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JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes

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JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes

JACLYN READING
Juego de Apariencias
1° de la Serie Highland Heroes The Pretender (2002)

ARGUMENTO:
Casada por rencor… Furioso por los escritos secretos de su hija sobre la igualdad de la mujer y con necesidad de un heredero, el duque de Sudeleigh se le ha ocurrido el plan perfecto: casar a la beligerante muchacha con un hombre escogido por él. Pero lady Elizabeth Drayton aborrece los matrimonios concertados y hará todo cuanto esté en su mano para evitarlo… incluso casarse con un granjero escocés. Sin embargo, Elizabeth no se percata de que Douglas Dubh MacKinnon, el hombre al que supone un pobre agricultor es un aristócrata tan prominente como el duque. Su padre y su futuro esposo han ideado un plan para atrapar a Elizabeth en su propio juego. Pero con un engaño tras otro, el desengaño es inevitable… a menos que el verdadero amor pueda arreglarlo todo.

SOBRE LA AUTORA:
Jaclyn Reding escritora de reconocido prestigio, tiene la impresionante capacidad de trasladar al lector al lugar y al momento en que se desarrollan sus novelas históricas, y de hacerle sentir las emociones de sus personajes. Vive con su marido y su hijo en Chandler Arizona. Jaclyn cree que no existe una carrera mejor que la de un escritor, como ella dice, los contables (ella esta casada con uno) no pueden trabajar en pijama. Cuando no esta escribiendo, es facil encontrarla visitando antiguas librerias, "dando el espectáculo" en los partidos de hockey de su hijo o paseando con su Golden Retriever: Midas. Sus películas favoritas son: Emma, Sentido y Sensibilidad, Orgullo y Prejuicio, Rob Roy, Notting Hill y el Hombre Tranquilo. Su idea del paraiso como ella misma le gusta afirmar es: Una mañana con niebla en Glengarry, en las Highlands escocesas.

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Para Joshua, mi hermoso príncipe. Deseo que tu vida sea tu mayor aventura.

La canción del barco de Skye
Deprisa hermoso barco Como un pájaro al vuelo. «¡Adelante!», gritan los marineros. «Traed al joven que ha nacido para reinar Hasta la orilla de Skye.» El viento aúlla, las olas rugen con fuerza, Los truenos rasgan el aire. Nuestros enemigos están desconcertados en la otra orilla. No se atreverán a seguirnos. Aunque las olas rompen con fuerza, duerme con placidez, Que el océano es una cama Real. En lo más profundo, Flora vigilará Tu cabeza agotada. Aquel día lucharon muchos jóvenes, Manejaron bien la espada. Cuando cayó la noche, Perecieron en silencio en Culloden. Nuestras casas están quemadas, el exilio y la muerte Persiguen a los hombres leales. Aún así, con la espada, fría en la vaina, Charlie regresará. Deprisa hermoso barco Como un pájaro al vuelo. «¡Adelante!», gritan los marineros. «Traed al joven que ha nacido para reinar Hasta la orilla de Skye.»

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Una mañana de mayo. Al otro extremo de la mesa. —¡Bah! —respondió él. con la boca torcida.) 1 Escaneado y Corregido por MANOLI Página 4 . amaneció apaciblemente en Northumberland. cualquiera diría que la fruta estaba podrida. la duquesa ofrecía la imagen perfecta de la tranquilidad. porque sabía que él estaba esperando que se lo preguntara. La duquesa bebió un sorbo de té y lo miró de reojo. Con el pelo castaño y canoso y el cuello almidonado. —¿De dónde lo has sacado? —Oí que lord Polson hablaba de él. a quien se lo había dicho lord Bainesford. un plato lleno de sus manjares favoritos: huevos hervidos y fiambre de cordero. otro fascículo de ese ridículo periódico. Le gustaba mucho esa chaqueta. El arrebato de su marido no la había asustado en lo más mínimo puesto que en aquellos veinticinco años. El color resaltaba las motas verdes de sus ojos.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 01 Temprano. —¿Qué sucede esta vez. Alaric casi nunca hacía daño a nadie. Esa mañana en concreto lo llevaba recogido à la tête de mouton1. al final. Es una lástima desperdiciar papel para imprimir esto. ¡que se encontró a su mujer comentándolo a la hora del té! —¿Leticia lo estaba leyendo a la hora del té? Siempre la había tenido por una mujer sensata… El duque la interrumpió. mientras tranquilamente servía una taza de té negro a su marido. y envuelto en un halo gracias a la luz natural que entraba por la ventana que había a su espalda. el tiempo que llevaban casados. que se había enterado por lord Gwynne. meneó la cabeza y se quejó frente al desayuno. una imponente mujer de actitud regia. debajo de la esclavina de volantes y encaje. un día de verano de 1746… envuelto en la cálida telaraña de un amanecer rosado y avivado por los delicados cantos de los pájaros hasta que… —¡Es ridículo! Eso es lo que es. el sol apareció Peinado típico de las mujeres del siglo XVIII que consistía en bucles cortos y algunos mechones de pelo sobre la nuca. —El duque agitó un pequeño folleto en el aire. La espectadora femenina. Clavó el tenedor en un trozo de melón y. la duquesa Margaret. A pesar de que a veces era impulsivo. el cuarto duque de Sudeleigh. de la T. estaba su gracia. querido? —preguntó. A diferencia de los gritos alterados del duque. nariz recta. (N. había aprendido a tomarse con calma los accesos de furia del duque. ¡Absolutamente ridículo! Alaric Henry Sinclair Fortunatus Drayton. a juzgar por su expresión mientras lo masticaba. frente altiva y pelo castaño salpicado ligeramente de gris. parecía el sacerdote local pontificando desde el púlpito —. Vio que uno de los botones de la solapa de la chaqueta de día estaba flojo y se dijo que haría que se lo arreglaran. enseguida—. Nada.

Tiró el panfleto encima de la mesa. querido. Que todo el reino sepa quién es para que puedan avergonzar a su marido. Olvidándose por completo del panfleto que tanto lo había alterado hacía unos momentos. Me han dicho que hay apuestas sobre la identidad de la autora. desde criadas a duquesas. Cinco pares de ojos. El duque respiró hondo una vez para tranquilizarse. Margaret. pensó mientras las miraba a las cinco. —¿Quién se atrevería a escribir una insensatez como esta? —No tengo la menor idea. —Agitó el dedo hacia su mujer—. —Lo que hace falta es disciplina. el lugar que ocupa una mujer y lo que no debe hacer. tremendamente castos en tonalidades que iban del marrón al verde. se atreve a escribir algo así. Me recriminas que ate tan corto a nuestras hijas. niñas? —Sí. que sabía cuándo era mejor callar sus propias opiniones. por traidora que resulte la idea. ¡Igualdad! ¿Entre hombres y mujeres? ¿Habías oído alguna vez una tontería de este calibre? La duquesa. como se hace llamar. El duque se tragó la grosería y frunció el ceño con tanta fuerza que la papada se le dobló encima de la corbata de encaje como un pudin. pero no me imagino a ninguna de nuestras amistades escribiendo algo tan extremo como esto. —Sí. se limitó a menear la cabeza y se concentró en la fina capa de mermelada que había encima de la tostada. querido —respondió la duquesa. —Aquí lo firma «Una dama de calidad». Lo más probable es que la rebelde sea la hija natural de algún liberal desgr… Cualquier parecido con el sacerdote del pueblo se esfumó en ese momento. —¡Alaric! Las niñas… Te ruego que controles tu vocabulario. a su padre. En realidad. al menos debería tener el valor de añadir su verdadero nombre al final de la carta. Me han dicho que es el tema de conversación en todos los salones de Londres. al unísono. mira qué pone en la primera página: «Una carta a favor de la igualdad entre hombres y mujeres». porque no podían existir mejores ejemplos de pulcritud y buenas maneras en el país. su silencio sobre ese asunto no se alargó demasiado. ¡Una ofensa para el rey y para el país! Margaret. Nuestras hijas conocen perfectamente el orden de las cosas. Y luego se pasó varios momentos observando en silencio la hebilla plateada del zapato izquierdo. suspirando. papá —respondieron todas. el duque sonrió por debajo del flequillo de la peluca Escaneado y Corregido por MANOLI Página 5 . ¿Había existido alguna vez tanta gracia y tanto encanto natural? Eran un orgullo para Inglaterra.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Así que hice que me enviaran una copia desde la librería de Newcastle. Creo que no. cogió la taza de té y bebió un largo trago del oloroso brebaje. o a quien sea responsable de esta chica y obligarle a que meta en vereda a esa rebelde indecente. —Si esta «Dama de calidad». Sin embargo. incluso se ha barajado el nombre de la reina. El duque desvió la mirada hacia el despliegue de gracia femenina que ocupaba ambos lados de la larga mesa de caoba. lo estaban mirando. incluso para alguien más imparcial que él eran un festival de perfección femenina. querido. Siempre he dicho que en cada casa tiene que haber disciplina. pero podrías apostar tus mejores medias de seda a que ninguna de nuestras hijas firmaría jamás una bobada como esta. Vale cualquiera. —¿No es cierto. —No.

De modo que hizo lo único que podía hacer para garantizar el futuro del chico: casó a la dulce Eliza con uno de sus más devotos cortesanos. era tranquila y discreta. Sin embargo. casi siempre. Un tranquilo día de otoño de 1521. estaba sentado frente a su progenie. la historia ya estaba escrita y Enrique estaba casado con Catalina de Aragón. con el Escaneado y Corregido por MANOLI Página 6 . Alaric había dedicado su vida a continuar con el linaje de su dinastía casi real a través de sus hijas. estaba su dulce violeta. ninguna excepto la discreta y modesta Eliza. De todas las mujeres con las que el rey Enrique VIII se había casado. Cada una a su manera eran únicas. Incluso Caro. Y lo cerca que habían estado de hacerlo. Cerca de ella. el tataranieto de Fortunatus. Frente a ella. y el que jamás podría heredar su corona.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes empolvada. era el alhelí y la hiedra. Isabella. con el pelo castaño. su orgullo. un soplo de aire aromatizado transportado por la brisa de verano. la más pequeña. incluso quizás algún príncipe heredero. A pesar de que el destino le había negado un trono que ahora ostentaba un primo lejano hanoveriano. Catherine. pero prefería florecer apartada de la luz del sol. con el pelo pelirrojo rubio y el carácter fuerte de su legendario padre. más que ninguna de sus hermanas. o Mattie como a ella le gustaba. con lo cual no pudo reconocer a ese hijo. A cambio de una fortuna y un título nobiliario. Y al hijo que se convertiría en el único hijo varón del rey en alcanzar la edad adulta. satisfecho como nadie mientras miraba. su razón de ser. Catherine. o eso había dicho la Ofelia de Hamlet. el niño se convirtió en un fornido joven de quien el rey estaba más orgulloso cada día. la flor de la mente. encamado e incluso decapitado. inocente y brillante como una estrella. a todas sus hijas. bebía el té como si estuviera en un salón de Kensington Palace. la legítima. Era. estaba Caroline. preciosa como un pensamiento. con el pelo rubio y unos ojos azules que constantemente buscaban la luz del sol. y en el centro su duquesa. la más pequeña. a todas las habían bautizado con el nombre de algunas de las mejores reinas de la historia de Inglaterra. y no porque no fuera tan encantadora como las demás. la viva imagen de su madre. los ojos con reflejos dorados y que. a las que casaría con excelentes maridos de sangre noble inglesa: condes. Eliza dio a luz a un varón. estaban posados en las páginas de algún libro. Y así. ni mucho menos. ninguna había conseguido darle un heredero varón. inteligentes e innegablemente refinadas como la realeza. Alaric. marqueses. serenas como delicadas flores alrededor de la mesa. una prima lejana del rey y una de sus amantes más duraderas. le entregó el mayor honor que podía: el ducado de Sudeleigh. Drayton aceptó educar al joven Fortunatus como si fuera suyo e ignorar la duradera relación entre su mujer y el rey. su hija mediana. una a una. Era su margarita. Katie era una vibrante flor con el pelo de color anaranjado intenso y ojos verdes. Caroline. Isabella y Elizabeth. Sinclair Drayton de Parbroath. siempre a su lado. Matilda. dos siglos después. Todo había empezado hacía dos siglos y cuarto con una insignificante mujerzuela llamada Eliza FitzJames. de hecho. La siguiente era Matilda. claro. hinchando el pecho debajo del chaleco bordado de forma parecida a la de su regio antepasado. Lo llamó Fortunatus con la esperanza de que eludiera las enfermedades y calamidades que habían acontecido a los otros hijos del rey y. con edades comprendidas entre los ocho y los veinticuatro años. Las miró.

Y por último. esa capacidad de escuchar a alguien y hacer que esa persona creyera. está casada. Era un matrimonio que ambas familias habían acordado hacía tiempo pero. y la más guapa de Londres. que lo que estaba diciendo era lo más interesante del mundo. la última vez que se informó. Y. A pesar de que las demás hijas también ansiaban la atención de su madre. más se alejaban sus esperanzas para el futuro de su familia.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes pelo oscuro y los ojos de color ciruela. Aunque adoraba a sus hijas y sonreía con orgullo cada vez que las miraba. mientras la observaba. Jamás olvidaría aquella noche. Al cabo de cinco años regresó y descubrió que tenía una esposa que ya era toda una mujer. pasarían a manos del actual heredero del ducado: el hijo del hermano pequeño de su padre. igual que el viejo Enrique VIII hacía dos siglos… Anhelaba un hijo. Era una de las muchas cosas que le gustaban de su duquesa. había partido hacia el viaje por el continente de todo caballero. »—¿Quién es? —preguntó en voz alta al primero que quisiera oírle—. el duque más rico e influyente de Inglaterra. su Elizabeth. su rosa salvaje. no tenía descendencia masculina directa. Acababa de salir de la universidad. Era la romántica. Pero si tuviera un hijo… Ah. Era algo que lo mantenía desvelado muchas noches. mordaz. Se trata. las comodidades a las que estaban acostumbradas. incluso la ropa de cama donde dormían. Toda su ropa. Cuánto más mayor se hacía. frágil. a Alaric no le había hecho ninguna gracia casarse con una niña. Alaric se había casado con Margaret Leighton. hija del conde de Fiske. fue a la ópera con unos amigos y la vio sentada en un palco cercano. como caballero del mundo. cuando la tinta del registro de la parroquia todavía estaba húmeda. su querida mujer e hijas perderían todo lo que tenían. »—Contigo. delicada y. »—Sí. Sus compañeros se lo confirmaron. hacía más de veinte años. delicada como una perla. la virtuosa. si tuviera un hijo. ni más ni menos. preciosa sin igual. la única vacía. se dijo que siempre había tenido esa habilidad. Si muriera mañana mismo. de verdad. que de la duquesa de Sudeleigh. cuando apenas tenía veintiún años y cuando ella sólo contaba con trece. Incluso algo tan mundano como el papier-maché… o qué peluca quedaba mejor con el chaleco de color verde botella. la mayor. recién llegado a Londres del continente. su mujer y sus hijas dependerían económicamente de una persona que. De modo que. el duque suspiró de forma familiar. Eso le hacía temblar cada vez que se acercaba fin de año. Ni siquiera había visitado un burdel ni se había batido en duelo. El duque. sin embargo. tenía catorce años. la casa donde siempre habían vivido. Dios no lo quisiera. Era el peor de los dilemas. mientras perseguía sombras por los pasillos oscuros cuando no podía dormir. Cuando desvió la mirada hasta la octava silla de la mesa. la tierna. cuando. Alaric miró a su mujer. Una dama que le hizo contener la respiración la primera vez que la vio. con ello. Seguro que es la esposa de alguien. Vital. que estaba escuchando a Catherine mientras ésta le explicaba los progresos en su última clase de arte. Alaric Henry Sinclair Fortunatus Drayton. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 7 . »—¿Con quién? —preguntó él. Margaret le prestó a su hija mediana toda su atención.

Y fue. Elizabeth apartó el plato y entrelazó los dedos de las manos encima de la mesa. No perdió el tiempo. Además. Elizabeth se había convertido en la viva imagen de su tocaya real. sanas e inteligentes. el duque y su encantadora duquesa empezaron a llenar la habitación de juegos de pequeños bebés… todos niñas. Sin embargo. o Bess como al duque le gustaba llamarla. le habían puesto el nombre de la hija del rey Enrique. Era cierto que hacía cinco años que habían perdido al último. Elizabeth. Margaret todavía tenía edad para tener otro hijo más. Sin embargo. Más alta que la mayoría de mujeres. la que más se parecía a él. Elizabeth. precisamente. ni mucho menos. aunque sólo fuera para intentarlo. —¿Y? Elizabeth miró a Isabella. Mucho más culta que la mayoría de su género. «El deber de toda esposa es darle un heredero al marido». y demasiado temprano para saber qué era. Alaric se había dado cuenta de que Margaret lo miraba con una gran ansia en los ojos. ¡Y qué bien que se lo pasarían intentándolo! El duque estaba tan absorto en esos enérgicos pensamientos que no se percató de la mirada castaña de la joven que estaba sentada en el extremo izquierdo de la mesa. si fuera necesario. Montaba a la amazona con el brío y el espíritu de un hombre y era capaz de debatir sobre cualquier asunto con la convicción propia de la Cámara de los Lores. Con su pelo castaño claro y la piel pálida. podía conversar en varios idiomas. Alaric jamás la culparía por los golpes del destino. —¿Papá? —¿Hmm? —respondió el duque sin apartar la mirada del periódico. a la hora de asumir su papel de marido y consumar el matrimonio a toda prisa. Sin embargo.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Alaric no daba crédito a que la jovencita que había dejado en casa hacía cinco años se hubiera transformado en aquella belleza elegante que estaba sentada con aquel porte y aquel encanto en el palco de la ópera. parecía destinada a llevar ese nombre. —Es que estaba pensando en lo que has dicho antes sobre ese panfleto que has leído. decía ella. la reina Virgen de Inglaterra. Testaruda y asertiva desde el día que nació. esperó a que el duque estuviera sumido en la lectura del periódico antes de hablar. como si una pequeña parte de ella temiera que su marido siguiera los pasos de su formidable antepasado Enrique y mandara decapitarla. se preguntó esperanzado. Pero quizá todavía tenían tiempo. y era tan competente con la aguja y el hilo como con el pianoforte. le gustaba bailar y el teatro. Al fin y al cabo. de lejos. ¿quién había dicho que su familia ya estaba completa? A sus cuarenta y cuatro años. que meneó la cabeza para disuadirla. Elizabeth Regina Gloriana Drayton era la hija mayor del duque y. Y él acababa de cumplir los cincuenta y todavía era capaz de engendrar otra vez… y otra. con una desenvoltura tan particular que atraía todas las miradas cuando entraba en cualquier habitación. el enfado de su padre con el mencionado panfleto lo que sacó a relucir esa cualidad aquella mañana. habían sido bendecidos con cinco hijas preciosas. Elizabeth continuó: Escaneado y Corregido por MANOLI Página 8 . Poco después. Con cada sucesivo nacimiento. Era una mirada que cualquier hombre más observador habría definido como «peligrosa». la más cercana en edad.

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—Creo que has dicho que era «ridículo» y que era «una lástima desperdiciar papel para imprimir esto». —Hizo una pausa, mirando fijamente el muro de papel que había delante de su padre—. Sin embargo, me pregunto una cosa: Si los editores publican estos panfletos es porque interesan, ¿no es cierto? El comedor se quedó en silencio. Las conversaciones paralelas terminaron y todos los ojos se posaron en Elizabeth. Pasó un momento. Dos. Todos, incluyendo a los lacayos, e incluso al doguillo de su madre, Ming, se prepararon para el estallido que estaban convencidos que explotaría. Sin embargo, el duque simplemente bajó el periódico y miró a su hija mayor por encima del papel. —¿Qué has dicho? Elizabeth se incorporó e irguió la espalda. —Sólo me pregunto por qué alguien iba a tomarse la molestia de publicar cartas como las que has mencionado si no interesaran. El duque entrecerró los ojos, del mismo color castaño que los de su hija. —Al fin y al cabo —añadió ella, enseguida—, sólo soy una mujer y no entiendo las cosas tan bien como tú. Su sarcasmo, disfrazado de humildad, pasó inadvertido a oídos del duque. El hombre se animó. Incluso sonrió. Hay quien habría jurado que los presentes suspiraron aliviados. —Ay, mi pequeña, eres demasiado joven y demasiado inocente para entender los conceptos escándalo y controversia. Por lo tanto, debes permitir que te ilumine. Elizabeth asintió. —Es una realidad desafortunada que únicamente dos cosas, el escándalo y la controversia, venden más periódicos y libros que los grandes ejemplos de literatura y educación juntos. Cuanto más espantosa sea la noticia, me temo que más copias se realizan. Poco importa si es cierta o no. Todo se reduce a que, mientras el público siga devorando esa porquería, los editores seguirán publicándola y se llenarán los bolsillos con eso. —Entiendo. Elizabeth esperó varios segundos antes de añadir, con mucha calma: —Pero ¿no has comprado tú también uno de esos panfletos? El duque se volvió hacia su mujer. —¿Qué les estás enseñando a estas niñas, Margaret? —Su pregunta es pertinente, Alaric. —¿Pertinente? —El duque soltó el aire y volvió a mirar a su hija mayor—. Sí, querida hija, he comprado el panfleto. —Hizo una pausa para buscar una explicación creíble—. Pero únicamente para poder enseñaros a ti y a tus hermanas la diferencia entre un material de lectura apropiado y uno inapropiado. Le quitó a Matilda un libro de poesía que la niña estaba leyendo encima del cuenco de avena cocida a su lado. Mattie gritó ante el robo inesperado mientras el duque agitaba el libro en el aire como si fuera una declaración de guerra. —Esto —dijo, alzando cada vez más la voz mientras agitaba el libro para que todas lo vieran—. Esto es un material de lectura adecuado para jovencitas elegantes. —A continuación, cogió el deplorable panfleto—. Y esto es un material inadecuado, lleno de
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palabras sin sentido que sólo aportan ideas sin sentido. —Se levantó, se dirigió hacia el fuego y lanzó el panfleto a las llamas. Luego, se volvió con el ceño fruncido hacia sus hijas—. Y haríais bien de recordarlo. Todas. El obediente coro de voces femeninas volvió a responder: —Sí, papá. Sin embargo, al otro lado de la mesa, Elizabeth estaba mirando a su padre en silencio. Lo vio regresar a su silla y volver a esconderse detrás del periódico, bloqueando así cualquier comentario. Ella deseaba desesperadamente responderle, pero, como su madre siempre le había dicho, «una mujer inteligente debe saber elegir el mejor momento y lugar para cada debate». Y la mesa del desayuno de los Drayton cuando su padre estaba de mal humor no era la elección más propicia. Así que Elizabeth se mordió la lengua y esperó los escasos minutos que faltaban para que el reloj del pasillo junto al comedor diera las nueve, que resonaron en el silencio del salón. —¿Me puedo excusar, padre? —preguntó, dejando la servilleta en la mesa. El duque miró a su hija. —¿Qué planes tienes hoy, hija? Elizabeth no dudó ni un segundo a la hora de responder. —He pensado que podría dedicar un poco de tiempo al dechado y a escribir algunas cartas antes de ir a la modista de Corbridge con mamá para una prueba. El duque sonrió, orgulloso. —Espléndido. Has estado trabajando muy duro en ese dechado, Bess. Debe de estar quedando muy bien. ¿Podremos verlo algún día? Elizabeth miró a Isabella otra vez e intercambiaron una mirada de complicidad. —Cuando esté terminado, papá. No antes. El duque sonrió a su mujer. —Nuestra Bess es una perfeccionista, Margaret. Como su padre. —Agitó la mano en el aire—. Tienes permiso para levantarte, hija. Y aprovecha la luz de la mañana. Elizabeth separó la silla de la mesa. —Gracias, padre. Lo intentaré. Al cabo de unos instantes, Elizabeth estaba en su habitación, cerrando la puerta con llave para asegurarse de que nadie la molestara. Se volvió hacia la habitación. Las ventanas divididas con parteluz estaban abiertas hacia la claridad del día, que atravesaba las cortinas adamascadas de color claro y se reflejaba en el color ámbar de los paneles de la pared recién pulidos. En la esquina más lejana había un armario, esculpido en el elegante palisandro, lleno de vestidos de seda y satén. El tocador estaba cubierto de pequeñas botellas de colonia que habían llegado de lugares tan lejanos como Oriente. El suelo estaba cubierto con una alfombra savonnerie y, de los doseles de la cama, colgaban brocados. Una cama cuyo colchón estaba hecho de las mejores plumas de ganso de toda Inglaterra. Bastaba con tocar una campana y tenía un ejército de criados a su disposición; había nacido en un mundo privilegiado, sí, pero esos privilegios tenían un precio. Cruzó la habitación y se acercó hasta una cesta de sauce, que estaba encima de una repisa de la ventana con cojines. Sacó el pedazo de tela que había tensado alrededor de un tambor de madera y recuperó la aguja, que estaba fija en un extremo. Observó la tela

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detenidamente antes de clavar la aguja, estirar el hilo de color por completo y repetir la operación para conseguir una puntada perfecta. Ya estaba, se dijo mientras levantaba el tambor y admiraba el resultado a contraluz. Al fin y al cabo, le había dicho a su padre que pensaba trabajar en el dechado… Elizabeth dejó las labores, se alejó de la ventana y se sentó frente a su escritorio. Se quedó sentada unos minutos, con la barbilla apoyada en la palma de la mano, contemplando por la ventana el jardín ornamental que se extendía hasta el manzanal. Incluso a esa hora tan temprana ya prometía ser el perfecto día de verano. Las rosas de la duquesa estaban en flor, y aromatizaban el aire que atravesaba las copas de los árboles. Un coro de pájaros trinaba y acompañaba a Caroline durante su práctica diaria con la espineta en el salón del primer piso. Los caballos, con su oscuro pelaje brillando bajo el sol, pacían tranquilamente en los verdes pastos que estaban a lo lejos. Sin embargo, Elizabeth no se percataba de nada. La serenidad, la música, la belleza del día… todo le pasó desapercibido. En lugar de eso, sólo hacía que recordar las indignadas palabras de su padre en la mesa. «Ridículo.» «Idiotez.» «¡Igualdad! ¿Entre una mujer y un hombre? ¿Has oído alguna vez una estupidez de este calibre?» Por mucho que quisiera a su padre, y admirara y respetara su bondad y su amor hacia su mujer y sus hijas, a veces podía ser simplemente antediluviano. Era como si, esa mañana, se hubiera levantado con varios siglos de retraso para el desayuno. ¿Por qué?, se preguntó, no por primera ni segunda, sino por enésima vez. ¿Por qué su padre les había facilitado, a ella y a sus hermanas, los beneficios de la mejor educación a la que podían aspirar si luego les negaba el derecho a utilizarla? ¿Era únicamente para tener algo de qué alardear con sus amigos mientras se tomaban una copa de brandy, como su agilidad con la caza o la inteligencia de su perro cobrador? Sin embargo, incluso mientras se repetía la pregunta una vez más, ya sabía la respuesta. Mientras que su habilidad para traducir textos a varios idiomas o para calcular la suma de varias cantidades mentalmente puede que fuera «original» y «única», el mundo en el que vivía todavía estaba gobernado básicamente por hombres… Y a ellos ya les estaba bien así. Aunque eso no quería decir que a ella también. Metió la llave plateada que llevaba escondida con una cadena alrededor del cuello en la cerradura de la mesa y deslizó un falso fondo oculto debajo del cajón central. Sacó un pequeño fajo de papeles tamaño folio y rebuscó hasta que encontró el que buscaba, y luego leyó el título en silencio a la luz del sol. Una carta a favor de la igualdad entre hombres y mujeres… Por una Dama de Calidad. Elizabeth sonrió. Había sido uno de sus mejores escritos. Lo sospechó desde el momento en que lo envió a Londres para que lo imprimieran. La reacción de su padre esa mañana, y la aparente polvareda que estaba levantando en la ciudad, sólo venían a confirmarlo. Dejó los papeles a un lado y sacó un ejemplar de «La espectadora femenina» de un cajón. A diferencia del que había acabado entre las llamas en el comedor, este tenía fecha de hacía casi dos años y lo había leído y releído tantas veces que los márgenes

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porque nada nos curaría mejor de las vanidades de las que se nos acusa que el conocimiento…» «Por fin». Fue una feliz mañana de verano. muchos más. Elizabeth sólo pretendía escribir un comentario. Y entonces. De modo que colocó una hoja en blanco en la mesa y se preparó para escribir su siguiente carta. El título de la revista le había llamado la atención. aunque se detuvo a pensar un segundo antes de hundir la pluma en el tintero mientras recordaba la escena del comedor de esa misma mañana. tristemente más famosa por haber abandonado a un marido que la maltrataba que por su talento con la palabra escrita. una confirmación de las ideas y las opiniones que se había fabricado durante su corta vida. para cada número de la publicación. A través de su pluma se preguntó por qué existía la creencia generalizada de que la inteligencia femenina se desarrollaba mejor escogiendo cintas de pelo o la ubicación de la siguiente puntada en un dechado que estudiando historia o filosofía. Una revista escrita por mujeres que no tenían miedo a expresar los pensamientos que tantas otras habían reprimido durante generaciones. la señorita Eliza Heywood. novelista y dramaturga de cierto prestigio. pensó. hija?» Elizabeth empezó a escribir con su caligrafía pausada y elegante: «Una carta de una Dama de Calidad en contra de limitar a las jóvenes a la costura». antes de que fuera consciente de ello. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 12 . una simple investigación sobre el perjuicio que se estaba cometiendo al evitar que las mujeres pudieran estudiar lo mismo que los hombres. porque si se descubriera que la hija de uno de los duques más respetados de Inglaterra albergaba dichos ideales. pero con orígenes absolutamente distintos. Elizabeth compró un ejemplar del panfleto y se lo leyó de principio a fin. bastante parecida a la de hoy. Elizabeth por fin había encontrado a alguien afín. Al principio. el escándalo posterior sería de dimensiones desconocidas hasta el momento. A ese discurso lo siguieron dos más y. pero el contenido enseguida la cautivó: «La objeción que he oído expresar a algunos hombres de que la educación nos daría alas es débil e injusta. de forma anónima.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes estaban muy arrugados. llegó la invitación para que Elizabeth contribuyera a la publicación con su propio artículo. y luego se sentó para escribir una carta de alabanza a la editora. Lo que siguió fue una correspondencia que se convirtió en amistad entre las dos mujeres de similar ideología. cuando se topó con la publicación por casualidad en la biblioteca circulante de Corbridge. por supuesto. una «Carta de una Dama de Calidad». hasta que se vio escribiendo un artículo. «¿Qué planes tienes hoy. un día.

tarde o temprano. Higgins. Había deseado. mañana a esa misma hora. Se repetía que hablaba por todas esas mujeres que habían vivido una vida de aceptación silenciosa. queso y tartaletas de manzana del manzanal de Drayton Hall que la duquesa había añadido a la cesta. Mientras que. Ya casi había anochecido y se estaban acercando a la frontera norte de Inglaterra. en las cartas que había escrito para La espectadora femenina había expresado ideas que ni siquiera ella se había atrevido a verbalizar. de forma ocasional. —No puedo creerme que esto esté pasando —farfulló. dos de los hombres de armas de mayor confianza del duque. pero ¿esto? ¿Cómo has podido hacer esto? Y lo peor. también estaba el cochero. donde pasarían la noche en una hostería. El cielo nublado bloqueaba cualquier rayo de sol y el viento apenas azotaba la hierba alta del brezal. Bess —respondió Isabella. desde el asiento opuesto—. ¿cómo has podido pensar que no me acabaría enterando? En el fondo. Habían emprendido el viaje esa misma mañana. pero ahora. viéndolo más enfadado que jamás en su vida. En el interior del carruaje viajaban Elizabeth e Isabella. y se habían detenido una vez para que los caballos descansaran mientras ellos disfrutaban de un almuerzo a base de pan. jamón.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 02 Un mes después… carruaje de viaje de los Sudeleigh avanzaba lentamente por la deteriorada carretera de Northumberland. marcar la diferencia. Y ahí empezaría oficialmente el castigo de Elizabeth. Elizabeth Regina. incluso con las botas. »—Has hecho algunas cosas disparatadas en el pasado. no llegaba a los sesenta y cinco quilos. Las acompañaban. por todas esas chicas cuyo espíritu había quedado ahogado bajo el manto de la ignorancia. porque apenas medía metro y medio e. a modo de guardias. encima de la mesa. »—¡Engañado! ¡Ridiculizado! ¡Y por mi propia hija! El volumen de su voz había hecho temblar las botellas de tinta que tenía en el tintero. mirando atrás. papá descubriría la verdad acerca de las cartas. Si todo salía según los planes. habrían llegado a su destino: la casa de su tía viuda Idonia. de modo que parecía que flotaban en el aliento del dragón dormido que la leyenda decía que se escondía en aquellas colinas desoladas y cubiertas de brezo. pero no suponía ninguna amenaza real. —Seguro que sabías que. Elizabeth tuvo que admitir que una pequeña parte de ella quería que la desenmascararan. Sólo era una cuestión de tiempo. mientras estaba sentada frente a su padre. había abierto pequeños debates a la hora del desayuno. dos amasijos de músculo y fuerza llamados Titus y Manfred. Por supuesto. Tenía la cabeza apoyada en la ventana y empeñaba el cristal cuando hablaba. nada de eso Escaneado y Corregido por MANOLI Página 13 Una espesa niebla se posaba sobre los restos del Muro de Adriano mientras el . Eran casi las mismas palabras que había pronunciado su padre hacía varios días cuando había hecho llamar a Elizabeth a su despacho de forma inesperada. con todas sus fuerzas.

mientras el duque protestaba furiosamente. un mundo donde las hadas jugueteaban en campos de campanillas y donde la primavera era eterna. No soy tan despiadado como para enviarte a casa de mi hermana sin refuerzos. que estaba sentada frente a ella. algún día. Ante aquello. Mi decisión es firme. cuando realizó su gran proeza en Kensington y nos dejó en ridículo delante de la reina. sentada en un rincón. Debería haber sospechado en aquel momento que. en el norte te ayuden a entender la terrible magnitud de tus acciones. Tenía dos años menos que ella y el pelo del color y la textura de la seda negra. »—Ahora tengo que decidir qué hago contigo —le dijo. llegaríamos a esto. hija. Debería haberlo hecho hace ocho años. Margaret. siempre y cuando la convenzas para que lo haga. Pero no sufras. Al menos esperemos que esta visita al norte erradique esos pensamientos rebeldes de tu cabeza de una vez por todas. si es necesario. Elizabeth palideció. Sólo recordaba la mirada de su madre. Y eres demasiado lista para creer que podías intentarlo». Tenía la piel tan pálida como el mejor marfil y los ojos del azul del crepúsculo. Sólo había que mirarla para comprender que Isabella Anne Eleanor Drayton había nacido en un mundo completamente distinto. El duque le había gritado durante casi una hora. Elizabeth abrió la boca para protestar. sino también en su Escaneado y Corregido por MANOLI Página 14 . dijo: »—Bueno. quizás es demasiado tarde para cambiar los errores del pasado. Es una lástima que seas demasiado mayor para que te envíe a un convento. A diferencia de su carácter y rebeldía. Al final. pero el duque levantó una mano para silenciarla. Isabella era la viva imagen de todo lo delicado y en paz con el mundo. Elizabeth desvió la mirada de la ventana del carruaje a su hermana. Bess. A la desgracia le gusta la compañía. la sorprendía que pudieran ser hermanas.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes importaba. Te irás con Idonia. meneando la cabeza cubierta por la peluca—. Sólo puedo esperar que unas semanas. pero puedo hacer algo todavía mejor. o eso dicen. cuya idea de entretenimiento consistía en ordenar las medias por colores. A veces. »—No intentes convencerme de lo contrario. —Miró a Elizabeth—. »—Lo hago por tu propio bien. enumerando cada uno de sus defectos hasta que al final se dejó caer en la silla y la miró con gesto furioso. Tenía alma de artista. Dejaré que Isabella te acompañe. »—Papá. La tía Idonia. El duque suspiró y retorció el extremo de la impoluta corbata blanca mientras reflexionaba sobre sus palabras. Era una mirada que parecía decir: «No puedes cambiar el mundo. o varios meses. He tomado una decisión. empezando por el blanco y recorriendo todo el espectro hasta llegar al negro. la duquesa intervino: »—¡Alaric! »—Es verdad. con la cabeza delicadamente inclinada sobre un libro de sonetos shakesperianos. por favor… Pero el duque se limitó a menear la cabeza. que le caía ondulado encima de sus elegantes hombros. y no sólo en el aspecto.

—Isabella… Si no vamos a casa de la tía Idonia. pero que muy seria. de dónde vamos realmente. lo soltó—. con las lágrimas a punto de saltarle de los ojos. conocía la existencia de las cartas desde el principio. «¿Escocia?» Elizabeth se quedó de piedra. Bess. no es nada de eso… —Isabella la miró. tendré que soportar dos o tres semanas en casa de tía Idonia. Elizabeth recordó el comentario de su padre acerca del convento. exactamente? Isabella parpadeó. querré arrancarme todos los pelos de la cabeza. vamos camino de la propiedad de uno de los amigos de papá. cuando han pasado casi ocho años y todavía no te ha dejado volver a Londres? Elizabeth se encogió de hombros. nunca lo aceptarías y tendrían que sacarte de casa a la fuerza. y seguro que. —Bella. Papá ya se ha enfadado conmigo otras veces y siempre me ha acabado perdonando. Bess. —Oh. Una vez convencida de sus propias palabras. Bella? ¿Te encuentras mal? —No. Isabella levantó la mirada de los sonetos y puso gesto de incredulidad. Isabella estaba muy. un tal lord Purfoyle. Bess. no vamos a visitar a la tía Idonia. Aceptaba de forma irrefutable y exasperante el orden de las cosas. —Pronto se le pasará —dijo Elizabeth. aunque siempre le había guardado el secreto. ¿adónde vamos. —¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Sucede algo. lo hacía con la elegancia del cisne. e incluso le había desaconsejado que siguiera escribiendo. Seguro que no lo decía en serio. Cuando hablaba. desde el día que nació. Bella. Igual llueve. cuando llevé pantalones al baile de disfraces de la reina? La ira de papá esa noche fue más fuerte que una tormenta. A veces. Ya verás. Sí. en Escocia. Al final. ¿Te acuerdas de mi temporada en Londres. Y. «Vaya —se dijo—. Incluso terminaré el maldito dechado. pero después podré volver a casa muy arrepentida. si es necesario. pero enseguida se le pasó. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 15 . sin demasiada convicción—. Isabella había sido su confidente. —¿Cómo puedes decir eso. como si no supiera qué decir.» —Me temo que esta vez no es tan sencillo como eso. ella le envidiaba tanto esa cualidad como la detestaba. Bess. todo saldrá bien. cuando llegue la hora de volver. lo hacía en un tono musical que parecía que cantaba. Azotó y gritó y sacudió. Estoy segura. Elizabeth miró a su hermana. de hecho. Elizabeth se volvió hacia la ventana y observó cómo el cielo se iba oscureciendo. —¿Qué me importan a mí los jóvenes remilgados con pelucas empolvadas y la cara pintada? Papá me perdonó por aquello igual que me perdonará por esto. Sólo era una treta de papá para que aceptaras marcharte de Drayton Hall. tienes que decírmelo. Isabella nunca desafiaba a la autoridad.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes ser. Papá sabía que si te enterabas de adónde íbamos. Pero. De repente. al final. Cuando se movía. a pesar de todas sus diferencias. —Hay algo que tienes que saber.

Elizabeth se sentó en el suelo e intentó socorrer a su hermana. siempre había respetado y adorado. —¿Bella? ¿Te has hecho daño? —No —dijo la joven. pero papá sabía cuál sería tu reacción. ¿estás ahí? ¿Por qué nos hemos salido de la carretera? Escaneado y Corregido por MANOLI Página 16 . Papá no vivirá siempre. oyeron un crujido ensordecedor que venía de fuera. papá pretende que te cases con lord Purfoyle. Bess. a pesar de sus diferencias de opinión en algunos asuntos. —Elizabeth llamó al cochero mientras se arreglaba el ala del sombrero de paja—.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —¿Por qué iba a enviarnos a Escocia papá? ¿Y por qué a casa de lord Purfoyle? Apenas lo conocemos… Creo que nos lo presentaron un día que vino a tomar el té. lo siento mucho. Piénsalo. un hombre al que. Pero si es… ¡tan viejo como papá! —No tanto. y luego hacia un lado. ¿Cómo se supone que tengo que explicarte esto? Es horrible. —¿Casarme con él? —Elizabeth notó que palidecía—. todo se quedó en silencio. Tendré que decirlo sin más. Su hermana continuó: —Un hombre de su experiencia será un mejor marido para ti que un chico joven. Bell? A pesar de las amenazas de papá. El título. Al cabo de un segundo. Sentía que la acababan de traicionar de la peor forma posible. Higgins. con lo que Elizabeth salió disparada de su asiento y cayó de cabeza al suelo en medio de un revoltijo de enaguas de seda y volantes de encaje. El carruaje se inclinó hacia delante. Nunca se había parado a pensar en eso. —Oh. —¿Cómo has podido ocultármelo. quiero decir. con un nudo en la garganta. —Isabella dudó un segundo—. que estaba casi desmayada. Bella. las propiedades… lo perderemos todo. por eso te hizo creer que íbamos a casa de la tía Idonia. Ya han muerto varios de sus amigos. Se golpeó la cabeza contra algo duro y luego intentó ponerse de pie. No sabía que tenía una hija de nuestra edad… —Es que no la tiene. podría tenerla. Pero papá me dijo que si te lo explicaba antes de que saliéramos de Inglaterra. Y Bella… ¿Qué? Lo sabía desde un principio y no le había dicho nada. ¿por qué no me lo has dicho hasta ahora? Antes de que Isabella pudiera responder. Bueno. Papá aprecia mucho a lord Purfoyle y considera que un hombre maduro como él… —Quieres decir un hombre mayor como él. ¿Qué ha pasado? —No lo sé. pero ese no es el motivo por el que papá nos envía… te envía a casa de lord Purfoyle. Aquellas palabras desconcertaron a Elizabeth. Bess. desde debajo de una montaña de enaguas—. Era su héroe. ¡haría que me casara yo con lord Purfoyle y no tú! Elizabeth notó un nudo en el corazón. Sólo estoy un poco desorientada. Y luego. el carruaje dio una sacudida y se detuvo. Se preocupa por tu futuro. Su protector. Siempre había visto a su padre como alguien muy vital y casi eterno. por el de todas nosotras en caso de que a él le pasara algo. y además su propio padre. Isabella gritó.

Elizabeth se asomó a la ventana y vio. Y justo cuando se dejó caer sobre la espalda de Manfred. He tenido que esquivarla. una peluda oveja que los observaba desde la carretera. —¡Madre mía! —exclamó Isabella. a cierta distancia. se echó hacia atrás de una forma extraña. Elizabeth agarró la manilla de la puerta. se hundió en el barro hasta el tobillo. en lugar de eso. Retrocedió para liberar el pie. las inglesas tenéis una forma muy rara de demostrar vuestros sentimientos hacia los hombres.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Había una oveja en medio del camino. —Será mejor que las alejemos de aquí. oyó una voz extraña a su espalda. aparecieron por detrás del carruaje. gritando. Pensando en un plato de estofado y pierna de cordero. Cuando volvió a levantarse. con los pies colgando de la forma menos elegante del mundo. —Creo que será más seguro que la cargue sobre la espalda. pero. justo detrás de donde Manfred se había agachado y la estaba esperando. —Sí. ¿Cree que podrá rodearme el cuello con los brazos? —Sí. Retorció el cuerpo. cara y barriga. Higgins? —¿A quién? —A la pobre oveja… —¡Qué más da la oveja. creo que sí. pero parece que ahora nos hemos quedado encallados. si puedo alcanzar las ruedas. sacó el pie sin la bota y con los dedos asomando por los agujeros del calcetín. Higgins estaba en el suelo. efectivamente. Elizabeth se acercó a la puerta del carruaje y se colocó en el extremo. tenía toda la parte delantera de su cuerpo. Parecen muy hundidas. Sigue en el mismo sitio. Titus se estaba riendo detrás de él. Cuando vio que la miraba. —Vaya. cubierta de barro. que levantó la cabeza para asomarse a la ventana —. incluyendo manos. —¿No sabes que se supone que tienes que quitarte el abrigo antes de ponerlo en el suelo para que bajen las señoras? Manfred atravesó a su compañero con la mirada mientras sacaba el pañuelo del bolsillo y se limpiaba el barro que le goteaba de la cara. Los dos hombres de armas del duque. ¿no? Escaneado y Corregido por MANOLI Página 17 . baló. señora. parece melaza —dijo. Manfred y Titus. Fuera. Incluso puede que tengamos una rueda rota. ¿Y la has golpeado. —¿Crees que podrás arreglarlo? —le preguntó ella. y no en brazos. perdió el equilibrio y cayó de bruces. Sin embargo. señora. —Santo Dios. las ruedas traseras del carruaje estaban hundidas en lo que parecía un gran pantanal. lady Isabella. mientras intentaba volver a meter el pie en la bota. señora. Isabella! ¡Podríamos haber muerto! —Pero ella no lo sabe. rascándose la calva debajo del sombrero. y veamos cómo podemos sacar el carruaje de ahí. cuando Manfred se acercó al carruaje. Elizabeth… —No le ha pasado nada.

—Pues sí. Tenía unos ojos peculiares. en lugar de posarla en el suelo. de un color azul intenso. ¿O prefiere que la suelte? Elizabeth miró el pantano de barro que los rodeaba y que. recogido en una cola de caballo debajo de la típica gorra escocesa azul decorada con una pluma. joven. También se quitó los calcetines de cuadros escoceses y. —Ya me lo imaginaba. Tenía el pelo negro como el hollín y largo. —No. Mientras Manfred ayudaba a Elizabeth a regresar al carruaje. con una falda escocesa y una camisa de batista ancha que ni siquiera se había molestado en atarse al cuello. y ella no podía dejar de mirarlos. intentando demostrar la máxima dignidad mientras intentaba no pensar en lo ridícula que debía de estar colgada a la espalda de Manfred. Deja a la chica en el carruaje. No me suelte. Puedes limpiarte en el arroyo. el escocés se arrodilló y se desató las cintas de cuero de sus peculiares zapatos. El hombre la siguió mirando. su sonrisa petulante y la obviedad de que se estaba divirtiendo a costa suya enfurecieron a Elizabeth. provocado por el calor del verano. —Pero es que ya no está en Inglaterra. Sin embargo. El hombre se volvió y se dirigió hacia la tierra seca y. con Elizabeth a cuestas. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 18 . dibujaron una sonrisa por encima de la boca torcida. desprendía un olor a putrefacción. —Nunca he oído a nadie que diga que un escocés. Llevaba una espada en el costado y una especie de escudo acolchado atado a la espalda. más bien la tiró. —Volvió a sonreír—. Iba vestido con la ropa típica de los Highlands. como si no pesara nada. aunque Elizabeth estaba convencida de que se estaba burlando de ella. Sus ojos. ha tocado a una dama que no lo deseara. Y le aseguro que yo no soy ningún caballero. —La verdad más grande del mundo —respondió ella. Le daba un aspecto primitivo. ignorándola por completo—. el que sea. ¿no es cierto? —dijo. amigo. cogió a Elizabeth en brazos.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Manfred se volvió. —Imagino que tiene una idea mejor. chapoteando y salpicando barro hasta el carruaje con los pies descalzos. Con un movimiento ágil. Él no se apartó enseguida y se quedó tan cerca de ella que pudo verle las motas grises que daban ese color intenso a sus ojos azules. Está en la tierra de los escoceses. Aunque sea para evitar un charco. —¿Necesita ayuda. joven? Elizabeth frunció el ceño. sin mediar palabra. se metió en el charco. y vio a un extraño que se había acercado a ellos sin que se percataran. La boca dibujaba una línea recta. Y entonces dijo: —Voy a buscar a la otra chica. y aquí no existe la caballerosidad. Era desconcertante tener aquellos ojos azules mirándola tan fijamente como si pudieran leerle el pensamiento. en Inglaterra tenemos la costumbre de que un caballero pida permiso a una dama antes de tocarla. fijándose en el barro que manchaba aquellas piernas peludas. —Y se volvió hacia Manfred. —Señor. por favor.

como un relámpago. —Yo juraría que quería meterte la mano por debajo del vestido. Isabella Drayton. Elizabeth se acercó al escocés. Pensó: «Dios mío. Elizabeth se cruzó de brazos y se los frotó como si la hubiera sacudido un escalofrío. Todavía no. —Encantado de haberles ayudado. listo para marcharse.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Cuando se volvió para ir a buscar a Isabella. respiró hondo y se arregló la falda mientras el escocés traía a su hermana en brazos y la dejaba a su lado. de la isla de Skye. y ella lo estaba mirando a él. Si papá estuviera aquí. Elizabeth se quedó mirando fijamente cómo los músculos que se veían por debajo de la falda se tensaban y se flexionaban. pero no se detuvo. una idea tan ingenua e inteligente que apenas podía creerse que fuera tan brillante. de repente. Me ha levantado como si fuera ligera como una pluma. «¿Douglas Dubh?» ¿Qué clase de nombre era ese? Se detuvo un momento en el riachuelo para lavarse el barro de los pies y las piernas. Me estremezco al pensar lo que habría sido de nosotros si no hubiera estado por aquí cerca. Esas piernas eran potentes. Cuando volvió a levantar la vista. —Sólo intentaba ayudarnos. como si la viera por primera vez. En lugar de eso. El hombre la miró. con el carruaje en tierra firme y la rueda reparada. —Douglas Dubh MacKinnon. una Elizabeth muy distinta a la de antes. por su amable ayuda. Se sonrojó. —Yo. No hizo ningún gesto para darle la mano. se dio cuenta de que el escocés la estaba mirando. me estoy sonrojando». —Le ofreció la mano enguantada—. Cuando se agachó para recoger agua con las manos ahuecadas y se pasó los dedos por las piernas. —Yo soy la señ… —Se corrigió sobre la marcha—. ¿Marcharse? No podía marcharse. Elizabeth descubrió que tenía el corazón acelerado. y al intentar esquivar a esa oveja… Escaneado y Corregido por MANOLI Página 19 . —¿Habías visto alguna vez un hombre así? —le susurró Isabella mientras el escocés ayudaba a Titus y a Manfred a desencallar el carruaje—. Tres cuartos de hora después. Vamos de camino a casa de nuestra tía. le habría… Y entonces se le ocurrió una idea. El escocés la miró con curiosidad. Lo atribuyó al susto que se había llevado cuando el carruaje se había quedado encallado en el barro. eh… Me he olvidado de preguntarle cómo se llama. Me gustaría saber con quién estamos en deuda. Pero ¿era un escalofrío o era él? —Es demasiado descarado. —Querría darle las gracias. señora. Los pisaverdes de Londres podían rellenarse los calcetines con corcho y nunca conseguirían que sus piernas tuvieran ese aspecto. La señorita que me acompaña es mi hermana. al norte. Potencia masculina. Bella. Elizabeth fue tras él. Elizabeth Drayton. se volvió y recogió los zapatos y los calcetines. señor.

—Señor MacKinnon. Fue una mentira excelente. nada. pero el animal había desaparecido. —De momento. El escocés miró el cielo y dudó. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 20 . Cuando MacKinnon inclinó la cabeza y se sentó frente a ellas. Y buena suerte en su viaje. Elizabeth le ofreció la mano. Ella lo siguió. estamos en deuda con usted por su amabilidad. sutil y brillante. si me salgo con la mía. Se volvió y empezó a alejarse. Isabella se aferró al puño de encaje del vestido de Elizabeth y tiró de él. Se llama The Reiver’s Rest. El escocés se la quedó mirando. señora. ¿no piensa ponerse los calcetines y los zapatos? Él no se detuvo. como si estuviera considerando el ofrecimiento. este escocés puede serme de mucha utilidad en las próximas horas. estoy convencida de que me ha caído una gota en la nariz. Susurró: —¿Se puede saber qué diantres estás haciendo? Elizabeth miró a su hermana de reojo. —En cualquier caso. Aunque. se preguntó si se habría dado cuenta de que se trataba de eso… de una mentira. el escocés asintió y se dirigió hacia el carruaje. —No es necesario. —Un placer.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Elizabeth señaló hacia el camino. Y esta vez tampoco le falló. Es lo menos que podemos hacer a cambio de su generosidad. Al final. —Si está convencida de que… —Por supuesto. dice? Vaya. enseguida—. señora. —Sí. —¿The Reiver’s Rest. —Pero insisto. —Elizabeth le dedicó su sonrisa más dulce. —Pero… ¿Me permite preguntarle adónde se dirige? —Voy a una posada que está aquí cerca. nosotras también nos hospedamos allí. —Parece que va a llover —añadió ella. Sí. Es mi primera visita a Escocia y quisiera saberlo todo de esta tierra. la que nunca le fallaba cuando quería conseguir algo. —Levantó la cabeza hacia las nubes y asintió—. permítame por favor que me ofrezca a acompañarlo hasta la posada. Apenas había avanzado un par de metros cuando Elizabeth lo llamó. Pero. y luego inclinó la cabeza y volvió a ignorar la mano que ella le ofrecía. señor MacKinnon. Señor. —Buen día para usted y su hermana. me ha caído otra. De hecho. cuando se me hayan secado los pies. a juzgar por cómo la estaba mirando el escocés. y le ruego que se siente en el interior del carruaje con Isabella y conmigo para que podamos conversar. Elizabeth esperó.

estaba en un carruaje con dos jóvenes solteras. Se dijo que habría sido un crimen. de repente y sin esperarlo. apartó la mirada y se dedicó a arreglarse la falda. En realidad. Douglas se preguntó qué aspecto tendría bajo el sol. Y se había detenido para ofrecer su ayuda. él y cualquiera que la viera. Hasta un ciego vería que aquella situación era muy peligrosa. decorosa y había esquivado su mirada desde que el carruaje se había puesto en marcha. recogido debajo del sombrero de paja. una vez bajara del carruaje y se alejara de ella. porque no tenía ni idea de los pensamientos que estaba despertando en él con aquella inclinación de cabeza. y la otra.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 03 carruaje y se preguntó. apartado de la cara y le caía por la espalda. y hacía mucho tiempo que no veía ninguna como ella. lo miraba abiertamente con unos ojos de color avellana. Douglas miró con cautela a las dos jóvenes que estaban sentadas frente a él en el Escaneado y Corregido por MANOLI Página 21 . La otra. por enésima vez. sólo un poco. casi lo derritió. aunque de poco servía para ocultar la redondez de los senos que. misterioso y vegetal. la del pelo rojo. eran muy bonitos. fisgoneaba. hacia él y su aroma. sí. igual que él a ella. Y eso significaba que tenía que mantenerse lo más lejos posible de ella. aunque. estaba claro que venía de un entorno de opulencia. Era escotado y muy apretado en la estrecha cintura. de seda de color rojo vino. que ya estaba impecable. en cambio. Douglas aprovechó la oportunidad para observarla detenidamente. y tampoco parecía respirar entre frase y frase. si tendría el tacto de la seda bajo sus manos. lo primero en que se había fijado. Y entonces ella se movió. Sin embargo. Douglas se había dado cuenta de que eran como el día y la noche. Douglas se dijo que sólo era una cría. que no había callado ni un segundo. Recordaba que la pelirroja había dicho que eran hermanas. de eso no había duda. quizá no la había visto nunca. Era una chica muy guapa. y todo eso sin dejar de recorrerlo con la mirada. La morena era tímida. de camino a casa y pensando en el asado de cordero y el pan caliente que seguro que Eithne había preparado para recibirlo. de hecho. ya desde el primer momento. de eso estaba convencido. ni se acobardaba ante su mirada ni la esquivaba. y la falda era amplia y escondía una multitud de enaguas a rayas y acolchadas. iba libre y solo. Teniendo en cuenta la calidad de su vestido. quizás en un repentino ataque de decoro femenino. En ese momento. Se dijo que. E inocente. Douglas supo que no se trataba de una chica cualquiera. en cuanto llegaran a la posada. Y entonces. Mientras hablaba sin parar. una con el pelo negro como la noche y que apenas le había dirigido la palabra. Y ahora. Resplandecía y lo llevaba muy natural. hacía preguntas curiosas. era su espectacular pelo rojizo. Se entrometía. con unas curiosas motas grises. no volvería a pensar en esa chica. una chica encantadora. esa chica significaba problemas. Llevaba un pañuelo blanco muy fino alrededor del cuello y los hombros. no se lo había empolvado como era moda en el sur. qué lo había empujado a aceptar su invitación. Era inglesa y refinada. En realidad. Y lo haría. ¿Es que se había vuelto completamente loco? Hacía poco más de una hora. Había visto el carruaje medio volcado en el camino. Por suerte.

señor MacKinnon —dijo ella. con un fuerte acento escocés—. dispuesto a desaparecer. ¿verdad? —Exacto. Inclinó la cabeza ante las dos señoritas después de ayudarlas a bajar del carruaje. señor? —Le brillaron los ojos —. Se volvió. señora —replicó. No. De modo que. Douglas no perdió ni un segundo para bajar del carruaje. Entonces. ¿Algún tipo de intriga clandestina? Douglas la miró a los ojos entre las sombras del carruaje. Había partido de Londres hacía una semana y no había explicado a nadie su ruta hacia el norte. dándole a entender que ser granjero era una profesión tan venerable como la de circunnavegador. —¿Y qué lo trae por estas tierras. ¿Qué interés podía tener una dama de la alta sociedad en un simple granjero? Aunque. —Nada importante —respondió él. Por un momento. curiosamente. Lo que hacía que Douglas sólo tuviera una inquietante pregunta en la mente: «¿Por qué?» ¿Por qué iba a esforzarse tanto. decidido a dar la menor cantidad de información posible—. ¿por qué parecía tan interesada en él? Fueran cuales fueran los motivos. Douglas habría jurado que su respuesta la dejaría sin habla. ¿Qué puede decirnos de usted? Douglas se encogió de hombros. —Sí. concentrándose en el paisaje que se deslizaba al otro lado de la ventana. Era imposible que aquella joven entrometida tuviera idea de lo que había ido a hacer a Londres. Cuando llegaron a la posada ya era de noche y la chica había puesto en práctica todas las artimañas femeninas que Douglas conocía. ha sido un placer. lo llamó: Escaneado y Corregido por MANOLI Página 22 . No dijo nada más. no. ella siguió preguntando. A pesar de sus esfuerzos por aburrirla e ignorarla. la misma dulce voz que no había dejado de hablar durante una hora. señora. e incluso algunas que desconocía. Siguió interesándose por él durante casi una hora. Sólo soy un escocés camino a casa. se preguntó si su encuentro en aquel camino solitario podía ser más que una simple coincidencia. y creo que antes ha dicho que era de Skye. con una sonrisa blanca e impoluta—. una joven inglesa refinada y de buena familia para llamar la atención de un pobre granjero escocés? Seguro que tenía decenas de pretendientes ingleses de su clase social. para encandilarlo. Seguro que tiene historias muy interesantes que explicar… Douglas tenía que admitir que la chica era buena. —¿Un granjero.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Y dígame. dice? ¿Como el prófugo Rob Roy? Qué fascinante. Sólo soy un simple granjero. la chica se había esforzado. y mucho. cuando por fin se detuvieron frente a la puerta de la posada. tan lejos de su casa. —Señoras. He ido al sur a echar un vistazo al mercado de ganado. y durante tantas horas. Sólo eran las consecuencias de la incomodidad de la situación. pero aquella voz. no podían ser buenos. era imposible. —No.

