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VIII.

CONSTRUCCIÓN DE UN MODELO ALTERNATIVO DE CERTIFICACIÓN PARA PEQUEÑOS/AS PRODUCTORES/AS: EL SISTEMA PARTICIPATIVO DE GARANTÍA ANDALUZ Mamen Cuéllar Padilla y Eva Torremocha Bouchet1 Introducción Dentro del crecimiento sostenido que, tanto la superficie como el número de operadores/as de agricultura ecológica ha experimentado en Andalucía desde 1996, en los últimos años se ha detectado que el colectivo de los/as pequeños/as y medianos/as agricultores/as integrados/as en el sector tenían ciertas reticencias en mantenerse más allá del periodo exigido por las ayudas, y que aquellos/as que deseaban dar el paso de formar parte de él se veían frenados por el coste y el nivel de burocracia que les suponía la certificación. Para hacer frente a esta situación, la Dirección General de Agricultura Ecológica de la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía, en el año 2005, encargó un estudio sobre la situación del sistema de certificación del sector de la agricultura ecológica. En él se señalaba que tanto el propio sector como las instituciones y entidades públicas a nivel nacional e internacional percibían el sistema de certificación, tal y como está planteado, como un escollo para el desarrollo de la Agricultura Ecológica, especialmente en lo que se refiere a pequeñas explotaciones. Las conclusiones del estudio recomendaban la puesta en marcha de un proceso de construcción de un sistema de certificación alternativo, basado en la participación de los principales actores involucrados: los/as propios/as agricultores/as, ganaderos/as y consumidores/as (Cuéllar, M. y Torremocha, E. 2005). Desde diversos foros, ya se lleva tiempo planteando esta necesidad de buscar soluciones a los problemas de la certificación por auditorías, y de desarrollar auténticas experiencias de certificación alternativa que están funcionando con éxito en otras partes del mundo (Cuéllar, M. 2007).

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en González de Molina, M. (coord.): El desarrollo de la Agricultura Ecológica en Andalucía (2004 – 2007). Crónica de una experiencia agroecológica. Editorial Icaria. 2008 (en proceso de edición)

Así, en el año 2006, se decide poner en marcha un proyecto piloto para la construcción de un sistema de certificación, alternativo a los existentes, que diera respuesta a este colectivo de pequeños/as productores/as. Siguiendo las premisas del estudio, se estableció una metodología de trabajo participativa donde han tenido cabida todos los actores involucrados. De este modo, productores/as y consumidores/as iniciaron, en el 2006, un proyecto conjunto destinado a dar respuesta a la demanda de certificación de unos y de acceso con garantía a los productos ecológicos de otros. En consonancia con las demás experiencias, de parecida índole, que se desarrollan en otras zonas del mundo, este proyecto se ha denominado “construcción de un Sistema Participativo de Garantía andaluz”.

Territorios piloto implicados El propio concepto práctico del proyecto instó a trabajar con zonas geográficas que, por una parte, recogían las semejanzas necesarias para abarcar el perfil de productores/as demandantes de sistemas de certificación alternativos pero que, por otra parte, representasen variaciones suficientes para garantizar que el modelo construido se pudiera extrapolar al conjunto del territorio andaluz. En base a estos criterios, y seleccionando aquellos territorios que habían demostrado tener interés por resolver esta problemática específica, se acordó trabajar en tres zonas con características productivas y socioeconómicas semejantes como fueron la Sierra de Segura, la Serranía de Ronda y el municipio de Castril. En el aspecto productivo, los tres territorios se ubican en zonas de montaña, con gran parcelación de las explotaciones y una fuerte presencia de la agricultura tradicional, con explotaciones donde a menudo se compagina la actividad agraria y la ganadera, y una diversificación de cultivos y ganado amplia. En el aspecto sociocultural, es importante destacar que en los tres territorios la agricultura ecológica no era ya una novedad, sino que los centros de desarrollo y otras instituciones como la Universidad venían desarrollando proyectos de fomento de la producción y/o de la comercialización desde el año 2000, al menos. Es decir, que los/as

