñen. quiero que Tom sea un hombre como Riley: sabe hablar como si lo tuviera todo escrito y conoce muchas palabras que significan poca cosa y comprometen poco ante la ley. Bessy. y bien que pagamos al doctor Turnbull para que lo atendiera.Librodot El molino de Floss George Eliot 6 piedra en el camino y crees que no puedes seguir alante. Tulliver. pero ¿cómo iba a saberlo yo. Qué enredoso es entenderse hablando. tendremos tiempo para hablar d’ello. Bessy -señaló el señor Tulliver tras un breve silencio-. no. y si no se hubiera muerto de aquella inflamación. -Bien. Tulliver? -No. Pero no recuerdo que quisieras contratar un carretero con un lunar. Y si te murieras mañana. No me dejarías contratar a un buen carretero si tuviera un lunar en la cara. Tulliver. se ponen las chorreras hasta que están hechas una pena y entonces las tapan con un plastrón. desde que había mencionado al señor Riley. las mejores sábanas son d’holanda y me arrepentiría d’haberlas comprado si no fueran a servirnos de mortaja. Lo que ahora me preocupa es cómo encontrar la escuela adecuada para enviar a Tom.

y lee tan bien como el párroco. -Córtaselo. -Tú dices que es lista. Me temo que es demasiado despabilada para ser mujer -prosiguió el señor Tulliver moviendo la cabeza primero a un lado y luego a otro en gesto de recelo-. y es alta para su edad. ponte el otro delantal y cámbiate de zapatos.lo que temo es que Tom no tenga cabeza para ser un hombre brillante. péinate. hizo un gesto con la mano y movió la cabeza de un lado a otro. antes de regresar a la butaca donde estaba sentada repitió varias veces el proceso. como al cabo de una hora de que le quitaran los papillotes tenía el pelo completamente lacio. y entonces lamentarás no haber hecho caso a tu madre. se l’olvida para qué ha subido y es capaz de quedarse sentada en el suelo. -Pero. -Sí. No quiero hacer la labor. como una señorita. Tulliver? Es una chica demasiado mayor para llevar el pelo corto. Déjaselo bien corto -contestó el padre precipitadamente. no sé donde se ha metido y casi es la hora del té.Librodot El molino de Floss George Eliot 7 -No. Su prima Lucy tiene la cabeza llena de tirabuzones y no lleva ni un pelo fuera de sitio. -Pero es una pena -insistió el señor Tulliver. y se pone como loca cuando le coloco los papillotes. Eso nunca ha pasado en mi familia. Maggie se quitó la capota y confirmó dolorosamente la acusación de su madre: la señora Tulliver. está allí vagando arriba y abajo.que sea el chico quien haya salido a la familia materna y no la mocita. deseosa de que su hija tuviera el cabello rizado «como las hijas de los demás». gracias a Dios. Maggie. me parece que es un poco torpe: ha salido a tu familia. -¡Vayal ¿No quieres coser un cubrecama para la tía Glegg? 7 Librodot . Tulliver -comentó al sentarse-. Pero -prosiguió tras una pausa. -¿Cómo puedes decir eso. pero me da pena tener sólo una niña y que sea tan rara. y viva en casa. pero yo estoy convencida de que esta niña es medio boba para algunas cosas. -Madre -declaró Maggie con irritación vehemente-. no se le riza el pelo. ¿Para qué sirve que te diga que no t'acerques al agua? Un día te caerás y t'ahogarás. No fastidia mientras es pequeña. No quiero reprochar nada a la Providencia. -¡Pero Maggie! ¿Cómo se t’ocurre tirar así el gorrito? Sé buena chica y súbelo. Parece mentira cuánta sal le gusta ponerse en el caldo. mientras yo l'espero aquí abajo. tonterías! -dijo el señor Tulliver-. casi tiene nueve años. Eso es lo que tienen los cruces de razas: nunca se sabe lo que va a pasar. La señora Tulliver repiqueteó en la ventana. No consigo que conserve el delantal limpio durante dos horas seguidas. pero una mujer demasiado lista es como una oveja con el rabo largo: no por eso vale más. interpretando esta última afirmación en sus aspectos positivos-. y peor aún es intentar que se quede quieta para las tenacillas. Es una niña normal de ojos negros. al sol. Vamos. Tulliver. como puede ver cualquiera. y. peinándose y canturreando como si fuera una débil mental de Bedlam. ya me lo parecía. No sé en qué es peor que los hijos de otros. Bessy. Ah. gesto que le hacía parecer un pequeño poni de Shetland. estoy segura de que Lucy se parece más a mí que mi propia hija. porque si la envío al piso d’arriba a buscar algo. con un tono entre irritado y persuasivo cuando aquel pequeño error de la naturaleza entró en la habitación-. ni tampoco nadie tiene esa piel tan morena que hace que parezca una mulata. se lo había cortado tanto por delante que la niña no podía sujetárselo tras las orejas. Así era mi hermano y así fue mi padre antes que él. La nena ha salido a mi familia: es dos veces más despabilada que Tom. No entiendo que mi hermana Deane tenga una hija tan bonita. es verdad -contestó la señora Tulliver. Maggie movía la cabeza una y otra vez para apartar los pesados mechones oscuros de sus brillante ojos negros. ¿no te da vergüenza? Y baja con tu labor de retales. levantándose y encaminándose hacia la ventana-. haga lo que haga. como un animalito: un día de estos se caerá. No pienso que se vaya a Mudport: quiero que trabaje en Saint Ogg's. -Pues a mí sí que me parece un fastidio mientras es pequeña. junto al agua. porque le sirve para hacer travesuras. cerca de nosotros. no -replicó el señor Tulliver-. Y ahora que me lo recuerdas -añadió la señora Tulliver. -¡Bah. Maggie -añadió la madre.

Con todo. el señor Tulliver deseaba ansiosamente el consejo del señor Riley sobre otra cuestión.Librodot El molino de Floss George Eliot 8 -Es de tontos romper algo a trozos para volverlo a coser -afirmó Maggie. para ser un hombre que tal vez tuviera unos cuantos cientos ociosos en el banco. en definitiva. aquel día resultaba evidente que había triunfado el bien: ese asunto del salto de agua. Pero la leche y la amabilidad no se conservan bien. habría advertido su error. sacudiendo la melena-. de miembros tan fuertes como su carácter. y no insistió en que nunca se habría producido una disputa sobre la altura del agua si todo el mundo fuera como debiera y Pero Botero no hubiera creado los abogados. de rubios rostros y expresión pánfila. no sin una razón concreta. un hombre de opiniones seguras y tradicionales. No obstante. si bien. el señor Riley no se mostraba impaciente. estaba tan claro como el agua misma. hermosa. No era hombre partidario de las transiciones bruscas. y cuando se agrian un poco entran en serio conflicto con los estómagos jóvenes. crecen un poquito y ya no pueden andar desnudos. y si conduces el carromato a toda prisa. Imagino que empezarán con débiles reconvenciones e irán tornándose más desabridas a medida que éstas sean menos eficaces. Maggie salió arrastrando la capota por la cinta mientras el señor Tulliver reía a carcajadas. como no fuera por hambre o el pinchazo de un imperdible. no tenía a nadie que le dijera que aquello era de un maniqueísmo absoluto. por ejemplo. Así fomentas sus travesuras. La señora Tulliver era lo que se llama una persona apacible: de pequeña jamás lloraba por nada. tanto por su aspecto como por su afabilidad. gordita y boba. en términos generales. pero a pesar de ser tan complicado. sin embargo. Me he preguntado con frecuencia si estas madonas de Rafael. de haber sido así. la presa constituía un tema de conversación permanente que podían reanudar en el mismo punto y en idéntica situación. tal vez muy culto para ser subastador y tasador pero lo bastante generoso para mostrar bonhommie hacia meras amistades rurales de hábitos hospitalarios. y. en uno o dos puntos había confiado en su desasistido intelecto y había llegado a varias conclusiones discutibles. Tulliver -dijo la madre con linfática irritación-. desde su punto de vista. se había enmarañado mucho. que Pero Botero había creado las ratas. Lamentablemente. se abstuvo de repetir por séptima vez la fría respuesta por la cual Riley había demostrado ser muy superior a Dix y el modo en que había dado en la cresta a Wakem por primera vez en la vida. Este mundo es muy enredoso. siguen siendo plácidas cuando sus chicos. Se había producido una pausa en la conversación. manifestaba con cierta ligereza el alto aprecio que sentía por el talento profesional de su amigo. -No sé por qué te ríes. los gorgojos y los abogados. y desde la cuna fue una niña sana. ahora que el asunto de la presa se había resuelto mediante arbitraje. El señor Tulliver tomaba el brandy menos diluido que de costumbre y. como bien sabemos. El señor Riley se refería amablemente a estos conocidos denominándolos «gente de la vieja escuela». El señor Tulliver era. por un motivo u otro. y las tías pensarán que soy yo quien la malcría. Capítulo III El señor Riley aconseja sobre un colegio para Tom El caballero de la ancha corbata blanca y camisa con chorreras que toma tan a gusto un brandy con agua en compañía de su buen amigo Tulliver es el señor Riley: un caballero de rostro céreo y manos gruesas. Entre tanto. puedes volcar en cualquier curva difícil. decía con frecuencia. el orgullo de su familia. El señor Tulliver. Por ese motivo permaneció en silencio unos instantes tras el último sorbo y se frotó las rodillas con aire meditabundo. Riley se había impuesto. ¿Por qué iba a 8 Librodot . Y no quiero hacer nada para la tía Glegg: no me gusta.

Tom nunca se portará así de mal con usted: yo sé que nunca lo hará. que agitaba de un lado a otro mientras de vez en cuando todavía gruñía: «¡Quia!» Maggie observó estos síntomas de enfado y se sintió herida en lo más vivo: al parecer. Daré a Tom educación y lo introduciré en los negocios para que pueda construirse un nido y no quiera echarme del mío. como un vigilante terrier de Skye. Pero. como si lo supiera todo de memoria. donde lo conviertan en un hombre instruido. y el señor Tulliver se conmovió. entristecido. no permitiré que me den papillas.que no se pueda ser un excelente molinero y granjero. resuelta a atacar a cualquiera que amenazara a Tom. se volvió hacia el señor Riley. El señor Riley lo recogió en silencio y lo miró mientras el padre reía con una ternura que suavizaba las duras líneas de su rostro y daba palmaditas a su hija en la espalda. -Efetivamente -asintió el señor Tulliver. saltó del taburete y. se echó hacia atrás el pesado cabello negro y alzó la vista con interés. acechándome como si ya fuera hora de que se lo dejara y pensara en morirme. Nunca me quito la ropa antes de irme a la cama. ¡bendita sea! -en ese momento volvió a dominarlo el entusiasmo-. La impasibilidad de su rostro y la costumbre de tomar una pizca de rapé antes de responder hacía que el señor Tulliver lo considerara un oráculo. Pocos sonidos despertaban a Maggie cuando soñaba ante un libro. bajando la voz. -Me ronda una idea por la cabeza -anunció por fin el señor Tulliver en tono más bajo que de costumbre mientras volvía la cabeza hacia su compañero y lo miraba fijamente. Al oír este nombre. me gustaría meterlo en otro colegio para el trimestre de verano -dijo el señor Tulliver-. Maggie. alzándose entre las rodillas de su padre. 9 Librodot . como si Maggie no pudiera oírlo. Tenía los párpados céreos y pesados. me temo que no le trae más que problemas. y el ímpetu que había conferido a sus palabras una rapidez y un énfasis inusuales se mantuvo intacto durante unos minutos y se manifestó en desafiantes movimientos de la cabeza. No cabía duda de que el señor Tulliver tenía las ideas claras respecto a esta cuestión. No me conviene: ¡Caramba! Si lo convierto en molinero y granjero. La señora Tulliver se encontraba fuera de la habitación. de modo que no regañó a Maggie por tirar el libro. se consideraba que Tom era capaz de echar a su padre de su propia casa y de ser tan malo como para procurarles un futuro trágico. pero el nombre de Tom era tan eficaz como el más estridente silbato: al instante se encontraba alerta.Librodot El molino de Floss George Eliot 9 estarlo? Incluso Hotspur habría sido paciente si. sorbiera abundante rapé mientras lo invitaban a tomar brandy. ¡Quia! Ya he visto demasiados hijos así. estará esperando para hacerse con el molino y la tierra. es malo añadió el señor Tulliver. Después le tomó las manos y la retuvo entre las rodillas. -Es algo muy especial -prosiguió-: se trata de mi hijo Tom. -Entiende como nadie todo lo que se dice. ¿eh? -dijo el señor Tulliver guiñando un ojo a Maggie. Lo que no quiere decir -añadió amablemente. pero esa es la cuestión: no tengo intención de que Tom sea molinero y granjero. pero mientras yo tenga todos los dientes. vigilando la exquisita cena. Aquello era insoportable: Maggie olvidó el pesado libro. -¡Vaya! Así que no debemos decir nada malo de Tom. Saldrá de la 'cademia en marzo y dejaré que tenga un trimestre libre. que cayó con estruendo sobre el guardafuegos. -Bien -contestó el señor Riley-. así como un hombre sagaz y sensato sin ayuda de maestro alguno. ¡Y está siempre con un libro en la mano! Pero es malo. guiñando un ojo y ladeando la cabeza-. en zapatillas junto a un cálido fuego. dijo con voz llorosa e indignada: -Padre. Y debería oír cómo lee: de un tirón. que estaba sentada en un taburete bajo junto al fuego con un gran libro abierto sobre las rodillas. Me parece bien que se lo quede todo cuando yo esté muerto. los ojos brillantes. conteniendo aquella animación culpable-: una mujer no debe ser tan lista. Después. las cejas arqueadas y conservaba la misma expresión en cualquier circunstancia. no puede darle nada mejor que una buena educación. lee los libros y los entiende mejor que la mayoría de los adultos. -¿Sí? -pregunto el señor Riley con aire de leve interés. pero quiero enviarlo a un colegio bueno de verdad. -Mire.

y pensé que serían todos buenos libros. lo agarró por una esquina y se apartó la melena mientras decía: -Le voy a contar lo que quiere decir este dibujo. pues habla mucho del demonio -dijo Maggie con aire triunfal-. corriendo de regreso hacia el señor Riley-. como puede ver. hasta el momento. Qué mundo tan enredoso es éste. sino solo una desgraciada vieja. porque el diablo se encarna en los hombres malos y va por ahí haciendo que la gente haga cosas malas.. el cuerpo bien negro y los ojos rojos. ni siquiera había reparado en su existencia. es bruja. El señor Riley pasaba las páginas del libro y Maggie era incapaz de adivinar nada en aquel rostro de altas cejas arqueadas.y no un simple herrero. al parecer. Maggie. un libro sobre los canguros y esas cosas. todos salen corriendo y él no puede hacer que se comporten como él quiere. -Bien -dijo el señor Riley con tono de reprobación condescendiente mientras daba a Maggie unas palmaditas en la cabeza-. por la imagen deseada. Y Tom me lo coloreó con sus pinturas durante las últimas vacaciones. cada vez más sonrojada. Anda.. No es un libro adecuado para una niña pequeña -señaló el señor Riley-. -¡Caramba! ¿Qué libro tiene la niña? -exclamó finalmente. es inocente y no es bruja. Cierra el libro y no hables más d'esas cosas. Entre ellos está el de Jeremy Taylor Vida y muerte santas. supongo que se irá al cielo y Dios la compensará. pero me gustan las imágenes y me invento historias sobre las ilustraciones. un buen libro -declaró el señor Riley-. Es horrible. me parece. La vieja que está en el agua es una bruja. sobre todo sermones. se acercó sin vacilar al codo del señor Riley y miró hacia el libro. que abrió al instante. y también El viaje del peregrino. resultaba evidente que. vete -ordenó el señor Tulliver. Te aconsejo que dejes La historia del diablo y leas algún libro más bonito. pero tienen todos la misma cubierta y pensaba que eran todos de la misma clase. Maggie corrió en un instante a un rincón de la habitación. saltó sobre una silla y extrajo de la pequeña librería un viejo ejemplar de la obra de Bunyan. 10 Librodot . ¿No tienes otros? -¡Oh. que leo mucho los domingos. animándose un poco con el deseo de defender la diversidad de sus lecturas-. Maggie alzó la voz con énfasis. vete con tu madre. no se puede juzgar por las apariencias. si se ahoga y se muere. Y le diré quién es este horrible herrero que se ríe con los brazos en jarras ¡Qué feo! ¿verdad? Pues es el mismísimo diablo -aquí. sin vacilar en la búsqueda. de Daniel Defoe. una encuadernación buena. Ya sé que lo que cuenta este libro no es bonito. aquí hay algunas ilustraciones y quiero conocer lo que significan. -Bueno. -Anda. -Aquí está -dijo. por así decirlo. Pero. Le enseñaré el retrato que lo pinta tal cual es combatiendo contra Cristiano. Lo que yo decía: la niña aprende más cosas malas que buenas en los libros. Y hay muchos otros. Tulliver? Maggie parecía dolida y desalentada mientras su padre contestaba: -¡Caramba! Es uno de los libros que compré en la venta de los objetos de Partridge. Todos tenían la misma encuadernación. claro. -El señor Tulliver se sentía en cierto modo próximo a ese gran escritor porque también él se llamaba Jeremy-. cuando vino a casa: mire. Pero ¿de qué le servirá cuando esté ahogada? Bueno. ¿Cómo es que se encuentra entre sus libros.Librodot El molino de Floss George Eliot 10 Las mejillas de Maggie se sonrojaron de excitación y triunfo: le parecía que ahora el señor Riley sentiría respeto por ella. No podrías leer otro mejor. Tengo las Fábulas de Esopo. -La historia del diablo. la han metido allí para averiguar si es bruja o no: si nada. El señor Tulliver había escuchado la descripción de Maggie inmóvil y maravillado. sí! -exclamó Maggie. Él la miró y dijo: -Ven a contarme algo de este libro. empezando a sentirse incómodo por las observaciones sobre el aspecto personal de un ser lo bastante poderoso para crear los abogados-. es más normal que se encarne en un hombre malo porque si no es así y la gente se da cuenta de que es el diablo y se asusta. -Ah. como fuego. porque por dentro es todo fuego y le sale por los ojos. ¿verdad? Pero no soy capaz de mirar otra cosa.

aunque no la acicalaba apenas. avergonzada. -Ha estudiado en Oxford -sentenció el señor Riley. por añadidura. convencido de ser el vivo ejemplo de que un intelecto cuerdo no puede encontrar su sitio en este mundo enloquecido. Qué cosas tan enredadas pasan. lee mal y no soporta los libros. -¿Ha visto alguna vez algo semejante? -preguntó el señor Tulliver cuando Maggie se retiró-. -Pero su chico no es tonto. Tulliver -señaló Riley-. -Bueno. Así que lo que quiero es enviarlo a un colegio donde le enseñen a manejar la lengua y la pluma y lo conviertan en un mozo despabilado. -Me pregunto si conocerá usted un colegio adecuado para Tom -quiso saber el señor Tulliver. pero las cosas se han complicado y se han liado mucho con palabras poco razonables. Si el mundo se hubiera quedado como Dios lo hizo. y que quede entre nosotros. aunque no dispongo de tanto como usted. conozco al hombre adecuado. Yo también lo haría si hubiera tenido un hijo. pero como no deseaba acudir junto a su madre. como si el mundo estuviera patas para arriba. El señor Riley tomó una pulgarada de rapé y mantuvo a Tulliver en vilo con un silencio aparentemente reflexivo antes de decir: -Sé de una excelente oportunidad para quien tenga el dinero necesario. porque si hubiera sido varón seguro que habría estado a la altura de muchos abogados. Quiero que mi hijo pueda mirar de tú a tú a esos individuos que tanta ventaja me llevan por haber tenido mejor educación. pero es de lengua torpe. pues escogí a su madre porque era guapa y no demasiado lista. que fuera compañero de su maestro y éste fuera un individuo de primera. Pero ya ve. optó por una solución de compromiso y se marchó a un rincón oscuro situado tras la butaca de su padre para jugar con su muñeca. escribe con muchas faltas. fabricando unos aparejos de pesca. y la mujer boba puede darle chicos tontos y niñas listas. Tulliver. acomodándose en la butaca con la complacencia de quien es considerado digno de importantes confidencias. Tulliver. bajando la voz-. yo habría podido hacer carrera y medirme con el mejor de ellos. Es mejor gastar varios cientos en la educación de un hijo que legárselos en el testamento. -¡Cómo! ¿Un clérigo? -preguntó el señor Tulliver con aire poco convencido. según me dicen. porque no creo que cualquiera pueda contratarlo aunque quisiera. tiene sentido común y habilidad manual. como la mocita. cuanto más honrado es uno. no se sabe dónde va a ir a parar. y venía de una familia muy ordenada: la preferí a sus hermanas porque era un poco boba. La mirada inquisitiva con que el señor Tulliver contemplaba el rostro oracular de su amigo se tornó ansiosa. Tulliver. -Pues cuénteme -dijo. y yo no quería que me mandasen en mi propia casa. Pero si alguien quisiera que su hijo tuviera una instrucción y una formación superiores. sin que la escasez de dinero en efectivo del señor Riley lo distrajera de su idea. parecía bastante hábil. es muy tímido con los desconocidos y nunca dice cosas agudas. y usted lo tiene. Todo es tan embarullado que. El señor Riley abandonó unos instantes el aire grave y agitó la cabeza para aspirar un poco de rapé. 11 Librodot . cerrando la boca y mirando al señor Tulliver para observar el efecto de aquella información tan estimulante. no es lo que se dice tonto: sabe cosas que no tienen que ver con los estudios. por la que sentía súbitos arrebatos de cariño cuando Tom no estaba y. Lo cierto es que no recomendaría a ningún amigo mío que enviara a su hijo a un colegio normal y corriente si pudiera permitirse algo mejor. y. lo tragó lentamente y agitó la cabeza con gesto melancólico. cuando un hombre tiene cerebro. ¿no? Lo vi la última vez que estuve por aquí. -Tiene usted mucha razón. Es una pena. El señor Tulliver tomó un sorbo. así son las cosas. No se lo diría a cualquiera. le daba tantos besos cariñosos que las mejillas de cera tenían un aspecto desgastado y enfermizo.Librodot El molino de Floss George Eliot 11 Maggie cerró el libro de inmediato. más enredado está. pero se lo digo a usted. tengo la casa llena de hijas. Es asombroso -añadió.

que una buena educación nunca es cara. que sepa envolverlo todo en palabras por las que no le puedan demandar. ¿por qué iba a interesarle enseñar a Tom? -Bien. Sé de buena tinta que un personaje de Oxford dijo en una ocasión: «Stelling podría alcanzar los más altos honores. cosa que no harían muchos clérigos. ni me había pasado por la cabeza pagar tanto. si lo deseara». por así decir. y espero que ni se t'ocurra hacerlo. -¿Y cuánto dinero querría? -quiso saber el señor Tulliver. es bastante exigente en la elección de sus amistades. Desea tomar uno o dos niños como pupilos para ocupar el tiempo de modo provechoso. pero creo sinceramente que no pondrá reparos a su hijo: supongo que no lo hará. el obispo lo tiene en gran estima. -¿Y cree que dejarían repetir de pudín al pobre chico? -preguntó la señora Tulliver. Tulliver. Y no es eso lo que quiero para Tom. y también magister artium Según tengo entendido. mucho mejor -dijo el señor Tulliver-. pero Stelling no es un hombre vulgar. por lo general son hombres de muy baja categoría. El señor Tulliver se frotó las rodillas y contempló fijamente la alfombra con aire meditabundo. Ni se sabe cuánta ropa de casa le quitó: se llamaba Stott. -Pero seguro que será soltero -señaló la señora Tulliver en el intervalo-. el hombre de quien le hablo. e incluso fue él quien le concedió el actual curato. Me rompería el corazón enviar a Tom a una casa con ama de llaves. -Querido Tulliver -contestó el señor Riley-: está totalmente equivocado en relación con el clero: los mejores profesores son siempre clérigos. no se ven. Los chicos serían como de la familia. -Ah. Procede de una buena familia de Mudport que no habría aceptado a cualquiera. Pocas veces uno tiene la oportunidad -concluyó el señor Tulliver. que se encontraba otra vez en su sitio-. -No sé qué podría tener en contra del muchacho -protestó la señora Tulliver con cierta indignación maternal-: es un niño sano y hermoso como el que más. ya que irá en mi nombre. mucho mejor. Sin embargo. no es codicioso. Tiene un cutis como el suyo y el cabello claro y ondulado. le encanta enseñar y desea seguir estudiando. no le gusta hacerse ver ni notar. Tulliver. para el cual todo resultaba igualmente maravilloso en lo que respectaba a aquellos fenómenos tan poco familiares-. que pille las cosas al vuelo y sepa lo que quiere decir la gente. -Pero se me ocurre una cosa -dijo el señor Tulliver. -Permita que le diga. Le gusta el pudín con locura y sería terrible que se lo escatimaran a un chico que está creciendo.Librodot El molino de Floss George Eliot 12 -Sí. las metió en un paquete y las envió lejos. ¿sí? -preguntó el señor Tulliver. No dudo de que aceptará a su hijo por cien. señora Tulliver -contestó Riley-. y tengo una pésima opinión de las amas de llaves. pero un clérigo tiene pocas oportunidades para ello debido a sus deberes parroquiales. Es un hombre callado.. que escriba como de imprenta. lo mejor para ellos. las condiciones de Stelling son moderadas. tuvo una vez un ama de llaves que le quitó la mitad de las plumas de la mejor cama.de decir a un hombre lo que uno piensa de él sin pagar por ello. moviendo la cabeza. y estarían siempre bajo la vigilancia directa de Stelling. Los que no lo son. cuyo instinto le decía que los servicios de aquel admirable licenciado en letras tendrían un alto precio. conozco bien a su familia. -Ah. Quiero que sepa de números. le escribiré preguntándoselo. Entonces. Pero no le interesaban los honores universitarios. No hay alma más afable en este mundo. Si quiere. porque Stelling está casado con la mejor mujercita que puede desear un hombre.. ladeando la cabeza y mirando al señor Riley tras examinar atentamente la alfombra-: ¿No será demasiado instruido. 12 Librodot . -¡Vaya! Pues sé de un clérigo que pide ciento cincuenta a los alumnos más jóvenes y no tiene punto de comparación con Stelling. -Tranquilícese en esta cuestión. En realidad. Mi hermano. para convertir al muchacho en un hombre de negocios? Por lo que sé. los clérigos saben cosas que. mayormente. Pero ciento cincuenta es un precio extraordinario. que en paz descanse.

preguntó-: ¿Cae tan lejos que no pueda lavarle ni remendarle la ropa? -Unas quince millas solamente -contestó el señor Riley-. Padre. está muy lejos -contestó el caballero. Hay que tenerlo en cuenta. Pregúntaselo al señor Riley. pero puede estar seguro de que Stelling no es uno de ellos. en eso has dado en el blanco. sólo tiene que decir a Stelling: «Quiero que mi hijo sea un perfecto aritmético» y dejarle hacer. como mucho. guiñando el ojo y sonriendo al señor Riley con el orgullo natural del hombre que tiene una mujer hermosa y de intelecto notablemente inferior al suyo-. -Sin embargo. con una educación completa. Empezó en la 'cademia en el trimestre de primavera. se les debía hablar en broma-. 13 Librodot . y me aventuro a afirmar que Stelling le escribirá para detallar sus condiciones. -¡Cállate. Permita que le diga que es un hombre muy despierto. -Esactamente. un hombre como Stelling. Quizá algunos clérigos sean meros eruditos. esactamente. En su lugar. ensayaba para sí una declaración dirigida al señor Stelling: «Quiero que mi hijo sepa rimética». Aquel señor Riley empezaba a serle antipático: resultaba evidente que la tenía por tonta e insignificante. -Padre -intervino Maggie que había avanzado sigilosamente. y no lo haría por cualquiera. ¿no? -inquirió la señora Tulliver-. y ya ves cómo le ha ido. veré al suegro de Stelling o le escribiré unas líneas para decirle que usted desearía colocar a su chico con su yerno. -y alarmada. y sé que no quiere tomar más de dos o tres alumnos. -Esacto. -dijo el señor Tulliver. Maggie! ¿No te da vergüenza hacer preguntas y cotorrear tanto? -la regañó su madre-. como ese Jacobs de la 'cademia -interrumpió el señor Tulliver. eso es verdad -dijo el señor Tulliver. -Esactamente. -Mire. Siéntate en el taburete y mantén la lengua quietecita. -Casi siempre son hombres que han fracasado en otras empresas. -Por favor. -¡Qué tontería! -contestó Maggie. ¿está muy lejos el sitio donde se irá Tom? ¿Iremos a verlo? -No lo sé. un clérigo es un caballero por su profesión y por su educación: y. se alegrará de alojarlos. Maggie se plantó delante del señor Riley. además. intentaría ponerme en contacto con Stelling lo antes posible: aunque no hay necesidad de enviar al chico antes del verano.Librodot El molino de Floss George Eliot 13 -Esacto. mocita -contestó el padre con ternura-. Tendrás que pedir prestadas las botas de siete leguas para llegar. Cuando regrese a Mudport. cuando los niños no eran traviesos. Tulliver. hasta colocarse junto a su padre y escuchaba con la boca abierta mientas sostenía la muñeca cabeza abajo y aplastaba la nariz de ésta contra la madera de la butaca-. domina todas las ramas. ¿a qué distancia está? -Oh. Lo entiende todo con medias palabras. le diré lo que voy a hacer por usted -anunció el señor Riley-. algo más tranquilo en cuanto a la enseñanza de los clérigos. Pero Stelling es un hombre hospitalario y agradable. -Pues bien. sería preferible no retrasar demasiado el acuerdo -intervino el señor Riley discretamente-. él lo sabe. yo me aseguraría de que nadie se le adelanta. tiene conocimientos para dar una sólida base a un muchacho y prepararlo para iniciar cualquier carrera profesional con éxito. tanto puede fabricar una puerta como una ventana. sin que nadie lo advirtiera. Se puede ir y volver en un solo día. que era de la opinión que. No por mucho madrugar amanece más temprano declaró el señor Tulliver. Tienes razón en que no hay prisa. -Pero no hay prisa. casi convencido de que los miembros del clero eran los mejores maestros. Cuando un artesano sabe usar las herramientas. Y si de números se trata. Bessy. señor. ya que Stelling podría tener otras propuestas. En cambio. espero que no permitas que Tom empiece en esta nueva escuela antes del trimestre de verano. El señor Riley hizo una pequeña pausa mientras el señor Tulliver. apreciado Tulliver -prosiguió el señor Riley-. Se apartó el cabello con gesto altivo Y se alejó con lágrimas en los ojos. Bessy.

Riley no conocía a ningún otro profesor que pudiera recomendar: ¿por qué no iba a hablar en favor de Stelling? Su amigo Tulliver le había pedido opinión y resultaba sumamente desagradable confesar a un amigo que uno no tiene opinión alguna que dar. además. Al expresarla. sólo sería bueno. Así. Y era de esperar que cualquier habitante de Mudport de la parroquia de Santa Úrsula no pasara por alto la oportunidad de hacer un favor a un yerno de Timpson. El empeño en creer que los hombres suelen actuar y hablar por motivos concretos. sin duda. nada es más engañoso que la sagacidad mal encaminada. Además. que en una cena política celebrada en Mudport pronunció un discurso tan brillante que todo el mundo señaló que el yerno de Timpson era un individuo muy listo. con un propósito consciente. no sabía nada malo de Stelling y que. un universitario puede dar clases de lo que sea. El señor Riley apreciaba a esta clase de hombres. para empezar. y supondría para él una satisfacción poder decir a Timpson al regresar a su ciudad: «He conseguido un buen alumno para su yerno». ya que lo había dicho Gadsby. a pesar de las sutiles indicaciones de lo contrario que podrían haber engañado a un observador demasiado sagaz.. sin embargo. con sus rizos claros. misión que. sentada los domingos en el banco de la iglesia. es de tontos no hacerlo con aire de convicción y seguridad bien fundada.. No había llegado a ningún acuerdo privado con el reverendo Walter Stelling. Riley compadecía a Timpson por tener tantas hijas y. torpes halagos e insinuaciones toscamente improvisadas. era un hombre muy atento y servicial. gracias a su buen juicio. uno la hace suya y se entusiasma de modo natural. Y si uno la da. Riley -que. al margen de cualquier consideración sobre el dinero que. puesto que Timpson era uno de los hombres más útiles e influyentes del lugar y tenía muchos negocios que sabía poner en las manos adecuadas. Sin duda. y el primo carnal de Gadsby era profesor en Oxford: argumento más sólido de lo que habría sido su observación directa.en cuanto lo recomendó empezó a 14 Librodot . pequeños fraudes compensados por pequeños excesos. porque aunque Riley había recibido cierto barniz clásico en la magnífica escuela gratuita de Mudport y creía comprender el latín en términos generales. especialmente un hombre como Stelling. No es necesario tomarse tantas molestias para fastidiar la vida al vecino: es más fácil hacerlo mediante la perezosa aquiescencia o la omisión. La mayoría de nosotros vivimos al día. apenada. lector. se había convertido en una imagen familiar a lo largo de casi quince años: era cosa natural que su marido fuera un profesor digno de encomio. en la medida en que pudiera desearle algo. con escasos deseos inmediatos: hacemos poco más que arrebatar un bocado para satisfacer a la camada hambrienta y pocas veces pensamos en las semillas para la siembra siguiente. como habrás visto. el rostro de Louisa Timpson. El señor Riley era un hombre de negocios que no descuidaba sus intereses y. puesto que. no: los buenos matemáticos eran los de Cambridge. No. incluso en él influían más los pequeños impulsos que los planes a largo plazo. pero éste ya no podía reconocerse como parte de una formación clásica y sólo se distinguía en el refinamiento y la fuerza de su estilo en las subastas. con falsedades triviales que apenas obedecen a razón alguna. lo cierto era que le costaba entenderlo. al contrario.Librodot El molino de Floss George Eliot 14 -Aunque me parece que está demasiado lejos para la ropa -reflexionó la señora Tulliver. sin duda. conservaba un leve aroma del contacto juvenil con De senectute y el cuarto libro de la Eneida. éstos pudieran hacer pasar de bolsillos menos dignos al suyo. sabía muy poco del licenciado o de sus méritos: tal vez no lo suficiente para avalar aquella calurosa recomendación a su amigo Tulliver. se habría encomendado porque. Stelling se había licenciado en Oxford y los licenciados de Oxford siempre eran. supone un despilfarro de energía en un juego imaginario. De todos modos. La llegada de la cena aplazó oportunamente esta dificultad y alivió al señor Riley de la tarea de sugerir alguna solución o compromiso. creía que Stelling era un excelente clasicista. Por otra parte. Y se había tomado la molestia de recomendar el señor Stelling a su amigo Tulliver sin esperar por ello nada a cambio. No obstante. Los planes codiciosos y las artimañas deliberadas para maquinar un fin egoísta sólo abundan en el mundo de los dramaturgos: exigen una actividad mental excesiva para la mayoría de nuestros conciudadanos.

para que saliera una niña cubierta con su mejor capota. así como de otros ingredientes insignificantes que se sumaron al calor de la chimenea y el brandy diluido para avivar la conciencia del señor Riley en aquella ocasión. treinta años atrás. con lo cual éste habría salido perjudicado. dar consejo cuando se lo solicitaban. cuando su madre estaba cepillando la rebelde melena negra. -Maggie.Librodot El molino de Floss George Eliot 15 sentir admiración por un hombre recomendado con tanta autoridad y a experimentar tanto interés por el asunto que. ni siquiera en esta época nuestra de tanta moralidad? Además. es de la traductora) 15 Librodot . tales como quedar bien con Timpson. acto I. como un terrier de Skye escapado del baño. desfigurada ahora tras una larga vida de sufrimiento vicario. un hombre «lleno de la leche de la bondad humana»1 difícilmente puede abstenerse de hacer una buena obra cuando se le presenta la oportunidad. y nadie puede ser bueno en todos los aspectos. Era una gran muñeca de madera que en otros tiempos miraba fijamente con ojos redondísimos sobre sonrosadísimas mejillas. como consecuencia directa de esta diferencia de opinión. y allí guardaba un fetiche al que castigaba por todas sus desventuras. ¿Por qué. si eres tan traviesa? Se lo contaré a la tía Glegg y a la tía Pullet cuando vengan la semana que viene y nunca más te querrán. decir algo con énfasis. El último 1 Shakespeare. escena V. Los tres clavos hundidos en la cabeza conmemoraban otras tantas crisis sucedidas durante los nueve años de lucha terrena. deberé decirte que eres demasiado riguroso. declaró la señora Tulliver. si el señor Tulliver hubiese decidido no enviar a Tom con Stelling. y a las oscuras vigas engalanadas con telas de araña. como las siguientes. impresionar al amigo Tulliver y crecer en su estima. Antes de que terminara la reconvención. Maggie defendió con empeño el punto de vista contrario y. pero la mañana era demasiado lluviosa. Riley habría pensado que aquel amigo «de la vieja escuela» era un completo cabezota. Y debemos también tener en cuenta que se habría visto privado del gusto de manifestar sus difusas opiniones y de otros pequeños placeres. sentada con los cepillos en el regazo-. ¡Vaya por Dios! Mira el delantal limpio. enérgica e impotente. hablaba en voz alta a los suelos y estantes carcomidos. Si el señor Riley se hubiera abstenido de dar una recomendación que no se basaba en pruebas sólidas no habría ayudado a Stelling a conseguir un alumno de pago. un subastador y tasador que había olvidado el latín de la escuela gratuita debería mostrar una delicada escrupulosidad que no siempre poseen los caballeros de profesiones ilustradas. La propia naturaleza aloja. ¿Por qué? Es admirable cómo atiende al parásito. Maggie escapó de sus manos y sumergió la cabeza en una palangana cercana. Maggie -exclamó la señora Tulliver. Macbeth. Capítulo IV Se espera la llegada de Tom Maggie se llevó una gran decepción cuando no le permitieron ir en la calesa con su padre para recoger a Tom en la academia y llevarlo a casa. sacudiéndose el agua de los negros mechones mientras corría. ¿Qué va a ser de ti. un parásito nocivo en un animal al que no desea ningún mal. empapado de arriba abajo. movida por la vengativa decisión de que aquel día no hubiera más rizos. Este desván era el refugio favorito de Maggie cuando llovía y no hacía demasiado frío: allí se esfumaba su mal humor. si censuras severamente a Riley por hablar de alguien con tanto entusiasmo y tan poco fundamento. La gente pensará que esta niña es un castigo de Dios por algo malo que he hecho. de camino al gran desván que se extendía bajo el viejo y agudo tejado. Maggie se encontraba ya tan lejos que no podía oírla. Lector. (Esta nota. en ocasiones. después de que la imagen de Yael matando a Sísera en una vieja Biblia le sugiriera esa refinada venganza.

donde se almacenaba el grano en grandes montones. Cuando. no me mareo. -Yap. Pero inmediatamente después. echó un vistazo y salió corriendo por el pasillo para no cruzarse con su madre. -Oh. le gritó con el tono agudo imprescindible en la vida social del molino. el raro terrier blanco y castaño con una oreja hacia atrás. la harina que caía y caía. ni tampoco podría consolarla o simular una cataplasma cuando se le pasaba la furia. pronto se encontró en el patio. el fino polvo blanco que suavizaba todas las superficies y hacía que las mismas telarañas parecieran encajes feéricos. ¿puedo entrar en el molino contigo? A Maggie le gustaba vagar por el gran espacio interior del molino y muchas veces salía con el cabello negro cubierto de una suave blancura que le hacía brillar los ojos oscuros con nuevo fuego. no le hundió más clavos y se tranquilizó frotando y golpeando la cabeza de madera contra los ladrillos rojos de las grandes chimeneas que formaban los dos pilares cuadrados que sostenían el tejado. mientras se deslizaba sobre el montón de grano junto al que él trabajaba. en aquella ocasión. El sol se abría paso. el encargado del molino. El resuelto estruendo. ya que incluso la tía Glegg era digna de lástima cuando estaba herida y humillada hasta el punto de rogar a su sobrina que la perdonara. tambaleándose un poco. sufriría un poco cuando la invitara una prima a tomar moscas au naturel. porque en esa ocasión el fetiche representaba a la tía Glegg. como si se encontrara ante una fuerza incontrolable-. le llamaban la atención: se preguntaba si tendrían parientes en el exterior del molino. trotando por ahí y olfateando vagamente. Y no gran cosa -contestó Luke con franqueza-. los sollozos se extinguían y aplastaba ya a la muñeca con menos furia. estaba espolvoreado de harina. el olor puro y agradable de la harina: todo ello contribuía a que Maggie sintiera que el molino era un mundo pequeño. como si fuera una prímula aurícula. 16 Librodot . allí estaba él. Era irresistible: Maggie se apartó el cabello hacia atrás y corrió escaleras abajo. un repentino rayo de sol que entró por la celosía de alambre y fue a dar sobre los estantes carcomidos la empujó a lanzar la muñeca y a correr a la ventana. distinto de su vida cotidiana. el movimiento incesante de las grandes piedras -que provocaba en ella un vago y delicioso temor. que se va a marear y se va a caer al suelo -gritó Luke. Quizá. dando vueltas sobre sí misma como una pitonisa. porque en ese caso la relación familiar debería de ser muy complicada: una araña gorda y harinosa. eh!. que contaba cuarenta años de edad. como si buscara un compañero. señorita. No soy de mucho leer. como su padre. finalmente. Maggie dejó de dar vueltas un momento y dijo. el sonido del molino parecía otra vez alegre. y las señoras arañas se sorprenderían bastante al comparar su distinto aspecto. Maggie pensó que si hundía demasiados clavos no podría imaginar que la cabeza se lastimaba cuando la golpeaba contra la pared.Librodot El molino de Floss George Eliot 16 clavo lo había hundido con un golpe más violento que de costumbre. Y eso fue lo que hizo aquella mañana al llegar a la buhardilla mientras sollozaba con una pasión tal que eliminaba cualquier otra forma de conciencia. Luke. señorita. Tenía costumbre de hacerlo mientras conversaba con Luke. ¿no. Pero la zona del molino que más le gustaba era el piso superior. -¡Eh. -Imagino que el único libro que has leído es la Biblia. las puertas del granero estaban abiertas y allí se encontraba Yap. le pareció necesario recuperar su posición ante él porque. sobre los que se podía sentar y deslizarse una y otra vez. Yap: Tom viene a casa -cantó mientras Yap brincaba y ladraba a su alrededor. no. de ojos y cabello negro. con el que se mostraba muy comunicativa porque deseaba que tuviera una buena opinión de su inteligencia. Las arañas. A partir de entonces. en especial. agarró la capota y. como si dijera que si lo que hacía falta era ruido. acostumbrada a comer moscas bien espolvoreadas. incluso el recuerdo del agravio que la había provocado. un hombre de gran estatura y hombros anchos. Luke? -Ajá. sin ponérsela.

Y casi to lo de dos libros es mentira. yo me ocuparé de su casa y viviremos siempre juntos. -No tan semejantes. señorita. deseando dar un giro agradable a da conversación-. -Pero Luke. -Vaya. Lo quiero más que a nadie en el mundo. porque no piensa en na más que en sus tripas: ojalá se le rompan. digo yo. Eso es lo que lleva a la gente a la horca: saber de todo menos lo importante pa ganarse el pan. -¡Se han muerto! -gritó Maggie. y si no entiendes lo que pone. que son gordos y fuman. -Ah. -Pero son nuestros semejantes. canguros y civetas. -Ah -dijo Luke-. peces duna y un pájaro que se sienta sobre la cola y no recuerdo cómo se llama. Tom me dijo que me acordara de dos conejos cada día. querido Luke -se lamentó Maggie mientras le rodaban lágrimas por las mejillas-: Tom me encargó que me ocupara de ellos y se me olvidó. 1824). Las hojas impresas mienten tanto como dos vendedores callejeros. utilizando como elemento de comparación dos inconfundibles cadáveres colgados de un clavo en la pared del establo. pos se llevará un disgusto porque se han muerto tos. se enfadará muchísimo conmigo. Luke! ¿El de las orejas gachas y la coneja con manchitas en las que Tom se gastó todo su dinero? -Están muertos como topos -contestó Luke. las imágenes t’ayudarán. es que estaban en esa caseta de aperos que esta tan lejos y nadie se ocupaba de ellos. señorita! No me gustan los holandeses. Cuando crezca. estoy segura. como las de un mastín. y se pondrá muy triste por los conejos. bastante decepcionada por aquellos puntos de vista inesperadamente firmes sobre dos holandeses-. Luke. Yo puedo contarle todo do que no sabe. un individuo sabio que decía: «No se le ocurre ni a un holandés sembrar trigo sin quemar rastrojos». que no tiene holandeses. Luke? No tengo libros muy bonitos que puedan ser fáciles. pero tengo el Viaje por Europa de Pug2. Pero yo creo que Tom es listo. Luke: debemos saber cosas de nuestros semejantes. Así aprenderá el señorito Tom a no comprar cosas d’esas. 71 he Travell d Monkey: containing His wonderful Adventures in the Principal Capitals of the greatest Empires Kingdoms and States (Londres. Creo que el señorito Tom le dijo a Harry que les diera de comer. ¡Oh.Librodot El molino de Floss George Eliot 17 -¿Y si te presto uno de mis libros. aunque no le gusten los libros: sabe fabricar bonitas cuerdas para látigos y jaulas para conejos. Se refiere a Pug's Tour through Europe or. Lo que quiere decir que dos holandeses son tontos. Entonces. porque enseñan el aspecto y las costumbres de la gente y lo que hacen. por eso yo también estoy triste. señorita. Hizo a los conejos con las orejas pa'trás y no tienen na que hacer con las orejas palante. si ni me pasaban por la cabeza? Ay. ¿Y ahora qué hago? -Bueno. y uno está sentado en un barril. no pienso ocuparme ni un momento de dos holandeses: ya hay aquí bastantes tontos y sinvergüenzas pa buscarlos en dos libros. Las cosas que van contra la naturaleza no prosperan. ¡Ca!. A Tom no le gusta leer. ¿Y ahora qué hago? -Calma. que t'explicará cómo son los distintos tipos de personas que hay en el mundo. a lo mejor te gustaría más la Naturaleza viva. señorita! Lo mío es contar la harina y el trigo: pa qué voy a saber otras cosas. -¡Ca!. Tranquila. pero no se puede contar con él: no iba nunca a ocuparse. -Oh. señorita -dijo Luke con voz tranquilizadora-. bueno -contestó Maggie. señorita. Lo único que sé es lo que pensaba mi antiguo amo. Hay países llenos de animales como estos en lugar de caballos y vacas. Obra anónima que describe con toscas rimas los distintos países. Luke: eres como mi hermano Tom -dijo Maggie. 2 17 Librodot . Los conejos de orejas gachas son muy delicaos y se habrían muerto de tos modos. a Dios nuestro señor no le gustan. levantándose de un brinco de la pendiente del grano-. No gano nada sabiendo cosas suyas. sino elefantes. salen los holandeses. pero ¿cómo iba a hacerlo. ¿lo sabías? ¿No te gustaría saber cosas sobre ellos? -¡Ca. ¿Quiere venir a ver a mi mujer? Me voy ahora mismo. Por ejemplo.

mientras dos cerdos. puesto que si la señora Tulliver albergaba algún sentimiento intenso. sabes. salió a la puerta e incluso colocó una mano sobre la transgresora cabeza de Maggie. Con todo. Sin embargo. que habría deseado conocer la historia posterior del joven. parecían insultarlo devorando cascabillo animadamente. Era uno de esos chicos que se pueden encontrar en cualquier lugar de Inglaterra y que. mientras Tom descendía de la calesa. los labios gruesos y la nariz y las cejas indefinidas. la carga indefinible que habían dejado en su espíritu los conejos muertos de hicieron sentir más pena que de costumbre por la vida de aquel débil joven. oculta algunos de sus propósitos más rígidos e inflexibles. las mejillas sonrosadas. ¿tú también estás aquí? dijo Tom. radicalmente opuesta a la de Maggie. especialmente cuando contempló la imagen donde se apoyaba en un árbol con aspecto fláccido. Luke? -preguntó Maggie-. en suma. señorita -contestó Luke-. tan frecuentes que parecen fabricadas en serie. a pesar del viento que empujaba las nubes y que probablemente no respetaría ni los rizos ni las cintas de su cofia. Capítulo V Tom llega a casa Tom debía llegar a primera hora de la tarde. Sin embargo. y el corazón de Maggie no era el único que latía con fuerza cuando se acercó el momento de oír el sonido de las ruedas del coche. y no quería volverlo a hacer. a la cual la Naturaleza parecía haber moldeado y coloreado con la más definida de las intenciones. algunos de los caracteres más inamovibles. Esta idea entristeció a Maggie. conteniendo virilmente sus emociones. -Eh. ¿tú no. además. Porque él estaba muy arrepentido. olvidando todos los disgustos de la mañana. le resultaba muy simpática: materializaba su hospitalidad en pan y melaza y. -¡Hola! Yap. a diferencia del héroe consumado. La señora Moggs. Bajo estas fisionomías de muchacho. y. y las lágrimas fueron desapareciendo mientras trotaba junto a Luke en dirección a la agradable casita que se alzaba entre manzanos y perales y disfrutaba de la dignidad adicional de un cobertizo a modo de pocilga junto a la orilla del Ripple. la esposa de Luke. con la única excepción de que. si no lleva cuello! ¡Seguro que se le ha caído por el camino. -Me alegro mucho de que su padre lo aceptara. esta misma Naturaleza posee una profunda astucia y se esconde cuando simula ser diáfana. la niña efusiva y rebelde de ojos oscuros puede resultar una 18 Librodot . El chico no era gran cosa. como si lo viera. -¡Ahí está mi niño! ¡Santo cielo. doce o trece años. éste era el amor por su hijo. como era de esperar de un carácter de tan escasa moralidad. al mismo tiempo. al que se prometió ir a pescar al día siguiente en cuanto se levantara. se mostró dispuesto a aceptar los besos. son tan parecidos entre sí como los ansarones: tenía el cabello castaño claro.Librodot El molino de Floss George Eliot 18 La invitación supuso una agradable distracción para la pena de Maggie. mientras sus ojos de color gris azulado vagaban por la granja. una fisionomía en la que parecía imposible discernir otra cosa que la muchachez. hiciera lo que hiciera su padre. los corderos y el río. los calzones desabrochados y la peluca torcida. aunque Maggie se le colgó al cuello como si quisiera estrangularlo. Por fin se oyó el rodar de la calesa y. no había tenido ni el gusto ni la entereza suficientes para prescindir de la peluca. era dueña de varias obras de arte. cambiando el peso de una pierna a la otra. Maggie olvidó que tuviera algún motivo de tristeza aquella mañana tras subirse a una silla para contemplar una notable serie de ilustraciones que representaban al hijo pródigo vestido como sir Charles Grandison. aparentemente de una raza extranjera. a los. de modo que las personas simples creen poder ver a través de ella con facilidad mientras ésta prepara una refutación de sus confiadas profecías. y ha echado a perder la camisa! La señora Tulliver aguardaba con los brazos abiertos y Maggie daba saltitos.

Él. Maggie rodeó el cuello de Tom con los brazos. ¿verdad. como cuando nos vamos a pescar. Aquí tengo los anzuelos. Si se me acercara un león rugiendo. llevándosela a un rincón. Maggie. -¿Qué es? -preguntó Maggie con un susurro-. ¿no? A modo de respuesta. ¿sabes? Eso es lo que le pasó por intentar pegarme: no pensaba ir a medias. -Oh. -Pero ¿y si no tienes ninguna escopeta. donde hace mucho calor: allí los leones se comen a la gente. mientras tanto. pero imagina que estamos en algún país con leones. me gustaría qué nadie se peleara contigo. Y yo te quiero mucho. Tom -contestó Maggie impaciente. para ti sola. -Eres buenísimo. Me parece que eres como Sansón. ¿cómo te va a atacar un león rugiendo? Sólo hay leones en los circos. Tom. poner los gusanos y todo lo demás. Tom: es que no me gusta jugar a las adivinanzas. antes de hablar. Las he cambiado todas con unos niños.. y Gibson y Spouncer se pelearon conmigo. Tom? -Pero tonta. uno por uno. ¿vamos mañana a pescar al estanque redondo? Podrás pescar tú solita. Maggie! -Ya sabes que no soy capaz de adivinarlo. Maggie. en África. Tom? Tom. porque Tom siempre decía que no valía la pena jugar con ella a esos juegos porque lo hacía muy mal. ¿Qué haces. -A Spouncer le dejé el ojo morado.Librodot El molino de Floss George Eliot 19 persona pasiva en comparación con este pequeño fragmento de masculinidad de rasgos anodinos. -¡Adivínalo. abrió lentamente la hoja más grande y la examinó con aire meditabundo mientras deslizaba un dedo a lo largo. sé bueno. ¡mira! Oye. -Si tienes malas pulgas. ¿para qué sirve hablar de eso? 19 Librodot . El brazo de Tom se relajó lentamente. Tom se había guardado el sedal en el bolsillo y examinó los anzuelos.? Imagina que salimos sin pensar. Ya sabes que no tenía por qué comprarlo si no quería. -Vaya. Tom. No he querido pagar a medias los toffees ni las galletas de jengibre para ahorrar dinero. asiendo el rígido brazo de Tom -. finalmente. Tom -imploró Maggie. -No. tonta. -Si no hay ningún león. Si no me enfado. -No.. -No. -No son canicas. -Bueno.. y entonces un león muy grande corre hacia nosotros rugiendo y no podemos escapar. Parece redondo y pesado. no te lo diré -dijo Tom. -Pues son dos sedales nuevos para pescar: uno para ti. desenrollaba lentamente un poco de hilo -¿A que soy un buen hermano por comprarte un sedal? -preguntó tras una pausa-. enseñando el extremo de algo que llevaba en el bolsillo derecho. metiendo la mano de nuevo en el bolsillo con aire resuelto. Envolvió de nuevo los anzuelos. seguro que luchabas contra él. Puedo enseñarte el libro donde lo he leído. qué valiente eres Tom. lo estrechó y apretó su mejilla contra la de él sin decir nada. en cuanto su madre se marchó para examinar el contenido de la caja del equipaje y el cálido salón lo despojó del frío que había sentido durante el largo viaje-: a que no sabes lo que tengo en el bolsillo anunció moviendo la cabeza arriba y abajo para producir mayor sensación de misterio. se dio media vuelta y se alejó con desdén.. Qué divertido. Sólo veo un trocito de algo amarillo. por mucho que me pegara. ¡Mira esto! -dijo. -Maggie -dijo Tom con aire confidencial. Por favor. pues cojo una escopeta y lo mato. ¿Te hicieron daño? -¿Daño? No -contestó Tom. sacó una gran navaja. calló un momento y. sólo sirven cuando están verdes. -Y los chicos se pelearon conmigo porque no cedí con lo de los toffees. Y las avellanas no son divertidas. ¿Son canicas o avellanas? -contestó Maggie con cierto disgusto.

no he querido pagar a medias los toffees y Spouncer me ha pegado? -Ss-sí. chupaste la pintura de mi caja de caramelos. Y como eres una niña mala. no seas tan cruel -sollozó Maggie-. y yo.. Pero a mí nunca se me olvida nada. -Tom -dijo tímidamente cuando se encontraban ya en el exterior de la casa-. de verdad. -Sí. -Sí. Tengo mucho más dinero que tú porque soy un chico. Y no te quiero. tú eres tonta. Tom. Durante unos instantes. Maggie.Librodot El molino de Floss George Eliot 20 -Es que me gusta imaginármelo -insistió Maggie. Tom. Durante las últimas vacaciones. Te dije que fueras a verlos cada día -añadió. -Escucha. tonta. -Oh. Tom se alejó corriendo de Maggie hacia el molino con intención de saludar a Luke y quejarse de Harry. en más conejos? -¿Más conejos? No quiero tener más. -¿No es verdad que he pensado en tu sedal durante todo este trimestre. En Navidades siempre me dan monedas de medio soberano o de un soberano. es que. -¿Para qué? -preguntó Tom-. ¿Y si madre me dejara darte dos medias coronas y seis peniques para que te las gastaras. El corazón de Maggie latió asustado. Lo siento muchísimo dijo Maggie. -Sí. Si se te olvidara algo. Maggie permaneció inmóvil unos minutos. agitada tan solo por sus sollozos. Tom. No se atrevió a decirle la verdad. Tom. te quiero mucho. -Te has olvidado de darles de comer. -Por favor. su rostro se puso colorado-. Tom! Tom se detuvo de inmediato y se volvió hacia Maggie. Fuera lo que fuera. sí podías -replicó Tom-: bastaba con que te fijaras en lo que hacías. Le diré a mamá que te lo dé.. Ya no te quiero. Se las va a cargar: haré que lo echen. -No me des la lata. yendo tras él-. y me rompiste la cometa con la cabeza sin motivo. Y a Harry también se le ha olvidado -afirmó. -Pero tú eres una niña mala. y en las anteriores dejaste que la barca arrastrara mi sedal. ¿Cuánto te costaron los conejos? -Dos medias coronas y seis peniques -contestó Tom al instante. -¡Es que se han muerto todos. Después de pensar 20 Librodot . Maggie: ¿soy un buen hermano? -preguntó en tono imperioso... perdóname. Tom se la sacudió y se detuvo. pensando en cómo podría darle la noticia de modo que le aplacara la pena y el enfado. pero caminó detrás de Tom en un silencio tembloroso. Mañana no vendrás a pescar conmigo. -Me parece que tengo mucho más que eso en mi portamonedas. aunque t’había pedido que lo vigilaras. Y siento haberte comprado el sedal.. -Eres una niña mala -regañó Tom con severidad-. -Bueno. Con esta terrible conclusión. porque sólo eres una niña. -Ss-sí -hipó Maggie con la barbilla tembloroso. te perdonaría y te querría. Tom. agitándose con los sollozos mientras agarraba el brazo de Tom y le apoyaba la mejilla mojada en el hombro. yo te perdonaría. No pude remediarlo. -Pero si no lo hice queriendo -contestó Maggie-: es que no lo pude evitar.. Maggie temía la rabia de Tom más que ninguna otra cosa: era muy distinta de la suya. Qué pesada eres. No quiero tu dinero. mientras le saltaban las lágrimas de los ojos. corrió hacia la casa y subió al desván. sintiéndose terriblemente desgraciada. Me voy a ver los conejos. pero se me olvidó. donde se sentó en el suelo y apoyó la cabeza contra un carcomido estante. he ahorrado dinero. y se puso de nuevo en marcha... Tom. después dio media vuelta. Y a ti sólo te dan monedas de cinco chelines. he querido comprártelo. Me da muchísima pena -suplicó Maggie. no vendrás mañana a pescar conmigo. porque yo seré un hombre. Imagina lo que harías. Maggie.

-No la he visto en estas dos horas -dijo Tom. ¿verdad. y el espacio entre un verano y otro parece inconmensurable! No tardó en tener la sensación de que llevaba mucho rato en el desván y debía de ser ya la hora del té: todos estarían merendando sin pensar en ella. -A lo mejor está en el desván -sugirió la señora Tulliver-. ella nunca se habría alejado de él. se quedaría allí y se moriría de hambre. cuando la esperanza todavía no tiene alas para volar más allá de los días y las semanas. se entretuvo con estos pensamientos mientras se deslizaba sigilosamente detrás de la tina. -¡Qué malo es conmigo! -sollozó Maggie en voz alta. la señora Tulliver. Ni se le ocurrió pegar o atormentar al fetiche: se sentía demasiado desgraciada para estar enfadada. pero la necesidad de que la quisieran. con el corazón lleno de orgullo. No quería delatar a Maggie. ¿Qué le importaba todo lo demás si Tom no la quería? ¡Era muy cruel! ¿No le había ofrecido el dinero y le había dicho que lo sentía mucho? Sabía que muchas veces se portaba mal con su madre. Salió de detrás de la tina a la penumbra del largo desván y. Me parece que está en casa. ¿me oyes? Si no. canturreando y hablando sola. de no ser así. Su perspicacia o tal vez la debilidad que sentía por Maggie le hacían sospechar que el muchacho habría ofendido «a la nena». pero allí volvió a echarse a llorar al pensar en que a nadie le importaba su paradero. casi en el mismo instante. Había querido castigarla y. pero nunca con Tom y nunca le había pasado por la cabeza hacerle alguna travesura. Entonces todos se asustarían y Tom lo sentiría mucho. su padre preguntó: -¡Caramba! ¿Dónde está la mocita? -¿Dónde está tu hermanita? -exclamó. ¡Triste pena la de la infancia. Si ella no pensaba en nada más que en que volvieras a casa. se enfrentó a su orgullo y no tardó en vencerlo. después de que lo llamaran para tomar el té. 21 Librodot . T'has portado mal con ella. Tom había estado demasiado interesado charlando con Luke y rondando por las instalaciones del molino. -No lo sé -contestó Tom. Tom? -Le aseguro que no. oyó unos pasos rápidos en las escaleras. como haría cualquier persona práctica. convirtiéndose en una mujer asustada que acusaba a no sabía quién de no sabía qué. aunque estaba enfadado con ella. Sin embargo. en ese momento. Tom -ordenó el señor Tulliver con severidad. Maggie. Pues bien.para pensar en Maggie y en el efecto que su rabia había causado en ella. porque Tom Tulliver era un hombre de honor.Librodot El molino de Floss George Eliot 21 tanto tiempo en lo feliz que sería cuando llegara Tom. Ambos suponían que Maggie y Tom habían pasado la tarde juntos. entrando y saliendo a su gusto y tallando palos -por el mero motivo de que en el colegio no le estaba permitido. -¡Cómo! ¿No ha estado jugando contigo durante todo este rato? -preguntó el padre-. No. ¿la perdonaría? Quizá estuviera su padre y se pusiera de su parte. empezando a comer plumcake. sin acordarse de las horas de las comidas. se escondería detrás de la tina y se quedaría allí durante toda la noche. ahora estaba él en casa y se portaba con ella con tanta crueldad. padre -contestó Tom indignado-. Y si bajaba a ver a Tom. no volvería a bajar hasta que Tom subiera a buscarla. -Y pórtate bien con ella. te vas a enterar. la más intensa en la pobre Maggie. Esta decisión se mantuvo firme durante los cinco oscuros minutos pasados tras la tina. poniéndose en pie y corriendo hacia la ventana-. Pero ella quería que Tom la perdonara porque la quería y no porque se lo dijera su padre. se ocupó en otras cosas. cuando la pena es nueva y extraña. -¡Cielo santo! ¡Se ha ahogado! -gritó la señora Tulliver. -Ve a buscarla. porque. -¡Ca! No se ha ahogado -dijo el señor Tulliver-. sintiendo un desolado placer en la resonancia del gran desván vacío. ¿Cómo has podido permitirlo? -añadió. después de hacerlo.

y nos tragamos la pena por otro. por favor. sentía mucho cariño por su hermana. -No llores.. con la repentina emoción de la esperanza. reverenciaba la superioridad de Tom porque era la única persona que llamaba «cuentos» a sus conocimientos y no parecía sorprenderse de lo lista que era.. nos mantenemos a cierta distancia. convertirla en su ama de llaves y castigarla cuando se portara mal. Pero Maggie corrió hacia él y se le colgó del cuello. Ten. Maggie. perdóname. Así pues. y a la mañana siguiente Maggie trotaba con su caña de pescar en una mano y un asa del cesto en la otra. Tom sólo tenía trece años y no poseía criterio alguno sobre cuestiones de gramática o de aritmética.Librodot El molino de Floss George Eliot 22 Tom nunca desobedecía a su padre. -Vamos. aunque. no estaba dispuesto a permitir que nadie le quitara el bastón de mando. Esta necesidad de amor. cómo se abrían los candados o en qué sentido había que levantar los cierres de las puertas de las verjas. devolviéndole los besos. poniendo siempre los pies.. Maggie: ven a tomar el té -dijo finalmente Tom. con una autoridad similar a esa otra hambre mediante la cual la Naturaleza nos obliga a someternos al yugo y cambiar el rostro del mundo. conservamos una separación digna mientras mostramos firmeza. Así terminaron las penas aquel día. Maggie creía que estos conocimientos eran maravillosos y que era mucho más difícil recordarlos que lo leído en los libros. -Tom. y comieron juntos. Tom lo sabía todo sobre los gusanos. Nuestra conducta ya no se asemeja a la de los animales inferiores. oscura y radiante bajo el gorrito de castor. Me portaré siempre bien. Después de una pelea. Con todo. eran de Tom los pasos que Maggie había oído en las escaleras cuando su necesidad de amor se imponía sobre su orgullo. Me acordaré de todo.. No obstante. por un lado. con un humillante parecido a los ponis en una expresión de cariño. de modo que reaccionó con una debilidad incoherente con su decisión de castigarla tanto como merecía. para acompañarla. se frotaron las mejillas. entre sollozos. los peces y cosas de esas. Al menos su padre le acariciaría la cabeza y diría: «No importa. tal como él decía. El llanto de Maggie empezó a apaciguarse. pero se alejó con semblante hosco. de sacar partido a una navaja y se asustaban con las ranas. si algo sentían. y por ello Maggie podía frotar la mejilla contra la de Tom y besarlo en la oreja. él nunca fuera acreedor a un castigo. había pedido a Tom que de pusiera él el cebo. querido Tom. Maggie reconoció los pasos de Tom y el corazón empezó a latirle con violencia. y en aquel momento se preparaba para bajar y pedir perdón con los ojos hinchados y el cabello alborotado.. la nariz mientras comían. porque Tom era bueno con ella. Quiéreme. No puedo aguantarlo. abrió la boca y mordió un poco de pastel.. porque el señor Tulliver era un hombre autoritario y. sino que nos comportamos en todos los sentidos como miembros de una sociedad altamente civilizada. en realidad. -Maggie. un poco de pastel -dijo. Tom opinaba que Maggie era tonta. llevando consigo el trozo de pastel y sin la menor intención de evitar a Maggie su bien merecido castigo. así. qué pájaros eran nocivos. las cejas. después Tom mordió otro trocito. nos expresamos con frases educadas y. En realidad. aprendemos a controlar los sentimientos. Tom se limitó a detenerse en lo alto de la escalera. llorando. gracias a un don especial. y el muchacho poseía fibras tiernas acostumbradas a responder a los mimos de Maggie. 22 Librodot . este anhelo del corazón actúa como un déspota excelente. a él de daba do mismo). A medida que crecemos. aunque aceptó su palabra cuando de aseguró que los gusanos no sentían nada (aunque Tom pensaba que. mocita». tienes que bajar -anunció. pero sabía perfectamente que estaba dispuesto a castigar a quien lo mereciera de la misma manera que aceptaba que lo castigaran si le estaba bien empleado. Maggie y Tom todavía eran como animales jóvenes. pensaba cuidar siempre de ella. en los lugares con más barro. por favor. cuando ya no quedaba más pastel que el del salón. como todas las niñas: eran incapaces de dar en un blanco de una pedrada.

junto ad Gran Fresno. Maggie pensó que el cielo podría ser así: estar sentada junto al estanque y que nadie la regañara nunca. que después olvidaba y dejaba tirados. bajo el cielo azul. bonita! ¡Vacía la cesta! Maggie no creía que aquello tuviera un mérito especial. Tom pensaba que todos los que vivían en otro lugar del mundo tenían peor suerte. un maravilloso estanque formado mucho tiempo atrás por las inundaciones.Librodot El molino de Floss George Eliot 23 Caminaron hacia la Laguna Redonda. estos trinos que tan bien recuerdo. habló a Maggie con susurros cómplices. las cañas y el agua también se comunicaran con murmullos. ¿Qué bosque de palmeras tropicales. balbuceando. Nada en los susurros y los silencios evocadores podía estropear el placer de escuchar el suave goteo del pez al salir del agua y el leve rumor. Aquella fue una de sus mañanas felices. el Ripple. para ver cómo la marea de primavera -el terrible macareo. este cielo de brillo cambiante. cada uno de ellos con la 3 Protagonista de la segunda parte de El viaje del peregrino El río sobre el que no hay puente es el de la muerte. 23 Librodot .. los brotes ocres de los robles se extienden sobre mí. pero Tom tiró del hilo y sacó una gran tenca que se puso a saltar sobre la hierba. precisamente porque se conoce? En este templado día de mayo camino por un bosque. como si los sauces. Trotaron por ahí y se sentaron juntos sin pensar en que la vida pudiera cambiar mucho para ellos: se limitarían a crecer. sin embargo. -¡Maggie. Los mismos petirrojos que llamábamos «pájaros de Dios» porque no dañaban las preciosas cosechas. nunca se daba cuenta de que había picado un pez hasta que Tom se lo advertía. sentados en la hierba. A pesar de que le gustaba mucho ir de pesca. Nadie sabía qué profundidad tenía y resultaba misteriosa su forma casi circular. el gran castaño. y Maggie. Maggie pensaba que lo más probable era que los peces pequeños acudieran a su anzuelo y los grandes al de Tom pero. Tom le susurró lo más fuerte que pudo: -¡Mira. Tom estaba entusiasmado. a dejar el colegio y todo sería siempre como en vacaciones.. cuyas orillas eran como su casa. Los mismos escaramujos y espinos en los setos en otoño. como de costumbre.. que una vez gimió y gruñó como un hombre. enmarcada por sauces y altas cañas. mira! ¡Maggie! y se acercó corriendo para impedir que tirara bruscamente del sedal. y a mis pies crecen las blancas margaritas. cuando leía que Cristiana3 cruzaba «el río sobre el que no hay puente» siempre veía el Floss entre prados verdes. Todo sería siempre igual: el molino con su estruendo. qué extraños helechos o espléndidas flores de grandes pétalos podrían hacer vibrar fibras tan profundas y delicadas como esta escena familiar? Estas flores conocidas.. La vida cambió mucho para Tom y Maggie y. su pequeño río particular. si no fuera la misma tierra donde cada primavera crecían las mismas flores que recogíamos con nuestros dedos diminutos. bajo el cual jugaban a casitas. cuando se había olvidado ya delos peces y contemplaba soñadora las aguas cristalinas. por encima de todo. o para visitar el Gran Fresno. Maggie se asustó al pensar que había hecho algo mal. y. vivirían siempre juntos y se querrían mucho. mientras abría la preciada cesta y preparaba el aparejo. cubiertos de hierba. de modo que el agua sólo se veía desde muy cerca de la orilla. La vista de aquel lugar favorito siempre ponía a Tom de muy buen humor y. las azules verónicas y la hiedra. No podríamos amar tanto la tierra si no hubiéramos vivido en ella nuestra infancia.se alzaba cual un monstruo hambriento. Le lanzó el sedal y de puso la caña en la mano. ¿Qué novedad puede compararse a esta dulce monotonía en la que todo se conoce y se ama. el gran Floss a lo largo del cual vagaban con sensación de aventura. en las que Tom buscaba siempre ratas de agua mientras Maggie recogía los plumeros purpúreos de las cañas. no se equivocaban entonces al creer que los pensamientos y amores de aquellos primeros años formarían siempre parte de su vida. estos campos arados. pero de bastaba con que Tom la llamara Maggie y estuviera contento con ella.

criatura. ya que guardan todos sus intereses y parte del dinero de la casa. ya que mis hijos se muestran muy poco amables con sus tías y tíos. Maggie es diez veces más traviesa que otros días. aunque es más natural en un chico que en una niña. que perviven en nosotros y transforman nuestra percepción en amor. bueno. De modo que ninguna otra estación o circunstancia podrían haber sido más propicias para celebrar una fiesta familiar. pero de soltera había sido una señorita Dodson. Todas estas cosas son la lengua materna de nuestra imaginación. sin pedir para bajar. -Bueno.. esa es Deane.. orgullosa de servir a una señora capaz de elaborar semejantes pastelillos. ahorran ni se sabe cuánto dinero. la criada. ¿Qué importa lo que diga ella? Mis niños no necesitan que los contemplen. -Un golpe de viento se los llevaría como plumas -decía Kezia. -¡Bah! -exclamó el señor Tulliver-. y 24 Librodot . -Bueno. si no fuera por los rayos de sol y la hierba de los años lejanos. Y Lucy. ni tía ni tío. puedes sentarla en un taburete y ahí se queda una hora. Pocas esposas eran tan sumisas como la señora Tulliver en todos los aspectos que no estuvieran relacionados con sus parientes. pero incluso una oveja aprende a plantar cara cuando tiene corderos. es tan buena. Cuando hay tantos a la mesa.Librodot El molino de Floss George Eliot 24 distinta personalidad que le confieren los caprichosos setos. haz lo que quieras. la hija de los Deane. pero estoy segura de que no hay nadie en tu familia. el idioma cargado con todas las asociaciones sutiles e inextricables que las horas fugaces de nuestra infancia dejaron atrás. invita a su padre y a su madre a que la traigan.. que les vaya a dejar un billete de cinco libras en el testamiento. y estoy segura de que parece más hija mía que de mi hermana. El placer que sentimos hoy al contemplar el brillo del sol sobre las largas briznas de hierba podría ser tan solo la débil percepción de un alma cansada. y tendría que poner dos alas en la mesa y sacar más vajilla. -No. porque sus maridos les compran de todo -la señora Tulliver era una mujer dulce. Cuando vienen. invita a los Deane -opinó el señor Tulliver-. Tulliver. y a Tom no le caen bien. ¿Y por qué no se lo dices también a la tía y el tío Moss? ¿Y a algunos de sus hijos? -Pero Tulliver: ya somos ocho personas mayores más los niños. -Preferiría no invitar a mi hermana Deane esta vez -confesó la señora Tulliver-: es celosa y posesiva como el que más y siempre está intentando dejar en mal lugar a mis pobres niños delante de los tíos y tías. aún cuando no se considerara procedente consultar a la hermana Glegg y a la hermana Pullet sobre la estancia de Tom en la escuela. No puedo evitar quererla como si fuera mía. y mi hermana Pullet lo mismo. ¿Qué importa el dinero de tus hermanas si tienen que dividirlo entre media docena de sobrinos y sobrinas? Y a tu hermana Deane no se le ocurrirá pretender que se lo dejen todo a uno solo y todo el mundo la critique después de muertos. porque si hay alguien en mi familia que tenga mal color. bueno: si tanto quieres a la niña. Mi hermana Glegg. Bessy -dijo el señor Tulliver. mucho pan resulta escaso. -No sé qué pretenderá -dijo la señora Tulliver-. Capítulo VI Se aguarda la visita de las tías y los tíos Se encontraban en la semana de Pascua y los pasteles de queso de la señora Tulliver eran más exquisitamente ligeros que de costumbre. cogiendo el sombrero y saliendo hacia el molino. Y sabes tan bien como yo que mis hermanas y tu hermana no congenian.. -Eso es lo que tú siempre dices. Casi nunca hablo con él: hace por lo menos seis meses que no viene.

y en el gusto por la sal y las judías. sin duda eran mejores que los que no formaban parte de ella. y no rehuían decirle las verdades más desagradables que les dictaba su correcto sentido de la familia: si la enfermedad o el conflicto era culpa del afectado. Cuando una Dodson se encontraba en una «casa ajena».Librodot El molino de Floss George Eliot 25 los Dodson eran una familia muy respetable. no era intención de la señora Tulliver introducir innovaciones en las ideas familiares: estaba agradecida por ser una Dodson y por tener un hijo que había salido a su propia familia. por lo general. En aquella familia todo se hacía de una manera especial: blanquear la ropa. sí lo estaba consigo mismo y con el conjunto de los Dodson. El miércoles. No. preparar vino de prímula. igual que Maggie. el verdadero carácter Dodson se hallaba latente en Tom y éste. no era costumbre de los Dodson quedarse callados. comiendo pastelitos rellenos de mermelada-. de la misma manera que una cerveza. siempre tomaba el té con pan solo y rechazaba todo tipo de conservas. Y cabe destacar que. algo impropio de los Tulliver. los diversos aromas de pasteles en el horno y jaleas calientes mezclados con el olor a salsa de carne resultaban tan tentadores que era imposible sentirse triste: la esperanza flotaba en el aire. que debían compartir-. En otros aspectos. los guantes jamás tenían el pulgar descosido. si bien ningún Dodson estaba satisfecho de ningún otro Dodson individualmente. sólo consintieron mantenerse a cierta distancia cuando se les permitió obtener un botín suficiente. El miembro más débil de una familia -el que tiene menos carácter. por lo general. y a nadie le sorprendió que las dos mayores hicieran tan buenas bodas. de manera que ninguna de las hijas de la casa pudiera ser indiferente al privilegio de haber nacido Dodson en lugar de Gibson o Watson. -¿Por qué. por floja que sea. Tom y Maggie hicieron varias incursiones a la cocina y. se fugaba durante todo el día con gran cantidad de comida fácil de transportar: síntoma moral que permitía a la tía Glegg presagiarle el más negro porvenir. -Tom -preguntó Maggie cuando se sentaron en las ramas del viejo árbol. los demás acudían a visitar al infortunado. pero ya se sabe que el sexo débil constituye una pesada impedimenta en casos de huida. Y aunque en su juventud protestó un poco al verse sometida al yugo de sus hermanas mayores y todavía vertía lágrimas de vez en cuando ante los reproches de sus hermanas. Las señoritas Dodson habían aprendido a llevar la cabeza bien alta. al mismo tiempo.es con frecuencia el mero epítome de las costumbres y tradiciones de la familia. Tom? ¿Porque viene Lucy? 25 Librodot . curar el jamón o guardar las grosellas en conserva. no me iré. y la señora Tulliver era una perfecta Dodson. al igual que a otros merodeadores. víspera de la visita de los tíos y las tías. ¿piensas escaparte mañana? -No -contestó Tom lentamente tras terminar un bollo y mirando de reojo el tercero. en esa familia se daba una tradición especial que dictaba lo que era correcto en la organización de la casa y en la vida social. aunque débil. en la medida en que eran «del mismo linaje». En la familia Dodson. no deja de ser cerveza. aunque no muy jóvenes. ya que no confiaba en la calidad de la mantequilla y sospechaba que las mermeladas podían haber empezado a fermentar por falta de azúcar y de hervor. Maggie tenía que soportar que Tom se fugara sin avisarla. considerada como la que más en su propia parroquia o la vecina. Cuando un miembro de la familia tenía algún problema o enfermedad. por lo menos en los rasgos y en la tez. los funerales se celebraban siempre con especial decoro: las cintas de los sombreros nunca eran azuladas. distaba de valorar el «linaje» materno. En definitiva. y la única vertiente amarga de esta superioridad era la dolorosa incapacidad para aprobar los condimentos O la conducta de las familias en las que no regía la tradición de los Dodson. en cuanto sabía con tiempo suficiente que las tías y tíos los visitarían. todos se comportaban debidamente y siempre había bandas negras para los portadores del féretro. Aunque reconocían que algunos Dodson se parecían más a la familia y otros menos. porque no era esa la costumbre de la familia Dodson.

el izquierdo o el derecho. terminó primero y tuvo que contemplar cómo Maggie devoraba los últimos bocados. pero yo no soy un tragón. pero yo no quería hacer lo que no era justo. que siguió contemplando las dos mitades con aire indeciso. Maggie palideció. ya lo sabes -contestó Maggie ofendida. Maggie no se daba cuenta de que Tom la miraba: se balanceaba en la rama vieja. casi enfadado. temo que no le importaba tanto que Tom obtuviera el mayor pedazo como que estuviera contento con ella por darle el mejor. ¿por qué no me has pedido. dispuesto a comer más. -Cierra los ojos. intentando adivinarlo mientras se inclinaba hacia Tom con los ojos clavados en la navaja suspendida en el aire. Maggie obedeció. -Tom. -Quiero el que se le ha caído la mermelada -dijo Maggie. mientras desaparecían los dulces. El espíritu de sacrificio de Maggie no llegaba a tanto. -Pero si yo quería dártelo. Tom: quédatelo. -Por favor. -¡Glotona! -exclamó Tom después de que se tragara el último bocado. -No. De modo que cerró los ojos con fuerza hasta que Tom le ordenó: -¡Escoge! -El de la izquierda -contestó ella. tonta: también está bueno al día siguiente.¿Y a mí qué me importa Lucy? Si es una niña: no sabe jugar al bandy4. -No.) . Antes de comerse su parte habría rechazado un bocado. empezó también a comer con tanto deleite como urgencia. Ciérralos cuando yo te diga. Siempre se queda con el mejor trozo si no se lo quitas a puñetazos. sobre todo cuando sabías que t'había dado el mejor. al ver que Maggie abría un poco los ojos-. ¿es por el bizcocho borracho? -preguntó Maggie. -¡Anda! Seguro que no quieres ese. una cosa. -¿Para qué? -No te importa. Deberías haber pensado en mí. tendiéndole a Maggie el mejor. también había estado mirando con una agitación de orejas y emociones difíciles de soportar sin amargura. -¿Cual? ¿el que tiene la mermelada fuera? -No. Con esta hiriente insinuación. Ya sé de qué será: de albaricoque. como Spouncer. lo hago con justicia. (Era un problema difícil dividir aquel polígono tan irregular en dos partes iguales. -Sí. y si escoges el mejor con los ojos cerrados. -Te lo llevas -contestó Tom con fastidio. -Entonces. pensando que no merecía la pena seguir discutiendo. pero el resultado no fue del agrado de Tom. A mí me da igual. Él era consciente de haberse comportado con justicia y le parecía que ella debería haberlo tenido en cuenta y premiarlo. quédate este. glotona. Prefiero el otro. abriendo la navaja y sosteniéndola sobre el bollo. empezando a comer el suyo. Tom saltó de la rama y lanzó una piedra con un grito para mimar un poco a Yap. Escoge: el de la izquierda o el de la derecha. Cuando parto. si querías? -Ni se me habría ocurrido pedírtelo. el otro: tómalo -dijo Tom con firmeza. pero no te lo daré porque sí. Ahora dime cuál quieres. la navaja descendió sobre el pastel y lo partió. manteniendo los ojos cerrados para complacer a Tom. boba. Pero Tom. Es por el pudín. pero uno cambia de opinión cuando su parte ha desaparecido. absorta en una vaga sensación de mermelada e indolencia. Sin 4 Juego similar al hockey. que. en realidad. Maggie. Te lo comes si te toca. lo cambia de mano.Librodot El molino de Floss George Eliot 26 -No -contestó Tom. Si no cierras los ojos no tendrás ningún trozo. Maggie -dijo finalmente. 26 Librodot . ¡Eh! -exclamó Tom enfadado. no quiero -contestó Tom. con la cabeza ladeada en un gesto de duda. ¡Vaya! Con esta exclamación.

¿Adónde habría ido. ¿cómo no iba a hacerlo? Durante los diez minutos siguientes. que consistía en ahuyentar a los pájaros. tirar piedras a las ovejas o matar algún gato que merodeaba «de incógnito». acompañado de Yap? Maggie corrió hacia la alta orilla situada junto al gran acebo. su rostro de nariz respingona y la franja de cabello rojo muy rizado resultaban incluso agradables. el disgusto cedió ante el deseo de reconciliación y la niña saltó de la rama para ir en busca de Tom. en dirección a la gran cacería de ratas que iba a tener lugar en un granero cercano. pasado ese tiempo. Tantas cualidades en un inferior -al que podía tratar con autoridad a pesar de sus mayores conocimientos. siguió sentada en la rama. por si todo esto fuera poco. Bob lo sabía todo sobre el tema y hablaba de la diversión con un entusiasmo que nadie. de herrerillo o de escribano cerillo. caminaba apresuradamente con Bob. Maggie creía probable que la casa redonda tuviera serpientes en el suelo y murciélagos en el dormitorio: en una ocasión vio cómo Bob se quitaba la gorra para enseñar a Tom la pequeña serpiente que llevaba dentro y en otra les mostró un puñado de murciélagos pequeños. trepaba por los árboles como si fuera una ardilla y tenía una capacidad mágica para localizar erizos y armiños. olvidando todo lo relacionado con Maggie y el aguijón de reproche que acababa de clavarle en el corazón. en cada período vacacional. a menos que carezca de sentimientos viriles o ignore lamentablemente el mecanismo de la caza de ratas. Entretanto. Maggie estaba segura de que Bob era malo. y a que una vez que Maggie y Tom llegaron paseando hasta allí. puede dejar de imaginar. Maggie pensó que los estaba regañando severamente y el corazón le latió aterrorizado. que en aquel momento no se dedicaba a su función oficial -o tal vez natural-. imaginando que todo era distinto. Pero Maggie. donde podía distinguir el Floss a lo lejos. pero habría preferido quedarse sin él varias veces antes de que Tom la llamara glotona y se enfadara con ella. El pastelito estaba muy bueno y el paladar de Maggie lo apreciaba debidamente. al que había encontrado por casualidad. encontraba todos los avisperos y era capaz de preparar todo tipo de trampas. los ojos se le llenaron de tantas lágrimas que no vio nada. Él había dicho que no lo quería y ella se lo comió sin pensar. detrás del almiar. dotada con la capacidad para sufrir que distingue al ser humano y lo coloca a orgullosa distancia del más melancólico chimpancé. y que no sólo lo acompañaba Yap. Además.Librodot El molino de Floss George Eliot 27 embargo. cuando Tom tenía a Bob de compañero se desentendía de Maggie y no le permitía ir con ellos. ¡En fin! No había remedio: se había ido y a Maggie no se le ocurría mejor consuelo que sentarse junto al acebo o pasear junto al seto. En conjunto. Bob sabía si era de golondrina. Bob no tenía un aspecto excesivamente infame. cuando la madre de Bob surgió tras él y gritó por encima de los ladridos para decirles que no se asustaran. Tom. dando forma a su pequeño mundo tal como le gustaría que fuera. A pesar de la maldad sobrenatural que se le atribuía.ejercían una fascinación fatal sobre Tom. Debemos reconocer que Tom disfrutaba con la compañía de Bob. Allí estaba Tom. Habría dado el mundo entero por no haberse comido todo el bollo y haberle guardado un poco a Tom. a juzgar por la familiaridad que tenía con serpientes y murciélagos. el excelente perro aceptó la atención de Tom con tanta presteza como si lo hubieran tratado con generosidad. ¿cómo iba a ser de otro modo? En cuanto veía el huevo de un pájaro. tal vez un poco diabólico. y Maggie estaba segura de que. tendría algunos días de pena porque Tom se había marchado con Bob. entregada a la viva sensación de haber recibido reproches injustos. salió de la casa un perro manchado que no paraba de ladrar. río abajo. Y. sino también el travieso Bob Jakin. pero el corazón le dio un vuelco al ver lo mucho que se había alejado por el camino hacia el gran río. Llevaba siempre los pantalones recogidos hasta la rodilla para poder meterse en el agua al instante y su 27 Librodot . era un chico raro. poseía el valor necesario para hacer travesuras tales como abrir brechas en los setos. Ya no estaba en el prado. aunque no sabía bien por qué: tal vez se debía a que la madre de Bob era una mujer gorda y horriblemente corpulenta que vivía en una rara casa redonda. La vida de Maggie era turbulenta y éste era su opio.

Es lo que más me gustaría ser. vaya que sí. percibiendo el desdén. los perros no sirven. que piensan que todo mérito bien presentado recibe excesiva recompensa. vaya que sí. los hurones son bichos desagradables que muerden a cualquiera. -Me da igual si hay una inundación -contestó Bob-. Lo sé porque me lo ha contado mi padre. señorito Tom -dijo Bob con entusiasmo-. incluso los más biliosos. Y se ahogaron las ovejas y las vacas.Librodot El molino de Floss George Eliot 28 virtud. coincidían. Y si llega una inundación. era sin duda una «virtud vestida con harapos». no tardará en darle un buen bocado. cobarde! -dijo Tom. Vaya. me da igual estar en el agua o en la tierra. cuya imaginación se había disparado bajo el estímulo de la amenaza-. te dejaré subir -añadió en tono de patrón benévolo. -Ahora no está tan lleno. Es el mejor cazarratas que existe. 28 Librodot . vaya que sí. ¡Cógela. Y si te veo por ahí nadando. Vaya. pero una vez -objetó Tom.hubo una inundación y se formó la Laguna Redonda. -Mejor los hurones. vaya que sí. -No m'asusta -dijo Bob. -Sí. Yap no sirve para cazar. vaya que sí. y la tendré llena de comida. Cuando sea mayor. no -dijo-. allí! -gritó Tom batiendo palmas mientras el pequeño hocico negro describía un arco hacia la orilla opuesta-. Cuando termine el colegio tendré perros buenos para las ratas y todo lo demás. pero se negó a lanzarse al agua e intentó que unos ladridos cumplieran el mismo propósito. Pero ties que tener hurones. Hurones blancos con ojos de color de rosa. dispuesto a ver una oposición entre dos afirmaciones que. Yap. ¡Vaya! Podrá cazar sus propias ratas. -¡Eh. es muy probable que este tipo de virtud no obtenga reconocimiento alguno (tal vez porque pocas veces se repara en ella). señalando a Yap con aire de desagrado-: no vale pa las ratas ni pa na. En aquel momento.. -Pero Bob -objetó Tom con aire pensativo-. -¡Allí. Si alguien se queda con tu hurón. allí vive. si no era una rata de agua. pero subiré y sacrificaré a los conejos con un porrazo en la cabeza cuando usted quiera comérselos. Los topos no son nada en comparación. Vive más arriba del Kennel Yard. me dará lo mismo. y las barcas se quedaron sobre los campos. ahí está lo bueno. el año pasado todos los prados eran cono una sábana de agua. suponiendo que ésta existiera. a modo de nota o apostilla. pero no tuvo el valor sobrehumano necesario para quedarse atrás en el desprecio de un perro tan lamentable. prefirió caminar por la orilla inundada y poco profunda. en Saint Ogg's. tras una breve pausa. un llamativo incidente hizo que los chicos se detuvieran en seco: un cuerpo pequeño había caído al agua entre las cercanas totoras. en realidad. Ya lo vi en la caza de ratas del cobertizo de su padre. -¿Y si no tienes nada que comer durante mucho tiempo? -preguntó Tom. a quien el hambre no alarmaba tanto-. Según la autoridad de los filósofos. aunque no se les moleste. se acercó a Tom con el rabo entre piernas. -Conozco al hombre que tiene los hurones -declaró Bob con ronca voz atiplada mientras caminaba arrastrando los pies con los azules ojos fijos en el río. como el arca de Noé. cógela! Yap agitó las orejas y arrugó la frente. construiré un barco con una casa de madera encima. el Floss -dijo Bob mientras propinaba una patada al agua con la agradable sensación de mostrarse insolente con el río-. para variar. vaya que sí. Y es casi tan divertido como ver cómo se pelean dos chicos.. estaba dispuesto a soportar las mas desagradables consecuencias. conejos y otras cosas. Bob se abstuvo de todo comentario y avanzó aunque. este perro -prosiguió Bob. pero estaban igual de buenos -añadió Bob. -Caray.. Bob insinuó que. Nadaría.. como los que vendían pasteles y naranjas en la feria: las cosas salían volando de las cestas y algunos de los pasteles se chafaron. Yo pienso hacerlo. y podrá poner una rata en una jaula con un hurón y mirar cómo luchan. Yap. sintiéndose humillado en su espíritu de cazador por poseer un animal tan pusilánime. dándole una patada. -No. como un animal anfibio que aguardara el momento oportuno para lanzarse al agua. éste se sintió un poco dolido por él.

Yo no lo quiero: no pensaba quedármelo. Pero en ese momento. -Yo soy el amo. sin pensar en la posibilidad de que este juego resultara menos atractivo en su madurez-. clavó los dientes en otro lugar. Lucharon unos momentos en el suelo hasta que Tom. antes de que Bob hubiera recuperado el equilibrio tras lanzar a Yap. -Pues es cara -contestó Bob rápidamente. propinándole una patada. Empezaría repartiendo las monedas y veríamos quién ganaba. Y es un imbécil. se le echó encima. Dámelo. no sólo con impunidad. no puede -contestó Bob. regresó ladrando al escenario de la acción y vio una oportunidad favorable para morder la pierna desnuda de Bob. -Aquí tengo medio penique -anunció Bob. -No. metiendo la mano en el bolsillo. lo tiró al suelo y le clavó la rodilla sobre el pecho. con un nuevo esfuerzo. Yap. enfurruñado. saliendo del agua y lanzando al aire la moneda-. soltó a Tom. -Sí. váyase con ese perro ahogado: no querría un perro así ni regalao-gritó Bob más fuerte. pero éste lo agarró como un gato y lo arrastró consigo.. pero ya me encargaré de que no lo sepa. creyó que dominaba la situación. Pero tú querías hacer trampa y eso no me gusta.Librodot El molino de Floss George Eliot 29 -Y si tenemos medio penique. -Anda. Hago trampas si me da la gana: además. -Suélteme -dijo Bob. -Pues déjelo si quiere -gritó Bob a su espalda-. Dame el medio penique. que no había conseguido presa suficiente. agarró a Yap hasta casi estrangularlo y lo tiró al río. -A mí qué me importa. no puede. agarrando a Bob por el cuello y sacudiéndolo.. le dio mayor tenacidad y. tiró a Tom de un empujón y se colocó encima. sujetando a Bob contra la tierra por los hombros. sí puedo. -Ya verás cómo t’importa. En ese momento.. lo he ganado justamente. Ya no quiero ir más contigo -añadió. no quiero cogerlo. dando media vuelta para dirigirse a su casa.Pero Tom no cedió a la provocación y no se dio la vuelta.. ¿Cara o cruz? -Cruz -dijo Tom. es un. Tom avanzó sin mirar atrás y Yap siguió su ejemplo. -No. Y sé dónde hay un nido de jilgueros. agarrando la moneda al caer. que había estado corriendo delante de los niños. -Entonces haré que me lo des a la fuerza -dijo Tom. -Ahí se queda -declaró Tom-. jugaremos a adivinar si cae cara o cruz -dijo Tom. A Tom se le subió la sangre a la cabeza: arremetió contra Bob y lo derribó. enardecido al instante por el deseo de ganar. Tom estaba ya de pie y. -Di que vas a darme el medio penique ahora mismo -dijo Tom con dificultad mientras se esforzaba por sujetar los brazos de Bob. sino también con honor. Sin embargo. ese juego no es divertido. no sin recordar con tristeza la caza de ratas y otros placeres a los que junto con la compañía de Bob renunciaba. orgulloso. Tom soltó a Bob y dejó que se levantara. -Cójalo -dijo Bob. -No pienso dárselo -dijo Bob. de modo que Bob. en un último esfuerzo por mantener el desafío. Yap. después de que el baño de agua fría moderara sus pasiones. El dolor producido por los dientes de Yap. -No puede hacer que le dé nada. -No lo era-gritó Tom imperiosamente-. en lugar de sorprender a Bob y hacerle soltar a su contrario. tramposo -dijo Tom. y la voz de Bob vaciló un poco al añadir: 29 Librodot . acosado. Bob se sacó la moneda del bolsillo y la tiró a lo lejos. -Ahora me das el medio penique -dijo Tom.

Este delicado aroma moral tampoco habría sido tenido en alta estima en Kennel Yard. habría dicho: «Volvería a hacer lo mismo». Sin embargo. la señora Glegg se ponía algunas veces uno de los flequillos que consideraba «de tercera». ¡Pobre Bob! No era muy estricto en las cuestiones de honor. pero no lo hacía cuando se trataba de una visita a casa de una hermana. Ningún observador imparcial que la contemplara sentada en el sillón de la señora Tulliver podría haber negado que a sus cincuenta años. Y aquí tié la navaja con mango de asta que me dio.Librodot El molino de Floss George Eliot 30 -Y no pienso enseñarle nada ni darle nada más. pero cuando ella muriera encontrarían guardados en el cajón derecho del armario del gabinete incluso más encajes de los que había tenido la señora Wooll de Saint Ogg's en toda su vida. mirar en un día laborable desde debajo de un flequillo brillante y rizado supondría introducir una confusión desagradable e irreal entre lo sagrado y lo profano. aunque para Tom y Maggie fuera el prototipo de la fealdad. a pesar de todo. lo que frenó su alegría por verlo llegar antes de lo esperado y apenas se atrevió a dirigirle la palabra mientras él permanecía en silencio. Otro tanto sucedía con los flequillos postizos: con toda certeza... el centro del mundo de Bob. ¿Qué es la vida sin una navaja de bolsillo para aquel que ha conocido lo que supone poseer una? No: tirar el mango tras el hacha es un acto de desesperación comprensible. sin embargo. Cuando debía realizar una visita entre semana. tal como había decidido rápidamente nuestro amigo Tom. Pero si le hubieran preguntado a Tom en ese momento. lanzando guijarros a la presa del molino. un exceso. Cuando Tom llegó a casa. aunque señalaba con frecuencia que ninguna mujer poseía vestidos mejores que los suyos. la señora Glegg guardaba en los cajones los bucles castaños más brillantes y rizados. no era un personaje caballeresco. como habrá advertido el lector. -Bob lanzó la navaja en dirección a Tom tan lejos como pudo.. Los dedos se le estremecían y le rogaban que fuera a recoger aquella navaja con cachas de asta que con tanta frecuencia asían por puro placer mientras la llevaba ociosa en el bolsillo. que desde su matrimonio 30 Librodot . Es cierto que despreciaba los beneficios de lucir ropas hermosas. pero sin otra consecuencia que el terrible vacío que sintió al perderla. ponerse sus mejores encajes a cada lavado. especialmente si ésta era la señora Tulliver. abrir una hoja tras otra y palpar el filo con el calloso pulgar. En el suelo. porque. era un personaje radamantino y su sentido de la justicia era mayor que el de otros chicos: una justicia que desea infligir daño a los culpables en la medida en que lo merecen y que no se altera por las dudas en relación con la exacta medida del castigo. Capítulo VII Aparecen los tíos y las tías Sin duda. De modo que Bob se dirigió arrastrando los pies hasta el lugar donde había caído al suelo su querida navaja y después de aquella separación temporal sintió un placer nuevo al asirla. si así lo deseaban. Las demás podían. Maggie reparó en su aspecto sombrío. poseía un lindo rostro y una hermosa figura. tenía dos hojas y acababa de afilarlas. así como postizos con los más diversos grados de ondulación. en tanto que Maggie siempre desea haber hecho otra cosa. Bob no era un granuja ni un ladrón. los miembros de la familia Dodson eran agraciados y la señora Glegg no era la menos bella de las hermanas. la navaja no sería de utilidad para nadie: Tom no se sentiría ofendido y tanto el orgullo como el rencor eran débiles pasiones para Bob en comparación con lo mucho que le gustaba aquel cuchillo. y no quiero saber nada de usté. No es nada agradable renunciar a una cacería de ratas cuando uno se ha hecho ilusiones. pero tirar una navaja de bolsillo tras un amigo implacable es una hipérbole en todos los sentidos. Tom.. Permaneció inmóvil hasta después de que Tom pasara por el portón y desapareciera tras el seto. no tenía por costumbre usar lo nuevo antes que lo viejo. aunque la señora Wooll los luciera antes de pagarlos. Así era como acostumbraba a contemplar sus actos. suponiendo que allí se percibiera. Además.

¿qué puedo hacer? Al señor Tulliver no le gusta comer antes de las dos: ya he adelantado media hora el almuerzo por ti. -No sé qué le pasa a nuestra hermana Pullet -prosiguió-. Pero si las costumbres de la familia se alteran. desatado y ligeramente echado hacia atrás-. que acababa de regresar de una visita a la cocina. cuya cadena le daba varias vueltas alrededor de los dedos. pero debido a ciertas constelaciones de puntitos amarillos y al olor a moho que evocaba algún húmedo arcón.. tal como había observado la señora Glegg a la señora Deane.. Retrasarían la comida hasta después del té si su mujer fuera tan débil como para consentírselo. La señora Tulliver había vertido lágrimas en varias ocasiones por los comentarios de su hermana Glegg sobre unos rizos tan poco adecuados para una madre de familia. Pero si quieres seguir mi consejo. Lo siento por ti. hermana -dijo la señora Tulliver con blanda irritación-. llevaba una pequeña esclavina de marta que apenas le cubría los hombros y distaba de unirse sobre su bien formado busto. con un marido que estaba siempre pleiteando.. ¡Pero Bessy había sido siempre tan débil! De manera que si el flequillo postizo de la señora Glegg aquel día estaba más rizado que de costumbre se debía a una intención concreta pretendía hacer alusión de modo mordaz e hiriente al peinado de la señora Tulliver. que se conforman con un mendrugo de pan seco antes que contribuir a que t'arruines con despilfarros. que es mucho más sensata. Habría dicho que conocías mejor a tu hermana: nunca he picado nada entre comidas y no pienso empezar ahora. pero los conservaba porque era consciente de que. Bessy. con ellos. y tu marido ha gastado tu dinero en pleitos y es probable que gaste también el suyo.Librodot El molino de Floss George Eliot 31 había ofendido enormemente a sus hermanas luciendo su propio cabello aunque. Habría sido más adecuado que prepararas un trozo de carne hervida. No es ésa la educación que has recibido. Esperemos que los chicos no sufran por ello. Sería necesario ser un experto en modas pasadas para saber cuántas temporadas de retraso tenía el vestido de seda color pizarra de la señora Glegg. -¡Ay. la señora Glegg optó por conservar el sombrero en la casa -naturalmente. para aprovechar después el caldo en la cocina. en esta familia todos éramos puntuales. porque tienes poco carácter. una madre de familia. M'asombra nuestra hermana Deane: antes se parecía a mí. Tú tienes dos niños que mantener. Bessy. sí. ya sé cómo son las cosas con los maridos: siempre quieren retrasarlo todo. La señora Glegg. -Sí. al margen de lo que indicaran los relojes de los demás. Y espero que no nos hayas preparado una gran comida ni hayas hecho grandes gastos por tus hermanas. debería saber lo que era adecuado. con dos coletas de rizos rubios separadas entre sí por una raya y el cabello debidamente alisado a ambos lados de ésta. cosa frecuente en ella cuando se encontraba de visita y no estaba de muy buen humor: una nunca sabía con qué corrientes de aire podía topar en casas desconocidas. que. estaba más hermosa. Así era en época de mi pobre padre. Por el mismo motivo. Antes. -Pero Jane. pero si la espera es demasiado larga para ti. Este día. en el suyo decía que eran más de las doce y media. no será por mi culpa: no seré yo quien llegue a una casa cuando los demás estén ya marchándose. es mejor que adelantes la comida a que la atrases.. y protegía su largo cuello con una especie de caballo de Frisia de volantes diversos. -¡Pero Bessy! -exclamó la señora Glegg con una sonrisa amarga y un movimiento de cabeza apenas perceptible-. sosteniendo en la mano su gran reloj de oro. Aunque me parece lamentable esta tontería de sacar la comida a la una y media cuando deberías hacerlo a la una. permite que t'ofrezca un pastelito de queso y un vaso de vino. La comida no se servirá hasta la una y media. como Bessy. Bessy. y un 31 Librodot . y ninguna hermana tenía que esperar sentada media hora a que llegaran las demás. era probable que perteneciera a un estrato de trajes lo bastante viejo para que le hubiera llegado ya el turno de ser usado. y que tome nota la gente que tiene por costumbre llegar tarde. Dios mío! Seguro que llegan a tiempo. notificó a la señora Tulliver. Me pregunto por qué no tomas como modelo a nuestra hermana Deane.

no sin lanzar una mirada a su marido para ver si protegía de todo mal su hermoso vestido de seda. sabría hacer que fuera a parar a su familia. al parecer. con la cabeza echada hacia atrás en un ángulo que no perjudique al sombrero. se ha convertido a su vez en un fastidio. Yo no puedo legar a tus hijos una cantidad suficiente de mis ahorros para librarlos de la ruina. la esperanza de que lleguen momentos futuros menos húmedos en los que las cintas del sombrero recuperen su encanto. Y no puedes contar con el dinero del señor Glegg: viene de una familia longeva y. La señora Glegg meneó la cabeza e hizo una amarga mueca con los labios al pensar en las «cuatro ruedas». La señora Tulliver nunca llegaba a pelearse con ella. el abandono característico de la tristeza se ve frenado y variado de la más sutil manera hasta presentar un problema interesante a la mente analítica. Sin embargo. Bessy.. movimiento conmovedor que indica. permaneció sentada. el día se presentaba alegre. Al lado de su esposa alta y hermosa. -¡Vaya! ¿Qué te pasa. ataviada con mangas de jamón. De la pena de un hotentote a la de una mujer con largas mangas de bucarán. -En fin. una larga capa y un gran sombrero emplumado y encintado. Si las lágrimas se demoran un poco. ¡qué larga serie de gradaciones! En la ilustrada hija de la civilización. Si advierte que las lágrimas fluyen demasiado deprisa. El señor Pullet era un hombre menudo de gran nariz.Y tiene derecho a hacer lo que quiera en su casa. Si con el corazón destrozado y los ojos casi cegados por la niebla de las lágrimas. -El señor Tulliver dice que.. La señora Tulliver se alegró de que el sonido de unas ruedas interrumpiera a la señora Glegg y se apresuró a salir a recibir a la hermana Pullet: tenía que ser ella porque sonaba como un carruaje de cuatro ruedas. hermana. Cuando el coche se detuvo delante de la puerta de la señora Tulliver. la profunda conciencia de esta posibilidad produce una composición de fuerzas gracias a la cual toma un camino que le permite franquearla sin problemas. Tenía una idea muy clara sobre el tema. mientras pueda pagarla. pero se le ocurrió que tal vez el gran espejo del tocador del mejor dormitorio de la hermana Pullet se había roto otra vez. un sombrero arquitectónico y delicadas cintas. Con la hermana Glegg de aquel humor. Una mujer afligida vestida a la última moda ofrece una imagen lamentable y un ejemplo llamativo de la complejidad que ha introducido en las emociones un alto grado de civilización.Librodot El molino de Floss George Eliot 32 pudín sencillo con sólo una cucharada de azúcar y sin especias -añadió la señora Glegg con enfático tono de protesta. moviendo tristemente la cabeza mientras miraba a lo lejos entre lágrimas. de modo que la señora Tulliver pudo darle la misma respuesta que en otras ocasiones anteriores. contempla pensativamente los 32 Librodot . siempre tendrá una buena comida para su familia -repuso-. ojos pequeños y brillantes y labios finos. la hermana Pullet estaba llorando y. aunque muriera antes que yo y me lo dejara todo. incluso en la más profunda pena. desata las cintas y las lanza hacia atrás con gesto lánguido. soporta el terrible momento en que la pena. iba vestido con un traje negro de aspecto ligero con una corbata blanca que parecía fuertemente atada. de la misma manera que el ave acuática que extiende una pata con gesto de desaprobación tampoco se pelea con el niño que le tira piedras. No tenía mucha imaginación. hermana? -preguntó la señora Tulliver. de acuerdo con un principio más elevado que la mera comodidad personal. porque aunque su marido y la señora Tulliver estaban preparados para sujetarla. resultaba imprescindible que vertiera unas cuantas lágrimas más antes de bajar del vehículo. tiene que cruzar una puerta con un escalón difícil y corre el riesgo de aplastarse las mangas de bucarán. No recibió otra respuesta que un gesto de negación con la cabeza mientras la señora Pullet se levantaba lentamente y bajaba de la calesa. con varias pulseras en cada brazo. esta cuestión del almuerzo era delicada y en absoluto nueva. causa de tanto cansancio. parecía guardar la misma relación que una pequeña barca de pesca ante un bergantín con las velas desplegadas.

Librodot El molino de Floss George Eliot 33 brazaletes y ajusta los cierres con un estudiado gesto de descuido que tan grato resultaría en momentos de calma. Sophy. y Pullet está invitado al funeral. Y tenía las piernas tan gruesas como mi cuerpo -añadió con profunda tristeza. -Según dicen. cuando fui a verla en las últimas Navidades: «Señora Pullet. Y guardaba siempre las llaves bajo l’almohada. -En ese caso. pero dicen que nadie deja tanto como la señora Sutton. tras dar por finalizadas sus lágrimas. La señora Pullet se sentó. No todo el mundo podía permitirse llorar tanto por una vecina que no le había dejado nada. que yo sepa -objetó la señora Glegg. se lo ha dejado todo a un sobrino de su marido. ordenó a los músculos de su rostro que suministraran nuevas lágrimas mientras caminaba hacia el salón donde se encontraba sentada la señora Glegg. ni tampoco la tía Frances. Aunque debo decir que no tengo ni remota idea de quién estás hablando. piense en mí». Sophy. la de Twentylands.. -Bueno.si no tenía más que un familiar de su marido para dejárselo todo. La señora Pullet rozó delicadamente las jambas con los hombros (en aquella época. No te preocuparías más si se nos comunicara que nuestro primo Abbott había muerto de repente sin testamiento. que siempre lloraba lo adecuado cuando algo acontecía a un miembro de su familia. Y me dijo. -Sophy -dijo la señora Glegg. Le sacaron líquido muchas veces. suspirando y moviendo la cabeza-. La señora Pullet. pero nunca en otras ocasiones. en esta ocasión no se trataba del espejo. si alguna vez tiene hidropisía. entonces -dijo la señora Glegg. una mujer parecía ridícula a los ojos civilizados si no medía una yarda y media de hombro a hombro) y. Lo sé porque se trata de la vieja señora Sutton. Imagino que no hay muchos viejos parroquianos como ella.. incapaz de contener su tendencia a la reconvención racional-. Años antes de padecer esta hidropisía se quejó a los médicos. ni nadie de la familia. Y no se ha visto un caso similar de hidropisía en toda la parroquia. -¡Ah! -suspiró la señora Pullet-. pero la señora Pullet se había casado con un caballero rural y tenía tiempo y dinero suficientes para llevar el llanto y lo que fuera necesario hasta el punto culminante de la respetabilidad. -Claro que la conocía. La nuestra es una parroquia rica. ni gran conocida. tras hacerlo. pero no supieron averiguar qué tenía. sea quien sea -repuso la señora Glegg con la rapidez y el énfasis propios de una mente despejada y decidida-. es una suerte que se haya ido. Tu pobre padre nunca lo hizo. Y la entierran el sábado. Y era una señora capaz de multiplicar una y otra vez su capital y de gestionarlo ella misma hasta el último momento. con la confusa sensación de respaldar así las lágrimas de su esposa-. echándose a llorar amargamente otra vez-: Ésas fueron sus palabras exactas. Eso fue lo que dijo añadió la señora Pullet. pero es nada tuyo. y dicen que se podría nadar en el agua que salía. llegas tarde: ¿qué ha pasado? -preguntó la señora Glegg con cierta brusquedad mientras se estrechaban la mano. más halagada que molesta por la regañina por llorar demasiado. -Hermana. pensó la señora Tulliver. -Pero yo sí lo sé -dijo la señora Pullet. si le he visto las piernas cuando parecían vejigas. permaneció en silencio. -De qué le habrá servido ser tan rica. -Murió anteayer -prosiguió la señora Pullet-. no sin levantar antes la capa cuidadosamente. tras una pausa-. Así pues. que yo sepa. -Se ha ido -contestó. me sorprende que t’inquietes y perjudiques tu salud por personas que no son de la familia. -Aunque la señora Sutton no murió sin testamiento -intervino el señor Pullet. utilizando sin saberlo una figura retórica. se podría llenar un carro con las medicinas que tomó -comentó el señor Pullet. Y sólo tiene un heredero. Es triste no tener a nadie más para legar el fruto de las economías: aunque yo no soy d'esos que desearían morir sin dejar más 33 Librodot .

Librodot El molino de Floss George Eliot 34 dinero invertido que el que los demás han calculado. la hermana del señor Tulliver. la empleó también tironeando de las cintas verdes de la capota hasta dejarla como un queso con guarnición de lechuga mustia. De entre todas sus hermanas. con toda probabilidad sería tan «contrarioso» como su padre. a su hermana Pullet. era demasiado orgullosa para vestir a su hija con las buenas ropas que su hermana Glegg le daba. No obstante. En cuanto a Maggie. en un incomprensible descuido. cuando la señora Tulliver no se encontraba presente. la había olvidado. pero ésta era siempre nueva y lo bastante bonita para gustar tanto a Maggie como a su madre. los bolos húmedos a un chelín y las pócimas a dieciocho peniques. los pobres hijos de Bessy eran Tulliver y que Tom. Le conté que no hay muchos meses al año que no tenga que pasar por las manos del médico. al dar con esta solución. ¡Ah! -suspiró la señora Pullet. teniendo en cuenta su situación. deseando salir de inmediato. La señora Tulliver se alegró de subir al piso con su hermana Pullet y de poder contemplar atentamente la capota antes de probársela y charlar un rato sobre sombreros. y me dijo: «¡Cuánto lo siento. porque tiene problemas de asma y se acuesta todas las noches a las ocho. meneando la cabeza ante la idea de que pocas personas podían comprender sus experiencias con los preparados de color rosa y blanco. la señora Tulliver prefería. aprovechó para echarse por encima la salsa del asado en el primer domingo que tuvo que ponérselo y. extraídas de los estratos más profundos de su arcón: era un pecado y una pena comprar nada para vestir a aquella niña. los productos fuertes de frascos los pequeños. señora Pullet! ». en esa única ocasión los tíos le daban un pequeño premio. no fuera la señora Glegg a empezar a explicar lo que le parecía que Sophy fuera la primera Dodson en arruinarse la salud con potingues. desearía ir a quitarme la capota.. pero era una pena que no fueran tan buenos ni tan guapos como la hija de Deane. compungido. Lleva una piel de liebre sobre el pecho y le tiembla la voz al hablar. naturalmente. y esta preferencia era recíproca. estoy segura de que la señora Sutton ha legado su dinero a un hombre correcto. que se había recuperado lo suficiente para quitarse el velo y doblarlo cuidadosamente-. pero le gustaba la caja de rapé con música del tío Pullet. Es todo un caballero. hizo grandes esfuerzos para convencer a Maggie de que se pusiera el sombrerito de paja y el vestido de seda teñida hecho a partir de uno de la tía Glegg. Por su parte. Él mismo me lo contó con toda confianza un domingo cuando vino a nuestra iglesia. además. era el vivo retrato de la tía Moss. sus hermanas coincidían en afirmar que la sangre de los Tulliver no combinaba bien con la de los Dodson. Maggie se estremecía al verlos y le provocaban horribles pesadillas. a pesar de que poseía la tez de los Dodson. Maggie. los más suaves de los frascos grandes. sin duda. Ésta era una de las vertientes de la debilidad de Bessy que suscitaba la compasión fraternal de la señora Glegg: Bessy. Ésas fueron sus palabras exactas. en su momento. volviéndose a su marido-: Hermana. en comparación con la tía Glegg. en realidad. se arreglaba en exceso. tras declarar que el vestido olía a un tinte asqueroso. Salió a buscarla. en este aspecto la Señora Glegg no era del todo justa con su hermana Bessy. Debe decirse en descargo de Maggie que Tom se había reído al verla con aquel sombrerito y le había dicho que parecía un mamarracho. ni más ni menos. Y añadió. Maggie y Tom consideraban que la tía Pullet. era tolerable. de modo que prefería visitarla a ella. que. porque la señora Tulliver. pero cerca de la bodega de la casa de la tía Pullet había muchos sapos a los que tirar piedras. Tom siempre se negaba a ir a verlas más de una vez durante las vacaciones. hermana -dijo la señora Tulliver. pero con un resultado tal que la señora Tulliver se vio obligada a abrazarlos estrechamente contra su pecho. También la tía Pullet le regalaba ropa. pero es una pena que tenga que salir de la familia propia. ¿has visto dónde está la sombrerera? El señor Pullet. para remediar la omisión. -Que la suban al piso de arriba. Sin embargo. una mujer de grandes huesos que se había casado con el 34 Librodot . aunque la señora Pullet se lamentaba de que los hijos de Bessy fueran tan traviesos y toscos: estaba dispuesta a hacer por ellos todo lo posible. como no fuera un par de zapatos.. -Hermana -dijo la señora Pullet.