—Lo tomó del brazo antes de que pudiera negarse—. Nunca había visto un grupo tan variopinto de personajes. ¡creo que se volvería loco! Elizabeth arqueó una ceja. tanto que casi lo rozó con la cabeza cuando se agachó para cruzar la puerta. todos los ojos se posaron en ellos. Isabella observaba a los clientes de la posada con consternación. como una niña pequeña el primer día que va a la feria. Se frotó el mentón cubierto de barba mientras entrecerraba los ojos y se fijaba en las dos chicas—. Eres un buen hombre. No querría que te convirtieras en un buen hombre muerto. MacKinnon. Así que sé bueno y tráenos unos platos de asado de tu mujer. un hombre llamado Turnbull al que conocía bien. Estás con dos jóvenes. Turnbull. se dio permiso para que ella lo arrastrara hasta la puerta de la posada con el tejado de paja. creo… creemos que sería un error imperdonable no pagarle. —Le sonrió y parpadeó por debajo del ala del sombrero—. y Douglas localizó una mesa vacía en el otro extremo del salón. con los pies juntos y ni siquiera se quitó la capa. y solas con un hombre al que apenas conocemos. todos se volvieron hacia sus jarras de cerveza y sus pipas. Se les ha roto una rueda del carruaje y les he ayudado a arreglarlo. el techo de vigas era bajo. a cambio. esta zona está llena de patrullas inglesas buscando un motivo para matar a otro escocés. así que se sentó en el borde de la silla. y me atrevería a decir que son inglesas. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 23 . Insisto. Me lo comeré muy deprisa y me meteré en la cama antes de que te des cuenta. procedente tanto de la chimenea como de las pipas de cerámica de los caballeros. Dentro. Y ahora. Sentó a las damas y luego se acercó a la barra. —No es necesario. se quitó el sombrero y los guantes y se deshizo de la capa de lana mientras observaba todo lo que la rodeaba. —¿Qué te traes entre manos. Douglas frunció el ceño. Tiene que permitirnos que le invitemos a cenar. cuando te metas en la cama. Seguro que un hombre fuerte y sano como usted debe de tener buen apetito. y más después del esfuerzo que ha tenido que hacer para ayudarnos a desencallar el carruaje. para compensar las molestias que se ha tomado. Más por curiosidad que por otra cosa. Y tenía pegada una nube de humo. Esta es una casa de buena reputación. —Bess. MacKinnon. MacKinnon? —le preguntó el hombre. señora —dijo él—. estés solo. en cambio. y seguro que todos los presentes se preguntaban qué hacía un andrajoso como él con dos elegantes señoritas. al cabo de un momento. Después de la derrota de los jacobitas en Culloden. El dueño de la posada miró a Douglas con escepticismo. —No saques conclusiones precipitadas. Al otro lado de la sala. Elizabeth. donde buscó al dueño de la posada. sólo quieren invitarme a cenar. Douglas se dijo que la chica debía de estar acostumbrada a insistir sobre muchas cosas. Iré a… —Bobadas. si papá sospechara que estamos en un sitio como este. Cuando entraron. Pero.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Señor MacKinnon. No quiero ninguna historia extraña bajo mi techo. —Sólo asegúrate de que. Debe de estar hambriento. al menos la cena. enseguida se puso cómoda.

Estaba segura de que no era lo que solían beber las amigas de su madre en las reuniones que celebraban en el salón de su casa. —Me parece perfecto. Es una bebida de hombres. —Sí. Con la excepción de que esta figura en concreto se había escapado. Elizabeth no entendía cómo podía ir así vestida mientras servía jarras y jarras de cerveza sin quedarse desnuda en medio de la sala. Isabella no podía negar que estaba de acuerdo. señora. Toda la vida había estado esperando que le pasara algo así.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —¿Ah sí? ¿Y qué diferencia hay entre esto y que me envíe a Escocia con la intención de casarme con un señor al que apenas conozco? La cuestión es cuál de los dos extraños resulta más atractivo. Elizabeth se frotó los brazos. en serio… —Se volvió hacia la oscura barra. —¿Tiene algo que nos haga entrar en calor? El tiempo ha refrescado. en lugar de hacerla verse fea. tenía buenas intenciones y sé que. le daba un toque travieso y seductor. entonces. hasta ahora. hubiera estado viviendo la vida desde dentro de uno de los escaparates de cristal de su madre. una aventura oscura y precaria que la llevaría a lugares que nunca había visto. tomando nota de cada detalle de los delicados vestidos de las chicas. La chica sonrió y todos vieron que le faltaba un diente delantero. Bella. y por ahora me quedo con el granjero. —¿Qué querrán tomar? —les preguntó. el corazón le daba brincos en el pecho y se animó. Era como si. creo que un té será más adecuado para la señora —la interrumpió MacKinnon. —Porque es muy fuerte. Sin embargo. —¿Oosh-ke vah? —intentó repetir Elizabeth. La hará entrar en calor de inmediato. Tenía un pecho muy voluminoso. un traguito de uisge-beatha le hará olvidarse del frío. donde guardaba las figuras de porcelana que coleccionaba y tanto la entusiasmaban. nunca te obligaría a hacer algo que no quisieras. hacia las sombras que estaban bebiendo cerveza de las jarras—. ¿usted ha probado ese uisge-beatha? Escaneado y Corregido por MANOLI Página 24 . —¿Té? ¿Por qué no puedo tomar un traguito de ese uisge-beatha? Él la miró. Estaba demasiado hipnotizada ante la gran cantidad de escote que enseñaba la camarera que se había acercado a la mesa a saludarlos. —Ah. Noto el frío hasta en los huesos. ¿me estás escuchando? Pero Elizabeth apenas oía a su hermana. se inclinó hacia delante y tomó a su hermana de la mano. y lo que papá ha hecho es deplorable. —Sé que estás enfadada. Y ahora que le estaba pasando. aunque se llene la boca de amenazas. —Bess. el olor. mientras se apoyaba la bandeja en la cadera y se apartaba un mechón castaño de la cara. «¿Una bebida de hombres?» Elizabeth se volvió hacia la escotada camarera. —Señorita Effie. Pero Bess. ¿De veras crees que esto es acertado? Elizabeth ignoró la pregunta de su hermana. Y. Sé que. es el «agua de vida». tomaré… —Effie. La suciedad. la amenaza de peligro implícita la fascinaba de una forma que ni siquiera podía describir. en el fondo.

Elizabeth dirigió la mirada hacia el otro lado de la mesa. Me tendrá que volver a llenar el vaso dentro de nada. Effie descorchó una botella. les sirvió tres humeantes cuencos de estofado. ¿por qué no nos trae dos? —Uy no. la garganta le quemaba y notaba el estómago como si se lo hubieran atravesado con una flecha ardiendo. supo que él sabía exactamente qué estaba experimentando. Elizabeth levantó su vaso. como si el fuego de la chimenea quemara en su estómago. olió el líquido y añadió—: No guarde la botella todavía. a juzgar por la sonrisa torcida y los ojos azules burlones. Su cuerpo se había calentado. —Madre mía. y asintiendo. tragó saliva para aliviar la abrasión de la garganta. un segundo más tarde. por favor. Canalla. digamos que es una bebida más adecuada para un escocés que para una inglesa. hacia Douglas. Effie. Iba a tomarse ese trago sí o sí. Cuando lo hizo. puso cara de felicidad e incluso consiguió dibujar una sonrisa. Él sólo se encogió de hombros. —No lo he pedido para ti. De hecho. una vocecita le susurró: «Bueno. repitió—: Aaahhh. mi padre solía frotarme las encías con eso cuando me estaban saliendo los dientes. maldito fuera. señora. MacKinnon. El segundo trago no conllevó el cataclismo. Es lo mejor para olvidarse de cualquier mal. una taza de té para Isabella y los dos vasos más pequeños que Elizabeth había visto en su vida. tanto que incluso se quitó el pañuelo que llevaba alrededor del Escaneado y Corregido por MANOLI Página 25 . señora? —Por supuesto. se lo acercó a los labios y se lo bebió de un trago. él ya te ha advertido que era fuerte». Desde pequeña. la dejó en la mesa entre Douglas y Elizabeth y les dio un vaso a cada uno. En realidad. Elizabeth ya no sentía ni saboreaba nada. Elizabeth parpadeó para contener las lágrimas.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Por supuesto. Y. Y mi abuela tiene noventa años y dice que es lo único que le cura el catarro. dicho esto. estaba convencida de que se había tragado un veneno propio de Lucrecia Borgia o algo que el ama de llaves de Drayton Hall. sólo utilizaría para limpiar los orinales. El trío se quedó en silencio alrededor de la pequeña mesa y esperó a que Effie regresara. —Miró al testarudo MacKinnon y sonrió—. Y cuando levantó la cabeza y se encontró con la mirada del escocés. Bess —dijo Isabella—. Se le humedecieron los ojos. El escocés sólo amplió la sonrisa. Bella. la señora Burnaby. —Elizabeth no estaba dispuesta a ceder ante ese engreído escocés. —Ah. pero si con esto apenas vamos a mojarnos los labios —dijo Elizabeth mientras miraba cómo MacKinnon llenaba con cuidado los diminutos vasos con aquel líquido amarronado. —Un vaso de esa uisge-beatha. Yo creo que prefiero el té. De hecho. —Entonces. como diciendo: «Demasiado para su bebida de hombres». Aquello fue la gota que colmó el vaso. —Y. veía que estaba disfrutando a lo grande con los esfuerzos que ella hacía por reprimir la necesidad casi vital de toser. —¿Está lista para otro trago. Elizabeth miró a su hermana. Bueno. gracias. En su cabeza. Un segundo después.

» Ese nombre fue como si le tiraran una jarra de agua fría encima. Guíeme y la ayudaré a subirla a la habitación para que pueda dormir la mona. con hipo. la delicada voz de Isabella rugió y resonó en su cabeza. La agarró antes de que la cabeza golpeara contra la mesa. no fue hasta el tercer trago que la sala empezó a darle vueltas. «Lord Purfoyle. Por suerte. Por lo visto. ¿Es… Está muerta? —No. tras varias cucharadas de estofado y dos o tres tragos más. Douglas aprovechó para subir el estrecho tramo de escaleras. Será mejor que la deje dormir hasta entonces.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes cuello y lo tiró encima de una mesa. señor MacKinnon. La chica asintió. creo que debería retirarme a mi cuarto… ahora. —Ni hablar —respondió Elizabeth. —¿No crees que tú también deberías hacerlo. Isabella Anne Drayton. —Entonces. Mientras la atención de casi todos los clientes estaba puesta en otra cosa. estaba roncando plácidamente. fuiste tú quien no me explicó la verdad acerca de este viaje al norte hasta que ya fue demasiado tarde… Las hermanas intercambiaron una mirada privada y luego Elizabeth agitó la mano en el aire como si estuviera apartando una mosca imaginaria. algo parecido a «escocés engreído». la mesa estaba cerca de las escaleras que subían a las habitaciones de la posada. señora. Elizabeth? Acuérdate de lord Purf… — Se interrumpió y luego añadió—: Mañana nos espera un largo viaje hacia el norte y sería mejor salir temprano. Menuda cabezota. A Douglas no le quedó otra opción que levantarla en brazos. Douglas lo veía venir. que se estaba retorciendo las manos a su lado—. —¡Bah! Motivo de más por el que no debería acostarme en toda la noche. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 26 . pero cuando se despierte por la mañana. —Bess. —¡Dios mío! —exclamó Isabella—. Sin embargo. él había intentado avisarla. por la mañana no se acordará de nada de todo esto. sino dos. hoy no nos ha rescatado una vez. El señor MacKinnon y yo agotaremos los últimos tragos de uisge-beatha. Poco después. ella murmuró algo. ¿por qué no se mueve? —Porque está dormida. ¿Vas a negarme estas últimas horas de libertad. Y. Bella? Al fin y al cabo. Cuando la dejó en la cama. —Gracias. Tenía las mejillas deliciosamente sonrojadas. y luego se tendió bocarriba con los brazos extendidos. Y luego te prometo que me iré directa a la cama como una buena chi… Afortunadamente. Parpadeó y se preguntó desde cuándo Isabella tenía una hermana gemela. Y la sensación de tener la cabeza en las nubes. Parece que volvemos a estar en deuda con usted. querrá estarlo. —Por la mañana estará bien —explicó Douglas a la pobre hermana. aunque también esperaba que le sirviera de lección. seguramente. —Acuéstate si quieres. A los pocos segundos. lamentando el dolor de cabeza que tendría Elizabeth por la mañana. Al menos. Todavía no se creía lo que había bebido. Elizabeth hizo una mueca cuando recordó dónde la había enviado su padre.

Muy despacio. que estaba en el suelo formando un charco rojo. no llevaba puesto el vestido. le pagó y luego charló un cuarto de hora con un par de clientes antes de subir a descansar a su habitación. ese cuento se llama Rashin-Coatie. Douglas se quedó de piedra. como la dueña. como le había dicho el dueño de la posada. me gustaría hablar con usted con franqueza acerca de una propuesta que tengo para usted. Cuando pisó el segundo escalón. Douglas giró el pomo. —Si no le importa. pero me he encontrado… —Isabella no está. Había visto a hombres adultos que no se habrían despertado tan deprisa después de tal borrachera. Era muy bonito. El candelabro de pared del pasillo permitió que Douglas viera que Elizabeth estaba sentada en el borde de la cama. atrevido. la temperatura de la habitación había aumentado varios grados a pesar de que la chimenea estaba apagada. Sin embargo. señor MacKinnon. despierta. una voz lo invitaba a entrar. porque lamentaba sinceramente la angustia que su hermana le estaba provocando. —Bueno. Douglas la miró y esperó a que continuara. ese fuego que provocaba que se le tensara la tripa. de tacón y puntiagudo. Estaba a punto de dejar el zapato en el suelo cuando oyó que. en lugar de irse a su habitación. —Discúlpeme. Vestía una camisola… y nada más. Ladeó la cabeza y preguntó: —¿En serio? ¿Como cuando el príncipe va a buscar a Cenicienta? Se rió de su propia broma con un sonido ronco. vio el zapato de mujer que debía de habérsele caído a la joven mientras la subía por las escaleras. de repente. Sin embargo. No obtuvo respuesta. —En Escocia. pues me iré a… —Un momento. Ella no dijo nada. y luego inclinó la cabeza antes de salir de la habitación. Dijo lo primero que se le pasó por la cabeza. Si había patrullas en la zona. y mucho menos tener la habilidad para desvestirse sin hacerse heridas de consideración. desde el otro lado de la puerta. ¿A qué venía todo eso? Escaneado y Corregido por MANOLI Página 27 . señorita Isabella. La chica lo miró fijamente a la luz de las velas. por favor. Sólo quería devolvérselo. Douglas avanzó un par de pasos y dejó el zapato a los pies de la cama. De hecho. Era del mismo color vino que el vestido y los abalorios de cristal que llevaba cosidos brillaban con la luz del fuego. y tenía el pelo suelto. tanto por aquella visión como por el hecho de que no estuviera tirada inconsciente en la cama. decidió regresar al comedor para pagar la cena a Turnbull. Se lo encontró en la barra. —Eh… Se le ha debido de caer el zapato en las escaleras. ella seguía mirándolo con fuego en los ojos. Douglas simplemente la miró mientras intentaba ignorar el hecho de que.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Douglas le sonrió. sólo lo siguió mirando. Douglas se detuvo frente a la puerta cerrada de la habitación de la chica y llamó con suavidad. sería mejor que se marchara antes del amanecer.

Ni siquiera será durante mucho tiempo. —Sí. Y cuando se cansara de él.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —¿Una propuesta. —Ha bebido demasiado. —¿Perdón? ¿Ha dicho prometido? —Sí. señor MacKinnon. que terminaba justo entre los dos pechos. Al resto de mi familia. Seguro que esperaba que se arrodillara ante ella y le agradeciera su infinita generosidad. algo peor: un granjero escocés. Apartó la mirada. Quería que conociera a su familia. señora. su forma de hablar. No sabe lo que está diciendo. Por supuesto no tendría que casarse conmigo. Su ropa. pero descendió la mirada hasta la abertura de la camisola. señor MacKinnon. Sólo tiene que acompañarme a mi casa y conocer a mi pa… —Se corrigió—. Estaba hablando de dinero. lo tiraría como si nada. aquella era la última que Douglas se hubiera imaginado. pero ya lo compadecía. y luego podrá seguir con su viaje a Skye como un hombre mucho más rico. a su padre. Debía de tener un padre adinerado a quien quería destrozar por querer casarla con un noble respetable. —Le estoy ofreciendo convertirlo en un hombre rico. Soy un completo extraño para usted. Me gustaría contratarlo. bastante seria—. No. señor —respondió ella. «¿Prometido?» De todas las cosas que habría podido decirle. Hasta ahora. señora? —Sí. Seguro que el whisky le estaba provocando alucinaciones. En otras palabras. Sería por un periodo breve de tiempo. Así que era eso. En concreto. Algo acerca de un tal lord Purf… algo y el viaje al norte. Seguro que la había oído mal. su aspecto descuidado… Lo que esa chica veía cuando lo miraba era un granjero escocés analfabeto. —Pero si ni siquiera me conoce. la motivación detrás de la propuesta. pobre y desgraciado. me gustaría contratarle para que fuera mi prometido. —No. por el motivo que fuera. Y había planeado presentarse en su casa con lo peor que podía encontrar como marido: un granjero. de repente. Sé perfectamente lo que le estoy proponiendo. sería por poco tiempo. —¿Contratarme? —Sí. Sólo tiene que fingir que quiere casarse conmigo. Verá. sólo tendría que fingir que va a hacerlo. Le prometo que le recompensaré como se merece por el esfuerzo. lo sabía. señor. Seguro que lo estaba soñando. anunciar nuestro compromiso. como esas medias. Recordó la conversación que habían mantenido las hermanas en la mesa. Como le he dicho. y eso que podrían haber sido miles. Una ira afilada y fría como un sable lo atravesó. —¿Qué? ¿Me está rechazando? Douglas dudaba que alguna vez la hubieran rechazado. ¿Por qué iba a querer que hiciera algo así? Ella se lo quedó mirando y Douglas entendió. cuando ya no lo quisiera. como el que se compra un par de medias nuevas. Una propuesta de negocios. quería comprarlo como diversión durante un tiempo. Douglas no conocía al hombre en cuestión. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 28 . —No.

Buena suerte. Y en cuanto al valor económico. unas tierras que la Corona había confiscado después de la última rebelión en 1719. Se volvió para marcharse. —Esta reliquia familiar fue un regalo de la propia reina Isabel.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Seguro que habrá algún joven inglés que quiera aceptar su propuesta. No se vaya. cuando se abre. Hizo un esfuerzo por controlar la ira y pensó en las veces. colocándose entre la puerta y él. y su madre. que olía a hierbas y lucía melena pelirroja. Douglas observó cómo la expresión de la chica se ensombrecía cuando se dio cuenta de que no podría convencerlo. podrá tener algo más. su clan y su país se rendían a los deseos de los ingleses. Espere un momento. en una vida entera en realidad. Como puede ver. Ana Bolena. hay un camafeo de su padre. bisnieto del gran rey escocés Kenneth MacAlpine. Douglas notó cómo se le tensaban los músculos del cuerpo y se ponía rígido como una estaca. Su padre. creía que podía comprar su honor a cambio de un anillo? —Mi respuesta es la misma. señora. es incalculable. Y ahora échese en la cama antes de que se meta en un lío más grande del que se pueda imaginar. Sin los tacones. Douglas se volvió para marcharse. ¿Y ahora esa consentida inglesa. deseando no haberse detenido a ayudar a sacar ese carruaje embarrancado esa tarde. Ya casi estaba en la puerta cuando la voz de la chica. lleva grabada su inicial y. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 29 . Así parecía más frágil. —Por favor. «Sería muy fácil besarla». Es lo más valioso que poseo. y antes que él su abuelo. luchando por preservar el antiguo orgullo y la distinción que se remontaba hasta el primer MacKinnon: Fingon. acompañado por el sabor especiado del whisky. Por un momento. Sin mediar palabra. Jaime. Y será suyo… si acepta mi propuesta. pero la situación había llegado más lejos de lo que pretendía. enseñándole un anillo coronado por una joya de tamaño considerable. por favor… —Habló con la voz más suave—. le llegaba a la barbilla. El aroma a hierbas en el que había flotado durante una hora en el carruaje lo volvió a invadir. lo rodeó y volvió a la cama. se tendió en el colchón y se tapó con la colcha. ninguno de los dos se movió o habló. cuando su padre luchó en el bando del antiguo pretendiente. lo llamó. Si acepta mi propuesta. —Señor MacKinnon. pensó él. por los derechos de sus compatriotas. muy débil. Ella había separado los labios. que había presenciado cómo su familia. Seguro que no se refería a… Ella se levantó de la cama y cruzó la habitación a toda velocidad. Douglas se había pasado la vida luchando. Yo no soy la persona que busca. señora. el rey Enrique. Douglas se detuvo en la puerta a pesar de que una vocecita le decía que continuara caminando hasta que hubiera borrado de su memoria sus ojos. Sólo tenía que cerrar los ojos y… Y entonces ella levantó el puño y abrió la mano. habían perdido todo aquello por lo que habían luchado. La luz del pasillo destacó el tono rojizo del pelo y consiguió que la camisola pareciera todavía más insignificante. Él mismo se había pasado gran parte de su vida intentando hablar con el rey inglés de la casa de los Hanover para intentar conservar las tierras que habían sido de su familia casi desde el inicio de los tiempos. no se vaya. más vulnerable. su boca y el sonido de su voz. Pertenece a mi familia desde hace muchas generaciones y me lo regalaron cuando nací. No. Él sólo había querido ayudar.

JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Sin embargo. se volvió: —Y ahora. Se dijo que sólo se quedaría hasta que ella se durmiera. por favor. Sólo un poco. de forma imprudente. No. No quería que su hermana pequeña supiera que tenía miedo a la oscuridad. se había bebido un vaso. Douglas lo había descubierto cuando. Sus ojos le suplicaron en la penumbra que no la dejara sola. de whisky esa noche. y a regañadientes. Esa mujer no admitía sus debilidades con facilidad. lo más fuerte que había probado en su vida era un burdeos aguado. y también el miedo. y muchos más. —Puedo ir a buscar a la señorita Isabella. Admitirlo delante de él seguro que le había costado un mundo. seguramente. Douglas acabó dando la vuelta y sentándose en el extremo de la cama a su lado. Quédese. a pesar de que sabía que. Con lo que no contaba era con quedarse dormido él también. por favor. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 30 . despertó algo en su interior que nunca había sentido. La forma cómo habló y lo miró. —La delicada voz se había convertido en un tembloroso susurro—. ¿qué pasa? —Es que… La habitación está muy oscura. Pensará que me estoy comportando como una niña pequeña. iluminada por la luz del pasillo. Y aunque todos sus sentidos le gritaban que se marchara. si quiere… —¡No! —Meneó la cabeza—. Es que… no me gusta… la oscuridad. no lo haga. —No me iré a ningún sitio. Sabía reconocer el orgullo. señora.

un pelo que. los recuerdos de la noche anterior poco a poco fueron regresando. Recordaba haberle subido a la habitación el zapato que se había encontrado en la escalera. Se movió en el colchón. lo había hecho.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 04 sin darse cuenta. resultó ser de un tono rojizo dorado. Varias veces. aunque la bebida de sus ancestros bajaba muy bien. Cuando ella le invitó a quedarse en la habitación. todavía tenía que responder a una pregunta: ¿Qué diantres había pasado con su ropa? Escaneado y Corregido por MANOLI Página 31 Douglas se despertó con la sensación de que. su voz y el susurro de su dulce respiración lo habían relajado. Como la niebla nocturna que se levanta con la llegada del nuevo día. Estaba tan decidido a llegar a Skye que ni se había dado cuenta de lo cansado que estaba. y se prometió que no volvería a hacerlo. Había sido el whisky. Y. y el cansancio de haber cruzado el norte de Inglaterra a pie durante la mayor parte del día anterior. la oscuridad. Era la misma mujer cuyo brazo estaba. el golpe de una puerta que se cerraba en el pasillo. celebraciones del clan. su cintura desnuda. o a un crío de catorce años. Y había mantenido su promesa durante años. cómo ella le había suplicado que no se marchara por la oscuridad. Eran dos críos queriendo jugar a ser hombres. A partir de entonces. un desafío que ahora mismo le hacía preguntarse si su cabeza había estado metida entre dos cantos rodados durante la noche. Parecía que. Cualquiera habría caído rendido. como un molusco en la arena. sí. aparentemente. aunque su intención era hacerlo en cuanto ella se durmiera. como los chicos trabajando en el establo. cualquier ruido. Después de aquella noche. el nacimiento de un bebé. No se había marchado. se había pasado dos días enteros pegado al orinal. adquiría una magnitud estruendosa. buscando el refugio de una almohada con que cubrirse la dolorida cabeza. cuando por fin se le aclaró la vista. dejaba una resaca tan violenta que podía hacer llorar a un hombre. Sin embargo. con la mano abierta muy cerca de su entrepierna. el día que su hermano pequeño Iain y él habían conseguido entrar a escondidas en la destilería subterránea de su tío. Sólo se le ocurría que él también se había quedado dormido. Al final. el único whisky que bebería sería en los brindis: bodas. las voces apagadas que llegaban del comedor. incluso el esfuerzo de abrir los ojos para ver la luz del amanecer a través de la ventana que había junto a la cama le provocaba una sacudida tal que tenía que apretar los dientes. y Douglas aprendió ese día que. y también a la mujer que pertenecía. hasta que una chica con los ojos de color avellana lo había desafiado. Una cortina de pelo sedoso le cubría el hombro. y no antes. le habían aporreado la cabeza. Cualquier movimiento. ¿Por qué diablos había bebido tanto whisky? No se había levantado con una resaca así desde los catorce años. apoyado en su cintura. se escondió debajo de la colcha. Hubiera gruñido si el simple esfuerzo de hacerlo no le hubiera provocado más agonía de la que podía soportar. a juzgar por su situación actual. Y fue entonces. durante la noche. Conocía ese pelo. mientras dormía y . cuando Douglas descubrió que no estaba solo en la cama. de repente.

en el olor tan dulce de su pelo desparramado encima de su hombro. —Elizabeth Regina Gloriana Drayton. El cuello se le había bajado y tenía un hombro al descubierto. Cuando Elizabeth volvió a bajar la mirada. Bella! ¿Por qué gritas de esta forma a estas horas? Gruñó ante el intenso dolor de cabeza y volvió a apoyar la cabeza en la almohada. Horrorizada. de cómo iba vestido (o desvestido) y de con quién estaba le provocó una erección. «No me iré a ningún sitio. que la estaba mirando con esos malditos ojos azules. en sueños. se encontró con la cara del escocés del día anterior. —¿Qué está…? ¿Quién es…? ¿Cómo ha…? ¿Qué cree que está haciendo en mi cama? ¡Tiene que salir… inmediatamente! Sólo llevaba una camisola. no la había dejado sola. santo Dios. señora. Se incorporó de golpe. Eso es mentira. ¿se puede saber qué has hecho? El sonido agudo de la voz de su hermana despertó a Elizabeth al instante. —Yo no le invité. Por desgracia. esa parte de su cerebro no reaccionó tan deprisa como debería.» Y. estuviera luchando contra algún enemigo. agarró la almohada con la que él se estaba tapando la cara. en lo suave que era su piel. Sin embargo. —¿Cómo diablos ha entrado? —Me invitó usted. como ella le había pedido. Lo ensordeció. Tenía que encontrar su ropa y salir de la habitación lo antes posible. —Anoche. Hasta que esta se movió y entonces se dio cuenta de que no era una almohada. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 32 . de repente. Tenía el ceño fruncido y los labios apretados como si. Era inevitable.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Ser consciente de dónde estaba. La pierna absolutamente desnuda. —¡Por Dios. recordó lo que había pasado la noche anterior. Una parte de él sólo quería quedarse en aquella cálida cama. Se había quedado con ella toda la noche para protegerla de las sombras y de ese deplorable demonio sin rostro que la había acechado casi toda su vida. La miró bajo la luz rosada del amanecer y observó cómo dormía. —Elizabeth. En realidad. la parte sensata de su cerebro se dio cuenta del peligro que comportaba esa situación. Sin embargo. no se movió para salir. Los músculos del abdomen se le tensaron cuando pensó en lo cerca que estaban sus dedos. escuchando la relajada cadencia de su respiración mientras el sol se iba levantando. igual que lo cegó la intensa luz que entraba por la puerta. pero no podemos… Un grito capaz de romper una copa de cristal resonó en la habitación. aunque se quedó de piedra cuando le vio la pierna. Instintivamente. cuando subí a devolverle el zapato… Elizabeth se quedó inmóvil y. Douglas agarró la almohada más cercana y metió la cabeza debajo. creía que había sido un sueño. —¿N… No lleva nada debajo de la sábana? —No. estoy convencida de que te encantaría seguir durmiendo todo el día. Douglas alargó la mano y le acarició el ceño para tranquilizarla.

como suelen hacer los niños de cuatro años. Para combatirlas. —Pero Bess. el propietario de la posada meneó la cabeza con incredulidad. Y más teniendo en cuenta que está en la cama de mi hermana totalmente desnudo. Dice la verdad. sin darse cuenta de que el cerrojo podía cerrarse solo. Elizabeth. ¿Está sugiriendo que mi hermana ha… era…? —Se colocó junto a él. Al final. cuando se dio cuenta. Elizabeth no lo había explicado a nadie. así resultó ser. Sin embargo. caía dormida por puro agotamiento. —Es un error. llegaron Manfred y Titus. un día. Jugaban a esconderse y sólo necesitó un arcón vacío. Es una excusa muy barata. de verdad. al final.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Desde que tenía uso de razón. bajaba a la biblioteca a leer y a alejarse de la oscuridad de su habitación. —¿Qué ha pasado? —preguntó Manfred. ¿cómo has podido? Antes de que Elizabeth pudiera inventarse una excusa creíble. Estábamos charlando y nos quedamos dormidos. y su padre se la encontraba por la mañana acurrucada en su sillón favorito. Manfred contuvo la respiración. siempre había odiado la oscuridad. tiene razón. sin duda alertados por los gritos de Bella. nunca supo cómo había empezado. MacKinnon. Y ya está. Elizabeth se había quedado afónica de tanto gritar pidiendo ayuda durante la peor noche de su vida. Debía de tener unos seis años cuando. ni siquiera a Bella. Bella y ella estaban jugando en una de las muchas habitaciones vacías del ala este de Drayton Hall. en parte por la debilidad que implicaba la confesión. —Bella —dijo Elizabeth—. Titus gruñó. Si hubiera violado a alguien. Para entonces. ¿Cómo se atreve a aprovecharse de una inocente? —¿Inocente? —¡Sí. por miedo a que Bella se culpara durante el resto de su vida por haberla dejado sola ese día. pero. El señor MacKinnon ha violado a mi hermana. Tras ellos. Estaba convencida de que moriría allí mismo. Estoy casi segura. y lo hizo. Bella ya había encontrado otra distracción. inocente! —Avanzó hacia la cama con los puños cerrados—. —Sus palabras no resultan demasiado convincentes. sobre todo. Yo le invité. creía que era un caballero. atravesando al escocés con la mirada—. me acordaría. Sus padres y el personal de Drayton Hall no la encontraron hasta el día siguiente. provocando que se despertara por la noche con un ataque de pánico. pero. Elizabeth se escondió dentro. señor. Isabella se mantuvo firme. —Ya te lo advertí. Él creyó que su hija tenía un interés desmedido por los libros y. sin aliento después de haber subido las escaleras corriendo. No ha pasado nada. con una expresión de absoluto horror. señor MacKinnon. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 33 . —Creo que es más que evidente lo que ha pasado aquí —respondió Bella. y se había marchado. Y en cuanto a usted. —¿Casi segura? Eso me deja mucho más tranquila. Se había quedado encerrada. Las pesadillas empezaron poco después. Isabella se quedó inmóvil en la puerta. Elizabeth le dijo: —Sí. No hemos hecho nada impropio. acompañados por Turnbull. incluso para ti. echó el brazo hacia atrás y le dio un puñetazo en la cabeza.

Mi padre es un hombre muy poderoso.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —¡Isabella! —¡No me vengas con lecciones! ¿Tienes idea de las dimensiones de tu metedura de pata? —Bella… —¿Sabe quién es nuestro padre. Lo honorable. Seguro que el señor Turnbull puede decirnos dónde podemos encontrar al cura local para que oficie la ceremonia. Elizabeth parpadeó. Y no. Elizabeth. Elizabeth. añadiré. —Se volvió—. cállate Bess! Todas sabemos que te adora. Estamos en Escocia. por lo que tengo entendido te puede casar el herrero antes de desayunar. ¿Quién era esa… esa fiera que fingía ser su hermana? La tranquila. Cielo santo. pero empiezo a creer que es la única solución. Así como a otras partes de su anatomía. Y entonces. Sí. y cuando el perro mestizo de Caro le mordió sus zapatillas de baile preferidas. aunque después de desayunar. Al final. Sugar. más que un leve golpe de talones para que se pusiera en marcha. volveremos a Drayton Hall habiendo hecho lo correcto. No… —Pues se lo diré. No será complicado. ¿es que te has vuelto completamente loca? —Sí. señor MacKinnon? —Bella. —¿Ah sí? —Sí. el quinto duque de Sudeleigh de Northumberland. No necesitamos correr las amonestaciones ni ninguna licencia especial. —Bella. te casarás con él. Los demás sólo la miraban. que se le había escurrido hasta la cintura—. no. Nuestro padre es Alaric Henry Sinclair Fortunatus Drayton. —¿Cómo vamos a explicárselo a papá? —se preguntó Isabella en voz alta. —Isabella se dirigió hacia Douglas —. Tienes que comer algo. Y eso es lo que haremos. Ya sé qué vamos a hacer. y Elizabeth es su hija mayor. eso no es cierto. —Deslizó la mirada hacia la colcha. —Miró fijamente al escocés—. Pero ahora… Elizabeth estaba realmente atónita al ver a su hermana ir de un lado a otro de la habitación. —¿Casarme? ¿Con él? Bella. dile al chico del establo que vaya corriendo a buscar a Hamish Beaton y lo traiga de inmediato! Y busca a la señora Turnbull. pacífica y dulce Isabella nunca había golpeado a nadie ni a nada en su vida. Estoy segura. Es un poco absurdo. Y esperaban. Jamás le había dado a su yegua. aunque hablaba consigo misma. Y la favorita. rozando las tablas de madera del suelo con la falda mientras abría las manos y amenazaba con el puño al escocés. no me he vuelto loca. señor. se detuvo y en el rostro reflejó que se le había ocurrido una idea—. que estaba en la cama. lo es. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 34 . —¡Oh. ¡Necesitaremos testigos! —Gracias. El señor MacKinnon y tú os casaréis. señor. ella le acarició las orejas y le riñó como si fuera un bebé. Le cortará la cabeza por esto. sólo podía mirar y esperar que aquella terrible debacle fuera un sueño. El dueño de la posada salió corriendo hacia el pasillo y gritó: —¡Effie.

por favor. tienes que levantarte y vestirte. mirando fijamente a Isabella. No tenía salida. Trae mala suerte que el novio vea a la novia antes de la boda… aunque. dispuesto a apartarla. Agarró el extremo de la colcha. señora. señorita Drayton —intervino. Y sospecho. déjeme añadir que. y lo empujó—. señor MacKinnon —dijo Isabella. Al cabo de un segundo. No puedes casarte en camisola. ya no es relevante. desafiándola. Elizabeth. El carácter que había sacado. se aferró a la ropa de Elizabeth y frunció el ceño hacia Douglas—. Douglas puso una expresión dura e impenetrable. en este caso. hasta que ella no pudo más y se volvió hacia la ventana. —La veré abajo. Lo había mirado y no había apartado la mirada. señor. en general. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 35 . pero las damas de buena familia son otra muy diferente. tan nuevo para ella. se negó a esconderse y contempló los musculosos muslos desnudos mientras se levantaba y se envolvía con el kilt con torpeza. señor. Douglas se volvió una vez más hacia Elizabeth y la atravesó con una mirada más fría que el viento de invierno en Northumberland. —¡Bella! Ante esas palabras. hasta que la vio colgada en la parte posterior del armario. Sabía que tendría que estar avergonzada. con calma. —¿Ah sí? —Sí. Cuando se levantó. Se quedó en la cama. señor MacKinnon. Pero se tomó su tiempo para acatar las órdenes. el novio tiene que estar de acuerdo. le sugiero que salga de la cama. y lo sabía. —Y ahora. cuando dos personas se casan. me vería obligada a pedir a Titus y a Manfred que recurrieran a lo que fuera necesario para que aceptara. Permítame que le diga que perdió el derecho a no estar de acuerdo cuando comprometió a mi hermana. Le costó encontrar una de las medias blancas. que estaba tras él. A Isabella se le encendió la mirada. —Recogió el kilt de Douglas del suelo y se lo tiró a la cara—. no le permitía llegar a tanto. Antes de marcharse. ella se refugió en las sombras que le proporcionaban las cortinas de la cama para esconder su interés. se ha pasado la noche anterior viendo mucho más de lo que debiera. —Bess. Sin embargo. él sacó las piernas de debajo de la colcha y apoyó los pies en el suelo. —Disculpe. se vista y se prepare para entrar a formar parte de la familia —concluyó Isabella. aparte de ser una respuesta deplorable a una situación deplorable. Y ella lo miró fijamente. si se niega. Meneó la cabeza y maldijo la prenda en voz baja. —Eso. ¿O debería decir «esposa»? —Fuera. señor. Se quedó mirando a Isabella unos segundos más. aunque tuvieran que llevarlo ante el juez local y acusarlo de violación. Y antes de que intente escabullirse. Pero me parece que se ha olvidado de un detalle importante. Verá. —Se detuvo junto a la cama. levantando la barbilla. y forzada por usted mismo. los dos gigantones dieron un paso adelante al mismo tiempo. Tenía la mirada llena de ira. que usted tampoco debería casarse desnudo. el señor MacKinnon como si estuviera hablando del tiempo—.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Isabella empezó a recoger piezas de ropa de Elizabeth que estaban repartidas por el suelo. Las criadas y las rameras son una cosa.

pero un violador no se habría parado a ayudarnos en la carretera como él hizo ayer. Elizabeth. con impaciencia. parecía asustada y muy. Debería haberme quedado contigo. como si estuviera reuniendo el valor para afrontar esa situación. por muy borracha que estuvieras. Bella? ¿Bella? Pero Isabella no la estaba escuchando. Cuando se marchó. Después de esto. Le apretó las cintas con fuerza. se detuvo y se volvió. Sé que no permitirías que un hombre te hiciera algo así y viviera para ver la luz del sol el día siguiente. —Sinceramente. —¿Qué quiere ahora? —preguntó Isabella. —Lo que me imaginaba —dijo. Toda esta preocupación y el matrimonio a toda prisa. Isabella cerró la puerta. antes de salir. estabas profundamente dormida. Cuando agarró la colcha y la sábana. Ni siquiera pude despertarte para desvestirte. tirando a su hermana hacia atrás y vaciándole de aire los pulmones. Eran las mismas palabras que la Isabella de cuatro años pronunció cuando encontraron a Elizabeth encerrada en el arcón. Se quedó allí un momento. y se volvió. no recuerdo nada. todo esto no es necesario. de veras. Con la mirada clavada en Elizabeth. volvió junto a la cama. muy preocupada. que velarían para que no huyera. Bess. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 36 . Al final. ¿cómo ha pasado todo esto? Elizabeth se sentó a su lado y la tomó de la mano. le colocó el corsé alrededor de la cintura y empezó a apretar las cintas con la pericia de una tejedora—. seguido por Manfred y Titus. No debería haberme marchado. —Estoy convencida de que no se ha aprovechado de ti. Sé que es escocés y un poco rudo.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes MacKinnon se dirigió hacia la puerta. Es absolutamente necesario. —Reflexionó un instante y añadió—: Ya sabía que ese uisge-beatha no sabía bien. Bella. Elizabeth se agarró al poste de la cama mientras Isabella seguía con la tarea. —Bess. por favor. —Sí que lo es. Tenía la mirada clavada en las tablas de madera del suelo. —Mientras hablaba. Sin embargo. Entonces. Incluso viniendo de ti. —Isabella ató las cintas con un nudo y se dejó caer en la cama. se acercó a la cama y levantó a Elizabeth por un brazo. Y nada de todo esto habría pasado. ¿qué diantres pasó aquí anoche? Cuando te dejé. Elizabeth. ella se quedó inmóvil. Ahora estaba pálida. —¡Bella! —Esto supera cualquier cosa que hubiera podido imaginarme. Estábamos hablando y ahora es como si se me hubiera borrado todo de la memoria. se volvió. —Isabella. ya no parecía la fiera desatada que había estado dando órdenes a todo el mundo. Pero él no respondió. pero él sólo las retiró para ver la sábana bajera impoluta. Y te conozco. —Bella no llores. ¿No crees. tendrás suerte si papá no te encierra de por vida en ese convento. ¿Cómo es posible que se fabrique algo tan malo? Debía de estar pasado. con una expresión tenebrosa. De repente. de espaldas a la habitación y con la cabeza agachada.

Vas a hacer lo correcto. Jamás. y a mamá. Durante toda su vida. ¿A quién prefieres. Papá me encargó que te vigilara durante el viaje y he fallado.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Todo es culpa mía. incluso podemos llegar a la hora de la cena. La única cosa que había jurado que jamás perdería. —Bueno. te casarás y luego regresaremos a Drayton Hall. concluyó—: Quizás incluso te convierta en una mujer viuda. Da lo mismo lo que «pasó». incluso a Catherine. —Isabella suavizó el tono de voz—. porque era hija de un duque y porque las consecuencias nunca habían ido más allá de una severa reprimenda. Ni siquiera hemos llegado a casa de lord Purfoyle. Bess. la dulce Caroline. al menos el señor MacKinnon no se parece a una cabra. Si vamos bien de tiempo. Y. Piensa en el escándalo que se crearía si volvieras a casa sin más y como si no hubiera pasado nada. Lo eran todo para ella. —Sí que lo haría. Una vez en casa. Todo saldrá bien. Tomaremos un desayuno rápido. Oh Bess. había actuado sin pensar en las consecuencias. por miedo a que les contagiaras tu terquedad. piensa en los demás. de ocho años. Jamás podría hacer algo que les perjudicara. y ahora voy a tener que devolverte a casa. a papá no le quedaría más opción que casarte con otra persona. Elizabeth se apoyó en el cabezal de la cama. Por una vez en tu vida. Papá nunca te perdonaría. Elizabeth se quedó mirando fijamente a sus pies mientras empezaba a hacerse una idea de la gravedad de la situación. Elizabeth. —Pero es que ni siquiera sabemos lo que ha pasado. Esta vez. Isabella tenía razón. —Y. apenas hemos salido de Inglaterra. Porque ahora le había costado su libertad. e informar a papá de que has acabado pasando la noche con un desconocido escocés. básicamente porque había nacido bajo los privilegios y la protección del apellido Drayton. en especial Caro. a lord Purfoyle o al señor MacKinnon? Elizabeth se lo pensó. El dolor de cabeza se había convertido en un leve tamborileo y tenía la sensación de que le acababan de dar un puñetazo en el estómago. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 37 . La cuestión es que podría haber pasado. papá ya verá qué hacemos a continuación. —Antes me casaría con una cabra que con lord Purfoyle. «podría servir». si es que ha pasado algo. Ya lo insinuó cuando me encargó que te acompañara a casa de lord Purfoyle. —Eso ya no importa —suspiró Isabella—. —Papá no haría eso. con sequedad. ¿no lo ves? Después de esto. el riesgo era mucho mayor. Adoraba a sus hermanas pequeñas. en cambio. Se lo había buscado casi desde el día que nació. que siempre había visto a su hermana mayor como una campeona. un día después de nuestra partida. para un escándalo. ya lo verás. Te prohibiría volver a ver a Caro y a Matilda. Piensa en cómo le sentará a papá.

Yo no puedo hacer nada.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 05 Sudeleigh. Estaba la casa de Londres. el conde de Burlington. Del rey. a los pies de la torre. Matilda y Caroline. se levantaba la fachada rojiza de la casa. el hombre había llegado pocas horas después de que dos miembros de la familia. Por desgracia. pero Alaric había convencido al artista para que programara una visita a Drayton Hall en su apretada agenda. con la falda de seda de color claro perfectamente colocada alrededor de una silla Reina Ana. en St. El primer proyecto que había emprendido había sido la transformación de la propiedad después de generaciones de dejadez por parte de los anteriores duques. Para la ocasión. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 38 En 1727. Era lo más cercano a un día perfecto. mientras sus tres hijas menores. dijo entre dientes: —Ya te lo he explicado un millón de veces. es que no puedo creerme que aceptes que una parte tan importante de nuestra historia familiar se haga sin la familia al completo. y otras pequeñas propiedades distribuidas por todo el territorio inglés. Detrás de ellos. Margaret. puesto que va camino de Londres para pintar un retrato del rey. situada en lo alto de un pintoresco montículo. Su esposa Margaret estaba sentada a su lado. estaba ahora el duque de pie. con una mano en la empuñadura de una espada que nunca había usado y la otra en el bolsillo del chaleco. el duque había solicitado los servicios del afamado retratista Allan Ramsay. porque se levantaba a una milla exactamente de Drayton Hall. De Jorge II. Los pájaros cantaban en los árboles y los caballos de los establos Sudeleigh pacían tranquilamente en la distancia bajo el resplandeciente sol. Alaric había contratado al afamado arquitecto de exteriores William Kent. Siguiendo el consejo de su amigo y colega. Margaret. y apareciendo por detrás de un bosque que en su día contempló batallas entre reyes. —Alaric. cerca del mar. cuando Alaric Henry Sinclair Fortunatus Drayton se proclamó duque de . Había invertido mucho tiempo y grandes dosis de persuasión. y no había reparado en gastos para crear un jardín lleno de estatuas romanas. Y la duquesa llevaba horas lamentando aquella desgraciada coincidencia mientras posaban sentados en el pintoresco montículo. Dispone de poco tiempo para hacer el retrato. en la distancia. James Street. y ríos que serpenteaban entre verdes prados y laderas de montañas. Y dudo que a nuestro primo Hanover le guste esperar a que nosotros vayamos a buscar a nuestras hijas. grutas y una fuente «natural». pocos negarían que los treinta y cinco acres que formaban la propiedad ducal de Sudeleigh eran lo mejor de todo. para mantener la expresión más noble posible. más de ciento veinticinco acres de tierra y una legión de criados para mantener todas esas propiedades. Elizabeth e Isabella. Catherine. Y en ese mismo montículo. El señor Ramsay es un hombre muy ocupado. que descendía hasta un tranquilo estanque de cisnes conocido como La Milla de Drayton. estaban sentadas a sus pies. Si supieras la de tiempo que invertí para convencerlo de que viniera. Y todo estaba coronado por una extravagante torre. una propiedad de tamaño considerable en Surrey. para celebrar la victoria sobre la insurrección escocesa. se fueran hacia Escocia. El duque y su familia se habían puesto sus mejores galas para el retrato familiar «oficial» del quinto duque de Sudeleigh. Era una finca grande con bosques de robles y pinos. Sin embargo. El duque puso los ojos en blanco bajo el tricornio y. heredó siete casas.

en el fondo sabía que las intenciones de su hija eran buenas. acabó gritando. porque sabía cuándo había llevado a su marido al límite. «La espectadora femenina». Si la hubiera defendido con más determinación ante la ira de su marido. desearía estrangularla. —Por supuesto. ¿Qué pensará la gente. la duquesa sólo pudo morderse la lengua durante treinta segundos. todos los condes. Y Elizabeth en concreto siempre había ocupado un lugar especial en el corazón de su padre. Elizabeth se merecía un hombre que la tratara con respeto. Sin embargo. No volveremos a distraerle. —¿Y no podrías pagarle más dinero para convencerle de que espere hasta que. Lo lamento. Santo Dios. al menos.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —En tal caso. al final. Era lo mínimo que se merecía. durante el resto de su vida. quería a todas sus hijas con una adoración que no demostraban la mayoría de sus colegas. sin duda lo mantendrán ocupado durante meses. a pesar de toda la rabia e ira de su marido. ¿verdad. que admirara su inteligencia. La duquesa frunció el ceño. a veces. y la quisiera con la misma pasión y convicción que ella demostraba hacia todo lo que hacía en la vida. Aunque Margaret estaba de acuerdo en que Elizabeth había ido demasiado lejos. duques y marqueses acudirán a su estudio para encargarle uno. señor Ramsay. Y justamente por eso Margaret accedió a que la enviara a Escocia de aquella Escaneado y Corregido por MANOLI Página 39 . Sólo intentaba asustarla. ¡Y juro por Dios que esta familia tendrá su retrato de Allan Ramsay! El duque había ido alzando la voz a lo largo de la diatriba hasta que. y en concreto a los brazos del estúpido de lord Purfoyle. que la honrara y la apreciara. con su corpulenta tripa y su todavía más corpulenta opinión de sí mismo. pintando retratos de todo el mundo. Margaret. que te empeñaste en enviarlas de viaje tan deprisa. Si el rey aprueba su trabajo. ahora que podemos. sólo pensaría en lo avergonzada que se sentiría por haber permitido que Alaric enviara a sus hijas a Escocia de aquella manera. si no aprovechamos esta ocasión para que nos haga el retrato. quería mucho a esa mujer pero. o incluso años. Así que. pero ¿el duque no tenía cinco hijas?» —Ya es suficiente. la duquesa sabía que Alaric nunca obligaría a su hija a casarse con un hombre al que no quisiera. voy a tener que pedirle que no se mueva. que vuelva cuando haya terminado el retrato del rey. puede que no nos lo haga nunca. de hecho. Y también sabía que. El artista se asomó desde detrás del lienzo y dijo: —Excelencia. ¿En qué estaba pensando Alaric? Ese hombre sería un marido horrible para Elizabeth. —Cuando llegue a Londres. Y. que no puedan estar aquí para el retrato es culpa tuya. podamos hacer que las chicas vuelvan de Escocia? Para empezar. Alaric? Mirarán este retrato durante siglos y dirán: «Sí. siempre que mirara el famoso retrato de Allan Ramsay. Margaret sabía que su marido quería a Elizabeth. el método para seguirlas había sido un poco escandaloso para la hija de un duque. es un retrato muy bonito. algo que sin duda hará. quizás habría evitado que la enviara a Escocia. Margaret? Sin embargo. Nunca lo había visto tan furioso como cuando descubrió la relación de Elizabeth con aquel panfleto de mala fama. Alaric miró fijamente a su mujer y luego asintió hacia el artista.

Dios no lo quiera. —¿Nuestro carruaje? —El duque se volvió—. pero dudó un momento—. estaba sentada con la espalda recta y la barbilla alta. Caro. —¡Niñas. impaciente por ver a sus hijas. señor. —¡Bella! ¡Bess! La duquesa estaba emocionada. alguna de ellas se había puesto enferma? Escaneado y Corregido por MANOLI Página 40 . porque creía que el tiempo que estuvieran separados calmaría a Alaric y le haría ver lo mucho que la echaba de menos. No podía evitar preguntarse qué había pasado. justo cuando el lacayo de los Sudeleigh dio un paso adelante para abrir la puerta. ahora Bess y Bella también podrán salir en el retrato! Las pequeñas se levantaron a la vez y salieron corriendo en tres direcciones distintas. ¡Volved! ¡Os vais a despeinar! —¿Adónde diablos vais? —gritó el duque—. Al cabo de unos segundos. ¿Lo que se acerca por el camino es un carruaje? —¿Un carruaje? ¿A estas horas? La duquesa estiró el cuello para ver. La duquesa sonrió. ¡Mamá. nuestras hijas mayores han regresado antes de tiempo de su viaje a Escocia. ¿Acaso había descubierto Elizabeth el auténtico motivo del viaje y se había negado a continuar? ¿O. señor Ramsay. Margaret no podía esperar a que regresaran. —¿Esperas a alguien. —Papá —dijo Caroline. Elizabeth e Isabella se lo llevaron y no han podido llegar a casa de lord Purfoyle y volver tan deprisa… Su expresión ya indicaba el miedo por lo que podía suponer un regreso tan temprano. —¡Sí que es nuestro carruaje! —exclamó Catherine—. La duquesa se unió a ellas al cabo de unos minutos. mamá. querida. gritando y agitando los tontillos como si fueran gelatina de la cocinera. y no veía el camino. estaban corriendo montículo abajo. como se suponía que tenían que estar las duquesas. esperad! —exclamó la duquesa—. ¡Volved ahora mismo! ¡Se supone que estamos posando para el retrato! Aunque fue inútil. —Discúlpenos. jadeando porque. Me preguntaba. —Margaret… En cuanto el carruaje llegó a la entrada de la casa. —Pero es que parece nuestro carruaje. Las tres habían desaparecido. también jadeando. Alaric? —Vio que su hija pequeña entrecerraba los ojos—. Por lo visto. pero. los corsés les apretaban. Pero eso es imposible. las pequeñas ya estaban allí para recibirlo. que estaba de pie con el pincel a escasos centímetros del lienzo. olvidándose de las posturas que habían tardado casi una hora en decidir. ¡maldición!. si todavía no es demasiado tarde para que añada a nuestras dos hijas al retrato. aunque luego pudo más la preocupación por el inesperado regreso de sus hijas. desde el suelo. interrumpiendo los pensamientos de su madre —. disculpándose con el señor Ramsay. ¿Sería posible continuar con el retrato por la mañana? —Se volvió. después de la carrera.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes forma. brincando como conejos para ir a recibir a quien quiera que viajara en el carruaje. quédate quieta para el señor Ramsay.

