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CL

ENTREVISTA

VIERNES

30 DE

DICIEMBRE DE

2011

9

Rabino Waingortin:

Maaser y tzedaká son los pilares de justicia social judía
El diezmo y las acciones anónimas a favor de los más necesitados han reemplazado las políticas de equidad relacionadas con la propiedad de la tierra que se consagran en el texto bíblico.
El sentido eterno de la justicia social que figura en el texto bíblico es lo que presentará el rabino Eduardo Waingortin durante la Conferencia contra la Desigualdad, a realizarse en el Círculo Israelita de Santiago el 5 de enero, con la participación de diversas personalidades que analizarán y comentarán el libro lanzado recientemente por el economista y ex ministro de Hacienda, Andrés Velasco. «Yo empezaría por un midrash que dice que Turnus Rufus se acerca a Rabi Akiva y le pregunta si D's quiere a los pobres. Ante la réplica afirmativa, insiste preguntando por qué entonces no los alimenta. Y la respuesta de Rabi Akiva es que sí los alimenta, pero a través de las manos de todos los que se sensibilizan con su pobreza. Conclusión: el hombre debe ser la continuación de D's en los espacios humanos y, por tanto, inspirarse en lo divino», explica el rabino Eduardo Waingortin. Agrega que el concepto judío de justicia social surge de lo más profundo del texto bíblico. Así, en la Torá, antes que nada se plantea una equidad absoluta en la repartición de las tierras y Moshé indica a Yehoshúa que al ingresar a la Tierra de Israel deberá repartirla de acuerdo a la capitación y, por lo tanto, el que era responsable de más gente tendría más tierras. «La idea es que todos pudieran compartir una misma base productiva y en función de su trabajo pudiesen haber diferencias, porque no era un planteo comunista. A iguales posibilidades, desarrollar todas las capacidades», sostiene. En todo caso, el sistema de repartición de la tierra tenía también mecanismos de corrección para eventuales distorsiones. Así, por ejemplo, en el séptimo año (sabático) quedaba en suspenso la propiedad sobre la tierra y el dueño no podía cosechar su producción, de tal forma que todos los que no tenían tierras, incluyendo extranjeros, viudas y huérfanos, pudiesen entrar al predio y tomar lo que necesitaban para comer. Este concepto se extendió regularmente a las esquinas de los predios y a los atados de cosecha olvidados, que automáticamente pasaban a ser de los más desposeídos. Adicionalmente, el texto bíblico consideraba un mecanismo de evaluación en el tiempo, ya que en el año del jubileo las tierras podían volver a sus dueños originarios, de tal forma que en la segunda o tercera generación se rectificaban las diferencias producidas por las habilidades, para reiniciar el ciclo en igualdad de condiciones. Según el rabino Waingortin, «si se analizan estas prácticas desde un punto de vista literal resultan totalmente impracticables, pero el concepto es eterno». Sin embargo, existen al menos dos pilares redistributivos con plena vigencia, como son el maaser (diezmo) y la RABINO EDUARDO WAINGORTIN tzedaká (justicia). «El judaísmo ha entendido que lo eterno es el concepto y que la forma de hacer justicia social ha evolucionado con el hombre y con la economía. Entonces, el maaser y la tzedaká reemplazan todas esas leyes distributivas relacionadas con la tierra». Según el maaser, lo que tenemos no es totalmente nuestro y por eso D's pide que aportemos el 10% de nuestras ganancias a una institución que pueda derivarla a gente que necesita más de lo que tiene o que por una situación de imprevisto no puede hacerse cargo de todos sus gastos. Por otro lado, el concepto de tzedaká indica que hay que entregarle a los demás no sólo porque uno quiere, sino porque es justo y corresponde hacerlo. Así, Maimónides establece 8 grados para hacer tzedaká, poniendo el anonimato con factor de elevación. «Todas las bases del judaísmo están orientadas a la construcción de una sociedad ideal, sin pobreza, donde haya igualdad de posibilidades, con miras a una elevación. Pero en tema de justicia social no existe neutralidad: o necesitas recibir o tienes que dar», asegura Waingortin. Respecto del compromiso de las instituciones judías con este tema, el rabino indica que es un asunto esencial, ya que de acuerdo a lo que se establece en Pirkei Avot, cada kehilá tiene que cumplir con 3 elementos básicos: Torá, avodá y gmilut jasadim; es decir, estudio, servicio a D´s y actos de bien hacia el prójimo. «Ninguna comunidad puede resignar eso, pues si lo hace perdería su condición. Nosotros, por ejemplo, desarrollamos el tema de la equidad a través de un departamento de ayuda social, que entrega alimentos y ropa, apoyamos y mantenemos gente necesitada, los grupos de estudios tienen fondos de tzedaká, entregamos becas para todas las actividades que realiza la comunidad, tenemos un fondo especial de maasim tovim, etc.» Finalmente, Waingortin señala que si bien hay gente valiosísima, «con un corazón tan grande que casi no le entra en el cuerpo», también hay personas que todavía no se han sensibilizado frente a los temas de desigualdad. «Pero pienso que eso irá cambiando, de igual forma que tenemos cada vez más gente voluntarizándose».