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Alimentos vegetales y sus implicancias en el doblamiento del Nuevo Mundo: una visión desde Sudamérica.

Tom Dillehay y Jack Rossen. En años recientes, se fue hacienda más claro que sin las importantes adaptaciones que tuvieron lugar entre los forager del Pleistoceno Tardío en distintas partes de América, el subsecuente desarrollo de sociedades humanas más complejas y la producción de alimento hubieran sido imposibles. Estos desarrollos tienen sus raíces al asentarse en ambientes boscosos y pantanosos, por ejemplo, y al reestructurar sus patrones de subsistencia para explotar más alimentos vegetales, transportarlos a nuevos ambientes y tal vez manipularlos conscientemente en beneficio de la gente. Entre 13000 y 10000 años (dependiendo de la geografía), es cuando diferentes condiciones climáticas, vegetación y vida animal se establecieron en América. Gracias a descubrimientos arqueológicos, aspectos del doblamiento inicial del Nuevo Mundo están siendo reevaluados (por Clovis: la mayoría de los arqueólogos estudiaban cazadores que no cambiaban en ambientes cambiantes). Lo más emocionante en los últimos años, ha sido un mayor reconocimiento de la dispersión tecnológica y diversidad económica a través de América: caza, recolección de alimentos vegetales y de alimentos marinos. Sabemos que la diversidad cultural en Sudamérica estaba bien distribuida hacia por lo menos 10500 años AP. Los arqueólogos identificaron la caza de grandes presas como una actividad de subsistencia fundamental de muchos de los primeros americanos, porque los sitios tempranos contienen artefactos líticos y restos de huesos de fauna extinta. Restos orgánicos no se preservaron o no fueron encontrados. Los arqueólogos han subestimado el rol de los alimentos vegetales en las dietas tempranas. Después de todo fue la explotación humana de vegetales en el Pleistoceno Tardío lo que sentó las bases para la futura domesticación de plantas en muchas partes del Nuevo Mundo. De especial interés aquí es el registro arqueológico de los cazadores-recolectores tempranos en las áreas boscosas o pantanosas de Sudamérica. Aunque se han recuperado restos de nueces, bayas, tallos, frutas y de otras partes comestibles de varios sitios, son más dignas de mención aquí las plantas y partes de plantas subterráneas (tubérculos, rizomas de cañas y juncos) y sus amplias implicancias para la viabilidad económica. Estas partes son especiales porque usualmente son menos afectadas por sequías, fuego, fluctuaciones estacionales y por el pacer de los animales que las plantas que crecen por arriba de la tierra, y son explotados por menor cantidad de predadores. Abajo se resumen un par de casos de estudio y se discuten las características generales del paleoambiente y la base de recursos de algunos de los sitios, y las implicancias de estos casos para le posterior estudio de desarrollos sociales y culturales. Monte Verde, en el sur-centro de Chile Hoy en día, el paisaje templado fresco de Monte Verde se caracteriza por varios rasgos superficiales: bosques húmedos de coníferas mixtas y árboles de hojas anchas, colinas ondulantes y montañas bajas y altas, planicies fértiles y valles de río, grandes mallines y pastizales, pantanos de aguas frescas y salinas, lagunas y ciénagas, y planicies costeras. Las condiciones frías y húmedas similares al ambiente de selva húmeda presente hoy en día prevaleció en la región desde 16000 a 12000 AP. Se identificaron dos componentes culturales en Monte Verde. El más joven está preservado (12500 AP). El componente más antiguo es confuso (33000 AP). Las estructuras tipo carpa y huesito de la suerte, parecen ser componentes de un asentamiento planeado, integrado tanto espacial como funcionalmente. Una industria lítica diversificada se conformó a partir de tres tecnologías básicas: recolección selectiva, fractura natural y uso cultural de rocas con uno o más filos agudos usables; artefactos con lascados unifaciales y bifaciales; y bolas fabricadas por percusión y artefactos de molienda. Pastos