operadores/as ecológicos/as y la población en general tenían ya cierto conocimiento y/o experiencia en torno a la agricultura ecológica. En el aspecto económico, los/as agricultores/as y ganaderos/as responden al perfil de la producción de pequeña escala, que son los que consideran que la certificación supone un freno importante para su incorporación o mantenimiento en el sector. Por último, en el aspecto ambiental, estas zonas se encuentran ubicadas en espacios dotados de alguna figura de protección ambiental o bien están en zonas limítrofes a algunos de ellos. En cuanto a las diferencias entre estos territorios, éstas radican en: El tamaño del territorio y número de municipios: estas variables aumentan las singularidades y la posibilidad de hallarse frente a casuísticas muy diferentes. La Serranía de Ronda cuenta con 24 municipios y una superficie de 1.389 Km2, la Sierra de Segura cuenta con 13 municipios y una superficie 1.931 Km2 y el municipio de Castril cuenta con una extensión de 243 Km2. El perfil productivo: si bien la actividad agraria está diversificada en las tres zonas, la Sierra de Segura tiene una marcada tendencia olivarera que determina los tiempos de actuación en el territorio. En las otras zonas, si bien el olivar también es un cultivo omnipresente, su cultivo se compagina con otros, por lo que la incidencia en la organización del territorio de un solo cultivo es menor. El entorno socioeconómico de influencia: La Sierra de Segura y el municipio de Castril se encuentran aislados de los grandes centros de consumo más próximos, que en sendos casos son las respectivas capitales de provincia. En el caso de la Serranía de Ronda, la proximidad de la Costa del Sol marca el perfil socioeconómico de los/as operadores/as, que tan solo en muy contadas ocasiones son agricultores a título principal.

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CUADRO RESUMEN DE LAS CARACTERÍSTICAS DE LOS TERRITORIOS IMPLICADOS Características Castril S. de Ronda S. de Segura 1389 1931 Superficie (Km2) 243 1 24 13 Municipios Montaña Montaña Montaña Entorno

Agricultura tradicional Parcelación las fincas Tipología agricultores Figura protección ambiental

Sí de Sí. Extrema en huertas ATP, pequeños y medianos de Incluido en el PN Sierra de Castril

Sí Sí No ATP, pequeños y medianos Rodeada de PN Sierra de Grazalema, Alcornocales, Sierra de las Nieves Grupo de Desarrollo Local

Sí Sí ATP, pequeños y medianos Incluido en el PN de la Sierra de Cazorla, Segura y las Villas Grupo de Desarrollo Local, Ayuntamientos, Consejería de Agricultura y Pesca

Trayectoria previa en AE

ISEC (Universidad de Córdoba).

Fuente: Elaboración propia

Las características similares de los territorios seleccionados, para llevar a cabo el proyecto, debían permitir construir un modelo alternativo de certificación que respondiera a las problemáticas comunes. Sus diferencias debían abarcar realidades distintas de manera a construir un modelo extrapolable al conjunto del territorio andaluz.

Metodología aplicada Para promover la búsqueda de alternativas con estos territorios seleccionados, se decidió trabajar en base a una metodología participativa: no se pretendía copiar el modelo de ningún otro territorio o experiencia existente, sino construir, entre todos/as, el que mejor se adaptase a nuestro modo de funcionar y nuestra realidad social y productiva. El esquema básico previo era el de una Investigación – Acción Participativa, metodología que permite conocer en profundidad una problemática concreta, promoviendo y facilitando la implicación de

todas las personas relacionadas con la misma en la búsqueda de posibles soluciones. El diagnóstico colectivo y el planteamiento consensuado de respuestas y soluciones permite a las personas participantes adueñarse del proceso. De esta forma, por un lado todo lo que se plantea y se discute responde a la realidad en la que se está trabajando directamente, y por otro lado se favorece que sean los propios protagonistas del medio rural andaluz quienes construyan, decidan y elijan las opciones que más les convencen. Con estas ideas previas de la necesidad de implementar una metodología de este tipo, el modo operativo de organizarlo fue: Una persona dinamizadora en cada uno de los tres territorios, implicada durante los casi dos años que ha durado el proceso. El perfil de las mismas era el de personas que pertenecían a los territorios, a quienes los y las productores / consumidores con los que se iba a trabajar conocían y reconocían, y que contaban con cierta formación técnica en torno a la producción ecológica, o en torno a metodologías participativas de intervención social. Dos personas a nivel de coordinación general: una de ellas que hacía de puente entre la administración, impulsora y financiadora del proyecto, y los territorios, y daba seguimiento y continuidad al proceso; y otra que guiaba el proyecto a nivel conceptual, metodológico y de planificación de las distintas etapas, evaluando el proceso a mitad de su desarrollo y al final del mismo