Alza los ojos. Se había aproximado con Maggie porque le parecía más fácil que ir a decir «¿Cómo está usted?» a todas esas tías y tíos. los comentarios derivaron de modo natural contra la señora Glegg y coincidieron confidencialmente en que no había manera de saber qué espantajo traería la próxima vez. Sin duda. que se había quitado la capota con poco cuidado. no tenía vajilla de porcelana y su marido pasaba grandes apuros para pagar el arrendamiento. dale un beso. mirando a su madre por encima de sus cabezas con expresión melancólica-. queridos niños -ordenó la señora Tulliver con aire inquieto y triste. su padre y el tío Glegg. y colócate bien el vestido en los hombros. -Ir a saludar a vuestros tíos y tías. Lucy ofrecía su boca como una rosa para que le dieran un beso. Maggie. como si se encontraran allí por error y en cierto grado de bochornosa desnudez. en absoluto respingona. Mírame. Así sucedió aquel día cuando Maggie regresó del jardín junto con Tom. Le gustaba idear un mundo donde los niños no crecieran nunca e imaginaba que la reina sería como Lucy. pero no tenía la menor intención de besarla. llevaría una corona en la cabeza y un pequeño cetro en la mano. las cejitas claras. Permanecía de pie sin mirar a ningún punto concreto en particular. la cual le llevaba una cabeza aunque apenas tenía un año más. Maggie siempre miraba a Lucy con placer. alza los ojos. y los besaba en las mejillas contra su voluntad-. -Bien. la más delgada y cetrina de todas las señoritas Dodson. tosco y grande y un gatito blanco. Al parecer. Maggie salía perdiendo de la comparación. Maggie. para una mirada superficial. Temo que os quedéis un poco débiles -dijo la tía Pullet con tono compasivo. Me parece que esta niña tiene demasiado pelo: en tu lugar. más oscuras que los rizos. como si los tomara por sordos o idiotas: creía que era una manera de hacerles sentir que eran criaturas subordinadas y de poner freno a las tendencias traviesas. que hacían juego con los ojos color de avellana que contemplaban con tímido placer a Maggie. ¿no crees. la naricita recta. No es bueno para su salud. haciéndoles daño con los grandes anillos. La aparición de la señora Deane con la pequeña Lucy abrevió su téte-á-téte y la señora Tulliver tuvo que contemplar con una punzada de dolor el peinado de los rizos rubios de la niña. Todo en ella era bonito: el cuellecito redondo con una sarta de cuentas de coral. No me sorprendería que por este motivo tuviera la piel tan oscura. La tía Glegg siempre les hablaba con voz alta y enfática. cuando la señora Pullet se encontró a solas con la señora Tulliver en el piso superior. Era incomprensible que la señora Deane. después de besarla-. yo se lo vaciaría un poco y se lo cortaría. Y Maggie siempre parecía el doble de morena cuando estaba junto a Lucy. hubiera tenido una niña que cualquiera habría tomado por hija de la señora Tulliver. -¡Cómo! -exclamó la tía Glegg con énfasis-. hermana Deane? 35 Librodot . Los chicos que están internos en un colegio deben llevar la cabeza alta. aunque un observador atento habría advertido aspectos en ella que encerraban mayores promesas en la madurez que la pulcra perfección de Lucy: ofrecían un contraste similar al existente entre un perrito oscuro. deseando susurrarle a Maggie que fuera a peinarse. Tom. ¿cómo estáis? ¿Os portáis bien? -preguntó la tía Glegg con el mismo tono enfático mientras los cogía por las manos.. ¿Quieres quedarte a dormir con Tom y conmigo? Tom. entró con el cabello tan liso como despeinado y corrió hacia Lucy. ¿Desde cuándo los niños y las niñas entran en una sala donde están sus tíos y tías y no saludan? No era así cuando yo era pequeña. con la media sonrisa habitual en los chicos tímidos cuando están acompañados. Sin embargo.. -Queridos niños: crecéis muy deprisa. aunque en realidad sería Maggie con la apariencia de Lucy. que se encontraba junto a su madre. Tom se había acercado también a Lucy. sonrojado y torpe.Librodot El molino de Floss George Eliot 35 hombre más pobre del mundo. -¡Lucy! -exclamó. hermana. Ponte el pelo detrás de las orejas. el contraste entre ambas primas era notorio y. Los niños de Bessy estaban tan mimados que necesitaban que alguien les recordara su deber. Tom declinó ese placer e intentó liberar la mano-.

pero la agudeza de sus ojos castaños era menos común que su figura. -Tom. -Maggie -dijo la señora Tulliver. cuya tabaquera sólo tenía de plata dos adornos. Lucy? -Sí. cuya curiosidad se había despertado.Librodot El molino de Floss George Eliot 36 -No sabría qué decirte. -¿Para qué. -¡Atiza. señora Deane. por favor -contestó Lucy tímidamente. Bien existen el trigo candeal y el trigo moreno. tirándole de da manga al pasar junto a él. Tras dar varios motivos para rechazar la invitación. -No. Esta niña está perfectamente sana y no tiene ninguna enfermedad. Aunque me parecería bien que Bessy se lo cortara y se lo dejara liso. Y la señora Deane. Sostenía con fuerza una caja de rapé de plata y de vez en cuando ofrecía una pulgarada al señor Tulliver. Lucy. que no deseaba distraerse con ninguna otra idea. No había hombre más respetado en Saint Ogg's que el señor Deane. algún día viajaría en mejor coche y viviría en mejor casa incluso que su hermana Pullet. ya lo sabes. Tom -dijo Maggie. de la que se decía que había hecho la peor boda de todas las hermanas. un hombre grande pero de aire despierto. -Sí.-contestó el señor Tulliver-. Mientras Tom hablaba. hermana -contestó la señora Deane. Será mejor que no cortes más. madre. Se pueden ver nobles como el señor Deane y tenderos o jornaleros.. en cuanto se resolvió la cuestión de la invitación a Lucy. frente despejada Y aspecto sólido. la señora Deane preguntó a la interesada. pero la detuvo el deseo de saber si la tía Deane iba a dejar que Lucy se quedara: pocas veces permitía que estuviera con ellos. y Tom da siguió encantado. moviendo la cabeza con gesto admonitorio y vacilando un poco antes de coger las tijeras. Deja que se quede. no . Tom siguió a Maggie escaleras arriba hasta el dormitorio de su madre y la vio dirigirse al cajón del que sacó unas grandes tijeras. Tom. Nadie sabía hasta dónde podía llegar un hombre que había empezado a subir en una gran empresa harinera y naviera como la de Guest & Co. -Buena respuesta. La caja del señor Deane se la habían regalado dos socios principales de la empresa a la que pertenecía. entusiasmada ante su atrevimiento y deseosa de terminar la hazaña. aunque no pesado. -Te la vas a cargar. tal como comentaban sus íntimas amigas. patillas rojas. de modo que acostumbraban a bromear sobre el hecho de que el señor Tulliver también quisiera intercambiar das cajas. Tom -cuchicheó cuando estuvieron fuera-. sonrojándose hasta el cuello. apretando los labios y mirando a Maggie con aire crítico. 36 Librodot . vinculada a la banca. -Sube conmigo. Una terrible decisión empezó a tomar forma en el pecho de Maggie. Maggie? -preguntó Tom. ahora me cortas tú por detrás. en particular. ven conmigo -susurró Maggie. -No hay tiempo para jugar a nada antes de comer -objetó Tom. no permitiría que su esposo se quedara quieto por falta de acicates. -Toma. y a algunos les gusta más el oscuro. haciendo una seña a Maggie para que se de acercara-: ¿no te da vergüenza? Ve a peinarte. Maggie! ¡Te la vas a cargar! -exclamó Tom-. las grandes tijeras volvieron a cerrarse con un chasquido y el chico no pudo dejar de pensar que aquello era bastante divertido: Maggie estaría muy rara. Te dije que no entraras sin haber ido a ver a Martha primero. Maggie contestó agarrándose dos mechones de la frente y cortándolos en línea recta a media altura. estaba orgullosa y satisfecha: ella. Quiero hacer una cosa antes de comer. ¿sabes? -dijo Tom. y algunas personas llegaban a opinar que la señorita Susan Dodson. -¿Verdad que no quieres quedarte aquí sin tu madre. deja que se quede -dijo el señor Deane. con un aspecto físico que se puede encontrar en todas las clases sociales inglesas: calva en la coronilla. junto con una participación en el negocio como reconocimiento por su valiosa colaboración como administrador. para esto sí hay tiempo: haz el favor de venir.

y también había pensado que aquella acción tan decidida supondría un triunfo sobre su madre y sus tías. Corrió escaleras abajo y dejó a la pobre Maggie entregada a la amarga sensación de irrevocabilidad que experimentaba casi a diario. Maggie tenía la cabeza llena de escaleras y trasquilones. por lo que no tenía intención de arrepentirse. y quizá su padre y sus tíos. otro y otro más. Si en alguna ocasión Tom cometía un error similar. Tal vez su angustia parezca muy trivial a los curtidos mortales que tienen que pensar en facturas navideñas.. sino de que era justificable que Tom Tulliver azotara aquella en concreto.Librodot El molino de Floss George Eliot 37 -Me da igual ¡Date prisa! -ordenó Maggie. Todos hemos sollozado lastimeramente. Lucy y Kezia. a Maggie le parecía imposible bajar a comer y soportar las miradas y las palab as severas de las tías mientras Tom. ¿Qué otra cosa podía hacer que llorar? Permaneció sentada tan indefensa y desesperada entre los negros mechones como Áyax entre las ovejas muertas. Maggie se miró en el espejo mientras Tom seguía riéndose y dando palmadas. no sólo las consecuencias de sus actos. echándose a llorar de furia. Los mechones negros eran tan gruesos. y así sucedía que aunque era mucho más terco e inflexible que Maggie. Si rompía el látigo de la calesa de su padre por azotar la puerta de la cancela. y lo hemos repetido a otros en cuanto hemos crecido. dando una pequeña patada en el suelo. Un delicioso tijeretazo. En cambio. nos han dicho a casi todos en la infancia para consolarnos. pero no era menos amarga para Maggie -tal vez incluso más. «Ay. Tom -dijo Maggie con tono apasionado. Ahora que lo había hecho. sino lo que habría sucedido si no hubiera hecho nada. Si Tom Tulliver azotaba la puerta estaba convencido no sólo de que era justificable que chicos azotaran las puertas. hijo. ya tendrás problemas de verdad para preocuparte dentro de poco». sostenidos por diminutas piernas desnudas que asomaban por encima de . Maggie se precipitaba a actuar con impulsos apasionados y después su imaginación le pintaba con todo detalle. se reían de ella: si Tom se había reído sin duda todos los demás también lo harían: y si no se hubiera tocado el pelo. no había podido evitarlo: el látigo no debería haberse quedado atrapado en el gozne. r 37 Librodot . se daba cuenta de que era una tontería: iba a oír comentarios sobre su cabello y éste estaría más presente que nunca. saltando a su alrededor y dándose palmadas en las rodillas mientras reía-. mientras lloraba delante del espejo. no pretendía que le quedara el pelo bonito -eso estaba totalmente fuera de su pensamiento-: sólo deseaba que la consideraran una niña lista y no le buscaran defectos. pero se sentía libre y ligera. ya que poseía una capacidad instintiva y maravillosa para discernir lo que se volvería en su favor o en su contra. podría haberse sentado con Tom y Lucy. -¡Oh. nada podía resultar más tentador para un muchacho que había probado ya el placer prohibido de cortar las crines de un poni. qué pinta tan rara! Mírate al espejo: te pareces al idiota al que tiramos cáscaras de nueces en el colegio. y habría comido el pudín de albaricoque con crema. sobre todo. Dio una patada al suelo y le propinó un empujón. Tenía las mejillas encendidas. -¡Y ahora t'enfadas! -exclamó Tom-. ¡Caramba!. ¡Atiza. -¡Maggie! Tendrás que bajar a comer así -dijo Tom-. Quienes conocen la satisfacción de hacer que las dos hojas de las tijeras se encuentren tras vencer da resistencia de una mata de pelo ya saben a qué me refiero. Entonces. Maggie sintió una punzada inesperada. ¿por qué te lo has cortado? Voy a bajar: huelo la comida. se mantenía firme en él a toda costa: le «daba igual» .. Tom nunca cometía tonterías como esa. como si hubiera salido de un bosque a un claro. su madre pocas veces lo reprendía por travieso. amores muertos y amistades rotas. de librarse de aquel cabello molesto y de los modestos comentarios. y sus mejillas sonrojadas empezaron a palidecer y los labios le temblaron un poco. y dos mechones de la nuca cayeron pesadamente sobre el suelo. que la esperaban en la mesa. Pero cuando Tom se rió de ella y dijo que se parecía a un tonto de pueblo contempló la situación desde otro ángulo. Tenía intención. Maggie! -exclamó Tom.de lo que lo son lo que nos gusta denominar antitéticamente «las verdaderas penas» de la madurez. -No te rías de mí.

pero ya no podemos evocar el dolor del momento y llorarlo de nuevo. Y. Se detuvo detrás de la puerta entreabierta del comedor con el hombro apoyado en la jamba. No quiero comer -insistió Maggie. y atisbó por ella. estaba aquella comida tan buena: y tenía tanta hambre. además. sino plenamente. Kezia -exclamó Maggie enfadada-. ya que no deseaba sobresaltar a la señora en el momento de trinchar la carne. -Maggie. alejándose. empezando a sentirse un poco mejor. cuando el tiempo entre dos veranos transcurría tan lentamente? ¿Lo que sentía cuando los compañeros de colegio lo echaban de su juego porque lanzaba mal el balón por mera terquedad? ¿O en un día de vacaciones lluvioso. de modo que se acercó a Maggie. Kezia. No era propenso a las lágrimas y no le apetecía que la pena de Maggie le estropeara la perspectiva de disfrutar de los dulces. Todos estos instantes tan intensos han dejado su huella y perduran en nosotros. Pero apenas se había sentado cuando se arrepintió y deseó encontrarse de nuevo en el piso de arriba. -En fin. No iré. ¿Por qué lloras. con graves resultados para el mantel. puso su cabeza junto a la suya y le dijo en un tono bajo y consolador: -¿No quieres venir. ¿sabes? Tenemos postre con nueces y vino de prímula. acercándose a Maggie y tomándola de la mano para levantarla del suelo. El buen carácter de Tom había quitado filo al sufrimiento y las nueces con vino de prímula empezaban a ejercer legítima influencia. no sólo con el recuerdo de lo que hizo y lo que le sucedió. Maggie? ¿Te traigo un poco de pudín cuando ya me haya comido el mío? ¿Un poco de crema y otras cosas? -Sssí -contestó Maggie.Librodot El molino de Floss George Eliot 38 pequeños calcetines. pero estas huellas se han mezclado irremisiblemente con la textura más sólida de la juventud y la madurez. con la conciencia revivida de lo que sentía entonces. de lo que le gustaba y lo que le disgustaba cuando llevaba bata y pantalones. separados por una silla vacía. ¿Hay alguien que pueda recuperar la experiencia de su infancia. boba? ¡Era terrible! Tom se comportaba con dureza e indiferencia: si hubiera sido él el que lloraba en el suelo. ¡Vete! -Señorita. Entró furtivamente y se dirigió hacia la silla vacía. y la señora Tulliver pensó que no sería nada mas que un 38 Librodot . al perder de vista a nuestra madre o a la niñera en algún lugar desconocido. -Vete. Se levantó lentamente sobre los mechones dispersos y bajó las escaleras despacio. por ello podemos contemplar los disgustos de nuestros niños con una sonrisa de incredulidad ante su dolor. Kezia no había revelado el motivo de la negativa de Maggie a bajar. no nos reiríamos de las penas dee nuestros hijos. entrando en la habitación a toda prisa-. aunque todos los niños de su edad llevaban ya la chaqueta con faldones? Si pudiéramos recordar estas amarguras tan tempranas y nuestras oscuras previsiones. Sin embargo. saliendo otra vez. y la crema en una mesilla lateral: aquello era demasiado. Aquello era muy triste. Las lágrimas de Maggie habían cesado y cuando Tom se marchó parecía reflexionar. ¿Por qué no bajas a comer? Hay muchas cosas buenas y dice nuestra madre que bajes. resistiéndose a Kezia-. Pero regresó de nuevo a la puerta y añadió-: será mejor que vengas. tal como podemos hacer con los sufrimientos de cinco o diez años atrás. ¡Cielo santo! ¿Qué ha hecho? Nunca había visto adefesio semejante. Vio a Tom y a Lucy. -Señorita Maggie. Tom no era totalmente indiferente. aquella concepción de la vida sin perspectivas que tan intensa hacía la amargura. de ésta al desafío y de éste al malhumor? ¿O cuando su madre se negaba tajantemente a permitir que tuviera una levita aquel trimestre. tiene que bajar ahora mismo: su madre lo ha dicho -dijo Kezia. Maggie habría llorado con él. no puedo quedarme: tengo que servir la comida -dijo Kezia. La señora Tulliver soltó un gritito al verla y se llevó tal susto que dejó caer la gran cuchara de salsa de carne en la fuente. -Muy bien -dijo Tom. tiene que bajar ahora mismo -anunció Kezia. tonta -dijo Tom asomando la cabeza a la habitación diez minutos más tarde-. -No quiero bajar. cuando no sabía cómo divertirse y pasaba de la ociosidad a la travesura.

la va a estropear. No creo que ser tan morena le facilite las cosas en la vida. hermana. ¿Habías visto alguna vez una niña como ésta? -¡Vaya con la señorita! Qué graciosa t’has puesto -dijo el tío Pullet. -¡No te da vergüenza! -exclamó la tía Glegg con el tono de voz más severo y sonoro que pudo emplear-. Convencido de ello. rodeándola con el brazo-. riendo divertido-. mocita -la consoló su padre con cariño. si s’ha cortado el pelo -comentó el señor Tulliver en voz baja al señor Deane. con la presteza de animalillos escapados de una lente ustoria. habríamos sido una familia muy distinta de la que somos. escondió el rostro en su hombro y estalló en sollozos. vaya! -añadió el tío Glegg. ya t’he dicho que te las cargarías -murmuró con intención amable. Nuestro padre nunca educó así a sus hijas: en ese caso. y tal vez fuera el comentario mas lacerante que hizo en su vida. puesto que el día era templado. sin embargo en esta ocasión. las penas domésticas de la señora Tulliver parecían haber alcanzado el punto en que se llega a la insensibilidad. Qué mala suerte. porque dijeron a los niños que podían tomar las nueces y el vino de prímula en el cenador. No importa: tenías derecho a cortártelo si te molestaba. si no la conozco? ¿Es una niña que has recogido en la calle. se puso en pie. ¡Vaya.Librodot El molino de Floss George Eliot 39 ataque de terquedad que llevaba en sí mismo su castigo al privar a Maggie de la mitad de la comida. la señora Tulliver mostraba una discreción inusual porque se había dado cuenta de que a Tom no le gustaba la idea de entrar de pupilo de un 39 Librodot . se sintió capaz de adoptar una actitud rebelde. Se sonrojó de rabia y. en lugar de permitir que se sienten con sus tíos y tías. vamos. La capacidad de desafío la abandonó y. cubiertos de brotes. Los niños estaban acostumbrados a oír hablar de ellos con tanta libertad como si fueran pájaros y no pudiera entende nada. en tono de conmiseración-. -Ahora parece mas que nunca una gitana -señaló la tía Pullet. un anciano caballero de aire afable y cabello blanco exclamaba: -¡Vaya! ¿Quién es esta muchacha. intentando suavizar con una broma esta denuncia-. Vamos. Tom pensó que estaba lista para defenderse reconfortada por la llegada del pudín con crema. era el momento adecuado para comunicar la intención del señor Tulliver en relación con Tom. La señora Tulliver tenía motivos especiales para darles permiso: ahora que se había terminado la comida y estaba todo el mundo más relajado. Bessy! -exclamó la señora Glegg en un sonoro «aparte» con la señora Tulliver-. con el corazón henchido de pena. le susurró: -¡Atiza! Maggie. Kezia? -Caramba. y le parecía preferible que éste se encontrara ausente. que esta niña sea tan morena: y eso que el niño es rubito. al menos para igualárselo. Deja de llorar: tu padre está de tu parte. capaz de destrozar el corazón de su madre -gimió la señora Tulliver con lágrimas en los ojos. El grito de la señora Tulliver hizo que todos los ojos se volvieran hacia donde ella miraba. No advirtió la observación de su hermana y se limitó a echar hacia atrás las cintas de la cofia y servir el pudín con muda resignación. Maggie tenía la sensación de estar escuchando un coro de burlas y reproches. -Es una niña mala. las mejillas y las orejas de Maggie empezaron a arder mientras el tío Glegg. -¡Cómo malcría tu marido a esta niña. Con el postre llegó la liberación completa de Maggie. y corretearon por los arbustos del jardín. En aquel momento. cuando todos decían que su padre los había tratado muy mal. por mucho que estiraran el cuello y escucharan. ¡Qué dulces y tiernas palabras! Maggie nunca olvidó los momentos en que su padre estuvo a su lado: los guardó en el corazón y pensaba en ellos años más tarde. Deberían azotar a las niñas que se cortan el pelo y alimentarlas con pan y agua. por unos momentos. corrió hacia su padre. Creo que hay que enviarla al calabozo y cortarle el resto del pelo. pero Maggie dio por hecho que Tom se recreaba con su ignominia. Como te descuides.

por lo que sé. interrumpiendo la conversación de su marido con el señor Deane-: ha llegado el momento de contar a las tías y tíos de los niños lo que piensas hacer con Tom. cosa que le parecía equiparable a ir a estudiar con un agente de la policía. pagaban impuestos y contribuciones municipales elevadas. La señora Tulliver tenía la triste sensación de que su marido haría lo que se le antojara. Se oyó un murmullo de sorpresa entre los presentes. Fue él el primero en expresar su asombro. los clérigos saben bastante -dijo el señor Deane. -¡Cómo! ¿Y cree que el clérigo éste le enseñará a distinguir un buen puñado de trigo cuando lo vea. Y tengo intención de que mi chico vaya con él desde el principio del trimestre de verano -concluyó con tono decidido. un clérigo que vive en King's Lorton. ¿no te parece? -D'acuerdo -contestó el señor Tulliver secamente-: no me importa contarles a todos lo que pienso hacer con él. Tulliver? En general. vecino Tulliver? -preguntó el señor Glegg. un individuo muy brillante. sino que era incluso adecuado que lo hiciera. -Entonces tendrá usted que pagar una hermosa factura cada medio año.Librodot El molino de Floss George Eliot 40 clérigo. Así que pensé que si lo ponía a estudiar otra vez. Ya sé que resulta difícil en estos tiempos instruidos concebir la ignorancia del tío Pullet. pero por lo menos. 40 Librodot . sin pararse a pensar en el origen de la constitución de la Iglesia y el Estado británicos. mirando hacia el señor Glegg y el señor Deaneque lo enviaré con el señor Stelling. -¡Caramba! Porque. el hecho de que el señor Pullet tuviera la confusa idea de que un obispo era una especie de baronet que podía o no ser clérigo. de la misma manera que no meditaba sobre el sistema solar o las estrellas. saben. Dado que se había retirado de los negocios. -Bien. dando un golpecito a la tabaquera y tomando un pellizco de rapé. acudían a la iglesia y comían bien los domingos. consideraba que no sólo le estaba permitido tomarse todo a la ligera. si todo salía mal. como siempre hacía cuando deseaba mantener una postura neutral. divertido con su broma. no se habría desconcertado más si el señor Tulliver hubiera dicho que iba a enviar a Tom con el presidente de la Cámara de los Lores. la idea de que un clérigo pudiera ser maestro resultaba demasiado alejada de su experiencia para resultar concebible. Y. -Bueno. se asía con rapidez y tenacidad a lo que parecía seguro. He decidido -añadió. pero cierto. no es clérigo y lo ha hecho muy mal. pero basta con pensar en los notables resultados que obtienen las facultades naturales en condiciones favorables. no podrían decir que Bessy se había visto arrastrada por el capricho de su marido sin decir una palabra a sus parientes. por lo que he podido averiguar. el señor Stelling es del tipo de hombre que quiero. Y el tío Pullet poseía una gran capacidad natural para la ignorancia. Es triste. ¿verdad. diré que me gustaría saber qué cosa buena le traerá al chico el ser educado por encima de su fortuna. después hizo una pausa y alzó la copa. similar al que se observa en una congregación rural cuando desde el púlpito se alude a sus asuntos cotidianos: en la misma medida resultaba asombroso que apareciera un clérigo en los asuntos familiares del señor Tulliver. En cuanto al tío Pullet. los clérigos son los mejores maestros -contestó el pobre Tulliver que. -Tulliver -dijo. debería ser con otra persona. sin importarle lo que dijeran sus hermanas Glegg o Pullet. en el laberinto de este mundo tan enredoso. mirando al señor Glegg y al señor Deane para ver si éstos daban muestras de comprensión. y puesto que el rector de su parroquia era un hombre de familia y fortuna notables. cosa que sucede raras veces -intervino la señora Glegg con tono amargo-. -¡Vaya! ¿Y por qué va a enviarlo con un clérigo? -exclamó con expresión de asombro en los ojos.Jacobs. tengo planes para Tom -afirmó el señor Tulliver. aspirando una pulgarada vigorosamente. si se me permite hablar. ya que el tío Pullet pertenecía a esa clase extinta de propietarios rurales británicos que vestían con buen paño. el de la 'cademia. para que lo prepare en diversas materias.

pueden estar seguros de que yo no me equivoco al mandar a Tom con otro. -Pero el hijo del abogado Wakem es jorobado -objetó la señora Pullet. -Claro. hablando animadamente para que la señora Glegg advirtiera que no le importaba su opinión-: si Wakem piensa en enviar a su hijo con un clérigo. -Ah. ¿este clérigo dirige un colegio de enseñanza secundaria. bien. Susan? -añadió. eso es cierto -dijo el señor Glegg-. 41 Librodot . Como digo. sólo eso -dijo el señor Tulliver. y quiero darle una educación que le permita tratar en pie de igualdad a los abogados y tipos así y echarme una mano de vez en cuando. La señora Deane no era partidaria de intervenir en una conversación en la que se lanzaran tantos proyectiles. querrá que le pague más. ¿verdad. orgulloso de su decisión-. he decidido que Tom no se dedique a lo mío.Librodot El molino de Floss George Eliot 41 -¡A ver! -exclamó el señor Tulliver sin mirar a la señora Glegg y dirigiéndose a la sección masculina de su público-: Miren. no es necesario que se inquiete. La señora Glegg emitió un prolongado sonido gutural con los labios apretados en una sonrisa mezcla de lástima y burla. el chico deforme. -¿Qué es impropio. -No sé nada de eso -contestó la señora Deane. -!Ah! -dijo el señor Deane. francamente irritado-. claro: ni más ni menos que cien al año. Sí. vecino Tulliver: quizá tenga usted razón. -Entonces. Glegg. ¿La chaqueta nueva que llevo de color azul? -Cuánto lamento tu debilidad. vecino Pullet? -El señor Glegg se frotó las rodillas con aire complacido. es impropio que bromees cuando ves que un miembro de tu familia se dirige de cabeza a la ruina. cerrando de nuevo los labios con fuerza. quizá tenga razón: Cuando no quedan tierras ni dinero. -Si se refiere usted a mí -dijo el señor Tulliver. Pero eso es como una inversión: la educación será para Tom como un capital. sí. como el de Market Bewley? -preguntó el señor Deane. Puedo dirigir mis asuntos sin molestar a nadie. Y nosotros. Ahora recuerdo que alguien dijo que Wakem iba a enviar a su hijo. Sólo piensa aceptar dos o tres alumnos. Lo he pensado bien y he tomado la decisión a partir de lo que vi que hizo Garnett con su hijo. así terminará antes su educación: no pueden aprender mucho cuando son tantos en clase -comentó el tío Pullet. -Recuerdo que leí este versito en un escaparate de Buxton. Bien. Quiero que se dedique a algún negocio en el que pueda entrar sin capital. con un clérigo. Es más natural que a él lo envíen con un clérigo. supongo -dijo el señor Glegg. dirigiéndose a su esposa. señora Glegg? -preguntó el señor Glegg con un guiño a los presentes-. -Sí. la educación es lo primero. será mejor que guardemos el dinero. me sorprendes -dijo su esposa-. nada de eso -contestó el señor Tulliver-. Esto es impropio de un hombre de tu edad y situación. Wakem es el mayor bribón que haya creado Pero Botero. así podrá dedicarles más tiempo. -Entonces. pensando que ya estaba empezando a entender este asunto tan complicado. introduciendo prudentemente una nueva idea-. díganme quién es el carnicero de Wakem y les diré dónde deben comprar la carne. pero sabe calar a un hombre enseguida. que no tenemos estudios. ¿verdad. pensando que la conversación adquiría un sesgo fúnebre-. -Algunas personas harían mejor en dejar tranquilos a los abogados -espetó. -Bien -prosiguió el señor Tulliver. -Glegg. -No.

En este mundo hay personas que lo saben todo mejor que nadie. no seas tan picajosa -imploró la señora Pullet. lo siento mucho por ti -dijo la señora Glegg.. -Entonces. Aunque yo tengo un marido que se queda sentado tan tranquilo mientras me humillan. tómate el vino y permíteme que t'ofrezca unas almendras y unas pasas. pues se diría que usted es una de esas. que de ningún modo había dicho lo suficiente para desahogarse. hermana Glegg. pero no voy a aguantar en esta casa ni un minuto más. -Tranquila. Harías mejor dejando quieta la lengua. aunque quizás tenga que arrepentirme de prestar dinero a la familia. 42 Librodot . El señor Tulliver no quiere conocer tu opinión ni tampoco la mía. y cuanto antes. -Hermana -rogó la señora Tulliver-. Te puede dar un ataque si te pones tan colorada después de comer.. Ni se me pasa por la cabeza discutir con una mujer. tranquila. soltando unas lagrimitas-. -Caramba. por Dios -dijo el señor Glegg con tono abatido mientras salía de la habitación detrás de su esposa. Sus mayores. Es muy triste que esto suceda entre hermanas -Sin duda. cuya indignación hervía de nuevo. No viene a cuento hablar de almendras y pasas. porque en ella no hay ninguna maldita mujer con mal carácter. vamos. -Que se vaya -exclamó el señor Tulliver. por muy familiar que fuera. No sé si te parece bien quedarte ahí sentado oyendo cómo me insultan. me trataban con otro respeto. Hay que ver hasta dónde hemos llegado cuando una hermana invita a otra a su casa para pelearse con ella e insultarla. Pero el señor Tulliver no estaba dispuesto a que nadie le impidiera responder. -Tal vez me haya precipitado a la hora de prestar. que se vaya. porque yo me voy andando. -¡Muy bien! -dijo la señora Glegg. -A cambio de un pagaré y del cinco por ciento. Puedes quedarte si quieres e ir a casa con la calesa. -Bessy. interpretando la observación de la señora Pullet de modo erróneo-. -Tulliver. -Vamos. demasiado enfadado para que lo ablandaran las lágrimas-. señor Tulliver. está mal -dijo la señora Glegg-. Ésa es la única cosa que siempre está dispuesta a dar. -Si no digo nada -contestó la señora Glegg con sorna-. Glegg. poniéndose en pie-. ¿cómo has podido decir estas cosas? -exclamó la señora Tulliver con lágrimas en los ojos. cosa que nunca habría pasado si algún miembro de mi familia no hubiera hecho peor boda de lo que le correspondía. -Glegg -exclamó su esposa en un tono que implicaba que su indignación seguía burbujeando. No se me ha pedido consejo y no pienso darlo. el señor Tulliver. por no decir que me he apresurado a dar -repuso la señora Glegg-. mejor: así no intentará mandarme.. -Por Dios. si bien estaba decidida a contenerla-. como el perro callejero que aprovecha para dedicar sus ladridos al hombre que no lleva bastón-. pobre muchacho. Piensa que acabamos de salir del luto y de quitarnos los vestidos negros.. Debe tener esto en cuenta. será la primera vez -dijo el señor Tulliver-. -¿Quién quiere discutir con usted? -preguntó-. vamos -intervino el señor Glegg con tono conciliador.. -Ya que habla de eso -dijo el señor Tulliver-. -Por Dios. siempre que ésta sepa estar en su sitio. si nos atenemos a sus palabras exclamó el señor Tulliver. -¡Mi sitio! -exclamó la señora Glegg con voz cada vez más estridente-.Librodot El molino de Floss George Eliot 42 -Sí -coincidió el señor Glegg. estalló de nuevo. vecino Tulliver: es probable que el hijo de Wakem no trabaje nunca y Wakem pretenda hacer de él un caballero.. He prestado dinero a algunos. mi familia es tan buena como la suya. Pero mientras hablaba. muertos y enterrados. Sé razonable -dijo el señor Glegg. Jane. Es usted quien no puede dejar a la gente en paz y tiene que dar siempre la lata. e incluso mejor.

habían aparecido en el momento oportuno. El tío Pullet escuchaba sentado todos estos elevados asuntos con los ojos brillantes. Algunas personas consiguen ser siempre como el primer día. pudieron hablar de cosas serias sin interrupciones frívolas. especialmente de curtidos y pieles. irritándose. el señor Tulliver pasó a expresar sus temores de que el país nunca volviera a ser lo que había sido. ¿vamos a ver a los niños? -preguntó la señora Tulliver. tras golpearse la cabeza contra la misma superficie resistente durante trece años. por lo que podía deducir. intercambiar puntos de vista en relación al duque de Wellington. será mejor que no -dijo el señor Deane-. cuya estrecha dedicación a los negocios raras veces les permitía ese placer. hermanas. junto con el carácter insatisfactorio de las transacciones de cerveza de Danzig. Su comentario empujó al señor Tulliver al convencimiento de que no le costaría nada reunir quinientas libras y cuando la señora Tulliver insistió en preguntar cómo las conseguiría sin hipotecar el molino y la casa -cosa que. si bien en este punto se produjo una ligera discrepancia cuando el señor Deane señaló que no estaba dispuesto a confiar mucho en los prusianos. tenía una lengua rápida y cáustica que suponía un agradable contrapunto a la tendencia en este sentido del señor Tulliver. para no mencionar a Bucher y los prusianos que. además. Consideraba que el señor Deane era el «más capacísimo» de sus conocidos y. declaró que la señora Glegg podía reclamar su dinero 43 Librodot . de la misma manera que un anciano pececillo de colores parece conservar hasta el final la juvenil ilusión de que es posible nadar en línea recta en el interior de una pecera redonda. Capítulo VIlI El señor Tulliver muestra su lado mas débil -Imagina que la hermana Glegg te pide que le devuelvas el dinero: te pondría en un aprieto tener que reunir quinientas libras en este momento -dijo la señora Tulliver a su marido aquella noche. Pocas cosas le gustaban mas que charlar con el señor Deane. el señor Tulliver se sintió como si hubieran limpiado el aire de moscas molestas. con gesto impotente-. pero el señor Deane. ¿Crees que serviría de algo que fueras tras ella e intentaras calmarla? -No. que nunca habría ganado sin el respaldo de muchísimos ingleses.Librodot El molino de Floss George Eliot 43 -Hermana Pullet -rogó la señora Tulliver. conservaba intacta la capacidad de decir cosas que lo empujaban en dirección opuesta a la que ella deseaba. mientras efectuaba un repaso quejumbroso del día. y los hombres honrados ya no tuvieran cabida en él. En cuanto las mujeres salieron de la sala. No entendía nada de política y pensaba que tal conocimiento se debía a algún don natural pero. puesto que en los tiempos que corrían la gente no estaba muy dispuesta a prestar dinero sin garantías. Ninguna otra propuesta podía haber sido más oportuna. Sintiéndose derrotado en este terreno. como había oído decir el señor Tulliver a una persona muy versada sobre el tema. La señora Tulliver era un pececillo afable y. nunca haría-. lo que alivió la imaginación del señor Tulliver proyectando a una perspectiva más lejana la época en que el país fuera presa completa de los papistas y los radicales. tendía a una visión más alegre del presente y tenía algunos detalles que dar en relación con el estado de las importaciones. vinculado a una empresa con beneficios cada vez mayores. -Entonces. aquel día insistía con prontitud inmarcesible. el señor Tulliver. que permanecía en estado embrionario o muda. según él había asegurado siempre. Ya lo arreglaran otro día. cuya actitud en lo referente a la Cuestión Católica había proyectado una luz completamente nueva sobre su carácter. lo inclinaban no tener en gran estima el valor prusiano en general. y comentar un poco su comportamiento en la batalla de Waterloo. secándose las lágrimas. ya que la construcción de sus barcos. La señora Tulliver llevaba trece años viviendo con su marido y. En cuanto las mujeres se marcharon. ese duque de Wellington no valía gran cosa. sin embargo.

puesto que mil libras correspondían a la cantidad que había tenido que dar a su hermana cuando se casó. Daban un agradable sabor al vaso de cerveza que tomaba los días de mercado y. solía pensar en el fracaso y la ruina con la misma piedad remota que siente un hombre enjuto y cuellilargo al oír que su pletórico vecino cuellicorto ha sufrido una apoplejía. cuando llevara los niños a Garum Firs para tomar el té. Cuando un hombre se casaba con una familia con toda una camada de hembras. y un hombre que tiene vecinos capaces de recurrir a los tribunales difícilmente podrá cancelar una hipoteca. tendía a actuar con una prontitud que podría parecer contraria a la dolorosa idea que tanto le gustaba repetir acerca de lo enredoso de los asuntos humanos. se encontró montado a caballo. tan alejados de cualquier mercado que la tarea de conseguir una cosecha y estiércol consumía la mayor parte de los beneficios de los habitantes de las 44 Librodot . No esperaba que la conversación cambiara las cosas. ni siquiera a una hermana que no sólo había llegado al mundo de modo superfluo -cosa habitual en las hermanas y que tenía como consecuencia la necesidad de hipotecarse-. Y como tendemos a creer lo que el mundo cree de nosotros.Librodot El molino de Floss George Eliot 44 si le apetecía: lo pidiera o no. puesto que tengo observado que no hay como tirar bruscamente de una sola hebra para obtener la nítida sensación de que una madeja está enmarañada. si éste podía devolverle el dinero en un plazo acordado. como en otras cuestiones cotidianas. de camino a Basset para visitar a su hermana Moss y a su esposo. si no hubiera sido por la regularidad de los pagos semestrales. cuando lo decía. El señor Tulliver era consciente de ser un poco débil en este punto. aparentemente contradictorios. La culpa no era totalmente suya. pero no tardó en caer en un plácido sueño. acunada por el pensamiento de que al día siguiente hablaría de todo ello con su hermana Pullet. Tras decidir de modo irrevocable que devolvería el préstamo de quinientas libras a la señora Glegg. él estaba decidido a devolvérselo inmediatamente. sin duda tendría un efecto acumulativo que se percibiría a largo plazo: se le tenía por hombre mucho más acaudalado de lo que era en realidad. pero no es improbable que hubiera una relación directa entre ambos fenómenos. No obstante. el señor Tulliver habría olvidado que pesaba una hipoteca de dos mil libras sobre el molino y la casa. No estaba dispuesto a depender de las hermanas de su esposa. aunque parecía imposible que los acontecimientos del pasado fueran tan obstinados como para permanecer inamovibles a pesar de los lamentos. ya que él también pensaba en la visita que realizaría al día siguiente y sus ideas no eran tan vagas ni balsámicas como las de su amable compañera. Debido a esta diligencia. pero se disculpaba pensando que la pobre Gritty era una chica guapa antes de casarse con Moss. La situación del señor Tulliver no era nueva ni sorprendente pero. Estaba acostumbrado a oír agradables bromas sobre las ventajas de su situación por ser dueño de un molino y poseer un buen trozo de tierra. La señora Tulliver lloró con abundantes lágrimas y escaso ruido mientras se ponía el gorro de dormir. le temblaba un poco la voz. se amortiguaría en gran medida la consideración errónea que merecía el atrevido paso del señor Tulliver a los ojos de esas personas débiles que necesitan saber cómo debe hacerse una cosa antes de estar seguras de que será fácil llevarla a cabo. sino que se había lanzado al matrimonio y había coronado sus errores con un octavo hijo. aquella mañana tenía un talante más próximo al de un hombre de negocios y durante el camino por los senderos de Basset estriados por profundos surcos. dispuestas a pedirle cien libras con una garantía demasiado elevada para que aparezca escrita en un pergamino. mucho tendría que aguantar si se lo toleraba. especialmente si goza de la buena consideración de sus amistades. al día siguiente. se le ocurrió pensar que. e incluso algunas veces. Nuestro amigo Tulliver era buena persona y no le gustaba negar nada. y estas bromas lo mantenían en la idea de que era un hombre de considerable fortuna. Cuando el señor Tulliver se encontraba bajo la influencia de un sentimiento poderoso. Su marido estuvo despierto mucho más rato. puesto que tenía un pagaré por las trescientas libras prestadas a su cuñado Moss. poco después de comer -el señor Tulliver no era dispéptico-. Y él no se lo iba a tolerar.

sino. verdes o arcillosos. los pies de Basset se encaminaban con mayor frecuencia hacia un antro de disipación conocido oficialmente con el nombre de Markis o'Grandby. sin embargo. -M’alegro de verte. Basset tenía malas tierras. Los embarrados caminos. La señora Moss guardaba un pálido parecido con su hermano: la manita que el bebé le ponía en la mejilla mostraba con mayor crudeza su tinte apagado. y si cualquier esposa de Basset deseaba indicar que su marido no era un hombre que buscara placeres. No t’esperaba.hasta el caserón en ruinas emplazado en lo más alto de terreno cuando la oportuna aparición de un vaquero le permitió seguir el plan previsto de no descabalgar en toda la visita. frío olor a tabaco mezclado con posos de cerveza. en realidad llevaban. simplemente. Y nada podía calmar menos al señor Tulliver que el portón de la granja. sin embargo. Estaba a punto de desmontar y conducir el caballo por la tierra mojada del corral -situado en una hondonada a la triste sombra de los grandes cobertizos de madera. aquel hombre sin capital que. con paciencia. en caso de que se extendieran plagas de morriña y añublo seguro que no se libraba. difícilmente podría decirlo con más énfasis que afirmando que no gastaba ni un chelín en Dickinson en todo el año. el señor Tulliver había sido demasiado blando con su cuñado y como le había perdonado los intereses durante dos años. La señora Moss lo había dicho de su marido en más de una ocasión cuando su hermano se mostraba propenso a encontrarle defectos. mediante su pezuña o de otro modo. Cuando un hombre pretende comportarse con dureza debe quedarse sobre la silla y hablar desde arriba. la mayoría de los hombres de Basset encontraba el lugar fatalmente atractivo cuando pasaban por delante hacia las cuatro de la tarde de un día de invierno. el espíritu de Basset estaba a la altura de las circunstancias. por encima de los ojos suplicantes. Pero el señor Tulliver estaba decidido a no fomentar más actitudes tan poco responsables y el viaje por los caminos de Basset no tendía a debilitar la decisión de un hombre calmando su enfado. su opinión no carecía de fundamento. Tal vez no pareciera muy tentadora aquella gran sala con el suelo cubierto de arena. aunque no pertenecieran a la granja de su hermano Moss. en opinión del señor Tulliver. caminos miserables. más se hundía. e incluso lo era el medio párroco que le correspondía.Librodot El molino de Floss George Eliot 45 pobres tierras de aquella parroquia-. lo sacudían de vez en cuando y le hacían proferir alguna imprudente pero estimulante imprecación contra el padre de los abogados que. y que. Lo único que sé es que. pues en cuanto intentó abrirlo con la fusta se comportó como hacen las puertas que han perdido la bisagra superior con el consiguiente peligro para las espinillas. nada tendría que objetar a esa afirmación abstracta. hermano -dijo ella con tono afectuoso-. como sin duda sucedía aquel día. Si alguna persona profundamente impresionada por el poder de la mente humana para triunfar sobre las circunstancias adversas afirmara que los parroquianos de Basset tal vez pertenecieran a una clase de gente superior. dominando el lejano horizonte. que para la mirada forastera parecían no conducir a ningún lugar. En realidad. sin duda. La señora Moss había oído el sonido de los cascos del caballo y cuando apareció su hermano estaba ya ante la puerta de la cocina con una débil sonrisa cansada en el rostro y un niño de ojos negros en los brazos. el señor Dickinson apoyado contra la jamba de la puerta mientras su granujiento rostro de expresión triste parecía tan irrelevante a la luz del día como la oscilante vela de la víspera. un vicario y un terrateniente absentistas y pobres. La abundancia de malas tierras y vallas descuidadas que veían sus ojos. Moss era capaz de pensar que no debía molestarse por el principal. algo tendría que ver con el estado de los caminos. de hecho. de uno a otro. grabadas durante los fangosos días del invierno. si bien los habituales lo llamaban «la casa de Dickinson». aquella era una parroquia indigente y. contribuían en gran medida a su descontento con aquel desgraciado agrónomo. y. Si aquellos no eran los barbechos de Moss bien podrían haberlo sido: todos los campos de Basset eran iguales. cuanto más intentabas ayudarlo a salir del fango. no le iría nada mal verse obligado a devolver las trescientas libras: haría que anduviera con más cuidado y no actuara de modo tan alocado con la lana como el año anterior: sin duda. ¿cómo estás? 45 Librodot . tanto equinas como humanas. fue desarrollando una justa irritación contra Moss. Las profundas huellas secas de los cascos de las caballerías. a una lejana carretera.

-¿Está tu marido en casa? -añadió el señor Tulliver tras una pausa durante la cual cuatro niños salieron corriendo.. No deben depender de sus hermanos. No puedo descabalgar: tengo que irme a casa directamente -dijo el señor Tulliver. porque los pequeños Moss sentían gran reverencia por su tío del molino de Dorlcote. sin atreverse a insistir en su invitación. Un chico por cada chica. Ya has tenido suficientes niñas. -Oh. ella creía que formaba parte del mundo natural el que los pobres recibieran desaires. No obstante. -Ah. hermano. Pocas veces el señor Tulliver oía alabanzas espontáneas a la «mocita»: por lo general. Ella advirtió de inmediato que su hermano no estaba de buen humor: sólo la llamaba señora Moss cuando estaba enfadado y cuando se encontraban en público. Cuatro. no. Y sé que le gusta venir. -Sí. avanzó empujada por su madre con actitud muy tímida. Ven. corre al campo y dile a tu padre que ha venido tu tío. Tantas como chicos.Librodot El molino de Floss George Eliot 46 -Oh. Georgy. Su expresión era notablemente menos fogosa e intensa que la de Maggie. advirtiendo que su severidad se iba relajando e intentando apuntalarla con una buena indirecta-. pero está en el campo de patatas. Los pequeños tienen muchísimas ganas de ver a la prima Maggie. -No -contestó la señora Moss-. Las dos han salido a nuestra madre. se parecen un poco -admitió. y deja que te vea tu tío: has crecido tan aprisa que casi no te conoce. benditas sean -contestó la señora Moss con un suspiro. Creo que mi Lizzy es como ella: es un rato lista. bastante bien. 46 Librodot . como los polluelos cuya madre se ha eclipsado súbitamente detrás del gallinero. como si la posición de la mujer no le permitiera formular preguntas como aquella. y a ti te quiere más que a sus otras tías. A pesar de sí mismo. fecunda y de aspecto descuidado. Y yo también. allá lejos. se ensuciaba los zapatos o se rompía la bata. aunque yo nunca fui tan rápida ni amiga de los libros.. Lizzy. La señora Moss no pretendía defender la igualdad entre los seres humanos: era una mujer paciente. Se parece a nuestra familia: no tiene nada de la familia de su madre. Maggie siempre era vista bajo la mejor luz: aquel era su refugio. los demás le dejaban a él la tarea de insistir en sus méritos. -¿Y cómo están la señora Tulliver y los niños? -preguntó la señora Moss humildemente. acariciando el cabello de Lizzy a ambos lados de la frente-. Bastante bien -contestó el hermano deliberadamente frío. el lugar donde se encontraba más allá de la ley. porque es una niña encantadora. mirando a lo lejos. -Dice Moss que es como yo era -dijo la señora Moss-. Sin embargo. una niña de siete años de ojos negros. ¡y qué rápida y qué lista es! Si la señora Moss hubiera sido una de las mujeres más astutas del mundo en lugar de ser una de las más simples no se le habría ocurrido mejor idea para predisponer a su favor a su hermano que alabar a Maggie. pero deben despabilar y luchar por sí mismas -dijo el señor Tulliver. Me viene muy mal que no se me paguen las deudas. hija. Gritty -añadió en un tono a medias entre la piedad y el reproche. mirando amablemente a la pequeña figura del delantal manchado-. según creo. -T'agradecería que tuvieras la bondad de dejar que tus niños vinieran a visitar a sus primos algún día. Tom irá a un colegio nuevo para el trimestre de verano: es un gran gasto para mí. Lizzy. Si volcaba algo. ¿Quieres desmontar.. los ojos del señor Tulliver se suavizaron y no apartó la vista de su hermana al hablar. de modo que la comparación no resultaba totalmente halagadora para el amor paterno del señor Tulliver -Sí. que soy su madrina y tanto l’aprecio: ya sabes que celebramos que venga tanto como podemos. y tomar algo? -No. bastante bien. todas estas cosas eran normales en casa de su tía Moss.. en casa de su tía Moss. señora Moss.

las cosas nunca les salen bien. hermano. y la parienta ha pasado tanto tiempo en cama que las cosas han ido peor que de costumbre. tras golpear el suelo aquí y allá con la fusta. Pero se volvió de nuevo hacia su hermano para añadir-: Espero que tu chico sea siempre bueno con su hermana. más tendrán que quererse -prosiguió la señora Moss. Pero yo siempre he hecho por ti cuanto estaba en mi mano -añadió. tiró de las riendas y exclamó. Esta flecha se clavó directamente en el corazón del señor Tulliver. adoptando. Ningún jornalero trabaja tanto como yo. -¿Te parece mucho? -exclamó el señor Moss. -Los granjeros pobres como yo hacen lo que pueden -rezongó con aire paciente-: En cambio. así que has vuelto a plantar trigo en el cercado de la esquina. e inmediatamente se marcharon con gran revuelo y cacareo. -Sí. pero espero que sus hermanos quieran a las pobrecitas y recuerrden que son del mismo padre y de la misma madre: los chicos no serán por ello más pobres -dijo la señora Moss con un súbito destello. sin aliento y ofendido-. como si buscara un hueco. deseoso de discutir un poco: era el modo más natural y sencillo de pedirle que le devolviera el dinero. Y sin echar ni un poco de abono. mirando a sus hijos con intención didáctica. que cuando se casó con la señorita Tulliver era considerado el muchacho más apuesto y atildado de Basset. no sé qué reproche puede hacerme. Los sacos vacíos no se sostienen en pie. Su entrada en la pérgola de tejo sorprendió a varias gallinas que se recreaban cavando profundos agujeros en el suelo polvoriento. -Sí -exclamó el señor Tulliver en tono burlón-: a algunos. El señor Tulliver dio un golpecito al caballo en el flanco. bajaré y charlaré un poco contigo en el huerto -dijo el señor Tulliver. ante el asombro del inocente animal: -¡Estate quieto! -Y cuantos más sean. Tulliver -dijo Moss con aire de desaprobación-. -Bien. a menos que te refieras a los que pueden pedirlo prestado sin pagar intereses -dijo el señor Tulliver. sí. -No sé quién tiene dinero de sobra. Gritty -contestó el molinero. El señor Tulliver se sentó en el banco y. mientras su hermana se quedaba dando palmaditas al bebé en la espalda y mirándolos con inquietud. aunque solo sean dos. demasiado reventada por el trabajo y los niños para ser orgullosa-. por primera vez. -No lo niego. ¿No quiere descabalgar. No tenía una imaginación rápida pero como Maggie permanecía siempre en su pensamiento. un tono cálido-. Desmontó y entró con el señor Moss en el huerto. y no soy desagradecida -dijo la pobre señora Moss. Aquí está el padre de los niños: has tardado mucho.Librodot El molino de Floss George Eliot 47 -No. pensando que se mostraría más resuelto si su hermana no se encontraba presente. hermano. No vas a sacar nada este año. Se preguntó si la mocita sería pobre y su hermano Tom se comportaría con ella con dureza. -Ya sé que no estoy al día con los intereses dijo el señor Moss-. Moss. inició la conversación comentando con cierto tono gruñón: -Vaya. cuando un hombre se casa y no tiene otro capital para trabajar en su granja que el dinero de su esposa? -preguntó el señor Tulliver secamente-. los que tienen dinero de sobra ponen en el terreno la mitad de lo que piensan sacar de él. en dirección a una vieja pérgola de tejo. llevaba ahora una barba de casi una semana y tenía el aire deprimido y sin esperanza de un caballo de labor. no le costó imaginar el paralelismo entre la relación que mantenía con su hermana y el trato entre Tom y Maggie. He venido corriendo. como si fuera un fuego casi extinguido. -¿Y de qué sirve. Siempre he estado 47 Librodot . como defendiéndose de un reproche. pero el año pasado tuve muy mala suerte con la lana. señor Tulliver? -Bueno. El señor Moss. como tú y yo.

pero debéis ir con cuidado y ahorrar todo lo que podáis. sin volverse para mirar al señor Moss. No t’inquietes. eso es todo. La señora Moss tenía ocho hijos. pero nunca podría superar la tristeza por los gemelos que no sobrevivieron: en cambio. No había hombre más decidido que el señor Tulliver hasta que salió por la puerta del patio y avanzó por el estropeado camino. no dio muestras de pena y se limitó a decir: -El padre de los chicos ha vuelto al campo. retrocedió lentamente y se abandonó al sentimiento que había determinado el giro al decir en voz alta. Adiós -dijo él. -No. un pensamiento repentino pareció golpearlo. donde el hijo mayor le sujetaba el caballo y donde su hermana lo aguardaba alarmada e inquieta. el señor Tulliver volvía a sentirse dominado por la sensación de que este mundo es un lugar muy enredoso. no -dijo el señor Tulliver con tono amable-. mientras golpeaba al caballo: -¡Pobre mocita! Cuando yo me muera lo probable es que no tenga a nadie más que Tom. de modo que cuando su hermano entró. Tienes que mirar tus cosas y ver cómo me devuelves las trescientas libras. la señora Moss estaba de nuevo en la puerta. secándose las lágrimas. -Gracias por tu palabra. El señor Tulliver salió de la pérgola bruscamente mientras decía esta última frase y. mientras que el señor Tulliver tenía ya el pie en el estribo. porque detuvo el caballo y permaneció inmóvil en el mismo lugar durante dos o tres minutos. El señor Tulliver había conseguido irritarse con el señor Moss tanto como deseaba. si eso es lo que quiere -contestó Moss. Gritty. Y ya no puedo prescindir de mi dinero durante más tiempo. haz lo que puedas. Ya me las arreglaré sin el dinero. tras el arrebato. hermano? -No. La traeré con Tom. No cabía duda de que. como si examinara un asunto doloroso desde varios puntos de vista. durante los cuales volvió la cabeza de lado a lado con tristeza. pero ahora mecía al bebé en los brazos para que se durmiera y. pero antes de que llegara a la siguiente curva. antes de que él se vaya al colegio. además. Varios jóvenes Moss describieron el regreso del señor Tulliver al patio e inmediatamente corrieron a su madre con la noticia. cuando su hermano la miró. ¿quieres hablar con él. pero ninguno de los dos quiso escucharme. -Así haré. mirando inquieta a su marido. Siempre me portaré contigo como un buen hermano. -¡Vamos. hermano? -preguntó. para el señor Moss su partida supuso cierto consuelo. de modo que debes devolvérmelo tan pronto como puedas. Las lágrimas de la señora Moss brotaron de nuevo ante esta inesperada muestra de amabilidad y no pudo decir nada. mirando al frente con aire inexpresivo-. que se acercaba caminando lentamente. lo venderemos todo y terminaremos con esto. aunque los gorjeos y manotazos del niño pequeño sobre su rostro mortecino amenizaban la espera. de modo que voy a necesitarlo. de modo que pudo decir enfadado mientras se ponía en pie: -Bien. que le haría perder de vista la deteriorada granja. no. -¿No quieres entrar. girando la cabeza del caballo y partiendo. se dirigió hacia la puerta de la cocina. 48 Librodot . Yo no puedo encontrar dinero para los demás y para mí también. casi siempre son personas incorrectas. hermano -dijo la señora Moss. Tendré que desprenderme de todo el ganado que tengo para pagarle a usted y al dueño del terreno. Hizo volver grupas al caballo. debo velar por mis asuntos y por mi familia. porque tengo que pagar quinientas libras a la señora Glegg y m’espera el gasto de Tom. vamos! Ya te traeré a la mocita para que os vea. No cabe duda de que los parientes pobres son irritantes: su existencia es innecesaria y.Librodot El molino de Floss George Eliot 48 en contra. No t'inquietes. después se volvió hacia Lizzy y le dijo-: corre a buscar el huevo de colores para la prima Maggie. No puedo prescindir de mi dinero durante más tiempo. Había estado llorando.

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Lizzy entró en la casa corriendo y reapareció rápidamente con un paquetito de papel. -Es un huevo duro coloreado con hebras de hilo: ha quedado muy bonito, lo hicieron especialmente para Maggie. ¿Se lo llevarás en el bolsillo? -Sí, sí -contestó el señor Tulliver, guardándolo cuidadosamente en el bolsillo de la chaqueta-. Adiós. Y así regresó el respetable molinero por los caminos de Basset más desconcertado que antes al pensar en medios y modos, pero con la sensación de haber escapado al peligro. Se le había ocurrido pensar que si se comportaba con dureza con su hermana, tal vez eso hiciera que Tom fuera también duro con Maggie en un futuro lejano, cuando su padre ya no estuviera allí para ponerse de su parte; porque la gente simple, como nuestro amigo Tulliver, es capaz de vestir sentimientos intachables con ideas erróneas y ésta era su confusa manera de explicarse que su amor y su inquietud por «la mocita» le habían hecho adoptar una actitud más sensible con su hermana.

Capítulo IX De camino a Garurm Firs
Mientras los posibles problemas del futuro de Maggie ocupaban la mente de su padre, la niña experimentaba tan solo la amargura del presente. La infancia no piensa en el futuro ni recuerda las penas del pasado. Lo cierto era que el día había empezado mal para Maggie. El placer de contemplar a Lucy y la perspectiva de la visita por la tarde a Garum Firs, donde oiría la caja de música del tío Pullet, se estropeó hacia las once con la llegada del peluquero de Saint Ogg's, el cual se refirió en los términos más severos al estado de su cabello. -¡Mira! ¡Ay, ay, ay! -dijo, asiendo un mechón tras otro con una mezcla de conmiseración y disgusto que para la imaginación de Maggie equivalía a la más dura expresión de la opinión pública. El señor Rappit, el peluquero, cuyos untuosos rizos de la coronilla se alzaban ondulados como la simulada pirámide de llamas de una urna monumental, en aquel momento le parecía el más temible de sus coetáneos y estaba decidida a no volver a pasar por su calle, en Saint Ogg's, durante el resto de su vida. Además, dado que los preparativos para una visita constituían siempre un asunto muy serio en la familia Dodson, Martha tuvo que recoger el cuarto de la señora Tulliver una hora antes que de costumbre para que el momento de sacar las mejores ropas no se retrasara, como sucedía algunas veces en familias con criterios laxos en las que las cintas no se enrollaban nunca, apenas había nada envuelto en papel de seda y se consideraba normal tratar de cualquier modo la ropa de los domingos. A las doce, la señora Tulliver llevaba ya el traje de las visitas con una bata de holanda de color pardo, como si fuera un mueble tapizado en raso protegido de las moscas, y Maggie fruncía el ceño y se retorcía como si intentara escapar del más áspero cuello de encaje mientras su madre la regañaba. -Quieta, Maggie, no hagas eso. ¡No hagas muecas! Las mejillas de Tom brillaban en agradable contraste con su mejor traje azul, que lucía con adecuada calma después de conseguir, tras una pequeña lucha, su objetivo principal cuando cambiaba de ropa: traspasar todo el contenido de los bolsillos cotidianos a los que llevara puestos. En cuanto a Lucy, estaba tan bonita y pulcra como el día anterior: sus vestidos nunca sufrían accidentes y nunca se sentía incómoda con ellos, de modo que contemplaba con sorprendida compasión cómo Maggie se debatía y hacía mohínes por encima de aquel cuello insoportable. Maggie se lo habría arrancado sin vacilar si no la hubiera frenado el recuerdo de la reciente humillación sufrida por culpa de su pelo, de modo que se limitaba a agitarse, 49

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retorcerse y comportarse con irritación mientras construían castillos de naipes hasta la hora de comer, entretenimiento adecuado para niños y niñas vestidos con sus mejores galas. Tom era capaz de construir una pirámide perfecta, pero las de Maggie nunca resistían la colocación de la cubierta: siempre sucedía lo mismo con las cosas que fabricaba Maggie, y Tom había llegado a la conclusión de que las chicas eran incapaces de hacer nada. No obstante, resultó que Lucy era extraordinariamente hábil con los castillos de naipes: colocaba las cartas con tanta suavidad y las movía tan despacio que Tom condescendió en admirar sus edificios tanto como los propios, especialmente después de que ella le pidiera que le enseñara. Maggie también habría abandonado sus fracasados castillos para admirar y alabar los de Lucy sin enfado alguno si el cuello no le hubiese fastidiado tanto y si Tom no se hubiese reído de modo desconsiderado y la hubiese llamado tonta cuando se desmoronó su construcción. -¡No te rías de mí, Tom! -exclamó enfadada-. No soy tonta. Sé muchas cosas que tú no sabes. -¡Oh, estoy seguro, señorita Malaspulgas! Yo nunca sabría tener tanto mal genio ni hacer tantas muecas. Lucy tampoco las hace. Me gusta más Lucy que tú: ojalá fuera ella mi hermana. -Eres malo y cruel por desear esas cosas -gritó Maggie, levantándose del suelo rápidamente y tirando la maravillosa pagoda de Tom. En realidad no quería hacerlo, pero todo parecía indicar lo contrario; Tom se puso blanco de ira, aunque no dijo nada: deseaba pegarle, pero sabía que era de cobardes pegar a una chica y Tom Tulliver había tomado la decisión de no actuar jamás con cobardía. Maggie contempló desolada y aterrorizada como Tom, completamente pálido, se levantaba y se alejaba de las ruinas dispersas de su pagoda mientras Lucy los miraba enmudecida, como un gatito que levanta la vista del plato. -¡Oh, Tom! -exclamó Maggie, por fin, acercándose a él-. No quería tirarla, de verdad, de verdad, de verdad. En lugar de hacerle caso, Tom sacó dos o tres guisantes secos del bolsillo y los disparó contra la ventana con la uña del pulgar; al principio sin blanco concreto, pero no tardó en adoptar el propósito de dar a un achacoso moscardón que exhibía su imbecilidad a los rayos del sol primaveral, sin duda contra los designios de la naturaleza, que había creado a Tom y los guisantes para la pronta destrucción de aquel débil ejemplar. Así quedó malograda la mañana para Maggie, y la persistente frialdad de Tom para con ella durante el paseo le impidió disfrutar del sol y del aire fresco. Tom llamó a Lucy para enseñarle un nido a medio hacer, sin preocuparse por mostrárselo a Maggie, y descortezó una vara de fresno para Lucy y otra para él sin ofrecer ninguna a su hermana. Cuando Lucy le preguntó: «¿No te gustaría tener una, Maggie?», Tom se hizo el sordo. Sin embargo, el espectáculo del pavo real que desplegaba oportunamente su cola en lo alto de un muro del corral, en el momento en que llegaron a Garum Firs, bastó para distraerlos momentáneamente de sus agravios personales. Y aquello era sólo el comienzo de las bellezas de Garum Firs. Los animales del corral eran todos preciosos: había gallinas enanas de Bantam con pintas y moño; despeinadas gallinas frisias; gallinas de guinea que revoloteaban, chillaban y dejaban caer bonitas plumas moteadas; palomas buchonas y una urraca domesticada. Y más aún: una cabra y un perro con bellas manchas, mitad mastín, mitad bulldog, grande como un león. Y por doquier se alzaban cercados con puertas blancas y veletas de formas variadas, y todos los senderos estaban empedrados con guijarros dispuestos en lindos dibujos: nada era vulgar en Garum Firs y Tom incluso creía que el tamaño excepcional que allí tenían los sapos se debía simplemente a lo extraordinario de la finca del tío Pullet, propietario de sus tierras. Como era natural, los sapos arrendatarios eran más delgados. En cuanto a la casa, no era menos notable: estaba estucada en un blanco deslumbrante y constaba de un edificio central retranqueado y dos alas con torrecillas almenadas. El tío Pullet había visto desde la ventana al grupo que se acercaba Y se apresuró a quitar la barra y la cadena de la puerta principal, mantenidas siempre en este estado de 50

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defensa por miedo a los vagabundos, los cuales tal vez supieran de la existencia de la vitrina de cristal de la entrada, llena de pájaros disecados, y podría ocurrírseles asaltar la casa para llevárselos agarrándolos por la cabeza. La tía Pullet apareció también en el umbral y tan pronto como su hermana pudo oírla, gritó: -¡Por Dios, Bessy, detén a los niños! ¡No los dejes subir las escaleras! Sally bajará ahora el felpudo viejo y el trapo del polvo para limpiarles los zapatos. Los felpudos de las puertas de la señora Pullet nunca estaban destinados a limpiar los zapatos: incluso el limpiabarros contaba con un ayudante para el trabajo sucio. Tom siempre se rebelaba contra esta limpieza de zapatos, que consideraba un atentado a la dignidad de un varón. Veía en ella el comienzo de los desagradables incidentes de las visitas a casa de la tía Pullet, donde en una ocasión se le obligó a permanecer sentado con las botas envueltas en trapos; hecho que tal vez corrija la conclusión excesivamente apresurada de que las visitas a Garum Firs constituían un gran placer para un joven caballero aficionado a los animales... Es decir, aficionado a tirarles piedras. El siguiente incidente desagradable únicamente afectó a su compañía femenina: consistió en subir la encerada escalera de roble. Ésta tenía unas magníficas alfombras, enrolladas y guardadas en un trastero, de forma que la ascensión por los resbaladizos peldaños podría haber servido, en tiempos bárbaros, como prueba para una ordalía que nadie, excepto las personas de virtud intachable, podría superar sin romperse un hueso. La debilidad de la tía Sofía por estas pulidas escaleras constituía siempre tema de amargos reproches por parte de la señora Glegg; pero la señora Tulliver no osó hacer comentario alguno y se limitó a alegrarse cuando ella y los niños llegaron al rellano sanos y salvos. -La señora Gray m’ha mandado a casa la capota nueva, Bessy -anunció la señora Pullet en tono lastimero mientras su hermana se ajustaba la cofia. -¿Ah sí, hermana? -contestó la señora Tulliver con aire de gran interés-¿Y qué te parece? -Temo que se estropee con el roce de las ropas del armario con tanto trajín de sacarla y volverla a guardar -dijo la señora Pullet, sacando un manojo de llaves del bolsillo y examinándolo con inquietud-, pero sería una lástima que te fueras sin verla. Nunca se sabe lo que puede ocurrir. La señora Pullet meneó la cabeza lentamente al hacer esta solemne observación que la decidió a escoger una llave concreta. -Temo que te dé mucha molestia enseñármela, hermana -dijo la señora Tulliver-, pero m'encantaría ver la corona que t’ha hecho. La señora Pullet se levantó con aire melancólico y abrió una de las puertas de un brillante armario en donde tal vez el lector haya supuesto precipitadamente que se encontraba la capota nueva. Nada de eso. Semejante conclusión sólo podría ser producto de un conocimiento muy superficial de los hábitos de la familia Dodson. La señora Pullet buscaba en ese armario algo pequeño que quedaba oculto entre la ropa blanca: la llave de una puerta. -Debes venir conmigo al dormitorio bueno -dijo a su hermana. -¿Pueden venir también las niñas?- preguntó la señora Tulliver al ver que Maggie y Lucy parecían desearlo ansiosamente. -En fin -contestó la tía Pullet después de reflexionar-; tal vez sea más seguro que vengan; si las dejamos solas pueden toquetearlo todo. De modo que avanzaron en procesión por el brillante y resbaladizo pasillo, apenas iluminado por la luneta de la ventana situada sobre los cerrados postigos: resultaba todo muy solemne. La señora Pullet se detuvo y abrió una puerta que daba a un lugar más solemne aún que el corredor: una habitación oscura, en la que la débil luz procedente del exterior dejaba ver lo que parecían los cadáveres de los muebles envueltos en blancos sudarios. Todo lo que no estaba amortajado se encontraba con las patas hacia arriba. Lucy agarró del vestido a Maggie y el corazón de ésta se puso a latir a toda velocidad. 51

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La tía Pullet entreabrió el postigo y procedió a abrir el armario con la llave, con gestos lentos y pesarosos sumamente adecuados a la gravedad de la escena. El delicioso aroma a pétalos de rosa que emergió del armario transformó el proceso de retirada de hoja tras hoja de papel de seda en un hermoso espectáculo, aunque la aparición final de la capota resultó decepcionante para Maggie, que habría preferido algo más sobrenatural. Sin embargo, pocas cosas podrían impresionar más a la señora Tulliver. -Sophy, nunca más volveré a criticar los sombreros de copa completa -declaró con énfasis tras contemplarlo en silencio durante unos instantes. Era una gran concesión y la señora Pullet así lo reconoció: tuvo la sensación de que tenía que agradecerlo de algún modo. -¿Te gustaría ver cómo queda puesto, Bessy? -preguntó con aire abatido-. Abriré un poco más la contraventana. -Claro, si no t 'importa quitarte la cofia -contestó la señora Tulliver. La señora Pullet se la quitó y dejó a la vista el sedoso cabello castaño en el que sobresalía el promontorio de rizos habitual en las mujeres juiciosas y maduras del momento y, tras colocarse la capota en la cabeza, se dio media vuelta lentamente, como si fuera el maniquí de un pañero. -En algún momento he pensado que en el lado izquierdo tiene demasiados adornos de cinta. ¿Qué te parece, Bessy? -preguntó la señora Pullet. La señora Tulliver miró con seriedad el punto indicado y ladeó la cabeza. -Bueno, yo creo que está bien así: si lo tocas a lo mejor t 'arrepientes. -Es verdad -dijo la tía Pullet, quitándose el sombrero y mirándolo con . aire reflexivo. -¿Y cuánto te cobrará por esta capota, Sophy? -preguntó la señora Tulliver, pensando ya en la posibilidad de imitar aquel chef d'oeuvre con una pieza de seda que tenía en casa. La señora Pullet apretó los labios y meneó la cabeza. -La paga el señor Pullet -susurró-: dijo que quería que tuviera la mejor capota de la iglesia de Garum y que el segundo en calidad la llevara cualquier otra parroquiana. Empezó a recoger los adornos para devolverlos a su lugar en el armario; sus pensamientos parecían haber tomado un sesgo melancólico porque movía la cabeza en un gesto de negación. -¡Ay! -exclamó finalmente-. Quizá no me la ponga ni dos veces, Bessy. ¿Quién sabe? -No digas eso, Sophy -contestó la señora Tulliver-. Espero que este verano recuperes la salud. -Sí, claro. Pero podría fallecer algún miembro de la familia, como sucedió poco después de que me comprara el sombrero de raso verde. Podría morirse el primo Abbott y es imposible pensar en llevar luto por él durante menos de medio año. -Eso sí que sería mala suerte -comentó la señora Tulliver, repentinamente absorta en la posibilidad de un fallecimiento inoportuno. No es lo mismo llevar un sombrero el primer año que el segundo: no se disfruta de la misma manera, especialmente ahora que la copa cambia tanto con la moda y no se lleva dos veranos igual. -En fin, así es el mundo -dijo la señora Pullet, devolviendo la capota al armario y cerrándolo con llave. Permaneció en silencio y negó con la cabeza hasta que salieron de la solemne habitación y se encontraron de nuevo en su dormitorio. Ay, Bessy -dijo, echándose a llorar-, si no vuelves a ver esta capota hasta que me muera, recuerda que te la enseñé tal día como hoy. La señora Tulliver consideró que debía entristecerse pero era una mujer de pocas lágrimas, recia y saludable, incapaz de llorar tanto como su hermana Pullet, cosa que lamentaba con frecuencia en los funerales. Cuando ponía todo su empeño en que le brotaran lágrimas de los ojos, sólo conseguía una mueca extraña. Maggie, que las observaba atentamente, tuvo la sensación de que la capota de su tía encerraba algún doloroso misterio y, 52

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debido a su juventud, ambas creían que era incapaz de entenderlo; y se enfadó porque sabía que, si se lo explicaban, lo entendería tan bien como cualquier otra cosa. Cuando bajaron, el señor Pullet comentó, con cierta perspicacia, que adivinaba que su señora había estado enseñando la capota: por eso se habían entretenido tanto. A Tom el tiempo le había parecido todavía más largo, porque se había quedado sentado muy incómodo en el borde de un sofá, justo enfrente de su tío Pullet, que lo contemplaba con ojos grises y brillantes y de vez en cuando se dirigía a él llamándolo «caballerete». -Bien, caballerete, ¿qué aprendes en el colegio? -era la pregunta habitual del tío Pullet, ante la cual Tom siempre parecía avergonzado, se pasaba la mano por la cara y contestaba «no lo sé». Además, le resultaba tan violento estar sentado téte-á-téte con el tío Pullet que ni siquiera podía mirar los grabados de las paredes, las trampas para moscas o las preciosas macetas: no veía nada más que las polainas de su tío. Este respeto no se debía a la reverencia que pudiera sentir Tom ante la superioridad mental de su tío: en realidad, había decidido que no quería llegar a ser propietario rural porque no quería parecer un individuo tonto de piernas flacas como su tío Pullet: era, en definitiva, un blandengue. La timidez de un chico de ningún modo es indicio de gran reverencia: y mientras uno intenta animarlo, pensando que está abrumado por la conciencia de nuestra edad y sabiduría, lo probable es que esté pensando que uno es un bicho muy raro. El único consuelo que se me ocurre es que probablemente los chicos griegos pensaban lo mismo de Aristóteles. Sólo cuando uno ha dominado a un caballo inquieto o ha azotado a un carretero o sostiene un arma en la mano, estos jóvenes tímidos consideran que es un individuo admirable y digno de envidia. Al menos, estoy seguro de los sentimientos de Tom Tulliver en este punto. En su más tierna infancia, cuando todavía llevaba una gorrita con encaje para salir al exterior, se lo veía con frecuencia espiando a través de las barras de alguna verja y haciendo gestos amenazadores con el pequeño índice mientras regañaba a las ovejas con un gruñido confuso, destinado a provocar terror en los sorprendidos animales: así indicaba, tan temprano, ese deseo de dominio sobre los animales inferiores, tanto domésticos como salvajes -incluidos los escarabajos de mayo, los perros de los vecinos y las hermanas pequeñas-, que siempre ha sido un atributo muy prometedor para la fortuna de nuestra raza. En cambio, el señor Pullet jamás montaba un animal más alto que un pequeño poni, era el menos rapaz de los hombres y consideraba que las armas de fuego eran cacharros peligrosos capaces de dispararse solos, sin obedecer a los deseos de nadie. De modo que a Tom no le faltaban serios motivos cuando, en una conversación confidencial con un muchacho, describió a su tío Pullet como un papanatas, aunque se acordó de señalar que era un «individuo muy rico». Las únicas circunstancias atenuantes del téte-á-téte con el tío Pullet era que siempre tenía cerca diversos caramelitos de menta y, cuando la conversación desfallecía, llenaba el vacío proponiendo semejante solaz. -¿Te gustan los caramelos de menta, caballerete? -preguntaba y si, además, ofrecía el artículo en cuestión, bastaba con una respuesta tácita. La aparición de las niñas sugirió al tío Pullet la posibilidad de recrearse con las galletitas dulces que también guardaba bajo llave para su consumo particular en días lluviosos; pero en cuanto los niños tuvieron en los dedos la tentadora exquisitez, la tía Pullet manifestó su deseo de que se abstuvieran de comerla hasta que llegara la bandeja con los platos, puesto que las crujientes galletitas llenarían «todo el suelo« de migas. A Lucy no le importó mucho, porque la galleta era tan bonita que le daba pena comérsela; Tom aprovechó la oportunidad, mientras los mayores hablaban, para tragársela en dos bocados y masticarla furtivamente. En cuanto a Maggie, que en aquel momento estaba fascinada, como de costumbre, con un grabado de Ulises y Nausícaa que el tío Pullet había comprado como «una bonita estampa de las escrituras», dejó caer el pastelito y, con un movimiento desafortunado, lo aplastó con el pie. Aquello fue una fuente de tanta agitación para la tía Pullet y de vergüenza para Maggie que ésta empezó a perder la esperanza de oír la caja de rapé con música aquel día, hasta que, tras reflexionar un poco, se le ocurrió que Lucy 53

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la tía Pullet les dio permiso. La huella de la música había desaparecido de su espíritu y otra vez se habían adueñado de él los siete diablillos. -¡Vaya! Señorita. para Tom. esta espera en ascuas aumentara el placer de Maggie cuando empezó a sonar aquella música mágica. -¿Por qué no te quedas sentada y quietecita.Librodot El molino de Floss George Eliot 54 estaba lo bastante bien considerada como para lanzarse a pedir que les hiciera sonar una melodía. Pero cuando cesó la música mágica. la posesión de aquella «pieza musical» era prueba de que el señor Pullet no era tan inútil como podría pensarse. -Las niñas que se comportan de esta manera no deben venir a verme -dijo la tía Pullet. Mientras sonaba la música del Hush. regresaron las inquietudes del día anterior. miraran desde lejos. pero. ahora que habían descansado ya tras el paseo. se puso en pie de un brinco y. En primer lugar. previendo que mientras los niños permanecieran en el interior de la casa no tendrían más que travesuras. Sin embargo. con letra de John Gay 54 Librodot . y habría debido ser tremendamente blandengue para no hacerlo. pero ahora que veía la gran cuestión de la capota con cierta perspectiva y los niños estaban Ya fuera. El tío Pullet tenía un programa específico para todas las grandes ocasiones sociales y de esta manera se defendía de la excesiva confusión y del desconcertante libre albedrío. le rodeó el cuello con el brazo. contestaba: «Ya veremos». en conjunto. lector. Los sombreros y las inquietudes maternas habían distraído temporalmente a la señora Tulliver de la pelea con la señora Glegg. de Haendel. enfadada. aunque les encareció que no abandonaran los senderos empedrados del jardín y que. su rostro conservó una expresión de felicidad y permaneció inmóvil con las manos unidas. sin dar ninguna muestra de conformidad hasta pasados los minutos adecuados. 5 De la cantata Acis y Galatea (1732). ofreciendo una imagen que algunas veces consolaba a su madre con la idea de que Maggie podía parecer bonita de vez en cuando. aprovechó para proponer que. De modo que se lo susurró a Lucy. el señor Pullet había comprado la caja. y lo cierto era que la mayoría de los vecinos de Garum pensaban lo mismo. Tal vez. Maggie? -exclamó su madre. sabía cómo darle cuerda y conocía de antemano la canción que iba a sonar. si te sientes tentado de creer que fue una condenable muestra de insensibilidad. se acercó en silencio hasta las rodillas de su tío y sonrojada hasta el cuello. si querían ver cómo daban de comer a las aves. tío? Lucy creía que debido a algún talento excepcional de su tío Pullet. por un sentimiento de desaprobación general hacia la conducta de Maggie. debo decirte que el chico sostenía un vaso de vino de prímula en la mano y que Maggie le propinó tal sacudida que se derramó la mitad de su contenido. salieran a jugar. provocó de nuevo la irritación del muchacho contra su hermana. corriendo hacia Tom. -¡Mira lo que haces! -contestó con enfado. cuando le rogaban que mostrara su destreza. ye pretty warbling choir 5. -¡Oh. que siempre hacía lo que se le pedía. La pobre Maggie se sentó de nuevo. la caja de música para rapé tocaba aquellas melodías tan bonitas. como era el caso. eres demasiado brusca -apostilló el tío Pullet. especialmente cuando su rabia estaba respaldada. a pesar de su piel morena. Este gesto de cariño no solicitado y. efectivamente. el tío Pullet nunca la rebajaba con un consentimiento excesivamente rápido y por lo general. La señora Tulliver. y por primera vez estuvo a punto de olvidar la carga que sobrellevaba: la conciencia de que Tom estaba enfadado con ella. Tom! ¡Qué bonito! -exclamó. restricción impuesta desde el día en que Tom corrió tras el pavo real con la ilusoria idea de que el miedo haría que se le cayera alguna pluma. le rogó mientras jugueteaba con el collar que llevaba puesto: -¿Nos deja oír una canción. inexplicable. y ésta. subidos al montador.

me sentiría perdida. mirando a su hermana con aire lastimero-. iniciando la conversación-. Tú siempre has sido mi hermana favorita y siempre hemos coincidido en nuestras ideas. afablemente dispuesta a compartir su depresión con su hermana-. Nunca se puede saber lo que hará Jane. el doctor Turnbull no tiene en la parroquia a otro paciente como tú. porque tú recuerdas siempre lo que digo mejor que yo misma..es probable que no llene el tercero. en lugar de mascar ruibarbo cuando le pasa alguna cosa -dijo la señora Tulliver. tu marido es bastante torpe. Bessy. porque nuestra hermana Deane nunca está de mi parte y. Eso es ir en contra de la misma Providencia: ¿Para qué existen los médicos sino para llamarlos? Y cuando uno tiene dinero para pagar un médico. tal vez le iría mejor a Jane si fuera alguna vez al médico. No venderá ninguno. es tan dado a pleitear. porque estoy segura de que ya tienes bastantes problemas. echándose a llorar. y las pastillas nuevas a las once y a las cuatro. como nunca he sentido -dijo.. Ya llenan dos estantes largos de la despensa. M 'avergüenza que lo sepan nuestros conocidos. Bessy.Librodot El molino de Floss George Eliot 55 -Siento un peso tremendo. por el modo en que nuestra hermana Glegg se marchó de casa. -El señor Pullet guarda todos los frascos de mis medicinas. porque. Podría morirme antes de tomar la docena de frascos del último. ya sabes cuál es. Y los niños han salido a él: el niño es muy travieso y no quiere saber nada de sus tíos y tías. -Ya sé que el señor Tulliver es irritable y dice cosas raras -dijo la señora Tulliver. -Bien. Bessy -dijo la señora Pullet compasiva-. como no sean las facturas. -Están las pastillas de siempre. enjugándose una lagrimilla-. ya lo sabes -dijo la señora Pullet. -Caramba. es inesperado. ahora que la señora Sutton se ha ido. puesto que tiene una fortuna independiente.. Y sólo tú puedes conseguir que haga las paces con el señor Tulliver. porque él siempre recuerda cuándo debo tomar los medicamentos: ahora tomo tres cosas distintas.. y. alzando las manos y dejándolas caer-. cuando lo está. no es ni siquiera respetable no hacerlo. y él lo sabe. ¡Ah! -exclamó la tía Pullet-. -Bueno. Como tu marido carga con esa pobre hermana y con sus hijos sobre sus espaldas. Si él sufriera un ataque. -No hables de tu muerte. según dicen. Has tenido mala suerte y lo siento por ti. Nunca he tenido la menor intención d 'ofender a una hermana. Imagino 55 Librodot . -Ah. Dice que la gente debería verlos cuando yo haya muerto. Las cajas de pastillas están en el armario de mi dormitorio. -Es terrible pensar en cómo juega la gente con sus tripas -dijo la tía Pullet. pero creo que Jane vive de manera inadecuada. sujetándose la rodilla y protegiéndola con el pañuelo del bolsillo. y el preparado efervescente cuando le parece oportuno -recitó el señor Pullet de modo entrecortado debido al caramelito que tenía en la lengua. y la niña es basta y morena. ya se lo he dicho a Jane muchas veces. pero de las tabletas no queda nada que enseñar. No lo comentaría con nadie que no fuera de la familia. pero desde que se casó nunca ha puesto reparo a que mis amistades o mi familia acudiera a casa. que toma una noche sí y otra no. no es necesario que t 'avergüences -dijo el señor Pullet-.. -No quiero pintártelo muy negro. Se lo he dicho al señor Pullet una y otra vez. como solía hacer cuando la conversación tomaba un sesgo interesante. -Seguro que sí -dijo la señora Pullet-. Nunca s'ha comportado con nuestra familia como debiera.. porque ella comparte muchos puntos de vista con ellos. como que el lunes hizo una semana que me lo dijiste: fue en cuanto llegamos de tomar el té con ellos -contestó el señor Pullet. analizando la cuestión médica en relación con la señora Glegg. Sophy -dijo la señora Tulliver-. Pero -añadió. con la única excepción del doctor Turnbull. Si te fueras me quedaría sin nadie para mediar con nuestra hermana Glegg. Bessy? -explicó a la señora Tulliver-. ¿sabes. Pullet tiene una memoria maravillosa -prosiguió.

Y. Ninguna mujer puede hacer más de lo que es capaz. pero no pudo evitar el pensamiento de que su situación era difícil. 56 Librodot . Y me parece que sería mucho más apropiado que Jane se ocupara de que le limpiaran el espejo grande con más frecuencia. de escaso consuelo te resultaría pensar que los has cuidado bien. El señor Tulliver no es hombre que se deje manejar: ni aunque fuera a hablar con el párroco y aprendiera de memoria lo que debo decir a mi marido. Y siempre lo ofrezco junto con el jerez. Bessy: en esto. -De nada sirve hablar de todo esto -se lamentó la señora Tulliver. sólo que haga como si no hubiera pasado nada y no reclame el dinero: no es mucho pedir a una hermana. aunque no pienso comentarlo fuera del círculo familiar. siempre hemos estado de acuerdo. en esto eres como yo. además. Ninguna mujer lucha más que yo por sus hijos. que la semana pasada estaba lleno de manchas. Sophy. Como es natural. cuya parcialidad no le impedía recordar las cuestiones de principio: no olvidaba el respeto debido a las gentes de fortuna independiente. todo esto no sirve para nada si tu marido liquida todo el dinero -dijo la señora Pullet. y tengo la ropa blanca tan ordenada que. T 'aseguro que en la limpieza de esta primavera. de que no puedo hacer más -dijo. -Bueno. Sophy? -dijo la señora Tulliver-. No era fácil estimular su imaginación. ni deseo mal a nadie. Nunca entenderé los negocios de los hombres. este retrato de su situación no alegró a la señora Tulliver. si me muriera mañana. no fueran a creer que las desgracias que le auguraban pudieran ser consideradas culpa suya-. no hago daño a nadie. negando lentamente con la cabeza. casi enfadada-. como nuestra hermana Glegg. Siempre t 'has portado conmigo como una buena hermana. Pero Jane y yo nunca hemos estado de acuerdo en nada: a ella le gustaban las rayas ya mí los lunares. y mis empanadas de cerdo son de las mejores del vecindario. a Tulliver se le olvidará todo y volverán a ser amigos. Recuerdo que las dos teníamos una tela de fondo con un lunar blanco. -Pero Bessy. Tulliver jamás se humillaría -Bien. -Estoy segura. -Pero lo adecuado sería que Tulliver fuera a hacer las paces y se disculpara por hablar de modo tan imprudente. La señora Pullet. Bessy -dijo la señora Pullet . miró a su hermana con aire lastimero. no tendría motivos para avergonzarme. Si tuvieras que vender todos tus muebles a otras personas. sintiéndose obligada a revisar su conducta. Sería un disgusto para la familia -dijo la señora Pullet. en lugar de decir a la gente que tiene más ingresos de los que ella ha tenido nunca lo que debe hacer con su dinero. Sophy -dijo la señora Tulliver-. ladeando la cabeza y mirando a su hermana con expresión compasiva-. todavía conservo un trocito en una colcha. -Sí. ¿qué puedo hacer. puesto que los demás así la consideraban. conmovida por este último recuerdo. Es imposible hacer frente a su mal genio: parece como si el mal genio pudiera volverla loca. no esperes que yo convenza a Jane de que pida perdón -dijo la señora Pullet . no pretendo saberlo todo sobre lo que hay que hacer con el dinero. descolgué todos los doseles y tapices de las camas y trabajé tanto como las dos doncellas juntas. aunque nuestra hermana Glegg diría que despilfarro. No debería olvidar que le ha prestado dinero -dijo la señora Pullet.Librodot El molino de Floss George Eliot 56 que te dejará en muy mala situación cuando muera. Y acabo de preparar una espléndida reserva de vino de saúco. Y me gusta ir bien arreglada por casa. A ti también te gustan los lunares. aunque nunca nadie de nuestra familia ha terminado en un manicomio. El tiempo arreglará las cosas. Y la ropa marcada con tus iniciales de soltera podría dispersarse por todo el país. y nadie en la parroquia puede decir nada contra mí porque yo no murmuro. -No pretendo que ella pida perdón -dijo la señora Tulliver-. Aunque se lo pidiera de rodillas. Y si quisieras ir a ver a nuestra hermana Glegg y la convencieras para que se reconciliara con Tulliver. -Pero. te lo agradecería mucho.

No dudaré en ayudarte. con las dos manitas negras extendidas y expresión lastimera. dijo: -Ven. sobre los seres vivos que encontraban aquí y allá: de cómo la señora Tijereta estaba haciendo la colada en casa y uno de sus hijos se cayó en el caldero. pareciera preferir a Lucy. No hacía mucho que Maggie creía que nunca se mostraría desagradable con la pequeña y linda Lucy. la señora Tulliver ignoraba que su esposo hubiera tomado la decisión irrevocable de devolver las quinientas libras: ni le pasaba por la cabeza semejante idea. De modo que el deseo de conocer la historia de un sapo muy corpulento.Librodot El molino de Floss George Eliot 57 Como puedes ver. Su hermana permaneció a lo lejos con aire de pequeña Medusa con las serpientes cortadas. Para explicar esta aparición sin precedentes en el salón de la tía Pullet. sobre todo porque a buen seguro pondría nombre al sapo y le contaría su historia. lector. como si Maggie no existiera. si eso es lo que hay que hacer. hizo que corriera hacia Maggie. Capítulo X Maggie se comporta peor de lo que esperaba El objeto asombroso que marcó así un hito para el tío Pullet no era otra cosa que la pequeña Lucy con medio lado de su cuerpo. la señora Pullet. a Lucy le encantaban las historias de Maggie. Tom sentía un profundo desprecio por esas tonterías de Maggie y aplastaba la tijereta inmediatamente. cuyo enfado hacia ella se había reavivado después de que le derramara tontamente el vino de prímula. No quiero contribuir a tu ruina. si al señor Pullet le parece bien. Y no quiero que nuestras amistades digan que hay disputas en la familia. la puerta no tardó en abrirse pero. sumada a su carácter afectuoso. Maggie no dijo nada y se alejó de ella con el ceño fruncido. señalaría él más tarde. ven conmigo y se alejó en dirección a la zona donde estaban los sapos. Pullet? -No tengo nada que objetar -dijo el señor Pullet. del mismo modo que no podría 57 Librodot . provocando que el señor Pullet se tragara el caramelito: era la quinta vez que le sucedía en toda su vida. Lucy. Lucy no podía evitar la idea de que tenían algo de cierto y. una manera. Lucy se alegró de que el primo Tom fuera tan amable con ella y encontró muy divertido ver cómo hacía cosquillas a un sapo gordo con un trozo de cuerda a través de una rejilla de hierro. Sentía sobre sí el peso de todos los recuerdos desagradables de la mañana cuando Tom. Se lo diré a Jane: y no m’importa ir mañana a su casa. debemos remontarnos al momento en que los tres chicos salieron a jugar al jardín y los pequeños demonios que se habían apoderado del ánimo de Maggie a primeras horas del día regresaron con mayor ímpetu tras una ausencia temporal. se volvió para buscar una delicada servilleta adamascada y se la prendió a modo de delantalito. que creía a medias. Con todo. Bessy -dijo la señora Pullet tristemente. ésta formaría parte de su crueldad. en cualquier caso. desde el piececito a la capotita. Efectivamente. le parecían fantasías muy bonitas. Mientras Tom. empapado y cubierto de barro. Tras una breve conversación sobre si era adecuado que la señora Tulliver los acompañara en la visita a la señora Glegg. en lugar de la bandeja del té. ¿Qué dices. tras indicar que era hora de tomar el té. por eso corría tan deprisa en busca del médico. al que tanto le daba el curso que tomara la pelea siempre que el señor Tulliver no recurriera a él para pedirle dinero. -¡Maggie! ¡Hay un sapo grande y muy divertido! Ven a verlo. Como es lógico. Al señor Pullet le inquietaban sus inversiones y no entendía cómo un hombre podía sentir que su dinero estaba seguro a menos que lo transformara en tierras. -Bien. Lucy deseó que Maggie también disfrutara del espectáculo. superflua pero fácil de demostrar la falsedad de la historia. Sally introdujo algo tan asombroso que tanto la señora Pullet como la señora Tulliver dejaron escapar un grito.

pero el aspecto «de cierta magnitud»6 presente en la pasión exigía acción. Además. Lucy -dijo. que había advertido en silencio su aproximación. absorto como estaba en la búsqueda del señor lucio -un monstruo sumamente interesante-. el lucio. 58 Librodot . En aquel momento. Nadie nos verá. no se mostraba cuando lo buscaban. y Tom. pensaba que le gustaría hacer llorar a Lucy dándole una bofetada o un pellizco. Maggie los vio salir del jardín y no pudo resistir el impulso de seguirlos. en un jardín tan cuidado donde no les estaba permitido salir de los senderos empedrados. Al final se encontró junto a Lucy. pero entonces Tom era indiferente a Lucy y era Maggie quien la mimaba y le hacía caso. El lucio. con un brusco 6 Alusión a la definición de la tragedia de Aristóteles (Poética VI. porque no le importaba. en Maggie se debatían pasiones suficientes para una tragedia. El único gran placer que permitía semejante restricción era. y se inclinó para mirar lo que parecía una cabeza de flecha dorada corriendo por el estanque. pero Tom advirtió un movimiento rápido en el agua que lo atrajo hacia otro lugar de la orilla del estanque. ¿Sabes lo que quiero hacer? -¿Qué quieres hacer. precisamente. y al poco rato Tom empezó a mirar a su alrededor en busca de otra manera de pasar el rato. -No importa. Podrás decir que te llevé yo. Puedes venir conmigo si quieres -ofreció el joven sultán. Nadie te ha pedido que vinieras. que nunca se había visto ante tentación semejante. siguiendo las instrucciones. contigo no se enfadarán -dijo Tom-. aunque le dolía mucho que a Tom no le importara que lo viera o no. el pésimo concepto que tenía de las chicas incluía la incapacidad total de caminar por lugares sucios. ¡Ven aquí! ¡Cuidado! Quédate en la hierba. Sin embargo. si las tragedias se hicieran solamente con pasiones. Maggie se había ido acercando cada vez más: ella también tenía que verlo. Maggie estaba segura de que si Lucy no hubiera estado allí. y Lucy por fin pudo ver la onda de su cuerpo y se maravilló ante la posibilidad de que las serpientes supieran nadar. dio media vuelta. y que Tom y Lucy hicieran o vieran algo que ella ignorara era una idea intolerable para Maggie. De manera que se mantuvo a unas yardas de distancia sin que Tom la viera. Era una culebra de agua. disfrutando del raro placer de hacer una travesura y entusiasmada también por la mención de aquel ser célebre. al que sería inútil abofetear -suponiendo que se atreviera-. al igual que el amor. Tom no habría tardado en hacer las paces con ella. especialmente si así molestaba a Tom. Lucy se acercó con cuidado.Librodot El molino de Floss George Eliot 58 ser cruel con una ratita blanca. y Tom empezó a pensar en una visita insurgente al estanque situado tras unos campos. señalando una península de hierba seca rodeada de barro pisoteado. como otros famosos personajes. lo máximo que podía hacer Maggie. muy grande y que tenía un apetito voraz. le dijo Tom. Es fácil cansarse de hacer cosquillas a un sapo poco sensible. La ira y los celos. Lucy! -exclamó en un susurro-. saldré por el otro extremo del jardín -dijo Tom-. No cabes en este trozo de hierba. aunque no sabía exactamente si eso era un pez o un ave. -Oye. 2). no me importa si me ven: me iré corriendo a casa. no había gran elección. La tía dijo que no debíamos salir del jardín. -Quiero ir al estanque y mirar el lucio. no pises donde han estado las vacas -añadió. -¡Oh. del que se decía que era muy viejo. -Bueno. -Vete. -Pero yo no puedo correr -dijo Lucy. soslayarla. Ahora. -¡Aquí. Tom! ¿Vas a atreverte? -exclamó Lucy-. Maggie -dijo-. moviendo la cabeza con aire misterioso mientras recogía la cuerda-. no pueden soportar perder de vista el objeto de su pasión. Tom se alejó y Lucy trotó a su lado tímidamente. Tom? -preguntó Lucy con curiosidad. en cambio.

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movimiento de su bracito moreno, era empujar a la pobrecita Lucy, toda de rosa y blanco, al barro pisado por las vacas Tom no pudo contenerse y propinó a Maggie dos manotazos en el brazo mientras corría a sujetar a Lucy que lloraba desconsoladamente en el suelo. Maggie retrocedió hacia las raíces de un árbol, situado a varias yardas de distancia, y los contempló impenitente. Por lo general, se arrepentía en cuanto cometía alguna hazaña impetuosa, pero en esta ocasión Tom y Lucy habían hecho que se sintiera tan mal que se alegraba de haber estropeado su felicidad, de conseguir que todo el mundo se fastidiara. ¿por qué iba a sentirlo? Tom tardaba demasiado en perdonarla, por mucho que ella hubiera podido arrepentirse. -Se lo diré a nuestra madre, ¿sabes, señorita? -dijo Tom con voz alta y enfática en cuanto Lucy estuvo de pie, dispuesta a caminar. Tom no acostumbraba a «chivarse», pero en este caso la justicia exigía que Maggie recibiera el mayor castigo, aunque Tom no había aprendido a formular sus pensamientos de modo abstracto, ya que nunca mencionaba la palabra «justicia» y no tenía ni idea de que sus deseos de castigar pudieran recibir un nombre tan elegante. Lucy estaba demasiado absorta en la calamidad sobrevenida -se había estropeado su mejor vestido y se encontraba incómoda, tan sucia y mojada- para pensar en la causa, que para ella era totalmente misteriosa. Era incapaz de adivinar qué había hecho para que Maggie se enfadara con ella, pero advertía su conducta antipática y desagradable, de modo que no intercedió ante Tom para que no se «chivara» y se limitó a correr a su lado llorando lastimeramente mientras Maggie permanecía sentada en las raíces del árbol y los miraba alejarse con su pequeño rostro de Medusa. -Sally -dijo Tom en cuanto llegaron a la puerta de la cocina y Sally los contempló muda de asombro, con un trozo de pan con mantequilla en la boca y un tenedor de tostar en la mano-. Sally, di a mi madre que Maggie ha empujado a Lucy y la ha hecho caer en el barro. -¡Ay, madre! ¿Cómo s’han acercao tanto al barro? -preguntó Sally torciendo el gesto mientras se inclinaba para examinar el corpus delicti. La imaginación de Tom no había sido lo bastante rápida y capaz para incluir esta pregunta entre las consecuencias posibles, pero en cuanto se la formularon previó el resultado y calibró que Maggie no sería considerada la única culpable del accidente. Se alejó en silencio de la puerta de la cocina, dejando a Sally el placer de adivinar, cosa que las mentes activas prefieren con mucho a los conocimientos dados. Como bien sabes, lector, Sally no se demoró en presentar a Lucy en la puerta del salón, porque tener un ser tan sucio en Garum Firs suponía una carga excesiva para una sola persona. -¡Cielo santol -exclamó la tía Pullet tras proferir un grito inarticulado. ¡Déjala en la puerta, Sally No se t 'ocurra meterla en el salón. -Vaya, s’ha caído en el barro -dijo la señora Tulliver, levantándose para examinar el estado de unas ropas de las que se sentía responsable ante su hermana Deane. -Señora, ha sido Maggie quien la empujó -dijo Sally-. Lo ha dicho el señorito Tom. Y tiene que haber sido en el estanque, porque sólo allí hay tanto barro. -Eso es, Bessy. Lo que yo te decía -dijo la señora Pullet con un tono de tristeza profética-: nunca se sabe de qué serán capaces tus niños. La señora Tulliver enmudeció, sintiéndose una madre desgraciadísima. Como siempre, pensó que la gente creería que había cometido alguna maldad para merecer aquellos problemas maternales, mientras la señora Pullet empezaba a dar a Sally órdenes complicadísimas sobre cómo debía proteger la casa de sufrir severos daños durante el proceso de eliminación de la porquería. Entre tanto, la cocinera debía traer el té y los niños traviesos tomarían el suyo ignominiosamente relegados a la cocina. La señora Tulliver, suponiendo que estarían cerca, salió a hablar con aquellos niños malos, pero sólo encontró a Tom tras buscarlo un buen rato, apoyado en la blanca empalizada del gallinero con aire indiferente, agitando su trozo de cuerda por el otro lado, para molestar a un pavo. 59

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-Tom, niño malo, ¿dónde está tu hermana? -preguntó la señora Tulliver con voz consternada. -No lo sé -contestó Tom. El deseo de que se hiciera justicia con Maggie había disminuido desde el momento en que advirtió con claridad que difícilmente podría realizarse sin la injusticia de que le reprocharan también su conducta. -¡Vamos! ¿Dónde la has dejado? -preguntó su madre mirando a su alrededor. -Sentada bajo el árbol que está junto al estanque -dijo Tom simulando no prestar atención más que a la cuerda y al pavo. -Ve a buscarla ahora mismo, chico malo. ¿Cómo se t’ha ocurrido ir al estanque y llevar a tu hermana hasta el barro? Ya sabes que si se le presenta la oportunidad de hacer alguna travesura, la hace. La señora Tulliver tenía por costumbre vincular la mala conducta de Tom, de un modo u otro, a Maggie. La idea de que Maggie estaba sola, sentada junto al estanque, despertó el temor habitual de la señora Tulliver y subió al montador para tranquilizarse con la visión de aquella niña fatídica mientras Tom caminaba, no muy deprisa, hacia ella. -Si hay niños que se sientan atraídos por el agua, esos son los míos -dijo en voz alta, sin caer en la cuenta de que no había nadie que pudiera oírla-. Algún día se ahogarán. Me gustaría que el río estuviera más lejos. Pero cuando no sólo no localizó a Maggie sino que vio regresar sólo a Tom del estanque, el miedo se apoderó de ella y corrió hacia él. -Maggie no está por el estanque, madre -dijo Tom-. Se ha ido. Puedes imaginar, lector, la búsqueda aterrorizada y las dificultades para convencer a la madre de Maggie de que no se encontraba ahogada en el estanque. La señora Pullet comentó que, si vivía, tal vez llegara a conocer peor final que ése, quién podía saberlo; y el señor Pullet, confuso y abrumado por el cariz revolucionario de las cosas -el retraso del té y las aves de corral alarmadas por aquel inusual ir y venir-, cogió una escarda y alcanzó con ella la llave para abrir el corral de las ocas, donde era probable que Maggie se hubiera escondido. Al cabo de un rato, Tom lanzó la idea de que Maggie se había ido a casa (sin considerar necesario declarar que eso era lo que habría hecho él en circunstancias similares), y su madre se tranquilizó con esa posibilidad. -Sophy, por el amor de Dios, haz que pongan el caballo en el coche y me lleven a casa, quizá la encontremos por el camino. Lucy no puede caminar con esta ropa -dijo, contemplando a la víctima inocente, envuelta en un chal y sentada con los pies desnudos sobre el sofá. La tía Pullet se mostró bien dispuesta a tomar medidas para recuperar cuanto antes la tranquilidad y el orden en su casa, y no transcurrió mucho rato antes de que la señora Tulliver se encontrara en el coche mirando inquieta hacia delante. La pregunta que más le abrumaba era: ¿qué diría su padre si Maggie se perdía?

Capítulo XI Maggie intenta huir de su sombra
Como de costumbre, las intenciones de Maggie iban más allá de lo que Tom había imaginado. La decisión que tomó después de que Tom y Lucy se alejaran no era tan sencilla como regresar a casa. ¡No! Se escaparía y se iría a vivir con los gitanos y Tom no volvería a verla nunca más. Esta idea no era nueva para Maggie: le habían dicho tantas veces que parecía una gitana y que, además, era «medio salvaje», que cuando estaba triste le parecía que la única manera de escapar al oprobio y sentirse en armonía con las circunstancias era 60

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viviendo bajo una carpa de color pardo en los terrenos comunales del municipio: creía que los gitanos la recibirían encantados y le tendrían mucho respeto por sus conocimientos superiores. En una ocasión mencionó esta idea ante Tom y le sugirió que se tiñera la cara de oscuro para huir juntos, pero Tom rechazó el proyecto con desprecio y le contestó que los gitanos eran ladrones, apenas tenían para comer y sólo poseían algún burro para desplazarse. Sin embargo, aquel día Maggie pensó que su infelicidad había alcanzado tal punto que los gitanos constituían su último refugio, y se levantó de las raíces del árbol donde estaba sentada con la sensación de estar viviendo una crisis; correría hasta llegar al terreno comunal de Dunlow, donde sin duda encontraría gitanos, y así aquel Tom tan cruel y el resto de parientes que tantos defectos le encontraban no tendrían que verla nunca más. Mientras corría pensó en su padre, pero se reconcilió con la idea de separarse de él decidiendo que le enviaría en secreto una carta mediante algún gitanillo que se escaparía corriendo sin decirle dónde estaba y se limitaría a comunicarle que se encontraba bien, era feliz y lo quería mucho. La carrera pronto la dejó sin aliento, pero cuando Tom regresó al estanque, Maggie se encontraba tres largos campos más allá, al borde de un camino que llevaba a la carretera principal. Se detuvo para recuperar el aliento y se le ocurrió pensar que aquello de huir no era muy agradable, por lo menos, antes de llegar al terreno donde se encontraban los gitanos, pero su decisión no flaqueó: cruzó la puerta de la verja y entró en el camino sin saber adónde conducía, porque nunca había pasado por allí cuando viajaban del molino de Dorlcote a Garum Firs, y se sintió más segura al pensar que así no sería posible que la alcanzaran. Pronto advirtió, no sin temor, que se acercaban dos hombres por el camino que se extendía ante ella: demasiado ocupada con la idea de que los conocidos fueran tras ella, no se le había ocurrido la posibilidad de encontrarse con desconocidos. Eran dos impresionantes individuos de aspecto andrajoso y rostro coloradote; uno de ellos llevaba un hatillo colgado de un palo sobre el hombro: pero para su sorpresa, aunque Maggie temía que la censuraran por huir, el portador del hatillo se detuvo y con un tono entre implorante y zalamero le preguntó si tenía alguna moneda para dar a un pobre hombre. Maggie llevaba una moneda de seis peniques en el bolsito -regalo del tío Glegg- y se la tendió al mendigo con una sonrisa educada, esperando que apreciara su generosidad. -Esto es todo lo que tengo -dijo, excusándose. -Gracias, señorita -contestó el hombre, con tono menos respetuoso y agradecido de lo que Maggie esperaba, e incluso observó que sonreía y guiñaba el ojo a su compañero. Maggie se alejó caminando muy deprisa, pero advirtió que los dos caminantes se quedaban inmóviles, probablemente para mirarla, y los oyó reír con sonoras carcajadas. De repente, se le ocurrió pensar que la habrían tomado por una niña boba: Tom le había dicho que el cabello corto le hacía parecer la tonta del pueblo y aquella idea era demasiado dolorosa para olvidarla rápidamente. Además, no llevaba manga larga, sólo una capa y una capota. No era probable que causara una impresión favorable a los caminantes y pensó en regresar a los campos, pero no al mismo costado del sendero, no fuera a encontrarse todavía en las propiedades del tío Pullet. Entró por la primera puerta de un cercado que vio abierta y, tras aquel humillante encuentro, sintió una deliciosa sensación de intimidad al avanzar entre los setos. Estaba acostumbrada a vagar sola por los campos y allí se sentía menos asustada que en la carretera. En alguna ocasión tuvo que trepar para cruzar altas puertas cerradas, pero aquel era un mal menor; se alejaba muy deprisa y probablemente pronto llegaría a ver las tierras comunales de Dunlow u otras cualesquiera, porque había oído decir a su padre que no se podía ir muy lejos sin llegar a alguna. Eso esperaba, porque se sentía cada vez más cansada y hambrienta, y hasta que encontrara a los gitanos no tenía perspectiva alguna de tomar pan con mantequilla. Era todavía pleno día, pues la tía Pullet, que conservaba las costumbres tempranas de la familia Dodson, tomaba el té a las cuatro y media, según la hora solar, y a las cinco, según el reloj de la cocina; así pues, aunque hacía casi una hora que Maggie se había puesto en camino, todavía no se cernía sobre los campos penumbra alguna que le recordara la llegada de 61

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la noche. No obstante, tenía la sensación de haber caminado una gran distancia y le parecía sorprendente que no apareciera ante sus ojos el terreno comunal. Hasta el momento, había recorrido la rica parroquia de Garum, que poseía grandes extensiones de pastos, y sólo había visto a un campesino a lo lejos: eso, en cierto modo, era una suerte, pues los braceros podían ser demasiado ignorantes para entender sus motivos para ir al terreno comunal de Dunlow; de todos modos, habría sido mejor encontrar a alguien que le indicara el camino sin por ello preguntarle nada sobre sus asuntos. Por fin terminaron los campos verdes y Maggie se encontró mirando entre los barrotes de una puerta que daba a un camino con un alto margen de hierba a ambos lados. Nunca había visto una carretera tan ancha y, sin saber por qué, le dio la impresión de que el terreno comunal no podría estar muy lejos; tal vez fuera porque había visto un burro con un tronco atado a las patas para impedirle la huida comiendo del herboso margen, y en otra ocasión, cuando cruzó los terrenos comunales de Dunlow en la calesa de su padre, también vio un burro con aquel triste estorbo. Se coló entre los barrotes de la puerta y siguió caminando animada, aunque la asustaban las imágenes recurrentes de Apolión7, de algún salteador de caminos armado, de un enano vestido de amarillo con una boca de oreja a oreja y de otros peligros diversos, ya que la pobrecita Maggie poseía a un tiempo la timidez de una imaginación activa y la osadía de un impulso imperioso. Se había lanzado a la aventura de buscar a sus desconocidos semejantes, los gitanos, y ahora se encontraba en aquel camino extraño en el que apenas se atrevía a mirar a uno y otro lado, no fuera a ver al diabólico herrero de delantal de cuero sonriendo con los brazos en jarras. Y, con sobresalto, reparó en unas piernecitas desnudas que sobresalían, con los pies por delante, junto a una loma; demasiado alterada para distinguir a primera vista los andrajos y la oscura cabeza greñuda que acompañaban a las piernas, aquello le pareció algo horriblemente sobrenatural: algo así como un hongo diabólico. Era un muchacho dormido y Maggie se alejó corriendo, no fuera a despertarlo: no se le ocurrió que acaso fuera uno de sus amigos gitanos y que, de confirmarse tendría unos modales muy amistosos. Sin embargo, así era, porque al siguiente recodo del camino, Maggie distinguió la pequeña tienda semicircular; el humo azulado ascendía ante lo que iba a ser su refugio de todo el vilipendio que la había acosado en la vida civilizada. Incluso vio, junto a la columna de humo, una alta figura femenina: sin duda, la madre gitana, que se encargaba de suministrar el té y otros alimentos. Le asombró no sentir mayor alegría. Le sorprendía encontrar a los gitanos junto al camino y no en un terreno comunal: lo cierto era que resultaba decepcionante, porque el mismo terreno comunal misterioso e ilimitado, con zonas de arena donde esconderse, lejos del alcance de cualquiera, siempre había formado parte de la imagen que Maggie tenía de la vida de los gitanos. No obstante, siguió avanzando y pensó con cierto consuelo que probablemente los gitanos no sabían nada de los tontos de pueblo, de modo que no había peligro de que cayeran en el error de clasificarla de entrada como uno de ellos. Resultaba evidente que había atraído su atención, porque la figura alta, que resultó ser una mujer joven con una criatura en brazos, se dirigió lentamente a su encuentro. Maggie contempló aquel rostro mientras se le acercaba y se tranquilizó al pensar que su tía Pullet y los demás tenían razón cuando la llamaban gitana, porque aquel rostro de brillantes ojos negros y cabello largo se parecía bastante a la imagen que ella había observado en el espejo antes de cortarse el pelo. -¿Adónde va usté, señorita? -preguntó la gitana con tono zalamero. A Maggie aquello le encantó porque era exactamente lo que esperaba: los gitanos se habían dado cuenta al instante de que era una señorita y estaban dispuestos a tratarla del modo adecuado. -Aquí mismo -dijo Maggie, con la sensación de que decía lo que había ensayado en un sueño-. Vengo a quedarme con vosotros si me dejáis.
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El demonio que encuentra Cristiano en el Valle de la humillación, en El viaje del peregrino, de John Bunyan (1678).