«Santo Dios —pensó la duquesa—. Mattie. La duquesa se fijó en que sus ojos no perdían detalle de lo que le rodeaba. ¿ha pasado algo? Estás pálida. —Sí. Era alto. Algo inesperado. Margaret se dio cuenta de que una tercera figura salía del carruaje. descubrió que no había señales de ninguna herida. ¿Os ha pasado algo en el camino a Escocia? —En cierto modo. Tenía un gesto severo y los brazos cruzados sobre el pecho. era en el fondo del armario de su hermana Matilda o debajo de la cama del ama de llaves. Era un escocés. Katie. la señora Burnaby. Caroline Drayton era bastante experta en meter su menudo cuerpo de ocho años en los lugares más insospechados. Pero ¿estaría enferma? Estaba un poco pálida. querida. y el pelo oscuro recogido. Retrocedió y observó boquiabierta cómo el hombre bajaba del carruaje. por donde estaba apareciendo Elizabeth. ha pasado algo. Cualquiera pensaría que estaba enfadado. Veo que nos habéis traído un invitado. es un placer cono… —Y es mi marido. —Isabella. Si no era dentro de uno de los armarios del sótano para mordisquear uno de los pasteles de la cocinera. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 41 . de aspecto salvaje y se mantuvo firme mientras todos los pares de ojos se posaban sobre él. —Madre… —Elizabeth. Sabía que había un motivo por el que habíais vuelto tan pronto. Y uno bastante imponente. por cierto. Padre. pero veinticinco años compartiendo cama con un hombre hacían que una mujer viera más allá. Isabella abrazó a todas sus hermanas y luego las soltó para saludar a sus padres. —Señor MacKinnon. Parecía inquieta. La duquesa la tomó de las manos. Aliviada. Ha pasado algo. al final—. ¿cómo estás? ¿Va… Va todo bien? —Sí. Sabía… Entonces.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes La primera que salió del carruaje fue Isabella. Padre. y sus hermanas pequeñas enseguida la rodearon. Estaba tan preocupado como ella por si a sus hijas les había pasado algo. Es de la isla de Skye… La duquesa enseguida le ofreció la mano para saludarlo. —Chicas —dijo Margaret. una figura muy masculina y escocesa. —Lo sabía. —Madre. Su primera duda era cómo habían viajado los tres ahí dentro. sí. madre pero… Margaret se volvió hacia la puerta del carruaje. Caro… Me gustaría presentaros a Douglas Dubh MacKinnon. Llevaba una falda y una tela escocesa encima de la camisa blanca y escotada. es lo que te estaba diciendo —respondió Elizabeth—.» Margaret se volvió y descubrió que. Era un hombre. Alaric había bajado el montículo para unirse a ellas. madre. por fin. Lo último que la duquesa oyó antes de desmayarse fue el inequívoco sonido del rugido de su marido.

justo al lado del despacho de su padre. donde un día había visto cómo un lacayo. yo la obligué a hacerlo. sólo es un granjero. ¡Una banda de usurpadores! —Papá. pero parece que a Meg no le importó demasiado. la discusión posterior que seguro que se produciría. Las ventanas están abiertas. —¿Y eso debería tranquilizarme respecto al hecho de que ahora es mi yerno? Lo que quiero saber. y Caro había descubierto que podía enterarse de muchas cosas desde dentro de la enorme urna china que estaba junto a la ventana. seguramente mirando los jarrones de porcelana. Elizabeth había… —dudó—. podía acceder a un sinfín de lugares: el salón donde a su madre le gustaba coser o la cocina del sótano. En realidad. Por experiencia. sabía que. —No. Las pequeñas ya están tranquilas en sus habitaciones —oyó que decía su madre—. Bueno. habla en voz baja. Y justo lo había hecho y tenía un pie en el interior de la urna cuando oyó que el grupo se acercaba. Caroline podía salir por la ventana y llegar hasta la parte central de la casa a través de una serie de aguilones interconectados. Son todos unos ladrones. eso no es verdad —dijo Elizabeth—. vamos a sentarnos y a discutir la situación con calma. Elizabeth se puso mala anoche. —Se la propuse yo. a ver qué puede robar. gimió como hacía a veces Catherine cuando se comía un trozo de su pastel de fresa favorito. ¿Te encuentras mal? —No mamá. una vez que hubieran entrado todos y su madre se hubiera recuperado del desmayo. Caroline siempre se había preguntado si los besos de Harry sabrían a fresas y a limón. papá. No es un ladrón. Caro no entendió por qué había tenido que meterle la mano debajo de la falda. más bien. para el día de hoy. «¿Bella?» —Me pareció la mejor manera… la única manera de solucionar el entuerto. Dobló las rodillas. el que llevaba encima una capa de limón. besaba a Meg.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Era un talento bastante útil cuando uno quería enterarse de lo que pasaba en su familia y lo consideraban demasiado joven para oírlo de primera mano. Harry. Desde su habitación en el segundo piso. está en el salón de abajo. Caroline estaba impaciente por oírlos. A partir de ese día. algo que bebió. metió la cadera y agachó la cabeza por debajo del borde de la urna en el preciso momento en que la puerta se abrió y todos entraron. En cualquier momento. —¿Con calma? ¿Te has vuelto loca? ¡Tu hija acaba de decirnos que se ha casado! ¡Y con un desconocido! No. Era la habitación donde se hablaba de todo lo importante. Ahora. Elizabeth Regina Drayton. Caroline escogió la ventana que daba al pasillo del primer piso. en la posada. es cómo se te ocurrió la descabellada idea de llegar a casarte con él. Nunca haría eso. Puede oírte. siempre que se quitara el tontillo y una enagua. ¡con un escocés! —Alaric. preocupada—. la puerta se abriría y se desvelarían los detalles de cómo Bess había terminado casada con un escocés de nombre muy extraño. —Elizabeth —intervino la duquesa. Si Caro hubiera podido ver a través del lateral de la urna. una de las doncellas. Sin embargo. sabría que su madre había mirado a su padre al pronunciar aquellas últimas palabras. Desde allí. excepto por el dolor de cabeza… Escaneado y Corregido por MANOLI Página 42 . se desarrollaría en esa sala. —Muy bien. En lugar de apartarlo. estoy bien. Algo que comió… o. peor.

—Eso sigue sin explicar por qué has regresado a casa casada con un escocés cuando deberías estar camino de casa de lord Purfoyle. —¿Él? ¿Te refieres al escocés? ¿Me estás…? —Su padre resopló—. —Siete —la corrigió Isabella. te estás poniendo como un tomate. ¿qué? ¿Tragos? —Vasos —respondió Isabella. —¡Estaba delirante! —exclamó Elizabeth—. Nunca había probado una bebida tan fuerte. Los dos nos quedamos dormidos. me metí en la cama y me quedé allí hasta el día siguiente. está claro. intervino la duquesa: —Alaric. es suficiente para dejar fuera de combate a un hombre adulto… que es. con el maldito escocés. al parecer. Siéntate ahora mismo y tranquilízate antes de que tu hija continúe. Y yo soy el rey de Inglaterra. Isabella dijo: —Papá. No sabía lo que hacía. Hacía frío y la camarera dijo que entraríamos en calor. —¿Vasos? Dios del cielo. En este punto. Me mareé y tuve la sensación de que la cabeza ya no estaba pegada al cuerpo. —¡Qué! Santo Dios. Elizabeth no podía saber que lo que estaba bebiendo la haría perder la cabeza de esa forma. que casar a Elizabeth con el señor MacKinnon era la única solución —dijo Isabella. papá. Margaret. Ni siquiera recuerdo haberle invitado a mi cama. Pronunció «maldito escocés» con desdén. —Y con motivo. claro. El duque suspiró. Después. papá. —Dios mío —gruñó el duque—. cuando me desperté por la mañana. sólo dos o tres… —respondió Elizabeth. sí papá. —Siete… Siete. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 43 . pero te alegrará saber que no me gustó. él estaba en la cama conmigo. —¿Whisky? ¿Bebiste whisky? —Por lo visto. Elizabeth. lo que hizo contigo y. Nadie dijo nada. pero debía de estar pasado. creo que no pasó nada. algo que por el ruido parecía de cristal y que seguro que era muy caro. En absoluto. Para nada. —Ahora entiendes. En la urna. No tenía buen sabor. Caroline tuvo que taparse la boca con la mano. ¿Cuánto whisky bebió? —Ah. —Porque. Al final. —¡Alaric! —Sinceramente. —Sí.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes El duque intervino: —¿Qué diablos bebiste? —Algo llamado uisge-beatha. Pero ¿hay más? Caroline oyó cómo su padre respiraba hondo varias veces. saca mis pistolas de duelo y dispárame ahora mismo. y se me revolvió el estómago. ¿Me estás diciendo que te acostaste con ese hombre? El duque rompió algo.

—Me lo imaginaba. limpiando. —¡Ja! ¿Lo ves? —Bella —intervino Elizabeth—. papá —dijo Elizabeth—. papá. Isabella sabía desde el principio de la existencia de esos ridículos artículos que escribía para aquella deplorable revista. —¿Estabais en Escocia? —preguntó el duque. Y haremos eso. —Podemos anular el matrimonio. y eso te rompe el corazón. Todos podéis ser testigos. —Entonces. —Ya lo he pensado. si es tan fácil casarse. Pues ya está. accederemos a no estar casados y se acabó. Margaret. —Sí. —No era yo quien debía explicártelo. yo puedo quedarme aquí y podemos olvidarnos de que esto ha pasado. Caroline sabía que era imposible. pero ni siquiera yo hubiera sospechado que fueras capaz de urdir un plan tan elaborado para no tener que casarte jamás. —¿Crees que lo planeé? —Parecía realmente ofendida. pero no fue un sonido de alegría—. papá. —¿El ama de llaves? —preguntaron. Elizabeth e Isabella. creo que hiciste lo único que podías hacer. también será fácil deshacer el matrimonio. el señor MacKinnon puede regresar a su isla. Deberías haber sido más cuidadosa a la Escaneado y Corregido por MANOLI Página 44 . estás tan casada como si el arzobispo de Canterbury hubiera oficiado la ceremonia. —Claro. —Pero. poco después de que una de las doncellas. Siempre supe que eras astuta. Así. Seguramente. —¿Hubo testigos del enlace? —Sí. pero habría jurado que había oído cómo Elizabeth fruncía el ceño. claro. Como tampoco me extrañaría que todas mis hijas estuvieran tramando algo en mi contra. —¡Alaric! —No me extrañaría. Y creo que he encontrado una opción sensata que solucionará todos los problemas. Yo lo habría hecho colgar de la horca más cercana. y luego añadió—: Aunque claro. —Hizo una pausa. —Entonces. El «cura» era el mozo de cuadras de la posada. no creo que lord Purfoyle siga interesado en mí. con un marido decente. encontrara una hoja de papel con uno de esos artículos escrito en ella. ¿Quieres decir que no fuiste tú? Creía que se lo habías dicho a papá… —Me lo dijo la señora Burnaby. teniendo en cuenta las circunstancias. Al menos. Ahora la cuestión es qué vamos a hacer. al unísono. ¿Es que te has vuelto loca? —¿Por qué es tan inconcebible? Se han anulado otros matrimonios con anterioridad. —¿Anular? —El duque ya estaba gritando otra vez—.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —A la luz de las circunstancias. —Sí. pero tú eres una dama y esas cosas no se te ocurrirían jamás. tú también formabas parte del plan. si fui yo la que insistió en que se casaran —dijo Isabella. ¿verdad? —El duque chasqueó la lengua. —Bueno. Isabella. Ni siquiera estoy segura de que estemos casados.

como si al explicárselo sospecharan que ella también querría hacerlo. papá había enviado a Bess. Mientras seguían hablando. Todos meneaban la cabeza y chasqueaban la lengua. pero Bess y Bella habían regresado a casa con un apuesto escocés. Elizabeth. —¿A solas? —preguntó Elizabeth—. con quien Bess se había casado después de beber un líquido horrible llamado whisky uisge-beatha y se despertara con él en la cama. —Que venga ese maldito escocés —dijo el duque. por una vez en tu vida. Agamemnon. Pero ¿cuál era el problema? Caroline a veces dormía con su perro. ¿qué clase de nombre era Dubh? ¿Acaso Bess ya estaba enamorada de ese «maldito» escocés? ¿Fue por eso que papá la envió a casa de lord Purfoyle? Nadie le había explicado qué había hecho Bess. sacando a la pequeña de su embelesamiento—. acompañada por Bella.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes hora de deshacerte de los primeros borradores. hazme caso y márchate. papá? —Eso. Y ahora. Elizabeth Regina. Primero. a casarse con un tal lord Purfoyle. dentro de la urna Caroline seguía intentando retener bien todo lo que había oído hasta ahora para poder explicarlo con todo lujo de detalles a Mattie y a Katie luego. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 45 . el señor Douglas Dubh MacKinnon. Las demás podéis marcharos. y nadie la había obligado a casarse con él. ¿Por qué. Me lo trajeron y reconocí tu letra. Quiero hablar con él a solas. es asunto mío. Además.

Douglas entró en el despacho. y luego daba media vuelta y se alejaba por ese mismo pasillo a toda prisa. Douglas se sentó y estiró las piernas. que enseguida lo definía como una fuerza a tener en cuenta. se limitó a agradecer con un gesto de cabeza a la doncella que lo había acompañado hasta la puerta por un pasillo que parecía eterno. —Adelante. Todos los rincones de la casa estaban decorados. firmados por artistas como Van Dyck o Nicholas Hilliard. una pieza delicada y trabajada que parecía ridícula debajo de su enorme cuerpo. La primera impresión de Douglas cuando habían llegado con el carruaje encajaba a la perfección con la noción que sus compatriotas siempre habían tenido de la nobleza inglesa. estaba el venerable duque de Sudeleigh. De las paredes forradas con paneles de roble colgaban retratos de tamaño real. —Me temo que no voy a poder decirle mucho más que ellas. Douglas levantó la mano y llamó a la puerta. —Ha pedido verme. —Mis hijas me han relatado las circunstancias de su… eh… repentina presencia en nuestras vidas. señor. La sala que había al otro lado de la puerta era luminosa y olía a historia. intercaladas con grandes ventanales con unas ricas cortinas que llegaban al suelo y nacían de debajo de arcos enyesados. con marcos dorados. Douglas estaba convencido de que se pasaría el resto de la noche explicando a los otros criados que había tenido que caminar junto al bárbaro escocés que lady Elizabeth había traído a casa. Esperó mientras ella realizaba una reverencia. me ofrecieron llevarme hasta la E Escaneado y Corregido por MANOLI Página 46 . había una luz en los ojos del duque. —Douglas no dijo nada. El duque le invitó a sentarse en una silla. muy nerviosa. Si la valía de un hombre se calculaba a través del tamaño y el número de sus bienes. había una repisa de mármol. Forzó el acento escocés mucho más de lo que solía hacer. a pesar de la extravagancia y la riqueza. su versión. Me detuve para ayudarlas con la rueda rota del carruaje. excelencia. Después. Las paredes estaban llenas de estanterías coronadas en arco. Le he hecho llamar con la esperanza de oír la suya. empolvado y engalanado. se quedó de pie en el centro de la alfombra y observó al duque. Al final de una magnífica alfombra turca. Y una vez en el interior de la casa. sin duda que Sudeleigh era un hombre de gran valía. estaba claro que ese hombre no había dado un palo al agua en toda su vida. esa impresión se confirmó. después de lanzarle una última mirada. Bien vestido. —Señor MacKinnon. había una campana detrás de la mesa con la que podía llamar a cualquier criado desde cualquier sala de la casa. Cuando la chica desapareció tras una esquina. un destello más profundo que el privilegio insulso. Todas las comodidades estaban a su disposición y. En un extremo.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 06 — l estudio de su excelencia esta aquí. sentado detrás de un escritorio de caoba. como si fuera un vagabundo o un perro perdido. libros y dinero. ¿verdad? Douglas asintió. Sin embargo. al menos. excelencia. si alguien no estaba preparado.

quise despedirme. Douglas asintió. Sin embargo. estaba despierta. Su mujer. con el pelo del color del fuego y la barbilla firme. su expresión era cada vez más arisca. encontré un zapato de lady Elizabeth en las escaleras. —Mejor dicho. un estupor. Me temó que se desmayó. pero no quiso escucharme. me quedé tan sorprendido como usted. Douglas volvió la cabeza y miró la abullonada butaca que el duque había señalado. —Estábamos en el comedor y hacía un poco de frío. La ayudé a subirla a la habitación y me fui. pero. —El duque apretó los labios encima de la corbata de lazo. —Como la maldita Cenicienta —gruñó el duque. Intenté prevenirla. Ese hombre conocía bien a su hija. —Es por la oscuridad. así que acepté el ofrecimiento.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes posada. se asustó. de pequeña. Estaba decidida. Y también insistió en pagar la cena. Creyó que su hermana había muerto. —Douglas miró fijamente al duque—. —Es exactamente lo que dijo ella. cuando volví a bajar al comedor. —La otra. acurrucada en la butaca junto al fuego. —Sudeleigh meneó la cabeza—. Así que pensé que debía devolvérselo. La vulnerabilidad de la imagen le afectó. Debió de caérsele mientras la subíamos a la habitación. —Cuando le subí el zapato. se quedó encerada en un arcón mientras jugaba al escondite con su hermana. El duque asintió y esperó a que continuara. señor. Cuando llegamos a la posada. donde se ha quedado dormida leyendo. excelencia. Ha sido desde que. Casi desde que nació. Lady Elizabeth pidió un vaso de uisge-beatha… —¡Whisky! ¿Le ofreció whisky a mi hija? —Yo no le ofrecí nada. pero la tranquilicé y le dije que estaría mejor por la mañana. pero la mayor… —Elizabeth —gruñó el duque—. Le vino a la cabeza una imagen de lady Elizabeth de pequeña. Se volvió hacia el duque. hay noches que me la encuentro en esta misma habitación. Le da miedo. Douglas lo miró. Parecía que le daba un poco de miedo estar sola. —Exacto. El duque resopló. excelencia. lady Isabella. —¿Elizabeth? ¿Después de todo ese whisky? —Sí. —Continúe. —Vi que estaba bebiendo demasiado. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 47 . acurrucada contra las almohadas. aunque nunca se ha atrevido a admitirlo. Insistió en que cenara con ellas para compensarme por el esfuerzo. Incluso ahora. Me pidió que entrara. Llevaba muchas horas caminando y había perdido casi todas las horas de luz en ayudar con lo del carruaje. —Pero eso no explica cómo terminó en su cama.

Venga hombre. Cuando lady Isabella nos encontró. Está estipulado que. pensando en la historia que acababa de oír. ¿Cuánto me costará que acepte una anulación? Todo es más fácil si tanto el novio como la novia están de acuerdo. será otra cosa. Los ingleses siempre creían que podían comprar el honor de un escocés. —No quiero su dinero. cruzó el despacho y se quedó junto a una de las ventanas que daban al jardín. Se oyó cómo una puerta se cerraba en el pasillo. Douglas lo miró pero no dijo nada. Lo juro. Muy despacio. lógicamente creyó lo peor. seguro que hay otra cosa. Y eso es lo último que recuerdo hasta que me desperté por la mañana en la cama. MacKinnon. excelencia. Al cabo de un rato. Verá que soy un hombre rico. —Sería necesaria una ley parlamentaria. se levantó. Repiqueteó los dedos contra la mesa. No dijo nada. Si las autoridades inglesas hubieran creído que había abusado de una joven inglesa… El duque suspiró y asintió. Mire a su alrededor. mientras esperaba que Douglas le dijera una cifra. excelencia? —Dinero. un giro bancario. El duque se quedó sentado en su silla. Estoy seguro de que le habrían matado. así que me quedé. Era como si no pudieran Escaneado y Corregido por MANOLI Página 48 . Y Douglas se quedó sentado. no tendrán derecho a dote. Y como sin duda su excelencia sabe. — Douglas miró al duque fijamente—. Pero si no hubiera aceptado casarme con ella. con la mirada fija en la pluma que había junto al tintero. Sudeleigh se había alejado de la ventana y había vuelto a rodear el despacho hasta su silla. El reloj de pared que tenía detrás avanzó varios minutos. —¿Cuánto. O quizás incluso un decreto real. Cualquier hombre astuto aprovecharía esta oportunidad. Mientras hablaba. Tomó la pluma y empezó a escribir algo. Por ella. —Quiere que solicite la anulación. Douglas lo miró sin saber si lo había entendido bien. no ha reparado en nada en sus represalias contra la revolución jacobita. Haría cualquier cosa por mi hija. —Si cree que con la dote conseguirá más que con lo que estoy dispuesto a pagarle. corren tiempos difíciles en Escocia. Al final. No toqué a su hija. el duque de Cumberland. el duque devolvió la pluma al soporte. esperando a que el duque asimilara aquel inesperado e indeseado giro de los acontecimientos. Douglas habló casi en un gruñido: —Yo no soy uno de esos hombres. y ella lo sabe. Douglas tensó la mandíbula. excelencia. el duque se volvió. En su cama. MacKinnon. —Pues si no es dinero. El duque lo miró.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —La vi un poco preocupada. lady Isabella habría hecho que me mandaran a la cárcel. Ponga el precio. —El hijo del rey. si mis hijas se casan en contra de mi voluntad. ¿Obras de arte? ¿Tierras? Douglas levantó su casi metro noventa y miró al duque desde lo alto. pero tengo los favores del rey y estaría encantado de intentarlo. sorprendido. Todo el mundo quiere algo. con la idea de marcharme en cuanto se durmiera. Lo que quiero saber es cuánto quiere usted para aceptar el trato. va a llevarse una buena decepción.

yo… Escaneado y Corregido por MANOLI Página 49 . Se preguntó: «¿Qué precio pondría un inglés a su honor?» —Está bien. Solicitaría su respaldo. ¿quiere que interceda ante el rey por usted? Douglas inclinó la cabeza.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes entender que algunas cosas no se compraban con dinero. con la sangre hirviendo. murió en Francia después de pasarse los últimos treinta años exiliado. —¿Es un jacobita? —Si le hubiera preguntado si era Lucifer. mi hermano murió en la batalla de Culloden. —Yo no he dicho eso. Douglas esperó. preparándose para las palabras que iba a pronunciar a continuación—: Entonces. pues a mí no me ha hecho ni caso. El duque lo miró con franqueza. A él se le había ocurrido lo mismo. unas tierras que la Corona confiscó después de la última rebelión jacobita. y seguí esperando hasta que recibí un aviso de que se requería mi presencia en Skye. Bueno. —Mi opinión es que Argyll lo que buscaba era alejarlo de los Highlands. Pero siguió sin querer verme. MacKinnon. Meneó la cabeza. He trabajado casi toda mi vida para recuperarlas. Aunque. —Lo siento. y evitar que se alineara con el joven Pretendiente. Continuó: —Cuando me enteré de la derrota final de los jacobitas. Sudeleigh pareció estar genuinamente afectado. Por un momento. perdió la casa de mi familia a manos de la Corona inglesa. excelencia. y las tierras son. por derecho. —Douglas volvió a sentarse y apoyó el peso del tronco en los brazos delgados de la silla mientras disfrutaba del momento de inspiración. —¿Campbell? ¿Conoce al duque de Argyll? —Fue su excelencia quien me recomendó que viajara a Londres a pedir audiencia con el rey. A consecuencia de su participación en las rebeliones. —Y luego se sentó con las manos cruzadas frente a él. excelencia. — Douglas tuvo que hacer frente a sus emociones más personales cuando admitió—: Por lo visto. pero me tuvieron días. —¿Cómo dice? ¿Solicitar mi respaldo? —Exacto. a cambio de la libertad de mi hija. Al final. No le había hecho ninguna gracia que lo trataran como a un mero instrumento. se le ocurrió una idea para girar la tortilla a su favor. mías. —Me ha pedido que pusiera un precio. el duque dijo: —Señor MacKinnon. Y ese es el mío. Pero mi padre está muerto. El duque se reclinó en la silla. mientras estaba allí de pie. Archibald Campbell me aseguró que si no salía en defensa del actual Pretendiente. Douglas frunció el ceño. —Dice que cuenta con el favor del rey. y salió en defensa del antiguo pretendiente en el quince y en el diecinueve. esperando. estaba convencido de que me las devolverían. lo habría hecho con el mismo tono. Pero mi padre sí que lo era. Y lo hice. supuse que el rey por fin me daría audiencia para que le pudiera presentar mi petición. Me he pasado varios meses en Londres intentando obtener una audiencia con el rey Jorge con el fin de rogarle que me devuelva la titularidad de las tierras de mi familia. y luego semanas.

se concentró en una urna bastante grande que había al otro lado del despacho. Fue corriendo a los brazos abiertos de su madre y se pegó a las faldas de la duquesa entre sollozos. —En realidad.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Hizo una pausa y. se asomó dentro. aquello fue un absoluto desmadre. el duque rugió: —Pero. ¡Detenlo! Todos se volvieron y gritaron al unísono. entonces. Al cabo de nada el duque estaba gritando. más fuerte gemía ella. Douglas miró los pedazos rotos de la urna. era japonesa. Nunca me decís nada… El duque inspiró y soltó todo el aire. Douglas no recordaba cómo se llamaba. alarmada por los gritos. Creo que de la dinastía Imari. pues ya lo sabes. En unos minutos. pero ni de lejos tan valiosa como una Ming. Estoy… ¡Estoy atascada! Y. cuanto más lo intentaba. —¡Caroline Henrietta Drayton! ¿Qué crees que estás haciendo ahí dentro? Una vocecita respondió desde el interior: —Por favor. Un pequeño spaniel entró corriendo en la habitación y empezó a ladrar. la niña empezó a gemir. Douglas se levantó. sí. Sólo quería saber qué estaba pasando. ¡Un ejemplar único! ¡Y me costó una fortuna! Inalterado. y seguro que se retorcía más y complicaba más su posición. Todos se quedaron en silencio y mirando a Douglas con cara de incredulidad. este hombre acaba de salvar la vida de tu hija. al cabo de unos segundos. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 50 . fue al panel de las campanas y empezó a tocarlas todas con la esperanza de pedir ayuda. entró corriendo. Me parece que sería mucho más apropiado una demostración de gratitud que más gritos. levantó la mano y rompió el lateral de la urna con la culata de la pistola. de repente. Y ahora sal de ahí antes de que… —Pero es que no puedo —sollozó la niña—. excelencia. Se levantó y cruzó la alfombra hasta allí. un sonido quejicoso que resonó en el interior de la urna. desenfundó la pistola y fue directo hacia la urna. Y. —Bueno. La niña estaba gritando mientras Douglas seguía sentado. Alguien gritó: —¡Agamemnon! Otro exclamó: —¡Se está poniendo azul! Incapaz de seguir soportando aquel caos. a saltar y a arañar a todo el mundo. La niña cayó rodando al suelo. observándolo todo. no te enfades. Un pieza bonita. papá. El duque metió una mano e intentó soltarla. se volvió hacia su marido: —Alaric. La duquesa. Hasta que. con la cara casi morada de tanto llorar. ¿acaso se ha vuelto loco? Era una urna Ming. Una de las hijas. Douglas pisó firme en el suelo. a continuación. La puerta del despacho se abrió y la familia al completo. que estaba acariciando los rizos de Caroline. pero. —¡Padre! Ese escocés va a disparar a Caroline.

cosa que era cierta. Después de liberar a la pequeña. Se volvió hacia la duquesa y se arrodilló frente a la pequeña Caroline. estaba decidido a emprender el camino de regreso por la mañana. querría a ese maldito escocés el resto de su vida. se sorbió la nariz. Ni hacerlo como su yerno. Parecía el escocés descuidado. tuviera un nombre extraño o no. Cuando se acercó a la puerta del salón. MacKinnon. Él le sonrió y le acarició debajo de la barbilla con un dedo. Incluso. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 51 . Mis disculpas. al final. que se hallaba de espaldas a la puerta. parpadeó un par de veces. y luego asintió. a los ocho años. llevaba la ropa sucia después de dos días sin cambiarse y parecía que sus zapatos habían caminado desde Londres. nunca se hubiera imaginado acudiendo a casa del duque de Sudeleigh. —¿En qué estabas pensando? ¿Querías convertirte en mermelada. porque siempre que ella estaba cerca. Le necesitaban en casa. como si estuviera allí y no pudiera verla. llevaba demasiado tiempo fuera y. Que cuanto menos la viera. en el salón sólo estaban el duque y otro hombre. Mientras bajaba al salón formal. dijo: —Sí. porque observó sus delicados abrigos. los había vuelto a recorrer. es verdad. No le extrañaba que lo hubieran mirado con aquellas caras. Pero si había algo que él no tenía era tiempo. varias veces le había parecido notar su presencia en la delicada brisa. cuando había partido de Londres hacía varios días. con o sin la bendición del duque. Douglas se dijo que tenía que alegrarse por su indiferencia. la joven Caroline Henrietta Phillipa Drayton juró en silencio que.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes El duque estaba mirando a Douglas atónito. Aunque claro. Douglas oyó voces que provenían de dentro. Cuando llegó. allí metida en el jarrón de tu padre? La niña le sonrió. Cuando hubo vuelto la paz y hubieron barrido la porcelana rota. Douglas dudó en el umbral. dos horas durante las cuales había paseado por la periferia y los caminos del jardín del duque. Sin embargo. una vez le pareció verla pasar por delante de una ventana. le traía problemas. y casado o no. y. Douglas lo ignoró. Gracias por reaccionar tan deprisa. pobre y bárbaro que todos creían que era. Se oyó un suspiro generalizado en el despacho. En cuanto a su padre. se había ido con sus hermanas sin volverse para mirarlo. Habían pasado casi dos horas desde su reunión con el duque y el posterior rescate de la niña. Y luego. No había visto a Elizabeth desde el incidente con la urna en el despacho. como no tenía otra cosa que hacer. No se había afeitado. Sudeleigh también se había retirado después del incidente de la urna y todavía tenía que darle una respuesta a la proposición que le había hecho. pero. el duque sólo le había dicho que necesitaba tiempo para estudiarlo con detenimiento y se había vuelto a encerrar en su despacho. pero al final decidió que seguramente sólo había sido el movimiento de una cortina o un reflejo de la luz. vio un reflejo suyo en el espejo del pasillo. mejor. —¿Te encuentras bien? Caroline apartó la llorosa cara del cuello de su madre. mientras paseaba por el jardín.

Cuando definí así su casa. ya ha llegado —dijo Sudeleigh—. e incluso los juegos de cartas. Luchando. Acabo de recibir la noticia de que hemos perdido al joven Iain en Culloden. Ramsay añadió: —En realidad. Douglas se olvidó por completo del duque y de la conversación de la mañana. pero la mandíbula cuadrada. ¿eres tú? —Allan —respondió éste. —Sí. se pasó la mano por el pelo para echarlo hacia atrás. el tío de Douglas. Viajé hasta la isla de Skye sólo para pintarlo. ¿Y cómo está tu padre? ¿Sigue viviendo en aquel gallinero de Edimburgo? —Sí. excelencia. intenta encontrar consuelo en su muerte. habían pasado diez años desde que se habían visto por última vez. con varios rizos sueltos encima del cuello. eran inconfundibles. Fuimos juntos a la universidad. como si le acabara de decir que se habían conocido en la luna. sorprendido de reconocer una cara conocida en un entorno tan desconocido. pero ya conoces a mi padre. se quedó prendado. si puedes. Permítame que le presente a… —¡Douglas! Santo Dios. un cuello adornado únicamente con una tira de perlas del mismo color crema que su piel. De hecho. Ramsay? —Sí. —Ya. Un gran hombre. Los tres hombres conversaron tranquilamente durante quince minutos más sobre tópicos: el tiempo. —Para mí también. En cuanto las vio. A las ocho en punto. El Escaneado y Corregido por MANOLI Página 52 . —Douglas se dio cuenta del interés del duque y enseguida trasladó el foco de la conversación lejos de su familia—. —Es una pérdida terrible. ¿Cómo van las cosas por Dunakin? —Me temo que no demasiado bien. Dice que es la mejor definición que ha oído hasta el momento. Ambos se dieron la mano con calidez. las señoras entraron en el salón. Seguramente. —Vaya. la caza. fue una broma. —Ah. La expresión de Ramsay se ensombreció. lo siento. eso es cierto. el hoyuelo de la barbilla y los ojos oscuros y perspicaces que captaban cada detalle. excelencia. Douglas. —Esto es algo inesperado —dijo Douglas. Pero. el jefe del clan MacKinnon. Tu hermano era un guerrero en todo el sentido de la palabra y se marchó de este mundo como le habría gustado. Tan joven. algo innato en un artista. en cuanto la vio. Y lo sigue llamando así. señor MacKinnon. —Ramsay miró a Douglas—. fue el personaje principal de uno de mis primeros retratos. vestidas con sedas y encajes. Casi sin pensarlo. en toda la ciudad ya conocen la casa como El gallinero de Auld Ramsay. —¿La universidad? —preguntó el duque con incredulidad. el señor Iain Dubh MacKinnon. —¿Conoce al señor MacKinnon. En cuanto aparecieron. Así que se la ha hecho suya. Elizabeth llevaba el pelo recogido.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes los pantalones hasta las rodillas y los resplandecientes zapatos.

Al final. como seguro que sabe. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 53 . que aquella misma mujer cautivadora era su esposa. —No veo por qué iba a importarle a nadie. Cuando estuvieron solos. —Perfecto —dijo la duquesa—. dijo: —Señor MacKinnon. Sin embargo. —Por supuesto. Y durante todo el tiempo que estuvo allí mirándola. había tomado una decisión respecto al matrimonio de su hija. deseándola. Douglas había estado tan embelesado con Elizabeth que ni siquiera lo había oído entrar. ¿no es así? —El título se confiscó junto con las tierras. Un maldito escocés pobre e inculto que había aprovechado la ocasión de casarse con la hija de un duque. lady Elizabeth sólo vio lo que quiso ver. Por lo visto. pero. querida. Estaba exquisita. decidida. maravillándose ante ella y. —Venimos enseguida. Douglas sólo asintió. como un fantasma capaz de tentar a cualquier hombre arqueando la ceja o doblando el dedo. Un poco testaruda. El duque se sonrojó ligeramente cuando se dio cuenta de que Douglas había oído sus gritos esa mañana. Y. Yo no le he ocultado nada. Entonces. —Pocos granjeros sabrían diferenciar entre una urna Ming y una imitación japonesa — dijo—. puesto que afectaría a mi posición en la corte.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes vestido. —A mí me importaría. —La cena está servida. Douglas no vio ningún motivo para llevarle la contraria. —Excelencia. —Estoy convencido de que sabe que mi hija tiene cierta tendencia a ser… —Dudó mientras buscaba la palabra correcta—. al mismo tiempo. y mucho. ni una sola vez. Eso lo convertiría en el conde de Dunakin. Usted sólo vio lo que quería ver. excelencia —dijo un lacayo que acababa de entrar en el salón. si intentara anular el matrimonio entre usted y mi hija. era como una visión. señor. Douglas inclinó la cabeza. provocaría un escándalo de proporciones insondables en Londres. sí. con un pronunciado escote. Obviamente. excelencia. Imagino que no le ha explicado a mi hija su auténtica identidad. —Excelencia. —¿Por qué me ocultó el hecho de que pertenecía a la nobleza escocesa? El señor Ramsay mencionó su propiedad. —Sudeleigh se rió de sí mismo—. El duque se lo quedó mirando un buen rato. el duque llamó a Douglas e hizo una señal a la duquesa para que se adelantara con los demás. Sudeleigh se volvió hacia Douglas. soy un padre que quiere a su hija y que no desea destinarla a una vida de infelicidad. como su padre. —Si me lo permite. me gustaría hacerle una pregunta antes de responder a su propuesta. Y no vi ningún motivo para sacarla de su engaño. por lo visto. no me apetece dar pie a habladurías. no se le ocurrió. La expresión de su cara era seria. era de color azul noche con ribetes de encaje dorado que brillaban con la luz de las velas cuando se movía. pasaremos al comedor. en realidad. Dunakin. algunos duques tampoco.

—No se me da bien mentir. es cómo lo llama su pueblo. independientemente del escándalo o del daño que eso suponga para mi nombre en la corte. no deseo que revele la realidad de sus circunstancias a Elizabeth. A Douglas se le nubló la visión. Tanto él como el duque sabían que no tenía otra salida. y los resultados posteriores. Nunca ha tenido que aprender a enfrentarse a las consecuencias de sus actos. Douglas se quedó boquiabierto. Sin embargo. lo llevaré ente los tribunales. ante todo. sin saber cómo. tranquilo… y soltero. debe saber qué es ser la esposa de un pobre granjero escocés. los ingleses. Pero. —MacKinnon. —No lo dice en serio. están en sus manos. Necesitaba la nulidad tanto como ella. Unos ojos que. Y tampoco puedo permitir que mi hija siga esquivando su responsabilidad de esta forma. Como parte del trato. —¡Cabrón! ¡Eso es chantaje! —Eso. a cambio de su cooperación a la hora de la nulidad… únicamente después de que se lleve a mi hija a Skye y viva con ella dos meses. Tengo entendido que Su Majestad está considerando transferir las propiedades de los antiguos jacobitas a sus fieles ingleses. creo que. ¿Por qué se había quedado en esa habitación cuando Elizabeth se lo había pedido? ¿Por qué no había hecho caso a su instinto y se había marchado. y le acusaré de abandonar a su esposa. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 54 .JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Fue la primera. le llegaban al alma. que mi esposa le diría que son muchos. Douglas tuvo la sensación de que las entrañas se le habían solidificado. Si ella no lo hubiera mirado con aquellos cautivadores ojos de color avellana. —Muy en serio. yo mismo pediré a la Corona la nulidad. así como una audiencia con el rey. por los motivos que fueran. quería recuperar sus tierras y haría cualquier cosa para conseguirlo. Si me lo permite. Creo que existe una palabra para algo así en Escocia. La decisión. sin darle una oportunidad. si rechaza mi ofrecimiento y no se lleva a Elizabeth a Skye con usted. y admito que he sido bastante indulgente con ella. Se ha casado con un hombre que cree que es un pobre granjero escocés y. creo que necesita una lección. Yo prefiero denominarlo una simple negociación. y usted me da su palabra de caballero de que no han consumado el matrimonio. por mucho miedo que la chica tuviera y por mucho que le hubiera suplicado que se quedara? Ahora ya estaría a medio camino de Skye. creo que el matrimonio es sagrado. después de su última ocurrencia. MacKinnon. Por el contrario. independientemente de mis otros defectos. por lo tanto. MacKinnon. ¿Cómo se llama? ¿Esponsales? Bueno. señor. estas son mis condiciones. Le garantizo mi respaldo para solicitar el retorno de sus tierras y el condado a sus manos. con la esperanza de evitar otra insurrección por parte del joven Pretendiente. Douglas frunció el ceño. pues considérelo como unas esponsales… —Excelencia… —Déjeme terminar. Y en cuanto a las tierras… —Sudeleigh mostró su última carta—. Si después de dos meses los dos todavía desean anular el matrimonio. me gustaría hacerle una contraoferta a su propuesta. No podría permitirme intentar anular lo que el Señor ha unido. Sea como sea.

excelencia. Porque había visto cómo MacKinnon había mirado a su hija cuando ésta había entrado en el salón. el duque asintió muy despacio. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 55 . Y ese era el deseo más puro de todos. su esfuerzo por contener la rabia era evidente en cada paso. Tras él. el duque no podía evitar sonreír. cómo no había podido quitarle los ojos de encima. inevitable e inesperado. Cuando el escocés dio media vuelta y salió del salón. —Trato hecho. del deseo innegable. Con la victoria en la mano.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Aunque eso significara que tuviera que jugar a maridos y mujeres durante un par de meses. Era la mirada del deseo. Y el duque conocía perfectamente esa mirada. la primera vez que la había visto después de su regreso del continente hacía casi un cuarto de siglo. Y también lo que significaba. Era la misma mirada que él le había dedicado a su Margaret aquella noche en la ópera.

empezando por el hecho de que somos unos completos extraños y no tenemos nada en común. o el reloj del pasillo hubiera tocado las nueve… cualquier cosa que explicara que creyera haber oído aquellas imposibles palabras. Entonces dime. al menos casi siempre. ¿en qué diantres estás pensando? El duque la miró fijamente desde el otro lado de la abarrotada mesa. papá. Rezó para que Caroline hubiera tosido. —Yo… Esperaba que escribieras una carta. hay un motivo por el que te has convertido en la esposa del señor MacKinnon. Al fin y al cabo. papá. ¿por qué todos se habían quedado callados alrededor de la mesa? A menos que… «Santo Dios. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 56 El duque esperó hasta que estuvo servido el último de los seis platos de la cena para . los santos. La abuela nunca daría el visto bueno a algo tan poco convencional como esto. Y sea el que sea. o hicieras lo que fuera para poner fin a este… ¡este matrimonio fingido! »Ni siquiera sé cómo dejé que Isabella me convenciera para hacerlo. pero ahora la crema se le agrió en la boca. ¿qué esperabas que hiciera cuando regresaste a casa con esta noticia. No. —Fue todo cosa de Isabella. que soy un hombre que cree que hay un motivo detrás de todo lo que sucede. sólo deseaba no haber oído bien a su padre. Quiero decir. Mientras tragaba con la ayuda de un sorbo de un té de menta. si su padre no había dicho eso. Bueno. obra del Señor. Para nada. pero tú no tienes esa excusa. Me atontó. Siempre había sido su postre favorito. Porque. —Pienso. o incluso la voluntad de tu difunta abuela. No me esperaba esto de ti. Sólo se me ocurre que fue por los efectos de ese endiablado whisky. si lo hubieras hecho. Elizabeth Regina. no has podido decir eso. ni mucho menos de la abuela Minna.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 07 hacer su anuncio.» Lo había oído bien. que viva con él. Elizabeth? Ella dudó. o Agamemnon hubiera ladrado. —¿Que quieres que haga qué? Elizabeth estuvo a punto de ahogarse con el dulce de limón que tenía en la boca. sólo podría significar que no has tenido en cuenta las diez mil veintitrés razones por las que nosotros… —Miró al escocés y decidió que no quería referirse a ellos como una unidad—. —¿Ah no? —El duque se cruzó de brazos—. o llamaras a tu abogado. No fue obra del Señor. Ni durante el camino a casa desde Escocia ni en todas las horas que llevaba en casa. —Estoy segura de que no quieres decir que deseas que siga casada con él. en ningún momento había considerado la posibilidad de que su padre quisiera que siguiera casada con el escocés. el duque de Sudeleigh era un hombre sensible. Pero si se equivocaba. Que el señor MacKinnon y yo no podemos pasar la eternidad juntos.

si es tu deseo. Elizabeth hizo lo único que se le ocurrió. «¿Juntos?» Se volvió hacia el escocés. Lo decía en serio. —¿Y a ninguno de los dos se os ha ocurrido que a lo mejor me gustaría que me incluyerais en esa charla? Y puesto que me incumbe personalmente. —No me ofendo. Elizabeth. No se trataba de una broma de mal gusto. lo que te metió en este lío. señor MacKinnon. no puedo evitar estar de acuerdo con nuestra hija en que sería una horrible esposa para un granjero. Ya hemos tomado una decisión por ti. de forma precipitada. ¿Qué le había pasado a su padre? ¿Por qué se negaba a ver lo ridículo que era todo eso? ¿Por qué no la escuchaba? Ante la obvia terquedad de su padre. —Y enseguida añadió—: No se ofenda. Aquellas palabras la hicieron estremecerse de asco. Viajarás con el señor MacKinnon hasta su casa en Skye y vivirás con él como su esposa durante los próximos dos meses. —Mamá… La señora. excelencia. permaneceré casada con él dos meses. ¿no habéis pensado que quizá tenga una opinión sobre lo que es mejor para mí? El duque se mantuvo firme. —Alaric. Y por eso no te he invitado a dar tu opinión. ¿Acaso no me casé con tu querida madre a pesar de ser un hombre joven y no haberme fijado nunca en ella? En aquella época. Pero ¿por qué tienes que enviarme a Skye? —Porque a tu marido lo necesitan allí y. y al resto de mi vida. Se volvió hacia la duquesa. Era real. Y es mi última palabra. Elizabeth se volvió hacia él. y mucho menos con una jovencita de apenas trece años. como su esposa. —¿Pretende decirme que está de acuerdo con esta… esta absurda condición? Escaneado y Corregido por MANOLI Página 57 . O de una pesadilla de la que estaba impaciente por despertar. Él se limitó a encogerse de hombros.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Puede que sea poco convencional. y arrugó las cejas. bendita sea. en buena conciencia. no deseaba casarme con nadie. —Eso es. Y es la mejor decisión que he tomado en la vida. Elizabeth no se dio cuenta de que su padre continuaba hablando hasta que dijo: —He comentado este asunto largo y tendido con el señor MacKinnon y juntos hemos llegado a este trato. Muy en serio. —Muy bien. tu deber es ir con él. salió de inmediato en defensa de su hija. —Miró a la duquesa—. pero lo hice por respeto a la voluntad de mis padres. precisamente. Elizabeth frunció el ceño. Lo intentó desde otro ángulo. La unión del matrimonio es sagrada. Marido… Esposa… Deber. poner fin a un matrimonio. pero no puedo. Empezó a notar las primeras señales de un intenso dolor de cabeza en las sienes. cualquier matrimonio. No estaba avanzando. Creer que sabías lo que era mejor para ti.

JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Él asintió y bebió un sorbo de vino. —Si me das tu palabra de que intentarás. con calma—. ¿Qué clase de propuesta? El duque la miró fijamente. así que tengo una propuesta para ti. y yo soy tu primogénita. «¿Nada? ¿Y por qué no lo había hecho?» Algo no encajaba. pero lo rechazó. papá? Está claro que cree que. instalarte en cualquiera de las casas de la familia. que este matrimonio funcione durante los próximos dos meses. y si pasado este tiempo todavía deseas la nulidad. —¿Una propuesta? —Se inclinó hacia delante—. lo hizo obligado. —¿Incluso en la casa de Londres? —Sí. ¿No ves lo que pretende. —Imaginaba que responderías eso. Incluso en la casa de Londres. Elizabeth sólo podía mirar a su padre boquiabierta. y ha visto que le darías cualquier cosa que quisiera para… —De hecho. —Sí. sospecho que habría aceptado anular el matrimonio a cambio de nada. En realidad.» Escaneado y Corregido por MANOLI Página 58 . ¡Es un granjero! Sabe cómo negociar para obtener el precio más lucrativo. Ha visto esta casa y todo lo que hay dentro y ha pensado que podría sacar una fortuna. —Claro. —Claro que lo rechazó. Eres un duque. Elizabeth. entrecerró los ojos y se preparó para soltar una sarta de improperios… hasta que. Sin embargo. el duque no parecía preocupado. Nunca más volveré a acosarte con posibles maridos ni intentaré influirte para que te cases. —Sí. Si se acuerda. Elizabeth —respondió el duque. —Pero si ni siquiera quería casarse. cuanto más tiempo se mantenga firme. —A decir verdad. —¿Y si me niego a irme con él? El duque se puso serio. Pero ¿cómo se atr…? Se enderezó. la solicitaré personalmente a la Corona. y cuando vio que los dos hombres intercambiaban una mirada cómplice. Levantó la barbilla. más le pagarás para deshacerte de él. te asignaré una anualidad que te permitirá vivir cómodamente el resto de tu vida. casi todas están vacías. de verdad. Después de hablar con su padre. de repente. Elizabeth. Además. he decidido darle una oportunidad. Podrás vivir aquí en Drayton Hall o. «Londres. —¿Qué? —Lo que le he dicho. —La miró—. al principio le ofrecí al señor MacKinnon la cantidad que él quisiera para aceptar la nulidad. Tú decides. lo vio todo muy claro. —¿Usted ha decidido darme una oportunidad? —A Elizabeth se le nubló la visión—. si lo deseas. pero he cambiado de opinión. ¿verdad? —Miró a su padre—. supo que en todo aquello había algo que no le habían dicho.

los museos. hasta hoy. ¿te das cuenta de lo que estás diciendo? —Sí. Elizabeth siempre nos ha dicho que no quiere casarse. Simplemente. La conversación posterior a la cena no es apropiada para las niñas pequeñas. Así que le doy un tiempo antes de pedir la nulidad. Caroline protestó enseguida. Así que creo que podemos aprovechar la oportunidad que se nos ha presentado. Y. completamente. decida lo que decida. si le apetecía. después del mal trago que ha pasado con la urna. estoy dispuesto a mantener mi promesa. Los matrimonios de prueba llevan siglos celebrándose en Escocia. —Ya has comido más que suficiente. La mesa se quedó en silencio mientras todos reflexionaban sobre la propuesta tan poco convencional del duque. Elizabeth estaba sentada al otro extremo de la mesa. científicos. —Ohhh —exclamaron al unísono las tres Drayton pequeñas. quiero su felicidad. jamás ha vacilado en su decisión. la duquesa cedió e hizo llamar a una doncella para que se llevara a su hija. querida. si todavía no me he terminado el dulce de limón. Podría vestirse como quisiera. fue la pequeña de la familia la que habló: —¿Papá? —Dime. a su mujer.» El duque miró al otro lado de la mesa. Se rodearía de un círculo de amistades variopinto: escritores. preciosas. dando vueltas al ofrecimiento de su padre. Buenas noches. el zoológico de la Torre. Ya están casados y el escándalo surgirá igualmente. cenar avena caliente. Desde que era pequeña. ¿por qué no está en la cama esta niña? —Pensé que. oh.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Toda la vida Elizabeth había soñado vivir su propia vida en aquella maravillosa y extraordinaria ciudad entre el ruido. y si tiene que ser así y acepta vivir dos meses en Skye como le pido. Ya es hora de que las pequeñas os vayáis a la cama. Aunque Elizabeth no me crea. — Levantó la copa de vino y bebió un sorbo—. al final de estos dos meses. escribiría tanto que… La duquesa intervino en la conversación e interrumpió la imaginación desatada de Elizabeth. Y escribiría. —Margaret. —Alaric. podría… —Ante el gesto severo del duque. —¿Qué significa esa palabra? —¿Qué palabra. pequeña? —Esa que acabas de decir. políticos e incluso miembros de la realeza. Celebraría veladas donde se organizarían discusiones inteligentes sobre literatura y otros asuntos importantes entre hombres y mujeres. Margaret. —Pero mamá. Al final. Siempre que. Caroline. «Consumar. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 59 . El daño ya está hecho. todos juntos. Por supuesto. por supuesto. Tu padre tiene razón. aunque no estuviera «de moda» y. quiero que vea a qué está renunciando antes de resignarse a su vida de soledad. las gentes y los cientos de millones de cosas que simplemente la estaban esperando: el teatro. Créeme cuando te digo que lo he estado pensando mucho. no hayan consumado el matrimonio. Mientras las niñas daban un cariñoso beso a su madre. Dos meses a solas con el escocés. Caroline.

con los brazos abiertos. ¿Podría hacerlo? Sonrió. recibiría una vida de libertad. Cuando crezca. por la tarde. Nunca lo olvidaré. donde la esperaba la niñera. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 60 .JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes A cambio. Aunque no había tenido que hacer nada. El fuego de la chimenea casi se había apagado. El escocés sonrió y le devolvió el beso en la nariz. Cuando. para hacer lo que quisiera y cuando quisiera. señor Dubh. no se preocupe. se detuvo. Desde la cena. Sin embargo. Y. esperando. Douglas se levantó y salió de su habitación para dar un paseo por la casa. había oído los gritos de Caroline y había descubierto su diminuto cuerpo atascado en la urna. pequeña —le dijo a su hermana. quien no había dudado ni se había preocupado de si la urna que acababa de romper era un tesoro de valor incalculable o una copia muy bien hecha. a la cama. Y ahora. pequeña. En cualquier momento. de verdad. —Muchas gracias. Había sido MacKinnon quien había sabido actuar. —Lo recordaré. El resto de la familia ya hacía horas que se había retirado. —Buenas noches a usted también. contemplando cómo la luz de la luna iluminaba el decorativo enlucido de yeso del techo. —Buenas noches. Elizabeth levantó la mirada y se dio cuenta de que Caroline ya había rodeado la mesa y ahora estaba delante de ella. por salvarme hoy. cuando Caroline llegó a la puerta. en ese momento. —Buenas noches. me casaré con usted. la niña alzó los brazos y se aferró a aquel fuerte cuello. La había paralizado y no había podido pensar qué hacer para liberarla. había descubierto. sino con un afecto verdadero y sincero. lo terrible que podía llegar a ser el miedo. Sería la misión más fácil que se había propuesto. y le dio un beso en la punta de la nariz—. A altas horas de la madrugada. y no como solían hacerlo los adultos. ¿de acuerdo? Caroline sonrió. La visión de aquella carita tan preciosa hizo que los problemas desaparecieran y pasaran a un segundo plano. Y ahora a soñar y no vuelvas a intentar ser la mermelada del jarrón. Bess. Elizabeth observó cómo el escocés sonrió con calidez a la niña. como su hermana acababa de hacer con ella. Y entonces descubrió que todavía no se lo había agradecido. señor. —Felices sueños. otra vez. se dio la vuelta muy despacio y volvió al centro del comedor. el reloj iba a tocar las dos. acariciándole la barbilla con un dedo—. llevaba varias horas tendido en la cama que le habían asignado para pasar la noche. y hacía más de una hora que no oía a ningún criado por los pasillos. Cuando lo hizo. E hizo lo inimaginable. y le susurró algo que sólo Elizabeth alcanzó a oír: —Y si Bess decide no seguir casada con usted. Douglas se dio por vencido y asumió que no iba a conseguir dormirse. Le dio un beso en la punta de la hosca nariz. pequeña —le dijo él.