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A partir de este equipo humano, el proyecto se dividió en tres etapas, en cada uno de los tres territorios: Un primer trabajo de aproximación en los territorios a las personas interesadas en el proyecto, con las cuales se empezó a trabajar en un autodiagnóstico de la cuestión de la producción ecológica y la certificación de la misma en cada uno de los territorios. A partir del autodiagnóstico, se comenzó una etapa de construcción de una alternativa que respondiera a los problemas detectados. Esta fase sentaría las primeras bases de lo que sería el sistema Participativo de Garantía andaluz.

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La última etapa en cada uno de los territorios consistió en la puesta en práctica, y la corrección continuada, del SPG andaluz. Asimismo se elaboraron los documentos en los que se basaría todo el trabajo de este nuevo modelo creado.

Si bien el trabajo en cada territorio era fundamental para acercar la búsqueda de soluciones a los territorios, la solución final, como ya hemos indicado, debía ser una propuesta conjunta de todos los territorios implicados, que pudiera traducirse en un sistema de garantía alternativo a nivel andaluz. Para esto, el acercamiento y el consenso de los procesos seguidos en cada uno de los tres territorios entre sí era fundamental. Esto se planteó haciendo encuentros periódicos de los tres territorios, de unos dos días de duración, en los que, a través de objetivos claros y técnicas concretas, se fueron acercando las posiciones de los tres territorios y elaborando una propuesta única común a los tres. Como no podía ser de otro modo, esta propuesta unificada dejaba abierta, en determinadas cuestiones y elementos del modelo construido, cierta flexibilidad, con el único fin de permitir un modelo que si bien guardara un cierto grado de homogeneidad entre los territorios, permitiera su adaptabilidad a las realidades concretas y peculiares de cada zona. Los encuentros realizados entre los territorios fueron tres: El primero de puesta en común y consenso de los autodiagnósticos y primeras propuestas de sistema alternativo – noviembre de 2006 El segundo de cierre de un modelo común para los tres territorios, en el que se incorporaron aquellas modificaciones contempladas tras su puesta en práctica en los territorios – marzo de 2007 El tercero de aprobación del modelo definitivo y de conformación de lo que es la Red Andaluza de Certificación Social, con la concreción de determinadas acciones conjuntas, como ha sido la participación en las Bioferias, a través de un puesto de venta de productos ecológicos compartido – septiembre de 2007

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Grupo de trabajo del II Encuentro de la Red del Sistema Participativo Garantía

Ensayo de visita de campo en el III Encuentro de la Red del Sistema Participativo de Garantía

Todo el proceso de trabajo participado en los territorios se completó con dos momentos de evaluación del proyecto, a través de la realización de diversas entrevistas en profundidad, tanto grupales como individuales, con las personas participantes en el proyecto de cada territorio. La primera evaluación, en septiembre de 2006, se llevó a cabo con el fin de valorar el grado de avance del proyecto en cada uno de los territorios a los 6 meses de haberse iniciado, de manera que se pudieron detectar determinadas debilidades, y realizar los ajustes necesarios en esta fase temprana, para que el desarrollo del proceso en cada uno de los tres territorios fuese acompasado con los demás. La segunda evaluación, realizada al final del proceso, en octubre – noviembre de 2007, ha permitido evaluar el grado de satisfacción de las personas participantes con los resultados obtenidos, después del año y medio de trabajo colectivo, así como las expectativas y amenazas que se detectan desde los territorios para la continuidad y el reconocimiento legal de este Sistema Participativo de Garantía andaluz.

Resultados obtenidos Los resultados del proceso de construcción del Sistema de Garantía Participativo andaluz se pueden establecer en base a dos aspectos: Por un lado, el modelo en sí construido participadamente Por otro lado, la consolidación de los grupos que han venido trabajando en cada uno de los tres territorios, que se ha traducido en un fortalecimiento y potenciación de otras iniciativas colectivas y de apoyo mutuo.