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-¡Qué gracia! Venga, pues. Vaya, qué señorita más linda -dijo la gitana, tomándola de la mano. A Maggie le pareció una mujer muy agradable, aunque le habría gustado que no estuviera tan sucia. Se acercaron a la hoguera, en torno a la cual había un grupo reunido. Una vieja gitana, sentada en el suelo, se frotaba las rodillas y, de vez en cuando, metía un pincho en una olla de la que salía un vapor oloroso: dos niños greñudos, tendidos boca bajo, se apoyaban en los codos como dos pequeñas esfinges, y un plácido burro inclinaba la cabeza sobre una chica que, tendida de espaldas, le rascaba la nariz y lo obsequiaba con un poco de excelente heno robado. El sol poniente los iluminaba y la escena resultaba hermosa y agradable, pensó Maggie, aunque deseaba que no tardaran mucho en sacar las tazas del té. Todo sería encantador cuando hubiera enseñado a los gitanos a lavarse con una jofaina y a sentir interés por los libros. De todos modos, le desconcertó que la mujer joven empezara a hablar con la vieja en una lengua que Maggie no entendía mientras la chica alta que daba de comer al burro se incorporaba y la escrutaba sin saludarla. -Cómo es eso, linda damita -dijo finalmente la anciana-: ¿Ha venido a quedarse con nosotros? Asiéntese y cuéntenos de ande viene. Aquello parecía un cuento: a Maggie le gustaba que la llamaran linda damita y la trataran de aquella manera. -Vengo de mi casa porque allí soy desgraciada y quiero ser gitana -explicó después de sentarse-. Viviré con vosotros, si queréis, y puedo enseñaros muchas cosas. -Qué damita tan lista -exclamó la mujer del nene, sentándose al lado de Maggie y depositando el niño en el suelo para que gateara-. Y qué sombrerito y qué vestido tan bonitos -añadió mientras le quitaba la capota a Maggie y la examinaba, tras lo cual comentó algo a la vieja en aquel lenguaje desconocido. La chica alta le arrebató la capota y se la puso con una gran sonrisa burlona, pero Maggie estaba decidida a no dar muestras de debilidad alguna en ese aspecto, como si el sombrero le importara algo. -No quiero llevar sombrero -dijo Maggie-. Prefiero un pañuelo rojo, como vosotras añadió, mirando a la amiga que tenía al lado-. Hasta ayer tenía el pelo bastante largo, pero me lo corté. Aunque me parece que me crecerá enseguida -añadió con aire de disculpa, pensando que tal vez las gitanas tenían especial preferencia por el cabello largo. En aquel momento, el deseo de caer en gracia a los gitanos había hecho que Maggie hubiera olvidado incluso el hambre que tenía. -Oh, qué damita tan encantadora. Y, seguramente, tan rica -dijo la anciana-. ¿Vive en una casa bonita? -Sí, mi casa es linda y me gusta mucho el río donde vamos a pescar, pero muchas veces soy muy desgraciada. M’habría gustado traerme libros, pero me he escapado a toda prisa ¿sabes? Pero puedo contaros casi todo lo que sale en mis libros, porque los he leído muchas veces, y eso os divertirá. Y también puedo contaros cosas de geografía, que son cosas sobre el mundo en que vivimos, que son muy útiles e interesantes. ¿Habéis oído hablar de Colón? Los ojos de Maggie empezaban a brillar y sus mejillas se ruborizaban: estaba comenzando a instruir a los gitanos y a tener influencia sobre ellos. Los gitanos la escuchaban asombrados, aunque su atención se dividía entre la niña y el contenido de su bolsito, que la amiga situada a la derecha le había vaciado sin que ella se diera cuenta. -¿Es allí ande vive usted, señorita? -preguntó la anciana cuando mencionó a Colón. -¡Oh, no! -exclamó Maggie con cierta pena-. Colón fue un hombre muy importante que encontró medio mundo, lo encadenaron y lo trataron muy mal. Lo pone en mi catecismo de geografía, pero a lo mejor es una historia demasiado larga para contarla antes del té... Quiero merendar. A Maggie se le escaparon estas palabras a pesar de su voluntad y así pasó del tono didáctico y condescendiente al mero mal humor infantil. 63

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El mayor de los dos dejó caer la bolsa que llevaba y se dirigió a las mujeres con gritos de reprimenda que ellas contestaron con una retahíla en tono agudo e insolente. En aquel momento. con la única excepción de Robin Hood. -Gracias -dijo Maggie. en lugar de esto? No me gusta el tocino. Se lo habría regalado gustosa porque no sentía por él especial cariño. -Esta preciosa damita ha venío a vivir con nosotros. que había sacado de una bolsa con mendrugos y un poco de tocino frío. está muy lejos -dijo Maggie-. Los hombres parecían estar haciendo preguntas sobre Maggie. introdujo el pincho en la olla y lo agitó con energía. -No -contestó Maggie-. La vieja pareció olvidar el hambre de Maggie. Mi padre es el señor Tulliver. pero la idea de que se encontraba entre ladrones le impedía sentir ningún consuelo en las nuevas atenciones que recibía: todos los ladrones eran malos. Sólo pensaba que si no es una buena reina. Maggie empezó a pensar que tal vez Tom tuviera razón sobre los gitanos: sin duda. ¿Dónde vive la reina de las gitanas? -¡Vaya! ¿Quiere verla? -preguntó la mujer joven. querida niña. excepto el dedal.Librodot El molino de Floss George Eliot 64 -Vaya. -Ajá. la pobre damita tiene hambre -comentó la mujer joven-. m'alegro mucho -contestó el hombre joven. que examinaba el dedal de plata de Maggie y otras cosillas que le habían cogido del bolsito. pero ¿no podrías darme un poco de pan con mantequilla y un poco de té. a menos que el hombre tuviera intención de devolverle de inmediato el dedal. Maggie se encontraba muy sola y estaba segura de que no tardaría en echarse a llorar: los gitanos no parecían ocuparse de ella y se sentía muy débil en su compañía. entre tanto. Entretanto. sería muy buena y amable con todos. mientras tanto. Darle algo frío para comer. porque la miraban y la conversación fue adoptando el tono pacífico que implica curiosidad por un lado y capacidad de satisfacerla por otro. ¿Dónde está su casa? -Es el molino de Dorlcote. la chica alta. tendiéndole a Maggie un trozo de pan. lo que sumió a la niña en unos temblores que encontraron nueva causa en las maldiciones con que el hombre más joven llamó al perro y en el golpe que le propinó con el gran bastón que llevaba en la mano. Si yo fuera reina. como si estuviera cansándose de contemplaciones. -No tenemos melaza -contestó la vieja enfadada. Sin duda. La niña alta. Seguramente habrá caminao mucho. sus modales no eran nada agradables. la mujer joven entró en la tienda y sacó platos y cucharas. pero no debemos decirle dónde estoy porque me llevaría a casa de nuevo. mirando la comida. un chucho negro corrió hacia Maggie ladrando. mientras los hombres se sentaban y empezaban a atacar el contenido de la olla -un estofado de carne con patatas. a la mujer joven con un comentario y ésta volvió a guardarlas inmediatamente en el bolsito de Maggie. -Aquí tie un poco de buena comida -dijo la vieja. pero sin tomarla-. que se había alejado unos metros. el cual miró fijamente a Maggie y a continuación prosiguió con su charla incomprensible. os alegraríais si muriera y pudierais escoger a otra. Las mujeres se dieron cuenta de que estaba asustada. eran ladrones. ¿no os alegráis? -dijo finalmente la mujer joven en el tono zalamero empleado antes. la chica alta soltó un grito agudo y corrió hacia el muchacho junto al que había pasado Maggie cuando dormía: un tosco pilluelo de la edad de Tom. -Bueno.que habían sacado del fuego y habían servido en una fuente amarilla. Pero un nuevo terror contuvo sus lágrimas: cuando aparecieron los dos hombres cuya aproximación había sido la causa del súbito revuelo. no dejaba de escrutar a Maggie y de sonreír con una mueca. 64 Librodot . regresó y dijo algo que causó gran conmoción. -No tenemos té ni mantequilla -contestó la vieja frunciendo un poco el ceño. tras lo cual tuvo lugar un brusco diálogo en aquella lengua desconocida y una de las pequeñas esfinges le arrebató el pan con tocino y empezó a comérselo. Las devolvió todas. Maggie tembló un poco y temió que los ojos se le llenaran de lágrimas. Maggie pensó que era imposible que fuera nunca reina de esa gente o que llegara siquiera a comunicarles conocimientos útiles y divertidos. pues me servirá un poco de pan con melaza dijo Maggie.

trocear su cuerpo para ir guisándolo poco a poco: incluso sospechó que el viejo de ojos feroces era. y sus pensamientos. Ya volveré otro día y os traeré una cesta con tartas de mermelada y otras cosas. Maggie se sentó de nuevo con escasa fe en esa promesa. Me parece que tengo que irme a casa. -Andando. haciendo acopio de todas sus fuerzas para sonreír amistosamente-. si le parece bien. mire si le gusta esto -dijo la mujer joven. tendiéndole un poco de estofado en un plato marrón con una cuchara de hierro. damita: la llevaremos a su casa. como corresponde a una dama. pare un poco. En los últimos cinco minutos. aunque vio cómo la chica alta embridaba el burro y le echaba encima unas alforjas. allí vive. si fuera posible recorrer su mente. Mi padre es el señor Tulliver. Maggie se levantó mientras anunciaba aquel plan ilusorio. puesto que conocía también el término «polisílabo». podría leerle el pensamiento. señorita -dijo el hombre joven. la pobre damita. Y tie tanta hambre. ¿Está muy lejos? Me parece que me gustaría irme andando. deseando fervientemente que Apolión fuera crédulo. por lo general. está haciéndose de noche. abatida. 8 Guia protector de Cristiana en la segunda parte de El viaje del peregrino. cariño. o San Jorge. pruébelo. Tras considerarlos compañeros muy respetables y bien dispuestos a la instrucción. pero sus esperanzas naufragaron cuando la vieja gitana dijo: -Pare un poco. después de cenar: irá montada. Como se ha podido apreciar. había deducido que «poli» significaba «muchos». ¿un molino grande un poco para acá de Saint Ogg's? -Sí -dijo Maggie-. aunque el miedo le había quitado el apetito. Maggie Tulliver estaba muy lejos de poseer la educación y formación que tiene actualmente una niña de ocho o nueve años: sólo había asistido un año a la escuela de Saint Ogg's. pero no tenía la menor idea de que los gitanos no poseyeran una gran despensa. poniéndose en pie y conduciendo el burro-. ¿Ande vive? ¿Cómo se llama ese sitio? -Vivo en el molino de Dorlcote -se apresuró a contestar Maggie-. No conseguía comerse el guiso y. en caso de que el demonio estuviera presente. Me parece que no tengo tiempo. de manera que. Maggie. en realidad. -¡Cómo! ¿No le gusta cómo huele. más tarde.Librodot El molino de Floss George Eliot 65 -No tenemos na bueno pa que coma la señorita -dijo la vieja con tono meloso-. sana y salva. estaban formados por una extraña mezcla de perspicacia clarividente y ciegos sueños. -Tome. querida? -preguntó la mujer joven. Anda. Era capaz de explicar que existía una palabra tal como «poligamia» y. -No. y tenía tan pocos libros que algunas veces incluso leía el diccionario. ¡Ojalá su padre apareciera por allí con la calesa y se la llevara! ¡O pasaran por ahí Jack el Matagigantes o el señor Greatheart8. recordando el enfado de la vieja porque no le había gustado el pan con tocino. observando que Maggie ni siquiera había comido una cucharada-. gracias -dijo Maggie. se preguntaba con un fervoroso interés que ningún teólogo podría haber superado si. se distinguiría la mas sorprendente ignorancia junto con el conocimiento mas insospechado. había empezado a pensar que tal vez quisieran matarla en cuanto se hiciera de noche y. no se atrevió a rechazar el guiso. que nunca se había visto a aquellos héroes en las proximidades de Saint Ogg's: allí nunca pasaba nada extraordinario. sus ideas sobre los gitanos habían sufrido una rápida modificación. -Caramba. el demonio y podía despojarse en cualquier momento de ese disfraz y convertirse en el herrero de la gran sonrisa o en un monstruo de ojos fieros con alas de dragón. sin embargo. lo que más temía era ofender a los gitanos revelando la opinión extremadamente desfavorable que acababa de formarse sobre ellos. 65 Librodot . el que mataba al dragón en las monedas de medio penique! Maggie pensó.

el burro. Al parecer. -Ah. en aquel momento. Pero me gustaría que tú también vinieras conmigo. efectivamente. -Me parece que la señorita s’ ha perdío -dijo el gitano-. y la niña fue tan incapaz de protestar contra esta solución como el propio burro. pero apenas se atrevía a esperar que. circulaba incluso un carruaje. los escoltaron amablemente durante el primer centenar de yardas entre gritos y golpes. La idea fue ganando terreno a medida que Maggie se convencía de que el hombre conocía bien la carretera. porque regresaba de Basset y todavía no había pasado por su casa. no tenían ventanas propiamente dichas y las puertas estaban cerradas: seguro que allí vivían brujas. 66 Librodot . en el camino de Dunlow. era un buen hombre y quizá se había ofendido al pensar que no quería viajar sola con él. Os estoy muy agradecida. las únicas que vieron junto al camino. colocándole la prenda antes despreciada y ahora recibida con alegría-. siguiendo la enérgica indicación del bastón del hombre. Ahora la llevaba hacia donde nos ha dicho que vivía. Después de que la mujer se despidiera de ella con unas palmaditas en la espalda. 9 Heroína de la balada del mismo nombre de Gottfried August Bürger (1774). provistos también de palos. hacían el paisaje aún más lúgubre. y Maggie sintió alivio al ver que el burro no se detenía. frenando el caballo mientras Maggie se deslizaba del burro y corría hacia el estribo de su padre. con un gitano a su espalda convencido de estar ganándose media corona. sí. para! -gritó-. Pero no puedo ir. se echó a llorar. ¡Es mi padre! ¡Padre. y estaba pensando en cómo iniciar una conversación con el ofendido gitano y no sólo reparar sus sentimientos sino también borrar la impresión causada por su cobardía cuando llegaron a un cruce y Maggie divisó a alguien que se acercaba montado en un caballo de cara blanca. aunque aquello le pareciera peor que cualquier pesadilla. 2 millas». Por fin -¡qué hermosa visión!. Cae muy lejos. -Oh. Y en la esquina había una indicación: seguro que la había visto antes. atado al tronco. antes de que su padre llegara hasta ella. ¿verdad? -dijo la mujer-. Ni siquiera Leonora9 en su sobrenatural viaje nocturno con el fantasma de su amado estaba más aterrorizada que la pobre Maggie en aquel recorrido perfectamente normal sobre un burro de paso corto. Y les dirá que nos hemos portao muy bien con usted. Llegó hasta nuestro campamento. -Aquí está su bonito sombrero -dijo la mujer joven. -¡Para. Alzó a Maggie mientras hablaba y la sentó sobre el borrico. Y el burro la llevará mu bien. yo le gusto más. Así pues. el gitano de veras la llevaba a casa: después de todo. ya verá. -¡Caramba! ¿Qué significa esto? -dijo. Las dos casitas con tejado de paja. Empieza a oscurecer y debemos darnos prisa.Librodot El molino de Floss George Eliot 66 -No. cuando uno se ha pasao todo el día por ahí. ¿verdad? Y que hemos dicho que era una damita preciosa. relacionado sin duda con el alarmante rebuzno del otro borrico. La niña sintió alivio al ver que no era el viejo quien se disponía a acompañarla. el hombre tenía intención de montar en el borrico y sostener a Maggie ante él. el más largo del mundo. -dijo Maggie. probablemente. mientras la chica alta y el tosco pilluelo. se puso en marcha rápidamente por el camino en dirección hacia el lugar por donde había venido Maggie una hora atrás. no.aquel camino. La luz rojiza del sol poniente parecía poseer un significado profético. pensando que cualquier cosa sería mejor que partir sola con uno de aquellos hombres tan terribles: sería más alegre que la asesinara un grupo numeroso. El señor Tulliver se asombró muchísimo. Muchas gracias. se terminó y desembocó en una carretera ancha por la que. la llevara a su casa. irán demasiado aprisa para mí. padre! Aquella alegría repentina resultó casi dolorosa y. La señal decía: «A Saint Ogg's.

y los reyes del mar de largos cabellos remontaban el río y miraban con ojos ávidos y fieros la feracidad de las tierras. como un árbol milenario. -Ea. Nunca volveré a escaparme. padre. lo que tuvo el sorprendente resultado de que Maggie nunca oyó un reproche de su madre ni una broma de su hermano sobre la tonta escapada con los gitanos. el lugar donde fue milagrosamente asesinado en los días previos a la construcción del viejo edificio. donde los barcos negros depositan sus cargas del lejano Norte y se llevan. -¡Vaya! Maggie. No soportaría perder a esta mocita. como la ciudad. Ni se t 'ocurra escaparte de tu padre. sin duda. mis selectos lectores se habrán familiarizado a través de la mejor literatura clásica pastoril. Wordsworth. pero es todo tan viejo que contemplamos con benevolencia sus incongruencias y nos alegramos de que quienes construyeron el mirador de piedra y quienes edificaron la fachada y las torres góticas con pequeños ladrillos y ornamentos trifoliados. ¿qué haría tu padre sin su mocita? -No. así como las ventanas y almenas delimitadas en piedra. ¡Es un hombre amable y bueno! -Tenga. buen hombre -dijo el señor Tulliver. y ha brotado y se ha desarrollado entre el río y la baja colina desde la época en que le daban la espalda las legiones romanas del campamento situado en la ladera. esa venerable población de rojos tejados estriados y almacenes con amplios gabletes. Cuando llegaron a casa aquella noche. el señor Tulliver habló con claridad con la señora Tulliver y con Tom. habla de los pensamientos y las manos de generaciones dispersas. y a su encuentro sale la sombra aún más melancólica del temible pagano danés. rememorando las escenas de su juventud y amoríos. 67 Librodot . La sombra del rey héroe sajón todavía deambula vacilante. Los normandos empezaron la construcción de aquel hermoso y viejo ayuntamiento que. que producen la sensación de ser una prolongación de la naturaleza. a cambio los preciosos productos del interior. y en las tardes de otoño se alza de su túmulo situado en la colina como una neblina blanca que flota en el patio del viejo ayuntamiento situado junto al río. nunca. Venga. Aquella reacción tan poco habitual atemorizó a Maggie y algunas veces interpretaba que su conducta había sido demasiado terrible para que se mencionara.Librodot El molino de Floss George Eliot 67 -Oh. sí. qué es eso. ea -dijo el señor Tulliver tranquilizándola-. debemos adentrarnos en Saint Ogg's. sube aquí delante. Se pusieron en marcha y Maggie apoyó la cabeza en su padre y siguió llorando. Es una población «familiarizada con los años olvidados»10. qué es eso! ¿Cómo ha sido que has estado vagando por ahí y t' has perdido? -Padre -sollozó Maggie-. I. Me he escapado porque era muy desgraciada. no. Se trata de una de esas ciudades viejas. al igual que los nidos de los tilonorrincos o pájaros pergoleros australianos o las laberínticas galerías de los termes: un pueblo que lleva consigo las huellas de su crecimiento y su historia. Es la mejor acción que ha hecho nunca. Ha sido muy bueno al traerme a casa -dijo Maggie-. Tom se ha enfadado mucho conmigo y no lo podía soportar. no cometieran el sacrilegio 10 De la excursión. tendiéndole cinco chelines-. muy viejas. al que atravesó la espada de un vengador invisible cuando se hallaba entre sus guerreros. el queso bien prensado y las finas lanas con los que. Capítulo XII En casa del señor y la señora Glegg Para ver a los señores Glegg en su casa.

la barca se soltó de las amarras. es un resto de la capilla original dedicada a san Ogg. hijo de Beorl. con su barca sobre las extensas aguas: en la proa se sentaba la Virgen. su rostro adquirió una belleza extraordinaria y la envolvió un halo tan luminoso que proyectaba sobre el agua la luz de una luna llena. la población conoció trastornos incluso peores que las inundaciones: guerras civiles cuando aquel era un continuo campo de batalla y los primeros puritanos agradecían a Dios la sangre de los legitimistas. Y sucedió que en cuando la mujer puso un pie en la orilla. Incluso más antiguo que este antiguo ayuntamiento tal vez sea el fragmento de muro inserto en el campanario de la iglesia parroquial. en la época de la señora Glegg. La guerra y el rumor de la guerra habían desaparecido de la mente de los hombres. salvará vidas de hombres y ganado". Y le dijo: "Ogg. Pero cuando murió Ogg. iba vestida con andrajos y tenía aspecto agotado y abatido. de cuya historia poseo varias versiones manuscritas. y así lo hizo. sé prudente y no cometas locuras". Como se ve. era como un estado de cosas que pertenecía a una edad de oro pasada. incluso cuando no se cobraban ninguna vida humana resultaban fatales para el ganado indefenso y causaban la muerte repentina de todos los seres vivos mas pequeños. que. Una noche muy ventosa vio a una mujer con un niño en brazos gimiendo a la orilla del río. hijo de Beorl». se habían ido para siempre los tiempos en que el ancho río podía traer barcos 68 Librodot . De ahora en adelante. En aquellos tiempos. Rogaba que la llevaran al otro lado del río. Y cuando llegaron las inundaciones. ninguna fachada de estuco ni ningún otro intento falaz de simular que la vieja y roja población de Saint Ogg's había surgido la víspera. que iban a hacer la compra el día del mercado. Las casas de ladrillo tienen aspecto añejo y. «era un barquero que se ganaba apenas la vida cruzando pasajeros por el río Floss. todavía se alzan muchas de las casas que estos honrados ciudadanos tuvieron que abandonar apenados: pintorescas casas con gabletes situadas frente al río. hijo de Beorl. según dicen. siempre que había una inundación. se dejó llevar por el reflujo de la marea rápidamente hacia el océano y nunca más volvieron a verla. dice mi hagiógrafo particular. el santo patrón de esta antigua ciudad. bendito seas porque no discutiste los deseos del corazón. Los escaparates eran pequeños y sencillos porque las esposas e hijas de los granjeros. y cuando ésta se aventure a rescatar a alguien. hijo de Beorl. hijo de Beorl. Entonces apareció Ogg. aquel que entre en tu barca estará protegido de la tormenta. Sin duda. Me inclino a favor de la más breve puesto que.Librodot El molino de Floss George Eliot 68 de demoler la vieja nave de entramado de madera. se diría que incluso la época de la señora Glegg queda muy lejana. y después los legitimistas daban gracias a Dios por la sangre de los puritanos. al llegar el crepúsculo se veía a Ogg. de su ciudad natal. sino que te compadeciste y me ayudaste. separada de nosotros por unos cambios que parecen ensanchar los años. la bendición de la barca salvó a muchos. ningún detalle moderno resultaba incongruente: no había escaparates con grandes lunas. y los comerciantes no ofrecían mercancías destinadas a clientes de paso que no volverían a ver. «Ogg. continuamente inundada por la marea. comprimidas entre almacenes más recientes y atravesadas por sorprendentes pasajes con recodos y ángulos agudos que terminan por conducir a la fangosa orilla. cuando los precios eran altos. en el momento en que partió su alma. no tenían la menor intención de adquirir nada en tiendas distintas de las habituales. y le dijo: "Yo te cruzaré al otro lado: basta con que tu corazón lo necesite". esta leyenda refleja la periodicidad de las inundaciones que. y si alguna vez pensaban en ella los granjeros cubiertos con sobretodos de sayal que agitaban los sacos de muestra para vaciarlos y murmuraban en la atestada plaza del mercado. muchos ciudadanos honrados perdieron todas sus posesiones por cuestiones de conciencia y marcharon. Pero ella seguía gimiendo e implorando. si no fuera totalmente cierta. empobrecidos. al menos contendría menos falsedades. iluminando las aguas como la luna llena para que los remeros que se hallaban en penumbra pudieran redoblar sus fuerzas y seguir remando». con su salón de banquetes con techo de roble. Ah. Sin duda. Sin embargo. sus harapos se transformaron en un largo vestido blanco. y los hombres que allí había le preguntaban: "¿Por qué quieres cruzar el río? Aguarda hasta la mañana y cobíjate aquí para pasar la noche. A partir de entonces.

destinada a las grandes piedras verticales de los molinos. se habían dejado atrás muchos recuerdos que habían ido desvaneciéndose. y se acogía con todos los honores en la mejor sociedad sin que fuera necesario disfrazarla con complicados trajes de conocimientos. Los católicos resultaban formidables porque habrían deseado apoderarse del gobierno y de las propiedades y quemar vivos a los hombres. pero no porque pudieran convencer a ningún parroquiano cuerdo y honrado de Saint Ogg's para que creyera en el Papa. era el ocasional estallido de fervor en los púlpitos discrepantes a propósito del bautismo infantil. que había heredado de su abuela. Y el presente era como una llanura donde los hombres hubieran dejado de creer en la existencia de volcanes y terremotos. Así era el aspecto general de Saint Ogg's en los tiempos de la señora Glegg. y un bastón con empuñadura de plata. La señora Glegg tenía un salón delantero y otro trasero en su excelente casa de Saint Ogg's. y el clero trataba despectivamente la discrepancia como una tonta costumbre propia de familias dedicadas al comercio de comestibles y a la fabricación de velas. era probable que resultaran insolventes. poseían escasos o inexistentes negocios y. Sin embargo. el ministro de la Iglesia Independiente empezó a pronunciar sermones políticos en los que distinguía con gran sutileza entre su ferviente fe en el derecho de los católicos al voto y el convencimiento de que se condenarían para la eternidad. Habían pasado ya los días en que la gente se forjaba. sino que daban por hecho que preferían chismorrear: unos tiempos en que las damas con ricos trajes de seda llevaban grandes bolsos en los que guardaban un hueso de oveja para protegerse de los calambres. la mayoría de los oyentes del señor Spray eran incapaces de seguir sus sutilezas y muchos discrepantes anticuados se apenaban de que «respaldara a los católicos». Un anciano recordaba que cuando John Wesley predicaba en la plaza del mercado convenció a una tosca multitud. El protestantismo se sentía cómodo. despreocupado de los cismas. mientras que otros pensaban que sería mejor que dejara en paz la política. una época en la que los periódicos baratos no existían y a los médicos rurales ni se les ocurría preguntar a sus pacientes femeninas si les gustaba leer. lo mismo que el emplazamiento del banco en la iglesia o las relaciones comerciales. en el momento concreto de la historia de su familia en que tuvo lugar la pelea con el señor Tulliver. de la misma manera que la cumbre de las colinas iba redondeándose. Los católicos. convencidos de que el mañana sería idéntico al ayer y que dormían para siempre las fuerzas gigantescas que antes agitaban la tierra. Desde los siglos en que se había visto en las aguas crecidas a san Ogg y a la Virgen Madre en la proa. indiferente al proselitismo: la discrepancia se heredaba. de tenerlos. En Saint Ogg's el espíritu público no se tenía en gran estima y los hombres que se ocupaban de cuestiones políticas eran considerados con cierto recelo como personajes peligrosos: por lo general. de acuerdo con su fe y de ningún modo podía cambiarla. Había heredado una larga historia a la que no prestaba atención y no tenía ojos para los espíritus que recorrían sus calles. si bien no resultaba incompatible con el próspero comercio al por mayor. En aquella época. El único síntoma de un celo inadecuado para aquellos tiempos más sobrios. ya que la familia Dodson era respetable desde hacía muchas generaciones. en gran medida. las malas cosechas y las misteriosas fluctuaciones del comercio eran los tres males que debía temer la humanidad: ni siquiera las inundaciones habían sido grandes durante los últimos años.Librodot El molino de Floss George Eliot 69 poco gratos: ahora Rusia no era más que el lugar de origen de la linaza -cuanta más llegara. cuando los hombres habían terminado ya con los cambios. junto con un traje de brocado que podía sostenerse solo. de manera que contaba con dos puntos de vista desde los que observar las debilidades 69 Librodot . gemían y barrían cuidadosamente como si tuvieran dentro un alma. mejor. la ignorancia era mucho más cómoda que ahora. como si fuera una armadura. pero hacía ya mucho tiempo que no se esperaba que los predicadores conmovieran el alma de los hombres. cuyos brazos como guadañas rugían. La señora Glegg llevaba un hueso de esos. con la Cuestión Católica llegó un ligero viento de controversia que alteró la calma: el anciano párroco en algunas ocasiones se mostraba aficionado a la historia y al debate. El espíritu de Saint Ogg's no se proyectaba demasiado hacia el futuro o hacia el pasado. No obstante. y el señor Spray.

en ese caso concreto. podía suceder con facilidad que el aroma fuera desagradable a pesar de la excelencia de los ingredientes. Desde las ventanas que daban a la calle. y advertía coincidencias notables entre estos fenómenos zoológicos y los grandes acontecimientos de la época: por ejemplo. Sin embargo. y una tacañería adecuada y sistemática puede ir acompañada de una salsa que estropee el disfrute. se encaminó de modo natural en otras direcciones. si es que era posible que una mujer sensata llegara a simular respeto por las aficiones de su marido. y puesto que él era partidario de conseguir y guardar dinero. divisaba el camino que salía de Saint Ogg's en dirección a la carretera de Tofton. tuviera que pagarlo él u otra persona. Desde las ventanas traseras veía el agradable jardín y el huerto que se extendía hasta el río. de la que la señora Glegg constituía un ejemplo típico. tras abandonar la actividad de tratante en lanas con el propósito de disfrutar del resto de sus días. antes de que ardiera la catedral de York aparecieron misteriosas señales serpenteantes en las hojas de los rosales. que casi nunca son de carácter racional o encomiable. No había hipocresía ni engaño en el señor Glegg: habría llorado con sentimientos verdaderos al ver cómo una viuda se veía obligada a vender sus muebles. y observaba el absurdo empeño del señor Glegg en pasar las horas entre «flores y hortalizas». constituía un misterio en el orden del universo cuya respuesta había buscado en vano en los primeros capítulos del Génesis. apenas sensible a la responsabilidad de una esposa como freno a las debilidades de su esposo. en aquella curiosa mezcla del carácter femenino. y era propenso a tener animales de compañía que no requirieran cuidados. nunca habían sido objeto de observación humana. aunque un billete de cinco libras de su bolsillo pudiera impedir la venta: pero la donación de cinco libras a una persona humilde le habría parecido una loca forma de despilfarro más que de «caridad». había previsto una gran armonía conyugal. El ahorro del sueldo de un jardinero tal vez habría empujado a la señora Glegg a hacer la vista gorda ante esa tontería. Por su parte. Este hábito inalienable del ahorro como un 70 Librodot . Pero es bien sabido que esta excesiva complacencia conyugal sólo es propia del sector más débil de este sexo. El que una criatura hecha -desde el punto de vista genealógico. de repente. ya que siempre había concebido ésta como una serie de pequeñas ayudas. se le ocurrió establecer un vínculo con la triste conflagración. y advertía la tendencia creciente «a callejear» de las mujeres cuyos maridos no se habían retirado de los negocios. lo que siempre significa que la persona en cuestión es un avaro amable. el señor Glegg tenía una doble fuente de ocupación mental que prometía ser inagotable. no como una neutralización de la desgracia. había encontrado que esta última ocupación resultaba mucho más penosa que su negocio.Librodot El molino de Floss George Eliot 70 de sus congéneres y sentirse así más agradecida por su excepcional fortaleza de carácter. mantenida en la mayor respetabilidad sin la menor inquietud por su parte. (El señor Glegg tenía una actividad mental inusual que. de modo que se aficionó a trabajar la tierra como distracción y acostumbraba a relajarse haciendo el jornal de dos jardineros normales. se encontrara habitualmente en un estado de contradicción con las propuestas más anodinas e incluso con las concesiones más complacientes. babosas e insectos que. y ponía cierto empeño en convencer a conocidos indiferentes para que adoptaran un sustituto barato del betún negro. el señor Glegg se acordaba de guardárselas. por lo que sabía. Y el señor Glegg era tan entusiasta de ahorrar el dinero propio como el ajeno: habría dado un gran rodeo para evitar un peaje. así como una inusual abundancia de babosas cuyo origen le intrigó hasta que.) Y el segundo tema de meditación consistía en lo «contrariosa» que era la mente femenina. El señor Glegg había escogido a la mayor de las señoritas Dodson en tanto que hermosa encarnación de la prudencia y el ahorro femeninos.a partir de la costilla del varón y. lo que abría una perspectiva temible para la generación siguiente. El propio señor Glegg era tacaño del modo más afable: sus vecinos lo llamaban «agarrado». Cuando alguien expresaba cierta predilección por las cortezas del queso. se sorprendía con sus descubrimientos de historia natural y encontraba que el terreno de su jardín contenía maravillosas orugas. así como la costumbre de llevar medias de algodón tejido. Por un lado. El señor Glegg. en cuanto se retiró del negocio de la lana. encantado de recrearle el paladar.

el decoro exigía flequillo. Sin embargo. Hacia las diez y media. la costumbre de contemplar la vida como un ingenioso proceso de recorte de su sustento sin dejar por ello un déficit perceptible. pasaba muchas horas meditando sobre las peculiaridades de la mente femenina tal como se mostraba ante él en su vida doméstica: y. casi perdida en estos días de dinero de fácil consecución. La inequívoca bondad del señor Glegg se manifestaba en que le dolía más ver a su esposa en desacuerdo con los demás -aunque fuera con Dolly. cuando el despilfarro sigue los pasos a la necesidad. que sus dulces no poseyeran la misma consistencia correosa y que sus conservas de ciruelas damascenas no tuvieran la misma venerable solidez: ¡ca!. te resultará más sencillo comprender por qué seguía convencido de que había hecho un buen matrimonio. lector. habría sido un dispendio absurdo adornarse con algo tan superfluo para preparar dulces correosos. Presumía con frecuencia de que en la familia Dodson nunca se había producido una de esas peleas a muerte que habían destrozado otras familias: nunca se había desheredado a un Dodson ni se había repudiado a ningún primo. la criada. La nube vespertina en forma de flequillo postizo no aparecía sobre la frente de la señora Glegg cuando se sentaba a la mesa del desayuno. Y es probable que no echara de menos las discusiones si éstas hubieran dejado de producirse durante una semana. con el huerto y la bodega bien provistos. poseían varias casas. a la mañana siguiente. y esta cualidad se encontraba en todas las regiones combinada con caracteres tan diversos como los frutos de los que se puede extraer ácido. pero no lo eran los respetables contribuyentes que. incluso la peculiar combinación de olores a alimentos y productos de limpieza del armario de la señora Glegg le producía la impresión de ser el único olor correcto para un aparador. pero hasta entonces la señora Glegg podía ahorrárselo sin que la sociedad tuviera la menor noticia. ya que dado la delicadeza del ánimo de una dama. aquel día esa ausencia dejaba de manifiesto la permanencia de otra nube de severidad. se convence fácilmente de que ninguna otra mujer le habría convenido tanto y se pelea un poco a diario sin sentir por ello ningún distanciamiento. se dirigió a desayunar con cierta esperanza de que ahora que la señora Glegg lo «había consultado con la almohada». tuvieran quinientas libras de renta anual o de capital. y el señor Glegg. y no les habría costado abandonar de inmediato un lujo gravado con un nuevo impuesto. conservaban. En esos tiempos pasados. Así lo hacía la señora 71 Librodot . al contemplar el estado de las primeras coles durante el paseo que dio por el huerto antes del desayuno. sin duda una esposa débil y aquiescente habría dejado sus meditaciones ayunas y desprovistas de misterio. y la pelea con el señor Tulliver le irritó tanto que. apenas experimentó el placer que habría sentido en otras circunstancias. con todo. como mínimo. decidió prudentemente dejar a la señora Glegg la oportunidad de decir la primera frase. incluso cuando disfrutaban ya de un cómodo retiro. temía ofenderla con el menor comentario. casi como es natural en el lebrel seguir el rastro del zorro: y los había convertido en una «raza». Sin embargo. tras advertirlo después de sentarse a tomar las gachas con leche con que acostumbraba a poner frugal freno al hambre matutina. El señor Glegg. si tienes esto en cuenta. que habían construido lentamente sus fortunas.que discrepar él mismo con ella. su enfado se hubiera amortiguado lo bastante para ceder paso a su habitual sentido del decoro familiar. tras pasar apuros. Dado que pasaba la mañana ocupada en asuntos domésticos. El hombre de tendencia afectuosa que encuentra una esposa que coincide con su idea de la vida. La gente que parece disfrutar con su mal carácter sabe cómo conservarlo intacto infligiéndose privaciones. que poseía un carácter reflexivo y ya no estaba ocupado con las lanas.Librodot El molino de Floss George Eliot 71 fin en sí mismo era propio de los industriosos hombres de negocios de la generación anterior. El señor Glegg era uno de estos hombres que tan difíciles resultaban para los ministros de hacienda. la «independencia económica» apenas se conseguía nunca sin cierta tacañería. ¿por qué iba a hacerse? Todos los primos tenían dinero o. Los verdaderos harpagones eran siempre personajes notorios y excepcionales. a pesar del acre condimento que la naturaleza había dado a las virtudes de la mayor de las señoritas Dodson. pensaba que el modo que la señora Glegg tenía de dirigir la casa era un modelo para su sexo: le parecía una irregularidad lamentable que otras mujeres no enrollaran las servilletas con la misma tirantez y énfasis que la señora Glegg.

No sólo m' he comportado siempre bien con los tuyos y ninguno de ellos puede decir lo contrario. Preferiría que me dijeras a la cara la poca estima en que me tienes a que t'esforzaras por manifestar que todo el mundo. y t'embarcarías en gastos interminables. -¡Magnífico. me habría ido a cualquier otro sitio. su silencio resultó suficiente y el señor Glegg oyó finalmente cómo su esposa lo apostrofaba en ese tono tan propio de su bienamada cónyuge. el señor Glegg regresó a sus gachas. no era tan dócil como Moisés-. en contra de lo habitual. poco a poco. Lo más sensato que puedo decirte te lo dije ya anoche: que t’equivocas al pedir que te devuelvan el dinero cuando está invertido de modo seguro. no te des prisa porque sembrarás más discordia en la familia: espera a que aparezca una bonita hipoteca. -¿Cara larga? -preguntó el señor Glegg en un tono de enfadada burla-. menos yo. eres como el borracho que cree que todo el mundo ha bebido demasiado. Y las hostilidades no tardaron en estallar de nuevo. habría preferido saberlo antes de que muriera mi pobre padre y entonces. ¿Cuándo me he alegrado de que te derroten? -Hay comportamientos que resultan peores que las palabras. Los hombres de tu posición deben dar ejemplo y hablar de modo más sensato. 72 Librodot . sino con el mudo desconcierto con que contemplamos los misterios repetidos. y esperaba que esta mañana hubieras cambiado de opinión. aunque no puedas verte -espetó la señora Glegg con enérgico tono compasivo-. aunque no son mis iguales y nadie conseguirá nunca que yo afirme semejante cosa. Glegg! No es mucho lo que recibo a cambio de haber sido tu esposa durante todos estos años. porque aunque era un hombre amable. señor Glegg. -¡Caramba. excepto él. todo por una pequeña riña. si hubiera querido un hogar. No se puede decir que se m 'agradezca mucho lo que hago por los demás en este mundo. Glegg. pero ¿escuchas las palabras sensatas? -contestó el señor Glegg bruscamente-. puesto que podía elegir. y me pongas cara larga y m’hagas menos caso que a la porquería que pisan tus zapatos. tiene razón. Si es así cómo vas a tratarme. Era una dura prueba que tantos deseos de pelea y tan ávidos de aprovechar la menor oportunidad no obtuvieran ni un solo comentario por parte del señor Glegg para ejercitarse. El señor Glegg dejó de comer gachas y levantó la vista: no con sorpresa. pero echó la cabeza hacia atrás y emitió una interjección gutural para indicar que su silencio era sólo un armisticio. algo enfadado. La señora Glegg pensó que aquello sí era digno de ser tenido en consideración. -Pero ¿qué motivos tienes para decir eso? -preguntó el señor Glegg. señora Glegg -dijo el señor Glegg al ver que. Pero. Ella alzó la tetera ladeando un poco la cabeza. Glegg! Te da un aspecto lamentable. y eso mismo diría si estuviera en mi lecho de muerte. -En este mundo hay maridos que habrían sabido hacer algo distinto que ponerse en el bando de todos los demás y en contra de su propia esposa -prosiguió la señora Glegg tras una pausa-. -Te agradecería que me sirvieras una taza de té. Vaya. -¡No te rebajes utilizando un lenguaje ordinario conmigo. cuando apenas he dormido una hora en toda la noche. Pero si quieres recuperarlo. no se lo servía en cuanto terminaba las gachas. y bajes a desayunar por la mañana. Glegg. Aunque en tu familia nunca ha habido una mujer que estuviera a mi altura.Librodot El molino de Floss George Eliot 72 Glegg: aquella mañana se había preparado el té mas flojo que de costumbre y no quiso tomar mantequilla. -Claro. no una paz. señora Glegg! ¿Y ahora qué he hecho? -¿Que qué has hecho? ¿Qué has hecho? Cuánto lo siento. Como no se le ocurría ninguna respuesta adecuada. Ahora tendrías que pedirle al abogado que se pusiera a buscarte una inversión. -Me alegra oír que m 'agradeces algo. Quizá m’equivoque y puedas sacarme de mi error. pero siempre he oído decir que la tarea del marido es apoyar a su esposa en lugar de alegrarse y sentir como un triunfo que los demás la insulten.

como si le dijera que. El señor Tulliver no lleva mi sangre. -¡Vaya! Entonces. presentía que. El señor Glegg. -Muy bien. permite que te diga que tengo derecho a esperar muchas cosas que no tengo. Llegado a este punto. Yo tomaré gachas. tomó el Descanso eterno de los Santos de Baxter y se lo llevó al piso superior. enfadándose de veras-. -Sally -dijo. Y en cuanto a eso de que parezco un perro rabioso. quitándose la servilleta y doblándola con gran agitación-. e incluso su insistencia en los caracoles resultaría conmovedora cuando se hubiera terminado. como todos los hombres de carácter parecido. No soy mujer que se pelee con los suyos: tal vez tú sí lo seas. es mejor saberlo -exclamó la señora Glegg. así como en sus tonterías con las flores y hortalizas. Una serie de pensamientos contribuyó a ofrecerle una imagen halagüeña y conciliatoria del 73 Librodot . Si no es mucha molestia. en los malos momentos. La señora Glegg recorrió la habitación en dirección a la pequeña librería. Pero si crees que recibo mas de lo que merezco. de modo que se calló y tocó la campanilla violentamente. y fue él quien se peleó conmigo y m’echó de la casa. quisiera la jarra de leche. Sin embargo. a continuación. puesto que quería leche. apartó la taza de té y golpeó la mesa con ambas manos. señor Glegg. mordiendo y despotricando como un perro rabioso! ¡Es inconcebible que Dios haya hecho así a las mujeres! -El señor Glegg pronunció estas últimas palabras con triste agitación y. que cuando yo muera tendrá mucho más de lo que puede esperar. eso de salir de la casa de tu hermana en plena pataleta? -Nunca me pelearía con mi hermana. la señora Glegg se llevó consigo al piso superior algo que. por otro. porque no lo pienso soportar y no lo quiero soportar más. señor Glegg.. porque sé que lo has hecho. y la señora Glegg. Glegg. en cuyo caso estaba firmemente decidida a no contratar apenas plañideras y no llorar más que si fuera un segundo marido. Y sabes perfectamente que son falsas. señor Glegg. la sugerencia del señor Glegg de que bien podía dejar las quinientas libras hasta que apareciera una buena inversión y.. levantándose de la silla y hablando con voz ahogada-. señora Glegg -dijo el señor Glegg con enfadado sarcasmo-. Si eso es lo que sientes. Pero tal vez habrías preferido que me quedara para que me insultaran. -Pero ¿alguien ha oído alguna vez algo semejante en esta parroquia? -exclamó el señor Glegg. era tremendamente reservado en relación con su testamento. Pero permite que te diga que eso es una vergüenza para ti. que se le permite conservar todo su dinero. y miente quien diga lo contrario. Pero si le demostraba alguna ternura testamentaria.. -Estas palabras son las más falsas que has dicho en tu vida. pide que te sirvan para comer lo que t' apetezca. vertiendo leche con inusual profusión. la voz de la señora Glegg dejó traslucir que estaba al borde de las lágrimas.. señor Glegg -dijo la señora. tal vez acariciara el mezquino proyecto de incrementar el pesar por su muerte dejándola en muy mala situación. la pelea con el señor Glegg se había desarrollado una octava por encima de lo habitual. ¡y se comporta así. tienes suerte de que no t 'avergüencen públicamente por el modo en que me tratas. ¿cómo llamas a lo de ayer.Librodot El molino de Floss George Eliot 73 -Será mejor que no encuentres más defectos en mi familia hasta que dejes de pelearte con la tuya. Una mujer a la que se le da de todo. cuando le llegaba la noticia de una muerte en la familia o cuando. que disfruta de una calesa recién tapizada con un gasto considerable. tal vez contribuyera a calmarla gradualmente y hacerle soportar la existencia hasta poco antes del té: por un lado. Enciende el fuego en el piso de arriba y echa las persianas. Era el libro que acostumbraba a tener abierto ante ella en ocasiones especiales: por las mañanas de los domingos lluviosos. tal vez t 'ofendió no oír más ofensas ni lenguaje grosero vertido contra tu esposa. junto con el Descanso eterno de los Santos y la sopa de gachas. pobre hombre. cuando se hubiera ido. resultaría muy triste pensar en él. la insinuación parentética sobre lo mucho que heredaría a su muerte. como otros maridos de los que había oído hablar. la tendría como venganza-. como en este caso.

y señalaba que le asombraba cómo sus palabras iban haciéndose realidad. -Supongo que nadie espera -señaló la señora Glegg. aunque no le aclarara la piel.que me presente en el molino antes de que Bessy venga a verme. -Ah. a la señora Pullet le resultó sorprendentemente fácil su tarea mediadora. la señora Glegg contestó magnánimamente. subió al piso y le contó que habían estado doblando las campanas por el pobre señor Morton. zanjando el asunto. Capítulo XIII El señor Tulliver sigue enmarañando la madeja de la vida Gracias a este cambio de opinión de la señora Glegg. como si nunca hubiera recibido una ofensa. al margen de sus debilidades. y la señora Glegg. bien podría enderezar algunos de sus otros defectos la tía Glegg culpaba a Bessy por su debilidad y apelaba a todos los testigos que pudieran estar vivos cuando los niños Tulliver se torcieran irremediablemente. pues no hay nada como la dignidad de una viuda rica. dejaría que conservara las quinientas libras un poco más. por su hermana.Librodot El molino de Floss George Eliot 74 futuro: sobrevivir al señor Glegg y loar su memoria como hombre que. El señor y la señora Glegg charlaron amablemente aquella noche sobre los Tulliver: el señor Glegg llegó a reconocer que Tulliver tenía una habilidad especial para meterse en líos y que era capaz de labrarse su propia ruina. mientras la tía Pullet se compadecía de la mala suerte de la pobre Bessy con sus hijos y manifestaba el proyecto que le rondaba por la cabeza de pagar la educación de Maggie en un internado lejano. los bancos y las cajas fuertes anulaban el placer de la propiedad: antes habría preferido tomar el alimento en forma de pastillas). por último. 74 Librodot . Si el buen nombre de la familia sólo estaba amenazado por la señora Glegg. y. que el vecindario y su familia la miraran con respeto. El libro de Baxter llevaba abierto al menos ocho horas. como corolario. justo antes de salir. La señora Glegg oyó una narración detallada. para la señora Glegg. y. En vista de que no era necesario inquietarse por los Tulliver. conmovido por la visión de la silla vacía de su esposa con la labor en un rincón. que. yo no voy con mala intención y cuando el señor Tulliver me hable de modo cortés. la tía Pullet se relajó y volvió a las molestias sufridas la víspera por culpa de los hijos de esa casa aparentemente tan desafortunada. De manera que cuando el buen señor Glegg. yo le hablaré de la misma manera. -Entonces. a la cual la notable memoria del señor Pullet añadió algunos datos. alguien heredará un buen negocio. El argumento de la señora Pullet sobre el mal efecto que causaría en el vecindario el que la gente pudiera decir que había una pelea en la familia resultaba especialmente ofensivo. porque si lo invertía en una hipoteca percibiría únicamente el cuatro por ciento. se deduce. Nadie tiene motivos para decirme cómo hay que comportarse. que sus riñas no pueden superar determinados límites. se había comportado bien con ella a pesar de sus numerosos parientes pobres. porque eran casi las cinco. declaró que era indigno de ella tener en cuenta la conducta de un hombre como aquel y que. tras recuperar el buen humor cavando. la señora Glegg la hizo callar bruscamente por haberse atrevido a dictar a su hermana mayor cuál era el comportamiento correcto en asuntos de familia. la señora Glegg. En realidad. aguardar la frecuente llegada de los intereses y esconderlos en los diversos rincones para desorientar a los ladrones más ingeniosos (porque. ¿puedo visitar a Bessy y decirle que no estás enfadada y que todo queda como antes? -preguntó la señora Pullet. o que vaya y me arrodille delante del señor Tulliver para pedirle perdón por hacerle un favor. para que declararan que ella. dándole en parte la razón. y si a la gente le gusta pelearse con frecuencia. la señora Pullet podía dormir tranquila. ya lo había dicho desde el principio.

Tom dijo a Maggie: -¡Vaya! Maggie. qué más daba: ella pertenecía. la tía Glegg vuelve a venir: me alegro de irme al colegio. aunque la carta no alteró los principios de la señora Glegg. Aquella noche. ni para sí mismo ni para sus hijos. cuando llegara a tomar el té. que no había dividido su dinero con justicia perfecta entre sus familiares: en cuestión de testamentos. no quería saber nada de él. pero la noticia lo empujó definitivamente a escribir una carta a la señora Glegg que eliminara toda posibilidad de error. ya que. y así lo hago Nadie puede decir lo contrario sin mentir. porque lo compadecían por su supuesta incapacidad o de alguna manera le ofendían en su orgullo: sin embargo. junto con los intereses debidos hasta la fecha de pago. aunque lo siento mucho por ella». El señor Tulliver seguía firmemente decidido a conseguirlo. Pero tal como sucede con la escritura vehemente. al parecer. Sophy -dijo la señora Glegg-. Ésta siempre había sido una cuestión de principio en la familia Dodson. a partir de aquel momento. Hasta la víspera del día en que Tom debía ir al colegio. puedes hacerlo. y encontraba que la relación entre el lenguaje oral y el escrito. ¡Pero bueno! ¡Que la señora Pullet fuera a rogar en su nombre! El señor Tulliver no acostumbraba a escribir cartas por voluntad propia. su estado mental estaba demasiado deteriorado para que ella le dedicara ni un minuto de su pensamiento. y la señora Deane coincidió en que Bessy era digna de lástima. porque ella tenía sus principios. una tradición que ha sido la sal de nuestra sociedad rural. porque no estoy dispuesta a comportarme mal aunque los demás se comporten mal conmigo: sé que me corresponde. Nadie podría decir de ella. que la hermana Pullet había ido a arreglar las cosas con la hermana Glegg. como manifestación del sentido del honor y rectitud que constituía una orgullosa tradición en familias como aquella. dar ejemplo en todos los sentidos. Sabía por experiencia que el señor Tulliver muchas veces tendía a actuar de un modo concreto simplemente porque le decían que no podía hacerlo. y decidir la distribución de las propiedades por capricho y no hacer que lo legado guardara una proporción directa con el grado de parentesco equivaldría a una ignominia que le habría amargado la vida. Teniendo en cuenta el estado de satisfacción con su propia magnanimidad en que se encontraba la señora Glegg. era una de las cosas más enredosas de este mundo tan enredoso. de modo que no tendría que inquietarse por devolverle el dinero. después de que se marchara la señora Pullet. que el señor Tulliver no deseaba comportarse de modo descortés con la señora Glegg y sería bien recibida en su casa siempre que quisiera visitarlos. normalmente llamada ortografía. Sin embargo. además. En esta ocasión. La desdichada señora Tulliver. llevó a cabo la tarea en menos tiempo de lo habitual y. como él mismo. como hermana mayor. ese día pensó que todos comerían más contentos si le comunicaba.Librodot El molino de Floss George Eliot 75 -Sí. Y. como comentó a su hermana Deane. dejo que el lector juzgue el efecto que le causó la recepción de una breve carta del señor Tulliver esa misma tarde. Puedes decírselo al señor Tulliver y a Bessy. las cualidades personales estaban subordinadas al hecho fundamental de la sangre. la señora Glegg no visitó a su hermana Tulliver. si su ortografía difería de la empleada por la señora Glegg. informándole de que no tenía que preocuparse más por sus quinientas libras porque le serían devueltas a más tardar en el curso del mes siguiente. «Bessy debe soportar las consecuencias de tener semejante marido. no bajó de la calesa y demostró su disgusto de modo notorio al no dar ningún consejo y abstenerse de toda crítica. debido a la irreprimible esperanza de que causas similares produjeran resultados distintos. a una generación en la cual la ortografía respondía únicamente a criterios personales. ¡Ahora te las cargarás tú siempre! 75 Librodot . cuando hubiera muerto. pero que no deseaba recibir favores suyos. hizo que la ruptura familiar resultara mucho más difícil de arreglar. a principios de agosto. había acelerado la catástrofe. La señora Glegg no cambió su testamento como consecuencia de esta carta y no privó a los niños Tulliver de la quinta y sexta parte que les correspondía de sus mil libras. debido a la opinión que la señora Glegg se hizo del señor Tulliver: rogó que los demás comprendieran que.

«No debe ser cliente de Wakem». sin embargo. La rápida reacción del señor Tulliver exigió más rapidez todavía para encontrar la persona adecuada que le prestara quinientas libras bajo hipoteca. no porque la voluntad del señor Tulliver flaqueara. al cabo de dos semanas resultó lo contrario. y aquella noche lloró hasta quedarse dormida. también como Edipo. El señor Tulliver. El cliente de Wakem fue la única persona adecuada que pudo encontrar. 76 Librodot . tenía un destino y en este caso podría alegar. como Edipo. que. sino porque así fueron las circunstancias. mas que llevar a cabo una acción. se dijo y. ésta le fue impuesta.Librodot El molino de Floss George Eliot 76 Maggie estaba tan triste por la marcha de Tom que la broma le pareció muy antipática.

Librodot El molino de Floss George Eliot 77 Libro segundo Tiempo de estudio 77 Librodot .

Aunque el pobre Tom no se engañaba con las ilusiones de Maggie. No tenía la menor intención de convertirse en un maestro aficionado al rapé sino en un hombre importante. aunque no para otra cosa. oscurecida por una densa bruma de timidez. pecho amplio. Le había costado mucho reconciliarse con la idea de que debía seguir estudiando y no iba a ocuparse de negocio de su padre. y. le resultaba imposible imaginar una escuela y un maestro totalmente diferentes a la academia y al señor Jacobs. cabello tieso y rubísimo y grandes ojos grisáceos que mantenía siempre muy abiertos. que siempre había considerado extraordinariamente agradable porque consistía simplemente en ir de acá para allá a caballo dar órdenes y acudir al mercado. el señor Stelling no tenía buen concepto de las armas ni tampoco de los caballos. no vacilar en la ortografía y declamar «Me llamo Norval»11 sin equivocarse. resultaba una empresa muy difícil. Reflexionaba que a las personas mayores nadie les preguntaba si tenían buena letra o cometían faltas de ortografía: cuando fuera un hombre sería el amo de todo y haría lo que le viniera en gana. rodear su firma de arabescos. No llevaba allí ni quince días cuando le resultó evidente que la vida. no olvidó llevar consigo una cajita con cápsulas fulminantes que. ocupaba el lugar destacado que le parecía consustancial con su personalidad. a Tom le resultaba imposible despreciarlo tal como había desdeñado a «el Viejo Anteojos». conocido con el mote de «el Viejo Anteojos» debido a las gafas que usaba habitualmente. Sin embargo. Él también quería ir a cazar y que todo el mundo lo respetara. en ausencia de toda información específica. El señor Stelling era un hombre que todavía no había cumplido los treinta. sino que empezaba a experimentar cierto escepticismo ante las armas y a sentir que su concepción de la vida se resquebrajaba. que cuando era joven iba de caza y montaba una magnífica yegua negra. pero tan grande era la dificultad que le suponía articular un mero monosílabo en respuesta al señor o la señora Stelling que incluso temía que le ofrecieran más pudín en la mesa. y le parecía que un clérigo le daría muchas lecciones sobre las Escrituras y probablemente le haría aprender el Evangelio y la epístola de los domingos. movido por la amargura. así como la colecta. puesto que se le daban bien todos los juegos activos. Tom no era una excepción entre los chicos de su edad en lo que respecta a la facilidad de trato. Al parecer. la vida no se le había presentado como un problema difícil: tenía muchos compañeros para divertirse y. poseía una sonora voz de bajo y un aire de seguridad desafiante cercano a la 11 Referencia a Douglas A Tragedy de John Home (1757). y si era propio de los viejos hipócritas como él escribir con buena letra. como su padre. En la academia del señor Jacobs. a tirarlas a un estanque cercano: porque no sólo era el único alumno. En cuanto a las cápsulas fulminantes. el animal más hermoso que pudiera verse: Tom había oído cientos de veces cantar sus alabanzas. De manera que para no hallarse en situación de inferioridad. 78 Librodot . sin embargo. en caso de que encontrara compañeros afables. estaba casi decidido. sí lo hacía con las propias. complicada no sólo con la gramática latina sino con un modo nuevo de pronunciar el inglés. Tom era totalmente incapaz de distinguir si las virtudes que aparentaba el señor Stelling eran auténticas: sólo mediante una amplia comparación de hechos los adultos más sabios pueden discernir el retumbar de un barril del de un trueno. Como el lector habrá podido observar.Librodot El molino de Floss George Eliot 78 Capítulo I El primer semestre de Tom Los padecimientos de Tom Tulliver durante el primer trimestre que pasó en King's Lorton al distinguido cuidado del reverendo Walter Stelling fueron considerables. lo cierto era que Tom se alegraba de no correr peligro alguno de alcanzar metas tan mediocres. el señor Jacobs. que la larga experiencia en King's Lorton se encargaría de disipar. de buena talla. especial mente la lucha. le serian útiles para impresionar a los chicos desconocidos al dar idea de su familiaridad con las armas de fuego. no imponía ningún respeto penoso.

Librodot El molino de Floss George Eliot 79 petulancia. Ello no se debía a que el señor Stelling fuera adusto o desabrido. pero ya había manifestado sus intenciones a aquella magnífica mujer y ésta sentía gran confianza en su marido y en su capacidad para entender de maravilla cosas como aquélla. Algunos fragmentos de Massillon y Bourdaloue. ya que algunas escuelas secundarias contaban con plazas magníficas y el señor Stelling tenía intención de conseguir una de ellas. si los pocos cientos que el señor Timpson había dado como anticipo de la herencia de su hija no bastaban para comprar muebles hermosos. había iniciado tratos con otro alumno del mismo lugar y tal vez consiguiera que se decidieran a su favor si se hacía público que el joven Tulliver que. ¿Qué prefiere declinar. pero esta doble novedad contribuía a la confusión y la vergüenza de Tom. Naturalmente. contestó que el asado y acogieron su respuesta con risas y 79 Librodot . además. La doctrina del señor Stelling no pertenecía a ninguna escuela en concreto: a lo sumo. el muchacho se sumió en un estado de desconcierto y alarma que lo oscureció todo. Es natural que un clérigo de intenciones tan vigorosas contraiga algunas pequeñas deudas al principio: no es de esperar que viva de acuerdo con la modestia propia de quien pretende ser durante toda su vida un pobre pastor y. menos poderosos. auténticamente británica. pero otros discursos de su cosecha. puesto que no le interesaban las posibles promesas de un dudoso parentesco con un gran abogado que todavía no había alcanzado el puesto de Lord Chancellor. producían gran efecto cuando los recitaba con voz grave. pues se había propuesto adoptar un estilo brillante para que su congregación creciera con admiradores procedentes de otras parroquias cercanas. sino todo lo contrario: en la mesa se mostraba festivo con Tom y corregía su provincialismo y su comportamiento con humor. el señor Stelling le preguntó: -Dígame. Todavía no había escogido la obra. de abrirse paso en el mundo En primer lugar. El reverendo Walter Stelling no estaba dispuesto a pertenecer al «bajo clero» durante toda la vida y albergaba una determinación. mientras descubrían la carne asada. ya que eso era lo que se llevaba en el momento en la diócesis a la que pertenecía King's Lorton. Por ese motivo se mostraba severo en las lecciones: resultaba evidente que la capacidad de aquel muchacho nunca podría desarrollarse a través de la gramática latina a menos que se lo tratara con cierta severidad. Tulliver. pero también como predicador. el señor Stelling era un hombre decidido a prosperar en su profesión y progresar de modo incuestionable por méritos propios. En definitiva. debido a una coincidencia singular. que el señor Stelling sabía de memoria. y esta última alternativa supondría demorar absurdamente los frutos de un éxito seguro. En una ocasión. el latín o el asado que le ofrezco? Incluso en los momentos más serenos un juego de palabras habría supuesto un problema difícil para Tom. se distinguía por un toque de evangelicalismo. tal como había comentado el señor Stelling en la intimidad conyugal. era un tosco jovenzuelo. Pero en aquel momento el paso inmediato hacia el éxito futuro consistía en potenciar el talento de Tom Tulliver durante ese semestre. Había iniciado su carrera con gran energía y pretendía causar una impresión considerable en sus congéneres. que no estaba acostumbrado a bromas como las del señor Stelling y por primera vez en su vida experimentaba la dolorosa sensación de estar fuera de lugar. como maestro. causar gran sensación cuando tuviera que sustituir a algún colega con menor don de palabra. cosa que en parroquias rurales como la de King's Lorton parecía poco menos que una maravilla. ya que. así como para plantar un espléndido jardín de flores. en aquel instante. y. Había optado por un estilo improvisado. una pequeña bodega y un piano de cola. El señor Stelling era un individuo de tan ancho pecho y tan decidido que se sentía capaz de cualquier cosa: se haría famoso por agitar la conciencia de sus oyentes y no tardaría en editar algún clásico griego e inventar algunas interpretaciones nuevas. porque llevaba casado poco más de dos años y había dedicado gran parte de su tiempo libre a la señora Stelling. al reverendo señor Stelling no le quedaba otra opción que procurárselos por otros medios o pasarse sin todo ello. excepto la sensación de que preferiría no saber nada del latín. pronunciados con la misma voz sonora e imponente impresionaban a sus oyentes en grado similar. conseguía progresar prodigiosamente en un breve período de tiempo.

había pasado por una experiencia muy similar a la suya en relación con el comportamiento y el carácter de la niñera que atendió a su hijo durante el primer mes. tras averiguar que los puntos de vista de la señora Stelling en relación con el oreado de la ropa de cama y la frecuencia con que se presentaba el hambre en un chico en edad de crecer coincidían plenamente con los suyos y que. No le cabía la menor duda de que se trataba de un hombre de primera categoría. ya que he conocido a personas mucho más instruidas que hacían deducciones igualmente amplias y mucho menos sabias. familiarizado con todas las ramas del conocimiento. supuestamente bajo la enseñanza directa de la naturaleza. porque en la casa todo es muy bonito. y lo cierto era que se parecían mucho: ambos tenían por costumbre suspender los pulgares de las aberturas del chaleco. 13 12 Referencia a Leaves from the Note Book of a Naturalist. al que había oído en las últimas sesiones. El señor Tulliver no era el único que tomaba la osadía por sagacidad: la mayoría de los legos pensaban que Stelling era un hombre agudo y de notables capacidades: en cambio. El afable castor del señor Broderip13. la segunda. el señor Stelling se aplicó con esa uniformidad de método e indiferencia hacia las circunstancias que caracterizan los actos de los animales.Librodot El molino de Floss George Eliot 80 bromas. y le pidió consejo sobre la alimentación de los cerdos con un talante tan secular y juicioso. -De todos modos. volviendo la cabeza hacia un lado y cosquilleando al caballo en el costado mientras reflexionaba. que el molinero pensó que aquello era exactamente lo que quería para Tom. «Entiendo. que éste había quedado encantado al ver en él a un clérigo cuyos conocimientos se podían aplicar a la vida cotidiana. 80 Librodot . en soportar toda su atención. señor mío. No sería justo reírse de él. además. sin duda». Durante los meses iniciáticos que Tom pasó en King's Lorton.J. quizá el padre de ella les dé algo. el respetable molinero y malteador regresó a su casa en un estado de gran satisfacción espiritual. que sabía exactamente lo que debía aprender Tom para estar a la altura de los abogados -cosa que el pobre señor Tulliver ignoraba y por ello tuvo que fiarse de sus propias inferencias-. En buena hora se le había ocurrido consultar a Riley sobre la educación de Tom. deben de tener una buena posición económica -comentó la señora Tulliver-. Pero cuando un padre envía a su hijo como único alumno de un clérigo. tal como nos cuenta este encantador naturalista. de lo que dedujo que. según dice él mismo: dice que. En cuanto a la señora Tulliver. Es estupendo -añadió el señor Tulliver. Quizá debido a que enseñar era algo natural en él. Sin embargo. ponía tanto afán en consDurante el siglo XVIII y principios del XIX algunos. con la única excepción del abogado Wylde. a pesar de su juventud y de estar todavía a la espera de su segundo parto. y el vestido de moaré que llevaba le habrá costado su buen dinero. no habría tardado en aprender a encajarlos. Broderip (1852). sus colegas lo tenían por un individuo anodino. jornaleros sin trabajo incendiaron pajares y enviaron cartas amenazadoras firmadas por el «capitán Swing» a los propietarios de máquinas trilladoras. de W. Y Tom les supondrá un centenar más y no muchas molestias. entiendo: usted quiere que su hijo se abra paso en la vida» a las observaciones que el señor Tulliver formulaba con dificultad. Stelling contó al señor Tulliver varias historias sobre «el capitán Swing» y los incendiarios12. con tanta labia. -Imagino que tendrá algunos ingresos suplementarios. a pesar de su juventud. parecía muy sensata y maternal. Mi hermana Pullet tiene uno igual. El señor Tulliver consideraba al reverendo Stelling el hombre más listo que había conocido nunca. y pedía consejo con tantísima amabilidad. Si hubiera podido ver cómo un compañero pasaba por dolorosos trances similares y los superaba con buen humor. para él. de algún modo misterioso. además de la parroquia. Tras dejar allí a Tom. El señor Stelling tenía los ojos tan abiertos y hablaba de modo tan franco y pragmático mientras respondía con un «Sin duda. la señora Stelling. paga por una forma u otra de educación: la primera consiste en disfrutar para sí de todo el abandono del reverendo caballero. mientras se alejaban expresó a su marido su gran satisfacción por dejar a Tom con una mujer que. el señor Tulliver pagó un alto precio por este segundo privilegio. enseñar es algo natural. había rechazado la carne y había quedado como «un tonto».

que Gran Bretaña era el providencial baluarte del Protestantismo y que la fe en lo invisible constituía un gran apoyo para los espíritus afligidos: creía en todas estas cosas de la misma manera que un hotelero suizo cree en la belleza del paisaje que lo rodea y en el placer que proporciona a los visitantes con temperamento artístico. Cuando el molinero se refirió de modo vago e inseguro a hacer mapas y sumar. adivinar con precisión cuántas veces cabía su bastón a lo largo de un campo de juegos y dibujar cuadrados casi perfectos en la pizarra sin tomar ningún tipo de medida. Al defender estas ideas. Con ese mismo instinto infalible.Librodot El molino de Floss George Eliot 81 truir una alta presa en un tercer piso londinense como si se encontrara en un río o un lago del norte de Canadá. si bien mediante arduo trabajo. porque Tom podía deducir con exactitud cuántos caballos avanzaban tras él a medio galope. Y así confiaba en su método de educación: no le cabía duda de que hacía lo mejor para el hijo del señor Tulliver. Desde el momento en que le habían explicado la diferencia. de indiferencia. y amonestaba a Tom severamente por su falta de aplicación. ya que ¿cómo podía ser que aquel buen hombre tuviera una idea razonable de la cuestión? La tarea del señor Stelling consistía en enseñar al muchacho del único modo correcto: en realidad. era imposible inculcarle algo tan abstracto como la relación entre los casos y las terminaciones para que pudiera reconocer un posible genitivo o un dativo. en lo que respecta a Euclides. La función del animal. El señor Stelling creía que aquello era algo más que torpeza natural: sospechaba que se trataba de obstinación o. ya que no había perdido el tiempo adquiriendo conocimientos inusuales. pero era imposible que esas personas pudieran formarse opiniones sólidas. no conocía otro. y el reproche era dolorosamente cierto. Tom nunca había tenido la menor dificultad en distinguir un pointer de un setter. De todo esto el señor Stelling concluyó que. los puntos de vista del señor Stelling no estaban sesgados. ninguna opinión podría haber más libre de parcialidad personal. tampoco abrigaba ningún escepticismo Consideraba que la religión era algo excelente. y su perspicacia no era en absoluto deficiente. ya que. No tardó en catalogar a Tom como un muchacho completamente tonto. caballero -decía el señor Stelling. la geometría y los clásicos cultivaban la mente para la llegada de toda cosecha posterior. Sólo sé que resultó tan 81 Librodot . llamado «Binny» era construir: la ausencia de agua o de progenie eran circunstancias que nada tenían que ver con él. que Aristóteles era una gran autoridad. El señor Stelling distaba de verse arrastrado por el entusiasmo intelectual o religioso: por otra parte. Imagino que era similar a la del reverendo Stelling. el señor Stelling se dispuso a inculcar la geometría de Euclides y la Gramática latina de Eton en la cabeza de Tom Tulliver. que los deanatos y las prebendas eran instituciones útiles. como podría ser el caso de otros profesores. puesto que el cerebro de Tom era particularmente impermeable a la etimología y a las demostraciones. podía llegar a meterle alguna declinación en la cabeza. por lo menos. aunque advertía con gran rapidez y certeza el hecho de que lo fueran. el señor Stelling lo tranquilizó asegurándole que sabía lo que se esperaba de él. Un hombre bien asentado sobre esta base tan firme podía observar con una sonrisa de conmiseración la exhibición de conocimientos diversos o especiales por parte de personas con una educación irregular: todo aquello estaba muy bien. Ésta era la única base de una instrucción sólida: todos los demás métodos de educación eran pura charlatanería y sólo podían producir majaderos. Pero el señor Stelling no tenía en cuenta estas cosas: sólo observaba que las facultades de Tom fracasaban ante las abstracciones odiosamente simbolizadas en las páginas de la Gramática de Eton. y que caía en un estado limítrofe con la idiotez ante la demostración de que dos triángulos dados debían ser semejantes. lanzar una piedra al agua y acertar en el centro de cualquier onda. -No se interesa usted por lo que hace. por la excesiva extensión o precisión de sus propios conocimientos y. Nada tengo que decir contra la teoría del señor Stelling: si todos debemos recibir la misma educación. su tesis me parece tan buena como cualquier otra. debía ararlo y trabajarlo de modo especial con estos aperos: según su metáfora favorita.

parecía zafio y tonto: Tom no era en absoluto indiferente a esto. ¿acaso no habrías mezclado tus alabanzas a la metáfora como signo de elevada inteligencia con el lamento de que esta última raras veces se muestre en el habla sin aquélla? ¿No te habrías lamentado de que en contadas ocasiones decimos lo que es una cosa si no es afirmando que es algo distinto?14 Tom Tulliver. se había sentido muy cómodo en este mundo. Poseía un gran orgullo que. ¡Resulta asombroso cómo cambian las cosas si se toma otra metáfora! En cuanto se considera que el cerebro es un estómago intelectual. y su orgullo se encontraba en una incómoda situación que eliminaba el amor propio habitual en un muchacho y le daba parte de la susceptibilidad de una chica. hasta bien avanzado el semestre siguiente e iniciado ya en el Delectus. en cuyo caso los conocimientos sobre el proceso digestivo resultan irrelevantes. Tom. Le habría costado largo rato concebir que existiera alguna vez un pueblo que compraba y vendía ovejas y bueyes. 16 82 Librodot . Resulta casi increíble para las personas cultivadas de hoy día que un niño de doce años que no pertenecía en sentido estricto a «las masas». hasta el momento. ante la exigencia de que aprendiera las declinaciones y conjunciones latinas. pero no se puede decir que eso facilite la domesticación de ese animal tan útil. eso era lo que sucedía a Tom. él. pero no rebelde ni alocado: predominaba en él la sensibilidad y. por extraño que parezca. Aristóteles! Si en lugar de ser el mayor de los clásicos hubieras tenido la suerte de ser el más nuevo de los modernos. a los ojos del mundo. despreciando a «el Viejo Anteojos» y sustentándose en la conciencia de una serie de derechos incuestionables: pero ahora este mismo orgullo no recibía más que golpes y heridas. por no decir obstinado. ¡Oh. poco dotado para las palabras. pero puesto que las plegarias que repetía cada noche eran 14 Aristóteles. Las leves ideas que Tom había adquirido sobre los romanos en la academia del señor Jacobs eran correctas. Poética. más que nunca en toda su vida. y no era dado a las hipótesis ni a los experimentos. y que medido con éstos.Librodot El molino de Floss George Eliot 82 incómoda para Tom Tulliver como si lo hubieran cebado con queso para remediar una deficiencia gástrica que le impidiera digerirlo. no tuviera una idea clara de que pudiera existir algo parecido al latín en esta tierra: y. Se le ocurrió que tal vez conseguiría un poco de ayuda si lo pedía en sus rezos. Tom era lo bastante perspicaz para darse cuenta de que los criterios del señor Stelling sobre las cosas eran muy distintos y más elevados. Pero lo cierto era que Tom nunca había oído decir que semejantes medidas avivaran el entendimiento o reforzaran la memoria verbal. Sin embargo. Tom era tan incapaz de imaginar la causa y la tendencia de sus sufrimientos como lo sería una musaraña aprisionada en la hendidura de un fresno con la finalidad de curar la cojera del ganado. no lo definió como una «lata» y «un fastidio». bajo este vigoroso tratamiento. a las que actualmente se atribuye el monopolio de la oscuridad mental. o de reducir el efecto tonificante de la etimología mezclándola con información superficial y superflua como la que se da a las niñas. cualquiera puede seguir a grandes autoridades y considerar que la mente es una página en blanco o un espejo. No obstante. y todavía más entender por qué debía aprenderla cuando el nexo con estos asuntos había dejado de ser visible. y negociaba los asuntos cotidianos de la vida con aquella lengua. si se le hubiera ocurrido que podía conseguir mayor viveza en las lecciones y así lograr la aprobación del señor Stelling si permanecía largo rato sobre una pierna o golpeándose la cabeza moderadamente contra la pared -o con cualquier acción voluntaria de ese tipo-. Y el señor Stelling no era hombre partidario de debilitar ni castrar la mente de su alumno simplificando o explicando las cosas. la ingeniosa imagen de las lenguas clásicas y la geometría como arados y rastras pierde todo sentido. En aquel momento. lo habría intentado. que los de las personas con las que él había convivido. Poseía un temperamento muy firme. Tom Tulliver. parecía una niña. fue una idea ingeniosa llamar al camello «el barco del desierto». Sin duda. XXII. no utilizaba metáfora alguna para manifestar su punto de vista sobre el latín: nunca lo denominó instrumento de tortura. pero no iban más allá del hecho de que «aparecían en el Nuevo Testamento». sin embargo.

pero hacía así mucho ejercicio paseando y. lo amonestó severamente diciendo que si desperdiciaba la oportunidad de oro que se le ofrecía de aprender los supinos lo lamentaría de mayor. Tal vez no fuera lo mas adecuado para la postura del joven Tulliver caminar cargado con una niña tan pesada. Pero. tras los habituales rezos por sus padres y «su hermanita» (había empezado a rezar por Maggie cuando era una nena) y la petición de ser siempre capaz de cumplir los mandamientos de la Ley de Dios. pero como estos eran escasos. convencido de que tenía que deberse al descuido. al día siguiente. el señor Stelling le buscaría un profesor de gimnasia. No obstante. Entre los muchos medios por los que el señor Stelling pretendía ser más afortunado que la mayoría de sus 83 Librodot . aparecían ante él. y aquella noche. se le enturbiaban los ojos: no podía evitar pensar con afecto incluso en Spouncer. llevaba una cinta atada a la cintura por la cual Tom la sujetaba como si fuera un perrito durante los minutos que la niña quería caminar. Amén». para vestir con la máxima elegancia y llevar un peinado que exige que la niñera haga ocasionalmente las funciones de doncella. se decidió a probar aquel único recurso. añadió con el mismo murmullo: «Y. y puesto que aquél era el punto máximo de sus dificultades. El señor Stelling no pretendía nada semejante: sabía que su esposa hacía maravillas y estaba orgulloso de ella. el molino. si es que no son incompatibles: cuando la esposa de un pobre pastor se las ingenia. Como Laura. dispuesto a obedecer en cuanto Tom dijera: «¡Hala!». ¿de qué servía seguir rezando en petición de ayuda? A esta conclusión llegó en una de las solitarias y aburridas tardes de estudio preparando las lecciones del día siguiente. casi siempre daba vueltas y vueltas por el jardín con la preciosa niña en brazos. pasara por los supinos sin cometer errores lo animó a perseverar en el apéndice a los rezos y neutralizó el escepticismo derivado de que el señor Stelling siguiera insistiendo en Euclides. a pesar de todas sus carencias. el río y Yap enderezando las orejas. añadió: «Y haz que el señor Stelling diga que no debo seguir con Euclides. un día. además. con el que acostumbraba a discutir Y pelearse. ya que no sabía si debía desear comprenderlo o bien había otro estado mental más adecuado para el caso. Hizo una pausa para pensar si debía rogar también por Euclides. puesto que nada podía resultar más saludable para un muchacho que sentirse útil. su querubín. ya que aquello superaba los límites de cualquier estupidez posible. El hecho de que. Para Tom sería una ocupación agradable sacar a Laura durante las horas más soleadas de los días de otoño. por favor. y durante aquella época de verbos irregulares su espíritu se deprimió todavía más debido a la nueva actividad que se le encomendaba en horas libres. así sentiría que la casa parroquial de Lorton era también su hogar y él era uno más de la familia. mientras la niñera permanecía ocupada con el recién nacido. ahí donde la señora Stelling pudiera verlos desde su ventana. con él se habría sentido a sus anchas y en situación de superioridad. Y en cuanto jugueteaba con su gran navaja. Si alguien considera que eso no era justo con Tom y resultaba incluso tiránico. algo enfermizo.Librodot El molino de Floss George Eliot 83 fórmulas aprendidas de memoria. Tom. su fe se quebró con la aparente ausencia de toda ayuda cuando llegó a los verbos irregulares. no se atrevió con la novedad e irregularidad que suponía introducir un párrafo improvisado con una petición de la que no conocía ningún precedente. al final. nunca había sido tan semejante a una niña. cuando fracasó por quinta vez con los supinos de la tercera conjugación y el señor Stelling. el querubín. un fragmento de látigo y otras reliquias del pasado. durante el siguiente semestre. Parecía claro que su desesperación al verse sometido a los caprichos de las formas verbales del presente no constituía un nodus digno de interferencia. La señora Stelling había tenido a su segundo hijo en fechas recientes y. sus cenas y su salón son muestra de una elegancia y perfección en los detalles para los que las mujeres normales creerían necesario poseer grandes ingresos. Aunque odiaba llorar y lo avergonzaba. la señora Stelling consideraba que le hacía un favor encomendándole la custodia de Laura. le rogaría que tuviera en cuenta que algunas virtudes femeninas se combinan con dificultad. todavía no sabía andar. según las órdenes recibidas. Sin embargo. más abatido que de costumbre. cuando. sería poco razonable esperar que contratara a otra niñera o llegara incluso a realizar ella estas funciones. Tom. como he dicho antes. ayúdame a recordar siempre el latín». como en un delirio.

antes de que terminara aquel terrible semestre. a pasar unos días con su hermano. si alguna vez surgían diferencias domésticas en su matrimonio. basándose en eso. Maggie fue de visita. poseía demasiada fibra de la que se transforma más tarde en verdadera virilidad y deseo de proteger al débil. que asociaba a la altanería y a la referencia constante a los «deberes» de los demás.. según el señor Riley. Sin embargo. él sabe lo que te conviene saber. Se había casado con «la mujercita más dulce de la tierra». ¿Y eso qué es? -preguntó el señor Tulliver. pero era un muchacho demasiado bondadoso. sin duda serían culpa del señor Stelling. el querubín. He traído la maleta y los delantales. habría estado dispuesto a declarar que. padre.Ya me gustaría verte estudiando una de mis lecciones. efectivamente. no lo sé: trata de definiciones. de manera que cuando el señor Tulliver se acercó a King's Lorton a finales de octubre. que Maggie trotara a su lado en las excursiones. con la idea de que el pequeño fogonazo y la detonación le encantarían. acordándose del único mal que había padecido en su vida. axiomas. no podía menos de jugar con la pequeña Laura y divertirse entreteniéndola: incluso le sacrificó sus cápsulas fulminantes. 84 Librodot . -Oh.Librodot El molino de Floss George Eliot 84 congéneres se encontraba la renuncia a dirigir su casa. ¡y cuánto los echaba de menos! En el fondo de su corazón. que significa regalo. ¡Caramba. bona. -Bien. bonum -De acuerdo. cuando estaba en casa. A Tom le habría gustado parecer enfermo. en cambio. tan divertido por el anuncio que le entraron ganas de desconcertar a Maggie enseñándole una página de Euclides. Puede significar varias cosas: sucede con casi todas las palabras: por ejemplo. tonta? -exclamó Tom. son demasiado tontas. padre? -¿Ayudarme tú. como si fuera un gran favor. aunque no consiguió más que una regañina de la señora Stelling por enseñar a la niña a jugar con fuego. pero bonus significa «bueno»: es de bonus. Me quedaré todo el tiempo que quiera la señora Stelling. Y. Tengo que aprenderlo en un libro y no tiene ningún sentido. Tom -dijo Maggie con cierto aire de consuelo protector-. sospecho que odiaba a la señora Stelling y que contrajo una duradera aversión hacia los tirabuzones rubios y las anchas trenzas. toleraba. -¡Pues te equivocas. Laura era lo más parecido a un compañero de juegos. señorita Maggie! -contestó Tom. Maggie fue con él con la sensación de que emprendía un gran viaje y estaba empezando a ver mundo. Por ejemplo. ¿verdad. muchacho -dijo a Tom en cuanto el señor Stelling salió de la sala para anunciar su llegada a su esposa. que ya no confiaba en destinar a fines más altos. -¡Vamos. porque el muchacho tenía que aprender a no pensar demasiado en su casa. sin precisar mucho. Desearía que le dijera al señor Stelling que no me hiciera hacer Euclides: creo que me da dolor de muelas -dijo Tom. Si Tom hubiera tenido peor carácter habría terminado odiando a Laura. que conocía los dorados tirabuzones y el rostro sonriente de la señora Stelling desde que era soltera y que. -Me parece que no estoy muy bien. ¡Cómo has cambiado! El estudio te sienta bien. -Yo te ayudaré. Es una lengua: hay palabras latinas en el diccionario. No debes decir eso. Tienes que aprender lo que te diga tu maestro. «planta». -Sé perfectamente lo que es el latín -declaró Maggie con aplomo-. pero también puede significar «regalo» -contestó Maggie categóricamente-.. deseaba fervientemente que Maggie estuviera con él y estaba casi dispuesto a pasar por alto sus desesperantes despistes. -Así que Euclides. La señora Stelling la había invitado. y también latín! Las niñas no aprenden estas cosas. vamos! -le reprendió el señor Tulliver-. En cambio. que puede querer decir vegetal o una parte del pie. triángulos y esas cosas. Fue la primera visita del señor Tulliver. y Maggie se lanzó a besar a Tom a sus anchas-. está bonus. ocultando su asombro-: ¡Te crees muy lista.

y madre me regaña mucho más que padre.Librodot El molino de Floss George Eliot 85 -Bien dicho. pues entonces enséñame los tuyos -dijo Maggie. el estudio se encontraba en un ala de la casa que sólo tenía planta baja. -¿Y qué es eso? -preguntó Maggie. nena -rió el señor Tulliver mientras Tom experimentaba cierto desagrado ante los conocimientos de Maggie. pero el señor Stelling. Tom. seguía imaginando que se lo apartaba de los ojos-. Pero las vueltas en torno a la mesa fueron haciéndose cada vez más irregulares hasta que al final tropezaron con el atril del señor Stelling y tiraron los pesados léxicos al suelo. de modo que la caída no alzó ecos alarmantes. cuántos libros! -exclamó al ver las librerías del estudio-. en su insistente invitación. 85 Librodot . meneando la cabeza. Maggie -dijo Tom por fin. -No. rodeó el cuello de Tom con los brazos y se frotó la nariz contra sus mejillas. -¿Cómo? -Miro dentro y veo de qué trata. Y si rompemos algo. tras colocarla entre sus rodillas y preguntarle dónde había robado aquellos ojos negros. Maggie pensó que el señor Stelling era un hombre encantador y el señor Tulliver se sintió muy orgulloso de dejar a su mocita en un lugar donde tendría oportunidad de demostrar lo lista que era ante desconocidos que sabrían valorarlo. seguro. -Sí. Aquel engreimiento desaparecería en cuanto examinara los libros. -Pero tú no. hasta que el cabello de Maggie se soltó de detrás de las orejas y empezó a agitarse como un molinillo. de manera que acordaron que no la irían a buscar antes de una quincena. tonta ¿por qué sacudes la cabeza? -prosiguió. Tom. te odiaré. señorita Maggie -contestó Tom al ver que extendía la mano hacia el volumen-. aunque le alegraba mucho la idea de que fuera a quedarse con él. -Bueno. en ningún momento sugirió que Maggie permaneciera con ellos más de una semana. porque aunque Maggie llevaba el cabello peinado tras las orejas. Tom: estaría muy feo porque soy tu hermana. aunque Tom permaneció aturdido y horrorizado durante unos minutos. no puedo evitarlo -contestó Maggie con impaciencia-. La tía Glegg tiene mucho peor genio que el tío Glegg. En esta casa no hay que hacer ruido. Y una presumida. No te metas conmigo. El señor Stelling no permite que nadie toque los libros sin su permiso y. La señora Stelling. ¡Cuánto me gustaría tener tantos! -Si no puedes leer ni uno: están todos en latín -contestó Tom con aire triunfal.. ven conmigo al estudio. -¡Ni te lo imaginas! -contestó Tom. -¿Tiene mal genio? -preguntó Maggie. -Me parece que las mujeres tienen peor genio que los hombres -dijo Maggie-. ¡Oh. asintiendo con énfasis. todos no -contestó Maggie-: puedo leer el lomo de éste: Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano. algún día tú serás una mujer -dijo Tom-. agitando la cabeza. Oye. Pareces una loca. la señora Stelling nos hará peccavi. Afortunadamente. -Ahora. así que mejor te calles. -Pero puedo averiguarlo enseguida -contestó Maggie con aire burlón. levantando el atril-. me las cargaré yo. temiendo la llegada del señor o la señora Stelling. -Ni se te ocurra. -Pero yo seré una mujer inteligente -dijo Maggie. -Sí. ¿y qué significa? Si ni siquiera lo entiendes -dijo Tom. insistió en que se quedara con ellos quince días. Se dio la vuelta. si lo sacas. -Es la palabra latina para regañina -explicó Tom no sin cierta satisfacción por sus conocimientos. Vaya. pero si eres antipática. -Bueno. Saltaron cada vez con más bríos. -Bueno. sabes. le pasó un brazo por la cintura y empezaron a brincar juntos alrededor de la gran mesa de la biblioteca. feliz de tener a su querida Maggie para discutir y pavonearse. -Oh. Todo el mundo te tendrá manía. Maggie -dijo Tom cuando su padre se alejaba-.

-¡Oh! -exclamó Maggie haciendo una mueca de disgusto-. donde se sienta el señor Stelling cuando me toma la lección. Empezó a leer con plena confianza en su capacidad. ven a oír si me lo sé. no me parece nada difícil. procedentes de alguna región lejana-. cuando Tom se trabó en Sunt etiam volucrum -No me digas nada. -Tom. palabra que aparecía dos veces. pero debía reconocer su incapacidad y no le gustaba nada sentirse humillada. Mors omnibus est communis no le transmitía otra cosa que la idea de que le gustaría saber latín. Era muy interesante aquella Gramática latina que.Librodot El molino de Floss George Eliot 86 -¡Si no seré antipática! Me portaré muy bien contigo. -Pero eso es justo lo que no puedes hacer. abriendo la boca y negando con la cabeza. Me parece que lo entendería si hubiese estudiado las lecciones anteriores. pero al instante quedó desconcertada y se sonrojó de irritación: era inconfesable. Maggie. Ahora ves que no eres tan lista como tú te crees. cetus. Sería capaz de aprender latín muy deprisa. -No -dijo Maggie.. Mira lo que tengo que hacer -dijo Tom. -¿Dónde vas a empezar. Ponte al extremo de la mesa. cuando Tom le dijo: -Anda. Me gusta mucho mas que el diccionario. No me odiarás. quitándole el libro y moviendo la cabeza-. es un libro precioso declaró mientras se levantaba de un brinco del gran sillón para dársela-. Tom tomó el libro y lo abrió con un aire decidido y eficiente encaminado a sugerir que tenía que estudiar una lección que estaba fuera del alcance de los asnos. Maggie obedeció y cogió el libro abierto. atrayendo a Maggie hacia sí y mostrándole el teorema. que tengo que estudiar esto. Tom? -¡Basta. -¡Qué tonterías! -dijo-. -¡Ah. Tras la mortificación matemática. se volvió hacia la librería para entretenerse examinando los títulos. porque es todavía más difícil cuando sabes lo que viene antes. Decidió saltarse las normas sintácticas: los ejemplos eran muy interesantes. y andaba perdida por el «espeso bosque que ninguna estrella puede atravesar». Maggie -llamó Tom-. según Tom. mira la señorita Maggie! -dijo Tom... Sunt etiam volucrum. prestaban alas a su imaginación y resultaban tanto más fascinantes cuanto que se encontraban en una lengua propia que podía aprender a interpretar. pero el afortunado caballero al que todo el mundo felicitaba porque tenía un hijo «dotado con tanta inteligencia» le permitió entregarse a una serie de conjeturas agradables. Ten la Gramática latina.. y con todos los demás. la gramática latina le pareció tranquilizadora. ut ostrea. nadie necesita entenderlo. ya sé lo que has hecho -dijo Tom-: has estado leyendo lo que pone en inglés al final. Maggie. Las misteriosas frases. extraídas de un contexto desconocido -como extraños cuernos de bestias u hojas de plantas arrancadas. porque entonces tienes que saber la definición 3 y el axioma V Pero ahora vete. a ver si entiendes algo. -Mira. -Ah. Sunt etiam volucrum. déjalo! Vamos. Y qué feo es esto. señorita sabihonda -replicó Tom-. porque voy a repetir todo lo que he aprendido esta semana. y Maggie empezaba a olvidarse de su tarea de apuntador. Maggie: dame la Gramática. es hora de que aprenda las lecciones. mientras ella se apartaba el cabello tras las orejas y se preparaba para demostrarle que era capaz de ayudarlo con Euclides. Los ejemplos más fragmentarios eran sus favoritos. las chicas no podían aprender: y se enorgullecía de encontrarla interesante. perdida en la especulación sobre lo que podría significar mas.. como tú. bastante molesta. Tom? -En Appellativa arborum. Eso puede hacerlo hasta el más asno. además. Tom recitó tres líneas con seguridad. le encantaban las palabras nuevas y no tardó en descubrir un glosario inglés al final que le ayudaría a entender el latín sin gran esfuerzo.. ¿verdad. 86 Librodot .

ferarum. Tom le devolvió el libro. Maggie dijo a Tom que ella también debería asistir a las clases del señor Stelling. En cambio. Trastabillando y repitiéndose. Sin embargo. -«Creszens jenitivo» -exclamó Tom con una carcajada burlona.. Dame el libro un minuto. -Tom. Al poco rato fueron a buscarlos para que pasaran el resto de la tarde en el salón. ferarum. 87 Librodot . como si esperara que las palabras que venían a continuación aparecieran por sí solas en cuanto sugiriera que las estaba esperando. No es eso lo que viene a continuación: es Nomen non «creszens jenitivo». e.. -Bien.... -C. -¡Qué niña tan rara debía de ser! -comentó la señora Stelling con intención de bromear. El astrónomo que odiaba a todas las mujeres la desconcertaba tanto que un día preguntó al señor Stelling si todos los astrónomos odiaban a las mujeres o si sólo se trataba de aquél en concreto. vulpes. se me había olvidado: ut tigris. igual que él.. . Ya sé -dijo Tom-: era tigris.. Tom: tú tampoco lo recuerdas todo. u dijo Maggie. -Sí.. ya que había aprendido este párrafo para la lección del día anterior y un joven caballero no necesita poseer un conocimiento íntimo ni extenso del latín para advertir errores semejantes-: «creszens jenitivo» ¡Qué tonta eres. que Tom se sintió desconcertado y alarmado por su audacia.. . haces las pausas más largas donde no debería haber ninguna. porque lo había vuelto a mirar y había visto lo que querían decir A B y C: era el nombre de las líneas. tú no te fijas en las pausas: deberías pararte el doble de tiempo en un punto y coma que en una coma y.. Estoy segura de que es eso lo que pone. no -dijo Maggie-: ut. Maggie pasó allí una feliz quincena. -No. sin duda. -Macula nomina in a. Tom consiguió decir los renglones siguientes.. y se acostó bastante abatida. no hace falta que te rías.ferarum. . admiraba lo lista que era. Con todo. el señor Stelling no tuviera buena opinión de ella. -Tom tomó el lápiz y pintó varios puntos en la tapa del libro.. consiguió profundizar en los ejemplos de la gramática latina. Sabía que podía entender a Euclides. además. -empezó. -Muy bien -protestó Maggie. -Ut. -Ahora llega lo que acabo de aprender para mañana. hirundo. tigris. a fin de cuentas. Maggie! -Bueno.. Le permitían permanecer en el estudio mientras él recibía clase y. Puedo decirlo tan bien como tú. et piscium. vulpes.. tras sucesivas lecturas. enfurruñada-. durante la visita a Tom. -Ah. Temía que. Maggie se achantó cuando el señor Stelling hizo referencia a una niña de la que había oído contar que había huido para vivir con los gitanos.Librodot El molino de Floss George Eliot 87 -Sunt etiam volucrum -repitió Tom muy despacio. -No. Porque puesto que viven en altas torres. sí. Ceu passer.. qué despacio vas -protestó Maggie-. ostrea. Tras farfullar en susurros y con la ayuda de algún puñetazo sobre la mesa. basta de tonterías. Tenía la sensación de que la señora Stelling la miraba como si pensara que tenía el cabello muy feo porque le caía lacio sobre la espalda. impacientándose. Déjame seguir. el cual. anticipándose a su respuesta-. Al señor Stelling le divertía muchísimo su cháchara y se llevaban de maravilla. -Supongo que todos -dedujo Maggie. y Maggie se mostró tan vivaracha con el señor Stelling. Tom dijo Maggie-. pero a Maggie no le hacía ninguna gracia que se bromeara a costa de su supuesta rareza. si las mujeres subieran se pondrían a hablar y no les dejarían mirar las estrellas. y aprender las mismas cosas. ¿y yo qué sé cómo se pronuncia? -¡Bah! Ya te he dicho que las niñas no son capaces de aprender latín. Ut. ya lo sé: cállate -dijo Tom-. Es: Nomen non crescens genitivo..

sólo el cielo sabe hasta dónde podría llevarnos esta lucha si nuestros afectos no tendieran a aferrarse a esos objetos inferiores. Nunca profundizarás en nada. Ya se lo preguntaré al señor Stelling. si las devociones y amores de nuestra vida no se anclaran con profundas raíces en la memoria. Tom la echó tremendamente de menos. -Me da igual -contestó con aplomo la descarada niña-: ya se lo preguntaré yo. ya ves que no es gran cosa ser rápida. cuando se encontraban en el salón-. aquel terrible semestre tocaba a su fin.Librodot El molino de Floss George Eliot 88 -Estoy seguro de que no puedes -dijo Tom-. donde quisimos a los objetos antes de que supiéramos elegir y donde el mundo exterior tan sólo parecía una extensión de nuestra personalidad: lo aceptamos y lo quisimos como aceptamos nuestro propio sentido de la existencia y nuestros miembros. En ningún lugar nos sentimos tan a gusto como allí donde nacimos. jamás se había sentido más mortificada: durante su corta vida se había enorgullecido siempre de que la llamaran «rápida» y ahora parecía que esta rapidez era signo de inferioridad. o si se habían limitado a traducir aquella frase. ja! ¡Señorita Maggie! -se burló Tom en cuanto estuvieron solos-. lo que distingue al británico del bruto extranjero? Sin embargo. señor? -Me parece que pueden adquirir nociones de cualquier cosa -contestó el señor Stelling: poseen una gran capacidad superficial. por otra parte. Pero cuando Luke se llevó en la calesa a esa pequeña muestra de rapidez superficial y el estudio volvió a resultar solitario. nos parecerían los muebles de nuestro primer hogar si los viéramos en una subasta: el gusto en las tapicerías ha mejorado y los pone en ridículo. encantado con este veredicto. no podrías -intervino Tom enfadado-. Durante el tiempo que había pasado allí. ¡Con qué alegría contemplaba Tom las últimas hojas amarillas arrastradas por el frío viento! Las tardes oscuras y las primeras nieves de diciembre le parecían más alegres que el sol de agosto. Esa luminosa idea supuso una importante contribución a los conocimientos históricos que adquirió durante el semestre que. habrían llegado al limbo. En cuanto a Maggie. la chimenea y los atizadores constituían «ideas primeras» tan imposibles de criticar como la solidez y la extensión de la materia. merecía la pena alcanzar. de modo que Tom había empezado a comprender el hecho de que había existido un pueblo en la tierra tan afortunado como para hablar latín sin tener que aprenderlo con la Gramática de Eton. Vulgares. Tom. Y Maggie se sintió tan abrumada por este terrible destino que no tuvo ánimos para contestar. -Señor Stelling -dijo aquella misma tarde. incluso feos. El entusiasmo que sentimos por el arbusto de saúco que sobresale por encima de un seto. en lugar de Tom. su alumna fuera yo? -No. ¿acaso no es la lucha por conseguir un entorno cada vez mejor la principal característica que distingue al hombre del bruto o. Maggie había hecho muchas preguntas al señor Stelling sobre el Imperio Romano y quiso saber si realmente existió el hombre que dijo en latín: «No lo compraría por un cuarto ni por una nuez podrida». le había ido mejor en clase y se había mostrado más despejado. cuando sólo quedaban tres semanas para las vacaciones clavó veintiún palos en un rincón del jardín y cada día arrancaba uno de un tirón y lo lanzaba a lo lejos con tanta energía que si las estacas hubiera podido viajar tan lejos. los besos y las sonrisas del hogar familiar donde el dibujo de la alfombra. incluso al elevado precio de la gramática latina. A pesar de todo. para satisfacer una escrupulosa precisión en las definiciones. se reducían a un compendio de la historia de los judíos. la felicidad de ver la brillante luz del salón de su casa desde el puente cubierto de nieve cuando la calesa lo cruzó en silencio: la dicha de pasar del aire frío a la calidez. ¿Podría estudiar a Euclides y todas las lecciones si. ya lo sabes. Las niñas no son capaces de estudiar a Euclides: ¿verdad que no. pero no pueden profundizar en nada. Son rápidas y banales. como si fuera 88 Librodot . y para contar mejor el paso de los días gracias al cual estaba cada vez más cerca de casa. Habría sido preferible ser lenta como Tom. -Ja. envió a Maggie una señal de triunfo agitando la cabeza por detrás de la silla del señor Stelling. Sin embargo.

sigue ocultando el secreto en su poderoso y lento corazón. vestía de blanco el tosco campo de nabos y transformaba las ovejas en oscuros borrones. por un motivo u otro no le pareció tan feliz como los anteriores. V. Y. El anciano sonreía mientras cubría los campos durante aquel período aparentemente cruel con intención de dar más brillo al hogar. entrelazando las bayas de color escarlata del acebo con las negras de las ramas de hiedra. las verdes ramas y el breve sermón proporcionaron el adecuado carácter festivo a la asistencia a la iglesia. como de costumbre. Sin embargo. Capítulo II Las vacaciones de Navidad Aquellas Navidades. sino un viejo compañero de mi existencia. el sacristán. a pesar de que Tom insistía con desprecio en que los cantantes eran el viejo Patch. cuando éstas eran intensas. y si todavía no ha aprendido el modo de repartir de modo imparcial sus bendiciones entre los hombres. a pesar del reciente placer que experimentaba Tom al estar en casa. el himno favorito. chimeneas y marcos con su buen gusto habitual. es una preferencia totalmente injustificada desde el punto de vista de un jardinero paisajista o cualquiera de esas otras mentes ordenadas que no sienten ninguna afición que no se base en una superior calidad demostrable. y él y Maggie habían adornado la víspera todas las ventanas. los montones de nieve bloqueaban las puertas y aquí y allá. Sin embargo. la serenata contribuyó. aquel día de Navidad. el Tiempo. y la imagen de ángeles sentados sobre una nube sustituía siempre a la de unos hombres vestidos de fustán. obra de William Cowper (1785). Pero el excelente y viejo invierno tenía buena intención. El acebo tenía tantas bolitas rojas como siempre. su amabilidad resultaba muy dura para las personas sin hogar. sino la mirada inexpresiva y sombría de la miseria sin esperanza. además. 89 Librodot .Librodot El molino de Floss George Eliot 89 más hermoso que una jara o una fucsia erguida sobre el césped más suave y ondulado. a que la mañana siguiente se distinguiera de todas las otras. con un propósito implacable. no había brillos ni sombras. después de que los fieles regresaron y se sacudieron los pies para limpiarlos de nieve. se debe a que su padre. 29. intensificar sus olores y hacer más deliciosa la cálida fragancia de los alimentos: pretendía preparar una dulce cárcel que reforzara los primitivos lazos familiares y conseguir que el resplandor de los rostros humanos familiares fuera tan bienvenido como el de la estrella diurna ahora oculta. y el resto del coro de la iglesia: temblaba sobrecogida cuando sus villancicos la sacaban del sueño. La nieve cubría los campos y las orillas del río en ondulaciones más suaves que el cuerpo de un niño. Se habían oído cánticos bajo las ventanas pasada la media noche: a Maggie siempre le parecían cantos sobrenaturales. algún olvidado cuadrúpedo se alzaba como petrificado «en erguida tristeza»15. se recortaba nítidamente sobre los tejados y hacía destacar su color rojo oscuro con tonos más profundos. los rostros del tío y la tía Moss y sus ocho 15 Alusión a The Task. entretejido con mis alegrías. se depositaba pesadamente sobre los laureles y abetos hasta que caía con un estremecimiento. en realidad. a la hora del desayuno se olió el aroma a tostadas con cerveza. Con todo. prefiero el saúco porque evoca algún recuerdo antiguo: no es una novedad que se dirige a mi sensibilidad actual por ciertas formas y colores. porque los cielos eran una única nube pálida: no había más sonido o movimiento que el del oscuro río que fluía y gemía como una pena inconsolable. donde los rostros humanos no poseían un brillo solar. en las casas donde el fuego no era muy cálido y donde la comida poseía escasa fragancia. y. el anciano de barbas nevadas y rostro rubicundo cumplió generosamente con su deber y depositó ricos regalos de calidez y color que contrastaban con la escarcha y la nieve.

-¿Nuevo? Sí. el buen señor Moss hacía ímprobos esfuerzos para mantener los ojos abiertos a pesar del sopor que una comida inusualmente buena provocaba en su cansado cuerpo. no había conseguido nada y. desde un punto de vista legal. Sé perfectamente quién está detrás de todo esto: Wakem respalda e incita a Pivart. lo escuchaba e intervenía en cuanto sus ocupaciones maternales se lo permitían. La señora Moss. a la luz de la intensidad de su indignación contra Pivart. el nombre de Pivart es nuevo por aquí. llegado el relajamiento de los postres. cosa que (basándose en el principio de que el agua era el agua) era. la Navidad fue como siempre había sido desde que a Tom le alcanzaba la memoria. las nueces marrones y el cristalino contraste entre la jalea de manzana y el dulce de ciruela damascena: en todas estas cosas. era un débil ayudante del viejo Pero Botero en comparación con Pivart: el arbitraje había hecho que Dix se comportara con sensatez y el asesoramiento de Wakem no lo había llevado muy lejos: no. que también tenía un molino en el río. si es que las leyes son capaces de hacer justicia. pero sí sé a qué lo obligaré con sus acequias y sus riegadíos. Pero a Tom no le gustaban las riñas que no podían zanjarse al instante con una pelea justa contra un adversario fácil de zurrar.Librodot El molino de Floss George Eliot 90 hijos reflejaron el fuego de la chimenea del salón como otros tantos espejos. aunque siempre respaldaba a su padre en las disputas y compartía sus ofensas. el postre fue tan espléndido como de costumbre. «na sabía de molinos» y sólo podía asentir ante los argumentos del señor Tulliver en calidad de pariente y de deudor. ni en la tuya. a lo sumo. Aquel día no tenía otro público masculino que el señor Moss. hermano. sería o llegaría a ser lesiva para los derechos legítimos del señor Tulliver a explotar la energía hidráulica. -No sé a qué me veré obligado. y Tom. El molino de Dorlcote lleva en nuestra familia más de cien anos y nunca nadie ha oído hablar de que un tal Pivart se mezclara en los asuntos del río. hasta que llegó este individuo y compró la granja de Bincome antes de que nadie se diera cuenta. como si lo hubieran arrancado heroicamente del fuego del averno. La atención que en otras circunstancias Tom habría concentrado en el vino y las nueces se distrajo con la sensación de que en el mundo uno tenía enemigos muy pillos y que los asuntos de los adultos difícilmente podían llevarse sin grandes altercados. sólo se distinguió. Sé que Wakem le dice que la ley no puede hacer nada contra él: pero Wakem no es el único en manejar la ley. -Espero que no te veas obligado a ir a los tribunales. aunque nunca le había pasado por la cabeza que su padre pudiera estar equivocado. pero no se sentía así el señor Tulliver. pero Tulliver no hablaba con la fútil intención de convencer a su audiencia. ¿cómo es posible si no que perdiera el pleito de Brumley? 90 Librodot . Hace falta un buen granuja para ganarlo. el cual poseía tierras curso arriba del Ripple y había empezado a tomar medidas para regarlas. Las Navidades eran alegres. ¿verdad? -preguntó-. claro que es un apellido nuevo -afirmó el señor Tulliver con enfado-. esta vez participaba de los sentimientos que oprimían a Maggie cuando. el señor Tulliver narró sus problemas en tono cada vez más alto e irritado. porque aquel año se divirtieron más con el trineo y las bolas de nieve. el señor Tulliver consideraba que Dix. alzando el vaso con la sensación de que había definido su decisión con toda nitidez. el cual. antes de que me casara. porque. -Caramba. más sensible al tema e interesada en cualquier cosa que afectara a su hermano. No era propietario en época de nuestro padre. el budín de ciruelas fue tan redondo y hermoso como siempre y apareció envuelto en las simbólicas llamas azules. hermano -aventuró la señora Moss con cierta inquietud. ¡Pero ya me encargaré yo de pivarlo! añadió el señor Tulliver. con sus naranjas doradas. Estaba furioso y desafiante. La encarnación concreta del principio maligno que ahora provocaba la decidida resistencia de Tulliver era el señor Pivart. su desprecio hacia un adversario confundido como Dix empezaba a parecer una relación amistosa. donde lo habían arrojado los puritanos dispépticos. pero los hay que saben más que él. y la conversación irritada de su padre lo incomodaba. tal como declaró. sino para desahogarse: mientras tanto. Dix.

a pesar de ser el miembro más débil de la familia Dodson. Cuando hablaba con la señora Moss siempre se refería a «tu hermano» o. alisándose el vestido con las manos-. -Deseo y ruego que no vaya a los tribunales -dijo la señora Moss-. Si bien cuando trataba con sus hermanas se situaba a la defensiva. porque nunca se sabe cómo acaban estas cosas. la convicción de que la nena tendría buenas razones para llorar. -Así es tu hermano. -Si hablamos de hacer lo que gusta al marido -replicó la señora Tulliver. ya he visto cómo actúan los ricos que hay en mi familia. no hace falta que me lo digáis -anunció a continuación con tono belicoso. dentro de poco pondré a Tom a estudiar esas cosas y ya veremos qué pasa. no se puede coger con una horca. y si tienes un molino. La afable señora Tulliver. Supongo que este señor Pivart es un hombre rico. imitando pálidamente a su hermana Glegg-. además de ser pobre y tender a «colgar» de su hermano. y no sirve de nada decirme que los riegadíos de Pivart y esas tonterías no me van a parar la rueda: sé muy bien lo que es del agua. como si nada pudiera aplacar el agravio. y mis hermanas m'echan la culpa. como si la pobre Gritty insistiera en destacar la capacidad del abogado-. poseía la bondadosa docilidad propia de una mujer grande. -Bueno -objetó la señora Moss-: me parece que no me gustaría que mi marido no tuviera cabeza y yo tuviera que pensar por él. pacífica. sin embargo. no sólo para su marido y sus numerosos hijos. Y el agua es un tema muy especial. -Gore no es tonto. una versión suavizada de aquel espíritu sin el cual difícilmente podría haber sido al mismo tiempo una Dodson y una mujer. Y no siempre gana quien tiene razón. -En fin. que era una niña de ideas muy claras. expresó al instante sus sentimientos con un grito penetrante que no se calmó ni cuando le devolvieron el sonajero. si se mira sin tapujos. que la acompañaba. por lo menos. Con el agua. un río es un río. fuera vivamente consciente de su superioridad sobre la hermana de su esposo que. Pero algunas veces pienso que me van a volver loca con estas historias de abogados y riegadíos. sino también para una serie de parientes colaterales. señora Moss: nunca vi nada parecido antes de casarme -contestó la señora Tulliver con un reproche implícito. Pero si eso dicen sus ingenieros. ya que mis hermanas tienen maridos que pueden permitirse hacer todo lo que quieren -dijo la señora Tulliver. era natural que. no comprendían a la niña. porque no saben lo que es estar casada con un hombre como tu hermano. tienes que tener agua para que le dé vueltas.Librodot El molino de Floss George Eliot 91 El señor Tulliver era un hombre absolutamente honrado y se enorgullecía de serlo. poseía. ésta. Tras aplacar unos aullidos plenamente justificados. Tom miró a su alrededor con cierta inquietud al oír este anuncio sobre su futuro y se olvidó de agitar el sonajero que entretenía a la pequeña de los Moss. por eso resulta tan complicado para el Diablo y los abogados. Ahora sólo piensa en la 91 Librodot . pero no sabe tanto de leyes como Wakem. que jamás en su vida había mostrado enfado por nada. Es mucho más fácil hacer lo que gusta al marido que dar vueltas y vueltas pensando en lo que hay que hacer. lo hacía cuando la actitud de éste no merecía toda su admiración. La ley era una especie de pelea de gallos en la que la honradez atropellada debía conseguir un animal de pelea con mayor valor y mejores espolones. está muy claro lo que está bien y lo que está mal. pero consideraba que los fines de la justicia sólo podían alcanzarse contratando a un truhán más poderoso que el del contrario. desaliñada y prolífica que albergaba afecto suficiente. La señora Moss se la llevó a toda prisa a otra habitación y expresó a la señora Tulliver. la señora Moss miró a su cuñada y dijo: -Siento ver a mi hermano tan preocupado por eso del agua. ¿cómo iban a saberlo? Mi hermana Pullet hace lo que se l'antoja de la mañana a la noche. ¡Mira que contarme a mí lo que dicen los ingenieros! Es de sentido común que las acequias de Pivart me perjudican. y los ricos casi siempre se salen con la suya. dando a entender que si suponían que lloraba únicamente por el sonajero. estoy segura de que mucho le habría costado a tu hermano encontrar una esposa que lo dejara hacer a su antojo en todo como yo.

pero en ningún caso te metas en pleitos». que consistía en la narración del caso y la exposición de los puntos de vista del señor Tulliver sobre la cuestión en su círculo de conocidos. a finales de enero. por la carretera principal: todos los abogados eran unos sinvergüenzas en mayor o menor medida. orondo. ¡Aquel individuo con tanta labia y nariz ganchudal ¡Fresco como una lechuga Y tan seguro de su juego! Era humillante que el abogado Gore no se le pareciera. y el acaloramiento del señor Tulliver era cada vez más visible. pero el resultado probable no se vislumbraba. de modales blandos y manos gruesas: sería imprudente colocar a aquel gallo de pelea ante Wakem. 92 Librodot . sólo digo: Tulliver. renovado continuamente por la presencia todos los días de mercado de este abogado excesivamente hábil. pero cada vez que llevaba la contraria a su marido éste veía en ella a un representante de la familia Dodson. tomaría un tiempo necesario y. recurrir a algún argumento legal desconocido para Gore. detrás de los regadíos de Pivart: Wakem había intentado hacer que Dix pleiteara por la presa: no cabía duda de que Wakem había conseguido que Tulliver perdiera el pleito por la servidumbre de paso por el camino y el puente. desde un punto de vista imparcial. Pero ni siquiera un argumento directo procedente de esa típica representante de las Dodson aconsejándole que no recurriera a los tribunales podría haberlo predispuesto tan a favor como el mero recuerdo de Wakem. contra este hecho incontrovertible. sino que fuera calvo. Sin duda. y nunca le llevo la contraria. como amargura añadida. el padre que tuvo el mérito o la culpa de romper la espalda de un camello cargado de plumas. igual que la fricción. su actitud podía compararse con la del personaje de aquel proverbio. sin duda los monótonos ruegos de la señora Tulliver pesaban considerablemente. tal vez pudiera contratar al abogado Wylde y tener así a ese admirable matón a su favor y no en contra. pero la sinvergonzonería de Wakem era especialmente grave porque se aplicaba directamente a atropellar el derecho personificado en los intereses y opiniones del señor Tulliver. y entre los diversos impulsos que amenazaban con inclinar al señor Tulliver a «meterse en pleitos». tiende a generar más calor que avance. y sólo llegaría a él mediante acaloradas y repetidas discusiones en su vida social y doméstica. cuando Tom tenía que volver al colegio. y movía la cabeza de un lado a otro mientras los platillos de la balanza oscilaban alternativamente. y por muy seguro que estuviera el señor Tulliver de que el agua era el agua y de que Pivart llevaba todas las de perder en ese asunto de los regadíos.Librodot El molino de Floss George Eliot 92 ley y los riegadíos desde que se levanta hasta que se acuesta. si llegaban a los tribunales. Con todo. aunque. Estaba seguro de que Wakem se encontraba. como cualquier hombre honrado. el agraviado molinero se había visto obligado recientemente. y uno de los principios que guiaban al señor Tulliver era hacerles saber que no podrían dominarlo o -para ser más exactos. lo que había convertido sus tierras en vía para cualquier vagabundo que prefiriera aprovechar la oportunidad de dañar la propiedad privada en lugar de caminar. le hacía amar la justicia punitiva. El señor Tulliver rumiaba sobre estos asuntos tan enredosos durante los trayectos sobre el caballo gris. tal como había sucedido una vez con el del señor Tulliver. y la perspectiva de hacer que un testigo de Wakem sudara confundido. metafóricamente hablando. Y. Gore era un individuo astuto: su debilidad no residía en su escrupulosidad. No hay esposa que no la tenga: siempre puede empujar a su esposo en un sentido o en el contrario. al tomar prestadas quinientas libras. la señora Tulliver no carecía de influencia sobre su marido. hasta tal punto que no podía sostener una pluma más sin daño.que un varón Tulliver valía mucho más que cuatro mujeres Dodson. ni ninguna indicación específica sobre las medidas que se había visto obligado a tomar contra el osado violador del principio que afirmaba que el agua era agua. La repetición. haz lo que quieras. apenas podían detectarse datos nuevos en la declaración de su padre contra Pivart. Como hemos visto. aunque una de ellas fuera la señora Glegg. pero no es lo mismo lanzar guiños significativos que ser capaz de ver a través de una pared de piedra. Aquella fase inicial de la disputa. a entrar en contacto con el despacho de Wakem. recelaba de que Wakem pudiera. la personalidad de la señora Tulliver no confería a sus débiles súplicas el peso de esa pluma definitiva. la culpa fuera del peso que soportaba ya el animal.

Philip era demasiado orgulloso y demasiado tímido para caminar hasta Tom. sacó él paquete. Si no hubiese llevado en una bolsa un paquete de azúcar cande y una pequeña muñeca articulada de madera para Laurita. y. El señor Stelling dio media vuelta y cerró la puerta tras de sí prudentemente: la timidez de los muchachos desaparece con la ausencia de los mayores. de vez en cuando. Los dejo para que vayan conociéndose. Su padre. -Padre -dijo Tom una tarde. hijo -contestó el señor Tulliver-. Tom regresó a sus estudios: el día estaba en consonancia con aquella severa fase de su destino. y no estaba dispuesto a decir: «Hola. Es señal de que Wakem tiene buena opinión del señor Stelling. para íntensificar estos placeres imaginarios. Allí encontrará un buen fuego y a un compañero nuevo. lanzaba miradas furtivas a Philip. Le habría molestado tener como compañero a un chico deforme aunque Philip no hubiera sido hijo de un mal hombre. hizo un agujerito en el papel y mordió un par de cristalitos. para ser más exactos. No le apetecía adelantarse y tenderle la mano. Quítese las prendas de abrigo y entre en el estudio hasta la hora de cenar. Tom sintió una molesta inquietud cuando se quitó la bufanda de lana y demás abrigo. hacia el final de las vacaciones-. -Tulliver. Supongo que ya saben algo el uno del otro. ninguna perspectiva de ilusión habría animado tanta tristeza. porque así habría podido arremeter contra él con la libertad que se deriva de una postura moral superior. lo que tuvo un efecto tan reconfortante en el reducido espacio con olor a humedad situado bajo la capota de la calesa que repitió más de una vez el proceso durante el camino. -Bien. y Wakem es un individuo listo que sabe distinguir el grano de la paja. por ejemplo. En el fondo del corazón. estreche la mano a su nuevo compañero -dijo el caballero al entrar en el estudio-. El tío Glegg dice que el abogado Wakem va a enviar a su hijo con el señor Stelling. Había visto a Philip Wakem en Saint Ogg's.Librodot El molino de Floss George Eliot 93 Si no habían aparecido nuevas pruebas. pero siempre había apartado la mirada tan rápidamente como había podido. Advirtió o. el señor Wakem. Capítulo III El nuevo compañero de estudios Un húmedo y frío día de enero. su deformidad resultaba más notoria. Tom se aproximó al fuego para calentarse y. si le envía su hijo. que Tom tenía aversión a mirarlo: a casi todo el mundo le disgustaba hacerlo. Pero le gustaba pensar que Laura extendería las manitas y avanzaría los labios para recibir trocitos de azúcar cande. Siguió al señor Stelling al estudio sumido en una mezcla de turbación y desafío. por lo menos estaba demostrado que Pivart «estaba compinchado» con Wakem. que 93 Librodot . Tom se sintió confuso y torpe mientras Philip se ponía en pie y le lanzaba una mirada tímida. De modo que no se estrecharon la mano y ni siquiera hablaron. No querrás que estudie con el hijo de Wakem ¿verdad? -No importa. No es cierto eso que decían de que lo mandaban a Francia. No aprendas nada malo de él y Ya está. ¿cómo está usted?» de buenas a primeras. sintió. Tulliver: nos alegramos de volverlo a ver -saludó el señor Stelling efusivamente-. puesto que proceden del mismo lugar. además. Y Tom tenía la sensación de que el hijo de un mal hombre no podía ser muy buena persona. cuando andaba. El muchacho es una pobre criatura deforme y de cara se parece a su madre: yo diría que no ha salido al padre. era un hombre bueno y no habría vacilado en pelear con quien se atreviera a afirmar lo contrario. el señor Tulliver estaba orgulloso de que su hijo disfrutara de los mismos privilegios que el de Wakem: pero Tom no estaba muy de acuerdo: habría preferido que el hijo del abogado no fuera deforme.

caballos y cosas de ésas. Philip era simplemente un jorobado. -Oh. de la que había oído hablar con tanta frecuencia a su padre con acalorado énfasis.. -Sí -contestó Philip con una sonrisa-. Sin embargo. y no le pareció una cara desagradable: era mayor. las cabezas y las patas me salen mal. -¿Seguro que no te han enseñado nada de nada? -preguntó Tom desconcertado. ¿verdad? -preguntó Tom. -¡Ah! Pero bueno.Librodot El molino de Floss George Eliot 94 parecía absorto en el dibujo de un objeto tras otro en el trozo de papel que tenía delante. no me quita el sueño. avanzó por delante del hogar y miró hacia el papel de Philip. dibujaba sin gran dificultad. Lo que te salga mal una vez. desconcertado-. y un perro. al no ser capaz de luchar abiertamente. pensaba en qué podría decir a Tom e intentaba vencer la repugnancia a dar el primer paso. y perdices en un trigal! exclamó. Tenía una vaga idea de que la deformidad del hijo de Wakem guardaba alguna relación con la sinvergonzonería del abogado. no te gustará el latín. y sentía también cierto temor de que fuera un individuo resentido que. -Bueno. claro que sí! -contestó Philip-. me pregunto si podré aprender a pintar perros y burros. Había vuelto a sentarse y. sin embargo. Aquel Wakem era un sujeto pálido y raquítico y resultaba evidente que no sería capaz de jugar a nada digno de mención. seguro que podría dibujar perros y caballos si lo intentara de nuevo -añadió. -¿Nadie te ha enseñado? -preguntó Tom.. De repente. Tom empezó a mirar cada vez más y durante más tiempo el rostro de Philip. pero no se podía esperar de Tom la capacidad de distinguir semejante cosa: para él. 94 Librodot . ¡Atiza! ¡Me encantaría dibujar así! Voy a aprender a dibujar este semestre. de modo que Tom no carecía de modelo por el que guiarse. ventanas en el tejado y cosas de esas. Sé dibujar casas y todo tipo de chimeneas: de las que están pegadas a la pared. los chicos más preocupados por el bien común corrían tras él abucheándolo con el mero pretexto de sus cualidades morales insatisfactorias. y se preguntó cuántos años tendría más que él. En el vecindario de la academia del señor Jacobs había un sastre jorobado al que se consideraba un personaje desagradable. aunque sé muy bien cómo deberían ser.. A mí nadie me ha enseñado. Me han dado clases de latín. -¡Oh. empleara modos encubiertos para hacer daño. por lo que parecía. tal vez sucediera algo -«una pelea o algo»-. sino resultado de un accidente en la infancia. el rostro de aquel chico triste no podía ser más distinto que el del feo sastre.. pues la admiración le había soltado la lengua-. Un experto en anatomía -o incluso bastaría un fisonomista. porque podía examinarlo sin ver la joroba. y Tom pensó que le gustaría dejar bien claro a Philip que ni se le ocurriera gastarle bromas maliciosas. lo cambias a la siguiente. Pensaba que habías ido al colegio durante mucho tiempo. puedes dibujarlos sin aprender -contestó Philip-. ¿Qué estaría retratando? Tom había entrado ya en calor y deseaba que sucediera algo nuevo.habría reparado en que la deformidad de la columna de Philip no era congénita. De todos modos. Sin duda. mientras dibujaba. empezando a sospechar que la jorobada espalda de Philip bien podría ser origen de unas facultades notables-. manejaba el lápiz de modo envidiable y. bajando la voz y adoptando un tono confidencial. caligrafía y esas cosas. ¡Vaya! Cuando pinto perros. Sólo tienes que mirar bien las cosas y dibujarlas una y otra vez. Es muy fácil. si bien Tom consideró lastimoso que el cabello castaño que lo enmarcaba se ondulara y rizara en las puntas como el de una muchacha. resultaba más agradable tener como compañero a un jorobado malhumorado que mirar la lluvia por la ventana y dar patadas al zócalo de madera en total soledad. griego y matemáticas. -¡Caramba! ¡Si eso es un burro con serones. pensando que Philip podría suponer erróneamente que se daba por vencido si se mostraba demasiado sincero en relación con la imperfección de sus logros.