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Aquella inquietud que sentía no le era nueva; era una sensación con la que había convivido desde pequeño. Cuando estaba en casa, en Dunakin, y no podía dormir, solía bajar por la torre hasta las murallas del castillo y observaba las calmadas aguas del lago Alsh. Pensaba en su padre, que vivía en Francia, exiliado de su tierra por defender aquello en lo que creía. Sus manos descansaban en la piedra que había defendido a los MacKinnon durante más de cinco siglos, y encontraba cobijo en la sabiduría y el honor de sus antepasados, que habían estado en esa muralla antes que él. Hijos de reyes, guerreros, hombres de honor. Con el viento golpeándole la cara, y las mejillas enrojecidas por la sal del mar, Douglas miraba más allá de las agitadas aguas de Kyleakin hacia las luces de las casas que brillaban en tierra firme. Si había niebla, convertía la luna en una enorme perla lechosa, colgada encima del océano cubierto por una brillante bruma, y él dejaba que lo envolviera como un manto de humo. Sin embargo, ahora estaba lejos de casa, de modo que avanzó por la mullida alfombra con sigilo, dejando atrás puertas cerradas y escaleras que no se atrevían a crujir bajo su peso. Se detuvo un rato en una galería llena de retratos, iluminados de azul por la luz de la luna que entraba por uno de los laterales. Retratos de antepasados de los Drayton lo miraban desde las paredes forradas con paneles de madera, aunque predominaban los personajes tudorianos; a algunos los conocía pero a otros, no. Había un muy buen retrato del rey Enrique VIII en toda su masiva gloria, con la mirada regia por encima del rostro mofletudo y barbudo y el aire insulso de alguien nacido en la realeza. Señores y señoras, caballeros y princesas, posaban como legado de las generaciones pasadas. Había un retrato del que debió de ser uno de los primeros duques de Sudeleigh, vestido a la moda del siglo pasado y que guardaba un gran parecido con el duque actual. Los niños posaban con perros de caza. Las damas parecían serenas y nobles. Y, al final de la galería, enmarcado en un marco dorado, había un único retrato. A primera vista, Douglas creyó que debía de ser un retrato de lady Elizabeth, porque compartían el mismo pelo pelirrojo, el mismo rostro delgado y los mismos ojos de color avellana. Tenía un libro entre las manos y el pelo le caía por encima de los hombros. Pero, cuando se fijó un poco más y observó los detalles del traje, se dio cuenta de que no era lady Elizabeth. Se trataba de la joven princesa Elizabeth, la hija del rey Enrique, retratada de joven, mucho antes de convertirse en la Reina Virgen de Inglaterra. El parecido era innegable y Douglas se quedó un buen rato mirando el cuadro y comparándolas rasgo por rasgo. Cuando estaba a punto de dar media vuelta y marcharse, se fijó en que la figura del cuadro llevaba, en un dedo, el mismo anillo que Elizabeth le había ofrecido la noche anterior en la posada para intentar convencerlo de que se hiciera pasar, durante un tiempo, por su prometido. Y ahora, veinticuatro horas después, estaban casados. Cuando salió de la galería, al otro lado del pasillo vio una puerta ligeramente abierta. Era el despacho del duque y se preguntó si quizá podría ir a buscar un libro que le ayudara a dormir. Sin embargo, cuando abrió la puerta, se detuvo en seco ante la imagen que se encontró. Estaba sentada en una butaca, dormida a la calidez del fuego, con un camisón blanco abotonado hasta el cuello que, si era posible, le daba un aspecto aún más vulnerable. Douglas entró en el despacho en silencio y se detuvo junto a la butaca. Tenía un libro abierto en las manos. Él se lo quitó y, mientras se arrodillaba y la observaba bajo la luz de las llamas, contempló su rostro de cerca por primera vez: las pestañas rizadas, los
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párpados pálidos y llenos de diminutas venas, y una nariz que no era respingona, curiosa ni delicada; era recta y delgada. Se quedó un buen rato mirándole la boca. No pudo evitarlo. Y, de repente, su propia boca ansió saborearla y notar cómo aquellos labios tan carnosos se movían contra los suyos. Inspirado por el abrazo del fuego y por la promesa de un beso, Douglas acercó su rostro al de la chica. En cuanto sus bocas se tocaron, en la chimenea saltaron chispas. Ella se apartó y lo miró a la luz del fuego. Su respiración, cálida y agitada, le golpeaba la cara. Él se incorporó muy despacio, mirando cómo ella parpadeaba y fruncía el ceño, confundida. Douglas no dijo nada, se quedó inmóvil y la miró iluminada por el fuego. Al cabo de unos segundos, ella volvió a cerrar los ojos. Douglas recogió una manta que había doblada encima de una silla cercana y la tapó con mucho cuidado. Ella suspiró y se acurrucó contra la tela. Entonces él tiró otro leño al fuego y se sentó frente a ella, cruzó las piernas y la miró mientras dormía.

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CAPÍTULO 08

— ess, por favor, habla con papá. Te quiere. Te escuchará. Sé que puedes lograr que reconsidere esta… esta propuesta irracional. Las hermanas estaban reunidas en la habitación de Elizabeth, rodeadas de medias, vestidos y zapatos. Era última hora de la tarde. El sol empezaba a oscurecer. Elizabeth sacó otro vestido del armario, le echó un rápido vistazo y lo añadió a la pila que ya había encima de la cama. Retrocedió un momento y estudió el montón de encaje, satén y seda. Se preguntó qué tendría que ponerse en una granja en una remota isla escocesa. Desechó el vestido amarillo pastel de seda con el encaje belga y se volvió hacia su hermana, que estaba histérica. —Bella, ya te he dicho que no quiero que papá lo reconsidere. Irracional o no, quiero ir a Skye. ¿Es que no lo ves? Sólo tengo que superar estos dos meses y podré ser libre, libre para hacer lo que me plazca cuando me plazca. Nunca más volveré a temer tener que vivir bajo el dedo dominante de un marido. Nunca volveré a escuchar a papá lamentándose de mi soltería como si fuera una nueva enfermedad que pudiera contagiar a cualquiera de mis hermanas. Podré vivir mi vida con absoluta independencia, como siempre he soñado. Pero Isabella se la quedó mirando, varios minutos, con la cara tensa hasta que al final estalló: —Pero es que no lo entiendes. ¡Se suponía que no tenía que salir así! «¿Se suponía?» Isabella dio media vuelta y cruzó la habitación hasta que estuvo frente a la ventana, con los brazos cruzados. Estaba de espaldas a la habitación, inmóvil. Y, al cabo de un momento, Elizabeth vio que le temblaban los hombros. ¿Estaba llorando? —¿Bell? Bella, ¿qué pasa? No entiendo lo que quieres decir. ¿Qué se suponía que tenía que pasar? Isabella se volvió hacia ella. Todas las emociones que sentía (confusión, reticencia, miedo) pasaron por su rostro como las hojas de los árboles que caen en otoño. —Bess, ¿no te das cuenta? ¡Todo es culpa mía! —¿Culpa tuya? —Sí. Yo soy la que te obligó a hacer esto. Me sentí muy mal al no decirte la verdad acerca de nuestro viaje a casa de lord Purfoyle. Si te lo hubiera explicado en cuanto me enteré, quizá no habríamos pasado por aquel camino justo cuando la oveja lo cruzaba, pero papá me dijo que si te lo decía… y bueno, cuando te he visto esta mañana, he pensado que, si te casabas con el señor MacKinnon, la amenaza de la boda con lord Purfoyle desparecería por completo. Y así ha sido. Y es positivo. Pero ahora esto. Sabía que papá se enfadaría, pero nunca me imaginé… Nunca me atreví a soñar que te pediría que permanecieras casada. ¡Es un granjero escocés! ¡Y tú eres la hija de un duque! Estaba convencida de que papá solicitaría la nulidad y todo se arreglaría. Pero lo que ha pasado es un desastre.

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—Sonrió—.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Elizabeth tomó a su hermana de los brazos. y piensa en la de aventuras que os podré explicar a la vuelta. Pero. Se ha escondido debajo de la cama y no quiere salir. ¿Quieres ser madre algún día? ¿Quieres saber qué se siente al traer al mundo a un ser humano con tu propio cuerpo? «Un hijo. Elizabeth? ¿Y el amor? ¿Y la pasión? —Dulce Bella. antes volveré a casa. por supuesto. —Isabella. en el fondo de su ser. Por primera vez en su vida sintió algo. que confíes a ciegas en esa idea. Y ahora. Y Mattie está convencida de que. los corazones que laten con fuerza y el romance son. y golpea las teclas tan fuerte que juraría que las he oído suplicarle que pare. cuando encuentres a tu príncipe azul. Por favor. las hadas te secuestrarán. Bella no estaba tan convencida. Y las demás también. sé que estás convencida de que algún día encontrarás a tu príncipe azul. ¿Qué me dices de los hijos. La quieres mucho. Sin embargo. El amor y la pasión. —Bella. Pero mira. De verdad que sí. basta. cómo te portas con ella desde el día que nació. —¿Cómo puedes decir eso. Sin embargo. dos meses no es tanto tiempo. igual que esa fe es una parte irrenunciable de ti.» Elizabeth dudó un segundo. ya lo sabes. en mitad de la noche. fue breve y enseguida desapareció. Bella asintió a regañadientes y empezó a doblar las camisolas de Elizabeth y las guardó en uno de los baúles mientras su hermana se volvía hacia el armario con un vigor Escaneado y Corregido por MANOLI Página 64 . en definitiva. que van a pasar el resto de la vida juntos. Fui yo quien se bebió todo ese whisky. Elizabeth tomó las manos de su hermana y las apretó. no es para mí. Fui yo quien acabó en la cama con él. como el aleteo de un pájaro. protagonistas de novelas y poesía. ayúdame con todo esto porque. —Sólo lo dices porque nunca te lo has planteado de otra forma. Simplemente. pero… ¿Ahora cómo vas a encontrar al hombre de tu vida? ¿Ese con quien estás destinada a vivir para siempre? Elizabeth meneó la cabeza. me pasaré el día consintiéndoles todos los caprichos y dándoles dulces en la cena siempre que pueda. No creo que siempre haya un hombre especial destinado a cruzarse con una mujer especial en un salón lleno de gente y que ambos sabrán. Sé que crees en todo esto. cuando puedo ser la tía excéntrica para los muchos que vas a tener tú. para mí. Y. Para mí no es lógico. y me encanta que seas así. Entonces. de repente. Caroline está muy afectada. Bess? Te he visto con Caro. —Sí. estuviera frente a una extraña. no te culpes por esto. No soy como tú. Catherine simplemente paga su enfado con la espineta. —No necesitaré tener hijos. el hombre de mi vida no existe. —Te echaré mucho de menos. mi naturaleza no incluye la posibilidad de pasarme los días soñando con un caballero errante que llega en un caballo blanco o con dulces palabras susurradas al oído bajo la luz de la luna. —Yo también os echaré de menos. Bella. Bella levantó la cabeza y miró a su hermana como si. Bella seguía con el ceño fruncido. cuanto antes me vaya. Siempre lo he sabido. en cuanto se miren. fui yo quien juró convertirse en su esposa en aquel bar.

—Es bastante alto. —¿Apuesto? Supongo que sí. que no había necesitado que ningún hombre le enseñara a gestionar un reino entero. Como un árbol. como dicen las señoras que vienen a tomar el té con mamá? Isabella se rió y recordó aquella tarde de verano en que las dos estuvieron sentadas con su madre y su reducido grupo de amistades. Rebuscó entre sombreros y zapatos. Por mucho que le gustaba que Bella y las demás creyeran que estaba segura ante el reto que le esperaba. Se preguntó cómo sería vivir en una tierra tan desconocida para ella como el lejano oriente. combinaciones y medias. —Elizabeth. todas vestidas con sus mejores galas. mientras que lo demás quedaba en su sitio. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 65 . la imperturbable Elizabeth. mientras las señoras discutían los entresijos del arte de «hacer cestos» convencidas de que las jóvenes no sabían de qué hablaban. aunque a ella le hubiera gustado que también le ocupara el pensamiento. había albergado el deseo de vivir de forma independiente a la cautividad del matrimonio. le pusieron el nombre de la Reina Virgen de Inglaterra. —No puedes negar que el señor MacKinnon es muy apuesto. ¿La verían como el enemigo? ¿Volvería a ver su casa y a su familia algún día? ¿Vendría algún caballo acuático y se la llevaría mientras estaba en su cama.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes renovado. Aquella tarea le mantenía las manos ocupadas. y lo que le gustaba iba a parar encima de la tapa del baúl. igual que el pájaro que titubea en lo alto del nido a punto de lanzarse al vuelo por primera vez. Durante toda su vida. Elizabeth descubrió que había una parte de ella que se aferraba a la seguridad que siempre había tenido en casa. cuyos hijos aprendían gritos de guerra en lugar de nanas. la realidad es que estaba muerta de miedo. —Bueno. ¿y qué me dices de la condición de papá… de no consumar el matrimonio? —¿Qué pasa con eso? —¿Crees que podrás cumplirla? —¡Isabella Anne! Isabella se sonrojó. llena de criminales y rebeldes. —Y su rostro es muy intenso —continuó Isabella—. Pero. Casi como si lo hubieran tallado de una piedra. en el sentido más rudo y primitivo. no puedo evitar sentir un poco de curiosidad acerca de… acerca de cómo sería… —¿Fornicar con un hombre? —¡Bess! ¿Tienes que ser siempre tan directa? —¿Cómo preferirías que lo llamara? ¿«Hacer cestos». por la noche? Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta de que Isabella se había colocado a su lado. —Y pesado —respondió Elizabeth—. porque así no tendría que pensar en las semanas venideras. Al fin y al cabo. Elizabeth la miró.

Apenas oyó los comentarios de su hermana. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 66 . Isabella se levantó y se colocó junto a su hermana. En realidad.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Ese hombre se rebela ante la idea de una cuchilla de afeitar. De repente. con el rostro serio e impasible. aparentemente. pero será mejor que espere al lacayo. —¿Qué está haciendo aquí? El señor MacKinnon estaba en el umbral de la puerta. Sin embargo. Siempre va muy descuidado. señora. Elizabeth fue muy consciente del desorden que habían organizado haciendo el equipaje y empezó a recoger ropa que había por el suelo. Se volvió. grandes esfuerzos. —A juzgar por tus palabras. bajo su mirada. y se volvió hacia la puerta. Lleva el pelo demasiado largo y siempre atado con esa ridícula cinta de cuero con flecos colgando sobre la frente. ¿Dónde está el lacayo? Hace horas que le he llamado para que viniera a buscar los baúles y… Abrió la puerta de su habitación y se quedó de piedra cuando vio lo que había al otro lado. —Era lo único que se le ocurrió. —Elizabeth. Pesa mucho y… Él levantó el baúl a peso en un movimiento fluido y lo cargó encima del hombro izquierdo. Juraría que estás medio enamorada de él. Y esa boca carnosa. tan azules que pueden derretirte con una mirada. —Sí. y no en la mía. la miraban con dureza. Quizá debería… —¿Ese está listo? —Douglas señaló el baúl que estaba más cerca de la puerta. —Douglas la apartó y entró en la habitación sin esperar a que lo invitara. —Sus ojos son como acero helado. Con su llegada. firme. serena… «Pero sus labios pueden dar el beso más tierno…» Esa idea apareció de forma espontánea. —Y yo tengo dos brazos que sirven igual para hacer el trabajo. te has sonrojado. Elizabeth se quedó de pie mirándolo. Cuando se marchó. ocupándolo casi por completo. —Todavía no he terminado. Se hace tarde y tengo que terminar de hacer el equipaje. —Tenemos lacayos que se encargan de eso. No tenía otra opción. Lo colocó bien sin. los mismos que Isabella había estado describiendo de forma poética. señor MacKinnon. ahora que lo pienso. es bastante bárbaro. —He venido a buscar sus baúles. Elizabeth se tocó la mejilla con una mano y no le gustó notar calidez bajo la palma de la mano. Y ahora basta de bobadas. No se apartaron de ella ni un segundo. quizá debería haberse acostado en tu cama. Sus ojos. —Volveré por el otro. Elizabeth notó que. Isabella tenía otra idea acerca de los caballeros y las damiselas que viven en resplandecientes castillos que se levantan sobre las nubes. los brazos se le volvían de mantequilla. ¿te encuentras bien? Estás… De repente. todo parecía más pequeño.

durante la cena. por fin. Le prometió que volvería con un millón de historias y que le enviaría un regalo en cuanto llegara a Skye. se aferró con sus pequeños brazos a la voluminosa falda de Elizabeth y le suplicó. —Le entregó un saquito lleno de monedas—. puesto que un carruaje. volverse hacia su padre. que la llevara con ella. Cuento contigo para que lo controles todo mientras yo esté fuera. querida —le susurró—. —Entonces. a quien hacía pocos minutos habían podido convencer para que saliera de debajo de su cama. Le prometió que estarían más seguros por caminos de pastores y cazadores desconocidos. Bella. Sin embargo. Y asegúrate de que Mattie practica caligrafía cada día. a caballo. incluso el más pequeño tirado por un caballo. Por lo tanto. —¿Qué voy a hacer aquí sin ti? —susurró Isabella mientras abrazaba a su hermana—. y les recordó que le escribieran cada día que estuviera fuera. los baúles con la ropa. y lo hizo con más fuerza que nunca. se volvió hacia Bella. Escocia es un lugar totalmente distinto a Inglaterra. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 67 . —Ten cuidado. no habría podido pasar del fuerte William. y a papá siempre se le olvida reservarse un rato para el paseo de la tarde. alejados de las vías principales. Alguien tiene que ayudar a Caroline con el cálculo. —Se puso seria y miró a su hermana —. A las seis en punto. Ah. tuvo que recordarle lo arduo que iba a ser el viaje y que. tendrás que gritarle tú por mí. puesto que las aguas occidentales de Escocia estaban abarrotadas de patrullas inglesas en busca del fugitivo príncipe Carlos. los libros y otros enseres de Elizabeth les supondrían un impedimento. Después de deshacerse de Caro. la tensión del clima competía con la tensión en el ambiente a medida que los Drayton fueron congregándose para despedirla. La duquesa fue la siguiente en abrazar a su hija. y con su mejor traje de montar y su mejor bicornio. La noche anterior. El plan era salir al alba al día siguiente. Elizabeth salió por la puerta principal de Drayton Hall poniéndose los guantes. Por si lo necesitas… Elizabeth le dio las gracias con un gesto de la cabeza antes de. Elizabeth abrazó a sus hermanas pequeñas. por enésima vez. ¿Harás eso por mí? Isabella asintió haciendo de tripas corazón. Lo calma y así mamá es una mujer mucho más feliz. tendrían que enviarlos por barco y los recogerían cuando llegaran a Skye dentro de quince días. Caro. Apenas hacía media hora que había amanecido y el cielo estaba lleno de nubes que amenazaban lluvia. Nos moriremos de aburrimiento sin oír los gritos que le dedicas a papá en el desayuno sobre Sócrates o la situación en las Colonias. Estaba demasiado concentrada en no abrir la boca. Para convencerla de que la soltara. Sin embargo. Elizabeth no dijo nada.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —¿Has visto eso? ¿Has visto cómo ha levantado el baúl como si no pesara nada? Habríamos necesitado dos lacayos para cargar con él. no tenían dulce de limón. que consiguió dibujar una sonrisa a pesar de que tenía los ojos llenos de lágrimas. No podía. primero a Catherine y a Matilda. Douglas había convencido al duque que viajarían más seguros por tierra. Está desarrollando una letra muy bonita. en Escocia.

que estaba en lo alto de las escaleras de la entrada. Chasqueó la lengua. Elizabeth se subió a la silla. —Iré a visitarte dentro de dos meses. para conocer tu decisión. la estaban esperando. MacKinnon. excelencia —fue su respuesta. ceñidos. pero. Y entonces. en cuanto la tomó por los hombros y la abrazó para darle un beso en la mejilla. que le cubrían piernas y pies. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 68 . —Sí. y su marido. —Cuida de mi hija. Elizabeth. —Eso fue todo lo que pudo decir antes de distanciarse.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes El hombre estaba situado al final de la hilera de féminas afligidas. y que llevaba debajo del abrigo oscuro. Douglas había sustituido la falda por unos pantalones de tartán. Llevaba la corbata muy bien anudada. y estaba haciendo un esfuerzo muy grande por aparentar ser austero y ducal. Elizabeth asintió y tragó saliva para eliminar el nudo que tenía en la garganta. observando la despedida con ojos distraídos y borrosos. —Sí. lo echaría de menos. erguirse y bajar las escaleras hasta donde su caballo. A pesar de sus encontronazos. Sea la que sea. Iba a echarlos mucho de menos. Elizabeth oyó cómo contenía el aliento. dispuesta a experimentar los dos meses más importantes de su vida. Aquella imagen se le quedó grabada en la retina. Iba cubierto con el sombrero azul cruzado sobre la frente mientras esperaba a lomos de su caballo. Puesto que iban a montar muchas horas seguidas. En ese momento parpadeó para retener las lágrimas. papá. la peluca empolvada y cuidada. con la ayuda del bloque para montar que llevaba siglos frente a la casa de los Drayton. clavó el talón en el lomo del caballo y se alejó por el camino. Se arregló la falda y aceptó las riendas que le ofreció el mozo de cuadras antes de volverse y echar un último vistazo a su familia.

Llevaban horas a caballo. o a veces simplemente agitando la cabeza. El brezo florecía con brillantes toques de rojo. Douglas sólo la conocía desde hacía unos días. Observó cómo Elizabeth desmontaba y se tomaba un momento para acostumbrarse a estar de pie después de tantas horas a caballo. aulaga y matas de barrón. hemos ido a buen ritmo. su aspecto seguía tan impecable como cuando habían salido de Drayton Hall. Douglas frunció el ceño y la guió entre los árboles hasta un pequeño claro donde el riachuelo se ondulaba encima de rocas cubiertas de musgo. ¿Te gustaría parar un poco para estirar las piernas y comer un poco? Elizabeth lo miró con negligencia y luego asintió. la luz del sol era prácticamente imperceptible. Estaba sentada muy tensa en la silla de montar. a veces. y se reflejaba en las gotas de rocío como lágrimas de hada. con bosques de pinos y robles tan frondosos que. De vez en cuando. en silencio. empezaba a ser motivo de preocupación. los brezales habían por fin dado paso a colinas cubiertas de musgo y verdes prados. Elizabeth apenas había hablado durante el viaje. no era bueno. donde hundió los dedos en el agua fría para desentumecerlos. Elizabeth se llevó a su caballo hasta una zona verde para que pasturara. hasta ahora. hacer eco cuando el viento soplaba por el lugar correcto y recuperar el sonido del acero contra el acero y de los cascos de caballos enemigos. a veces. y el hecho de que ahora no lo hiciera. Sin mediar palabra. parecía perdido en un cielo tan descolorido y vacío como el lienzo de un artista. Entonces detuvo su caballo y se volvió en la silla para mirarla de frente. con el pelo recogido debajo del elegante sombrero y la impoluta corbata blanca anudada debajo de la barbilla. fucsia y blanco.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 09 frontera escocesa. se quitó los guantes y se arrodilló junto al riachuelo. y con la mirada perdida en el infinito. incluso después de tantas horas. pasaban frente a las ruinas de alguna antigua torre de vigilancia que antaño habían defendido los caminos fronterizos de bandas de criminales. cuando salía y los calentaba desde lo más alto. Ahora eran edificios vacíos en ruinas cuyos muros de piedra parecían. con él. Ni siquiera se veía ni un pájaro volando. El sol. Iban por un camino muy estrecho que sólo les permitía avanzar en fila india. la . ni lo hubiera hecho en varias horas. tenía la punta de la nariz roja por el efecto del viento. Sin embargo. en ella. En lugar de rodear los bosques. alejándose de los principales caminos al norte para evitar las patrullas inglesas que protegían la frontera. y por fin había salido el sol. Cerca de la frontera. —La cocinera nos ha preparado algo de comida y. Douglas los atravesaba siguiendo un viejo camino de saqueadores que pocos conocían. Esa mujer siempre tenía algo que decir. pero bastaba para saber que aquel silencio. no habían visto ni a un alma desde que habían dejado atrás el último pueblo. Nada más. y había respondido a los pocos intentos de conversación de él con un «sí» o con un «no». atravesando inhóspitos pantanales cubiertos de juncos donde únicamente las ovejas más resistentes pastoreaban. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 69 Douglas miró a Elizabeth cuando cruzaron las agitadas aguas del río y. Sorprendentemente. De este modo.

en la arruga que se le formaba entre los ojos cuando fruncía el ceño. Le encantaba estar de vuelta. —Va a ser un viaje muy largo si no podemos. Respiró hondo y se llenó los pulmones de aire fresco. arrodillándose a cierta distancia para recoger agua con las manos y llevársela a la boca. Cuando abrió los ojos. como si fuera una visión. Que es Douglas. satisfecho. Cerró los ojos. Además. —Quizá te resultaría más fácil. Ella lo miró y Douglas se fijó. dándole la espalda. Me alegro de que lo hayamos solucionado… Bessie. Pero ella se limitó a mirarlo atónita. tierra de Gael. Contrastó con la sequedad de garganta que sentía. —¿Quieres decir que no vas a abrir la boca mientras estemos juntos? ¿Ni siquiera para oír el sonido de tu voz? Porque dos meses es mucho tiempo para que alguien se esté mordiendo la lengua —añadió—. Sólo Douglas. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 70 . en realidad. Nada de «señor» o «señor MacKinnon». Tenía el tronco recto como una bayoneta. Y más si ese alguien es una mujer. que cogió más con las manos y se mojó el pelo y la cara. Elizabeth lo estaba mirando como si fuera un bicho que hubiera aparecido de debajo de una roca. entretenernos con algo de conversación. reino de la niebla y el cardo. y la voz tajante como la hoja de dicha arma. Ni mucho menos. Se levantó y la siguió mientras ella se dirigía hacia los caballos. y te sentirías más cómoda hablando conmigo. se dijo Douglas. tan fresca. si nos olvidáramos de las formalidades. si lo prefieres. morderse la lengua puede ser una bendición para los demás —añadió ella—. tan buena. «Esto ya me gusta más». Es la gloria. al final. disfrutando del frescor y la humedad. Por si lo habías olvidado. Debería recordarlo la próxima vez que quiera aullar a la luna. de vuelta en su tierra. queda feo que la esposa de un escocés no lo llame por su nombre de pila. —Perfecto. en la dulce Alba. Douglas sonrió. señor MacKinnon. señor. —Deberías probarlo —le dijo—. puedes llamarme «Cariño» o «Tesoro»… —Douglas bastará —respondió ella. al menos. Ella se dio la vuelta. Vio cómo ella erguía la espalda y se sacudía las manos. Pero todavía no había terminado con ella. Venga. —Sonrió—. —No sé por qué. pero me cuesta creerlo. Se puso de pie y se sacudió la cabeza para secarse el pelo. —No tengo nada que decir. Claro que. por primera. lanzando gotas en todas las direcciones. señor MacKinnon. callada. —En realidad. —Sé perfectamente cómo se llama. —Mi nombre es Elizabeth. abre los brazos y pega un buen grito. es que no tengo nada que decirle a usted. echó la cabeza hacia atrás y emitió un grito de pura alegría. vigorizante y buena. —¿Ves? Ya lo has vuelto a hacer.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —¿Piensas permanecer así. —A veces. todo el camino hasta Skye? —preguntó él.

Levantó la mano justo cuando la manzana iba directa a su cabeza. —Abrió un ojo—. con el acompañamiento del frufrú del vestido. pero. que Douglas había oído cuando se las había dicho a su hermana. No podía verla. Douglas se alegró mucho de tener buenos reflejos. —Muchas gracias. Puedes servírmelo aquí. lo vio cerrar los ojos y morder la manzana con tanto gusto que el jugo le resbaló por la barbilla. —Yo tomaré la mía aquí en la sombra. Él cerró los ojos y levantó la cabeza hacia el cielo. un trozo de queso. La notó en la palma y cerró los dedos. pero sabía que lo estaba mirando fijamente. Volvió a meter la comida en los bolsillos y dio media vuelta. en cuatro. partiéndola en dos. «Incivilizado… Zoquete… ¡Patán!» Quería darle un tortazo. sobre todo para un bárbaro escocés como yo. Elizabeth sacó un pan oscuro. ella también se había dado cuenta. una manzana y una bota de vino. «Bessie. Elizabeth se lo quedó mirando. Quería hundirlo en el río y bailar sobre su cabeza. Bessie. —¿Su qué? —Mi comida. Douglas se sentó apoyándose en el tronco de un enorme roble. Las aguas eran poco profundas. Un poco de pan y la manzana. satisfecho—. —¿Has perdido el apetito. y cruzó los brazos y las piernas para contemplarla. preferiría que no me llamara nada de nada. —Si no puede llamarme por mi nombre de pila. —¿«Nada de nada»? —Se frotó la barbilla peluda—.» Escaneado y Corregido por MANOLI Página 71 . —¿Servírselo? —Sí. Me quedo con Bessie. Sírveme. —Extendió los brazos. le dio un buen mordisco. Eran sus propias palabras. aunque no se ahogaría. Aunque quizás había sido más una cuestión de instintos que otra cosa. —No si espera que le responda. Pagó su frustración con ella. aunque sólo sea durante dos meses. Y él tenía la cabeza demasiado dura. el deber de una esposa es servir al marido. y luego. Bessie? Ella le negó la satisfacción de una respuesta. Bessie. Con una ligera cojera. Al fin y al cabo. A juzgar por la expresión de su cara y por el sonrojo de las mejillas. Creo que no me gusta cómo suena. Con una sonrisa. Y quizás un poco de vino. Y eres mi esposa. Sería una pérdida de tiempo y esfuerzo. Mientras Elizabeth rebuscaba entre los bolsillos de las sillas de montar. Pero es un nombre un poco complicado de recordar. en cuanto estuvo fuera de su campo de visión. ya lo sé. que se está más fresco y el suelo es blando. dio una patada a una roca e hizo una mueca cuando resultó ser mucho más resistente que la punta de su botín.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Sí. encontró una rama que era mucho más manejable que la roca.

Nada de nada. que no oyó que alguien se acercaba por detrás hasta que una voz grave la asustó y la devolvió a la realidad. sólo capas y capas de tela escocesa sobre sus esqueléticos hombros y unas camisas de lino rotas y manchadas. de repente. Si empezaba a llover. las lilas y la lavanda. Cerró los ojos y una suave brisa peinó los juncos de la orilla y llenó el aire de aroma a pino. Incluso los pájaros se habían quedado callados en los árboles. podría cobijarse debajo de los árboles. Parece una señorita inglesa sentada aquí sola. En la parte posterior. la irritación fue desapareciendo. Al cabo de un rato. pero no estaba demasiado preocupada. unas ventanas que relucirían como diamantes bajo el sol matutino. no se le ocurría nada. rodeada por el olor de la madreselva. Cerca del parque. Pasado un rato. el pelo largo y grasiento bajo las gorras azules. su edén particular con un banco a la sombra de la hiedra donde poder pasarse horas leyendo en verano. Pareció que el sol se ensombrecía. No llevaban abrigos. tan emocionada con sus planes. Elizabeth se dio la vuelta y rebuscó entre los árboles con la mirada. Se preguntó cómo sería vivir sola sin tener que rendir cuentas a nadie. —Vaya. Entonces. Elizabeth se dio cuenta de que no sabía cuánto se había alejado. Douglas era sencillamente así. Sería de piedra clara con un montante de abanico encima de la puerta principal y tendría ventanales altos y estrechos que darían a una abarrotada calle. —No. el jazmín. Brodie? Por lo visto. tras un muro. Era otra cosa que se parecía mucho a la sangre seca. y a medida que fue permitiendo que la serenidad del entorno se apoderara de ella. para poder salir a montar por la mañana temprano. El sol estaba empezando a esconderse detrás de una nube. La ubicación sería céntrica. Relajó los hombros y la tensión que notaba en la nuca se fue aliviando hasta que empezó a imaginarse una casa. Y por mucho que intentara encontrar algún nombre ridículo para él. ¿qué tenemos aquí. se le aceleró el corazón y le golpeó con fuerza en el Escaneado y Corregido por MANOLI Página 72 . No le sonaba nada del entorno y no había ni rastro de Douglas ni de los caballos tras ella. De modo que se sentó encima de un enorme canto rodado para esperar y buscar más motivos para culparlo de toda aquella situación. Douglas. Era su casa. Murdoch. no es ninguna hada. Estaba tan absorta en sus pensamientos. Cada uno llevaba una espada oxidada y una pistola.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes ¡Parecía una vaca gorda! Podría colgarse una campana del cuello y meterse un cubo debajo de la tripa. y Douglas no iría demasiado lejos sin ella. vaya. Fantaseó sobre las cosas fascinantes que vería y haría y la de personas interesantes que conocería. es una de esas hadas de las que mi madre me hablaba cuando era pequeño. Tenían la cara sucia. brezo y agua fresca. Elizabeth se volvió cuando un par de hombres aparecieron por detrás de unos árboles a unos escasos diez metros. cuando sólo había vendedores ambulantes por las calles. Le serviría de lección por haberla llamado así. lo que los camuflaba perfectamente entre la vegetación. Se preguntó si podría tener un amante… Y luego se preguntó por qué no iba a tenerlo. esperando a que lleguemos y le enseñemos lo que puede darle un auténtico escocés. Elizabeth se dio cuenta de que el óxido de las espadas no era óxido. tendría un jardín. Cuando se acercaron. aunque alejada del tumultuoso núcleo urbano. ¿Cómo había podido no oírlos? Iban vestidos con la tela escocesa de cuadros verdes y marrones.

Nunca sabe uno con qué desgracia puede encontrarse. con la voz más pausada y agradable que pudo poner. Llegó a un claro donde el terreno era llano y lo cruzó. Elizabeth se concentró en la línea de vegetación que tenía delante. le dio la fuerza para levantarse muy despacio de la roca donde se había sentado y empezar a alejarse. acortando distancias sin demasiados problemas. hay muchos bandidos escondidos. Los dos hombres se reían tras ella. estaría perdida. intentando respirar con fuerza a pesar del corsé. pero puedo ir sola. Buenos días a los dos. bandidos. Elizabeth meneó la cabeza. —¿Dónde ibas con tanta prisa? Escaneado y Corregido por MANOLI Página 73 .JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes pecho. de modo que le sería imposible sacarles distancia. volvió la cabeza y se alarmó al comprobar que esos dos hombres la seguían. pero el día se acaba y tengo que reunirme con mi marido. Les pido. Cuando uno de ellos la agarró por el codo. los hombres gritaron y lanzaron gritos de alegría cuando se lanzaron a perseguirla con el hambre de un depredador. Algo le decía que si demostraba lo asustada que estaba. Cuando oyó pasos tras ella. Elizabeth no lo dudó. caballeros. caballeros —dijo. para no demostrar su miedo. así que se agarró la falda con decisión y empezó a avanzar por las rocas que bordeaban el río. pero ya me iba. a la altura donde estaba. Sería mejor en caso de que necesitara salir corriendo. Elizabeth se dio la vuelta y empezó a alejarse. el río era demasiado ancho y las aguas bajaban con demasiada fuerza para poder cruzarlas y distanciarse de los hombres. por favor. Su compañero. incluso mientras se convencía para mantener la calma. Es un lugar precioso. Se aclaró la garganta e intentó sonreír—. Decidió no adentrarse en el bosque y prefirió dirigirse a la zona más abierta que bordeaba el río. No le había parecido haber caminado tanto antes. Verá. con la esperanza de llegar y poder despistarlos. —Pero si dejáramos que una jovencita como usted vagara sola por estos bosques no seríamos unos buenos caballeros. les agradezco que me acompañen. y se negó a ceder ante el miedo que amenazaba con apoderarse de ella. ¿Dónde estaba Douglas? ¿Dónde estaban los caballos? Ni siquiera estaba segura de ir en la dirección correcta. De repente. no llegaría ni a la mitad. El sombrero le cayó al suelo. Con el peso del vestido. Se dio la vuelta. —Me temo que no. en este rincón perdido. Y aquí. no sabía distinguirlos. —Pero seguro que puedes quedarte un poco más. Sonreían y no corrían. y lo he disfrutado mucho. que no se preocupen por mí. Cayó al suelo y las ramas y las piedras se le clavaron en la espalda en cuanto él la aprisionó bajo su cuerpo. nadie la oiría gritar… Dio un paso hacia ella. —Buenas tardes. se levantó la falda y corrió para salvar la vida. No es necesario. ¿no cree? En estos bosques. Y el pelo pronto empezó a soltarse. «marido». Muchas gracias por el ofrecimiento de compañía. sino que iban a su ritmo. Elizabeth se detuvo y se volvió hacia ellos. Brodie o Murdoch. pero ahora sólo veía bosque. —De veras. La seguridad de aquella palabra. se burló: —Exacto. Tras ella. Elizabeth gritó. Por desgracia. le prometí a mi marido que tardaría sólo un minuto y creo que ya ha pasado más tiempo.

Él estaba a escasos centímetros. Ahora que lo tenía cerca. —Pero… ¡Pero si sólo nos estábamos divirtiendo con la chica! No le hemos hecho daño. con la mirada fija en el hombre muerto y lo que le quedaba de cara. Se volvió hacia el otro hombre. Elizabeth levantó la cabeza y. No debería haber dejado que se alejara tanto de donde se habían parado. protegida por el manto del poder y la autoridad de su padre en todo el reino. El cañón de su pistola todavía humeaba. te sugiero que te largues de aquí corriendo tan deprisa como tus asquerosas piernas te lo permitan. no se le ocurrió. Nunca había tenido tanto miedo. Cuando Douglas habló. Toda la vida había vivido protegida por la seguridad de su posición social: hija del duque de Sudeleigh. No podía rendirse. Y si vuelves a tratar a una mujer con esa falta de respeto. Su mirada era gélida de ira. Debería haberla protegido. los ojos y las orejas. echó a correr y desapareció por el bosque en pocos segundos. Tuvo que respirar por la nariz. el peso del hombre desapareció y se vio libre. ¿Qué te pasa. Bueno. Él gritó a su amigo y. En algún lugar de su mente supo que iba a desmayarse. antes que rendirse. no mucho. Elizabeth consiguió liberar un brazo y le arañó la cara. pedazo de basura inútil. su fuerza desapareció. hombre? ¡Sólo es una maldita inglesa! Douglas lo agarró del cuello y lo levantó hasta que sus pies quedaron colgando y le costó respirar. Debería haberla seguido. En cuanto Douglas vio que le resbalaba una lágrima por la mejilla. lo que fuera. Se escuchó un único disparo y los pájaros salieron volando de los árboles. Elizabeth notó cómo le agarraban los brazos por encima de la cabeza. Tenía que hacer algo. Él debería haber estado allí.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Elizabeth abrió la boca para gritar. No podía ver. No podía respirar. que terminaba en la oreja. Él gritó y la golpeó en la mandíbula. lo hizo con una voz fría y dura como la hoja de una espada. Si quieres volver a ver salir el sol. Esa lágrima demostraba una pérdida de inocencia que Elizabeth llevaría consigo para siempre. La luz del sol empezó a desaparecer. Sólo podía oler su peste y notar cómo la presionaba con fuerza contra el suelo mientras intentaba liberarse de la tela escocesa. vio que lucía una horrible cicatriz en la mejilla. a través de la maraña de pelo. a los pocos segundos. que ahora estaba de pie y abrazándose para intentar que su cuerpo dejara de temblar. Era su deber como Escaneado y Corregido por MANOLI Página 74 . Levantó la pistola y le pegó el cañón al orificio nasal. y al otro hombre tampoco. Douglas se acercó a Elizabeth. pero antes de poder pensar qué era ese algo. —Esa «maldita inglesa». pero él se lo impidió con la mano. te perseguiré hasta donde estés y te mataré. No te pares hasta que estés agotado y vomites. Por lo visto. descolocándola un momento antes de volver a golpearlo en la cabeza. a poca distancia del cuerpo sin vida de su amigo. Pero ahora le habían destruido ese sentido de seguridad. que ya había gastado su disparo. y apestaba. Douglas lo tiró al suelo. es mi mujer. vio a Douglas a apenas dos metros de distancia y mirando el cuerpo sin vida del bruto que la había atacado. Entonces el hombre se puso de pie. Y entonces comprobó que se le estaba nublando la visión y se revolvió mientras él le agarraba la falda y se peleaba con las enaguas para levantarlas. No podía desmayarse. —¿Te ha hecho daño? Ella meneó la cabeza.

Tienes mi palabra. la dejó sin habla. cuando terminaba el peligro y volvía la paz. cuando se relajó y dejó de llorar. Ya no cuentas con la protección del nombre de tu padre y del hecho de que todos te conozcan. Y Elizabeth hizo lo mismo. No puedes ir por ahí sola. Al cabo de un rato. Tomó a Elizabeth entre sus brazos y la abrazó mientras ella se sacudía contra él y lloraba. No volverá a suceder. cómo se desvanecían los miedos y cómo la envolvía de calidez.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes marido y le había fallado. Elizabeth apenas oyó lo que le estaba diciendo. Douglas le había salvado la vida. sólo pensaba en lo mucho que la calmaba el sonido de su voz. No podía soportarlo. la damisela siempre hacía lo mismo justo antes del famoso: «Y fueron felices y comieron perdices». Recompensaba al caballero con un beso. Elizabeth levantó la cabeza muy despacio y lo miró. Escocia es un lugar salvaje e indómito. —Esto no es Inglaterra. Y como relataban los cuentos de hadas. pero estas montañas están llenas de soldados jacobitas. Sé que estabas enfadada y. Elizabeth —dijo él. hombres que hace meses que no ven una mujer y que estarían encantados de castigar a una inglesa desprotegida por la derrota en Culloden. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 75 . te he provocado demasiado. simplemente. Había matado por ella. Había decapitado al dragón. sí. con tranquilidad—. Fue su primer beso. Siento mucho no haber estado a tu lado cuando aparecieron. Y.

Sólo un roce de los labios. Además. —¿Si me he vuelto loco? —repitió él—. ocultándose la cara. Nada más. Ella no dijo nada. la única persona a la que no debería besar. Sin duda se estaba preguntando si se había vuelto loca. detrás de los árboles. escasos momentos antes. pudiera borrar los últimos minutos de su memoria. —¿Dónde están los caballos? —preguntó. con ese gesto. La hija de uno de los duques más ricos y poderosos acababa de besar a un pobre y humilde granjero escocés. precisamente a él? Era su marido. Una reacción básicamente emocional ante una situación angustiosa. —Y eso es todo lo que ha significado ese beso. Gratitud. y luego otro. Tenía los pensamientos escritos en la cara. —Claro. —Estaba charlataneando—. siempre he querido saber qué sentiría al besar a un hombre.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 10 —¿ Cómo te atreves? «¿Cómo me atrevo?» Douglas retrocedió cuando Elizabeth apoyó las palmas de las manos en su pecho y lo empujó. las bocas y los alientos que la había derretido por dentro… Elizabeth meneó la cabeza como si. Y esperó. he querido demostrarte mi gratitud. Lo he probado y ya está. Douglas simplemente la miró. ¿Cómo había podido hacerlo? ¿Cómo había podido besarlo. no ha sido nada. —¿Es que te has vuelto totalmente loco? Él parpadeó una vez. ¿Qué diablos he hecho yo? —¡Me has besado! Douglas meneó la cabeza. —Bueno. Elizabeth necesitaba hacer algo. —Un roce de los labios. Un beso. —Madre mía. Las mismas manos que. sólo lo miró con ojos desenfocados y a la defensiva. le temblaron las manos. así que se volvió y se dirigió hacia donde se le había caído el sombrero. Corría peligro y me has salvado. y se lo colocó en su sitio. ¿por qué había tenido que decir eso?—. Es como caminar descalza por la arena o… O como probar el whisky. lo que fuera. Lo miró. Cuando lo agarró por un extremo. Como es normal. para poner fin a aquellos momentos tan incómodos. porque no se le ocurría nada mejor que decir. Dos. Aunque no necesitaba decir nada para que Douglas supiera lo que estaba pensando. nada más. en un intento por distanciarse de él lo máximo posible. por el amor de Dios. Elizabeth dio un paso atrás. Un impulso. —Ahí. Douglas se la quedó mirando sin decir nada. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 76 . —Creo que sabes perfectamente lo que ha pasado. se habían aferrado con fuerza a la tela de su camisa.

al final. entre clanes… Entre escoceses e ingleses. Cuando el sol empezaba a descender sobre el cielo del oeste. Has tenido que hacerlo. será mejor que nos vayamos. La brisa sopló y las hojas de los árboles susurraron como lejanas voces de plañideras. Lo sabía. y luego otra. retrocedió. que no era el simple granjero que ella creía que era. un hito al que fijó un pedazo de la tela escocesa del muerto para señalarlo. aunque sólo de nombre. Como era de esperar. Pero no podía hacerlo. —¿Qué haces? Creía que nos íbamos. el sitio donde vamos a vivir. En lugar de eso. se agachó y empezó a recoger varias piedras de la orilla del río. con los caballos pisando firme sobre el suelo rocoso. —Primero tengo que enterrarlo. Douglas cambió de tema: —¿Hay algo que te gustaría saber de Skye antes de que lleguemos? ¿Tienes alguna pregunta? ¿Alguna preocupación? Escocia es un lugar muy distinto a lo que estás acostumbrada. Pero. cañadas y grandes pastos con pequeños muros de piedra que parecían infinitos. media docena o más. Douglas estuvo a punto de decirle la verdad. por respeto a su clan y por la santidad de una vida perdida. y señor de su propio castillo. Pero. que falleció cuando yo tenía siete años. se santiguó y recitó una oración en gaélico pidiendo la salvación del alma del muerto. Ha sido algo necesario para poner fin a un acto horrible. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 77 . —Estaba pensando en que nunca había visto la muerte tan de cerca. pero tenía noventa años y sabíamos que pasaría cualquier día. —No estoy contento de haberlo hecho. Los escoceses lo hacemos así. Por un momento. el horror del odio entre hombres. —Continuaron. un trato que le devolvería lo que era suyo por derecho. Qué raro que. sólo he vivido la muerte de mi abuela Minna. montaron en los caballos y continuaron su camino. sobrino del jefe. —¿Enterrarlo? Elizabeth miró las rocas. —¿En qué piensas? —le preguntó Douglas. En realidad. Había hecho un trato con el duque. Pero esto… Esto es distinto. había enterrado el cuerpo debajo de un montículo de rocas de río. y las fue apilando en el suelo. —Es algo con lo que yo estoy muy familiarizado. Casi una hora después. Elizabeth estuvo callada un buen rato mientras cruzaban colinas. cuando ella empezó a alejarse.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Bueno. —Ya he empezado a descubrirlo. Elizabeth se quedó de pie y observó cómo Douglas se inclinaba para recoger otra roca. Que era uno de los jefes del clan MacKinnon. después del beso. no sobre el papel. Al final. Elizabeth respiró hondo. él no la siguió. Siguieron cabalgando en silencio un poco más. dijo—: Dime cómo es tu casa. Dunakin. tengo que ofrecerle un entierro digno. De modo que respondió de la única forma que podía. Cuando terminó. pues si queremos recorrer otro tramo de camino antes de que anochezca. —Pero si le has disparado. —Cierto. casi se hubiera olvidado de que había un hombre muerto a sus pies.

pero no se parecen en nada a la categoría de hombres como mi padre. —Un MacKinnon nunca está solo. murió en Culloden. pero es cálida en invierno y tiene todas las comodidades que podamos necesitar. Además. Si Elizabeth se había dado cuenta de que no le había respondido. El clan de los MacKinnon está formado por miles de individuos. —Parece muy bonito. Douglas? Douglas la miró. pero yo soy el único miembro de mi familia. una pequeña posada a las afueras de un pequeño pueblo en las tierras bajas. Mi padre. volvió a Escocia dos veces. La piedra encalada y el techo de paja de la posada Escaneado y Corregido por MANOLI Página 78 . y está situada en una cañada en el interior de la isla. —No hay nada que lamentar. Ante todo. La construyó mi tatarabuelo para vivir allí con mi tatarabuela. murieron luchando por aquello en lo que creían. que también se llamaba Norah. pero nunca me llevaron a verlo porque el peligro era demasiado grande. Iain. ¿no es cierto? Douglas se avergonzó del comportamiento de sus compatriotas. Las montañas que la rodean están cubiertas de brezo y hay un río justo detrás. Elizabeth bajó la mirada. —¿Tú también eres jacobita. La famosa niebla de Skye te saluda desde el otro lado de la ventana cada mañana y te da las buenas noches cada día. —¿Y no tienes a nadie más? ¿Ni padres ni hermanas? —Elizabeth no se imaginaba vivir sin su numerosa familia. no insistió. ¿Cómo responderle la pregunta que él mismo se había hecho tantas veces que ya ni se acordaba? —No salí a luchar con el joven Pretendiente cuando levantó su estandarte en Glenfinnan el año pasado. Se exilió a Francia después de la rebelión jacobita de 1715. Los jacobitas de las primeras rebeliones eran otro tipo de hombres. ¿Cómo los llamas? ¿Tu clan? —El clan y la familia son dos cosas distintas. Nada grandioso como Drayton Hall.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Es una pequeña granja. —¿Y nunca ha vuelto? —Sí. Y desde los tres años que no veo a mi padre. Mi madre era Norah MacKinnon y murió al dar a luz a mi única hermana. Esos dos hombres de hoy… —Buscó la palabra más adecuada—. —Sí. —Dudó un momento —. —¿Eran jacobitas? —En todo el sentido de la palabra. —Lo siento. Me han dicho que murió a principios de este año y que está enterrado solo en algún lugar de Francia. y también mi hermano. Una fiebre se las llevó a las dos con días de diferencia. soy escocés. las risas y las disputas intrascendentes. Mi honor y mi deber siempre estarán ligados a Escocia. Eran de la peor calaña del mundo. Nunca te he preguntado por tu familia. Mi hermano pequeño. Mi padre y los que eran como él sabían por qué luchaban y seguían los dictados de su honor escocés. habían llegado a su destino para pasar la noche. Corría el riesgo de que lo capturaran. —Los hombres que me han atacado también eran jacobitas. —El amor que Douglas sentía por su tierra le había suavizado la voz e incluso humedecido los ojos—.

—Miró a Elizabeth—. Douglas le sonrió. cuando la señora ya se iba—. señora Hetherington —dijo Elizabeth. pero podemos traerte un catre para que duermas en la habitación contigua. también cenaremos en la habitación. pero si es Douglas Dubh MacKinnon que ha venido desde Skye para saborear mi comida. Màiri. —Se te ve muy bien. Elizabeth se fijó que cuando Douglas hablaba con sus compatriotas. —Vaya. Douglas.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes conocida como La Cabaña eran propiedad de un matrimonio. Se marchó con los pies descalzos. así que id subiendo y enseguida os llevo la cena. —Será perfecto. ella escocesa. Y gracias a aquella mezcla única. —Disculpe. todavía te trata bien? —Sí. Tom. Elizabeth tropezaba con los escalones y tenía que agarrarse del brazo de Escaneado y Corregido por MANOLI Página 79 . ¿Sería demasiada molestia que me prepararan un baño en la habitación. si no. si es posible. Douglas se rió. Sólo nos queda la habitación grande. él inglés. —Llevaba un delantal atado a su ancha cadera. si no te supone demasiadas molestias. Tenemos colcannon y haggis en la cocina con pan recién hecho. como no tenían lámpara. que estaba casi a oscuras. Son dos habitaciones conectadas a través de una puerta en el último piso de la posada. Un baño. bastante bien porque. Sólo hay una cama. Ya sabes dónde está la habitación. Douglas añadió: —Sí. también? Màiri miró a Douglas. Estaba muy oscuro y. Douglas le hizo una señal a Elizabeth y la guió hasta una estrecha escalera que había en una esquina del comedor. MacKinnon. un sonido fuerte e intenso que hizo que le brillaran los ojos azules. dos habitaciones. Màiri arqueó una ceja. ¿Ese hombre tuyo. escobando con la falda la suciedad del suelo cubierto de hierbas y juncos. un mechón de pelo suelto encima de los ojos marrones y una sonrisa tan cálida y acogedora como el fuego que chispeaba tras ella—. tendía a utilizar su lengua materna y añadir un toque gaélico a sus palabras. MacKinnon. —Ya sabes que no es ninguna molestia. —Pues no se diga más. Màiri Hetherington. Douglas sabía que no habría preguntas ni sospechas acerca de los dos recién llegados. —¿Un baño? No sabíamos que… —Màiri. Una mujer les dio la bienvenida cuando entraron en el bar. ¿la chica y tú queréis una habitación? —Dos —respondió Elizabeth antes de que Douglas pudiera abrir la boca. —Me temo que está un poco lleno esta noche. Màiri. Y. Màiri sonrió. desde la última vez que viniste a visitarnos. el viaje ha sido muy pesado y te agradecería si hicieras lo que pudieras para poder ofrecerle un baño a la señorita. —Entonces. sabes que ya le habría dado un buen golpe en la cabeza. Ha pasado mucho tiempo.

Ladra a cualquiera que ose acercarse a los cachorros. pero es la prueba del ingenio escocés cuando la necesidad obligó a comer algo más que el lomo de las ovejas. Ella lo aceptó y masticó despacio. Pero tengo un montón de mantas y lana que puedes colocar frente al fuego y te servirán de cama. mezclas un poco de avena con… —No. y la llenaron de cubos y cubos de agua caliente. Douglas sonrió. Aunque. Asintió: —Pica y es algo grumoso. una cama con dosel en una esquina y. Douglas se sentó con Elizabeth a la mesa que había frente al fuego. asintió y salió de la habitación. Se recordó que no podía permitirse estar cómodo con ella. sin duda. al fondo. Elizabeth habría dormido en el granero si hubiera sido necesario. la habitación parecía limpia. y luego se lo tragó. él abrió la puerta que daba a una generosa habitación debajo del tejado. seguramente. en la otra. un lavabo. Para hacerlo. —Será perfecto. con una bandeja apoyada en la cadera que humeaba y olía de maravilla. Douglas se arrodilló frente a la chimenea para encender el fuego. Te he traído una pastilla de jabón de hierbas y avena. Màiri llegó al cabo de poco. —Te lo diré. pero cuando lo hayas probado. Douglas había estado tan cómodo en su compañía durante la cena que había olvidado que debería irse. —¿Qué es el haggis. Le ofreció el primer bocado a una cautelosa Elizabeth. trajeron la bañera: un cubo de madera enorme que. Cuando el chico vació el último balde. —Me alegro que te guste. Tiene un sabor parecido a las salchichas. En lo más alto. —Tomó otro bocado. la habitación estaba bañada por una delicada luz rojiza que bailaba en las paredes encaladas. No me lo expliques. Tardará un poco. —Gracias. La mayoría de los ingleses creen que es un plato vulgar. —He puesto el agua a calentar en la cocina para el baño. Y. Frente a la chimenea de piedra había un pequeño banco y dos sillas. pero está muy bueno. A pesar del poco mobiliario.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Douglas. exactamente? Douglas cogió con el tenedor un poco de aquello que parecía un pudin con grumos. y he enviado a un chico a buscar la bañera. me temo que la perra de Tom ha decidido dar a luz a su camada en el catre. después de haberse pasado el día montando a caballo. A los pocos minutos. con cuidado. Elizabeth miró la bandeja de comida. Elizabeth se volvió hacia Douglas. —Elizabeth sonrió tímidamente—. Creo que. Cuando se marchó. Màiri. pero puedes cenar y tomarte un té mientras tanto. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 80 . cómoda y olía a hierbas. Màiri utilizaba para lavar la ropa de la posada. Mientras cenaban. es una de esas cosas que es mejor no saber. —Yo… eh… Me gustaría bañarme. Màiri continuó: —Douglas. que estaba estirado frente al calor del fuego.

Escaneado y Corregido por MANOLI Página 81 . Sin embargo. —Una hora bastará. pero al final lo consiguió. Se desató las cintas de la falda y las dejó caer al suelo antes de volverse hacia él. pues a ver qué puedo hacer yo con ese nudo. —Por Dios. intentó deshacer el nudo. Era la imagen de la belleza. suaves como la seda cuando los rozó con los dedos. A Elizabeth no se le había ocurrido llamar a Màiri. esta mañana me ha atado esto… el corsé. vestida únicamente con la camisola de lino y las medias blancas atadas con cintas encima de las rodillas. Él tiró de las cintas. Elizabeth asintió. ¿qué tipo de nudo es este? —Hay un truco para deshacerlo. pero nada. —¿Para qué? Ella se sonrojó. Se dio cuenta de que tenía que verlo de cerca y se arrodilló tras ella. apenas cubiertas por la camisola. —Dulcie. Sin embargo. Cada vez hacía más calor en esa habitación y a Douglas le costaba concentrarse en el nudo que había al final del corsé. mi dama de compañía.» Elizabeth se colocó frente a él y se recogió la melena pelirroja por encima de un hombro. Qué humillante. con lo cual sus ojos quedaron a la altura de las nalgas de Elizabeth. El corsé que quería que le quitara le envolvía el cuerpo. reduciendo la cintura a la mínima expresión y resaltándole los pechos. ocultando las mejillas sonrojadas. Douglas volvió a la habitación y cerró la puerta tras él. Vio que se estremecía. A contraluz y sonrojada.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —¿Una hora será suficiente? Mañana nos espera un largo día de viaje y deberíamos acostarnos temprano. Tenía el cuello y los hombros pálidos encima de las cintas que se cruzaban en el costado. —Bueno. Se quitó la chaqueta y luego la camisa que llevaba debajo. Por lo visto. —Me preguntaba si… puedo pedirte ayuda antes de que te vayas. de modo que le costó un poco. pero no cedió. «Santo Dios. y se desabrochó los botones de la parte delantera de su vestido de montar. Douglas notó cómo se le hacía un nudo en la garganta. aunque no es ningún problema. Se dio media vuelta. no creo que pueda quitármelo. —Ya. no ha querido acompañarme a Escocia. pero nunca lo he conseguido. el que sólo ella sabe deshacer. y se ve que ha utilizado su famoso nudo secreto. La tensión entre ellos echó chispas como el fuego. —Douglas… —Dime. gracias. Estaba nerviosa y le temblaban los dedos. Sin la ayuda de un par de ojos a mi espalda. Es mayor y yo puedo cuidarme sola. Tiró de la cinta. vio que se le ponía la piel de gallina y se vio sorprendido por la pregunta de cómo sería cubrir esa misma piel con la boca. no quería alejarse de las comodidades de Drayton Hall. Volvió a intentarlo con otra cinta. ya estaba en la puerta cuando ella se dio cuenta de que todavía no podía marcharse.