A. Primer nivel de resultados En lo que respecta al Sistema Participativo de Garantía construido, los elementos establecidos para generar la confianza y la fiabilidad que el mercado de productos ecológicos exige se han recogido en un reglamento. La base de este sistema se centra en la idea de que la generación de confianza se realiza a través del control social de las producciones, es decir, es el entorno social del productor/a quien va a avalar si,

efectivamente, esta persona maneja sus producciones de una forma ecológica o no. Asimismo, recupera la idea de que la generación de confianza en los productos no debe convertirse en un fin en sí mismo en la Agricultura Ecológica, un examen anual que aprobar o suspender. Garantizar las producciones ecológicas puede suponer un proceso de intercambio y de aprendizaje mutuo, que fortalezca el contexto social en el que se desarrollan estos cultivos, y potencie el tejido asociativo rural. El control social en el que se basa este mecanismo de garantía se estructura y establece en base a determinadas pautas: En primer lugar, el compromiso del/a propio/a productor/a, que entra a formar parte de un grupo horizontal, en el que deberá participar activamente En segundo lugar, y a través de grupos de visita organizados anualmente, los/as productores/as se realizan visitan cruzadas en finca, a partir de las cuales se establecen una serie de registros de los manejos y propiedades En los grupos de visita establecidos, participan otras personas no productoras: técnicas y/o consumidoras, que representan una garantía adicional del proceso Las visitas anuales en finca vienen reforzadas por analíticas: un porcentaje de las fincas es analizado anualmente, por azar; y todas aquellas fincas en las que se ha podido sospechar de alguna irregularidad

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Todo este trabajo viene organizado a través de asociaciones de productores/as, consumidores/as y técnicos/as locales, en las que se establecen una serie de comisiones con funciones muy claras y concretas. De este modo, y como ejemplo, encontramos la comisión de calidad, encargada de organizar los grupos de visita y las visitas cruzadas entre productores/as anualmente, de llevar un control de los registros de cada miembro,… O la comisión de admisión, que es la responsable de la aceptación de nuevos miembros, en función de una serie de criterios preestablecidos, así como de dar un seguimiento a las nuevas personas incorporadas durante su primer año,… La última cuestión en este primer nivel de resultados es el objeto que viene avalado por el SPG andaluz. La construcción colectiva de este

modelo ha llevado a plantear varias cuestiones que suponen un valor añadido más a este sistema de garantía: En primer lugar, el SPG andaluz trabaja avalando productores/as, y no productos. Esto significa que cualquier persona que forme parte del SPG andaluz produce y trabaja íntegramente bajo manejo ecológico, sea cual sea el tipo de producto que saque al mercado. En segundo lugar, el SPG andaluz no concibe una agricultura ecológica que no sea respetuosa con el entorno social en el que se desarrolla. Para ello, se han incluido criterios de tipo laboral (condiciones de trabajo de las personas contratadas, temporeras,…) En tercer lugar, el SPG andaluz no entiende la certificación como un fin en sí mismo, sino como un proceso de aprendizaje mutuo y de mejora ecológica y social de las fincas, por lo que aparte del Reglamento 2092/91, de obligado cumplimiento, ha establecido una serie de prácticas recomendadas, que deberán ir siendo asumidas por las personas miembro en plazos de tiempo recomendados (aspectos relacionados con el suelo y la erosión, con la biodiversidad de las fincas,…)

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B. Segundo nivel de resultados El segundo nivel de resultados lo podemos observar a dos subniveles: - En el ámbito local/comarcal, en lo que respecta a la consolidación de grupos entre productores/as, consumidores/as y técnicos/as, en cada uno de los territorios, fruto del proceso participativo seguido durante el año y medio de trabajo; y en lo que respecta a la construcción de un sistema de garantía donde los territorios y el tejido social local toman el protagonismo. - En el ámbito andaluz, en lo que respecta a la confluencia facilitada entre los tres territorios participantes, dando lugar a la creación de una red a nivel regional. A nivel de territorio, el intercambio continuado entre productores/as, consumidores/as y técnicos/as ha dado lugar a la organización de los grupos para participar en mercados locales/regionales, tales como biopuntos en los mercados semanales de los pueblos, mercados

ecológicos periódicos, o en el proyecto de consumo social abasteciendo escuelas de las zonas. Además, se han facilitado procesos fundamentales para la producción a nivel local, tales como el intercambio de información en torno a semillas, modos de manejo, cursos de formación,… A nivel andaluz, la red, configurada en septiembre de 2007, ha participado conjuntamente en las Bioferias organizadas en las capitales andaluzas, a través de un puesto único. Y se ha establecido, en el funcionamiento interno del SPG andaluz, encuentros anuales entre los territorios implicados donde se abran espacios de discusión y debate en torno a problemáticas comunes, propuestas de acción y solución colectivas,… El principal resultado de todo este proceso podríamos resumirlo en hacer de la certificación un proceso colectivo, de consolidación de tejido social rural, donde se encuentran productores/as, consumidores/as y técnicos/as para generar confianza en las producciones ecológicas.