¿tú quieres a tu padre? -Sí -contestó Philip. apoyado en ambos codos. -¡Oh. en lo que al latín respectaba. Y en la Odisea.. Me gusta mucho la historia de Grecia y todo lo relacionado con los griegos. a Philip no le faltaban deseos de impresionar con su superioridad intelectual a aquel bárbaro bien formado.) -¡Vaya! ¿Los griegos fueron grandes guerreros? -preguntó Tom. -¿Y a ti no te fastidia? -preguntó Tom. Mi padre quiere que me dedique a otras cosas. -No. que es un bonito poema. -¡Caramba! ¿Crees que sir John Crake. -Ya he dado toda la gramática. que con frecuencia había pensado que le gustaría parecerse a sir John Crake. pero quizá pueda ayudarte. o que me escuchara todo el mundo por mi sabiduría.. -No. lector. sale un gigante mejor que Goliat: se llamaba Polifemo. me da igual! -contestó Philip. No perdona ni una letra. si puedo. Tom no le agradeció el ofrecimiento porque estaba absorto pensando que el hijo de Wakem no parecía tan malo como podía esperarse. -No sé por qué hay que estudiar latín -dijo Tom-. pero su extrema sensibilidad y su deseo de llevarse bien hacían de él un chico educado. como si dijera: «Ése es el punto crítico: es fácil hablar hasta que se llega allí». -¡Oh. ¿no lo sabías? Te lo hace repetir diez veces si te equivocas y dices una cosa por otra. Todos los caballeros aprenden las mismas cosas. ya no tengo que estudiarla -contestó discretamente. sonrojándose intensamente-. lo estudió cuando era pequeño -contestó Philip-Aunque supongo que lo ha olvidado. incapaz de retener una carcajada-. Y algunas lecciones me gustan mucho. sabe latín? -preguntó Tom. puedo hacer lo mismo -afirmó Tom sin ninguna intención epigramática y seriamente satisfecho ante la idea de que. No sabía qué pensar sobre el hijo del abogado Wakem y se le había ocurrido que si Philip no quería a su padre eso le ayudaría a resolver su perplejidad. Me habría gustado ser griego y luchar contra los persas. me gusta saber lo que saben los demás. tenía un solo ojo en 95 Librodot . -Oye -preguntó-. Uno sólo lo tiene que recordar mientras está en el colegio. -Entonces. que había dejado el lápiz y descansaba la cabeza en una mano mientras Tom se inclinaba hacia delante. o la de Sansón? Son los únicos trozos que me gustan de la historia de los judíos. -Sí -contestó Philip. de modo que contuvo el deseo de reír. Recuerdo las cosas con facilidad. ¿Tienen alguna historia como la de David y Goliat. -No -contestó Philip-. -Oh. éste no sería un obstáculo en su semejanza con sir John Crake-. y contemplaba con creciente admiración el perro y el burro.. el dueño de los lebreles. Philip sintió cierta amarga complacencia ante la previsible estupidez de aquel niño bien formado de aspecto activo. -Forma parte de la educación de un caballero -contestó Philip-. -Naturalmente. seguro que no estudias las mismas lecciones que yo -contestó Tom algo decepcionado. El señor Stelling es muy maniático. al que la noticia abría nuevas perspectivas. Y no tardaré en estudiar lo que me gusta. sí. que mataban animales salvajes. (Como bien puedes observar. igual que Sansón. y morir gloriosamente. te lo aseguro. ¿Acaso no quieres tú al tuyo? -Oh.Librodot El molino de Floss George Eliot 95 -Ah. regresar a mi país y escribir tragedias. con gran curiosidad. quizá es porque todavía no has llegado a las Propriae quae maribus -dijo Tom. los griegos tienen muchas historias de ésas: por ejemplo. No sirve para nada. Euclides y cosas de esas? -preguntó Tom. como a Sócrates.. con los héroes de los primeros tiempos. Entonces. meneando la cabeza. igual que tiene que aprender muchos fragmentos del Speaker. -¿Y ahora vas a aprender a dibujar? -preguntó para cambiar de tema. bueno. avergonzado de sí mismo al ver que Philip se había ruborizado y se sentía incómodo. pero quería saberlo -contestó Tom. -¿Cómo el latín. Me encantaría ayudarte.

Oye. -Oh. y Ulises. Philip era su enemigo natural. Y los ganaba a todos jugando al bandy y trepando. le clavó en el ojo una estaca ardiendo y lo hizo bramar como miles de toros. le resultaba imposible no apreciar la compañía de Philip cuando éste se encontraba de buen "¡Deliciosa tarea!. en tanto que hijo de un «bribón». que era un hombre pequeño pero muy listo y astuto. criar el tierno pensamiento / enseñar a germinar a la joven idea». alejándose de un brinco de la mesa y golpeando el suelo con uno y otro pie-. Y. ¿Crees que el señor Stelling me hará estudiar griego? -No. sí! Muchísimas. pero Tom se dijo: eso era exactamente lo que habría debido esperar de un jorobado.. te lo aseguro -contestó Tom. Y me gustaría que el señor Stelling nos dejara ir a pescar. Tom no olvidaba que. Cosas de chicas. incluso tras varias semanas de convivencia escolar. Te puedo contar las de Ricardo Corazón de León y Saladino. Pero en la academia de Jacobs zurraba a todos los demás. ¿sabes? Mi hermana Maggie siempre quiere contarme historias. a su vez. ahí sentados contemplando una caña hora tras hora. Pero puedes leer estas historias sin saber griego. ¿verdad? Sólo tienes quedarte de pie bien quieto. de «La primavera» en Las estaciones de james Thomson (1726-1730). ¿podrías contarme cosas así? Porque yo no voy a aprender griego.. Preferiría que me las contaras tú. -Eres mayor que yo. lo externo se impuso de modo definitivo. sin embargo. Podría enseñarte. dejando de saltar alarmado.. -¡Oh.. ¿cuántos años tienes? Yo tengo quince. en aquel momento los llamaron a cenar y Philip no pudo seguir desarrollando sus inconsistentes puntos de vista sobre la pesca. quería inclinar la balanza a su favor. ¿verdad? -preguntó Tom.. Puedes pescar. que en su vida había pescado nada «grande».. Aquel jorobado no debía dar por hecho que su familiaridad con las historias de combates lo ponía a la altura de un verdadero luchador como Tom Tulliver. -Yo voy a cumplir catorce -dijo Tom-. sabes. Allí estaba antes de venir aquí. No cabía duda de que el hijo de Wakem tenía sus cosas desagradables y debía mantenerlo a raya. Pero sólo las de peleas. Creo que los pescadores parecen tontos. Philip se estremeció ante esta alusión a su incapacidad para los deportes activos. ¿o sí? -añadió. No sólo las de los griegos. -Pero no dirás que parecen idiotas cuando sacan un gran lucio. Tom. Afortunadamente para la armonía de aquella primera conversación. ¿Podrás contarme muchas historias de luchas? -¡Oh. -No me gusta nada pescar -contestó casi irritado-. ¿Los caballeros tienen que aprender griego?. y nunca superó por completo la repulsión que le inspiraba su deformidad: Tom se aferraba tenazmente a las impresiones recibidas: tal como sucede a las personas en las que la simple percepción predomina sobre el pensamiento y la emoción. pero cuya imaginación se esforzaba con entusiasmo en defender el honor del deporte. pero son tonterías. Sé muchísimas. creo que no. o lanzando el sedal una y otra vez para no atrapar nada. Capítulo IV La joven idea16 La alternancia de sentimientos de este primer diálogo entre Tom y Philip se mantuvo en sus relaciones. Robert Bruce y James Douglas. y las de William Wallace. es que no me gusta leer. las tengo en inglés. 16 96 Librodot . no fuera a estar equivocado-. -Bueno. qué divertido! -exclamó Tom. Seguro que no -contestó Philip-.Librodot El molino de Floss George Eliot 96 mitad de la frente.

sería capaz de utilizar el lápiz con cualquier propósito. De modo que se ordenó que Tom recibiera clases de dibujo. de Walter Scott (1828). cada mirada le parecía cargada de piedad ofensiva o de rechazo mal reprimido. sin duda. relampaguearan. Cuando era presa de uno de esos ataques de susceptibilidad. podía haber escogido el señor Stelling como maestro? Gracias a él. montado en el poni negro. puentes rústicos y ruinas con suaves sombras a lápiz que sugerían una naturaleza satinada. por lo cual el atento consejero sugirió que Tom recibiera clases de dibujo. la habilidad autodidacta de Philip para el dibujo constituía otro nexo de unión entre ambos: porque Tom se había encontrado. ante su disgusto. daba gusto a Tom en la medida de sus posibilidades y describía los golpes y la furia de los combates con toda la artillería de epítetos y símiles a su alcance. Aquellos caballeros debían resolver el problema de adaptar la proporción entre sus necesidades y sus rentas. Pero cuando Robert Bruce. Cuando Philip estaba de buenas. y puesto que el interés de Tom por lo pintoresco en el paisaje se encontraba todavía latente. sino arroyos. por lo general tristes y tranquilos. con que su nuevo profesor de dibujo no le daba perros ni burros como modelos. con la que los ingresos carecen de todo vínculo inherente. La torpe actitud protectora que adoptaba el pobre Tom cuando se encontraban en el exterior hacía que algunas veces Philip se volviera con violencia contra el bienintencionado muchacho y que sus ojos. siendo a un tiempo mujer y llevando los ojos vendados. es especialmente responsable. cuyos ingresos -por una lógica confusión de la que la diosa Fortuna. No estimaba mucho a Saladino. que Tom consideraba como una especie de acertijo que sólo se podía resolver gracias a un afortunado azar. Los arrebatos de mal humor o de irritada susceptibilidad que mostró en el primer encuentro eran síntoma de un trastorno recurrente debido en parte a cierta irritabilidad nerviosa y en parte a la amargura que le producía su deformidad. se ponía en pie sobre los estribos y alzaba su hacha de guerra para partir en dos el yelmo y el cráneo del demasiado apresurado caballero en Bannockburn. y otros héroes que Tom tenía en gran aprecio porque la emprendían a mamporros con todos. y podía contarle fantásticas historias de combates sobre Hal del Wynd17. entonces Tom se identificaba plenamente y. ¿y a quién mejor que el señor Goodrich. considerado el más destacado de su profesión en doce millas a la redonda de King's Lorton.Librodot El molino de Floss George Eliot 97 humor: era una gran ayuda para los ejercicios de latín. Al señor Tulliver no debía importarle pagar un poco más: si Tom se convertía en un buen dibujante. Sólo había un modo de hacerlo: todas las ocupaciones bajas en las que los hombres se ven 17 Personaje de La doncella de Perth. no es de extrañar que las producciones del señor Goodrich le parecieran una forma de arte poco interesante. No es de extrañar que Tom se mostrara receloso con el jorobado. Recordará el lector que todo esto sucedía en aquellas épocas oscuras en que no existían academias de dibujo. es bien cierto que existían algunos clérigos de escasa inteligencia y grandes ambiciones. 97 Librodot . parecía más sencillo incrementar los ingresos. debido a su afición por los detalles. Dado que el señor Tulliver tenía la imprecisa intención de que Tom se dedicara a algún trabajo relacionado con el dibujo de planos y mapas. cuando había visto al señor Riley en Mudport se había lamentado de que Tom no estuviera aprendiendo nada de eso. porque ¿a quién se le ocurría partir almohadones? Era una historia tonta y no tenía el menor interés en volver a oírla. y puesto que no es fácil aniquilar las necesidades. aunque sólo fuera de indiferencia pero Philip la sentía como un niño del sur recibe el helado aire de una primavera septentrional. antes de que los maestros de escuela fueran invariablemente hombres de integridad escrupulosa y antes de que los clérigos fueran todos hombres de mente abierta y varia cultura. Tom aprendió a afilar muchísimo el lápiz y a representar un paisaje «en líneas generales». cuya cimitarra podía partir en dos un almohadón en un instante. En aquellos días menos favorecidos. por ejemplo. lo que. lo habría partido de inmediato con el atizador de la chimenea. encontraba tremendamente aburrido.no guardaban proporción con sus necesidades sino con su inteligencia. Pero no siempre estaba contento o de buen humor. si hubiera tenido un coco a mano. No obstante.

desde muy pronto. pero toda madurez tiende a degenerar hacia un estado menos apreciado en el mercado. entre los contemporáneos de Tom cuyos padres enviaban a sus hijos a estudiar con un clérigo y. como el señor Tulliver. si eran algo lerdos. Aquellos hombres excelentes. que se habían visto obligados a escribir durante toda su vida de acuerdo con un sistema fonético improvisado y. el señor Stelling creía firmemente que todos los chicos con alguna capacidad podían aprender la única cosa que debía enseñarse. sólo podían escapar del hijo del pañero Participando en la fundación de un colegio por el que no hubieran pasado todavía los inspectores. El señor Stelling era un hombre saludable y de ancho pecho con el porte de un caballero. pero los caballeros incompetentes también tienen derecho a vivir y. cegato y sordo. debían arriesgarse en lo que respectaba a la conciencia y la competencia del maestro cuya carta circular caía en sus manos Y parecía prometer mucho más de lo que se les habría ocurrido nunca pedir. deseosos de conseguir lo mejor para sus hijos. comparado con muchos otros jóvenes británicos de su época que han tenido que abrirse paso en la vida con algunos fragmentos de conocimientos más o menos relevantes y una ignorancia notoria. no quedaba más remedio que apretar la empulguera e 98 Librodot . Nuestros venerables antecesores acostumbraban a aplicar un ingenioso instrumento llamado empulguera que apretaba y apretaba los pulgares para obtener lo que no existía: partían de la convicción de su existencia. de no ser así. igual que si hubiera nacido con una pierna mas larga que otra. ellas. Y el señor Stelling estaba convencido de que un chico tan tonto para los signos y abstracciones tenía que serlo forzosamente para todo lo demás. Así pues. la constitución mental de Tom tenía la culpa de que sus facultades no pudieran alimentarse con el tipo de conocimiento que el señor Stelling podía transmitirle. cuyo erudito desorden y desinterés recompensaban con trescientas libras por cabeza. Tenían suerte si conocían a algún pañero ambicioso que no hubiera dedicado su hijo a la Iglesia y este joven caballero. Por otra parte. no resultaba muy desafortunado. cuando escogían un colegio o un tutor para sus hijos. si no poseen una fortuna personal. estos padres inocentes. la educación era casi siempre cuestión de suerte -de mala suerte-. habían conseguido tener éxito en los negocios y ganar el dinero suficiente para dar a sus hijos un mejor punto de partida en la vida. no hubiera puesto fin a sus disipaciones estudiantiles mediante un matrimonio imprudente. La disposición con que se toma un taco de billar o una caja de dados es de sobria certeza comparada con la de los padres de otros tiempos. suponiendo que aquel reverendo caballero hubiera podido enseñarle algo más. pasado el tiempo. ¿era culpa suya si no tenían otro recurso que cobrar muy caro un mal trabajo? Además. la cuchara y el tenedor. En aquella época lejana. la convicción de que un chico en edad de crecer necesita carne suficiente y con cierta amabilidad campechana que le hacían desear ver a Tom con buen aspecto y buen apetito: no era hombre de conciencia refinada ni profundo conocimiento de los infinitos asuntos que afectaban a su quehacer cotidiano. a la edad de veinticuatro años. donde dos o tres chicos podían disfrutar para ellos solos de las ventajas de un gran edificio de altos techos. y tampoco andaba muy sobrado de. para cavar en línea recta. de un director desdentado. incluida la devolución de la ropa blanca. sin duda.Librodot El molino de Floss George Eliot 98 obligados a realizar un buen trabajo por un bajo precio estaban prohibidas a los clérigos. Sin embargo. ¿cómo podía esperarse que el señor Stelling supiera que la tarea de educar era delicada y difícil? No tenía de ello mayor idea de la que podría poseer sobre técnicas de excavación un animal con capacidad de taladrar la roca. ¿y qué otra cosa podían hacer que apretar la empulguera? De la misma manera. a pesar de esta desventaja. un método de educación sancionado por la larga práctica de nuestros venerables antecesores no debía ceder ante la excepcional cortedad de un chico que se limitaba a vivir en el presente. advertían su ignorancia. Un chico nacido con una capacidad deficiente para asimilar signos y abstracciones debe sufrir el castigo de esta deficiencia congénita. Tom Tulliver. no era muy competente en su tarea. se contrataba a un profesor maduro. muchos eran menos afortunados que Tom Tulliver. Las facultades del señor Stelling se habían formado. resulta difícil saber cómo podrían sobrevivir dignamente si no se vincularan a la educación o al gobierno.

tal vez porque no era un muchacho abstracto cuya existencia se debiera a la mera necesidad de ilustrar los males de una educación equivocada. 11. Sin embargo. el señor Stelling retrasaba la ejecución de varios briosos proyectos y no abordaba en sus horas libres la edición de la obra griega o cualquier otro trabajo erudito. a Tom le había fastidiado enterarse de que tal vez Héctor y Aquiles no habían existido. se encontraba siempre inspirado por la ginebra y los viejos recuerdos. redactar y escribir sin faltas de ortografía mediante la elaborada aplicación de ideas ininteligibles y repetidos fracasos en su esfuerzo por aprender las cosas de memoria. además. se sentaba a leer alguna de las novelas de Theodore Hook19. Autor de novelas populares e intrascendentes 19 99 Librodot . Horacio. que mediante el complicado proceso necesario para vencer la torpeza de Tom. o tal vez se deba a que estos fornidos caballeros resultan bastante indolentes y su divinae particulam aurae18 está lastrada por un apetito excesivo. Philip era tan listo y estaba tan avanzado en sus estudios que el señor Stelling podía alimentar su reputación con mayor facilidad gracias a su inteligencia. conseguía aparentar ciertos confusos conocimientos sin que ningún interrogatorio revelara que su mente se mantenía al margen de todo aquello. Al parecer. caminaba erguido con aire marcial. mejoró mucho su porte. en leer. puesto que Philip lo ayudaba.Librodot El molino de Floss George Eliot 99 insistir con mayor severidad en los ejercicios y castigar con una página de Virgilio para fomentar y estimular una inclinación demasiado tibia por el verso latino. Los caballeros de amplio pecho y ambiciosas intenciones algunas veces decepcionan a sus amigos y fracasan en su deseo de ascenso social: tal vez los altos logros exijan algún mérito inusual y no baste el inusual deseo de altas recompensas. 2. lo que le daba un aire excepcionalmente brioso. su pulso temblaba por las mañanas. necesitada de escasa ayuda. Su educación consistía. la escuela le parecía mucho más soportable. en la Ilíada no salía ningún cañón y. Con todo. Tras este cambio de circunstancias. en cambio. recordaba que el duque de Wellington había manifestado su estima por aquel buen muchacho llamado Poulter (eso sí. Por un motivo u otro. durante este segundo semestre se relajó un poco la empulguera. llevaba la ropa cuidadosamente cepillada. adquiriendo una educación deslavazada. sino un chico de carne y hueso con aptitudes no del todo a merced de las circunstancias. pero ya no era un individuo formidable. sobre todo a partir de cosas que no se consideraban parte de su formación. Por ejemplo. en la más estricta intimidad. y parte de este logro se debió al señor Poulter. Las tardes en que su memoria estaba más estimulada que de costumbre. y siguió adelante razonablemente satisfecho. Algo encogido. gracias a esta formación se produjo en Tom una mejoría visible. Entre los parroquianos de The Black Swan se decía que en otros tiempos causaba terror en los corazones franceses. el señor Poulter había destacado en Talavera y contribuido en gran medida al terror que aquel regimiento de infantería inspiraba en el enemigo. El mismo cirujano que lo atendió en el hospital cuando recibió una herida de bala quedó profundamente impresionado por la superioridad de la carne del 18 Sátiras. por lo que no podía sospecharse que los recuerdos del señor Poulter sobre la guerra de la Península fueran míticos. en realidad. el maestro del pueblo que debido a su condición de antiguo soldado en la guerra librada en la Península Ibérica fue contratado para la instrucción física de Tom. no fuera a despertar envidias). aunque no por la edad sino debido a la perversidad extrema de los chicos de King's Lorton. fuente de placer para ambos. Con todo. Tom pudo ir pasando por las lecciones con menos rigor y. como un viejo caballo de batalla al oír un tambor. Pero el duque de Wellington estaba vivo y no hacía mucho de la muerte de Bonaparte. que sólo podía soportar con ayuda de la ginebra. cuando acudía a dar clase a Tom. 79. tras encerrarse con llave en su estudio privado con gran decisión. los pantalones sujetos al pie con firmeza y las tardes de los miércoles y los sábados. La instrucción física terminaba siempre con episodios de narrativa bélica mucho más interesantes para Tom que las historias de la Ilíada que le contaba Philip.

Tom corrió a buscar a Philip. ¡No. posado como un amasijo amorfo en la alta banqueta. ¿Le ha cortado la cabeza a algún francés? -¿La cabeza? Y hasta tres hubiera cortado si los franceses las tuvieran. ¡Bum! ¡Zas! -Tom representó la pantomima necesaria para indicar la doble diversión de apretar el gatillo y propinar una estocada. trajo consigo el sable sólo para que Tom lo viera. como podría haber hecho Júpiter ante las demandas demasiado ambiciosas de Semele. sabe mucho de luchas! -dijo Tom-. el señor Poulter callaba piadosamente: le habría gustado que hubieran arrollado a aquel bocazas nada más empezar. el señor Poulter se limitó a negar con la cabeza ante la petición y sonreír con aire de suficiencia. no! -Continuaba el señor Poulter cuando se producía una pausa en la disciplina-. -¡En asoluto! -exclamaba Poulter con desprecio-. digo yo. señor Poulter? ¿Era un gran soldado. Y de cómo se combatía con arcos y flechas y hachas de guerra. -Señor Poulter -decía Tom en cuanto oía mencionar el sable-. que tenía la idea de que todos los héroes militares conmemorados en las enseñas de las tabernas habían luchado contra Bonaparte. después de que un repentino chaparrón retuviera al señor Poulter durante veinte minutos más de lo habitual en The Black Swan. los ojos clavados en la cornisa que tenía enfrente y la boca abierta con los labios hacia delante.Librodot El molino de Floss George Eliot 100 señor Poulter: ninguna otra sanaba con rapidez semejante. No hizo otra cosa que morirse por su herida: no es una gran ación. además. Respecto a temas más personales que la guerra en que había participado. Cualquiera de los mandobles que recibí habría matao a un tipo como el general Wolfe. ¡La cabeza bien alta! -añadía en un tono de mando que encantaba a Tom y lo hacía sentirse como si él solo fuera todo un regimiento-.. -Pero. como correspondía a un caballero inglés-. Me gustan más el fusil y la bayoneta. -¿Y el general Wolfe. que disfrutaba de la tarde de asueto ante el piano del salón. Pero una tarde. sosteniéndola por la empuñadura-.. 100 Librodot . ¡entonces sí que habría podido hablar del sitio de Badajoz Incluso Tom lo irritaba algunas veces con su curiosidad por otros asuntos militares no relacionados directamente con su experiencia personal. deje que vaya a buscar a Philip. verdad? -preguntaba Tom. Le gustará verlo. cediendo involuntariamente al entusiasmo de Tom y desenvainando el sable tan repentinamente que Tom retrocedió de un ágil salto. tosiendo e irguiéndose mientras empezaba a mover la muñeca. sacando canciones de oído y cantándolas después. señor Poulter! Si va a hacer ejercicios con el sable -dijo Tom. -Pues que venga. le enseñaré algo distinto de los arcos y las flechas -dijo el señor Poulter.. -¡Oh. -¿Y esta es la verdadera espada con la que combatió en todas esas batallas. Cualquier otro s’habría muerto con mis heridas. ¿tenía un fusil y una bayoneta? -preguntó Tom-. Es mejor que no me hable del general Wolfe. consciente de que no se había mantenido impasible en su puesto. tal como le había pasado a él. con la cabeza echada hacia atrás.. señor Poulter? -preguntó Tom. -¡Ah! Pero el sable es lo más adecuado cuando se combate cuerpo a cuerpo -contestó el señor Poulter. ¡Me gustaría que trajera el sable e hiciéramos ejercicios! Durante mucho tiempo. Se sentía inmensamente feliz. ¡Ni por asomo!. ¿Y de qué le servirá mirar? -¡Oh. el señor Poulter se mostraba más discreto y se esforzaba en no dar el peso de su autoridad a ideas erróneas relacionadas con la historia militar. entregado en cuerpo y alma a improvisar unas sílabas sobre una melodía de Arne que le había venido a la cabeza. -¡Cómo! ¿Al muchacho jorobado? -exclamó Poulter con desdén-. Cuando alguien pretendía conocer lo ocurrido en el sitio de Badajoz. porque puedes disparar primero al enemigo y atravesarlo después.

Entre tanto.me ha hecho perder la calma. aunque no se hubiera tratado de Poulter. No obstante. el cual resultaba útil en muchos aspectos. tal vez atentas pero sin duda incapaces de apreciar su talento. En cambio. donde encontró al señor Poulter con expresión seria y petrificada. para pedirme que fuera con él. tu padre es un granuja! ¡Todo el mundo lo dice! Tom. estos gestos describen una gran capacidad para las relaciones sociales. que por primera vez había lanzado una flecha envenenada al corazón de Philip. Tuvo que aceptar el agua de colonia y rechazó la creosota sin mayor dificultad. Tom.Librodot El molino de Floss George Eliot 101 -¡Ven. el entrenador. Sonrojándose.. había regresado a la cochera. Philip se estremeció visiblemente y dejó de tocar. constituía una infracción castigada con veinte líneas de Virgilio. en cambio. sin duda. que ha entrado. -¿Qué pasa. pero yo soy hijo de un hombre honrado y. Wakem? ¿A qué se ha debido este ruido? ¿Quién ha dado un portazo? Philip alzó los ojos y se los secó apresuradamente. que probablemente no se encontraba muy lejos. -¡Sirvo para hablar con cualquiera mejor que tú. inflamándose de inmediato bajo el fuego de Philip. la disonancia de los tonos de Tom a través de las notas con las que Philip vibraba en cuerpo y alma habrían bastado para desencadenar su mal genio. Nunca habría hecho nada tan desconsiderado si no se hubiera visto empujado por el orgullo. se ajustaba la cintura y se palpaba los rizos con aire preocupado. ofreciendo inútilmente las perfecciones de sus ejercicios con el sable a las ratas. -Otra vez me duelen las muelas -dijo éste. ¡Ven a ver cómo el viejo Poulter hace ejercicios con el sable en la cochera! La estridencia de esta interrupción. Y Tom. el señor Poulter era él mismo toda una hueste. aunque sabía de sobra que éste no soportaba siquiera la mención de las clases. tres. la señora en cuestión descendía en aquel momento de su dormitorio. admiró el espectáculo desde tan lejos como 101 Librodot . Lo encontró sentado en el taburete. llorando amargamente. cuatro. Philip acogía sus gestos de aproximación de la misma manera que un molusco recibiría las caricias destinadas a convencerlo de que saliera de la concha. dijo con violenta pasión: -¡Vete de aquí. Así había sucedido en otra ocasión. no sin una leve sensación de alarma ante la mirada fija de Poulter y el ávido sable que parecía deseoso de hender algo más que el aire. dos. No advirtió el regreso de Tom. No te quedes ahí bramando la-la-la. doblemente intrigada por el ruido y la interrupción de la música de Philip.¡Sabes que no voy a pegarte porque eres tan débil como una niña. extrañamente osado debido al enfado. imbécil! -exclamó Tom. -Ha sido Tulliver. -¿Y cuál es el problema? -preguntó la señora Stelling. en respuesta a su pregunta. La señora Stelling no era una mujer tierna y cariñosa: mientras se interesaba por el bienestar de los demás se ocupaba de que le cayera bien la falda. Sin embargo. en su prisa por encontrar algo que decir para evitar que el señor Poulter pensara que tenía miedo del sable cuando se había apartado de un brinco. Philip no era su pupilo favorito: era menos servicial que Tom. Philip! -exclamó Tom entrando precipitadamente-. pero éste nunca lo había atacado con armas verbales que comprendiera tan bien. pero no para el amor y sólo éste podría sacar a Philip de su reserva. es decir. cerrar las puertas de golpe cerca de la señora Stelling. su padre pagaba más que el señor Tulliver y la señora Stelling quería que se convencieran de que se comportaba con él extraordinariamente bien. idiota! ¡No me vengas con esos berridos: sólo sirves para hablar con las bestias de tiro! No era la primera vez que Tom irritaba a Philip. De hecho.. y Philip se alegraba de haberse acordado a tiempo: era como una inspiración que le permitía justificar las lágrimas. se admiraba más de lo que lo habría hecho todo un ejército de espectadores. ya que estaba demasiado absorto en asestar tajos y mandobles -con solemnidad: uno. salió de la habitación dando un portazo.y Tom. se había entusiasmado con la idea de ir a buscar a Philip.

antes de que la enviaran a un internado con su prima Lucy. embolsándose provisionalmente la corona mientras planteaba esa nueva duda. efectivamente. ¡Mire! -insistió Tom. se imaginan soldados. lo escondió en el armario. como otros espectáculos dramáticos. le aseguro que no. señor Tulliver -dijo-: si acepto la moneda es para asegurarme de que no hará nada malo con el sable. habría sido más manejable si fuera más ligero. déjemelo. -¡Oh. tras algunas dudas. ya lo sabe. lector. -Oh. disponiéndose a marchar-. aunque entregado a una vocación civil que exige un aspecto más anodino que formidable. pero podré rendir armas y todo eso. iría a verlo la semana siguiente. el señor Poulter se convenció de que había actuado con cuidadosa escrupulosidad. pero no desdeñaba emplear una pequeña estratagema por una causa justa. -Bueno -dijo el señor Poulter con aire más grave todavía-. -Y veamos ahora si puede desenvainarlo sin hacerse daño. El jovenzuelo calculó el efecto causado con tanta exactitud como si fuera un filósofo. Si consideras.Librodot El molino de Floss George Eliot 102 pudo. señor Poulter --contestó Tom. debes de ser un hombre muy sabio que. Deberá mantenerlo guardao. Tras repetir varias veces el proceso. La guerra. se llevó el sable a su habitación donde. -Señor Poulter -rogó Tom cuando por fin éste envainó el sable-. tal vez desaparecería si careciera de público. Tom no sintió todo el encanto del ejercicio y deseó que lo repitiera. Cabe preguntarse si nuestros soldados seguirían existiendo si no hubiera personas pacíficas que. en su opinión. L’aseguro que no pienso dejárselo -contestó el señor Poulter. no. ¿Qué me diría el señor Stelling? -¡Por favor. Hasta que el señor Poulter se detuvo y se secó el sudor de la frente. señor Poulter! Si me permite que lo tenga durante una semana le daré una moneda de cinco chelines. De manera que. tendiéndole encantado la moneda de una corona y tomando el sable que. Y Maggie. me gustaría que me dejara el sable durante unos días. Tendré cuidado y no me haré daño. con una mezcla de triunfo y temor a encontrarse con el señor o la señora Stelling. Sólo Maggie era lo bastante tonta como para creérselo. La antipatía natural de sus temperamentos facilitaba el paso del resentimiento al odio y en Philip parecía haber empezado la transición: no era de carácter 102 Librodot . sí! Lo guardaré bajo la cama -dijo Tom con entusiasmo. -¿Y si el señor Stelling lo sorprende mientras lo mete en la casa? -preguntó el señor Poulter. los sábados por la tarde siempre está en su estudio del piso de arriba -contestó Tom. al que no gustaba actuar a escondidas. que un niño de trece años no debería comportarse de modo tan infantil. Podría cometer con él alguna travesura. tendiéndole la atractiva moneda de plata. -Bien. -No. No lo desenvainaré mucho. Capítulo V La segunda visita de Maggie La brecha entre los dos chicos tardó en cerrarse y durante un tiempo no se hablaron mas de lo necesario. y sólo se atrevía a contárselo a ella.o bien en el fondo del baúl. detrás de la ropa colgada. moviendo la cabeza con firmeza-. desde que te creció la barba nunca has posado con actitud marcial y ceñuda ante un espejo. -Desde luego. Aquella noche se durmió pensando en que sorprendería a Maggie cuando fuera de visita: se lo ataría a la cintura con la bufanda roja y la convencería de que era suyo e iba a ser soldado. -No. caballero -contestó el señor Poulter. desde su casa. -No. no.

se dedicaba a dos volúmenes con una expresión de diligencia satisfecha que despertó la curiosidad de Maggie: no parecía que estuviera estudiando una lección. el malvado abogado que tanto hacía enfadar a su padre. pero con frecuencia deseaba que valorara más su cariño. y le gustaba mimar a quienes apreciaban sus atenciones. sin embargo. Quería mucho a Tom. pero había herido a Philip en su punto más débil y le había causado un daño tan agudo como si hubiera estudiado el medio con la mayor precisión y la maldad más venenosa. alejándose a toda prisa. como ella. aunque nunca le había dicho que su padre fuera un granuja. 103 Librodot . ya que Philip lo había ofendido e insultado. Maggie? Tengo algo que hacer arriba. Además. Se comportaban con la corrección necesaria para que el señor Stelling. que habría aplastado enérgicamente esas tonterías. como un católico estricto pero impaciente repitiendo una retahíla de padrenuestros. tenía derecho a decirlo. en el otro extremo de la sala. ésta no pudo dejar de examinar con gran interés al nuevo compañero de estudios. comportándose como si no hubiera sucedido nada. además. aunque fuera el hijo de Wakem. Se preguntó por qué los ojos de Maggie le recordaban esos cuentos de princesas convertidas en animales. Y. En una ocasión. Pensó que la hermanita de Tulliver parecía una niña agradable. No obstante. además. Tom le había escrito que Philip sabía innumerables historias -pero no historias tontas. ¿no? -Uf. pero su susceptibilidad lo hacía propenso a sentir repulsiones intensas. porque es verdad. Maggie sentía cierta ternura por las cosas deformes. Philip levantó la vista de su libro en dirección a la chimenea y sus ojos se cruzaron con unos ojos negros e interrogantes clavados en él. ¿puedes quedarte aquí un momento. prefería los corderitos con el cuello torcido porque le parecía que a los fuertes y bien hechos no les importaban las caricias. Y yo tenía toda la razón al decírselo. cuando tuvieran oportunidad de hablarse. -Creo que Philip Wakem parece un chico agradable..y. porque. basándonos en la autoridad de un gran clásico. Cuando llegó Maggie.que su expresión en palabras no marcaba ningún hito para él. A ti te gusta. él también considerara que ella era lista. movía los labios de modo inaudible. Él no ha escogido a su padre. y Tom era un muchacho perfectamente bovino que atacaba con ingenuidad bovina. Tom -comentó cuando salieron juntos del estudio al jardín mientras esperaban la comida-. Unas semanas antes. es un chico raro -respondió Tom bruscamente-. Y si Philip es bueno. Maggie llegó durante las horas de clase y permaneció sentada mientras Philip estudiaba las lecciones con el señor Stelling. Oye. esa idea había estado tan presente en la relación con su turbio compañero de estudios -el cual no le gustaba ni disgustaba. Maggie estaba sentada en un escabel. tras observarlo. ya te lo contaré todo más tarde. se convenció de que tenía que ser un chico muy listo: esperaba que. Podríamos aventurarnos a afirmar. al ver que sus avances hacia la concordia no obtenían respuesta. mientras Philip.Librodot El molino de Floss George Eliot 103 perverso. inclinado sobre su gramática latina. -No. pero ahora no -dijo Tom. Tom no veía motivo para que no superaran esa pelea como tantas otras. -¿Y no puedo subir? -preguntó Maggie. que en el primer día de reencuentro con Tom no quería separarse ni de su sombra. adoptó de nuevo una actitud menos favorable hacia Philip y decidió no volverle a pedir ayuda para dibujar o realizar los ejercicios. Tom. no como su hermano: le habría gustado tener una hermana pequeña.. Después de comer los chicos se dedicaron a sus libros en el estudio y prepararon las lecciones del día siguiente para tener libre el resto de la tarde en honor a la llegada de Maggie. Y está muy enfadado conmigo porque le dije que su padre era un granuja. empezó él insultándome. situado en ángulo recto respecto a ambos chicos y los contemplaba alternativamente. ¿sabes? Y he leído casos de hombres muy malos que tuvieron hijos buenos y de padres buenos que tuvieron hijos malos. Probablemente se debía a que eran ojos llenos de una inteligencia insatisfecha y un insatisfecho e implorante deseo de afecto. creo que deberíamos compadecernos más todavía de él porque su padre no sea bueno. no advirtiera su enemistad. que el buey no acostumbra a utilizar los dientes como instrumentos de ataque.

No debes gritar. pero acto seguido la niña se echó a reír con una palmada. cerrando los libros y apartándolos con la energía y decisión de un maestro en el arte de «terminar el trabajo»-. Aquella mente frívola necesitaba un estímulo más poderoso para advertir cosas terribles. había tenido que apelar al infalible recurso de un trozo de corcho quemado y se había pintado unas cejas negras que se unían satisfactoriamente sobre la nariz. Tápate la cara y que no se te ocurra mirar a hurtadillas. tonta -insistió Tom-. sumado al tremendo ceño y la decisión con que sostenía el sable con la punta apoyada en el suelo bastaban para trasmitir una idea aproximada de su fiero y sanguinario talante. encogiéndose en el rincón opuesto de la habitación-. no. -Claro que no miraré a hurtadillas -dijo Maggie con desdén: enterró la cabeza en la almohada como una persona de palabra. Tom! Estás igual que Barba Azul en aquella obra de teatro. Ya estoy listo. ¿Vas a gastarme una broma? -No. Ya te diré cuándo puedes darte la vuelta. Ven arriba conmigo. y enlazados de este modo subieron las escaleras. Recordaba la anterior visita de Tom al piso de arriba y empezaba a sospechar algo-. -Maggie: no debes contárselo a nadie -advirtió Tom-: si lo haces. Le pasó un brazo por el cuello y ella le rodeó la cintura con el suyo. por mucho que frunciera el ceño delante del espejo (en una ocasión. ¡Voy a gritar! ¡Te lo aseguro! ¡Ojalá no hubiera subido! 104 Librodot . hasta que Tom la llamó: -¡Mira ahora. -¿Para qué? -preguntó Maggie cuando cerraron la puerta a sus espaldas. -¡Oh. Durante un momento Maggie pareció desconcertada y Tom disfrutó intensamente de aquellos instantes. Maggie! Tan sólo una larga reflexión y una estudiada disposición de los efectos podía haber permitido a Tom presentar una imagen tan sorprendente ante Maggie cuando ésta alzó los ojos. -¿Está vivo? -preguntó Maggie. desenvainó cuidadosamente el sable y lo extendió hacia Maggie. -¡Oh.Librodot El molino de Floss George Eliot 104 -Oye. entró en el reducido espacio y casi cerró la puerta tras él. acompañadas de una barbilla emborronada con menor precisión. Es algo que te gustará mucho. Parecía evidente que la presencia del sable no le había provocado temor alguno: estaba enfundado. ya que en aquella postura tan propicia a las ensoñaciones no tardó en olvidar dónde estaba y sus pensamientos derivaron hacia aquel pobre chico deforme y tan inteligente. y Tom se preparó para dar el golpe maestro. Maggie -dijo Tom en el tono más persuasivo que pudo-. Vete al rincón y tápate la cara mientras lo busco añadió. no voy a decírtelo -dijo él-. gritaré -anunció Maggie. Frunciendo el ceño con más empeño que efecto. adoptando un aire muy serio. por favor! ¡No hagas eso! -exclamó Maggie en tono de temor contenido. -Oye. Se había atado un pañuelo rojo sobre la gorra a modo de turbante y llevaba la bufanda roja cruzada sobre el pecho como una banda: tanto color rojo. pensando que tal vez Tom guardara un hurón a escondidas. si me asustas. Tom miró a su alrededor con aire receloso mientras se dirigía hacia el armario. Disgustado con el aspecto pacífico de un rostro en el que apenas se insinuaban unas cejas rubísimas sobre unos afables ojos de color gris azulado y unas mejillas redondas y sonrosadas que se negaban a adoptar un aspecto formidable. y Tom había intentado conseguirlo por todos los medios). Tom. -No te asustarás. Maggie -dijo Tom finalmente. Philip le había hablado de un hombre con el ceño en forma de herradura. -Oh. me castigarán con cincuenta líneas. mientras cerraba a su espalda la puerta del dormitorio-. Maggie mantuvo la cabeza enterrada sin ayuda de ningún principio.

Dejó la vaina en el suelo lentamente. situado en aquel mismo piso. sentada a la cabecera de la cama. ¿Voy a quedarme cojo?». Tom se había desmayado y Maggie lo sacudía sujetándolo por la solapa de la chaqueta. tal como sin duda era de esperar en el duque de Wellington. claro que no! -contestó el señor Stelling-. Tres -dijo ya mas lentamente.y no osó preguntar al médico ni al señor Stelling: «Señor. Encontró a los dos niños en el suelo. En cambio. El señor Stelling. ¡La pobrecita creía que había muerto y lo sacudía como si con ello pudiera resucitarlo! Al minuto siguiente sollozaba de alegría porque Tom había abierto los ojos: todavía no le entristecía que se hubiera herido en el pie. lloraba de verlo llorar. Maggie soltó un grito agudo. aunque en el «dos» le temblaba ya un poco el pulso-. que no tenía la menor idea de lo que pensaba su hermano. El sable había caído con el filo sobre el pie de Tom: a los pocos instantes. aunque éste sólo estuviera integrado por Maggie. Capítulo VI Una escena de amor El pobre Tom soportó el agudo dolor con heroísmo y se mantuvo firme en la decisión de no «chivarse» del señor Poulter mas de lo imprescindible: la existencia de la moneda de cinco chelines permaneció en secreto. lo atenazaba un temor terrible -tan terrible que ni siquiera se atrevía a formular la pregunta que podría obtener un «sí» fatal. Ésta. aplicó todas sus fuerzas a una demostración de cómo asestaba tajos y mandobles. Ni al médico ni al señor Stelling se les había ocurrido prever el temor de Tom y tranquilizarlo con palabras de esperanza. y Maggie. los niños lloraron juntos con las cabezas recostadas sobre la misma almohada. ¡Vas hacerte daño! ¡Te vas a cortar la cabeza! -Uno. tan feliz se sentía de que estuviera vivo. dos -dijo Tom con decisión. temblorosa y con los ojos llenos de lágrimas. Sin embargo. subió a la cama como último recurso para ensanchar el espacio que los separaba. ¿puedo ir a decírselo? 105 Librodot . procedente de su estudio. sin dejar de apuntar a Maggie con el sable. Sólo cojeará una temporada. -Entonces. -¡Tom: no quiero verlo! ¡Voy a gritar! -exclamó Maggie en cuanto se movió el sable-. señor. gritando. como el hijo del carretero. con los ojos despavoridos. incluso para Maggie. feliz por ejecutar su representación militar en público. Tom también caía. -¿Y cree que se lo ha dicho a Tulliver? -No. Se dominó para no llorar de dolor. -Disculpe. ¿el doctor Askern ha dicho que Tulliver se quedaría cojo? -¡Oh. y entonces el sable describió un giro hacia el suelo. fue el primero en entrar.Librodot El molino de Floss George Eliot 105 Las comisuras de los labios de Tom mostraron cierta tendencia a una sonrisa de satisfacción que éste contuvo de inmediato por impropia de la severidad de un gran soldado. para que no hiciera demasiado ruido: -¡Soy el duque de Wellington! ¡Marchen! -anunció con aire muy serio mientras daba un paso al frente con la pierna derecha un poco flexionada. Tom. Maggie saltó de la cama sin dejar de gritar e inmediatamente se oyó el rumor de pasos presurosos hacia la habitación. pero después de que le curaran el pie y lo dejaran solo con Maggie. Philip vio salir al médico de la casa y abordó al señor Stelling para formularle la misma pregunta que Tom no se había atrevido a hacer. Tom se veía caminando con muletas. no se le ha comunicado nada sobre esta cuestión.

sino que se veían arrastrados hacia una corriente compartida de sufrimiento y triste privación. el cojo del que os hablé ayer -contestó. como sucede cuando nos llega una alegría repentina. Un día. sintiéndose ahora muy valiente-. tendiéndole una mano pequeña y delicada que Tom asió de inmediato con sus recios dedos. la primera idea de Philip fue: «¿Tulliver se quedará cojo? Sería terrible para él». Philip sintió que ya no se repelían. sin pretender hacer nada en particular porque no tardaría en subir a ver a Tom. No se hubiera hecho daño en el pie de haber llevado un zapato de hierro. se inquietó entonces por una posibilidad que. naturalmente: ahora que lo menciona. A partir de entonces. en su opinión. -No seas boba. porque eran ya buenos amigos y se sentían a gusto el uno con el otro. pero insistía con firmeza en el hecho de que aquellos grandes guerreros que llevaban a cabo tantas cosas maravillosas y salían ilesos iban vestidos de pies a cabeza con excelentes armaduras que. En cuanto se enteró del accidente. apoyando la cabeza en la mano y mirándola. A Tom le gustaban las historias de peleas tanto como antes. Gritar de dolor es de cobardes. tras pasear ociosa por la habitación. sino que ilustraba con nitidez el probable estado de ánimo de Tom: sólo había vivido catorce años. -El doctor Askern dice que pronto estarás bien. hasta el momento. En cuanto a Maggie. pero no haga ruido. como si no le importara en absoluto la interrupción. Tulliver -dijo Philip. éste y Maggie se encontraban solos en el estudio mientras cambiaban a Tom el vendaje del pie. después exhaló un largo suspiro y volvió los ojos de color azul grisáceo para mirar francamente a Philip a la cara. Acabo de preguntárselo al señor Stelling y dice que dentro de poco andarás como siempre. Pero Maggie sostuvo que cuando uno sentía un gran dolor podía llorar y si los demás se negaban a soportarlo se comportaban con crueldad. así me contarás historias de Robert Bruce. Pronto estaré bien. -Oye -dijo Tom-: pídele al señor Stelling que te deje venir algunas veces hasta que pueda levantarme. por lo menos. Philip pasó todo su tiempo libre con Tom y Maggie. cosa que no había hecho durante la última quincena. para ver lo que hacía. Es poesía: me doy cuenta porque los renglones son muy cortos. Wakem. olvidando la presencia de Philip y su libro. -¿Qué estás leyendo en griego? -preguntó Maggie-. -Adiós. ¿lo sabías? -anunció con cierta timidez cuando se acercó amablemente a la cama de Tom-. Tom alzó la vista conteniendo el aliento. imagino que puede estar inquieto por ello. y se agarró a él y se echó a llorar de nuevo. -Yo no grité de dolor -proclamó Tom-. Maggie permaneció inclinada hacia delante. poco después de que Philip les contara esta historia. -Leo sobre Filoctetes. ni le había pasado por la cabeza: la mera idea de que Tom quedara cojo para siempre se impuso sobre la certeza de que tal desgracia probablemente no ocurriría. Maggie -dijo Tom tiernamente. Vaya a su dormitorio. apoyada en los brazos y moviendo los pies mientras sus ojos negros se perdían en el vacío. pero casi todos ellos los había pasado sumido en la sensación de que cargaba con un destino irremediablemente penoso. se acercó y se inclinó sobre la mesa. Philip se dedicaba a sus libros y Maggie. Quiso saber si Filoctetes tenía alguna hermana y por qué no había ido con él a la isla desierta para cuidarlo. y estoy seguro de que tenía el pie tan mal como él. Tulliver. hacían de la pelea tarea sencilla. Su imaginación no se concentraba en la calamidad externa ni en el efecto que tendría en la vida de Tom. y este sentimiento de compasión enjuagó los agravios de Tom. 106 Librodot . Tom escuchó con gran interés una nueva historia de Philip sobre un hombre que había sufrido una grave herida en el pie y lloraba de dolor de modo tan desaforado que sus amigos no pudieron soportarlo por más tiempo y lo abandonaron en una isla desierta sin otra ayuda que unas flechas envenenadas para que cazara animales con que alimentarse. junto a Philip.Librodot El molino de Floss George Eliot 106 -Sí. que todavía no había olvidado.

Pero no se lo cuento a Tom porque se inquietaría muchísimo. pero hemos hecho las paces. y sabes tocar el piano y cantar -añadió rápidamente-. -¿Me querrías tanto a mi como a Yap. A pesar de su edad. más no. -Oh. se sintió herido por su compasión. -Vaya. -Sí. aunque pase muchísimo tiempo. Philip se sonrojó: en su pregunta estaba implícita la duda de si lo querría a pesar de su deformidad y cuando Maggie aludió a ella con tanta franqueza. Maggie. Y siempre te recordaré y te daré un beso cuando te vuelva a ver. -Claro que sí -contestó Maggie con una carcajada. sí: todavía más -respondió inmediatamente-. Y cuando me sienta desgraciado. Maggie. preguntándose cómo podía convencer a Philip de que lo apreciaba aunque fuera jorobado. Maggie -dijo Philip-. Yo te aprecio mucho. Maggie advirtió el error. -¿Qué? Philip repitió la pregunta. Después. Sólo su padre hablaba de sus ojos como si tuvieran un mérito especial. Cuando su padre fue a buscarla. porque he tenido daño en el pie y me ha enseñado a jugar a las damas. y de tal palo. Tom se sonrojó un poco al mirar a su padre. ¿verdad? Griego y todo eso. Me gustaría que fueras hermano mío: me gustas mucho. como si quisieran decir cosas agradables. No. que tiene un bulto en la garganta y Luke dice que se va a morir. no.. No son como los demás. como si hubiera recibido la más refinada educación. estoy segura dijo Maggie. dijo: -¿Quieres que te dé un beso. Parece como si quisieran hablar. No te olvidaré. Y te olvidarás de mí y no te interesarás por mí nunca más. Pero no te hagas muy amigo de él: también lleva la sangre de su padre. -Philip. No me gusta que los demás me miren demasiado. apoyado todavía en el codo y mirándola-: si tuvieras un hermano como yo. tal astilla. Maggie le dijo: -Oh.Librodot El molino de Floss George Eliot 107 -Maggie -dijo Philip al cabo de un par de minutos. Es una pobre criatura cheposa y ha salido a su difunta madre. -¿Por qué te gustan mis ojos? -preguntó Maggie complacida. -Ya está. ¿te parece que lo querrías tanto como a Tom? Maggie se sobresaltó un poco al ver interrumpidas sus ensoñaciones. me gustaría mucho: nadie me da besos. -No seré amigo suyo cuando me vaya de aquí. Y Tom también lo quiere. es un chico muy listo y lo quiero mucho. Si se porta bien contigo. padre: Philip Wakem es tan bueno con Tom. -Oh. parece que me quieres más que Tom -dijo Maggie con cierta tristeza. Nunca se me olvida nada. y ahora soy capaz de ganarlo. Pienso en el pobre Yap. Maggie le pasó un brazo alrededor del cuello y lo besó de todo corazón. pensaré siempre en ti y desearé tener una hermana con unos ojos negros como los tuyos.. y pienso en los demás cuando no están conmigo. -Pero te irás y pronto te mandarán al colegio. Pero te compadecería mucho. padre. como se los doy a Tom? Si quieres. 107 Librodot . y te quedarías en casa conmigo cuando Tom se fuera. negando con la cabeza muy seria-. No conoces a Yap: es un perrito muy raro y sólo Tom y yo lo queremos. te lo daré. -No lo sé -contestó Philip-. Maggie? -preguntó Philip con una sonrisa triste. -Bueno. nunca te olvidaré-dijo Philip-. y me enseñarías todo lo que sabes. Hasta el momento se había comportado instintivamente como si no viera la deformidad de Philip: su aguda sensibilidad y la experiencia adquirida soportando las críticas familiares habían bastado para enseñárselo. Pero ahora tengo que irme porque me parece que el doctor Askern ha terminado con el pie de Tom. pero me gusta que tú me mires. intenta desagraviarlo y sé bueno con él. muchísimo. porque no creo que pudiera quererte más que a Tom. Y cuando te vea de mayor ni siquiera me saludarás. bueno dijo el señor Tulliver-. pero tú eres muy listo. ¿verdad? Di que lo quieres -añadió suplicante.

en cuanto llegaban las vacaciones llevaba a su casa dibujos cada vez más grandes con satinadas reproducciones paisajísticas y acuarelas de vívi108 Librodot . nunca fueron muy amigos. como agente al mismo tiempo de Pivart y de Pero Botero. En cuanto al curso escolar de Tom. en compañía de la prima Lucy. Con todo. La promesa era nula. e imposible de llevar a cabo una vez cruzadas las puertas doradas del paraíso. ella recordaba la promesa de saludarlo con un beso pero. Maggie apenas volvió a ver a Philip durante el resto de su vida escolar: en las vacaciones de verano él iba siempre a la playa y en Navidades sólo se veían algunas veces en las calles de Saint Ogg's.mientras Maggie crecía. como señorita interna en un colegio. como tantas otras dulces e ilusorias promesas de nuestra infancia. Cuando se encontraban. en aquella época. tenía otros dos pupilos en casa. explicaciones sobre la casita de hierba que estaba ayudando a construir en el jardín y asuntos de índole similar. -Trata con él tan poco como puedas. poco a poco. En las primeras cartas a Tom enviaba siempre recuerdos a Philip y hacía muchas preguntas sobre él que recibían como respuesta breves frases sobre el dolor de muelas de Tom. incluso Maggie sintió. con cierta tristeza. Cuando Maggie se fue y cuando Tom. no tengo la culpa: yo no le hago nada malo. caería sobre él una maldición. jorobado e hijo de un granuja. porque si bien el ascenso social de ese caballero no había sido tan meteórico como los admiradores de su improvisada elocuencia esperaban de un predicador cuya voz exigía tan amplia esfera. Para que los hombres y los chicos se unan gracias al calor de sentimientos efímeros deben estar hechos de metales que puedan alearse: de no ser así. cuando las flores crecían al mismo tiempo que los frutos. y Wakem. éste seguía con la monotonía propia de un molino y su mente continuaba moviéndose con un pulso lento y apagado en un medio de ideas poco interesantes o ininteligibles. éste contestó: -Bien. que probablemente no volvería a tener ninguna intimidad con Philip: el mero nombre de Wakem hacía enfadar a su padre y en una ocasión le oyó decir que si su hijo jorobado vivía hasta heredar las fraudulentas ganancias de su padre. sin embargo su prosperidad crecía lo bastante como para permitirle ir aumentando los gastos en continua desproporción con sus ingresos. la amistosa calidez que habían despertado la compasión y la gratitud fue muriendo y regresaron a su antigua relación. nula como las promesas hechas en el Edén antes de que se dividieran las estaciones. Se apenó al oír a Tom decir en vacaciones que Philip volvía a ser tan raro como siempre y estaba de malhumor con frecuencia: advirtió que ya no eran muy amigos y cuando recordó a Tom que debería querer siempre a Philip por ser tan bueno con él cuando tuvo el pie enfermo. Philip se mostraba con frecuencia malhumorado y despectivo: y las impresiones amables y concretas de Tom fueron fundiéndose en el antiguo clima de recelo y desagrado hacia aquel chico raro. Capítulo VII Se cierran las puertas doradas del paraíso De manera que Tom siguió en King's Lorton hasta el quinto semestre -hasta cumplir dieciséis años.Librodot El molino de Floss George Eliot 108 Los caracteres opuestos de ambos chicos provocaron lo que no habría conseguido una simple reprobación del señor Tulliver: a pesar de la nueva amabilidad de Philip y del correspondiente agradecimiento de Tom en sus malos momentos. actuó contra él. en el internado de la señorita Firniss. se separarán en cuanto el calor cese. y éste obedeció la orden fácilmente. ahora sabía que tal saludo era totalmente improcedente y Philip tampoco lo esperaba. con una rapidez que sus tías consideraban altamente reprensible. empezó a caminar como siempre. pues el señor Stelling. hijo mío dijo a Tom. situado en la antigua población de Laceham on the Floss. Pero cuando su padre se embarcó finalmente en el pleito con que llevaba tantos años amenazando.

los años habían operado cambios sorprendentes en él desde el día en que lo vimos regresar de la academia del señor Jacobs. poco después de que entrara en el estudio a las nueve. También se esperaba que en ese trimestre se fallara el pleito de su padre: eso hacía que la perspectiva de regresar a casa fuera todavía más atractiva. Se había quitado la capota y desprendido las trenzas de la frente. levantándose del sofá de un brinco y plantándose delante de Maggie con las manos repentinamente hundidas en los bolsillos. -Padre no habrá perdido el pleito.cuando. Para cuando Tom se encontraba ya en el último trimestre en King's Lorton. -Sí. aunque nunca se había dedicado a fondo a una lección. -Pero ¿cómo es que no estás en el colegio? Todavía no han empezado las vacaciones. además. -¿Padre se encuentra mal? -preguntó Tom inquieto. La señora Stelling fue al estudio para anunciarlo y lo acompañó al salón. querido Tom -contestó Maggie. El oído y la lengua de Tom se habían acostumbrado a muchas palabras y frases que se consideran propias de una condición educada y. Fui a casa hace tres o cuatro días. Eso de los estudios era una cosa desconcertante. -Vaya. temblorosa. -No exactamente. ¿cómo es que has venido tan temprano en una mañana tan fría. Cuando entró Tom. éstas habían dejado en él un poso de nociones vagas. la doctrina cristiana y la literatura latina. y volvía los ojos hacia la puerta con inquietud y expresión agotada en su joven rostro. Tom. ¿verdad? -preguntó Tom rápidamente. Maggie también había crecido y llevaba el cabello trenzado y enroscado en un moño: era casi tan alta como Tom. una mañana de un día frío y duro hacia finales del mes de noviembre. no le cabía la menor duda de que Pivart saldría derrotado. llevaba levita y camisas de cuello alto y contemplaba con impaciencia el bozo que le crecía sobre el labio superior mientras examinaba a diario la navaja de afeitar virgen. aunque sólo tenía trece años. porque su padre y su madre no eran propensos a manifestar su afecto en cartas innecesarias. 109 Librodot . le comunicaron. alzando los ojos hasta él.para pasar el invierno en el Sur. Tom estaba acostumbrado a sus diversos estados de ánimo y no se alarmó ante aquel saludo inusualmente serio. ya que ponía en ella toda la atención. donde Tom entró solo. comprada en las últimas vacaciones. Ahora era un joven alto que se desenvolvía con soltura y hablaba sin más timidez que la necesaria como síntoma adecuado de una mezcla de reserva y orgullo. que su hermana lo aguardaba. junto con libros manuscritos llenos de ejercicios y problemas realizados con excelente caligrafía. tampoco conocía otra escuela mejor donde enviarlo. Se siente muy desgraciado. y no me gustaba la idea de enviarte una carta. Llevaba también uno o dos libros nuevos que indicaban su recorrido por los distintos períodos de la historia. y este cambio contribuyó al ánimo inquieto y jubiloso que por lo general acompaña a los últimos meses previos al fin del colegio. fragmentarias e inútiles. atento a su salud.Librodot El molino de Floss George Eliot 109 dos verdes. Hacía ya varias semana que Tom no tenia noticias de su casa -hecho que no le sorprendía. no dijo nada. y en aquel momento parecía mayor que él. y de su paso había sacado algún provecho más que la mera posesión de los libros. sino que se dirigió hacia él. Philip se había marchado ya -en el trimestre de otoño-. como si no pudiera soportar esa carga. cuyo punto de vista se derivaba de las conversaciones con su padre. Ha terminado el pleito y he venido a decírtelo porque me pareció que sería mejor que lo supieras antes de que llegaras a casa. Maggie? ¿Has venido en la calesa? -No. he tomado un coche de punto y después he venido caminando desde el puesto de peaje. para su sorpresa. A Tom. El señor Tulliver advertía algunas señales de estas adquisiciones y pensaba que la educación de Tom iba bien: y aunque observó que no había mapas ni tampoco muchas sumas no se quejó formalmente al señor Stelling. lo rodeó con los brazos y le dio un beso con todo su corazón. si sacaba a Tom de allí. -Padre me hizo llamar -contestó Maggie con un ligero temblor en los labios-.

la otra ante la imagen de una terrible certeza. Los labios de Maggie palidecieron todavía más y se echó a temblar tanto como Tom. -Padre tendrá que pagar mucho dinero.. No dijo nada. Tom. de los sueños infantiles de unos años atrás. 110 Librodot . no habían parado de lanzar críticas. sus pensamientos esperanzas habían sido hasta el momento una reproducción. Pero no estará muy enfadado. algo peor Ie lanzó los brazos al cuello y dijo entre sollozos: -Oh. como si se le escaparan las palabras-: Tom. En cuanto a los pronósticos y los gestos de censura de sus tíos y tías. una silla de montar y otros aditamentos propios de un joven caballero. sin hacerse una idea tangible de lo que suponía la pérdida de una gran cantidad de dinero-.Librodot El molino de Floss George Eliot 110 Tom permaneció en silencio un par de minutos con los ojos clavados en el suelo. sin embargo. mirando a Maggie y pensando que su rostro agitado se debía a la manera que tenían las niñas de encajar los golpes. nuestro pobre padre. había pensado con frecuencia que cuando creciera se convertiría en un personaje destacado. La orgullosa conciencia de la respetabilidad familiar formaba parte del mismo aire que Tom respiraba desde que nació. empujada a hablar por la calma de Tom. Tom nunca se había inquietado por el futuro. -Sí -contestó Maggie de nuevo con voz débil y a continuación. querido Tom. Este gesto pareció despertarlo. Tom ofreció la mejilla para recibir pasivamente sus besos implorantes. y no podía asociar la idea de deshonra con ninguno de sus conocidos y menos todavía con su padre. Maggie habló en apenas un susurro. Sabía que había gente en Saint Ogg's que vivía de modo ostentoso sin poseer dinero que respaldara su actitud.. Su padre siempre montó un buen caballo. no te inquietes tanto. perderá el molino y la tierra. una de ellas debido a un temor incierto. dueño de perros y un caballo. -¿Tengo que ir a casa contigo. Las dos criaturas se abrazaron. ¿no? -dijo. No le quedará nada. en casa la situación es terrible. Por fin el vello había crecido sobre el labio superior de Tom y. sólo habían conseguido hacerle pensar que eran personas muy desagradables: en todo lo que alcanzaba su memoria. ¿Dijo padre que fuera? -No. añadió con voz fuerte y rápida. y puesto que su educación en casa del señor Stelling le había hecho ver la vida desde un punto de vista más dispendioso. temblorosas. se le humedecieron los ojos y se los secó con la mano. -Y. es inevitable -dijo Tom con voz valiente. con una fe de toda la vida que no necesitaba pruebas para sustentarse. Pero madre quiere que vengas. -Bueno. -Sí -contestó Maggie con voz débil. Su padre era más listo que todos ellos. y parecería igual que cualquier otro de sus contemporáneos de Saint Ogg's que tal vez creían ocupar un puesto más elevado en la sociedad porque sus padres tenían profesiones liberales o poseían grandes molinos de aceite. Tom.. todo. A Tom ni le había pasado por la cabeza que su padre pudiera «fracasar»: el fracaso era un tipo de infortunio del que siempre había oído hablar como una gran deshonra. Maggie se había asustado ante el pálido y tembloroso silencio de Tom. apenas cambiada en la forma. de que su padre Podía gastar mucho dinero si quería. ¿no? añadió. Tenía que decirle algo más. Pobre madre: no para de llorar. y siempre había oído hablar de esas gentes con desprecio y reprobación: estaba firmemente convencido. Intenta sobrellevarlo. Padre no quería -contestó Maggie. Los ojos de Tom lanzaron un destello de sorpresa antes de que el muchacho palideciera y se echara a temblar. La inquietud que sentía por los sentimientos de Tom la ayudaba a controlar su agitación: ¿qué haría cuando se lo contara todo?-.. Maggie? -preguntó dando un respingo-. tuvo una buena casa y el aire alegre y seguro de un hombre respaldado por sus propiedades. se limitó a sentarse en el sofá de nuevo y a mirar por la ventana con aire ausente. En aquel momento despertaba con un brusco golpe.

El señor Stelling reaccionó como un hombre bondadoso: aunque preveía que.. En cambio ahora esos años de estudio parecían unas vacaciones que tocaban a su fin. De repente.. -Dios lo bendiga.. Se cayó del caballo. pero en el camino se encontró con el señor Stelling. transcurrido un tiempo prudencial. Maggie sintió una oleada de cariño hacia una mujer que nunca le había gustado y le dio un beso sin decir palabra. Con estas últimas palabras. probablemente. de la misma manera que entre los hombres salvajes que viven entre hielos. apresuró su marcha y se limitó a susurrar algo a la señora Stelling. Debo volver ahora mismo con mi hermana. -Está en casa -contestó Maggie. como si una cortina de nubes le cerrara el camino de repente. frotándose los ojos y poniéndose en pie para recoger la capota. -añadió tras una pausa. En cuanto se enteró de cómo había viajado Maggie y lo ansiosa que estaba por regresar a su casa. Estrechó a Maggie de modo casi convulsivo. preparados para marcharse. 111 Librodot . acudía para interesarse por ellos. sin embargo. estallaron con mayor violencia. El señor Stelling puso la mano sobre el hombro de Tom. dejaría de ganar algún dinero. Su esposa le había explicado que Maggie parecía muy preocupada cuando apareció en busca de su hermano y. que lo había seguido. Tom había pensado con mucha frecuencia en lo alegre que estaría el día en que abandonara los estudios «¡para siempre!».. pero su rostro permaneció rígido y sin lágrimas -los ojos inexpresivos-. Ésta desapareció inmediatamente de la habitación.. padre. Tom se puso en pie con el mismo impulso. Habían entrado en un territorio agreste lleno de espinas y las puertas doradas de la infancia se cerraban tras ellos para siempre. Sólo me reconoce a mí desde entonces. Debemos estar en el peaje a las diez para subir al coche-dijo con apresurada decisión. Maggie dijo-. -Espera un minuto. Las dos menudas figuras juveniles no tardaron en desdibujarse en la lejana carretera y pronto se perdieron detrás de los altos setos. no tardó en dejar de llorar bruscamente: una idea la sobresaltó como una señal de alarma. mas fácil de responder-.Librodot El molino de Floss George Eliot 111 Maggie no pudo seguir. hijo.no es el de siempre. Estrechó la mano de Maggie. Así conoció la pobre niña un sentimiento que es el don de la tristeza: la sensibilidad ante los gestos humanitarios que une con lazos de camaradería. tengo que marcharme a casa dijo Tom bruscamente cuando se encontró al señor Stelling en el pasillo-. cuando apareció la señora Stelling con una cestita que colgó a Maggie del brazo diciendo: -No olviden comer algo durante el camino. Mi padre ha perdido el pleito y todas sus propiedades y se encuentra muy enfermo. Se dirigió al estudio donde estaban los alumnos. esta idea no influyó en sus sentimientos mientras contemplaba con compasión a aquellos hermanos para los que la juventud y la pena llegaban juntos. pero no se oyó ninguna palabra de despedida. -Tenemos que ponernos en camino. los sollozos de Maggie. Primero tengo que hablar con el señor Stelling. hijos míos. Se habían adentrado en una nueva vida de tristeza y a partir de ese momento el sol no tendría ya el mismo brillo. la mera presencia de un compañero despierta profundos afectos. Tom. Parece haber perdido la cabeza. respondió Maggie a esta pregunta. Sus temores habían empezado a imaginar la vaga idea del encarcelamiento por deudas. que había estado en casa. Ya me darán noticias suyas -dijo. retenidos durante tanto tiempo. sólo sentía el peso aplastante de lo que parecía una desgracia absoluta. pero Tom no podía soportar la tensión. padre. -¿Dónde está padre? -preguntó con impaciencia-. No podemos quedarnos más rato. Tom sentía esa presión del corazón que prohibe las lágrimas: no tenía una visión de sus problemas familiares tan clara como Maggie.. Padre me echará en falta. Dímelo.. Maggie.. Pero.. Tom y Maggie se encontraban en el umbral. Maggie.. -Señor.

Librodot El molino de Floss George Eliot 112 Volumen II Libro tercero La ruina 112 Librodot .

para ser un hombre tan seguro de sí mismo e irascible. Además.Librodot El molino de Floss George Eliot 113 Capítulo I Lo que había sucedido en casa Quienes tuvieron oportunidad de ver al señor Tulliver en el momento en que se enteraba de que había perdido el pleito y que Pivart y Wakem habían triunfado pensaron que. sin duda). pero se creía lleno de recursos que le permitirían defenderse de cualquier tipo de resultado como si fuera tolerable y evitar la apariencia de ruina. si lo hacía. tan sólo con lo necesario para mantenerse él y su familia. que había muerto repentinamente el último mes de abril dejando a su amigo la carga de una deuda de doscientas cincuenta libras: este hecho había contribuido a convertir la lectura navideña del libro de cuentas del señor Tulliver en algo menos agradable de lo que cualquiera desearía. Toda la obstinación y rebeldía de su carácter. y el señor Tulliver. a menos que devolviera el dinero. estaba la garantía prestada al pobre Riley. encajaba el golpe extraordinariamente bien. Sin embargo. que era perfectamente justo y natural que Bessy fuera a ver a los Pullet y se lo explicara todo: no permitirían que se vendieran los muebles de Bessy. estaría encantado no sólo de comprar la finca entera. Sin duda. pero ahora se decía. incluido el molino y la casa. unos meses atrás. Lo más irritante de todo era que. ¿Quién se negaría a tan provechosa inversión? Seguro que Furley no lo hacía. se equivocaban. y eso sucedería cuando el señor Tulliver tuviera todavía muchos años de vida por delante. pero sólo hasta que los beneficios del negocio hubieran pagado el adelanto de Furley. y hay hombres -cuyo cerebro todavía no se ha acalorado peligrosamente por la pérdida de un pleito. porque el señor Tulliver había decidido que Furley aceptaría sus planes con la mayor presteza. El señor Tulliver y su familia vivirían de modo más humilde y modesto. Furley. accedió apresuradamente a firmar una escritura de venta de los muebles de su casa y otros objetos como garantía del préstamo. si les prestaba el dinero: al fin y al cabo. No podía negarse a ver que las costas de aquel juicio tan prolongado se llevarían más de lo que poseía. que éste le devolvería con elevados intereses procedentes de los beneficios del negocio mientras se quedaba. sino que aceptaría al señor Tulliver como arrendatario y estaría dispuesto a prestarle dinero. era un individuo razonable que sin duda. era un momento difícil.capaces de ver en sus propios intereses o deseos motivo suficiente para las acciones de otros hombres. el señor Gore. Dos meses antes habría declarado categóricamente que nunca pediría prestado a los parientes de su esposa. ¡En fin! Nunca había sido de esos miserables que se niegan a ayudar a un compañero de viaje en este mundo enredoso. Daba lo mismo. todavía convencido de ganar el pleito y considerando poco oportuno reunir esa cantidad hasta la resolución del caso. Afluyó a su cabeza tal avalancha de proyectos que no resultaba sorprendente que tuviera el rostro encendido cuando salió de su conversación con su abogado. desviada de su antiguo cauce. y éstos también podrían ser garantía para Pullet. Estaba claro que las costas del proceso podían pagarse sin tener que abandonar el lugar donde siempre había vivido ni quedar ante todos como un hombre arruinado. no irían tan mal las cosas. ahora veía las consecuencias de esta escritura de venta bajo otra luz y recordó que no tardaría en llegar el momento en que se ejecutara la venta. de modo igualmente categórico. encontró una válvula de escape en la elaboración de planes mediante los cuales podría hacer frente a sus dificultades y seguir siendo el señor Tulliver del molino de Dorlcote. al parecer del señor Tulliver. El señor 113 Librodot . y montó el caballo para dirigirse a casa desde Lindum. caramba. no sería un trato de favor. En el pensamiento del molinero no cabía la menor duda de que Furley haría exactamente lo que él deseaba. se había dicho: pronto devolvería el dinero y no era más peligrosa aquella garantía que cualquier otra. en cuyas manos estaba la hipoteca sobre las tierras. Él también lo creyó: decidió demostrar que si Wakem o cualquier otro creían que estaba derrotado. y. el acreedor que le había prestado las quinientas libras para que pudiera devolvérselas a la señora Glegg había empezado a ponerse nervioso por su dinero (azuzado por Wakem.

la supremacía es ley de vida y sólo pueden soportar la humillación negándose a verla y. -¡Vaya! Dígale a Gore que lo veré mañana a las once -dijo Tulliver. tales como la necesidad de recurrir ocasionalmente a algún pequeño engaño. entre tanto. tal vez. afirmando. enfadado. El orgullo y la obstinación de los molineros y otras personas insignificantes que se cruzan cada día en nuestro camino también tienen su tragedia. El escribiente. es ley de vida aferrarse a su posición y son incapaces de rehacerse tras un golpe: y para algunos seres humanos. hambrientas de alegrías. no había recorrido la mitad del camino cuando se encontró con un escribiente del gabinete del señor Gore que le llevaba una carta. en cuanto lo vio entrar en la población. tal como habían quedado pero se encontrarían al día siguiente en su oficina a las once y. Al día siguiente por la tarde. pasa de generación en generación sin dejar huella: una tragedia. debía regresar en el coche de punto del siguiente día. Al llegar a casa. Para algunos animales. en su opinión. que el señor Tulliver. por lo tanto. El tener por esposa a una mujer cuyo intelecto es notablemente inferior al de uno tiene. no quiso admitir ante la señora Tulliver que se vieran enfrentados a ninguna dificultad y la regañó por dejarse llevar por la inquietud en cuanto supo que habían perdido el pleito. era tan orgulloso y terco como si fuera un importante personaje cuyo talante inspirara destacadas tragedias de esas en las que se barre el escenario con regios ropajes y se convierte en sublime al más anodino cronista. que debía atravesar de camino a casa. Los hombres más orgullosos y obstinados son precisamente los más propensos a cambiar de opinión y contradecirse de modo tan súbito como Tulliver: para ellos. de tener a Maggie junto a él -sin demora-y. pero ésta es silenciosa. Sentía una imperiosa necesidad. lo miró alejarse durante unos momentos antes de marcharse. Una repentina llamada le impedía atender a Tulliver. cualquier cosa resulta más fácil que enfrentarse al simple hecho de que han sufrido una derrota absoluta y deben empezar de cero. lector. sometidas a la tristeza de un hogar donde las mañanas no traen consigo nuevas promesas y donde el descontento de unos padres cansados. sorprendido por los ojos brillantes e inquietos del señor Tulliver. Y habrás advertido. El señor Tulliver seguía ocupando un lugar predominante -en su imaginaciónmientras se acercaba a Saint Ogg's. fuera manuscrita o incluso en caracteres impresos. Gore tenía la misión de ver al señor Furley por la mañana y sondearlo en relación con los asuntos de Tulliver. seguir dominando. Pero ¿qué fue lo que le hizo seguir al coche de Laceham hasta la cochera. como la que se da en los conflictos de las almas jóvenes. Sin embargo. de modo que se metió la carta en el bolsillo 114 Librodot .Librodot El molino de Floss George Eliot 114 Tulliver nunca pediría nada para sí a un individuo tan pusilánime. aunque sea ésta una muerte sólo digna de un funeral en la parroquia. unos pocos inconvenientes. aunque no era más que un destacado molinero y malteador. que no había motivo alguno para lamentarse. que no quería explicarse siquiera. igual que ciertos privilegios. La lectura de una carta no era asunto de unos instantes para Tulliver: comprendía muy lentamente el sentido de cada frase. Aquella noche no le dijo nada de la escritura de venta y de la petición a la señora Pullet. porque la había mantenido en la ignorancia sobre la naturaleza de aquella transacción y le había explicado la necesidad de hacer un inventario de los muebles como un asunto relacionado con su testamento. aplastadas por una carga que súbitamente se torna demasiado pesada. le enviaba por carta una información importante. escondida. después tomó la carta y volvió grupas. pero bien podía hacerlo Bessy si quería. el señor Tulliver montó otra vez a caballo para dirigirse al despacho del señor Gore en Saint Ogg's. o como la tragedia que existe en la muerte lenta o repentina posterior a una pasión herida. para que el encargado escribiera una nota pidiéndole a Maggie que regresara al día siguiente? Al señor Tulliver le temblaba demasiado la mano para escribir y quería que dieran la carta al cochero para que éste la entregara la mañana siguiente en la escuela de la señorita Firniss. decepcionados y sin esperanzas recae sobre los hijos como una masa de aire densa y húmeda en la que todas las funciones vitales están amortiguadas.

sacaron el mensaje de Gore y lo depositaron sobre la cama. cuyas escasas facultades estaban casi paralizadas por aquella repentina acumulación de problemas. Tu padre ha sufrido un ataque repentino y todavía no ha recuperado la memoria. Pero ha estado preguntando por ti y le hará mucho bien verte: haz el menor ruido posible. murmuró algo sobre «una carta» e insistió en reclamarla. sentado en el sillón. Cuando Maggie llegó a su casa aquella noche. Una hora antes había vuelto en sí y. frente al amor sencillo y primitivo que nos ata a nuestros seres más cercanos cuando éstos atraviesan momentos de angustia o desamparo. sacó la carta y la leyó. entre los que se contaba la hipoteca que pesaba sobre la propiedad del señor Tulliver. cuando todo aquello que hemos deseado o disfrutado. No sospechaba que su padre estuviera enfermo. El destello de reconocimiento había sido excesivo para la capacidad del padre enfermo y débil. ¡Pobre criatura! Era muy pronto para que conociera uno de los momentos decisivos de la existencia. Detuvo el caballo.. una nueva oleada de recuerdos pareció llegar y barrer los anteriores: apartó los ojos del papel para fijarlos en la puerta y. Era breve: venía a decir que el señor Gore sabía de buena fuente. lo que pareció aplacar la impaciencia de Tulliver.Wakem. aparentemente ajeno a todo lo que no fuera ese imperioso deseo. ansiosa e indefensa que había estado buscándola en vano. tendido junto al camino.. ni siquiera a su esposa. Tulliver se incorporó Y Maggie corrió hacia él. Al final llegó el coche y depositó a la inquieta muchacha. se acercaba una y otra vez a la puerta de la verja para ver si llegaba el coche de Laceham. tras mirarla inquieto. aunque todavía no era la hora. ¿qué sucede? -preguntó Maggie con los labios pálidos cuando su madre se acercó hasta ella llorando. -No te alarmes en exceso. que había ido a parar a manos de . sólo se interrumpió de vez en cuando con breves momentos de lucidez durante los que tomó pasivamente todo lo que le dieron con una especie de satisfacción 115 Librodot . como si ésta pudiera ayudarlo a hilvanar sus pensamientos Sin embargo. que lo olfateaba inquieto. obedeciendo a la llamada de su padre. De vez en cuando repetía la palabra con impaciencia. Con un movimiento repentino. ya que él mismo había dictado la carta en la oficina de Saint Ogg's. quítate las prendas de abrigo y sube conmigo. hija -dijo. del que guardaba los más antiguos recuerdos. todo lo que podemos temer o soportar se torna insignificante a nuestros ojos y se pierde. Pero al poco se le ocurrió que tal vez contuviera algo que la señora Tulliver no debiera saber. que sólo era una niña en el cariñoso recuerdo de su padre. aunque secreta. como un recuerdo trivial. como si se esforzara por ver algo que sus ojos no alcanzaban a distinguir. Los ojos de su padre seguían mirando hacia la puerta con inquietud cuando ella entró y se enfrentó a aquella mirada extraña. sin dar muestras de reconocer a nadie. con una mirada trémula e interrogante. por lo que sería más seguro que no la viera siquiera. éste ya no se encontraba inconsciente. dijo: -La mocita.Librodot El molino de Floss George Eliot 115 con la idea de abrirla cuando estuviera en su casa. La voz queda del doctor Turnbull había alarmado su sensible imaginación.. Pero el doctor Turnbull salió a recibirla: los médicos son los ángeles buenos de las casas con dificultades. que Furley había necesitado dinero últimamente y se había desprendido de algunos bienes.. -Madre. Maggie obedeció con ese terrible latido del corazón que hace que la existencia parezca una mera pulsación dolorosa. lo abrazó y lo besó con angustia. que cayó de nuevo en un estado de inconsciencia y rigidez que duró varias horas. tomándola de la mano-. el carretero del propio señor Tulliver lo encontró inconsciente. y la pobre señora Tulliver. y Maggie corrió hacia aquel amable y viejo amigo. El enfermo se quedó con los ojos fijos en la carta. Media hora más tarde. el médico. tras una mirada vaga y ausente. A instancias del señor Turnbull. junto a una carta abierta y a su caballo gris.

Creen que lo que provocó el ataque de padre fue la carta con la noticia. Sin embargo. pero las tías y los tíos se opusieron: puesto que el doctor Turnbull decía que. pero no tenía ánimos para discutir y menos aún de irritar a Tom llevándole la contraria. junto a una jarra y un vaso. pero en el umbral se sorprendió al percibir un fuerte olor a tabaco. Maggie se fue. y la familia coincidió en la idea de que Tulliver había sufrido un castigo divino y sería poco piadoso intentar contrarrestarlo con excesivas muestras de amabilidad. Tras la pausa debida a la sorpresa. donde permanecía sentada frente a él. -lloró su madre por la noche.. Tom -dijo Maggie-. al final del segundo día. La puerta del salón estaba entreabierta y de ahí salía el olor. Allí se encontraba un hombre tosco y sucio cuyo rostro Tom recordaba vagamente. Tom estaba mejor con su maestro. con tono de triste reproche. Satisfacción semejante a la que sentiría un nene al regresar al regazo de su niñera. -Estoy seguro de que ese sinvergüenza ha estado planeándolo todo para arruinar a padre -afirmó Tom. La señora Tulliver mandó llamar a sus hermanas y en el piso de abajo hubo lamentos y alharacas: tanto los tíos como las tías comprobaron que la ruina de Bessy y de su familia era tan absoluta como siempre habían predicho. deje que vaya a buscarlo y se lo cuente todo -dijo Maggie-: iré mañana por la mañana si padre no me llama ni me reconoce.Librodot El molino de Floss George Eliot 116 infantil por hallarse cerca de Maggie. No se le ocurría que hubiera podido tener lugar otro cambio. dándole la mano. Ni se te ocurra volver a dirigir la palabra a Philip. Corrió por el sendero de gravilla y entró en la casa antes que Tom. ella misma empezó a desear intensamente el regreso de Tom. fumando. ya que apenas abandonó el dormitorio de su padre. sentado en el sillón de su padre. Cuando sea mayor haré que se arrepienta.. Pero Maggie casi no oyó nada de eso. en su opinión. 20 116 Librodot . los hermanos hablaban en tristes susurros esporádicos. debía comunicársele la llegada de Tom. tal como hemos visto. -¡Mi pobre muchacho. -Dicen que el señor Wakem se ha quedado con la hipoteca o algo parecido sobre la tierra. Ya la mañana siguiente. dando un salto desde una sucesión de vagas impresiones a una conclusión definitiva-. hacía ya cinco horas que ésta había salido de su casa y estaba inquieta ante la posibilidad de que su padre la hubiera echado de menos y hubiera preguntado en vano «dónde estaba la mocita». -¡Oh. Sería horrible para Tom volver a casa sin saber nada. Debería volver a casa. Sentados en el coche de regreso a su casa... Tom! -exclamó Maggie. cuando Maggie se había ido acostumbrando a los estados temporales de inconsciencia de su padre y a la esperanza de que los superara. Palabra hebrea que designa unas estatuillas de bronce y arcilla deforma más o menos humana Eran ídolos familiares comparables a los dioses lares o los penates latinos. La señora Tulliver quería que fueran a buscar a Tom y parecía pensar más en el chico que en su esposo. no había peligro inminente. Aquello era muy raro: ¿qué visita podría ponerse a fumar en un momento como aquél? ¿Estaba allí su madre? En ese caso. Capítulo II Los terafines20 de la señora Tulliver o las divinidades del hogar Cuando el carruaje depositó a Tom y a Maggie.. -Madre. Maggie estaba abriendo la puerta cuando llegó Tom y ambos miraron juntos hacia el salón..

En cambio. se detuvo un instante a la puerta del dormitorio para quitarse la capota a toda prisa y entró de puntillas. como si los problemas verdaderos no hubieran hecho más que empezar: no es lo mismo el dolor espontáneo en un nervio que el estímulo directo sobre éste. donde quizá la corten con dos cuchillos y se desgaste antes de que me muera.. señor? -saludó el hombre.. ¡Pensar que tu padre se casó conmigo para llegar a esto! No tenemos nada.. Elizabeth Dodson. Pero Tom se dio media vuelta rápidamente. inconsciente de lo que lo rodeaba. pero su madre no estaba.. Uno de los arcones estaba abierto: la tetera de plata ya no estaba envuelta en capas y capas de papel y la mejor porcelana descansaba sobre un arcón cerrado.. de caer en la condición de los pobres trabajadores manuales. que iba delante de Maggie. Y ahora todo se venderá.Librodot El molino de Floss George Eliot 117 Tom adivinó en el acto la verdad... Y la marqué con un punto tan especial que hay que cortar la tela para quitar el hilo. rodeada de sus guardados tesoros. igual que cuando se había ido.. agarrándosele al cuello-. Maggie salió rápidamente y dijo a Tom: -Padre está acostado y tranquilo: vamos a buscar a madre. abrió la puerta de esa habitación y exclamó al instante: -¡Madre! La señora Tulliver estaba sentada allí. corrió escaleras arriba. se puso en pie de un brinco y los dejó caer. no sé dónde está. Maggie no entendió qué hacía ahí el desconocido y siguió a Tom. levantando una cosa tras otra y agitándola.. ¡YJob Haxey tejió la pieza y cargó con ella sobre l'espalda hasta casa. de quedarse sin dinero y arruinarse. con una animación extraña y lastimosa. Pero la presencia inmediata de aquella forma de deshonra era para Tom una experiencia mucho más intensa que el peor de los temores. La señora Tulliver no se encontraba en la planta baja ni en ninguno de los dormitorios. bordado en la esquina de unos manteles que tenía sobre el regazo. broquetas y cucharones dispuestos en hileras. Bajo el desván. seremos mendigos. Entonces. y pensó que la única causa de aquella desgracia era la pérdida del pleito.. y era antes de que pensara en casarme con tu padre! Y el dibujo que escogí. y la pobre mujer agitaba la cabeza y lloraba con los labios tensos en una mueca amarga.. con los ojos cerrados. con un indefinido temor a que el desconocido tuviera algo que ver con un posible cambio en la salud de su padre. a Maggie sólo quedaba una habitación sin registrar: el ropero donde su madre guardaba su ropa blanca y todos los objetos «mejores» que sólo se desempaquetaban y se sacaban en ocasiones especiales. van a venderlo todo. mientras contemplaba su nombre.. Lo desdobló un poco para mirar el dibujo mientras los niños permanecían de pie a su lado en silenciosa desdicha. en los estantes había cucharas. Lo besó. -Quién puede ser.. puesto que su padre había perdido sus propiedades. sin otra idea en la mente que las palabras «mendigos» y «asilo». -Y pensar que yo misma hilé esta ropa -prosiguió. Nunca será tuya. Le hacía compañía una criada. -¡Mi niño. especialmente en una mujer recia y linfática como ella. -¿Cómo está usted. Tom? ¿Qué pasa? -susurró.. Aquellos rostros juveniles sorprendidos hacían que se sintiera un poco incómodo. incluso de pequeño.. mirando a Tom con dos ojos llenos de 117 Librodot . hijo mío -dijo. irá a parar a casas de desconocidos. frases como «tener el alguacil en casa» y «liquidar los bienes para pagar a los acreedores»: formaban parte de la vergüenza y la desgracia del «fracaso». había sido en da superficie-. se sentó de nuevo y se puso otro mantel sobre el regazo. La criada no lo sabía. sin decir nada: le resultaba odioso verlo. -¿Dónde está mi madre? -preguntó. Cuando regresaban por el pasillo. tendremos que ir al asilo de pobres. Tom. Todo estaba en silencio: su padre se encontraba acostado. Había oído con frecuencia. normalmente tan pasiva: si en alguna ocasión anterior se había alterado. quitándose la pipa de la boca con un tosco gesto de cortesía. pues recuerdo que yo estaba en la puerta y lo vi venir. Parecía lógico que eso sucediera. ¡Nunca pensé que viviría este día! Estamos en la ruina.. Lo bien que la blanqueé. En cuanto oyó a Tom. mi niño! -dijo.

que tendría que haber sido la de mis hijos. que no luce tanto con los platos puestos. algo más calmada. Pero ninguno tiene mejor pocelana. Los reproches implícitos contra su padre -su padre. casi violento.le impedían apenarse por manteles y porcelanas. -Y mira que se lo dije una y otra vez: «Hagas lo que hagas. Y la tetera de plata también: tu padre no ha pagado nada de lo que hay aquí.se abrió paso hacia este nuevo canal debido a los lamentos de su madre y junto con la que sentía contra Wakem. -La señora Tulliver empezó a guardar dos manteles en el arcón tras doblarlos y alisarlos con gestos mecánicos-. lo respaldara. y van a ir a consultar. Tom pensó en su padre con cierto reproche. ¿es que las tías van a dejar que se venda. Quería que toda la que lleva este dibujo fuera para ti: Maggie podía quedarse con la de dos cuadros grandes. Ay.porque a todos les pareció mal cuando la compré por culpa de la ramita dorada que tiene pintada entre las flores. ni siquiera la tía Pullet. después se lo apartó y dijo con tono de desprecio. no paraba de gritar y de decir que tu padre ha deshonrado a mi familia y l’ha convertido en la comidilla de toda la región: y comprará la ropa de topos porque todavía quiere tener más y así no irá a parar a manos de desconocidos. hijo mío. añadió-: Pero no me preocuparía tanto si pudiera quedarme las cosas que llevan mi nombre. no se te ocurra meterte en pleitos». y dice que hay que comprar algunas cosas para que tengamos con qué acostarnos.. -¡Madre! ¿Cómo puede decir eso? -dijo en tono alterado. empezó a mezclarse otro tipo de indignación. Terminó por estallar.. y ha estado aquí da tía Pullet. como si se viera obligada hablar antes de poder dominar la voz. Y la rabia que sentía en nombre de su padre se acentuaba con un resentimiento egoísta por la silenciosa complicidad de Tom con su madre para excluirla de la calamidad común. -¡Bendito seas. madre -dijo tiernamente-. Por primera vez en su vida. y era para ti. volviéndose hacia las tazas y platos.. ¿Lo saben? No permitirán que su ropa se pierda. pero reaccionó con enfado de inmediato. Tom se sintió profundamente conmovido. ¿verdad? ¿Las ha avisado? -Sí. -No se inquiete. ¿Qué más podía hacer yo? He tenido que quedarme sentada mientras gastaba mi fortuna. Era ya casi indiferente al habitual menosprecio de su madre. por el mero hecho de ser el padre de Tom Tulliver. pero ya tiene demasiados cuadros. El pobre muchacho se le acercó y la besó. envié a Luke en cuanto pusieron en casa a dos alguaciles. Maggie había contemplado la escena cada vez más enfadada. ¡Y pensar que se casó conmigo para esto! La señora Tulliver se echó a llorar de nuevo y sollozó con el pañuelo ante los ojos durante unos momentos. Después. Pronto podré ganar dinero: conseguiré algún trabajo. Pero sé que ninguno de ellos comprará mi pocelana -dijo. hijo mío! -exclamó da señora Tulliver. Como si sólo le importaran las cosas que llevan su nombre y no las que llevan también el de padre. Pero no será por culpa de tu madre. La fuerza y firmeza naturales de su carácter empezaban a manifestarse. No tendrás ni un penique. ella se aferró a él. Su tendencia natural a la censura -de la que hasta el momento su padre se había librado gracias a la predisposición a pensar que tenía siempre razón. todavía entre sollozos. Extendió un brazo hacia Tom y lo miró lastimeramente con sus indefensos e infantiles ojos azules. Tal vez su padre hubiera contribuido a su ruina y a que la gente hablara de ellos con desprecio: pero nadie menospreciaría a Tom Tulliver durante mucho tiempo. hijo. acicateadas por el doble estímulo del resentimiento contra sus tías y la sensación de que debía comportarse como un hombre y cuidar de su madre. pero que tiene que hablar con tu tía. y además la compré con mi dinero porque ahorré desde los quince años.Librodot El molino de Floss George Eliot 118 lágrimas-. que yacía ahí al lado como una especie de muerto viviente.. 118 Librodot . -Pero. pero de dolía mucho que Tom. aunque fuera de modo pasivo. madre? -preguntó acalorado-. ¡Y preocuparse por estas cosas en lugar de dedicarse solamente a nuestro querido padre. Y también ha venido el tío Glegg. mirando a su alrededor con tristeza. La pobre Maggie no sentía por sus seres queridos una devoción absoluta. pero exigía justa correspondencia a quienes tanto quería.

Riada. los tíos llegaron a las once para celebrar un consejo de familia. no tardó en entrar en el dormitorio de su padre y al verlo se conmovió tanto que se de borraron las impresiones negativas de la hora anterior. do que debían hacer! Y adoptar esos modales autoritarios y arrogantes. de modo similar a como habría estado si hubiera llorado: no era mujer de lágrima fácil. Las personas que viven lejos muestran menos defectos que aquellos que se encuentran ante nuestros ojos. La señora Deane fue la primera en llegar y.. sintió que lo quería más que nunca. con la confusa idea de que se trataba de una gran ocasión. casi ahogada por la mezcla de pena y rabia. preguntarse por qué Homero los denominó «intachables»21. que percibía que Susan estaba volviéndose «como los demás» y que pronto poco quedaría del verdadero espíritu de los Dodson. Maggie vio lo impresionado que estaba y se acercó a él. Su padre siempre la había defendido y excusado. a censurarlo. Tom se irritó un poco ante el estallido de Maggie: ¡cómo se le ocurría decirle a él. El señor Deane no iba a acudir. Gredos. 21 119 Librodot . Maggie no soportaba las críticas: había tenido que aguantarlas durante toda la vida y no habían hecho más que fomentar su mal genio. tan pulidas que ni siquiera su hermana Pullet podría reprocharles falta de brillo. pero la señora Deane apareció puntualmente con la nueva y hermosa calesa con capota y cochero de librea. soltó las cortinas y arregló adecuadamente los pliegues mientras miraba a su alrededor y meneaba tristemente la cabeza al contemplar las superficies y las patas de las mesas. y también a su madre. después de que se acomodara en el gran salón. traducción de Emilio Crespo Güemes. Capítulo III El consejo de familia A la mañana siguiente. excepto en momentos en «Zeus fue ayer al Océano a reunirse con los intachables etíopes». y parece superfluo. excepto en ella misma y era de esperar que también en los sobrinos que llevaban el apellido Dodson en las fincas familiares situadas en los lejanos Wolds. similar a un funeral. 423. salió de la habitación y volvió a ocupar su puesto a la cabecera del lecho de su padre.Librodot El molino de Floss George Eliot 119 que está ahí acostado y tal vez nunca vuelva a hablar con nosotros! Tom. Ed. le pasó un brazo por los hombros. Maggie. acudió la señora Tulliver con su lindo rostro algo distorsionado. Al pensar en que la gente iba. si tenemos en cuenta la remota posición geográfica de los etíopes y lo poco que los griegos tenían que ver con ellos. quitó la funda a las bordas de las cintas de las campanas. Sin embargo. deberías decir lo mismo que yo y no permitir que nadie lo critique. y cuando Tom se sentó junto a la cama.. y en casa de la señora Deane la ropa blanca y la vajilla de plata procedentes de los Dodson estaban empezando a ocupar un lugar secundario. El fuego estaba encendido en el salón y la pobre señora Tulliver. El ascenso del señor Deane en la escala social había sido tan rápido como el hundimiento del señor Tulliver. y el cariñoso recuerdo de su ternura le daba fuerzas para hacer o soportar cualquier cosa por él. la cual había proyectado una luz muy reveladora sobre diversos rasgos de su carácter ante algunas de sus amistades femeninas de Saint Ogg's. Los dos niños olvidaron todo lo que no fuera la certeza de que tenían un solo padre y una sola pena. como mero repuesto de artículos semejantes pero más hermosos comprados en años más recientes: este cambio había provocado alguna frialdad en las conversaciones fraternales entre la señora Deane y la señora Glegg. ya que estaba en viaje de negocios.

volviendo a ponerse los guantes y ajustándose los dedos con agitación-: si tienes algo ofensivo que decir sobre el señor Carr. pero todavía no reconoce a Tom y mira al pobre chico como si no lo conociera. su punto de vista sobre la vida en general y su opinión sobre aquel caso en particular. -Señora Glegg.. pero el sonido de unas ruedas le hizo pensar en otra cosa. Ásate tú. si se levanta. has el favor de no decírmelo a mí. Glegg -contestó la arrogante mujer-. debemos recordar que no se nos envían sin motivos. La señora Pullet entró llorando: así expresaba. Susan -contestó la señora Tulliver. retirando su gruesa mano de la fina mano de su hermana-. -Gracias. tras una pausa. ¿no deseas sentarte más cerca del fuego? -preguntó su esposo. Es indecoroso explicar así los males ajenos. Pronunció estas últimas palabras con voz alterada.. después se los repetía a su marido y le preguntaba si no le parecía que sus palabras habían sido muy acertadas. Nunca volveré a llenarlas. pero tenía una silla de ruedas y alguien que lo llevara. ¡Qué cosas pasan! La señora Deane era una mujer de labios finos que pronunciaba breves y meditados discursos en ocasiones especiales.. aunque alguna vez ha dicho algo sobre Tom y el poni. y si el médico dice que el señor Tulliver tome jalea. -Hermana Pullet -intervino la señora Glegg con severidad-: si no m’equivoco. si te gusta. No podía mover los brazos ni las piernas.. Pero hay que estar preparado para todo y. respiren bien o mal. Como hermana tuya que soy. ese señor Carr no es de nuestra sangre ni ha estado nunca relacionado con nosotros. Pero todavía no ha hablado de jaleas. Yo sí lo conocía -añadió con un suspiro-: respiraba tan mal que se le oía a dos habitaciones de distancia. espero que me lo digas: te la enviaré enseguida. Insisto en lo que he dicho: no he venido aquí desde mi casa para hablar de las amistades. madre mía! -A lo mejor se l’ha metido agua en el cerebro -señaló la tía Pullet dándose la vuelta tras colocarse bien la cofia con gesto triste frente al espejo del entrepaño-A lo mejor no vuelve a levantarse y. Si no estamos aquí para oír lo que los demás piensan hacer 120 Librodot . lo siento mucho por ti. pero se daba cuenta de lo poco adecuado que resultaba conservar la calma en aquellas circunstancias. ¡Ay. que no quería ocupar el sillón más cómodo sin ofrecérselo primero. como el pobre señor Carr. hermana -contestó lentamente-.Librodot El molino de Floss George Eliot 120 que la posibilidad de perder los objetos de su casa parecía inusualmente verosímil. hermana. -Hermana Glegg -protestó la señora Pullet en tono lastimero. -¡Sophy! -exclamó la señora Glegg indignada-. Bessy. Porque es justo que esté bien atendido mientras está enfermo. añadió-: Arriba tengo una docena de jarras de jalea talladas. hemos venido esta mañana para hablar y dar consejos sobre lo que hay que hacer en relación con la deshonra que ha caído sobre la familia y no para hacer comentarios sobre desconocidos. -Después. lo más seguro es que se quede como un niño. -Ya ves que me he sentado aquí. -¡Oh. sentándose sin perder el buen humor-. La señora Glegg llevaba el más rizado de sus postizos y unas ropas que parecían recién resucitadas tras soportar alguna forma de enterramiento propiciadora de las arrugas: un traje elegido con el elevado propósito moral de instilar una humildad perfecta en el ánimo de Bessy y de sus hijos. en toda ocasión. El señor y la señora Glegg habían llegado y los Pullet aparecieron casi de inmediato. ¿Y cómo está el pobre enfermo d'arriba? -Esta mañana el doctor Turnbull lo ha encontrado mucho mejor -contestó la señora Tulliver-: parece más despierto y ha hablado conmigo. si llegan los problemas. -Bueno -dijo el señor Glegg. El médico dice que ha perdido la memoria de todo lo reciente y no reconoce a Tom porque lo recuerda como un niño. Tenían que darle de comer con una cucharita como si fuera un nene. qué mundo éste! -exclamó al entrar-. -Sí. Este mundo cambia mucho y no sabemos hoy lo que podrá suceder mañana. y tú no tienes eso. Y que yo sepa.

. es la primera vez que vienes desde que se sabe que l'alguacil está en la casa. y un taburete donde sentarte.. Jane. -Vamos. porque es blanca y estriada y no costó tanto como la mía. para que te hagas cargo de tu situación y de la deshonra que tu marido ha traído a esta familia. y esos tulipanes en las tazas. ya que hablar con energía por el bien de los demás es cosa muy fatigante. -Pero no se puede evitar. la pocelana y los azucareros no salieran a la venta -intervino la señora Tulliver con tono suplicante-: y las tenacillas para los terrones de azúcar.. y le dije que compraría los manteles de lunares. La señora Glegg hizo una pausa. -Bueno. Y te digo todo esto por tu propio bien. -Tampoco se puede esperar -señaló el tío Pullet con inesperada independencia de juicio. aunque ahí está la ropa que yo hilé. vamos -intervino el señor Glegg amablemente-. puede hacerlo. que siempre había estado aplastada por el dominio de su hermana Jane. y cuando Tom nació. utinsilios de cocina. Recuerda que si los tienes será porque tus parientes te los habrán comprado. sólo que compren cosas si les apetece tenerlas. no diré que no vaya a comprar algunos de los mejores ojetos -dijo la señora Deane con aire altivo-. Creía que te gustaría tenerlos porque te oí decir una vez que eran bonitos. -¡Los mejores ojetos! -exclamó la señora Glegg. contestó en tono suplicante: -T'aseguro. y de la tetera. deben ser cosas útiles y sencillas.. Entre todos nos las arreglaremos para comprar lo que usted necesite aunque. Por lo que yo sé. Nadie sabe lo que mi esposo ha hecho por su propia hermana. que no he pedido a nadie un favor. que le había hecho llevar el yugo de los hermanos menores desde tierna edad. una manta para taparte. en cambio.. al menos. yo estuve ayer aquí y miré toda la ropa y las cosas de Bessy.Librodot El molino de Floss George Eliot 121 para salvar a una hermana y a sus hijos de la caridad pública. y no se ha desportillado ni una pieza. -Desearía que pudieran arreglarse las cosas para que mi tetera. como dice la señora Glegg. pero todo habrá que subastarlo. la verdad es que no me vale de nada tener dos teteras de plata. Jane -dijo la señora Pullet-. me voy. y esas rosas que da gusto mirar. No va a encargarse una sola y no esperéis que lo haga todo yo. que fue lo primero que compré. Lo probable es que en la subasta se vendan por una bicoca. que Bessy no quiere que salga de la familia. ya lo sabes -contestó la señora Glegg-. su severidad había ido creciendo con el largo silencio-. En casa caben cosas de sobra. porque ahora dependes de ellos para todo: porque tu marido está en cama imposiblitado y no tiene un penique. el damasco con lunares siempre me ha gustado. hermana Deane. como vosotras. Pensar que mi pocelana se venderá así. Una mesa y una silla o dos. y la compré cuando me casé. No he pedido a nadie que las compre para mí y mis hijos. hermana. Lo que está hecho no puede deshacerse.que la familia pague más por los ojetos de lo que vaya a darse por ellos en la subasta. no puedo ser más justa. por culpa de la ramita. aunque la tuya no tenga color. debes concentrarte en las circunstancias y dejar de pensar en plata y pocelana para ocuparte de tener un colchón de borra para acostarte. -Bien. -¡Ay de mí! -exclamó la señora Tulliver-. la plata y la pocelana. Jane y Sophy: y sé que no os gustaba la mía. Pero no he dicho nada de que quisiera que mis hermanas las pagaran. una de las primeras cosas que pensé cuando estaba acostado en la cuna fue que todas las cosas que había comprado con mi propio dinero y que había cuidado tanto serían para él. No pintemos el panorama demasiado negro. porque la he lavado siempre yo.. ya que tendrás que ocuparte de todo y comportarte con humildad. En otros tiempos yo mismo no sabía lo 121 Librodot . yo. Y los azucareros. y ahora tendríamos más dinero si él no se lo hubiera prestado y no le hubiera pedido nunca que lo devolviera. para que no se estropeen en casa de desconocidos. pero a mí sí me gustaba. aunque no tuviera el pitorro recto. Me agota la paciencia oíros hablar de «mejores ojetos» y de comprar eso y aquello. No debemos ponernos a pensar en lo que no hace falta. Bessy. una buena cama y cosas así. No creo que t’hayas dado mucha prisa en hacer algo. La señora Tulliver. Si alguien de la familia quiere comprarlo. Seguro que a vosotras no os gustaría que vuestra pocelana la subastaran por una bicoca y terminara rota. en cambio.

122 Librodot . Saludaron a sus tíos estrechándoles la mano en una ceremonia triste y silenciosa. caballerete: decíamos que vamos a necesitar que cojas papel y pluma. que sólo se enteran de las noticias cuando el señor Moss va al mercado. y les explique lo mucho que van a tener que sufrir por los errores de su padre. con una sagacidad práctica alentada por los fuertes estímulos de las nuevas emociones que había experimentado desde el día anterior. Ya lo había pensado. y ese extraño sopor fatigado. tras un breve descanso.Librodot El molino de Floss George Eliot 122 que era dormir en una cama. -Hablando de lo que ha dicho usted de los Moss y de lo que el señor Tulliver ha hecho por ellos -señaló el señor Pullet. Aunque me sorprende que a Maggie no se le haya ocurrido. En realidad tenemos muchas cosas inútiles sólo porque tenemos dinero para gastar. -¡Ay madre! Si no les he enviado recado contando lo del señor Tulliver -exclamó la señora Tulliver-. aquella mañana se encontraba especialmente abatida: la habían despertado a las tres. hermana -contestó la señora Tulliver con resignación. igual que los demás. hasta que el tío Pullet señaló. Deberían oír lo que tienen que decir sus tíos y tías: y hablando de Maggie. Bessy. si fueras tan amable de permitirme. iré a buscarlos. Y viven tan lejos. que se encontraban en el dormitorio de su padre y. de la misma manera que tampoco habría deseado tomar de golpe una gran dosis de un medicamento concentrado que. Ya es hora de que sepan con quién pueden contar. al pasar ante la puerta del ropero se le ocurrió una nueva idea. le resultara apenas tolerable.. los chicos habrían estado en la sala desde el principio. Subió al piso para buscar a Tom y a Maggie. hablar en lugar de quitarme las palabras de la boca. ¿Cómo es que el señor y la señora Moss no están aquí para hablar con nosotros? Lo justo es que ellos también arrimen el hombro. supongo que ahora. había estado elaborando un plan que pretendía proponer a alguno de sus tíos o tías. que se volvía inusualmente charlatán en cuanto se hablaba de prestar dinero-. -Glegg -protestó la señora Glegg-. cuando se le acercó Tom: -Bien. ya que yo le he pagado la mitad de los estudios. Se encaminó hacia allí y dejó que los chicos bajaran solos. cuando la vida diurna parece carecer de importancia y ser un mero margen de las horas en la alcoba oscura. consecuencia de velar el sueño de un enfermo durante las frías horas de la penumbra y el amanecer. Y deberías metértelo en la cabeza y no olvidarlo. Iba a decir. En cuanto a Maggie. Podría morirme hoy mismo de repente: nunca se sabe. tendrás que vivir de la caridad parroquial. debería obligárseles a que lo devolvieran. pero no sentía la menor simpatía hacia ellos y temía enfrentarse a todos a la vez. -Bien. ¿quién va a ocuparse de ti. tras la escuela. en qué se han convertido. que está muy bien que digas que nunca nos has pedido que te compremos cosas: pues permite que te diga que deberías habérnoslo pedido. Cuando los hermanos entraron con cierta renuencia parecía como si sus tíos acabaran de sostener una agitada discusión. -¿Por qué no vienen tus hijos. -Si por mí fuera -dijo la señora Glegg-. estaba abatida y los tesoros guardados en el ropero ya no le inspiraban más sentimientos que una muda desesperación. y es justo que alguien hable con ellos y les informe de su situación en la vida. si no es tu familia? Si no lo hace. y rogar humildemente que hagamos por ti lo que podamos en lugar de alardear de no habernos pedido nunca nada. Tom. Dime. Pero ni se m'ocurrió pensar en ellos. porque. y si se les ha dejado dinero. Su entrada interrumpió la conversación. -Pues claro -intervino la señora Deane-. Bessy? sugirió la señora Pullet tras la alusión a Maggie-. siempre ha querido mucho a la tía Moss. incluso a pequeños sorbos. cuando se encaminaba de nuevo hacia la planta baja. por los caminos de Basset. tendrás pocas oportunidades para escribir.. ¿Han dicho algo? Deberían hacer algo. debería pensar más en mí que en su tía Moss.

Y también su hermana debe meterse en la cabeza que debe ser humilde y trabajadora prosiguió la señora Glegg.Se m'ha ocurrido pensar que si veías otra vez la tetera. Cuando no quedan tierras ni dinero. -No se puede evitar la deshonra de la familia comprando teteras -declaró la señora Glegg-. Pero empecé con muy poco: podía vivir con un tazón de gachas y un mendrugo de pan con queso. Nuestra vergüenza es que un miembro de la familia se haya casado con un hombre que l'ha llevado a la mendicidad. empezó a hablar en un tono tranquilo y respetuoso. sino convencerse de que sus parientes no lo van a mantener para que lleve una vida de ocio y lujo: tendrá que recoger los frutos de la mala conducta de su padre y acostumbrarse a comer mal y a trabajar mucho. la educación es lo primero. algunos con tu nombre completo. en una muestra de autodominio y sensatez notables en un muchacho de quince años. jovencito. No podemos impedir que todo el mundo lo sepa. ¿no seria 123 Librodot . o guardarlo para Lucy. -Tranquila. con lágrimas en los ojos-. Y en cuanto calló la tía Glegg. porque ya no tendrá criados que la sirvan. que se había sentado en el sofá junto a la tía Deane. -Tom. que he hecho mi fortuna sin estudios. en un tono respetuoso. Nuestra vergüenza es que van a vender sus bienes en pública subasta. si usted cree que es una vergüenza para la familia que se vendan nuestros bienes en pública subasta. apartándola. -Así pues. si bien le temblaba la voz. Sería horrible que lo compraran los de The Golden Lion -dijo la pobre mujer emocionada. lo que había meditado previamente cuando se abrió la puerta y entró de nuevo su madre.. que acabarían en la calle y en el asilo si no recibieran su ayuda.. Es que. a lo mejor te gustaba más: hace un buen té y tiene el juego completo: podrías utilizarlo a diario. has tenido muy mala suerte. atraída hacia ella sólo porque era la madre de Lucy-. como hace mucho tiempo que la viste por última vez. con mis iniciales: mirad. Veamos si lo haces mejor que yo. Es muy triste pensar que las iniciales de la familia estarán por ahí. mirando directamente a la señora Glegg-. en el centro del grupo. hermana -dijo.. -Aquí tienes. Y debe ser humilde y mostrarse agradecido a sus tíos y tías por lo que están haciendo por su madre y su padre.. porque las palabras de su madre lo habían herido en lo más vivo. y pensar que se arañará y la colocarán delante de los viajeros y de la gente. y debe tenerlo muy presente. los cubiertos. todo irá por ahí. La pobre señora Tulliver llevaba en las manos una pequeña bandeja donde había colocado la tetera de plata. Tom seguía de pie junto a la mesa. pero Tom vio el gesto y su rostro encendido a tiempo de impedir que hablara. Bessy. los azucareros y las tenacillas para los terrones.Librodot El molino de Floss George Eliot 123 -Eso es -dijo el tío Glegg con un tono admonitorio que pretendía ser amable-. tiene el pitorro recto. Ante la alusión a su padre.. y todo el mundo las verá. Estaba sonrojado y distaba de parecer humillado: se disponía a decir. -¡Santo cielo! -dijo la tía Pullet. tía dijo. respetar y querer a sus tías que tanto han hecho por ella y han ahorrado dinero para dejárselo a sus sobrinos y sobrinas. No debe pararse a pensar en lo que es difícil. meneando la cabeza con gran pesadumbre-. Pero de qué sirve comprar la tetera cuando la ropa. Maggie se levantó de un brinco del sofá. mirando a la señora Deane mientras depositaba la bandeja sobre la mesa. además. Nunca había sucedido. ha llegado el momento de que nos demuestres lo mucho que has aprendido. una taza y un plato de muestra. mirando con severidad a Maggie. Tendrá que hacer el trabajo de la casa. D. -Pero tendrá que seguir adelante -intervino la tía Glegg con energía-sea fácil o difícil. Debemos sacar partido a esos estudios que tan caros han salido a tu padre. aquí pone E. Maggie dijo Tom con tono autoritario.. La tetera que compré cuando me casé. Pero no creo que la buena vida y los buenos estudios que has tenido t’hagan más difícil el camino de lo que fue para mí.

porque ahora. -En ese caso. ya que todos. hay que tener en cuenta una cosa -dijo el señor Glegg-: de nada sirve saldar esta deuda y salvar los ojetos de la casa cuando están también todas las otras deudas legales que se llevarán cada chelín que se pueda sacar de la tierra y del ganado. ¿por qué han venido aquí a hablar. Se comportaría como un hombre. Maggie. si no piensan hacer nada para ayudar a mi pobre madre. que soy la mayor de la familia. su intervención tuvo el infortunado efecto de molestar a su esposa. ¡Preferiremos no tenerlo! ¡Nos las arreglaremos sin él! Tras estas palabras de desafío a sus tíos. Tom y yo no querremos saber nada de su dinero. que se vea en tus palabras. El tío Glegg fue el primero en hablar. -Puedo trabajar y pagar un interés anual -contestó Tom rápidamente-. estaba enfadado: no servía 124 Librodot . señor Glegg! -dijo la dama con enfadado sarcasmo-. ¿no sería mejor que nos lo dieran ahora para pagar la deuda y evitar así que mi madre se separe de sus cosas? Durante unos momentos se hizo el silencio. Lo siento por Bessy y sus hijos. movido por el deseo de animar a Tom. -¡Bien dicho! -exclamó el tío Glegg con admiración. La sangre te va a subir a la cabeza y tendrán que hacerte una sangría. vaya. por el contrario. como si yo no supiera lo que es más razonable. yo. pero esa no es mi intención. porque era un buen hombre y los habría ayudado en caso de apuro. yo. sin embargo. no queremos saber nada de ustedes y no vengan a buscar defectos a mi padre: era mejor que ustedes. Ahora tengo que despilfarrar el dinero en unas personas que han tenido las mismas oportunidades que yo. como si estuviera preparada para afrontar las consecuencias. Pero debes recordar que está la cuestión del interés: tus tías reciben el cinco por ciento de su dinero y lo perderían si os lo adelantaran: no habías pensado en eso. Maggie permaneció inmóvil. -Entonces -estalló-. Ya veo que te gusta dar mi dinero. La serenidad de Tom había desaparecido durante la conversación y le temblaban los labios.Librodot El molino de Floss George Eliot 124 preferible impedirlo? Y si usted y la tía Pullet -prosiguió. a fomentar el lujo y el despilfarro que ellos no pueden mantener por ningún medio. y dejar doscientas o trescientas libras menos cuando me muera. Maggie se puso de pie y se plantó ante ellos con los ojos centelleantes como una joven leona. mirando hacia esta última. Glegg. Hermana Pullet.. Y mi dinero me lo dio mi padre y no el tuyo. aunque no lo necesiten. volvía a temblar de indignación. incluida Maggie. pero estaba decidido a no rendirse. tú puedes hacer lo que quieras y puedes permitir que tu marido te quite el dinero que te ha dado. sin pararse a pensar en la posibilidad de llevar a la práctica su plan. Y ahora se va destinar a comprar objetos de otros. La señora Tulliver estaba asustada: aquel loco estallido resultaba ominoso y ya no podía imaginar qué curso tomaría la vida tras él. Glegg -exclamó su esposa lentamente y con mucho énfasis. Si no ayudan a mi madre. Siempre te precipitas. duermo muy mal: pero no vale la pena que piense en hacer algo si no me vas a ayudar. para evitarle este trago? En ese caso. tras el momentáneo entusiasmo por las palabras de Tom. a meterse en nuestras cosas y regañarnos. o añadir un codicilio. muchacho. ¡cómo te pones! -dijo la señora Pullet-. Su madre se encontraba junto a Tom y se aferraba a su brazo desde el momento en que éste había hablado: de repente. que siempre me he comportado correctamente y con prudencia. Y yo tendré que alterar mi testamiento. inclinando la cabeza hacia él en un gesto elocuente.. su propia hermana? ¿Si les da igual que tenga problemas y no quieren prescindir de su dinero. Tom. aunque me dijiste que estaba a mi disposición. y he ahorrado y añadido un poco casi cada año. -Bien. -¡Sí. con esta nueva medicina. Tenemos que guardar el dinero para este pobre hombre en lugar de gastarlo en ojetos que no se pueden comer ni beber. Jane!. pero se han comportado mal y lo han despilfarrado. paso unas noches horribles pensando en ellos. -Vaya. en cambio. mirándolos con sus grandes ojos oscuros. Jane.están pensando en legarnos dinero a Maggie y a mí. -¡Vaya. y todavía más: lo sé porque he hablado con el abogado Gore. No vas por mal camino. se asombraron ante la súbita actitud varonil de Tom. Haré todo lo que sea necesario para evitar que mi madre pierda sus cosas.

