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Mil Millas en el Viento (Los Doce Reinos)...

Prólogo
Prólogo Su madre se enjugó los ojos.
-Ten cuidado- le dijo. Su padre y sus dos hermanos mayores permanecieron firmemente en silencio. Sus hermanas y hermanos menores no pudieron salir de la casa. Parada en la puerta, Suzu podía escuchar a su abuela tratando de confortarla. “¡¿Es todo lo que llevará?” dijo el hombre junto a ella. Él era el único con una voz alegre. “Aoyagi-sama es un hombre rico. El te vestirá con ropa fina, te enseñará cómo comportarte en sociedad. Cuando tu aprendizaje esté completo, podrás convertirte en el tipo de dama que puede ir a donde le plazca sin la menor reserva.” Se rió en voz alta. Volteando su cabeza para mirarlo, los ojos de Suzu se posaron en la casa destartalada delante de ellos. El poste inclinado y el techo de paja hundido. La casa tenía piso de tierra, estaba dividido en sólo dos habitaciones y todo el interior estaba inclinado y hundido también. La suya era una vida de pobreza. Eran granjeros arrendatarios que cultivaban arroz y que gastaban la mayoría de las ganancias en pagar la renta. Además de todo, la cosecha del año anterior había sido escasa, y cuando llegó el verano, una vez más, los granos no habían aparecido en los tallos. Como era imposible pagar la renta, Suzu había sido contratada como sirvienta. No su hermano mayor de diecisiete años, ni su hermana de once años, ni tampoco cualquiera de sus otros nueve hermanos. Fue Suzu de catorce años, según el tradicional calendario lunar, aunque sólo se contaban doce si se tenía en cuenta desde el día de su nacimiento. “Bien, pues vámonos” Ante la insistencia del hombre, Suzu se inclinó. No se despidió. Si lo hubiera intentado, no habría podido aguantar las lágrimas. Ella fijó su mirada y se negó a parpadear. Miró su hogar y memorizó los rostros que vio ahí. “Cuídate”, le dijo su madre de nuevo y se secó la cara con la manga. Con eso, Suzu se dio la vuelta. Con su madre llorosa, sus hermanos obstinadamente malhumorados, se dio cuenta de ninguno de ellos haría ningún intento por detener su marcha. Suzu caminó en silencio detrás del hombre mientras pasaban por las afueras de la ciudad. Era cerca de mediodía y ya habían alcanzado los límites que ella conocía. El camino cortaba al pie de la montaña. Suzu jamás había puesto un pie más allá del paso de las remotas montañas. “Eres una buena niña. Nada de lloriqueos y gimoteos. Eso es lo que me gusta ver.” La actitud alegre del hombre no decaía. Caminaba con largos pasos, diciendo lo que se le ocurría. “Tokio es una gran ciudad. Probablemente nunca has visto faroles de gas, ¿verdad? Al lugar a donde vas, probablemente podrás montarte en un coche de calle. ¿Conoces lo que es un tranvía?” Suzu lo ignoró. Para no mirar atrás, se concentró en la sombra del hombre y dejó que el ritmo de él la arrastrara. Cuando se separaban, ella recuperaba la distancia con una oleada de pequeños pasos y luego pisaba con satisfacción la sombra de la cabeza del hombre.