El corsé cayó al suelo. incluso peinarse era otra de las cosas que estaba acostumbrada que hiciera otra persona. Recordó cómo lo había notado cuando lo había besado. Y tuvo la necesidad casi incontrolable de saborearla. era la primera vez en sus veinticuatro años de vida que un hombre la tocaba de aquella forma tan íntima. bañarla. contemplando esa boca. —No. en lugar de molestarla o sorprenderla. le aceleró el corazón. Douglas sacó una pequeña navaja que llevaba en la media y cortó las tozudas cintas. la carnosidad del labio inferior. cuando vio que no se apartó. Sin mirar atrás.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Douglas siguió peleándose con las cintas. Pero Elizabeth sí que se había dado cuenta. Retrocedió. Incluso dio un paso hacia ella y. tan tangible. Vestirla. Volveré dentro de una hora. Desde que nació. —Quizá debería llamar a Màiri. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 82 . ella se dejaría. —La tensión entre ellos se había convertido en algo tan real. Sin embargo. Volvió exactamente una hora después. las manos de personas ajenas se habían encargado de cada detalle íntimo de su vida. Douglas tomó aire muy despacio y contuvo la respiración. con los dedos apoyados en la cadera. creo que ya casi lo tengo… ¡Maldición! Antes de que Elizabeth pudiera darse la vuelta para ver qué estaba pasando. Elizabeth todavía estaba en la bañera. Vaya que sí. Elizabeth se volvió hacia él. cubierta únicamente con la camisola de verano. supo que si la besaba. Y. Sin embargo. —Estaré en el bar mientras te bañas. y se concentró tanto que no se dio cuenta de que la había agarrado por la cintura con una mano. Tenía las mejillas sonrojadas y los ojos muy abiertos. salió de la habitación y cerró la puerta. Y también sabía que no se detendría tras un solo beso. Douglas se volvió. que podría haber tomado vida.

No estaba en Drayton Hall. Se volvió y dobló el cuello hacia un lado para desentumecerlo por haberse dormido en una mala postura. —¿Qué estás haciendo aquí? Douglas estaba tendido en la cama. apoyar la cabeza en la almohada y dormir. Recordó a Douglas diciéndole que volvería dentro de una hora y se dio cuenta de que no tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado desde entonces. A su alrededor. aunque no tenía ni idea de qué había comido. Santo Dios. podía estar subiendo las escaleras en ese mismo momento. sino en una remota posada en algún lugar al norte de la frontera escocesa. las paredes blancas teñidas de naranja por el fuego y la jarra de loza que servía de jarrón para un pomo de flores silvestres. Esperaba que.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 11 en la chimenea. formando un charco en el suelo. Estaba tan cansada que habría podido tenderse en el suelo y dormir hasta el día siguiente. La habitación estaba llena de sombras que se movían con el suave crujir de las llamas. que recordó dónde estaba. Y no fue hasta que vio mejor la habitación. Sólo quería meterse dentro de la cama. como qué vestido debía ponerse Catherine para ir al baile de los Sanderson o qué cinta quedaba mejor con el color de pelo de Matilda. o estar a punto de abrir la puerta. Sabía que había cenado. O más. Se colocó frente al fuego y alargó la mano para coger el paño grueso que le habían dejado para secarse. Podrían ser minutos. Se había quedado dormida en la bañera. —Estaba esperando a que acabaras de bañarte. ¿no? La respuesta más probable a esa pregunta hizo que Elizabeth se levantara de golpe. se secó los brazos y el pelo y se envolvió con él. corriera hacia la puerta y cerrara el pestillo. por un momento. La brisa de la noche le puso la piel de gallina a pesar de la calidez del fuego. Elizabeth no podía ver su expresión. para avisarla. tuvo la sensación de estar flotando. en la penumbra. todo era tranquilidad y. Estaba claro que la larga jornada a caballo le había pasado factura. A juzgar por la temperatura fresca del agua. con los brazos doblados detrás de la cabeza y contemplándola bajo la tenue luz del fuego. Se volvió hacia la cama y el camisón que la esperaban. Escuchó el silencio de la noche. Sólo le veía los ojos. Únicamente entonces respiró tranquila. en cualquier momento. Aunque llamaría antes de entrar. No tenía ni idea de que no estaba en su habitación de Drayton Hall. Llevaba el pelo húmedo y le goteaba encima de los hombros y la espalda. Miró hacia la puerta. Caro o cualquiera de sus hermanas entrara por la puerta con algún dilema vital que debía solucionar. Elizabeth se movió y abrió lentamente los pesados párpados ante un fuego que ardía Escaneado y Corregido por MANOLI Página 83 . después de habérselo lavado con el jabón de hierbas que Màiri le había dejado. ¿Había cerrado con llave? ¿O podía entrar en cualquier momento y encontrársela en la bañera? De hecho. Contempló el baile de las llamas en la chimenea. Ni siquiera recordaba cómo había llegado hasta esa habitación. con la intención de hacer exactamente eso… y de repente gritó como si hubiera visto a un fantasma. había pasado un buen rato.

como si toparse con una mujer desnuda fuera algo habitual. No está bien. Sí que lo había olvidado. La habitación estaba a oscuras y he tardado un poco en acostumbrarme a la poca luz. —¿Y cuánto tiempo llevas ahí. sus hermanas o el espejo de su habitación no era habitual. Y esperó. —Un caballero habría hecho notar su presencia —farfulló. pero la idea de tenerlo allí. no me lo digas. Una hora exacta. Elizabeth se aferró al paño con más fuerza. Será mejor que te metas en la cama. he supuesto que ya te habrías acostado. Douglas le dijo: —Se hace tarde y mañana nos espera otra larga jornada de viaje. que estaba a los pies de la cama. Agarró el camisón. No. —Por si lo has olvidado. para Elizabeth. —¿Por qué? —Porque estás tú. Es muy distinto. dio las gracias porque la habitación estuviera en penumbra. mirándola desnuda y dormida en la bañera. —No puedo.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —¿Bañ…? ¿Por qué no has dicho nada? ¿Por qué no me has dado tiempo para taparme? Por si no te has fijado. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 84 . Para él. pero él sólo se encogió de hombros. y ella lo sabía. aunque sin soltar el paño. No quiero saberlo. Elizabeth lo miró. he pensado que lo mejor sería sentarme y esperar a que te despertaras. —Sí. con el camisón en una mano y mirándolo como una estatua. estar desnuda ante alguien que no fuera la doncella. como bien sabes. viendo más de mi cuerpo de lo que ha visto nadie en mi vida? —Levantó la mano—. Y así ha sido. Douglas salió de la cama. de repente. deberías haberte marchado enseguida. Tenía razón. Dos veces. era humillante. He llamado a la puerta. la alfombra que estás dejando empapada tenía que ser mi cama. Pero. así que he entrado sin más. —Te he dicho que estaría fuera una hora. Aunque quizá lo era. Se quedaron mirando el uno al otro un buen rato. Cuando he visto que todavía estabas en la bañera. Cuando ella permaneció allí de pie envuelta en el paño. Volvía a sentirse desnuda otra vez. —Pero ¿tenías que entrar mientras me estaba bañando? —He entrado mientras dormías. hasta que él lo había mencionado. Elizabeth se sonrojó y. Como no has respondido. es cierto. —Pero. Sabía que estabas muy cansada y no quería despertarte. más para sí misma que para él. Bajó la mirada hasta el charco de agua y luego miró a Douglas. —No deberías estar aquí. No se le ocurría nada que responderle. Douglas la miró fijamente. —Cuando has visto donde estaba. yo no soy un caballero. ¡estoy desnuda! Él se limitó a asentir.

Esperó en esa habitación hasta que tuvo la certeza de que se habían llevado la bañera. una princesa mimada y consentida que creía que era el ombligo del mundo. se frotó el pelo con el paño y se puso el camisón. Descalza y con la cara sonrosada. sino en la cama. aunque le apretara la garganta. mirándola boquiabierto como un tonto. Elizabeth ya no estaba frente al fuego. alargó la mano y acarició la tela. Cualquier caballero lo habría hecho. Entonces entró y se metió en la habitación contigua para desvestirse. —Cámbiate ahí —Douglas señaló la habitación contigua—. jardines preciosos. porque había pasado de ser una dama noble llena de altivez e indignación a ser una chica sencilla que lo intrigaba mucho más. Después de cenar. Esa Elizabeth era todo un contraste. comprobando la textura del brocado con la yema de los dedos. puesto que hacía cinco minutos la había visto completamente desnuda. Incluso ahora. Se secó muy deprisa. En lugar de eso. la falda y el abrigo de montar perfectamente plegados encima del respaldo de la silla. con sólo pensar en ella. y él lo sabía. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 85 . Cuando se acurrucó de costado y se quedó en silencio en la oscuridad. Cuando se quitó la camisa por la cabeza. y con el pelo esparcido encima de la almohada. cuanto antes. la localidad de Kyleakin. Era un estúpido. Elizabeth tenía razón. En cambio. Su vida giraba en torno a bailes elegantes. Douglas se detuvo en la puerta y disfrutó de aquella visión. «Dunakin. Diré a los chicos que suban a llevarse la bañera y los platos de la cena mientras te vistes. seguía siendo la hija del duque de Sudeleigh. Douglas cogió la manta de lana que Màiri le había dejado y se dirigió a la otra habitación. Era algo ordinario.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —¿Puedo. el estilo de vida escocés. Se lo abotonó hasta arriba. Mi casa. mejor. —Eh… —Douglas dudó—. casi un cuarto de hora después. a nadie le importaría. nadie adivinaría que era la hija de uno de los hombres más poderosos de toda Inglaterra. una prenda de lino abotonada hasta el cuello y que le llegaba a los pies. nunca encajaría con ella. debería haberla despertado y haberle permitido que se vistiera en privado. debajo de varias capas de mantas. y el té de la tarde. pero no pudo evitar decirlo. parecía que la sangre le hervía. en la costa este de Skye. vestirme en privado? —Parecía una ridiculez. durmiendo. De forma impulsiva. pero no había podido evitarlo. cuando había regresado a la habitación y se la había encontrado dormida en la bañera. En realidad. ¿Acaso no había intentando manipularlo para fingir un matrimonio falso sólo para horrorizar a su padre ante la idea de tener por yerno a un escocés pobre? Jamás lo entendería. Era una estupidez tan siquiera planteárselo. se había quedado observándola a la luz del fuego. Elizabeth se esperó hasta que Douglas se hubo marchado. su estilo de vida. Por muy tentadora que fuera. Cuando Douglas regresó. y luego abrió la puerta de la habitación contigua.» Eso es lo único que debería ocupar su mente. y entonces salió. Tenía los pies debajo del cuerpo mientras se desenredaba el pelo húmedo. Elizabeth estaba sentada en una silla frente al fuego. vio la ropa de Elizabeth. —¿Qué piensas? —preguntó Elizabeth cuando lo vio allí de pie. Sólo se fijarían en que parecía y olía a una mañana de verano. En nada. Era un completo y absoluto idiota por estar pensando en ella en esos términos. pero ella lo convertía en algo encantador. al menos. Douglas colocó su almohada en el suelo y se tendió en la alfombra que le serviría de cama. ni las cosas que le importaban. que muchas mujeres realizaban a diario. Debería concentrarse únicamente en deshacerse de ella y.

porque hace muy buen día y podremos avanzar bastante. La tranquilizó encontrar. cuanto más se alejaban de Inglaterra. Parpadeó. El viaje nos aguarda. Douglas se preguntó si habría pasado tan mala noche como él. estaban una hora. o varias. se había despertado al alba. ¿Por qué no me has despertado antes? Douglas le mintió: —Estaba más cansado de lo que creía. —Ya hace un rato que ha amanecido. las colinas rocosas y los brillantes brezales. Aunque no pasa nada. Las horas que siguieron. y los caminos se estrecharon hasta convertirse en senderos. La niebla del despertar la había dejado inexpresiva. y los días que siguieron. —Me muero de hambre. Avena cocida. con el pelo hecho una maraña después de dormir toda la noche. Douglas llevaba casi una hora paseándose por la habitación. sin Escaneado y Corregido por MANOLI Página 86 . un corsé que se ataba por delante. Me he dormido. Se dijo que. —Es hora de levantarse. Los árboles se fueron espaciando. más rocoso era el paisaje. Màiri lo ha traído hace un rato. a tierras conocidas. A veces. Miró por la pequeña ventana que había al otro lado de la habitación. Todavía tenían que recorrer kilómetros y estaba impaciente por poner rumbo a casa. Bonitas casas encaladas con pintorescas ventanas y macetas de flores de colores fueron dando paso a cabañas con tejados de paja construidas contra la roca. entre todo lo que llevaba en el equipaje. Cuando la luz de la mañana le iluminó la cara. pan recién hecho y té.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes escuchando la respiración de la chica. ¿Tienes hambre? Ella asintió. Elizabeth se pasaba el día contemplando el paisaje escocés. —Hay comida en la mesa junto al fuego —dijo él—. corbata blanca de gasa y tricornio. La vio revolverse. en casa. Apenas había dormido un rato en esa alfombra del suelo. listo para marcharse de allí. Elizabeth abrió los ojos y lo miró. como un girasol que va levantando la cara lentamente hacia la luz. En realidad. La fascinaba más que cualquier otra cosa que hubiera visto. sólo podía esperar que esos dos meses pasaran muy deprisa. Podría olvidarse de la incomodidad de los últimos días y encargarse de los asuntos que reclamaban su atención. Se hace tarde. intentando despertarla sin demasiado éxito. se sentiría mejor. y se había pasado las horas mirando el techo y escuchando cómo Elizabeth se peleaba con sus sueños. Al parecer. Desayunaron deprisa y se prepararon para partir. Le costaba despertarse. porque no tenía ninguna intención de pedirle a Douglas que la ayudara a vestirse cada mañana. Mientras Douglas se encargaba de los caballos. se cepilló el pelo para deshacer los nudos y se lo ató a la nuca con una cinta negra. pasaron bastante deprisa y sin más novedades que alguna lluvia ocasional o alguna oveja descarriada. y en algunos lugares era incluso imposible encontrarlos. Elizabeth se vistió con un sencillo traje de seda negro. Como no estaba acostumbrada a peinarse ella sola.

Ellos eran las auténticas víctimas de la rebelión frustrada. Roderick señaló la mesa del rincón del comedor. He oído que encerraron a decenas en un granero y le prendieron fuego. pretendía asegurarse de que Escocia no volviera a rebelarse. Cuando Douglas los presentó. Si al joven le sorprendió descubrir que Douglas estaba de repente casado. o los dejaron morir en aquel sangriento brezal. igual que algunos más. tengo que comentar algunos asuntos con Roderick. ejecutados allí mismo. caballeros. en una posada donde pararon a pasar la noche en lo más profundo de los Highlands. Y los ojos eran de color gris claro. Douglas querría explicarle la situación y la extraña petición de su padre para los próximos dos meses. El único consuelo es que Escaneado y Corregido por MANOLI Página 87 . —Por lo que he oído. Era castaño claro y llevaba un abrigo negro y una tela escocesa de tonos verdes oscuros y azules. Daba igual que no hubieran participado de la rebelión. Hablaban con Douglas en gaélico y le explicaban que los habían expulsado de las colinas y que las tropas inglesas intrusas les habían destrozado las casas. Elizabeth se quedó atónita. Murieron miles de hombres. te presento a Elizabeth. Fue entonces cuando Douglas oyó los primeros relatos auténticos sobre la caída de los jacobitas en Culloden. Douglas se volvió hacia ella y dijo: —Elizabeth. tenían que recibir su castigo. Tenía un rostro apuesto. Seguramente. —¿Cuántos muertos? —¿Por parte de los rebeldes? Por lo que dicen. Luego. —Buenas noches. Y. y a Elizabeth no le apetecía volver a oírlo. —Lo miró fijamente—. simplemente. Sin duda. como tal. —¿De veras? —Miró a Douglas. estaremos despiertos hasta altas horas de la madrugada. Roderick. Esta rebelión es un asunto sucio y sangriento. Asintió. Es un MacKenzie. si es que se puede llamar así.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes cruzarse con nadie. pero eso fue todo. pero. donde podrían hablar con más libertad. Douglas se encontró con una cara conocida. terminó en una hora. La batalla. no lo demostró. sino con facciones más finas. Un placer conocerla. El duque de Cumberland. señora. Esa gente era escocesa y. tras la muerte de mi madre. Roderick es mi hermano de leche. aproximadamente de la edad de Douglas. —¡Roderick! Era un hombre joven. cuando lo hacían. Jamás. eran chicos descalzos o madres desesperadas que cargaban en un carro sus únicas pertenencias. Mi esposa. Una noche. nos criamos juntos. —¿Tu hermano? Pero creía que habías dicho que tu hermano había… Dijiste que estaba… —Ese era mi hermano Iain. todos. se inclinó sobre la mano de Elizabeth—. ¿Por qué no vas a acostarte? Ha sido un día largo y mañana nos espera otro todavía más largo. y nada menos que con una inglesa. El príncipe escapó. Otros fueron tomados prisioneros o. hijo del rey Jorge II y líder de las fuerzas inglesas que habían derrotado a los jacobitas. Pero es imposible. Cuando se hubo retirado a su habitación. y no en el sentido más duro de Douglas. aunque la mayoría de los que estaban en el grueso de la batalla murieron o fueron interceptados cuando intentaban huir. nunca tuvieron ninguna oportunidad de alzarse con la victoria.

Roderick. que sepas que soy todo oídos. Nadie lo traicionará. Desde las sombras. El fuego que tenían detrás echó chispas y se agitó cuando alguien añadió una turba fresca. Haciendo caso a sus consejeros. —Roderick bebió un sorbo de cerveza e hizo una mueca más por la amargura de sus palabras que por la propia bebida—. ¿verdad? Douglas asintió con el ceño fruncido. La cerveza fluía. con esa idiota sonrisa en la cara y un par de historias que explicarte con una cerveza en la mano. y el principio del fin para los jacobitas. y no había nadie de mayor confianza que ese hombre. Es la única familia que me queda. —O muerto. antes de que decidas irte a dormir. Ha puesto precio a la cabeza el príncipe. Y. sobre todo cuando la información acerca de Cumberland y sus nueve mil hombres resultó ser falsa. Carlos ordenó la retirada. no da cuartel a los que va encontrando por los caminos. Es un superviviente. Roderick miró a Douglas y se dio cuenta de que no lo estaba escuchando. De eso puedes estar seguro.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes no acudieron todos los que estaban llamados a luchar. —No te creas las noticias de su muerte. Douglas. aquella acción resultaría ser el punto de inflexión de la rebelión. En realidad. —Cualquiera que consiguiera salir con vida del campo de batalla. Bebió un buen sorbo de cerveza. pero como si quiere ofrecer cien mil. quería explicárselo a alguien. Al final. Y otros. Roderick dijo: —Bueno. —Piensas en el joven Iain. estará en Dunakin para recibirte cuando llegues. —Esas son las mejores. Roderick. ese carnicero. Al final. Estuvieron a punto de lograr la victoria. —Todo empezó cuando me encontré con un carruaje embarrado en un camino… Escaneado y Corregido por MANOLI Página 88 . Tu hermano nunca moriría en un campo de batalla. simplemente desertaron porque se dieron cuenta de que la causa estaba perdida después de la retirada de Derby. las fuerzas escocesas habían entrado en Inglaterra y habían tomando la ciudad de Derby. y en contra de su opinión. pero se ve que voy a tener que preguntártelo. ¿Vas a decirme qué diablos haces casado con una inglesa cuando ya estás prometido a Muirne MacLean de Carsaig? Douglas miró al otro lado de la mesa. lo tragó y empezó con el relato. —Todavía albergo esperanzas. una camarera se rió. Y también acabaría demostrándose que había sido un error garrafal. Se quedaron en silencio y bebieron cerveza mientras cada uno pensaba en sus cosas. Douglas sabía que tendría que explicárselo todo. Recibieron la llamada para acudir a la batalla demasiado tarde. Jorge II había dado órdenes de que mudaran su residencia de Kensington Palace. he estado esperando a que saliera de ti. A principios de diciembre. treinta mil libras. hasta que llegó un mensajero al campamento del príncipe diciendo que Cumberland y un ejército de nueve mil hombres les pisaban los talones. —Es una larga historia. Douglas asintió. algunos habían vuelto a los Highlands con la familia. a unos escasos doscientos kilómetros de Londres. El hijo del rey. Él mismo había oído rumores mientras estaba en Londres. Después de Stirling. Seguramente. Es un malvado sangriento. acabará prisionero cuando lo encuentren —dijo Douglas.

Sólo hay que echarle un vistazo para saberlo. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 89 . Fue él mismo quien puso la condición de que. a Malcolm MacLean no le hará ninguna gracia que tengas esposa cuando se presente con su hija para la boda. conseguiré recuperar Dunakin. lejos del castillo. El matrimonio con Muirne tendrá que esperar un poco.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Cuando terminó. tres cuartos de hora después. Un problema. Que le encargue tareas como tejer o sacudir el polvo de las alfombras. —MacLean no tiene por qué saberlo. —¿Y qué harás si los MacLean se enteran? La lucha entre los dos clanes ya dura demasiado. No tiene por qué saberlo. Cuando hayan pasado estos dos meses. Me aseguraré de ello. pero no tengo pensando pasar el tiempo suficiente con ella para meterme en más problemas. así que la instalaré en la granja. Dos meses. No sabe que soy el dueño de Dunakin. tendría que recuperar Dunakin. estará suplicando regresar con su padre. Roderick se reclinó en la silla y agitó la cabeza con lástima. —Pero es que siempre tienes la habilidad de meterte en problemas. Douglas MacKinnon. No tengo otra opción. lo más importante. Con tu compromiso con Muirne acordado desde hace años. —Ya. Y permanecer casado con esa chica inglesa durante dos meses es la única forma de poder recuperar Dunakin. Lo único que tengo que hacer es mantenerla escondida hasta que su padre venga a buscarla. Y ya está. antes de entregarme la mano de Muirne y acabar con la guerra. Y eso es lo que representa la que está durmiendo arriba. —Douglas miró a Roderick fijamente y repitió—. Conseguiré la nulidad y. La vida de esposa de un granjero no es vida para una noble inglesa. Funcionará. y le diré a Eithne que la vigile.

hablando en gaélico con sus anfitriones frente al fuego de turba. pero era la esposa de Douglas… al menos. era una tradición legendaria entre los escoceses acoger a aquel que lo necesitara. Los lagos silvestres resplandecían bajo el cielo nocturno de ónice. alejadas de las grandes ciudades. hacer frente a los infernales mosquitos. Tenían muchos motivos para mostrarse cautelosos con ella. Era una cuestión de tradición. todas las personas que se encontraron trataron a Elizabeth con amabilidad y hospitalidad. Puesto que las posadas eran escasas. los pueblos habían sido asaltados y quemados. según le había explicado Douglas. él ya estaba vestido y esperándola. Estaban esparcidas por los inhóspitos prados. o si dormía. no habían vuelto a compartir habitación. pero Douglas enseguida encontró refugio hasta que fue seguro continuar. Al visitante no se le hacía ninguna pregunta antes de ofrecerle comida y bebida. habían pasado a poca distancia de los soldados ingleses. Como había hecho desde el inicio del viaje. con lo que el núcleo de la búsqueda se centraba en el mar. la belleza inigualable… Era fácil entender por qué Douglas estaba tan orgulloso de su tierra. En las tranquilas cañadas. La soledad genuina. a Elizabeth le resultó extraño el hecho de presentarse sin avisar en casa de un extraño. pisoteadas o quemadas y. Por el camino. durante el viaje. los guió por una ruta alejada de los caminos principales. pasaban las noches en casa de conocidos o desconocidos. Una cuestión de honor. y cuando ella aparecía al día siguiente. empequeñecida por un claro en el bosque acariciado por la lluvia nocturna. pero. sacrificadas no por la carne. sobre el papel. pudriéndose bajo el sol. Douglas se enteró de que los ingleses habían perseguido al príncipe hasta las Hébridas Exteriores. el tiempo había resistido de forma sorprendente. quien se atrevía a protestar. con el cielo soleado y la niebla ocasional por la noche. incluso un enemigo estaba a salvo bajo la protección del techo de su anfitrión. a pesar de las tácticas despiadadas de los ingleses hacia los escoceses. En dos ocasiones. El paisaje era impresionante. reflejando en sus aguas cristalinas el brillo de la luna de los Highlands. y rodear un río desbocado a consecuencia de la lluvia.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 12 los sorprendió una tormenta. Siempre se quedaba despierto cuando ella se acostaba. pero al final cruzaron los accidentados Highlands y llegaron a la costa occidental de Escocia. durante la cual tuvieron que refugiarse en una cueva cuando Página 90 . Exceptuando una fuerte tormenta. Por lo tanto. Vieron cientos de esqueletos de vacas y ovejas. como si la Madre Naturaleza estuviera esforzándose para que tuvieran un viaje tranquilo. allí donde veían una vela encendida en el interior de una casa. Desde la primera noche en la posada de la frontera. a través de pequeños pueblos y frondosos bosques sólo accesibles a alguien que conociera el terreno. Al principio. Elizabeth no tenía ni idea de dónde dormía Douglas. facilitándoles a ellos el poder ir de cañada en cañada sin ser vistos. Sin embargo. sino para evitar que los campesinos escoceses pudieran alimentarse con ellas. solía acabar con un tiro en la cabeza allí mismo. maravillada por la austera belleza de las montañas rocosas. Las cosechas estaban destruidas. Escaneado y Corregido por MANOLI Tardaron una semana. la protegían. Elizabeth solía detenerse a disfrutar de las vistas. Y. los soldados ingleses habían dejado muestras de la devastación aplicada a los escoceses a su paso.

Se plantaron frente a Douglas y Elizabeth cuando éstos se acercaron. enfatizando las erres y entonando como un granjero. Douglas se lo esperaba y se volvió hacia Elizabeth. Elizabeth vio que Douglas se tensaba en la silla y se aferró. y me gano la vida allí. a las riendas del caballo. como le pasaba a ella tantas veces. El segundo soldado dio un paso adelante. cuando bajaron la mirada. Sin embargo. con el ferri de Glenelg. nerviosa. Su voz estaba teñida del orgullo que Elizabeth tantas veces había oído en la voz de su padre cuando se refería a Drayton Hall. así que ella se acercó un poco más y se quedó a un lado. intentando provocar una respuesta violenta. —Miró directamente a Douglas mientras escupía a las patas del caballo. pero por fin alcanzaron la última colina y. con los ojos entrecerrados debajo de una peluca empolvada horrible—. Era más alto que su compañero aunque igual de beligerante. se encontraron con las Hébridas rodeadas de niebla. —Mira. —Ponte la capucha de la capa y quédate detrás de mí. con los abrigos rojos llamativos en la niebla. con la cara cubierta por la capucha de la capa. Yo hablaré con ellos. Douglas estaba impaciente por llegar a casa y volver a estar entre su gente. un hombre rechoncho y fornido. en un pequeño pueblo costero llamado Glenelg. —Zarparemos hacia Skye por la mañana. el dulce balanceo del caballo y el camino vacío e interminable que tenían delante. Ninguno de los dos miró a Elizabeth. Lo había dicho con mucho acento. que estaba sentada en su caballo. esa última noche tendrían que quedarse en tierra firme. El hombre miró a su compañero y le hizo una señal con los ojos. Douglas había colocado el caballo delante de Elizabeth para que no viera nada. ¿Adónde creéis que vais? Douglas detuvo el caballo. retrocedió un poco cuando los dos empezaron a acribillarlo a preguntas para distraerlo. Hubo un momento en que creían que nunca iban a llegar a Skye. y así tener una excusa para abrir fuego. Fue entonces cuando vio que el soldado más alto estaba mirando la pistola y la espada que colgaban de la cintura de Douglas. y pretendo regresar —respondió él. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 91 . es la que está más cerca —dijo Douglas mientras señalaba Skye en la distancia. quizás incluso provocarlo para que entrara en una confrontación. El otro asintió y. Justo cuando tomaron el solitario camino que daba acceso a la remota cañada y su pueblo. —Vivo en Skye. lentamente. —¿A Skye? —preguntó el alto—. Elizabeth le hizo caso e intentó ignorar el intenso latido del corazón que notaba en la garganta y lo siguió hasta donde estaban los soldados. —¡Alto! —exclamó el primero.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Elizabeth se preguntó cómo conseguía no dormirse en la silla de montar. se encontraron con una patrulla de soldados ingleses que les cortaron el paso. Elizabeth se dio cuenta de que pretendían sorprenderlo. Pareció que arrugaba la nariz ante la ropa escocesa sencilla de Douglas y su aspecto cansado después del viaje. buen hombre. acunada por el canto de los pájaros. ¿Y qué se os ha perdido en aquel trozo de roca asqueroso? Allí no hay nada excepto ladrones y chusma. con la mirada incómoda.

Hace veinticinco años que mi padre está en Francia. mientras adelantaba el caballo y se quitaba la capucha de la capa—. El miedo estaba muy difundido durante la rebelión. que era el que parecía estar al mando. pero no dijo nada. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 92 . Y el hecho de que él fuera escocés bastaba para sospechar de sus intenciones. Quizá tú sabrías decirnos dónde encontrarlo. —Douglas fue muy meticuloso a la hora de elegir sus palabras—. pero nosotros acabamos de llegar a Escocia. Douglas se volvió hacia Elizabeth. ¡Maldita sea! ¿Por qué no le había hecho caso? Si los soldados hubieran creído que sólo se trataba del granjero escocés y su esposa. simplemente por sospechas de traición. lo que fingían ser. —Tu padre y tu hermano son traidores de la Corona. así que tendréis que esperar hasta que pueda recibiros. tenía la esperanza de que los dejarían pasar sin demasiadas preguntas. se lo metería en la boca y la amordazaría. —Douglas MacKinnon. —¿Y qué se le ha perdido en Londres a un escocés? ¿Esperando tu oportunidad para cortarle el cuello al rey con tu skian dhu? Era un cargo serio. al que se busca por traición a Su Majestad el rey Jorge. Tenía que hacer algo. con su educado discurso y su acento inglés. Aunque no tenéis de qué preocuparos. Las autoridades habían retenido a hombres en la Torre de Londres. Y casi lo había logrado. Igual que mi padre. pero ahora. se volvió hacia Douglas. —Se nos ha informado de un tal Iain MacKinnon de esta zona. Se temía algo así. Nada. De modo que hizo lo único que se le ocurrió para distraer a los dos soldados e impedir que siguieran con su juego. Os vamos a instalar cómodamente en el cuartel Bernera. —¿De veras? Pues se dice que ambos estuvieron en Culloden liderando a un grupo de MacKinnon contra las fuerzas del rey. —Eso es imposible —respondió Douglas—. al coronel Lyon no le entusiasma hablar con chusma escocesa los martes. —Creo que quizá deberíamos llevaros a los dos ante nuestro oficial. pero él le estaba dando la espalda. Entendemos la necesidad de su vigilancia en esta zona después del reciente levantamiento. ¿En qué te convierte eso? Douglas bajó la voz. —Tengo entendido que mi hermano está muerto.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Elizabeth miró a Douglas para intentar avisarle. ¿Qué podía decirle? Si tuviera algo a mano. Elizabeth había conseguido que los miraran con un interés renovado. Somos recién casados y pretendemos llegar a casa lo antes posible. —Yo no he participado en la rebelión. y deprisa. Y luego fui hasta Northumberland para recoger a mi esposa antes de regresar a casa. El más bajo. —Amables caballeros —dijo. de repente. —El soldado rechoncho se encogió de hombros y añadió—: Obviamente. incluso. un guante o una media. Los soldados se miraron. He estado en Londres. escocés? Douglas se irguió en el caballo. hijo del traidor Lachlan MacKinnon de Dunakin. y uno que fácilmente podrían imputarle puesto que había estado en Londres y había tenido la oportunidad de hacerlo. a veces durante años. —¿Cómo te llamas.

estaba impecable. habló con la voz de la hija del duque de Sudeleigh. y había recorrido el continente con el padre de Elizabeth. la chica lo recordaba como el alegre «tío». Douglas volvió a colocar la mano a su lado. Conocía al duque de Sudeleigh desde sus días de juventud en Eton. Y totalmente loca. ¿se puede saber qué haces tú aquí en los Highlands? Santo Dios. —Elizabeth. En realidad. El soldado miró a Elizabeth fijamente. añadió—: Su ahijada. Su pelo. que seguro que superaba el metro ochenta y la mitad en ancho de hombros. con una pequeña sonrisa. Sólo tenía una opción. el mismo. Elizabeth miró a Douglas. —Sí. se lo agradeceríamos. el coronel Emery Lyon. por algún motivo inexplicable. —Elizabeth… Ella lo ignoró. —Por favor. Douglas sabía que. Sus ojos se cruzaron una milésima de segundo. Llevaba ropa limpia y desplegaba unos modales de perfecto anfitrión. atado con una cola de caballo baja. Los ojos de Elizabeth parecieron decirle: «Confía en mí». que te crees merecedora del honor de la compañía del coronel? Elizabeth se irguió en la silla y alzó la barbilla en un gesto muy similar a su padre. Cuando volvió a abrir la boca. a lo lejos.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Señaló. cabo? —le preguntó al soldado más alto —. que antaño fue rubio platino pero que ahora parecía de color plata deslustrada. estratégicamente situados para dominar el pueblo que descansaba a sus pies. Y. —¿He oído que mencionaba al coronel Lyon. querida. —¿Y tú quién eres. el que había Escaneado y Corregido por MANOLI Página 93 . del regimiento de a pie de Lyon? «¿Qué diablos estaba haciendo? ¿Estaba tarada?» El soldado se concentró en ella. no los soltarían con vida. La mirada que clavó en el soldado iba cargada de toda la arrogancia noble que pudo reunir. color avellana con color azul. informe al coronel Lyon que lady Elizabeth Drayton quiere verle. Por lo visto. adelantó su caballo y se colocó entre él y los soldados a propósito. maldita sea otra vez. sí que estaba tarada. —Perfecto. En tal caso. Desde que tenía uso de razón. Acercó lentamente la mano izquierda a la pistola. El coronel Emery Lyon salió de su despacho a grandes zancadas pocos segundos después de que su ayudante le hubiera informado de que Elizabeth lo estaba esperando. si entraban en el cuartel inglés. mientras él buscaba alguna explicación de lo que estaba haciendo. él lo hizo. había pasado los veranos en Drayton Hall. por casualidad. ¿No será. y casi lo había conseguido cuando Elizabeth. ¿va todo bien en Drayton Hall? ¿Tu padre está bien? A los cincuenta y dos años. a una serie de edificios de piedra gris amontonados en lo alto de una colina. le ruego que nos lleve a verle de inmediato. era un hombre grandullón. —Y luego.

—No. las grandes distinciones habían llegado con la carrera militar. —La tomó de la mano y se volvió hacia donde estaba Douglas. Y dime. Douglas se imaginaba lo que debía de estar pensando: la ahijada que creía que nunca se casaría ahora aparecía con un marido sin título y. Elizabeth. —¿De modo que os conocisteis cuando se rompió una rueda del carruaje. he estado un poco ocupado. Sin embargo. Douglas Dubh MacKinnon de Skye. asintiendo con la cabeza. sofocando esta rebelión. escocés. Nos casamos en una posada cerca de la frontera escocesa y enseguida fuimos a Drayton Hall para que Douglas conociera a la familia. —Es increíble. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 94 . El coronel recibió a Elizabeth con un cálido abrazo mientras ella le daba un beso en cada mejilla. —Y dime. mientras le ofrecía la mano—. los bandidos os atacaron y el señor MacKinnon acudió a rescataros? —Sí —respondió Elizabeth. aunque fue una historia llena de mentiras con alguna verdad de por medio. Y ya sabes que nunca he sido una de esas jóvenes que sueñan con enamorarse perdidamente. ya lo sé. Y lo sabes perfectamente porque. el coronel se recuperó enseguida para ofrecer a Douglas la respuesta apropiada: —Señor MacKinnon —dijo. ¿Qué tienes? ¿Diecinueve años? ¿Veinte? —Tengo veinticuatro —respondió ella. ¿Y por qué no me invitaste a la boda? Admito que. —Debió de ser un encuentro interesante. —Sí. estuvo encantado y lo recibió con los brazos abiertos en la familia. Douglas retrocedió y escuchó cómo Elizabeth explicaba al coronel la historia de cómo se conocieron y el posterior matrimonio. Apareces de la nada… y de la mano de tu marido. al principio papá se enfadó bastante. tuviste que escuchar a mi padre lamentarse sobre mi más que probable eterna soltería. que contemplaba la escena en silencio—. sonriendo—. uno cuya reputación por el valor y el honor de sus integrantes era incomparable a cualquier otro del ejército inglés. pero. La expresión del coronel inglés pasó del placer más genuino a la mezcla de confusión e incredulidad. —Lo miró fijamente—. lo que le había valido liderar su propio regimiento. no te equivocas. en cuanto conoció a Douglas y pasó tiempo con él. encima. observándola con el ojo experto de un soldado veterano—. Un placer. ¿Me equivoco? El coronel meneó la cabeza. permíteme que te presente a mi marido. pero es exactamente lo que pasó. —Señor. Elizabeth los presentó. ¿cómo se tomó tu padre la noticia? —Bueno. la última vez que estuviste en Londres. —Parece que hace siglos que no te veía —dijo él. Douglas le devolvió el saludo. querida. Sin embargo. pero al menos podrías haberme enviado un pedazo de tarta.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes fomentado su amor hacia la poesía y le había enseñado a montar a caballo en cuanto aprendió a caminar. sonriendo a Douglas. Aunque ya veo que tanto lamento no tenía motivo. intentando sonar informal—. ¿cuándo ha pasado todo esto? —preguntó el coronel.

Y no ha tenido nada que ver con la rebelión. pero insisto en que os quedéis a pasar la noche aquí y seáis Escaneado y Corregido por MANOLI Página 95 . Se volvió hacia Douglas—. ¿verdad? —No. que veía mucho más. observándolo. —Sí —respondió Douglas—. sus hombres han pensado que quizás había algún problema. ¿No puedes ayudarnos dejándonos embarcar en el ferri para que pueda instalarme en mi nueva casa? El coronel miró a Elizabeth unos segundos. El coronel lo miró fijamente. ¿Su padre es Lachlan MacKinnon de Dunakin? Douglas inclinó la cabeza. es el mismo que actualmente está buscado por crímenes contra la Corona durante esta rebelión? —Sí. Mi ayudante me ha dicho que os han detenido de camino a Glenelg. pero no dijo nada. O que mi padre. —Sí —intervino Elizabeth—. incluso mejor que su madre. —Tenemos órdenes de ir con mucha cautela en todos los puertos hasta que encuentren y atrapen al Estuardo. de que Douglas no es más jacobita que… que yo. Si no puedo confiar en mi propia ahijada. Y. El coronel asintió. El coronel entrecerró los ojos. ¿es realmente necesario? No me he separado de mi marido ni un segundo en los últimos quince días. a estas alturas. por lo visto. Al final. —Pero usted no es jacobita. —Ya veo —dijo el coronel. Elizabeth continuó: —Sólo queremos terminar un viaje largo y arduo. olvidó que estaba hablando con la persona que. Iain MacKinnon. No acudí a la llamada del prín… —se corrigió—… del Pretendiente. Aunque no veo qué tiene que ver eso con nosotros. Mi ayudante Duff le entregará el salvoconducto para que puedan embarcar y para proteger sus tierras de las invasiones que su Excelencia el duque de Cumberland ha ordenado contra las casas de los rebeldes conocidos. Pero. en cuanto a mi hermano. —Sí. seguramente. señor. Entró un escudero con varias hojas de papel y se las entregó al coronel. —MacKinnon —dijo. Te doy mi palabra. como hija del duque de Sudeleigh. ¿en quién confiaré? —Miró a Douglas—. Arreglaré los papeles para el ferri. Al intentar dibujar una escena de felicidad y bendición. Douglas no es jacobita. ya sabrá que los jacobitas fueron derrotados en Culloden. Douglas miró a su mujer. no puedo hablar por boca de él. Seguro que. conocía mejor a su padre. —Coronel. Éste se disculpó y se tomó su tiempo para leerlas. dijo: —Está bien.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Y ahí es cuando Elizabeth exageró del todo. por ejemplo. Podréis salir por la mañana. Que queríais ir a Skye por la mañana en ferri. —¿Y su hermano. levantando la mirada de los papeles—. —¿Permitiría que registráramos sus pertenencias y a usted mismo? Elizabeth intervino. pero prefirió esperar antes de emitir un juicio sobre la situación.

Douglas la aceptó e inclinó la cabeza. Las paredes estaban llenas de cuadros con marcos dorados. no mostró ni el más mínimo signo de nerviosismo ante la noticia de la boda de Elizabeth con Douglas. cuando los presentaron. lady Lyon. —No te burles de mí. ¿os quedáis? Elizabeth miró a Douglas antes de dar la única respuesta posible: —Por supuesto. y dueña de una discreción que su marido no había mostrado. —Le ofreció la mano. de repente. sin habernos dado ni una sola pista? Mírate. casada. —Y tú. ¿Qué ha sido de mi ahijada de seis años. A Douglas lo asaltó una imagen de Elizabeth. a los seis años también quería ser la próxima reina de Inglaterra. Y ahí estabas tú. que nunca pensaba casarse? Elizabeth se sonrojó. y lady Lyon no me perdonaría si no pudiera verte y felicitarte personalmente por tu boda. ¿cómo te atreves a presentarte ante nosotros después de tanto tiempo y. La posada de Glenelg no es la mejor opción para una joven dama como tú. señor MacKinnon. Lady Lucinda Lyon era una mujer cálida y acogedora. por supuesto. Juraría que has crecido un palmo desde la última vez que te vi. y la enorme chimenea estaba encendida. cuyos hoyuelos se hundían cada vez que sonreía. —¿Pasamos al comedor? —preguntó lady Lyon. recibió a Douglas con unos modales afables e intachables. A ambos lados había unas elegantes sillas tapizadas. Y sabemos que eso nunca va a pasar. Por la noche. Lady Lyon se rió ante aquel recuerdo. —El placer es mío. para mayor horror de tu madre. ¡reclamando su trono! Debería haberla visto. de pie frente al nuevo rey y proclamándose la próxima reina virgen de Inglaterra mientras a su madre le daba algo. lo sé. —Señor MacKinnon. pero aún así… De repente. y quien. es un placer conocerle. el mejor escondite era el más obvio. Y los dos matrimonios entraron en un comedor de tamaño considerable con una mesa alargada de caoba con capacidad para ocho personas y que relucía como el cristal pulido.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes nuestros invitados a la cena. Entonces. alta. a pesar de que su marido encabezaba un regimiento destinado a los Highlands a someter y dominar al enemigo. pareces una mujer. era muy menuda. Douglas sólo podía tranquilizarse con la certeza de que. Elizabeth. Lady Lyon que. Si te acuerdas. algo imposible. a diferencia de su marido. la que se puso con los brazos en jarras y la barbilla alzada y anunció ante el rey Jorge. Los platos de porcelana y los cubiertos de plata brillaban bajo la luz de las velas. a veces. —Fue increíble. delgada y pelirroja. una cría de seis años. un sonrojo muy atractivo. Aquel comedor Escaneado y Corregido por MANOLI Página 96 . a pesar de su título nobiliario se había mudado de las comodidades de los salones de Londres a los paisajes silvestres de los Highlands escoceses. Elizabeth. y más teniendo en cuenta que el rey Jorge acababa de celebrar su coronación. y gobernar sola.

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perfectamente podría pertenecer a una casa de campo y no a un añadido en un austero cuartel militar en los Highlands escoceses. Una vez sentados, dos lacayos con librea y peluca sirvieron unos platos generosos de sopa de berberechos, pollo asado y verduras, y un pudin de grosella que era una mezcla perfecta de dulce y amargo. Después de una semana comiendo solo avena cocina, pan y estofado, aquello suponía un auténtico banquete. Sin embargo, Douglas no podía evitar pensar que, mientras ellos estaban disfrutando de la deliciosa comida y del elegante entorno, a escasos cientos de metros, los hombres del coronel, los mimos que habían arriesgado su vida en el campo de batalla para asegurar el trono de Jorge II, estaban cenando en bancos de madera y platos de latón. En lugar de pan caliente, mantequilla cremosa y pudin de grosella, estarían comiendo pan duro, gachas y, si tenían suerte, ternera ahumada secada bajo la dureza del cuero. Nada de una agradable conversación ni lacayos con librea sirviéndoles; sólo quejas de disentimientos y alguna riña ocasional. En el sistema de clanes escocés, cuando las circunstancias obligaban a reunirse todos, el líder comía, dormía y avanzaba junto a sus hombres. Y peleaba con ellos, arriesgando la vida como los demás. Y luego los ingleses decían que los escoceses eran unos bárbaros. —¿Tiene familia en Skye, señor MacKinnon? La pregunta de lady Lyon lo devolvió a la realidad. —Tengo un hermano, Iain, aunque creo que fue uno de los muchos que cayeron en Culloden. Douglas se dio cuenta de que, aunque había pocas posibilidades, en ese mismo momento podía estar sentado frente al hombre que habría podido disparar la bala que mató a su hermano. Iain estaba en aquel páramo desolado y siniestro, igual que el coronel, frente a frente en bandos opuestos. Por lo visto, el coronel también se había dado cuenta de esa ironía. Cuando oyó el nombre de la batalla, se le borró la visión y su expresión se endureció un poco más que segundos antes. Lady Lyon procuró romper el tenso silencio. —Lamentamos mucho su pérdida, señor MacKinnon. Yo también perdí a un hermano no hace mucho. A pesar de que su muerte fue fruto de un duelo, falleció con el honor de quien defendía lo que le parecía correcto. Es una pérdida que uno nunca supera. Douglas vio la sinceridad en su mirada. —Gracias, señora. El resto de la velada fue más placentero, con los caballeros disfrutando de una botella de oporto mientras lady Lyon cantaba y Elizabeth tocaba el piano. Douglas descubrió que era una excelente pianista y vio cómo sus dedos se desplazaban ligeros sobre las teclas mientras interpretaba un complicado capriccio. Con el pelo rojizo por la luz de las velas y la cara concentrada en las teclas del instrumento, era la viva imagen de la elegante determinación. Cuando las velas empezaron a agotarse y el reloj tocó la una, el coronel se levantó de la silla e hizo una señal a su mujer. Ella se levantó y dijo: —Elizabeth, señor MacKinnon, venid que os acompañaré a vuestra habitación.

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Los guió por un pasillo, y luego por otro, hasta que abrió la puerta de una pequeña habitación con una cama justa para dos y nada más, ni siquiera una chimenea. —Me temo que no es demasiado, pero el cuartel no se construyó con la idea de recibir invitados. Hay que adaptarse a las circunstancias en cada momento. Sois recién casados, así que seguro que no os importa estar más apretados. No es mucho más grande lo que os habrían ofrecido en la posada, pero os garantizo que está limpia y que no hay bichos en las sábanas. Nos veremos en el desayuno, querida. Señor MacKinnon. Buenas noches. Y dicho eso, se volvió y cerró la puerta. —¿Dónde vas a dormir? —preguntó Elizabeth en cuanto se quedaron solos. Douglas la miró a los ojos. —En la cama. —¿Conmigo? —A menos que quieras dormir en ese pequeño trozo de suelo frío, sí. Llevo más de una semana a caballo y durmiendo en suelos sucios. Un suelo de piedra tan frío como ese me acabaría de destrozar. ¿Vas a quedarte ahí boquiabierta mientras me desvisto? —¿Desvestirte? —Sí. —Se quitó la camisa—. Duermo desnudo. Si la visión de un cuerpo masculino te ofende, te sugiero que apagues la luz y te metas en la cama antes de diez segundos. — Se agarró la cintura del pantalón. Elizabeth estuvo en la cama y con la vela apagada antes de que Douglas pudiera contar hasta tres. La habitación se quedó a oscuras. La única ventana era muy pequeña y no dejaba entrar la luz de la luna. Entonces él se quitó el pantalón del tartán y, a tientas, encontró la cama y se metió dentro. Elizabeth estaba tensa como una tabla a su lado, lo más alejada de él que podía sin caer entre la cama y la pared. No dijo nada, pero Douglas oía su respiración agitada, tan alterada por estar tan cerca de un hombre desnudo que ni siquiera de acordó de que tenía miedo a la oscuridad. Douglas cerró los ojos y se durmió.

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CAPÍTULO 13

hombro de Douglas. Era un hombro cálido, agradable y firme y, cuando se le aclaró la visión, la poca luz que entraba por la ventana le permitió ver con claridad la boca de su marido. Dormía en silencio, casi sin hacer ruido. Ella no se movió de inmediato, sino que se quedó quieta, observando su barbilla, la inclinación de la nariz y las gruesas pestañas que reposaban sobre las mejillas. Aunque nunca lo admitiría en voz alta, tenía un rostro atractivo; más de lo que había creído a primera vista. No tenía el pelo tan oscuro como parecía, sino de color castaño, y un mechón le caía encima de los ojos. Acercó la mano y lo apartó. Vio una pequeña cicatriz, de hacía tiempo, en forma de ce debajo de la barbilla. Elizabeth la rozó con la yema del dedo y la recorrió mientras se preguntaba qué travesura debió de hacer de pequeño para tener esa marca. Cuando vio que él no se movía, Elizabeth se acercó un poco más, observó su boca, la forma y carnosidad de sus labios, el hoyuelo de la barbilla. Recordó cómo había suspirado su hermana Matilda la primera vez que lo había visto y cómo había comentado que su boca le parecía «sensual». Estaba claro que Mattie pasaba demasiado tiempo leyendo poesía romántica muy empalagosa. Entonces deslizó la mirada hacia los músculos del cuello, los hombros y el pecho, que se estrechaban bajo las formas onduladas de las costillas y se ocultaban bajo las sábanas. Observó cómo su pecho subía y bajaba muy despacio y se preguntó si estaría soñando. Y luego se preguntó con qué soñaría. Deslizó el dedo por el brazo hasta el pecho, agradecida de que estuviera tan profundamente dormido. Estudió las texturas de su cuerpo, los ángulos, definidos y sólidos, la mandíbula barbuda y la inclinación irregular de la nariz. Sería la única vez en su vida que estaría tan cerca de un hombre sin que él lo supiera. Cuando pasaran los dos meses que su padre había estipulado y volviera a Inglaterra, no se casaría y, por lo tanto, no volvería a despertarse con un hombre a su lado. Había estudiado anatomía, sí, y había leído libros que describían con detalle el cuerpo masculino. Sin embargo, estar tan cerca de un hombre y poder sentir su poderosa calidez era mucho más intrigante que cualquier libro. Un libro sólo eran hojas y tinta. Esto era real. Él era real. Douglas ya había visto cada centímetro de su cuerpo. ¿No era justo, pues, que ella también viera el suyo? ¿En su plenitud? Elizabeth agarró el borde de la sábana y, muy despacio, empezó a levantarla… Al cabo de un segundo, estaba bocarriba en la cama, debajo del hombre que era su marido. El hombre desnudo que era su marido. —Estaba…
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A la mañana siguiente, temprano, Elizabeth se despertó con la mejilla apoyada en el

duques. pero las palabras. Si el caballero en cuestión resultaba ser un palurdo. las que fueran. y su dureza. no sabía qué decir. quizá se viera Escaneado y Corregido por MANOLI Página 100 . deseo de un hombre hacia una mujer. Vio rechazo. el cuerpo y la lengua mientras despertaba todos sus sentidos. la tuvo aferrada a sus hombros y dudando de si podría volver a parpadear. la consumió. El sabor y el olor de Douglas le invadieron la cabeza. mujeres nacidas en cuna noble. Era lo que había aprendido de las mujeres a lo largo de la historia. se convertían en poco más que mendigas. la susodicha no podía comprarse un libro para leer ni una pluma para escribir una carta. la atrapó con la boca. —No deberías empezar algo que no estás dispuesta a terminar. que era famosa por su labia y por ser muy directa. Tenía que pedir permiso para poder optar a esas facilidades y. se le escaparon. estaba segura. por no hablar de toda posesión. La luz del día la devolvió a la cruda e innegable realidad. ¿Qué le había pasado para mirarlo de aquella forma? ¿Para tocarlo así? Era la hija del duque de Sudeleigh. humillada. Entonces por fin encontró el valor para abrir los ojos. Toda la vida había estado decidida a no permitir que un hombre dominara su corazón y su cuerpo. Aunque también vio otra cosa. Quería sentir sus manos. Y sabía que la deseaba. Se había pasado los años de formación observando el mundo en el que había nacido.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Él la besó y la silenció. debilidad. —Te esperaré fuera. Muy temprano. La poseyó. Quería saber más. pero no bastaba. Era lo único que podía hacer. Entonces notó cómo el colchón se movía cuando Douglas se bajó de la cama. El dominio conllevaba vulnerabilidad. Se quedó mirando el techo. Ella no respondió. Douglas habló en voz baja y desconcertante. y cuando notó la primera caricia de su lengua. había empezado a cuestionarse por qué las mujeres parecían perder toda libertad. Elizabeth debería haber dicho algo. los colores y las sensaciones que la habían invadido de forma tumultuosa empezaron a difuminarse. cerró los ojos y deseó desaparecer. sorprendida. como ella lo había tocado. Se quedó quieta. pegadas a ella. Sencillamente. incluso príncipes reales. Elizabeth notaba cómo cada centímetro de su cuerpo estaba vivo. si el marido escondía cierta tendencia a la bebida o al juego. aunque la dama solía aportar una generosa dote al matrimonio. puesto que dependían por completo del parecer de su marido. Notó sus caderas. Quería sentir y recibir más. no una ramera cualquiera. Ella. Cuando él se separó e interrumpió el beso. se apoderó de ella. Había presenciado cómo amistades de su madre. Elizabeth no abrió los ojos hasta que oyó la puerta. Elizabeth había crecido rodeada de lo mejor de la sociedad inglesa: condes. toda individualidad. pero luego se entregó a la desconocida y nueva sensación y le devolvió el beso. retrocedió. y la vulnerabilidad. —El ferri pronto estará listo para zarpar. Vio deseo. no recordaba a qué edad. y se encontró con la mirada de Douglas. deseando poder eliminar los últimos minutos de su existencia mientras oía cómo se vestía y se movía por la habitación. en cuanto se casaban. deseando que se fuera.

Y la forma más sencilla que había descubierto para hacerlo era evitar el peligro ante el cual tantas habían caído. que provenía de una dilatada saga de nobles. en cuanto Douglas les presentó el salvoconducto que el coronel les había dado. Desde el embarcadero de Glenelg. Douglas y Elizabeth subían al pequeño ferri que cruzaría el Kyle Rhea y los llevaría hasta Skye. una de las mejores amigas de la duquesa. Añadió que los ponis también podían cruzar. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 101 . las colinas verdes de Skye se veían por encima de la niebla. Con un solo esquife. le explicó a Elizabeth que. ella vio cómo Niall MacRae la miraba de reojo. Douglas se pasó todo el rato hablando con el barquero en gaélico. después de casarse con el conde. como eran tan miedosos. —Habremos llegado dentro de nada —respondió Douglas. una tarde se atrevió a bromear que. y parecían tan cerca que casi podían saltar y tocarlas. De hecho. se llevaba mejor con la modista que con su marido. podían llevar cien cabezas de ganado hasta el continente en un día. Elizabeth sabía que no era una conversación informal. Ella decidiría su destino. al cabo de poco. que había estado muy presente durante el viaje por los Highlands. parecía que se había relajado ahora que habían llegado a su isla. había tenido que huir a Francia con sus hijos una noche cuando descubrió que lord Thurston había perdido su casa. los detuvo un destacamento militar inglés. un hombre arrugado que se llamaba Niall MacRae. pero Douglas conocía cada curva y cada giro. Aunque eso había sido antes de que Douglas Dubh MacKinnon apareciera en su vida. Estaba impaciente por terminar el viaje. en más de una ocasión. los soldados asintieron y los dejaron pasar. Mientras cruzaban. Era un camino muy estrecho. su fortuna e incluso su lujoso carruaje en una sola partida a los dados. Sin embargo. los pastores solían atar a los animales en hileras de cinco con cuerda de brezo. Ya no estaba como una tabla en la silla. ni agarraba las riendas del poni con fuerza mientras se dirigían hacia los peñascos rocosos que se veían a lo lejos. La marquesa de Thurston. Douglas dejó a Elizabeth en el malecón de roca que hacía las funciones de embarcadero y. Lady Wolfton. los tenían que fustigar con cabestros y mimbre para que subieran a los botes.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes sin un centavo y con la amenaza de ir a la cárcel por morosa incluso antes de tener a su primer hijo. A pesar de que no los entendía. —¿La granja está muy lejos? —preguntó ella. pero. regresó con tres fuertes ponis. Sería una delicia dormir más de una noche seguida en la misma cama después de tantos días. incluso cuando parecía desaparecer en el paisaje que los rodeaba. mientras ataba sus pertenencias a uno de los ponis. cuando el mar estaba tranquilo. Elizabeth enseguida se dijo que ella nunca permitiría que un hombre la colocara en esa situación. Elizabeth había jurado no enamorarse. Dos horas después. Se alejaron de la costa por un camino de caballos que serpenteaba entre colinas de brezo. Cuando llegaron a la costa de Skye. La tensión de Douglas. el barquero. Hablaban en voz baja y.