Bessy -anunció la señora Pullet. dijo: -Sí. No somos de esa clase de gente capaz de robar a los hijos de su hermano y pensábamos devolverle el dinero cuando las cosas fueran un poco mejor. les pareció más adecuado comentarla que dar respuesta a las preguntas que había planteado. mis ocho niños. y ahora que las necesita. así podrá dar su consentimiento para la lista de cosas que hay que comprar. Fue a abrir la puerta y Maggie se apresuró a seguirla.. La señora Moss estaba demasiado agitada para negarse a seguir a la señora Tulliver cuando ésta la condujo hasta el salón con un gesto mecánico. estoy entre dos fuegos -dijo la señora Moss. -Vamos. No tenía que haberle pagado el colegio.. ante una aberración semejante. permitiendo que Maggie la acompañara hasta el sofá. nunca me pareció buena idea. una figura alta y oscura pasó apresuradamente ante la ventana. si conseguimos salvarlos de la bancarrota. Maggie la asía por el brazo y la señora Moss pareció no ver a nadie más que a Tom. coge papel y pluma. No perdamos más tiempo hablando y pongámonos a trabajar. Siéntate. -¡Queridos niños! -exclamó-. ¡Un hombre con familia! No tenía derecho a prestar dinero de ese modo: y sin ningún papel. Aquella mujer alta. querida niña. y vosotros también. -Lo que vas a sufrir por culpa de esta niña. Lo he dicho una y otra vez. alzando la mirada. Cómo vais a pensar bien de mí: soy una tía que no sirve de nada. aunque se diría que seguía sin advertir la presencia de los demás-: tenemos trescientas libras del dinero de mi hermano. no hay en ella nada de nuestra familia». Mientras la señora Glegg hablaba. Y me siento como si fuera una ladrona. Es lo más desagradecido y descarado que he visto en mi vida. tendremos que venderlo todo para devolverlo. Pero estoy segura de que mi hermano. vamos -dijo el señor Glegg-.. vestida con un traje raído. Su 125 Librodot . seguro. ¿Cómo está mi pobre hermano? -El doctor Turnbull cree que se irá poniendo mejor -contestó Maggie-.. Pero tengo hijos. porque soy de los que toman mucho y dan poco.. sin pensar que era poco atento por su parte llevarla ante tanta gente en el doloroso momento de la llegada. Es justo que se ocupe de lo que le corresponde. aquí está la señora Moss -dijo la señora Tulliver-. mi marido firmó un pagaré. se dirigió hacia él y lo tomó de la mano... -Un sollozo le impidió seguir hablando -¡Trescientas libras! ¡Santo cielo! -exclamó la señora Tulliver. hace ya muchos años: «Recordad lo que os digo: esta niña va por mal camino. cubierta con un chal y una capota colocados a toda prisa y con la total ausencia de afectación propia de las personas profundamente preocupadas ofrecía un fuerte contraste con las hermanas Dodson. -Es una suerte -dijo la señora Glegg-.. -Oh. Finalmente. pero yo no. Tenía mis motivos cuando dije que yo no pensaba pagar nada de eso. -Bien -dijo el señor Glegg-. porque está peor que nunca... no sé qué hacer. -Caramba. pobrecitos. La voz de la señora Glegg atrajo la atención de la señora Moss que. -¡Qué locura! -exclamó la señora Glegg-. tía Gritty. Y en lo que respeta a tanto estudio. Tom.Librodot El molino de Floss George Eliot 125 para nada hablar así. ajada y morena. A lo mejor otros se sorprenden. -Eso es lo que yo siempre he dicho -prosiguió la señora Glegg-. el pequeño todavía no habla bien. Es terrible. se habrá enterado de la mala noticia. pero ahora ¿tiene su esposo de dónde sacar el dinero? Porque para ellos sería una pequeña fortuna. La sorpresa hizo callar a las tías durante un momento. Cuando había dicho que su esposo había hecho lo indecible por su hermana no pensaba en ninguna cantidad concreta y ahora sentía la irritación propia de una esposa mantenida en la ignorancia. y no te inquietes. ya que se trata de su hermano.

. señor. -Bien. no podía evitar hablar de él. No creo que mi tía esté obligada a devolver el dinero. antes de que me marchara a estudiar con el señor Stelling -contestó Tom sonrojándose. -¡Ay. habría roto el pagaré. Espero que no se ofenda conmigo por decirle la verdad. señora Moss. por lo menos él. Desearíamos hacer lo cometo y trabajaría durante media noche si sirviera de algo. si es que vuelve a levantarse. la cantidad de trescientas libras será para él una fortuna. mientras Maggie contemplaba desconcertada y abatida a Tom. en dos veces -contestó la señora Moss.. no he sido más que una carga durante toda mi vida. La última vez fue después de aquella enfermedad que tuve.. me parece. Debemos buscarlo: ¿qué te hace pensar que no tenía intención de reclamarlo? -Porque recuerdo muy bien que. -¿Tulliver te prestó todo el dinero de una vez? -preguntó la señora Tulliver. Tom vaciló un momento y después prosiguió. -Y si no se le declara en bancarrota -prosiguió el señor Glegg-. -Tío -dijo Tom alzando la vista de repente y abandonando la contemplación del mantel-. Tom. entonces. pero esforzándose por hablar con firmeza a pesar de su temblor infantil-. no por eso mis hijos serán más pobres». La pobre señora Moss escuchaba sumisa y temblorosa. pero nunca lo pondré en un aprieto para que me lo devuelva: prefiero perderlo. -Subí al carro en cuanto m'enteré de lo que había sucedido -dijo la señora Moss. pero creo que. madre mía! -exclamó la señora Tulliver pensando. y entonces se firmó otro pagaré. frotándose los ojos y haciendo un esfuerzo por contener las lágrimas-. aunque se casó contra mi voluntad. debo advertirle una cosa.. es justo que se esfuerce en conseguir ese dinero y. me siento dividida en dos.Librodot El molino de Floss George Eliot 126 esposo posee ganado: es justo que reúna el dinero. señora Moss. Me dijo algo sobre Maggie y después añadió: «Siempre he sido bueno con mi hermana. Estamos acostumbrados a los apuros y no esperamos otra cosa. -No. pero mis pobres niños. hemos vendido todo el trigo y estamos atrasados en el pago de la renta.. aunque lo sienta mucho por ustedes. Mi esposo y yo deseamos hacer lo adecuado. con los ojos clavados en el mantel. Con mi enfermedad y mi mala suerte. de cualquier modo van a verse obligados a devolverlo. pero en ese caso. pobre hombre. No. 126 Librodot . quizá no.. es que como no paraba de pensar en el dinero. tía. señora Moss -dijo el señor Glegg-: si el señor Tulliver es declarado en bancarrota y tiene un pagaré de su esposo por trescientas libras. tendrán que pagarlas: los apoderados acudirán a cobrarlas.. Nos las apañaremos y devolveremos el dinero si eso es lo único que tiene mi hermano. Lo único que sabemos es que podría quedar medio paralítico. señor -añadió. como he dicho antes. pero cuando pienso en mis hijos.. por un lado. todavía absorta en las cosas que habían ido sucediendo sin que ella se enterara. mirando a la señora Tulliver-. Y no es que piense mucho en nosotros y nada en mi hermano. No habría tardado tanto en venir si usted se hubiera acordado de avisarme. hace cuatro años. Tom. -No llores así. tengo cuatro tan pequeños. -Sí. no te inquietes -susurró Maggie. no sabe usted la mala suerte que ha tenido mi esposo con el ganado: tenemos menos que nunca. mi padre me dijo una noche cuando estábamos sentados junto al fuego y no había nadie más en la habitación.. cuando todo nos fue mal. mirando al señor Glegg-. para ver si. por otro. que tenía una mano entre las suyas. ¿Y si no fuera ésa la voluntad de mi padre? -¡Cómo! -exclamó el señor Glegg tras unos instantes de sorpresa-. Lo siento mucho por usted.. no en la inquietud de la señora Moss sino en la bancarrota. y he prestado dinero a Moss... señora Moss -afirmó tajante la señora Glegg-: la suya es una familia muy desgraciada: mi hermana es digna de lástima. parecía pensativo. daba muestras de entender el problema y de preocuparse por la tía Moss. -Oh.

si queremos impedir lo que podría llegar a suceder si se declarara a tu padre en bancarrota. tales como destruir documentos o prescindir de algo lo bastante importante como para suponer una diferencia apreciable en las propiedades de un hombre-: en ese caso. ¿por qué no lo damos para salvar mis cosas? No tenemos por qué meternos en los asuntos de los tíos Moss. Pero está claro que no lo entiendes. tía Gritty -susurró Maggie. -Bien -dijo la señora Glegg. igual que si existiera el pagaré. puesto que había decidido empobrecerse voluntariamente. porque si mis hijos no han tenido más suerte que ésa. Miremos si lo encontramos en el arcón. 127 Librodot . Si dices alguna imprudencia. Suponiendo que. Y estoy seguro de que quería que recordara lo que me dijo esa noche. Vamos nosotras también. -Nunca había oído decir nada semejante -dijo el tío Pullet tras tragarse a toda prisa su caramelito para expresar su asombro-: destruir un pagaré. La señora Tulliver no comprendía la cuestión y se esforzaba en encontrar ideas originales. tendremos que destruir el pagaré. Tom. -Pero si ese pagaré vale tanto dinero -dijo la señora Tulliver-. cuyos buenos sentimientos lo empujaban a compartir los deseos de Tom. al menos tienen un padre y una madre honrados. es lo mismo que si hubiera destruido entonces el pagaré. nunca habría hecho un préstamo tan imprudente. -Está en su habitación. Ni siquiera la señora Glegg pudo evitar dar su aprobación a las palabras de Tom: sin duda. Lo he pensado atentamente. muchacho! No creía que fueras tan listo -dijo el tío Glegg con franqueza-. seguro que está castigado por la ley.. no digas después que fue culpa mía. sentiría mucho pensar que se había hecho algo contra su voluntad a pesar de que yo podía impedirlo. que había estado pensando en las palabras de Tom-. entonces sí tenía derecho a hacerlo. Pero quizá tu padre llegó a destruir el pagaré. Las mujeres no entienden estas cosas: no hay otra manera de proteger al señor y la señora Moss que destruyendo el pagaré. pero hijo mío -dijo el tío Glegg. -Entonces. -Sí. tu gesto no te hará más pobre: y si tu padre necesita este dinero. no creo que eso suponga un engaño para los acreedores. aunque si su padre hubiera sido un Dodson. jovencito. -Señor Glegg -interrumpió su esposa con severidad-: ten cuidado con lo que dices. Si antes de meterse en este funesto pleito tu padre tenía ya intención de regalarle el dinero a tu tía.Librodot El molino de Floss George Eliot 127 Ahora mi padre está enfermo y no puede hablar por sí mismo. -¡Bien contestado. tu padre esté en bancarrota. Si mi padre no se recuperara.. porque yo misma he sido acreedora y he visto infinitas trampas. tío -insistió Tom-. cuando se trata de dinero -añadió la señora Glegg mirando a Tom con aire de censura-: no puedes quitarle a un hombre la comida para darle a otro el desayuno. espero que me ayude a hacerlo. -¡Bah! -dijo el tío Glegg-. la sangre de los Dodson hablaba por él. Moss y yo lo pagaremos. Pero hay que tener en cuenta muchas otras cosas. pero al mismo tiempo no podía desprenderse de su habitual aversión ante actitudes alocadas. Estás metiéndote mucho en los asuntos de los demás. si crees que tu padre se enfadará cuando se cure. -Bien. efetivamente. Maggie no se habría contenido y habría saltado a abrazar a Tom si la tía Moss no se lo hubiera impedido levantándose y cogiéndole la mano para decir con voz ahogada: -Querido muchacho. claro que sí -contestó Tom con decisión-: sé que si debo dinero a un hombre no tengo derecho a dárselo a otro. si Dios existe. y yo no quisiera que se actuara en contra de su voluntad. Debo obedecer los deseos de mi padre en relación con sus bienes. Pero si mi padre había decidido dar el dinero a mi tía antes de endeudarse. Nos comportaremos tal como os habéis comportado con nosotros.

que Maggie dijo a la tía Moss que no esperara que su padre advirtiera su presencia. Ven aquí. Todavía nadie se queda con nada. Todos los objetos que conocemos desde hace tiempo. y su apertura había constituido siempre una ceremonia solemne. El señor Tulliver miró a su alrededor con aire pensativo: a Tom. Sólo hemos venido a ver lo que había en el arcón. de repente. Cuánto m' alegro de haber venido y de verte otra vez como siempre: pensaba que nunca más volverías a reconocernos. mi querido hermano! -dijo la buena señora Moss. producen sonidos que son como una voz familiar. Tal vez aquel sonido. con los ojos cerrados. tembloroso: era la primera vez que su padre lo reconocía. poseía alguna característica especial que produjo un efecto instantáneo en el hombre postrado. Ha estado enfermo. con expresión de reconocerlos perfectamente. cada vez con más recelo. éste siguió mirando. cuando todos los ojos de los presentes estaban vueltos hacia él. Entraron sin hacer ruido y la señora Moss se sentó junto a la cabecera de la cama. El arcón había pertenecido a su padre y al padre de su padre. ¿también estás aquí? ¿Y cómo te las has apañado pera dejar a los niños? -¡Oh. al señor Glegg y a Maggie.. Gritty! -exclamó con el tono entre triste y cariñoso que acostumbraba a emplear con ella-: cómo es eso. Supongo que son las de la casa y el molino. incluso el simple cierre de una ventana o un pestillo concreto. y teníamos que encargarnos un poco de las cosas. -¡Ah. -¿Qué está pasando aquí? -espetó-. al señor Glegg y las escrituras. se había apartado ya un poco cuando el soporte cedió y la pesada tapa cayó con tal estruendo que resonó por toda la casa. ? ¿Por qué no me cuentan lo que han estado haciendo? -añadió con impaciencia mientras el señor Glegg avanzaba hacia los pies de la cama antes de hablar. Abrieron el arcón. no. afortunadamente. el señor Tulliver se hallaba en un estado tan apático que las entradas y salidas de la habitación tenían lugar sin grandes miramientos. los pergaminos que estaban en las manos del señor Glegg y a Tom con la caja de hojalata. una voz que nos estremece y despierta cuando toca fibras muy profundas. más allá de la fuerte vibración. demasiado impulsiva para ser prudente-.Librodot El molino de Floss George Eliot 128 Capítulo IV Un rayo de luz se desvanece Incluso entre los accesos de rigidez espasmódica que padecía a intervalos regulares desde que lo habían encontrado a los pies del caballo. y apoyaron la tapa en el soporte de hierro sin hacer apenas ruido. se volvió bruscamente y vio a su hermana. -Hay una caja de lata -susurró el señor Glegg-: es posible que guarde allí algo pequeño como un pagaré. Aquella mañana había permanecido tan quieto. miró el arcón. Pero esperemos que pronto se encuentre lo bastante bien para ocuparse usted de todo. el cual se liberó de la parálisis durante unos instantes. el señor Tulliver se incorporó con un respingo y. -¿Qué van a hacer con esas escrituras? -preguntó con el tono que acostumbraba a emplear cuando estaba irritado-. En ese preciso momento. Pero en lugar de decirle algo más. pero primero quitaré yo estas escrituras. El señor Glegg había levantado los pergaminos y. y veremos qué hay debajo. ¿sabe?. El señor Glegg y Tom habían entrado también de puntillas y se afanaban por encontrar la llave del viejo arcón de roble en el manojo que Tom había traído del escritorio de su padre. Tom. Tom. -No. ¿Para qué toca usted mis escrituras? ¿Wakem está quedándose con todo. situado a los pies de la cama del señor Tulliver. advirtiendo que había alguien junto a la cabecera. Levántala. amigo Tulliver -dijo Glegg con tono tranquilizador-.. 128 Librodot . mientras Maggie volvía a ocupar su puesto sobre ésta y colocaba la mano sobre la de su padre sin que en el rostro de éste se produjera cambio alguno. ¿Qué estás hurgando en mi arcón? Tom obedeció.

Bessy -dijo-. m'alegro de que pensaras en eso. ¿Qué quiere que haga con él? -Ah. yo he hecho todo lo que he podido. Pero para el pobre Tulliver la muerte no sería un salto. Pero debes intentar pagarlo todo. muchacho -dijo el señor Tulliver-Siempre he tenido intención de ser indulgente con ese dinero. y Tom crece. El señor Tulliver se estaba excitando y acalorando de modo alarmante. ¿tenéis la carta. -Ellos harán un gran esfuerzo para pagarlo todo. tendrás que ocuparte de las dos.. 129 Librodot . pero Tom dijo con firmeza: -Sí. Gritty. padre. y tus hermanas te ayudarán... -Si me muero. Aunque no dejaba de ser una repetición de lo sucedido antes. Se sentía como si su padre hubiera regresado de entre los muertos y ella pudiera cumplir ya el deseo de demostrarle lo mucho que lo había querido siempre.. Podrías darle con el látigo. no sólo por contraste con el estado anterior. espero. pobre Bessy y cuando Maggie salió de la habitación.. padre -contestó y le dio un beso con todo el corazón.Librodot El molino de Floss George Eliot 129 -¡Cómo! ¿He tenido un ataque? -preguntó el señor Tulliver inquieto. Su rostro volvió a ensombrecerse. El efecto sanador de la fuerte vibración se agotó y con estas últimas palabras el pobre hombre volvió a caer en un estado de inconsciencia y rigidez. y la mocita se casará. pero se lo impidió Tulliver. sino también porque sus palabras habían aludido a la posibilidad de que su fallecimiento estuviera cerca. por tu tía. sino un largo descenso hacia sombras cada vez más densas.. me las dio hace tiempo y no tiene ningún papel que lo demuestre: debéis pagarle a él en primer lugar. El señor Glegg deseaba decir algo tranquilizador. mocita? -Sí. castiga a Wakem por lo que ha hecho. ¡Cuidado. que entró muy alterada por la noticia de que su esposo volvía a ser el de siempre. volvió los ojos hacia Tom.. sí. Y para que te quedes con tus cosas.. En ese momento.. -¿Dónde está tu madre? -preguntó. Tendréis muchos apuros de dinero. tan preocupado que recibió el beso con la pasividad de un animal.. ¿Y no tiene usted el pagaré por trescientas libras de mi tío Moss? Habíamos venido a buscarlo... No debe importaros perderlo si no pueden pagar y lo más seguro es que no puedan. el pagaré está en esa caja! Siempre he querido portarme bien contigo. ¡Es culpa d'esos bribones! Tom. Pero enseguida se encontrará bien. -Bien. Tom. me parece -dijo el señor Glegg-. Pero las cosas están muy mal. le he dado una educación. Maggie regresó con su madre... -Está abajo con las tías. atiende bien: si tienes la oportunidad. Si no lo haces. Pero la culpa es de la ley. que hablaba de nuevo a su esposa. no mía -añadió enfadado-. es que no vales para nada como hijo. Miró a Maggie y le preguntó con tono grave: -Así pues. mirando al señor Glegg. Y acuérdate: invertí cincuenta libras de Luke en el negocio. -Se cayó del caballo y ha estado un poco pachucho. padre: ¿quiere que vaya a buscarla? -Sí. Bessy -dijo él mientras ella le daba un beso-: tendrás que perdonarme si tu situación económica es peor de lo que habías imaginado nunca. impresionó a los presentes como si se tratara de la muerte. aunque ya sabes que me sacaste de quicio cuando t'empeñaste en casarte con Moss. pero haría que te castigara la ley: la ley está hecha para defender a los bribones. aunque no sé lo que será de él. sólo es eso. El tío Glegg meneó la cabeza involuntariamente con aire más inquieto que nunca. El señor Tulliver clavó los ojos en la ropa de la cama y permaneció en silencio durante dos o tres minutos.

Sabía que tanto el señor Glegg como el señor Deane habían sido muy pobres: Tom no quería ahorrar dinero lentamente y retirarse con una fortuna moderada como el tío Glegg. Puesto que eso era lo que sucedía cuando se recurría a los tribunales. terminaría en lluvia: una de esas mañanas en las que incluso las personas felices se refugian en sus esperanzas. ¿Por qué iba la gente a dar dinero a manos llenas a quienes no sabían cuidar del suyo? Le parecía justa cierta severidad. un dato muy revelador sobre el carácter de Tom era el hecho de que aunque pensaba que sus tías deberían hacer algo más por su madre. Era una mañana oscura. Entre las cuestiones pendientes que el enfermo había mencionado no se encontraba el documento de venta: el breve destello de memoria sólo había iluminado las ideas más destacadas. no sentía nada similar al violento rencor de Maggie contra ellas por no mostrarse más tiernas o más generosas. Tiempo atrás. Tom estaba ya de camino hacia Saint Ogg's para ver al tío Deane.Librodot El molino de Floss George Eliot 130 Enviaron a buscar al doctor Turnbull. lector. especialmente porque confiaba en que nunca se le aplicara a él. El pobre Tom no carecía de esperanzas en las que refugiarse de la húmeda y gélida prisión de la niebla de diciembre que parecía formar parte de sus problemas familiares. Capítulo v Tom da el primer paso Al día siguiente a las diez. por ese mismo motivo. no tenía la estrechez de miras del tío Glegg y había progresado socialmente de una manera acorde con las ambiciones de Tom. Sin embargo. ni siquiera el pensamiento más apegado a la realidad puede escapar a la ilusión y a la vanidad y Tom. En Tom no había ningún impulso que lo llevara a esperar lo que no le parecía un derecho que pudiera exigir. y volvió a caer en la desmemoria sin recordar parte de la humillación sufrida. pero no pensaba quejarse ni buscar defectos a los demás porque no le facilitaran las cosas. puesto que las dos familias habían ido distanciándose pero. en alguien tan importante como para que le ofrecieran participar en el negocio: y Tom había decidido que él 130 Librodot . lo que daba a la desgracia el matiz insoportable del error. que debía llegar a casa la noche anterior. y junto a la firme fidelidad hacia su padre se mezclaba una indignación incontenible contra él. aunque fuera solo momentánea. en algunas cuestiones Tom era mucho más rápido que cuando se trataba de las sutilezas de la construcción clásica o las relaciones de una demostración matemática. Estaba seguro de que el tío Glegg nunca respaldaría un proyecto osado. Como bien puedes ver. mientras bosquejaba su futuro no tenía más guía que una valiente confianza en sí mismo. aunque fuera recurriendo al que él y Maggie guardaban en la caja de ahorros. probablemente. Le resultaba muy duro verse en una situación tan desfavorable por la falta de prudencia de su padre. cuando éste oyó lo que había sucedido dijo que una recuperación total. oyó una vez decir a su padre que Deane se había convertido dentro de Guest & Co. Tom tenía dos cosas bien claras: había que destruir el pagaré del tío Moss y tenía que devolver el dinero de Luke. sino que deseaba ser como el tío Deane: conseguir un puesto en una gran empresa y ascender rápidamente. Y Tom se sentía muy desgraciado: percibía con la nitidez propia de un carácter orgulloso la humillación y las futuras dificultades que le depararía la suerte. tal como siempre habían dicho los tíos. pero tenía cierta idea de la magnitud de los recursos de que disponía el tío Deane. No pediría más ayuda que un trabajo y un sueldo a cambio. Apenas había visto al tío Deane durante los últimos tres años. era indicio esperanzador de que no existía una lesión permanente que le impidiera curarse del todo. Participaba en negocios importantes. su padre tenía toda la culpa. y Tom había decidido que el tío Deane era la persona adecuada para pedir consejo a fin de conseguir un trabajo. A los dieciséis años. según había dicho su tía. gélida y neblinosa que. Tom confiaba en que sirviera para algo recurrir a él.

Tom -dijo.Librodot El molino de Floss George Eliot 131 haría lo mismo. horas y minutos. Quisiera hablar con usted en cuanto tenga tiempo. -Bien. pero en cuanto entró Tom levantó la vista. joven. uno de los clientes de su padre. Se parece a la familia de su madre: era una Dodson. -Ah. gracias. compraría de nuevo el molino y las tierras de su padre. La conciencia del presente despertó a Tom de los sueños sobre el futuro y aceleró el paso para alcanzar las oficinas de Guest & Co. -Buenos días. Pero le dijo un empleado. tras anunciar su nombre. acomodando el corpachón en la butaca y sacando la caja de rapé-. Se ocuparía de su madre y de su hermana. y. El señor Deane estaba revisando cuentas. nervioso-. ¿Alguna novedad por tu casa? ¿Cómo está tu padre? -Igual. olvidaba que estarían hechos de lentísimos días. y allí podría tener tantos caballos y perros como deseara. de repente. señorito Tom! ¿Cómo está su padre esta mañana? -era un tabernero de Saint Ogg's. -Ah. Cuando ya había cruzado el puente de piedra sobre el Floss y estaba entrando en Saint Ogg's. a Tom le pareció que el sonido del reloj era menos lento y pausado. qué mala suerte han tenido. y conseguiría que todo el mundo dijera que era un hombre de gran carácter. permitieron a Tom entrar en el despacho privado donde se encontraba su tío. mejoraría la casa y viviría allí: la preferiría a otra más elegante y más nueva. en las que él y un empleado permanecieron tan absortos durante la siguiente media hora que Tom empezó a preguntarse si tendría que seguir allí sentado hasta que cerrara el banco. pensaba que Tom acudía para rogarle que buscara algún modo de evitar la venta. Saltaba así sobre los años y. ya que el monótono trabajo de los acicalados y prósperos hombres de negocios no parecía mostrar ninguna tendencia a concluir. pensaba en que. En el banco. con aliento a cerveza y la confusa idea de ser amable. Es un chico serio. cuando fuera lo bastante rico. -Éste es el hijo de Tulliver -comunicó el tabernero al tendero que se encontraba ante una puerta cercana. que había oído contar a su esposa lo sucedido el día anterior. vaya ahora a ver a Torry -dijo el señor Deane. al perder el pleito -dijo el tabernero.. perdido en estas ensoñaciones. empujado por una decisión tan firme como sus deseos. Aunque le molestó que lo interrumpiera en aquel momento. siéntate -dijo el señor Deane. Tom se sonrojó y siguió adelante: incluso la referencia más cortés y delicada a su situación le habría causado el mismo dolor que si le apretaran en un cardenal. gracias. Tom -dijo el señor Deane en cuanto estuvieron solos. pensó. ya decía yo que lo reconocía. ¿qué le han enseñado? -A mirar por encima del hombro a los clientes de su padre y a ser un caballero: creo que poco más. Mientras caminaba por la calle con un paso rápido y firme. -Siéntate. contestó cortésmente: -Está muy enfermo. ¿Qué pasa? El señor Deane. -Señor Spence. tendiéndole la mano-. siguiendo el tictac del reloj. que aquella mañana le tocaba estar en el banco: los jueves por la mañana el señor Deane no se encontraba en River Street. Finalmente se produjo un cambio: su tío cogió una pluma y escribió algo con una rúbrica al final. se cruzó con un vecino y éste lo sobresaltó con una voz tosca y familiar: -¡Caramba. con cierto desprecio por su ignorancia. 131 Librodot . tío -contestó Tom. Prefería otros caminos para hacerse rico. volviendo a sus cuentas. estar allí siempre escribiendo. donde confiaba en encontrar al tío Deane. ¿Querría su tío darle un puesto en el banco? Sería un trabajo tedioso y aburrido. si le parece bien. Le resultaba intolerable ser pobre y que lo miraran por encima del hombro toda la vida.

añadió-: y el último año escribí composiciones. como si estuviera repasando los libros de su escritorio Para ayudarse a recordar. el mejor calígrafo del mundo si no es buen tenedor de libros no llega a más que a amanuense. Tom pensó que la costumbre de tomar rapé era la más irritante que conocía.Librodot El molino de Floss George Eliot 132 -Le ruego que me excuse por molestarlo. ¿qué has aprendido en tus estudios? El señor Deane no se había interesado nunca por los métodos de educación y no tenía una idea exacta de lo que sucedía en los colegios caros. Pero suponía que si aquello fuera bueno. ni siquiera las conozco lo bastante bien para ello: además. -¿Sí? -preguntó el señor Deane. que no era partidario de los circunloquios. Tu padre tenía intención de que fueras ingeniero. -Ah. una semana en latín y la otra en inglés. con un tono frío y algo sardónico-: has dedicado tres años a estas cosas. no me gusta convertirme en esa clase de persona. ¿no? -Es cierto: pero no es fácil ganar mucho dinero con nada. reflejaba cierta orgullosa independencia-. ¿No crees que sería mejor que buscaras algo relacionado con ellas? Tom se sonrojó y exclamó con nueva energía. con voz que. -Desearía conseguir un empleo para ganar un poco de dinero -dijo Tom. tío. -Dieciséis.. Pero el señor Stelling dice que tengo buena letra. deteniendo la pulgarada de rapé y mirando a Tom con nueva atención-. ¿no es eso? -Pero creo que con ese oficio tardaría en ganar dinero. en caso de otra guerra. y Euclides.. muchacho. aunque algo temblorosa. muy bien. debes de saber mucho. mucho latín -dijo Tom y. En cuanto al latín. Me gustaría entrar en un 132 Librodot . su opinión personal era que. -Veamos. ¿no? ¿Sabes teneduría? -No -contestó Tom. cuando se tiene sólo dieciséis años. tío. como no sea para hacer de profesor ayudante en un colegio y. y empecé álgebra. Y un copista es barato. También me daban lecciones de dibujo. tío -dijo Tom sonrojándose. -Aprendíamos latín. -Preferiría que el trabajo no estuviera relacionado con eso. antes preferiría ser chico de los recados. poniendo sobre la mesa una copia de la lista que había hecho la víspera. Pero mira. no pensaba hablar imprudentemente de una materia prima de la que no tenía experiencia alguna. No me gustan el latín ni esas cosas. se acercó entonces la pulgarada de rapé a la nariz y la repartió con meticulosa justicia en cada orificio. con una pequeña pausa entre cada materia. con cierto titubeo-. El señor Deane tamborileó sobre la caja de rapé y frunció los labios: se sentía como muchas personas estimables que. entonces. pero lo dejé. durante el último semestre. muy bien. Horae Paulinae y la Retórica de Blair. y estudié historia de Grecia y de Roma. y cada semana teníamos un día de aritmética. Dime. Aunque has estudiado muchos años: supongo que sabes mucho de cuentas. un hombre de tanto éxito como él no lo ignoraría. -Bien -dijo finalmente. En conjunto. ¿qué edad tienes? -preguntó el señor Deane mientras se recostaba de nuevo en la butaca. Estudiaba fracciones. por lo que sabía. estaría bien poner un impuesto sobre el latín como lujo propio de las clases altas y totalmente ajeno al mundo de las navieras. -¿Un empleo? -preguntó el señor Deane. Pero. lo de las Horae Paulinae podría ser algo menos neutral. y también estudiábamos o leíamos varios libros de poesía inglesa. Esta es mi letra -añadió Tom. pero me parece que es usted la persona más adecuada para aconsejarme qué debo hacer. -Veamos. tras leer la lista de nuevos aranceles se sorprendían al ver cuántos bienes se importaban sin que supieran nada de ello: como precavido hombre de negocios. esta lista de conocimientos le provocaba cierto rechazo hacia el pobre Tom. Aunque. No sé para qué me servirán. estoy a punto de cumplir los diecisiete -dijo Tom con la esperanza de que su tío advirtiera cuánta barba tenía. puesto que la gente ya no se empolvaba el cabello.

Tenía que estudiar las lecciones. un poco irritado porque el señor Deane tardara tanto en respaldar su punto de vista-. pero pronto me di cuenta de que no podría avanzar mucho sin saber teneduría y aprendí en las horas libres que me dejaba el trabajo. no tengo nada que ojetar. uno va 133 Librodot . pero siempre pensé que no me servirían para nada. No tuve más estudios que los que dan las instituciones benéficas. Pero yo ya te diré cuál es. si no sabes nada de contabilidad y sabes menos de cálculo que cualquier tendero. sí. -Ah. -Quieres que te ayude a conseguir un empleo -prosiguió el señor Deane-. sentía que las lágrimas pugnaban por salir pero prefería morir a dejarlas asomar. No sirve de nada olvidar la educación por la que tanto ha pagado tu padre si no te buscas una nueva. Tom se mordió los labios con fuerza. Mantenía los oídos y los ojos bien alerta. ¿no puedo progresar del mismo modo? -¿Del mismo modo? -preguntó el señor Deane. Y me fijaba en todas las cosas relacionadas con el negocio y luego les daba vueltas. no supone ninguna diferencia. Quizá te sacudas pronto el latín y esas historias. Pero vosotros los jóvenes creéis que vais a empezar viviendo bien y con un trabajo fácil: no pensáis en que. pero eso no cambia lo que iba a decir. esperando que se convirtiera en un caballo si esperaba lo suficiente. Mira esto -el señor Deane abrió un libro y señaló la página-: tengo buena letra y estoy a la altura de cualquiera en todo tipo de cálculos mentales. Caramba. un trabajo de hombres en el que tuviera que cuidar cosas y labrarme una reputación. Y desearía cuidar de mi madre y de mi hermana. y todo esto lo he conseguido trabajando mucho y pagándolo con mi sueldo. No era asunto mío y no me metí.Librodot El molino de Floss George Eliot 133 negocio en el que pudiera progresar. no veo por qué el latín iba a impedirme entrar en los negocios: pronto se me olvidará todo. Depende del tipo de artículo con que empieces y de si t'han encarrilado por la vía adecuada. Si he ido ascendiendo es porque me he preparado. antes de ir a caballo. ¿Y qué es lo que sabes? Vaya. -Sí. Caramba. y eso ha supuesto una importante diferencia en nuestros beneficios. pero te diré cómo lo hice: no me monté a horcajadas en un palo. muy bien -prosiguió el señor Deane-. examinando a Tom con calma-. pero ha sucedido lo que yo pensaba: lo que has aprendido está muy bien para un joven como Stephen Guest. pero te quedarás como un palo pelero. no soy mecánico y nunca he pretendido serlo. debes convertirte en una pelota: así son las cosas. que no hará otra cosa en su vida que firmar cheques y puede tener la cabeza rellena de latín o de cualquier otra cosa. Permite que te diga que tendrás que empezar por el escalón más bajo si quieres progresar en esta vida. ¿no fue así como usted empezó? -preguntó Tom. El señor Deane tamborileó sobre la caja otra vez. caballero. no me importaba eslomarme y convertía el interés de mi patrono en el mío. ¿No fue ascendiendo por su capacidad y buen comportamiento? -Sí. con esa tendencia a reprimir las esperanzas de los jóvenes que los prósperos y robustos hombres de negocios de cincuenta años consideran uno de sus más simples deberes-. No era la primera vez que contaba esa historia y en esta ocasión no había advertido que no tenía ante sí una copa de oporto. sí. caballero -dijo el señor Deane arrellanándose en la butaca y apresurándose a recordar su trayectoria-. -Pero tío -insistió Tom-. Además. deseo hacer algo por ti. jovencito -dijo el señor Deane. si sólo vigilando lo que sucedía en el molino vi cómo se despilfarraban quinientas libras al año tontamente. -Pero tío. es más fácil decirlo que hacerlo. Se había dejado arrastrar por el entusiasmo que suscitaba en él ese tema y se le había olvidado por completo el efecto que podría causar en su interlocutor. pero se m’han ocurrido un par de cosas que a ellos ni les han pasado por la cabeza. -Bien. Si quieres meterte en un agujero redondo. bien. Hay que tener en cuenta varias cosas. tras descargar barcos. no me interesaban nada. Tu padre se equivocó al darte educación. muchas veces quitándolo de la comida y de la cena. Y no hay artículo que se cargue o descargue en nuestro muelle que yo no conozca. t’ha dejado las manos blancas y t’ha quitado la costumbre de trabajar duro. tío -dijo Tom con ligero tono de queja-: eso es lo que me gustaría hacer.

Spence. Hay montones como tú. Quizá en eso ayudara lo del latín. -Para el carro. donde aprenderás cómo son las cosas: pero seguro que eso no te gusta: tendrás que aguantar el frío y la humedad y tratar con gentes toscas. ofendido como cualquier muchacho cuando los adultos declaran la desagradable verdad de que no tienen motivos para confiar en ellos-.. para el carro: no debemos tener tanta prisa. y nunca me niego a ayudar a alguien dispuesto a esforzarse. a la larga. ya lo sé: quieres ir más aprisa y. -¡Espera! Escucha lo que tengo que decirte. si eres capaz de llevarlo a la práctica. Saluda a tu madre de mi parte. Creo que lo que más oportunidades te ofrecerá será conseguir un empleo en un muelle o un almacén. tío -contestó Tom. Por eso ahora puedo ir vestido con buen paño y compartir mesa con los propietarios de las mejores empresas de Saint Ogg's. me parece que por ahora no tenemos nada más que decir y tengo que volver a mi trabajo. el cual contestó tras cierta lucha interior: -Señor. pero el señor Deane levantó la mano. y el otro día me mostró un nuevo mercado para las cortezas de madera sueca. eso siempre es un acierto. aquí está usted de nuevo. la chaqueta m'olía a alquitrán y no m'asustaba cargar quesos. Pero si eres amanuense. y si vas a lanzarte al mundo. la niebla se había hecho tan densa que apenas veía lo que tenía delante. podrías hacer de aprendiz de alguna profesión: boticario. Adiós. Bien. estarás detrás de un escritorio y te pasarás todo el día mirando la tinta y el papel: eso no tiene mucho futuro y terminarás el año tan sabio como lo empezaste. Pero debes recordar que no sólo se trata de sujetar la cuerda. De modo que salió de nuevo al aire húmedo y frío. ya que vale mucho.. seré responsable de ti. ansioso por demostrar su disposición a esforzarse. ¿no cree. Tom iba a hablar. Eres un caballero demasiado refinan para eso. sí. No fue así como yo empecé. El mundo no está hecho de pluma. -Sí. -Espero no dejarlo en mal lugar. El señor Deane le tendió la mano en un amistoso gesto de despedida y Tom no se atrevió a hacerle otra pregunta. -Tal vez fuera mejor que empezara por la teneduría. Bien. -¡Bien dicho. por ejemplo. especialmente delante del señor Spence. ya lo sé. No quieres ser aprendiz. Pero. tío? -preguntó Tom. no quieres estar detrás de un mostrador. preferiría hacer lo que. Tom! ¡Bien dicho! Esa es la actitud adecuada. Debemos tener en cuenta que si te coloco en un sitio para el que seas un poco joven. -Tío. El tío Deane tabaleó con los dedos sobre la caja de rapé. Debes recordar lo que eres: un muchacho de dieciséis años sin ninguna formación para trabajar. Fue a ver al tío Glegg para tratar la cuestión del dinero de la caja de ahorros y cuando se puso en marcha otra vez. También quiero cuidar de mi prestigio. -Eso está bien.. como si fueran guijarros que no encajan en ningún lado. ya que puede calcular en cuestión de segundos el volumen de cualquier mercancía.Librodot El molino de Floss George Eliot 134 a pie. Y no hay otro argumento a tu favor que el hecho de que seas mi sobrino. Tom. El señor Deane hizo una pausa y miró a Tom fijamente. tinta y papel.. joven. ¿conoce usted algún empleo vacante para el que sirva? Desearía ponerme a trabajar de inmediato -dijo Tom con un ligero temblor en la voz. porque todavía está por ver si sirves para algo. se recostó en la butaca y pareció ensancharse un poco bajo el chaleco y la leontina. Mientras caminaba de nuevo por River 134 Librodot . Pero fíjate en cómo ha aprovechado el tiempo: calcula como el mejor. Ah. además. sea más provechoso: aceptaré todo lo que sea desagradable. y es gran experto en productos manufacturados. sino de tirar de ella. por la simple circunstancia de ser mi sobrino. Conozco a un hombre de veintidós años: m’he fijado en él y haré por él todo lo que pueda. deberás saber de qué está hecho. jovencito: cuando tenía dieciséis años. Ése es el error que cometéis los muchachos que no tenéis nada en el cerebro ni en el bolsillo: creéis que es mejor empezar en un lugar donde puedas conservar limpia la chaqueta y que las mozas de las tiendas os tomen por caballeros.

si él lo conociera. debes dejar que yo me ocupe de vosotras y no meterte en nada. y con Maggie podía mostrarse justificadamente dominante. -Oh. Dos horas antes. como enseñó a Lucy Bertram22. rodeando a Tom. podría enseñarte. Siempre estás poniéndote por encima de mí y de los demás. Debía de haber todo un mundo relacionado con la corteza sueca y. si sólo es una broma -exclamó Maggie. motivo suficiente para que se apresurara a salir del pueblo. y la playa de arena se había reducido mucho. No me ha prometido nada: parecía creer que no podía lograr nada bueno porque soy demasiado joven. Mientras contemplaba el fuego. No tenías que hablar a los tíos como lo hiciste. se sobresaltó al ver. ¿Quién sería el envidiable joven que podía calcular el volumen de las cosas en segundos y proponer nuevas ideas sobre las cortezas suecas? ¡Cortezas de Suecia! Tom se había sentido siempre muy satisfecho de sí mismo a pesar de su fracaso en algunas demostraciones y su traducción de nunc illas promite vires como «ahora promete a esos hombres»: pero en aquel momento se sentía. aplastado por el peso del presente.Librodot El molino de Floss George Eliot 135 Street. las palabras «Molino de Dorlcote» escritas en grandes letras en un anuncio que parecía colocado con el propósito de que le saltara a la vista. cuando Tom caminaba hacia Saint Ogg's. mezclando cierta alegría con su pena-. veía ante sí un futuro lejano. cosa de la que el propio Tom estaba tan seguro como de la luz del día. en situación de desventaja. El pobre Tom se encaminó a su casa sin perderse en ensoñaciones sobre el futuro lejano. la boca de Tom se contrajo en una expresión amarga. pero casi siempre estás equivocada. apoyando la mejilla contra la manga de la chaqueta de Tom. se sintió abatido al comprender que en realidad era muy ignorante y bien poco podía hacer. al no advertir que se desenvolvería bien. -¿Qué ha dicho el tío Deane. Maggie -protestó Tom con el ceño ligeramente fruncido. porque sabía menos que los demás. por primera vez. podría haberle servido para empezar. tú! Sí. estaba destinado a ocupar un lugar muy poco relevante en el mundo y. Tom Tulliver. supongo que sí. Parece pensar que no sirvo para nada. de repente. que ocupaban una extensión cada vez más ancha. ¡Pobre Tom! Acababan de sermonearle y de hacerle sentir inferior: la reacción de su carácter fuerte y egocéntrico debía canalizarse de un modo u otro. él. Pero ahora estaba ya en los cantos afilados. como si fuera una tentadora playa tras una franja de guijarros silíceos: entonces se encontraba todavía sobre la hierba y creía que no tardaría en cruzar la zona de piedras. Te crees más lista que nadie. ¿Ha dicho que te daría un empleo? -No. a dos yardas del escaparate de una tienda. Tom. -Pero siempre es igual. cálculo y otras cosas. Si me hubiera enseñado contabilidad por partida doble según el método italiano. He pensado muchas veces en decírtelo. de Walter Scott (1815). Maggie se sonrojó y le temblaron los labios en una 22 Personaje de Guy Mannering. con el brazo mientras éste se calentaba abatido junto al fuego de la cocina-. como hacía siempre que se proponía ser razonablemente severo-. qué pena que no hayamos estudiado con dómine Sampson -dijo Maggie. Tom? -preguntó Maggie. Por lo que parecía. Siempre te las das de maestra -dijo Tom. Era el catálogo de la venta que debía tener lugar la semana siguiente. Pero es un fastidio haber estado tanto tiempo estudiando latín y otras cosas que no me han servido para nada. 135 Librodot . Le parecía que el tío Deane era injusto al no confiar en él. -¡Tom!. -Pero ¿ha sido amable? -¿Amable? ¡Bah! ¿De qué sirve hablar de eso? Me da igual que sea amable o no si consiguiera un trabajo. Soy capaz de juzgar mucho mejor que tú. Habría sido mucho más fácil destacar con un brioso corcel y una silla nueva. y ahora el tío dice que tengo que ponerme a estudiar teneduría. no lo ha dicho. -¡Enseñar.

pero no es esa mi intención en absoluto dijo finalmente-.Librodot El molino de Floss George Eliot 136 mezcla de rencor y afecto. Tom. Tom. El doctor Turnbull había decidido que supondría menor riesgo dejarlo donde estaba que trasladarlo a la casita de Luke. no soy severo -afirmó Tom con decisión-. los observadores no tenemos muy en cuenta esta desesperación prematura. No contestó enseguida. tal como el bondadoso empleado había propuesto a la señora Tulliver. tarde o temprano. el mundo no era un lugar feliz: parecía ser un mundo en el que la gente se portaba mejor con quienes no simulaba amar y no eran nada suyo. Pero eres siempre muy severo conmigo. -No. Maggie. como si nuestra visión del futuro iluminara el ciego presente del que sufre. Y si en la vida no había amor. le brotaban palabras de enfado. cuando más cerca estuvo de su alcoba el ruido de la venta. disfrutaban haciendo cosas para conseguir que los demás fueran felices y no mostraban su interés encontrando defectos. Una muchacha de aspecto anodino que nunca será una Safo. cuando el alma está llena de anhelos. ya que sentía que iba a llorar y no quería que eso sucediera hasta encontrarse a salvo en el piso de arriba. albergar en su interior una fuerza similar a la de una semilla que. sedienta de todo tipo de conocimientos. que en los momentos de lucidez había empezado a manifestar una irritabilidad que con frecuencia parecía tener como consecuencia directa la reaparición de la rigidez espasmódica y la pérdida de conciencia. cuando se produce un contraste entre el exterior y el interior tengan lugar dolorosas colisiones. No es de extrañar que. Capítulo VI Encaminado a refutar los prejuicios populares sobre el obsequio de una navaja La venta de los enseres domésticos tuvo lugar en los oscuros días de diciembre y duró hasta la tarde del segundo día. yació como un muerto viviente durante las horas críticas. No hay desesperanza más triste que la de la primera juventud. Eran lágrimas amargas: todo el mundo parecía muy severo y muy duro con ella: nadie mostraba indulgencia ni cariño. El señor Tulliver. regresó el enfado. ansiosa por oír una música que se extinguía antes de llegar hasta ella. sumada al temor y la admiración que suscitaba en ella un carácter más firme y fuerte que el suyo. ¿qué le quedaba a Maggie? Sólo la pobreza y la compañía de las mezquinas penas de su madre. pensando que sería mala cosa que el señor «se despertara» al oír la subasta. -Muchas veces crees que soy engreída. e incluso de modo violento. y. En aquel momento entró su madre y Maggie se apresuró a marcharse. Maggie pensaba que fuera de los libros. pero las contuvo. a diferencia de cómo serían las cosas en el mundo imaginario que se construía. quizá también la desgarradora dependencia infantil de su padre. una madame Roland ni un personaje destacado puede. a pesar de ello. sin embargo. carece de grandes recuerdos y la vida no se prolonga en la de los demás. Con estas últimas palabras. No quiero destacar más que tú y sé que ayer te portaste mejor que yo. se abre paso. con un deseo ciego e inconsciente de que algo uniera las impresiones maravillosas de esta vida misteriosa y diera a su alma un hogar. En los libros salían personas que eran siempre amables o cariñosas. contemplaba desde la cama donde yacía su padre las apagadas paredes de la triste habitación que era ahora el centro de su mundo: era una criatura llena de anhelos impacientes y apasionados por todo lo amable y hermoso. pero debes hacer caso de lo que te diga. con su vestido marrón. Siempre soy amable contigo y así pienso seguir: siempre me ocuparé de ti. y la 136 Librodot . los ojos enrojecidos y el abundante cabello echado hacia atrás.

Esa tensión produce arrugas en los rostros más perfectos e incrementa el número de mechones blancos en los cabellos que en otros tiempos parecieron bañados en rayos de sol. con un aire entre tímido e interrogante. no del todo cordial. pasa por aquí -dijo Tom. se extinguió el rumor de los pasos en la gravilla. -Entonces. contemplando temblorosos la larga figura acostada en la cama. no fuera el rostro inexpresivo a dar señales de respuesta a los sonidos que les llegaban con una repetición obstinada y dolorosa. A las tres. con una gran Biblia y algunos libros encima-. señor Tulliver -dijo el de los mechones rojizos con una sonrisa que pareció abrirse paso en un rostro voluntariamente apenado-. como la de una tablilla para escribir. Pero por fin terminaron aquellos momentos de pertinaz incertidumbre e inquietud agotadora. El fuego brillante del salón era la única luz que iluminaba las sillas. el suelo sin alfombra y la única mesa -no. El rubio rostro de la señora Tulliver parecía haber envejecido diez años durante las últimas treinta horas: la pobre mujer había estado concentrada intentando adivinar qué martillazo ponía fin a la subasta de cada uno de sus objetos favoritos. simbolizada por la navaja.Librodot El molino de Floss George Eliot 137 esposa y los niños permanecieron encerrados en el silencioso dormitorio. y durante todo aquel tiempo la mujer tuvo que permanecer sentada sin dar muestra alguna de la agitación que sentía.. Lo primero que advirtió Tom fue aquella extraña desnudez. sugería una profesión relacionada con los barcos. -Hay fuego en el salón. Tom no reconoció en absoluto la silueta ancha e inquieta de un muchacho tal vez un par de años mayor que él que lo miraba con unos ojos azules en un rostro redondo y pecoso. en el primer momento. el escritorio. -Pa servirle. 137 Librodot . pero me gustaría hablar un poco con usté. Kezia. empezó a trotar y a lavar con energía sin dejar de murmurar contra «esos que iba a comprar las cosas de los demás» y no les importaba arañar la superficie de las mesas de caoba de otras personas mejores que ellos. Un sombrero de hule y copa pequeña y una fina capa de brillante suciedad sobre el resto de su atuendo. subió las escaleras y anunció que el señorito Tom tenía visita. antes de acordarse de mirar de nuevo el rostro que también estaba iluminado por el fuego y que lo observaba de soslayo. Me supongo que no me recuerdaprosiguió mientras Tom lo miraba con aire interrogante-. porque la gente que todavía tenía que recoger sus compras volvería a ensuciar. señorito -anunció Kezia. -¡Cómo! -preguntó una voz totalmente desconocida-. hacia la hora habitual del té. preguntándose si aquel joven trabajaría en el muelle de Guest & Co. pero sí arregló el salón donde había permanecido sentado ese «cerdo con pipa» del alguacil para darle el aspecto más acogedor posible mediante un poco de limpieza y los escasos artículos comprados para la familia. La persona que quería hablar con él se encontraba en la cocina y. la doncella de mal carácter y buen corazón que había mirado a las personas que habían acudido a la venta como si fueran enemigos personales y como si la suciedad que traían en los pies fuera especialmente perversa. mientras tironeaba de unos mechones rojos con intenso aire de respeto. al que regaló una navaja. Cesó el sonido agudo de una voz casi tan metálica como el martillazo que la seguía. No lo limpió todo. Entre las cinco y las seis. porque se avergonzaba un poco de aquella antigua intimidad. Kezia estaba decidida a que la señora y los niños tomaran allí el té por la tarde. señor? Sacó en ese mismo instante la gastada navaja y abrió la enorme hoja a modo de demostración irresistible. ¿No recuerda usté a Bob. y el corazón le palpitaba al pensar que uno tras otro sería identificado como suyo públicamente en The Golden Lion. que se resistía a dejar la cocina en el delicado momento de tostar el pan. pero eso no le refrescó la memoria a Tom. ya que no dejaba de pensar en ello y en que en cualquier momento el tío Deane podía enviarle recado de que había un empleo. -¡Vaya! ¿Eres Bob Jakin? -preguntó Tom. no era la única: quedaba otra en un rincón. y no estaba muy seguro de que los motivos de Bob para recordarla fueran totalmente irreprochables. a la luz del fuego irregular y el de la vela.

. empezando a desatar la bolsa de lona-. que la observaba con la mirada propia de un animal inteligente y mudo. porque hay muchos Bobs. donde parecía hurgar buscando otra cosa-. No volveré a ser pequeño. y el dibujo del peregrino cubierto con un manto que parecía una tortuga. un buen gesto vale más que uno malo.. ya me basta: no le pediré más antes de que yo le sirva: de tos modos. bueno. con los ojos llenos de lágrimas mientras corría hacia la mesa para ver qué libros habían rescatado-. cerrando la navaja con un chasquido y devolviéndola al bolsillo. pero uno se aburre de pegar a un chaval incapaz de ver adónde debe tirar He visto críos capaces de quedarse mirando una rama hasta que se les salen los ojos antes de distinguir la cola de un pájaro de una hoja. pero no quise que pusieran otra porque podrían engañarme y darme otra navaja.. porque no hay una hoja igual en to el país. Bob había sacado una sucia bolsa de lona y tal vez no se habría callado si Maggie no hubiera entrado entonces en la habitación y le hubiera lanzado una mirada de sorpresa y curiosidad. está acostumbrada a mi mano.. a un armiño o cualquier otro animal cuando yo batía los arbustos. señor Tom -contestó Bob. Siempre 138 Librodot . Bob Jakin: tengo que decir el apellido. la mesita con la Biblia y unos pocos libros. ese que tú coloreaste con tus pinturas. ¿Por qué iban a comprar muchos libros si han comprado tan pocos muebles? -Pero Tom -dijo Maggie.Librodot El molino de Floss George Eliot 138 -Ajajá. no quedaba más que un rectángulo más oscuro en la pared y. Bob -dijo Tom con ligero aire de suficiencia: los recuerdos mencionados lo habían inclinado a mostrarse adecuadamente amable. señor Tom -dijo Bob. debajo. -Oh. ante lo cual él se pasó la mano por los rojizos mechones con el debido respeto. medio en broma. Bob -dijo Tom. ¿Qué puedo hacer por ti? -Oh. No se m’ocurriría venir a pedirle otra navaja porque una vez me dio una. casi sollozando mientras examinaba los escasos libros-: pensaba que jamás en la vida nos desprenderíamos de ellos. Es una pérdida de tiempo ir con esos. ya ve. juntando las manos-: ¿Dónde están los libros? Creí que el tío Glegg los iba a comprar. aunque m'azotó y no quiso verme más. Estamos perdiéndolo todo.. Tom -exclamó. Por ejemplo. Nunca nadie me ha dao na. Los ojos de Maggie pasaron de Bob al lugar donde antes colgaban unos estantes con libros.Imagino que has venido a verme porque estamos en apuros: eso es muy amable por tu parte. con una especie de indiferencia desesperada-. -Bien. sólo usté. así me he ganao la vida. señor Tom. Pero hace un par de semanas tuve suerte. -Bien. según dice la gente. cuando no m'ocupaba del horno del molino de Torry. Y la hoja se rompió. con mayor percepción que comprensión. Durante estos dos años he estao en una gabarra. que m'azotaba un poco. señor Tom. que consideraba inoportuna la cuestión de los libros. ahí está Dick Brumby: podía darle tanto como quisiera. Maggie se alejó de la mesa y se dejó caer en una silla mientras unas gruesas lágrimas se preparaban para caerle por las mejillas. -Maggie prosiguió. olvidando la presencia de Bob. El que iba tras las ardillas con usté el día en que me caí de una rama y me di un golpe en la espinilla. Cuando muramos no tendremos con nosotros ningún objeto de cuando nacimos. Y usté era mi amigo favorito cuando era pequeño. Bob dijo todo esto con locuacidad y voz aguda. pero tuve que darle mucho al pico pa convencerlo. sólo he tenido lo que he podido coger. está en apuros el amo al que le espantaba los pájaros. ¿No los ha comprado? ¿Ha comprado solamente los que quedan? -Supongo que sí -dijo Tom. pero usté era bueno pa tirar. aunque de su trato con Bob lo que mejor recordaba era la pelea que los había separado definitivamente-. pero dicen que ya no se levantará más. No habría venido a pedirle na ahora que. cuando me pillaba comiéndome un nabo. se frotó con afecto la hoja contra la manga. y se podía confiar en que daría con el palo en el momento adecuado a una rata. al terminar. Nuestro querido Viaje del peregrino. no es eso. a una velocidad sorprendente. Si uno me pone un ojo morado. -Le diré a lo que he venido. señor Tom. pero conseguí la ardilla y una buena cicatriz.. No obstante. Bill Fawks me dio el cachorro de terrier en lugar de ahogarlo. el cambio que había sufrido la habitación cayó al instante sobre Maggie con una fuerza tal que le hizo olvidar la presencia de Bob.

¡si es que eres la mejor persona del mundo! Bob no advirtió la injuriosa opinión que provocaba el íntimo gesto de penitencia de Maggie y sonrió con placer ante sus elogios. entrelazando las manos y mirando a Bob con aire contrito. Bob empujó los soberanos. con ese pequeño temblor en la voz que le daba cierto encanto. y recorrería el país a mis anchas. porque de cazar ratas ya lo sé to y pensé y pensé hasta que al final decidí que quería ser buhonero porque son tipos bien informaos. Y esos soberanos no me serían de gran ayuda. te dejan atontao». Permite que. señor Tom. -Permite que vuelva a guardarte los soberanos en el talego -dijo Maggie-. y podría darle a la lengua. Y dijo primero que era un chico bien dispuesto. Mi madre gana sus buenos peniques esplumando y haciendo otras cosas. aunque yo ya lo sabía. eres muy amable -dijo Tom. porque siempre que he puesto una trampa he cogido algo. si es que un día encontré una pata de cerdo en el río: de seguro se había caído de uno de esos barcos holandeses de popa redonda. pero entonces va y saca los diez soberanos. y he compran un chaleco de felpa azul y un gorro de piel de foca. y eso era ya algo nuevo. Así que le agradecería que aceptara los nueve soberanos. Bob vació la bolsa sobre la mesa-. si me los quedara. sino ponerme a trabajar. Tom le tendió la rosada palma y Bob no se demoró en darle su mano sucia y curtida. y ven a vernos cuando tengas ya la bolsa de buhonero. -Bob. Nunca pensé que fueras tan buena persona. y puede tomar un poco de mi suerte y nadie sufre por ello. incluso cuando hablaba con aire orgulloso y severo-. porque si quiero ser buhonero. Vamos. si es verdad que el señor está arruinao. Y no volveré a olvidarte. y comería caliente en la taberna: ¡Una vida estupenda! Bob hizo una pausa y después añadió. poseía «unos ojos como no hay otros.Librodot El molino de Floss George Eliot 139 m’he tenido por un tío con suerte. de verdad. -No. pensaré que está enfadao conmigo. El amo me dio diez soberanos: me los dio en persona la semana pasada. No bastarán. Y he cambian uno de los soberanos pa comprar a mi madre una oca pa comer. y llevaría las cosas más ligeras en un fardo. pero serán de ayuda. Bob. si no. en cambio. 139 Librodot . como informó esa misma noche a su madre. pero antes de que pudiera hablar Tom. Pero no puedo aceptar los nueve soberanos: sería quitarte una pequeña fortuna y a mí no me servirían de mucho. porque se m'ocurrían muchos oficios. No quiero tomar nada de nadie. No tengo un nabo por cabeza y a lo mejor puedo apagar otro fuego dentro de poco. y sería cazador de ratas. con una decisión desafiante. y si come otra cosa que pan y agua echa demasiadas carnes: amás. Vamos. porque allí los días se hacen más largos que las tripas de un cerdo. cuando te miran. y creo que usté no tiene tanta: en cualquier caso. No lo diga porque piense que yo los quiero: no soy pobre. sino que se prendió fuego en el molino y lo apagué yo: si no llego a hacerlo arde el aceite. No puedo aceptarlos -insistió Tom-. no m’importa una pizca. después pensé que quería algo más importante. -¿No. ¡Aquí están. piénselo mejor. sólo falta uno! y con estas palabras. Cuando me los dio. el amo no la tiene. señor Tom. como si diera la espalda con firmeza a aquella descripción paradisíaca. Pero no creas que por eso aprecio menos tu amabilidad. porque estoy cansado de la gabarra. señor Tom? -preguntó Bob apesadumbrado-. Tom se conmovió tanto que olvidó su orgullo y sus recelos. te estreche la mano. claro que sí. la cabeza me se puso a hervir como si fuera una olla de caldo. y camelaría a las mujeres con mi cháchara. tengo que tener un aspecto respetable. pensando en qué clase de vida debería llevar. que somos viejos conocidos. Pero no m importa. Vamos. no m'importa ni una pizca. Bob: cuánto lo siento. especialmente porque procedían de una joven que. exclamó: -Oh. Maggie. sonrojándose. yo tengo siempre mucha suerte. soy un tío con suerte. -Pero no m’importa. vivir algo nuevo. de verdad. y que haga con ellos lo que quiera. y eso no se hace con las ratas ni en las gabarras. Pero esa vez no fue una trampa. Primero pensé que tendría hurones y perros.

aunque no haya querido tomar el dinero. se creía todavía en la primera etapa de su desgracia. tomando a regañadientes el dinero-. y. A principios de la segunda semana de enero salieron los carteles anunciando. Si la única medida del tiempo para los velantes hubiera sido la dudosa y lejana esperanza. a presumir -dijo Bob con aire de descontento cuando Maggie le devolvió la bolsa-. señor Tom -contestó Bob con aire alegre y confiado-. Bob? -Sí. por lo menos. inconsciente del tiempo transcurrido. como muestra de mi agradecimiento por la navaja. Bob -dijo Tom-: si no. En fin. Bob. de ir regresando a su condición normal: la parálisis iba mostrándose menos tenaz y la mente reaccionaba mediante combates intermitentes. Capítulo VII De cómo una gallina se aficiona a las estratagemas Pasaban los días y el señor Tulliver daba cada vez mayores muestras. Maggie. con frecuencia. Mientras el señor Tulliver volvía lentamente a ser el mismo. ¿verdad. en poder de un brazo valiente y certero. que sepamos que podemos recurrir a ti como amigo. y no podemos imaginar castigo que no se extienda en pulsaciones de dolor inmerecido más allá del culpable. -No. -No. se la tendió a Bob y dijo con más capacidad de persuasión que Tom. te deportarán a las colonias. a primera hora de la tarde en The Golden Lion. señorita. Mientras hablaba. Bob: te lo agradezco muchísimo. te lo diré. -Ahora no la aceptamos. a mí no. Tom empujó la moneda de oro. el punto de referencia era la amenaza inminente que hacía llegar demasiado pronto la noche. Gracias por estrecharme la mano. Si Tom o mi padre necesitan ayuda que tú puedas prestar. Algunas veces sí soy un poco pillo. cuando todavía podía pensar en algún tipo de recurso. los escritos de los tribunales y las sentencias de venta son bombas o balas de cadena legales que nunca dan limpiamente sobre el objetivo. pero quizá sí en otra ocasión. tenga usté un soberano. hablaba con voz débil e inconexa de los planes que llevaría a cabo cuando «se 140 Librodot . como consecuencia de la sentencia del tribunal. tomándola entre los dedos. Es tan inherente a esta vida que unos sufran por los pecados de otros y tan grande es la inevitable tendencia del sufrimiento humano a difundirse. y cómprese algo. pondrá fin a una o dos vidas. su destino se apresuraba hacia el momento del cambio. del mismo modo que un respetable armero prepara concienzudamente el mosquete que. gracias -dijo Bob. Bob depositó el soberano y cerró el talego de nuevo con decisión. Los tasadores habían hecho su trabajo. ¿verdad. la venta en pública subasta del ganado y animales de la granja del señor Tulliver. Tom? Eso es lo que deseas. pero no puedo aceptarla. es como si hubiera venido a darme aires.Librodot El molino de Floss George Eliot 140 -Así. señorita. señorita. Eso es lo que quiero: que cuenten conmigo pa cualquier cosa. de verdad. como un ser vivo que se abriera paso bajo una gran masa de nieve acumulada por el viento con tendencia a deslizarse y a cerrar la abertura recién hecha. pero sólo con los sinvergüenzas o los primos. No hay leyes contra las picaduras de pulga: si no engañara de vez en cuando a los tontos. nunca espabilarían. El molinero. que incluso la justicia provoca víctimas. seguida de la venta del molino y tierras adyacentes. que se despidió apresuradamente con una inclinación. Las condenas a pagar las costas. según el criterio del médico. en los momentos en que se encontraba consciente. La entrada de Kezia y su mirada fulminante mientras preguntaba si debía traer el té o esperar a que las tostadas estuvieran duras como ladrillos puso fin oportunamente a la verborrea de Bob. que me gusta liarlos un poco. y buena suerte. -Pues ahora no te metas en líos. adiós. sino que caen causando gran destrozo. Así pues. éste habría parecido transcurrir muy despacio: sin embargo. señor Tom. no.

polvoriento y ruidoso. lo que reduciría los bienes a una desproporción inequívoca: «no mas de diez o doce chelines por libra». apretando los labios. y tal vez las preguntas inquietas de Lucy sobre sus pobres primos contribuyeron a que el tío Deane se diera prisa por encontrar a Tom un empleo temporal en el almacén y lo ayudara a tomar lecciones nocturnas de teneduría y cálculo Todo esto podría haber animado al muchacho y haber alimentado un poco sus esperanzas si no hubiera recibido al mismo tiempo el temido golpe de la noticia de que su padre. El primer paso para progresar en el mundo era un trabajo que le exigía permanecer en un lugar frío. Se encontraba tristemente necesitado de algo que lo animara un poco en la desagradable novedad de aquella situación: de repente.. se había visto trasladado del fácil hastío alfombrado de las horas de estudio en casa del señor Stelling y las atareadas horas de ocio del último semestre. después de que ésta señalara que «si Guest & Co. que era bueno y podía mejorarse con una máquina de vapor. Éste admitía que no sería mal negocio para Guest & Co. después de todo. El señor Deane le contestó que dudaba de que fuera precisamente la relación entre los dos molinos lo que pudiera determinar su valor como inversiones. Más de un socio de la respetable empresa sentía cierta debilidad por aquellas niñas bonitas y esbeltas. ni remotamente se le ocurría embarcarse en semejante inversión: el buen hombre sentía sincera lástima por la familia Tulliver. si no que había «fracasado». hombres que se desgañitaban y depositaban con estrépito pesadas cargas junto a él. dedicadas a construir castillos en el aire. predijo el señor Deane en tono decidido. y que de vez en cuando compraría a la señora Tulliver una libra de té: su benevolencia se recreaba de antemano en aquellos viajes en que le llevaría té Y contemplaría su felicidad cuando le asegurara que era el mejor té negro. palabra que suponía para Tom el mayor oprobio. Sin embargo. y sólo ella. pero tenía el dinero invertido en excelentes hipotecas y no podía correr riesgos: sería injusto para sus parientes: no obstante. si Maggie o su madre le dirigían la palabra. aunque para el inexperto Tom eso equivalía a la bancarrota. que se encontraba en casa pasando las vacaciones de Navidad. ya que habían conseguido interesar al tío Deane en aquella etapa del caso. y las palabras cayeron sobre Tom como un líquido ardiente y le produjeron una herida mortificante. sería declarado en bancarrota: en realidad. se mostrara algo irritado. el señor Deane no quería decir nada concreto sobre el asunto: el hecho de que la hipoteca estuviera en manos de Wakem podría hacer que se le ocurriera pujar por toda la finca y ofrecer más que la prudente empresa que era Guest & Co. se pediría a los acreedores que no se cobraran toda la deuda. y la pequeña cabeza de ángel se apoyó en la más oscura mejilla de Maggie con muchos besos y algunas lágrimas. era evidente que el señor Deane estaba bien dispuesto hacia los Tulliver. a la compañía de costales y pieles. Porque después de pagar las costas todavía quedaría la amistosa factura del señor Gore. y lo obligaba a prescindir del té y permanecer en Saint Ogg's para recibir clases de un viejo oficinista manco en una habitación que olía intensamente a tabaco malo. había decidido que Tulliver tuviera unos chalecos nuevos de franela. No sólo se diría que su padre había «perdido sus propiedades». en ese caso. el déficit en el banco y otras deudas. pensaran un poco en ello. No era de extrañar que. que no se guiaba en sus negocios por motivos sentimentales. se darían cuenta de que el padre y el abuelo del señor Tulliver se ocupaban ya del molino de Dorlcote mucho antes de que nadie pensara siquiera en poner en marcha el molino de esa empresa». Un día llevó a Lucy. entre tanto la señora Tulliver daba vueltas a un plan gracias al cual ella.Librodot El molino de Floss George Eliot 141 pusiera bien». El rostro rosado y blanco de Tom tenía un tono apagado cuando se quitaba el sombrero en casa y se sentaba a cenar hambriento. No obstante. Tulliver podría quedarse como encargado. Con todo. podría evitar el mas temible resultado e impedir que Wakem deseara pujar por el 141 Librodot . Su esposa y sus hijos todavía albergaban la esperanza de un desenlace que evitara que el señor Tulliver tuviera que abandonar aquel lugar e iniciar una vida totalmente distinta. a los que había renunciado a favor de prendas más elásticas. En cuanto al tío Glegg. El señor Deane se vio obligado a contárselo a la señora Tulliver cuando acudió al molino para examinar los libros en compañía del señor Glegg. comprar el molino de Dorlcote y encargarse del negocio.

fallecida cuando su madre era pequeña. para esperarlo. Sin embargo. por alguna anomalía portentosa.en cuanto le dejara bien claro que ella nunca había querido pleitear. reflexionaba la señora Tulliver. el cual frunció el ceño para 142 Librodot . que Tom cedió y caminaron juntos hasta que ella tomó por Danish Street. a nadie se le había ocurrido ir a hablar con Wakem sobre el asunto del molino y. Se había casado con la señorita Clint y cuando la señora Tulliver oyó hablar de esa boda. porque «los niños estaban siempre en contra de lo que decía su madre» y veía que Tom sentía tanta antipatía hacia Wakem como su padre. cuando ya no quedaba tiempo que perder. No cabía duda de que Wakem «había metido en la casa a los alguaciles y la había subastado». Imaginad una gallina digna y respetable que. y lo cierto era que. el tendero. no. Aún menos se atrevió a mencionar el plan a Tom y a Maggie. La señora Tulliver. donde el señor Hyndmarsh vendía sus productos al por menor. en su despacho privado. seguro que habían bailado juntos en su juventud en casa del señor de Darleigh. y un día o dos antes de que se celebrara la venta en The Golden Lion. bah» y «Deje en paz a Wakem» en un tono que indicaba que no deseaban prestar una atención imparcial a la exposición detallada de su proyecto. «Bah. de manera que propuso a Tom.Librodot El molino de Floss George Eliot 142 molino.porque él se había embarcado en el pleito contra Wakem y lo había insultado durante los últimos diez años: era probable que Wakem abrigara contra él algún resentimiento. estaba más dispuesta a aceptar los puntos de vista del señor Wakem que los de su esposo. si el abogado en cuestión veía a una respetable matrona como ella decidida a «conversar en buenos términos» con él ¿por qué no iba a escuchar sus quejas? Ella le expondría el caso con claridad. y no era probable que apreciara demasiado al señor Tulliver. y cuando Tom insistió en que se olvidara de los encurtidos -no le gustaba que su madre anduviera por ahí-. Tenía una gran cantidad de encurtidos y salsa de tomate en conserva y sin duda. no lejos de las oficinas del señor Wakem. no había oído contar nada malo de Wakem. ya que cuando insinuó al señor Deane y al señor Glegg que no le importaría ir a hablar con Wakem. pero ofrecieron asiento a la señora Tulliver junto al fuego. esta infrecuente concentración dio a la señora Tulliver una inusual capacidad de inventiva y de decisión. Y ahora que la señora Tulliver había llegado a la conclusión de que su marido estaba muy equivocado al haberla llevado a ese conflicto. En definitiva. que le llevaba la contraria con los encurtidos que había preparado según la receta tradicional heredada de la abuela. No tuvo que aguardar mucho antes de que entrara el puntual abogado. además. Dicho caballero todavía no había llegado a la oficina. había empezado a pensar que había sido demasiado pasiva y que si se hubiera ocupado de los negocios y hubiera tomado de vez en cuando alguna decisión firme todo habría ido mucho mejor para ella y su familia. Y sin duda. llevó a cabo su plan mediante una estratagema. ir caminando con él a Saint Ogg's aquella mañana. se diera a la reflexión y a maquinar planes gracias a los cuales pudiera convencer al granjero de que no le retorciera el cuello o no la enviara al mercado con sus polluelos: el resultado difícilmente podría ser otro que un barullo de cacareos y aleteos. al ver que todo iba mal. La señora Tulliver guardó para sí estos razonamientos. el señor Hyndmarsh. no». El abogado podría ser un hombre razonable -¿por qué no?-. Al parecer. Sin duda. se mostró tan ofendida por la conducta de su hijo. cosa que todavía no había hecho nadie. ya que era una mujer inocente. en aquel momento. habría sido la vía más corta para llegar a buen puerto. porque en aquellas grandes fiestas con frecuencia bailó con jóvenes cuyos nombres había olvidado. y él no querría pujar por el molino con el propósito de fastidiarla. que había ido contra él en los tribunales. era imposible que le mostrara otra cosa que buena voluntad -puesto que sabía que era una Dodson. el verano en que llevaba aquella chaqueta de raso azul y todavía no pensaba en Tulliver. se sentía inclinada a pensar que su opinión sobre Wakem también era errónea. se los compraría si podían llegar a un acuerdo personalmente. porque un abogado se veía obligado a contentar a muchos. le dijeron «No. pero imaginaba que lo había hecho para agradar al hombre que había prestado el dinero al señor Tulliver. habría sido inútil que fuera el señor Tulliver -suponiendo que pudiera y quisiera ir. sin embargo.

señor.. junto con la nariz. si usted fuera tan bueno.. porque nunca se ha quedado con un chelín o un penique de otro como no fuera por error.. y como mi marido lleva dos meses sin ser el mismo de antes. todavía no conoces al señor Wakem y tal vez te preguntes si era un bribón de tal calibre y tan hábil e implacable enemigo de la humanidad honrada en general y del señor Tulliver en particular como aparecía en la imagen o el retrato que de él hemos visto en el pensamiento del molinero. y advirtiendo que no había pensado en cómo debía comenzar. Espero que no piense que le guardo rencor porque mi marido ha perdido el pleito y los alguaciles han venido a casa y s’ha vendido la ropa ¡Ay de mí!.. ¿Desea usted consultarme alguna cosa? -Bueno. -dijo finalmente la señora Tulliver-. Yo me crié de otra manera. podrían considerarse siniestros en cuanto se demostrara su condición de bribón.. Estoy segura de que recordará usted a mi padre. ¿qué le voy a hacer? Y tuvo un ataque que quedó como muerto cuando llegó la carta que decía que usted tenía poder de decisión sobre las tierras. y si es muy orgulloso y dado a los pleitos. sí. se hacía necesaria la hipótesis de la existencia de una mano diabólica para explicarlos. señora Tulliver? -preguntó el señor Wakem con cierta brusquedad-. Con todo es posible creer que el abogado no fuera más culpable que cualquier máquina a la que. es imposible llegar a conclusión alguna con un somero vistazo: las líneas y las luces del rostro humano son como otros símbolos cualesquiera. De soltera. subastar lo tuyo antes de morir son cosas que nunca había visto antes de casarme ni tampoco durante muchos años después. y no siempre es fácil descifrarlos sin una clave. porque era buen amigo del señor de Darleigh y siempre íbamos a sus bailes. y era propenso a perderse en conflictos en este enredoso mundo. Y yo no tengo la culpa de mi mala suerte por haber dejado a mi gente y haberme casado con el miembro de una familia con otra manera de hacer las cosas.. Lector. Elizabeth Dodson. El señor Wakem se hurgó en los bolsillos del chaleco y la miró en silencio. mientras trabaja regularmente... por empeñarse tanto en lo del riegadio. -Espero.. de ninguna manera. un poco sobresaltada y hablando más deprisa. porque éramos cuatro.. La señora Tulliver meneó un poco la cabeza y examinó el dobladillo de su pañuelo de bolsillo.. ¿Qué es lo que quiere preguntarme? -Bien.. En una contemplación a priori de la nariz aguileña que tanto ofendía al señor Tulliver no se apreciaba más bribonería que en la forma de su cuello duro. señor.. señor. 143 Librodot .. -Sí. y.. ¿tiene usted alguna consulta que hacerme? -Pues sí. nadie podrá decir eso de mí.. -Haga el favor de sentarse. ¿es usted la señora Tulliver? -preguntó el señor Wakem. señor. se le acerca demasiado un hombre osado.. Pero es lo que yo me digo: usted tendrá sentimientos digo yo. -dijo la señora Tulliver. pero estoy segura de que usted se comportará como un caballero. Y no se m'ocurriría insultarle a usted como hacen otros..si usted fuera tan bueno como para no comprar el molino y la tierra.Librodot El molino de Floss George Eliot 143 examinar a la corpulenta mujer rubia que se puso en pie con cortés deferencia. empezando a alarmarse de su intrepidez ahora que se encontraba en presencia que aquel hombre tan imponente. queda atrapado por algún engranaje y se convierte rápidamente en inesperadas salchichas.. A las señoritas Dodson nos miraban más que a nadie. perder dinero. puesto que era consciente de su propia infalibilidad. Pero. señora Tulliver -contestó el señor Wakem con fría cortesía-. señor. y supongo que sabe que la señora Glegg y la señora Deane son hermanas mías. No obstante. y con razón. aunque éste.. -No me cabe la menor duda de lo que me dice. -Así pues. pero no es un hombre malo. No crea que lo defiendo. -¿Qué quiere decir con todo esto. Y eso de pleitear. No cabe duda de que el irascible molinero era hombre tendente a interpretar cualquier disparo fortuito que pudiera rozarlo como un atentado deliberado contra su vida. -contestó la señora Tulliver.

no me lo invento. al menos. todo se parecería a como era antes. -Vaya. dijo la señora Tulliver poniéndose en pie-. podría comprar el molino y dejar que el señor Tulliver trabajara en él para ellos si usted no pujara y elevara el precio.. porque había olvidado decirle que recordaba su boda como si fuera ayer: la señora Wakem era la señorita Clint de soltera. Su mayor defecto ha sido la generosidad. se quedaría con el molino y pagaría un salario a su esposo? -Ah. con el peso de un cadáver. ni tierras ni casas. que algo sabe de leyes. y hay hombres peores. perdiendo la calma. porque siempre llegan a sus manos de otros modos. tan distinto del esperado-. señor. -Caramba. pero tengo mucho trabajo que atender y creo que ya no tenemos nada más que decirnos. ¿Entonces.. señor.Librodot El molino de Floss George Eliot 144 En realidad. ya que mi marido. No desearía llevarle la contraria. -Pero si usted quisiera tener en cuenta lo que le he dicho y no ir contra mí ni contra mis hijos. Pero. ya que ha olvidado muchas cosas. qué pasaría? -preguntó el señor Wakem.. Al fin v al cabo él sólo se ha hecho daño a sí mismo y a su familia ¡Qué pena! Y cuando miro los estantes vacíos cada día y pienso que allí estaban mis cosas. -Ah. aunque yo siempre le he dicho que estaba equivocado. en lo del riegadío y todo lo demás. mi marido podría sufrir otro ataque peor y no recuperarse nunca.. la tierra no importaría mucho. pues fueron el señor Glegg y el señor Deane. y lo construyó su abuelo. si nos quedáramos en el molino. -Oh. creo que sería imposible convencerlo. ha estudiado con el suyo. abriendo el escritorio y cambiando las cosas de sitio mientras se acompañaba de un silbido casi inaudible. señor. porque en nuestra familia. Pensaba que usted también lo hacía así y nunca dije lo contrario. lo considera culpable de su ruina desde que usted le echó la ley por encima por la carretera del prado: eso fue hace ocho años y desde entonces va a más.. en los Dodson. ¿quién lo dijo? -preguntó Wakem.. de recién casada. que se encargan de todo: y el señor Deane piensa que Guest & Co. y m'hijo. mas guapo ni más honrado. 144 Librodot . pero ya ha sufrido suficiente castigo. lo tendré en cuenta -contestó el señor Wakem rápidamente mirando hacia la puerta abierta. señor. y de veras que dicen que trae mala suerte que el molino de Dorlcote cambie de manos.. El señor Wakem se puso en pie. y no hay otro mejor.. ni que el mismo molino se lo pidiera de rodillas. y nunca se m'habría ocurrido. pero me metí a ciegas en esto. -Sí. -¿Y si compro el molino y permito a su marido que se encargue de él.. Y si a usted se l'ocurriera pujar por el molino y comprarlo.. aunque a mí no me gustaba el ruido que hacía. porque podría quedarse sin agua y entonces. no había molinos. -¡Es un imbécil testarudo y calumniador! -estalló el señor Wakem.. si pudiera ganarse la vida: porque fue de su padre. pero mi marido se volverá loco si se la queda usted. no es que le desee mala suerte. No niego que el señor Tulliver s'ha equivocado. porque su nombre es para él como un veneno. ¿así que Guest & Co. -¡Oh. y si hubiera sabido que los molinos tenían tanto que ver con la ley. Algo parecido a una idea nueva recorrió el rostro del señor Wakem. Y si muriera no desearía cargar usted. abrió la puerta y llamó a uno de sus empleados.. entonces.. pero es muy probable que cambie de opinión con esta enfermedad.. siempre decía que los abogados nunca necesitan comprar nada. quiero decir. -Disculpe que la interrumpa. no habría sido yo la primera Dodson en casarse con un molinero. qué pena pensar en que mi marido tenga que vivir de un sueldo -dijo la pobre señora Tulliver con una lagrimilla-. señora Tulliver. asustada ante aquel resultado. señor! -dijo la señora Tulliver. Y para mi marido sería tan importante quedarse donde está. lo recuerdo muy bien. el molino. -¿Quién le ha dicho que yo tenía intención de comprar? -Vaya. así fue.

tras la cual se alejó en silencio. -El próximo viernes: el viernes a las seis. Si el señor Tulliver hubiera ofendido u obstaculizado los deseos del abogado. estimulado por la oportunidad y el brandy. así pues. Pero cuando el señor Tulliver llamaba bribón a Wakem en la mesa de la comida del mercado. y es probable que el lucio se limite a pensar incluso del mas irritado gobio que constituye un plato excelente: a menos que se atragante con él. El victorioso candidato Amarillo de la población de Old Topping tal vez no sienta adecuado odio hacia el Azul que consuela a sus partidarios con una retórica vituperante contra los Amarillos que vendieron su país y constituyen los demonios de su vida privada.tienen un enorme efecto sobre la vida. -Corra a casa de Winship. no diga a nadie que he venido a hablar con usted. a considerar adecuada la afirmación de que «Wakem era Wakem». los moralistas nunca han mencionado el de sentir un aprecio excesivo por las personas que nos vilipendian abiertamente. consciente de que la mavoría de los hombres de cierta importancia que se hallaban presentes sabían que «Wakem era Wakem»: es decir. había tomado ya una decisión: la señora Tulliver le había sugerido varios motivos decisivos y Wakem pensaba muy deprisa: era uno de esos hombres que pueden apresurarse sin por ello precipitarse. Aunque cuando el señor Wakem había entrado aquella mañana en la oficina no tenía intención de comprar el molino de Dorlcote. ya que sus motivos siguen siempre los mismos razonamientos y no tienen necesidad de conciliar distintos objetivos. y estas pequeñas venganzas -que abarcan todos los grados de las ofensas desagradables. ¿por qué iba a odiar a aquel demandante. pues tal como me han enseñado algunas personas versadas en historia. tal vez éste lo habría distinguido como objeto de su venganza. algún bromista criador de ganado. él conservaba toda la sangre fría. a modo de entretenimiento. porque mi hijo se enfadaría mucho conmigo por rebajarme así. la humanidad no está dispuesta a juzgar con severidad la conducta de los grandes vencedores cuando su victoria se halla en lado adecuado. Tulliver no podía ser obstáculo para Wakem: por el contrario. La voz de la pobre señora Tulliver temblaba un poco y fue incapaz de contestar al «Que tenga usted un buen día» del abogado con más que una pequeña inclinación. Imaginar que Wakem sentía hacia Tulliver el mismo odio inveterado que éste tenía por él sería como suponer que un lucio y un gobio pueden mirarse a la cara. y si cuando el propio Wakem se hallaba presente. en otras circunstancias. aborrece el modo en que se alimenta el lucio. le lanzaba alguna pulla mencionando testamentos y ancianas. cuando se les cruza en su camino y no obstaculiza sus asuntos. si la ley y la oportunidad lo permitieran. y ya tengo suficientes problemas para que me regañen los hijos. Así pues. pero no lamentaría. un hombre que conocía bien las piedras pasaderas que le permitían cruzar terrenos fangosos Es probable que un hombre que había amasado una gran fortuna poseía una hermosa casa entre árboles en Tofton y la mejor bodega de oporto de todo Saint Ogg's se sintiera a la altura de su reputación. el subastador. entre los diversos excesos a los que puede entregarse la naturaleza humana. estoy segura. Y es muy probable que incluso el honrado señor Tulliver. Tengo que tratar un asunto con él: dígale que venga.Librodot El molino de Floss George Eliot 145 -Por favor. El gobio. no hubiera llegado. a pesar de que consideraba que la ley era poco más que una gallera. Wakem no tenía la conciencia intranquila por haber utilizado algunas artimañas contra el molinero. como es natural. los clientes del abogado no pensaban ni por un momento en retirarle sus negocios. es difícil que sienta alguna antipatía personal. ahuyentan a los hombres preparados y 145 Librodot . y mire si está allí. ese lamentable toro furioso enmarañado en una red? Sin embargo. era un pobre diablo al cual el abogado había derrotado en varias ocasiones: un individuo irascible que no paraba de tirar piedras sobre su propio tejado. dar patadas en la espinilla a un director de periódico Azul hasta dejársela de un tono más vivo que su color favorito. -¿Cuándo se subasta el molino de Dorlcote? ¿Dónde están los papeles? -preguntó el señor Wakem al empleado en cuanto estuvieron solos. Los hombres prósperos disfrutan con alguna pequeña venganza de vez en cuando.

al rápido abogado se le había ocurrido que. Lo cierto era que el señor Wakem también tenía otros hijos. Ahí radicaba. tenía una conversación amena ante una copa de oporto. la Providencia o cualquier otro poder terrenal ha hecho suya la tarea de recompensarnos. resulta que de un modo u otro nuestros enemigos no prosperan. si bien la relación parental era mas difusa. Sin embargo. Y Tulliver. El señor Guest y el señor Wakem mantenían una relación social cordial. Es más. comían juntos en alguna ocasión. Era una buena inversión de capital y. entre todas las demás circunstancias del caso. pero se decía que era más cariñoso con su hijo deforme que la mayoría de los hombres con sus hijos mejor plantados. sin duda. era algo aficionado al cultivo de la tierra y. Wakem albergaba un latente deseo de venganza contra aquel desatento molinero y ahora que la señora Tulliver le había dado la idea le resultaba placentero hacer exactamente aquello que provocaría en el señor Tulliver una mortificación infalible y resultaría para él un placer refinado que no era mero producto de la maldad. les proporcionaba un nivel de vida adecuadamente inferior al suyo. y sabía mejor que nadie que todos los hombres no eran como él. cuando acudía. Esa clase de venganza pertenece al terreno de las virtudes. Wakem no era un simple hombre de negocios: en los círculos más altos de Saint Ogg's se le consideraba un individuo agradable. tenía intención de controlar de cerca el negocio de la tierra y del molino: le gustaban estos asuntos rurales. con su tosca lengua lastrada por la obligación. dedicada a la memoria de su esposa. tenían intención de pujar. Al parecer. Capítulo VIII Cae la luz sobre las ruinas 146 Librodot . además. el motivo principal para la compra del molino de Dorlcote: mientras la señora Tulliver hablaba. pero eso es poco en comparación con la que proporciona verlo humillado por nuestra benevolencia. aquella compra podría servir para que pasados pocos años proporcionara una posición adecuada a un muchacho especial que tenía intención de lanzar al mundo. sino que se mezclaba con la buena conciencia. no sólo la posibilidad de ejercer una benévola venganza lo empujaba a comprar el molino de Dorlcote. no a juzgarla de acuerdo con algún patrón. cuya reconstrucción había sufragado generosamente. en realidad. Además. y aquí tenía la oportunidad de ocuparse de otro convirtiéndolo en criado suyo. La señora Tulliver se había propuesto influir en ese modo de pensar y había fracasado: hecho que puede ilustrarse con la observación de un gran filósofo. y al abogado le gustaba imponerse sobre el armador y fabricante. Tendía a observar a la gente. es probable que contemplar cómo humillamos sin especial esfuerzo a aquellos que nos han ofendido levemente tenga un efecto balsámico y halagador. había sido un excelente esposo y padre: en la iglesia. En una ocasión se dio el gusto de ingresar a un viejo enemigo en una de las casas para pobres de Saint Ogg's. Tulliver era tenido por un hombre orgulloso de su honradez y Wakem era demasiado perspicaz para no creer en la existencia de ésta. se sentaba bajo la más hermosa lápida conmemorativa.Librodot El molino de Floss George Eliot 146 deshonran a terceros con conversaciones banales. demasiado estridente en sus negocios y en su conversación de sobremesa. sería mejor empleado que cualquier otro individuo que le rogara un empleo gorra en mano. Produce cierta satisfacción ver a un enemigo humillado. cualquier hombre se habría casado de nuevo. Tales detalles suponen un complemento para la prosperidad y son mucho más agradables que la venganza que ofende directamente. y aunque se ocupaba de mantenerlos. En las mismas circunstancias. Guest & Co. y Wakem tenía la intención de no salirse de éste. según la cual los pescadores fracasan cuando preparan el cebo porque desconocen el modo en que razonan los peces. y efectivamente gracias a una agradable disposición de las cosas.

Los tíos y las tías coincidían de modo casi unánime en que no se podía rechazar. sino que esperara a ver a su padre en la planta baja: y Tom obedeció. ya que para las personas respetables resulta muy violento encontrarse con un pariente pobre al borde del camino. puesto que los tíos no los compartían. En cambio. en realidad. Tras declarar su intención de quedarse «con sueldo o sin sueldo» hasta que el señor estuviera de nuevo en pie. y los intentos de trasmitirle la idea de que desde entonces habían transcurrido muchas semanas fracasaban ante una desmemoria recurrente. los consideraban irracionales e infantiles. les parecía que Tulliver transfería a Wakem la indignación y el odio que debería sentir hacia sí mismo por su belicosidad y el modo en que la manifestaba pleiteando. Kezia estaba a la altura de las circunstancias. En su conversación resultaba evidente que seguía creyendo que había recibido la víspera la carta del señor Gore. encontraba cierta compensación tratando con mano dura a su señora. ¿qué he hecho yo para merecer peor suerte que otras mujeres?». ya que las palabras eran más débiles que las impresiones dejadas por los acontecimientos antiguos. creía que. no había comprado el molino: la subasta había adjudicado a Wakem el molino y las tierras.Librodot El molino de Floss George Eliot 147 Un gélido y claro día de enero. El señor Glegg y el señor Deane eran menos inflexibles. -Tom -dijo Maggie cuando estuvieron fuera de la habitación de su padre-. ya que el único obstáculo eran los sentimientos que albergaba la mente del señor Tulliver y. Tom se negó a considerar siquiera la proposición: no le gustaba la idea de que su padre fuera subordinado de Wakem. y éste se había presentado en el lugar y había manifestado delante del señor Deane y el señor Glegg. con aquel sol. porque no sabía nada de la desnudez de la planta baja. en la que la luz solar resultaba inoportuna.que Maggie empezó a pensar que su pobre madre estaba perdiendo la razón. cualquier otro lugar sería más alegre que su dormitorio. Durante los últimos días los tres se habían sentido más abatidos que nunca: Guest & Co. y en presencia de la señora Tulliver. la señora Tulliver estaba tan confusa por tener que vivir en aquella extraña situación de tristeza incomprensible -de la que no dejaba de lamentarse diciendo: «Madre mía. Aquellos 147 Librodot . En realidad. pero ambos pensaban que Tulliver ya había hecho daño suficiente con sus malhumoradas manías y que debería dejarlos al margen en cuanto le ofrecían un medio de vida. la mayor inquietud de su madre era la total imposibilidad de «hacer cambiar de opinión al señor Tulliver sobre Wakem» o conseguir que atendiera a razones: no. Su esposa y sus hijos oyeron con un estremecimiento su decisión de bajar al piso inferior. La familia había discutido mucho esta proposición. hasta tal punto que el doctor Turnbull había empezado a renunciar a la idea de ir familiarizándolo con los acontecimientos. le parecía mezquino. Pero debemos alejar a madre: seguro que dice algo que lo estropea todo. que eran las amistades que mas debería cuidar». el señor Tulliver bajó por primera vez al piso inferior: el brillante sol que daba sobre las ramas del castaño y los tejados que veía por la ventana le hicieron declarar con impaciencia que no quería seguir encerrado. La señora Glegg consideraba que cuando recuperara la razón. Sólo podría llegar a comprender por completo el presente poco a poco y mediante nuevas experiencias. Así el señor Tulliver tendría la oportunidad de mantener a su esposa y a su hija sin ninguna ayuda de los parientes de ésta y sin experimentar un descenso demasiado evidente hacia la pobreza. había sucedido lo que ella siempre dijo como resultado de su insolencia «con ellos. como si ésta experimentara el despiadado placer de mostrar los lugares vacíos y las marcas que quedaban allí donde antes se encontraban los objetos familiares. regañándola por dar vueltas por ahí aturdida y pasar el día sin cambiarse de cofia y con una actitud tan «chafada». su intención de contratar a Tulliver como encargado del negocio en caso de que éste se recuperara. aunque se estremecía al imaginar la dolorosa escena. Wakem estaba comportándose correctamente y no parecía guardar ningún resentimiento hacia Tulliver. tendrían que irse a vivir a una pocilga a propósito para fastidiar a Wakem. Pídele a Kezia que la entretenga abajo con algo en la cocina. tenemos que intentar por todos los medios que padre comprenda un poco lo que ha sucedido antes de bajar. Tulliver debería comprender que no podría nunca humillarse bastante: al final. el cual hablaba con tanta justicia como el que más. La señora Tulliver pidió a Tom que no fuera a Saint Ogg's a la hora habitual.

Se volvió hacia Tom y le preguntó con su brusquedad habitual en otro tiempo: -¿Dónde han puesto la carta de Gore? Estaba en un cajón cercano. -¿Cómo está el agua. y Maggie y Tom estaban sentados junto a él cuando Luke entró para preguntar si ayudaba al señor a bajar las escaleras. había que recoger la ropa tendida y Kezia manifestó su deseo de saber si un par de manos bastaba para hacerlo todo. espera un poco.. padre -dijo Tom-. volvió los ojos hacia él con la misma mirada interrogadora. murió de una apoplejía hace casi un año. sin dejar de mirarla.. olvidaba sus rostros: ya no eran los del niño y la mocita de aquellos tiempos. le dije. -Hace ya mucho tiempo de la pelea con Dix.. mirándola a la cara con una extraña expresión escrutadora. Pagué mucho dinero. -Sí. mientras se la tendía 148 Librodot . padre? -preguntó Tom. siéntate -dijo el señor Tulliver. -Sí. En aquella ocasión en concreto.. Maggie miró a Tom con muda expresión de abatimiento: la mente de su padre estaba tan alejada del presente. Recuerdo que habló usted de ello hace unos tres años. señalando una silla con el bastón y siguiéndolo con la mirada. señor. dentro y fuera. empezó a mirar la chaqueta que llevaba puesta y a palpar el bolsillo lateral. Eso fue lo que le dije a Riley ayer. como si le sorprendiera sobremanera la presencia de aquellos jóvenes. sí -dijo al cabo de un par de minutos-. -¿Sabe lo que dice la carta. sí. similar a la de un niño pequeño cuando busca con los ojos a su niñera. recuerdo que dijo usted que tendría que pagar algún dinero en su nombre. Si Wakem tenía que ganarme otra vez la partida. ya que la pedía con cierta frecuencia. -Sí. -No creo que se dé prisa en hacerlo. Al pensar en Wakem se animó y. poniendo una mano sobre la suya-. ¿no lo recuerda? El señor Tulliver se recostó en el asiento de nuevo y su mirada perdió el aspecto infantil bajo una avalancha de ideas nuevas que lo distrajeron de las impresiones externas. donde he estado estudiando.. de la misma manera que un hombre que lucha contra el sueño intenta captar imágenes fugaces.Librodot El molino de Floss George Eliot 148 momentos de inquietud eran para Kezia como unas saturnalias en las que podía regañar a su ama sin restricciones. He estado estudiando allí tres años... -Ah. -Padre -dijo Maggie.. A Tom le faltaba poco para salir corriendo.. y dejó a sus hijas en muy mala situación: una de ellas es ayudante en el colegio de la señorita Firniss. La pobre señora Tulliver bajó las escaleras con docilidad: que la regañara la criada era el último vestigio de su dignidad doméstica.. ¿No recuerda que el señor Riley murió? -¿Se murió? -contestó el señor Tulliver bruscamente. apoyando los codos sobre los brazos del sillón. Y así no necesitará otra fortuna: es lo que yo digo. y señalo que le habría parecido buena idea que la señora Tulliver se pusiera el sombrero y tomara un poco de aire fresco realizando ese trabajo tan útil. antes de que fuera a estudiar a casa del señor Stelling. El señor Tulliver descansaba en una butaca tras fatigarse vistiéndose. Y Luke había velado con constancia a su amo durante las noches. con esa expresión que con frecuencia tienen los convalecientes cuando miran a las personas que los han cuidado. tras una pausa. Siempre que su mente se perdía en el pasado lejano. Todo va bien. Luke. ¿Dix ha vuelto a quitártela? -No.. pero en cuanto Tom empezó a hablar. con esa incapacidad para soportar la emoción que constituye una de las diferencias entre un muchacho y una muchacha. ahora que Riley ha acabado con eso. ¿sí? -dijo su padre con aire de duda. Decidí que mi hijo tuviera cultura y una buena educación: yo no l’he tenido y l’he echado de menos. Pronto ni siquiera tendría criada que la riñera.. con la vista clavada en el suelo como si buscara algo. Luke? -preguntó el señor Tulliver-. El señor Tulliver se inclinó hacia delante. ya lo sabe. entre un hombre y una mujer.

Se hará mejor idea cuando lo vea todo: s'acostumbrará. ¿Y qué más da? Si a Furley no le interesa la propiedad. entonces será otro: hay más gente en el mundo. -Después. Estas últimas palabras se le trabaron en la garganta. como sienten los hombres satisfechos de haber dedicado toda su vida a servir.. Tom pagará a todo el mundo. convencida de que esa terrible palabra representaba la realidad-. sus hijos siempre le querrán. No necesita preocuparse por los negocios hasta que esté bien: por ahora todo lo relacionado con el molino. hijo mío -dijo el señor Tulliver. -No se lo tome muy a pecho. Ayúdame a bajar. -Sí.. añadió-: sólo tienes dieciséis años. que había repetido una y otra vez a Tom cuando no quería aceptar que le devolviera las cincuenta libras de su dinero. pasó el sofoco que alarmó a sus hijos. roto está: será obra tuya. Lo que está roto. pero todavía no sabemos qué ha pasado exactamente con el molino y la tierra -dijo Tom. A su lenta manera. Eso es lo que dice mi madre de que le falte el resuello: ahora s'ha acostumbrao. ahí siguen.. que el sistema de clases era adecuado y natural. no mía. le tembló la voz cuando dijo. padre -dijo Tom en respuesta a la mirada-.. ¿han subastado todo lo que tengo? -preguntó con mas calma. Advirtió que su padre se echaba a temblar. y esas palabras. -Vamos. Eran las más adecuadas para alterar el inquieto espíritu de su amo.? ¿Me han declarado en bancarrota? -¡Oh. Iré a verlo todo -dijo el señor Tulliver. Tom no dijo nada. apoyándose en el bastón y tendiendo la otra mano hacia Luke. Pero ahí están su butaca y su escritorio. padre. -Entonces. las tierras y las deudas está arreglado -Entonces. T’he dado una buena educación: eso te servirá para empezar. querido padre! -exclamó Maggie. pero yo no viviré dos veces. mocita.Librodot El molino de Floss George Eliot 149 -Claro que sí -contestó el señor Tulliver con cierto enfado-. Su padre permaneció en silencio durante unos minutos. y quedó pálido y tembloroso. -Lo han subastado todo. Gore me espera. padre. eso le dije al señorito Tom: usté habría pagao a todos.. El bueno de Luke sentía. 149 Librodot . negando lentamente con la cabeza-. -¿Pagar a todo el mundo? -dijo con vehemente agitación mientras enrojecía y lanzaba chispas por los ojos -. más de dos meses: todo ha cambiado EI señor Tulliver los miró a los tres alternativamente con expresión de asombro en otras ocasiones la idea de que habían ocurrido cosas que él ignoraba lo había detenido momentáneamente. dice que lo hará cuando sea mayor. Tiene que soportarlo. De haber podido. padre! -exclamó Maggie con tono suplicante Hace va mucho tiempo de esto: lleva usted muchas semanas enfermo. Pero es muy molesto que no m'encuentre bien: ve a decirles que enganchen el caballo al coche. señor -dijo Luke mientras le tendía el brazo a su señor-. deseoso de evitar cualquier pregunta que condujera al hecho de que el comprador era Wakem. seguía combatiendo los deseos de marcharse corriendo. aparecían una y otra vez. nosotros le queremos.. no se sorprenda si abajo ve la sala muy vacía -dijo Maggie-. alzando la vista. ¿Por qué. de modo que la ruina de su amo constituía una tragedia también para él.. ¿qué es lo que está arreglado? -preguntó su padre con enfado.? ¿Cómo. es una tarea muy dura para ti.. se sentía empujado a decir algo que expresara su participación en las penas de la familia. pero no parecía tener la cabeza perdida. -Pero tal vez viva usted para ver como pago a todos. como si lo empujara el mero deseo de saber. pero ahora le parecía una novedad completa -Sí.. pero no debes reprochárselo a tu padre: he tenido que luchar contra demasiados bribones. aunque al principio le fastidiaba.. -¡No. porque con frecuencia precedía a la parálisis. -Padre. padre -se esforzó Tom en decir. transcurridos unos momentos: -Sí. usté habría pagao a todo el mundo... señor -dijo Luke-. Luke. -Ah. Luke: podré ir yo mismo a Saint Ogg's.

.. para mirar a su alrededor todos los lugares desnudos ocupados por las sombras de los objetos ausentes... Vuestro padre no hacía caso de lo que yo decía. Lo han subastado todo.. Después.. amortiguado por la gélida luz solar. ya sé que no dejaréis que hable vuestra madre. Eras muy bonita entonces.. aunque era vivamente vulnerable... madre -protestó Maggie-: no hable así. -Han dejado la gran Biblia -observó-. Su marido la miró con expresión seria. -Se cumplirán el próximo día de la Virgen -precisó la señora Tulliver. mirando el lugar donde tenía el dedo-. Yo que siempre he sido tan buena esposa y nunca t'he contrariado. -No. -No digas eso.. compañeros cotidianos de toda su vida.Librodot El molino de Floss George Eliot 150 Maggie se adelantó rápidamente para ver si todo estaba bien en el lóbrego salón donde el fuego.. Quemamos el pagaré. -¡Ah! -exclamó lentamente mientras avanzaba hacia la butaca-. Pareció detenerse sobre los datos que se referían al nacimiento y el matrimonio de su hermana. acercándose y mirando la página. ésta. Tom pasó primero.. frente a la chimenea. -No.. durante toda la vida. El dolor de Tom era más puro que el de Maggie.. Como tampoco me serviría ahora.. Si todavía hay alguna manera de enmendarlo.. -¡Pobre Bessy! -dijo-. alzó los ojos hacia Tom. así podré estar con mis hermanas. llevando un escabel para la pierna. Gritty y yo somos sus hijos y no tardaremos mucho en descansar eternamente.. murió a los cuarenta y siete años: la suya no era una familia longeva. El esfuerzo pareció renovarle las facultades. Y mi pobre padre m'entregó en matrimonio ... El señor Tulliver volvió los ojos hacia la página.. -Entonces. Ah.. en cierto modo sentía que la pena le dejaba más espacio para que fluyera el amor y eso permitía respirar a su naturaleza apasionada. Ha sido siempre así. pero se quedó muda de sorpresa al ver a su marido en el salón con la gran Biblia delante. entró en la sala la señora Tulliver. hace dieciocho años que me casé con ella.. todo el mundo lo decía. -Oh. Todos lo dicen. Pero ahora has envejecido mucho. Prometimos amarnos en la riqueza y en la pobreza. Abrieron ante el señor Tulliver la Biblia en cuarto por las guardas y mientras leía lentamente. -¡Ah! -exclamó él.. parecía formar parte de la desolación general. Elizabeth Dodson. y yo pensaba que era extraño que te conservaras tan bien. Mi madre se llamaba Margaret Beaton.. miró otra vez a su alrededor mientras Luke salía de la habitación. padre -contestó Tom-. -¿Han ido a pedirle a Moss el dinero que le presté? -preguntó alarmado. Giró la butaca de su padre y apartó la mesilla para dejarle el paso expedito y se quedó aguardando. Los chicos no sienten estas cosas: prefieren matar al león de Nemea o llevar a cabo tareas heroicas que sufrir por males que no les permiten actuar.. quedémonos aquí trabajando. El señor Tulliver entró y se detuvo junto a la puerta. Bessy -contestó el señor Tulliver. el momento en que entrara y mirara por primera vez. lo han subastado todo.. cuyo orgullo. no me lo reproches.. como si le sugirieran nuevas ideas: de repente. con el corazón latiéndole a toda prisa. se encontraba en suspenso y podía entender que el reproche de su esposa no carecía de fundamento.. Yo quería ser bueno contigo„. tras sentarse y dejar el bastón. para encontrarme con esto de repente. 150 Librodot . En ella está todo apuntado: el día en que nací y el día en que me casé.. No m’habría servido de nada rogar y llorar. aunque m'arrodillara.. y se detuvo junto a Maggie.. apoyado en Luke. Dicen que sería muy justo. pero tú le tienes tanta manía a Wakem. -Pero nunca creí que lo malo seria tan malo -contestó la señora Tulliver con la expresión extraña y asustada que tenía últimamente-.... no diré que no.... en aquellos primeros momentos de humillación..

y dice que puedes encargarte del negocio y ganar treinta chelines a la semana y tener un caballo para ir al mercado. Sólo el temor de necesitar su ayuda había hecho que aceptar su consejo fuera la alternativa más sencilla. el pobre Tulliver pensaba que era demasiado duro para la naturaleza humana cumplir la promesa hecha a Bessy: había accedido antes de saber lo que iba a pedirle: de la misma manera podría haberle hecho prometer que cargaría con una tonelada... ¿Y dónde vamos a quedarnos? Tendremos que ir a una de las casitas del pueblo. hundido de nuevo en la butaca. Los miembros débiles se resignan con facilidad al encadenamiento... no sólo la conciencia de que. Bessy tenía a su favor demasiados sentimientos. pero no le sería fácil conseguir un trabajo adecuado para él. Los Tulliver habían vivido allí durante varias generaciones. igual que Tom lo hizo años más tarde. Pero el argumento de mayor peso era el amor al lugar por donde había correteado de pequeño. parece posible cumplir promesas que rompe la vieja energía al regresar. Cuando se presentaron para insistir en lo que tenía que hacer por la pobre Bessy. había llevado una vida regalada. Sin embargo. -Déjala -dijo el señor Tulliver-: di lo que tengas que decir.Librodot El molino de Floss George Eliot 151 -Madre -intervino Tom con severidad-: éste no es momento para hablar de eso. no estoy de acuerdo con madre ni con los tíos y no creo que usted deba verse sometido a Wakem. Vaya. el molinero pasó por días de violenta lucha interior a medida que la recuperación gradual de sus fuerzas traía consigo una capacidad mayor para abarcar todas las facetas del conflicto en que se encontraba.. Bessy -murmuró-. ¿de qué sirve que t'enfrentes a él? Si él dice que puedes quedarte y habla con tanta justicia. había llevado una vida muy dura.. Tener que verme así con mis hijos . probablemente porque querían ponerla en su contra y hacerle sentir que era él quien la había llevado a esa situación. escuchó sus reconvenciones sin mirarlos más que de reojo y cuando estaban de espaldas. En algunas ocasiones. Capítulo IX Un nuevo dato en el registro familiar Tras ese primer momento de renuncia y sumisión. -Haz lo que quieras conmigo. No podía soportar la idea de tener que vivir en otro 151 Librodot .. Cuando Tulliver pudo caminar otra vez y contemplar los viejos objetos... Este mundo es demasiado para mí.. -Padre -dijo Tom-. Tom. Tal vez debería emplearse como jornalero y su esposa podría recibir ayuda de sus hermanas. parte de sí mismo.. -Calla. mandando mucho y trabajando poco. ahora que el molino y la tierra son de Wakem y todo está en sus manos. especialmente después de que hubieran permitido la venta de todos los objetos preciosos de Bessy. Tulliver pensó en la posibilidad de ahorrar dinero de su salario.. Bessy. calla: ya es suficiente por hoy. Te he arrastrado a la pobreza. con muchos esfuerzos.Y todo porque te empecinas en ir en contra de la gente y nada te hace cambiar d’opinión El señor Tulliver temblaba. Hasta la fecha. y no estaba preparado para otra clase de empleo.. para pagar un segundo dividendo a los acreedores. y cuando la enfermedad nos domina.. y no nos guardemos rencor: ya nunca volveremos a ser jóvenes. como resultado de su matrimonio. Ahora gano una libra por semana y cuando esté bueno usted podrá encontrar algún trabajo. aunque esa perspectiva le resultaba doblemente amarga. este mundo es demasiado para mí. Bessy.. Estoy en la ruina. Ya no tengo nada que defender. y cuando era pequeño durante las noches de invierno permanecía sentado en un escabel mientras su padre le contaba la historia del viejo molino de madera que se alzaba allí antes de que las últimas grandes inundaciones lo dañaran tanto que su abuelo lo echó abajo y construyó otro nuevo.. sintió la fuerza de un afecto que lo ataba a su hogar como parte de su vida. Dame un beso.

La mocita se le parecerá como una gota a otra. pero prefiero seguir por el viejo camino en lugar de tomar otro nuevo. como aquí mismo. Recuerdo el día en que terminaron la caseta para maltear. donde conocía el ruido de cada puerta y portón. me irritará cargar con un yugo. -No importa. en la que los dedos encajan con amorosa facilidad.. Yo no me acostumbro a las nuevas comidas ni a las nuevas caras. He estado con usté veinte años. y veinte años no pasan porque uno quiera. en todas las estaciones. poco más alto que la rodilla de mi madre. ahora que tenemos la casita para maltear. Y. y pregunté a mi madre. las escaleras son distintas o son distintas las galletas de avena. y yo me quedaba con él al aire libre. que iba desgranando poco a poco. como si de vez en cuando perdiera de vista la narración que deseaba contar-. porque aquel día comimos budín de ciruelas e hicimos una fiestecita. L’hizo tanta gracia que me lo contó una y otra vez hasta el día de su muerte. igual que uno no puede hacer crecer los árboles: uno debe esperar a que nuestro Señor los envíe. -Imagino que querrán echar a Ben y hacer que te las apañes con un chico. difícilmente puede concebir lo que un hombre a la antigua como Tulliver podía sentir por el lugar que era centro de todos sus recuerdos y donde la vida parecía una herramienta familiar. Floss arriba. ¿comeremos budín de ciruelas cada día?». Quién sabe si l’historia tendrá algo de cierto. el señor Tulliver se puso el bastón entre las piernas y sacó la cajita de rapé para disfrutar mejor de la anécdota. para él era una fiesta traer un carro lleno d'arbolitos. en aquellos momentos. No es bueno cambiar de lugar. Tendrás peor empleo. miró hacia las construcciones que tenía ante sí. no deja más que un chicharrón. A mi padre l'entusiasmaba plantar. adaptada a la mano por el uso. y pensé que de allí iba a salir algo importante. Según cuenta una vieja historia. que se alimenta de libros de viajes y ensancha el teatro de su imaginación hasta el Zambeze. sentía que la forma y el color de cada tejado y de cada mancha producida por el tiempo. y yo le pregunté: «Madre. el río se enfada cuando el molino cambia de manos: se l'oí contar a mi padre muchas veces. No soy capaz: estas cosas atan mucho. porque este mundo es un lugar muy enredoso y el viejo Pero Botero siempre anda metido en él: todo esto es demasiado para mí. -Sí. señor -dijo Luke-. lo mires como lo mires. Luke. me sentiría perdido. eran los adecuados porque sus sentidos se habían nutrido de ellos. señor -dijo Luke con comprensión tranquilizadora-: la verdá es que con la roya del grano. Es muy duro.Librodot El molino de Floss George Eliot 152 sitio que aquel. que era una mujer delicada de ojos negros. mi madre.. apoyándose en el pilar de la verja. de cada montículo truncado. Recuerdo el día en que plantaron esos árboles. que nos quería muchísimo. En otro sitio me volvería loco. y tendré que ayudar un poco. -Llegado a este punto. Murió joven.. huye rápidamente hacia los trópicos y se encuentra en su casa entre palmeras y bananos. -Es como si fuera ayer mismo cuando mi padre empezó a hacer malta -prosiguió el señor Tulliver-. muchas veces pasan cosas raras: el tocino de nuestro último cerdo se funde como si fuera mantequilla. el fuego de los almiares y otras cosas que he visto yo mismo. -Mira. Tulliver vivía en el recuerdo de tiempos lejanos que acostumbra a asaltarnos en las horas pasivas de da convalecencia. Luke -dijo una tarde. señor: aquí estará mejor que en cualquier otro lao -contestó Luke-. no pienso amargarme.. Nuestra clase ociosa ilustrada. Se dio media vuelta y. siguiéndolo como un perro. año tras otro. 152 Librodot . Entonces yo era un niño pequeño. que apenas tiene tiempo que perder entre los setos. -Creo que el viejo molino m’echaría de menos. Pero hace ya sus buenos cuarenta años que se construyó la casita de maltear y son pocos los días que no ha sido lo primero que he mirado al levantarme. mientras miraba sobre la valla del huerto-. -Pues sí. Yo no aguantaría tener que trabajar en otro sitio: todo es distinto: lo mismo los carros tienen las ruedas estrechas.

Maggie obedeció intrigada: pero su padre no le dio más órdenes y se limitó a aguardar el rumor de los pasos de Tom en la gravilla. Hizo una pausa y miró hacia el suelo. sentaros todos -ordenó el señor Tulliver-. -Pasa. -Pero Tulliver. hijo mío -anunció mientras Tom se quitaba la chaqueta y el sombrero-. padre -dijo Maggie-. 153 Librodot . más tarde observó a Maggie. y trabajaré para él como si se tratara de un hombre honrado: yo soy un hombre honrado. Maggie advirtió que se encontraba inusualmente ausente. pasa. Ve a buscar la Biblia grande y ábrela en la primera página. señor! ¿Es ya la hora? Tengo que ir a prepararle la cena -dijo la señora Tulliver. allí donde lo apuntamos todo.. sin que yo t’hable. Nos espera la misma tumba a los dos y no debemos guardarnos rencor. la cual. después permaneció sentado en el sillón. dejando lo que estaba tejiendo y saliendo de la habitación. siéntate aquí. Bessy. Quiero que hagas una cosa. padre? -preguntó Tom. Dejaré que me pongan el yugo. Y tú. porque Luke se había descargado de sus pensamientos hasta agotar todos sus recursos para la conversación. aparentemente irritado por el viento que se había levantado y cuyo rumor ahogaba todos los otros sonidos. Bessy. como a ti te gusta. Parece usted inquieto. llegas tarde -dijo su padre-. La señora Tulliver había empezado a asustarse un poco por la tardanza de su hijo y estaba celosa de todo lo que los demás pudieran hacer por él -Tienes la cena lista junto al fuego de la cocina. Tom entró con la expresión triste que acostumbraba a tener por las noches. alzando los ojos alarmada-. que tejía delante de él. mirando primero a su esposa. a la hora del té. Tom. Es un derroche romper el carbón: apenas nos queda carbón del grande y no sé de dónde podremos sacar más. Un árbol caído. Los tres tomaron asiento sin dejar de mirar al señor Tulliver. Maggie. Después miró intensamente a la señora Tulliver. De repente. -Me parece que esta noche no se encuentra usted muy bien. el paseo concluyó en silencio. pero vio de inmediato la Biblia abierta y la escribanía. Me quedaré aquí. -Siéntate. echado hacia delante. y lanzó a su padre una mirada de sorpresa e inquietud. ¿cómo es que Tom no está aquí? -preguntó el señor Tulliver con impaciencia. -Espera. mirando el suelo mientras movía los labios y meneaba la cabeza de vez en cuando. el señor Tulliver cogió el atizador y rompió con rabia un gran trozo de carbón. ¿en qué estás pensando? -exclamó la señora Tulliver. Tom -añadió. No tardará en llegar. son demasiados para mí y tengo que rendirme. Ya abro yo -dijo. porque tienes razón al decir que t’he metido en todo este lío.Librodot El molino de Floss George Eliot 153 Tras esto. Y trae pluma y tintero. me parece que padre quiere hablar con Tom -intervino Maggie-. y el señor Tulliver había pasado de los recuerdos a una dolorosa reflexión sobre las distintas dificultades entre las que podía elegir. Primero debe ir al salón. trabajaré para Wakem y me comportaré con honradez: no hay Tulliver que no sea honrado. mientras se inclinaba sobre su labor. quiero que escribas una cosa en la Biblia. y quiero cumplir la promesa que te hice. Maggie fue a abrirla. Puedes cenar solo. era plenamente consciente de que en la mente de su padre estaba desarrollándose una tragedia. es que hay demasiados bribones en este mundo. no lo olvides. -Pasa algo. -Aquí está -exclamó el señor Tulliver animado cuando por fin se oyó llamar a la puerta.. -Madre. pero su madre salió apresuradamente de la cocina. alzando la voz-: Seguirán criticándome incluso mientras intento pagar las deudas. pero no es culpa mía. Sus ojos tenían una luz extraña que consiguió asustar a Maggie y ésta empezó a desear también la llegada de Tom. Aquella tarde. -Son casi las ocho y media -dijo el señor Tulliver-. -¡Ay. -Bueno. aunque nunca volveré a levantar cabeza: soy un árbol caído. -He tomado una decisión. el cual empezó a hablar lentamente.

padre? -preguntó Maggie. harás que él y los suyos se arrepientan. dejándose caer junto a sus rodillas. Ahora escribe eso. Quisiera que cometiera algún delito que se viera obligado a trabajar con sus propias manos. ya lo sé. ha estado en la raíz de todo. llegado el momento. Pero eso no sucederá. Lo malo es que los bribones prosperen. Maggie! -exclamó Tom-: Quiero escribirlo. ya sabrás cómo. que su hijo quisiera olvidarlo. se puso a trabajar para John Wakem. pero ¿cómo se hace justicia? Para él la ley no significa nada. ya lo sé. -Ahora pon que recordarás lo que Wakem ha hecho a tu padre y que. Edward Tulliver. Aunque es un caballero educado.Librodot El molino de Floss George Eliot 154 -¡Pero no se lo perdonaré! -añadió de repente en un tono más fuerte y profundo. te lo aseguro -exclamó su padre con ferocidad-. -No lo es. levantando la cabeza-. todo eso. -Ahora léeme lo que has escrito -ordenó el señor Tulliver. -¡Calla. en la Biblia. estremecida de miedo-. es demasiado bribón para que la ley lo pille. Ya sé que dicen que él no me quería perjudicar. 154 Librodot . Yo tendré la cabeza agachada bajo el yugo. Y no olvides eso. pálida y temblorosa-. ya lo sé. No hagas que Tom escriba eso. querido padre! -exclamó Maggie. -¡No. deseo que caiga sobre él todo tipo de males. Escríbelo. porque había prometido a su esposa reparar en la medida de lo posible el daño hecho. nunca. -¿Qué cosa. ¡No pienso perdonarlo! Desearía que cayera sobre él tal deshonra. y después escribe que no perdono a Wakem por todo esto y que. padre. el hombre que había contribuido a su ruina. Tom: no lo perdones nunca. eso es obra del demonio. Tom lo leyó lentamente. si quieres ser hijo mío. -¿Qué debo escribir. Tomas Tulliver. cuando los han convertido en mendigos. Haz lo que te digo Tom: escribe. aunque trabajaré para él como un hombre honrado. Dicen que yo no tenía que recurrir a la ley. Se produjo un silencio sepulcral mientras la pluma de Tom se desplazaba sobre el papel: la señora Tulliver parecía asustada y Maggie temblaba como una hoja. Y firma con tu nombre completo. así es como el viejo Pero Botero ayuda a los bribones. Es malo maldecir y guardar rencor. es uno de los caballeros que consiguen dinero haciendo negocios con los pobres y. -Escribe que tu padre. y porque quiero morir en el lugar donde nací y donde nació mi padre. padre? -preguntó Tom con sombría sumisión. Quizá llegue el día en que consigas que se arrepienta: yo no veré ese momento. Ponlo con las palabras adecuadas. les dan limosna.

