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Dr.

Kléver Silva Zaldumbide
MEDICO ACUPUNTURISTA
Doctor en Medicina y Cirugía en la Universidad Central del Ecuador Especialización de dos años de postgrado en la República de China en ACUPUNTURA Y MOXIBUSTIÓN La razón médica.Es ya bastante común referirse a los extraordinarios progresos de la Medicina de nuestra época. Técnicas diagnósticas muy avanzadas: TAC (tomografía axial computarizada), resonancia magnética nuclear, Imágenes de Resonancia Magnética funcional (fMRI), el D.I.T.I. el efecto Ryodoyaku, PET (tomografía de emisión de positrones), diagnósticos utilizando la nanotecnología (inyección de puntos cuánticos), la cápsula endoscópica para la prevención del cáncer gastrointestinal, intervenciones quirúrgicas robóticas, trasplante de diversos órganos, progresos en ingeniería genética, perspectivas de terapia genética, y de más, son signos de ese poderoso desarrollo de la investigación en Medicina. La ciencia y la tecnología, amparadas entre sí y conducidas por el gran ar tífice “mercado”, propician, en los tiempos actuales, corrientes ininterrumpidas de generación de objetos: cada vez más “nuevos” y “avanzados”, haciéndonos vivir bajo una creciente y aparentemente inevitable mercantilización de todos los dominios de la experiencia humana. Cuando el Papa Juan Pablo II se preguntaba: "Los progresos de los que el hombre es autor y defensor, ¿Hacen nuestra vida sobre la Tierra más humana desde todos los puntos de vista? ¿La hacen más digna del hombre?” Habrá que considerar la dimensión ética de las intervenciones médicas en el curso de la vida humana, desde el nacimiento hasta la muerte. Se podría pensar que todo aquello que técnicamente puede hacerse, debe llevarse a cabo, con tal de conseguir una mejor salud, la curación de una enfermedad o la felicidad de una persona que sufre. Se trata de una tentación frecuente en nuestra época. Pero ¿Existen el principio ético en el quehacer científico? La medicina se encuentra hoy en una crisis de identidad respecto de su objeto, método y fin, que se expresa en un conflicto de paradigmas o modelos de racionalidad médica. La exagerada tendencia al reduccionismo biológico, tomándole al cuerpo como objeto biológico disgregado sujeto, exclusivamente, a tratamientos amputativos, paliativos, supresivos, teniendo de base un intencional descuido, de monopólicos intereses económicos, de la orientación educativa preventiva, en donde el ser humano exige salud sin dar a cambio nada. Con un estilo de vida sedentario (el ejercicio el remedio mas barato del mundo”), consumiendo basura (chatarra y “golosinas”) como fuente nutricional…como dejando de lado al c onocimiento “científico-natural”, lógico y coherente de preservación. Sin importarle su restauración que constituiría el verdadero sentido y deber ser del acto médico. En un sistema donde la compra venta es más importante que el hombre, va a ser difícil que exista un principio de beneficencia y humanidad, teoría de valores, conducta moral aplicadas al fin de la medicina. La concepción pluridimensional y multicausal, holística de la realidad biopsicosocial, de salud y enfermedad en términos de bienestar-malestar; la conducta terapéutica “educativo-preventiva” respecto de la naturaleza de las cosas, y como posibilidad lógica de la condición humana, de que la salud no es magia, sino un don que debemos cuidarla, no encajaría jamás en el sistema socioeconómico-político-cultural de occidente, simplemente porque no es negocio. ¡Nunca alcanzaríamos a calcular cuantas cirugías, cuantas enfermedades se podrían evitar, cuanto dinero, sacrificadamente alcanzado, dejaríamos de gastar!, sólo cambiando nuestro estilo de vida en favor de la salud, a sabiendas de que nosotros somos el producto de lo que comemos, si rompiéramos ese condicionamiento mental de querer todo fácil rápido y cómodo. El ejercicio, fuente energética imprescindible e indispensable del hombre para mantener su salud, identificado como aburrido, “sacrificado”, sujeto a que “nos guste o no” hacerlo. Intentar obtener

salud a la fuerza, sin modificar ese condicionamiento impuesto por las grandes potencias económicas, de una manera sutil, para destruir la salud con nuestras propias mano. ¿Acaso los cromos de álbumes, los muñequitos que les encanta a nuestros niños, están en los productos saludables? Cuando nuestro hijo dice: ¿Mami, por qué será que lo dañino es rico, pero no importa? Estimulando el centro del placer, la industria de consumo ya nos pueden tener de esclavos, simplemente porque lo prohibido, el ser humano, sueño con reincidir. Querer salud sin participar en conseguirla ni preservarla es una utopía.