Buscó entre las colinas que la rodeaban alguna señal del lugar que iba a ser su casa y. Douglas miró cómo Elizabeth se apartaba la capucha de la cara para mirar a su alrededor y estudiar el paisaje. él se enfureció al verse atrapado en un matrimonio que no deseaba. Al principio. a pesar de que ella intentó esconder su reacción. pensaba que se pondría a lloriquear a los pocos kilómetros y le suplicaría que la devolviera a casa. mar y hierba. En el fondo. cuando entraron en una cañada que bajaba hasta un arroyo. —¿MacKinnon? ¿Significa eso que ya estamos cerca de la cabaña? —Sí. ahora más atentamente. era fácil no verla. tenía que admitir que lamentaba amargamente que las circunstancias fueran distintas. con pequeños torreones en cada esquina. El techo estaba cubierto de césped. Detrás de las colinas. Y. Lo saludaban en gaélico mientras a ella la miraban con curiosidad. Al cabo de poco. cuentos sobre grandes guerreros que antaño habían Escaneado y Corregido por MANOLI Página 102 . ahora mismo la estaría llevando a esa misma torre. Y darle las gracias por no haber convertido el viaje en una experiencia infernal le complicaba todavía más la tarea que le esperaba de ahora en adelante. cuando el duque le explicó los planes que tenía para Elizabeth. La residencia del jefe de los MacKinnon. quedaba perfectamente integrada en el paisaje. Pero no lo había hecho. llenando la cañada de gotas de agua que brillaban con el sol. empezó a llover. de modo que. No esperaba que Elizabeth hiciera el trayecto hasta Skye. su mirada no distinguió la tosca granja pequeña. de hecho. Había soportado los rigores de un viaje a caballo de más de una semana por un terreno complicado. de modo que Elizabeth volvió a mirar. ante la ausencia de árboles. Al principio. Y eso que había hombres adultos que no lo habrían hecho. los ojos la delataron. el viento despertara y los azotara sin tregua. No se veía ninguna otra granja. No demasiado. Parecía que. y se enfureció todavía más por no poder liberarse de tal lazo de inmediato. pescadores en la costa o granjeros en las cañadas.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Elizabeth se fijó en que todo aquel que se encontraban. exceptuando la puerta y las ventanas. con Iain y Roderick. Lo había aguantado todo: la lluvia. Douglas no podía evitar pensar que. Mientras observaba su rostro. si se hubieran casado en otras circunstancias. —Hemos llegado. señora. él había vivido en esa granja. Llegaremos dentro de poco. el ataque de dos desalmados… Y sin vacilar. aunque lo suficiente para que tuviera que ponerse la capucha de la capa. Elizabeth vio una torre de piedra. El viento traía aromas de brezo y lluvia. De pequeño. que asustaron a unos zarapitos que estaban entre la hierba. —¿Y ese castillo? ¿Qué es? —Es Dunakin —respondió él—. el sonido del mar resonaba con suavidad. Al estar construida con la misma arenisca de la árida colina. había corrido por esa cañada e interpretado. reconocía a su marido de inmediato. Douglas supo el momento exacto en que la vio. solitaria y alta. continuando la centenaria tradición con las mujeres de los MacKinnon. Oyeron un par de truenos. los mosquitos. Y no se había quejado ni una sola vez. Había dejado de llover y las nubes se habían despegado de las colinas.

Douglas no podía culparla por ello. por primera vez en toda su vida. Por lo visto. azúcar. pero… —¿Tengo que hacerlo yo? Porque imagino que. la levantó y la dejó en el suelo. —Hay un establo detrás de la granja. Al menos.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes pisado esas mismas colinas. con el gesto decidido. Pero ahora. vio la casa de su infancia a través de los ojos de alguien que nunca había sufrido necesidades. Veo que vuelve a llover. puesto que Douglas le había escrito una carta a su madre de sangre. Caminaron hasta la granja por un sinuoso camino que Douglas había cortado en infinidad de ocasiones durante su infancia. él sabía que había llegado la hora de decirle la verdad. Suelta las riendas. atónito. Douglas volvió la cabeza y también vio un cabrito en lo alto del tejado. Los armarios estaban llenos de los alimentos básicos: harina. Entonces frunció el ceño cuando notó que ella se tensaba. no vamos a tener ayuda. No se marchará. y encima de la cama había sábanas limpias. en gaélico. Bajará ella sola. Elizabeth se detuvo y se quedó inmóvil. Entremos. de repente. durante los dos próximos meses. Ni siquiera dos meses. delante de él. Le gustara o no al duque. La tomó por la cintura. —Elizabeth. yo… Ella se volvió. entonces creo que estoy lista para ver mi nueva casa. cuando se había despertado y había descubierto que su mujer lo estaba tocando. —¿Dónde guardamos los ponis? Douglas la miró. De repente. Acto seguido. Era lo más cerca que habían estado desde esa misma mañana. Ella asintió. Le preocupaba que las patrullas que había oído que vigilaban el mar hubieran Escaneado y Corregido por MANOLI Página 103 . Elizabeth no duraría en ese entorno. No podía hacerlo. pidiéndole que les preparara la granja para cuando llegaran. alguien que había vivido rodeada de lujos y que nunca había tenido que hacer nada más que tener un aspecto maravilloso. El cabrito lo miró y soltó un quejicoso «naaa». Los baúles de Elizabeth estaban en medio del comedor. —¿Qué…? —Hay una cabra encima de nuestro tejado. miró a Elizabeth. —¡Truis! —exclamó él. té. Sinceramente. —Yo me encargaré de los ponis. —Es de una raza que vive en libertad en la naturaleza. Elizabeth esperó a que Douglas desmontara y luego acudiera a ayudarla a bajar de su montura. comiendo hierba tranquilamente. hablar de forma correcta y comportarse con dignidad. —Perfecto. Y entonces Douglas se dio cuenta de que esa mujer soportaría lo que fuera con tal de cumplir las condiciones del duque. por dentro la granja estaba limpia y ordenada. Eithne. el barco donde los habían cargado había llegado a Dunakin. Su libertad significaba mucho para ella.

Quizá todavía no lo hayan traído. Falta un baúl. —Iré. —¿Ahora mismo? Ella asintió. —Lo miró. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 104 . Era el baúl más pequeño. —Sí. Mis libros… ¡me importan más que un montón de encaje y satén! Lo son todo para mí… ¡y han desaparecido! Douglas temía que se pusiera a llorar. tengo que avisar a los demás de que hemos llegado sanos y salvos. buscando hasta el fondo de cada baúl. Pero Elizabeth no. —Miró toda la ropa interior que había tirado por el suelo de la casa. —¿Sólo los libros? —Ella se volvió para mirarlo—. Además. —Pero si está lloviendo… Ella frunció el ceño. Ahora. había insistido en que Elizabeth y él viajaran por tierra. Te estaría muy agradecida si fueras a preguntar. —La lluvia no te ha impedido. —Bueno. claro que sucede algo. al menos sólo son los libros y no la ropa. Gracias. Nunca había conocido a una mujer. yo misma los empaqueté en un baúl aparte con todo mi material de escritura y las plumas. Por ese mismo motivo. Prepararé un poco de té y desharé el equipaje… mientras estás fuera. estaba claro que la pérdida de sus libros le preocupaba mucho más. enaguas y volantes. Douglas encendió el fuego y le enseñó cuál era el tonel de fuera de donde sacar el agua para preparar el té. con la boca torcida. ¿Estarás bien aquí sola mientras estoy fuera? —Claro. —Lo miró—. —Sí. —Iré a ver si averiguo qué ha pasado con el baúl —dijo él—. y mucho menos a una mujer inglesa. —¿Sucede algo? —Sí. Y no está por ningún sitio.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes capturado el barco. —La mirada se le iluminó al instante—. Entonces vio que ella estaba de pie frente a los baúles. Douglas. muy preocupada—. Colocó la tetera en el gancho encima del fuego y sacó una taza de peltre y una cuchara del armario de la pared antes de dirigirse hacia la puerta… y mojarse. Por cómo estaba apartando las medias y los visos. Quizá necesitaran un carro para traerlo y no lo hayan encontrado. Antes de marcharse. cruzar la cañada. Se alegraba de saber que habían llegado bien. Douglas se encogió de hombros. ¿no? Douglas respiró hondo y soltó el aire muy despacio. Tienes razón. Pesaba bastante. La ropa no podría importarme menos. Mis libros no están aquí. Era lo único en lo que pensaban y de lo único que sabían hablar. cuyo mundo no girara alrededor de su armario. —¿Cómo que falta uno? ¿Estás segura? Ella abrió los dos baúles y rebuscó entre capas y capas de medias. No estaba de humor para discutir con ella. hace una hora. Douglas.

Douglas asintió al hombre. Los MacKinnon y los MacLeod de Raasay eran aliados a través del matrimonio de su tío. —No se encontrarán con un pueblo tan desamparado como en Raasay. —¿Se sabe algo de mi hermano? —No. y mataron a todas las que se atrevieron a protestar. Tenía. Creyeron que así obligarían a alguien a revelar dónde se esconde el príncipe. Pesaba demasiado en aquel esquife tan pequeño. Él entendía perfectamente los motivos por los cuales su gente había tenido que lanzar el baúl a las profundidades del Minch. con su segunda esposa Janet. Nos estaba retrasando. seguramente la patrulla inglesa los hubiera detenido y. posiblemente. todavía no. el castillo Brochel y destrozaron todo lo que encontraron a su paso. Pero el joven Iain no estuvo en Culloden. del buque Furnace de Su Majestad. De modo que una ofensa a los MacLeod era una ofensa a los MacKinnon. y están atacando las propiedades de cualquier clan que haya participado en la rebelión con la esperanza de encontrarlo. Corren rumores de que lo han visto en Benbeluca. el jefe de los MacKinnon. como mínimo. Douglas miró el fuego. pero temía la respuesta. Douglas notó un nudo en la garganta ante aquella noticia. No estaba. Mataron a las ovejas y todo el ganado. con tantos libros dentro. incluso en Uist. El Minch está lleno de cúteres ingleses que quieren atraparlo. —¿Y mi tío? Escaneado y Corregido por MANOLI Página 105 . niñas y madres jóvenes. Están desesperados por encontrarlo. —¿Qué has oído de los demás? Thomas se relajó lo suficiente como para sentarse a su lado. Sus hombres sólo se encargaron de terminar lo que habían empezado los de Fergusson. dieciséis cañones. la peor parte se la ha llevado la isla de Raasay. Están recorriendo todas las islas. —¿Quién lo ordenó? —El capitán John Fergusson. Quemaron Raasay House. La rebelión ya estaba totalmente perdida cuando se enteraron. que estaba de pie relatándole la historia. Es sólo cuestión de tiempo que vengan a Dunakin a hacer lo mismo. No nos quedó más opción que tirar el baúl por la borda. porque sabía cuál era la siguiente pregunta que debía hacer. Sentado junto al fuego en el despacho de Dunakin. señor. No lo han matado. señor. señor. Violaron a las mujeres. los hubiera encarcelado. Lewis. pero destrozaron la isla. —MacDonald de Dunvegan dice que el príncipe está tramando algo en las islas exteriores.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Nos persiguió un cúter naval. Aquello lo sorprendió. De momento. He oído que los demás decían que a Iain lo habían enviado al norte con un destacamento de MacKinnon para unirse a las fuerzas de Cromarty en su búsqueda del oro jacobita. Iain Dubh. hija de MacLeod de Raasay. no facilitaba la tarea de transmitir la noticia a Elizabeth. Y los siguió una milicia encabezada por el capitán Caroline Scott. Thomas MacKinnon. —¿La casa del viejo MacLeod? —Sí. —¿No? —No. si no lo hubieran hecho. Sin embargo.

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—Iain Dubh estaba entre los jefes que intentaron replegar a los clanes después de Culloden. El príncipe ya había decidido rendirse y aconsejado a cada hombre que sobreviviese como pudiera. He oído que el jefe volvió a Kilmarie hace dos semanas. Douglas cerró los ojos. Su hermano estaba vivo y su tío había regresado a Skye. Y el jefe de los MacKinnon era la persona que podía decirle dónde estaba escondido Iain. Miró a Thomas. —Saldremos para Kilmarie mañana a primera hora. Es hora de que hable con mi tío.

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CAPÍTULO 14

día siguiente, temprano, Elizabeth entró en la granja y vio que Douglas se preparaba para viajar. —¿Vamos a algún sitio? —Estaba en el establo buscando, sin éxito, una bañera; daría cualquier cosa por el lujo de un baño, y había regresado con la esperanza de que Douglas le indicara dónde encontrar una. Seguro que había algo donde hacer la colada. A esas alturas, se conformaría con un cubo grande. Pero se quedó allí de pie observándolo recoger sus cosas bajo la escasa luz de la granja. Douglas se ató la espada a la cintura y se puso el abrigo encima de la camisa. —No vamos a ningún sitio. Yo voy a otra parte de la isla durante el día. Debería estar de regreso por la noche. Tú te quedas aquí. —¿Por la noche? —Elizabeth miró por la ventana hacia el horizonte, donde apenas empezaba a amanecer—. Pero si casi no es ni de día. —Lo sé. —Douglas bebió un sorbo de té de la taza que había encima de la mesa—. Quería haber salido antes del amanecer, pero me he dormido. —¿Vas a dejarme aquí… sola? ¿Y qué se supone que voy a hacer mientras no estás? —le preguntó—. No tengo libros que leer ni nada con qué escribir. Todo lo que tenía se ha perdido. Ni siquiera puedo escribir a mi familia para comunicarles que hemos llegado sanos y salvos. Douglas la miró y suavizó la voz. —Lamento mucho que tus cosas se hayan perdido. Como te dije anoche, fue inevitable. Los hombres hicieron lo que pudieron para salvarlos, pero, al final, tuvieron que salvarse ellos antes. Y no puedo nadar hasta el fondo del Minch para recuperar los libros. Esto no es Edimburgo o Londres. Los libros escasean, así que, de momento, sustituirlos no será sencillo. Elizabeth lo siguió mirando fijamente. Al final, Douglas suspiró. —Veré si encuentro algún papel y alguna pluma antes de regresar para que puedas escribir a tu familia. Hasta entonces… —Miró a su alrededor y señaló una escoba de ramas que estaba apoyada contra la pared—. No sé, quizá podrías barrer el suelo. —¿Barrer el…? —Lo miró como si le hubiera sugerido que pintara la Mona Lisa—. Pero ¡está sucio! —Sí. —¿Quieres que barra un suelo sucio? —Sí. Elizabeth lo miró. —No entiendes lo ridícula que es tu sugerencia, ¿verdad? Absolutamente perdido, Douglas se encogió de hombros. —Bueno, pues si no quieres barrer el suelo, seguro que encuentras algo con que ocupar el tiempo. En una granja, siempre hay muchas cosas que hacer. —Cogió la pistola, se colocó el sombrero con la escarapela y se dirigió hacia la puerta—. He puesto

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agua al fuego para preparar té —añadió, volviendo la cabeza por encima del hombro—. Aunque me temo que tendrás que conseguir la leche tú sola. Hay un poco de comida y queso en el armario para desayunar y turbas de sobra para el fuego junto a la puerta. No me esperes para cenar. Seguramente, no habré vuelto todavía. Elizabeth se quedó observando, muda como una tumba, cómo Douglas salía por la puerta. Incluso después de perderlo de vista, permaneció así un rato, mirando la puerta con la ceja arqueada con gesto de incredulidad. «Cena.» No pretendería que le preparara la cena, ¿verdad? Lo decía en broma. Aparte de asomarse a la cocina para pedirle una taza de té a la cocinera cuando los demás criados no estaban disponibles para atenderla, jamás había pisado la cocina de Drayton Hall. Era un lugar donde hacía mucho calor y había mucho humo, emanaba todo tipo de olores y era ruidoso. Al fin y al cabo, era Elizabeth de Drayton Hall, una dama delicada y refinada. La hija del duque más poderoso de Inglaterra… Y también era la esposa de un granjero escocés, al menos durante los próximos dos meses. Elizabeth pensó en su padre, en cómo había rechazado la idea de una anulación inmediata con la excusa de querer que su hija aprendiera a ser una esposa. «Una esposa.» Sinceramente, cuando le había dicho eso y le había ofrecido la posibilidad de pasar dos meses con Douglas a cambio de su libertad, ni siquiera se había planteado qué podría significar ser una esposa. Por su experiencia, tras ver a su madre durante veinticuatro años, el rol de esposa consistía básicamente en coser fundas de almohada, pasear por el jardín, recorrer las propiedades para charlar amigablemente con los arrendatarios, dar órdenes al servicio y sonreír tranquilamente diciendo: «Sí, querido» cuando su padre estaba enfadado. Aquel era el rol de la esposa de un duque. —Pero yo no soy la esposa de un duque, ¿verdad? —se preguntó en voz alta—. Soy la esposa de un granjero, de un granjero escocés, y ese tipo de esposa es muy distinto. Elizabeth vio una columna de vapor que salía de la tetera y se acercó al fuego con un par de tenazas de hierro para apartarla. «Té.» Era algo que podía hacer sin ningún esfuerzo. Desde los cinco años, preparaba, servía y bebía té. Encontró el bote del té y una cuchara para medir las hojas. Abrió el armario para buscar algo que comer, pero sólo encontró un saco de harina y no tenía ni idea de cómo prepararla. Supuso que tendría que mezclarla con algo como leche o agua, seguramente, pero en ese momento no se atrevió. Su único otro hallazgo fue un trozo de queso envuelto en un paño. Entonces miró a su alrededor buscando la leche, para tomar con el té, antes de recordar que Douglas le había dicho que tendría que conseguirla. ¿Conseguirla? ¿Dónde? A lo mejor había una jarra fuera, así que se envolvió en una manta de lana y cruzó el comedor. Fuera, el aire era húmedo y traía el aroma terrenal de las colinas y de la sal del mar escondido tras las laderas. Un cuco cantó entre la hierba alta, y su familiar melodía resonó por toda la silenciosa cañada. Era extraño, pensó, que a pocos cientos de kilómetros, un equipo de jardineros trabajara día y noche para diseñar, cortar y conservar un jardín de ángulos y líneas perfectas. Y aquí, en esa indomada hilera de colinas rocosas, los colores claros y oscuros

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de hecho. Así que se dobló por la cintura y alargó el brazo intentando no caer de bruces… Gritó cuando la vaca agitó la cola y le golpeó en la mejilla. —Buenos días —dijo. ¿Cómo se ordeñaba una vaca. justo debajo de las hinchadas ubres de la vaca. ¿verdad? —farfulló. tendría cubos y cubos llenos de leche cuando regresara por la noche. con una barba frondosa y las orejas caídas. incluso para sacar agua de un pozo había que esforzarse. sólo había leído acerca del ritual en libros. Pero ella podía tomarse el té perfectamente sin leche y. cuanto más se acercaba al animal. mirándola desde el establo. al principio. Era blanca. Pues tenía la intención de ordeñarla. pero no vio nada que se pareciera ni siquiera remotamente a una jarra. más flaqueaba su confianza. esa fue su intención. Al fin y al cabo. así que se acercó a buscarlo y lanzó una mirada agria a la cabra—. tú podrías hacerlo mejor. En el medio. Tú sigue desayunando mientras yo me pongo aquí a tu lado y… Dejó el cubo en el suelo. hasta que vio un pequeño taburete de madera apoyado en la pared del establo. pero. Parecía un esfuerzo inútil.» Escaneado y Corregido por MANOLI Página 109 . vio la desgarbada figura marrón de una vaca. —¿A qué ha venido eso? De repente. se dio cuenta de lo que había querido decir Douglas cuando le había dicho que tendría que conseguir la leche ella misma. Tirando de los extremos de la manta. Elizabeth se dio la vuelta y se encontró con la misma cabra que estaba encima del tejado de la granja ayer cuando llegaron. Elizabeth parpadeó. El animal estaba a unos metros de distancia. exactamente? En realidad. Ignórame. mirando con cautela al animal—. —Sí claro. Aunque sabía que era imposible. habría jurado que la malvada estaba sonriendo. por fin. Elizabeth buscó la leche. cuando se volvió y se dirigió hacia la puerta de la granja. dispuesta a darse la vuelta hacia la vaca para otro intento. Eso facilitaría mucho la tarea. Y entonces. Sin embargo. oyó un «Naaa» a sus espaldas. Incluso dio media vuelta para marcharse. nunca lo había visto hacer. La vaca también parpadeó. y soltó un quejicoso «Múuu». con un cuerno más corto que el otro. en manuales de agricultura… ¿Se suponía que debía tener confianza en el animal primero? ¿Ofrecerle algo de comida? Se detuvo a dos pasos de la vaca y alargó la mano a modo de tímido saludo. No era tan burra como para pensar que ya estaba todo hecho. se preguntó si Douglas no le habría dejado la tarea pendiente a modo de desafío. Se refería a que tenía que ordeñar la vaca. y luego bajó la cabeza para seguir comiendo hierba del suelo.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes se mezclaran entre ellos en un lugar donde convivían con los fantasmas de antiguos guerreros y los espíritus de fieras bestias. Fue hasta el lateral de la granja y vio un cercamiento. ¿Sería muy difícil ordeñar una vaca? La vaca la miró de forma somera cuando se acercó. ¿Esperas que me crea que intentabas decirme dónde estaba el taburete? La cabra sólo parpadeó. como si no la creyera capaz de hacer algo tan sencillo como ordeñar una vaca. «Naaa.

y una cesta en las manos. dejó el taburete en el suelo e intentó sentarse. Ni mucho menos. pero estaba decidida a realizar aquella sencilla tarea. no. y acercó las manos a las ubres de la vaca. Cuando llegó a la altura del animal. Suele funcionar cuando se niegan a dar leche. no era la cabra. Y también calmó a Elizabeth. Llevaba la falda llena de barro y la trenza se le estaba deshaciendo. Señor. levantándose la falda y caminando con cuidado por la hierba blanda. la vaca cambió el peso al otro lado y tiró a Elizabeth al suelo. dime que eso no lo ha dicho la cabra. Recogió el cubo con el taburete bajo el brazo y se dirigió hacia la vaca.» Elizabeth lanzó una mirada asesina a la cabra. una tarea nada sencilla teniendo en cuenta el volumen de la falda del vestido. Volvió a sentarse en el taburete. ahora con más facilidad. Elizabeth recogió el cubo y volvió hacia la vaca. y otra… Nada. Ahora estaba de pie unos metros más allá. —Buenos días —dijo. Llevaba una especie de pañuelo blanco que le recogía el pelo atado en lo alto de la cabeza. formando una nube de enaguas. Afortunadamente. Elizabeth apoyó la cabeza en el lomo del animal y suplicó no echarse a llorar. por el amor de Dios. Parecía ser de mediana edad con el pelo castaño claro y ojos aún más claros que sonreían tras un gesto de preocupación. Las varillas del tontillo provocaban que la ropa le quedara como un merengue alrededor del cuerpo. Las agarró con decisión. atrás. cuando alargó los brazos. consiguió sentarse en el taburete. consiguió rodear el cuello de la vaca con una cuerda que había encontrado y así poder atarla a un árbol. —Ve a comerte un techo y déjame tranquila. «Naaa. Y entonces oyó el familiar «Naaa» a sus espaldas. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 110 . volvió a colocar el cubo debajo de las ubres. de las que solían calmar a los bebés que lloraban. Era una mujer. mientras entraba en el cercado—. ¿por qué no conseguía algo tan sencillo como ordeñar una vaca? —Puedes probar cantándole un poco —dijo una voz femenina a su espalda—. Tenía una voz dulce. Y. se veía que iba descalza. Soy Eithne MacKenzie. pero seguía lejos de su alcance. «Por favor. Era una mujer culta. Media hora y tres intentos fallidos después. aunque esta se había movido y había volcado el cubo. Tras varios intentos poco elegantes que habrían puesto de los nervios a su madre. ni siquiera una gota. Apretó la mandíbula y contuvo un improperio. cállate. Podía leer textos en latín y tabular múltiples columnas de cifras mentalmente. Se sonrojó de cólera cuando vio que la vaca se alejaba un poco más y la dejaba a ella. y al cubo vacío. Ahora. Pero no iba a rendirse. Se había acercado.» Elizabeth levantó la cabeza muy despacio mientras una figura avanzaba desde el establo. Y debajo de la falda de tela escocesa. musical. respiró hondo.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Ah. Entonces. y tiró con fuerza una vez.

con la corta cola entre las piernas. —Para ordeñarla. Cro Chaillean para mí. —¿La noche? —Eithne meneó la cabeza y chasqueó la lengua—. Por la mañana se van A los pastos lejanos. Suben a las colinas Donde sopla la brisa. Donde la hierba es más verde En los prados y las rocas. —Eithne dobló las piernas. Y beben de la fuente Escaneado y Corregido por MANOLI Página 111 . he venido a ver cómo estabas y a traerte algunas cosas que quizá necesites.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Entonces. —Colocó la mano de Elizabeth plana en la cabeza de la vaca mientras ella le rascaba detrás de las orejas y susurraba—: Tairis. Se llama Madreselva. Cuando no encontró nada de comer. «Naaa. Bueno. volvió a bajar la cabeza hasta la hierba. —Elizabeth observó a la mujer menuda con la cara amable que se parecía mucho al joven que se habían encontrado en la posada de los Highlands. se sentó sin ningún esfuerzo en el taburete y pegó la cara al lomo de la vaca mientras alargaba los brazos. La cabra reaccionó y fue a protegerse bajo el techo del establo. dulce Mami. —Exacto. En voz baja. lo mejor es sentarse a su izquierda. cantó una canción: Una chica cantaba Como un pájaro en un árbol.» —¡Truis! —exclamó Eithne. —La mujer pareció intrigada—. —Miró hacia la granja—. antes de ordeñar a esta señorita. Le agarró las ubres con las dos manos y cerró los ojos mientras empezaba a ordeñarla. —Yo soy Elizabeth. La vaca levantó el hocico y olió. ¿A quién se le ocurre dejarte aquí sola con la única compañía de esta vaca? La cabra levantó la cabeza desde el final de la cuerda que estaba mordisqueando y protestó. Eithne se colocó junto a Elizabeth al lado de la vaca. Mira… — Tomó a Elizabeth de la mano. Ese hombre tiene la cabeza hueca. la ayudó a levantarse y la colocó delante de la cabeza de la vaca—. debe de ser la madre de Roderick. Y la madre de sangre de Douglas. ¿Douglas no está? —Ha dicho que tenía que ir a otra parte de la isla y que. el mismo término que Douglas había utilizado el día anterior. no volvería hasta la noche. tienes que conocerla mejor. La mujer de Douglas. Cro Chaillean. —Vaya. —Bueno. Es una buena chica. así. seguramente. Cro Chaillean.

Venga. Pronto se olvidó de cualquier tontería y descubrió que la piel del animal era suave y nada áspera. Dijo que me llevaría a tierras lejanas Y que se casaría conmigo… Cuando abrió los ojos. castañas y marrones. Cro Chaillean. ¡Y muy bien. Esta miró con curiosidad el vestido que llevaba. como parecía. la convenció para que apoyara la mejilla en el costado de la vaca y le agarró las ubres. Seguro que sabes alguna canción. que cuando tengamos un poco más de leche vamos a prepararnos un desayuno delicioso. maravillada y en silencio. Siempre vuelven al lechero Al final del día. Lo que hará que te dé leche es el ritmo de tu voz. Y vino cortejándome. Elizabeth retrocedió de forma automática.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Donde crecen los berros. —No. pardas. olía muy bien a hierba y brezo. y entonó una cancioncilla que había aprendido de pequeña… Un estrafalario caballero llegó desde el norte. no creo que me sepa esa canción. —Ahora es tu turno. Pero. —¡Lo ha hecho! Me está dando leche. con la voluminosa falda. —Cualquiera servirá. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 112 . Eithne se volvió hacia ella. Cuando terminó con la canción. Cro Chaillean para mí. por cierto! Venga. Y así una chica cantaba Como un pájaro en un árbol. Moteadas. Además. Elizabeth cerró los ojos. respiró hondo. no podía creerse lo que veía. tardó mucho más que Eithne en sentarse. eres tú quien la está ordeñando. tienes que intentarlo. Cuando encontró una posición cómoda. Cro Chaillean. y sentía el lomo caliente contra su mejilla. Elizabeth se acercó despacio al taburete y. Elizabeth observaba. cómo la leche fluía de los dedos de Eithne y que empezaba a llenar el cubo. Eithne se rió. Eithne se rió. Simplemente. pero no dijo nada. —Uy no. por mucho que se alejen.

y se sentaron a compartir una tetera mientras le enseñaba a Elizabeth a saborear la avena a «la escocesa». Por ninguna suma. Eithne le enseñó a desnatar la leche que habían ordeñado esa mañana con una venera agujereada y. Los pájaros cantaban. Y eso provocará que el invierno sea más duro. pero el honor de un auténtico highlander no se compra ni se vende. echar un poco de leche en el centro y amasar el pan. con las colinas llenas de soldados del rey buscando al príncipe. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 113 . o sea. Elizabeth observó cómo Eithne se acercaba al fuego y cogía las tenazas para sacar una piedra pequeña y plana. Cualquiera diría que lo ha criado una manada de perros. era lo mismo que le había dicho Douglas. tenían una cazuela de deliciosa avena hirviendo al fuego y pan recién hecho en el gridheal. —Te invitaría a tomar un té. Mientras tanto. Charlaron animadamente mientras se acercaban a la granja y la cabra las perseguía. Eithne dibujó una sonrisa. por algunos sitios donde pasamos oímos que han ofrecido una recompensa de treinta mil libras para cualquiera que diga dónde se esconde. Pero ahora. casi todas las mujeres estaríamos en las chozas.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Poco después. La acercó a la mesa. pero me temo que el agua ya ha debido de quedarse fría —dijo Elizabeth cuando entraron en la granja. Elizabeth la miró. que tu marido aparte de sola. vamos a preparar un plato de avena. —Normalmente. Es realmente muy sencillo. Eithne y Elizabeth cruzaron la cerca con la cesta llena de huevos de las gallinas y el cubo lleno de leche. —Eso calentará el agua en un periquete. El verano había llegado a los Highlands. El brezo florecía. No sé preparar avena. tenemos que quedarnos cerca de casa por nuestra seguridad. las cosechas crecen aquí abajo. nadie tendría que preocuparse por la escasa cosecha y el frío invierno. —No tengo demasiada experiencia en la cocina. te enseñaré a hacerla como me enseñó mi madre. Con una suma como esa. luego. Ven. también te deja sin comer. hija. —Sí. —¿Chozas? —preguntó Elizabeth. a colocar la avena en forma de volcán. —Durante el camino. de donde nadie la había tocado desde primera hora de la mañana. —¿Crees que capturarán al príncipe? —preguntó Elizabeth. —Pero eso tiene fácil remedio. Más o menos. levantó la tapa de la tetera y dejó caer la piedra dentro. porque ahora tenemos que alimentar a los animales aquí abajo. —Sí. Mientras estamos fuera. Señaló la tetera que estaba en la mesa. —Vaya. El sol ya estaba en lo alto del cielo y bañaba la cañada con su delicada luz. Eithne había traído conserva de grosella y mantequilla fresca en la cesta. en esta época del año. —No lo atraparán. son pequeños refugios donde vivimos mientras cuidamos de los rebaños en las colinas. Media hora después. —Eithne meneó la cabeza—.

Escaneado y Corregido por MANOLI Página 114 . Les darían tinta y Eithne le había prometido que le enseñaría a cortar una pluma de ganso para que pudiera escribir cartas—. zanahorias. era un niño muy testarudo —dijo Eithne. hija. Recogieron patatas. Y. coles y unos lomos secos de eglefino que Eithne había traído para hacer una sopa que herviría al fuego hasta la hora de la cena. —¿Te importaría…? —Elizabeth dudó unos segundos—. Eithne instruía y Elizabeth aprendía. Vendré a recogerte después de desayunar. Las dos mujeres pasaron casi todo el día realizando las tareas propias de una granja. Fueron al riachuelo que pasaba por detrás de la granja y Eithne le enseñó a limpiar los cacharros con arena y ramas de brezo. recogieron juncos para hacer cestas y artículos de mimbre. E incluso le dio un poco a la cabra. Elizabeth aprovechó la ocasión para indagar un poco más.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Coges una cucharada caliente de avena y la hundes en la leche antes de metértela en la boca. —¿Tienes que irte? —le preguntó Elizabeth. Así es cómo obtienes el mejor sabor. mientras que su hermano Iain sí lo es. Cuando Eithne recogió su cesta y se preparó para marcharse. Para él fue muy difícil perder a sus padres de pequeño. Había disfrutado mucho de su compañía y no le entusiasmaba la idea de volver a estar sola. Sin embargo. ya era la tarde. y flores salvajes y hierbas para aromatizar el interior de la granja. quizá para proteger a Douglas o quizá porque simplemente no lo sabía. que los hermanos y los clanes luchan entre ellos. Puesto que Eithne parecía tan predispuesta a la conversación. —Uy. dicho eso. mientras separaba las agallas de roble que habían recogido para hervirlas. —Sí. Mientras los cuencos y los platos se secaban al sol. que estaba en la puerta. Estaba deliciosa. no dejó de explicarle historias de la vida en Dunakin y de la infancia de Douglas. para Douglas ha sido muy angustioso porque los MacKinnon han sido leales a los reyes escoceses desde el principio. —¿Nigh? Eithne sonrió. —¿Y por qué Douglas decidió no tomar las armas para defender al Pretendiente? Eithne. sonrió y dijo: —Eso deberías preguntárselo a él. —Pero Douglas no es jacobita. —Día de colada. ¿no es cierto? —Sí. ¿Puedo ir contigo? —Por supuesto que sí. Pero son cosas de esta rebelión. mientras tanto. Elizabeth llenó la cuchara de avena y cerró los ojos cuando el cálido aroma del cereal despertó su hambriento estómago. Y. mañana tengo que levantarme temprano porque es día de nigh. Eithne MacKenzie se marchó.

Estuve atento después de la batalla. estábamos destinados al fracaso desde el principio. Muy. Estaba más envejecido y marcado por los últimos meses. que antes era canoso. por si los clanes proponían un nuevo repliegue. Douglas. desde la última vez que Douglas lo vio. Cuando Douglas lloró por la pérdida de su madre y de su hermana. Se terminó antes de empezar. —El hombre se levantó de la silla para abrazar con afecto a su sobrino. se había quedado dormido mientras leía. En realidad. Skye jefe de los MacKinnon. —Eso debería decir yo. Muchas vidas truncadas. pero ya no tenían ánimos. el vigésimo noveno Escaneado y Corregido por MANOLI Página 115 . Iain estuvo a su lado. asumiendo el papel del que había tenido que exiliarse. los típicos ojos azules de los MacKinnon. Douglas entró en el despacho del hermano mayor de su padre. Sin los franceses. Su tío estaba sentado frente a los grandes ventanales que daban a la escarpada vertiente azul basalto de la montaña Bla Bheinn. Hubo mucha sangre. no podíamos hacer nada. Los que no murieron o acabaron presos bajo el mando del carnicero del hijo del rey. más que cualquier otro. señor. montándose en su caballo para reunirse con el príncipe en Edimburgo. Estábamos mal preparados y mal aconsejados. había ejercido de padre de Douglas. Y. Parece imposible que todo acabara saliendo al revés. lo más importante. Le había enseñado qué significaba ser jefe de un clan. ahora estaba completamente gris. —No. Iain Dubh MacKinnon de Strathaird. Se había ocupado de su educación y formación. Su pelo. sobrino. Le había enseñado a disparar y a empuñar la espada. Se ha terminado. Estaba en Londres esperando que las fuerzas del príncipe entraran victoriosas por las puertas de la ciudad. Por lo visto. —Douglas. porque tenía la cabeza canosa apoyada en las páginas abiertas del libro y la barbilla pegada al pecho. Douglas asintió con solemnidad. Douglas se aclaró la garganta y el jefe se despertó sorprendido. —Me alegro de verte. la última vez que Douglas vio a su tío creyó que sería la última. La rebelión había pasado factura al jefe de los MacKinnon. —Me apenó enterarme de la derrota de Culloden. La última noticia que tenía era que los jacobitas habían tomado Derby y estaban a un paso de la victoria. muy distinta. parecían cristalinos y muy cansados.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 15 Kilmarie House. le había transmitido honor. —Fue una rebelión distinta a las otras. Y sus ojos. huyeron hacia las colinas con las tropas inglesas pisándoles los talones. Iain Dubh meneó la cabeza. El sol brillaba e Iain Dubh estaba dormido cuando Douglas entró en la habitación. Ese hombre. —¿No hay ninguna esperanza de otro repliegue? El jefe volvió a sentarse en su silla e invitó a Douglas a sentarse a su lado. Strathaird.

sucio y alborotado. Le pidió a su hermano mayor.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —¿E Iain? —preguntó Douglas—. Se volvió con la esperanza. para que los MacKinnon no se convirtieran en un clan del pasado. por última vez. Llevaba el pelo castaño suelto. y su futuro suegro. por el legado del clan y por la memoria de su padre. Iain Dubh se levantó de la silla. y siempre tenía los ojos entrecerrados. con la cabeza llena del romanticismo de la batalla. —El jefe miró a su sobrino y le leyó el pensamiento—. como un zorro. lo que más le hirió ese día no fueron las palabras de su hermano. sus esperanzas quedaron frustradas cuando reconoció la desagradable silueta de Malcolm MacLean. No hablaba con el corazón cuando dijo todo aquello. «Este lugar sólo son piedras y fantasmas —le dijo—. Sin embargo. pero Iain no quiso escucharle. y estúpido. hermano —le había dicho Douglas—. —¿Dónde? —En Skye. Sin embargo. Nunca olvidaría las amargas palabras que se habían dicho cuando había tomado la decisión más difícil de su vida: renunciar a unirse a su clan y a luchar por la causa del príncipe. —Entonces. aunque remota. Douglas recordó la última vez que vio a su hermano pequeño. Pero Iain MacKinnon no lo había entendido. aunque MacLean llevaba el suyo con mano de hierro. No entendió tus motivos para no unirte a ellos. sino la decepción que había reconocido en los ojos del chico que había crecido viendo en él a su héroe. —Sí. He oído que. ¿está a salvo? —Sí. lo llamó cobarde y dijo que era una desgracia para el clan antes de dar media vuelta y marcharse de tal manera que Douglas intuyó que sería la última vez que estarían juntos. me alegro de verte. Un golpe en la puerta lo devolvió a la realidad. de pie frente a él al amanecer en el patio de Dunakin. Parecía un crío que iba a comerse el mundo. La batalla para conseguir recuperar lo que es legítimamente nuestro. Era joven. tuyo y mío. el día de la batalla. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 116 . Douglas intentó explicarle los motivos de su negativa. estaba en otro sitio. —MacLean. El hecho de que soliera solucionar sus disputas con el puñal en lugar de con la cabeza quedaba claro en las numerosas cicatrices que lo marcaban en la cara. El honor es algo que un hombre lleva consigo independientemente de dónde decida pasar la noche. ¿Cómo va todo por Carsaig? El jefe de los MacLean entró en el despacho con la seguridad y arrogancia de un hombre que sentía su importancia en el mundo. Intuí cómo terminaría todo y lo envié al norte con los MacKay antes de que empezara la batalla.» Iain renunció a Douglas como hermano mayor ese mismo día. jefe de los MacLean de Carsaig. que se uniera a ellos. Era un jefe de clan como Douglas. Sólo lo vio como una traición al clan. El honor es eterno. espada despiadada y corazón impermeable. Douglas. y se pavoneaba de ello más de la cuenta. no estaba en Culloden —le confirmó su tío—. con la espada afilada y la mirada decidida.» Lo había hecho por Dunakin. Ahora es un chico muy diferente al que era hace unos meses. «Tengo que pelear otra batalla. las manos y los brazos. de que fuera Iain.

Si se descubría y traía consecuencias negativas. Por otros medios. MacLean. MacLean. MacKinnon y. y tu Muirne será condesa. Detestaba tener que engañarlo. habré recuperado Dunakin y el condado. Dunakin será nuestro otra vez dentro de dos meses. El cómo no tiene importancia. No pienso casar a mi Muirne con un desheredado sin tierra que no tiene ni un orinal a su nombre… Douglas lo interrumpió y se convirtió en el foco de atención de ambos hombres. —Venga. pero. —En cierto modo. —Miró a su tío—. más intrigado que sospechoso ante aquel inesperado anuncio—. MacLean. MacLean sospechó de inmediato. Miró a Douglas fijamente y con fuerza.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Ven. con la mano en la empuñadura de la espada. ¿Te importaría explicarnos qué significan esos «otros medios»? Consciente del peligro que podía conllevar la verdad. —Sólo puedo pedirte que confíes en mi palabra. Y ahora acompañadme. No habrá boda. siéntate —dijo Iain Dubh a MacLean—. sin ninguna restricción. MacKinnon? ¿Has podido o no has podido asegurarte el derecho sobre Dunakin? —Se volvió de inmediato hacia Iain Dubh sin esperar la respuesta de Douglas—. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 117 . Douglas y yo estábamos hablando de lo sucedido en los últimos meses. cálmate… —¡Era el trato! —Dio un puñetazo en la mesa e hizo tambalearse el vaso—. sin la garantía de esa tierra. no quería que nadie más que él las pagara. que mi dulce Janet ha preparado una cena deliciosa. Si Douglas dice que recuperará Dunakin. Douglas decidió no explicarle a su tío el trato al que había llegado con el duque. —No conseguí audiencia en Kensington. dentro de dos meses. Tomemos una copa de brandy. Será una boda de invierno. —¿Qué quieres decir con eso de «por otros medios»? ¿Por qué tanto secretismo si vamos a ser familia? La idea de convertirse en familia de ese hombre le provocó arcadas. —Iain Dubh miró a su sobrino. —No necesito más. Compartamos un pan y brindemos por el fin de la enemistad que ha enfrentado a los MacLean de Carsaig y los MacKinnon de Strathaird durante demasiado tiempo. no existe ninguna alianza entre nuestros clanes. Iain Dubh asintió. —Un momento. lo hará. —¿Qué quieres decir. pero no tenía otra opción. MacLean se sentó en la silla que le ofrecieron. Bebió un sorbo de brandy y se limpió la boca con el reverso de la mano. —¿Qué frutos ha dado tu visita al sur? ¿Has conseguido una audiencia con el Hanover? Douglas tuvo que hacer un esfuerzo por no demostrar el asco que le daba ese hombre. sí.

—Esperó y percibió que Douglas seguía tenso—. —Bah. disgustada—. hasta que él se lo hubiera explicado. seguro que para intentar aliviar el dolor de haberse pasado horas sentada en ese torno a la escasa luz de la lámpara de aceite. La casa olía a hierbas frescas. mientras se levantaba del torno de hilar y le servía una taza del té que tenía hirviendo en el fuego. No deberías casarte con nadie Escaneado y Corregido por MANOLI Página 118 . pero es de buen corazón. —Gracias. mientras esperaba que Douglas dijera algo más. sabía cómo reaccionaría. ¿Y por qué no ha venido? Douglas frunció el ceño. —Eithne frunció el ceño y puso cara de haberse tragado algo amargo con el té—. a pesar de que su cara quedaba en la sombra. sabía que estaba enfadada. —Ese asqueroso perro faldero. y menos después de todo lo que habéis pasado estos últimos meses. nada en absoluto. a turba y al delicioso estofado que había preparado para cenar. Que está en Skye. No soportará estar enfadado con su propio hermano. y siguió tejiendo. a él y sus explicaciones. hasta la cintura. Es tu hermano. sólo le había pedido que preparara la granja y no sacara conclusiones antes de tiempo. —Es cierto.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Ya había oscurecido cuando Douglas llegó a la casa de Eithne. Ese hombre será un suegro terrible. —¿De veras? —Eithne arqueó una ceja—. En el fondo. ¿Hay algo más? Douglas asintió. Olvídalo. —Meneó la cabeza. Mi tío te envía saludos. No puedes cambiar lo que hace siglos que dura. Douglas vio cómo se apoyaba la mano en la rabadilla mientras le servía el té. ¿no es cierto? Lo conozco desde que era pequeño y siempre ha hablado antes de pensar. con una media luna escondida detrás de una fina capa de nubes. Agachó la cabeza para no golpear el dintel y llamó a la puerta. Sabía que lo estaría esperando. Esperó y no dijo nada. Le alivió el dolor de cabeza que hacía horas que lo agobiaba—. pero no tengo más opciones. En la carta que le había enviado junto con los baúles. Llevaba el pelo suelto. —Ah. Eithne volvió a sentarse frente al torno y llenó el huso de la rueda de lana cardada. viera lo que viera. a su propio ritmo. —Dice que Iain está a salvo. pero había retrasado aquella visita hasta última hora del día. Le debía la verdad y sabía que podía confiar en ella. Se bebió la mitad de la taza antes incluso de sentarse en su silla favorita junto al fuego. Se ha derramado sangre inútil de los dos bandos durante casi cuatrocientos años. desde que uno de esos desgraciados MacLean le quitó la vida a un MacKinnon por una ofensa imaginaria o yo qué sé. —MacLean estaba en Kilmarie. y lo sabes. Tiene mucho carácter. Y. una prenda gruesa debajo de un chal de lana que la cubría hasta las caderas. Se acordó hace una eternidad. Douglas. todos hemos vivido en paz. e iba en camisón. —Creo que ya sabes por qué. La enemistad entre nuestros clanes no será nada en comparación con la guerra que empezará si no me caso con Muirne. sin embargo. Iba descalza y. —Ya era hora de que volvieras —fue todo lo que dijo. —He ido a Kilmarie —le dijo él cuando ella le dio la taza de té.

Es la única forma de recuperar Dunakin. Te lo pregunto a ti. —Pero da igual. Eithne estaba tan furiosa que pisaba con rabia el pedal de la rueda. —Douglas se levantó para marcharse y encogió los hombros debajo del abrigo—. —Sí. —Lo sabía. Esos MacLean de Carsaig no son de fiar. ahora mismo. —Dulcificó la voz—. hubiera estado tejiendo bobadas. imaginándose la granja que había al otro lado. En realidad. No te pido que le mientas. se derramará sangre de los MacKinnon. Es mejor que no sepa la verdad. Es una buena chica. Por su seguridad. pensar en ella había impedido que se pasara el día con el ceño fruncido. Douglas miró a Eithne como si. Douglas MacKinnon. Mírame a los ojos. si puedes. El trato que has hecho con su padre es un error. Incluso ella te lo diría. —No puedo hacerlo. nada de nada. y por la nuestra. No tengo otra opción. En más de una ocasión. —Engañarla me gusta tan poco como a ti. —Pero no se lo estoy preguntando a ella. Eithne apretó los labios. Son las condiciones de su padre. junto con la lana cardada. Sus manos no han trabajado ni un solo día en la vida. Douglas MacKinnon. y dime sinceramente. Dejó la taza en la repisa de piedra con el ceño fruncido. —Cualquier esperanza de que sigamos casados después de estos meses es inútil. había levantado la vista de los libros de cuentas de la propiedad para mirar por la ventana hacia la distante colina. —Dos esposas son demasiadas. —Douglas MacKinnon. Eithne lo miró fijamente a la luz del fuego. tienes razón.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes de esa familia. Pero no me gusta. Si no me caso con Muirne MacLean. que no la has mirado a los ojos ni una sola vez y te has preguntado qué pasaría si no fuera una dama inglesa. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 119 . Dime que no has pensado en ella. incluso se había atrevido a pensar que Elizabeth se quedaba más de dos meses… Que se quedaba para siempre. Ni siquiera sé cómo pudiste aceptarlo. nada en absoluto. No nació para vivir en los Highlands. Todo da igual. en una de esas ocasiones. Douglas. con un ejército de criados dispuestos a satisfacer todas sus necesidades. si fuera sólo una chica escocesa… Douglas miró a los ojos de la única madre que había conocido y no pudo decir nada. y la hija de un duque inglés. incluso para un valiente escocés como tú. ¿es que te has vuelto loco? ¿Es que no me escuchas? Roderick me explicó lo que había pasado y cómo acabaste casado con esa chica. y lo sabes. Sólo te pido que me ayudes a conseguir que pase desapercibida hasta que su padre venga a buscarla. Es una dama. una chica auténtica. Y. Y eso pasará a la sangre de tus hijos. Douglas se terminó el té. Sería mucho mejor esposa que esa Muirne MacLean. La criaron para llevar una vida privilegiada y fácil. Y no puedo hacerlo sin tu ayuda. pero no pienso mentirle. Douglas frunció el ceño ante la mención de Elizabeth. que no sientes nada por esa chica.

entonces. Esta conversación no nos hace ningún bien. Si tan feliz estaba con su vida de privilegios y facilidades y criados para servirla en todo. Douglas. santo Dios. a cualquiera. burro. Dime una cosa. —Basta —dijo Douglas—. le dio un beso en la sien y dio media vuelta. pero. Es tarde y tengo que marcharme. Douglas inclinó la cabeza. Podría haber elegido a cualquiera. y nunca más volveremos a hablar de esto. Douglas MacKinnon. no fue el whisky.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Eres un estúpido ciego. —Fue el whisky. Pero te eligió a ti. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 120 . Eithne se levantó y lo vio marcharse. a veces se moría de ganas de darle un tortazo. Lo quería como si fuera su hijo. ¿por qué terminó en tu cama? Douglas la miró. —Oh.

Mientras había estado en el interior de la casa de Eithne no se había dado cuenta de que llovía. que no sientes nada por esa chica. Ese día. en una reunión en Kilmarie House poco antes de empezar la rebelión. pero ella apartó la mirada. se había imaginado que era por el mismo desinterés que él. el brezo estaba floreciendo. y dime sinceramente. Pero había visto algo más. si puedes. Cruzó la cañada mojada. Era desesperanza. Douglas no recordaba qué llevaba. Aunque ahora se daba cuenta de que no era desinterés. que no la has mirado a los ojos ni una sola vez y te has preguntado qué pasaría si no fuera una dama inglesa. con el pelo negro y el rostro bonito. Era lógico poner punto y final a una enemistad que había enfrentado a los dos clanes durante siglos. Sus ojos se cruzaron en una ocasión. Había visto vida. dos cosas que respetaba. Era a principios de verano. si fuera sólo una chica escocesa…» No le gustaba que le hubiera leído la mente con tanta facilidad. Siempre había sido una chica guapa. pasada la medianoche. pensamientos que ni siquiera él mismo se había atrevido a reconocer. pero recordaba otras cosas. entre ellas la forma en que inclinaba la cabeza para ocultar la falta de vida que se había apoderado de sus ojos azules. Muirne estaba sentada al borde de la silla junto a su padre. y Douglas se había sentado a escuchar mientras su tío y Malcolm MacLean discutían varias condiciones sobre su inminente matrimonio. inmune a la lluvia que le estaba empapando la ropa. Llovía con ganas y una pequeña luz iluminaba el cielo encapotado. si el vestido era claro u oscuro. por un segundo. rendición. Dime que no has pensado en ella. Era algo que Douglas sabía que había heredado de su madre. más de una vez. Era tarde. y que pudiera adivinar esos pensamientos.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 16 Minch. con los pies juntos y las manos cruzadas encima del regazo. Ya hacía tiempo que había aceptado que tendría que casarse con la hija de MacLean por el bien de los MacKinnon. y supuso que Elizabeth Cuando Douglas salió de casa de Eithne. Recordó la última vez que había visto a Muirne MacLean. Douglas se había fijado en Muirne para intentar descubrir cómo era. Las nubes habían entrado desde el Escaneado y Corregido por MANOLI Página 121 . Ese día. «Mírame a los ojos. especialmente en una mujer. A juzgar por lo blanda que estaba la tierra y cómo se le hundían los zapatos en ella. una belleza antaño famosa en la isla. mientras Muirne estaba sentada en silencio. Ninguno de los dos tenía voz ni voto. llovía. El aire era denso y cargado de humedad mientras dibujaba círculos concéntricos en el valle cubierto por la niebla. Las condiciones estaban claras. Sólo podía pensar en las palabras de Eithne y fruncir el ceño ante el azote del viento. se habían hinchado y habían convertido la luna en un brillo lejano. nada de nada. una forma plateada en mitad de la noche. Había visto orgullo e inteligencia. La verdad era que sí había mirado a Elizabeth a los ojos. y había visto algo más que los ojos de una hija noble. Douglas se detuvo un momento cuando llegó a lo alto de la colina que había detrás de la granja. en más de una ocasión. ahora mismo. ya llevaba lloviendo un buen rato.

Con un poco de suerte. Los aros que normalmente llevaba debajo del vestido estaban colgados del techo en forma de cono rectangular como una enorme campana blanca. el suelo y la silla que está frente al fuego. Una enagua de encaje estaba colocada en forma de tienda de campaña justo encima de donde se encontraba Elizabeth. Está mojada. Douglas había llegado al armario y ahora estaba abriendo cajones y buscando a tientas una mecha. —Me encargaré del fuego y. El techo estaba lleno de goteras. mientras él miraba incrédulo aquel montaje—. Esto está helado… —Lo sé. Se volvió para mirar a Elizabeth. Porque esta mañana no me han sido tan útiles para ordeñar la vaca. al cabo de pocos segundos. de repente. —¿Has dicho que la cama está mojada? —Sí. —¿Por la tormenta? —Y entonces. —El techo. igual que las lámparas. Apenas podía verla en la oscuridad. Se la secó y levantó la mirada. Douglas recordó que le daba miedo la oscuridad—. Todo está empapado. cuando. —No he encontrado ninguna vela. Se levantaría antes del amanecer. y el único ruido que se oía era la lluvia en el tejado y en el charco de la entrada. Lo que vio desafiaba toda descripción posible. de la cama —le dijo. Douglas entró y se dirigió hacia el armario para buscar una vela.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes estaría en la cama. vio que el fuego estaba apagado. Entraría en silencio. donde guardaba las turbas secas. Encontró el pedernal y. Douglas levantó la llama. Estuvo a punto de sacar el corazón por la boca. se cambiaría de ropa y dormiría un par de horas. había encendido una llama. ¿O ha sido…? —La cama. No podía dormir. me han servido de algo —dijo ella. e igual de silencioso. y se dirigió hacia el otro extremo del salón. puedes encargarte de la mesa. —Exacto —respondió ella—. Había colgado los tontillos de los vestidos de una de las vigas y los había atado con una liga. Estaba oscuro como una tumba. he conseguido construir uno antes de que esto se inundara. —¿Has ordeñado la vaca? Ella lo miró con el ceño fruncido. exacto. —De paso. Cuando entró en la casa. Le cayó una gota de agua en la cabeza y le resbaló por la nariz. podía estar fuera antes de que ella se levantara. a pesar de la escasa luz de la mecha. —¡Por Dios! ¿Qué haces sentada en el rincón? El fuego está apagado. Esa cabra idiota se lo ha comido. —Al menos. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 122 . Fue entonces cuando Douglas se dio cuenta de que estaba en medio de un enorme charco. oyó una voz que venía del rincón. luego. Por suerte. Douglas estaba convencido de que no la había oído bien. El sonido de la lluvia no llegaba únicamente desde el exterior.