Regulación del Sistema Participativo de Garantía Andaluz En Andalucía, desde el año 2003, la certificación de la producción ecológica recae en organismos privados de control, siendo la Dirección General de Agricultura Ecológica la autoridad de control reconocida. Si bien la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía tiene todas las competencias en materia de agricultura, y que las de agricultura ecológica recaen en la Dirección General de Agricultura Ecológica, el margen de actuación de la misma se limita a lo establecido por los reglamentos comunitarios, nacionales y autonómicos. Es decir, que para dar cabida a los Sistemas Participativos de Garantía en el panorama de la certificación en Andalucía, éstos deben enmarcarse en los reglamentos siguientes: A nivel comunitario: R (CEE) 2092/91, del Consejo de 24 de junio de 1991, sobre la producción agraria ecológica y su indicación en los productos agrarios y alimenticios. A nivel estatal: RD 1852/1993, de 23 de octubre, sobre producción ecológica y su indicación en los productos agrarios

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y alimenticios, y sus modificaciones en los RD 1506/2001 y RD 1614/2005. A nivel autonómico: o Orden de 26 de septiembre de 2000 por la que se aprueba el Reglamento sobre la producción ecológica y su indicación en los productos agrarios y alimenticios. o Decreto 166/2003 de 17 de junio sobre la producción agraria alimentaria en Andalucía. Además, la norma UNE reconocida para las entidades de certificación es la UNE 45011, adaptación europea de la norma internacional ISO 65. Es de obligado cumplimiento para las entidades privadas que se dedican a la certificación de cualquier tipo de producto.

Dentro de este marco legal, un Sistema Participativo de Garantía puro no tiene cabida. Las opciones que se presentaban eran: a. Pasar a un sistema de Control Interno, en el que el SPG es avalado por un agente externo acreditado para certificar producciones ecológicas. En este caso, y según quién sea este agente externo, había dos opciones: - Convertir el sistema de certificación en Andalucía en un sistema mixto, de manera que este agente externo fuese la propia administración. - Continuar con el sistema privado de certificación, de manera que el agente externo fuese una de las entidades certificadoras que operan en nuestra región. b. Respetar el Sistema Participativo de Garantía puro, creando una marca propia asociada, sin reconocimiento legal. La opción b) se fue desechando a medida que el proyecto avanzaba ya que era la opción que menos garantizaba la continuidad del sistema. Suponía, para los grupos implicados, renunciar a un reconocimiento oficial de su producción ecológica, y por lo tanto: no poder acceder a las ayudas públicas destinadas al sector, y tener que hacer una intensa labor de difusión de la marca para su reconocimiento en el mercado. En cuanto a las opciones a), dado que el objetivo inicial, y principal, de este proyecto era conseguir el mantenimiento e incorporación de los pequeños/as productores/as al sector de la agricultura ecológica, la