Librodot El molino de Floss George Eliot 155 Libro cuarto El valle de la humillación 155 Librodot .

Librodot El molino de Floss George Eliot 156 Capítulo I Una variedad del protestantismo que Bossuet desconocía Tal vez. no tienen necesidades toscas y primitivas. no parecen responder a otro criterio que a la costumbre hereditaria. por visiones románticas ni por una fe activa y sacrificada. tiende a exhibirla en toda su vulgaridad. causan un efecto muy distinto al de las ruinas del castillado Rin. fea y humillante que ni siquiera la calamidad eleva. Quizá. al menos la bestia salvaje que llevaban dentro poseía cierta grandeza: eran jabalíes que rasgaban y desgarraban con sus colmillos. Sin duda. y no sólo eso. y tengo la cruel convicción de que las vidas de las que esas ruinas son resto formaban parte de una tosca suma de oscura vitalidad que caerá en el mismo olvido que las sucesivas generaciones de hormigas y castores. En cambio. Cuando la luz del sol caía sobre el destellante acero y los estandartes al viento. que estos tristes restos de casas vulgares.22. ¿Acaso no fue entonces cuando se construyeron las catedrales y los grandes emperadores dejaron sus palacios occidentales para morir ante las fortalezas infieles en el sagrado Oriente? Por todos estos motivos los castillos del Rin me inspiran poesía: pertenecen a la gran vida histórica de la humanidad y evocan en mí toda una época. aquélla eras una época llena de color: una época de aventuras y fieras luchas. Si observamos de cerca a estas gentes. se diría que posee un carácter pagano: sus nociones morales. no los empujan ninguna de esas pasiones incontrolables que crean las oscuras sombras de la miseria y el crimen. Su fe en lo oculto. la princesa de labios suaves. los castillos poseerían esa cualidad natural. contándonos que el rápido río creció en una ocasión. mundanería sin guarnición. sino también de arte y entusiasmo religiosos. la forma de vida humana más prosaica: orgullosa respetabilidad sobre una basta calesa. como el pino de montaña: es más. igual que un dios que arrastra «todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices»23 y convierte su morada en desolación. por lo menos. propia en todos sus detalles de nuestra era vulgar. grande o noble. hayas tenido oportunidad de descender por el Ródano en un día de verano y sentir que la luz del sol se tornaba sombría por causa de los pueblos en ruinas que salpican las orillas en algunos tramos de su curso. el piadoso ermitaño y el tímido judío. uno se ahoga por falta de una salida hacia lo hermoso. los cuales no se guían por principios sublimes. al contrario. Quizás hayas pensado. incluso recién construidos. desmoronadas y fundidas con tal armonía en las laderas verdes y rocosas que parecen formar parte del paisaje natural. sino que. incluso cuando la mano de hierro de la desgracia les ha hecho perder el vínculo mecánico que las une al mundo. se irrita con esos hombres y mujeres grises que 23 Génesis. No se puede vivir entre gente así. la virtud y las costumbres civilizadas: ofrecían un hermoso contraste con el trovador errante.es una existencia angosta. todo lo cual da carácter poético a la vida del campesino. 156 Librodot . como si los hubiera edificado una raza nacida de la tierra que hubiera heredado de su poderosa madre un sublime instinto creador de formas. si bien sostenidas con tenacidad. lector. en lo que respecta a sus manifestaciones. hayas sentido una similar sensación opresiva mientras contemplabas la anticuada vida familiar que transcurre a orillas del Floss y que la pena difícilmente consigue elevar por encima de lo tragicómico. sumisas y mal pagadas. lector. pero no cerdos domésticos: representaban las fuerzas demoníacas siempre en conflicto con la belleza. lector. no conocen las tareas duras. se advierte escasa huella de la religión y la impronta aún menor de un claro credo cristiano. no descifran con capacidad infantil lo que ha escrito la naturaleza. 7. Dirás que es una vida sórdida ésta que llevan los Tulliver y los Dodson. Poseen costumbres y conceptos mundanos convencionales sin educación y sin refinamiento. los esqueletos angulosos de ojos hundidos y color mortuorio de los pueblos a orillas del Ródano me oprimen con la sensación de que la vida humana -gran parte. ¡Qué época novelesca! Si aquellos saqueadores feudales eran ogros malhumorados y borrachos. que en sus mejores tiempos eran meras muestras de una vida sórdida.

Su teoría de la vida poseía una base sólida. ¿Cómo podrían saberlo? El vicario de su agradable parroquia rural no era polemizador y. el espíritu de ahorro. Se diría más propia del misterio de la suerte humana la vigorosa superstición que azota a sus dioses o a sí misma que la formicante actitud de esos Dodson y Tulliver. casi pagana. y la sociedad debe la presencia de cualidades importantes en algunos de sus miembros a las madres de la clase de los Dodson. Si cuando las hermanas Dodson eran solteras sus Biblias se abrían con más facilidad en una página que en otra se debía a que guardaban en ellas pétalos secos de tulipanes. pero carecía de toda teología. en cambio. pero ese éxito quedaría totalmente anulado si. esta rica llanura por la que fluye el gran río hacia delante y une el débil pulso de la vieja población inglesa con los latidos del poderoso corazón del mundo. que preparaban bien la mantequilla y los platos tradicionales y se habrían sentido avergonzadas por hacerlo de otro modo.Librodot El molino de Floss George Eliot 157 no casan con la tierra en donde viven. se han elevado por encima del nivel mental de la generación precedente. Sin duda. empujados por la tendencia al progreso de las cosas humanas. propio de todo avance histórico de la humanidad: y no debemos temer esta comparación de las cosas pequeñas con las grandes: ¿acaso la ciencia no nos dice que centra su empeño en la búsqueda de aquello que vincule lo más pequeño a lo más grande? Por lo que sé. en cada población. Llevar una existencia respetable y contar con los portadores adecuados en el funeral suponía alcanzar los objetivos últimos de esta vida. el prestigio del difunto cayera por los 157 Librodot . De este modo. pero era igualmente necesario contar para el funeral con adecuados portadores del féretro y con unos jamones bien curados. piadoso o doctrinal. Los Dodson eran orgullosos y su orgullo residía en frustrar por completo todo deseo ajeno de reprocharles algún incumplimiento de un deber o norma tradicional. sin embargo. pero no había en ella herejía alguna -si es que herejía significa elección. La religión de los Dodson consistía en reverenciar todo aquello que fuera tradicional y respetable: era necesario estar bautizado para que te enterraran en el cementerio y tomar los últimos sacramentos como garantía contra una serie de vagos peligros. se le daba bien jugar al whist y tenía siempre a punto alguna broma para las parroquianas de buen ver. y no sólo rico. Y lo mismo sucede con la observación de la naturaleza humana. con la única excepción de las corrientes no anglicanas. el cuidado en el trabajo y la fidelidad a las normas establecidas. la laboriosidad. la acumulación de monedas que podrían desaparecer de la circulación. pero todavía menos lo era ser pobre y parecer acaudalado. Su religión era sencilla. como todas las teorías a partir de las cuales se han criado y florecido todas las familias decentes y prósperas. Comparto contigo.porque no sabían que existiera ninguna otra religión. distribuidos con cierta imparcialidad. rasgo que parecía trasmitirse de padres a hijos. la fidelidad a los consanguíneos. así como dejar un testamento irreprochable. la honradez. Ningún Dodson desearía que se le echara en cara el olvido de nada apropiado o que formara parte desde tiempo inmemorial de las tradiciones familiares y de las costumbres claramente indicadas en la práctica de los parroquianos más acaudalados: cosas tales como la obediencia a los padres. puesto que identificaba el honor con la integridad perfecta. sino más incluso de lo imaginado. como el asma. al leer el testamento. en las ciencias naturales nada carece de importancia para el estudioso que posea una amplia visión de estos vínculos ni para quien cada objeto sugiera una amplia gama de condiciones. a la que. esta sensación de estrechez opresiva. el lema de la familia era ser rico y honrado. cómo ha afectado a los jóvenes de varias generaciones que. la limpieza cuidadosa de todo tipo de utensilios de madera y cobre. como víctimas o mártires. pero es necesario que la sintamos si queremos entender cómo actuaba sobre las vidas de Tom y de Maggie. los ataban las fibras más fuertes de su corazón. Ser honrado y pobre nunca fue la divisa de un Dodson. la producción de bienes de primera clase para el mercado y la preferencia general por todo aquello que fuera casero. cientos de corazones oscuros representan el sufrimiento. las ideas religiosas y morales de los Dodson y los Tulliver eran demasiado específicas para que pudiera llegarse a ellas de modo deductivo partiendo de la afirmación de que formaban parte de la población protestante de Gran Bretaña. En muchos sentidos se trataba de un orgullo razonable. lector. sin preferencia alguna por lo histórico.

y los 158 Librodot . cuando los días transcurren en una monotonía sin esperanza y el sufrimiento es una aburrida rutina. montara briosos corceles y fuera obstinado en sus opiniones. con trazas de una imprudencia generosa un afecto cálido y una temeridad impetuosa. La naturaleza ha dotado con pequeños zarcillos a algunas semillas que necesitan encontrar un cobijo para protegerse en circunstancias desfavorables. sin guardar la adecuada proporción con los grados de parentesco. un individuo brillante que terminó en la ruina. se tuvieran por buenos fieles anglicanos: de modo que no puede sorprendernos que el señor Tulliver. tanto sus vicios como sus virtudes formaban parte de un egoísmo orgulloso y franco que aborrecía enérgicamente cualquier gesto contra su fama y su interés. de combate entre el impulso interior y el hecho exterior. El señor Tulliver sentía por él el debido respeto. aunque asistía a la iglesia con frecuencia. En cambio. entonces se siente el hambre perentoria del alma y los sentidos se alertan para aprender algún secreto de nuestra existencia que permita obtener satisfacción de la resistencia. aunque exigirían que lo comiera con hierbas amargas. pero sin privarlos de su parte correspondiente de hebillas de los zapatos y otras propiedades. que sólo contaba trece años. la semilla espiritual sembrada en el señor Tulliver carecía de recursos y se la había llevado el viento. un soltero irreprochable de aficiones elegantes que se había licenciado con notas brillantes y pertenecía a una hermandad universitaria. Nada podía reprocharse al vicario de la encantadora parroquia rural a la que pertenecía el molino de Dorlcote: era hombre de una familia excelente. pero nunca lo abandonarían o harían caso omiso de su presencia: no permitirían que le faltara el pan. Capítulo II Las espinas atraviesan el nido desgarrado La agitación que acompaña a los primeros golpes de la adversidad trae consigo una fuerza que nos sostiene. cuando la pena ya no es novedad y no posee la intensidad emotiva que contrarresta el dolor. y que no quería que nadie le contara. lo que era el sentido común. pero consideraba que la Iglesia era una cosa y el sentido común otra. nunca se había oído hablar de un Dodson que se arruinara: no era ése el estilo de la familia. sin embargo. En cambio. la desesperación amenaza en la vida lenta y alterada que los sigue. Si éstas eran las filosofías de la vida según las cuales se habían educado los Dodson y los Tulliver en los meritorios tiempos de Pitt y de los precios altos.Librodot El molino de Floss George Eliot 158 suelos por ser mas pobre de lo esperado o por legar sus bienes de modo caprichoso. como hacia con todo lo relacionado con la Iglesia. tras tantos años de sermones anticatólicos. Cualidad destacada del carácter de los Dodson era su sinceridad. Es muy probable que el listo de Ralph viviera por todo lo alto. las gentes conservaran múltiples ideas paganas y. pero arrastrada por una sangre más rica. A su precocidad. dejara constancia de su afán de venganza en las guardas de la Biblia familiar. precisamente a él. Al parecer. Incluso era posible que. propio de todo carácter imaginativo y apasionado. La misma fe tradicional corría por las venas de los Tulliver. el lector podrá deducir de lo que ya conoce de la sociedad de Saint Ogg's que en sus años de madurez ninguna influencia los había cambiado. Este momento de extrema necesidad había llegado a Maggie. Algunos habían oído contar al abuelo del señor Tulliver que descendía de un tal Ralph Tulliver. El comportamiento con los familiares debía ser siempre el adecuado: y lo propio era corregirlos severamente si su actitud no honraba a la familia. con la finalidad de que puedan aferrarse a superficies poco receptivas. la niña añadía esta temprana experiencia de lucha. de la misma manera que con frecuencia el dolor agudo es también estímulo y produce una excitación que se transforma en fuerza efímera. reprenderían duramente a cualquier familiar descarriado.

los libros y las fantasías que Maggie resultaba extrañamente adulta para su edad. hallaba consuelo en el futuro de su joven hija. y aquella vida vacía la desconcertaba. sin que sus ojos tristes mostraran nunca entusiasmo ni alegría. alarmada. y la madre encontraba satisfacción estropeándose las manos para salvar. No permitía que Maggie hiciera el trabajo más pesado y que más estropeaba las manos. en cuyos rostros una sonrisa resulta tan extraña que las tristes líneas en torno a los labios y el ceño parecen ignorar lo que es y ésta desaparece porque nada la acoge. entre las vigas carcomidas de la buhardilla. tan herido en sus pequeños deseos personales. «¿Por qué no se animan y se alegran de vez 159 Librodot . Tom iba y venía por las mañanas y por las tardes. hacían adulto a Tom en plena infancia intelectual. sin embargo. víctima de una inquietud física y mental que con frecuencia la hacía vagar por la casa vacía tras terminar su trabajo. en general. el amor y la compasión eran para Maggie casi una inspiración. iba a buscarla y la hacía parar explicándole lo mucho que inquietaba a Tom que arruinara su salud por no sentarse a descansar. en medio de las pequeñas pero agotadoras penas que su debilidad mental causaba. y se enfurruñaba cuando Maggie intentaba aliviarla de tanto frotar y restregar -Déjalo. Y en aquellos momentos. ahora que era tan largo y espeso. desde que compró las primeras tenacillas para los terrones de azúcar. ahora que estaban despojadas de todos los acompañamientos propios de una casa próspera. Mientras estuvo paralizado y pareció que seguiría siempre en aquella condición infantil de dependencia -es decir. y en casa estaba cada vez más callado: ¿qué había que decir? Todos los días eran iguales y el interés de Tom por la vida. Y. Y seguía cepillando y cuidando con mimo el cabello de Maggie. un nuevo poder que haría fácil lo más difícil. planes y especulaciones. Las rarezas de su padre y de su madre le resultaban muy irritantes. y se prolongaba día tras día y semana tras semana. un humilde rasgo de devoto espíritu materno resultaba conmovedor e inspiraba la ternura de Maggie hacia su pobre madre. me falla la vista. tras la dependencia infantil pasó a un estado de concentración que contrastaba con su antiguo talante comunicativo y animado. ya que Tom tenía una mirada muy clara y prosaica que no enturbiaban las neblinas de los sentimientos o de la imaginación. Su padre podía ocuparse otra vez de su trabajo. otras con tanta vida por delante. en medio de aquella indefensa imbecilidad. sin embargo. y así expresaba la perpetua comparación entre el pasado y el presente. se habían llenado con una vida tan ansiosa del triple mundo de la realidad. Corresponde a tu madre hacerlo: yo ya no puedo coser.Librodot El molino de Floss George Eliot 159 años transcurridos desde que clavaba clavos en el fetiche de madera. La pobre señora Tulliver parecía incapaz de volver a ser la misma y de recuperar su plácida actividad doméstica: ¿cómo iba a hacerlo? Habían desaparecido los objetos entre los que su mente se desplazaba satisfecha: le habían arrebatado repentinamente todas las pequeñas esperanzas. con la única excepción de su total falta de prudencia y dominio de sí misma. habían hecho de su mundo un lugar comprensible. por el contrario. con el que se había reconciliado. se t'encallecerán las manos -decía-. mientras apenas fue consciente de sus problemas-. hija mía. No dejaba de dar vueltas a la insoluble pregunta de por qué había tenido que sucederle a ella lo que no sucedía a otras mujeres. habría preferido que fuera muy distinta. todos los pequeños cuidados que dedicaba a unos tesoros que durante un cuarto de siglo. sus asuntos se habían solucionado y trabajaba como empleado de Wakem en el lugar de siempre. a pesar de su negativa a rizárselo. hasta que Maggie. la vida que le había tocado en suerte empezaba a adquirir una monotonía triste y tranquila que la hacía encerrarse más en sí misma. Daba pena contemplar cómo aquella rubia atractiva y robusta iba ajándose y adelgazando. Maggie no era su niña mimada y. por cariño a él. cualidades que. aquel corazón femenino. Para los jóvenes resulta cruelmente incomprensible esta sombría monotonía en las personas ancianas o de mediana edad arrastradas por la vida a la decepción y el descontento. aplastado y repelido en todos los otros sentidos. sin embargo. Pero la presencia constante de los perplejos lamentos de su madre resultaba menos dolorosa para Maggie que la depresión hosca y taciturna de su padre. se concentraba en la única vía posible: la ambiciosa resistencia a la adversidad.

en los que tenía que encontrarse con varios de los acreedores que habían llegado a un acuerdo con él. que convertía su presencia en una necesidad. se sentaban ante el agonizante fuego de astillas que producía un calor barato. Y esas nubes plomizas que nunca se abren consiguen impacientar incluso al afecto filial que mana sólo de la ternura y la piedad en momentos de la más obvia aflicción. aunque a esto se sumaran los probables ahorros de Tom. ¡Cuánto deseaba que le acariciara la cabeza o diera alguna 160 Librodot . La señora Tulliver no conseguía economizar a su gusto en la comida y el fuego. amable o frío. y el pobre chico aportó su primera paga trimestral con una deliciosa sensación de éxito y se la entregó a su padre para que la metiera en la caja de hojalata que contenía los ahorros. y él se negaba a comer nada que no fuera de la peor calidad. piensa la vitalidad juvenil. y en todo comportamiento. por la noche. aunque ésta no bastara para alegrarlo. pero la dulce fuente del amor paternal se mezclaba ahora con la amargura. y bajo la influencia de esta absorbente exigencia de su carácter. como en los viejos tiempos. porque pronto se disipaba al pensar en el tiempo necesario -tal vez superior a los años que le quedaban. el señor Tulliver conservaba un cariño especial hacía la «mocita». ir en contra de los deseos de su esposo de «hacer lo correcto» y reparar su nombre. aunque abatido y hastiado por la hosquedad de su padre y la tristeza de la casa. El señor Tulliver no se demoraba fuera de su casa: se escabullía a toda prisa del mercado y rechazaba todas las invitaciones para quedarse a charlar. acostumbraba a sentarse en un taburete junto a las rodillas de su padre y apoyaba en ellas la mejilla. tenía la idea innata de que mientras uno debía dinero y no lo devolvía no podía considerarse dueño de nada.equivalía a una especie de picota moral: habría sido perverso.para que los menguados ahorros pudieran terminar con la pesadilla de la deuda. Ni siquiera los días en que Wakem aparecía para recorrer las tierras a caballo e interesarse por el negocio eran tan malos como los de mercado. Tom. El déficit de más de quinientas libras. igual que todo lo demás. Cuento aquí la historia de personas muy sencillas que nunca habían tenido dudas esclarecedoras en relación con su integridad y su honor. Maggie dejaba su trabajo. coincidía plenamente en que había que pagar a los acreedores. Estas ideas estrictas sobre las deudas que defendían los anticuados Tulliver tal vez hagan sonreír a muchos lectores de estos tiempos de filosofía más relajada y criterios comerciales menos estrictos. al que habría que sumar los intereses acumulados. Cuando. según los cuales todo se equilibra sin que tengamos que intervenir: el hecho de que mi proveedor pierda dinero por mi culpa se contempla desde la serena certeza de que habrá otro proveedor que saque más beneficios de la cuenta y. En aquellos momentos. poco antes de irse a la cama. parecía un abismo demasiado difícil de llenar economizando treinta chelines al mes. tenue y efímero. concentraba todo su pensamiento y esfuerzo en pagar las deudas. les resultaría muy fácil». La pequeña reserva de soberanos de la lata parecía ser lo único que aportaba un débil rayo de placer a los ojos del molinero. en su opinión. Albergaba la confusa noción de que si se pagaba a todos los acreedores se le devolvería la plata y la ropa y. Seguía siendo la niña de sus ojos. en las casas donde acudía por asuntos de trabajo. hasta el punto de privarse de los caprichos más baratos: su único gesto de rebelión consistía en introducir clandestinamente en la cocina algo que pudiera mejorar un poco la cena de Tom. fue metamorfoseándose en un tacaño y un mezquino. «Si se lo propusieran. es mero egoísmo no querer ser nosotros los deudores. detectaba una alusión a su cambio de circunstancias. Bajo esta lúgubre melancolía y limitación de afanes. el otrora hombre generoso que odiaba que se le escatimara nada o escatimar a los demás en su propia casa. al mismo tiempo. puesto que en este mundo bien tiene que haber deudas. No era capaz de resignarse: en todas las actitudes su orgullo se sentía herido. La señora Tulliver llevaba en las venas la orgullosa integridad de los Dodson y de acuerdo con la educación recibida pensaba que quitar a los demás su dinero de modo fraudulento -otro modo de definir una deuda. En este punto coincidían por completo los cuatro seres tan distintos que.Librodot El molino de Floss George Eliot 160 en cuando?». Refunfuñaba un poco porque el señor Tulliver se negaba a exigir la devolución de la deuda de los Moss: pero aceptaba sumisamente todas las exigencias de economía doméstica.

no podían quedarse a comer y la coacción que ejercía el tenso silencio del señor Tulliver. por el contrario. El ajado libro de texto de Tom que tenía sobre las rodillas no le proporcionaba ningún consuelo ante aquel temor y sus ojos se le llenaban de lágrimas una y otra vez mientras vagaban de un lado a otro sin ver los castaños ni el lejano horizonte.Librodot El molino de Floss George Eliot 161 muestra de que lo tranquilizaba la sensación de tener una hija que lo quería! Pero ahora sus pequeños mimos no obtenían respuesta de su padre ni de Tom. Aquel día había sido más aciago que de costumbre: su padre. el fin de año los encuentra tal como estaban al principio. como su tía Gritty: eso sí que haría que se revolviera en su tumba: ver a su mocita aplastada por los hijos y el trabajo como su tía Moss. De repente le sorprendió el sonido de la puerta de la verja y el rumor de pasos en la gravilla. tras su enfermedad. Tom se mostraba cansado y abstraído. El peor de sus temores era que su padre pudiera añadir a su desgracia presente algún acto desdichado e irreparable. se encuentran bajo la presión de la desgracia continuada. sus dos ídolos. sin nada que ofrecer y que han dejado de figurar en sociedad. sino sólo escenas futuras de tristeza doméstica. sino un hombre con una gorra de piel de foca y un chaleco de felpa azul. su vida interior tiende a convertirse en una rueda perpetua de pensamientos tristes y amargos: las mismas palabras y las mismas escenas se repiten una y otra vez. a menos que pertenecieran a alguna pequeña corriente religiosa. tenía pocas posibilidades de contraer un buen matrimonio y le repugnaba la idea de que se casara con un hombre pobre. acompañadas del mismo estado de ánimo. en la que se consigue cierta calidez fraternal ardiendo en el fuego sagrado. había sufrido un ataque de ira durante el cual había pegado por una falta fútil al chico que servía en el molino. Sus ojos negros se apartaban del libro. Durante los breves intervalos que pasaba en casa. y su padre estaba amargamente preocupado con la idea de que la niña crecía y se transformaba rápidamente en una mujer. Las visitas de los tíos eran breves: sin duda. presentan una embarazosa ausencia de motivos para desear visitarlos o de temas de conversación posibles. sin muebles. En aquellas circunstancias. que parecía sumarse al eco de la sala vacía y sin alfombra cuando hablaban las tías. sólo un hombre y una mujer. como si fueran máquinas preparadas para repetir una serie de movimientos recurrentes. con una estrecha gama de experiencias personales. En aquellos tiempos lejanos. y la gente prefiere mantenerse tan lejos como de una habitación helada: unos seres humanos. 161 Librodot . llevaba un saco a la espalda y lo seguía un bull terrier moteado de fiero aspecto. y la escena había dejado en Maggie una huella duradera. tras una visita a Wakem. pero no parecían disfrutar de los rayos de sol que atravesaban la pantalla de jazmín del porche situado a su derecha y proyectaban sombras en forma de hoja sobre su pálida y redonda mejilla. No era Tom. se diría que buscaban algo que el sol no mostraba. Cuando las mentes incultas. Se le había ocurrido pensar que tal vez pudiera pegar a su madre si a ésta se le ocurriera intervenir con voz blanda en un momento poco oportuno. cuando los castaños empezaban a florecer. en la civilizada sociedad cristiana de estos reinos. había sufrido un ataque similar y había azotado a su caballo. hacía que esas visitas familiares resultaran desagradables para ambos lados y tendían a escasear. Maggie sacó una silla a la puerta de la casa y se sentó con un libro sobre las rodillas. Capítulo III Una voz del pasado Una tarde. las personas que sufren un revés social parecen quedar envueltas en un aire gélido. las familias que habían descendido de nivel social se veían envueltas en un terrible aislamiento. Pocos visitantes rompían la monotonía de los días. Ya en otra ocasión. En cuanto a otras amistades.

pensé que también le gustaría tener un poco de letra. No puedo regalarle a Mumps. -Aquí hay toda clase de caballeros -siguió Bob. con todo tipo de narices. Bob? -preguntó Maggie. pero inmediatamente se sintió violento y se relajó mirando al perro y diciéndole en tono de enfado. claro que no. que eran de primera. colocando el paquete rojo sobre los otros y desenvolviéndolo-. A lo mejor se piensa que me tomo libertades. y compré estos por si le parecen bien. pero no he venido por eso. con una dama que me miraba con unos ojos como los de esté cuando estaba triste. depositando de nuevo el saco que había tomado con intención de marcharse. Como que me miraban como si me conocieran. señorita -dijo Bob-. como hizo el señor Tom con los soberanos. señorita: son mejores amigos que cualquier cristiano -dijo Bob. perdone esta libertad. Serán mejor compañía para usté. la enfática petición se refería a un retrato de Jorge IV con toda la majestad de su cráneo hundido y un voluminoso pañuelo anudado al cuello. pasando las páginas con entusiasmo-. Bob depositaba en aquel momento el fardo en el umbral y. pensé que me tomaría la libertad de comprárselos. Habría pagado tres veces más si con eso se consolara usté por lo que ha perdido. señorita. ¡qué se pondrán los hombres cuando vayan a cortejarlas! Anoche me quedé hasta las doce mirándolas. idiota. Porque no me se olvida la cara que tenía cuando perdió los otros libros: me s’ha quedado pintada como si la tuviera delante de los ojos. abriendo el ejemplar de Keepsake-. Bob -dijo Maggie-. señorita -saludó Bob. porque no habían sido muchos los gestos amables capaces de borrar el recuerdo de la generosidad de Bob-. -¡Ca! -dijo Bob-. y el hombre del puesto de libros me dijo que eran las mejores `lustraciones. profundamente conmovida por su amabilidad-. algunas con el cabello rizado y otras con el cabello liso: unas sonríen con la cabeza torcida y otras parecen a punto de echarse a llorar. Sin embargo. -Pues tenga un perro. Pasa el día en Saint Ogg's. digo yo que serán. Me gustaría ver al señor Tom. ¡Qué bueno eres! Pero temo que te hayan costado muy caras. levantando la gorra con expresión radiante. Y espero que no me los rechace y me diga que no los quiere. -Mi hermano todavía no ha llegado a casa. Te agradezco mucho que hayas pensado en mí. -¿Y las has comprado para mí. Bob! ¡Eres tú! -exclamó Maggie con una sonrisa de placer al reconocerlo. señorita. no sólo dibujos. No tengo muchos amigos que se ocupen de mí. sentadas en el campo y vestidas como las damas que bajan de los carruajes cuando van a los bailes del Old Hall. se sentía muy tímido ante una muchacha como Maggie aunque. -Bueno.Librodot El molino de Floss George Eliot 162 -¡Ah. Caramba. creo que nadie ha sido nunca tan amable conmigo. un paquete de libros pequeños atados con un cordel. y después -llegado a este punto. porque se moriría de 162 Librodot . están llenos de letras. señorita. «se le escapaba la lengua» en cuanto empezaba a hablar-. -¡Mire! -dijo. señorita. -No. envuelto en un pañuelo rojo. Pero bueno. y entonces compré estos libros llenos de caballeros para completar el lote. Caballeros del parliamento. mire ésas. Y cuando vi los libros abiertos en el puesto. sino algo que llevaba bajo el brazo. Lárgate. pero he encontrado estos libros por casualidá y me se ocurrió pensar que a lo mejor compensan un poco los que perdió: oí que decía algo de las ‘lustraciones ¡mire ésta! Al abrir el pañuelo rojo mostró un número atrasado del anuario Keepsake y seis o siete ejemplares de Portrait Gallery en octavo. al parecer no era ése el objeto sobre el que pretendía llamar la atención de Maggie. Y aquí hay muchas damas -añadió. Bob -contestó Maggie-. algunos son calvos y otros llevan peluca. Bob alzó el pequeño paquete de libros. ¡Cuánto me alegro de verte! -Gracias. Mire lo que traigo. yo no sabría qué decirles. junto con él. y pensé que no estaría mal que acompañaran a los otros que son un poco mejores. como acostumbraba a decir.

Señorita. bajo esos auspicios favorables. señorita. Y vuelve a ver a Tom. Otro día. -No. -Pero Bob -le reconvino Maggie con aspecto serio-: eso es un engaño. ¿Verdad. -Ven alguna tarde a ver a mi hermano. si hasta los señores se detienen a mirarlo. consciente de que su lengua estaba comportándose con poca disciplina. ¿verdad? -preguntó Maggie. Bob saludó llevándose la mano a la gorra y se alejó. -Sí. Buenas tardes. convertida así en la Madonna y guía de Bob. señorita. ante lo cual los ojos azules de su adorador centellearon. es una perra ecepcional: algunos. fue y dijo un día: «Esa Toby no es más que una perra mestiza que no vale pa na». Uno que vende ollas por ahí. Mumps sabe distinguir a la gente. y si he hecho alguna trampilla. señorita -añadió Bob bruscamente. No podré encontrar otro tan bueno. y lo he recorrido mucho con la barcaza. desde que se levantan hasta que se acuestan. Ah. no parece que tuvieras gran cosa que heredar de tu padre y de tu madre». -Pues eso -dijo Bob.Librodot El molino de Floss George Eliot 163 pena si se separara de mí. No es fácil engañarlo: sabe distinguir perfectamente a los ladrones. pero le regalaré un cachorro si quiere. después dio media vuelta y añadió-: dejaré de hacer el truco del pulgar si no le parece bien. Pero tengo que divertirme un poco. y ya no voy con los hurones. señorita. Buenas tardes. pero Mumps no los mira: él va a lo suyo. perillán? -Mumps optó por expresarse con un único movimiento afirmativo del rabo-. pues es una pena. alzando de nuevo el fardo. se echó a reír a pesar suyo. soy una persona honrada. lo mismo daba tenerlo delgado. si no le importa que no sea de raza: su madre actúa en un número de feria. Conozco un cachorro manífico. Si se te mira bien. -Mumps no es un chucho callejero. Señalo la yarda con el pulgar y corto por el lado de dentro. no engaño a nadie que no quiera engañarme a mí. gracias. Mumps es un cruce tan bueno como el mejor que se pueda encontrar a lo largo de todo el Floss. Tenemos ya un perro guardián y no puedo tener otro mío. pero será una pena. señorita? -preguntó Bob compungido-. Sabe todo lo del dedo gordo. -¿Y qué le pasa al dedo gordo? -preguntó Maggie. que parecía tolerar la existencia superflua de los objetos en general. adivinando que el amo agradecería cualquier interés por el perro. Bob. Entonces siento habérselo contado. No es que yo sea muy refinao. señorita. él si que ha crecido: a él le han crecido las piernas más que a mí. y las viejas no se dan ni cuenta. Presente mis respetos a su hermano. confirmaba con creces estas alabanzas. señorita -dijo Bob. Gracias. -¿No. -Sí. Bob -dijo Maggie. se lo agradecerá. -Parece muy arisco. Maggie. ¿Y de qué me servirá tener el pulgar ancho? Pa eso. La expresión de Mumps. Gracias por traerme esos libros. y a él no le importa que engañe un poquillo a esas viejas tacañas que no paran de regatear. -No. Ahora no veo más alimañas que a esas mujeres que regatean. muestran menos cabeza que ella con sus ladridos. mostrando un ejemplar singularmente ancho de aquello que distingue al hombre del mono-: que cuando mido un trozo de franela. El hatillo volvía a estar en el suelo. pues el gancho del bastón que lo sostenía estaba mal colocado. tamién se lo cuento: no tengo secretos para él. un oficio tan humilde como el de todos los vendedores ambulantes. que querrían que les diera gratis la franela y les da igual que yo no gane ni pa comer. pues un pulgar ancho cuenta mucho. qué va. pero no me gusta que un chucho se meta con otro. 163 Librodot . Pero estoy acostumbrao a hablar con Mumps. claro. hablo con él todo el rato cuando ando por sitios solitarios. señorita -dijo Bob con una sonrisa de desdén-. ¿dejará que lo acaricie? -Sí. porque llevo franela porque pesa poco y es cara. -Bueno. no me gusta oírte contar estas cosas. -Adiós. alejándose unos pasos. Vaya. pero yo le dije: «¿Y tú qué? Tampoco pareces de raza. Caramba. Bob.

tampoco era eso lo que deseaba. no aparece en las traducciones anteriores al castellano de El molino del Floss 24 164 Librodot . éstos habían quedado reducidos a los pocos y sobados ejemplares conocidos: el diccionario y la gramática latina. la cruel sensación de que a Tom no le importaba lo que ella pudiera pensar o sentir y de que ya no eran compañeros de juegos. conocida como Bloody Mary. Maggie pensaba que se conformaría con algunas fantasías absorbentes: ¡Si tuviera todas las novelas de Scott y todos los poemas de Byron! Entonces quizá encontrara felicidad suficiente para aliviar el sufrimiento que le proporcionaba la vida diaria. los días de los caballeros todavía no han desaparecido: sobreviven en la adoración que muchos jóvenes y hombres sienten por mujeres a las que siquiera piensan tocar el meñique o el orillo del vestido. Algunas veces. cuyos apasionados cantos de espíritus presos transmitían una extraña vibración que le recorría todo el cuerpo. Bob. las pequeñas tareas sórdidas que llenaban las horas. Y. como resultado general de las enseñanzas recibidas. que eran un instrumento contra la expansión del catolicismo y que todos habían muerto en Smithfield24. Todo afecto. cargado con su fardo. Sin duda. así como las dificiles cuestiones de la doctrina cristiana: carecían de sabor. y tal vez sólo consiguió que. Sabía poco de santos y mártires y había deducido. La expresión alegre no tardó desaparecer del rostro de Maggie. de fuerza. Estaba demasiado abatida para dar respuesta alguna a la curiosidad que sentía sobre los libros que le había regalado Bob. una Lógica de Aldrich y el exasperante Euclides. Y ahora.Librodot El molino de Floss George Eliot 164 A pesar del gran canto fúnebre de Burke. su madre infantil y desconcertada. ni voces armoniosas. de modo que se los llevó a su cuarto.. participaban ahora de la tristeza familiar y no recibían la sonrisa solar. Euclides y la lógica serían escalones fundamentales en la sabiduría masculina. Podía inventar mundos soñados. al igual que otras referencias poco amables a los católicos. tal vez conocería los secretos de la vida. sin embargo. sin el atractivo indirecto de la emulación escolar. sentía una veneración tan respetuosa por aquella doncella de ojos negros como si fuera un caballero con armadura que pronunciara su nombre mientras espoleaba al caballo para entrar en batalla. de modo inexplicable. Incluso en el colegio deseaba con frecuencia libros que contuvieran algo más: todo lo que aprendía en ellos le parecía como el extremo de una larga hebra que se rompía de inmediato. sin ocuparse de mirarlos todavía. o el opresivo vacío de un ocio tedioso y sombrío. ni piano. El afán de saber se mezclaba con fantasías en Alusión a los protestantes que murieron en la hoguera durante el reinado de María I Tudor (15531558). Este fragmento. Ya no tenía música. En una de estas meditaciones se le ocurrió pensar que había olvidado los libros de texto de Tom. la tristeza le pareciera mayor. enviados a casa en su baúl. ¡ojalá tuviera libros en los que pudiera aprender lo que sabían los sabios! A Maggie los santos y los mártires nunca le habían interesado tanto como los sabios y los poetas. ni deliciosos instrumentos de cuerda. que se diría que la habían criado y alimentado junto con sus padres. un Delectus. un manoseado Virgilio. pensando que el desenfadado Bob era mucho más feliz que ella. Y de su vida escolar no le quedaba nada más que una pequeña colección de libros de texto que hojeaba con la desagradable sensación de que ya los conocía y no le ofrecían ningún consuelo. La sensación de soledad y total privación de alegría había ido haciéndose más profunda a medida que avanzaba la luminosa primavera. Apoyó la mejilla contra el marco de la ventana. sentado a la triste mesa del desayuno. en el conocimiento que hacía que a los hombres la vida les pareciera satisfactoria e incluso alegre. Telémaco resultaba árido. por contraste. todo placer que la pobre niña hubiera conocido era ahora como un nervio doloroso. los dejó allí y se sentó en el único taburete. un ajado Eutropio. Todos los rincones favoritos del entorno. la necesidad de un amor tierno y efusivo. Pensaba que si le hubieran enseñado «las cosas serias e importantes que sabían los grandes hombres». aunque ahora ninguno le resultaba satisfactorio. pero se encontró con que. Quería alguna explicación sobre la dura vida real: sobre su taciturno padre. el latín. la privación de todas las cosas agradables que se le ocurrían: deseaba poseer la clave que le permitiera comprender y así soportar la pesada carga que había caído sobre su joven corazón..

Economía de la vida humana. Rasselas. la geometría y las formas del silogismo. con su ignorancia fácilmente satisfecha. por algún milagro. en el desierto de su futuro se imaginaba honrada por sus sorprendentes logros. con la brusca sensación de que la relación entre Aldrich y el mundo vivo le resultaba tremendamente remota. Pero cuando se encontraba perdida en sus ensoñaciones. fuera esto lo que fuere. y seguro que la ayudaba. la visión del alegre rostro pecoso de Bob había dado una nueva dirección a su descontento. como si se hubiera encaminado sola hacia la Tierra Prometida y se encontrara perdida en un incierto viaje sin caminos y sin agua. A medida que pasaban los días iba desanimándose y el corazón inquieto se imponía sobre la mente paciente. Sin saber cómo. que podía concentrarse en sus quehaceres con una firmeza que le permitía olvidar todo lo demás. e incluso los arrebatos de rabia y odio contra un padre y una madre tan distintos de lo que habría deseado -contra Tom. retorciéndose las manos cada vez con más fuerza y golpeando el suelo con los pies. Las cartas de San Gregario conocía el contenido de todos ellos. experimentaba una sensación de triunfo. asustándola con la idea de que no le costaría mucho convertirse en un demonio. Y la pobre niña. cuando las necesidades eran imperiosas y poderosos los impulsos. al ver que permanecía inmóvil sin advertir su presencia. se transforman en religión. se llevaba a Aldrich a los campos y apartaba la vista del libro para fijarla en el cielo. que tenía que soportar un ansia imposible de algo. Walter Scott. tal vez. los ojos de Maggie cayeron sobre los libros y revistas depositados en el alféizar de la ventana y abandonó a medias las fantasías para hojear con desgana las páginas de Portrait Gallery. o como Tom. si su madre no estaba presente. puesto que gobiernan las costumbres. Aquella tarde. Empujada por la severidad de su decisión. cuando conseguía comprender aquellos estudios masculinos. donde un ave acuática susurraba en un vuelo inquieto y torpe. estaba tan sola como si fuera la única niña del mundo civilizado y hubiera abandonado la vida escolar inmadura para combates inevitables. tras desarrollar los sentimientos de sumisión y dependencia. que recibía y frenaba sus sentimientos y pensamientos y con una actitud distante. El anuario cristiano parecía ser un libro de himnos y lo 165 Librodot . desfallecía ante esa soledad. o hacia los juncos y arbustos de la orilla del río.que algunos fragmentos y retales de literatura menor e historia falsa. Durante un par de semanas fue avanzando con decisión. Se rebelaba contra su suerte. los ojos se empeñaban en mirar al vacío hacia el soleado exterior: después se le llenaban de lágrimas y algunas veces. Estaba tan sola en su sufrimiento como si todas las demás niñas recibieran mimos y cuidados de adultos que tuvieran bien presentes los tiempos en que fueron jóvenes. Llegó a la conclusión de que parte de las penalidades de su vida se debían a que debía cargar con mayores ambiciones que los demás. Beauties of the Spectator. empujada por el hambre intelectual y la ilusión de recibir halagos algún día.brotaban y fluían por encima de sus afectos y su conciencia como un río de lava. se convierten en moralidad y que. Le habría gustado ser como Bob. los estudios terminaban en sollozos. y le contaría lo desgraciada y lo lista que era. sin mayor porción de la herencia que le correspondía de los tesoros del pensamiento -que las sucesivas generaciones de penosos esfuerzos han conseguido para la humanidad.Librodot El molino de Floss George Eliot 165 las que. empezó a mordisquear la dura corteza del fruto del árbol de la sabiduría y a llenar las horas de ocio con el latín. Finalmente. junto con abundante información banal sobre los sajones y otros reyes de dudoso ejemplo. aunque con alguna decepción ocasional. un deseo de lo mayor y mejor que ofrecía la tierra. pero pronto lo apartó para examinar el pequeño atado de volúmenes. sin embargo. su padre bien podía entrar en la sala para pasar la tarde y. Y. era infelizmente ignorante de las irrevocables leyes internas y externas a sí misma que. ¡Pobre criatura! Mientras apoyaba la cabeza contra el marco de la ventana. y. Después se perdía en fantasías descabelladas en las que huía del hogar en busca de algo menos triste y sórdido: iría a ver a algún gran hombre. espetarle: ¡Vamos! ¿Es que tengo que irme a buscar yo las zapatillas? La voz punzaba a Maggie como una espada: ella no era la única en estar triste y había estado pensando en dar la espalda a su familia y abandonarla. donde brillaba la alondra. cuando se sentaba junto a la ventana con el libro.

para que fácilmente sufras tus pequeños trabajos.Librodot El molino de Floss George Eliot 166 dejó otra vez. pequeño y tosco con cierta curiosidad: tenía muchas esquinas dobladas y alguna mano ahora inmóvil para siempre. Si deseas subir a esta cumbre. luego hay gran paz y sosiego. porque en todos hay alguna falta. Guárdate de pegarte a ellas.. pues. Vuélvete arriba. Y si no te parecen pequeños.. aún está lejos: y si tuviere gran virtud Y muy ferviente devoción. tan fuertemente tentados. mira no lo cause tu impaciencia. y ahora te lo vuelvo a decir: déjate a ti. permaneció sentada en el crepúsculo imaginando situaciones de humillación y devoción y. De este amor desordenado que se tiene el hombre a sí mismo. apenas consciente de que estaba leyendo. Si buscas esto o aquello.. Si hiciere gran penitencia. Bienaventurados los oídos que perciben los raudales de las inspiraciones divinas. y merecer perpetua corona. Maggie pasó de una página a otra y leyó allí donde la mano señalaba. ¿Y quién sería Tomás de Kempis? En alguna ocasión había topado con aquel nombre en sus lecturas y sentía la satisfacción. Pasó de una señal marrón a otra. Bienaventurados los oídos que no escuchan la voz que oyen de fuera. y leyó hasta que el sol se ocultó tras los sauces. hacia donde la mano silenciosa parecía señalar. renúnciate y gozarás de grande paz interior. ocuparse menos de sí misma y contemplar su vida como una parte insignificante de un conjunto guiado por una mano divina. si quieres tener paz interior. ni estarás libre de cuidados. y a todo bien propio y corporal. » Un extraño escalofrío de reverencia recorrió a Maggie mientras leía. y los cuidados superfluos. y quisieres estar aquí o allí por tu provecho. Y ésta ¿cuál es? Que dejadas todas las cosas. Poco es lo que padeces. y propia voluntad. ahí había una cumbre sublime que podría alcanzar sin ayuda externa. aún no es nada. y que no le quede nada de amor propio. y como de paso has de mirar todo lo terrestre. vuélvete fuera. Maggie respiró hondo y se echó hacia atrás el pesado cabello. Cogió aquel libro viejo. nunca tendrás quietud. y en cada lugar habrá quien te ofenda .. vuélvete abajo. llevada por el ardor del reciente 166 Librodot . aún es poco. «Sabe que el amor propio te daña mas que ninguna cosa del mundo.. Leyó y leyó el viejo libro. el libro podría ofrecerle la posibilidad de obtener perspicacia.. Entonces también desaparecerá el temor excesivo y morirá el amor desordenado». Entonces se desvanecerán todas las vanas imaginaciones. Todas las cosas pasan.. Con la prisa de una imaginación que no podía descansar en el presente. en comparación con lo que padecieron tantos.. vuélvete dentro.... como si la hubiera despertado una música solemne en plena noche para hablarle de seres cuyas almas bullían mientras la suya se encontraba sumida en el sopor. dorada por el paso de los años. ya que le parecía oír una voz que le decía: «¿Qué miras aquí no siendo este lugar de tu descanso? En los cielos debe ser tu morada. fuente de toda fuerza. depende casi todo lo que se ha de vencer radicalmente: vencido y señoreado este mal.. tan gravemente atribulados. Aunque tenga toda la ciencia. y no cuidan de las murmuraciones mundanas. para que arranques y destruyas la oculta desordenada inclinación que tienes a ti mismo.. las perturbaciones malas. porque no seas preso y perezcas. como si quisiera percibir con mayor claridad una visión repentina. Conviénete. de todos conocida. donde un maestro supremo aguardaba para que lo escuchara. Muchas veces te dije. regresó a él después de que la interrumpieran un momento.. y tú también con ellas... había señalado algunos párrafos con pluma y tinta. Si el hombre diere su hacienda toda. deje a sí mismo y salga de sí del todo. Ahí tenía un secreto sobre la vida que le permitiría renunciar a todos los demás. que todas las desgracias de su corta vida se debían a que había vinculado su corazón a su placer. devorando con avidez los diálogos con el invisible maestro. sino la verdad que enseña de dentro. conviene comenzar varonilmente. modelo para las penas.. fuerza y conquista con los medios que existían en su propia alma. de poseer algunas ideas relacionadas con un nombre que vagaba solitario en su memoria. y por primera vez vio la posibilidad de cambiar una actitud desde la que buscaba la satisfacción de sus deseos. y ponerla segura a la raíz. aún le falta mucho. traer a la memoria las cosas muy graves de otros. Se le ocurrió de repente.. le falta cosa que le es más necesaria. como solución a un problema. probados y ejercitados de tan diversos modos. y en todo esto hallarás cruz. como si ésa fuera la necesidad central del universo. Y es necesario que en todo lugar tengas paciencia.

donde los principios y las creencias no sólo son extremadamente tibios. porque no los tenía a mano y 167 Librodot . Maggie. como algo que no depende de una elección personal y sobre lo que puede hablarse con leve ironía y desenfado. la renunciación le parecía la vía de entrada en la satisfacción que durante tanto tiempo había ansiado en vano. mucho tiempo atrás. donde los días lluviosos son sombríos. martillea y teje sometida a una opresión variable de ácido carbónico. incluso a las mentes poco dadas a la especulación. con muchos cantos y largos ayunos. tal vez en el claustro. fracasos y cansancios. algo que empuje a la acción sin premio importante. en cambio. esta clase de entusiasmo encuentra un eco lejano en una voz que procede de una experiencia nacida de la mas profunda necesidad. que comporte resignación en lo propio y amor por lo ajeno. pasean su hastío en caballos de pura raza. sin duda. requiere nada menos que una amplia y ardua vida nacional condensada en las fábricas ensordecedoras y poco fragantes. se dispersa en casas y chozas solitarias en campos arcillosos o calcáreos plantados con cereales. que se puede comprar en cualquier librería por seis peniques. Tal vez sea ése el motivo por el cual este pequeño libro pasado de moda. Faraday se ocupa de su ciencia y el alto clero. Y sigue siendo un registro duradero de las necesidades y consuelos humanos. muchas de esas miríadas de almas necesitan de modo imperioso unas creencias enfáticas. sino que siempre se dan por supuesto. aunque se trate de una pena soportada voluntariamente. pero bajo los mismos cielos silenciosos y lejanos y con los mismos deseos apasionados. algo que dé paciencia y alimente el amor humano cuando duele el cuerpo de cansancio y los demás nos contemplan con dureza. resulta muy cara de producir. mientras que las plumas y los perfectos muelles franceses no provocan ninguna inquietud. que es recibido en las mejores casas. compromisos para cenar con seis semanas de antelación. o bien se extiende por los pastos. óperas y bailes. No había percibido -¿cómo podría hacerlo tan pronto? -¿la recóndita verdad de los viejos escritos de aquel monje: que la renunciación es pena. entre disputas familiares y sin largos pasillos que las atenúen. bajo este aspecto desagradable. Esta amplia vida nacional se basa totalmente en el énfasis: el énfasis de la necesidad. No sabía nada de doctrinas ni sistemas. la voz de un hermano que.Librodot El molino de Floss George Eliot 167 descubrimiento. algo que. otros tratados y sermones más caros y recientes lo dejan todo como estaba. Algunos poseen una fe enfática en el alcohol y buscan el ekstasis o «salir de uno mismo» en la ginebra. con su rostro de niña y sus penas ocultas. una confianza y un triunfo escondidos y solitarios que no se escribió sobre cojines de terciopelo para enseñar a resistir a los que avanzan sobre piedras con los pies ensangrentados. los mismos combates. se encarga de su religión: ¿cómo van a tener tiempo o necesidad de creencias y énfasis? Pero esta buena sociedad. es fácil caer en un tono de énfasis que está muy lejos de ser el propio de la buena sociedad. ya que la vida. un combate. pero los demás necesitan algo que la buena sociedad denomina entusiasmo. De vez en cuando. encontró el esfuerzo y la esperanza que la ayudaron a sobrellevar dos años de soledad y a elaborar una fe propia sin ayuda de autoridades establecidas ni guías oficiales. sustentada en sutiles alas de leve ironía. que la empuja a todas las actividades necesarias para el mantenimiento de la buena sociedad y la leve ironía: con frecuencia pasa pesados años en un frío sin alfombras. y con un modo de hablar distinto del nuestro. Cuando se escribe la historia de familias poco distinguidas. se encuentre lejos de los deseos personales. apretujada en las minas. sufrió y renunció. de la misma manera que uno intenta inspeccionar su lecho cuando alguna protuberancia le molesta. Lo escribió una mano que aguardaba un estímulo para el corazón. sintió. Maggie seguía suspirando por la felicidad y se hallaba en éxtasis porque había encontrado la llave. Y en las duraderas vibraciones de esa voz. sudorosa en los hornos. En estas circunstancias. es la crónica de una angustia. que muele. sigue obrando milagros y convierte en dulzor la amargura. haraganean en clubes y saben apartarse de los torbellinos de miriñaques. exige alguna solución. de misticismo ni de quietismo: pero esa voz procedente de la lejana Edad media era una comunicación directa con las creencias y experiencias de un alma humana y llegó a Maggie como un mensaje incuestionable. con hábito de estameña y cabeza tonsurada. Pero las clases altas tienen vino de Burdeos y alfombras de terciopelo.

asombrada. La madre empezaba a apreciar a su hija alta y morena. siguiendo la lamentable moda de aquellos tiempos anticuados. los tiró con un gesto de triunfo.habían quedado abandonados. en lugar del camino de la tolerancia y la indulgencia. convencida de que nunca se arrepentiría. Así pues. única pieza en la que ahora podía depositar su inquietud y su orgullo. los habría quemado. se veía obligada a ceder ante su madre y lucir las gruesas trenzas en un moño en forma de corona. Sin duda. Yo ya me encargaré de que se paguen las deudas sin que tengas que rebajarte de ese modo. y si hubieran sido suyos. Los viejos libros de Virgilio. que nada sencillas resultaban para Maggie. carente de toda gloria. y tomó la negativa de Tom como una más de las cruces que debía soportar. el Kempis y el Anuario cristiano (que ya no rechazaba como «libro de himnos»). pero Maggie se quedó con la escoria y dejó el oro. allí donde crecen las palmas de la victoria. pensaba Maggie en sus largas noches de insomnio: con ella. Aquella nueva vida interior. entonces luchaba por conformarse con esta dureza y no pedir nada más. no vio en él más que un gesto desagradable e incluso enconado. no te sorprenderá que se lanzara a esta empresa de renunciación con cierta exageración y terquedad.Librodot El molino de Floss George Eliot 168 su necesidad era urgente. de que «Maggie se desarrollara tan bien». Euclides y Aldrich -el marchito fruto del árbol de la ciencia. empujada por el deseo de mortificarse. pese a los esporádicos estallidos volcánicos propios de las pasiones contenidas. Maggie ofrecía una imagen que daba gusto mirar. tan reacia a imponer su voluntad. impetuosidad y orgullo: su vida seguía siendo para ella un drama teatral y ella exigía interpretar su papel con intensidad. que siempre lo había querido tanto. lector.que tenía la cabeza llena de citas rítmicas. Dado lo que conoces de ella. aunque se negaba con firmeza a mirarse al espejo. Diligentemente inclinada sobre la costura. como si su viejo cuerpo necesitara su calor. y Maggie. Ése es el camino que queremos cuando nos disponemos a abandonar el egoísmo: el del martirio y la resistencia. -Dale gusto a tu madre. pero él contestaba con brusquedad: 168 Librodot . Su madre advertía el cambio y se maravillaba. De modo que con frecuencia sucedió que perdiera el espíritu de humildad por lo excesivo de sus actos. Por ejemplo. brillaba en su rostro con una luz suave que hacía mas hermosa su juventud floreciente. En un primer arrebato ardoroso. fue a pedir trabajo a una tienda de ropa blanca de Saint Ogg's en lugar de solicitarlo de manera más discreta e indirecta y. En muchas ocasiones. y se dedicaba a ver la naturaleza y la vida a la luz de su nueva fe con un entusiasmo tal que no necesitaba de ningún otro material para que trabajara su mente mientras se aplicaba con la aguja a la costura de camisas y otras complicadas labores mal llamadas sencillas. estas palabras mundanas y orgullosas eran al mismo tiempo valientes y tiernas. cuando Maggie alzaba la vista de la labor encontraba los ojos de su madre clavados en ella: la miraban y esperaban la amplia mirada de la joven. Maggie. era sorprendente que aquella niña que había sido tan «contrariosa» se convirtiera en una persona tan dócil. consentía en llevar aquel vano adorno y lucía una cabeza regia sobre viejos vestidos. A la señora Tulliver le gustaba llamar la atención del padre sobre el cabello de Maggie y otras virtudes inesperadas. porque Maggie había dado la espalda a la vana ambición de compartir los pensamientos de los sabios. muchas veces se propuso volar demasiado alto y cayó con las pobres alas medio desplumadas para chapotear en el barro. puesto que bien podía coser el puño al revés cuando pensaba en otra cosa. cuando Tom le reprochó aquel acto innecesario. Tom era muy duro con ella. contenta de que algo aliviara a su madre y alegrara los largos días que pasaban juntas. Leía con tanta ansiedad y constancia los otros tres libros -la Biblia. a pesar del deseo ascético de no llevar adornos personales. no sólo decidió ponerse a coser para contribuir un poco a la reserva de la caja de lata sino que. Bastante me Molesté por tu pelo en otros tiempos. hija mía -decía la señora Tulliver-. como si hubiera superado la etapa en que los necesitaba. -No quiero que mi hermana haga eso -protestó Tom-.

En un espíritu ocupado por un propósito y un afán de venganza insatisfecho.Librodot El molino de Floss George Eliot 169 -Sabía muy bien lo que valía la niña. 169 Librodot . intentaba explicarle tímidamente que las penas podían resultar bendiciones. sólo quería librarse de la degradación de las deudas y vengarse. No encontrará a nadie digno de ella para casarse. Él interpretaba todo ello como parte de la bondad de su hija. Y las gracias de cuerpo y alma de Maggie alimentaban su melancolía. no caben nuevos sentimientos: el señor Tulliver no quería consuelo espiritual. cuando estaban solos. no es nuevo para mí. Pero es una pena que no sea más vulgar: la rechazarán. Permanecía pacientemente sentado mientras ella le leía un capítulo o. lo que hacía más triste su desgracia. pues le había arruinado el futuro.

Librodot El molino de Floss George Eliot 170 Libro quinto El trigo y la cizaña 170 Librodot .

Además. Maggie estaba sentada con su labor junto a esta última ventana cuando vio entrar en el patio al señor Wakem. y los agradables campos situados detrás de él y limitados por el rumoroso Ripple. pero aquel día y el siguiente estuvo tan ocupada con un trabajo que debía terminar que no llegó más allá de la puerta de la verja y satisfizo sus deseos sentándose al aire libre. cuando pudiera estrecharle la mano y contarle que se acordaba de lo bueno que había sido con Tom y de todo lo que le había dicho en aquellos tiempos. Maggie echó un vistazo al espejo cuadrado condenado a colgar de cara a la pared y estuvo a punto de levantarse para cogerlo. Tal vez lo viera algún día. La denomino insignificante porque apenas era más alta que un montículo. puesto que el señor Wakem algunas veces entraba y examinaba los libros de cuentas. hasta que vio que Philip y su padre regresaban por el camino y pudo bajar de nuevo. pensaba que tal vez Philip hubiera cambiado tras su estancia en el extranjero: quizá ahora fuera más mundano y no le importara lo que ella pudiera decirle. desde una se divisaba la granja y un tramo del curso del Ripple hasta las orillas del Floss. y aquí y allá la cubrían las franjas de hierba que unas pocas ovejas mantenían bien corta. en su bello caballo negro. Tal vez siguiera siendo un muchacho triste. Maggie se alejó apresuradamente de la ventana y se llevó la labor al piso de arriba. situada junto al camino que discurría frente a las puertas del molino de Dorlcote-. pero en algunos momentos la Naturaleza convierte un mero montículo en un medio para alcanzar un resultado funesto. y sólo una gran confianza en el valor de Tom conseguía convencerla para 171 Librodot . A los pies de la colina nacía un camino que la rodeaba y conducía a la parte posterior. Cuando no tenía que ir a Saint Ogg's. resultaba agradable comprobar lo poco que había cambiado el rostro de Philip: era sólo una copia ampliada y masculina de los pequeños y pálidos rasgos del niño. Estaban ya a mediados de junio y Maggie tendía a alargar el paseo diario que era ahora el único placer que se permitía. junto al costado izquierdo del molino de Dorlcote. Maggie pensó que la presencia de sus padres despojaría de todo aliciente al encuentro con Philip. uno de sus paseos más frecuentes. con sus mismos ojos grises y el infantil cabello castaño y ondulado. el padre de Philip percibió el gesto con el rabillo del ojo y giró la cabeza para mirarlos con aire severo. lector. que imagines este promontorio boscoso que formaba una pared desigual de casi un cuarto de milla. rota en caprichosos hoyos y túmulos por los trabajos de una cantera agotada. debería gustarle conversar un poco con él. abandonada tanto tiempo atrás que las zarzas y los árboles vestían los agujeros y montículos. llamado «las Fosas Rojas». y con frecuencia deseaba tenerlo por hermano y maestro. la antigua deformidad suscitaba la misma piedad y. como antes. sobre un hermoso poni. y deseara que ella lo tratara con afecto. pero aquella vez no iba solo. después de tantas meditaciones. durante las primeras semanas de su soledad. intentando reprimir aquellos deseos con el recuerdo de algunos fragmentos de himnos. Maggie sentía un gran respeto por aquel lugar. montado. como de costumbre.Librodot El molino de Floss George Eliot 171 Capítulo I En las Fosas Rojas El salón familiar era una habitación alargada con una ventana en cada extremo. la encaminaba a un lugar situado tras lo que se conocía con el nombre de «la colina» -una insignificante elevación de terreno coronada de árboles. Maggie pensó que. cubierto con una capa. había expulsado aquel deseo junto con otros sueños encaminados a satisfacer su voluntad. sin duda. había evocado continuamente su imagen junto a la de otras personas que se habían mostrado amables con ella. aunque ahora ya no pudieran ser amigos. No obstante. A Maggie no le inquietaba volver a ver a Philip: sentía la misma gratitud y piedad que antes y recordaba lo listo que era. y por eso te ruego. pero se contuvo y tomó la costura. En su infancia. tal como habían imaginado en su charla. y la otra daba sobre el patio del molino. Sin embargo. Maggie apenas tuvo tiempo de advertir que se trataba de Philip cuando estaban ya ante la ventana y el muchacho la saludaba quitándose el sombrero. Con este pensamiento. Se preguntó si recordaría lo mucho que admiraba sus ojos. además. Lo acompañaba alguien.

tal vez por la lenta y resignada tristeza de su mirada. Nunca he olvidado lo bueno que fuiste hace tiempo con Tom y también conmigo. cualquier remedo de rocas y barrancos. 172 Librodot . enrojeciendo profundamente. Espero que no te moleste. ahora aquel lugar tenía para ella el encanto que posee cualquier terreno escarpado. Pero mientras tenía todavía los ojos puestos en lo alto. quizá porque su torso ancho corresponde al de una mujer joven. labios llenos y rojos. y creo que eso hace que uno piense más en lo que sucedió antes de que llegaran las dificultades. Se diría que lleva en este mundo más de diecisiete años. visible bajo un chal hereditario de malla grande en seda negra. Con su tez oscura y la corona azabache que remata su alta figura. escapado del cielo. avanzó hacia ella y le tendió la mano. Ayer esperé durante largo rato. como la que se ve con frecuencia en rostros más maduros. porque deseaba tener la oportunidad de hablar contigo. todavía algo tenso-. Disfrutaba tranquilamente del aire libre mientras alzaba la vista hacia los viejos pinos y pensaba que los extremos rotos de las ramas eran la huella de tormentas pasadas. Tom y yo lo hemos pasado muy mal desde entonces. en la colina cercana a tu casa. con una leve sonrisa-. diminutas campanillas que adornaban el silencio. y ése fue el motivo de que Maggie se dirigiera hacia las Fosas Rojas en cuanto tuvo un día libre: disfrutaba tanto que algunas veces. que no encaja con la juventud rebelde que uno esperaría ver aparecer de repente. llenos tan sólo con los recuerdos de sus sentimientos de niña. algo seria. especialmente en verano. como si pretendiera que Philip la acompañara-. Con todo. que nunca había olvidado. No obstante. Hoy he vuelto y cuando he visto el camino que tomabas. Sin duda. pensaba que debería poner límite a aquellos paseos. y las noches pasadas sobre el duro suelo a modo de penitencia no han dejado en ella huella evidente: tiene ojos brillantes. como si pretendiera hacer regresar a casa el azul cerúleo de los jacintos silvestres. pero no lo hiciste. para los ojos habituados al llano. de la que parece haber desaparecido toda búsqueda e inquietud. bajo cofias sin adornos. en aquel momento Maggie no se sentía inquieta. parece poseer cierta afinidad con los grandes pinos albares que contempla como si los amara. Pero si se la observa atentamente surge cierta inquietud: produce la sensación de que en ella conviven elementos opuestos entre los que parece inminente una violenta colisión. como un fuego que reviviera cuando parecía ya extinguido. -Sí. poniéndose otra vez a caminar. La juventud y la salud han resistido bien las penurias voluntarias e involuntarias que le ha deparado el destino. no te he perdido de vista y he bajado de la colina. Extendió la mano y bajó la vista hacia la figura deforme.Librodot El molino de Floss George Eliot 172 llegar hasta allí. así es -contestó Philip. posee una expresión apagada. en una mirada súbita y apasionada que disipara toda la quietud. en su deseo de renuncia. Fue ella la primera en hablar. en cuanto está segura de que no la ve nadie. ¿Cómo es que paseas por aquí? ¿Has venido a verme? Era imposible no advertir que Maggie se sentía de nuevo una niña. para ver si salías. ya que imaginaba bandidos y animales salvajes en cada hoyo. Bajó los ojos sobresaltada y vio a Philip Wakem. con ojos francos. -No -dijo Maggie. distinguirías una figura alta con un viejo traje color lavanda. -Me has asustado -dijo. tras las cuales las rojas ramas apuntaban todavía mas arriba. Me alegro mucho de que hayas venido. cuando se sentaba en una hondonada herbosa a la sombra de un frondoso fresno que crecía torcido en un talud. mejillas oscuras. firmes y redondas. Por aquí nunca encuentro a nadie. se quita la capota y se la ata al brazo. lector. o contemplaba cómo el sol atravesaba las ramas lejanas. Maggie también se sonrojó con una sorpresa que de inmediato se convirtió en placer. percibió el movimiento de una sombra que el sol de la tarde proyectó en el sendero herboso situado ante ella. mientras avanza por su camino favorito y entra en las Fosas por el estrecho sendero que cruza un grupo de pinos albares. pero no estaba segura de que tú lo recordaras tan bien como yo. También en junio los rosales silvestres florecían en todo su esplendor. y escuchaba el zumbido de los insectos. Tenía muchas ganas de verte. que primero la saludó quitándose el sombrero y después. Si pudieras verla. mas menuda que ella.

Es como si fuera la muerte: debo separarme de todo lo que me importaba antes. Maggie hablaba con voz cada vez más triste y suave. parecía una gitana. Y debo separarme de ti: debemos hacer como si el otro no existiera. Caminó a su lado. -Pero ¿cómo podría hacerle la vida más difícil que nos viéramos de vez en cuando? preguntó Philip. Diría que todavía lo soy. Pero no sale nada bueno de eso. no se le había ocurrido que bastaba su persona para producir algún efecto. Y no te ofendas si te llamo por tu nombre y te tuteo. Habían dejado atrás los pinos y se encontraban ahora en una verde hondonada casi rodeada por un anfiteatro de pálidas rosas silvestres.. Estuvo a punto de decir algo más. contemplando su rostro. Maggie -contestó en voz baja. Deseaba sinceramente que le gustara su rostro tal como era ahora. ¡Qué niña tan extraña! Me recuerdo peinada así y con ese vestido rosa. haga lo que haga. Tan acostumbradas están las muchachas a considerar que la vanidad reside en el atuendo que Maggie. Pero no es justo. -No lo sé -reflexionó Maggie-. pero se contuvo. -Tras una pequeña pausa. Quería que supieras que Tom y yo no podemos actuar como desearíamos en estas cosas. Dejó de mirarlo y dio unos pasos con la vista al frente en silencio. y que si me comporto como si te hubiera olvidado no se debe a la envidia o al orgullo ni a ningún sentimiento adverso. como si estuviera asimilando la idea. y también mi padre. es una mala actitud. y lo he seguido pensando hasta que me he sentido capaz de olvidar mis deberes. Al compararse con las damas jóvenes ricas y elegantes. Los viejos libros desaparecieron. -¡Vaya! -exclamó Maggie. Bajó la vista. entiendo lo que dices -contestó él con voz débil por el abatimiento-.Librodot El molino de Floss George Eliot 173 -No creo que hayas pensado tanto en mí como yo he pensado en ti -contestó Philip tímidamente-. pero no renunciaría a una amistad o. Pero debo soportar una pesada carga: no puedo conservar nada de lo que amaba cuando era pequeña. La verdad. -¿De veras? -preguntó Maggie. al renunciar al espejo. Estoy segura de que. te retraté tal como te veía aquella mañana en el estudio. Sabes. El rostro de Maggie se ensombreció un poco y le tembló ligeramente el labio. Yo renunciaría a muchas cosas por mi padre. Pero a medida que la luz se hacía más intensa. Ya sé qué es lo que nos separa por ambas partes. Philip la miró a los ojos durante largo rato -No. he creído que no tenía por qué renunciar a nada. sonriendo y enrojeciendo de placer-. como si esa visión no le permitiera ningún otro deseo. el rostro de Maggie se iba apagando. Se detuvo en la hondonada y miró de nuevo a Philip. y el placer hizo que se sonrojara de nuevo más intensamente. 173 Librodot . cuando dijiste que nunca me olvidarías. al final preferiré haber renunciado a algo personal antes que haber hecho más difícil la vida de mi padre. Maggie vio una acuarela en la que aparecía inclinada sobre una mesa. -Eres mucho más hermosa de lo que imaginé que serías -añadió Philip lentamente. mirando al vacío con ojos extraños y soñadores. pero no apartó el rostro y Philip siguió mirándola. si nos hubiera parecido oportuno. y empezaron a llenársele los ojos de lágrimas. Maggie. añadió-: ¿Ahora soy tal como esperabas? Aquellas palabras podrían haber sido las de una mujer coqueta. Muchas veces. si me he enfadado o me he disgustado. Philip sacó un estuche del bolsillo y lo abrió. El sufrimiento que expresaba el rostro de Philip hacía que éste se pareciera más al de su infancia y que su deformidad conmoviera más a Maggie. Por eso quería hablar contigo. pero se debía tan sólo a su deseo innato de admiración y amor. A Philip parecía gustarle el silencio. cuando estaba lejos de aquí. Ahora Tom es distinto. -Ya lo sé. estoy acostumbrado a hacerlo así en mi pensamiento. -Me habría gustado que pudiéramos ser amigos -dijo con voz seria y triste-: es decir. se había propuesto renunciar a todo interés por acicalarse más que a la contemplación de su rostro. pero la mirada franca y brillante que Maggie volvió hacia Philip no lo era. No es justo sacrificarlo todo a los sentimientos poco razonables de otras personas. a un vínculo de cualquier tipo por obedecer un deseo suyo que a mí no me pareciera justo. El retrato era francamente bueno. con los mechones negros sujetos tras las orejas..

como ella había encontrado. No tengo ningún amigo al que contar mis cosas. Lo siento muchísimo. Yo no soy nada feliz. que le advertía una y otra vez que aquellos encuentros suponían una relación secreta. Eso no puede estropear la felicidad de nadie y. y añadió-: . No me preguntes el motivo ni nada sobre ello -contestó Maggie abatida-.. Eso para mí resulta doloroso y será siempre así hasta que vaya perdiendo facultades. titubeando. no podemos dejar de tener deseos y anhelos. causaría enfado y dolor. me conformaría con esta vida si me dejaras verte de vez en cuando -Philip se detuvo al observar el temor que aparecía en el rostro de Maggie y apartó los ojos de nuevo-. podríamos sanar las heridas del pasado. No debería preguntártelo. Me gustaría que no te sintieras así.y dejé de mortificarme por no hacer mi propía voluntad. pasear contigo. volviéndose rápidamente y clavando en su rostro los ojos grises y suplicantes-. -Desde que renuncié a pensar en lo que es fácil y agradable -dijo finalmente Maggie con timidez. el pensamiento se siente mucho más libre. Mi padre tiene ideas muy fijas sobre algunas cosas.. que nuestros corazones siempre podrán ser amigos y que nos ayudaremos. Maggie negó lentamente con la cabeza y permaneció en silencio. Algunas cosas nos parecen bellas y buenas.. si así era. Además -prosiguió Philip. que había aprendido obedecer. Me parece que. nadie que se interese por mí -dijo con más calma-. Acababa de encontrar un nuevo interés para dar amenidad a sus días y lo cierto era que habría resultado mucho más fácil renunciar a ese nuevo interés antes de que apareciera. endulzaría mi vida. -Philip vaciló un poco al llegar a este punto. Tendía a creer que ver a Philip de vez en cuando y mantener el lazo de la amistad con él era no sólo inocente sino también bueno. (¿De veras podría hacerle algún bien? Sería muy doloroso despedirse de él aquel día y no volver a hablar con él nunca más. Philip se dio media vuelta para seguir caminando. y ahora es muy desgraciado. Tal vez.. Y si pudiera verte de vez en cuando. y siguieron caminando por la hondonada. La voz que le decía esto sonaba para Maggie como música celestial.Librodot El molino de Floss George Eliot 174 -Oh. como si no tuviera paciencia para permanecer inmóvil por más tiempo. Mi vida no tendrá nada grande o hermoso: preferiría no haber nacido.cosas que otros hombres tienen y que a mí siempre se me negarán... -Sin embargo. quizá pudiera ayudarlo a hallar alguna satisfacción en la vida. Me contentaría con que fuera una o dos veces al mes. como quien pierde la vista. me dejaras hablar un poco contigo. Maggie no se sintió capaz de insistir de inmediato en que se separaran. y tenemos obligatoriamente que desearlas. serpenteando entre árboles y arbustos en silencio. Y también deseo muchas otras cosas. en cambio. deseo ardientemente pintarlos. su corazón empezó a latir al compás del descontento de Philip. y que 174 Librodot . mientras estamos vivos. Philip! -exclamó Maggie-. y me mostraras que te interesas por mí. Y no creo que mi padre sienta gran enemistad: creo que ha demostrado lo contrario. con toda la astucia e imaginación del amor a los veintiún años-. si yo conociera bien los hechos y gracias a nuestra influencia por ambas partes. he sido mucho más feliz.. -¿Por qué? -preguntó Maggie amablemente-. Nuestra vida está determinada de antemano y cuando dejamos de desear cosas y sólo pensamos en soportar la carga impuesta y en hacer lo que nos es encomendado.) -Si me dejaras verte por aquí de vez en cuando. -Pero yo no puedo dejar de tener deseos -contestó Philip con impaciencia-. entonces quizá me gustara más la vida. -No más de lo que yo soy -exclamó Philip impetuosamente-. -¡Oh. ¿Cómo podemos sentirnos satisfechos sin ellas mientras nuestros sentimientos sigan vivos? Me entusiasman los cuadros hermosos. algo que temería que descubrieran y. pero sobre ella se imponía otra voz. -Pero ¿cómo podría verte.. Por mucho que luche. Por lo menos. -Entonces -dijo Philip. estoy segura de que no le gustaría. Tras estas últimas palabras de Philip. si hay alguna enemistad entre nuestros familiares. no soy capaz de hacer lo que quiero. presa de pensamientos encontrados. Philip? -preguntó Maggie. razón de más para que intentemos suavizarla con nuestra amistad.

-¿Y te gustaría. 175 Librodot . ¿Cómo es que parecías estar seguro de que yo era la misma Maggie? Yo no estaba segura de que tú siguieras siendo el mismo: sé que eres muy inteligente y seguro que has visto y aprendido muchas cosas que ahora llenan tu pensamiento: no estaba segura de que te interesaras por mí. por lo menos. -Entonces. con sus errores y sus debilidades. supongo que hemos cambiado mucho durante estos cinco años. -No puedo decirte que sí ni que no -dijo finalmente Maggie. disfrutas de muy pocas cosas hermosas de la vida.. uniendo las manos. mirándola con cariñosa lástima-. Philip lo advirtió. Te ruego que me dejes venir otra vez. A Maggie no se le había ocurrido la idea de que Philip pudiera convertirse en su enamorado ni que pudieran censurar sus encuentros al considerarlos bajo esa luz.. tras unos momentos de silencio-. Y. convenciéndola de que eran los otros quienes se equivocaban. y que se trataba de un sacrificio fútil de uno que lastimaba a otro. no sin dolor. No quiero explicarlo: no creo que se pueda explicar por qué algunas cosas nos impresionan más que otras. -Nunca he dudado un instante de que seguirías siendo la misma -dijo Philip-. como las campanadas que arrastrara una brisa recurrente. No es buena idea. -No dejo de pensar en lo extraño que resulta que nos hayamos encontrado y hayamos hablado como si nos hubiéramos separado ayer mismo en Lorton -dijo Maggie mirándolo con una sonrisa.Librodot El molino de Floss George Eliot 175 admitir algo tan cercano a la doblez actuaría como un cáncer espiritual. vendré tanto como pueda hasta que te vea. la música se hacía más fuerte. aunque así resultara más probable que accediera. Era cruel para Philip que se alejara de él debido a un injustificable afán de venganza contra su padre: pobre Philip. Ahora ya no puedo oír nada. pues -dijo Maggie-. ¿puedo volver? ¿Mañana? ¿Pasado mañana? ¿La semana que viene? -Me parece que será mejor que te escriba -dijo Maggie. Debo esperar para no tomar una decisión equivocada. -!Ah! Sé muy bien lo que quieres decir con la música. Algunas veces tengo que ir a Saint Ogg's y puedo echar la carta al correo. Sin embargo. la misma en todo aquello que hizo que me gustaras más que ninguna otra persona. y no sería capaz de explicar cómo lo hizo ni nosotros podemos explicar por qué sentimos que es divino. me parece que han pasado cinco años.. Mi padre podría ver la carta y. Ah. No podemos detectar el proceso por el cual llegan a nosotros ni el modo en que actúan. excepto el órgano de la iglesia -añadió. Maggie? -preguntó Philip. incluso pensó en prolongarlos un poco: la siguiente vez que se encontraran tendría que herir a Philip comunicándole su decisión. si no puedes. Me parece que en nuestra naturaleza humana hay almacenes de los que la razón no puede hacer un inventario completo. entristecida. Debo buscar una guía. sin embargo. Ahora podía disfrutar durante unos minutos de su compañía. Es decir. ¿Tienes libros? Cuando eras pequeña te gustaban mucho. porque no estoy segura de que venga ninguna tarde en concreto. -!Oh.. -Dejémoslo así. Sintió cierta amargura al ver que Maggie se comportaba con él con casi la misma franqueza y libertad que cuando era niña. dando media vuelta y volviendo por donde había venido-. así me sentía cuando oía música. Di tú cuándo quieres que sea. o. yo también lo siento -exclamó Maggie.. no! -exclamó Philip con ansiedad-. movida por su antigua impetuosidad-. ve las cosas de modo distinto que yo: piensa mucho en la riqueza y en la posición social.. Algunos fragmentos de música me afectan de modo tan extraño que no puedo escucharlos sin que cambie mi estado de ánimo durante un si el efecto durara sería capaz de actos heroicos. del que muchos se apartaban por su deformidad. vacilando de nuevo-. Maggie sintió gran alivio al aplazar la decisión. El pintor más grande que ha existido sólo pintó una vez un niño misteriosamente divino. aunque creo que no siente ninguna animadversión hacia vosotros.

con ojos refulgentes. me parece. Durante un tiempo. cerró el libro y se lo devolvió a Philip moviendo la cabeza en gesto de rechazo. ¡Pobre Minna! Me pregunto cómo termina de verdad. No debo seguir adelante. Maggie -exclamó Philip cuando alcanzaron el bosquecillo de pinos albares y ella siguió caminando sin hablar-. La poesía. -Pero no son para mí. Recuerdo que te dije que me parecía que sentías por mí mas cariño que Tom. -El pirata25 -dijo. Volvería a enamorarme de este mundo. el arte y el conocimiento son sagrados y puros. Tengo que esperar. haría que deseara una vida plena. Maggie. qué hermoso es que Dios te haya dado un corazón capaz de interesarse por una niña rara con la que sólo tuviste trato durante unas semanas. sentía el viento que soplaba del mar encrespado -dijo Maggie rápidamente. Si he mantenido a aquella niña durante cinco años en mi recuerdo.Librodot El molino de Floss George Eliot 176 Se encontraban ya de regreso en la hondonada en torno a la cual crecían los rosales silvestres y ambos se detuvieron bajo el encanto de la feérica luz del atardecer que reflejaban las matas de color rosa pálido. pero no pude terminarlo. Este gesto provocó en ella una oleada de cariño hacia Philip y. (1821 176 Librodot . Todo lo anterior es oscuridad. éste es el segundo volumen. Me lo metí en el bolsillo porque estoy estudiando una escena para dibujarla. Maggie -protestó Philip-. Maggie -dijo Philip. todos ellos desgraciados. haré un retrato tuyo bajo los pinos y las sombras tangenciales. he dejado de leer -contestó Maggie con voz tranquila-. Adiós -dijo Maggie. Porque yo querría demasiado. -Ah. como si dijera vade retro a una visión. -No. -Llévatelo. Pero nunca te olvidaré. después de mirarse en silencio durante unos momentos. Maggie miró también el lomo y vio el título: le hizo recordar una antigua impresión con imperiosa fuerza. ahora sólo leo unos pocos libros. Maggie dijo retirando la mano: Te agradezco mucho que hayas pensado en mí durante estos años. con las manos unidas. apartándolo con la mano y caminando de nuevo-. De repente. no pude quitarme de la cabeza las islas Shetland. Pero es que en el recuerdo más antiguo que tengo estamos Tom y yo junto al Floss mientras él me coge de la mano. haría que deseara ver y conocer muchas cosas. deteniéndose y tendiéndole la mano. -No. no son para mí -insistió Maggie. no! Se me había olvidado. Tal vez te habría gustado llevártelo. Maggie -dijo Philip. caminando más deprisa-. Qué maravilloso. absorta en la lectura de la página por la cual había abierto el libro. ¿no he conseguido con ello parte de su cariño? No debería alejarse tanto de mí. -Ah. Me imaginé el resto e inventé varios finales. tomando el libro de las manos de Philip-. Philip había sacado ya del bolsillo un pequeño volumen y dijo mientras examinaba el lomo. Maggie -insistió Philip-. 25 * Novela de Walter Scott. Oh. esta vida no durará tanto. -Pero no siempre vivirás como ahora. gracias -contestó Maggie. -No digas eso. -Tal vez no -contestó Maggie con sencillez-. Es muy agradable que alguien te quiera. casi quejoso-: nunca me querrás tanto como a tu hermano. -Llévate el libro a casa. como antes. ¿por qué has de privarte así? No me gusta verte entregada a este ascetismo tan estricto. -No huyas de mí sin despedirte. ¿no es así? -¡Oh. No se me ocurría ningún final feliz con ese principio. Maggie no había oído ni una palabra de lo que había dicho. aunque debamos seguir separados. contemplándola con placer-. lo empecé una vez. Ahora no lo necesito: en lugar de pintar esa escena. te gustará. leí hasta cuando Minna camina con Cleveland.

excepto dejar de verla.. haría cualquier cosa. pero no lo soy. lo haré -dijo Maggie. domador de caballos: en el interior de la casa. los hombres. Así pues. concentrando los esfuerzos y superando los desalientos. Debo rendirme -dijo Maggie. en feroz lucha contra lo divino y lo humano.. Capítulo II La tía Glegg se entera del tamaño del pulgar de Bob Mientras los combates vitales de Maggie se libraban casi por completo en el interior de su alma. Una vez me dijo que no volviera a hablar contigo y él no cambia de opinión. Sin duda. Podía darle comprensión y apoyo. no hay nada como sembrar en un cerebro una serie de asuntos que no le interesen. De lo que has visto de Tom.. Se preguntaba si no podría impedirlo y convencerla de que abandonara sus privaciones. lidiaba con obstáculos más sólidos y obtenía conquistas más concretas. Así ha sido desde los días de Hécuba y de Héctor. Sería su ángel de la guarda. Se ha puesto ya el sol y estoy todavía lejos. ahora la poderosa voluntad de Tom. lector. había unido la integridad. como si todavía la viera. contemplaban el combate del mundo desde lejos y llenaban los días largos y vacíos con recuerdos y temores.. podemos concluir que se trata de un muchacho al que nadie profetizaría un fracaso en lo que deseara firmemente emprender: probablemente. sí. Si alguna mujer podía quererlo. sólo la misma ternura propia de una niña dulce que había mostrado a los doce años. Maggie. Tras un momento de duda. las apuestas estarían de su parte a pesar del escaso éxito que había tenido con los clásicos. pero al menos tendría la felicidad de verla y de sentir cierta cercanía. Piensa tanto en mí como en los demás. vaya. Lo cierto era que Tom nunca había deseado alcanzar el éxito en ese terreno: y para obtener una buena cosecha de estupidez. Tenía cuatro o cinco años más que Maggie y era plenamente consciente de sus sentimientos hacia ella. Pero no debe suponer el lector que Philip fuera capaz de un tosco egoísmo. y esta idea lo empujaba más que cualquier otro objetivo personal. soportaría cualquier cosa por ella. -Vendré por aquí tanto como pueda hasta que vuelva a verte. añadió-: y quería decirte que. quizá ninguna mujer podría nunca llegar a amarlo: bien. sin duda ésa era Maggie: estaba llena de amor y nadie parecía reclamarlo. era una pena que un talento como el suyo se marchitara en plena juventud. Se alejó a toda prisa y no tardó en desaparecer tras el último pino. Quizá nunca lo amara. lo soportaría entonces. Tom combatía en una guerra mas polvorienta y ruidosa. Philip se marchó a la suya. Maggie se dirigió a su casa sumida en un conflicto interno. aunque la mirada de Philip permaneció fija en aquel lugar durante varios minutos. Oh. donde luchaban dos ejércitos de sombras y se alzaban de nuevo los fantasmas caídos. cuando veas a mi hermano. es mejor que te limites a saludarlo inclinando la cabeza. sofocaban los recuerdos bajo los propósitos y perdían la noción del temor e incluso del riesgo de caer heridos en el apresurado ardor de la acción. donde no hizo más que recordar y esperar. debemos censurar severamente su actitud. Sin embargo. o que pudiera quedar satisfecho sin convencerse previamente de que pretendía insuflar cierta felicidad en la vida de Maggie. el orgullo. lo que debía ayudarlo a prever el carácter que cualquier observador podría atribuir a sus encuentros. Y Philip se aferraba apasionadamente a la posibilidad de que pudiera llegar a amarlo: tal vez ese sentimiento se desarrollara si lo asociaba con la atenta ternura a la que su carácter era tan sensible.Librodot El molino de Floss George Eliot 177 -No lo haría si fuera libre. las mujeres de cabello ondeante y manos alzadas al cielo ofrecían plegarias. los pesares 177 Librodot . -Si. Adiós -dijo tendiéndole otra vez la mano. La actitud de Maggie no albergaba la menor promesa de amor hacia él. en el exterior. como un árbol joven en pleno bosque que careciera de la luz y del espacio necesarios para crecer bien.

tema que al señor Deane. El tío Deane. Durante el segundo año. que había contraído un prudente afecto por Tom al comprobar la actitud enérgica y sensata de éste cuando subastaron los objetos de la casa. cuando tenía previsto tomar a solas un vasito de oporto.Librodot El molino de Floss George Eliot 178 familiares y la ambición personal y los había convertido en una fuerza. más aún. las diferencias entre Tom y su padre. Pero su astucia le decía que los medios para lograrlo exigían que se sacrificara en aquel momento: debía superar determinadas etapas y una de las primeras era el pago de las deudas de su padre. invitaba a Tom a pasar con él una hora. pero la señora Glegg destacó que ella no era dada a hablar sin autoridad. hacía soltar chispas en cuanto se calentaba con la conversación y el vino. envuelto en cierta severidad saturnina. Tom sentía intensamente esa necesidad de hacer causa común con su padre que se deriva del orgullo familiar. ya se vería quién podía hacer algo mejor que hablar. Al parecer. no fuera indicio de que el muchacho acabaría saliendo bien. que logra lo que se propone. El tío Pullet. Con todo. pensando en ello. Un carácter en armonía consigo mismo. más éxito acostumbraban a tener. y que quienes menos hablaban. pronto empezó a albergar esperanzas sobre él y a sentirse orgulloso de haber colocado en la empresa a un sobrino que parecía estar hecho para el comercio. y. A la señora Pullet siempre le había parecido extraño que la excelente tez de Tom. 178 Librodot . es fuerte gracias a lo que niega. aumentó el salario de Tom. tan propia de los Dodson. con alguna digresión ocasional de utilidad indirecta sobre las ventajas relativas que para los comerciantes de Saint Ogg's suponía que les trajeran las mercancías en bodegas propias o extranjeras. y se concentraba en comportarse como un hijo irreprochable. estaba decidido a conseguir todo eso tarde o temprano. lo mejor era no inmiscuirse en sus cosas. y que errores juveniles tales como correr tras el pavo real y la falta de respeto general a sus tías sólo indicaban la presencia de unas gotas de la sangre de los Tulliver que. siguió adelante sin vacilar. comunicó que abrigaba una decisión para favorecer sus perspectivas más adelante. iba a parar a la caja de lata de su casa. El señor Glegg. Tom no encajaba en el bobo modelo del «aprendiz industrioso». como otras personas. excepto lo que costaba la comida y la ropa. sin duda. pero la experiencia que iba adquiriendo le hacía condenar en silencio la imprudencia e irreflexión de la conducta pasada de su padre: no tenían caracteres afines y el rostro de Ton.advirtió que había sido un gesto amable por su parte emplearlo de entrada en el almacén. y que cuando llegara el momento. se habían diluido al crecer. y los informes y predicciones favorables del señor Deane al señor Glegg en relación con la aptitud de Tom para los negocios empezaron a ser tema de conversación entre ellos con distintos grados de convicción. repartir bienes y prebendas con calculada generosidad y ser considerado uno de los jóvenes más refinados de la región. cada vez más obvias. deseaba ardientemente algunos placeres. le habría gustado ser domador de caballos y ofrecer una figura distinguida ante los ojos del vecindario. no se mostraba muy alegre durante las horas que pasaba en casa. sirvieron para reconciliarlo con las tías y los tíos maternos. que lo observaba atentamente. el señor Deane. pero todo. tal como hace un hombre joven cuando se le exige de modo prematuro que se muestre responsable. sin duda. cuando se le ofreciera la posibilidad de hacerlo de modo prudente y sin grandes pérdidas. tras meditar en silencio durante varios caramelitos. y el joven rehuía la camaradería por temor a que lo empujara a gastos no deseados. Maggie sentía por él un respeto reverencial y aunque luchaba para combatirlo. en su condición de naviero. Tom era capaz de hacer honor a la familia sin causar gasto ni problema alguno. tal vez se le encargaría algún viaje en determinadas temporadas y la compra para la empresa de algunas mercancías vulgares -que prefiero no mencionar para no ofender a los oídos delicados. domina los impulsos opuestos y no se plantea nada imposible. Tras tomar esta decisión. lector. llegó claramente a la conclusión de que cuando era probable que un joven se desenvolviera adecuadamente. que dedicaba a sermonear e instruirlo sobre los artículos de exportación e importación. en cuanto su tío empezó a insinuar que transcurrido un tiempo. Tom. porque era consciente de que ella poseía pensamientos más amplios Y motivos más profundos. era inútil. Como bien puedes imaginar.

aunque generalmente prefería rechazar la invitación con el pretexto de que tal vez no fuera puntual. sin levantar la mano del dinero-. la muerte podría llevárseme -dijo con voz temblorosa. El señor Tulliver separó esa cantidad del resto. -Y sabes que no quise pagar dividendos con las primeras cien libras. Tom se interesó de inmediato y le pidió que le diera más detalles. no seguiré adelante. -En ese caso. Es muy lento ahorrar con lo poco que ganamos. pues enviando una carga a algún puerto extranjero. estaba sentado frente a la chimenea. Tom no había mostrado ninguna disposición a confiar en nadie más que en sí mismo aunque. ya no tenía la misma imperiosa necesidad de mandar. Sacó del bolsillo la llave del escritorio. extrajo la llave del arcón y tomó la caja de lata lentamente. Tom abordó la cuestión con cuidado. Sin embargo. Le agradaba tanto el proyecto de una especulación que pudiera cambiar el lento proceso de la suma por el de la multiplicación que decidió de inmediato tratar el asunto con su padre y conseguir su consentimiento para tomar parte de los ahorros de la caja y comprar un pequeño cargamento. mientras.Librodot El molino de Floss George Eliot 179 Entre tanto. porque quería verlas todas juntas y. No era mucho pedir. ¿Comerciar? ¿Cómo?. Habría preferido no tener que consultar a su padre. padre? -preguntó Tom. Y. seguro que estará en mi contra. Su primer impulso fue negarse en redondo. podrías perder un año de mi vida. -Sí. padre -dijo Tom tras unos minutos de silencio-. dado que tenía la sensación de ser un padre «funesto». Después volvió a sentarse ante la mesa y abrió la caja con la llavecita del candado con la que jugueteaba en el bolsillo del chaleco siempre que tenía un rato libre. -Ah. Tom permaneció en silencio. de modo que resolvió pedir al tío Glegg que le prestara veinte libras a cambio del cinco por ciento de los beneficios. y el señor Tulliver escuchó. una tarde esperó a Tom en el puente cuando volvía a casa desde Saint Ogg's con intención de mantener una conversación en privado. ya que pone tantas objeciones. Allí estaban todos los ahorros: el señor Tulliver no querría de ningún modo colocar el dinero para que produjera interés por temor a perderlo. como si intentara retrasar el momento de una dolorosa separación. y los contó sobre la mesa: tras tanto escatimar durante dos años. Se tomó la libertad de preguntar al señor Tom si alguna vez se le había ocurrido ganar dinero comerciando un poco por su cuenta. Y si pierdo un año. pero acababa de depositar hasta la última moneda en la caja de lata y no tenía otro remedio. que pocas veces olvidaba visitar a Tom y a Maggie cuando regresaba de uno de sus recorridos. ¿cuánto quieres? -preguntó. inclinado hacia delante en el sillón y mirándolo a la cara con expresión escéptica. Pero podrías perderlo. -Es todo lo que ahorro de mi paga en un año -dijo sin quitar la mano de encima. con una natural sensibilidad hacia los indicios de opiniones favorables. Desde que una vez especuló comprando grano y perdió la inversión. muchacho -dijo el padre. No obstante. quiso saber Tom. me siento más tranquilo. nunca lo recuperaré. de esa manera. Allí estaban los sucios billetes de banco y los brillantes soberanos. sorprendido de que no se le hubiera ocurrido a él antes esa idea. Bob Jakin. y no me quedan muchos. no se sentía seguro si no tenía el dinero al alcance de la mano. padre. Si confías en la suerte. Aquella noche. un año atrás había sucedido algo que indujo a Tom a poner a prueba la disposición amistosa del tío Glegg. cuando las veo. Así que cuando Bob pasó al día siguiente por el muelle para saber qué 179 Librodot . -¿Qué le parece que empiece con treinta y seis libras. podremos doblar nuestros ahorros. hablando como si las palabras le abrasaran los labios. pero sentía cierto respeto por los deseos de Tom y. Es Pero Botero quien tiene la suerte en sus manos. se alegraba de que su tío pasara por su trabajo a hacerle alguna visita y que lo convidara a comer a su casa. no deseaba abandonar el proyecto por completo. sólo habían conseguido ahorrar ciento dieciséis libras. Caramba. -Entonces. Bob tenía un amigo que le había ofrecido ayudarlo con mercancías de Laceham y que de buen grado ayudaría al señor Tom en las mismas condiciones.

seguía siendo un chico tímido y orgulloso y tenía la sensación de que la lengua de Bob haría que se sintiera más seguro. inseguro de la opinión que tendría su tío. bien. si no se lo cree. Tom se le acercó junto a lo que al señor Glegg le pareció una compañía poco recomendable: un hombre con un saco al hombro -ya que Bob estaba preparado para emprender otro viaje. 180 Librodot . puedo acompañarlo a que lo vea. Pero. ¿Sabes a l g o de los sinvergüenzas que me cortan los árboles? -Si Bob acudía como «informador» . Y son géneros de Laceham. Lo miró primero por encima de las gafas. -Ah. dejaré que el señor Tom también se aproveche. en aquella hora agradable. señor -dijo Tom-. a ver. entonces el señor Glegg podría tolerar alguna irregularidad. las cuatro de la tarde de un cálido día de agosto. es un buen hombre y tiene familia aquí. -El perro es mío -intervino Bob con su habitual rapidez-. el paquete de veinte libras ni se ve. entonces podría leer pa distraerme y tendría la cabeza más fría y vacía». Será porque nunca fui demasiado al colegio. volviendo a mostrarse amable. Tom? -preguntó el señor Glegg-. Vaya.y un enorme bull-terrier manchado que caminaba contoneándose lentamente y miraba con los ojos entrecerrados. el señor Glegg estaba contando los frutos de sus árboles para asegurarse de que el número total no había variado desde el día anterior. Como que me parece que tengo la cabeza viva por adentro. Las gafas del señor Glegg. y el encargado de un carguero se ocupará de ellos. como es natural. -Parece usted muy entendido -dijo el señor Glegg finalmente. después por debajo y luego otra vez por encima. porque el señor Tom ha sido amigo mío desde que era un crío: mi primer trabajo fue espantar a los pájaros pa el viejo amo. destacaron estos detalles sospechosos de modo alarmante. si se presenta la buena suerte. no pueda hacerlo porque no tiene dinero. Y yo iré a Laceham y compraré los productos pa el señor Tom y pa mí. señor. Como es natural. dándole una patada-. Y es una verdadera pena que si se presenta la oportunidad d’hacer algún dinero enviando género fuera. con un diez o doce por ciento de beneficio después de pagar los costes de flete y las comisiones. eh! ¡Que se vaya ese perro! -gritó. y son manufaturas que gustan a cualquiera. empezó a desear no haber llevado a aquel Aarón o portavoz. Tom. Es tranquilo como un corderito. ¿qué tiene que ver el perro con eso? -preguntó el anciano caballero. Si no tuviera a Mumps pa hablar. como si fuera un queso viejo. me se llenaría tanto que me daría un ataque. Y siempre pienso que. en el pueblo: se llama Salt y. entre tanto. -No. asintiendo-. que están hechos a propósito pa gente que quiera enviar una pequeña partida: son ligeros y no ocupan sitio. La charla de Bob le parecía menos convincente ahora que la oía ante otra persona. Es lo que yo digo a mi madre: «Debería haberme enviado más al colegio.Librodot El molino de Floss George Eliot 180 decisión había tomado. El tío Glegg escuchó con la boca abierta de sorpresa el locuaz discurso de Bob. Tom le propuso que fueran juntos a ver al tío Glegg para iniciar el negocio. ahora está bien y cómoda. -Pues sí. agarrando un palo y sosteniéndolo ante él como protección en cuanto los visitantes se encontraron a tres yardas de distancia. -Mumps corroboró la observación con un largo gruñido mientras se replegaba tras las piernas de su amo. Porque estoy ganando tanto que tendré que casarme pa que lo gaste mi mujer. que apenas comprendía. y a Mumps a lo mejor no le gusta. es un individuo muy salao y de fiar. -L a r g o Mumps -ordenó Bob. come carne asada y habla to lo que quiere. Hemos venido a hablar de un pequeño negocio que me interesa. que lo habían ayudado a contar los frutos. con una hosca indiferencia que bien podría ocultar las intenciones más aviesas. pero es una lata tener mujer. lo conozco personalmente. eso es -prosiguió Bob. Y soy yo quien ha contao al señor Tom lo d'ese negocio. de manera que es fácil venderlas. mi vieja. -¡Vaya! ¿Qué significa esto. -¡Eh. porque estoy tan lleno de planes que uno choca con otro.

de que te asesinen. es lo mismo. Supongo que una esposa tiene el derecho a saberlo. no vaya tan aprisa. Y el amigo aquí presente s’ofrece a comprar el género. Imagino que quieres un poco de dinero para probar fortuna. señor -contestó Tom sonrojándose-. no -protestó el señor Glegg con tono tranquilizador-: te refieres a un hombre sin piernas que iba en un carrito tirado por un perro. No l'he ofrecido al señor Tom una manzana pa llevarme un bocao. tocándose la gorra. Si hago compras mayores. oigamos más cosas sobre este negocio. Pero mi padre no desea arriesgarlo y yo no quiero insistir. en lugar de murmurar por los rincones como si conspirarais o tramarais algo. Todavía no he terminado con el joven. pues -contestó Bob. Si pudiera conseguir veinte o treinta libras para empezar. No soy partidario de las transaciones en las que la gente trabaja a cambio de nada. -Usted se quedará con algún porcentaje de la compra. No es una mala idea. -No se inquiete.. y no te digo que no sea yo la persona indicada. -Bueno. le robó el dedal y tiró el cadáver a una cuneta. -Glegg. ¿De qué habla esta mujer? Aquí está tu sobrino Tom hablando de negocios. pero tú te empeñas en llevarme la contraria. m’hará tamién ganar dinero. Advirtió de inmediato que la señora Glegg era una pieza digna de cazarse y se aprestó a ello-. -No es necesario que se quede -dijo la dama dirigiéndose a Bob con voz fuerte. empezaba a encontrar divertido a Bob. -Alto. supongo -dijo el señor Glegg. Y añadió rápidamente-: Pero vamos. señora mía -dijo Bob. gradualmente. -Me parece que no es necesario. M u m p s y yo nos 181 Librodot . l'avalará alguien? -añadió el precavido anciano. ¿verdad? -No. mirando a Bob. bien -accedió el señor Glegg-. entrando por una puerta ventana. -Ah. Yo no compro a los buhoneros. -Bien. podría pagar el cinco por ciento y así. -No. más adecuada a la distancia moral que los separaba que a la física-. Tom. pero quizá usted sí quiera alguna garantía. Glegg.. ¿dónde está el tuyo? No te lo gastarás todo. -Vaya. que gracias a su agudeza vio de inmediato a qué se refería-: le diré lo que saco yo d'esto que. ¿Te importaría venir a tomar el té? ¿O piensas seguir charlando con buhoneros hasta que te asesinen a plena luz del día? -¿Asesinen? -preguntó el señor Glegg-. formar un pequeño capital propio y seguir adelante sin préstamos. No queremos nada. pero todavía tenía que hacer un comentario desaprobador que lo mantenía serio. señor -contestó Bob indignado-. Y cierre bien la puerta del jardín al salir. desde que se había retirado de los negocios se consideraba un hombre jocoso.Librodot El molino de Floss George Eliot 181 El tío Glegg que. -Bien. mirando a Bob por encima de las gafas. Por lo menos. ¿Si le damos el dinero. Soy un tipo listo. pasa-añadió. gano consideración: ése es mi plan. Tom. si no. me parece que no sabe usted cómo gastar su dinero. sería más adecuado que lo hicieras pasar a la casa y permitieras que su tía se enterara. Pero. vaya -dijo el señor Glegg con tono de aprobación-. No hace mucho se juzgó el caso de un buhonero que asesinó a una joven. al final. Glegg -espetó una voz severa desde la ventana abierta del salón-. ¡Es una vergüenza. Pasa. Cuando engaño a otro lo hago con más ingenio. porque conozco bien a Bob. -Glegg -declaró la señora Glegg en tono de fatalidad-: si tienes intención de permitir que este hombre y su perro me pisen la alfombra delante de mis narices. señora Glegg -dijo el señor Glegg-. Y si mi sobrino ha venido a hablar de negocios. -Pues sí. tío -dijo Tom-. para mí no sería necesario. que comerá como dos cristianos. ahora entramos. has el favor de comunicármelo. no tendría ese perrazo. -No. Pero preferiría ver a ese Salt del que habláis. más triste que enfadado. -Pero si es perfectamente correcto que usted tenga un pequeño porcentaje -dijo el señor Glegg-. es una vergüenza! -exclamó.

una casa de piedra con escaleras. dando un golpe al hatillo-. Mumps sabe con quién trata. inclinándose y asestando un enfático puñetazo en el saco-. su esposo. Qué tiempos tan malos éstos. Tiene que ser de primera. toma esta taza. acosada por una doble curiosidad. Ahora llevamos gangas baratísimas. Jane? -Espero que en su plan no cuente con que sus parientes se encarguen de todo. A ver. Seguro que usté no se pondrá nada d'eso.. porque estos tiempos que corren nos hacen insolentes. con las manos en los bolsillos y las piernas separadas. algo que lleve con gusto. Pardiez. -Bueno.. eludiendo la pregunta-. como usté dice. es una lástima que una dama como usté no trate con buhoneros en lugar de ir a esas tiendas modernas donde hay media docena de caballeros con la barbilla bien tiesa por el cuello duro. ¿verdad. he visto la casa muchas veces. mi fardo no es pa damas como usté. Y le gustan especialmente las de buena figura. pero no tanto. entre tanto. -Pues sí. Pero no hablemos más d'eso. -Sí. Yo no soy d'esos que querrían enseñarle su mercancía.. Ya pasaron esos tiempos. -Un pequeño plan de nuestro sobrino Tom. pues ésa es la manera natural de comprar porque no paga alquiler y no tiene que soltar una mentira tras otra quiera o no quiera. Sé dónde vivía. pero nada bueno pa ofrecer a las personas ricas que pagan por lo que nadie ve. Tejidos de colores.. convencida de su sagacidad insuperable-. que parecen botellas con tapones d'adorno. si usté quiere.. Un proyeto para ganar dinero qué es justo la clase de plan adecuado para los jóvenes que tienen que labrarse un futuro. así era -dijo la señora Glegg. -En eso ha tenido razón. ¡A ver! Si hasta un buhonero bizco es mejor que un tendero con los ojos rectos. no. seguro que adivina las intenciones de los tenderos. Y también de los vendedores ambulantes -observó la señora Glegg. señora. claro que sí. señora -dijo Bob-. Les ruego que me cuenten qué tiene que ver este buhonero 182 Librodot . de todo tipo -dijo Bob.Librodot El molino de Floss George Eliot 182 quedaremos aquí. ¿es pariente de aquel buhonero con un ojo bizco que traía lino irlandés? -¡Ahí está! -exclamó Bob. cómo me habría gustado enseñarles mi fardo. -Sí. -De todo tipo. Hay que ver cómo reconoce a las damas hermosas. -añadió Bob. y no del todo malo. en la gravilla. Pero señora. Entonces. con intención de dejar claro que los halagos de Bob no habían producido en ella el menor efecto. depositando el fardo en la gravilla-. -Pues hagan el favor de decirme en qué consiste ese negocio que me quieren ocultar dijo la señora Glegg que. -Ah. usté sabe mejor que yo lo que es bueno. señora. los buhoneros sólo pasan por casas pobres. No es razonable que pague tres veces lo que pagaría a un buhonero. -dijo. Estoy aquí por los negocios del señor Tom y no soy d'esos que ocupan el tiempo de los demás con sus asuntos. chales y todo eso.. creo yo. la tela que usté compre. ni que le silbe durante una hora se tirará sobre una verdadera señora como usté. señora dijo Bob-. señora: no. si no es por las criadas. supongo. Ahora. se veía obligada a posponer una de ellas. Glegg. excepto el descaro dijo la señora Glegg. antes de que el señor aquí presente tuviera la suerte de poner los ojos en usté.. ¿piensas sentarte a tomar el té? Tom. yo soy un tipo insolente. ojalá hubiera tenido la suerte de visitar la casa de piedra con este fardo. cerca del señor Darleigh. con alguna tara aquí o allá. que puede cortarse o que no se ve una vez puesto. sin duda: no creo que tenga nada de primera. pues así es como piensan ahora los jóvenes. que permanecía en pie detrás de ella. seguro. que tienen que sacar d'un trozo de percal pa comer. mejores que los que usted tiene. conoce un poco a mi familia. mientras las hermosas jóvenes esperaban en los escalones de piedra. Si ya sabía yo que las mejores compras de su vida habían sido a algún buhonero. Mire los algodones estampados que se llevan ahora y cómo eran cuando usté los llevaba. sirviendo el té-. ¿qué telas lleva en el fardo? -preguntó la señora Glegg-. sonrió y guiñó un ojo con deleite conyugal ante la probabilidad de que embaucaran a su esposa. ¡A ver! Seguro que ha tratado con cientos de buhoneros cuando era muchacha.. aquí presente -dijo él señor Glegg con aire afable-.

Así se obtiene un elevado interés. bien podrías hacerlo: yo las aumentaría hasta cincuenta. Primero mira cómo funciona él negocio y después toma una generosa decisión. aquí tengo este fardo -dijo. No he dicho nunca que no quisiera poner dinero. y cree que si yo hiciera lo mismo. Es muy buen muchacho y siempre está dispuesto a hacer algo por mí. Tom. volviéndose hacia su marido con un chirriante tono de reproche-. y muy agradecido. hasta que se demuestre que no se va a perder. y no digo si serán o no esas veinte libras. puedes hacer grandes cosas. ¿No me has dicho siempre que no es posible obtener más del cinco por ciento? -Bah. aunque tú te das mucha prisa en opinar por mí. pero yo. diez soberanos fueron. ¿no. entonces. con mi dinero. tras pagar todos los gastos. Y lo conozco desde qué éramos niños. después de hacer algunas averiguaciones. si casi lo vendo por lo mismo que m’ha costao. Como decía. -¿Qué dices. tía -explicó Tom. -¿Lleva usted tela de visillos? -preguntó la señora Glegg con tono condescendiente. espabilándome solo. el dinero que ha ahorrado para él. -Sí. Pero si usté quisiera prestar un poco de dinero al señor Tom. dice Bob. señora. como dice el señor. volviéndose hacia Bob. el cual no pudo reprimir una sonrisa. Pardiez. esto es inconcebible! Eres capaz de ir por ahí informando a los vagabundos para que puedan venir a robarme. amás de poner cómoda a mi madre. como debe hacer un sobrino? -Este joven se llama Bob Jakin. es buena cosa esa de tener buenos parientes. señora -intervino con aire de admiración-. Sería un buen punto de partida. -Pues muy bien -contestó el señor Glegg. dominando la irritación que le producía la tía Glegg-. señora -dijo Bob-. Pardiez. Cualquier otro ganaría un buen dinero. pero algún día Tom se dará cuenta de que su tía tiene razón al no arriesgar. -Eh. ése es un riesgo agradable -dijo el señor Glegg. pero soy demasiado blando con las mujeres y no puedo evitar venderles verdaderas gangas. señora Glegg? -preguntó el señor Glegg-. ¿por qué no se me ha comunicado antes. podría ganar algún dinero.. aunque tampoco puede decirse que sea un verdadero riesgo. hasta que he reunido treinta libras. Glegg? -preguntó la señora Glegg. -Pero yo sí puedo ocuparme de su dinero. -¿Un gran interés? -preguntó la tía Glegg con entusiasmo -¿Y a qué llamas tú un gran interés? -Al diez o doce por ciento. usté sí que sabe cómo hacer las cosas. Glegg -dijo su esposa-. -Y ahora. -Caramba. Glegg -dijo la señora Glegg-. Pero Bob contuvo él estallido de la ofendida dama.. bah. No dudo de que. sería un insulto. 183 Librodot . acercándose desde la mesilla de té y doblando la servilleta. él le pagaría el seis o el siete por ciento y ganaría también un pellizco pa él. y si tienes por ahí alguna cantidad metida en un calcetín o algo así. apagando el fuego del molino de Torry. golpeándolo con energía-. Tú no puede meterte en negocios. que no llevo nada que a usté le valga la pena ver. e informar a tu tía. Y está en to su derecho. Tom? -Espero que no cuentes conmigo. -En ese caso. mujer -contestó él señor Glegg-... tonterías. ¿Es que no puedes hablar por ti mismo. bien. lo haremos sin ti. Me parece que. me pagará intereses. imagino que te irás al otro extremo. algo irritado-. Iré con usted a ver a ese Salt -añadió. Por ejemplo. si quisieras aportar veinte libras. -Bien. ayudaré a Tom con un poquito de cúmquibus para empezar. No se me ocurriría enseñárselo. y ha ido creciendo y creciendo poco a poco. -iGlegg!. Podría tener más. si usté desea arriesgarlo. ¿verdad? No se puede obtener más del cinco por ciento con seguridad. guiñando el ojo a Tom indiscretamente. Yo gané mi cúmquibus.Librodot El molino de Floss George Eliot 183 con lo que sucede en nuestra familia. y querrás excluirme del negocio con mi sobrino. Y tiene cierta experiencia en esto de enviar manufacturas a otros lugares en pequeñas cantidades. y a una dama bondadosa como usté le gustará más el negocio si su sobrino participa en él.