marinos y plantas acuáticas eran procesadas regularmente. Muchas herramientas eran también usadas para el mantenimiento artesanal o arquitectónico (construcción de chozas). En suma, hay mucha evidencia, no específicamente plantas, indicativa de la explotación y preparación de especies vegetales de pantano y bosque. La industria lítica unifacial, tradición temprana de talla unifacial o filos marginales que posiblemente estuviera asociada con el trabajo en madera, piel, plantas, hueso, fibras, concha y plumas. Sin importar el lugar, todos los sitios tempranos se caracterizan por las industrias unifaciales y por la buena conservación de los restos orgánicos tanto de fauna como de flora asociados a economías forager de amplio espectro. La caza y/o carroñeo se sugieren por los restos al menos de siete individuos de mastodonte, un paleocamélido y animales pequeños. La carne probablemente constituía una parte importante de la proteína, pero su aprovisionamiento puede no haber sido regular. El conjunto de madera confirma la idea por tiempo sostenida que las plantas y otros vestigios orgánicos jugaron un rol importante en la tecnología de las culturas del Pleistoceno Tardío. Revela que la gente de Monte Verde recolectaba recursos de río arriba y de río abajo, de las tierras altas y de la costa. Se recuperaron gran cantidad de otras especies que representan alimentos estacionales, especialmente frutas de verano, que suplementaban las plantas base de alimentación. Basados en el uso que le dan los shamanes Mapuche actualmente, es probable que las diez especies recuperadas tuvieran usos exclusivamente medicinales, junto con trece especies comestibles con usos medicinales corolarios, parecen representar una farmacopea versátil relacionada con el tratamiento de una gran variedad de males. Desde muchos puntos de vista, el uso de vegetales en Monte Verde era variado y complejo, involucrando un conocimiento íntimo de microambientes, distribuciones, disponibilidad estacional, y atributos botánicos de recursos locales y no locales. Tubérculos y rizomas deben haber proveído alimento durante todo el año para todos los habitantes del sitio. Cuando las partes subterráneas de estas plantas son dejadas o almacenadas en su hábitat natural bajo tierra, son alimentos con larga “vida de uso” y capacidad de acumulación. Basados en la reconstrucción de las estructuras de recursos pasadas y presentes en el área de estudio, podemos inferir que los habitantes de Monte Verde elegían dos modos complementarios para procurarse tubérculos, rizomas y otros alimentos. Una manera es explotando un conjunto primario de recursos distribuidos en parches en los desbordes del Río Maullín. La otra

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posible técnica de procuramiento era apuntar a ciertos hábitats húmedos donde se concentran tubérculos y rizomas bajo tierra, abundantes durante todo el año. Las Vegas, en la costa de Ecuador Datado entre 9700 y 7000 AP, está asociado con fitolitos de zapallo domesticado, calabaza, maíz y raíces comestibles. Los habitantes tempranos de Las Vegas también explotaban ciervo, animales pequeños, pecarí, reptiles y aves en los bosques tropicales y en los manglares adyacentes, tanto como peces y mariscos del mar. La simple industria lítica demuestra un mejoramiento en la tecnología de los conjuntos artefactuales, y una mayor importancia de los implementos usados para recolectar plantas, incluyendo pequeños morteros. Cultura Nanchoc, en el norte de Perú Fechado en 8500 a 6000 AP, exhibe una economía orientada a las plantas que podría incluir un precoz conjunto de semidomesticados o cultívenos de ambientes de varias altitudes. Estas plantas incluyen zapallo, maní, quínoa, y frutos de cactus y Solanáceas. Aparentemente estas plantas fueron introducidas a los ecotonos de valle medio y superior desde áreas de tierras altas y de bosques tropicales, y la experimentación con vegetales era una base económica y un ímpetu de cambio cultural. La industria exclusiva de instrumentos unifaciales, variada y bien fabricada, y artefactos