primera posibilidad era la que dotaba de mayor fortaleza al mismo. Además de permitir culminar con este proceso, de manera plenamente satisfactoria, seguía las líneas de actuación de marcado carácter social establecidas por la DGAE en el periodo 2004-2008. Sin embargo esta posibilidad no contó con el apoyo necesario para poder ver la luz. Los intereses particulares de entidades privadas no permitieron este paso de un sistema privado de certificación a un sistema mixto, por lo que este proyecto de interés social no contó con el marco legal óptimo para la consecución plena de su principal objetivo. Sin embargo, y gracias a la flexibilidad con la que los participantes del proyecto han dotado al Sistema Participativo de Garantía andaluz, ha bastado con modificar algunos apartados del reglamento interno, para adaptar este sistema de garantía a la legislación vigente. Así, los organismos privados de control podrán abarcar, si los mecanismos legales puestos en marcha llegan a buen puerto, entre sus clientes a grupos organizados de pequeños y medianos agricultores y ganaderos que trabajan con el Sistema Participativo de Garantía elaborado, asumiendo el papel de agente externo de verificación. Para cerrar y dar reconocimiento a todo el trabajo realizado durante los dos años que ha durado la fase piloto, la DGAE ha redactado y dejado en vías de tramitación sendas órdenes específicas, que vienen a reconocer oficialmente y a regular el sistema Participativo Andaluz de Garantía. a. La primera de ellas define y regula el Sistema Participativo Andaluz de Garantía, recogiendo el reglamento de funcionamiento del mismo, que incluye tanto los mecanismos para la entrada de grupos de productores a este sistema, como todos los procedimientos de garantía que este sistema establece (funcionamiento de las visitas, analíticas,…). Esta orden establece que el Sistema Participativo Andaluz de Garantía va dirigido a aquellos grupos productivos con mayores dificultades: bien porque estén ubicados en zonas reconocidas oficialmente como de atención especial, bien porque presenten tamaños de parcelas pequeños o altos grados de parcelación en sus explotaciones. b. La segunda orden establece las bases reguladoras para la concesión de subvenciones para la participación de productores/as en el Sistema Participativo Andaluz de Garantía. Esta subvención, cuya convocatoria será anual, contempla las ayudas económicas necesarias para sufragar

los gastos ocasionados por la certificación de las fincas de los participantes dentro de este sistema de garantía. La Orden regula una subvención destinada a: apoyar a los grupos de productores organizados que trabajan en el Sistema Participativo Andaluz de Garantía y no a personas individuales; y favorecer la participación de los consumidores y consumidoras locales para garantizar la pluralidad y transparencia del procedimiento.

Conclusiones Son muchas las conclusiones y aprendizajes extraídos de todo este proceso, por parte de todas las personas participantes. Trataremos de organizarlas en torno a dos ideas que nos parecen fundamentales dentro de esta publicación: por un lado, en lo que respecta a la metodología seguida; y por otro lado, en lo que respecta a las dificultades encontradas para el reconocimiento legal. La metodología utilizada, basada en la implicación de todos los actores interesados en esta búsqueda de soluciones al problema de la certificación, ha permitido obtener un sistema Participativo de Garantía que responde y pertenece íntegramente a los territorios que han estado trabajando y reflexionando sobre el tema. Además, ha permitido la consolidación de grupos entre personas productoras y consumidoras, a nivel de los territorios, y a nivel regional, que ha permitido la puesta en marcha de otros proyectos dirigidos a facilitar la comercialización, a coordinar y planificar las producciones de forma conjunta,… y en definitiva a crear redes de apoyo mutuo y de intercambio de conocimientos y experiencias, elementos clave para recuperar un medio rural, hasta ahora dirigido hacia los grandes mercados, la individualización de las personas y la producción a gran escala, que ha olvidado durante demasiado tiempo las pequeñas y medianas producciones, base de los mercados locales y el desarrollo rural sustentable. Por otro lado, la cuestión del reconocimiento legal de este sistema se ha topado con una legislación europea centrada en la certificación como actividad económica, y no como una actividad social de interés colectivo. Este modo de concebir el modo de generar garantía en las

producciones ecológicas encaja con parte del sector y su realidad, pero sin embargo está discriminando y perjudicando a otra parte del mismo. Y no solo eso, este sistema no deja lugar a que esta importante parte del sector tenga la posibilidad de plantear alternativas que sean reconocidas. Ante este panorama, la solución encontrada ha sido un arreglo intermedio, incorporando el aval de una entidad privada de certificación a través de la presencia su personal técnico, en las visitas. Para mantener el concepto inicial, se ha tratado de invertir el mecanismo, de manera que sean los propios productores y productoras quienes organicen todo el sistema de control y verificación, y sean las figuras técnicas las que se adapten a estas redes sociales, “acompañando” el proceso, y no dirigiéndolo. En todas las personas que hemos estado implicadas en la construcción del SPG andaluz está clara una idea: El aval de una entidad privada de certificación en el SPG andaluz no es necesario para generar más credibilidad, el propio sistema es lo suficientemente sólido como para dar suficientes garantías. Es una mera disposición para obtener el reconocimiento legal, en base a una norma que excluye, y prioriza un sector económico frente a procesos de organización social y “empoderamiento” del medio rural.