¡Pardiez. entonces deje el fardo y muéstreme lo que lleva -dijo la señora Glegg mientras arrastraba una silla hasta la ventana y se sentaba con gran dignidad. Deje a un lado las cosas de color y déjeme ver las telas de visillo. ya le dije lo que iba a suceder -dijo Bob.. -Señora. Ahora no tengo tiempo. ni un cuarto de penique menos. señora. y así los vendedores ambulantes como yo podemos llevar un poquito de fuego a las muchachas pobres que viven en casas oscuras. eso no es nada pa usté. arrojando a un lado las telas de colores con aire de desesperación-. Tom? -No. Aquí tiene un retal de muselina estampada pero. pero la comprará la mujer del buhonero de Fibb's End. Bob obedeció a regañadientes. pero se hará lo que usté ordene -dijo Bob lentamente. levantando el saco y echándoselo al hombro-. No quiero mostrar mi mercancía barata a una dama como usté.. sentiría que lo hiciera. ¿Por qué? Porque tiene un agujerito de polilla en esta esquina sin bordar. a cinco chelines la pieza. porque tengo que irme a Laceham. Diez chelines por todo. Mire esto -añadió Bob. Sin dejar de farfullar en las pausas entre una frase y otra. Pardiez. estoy a sus órdenes: cuando quiera nos vamos a ver a Salt. Es de color crema y tengo debilidad por ese color. Señor. ya lo sé.. como si quisiera apartarla de los ojos de la señora Glegg. ¡No hará nada con ella. sería una pena que usté les comprara sus gangas. -Señora. Piense en las mujeres de los pueblos de por aquí. -Señora. -Vamos. Y nunca volveré a conseguirles gangas como éstas. tengo una pieza de risa. -No me lo pida. sin ningunas ganas de cortar la conversación-. Y de los visillos de que hablaba usté. señora. -Cójala y mídala -ordenó la señora Glegg. Usté puede pagar tres veces mas por algo que no sea ni la mitad de bueno.. -No. ¿pa qué va a perder el tiempo mirándola? Es como si se dedicara a mirar lo que comen los pobres: sólo conseguiría perder el apetito. En mitad de la pieza. -No se hable más -ordenó la señora Glegg con severidad. tal vez sean de la mejor calidad. señor. ni un penique menos.. Pardiez. Pero no diré nada más.y haga lo que le digo.Librodot El molino de Floss George Eliot 184 -Pero deje que lo vea -insistió la señora Glegg. no deseo hacerlo. me parece que la Providencia envió las polillas y el moho a propósito pa rebajar un poco los tejidos pa las mujeres hermosas que no tienen mucho dinero.. Pardiez. Yo sé qué lugar me corresponde -dijo Bob. contando la estropeada: habría costado veinticinco chelines. que es una pieza tarada -insistió Bob con tono de desprecio-. allí irá a parar.. todos los pañuelos serían de las damas ricas y hermosas como usté. sin abandonar el aire de superioridad-. Si son piezas taradas.. He dejado a Stowe en mi lugar. arrojándola hacia el césped. diez yardas. ¿Te necesitan en el muelle. bien.. añadió-: no va a comprarme nada. depositando el fardo en la puerta y empezando a desatarlo con dedos remisos... Ya sabía yo que se enojaría por tener que ver estos artículos miserables que yo llevo. hay una yarda que ha quedado sin dibujo. si cuando me ven organizan una fiesta. -Todo a su debido tiempo -dijo el señor Glegg. Se la dará a la cocinera. y sería una pena porque parecerá una señora: no es adecuada pa una criada. si cuando mira uno este pañuelo tiene la sensación de que es una hoguera! Bob lo sostuvo a distancia para admirarlo bien: -Sí. señora. -Traiga esa muselina -dijo la señora Glegg-. La venta ambulante ya no es lo que era: se escandalizaría al ver la diferencia. pero en esta época del año nadie quiere fuego -espetó la señora Glegg-. Pero. si tiene. señora. Si no hubiera sido por eso. ¿qué hace la polilla? ¡A ver! Se zampa tres chelines en un santiamén. que nunca han ido a más de cien yardas de su casa. señora -le rogó Bob. 184 Librodot . si esta muselina es digna de la princesa Victoria -dijo Bob.. recobrando su rapidez habitual y sosteniendo un pañuelo de lana escarlata con una corona bordada en la esquina-: aquí tiene algo con lo que a una muchacha se le haría la boca y sólo por dos chelines.

señora -dijo Bob. Me convertiría en el hazmerreír de mi gremio. se burlarían de mí si lo supieran. Tengo que hacer creer que pido más por mi mercancía. Aquí tiene un trozo de visillo . atando el fardo con énfasis. Nunca habría podido comprar un visillo de esta calidad si no hubiera estado de este color. -Bien. -Vamos. Cinco con ocho por seis yardas: es tan barato como si se pagara sólo el polvo que cubre la tela. -Pero si se la dejo por diez chelines. cosa que no sucederá mientras yo sea joven. y ahora estará enviando 185 Librodot . -Quíteselo de la cabeza. me di cuenta de que usté es una dama muy bromista. incapaz de artimañas. aunque no es Salt. La señora Pepper me dará diez chelines por esa muselina y será una pena que no le pida más. temo equivocarme. porque entonces habría perdido mis dos mejores gangas y pensaba ofrecérselas a la señora Pepper de Fibb's End. Le agradezco que no insista en comprar el visillo. recogiendo la muselina a toda velocidad con intención aparente de recoger la carga-. mirándola con aire divertido-.Librodot El molino de Floss George Eliot 185 -¡Mire lo que sobra! -dijo. señora. espero que tenga la bondá de no decírselo a nadie. ya ve. Pardiez. Tenga ocho chelines por ella. -Déjeme ver otra vez el visillo -dijo la señora Glegg. pero tan lista que no había quien la pillara: antes de empezar cualquier cosa. no puedo negarme. No. no le merece la pena: mañana mismo puede ir a la tienda y comprar el mismo dibujo blanqueado. cuanto más gruesas. porque es un artículo pa mujer y a mí me gusta complacerlas. -Estará de broma. encaprichada con los topos y las ramitas. ¡Si yo fuera una señora con un poco de dinero! Vaya. que es una buena clienta. prestó treinta libras a un joven dedicado a la pañería y él las invirtió en tejidos de Laceham. pues siete chelines -dijo la señora Glegg. Sólo le costará tres veces más. -Señora. Estos artículos se amortizan: conservan el color hasta que se deshacen los hilos en la tina de lavar. tendiéndoselo-. Estas telas de Laceham harán que el dinero críe como conejos. ni un penique más. señora -dijo Bob. si ya le dije que le ofendería mirar mi fardo. es un buen artículo pa cualquiera que tenga un poco de dinero. bonito. mostrando media yarda. me ha costado mucho aprender el valor de estos artículos. ya se lo he dicho: lo que yo llevo es pa gente vulgar. cuando empecé a llevar el fardo era ignorante como un cerdo: no distinguía entre el visillo y el calicó. si no se darán cuenta de que soy tonto. señora. si hay seis en total -dijo Bob-. Ésta es la clase de telas que recomiendo que envíe el señor Tom. estaría contándole mentiras: y cinco chelines con ocho peniques pediré por él. señora -dijo Bob-. se las llevó. pero ¿qué es eso pa una señora como usté? -añadió Bob. Con topos y ramitas. una señora con una pierna de madera. Me asusté. -Bien. -No me importaría quedarme tres yardas -dijo la señora Glegg. señora. y consiguió el ocho por ciento a la primera. ya sabía por dónde tenía que ir. -Caramba. porque soy un tipo simple. mientras la señora Glegg examinaba el trozo estropeado y echaba la cabeza hacia atrás para juzgar si se veía la tara de lejos. Creía que las telas. un oficial encargado de la carga que es amigo mío. ahora que los perdía de vista. ¡Qué dibujo! Auténticas manufaturas de Laceham. Pardiez. me doy cuenta -dijo Bob. déme esa muselina -ordenó la señora Glegg-. más valían. -Le doy seis chelines por ella -soltó la señora Glegg con aire de quien da un ultimátum. pa que lo mire mientras recojo el fardo. Pa que vea en qué se ha convertido este oficio. conocí una que puso treinta libras en este negocio. Y di cinco chelines con ocho peniques por este retal pa visillos. No veo mucho más allá de mi nariz y si voy más lejos. Cuando usté vivía en la casa de piedra. La venta ambulante ya no es lo que era. Pues bien. apártemela -ordenó la señora Glegg. estaba usté acostumbrada a que los buhoneros le trajeran otro tipo de artículos. -Bien. En cuanto la vi en la ventana. Ese trozo estropeado le ha revuelto el estómago. pero amarillento: se ha quedado arrinconado y ha cogido ese color. y si le dijera otra cosa.

me gustaría que tuviera otras veinte libras pa prestármelas a mí: las emplearía más deprisa de lo que se tarda en decir el catecismo. levantándose para recoger su labor con la sensación de que cualquier cosa que se añadiera a esta frase lapidaria supondría un súbito descenso de lo sublime a lo vulgar. te habría sorprendido. Glegg -dijo la dama cuando su esposo cogía el sombrero-. bajo la misma luz del ocaso. el origen de un hecho que. echándose el fardo al hombro-. al que la tía Glegg contribuyó con veinte libras. tía -contestó Tom con orgullo-. y en este modesto principio puedes ver. si hiciera el favor de darme ese retal de visillo. quisiera ir a encargarme de ayudar al señor Tom a hacerse rico. -Muy bien. hasta que se haga tan rica como un judío. Ya sabes que te pediré un interés. Tom decidió sacarle el mayor partido posible y no perdió oportunidad de obtener información y ampliar sus pequeños negocios. superar la cantidad guardada y saldar las deudas. Esos ocho peniques me recortan los beneficios como una navaja. no vive en esta ciudad. ¡Como si no fuera tía de mi propio sobrino y cabeza de su familia materna! Como si no tuviera unas buenas guineas apartadas para él.. señora. de otro modo. -Vamos. a finales del año siguiente. y al regresar dime si todavía estoy a tiempo de hablar. Le estoy haciendo un regalo. si hace usté el favor.. espero que recuerdes siempre y guardes agradecimiento a esta tía. Tras descubrir a Salt -ese individuo tan salao. Ahora. Cuando Maggie se encontró con Philip por primera vez. Ahora.. orgulloso de emprender el primer viaje en nombre de Guest & Co. porque no soy partidaria de dar cosas: en mi familia nunca hemos esperado regalos. ¿Acaso no lo merecía? Estaba convencido de que así era. No digo que no vaya a arriesgar veinte libras. -Quince chelines por los dos -propuso la señora Glegg-. -Aguarda un momento.empezar de nuevo en otro empleo más digno. Tom poseía ya un capital de casi ciento cincuenta libras y.Librodot El molino de Floss George Eliot 186 mercancías en todos los barcos. se debía a ese rechazo a las confidencias que se da entre familiares próximos -un rechazo hacia la familia que estropea la relación más sagrada de nuestra vida-. a no muy largo plazo. influido por esa extraña mezcla de sentimientos opuestos que con frecuencia da razón por igual a quienes censuran un comportamiento y a quienes lo admiran: por un lado. Ah. 186 Librodot . señora. mientras caminaban a la luz del atardecer por las Fosas Rojas. No se le ocurrió pensar que habría sido mejor aliviar el intervalo con una esperanza y evitar el delirio de una alegría repentina. lo empujaba el deseo de sorprender a su padre con una gran alegría. señora Glegg. señor -prosiguió Bob. Nunca quieres darme oportunidad de hablar. -Quia. dando vueltas a las oportunidades que.envuelto en una nube de humo de tabaco en The Anchor Tavern. Vete ahora y ocúpate de este negocio. Bucks se llama. el señor Glegg inició una investigación que resultó lo bastante satisfactoria como para garantizar el adelanto del «cúmquibus». Tom empezó a acumular unos ahorros que prometían. Yo también prefiero que se trate de un préstamo. Tom -concluyó la señora Glegg. pero es un precio vergonzoso. deseo que no se haga nada sin que yo lo sepa. Sin que su padre lo supiera. de veras. -Bien. por otro. volviéndose hacia su sobrino con aire imponente-. -Gracias. le permitirían duplicar los beneficios. ése es el espíritu de los Dodson -sentenció la señora Glegg. borrar del nombre de su padre el oprobio de las deudas y tal vez -porque ya tendría veintiún años. di lo que quieras decir de una vez -la apremió el señor Glegg. si lo hago. No lo dirá cuando lleve cinco años arrodillándose en la iglesia. si averiguas que todo es correcto y seguro. Tom cabalgaba hacia Laceham. No se lo dijo a su padre. En cuanto empezó a dedicarse a esta fuente de beneficios. lector. así sabrá a quién debe respetar cuando yo esté en el ataúd. y. Y.

De repente. lector. Y quizá aquélla fuera una oportunidad para hacer que su mente fuera más digna del más alto servicio. Caminaron en silencio. sin duda. El rostro pleno y resplandeciente. intentemos olvidarlo durante media hora y hablemos un ratito por última vez. Se sentaron al pie del fresno inclinado. la mirada de afectuosa admiración que la recibiría. creía haber reunido ya fuerza suficiente para obedecer a aquella advertencia. sea cual sea la causa: tengo la sensación de que sería perjudicial para ti. no era feliz. Tenemos que renunciar el uno al otro en todo. la sensación de camaradería que los recuerdos de la infancia daban a una conversación mas sabia y adulta. Podría tener libros.¿Será mayor que el otro? 187 Librodot . sería más difícil. El rostro de Philip se sonrojó y. Mira cómo se han desparramado las rosas silvestres y han llenado el suelo de pétalos. Maggie -dijo Philip-. cogidos de la mano. de qué conflicto se trataba. podría oír noticias del mundo. encontraba una abertura en la pared de piedra que cerraba el estrecho Valle de la Humillación. Así pues. los motivos que lo prohibían eran tan poco razonables. Y entonces. -Así pues. del que no había perdido la sensación de exilio. Habrás visto con claridad en su encuentro con Philip. -He empezado ya tu retrato entre los pinos. Espera. si se descubriese nuestro secreto habría penas y enfados. por un momento. Maggie -dijo con simulada calma-. allí donde nos detuvimos la última vez. he tomado una decisión. para ambos. ya sé lo que vas a decir: son los sentimientos erróneos de otras personas lo que nos obliga a ocultarnos. voy a posar para el segundo retrato -dijo Maggie con una sonrisa. -Bien. Por favor. ya acostumbrados a tratarnos. pareció que estuviera dispuesto a resistirse a esa decisión con todas sus fuerzas. además. ¡tan poco cristianos! Pero la advertencia severa y monótona se repetía una y otra vez: estaba perdiendo la simplicidad y la claridad de su vida al pensar en ocultar algo. Sin embargo. y al abandonar la simple regla de la renuncia se ponía bajo la seductora guía de deseos ilimitables. -Sentémonos en esa hondonada -propuso Philip-. lejos de todo lo desagradable y feo. pero la ocultación es mala. puesto que no voy a volver a verlo. -Philip. cuando regresó por la tarde a las Fosas Rojas. ¿Acaso debería vivir siempre en aquel resignado encarcelamiento? Era algo tan bueno. Rojas Maggie se marchó a su casa sumida ya en un conflicto. dijo todo lo que quería con aire firme y serio. Le tomó la mano y Maggie no vio motivo alguno para retirarla: el silencio de Philip le confirmaba que le había infligido un gran dolor y quería mostrarle que no había sido por voluntad propia. tan irreprochable que hubiera una amistad entre ella y Philip. parecía el de una diosa satisfecha de la adoración del joven pálido de rasgos menudos que la miraba. con la corona negra y brillante. la seguridad de que Philip escucharía con un interés único todo lo que ella dijera.Librodot El molino de Floss George Eliot 187 Capítulo III La balanza inestable Tal como he dicho. conversación. Si tenemos que separarnos. No obstante. y algunos de los placeres terrenales que le rondaban por la memoria ya no le parecían fuera de su alcance. A la semana siguiente. deja que estudie un poco tu rostro mientras estás quieta. sería un gesto amable hacia Philip. Sería muy duro dar la espalda a aquella media hora con la sensación de que no volvería a repetirse. excepto en nuestros recuerdos. tras pasar la tarde en las Fosas. afecto. ¡cuánto ansiaba que llegara el paseo vespertino en la tranquila y moteada sombra de las hondonadas. y. se controló. y también tendríamos que separarnos. donde no tenía otro panorama que un cielo remoto e insondable. quizá la devoción más noble y completa apenas podía existir sin cierta amplitud de conocimientos. No puedo verte si no es a escondidas. Y. al mismo tiempo. Pero si bien estaba decidida a despedirse afectuosamente de Philip. ladea un poco la cabeza -dijo con un tono suplicante al que difícilmente podría haberse negado Maggie. el cual era digno de lástima porque.

mucho mayor.Librodot El molino de Floss George Eliot 188 -Sí. y es sólo un modo de huir del dolor sofocando lo más poderoso de tu carácter. en realidad. siempre pensaremos el uno en el otro. Me habrías querido 188 Librodot . y te estás encerrando en un fanatismo estrecho con el que te engañas. salida de uno de los pinos cuando las ramas proyecten las sombras crepusculares sobre la hierba. con una excepción: una pasión amorosa. Yo no me he resignado: no estoy seguro de que la vida sea lo bastante larga para aprender esta lección. ¿Acaso no es justo que nos resignemos por completo. En cambio. -Si yo fuera como cualquier otro hombre. creo que somos como niños a los que cuida alguien más sabio que nosotros. Me gustan la pintura y la música. sin duda. la literatura clásica. -Qué hermano tan bueno y querido habrías sido. Por lo menos. medieval y moderna: revoloteo por todas partes y no me quedo en ningún sitio. Maggie no oyó esta última frase porque luchaba contra la conciencia de que las palabras de Philip habían hecho vibrar de nuevo su propio descontento. Me bastaría la mediocridad para conseguir cierto poder y distinción. El estupor no es resignación. aunque no sé tantas cosas como tú -dijo Maggie-. en que me dejes ayudarte de un modo u otro. sabía que la aplicación inmediata de estas ideas a su conducta equivaldría poco menos que a la falsedad. porque pensaré en que siempre podrá llegar el momento en que pueda. Bueno. sólo alguna facultad que me elevara por encima del nivel de esta vida provinciana me compensaría el dolor que siento. La alegría y la paz no son resignación: resignación es soportar voluntariamente un dolor sin paliativos. Y. Maggie -dijo Philip con vehemencia-. Los labios de Maggie temblaban: advertía que a Philip no le faltaba razón pero. Pero el rostro de Maggie. un dolor que uno no espera mitigar. se encuentra alegría en el sometimiento de la voluntad. Parecerás una hamadríade alta. lo conmovió y provocó en él un sentimiento menos egoísta y más tierno. Antes pensaba que no podría soportar la vida si cada día fuera siempre igual al anterior y me viera obligada a hacer cosas sin importancia alguna y a no conocer nunca nada más grande. Limitémonos a pensar en que estamos juntos. pero pienso en demasiadas cosas: siembro todo tipo de semillas y no consigo gran cosecha de ninguna de ellas. Tengo la desgracia de estar interesado por muchas cosas diversas y de no tener gran talento para ninguna en concreto. tú tampoco te has resignado: sólo intentas aturdirte. Philip -dijo Maggie. -Se diría que lo que más te gusta es pintar.. en el fondo de su conciencia. me alegraré de estar vivo. Éste será un óleo. Creo que me habrías mimado tanto y habrías estado tan contento de que te quisiera que hasta yo me habría sentido satisfecha. querido Philip. -Entiendo lo que quieres decir. morena. y mantenerse en la ignorancia equivale a vivir en un estado de estupor.. sonriendo a través de da bruma de las lágrimas-. seremos amigos a pesar de esta separación. -Pero... es una suerte sentir tantas inclinaciones y disfrutar de tantas cosas hermosas cuando están a tu alcance -meditó Maggie-. a cerrar todos los caminos por los que puedes conocer la vida de tus iguales. Pero. como hacen los demás. quizá me pareciera agradable la sociedad de Saint Ogg's. pero las pronunciaba con vehemencia para argumentar contra una decisión que se oponía a sus deseos.. -Sí. Siempre me ha parecido una especie de estúpida habilidad la de tener una sola clase de talento. La doble sensación de Maggie correspondía al doble impulso de su interlocutor: Philip estaba convencido de sus palabras. por muchas cosas que se nos nieguen? Durante los últimos dos o tres años esta idea me ha proporcionado mucha paz. fuerte y noble. Entonces. Philip? -Quizá sí -contestó Philip con cierta tristeza-. infantilizado por las lágrimas que le llenaban los ojos. es ser algo así como una paloma mensajera. -No pensemos en eso en esta corta media hora -dijo Philip suavemente tras tomarle da mano-. ¿no es así. Mientras vivas.. podría ser una fuente de felicidad tener muchas aficiones -dijo Philip con amargura-. podría obtener esas tibias satisfacciones que permiten a los hombres pasarse sin las más grandes.

Tengo que irme a casa. quería voces más plenas y profundas. Maggie. Tenía pocas esperanzas de que Maggie lo 26 Aria de Acis y Galalea. Me destroza ver cómo embotas y aturdes tu carácter de este modo. Después no podría quitármela de la cabeza. por favor. que sea tu hermano y profesor. Philip percibía la situación con excesiva exactitud para que no lo asaltara el temor de haber intervenido con demasiada impertinencia en la conciencia de Maggie. como si hubiera perdido el hilo de da conversación. tras horas de claros razonamientos y firmes convicciones. por eso es mejor para mí prescindir por completo de la felicidad terrenal. como dijiste en Lorton.el momento en que se pone a prueba nuestra fuerza. con una imaginación genial. ¿cómo te atreves a agitarme de este modo? Estás tentándome. Philip. tal vez con un fin egoísta. Y todavía se advierten. destellos en tu rostro.. -Sí. Maggie: nadie recibe fuerzas para hacer algo antinatural. casi cada día. ¿me destierras de este lugar para siempre? Imagino que podré venir a caminar algunas veces y. Negó con la cabeza y caminó en silencio hasta que llegaron al final de los pinos albares y extendió la mano en un gesto de despedida.Librodot El molino de Floss George Eliot 189 tanto como para soportarme y perdonármelo todo. Es preferible que me veas a que cometas este largo suicidio. cántame algo. ¿Todavía cantas. ya lo sé -dijo Philip. de vez en cuando. Algún día te verás lanzada al mundo y entonces todas las satisfacciones racionales de tu naturaleza que ahora te niegas te asaltarán como un deseo salvaje. mirando a Philip con expresión de alarma. no estaremos ocultando nada. hasta que echas por encima este velo de pasividad. pero el amor nos hace más perspicaces. Estabas tan llena de vida cuando eras pequeña. y la perspicacia muchas veces ayuda a augurar el rumbo de las cosas.. como todo lo demás. Nunca he tenido la sensación de tener suficiente música: quería que tocaran más instrumentos. El corazón de Maggie dio un brinco ante el subterfugio de Philip y en su rostro se reflejó el pequeño sobresalto que acompaña a la sensación de alivio. -Entonces.. no. ¿verdad? Es precisamente cuando nuestra decisión parece a punto de ser irrevocable -cuando las puertas de hierro fatales están a punto de cerrarse sobre nosotros. poniéndose en pie-. Maggie se alejó y Philip se vio obligado a ponerse en pie y seguirla. ¡Pero no! Sus objetivos no eran egoístas. No persistas en esta privación voluntaria y sin sentido. permite que te dé libros. -Oh. -Maggie -dijo en tono de reproche-. -Philip. -No. pensaba que serías una mujer brillante. Haz el favor de escucharme. 189 Librodot . Es pura cobardía buscar la seguridad en las negaciones. no podrás seguir adelante con esta tortura. Eso es lo que siempre deseé que hiciera Tom. Entonces. Maggie se sintió incapaz de hablar. Ningún carácter se hace fuerte de este modo. una de las canciones que cantabas en Lorton los sábados por la tarde. Philip? -añadió bruscamente. sólo una canción. nos aferramos a cualquier sofisma que anule nuestras largas luchas y nos traiga una derrota que deseamos más que la victoria. Caminemos un poco. no te tiento. -¿Por qué me dices cosas tan amargas. ¿no? -Oh. Deja que te vea de vez en cuando.. toda ingenio. No quiero quedarme para oírla -dijo Maggie.. -Sí -contestó-. Maggie se sobresaltó y se detuvo. Philip lo advirtió y se separaron en silencio. -Porque preveo que esto no va a terminar bien. Philip? -preguntó Maggie. si entonces nos encontramos por casualidad. Pero tengo una voz mediocre. Nunca me he contentado con un poco de una cosa. Maggie. -Espero que se me conceda fuerza suficiente -dijo Maggie temblorosa.. cuando teníamos todo el salón para nosotros y me tapaba la cabeza con el delantal para escuchar. de Haendel (1732). Para que pueda oírla antes de irme. -No. y Maggie enterró la cara en las manos mientras él cantaba sotto voce «El amor juguetea en sus ojos»26 y añadía-: era ésa.

que nos llega en abundancia porque nuestra necesidad es grande. de Dante. puesto que la tentación de excederse en un festín donde se ofrecen variadas delicias para los ojos. 190 Librodot . Lector. surgen virtudes inusuales. pero el mismo sol parece débil a través de la neblina de la mañana. Capítulo IV Otra escena de amor 27 Canto 33 de El infierno. además. un exceso de pasión en Philip hacía que no prestara mucha atención a las justificaciones. Sin embargo. Alejado de la vida real y con una sensibilidad casi femenina. la percepción de los defectos de su padre amortiguaba la conciencia de su afecto e indulgencia. pero creo que son parejas a las de la fealdad. poseía cierta repulsión intolerante propia de las mujeres hacia lo mundano y la búsqueda de los placeres sensuales. no juzgues a Philip con severidad: las personas feas y deformes tienen gran necesidad de virtudes excepcionales porque sin ellas es probable que se sientan muy incómodas: pero quizá vaya demasiado lejos la teoría de que. Tal vez sea inevitable que haya algo malsano en un ser humano que queda relegado de la vida normal hasta que la capacidad de lucha ha tenido tiempo de triunfar. podemos encontrar una excusa perfecta para optar por hacer lo que nos resulta más agradable en el momento. y sería mejor para la vida futura de Maggie. Divina Comedia. cuando hubieran desaparecido los mezquinos obstáculos familiares que le impedían ser libre. Y así justificaba Philip sus sutiles esfuerzos por vencer los sinceros impulsos de Maggie contra una ocultación que introduciría doblez en su espíritu y podría provocar nuevas penas a quienes tenían mayores derechos naturales sobre ella. y. de intercambiar impresiones con una inteligencia situada por encima del nivel vulgar de las personas con las que ahora estaba condenada a vivir. que se aferra a nosotros tanto más tiernamente cuanto más débiles somos. Philip estaba al margen de los bienes que compartían otros hombres: ni siquiera podía formar parte de los insignificantes y sólo se lo distinguía como objeto de piedad. Si analizamos las consecuencias de nuestras acciones a un plazo lo bastante largo. oídos y paladar depende en gran medida de la tentación que asalta a la desesperación del hambre. ¿Acaso la Torre del Hambre27 no es la prueba máxima a la que puede someterse lo que hay de humano en nosotros? Philip nunca había conocido el alivio del amor materno. de la misma manera que los animales de climas más severos poseen pelo más denso. como consecuencia de las desventajas personales. y pocas veces lo ha tenido a la edad de veintidós años. Se ha hablado demasiado de las tentaciones de la belleza.le resultaba extremadamente doloroso. Su deseo de ver a Maggie y formar parte de la vida de ésta contenía algo de ese impulso salvaje por apoderarse de la felicidad que surge de una vida en la que la constitución mental y física han hecho que predomine el dolor. Incluso para Maggie él era una excepción: resultaba evidente que ni siquiera se le había ocurrido que pudiera ser su enamorado. Aquella fuerza era muy poderosa en Philip.Librodot El molino de Floss George Eliot 190 correspondiera alguna vez. alejado de lo que era natural para los demás. El único lazo natural poderoso de su vida -su relación como hijo. que no hubiera sacrificado totalmente el presente y que hubiera tenido alguna oportunidad de adquirir cultura. siempre podemos encontrar algún punto en la combinación de resultados en que estos actos puedan estar justificados: al adoptar el punto de vista de una Providencia que dispone los resultados o de un filósofo que los rastrea.

como si algún comentario jovial aguardara al oyente adecuado. Seguro que tiene a sus pies a algún apuesto joven de Saint Ogg's. Empiezo a tenerles manía. Pero te equivocabas al pensar que desearía ser como ella. En cuanto llegué a la parte de la joven dama rubia que leía en el parque. ¿coincides conmigo y no te gusta el personaje de Corinne? -No he terminado el libro -contestó Maggie-. lo cerré y decidí no seguir leyendo. como siempre. En las historias de amor siempre me pongo de parte del abandonado. siempre cargando con instrumentos musicales o rollos de pergaminos. Maggie? -preguntó Philip. -Así pues. nunca voy a casa de tía Deane cuando hay invitados: pero mi querida Lucy es buena y me quiere. Puesto que eres mi tutor. mirándole la cara como contemplaríamos nosotros el primer resquicio entre las nubes que promete otra vez un cielo despejado. Tenías razón al decirme que no me haría ningún bien. lector. ver de nuevo a Maggie entrar en las Fosas Rojas a través del bosquecillo de pinos albares. la situación se equilibrará un poco. Las musas eran diosas que vivían muy incómodas. Pero no defiendo a las morenas porque yo lo sea. la verdad es que era bastante mala. quizá vengues a las morenas tú misma: quítale todo el amor a tu prima Lucy. debería taparla con un tapete verde y seguro que me la olvidaba por todas partes. a Flora Mac-Ivor y a Minna29. Sólo debes mostrarte radiante y tu rubia prima quedará sofocada por tus rayos. 29 28 Staël . sacando el libro de debajo del chal-. Corinne novela publicada en 1807. no es propio de ti tomar las bromas al pie de la letra. He decidido no leer más libros en los que las rubias arramblen con toda la felicidad. Como si yo. Preveo que la joven de tez clara arrebatará a Corinne todos sus amores y hará que sea desgraciada. para contemplar a sus anchas sus amados árboles. es a primera hora de la tarde y no a última. y el filo cortante de la brisa primaveral hace que Maggie se arrebuje en el gran chal y avance rápidamente. ¿de veras no te gustaría ser la décima musa. que sabe hacer todo tipo de cosas encantadoras y es diez veces más bonita que yo. -Toma tu Corinne28 -dijo Maggie. Waveley y El pirata. -Maggie -dijo Philip con tono de sorpresa-. -Bien -contestó Maggie con una sonrisa-. en esta ocasión. Mas. Su mirada es más inquisitiva que en junio pasado y una sonrisa vaga por sus labios. Pero me ha parecido que tenías razón al reprobarme. -Entonces. casi un año después de la dudosa despedida que acabas de presenciar. con mis viejos vestidos y mis carencias. -Philip. Habrás estado esta mañana en Saint Ogg's y se te habrá contagiado un poco de estupidez. por eso algunas veces viene a verme y desea que yo vaya a verla de vez en cuando. Si me das una historia en que la morena triunfe. Si llevara un arpa en este clima. he creído que querías recordarme que soy presumida y deseo que todo el mundo me admire. pudiera ser rival de mi pequeña y querida Lucy. deberías evitar que me formara esos prejuicios contra los que tú tanto clamas. de Walter Scott. si así lo deseas. y a todas las demás morenas desgraciadas. cómo se te ocurre mezclar mis tonterías con la vida real -exclamó Maggie con aspecto ofendido-. si se trata de una broma. éste no tarda en aparecer. Además. me gustarían más ellas. Quiero vengar a Rebecca. Si abandonaran a las rubias. Madame de brillante y apasionada. -Bien. sino porque siempre me preocupo por los que son desgraciados. la protagonista es una famosa artista Rebecca. 191 Librodot . -En absoluto -contestó Maggie riendo-. Flora Mac-Ivor y Minna son personajes de Ivanhoe. aunque mira a su alrededor. suponiendo que yo fuera lo bastante odiosa y vil como para desear ser su rival.Librodot El molino de Floss George Eliot 191 A principios del siguiente mes de abril. puedes.

. -Creo -contestó Maggie vacilando. He sido un tonto al decir esto. -Pero imagina. Ni me había pasado por la cabeza. ni siquiera podríamos ser amigos.. te adorara tanto que se sintiera feliz con verte de vez en cuando. ¿puedes soportar la idea de pensar en mí como tu enamorado. una punzada del mismo temor que le había obligado a mantener su amor en secreto durante largos meses.. ¿Crees que soy un vanidoso estúpido? -¡Oh. aquella mañana.. que te quisiera. Mas en aquel momento ya no parecía indiferente. ¿Me quieres? Maggie palideció. Podría ser muy desagradable. era tan espontánea e indiferente como de costumbre. como una de esas historias que uno imagina.. si se supiera. que hubiera estado marcado desde la infancia por algún tipo de sufrimiento y para quien tú fueras la luz de su vida. nunca tendrás valor para rechazar a nadie.. que creyera que no tenía nada de que presumir. Supongo que a otras mujeres tampoco les gusta. . ¿verdad. -Eso dependería de cuál fuera el motivo por el que lo rechazaran -contestó Maggie riendo-. querido Philip? Sabes que.. No me dan pena los engreídos. me ablandaría. tal como sucede a las personas que oyen una noticia que les hace alterar sus ideas sobre el pasado. Maggie? preguntó Philip. -Hizo una pequeña pausa y añadió-: Pero me parece que será mejor para nosotros que no digamos nada más. Permaneció en silencio y. Philip se interrumpió. Pero. arrastrado por una repentina esperanza-. Aquella pregunta directa no parecía tener fácil respuesta.. aunque nuestros encuentros han sido para mí preciosos en distintos aspectos. sentándose a su lado y tomándole la mano. -Me he preguntado alguna vez si no sería más probable que tú llega a amar a un hombre al que otras mujeres tal vez no amarían nunca. si se sintiera muy humillado. Habló con tanta angustia que Maggie se sintió obligada a decir algo. porque creo que se bastan a sí mismos para consolarse. creo que no podría querer a nadie como a ti. No creía que nunca nadie se enamorara de mí. que en aquel momento brillaban hermosos. Y con una amplia sonrisa. -Philip. -Entonces. como un sueño. implorando amor. pero nunca he sentido ninguna pena por él. Maggie? -preguntó Philip. estoy tan sorprendida. pero nunca se me había ocurrido que pudieras ser mi enamorado. tras caminar hacia el tronco de un árbol caído. Maggie.. Una oleada de timidez le decía que había sido un atolondrado al hablar. Philip! ¿Cómo puede ocurrírsete que piense eso? Como si yo no agradeciera cualquier clase de amor. Temblaba. se había dado la vuelta rápidamente para mirarlo y. puesto que la actitud de Maggie. sonrojándose un poco. Sorprendida por el inusual tono emocionado de Philip.. y ahora vuelvo a temer que todo esto nos conduzca al desastre. Todo eso me parecía tan lejano . -¿Me odiarás por culpa de lo que he dicho? -preguntó Philip impetuosamente-. Y después. -No lo sé -contestó Maggie vacilando.. alarmándose cada vez más a medida que transcurría el silencio-.Librodot El molino de Floss George Eliot 192 -Entonces. Nunca estuve segura de que hiciera bien al verte. su rostro había experimentado un gran cambio: se había sonrojado y sobresaltado.. Quizá me mirara a través de un monóculo que sujetara con el ojo con una horrible mueca.. añadió-: Me parece que si el pretendiente fuera muy engreído no me costaría rechazarlo. Pero sus ojos se encontraron con los de Philip.. olvídalo... presa de un súbito temor a que su confesión pusiera fin a aquella felicidad. como el joven Torry. 192 Librodot . ¿no es así. -El esfuerzo por hablar hizo que se le saltaran las lágrimas. -Maggie -dijo Philip. a medida que él hablaba. Me conformaré con que las cosas sigan como antes.. imagina que no fuera un hombre presumido. se sentó como si no le quedara fuerza para los músculos. con sencilla ternura infantil-.

-De veras te quiero. Philip se había puesto en pie otra vez y caminaba de un lado a otro con impaciencia. ¿No te acuerdas? Y me prometiste que me darías un beso cuando volvieras a verme. 193 Librodot . pero no creo que pueda querer a nadie más de lo que te quiero a ti. No pienses en el pasado. Para mí esto es nuevo y extraño. en realidad. Dime la verdad. lo soportaré todo. mejor para mí. Creo que nunca me cansaría de estar contigo. pero sus palabras mostraron descontento. -No. Se detuvieron entre los pinos para separarse. me canso de mi casa. ¿Qué otra felicidad he conocido en la vida tan grande como estar contigo? Desde que era pequeña. Maggie. Esperaré un año entero otro beso. No debes pedírmelo nunca. por lo menos. los libros y la sensación de esperar el paseo con ganas para contarte todo lo que me había pasado por la cabeza mientras estaba lejos de ti. en un carácter como el tuyo -dijo Philip con cierta irritación. No has cumplido nunca esa promesa. Pero hay una sola cosa que no haría por ti: herir a mi padre. Maggie. Maggie. Maggie: piensa sólo en nuestro amor. Pero me ha inquietado. Mírame. -Sé que todo esto ha sido muy agradable: las conversaciones. Maggie. se puso en pie y añadió-: Pero ¿qué diría tu padre. Philip. -No. -No. Lo que tú llamas control de ti misma no es más que un empeño en ser ciega y sorda a todo excepto a una serie de impresiones. Me gustaría vivir siempre contigo. y dime otra vez si podrías llegar a quererme. Maggie negó con la cabeza. sólo habrías pasado otro año monótono y embotado en lugar de revivir y de ser de nuevo tal como eres. y si te hubieras dejado llevar por tu temor. a menos que sólo te intereses por mí como hermano. y vuelvo a tener pensamientos impacientes. Dime algo amable. es el cultivo de una monomanía. porque también mis sentimientos egoístas estaban entumecidos. Eras más buena conmigo en Lorton. hacerte feliz. -No -dijo Maggie con una sonrisa-. puedes contarme todo lo que quiero saber. Creo que eso que tu llamas embotamiento era mejor. Te digo la verdad. Maggie volvió hacia él su mirada grande y oscura con una triste sonrisa. Maggie sintió cierto alivio al recordar aquel episodio infantil: hacía que el presente de pareciera menos extraño. mirándose. Allí me preguntaste si me gustaría que me besaras. ya te he dicho muchas veces que tienes ideas erróneas sobre lo que es el control de los sentimientos. negando con la cabeza con el mismo gesto de su infancia-. Aquél era uno de esos momentos peligrosos en que las palabras son a un tiempo sinceras y engañosas. Los ojos de Philip brillaron de deleite. no te haré esperar tanto. Puedo vivir de la esperanza. si dejas que ocupe el primer lugar en tu corazón. a menos que me engañes. no puedo renunciar a ti. pero después se sentó a su lado y le tomó la mano-. Maggie. porque era ya hora. No pensemos en otra cosa. Philip? Es imposible que podamos ser nunca algo más que amigos. -Pero de nuevo con semblante serio. Si puedes aferrarte a mí con todo tu corazón. Le dio un beso tan sencillo y silencioso como cuando tenía doce años. Philip -dijo Maggie. -No. sólo tenemos que esperar. Maggie. Y no apartes da vista para mirar ese árbol hendido. Y tu cerebro es para mí como un mundo. me ha hecho pensar mucho en el mundo. terminaremos venciendo todos los obstáculos. hermanos en secreto. cuando los sentimientos se desbordan en una crecida que deja marcas que nunca vuelven a alcanzarse. Y después me duele muchísimo haber sentido cansancio de mi padre y de mi madre. no te pediré nada. Caminaban de la mano. -No pareces feliz. como hemos sido hasta ahora. es un mal augurio. -Vamos. Maggie: te sientes obligada a decirme que me quieres por pura compasión. cuando Tom era bueno conmigo. Pero la sensación de que faltaba poco para que se separaran aumentaba el temor de haber dicho algo sin querer que hubiera causado algún dolor a Philip. Maggie tenía prisa por marcharse.Librodot El molino de Floss George Eliot 193 -Pero no ha sucedido nada malo.

-Espero algo más y me pregunto si algún día llegará. Aquel día su rostro resplandecía especialmente por una agitación oculta. el señor Pullet debía aparecer con cinta negra en el sombrero y bufanda fúnebre en la iglesia de Saint Ogg's. Maggie sonrió con lágrimas brillantes y agachó su alta cabeza para besar aquel rostro bajo y pálido. que me parece exagerado para mí: contrastaría demasiado con las prendas que lo acompañaran. querida -dijo la tía Pullet moviendo la cabeza con aire triste cuando se sentaron ante la mesa del té-. ¿mi vida estará llena de esperanza. pero la imaginación trabaja con otro material. hija mía: este vestido azul que te dio la tía Glegg te da aire de flor de cuclillo. -Tienes muy buen aspecto. convencida de que si aquel amor exigía sacrificio resultaba por ello más rico y gratificante. Jane nunca tuvo buen gusto. Capítulo V El árbol hendido Raras veces los secretos se traicionan o se descubren tal como han previsto nuestros temores. desearía no separarme nunca de ti. desearía hacerte muy feliz. ven tú también! » a la vez que salía al jardín a dar un paseo con su madre para contemplar la avanzada floración de los cerezos. incluso empezaba a sentirse orgulloso de ella: había oído comentar más de una vez que su hermana era una muchacha muy hermosa. Y. No vivía en Saint Ogg's. estemos juntos o separados? -Sí. la vía de la fatalidad -el trayecto del rayo. a pesar de todo? ¿Nos pertenecemos el uno al otro para siempre. en el extremo opuesto que tomaba Maggie. y la señora Pullet aprovechó la ocasión para comer con su hermana Glegg y tomar el té con la desgraciada hermana Tulliver. una de las personas más alejada de los temores de Maggie era la tía Pullet y.pasaba por ella. el miedo imagina escenas terribles y dramáticas que nos acosan a pesar de la conciencia de que son poco probables. Bessy. como el de una mujer. sin embargo. Dio media vuelta y se alejó hacia su casa a toda prisa con la sensación de que en la hora transcurrida desde que había pasado por aquel camino había empezado para ella una nueva época. Era consciente de que no era lo más probable. La realidad prefiere mecanismos basados en indicios indirectos que dependen de coincidencias aparentemente triviales y actitudes imprevisibles. Philip. lleno de un amor tímido e implorante. nunca pensé que tu hija llegara a ser tan guapa. y durante el año que Maggie había soportado la carga de estar ocultando algo. el tejido de los difusos sueños debía hacerse más espeso y la trama de su vida diaria real debía absorber gradualmente todas las hebras de pensamientos y emociones. debida en partes iguales al placer y al dolor. pero era ésa la escena que mejor simbolizaba su íntimo temor. éstos difícilmente se habrían fijado en ella. Ahora. ¿por qué no te pones aquel vestido mío? -Es tan bonito y tan elegante. tía. Por lo general. pero que podía interpretarse como señal de felicidad. Maggie. La tarde del domingo era la única que Tom pasaba en casa y aquel día el buen humor que había tenido últimamente se manifestó en una charla inusualmente alegre con su padre y la invitación "¡Vamos. y seré más feliz que otros hombres. Pero deberías ir de rosa. Maggie.Librodot El molino de Floss George Eliot 194 -Entonces. puesto que no vivía en Saint Ogg's y no era muy aguda de vista ni talento. Tom se sentía más satisfecho con Maggie desde que había dejado de mostrarse extraña y ascética. Al día siguiente del último encuentro de Maggie con Philip era domingo. pero el camino de Garum Firs se encontraba junto a las Fosas Rojas. En ese momento experimentó verdadera felicidad. la posibilidad de que la descubrieran se le había presentado siempre en forma de súbito encuentro con su padre o Tom mientras paseaba con Philip por las Fosas Rojas. Sin duda. 194 Librodot .

. -Según dicen. Cuando escogí a mi esposa. Al intentar recordar todos los detalles que podían dar forma a sus sospechas. Nadie podía sorprenderse de que se mostrara muy sensible a los deseos de su padre. con las manos unidas bajo la mesa. pobrecilla: creo que esa enfermedad del hígado acabará con ella. ¡Santo cielo! Pensar en las propiedades que tendrá. pero está a la altura del mejor de los míos. Wakem era como una enfermedad desfiguradora: se veía obligado a soportar la conciencia de su existencia. no fuera a resultar evidente su temblor. Me pregunto si estará en su sano juicio. poquita cosa. hasta que la mención de las Fosas Rojas le hizo creer que habían desvelado su secreto y ni siquiera se atrevió a sostener la cucharilla de té. Es muy menuda. cosas que yo puedo comprar cada año y casi no desgasto. A Lucy no tengo nada que darle. pero le sacaba de quicio que la reconocieran los demás. Pero Tom era demasiado observador para quedar satisfecho con esa interpretación: había advertido con claridad que la excesiva confusión de Maggie ocultaba algo diferente a la inquietud por su padre.Librodot El molino de Floss George Eliot 195 -A lo mejor sería poco adecuado si no supiera todo el mundo que te corresponden. No veo nada admirable en estas mujeres tan pequeñas: parecen insinificantes al lado de un hombre. celoso por Maggie-. es un orador estupendo. qué más da el tamaño: lo que importa es ser normal -intervino la tía Pullet. al otro lado del tío Pullet y no podía verle la cara a menos que se inclinara hacia delante. con su ajada belleza. Permaneció sentada. -Ah. porque tiene de todo y de lo más selecto: nuestra hermana Deane puede llevar la cabeza bien alta. como el joven caballero Tom. que conservaba su vieja repulsión por la deformidad de Philip.. que no le gusta estar con la gente. Al oír el nombre de Philip había enrojecido y siguió enrojeciendo. ahí está el hijo contrahecho del abogado Wakem. aquí presente. Eso es lo que ha dicho hoy el nuevo párroco. quizá pensara que sólo se había alarmado porque su tía había mencionado a Wakem delante de su padre: ésa era la interpretación de su madre. La pobre esposa. pensaba Maggie. en el sermón del funeral. -Pero no todos los hombres son altos -dijo el señor Pullet. Y dicen que es muy murrioso. Afortunadamente. Tom. Pero vistan el palo y parecerá algo. acentuado por el hecho de que tenía a Tom delante y quiso esforzarse en parecer indiferente. Por ejemplo. No digo yo que no tenga alguno tan bueno como el suyo. porque cuando venimos por el camino no hay vez que no lo encontremos abriéndose paso entre las zarzas y árboles de las Fosas Rojas. Lo he visto hoy mismo en la iglesia.. con la mirada perdida y aire pensativo-. la llaman «la Beldad de Saint Ogg's». ni demasiado grande ni demasiado pequeña. sonrió satisfecha. pues yo puedo dártelos cuando ya no me los pongo. ¿verdad. -¡Ca! -exclamó el señor Tulliver. Poco a poco Maggie fue recuperando suficiente compostura para alzar la vista: sus ojos se encontraron con los de Tom. Esta afirmación general con que la señora Pullet presentaba el hecho de haber visto a Philip en dos ocasiones en el lugar indicado produjo gran efecto en Maggie. -Vaya. ese tal doctor Kenn. Es razonable que dé ropa de vez en cuando a mi sobrina. Se puede ser un joven bien plantado sin medir seis pies. Para su padre. pero éste los apartó de inmediato y aquella noche Maggie se acostó preguntándose si su confusión había sembrado en él alguna sospecha. porque la señora Tulliver se alarmaba siempre que se mencionaba el nombre de Wakem en presencia de su esposo. Sophy? -preguntó la señora Tulliver. aunque tiene una tez horriblemente amarilla. aludiéndose a sí mismo-. la escogí del tamaño adecuado. sin atreverse a levantar la vista. La voz de su madre aportó cierto alivio al desviar la conversación. desproporcionadas. Tal vez no. para el cual algunas palabras encerraban misterios impenetrables. -Ah. recordó que últimamente su madre había regañado a Maggie por pasear por las Fosas Rojas cuando la tierra estaba húmeda y llegar a casa con los zapatos sucios de arcilla: sin embargo. no se 195 Librodot . Qué palabra tan rara: será porque es verdad -observó el señor Pullet. su padre estaba sentado al mismo lado que ella. Lucy llevaba hoy mismo un cuello manífico -prosiguió la señora Pullet.

-Nunca deliberadamente -contestó Tom. A la mañana siguiente. -¿Y madre? -En el patio. Debo hacer una cosa -dijo. -Ven aquí -ordenó Tom. pero has despreciado sus sentimientos más poderosos. con las gallinas. Pero si Maggie había estado manteniendo cualquier tipo de relación con Philip.Librodot El molino de Floss George Eliot 196 atrevía a atribuir a su hermana la probabilidad de sentir algo mas que un interés amistoso por aquella desgraciada excepción entre los hombres normales. mientras miraba hacia los campos situados al otro lado del río-. hacia las tres y media. Un paso rápido y un atajo lo llevaron al instante hasta la puerta de la valla de su casa. Ahí va Wakem. -No voy -declaró finalmente. -No -contestó Tom. con orgullosa sinceridad-. -He venido para caminar contigo hasta las Fosas Rojas y encontrarme allí con Philip Wakem -dijo Tom. -Entonces. -Tom. Su suposición parecía cierta y la aguardó junto a la valla. -¿Nuestro padre sabe algo? -preguntó Maggie. Tom salió de su casa en ese estado de ánimo vigilante que convierte los acontecimientos más insignificantes en coincidencias preñadas de significado. de un modo u otro. -Tengo que irme. cuéntame toda la verdad. Tom sentía una especie de repugnancia supersticiosa por todo lo excepcional. na más los veo. -Entonces. -Sí. Lo reconozco. -Entonces. sin dejar de temblar. -Quizá ya la sabes. Maggie se quedó quieta e indefensa. Maggie se sobresaltó cuando lo vio. La arruga que se le formaba habitualmente en el ceño se hizo más profunda. Pero primero quiero hablar contigo. ¿Cuándo os visteis por primera vez en las Fosas Rojas? 196 Librodot . Bob. y salió a toda prisa en dirección al almacén. Un pensamiento repentino pareció asaltar a Tom. Pero no tengo nada que decirte: cuéntame qué ha pasado entre Philip Wakem y tú. -¿Es que tú nunca te equivocas. Tom? -preguntó Maggie con aire desafiante. Tom se había enterado de todo. -Maggie. y mientras descansaba un poco antes de abrirla. ¿Dónde está padre? -Ha salido a caballo. Tropiezo mucho con él por ese lado del río. Cuéntame exactamente lo que ha sucedido o nuestro padre se enterará de todo. Aquella tarde. -No deseo engañar a nadie -dijo Maggie. -¡Eh! -interrumpió Bob. pasando al salón. te lo contaré por él. el jorobao. ahora te conviene mostrarte muy afectuosa. y dio media vuelta. ¿cómo es que vienes a casa? ¿Pasa algo? -preguntó con voz trémula. Tom se encontraba en el muelle hablando con Bob Jankin sobre la probabilidad de que un buen barco llamado Adelaide llegara en el plazo de uno o dos días con resultados muy importantes para ambos. ¿puedo entrar sin que me vea? Entraron juntos en la casa. Pero lo sabrá si intentas engañarme de nuevo. claro que sí. a él o a su sombra. pálida y helada. haz el favor de contarme ahora mismo todo lo que ha sucedido entre Philip Wakem y tú. -No importa que la sepa o no. Así pues. Maggie salió por la puerta delantera cubierta con una capota y un chal. enrojeciendo de enfado al ver que aplicaba esa palabra a su conducta. debía ponerle fin de inmediato. -Sí. El amor por un hombre deforme sería algo odioso en cualquier mujer e intolerable en una hermana. Maggie obedeció y él cerró la puerta. donde dejó recado de que alguien ocupara su puesto porque un asunto urgente lo reclamaba en su casa. no sólo se comprometía al mantener citas secretas. sino que estaba desobedeciendo los deseos más poderosos de su padre y las órdenes expresas de su hermano. para entrar en la casa con total compostura. indignado-.

-Le contesté que yo también lo amaba. a pesar de la tristeza. será un juramento tan fuerte como si hubiera puesto la mano sobre la Biblia. Pon la mano sobre la Biblia y di: renuncio a cualquier conversación privada y a cualquier trato con Philip Wakem a partir de este momento. -Bien. uniendo las manos con una repentina sensación de alegría. No digas nada más. dejó de luchar contra una imposición que le parecía cruel e irracional y. ¡Elige! -exclamó Tom con fría decisión.Librodot El molino de Floss George Eliot 197 -Hace un año -contestó Maggie con calma. levantó los ojos. Siento algo por él. mirando el suelo y frunciendo el ceño. Finalmente. 197 Librodot . Y me ha prestado libros. A mí ni me había pasado por la cabeza. si las cosas salen como tengo previsto. tomándola y abriéndola por las guardas manuscritas. dirigiéndose hacia la gran Biblia. No tienes que hacerme más preguntas. tú te has dedicado a hacer todo lo que podías para destruir ambas cosas. empujada a suplicar por su mismo orgullo-. ¿De qué sirve que me esfuerce y renuncie a todo para pagar las deudas de nuestro padre si tú vas a volverlo loco y avergonzarlo precisamente cuando podía empezar a levantar cabeza? -Oh. -Haz lo que yo te digo -ordenó Tom-. Pero prométemelo con las palabras que yo te diga. -Si te doy mi palabra. He dicho exactamente lo que quería decir: escoge. Me equivoqué. que pone en entredicho su reputación con citas clandestinas con el hijo del hombre que ha ayudado a arruinar a su padre. movida por el sentimiento de culpa. mientras trabajaba por la respetabilidad de la familia. añadió con aire altivo: -No. Y creo que el odio y la enemistad son malos sentimientos. con la mano sobre la Biblia de nuestro padre. Tom. no es todo. Pero -añadió Tom. no vaya a entrar madre. Decide qué prefieres: o me juras solemnemente. -No quiero oír nada sobre tus sentimientos. no puedo confiar en ti. No hace falta que lo haga. con voz temblorosa por la indignación-. Maggie se enfrentaba a una alternativa terrible. No me pidas eso. con las manos metidas en los bolsillos. lo consideraba un viejo amigo.. Tom permaneció en silencio durante unos momentos. -¿Y le diste esperanzas? -preguntó Tom con expresión de desagrado. justificó a su hermano. Maggie hizo una pausa: entonces. -Irás conmigo ahora mismo y hablarás con él. Maggie. Te prometo dejar de citarme con él si permites que lo vea una sola vez o le escriba y se lo explique todo. -Te prometo que no volveré a citarme con él ni a escribirle sin que tú lo sepas. Hemos sido amigos un año nos hemos visto y hemos paseado con frecuencia. no es feliz. -Sí. Eso es lo único que diré. mientras yo luchaba y trabajaba para que mi padre tuviera un poco de paz espiritual antes de morir.. le darás un duro golpe cuando se entere de que eres una hija desobediente y mentirosa. ¿tan pronto van a pagarse las deudas? -preguntó Maggie. Maggie sintió un profundo impulso de arrepentimiento: durante un momento. que lo dejo para no causar dolor a mi padre. Si no lo haces. que nunca más volverás a citarte o a hablar en privado con Philip Wakem o te niegas y yo se lo cuento todo. -Tom -dijo. No eres coherente. -¿Eso es todo? -preguntó Tom mirándola fijamente con el ceño fruncido. decidida a poner fin al derecho de Tom a acusarla de engaño. nos avergonzaras a todos y apenarás a tu padre. Y Philip me daba tanta pena. pero me sentía tan sola. La severidad de Tom le hacía mostrarse más desafiante y alejaba la conciencia de haber cometido un error-. -Tom -murmuró-. Maggie -dijo fríamente-. -¡Tonterías! -contestó Tom-. y este mes cuando mi esfuerzo podría hacer que se sintiera feliz otra vez. -Tengo que hablar con Philip una vez más. Y date prisa. si quieres. Tu deber estaba muy claro. Pondré la mano sobre la Biblia. El sábado me dijo que me quería.

en los labios separados y pálidos. entonces. El corazón le latía con redoblada violencia cuando llegaron bajo los pinos albares. Tanto la quiero que podría incluso desear tener una relación amistosa con usted. -¡No me cuente tonterías rimbombantes. Me refiero a aprovecharse de la estupidez y la ignorancia de una joven para obligarla a mantener entrevistas secretas con usted. señor? -preguntó Tom con voz de áspero desdén en cuanto Philip volvió hacia él los ojos. entre tanto. vio la respuesta. Tom. semana tras semana? ¿Pretende que tenía algún derecho a declararle su amor. desbocada. Tom cerró el libro. pero sentía que era inútil cualquier otra actitud que no fuera la sumisión. Maggie pensó que aquel era el último momento de incertidumbre. escribirle o tener sobre ella la menor 198 Librodot . La quiero más que usted mismo. de mero orgullo y enemistad personal había en la amarga severidad de las palabras con que pretendía cumplir con su deber de hijo y hermano: Tom no era dado a interrogarse sutilmente sobre sus motivos ni otros asuntos intangibles. vio cómo su hermano alto y fuerte agarraba al débil Philip. procedentes de los labios de Tom. -Sentiría mucho ser capaz de entender sus sentimientos -dijo Tom con feroz desprecio. de no ser así. la honro más de lo que usted hará nunca. sentía que el ímpetu de su indignación se desviaba hacia Philip. usted intenta ganarse con astucia el afecto de una hermosa muchacha que todavía no tiene dieciocho años. Lo que deseo es que usted me entienda a mí: voy a ocuparme de mi hermana y si usted se atreve a hacer el menor intento de acercarse a ella. aún en el caso de que pudiera ser un marido adecuado. que siempre se adelantaba. -¡Lo niego por completo! -le interrumpió Philip impetuosamente-.. y en la expresión aterrorizada de los grandes ojos. estaba seguro de que sus motivos y sus actos eran buenos. Tom tenía un poder tremendo sobre su conciencia y sus mayores temores: se estremecía ante la verdad incuestionable de la etiqueta que había puesto a su conducta y. Caminaron sin decir una palabra. Así se produciría una demora en la que podría pedir permiso a Tom para escribirle. Durante unos instantes de silencio. -¿Le parece a usted que su comportamiento es propio de un hombre y un caballero. tan cerca que Tom y Philip se detuvieron bruscamente. ya que Philip siempre se reunía con ella al otro lado del bosquecillo. La única esperanza de Maggie era que. no serían suyos. Maggie puso la mano sobre la página manuscrita y repitió la promesa. -¿A qué me refiero? Aléjese. algo hubiera impedido acudir a Philip. caballero! ¿Pretende que no sabía que sería perjudicial para ella encontrarse aquí con usted. Me refiero a atreverse a jugar con la respetabilidad de una familia que tiene un nombre honrado y decente que mantener. se toparon con él frente a frente. vamos -dijo. lo llamo aprovecharse de las circunstancias para obtener algo que es demasiado bueno para usted y que nunca conseguiría abiertamente. era también injusta. aislada del mundo por las desventuras de su padre! Ése es su torcido sentido del honor. Philip lanzó una mirada interrogante a Maggie y allí. Jamás podría jugar con algo que afectara a la felicidad de su hermana.. lo aplastaba y lo pisoteaba. toda su alma se rebelaba contra ella ya que. -Ahora. Maggie padecía de antemano por lo que Philip iba a sufrir y temía las mortificantes palabras que caerían sobre él. cuando los padres de ambos jamás consentirían su matrimonio? ¡Y usted. -Resulta muy masculino por su parte hablarme de ese modo -señaló Philip con amargura. hasta que al tomar un recodo. daría mi vida por ella. sin embargo. -¿A qué se refiere? -preguntó Philip con aire altivo. La imaginación de Maggie. agitado por violentas emociones-. por primera vez.Librodot El molino de Floss George Eliot 198 -Dilo. Pero cruzaron el espacio abierto y entraron en el sendero estrecho y tupido situado junto al montículo sin encontrarlo. ¿verdad? Yo lo llamo abyecta traición. al ser incompleta. Los gigantes tienen un derecho inmemorial a la estupidez y al insulto insolente. No sabía cuánto del antiguo rechazo infantil. a menos de una yarda de distancia. Ni siquiera es capaz de entender lo que siento por su hermana. no vaya a ponerle encima las manos para explicarle a qué me refiero.

Si ella dice que está decidida a dejarme. Maggie liberó la mano con un violento tirón y la irritación largo tiempo contenida estalló. -Es por mi padre. y mi padre no podría soportarlo. yo veo lo que significan los actos. cuando me he equivocado. no le servirá de protección alguna. de un cristiano. Maggie! -dijo Philip. pero está muy equivocado. ahora habla mucho de lo que es bueno para ella. y le diré cuál es la mía: yo la ayudaré a no desobedecer a su padre y hacerlo desgraciado. lo someteré a la vergüenza pública. todavía con vehemencia-. Maggie. ¿pero pensó en ello antes? -Sí.Librodot El molino de Floss George Eliot 199 influencia. te harían mejor persona. Si tu comportamiento y el de Philip Wakem han sido correctos. Yo no me impongo con bellas palabras. no querría que se te castigara. Yo sí sé cuáles han sido mis objetivos y que los he conseguido. Sin embargo. Pero deseaba que tuviera un amigo para toda la vida. Ahora te ruego que me digas: ¿qué bien ha reportado tu conducta a ti o a dos demás? -No quiero defenderme -dijo Maggie. Desprecio los sentimientos que has mostrado al hablar con Philip y detesto el modo poco varonil en que lo has insultado aludiendo a su deformidad. Si alguna vez tú cometieras un error. Confía en mí. Le he prometido. crees que son lo bastante grandes para compensar todo lo demás. exasperado por la actitud de Philip-. la ayudaré a que no se desperdicie con usted. ¿Quién no se reiría ante la idea de que fuera el enamorado de una muchacha hermosa? -Tom. añadió-: Ha arrastrado a su hermana hasta aquí para que vea cómo me amenaza y me insulta. Tom me amenaza con contárselo a mi padre. su cuerpo raquítico y miserable. mirando a Tom. Él seguía agarrándole la muñeca. Pero a ti siempre te ha gustado castigarme. tal vez de modo un poco arriesgado. Mientras hablaba. Le daré una paliza. no es propio de un mortal. acataré sus deseos al pie de la letra. a no convertirse en el hazmerreír de todo el mundo. -Sí -dijo Tom. Tom. ella extendió la mano izquierda. -No te creas que pienso que tienes razón. algunas veces. siempre has sido duro y cruel conmigo. mi manera de protegerla es distinta de la suya. como si arrastrara al culpable del escenario de sus actos. que debería haberle hecho más modesto. Sabe muy bien qué clase de justicia y aprecio preparaba para ella. no soy capaz de ver que tu conducta o tus objetivos sean mejores que los míos. Tom y Maggie caminaron en silencio unos cuantos metros. ¡Ni 199 Librodot . convencido de que tú tenías toda da razón: eso se debe a que eres tan estrecho de miras que no puedes ver que hay cosas mejores que tu conducta y tus mezquinas ambiciones. Le parecía el modo más natural de influir sobre mí. -¡Quédate. ni que me inclino ante tu voluntad. pero deseo que seas libre. yo sentiría el dolor que te causara. no quiero soportar esto. que le hiciera más justicia que ese hermano tosco y estrecho de miras por el que ella siempre se ha desvivido. a que no la desprecie un hombre como el padre de usted porque no es lo bastante buena para su hijo. -Es suficiente. no quiero oír nada más -exclamó Maggie con voz convulsa. -Sin duda-contestó Tom con frialdad-. Deje que hable su hermana. eras capaz de dejarme ir a la cama sin perdonarme. No eres más que un fariseo. muchas veces. Finalmente. no tienes la menor conciencia de tus imperfecciones ni de tus pecados. Sé que me he equivocado. incluso cuando era pequeña y te quería más que a nadie en el mundo. si tú tuvieras. ya sabes que sólo te deseo cosas buenas. Vámonos. -Sí. le he jurado solemnemente que no nos veremos sin que lo sepa. continuamente. Maggie. un amigo que la apreciara. No tienes piedad. ha sido debido a sentimientos que. haciendo un gran esfuerzo para hablar. Yo no voy a cambiar. Después. Durante toda la vida has lanzado reproches a los demás. Es un pecado ser duro con los demás. Philip la asió un instante con expresión ansiosa y después se alejó a toda prisa. si hubieras hecho algo muy malo. Philip -imploró Maggie-. sujetó a Maggie por la muñeca derecha. Sólo agradeces a Dios tus virtudes. ¿por qué os avergonzáis de que se sepa? Contéstame.

aunque por dentro las habitaciones estuvieran desnudas y los corazones tristes. de vez en cuando. En aquellos tiempos pensaba que había hecho grandes conquistas y había ganado un puesto duradero en las serenas alturas situadas por encima de las tentaciones y conflictos terrenales. Tom. que no sea con estos bandazos de un lado a otro. No hace falta que digas nada más para que me dé cuenta de lo mucho que nos separa. Tom Tulliver regresó una tarde más temprano que de costumbre y. Después. experimentaba cierto alivio al haberse visto obligada a separarse de Philip? ¿Acaso se debía únicamente a que la sensación de que ya no ocultaba nada era bienvenida a cualquier precio? Capítulo VI Un triunfo costoso Tres semanas más tarde. Si hubiera creído que estaba completamente equivocada y Tom tenía toda la razón. Yo muestro mi afecto de otra manera. pero ahora su penitencia y sumisión se veían obstruidas constantemente por un resentimiento que no podía menos que considerar justo. se encontraba en el centro de una acalorada lucha entre sus pasiones y las de otros. llegó el recuerdo de aquellos tiempos tranquilos. Y. Y. Alardeas de tus virtudes como si te dieran derecho a ser cruel y a comportarte de modo indigno de un hombre. Tom regresó a Saint Ogg's para asistir a una cita con el tío Deane y recibir instrucciones sobre un viaje que debía emprender a la mañana siguiente. habría podido recuperar antes la armonía interna. sométete a quienes sí pueden. como has hecho hoy.Librodot El molino de Floss George Eliot 200 siquiera intuyes que existen sentimientos junto a los cuales tus brillantes virtudes no son más que oscuridad! -Bien -dijo Tom con frío tono de burla-. pero no a los tuyos. Así pues. advirtiera que. mientras cruzaba el puente. Los ojos de color azul grisáceo de Tom tienen una expresión agradable mientras mira hacia las ventanas de la casa: la arruga del ceño no desaparece. si no puedes hacer nada. ¿la vida no era tan corta y el descanso perfecto no estaba tan cerca como había soñado cuando era dos años menor? La vida le reservaba más combates y tal vez nuevas caídas. contempló con un afecto profundamente arraigado la respetable casa de ladrillos rojos. Haz el favor de decirme cómo has demostrado ese amor hacia mi padre o hacia mí del que tanto hablas: desobedeciéndonos y engañándonos. si tus sentimientos son mucho mejores que los míos. -Muy bien. muéstralos de otro modo que no sea mediante una conducta que podría deshonrarnos a todos. y tienes poder. -Porque eres un hombre. No creas que dejaré a Philip Wakem en señal de obediencia a ti. pero no le sienta mal: cuando los ojos y la boca adoptan una 200 Librodot . Esa deformidad que tanto insultas hará que me aferre a él y lo quiera todavía más. pasado el primer estallido de rabia insatisfecha. -Me someteré a lo que reconozco y siento que es justo. en el fondo. -Entonces. cuando el molino de Dorlcote se encontraba en el más hermoso momento del año -los grandes castaños en flor y la hierba crecida y cubierta de margaritas-. y puedes hacer algo en este mundo. ¿cómo podía ser que. Será mejor que no lo olvidemos y callemos. Le sangraba el corazón cuando pensaba en Philip: recordaba los insultos proferidos con una sensación tan nítida de lo que habría sentido Philip al oírlos que experimentaba un dolor casi físico que le hacía dar patadas en el suelo y apretar los puños. sin embargo. Me someteré incluso a los deseos poco razonables de mi padre. Maggie subió a su habitación para verter en forma de lágrimas amargas toda la indignación ante la que Tom parecía blindado. que siempre parecía alegre y acogedora desde el exterior. antes de que el placer que había terminado en la desdicha presente perturbara la claridad y simplicidad de su vida. más fríamente que nunca-. en cambio. así es como tú ves las cosas -dijo Tom.

ya no tenía nada más que hacer. de manera que he vuelto. señal en él de un buen humor inusual. Me parece que podría estar equivocado. las miradas del salón no estaban vueltas hacia el puente y el grupo permanecía sentado en silencio. Alzó los ojos hacia Tom con un quejumbroso deseo de confirmación. Pero es probable que me entierres primero. Hizo una pausa y miró el dinero con amargo desaliento. aunque le temblaba un poco la voz-. al señor Tulliver le gustaba coger la caja y contar el dinero.. El corazón le había dado un brinco con la repentina convicción de que Tom iba a decir a su padre que podían pagarse las deudas. En aquel momento. -¿Cómo iba a equivocarme? -contestó su padre bruscamente-.. la otra. junto a su padre. -Cómo. -¿Está seguro de que ésa es la cantidad. -No se vaya de la habitación. -Faltan más de trescientas y pasará mucho tiempo antes de que pueda ahorrarlo. si no me crees. llena de perpleja paciencia. Vivirá lo bastante para ver cómo se pagan las deudas. antes de tener cierta edad. No podía dejar que su herida se impusiera en un momento como aquél. -No. Nos ha costado cuatro años ahorrar esto. Ya ves como yo tenía razón. pero. cuando éste depositó la caja y la abrió. que cosía inclinada sobre la labor mientras su madre preparaba el té. Su paso firme se acelera mientras las comisuras de los labios se rebelan contra el esfuerzo por reprimir una sonrisa. Tom se acercó a la esquina de la mesa. con enérgica decisión. Deberé confiar en que tú las pagues -prosiguió con voz temblorosa-.Librodot El molino de Floss George Eliot 201 expresión más suave parece implicar una fuerza de voluntad sin dureza. -Ahí tienes.. yo no hacía lo que quería -señaló con discreto descontento. tras lo cual dijo. Las pagará usted mismo. el cual miró fijamente a Tom con mirada interrogante. Una ligera descarga eléctrica pareció recorrer al señor Tulliver. palpitante de expectación. ¡y a Tom tanto le daba que estuviera o no cuando les comunicaba la noticia! Pero se llevó la bandeja y regresó de inmediato. padre? -dijo Tom-. la luz rojiza del atardecer destacó el aire cansado y triste del padre de ojos negros y la alegría contenida del rostro del hijo de piel clara. madre -dijo Tom cuando vio que ésta se movía en cuanto su padre salía de la habitación. Aquellas palabras hirieron a Maggie. Este mundo es ya demasiado para mí.. sus padres no lo habían advertido. -Que ella haga lo que quiera -dijo Tom con indiferencia. El señor Tulliver contó el dinero y lo colocó en orden en la mesa. Su tono implicaba algo más que esperanza o decisión. padre -dijo Tom. -Oh. Hola. Aunque. la una. ¿Sabe exactamente cuánto dinero hay en la caja de lata? -Sólo ciento noventa y tres libras -dijo el señor Tulliver-. Convendría recoger esto. -Padre -dijo Tom. madre. después de que terminaran el té-. dado su hermetismo habitual en casa. Lo he contado muchas veces. ¿qué pasa. La pérdida de cuarenta y dos libras con el trigo fue una faena. Tom? -preguntó su padre-. -¿Maggie tampoco? -preguntó la señora Tulliver-. sin aguardar a nadie: el señor Tulliver se encontraba en su sillón. pero los jóvenes queréis hacer las cosas a vuestro modo con vuestro dinero. Vete a saber si estaré en este mundo cuatro años más. pero puedo ir a buscarla. Tom se acercó a su madre y le dio un beso. meditando con aire agotado y con mirada fija en Maggie. Desearía que se tomara la molestia de ir a buscar la caja de lata. Últimamente has traído un poco menos. cansado tras una larga cabalgada. Llegas más temprano que de costumbre. lanzando a Tom una mirada rápida. Todos alzaron la vista sorprendidos cuando oyeron los conocidos pasos. 201 Librodot . si es que eres de esa opinión cuando crezcas. Durante las tres semanas transcurridas apenas había cruzado con Maggie una mirada o una palabra. La madre y Maggie se sentaron al otro extremo de la mesa. Dada su triste vida.

pero no podrá ser. tuvo la sensación de que Tom había redimido sus culpas y. Tengo trescientas veinte libras en el banco.Librodot El molino de Floss George Eliot 202 mientras Maggie. -¡Entonces. Pensaba que moriría aquí. y repiqueteando en ella con los restos de su viejo aire de desafío. aliviándolo. ahora muy reducido-. sacando el manojo de llaves. M’habría sentido mas seguro. sacando la caja de rapé único lujo que se permitía ahora. y la participación de Bob Jakin en el negocio 202 Librodot . Tom no conoció en su vida un momento tan delicioso como aquél. no lo olvides. pero las lágrimas brotaron al fin. El muchacho t’ha desagraviado. ven y dame un beso -dijo con tono amable-. -Tráemelo. jugueteando con los soberanos que había sobre la mesa-. El tío Glegg y yo también estaremos allí. llorosa. Es probable que t’hagan socio de alguna compañía. Se anunció el sábado en el Messenger. me siento un poco débil. tendiendo súbitamente la suya-. un muchacho estupendo. se vio lleno. ¡Ah! ¡Lo que le gustaría a Wakem tener un hijo como el mío. quizá vuelvas a tener algunas comodidades. Tom. Por fin verán que soy un hombre honrado y tengo un hijo honrado. Su pensamiento. La conversación fue larga antes de que se acostaran. incapaz de contenerse. pareció ocupar un lugar insignificante en el pensamiento de su padre.-Ahora podré liberarme de su bota. Después de que ella lo besara y él retuviera su mano un minuto. queda un poco de brandy del que me trajo la hermana Deane cuando estuve enferma. sus pensamientos volvieron al dinero. Como es natural. vas por buen camino. El ataque de llanto fue extinguiéndose y el hombre permaneció sentado. aunque tenga que abandonar el viejo molino. El señor Tulliver se recostó en la butaca. Es muy importante que un hombre pueda estar orgulloso de su hijo. entonces nada te impedirá hacerte rico. como le sucedió a tu tío Deane. Wakem ya lo sabe! -exclamó Tulliver. Sentía curiosidad por saber todo lo que se había dicho en cada ocasión y. -Me habría gustado que trajeras el dinero para mirarlo. hijo -dijo con voz más fuerte. ¡Ah! -exclamó. Sin duda. Tom era bueno. si alguna vez eres lo bastante rico. Tom y Maggie temieron que la súbita alegría fuera excesiva para él. con los ojos brillantes de fuego triunfal-. y en la dulce humildad que brota de nosotros en momentos de sincera admiración y gratitud. en cuanto crecieras. gracias a la magia de la alegría. alzó los ojos a su mujer. en lugar d'esa pobre criatura jorobada! Prosperarás en este mundo. El tío Deane ha citado a los acreedores mañana en The Golden Lion y ha encargado una comida para ellos a las dos. muchacho -dijo. Les diré que has sido tú quien ha reunido la mayor parte del dinero. padre -dijo Tom-. que durante largo tiempo no había albergado más que amargo descontento y malos presentimientos. intenta comprar de nuevo el molino. el tío Glegg me prestó un poco de dinero para comerciar y me ha ido bien. En cuanto pronunció las últimas palabras.. si era posible. Tendrás que pronunciar unas palabras ante ellos. por primera vez. incluso lo que se había pensado. Tom permaneció en silencio unos instantes antes de añadir: -Hace tiempo. y yo tengo esa suerte. tras tomar un poco de brandy con agua-. Pero su padre permanecía en silencio: la emoción le impedía hablar... El pecho ancho suspiró. -Dame la mano. Y. -¡Oh. el señor Tulliver quiso conocer todos los detalles de las aventuras comerciales de Tom y los escuchó con animación y deleite. lo arreglarías todo de nuevo -dijo. de visiones de fortuna. ¿Tenemos una copa de algo en la casa. corría junto a su padre y se arrodillaba a su lado. tráemelo. en cambio. Pero una influencia sutil le impedía ver ese futuro afortunado como propio. Bessy? -Sí -dijo la señora Tulliver. Tom -dijo. con un sonido gutural. quizá llegues a ver el día en que Wakem y su hijo se encuentren por debajo de ti. recobrando una respiración regular. hijo mío.. -Lo verá usted mañana. su madre le echó los brazos al cuello. Finalmente. No sintió celos aquella noche cuando. -Bessy. y Maggie olvidó sus agravios sin proponérselo. los músculos del rostro se relajaron y el hombre de cabello gris estalló en sonoros sollozos. ella no. hijo mío! Sabía que.

seguro de sí mismo. y el deseo de tomar agua con brandy implicaba que una alegría demasiado repentina había caído como un sobresalto peligroso en un cuerpo deprimido por cuatro años de tristeza y una carga inusualmente dura. Pero la irritación y triunfo hostil pareció diluirse durante un rato en el más puro orgullo y placer paterno cuando. pero que nunca rebasaba los limites de la moderación. 203 Librodot . -¿Qué te pasa. Pero aquel primer momento de inestabilidad pasó y pareció recuperar las fuerzas a medida que incrementaba su entusiasmo y.. estuvo lleno de vívidas fantasías. Soñaba. de otro modo. A las cinco y media de la mañana.. Se alegraba de haber podido ayudar a su padre a demostrar su integridad y recuperar su buen nombre y. con la cabeza gacha. -¡Ah! . al día siguiente. ¿He hecho ruido?. que había gastado mucho dinero en la educación de su hijo. por lo general. que el señor Tulliver destacó. Él la miró con aire desconcertado. Capítulo VII Juicio final El señor Tulliver era un hombre esencialmente sobrio. Poseía un temperamento activo. Fue algo afortunado que se interesara por la narración de los hechos y contuviera la vaga.. Pronunció un discurso y declaró sus honrados principios con su antiguo entusiasmo. Pero el aplauso que siguió fue tan grande y Tom tenía un aire tan caballeroso. a modo de explicación a sus amigos situados a su izquierda y a su derecha. pero que gracias al esfuerzo y a la ayuda de un buen hijo. -dijo finalmente-. como si contuviera asombrosas sorpresas. cuando la señora Tulliver se levantaba. esperaba no deshacer lo hecho ni manchar su apellido. Evocó la historia juvenil de Bob. desde que la sensación de fracaso y las deudas habían caído sobre él: cuando. cuando llegó. aunque intensa. lanzaba miradas breves y reticentes si no tenía otro remedio. se alarmó al ver que su marido se incorporaba con un grito ahogado y miraba con aire desconcertado hacia las paredes del dormitorio. había triunfado sobre ellos. cabalgando. su impetuosidad estaba a la altura de cualquier ocasión excitante sin refuerzos de esa clase. tal como la conocía. con los ojos encendidos y las mejillas sonrojadas con la conciencia de que estaba a punto de ofrecer de nuevo una apariencia honorable... capaz de tomar una copa a gusto. Tulliver? -preguntó su esposa. se parecía al Tulliver de otros tiempos. actitud frecuente cuando se recuerda la infancia de los grandes hombres. después de que se propusiera un brindis a la salud de Tom y el tío Deane aprovechara la ocasión para dirigir unas pocas palabras de elogio sobre el carácter y la conducta de éste. Con todo. este sentimiento se imponía de vez en cuando y lo empujaba a repentinos estallidos de exclamaciones que no venían al caso. habría sido el canal por el que habría fluido su alegría con peligrosa fuerza. que no necesitaba fuego liquido para animarse. por su parte. cuando se encontró sentado ante la mesa con sus acreedores. Estaba soñando que lo tenía agarrado entre las manos. aludió a los bribones y a la suerte que había tenido en contra. sensación de triunfo sobre Wakem que. el señor Tulliver tardó en conciliar el sueño y éste. el muchacho se puso en pie y pronunció el único discurso de su vida. terminó su intervención contando el modo en que Tom había conseguido la mayor parte de aquel dinero tan necesario. tal como había sido su costumbre durante los últimos cuatro años. mucho más de lo que le habría parecido posible a cualquiera que se hubiera cruzado con él una semana antes. orgulloso.. similar al de Hotspur. Aquella noche. tan alto y derecho.Librodot El molino de Floss George Eliot 203 lo empujó a extraños estallidos de afinidad con la triunfante sabiduría de aquel notable buhonero. cálido en el trato y en el carácter. Difícilmente pudo haber sido más breve: dio las gracias a los caballeros presentes por el honor que le habían hecho.

lo agarró por el brazo izquierdo.. al volver la cabeza. de camino hacia el puente. Es un bribón demasiado grande para que lo cuelguen. sino que cabalgó lentamente. Tal vez la suerte estaba empezando a cambiar: quizá el demonio no tenía siempre las mejores cartas en este mundo. La visión de aquel hombre tan odiado a su merced lo lanzó a un frenesí de venganza triunfal que parecía darle una agilidad y una fuerza extraordinarias. No quiero que la bebida me ayude a tomar la decisión de no seguir trabajando para un sinvergüenza. abandone mis tierras mañana. Se encontraron a unas cincuenta yardas de las puertas. -Tulliver -dijo Wakem bruscamente. de modo que todo el peso del hombre se apoyaba en el derecho. Wakem advirtió que algo había detenido el brazo del señor Tulliver. contenga su lengua insolente y déjeme pasar. tiró al jinete de la silla y lo echó al suelo junto a él. -No. se lanzó hacia delante. que seguía sobre el suelo. El aire de animación que lo envolvía apenas se debía al buen humor o a cualquier otro estímulo. -¡Muy bien! Entonces. tras retroceder y tambalearse. vio que Tulliver no se había detenido por temor a lastimar a la joven que se aferraba a él. todo lo dicho y hecho. búsquese para ese trabajo a uno que quiera recibir clases. pero no obtuvo ninguna hasta que se oyó el grito de una mujer y el grito de «¡Padre. sino porque ésta le sujetaba los brazos con todas sus fuerzas. Quizá Wakem hubiera salido aquel día de la población a propósito para no ver ni oír nada sobre el acto honorable que había tenido lugar y que tal vez lo mortificara un poco. y el muy bribón tal vez se achantara un poco ante su altivez fría y dominante. espoleando su caballo y alzando el látigo. el señor Tulliver se aproximó a la puerta de la cerca del molino de Dorlcote y se acercó lo bastante para ver que una figura bien conocida salía por ella montada en un hermoso caballo negro. bruto ignorante. o me echaré encima. Con los pensamientos en ebullición. es. Tulliver estaba haciendo retroceder a su caballo para bloquear el paso a Wakem. que estaba intentando ponerse en pie. y le azotó ferozmente la espalda con la fusta. Entonces. De repente. Padre!». Si por casualidad se encontraba con Wakem. furioso-. con la cabeza bien alta y mirando de un lado a otro por la calle principal. Primero le diré lo que pienso de usted. Pero no se dirigía a Wakem. podría haberse levantado y haber montado de nuevo sin más inconvenientes que una sacudida y una contusión. El señor Tulliver. -No. Qué tontería es esa que ha hecho esparciendo los terrones duros en el cercado. Wakem tuvo la presencia de ánimo de soltar la brida de inmediato y.. entre los grandes castaños y olmos y el talud. Wakem gritó pidiendo ayuda. -¡Oh! -dijo Tulliver. furioso. estallando repentinamente-. sino al fuerte vino de la alegría triunfante. no pienso dejarle pasar -dijo Tulliver. -Imagino que ha estado bebiendo -dijo Wakem. Pero antes de que pudiera levantarse. y el caballo de Wakem. Se precipitó hacia Wakem. no he bebido -dijo Tulliver-. Tom permaneció en Saint Ogg's para ocuparse de algunos asuntos y el señor Tulliver montó su caballo para dirigirse a casa y describir los memorables acontecimientos. en tono más altivo que de costumbre-. -Déjeme pasar. a «la pobre Bessy y a la mocita». convencido de que eso explicaba el rostro congestionado de Tulliver y el brillo de sus ojos. 204 Librodot . Ya le dije lo que tenía que hacer. Ese día no escogió ninguna calle apartada. el señor Tulliver lo miraría directamente a la cara. El abogado se levantó lentamente y.Librodot El molino de Floss George Eliot 204 El grupo se separó con toda sobriedad a las cinco. ¿Por qué no podía encontrarse con Wakem? Le mortificaba que no se produjera esa coincidencia y se puso a darle vueltas a la idea con cierta irritación. mientras el caballo daba unos cuantos pasos tambaleándose y recuperaba el equilibrio. ya que cesaron los azotes y la mano que lo sujetaba se relajó. -¡Fuera! ¡Vete! -gritó Tulliver. Tulliver había desmontado.. pero algunos no son capaces de aprender a trabajar la tierra con método. No tardaría en entender que no iba a seguir teniendo a su servicio a un hombre honrado y que su honradez dejaría de llenar una bolsa ya llena de ganancias ilícitas.

a su lado. soltó a su padre y estalló en sollozos histéricos. el descanso lo curaría. Estoy mareado. Bob Jakin iba con él. Tom se sentía abatido al pensar que sus esfuerzos ejemplares siempre se veían frustrados por los errores ajenos: Maggie revivía. Con cierta dificultad subieron a Wakem al caballo de Tulliver. estoy débil -dijo-. -Ayúdame a subir a este caballo. Sin embargo. perfectamente consciente. Entró lentamente. había acudido con la intención de felicitar «al antiguo amo». -¿No sería mejor que enviáramos a buscar al médico? -dijo la señora Tulliver. -Me da igual -dijo el señor Tulliver con voz gruesa y feroz-. Después. sostenido por su esposa y su hija. Probablemente. me parece que tengo el brazo dislocado. Después de que le comunicaran las dolorosas noticias. Tom permaneció sentado y en silencio: no tenía ánimos ni ganas de contar a su madre y a su hermana nada de lo sucedido durante la comida. entre en casa! -imploró Maggie. Tom. maldita sea. las cosechas salen mezcladas. temblando de miedo. y Tom había pensado que a su padre le encantaría terminar el día charlando con Bob. La sorpresa puso fin a las lágrimas. no por el centro del pueblo. éste empezaba a sujetarse y a apoyarse en ella. Tom. tuvo la sensación de que acababa de acostarse cuando se despertó y encontró a su madre de pie. no tardó en caer en un profundo sueño. Ayúdame a entrar en casa. Él parecía sufrir demasiado y encontrarse demasiado débil para oírla. Ayudadme a meterme en la cama. iluminada por la luz grisácea del amanecer. quizá pueda. que es más bajo -dijo Wakem a Luke-. Bessy. el agónico momento en que corrió para lanzarse sobre el brazo de su padre. aunque. -Me encuentro mal. Media hora después de que su padre se hubiera acostado. Sin embargo. me duele la cabeza.Librodot El molino de Floss George Eliot 205 -¡Luke! ¡Madrel ¡Vengan a ayudar al señor Wakem! -gritó Maggie cuando por fin oyó que se acercaban unos pasos. con un vago y siniestro presentimiento de las penas que los esperaban. Vaya por ahí enseñando cómo tiene la espalda y diga que le he dado latigazos. Su hija es testigo de que me ha atacado. Se diría que en el tejido de su vida. como consecuencia necesaria de la pasión violenta y el esfuerzo realizado tras varias horas de una excitación extraordinaria. viendo que Wakem se había marchado y que ya no era posible que se repitieran las escenas de violencia. a medida que soltaba a su padre. mientras la pobre señora Tulliver permanecía en pie en silencio. ¡Triste final del día que había amanecido para todos como el principio de tiempos mejores! Pero cuando se mezclan las semillas. la miró. no sin cierto orgullo justificado por el modo en que había contribuido a la suerte del señor Tom. 205 Librodot . pálido de ira-. había caído enfermo. Por el transbordador de Toften. y ellas apenas se preocuparon de preguntárselo. simplemente. -Hijo. nada de médicos -dijo-. Ninguno de los tres estaba particularmente alarmado por la salud del señor Tulliver: los síntomas no se parecían a los del anterior ataque y se diría que. -Lleva mi caballo a mi casa -ordenó Wakem a Luke-. -¡Padre. se lo aseguro -dijo. tuvo que pasar la tarde en la triste espera de las consecuencias desagradables que tendría el loco estallido de aquella rabia que su padre había contenido durante tanto tiempo. -¿Al médico? No. cansado tras un día tan agitado. una y otra vez. Sólo me duele la cabeza. -Lo pagará muy caro. levántate ahora mismo: he mandado a buscar al médico y tu padre quiere que Maggie y tú vayáis a su lado. El tono encendido de su rostro se había convertido en palidez y tenía las manos frías. y se tambaleó hasta el sillón. Cuénteles que ahora este mundo es un poco más justo. las hebras se entrelazaban de tal modo que no podían tener una alegría sin que llegara enseguida la pena. pero cuando la señora Tulliver dijo a Maggie: «Encárgate de que alguien vaya a buscar al médico». Tom llegó a casa. Después se volvió hacia el molinero. Maggie advirtió que.

. como si quisiera apartar un peso que lo aplastara. Entonces llegó la ayuda: aparecieron Luke y su esposa y también el doctor Turnbull. -Este mundo. El padre y el hijo se estrecharon la mano con fuerza y se miraron unos instantes.. mientras un frío rocío le cubría la frente.. -Sí.Librodot El molino de Floss George Eliot 206 -¿Está peor.. -No. No volveré a levantarme. Dame un beso. Este mundo ha sido demasiado para mí. Nunca he querido nada más que lo que es justo. La señora Tulliver estaba de pie a los pies de la cama. Alguien te querrá y estará de tu parte. asustada y temblorosa. con aspecto ajado y envejecido tras la noche en vela. Al final. Maggie y Tom se vistieron apresuradamente bajo la fría luz grisácea y llegaron al dormitorio de su padre casi en el mismo momento.. ve a buscar al chico y a la chica. Sólo ha dicho de repente: «Bessy. querido padre -dijo Maggie con una indecible ansiedad que se imponía sobre su dolor-: ¿le perdona? ¿Perdona a todo el mundo? No movió los ojos hacia ella. hijo. El padre volvió los ojos hacia Maggie con una mirada todavía más inquieta cuando ella.. sin poderse contener. En dos o tres ocasiones pronunció palabras inconexas. Tom y Maggie bajaron juntos al 206 Librodot . Pero no la muerte. se arrodilló para estar más cerca del querido y ajado rostro que... No le perdono. Ven.. -Pero padre. el pecho se movió y continuó la respiración ruidosa y pesada. las palabras se abrieron paso. había sido para ella símbolo del amor más profundo y del más duro de los sufrimientos. Movió las manos con inquietud. pero con la mirada consciente y alerta. Él los aguardaba con el ceño fruncido de dolor. Al final llegó la calma y la pobre y poco iluminada alma de Tulliver dejó de sufrir con el doloroso misterio de este mundo. Ha sido justo... luchando por hablar. los ojos dejaron de ver y llegó el silencio final.. Durante algo mas de una hora. intenta compensarla tanto como puedas por mi mala suerte.. hijo. Dame la mano. -Debes cuidarla. sin atreverse a moverse.. no será muy severo conmigo... Y debes ser bueno con ella. Yo siempre m’he portado bien con mi hermana. Diles que se den prisa». una y otra vez.. hijo. Y la mocita. mirando hacia Tom-. mocita. Tom.. mocita mía. intenta recuperar el molino. intenta pagar una tumba de obra para que tu madre y yo podamos estar juntos.? -Sí... durante largos años.. no t’inquietes. ¿tiene usted algún deseo que yo pueda cumplir cuando. -¿Acaso Dios perdona a los bribones? Si los perdona. Tom.. apartó la vista y permaneció en silencio durante unos minutos mientras lo observaban. pero no ha dicho que se encontrara peor. padre. -Por lo menos.. Le pegué --dijo finalmente. antes de que me vaya. pero su padre miró a Tom. -En cuanto a tu madre.. qué enredoso. Tras decir estas palabras. hijo mío. Maggie llegó primera a la cabecera.. el cual se acercó y se detuvo a su lado. La luz del amanecer era ya más intensa y pudieron ver que sus rasgos se hacían más pesados y los ojos más opacos. ¿De qué sirve el perdón? No puedo querer a un bribón.. llegó mi momento.. pero tú has hecho todo lo que has podido por hacerlo un poco más justo.. haciéndose cada vez mas lenta.. Maggie. es demasiado.. -Padre -dijo Tom. intentando hablar con voz firme-.. madre? -Ha pasado la noche con mucho dolor de cabeza.. Bessy.. pero quena decir algo más y movió los labios. un hombre honrado. Tenía la voz cada vez más ronca.. Pronto se convirtieron en balbuceos... -Tom. demasiado tarde para nada más que certificar la muerte.

perdóname -dijo Maggie-. Ambos volvieron los ojos hacia el mismo lugar. -Tom. donde el sillón de su padre estaba vacío. Querámonos siempre el uno al otro. 207 Librodot .Librodot El molino de Floss George Eliot 207 salón. Se abrazaron y se echaron a llorar.

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Volumen III

Libro sexto
La gran tentación

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Capítulo I El dúo en el paraíso
El bien amueblado salón con el piano de cola abierto y la agradable vista sobre un jardín que desciende suavemente hasta un cobertizo situado en un embarcadero junto al Floss es el de la casa del señor Deane. La pulcra damita vestida de luto cuyos tirabuzones de color castaño claro caen sobre el bordado de colores en que entretiene los dedos es, naturalmente, Lucy Deane; y el apuesto joven que se inclina de su silla para cerrar las tijeras con un chasquido ante el rostro diminuto del spaniel King Charles acostado sobre los pies de la joven dama no es otro que Stephen Guest, cuyo anillo con un brillante, perfume a rosas y aire de ociosa despreocupación a las doce del mediodía son el gracioso y aromático resultado del mayor molino de aceite y el muelle más grande de Saint Ogg's. El gesto con las tijeras es de una trivialidad aparente, pero el lector percibe al instante que hay detrás una intención que lo hace digno de un joven de cabeza grande y largos miembros; porque el lector advierte que Lucy desea las tijeras y se ve obligada, aunque a regañadientes, a echar atrás los rizos, alzar los dulces ojos de color avellana y sonreír amablemente al rostro que tiene a la altura de las rodillas mientras tiende la nacarada mano. -Haga el favor de darme las tijeras, si es capaz de renunciar al gran placer de mortificar a mi pobre Minny. Al parecer, las tontas tijeras se han trabado en los nudillos y Hércules le tiende los dedos, atrapados sin remisión. -¡Malditas tijeras! El ojo ovalado está al revés. Por favor, quítemelas. -Quíteselas con la otra mano -sugiere Lucy con picardía. Ah, es que es la mano izquierda y yo no soy zurdo. Lucy se ríe y saca las tijeras dando golpecitos con sus diminutos dedos, cosa que, como es natural, predispone al señor Stephen a iniciar una repetición da capo, por lo cual aguarda a que éstas queden libres otra vez para apoderarse de ellas. -No, no -protesta Lucy, guardándolas -. No voy a dejar que las coja otra vez, ya me las ha forzado. Y no haga gruñir a Minny. Si se sienta y se comporta correctamente, le daré una noticia. -¿De qué se trata? -preguntó Stephen, recostándose en la silla y pasando el brazo derecho por encima de una de las esquinas del respaldo. Podría haber estado posando para un retrato que representara a un apuesto joven de veinticinco años, de frente cuadrada, cabello de color castaño oscuro, corto y tieso, pero con una ligera ondulación en las puntas, como un denso campo de trigo, y una mirada entre ardiente y sarcástica bajo unas bien perfiladas cejas horizontales-. ¿Es una noticia muy importante? -Sí, mucho. Adivínela. -Que va a cambiar la dieta de Minny y le va a dar a diario tres galletitas de ratafía mojadas en nata. -Totalmente equivocado. -Bien; entonces, que el doctor Kenn ha estado predicando contra el bucarán y las damas de la localidad le han enviado una petición colectiva diciéndole que es una doctrina muy dura y no pueden soportarla. -¡Debería darle vergüenza! -exclamó Lucy, frunciendo los labios con seriedad-. Es muy antipático por su parte que no lo adivine, porque se trata de algo que le mencioné hace poco. -Pero usted me ha hablado de muchas cosas. ¿Acaso su tiranía femenina exige que cuando dice que lo ha mencionado alguna vez, yo lo adivine de inmediato? -Sí, ya sé que piensa que soy boba. -Pienso que es usted encantadora. -¿Y la bobería forma parte de mi encanto? 209

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-Jamás dije tal cosa. -Pero yo sé que le gusta que las mujeres sean sosas. Philip Wakem lo traicionó y dijo eso un día cuando usted no estaba. -Oh, ya sé que Phil se lo toma muy en serio, lo convierte en una cuestión personal. Me parece que tiene que estar enamorado de alguna dama desconocida, alguna maravillosa Beatriz que conoció en el extranjero. -¡Por cierto! -exclamó Lucy, dejando unos instantes la labor-. Se me acaba de ocurrir que no he averiguado si mi prima Maggie se negará a ver a Philip, tal como hace su hermano. Tom no quiere entrar en una sala si sabe que Philip está allí. Quizá Maggie piense igual y entonces no podremos formar el coro. -Vaya, ¿su prima va a venir a pasar unos días? -preguntó Stephen con expresión de ligero fastidio. -Sí, ésa era la noticia que usted había olvidado. Va a dejar su trabajo, en el que ha pasado casi dos años, pobrecilla. Desde que murió su padre. Y se quedará conmigo un mes o dos. Espero que varios meses. -¿Y se supone que debo alegrarme con esa noticia? -Oh, no. En absoluto -dijo Lucy, con aire levemente ofendido-. Yo sí estoy contenta, pero eso, naturalmente, no es motivo para que usted se alegre. Mi prima Maggie es la amiga que mas quiero en este mundo. Y supongo que, cuando esté aquí, serán ustedes inseparables. No tendré la menor posibilidad de volver a tener un tête á tête con usted, a menos que le encuentre usted un admirador con el que emparejarla de vez en cuando. ¿Y cuál es la causa de ese rechazo hacia Philip? Podría haber sido un buen recurso. -Es una pelea de familia con el padre de Philip. Creo que fue en circunstancias muy dolorosas, pero nunca lo he entendido ni lo he sabido todo. Mi tío Tulliver tuvo mala suerte y perdió todas sus propiedades, y, según creo, consideraba que el señor Wakem era, de un modo u otro, la causa. El señor Wakem compró el molino de Dorlcote, la antigua casa de mi tío, donde había vivido toda su vida. Recordará usted a mi tío Tulliver, ¿verdad? -No -contestó Stephen con una indiferencia algo altiva-. Conozco el nombre de toda la vida y me atrevería a decir que conocía de vista al individuo. Conozco la mitad de los nombres y rostros del vecindario, pero soy incapaz de relacionarlos. -Era un hombre muy irascible. Recuerdo que cuando era pequeña e iba a visitar a mis primos, muchas veces me asustaba porque hablaba como si estuviera enfadado. Papá me contó que hubo una pelea terrible la misma víspera de la muerte de mi tío entre él y el señor Wakem, pero se echó tierra sobre el asunto. Todo esto sucedió cuando usted estaba en Londres. Papá dice que mi tío se equivocó en muchas cosas, que era un hombre amargado. Sin duda, para Maggie y para Tom ha de ser muy doloroso recordar estas cosas. Han sufrido muchos, muchos disgustos. Seis años atrás Maggie estaba conmigo en el colegio cuando se la llevaron debido a la desgracia de su padre y, según creo, desde entonces no ha conocido apenas ninguna diversión. Desde la muerte de su padre, ha tenido un empleo muy precario en un colegio, porque está decidida a ser independiente y no vivir con la tía Pullet; y entonces no le pude pedir que viniera conmigo porque mi querida mamá estaba enferma y todo era muy triste. Por eso quiero que venga ahora y pase unas vacaciones muy, muy largas. -Eso es muy amable y angelical por su parte -dijo Stephen, mirándola con una sonrisa de admiración-, y todavía más si la muchacha posee la misma capacidad para la conversación que su madre. -¡Pobrecita tía! Es usted cruel al ridiculizarla. Sé muy bien lo útil que me resulta. Lleva la casa muy bien, lo hace mucho mejor que cualquier desconocida. Y fue para mí de gran consuelo durante la enfermedad de mamá. -Sí, pero en lo que respecta a la compañía, prefiero la de sus cerezas al brandy y los pastelillos de crema. Me estremezco al pensar en que su hija esté siempre presente en persona, 210

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sin los agradables representantes de su madre: una chica rubia y gorda, con redondos ojos azules que nos mire fijamente en silencio. -¡Oh, sí! -exclamó Lucy, riendo con malicia y batiendo palmas-. ¡Así es exactamente mi prima Maggie! ¡Seguro que la ha visto alguna vez! -Lo cierto es que no: sólo adivino cómo tiene que ser la hija de la señora Tulliver. Y además, si va a echar a Philip, lo más parecido que tenemos a un tenor, será un fastidio adicional. -Espero que no. Me parece que le rogaré a usted que visite a Philip y le diga que Maggie vendrá mañana. Conoce bien los sentimientos de Tom y siempre se mantiene alejado; de modo que si usted le dice que le he rogado que le advierta que no venga hasta que yo le escriba pidiéndoselo, lo entenderá -Preferiría que escribiera una notita. Phil es tan sensible que cualquier cosa bastaría para que dejara de venir, y nos costó mucho que participara. No consigo convencerlo nunca de que venga al Park: me parece que no le gustan mis hermanas. Sólo su toque feérico, Lucy, consigue aplacar sus plumas alborotadas. Stephen se apoderó de la manita que se extendía hacia la mesa y la rozó con los labios. La pequeña Lucy se sentía feliz y orgullosa. Ella y Stephen se encontraban en esa etapa del cortejo que constituye el instante más exquisito de la juventud, el más tierno momento de floración de la pasión: cuando ambos están seguros del amor del otro pero no ha habido ninguna declaración formal y todo son adivinaciones mutuas que exaltan las palabras más triviales y el menor gesto para convertirlos en estremecimientos delicados y deliciosos como vaharadas de aroma a jazmín. Cuando el compromiso se hace explícito desaparece este sutil estado de susceptibilidad: entonces el jazmín está ya cogido y presentado en un gran ramo. -Es rarísimo que haya adivinado tan exactamente el aspecto y los modales de Maggie comentó la maliciosa Lucy, encaminándose a su escritorio-, porque bien podría haber sido como su hermano; y Tom no tiene los ojos redondos y jamás se le ocurriría mirar fijamente a los demás. -¡Oh! Supongo que Tom salió a su padre, parece más orgulloso que el diablo. Aunque tampoco es un compañero muy brillante, diría yo. -Me gusta Tom. Me regaló mi Minny cuando perdí a Lolo. Y papá lo quiere mucho, dice que Tom tiene excelentes principios. Gracias a él, su padre pudo pagar todas las deudas antes de morir. -Ah, sí. Ya lo he oído contar; oí que su padre y el mío hablaban de ello en una de las interminables conversaciones de negocios que mantienen después de comer. Piensan hacer algo para ayudar al joven Tulliver, ya que les evitó enormes pérdidas cabalgando hasta aquí como un héroe, algo así como Turpin, para informarles de que un banco iba a suspender pagos o algo parecido, pero en aquel momento yo estaba medio dormido. Stephen se levantó del asiento y paseó en dirección al piano, tarareando en falsete la melodía de «Amado consorte» mientras pasaba las páginas del volumen de La creación que permanecía abierto en el atril. -Venga usted a cantar esto -dijo cuando vio que Lucy se levantaba. -¿«Amado consorte»? No creo que encaje con su voz. -No importa, encaja exactamente con mis sentimientos, que, como diría Philip, es lo fundamental para cantar bien. He advertido que muchos hombres con voces mediocres tienden a ser de esa opinión. -El otro día Philip la tomó contra La creación -comentó Lucy, sentándose al piano-. Dice que contiene cierta complacencia dulzona, cierta fantasía aduladora, como si se hubiera escrito para la fiesta de cumpleaños de un gran duque alemán. -Bah, él es el Adán caído y amargado; nosotros somos unos Adán y Eva que no caen y viven en el paraíso. Bien, empecemos por el recitativo, honrando a la moral. Usted cantará lo que es el deber de la mujer: «Obedecerte me procura alegría, felicidad y gloria». 211

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-Oh, no. No pienso respetar a un Adán que lleva el tempo tan lento como usted -dijo Lucy, empezando a tocar el dúo. Sin duda, el único cortejo que no conoce dudas ni temores será aquel en que los enamorados puedan cantar juntos. La sensación de mutua afinidad que surge de las dos notas profundas que satisfacen la expectación en el momento oportuno entre las notas de la voz argentina de la soprano, del acorde perfecto de las terceras y las quintas descendentes, de la amorosa persecución de una fuga acordada... es probable que todo ello sustituya a cualquier exigencia inmediata de formas de acuerdo menos apasionadas. La contralto no se ocupa de catequizar al bajo; el tenor no temerá una embarazosa falta de conversación en las tardes que pase con la hermosa soprano. En las provincias, donde la música era tan escasa en aquellos tiempos remotos, ¿cómo podían los aficionados a la música dejar de enamorarse unos de otros? Incluso los principios políticos debían de correr peligro de relajarse en esas circunstancias; y un violín fiel a los burgos podridos debía de sentirse tentado de confraternizar de modo desmoralizador con un violoncelo reformista. En ese caso, la soprano con garganta de pájaro y el bajo de voz plena cantarían:

Junto a ti aumenta cada gozo, junto a ti la vida es alegría.
Y se lo creerían, especialmente porque lo cantaban. Ahora, cantemos el gran fragmento de Rafael -dijo Lucy cuando terminaron el dúo- Lo de «la tierra cede bajo el peso de las bestias» le sale a usted a la perfección. -Eso parece un cumplido -señaló Stephen, mirando el reloj de bolsillo-. ¡Por Júpiter, si es casi la una y media! Bueno, sólo puedo cantar eso. Stephen cantó con admirable facilidad las profundas notas que representaban la amenaza de las pesadas bestias: pero cuando un cantante tiene dos oyentes, siempre es posible la disparidad de opiniones. La dueña de Minny estaba encantada, pero el perro, que se había atrincherado en su cesta, temblando, en cuanto empezó a sonar la música, consideró que aquel trueno era tan poco de su gusto que saltó y se marchó correteando hasta el más remoto chiffonier, considerándolo el lugar más seguro Para que un perrito esperara el juicio final. -Adiós, amada consorte -dijo Stephen, abrochándose la chaqueta en cuanto terminó de cantar, sonriendo desde su alta estatura con el aire de amado condescendiente, a la damita situada delante del atril-. Mi gozo ya no aumenta, porque tengo que marcharme a casa. He prometido estar allí para comer. -Entonces, ¿no podrá usted pasar a ver a Philip? No importa, se lo he dicho todo en la nota. -Mañana estará usted ocupada con su prima, imagino. -Sí, vamos a celebrar una pequeña fiesta familiar. Mi primo Tom comerá con nosotros y la pobre tiíta tendrá a sus dos hijos junto a ella por primera vez en mucho tiempo. Será muy bonito y me hace mucha ilusión. -¿Podré venir pasado mañana? -¡Oh, sí! Venga y le presentaré a mi prima Maggie, aunque, en realidad, se diría que ya la ha visto... La ha descrito tan bien... -Adiós, entonces. Tras una leve presión de las manos y un breve encuentro de miradas como aquéllos, es frecuente que una damita quede levemente ruborizada y con una sonrisa en los labios que no desaparece en cuanto se cierra la puerta, y tienda a caminar de aquí para allá por la habitación en lugar de sentarse tranquilamente ante su bordado u otra ocupación racional y edificante. Por lo menos, ése fue el efecto que causó en Lucy; y espero que no consideres, lector, indicio de que la vanidad se imponía sobre otros impulsos más tiernos el que echara algún vistazo al espejo de la chimenea cuando sus pasos la acercaban a éste. El deseo de saber que una no ha tenido aspecto de espantajo durante las escasas horas de conversación puede considerarse 212

Librodot

Los hombres desean que las mujeres sean hermosas: bien. Lucy lo era. había tenido que desafiar y vencer la leve renuencia y la decepción de su padre y sus hermanas. La prima Maggie debía recibir el mismo trato que una gran dama: no. ¿Acaso Stephen Guest no acertaba en su decidida opinión al pensar que aquella esbelta doncella de dieciocho años era exactamente el tipo de esposa con la que un hombre no se arrepentiría de haberse casado? Una mujer afectuosa y considerada con otras mujeres. amables. tras alzar la brillante cabeza del perro hasta su rosada mejilla. pues tal vez Stephen aprobaba su elección precisamente porque Lucy no le parecía una rareza. Incluso en este momento. además. de la que nadie se ocupaba. Los hombres desean que sus esposas sean damas cumplidas. Había elegido a Lucy de modo plenamente consciente: era una muchacha adorable y exactamente el tipo de mujer que siempre había admirado. agachándose en respuesta a los gemidos del pequeño cuadrúpedo. circunstancia que da a cualquier joven una agradable conciencia de su dignidad. se observa en sus ojos avellana una omnipresente y risueña benignidad en la que los efímeros destellos de vanidad casi han desaparecido.Librodot El molino de Floss George Eliot 213 parte de una atención laudable y generosa hacia los demás. al que alimentaba con su propia mano cuando lo sacaban al cercado. Minny? -dijo. a la mujer que probablemente lo haría feliz. a riesgo de parecer demasiado trivial. Simbad era el caballo zaino de Lucy. aunque Lucy era sólo la hija de un socio menor de su padre.. sin dejarse influir por consideraciones indirectas. algo fétido. y el mejor ramo de flores primaverales sobre la mesa. pero no de modo enloquecedor. A Maggie le gustaría todo aquello. ¡le gustaban tanto las cosas bonitas! Y la pobre tía Tulliver. porque tendría en su dormitorio los mejores dibujos e ilustraciones de Lucy. Quizá la admiración de Stephen no ponía énfasis en esta poco frecuente cualidad. no tenía tiempo que perder recreándose en los sueños sobre sus felices amoríos! Con estos pensamientos se dirigió hacia la puerta. de la misma manera que en otras personas. mientras camina arriba y abajo con un latido levemente triunfal en su corazón juvenil y la sensación de que la ama la persona más importante de su reducido mundo. la hija de un miembro del gobierno local. su pensamiento pasa continuamente de Stephen a los preparativos inacabados para la habitación de Maggie. es porque sus pensamientos se mezclan rápidamente con todas los dulces afectos y bondadosos cometidos con que llena sus apacibles días. al igual que con los pequeños placeres de aquellos animalitos que mordisqueaban la comida y que. ¡Desde luego. -¿Qué te pasa. vamos a ver a Simbad. Le gustaba dar de comer a los animales dependientes.. A Stephen no le sorprendía advertir que estaba enamorado de ella y era consciente de su buen juicio al preferirla a la señorita Leyburn. sino que se interesaba realmente por sus sufrimientos semiocultos y disfrutaba proporcionándoles pequeños placeres. Y el carácter de Lucy era tan benevolente que tiendo a creer que impregnaba incluso sus pequeños egoísmos. llamaré aquí los roedores más familiares. afectuosas y que no sean tontas: Lucy poseía todas esas cualidades. se llevaría una sorpresa cuando recibiera una cofia buenísima y el brindis en su honor que Lucy pensaba organizar con su padre aquella tarde. los pequeños gestos benevolentes poseen un aroma. a egoísmo. que no les daba besos de judas mientras escudriñaba en busca de bienvenidos defectos. Capítulo II Primeras impresiones 213 Librodot . y si es feliz cuando piensa en su enamorado. mejor incluso. pero allí se detuvo. conocía los gustos de todos los seres de la casa y se deleitaba con el murmullo de los canarios cuando tenían el pico lleno de semillas. Stephen sabía que poseía sensatez e independencia suficientes para escoger. añadió-: ¿Pensabas que me marchaba sin ti? Ven. Incluso en este momento. con esta alternancia instantánea que hace que dos corrientes de sentimientos o fantasías parezcan simultáneas. de todos conocidas.

Pero cuando está conmigo nunca lo dudo. Estaba arrodillada sobre un escabel. sonriendo lánguidamente mientras se levantaba de la butaca y miraba desde su alta estatura a su prima menuda y aérea. como Cenicienta. un pingajo. -Prefiero no estar comprometida: cuando llega el compromiso todos piensan en casarse pronto -confesó Lucy. aunque no soportaría que nadie. sonrojándose del cuello a la frente-. Maggie. Algunas veces me asusta la idea de que Stephen me diga que ha hablado con papá y. Pero ayer intentaba imaginarte con un traje hermoso y a la moda y. junto con las telas de araña y el polvo de la alfombra. Pero él sí loes. si yo me pusiera un traje ajado. podrás dejarlo. no. estoy segura de que él y el señor Guest están esperándolo. el viejo vestido lacio de lana merino regresaba como lo único adecuado para ti. Desearía que mi madre pensara lo mismo que tú. yo que soy tan poca cosa. Parece fuera de lugar que me vaya a vivir a un lugar enorme como Park House. Dime. ya puedes -dijo Lucy riendo. a los pies de Maggie. resultaría muy insignificante. -Levántate un momento. supiera lo que siento. ¿las hermanas de Stephen son gigantas? -Oh. un poco arrepentida de aquella observación tan poco caritativa-. con aire de seriedad. Después. todos lo consideran muy apuesto. por lo menos. no sé! -dijo Lucy. bueno. Pero debemos cambiar los broches. si no le doy mi aprobación. En cambio. Espero que te guste. Maggie. aunque no pienso contarte en qué consiste. -Difícilmente me daré. excepto tú. -Te aseguro que es demasiado bueno para mí. Maggie. -Entonces. Y ahora las hermanas de Stephen se comportan conmigo con mucha cortesía: me parece que al principio no les gustaba que Stephen me hiciera caso. -Pero ¿no estropeará el efecto encantador de mi pobreza? -preguntó Maggie. puesto que no estáis comprometidos -bromeó Maggie con aire grave. y a mí me gustaría que las cosas se quedaran como están durante mucho tiempo. como si hubiera estado arreglando a Maggie para un retrato y deseara juzgar el efecto general. esa pequeña mariposa no resulta apropiada para ti. cuya figura quedaba subordinada a sus impecables ropajes de seda y crespón. -No se supone que el tamaño de las personas deba guardar proporción con las casas que habitan. Me pregunto si María Antonieta también tenía un aspecto magnífico cuando llevaba un vestido zurcido en los codos. Ni tampoco guapas. quizá te sientas decepcionada. sonriendo y tomando uno de los largos tirabuzones de Lucy para que los rayos de sol pasaran a través del cabello-. Pero le he preparado una sorpresa encantadora y me reiré mucho de él. ¿Puedo sentarme ya? -Sí. claro -contestó Maggie con burlona seriedad-. cuando está lejos. Lucy se levantó y se alejó un poco con la bonita cabeza ladeada. Maggie -dijo Lucy.Librodot El molino de Floss George Eliot 214 -Stephen es muy inteligente. tras colocar a la oscura dama en un sillón de terciopelo carmesí-. como sucede con los caracoles -dijo Maggie entre risas-. no sé qué clase de hechizo posees para que te siente mejor la ropa vieja. Lucy la contempló unos momentos en silencio. Correrías el riesgo de que te barrieran de la habitación. Y algunas veces. Estoy segura de que te gustará. necesitas un vestido nuevo. No es bueno despertar demasiadas expectativas. y de encontrarte en el hogar. sentándose obedientemente mientras Lucy se arrodillaba otra vez y le quitaba la despreciable mariposa-. de todas maneras. se desprendió un gran broche de azabache-. demasiado preocupada para prestar atención a la broma de Maggie-. -Claro. porque anoche estaba muy 214 Librodot . Un caballero que se considera lo bastante bueno para Lucy debe esperar duras críticas. -Maggie. estoy tentada de creer que no es posible que me quiera. -¿Aunque tú seas incapaz de compartir esa opinión? -¡Oh. y era natural. no mucho -dijo Lucy. por muchas vueltas que le daba. -¿Qué quieres hacer ahora? -preguntó Maggie. por algo que papá dijo el otro día.por satisfecha -contestó Maggie.

-Pero voy a someterte a una disciplina de placer que te hará perder esa mala costumbre -dijo Lucy. -No. Maggie lanzó un pequeño suspiro. Lucy salió de la habitación a toda prisa. No me creo nada de lo que me cuentas. Intuía que el William Pinnock (1782-1843) fue autor de numerosos libros de texto. prendiéndose distraídamente la mariposa negra en el cuello del vestido mientras sus ojos miraban los de Maggie con afecto. a su lado. prendiendo el gran broche bajo la hermosa garganta de Maggie-. porque no he conocido otra que la muerte de mi pobre madre. He estado ahorrando dinero para pagar algunas clases: nunca tendré un empleo mejor si no hago más méritos. Me pareció que la costumbre de dar vueltas una y otra vez estaba tan arraigada en él que seguiría haciéndolo aunque lo soltaran. con frecuencia me odio porque me enfurece contemplar la felicidad de los demás. -Vamos. el viejo y querido río que a aquella distancia parecía dormitar en una mañana festiva. -Nunca he tenido que pasar por pruebas muy duras -contestó Lucy-. Maggie! -la reprendió Lucy-. The Sketch Book of Geoffrey Crayon Gent es un conjunto de cuentos y ensayos sobre viajes escrito por Washington Irving en 18191820. quizá sea eso -dijo Maggie. en uno de sus estallidos de admiración cariñosa-. Sólo son fantasías pesimistas porque esa vida triste y tediosa te ha deprimido. posarse. El aroma dulce y fresco del jardín entraba por la ventana abierta y los pájaros se entretenían en revolotear. -Sí -reconoció Maggie-. La memoria y la imaginación le imponían una sensación de privación demasiado intensa para degustar lo que le ofrecía el efímero presente. La de ser desgraciado es una mala costumbre. Me siento como un pobre oso blanco que vi una vez en un espectáculo. Siempre he sido muy feliz. Maggie cogió el Libro de apuntes que se encontraba sobre la mesa. más allá. No disfruto como tú de la felicidad ajena. sentiría más satisfacciones si así fuera. por los macizos de flores primaverales y el largo seto de laureles bañados por el sol. no me la quito de encima. -Bien. -Muy mal. Olvidas que has salido de esa horrible escuela y ya no tienes que remendar la ropa de las niñas. -¡Eres un encanto! -exclamó Maggie. No sé si podría soportar muchas penas. La visión de los viejos lugares le hacía evocar recuerdos tan dolorosos que incluso la víspera apenas había conseguido otra cosa que alegrarse de que su madre volviera a vivir con comodidades y de la fraternal amabilidad de Tom. Me gustaría ser como tú. se extendía el plateado Floss. Eso me parece horrible. apartando las nubes de su rostro con una radiante sonrisa al tiempo que se recostaba en el sillón-. el señor Guest tendrá que salir de la sala en cuanto te vea con él. Esperemos que desaparezca ante las cremas que prepara mi madre y este encantador Geoffrey Crayon30. Date prisa y ponte otro.Librodot El molino de Floss George Eliot 215 inquieta porque éste es mi mejor traje. Tal vez se deba a la dieta del colegio: budín de arroz aguado sazonado con Pinnock. los ojos de Maggie se llenaron de lágrimas. 30 215 Librodot . sin embargo. no pongas otra vez esa cara tan triste -dijo Lucy. Tengo la sensación de que disfrutas tanto con la felicidad de los demás que podrías prescindir de la tuya propia. pero Maggie no aprovechó la oportunidad para abrir el libro: lo dejó caer sobre el regazo y dejó vagar los ojos hacia la ventana. Lamento que los demás pasen apuros y creo que no sería capaz de hacer desgraciada a otra persona. Creo que empeoro a medida que crezco. me hago más egoísta. En cambio. negando lentamente con la cabeza-. pero no compartimos su felicidad. Lucy -dijo Maggie. y estoy segura de que sientes por los demás lo mismo que yo. Sin embargo. y. tú sí. de la misma manera que nos alegramos de que a algún amigo lejano le vayan bien las cosas. gorjear y cantar. -¿Qué tal me queda este brochecito? -preguntó Lucy. encaminándose hacia el espejo de la chimenea para comprobar el efecto. -¡Vamos.