y cuando volvió en sí. y corrió a un gran árbol de alcanfor que crecía al lado del camino. Decían algo que no entendía. Mientras caía fue atropellada por un torrente de lluvia. al mismo tiempo que caía. tropecé”. la tormenta se convirtió en un aguacero torrencial. Ella se inclinó hacia delante y con su siguiente paso. había una pendiente lo suficientemente empinada para ser llamada precipicio. en el borde. Su boca se abrió maravillada. pero no lo logró. Las sombras de las nubes parecían pegarse a sus talones. Un grupo de hombres la miraba. la sombra de la cabeza del hombre desapareció. La sombra que Suzu había estado pisando empezó a desvanecerse. La memoria de Suzu estaba intacta hasta el momento en que había pensado que se caería. Al correr hacia el árbol. Las nubes se deslizaban a través del cielo detrás de ellos. El acantilado estaba lleno de baches. “Bueno. como si la lluvia los persiguiera. Casi al mismo tiempo que ella llegaba donde las ramas empezaban a proteger de la lluvia. un grupo de arbustos. que mala suerte”. Después sus recuerdos eran confusos. su pie golpeó una raíz. de donde habían venido. Suzu se tambaleó allí. El se había parado para mirar al cielo. que rugía en sus oídos como si estuviera al pie de una cascada. En una pequeña dance de tropiezos. Suzu resbaló hasta el borde de un precipicio “Oye. estaba descansando en una cama que se balanceaba gentilmente. La amplia . hilos de agua blanca se escurrían por el precipicio. Justo donde el tronco del gran árbol se separaba. Levantó sus ojos y vio el agua negra que se extendía infinitamente. una rama cercana. dijo el hombre. Estaba en una plataforma de tablas viejas que apenas sobresalía por encima de la superficie del agua. Dejó caer todo lo que llevaba. Las gotas de lluvia tamborileaban en el camino. encontrándose con el cielo en el lejano horizonte. Detrás de ella había un precipicio tan alto que era necesario estirar el cuello para verlo todo. El retorcido tronco que sobresalía del suelo proporcionaba alguna protección también. Las grandes gotas cayeron contra sus mejillas y hombros. Sus pies se deslizaron por debajo de ella. Se levantó y miró alrededor. Una brisa cálida empezó a soplar. cuidado” A la mitad de la advertencia. Probablemente a causa de que las raíces eran usadas sin problemas por un sinnúmero de viajeros que paraban para tomar aliento su base estaba desgastada. buscó alcanzar las manos del hombre. Cuando abrió los ojos de nuevo. no. cualquier cosa. ¿Pero cuál río? Era tan profundo que no podía alcanzar el fondo. Una sombra subió por las abundantes arboledas de la ladera de la villa. Empezando la bajada del otro lado. Aquí y allá. Buscó el gran árbol de alcanfor del cual había caído. parpadeando. pensó. Era la primera vez en su vida que había visto tal cantidad de agua. Suzu abrazó su paquete de tela envuelto a su pecho y lo siguió. Fue arrojada a la corriente de agua. la voz del hombre se convirtió en un grito. Se tragó el agua negra y perdió la conciencia. “Oh. “Parece que va a llover” Miraron atrás.Repitiendo esto una y otra vez. parecía estar sumergida en un río. Ella se levantó sobresaltada. perdió el equilibrio. Las miradas preocupadas de los hombres la tranquilizaron. Empezó a caer. El agua que entraba por su boca era salada. Suzu cubrió su cuello y corrió hacia la base del árbol. cruzaron el paso de la montaña.

