You are on page 1of 1

Dr.

Kléver Silva Zaldumbide MEDICO ACUPUNTURISTA Doctor en Medicina y Cirugía en la Universidad Central del Ecuador Especialización de dos años de postgrado en la República de China en ACUPUNTURA Y MOXIBUSTIÓN El arte supremo de la vida Por el día del médico estas líneas de reflexión para tratar de encontrar los mecanismos que permitan que la noble, privilegiada y excepcional profesión médica, siga siendo la más digna de todas las profesiones y de vocación bien orientada. Que la ciencia médica, con grandes esfuerzos y sacrificados estudios investigativos con ensayos, análisis, meta-análisis, etc., no termine siendo, a veces, “rehén” o controlada por los poderosos financieros para que el objetivo del sistema médico sea que la gente se enferme, a la inversa de lo que los médicos deseamos: estar al servicio del dolido y ser coparticipe de sus anhelos, es decir curarse. Que no sea un sistema de enfermedad, que sea un sistema de salud. Pero mientras siga existiendo pobreza e ignorancia extrema en una buena parte de nuestra población, seguirán habiendo “ovejas” sin pastor, es decir sin seguridad ni protección, que obedecen a un “único” sistema de explotación inhumana al cual inescrupulosos extorsionadores de la salud se someten. Signo de gran dignidad, la palabra doctor, más que conocimiento científico frío, vanidoso y petulante, es sinónimo de humilde sabiduría con gran imaginación creadora de humanismo, cuya convicción debería ser la de impedir que la gente se enferme, ésta debería ser su medicina y ésta, también, su filosofía. Devoto, gentil, jovial pondrá esa mezcla de ironía y amor llamada humorismo, con mayor consideración que cuando la persona está en plenas facultades. Sin arrogante cansancio ya que éste no proviene de aquello que se hace, porque lo que se hace, si se realiza a fondo, con pasión y con toda el alma, no cansa nunca. Lo que cansa es el pensamiento de lo que no se hace. De gran sentido común y coherencia, aprendiendo a aprender de su mismo ejercicio profesional, centrado en la persona humana más que en obtener autos lujosos, construir edificios, sufriendo por lo que no sucederá (llegar a ser el más rico) o teniendo miedo de perder lo que ya ha perdido (su conciencia, su sensibilidad social y su honorabilidad), pues como dijo Einstein: “El valor de un hombre debe ser medido por lo que da, no por lo que obtiene”. El verdadero médico será con mente abierta, satisfecho de sí mismo, entendiendo que envejecer significa tener todas las edades, viendo a Dios más de cerca se convierte en amigo solidario del convaleciente antes que en el explotador de éste. Sintiendo que tiene en las manos el arte supremo de la vida, el gran secreto de la felicidad cuando alguien diga: “Un día, un ángel apareció, que me cuidó y me curó, no bastaría todo el dinero del mundo para pagar todo lo que él hizo por mí, ese día volví a nacer”…La imperturbabilidad, la ecuanimidad y la sabiduría son los pilares que habrán de sostener su honesta vocación, apoyándose en sus habilidades y destrezas.