-Debería haber dicho: sobre un asunto en concreto. perderemos la tercera voz. cosa que hacías mucho mejor que yo cuando estábamos en Laceham. Podríamos deleitarnos con esas canciones que tanto te gustaban. Ya sé que Tom no quiere ni verlo. Una de las cosas que más admiro de Stephen es que Philip encuentra en él al mejor amigo. intentando detener aquel parloteo. Fue muy bueno cuando Tom se hirió en el pie. Pero no sé si ahora seré capaz de tocar algo más difícil que una canción popular como Begone. Lucy alzó la vista de la labor y observó un cambio en el rostro de Maggie. siempre que no pienses lo mismo que Tom sobre ciertas cosas. Era ya demasiado tarde para que Maggie pudiera intervenir: se abrió la puerta del salón y Minny gruñó un poco mientras entraba un caballero alto que se dirigió hacia Lucy y le tomó la mano con una mirada a medias cortés y a medias de tierna interrogación que parecía indicar que no había advertido la presencia de nadie más. tanto que casi borró la emoción anterior provocada por Philip. Esta nueva experiencia le pareció muy agradable. -Permita que le presente a mi prima. -Recuerdo lo muchísimo que disfrutabas cuando venían los del coro a cantar -dijo Lucy. -No pienso lo mismo que Tom sobre esta cuestión -dijo Maggie. Durante unos instantes. -Ah. En Saint Ogg's hay poquísimos caballeros que canten: en realidad. no te importará que venga algunas veces. llaman a la puerta. incluso amargo. había vuelto a sentir anhelos y deseos: los días desdichados de ocupaciones desagradables le resultaban cada vez más duros. Siempre he apreciado a Philip Wakem. Aprecio mucho al pobre Philip. por primera vez en su vida. sólo Stephen y Philip Wakem tienen suficientes conocimientos de música para leer una partitura. la señorita Tulliver dijo Lucy. El ruido de la puerta la despertó de sus ensoñaciones y. si puede evitarlo. con él podremos ampliar nuestro repertorio musical. -Creía que estabas segura de ello -contestó Maggie con una sonrisa. Quiero que vuelvas a prepararte para tocar el piano. -Maggie: sé de un placer al que no puedes resistirte ni cuando estás más triste -dijo Lucy. volviéndose con traviesa diversión hacia Maggie. Maggie sintió que. los ojos le brillaban y tenía las mejillas sonrojadas de modo muy atractivo. -¿Te duele oír ese apellido. -¡Oh. Sin duda. Entonces. tomando su bordado-. Stephen no pudo ocultar su asombro al ver aquella alta ninfa de ojos negros y corona de cabello azabache. cuánto me alegro! -exclamó Lucy-. da pena ver ese pobre cuerpo jorobado y esa cara tan pálida entre personas grandes y fuertes. -Pero Lucy. 216 Librodot . algunas veces. Maggie? Si es así. dull care. como si quisiera contemplar mejor el paisaje-. secándose rápidamente las lágrimas. desde que lo conocí en Lorton cuando era pequeña. recibía el homenaje de un profundo rubor y una marcada reverencia por parte de una persona ante la que ella también se sentía tímida.. empezó a pasar las hojas del libro. y las imágenes de la vida variada e intensa que ansiaba resultaban cada vez más persistentes. Tras decir esta última frase. no volveré a hablar de él. aunque me gustaría que no diera a su enfermedad una importancia que me parece enfermiza. porque tras varios años de renuncia voluntaria.Librodot El molino de Floss George Eliot 216 futuro sería peor que el pasado. Y tengo intención de que disfrutes de ella en abundancia. Supongo que por su culpa es un hombre tan triste y. poniéndose en pie y dirigiéndose hacia la ventana. -Te habrías reído si me hubieras visto tocar canciones infantiles una y otra vez para las niñas pequeñas cuando les daba clase por el mero placer de tocar de nuevo las teclas -dijo Maggie-. que se acercaba ahora de la alejada ventana-: el señor Stephen Guest. debe de ser Stephen -añadió Lucy sin advertir el débil esfuerzo de Maggie por hablar-.. Porque si piensas lo mismo que él. Cuando se sentó. dijo Maggie. lanzándose a hablar en cuanto entró en la sala-: la música.

las palabras sencillas tienen mayor fuerza. ¿no le parece. -En absoluto -contestó Maggie-.y encontrarme con que la realidad es mucho mejor que mis ideas preconcebidas. me gusta muchísimo advertir la admiración ajena. Lucy empezó a alarmarse ante la idea de que Stephen y Maggie no fueran a congeniar. señorita Tulliver? -No -contestó Maggie. El tercer pensamiento fue para contestar: -Las frases de mera cortesía son sinceras en algunas ocasiones. -En cambio. lanzándole una mirada de desafío: resultaba evidente que había hecho de ella un retrato satírico. cuando Maggie se inclinó de nuevo sobre la labor. el exceso de pasión que ponía en los incidentes más triviales resultaba absurdo para las damas más expertas. ¡Pobre Maggie! Estaba tan poco habituada a la vida social que era incapaz de pasar por alto las meras fórmulas. encantada ante la confusión de su enamorado: normalmente. en una ocasión. -Ningún cumplido es elocuente. señorita Tulliver -dijo Stephen. -Pero. de la misma manera que cuando nos sentimos cálidamente arropados una inocente gota de agua fría nos sobresalta. fue: «Ojalá me mire otra vez». Me dijo que tenía usted el cabello claro y los ojos azules. En las grandes ocasiones. siempre has dicho que te gusta en exceso la admiración de los demás. puesto que mis palabras quedaban tan lejos de estar a la altura de la ocasión. como los viejos estandartes o los ropajes cotidianos colgados en lugares sagrados. algunas veces está agradecido. había dicho a Philip con enfado que tan tonto era decir a las mujeres con boba sonrisa que eran hermosas como a los ancianos que eran venerables: con todo. excepto como expresión de indiferencia -repuso Maggie. no volveré a dirigirle ninguno. señorita Tulliver -explicó Stephen. Sin embargo. -Gracias. Cuando un hombre dice «gracias». «Una mujer endiablada». -Entonces. pero las fórmulas de cumplido no me hacen sentir nada. sentándose junto a Lucy y dejando de jugar con Minny mientras lanzaba a Maggie una mirada furtiva-.Librodot El molino de Floss George Eliot 217 -Espero que advierta la sorprendente semejanza con el original que guarda el retrato que hizo ayer -se burló Lucy con una carcajada de triunfo. fue lo primero que pensó Stephen. y ahora me parece que te enfadas porque alguien te muestra admiración. No se le ocurrió que su irritación se debía a la agradable emoción que la había precedido. de modo que en cuanto se calló empezó a avergonzarse. ahora se ha mostrado a la altura de las circunstancias y ha dicho la frase oportuna -intervino Maggie. no era razonable irritarse porque un desconocido como el señor Guest utilizara una fórmula habitual o hubiera hablado de ella de modo desdeñoso antes de verla. lanzándole una de sus miradas directas-. como. Lucy le había contado que era aficionado a ello y Maggie añadió mentalmente: «Y bastante engreído». porque se advierte de inmediato que tienen un sentido especial. Era cierto que sentía un rechazo teórico hacia las fórmulas de cumplido y. Aunque no es justo que deba emplear la misma palabra que utiliza todo el mundo para rechazar una invitación desagradable. -Entonces. mi cumplido debía de ser elocuente -dijo Stephen. en este momento era consciente del lado ridículo de la conversación. Siempre había temido que Maggie pareciera demasiado inteligente y original para agradar a aquel caballero tan crítico. -Esta intrigante prima suya me ha engañado por completo. querida Maggie -intervino Lucy-. no estaba acostumbrada a la charla superficial. 217 Librodot . eso será una muestra de respeto. además. sin saber muy bien qué decía mientras Maggie lo miraba-. era él quien se encontraba en situación de ventaja. sonrojándose un poco. -¡Qué va! Fue usted quien lo dijo -protestó Lucy-: yo sólo me abstuve de destruir su confianza en su clarividencia. Lo segundo. -Desearía equivocarme siempre así -declaró Stephen.

-Caramba. Mañana te daré lana escarlata. pero realizan sus manufacturas en su salón. -Pero si es de alguna utilidad para vuestra venta benéfica. seguro que en Saint Ogg's todos le encuentran un parecido sorprendente. aunque Maggie hubiera sido la reina de las coquetas. con la esperanza de ver cómo dirigía los ojos hacia objetos más agradecidos que las flores de estambre que crecían bajo sus dedos. Puesto que era la única manera de conseguir dinero. en general. y no quisiera estropear mi buen humor levantándome temprano para rezar. hacía de Maggie una mujer todavía más singular. -Y tus puntadas son tan bonitas. No hay en él nada meloso o sensiblero. -¡Oh. Pero es el único hombre que he conocido que parece poseer algún rasgo de un verdadero apóstol: un hombre que gana ochocientos al año y se contenta con muebles de pino y vaca hervida porque regala dos tercios de sus ingresos. -Creo que algún día del mes que viene -contestó Lucy-. Maggie -señaló Lucy-. en eso no puedo estar de acuerdo con usted -dijo Stephen con sarcástica gravedad. su hermana tiene un talento envidiable para modelar: está haciendo un busto asombroso del doctor Kenn. tuve que esforzarme en aprender a coser bien. viendo que Maggie cosía un sencillo dobladillo. alzando la vista con serenidad-. a mí me parece una persona estupenda! -exclamó Lucy con entusiasmo. lleva al muchacho a todas partes. Creo que Kenn es uno de los mejores hombres de este mundo. señorita Tulliver -dijo Stephen. -Eso está muy bien -dijo Maggie. Le dedica más tiempo del que tendrían hombres menos ocupados para evitar que enloquezca y. es muy útil. -Y este tipo de acciones son tanto más admirables cuanto que sus modales. que había dejado caer la labor y escuchaba con vivo interés-. 218 Librodot . Nunca habría pensado que pudiera usted hablar del doctor Kenn con tan poco respeto. difícilmente podría haber inventado mejor modo de hacer más interesante su belleza a los ojos de Stephen: tal vez el reconocimiento de que cosía prendas de ropa y era pobre no hubieran bastado. puedo hacer punto de media -prosiguió Maggie. volviéndose hacia Stephen-. no soy capaz de hacer nada más difícil o elegante que una camisa. si se acuerda de ponerle los ojos muy juntos y las comisuras de los labios muy separadas. sumado a su belleza. por lo que veo. sí. Tu exquisito modo de coser es un misterio para mí: en otros tiempos te disgustaba este tipo de trabajo. -Entonces. Sin embargo. son fríos y severos -añadió Stephen-. -Ah. -¿He dicho algo irrespetuoso? ¡Dios no lo quiera! Pero no estoy obligado a respetar un busto suyo injurioso. donde yo no las importuno.Librodot El molino de Floss George Eliot 218 Stephen estaba demasiado bien educado para no advertir el sesgo incómodo de la conversación. ¿qué defecto le encuentra? -Que es anglicano. pero ese hecho. totalmente de memoria. -No -contestó Maggie-. que creo que te rogaré que me des unas cuantas piezas para mostrarlas como bordado. de modo que pasó de inmediato a hablar de asuntos impersonales y a preguntar a Lucy si sabía cuándo iba a tener lugar por fin la venta de beneficencia. que mató a su madre de un disparo accidental. Nunca conocí a nadie que hiciera cosas como ésas. Observo que usted no es adicta al vicio de moda del bordado. -No. Me da igual que haya puesto esos altos candelabros sobre la mesa de la comunión. La buena y simple de Lucy no pudo evitar sonrojarse un poco: no le gustaba que Stephen lo supiera y Maggie no debía haberlo mencionado. Por cierto -dijo Lucy. -Es usted muy malo -protestó Lucy con aspecto ofendido-. -Oh. -El misterio tiene explicación -dijo Maggie. Fue un gesto hermoso por su parte acoger en su casa al pobre chico aquel. Quizá aquella confesión fuera un gesto de orgullo: el orgullo de una pobreza que no quiere avergonzarse de sí misma. pero sus hermanas trabajan mucho más que yo: tendrán el puesto más grande. sí. Grattan.

Cuando ésta se marchó para ponerse la capota. Naturalmente. a caballo y en carruaje. convencerlo y traerlo conmigo por la tarde -sugirió Stephen-. Mis hermanas querrán venir de visita en cuanto les diga que su prima está aquí. Y deben ustedes saber que dones como los míos suponen una gran responsabilidad -Stephen se levantó y. -¿De veras piensa usted presentarse? -preguntó Lucy con los ojos brillantes de un orgulloso placer que hizo que se desinteresara por el anglicanismo. cuando el espíritu de servicio público del viejo señor Leyburn y su gota lo empujen a ceder el paso a los demás. sí. ¿Verdad que va usted a apreciar a Maggie? añadió en tono implorante-. advierto que es usted una mujer muy perspicaz -dijo Stephen-. porque hacía años que no iba al río. no -intervino Lucy-. A continuación le recomendó que escogiera la Vida de Cowper. -¡A propósito! -exclamó Stephen. Como recompensa. ¿No es cierto que es una persona encantadora y de noble aspecto? 219 Librodot . inclinada hacia delante con los brazos cruzados y olvidada de sí misma. -Puedo pasar mañana por su casa. puedo traerle el libro. Lucy se entretuvo para dar una orden a la criada y aprovechó la oportunidad para decir a Stephen que Maggie no se oponía. llenos de charlas y paseos en bote. A Maggie le encantó la propuesta. señorita Tulliver? -Sí -contestó Maggie sonriendo. tal vez debido a mis modales. se pasó las grandes manos blancas por el cabello con un gesto vanidoso-. Ha sembrado la discordia entre los disidentes y los seguidores de la Iglesia de Inglaterra. así es -explicó Stephen-. pues a mí me parece que ésa es la opción adecuada -dijo Lucy muy seria. pero no desde un punto de vista parlamentario. Stephen se mostró brillante gracias al tratado de Buckland que acababa de leer. a menos que se sintiera inclinada a la filosofía y quisieran sobresaltar a las damas de Saint Ogg's votando por uno de los tratados de Bridgewater. Stephen estaba tan fascinado por. -Muchas gracias -contestó Maggie. Las personas superficiales nunca lo advierten. ¿Vamos al río a remar un rato? La marea nos permitirá ir hacia Tofton y podemos volver andando. -Ah. y a un futuro diputado como yo. volviera en sí y retomara la labor. mirando el reloj-. Contiene muchas ilustraciones que tal vez le gustaría ver. «No me mira cuando hablo de mí mismo -pensó mientras sus oyentes se reían-. bromeando. -Sin duda.Librodot El molino de Floss George Eliot 219 -Bueno. Maggie dejó caer la labor y fue quedándose tan absorta en aquella maravillosa historia geológica que permaneció sentada mirándolo. Debo prohibirle que zambulla a Maggie en los libros otra vez: no conseguiría sacarla de allí. cuyos servicios tanto necesita el país. le resultará molesto que se presente candidato al honor de representar a Saint Ogg's en el Parlamento. de modo que era una pena que hubiera enviado esa nota la antevíspera. -En teoría. sin levantar la vista-: tanta fluidez de palabra y serenidad no deben desperdiciarse en privado. Esta pregunta directa hizo que se sonrojara. a ver a Philip. puesto que siempre resulta agradable elevar el nivel de conocimientos de las damas hablándoles familiarmente de temas que ignoran por completo. -No. Debo intentar otros temas. -Si así lo desea. señorita Tulliver -dijo Stephen cuando menguó el caudal de sus recuerdos-. imagino. Lucy quiso saber en qué consistían esos libros alarmantemente eruditos y. ¿No lo cree usted así. tráigalo -rogó Lucy-. -Oh.» De modo que preguntó si Lucy tenía intención de asistir la semana siguiente a la reunión del Club del libro. aquella mirada amplia y clara que terminó por olvidarse de mirar de vez en cuando a Lucy: pero la dulce muchacha sólo se alegraba de que Stephen demostrara ante Maggie lo listísimo que era y de que terminaran siendo buenos amigos. como si él fuera el más aficionado al rapé de los viejos profesores y ella un alumno que ya luciera bozo. por favor. Debo dejarles el campo libre por la mañana. así que escribiría otra al día siguiente invitándolo. Mi padre pone en ello todas sus ilusiones. de Southey. Ha descubierto ya que soy charlatán y descarado. Y quiero que pase unos días deliciosos de descanso.

Y demasiado vehemente: ya sabe usted que no es el tipo de mujer que me gusta. Sin embargo. Durante el primer cuarto de hora. ¿Y qué quería decir aquello? ¿Se había enamorado súbitamente de la sorprendente hija de la señora Tulliver? Claro que no: en la vida real no existen estas pasiones. Así es como muchas mujeres disfrutan con el conocimiento de que las damas hermosas disgustan en secreto a los hombres que se han sacrificado cortejándolas apasionadamente. estaba ya enamorado y casi comprometido con la más adorable muchacha del mundo. habrás deducido de la desfavorable opinión de Stephen que cuando éste se encaminó hacia el cobertizo del embarcadero iba calculando. Bien sabemos que Maggie tenía tendencia a distraerse y escogió un momento inoportuno para la observación: le resbaló el pie. -Le ruego que traiga de nuevo el libro de las partituras de Purcell que se llevó -dijo Lucy-. Bien sabes. Aquello exigía una solución rápida y contundente. Pero tú. La tía Pullet. se escandalizó ante la pobreza de su vestimenta. y tanto Lucy como la señora Tulliver se lanzaron a debatir sobre lo que sería más adecuado para tal fin entre los excedentes del guardarropa de la señora Pullet. por lo general. tal como siempre había deseado que la amaran. Maggie debía contar con un traje de noche lo antes posible y su estatura era similar a la de la tía Pullet. -No me daré por satisfecha hasta que sepa manejar ambos remos y pueda llevarlos de paseo a los dos -dijo con aire radiante cuando bajó del bote. que. como consecuencia de aquel agradable plan. cuando se tienen veinticinco años. y no era hombre dado a hacer el ridículo. ya que cuando la contemplara da alta sociedad de Saint Ogg's supondría un desprestigio para toda la familia. -¿Se ha hecho usted daño? -preguntó Stephen. Stephen reconocía que. y que un caballero que desea que lo observen las damas está muy bien situado cuando rema para ellas en un bote. pero en aquel caso la peculiaridad parecía ser de naturaleza superior: y siempre que uno no esté obligado a casarse con mujeres como ésas. Maggie nunca había sentido una sensación parecida. Y aquella muchacha. Eso la despertó de sus sueños y preguntó si podría tomar un remo. Le pareció que aquello requería grandes enseñanzas y se sintió ambiciosa. con su pobreza y sus problemas. por lo menos en circunstancias como aquéllas.Librodot El molino de Floss George Eliot 220 -Demasiado alta -dijo Stephen. Se sentía sola. y Stephen se marchó apresuradamente tras pedir autorización para regresar por la tarde. Además. la gota no debilita todavía el sentido del tacto y el contacto con una muchacha hermosa no deja indiferente. la única persona que la había querido con devoción. lector. que los caballeros tienden a hacer imprudentes confidencias negativas a las damas sobre otras mujeres más hermosas que ellas. Cuando regresaron a la casa. lector. pero afortunadamente Stephen Guest le tomó la mano con fuerza y la sostuvo. que te guías por una lógica superior a la verbal. con ayuda de una fértil imaginación. lo cierto es que dan amenidad a las relaciones sociales. convencida de que Maggie recibiría invitaciones para acompañar a Lucy. encontraron al tío y a la tía Pullet sentados con la señora Tulliver en el salón. Era algo perfectamente natural e inofensivo admirar la belleza y disfrutar de su contemplación. el ejercicio le coloreó las mejillas y la empujó a aplicarse con alegría a la lección. probablemente a Park House. 220 Librodot . Quiero que Maggie de oiga cantar las mejores canciones. Pocas cosas podrían definir mejor a Lucy que el hecho de que creyera a pies juntillas lo que había dicho Stephen y tomara la firme decisión de que Maggie no se enterara. inclinándose para mirarla con inquietud. agachando la cabeza para dirigirle una sonrisa-. resultaba muy interesante: era agradable contemplar la amistad entre las dos primas. Maggie no satisfizo las esperanzas de Stephen y no lo miró: los ojos se le llenaban con la imagen de las antiguas riberas que tan bien conocía. alejada de Philip. Maggie debería darle la mano por lo menos en dos ocasiones. Resultaba muy agradable que alguien más alto y mas fuerte se ocupara de ella con tanta amabilidad. Pero al cabo de un rato atrajo su atención el rítmico movimiento de los remos y pensó que le gustaría aprender a remar. no le gustaban las mujeres de carácter acusado.

la formación y el refinado trato social. si bien con un estilo de aficionado de provincias que habría dejado mucho que desear al oído crítico del lector. podría haber llevado ese hermoso traje de brocado negro sin retocarlo. pero posterior en el tiempo. probablemente poco habría sabido de ella el lector. Maggie no tiene por qué llevar manga larga y tengo mucho encaje negro para ribetearlas. vamos! -exclamó Maggie con una carcajada impaciente. regular y rápido. tía! -dijo Lucy. aunque no tan morenos.Si siguen hablando tanto de mi piel morena acabará por desaparecer. dando palmaditas a su tía en el hombro-. Depositó la vela en la primera mesilla que encontró y empezó a recorrer la gran habitación de un lado a otro con paso firme. pero las familias desgraciadas lo son cada una a su manera» 31 221 Librodot . carecen de historia31. Imposible que le quepan mis mangas. querida -contestó da señora Tulliver con sumisión-. En otro caso.Librodot El molino de Floss George Eliot 221 -Pero es mucho más ancha de hombros que yo. con una mirada que parecía advertir la influencia de la voz. -Es que los brazos de Maggie son muy bonitos -intervino la señora Tulliver-. no le quedará bien -dijo la señora Pullet . -Tal vez. -¡No diga bobadas. Y era consciente de que la habían observado de modo furtivo y frecuente desde debajo de un par de cejas negras y definidas. Capítulo III Confidencias Aquella noche. Lucirá unos brazos preciosos. porque las mujeres más felices. Los ojos y las mejillas le brillaban de modo casi febril. Aunque había una canción sobre una muchacha oscura titulada Nutbrown Maid. muestra de que el ejercicio era una vía de escape instintiva para una gran agitación. Tú sabes más que yo. -No -contestó el tío Pullet. con todos sus sonidos discordantes y tareas mezquinas. por favor -dijo Lucy-. estas causas aparentemente triviales habían tenido el efecto de enardecer y exaltar su imaginación de modo misterioso incluso para sí misma. Así eran los míos. En la naturaleza hambrienta y tensa de Maggie. pero no lo recuerdo bien. como las más felices naciones. que acababa de salir de un colegio de tercera clase. Usted no entiende de estas cosas. Había estado escuchando música hermosa cantada por una bonita voz de bajo. pero cuando yo era joven la piel oscura no gustaba entre las personas respetables. que se interesaba profundamente en la conversación de las damas mientras chupaba caramelos-. Decía algo de la loca Kate. Recuerda otra frase similar. Y mirad qué brazos -añadió la tía Pullet entristecida mientras alzaba el largo y bien torneado brazo de Maggie-. Tales cosas no habrían causado efecto perceptible en una dama bien educada y muy equilibrada que hubiera disfrutado siempre de los privilegios de la fortuna. -¡Vamos. ¿Acaso había sucedido algo importante? Nada que el lector pudiera considerar relevante. cuando Maggie subió a su dormitorio no pareció tener deseos de desvestirse. sino que presentía la remota presencia de un Alusión al aforismo de Montesquieu: «Dichoso el pueblo cuyos anales en el libro de la Historia permanecen en blanco». No es que pensara mucho en Stephen Guest o se recreara en los indicios de que la miraba con admiración. de Tolstoi en Ana Karenina (1875): «Todas las familias felices se parecen. tenía la cabeza hacia atrás. tía. Pero si Maggie hubiera sido esa joven dama. Dénos el vestido. Me gustaría que tuviera una piel como la de nuestra familia. gestos que suelen acompañar a los momentos de gran concentración. -Eso no importa. su vida habría tenido tan pocas vicisitudes que difícilmente podría haberse escrito sobre ella. Cualquier pintor de diría que la tez de Maggie es hermosa. las manos entrelazadas con las palmas hacia delante y los brazos extendidos y tensos.

La vida parece pasar sin esfuerzo cuando estoy llena de música. -¡Tonterías. Tú no eres imparcial y a mí cualquier organillo me parece espléndido. Me hago responsable: le diré que ha sido culpa mía. evocó fugazmente la época en que se recreaba en las privaciones. eso es lo que me ha quitado el sueño. creo que deberías bajarle un poco los humos. feliz-. ¿verdad? -¡Disgustarme! ¡Claro que no! ¿Acaso tengo tanta costumbre de ver gente encantadora que resulto difícil de contentar? Además. -Oh. no puedo verlo -contestó Maggie. ¡cómo iba a disgustarme nadie que hubiera prometido hacerte feliz. Pero no te disgusta. Si te parece increíble. En una o dos ocasiones. no tengo mucho que hacer. Tengo la sensación de que me llena el cuerpo de fuerza y la cabeza de ideas. Me sentaré y hablaré contigo hasta que vea que vas a meterte en la cama. -Pero. La música seguía vibrando en ella -la música de Purcell. palideciendo-. uno es consciente de acarrear una carga. Le prometí que no hablaría con Philip sin su conocimiento y consentimiento. como si fueras a vestirte para ir a un baile. quizá no seamos jueces adecuados -dijo Maggie riendo mientras se sentaba y se echaba el pelo hacia atrás-. querida Lucy -contestó Maggie. cuando creía que había dominado los deseos e impaciencias. Vamos. era su prima. -Y Stephen tiene una voz espléndida. -Cuéntame lo que piensas de él: dímelo todo. antes de que muriera mi padre. cogiendo rápidamente la bata rosa y mirando el cabello castaño claro de Lucy. sorprendida-. mirándola con ojos afectuosos y la cabeza un poco ladeada. tú tampoco has hecho mucho -repuso Maggie. Me prometí no venir a hablar contigo porque pensaba que estarías cansada. ¿verdad. te ruego que recuerdes que la vida humana proporciona muchos casos excepcionales. construido con imágenes vagas y entremezcladas. -Oh. Lucy permaneció sentada cerca del aguamanil. Ninguna oración ni ningún esfuerzo le devolvería ahora aquella paz negativa. ¿verdad? -Bueno. como un lindo spaniel. procedentes de toda la poesía y la novela amorosa que había leído o había tejido en sus ensoñaciones. que dos jóvenes damas se sientan inclinadas a las confidencias en una situación como ésa. ¿todavía no has empezado a desvestirte? -preguntó Lucy. Mientras Maggie estaba de pie y deshacía las largas trenzas sobre la tela rosa. Maggie. -Bueno. -Oh. que entró vestida con una amplia bata. Y me da mucho miedo volver a mencionar el tema ante él y que volvamos a pelearnos. Maggie! ¡Como si yo fuera capaz de hacer temblar a nadie! Te parece un poco engreído. pero aquel tiempo parecía irremediablemente pasado y ni siquiera deseaba recordarlo. cámbiate y destrénzate el cabello.Librodot El molino de Floss George Eliot 222 mundo de amor. con su poderosa pasión y fantasía. Un enamorado no debería mostrarse tan tranquilo y seguro. Se lo prometí a Tom solemnemente. -Mañana por la tarde tendremos más música -dijo Lucy. niña mala. Debería estar un poco más tembloroso.y no podía demorarse en el recuerdo de aquel tiempo pasado desnudo y solitario. al parecer. Por lo menos. vacilando-. lo bueno y lo malo. lector. -Has disfrutado mucho con la música. Se encontraba de nuevo entre las nubes cuando se oyó un suave golpe en la puerta: naturalmente. pellizcando suavemente la barbilla con hoyuelo de Lucy. echado hacia atrás con los rizos en desorden. la batalla de su vida no se decidiría de aquel modo tan breve y sencillo: con la absoluta renuncia en el mismo umbral de la juventud. ya me doy cuenta. Lucy. Creo que si siempre pudiera escuchar música no tendría otro deseo en este mundo. Maggie? -Sí. ya que Stephen traerá consigo a Philip Wakem. belleza y placer. querida prima! -exclamó Maggie. Pero aquí estás. -¿Tan tiránico es Tom? -preguntó Lucy. 222 Librodot . asombrada-. no puedo verlo sin permiso de Tom. vamos. -Vamos. En otras ocasiones.

como debería ser todo lo que te sucediera. personaje de Noche de Reyes. no te oculto nada. Es muy hermoso que ames a Philip. pero no puedes decírselo a nadie y mucho menos a él o al señor Guest. Sin embargo. Intentaré darle vueltas en mi cabecita para inventar algún plan que haga entrar en razón a todo el mundo. Sin duda. y la manita que estrechaba la suya la animaba a seguir hablando. añadió. ahora entiendo que conozcas a Shakespeare y tantas otras cosas. no dio muchos detalles sobre dos aspectos: no reveló por completo lo que todavía le dolía como la mayor ofensa de Tom -los insultos que había vertido sobre Philip: como aquel recuerdo todavía la enfadaba. -Maggie -dijo Lucy tras un silencio-: tienes secretos para mí y yo. Se limitó a explicar a Lucy que ahora se daba cuenta de que Tom tenía todo el derecho a considerar que el amor y el matrimonio entre ella y Philip eran imposibles debido a la relación de las dos familias. Maggie había sido totalmente sincera: a su carácter le resultaba difícil ser de otro modo. -Querida Maggie. mirándola-.y tampoco fue capaz de contar a Lucy la última escena entre su padre y Wakem. no podía soportar compartirlo con nadie. Ya había pensado en pedirle que me liberara de mi promesa. tienes frío -dijo Lucy-.. Nunca había contado a Lucy nada de su vida más íntima. pero nunca tuve valor suficiente para decidirme a hacerlo.. -Ah. por favor. No puedo remediar ser optimista. Capítulo IV Hermano y hermana Sir Andrew Agüe-cheek (don Andrés de Carapálida en la versión española). Es una historia romántica. aunque sentía que era una nueva barrera entre ella y Philip. pero se estremeció como con un escalofrío repentino. Se despidieron con un beso y Lucy se marchó con una seguridad que tendría gran influencia sobre sus impresiones posteriores. Lucy -le rogó Maggie-. tanto por Tom como por Philip. ¿Qué daño puede haber causado el pobre Philip? ¿Puedo hablar con Tom de esto? -Oh. Maggie apartó la vista de Lucy con aire pensativo. no. La narración duró mucho rato. Finalmente se volvió hacia ella. con otra persona.Librodot El molino de Floss George Eliot 223 -En mi vida he oído hablar de nada tan raro y poco razonable. Ya ves que soy como sir Andrew Ague-cheek: en una ocasión me adoraron32. Tras meditar un instante con los ojos bajos. parte de tu misterio -dijo Lucy. La cita corresponde al acto II. en cambio. incluso cuando son sinceras. Lucy. el padre de Philip nunca lo aprobaría. Ahora conoces mi historia -dijo Maggie. de William Shakespeare. escena 3 32 223 Librodot . sonriendo con lágrimas en los ojos -. Pero. de modo que puedas casarte con Philip cuando yo me case. Maggie negó con la cabeza. Y Philip te adorará como un marido de cuento de hadas. Debes meterte en la cama y yo también. Mañana mismo iré a verlo y le diré que tú quieres que Philip venga. y el dulce rostro inclinado hacia ella con interés y comprensión. poco común. -Me gustaría contarte lo de Philip. No me atrevo ni a pensar en la hora que será. ya que Maggie nunca había conocido el alivio de semejante desahogo. pero con el tiempo pueden eliminarse. -Sí. nunca pensé que pudiera llegarle semejante felicidad. sí -insistió Lucy-. ¿No sería un bonito final para todas las penas de mi pobrecita Maggie? Maggie intentó sonreír. muchas confidencias no hacen más que cegar. y que hayas aprendido tanto desde que dejaste el colegio: me parecía cosa de brujería. -Bien. Y creo que no deberías renunciar a él: ahora hay obstáculos.

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Para encontrar a Tom en casa, Maggie se vio obligada a ir a su alojamiento durante el día, a la hora de comer. No se hospedaba con desconocidos. Con el consentimiento tácito de Mumps, nuestro amigo Bob Jakin no sólo había tomado esposa ocho meses atrás sino también una de esas viejas y raras casas atravesadas por sorprendentes pasillos, situada junto al agua, donde, como él mismo señalaba, su esposa y su madre podían entretenerse alquilando un par de botes de recreo en los que había invertido parte de sus ahorros y también alojando a un huésped para el salón y el dormitorio que quedaban libres. En estas circunstancias, ¿qué podría ser más adecuado para el interés de ambas partes, consideraciones higiénicas aparte, que el inquilino fuera el señor Tom? La esposa de Bob abrió la puerta a Maggie. Era una mujer diminuta con aspecto de muñeca de madera articulada, que, en comparación con la madre de Bob, que ocupaba tras ella todo el pasillo, parecía una de esas figuras humanas que colocan los artistas junto a una estatua colosal para mostrar las proporciones. En cuanto abrió la puerta, la menuda mujer saludó a Maggie con una reverencia y alzó la vista hacia ella con respeto, pero las palabras «¿Está mi hermano en casa?» que pronunció Maggie con una sonrisa hicieron que diera media vuelta con repentina excitación. -¡Madre, madre! ¡Avise a Bob! ¡Es la señorita Maggie! Pase, señorita, pase -dijo, abriendo una puerta lateral y esforzándose en aplastarse contra la pared para dejar más espacio a la visita. Tristes recuerdos acudieron en tropel cuando Maggie entró en el pequeño salón que era ahora lo único que el pobre Tom podía considerar su casa, nombre que en otro tiempo, tantos años atrás, significaba para ambos la misma suma de objetos queridos y familiares. Pero no todo era extraño en aquella nueva sala: el primer lugar donde se posaron sus ojos fue la grande y antigua Biblia, si bien ésta no ayudó a dispersar los viejos recuerdos. Maggie permaneció de pie sin decir nada. -Si m’hace el favor de sentarse, señorita -dijo la señora Jakin tras pasar el delantal por una silla perfectamente limpia y llevarse a la cara una esquina de la prenda con aire cohibido mientras miraba a Maggie con aire de interrogación. -Entonces, ¿Bob está en casa? -preguntó Maggie, recobrando la calma y sonriendo a la tímida muñeca de madera. -Sí, señorita; pero creo que está lavándose y vistiéndose: iré a mirar -anunció la señora Jakin, desapareciendo. Pero no tardó en regresar con más valor, caminando detrás de su marido, el cual mostró los brillantes ojos azules y los dientes blancos y regulares desde la puerta, inclinándose respetuosamente. -¿Cómo estás, Bob? -preguntó Maggie, avanzando y tendiéndole la mano-. Siempre he tenido ganas de visitar a tu esposa y, si ella me lo permite, regresaré otro día para verla a ella. Pero hoy he tenido que venir para hablar con mi hermano. -No tardará en volver, señorita. Le van bien las cosas al señor Tom. Será uno de los primeros de por aquí, ya lo verá. -Bueno, Bob, no me cabe duda de que, llegue a donde llegue, estará en deuda contigo: lo dijo él mismo la otra noche, hablando de ti. -Bueno, ésa es su manera de verlo, pero yo me tomo muy en serio lo que dice, porque a él no se le suelta la lengua como a mí. Pardiez, soy peor que una botella inclinada: cuando empiezo no sé parar. Tiene usted muy buen aspecto, señorita, m'alegro mucho de verla. ¿Qué dices, Prissy? -dijo Bob, volviéndose hacia su esposa-. ¿No era como yo decía? Aunque, cuando me lanzo, es fácil que hable bien de muchas cosas. La pequeña nariz de la mujer de Bob parecía seguir el ejemplo de sus ojos y se alzaba, reverente, hacia Maggie, pero ahora ya se sentía capaz de sonreír y hacer reverencias. -M'apetecía muchísimo conocerla, señorita, porque mi marido no ha parao d’ hablar de usté como un loco, desde que empezó a cortejarme. 224

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-Bueno, bueno -dijo Bob sintiéndose ridículo-. Ve a mirar cómo van las patatas, que si no el señor Tom tendrá que esperar. -Espero que Mumps se lleve bien con la señora Jakin, Bob -dijo Maggie con una sonrisa-. Recuerdo que dijiste que no le gustaría que te casaras. -Señorita, le pareció bien cuando vio lo pequeña que era. Por lo general hace como que no la ve, o piensa que todavía no ha acabao de crecer. Pero hablando del señor Tom, señorita -dijo Bob, bajando la voz y adoptando un aire serio-, es muy reservao pero yo soy listo, y cuando dejo el fardo y estoy mano sobre mano, me intereso por lo que piensan los demás. Y me preocupa que el señor Tom se quede sentado y solo, enfurruñado, con el ceño fruncido y mirando el fuego toda la noche. Un muchacho joven y bien plantao como él debería estar ya un poco más animado. Mi mujer entra algunas veces y él no se da cuenta, y dice que está mirando el fuego y arrugando el entrecejo, como si viera allí gente trabajando. -Piensa mucho en los negocios -dijo Maggie. -Sí -dijo Bob, bajando la voz-, pero ¿no le parece que piensa en algo más? El señor Tom es muy cerrao, pero yo soy listo Y las pasadas Navidades se me ocurrió que quizá estaba enamorado. Se esforzó mucho por encontrar un pequeño spaniel negro, una raza rara. Pero algo pasó entonces que lo ha hecho más callao que nunca, aunque ha tenido mucha suerte. Y quería decírselo, señorita, porque pensaba que a lo mejor podría usted entenderlo, ahora que está aquí. Está demasiado solo, no tiene suficiente compañía. -Me temo que tengo muy poco poder sobre él, Bob -dijo Maggie, muy conmovida por la sugerencia de Bob. La idea de que Tom pudiera tener penas amorosas era totalmente nueva. ¡Pobre muchacho! ¡Enamorado de Lucy, además! Pero quizá eran meras fantasías del cerebro de Bob, demasiado laborioso. Que le hubiera regalado un perro no significaba otra cosa que gratitud y cariño entre primos. Pero Bob había dicho ya: «Aquí está el señor Tom» y la puerta principal se abría en aquel momento. -Tom, no tengo tiempo que perder -dijo Maggie en cuanto Bob salió de la habitación-. Debo decirte ahora mismo para qué he venido y dejarte comer en paz. Tom permanecía de pie, de espaldas a la chimenea, y Maggie estaba sentada frente a la luz. Tom advirtió que Maggie temblaba y presintió el asunto que deseaba tratar. Esta intuición le volvió la voz más dura y fría. -¿De qué se trata? El tono provocó la resistencia de Maggie y ésta planteó la petición de un modo muy distinto al que había previsto. Se puso de pie y miró a Tom de frente. -Quiero que me liberes de la promesa sobre Philip Wakem. O, mejor dicho, te prometí que no lo vería sin decírtelo: vengo a comunicarte que deseo verlo. -Muy bien -contestó Tom con mayor frialdad todavía. Pero Maggie apenas había acabado de hablar de aquella manera fría y desafiante cuando se había arrepentido ya y empezaba a alarmarle el temor de distanciarse de nuevo de su hermano. -No es por mí, querido Tom. No te enfades. No te lo habría pedido, pero Philip es amigo de Lucy y ella quiere que vaya a su casa: lo ha invitado a ir esta misma tarde, y le dije que no podía verlo sin decírtelo. Sólo lo veré en presencia de otras personas y entre nosotros no volverá a haber nada secreto. Tom apartó la vista de Maggie y frunció el ceño un poco más durante un rato. Después se volvió hacia ella. -Ya sabes lo que pienso sobre todo esto, Maggie -dijo lenta y enfáticamente-. No es necesario que te repita lo que te dije hace un año. Mientras nuestro padre estaba vivo, me sentí obligado a utilizar sobre ti todo mi poder para impedir que lo deshonraras a él, a ti misma y a todos nosotros. Pero ahora debo dejar que decidas tú. Después de la muerte de nuestro padre dijiste que querías ser independiente. No he cambiado de opinión. Si piensas volver a tratar a Philip Wakem como enamorado, deberás olvidarme. 225

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-No es ése mi deseo, querido Tom, por lo menos tal como están ahora las cosas. Creo que no nos traería más que disgustos. Pero no tardaré en marcharme a otro trabajo y me gustaría volver a ser su amiga mientras estoy aquí. Lucy así lo desea. La severidad del rostro de Tom se relajó un poco. -No me importa que lo veas de vez en cuando en casa de nuestro tío y no quiero que conviertas esta cuestión en un problema. Pero no confío en ti, Maggie. Es fácil que te arrastren a hacer cualquier cosa. Los labios de Maggie temblaron al oír aquellas palabras crueles. -¿Por qué dices eso, Tom? Eres muy duro conmigo. ¿Acaso no he hecho y he soportado de todo tan bien como he podido? Y he cumplido la palabra que te di... No he llevado una vida más feliz que la tuya. Empujada por las lágrimas, adoptó una actitud infantil. Cuando Maggie no estaba enfadada era tan sensible a las palabras duras o amables como una margarita a los rayos del sol o a las nubes: la necesidad de ser querida la dominaría siempre, igual que cuando se encontraba en el carcomido desván. La bondad del hermano se manifestaba con mayor facilidad ante este estimulo, pero sólo podía mostrarla a su modo. Le puso suavemente la mano en el brazo. -Escúchame, Maggie -dijo con un tono de amable suficiencia-. Te explicaré lo que he querido decir. Estás siempre en los extremos, careces de juicio y no sabes controlarte; y, a pesar de todo, te crees muy lista y no consientes que te guíen. Ya sabes que yo no quise que buscaras un empleo. La tía Pullet estaba dispuesta a ofrecerte un buen hogar para que vivieras de modo respetable entre tus amistades hasta que yo pudiera conseguir una casa para ti y para nuestra madre. Eso es lo que a mí me gustaría. Quería que mi hermana fuera una dama y te habría cuidado siempre, como quería mi padre, hasta que te hubieras casado bien. Pero tus ideas y las mías nunca coinciden, Y no accediste: deberías tener suficiente sentido común para saber que un hermano que se desenvuelve en este mundo y se mezcla con otros hombres necesariamente conoce mejor que su hermana lo que es adecuado y respetable para ella. Crees que no soy amable, pero mi amabilidad sólo puede encaminarse hacia lo que creo bueno para ti. -Sí, ya lo sé, querido Tom -dijo Maggie, todavía entre sollozos, pero intentado controlar las lágrimas-. Ya sé que harías muchas cosas por mí, ya sé lo mucho que trabajas y cómo te entregas en cuerpo y alma. Te lo agradezco, pero lo cierto es que no puedes decidir en mi lugar, porque nuestros caracteres son muy distintos. No sabes hasta qué punto las cosas me afectan de modo distinto que a ti. -Sí, sí lo sé. Lo sé demasiado bien. Sé hasta qué punto ha tenido que ser distinta de la mía la consideración que te merece lo que afecta a nuestra familia y a tu dignidad de mujer para que se te ocurriera pensar siquiera en admitir que Philip Wakem te cortejara en secreto. Aunque no me desagradara en muchos otros sentidos, debería oponerme a que el nombre de mi hermana se asociara, aunque sólo fuera un instante, al de un joven cuyo padre debe de odiar hasta nuestro pensamiento y que, sin duda, llegado el momento te desdeñaría. En el caso de cualquier otra persona, daría por hecho que lo que presenciaste justo antes de la muerte de nuestro padre bastaría para quitarte de la cabeza la idea de tener a Philip Wakem como enamorado. Pero contigo no estoy seguro; contigo nunca estoy seguro de nada. Tan pronto te complace una especie de perversa mortificación como te falta decisión para resistirte a algo que sabes que está mal. Las palabras de Tom contenían una verdad lacerante, esa cáscara de la verdad que es lo único que perciben las personas sin imaginación ni capacidad de comprensión. Maggie siempre se estremecía ante los juicios de Tom: se rebelaba y se sentía humillada a la vez, como si su hermano sostuviera delante de ella un espejo para mostrarle su locura y su debilidad, como si fuera una voz que predijera sus errores; y, sin embargo, al mismo tiempo, ella también lo juzgaba y decía para sí que era estrecho de miras e injusto, que no era capaz de 226

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sentir las necesidades espirituales que con frecuencia eran origen de los errores o actitudes absurdas que hacían de la vida de Maggie un misterio indescifrable. Maggie no contestó de inmediato: tenía el corazón demasiado lleno. Se sentó y apoyó un brazo en la mesa. De nada serviría intentar convencer a Tom de que lo quería. Siempre la rechazaba. La impresión causada por las palabras de su hermano se complicaba con la referencia a la última escena entre su padre y Wakem y, finalmente, aquel recuerdo doloroso y solemne se impuso sobre los agravios inmediatos. ¡No! No pensaba en aquellas cosas con frívola indiferencia y Tom no debería acusarla de ello. Alzó la vista hacia él con una mirada grave y seria. -Nada de lo que te diga conseguirá que tengas mejor opinión de mí. Pero no estoy tan lejos de tus sentimientos como crees. Me doy cuenta tan bien como tú que, dada nuestra posición en relación con el padre de Philip, aunque no en otros aspectos, sería poco razonable, sería un error que pensáramos en el matrimonio, y ya no considero a Philip mi enamorado... Y te digo la verdad y no tienes derecho a dudar de mí: he cumplido la palabra que te di y nunca has visto que mintiera. No sólo no debería fomentar, sino evitar con todo cuidado cualquier trato con Philip que no se basara en una amistad tranquila y distante. Puedes pensar que soy incapaz de mantener mis decisiones, pero no deberías tratarme con desprecio por errores que todavía no he cometido. -Bien, Maggie -dijo Tom, ablandándose un poco ante su ruego-. No quiero forzar las cosas. Me parece que, teniéndolo todo en cuenta, será mejor que veas a Philip Wakem, si Lucy desea que vaya a su casa. Creo en lo que dices: o que, al menos, tú lo crees así. Yo sólo puedo advertirte. Me gustaría ser tan buen hermano como tú me permitas. La voz de Tom tembló un poco cuando pronunció estas últimas palabras, y el afecto de Maggie regresó repentinamente, como cuando eran niños y compartían un trozo de pastel como sacramento de conciliación. Se puso en pie y colocó una mano sobre el hombro de Tom. -Querido Tom, ya sé que quieres ser bueno conmigo. Sé que has tenido que pasar por muchas cosas y que lo has hecho muy bien. Me gustaría ser para ti un consuelo y no una preocupación. ¿Verdad que ahora no piensas que soy mala del todo? Tom sonrió al ver el rostro ansioso de Maggie: sus sonrisas, cuando surgían, eran muy agradables, ya que bajo el ceño aquellos ojos grises podían ser tiernos. -No, Maggie. -Tal vez sea mejor de lo que esperas. -Me gustaría que así f u e r a . -¿Puedo venir algún día a prepararte el té y ver otra vez a la diminuta mujer de Bob? -Sí, pero ahora márchate a toda prisa, porque no tengo más tiempo -dijo Tom, mirando el reloj. -¿No me das un beso? Tom se inclinó para besarla en da mejilla. -¡Ea! Sé buena. Hoy tengo que pensar en muchas cosas. Esta tarde tendré una larga reunión con el tío Deane. -¿Vendrás mañana a casa de la tía Glegg? Comeremos todos temprano para acudir a tomar el té. Tienes que ir: Lucy me dijo que te lo pidiera. -Bah, tengo mucho que hacer -dijo Tom. Tiró bruscamente de la cuerda de la campana y la arrancó. -Me asustas y huyo -exclamó Maggie, riendo. Mientras tanto, Tom, con masculina filosofía, tiró la cuerda de la campana al otro extremo de la habitación, que tampoco quedaba muy lejos. Un gesto al que, según creo, no serán ajenos muchos hombres importantes o distinguidos que en la primera etapa de su ascenso social acariciaron grandes esperanzas en pequeñas viviendas.

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Capítulo V En él se muestra que Tom consigue lo que se propone
-Y ahora que ya hemos zanjado lo del negocio de Newcastle, Tom -dijo el señor Deane aquella misma tarde mientras permanecían sentados en la sala privada del banco-, quiero hablarte de otra cosa. Puesto que es probable que en Newcastle tengas que soportar mal tiempo y mucho humo durante las próximas semanas, sin duda desearás tener una buena perspectiva que te anime un poco. Tom aguardó más tranquilo que en otras ocasiones anteriores mientras su tío sacaba la caja de rapé y repartía la dosis entre las dos ventanas de su nariz con cuidadosa imparcialidad. -Mira, Tom -prosiguió el señor Deane, por fin, recostándose en el sillón-, el mundo avanza ahora con un paso más rápido que cuando yo era joven. Caramba, señor mío, si hace cuarenta años, cuando yo era un joven robusto como tú, un hombre pasaba gran parte de su vida tirando del carro antes de tener el látigo en la mano. Los telares eran mas lentos y las modas no cambiaban tan deprisa: recuerdo que mi traje bueno fue el mismo durante seis años. Todo tenía una escala menor en relación con los gastos, señor mío. El vapor lo ha cambiado todo: arrastra las máquinas al doble de velocidad y, con ellas, la rueda de la fortuna, tal como dijo nuestro amigo, el señor Guest, en la comida de aniversario. Describe muy bien la situación, teniendo en cuenta que no ha visto nunca el negocio de cerca. A mí no me disgustan estos cambios como a otras personas. El comercio, señor mío, abre los ojos de la gente. Y si la población va a seguir creciendo, el mundo debe poner el ingenio al servicio de inventos de un tipo u otro. Sé que he contribuido a ello como simple hombre de negocios. Alguien ha dicho que es bueno hacer crecer dos espigas allí donde sólo crecía una: pero, señor mío, también es bueno avanzar en el intercambio de bienes y llevar grano a la boca de quien tiene hambre. Y en este sentido se orienta nuestro negocio y lo considero tan digno como el que más. Tom sabía que el asunto que su tío iba a tratar no era urgente; el señor Deane era un hombre demasiado astuto y práctico para permitir que los recuerdos o el rapé frenaran el avance del negocio. Lo cierto era que durante los últimos meses Tom había recibido indirectas que le permitían adivinar que iba a oír alguna proposición ventajosa. Con el principio de este último párrafo, había estirado las piernas, metido las manos en los bolsillos y se había preparado para alguna prolija introducción destinada a mostrar que el señor Deane había triunfado por mérito propio y que lo que tenía que decir a los jóvenes en general era que si ellos no conseguían triunfar también se debía a sus propios deméritos. Así pues, se sorprendió bastante cuando su tío le formuló una pregunta directa. -Veamos, hace ya siete años que me pediste un empleo, ¿verdad, Tom? -Sí, señor. Ahora tengo veintitrés -contestó Tom. -Ah. Mejor no lo digas, porque pareces mayor y en los negocios la edad cuenta a favor de uno. Recuerdo muy bien tu visita: recuerdo que vi que tenías valor y eso fue lo que me empujó a animarte. Y me alegra decir que yo tenía razón, no es fácil engañarme. Como es natural, era reacio a promover la carrera de mi sobrino, pero me alegra decir que me has dejado en buen lugar, señor mío, y que si tuviera un hijo no me disgustaría nada que fuera como tú. El señor Deane repiqueteó sobre la caja y la abrió de nuevo, mientras repetía con afecto: «No, no me disgustaría nada que fuera como tú». -Estoy muy contento de que esté satisfecho de mí, señor. Me he esforzado tanto como he podido -contestó Tom con su tono orgulloso e independiente. -Sí, Tom, estoy satisfecho de ti. No me refiero a tu actitud como hijo, aunque eso también pesa en mi opinión. Como socio de esta empresa, me intereso por las cualidades que has mostrado como hombre de negocios. El nuestro es un buen negocio, una empresa 228

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sí -insistió el señor Deane-. Y. ahora soy capaz de ocuparme de mucho trabajo. también es necesario que tenga otra cosa: hombres que la dirijan. me lo contó. tenerlo en mis manos e ir aumentando su valor lentamente. ya que llevaba en su familia cinco generaciones. Gracias a Dios. Sería posible si hubiera alguna posibilidad de que Wakem deseara desprenderse de la propiedad. Es un gran paso para un joven de veintitrés años. Y aunque Guest tiene casi diez años más que tú. Me parece que eso será mejor. Deseaba decir algo a su tío que tal vez no le gustara. y yo se lo prometí. con el transcurso de los años. me siento especialmente en deuda con usted. tienes a tu favor otros aspectos. cuando lo compró. señor. Te dará más importancia y te preparará mejor para ir haciéndote cargo de responsabilidades que ahora pesan sobre mis hombros. Así me sucedió a mí. nunca me gustará otro tanto como aquél. si las cosas seguían así. Dice que no se quedará a menos que se produzca algún cambio. nos gustará ir ampliando. el modo en que te ocupaste del asunto del banco de Pelley nos habría llevado. además. grande o pequeña. señor mío. nos ha decidido a darte una participación en el negocio que. pero desearía que usted supiera los planes que tengo sobre el molino. -Se lo agradezco mucho al señor Guest y a usted. en todos los sentidos. prospere. y se calló unos instantes. respaldado por tu actitud y tu habilidad para los negocios. y no esos jóvenes de mal gusto. Nunca se lo he contado. pero lo he hecho puesto que usted ha tenido la amabilidad de decir que mis servicios han sido útiles. ¿Por qué? Porque los servicios de Guest merecían un premio. Es bastante aficionado a pasar por delante de otros. que subirte el sueldo. que me metió en el negocio y se ha ocupado de mí -dijo Tom temeroso. Así será siempre. al cabo de un rato-. Hace tres años hicimos a Guest partícipe de esta empresa y le dimos una parte del molino de aceite. nuestro viejo molinero. -Ese Jetsome es una oveja descarriada -dijo Tom-. pero no niego que aunque no fueras pariente mío. al señor Guest y a mí. A medida que el señor Deane hablaba. cuando la propiedad de mi padre se vendió. El último deseo de mi padre fue que intentara recuperarlo en cuanto pudiera. Ha empezado a beber y dicen que está abandonando el negocio. en caso contrario. -Entiendo.Librodot El molino de Floss George Eliot 229 espléndida. me gusta especialmente ese lugar. 229 Librodot . Todo ello. El señor Deane.que el hecho de que seas mi sobrino cuenta a tu favor. se estudió la posibilidad de que su empresa comprara el molino: sé que usted pensaba que sería una inversión muy buena. -Resulta evidente -prosiguió el señor Deane tras terminar otra pulgada. No tenía intención de mencionarlo. Si usted recuerda. También me ocupé de Guest. tuvo sus motivos. hombres de costumbres adecuadas en los que se pueda confiar. y no hay motivo para que no siga creciendo: crece el capital y crecen los puntos de venta. sin duda. Ha colocado a ese joven Jetsome y estoy seguro de que. desearía decirle una cosa. Renunciaría a mejores oportunidades en la vida a cambio de recuperar el molino: es decir. -Sí. -Tal vez no sirva de nada que lo mencione en este momento -prosiguió Tom-. a reconocer de algún modo los servicios prestados. tras escuchar atentamente. No ahorro esfuerzos cuando veo que servirán para algo. Luke. Le dije al señor Guest que trataría el tema contigo y que cuando vuelvas de ese asunto en el Norte pasaremos a tratar los detalles. Le tengo mucho cariño. pero tengo que decir que te lo mereces. no se puede negar. El señor Guest y yo vemos este aspecto con claridad. Naturalmente. -Sin duda. quedó pensativo. Y yo pensaba que. Y si en alguna ocasión se le ocurriera a usted comprarlo para la empresa. Pero para que cualquier empresa. Tom iba poniéndose nervioso. entonces me sería más fácil cumplir los deseos de mi padre. pero estoy haciéndome viejo. tío. entiendo -dijo. especialmente si se le aplicaba vapor. Pero Wakem pujó más que nosotros. -Sin embargo. puesto que en lugar de aceptar su ofrecimiento pensaba presentarle una sugerencia. pero no lo creo. no estaría donde está.

podré dedicarme a algo más que al molino. Tenía por costumbre no asentir de inmediato a los comentarios habituales en la buena sociedad y decir que no sabía si estos comentarios eran ciertos o no. pero no servía de nada llevar la contraria a Stephen cuando tomaba una decisión. en la conversación con la tía Pullet. -Bien. Ahora me voy a comer. por muy consciente que fuera de su doloroso pasado y presintiera un futuro incierto. ya lo pensaré. ¡Pobrecilla. Durante la primera fiesta que dio Lucy. si sigues por este camino. Debo averiguar cosas y tratarlo con el señor Guest. Y Maggie carecía de modo tan completo de los lindos aires de coquetería que. que se relacionaban con cierta condescendencia con las familias de Saint Ogg's y eran el espejo de la moda en el lugar. Pero es empezar en una vía nueva y ponerte al frente en lugar de dejarte donde estás. teniendo en cuenta cómo era el resto de los parientes de la pobre Lucy: esta alusión siempre hacía que las señoritas Guest se estremecieran un poco. censuraron ligeramente los modales de Maggie. el joven Torry se fatigó los músculos faciales más que de costumbre con la intención que la «muchacha de ojos oscuros del rincón» se fijara en él y en el estilo que le confería el monóculo: y varias jóvenes se marcharon a su casa con la intención de hacerse unas mangas cortas de encaje negro y trenzarse el cabello en una ancha corona en la nuca: «Esa prima de la señorita Deane resultaba muy distinguida». llevan a los caballeros a la desesperación. sin embargo. bien puede darse una interpretación positiva a este juicio. bah! Pronto tendrás una esposa de la que ocuparte. a la que era imposible dejar de 230 Librodot . Capítulo VI En el que se ilustran las leyes de la atracción Te resultará ya evidente.Librodot El molino de Floss George Eliot 230 Wakem estaría más dispuesto a desprenderse del molino. que suscitaba cierta piedad femenina por ser tan incompetente a pesar de su belleza. -En cuanto las cosas vayan bien. Tom. no debemos apresurarnos. No era agradable pensar en que emparentarían por matrimonio con personas como los Glegg y los Pullet. que es lo que queríamos. sin duda Maggie se encontraba en un nuevo punto de partida en la vida. nada había que reprochar a la propia Lucy. De todos modos. incluso para unos oídos tan aficionados a los negocios como los del señor Deane. había tenido una vida muy dura! Y había que reconocer que no tenía ningunas pretensiones: sus modales bruscos e irregulares eran sin duda resultado de sus solitarias y modestas circunstancias. te prometo que lo tendré en cuenta y que cuando vuelvas hablaremos de nuevo. Resultaba sorprendente que no poseyera el menor rasgo vulgar. Luke dice que le disgusta el modo en que van las cosas. -¡Bah. que Maggie había alcanzado un momento de su vida que cualquier persona prudente consideraría una gran oportunidad para una mujer joven. Lo cierto era que la pobre Maggie. según se cree. no hay nada que me interese tanto. Y. puesto que el hecho de que una nueva amistad de su sexo muestre cierta inferioridad no necesariamente predispone en contra a las damas. Presentada a la alta sociedad de Saint Ogg's con el apoyo de una llamativa personalidad que tenía la ventaja de resultar poco familiar a la mayoría de los habituales y con el escaso respaldo de los atavíos que Lucy había mencionado. sin duda. inquieta. Pero en cuanto a ese molino. Las señoritas Guest. Resultaba un poco triste que un joven de veintitrés años dijera eso. Quiero tener mucho trabajo. lector. ven mañana a desayunar con nosotros y despídete de tu hermana y de tu madre antes de partir. estaba convirtiéndose en objeto de cierta envidia y tema de conversación en el nuevo salón de billar y entre bellas amigas que no tenían secretos las unas con las otras cuando se trataba de acicalarse. lo que le daba un aire de gaucherie y entorpecía el flujo de la conversación.

y con frecuencia prefería tocar el libro de ejercicios que una melodía para disfrutar más intensamente. príncipe de Dinamarca. En estas circunstancias. podemos imaginar que Hamlet llegara a casarse con Ofelia y viviera la vida sin que nadie pusiera en duda su cordura. y el señor Guest les comunicó que se había ido a la costa. ya en la primera semana. no faltaron las invitaciones a Park House y a otros lugares: la señorita Deane era un miembro de la sociedad de Saint Ogg's demasiado distinguido y destacado para que se le negara ninguna atención. a través de la abstracción. ya no era un ser insignificante al que se podía reprender y cuya atención se reclamaba sin que nadie se sintiera obligado a prestarle ninguna. la misma Maggie estaba dejando de pensar.para sacar las melodías que había oído la noche anterior y repetirlas una y otra vez hasta encontrar el modo de reproducirlas.Librodot El molino de Floss George Eliot 231 apreciar. encontró esperándolo las dos notas de Lucy: se había marchado antes de tener noticia de la llegada de Maggie. entender hasta qué punto se prolongaron éstos gracias a la novedad de sus experiencias y los diversos estados de su ánimo. a la que tanto apreciaba. También resultaba agradable. sino su historia. Porque la tragedia de nuestras vidas no se crea del todo en nuestro interior. Los primeros días de una amistad casi siempre tienen una importancia especial y ocupan 231 Librodot . Pero si su padre hubiera vivido hasta una edad avanzada y su tío hubiera fallecido pronto. no lamentaba que el encuentro se hubiera retrasado. a su parecer. para hacer algunos bocetos. sentarse sola al piano y advertir que la antigua sintonía entre los dedos y las teclas seguía presente y revivía -como un parentesco fiel que no desaparecía con la separación. y Stephen se enfadaría mucho si no se comportaban con toda cortesía. con su ansiosa imaginación. El modo en que disfrutaba de la música no indicaba un gran talento en concreto: su sensibilidad ante el estímulo supremo de la música era un aspecto más de la apasionada sensibilidad que la caracterizaba y hacía que sus defectos y virtudes se mezclaran. el futuro de Maggie se halla todavía escondido y debemos esperar a que se revele como el curso de un río no descrito en los mapas: sólo sabemos que este río es caudaloso y rápido y que todos los ríos tienen el mismo final. Así fue como Maggie conoció la vida de una dama joven y supo lo que era levantarse por la mañana sin un motivo especial para hacer una cosa en lugar de otra. para no hablar de una total falta de cortesía hacia su suegro. entre la música abundante y los lentos paseos a la luz del sol o la deliciosa ensoñación de dejarse arrastrar por el río. No regresó hasta pasados doce días y. y cada vez le inquietaba menos el primer encuentro con Philip: quizá. lector. Sin duda. a pesar de su afición a los soliloquios y a algún sarcasmo contra la bella hija de Polonio. de la primitiva sensación de los intervalos. probablemente. a su vuelta. y como consecuencia tenemos una gran tragedia. Maggie empezó a sentirse menos acosada por los tristes recuerdos y pronósticos. convertía algunas veces su afecto en enojada exigencia. Dice Novalis que «el carácter es el destino». que es difícil de predecir aún desde el más completo conocimiento del primero. Tal vez sea necesario contar de nuevo diecinueve años para comprender los sentimientos que llenaron a Maggie durante aquellos doce días. deseaba que las señoritas Guest se mostraran amables con su prima. en la suerte que le aguardaba. pero no todo nuestro destino. difícilmente podría dejar de tener efectos embriagadores tras tantos años de privaciones. Hamlet. La mera concordancia de las octavas le encantaba. no se sabía la fecha de su regreso. Pero. de modo inconsciente. avanzada ya la primavera. Y ahora siempre la aguardaban ojos llenos de admiración. Lo cierto era que Philip no apareció la tarde en que se lo esperaba. pero también impedía que su vanidad tomara forma de argucia y coquetería femenina y le confería la poesía de la ambición. Aquello de irse sin decir nada era muy propio de Philip. cuando Stephen y Lucy salían a dar un paseo a caballo. convertidas en un lenguaje mas elocuente y apasionado. La vida era muy agradable en aquel momento: empezaba a gustarle arreglarse por la noche y sentir que era una de las bellezas de aquella primavera. Así pues. Esta nueva sensación de ociosidad y de placer sin límite entre los aires suaves y los perfumes del jardín. Bajo el encanto de los nuevos placeres. era dado a la especulación y la indecisión. hace ya tiempo que conoces a Maggie y no es necesario que se te describa su carácter.

o si Lucy los dejaba solos.Librodot El molino de Floss George Eliot 232 mayor espacio en nuestra memoria que otros periodos posteriores. Maggie se limitaba a sentir que la vida se mostraba para ella como algo nuevo y estaba absorta en la experiencia directa. el del regreso de Philip. una de las cuales deseaba que fuera Lucy. Si Stephen entraba en la sala cuando Lucy se encontraba ausente. ya que Lucy estaba tan ocupada con las labores para la venta benéfica. y eso era lo que todo el mundo esperaba. no se dirigían la palabra: Stephen bien podía simular que examinaba los libros o las partituras y Maggie inclinaba la cabeza aplicadamente sobre la labor. el punto débil de Maggie. Maggie podía mirar a Stephen -cosa que. 232 Librodot . Además. que sentía un gran «respeto por el juicio de los hombres»33. Lucy tuvo un repentino compromiso para pasar la tarde con la señora Kenn. o acompañándola en alguna excursión: sin duda. Ninguno de los dos había empezado a reflexionar sobre el asunto ni se había preguntado en silencio adónde llevaba todo aquello. ¡Alejar a las jóvenes damas de los deberes del hogar y lanzarlas a escenas de disipación entre tapetitos acolchados para teteras y bolsitos bordados! Me gustaría saber cuál es la misión de las mujeres. Era una actitud sutil de la que el mismo Stephen no era consciente. se comportaban de nuevo con espontaneidad: Maggie se sentía capaz de llevar la contraria a Stephen y reírse de él. y no es de extrañar que no comprendiera el verdadero significado de aquel cambio. menos llenos de impresiones y descubrimientos. en comparación. y él podía aconsejarle que siguiera el ejemplo de aquella heroína tan encantadora. sin embargo. sin que le quedara energía para reflexionar y razonar sobre ella.y él incluso llegaba a pedirle que lo acompañara al piano. Un día. evitaba siempre cuando estaban solos. -He aquí otro de los resultados morales de esta idiotez de fiesta benéfica -espetó Stephen en cuanto la señorita Torry salió de la habitación-. Ambos eran conscientes de modo total y opresivo de la presencia del otro Y. convencido de encontrarlo. y en más de una ocasión se le ocurrió pensar en el encantador cuarteto que formarían cuando Maggie se casara con Philip. cuyo delicado estado de salud. especialmente porque la compañía de Stephen parecía ser mucho más interesante y divertida desde que Maggie estaba allí. le ofrecía el brazo a ella y buscaba su respaldo. y se atrevía a regañarla por acelerar el tempo. si no es dar argumentos 33 Protagonista de Tom Jones. inmediata. y éste oyó que Lucy prometía salir pronto y recoger a las seis a la señorita Torry. está convencida de que conoce la naturaleza de los afectos de sus compañeros y no es propensa a los sentimientos que suscitan estas ideas en ausencia de pruebas fehacientes. ambos deseaban que al día siguiente se repitiera la situación. Las atenciones personales que dedicaba a Maggie eran. la misma conciencia de sus necesidades y el mismo cuidado en colmarlas. El compromiso se había acordado en presencia de Stephen. ¿Las mismas? A Lucy le parecía que incluso más. Lucy estaba muy feliz. ¿Resulta inexplicable que una muchacha disfrute más de la compañía de su amado en presencia de una tercera persona y no sienta la menor punzada de celos si la conversación se dirige casi siempre a esa otra persona? No es así cuando la muchacha posee un corazón sereno como Lucy. la señorita Sophia Western. En esos diez días no hubo muchas horas que el señor Guest no pasara sentado junto a Lucy o de pie junto a ella mientras tocaba el piano. y cada día mostraba hacia ella la misma tierna cortesía. la cual le había traído la petición de la señora Kenn. Stephen se abstenía deliberadamente de preguntarse a sí mismo y se negaba a reconocer una influencia que podría llegar a determinar su conducta. sin duda. Y cuando Lucy regresaba a la habitación. escasas e incluso había surgido entre ambos una distancia aparente que impedía que Stephen repitiera el gesto levemente galante del primer día en el bote. por un motivo u otro. Stephen se sentaba junto a Lucy. que amenazaba con degenerar en enfermedad por un ataque de bronquitis. la obligaba a delegar sus funciones de la cercana venta benéfica en manos de otras damas. sus atenciones eran más asiduas. Entablaban conversaciones jocosas o serias en las que Stephen y Maggie se mostraban con toda naturalidad ante la admiración de la amable y discreta Lucy. novela de Henry Fielding (1749).

Debería excusarme por aparecer por sorpresa. pero quería ir a la ciudad y he hecho que un criado me trajera remando. sin duda. ya que no estaba acostumbrada a atender sola a las visitas. Stephen la vio mirar a través del ventanal abierto y la saludó con el sombrero mientras se encaminaba hacia éste y entraba por ahí. y se sentó en la silla situada a su lado. había pasado por su casa y había regresado por el río. tiene usted una opinión excesivamente buena de mí -dijo Lucy agitando da cabeza con un lindo rubor. Maggie estaba sentada en el salón sola. 1808-1870. por qué estaba acariciando en aquel momento la cabeza de M i n n y . cosa que. -Bien. Nunca lo había hecho y tanto él como Maggie eran conscientes de que se trataba de una situación totalmente nueva. pero como los británicos no son lo bastante razonables para soportar los impuestos directos. Saint Ogg's no tiene capacidad o motivos suficientes para construir y dotar colegios sin recurrir a la insensatez. en lugar de ir hasta la puerta. debido a ese tácito acuerdo. inclinándose para tirar de las largas orejas rizadas que colgaban sobre el brazo de Maggie. ¿Querrá dársela? -Sí -contestó Maggie. de modo que se me ha ocurrido traer estas partituras de la Doncella de Artois34 para su prima. esto no durará mucho -contestó Lucy riendo-. si ella le dirigía una mirada prolongada con aquellos ojos profundos y extraños quedaría satisfecho y se portaría después de modo razonable. con M i n n y sobre el regazo. Nunca le he oído decir nada semejante. Stephen tenía la sensación de que estaba soñando y se veía obligado a ejecutar una serie de actos mientras se preguntaba el motivo. con los ojos inquietos y bien abiertos-. 233 Librodot .El mismo Kenn dijo el otro día que no le gustaba que la vanidad se ocupara de la caridad. parecía todo lo atolondrado que un joven de cierto tino y serenidad puede mostrarse. Maggie se inclinaba para acariciar al diminuto y sedoso perrito y consolarlo por la ausencia de su ama cuando el sonido de unos pasos en la gravilla hizo que levantara da vista y vio a Stephen Guest avanzando por el jardín como si viniera directamente del río. que rodaron al suelo. hacía siempre en el comedor hasta la hora del té. Poco después de comer. pero yo sé que en el fondo la intención es buena. Esta mañana se me ha olvidado. Él también estaba sonrojado y. cuando no tenían invitados. Stephen depositó el sombrero junto a las partituras. puesto que su autor no añadió ningún otro. con su traje negro: sin duda. Su conducta al salir esta tarde parece atroz. porque la venta será el lunes que viene. prolongó la visita de la mañana hasta convertirla en la más larga de todas y no se despidió hasta después de las cuatro. No era un comentario muy sugerente y.Librodot El molino de Floss George Eliot 233 para que los esposos se queden en casa y motivos todavía más poderosos para que los solteros salgan de la suya. Tenía la sensación de 34 Opera de Michael William Balfe. pensaba que aprobaba lo que hacíamos. ¡Era muy raro verlo tan pronto después de comer! Con frecuencia se lamentaba de que en Park House comían tarde. -Oh. señorita Tulliver -dijo con aire de vacilante improvisación-. Ahí se abandonó la cuestión. Sin embargo. -¡Mira el perrito mimado! -exclamó Stephen. pero se dio por hecho que Stephen no acudiría por la tarde y. Maggie sintió que le ardían las mejillas y el corazón le latía: era normal que se pusiera nerviosa. sin saber qué hacer. era muy agradable: sólo deseaba atreverse a mirar a Maggie y que ella lo mirara. -Estoy seguro de que le parece bien todo lo que usted hace -contestó Stephen dedicándole una sonrisa afectuosa-. cuando entró con una partitura enrollada en la mano. -¡Gracias al cielo! -exclamó Stephen. -Le sorprende volver a verme. Pero allí estaba. tras dejar a su tío tomando un oporto y dormitando y a su madre en un lugar intermedio entre el punto de media y las cabezadas. se sentó de nuevo. se disolverán los vínculos sociales. Se había levantado confusa con M i n n y entre los brazos y. -¿Dijo eso? -preguntó la pequeña Lucy. Si esto dura mucho. la conversación quedó en un punto muerto.

y no cejaba de estrujarse da imaginación para encontrar algún medio de conseguirla sin que de ello derivara una situación tensa. como sucede con un solo minuto de sueño. con un brazo sobre el respaldo y mirando a Maggie. Maggie pensó que tal vez se había comportado de modo descortés. Una pausa. con aire gélido y orgulloso. Otra pausa: Maggie mantuvo la mirada fija a través de la ventana. una referencia a la historia pueda hacerla verosímil. a Maggie no le gustaba que mencionaran a Wakem en su presencia inesperadamente. Se puso en pie con una decisión repentina y. él parecía un tonto por haberse presentado allí. Maggie se sobresaltó un poco. encantado con la mirada y decidido a quedarse el tiempo suficiente para obtener otra-. las visitas totalmente superfluas y gratuitas como aquélla hacían que cualquier hombre pareciera desagradable y ridículo. sin apartar la vista para no volver a parecer grosera. Stephen se sintió ofendido y decepcionado: pensó que. ¡Una actitud infantil en un joven y cumplido caballero de veinticinco años que no carecía de estudios de leyes! Aunque. No se atrevió a tenderle la mano y las hundió en los bolsillos de la levita. que lanzó una breve mirada a Stephen. -Adiós -dijo Stephen en un tono que mostraba el mismo descontento implorante que sus ojos. ¿Tendrá a bien comunicar a su prima que su amigo Philip Wakem ha regresado? Lo he visto al volver a casa. pero poseía suficiente criterio Para no agradecerlas y soltar algún pequeño gruñido. no pensaba en nada en concreto. y él. tal vez. de tal modo que era incapaz de levantar la vista y no veía nada más que el rizado pelo negro de M i n n y . fue poco más que una vibración que la recorrió de pies a cabeza durante un instante.Librodot El molino de Floss George Eliot 234 que estaba convirtiéndose en una especie de obsesión el deseo de obtener una larga mirada de Maggie. Sin duda. Hoy no tendremos música. ¿Qué iba a decir? -Vamos a tener una puesta de sol espléndida. sólo sentía como si se cerniera sobre ella en la oscuridad un pájaro de gran envergadura. Stephen hizo lo mismo y. -¿No quiere quedarse un poco más? -preguntó. movió la cabeza para contemplar de nuevo el lomo de Minny. tras depositar a Minny sobre su cojín. el ovillo de lana cayó rodando al sucio y Maggie se levantó para cogerlo. Resultaba evidente para Maggie que había comido rápidamente en su habitación para poder salir de nuevo y encontrarla sola. con gran esfuerzo. pero las nuevas imágenes que el nombre de Philip había sugerido dispersaron parte del encanto que la tenía hechizada. se lo dio. En ese momento. Sé que el señor Deane nunca aparece hasta las siete y media. tras recoger el ovillo. -¿Sería correcto contestar que sí? -Lo cierto es que es una pregunta peligrosa para que la formule un intruso -dijo Stephen. Sus ojos se encontraron y Maggie observó en él una mirada ofendida y dolida totalmente nueva para ella. Maggie se sentaba ante la mesa con su labor. tras lo cual alzó la vista valientemente y miró por la ventana-. sin embargo. Tal vez.. Stephen se enderezó y se colocó de lado en la silla. En aquel momento. -Mañana por la noche contaremos con una nueva voz -anunció Stephen-. Pero tendrá más de media hora para sí después de que me vaya -añadió. tal vez. -Ojalá Lucy no hubiera tenido que irse. M i n n y recibió más caricias. fue a buscar al rincón la gran cesta de labor de Lucy. No merecía la pena prolongar la visita. Aquella situación tenía que terminar: tal vez acabó muy pronto y sólo pareció ser larga.. 234 Librodot . ¿no quiere salir a verla? -No lo sé -contestó Maggie. si no juego al c r i b b a g e con mi tío. En cuanto a Maggie. sacando el reloj-. -¿Le gusta estar sentada a solas? Una expresión pícara apareció en el rostro de Maggie. Finalmente. puesto que ahora recordaba que Lucy le había contado algo de una disputa familiar. con timidez.

no. 235 Librodot . Pero no quería marcharse. -¿No quiere acompañarme un poco por el jardín? -preguntó Stephen en un tono todavía más amable. Philip. De haber sido así. imperiosos e implorantes. todo lo comprometido que un hombre de palabra necesita. Las palabras que pronunció no fueron precisamente una bendición. el ofrecimiento de un brazo firme resulta extrañamente irresistible: aunque no se necesite. la sensación de ayuda. como un hombre sediento contempla el camino que lleva a un arroyo lejano-. -Sí. fumando un cigarro tras otro y perdiendo una y otra vez. la presencia del otro se habría hecho menos intensa. -¡Oh. porque ésta se dirigió hacia la ventana abierta y él se vio obligado a ir a buscar el sombrero y caminar a su lado. Para la mayoría de las mujeres. Maggie aceptó el brazo. llenos de opuestos deliciosos? Ver a una mujer semejante sometida por amor sería una fortuna muy deseable. Estaba decidido a no pensar. Pasó la tarde en los salones de billar. gracias -contestó Stephen mirando fijamente aquellos ojos medio remisos. -Sí. no podía pensar en nada más... quiero decir. el nombre de Philip pasó inadvertido. Deseaba no haber visto nunca a aquella Maggie Tulliver. sin embargo.. bajando la voz. aunque Stephen ya había conseguido la mirada que ansiaba.. todavía no advertía en sí mismo los síntomas de un regreso a un estado razonable y rápidos pensamientos cruzaban el turbio ánimo de Maggie: ¿cómo era posible que estuviera allí? ¿Por qué había salido? No cruzaron ni una palabra. Buenas tardes. Y caminaron juntos en torno a la franja de césped. Se dejó caer en el sillón y se echó a llorar. Todo aquello era un disparate: estaba enamorado de Lucy. No debería haber ido. tranquilos en las Fosas Rojas. caminó más despacio entre los arbustos. no tardó en llegar al muelle. medio fascinados. contradictorios y pertinaces. propia. satisface una necesidad siempre presente en la imaginación. Philip! Ojalá estuviéramos juntos otra vez. la presencia de una fuerza ajena y.. Por ése u otro motivo. hundiendo las manos en los bolsillos. para otro. -Que he traído las partituras. en el mismo estado de ensoñación del cuarto de hora anterior. extraña. No obstante. pero él nunca la habría elegido. bajo el verde suspendido de los codesos. Él la miraba y ella lo tomaba del brazo. -Y que ha vuelto Philip Wakem. tal vez discutirían.. pero al instante le irritó que Maggie no se hubiera negado. inquietante y adorable para cualquier otro hombre. -En esta ocasión. que no lo hubiera lanzado a aquel estado febril: sería una esposa dulce. ¿Sentiría ella lo mismo que él? Ojalá.. se le ocurrió un súbito desagravio. -Oh! Quisiera marcharme a casa-exclamó Maggie con la sensación de que el escalón la había salvado-. -Tenga cuidado con el escalón -dijo finalmente Stephen. ¿Pelearse con ella? ¿Acaso era posible pelearse con una criatura con unos ojos como los suyos: desafiantes y críticos. Stephen la miró alejarse y se dirigió hacia el bote. a no admitir ningún otro recuerdo concreto que la presencia perpetua de Maggie que se imponía sobre él. Dígaselo a su prima. como si fuera un secreto. la de maldecir su locura y decidir amargamente que no volvería a quedarse solo con Maggie. lanzó la colilla del último cigarro y. -Sí. No pensó que este acto repentino sería uno más de los gestos de la última media hora que luego recordaría avergonzada. Se mostraría desagradable. En un instante se había desprendido de su brazo y corría hacia la casa. -Apóyese en mi brazo -dijo. Terminó este soliloquio con una exclamación entre dientes. Está esperándome el bote. En el futuro se controlaría más. la quería mucho y estaba comprometido..Librodot El molino de Floss George Eliot 235 -No. Finalmente se impuso la necesidad de regresar andando a casa bajo la fría luz de las estrellas y con ella.

pocas veces perdía el control de sí mismo y evitaba. así como el hecho de que Philip despertara en ella más piedad y cariño que vanidad u otras facetas egoístas de su carácter. sin embargo. Estaba enfadada con Stephen. pero cuando ella avanzó hacia él y le tendió la mano. con la satisfactoria confianza de que no habrá señoras de visita. pero como todas las personas que han pasado por la vida sin esperar gran comprensión de los demás. vuelven la vista hacia el peligro que los amenazaba. empezaba a pensar que debería sentir desagrado por él. con un orgullo extremadamente sensible. Maggie no contestó. un santuario en el que podía encontrar refugio frente a una influencia seductora a la que la mejor parte de sí misma debía resistir y que podía llevar consigo un terrible tumulto interno y una desdicha externa.antes que él. puede terminar acatarrado. faltará tan poco para que escampe que nada más que una franca disputa podrá abreviar la visita: no bastara con el desagrado latente. de no haber sido por la lluvia. al mismo tiempo. y. y la mañana era una de esas en las que los varones del vecindario que no tienen una ocupación imperiosa en su casa tienden a visitar largo rato a sus amistades femeninas. Pues si bien poco tiempo atrás Maggie pensaba que los reproches de Tom no eran del todo injustos. En cambio. aquella mañana habría ido a casa de la tía Glegg para evitar su presencia. Dadas las circunstancias. cuya capacidad para ocultar las impresiones que sufría apenas era mayor que si hubiera estado hecha con las cuerdas de un instrumento musical. La lluvia. Se galopa bajo ésta cubierto con un impermeable y al poco se encuentra uno en su asiento favorito. ¿qué puede ser más agradable -en Inglaterra. las ventanas de la nariz un poco mas tensas al hablar y un timbre de voz más agudo eran las únicas señales -que a los desconocidos parecerían meras muestras de fría indiferencia. por lo general. Pero Stephen no apareció más temprano y llegó otro visitante -un vecino más próximo. y por ese motivo se adora y se desprecia a un tiempo a las mujeres). adivinó de inmediato que se lo había confiado todo a Lucy. La escena fue exactamente como Lucy había esperado y su tierno corazón se alegró de unir de nuevo a Philip y a Maggie. Cuando Philip entró en la sala. Esta nueva percepción de su relación con Philip anulaba los inquietos escrúpulos que podría haber sentido ante el temor de sobrepasar en su relación un límite que Tom censurara.Librodot El molino de Floss George Eliot 236 Capítulo VII Philip aparece de nuevo en escena El día siguiente amaneció lluvioso. sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas mientras se daban la mano en silencio. -Estoy segura de que esta mañana Stephen vendrá antes -anunció Lucy-. Y si se trata de enamorados. un poco por encima o un poco por debajo del que ocupa su diosa (sucede lo mismo en el terreno metafísico. a pesar de lo mucho que apreciaba a Philip. No eran lágrimas de dolor: tenían el mismo origen que las que vierten las mujeres y los niños cuando. no pudo evitar la sensación de que comprendía un poco que Tom sintiera rechazo ante el contraste entre ambos: 236 Librodot . sin duda se volverá tan intensa y. la lluvia sí es de confianza. cualquier gesto que delatara su emoción.que. tenía que encontrar algún motivo para permanecer fuera de la habitación con su madre.que una mañana lluviosa? El sol inglés no es de fiar: los sombreros no resultan del todo seguros. en este breve plazo de tiempo Philip se había convertido para ella en algo similar a una conciencia externa a la que podía correr en busca de ayuda y fortaleza. parecían convertirlo ahora en una especie de recinto sagrado. si uno se sienta en la hierba. tenía intención de inclinar levemente la cabeza ante Maggie con la sensación de que no debía traicionar el secreto de su amistad. Siempre es así cuando llueve. que no les ha impedido caminar o cabalgar en un sentido. y le tendió la mano y sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas sin ninguna inhibición. tras encontrar protección. Ambos se sintieron confusos durante un momento. indicaban que Philip vivía un intenso drama interno. y. Pero Maggie. aunque Philip había dedicado varias horas a prepararse. El afecto tierno y sereno que sentía por Philip firmemente arraigado en la infancia y en los recuerdos de las largas charlas tranquilas que habían confirmado aquella primera tendencia instintiva-. Un poco más pálido.

retirando la mano. Maggie -contestó Philip sonrojándose-. y ella siempre averigua lo que deseo antes que yo misma lo sepa. creyó leer un cambio en la mirada y los modales de Maggie. tal como hacemos con los amigos de los que llevamos largo tiempo alejados. ¡Qué momento el de su separación! Y Philip sentía como si hubiera sido la víspera. y le he pedido que me liberara de mi promesa. La gente cometerá todo tipo de delitos convencida de que usted será indulgente. colocando la butaca que más le convenía.y verá que lo tratamos con clemencia. -Entonces. porque nadie se tomará nunca en serio su severidad. que nos veamos y charlemos mientras estoy aquí. exclamó con bien fingida expresión de fastidio que había olvidado alguna cosa y salió rápidamente de la habitación. Maggie? 237 Librodot . Maggie y Philip se inclinaron y las manos se unieron otra vez mientras se miraban con triste alegría. Lucy empezó a hablar en cuanto pudo para relajar la situación. en ausencia de pruebas de lo contrario. ¿podemos ser amigos. -Ha sido muy amable y bondadoso por su parte acudir tan pronto tras su llegada. La impulsiva Maggie deseaba que Philip conociera de inmediato la posición que debían mantener ambos. de manera que lo perdono por huir de modo tan inoportuno sin comunicárselo a sus amigos -dijo Lucy con su linda voz de soprano. -Le he dicho a mi hermano que quería verte. y ésta es una de ellas. Ya te expliqué que en algunas cuestiones nunca estaré de acuerdo con él. señorita Deane -dijo Philip mientras se sentaba-. -Entonces. Maggie? ¿Nada lo impide ya? -¿Tu padre no se opondrá? -preguntó Maggie. porque me marcharé pronto. le sienta bien este cambio. de modo casi inevitable. similar a los gorjeos con que conversan los pajarillos-. de una evocación tan apasionada todo lo que se dijo y se vio en su última conversación. -No gobernará nunca bien. Al instante. ¿no es cierto? -dijo Maggie-. Bastaba con que lo temiera y lo esperara para que. Pero Philip pensaba demasiado en Maggie para prestar atención a ningún otro detalle. Tengo intención de ocupar pronto otro empleo. que lo examinaba franca y afectuosamente. Lucy le replicó alegremente. estoy seguro de que se siente muy feliz por tenerla consigo -dijo Philip-: seguro que para ella es mejor tenerla a usted que a una multitud de animalitos de compañía. -No pienso abandonarte a menos que tú lo desees. Era una sensación tan viva -acompañada de unos recuerdos tan intensos y detallados. que lo había insultado. poco aficionado a la poesía y a los cuentos de hadas. -¿Es inevitable. Philip. Philip. Lucy es como mi hada madrina: me ha convertido de sirvienta en princesa en un santiamén. Y usted ofrece buen aspecto. decidida a ponerle fin.que con esa desconfianza y ese recelo que en los caracteres inseguros acompaña. como dos amigos que se encuentran con motivo de alguna pena reciente. No hago más que mi gusto durante todo el día. lo asaltara ese pensamiento. Le parecía casi una ofensa para Philip mencionar siquiera a su hermano: su hermano. pero se contuvo. Esta conversación banal siguió durante un rato hasta que Lucy. -Así pues. y ha accedido.Librodot El molino de Floss George Eliot 237 especialmente tratándose de una persona tan prosaica como el primo Tom. nada impide que seamos amigos. -Estoy disfrutando de unas espléndidas vacaciones. Venga a sentarse aquí -prosiguió. Todo lo sucedido desde que habían hablado del amor que él sentía por ella era tan doloroso que no deseaba ser la primera en referirse a ello. a cualquier sentimiento intenso. pero Philip no oyó su respuesta porque se había vuelto hacia Maggie.

como hacen los hombres. y así es. él le devolvió la mirada con una expresión que a Maggie fue pareciéndole gradualmente menos vaga y le trajo a la mente un recuerdo concreto. ¿Qué sería de mí si intentara escapar del dolor? El desdén y el cinismo serían mi único opio. ansío en exceso el lujo y la música. Tomó de nuevo la labor y se dedicó a ella con decisión mientras Philip la contemplaba. Se abstuvo con orgullosa delicadeza de aludir a las palabras de amor -promesas de amor. algún pesar lo atenazaba. sólo pasa en mi cabeza. Antes me decías que acabaría sintiendo los efectos de aquella vida hambrienta de todo. por la exagerada sensación de que él era una excepción. como si le rogara que creyera que se veía obligada a seguir aquel camino-. ¿Acaso recordaba Philip lo mismo que ella? ¿Algo relacionado con un enamorado de Lucy? Maggie se estremeció al pensarlo: ilustraba con mayor claridad su situación actual y la tendencia de lo sucedido la tarde anterior. En aquel momento.. en cierto modo. ya que no lo soy de los hombres. Ahora que los tengo a mi alcance. El amor que sentía por Maggie estaba marcado. estás volviendo a las viejas ideas con una forma nueva. No me conviene. de que ella. 238 Librodot . como tú la llamabas. Philip permaneció en silencio durante unos instantes y después dijo con la voz aguda y débil que indicaba en él una emoción firmemente reprimida. Por lo menos. Philip -contestó con la contrición infantil que adoptaba cuando él la reprendía-. -Sí. No tardó en oírse en la puerta una llamada fuerte y familiar que resonó por toda la casa. la amargura de Philip iba haciéndose más impetuosa: sin duda. Era propio del carácter de Maggie agitarse por vagos reproches que se hacía a sí misma. como no sea pervirtiendo o mutilando la propia naturaleza. Le habría parecido que era como recordarle a Maggie un juramento y que habría tenido. pero eso me resultaría insoportable. Su imaginación estaba presta a tejer cualquier historia fatal para ambos -No. muchas de las cosas que me decías han resultado ser ciertas. dada la vida que debo retomar. todos. sin saber si había dicho todo lo que pensaba. Siempre pienso demasiado en mis sentimientos y demasiado poco en los de los demás. -Maggie. Mientras hablaba. Necesitaba tenerte para que me encontraras defectos y me enseñaras. aunque sea muy bueno conmigo. Philip no debía albergar en su mente un pensamiento tan odioso: ella misma lo borraría de la suya-. Quieres encontrar un modo de renuncia que te permita huir del dolor. No podía insistir en el hecho de que él no había cambiado. Philip -contestó con mirada suplicante. A medida que hablaba. tal como están ahora las cosas. pero empiezo a pensar que el amor no me dará mucha felicidad: siempre lo he vivido junto con las penas. Maggie retiró el brazo de la mesa. porque aquello también habría parecido una súplica. -¿Y no hay alternativa.. las palabras eran una vía de escape para algún sentimiento escondido. a esos pensamientos que yo rechazaba -señaló Philip con cierta amargura-. Pero Maggie estaba conmovida. No sé qué podrá suceder en los años venideros. No puedo vivir dependiendo de otros. Maggie? ¿Es esa vida lejos de los que te quieren lo único que te permites desear? -Sí. Maggie tenía el codo apoyado sobre la mesa. a menos que pudiera caer en algún tipo de locura engreída y creerme favorito del cielo.que habían pronunciado en otros tiempos. lo veían como una excepción. al tiempo que algo contrita. descansaba la cabeza en la mano y miraba a Philip con actitud afectuosa y sumisa. la vileza de una coacción. incluso más que el resto de su experiencia. Desearía ocuparse de mí. empujada a cambiar de posición por la opresión física que algunas veces acompaña a una punzada repentina en la conciencia. Maggie? ¿Ha sucedido algo? -preguntó Philip con una ansiedad indescriptible. nada -contestó Maggie con un esfuerzo de voluntad. Sé que tienes razón. Nada -repitió-. No puedo quedarme aquí mucho tiempo. No puedo vivir con mi hermano. pienso poco en los tuyos. Me gustaría construirme un mundo al margen del amor. al tiempo que una respuesta para Maggie. Te digo de nuevo que no es posible escapar. ¿Qué pasa.Librodot El molino de Floss George Eliot 238 -Sí.

O bien cantar y pintar. ¡Así que poseo una tendencia al predominio de la capacidad de reflexión! ¿Lo había advertido. ¿verdad? -añadió con una linda mirada interrogadora e inquieta. porque no hay sentimiento. -¡Hola. dirigiéndose directamente a Philip y estrechándole la mano efusivamente. Le apetece tocar. en aquellos momentos. y Philip. la resignación y las sospechas. aunque desearía que no te comportaras como un gorrión con residencia en el alero y no entraras y salieras constantemente de tu casa sin comunicárselo a los criados. Es una buena manera de extender la vida imperfecta de cada uno y ser tres personas a la vez: cantar. muchacho! -dijo. tal vez con la única excepción del temor y la pena extremos.Librodot El molino de Floss George Eliot 239 -¡Oh. «Maggie y Philip no parecen felices -pensó Lucy-. Me pregunto dónde estará Lucy. Yo no soy capaz de hacer nada con las manos -dijo Stephen-. Philip. porque no era capaz de arrastrarla a la conversación. Me alegro muchísimo de que estés otra vez de regreso. aunque estremeciéndose en su interior-. y a ella le irrita un rasgo suyo que interpreta como engreimiento». Quizá esta primera entrevista los ha entristecido. -Muy bien. esta lluvia nos ha dejado un poco fríos -dijo Lucy a Stephen-. entonces -dijo Stephen. ambos se sintieron heridos por la frialdad del otro. tras un intervalo lo bastante largo para responder a unas cuantas preguntas solícitas pero poco apresuradas. sentándose al piano-. Los ojos de Philip los observaban atentamente. Vamos a animarnos con algo de música. He tenido que trepar para nada por esas incontables escaleras una veintena de veces en dirección a ese estudio tuyo de pintura. como siempre preocupada de que su ruego no fuera del agrado de los demás pero deseosa de regresar al bordado inacabado. hacer que cante el piano y. Lucy no había sido sorda a la señal y. -¿Está usted bien esta mañana. no dejaba de pensar en Maggie. era la silenciosa observación que todo lo explicaba para la cándida Lucy. sí -dijo. Así puedo seguir trabajando. sintiéndose súbitamente oprimido por la fuerte voz y la imponente presencia de Stephen. -Adelante. gracias -contestó Maggie en tono de orgullosa indiferencia. qué susto! -exclamó Maggie. señorita Tulliver? -preguntó Stephen volviéndose hacia Maggie con rígida cortesía y tendiéndole la mano con expresión de estar cumpliendo con un deber social. Deberíamos aprovechar que Philip y usted están juntos. hizo entrar a Stephen. Me parece que es característica que se da en hombres de gran capacidad administradora. bastante dueña de sí misma. mientras seguía preguntando a Philip sobre su reciente viaje para dibujar. «Maggie no es del tipo de mujer que Stephen admira. Incidentes como ésos amargan la amistad. señorita Tulliver? 239 Librodot .» -Creo que a los que no hemos galopado. reprimía sentimientos tan complejos como cualquier trío o cuarteto jamás escrito para expresar a un tiempo el amor. Philip se animó con la propuesta. ¿quiere tocar el acompañamiento? -dijo Lucy-. -Oh. es usted digno de envidia. como había hecho siempre antes. pero Lucy estaba acostumbrada a ver variaciones en su relación y se limitó a pensar con tristeza que existía entre ambos una antipatía natural que de vez en cuando se imponía sobre la buena voluntad recíproca. Canten el dúo de Masaniello: Maggie no lo ha oído y sé que será de su gusto. Maggie le tendió la punta de los dedos. -Por favor. dirigiéndose hacia el piano y ofreciendo un agradable anticipo tarareando la melodía con voz grave. que no encuentre alivio en la música y que no haga que un hombre cante o toque mejor. En cuanto Stephen y Maggie hubieron intercambiado ese poco espontáneo saludo. Y Stephen. porque el servicio creía que estabas en casa. mientras tanto. Ah. oírlos. -Tengo tan pocas visitas que no parece necesario comunicar mis entradas y salidas contestó Philip. los celos. tras lo cual se inclinó levemente ante Maggie al pasar-.

parecía debilitarla y fortalecerla: se sentía más fuerte para la dicha y más débil para la resistencia. No era casual que Philip canturreara esa canción. Es de La sonámbula: «Ah. Philip. y ésta no pudo reprimir una respuesta rápida a modo de epigrama. -Valiosa pista. Maggie intentaba siempre en vano seguir con su trabajo cuando empezaba la música. Un observador habría advertido en ella el menor estremecimiento. A través del libro abierto sobre el atril. se sintió conmovida: le evocaba recuerdos y pensamientos y. a un tiempo. había observado esa tendencia suya al predominio -dijo sonriendo. al parecer. emoción que.Librodot El molino de Floss George Eliot 240 Stephen. -Eso es lo que pasa con los tenores -dijo Stephen. comprendió la lastimera pasión de la música. cayó en la costumbre de bromear con Maggie. si busca usted la Ópera del mendi go en el musiquero: tiene la cubierta deslucida. le producía pesar. perché non posso odiarti». -Efectivamente. en lugar de animación. Más que emocionada. Philip la entreveía de vez en cuando y advirtió que nunca la había visto tan emocionada. con las manos unidas como en un intento de tranquilizarse. música! Ya hablaremos de nuestras cualidades en otra ocasión. que podía ser una expresión indirecta de lo que no se atrevía a decirle directamente a Maggie. Aquel suplicante tenor no poseía una voz extraordinaria. si tenemos en cuenta que aquí hay una veintena de cubiertas que rivalizan en aspecto roñoso -dijo Stephen. Me ha oído cantar en inglés «Todavía te quiero». no pudo resistir el impulso de acercarse a ella sigilosamente y darle un beso. inclinada hacia delante. Cuando la melodía pasó a un tono menor. -Oh. la emoción del cambio casi hizo que se sobresaltara. Pero no lo consiguió: no tardó en soltar la labor y todo su empeño se perdió en la difusa emoción que le producía el estimulante dúo. otra! -exclamó Lucy después de que les hicieran repetir el dúo-. que resulta muy adecuado para una mañana lluviosa. vamos -intervino Lucy-. -¡Otra. cantemos Vayamos por el camino -dijo Stephen-. que esperaba con el libro de música en la mano a que Philip terminara la canción-: desmoralizáis al bello sexo trinando vuestra fidelidad y vuestro amor sentimental mientras soportáis todo tipo de trato injusto. La única manera de impedir que expreséis vuestra total resignación sería presentando vuestra cabeza en 240 Librodot . -¿No lo conoce? -preguntó Philip. bajo el sauce inclinado de las Fosas Rojas. que en ocasiones anteriores tocaba el piano mientras Maggie los miraba así. Otra pieza animada. Lucy. Ésta lo escuchaba y. Ese día se aplicó con mayor esfuerzo. Las palabras parecían contener cierto reproche. ¡Música. Maggie siempre dice que le gustan los torrentes de sonido. ¿Qué es eso que toca? Es algo delicioso que no conozco. por error. pero ésta no era nueva para ella: le había cantado fragmentos con voz queda entre las hondonadas y los caminos cubiertos de hierba. toque algo mientras tanto -rogó Lucy. No conozco la ópera pero. ¿era ésa la intención de Philip? Maggie deseó haberle asegurado con mayor claridad en su conversación que no deseaba renovar la esperanza de amor entre ambos únicamente porque era incompatible con sus circunstancias inevitables. con la expresión infantil de asombrado deleite que siempre regresaba cuando se sentía más feliz. tirando del musiquero. tocando la melodía con mayor claridad-. -Vamos. con los ojos dilatados y brillantes. Pero ¿está usted dispuesta para abandonar los más sagrados deberes de la vida y venir a cantar con nosotros? -Claro que sí -contestó Lucy riendo-. porque la conciencia de que Stephen sabía lo mucho que le gustaba oírlo cantar ya no provocaba en ella una resistencia meramente traviesa. cuando empezó a cantar. y también sabía que tenía por costumbre colocarse de modo que pudiera mirarla. ¡Pobre Maggie! Parecía muy hermosa cuando el inexorable poder del sonido le hacía vibrar el alma de aquel modo. el tenor le dice a la protagonista que siempre la amará aunque ella lo abandone. y en ese momento Philip deseó fervientemente que dicha tendencia le resultara desagradable. advirtiendo que los dedos de éste jugueteaban con las teclas-. -Entonces.

se dirigió hacia el piano mientras reía y lo miraba con admiración. -«¿Acaso debo morir / por la belleza de una mujer?» -cantó Stephen con descarada energía y pareció contagiar de alegría a toda la habitación. 241 Librodot . tras advertir que necesitaba una banqueta para los pies. de cruzar con ella alguna mirada o alguna palabra. preso ya de una vaga inquietud que tendía a asentarse en cualquier hecho trivial. No tardó mucho Stephen en encontrar una oportunidad cuando pasaron a la música de La tempestad. para Philip. adivinó su deseo y se precipitó a complacerlo. El tumulto ensordecedor que se desarrollaba en su interior le hacía tocar una nota falsa tras otra. que en aquel momento no estaba cantando y prestaba atención a todos sus movimientos. Y para Maggie estos gestos no pertenecían a su vida cotidiana. en los ojos de una mujer que se ve obligada. hasta que las tres voces se unieron para cantar Vayamos por el camino. que estaba cantando. y si no le molesta la corriente de aire. Sin embargo. y nada pudo impedir que aquella mirada resultara deliciosa para ambos. en plena juventud. aquella repentina solicitud de Stephen y el cambio de expresión del rostro de Maggie. Sin embargo. cómo pasaba rápidamente de la decisión de tratarla con ostentosa indiferencia a un irritante deseo de advertir alguna señal de atención por parte de ella. ¡Tan natural. gracias -contestó. Maggie no tendría ninguna perspectiva de felicidad. con una mirada repentinamente humilde y atenta. y sintió deseos de hacer que el piano chirriara con disonancias. y no uno cualquiera. Ese tono de amable solicitud la obligó a mirar el rostro inclinado hacia ella. eso le decía la razón y deseaba marcharse a su casa de inmediato para poder reflexionar fríamente sobre aquellas imágenes falsas hasta convencerse de su falta de sentido. su amor por ella resultaba menos desigual. Stephen. y Lucy lo miraba asombrada cuando la entrada de la señora Tulliver para llamarlos a comer les ofreció una buena excusa para interrumpir la música. se sintió atrapada y afectada por la influencia invisible. a pesar de que se resistía ante el espíritu del cantante y de la canción. entre la ventana y la chimenea. Que un personaje tan seguro de sí mismo. sino uno en concreto. Esa idea envalentonó a Philip y le hizo pensar que. tomó la labor y siguió dando malas puntadas y pinchándose los dedos con gran perseverancia. demasiado presta y traidora. a aprender las lecciones de la vida en un lenguaje trivial. siempre orgullosa de lo que hacía Stephen. Maggie. Me temo que Maggie habría sentido una gratificación sutil y furtiva si hubiera sabido hasta qué punto el descarado y desafiante Stephen le prestaba atención. Para Stephen. sino que eran un elemento nuevo en su vida y encontraban intacto el deseo de homenaje. irritada y decidida a no traicionarse. -No. que sin duda respondía a la sonrisa de Stephen. coloque con cuidado una banqueta.Librodot El molino de Floss George Eliot 241 un plato como aquel tenor o trovador medieval. sin levantar la vista ni prestar atención a lo que sucedía. y Lucy. como la tarde anterior. aquello fue un gesto de cortesía que le tomó poco más de dos minutos. le pareció un contraste tan vivo con los exagerados signos previos de indiferencia que resultaba lleno de significado. En realidad. no había visto nada que le hiciera sospechar que existiera entre Maggie y Stephen un sentimiento insólito. deseaba permanecer allí tanto tiempo como Stephen y estar siempre presente cuando él estuviera con Maggie. Pero. lo que hizo inevitable que le lanzara una mirada de gratitud. Lucy. que se demore inclinado para preguntar si está cómoda la interesada. cruzó la habitación para buscarla. arrastrada por una oleada demasiado fuerte para ella. en cambio. tan inevitable le parecía a Philip que cualquier hombre que se encontrara cerca de Maggie se enamorara de ella! Y. si caía cautivada por Stephen Guest. como el golpe de una plancha de hierro. y Maggie. La voz de Stephen al cantar de nuevo le crispó los nervios. por otro lado. apenas lo advirtió. y si quiere que le traiga la mesita de labor. Debo administrarles un antídoto mientras la señorita Deane se prepara para separarse de sus carretes. provoca cierta ternura.

-Ha ido a pasar varios días a Mudport por asuntos de negocios. Lucy se puso bastante nerviosa ante aquellas críticas. Tome.Librodot El molino de Floss George Eliot 242 -¡Ah. si quisiera desprenderse de él? preguntó Lucy ansiosa-. Pero. -¡Ah! La agricultura debe de parecerle un asunto pesado y un caro pasatiempo prosiguió el señor Deane mientras servía la empanada de pichón-. cuéntemelo todo. intentando justificar un comportamiento que tanto de había costado pulir en su ascenso social-. para sentir un interés añadido por todo lo que se refiriera a los Wakem. Y las peores aficiones son aquellas de las que la gente cree que puede sacar dinero: entonces lo tiran como quien lanza grano de un saco. A Philip le han parecido raras. Pero cesaron allí y el señor Deane pasó el resto del almuerzo inusualmente silencioso y meditabundo. ya sabes. no quería pedirle nada. ¿Quieres convencerme para que me saque del bolsillo algún otro soberano para tu venta benéfica? -No. niña! -protestó el señor Deane. -Pero. ¿cómo se le ha ocurrido pensar que podría enterarse de algo a través de él? Estas preguntas tan bruscas han sido un poco extrañas. el señor Deane pensaba que estaba degustando algunos de los momentos más agradables de esta vida. Philip! -saludó el señor Deane cuando entraron en el comedor-. papá. ¿verdad. pellizcando con cariño la barbilla con hoyuelo de Lucy-. bastante asombrado por el repentino interés por los pasatiempos de su padre. -Todavía no -dijo el señor Deane. aquí tiene la caja de rapé si me lo cuenta. echando una ojeada a la recompensa al mérito que le aguardaba en la licorera-. conseguidos gracias a sus méritos. a los gastos del señor Wakem. Porque Maggie dice que todos tienen puestas sus esperanzas en que Tom recupere el 242 Librodot . papá. En estas circunstancias. sintió una curiosidad inusual por saber qué era lo que había motivado las preguntas de su padre. pero ya ha regresado -contestó Philip. -¡Ah! -exclamó el señor Deane-. recurrió al plan habitual cuando deseaba decir o preguntar a su padre algo en concreto: encontró algún motivo para que la tía Tulliver saliera del comedor después de comer y se sentó en un escabel. sólo hablar. Se sabe que el molino y la granja de Wakem que están al otro lado del río. Quería saber si tu amigo Philip decía algo de que su padre estuviera cansado de dedicarse a la agricultura. Quería saber por qué le ha preguntado a Philip Wakem sobre la afición de su padre a la agricultura. Lucy. Me parece que su padre no está en casa. -No quiere usted dormir. ¿qué quieres? -añadió. a pesar de que Lucy. ¿verdad? -Sí. -¡Tonterías. recientemente acrecentados. junto a las rodillas de su padre. Era bastante raro. Oh. acostumbrada a observar atentamente a su padre y con motivos. así es. a la que no le gustaba tener la cabeza cubierta de rapé. Hacía tiempo que no lo veía. no marchan tan bien como antes. Con esta idea en la cabeza. ¿no es cierto? El otro día fui a buscarlo a su despacho y me dijeron que estaba fuera de la ciudad. aparentemente gratuitas. nunca he cedido a esa tentación. Su silencio posterior le hacía sospechar que lo había empujado algún motivo especial. Yo nunca he tenido un pasatiempo. -¿Por qué? ¿Compraría usted el molino. si usted siempre dice que el señor Wakem ha educado a Philip como si fuera una chica. por lo general empezaba apoderándose de la cajita. hoy no me empuja ningún motivo innoble. y creo que posee tierras a ambos lados del río. -¿Y sigue con esa afición suya a la agricultura? -Eso creo -contestó Philip. el molino de Dorlcote de tu tío Tulliver. porque casi nunca de dice nada sobre su padre. papá? -dijo mientras acercaba el taburete y abría los gruesos dedos que agarraban la caja de rapé. ¿Y por qué iba a importarle que el señor Wakem perdiera dinero con sus aficiones? -Es algo que tiene que ver con mis negocios -contestó el señor Deane agitando las manos como si quisiera rechazar la intromisión en ese misterio.

Y. bueno. mirando con afecto a su hijo mientras dejaba el periódico-. un obstáculo entre ambos. 243 Librodot . que debía recuperar el molino. No creerás que el pobre chico está encariñado contigo y por ello puedes hacer con él lo que quieras. Pero bueno. -Pues creo que si me permitiera confiarle el secreto a Philip Wakem. ¿Quiere usted confiar en mí? No me pregunte los motivos que tengo para lo que voy a decirle. Y si lo adivina. -Mire. Y si supiera que lo queremos para que los Tulliver lo vuelvan a tener. papá -dijo Lucy con aire solemne-. -Padre. Pero tengo una razón para estar segura de lo que digo. Era una de las últimas cosas que le dijo a Tom su padre. Durante un día y una noche. mirándola con enorme cariño.Librodot El molino de Floss George Eliot 243 molino alguna vez. -Calla. con la apasionada minuciosidad de un entusiasta jugador de ajedrez. Su plan era tan osado como cuidadoso. se interesa poco por mí. no creo que tengamos muchas oportunidades de otro modo. si ese joven se mantiene callado no pasará nada grave. después de todo lo que sucedió. Le pareció que veía ante él una posibilidad de cambiar su posición en relación con Maggie y eliminar. ¿No admiró mi libro de cuentas cuando se lo enseñé? -Bueno. De repente. ¿verdad? -En cambio. -Sí. Trazó un plan y calculó todos los movimientos. niña -dijo el señor Deane. estoy segura. papá. vamos. ¿Por qué iba a importarle precisamente a él? dijo el señor Deane con aire desconcertado. la verdad. he heredado su talento para los negocios. el señor Deane no albergaba dudas sobre los afectos de su hija. y se sorprendió de su súbito talento como estratega. se inclinó hacia él y de puso una mano en el hombro. al menos. -No. hija. Sé que querrá ayudarnos. dime. de verdad. ¿querría usted subir a mi sanctasanctórum y mirar dos últimos dibujos que he hecho? Ya los tengo listos. pero son poderosos. Y soy muy prudente. Lucy se levantó del escabel para sentarse sobre las rodillas de su padre y besarlo con este último ruego. ¿me oyes? Tienen muy pocas posibilidades de conseguir el molino. ya sabes que me duelen demasiado las articulaciones para subir todas esas escaleras -contestó Wakem. todavía sería más difícil que se desprendiera de él. -No sé por qué habría de hacerlo. es difícil que nadie se lo quite a Wakem. No me pregunte usted. ni siquiera tanto como yo por él. papá. Limítese a dejarme hacer. Capítulo VIII Wakem bajo una nueva luz Antes de que hubieran transcurrido tres días tras la conversación entre Lucy y su padre que el lector acaba de presenciar. no me lo diga. ésta había conseguido hablar en privado con Philip después de acordar que Maggie fuera a ver a la tía Glegg. -Phil. No debes decir ni una palabra de todo esto. Soy muy lista. lanzó una mirada penetrante a su hija. de modo que en cuanto vio que su padre no tenía nada más urgente entre manos que el periódico. pero no se dan dulces a cambio de latigazos. Philip dio vueltas y vueltas a lo que de había contado Lucy hasta que decidió cuál era el camino más adecuado. Ahora déjame dormir. contarle su deseo de comprar el molino con la intención de que lo tengan mis primos y por qué quieren tenerlo. creo que Philip nos ayudaría a conseguirlo. -¿Estás segura de que no vas a enredarlo todo? -preguntó él. -Bien. haciendo uso de la recuperada caja de rapé-. Se comportó con Tulliver razonablemente bien.

sino que se quedó sentado contemplando la punta del lápiz. La quiero muchísimo: nunca querré a otra mujer. las Fosas Rojas. por el que Leyburn pagó tanto dinero. Observó que su padre se levantaba y caminaba despacio. la mayoría de los hijos compartirían los sentimientos de su padre -dijo Wakem con amargura-. en un caso como éste. No creo que devuelva nada. toda la ciudad lo sabe. Phil? Entra una luz magnífica desde el tejado -dijo. dejó caer las lentes y miró a su hijo durante unos instantes con expresión furiosa. de castigar con las palabras y el tono. puesto que no nos está permitido golpear. -Es la señorita Tulliver. puedes tomar tu camino que yo seguiré el mío. Vamos. si saliera de la tumba-. Ha sido conmigo un padre indulgente. padre -contestó Philip. pero siempre he pensado que se debía al afectuoso deseo de darme la felicidad que el destino me escatimaba. eres independiente. sobresaltado por la repentina transición del paisaje al retrato-. ese comosellame. sin dejar por ello de mirar airado a su hijo. Le gustaba recordar a su hijo y a sí mismo que su indulgencia paternal le había preparado aquel lugar. -¿Y de qué persona se trata? -preguntó Wakem bruscamente. Tienes aquí una estupenda exposición. No necesitamos volver a tratarnos. Dices que prohibió a su hermana que te viera: pues es capaz de romperte todos los huesos si no le haces caso. El padre de esa muchacha era un bruto loco e ignorante que estuvo a punto de matarme. pero si quisiera. se dejó caer de nuevo en el sillón y metió las manos en los bolsillos de los pantalones. en cuanto entró en el estudio. Sin embargo. Philip no le devolvió la mirada. uno mayor que el otro. vamos -dijo poniéndose las lentes sobre da nariz y sentándose para tener una visión general mientras descansaba. No estoy seguro de que me quiera ni de que quiera casarse conmigo. Había sido un buen padre. que te has visto con ella desde que llegaste del extranjero? -preguntó finalmente Wakem con ese vano intento. -¡Adelante. me casaría con ella. -Creo que. Naturalmente. nunca creí que se tratara de una deuda que debiera pagar sacrificando todas las posibilidades que tengo de ser feliz para satisfacer unos sentimientos suyos que yo nunca podré compartir. y el pequeño guardado en un estuche de cuero. En el retrato pequeño aparece más o menos como era cuando yo estudiaba en King's Lorton con su hermano: en el grande no guarda tanto parecido y corresponde al momento en que volví del extranjero. No le dije que la quería hasta antes de que nos separáramos y ella prometió a su hermano no volver a verme ni escribirme. entreteniéndose afablemente en cada cuadro más de lo que su afición a los paisajes le habría inducido. 244 Librodot . más grande. ¿Quiénes son? -Es la misma persona con distinta edad -se apresuró a contestar Philip con calma. clavando los ojos con recelo en el retrato. aunque con un carácter más frío. como si fuera a pegar al ser débil y osado que estaba sentado en el taburete. -¡Vaya! ¿Y qué tienes aquí? -preguntó Wakem. hasta que se detuvo ante un caballete en el que había dos cuadros. Pero pareces haber tomado una decisión: supongo que habrás tenido en cuenta las consecuencias. antes de que muriera su padre. -¿Y así me devuelves todas las atenciones que te he dedicado? -preguntó Wakem. Y el hermano es igualmente insolente. con el que trazaba fuertes señales para intentar contrarrestar la sensación de temblor. He pensado en ella desde que era una niña. si me amara lo suficiente.Librodot El molino de Floss George Eliot 244 -Es un lugar agradable. entonces. Nos veíamos a menudo en el bosquecillo ese que está cerca del molino de Dorlcote. ¿verdad. Palabra que no sé por qué tus obras no son tan buenas como las de ese artista de Londres. al que nos empuja la ira. Emily no podría reprocharle nada en ese aspecto. caballero! ¿Y has tenido correspondencia con ella desde entonces? -No. Wakem se volvió enfurecido y con el rostro congestionado. -¿Y pretendes decir. mirándolo por primera vez-. -Sí. Philip negó con la cabeza y sonrió. Pensaba que ya no pintabas retratos. puedes casarte mañana mismo con esa chica si quieres: tienes veintiséis años. Se había sentado en el taburete que utilizaba para pintar y había tomado un lápiz. como siempre. palideciendo y temblando de rabia e impotencia ante la calma desafiante de Philip y su serenidad. -No. la vi con frecuencia durante un año.

sean lo que sean. ahí está ese diablo orgulloso y frío del hijo. si el tipo mereciera el gasto. además de mi deformidad. podría contestar a sus palabras de enfado con otras más airadas. Wakem lanzó una feroz mirada de interrogación a su hijo. -No me refiero al resentimiento contra ellos -dijo Philip. tiene una ventaja sobre muchos otros padres: puede privarme por completo de lo único que daría sentido a mi vida. Philip hizo una pausa. Ella nunca se ha mezclado con las peleas familiares. habló con un tono más incisivo y claro que nunca. al cabo de unos instantes. Es degradante que pienses siquiera en casarte con la hija del viejo Tulliver. No puedo ofrecerle. pero la escena le había crispado los nervios. Philip perdió cierto control de sí mismo y enrojeció de rabia. -La señorita Tulliver posee una categoría que sólo los necios pueden adjudicar a la clase media -dijo con tono amargo y mordaz-: es una persona refinada de pies a cabeza y sus parientes. No se me ha educado para ejercer ninguna profesión. -Esperaba esto -dijo Philip-. ahí sí que tienes un motivo incuestionable para seguir conmigo -dijo Wakem. Wakem se encaminó a la puerta con grandes pasos y. me casaría con la mujer que amo y tendría la oportunidad de ser tan feliz como cualquier otro. -¡Ella no! -exclamó Wakem. pero algo lo retuvo y.Librodot El molino de Floss George Eliot 245 Wakem se levantó y caminó hacia la puerta. Todo Saint Ogg's diría que ella es superior a mí. entre paternal y personal-. suponiendo que ella me quisiera. Sería el mejor blanco que conozco para una bala. cuando lo hizo. merecen todo el respeto por su honor y su integridad irreprochables. cerró de un portazo. -Ah. aunque no merece la pena albergar deseos de venganza. sino de dónde procede. mi pobreza. intentado recuperar su postura anterior-. si sólo cuento con mis recursos. aunque las últimas palabras de Philip le habían dolido y habían agitado un sentimiento con el que convivía desde hacía un cuarto de siglo. -Encuentre una sola persona en Saint Ogg's que no le diga que sería una pena que una bella criatura como ella se casara con un ser lamentable como yo. pero Philip no lo miraba y. Philip tardó en contestar y. -Pero en estas circunstancias. todavía con amargura. no puedo casarme con la señorita Tulliver. Me refiero a que esa enemistad se extienda a una muchacha indefensa. Cuando una muchacha quiere a un hombre. Para ella sería un matrimonio muy ventajoso. prosiguió para explicar sus últimas palabras. demasiado sensata y bondadosa para compartir sus estrechos prejuicios. -No. eso de las deformidades accidentales son tonterías. Philip confiaba todavía en que lo sucedido no le impidiera conseguir de su padre lo que se había propuesto. Si yo fuera como otros hombres de mi edad. pero su padre siguió en silencio. Sé que estas escenas suceden con frecuencia entre padre e hijo. Se dejó caer de nuevo en el sillón. tan sensibles como los de 245 Librodot . -Entonces -contestó Wakem con cierta brutalidad. la recorrió de un lado a otro. -¿Y qué significa eso? Nadie se pregunta lo que hace una mujer. poniéndose en pie y olvidando toda consideración en un estallido de orgullo resentido. entonces. Cuando se produjo la venta dijo una palabra que no olvidaré. en lugar de salir de la habitación. si ella no te quiere. que tenía sus motivos para compartir el rencor hacia Tom-. Por primera vez durante todo el diálogo. ¿A qué te refieres? ¡Maldita sea! ¿Acaso un hombre debe recibir latigazos de un ser zafio y estarle agradecido? Además. -Sabe usted mejor que nadie qué otra satisfacción podría obtener y que nada tiene que ver con ese rencor ridículo digno de salvajes nómadas. las muchachas no suelen enamorarse -dijo Philip. podríamos pelearnos. -¡Rencor ridículo! -exclamó Wakem-. te podrías haber ahorrado la molestia de hablarme de ella y me podrías haber ahorrado la molestia de negarme a lo que no va a suceder. Pero si le produjera alguna satisfacción aniquilar el objetivo de todo lo que ha hecho por mí. sin mirar atrás.

no me consideraba su enamorado. Wakem acostumbraba a salir por la noche. ¿qué era lo que no podría suceder? No se permitía pensar en el significado de aquella pregunta involuntaria. Y durante ese tiempo. Philip hizo un gesto para cederle el sillón. La he visto en la iglesia. Siento muchísimo no tener un buen retrato suyo. si no fuera así. -Pero esta chica parece sentir algo por ti. Pero tu madre parecía más dulce. -Entonces. que me endulzara la vida? Usted no tendrá en la vida otro lazo tan fuerte como el que empezó hace 246 Librodot . No puedes recordarla bien. No se da aires ni utiliza las pequeñas tretas de otras mujeres. la he visto en