No era nada parecido a los ríos y lagos que ella conocía. Los botes se encontraban atados donde la plataforma se unía con el agua. ¿dónde estoy? Necesito regresar. “Eso tiene sentido”. Había muelles alineados al borde exterior de la plataforma y tres pequeños barcos estaban atracados ahí. sólo aquella enorme balsa flotante que sobresalía por debajo de los acantilados. al agua. Continuaba así hasta que se perdía en una negrura lejana. ¿Saben cuál es el mejor camino para regresar a mi villa desde aquí? La ruta a Tokio serviría también. éste se iba ensanchando cada vez más hasta llegar al océano. había una pequeña línea de casas. casi como si el borde de la tierra hubiese sido arrancado. El agua era sorprendentemente clara. El agua era negra como la noche. Cada vez que quiso sentarse para descansar. Ella colocó sus manos en el borde de la plataforma y miró hacia abajo. alguien la empujaba de atrás o la jalaba de adelante hacia arriba. había una caída de agua profunda. donde estaba ella. pero Suzu no comprendía ni una de ellas. pensó Suzu. Alguien la llamó. Pero. Señalando. El océano.plataforma de tablas había sido construida al pie del precipicio. Los hombres miraron hacia atrás. me marearía” susurró Suzu para sí misma. Cerca de su hogar. Los hombres la miraban con expresiones angustiadas en sus rostros. La cara del acantilado parecía haber sido excavada. “Subir una escalera así. mientras Suzu se sentó en la cubierta y examinó con más cuidado el lugar. así que construyeron una. supongo. Suzu respondió con una mirada confundida. El acantilado se elevaba hasta arriba. ¿Alguno de ustedes conoce dónde vive Aoyagi-sama?” Esto provocó otra oleada de palabras entre los hombres. Ella escaló la cara del acantilado. finalmente luchó hasta llegar a la cima. empujando suavemente sus hombros. “¿Qué? ¿Qué están diciendo?” Los hombres se miraron unos a otros consternados. Después la llevaron a través de la plataforma hasta los escalones de piedra. donde nadaban juntas luces brillantes parecidas a enjambres. No había una playa. pero no se lograba ver el fondo. Había escuchado que si navegabas río abajo. . no se hubiese visto ninguna playa ni la base de los acantilados. casi parecían rodear la plataforma flotante. Suzu finalmente apartó su mirada del océano. pero la altura de estos acantilados superaba por mucho aquella cascada. Los acantilados se extendían de izquierda a derecha. dónde la plataforma tocaba los acantilados. Aparecieron expresiones confundidas en sus semblantes. Mirando hacia atrás sobre su hombro y sofocando el vértigo provocado por la gran altura. Uno de ellos dijo algo que no logró entender. se dio cuenta de que había una escalera con escalones de piedra que subían el acantilado. Era el principio de su travesía. Todos hablaban a la vez. En la otra dirección. Si alguien retirara una sección de la cubierta. llamaron su atención hacia la punta del acantilado. las palabras iban y venían. “Disculpen. Los hombres se amontonaron para conferenciar. ¿cómo alguien podría escalar el acantilado? Cuando echó hacia atrás la cabeza y miró con más detenimiento. Así era como ellos subían y bajaban. Su único pensamiento fue que de alguna manera había sido arrastrada por el río y había terminado en el océano.

por lo que se imaginó que habían regresado de pescar. pero pensó que la estaban alabando por el buen trabajo que había hecho. donde había una colchoneta. . Muchos años pasaron. salió de la casa. Suzu no tenía ninguna forma de saber que no existía ningún lugar llamado “Tokio” en donde estaba. “Sería mejor llegar cuanto antes a la casa de Aoyagi-sama. Suzu la vio salir y cerró sus ojos. “Prefiero el trabajo en el campo” Había redes esparcidas y extendidas secándose en la cubierta. Después de todo. La anciana le quitó la ropa húmeda y le señaló una plataforma elevada sobre el suelo sucio. con la ropa mojada de Suzu en la mano. Arriba del acantilado había un muro de piedra que era mucho más alto que ella. pero por lo menos el camino a los arrozales era rápido y por una calzada. Por supuesto. Los hombres se rieron y le dieron palmadas en la espalda y los hombros. Debía de ser un montón de horrible trabajo cada vez que iban a pescar al tener que subir y bajar todo ese trecho. Dentro del muro.“Odiaría vivir aquí”. mientras la mujer. Suzu se acostó en ella. Le indicaron una puerta que había al lado. El océano en donde casi se había ahogado era el Kyokai. pensó mientras empezaba a dormirse. exclamó Suzu. mientras se dejaba caer en el suelo. había una pequeña aldea compuesta por una hilera de pequeñas casuchas. Estaba exhausta. me vendieron a él.” Para ella. Obendientemente. La llevaron a una de ellas. Ella no entendía nada de lo que decían. en donde la entregaron al cuidado de una anciana. “Me pregunto si lograré llegar a Tokio”. o también conocido como “El Mar de la Nada. no había otro lugar a donde ir y tampoco podía regresar a casa.” El lugar a donde había llegado era el Reino del Este llamado Kei. por lo que arrastro su cuerpo cansado detrás de los hombres y siguió adelante. Trabajar en el campo no era fácil.

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