de molienda, que las economías del Holoceno temprano en la región estaban orientadas a los vegetales. Varios sitios en el centro de Brasil Casi treinta sitios del Pleistoceno Tardío y Holoceno temprano, datados dentro de un rango de 12300 a 8000 AP se han reportado en el centro de Brasil. Diversas economías basadas en semillas y en nueces de palmeras, junto con frutas salvajes. La importancia de la recolección de plantas salvajes continuó bastante posteriormente, cuando los cultivos del maíz y mandioca se introdujeron localmente. Los científicos trazan una dicotomía entre las culturas recolectoras de plantas del Pleistoceno Tardío en Brasil central y el “modelo de caza mayor” que permanece predominante en América del Norte. En suma, sospechamos que para algunas sociedades tempranas, la subsistencia puede haberse concentrado ocasionalmente en la caza de grandes animales como la fuente principal de carne; para los sitios discutidos arriba, y seguramente para la mayoría de las sociedades, la variedad de alimentos consumida incluía desde animales pequeños, caracoles, aves acuáticas, peces, mejillones y plantas. Caza, almacenamiento de alimentos, recolección y estabilidad residencial Varias investigaciones han notado que la ausencia de implementos para el almacenamiento en sitios de cazadores-recolectores puede sugerir que los habitantes del lugar eran foragers es que las actividades económicas se relacionan primariamente con las necesidades inmediatas del grupo, y no a anticipar necesidades futuras. Son, no obstante, los recolectores quienes se ven envueltos en actividades logísticas en las cuales los grupos recolectan recursos y los llevan de vuelta al campamento base. En este caso, el almacenamiento es vital. Excepciones: las zonas de latitud baja suelen contener altas densidades de alimentos que permiten a los forager recolectar recursos cada día por “encuentro”. En Monte Verde, sus habitantes seguramente eran sedentarios almacenadotes quienes dependían del almacenamiento subterráneo y de la acumulación nutricional de ciertos de ciertos tubérculos y rizomas con largas vidas de uso y de la explotación ocasional de grandes animales para permanecer en un lugar por gran parte del año. Los recursos alimenticios suplementarios, tales como nueces, hojas carnosas, setas, pastos marinos, frutas, presas pequeñas podrían haberse recolectado en los mismos ambientes. Hay otras implicancias significativas en el almacenamiento natural de alimentos. El almacenamiento natural no necesitaría cambios en cuanto al trabajo, a la movilidad, a la tecnología y a las estructuras sociales de la población residente, cambios que sí pudieron haber sucedido con la construcción y mantenimiento de rasgos de almacenamiento en el sitio. Conclusiones Sin duda, los nuevos descubiertos y direcciones en la interpretación de asentamiento humano inicial en ambientes pantanosos y boscosos inexplorados calificará nuestro comprendimiento acerca del rol de las tecnologías tempranas y los diferentes vegetales en las economías de subsistencia. Finalmente, para un mejor entendimiento del primer poblamiento de América, debemos desarrollar preguntas de investigación y estrategias que ayuden a estudiar los procesos adaptativos tempranos sobre una base comparativa local y hemisférica que conduzca a perspectivas significativas en cuanto a la plasticidad de las culturas del Pleistoceno Tardío. Resumen Debido a la preservación y al sesgo de paradigma, generalmente se le presta poca atención a la recolección de plantas al moldear las adaptaciones de los forager tempranos en América. Discutimos las implicancias sociales y económicas de los registros arqueológicos tempranos donde la preservación es buena, como en Monte Verde en Chile y muchos otros sitios en Brasil, y su significado con respecto a la explotación de ambientes pantanosos y al doblamiento del Nuevo Mundo. Demostramos que depender de un gran número y tipo de recursos vegetales caracterizaban las economías de los primeros humanos de Sudamérica.

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