Avanzaron deprisa por el camino embarrado. —Ven —le dijo. Oyó un ruido y un «Naaa» familiar entre las sombras. Corrió hacia la puerta—. En la casa. —Elizabeth se levantó. Le empezaron a temblar los brazos y tenía la sensación de que. ni siquiera se había dado cuenta del frío que tenía. Esta noche no dormiremos aquí. En realidad. oyó una puerta que se abría y se cerraba. sólo lo pedía y se lo traían. Ahora no había nada excepto una oscuridad insondable. aunque seguía protegida por la capa. salpicando a su paso. Durante toda su vida. pero no pudo porque le castañeaban los dientes. Cuando me has dicho que consiguiera la leche para el té te referías a eso. estás temblando como un cordero. tenía demasiado frío y estaba demasiado oscuro para preocuparse por eso. las piernas cubiertas de barro y la camisa pegada al cuerpo. de pasada. en realidad. Pero estaba demasiado empapada. y notó que Douglas la soltaba. El fuego se ha apagado hace un rato y luego… Se calló cuando oyó un crujido encima de la cabeza. colocándola bajo la protección de su capa. al menos. me refería a que la fueras a buscar a la despensa que hay detrás de la casa. la leche para el té. así que he cocinado una sopa. Elizabeth gritó cuando Douglas la agarró del brazo y la apartó mientras grandes cantidades de agua. Pero no pareció darse cuenta—. —Puso gesto de preocupación—. Iremos al granero. Le pareció que Douglas había tardado horas en regresar cuando. de repente. pegado a los ojos y rizado alrededor de las orejas. apenas tardó unos minutos. Douglas encendió una lámpara que iluminó el diminuto establo. Estaba oscuro. había una pequeña ventana y la poca luz de la luna que entraba la tranquilizaba. Iré a buscarlas. Se quedó inmóvil donde Douglas la había dejado y esperó. que estará calentito y seco. Hasta que Douglas lo dijo. Llevaba el pelo empapado. El primer impulso de Elizabeth fue pedirle que no la dejara. esperándola. Demasiado oscuro. Elizabeth se mantuvo pegada a él mientras salían de la casa. —Lo siento. Elizabeth soltó el aire que había estado conteniendo hasta que él se volvió hacia ella.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Pues claro. el techo cedió y se vino abajo. césped y hierba empezaron a caerles en la cabeza. pero está un poco lejos y está lloviendo con fuerza. Sin el tontillo. con la ayuda de Eithne. las velas o un techo firme habían estado allí. se le romperían como ramas. Están heladas. ¿No la has visto? Aparentemente. Elizabeth. Y. pensó que sus zapatos de seda quedarían inservibles. Tenía un aspecto tan patético como el estado de ánimo de ella. —Da igual. la falda le iba larga y la arrastraba por el suelo. si intentaba doblar los dedos. Cuando se detuvieron. aunque nunca se le hubiera ocurrido ir a buscar leche a la despensa. ¿no? —No. La envolvió el olor de hierba fresca y calidez animal. — Le tomó las manos—. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 123 . pero me temo que ya estará fría. no. He tenido que hacer algo para entretenerme. Nunca había tenido que conseguir nada. Al cabo de un rato. Hay mantas secas en la casa. —Podríamos correr hasta casa de Eithne. Elizabeth notaba gotas de barro entre los dedos y.

Te dejaré la camisola. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 124 . la cabra y las gallinas. Sosegada por el ritmo del corazón de Douglas junto a su mejilla. Le pareció que decía algo. Douglas le había quitado el vestido y el corsé. te pondrás enferma. —No quiero. Estaba medio dormida cuando notó que él se tendía a su lado. y temblando. El whisky le había sentado bien y el calor que había despertado era bastante agradable. todo se quedó a oscuras. A los pocos minutos. Anhelaba la sensación de las sábanas recién calentadas con un calientacamas de carbón y soñaba con una humeante taza de té entre las manos. que se la acercó a la boca y bebió un buen trago. Elizabeth meneó la cabeza.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Entró por la puerta con un montón de mantas debajo del brazo y una jarra. con la camisola. Elizabeth no tenía fuerzas ni para replicar. Elizabeth se quedó de pie y esperó mientras él colocaba las mantas en el suelo y construía una cama de heno fresco. —Bébetelo. —¿Qué haces? —Tienes la ropa empapada. —¿Qué es? —Whisky. Cuando apagó la lámpara. Bastó para que su cuerpo ardiera de inmediato. y cada vez más. Se la colocó entre las manos. ella suspiró aliviada. —Bebe. de pie. No se había dado cuenta de que Douglas había regresado a su lado hasta que lo notó soltándole los ganchos del vestido. que los estaban mirando como si se hubieran vuelto locos. pero no lo entendió. Elizabeth cayó en los brazos de Morfeo y no llegó a descubrir que el cuerpo que estaba pegado a ella estaba totalmente desnudo. La calidez de su cuerpo contra el suyo fue inmediata y tan acogedora que se volvió hacia él y apoyó la cabeza en el sólido pecho de Douglas. Te hará entrar en calor. Tenía demasiado frío para seguir protestando. Cuando él la abrazó y la envolvió en la calidez de su cuerpo. de las almohadas blandas y perfumadas y de la chimenea de mármol que siempre estaba encendida. notó cómo los ojos se le empezaban a cerrar a medida que la fatiga amenazaba con apoderarse de ella. pero tienes que entrar en calor y secarte antes de caer con fiebre. Douglas la llevó hasta el otro lado del establo. que enseguida descorchó. Incluso de pie. Si no te la sacas. Hizo una mueca y devolvió la jarra a Douglas. lejos de la vaca. Se acordó de su cama en Drayton Hall. y ahí estaba. Él la ayudó a tenderse sobre el heno y la tapó con una manta gruesa. pero ella estaba tan cansada que apenas se dio cuenta. así que se acercó la jarra a la boca con manos temblorosas y bebió un sorbo.

«Como hermano mayor de su padre. con un corazón cálido y generoso. casi nunca daba un paso cuestionable. según él. yo haré de padre —dijo el jefe de los MacKinnon —. donde podría criar a su hijo rodeada del amor y el apoyo de su familia y amigos. la misma chica que. desnudo como el día que vino al mundo. Sabía que podía darse la vuelta y marcharse. que acababa de asomarse por la puerta. había criado a los dos chicos como si fueran suyos. y su vista no era la misma que hacía unos años. había poca luz y todavía era temprano. se presentó en la puerta de su humilde casa en la cañada una tarde de verano y le pidió que acogiera a sus sobrinos. y abrazado a una chica por la que decía no sentir nada. Iain era el imprudente. sería la primera en reconocer que se había quedado de piedra cuando el jefe de los MacKinnon.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 17 sensata. y se preguntó qué debía hacer ante aquella situación tan extraña. Ella sabía que era un honor que el jefe del clan la hubiera escogido y asumió encantada la responsabilidad. no sentía nada por él. un hombre que sopesaba cualquier consecuencia antes de tomar una decisión. con una cesta llena de ropa sucia. No había soportado medio siglo en los Highlands sin su cupo de adversidades. y que intentaba desesperadamente estar a la altura del recuerdo del padre que nunca había conocido. Por eso. Dibujó una sonrisa mientras estaba allí de pie. una mujer sensata. había sido testigo de cómo Douglas se convertía en un hombre de lealtad y honor intachables. Eithne tuvo que preguntarse si sus ojos la estaban engañando. Cuando su marido murió de forma repentina a causa de una fiebre epidémica a los cuatro meses del nacimiento de Roderick. Eithne dejó atrás la tierra firme y los recuerdos y regresó a su pueblo natal. Sin embargo. Eithne debía admitir que sentía curiosidad por saber qué hacían el tontillo y las enaguas de Elizabeth colgados del techo de la casa mientras ellos dos estaban dormidos abrazados. Era un hombre sensato. que acababan de perder a su madre. el que siempre actuaba por impulsos sin pensar en las consecuencias. pero parecía que Douglas estaba dormido en una cama de paja. Ya no había muchas cosas que la sorprendieran. Miró a la cabra. inteligente y resistente.» Una mujer que Iain Dubh había decidido que era Eithne. Eso había sucedido hacía casi tres décadas. necesitaré una mujer paciente. como madre. Iain Dubh. por lo que. Douglas era el reflexivo. Había criado a su hijo Roderick sola. sin la ayuda de ningún marido y lo había convertido en un joven fuerte como su padre. de pie en la puerta del establo. pero entonces cualquiera que pasara por allí podía descubrirlos y Douglas tendría que dar muchas explicaciones. Desde entonces. Douglas e Iain. brillante como su madre y tan apuesto que las mujeres desde los seis a los sesenta años se giraban a su paso. Ladeó la cabeza mientras el sol iba asomando por el horizonte. —¿Qué diablos pasó aquí anoche? Escaneado y Corregido por MANOLI Página 125 Todo aquel que conocía a Eithne MacKenzie la tenía por una mujer razonablemente . Pero. Sí. En realidad. Skye.

ha superado cinco rebeliones. civilizado y. Eithne tenía que admitir que era un hombre muy apuesto. ¿no crees? Douglas frunció el ceño. muy despacio. Douglas se quedó callado. tenía frío y temblaba. ¿a qué has venido? —le preguntó. Era fácil entender por qué la chica se sentía atraída por él. —No ha pasado nada. así que intenté que entrara en calor con la calidez de mi cuerpo. Tiene noventa y siete años. Douglas MacKinnon. se dio la vuelta y parpadeó mirando las vigas. pero estoy casi segura que verte desnudo en el establo durmiendo bastaría para matarla de golpe. Eithne tosió y retrocedió para esperar. —Entiendo. Yo también llevaba la ropa empapada porque. eso explicaría cómo acabaron las enaguas en el techo. Pensé que se pondría enferma. que seguía dormida. Siempre había tenido el sueño ligero y. Elizabeth seguía durmiendo tan profundamente que parecía que ni los rugidos del infierno podrían despertarla. A pesar de ser dos décadas mayor que él y de haberle limpiado los mocos de pequeño. Tenía la barbilla oscura por la barba de un día y el pelo revuelto. —Bueno. No soy yo la que está ahí tirada y desnuda. ha amilanado ella sola a cuatro hombres de Cromwell. —Douglas apretó los labios en una mueca y se la llevó al aire libre. Cuando volvió a hablar. —El techo de la casa tenía goteras. Al final. No podía negarlo. no me la habría quitado. —Sí. Eithne esperó a que Douglas se incorporara para hablarle. Estaba mojada.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes La cabra parpadeó y meneó la cabeza. y para ahorrarse reacciones embarazosas. fueron esas mismas palabras las que te obligaron a casarte con ella después de despertarte en su cama. lo hizo en un susurro. siempre podía tocar el cencerro que estaba colgado en la pared. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 126 . si resultaba insuficiente para despertarlos. al final. Tenía la ropa empapada. Pero la frente estaba tersa encima de la nariz—. se levantó y se envolvió la manta alrededor de la cintura. ha parido dieciséis hijos y ha enterrado a tres maridos. si no. —Menos mal que te he encontrado yo y no la vieja Lilias. —¡Dios! —Douglas buscó una manta para taparse—. que le caía encima de los ojos. Nada. A su lado. Douglas fue el primero en moverse. —¿Y creíste que las evitarías colgando la ropa interior de la chica de las vigas? —No. pero no por qué decidiste desnudarte y… —El fuego se había apagado —la interrumpió Douglas—. Eithne miró cómo Douglas se echaba el pelo hacia atrás con la mano y miraba a Elizabeth. ¿Qué diablos haces aquí a estas horas? —Es lo que debería preguntarte yo a ti. Era algo discreto. Eithne arqueó una ceja con escepticismo. —Entonces. decidió aclararse la garganta. Fue ella quien colgó las enaguas en un intento por mantenerse seca antes de que yo llegara.

con los pies mojados. mientras yo voy a despertarla.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Le prometí a la chica que esta mañana la pasaría a buscar para que me acompañara al río a lavar ropa. no existía. Por todos los santos. en una enorme tina de madera llena de agua con jabón. Ahora tengo que quedarme y arreglar el tejado. y busca algo que ponerte. sino animarla a que fuera más curiosa y respetara sus opiniones aunque no casaran con las suyas. al final se había impuesto la comodidad. Así tendrá algo que hacer mientras tú arreglas el tejado. —¿Has terminado de pisar esas mantas. —Miró a Eithne—. Vete y tráeme la ropa sucia. Elizabeth siempre había creído que si algún día se enamoraba de un hombre. por cómo se le definía cada músculo como una roca sólida. hasta anoche. ¡ese hombre parecía una divinidad! Por muy horrorizada que estuviera consigo misma. Sin embargo. que corría por encima de una cama de cantos rodados. ¿Cómo le había pasado eso? Era real e increíblemente incapaz de apartar la mirada de él. Decidió que sería mejor guardarse sus pensamientos para ella. en el fondo sabía que era por la intensa potencia de él. sinceramente. por cómo se ondulaba su vientre plano bajo el sol cada vez que se movía. incluso indecoroso. —Señaló la cesta que había dejado en el suelo—. muy concentrada en la observación del paisaje natural… Particularmente. frotando ropa y pisando mantas. —Bueno. de ese en el que Douglas estaba encima del tejado de la casa sin más ropa que una falda escocesa. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 127 . Sería un hombre honrado y sabio. Alguien que no intentara reprimirla. Eithne se lo quedó mirando un buen rato. Se encontraba de pie. era mi intención. —Exacto. a estas horas. —Sí. Se dijo que no era fascinación hacia él. Pero. Elizabeth no podía evitar distraerse cada dos por tres con aquella visión. Y ahora creía que jamás volvería a ponerse el corsé de varillas de forma voluntaria. después de pasarse la mañana agachándose y arrodillándose. Salió de la tina. un hombre paciente y compasivo… Un hombre que. sí. Sí. descalza y con el agua hasta media pantorrilla. ligero y ancho. Eithne le había traído una especie de túnica delantal para hacer la colada y le había enseñado a recogerse el pelo debajo de un pañuelo para no tenerlo en la cara mientras trabajaban. y fue descalza hasta el agua fría del río. Elizabeth no le estaba prestando demasiada atención. —¿Me oyes? —¿Eh? Ah. es que simplemente estaba cautivada por el arte de su forma de trabajar. alguien con quien pudiera hablar de política y filosofía. tendría que ser de alguien que la igualara intelectualmente. No. le había parecido peculiar al principio. hija? ¿Elizabeth? Aunque una pequeña parte de ella quizás hubiera oído a Eithne. Suponía que. ya te habrías levantado y te habrías ido. me la llevaré al río. las mantas. con la falda recogida en la cintura. El corsé de «trabajo». por el antiguo método de construir un tejado con tepes de césped cortados con precisión y brezo. y luego meneó la cabeza muy despacio. creo que ya deberían estar.

El agua parecía hielo en comparación con la piel sofocada. Por la mañana. Elizabeth se volvió para ver por qué se había quedado callada.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Miró a Eithne. Eithne no respondió. tirando y sacudiendo. Seguía con la mirada fija en aquel punto distante. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 128 . y luego ahuecó las manos. Al cabo de nada. refiriéndose a los nativos de una lejana isla de ficción que aparecían en una novela y que iban medio desnudos y hablaban utilizando sonidos guturales—. El sol de mediodía. Eithne canturreaba una dulce melodía al tiempo que la omnipresente cabra mascaba hierba y arveja. Tenía los ojos llenos de angustia. —Se do leine. era abrasador. dobló los dedos y flexionó la espalda para relajar la tensión de la postura. iba y venía con el movimiento del agua. oía la voz de su madre diciéndole que se cubriera la cabeza siempre que saliera al exterior para prevenir las pecas. o incluso de jugo de lirio blanco. con la esperanza de que dejara de temblar. mientras doblaba la ropa húmeda y la metía en la cesta—. donde se había puesto a fregar una camisa con una piedra plana. —Bueno. Se levantó. La duquesa había intentado. Las dos mujeres se pasaron los siguientes quince minutos aclarando las mantas y escurriéndolas. ven y mójate la cara antes de que se te ponga como una mora. Cuando terminaron con la última manta. «Acabarás pareciendo una nativa morena y pecosa —le decía. arrodillada junto al río. Elizabeth alargó el brazo y la tomó de las manos. en un día sin nubes. Cuando Elizabeth se dobló para recogerla. Elizabeth se arrodilló en la orilla. —Elizabeth. La vio mirando río abajo con pánico en los ojos. Llevaremos esto a la casa y la tenderemos encima de la aulaga para que se seque… Y no terminó la frase. le empezaron a temblar las manos y dejó caer la camisa que estaba sujetando. Las mujeres siguieron enrollando y enroscando. —¿Ves algo ahí abajo. camino del río. Tenía la mirada vacía. Mientras trabajaban. las llenó de agua y se refrescó la cara. para intentar mantener la cara tan pálida como los platos donde cenaban. que estaba haciendo una pausa. pero sólo vio el sol cegador reflejado en el agua que iba y venía. hundió las manos en el agua.» La duquesa y sus hermanas se habían pasado más de un precioso día de verano untándose la cara con mejunjes de cera purificada o vinagre. río abajo. se do leine ga mi nigheadh… Canturreaba en gaélico y repitió la frase varias veces con voz temblorosa. pues creo que ya hemos terminado con la colada —dijo Eithne. y húmedos con las lágrimas que estaba conteniendo. Las damas deberían tener una tez tan blanca como el rocío y tan suave como la porcelana china. Eithne? ¿Qué es? Eithne se volvió hacia Elizabeth. Sin embargo. y se acercó los dedos a las mejillas. Eithne le había enseñado a recoger ramas de mirto fresco y a metérselo dentro del pañuelo de la cabeza para alejar a los mosquitos. Elizabeth se notó los brazos blandos como el sebo. dichas medidas únicamente habían conseguido exasperar a Elizabeth. —¿Eithne? ¿Qué te pasa? —Se volvió. tras las colinas apareció una amenazadora nube que ocultó el sol y ensombreció la cañada. desplegándolas de orilla a orilla y enroscándolas hasta que ya no caía ni una gota de agua. que su hija mayor siguiera los mismos pasos. En un rincón de su cabeza. aunque sin demasiado éxito.

de alguna forma. Fue lo único que dijo antes de desmayarse. haciéndole una señal para que lo siguiera—. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 129 . —Ahora que Roderick está con ella. —Has vuelto. —No lo entiendo. envuelta en una manta delante del fuego. Elizabeth descubrió que la calmaba el hecho de tenerla ahí. Elizabeth arrugó la ceja. Se arrodilló frente a ella. no te entiendo. en una mecedora. —Sí. los ojos de Eithne regresaron ligeramente a la vida y brillaron con las lágrimas que contenía. con las orejas gachas. ¿Por qué se asustó tanto? Douglas observó su cara unos instantes. Cuando lo miró. dijo: —Es gaélico. la tomó de las manos y le habló en gaélico. —Bean Nighe. la puerta de la cabaña de Eithne se abrió. de repente? Pero la mujer meneó la cabeza y siguió farfullando aquella frase mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas. se dijo que parecía cansado.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Eithne. Me ha costado un poco. Elizabeth —le dijo Douglas. Ya podemos marcharnos. La cabra. horas. El aire olía al intenso aroma a brezo. Siguieron caminando en silencio. Había estado ahí desde el incidente de Eithne en el río como si. Elizabeth levantó la mirada del fuego cuando. sí. Sólo lamento haber tardado tanto en localizarlo. ¿Qué estás diciendo? ¿Por qué te has puesto así. Al final. por favor. pero al final lo he encontrado. presintiera la desgracia. avanzaba lentamente junto a Elizabeth. En algún lugar un cordero recién nacido llamaba a su madre. Significa «la lavandera». —Venga. que se había empezado a temer lo peor. Douglas se la quedó mirando. Por extraño que pareciera. —¿Por qué lo preguntas? —Eithne me lo dijo justo antes de desmayarse. a sus espaldas. aunque no le respondió enseguida. —Douglas. un silencio roto únicamente por el sonido de sus pasos y del viento que silbaba entre la hierba. Roderick entró en la cabaña. cruzó el salón hasta donde estaba su madre. Douglas había estado fuera tanto tiempo. En cuanto lo vio. —¿Estará bien? —preguntó ella mientras avanzaban lentamente por la ensombrecida cañada. como si llevara días sin dormir. ¿qué significa bean nighe? Douglas se detuvo. —¿Crees en las hadas? La pregunta descolocó a Elizabeth. Estaba en tierra firme y cruzar al otro largo se ha hecho más largo de lo que esperaba.

—Pero sigo sin entenderlo. Las palabras que Eithne te dijo. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 130 . un segundo después. Dice así: «Lo que lavo es tu camisa. He leído sobre las hadas y otros fenómenos similares. —¿Y Eithne cree que el espíritu que vio le estaba cantando eso para prevenirla? —Sí. Le acarició la barbilla con un dedo y le levantó la cara hacia él. es tu camisa». ¿Es por eso que Eithne se ha asustado hoy? ¿Porque le ha parecido ver a un hada en el río? Douglas la miró. la chica dulce que estaba frente a él. Mientras la miraba. Douglas se detuvo y la miró. « Se do leine. —¿Qué pasa? Él abrió la boca para responder. —Por eso estabas tan desesperado por encontrarlo. Aunque nunca he sacado ninguna conclusión. más preciosa de lo que él jamás hubiera imaginado. se do leine ga mi nigheadh ». descubrió que lo único que podía hacer era mirarla. lava la ropa de los que van a morir. Y cree que la camisa que la bean nighe estaba lavando era de Roderick. ¿Cómo podía explicarle lo mucho que lo asombraba. Se supone que se materializa en la forma de una mujer que murió dando a luz y cuyo castigo es pasarse el resto de sus días en la tierra lavando ropa junto al río. Pero no había sido así. Y. estuvo perdido. ¿Por qué eso la ha angustiado tanto? —La creencia general es que cuando la bean nighe aparece. porque creía que ella se burlaría o lo ridiculizaría a él o a las creencias de su pueblo. sin pensárselo dos veces. al final. —Aquí en los Highlands creemos en la existencia de una aparición llamada bean nighe. Pero seguro que ahora Eithne ya ha visto que está bien. Elizabeth no dijo nada. descubrió que cada día le parecía menos extraña. Elizabeth se estremeció. —Sí. —Qué terrible para ella. Y. Vio muchas partes de ella mientras la miraba a los ojos: la dama noble.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Supongo que nunca me lo he planteado. pero Douglas oyó cómo tomaba aire y lo contenía. que cada día lo asombraba más? Había tenido sus dudas a la hora de hablarle de aquella superstición. pero. bajó la cabeza para darle un beso. la niña vulnerable que tenía miedo de admitir que no soportaba la oscuridad. son de una canción. —Y entonces entendió el por qué de la pregunta—. que no corre peligro. pero todavía sigue preocupada.

Él respiraba de forma entrecortada y tenía el cuerpo en llamas. por mucho que quisiera. que nunca había ni siquiera sospechado… pero que recordaría el resto de su vida. —Cierra los ojos. Le besó la mandíbula y el cuello. Deslizó la mano debajo de ella. le echó la cabeza hacia atrás para poder volver a besarla. Tenía unos pechos suaves. Douglas utilizó la boca. ni una palabra. se dijo que nunca había visto nada más bello que esa mujer… su mujer. redondos y del tamaño exacto de la palma de su mano. soltándose. Mucho más. Tenía los ojos brillantes y grandes. Sabía que podía poseerla. vio cómo le subía y baja el pecho mientras estaba. que acababa de rellenar con brezo fresco que había cortado esa mañana. Estaba casi desnuda. con los ojos cerrados y los sentidos alerta. Le agarró el pelo entre los dedos y. Notó cómo las manos de Elizabeth ascendían por sus brazos y sus dedos se entrelazaban. Douglas levantó la cabeza. Santo Dios del cielo. Se separó y la miró en la penumbra. Sin embargo. En silencio. —Necesito verte —susurró. Señor. ni ahora ni nunca. La oyó jadear y notó cómo sus dedos lo apretaban mientras arqueaba la espalda contra su boca para pedirle más. y no dijo nada. y lo ansiara con un deseo que jamás había sabido que existiera. la lengua y el aliento para abrumarla como ella lo había abrumado a él. lo acarició y le suplicó que volviera a besarla. sin despegarse ni un segundo .JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 18 de los labios de Elizabeth. la oyó gemir y susurrar su nombre dos veces. en el fondo era consciente de que no podía ser. Deslizó los nudillos por sus mejillas. leannan —le susurró contra la mejilla—. Jugueteó con el nudo del pañuelo que llevaba en la cabeza hasta que lo soltó y el pelo dorado y rojizo le cayó encima de los hombros. Eres preciosa. muy despacio. la levantó a peso y se deshizo de las enaguas. Se sentó sobre los talones y disfrutó de la visión de verla apenas cubierta con la camisola. quería hacerlo. esperando algo que desconocía. y notó cómo el cuerpo de Elizabeth se rendía al placer de sus caricias. un beso largo y profundo. Era el sonido más precioso que había oído en su vida. Por Dios que lo recordaría. Y él se lo dio. penetrarla y terminar con el tormento. Cuando la dejó encima del colchón. Le dio un delicado beso en la nariz. Acarició la delicada piel con la yema de los dedos y le endureció el pezón hasta que la notó estremecerse. contuvo el aliento cuando la miró y descendió la boca hasta su seno. Volvió a besarle la boca. Esta noche no tienes que temer a la oscuridad. Mientras la miraba bajo la luz de la luna. Podía hacerle el amor y perderse en su suavidad y su aroma. Jamás en su vida había deseado algo con tantas ganas. Ceder a la necesidad Escaneado y Corregido por MANOLI Página 131 Douglas abrió la puerta y cruzó el salón hasta la cama. Se inclinó hasta que sus pechos se rozaron. Douglas le aflojó el corsé y le quitó la falda. Se quitó la camisa por la cabeza y vio que ella abría los ojos. y le acarició la delicada piel de detrás de la oreja con la punta de la nariz. por la curva del cuello y soltó el lazo de la blusa para poder acceder a más piel—.

Se pegó a ella. De repente. no podemos… —Shhh —susurró él. todo habría sido perfecto. Si ella hubiera sido otra mujer y él otro hombre. notó cómo inspiraba y se quedaba inmóvil. puede que Douglas la hubiera besado. Mientras decía esto. nunca se había sentido tan bien. separaba los labios y cerraba los ojos con fuerza. lamiéndole los pechos. Y él no podía dejar de darle placer. y la empujó contra el colchón—. Se colocó encima de ella. los pechos. la había querido de una forma que jamás hubiera imaginado. con las respiraciones acompasadas y los pulsos latiendo al unísono. estuvo a punto de ceder. A ella la habían conquistado. Deja que te quiera de la única forma que puedo. En cambio. y le habían provocado una oleada de sensaciones demasiado maravillosas para ser ciertas. Excepto en una cosa. Levantó las caderas en un intento por luchar contra las constantes caricias. La había llevado a un lugar tan precioso y real que seguro que era el cielo. así que tiró y tiró hasta que la hebilla se soltó y pudo apartarla y cubrir a Elizabeth con su cuerpo. acariciado y amado con las manos y la boca. piel con piel. le hiciera recordar esa noche. Ahora entendía por qué las chicas pestañeaban y suspiraban ante la idea de que algún chico las conquistara. Y le hizo ese regalo. Lo había deseado con todas sus fuerzas. la lana de la falda escocesa ardía de forma casi insoportable y asfixiante. cuando la penetró con el dedo.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes cambiaría el curso del destino. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 132 . Deslizó el cuerpo hacia abajo. Le separó las piernas y la abrió mientras. El sol brillaba cuando Elizabeth se despertó y estiró los brazos por encima de la cabeza mientras ganduleaba entre las sábanas. Le levantó las rodillas y le abrió el sexo todavía más mientras la penetraba más profundamente con los dedos. ella se levantó del colchón con un grito ahogado. Cuando se relajó y la respiración volvió a ser normal. llegaría al clímax. Le suplicó que continuara. pero no la había hecho su mujer. Supo cuándo estaba preparada. Cuando notó que levantaba las caderas. Oyó cómo respiraba de forma entrecortada una vez. esa caricia. —Douglas. Cuando la acarició con la lengua. Douglas la soltó. dos veces… y supo que. con la próxima caricia. mordisqueó los pezones hasta que ella gritó su nombre. empezó a acariciarla con la yema de los dedos y localizó el lugar donde todos los sentidos de Elizabeth despertaron. Notó que se aferraba a su pelo y lo agarraba con fuerza. La había abrazado toda la noche y habían caído rendidos en el sueño de los amantes. le separó las piernas con las caderas y descendió con la boca por la piel fresca de la garganta. ese momento… y a él. total y completamente. No se sentía tan bien desde… En realidad. La acarició con el dedo mientras apoyaba el cuerpo encima de ella. mientras le levantaba las caderas con las manos y aceptaba el orgasmo en su boca mientras ella gritaba. la tripa y la cadera. muy despacio. La acarició y. Y ella deseaba que lo hubiera hecho. notó la tensión en sus piernas. pegaba la boca a su sexo. igual que no podía dejar de respirar… Sólo podía quererla. la dejó en la cama y se tendió encima de ella para abrazarla. Douglas la había querido. sí que podía ofrecerle un placer que. intentando imaginársela a su alrededor. mientras viviera. pegadas a sus hombros.

—Sí.» Debería haberlo pensado antes. Te esperaba mucho antes. Y entonces. Y el mediodía se convirtió en tarde mientras ella leía página tras página. Él ya no estaba. Elizabeth se vistió deprisa. La mañana se convirtió en mediodía. Algunos no le sonaban. «Eithne. Esta mañana. incluso Chaucer. La espada no estaba apoyada en la puerta. lo más importante. Cuando el té estuvo listo.» El corazón le dio un vuelco cuando los tomó en las manos y acarició los lomos. A ver si se acordaba de pedirle a Douglas el papel y arrancó una rama de aromático brezo para esconderlo entre el papel doblado. sacudiendo el polvo de las alfombras—. cogió la tetera y entonces los vio. buenos días —le dijo esta cuando vio que Elizabeth se acercaba por la colina. Pero.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Elizabeth se incorporó en la cama y apartó las sábanas. Se levantó. canturreó una melodía que Caroline solía tocar con la espineta. se puso el corsé. estaba anocheciendo. encantada. si no son de Douglas. Fue hasta la mesa. —No creo que sean de Douglas. ¿de quién pueden ser? Eithne se quedó pensativa. Quería darle las gracias por traérmelos. He estado leyendo. había varios libros encima de la mesa. lo supo. esperándola. Poesía. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 133 . No sabía cómo. la falda y la camisa que Eithne le había dado. Las horas pasaron inexorablemente. Llevaba casi una semana en Skye y todavía no le había mandado a su hermana la carta que le había prometido. Y estaba impaciente por agradecérselo. Estaba fuera. ¿Dónde podía estar Douglas? Habían pasado horas. Y su abrigo tampoco estaba. el sol ya se había escondido detrás de las colinas y estaba oscureciendo. Llenó la tetera de agua e intentó decidir qué libro leería primero. «Libros. Mientras caminaba. encima de la mesa. ¿Has encontrado con qué entretenerte durante el día? Elizabeth tomó una esquina de la alfombra y ayudó a Eithne a sacudirla. Ahí estaban Defoe. sin él la casa parecía vacía. Cuando llegó a casa de Eithne. Cogió el chal y se dispuso a cruzar la cañada. se apartó el pelo de la cara y lo recogió detrás de la oreja. Sólo apartó la atención de la lectura cuando las tripas se quejaron y descubrió que se había pasado el día leyendo. novelas… Pensé que quizá Douglas estaría aquí. colocó los pies debajo de las nalgas y abrió la primera página. —¿No? —¿De dónde iba a sacarlos tan deprisa? —Y. Milton. Fuera. y otros ya los había leído… y releería encantada. cuando me levanté. pero Douglas se los había conseguido para sustituir los que se habían perdido en el mar. Lo supo sin ni siquiera llamarlo. se sentó en una silla. —Vaya. Era el regalo más bonito que le habían hecho nunca.

¿te parece? Mientras observaba a Elizabeth dar media vuelta y entrar por la puerta. Flora. así que no se me ha ocurrido que haya podido ser él. MacKinnon de Dunakin. en Dunakin. se pudren de asco en ese castillo viejo y vacío… —Claro —asintió Elizabeth—. seguro. «Eithne MacKenzie. alguien los leerá. es cierto. Si no. Aquello hizo que Douglas se incorporara en la silla.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Bueno. —Sí. Roderick se sirvió un brandy y luego llenó otra copa para Douglas. Al menos. la única persona de esta zona de la isla que yo sepa que tiene libros es el señor. —Me parece perfecto. —¿Flora MacDonald? ¿Acaso no es Hugh MacDonald un capitán de la milicia del rey? —Sí. Seguramente. Eithne asintió.» Douglas frunció el ceño mientras leía la nota de su tío. sí señor. —Tomó a Elizabeth de la mano y se la llevó al interior de su casa—. —Salió de Benbecula disfrazado de doncella irlandesa. Tiene una biblioteca llena de libros que le ha dejado en herencia el líder del clan MacKinnon. así es. Ha tenido que ser el señor. Le había dicho a Douglas que no mentiría a la chica. —Sí. —¿El príncipe está en Skye? —Por lo visto. Dentro de dos noches. —¿Por qué aquí? Escaneado y Corregido por MANOLI Página 134 . ¿verdad? No he oído nunca a Douglas mencionarlo. muchos de los que no se unieron a la rebelión son jacobitas de corazón. se enteró de que habías perdido los tuyos y pensó que te gustaría disfrutar de la lectura. Debería ir al castillo a darle las gracias. eres una mujer muy astuta. —Tu tío ha convocado una reunión con todos aquellos con los que pueda contar para apoyar al príncipe. Como bien sabes. —Quizá. ¿Te lo imaginas? ¿Un Estuardo real con enaguas como una mujer? —Mejor una doncella irlandesa que un príncipe muerto. Cena conmigo y explícame qué has leído en esos libros. He oído que cruzó remando una barca con un profesor de Uist y la hijastra de Hugh MacDonald. Eithne no pudo evitar sonreír. Tengo un estofado al fuego. Lo llaman «Betty Burke». Se celebrará aquí. Se sentó en la butaca que había frente al fuego y rascó a uno de los perros detrás de la oreja. Roderick hizo una pausa y dio tiempo a Douglas para digerir toda aquella información. Quizás el señor MacKinnon de Dunakin los llevó a la granja ayer mientras estábamos fuera. —¿El señor? —Sí. Douglas. Pero hoy no. Y no le había mentido.

Nada. Animal ridículo. truis significa «Vete». Escaneado y Corregido por MANOLI Página 135 . ni siquiera mi herencia. —Empezaba a… Pero no era Douglas. yo… y el joven Iain. Carsaig es capaz de traicionarnos a todos por treinta mil libras. Douglas sonrió. —En gaélico. con la media en la mano. Por lo tanto. Deja esa media antes que… ¡Te ponga en la olla de la sopa! En lugar de hacerle caso. Devuélveme la media. —¿Y MacLean? —No. MacLeod de Raasay. por supuesto. Ni siquiera tiene la decencia de acudir cuando la llamo. y pondríamos a tu tío y al joven Iain en peligro. sé que estabas decidido a no tomar parte en la rebelión… —No digas más. vería a su hermano. la cabra salió corriendo con la media colgando de la boca como un estandarte de la victoria. por fin. Douglas. persiguiéndola—. Ahora la vida de un hombre está en juego. Y tampoco era Eithne. Elizabeth dejó el libro que estaba leyendo. —Pero si ya lo he hecho. ¿No me has oído? La he llamado igual que tú: Truis. ¿Por qué no acudes cuando te llamo? ¡Truis! Truis… La siguió hasta el establo. Douglas se alegró de saber que. —¿Truis? Contuvo el aliento cuando vio una silueta dentro. seguro que llamaríamos la atención. el animal sólo hacía lo que le decías. —Douglas. se levantó de la silla y abrió la puerta. Lo están intentando cazar como si fuera un animal. —Quizá si le pusieras un nombre. —¡Truis! —exclamó—. —¿Buscabas esto? —Esa ridícula criatura —farfulló ella—. —Roderick lo miró—. Elizabeth entró en el establo y le quitó la media de las manos a Douglas. De detrás de un montón de paja asomó una cabeza cornuda y soltó un «naaa» afirmativo. —¡Truis! —exclamó ella. Ante un repentino ruido fuera de la casa. Douglas no podía negarlo. Tu tío ha sido muy firme en ese punto. vale más que salvarlo. —¿Quién acudirá? —Iain Dubh. que estaba mordisqueando una de las medias que Elizabeth había tendido a secar. Era la cabra.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Si nos reuniéramos en Kilmarie. Aunque ojalá fuera por otro motivo. Estaba de pie. La rebelión ha terminado.

¿Qué era lo que la había traído a esa isla? ¿A ese hombre? ¿Por qué querría alejarse de Douglas cuando. Él la llevó más hacia la cima. un lugar al que nadie nunca había llegado. Además. Y tenía razón. —Pero es lo que querías. Las colinas que te rodean son más antiguas que cualquier escultura o pintura que puedas encontrar en Londres. Había sido un día de maravillas y de maravillarse.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Has estado fuera muchas horas —le dijo—. un montón de piedras debajo del cual estaba enterrada una princesa celta. atónita ante la poesía de sus palabras. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 136 . libros. Museos. Elizabeth recogió flores silvestres. Se detuvo. Y cuando las historias estuvieron explicadas y las flores recogidas. Sólo tienes que abrir los ojos. parecía tener una historia propia. Siempre había creído que sabía en qué iba a convertirse. —La isla entera es un jardín. Comieron zarza y mora de los pantanos y bebieron agua fresca del río. aunque se tratara de una piedra en apariencia insignificante. con él. historias de valientes guerreros y preciosas damas. A Elizabeth le pareció el mejor momento para decirle que lo quería. jardines por donde pasear… —Ven conmigo. Lo que ahora quería y deseaba por encima de todas las cosas era ser la mujer de Douglas. El cielo estaba plagado de estrellas. La magia de la noche los envolvía. ¿no? Una casa en Londres para vivir tu vida. entre ellas convólvulo. La dulzura del brezo. Ya estaban de vuelta en casa. Y ahora. A Elizabeth no le molestó que le echara en cara sus propias palabras. El sol brillaba y del mar llegaba una agradable brisa que peinaba la colina como el dulce aleteo de un pájaro. para aromatizar la casa. Douglas pasó la tarde con Elizabeth. paseando por las colinas. llegaba al fondo de su ser. se sentía más feliz de lo que jamás habría imaginado? Cuando la miraba. Douglas pescó un salmón y compartieron una deliciosa cena mientras el sol se escondía detrás de las lejanas colinas de Cuillin. amor perdido y honor defendido. —Bueno. lo picante de la aulaga… Elizabeth lo miró. profundamente. La hacía cuestionarse todo lo que siempre había creído acerca de ella misma. con las paredes de piedra resplandecientes bajo la luz de la luna. incluso una hilera de colinas con forma extraña donde se decía que las hadas bailaban bajo la luz de la luna. con aquellos ojos azules. en cambio. Si prestas atención. Lo vio acercase a la chimenea para prender el fuego. Subieron la colina que había detrás de la casa y la llevó por los campos de brezo y retama. Douglas la miró. adelfa y cardo. —¿Qué encuentras en un museo? ¿Libros? ¿Antigüedades? ¿Historias? Aquí puedes encontrarlo todo. Douglas la tomó de la mano y salieron del establo. al menos en Londres tendría algo con qué entretenerme. enseñándole las piedras antiguas con peculiares símbolos inscritos. Cada lugar. Esto está… demasiado tranquilo cuando estoy sola. esa vida ya no la tentaba como antes. Se la colocó detrás de la oreja. esas historias te rodean. ¿Es que no lo ves? Llénate los pulmones de este aire. no están escondidas detrás de papel vitela y tablones. se agachó y arrancó una rosa silvestre con seis pétalos blancos.

Ella se volvió.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Gracias por este día. buscando las palabras… y el valor para pronunciarlas. —¿Esta noche? —No. —Tengo otras obligaciones. —Se puso la gorra y se dirigió hacia la puerta. aparte de esta granja. —Pero ¿cuándo volverás? —No lo sé. yo… Y entonces lo vio recoger la chaqueta. —Pero ¿qué se supone que voy a hacer mientras estás fuera? Pero Douglas no le respondió. —Douglas. —Ha sido un día bonito. la espada y la pistola. —¿Te vas? —Sí. Ya se había ido. tengo que ocuparme de unos asuntos. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 137 . —¿Mañana? —Quizá. Elizabeth lo miró fijamente. «¿A estas horas de la noche?» —¿Sabes que para ser granjero haces muy poca vida de granja? Douglas hizo una pausa en el proceso de recoger sus cosas.

la verdad. No sería adecuado. Se dio la vuelta. —¿Dé? Elizabeth le enseñó los libros que llevaba debajo del brazo. —MacKinnon —repitió Elizabeth. entró en el castillo y cerró la puerta. Ahora fue Elizabeth la que se quedó inmóvil. dio media vuelta y dejó a Elizabeth de pie en la puerta. Y luego esperó un poco más.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 19 claramente confusa. La chica respondió algo. más despacio—. —¿Seadh? No tendría más de dieciséis años.» Así que esperó un poco más. Me llamo Elizabeth Dray… —Se interrumpió y corrigió—. —Buenos días. de repente rugieron y empezó a caer un buen aguacero. de pie frente a una puerta abierta a la que claramente nadie iba a acudir. parpadearon con curiosidad. dispuesta a marcharse… Pero las nubes que habían estado amenazando tormenta toda la mañana. —He venido a devolver estos… libros —explicó. Me temo que no te he entendido. aunque era difícil decirlo porque iba cubierta de hollín desde la nariz hasta la punta de sus pies descalzos. ¿Se encuentra el señor en casa? Dos ojos. ¿Habla mi idioma? La chica sencillamente la miró. vocalizando bien la última palabra como si así pudiera conseguir que la entendiera—. meneó la cabeza. enormes y blancos en contraste con la oscuridad del rostro. preguntándose si habría algún mozo de cuadra. a buscar a alguien que pudiera entender a Elizabeth. La cara que apareció detrás de la puerta cuando Elizabeth llamó era fresca. pensando. decidió marcharse y regresar otro día. Estaba desierto. pero ¿qué se supone que debo…? La chica se había ido. joven y Escaneado y Corregido por MANOLI Página 138 . Son los libros del señor —repitió—. —Lo siento. —Perdona. quizá mañana. Y esperaba que no le hubiera ido a buscar una salchicha. De Dunakin. pero luego se dijo que no. Miró por el patio. «No sería adecuado devolver un favor así sin agradecerlo como Dios manda —diría su madre —. Elizabeth se quedó en la puerta y esperó. y luego le soltó un discurso acelerado e incomprensible en gaélico. MacKinnon. Se planteó marcharse y dejar los libros en la puerta. o alguna cocinera. Elizabeth se escondió los libros debajo del brazo. o algún lacayo. ¿Dunakin? ¿No estará… aquí… por casualidad? La chica se quedó quieta un momento. algo parecido a «salchicha». Con un poco de suerte. Pero no había nadie. Cuando habían pasado cinco minutos. Se sentía un poco estúpida.

Por lo visto. en cambio. con el pelo oscuro y cortado a la altura de la mandíbula de forma irregular. Sacó uno de la estantería más cercana y leyó unos versos del Dunciad de Alexander Pope. En un aparador había una botella de licor abierta. Desde donde estaba. se abrió enseguida. esperando. Pero. no debía tener más de veinticinco años. en la penumbra. en cuanto lo vio. sólo un enorme fuego encendido en la chimenea. había encontrado la biblioteca. —¿Hay alguien? Por favor. del susto. estuvo a punto de dejar caer el libro al suelo. giró el pomo y descubrió un trastero lleno de sábanas y mantas. ni siquiera la chica cubierta de hollín. todas cerradas. podría darle las gracias por haberle prestado los libros… y quizás incluso conseguir que le prestara unos cuantos más. Subió y llegó a un rellano que daba a un pasillo iluminado con antorchas. oscuro y olía a perros y a cerrado. Elizabeth giró el pomo. ordenados en librerías que iban del suelo al techo y hasta en pilas en el suelo. un momento. La siguiente estaba cerrada. Una enorme mesa de nogal grabada y llena de papeles estaba a un lado. pero. un tenue rayo de luz. El hombre que estaba detrás de ella era joven. —¿Qué estás haciendo aquí? Elizabeth se volvió y. como si en lugar de haberlo cortado con tijeras hubiera utilizado una espada. temido Caos y noche eterna! Haz visible en la oscuridad. con un vaso a su lado. La tercera. Elizabeth cruzó la biblioteca y dejó los libros encima de una mesa. —¿Perdón? ¿Hay alguien…? No había nadie. húmedo. un pálido halo de luz. A lo largo del pasillo había varias puertas. Abrió la boca para responder. vio un estrecho tramo de escaleras que subían y. Echó una ojeada a las estanterías. Por lo visto. Llevaba una chaqueta y Escaneado y Corregido por MANOLI Página 139 . muchísimos libros. paredes de piedra y libros. ¿hay alguien? Nadie respondió. los muebles. el señor sí que estaba en casa. Era alto. al final. ¡Compláceme. Elizabeth estaba tan absorta en el libro que no oyó los pasos que se acercaban por el pasillo.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Aquel lugar estaba frío. Cuando no obtuvo respuesta. el suelo. el auténtico propósito. mucho más joven de lo que ella habría imaginado para ser el señor del castillo. El suelo viejo de madera estaba cubierto de alfombras y había varias butacas con sus respectivas mesitas repartidas aparentemente al azar por todo el espacio. acarició la mesa con la yema del dedo. Quizá si lo esperaba aquí. debajo de varias ventanas del ancho de un brazo. Se acercó a la primera y llamó. las palabras le quedaron ahogadas en su garganta.

Roderick estaba junto al aparador. sirviendo una copa de vino de Burdeos. Buena chica. algo que la dejó desconcertada. y eran amigos desde mucho antes. Iain. y Elizabeth no lo sacó del equívoco. Dunakin —intervino MacLeod. preguntó—: ¿Qué noticias tenemos del príncipe? —Un momento. pasó por delante de la puerta del despacho. incluso. Dejó el libro cuando el hombre se acercó al aparador y se sirvió una copa. en realidad. Iain Dubh. Había algo familiar en ellos. mirando a su alrededor—. sus ojos… ojos que parecían reír a pesar de que él no sonreía. Y creía que ella era una criada. Y casi lo había conseguido hasta que oyó una voz que la hizo detenerse en seco. La he mandado a limpiar la chimenea de la cocina. —Creo que ya estamos todos. Por suerte. Seguro que tardará horas. Los dos eran familia desde que el jefe de los MacKinnon se había casado con la hija de MacLeod. una extraña revolviendo sus cosas. entre las sombras. exactamente. Hacía casi un año desde la última vez que se habían visto. Era Douglas. regresó por el pasillo. el reencuentro que había imaginado. e intentó escurrirse entre las sombras. que la aceptó mientras cruzaba el despacho hasta la mesa. sin dirigirse a nadie en concreto. Elizabeth tenía tanta prisa por desaparecer que giró hacia el lado incorrecto y continuó caminando por el pasillo. —Vete a hacer tus cosas. Janet. He dicho a todos que se marcharan excepto a una chica que no entiende el idioma del rey. se encontraba MacLeod de Raasay. que Iain le devolvió. estaba vacía. Entonces desandó lo andado. A Dunakin no le hará gracia que hayas entrado en su biblioteca sin permiso. que estaba sentado frente al fuego. Sin embargo. caballeros.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes un chaleco de cuadros escoceses de colores distintos a los de la falda. —Creo que ya estamos todos. caballeros. ¿No deberíamos hablar en gaélico? —No —le aseguró Douglas—. No era. Era más fácil que intentar explicar por qué estaba en medio del despacho del señor sin que nadie la hubiera invitado. Estamos seguros. que la adentró todavía más en el castillo. Douglas entró en su despacho y saludó a su tío. Entonces. —Y luego. Se dio cuenta de su error cuando las escaleras que ella creía que la devolverían al patio la condujeron a una habitación. En la esquina más alejada de la puerta. A su lado. asomaba la figura del hermano pequeño de Douglas. Llevaba el sombrero pegado a las cejas y decorado con la escarapela blanca jacobita. pero el recuerdo de su último encuentro y la mirada de resentimiento que incluso ahora veía en sus ojos impidieron que se acercara a él. no era el señor del castillo. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 140 . Reconoció esa voz. Y. Lo saludó con un breve gesto de la cabeza. —Eso es. parecía que llevaba vacía un siglo. Se la ofreció a Douglas.

pero dice que no es seguro intentarlo. el príncipe tiene que ser trasladado. había buscado el consejo del duque de Argyll en su intento por recuperar Dunakin. Sin embargo. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 141 . He recibido una misiva de Campbell de Mamore esta mañana. Cuando estalló la rebelión. Era un caballero y se comportaba como tal. siguiendo los consejos de Mamore. Douglas había sido capaz de dejar a un lado las diferencias políticas y había seguido manteniendo una relación de amistad con ese clan. —Seguiremos con nuestro plan. No tenemos que preocuparnos por ella. el capitán Fergusson va camino de Monkstadt para interrogar a Kingsburg y lady MacDonald acerca de su participación en la campaña de ayuda al príncipe. Iain Dubh se levantó e hizo callar a los demás. y. Hacerlo sólo garantizaría la captura del príncipe fugitivo. John. Así que la única alternativa es traerlo de vuelta a Skye y trasladarlo a tierra firme por el sur. a Applecross. Me ha mirado como si esperara que. Seguro que lo descubren. —Diría que ya lo ha hecho —dijo Douglas. He recibido noticias de que los dos hombres que transportaron al príncipe y a la chica de los MacDonald desde Uist han sido detenidos y lo han confesado todo. desde aquí. Ahora fue el turno de Iain Dubh. Pero no pueden quedarse allí. Traeremos al príncipe a Skye y. A estas horas. el general John Campbell de Mamore quedó al frente de todas las fuerzas gubernamentales de la costa oeste de Escocia. le fuera a dar un mordisco. Douglas había ido a la universidad con su hijo. en cualquier momento. He enviado a Roderick a tierra firme. Al final. Hace muy bien su trabajo en la cocina. he pensado que era muda. tenía un pergamino doblado—. los otros pueden acompañarlo desde Kilmarie. En la mano. Sin embargo. —Saraid es una chica muy dulce —dijo Douglas—. Mi hijo John y otros dos parientes lo ha llevado a un astillero frente a la costa. Como era de esperar. He enviado a algunos hombres de mi clan a Mallaig y a Knoydart para comprobar cuál sería el mejor punto de embarque. el anuncio de Douglas despertó los comentarios airados de los demás.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Sí. Hay demasiados soldados del rey vigilando. la he visto cuando he llegado —dijo Iain—. mientras unos lo entretenemos aquí en Dunakin. Aunque muchos de los habitantes de los Highlands estaban resentidos con los Campbell por su poder y su lealtad hacia el rey Hanover. Viene hacia Dunakin a bordo del Furnace. Iain le dijo que era un cobarde por plantearse esa opción. Aunque. —Sí. el tiempo juega en nuestra contra. —Es un buen plan —dijo Douglas—. a buscar un escondite. pero es un poco simple de mente. Recibí la noticia de que necesitaba que lo acogiera bajo mi protección. ¿Qué hay del príncipe? —Está en Raasay —respondió MacLeod—. no se lo solía tener por un hombre sin escrúpulos. la repentina visita de John de Mamore a Dunakin no podía llegar en peor momento. Seguro que verían una balandra acercándose a la costa. Esta visita de Campbell son buenas noticias porque. como sus capitanes. lo llevaremos a tierra firme. Un hombre justo. en realidad. MacLeod propuso abortar el plan de trasladar al príncipe. Un plan sensato y… La puerta del despacho se abrió de golpe y todos se levantaron y sacaron las pistolas y las espadas.

—Está claro que ha oído todo lo que hemos dicho —farfulló Iain mientras iba de un lado a otro—.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes El joven miembro del clan que protegía a Iain Dubh entró en la habitación. A menos que… —Se detuvo. Por suerte. que también lo estaba mirando en silencio. miró a Douglas. permitidme que os presente a mi mujer. Alargó la mano y la ayudó a levantarse. La expresión del maduro jefe no se parecía a nada que hubiera visto hasta ahora. —¿Tu mujer? Iain estuvo a punto de ahogarse con el vino. lanzándola a la alfombra. ¿quién es? Douglas miró a Roderick. Elizabeth estaba mirando a Douglas. El jefe simplemente asintió. No era ira. —¿Quién? —La criada. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 142 . —¿Y qué hay de Mac…? —Es una historia complicada. Douglas se volvió hacia su tío. Al final. —No es una criada. Douglas invirtió casi una hora en explicar las circunstancias de su inesperado matrimonio. hermano —lo interrumpió Douglas—. lady Elizabeth MacKinnon de Dunakin. —No soy una espía. Iain fue el primero que habló. imb… Elizabeth se dio la vuelta y dejó la frase en el aire cuando vio a todos los caballeros que la estaban mirando. —He encontrado a esta espía escuchando al otro lado de la puerta —dijo el guardia. Al final. —Bueno. Sólo te pido que me escuches antes de sacar ninguna conclusión. pues es la misma que estaba en este mismo despacho cuando he llegado. Douglas hizo lo único que podía hacer. Douglas contuvo una maldición. Había otros asuntos más importantes de los que hablar. Iain Dubh dijo: —Douglas. Era decepción. Su hermano entendió la indirecta y no dijo nada más. —Creía que habías dicho que no hablaba el idioma del rey. Nos traicionará. Su padre es un duque inglés. arrastrando a Elizabeth por el brazo. suplicándole con los ojos que la liberara de las múltiples puntas de espada y cañones de pistola que la estaban apuntando. —Caballeros. nadie dijo ni una palabra acerca de su compromiso con Muirne MacLean. Ni sorpresa. si no es la criada. Ya lo hablaremos después. ¿Qué diablos estaba haciendo allí? Douglas volvió a mirar a Elizabeth. que estaba sentada en el suelo. —Te lo explicaré todo. con los ojos casi fuera de las órbitas y la boca sorprendentemente cerrada.

Podríamos llevarla a Santa Kilda. de quien también desciende mi padre. Aunque tendremos que hacer algo con ella para asegurarnos de que no nos estropea los planes. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 143 . El suyo era un matrimonio turbulento. temeroso por su posición.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes porque acababa de tener una idea—. lo que me convierte en alguien mucho menos sospechoso de querer ayudar al príncipe. Todos se volvieron hacia ella. por lo que yo soy la señora. —¿Pariente? —Iain dio un paso adelante—. Podría estar tendiéndonos una trampa. pero por eso mismo es más sospechosa —replicó el viejo Raasay—. Elizabeth. entonces. nieta de Margarita Tudor. —No creo que tengamos que llegar a esos extremos —dijo el jefe de los MacKinnon. A nadie se le ocurrió que el ataúd que estaban enterrando estaba vacío. —O podríamos encerrarla en una torre. ¿No es así? Douglas asintió. reina de Escocia. también es tu primo —señaló Iain Dubh—. Ella miró a Douglas. justo a finales del cuarenta y cinco. Miró a su inesperada sobrina—. aunque al final la trasladaron aquí a Skye. no le gustaba aquella sugerencia. ¿Qué quieres decir? —El padre de Carlos Estuardo desciende de María. —Pero yo puedo ayudaros. su marido organizó un funeral ficticio e interpretó el papel de viudo afligido para ocultar su crimen. Cuando llegue a tierra. Los problemas alcanzaron el punto máximo de tensión cuando ella lo amenazó con denunciarlo por jacobita y provocar que lo detuvieran y colgaran por traición. como hicieron con la mujer de Grange. olvidas que… ese hombre es pariente mío. —¿Qué quieres decir? —le preguntó Douglas. acabo de enterarme que eres el señor del castillo. —Tiene razón —dijo Iain Dubh. el príncipe ya habrá escapado. hizo que la secuestraran y la trasladaran a la lejana isla de Heisker. hermana de Enrique VIII. —Lo miró —. salpicado de peleas en público y muchos reproches. Fuera quien fuera. y por su cabeza. —Sí. —Perseguir y matar a un miembro. aunque de forma ilegítima. —Y también soy hija de un duque inglés. el príncipe y yo somos primos. —Podríamos dejarla en un barco a la deriva —sugirió Iain—. —¿Quién es la mujer de Grange? —preguntó Elizabeth. En cualquier caso. donde la retuvieron antes de trasladarla a la isla todavía más lejana de Santa Kilda. el que sea. Elizabeth lo miró horrorizada. Él. Por lo visto. de la familia real es un crimen todavía mayor. La cuestión es saber a cuál de tus dos primos reales eres leal. Además. donde murió. —Lo que propones es traición. como una loca que paseaba por las playas de Waternish. La señora estuvo retenida durante quince años. —Sí. pero el rey Hanover de los ingleses. —Podría ayudaros a desviar la atención del general mientras esté aquí. —Era la esposa del Secretario de Justicia de Edimburgo —le explicó Douglas—. En Edimburgo.

a finales de mes. y sabiendo que estaba comprometido con otra. el jefe de los MacKinnon le había pedido que se marchara porque necesitaba reflexionar sobre su proposición y comentarla con los demás. Es un chantaje puro y duro. Quizás había ido a buscar algo para comer. Lo embaucaron para que se casara con ella. —Nadie está más preocupado por este giro de los acontecimientos que yo. quiso creer que no los había oído bien. de donde ha venido. pero era la que hablaba con mayor volumen. empezó a preocuparse por si no confiaba que ella haría lo que había dicho y se dejaba influir por los demás y la encerraba en aquella torre para siempre. como si estuvieran discutiendo qué hacer con ella. El sol ya había salido y brillaba sobre el mar que rompía contra las rocas bajo su ventana. y se sentó al otro lado de la puerta para vigilar que no se escapara. casi a la fuerza. cuando oyó que Iain Dubh decía algo que la dejó de piedra. Cuando se acercó a la puerta del despacho. Se le nubló la vista y tuvo que apoyar una mano en la pared. Fue inevitable. El guardia la llevó a la habitación que había en la torre más alta del castillo. Y había hecho algo más que besarla. Después de ofrecer su ayuda al tío de Douglas para liberar al príncipe. Y. En algún momento. Saltó de la cama y se acercó sigilosamente a la puerta. donde había una ventana que daba al mar. Douglas me ha explicado la situación. cuando todo eso había empezado? La había besado. a medida que las horas iban pasando y no vio ni rastro de él. pero da igual. Tenía hambre y necesitaba ir al servicio. debió de quedarse dormida. Elizabeth contuvo el aliento. ¿Por qué Douglas no se lo había dicho hacía semanas. Estaba en la cama de la habitación del castillo donde la habían llevado la noche anterior. por qué había dejado que creyera que era un granjero en lugar del señor del castillo. Era temprano. y otra que parecía la del jefe de los MacKinnon. anulará la boda y mediará para que Douglas recupere Dunakin y el condado. Seguro que había un motivo. entonces. o al servicio. al final de los dos meses. como estaba planeado desde el principio. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 144 . no sabría decir cuándo. MacLean. esperando ver al guardia allí sentado. Y. Estaba a punto de llamar a la puerta para pedir que le explicaran qué pensaban hacer con ella. fue corriendo hasta las escaleras y bajó al piso inferior. no estaba y las voces que la habían despertado seguían resonando por el pasillo. Pero ¿cómo podía ser? Quería gritar. No había visto a Douglas.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Elizabeth oyó las voces apagadas al otro lado de la puerta. Elizabeth esperó y supuso que Douglas iría a verla y le explicaría por qué había hecho eso. puesto que tenía todo el derecho del mundo a saber qué decían. reconoció la voz de Douglas. Giró el pomo sin problemas y abrió la puerta muy despacio. Por lo que fuera. Sin embargo. «¿Douglas estaba comprometido con otra chica?» Durante unos instantes. Había una tercera voz que no reconocía. Douglas será libre para casarse con tu hija. Comprobó si estaba cerrada. pero el padre de la chica ha garantizado que. La chica regresará a Inglaterra. Pero no estaba. El resto de la noche. Sonaban ahogadas y furiosas. y luego lo obligaron a seguir casado para poder recuperar sus derechos sobre Dunakin. que estaban hablando de otra persona. porque el suelo bajo sus pies amenazaba con abrirse.

se colocaba frente a Douglas. Douglas se quedó mirando la puerta abierta durante un buen rato. Vio el destello de algo en lo más profundo de sus ojos azules. pegó y se retorció. —Elizabeth. déjanos. llévatela a la granja. Elizabeth vio cómo Roderick la levantaba del suelo y la cargaba al hombro con toda la dignidad y el honor de un saco de avena. Roderick miró a Douglas. Abrió la puerta del despacho. Él ni siquiera se inmutó. la esposa de este hombre. Mentiste. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 145 . Permítame que me presente. horrorizada porque notaba que las lágrimas amenazaban con derramarse—. —Ni siquiera he empezado. —No puede hacerme esto… Ya estaban fuera. Ahora. Roderick dio un paso adelante. Pero ella se cruzó de brazos y plantó los pies con fuerza en el suelo. echaba la mano hacia atrás y le daba una buena bofetada. ¿Dolor? ¿Arrepentimiento? Elizabeth creyó que eso la haría sentirse mejor. con la necesidad de ir tras ella pero sabiendo que. Soy lady Elizabeth MacKinnon. pero no había sido así. únicamente alterada por la marca de la mano de Elizabeth en la mejilla. Tenía los ojos oscuros y la boca tensa y apretada. —¿Por qué iba a hacerlo? Siempre me ha parecido injusto que se hable de alguien en términos tan privados sin que dicha persona esté presente. Se dirigió hacia la puerta. si lo hacía. También tenía su orgullo. —¡Suélteme! Pataleó y se resistió. su vida y el futuro de su clan estarían en peligro. Douglas farfulló: —Es suficiente.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Había sido una estúpida. Douglas asintió. La expresión de Douglas era rígida. cuatro pares de ojos se volvieron hacia ella y vieron cómo cruzaba el despacho. —Desgraciado —le dijo. Dentro. —Acompáñeme. pero no pudo con la fuerza del escocés. —Se volvió hacia los demás y fijó la vista en el hombre desconocido—. un simple espectador del desastre. señora. Antes de saber lo que estaba pasando. Elizabeth estaba demasiado alterada para ver que el otro hombre la estaba observando con una mirada asesina. —Roderick. Douglas parecía una tormenta a punto de estallar. Pero ella estaba fuera de sí. Elizabeth. Se volvió hacia donde estaba Roderick.

JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Tenía que hacer creer a MacLean que Elizabeth no significaba nada para él. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 146 . los mataría a todos antes del anochecer. —Eso espero. MacKinnon. Al otro lado del despacho. —Ya no será ningún problema —dijo. Eso espero. Si ese hombre sospechaba que tenía algún sentimiento hacia ella. Malcolm MacLean lo estaba mirando fijamente. intentando sonar todo lo indiferente que no se sentía.

» No se detuvo. si lo hacía. Aunque entonces. mientras ella no dejaba de pegarle puñetazos en la espalda—. Gritó en el patio y cuando cruzaron el arco cubierto de hiedra que había acogido la llegada de. —Suélteme. Roderick abrió la puerta de una patada y dejó a Elizabeth en el suelo con un golpe seco. —¿Cómo se atreve? —le reprochó—. Sólo he hecho lo que me han mandado. «Dios —pensó. —¿Y siempre hace lo que le mandan. Ella lo miró fijamente. —¿Ahora también hace lo que le mandan. pudiera escaparse y tuviera que perseguirla hasta Dunakin otra vez. señora. al menos. retorciéndose las manos. El señor vendrá a verla directamente desde el castillo. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 147 . Que es ahora. No le intimidaba la idea de ningún duque inglés. Ahora venga aquí y siéntese como una buena chica. siete reyes de Escocia. Intentó tranquilizarla. La inglesa estaba tan furiosa que habría jurado que tenía el pelo incluso más rojizo. —¿Cuando esté…? —Elizabeth respiró hondo pues si no. —Ya lo ha hecho durante todo el camino. —El señor vendrá a verla cuando esté preparado.. —Sí. pues si no lo hiciera.. En la granja. pero Roderick alargó un brazo y la agarró. —Me temo que no puedo hacerlo. y por el camino que bordeaba la costa. señora. Gritó hasta que el castillo fue sólo un punto remoto en la distancia y soltó una retahíla de maldiciones que sacarían los colores al marinero más experimentado. señor MacKenzie? Roderick se lo pensó. hasta que llegaron a la granja. Mientras tanto. señor MacKenzie? —Sí. Gritó mientras descendían la primera colina. La vio pasear delante de él. Roderick la llevaba a hombros e iba dejando tras él a vecinos que los miraban desconcertados.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 20 Elizabeth gritó durante todo el camino.. Menos mal que no hablan el idioma del rey. se pondría a gritar otra vez—. Hablará conmigo cuando yo quiera. —Discúlpeme. Ella se alejó de él y se cruzó de brazos. el que gritaría sería él. tenía miedo de que. —Gritaré. ¿Cómo se atreve a tratarme así? ¿Sabe quién es mi padre? Roderick se limitó a mirarla. y mientras subían la siguiente. En realidad. ni siquiera para descansar. Roderick no pudo evitar reírse. Intentó salir.

Elizabeth. Quería decirte la verdad. pero no estaba dispuesta a pasarse el resto de sus días en Newgate por eso. Elizabeth fijó la mirada en el suelo. —Estás en todo tu derecho de despreciarme. se la encontró con un tajadero de madera en la mano. Creo que es lo suficientemente lista como para saber que. y luego bajó el brazo. Era mejor reservarse el tajadero para Douglas. así que la descartó. su situación no mejorará. tanto que las cejas casi se rozaron. dispuesta a lanzárselo. Casarme contigo me ha causado muchos contratiempos. Douglas sabía perfectamente lo que estaba pensando. por la expresión de sus ojos. O. aparte de provocarme un dolor de cabeza de mil demonios y que la ate a la silla? Elizabeth reflexionó un segundo. Cuando apareció. si me mata. —¿Quieres que la ate antes de irme? —preguntó Roderick—. Roderick se volvió. treinta y ocho. la última era un motivo potencial para terminar en la cárcel. y la miró con cautela. era fácil entender por qué Douglas se sentía tan atraído hacia ella. quería darte una lección. me ayudaría a recuperar mis propiedades. lo escuchó. Roderick —dijo. por si a la chica se le ocurría escaparse. Insistió en que mantuviera tu creencia de que era un pobre granjero escocés. —¿Qué versión? —Ella levantó la barbilla y la ladeó con terquedad. Cruzó el salón. Sí. Te he engañado desde el principio en más de un sentido. Incluso así. —Gracias. Puede que estuviera furiosa. ha sido la única forma de protegerte. no he tenido más opción. más de una hora después. —La verdad. Bueno. Tenía carácter.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes La acompañó hasta una silla y lo sorprendió comprobar que se sentó sin rechistar. Al principio. Ahora. no creo que sea necesario. si seguía casado contigo durante dos meses. Y no era agradable. Puedes marcharte. Elizabeth lo miró con el ceño fruncido. soy lo único que se interpone entre ella y Santa Kilda. Sin embargo. pero. y entonces cerró la puerta. Cuando se dio la vuelta. igual que él. Y lo hice. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 148 . —Te lo explicaré todo. Se sentó. para la cabeza de Douglas. cruzó el salón y colocó el armario delante de la puerta. En algunos casos. —¡Eh! ¿Qué va a conseguir con eso. —¿Estás seguro? —Sí. Por seguridad. —No. Sólo quería que él se sintiera tan mal como ella. mejor dicho. Afortunadamente. Elizabeth ya había ideado treinta y siete formas distintas de torturarlo. En otros. Douglas esperó hasta que Roderick se hubo marchado. pero tu padre insistió en que… —Escogió sus palabras con cuidado—. tu padre y yo hicimos un trato por el cual. como si esperara que en cualquier momento fuera a saltarle encima—. Dunakin es mío por derecho y le fue decomisado a mi padre por su participación en la rebelión jacobita de hace treinta años. tomó una silla y la colocó justo delante de ella. Elizabeth lo miró con el ceño fruncido.

cómo quería creerle. —Sólo he sido una carga para ti —susurró. Elizabeth frunció el ceño. así que él rodeó el anillo con los dedos y le cubrió la mano con la suya. Soy el señor de estas tierras. —En eso te equivocas. Su palabra nunca se cuestiona. a ese hombre. no podía negar la luz de sinceridad que brillaba en sus ojos y cómo había suavizado la voz hasta casi un suspiro. —Pero he oído lo que decías. Y pensé que podría hacerlo. un rey y un líder para todos nosotros. Hasta que te conocí. Le has dicho que me enviarías de vuelta a Inglaterra. —No entiendes el estilo de vida de los Highlands —continuó él—. —Sí. El matrimonio de sus padres había sido uno de ellos. Mi clan se está debilitando. Mi tío es el jefe de nuestro clan. Una sencilla banda de oro. Pero. Mi compromiso se acordó cuando yo estaba en la cuna. en las semanas que hemos estado juntos. Elizabeth parpadeó y esperó. Sobre todo porque ya estabas comprometido con otra. y cada generación somos menos. Me gustaría que lo llevaras… como mi esposa. lo estaba. Las lágrimas brotaron sin parar y le resbalaron por las mejillas. pero fue lo más precioso que tuvo en la vida. Esas cuatro palabras debilitaron las defensas de Elizabeth. Ni siquiera la conocía. los párpados y le susurró contra el pelo: —Habría dicho cualquier cosa para evitar que te hicieran daño. —No más absurdo que los matrimonios que los ingleses acordáis por motivos económicos o dinásticos. haberlo oído bien. Creí que eras una chica malcriada y consentida. —Es absurdo. deseó. lo suficiente para sacar algo del bolsillo del chaleco. No quería creerle. Yo también te juzgué mal cuando nos conocimos.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Ya lo veo. sí. Sin embargo. —Era de mi madre y fue un regalo de mi padre cuando se casaron. Fue él quien arregló el matrimonio poco después de mi nacimiento. Douglas se separó de ella. —Debería habértelo dado mucho antes. Él la miró a los ojos. me había convencido de que podía. Le tomó la mano y le colocó el anillo en el dedo anular. Quería creer que diría cualquier cosa para impedir que le arruinara los planes. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 149 . Porque te quiero. A través de la cortina de lágrimas. profunda y completamente. leannan. De hecho. Fue la forma de solucionar una disputa entre clanes que dura tres siglos. No es un matrimonio por amor. —Nunca he conocido a una mujer como tú. Podría haber rechazado el matrimonio. y yo acepté honrarlo por el bien de los míos. lo que decía tu tío. Elizabeth vio que era un anillo. Elizabeth cerró los ojos y luchó por contener las lágrimas. La gente de Dunakin es mi responsabilidad. Él le besó las sienes. Es muy sencillo. pero decidí sacrificar mi felicidad por el bienestar y el futuro de mi clan. Le iba grande. que me veías como un mero instrumento en tu juego contra tu padre. Dios. he visto que eres mucho más que eso. Es un padre.

siempre serás tú. Elizabeth notó que la garganta se le cerraba cuando dijo: —Sólo sobre el papel. se miraron y grabaron ese momento en su memoria. Douglas acercó la boca a la suya y la besó con pasión.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Pero ¿qué hay de las condiciones de mi padre? —Al carajo sus condiciones. un suspiro desesperado. Muy despacio. Notó la calidez de su respiración en la mejilla y la caricia de sus labios. Mi mujer eres tú. Él gimoteó algo que pareció su nombre. Cerró los ojos y esperó el beso que sabía que estaba a punto de llegar. Elizabeth estaba desnuda bajo su mirada. Pero terminó. el cuello y la boca de besos. la dureza y la suavidad mientras lo acariciaba. Ninguno de los dos dijo nada. y Elizabeth abrió los ojos y lo vio de rodillas encima de ella. Ella cerró los ojos y dejó que la amara. con toda su potencia masculina. No quería que el beso terminara. y con todo el amor de su corazón. Elizabeth se maravilló ante él. La falda cayó. entregándose a ese hombre. cubrió sus manos con las suyas y se las apartó. Sencillamente perfecto. Simplemente. Elizabeth deslizó las manos hasta la cintura y. ante el tamaño y el tacto de su piel. El resto de nuestras vidas. La casa estaba tan en silencio que Elizabeth habría jurado que oía el latido del corazón de Douglas. Parpadeó y deslizó las manos por sus muslos y por debajo de la falda escocesa de lana. La levantó en brazos y la llevó a la cama. —Tenemos todo el tiempo del mundo. —Le apretó los dedos contra los labios—. Douglas alargó la mano y le acarició la cara. La dureza de su sexo. a su marido. al cabo de nada. Se dijo que no creía haber visto nunca nada tan perfecto y tan masculino. El resto de mi vida. Su cuerpo estaba caliente. Elizabeth MacKinnon de Dunakin. cuando tocó la hebilla de piel de la falda. Alargó las manos hacia ella y. Él se colocó encima de ella. El tiempo se detuvo. Un segundo después. precioso y sexual. Elizabeth cerró los ojos y cubrió su mano con la suya mientras apoyaba la delicada mejilla en la rugosa palma. se clavó en su tripa. Aceleró la respiración cuando notó que Douglas apartaba la mano y la agarraba por el cuello para acercarla a él. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 150 . Y fue perfecto. El cuerpo de Douglas se tensó y se endureció. —Pero eso tiene remedio. La dejó encima del colchón y le llenó la cara. Oyó cómo Douglas contenía el aliento y lo miró fijamente mientras le acariciaba el abdomen. la soltó. Echó la cabeza hacia atrás y se ofreció a su boca. —Dios… Él echó la cabeza hacia atrás y se rindió a sus caricias. acercó la mano y lo acarició. Lo observó mientras levantaba los brazos y se quitaba la camisa.

Notó cómo la mano de Douglas se deslizaba entre ellos y la apretaba suavemente. aunque esta vez no era de dolor. —Mírame. arqueó la espalda y contuvo el aliento. ¿Cómo sabía Douglas qué hacer y cómo tocarla para que todo su ser pareciera gritar que quería más? Levantó las caderas contra la presión de su mano. Lentamente retrocedió y la calidez y humedad de su cuerpo resultó casi demasiado insoportable. Douglas. Cayeron en el colchón mientras él le olfateaba el cuello. notó la calidez y la dureza de su sexo pegada a su cuerpo y. Notó cómo Douglas se colocaba encima de ella. leannan. cuando Elizabeth inspiró por última vez y contuvo el aire. —Dulce. le acarició la delicada piel. Era tan fantástico y maravilloso que tuvo que cerrar los ojos con fuerza para no llorar. ahora y para siempre. desesperado por sentirla mientras. Dime que serás mi esposa. Quería tocarlo como él la estaba tocando. Elizabeth lo miró a los ojos y susurró las palabras que los unirían para siempre. Se hundió en ella y se derramó en su interior con sacudidas violentas y temblorosas. Elizabeth estaba a punto de llorar del placer. Él esperó un momento hasta que ella se hubo acostumbrado al peso y forma de su sexo en su interior. La besó en lugares tan sensibles que ella jamás lo habría dicho: encima del hombro. mientras con el otro brazo la rodeaba por la cintura y la pegaba a él. necesitar sentirlo en su interior. y se acopló a sus movimientos embestida a embestida. de repente. sino de placer puro y primitivo. nada del mundo le importó más que querer. anheló. suplicó que la llevara a ese lugar donde lo único que haría sería sentir… sentir… Y cuando lo hizo. Él apartó la boca y ella abrió los ojos muy despacio y lo vio apoyándose en el colchón con las manos. él la besó y sofocó el grito. Ella abrió los ojos y volvió a gritar. Ella se abrió para él. y sus manos lo buscaron y acariciaron. buscando y necesitando lo que sabía que iba a darle. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 151 . cada vez más profundas y rápidas hasta que Douglas estuvo sin aliento. La agarró por las caderas. Claro que sí. mientras volvía a embestirla. Rezó para que no se detuviera. dulce Elizabeth —susurró. Le susurró palabras de amor en gaélico mientras la tomaba de la mano y la hacía colocarse de rodillas en la cama frente a él. Cuando la penetró con un dedo y le cubrió el pezón con la boca. lentamente al principio. su cuerpo se sacudía.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Eres tan preciosa que parece imposible. —Sí. y buscó. y la tomó entre sus brazos y le llenó de besos el cuello y la garganta. Cuando alcanzó el clímax gritó. Ella se entregó a él por completo. le cubrió el pecho con la mano. Douglas empujó con las caderas y se quedó inmóvil cuando ella gritó por el dolor provocado al haberle roto el himen. inconsciente de que lo había dicho en voz alta. jugaba con sus pechos y le rozaba los duros pezones con las yemas de los dedos. Douglas inspiró muy despacio mientras empezaba a moverse. espasmo tras espasmo. Notó cómo se relajaba y suspiraba. La besó con ternura y con pasión. en la parte interior de la muñeca. y gritó mientras su cuerpo se sacudía alrededor de su mano.

y las sábanas estaban enredadas alrededor de sus cuerpos. Elizabeth estaba quieta y callada. responderían como uno… y lucharían como uno. Y cuando al final se movió y apoyó su peso en los brazos. viendo cómo el buque Furnace avanzaba entre las aguas tranquilas de la bahía. Para llamar la atención del general Campbell de Mamore y de su capitán. Sin embargo. sólo complicaría más las cosas. Después de que Douglas regresara a Dunakin y llevara con él a Elizabeth como su mujer. escuchando el rítmico latido del corazón de Douglas. decidieron que lo mejor era que Elizabeth supiera los menos detalles posibles del plan. Más tarde. no tenía por qué saber nada más. sino porque. Douglas y Elizabeth estaban de pie frente a las murallas de Dunakin Castle. si la interrogaban. A esa mujer que ahora era su esposa en el sentido más esencial. Yo no pensaré mal de ti. si quieres. Iain Dubh. acompañado por la noche y las estrellas. no podía negar la felicidad que la chica inglesa le había dado a su sobrino. Elizabeth se durmió. —El único motivo por el que hago esto es porque es lo correcto. separando la niebla como un amenazante espectro mientras el sol se escondía lentamente por el horizonte. cariño. Él la abrazó con fuerza. fueron a ver a Iain Dubh con las noticias. Dos días después. Estuvieron de acuerdo en que su papel se limitaría a recibir a los invitados y a cumplir la función para la que la habían criado desde la cuna: ser una dama noble y una perfecta anfitriona. y ya no tuvo más miedo a la oscuridad. Douglas la besó. Y ante cualquier acción que pudiera emprender a posteriori. Aparte de eso. que notaba tan dóciles y blandos como la arcilla del ceramista. Y no porque no confiaran en ella. no tendría nada que ocultar. y luego se había oscurecido con la llegada de la noche. Elizabeth meneó la cabeza. —¿Estás segura de que quieres hacerlo? Puedes cambiar de idea. la abrazó con fuerza y luego avanzó hasta el patio para recibir a sus invitados. Si MacLean decidiera buscar una retribución por lo que sin duda interpretaría como una ofensa a su clan. explicárselo a Malcolm MacLean no iba a ser tan sencillo. envuelta en la calidez y seguridad de los brazos de su marido.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Le pareció que no podría moverse durante una eternidad. Fergusson. Douglas. pero de repente sintió que tenía que decir una cosa. Ese momento le pareció perfecto. cuando el cielo se había apagado. Douglas la miró. Roderick e Iain decidieron que sería mejor esperar hasta que hubieran sacado al príncipe de Skye. Douglas. Pegó sus labios a su pelo y le dio un tierno beso en la frente. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 152 . A pesar de que al jefe de los MacKinnon no le hizo ninguna gracia que Douglas rompiera su compromiso con Muirne MacLean. —Ya lo sé. No quería que esa unión con ella terminara jamás. —¿Qué? —Te quiero. —Douglas —susurró. la abrazó y la besó con ternura.

Llevaban unos abrigos rojos con galones y medallas. —¿Cómo? ¿Tu esposa? Explícame cómo ha pasado. permíteme que te presente al capitán John Fergusson del Furnace. Con su visto bueno. Elizabeth observó a Douglas saludar al hombre que había estado al mando de la brutal devastación que había asolado la costa occidental de Escocia. Douglas asintió. John Campbell de Mamore era un caballero. sus hombres habían matado. —Entonces. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 153 . —Mi hijo está muy bien. Elizabeth reconoció el peligroso brillo de la ira en los ojos del capitán cuando Douglas se volvió. Su mera llegada había traído cierta precaución a la cañada. encubriendo dichos crímenes bajo las consecuencias de la guerra. desde la perfección de la peluca empolvada al impoluto uniforme que lucía orgulloso honores y reconocimientos. El capitán no quería. A Elizabeth se le aceleró el corazón cuando la compañía se detuvo frente a ellos. y sus relucientes botas negras aplastaban el brezo a su paso.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Elizabeth vio cómo un grupo de hombres avanzaba por el camino que bordeaba la orilla. —Douglas. ¿Cómo está John? Campbell sonrió. mi esposa. porque Douglas la tomó de la mano y le apretó los dedos para tranquilizarla. mientras encajaba la mano que Douglas le había ofrecido—. estaban todos sentados en el salón del castillo y disfrutando de una copa de brandy cerca del fuego. robado y violado. —Sí. —Es una historia que se explica mejor con una copa de brandy en la mano. señor —respondió Douglas—. a modo de saludo. —Transmítale mis mejores deseos la próxima vez que lo vea. se lo ruego. Douglas. Demasiado. Cuando terminó. Este le devolvió el saludo de forma tan breve que rozó el desaire. Iban cubiertos con unos tricornios negros con la típica escarapela negra del ejército del rey Hanover y espadas resplandecientes a los costados. —MacKinnon —dijo el general. Mientras entraban en el castillo. Campbell se volvió hacia el otro hombre que había avanzado y se había colocado a su altura. El gesto del general fue de auténtica sorpresa. una mirada con los ojos oscuros de un hombre ambicioso. Dibujó una bonita sonrisa y permaneció impávida a su lado. Los nervios debieron de delatarla. Ha pasado mucho tiempo desde vuestros días universitarios. pero el decoro lo obligó a ofrecer la mano a Douglas. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos. El capitán lo miró con indiferencia. adelante. y había demostrado poca decencia a la hora de perseguir ese objetivo. capitán. permítanme que les presente a lady Elizabeth MacKinnon. matrimonio y aventuras. —General Campbell. Douglas ofreció al general una versión ligeramente modificada de su encuentro. y la gente de Dunakin se había marchado a sus casas. ¿verdad? Ahora mismo está en el fuerte Augustus con el duque de Cumberland y espera regresar a Londres muy pronto. Las historias de su paso cruel y brutal por las islas escocesas sorprendían por la ausencia de honor en sus acciones. El capitán Fergusson se había marcado como objetivo público capturar al príncipe fugitivo.

señor. ¿Les parece que pasemos al comedor? Escaneado y Corregido por MANOLI Página 154 . —Parece que la cena está lista. De hecho. creo que dijo que tenía cinco hijas… —Así es.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Entonces. asintiendo en silencio. Elizabeth levantó la mirada cuando vio a Eithne en la puerta. Y yo soy la mayor. Le conozco. caballeros. ¿su padre es el duque de Sudeleigh? —preguntó Campbell—.

La desconfianza entre ellos sólo se había acentuado a medida que iban pasando las horas. sus ojos. Recogió la cesta y empezó a bajar la escalera hasta que llegó a la más absoluta oscuridad. los había dejado con el oporto y las pipas. y sólo se oía el ruido de las olas que traía el viento. parecía que habían vivido una eternidad. Un caballo relinchó en la oscuridad y levantó la cabeza cuando la vio pasar entre las sombras. Era imposible no maravillarse ante él. Sin embargo. Buscó la seguridad con los pies y notó que rozaba un escalón con la punta de la zapatilla. y la sorprendió que sólo tuviera veinticinco años. . Elizabeth se detuvo en la última casilla y entró. —Tranquila. En realidad. Tenía el pelo castaño claro y despeinado. Era apuesto. Caledonia. —Le he traído provisiones para el viaje —le dijo Elizabeth—. tenía un invitado más que la estaba esperando. lady MacKinnon. Una vez dentro. apareció la luz de una lámpara e iluminó la cara del príncipe. chica —le dijo a la yegua. otras cosas que quizá necesite… y esto. los hombres se habían quedado callados y observantes. cuando se había marchado de Drayton Hall. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 155 Elizabeth salió del castillo y cruzó el oscuro patio en silencio. Le entregó el pequeño saco de monedas que su madre le había dado semanas atrás. alto. Comida. con lo que el castillo estaba a oscuras. ropa. cuando se acercaba la medianoche. no se atrevió a encender ninguna lámpara. conservaba el aire noble de la realeza. de modo que tuvo que avanzar a tientas entre las casillas y los montones de paja.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes CAPÍTULO 21 Volvió la cabeza una y dos veces para asegurarse de que no la seguían. Acarició en la cabeza a uno de los perros que estaban frente a la puerta del establo mientras abría el pestillo con mucho cuidado. a pesar de llevar los ropajes rotos de un fugitivo. tocando el pianoforte e interpretando el papel que había visto hacer a su madre en tantísimas ocasiones. camino de los establos. Al final. se volvió y susurró: —¿Está aquí? Soy yo. casi igual que ella. y se había disculpado diciendo que iba a acostarse porque estaba agotada. Elizabeth había intentado entretenerlos con conversaciones. para no delatar su presencia ante los soldados que sabía que estaban haciendo guardia en las murallas del castillo. Antes de salir. Nadie me ha visto entrar. se había cambiado el vestido de seda de la cena por uno de lino más modesto que no crujiría al andar. Le dio un terrón de azúcar y luego se arrodilló y rebuscó a tientas entre la suciedad y la paja que cubrían el suelo. A veces. de un color azul pálido. Enseguida encontró algo. entró enseguida. La puerta chirrió un poco cuando la abrió. El príncipe lo aceptó e inclinó la cabeza. Cuando llegó abajo. —Es seguro —dijo ella—. Tiró con fuerza y notó la brisa fresca en los pies cuando el pestillo se abrió. Dejó en el suelo la cesta que llevaba y le acarició el hocico. Había luna nueva. la cara ensombrecida por una fina capa de barba y. La cena había sido bastante tensa. Elizabeth metió las piernas por una estrecha abertura en el suelo. Al cabo de unos instantes. un pequeño y retorcido trozo de cuerda que estaba en el suelo. Entonces.

dibujó una sonrisa. Y cuando llegue el día en que estemos instalados en nuestro lugar por derecho. aunque la relación es un poco oscura. realmente amada. MacKinnon me ha dicho que somos primos. Ojalá el destino nos hubiera permitido conocernos en el palacio de St. lady MacKinnon. Elizabeth se preguntaba si todo eso sería un sueño. debo dejarle algún detalle. En los brazos de Douglas. — Hablaba con un obvio acento italiano—. Nadie externo a la familia ha tenido nunca acceso a ella. ella leyó lo que parecía una receta. el sol ya iba camino de mediodía. el general Campbell de Mamore y el desgraciadamente famoso capitán Fergusson no sospecharon nada en absoluto. Ya habían pasado dos semanas desde que Douglas y Elizabeth habían consumado su matrimonio. hace mucho tiempo que estaríamos perdidos. ideas y tiempos pasados. He pensado que igual lo necesitaría. hablando de libros. —Los lazos de sangre no conocen de tales incongruencias. Iain. excepto… —Alzó la mano—. algo para demostrarle nuestra gratitud por su amabilidad y ayuda. algún día… Hasta entonces. El príncipe llegó sano y salvo a tierra firme a bordo de un pequeño esquife acompañado por el jefe de los MacKinnon Iain Dubh. mientras estaba despierta entre los brazos de Douglas. —Me temo que no tengo nada que poderle entregar. Roderick y el hermano de Douglas. —Es una receta secreta que ha pasado de generación en generación en nuestra familia: la bebida favorita de los reyes de la casa Estuardo.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Señora. nuestra querida prima. James. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 156 . Ella notó que se sonrojaba. Pero entonces Douglas le hacía el amor con la luz de la luna entrando por la ventana y la deliciosa melodía del Minch de fondo. —¿An Dram-buie? —repitió ella. por la noche. señora. Mientras degustaban una deliciosa pierna de cordero y un dulce de bizcocho borracho escocés de postre. pero no apartó la mirada. como la mujer que era. quince días en que habían paseado de la mano por la orilla bajo el castillo de Dunakin. El príncipe rebuscó en la cesta y sacó varios objetos. Las pesadillas ya no la perseguían. plumas y unas cuantas hojas de papel. que es St. A través de la familia Tudor. ¿Tiene algo para escribir? Elizabeth lo miró. Hasta ese día. —Sí. Cuando le entregó el papel a Elizabeth minutos después. an Dram Buidheach. se sentía segura y libre. No se nos ocurre mejor persona a quien confiársela que a usted. Alteza. sin amigos como usted. Alteza… Él meneó la cabeza. James. Ella vio cómo el príncipe rebuscaba algo entre los bolsillos de su abrigo. Hay tinta. —No es necesario. Cuando Elizabeth abrió los ojos y vio a Douglas vistiéndose al otro lado de la habitación. Se arrodilló y garabateó algo bajo la tenue luz de la lámpara. Quizás. Cuando él se volvió y la vio mirándolo. Un momento. A veces. —En la cesta. —An Dram Buidheach —dijo él en gaélico. bajo la suave brisa de verano. Comían junto al río y hacían el amor sobre el brezo mientras el sol se escondía detrás de las montañas. brindaremos juntos. harto de tanto malestar—. —Suspiró. y amada.

La llamó dos veces. Mientras estaba sentada en la silla que había junto al fuego. una falda y su arisad escocés. Douglas se rió y le acarició la mejilla con los nudillos. el sol brillaba con fuerza y. Y qué maravilloso fue cuando Douglas la llevó al establo. pero está sin mi tío ni Roderick. —Volveré antes del anochecer. vestida con una sencilla blusa. —¿Es una promesa? Aquella respuesta desvergonzada provocó una carcajada de Douglas. —Bueno. Una hora después. —Vaya. capa o capucha. aquella noche. La visión de sus enaguas colgando de las vigas debía de haber sido ridícula. —Le sonrió—. —Hablaba con la voz ronca por el deseo. Se puso de puntillas y lo agarró por la cabeza. Quizás incluso el primer día que lo vio.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —Si me sigues mirando así. Elizabeth saltó de la cama. Lo acompañó a la puerta. —¿Qué vas a hacer hoy? —Había pensado dar un paseo… hasta la granja. No puede venir por miedo a que lo descubran. pensó en los días que había pasado allí y sonrió ante el recuerdo de la noche en que el techo se había venido abajo por la lluvia. riéndose de ella por estar colgada de la espalda de Manfred en aquel charco de barro. parece que me he casado con una libertina —dijo. animalucho. ¿eh? Por mucho que odiara admitirlo. Cuando llegó a la granja. Al cabo de unos instantes. Echas de menos a la cabra. Oyó un ruido fuera y enseguida se levantó. un beso que la dejó jadeando cuando se apartó. y luego decidió mirar dentro. la dejó en una cama de paja fresca y la calentó con su cuerpo mientras la lluvia golpeaba las paredes de madera. ¿Fue entonces. iba recogiendo flores silvestres que dejaba en el cesto que había cogido. que se enamoró de él por primera vez? Elizabeth creía que había sido mucho antes. La brisa marina le agitaba el pelo y la calidez del sol le teñía las mejillas de color rosado. Se inclinó sobre la cama y la besó con pasión. pero no te entretengas. encontrar al príncipe. Canturreó una dulce melodía y. —Se detuvo y asintió—. Elizabeth asintió. —Te estaré esperando. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 157 . una tela de cuadros que tanto se podía usar como chal. Elizabeth echó a caminar por la cañada. mientras caminaba. —¿La granja? Pero si mandé traer todas tus cosas al castillo. si quieres. se detuvo a contemplar el vuelo de una golondrina de mar. —Guarda esa idea para la noche cuando haya regresado de Kilmarie. no saldremos de la cama hasta mañana. así que tengo que ir a buscarlo para saber qué hay de nuevo. Iain ha regresado de tierra firme. Trae a la cabra. en más de una ocasión. en vano. Ya veo. —Está bien. él se separó. no vio ni rastro de la cabra. —¿Tienes que ir? —Sí. —Empezaba a preguntarme cuándo te dignarías a aparecer por aquí. La isla sigue estando llena de tropas inglesas que intentan. la pobre no puede comerse el tejado del castillo. Dame un beso que recuerde hasta que vuelva. Hacía un día precioso.

Mientras buscaban un lugar seguro en la costa de Morar. Pero.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Pero se quedó de piedra cuando vio una silueta humana que entraba en la granja. Douglas se había temido algo así. Un cuarto de hora después. Lo que significaba que tenía más tiempo para hacer el amor con su mujer antes de la cena. Iain. la preocupación se había convertido en pánico. ahora rechazaban ayudarle por miedo a las represalias contra sus familias. MacLean se había vengado de él quitándole a Elizabeth. Esa cabra ridícula estaba en la puerta. fue a la cocina. que apenas hacía unos meses habían estado a su lado. Varios de los seguidores más ardientes del príncipe. —¡A MacGhille Eoin! Un segundo después. Douglas se dio la vuelta y vio a Iain en la puerta de los establos. no había sido nada sencillo. —¿Cómo lo sabes? —Cuando te has marchado de Kilmarie. Le enseñó un trozo de tela escocesa con la señal de los MacLean. He ido a la granja con la idea de refugiarme allí hasta que se marcharan. Cuando Douglas llegó a Dunakin. Douglas no podía permitirse pararse a pensar qué podía estar haciéndole un hombre como Malcolm MacLean. Necesito que vengas conmigo. en cambio. balando como una maldita hada de la muerte. donde se topó con Saraid. La joven le dijo que Elizabeth había salido poco después del desayuno y que no había regresado. —Elizabeth debió de arrancárselo durante la pelea. Estaba ensillando uno de los caballos cuando alguien dijo a su espalda: —La tiene MacLean. aunque no esperaba que sucediera tan pronto. Haciendo un esfuerzo por ignorar la incipiente preocupación. consciente de que estaría impaciente por oír la noticia. Y también encontré esto. han empezado a llegar soldados ingleses. Al no encontrarla en el salón. Se había pasado la tarde con Iain. escuchando cómo su hermano le relataba los últimos acontecimientos del príncipe en la costa de Escocia. Iain Dubh y Roderick se habían quedado en tierra firme y se habían negado a abandonar al príncipe hasta que hubiera embarcado sano y salvo en el barco que tenía que llevarlo a Francia. la joven criada que el día de la reunión estaba limpiando la chimenea de la cocina. —Ensilla un caballo. Por lo visto. Douglas regresó a Dunakin antes de lo que esperaba. enseguida empezó a buscar a Elizabeth. Casi todos estaban escondidos en cuevas y cabañas rudimentarias tras la destrucción del gobierno después de la derrota de Culloden. habían pedido ayuda a varios jefes de clan jacobitas. cuando he llegado… todo estaba patas arriba. Esta vez. Douglas fue a los establos para preguntar si alguien la había visto. estaba cocinando tartaletas de avena. Elizabeth gritó. Un grito de guerra cortó el aire. el despacho o en la habitación de la torre. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 158 . Douglas… Sillas por el suelo y flores por todas partes.

Iain asintió. la travesía duraba dos noches. Ellos llegaron a la noche siguiente. conocida como Caisteal nan Maoidh se levantaba como una amenazadora bestia en el solitario Firth of Lorn. que era un lugar espantoso. —Sí. Se abalanzó sobre él. El hombre dijo que fue terrible. Douglas sabía que MacLean los estaría esperando en la costa. MacLean estaba tan furioso que lo metió en el foso y le dijo que eso sería lo único que tocaría de su castillo.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes —¿Sabes dónde se la ha llevado? —Sí. las paredes. —La has escondido en tu foso. Douglas e Iain remaron con fuerza mientras cruzaban el estrecho hasta la costa oriental de la isla de Mull. pero sigue en pie. Se había construido como una única torre rectangular. MacLean? —Sí. a ese maldito castillo que tiene. Douglas quería matar a ese hombre. así que dejaron la barca al noreste del castillo y cruzaron los matorrales hasta el castillo a pie. La encerrará ahí y la dejará morir. lo que queda de ella. Anchas almenas y estrechas aberturas dibujaban una dentada corona en lo alto de la torre. Hasta que Douglas fingió el balido de una oveja. MacLean iba borracho y se apostó ese montón de piedras. podrido y lleno de ratas. para rescatarla. desde lados opuestos. A Mull. El suelo estaba lleno de hojas y ramas. Bueno. que antaño habían estado cubiertas de delicados tapices. Décadas de abandono habían provocado que el suelo de los pisos superiores se pudriera. desde donde se abarcaba con la vista una gran cantidad de costa. un cuarto de luna brillaba tras las nubes. ahora estaban cubiertas de hiedra. está en el foso. Su hermano la estaba esperando y. ¿verdad. iluminando la enorme torre y dejándola en la penumbra. húmedo. —¿Caisteal nan Maoidh? Pero ¿no está en ruinas? —Sí. debajo de una de las torres. añadiendo dramatismo al aire diabólico de aquel lugar. con lo que ahora el techo era el cielo estrellado. —Lo que atemorizará a Elizabeth no serán las ratas —dijo Douglas—. se acercaron al muro del castillo. Y en el centro de todo ese escenario estaba Malcolm MacLean. Cuando el hombre le ganó la partida. tendrás que pasar por encima de mi cadáver. Será la oscuridad. Mientras se acercaban. Pero. La antigua fortaleza de los MacLean. Una vez conocí a un hombre que se puso a malas con MacLean durante una partida. ¡Vigila la entrada! —Douglas entró decidido en el gran espacio que antaño había sido el salón principal del castillo. que era la señal para Iain. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 159 . he oído hablar de ese foso. con la espada desenvainada y los ojos teñidos de locura y asesinato. —Quédate aquí. Encontraron a MacLean solo y esperándolos en el interior. Y hay un foso. MacKinnon —respondió—. Ahora mismo. Observaron y esperaron. Con buen tiempo y el viento a favor. del ancho justo para poder estar de pie y darte la vuelta.

había cuatro piedras más. Intentó derribarla con el hombro a pesar de la herida. A su lado. arrodillándose junto al agujero. —¿Por qué gritas. y de repente. Pero no sé en cuál.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes MacLean levantó la espada y la colocó en posición horizontal con ambas manos. dispuesto a salir vencedor. —¿Elizabeth? No obtuvo respuesta. en una repisa donde la pared en ruinas estaba relativamente baja. Sin embargo. Douglas se arrodilló y levantó la espada hacia su enemigo. con el cielo de fondo. —Ya era hora de que vinieras. agitando y blandiendo el acero de las espadas en un baile bélico más antiguo que el tiempo. Douglas se dirigió hacia la oeste. Lucharon como guerreros de antaño. En la segunda torre. Dios. Y cargó contra él. —¡Elizabeth! —gritó. Pensaba tirárselas a la cabeza cuando regresara. El puñal se clavó a escasos centímetros de la cara de Douglas. La puerta se astilló hacia el interior. Los dos colisionaron. mientras salía corriendo. MacLean cargó. La espada atravesó el pecho de MacLean y le salió por la espalda. Douglas apuntaba con precisión. Se separaron y se miraron a los ojos. levantó el brazo y se aferró con fuerza a la empuñadura de la espada. Te cansarás muy deprisa. En el regazo tenía una piedra de tamaño considerable. Concéntrate. La única luz era la de la luna y el calor de su ira. Volvieron a encontrarse. En el suelo había un agujero oscuro que parecía la boca del infierno. Le sonrió a la luz de la luna. y volvió a cargar y a rajar con tanta fuerza que saltaron chispas en la oscuridad. al final de un tramo estrecho de escaleras. Las espadas chocaron y el resultado fue un ensordecedor ruido metálico. con la espada preparada. Se la clavó en el brazo dos veces. Entonces Douglas la retiró y gritó: —¡Iain. había llegado tarde. El final estaba cerca. rasgó la chaqueta de Douglas y le hizo un corte en el hombro. está en el foso! En una de las torres. Douglas tiró la espada. Sé preciso. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 160 . señor? Douglas se volvió y vio a Elizabeth sentada por encima de su cabeza. Douglas dibujó un amplio arco y falló por poco. Estaba esperando a MacLean. Notó que lo había debilitado. Este retrocedió y estuvo a punto de tropezar con la espada. —Señaló las piedras—. Con el puñal levantado. «Despacio —se dijo—. —Comprobaré la norte —dijo Iain. todavía sucia con la sangre fresca de MacLean.» Se colocó en el lado izquierdo de MacLean. Resonó contra el suelo mientras levantaba los brazos para agarrarla por la cintura al tiempo que ella se dejaba caer. Douglas localizó la puerta cerrada. Douglas cargó y rajó. El hombre intentó liberarse. MacLean corrió hacia él. Douglas gruñó. Había empezado a pensar que tendría que rescatarme yo sola. y Douglas dobló el brazo y lanzó a MacLean contra la pared. MacLean sacó un puñal de la bota y lanzó la espada al suelo mientras se dirigía al corazón de Douglas.

—No es nada. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 161 . —He podido lanzarla por encima de la pared en ruinas y salir. —Estás herido. Douglas sólo pudo menear la cabeza y reír mientras la abrazaba con fuerza. —Pegó la cara a su pelo—. él gruñó. Rebuscó dentro y sacó una cuerda… una cuerda hecha de enaguas.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Cuando Elizabeth le vio el brazo herido. Pero ¿cómo has salido? Elizabeth retrocedió y se arrodilló junto al agujero.

abrazaron y avasallaron con historias. y me ha asegurado que esta vez es un niño. Douglas! —Elizabeth lo abrazó con fuerza—. 1747 soplaba con fuerza y agitaba la falda escocesa de Elizabeth y le liberaba el pelo de las horquillas. por lo visto. Me temo que no estaba en condiciones de soportar el viaje. que le recordaron a la niña pequeña que había dejado atrás al marcharse. tres siluetas desembarcaron y corrieron hacia ellos. —Mamá… ¿está embarazada? ¡Santo Dios! Su padre sonrió. —¿Caroline? Es imposible que seas tú. — Sonrió—. Ella no se dio cuenta. Desde que Elizabeth estaba en Skye. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 162 Estaban en el embarcadero cuando la balandra del barquero se acercó. Dice que sólo una versión en miniatura de mí podría causarle tantos problemas. La abrazó y le dio un delicado beso en la frente. Si apenas llevo un año fuera de casa. —Papá. Las chicas se pusieron a charlar mientras el duque se acercaba a Douglas.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes EPÍLOGO A principios de otoño. Mattie y Catherine se colocaron una a cada lado de su hermana mayor. —Sí. sólo le vienen por la mañana. El pobre dijo que su mujer le cortaría la cabeza si no iba a verla a ella primero. —Ante la mirada horrorizada de Elizabeth. y la besaron. Elizabeth lo comprendió enseguida. sonrió y añadió—: Lo extraño es que. Estaba de puntillas. Pero mira cómo has crecido. Isabella se ha quedado con ella. MacKinnon. ¿qué le ha pasado a mamá? ¿Está enferma? ¿Se encuentra mal? —Bueno. —¡Oh. En cuanto las cuerdas estuvieron tensas. ¿Qué te ha pasado? Las mejillas rechonchas y la nariz redondeada habían desaparecido. tu tío ya está en casa. Douglas simplemente miró al duque. Hasta que sonrió y le aparecieron los hoyuelos en las mejillas. —¿Iain Dubh? —Sí hijo. ansiosa por la llegada del barco. El viento . últimamente se ha estado quejando de algunos mareos y náuseas. Caroline se había hecho mayor. pero hemos tenido que hacer una parada. —Habríamos llegado ayer. Por fin ha terminado. —Es mamá… —¿Les ha pasado algo? Elizabeth se volvió justo cuando el duque se unía al grupo. —Pero ¿dónde está Isabella? ¿Y mamá? —Miró a Caroline. —¡Bess! ¡Ya hemos llegado! Elizabeth abrazó a Caroline con gran alegría.

Miraban. A su lado estaba Eithne. que no estaban dispuestos a cargar con el cuerpo del hombre hasta el cuartel de Cumberland en el fuerte Augustus. habéis matado a vuestro príncipe». Estaba preparada. el juez le preguntó qué haría si el príncipe Estuardo volviera a estar en su poder. En varias ocasiones estuvieron a punto de ser capturados. a lo que Iain Dubh sin dudar respondió: «Haría con él lo que usted está haciendo hoy conmigo: enviarlo de vuelta a su país». »—Ya sabía que esto pasaría —le dijo. Los soldados. incluso la pequeña Caroline lo probó. Explícale su historia a tus hijos y a tus nietos. y en una de esas ocasiones así habría sido de no ser por el heroico gesto de Roderick MacKenzie. Fue Eithne quien acudió a él y lo tomó de las manos. La rápida reacción de Roderick salvó la vida del príncipe. simplemente le cortaron la cabeza como prueba para cobrar la recompensa prometida. aunque dijo que le parecía asqueroso y puso una cara extraña. no se lo pensó dos veces. Mi hijo ha muerto con honor y coraje en el sentido más auténtico de la palabra. camino de Skye. Se puso de pie y salió corriendo de la cueva. —Le agradezco los esfuerzos por garantizar el perdón de mi tío —dijo Douglas al duque—. cómo Iain Dubh y su mujer bailaban dando brincos mientras MacLeod de Raasay daba palmas al ritmo de la música. No podía escapar. Después de que el grupo de los MacKinnon llevara al príncipe hasta tierra firme. lo llevaron a Londres y lo encerraron en la Torre. llevándose con él la atención de los soldados. El padre y las tres hermanas de Elizabeth estaban comiendo haggis y bebiendo whisky. Todo había terminado… O eso parecía. se habían escondido en los Highlands. bajo el mando del censurable capitán Fergusson. Una semana después de la muerte de Roderick. recordando la visión que había tenido ese día en el río—. pero no lamentes su muerte. Roderick. El general del rey Hanover no descubrió la verdad hasta varias semanas después y supo que había hecho el ridículo y había permitido que el auténtico príncipe huyera a Francia. mientras estaban escondidos en una cueva cerca de Glenmoriston. Ha cambiado el curso de la historia. música de violines y gritos de alegría mientras acogía una gran celebración.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Había sido un año muy largo. Douglas y Elizabeth estaban sentados con su hijo Roderick. De no ser por usted. El duque de Sudeleigh había tardado más de un año en conseguir su perdón. Iain Dubh había enviado a su sobrino Iain de regreso a la isla mientras Roderick y él se quedaban junto a su alteza. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 163 . y uno de los soldados le disparó. Durante quince días. Un día. El príncipe no veía escapatoria. una de las que no veía desde el siglo anterior. Dos noches después. Recuérdalo así. que era de apariencia y constitución similar al príncipe. que había aceptado instalarse en el castillo para ayudar a Elizabeth con el pequeño. Douglas se quedó destrozado. seguramente lo habrían colgado. Cuando los ingleses le rodearon. Cuando salía del juzgado. Lo subieron al Furnace. el salón principal de Dunakin estaba lleno de velas. Douglas. los ingleses capturaron a Iain Dubh. que había nacido hacía menos de un mes. consiguió decir: «Por desgracia. se vieron rodeados por las tropas del rey. entre risas y gritos. En la mesa alargada que estaba en el centro.

JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Sin embargo. así que acudió a mí primero para preguntarme qué me parecía que pidiera la mano de Muirne. No podía estar más de acuerdo con ella. Douglas. nos estábamos preguntando dónde te habías escondido —dijo Douglas. ¿Tú? Iain ni siquiera tuvo que responder. FIN Escaneado y Corregido por MANOLI Página 164 . —Se lo he pedido y Muirne ha aceptado convertirse en mi esposa. Una joven morena estaba a su lado. incrédulo ante la idea de que su mujer y su antigua prometida estuvieran bajo el mismo techo. —¿Muirne? En ese instante intervino Elizabeth. —Siento mucho llegar tarde. Miró a Muirne y su mirada se llenó de emoción. acompañado. que respondió a la pregunta que su marido tenía en la punta de la lengua. Elizabeth apoyó la cabeza en el hombro de su marido. Douglas abrazó a su mujer y le dio vueltas en el aire hasta que Elizabeth se rió a carcajadas. —Sí —añadió Iain—. —Iain y yo hemos ofrecido a Muirne que se quede en la granja. mirando a Douglas con cautela desde detrás del hombro de su hermano. —No estaba seguro de cómo te lo tomarías. Le dije que me parecía maravilloso. —Iain. Es que Mull está demasiado lejos para planear una boda. en la reunión faltaba alguien. Enseguida apareció entre las sombras. —¿Boda? —Douglas desvió la mirada desde su mujer hasta su hermano—. Douglas la miró. Espero que no te importe que haya traído una invitada.

todavía existe. todavía la siguen embotellando los descendientes del clan MacKinnon. Carlos Eduardo Estuardo. Douglas Dubh MacKinnon es un personaje inventado. cuando las tropas del duque de Cumberland lo rodearon y mataron. antaño conocido como Dunakin. es casi imposible no ver los numerosos monumentos y señales históricas que recuerdan los diversos acontecimientos de aquella fatídica rebelión final. ahora en ruinas. oficial del ejército del príncipe Carlos Eduardo Estuardo. lleva más de mil años mirando hacia la tierra firme de Escocia. fue un hombre bueno y honorable. que significa «Recuerda el regalo del príncipe».JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes Nota de la autora Querido lector: Espero que hayas disfrutado leyendo la historia de Douglas y Elizabeth tanto como yo he disfrutado escribiéndola. Aunque. escapara a tierra firme y pudiera llegar a Francia. A juzgar por toda la información que he recopilado acerca de él. han sido reflejados en esta historia de la forma más verídica posible. en 1746. Existe una leyenda que afirma que el príncipe realmente regaló a lady MacKinnon la receta de una mezcla de whisky especial. Al borde del bosque Beinneun. La inscripción reza así: En este punto exacto. se encuentra en un solitario promontorio cerca del actual pueblo de Kyleakin. Construido por una princesa nórdica y su marido MacKinnon. Aunque la historia es únicamente fruto de mi hiperactiva imaginación. Caisteal Maol. puesto que afectaron al devenir de la historia. pero el lugar donde vivió. Es la única posesión de los MacKinnon que todavía sigue en manos del clan. de la misma altura y complexión física que el príncipe. no tenía ningún sobrino llamado Douglas. escondida entre los árboles. Cuando viajas por Escocia. el drambuie. que yo sepa. Al otro lado de la carretera. Una de esas marcas está en una carretera secundaria de los Highlands donde el príncipe se escondió para salvar la vida ese lejano verano. Murió en un gesto galante para salvar a su líder fugitivo de más persecuciones. Sus actos. cerca de Glenmoriston. Esa bebida. y en cada botella aparece la inscripción Cuimhnich an tabhartas Prionnsa. murió Roderick MacKenzie. se levantó una pirámide de piedras en honor a un héroe jacobita muerto que sacrificó su vida para salvar al príncipe. Efectivamente. en la costa oriental de Skye. Después de la rebelión jacobita. existió un jefe MacKinnon llamado Iain Dubh que vivió en la isla de Skye durante aquellos tiempos turbulentos. sí que tuvo un papel destacado en la rebelión jacobita de 1745. una sencilla cruz Escaneado y Corregido por MANOLI Página 165 . muchos de los acontecimientos que he narrado son reales. el clan MacKinnon fue vital para que el príncipe.

Hasta entonces… J. con quien crucé los Highlands de Escocia en un viaje donde esta historia empezó a tomar forma. La única inscripción reza: «R. Gracias por los increíbles recuerdos y por tu amistad incondicional. quiero dar las gracias a mi editora. Isabella.R. protagoniza una apasionada aventura que la llevará a los brazos de otro apuesto héroe de los Highlands. por último.JACLYN READING Juego de Apariencias 1° de la Serie Highland Heroes marca el lugar de su descanso eterno. cuya paciencia y comprensión no flaquearon ni un instante mientras escribía esta novela. Y. Son lo más preciado del mundo para mí. Escaneado y Corregido por MANOLI Página 166 . 1746». Espero que sigáis mi próxima novela. Hilary Ross. a mis lectores. Gracias por vuestras cartas y correos electrónicos. Para concluir esta historia. También a Susan King. en la que la hermana pequeña de Elizabeth.M.

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